Miércoles, 12 Agosto 2015 06:54

Acciones prioritarias

Acciones prioritarias

Grecia, que este martes pactó con sus acreedores nuevas medidas económicas para acceder a un tercer plan de financiamiento en cinco años de crisis, tendrá que ejecutar algunas acciones prioritarias antes de comenzar a recibir recursos. Estos son los puntos más relevantes del acuerdo:


Objetivos


– El déficit presupuestario primario –el total de gastos de la administración, antes de considerar el pago de deudas– se situará en 0.25 por ciento del PIB en 2015, seguido de un superávit de 0.5 por ciento en 2016, de 1.75 por ciento en 2017 y de 3.5 por ciento en 2018.


– La economía griega se contraerá entre 2.1 y 2.3 por ciento en 2015, 0.5 por ciento en 2016 y volverá a registrar en 2017 un crecimiento del PIB a una tasa de 2.3 por ciento.


Acciones prioritarias


Las acciones prioritarias exigidas antes del desembolso de recursos son:


– Nuevas leyes sobre préstamos morosos en manos de los bancos.


– Desregulación del mercado del gas natural.


– Creación de un fondo soberano independiente en Grecia de 50 mil millones de euros, tres cuartas partes de los cuales se usarían para recapitalizar bancos y reducir la deuda.


– Eliminar las exenciones fiscales a los agricultores.


– Aumento de 4 a 6 por ciento del impuesto de solidaridad que pagan contribuyentes con ingresos de 50 mil a 100 mil euros al año.


Medidas aprobadas previamente


Grecia aprobó una serie de medidas prioritarias en julio, que incluyen:


– Simplificar las tarifas del IVA y aplicar el impuesto de forma más amplia.


– Reducir las pensiones y hacer independiente el organismo nacional de estadística.


– Modernizar el sistema judicial civil.


– Adoptar las normas de la UE sobre rescates bancarios a partir del 1º de enero de 2016.


Próximas acciones


Se espera también que el acuerdo griego de rescate despeje el calendario para las siguientes medidas:
– Reforma de pensiones.


– Reformas para la apertura de comercios en domingo, la propiedad de farmacias y la venta de leche y pan.


– Privatización de la red de transmisión de electricidad.


– Revisión de normas sobre acción industrial y negociación y despidos colectivos.


Grecia acuerda con acreedores un tercer rescate económico

Reuters, Afp, Dpa y Ap


Grecia alcanzó este martes un acuerdo técnico en principio con sus acreedores para recibir un tercer paquete de financiamiento por 85 mil millones de euros, que serán entregados en un plazo de tres años, aunque todavía deben solventarse algunos detalles y está sujeto a la aprobación del Parlamento griego y de otros cuerpos legislativos en Europa.


El primer ministro griego, Alexis Tsipras, convocó a una sesión de emergencia del Parlamento para este jueves por la noche con la finalidad de que se someta a votación el documento negociado en las dos últimas semanas con la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Mecanismo Europeo de Estabilidad, una entidad proveedora de fondos, supervisada por los ministros de finanzas del continente.


Disidentes del gobernante Partidode Izquierda Radical (Syriza, por sus acrónimo en griego) adelantaron de inmediato que votarán contra el nuevo paquete de reformas, igual que hicieron en julio pasado, cuando fue aprobado el primer conjunto de medidas, establecidas como condición para iniciar la ronda de negociaciones que está por concluir. Esta primera votación fracturó a la organización que desde 2012 se creó para detener los programas impuestos por los acreedores.


Los gobiernos de izquierda deben realizar acciones de izquierda, afirmó Costas Lapavistas, uno de los miembros de Syriza que anunciaron su rechazo al acuerdo, que se propone impulsar acciones prioritarias que deben ser cumplidas por Grecia antes de que las fuentes financieras comiencen a desembolsar los recursos.


Adonis Georgiadis, también parlamentario de la fracción disidente de Syriza, criticó directamente a Tsipras, de quien dijo: es un incompetente que en seis meses ha logrado destruir todo lo que gobiernos previos hicieron en cinco años. Todo lo que las administraciones rechazaron, él lo ha aceptado. Ha firmado todas las demandas de la troika (UE, BCE y FMI) y aún tiene la audacia de hablar acerca de una negociación honorable".


Otro parlamentario de Syriza, Yanis Balafas, aclaró, sin embargo, que el pacto tiene aspectos positivos, como un paquete de 35 mil millones de euros que se destinará a inversiones (no especificadas) y ayudará al gobierno griego a cumplir pagos a proveedores locales, agobiados por años de austeridad.


Uno de los puntos destacados del acuerdo plantea el objetivo de que Grecia comience a tener un superávit primario –es decir, el total de gastos de la administración, antes de pagar deudas financieras– de 0.25 por ciento en 2015 y hasta de 3.5 por ciento en 2018. También se propone recuperar el crecimiento del producto interno bruto en 2017 a una tasa de 2.3 por ciento.


Annika Breidhardt, vocera de la comisión para asuntos económicos de la UE, confirmó que las partes negociadoras convinieron un acuerdo en principio sobre una base técnica y prosiguen las conversaciones para los detalles.


Los ministros de finanzas de los países miembros de la UE conocieron el documento negociado durante una teleconferencia, este martes. Después del anuncio oficial sobre el pacto, Tsipras se comunicó con los presidentes de Francia, François Hollande, y de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, así como con la canciller federal alemana, Angela Merkel, con quien, según fuentes oficiales griegas, el gobernante griego no fue muy cálido".

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"El tercer rescate de Grecia está diseñado para fracasar"

"El despotismo sádico de la ideología dominante". "La lectura moral de esta crisis". "El abrazo mortal de la deuda". Yanis Varoufakis (Atenas, 1961) recibe a EL PAÍS en su céntrica casa de la capital griega, con su famosa moto aparcada en la esquina. En las distancias cortas, el ya exministro se muestra amable y desenvuelto. Acerca al periodista una taza de café, se sirve otra y al asomar la grabadora demuestra por qué se le considera una de las lenguas más afiladas de la izquierda europea. 45 minutos después, duele dejar fuera de este texto un puñado de frases como las que sirven para arrancar el párrafo.


De su cabeza perfectamente rasurada no dejan de brotar ideas y alguna que otra contradicción. El tercer rescate a Grecia, vaticina, no va a funcionar; "está diseñado para fracasar" y es el punto final a una especie de "golpe de Estado" de los acreedores. Berlín tiene un plan para llevar a la troika hasta París, "el premio gordo". Y la Europa que atemoriza con la salida de Grecia del euro, sostiene, va camino de convertirse en una idea siniestra, con fuertes dosis de prejuicios morales y un pésimo diagnóstico de la crisis que ha llevado a recetar políticas profundamente equivocadas una y otra vez.


Pregunta. Dejó el ministerio hace poco. ¿Cómo es su día a día?


Respuesta. Los periodistas sospechan que estoy desanimado, pero no entré en política para hacer carrera. Entré para intentar cambiar las cosas. Y hay que pagar un precio por tratar de hacerlo.


P. ¿Cuál es ese precio?


R. El desdén, el profundo odio del establishment. Si uno llega a la política sin querer hacer carrera acaba metiéndose en problemas.


P. ¿Tiene la sensación de haber logrado cambiar las cosas?


R. Por supuesto. ¿Por qué si no ha venido usted a verme? El Gobierno griego fue elegido para negociar duro, con argumentos que no eran aceptables para la eurozona. El mandato de Syriza era claro: conseguir un pacto con Europa con la idea de decirles a los socios que no podían seguir ahogando a Grecia de esa forma inhumana. Los griegos nos lanzamos con una fuerza imparable contra un Eurogrupo con una lógica inamovible e irracional. El resultado ha sido un montón de ruido. Y espero que también algo de luz.


España y el riesgo de ser como Grecia




Preguntado por las declaraciones en las que Mariano Rajoy sugiere que otros países pueden tomar la misma deriva que Grecia si ganan peso opciones similares a Syriza, Varoufakis apunta que el país heleno "se ha convertido en una especie de pelota de fútbol para los políticos de derechas, que insisten en asustar con Grecia a la población".


"Los españoles tienen que mirar su situación económica y social y sobre eso valorar qué es lo que su país necesita independientemente de lo que pase en Grecia o donde sea.


El peligro de convertirse en Grecia siempre sigue ahí y se hará real si siguen repitiéndolos mismos errores que se impusieron en Grecia", dice el exministro. "Castigar el orgullo de un país para atemorizar a otros no es la idea de Europa por la que lucharon Felipe González, Valéry Giscard d'Estaing o Helmut Schmidt. Tenenos que recuperar el significado de ser europeo, encontrar maneras para recrear el sueño de combinar prosperidad con democracia".


Varoufakis no cree que Podemos haya perjudicado a su Gobierno: "Nunca diría que Podemos ha sido un problema para nosotros. Puede haber intensificado el proceso. Pero sin Podemos, Europa habría usado la misma estrategia del miedo".


P. En su último libro, Economía sin corbata, le explica la crisis a su hija. Con el tercer rescate, Grecia seguirá bajo tutela de la extroika hasta mediados de siglo; hasta que su hija tenga más o menos su edad. ¿Cómo lleva eso?


R. Se equivoca. No es la antigua troika: la troika ha vuelto.


P. ¿Y qué le parece que los hombres de negro vayan a seguir en Atenas hasta que sus nietos sean adultos?


R. No lo harán. El acuerdo no tiene futuro. Se basa en proseguir con la farsa de la patada hacia adelante: prorrogar la crisis con nuevos préstamos insostenibles, y fingir que eso resuelve el problema.


P. ¿Qué espera entonces de los próximos meses? ¿Nada bueno?


R. El tercer rescate está diseñado para fracasar. Seamos sinceros: el ministro alemán, Wolfgang Schäuble, nunca estuvo interesado en pactar nada que pueda funcionar. Su plan es rediseñar la eurozona: parte de ese rediseño es echar a Grecia. Creo que está completamente equivocado, pero tiene mucho poder. Una de las falacias de estos días es presentar el pacto entre Atenas y los acreedores como una alternativa al plan de Schäuble. No es así: el acuerdo es parte del plan de Schäuble.


P. ¿Da por seguro el Grexit?


R. Ojalá no sea así. Pero habrá mucho ruido, retrasos, incumplimiento de objetivos, más recesión, problemas políticos. Cuando llegue el momento se verá si Europa quiere o no seguir adelante con el programa de Schäuble.


P. Berlín acaba de sugerir un plan para aplicar las reglas del euro aún con más dureza.


R. Schäuble quiere dejar de lado a la Comisión y crear una especie de autoridad fiscal con capacidad para echar abajo los presupuestos nacionales, incluso en países que no estén bajo programa. Es como poner a todos los socios bajo programa. El plan Schäuble es imponer la troika en todas partes. En Madrid y en Roma. Pero especialmente en París.


P. ¿París?


R. París es el premio gordo, el destino final de la troika. El Grexit se usará para crear el miedo necesario en Madrid, Roma y París.


P. ¿Sacrificar Grecia para cambiar la fisonomía de Europa?


"El 'plan Schäuble' es imponer la troika en todas partes. Sobre todo, en París"


R. Es una demostración: esto es lo que pasa si no os sometéis a la troika. Lo ocurrido en Grecia es un golpe de Estado: la asfixia de un país a través de restricciones de liquidez. En Bruselas nunca hubo interés por ofrecer un pacto mutuamente beneficioso. Las ayudas no llegaban; había que hacer frente a continuos pagos al FMI y al BCE, y al final nos quedamos sin dinero. Luego nos dieron un ultimátum y nos vimos obligados a cerrar los bancos. El resultado es el mismo que haber derrocado a un Gobierno o haberle forzado a derrocarse a sí mismo.


P. ¿En qué lugar queda Europa en ese relato?


R. Nadie puede ser libre si una sola persona está esclavizada: esa es la paradoja de Hegel. España y los demás socios no pueden prosperar, ser libres o cuidar de su soberanía y sus democracias si se impide a otro socio la prosperidad, la soberanía o la democracia.


P. Nadie discute que la austeridad era excesiva ni la necesidad de reestructurar la deuda: se discute su estrategia negociadora.


R. Nada de lo relacionado con la austeridad y el alivio de la deuda era indiscutible en enero: es indiscutible ahora, porque pusimos ese debate sobre la mesa. A todos los que me dicen que hemos fracasado, les diría que hemos logrado abrir un debate no solo sobre Grecia, sino sobre Europa, que vale su peso en oro.


P. ¿Le satisface el resultado?


R. El euro estaba mal diseñado, como se vio tras el colapso de Lehman. Desde entonces, Europa vive en estado de negación y ha hecho lo contrario de lo que debía. Un país como Grecia, con apenas el 2% del PIB europeo, eligió a un Gobierno que ha puesto sobre la mesa asuntos cruciales; tras seis meses de lucha hemos perdido la batalla. Pero ganamos la guerra: hemos cambiado el debate.


P. ¿Entonces le basta con eso?


"En Bruselas nunca hubo interés en un pacto mutuamente beneficioso"


R. Por supuesto. No puedo cuantificar ese resultado; no puedo decirle cuántos miles de millones vale transformar el debate. Pero hay cosas que se miden por su valor, no solo por su precio.


P. Usted tenía un plan B: una moneda paralela dentro del euro. ¿Aún puede activarse?


R. Vamos a separar dos cosas. Había un esquema, denominado plan X, un plan de contingencia para responder a los actos de agresión por parte del BCE, el Eurogrupo y demás instituciones. Y un diseño para un nuevo sistema de pagos a través de la oficina de impuestos. Este sistema se debería haber aplicado de todos modos; debería aplicarse mañana. Pero el plan X ya es historia.


P. Según Tsipras, no había alternativa al pacto. ¿Con el plan B está usted diciendo lo contrario?


R. Desde joven he rechazado esa idea thatcheriana de que no hay alternativa. Siempre la hay.


P. Ha hablado de terrorismo monetario y de tortura fiscal. ¿Esa retórica no fue muy nociva?


R. Esa idea de la tortura fiscal es una descripción exacta de lo sucedido. La idea es que al torturado se le mete la cabeza en el agua; antes de que se asfixie, se le permite respirar para después volver a sumergírsela, y así hasta que confiese. A Grecia se le asfixia con la falta de liquidez. Incluso tras el rescate, los socios han dado solo 7.000 millones, lo justo para pagar al FMI y al BCE: de esa manera el Gobierno sigue bajo absoluto control. En cuanto al terrorismo, el 25 de junio los acreedores nos obsequiaron con una propuesta para cinco meses, a sabiendas de que era imposible cumplir las condiciones. Decidimos someterla a referéndum, y pedimos una extensión del rescate de dos semanas para votar en paz. El Eurogrupo nos negó esa ampliación; nos obligó a cerrar los bancos. En una economía moderna, cerrar los bancos es la peor forma de terrorismo monetario. ¿Qué es el terrorismo, sino perseguir una agenda política mediante el miedo? Eso hicieron: aterrorizar a la gente sobre los efectos de votar no. Si en Bruselas se hubieran abstenido de asustar a los griegos, yo no habría usado esa palabra.


P. ¿Llamar criminal al FMI, como hizo Tsipras, favoreció en algo las condiciones del acuerdo?


"Lo ocurrido es un golpe de Estado: la asfixia de un país a través de restricciones de liquidez"


R. Seamos precisos: Tsipras habló de un programa de negligencia criminal que impuso a los griegos una crisis monumental, incluida una crisis humanitaria. No subimos el nivel de nuestra retórica hasta final de junio. Hasta ahí fuimos extremadamente corteses, pese a la increíble hostilidad del Eurogrupo. Para entonces, Tsipras había acordado el 90% del programa. ¿Qué hicieron los acreedores? Dar marcha atrás y volver a plantear medidas inaceptables, por ejemplo en el IVA. Ese fue un acto de agresión: ahí hablamos de negligencia criminal.


P. Si el acuerdo es tan malo, ¿por qué lo aceptó Tsipras?


R. Eso debe preguntárselo a él.


P. ¿Por qué no consiguió un solo aliado en el Eurogrupo?


R. Esa idea de que el Eurogrupo son 18 contra uno es ilusoria. Hay una pequeña minoría que cree en la austeridad. Hay un grupo mayor de Gobiernos que no creen en la austeridad, pero están obligados a defenderla porque la impusieron. Y todavía un tercer grupo, con Francia, que ni cree en la austeridad ni la practica.


P. ¿Los griegos que votaron a un partido de izquierdas entienden las fotos en Paris Match?


R. Dese un paseo conmigo por las calles y verá. Aun así, me arrepiento de esa sesión fotográfica, por lo demás estéticamente terrible. Puede que no me crea, pero cuando acepté no conocía Paris Match. Cometí el error de aceptar la sesión de fotos. Pido disculpas.


P. Una vez dijo que el legado de Thatcher fue la peligrosa financiarización de la economía y, sobre todo, Tony Blair. ¿Qué legado dejará Angela Merkel?


R. Europa corre el riesgo de convertirse en una jaula de hierro: espero que la canciller Merkel no quiera dejar esa herencia.

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Domingo, 02 Agosto 2015 05:23

La isla del (des)encanto

La isla del (des)encanto

Quienes visitan Puerto Rico comprenden por qué la llaman la isla del encanto. Lo palpan en el aire, en la luz, en el paisaje y también en la gente que la habita. Algo muy diferente provoca la dramática situación que vive su pueblo. Porque los puertorriqueños nunca han sido dueños de ese entorno maravilloso ni tampoco de su destino, amarrados bajo el dominio colonial, primero de España y durante los últimos 117 años de Estados Unidos.


Washington trató de engañar al mundo disfrazando la colonia con el embeleco de un imaginario Estado libre asociado (ELA), que promovía como una vitrina del Caribe de las bienandanzas que la tutela norteña ofrecía generosamente. La experiencia para los boricuas fue bien diferente. Sus consecuencias sociales, políticas y económicas han encontrado siempre la resistencia popular, muchas veces desconocida fuera de la isla.


Tras recorrer un largo camino el tema llega hoy a una coyuntura definitoria. El ELA fue rechazado por la mayoría absoluta del pueblo puertorriqueño en el plebiscito efectuado allí en noviembre de 2012, que las autoridades estadunidenses ignoran hasta ahora.


En los últimos años la situación se ha complicado, hasta el extremo de que el país no puede pagar sus deudas, la economía continúa decreciendo y urge encontrar una salida a la grave crisis financiera. La asamblea legislativa local aprobó una ley enfilada a buscar una solución, olvidando que ni ella ni ninguna otra institución del ELA posee capacidad soberana.


Quienes verdaderamente mandan allá se lo recordaron. El 6 de julio de 2015 la Corte Federal de Apelaciones del primer circuito, ubicada en Boston, Massachusetts, que es la máxima instancia judicial para Puerto Rico, determinó la inconstitucionalidad de esa ley y la anuló subrayando, argumento irrefutable, que es el Congreso federal estadunidense el que tiene plenas facultades sobre ese país y no la asamblea insular.


Hay que agradecer a los jueces del mentado tribunal haber puesto el dedo en la llaga aunque, en rigor, repitieron lo que ya se sabía y lo han sufrido los boricuas por más de un siglo. Sólo que el recordatorio no llega en un momento cualquiera.


El estatus colonial fue rechazado categóricamente por la población y ahora se comprueba igualmente que el modelo económico ha fracasado, ya no es viable y quienes lo administran no tienen capacidad legal para enfrentar el desastre. La quiebra de su economía es consecuencia directa del sometimiento a Estados Unidos y cualquier medida, en las condiciones actuales, estaría exclusivamente en manos del gobierno federal.


La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz, se refirió el 15 de julio a los problemas que afectan a Puerto Rico y de los que el gobierno federal evade su responsabilidad y se abstiene de tomar decisión. "Su falta de acción en cuanto a las herramientas que nos prohíbe tener y nos niegan, como es la quiebra, lo demuestran... son una serie de instancias en las que Estados Unidos continuamente nos ha faltado el respeto como nación."


Esa actitud, junto con la negativa de excarcelar a Óscar López Rivera, hace afirmar a Carmen Yulin que el estatus de Puerto Rico es insostenible y el país tiene que decir basta ya.


Por mucho tiempo la propaganda estadunidense se empeñó en presentar a Puerto Rico como un modelo para el resto de América Latina, con su economía supuestamente floreciente en un país libre, feliz y pacífico.


Ocultaba el verdadero rostro del ELA: la destrucción de la economía autóctona, el dominio absoluto de las corporaciones yanquis, el desempleo generalizado, la emigración masiva, el grave deterioro del medio ambiente y la persecución al movimiento patriótico, víctima del acoso y el espionaje del FBI y de otras incontables acciones hostiles, incluyendo asesinatos que han conmovido al país pero siguen totalmente impunes.


Hace ya más de 10 años que ese modelo entró en la crisis que ahora alcanza titulares en la gran prensa. Desde entonces, la economía se estanca o retrocede. Luego de saquear sus recursos, no pocos inversionistas se han retirado de la isla; el déficit fiscal no dejó de crecer, y más de la mitad de la población se ha visto forzada a emigrar: quedan en la isla unos 3.7 millones y su diáspora en Estados Unidos se acerca ya a 5 millones, según el censo oficial más reciente.


El pueblo, por su parte, ha librado una lucha admirable. Cuando por todas partes avanzaba la ola neoliberal, en Puerto Rico las masas trabajadoras impedían la privatización de servicios públicos esenciales. Lograron con su lucha sacar al ejército invasor de Vieques y de otras bases militares; fueron sus estudiantes los primeros que tomaron las universidades y las calles exigiendo que la educación no fuera presa del lucro; soportando la represión que nunca ha cesado y enfrentando al imperio más poderoso, dieron su voto, en noviembre de 2012, rechazando de modo aplastante al régimen colonial.


Ahora, mientras los políticos discuten y los grandes emporios mediáticos descubren que Puerto Rico existe, decenas de miles de boricuas más se van, escapan del falaz encanto. No van hacia el paraíso. Los esperan, como siempre, la pobreza y la miseria, pero también la discriminación, el odio racial y el desprecio en los arrabales de New York y Chicago, en las granjas de Florida y en otras partes. Su partida es la prueba irrefutable: la vitrina se cae en pedazos.
Publicado en Cubadebate.


Por Ricardo Alarcón de Quesada, escritor, doctor en filosofía y letras y político cubano. Entre 1993 y 2013 fue presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, máximo órgano legislativo del país.

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Varoufakis tacha las negociaciones con el eurogrupo de "guerra financiera"

El exministro griego de Finanzas dice en una entrevista que Grecia "no fue derrotada con vehículos blindados, sino con bancos". Confiesa también que durante la crisis se planteó introducir una moneda paralela al euro para mejorar la posición negociadora de Atenas

BERLÍN.- El exministro griego de Finanzas Yanis Varoufakis calificó las negociaciones de Grecia con el eurogrupo como una "guerra financiera" en la que su país fue derrotado no con vehículos blindados, sino con los bancos.

"Se trataba de una guerra financiera. Hoy ustedes no necesitan vehículos blindados para derrotar a alguien. Tienen sus bancos", dijo Varoufakis en una entrevista que publica mañana la revista alemana Stern.

La aceptación de Grecia de las condiciones del eurogrupo para negociar un nuevo paquete de rescate fue calificado por Varoufakis como el ataque más grave que ha sufrido la democracia en Europa desde el final de la II Guerra Mundial.

Según Varoufakis, desde enero, cuando Alexis Tsipras llegó al poder, hubo una especie de "gabinete de guerra" en Atenas. "Tuvimos un gabinete de guerra, cinco o seis personas que se ocupan de un posible grexit. Juntos consideramos todas los escenarios posibles en ese contexto para luego desecharlos", explicó.

En medio de la crisis, Varoufakis se planteó introducir en Grecia una moneda paralela al euro como una herramienta para mejorar la posición negociadora de Atenas. "Ese es un tema al que le he dedicado toda mi carrera académica", dijo Varoufakis, considerado un experto en la llamada teoría del juego. La idea de introducir un medio de pago alternativo no era fácil en la situación en que estaba Grecia. "Para eso se necesitan todo tipo de recursos", explicó el ministro.

Varoufakis admitió haber procedido en las reuniones del eurogrupo con una táctica de guerra psicológica, permaneciendo siempre tranquilo en medio de un ambiente que a veces es bastante rudo. Según el ex ministro griego, el titular alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, es alguien que puede "explotar" en ciertas circunstancias. "Schäuble puede ponerse muy agresivo, yo vi como una vez puso de vuelta y media al jefe del eurogrupo (Jerome) Dijsselbloem", explicó.

"Conmigo nunca hizo algo así, siempre fue amable. Lo aprecio, me gusta Wolfgang y creo que él aprecia mis conocimientos. Schäuble sabe lo que quiere y lo dice claramente, una Europa autoritaria con menos estado de bienestar", agregó.

Su confrontación con Schäuble dentro del eurogrupo es vista retrospectivamente por Varoufakis como una batalla perdida de antemano. "En ese juego yo estaba desnudo y él era un gladiador protegido por una armadura. Usted puede ser todo lo inteligente que quiera, pero cuando su antagonista está en una fortaleza y usted sentado en la boca del cañón no se le sirven ni los mejores argumentos", dijo.

Con respecto al vicecanciller y ministro alemán de Economía, Sigmar Gabriel, Varoufakis se declaró decepcionado después de que al comienzo había sentido que eran "como hermanos". "No había nada que apuntara a una diferencia de opiniones. Era fantástico, como si hablara con un compañero de Syriza. Un compañero. Y poco después veo como arremete contra nosotros. Inconcebible", sostuvo.

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Sábado, 25 Julio 2015 17:37

"No es verdad que no haya alternativa"

"No es verdad que no haya alternativa"

"¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes", señalan desde la plataforma griega Keerfa.

 

Niko reparte volantes a los pies del parlamento griego, en la plaza Syntagma, junto a otros jóvenes de la plataforma antirracista Keerfa. Las drásticas medidas de austeridad, asegura, refuerzan el discurso antisistema y nazista del partido Amanecer Dorado. "El resultado es el crecimiento de la xenofobia y de la extrema derecha. Estamos acá para decirle no al memorándum y porque es necesario actuar contra el peligro que representan los ultranacionalistas", señala.


El peligro no es una amenaza, es un hecho. Los neonazis de Amanecer Dorado se convirtieron en la tercera fuerza política más votada en las elecciones de enero pasado, pese a que su principal líder, Nikolaos Mijaloliakos, estaba encarcelado. Entre las acusaciones que pesaban y pesan sobre él figura la de pertenecer a una banda criminal que habría orquestado el asesinato de los jóvenes Pablo Fyssas y Sheh-zad Luqman, en 2013. En total, 69 miembros de Amanecer Dorado están acusados de asesinato, entre otros crímenes y delitos por los que afrontan un juicio que podría durar por lo menos dos años. Liberado en marzo de este año, Mijaloliakos está bajo arresto domiciliario; no puede salir de Grecia pero sí asistir al parlamento. "¿No hay alternativa? Eso fue lo que dijo Margaret Thatcher en los ochenta. Claro que hay alternativa. La alternativa está acá, somos nosotros, toda esta gente que podés ver y la que no está pero quiere luchar. La austeridad no es el camino, tampoco las barreras que se levantan en Europa desde hace años contra los inmigrantes", sostiene el activista de Keerfa.


En medio de la plaza, Claire conversa con todo aquel que se acerca a la manifestación contra el segundo paquete de medidas aprobado en el parlamento griego la madrugada del jueves. Entre ellos hay una joven que lleva una camiseta con la frase "Todavía no lo entiendo", un sentimiento compartido por Claire. "Después de todo lo que pasó, cuando el pueblo dijo claramente No en el referéndum, estuve tres días sin salir de casa. Fue una sorpresa. Ahora estoy desilusionada pero no voy a renunciar. Vamos a parar este plan con huelgas, manifestaciones, no vamos a permitir que los políticos nos tomen el pelo. Es una gran traición. Creo que todos los que votamos a la izquierda pensamos así. Ellos dicen que no hay alternativa pero sí la hay y la respuesta no la vamos a encontrar en esta Europa ni en la continuación de este modelo, este sistema está acabado", remarca.


La palabra "chantaje" está presente en carteles, remeras y volantes. Los miles de sindicalistas que marchan hacia Syntagma gritan: "El poder lo tiene el pueblo". "Lo que buscan es ahogarnos. Si está claro que no podemos pagar, ¿por qué siguen adelante con todo esto? Quieren que nos endeudemos más y más para seguir apropiándose de todos los recursos naturales de Grecia", protesta Yanis en medio de la marcha. "El plan de austeridad podrá seguir su curso, pero nosotros seguiremos acá en la calle", agrega.


María, Chris y Alex sujetan una pancarta que reza: "Seguiremos diciendo No. Lucharemos hasta el final". Los tres tienen 30 años y vienen del barrio Zografou, a una hora del centro de Atenas. Chris es ingeniero, Alex es profesor de alemán y María, profesora de música. Excepto Chris, que trabaja como publicista, el resto del grupo no tiene empleo. "Cuando Syriza dice que no hay alternativa actúa exactamente igual que la oposición, pero olvida que llegó al poder con otro discurso. Se negaron a discutir otra vía. Es imposible salir adelante dentro de la zona euro", dice Chris. "Yo creo que el gobierno no esperaba el resultado del referéndum, una posición tan clara y fuerte de los griegos. El propio Varoufakis dijo que luego del resultado sus compañeros de partido estaban como si hubiera muerto alguien", recuerda Chris. A su lado, Alex lamenta la posición tomada por Syriza. "Esta izquierda no es izquierda. No acá en Grecia. Si lo comparamos con los estándares europeos puede definirse como radical, claro", sostiene. Ambos coinciden en que los griegos asistirán a la formación de un nuevo partido de izquierda que agrupará al sector de Syriza liderado por el ex ministro de Industria Panayotis Lafazanis y otras fuerzas políticas progresistas.
María, como todos sus colegas, está cansada. Sale a la calle a protestar desde hace cinco años, con el breve paréntesis abierto tras la llegada de Syriza al poder. "Lo cierto es que la mayor parte de la gente está en estado de shock. Todavía no sabemos cómo va a reaccionar la sociedad cuando salga de este impacto, pero lo hará, será inevitable", asegura.

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Sábado, 25 Julio 2015 05:03

El coraje de la desesperanza

El coraje de la desesperanza

Según el reconocido filósofo esloveno, a los griegos no se les pide que traguen muchas píldoras amargas para un plan realista de reactivación económica, se les pide que sufran para que otros puedan seguir soñando su sueño imperturbables.


Giorgio Agamben dijo en una entrevista que "el pensamiento es el coraje de la desesperanza", una visión que es especialmente pertinente para nuestro momento histórico, cuando como regla general aun el más pesimista de los diagnósticos termina con una insinuación optimista de alguna versión de la proverbial luz al final del túnel. El verdadero coraje no es imaginar una alternativa sino aceptar las consecuencias del hecho de que no hay una alternativa claramente discernible: el sueño de una alternativa es una señal de la cobardía teórica, sus funciones como un fetiche que evita que pensemos hasta el final de nuestro predicamento. En otras palabras, el verdadero coraje es admitir que la luz al final de túnel es la luz de otro tren que se nos acerca en la dirección opuesta.


No hay mejor ejemplo de la necesidad de tal valor que Grecia hoy.


La doble vuelta en U que tuvo la crisis griega en julio de 2015 no puede sino aparecer como un paso no sólo de la tragedia a la comedia, sino, como Stathis Kouvelakis apuntó, de la tragedia llena de reveses cómicos directamente al teatro del absurdo (¿hay alguna otra manera de caracterizar el cambio de un extremo a otro, que pudiera deslumbrar incluso al filósofo hegeliano más especulativo?). Cansado de las interminables negociaciones con los ejecutivos de la Unión Europea (UE), en la que una humillación siguió a otra, Syriza llamó al referendo del domingo 5 de julio, que preguntaba al pueblo griego si apoyaba o rechazaba la propuesta de nuevas medidas de austeridad de la UE. Aunque el propio gobierno claramente apoyó el No, el resultado fue una sorpresa para el propio gobierno: la sorprendentemente abrumadora mayoría de más del 61 por ciento votó No al chantaje europeo. Los rumores comenzaron a circular de que el resultado –la victoria para el gobierno– era una mala sorpresa para Tsipras, que secretamente tenía la esperanza de que el gobierno perdiera, de modo que una derrota le permitiría salvar el honor al rendirse a las exigencias de la UE ("tenemos que respetar la voz de los votantes"). Sin embargo, literalmente, a la mañana siguiente, Alexis Tsipras anunció que Grecia estaba dispuesta a reanudar las negociaciones, y días más tarde Grecia negoció una propuesta con la UE, que es básicamente la misma que habían rechazado los votantes (en algunos detalles, aún más duras). En resumen, actuó como si el gobierno hubiera perdido, no ganado, el referéndum:
"¿Cómo es posible que un devastador No a las políticas de austeridad se interprete como una luz verde para un nuevo memorando de entendimiento? El sentido de lo absurdo no es sólo un producto de este cambio inesperado. Surge sobre todo del hecho de que todo esto se está desarrollando ante nuestros ojos como si nada hubiera pasado, como si el referendo fuera algo así como una alucinación colectiva que terminara repentinamente, dejando que continuemos haciendo libremente lo que hacíamos antes. Pero debido a que no todos nos hemos convertido en comedores de loto, vamos al menos a dar un breve resumen de lo que ocurrió en los últimos días. Desde el lunes por la mañana, antes de que los gritos de victoria en las plazas públicas del país hubieran desaparecido totalmente, empezó el teatro del absurdo. El público, aun en el estado de goce por el resultado del domingo, observaba cómo el representante del 62 por ciento se subordinaba al restante 38 por ciento en el período inmediatamente posterior a una resonante victoria para la democracia y la soberanía popular. Pero el referendo ocurrió. No era una alucinación de la que todo el mundo ahora se ha recuperado. Por el contrario, la alucinación es el intento de rebajarla a un temporario "dejar que se ventile el humo antes de reanudar el descenso hacia un tercer acuerdo".


Y las cosas siguieron en esa dirección. En la noche del 10 de julio, el Parlamento griego le dio a Alexis Tsipras la autoridad para negociar un nuevo plan de rescate, por 250 votos contra 32, pero 17 diputados del gobierno no apoyaron el plan, lo cual significa que tiene más apoyo de los partidos de la oposición que del suyo propio. Días más tarde, la Secretaría de Política de Syriza, dominada por el ala izquierda del partido, concluyó que las últimas propuestas de la UE eran "absurdas" y que "exceden los límites de la resistencia de la sociedad griega" –¿extremismo izquierdista?–. Pero el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), en este caso una voz del capitalismo mínimamente racional, hizo exactamente lo mismo: un estudio del FMI publicado el día anterior mostró que Grecia necesita mucho más alivio de la deuda de los gobiernos europeos que lo que éstos estaban dispuestos a contemplar hasta ahora. Los países europeos tendrían para dar a Grecia un período de 30 años de gracia para cumplir con toda su deuda en Europa, incluidos nuevos préstamos, y una extensión de la madurez dramática. No es de extrañar que el propio Tsipras declarara públicamente su duda sobre el plan de rescate: "No creemos en las medidas que nos impusieron", dijo Tsipras durante una entrevista de televisión, dejando en claro que la apoya por pura desesperación, para evitar un colapso económico y financiero total. Los eurócratas utilizan tales confesiones con impresionante perfidia: ahora que el gobierno griego aceptó las sus duras condiciones, dudan de la sinceridad y la seriedad de su compromiso: ¿cómo puede Tsipras realmente luchar por un programa en el que él no cree? ¿Cómo puede el gobierno griego estar realmente comprometido con el acuerdo cuando se opone al resultado del referendo?


Sin embargo, declaraciones como las del FMI demuestran que el verdadero problema es otro: ¿la UE realmente cree en su propio plan de rescate? ¿Realmente cree que las brutales medidas impuestas promoverán el crecimiento económico y por lo tanto el pago de las deudas? ¿O es que la motivación final de la brutal presión extorsionista sobre Grecia no es puramente económica (ya que es obviamente irracional en términos económicos), sino política e ideológica –o, como dijo Krugman, "la rendición no es suficiente para Alemania"–, que quiere el cambio de régimen y la humillación total de Grecia. Y hay una facción importante que sólo quiere sacar a Grecia de la UE, y más o menos le daría la bienvenida a un estado fallido como una advertencia para el resto. "Uno siempre debe tener en cuenta el horror que Syriza representa para el establishment europeo" (un miembro conservador polaco del Parlamento Europeo apeló incluso directamente al ejército griego para dar un golpe de Estado con el fin de salvar al país).


¿Por qué este horror? A los griegos ahora se les pide que paguen el alto precio, pero no para una perspectiva realista de crecimiento. El precio que se les pide que paguen es la continuación de la fantasía de "extender y pretender". Se les pide que asciendan a su sufrimiento real con el fin de sostener el ensueño de otros (eurócratas). Gilles Deleuze dijo hace décadas: "Si vous êtez pris dans le rêve de l'autre, vous êtez foutus" ("si estás dentro del sueño de otro, estás en problemas") y ésta es la situación en cual Grecia se encuentra ahora: a los griegos no se les pide que traguen muchas píldoras amargas para un plan realista de reactivación económica, se les pide que sufran para que otros puedan seguir soñando su sueño imperturbables. El que ahora necesita despertar no es Grecia, sino Europa. Todo el mundo que no está atrapado en este sueño sabe lo que nos espera si el plan de rescate se promulga: otros 90 mil millones de euros, más o menos, serán arrojados al cesto griego, aumentando la deuda griega a unos 400 mil de millones (y la mayoría de ellos volverán rápidamente a Europa occidental. El verdadero plan de rescate es el rescate de los bancos alemanes y franceses, no de Grecia), y podemos esperar que la misma crisis estalle en un par de años...


Pero ¿ese resultado es realmente un fracaso? A nivel inmediato, si se compara el plan con su resultado real, obviamente sí. A un nivel más profundo, sin embargo, no se puede evitar la sospecha de que el verdadero objetivo no es darle a Grecia una oportunidad, sino transformarlo en un estado semicolonizado económicamente, mantenido en la pobreza y la dependencia permanente como una advertencia a otros. Pero en un nivel más profundo, hay nuevamente un fracaso, no de Grecia, sino de la propia Europa, del núcleo emancipatorio del legado europeo.


El No del referéndum fue sin duda un gran acto ético-político: contra una propaganda enemiga bien coordinada que difundía mentiras y temores, sin ninguna perspectiva clara de lo que yace delante, contra todas las probabilidades pragmáticas "realistas", el pueblo griego rechazó heroicamente la presión brutal de la UE. El No griego fue un gesto auténtico de la libertad y autonomía, pero la gran pregunta es, por supuesto, lo que ocurre el día después, cuando tenemos que volver de la extática negación al sucio negocio de todos los días, y aquí surge otra unidad, la unidad de las fuerzas "pragmáticas" (Syriza y los grandes partidos de la oposición) contra el Syriza de Izquierda y Amanecer Dorado (ultraderecha). Pero ¿significa esto que la larga lucha de Syriza fue en vano, que el No del referéndum fue sólo un vacío gesto sentimental destinado a hacer más palpables los dictámenes de capitulación?


Lo realmente catastrófico de la crisis griega es que en el momento en que el referendo aparecía como la elección entre el Grexit (salida de la Zona Euro) y la capitulación a Bruselas, la batalla estaba ya perdida. Ambos términos de esta elección se mueven dentro de la eurocrática visión predominante (Recuerde que los alemanes de línea dura antigriega, como el ministro de Finanzas, Schauble, ¡también prefieren el Grexit!) El gobierno de Syriza no estaba luchando sólo por un mayor alivio de la deuda y por más dinero nuevo dentro de las mismas coordenadas globales, sino por el despertar de Europa de su sueño dogmático.


Ahí reside la grandeza auténtica de Syriza: en la medida en que el ícono de la agitación popular en Grecia fueron las protestas en la plaza Syntagma, Syriza se comprometió a la labor hercúlea de promulgar el cambio del Syntagma al paradigma que, en el largo y paciente trabajo de traducir la energía de la rebelión en medidas concretas que cambiarían la vida cotidiana de las personas. Tenemos que ser muy preciso aquí: el No del referéndum griego no era un No a la "austeridad" en el sentido de los sacrificios necesarios y el trabajo duro, era un No al sueño de la UE de seguir con el negocio como de costumbre. Varoufakis (el ministro de Finanzas que renunció poco antes del referendo) repetidamente dejó en claro un punto: no alcanza con endeudarse más, hace falta una rehabilitación global para darle a la economía griega la oportunidad de recuperarse. El primer paso en esa dirección debería ser un aumento en la transparencia democrática de nuestros mecanismos de poder. Nuestros aparatos estatales democráticamente electos están cubiertos por una red espesa de "acuerdos" (TISA, etc.) y los órganos "expertos" no electos que ostentan el poder económico (y militar) real. Aquí está el informe de Varoufakis en un momento extraordinario en sus tratativas con Jeroen Dijsselbloem:


"Hubo un momento en que el presidente del Eurogrupo decidió actuar contra nosotros y nos excluyó efectivamente, e hizo saber que Grecia estaba esencialmente saliendo de la Eurozona. Hay una convención que los comunicados deben ser unánimes, y el presidente no puede convocar una reunión de la zona euro y excluir a un Estado miembro. Y él dijo: 'Oh, estoy seguro de que puedo hacer eso'. Así que pidió una opinión legal. Creó un poco de jaleo. Durante unos 5 a 10 minutos la reunión se detuvo, los secretarios, funcionarios estaban hablando entre sí, por sus teléfonos, y, finalmente, algún funcionario, algún experto legal se dirigió a mí y dijo: 'Bueno, el Eurogrupo no existe legalmente, no hay un tratado que haya convocado a este grupo'. Así que lo que tenemos es un grupo inexistente que tiene el mayor poder para determinar la vida de los europeos. No le tiene que rendir cuentas a nadie, dado que legalmente no existe y es confidencial. Así que ningún ciudadano sabe lo que se dice ahí adentro dentro. Estas son decisiones casi de vida y muerte, y ningún miembro tiene que rendir cuentas ante nadie."


¿Suena familiar? Sí, para cualquiera que conozca cómo funciona el poder de China hoy en día, después de que Deng Xiaoping puso en marcha un sistema dual único: el aparato y el sistema legal amparan las instituciones del partido que son, literalmente, ilegales, o, como dijo He Weifang, un profesor de Derecho en Beijing, sucintamente: "Como organización, el partido se sienta por fuera y sobre de la ley. Debería tener una identidad legal, en otras palabras, una persona a la que demandar, pero ni siquiera está registrada como organización. El partido existe fuera del sistema legal totalmente". Es como si, en palabras de Benjamin, la violencia del estado fundador permanece presente, encarnada en una organización con un estatuto jurídico confuso:


"Parecería difícil ocultar una organización tan grande como el Partido Comunista de China, pero cultiva su rol de trasfondo con cuidado. Los departamentos grandes del partido que controlan a los medios de comunicación y a su personal mantienen un perfil público deliberadamente bajo. Los comités del partido (conocidos como 'conductores de grupos pequeños') que guían y dictan la política a los ministerios, que a su vez tienen la tarea de ejecutarlos, trabajan ocultos. Rara vez se hace referencia a la composición de todos estos comités, y en muchos casos incluso su existencia, en los medios de comunicación controlados por el Estado, para no hablar de cualquier discusión sobre la forma en que se llegan a las decisiones."


No es de extrañar que exactamente lo mismo que a Varoufakis le sucedió a un disidente chino que, hace algunos años, se presentó formalmente al juzgado y acusó al Partido Comunista Chino de ser culpable de la masacre de Tiananmen. Después de un par de meses, recibió una respuesta del Ministerio de Justicia: no pueden continuar con su acusación ya que no hay organización llamada "Partido Comunista Chino" oficialmente registrado en China. Y es fundamental señalar cómo esta opacidad del poder es falso humanitarismo: después de la derrota griega, hay, por supuesto, tiempo para preocupaciones humanitarias. Jean-Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea) dijo hace poco en una entrevista que él está tan contento por el acuerdo de rescate porque va a aliviar de inmediato el sufrimiento del pueblo griego que tanto le preocupaba. Escenario clásico: después de una represión política llega la preocupación humanitaria y la ayuda, incluso posponiendo los pagos de deuda, etc.


¿Qué se debe hacer en una situación tan desesperada? Uno debería especialmente resistir la tentación del Grexit como un gran acto heroico de rechazar nuevas humillaciones y salirse... ¿adónde? ¿Estamos entrando en un nuevo orden positivo? La opción Grexit aparece como el "verdadero-imposible", como algo que llevaría a una desintegración social inmediata: "Tsipras aparentemente se dejó convencer, hace algún tiempo, de que la salida del euro era completamente imposible. Parece que Syriza ni siquiera hizo una planificación de contingencia para una moneda paralela (espero descubrir que esto es un error).

Esto lo dejó en una posición de negociación desesperada". El punto de Krugman es que el Grexit es también un imposible-verdadero que puede suceder con consecuencias imprevisibles y que, como tal, puede ser arriesgado: "todos los jefes sabios diciendo que el Grexit es imposible, que daría lugar a una implosión completa, no saben de que están hablando. Cuando digo esto, no necesariamente significa que están equivocados. Creo que lo están, pero cualquiera que confía en algo aquí se está engañando a sí mismo. Lo que quiero decir, en cambio, es que nadie tiene ninguna experiencia de lo que estamos viendo". Si bien, en principio, esto es cierto, no obstante, hay demasiados indicios de que un Grexit súbito ahora llevaría a una total catástrofe económica y social. Los estrategas económicos de Syriza están muy conscientes de que tal gesto causaría una caída inmediata del nivel de vida adicional del 30 por ciento (como mínimo), llevando la miseria a un nuevo nivel insoportable, con la amenaza de descontento popular e incluso de dictadura militar. La perspectiva de este tipo de actos heroicos es por lo tanto una tentación que debe ser resistida.


Luego están las convocatorias de Syriza para volver a sus raíces: Syriza no debe convertirse en otro partido parlamentario gobernante más. El verdadero cambio sólo puede venir de las bases, desde el pueblo mismo, desde su propia organización, no de los aparatos estatales, otro caso de posturas vacías, ya que evita el problema crucial de cómo hacer frente a la presión internacional con respecto a la deuda, o cómo ejercer poder y dirigir un estado. Las bases de autoorganización no pueden sustituir al Estado, y la pregunta es cómo reorganizar el aparato para que funcione de manera diferente.


Sin embargo, no es suficiente decir que Syriza luchó heroicamente, probando lo que es posible. La lucha continúa, acaba de empezar. En lugar de insistir en las "contradicciones" de la política de Syriza (después de una triunfal NO, acepta que el mismo programa que fue rechazado por el pueblo), y de ser atrapado en recriminaciones mutuas sobre quién es culpable (la mayoría de Syriza cometió una "traición" oportunista, o la Izquierda fue irresponsable en su preferencia por Grexit). Uno debería centrarse en lo que el enemigo está haciendo: las "contradicciones" de Syriza son un reflejo de las "contradicciones" del esta-blishment de la UE que están socavando gradualmente los fundamentos mismos de la Europa unida. En el disfraz de las "contradicciones" de Syriza, el establishment de la UE está simplemente recibiendo su propio mensaje en su verdadera forma. Y esto es lo que Syriza debería estar haciendo ahora. Con un pragmatismo despiadado y cálculo frío, debe explotar las grietas más pequeñas en la armadura del rival. Debería utilizar todos aquellos que se resisten a las políticas predominantes de la UE, desde los conservadores británicos a UKIP en el Reino Unido. Debería coquetear descaradamente con Rusia y China, jugando con la idea de darle una isla a Rusia como su base militar en el Mediterráneo, sólo para asustar totalmente a los estrategas de la OTAN. Parafraseando a Dostoievski, ahora que el Dios UE falló, todo está permitido.


Cuando uno escucha las quejas de que la administración de la UE ignora brutalmente la difícil situación del pueblo griego en su ciega obsesión por humillar y disciplinar a los griegos, que incluso los países del sur europeo como Italia o España no mostraron solidaridad con Grecia, nuestra reacción debería ser: ¿es sorprendente todo esto? ¿Qué esperaban los críticos? ¿Que la administración de la UE va a entienda mágicamente la argumentación de Syriza y actúe de acuerdo a ella? La administración de la UE simplemente está haciendo lo que siempre hizo. Luego está el reproche de que Grecia está buscando ayuda en Rusia y China, como si la propia Europa no estuviera presionando a Grecia en esa dirección con su presión humillante.


Luego está la afirmación de que fenómenos como Syriza demuestran cómo la tradicional dicotomía izquierda / derecha sobrevive. En Grecia, Syriza es llamada la extrema izquierda, y en Francia, Marine Le Pen la extrema derecha, pero estos dos partidos tienen mucho en común efectivamente: ambos luchan por la soberanía, contra las corporaciones multinacionales. Por lo tanto, es bastante lógico que en la propia Grecia, Syriza está en coalición con pequeño partido derechista pro soberanía. El 22 de abril de 2015, François Hollande dijo en la televisión que Marine Le Pen hoy suena como George Marchais (un líder comunista francés) en la década de 1970. La misma defensa patriótica de la difícil situación de los franceses comunes explotados por el capital internacional. No es de extrañar que Marine Le Pen apoye a Syriza, una rara afirmación que no dice mucho más que el viejo liberalismo sabio acerca de que el fascismo es una especie de socialismo. En el momento en que ponemos en el tapete el tema de los trabajadores inmigrantes, todo este paralelo se desmorona.


El problema final es uno mucho más básico. La historia recurrente de la izquierda contemporánea es la de un líder o partido elegido con entusiasmo universal, prometiendo un "nuevo mundo" (Mandela, Lula), pero, entonces, tarde o temprano, por lo general después de un par de años, se topan con el dilema fundamental: ¿se atreven a tocar los mecanismos capitalistas, o se deciden a "seguir el juego"? Si uno perturba los mecanismos, uno es muy rápidamente "castigado" por las perturbaciones del mercado, el caos económico y el resto.


El heroísmo de Syriza fue que, después de ganar la batalla política democrática, se arriesgaron a un paso más perturbando el buen funcionamiento del capital. La lección de la crisis griega es que el capital, aunque en última instancia sea una ficción simbólica, es nuestra realidad. Es decir, las protestas y revueltas de hoy se sostienen por la combinación (superposición) de los diferentes niveles, y esta combinación explica su fortaleza: luchan por la democracia (parlamentaria "normal") contra los regímenes autoritarios; contra el racismo y el sexismo, sobre todo contra el odio dirigido a inmigrantes y refugiados; por el Estado de Bienestar contra el neoliberalismo; contra la corrupción en la política y la economía (empresas contaminando el medio ambiente, etc.); por nuevas formas de democracia que van más allá de los rituales multipartidistas (participación, etc.); y, por último, el cuestionamiento del sistema capitalista global como tal, tratando de mantener viva la idea de una sociedad no capitalista. Ambas trampas deben ser evitadas aquí: el falso radicalismo ("lo que realmente importa es la abolición del capitalismo parlamentario liberal, el resto de las peleas son secundarias"), así como el falso gradualismo ("ahora luchamos contra la dictadura militar y por la simple democracia, olviden sus sueños socialistas, esto viene después, tal vez..."). Cuando tenemos que hacer frente a una lucha específica, la pregunta clave es: ¿cómo será nuestra participación en ella o la retirada de la misma afectará a otras luchas? La regla general es que, cuando una revuelta comienza contra un régimen opresivo semidemocrático, como fue el caso en el Oriente Medio en 2011, es fácil movilizar a grandes multitudes con lemas que uno no puede sino caracterizar para agradar a la multitud –por la democracia, contra la corrupción, etc.–. Pero entonces nos acercamos poco a poco a decisiones más difíciles: cuando nuestra rebelión tiene éxito en su objetivo directo, nos damos cuenta de que lo que realmente nos molestó (nuestra no-libertad, la humillación, la corrupción social, la falta de perspectivas de una vida digna) continúa en una nueva forma. En Egipto, los manifestantes lograron deshacerse del régimen opresivo de Mubarak, pero la corrupción permaneció, y la perspectiva de una vida digna se alejó aún más. Después del derrocamiento de un régimen autoritario, los últimos vestigios de la atención patriarcal para los pobres pueden caer lejos, de modo que la libertad recién adquirida se reduce de hecho a la libertad de elegir la forma preferida de la propia miseria. La mayoría no sólo sigue siendo pobre, pero, para colmo de males, se les dice que, ahora que son libres, la pobreza es su propia responsabilidad. En tal situación, tenemos que admitir que hubo fallas en nuestra propia meta, que la meta no era suficientemente específica. Por ejemplo, que la democracia política estándar puede también ser la forma misma de no-libertad: la libertad política puede fácilmente proporcionar el marco legal para la esclavitud económica, con los más desfavorecidos vendiéndose "libremente" a la servidumbre. Por lo tanto hemos de exigir más que sólo democracia política. También la democratización de la vida social y económica. En resumen, tenemos que admitir que lo que al principio tomamos como el fracaso de no darnos cuenta plenamente que un principio noble (el de la libertad democrática) es un fracaso inherente a este principio en sí. Aprender este paso de la distorsión de una noción, su realización incompleta, a lo inmanente distorsión a esta noción es el gran paso de la pedagogía política.


La ideología dominante aquí moviliza todo su arsenal para impedirnos llegar a esta conclusión radical. Empiezan diciéndonos que la libertad democrática trae su propia responsabilidad, que tiene un precio, que no estamos todavía maduros si esperamos demasiado de la democracia. De esta manera, nos culpan por nuestro fracaso: en una sociedad libre, por lo que se nos dice, somos todos capitalistas invirtiendo en nuestras vidas, decidiendo poner más en nuestra educación que en divertirnos si queremos tener éxito, etc. En un plano político más directo, la política exterior de Estados Unidos elaboró una detallada estrategia de cómo ejercer el control de daños re-canalizando un levantamiento popular hacia limitaciones parlamentarias capitalistas aceptables. Como se hizo éxitosamente en Sudáfrica tras la caída del régimen del apartheid, en Filipinas después de la caída de Marcos, en Indonesia después de la caída de Suharto, etc. En esta coyuntura precisa, la política emancipatoria radical se enfrenta a su mayor desafío: cómo llevar las cosas más allá después de que la primera etapa entusiasta termina, cómo dar el paso siguente sin sucumbir a la catástrofe de la tentación "totalitaria". En resumen, cómo moverse más lejos de Mandela sin convertirse en Mugabe.


El coraje de la desesperación es crucial en este punto.


Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Inminente rompimiento en Syriza tras la aprobación de más ajustes, prevén en Grecia

Los acreedores de Grecia recibieron satisfactoriamente la aprobación de los legisladores al segundo paquete de reformas; la Comisión Europea también saludó la medida. Las negociaciones para un tercer plan de rescate podrían prolongarse hasta el 18 de agosto.

Gran parte de los medios de prensa en Grecia coinciden en apuntar a una inminente escisión del partido de izquierda gobernante Syriza, del primer ministro Alexis Tsipras, después de que numerosos diputados de la formación volvieron a votar en la madrugada de este jueves contra el segundo paquete de reformas presentado por el gobierno sobre los sistemas de justicia y bancario.


Mientras, representantes de los acreedores internacionales –el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE), a los que se une el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)– viajarán este viernes a Atenas para preparar el arranque de las negociaciones formales sobre el nuevo rescate económico para Grecia, informó el gobierno de Tsipras.


Los acreedores de Atenas recibieron satisfactoriamente el voto favorable de los legisladores griegos al segundo paquete de reformas; también la Comisión Europea (CE) saludó la medida. El comisario de Economía de la UE, Pierre Moscovici, informó que las negociaciones para otorgar a Grecia un tercer plan de rescate podrían prolongarse hasta el 18 de agosto.


Las reuniones se harán en dos vías paralelas, una sobre un nuevo memorando de entendimiento sobre las acciones que debe adoptar Grecia, y otro sobre el segundo flujo de préstamos que el país espera obtener. Se habla de un programa de unos 85 mil millones de euros (93 mil millones de dólares) para los próximos tres años.


En tanto, Tsipras ha tenido que pagar un alto precio dentro de su partido al tener que plegarse a las medidas de austeridad exigidas por los acreedores a cambio de un próximo tercer rescate financiero, que ha llevado a su gobierno de coalición con el pequeño partido soberanista Griegos Independientes (Anel) a tener minoría en el Parlamento con 126 diputados (113 Syriza y 13 de Anel).


Muy cerca de una escisión, titula el diario conservador Kathimerini, que además acusa a Tsipras de convertir el gobierno de izquierda en una fortaleza que no quiere abandonar voluntariamente. El diario de centro Ta Nea opina que Tsipras será intransigente en su lucha por un acuerdo con los acreedores. Después, apunta, ajustará cuentas con las voces críticas.
La escisión continúa, titula el diario de izquierdas 0I Efimerída ton Syntaktón. La fractura dentro de Syriza sigue siendo grande, pese a un resultado algo mejor que en la votación de la semana pasada. Tsipras perdió su mayoría de gobierno por segunda vez en pocos días.


El ministro griego de Infraestructuras, Christos Spirtzis, vertió duras críticas contra la prevista privatización de 14 aeropuertos griegos que pasarán a manos del grupo alemán Fraport AG de Francfort y al griego Copelouzos, que consideró propio de una política colonial. Otros 30 aeropuertos que no dan beneficios seguirán en manos del Estado.

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Jueves, 23 Julio 2015 05:58

Tests fatales

Tests fatales

Europa se ha convertido en un laboratorio del futuro. Lo que en él se experimenta debe causar preocupación a cualquier demócrata y, más aún, a cualquier persona de izquierda. Dos experiencias se están desarrollando en ambiente de laboratorio, es decir, supuestamente controlado. La primera es un test de estrés a la democracia. La hipótesis que orienta el test es la siguiente: la deliberación democrática de un país fuerte puede superponerse antidemocráticamente a la deliberación democrática de un país débil sin alterar la normalidad de la vida política europea. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres: controlar la opinión pública de modo que los intereses nacionales del país más fuerte se conviertan en el interés común de la zona del euro; disponer de un conjunto de instituciones no electas (Eurogrupo, BCE, FMI, Comisión Europea) capaces de neutralizar y castigar cualquier deliberación democrática que desobedezca el diktat del país dominante; y demonizar al país más débil de manera que no suscite ninguna simpatía entre los electores del resto de países europeos, sobre todo entre los votantes de los países candidatos a desobedecer.


Grecia es el conejillo de Indias de esta tenebrosa experiencia. Se trata del segundo ejercicio de ocupación colonial del siglo XXI (el primero fue la Misión de Estabilización de la ONU en Haití desde 2004), un nuevo tipo de colonialismo, ejecutado con el consentimiento del país ocupado, aunque bajo chantaje inaudito. Y, tal como el viejo colonialismo, justificado como "servicio" a los mejores intereses del país ocupado. La experiencia está en curso y los resultados del test de estrés son inciertos. A diferencia de los laboratorios, las sociedades no son ambientes no controlados, por mayor que sea la presión por controlarlas. Una cosa es cierta: después de esta experiencia, cualquiera sea su resultado, Europa no será más la Europa de la paz, la cohesión social y la democracia. Será el epicentro de un nuevo despotismo occidental, rivalizando en crueldad con el despotismo oriental estudiado por Karl Marx, Max Weber y Karl Wittfogel.


La segunda experiencia en curso es un ejercicio sobre la solución final para la izquierda europea. La hipótesis que guía esta experiencia es la siguiente: en Europa no hay lugar para la izquierda en la medida en que reivindique la existencia de una alternativa a las políticas de austeridad impuestas por el país dominante. Las condiciones para el éxito de esta experiencia son tres. La primera es provocar la derrota preventiva de los partidos de izquierda castigando brutalmente al primero que intente desobedecer. La segunda consiste en inocular en los electores la idea de que los partidos de izquierda no los representan. Hasta ahora, la idea de que "los representantes no nos representan" era una bandera del movimiento de los indignados y de Occupy contra los partidos de derecha y sus aliados. Después de que Syriza se vio obligada a beber del cáliz de la cicuta austeritaria, pese al "no" del referéndum griego apoyado por el propio partido, se inducirá a los votantes a concluir que, al fin y al cabo, los partidos de izquierda tampoco los representan. La tercera condición consiste en atrapar a la izquierda en falsas opciones entre falsos planes A y planes B. En los últimos años, la izquierda se ha dividido entre los que piensan que es mejor permanecer en el euro y quienes piensan que es mejor abandonarlo. Ilusión: ningún país puede optar por salir ordenadamente del euro, pero si desobedece será expulsado y el caos se cernirá implacablemente sobre él. Lo mismo ocurre con la reestructuración de la deuda que hasta ahora ha dividido tanto a la izquierda. Ilusión: la reestructuración se producirá cuando sirva a los intereses de los acreedores, por eso esta bandera de alguna izquierda se convierte ahora en una política del FMI.


Los resultados de esta experiencia también son inciertos por las mismas razones mencionadas. Una cosa es cierta: para sobrevivir a esta experiencia, la izquierda tendrá que refundarse más allá de lo que hoy es imaginable. Esto implicará mucho coraje, mucha audacia y mucha creatividad.

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Cuando el 62 por ciento se rinde al 1 por ciento

Terrorismo financiero, golpe de Estado, imposición colonial, vasallaje: no sólo desde la izquierda se calificó con esos adjetivos al "acuerdo" entre Grecia y la troika del domingo pasado. También lo hicieron medios de comunicación como el Financial Times y el Der Spiegel. ¿Tenía el gobierno de Alexis Tsipras otra opción que firmar un texto de esta naturaleza? ¿Qué consecuencias tendrá la "capitulación" griega sobre las nuevas izquierdas europeas? De estos temas se ocupa la siguiente cobertura de Brecha.

 

Luego de ganar un referéndum de forma abrumadora, el primer ministro Alexis Tsipras firmó un acuerdo humillante. Treinta y ocho de sus diputados no lo votaron, entre ellos el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, así como la presidenta del parlamento. Varios altos cargos renunciaron. Tsipras dice que no cree en el acuerdo que firmó, en el que tampoco creen Francia y el Fmi, porque no va a sacar a Grecia de la crisis y va a profundizar la pobreza.


Las preguntas se apilan. El corresponsal de Publico.es en Atenas Alberto Sicilia asegura (martes 14) que "Tsipras jugó fuerte en la negociación", pero que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, "vio el órdago y les abrió a los griegos la puerta para irse del euro". Ante el jaque alemán, "Tsipras no llevaba cartas", porque, según dijo,"una Grexit (salida del euro) no planificada habría sido terrible para las clases medias y bajas. Y no teníamos plan B porque siempre hemos querido el euro". Es posible que sea la explicación más aproximada de los motivos que llevaron al gobierno griego a firmar un acuerdo que el semanario alemán Der Spiegel (domingo 12), difícilmente calificable de izquierdista, definió como "un catálogo de atrocidades" que Tsipras "se vio obligado a firmar con una pistola en la sien". Lo mismo sostuvo incluso la biblia de las finanzas, el Financial Times, uno de cuyos editorialistas habló de "acuerdo versallesco" para graficar el grado de sumisión al que fue sometida Grecia, similar al armisticio firmado por Alemania al fin de la Primera Guerra Mundial.

Si fuera así, hay dos preguntas que necesitan ser respondidas. ¿No previó Tsipras que firmar significaba la división de su partido y la pérdida de legitimidad de su gobierno? ¿Cómo es posible que el Ejecutivo, luego de cinco meses de negociaciones en las cuales quedó clara la intransigencia alemana, no tuviera un plan B al de la troika?


Culpar a Alemania de lo sucedido, algo que toda la izquierda y parte del resto del espectro político está vociferando, aunque libera de frustraciones tiene escasa utilidad y, sobre todo, permite esconder durante un tiempo las propias inconsistencias. Porque de eso se trató en esta historia: de una fuerza política que llegó a dirimir instancias de gran trascendencia (geo)política sin la suficiente capacidad. O se pecó de ingenuidad o se fue completamente irresponsable. Quizá una combinación de ambas.


LO FIRMADO.


El domingo 12 el gobierno griego aceptó un documento de siete páginas que contiene tres partes. La primera son medidas para "restaurar la confianza" del eurogrupo (ministros de Finanzas de la UE) en Grecia, que se tenían que aprobar el miércoles 15. Incluyen el aumento del Iva, garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sistema de las pensiones mediante una reducción drástica de su monto, independencia de la oficina de estadística y controles a la evasión tributaria.


La segunda parte contiene propuestas que se deben implementar antes del 22 de julio. Se trata de reformar el Código Civil y adoptar las normas de la Unión Europea para rescatar bancos. Además, Grecia se compromete a establecer un calendario para el recorte de las pensiones con cláusula de déficit cero, la reforma del mercado interior para que sea "más competitivo" (liberalizando sectores como medicamentos, lácteos y panaderías, aperturas de tiendas en domingos, entre otros),

privatizaciones (energía, puertos, aeropuertos, empresa de telecomunicaciones), reforma del mercado laboral mediante la "revisión y modernización de la negociación colectiva y la acción sindical" facilitando los despidos, y finalmente una fuerte reforma del sistema financiero y bancario.


Pero es la tercera parte del acuerdo la que resulta más irritante. Para asegurar que se llevará a cabo el agresivo programa de privatizaciones, el gobierno griego transferirá activos de su propiedad a un fondo independiente que garantizará el pago del nuevo préstamo. Con esas privatizaciones los líderes europeos esperan recaudar 50.000 millones de euros, de los cuales 25 mil millones se utilizarán para pagar la recapitalización bancaria, otros 12.500 millones para pagar la deuda y los 12.500 millones restantes serán utilizados para inversión en el país. En ese fondo estarán incluidos el sector energético, transportes y telecomunicaciones, cuyas empresas serán muy probablemente adquiridas, y a muy buen precio para los compradores, por trasnacionales provenientes de los países acreedores.


Además, el gobierno griego deberá consultar con la troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento y se compromete a retirar o enmendar toda la legislación introducida a partir del 20 de febrero que fuera contraria al anterior acuerdo, como la reapertura de la tevé estatal y la recontratación de funcionarios públicos despedidos por gobiernos anteriores.


Si se aprueban todas estas reformas, consideradas como "requisitos mínimos", recién ahí la troika comenzaría a discutir el tercer "rescate" de 82.000 millones de euros durante tres años.


En el último párrafo del documento figura la propuesta del ministro alemán de sacar a Grecia del euro. "Si no se llega a ningún acuerdo se ofrecerá a Grecia negociaciones rápidas para una salida de la zona euro, con una posible reestructuración de la deuda" (Der Spiegel, 12-VII-15).


El ministro griego de Defensa, Panos Kamenos, aseguró que se produjo un intento de derrocar a Tsipras. "Fue amenazado con el colapso de los bancos y el recorte completo de los depósitos" (Russia Today, 14-VII-15).


EL DESPUÉS.


En los hechos, se trata de una completa cesión de soberanía que permite que los acreedores aprueben leyes clave antes de llevarlas a consulta pública o al parlamento. Tsipras debía saber que este acuerdo tendría graves consecuencias.


La primera es la fractura de su partido y, en menor medida, de su gobierno. La mayoría absoluta del comité central de Syriza (109 en 201) rechazó el acuerdo y difundió un texto muy duro: "El 12 de julio se produjo en Bruselas un golpe de Estado que demostró que el objetivo del liderazgo europeo es la aniquilación para dar ejemplo de un pueblo que buscaba otro camino a seguir más allá del modelo neoliberal de austeridad extrema". Algunos altos cargos del gobierno presentaron renuncia.


En el parlamento las cosas tampoco marcharon bien. Ganó el acuerdo con 219 votos a favor, 64 en contra y seis abstenciones. El Ejecutivo recibió el apoyo de la oposición de derecha, en particular de Nueva Democracia, del ex primer ministro Antonis Samarás, y de los socialistas. Un número para nada despreciable de 38 diputados de Syriza se desmarcaron del gobierno. Por lo tanto, en adelante Tsipras puede tener que gobernar con el apoyo de sus adversarios en un eventual gobierno de coalición, sobre todo para aprobar el resto del paquete impuesto por Bruselas.


Una parte importante de la sociedad, incluyendo destacadas voces de su partido, le mostraron a Tsipras que sí había alternativas. Por un lado, las varias que elaboraron sus ministros y que el primer ministro desechó. Varoufakis, por ejemplo, propuso un plan ante la eventualidad del cierre de los bancos griegos por la troika: "Deberíamos haber puesto en circulación nuestros propios pagarés, anunciar que íbamos a crear nuestra propia liquidez denominada en euros; deberíamos haber tomado el control del Banco de Grecia" (Eldiario.es, 13-VII-15).


Por otro lado, Tsipras ni siquiera se prestó a debatir seriamente la alternativa de salir del euro. No alcanzaba con decir que sería peor, tenía que abrir un debate real sobre las consecuencias y los modos posibles para enfrentarla, le reclamó la mayoría de la dirección de su partido.


No hubiera sido fácil, claro, una Grexit. Según la economista estadounidense Carmen Reinhart, ex funcionaria del Fmi y especialista en las "crisis de deuda", la salida de una unión monetaria no es tan común como la salida de políticas monetarias de cambio fijo. Desde 1982 hubo cinco casos: Argentina en 2002 y en 1989, Perú en 1985, Bolivia en 1982 y México en 1982, en los que las economías estaban dolarizadas y convirtieron de forma forzosa los depósitos en dólares a la moneda local.


Si Grecia saliera del euro, asegura Reinhart, el resultado sería similar. Los depósitos se convertirían en dracmas (u otra moneda) sufriendo una drástica devaluación. "Se colapsaría la confianza en el sistema y habría un dramático aumento de las deudas privadas y públicas. El sector privado haría un impago de su deuda y la mitad de los créditos del país no serían pagados, y si se incluyen las tarjetas de crédito sería incluso mayor. Los ciudadanos dejarían de pagar impuestos y habría una acumulación de euros u otras monedas" (Bloomberg, 9-VII-15). Las consecuencias serían muy duras. "Si se produce la salida del euro, y sigue la conversión forzada de los depósitos, el retroceso de la economía de Grecia es probable que sea de larga duración."


Al parecer, incluso los griegos opuestos al acuerdo firmado por Tsipras eluden la salida del euro. Varoufakis señala que el caso argentino es bien diferente al griego en tres aspectos. Tras el default, el Pbi argentino creció desde 2003 a 2008 a un promedio del 8 por ciento anual, impulsado por las exportaciones de soja. Pero "los griegos no disponen ni de soja ni de ningún producto agrícola que se pudiera exportar en semejante escala". Además, si Grecia saliera del euro "tardaría meses en introducir una nueva moneda y un régimen cambiario". Por último, "el impacto que les generó Argentina a sus socios comerciales al salir de la convertibilidad no fue significativo mientras que Grecia, al salir del euro, perdería subsidios a la agricultura, fondos para el desarrollo y en general la cooperación económica con otros países europeos empeoraría" (Russia Today, 14-VII-15).


Llegados a este punto, sólo cabía resignar la soberanía o apostar por la dignidad nacional, ya que el retroceso económico está garantizado en cualquier caso. Es cierto que la presión de casi tres semanas de corralito debe sentirse con fuerza en una sociedad ya empobrecida. Conviene recordar, no obstante, que no es fácil echar a un país del euro y que aun estando fuera de la eurozona se puede utilizar el euro, según lo recuerda el belga Eric Toussaint, presidente del comité de auditoría de la deuda griega (véase entrevista en página 6).


Legalmente Grecia no puede ser expulsada de la zona euro ni por las instituciones europeas ni por un grupo de países. Puede incluso salir de la UE y seguir utilizando la moneda, aunque ya no emitirla. Sería un caso similar a los de Panamá y Ecuador, que usan el dólar, o de Montenegro y Kosovo, que usan el euro.


Sin embargo, ahora Grecia tampoco tiene soberanía completa sobre el euro, como sí la tienen los demás países de la Unión. Los bancos centrales de cada país sólo pueden emitir la cantidad de euros que les permite el Banco Central Europeo. El Banco Central griego tiene congelada la cantidad de euros que puede emitir, y el Bce no está dando liquidez a los bancos griegos porque está en desacuerdo con la política fiscal del gobierno (Forbes, 3-VII-15).


FIN DE ÉPOCA.


Buena cantidad de analistas, incluido el gobierno alemán, o en todo caso su ministro de Finanzas, estiman que la salida de Grecia del euro es sólo cuestión de tiempo. Es una decisión política, no económica, dicen. Y ya fue tomada tiempo atrás. El 4 de febrero, apenas nueve días después de que Tsipras asumiera como primer ministro y se plantara firme ante sus acreedores, el Bce le cortó los grifos,"ante las serias dificultades para cerrar con éxito el rescate" (El País, 4-II-15).


Antes de llegar a esa situación, que motivó titulares como "El Bce pone a Grecia contra las cuerdas", el entonces flamante primer ministro emprendió una gira europea para cosechar apoyos. Luego de reunirse con los presidentes de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del Parlamento, Martin Schulz, "se llevó de las tres instituciones un sabor amargo, y sobre todo un tono duro acerca de sus posibilidades en la negociación que ya ha empezado sobre el futuro de Grecia". Varoufakis llegó a contar en estos días que desde su primera reunión con "las instituciones", en particular con su par alemán, tuvo claro que los "socios" querían a la díscola Grecia fuera.


Eso sucedió hace cinco meses. Durante 150 días se estuvo negociando el rescate, sin el menor resultado. ¿Pensaba Tsipras que el 62 por ciento de apoyo al No en el referendo podía ablandar al sistema financiero? Todas las propuestas que hizo a la troika el primer ministro fueron recibidas con absoluta indiferencia. Peor: a cada concesión de Atenas llovían nuevas exigencias. Pero Tsipras no cambió de línea. Incluso Varoufakis participaba de la ilusión de convencer a sus interlocutores. Hasta que se convenció de lo contrario. "Desafortunadamente las instituciones y nuestros socios europeos han perdido la oportunidad que brindamos: mirar las negociaciones como una deliberación entre socios. Lo convirtieron en una guerra contra nosotros" (Der Tagesspiegel, 9-VI-15).


Todo indica que Grecia y también Europa ingresan en un nuevo período de su historia. El relato sobre la "Europa de los pueblos" fue demolido por Bruselas y Berlín. Se está ante el fin del Estado del bienestar, pero también ante una crisis de la democracia representativa, ya que las mayorías se quedan sin voz. Las izquierdas –incluso las nuevas, como Syriza y probablemente sea el caso del Podemos español– han mostrado una carencia poco creíble de estrategias alternativas. De ahora en adelante les costará mucho volver a convencer de que representan el cambio.

Publicado enInternacional
Viernes, 17 Julio 2015 06:50

Después de la derrota

Después de la derrota

El gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio del préstamo millonario. Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.

 

Cuando Syriza llegó al gobierno de Grecia en enero de 2015 muchos pensamos que se abría un nuevo ciclo en la política europea, y quizás mundial. Una autodenominada "coalición de la izquierda radical" llegaba al gobierno con el objetivo de frenar las medidas neoliberales (llamadas "de austeridad") que desde la crisis de 2008 atacaban a las jubilaciones, los salarios, las regulaciones laborales y el Estado de bienestar en toda la Unión Europea.


Menos de seis meses después Alexis Tsipras firma el acuerdo de capitulación de Grecia, en el que el gobierno de Syriza se compromete a imponer medidas "de austeridad" aun más profundas que las que se exigían a los gobiernos anteriores y a someter todas sus futuras iniciativas a revisión de la troika a cambio de los 86.000 millones de euros necesarios para mantener su sistema bancario (que se tambaleaba debido a medidas tomadas por las instituciones europeas durante la campaña para el referéndum de la semana pasada) en pie mientras se negocian futuras reformas adicionales y quizás, si el gobierno griego se porta bien, una reestructuración de la deuda y alguna ayuda económica. Tsipras se transforma así en el Pétain de la Grecia de Vichy.


Seguramente sea necesario algo de tiempo para ver y entender las consecuencias de este desastre, pero ya se pueden sacar las primeras conclusiones.


La primera y principal, que la idea de que la crisis de 2008 implicaba un debilitamiento del capitalismo global o del neoliberalismo fue un espejismo. El neoliberalismo, a pesar de que sus supuestos económicos e ideológicos están en cuestión, está más fuerte que nunca y el capital trasnacional tiene el mismo poder de siempre para imponerse a los países que osen desafiarlo. Éstos pueden elegir entre las reformas neoliberales y el desastre económico, y si resisten las reformas y el desastre llega, éstas son implementadas de todas maneras, aprovechando el caos, como manda la doctrina de shock descrita por Naomi Klein. Si quienes implementan el ajuste son los mismos gobiernos que lo resistieron, mejor. Para rescatar a los bancos de la crisis que ellos mismos crearon, los países europeos compraron la deuda griega, disfrazando esto de rescate a Grecia y forzándola a las reformas que quisieran imponerle, de paso haciendo políticamente inviable para los gobiernos europeos cualquier quita de la deuda que Grecia tiene a partir de entonces con ellos.


La segunda, que absolutamente nada se puede esperar de la socialdemocracia europea (cosa que es cierta hace mucho, pero conviene recordar de vez en cuando). El Psoe español y el Pasok griego implementaron ellos mismos la "austeridad", lo que los llevó a perder en su momento las elecciones y el gobierno de sus países. Los socialdemócratas del resto de Europa no aprendieron nada: el Spd alemán gobierna en coalición con Angela Merkel y el gobierno socialista francés apoyó sin fisuras el chantaje a Grecia, jugando el odioso e indigno papel de segundones de conservadores y neoliberales.


La tercera, que la Unión Europea es una institución fundamentalmente neoliberal, antidemocrática e irrespetuosa de sus propias leyes cuando es necesario disciplinar a los disidentes. Muchos izquierdistas quisieron ver a la Unión Europea como la construcción de una posible contrahegemonía frente a Estados Unidos (lo que siempre fue extremadamente ingenuo dada la superposición de su membresía con la de la Otan) o, más modestamente, como un modelo exitoso de integración regional que creara terrenos de acción política democrática supranacional. Si bien esto es teóricamente plausible, la autonomización de la burocracia europea, las reglas del Tratado de Maastricht, la inexistencia de una política económica común y el dominio de las instituciones europeas por una "gran coalición" de socialdemócratas y conservadores hacen que la reforma de la UE y la eurozona se presente como prácticamente imposible.


La cuarta, que las estrategias de búsqueda de hegemonía en clave nacional-popular pueden servir para ganar elecciones, pero tienen limitaciones a la hora de buscar implementar programas políticos. Probablemente lo que condenó a Syriza al fracaso desde el principio fue comprometerse a mantenerse en el euro. Este compromiso surge un poco de la ideología europeísta de su cúpula y un poco de la convicción de que era necesario mantener las condiciones para una negociación de buena voluntad con el resto de Europa, pero sobre todo de la lectura política de que era imposible ganar las elecciones si se proponía salir del euro. Esto quedó claro en la mala votación de quienes proponían esto, como el Partido Comunista griego y la coalición anticapitalista Antarsya. Es decir, sin comprometerse con el euro Syriza no podía ganar y este intento de resisitir la "austeridad" no hubiera comenzado en un primer lugar, pero dada la relación de fuerzas en la UE nunca hubiera sido posible salir del neoliberalismo manteniéndose en el euro, porque la estructura institucional europea es neoliberal.


El referéndum del 5 de julio pudo cambiar esta dinámica y ofrecer al gobierno griego una oportunidad de salir del euro (o de amenazar con hacerlo), pero éste no pudo y/o no quiso aprovecharla, apostó a la negociación, y al no tener nada que ofrecer (ni nada con que amenazar) a los otros gobiernos europeos, éstos salieron a matar (ahora amenazando ellos con expulsar a Grecia del euro, sabiendo que había admitido que no podía salir) y lograron exactamente el acuerdo que querían, forzando a Syriza a implementarlo.


Es perfectamente válido interpretar estos hechos como una derrota, una serie de errores o una traición por parte del gobierno griego. Pero también es importante, además de entender que el gobierno griego no gobierna para satisfacer las expectativas de cambio revolucionario que depositamos en él por no poder cumplirlas en nuestro país, captar las dinámicas en juego que van más allá del caso griego. Es que por algo las socialdemocracias europeas, el Partido Comunista chino, los estados poscoloniales de África y Asia, los países ex socialistas, los nacionalismos populares latinoamericanos y los capitalismos de Estado como Japón o Corea del Sur han claudicado en asuntos fundamentales ante el neoliberalismo y no han sido capaces de resistir a los avances del poder del capital trasnacional.


Es posible pensar que en cada caso hubo una claudicación o una falta de imaginación política, pero también es cierto que algo operó sobre todos ellos: en las últimas décadas la relación entre el capital y el Estado (y ni que hablar entre el capital y el trabajo) cambió, y en el contexto de un capitalismo globalizado en el que los países están entrelazados en cadenas de valor, enfrentados entre estrategias de competitividad y atados a institucionalidades internacionales neoliberales (mientras en la ciencia económica el neoliberalismo es hegemónico, haciéndose muy difícil separar ciencia de ideología) no es sencillo buscar una desconexión a la Samir Amin sin enfrentar la posibilidad del desastre económico. Aunque sea importante tener presente que la amenaza de desastre puede ser un bluff. Grecia, al estar ya en pleno desastre económico y teniendo la posibilidad de beneficiarse de la devaluación que implicaría salir del euro pudo tomar el riesgo, pero hoy por hoy sólo queda especular sobre qué hubiera pasado en una Grexit planificada.


En América Latina, mientras tanto, se vive un humor muy distinto. Es innegable que en estos años en la región se lograron montar sistemas de protección social, administrar razonablemente la relación con los acreedores, fortalecer algunas instituciones de negociación colectiva, cumplir con demandas de movimientos sociales y mejorar relativamente el nivel de vida de importantes sectores de la población. Esto demuestra que aun dentro del mundo neoliberal hay cosas que hacer, y de hecho fueron estos logros los que convencieron a organizaciones como Syriza o Podemos de que un camino nacional-popular que no avanzara directamente contra el capitalismo ni hiciera retroceder la integración con los mercados globales era viable.


Pero no deja de ser irónico que los europeos decidieran aprender de estas experiencias justo cuando para nosotros sus limitaciones empiezan a ser evidentes, justo cuando los gobiernos del "giro a la izquierda" giran a la derecha para lograr la adhesión de capitales nacionales y trasnacionales en un contexto de baja de precios, y justo cuando la frustración con el neodesarrollismo, la continuidad del extractivismo y el estancamiento de la integración regional hacen pensar en problemas parecidos a los europeos.


Por más que podamos valorar los logros de la década progresista, no deja de ser cierto que nuestro desafío al neoliberalismo y al capital trasnacional es tan poco peligroso como el de Syirza. Las 80 familias que acumulan más riqueza que el 50 por ciento de la población mundial no se enteraron de todo esto, y los gobiernos progresistas no serán las juntas directivas de la clase capitalista global, pero sí son los proveedores de servicios de seguridad jurídica, factores de producción e infraestructura de esa clase.


Los ultras griegos (al caso, comunistas, Antarsya y el ala izquierda de Syriza) tenían razón, e irónicamente Tsipras les hizo buena parte del trabajo, ya que seguramente a partir de esta derrota proponer la salida del euro se haga mucho más viable políticamente. La troika buscó aleccionar a la izquierda de Europa y del mundo, pero las revueltas contra la austeridad recién empiezan, y los socialdemócratas recién empezaron a perder elecciones. En América Latina, los sujetos que emergieron en estos años no van a volver a sus casas solamente porque los gobiernos de izquierda encuentren límites: en el fondo ese no es su problema. El problema es cómo superarlos y seguir abriendo ciclos.


Por Gabriel Delacoste, docente de teoría política (Instituto de Ciencia Política, Udelar).

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