Grecia nunca fue rescatada: sigue siendo una cárcel de deudores y la UE tiene todavía las llaves

A lo largo de la pasada semana, los medios informativos de todo el mundo han estado proclamando la exitosa conclusión del programa de rescate financiero de Grecia, organizado en 2010 por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Los titulares se regocijaban por el final del rescate de Grecia, incluso por la terminación de la austeridad.

Las informaciones desde la zona cero de la crisis de la zona euro describían la intervención griega que ha durado ocho años como paradigma de una juiciosa solidaridad europea con su oveja negra: un caso de “quien bien te quiere…” que, presuntamente, ha funcionado.


Una lectura más cuidadosa de los hechos apunta una realidad diferente. En la misma semana que una Grecia asolada entraba en otros 42 años de severa austeridad y de más intensa esclavitud por deudas (2018-2060), ¿cómo se puede presentar como un hecho el final de la austeridad y la recobrada independencia financiera de Grecia?


Por el contrario, la semana pasada debería citarse en las facultades de Comunicación de nuestras universidades como ejemplo de cómo se puede erigir un consenso en torno a una falsedad ridícula.


Pero empecemos definiendo nuestros términos. ¿Qué es un rescate y por qué es excepcional e inacabable en la versión de Grecia? Tras la debacle bancaria de 2008, casi todos los gobiernos rescataron a los bancos. En el Reino Unido y los EE.UU., el gobierno dio, como todo el mundo sabe, luz verde al Banco de Inglaterra y a la Reserva Federal, respectivamente, para imprimir montañas de dinero público a fin de reflotar los bancos. Por añadidura, los gobiernos del Reino Unido y los Estados Unidos pidieron prestadas grandes sumas para otorgar mayores ayudas a los desfallecientes bancos, mientras sus bancos centrales financiaban buena parte de sus deudas.


En el continente europeo se estaba desarrollando un drama bastante peor, debido a la extraña decisión de la UE, allá por 1998, de crear una unión monetaria presentando un Banco Central Europeo sin un Estado que lo apoyara políticamente y 19 gobiernos responsables de rescatar sus bancos en tiempos de turbulencia financiera, pero sin un banco central que les ayudara. ¿Por qué este arreglo tan anómalo? Porque la condición alemana para trocar su deutschmark por el euro fue la total prohibición de cualquier financiación de bancos y gobiernos –italianos o griegos, por ejemplo- por parte de cualquier banco central.


Así, cuando en 2009 los bancos alemanes y franceses se demostraron todavía más insolventes que los de Wall Street o la City, no hubo un banco central con la autoridad legal, o respaldado por la voluntad política, como para salvarlos. Por tanto, en 2009, hasta a la canciller Merkel de Alemania le entró el pánico cuando se le dijo que su gobierno tenía que inyectar, de la noche a la mañana, 406.000 millones de euros de fondos de los contribuyentes a los bancos alemanes.


Por desgracia, no fue suficiente. Pocos meses más tarde, los ayudantes de la señora Merkel le informaron de que, igual que los bancos alemanes, el sobreendeudado Estado griego encontraba imposible sobreponerse a su deuda. Si se hubiera declarado en bancarrota, le hubieran seguido Italia, Irlanda, España y Portugal, con el resultado de que Berlín y París se habrían enfrentado a un nuevo rescate de más de un billón de euros. En ese momento, se decidió que al gobierno griego no se le podía permitir decir la verdad, es decir, confesar su bancarrota.


Para mantener esa falsedad, a la insolvente Atenas se le otorgó, con la pantalla de humo de “solidaridad con los griegos” el mayor préstamo de la historia, que pasó inmediatamente a los bancos alemanes y franceses. Para tranquilizar a los enojados parlamentarios alemanes, este colosal préstamo se concedió a condición de una brutal austeridad para el pueblo griego, colocándolo en una permanente gran depresión.
Para captar la sensación de los destrozos que siguieron, imaginemos lo que habría pasado en el Reino Unido si el RBS, Lloyds y los otros bancos de la City se hubieran rescatado sin ayuda del Banco de Inglaterra y por medio de préstamos extranjeros a Hacienda. Todo otorgado a condición de que los salarios del Reino Unido se redujeran un 40%, las pensiones un 45%, el salario mínimo en un 30%, el gasto de la sanidad pública en un 32%. El Reino Unido sería hoy el erial de Europa, como lo es hoy Grecia.


Pero, ¿no acabó esta pesadilla la semana pasada? Ni lo más mínimo. Técnicamente hablando, los rescates griegos tenían dos componentes. El primero entrañaba que la UE y el FMI concedieran al gobierno griego alguna facultad por la que fingiera que estaba devolviendo sus deudas. Y luego estaba la severa austeridad que adoptaba la forma de tipos impositivos ridículamente altos y recortes salvajes en pensiones, salarios, en salud pública y en educación.


La semana pasada acabó el tercer paquete de rescate, igual que el segundo había acabado en 2015 y el primero en 2012. Tenemos un cuarto paquete semejante que difiere de los tres anteriores de dos maneras poco importantes. En lugar de nuevos préstamos, se diferirán hasta después de 2032 los pagos de 96.6000 millones de euros que debían iniciarse en 2023, cuando las cantidades deben devolverse con intereses añadidos a otros grandes pagos de devolución anteriormente programados. Y, segundo, en lugar de llamarlo cuarto rescate, la UE lo ha denominado, de modo triunfante, el “fin del rescate”.


Por supuesto, seguirán siendo ridículamente altos el IVA y los tipos impositivos a las pequeñas empresas, igual que habrá nuevos recortes a las pensiones y nuevos tipos punitivos para el impuesto sobre la renta de los más pobres, que están previstos para 2019. El gobierno griego se ha comprometido también a mantener un objetivo de superávit presupuestario a largo plazo, en el que no se cuenta el pago de la deuda (3,5% de la renta nacional hasta 2021, y el 2,2% entre 2022 y 2060) que exige una austeridad permanente, una meta a la que el FMI mismo concede menos de un 6% de probabilidades de que se logre en cualquier país de la eurozona.


En resumen, tras haber rescatado a los bancos franceses y alemanes a expensas de los ciudadanos más pobres de Europa, y tras haber convertido a Grecia en una cárcel de deudores, la semana pasada los acreedores de Grecia decidieron proclamar su victoria. Después de haber dejado a Grecia en coma, lo han convertido en permanente, declarándolo “estabilidad”: empujaron a nuestra gente por el precipicio y festejaron que rebotaran contra la dura roca de una gran depresión como prueba de “recuperación”. Por citar a Tácito, crearon un desierto y lo llamaron paz.

 


Por Yanis Varoufakis, co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), Yanis Varoufakis es profesor de economía de la Universidad de Atenas, ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de El Minotauro Global.

 

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Argentina al borde de una crisis: El peso se dispara en los mercados

Un día de máxima tensión se vivió este jueves en Argentina, con el dólar en una disparada de 18,8% a más de 40 pesos por unidad, lo que obligó al Banco Central (BCRA) a subastar 500 millones de dólares de sus arcas y mantiene al Gobierno de Mauricio Macri en crispación.


El dólar plasmó su mayor crecida diaria desde diciembre de 2015, sin poder encontrar techo en su cotización que lleva ocho días continuos de trepada, pese a los esfuerzos del Gobierno de mostrar aval del Fondo Monetario Internacional (FMI) a sus políticas.


Las autoridades también “quemaron” millones de dólares de sus arcas para detener la estampida, y lo logró en parte pero a alto costo.


Es que en lo que va de la semana el Banco Central ya vendió más de 800 millones de dólares.


“Intervenimos para darle liquidez al mercado”, dijeron fuentes del organismo monetario.


En el Mercado énico y Libre de Cambios (MULC), la divisa escaló 10,6% a 37,60 pesos, después de superar los 40 pesos, ante ausencia de oferta de divisas por parte de los exportadores y una masiva demanda entre ahorristas mayoristas y minoristas, explicó el portal especializado del diario µmbito Financiero.


“La recesión (económica) es el principal problema del Gobierno”, y “si no se regenera la confianza, se sigue pagando con suba del dólar”, opinó el economista Federico Furiase de la consultora EcoGo.


La devaluación fue la segunda más grande durante la presidencia de Macri, quien a la semana de asumir en diciembre de 2015 liberó el mercado cambiario y el peso cayó casi un 30 por ciento en una sola jornada.
En la agitación de este jueves negro de las finanzas argentinas, las reservas del Banco Central cedieron 396 millones de dólares hasta los 54 301 millonesde la moneda estadounidense.


A más de una hora del cierre de los bancos, el dólar se vendió a un máximo de 42 pesos en algunas entidades de Buenos Aires y luego mostró un leve retroceso hasta 41,10, aunque terminó cerrando a 39,87.
El intento del gobierno por tranquilizar los mercados no dio sus frutos y minutos después de que el jefe de Gabinete, Marcos Peñam saliera a intentar calmar la corrida, el mercado le dio otra vez la espalda y el dólar siguió en ascenso.

(Con información de agencias)



Discurso de Macri no calma los mercados


El presidente Mauricio Macri dio un discurso el miércoles para asegurar a los mercados que el país sudamericano no tendrá problemas en pagar sus deudas. Sin embargo, su discurso televisado de dos minutos, en el que anunció unacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para acelerar los desembolsos del crédito acordado por 50 000 millones de dólares, disparó las alarmas sobre la capacidad de Argentina de financiarse, lo que provocó un desplome del 7 por ciento de la moneda local.

El FMI se mantuvo en silencio por horas antes de emitir un comunicado en el que dijo que estaba considerando “reexaminar” el cronograma del programa financiero debido a las condiciones adversas del mercado, dejando la impresión de que Argentina estaba fuera de sintonía con sus acreedores.

Un funcionario del Ministerio de Hacienda, que pidió no ser identificado, dijo que Macri había hablado con líderes de los principales paísesaccionistas del FMI antes de su discurso y que había alcanzado un “acuerdo político” para adelantar los desembolsos.

Pero reconoció que Argentina apuró el anuncio después de varios días en los que se el banco central perdió reservas por su intento fallido de estabilizar el peso. “Lo que quiso dar el presidente en la apertura del mercado fue un mensaje contundente de que el acuerdo ya está”, dijo el funcionario, quien agregó que Argentina había presionado antes de que el FMI estuviera listo con su
declaración. “Hoy (viendo el resultado) podríamos haber esperado a tenerlo confirmado”.


“El mensaje fue dirigido hacia las personas equivocadas”, dijo Jorge Mariscal, jefe de inversión de mercados emergentes en UBS Wealth Management. “En un programa televisado a nivel nacional, parece que apareció en una situación de emergencia donde el país tendría que pedir más ayuda”, agregó.

El anuncio fallido fue el último de una serie de errores de comunicación y de promesas incumplidas respecto a la política económica que han socavado la credibilidad del Gobierno, destruyendo la confianza del mercado en su capacidad de revertir la marcha de la economía, azotada por la inflación, dijeron analistas e inversores.



El Banco Central subió la tasa de interés al 60 por ciento


En medio de la corrida cambiaria, y mientras el dólar se dispara en algunas casas de cambio a 40 pesos, el Banco Central anunció una brutal suba de la tasa de referencia, que pasa a ubicarse en un 60 por ciento, quince puntos por arriba de la actual. La decisión se completó con un aumento en 5 puntos porcentuales los encajes, integrables con pesos, LELIQ o NOBAC.


A pesar de que el 13 de agosto el titular del Central Luis Caputo aseguró a través de un comunicado que no se volvería a modificar la tasa hasta octubre, al situarla en un ya elevado 45 por ciento, el Central volvió a recalcular. El BCRA explicó que la decisión se tomó en una reunión de urgencia “en respuesta a la coyuntura cambiaria actual y ante el riesgo de que implique un mayor impacto sobre la inflación doméstica”.


“Acentuar el control de la liquidez en el mercado de dinero sigue siendo fundamental para reforzar el compromiso anti inflacionario de la entidad”, consideró la autoridad monetaria. A la vez, aseguró que “la decisión sobre los encajes no alterará las excepciones y franquicias existentes” y “tampoco afectará a aquellas cuentas y depósitos denominados en Unidad de Valor Ajustable (UVAs) o en moneda extranjera”.


Caputo se había comprometido a mantener estos niveles de tasa al menos hasta diciembre. Hace apenas tres semanas y media había dicho lo mismo, en medio de la batería de medidas anunciadas por el gobierno para frenar la corrida e intentar llevar algo de calma a los mercados.


Además de elevar la tasa de un 40 a un 45 por ciento, en ese momento se revisó la política de subastas de divisas con reservas y de licitaciones. Se lanzó un plan para acelerar la disminución del del stock de Lebac cercano al billón de pesos, una deuda equivalente al 84 por ciento de la base monetaria y el Ministerio de Hacienda anunció que suspendería el pedido al Central para licitar en forma diaria 50 millones de dólares del préstamo del FMI.

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Lunes, 04 Junio 2018 07:00

En otra parte

En otra parte

Las crisis económicas no se resuelven, son una forma del conflicto y por lo tanto sólo logran superarse de manera recurrente. La forma en que se superan es el asunto relevante, así como el tiempo en el que se extienden sus repercusiones.


Desde 2008, cuando estalló la crisis financiera más reciente, se ha alterado significativamente el proceso de acumulación de capital y su expresión política.


La globalización preconizada como una forma superior del orden mundial que abarcaba no sólo a los mercados de productos, trabajo y capitales, sino que se extendía a la pretendida expansión de la democracia, como si fuese un producto más de exportación, está abiertamente cuestionada.


El nacionalismo económico, político y étnico resurge como un brusco movimiento de péndulo. El vínculo entre la crisis de 2008 y el cuestionamiento de ese orden que llamamos (neo)liberal es un tema clave.


Y lo es, precisamente, para el movimiento nacionalista y populista encarnado por la presidencia de Donald Trump y la preminencia de uno de sus principales ideólogos y activistas, como Steve Bannon, aun ahora que está físicamente fuera de la Casa Blanca y de la agencia de Breibart que presidió.


Es un discurso bien articulado y que está en plena ejecución. Ha puesto contra las cuerdas a los intelectuales, los tecnócratas y la prensa liberales en Estados Unidos y también en la Europa unitaria, como lo demuestran el Brexit, las recientes elecciones en Italia, la degradación permanente en la que está sumida Grecia o bien el protagonismo ruso.
El recorrido de este proceso es ya palmario y previsiblemente se va extender mucho más en un entorno de descomposición política creciente. Tal vez luego alcance a estabilizarse en un escenario muy diferente al que existe, incluso ahora ya en pleno cambio.


En este entorno muchas de las discusiones que se ventilan públicamente por todas partes parecen desenfocadas, como si los hechos no fuesen suficientemente claros. Me parece que la disputa electoral en México adolece de esta deficiencia y en un panorama nacional y mundial en mutación.


Trump prometió en su acalorada campaña a la presidencia el nacionalismo como base de la recomposición de la hegemonía estadunidense. Cumple y su base electoral está contenta. De corrección política no quiere saber nada y le luce.


Las medidas que ha tomado son controvertidas, como es el caso de la reforma tributaria que premió con una rebaja de impuestos a las corporaciones y a los estrato con mayores ingresos. El argumento central en el primer caso es reforzar la competitividad de los productos hechos en ese país; en el segundo, es que se destinará una mayor parte del ingreso disponible a la inversión.


En materia de comercio exterior y gestión monetaria su argumento ha sido que las pautas vigentes son desventajosas para los intereses de Estados Unidos. El enfrentamiento con China ha sido abierto, pero también inconsistente.


En cuanto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte la posición ha sido de fuerza y bastante manipulación, hasta la reciente imposición de aranceles al acero y el aluminio que, de facto, obstaculizan un arreglo. Al mismo tiempo, se abre una pugna con Europa cuando la inestabilidad económica y política de la región es cada vez más grande.


Nadie puede asegurar el desenvolvimiento de la pugna ya creada. Si Trump consigue imponer sus condiciones, aunque no sea completamente, será una expresión fehaciente de nuevas relaciones de poder internacional. El acercamiento de Corea del Norte, el reposicionamiento en el Medio Oriente con el beneplácito saudí y el enfrentamiento con Irán son muestras de lo que se gesta.


Es ese entorno hay que situar los escenarios que se pueden crear y el ejercicio del poder económico, político y militar desde Washington será también distinto al que se respondía hasta ahora.


Una de las consecuencias de la gestión de la crisis de 2008 fue la enorme expansión de la liquidez monetaria a partir de las inyecciones que hizo la Reserva Federal. Los activos totales en su balance eran a principios de septiembre de 2008 de 905 mil millones de dólares (billones de allá), llegaron a un máximo de 4 mil 509 billones (trillones de allá) en diciembre de 2014 y a finales de mayo sumaron 4 mil 327 billones. Sólo el poder del dólar en los mercados sostiene la situación.


Con eso se previno el colapso de las transacciones económicas, la quiebra de los bancos y el desplome de la producción. Pero el costo mayor se provocó en los precios relativos de los activos en la economía. Así, por ejemplo, se cayeron los precios de los bienes raíces mientras se elevaban los de las acciones de las empresas y con ello creció la especulación financiera. El ambiente político interiorizó los efectos sociales de la crisis.


Ahora, el Congreso dominado aún por los republicanos se apresta a deshacer parte de las regulaciones impuestas tras la crisis para limitar las operaciones altamente especulativas que los grandes bancos hacen con el dinero de los depositantes a diferencia de lo que hacen con su propio capital (la llamada regla Volker, por el antiguo presidente de la Fed).


El ciclo de expansión financiera sostenido en el crecimiento de la deuda y las inversiones especulativas va a recrearse; se ha convertido en la forma predominante del modo de funcionamiento del capitalismo. Ocurrirá ahora en el nuevo entorno de auge del proteccionismo, la expansión militar, la confrontación política, el nacionalismo y el racismo siempre presente.

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Miles de argentinos marchan contra el acuerdo de Mauricio Macri con el FMI

Bajo la consigna “La patria está en peligro. No al FMI” miles de argentinos marcharon este viernes y se congregaron ante el obelisco de esta capital contra el acuerdo del gobierno del derechista Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional, en rechazo a la profundización del ajuste, al tarifazo, al avasallamiento de los derechos de los trabajadores, en defensa de la soberanía y una serie de demandas leídas en una dura proclama, antes de cantar el himno nacional.

La multitudinaria marcha convocada en principio por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a la que se adhirió la oposición en su conjunto, reunió a todas las centrales sindicales, cooperativistas, movimientos sociales, partidos políticos y la Iglesia, contrastó con un presidente que caminó aislado del pueblo con un fuerte dispositivo de seguridad en una Plaza de Mayo enrejada junto a su esposa, Juliana Awada, y funcionarios de su gobierno, al recorrer el corto camino entre la Casa Rosada y la catedral metropolitana donde debió escuchar uno de lo sermones más críticos de los últimos tiempos.

“Los ojos del Dios que sí se acuerda de los pobres”

La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Poli, quien leyó el sermón del tedeum y citó al evangelista San Lucas: “Nos da una advertencia con este ejemplo: la indiferencia y el egoísmo de los ricos frente a la miseria de los pobres no pasan inadvertidos a los ojos del Dios que sí se acuerda de los pobres y no olvida su clamor”.

Recordó que Dios está nombrado en el preámbulo de la Constitución nacional, “pero pareciera que lo dejamos al margen de nuestras decisiones… sin tener en cuenta la memoria histórica del país que también tiene algo que enseñarnos en las horas de prueba”.

Recordó que “el primer deber del Estado es cuidar la vida de sus habitantes, especialmente de los débiles, los pequeños, los pobres y marginados, los enfermos y los ancianos abandonados, porque son los más pobres de los pobres […] ninguna persona debe ser excluida de la fiesta de la vida, hasta el más humilde y olvidado de la patria profunda”.

A esto se agregó la impresionante marcha de este día. Las voces de la calle mencionaban que, ante la gravedad de la situación, el presidente debe renunciar si no puede resolverla; o si “para resolverla va a entrgar la patria”.

Antes de cantar el himno nacional, dos actores leyeron desde el palco, donde estaban Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la proclama en que defendieron los derechos de los pueblos y hubo severas críticas al gobierno nacional por la entrega de soberanía en el acuerdo con el FMI.

Entre otras demandas se defendió la del trabajo digno que genera las riquezas de la patria; a las organizaciones gremiales y a las negociaciones salariales libres, que están suspendidas. Fue importante la defensa del federalismo amenazado por el saqueo en el país, y del regreso del desarrollo industrial, la protección a las economías regionales, a la educación pública y a las organizaciones sociales y barriales.

De la misma manera se exigió la continuidad de los juicios contra los responsables militares y civiles de la pasada dictadura militar, y se remarcó que “el único lugar para los genocidas es la cárcel”. Se pidió justicia para los jóvenes asesinados Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y respeto a los pueblos originarios.

Oradores de la marcha también reivindicaron la política del movimiento Ni Una Menos que “sacude las entrañas de la cultura patriarcal dominante”; así como la “libertad de expresión y comunicación popular” contra la concentración de medios que defienden programas de ajuste y saqueo. Se exigió la liberación de presos políticos y el cese de la la persecución.

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La impotencia de la clase dominante argentina

Tras dos años y medio de gobierno, Mauricio Macri fracasó dos veces en una semana para contener una brutal escalada del dólar que amenaza con colapsar la economía y derribar su gobierno. La moneda estadunidense comenzó el año en 18.65 pesos y esta semana superó 23.50. Millones de argentinos se enfrentan al drama de la sobrevivencia, ya que la devaluación impacta directamente en los precios de los alimentos.


Para evitar una depreciación aún mayor de la moneda, el gobierno aumentó las tasas de interés de 28 a 40 por ciento y obligó a los bancos a desprenderse de dólares. En el mismo lapso, sacrificó más de 7 mil millones de dólares de las reservas para intentar frenar la subida del dólar.


El martes de esta semana el dólar volvió a trepar luego de una leve caída el lunes. La corrida en curso arrancó en marzo y todo indica que los fondos de inversión están alentando la fuga hacia activos en dólares. “ Forbes y el Financial Times ya dijeron que es tiempo de salir de la riesgosa Argentina, calificada como uno de los tres países más vulnerables a shocksexternos por las evaluadoras del establishment internacional” (Página 12, 5/05/18).


Macri fracasó cuando intentó atraer inversiones y ahora está fracasando con su propia base social, la que lo llevó al gobierno, que está especulando porque no confía en su política económica. Una espiral de desconfianza está en la base de la crisis del mercado de cambios: crece la fuga de capitales, aumenta el déficit comercial por el crecimiento exponencial de las importaciones y el pago de intereses de la deuda en moneda extranjera. En resumen, un estrangulamiento del sector externo.


Un demacrado Macri apareció en televisión para informar que el país retorna al regazo del FMI, mediante la negociación de un crédito de 30 mil millones de dólares para estabilizar la crisis de confianza. Es la segunda vez en dos décadas que sucede algo similar. En 2001, en medio de una grave recesión, el gobierno de Fernando de la Rúa pidió 40 mil millones de dólares al FMI para defender al peso porque los argentinos estaban retirando sus depósitos masivamente para convertirlos en dólares o llevarlos fuera del país.
En 2006, el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda y finalizó la dependencia del FMI, en una decisión política trascendente. Con la llegada de Macri, Argentina emitió títulos por 59 mil millones de dólares, casi el doble que Arabia Saudita, el segundo en el ranking, y el triple que el tercero, Indonesia ( El País, 8/05/18). De ese modo, el país vuelve a tener una deuda con una gran exposición en dólares, lo que acrecienta su vulnerabilidad.


Para los sectores populares, la devaluación es sinónimo de inflación (20 por ciento previsto para este año), o de hiperinflación, como sucedió varias veces en la historia reciente. Para aliviar el déficit fiscal, el gobierno viene aumentando las tarifas de los servicios, con la excusa de que el gobierno de Cristina Fernández las tenía subsidiadas, pero lo hace de un modo brutal. Desde fines de 2015, el gas aumentó 1,013 por ciento, el metro 178 por ciento y los autobuses 233 por ciento, en tanto las tarifas eléctricas subieron 1,615 por ciento y el agua 550 por ciento.


La política argentina es oscilante, cambiante e imprevisible. En apenas dos años, Macri consumió los apoyos sociales con los que llegó al gobierno y ahora el rechazo a su gestión duplica los aprobados. ¿Cómo explicar estos cambios y la velocidad del desgaste de Macri?


La clave hay que buscarla en diciembre pasado, cuando cientos de miles de argentinos desafiaron la reforma previsional, en la calle, afrontando una feroz represión. Ese fue el punto de inflexión, como indican las encuestas. Un punto de quiebre que conecta con la tradición del movimiento popular argentino, el más potente y combativo durante el siglo XX, como indican las fechas más destacadas del calendario de luchas.


En 1909, la Semana Roja, la primera gran huelga general en cuya represión cayeron 14 obreros. En 1919, la Semana Trágica, una oleada de huelgas reprimidas por la policía con alrededor de 700 muertos. En 1935, la seminsurrección de los obreros de la construcción en la capital. El 17 de octubre de 1945 –la insurrección obrera victoriosa exigiendo la liberación del coronel Juan Perón– quiebra el poder político de la oligarquía. Años después, la resistencia armada al golpe de Estado de 1955, protagonizada por miles de obreros fabriles.


El levantamiento obrero conocido como Cordobazo, en marzo de 1969, desarticuló la dictadura del general Juan Carlos Onganía, derrotó a la policía y sólo retrocedió, en un intenso combate de calles, ante la presencia del ejército y la marina. Entre 1969 y 1972 hubo 15 insurrecciones, puebladas o motines populares: dos en Córdoba, dos Rosario, tres en Tucumán, además de Rawson, Corrientes, Salta, Mendoza y Casilda, entre las más destacadas.


En todas hubo combates callejeros y se tomaron e incendiaron dependencias estatales. Fue el mayor ciclo de luchas obreras del mundo, en la segunda mitad del siglo XX. Este es el temor de la clase dominante, que la llevó a convocar a los militares cuando los obreros del Gran Buenos Aires (9 millones de habitantes en 1975), desbordaron a sus sindicatos, paralizaron la industria y neutralizaron el ajuste económico del gobierno de Isabel Perón.


En las movilizaciones de diciembre pasado confluyeron los sindicatos con los movimientos sociales, mostrando que la capacidad de lucha está tan intacta como la autoestima de los de abajo. El 8 de marzo se produjo la movilización más masiva a lo largo y ancho del planeta, por un movimiento de mujeres que no tiene parangón. La calle es el límite que encuentran los de arriba, y ese límite no cedió siquiera ante el genocidio perpetrado por los militares.


La pregunta es cómo será el final del experimento de Macri. No es seguro que retorne el estallido social. Los de arriba están pergeñando un plan. Debemos auscultarlo, para prevenir males mayores y seguir construyendo nuestros mundos.

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Lunes, 16 Abril 2018 06:34

El dólar todavía

El dólar todavía

La política del dólar, se dice, está volviendo a la normalidad y con ello también el funcionamiento de la economía de Estados Unidos. Este supuesto tiene, de una u otra manera, implicaciones para el mundo.

Para administrar la crisis de 2008 la Reserva Federal mantuvo durante casi una década las tasas de interés a un nivel de prácticamente cero, una condición ciertamente inusual y que expresaba la magnitud del colapso que se provocó.

Con esto evitó el derrumbe de la actividad económica y, también, de los bancos y otras empresas financieras. El costo de esta política ha sido tan elevado que aún no se acaba. Ahora, hay que añadir las políticas económicas y sociales que impulsa el gobierno en Washington.

Por el lado fiscal, lo anterior representó la enorme inyección de dinero en la economía y con ello el aumento de la deuda pública. Hoy, el Congreso, controlado por los republicanos, está aumentando aún más el endeudamiento.

La supuesta normalidad a la que se alude no significa, sin embargo, que el periodo de crecimiento con estabilidad de precios que se registró antes de la crisis financiera de hace una década pueda recrearse. A esa etapa se le conoce como la "gran moderación".

El dólar mantiene su primacía por la permanente demanda para todo tipo de transacciones: comerciales y financieras. La forma principal de tener moneda estadunidense es mediante la compra de los bonos que emite el Tesoro, que se sostiene en la confianza que todavía tienen los inversionistas de que se pagará esa deuda.

Esto se considera como un "privilegio exorbitante" del dólar, según lo calificó el gobierno francés encabezado entonces por De Gaulle. Aunque tal privilegio persiste hay cambios en el sistema internacional que son significativos.

En 1990 el producto de Estados Unidos representó alrededor de 22 por ciento del total mundial y se calcula que en 2020 sea de 15 por ciento. Al dólar le siguen como monedas más usadas el euro, el yen, la libra esterlina y aún muy por detrás el renminbi.

Con la economía global en pleno y junto con el nuevo proteccionismo en Washington, China aparece como un mayor contrincante político y económico. Desde 2016, la moneda china es parte de la canasta de divisas de reserva –los derechos especiales de giro– que administra el Fondo Monetario Internacional (FMI). El gobierno buscará aumentar la relevancia de su moneda como una medida consistente con la influencia que pretende tener en el mundo.

El producto por habitante chino (a precios de mercado) en 2017 era 14 porciento del de Estados Unidos, pero en 2000 fue de tres por ciento. El mero tamaño de la economía china, empezando por su población, es relevante; su producto representó el año pasado 62 por ciento del estadunidense. Las tendencias indican que en 2040 será mayor que aquel, aunque el nivel de vida siga siendo más bajo.

China es ya el mercado más grande para las exportaciones de países como Australia, Rusia, Taiwán, Corea y Brasil, entre otros, lo que extiende su influencia en los mercados. Allí se destina ahora casi la misma proporción de gasto de investigación y desarrollo que en las economías más desarrolladas y tienen, además, una agresiva política en cuánto a los derechos de propiedad intelectual.

No debe perderse de vista el carácter de esa sociedad donde persisten muchos elementos de planificación estatal y un sistema de control político muy centralizado. Ambas condiciones pueden representar una ventaja en la competencia económica a escala mundial en los próximos años. A ello hay que añadir la fuerte expansión del gasto militar que está cerrando la brecha con el de Estados Unidos.

La política exterior de Washington se enfoca en distintas formas de confrontación con China en materia comercial y financiera (¿y militar?), cuyas previsiones son inciertas.

Debajo del amplio conjunto de procesos en curso existe una debilidad estructural de las economías más desarrolladas que no ha sido superada desde que surgió la crisis más reciente. Buena parte de esa fragilidad reside en el valor de las monedas. George Soros dijo hace unos años que "el dólar es la moneda más débil del mundo, exceptuando todas las demás". De ahí que todavía tenga un privilegio y, por ahora, exorbitante. Este es un asunto clave en un sistema en el que se ha ido ahondando el proceso de financiarización de la economía con una correspondiente relocalización de la actividad productora de bienes y servicios.

En el caso de Estados Unidos, su preponderancia económica sigue estrechamente ligada con el privilegio del dólar. Ya en 2011, la calificadora de deuda Standard & Poor’s apuntaba, aquella que fue la primera vez que se degradaba la calidad de la deuda del gobierno de Estados Unidos: "La efectividad, estabilidad y predictibilidad del quehacer de la política pública y de las instituciones políticas se han debilitado al mismo tiempo que aumentan los desafíos en materia fiscal y económica".

Esta afirmación sea tal vez más apropropiada hoy que hace siete años.

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La receta económica de Moreno contiene menos Estado y más ingresos

El presidente de Ecuador renuncia a subir los impuestos y abraza la austeridad para solventar la crisis heredada con una reforma con 14 propuestas y cuatro objetivos


El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, quiso hacer oficial la austeridad en su nuevo programa económico. El lanzamiento, este martes, de su reforma adelantó que se sanearán las cuentas públicas con una amnistía fiscal, un fuerte recorte en las instituciones públicas y más eficiencia en la recaudación para obtener mayores ingresos, evitando subir los impuestos. Con sus 14 propuestas, orientadas a cuatro objetivos, el Gobierno de Moreno ha conseguido una aceptación entre los analistas y el sector privado que fue imposible de alcanzar durante la gestión de su predecesor en el cargo.


De Rafael Correa heredó un país sobreendeudado y una receta económica de la que ahora se desmarca. Quizá con el fin de llevar la contraria a los seguidores del exmandatario y al mismo Correa, que han repetido durante semanas que se avecinaba una fuerte subida de impuestos. Un paquetazo, como se dice en Ecuador. Pero para no dejar margen a interpretaciones, el presidente recalcó dos veces en la presentación de su nuevo programa económico que su Gobierno no va a "subir los impuestos" y que el aumento de ingresos tributarios llegará con una recaudación más eficiente.


La primera medida se centra en combatir la defraudación, las empresas fantasmas, los paraísos fiscales y el contrabando con la ambición de obtener 810 millones de dólares en tres años. También en materia de impuestos, se recuperarán más de 1.000 millones adicionales revisando —con el fin de eliminarlos— beneficios que favorecen a los que ganan más de 100.000 dólares y se aplicará una amnistía —llamada "revisión tributaria" en el programa— para las empresas de todos los tamaños, con la que pretenden reflotar 1.600 millones de dólares este año y 1.300 millones de dólares anuales en los siguientes. Junto a una subida de los aranceles en artículos de consumo como la ropa o los juguetes importados, estas propuestas ayudarán a Ecuador en su primer objetivo: recuperar el equilibrio fiscal de un presupuesto que ha disparado su déficit público de año en año.

Esta meta, de acuerdo con los reclamos tradicionales del sector empresarial, es imposible de alcanzar sin un ajuste del gasto público. Correa se negó siempre a aplicarlo, pese a la crisis económica provocada por la caída del precio del petróleo, pero Moreno le ha abierto la puerta por primera vez en 10 años con su segundo objetivo: reestructurar y optimizar al Estado. Según sus planes, el fisco se ahorrará 1.000 millones de dólares anuales reduciendo los presupuestos de las instituciones públicas, despidiendo a la mitad de los asesores, recortando los gastos en viajes o en alquileres y suprimiendo siete de las 22 empresas públicas. "Se mantendrán únicamente las que sean rentables económica y socialmente", puntualiza el nuevo programa, haciendo alusión a las irregularidades y a la gestión deficitaria que se destapó, tras el cambio de Gobierno, en entidades como la aerolínea pública Tame, los medios de comunicación incautados o en las negociaciones de la petrolera estatal.


Atajado el gasto excesivo y mejorada la recaudación, la tercera incógnita que necesitan despejar las Finanzas ecuatorianas es el aumento de los ingresos por la vía productiva. Aquí se repite el anhelado objetivo de fomentar las exportaciones y atraer más inversión extranjera para que lleguen más dólares del exterior a una economía que no puede emitir billetes. Para ello, Moreno propone el también repetido mandato de aumentar el acceso al crédito productivo, simplificar la burocracia, intensificar las alianzas público-privadas y mejorar el clima de seguridad empresarial.


La calidad del empleo, en un país donde casi la mitad de trabajadores son informales, dependerá de los nuevos modelos de contratación específicos para sectores como el turístico, el agrícola o el pesquero que ya prepara el Ministerio de Trabajo. Eso sí, se crearán siempre "respetando íntegramente los derechos" laborales y sin olvidarse de la "economía popular y solidaria" que incluye a los artesanos y microempresarios.


El guiño definitivo al sector privado se concretó en una certeza y una promesa. La primera implica la eliminación del impuesto mínimo en el pago del anticipo al impuesto a la Renta. Según los empresarios, esta carga tributaria se asumía por adelantado y se aplicaba incluso cuando las empresas daban pérdidas. La segunda, tan lejana que se proyecta como un imposible, propone reducir gradualmente el Impuesto a la Salida de Divisas solo si algún día la balanza de pagos entre las exportaciones y las importaciones del sector privado llega a un equilibrio.


Las catorce medidas, pese a haberse presentado con casi un año de retraso y haberse pospuesto dos veces, han convencido a los gremios empresariales. Ahora, comentan, el peso de los ajustes está repartido entre el sector público y el privado; y ahora, ofrecen, es momento de arrimar el hombro para recuperar el ritmo del país. Pero también avizoran el siguiente roce: cómo pasará la receta económica del papel a la práctica.

 

Por SARA ESPAÑA
Guayaquil 4 ABR 2018 - 11:29 COT

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Miércoles, 31 Enero 2018 06:31

Feudalismo bancario

Feudalismo bancario

 

Durante los siglos VIII y XV predominó en Europa un sistema político y económico que ha recibido el nombre de feudalismo. Era un sistema organizado alrededor de la propiedad de la tierra, a cambio de esquemas de vasallaje, protección, trabajo y distribución de la producción agrícola. En la clásica descripción de Marc Bloch, el esquema jerárquico giraba alrededor de los tres estamentos de la sociedad: nobleza, clero y productores del campo. Típicamente los señores feudales, firmemente aposentados en sus castillos, prestaban protección a los productores agrícolas a cambio de trabajo directo o de un tributo que era pagado en especie.

Entre los habitantes del campo y los poblados las relaciones económicas se llevaban a cabo por medio de mercados, ferias y otros esquemas para los intercambios. La moneda en circulación era emitida, a veces, por autoridades eclesiásticas y, en ocasiones, por reyes o los mismos señores feudales. El trueque sólo predominó cuando había derrumbes institucionales, como al colapsarse el imperio romano o cuando desapareció el imperio de Carlomagno.

En el feudalismo existía el crédito y algunas dinastías se encargaron de proporcionar préstamos a quienes los necesitaran. Pero esos empréstitos normalmente estuvieron reservados a los poderosos y no eran para el grueso de la población. Una buena parte de los créditos se destinaba a pagar mercenarios y financiar guerras. En esos casos los intereses eran altísimos y podían alcanzar 60 por ciento (como hoy en las tarjetas de crédito). También había préstamos para los grandes comerciantes, quienes ofrecían suficientes garantías. El resto de la población tenía que recurrir a los prestamistas locales para solventar sus necesidades en caso de enfermedad o de alguna otra emergencia.

Las grandes dinastías de prestamistas operaban con sus corresponsales en diferentes partes de Europa y del Mediterráneo. Así podían ofrecer un valioso servicio a los comerciantes a través del reconocimiento de letras de cambio y otros títulos. Esos grandes prestamistas operaban como banqueros, pero su principal actividad no dependía de la captación de ahorros. Los préstamos que ofrecían eran con recursos propios o que provenían de sus complejas operaciones contables. Eran, por así decirlo, banqueros sin bancos, en el sentido moderno de la palabra.

Con el advenimiento del capitalismo la actividad crediticia se hizo cada vez más importante y la revolución industrial aceleró el proceso por las escalas de producción. Los bancos se reorganizaron, comenzaron a desarrollar sus funciones de captación de ahorro y sus operaciones expandieron los confines de la acumulación capitalista financiando el consumo. Así, no sólo se expande el tamaño del mercado final para la producción capitalista de mercancías, sino se acortó el tiempo de recuperación del capital. El proceso culmina en el siglo XIX, cuando el grueso de la población pasa a ser considerada sujeto de crédito. La gente común y corriente pasa entonces a ser cliente de los bancos.

Hoy, el nivel de endeudamiento de la población depende de muchos factores, entre los que destaca el ingreso salarial. Bajo el neoliberalismo, el estancamiento de los salarios reales condujo a una extraordinaria expansión del crédito como apoyo para mantener niveles de vida. El resultado ha sido un creciente endeudamiento para la población en general mediante hipotecas y préstamos para adquirir bienes de consumo duradero y pagar servicios educativos o de salud. Los indicadores sobre endeudamiento de las familias en Estados Unidos como proporción del PIB muestran un vertiginoso crecimiento de 40 a 97.8 por ciento entre 1960 y 2014. El patrón se repite para muchos países europeos.

El resultado es que hoy una parte significativa de la población vive y trabaja para pagar intereses a los bancos, a tal grado que es posible pensar que vivimos en una especie de feudalismo bancario. En este sistema, los bancos son los señores del dinero que crean moneda de la nada y, al igual que en el feudalismo stricto sensu, su actividad tampoco depende de la captación de ahorro. El lugar de los nobles lo ocupan los gobiernos, que también son sujetos de crédito y deben obedecer los dictados de los mercados de capitales. Sus bancos centrales, con toda y su mítica independencia, deben proporcionar reservas a los señores del dinero cuando las circunstancias así lo exigen. Los campesinos somos todos los demás, que debemos recurrir al crédito de manera sistemática. En ciertos casos hasta fracciones del capital industrial ocupan una posición similar a la de los campesinos.

El nuevo feudalismo bancario permite que la gente se mueva de una parcela a otra, por ejemplo cuando busca un empleo. Pero esas personas siempre llevan a cuestas una carga propia de los vasallos: deben pagar el servicio de su deuda, ya sea por una hipoteca u otros préstamos. Quizás la diferencia más importante es que, en contraste con las obligaciones que tenían los señores feudales con sus súbditos, los bancos no ofrecen protección alguna frente a la violencia o los accidentes de la vida.

 

Twitter: @anadaloficial

 

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Domingo, 28 Enero 2018 06:03

La mano de obra esclava

La mano de obra esclava

Se supone que Donald Trump es nacionalista, se sospecha que es proteccionista, se repite que quiere crear empleo y refundar la base industrial de Estados Unidos. Esto último apela a los nostálgicos y los de cierta edad, que recuerdan –recordamos– cosas como electrodomésticos norteamericanos de excelente calidad, por no hablar de fantasmas como los Packard. Hace muchos años que en Estados Unidos se dedican a crear marcas y productos, que se fabrican en tierras lejanas.


Pero el centro del problema no es uno de modelos económicos de vasta escala, sino del implícito pacto social que rige Estados Unidos, uno de esos que no se confiesan. El empleado americano casi no tiene vacaciones, pena por tener cobertura médica, puede ser echado por capricho y con lo puesto, y envidia hasta las lágrimas las licencias médicas de un europeo o, por caso, de un argentino. Raramente tiene casa propia, excepto que viva en una ciudad pequeña, en un pueblo o en el campo, y en general lo que tiene es una hipoteca a largo plazo. Sus ahorros reales son los llamados IRA, las cuentas privadas de ahorro para la jubilación, ya que es rarísima la empresa que tenga su sistema, como era común en tiempos de los tíos. Sólo el despreciado Estado nacional te paga una jubilación sin más vueltas.


Lo que obtiene a cambio de tanta inestabilidad el empleado americano es disfrutar de la más curiosa distorsión que ofrece la economía de su país, los frutos del trabajo esclavo. Esto es fácilmente observable para el turista más casual, que gasta más en comer una semana en Nueva York o Miami que lo que gasta en comprar una laptop de primera marca. Una buena hamburguesa puede costar lo mismo que una camisa de las buenas, la entrada a un musical lo mismo que un traje, un viaje en taxi lo que una valija. Una manera fácil de espantar argentinos es contarles lo que cuesta en Estados Unidos una carie, un par de anteojos recetados, una visita del plomero, una clase particular. Una buena unidad de medida es traducir las cuentas a televisores HDTV de muchas pulgadas.


La explicación de esta distorsión es que las hamburguesas, el plomero, el dentista son norteamericanos, no pueden ser importados y no tienen reemplazo real. Los artículos de consumo viajan el mundo desde países miserables, efectivamente colonizados por multinacionales, y son producidos o en fábricas robotizadas, de muy alta tecnología, o por talleres de servidumbre. Es mejor ni preguntarse, con la camisa en la mano, cuánto ganó el infeliz que la hizo: primero hay que descontar la remarcada del negocio en EE.UU., que paga sueldos, alquiler e impuestos del primer mundo, luego el costo de flete y distribución, luego los impuestos del tercer mundo de origen y la ganancia del fabricante, para llegar a una cifra marginal.


Esta receta es la que trata de mantener la paz social en el país de Trump, la pobreza con electrónicos de consumo, la vida en un sucucho con wifi y una I-Mac de primera donde no entra tanta ropa barata, los dientes cariados y el auto nuevo. La guerra de tarifas que parece plantearse el pintoresco monstruo despertó de inmediato una alarma, la de que suban los precios al consumidor. No es apenas por una cuestión de economistas, porque estos precios al consumidor tienen que ser bajos para que el consumidor no empiece a hacerse preguntas, a comparar.

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Los fondos buitre también actúan en el ámbito de las deudas familiares

Gracias a la campaña internacional lanzada por el CADTM, se conoce muy bien la acción nefasta de los fondos buitre con respecto a las deudas soberanas: compran títulos de la deuda soberana a precio de saldo (de un 5 a un 20% del valor inicial) antes de recurrir a los tribunales para recuperar el máximo del valor de la deuda.

El mismo tipo de actividad está en plena expansión en el ámbito de las deudas familiares. Hay que señalar que las posibilidades son enormes ya que en Europa el volumen de créditos privados en suspensión de pagos llega a mil millardos de euros (1.000.000.000.000 €). |1| Debido al empobrecimiento de las clases populares, el volumen de estos impagos de deudas familiares y de microempresas aumentará inevitablemente.

El modo operativo de los fondos buitre en el ámbito de las deudas privadas es simple. Compran paquetes de deudas impagadas, principalmente a bancos, |2| a sociedades de telefonía móvil, a sociedades de crédito inmobiliario o empresas de suministro de energía a particulares. En general, esos fondos buitre adquieren esos impagos al 10 % de su valor y luego mediante el acoso a las personas endeudadas, y también por procedimientos legales, tratan de recuperar del 20 al 30 % del valor inicial de la deuda .

Parece que en Europa las sociedades financieras especializadas en ese tipo de actividades carroñeras se desarrollaron activamente, en primer lugar en Escandinavia, debido a la crisis bancaria de los años 1980-1990. Hablamos de la firma sueca Intrum y de Aktiv Kapital (una filial del grupo estadounidense PRA).

 

 

Según un estudio publicado por el banco Morgan Stanley, el volumen total de paquetes de deudas impagadas, en posesión de las siete principales sociedades financieras especializadas en la recuperación de la deuda familiar en Europa se duplicó entre 2014 y 2017, pasando de cerca de 4.000 millones de libras esterlinas a un poco más de 8.000 millones (Financial Times, 23 de noviembre de 2017). En 2016 Intrum obtuvo unos beneficios de 197 millones de euros. Cabot, una sociedad británica, 155 millones de euros; Arrow, británica, 118 millones de euros; Hoist, británica, 93 millones de euros; Kruk, una sociedad polaca, ganó 91 millones de euros. En la página web de Arrow podemos leer que 4 millones de familias se encuentran en suspensión de pagos en Gran Bretaña.

En octubre de 2017, Intrum compró en Grecia un paquete de deudas impagadas por un monto de 40 millones de euros. Pero, probablemente, haya pagado solamente 1,2 millones de euros por esa adquisición, o sea, el 3 % de su valor nominal. Según el director de Intrum, Mikael Ericsson, el mercado griego de deudas impagadas de familias ofrece un extraordinario potencial de expansión, ya que en 2017 cerca del 50 % de las deudas están en suspensión de pagos. |3| Es el equivalente, dice, del mercado formado por Europa central y del este.

Cartografía de las deudas impagadas en porcentaje del monto total de créditos concedidos por los bancos en la Unión Europea al 30 de septiembre de 2015.
Con una competencia en aumento entre los fondos buitre, el rendimiento desciende. Mientras que hace 5 años, una «inversión» de un millón de euros en la compra de deudas impagadas podía permitir obtener 3 millones, en 2017 los fondos buitre sacan entre 1,8 y 2 millones.

Hay otros fondos buitre activos en la compra de esas deudas, como el tristemente célebre fondo Elliot cuyo dueño es Paul Singer. Elliot compró a dos bancos españoles, Banco Popular (adquirido por el banco Santader en mayo de 2017) y Bankia, paquetes de deudas impagadas (véase Fátima Martín, «Los fondos buitre carroñean con lo más básico: Techo, pan y luz»). El grupo estadounidenses Blackstone se volvió también muy activo en España (véase en castellano: Fátima Martín, «Blackstone, el casero buitre global: De los alquileres protegidos de Madrid a los narcopisos de Barcelona»). Blackstone tiene actividades muy diversificadas: en principio, se especializa en la concesión de créditos de riesgo a microempresas y a PYMES. Para eso, Blackstone se dotó de una división especial de desarrollo de ese tipo de actividades: GSO. Esa división propone contratos de deudas simplificados, mucho más arriesgados y con mayor remuneración, lo que le permite atraer a pequeñas y medianas empresas (PYMES) que ya no tienen acceso a los créditos bancarios normales. Por otro lado, GSO atrae igualmente a los inversores en búsqueda del máximo rendimiento, en particular, a los fondos de pensiones. A éstos les propone que den un anticipo de fondos para prestarlos a las microempresas privadas y a las PYMES. En cierto modo, el Financial Times, en su edición del 17 de noviembre de 2017, hace sonar la alarma al anunciar que los fondos de pensiones hacen correr grandes riesgos al ahorro de sus miembros, debido a su inversión en los productos creados por GSO. |4| Por lo tanto, en principio, Blackstone es un prestamista —que atrae los fondos de pensiones a la búsqueda de altos rendimientos— y finaliza el ciclo comprando las carteras de deudas impagadas.

Cuando la burbuja inmobiliaria estalló en Japón (años 1990), en Estados Unidos (2006-2007), en Irlanda e Islandia (2008), en España (2009), decenas de millones de familias de clases populares fueron abocadas a la suspensión de pagos, y comenzaron a ser víctimas de desalojos masivos. En Estados Unidos, desde 2016, 14 millones de familias fueron desposeídas de sus viviendas por los bancos. En España, son más de 300.000 familias. En un contexto en el que el salario real está bajando, el desempleo es masivo y las condiciones de préstamos son abusivas, esas deudas provocan efectos catastróficos para una parte creciente de las clases populares. A menudo, esa población tiene que financiar a crédito su consumo corriente, puesto que sus ingresos normales no alcanzan para pagar los gastos de alimentación, vivienda, vestimenta, calefacción, electricidad, salud, educación... Hay firmas que se especializan en las ventas a crédito a sectores frágiles de la población. A veces, esos préstamos comienzan con un interés cero, con el fin de atraer a los clientes, pero los tipos de interés aumentan rápidamente si aparecen retrasos en el pago, y comienza el acoso. Otra vez más, nos enfrentamos en los países del Norte a un fenómeno masivo de brutal desposesión. Las deudas privadas tienen un papel clave. En Estados Unidos, la justicia contabilizó no menos de 500.000 casos de contratos inmobiliarios abusivos y fraudulentos, pero la cifra real es, indudablemente, mucho más elevada. En España, la legislación utilizada por los banqueros para desalojar a las familias de sus viviendas data de la época del dictador Franco. En Grecia, en el marco del tercer memorando aceptado por el gobierno de Tsipras en 2015, los bancos comienzan a tener las manos libres para desalojar a las familias incapaces de pagar sus deudas hipotecarias.

La nueva crisis internacional, que comenzó en 2007, reveló el comportamiento fraudulento de los bancos. Como consecuencia de las expulsiones masivas de las viviendas que se sucedieron en Estados Unidos, España y otros países, cada vez hay más personas que cuestionan esas deudas. Y esto pasa incluso en países donde la obligación de pagar un crédito era, en general, incuestionable. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona desde 2015, reunió alrededor de su persona un importante apoyo popular por haber participado activamente en la plataforma contra los desalojos, realizados por los bancos, de familias incapaces de continuar pagando sus hipotecas. Algunos años antes, hubiera sido inimaginable que una mujer o un hombre fuera elegido para ejercer altos cargos después de haber organizado ocupaciones ilegales de bancos, para defender las familias que no podían seguir pagando sus deudas.

Por todo el mundo, los movimientos sociales y el CADTM cuestionan el pago de deudas privadas ilegítimas, ya sean hipotecarias o de estudiantes, ya sean reclamadas por grandes bancos privados, por agencias de cobro de deudas, por fondos buitre o por agencias de microcrédito.

 

Notas:

|1| 1 000 millardos € de deudas en suspensión de pagos (conocido también por la sigla inglesa NPL, Non performing loans). Eso representa, según la Autoridad bancaria europea, el 5 % del total de los créditos concedidos por los bancos de la Unión Europea.

|2| Los bancos son presionados por las autoridades de control y por el BCE para deshacerse de las deudas impagadas (NPLs) revendiéndolas a precios de saldo a terceros, como los fondos buitre.

|3| Sobre las causas de esa elevadísima cantidad en Grecia, véase Éric Toussaint «Grecia: los bancos en el origen de la crisis», publicado el 11 de enero de 2917

|4| Financial Times, «Blackstone offers “cove-lite” business loans», 17 de noviembre de 2017.

Traducido por Griselda Pinero

Eric Toussaint es maître de conférence en la Universidad de Lieja, es el portavoz de CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Procès d’un homme exemplaire , Ediciones Al Dante, Marsella, 2013; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique , Le Seuil, París, 2012. Este último libro ha recibido el premio Prix du livre politique, otorgado por la Feria del libro político de Lieja. Ultimo libro: Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015. Es coordinador de las publicaciones Comisión de la Verdad Sobre la Deuda.

Fuente: http://www.cadtm.org/Los-fondos-buitre-tambien-actuan 

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