Lucha la Unión Europea en cuatro frentes para evitar posible colapso

Cuatro grandes crisis en la periferia de Europa amenazan con colapsar a la Unión Europea (UE), lo que significaría un retroceso de décadas para este ambicioso proyecto de unificación continental cuya idea surgió tras la Segunda Guerra Mundial.


La unidad, la solidaridad y la posición internacional de la UE están en entredicho debido a la crisis de deuda griega, al papel de Rusia en Ucrania, al intento de Gran Bretaña de cambiar sus relaciones con el bloque y de la masiva llegada de inmigrantes a Europa a través del mar Mediterráneo.


Si la UE no es capaz de lidiar correctamente con cualquiera de estos problemas, podría agravar los demás, y ampliar así los peligros que enfrenta el Proyecto Europa.


La suspensión de pagos de Grecia y el riesgo de que la nación pueda salir de la zona euro es el reto más inmediato para la noción de una unión integrada de los estados y pueblos europeos.


Las consecuencias a largo plazo de una salida de Grecia de la zona euro afectarían por completo al proyecto europeo. Sentaría un precedente que podría minar la misma razón de ser de la UE, escribieron Fabian Zuleeg y Janis Emmanouilidis en un análisis para el Centro Europeo de Política, con sede en la capital belga.


El efecto helénico


Aunque Grecia responde por apenas 2 por ciento del producto interno bruto y de la población de la UE, la bancarrota del país –tras dos rescates, sus socios europeos le prestaron cerca de 200 mil millones de euros (220 mil millones de dólares)– es un enorme golpe para el prestigio del bloque.


Incluso antes de conocerse al resultado del referendo griego del domingo anterior, el ambiente en Bruselas era tenso, con los griegos que culparon a los alemanes, mientras la mayoría de los demás países comunitarios señalaron a los griegos, a su vez los economistas keynesianos atribuyeron la crisis a la obsesión con la austeridad de las autoridades europeas, que hacen énfasis en el éxito que tuvieron los rescates que se llevaron a cabo en otros estados del bloque.


Con su destino aún incierto, Atenas ya dejó en evidencia que los fundadores del euro fueron ingenuos cuando declararon que la membresía al bloque monetario era inquebrantable.


Ahora, sus socios podrían intentar dar un portazo detrás de Grecia y tomar medidas rápidas para mantener unidos al resto de los miembros, quizás enmendando algunos de los errores que se cometieron al llevar a cabo la unión monetaria, aunque es probable que la oposición alemana evite cualquier intento de emisión conjunta de bonos gubernamentales.


La próxima vez que una recesión o un alza de los rendimientos de los bonos soberanos sacuda a la zona euro, los mercados recordarán el precedente de Grecia.


Con la tensión ya desatada en el Mediterráneo oriental debido a la guerra civil en Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la división no resuelta de Chipre y las disputas marítimas sobre yacimientos de gas, una Grecia quebrada podría volverse hacia Rusia en busca de apoyo.


A cambio, los griegos podrían vetar la próxima extensión de sanciones de la UE contra Moscú, o incluso ofrecerle acceso a instalaciones navales que una vez usó Estados Unidos.


Atenas ya lidia con el flujo de refugiados que huyen del conflicto en Siria e Irak y que llegan a las islas del Egeo, en busca de la ruta más segura para atravesar Europa en dirección a los países más prósperos del continente, como Alemania o Suecia.
La incapacidad para resolver la crisis griega después de cinco años de discusiones podría hacer parecer débil a la UE a los ojos del presidente ruso, Vladimir Putin; del presidente chino, Xi Jinping, y de otros que busquen expandir su poder.


Las autoridades de Bruselas son conscientes de que la crisis de la zona euro ha provocado renacionalización de la toma de decisiones en algunas materias y minado el poder blando del modelo de reglas europeas basado en la gobernación supranacional.


Además, la postura de la UE ya se ha debilitado en temas relacionados con el comercio mundial y las negociaciones por el cambio climático.


Y lo peor aún puede estar por venir.


La exigencia de Gran Bretaña de renegociar los términos de su pertenencia a la Unión y someter el resultado a un incierto referendo en 2017 aumenta el riesgo de que el bloque se quede sin el miembro que es su segunda mayor economía, su principal centro financiero y su principal potencia militar.


Dada la enemistad de Rusia con los británicos, a quienes ven como el aliado más cercano de Estados Unidos, Putin seguramente se sentiría favorecido si Gran Bretaña abandona al bloque.


La salida debilitaría a aquellos que apoyan una respuesta contundente al comportamiento de Rusia en Ucrania y Georgia, y dejaría al bloque continental sin el principal socio de confianza de Estados Unidos en la región, aunque seguiría perteneciendo a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).


Todo ello podría fortalecer la posición de Putin en las negociaciones con la canciller federal alemana Angela Merkel, quien ha liderado a la diplomacia europea en su intento de devolver a Ucrania el control de la totalidad de su territorio.

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Tsipras: "Es un problema europeo y requiere soluciones europeas"

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha acudido esta mañana al Parlamento Europeo para explicarse. Tsipras ha presentado la crisis griega como un problema más amplio que afecta a todo el proyecto comunitario. En su opinión, la difícil situación en Grecia manifiesta "la incapacidad europea para encontrar una solución duradera al problema de la deuda. Es un problema europeo y los problemas europeos requieren soluciones europeas".


Recibido este miércoles con aplausos y abucheos casi a partes iguales en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, Tsipras ha expuesto su diagnóstico del deterioro en su país y ha mostrado su confianza en el acuerdo con Europa. "Pedimos un compromiso productivo y justo. Creo que juntos podemos lograrlo". A la entrada en el hemiciclo lo esperaba un grupo de diputados, entre ellos el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Todos ellos le han aplaudido y estrechado la mano antes de que Tsipras llegara al escaño desde el que ha pronunciado su discurso.


Tras aludir varias veces al respaldo obtenido en el referéndum del pasado domingo, Tsipras ha apelado a un acuerdo "que permita salir de manera definitiva de la crisis, que demuestre que al final del túnel hay luz". Para lograrlo, hacen falta "soluciones creíbles" que hagan recaer el peso "entre los que pueden asumirlo". El primer ministro griego ha prometido reformas por lo que ha reconocido son errores de su propio país. "Grecia ha llegado prácticamente a la quiebra porque durante muchísimos años los Gobierno han creado un Estado clientelista y han permitido la corrupción". Frente a ese modelo de "oligarquía y carteles", Tsipras ha prometido "reformas genuinas cuyo propósito es cambiar Grecia y que Gobiernos anteriores no quisieron aplicar".


Consciente de que buena parte de los países europeos sienten frustración tras dos rescates millonarios que no han enderezado el país, el líder griego se ha referido a una cuestión controvertida: el destino de esos préstamos de 320.000 millones de euros en total concedidos a Grecia desde la crisis. "Hemos de ser sinceros: el dinero que se ha dado a Grecia nunca le ha llegado al pueblo griego. Son fondos que se dieron para salvar a los bancos griegos y a los europeos", ha afirmado. Esas palabras han provocado aplausos en un hemiciclo salpicado con carteles de con el no de la papeleta griega (oxi en griego).


Sin entrar en las medidas que su Gobierno tiene que detallar como muy tarde mañana para que la eurozona acceda a negociar el nuevo rescate que solicita Atenas, Tsipras ha lanzado un deseo al aire: "Espero que en los próximos días consigamos responder a esta coyuntura tan grave, en beneficio de Grecia y de Europa".


El dirigente heleno no se ha referido directamente a los estrechos plazos de negociación que se ha dado la eurozona para solucionar el problema. Atenas ya ha presentado formalmente la petición de rescate y mañana tendrá que desgranar las medidas que ofrece para lograr un nuevo compromiso de los socios. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también presente en la Eurocámara, ha dibujado un panorama aterrador si no fructifican las negociaciones: "Si no llegamos a un acuerdo debemos contemplar incluso el peor escenario, en el que pierden todas las partes. Eso podría dar lugar a la quiebra en Grecia y a la insolvencia del sistema bancario. Y afectaría a toda Europa, en el sentido geopolítico".


"Los extremistas le aplauden"


Multitud de eurodiputados han querido responder esta mañana a las palabras de Tsipras, algunas con grandes dosis de emotividad. El líder del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, Manfred Weber, ha sido muy crítico con Tsipras, al que ha espetado: "Europa ya no confía en usted para negociar". También ha ironizado con los apoyos que cosecha entre dos polos opuestos de la Eurocámara, la izquierda minoritaria y los euroescépticos conservadores. "Los extremistas de Europa le aplauden", ha recalcado.


En un tono mucho más suave, el presidente de los socialdemócratas, Gianni Pittella, ha excluido un futuro de la UE sin Tsipras y ha apelado a la sensatez del mandatario griego: "Confío en que el primer ministro griego demuestre su visión política y su responsabilidad por el bien del pueblo griego".


Entre la riada de intervenciones del debate, que comenzó poco después de las 10 de la mañana, ha destacado la de Pablo Iglesias, que ha agradecido al pueblo griego "haber levantado mejor que nadie la bandera europea". En su opinión, "Europa no se está destruyendo por preguntar al pueblo, sino por el totalitarismo financiero y la arrogancia del pueblo alemán".



Grecia pide un tercer rescate por 50.000 millones a tres años

 

Atenas ha cumplido a mediodía de hoy la primera condición para evitar su salida del euro: el Gobierno griego ha enviado ya la solicitud del tercer programa de ayuda financiera al mecanismo europeo de rescate (Mede), un bazuca de medio billón de euros creado en la fase más aguda de la crisis europea. "La solicitud ha llegado", ha confirmado a este diario un portavoz del Mede. El Eurogrupo de ministros de Finanzas de la zona euro, que preside Jeoren Dijsselbloem, la analizará hoy en una reunión por teleconferencia.


El tercer rescate es de 50.000 millones de euros en tres años, y a cambio Atenas se compromete a reformar las pensiones de manera inmediata.


Quedan varias condiciones más por delante antes de la cumbre europea del próximo domingo. Grecia debe detallar mañana las medidas prioritarias que propone, sobre la base de la propuesta del pasado 30 de junio. La canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro ayer que esos detalles tienen que desembocar en un plan "más duro" por parte de Grecia. El Eurogrupo lo analizará el sábado. Y los líderes del euro deberían dar su visto bueno el domingo. El BCE se ha comprometido a mantener a la banca griega –a punto de quedarse sin efectivo—a flote hasta el próximo lunes.

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Martes, 07 Julio 2015 07:18

Qué sigue tras el No en las urnas

Qué sigue tras el No en las urnas

Mientras los ministros de Finanzas europeos se reúnen hoy en una cumbre extraordinaria para evaluar el referéndum griego, se especula con que se logre un acuerdo finalmente. En caso contrario, habrá consecuencias para Grecia y la Eurozona.


Escenario 1: Los griegos ceden


A pesar del rotundo voto No del domingo a las demandas de los acreedores, es posible que Alexis Tsipras esté tratando de lograr un acuerdo rápido que resuelva la crisis, para no convertirse en el primer ministro que lleve a su país a la agonía económica de un grexit (salida del euro). Su última oferta a los acreedores el pasado martes, apenas unas horas antes de la moratoria con el FMI, de aceptar la mayor parte de las exigencias de las reformas, en realidad dejó a los dos lados tentadoramente cerca. Los acreedores podrían ofrecer a los griegos algunas concesiones para que Tsipras pueda vender el acuerdo en su país. La renuncia de ayer del ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, puede hacer que los acreedores se sientan más inclinados a seguir el juego.


Eso significaría que Atenas acuerda imponer más austeridad a cambio del dinero que necesita para seguir pagando a los trabajadores del sector público y para evitar un default de los bonos en poder del Banco Central Europeo el 20 de julio. Tal acuerdo podría significar la reapertura de los bancos a los ahorristas desesperados por el fin del mes. El problema es que la nueva austeridad probablemente empeore la recesión de Grecia en los próximos años –algo que podría causar una división en Syriza y empujar la caída del gobierno–.


Escenario 2: Los acreedores ceden


Que Grecia salga de la moneda única representaría un golpe demoledor a la reputación de esta generación de líderes europeos. Ellos también están empezando a darse cuenta de que si Grecia sale del euro se enfrentarán a un costo mucho mayor que el precio de pagar para que Atenas siga formando parte del club. Será un trabajo duro justificar esa pérdida a sus propios contribuyentes. Además, los acreedores tendrían que enviar otros tipos de ayudas a Grecia, en todo caso, si grexit ocurriera.

Así que los acreedores, a pesar de su retórica de línea dura antes de plebiscito del domingo, podrían decidir que el compromiso es la opción más inteligente después de todo. Podrían ponerse de acuerdo para facilitar la exigencia a Grecia a ejecutar grandes superávits presupuestarios en el futuro previsible y acabar con el valor nominal de la deuda del país. Atenas cantaría esta victoria y la credibilidad y el orgullo de los políticos acreedores recibirían el golpe. Pero sería bendecido por el Fondo Monetario Internacional, que ha estado presionando por una rebaja de la deuda durante años. También permitiría a los líderes de Europa centrarse en algo más que las minucias de las finanzas públicas griegas y el mercado de trabajo. Uno de los riesgos en este escenario sería que otros partidos populistas en Europa –Podemos de España, el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia– podrían obtener un gran impulso a partir de la victoria de Syriza, creando una agitación política en todo el continente.


Escenario 3: Nadie cede


Los acreedores podrían sentir que simplemente tienen demasiado que perder si concedieran algo a Grecia tras la votación. Y los griegos podrían decidir que tienen un mandato que mantener firmemente hasta que consigan todo lo que quieren. El resultado podría ser un punto muerto. El sistema bancario griego se quedaría sin dinero en efectivo en cuestión de semanas si no días, y el 20 de julio Atenas caería en default para pagar bonos por 3 mi millones de euros al Banco Central Europeo. Esta entidad, tras recibir el visto bueno tácito de Angela Merkel y los demás jefes de gobierno de la Zona Euro, podría cortar la financiación de emergencia del sistema bancario griego por completo, diciendo que no se puede prestar a un Estado insolvente sin romper sus propias reglas constitucionales. Para evitar que los cuatro grandes bancos griegos colapsen y acaben con los ahorros de la población, el gobierno de Atenas tendría que nacionalizarlos. Probablemente entonces anunciaría que se vuelven a capitalizar con un IOU (pagarés) gigante del Estado griego. El gobierno en Atenas también iniciaría la emisión de billetes IOU (en lugar de euros) para pagar a los trabajadores del sector público. Estos pagarés dirían que tienen un valor de un euro cada uno. Pero se cambiarían en el mercado negro a tal vez la mitad del valor de un euro, señalando una devaluación masiva.

Finalmente, después de un período de agitación social, el gobierno griego lograría imprimir un gran lote de billetes dracma, que se convertirían en la nueva moneda. Eso significaría que Grecia abandona efectivamente el euro. En esa transición, Atenas podría llevar un cargamento de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin. Y, a cambio, el gobierno griego podría vetar nuevas sanciones de la Unión Europea contra Moscú por su agresión en Ucrania, dividiendo el bloque en el escenario mundial.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Europa deja la puerta entreabierta a Grecia

Europa mantuvo lo más que pudo el cerrojo de las concesiones y, tras el rotundo rechazo al programa de ajuste de los acreedores de Grecia expresado el domingo por los electores griegos, apenas entreabrió una hipotética salida. Con la misma retórica flotante que los caracteriza, una suerte de combinación entre el amor y la tortura, los dirigentes de la Unión Europea caminaron sobre una cuerda de equilibristas para, al final, seguir diciendo lo mismo que antes de la consulta: Atenas debe emprender reformas. Hay que medir y pesar las palabras de unos y otros con una tolerancia de Buda o una ciencia de filólogo. En París, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, sirvieron en la misma bandeja dos palabras muy ambiguas: "solidaridad y responsabilidad". Ello quiere decir que Europa será solidaria mientras Grecia se muestre responsable, o sea, traiga a la mesa de negociaciones propuestas "serias, precisas y verosímiles". En claro, los 18 países de la Zona Euro dejaron a Grecia en la misma situación que antes, como si el resultado del referendo sólo fuera, como lo escribe el eurofanático diario El País de España en su editorial, una aventura activada por el "nacionalpopulismo" del gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. La referencia, que no es el único oprobio al que se somete al Ejecutivo y al pueblo griego, es de una ignominia de marrano. Para los gobiernos de la Eurozona un tratado colectivo y sus normas están por encima de la democracia.


Hollande dijo en la capital francesa: "Respetamos el voto de los griegos porque Europa es la democracia". Faltaría completar la frase: la democracia como la quiere el club de liberales europeos. Berlín sigue siendo la batuta de la Eurozona y nadie desafía sus prerrogativas. Durante la conferencia de prensa que ofrecieron juntos, Merkel se remitió a la última fase de la negociación que precedió la convocatoria a la consulta popular. Según la canciller alemana, la última propuesta que se hizo "fue muy generosa". Ambos recalcaron que la "puerta está abierta" mientras que, por su parte, Hollande repitió que "no queda mucho tiempo, hay urgencia para Grecia y para Europa".


El perfil de esa urgencia se delineará hoy cuando se celebre la cumbre extraordinaria de dirigentes europeos y se discutan los planteos nuevos o revisitados que traiga Tsipras. En el camino y pese al aplastante voto a favor de más del 60 por ciento, el dirigente griego dejó a su anterior ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. El ex titular de la cartera era la oveja negra de los negociadores de Bruselas. No lo querían ver ni en foto. En un par de meses, Varoufakis les rompió el consenso y toda la cultura de los buenos modales con té y galletitas de maicena. Su presencia en las negociaciones era una traba de cara a la construcción de un acuerdo. En un comunicado, el paladín que enfrentó y no se sometió a la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión de Bruselas) explicó que le "correspondía ayudar a Tsipras a explorar, según como él lo considere adecuado, el capital que el pueblo griego nos ha concedido a través del referéndum del domingo, y seré el portador del odio de los acreedores con orgullo". Su alejamiento del Ejecutivo era una de las condiciones insalvables planteadas por el Eurogrupo. Su salida parece adelantar, tal vez, un juego de concesiones por parte de Atenas, o quizá sea una forma de distender el escenario en la cual éstas empiezan el 7 de julio.


Habrá de hecho dos reuniones en la capital belga: una, a las 13, con los ministros de Finanzas de Eurogrupo. Luego, a las 18 se realizará la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno. Todo está suspendido hasta esos dos momentos. Por lo pronto, en un momento en que los bancos griegos sufren una asfixia de vida o muerte, el BCE, Banco Central Europeo, decidió mantenerlos bajo perfusión mediante la línea de liquidez (ELA) que actualmente asciende a 89 mil millones de euros.


Menos Alemania, la casi totalidad de los países bajaron el tono con respecto a la salida de Grecia de la Zona Euro sin que ello deje prever que un pacto es posible y, si lo es, a qué precio para Grecia. El ultra agresivo presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo "la victoria del No nos acerca a una solución". Pero las declaraciones como las del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, según el cual "un no de los griegos en el referendo sería interpretado como un no a la Zona Euro", se han espaciado. Los heraldos de la exclusión de Grecia desaparecieron del firmamento. La más que hostil España negó que ello fuera una realidad. Pero las capitales europeas tienen mala cara. No hay nada preciso, todo es de una incertidumbre con varias cabezas donde sólo Alemania marca el ritmo mientras que Francia gesticula pero no hace nada. Son pura y sencillamente escalofriantes el silencio, la inoperancia, el inmovilismo, la blandura y la cobardía política que han demostrado en esta crisis las llamadas izquierdas o socialdemocracias europeas. No plantearon nada, no rompieron el muro de la incomprensión con ninguna idea creativa. No existen más. Se han vuelto una pobre extensión del liberalismo y hasta han renunciado a la modesta meta de humectarlo con un poco de humanismo para que se disuelva mejor. Hace unos días, el presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz (sí, sí, crea lo que está leyendo "socialista") dijo que los griegos iban a tener que "imprimir otra moneda porque el euro dejará de estar disponible". Con socialistas así, mejor no perder tiempo en ilusiones y votar de una vez por todas a la derecha. Por lo menos, ya se sabe lo que harán.


Hasta anoche, la principal piedra en el camino no había desaparecido: se trata del reclamo griego para que se reestructure su deuda (322 mil millones de euros) y de un nuevo programa de ayuda. Berlín ya adelantó que "no se dan las condiciones para un nuevo programa de ayuda". En esto, pese a la escenificación ofrecida ayer en París por Merkel y Hollande, el monolito no se ha desplazado. Los impedimentos son densos. Prueba de ello, Grecia amplió el corralito bancario por dos días más. Quedan, finalmente, tres opciones sobre el horizonte: un acuerdo "amistoso" entre Grecia y sus acreedores podría diseñar la salida de lo que el canciller italiano Paolo Gentiloni llama "el laberinto griego". En realidad, la metáfora es inexacta porque el laberinto es sobre todo y antes que nada europeo. Pero, para ello, Tsipras deberá convencer aportando más reformas (aumento de la TVA, aumento de la edad de la jubilación). La segunda opción es una pura y llana salida pactada de Grecia de la Zona Euro, el "Grexit". Como, según Alemania, Grecia no acepta las reglas del juego europeo los dirigentes podrían organizar ese "Grexit" de forma coordinada. Si no hay acuerdo ni "Grexit" ordenado se impondría entonces una salida tormentosa de Grecia del euro.

Esto se plantearía seriamente a partir del 20 de julio, fecha en la cual, sin acuerdo, Atenas tiene que reembolsar al Banco Central Europeo 3,5 mil millones de euros. Si no ocurre, el BCE cortaría su ayuda de urgencia y Grecia y sus bancos estarían ya no en default, sino en bancarrota. Es, de todas, la peor alternativa. La hora de la verdad europea sigue, por el momento, sujeta a estos tres desenlaces por cuya preeminencia nadie, anoche, se atrevía a apostar.


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¿Qué pasa con la democracia, es un caso de "vota Sí o verás"?

Atenas.

 

Así que los griegos van a votar Sí el domingo. Temor. Humillación. Patriotismo (pro europeo además de pro euro, como veremos más adelante). Pragmatismo; ese gran poder industrial de los políticos europeos. Y así, la EU, el FMI y el BM, todo ese grupo habrá ganado. Grecia –cero. Borren la Segunda Guerra Mundial.
El problema –y olvidemos por un momento cuántos millones nos deben los desvergonzados griegos– es que quienes voten por el No lo harán por la misma razón. Son patrióticos y quieren esperanza. Y también están condenados por nuestra versión de su historia. Los griegos del siglo XVIII creían en el nacionalismo nacido a partir de la civilización; una idea que Byron disfrutaba, pero que dejó fuera al imperio Otomano, al maravilloso dinar (olvídense del euro) y a una historia que no tiene lugar en nuestra narrativa actual. 


Los años 40 del siglo XX ensombrecen la Grecia actual. Quienes voten Sí el domingo serán llamados traidores (o jermanotsolias, término griego cuya traducción más precisa es camisas alemanas en referencia a los soldados de esa nacionalidad).


Quienes voten No serán los hijos o nietos de patriotas socialistas que lucharon contra el mandato burgués británico que tomó el control de Atenas luego de que Churchill y Stalin acordaron que Grecia debía quedarse de nuestro lado de la cortina de hierro. Los títeres y sus amos son irrelevantes.


Alexis Tsipras es –y aquí cito a un amigo economista– el niño consentido quien hace mucho tiempo logró llegar a la televisión en entrevistas en las que apoyaba a los estudiantes, era de rostro dulce, pero se enojaba y era agresivo. Pasó su carrera en la política interna de la izquierda, con cero experiencia en el mundo real.


Yanis Varoufakis (según otro amigo griego, que es menos economista y más político) es el siempre sonriente ministro de Economía; un idiota narcisista a quien le complace demasiado escuchar su propia voz, un estudiante-académico que gusta de pavonearse. Por eso la madame del FMI insistió, fastidiada y con su mejor voz de aviso a la comunidad, en hablar con los adultos, hace unos días. El ministro cree que puede jugar con los niños y niñas grandes en Bruselas sin darse cuenta que ellos no se interesan por su actuación.


El problema es el siguiente: Europa –la Europa que quizás deba poner entre comillas, es muy similar a la Europa de los años 30; la era del abuelo de Yanis, que se preocupaba más por el socialismo, el marxismo, el poder de los trabajadores que por la democracia. Por eso se decidió que el referendo del domingo es sobre Europa, más que sobre la democracia. ¿Acaso Christine Lagarde no dijo que espera que el voto del domingo indique claramente cuál será el camino?


No es necesario haber pasado muchas horas en Atenas para ver cómo la imagen de la historia ha cambiado. En años anteriores, admiré la placa de bronce del Hotel Grand Bretagne, que recordaba a sus huéspedes que aquí hubo un cuartel nazi. Ahora hay otra placa reluciente, también de bronce, que dice a los clientes que aquí estuvieron los cuarteles de ejército griego entre 1940 y 1941. Pero no dice nada sobre lo que le pasó al ejército griego en 1941.


Nuestros periodistas tienen la sospecha de que la división podría vaticinar otra guerra civil aquí. Es posible que en ella se involucre el Ejército Griego de Liberación Popular (ELAS, por sus siglas en griego) contra los partidarios de la monarquía apoyados por Gran Bretaña –pero esto no queda claro. Quienes votarán por el Sí, son servidores púbicos, farmacéuticos, propietarios de pequeños negocios –lo que nos permite analizar a quienes votaron por Hitler en 1933–. Quienes votarán por el No son hombres y mujeres más emocionales, más conscientes de la historia; que recuerdan una y otra vez que el desequilibrado y fragmentario sistema de pensiones se modernizó por última vez hace 14 años. Ellos le dicen a uno que hay gente hambrienta,y muchos que aún recuerdan la hambruna griega de 1941, ¿100 mil muertos, tal vez? Todos sabemos quién ocupaba Grecia entonces ...


Sin embargo, hay también algo oscuro, peligroso y demasiado relevante sobre aquellos días. Europa, desde la perspectiva de Atenas, es una institución muy dictatorial que está más preocupada por el dinero que por la democracia; y ante la posible desintegración del euro, le importa aún más el dinero que la voz de los griegos hambrientos.


Tsipras puede hablar de los líderes europeos que chantajean a los electores de Grecia, pero cuando esos mismos sirvientes de la UE dicten que el referendo del domingo debe ser sobre la permanencia o la salida de Grecia de la gloriosa República Popular de Europa, es difícil estar en desacuerdo.


Si, a todos nos agrada que los griegos hablen a través de su vocero Euclides Tsakalatos, el jefe negociador de Grecia en Bruselas, cuyo lado europeo es enfatizado por su inglés brillante (cortesía del colegio St. Paul y de Oxford). Es un académico británico clásico, me dijo en el desayuno un banquero griego. Es una persona muy agradable, pero es la persona incorrecta para jugar cualquier papel político.


Luego la conversación se volvió horrenda. No ha existido tanto veneno en el léxico político desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estalinistas dentro de Syriza, incluido el ministro de desarrollo, quien cree que Putin es una continuación de Stalin. Esta descripción vino del banquero: un hombre con sentido del humor pero sin esperanza en la sonrisa de esos que te topas durante las revoluciones, y quien insistió en que existe el peligro real de un colapso político en Grecia.
El colapso económico ya ocurrió, me dijo.


Mientras hablábamo, fuimos interrumpidos por un mendigo. Al principio creí que era un refugiado sirio pero resultó afgano; otra parte de la historia de Grecia.
El FMI tuvo graves errores de cálculo. El sistema bancario se colapsará la semana próxima, los bancos perderán liquidez y los depósitos privados van a desaparecer. Perderemos la capacidad de comprar y vender internacional y localmente.


Habrá quienes voten Sí el domingo porque tienen miedo. Habrá muchos, sospecho, que votarán No por la misma razón. Y hay extremistas (qué apropiada es esta expresión, en el sentido islamita de la palabra) como los del partido Amanecer Dorado, que culpan a los inmigrantes, más que a los alemanes, de su predicamento. No olvidemos que hay 4 por ciento del voto nacionalista representado en el gobierno de Tsipras con 14 miembros del Parlamento. ¿Pero quién tiene la culpa?


Nuestro pasado populista, me anuncia categóricamente mi amigo el banquero. "Comenzó con la dictadura militar y nuestra forma de mimar constantemente nuestros más bajos sentimientos, y la convicción de que es posible que estemos equivocados. Fue una mala idea unirnos a la zona euro. Pensamos: 'Al fin, hemos recibido nuestro destino. Nos hemos unido a Occidente', pero nuestra economía no estaba lista para ello".


Sí, en efecto, y la corrupción, agregué; la cara del banquero se tornó radiante. Todos esos siglos de admirar a la Grecia clásica. Byron nos debe muchas explicaciones, me dijo.


Pero hay cuestiones más importantes, desde luego. ¿Cómo podemos seguir admirando a la dictadura de los bancos (los europeos, no los griegos)? ¿Cómo podemos seguir dándonos golpes de pecho al hablar de la Europa democrática, cuando Europa le dice a Grecia lo que está en juego en su referendo. Si esta democracia no funciona en Europa, ¿cómo se supone que va a funcionar en India? ¿O en Medio Oriente? Si lo que queremos es que la vote por el Sí el domingo; un "Sí, o verás", ¿quiénes son entonces los dictadores?

 

Es esto un poco es demasiado. Un viejo amigo, Monty Woodhouse, fue Ejecutivo de Operaciones Especiales en Grecia durante la ocupación alemana y años más tarde él y este reportero cuando era joven, buscaron juntos los expedientes de la guerra de un tal Kurt Waldheim, quien fungió como secretario general de la Organización de Naciones Unidas, a pesar de haber sido oficial de inteligencia de la Wehrmacht de la Alemania Nazi. Fue Woodhouse, quien escribió en el ya mencionado hotel Grande Bretagne de Atenas que él aprendió a amar a Grecia cuando se dio cuenta que aquí la gente viva aún hablaba en el lenguaje de Platón.


Pero sospecho que ahí está la falla. Todos amamos a Platón. Y a Aristófanes. ¿Acaso no corearon las ranas: rakak-coax-coax-coax? Pero si hasta helenizaron a los romanos, por Dios. Y todo esto nos lo tomamos a pecho. Y nosotros que pensamos que los griegos eran nuestros amigos, ¿no es cierto?


© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Por Grecia se rompe el consenso franco-alemán

Tsipras ratificó la consulta y dijo que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE". Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, en consecuencia, por la desaparición de la escena política del líder griego.


Alexis Tsipras rompió el consenso. El resultado más espectacular de la estrategia adoptada por el primer ministro griego en la brutal negociación que se está llevando a cabo entre los acreedores y Grecia se plasmó con el quiebre del sacrosanto eje franco-alemán. Tras varios meses de convergencia, François Hollande y Angela Merkel optan por dos caminos distintos: la canciller de Alemania no quiere entablar ninguna negociación con Atenas antes del referéndum del domingo 5 de julio. Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, por consiguiente, por la desaparición de la escena política de Tsipras y Syriza. Por primera vez y de forma cortante, Hollande defendió una opción contraria. El jefe del Estado francés dijo: "Tenemos que ser claros: el acuerdo es enseguida, no puede ser diferido, tiene que venir". Luego, en una nueva intervención televisiva, el premier griego salió a desmentir todas las falacias que el eje liberal y bancario hace circular sobre la consulta del próximo domingo. Tsipras dijo que no tenía "ambiciones secretas" y que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE. Les están mintiendo". El jefe del gobierno reiteró que "el referéndum del domingo en Grecia nada tiene que ver con el euro o con Europa" y que constituye antes que todo "un arma" para negociar, un "paso decisivo para un mejor acuerdo". Tsipras pidió otra vez al pueblo griego que votara "No" para poder contar con "un futuro no hipotecado".


Los últimos sondeos provenientes de Atenas dan cuenta de una evolución del "Sí", aunque el "No" sigue siendo mayoritario (46 por ciento contra 37 por ciento). Por lo pronto, las declaraciones de Hollande marcan un hito en este antagonismo lleno de patrañas, malversaciones mastodónticas, ofensas públicas, mentiras, manipulaciones, abusos de toda índole y maltrato al pueblo griego. El pronunciamiento del presidente francés intervino luego de que trascendiera que Atenas había entregado un nuevo pliego de reformas que se acercaba bastante al modelo que le exige la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo).


Sin embargo, el Eurogrupo cerró filas detrás de Berlín. Al cabo de una serie de intercambios mantenidos ayer, un comunicado firmado por el presidente del Eurogrupo, el intratable Jeroen Dijsselbloem, dice que este órgano esperará "el referéndum del domingo". En coordinación con ellos, el tétrico Fondo Monetario Internacional negó a Grecia el plazo que Atenas había pedido la víspera para hacer efectivo el reembolso pendiente de 1600 millones de euros. El único actor financiero que no le sacó la asistencia a Atenas es el Banco Central Europeo. Pese a la posición hostil de un Eurogrupo capitaneado por Berlín, el BCE no bajó el piso de la llamada "ayuda de emergencia" (Emergency Liquidity Assistance, ELA) destinada a los bancos griegos.


La narrativa de la jornada revela que algo denso pasó entre el martes y ayer. El Financial Times publicó una carta enviada por Grecia a Europa en la cual Atenas se rendía ante prácticamente todos los requerimientos de sus socios y del FMI, los mismos que había rechazado hace una semana. El texto circuló con ecos de victoria, pero luego desapareció de la discusión y el antagonismo regresó al primer plano. Los eurobancarios consideran que esta nueva propuesta vino a destiempo. En realidad, no le perdonan ni le perdonarán nunca a Tsipras que haya recurrido al referéndum, es decir, a buscar una mayoría nacional contra la mayoría financiera de Bruselas. El actual ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, publicó en su blog un texto de seis puntos que esclarece muchas cosas. En el numero uno, Varoufakis explica: "Las negociaciones se estancaron porque los acreedores de Grecia renunciaron a reducir nuestra impagable deuda pública e insistieron en que debe ser paramétricamente vuelta a pagar por los más débiles de nuestra sociedad, sus hijos y sus nietos".


Entre retórica de bombón y declaraciones amenazantes, la situación se tornó dramática, un juego de vida o muerte donde se busca poner de rodillas a un país y derrocar a sus representantes electos. Esta crisis nació con una falsificación: el maquillaje de las cuentas griegas para forzar el ingreso de Grecia al euro. Esa operación no la llevó a cabo Grecia por su cuenta, sino que contó con la complicidad de bancos internacionales, de la Unión Europea y sus supuestos mecanismos de control. La memoria bancaria es más corta que los plazos de un crédito. En 2001, Goldman Sachs ayudó a Grecia a realizar un intercambio ficticio de su deuda y, con ello, disimular la realidad de sus cuentas públicas. La deuda fue cambiada a una tasa del 2 por ciento menor a su peso real. El gobierno de Atenas le pagó 600 millones de euros a Goldman Sachs por esa operación. Pero luego, la institución financiera norteamericana vendió el producto derivado que se utilizó para esconder el montaje. De los 2,8 mil millones iniciales, Grecia se encontró con una deuda de 5,1 mil millones de euros en 2005. Esta es sólo una de las incontables triquiñuelas que se emplearon en ese entonces. En cuanto a la posición de Tsipras frente al euro, ésta ha sido constante. En una entrevista que el actual jefe de gobierno concedió a Página/12 en 2012, Tsipras decía: "El problema no es la moneda única, sino las políticas que acompañan esta moneda. El euro se ha convertido en una cárcel para los pueblos de Europa, en especial para las economías más débiles de la periferia que están enfrentando la crisis. La contradicción está en la base con que se construyó el euro. El euro es un polvorín que va a explotar si seguimos con este rumbo. Las políticas de ajuste que van mano a mano con el modelo neoliberal dentro del euro nos van a conducir a la destrucción del euro. Pero esta perspectiva la van a pagar los pueblos y no los bancos, que van a salvarse, o a tratar de salvarse. El sectarismo dogmático de las elites europeas que defienden ese modelo conduce a Europa a muchas décadas atrás".


El desenlace será tal vez incierto hasta este domingo. Pero, desde ya, el antagonismo griego se desplazó al corazón de la política francesa. La derecha más liberal brama sus sempiternas recetas de moralismo financiero y cumplimiento, mientras que, a la izquierda y en otros círculos conservadores, se han despertado sectores que exigen lucidez. En una tribuna publicada por el semanario Marianne, unas 40 personalidades francesas argumentan que "salvar a Grecia es salvar a Europa". Entre los firmantes están Thomas Piketty (autor de El Capital en el Siglo XXI); el presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolome; el ex ministro francés de Economía Arnaud Montebourg, diputados del ala izquierda del PS, ecologistas, comunistas o diputados de la derecha como Henri Guaino. Todos alegan que si Europa fracasa en pactar un acuerdo equitativo con Atenas, "habrá que juntar dos cadáveres: el de Grecia y el de la idea europea". Esta megacrisis nos muestra que esa idea estaba guardada desde hacía mucho en la caja fuerte de los bancos.


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Grecia no le pagó al FMI y se calienta la crisis

La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Tsipras, en la cual pedía un tercer plan para reestructurar su deuda. Pero el Eurogrupo rechazó la propuesta en una reunión de urgencia.


El Fondo Monetario Internacional sigue a punto de contar, en su base de datos de morosos, con el primer país desarrollado del eje occidental que se encuentra ante la imposibilidad de pagar. Grecia tenía plazo hasta esta medianoche –hora de Washington– para abonarle al FMI 1600 millones de euros de una deuda total que asciende a los casi 24.000 millones de euros. Al cierre de esta edición fuentes del FMI confirmaron que el pago no se había efectuado, mientras el viceprimer ministro griego, Yanis Dragasakis, le pidió al organismo un plazo suplementario para evitar la cesación de pagos y dio a entender que a cambio el gobierno levantaría el referéndum del domingo acerca de aceptar o no el ajuste que exigen los acreedores para aprobar un nuevo rescate.


Es preciso aclarar que la fecha de este martes 30 de junio era para Grecia una guillotina financiera de doble filo: uno, el plazo del FMI; el otro, el plan de rescate que Europa diseñó para Grecia y que estaba en curso desde 2012. Si no se arreglaba el tema del Fondo, Atenas perdía este mismo martes el acceso a los 17 mil millones de euros de dicho plan. En una carrera contrarreloj con el telón de fondo de un referéndum en Grecia y un masivo apretón bancario por parte de los socios europeos de Atenas, el primer ministro griego presentó un nuevo plan en Bruselas. Plasmar narrativamente una jornada llena de piruetas, de contrasentidos, de frases de una vulgaridad alucinante y de cambios de posición de los actores más intransigentes requiere un rigor de libro científico. La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Alexis Tsipras en la cual el jefe del Ejecutivo griego pedía un tercer plan para reestructurar su deuda (180 por ciento del PIB) así como la extensión del rescate europeo que vence hoy. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alentó la ilusión de una solución cuando dijo una frase enigmática: "Hay acontecimientos importantes a los que ustedes no están preparados que se están produciendo en Atenas". Todos pensaron que el expediente estaba resuelto. Mera ilusión. El Eurogrupo (ministros de Economía de los países de la Zona Euro) celebró una reunión de urgencia a cuyo término decidió no extender el rescate y remitió para este miércoles su decisión sobre el tercer plan de ayuda financiera propuesto por Tsipras.


Los términos que trascendieron de la última oferta griega son difusos. Se evoca un rescate vigente durante dos años por un monto de 29.000 millones de euros obtenidos mediante el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), y un plan de reestructuración de deuda. Ambas opciones, juntas, parecen imposibles. Primero, porque hace falta el visto bueno del Eurogrupo, lo que está lejos de ser evidente. Luego porque, para que entre en vigencia, el plan debe ser validado por los diferentes Parlamentos nacionales, entre ellos el alemán, la Bundestag. La canciller alemana ya advirtió a los diputados de su partido que Berlín no discutiría sobre ese tema antes del referéndum convocado por Alexis Tsipras para este domingo 5 de julio. Varios dirigentes de la UE continuaron haciendo presión sobre el electorado griego con el argumento según el cual un "no" en el referéndum equivaldría a salir del euro y de Europa. El más aguerrido ha sido el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Si fuera por las escabrosas condiciones morales de su gobierno, de sus bancos y de su partido hace mucho que Rajoy habría sido expulsado de Europa. Pero la moral bancaria es casta e impune. La frase sucia del día la pronunció Alain Juppé, ex primer ministro liberal francés y probable candidato a las presidenciales de 2017. Juppé dijo: "No podemos seguir llenando el barril de las Danaides. Los griegos deben poner orden en sus cuentas". En la mitología, las Danaides son las 50 hijas del rey Dánao condenadas al infierno y a llenar eternamente un barril sin fondo.


La confusión constituye, también, un dato permanente. No todos ven en el posible "sí" del domingo una salida automática de Grecia de la Zona Euro. El intransigente ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, explicó que si el "no" ganaba no se produciría el Grexit (salida de Grecia de la Zona Euro). Lo único masivo, transparente, es que, sea cual fuere la mayoría política de la que son oriundos, socialdemocracia o derecha, todos los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se apretaron baja el paraguas de las posiciones de la derecha.


La apuesta de los europeos sigue siendo la del miedo: atemorizar a los electores griegos con las consecuencias del "no" para promover una mayoría a favor del "sí" y, con ello, sacarse de encima a Alexis Tsipras y a Syriza. La inoperancia europea y la de los organismos internacionales de crédito es pasmosa. En el curso de los últimos 6 años, Grecia atravesó por 8 planes de austeridad, tuvo 4 gobiernos y dos planes de ayuda.


La bomba estalló en 2009 cuando el primer ministro socialista Georges Papandreu descubrió el maquillaje de las cuentas públicas heredado del precedente gobierno conservador. Papandreu se fijó el objetivo de reducir el déficit griego del 12,7 por ciento al 3 por ciento en 2013. En marzo de 2010 encajó un segundo y masivo plan de austeridad de 4,8 mil millones de euros. En mayo del mismo año, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la misma Grecia activaron un plan de rescate de 110 mil millones de euros en un período de tres años. 80 mil millones fueron asumidos por los Estados de la Unión y 30 mil por el FMI. Pocos días después, Atenas votó un nuevo plan de recortes y austeridad por unos 30 mil millones de euros. Un año más tarde, en junio de 2011, interviene otro ajuste por 28,5 mil millones de euros. En septiembre, la medida se repite con nuevos recortes por 7,5 mil millones de euros. En octubre, la UE llegó a un acuerdo con los bancos para borrar una parte de la deuda griega (pasó de 350 mil millones a 100 mil millones). De inmediato, un nuevo plan de crédito se pacta entre Atenas y sus acreedores. En febrero de 2012 llegó otro mega diseño de austeridad por un monto de 350 millones de euros.

Ese mismo mes, un programa internacional otorga a Grecia un rescate por 237 mil millones de euros, más una quita de 107 mil millones de euros de la deuda en manos de los acreedores privados, bancos y fondos de inversión. En noviembre de 2012 el gobierno de Antoni Samarás aplica otro ajuste que llega a los 18 mil millones de euros. El mismo mes, los ministros de Finanzas de la Zona Euro y el FMI deciden un dispositivo destinado a rebajar la deuda en unos 40 mil millones de euros.

Luego, en enero de 2013, antes de la victoria de Alexis Tsipras en las elecciones, el octavo y último plan de austeridad (2,5 mil millones de euros) entró en vigencia. La mayoría del dinero no fue al pueblo sino a pagar a los bancos y los intereses de la deuda (en especial los bancos de Francia, Alemania y Suiza). Como si fuera poco, los griegos fuero tratados de todos los nombres por la prensa y los políticos: vagos, gastadores, sucios, corruptos, irresponsables. Y todo sigue igual. O casi todo. Los sucesivos planes de la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) hicieron caer el PIB griego en un 25 por ciento al tiempo que el desempleo llegó a un pico del 60 por ciento entre los jóvenes. Por ahora, Grecia perdió su derecho a contar con el plan de rescate europeo vigente desde 2012, debe reembolsar 1600 millones de euros al FMI y aún no se sabrá hasta este miércoles qué decidirá el Eurogrupo. Las intenciones de los europeos no pueden ser más claras: provocar la caída de Syriza, precipitar la celebración de nuevas elecciones anticipadas para que de ellas salga una mayoría acorde con los violines de su política. Todos unidos pondremos de rodillas a los rebeldes. Es altamente probable que lo consigan. El cónclave de demócratas más importante de la historia y del mundo se han confabulado para ahogar una democracia en un ejercicio lamentable que es, en suma, la negación misma de la democracia. La Unión Europea está perfeccionando en el Viejo Continente el golpe de Estado bancario más masivo, consensual y perfecto de las sociedades humanas.
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Miércoles, 01 Julio 2015 05:47

Grecia en Europa: cuando los amigos se odian

Grecia en Europa: cuando los amigos se odian

La crisis en Grecia muestra los vicios esenciales de la integración europea bajo el neoliberalismo. Los funcionarios de la troika y del eurogrupo (ministros de finanzas de la zona euro) no tienen idea de la catástrofe que han desencadenado con sus obsesiones y dogmas neoliberales. Aunque no son hombres de ciencia, recuerdan el tremendo Canto CXV de Ezra Pound:


Los científicos están aterrados
Y la mente europea se detiene.


La historia europea está repleta de errores de cálculo y percepciones equivocadas que repetidamente han llevado a cataclismos y guerras. La nueva fase de la crisis en Europa es el más reciente episodio. Hay que responder varias preguntas para descifrar su significado.


¿Cómo se definió la estrategia de negociación de Syriza? Este partido tuvo que formar una coalición para integrar su gobierno y eso ha sido determinante para su estrategia de negociación. Su socio en el gobierno es ANEL, un partido de centro derecha: es desconfiado del gran capital, nacionalista y no es alérgico al gobierno. ANEL está vinculado a las pequeñas y medianas empresas, ha favorecido a los trabajadores en repetidas ocasiones pero no es amigo de soluciones radicales. De manera sistemática se opuso a los paquetes de rescate y sus condiciones. Sin otros apoyos, Syriza no tenía otra opción.


El objetivo de Syriza en las negociaciones fue terminar con la austeridad y reducir de manera significativa una deuda que todo mundo sabe es impagable. Todo esto, y aquí viene lo complicado, sin salirse de la unión monetaria. Para lograr la cuadratura del círculo, Syriza pensó era posible convencer a sus socios europeos de la bondad de introducir cambios importantes en el modelo de integración europea para transitar hacia un proyecto social y humano diferente.


En repetidas ocasiones Tsipras y Varoufakis buscaron rescatar lo mejor de los valores europeos. Pero no se dieron cuenta que su retórica chocaba con una ideología y los dogmas de la disciplina fiscal, la estabilidad de los mercados y la falacia de que los bancos son intermediarios que operan en el mercado de fondos prestables. Ésta es quizás la gran madre de todas las mentiras que la troika quiere seguir disfrazando.


Los negociadores de Syriza subestimaron al enemigo que tenían enfrente: no pudieron comprender que no está interesado en hacer un análisis certero sobre la crisis y la austeridad. Esperaron demasiado y sin elaborar un plan paralelo: el referendo sobre el ultimátum de la troika debió haberse convocado hace por lo menos un mes, cuando Tsipras y Varoufakis sabían que no habría otra salida. Para ese entonces el panorama era muy claro: la troika no claudicaría en sus condiciones. ¿Por qué esperar hasta el final?


No existe un mecanismo legal para expulsar a Grecia de la esfera del euro. Ni la moratoria, ni una respuesta negativa en el referendo son sinónimos de una salida del euro. Y aunque se piensa que la falta de liquidez y el colapso del sector bancario llevará a Grecia en esa dirección, quizás todavía el gobierno en Atenas tiene algunos recursos de los que se habla muy poco.
Todo mundo ha olvidado que el banco central de Grecia (BCG) tiene la capacidad de imprimir euros, tanto en el sentido clásico de la palabra (billetes físicos) como en el sentido moderno, con inscripciones de saldos electrónicos al amparo del ELA, sistema de apoyo de liquidez en caso de emergencia. El BCG es parte del sistema de bancos centrales europeos en los cuales se ha delegado la facultad de imprimir euros. Claro, todo esto se hace hoy en día bajo las instrucciones del Banco Central Europeo (BCE), pero si el gobierno decide tomar el control del BCG e imprimir euros en Atenas, sería muy difícil distinguir entre esos nuevos euros y los anteriores.


Sería todavía más difícil diferenciar entre euros creados electrónicamente. Pero el propio BCE cerró el apoyo del ELA a los bancos griegos hace tres días. Entre obedecer a los empleados de Mario Draghi y apuntalar un sistema bancario que está derrumbándose, ¿qué hará el gobierno de Syriza? Quizás Atenas no tendrá otra alternativa que proveer a los bancos de herramientas para mantener vivo el sistema de pagos interbancario. Claro que en el caso de una corrida generalizada sobre los bancos, sería vital contar con dinero en efectivo, lo que conduce a considerar seriamente la opción de imprimir (físicamente) euros mientras se prepara la transición. Todo lo anterior sirve para ilustrar el dramatismo y el sentido de urgencia que recorre Grecia y las opciones que están siendo consideradas en este momento en Atenas.


Los negociadores de la troika no pueden aquilatar las consecuencias que el descalabro en Grecia acarrea. Si el país helénico llega a salir del euro la supuesta sacrosanta integridad de la unión monetaria habrá sido vulnerada y con ella, la credibilidad de las instituciones. Los tecnócratas europeos han subestimado el daño que el mal trato a Grecia acarrea para toda Europa.
Quizás el mismo Canto CXV de Pound nos da la pauta para reflexionar:


Cuando los amigos se odian
¿cómo puede haber paz en el mundo?


Twitter: @anadaloficial

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Martes, 30 Junio 2015 06:43

Grecia, al borde

Es evidente, desde hace tiempo, que la creación del euro fue un terrible error. Europa nunca tuvo las condiciones previas para una moneda única de éxito, por encima de todo, el tipo de unión fiscal y bancaria que, por ejemplo, asegura que cuando la burbuja inmobiliaria estalla en Florida, Washington protege automáticamente a la tercera edad de cualquier amenaza sobre su atención sanitaria o sobre sus depósitos bancarios.

Abandonar una unión monetaria es, sin embargo, una decisión mucho más difícil y más aterradora que nunca; hasta ahora las economías con más problemas del Continente han dado un paso atrás cuando se encontraban al borde del abismo. Una y otra vez, los Gobiernos se han sometido a las exigencias de dura austeridad de los acreedores, mientras que el Banco Central Europeo ha logrado contener el pánico en los mercados.


Pero la situación en Grecia ha alcanzado lo que parece ser un punto de no retorno. Los bancos están cerrados temporalmente y el Gobierno ha impuesto controles de capital (límites al movimiento de fondos al extranjero). Parece altamente probable que el Ejecutivo pronto tendrá que empezar a pagar las pensiones y los salarios en papel, lo que, en la práctica, crearía una moneda paralela. Y la semana que viene el país va a celebrar un referéndum sobre la conveniencia de aceptar las exigencias de la troika —las instituciones que representan los intereses de los acreedores— de redoblar, aún más, la austeridad.


Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.


Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.


¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.


Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.


¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.


Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años.


Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.


Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.


Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.


Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.


Por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008.

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Martes, 30 Junio 2015 06:30

El terrorismo financiero contra Grecia

El terrorismo financiero contra Grecia

Estamos hoy viendo un ataque frontal del capital financiero, hegemonizado por el alemán, y vehiculado primordialmente a través del Banco Central Europeo (BCE), en contra del pueblo griego, ataque que intenta evitar cualquier atisbo de rebelión frente a las políticas de austeridad que están destruyendo el bienestar de las clases populares de todos los países de la Eurozona y muy en particular de Grecia, cuyo gobierno Syriza ha sido el primero en decir "BASTA YA" frente a lo que no hay otra manera de llamarlo como terrorismo financiero (ver el libro escrito por mi y el Profesor Juan Torres, titulado Los amos del mundo, las armas del terrorismo financiero). Es en estos momentos cuando hay que entender el contexto político e histórico de lo que está ocurriendo, comenzando por las semejanzas existentes entre lo acontecido en Grecia ahora con lo que sucedió en España en el año 1936.

España 1936, Grecia 2015


Existen momentos en la historia de Europa en los que la lucha por la justicia social y por la democracia en un país es también la lucha por la justicia y por la democracia para todos los países del continente europeo. La lucha, mal llamada Guerra Civil en España (entre 1936 y 1939), fue un ejemplo de ello. En el territorio español, un golpe militar en nombre de las minorías que controlaban el país, tuvo lugar el 18 de julio del año 1936, con el apoyo de las tropas nazis alemanas y fascistas italianas, frente a la gran mayoría de las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España, que resistieron tal golpe heroicamente durante más de tres años, con escasa ayuda militar de los países gobernados por partidos que se autodefinieron como demócratas, mostrando una gran traición a los principios democráticos que decían sostener.


La derrota de las fuerzas democráticas españolas significó también la derrota de la democracia en la Europa Occidental con la victoria del nazismo y del fascismo en muchos países de aquella Europa, iniciándose la II Guerra Mundial. Y en España, aquella victoria significó el inicio de un régimen dictatorial que se caracterizó por su enorme brutalidad (por cada asesinato político que cometió Mussolini, el dictador Franco cometió 10.000, según el mayor experto en el fascismo europeo, el profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York) y que impuso un enorme retraso económico, político, social y cultural en España. En 1936, España e Italia tenían semejante nivel de desarrollo económico. En 1978, fecha en la que terminó aquel horrible régimen dictatorial, el PIB per cápita español era solo el 62% del italiano. Este fue el coste económico de tal régimen.


¿Qué está pasando en Grecia?


Salvando las diferencias que existen en cada hecho histórico, lo cierto es que en Grecia hemos estado viendo una situación semejante, en que la lucha por la justicia social y por la democracia en aquel país es la lucha por la justicia social y por la democracia en todos los países de la Europa Occidental. La pervivencia de la justicia social y de la democracia en los países de la Unión Europea se está jugando hoy en aquel país. Su derrota limitará enormemente, hasta anularlas, tanto la una como la otra, completando un proceso que se inició hace años con la construcción de un sistema de gobierno de la Eurozona, dominado por el capital financiero (hegemonizado por el alemán), que, en una coalición de las minorías gobernantes en cada país, han estado agrediendo al pueblo griego, destruyendo el 25% de su riqueza nacional o PIB, con el desmantelamiento de su ya escaso Estado del Bienestar, saqueándolo, robándole sus propiedades y atacando a sus clases populares, y muy en particular a su clase trabajadora, asalto que se ha estado realizando en colaboración con las élites corruptas y antidemocráticas que han gobernado Grecia durante muchísimos años. Este ataque (y no hay otra manera de definirlo) se ha llevado a cabo en alianza con las minorías que representan a las clases dominantes de los países miembros de la Unión Europea, siendo un aliado importante en esta lucha de clases que está teniendo lugar a nivel continental, las élites corruptas gobernantes del Estado español, herederas de las que dominaron la dictadura fascista en España.


La rama política de este capital financiero –los partidos conservadores y liberales, con la inestimable ayuda de los partidos socioliberales- (que todavía tienen la osadía de autotitularse socialdemócratas, tras haber abandonado cualquier atisbo de parecerse a tal tradición política), han establecido una dictadura en la Unión Europea que ha estado imponiendo políticas sumamente impopulares que carecían de mandato popular (pues no estaban en sus programas electorales), alcanzando su máximo desarrollo en Grecia. Hoy, la riqueza destruida en aquel país, todavía pobre en Europa, es mayor que la riqueza destruida en Francia y en Alemania durante la I Guerra Mundial. Sus pensiones y sus servicios públicos del Estado del Bienestar están siendo diezmados, y los convenios colectivos que defienden al mundo del trabajo están siendo enormemente debilitados, todo ello como consecuencia de las políticas neoliberales impuestas por el establishment neoliberal europeo que controla el gobierno de la Unión Europea y de la Eurozona, con la asistencia del Fondo Monetario Internacional. Es un ejemplo más del terrorismo financiero que es tan dañino como el terrorismo militar, y que es mucho más extenso.


El objetivo político del establishment europeo es destruir cualquier rebelión frente a esta d¡ctadura financiera


Lo que está ocurriendo hoy es el intento de destruir a Syriza, el primer gobierno que, representando los intereses de las clases populares, ha intentado parar tanta barbarie, rebelándose frente a las políticas públicas de austeridad, tal como le mandó el pueblo griego. Como he indicado en artículos anteriores, lo que la dictadura financiera quiere es no expulsar a Grecia del euro, sino expulsar a Syriza del gobierno. Y cuenta para ello con la clase política griega, corrupta hasta la médula, que controla la gran mayoría de los medios de información y persuasión de aquel país, como también ocurre en España.


Grecia ha sido la mayor víctima de este sistema terrorista que se está aplicando en la Eurozona, causando el mayor desastre social que se conoce en la Europa Occidental desde 1945. De ahí la urgencia y necesidad de ayudar a las fuerzas democráticas griegas, saliendo a la calle, enfrente de las delegaciones de la UE en España, para mostrar el rechazo hacia este terrorismo. La Europa que era el sueño de la resistencia antifascista durante los años de clandestinidad es ahora, una pesadilla, como consecuencia del deterioro tan marcado de la democracia y de la solidaridad, resultado de aquel terrorismo financiero que domina hoy este continente.


¿Qué está pasando en estos momentos?


Como era de esperar, la mayoría de los medios de gran difusión en España, altamente financiados por el capital financiero, han responsabilizado de lo que está ocurriendo nada menos que a la víctima de tal terrorismo. Frente a tanta mentira, es importante señalar:


1. La enorme necesidad y urgencia de responder a tanta falsedad, denunciando a los medios por falsificar la realidad, tanto de lo que ha estado ocurriendo como de lo que ha pasado estos días.


2. Que el Banco Central Europeo (BCE), que ya mostró su hostilidad hacia el gobierno Syriza solo dos días después de ser elegido, ha amenazado con destruir el sistema bancario griego cerrando toda transferencia a sus entidades bancarias.


3. Que las exigencias de las Instituciones Europeas (formado por, además de lo que se había llamado la Troika –el BCE, la Comisión Europea y el FMI-, el Eurogrupo), que incluyen el pago de la deuda, son un ataque frontal a la supervivencia de Grecia, pues es imposible que se pague tal deuda y a la vez reactivar la economía griega. Tales demandas han llegado a niveles escandalosos, como exigir que haya una reducción de las pensiones públicas que signifique un recorte equivalente a un 1% del PIB, a la vez que las mismas instituciones se oponen a la demanda de Syriza de aumentar los impuestos a las clases más pudientes, vetando también un gravamen a los grandes yates de tales clases.


4. Que la aplicación de las políticas de austeridad ha causado un auténtico desastre social y económico, generando a la vez un aumento y no una disminución de la deuda pública, de la cual solo se han beneficiado los bancos extranjeros, y muy en particular los alemanes y franceses, pero también los españoles.


5. Que cuando estos bancos estuvieron en riesgo de perder sus enormes beneficios generados por los intereses que Grecia estaba forzada a pagar, y que no podría pagar, fueron los gobiernos de la Eurozona los que les rescataron, bajo la falsa excusa de que intentaban ayudar a Grecia.


6. Que han sido las instituciones del establishment europeo, que desde el primer día del gobierno Syriza mostraron una enorme rigidez, las que han ignorado las demandas de este gobierno, que no eran ni más ni menos las que se habían permitido al Estado alemán cuando su deuda le estaba ahogando. En estas condiciones se hizo una quita de un 50% de la deuda pública alemana y se condicionó el pago del resto de la deuda al crecimiento de la economía alemana. Las instituciones del establishment europeo sistemáticamente se opusieron, e incluso se negaron, a considerar esta alternativa que había señalado el gobierno Syriza.


7. Que el BCE, en alianza con la clase corrupta dominante en Grecia, que controla la mayoría de los medios de información, está intentando que estos días, antes del referéndum del próximo fin de semana, haya un caos en la situación financiera griega, a fin de movilizar la oposición al gobierno Syriza en el referéndum, con la intención de conseguir lo que siempre desearon, echar a Syriza del gobierno.


8. Que la derrota de Syriza será una derrota de la lucha contra la austeridad en la Eurozona. Syriza no tenía ninguna otra alternativa a hacer lo que ha hecho, pedir la opinión del electorado griego, pues Syriza fue escogido para terminar con las políticas de austeridad. Si las instituciones europeas no le dejan hacer lo que prometió es una muestra más de su compromiso y coherencia democráticos el que Syriza considere necesario pedirle al pueblo griego que decida si acepta los cambios sugeridos por el establishment europeo o si desea que el gobierno desobedezca tales propuestas.


9. Que todo lo que está pasando en Grecia afecta directamente a las clases populares de todos los pueblos y naciones de España. De ahí que el gobierno Rajoy haya sido el mayor aliado en el Eurogrupo, del Ministro de finanzas alemán -el halcón del Eurogrupo-, pues dicho gobierno español ha sido de los que han llevado a cabo tales políticas de austeridad con mayor dureza, presentándose como el modelo a seguir en la Eurozona. El tsunami político ocurrido en este país en las últimas elecciones municipales ha asustado a ese establishment neoliberal que gobierna la Eurozona, contribuyendo a aumentar su rigidez negociadora, pues quieren, por todos los medios, que Syriza fracase. Intentan así asustar a la población española, cada vez más asqueada con las políticas neoliberales promovidas por el establishment español (y aquí en Cataluña, por el establishment catalán) y sus medios de información y persuasión. El miedo es, una vez más, la estrategia seguida por la estructura de poder ante el número creciente de ciudadanos que quieren tomar el control de su presente y futuro. De ahí el enorme temor de que la ciudadanía sea consciente de que se pueden cambiar las realidades que le oprimen si se organiza para ello. Y esto es lo que el establishment neoliberal europeo no puede permitir. Así de claro

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