El desastre de Puerto Rico. La alternativa

 A mediados del siglo XX, el gobierno de Washington exhibía a Puerto Rico como "la Vitrina del Caribe", el modelo soñado para los países mesoamericanos y unos decenios después igualmente lo hicieron los predicadores neoliberales y los apologistas de los TLC. Sin embargo, hace ya un par de décadas la economía de la isla se congeló y desde hace 10 años constituye una catástrofe cuyas crecientes calamidades atormentan el empleo, la alimentación, la seguridad social, la salud, la criminalidad y la estructura demográfica de la población. Ahora una deuda pública impagable dio pie a que The Economist califique a la isla como "la Grecia del Caribe" y más de la mitad de los puertorriqueños señala que la principal causa del desastre es el estatus político que aquellos pregoneros encomiaban: el Estado Libre Asociado.

 

Por una sentencia que la Corte Suprema estadunidense dictó en 1901 (tres años después de que la armada de su país le quitara esa posesión a España), Puerto Rico "pertenece a" pero "no es parte de" Estados Unidos, y su soberanía corresponde al Congreso norteamericano. En otras palabras, no es un Estado de la Unión sino un "territorio" o, como eso se llama en el resto del mundo, una colonia. Aunque en 1952 Washington le concedió a la isla un estatus que les permite a sus pobladores elegir gobierno local, ellos carecen de soberanía y, por consiguiente, no pueden decidir su propia política económica ni aspirar a auxilios del Banco Mundial, el BID, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) ni otras agencias multilaterales. Porque Puerto Rico no puede siquiera decidir qué barcos autoriza a atracar en sus muelles.

 

Durante más de medio siglo, la isla tuvo interés geoestratégico y albergó bases de la armada estadunidense. Aunque la ocupación norteamericana implantó un modelo de urbanización y de economía que arrasaron la agricultura que antes la sostuvo, el valor militar de su ubicación geográfica justificaba los subsidios que eso costaba. Pero desde los años 80 del siglo pasado ese valor decayó, mientras la resistencia puertorriqueña a las bases militares crecía, y desde hace más de 10 años en Puerto Rico ya no queda ninguna de ellas.

 

No obstante, el gasto en subsidios prosigue. Dado que el control norteamericano quebró la economía puertorriqueña y la hizo insostenible, ahora el Tesoro federal estadunidense eroga más de US$ 6,000 millones anuales en asistencia a sus pobladores en empleo, nutrición, vivienda, salud y educación. Según el Departamento de Agricultura de EEUU, en 2012 el 37% de los puertorriqueños residentes en la isla recibió asistencia alimentaria, por un total de US$ 2,000 millones. Sin contar que, por efecto del estatus colonial, ellos pueden emigrar libremente a Estados Unidos, lo que disfraza las cifras tanto de los subsidios federales como de las víctimas de la crisis que azota a Puerto Rico.

 

La crisis se acelera

 

¿Por qué en el último decenio esa crisis se agravó con tanta rapidez? A mediados del siglo pasado la ocupación estadunidense implantó el estilo de urbanización típico de las afueras de las ciudades norteamericanas, y dirigió la economía puertorriqueña, mediante subsidios, hacia la industria ligera, la química, la electrónica y los servicios, con ruinosas consecuencias para la agricultura y sus derivados. Pero en los años 70 la crisis petrolera mundial hizo fracasar la refinería construida en la isla y los negocios asociados a ella. Washington apeló entonces a legislar incentivos fiscales que atrajeran industrias farmacéuticas a Puerto Rico.

 

Sin embargo, desde los años 90 Estados Unidos procuró tratados de libre comercio con países del continente, y al cabo México, República Dominicana y Centroamérica pasaron a ser más atractivos para fabricar manufacturas destinadas al mercado norteamericano. Para colmo, en 2006 concluyeron los incentivos para mantener compañías farmacéuticas en la isla y un creciente número de ellas abandonó el país, disparando una mayor crisis del empleo. La cesantía rápidamente sobrepasó el 13%, más del doble que en Estados Unidos.

 

Por ese tipo de motivos miles de centroamericanos y mexicanos intentan cada año migrar al Norte, y Estados Unidos se los obstaculiza por medio de los cuerpos de seguridad de sus propios países y de la "migra" norteamericana, y deporta a gran parte de quienes logran cruzar. Si bien entre los puertorriqueños la crisis provoca la misma tendencia, ellos arriban con pasaporte estadunidense y las autoridades de la potencia colonial no tienen más remedio que dejarlos entrar. Por esa vía, en los últimos años Puerto Rico perdió 144,000 habitantes, una caída cercana al 3% de su gente. El 40% de las familias que sigue en la isla está bajo la línea de la pobreza y el 42% de quienes se van lo hacen en busca de empleo.

 

Esto no implica que esos migrantes consiguen mejor vida. La mayor parte ‑‑que ahora va más a la Florida central que a la saturada Nueva York‑‑ pasa a sobrevivir con dramáticas carencias. Entre dificultades para superar la barrera del idioma y los prejuicios raciales, se hacinan en albergues temporales y demoran en retener empleos marginales, en un país agobiado por su propia crisis.

 

Dicha sangría incluye tanto a profesionales y técnicos como a trabajadores no calificados; hace envejecer la edad promedio de la población isleña, reduce la población productiva y agrega daños adicionales a la economía. Al disminuir la población activa, contrae la demanda, achica la oferta trabajo y los salarios, y al cabo más gente se va. Ahora en la isla quedan 3.7 millones de habitantes y en Estados Unidos hay 4.7 millones de puertorriqueños. Se calcula que entre 2006 y 2011 una cuarta parte del PIB se perdió en este éxodo.

 

En el corto plazo, uno de sus efectos es la crisis fiscal y presupuestaria que ya quiebra al gobierno isleño y amenaza la gobernabilidad del país. A cuenta de las facilidades que antes el estatus de "territorio" le permitió a los gobiernos locales, estos se endeudaron mucho más de lo admisible. Y ahora, bajo la presión de los acreedores, al no ser un país independiente Puerto Rico carece de los medios que una nación soberana usaría para enfrentar el problema. Y al tampoco ser un Estado de la Unión, está impedida de solicitar las ayudas que la legislación norteamericana prevé para las entidades que sí forman parte de su federación.

 

Según el Centro para una Nueva Economía (CNE), entidad independiente puertorriqueña, en 2013 la deuda del país ya ascendía a US$ 70,000 millones (unos US$ 19,000 por habitante), lo que representa un 102% del PIB y no se corresponde con lo que la isla produce. En otras palabras, Puerto Rico es estructuralmente insolvente. Su debacle presupuestaria viene de que por más de 20 años nunca generó ingresos suficientes para pagar sus gastos de operación, y en su lugar tomaba préstamos del mercado de bonos, donde multiplicó su endeudamiento hasta llegar al punto donde ya carece de crédito.

 

Amargo fruto de esta acumulación, en febrero pasado la calificadora Standard and Poor's degradó la deuda de Puerto Rico hasta la categoría de bonos basura, decisión que días después fue seguida por su homóloga Moody's. En ambos casos, señalando las dificultades de ese país para financiar un déficit de US$ 2,200 millones, y que todas sus obligaciones están en riesgo.

 

Hoy el gobierno local declara que su deuda es impagable, padece una insuficiencia fiscal que monta US$ 2,400 millones y, a la vez, está impedido de recurrir a nuevos préstamos en términos "normales", puesto que no tiene cómo amortizar una deuda de casi US$ 73,000 millones con los bonistas de Wall Street. Ello, sin contar que esa insuficiencia no incluye los US$ 400 millones que faltan en cuentas atrasadas del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), ni los US$ 500 millones que el gobierno adeuda a los contribuyentes que han tributado en exceso.

 

Cuando en marzo pasado el gobierno local intentaba armar su presupuesto de ingresos y gastos para el año 2015‑16 ya había un déficit estructural de US$ 651 millones. Como el nuevo presupuesto costará unos US$ 9,800 millones, concretarlo va a imponer dolorosos recortes.

 

En Puerto Rico varios servicios son prestados por empresas estatales y el gobierno intenta armar un presupuesto que minimice el despido de empleados públicos. Pero no es capaz de idear una reforma tributaria aceptable y su única propuesta ha sido aumentar el Impuesto sobre Ventas y Uso (IVU), que buscó elevar del 7 al 16% y extenderlo a servicios que antes no tributaban, opción electoralmente peligrosa que no logró el apoyo ni de los legisladores del partido gobernante. Al cabo transó por un 11.5%, anunciando que buscará añadir un Impuesto al Valor Agregado (IVA), que el Congreso ya antes ha rechazado.

 

La senadora independentista María de Lourdes Santiago denunció que el incremento del IVU es un golpe adicional a los trabajadores y a los pobres, en "uno de los países que exhibe una de las mayores brechas de desigualdad en el planeta". Pero, lejos de ocuparse de mitigarla, el gobierno agota sus pocas facultades buscando "cuadrar" las cuentas entre ingresos fiscales y gastos corrientes, sin siquiera imaginar por sí mismo otra política económica.

 

Sitiados por el estatus

 

Ello agrava un conjunto de consecuencias socioeconómicas y humanitarias. Puerto Rico continúa perdiendo seguridad alimentaria y se encamina a una crisis de la atención sanitaria. Luego de que desde los años 50 relegó la agricultura, importa el 87% de los alimentos de consumo diario. Un reportaje del periódico El Nuevo Día el 24 de septiembre de 2014 informó que el déficit de la seguridad alimentaria se debe a que "no estamos organizados como país", y que "si nos cierran los muelles, nos morimos de hambre". Esto alude a que, desde 1920, el Congreso norteamericano sometió a la isla a las leyes de cabotaje de Estados Unidos, por lo cual ella solo puede utilizar buques de fabricación, propiedad y tripulación norteamericanas, la flota más cara del mundo. Además de las restricciones que eso le impone a la viabilidad de su economía, le impide a la isla adquirir alimentos frescos.

 

Al propio tiempo, según el mismo diario relató el 20 de mayo de 2015, la situación fiscal hace disminuir el número de pacientes que acuden a los hospitales, por la reducción de los proveedores de servicios e insumos médicos. Se paralizan las cirugías electivas por los problemas económicos del Plan de Salud del Gobierno. Distintos servicios hospitalarios se interrumpen por el despido de empleados y la sobrecarga de los que quedan para atender a los pacientes. Y se reduce la contratación de especialistas, así como las autorizaciones de hospitalización y de cirugías.

 

Como el ex gobernador Aníbal Acevedo lo reflejó en unas amargas declaraciones el pasado 24 de junio, mientras Puerto Rico le produjo azúcar y soldados, y mientras ofrecía sus tierras para entrenamiento militar y una economía abierta donde sus empresas prosperaron, Estados Unidos le dijo al mundo que trabajaba junto a la isla; pero ahora que Puerto Rico ha quedado en una profunda crisis que amenaza sus servicios esenciales, Washington se pone a distancia.

 

Todo eso descarta al viejo cliché de la ideología colonialista según la cual "si no fuera por los americanos aquí estaríamos como en Santo Domingo". De hecho, pese a sus conocidas dificultades, hoy la economía dominicana anda mejor que la puertorriqueña.

 

En otras palabras, el gobierno de Puerto Rico está atrapado sin salida, en tanto tiene las manos atadas por el mismo problema que paraliza y agobia a las demás instancias de la economía y la sociedad del país: el dominio colonial que Washington ejerce en la isla desde 1898. Aunque el Estado Libre Asociado ‑‑el ELA‑‑ le permite una limitada administración interna, el gobierno puertorriqueño no está autorizado ni para declararse en bancarrota.

 

Sin capacidad para concebir otra cosa, el gobierno contrató a una ex jefa de economistas del Banco Mundial, Anne Krugger, para que establezca la hoja de ruta que saque al país del atascadero. El informe Krugger empezó por reconocer que el problema no viene del flujo de efectivo sino del largo atasco del crecimiento, pero de allí derivó el conocido paquete neoliberal de recomendaciones, que enseguida despertó el rechazo de sus víctimas. Entre otras cosas demandó rebajar el salario mínimo, exigir más horas de labor para pagar horas extras, eliminar el Bono de Navidad, disminuir a la mitad las vacaciones pagadas, alargar el período de prueba de nuevos trabajadores (hasta ahora de seis meses) a dos años, facilitar el despido de trabajadores sin consecuencias para el patrono, elevar diversos impuestos, eliminar las amnistías contributivas, cesar parte de los maestros de la enseñanza pública y reducir el salario de los restantes (ya que al disminuir la población bajó la matricula), recortarle el subsidio a la Universidad de Puerto Rico, etc.

 

Inmediatamente la Unión General de Trabajadores (UGT) denunció que tales políticas no figuran en el plan de gobierno por el que se votó en las pasadas elecciones, ni en el plan de ningún otro partido, y reclamó que las medidas que el grupo de trabajo designado por el gobierno decida adoptar se sometan a referendo, para que el pueblo decida si las avala o repudia. Con lo cual crece una perspectiva similar a la de Grecia, ya no por el volumen de la deuda sino por el rechazo de la población a los nuevos sacrificios que el gobierno pretenda imponerle para apaciguar a los acreedores.

 

Por lo contrario ¿qqué alternativas pudieran implementarse si Puerto Rico no estuviera sometida al estatus colonial, para poder volverse una economía sostenible y con adecuadas perspectivas de crecimiento y desarrollo? De hecho, la isla dispone de buenas infraestructuras ‑‑carreteras, tendido eléctrico y de comunicaciones, acueductos y drenajes, instalaciones escolares y hospitalarias, puerto y aeropuerto‑‑, pero carece de permiso para gestionarlas en su propio interés. Como hemos dicho, para financiar un mejor aprovechamiento de esas facilidades, bajo esa camisa de fuerza el país no puede negociar apoyos de la banca multilateral de desarrollo, como las demás naciones latinoamericanas y caribeñas.

 

Tampoco puede solicitar la colaboración de los organismos internacionales apropiados para reanimar la actividad agropecuaria y agroindustrial, y mejorar la producción alimentaria, o para reanimar la industria ligera y el turismo, como la FAO, el PNUD, la ONUDI y la OMT. Ni de los organismos regionales de integración y cooperación, ya que en las condiciones de ese estatus Puerto Rico no pude ser miembro pleno ni asociado del Caricom, de la Asociación de Estados del Caribe, ni de Petrocaribe, como sus vecinas Jamaica y República Dominicana. Como tampoco serlo de la Celac y ni aun de la OEA.

 

Pese a estar en medio del Caribe la isla no ha podido desarrollarse como centro de enlaces y servicios marítimos regionales, al encontrarse reducida a ser cliente menor de la marina norteamericana de cabotaje.

 

Sitiada por el ELA, tampoco puede reorganizar en su propio interés sus relaciones económicas, comerciales y financieras con Estados Unidos a través de la negociación de un tratado comercial, como los países centroamericanos y la mayor parte de los estados ribereños de la cuenca del Caribe. Ni decidir su esquema de relaciones con los países europeos o del Pacífico asiático.

 

En resumen, Puerto Rico es una nación aislada e inmovilizada por su estatus territorial, que la mantiene al margen tanto de los flujos de la cooperación y la solidaridad regionales como de la competitividad global.

 

* Texto completo en http://www.alainet.org/es/articulo/171044

 

- Nils Castro es escritor y catedrático panameño.

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Tsipras: "Luchamos hasta el final por un acuerdo que permitirá al país recuperarse"

Tras conocerse el acuerdo entre Grecia y los líderes de la Eurozona, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, afirmó este lunes que su Gobierno dio una "batalla dura" durante seis meses y "luchó hasta el final para un acuerdo que permitirá al país recuperarse".

"Afrontamos dilemas difíciles y tuvimos que hacer concesiones difíciles para evitar la aplicación de los planes de algunos círculos ultraconservadores europeos", dijo Tsipras al término de la cumbre de la eurozona en la que se acordó iniciar negociaciones para un tercer rescate.


Tsipras defendió el acuerdo y aseguró que permitirá salvaguardar la "estabilidad financiera". Manifestó su esperanza de que algunas de las medidas pactadas, como el paquete de inversiones, la renegociación de la deuda, o el punto final al debate sobre la salida del euro, ayuden a calmar a los inversores y a contrarrestar las medidas recesivas que incluye el programa.

"Creo que el pueblo reconoce el combate difícil que hemos tenido y que en esta ocasión el peso de las medidas será mejor repartido entre la sociedad", añadió el líder griego a su salida de la cumbre de líderes de la eurozona que duró 17 horas.
Conseguimos ganar la reestructuración de la deuda y una financiación segura a medio plazo", subrayó, en alusión a la mención a una posible mejora de las condiciones de pago que incluye el programa y al desembolso de entre 82.000 y 86.000 que incluirá el rescate.

Pese a todas las concesiones que ha tenido que hacer el Gobierno izquierdista respecto a sus aspiraciones iniciales y haberse comprometido a aceptar nuevamente una tutela de las instituciones (Comisión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional), Tsipras prometió que "seguiremos luchando para restablecer la soberanía nacional".

Ahora "hay que luchar contra la oligarquía que llevó el país hasta aquí", concluyó.


Hollande: "La soberanía griega se ha preservado"


Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que el acuerdo entre los líderes de la zona euro tiene más ventajas que inconvenientes y que las exigencias a Atenas van en línea con lo pedido a España o Portugal a cambio de sus programas de ayuda.

"Puedo recomendar iniciar estas negociaciones (para un tercer rescate a Grecia) con toda consciencia porque las ventajas compensan con mucho los inconvenientes", señaló la canciller al término de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de los países del euro.


"Está en línea con los programas que hemos acordado con otros países. Enda Keny, Passos Coelho y Mariano Rajoy han hablado mucho de sus programas y de que éste no era nada especial, con excepción de las cantidades que implica", añadió.

François Hollande, el presidente francés, se mostró más generoso con Tsipras. Dijo a los periodistas que con el acuerdo unánime entre Grecia y las instituciones "la soberanía griega se ha preservado" y calificó al primer ministro griego, Alexis Tsipras, de "valiente" por alcanzar el entendimiento con sus acreedores.

Hollande apuntó que Francia ha sabido pensar en Europa y destacó que "si la eurozona solo hubiera escuchado una voz (la del bloque más duro con Atenas y liderado por Berlín), igual habría acabado con la salida de Grecia del euro".

Finalmente, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, considera que el acuerdo alcanzado representa "un buen paso" para restaurar la confianza, aunque serán necesarios más con la implementación de las medidas acordadas.

"Ha sido una noche laboriosa", reconocía Lagarde a su salida de la reunión en Bruselas. "Creo que es un buen paso para reconstruir la confianza", destacó Lagarde.


Los principales líderes de la UE explican los detalles del pacto para un tercer rescate


ACUERDO CON GRECIA


Claudi Pérez / Lucía Abellán Bruselas 13 JUL 2015 - 12:21 CEST

"Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit". El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.


Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.


El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando "la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas" como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas "en áreas relevantes" y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas "a la crisis humanitaria" que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.


Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. "Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche", ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.


A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. "En ningún caso habrá quitas", ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.


La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia "ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas". "Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo". Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.


Adiós al Grexit


"Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación", ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. "La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos", ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. "Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo", ha considerado Juncker.


Don DeLillo define la política como "un asunto de hombres reunidos en cuartos". Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.


Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.


A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.


Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.


Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

 

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Domingo, 12 Julio 2015 06:18

El enigma griego

El enigma griego

No les bastó con la feroz intimidación bancaria y la estrangulación económica a la que sometieron a Grecia luego de que Alexis Tsipras anunciara el referendo. Le harán pagar hasta la última gota la opción por el No.

Cero. El número del todo y de la nada preside la cumbre de los 28 jefes de Estado y de gobierno que este domingo se reúne en Bruselas para dar el toque final al hipotético pacto entre Grecia y sus acreedores, o constatar el fracaso. Las dificultades no se han superado. Hasta último momento y pese a la "victoria póstuma" (Maria Malagardis, diario Libération) que la Unión Europea se adjudicó por encima del No expresado por los electores griegos en el referendo de domingo 5 de julio, los miembros del Eurogrupo, reunidos el sábado, sometieron a Atenas a una centrifugadora. La violencia económica y el chantaje fueron las armas de los ministros de Economía de la Zona Euro para arrinconar al Ejecutivo griego y sacarle más concesiones que las que ya obtuvieron con la aceptación, por parte del primer ministro Alexis Tsipras, de la agenda de reformas y ajustes exigida por sus acreedores. El FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea (la troika) habían juzgado que los compromisos de Atenas constituían "una base positiva" de cara a la negociación.


Sin embargo, ahora exigen más y hasta ponen en tela de juicio la seriedad del equipo griego. El gran mosquetero de la alianza euroliberal, el presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas de Holanda, Jeroen Dijsselbloem, dijo que las reformas presentadas por Atenas "no son suficientes". La Zona Euro se cerró en bloque e impugna la "credibilidad muy baja" (Luis de Guindos, ministro español de Finanzas) y la "confianza" que se puede tener en el gobierno griego. Según Jeroen Dijsselbloem, "hay que saber si podemos contar con que este gobierno aplique aquello a lo cual se comprometió". Alemania también marcó los límites. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, aseguró que era "extremadamente difícil" concluir un acuerdo con Grecia.


Ya no se trata más de que el equipo de Syriza acepte un ajuste en contra de la voluntad popular, sino de un tema de confianza y de que se "adopten medidas adicionales". La troika argumenta en este momento que el plan de Tsipras es insuficiente (13 mil millones de euros de ahorro) porque no toma en cuenta la degradación bancaria del país como consecuencia del corralito. Pero pide aún más: no está satisfecha con el proyecto de despidos masivos. El Eurogrupo se desgarró, con, a la cabeza del No a Grecia, Alemania seguida por Bélgica, Eslovenia, Finlandia y Eslovaquia. El quinteto se niega a aprobar una extensión del plan de ayuda y aduce que no es posible confiar en un dirigente, Alexis Tsipras, que convocó un referendo sobre las condiciones de los acreedores e hizo campaña por el No. Sólo Francia mantiene su postura a favor de Grecia. En un apasionante y preciso artículo publicado en su blog, el renunciante ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, saca una conclusión sobre los reiterados rechazos alemanes: "Mi convicción es que el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, quiere que Grecia sea apartada de la moneda única para asustar a los franceses y hacerles aceptar su modelo de una Zona Euro disciplinada".


No les bastó con la feroz intimidación bancaria y la estrangulación económica a la que sometieron a Grecia luego de que Alexis Tsipras anunciara el referendo. Le harán pagar hasta la última gota esa opción que no sólo transfirió a la Nación una decisión de política económica sino que, por encima de todo, dejó de manifiesto el carácter lobbysta e inhumano, la indiferencia ante las decisiones tomadas por la mayoría de un pueblo y la indolencia democrática de la Unión Europea. Sólo Francia parecía mantener una línea de diálogo sin hachas de guerra con los representantes griegos. París, por otra parte, organizó una dosificada fuga de información para demostrar que, de una u otra manera, fue Francia quien ayudó a Tsipras a redactar los últimos detalles de su propuesta y a que no se rompa el diálogo. Un consejero ministerial citado (anónimamente) por el vespertino Le Monde dice: "Son los griegos quienes tienen la lapicera, pero se sirven de nosotros como un sparring-partner".

Otra fuente citada por el vespertino declara: "La idea no consiste en decirle a los griegos lo que deben hacer, sino darles consejos para que sus propuestas de reformas sean aceptables por el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea". El presidente francés, François Hollande, jugó así en dos tableros de ajedrez al mismo tiempo: uno, evitar que Grecia salga de la Zona Euro: dos, frenar el impacto de la victoria del No en el referendo para que éste no beneficie a la critica a la izquierda de su partido y a los demás movimientos y líderes cercanos a las ideas de Syriza (Jean-Luc Mélenchon, por ejemplo). Los socios europeos de París acusan a Francia de "injerencia" y de ser al mismo tiempo "juez y parte". Simultáneamente, las filtraciones en la prensa narran a un François Hollande entregado en cuerpo y alma a la causa del acuerdo. Un consejero presidencial cuenta a Le Monde que Hollande "pasa un montón de horas en el teléfono hablando con unos y otros para tejer un hilo".


Para Grecia, lo que está en juego es un nuevo rescate y, desde luego, una reestructuración de su deuda (180 por ciento de su PIB). El FMI y los organismos europeos calculan que las necesidades de Atenas ascienden a unos 74.000 millones de euros, de los cuales 25.000 millones serían absorbidos por la recapitalización bancaria. La Eurozona debía dar su visto bueno al paquete de reformas presentado por el gobierno de Alexis Tsipras y a la solicitud de un rescate por unos 50.000 millones de euros.

Luego, este domingo, los 28 jefes de Estado de la Unión Europea se reúnen para la firma final o, en su defecto, para un salto a lo desconocido. El procedimiento, con todo, no concluye acá. Si hay acuerdo en torno de un tercer plan de ayuda, 8 Parlamentos de la Zona Euro deben caucionarlo: Alemania, Finlandia, Francia, Austria, Estonia, Letonia, Eslovaquia y Grecia. En Holanda no es obligatorio consultar a los parlamentarios, lo mismo que en Irlanda, mientras que en Bélgica, Luxemburgo, Chipre, Lituania, Italia, España, Portugal, Malta y Eslovenia no hace falta el pronunciamiento del Parlamento.


Yanis Varoufakis refuta los argumentos que se le oponen y asegura que "la respuesta no está en la economía sino que reside en el fondo de laberinto político de Europa". La lección es contundente. Si dentro de la UE a alguien se le ocurre preguntarle a su pueblo lo que piensa, enseguida pierde la confianza del resto de sus socios. La democracia directa está excluida del euro.

Aunque en otro contexto, la respuesta es similar a lo que ocurre cuando los Estados organizan referendos sobre los tratados europeos. Varias veces, luego de que los electores dijeran que No, los gobiernos de turno volvieron a organizar otro referendo, a reformular la pregunta para arrancar el Sí. Grecia, en todo caso, ha logrado cuestionar el modelo de la Unión y los parámetros y sacrificios que el euro recarga sobre las sociedades. El debate, profuso, agrio pero también metafórico para una gran mayoría, se encarnó y se visibilizó en Atenas. El huracán griego despejó la cortina de humo. Algunos intelectuales liberales muy críticos impugnan con lanzallamas al Ejecutivo de Tsipras. Uno de ellos, extravagante y charlatán pero de gran (e incomprensible) influencia, Bernard-Henri Levy, escribe: "¿La Unión Europea no es acaso ese espacio pacificado en el que, poco a poco, aprendimos a reemplazar precisamente la eterna lógica de la confrontación por la de la negociación y el compromiso? Este filósofo y polemista ve en el referendo griego un atentado contra la construcción europea. Del otro lado, el demógrafo y ensayista Emmanuel Todd retrata a Europa como "sistema jerárquico y autoritario". En una entrevista publicada por el diario belga Le Soir, Todd afirma: "Europa es un continente que, en el Siglo XX, de manera cíclica, se suicida bajo la dirección alemana. Hubo primero la guerra del 14 (Primera Guerra Mundial, 1914-1918), luego la segunda. Sin dudas, ahora estamos asistiendo a la tercera autodestrucción de Europa, otra vez bajo la dirección de Alemania". Como las negociaciones entre Grecia y el Eurogrupo, las posiciones parecen inconciliables. Ha surgido una nueva Europa. O, tal vez, recién se empieza a ver el verdadero rostro de Europa, la nueva entidad-identidad financiera que reemplazó, con una unión bancaria, el maravilloso proyecto político y social de un continente desgarrado por varias guerras.


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Éstas son las últimas medidas presentadas por Tsipras para lograr un nuevo rescate para Grecia

ATENAS.- El Gobierno de Alexis Tsipras ha presentado un nuevo pliego de medidas a la Unión Europea, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) para llegar a un acuerdo sobre el tercer rescate a Grecia.

El catálogo contiene una serie de subidas de impuestos -directos e indirectos-, aumentos de las cotizaciones sociales, así como reducciones de las pensiones.

Estas son las principales medidas recogidas:

- Aumento del IRPF del 11 % al 15 % para ingresos menores a los 12.000 euros, y del 33 % al 35 % para los superiores.

- Bajada del impuesto súperreducido del IVA del 6,5 % al 6 % para medicamentos, libros y teatro; se fija un 13 % para alimentos básicos, hoteles, energía y agua; un 23 % para el resto, incluida la restauración, a la que actualmente se le aplica un 13 %.

- Eliminación a partir de octubre del descuento del 30 % en el IVA en las islas del mar Egeo más ricas y con mayor afluencia de turistas. Se exceptúan las islas más remotas.

- Aumento del 26 % al 28 % del impuesto de sociedades con un pago adelantado del 100 % de este gravamen.

- Eliminación gradual de los subsidios al gasóleo de los agricultores.

- Abolición gradual de las exenciones fiscales a los agricultores de aquí a 2017.

- Aumento del impuesto de lujo del 10 % al 13 %, con efecto retroactivo para la declaración de 2014, y aplicable a partir de ahora también a las embarcaciones con una eslora mínima de 5 metros.

- Eliminación gradual del sistema de prejubilaciones con inmediata aplicación y exceptuando profesiones de riesgo y a madres con hijos discapacitados, con un sistema de penalizaciones. El objetivo es lograr hasta 2022 el aumento de la edad de la jubilación real a los 67 años, y a los 62 para las personas con 40 años de trabajo cotizado.

- Aumento de las cotizaciones de los pensionistas al sistema sanitario del 4 % al 6 %.

- Eliminación gradual de las ayudas a las pensiones más bajas (EKAS) de aquí al 31 de diciembre de 2019.

- Congelación de las pensiones en términos nominales hasta 2021.

- Fusión de las pensiones suplementarias, que pasarán a financiarse exclusivamente con las contribuciones de los trabajadores (hasta ahora eran cofinanciadas por patronos y en algunos casos con ayudas del Estado).

- Impuestos sobre la publicidad en televisión.

- Privatización inmediata de los aeropuertos regionales, de los ferrocarriles y puertos y de una autopista.


El Parlamento griego aprueba por mayoría la propuesta del Gobierno de Tsipras

para solicitar el rescate

La propuesta, que incluye cambios en el IVA y las pensiones, ha recibido 251 votos a favor, 32 en contra y 8 abstenciones.


EUROPA PRESS


ATENAS.- El Parlamento griego ha aprobado por mayoría en la madrugada de este sábado el nuevo plan de reformas presentado por el primer ministro del país, Alexis Tsipras, al Eurogrupo. En concreto, la propuesta ha recibido 251 votos a favor, 32 en contra y 8 abstenciones, a lo que se debe sumar la ausencia de otros 9 diputados.

De esta manera, los miembros del Parlamento autorizan al Gobierno a negociar con los acreedores internacionales en base al programa de reformas que les ha sido presentado esta misma semana.

Varios miembros de Syriza, incluido el presidente del Parlamento, Zoe Constantopoulou, y el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, dijeron "presente", lo que equivale a abstenerse de votar, en una señal de su oposición al paquete de subidas de impuestos y recortes al gasto.

A pesar de estas votaciones disidentes por parte de miembros del propio partido de Tsipras, la propuesta de reformas nunca ha estado en riesgo y ha sido finalmente aprobada por los partidos opositores pro europeos.

Los ministros de Finanzas del Eurogrupo cuentan ya en su poder con la primera evaluación realizada por expertos de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional sobre las nuevas propuestas formuladas por el Gobierno griego, según ha informado el portavoz de la Presidencia del Eurogrupo, Michel Reijns.

Antes de que se llevara a cabo la votación, en un discurso dirigido ante el Parlamento, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha reconocido que su Ejecutivo se ha visto obligado a tomar medidas que no se encontraban en su programa electoral.

"No estoy dejando vendidos a los griegos. Nunca pedí el "no" para salir de Europa, sino para fortalecer nuestra capacidad negociadora", ha declarado el primer ministro, aclarando que el resultado del referéndum no le daba el derecho para romper relaciones con Europa.

El primer ministro insiste en "haber hecho todo lo humanamente posible en circunstancias difíciles" y asegura que las nuevas medidas abren el diálogo con los acreedores para reestructurar la deuda griega, a lo que añade que su nueva propuesta "es mucho mejor que el ultimátum recibido previamente" por parte de la Troika.

"A partir de ahora nos espera un campo de minas. Es un hecho que no puedo ocultar a nadie", ha hecho saber ante la cámara. "Tenemos el deber de seguir luchando con orgullo. Tendremos que tomar decisiones difíciles, pero nos las apañaremos para seguir en Europa", ha aseverado.


La propuesta del Gobierno griego


La propuesta de reformas que remitió el Gobierno de Tsipras a la Unión Europea, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) incluye cambios en cuanto al IVA, respecto a algunos impuestos y también en el espinoso apartado de las pensiones.

El documento contempla un IVA del 23% para restaurantes y catering así como un IVA para los hoteles del 13%. Además, propone eliminar la exención de IVA para las islas antes de finales de 2016.

Por otra parte, el Gobierno heleno propone subir el impuesto de sociedades en 2015 y aumentar también el impuesto a las compañías navieras. Asimismo, se propone incrementar el impuesto a los artículos de lujo y aplicar de forma inmediata un impuesto sobre los anuncios en televisión.

En otro orden de cosas, y en uno de los apartados más delicados para el Gobierno de Tsipras, la propuesta incluye la eliminación gradual del beneficio EKAS (Beneficio de Solidaridad Social de los Pensionistas) para los pensionistas para diciembre de 2019.

Además, se presentará en el último trimestre de este año una ley sobre un nuevo sistema de negociación colectiva. La cláusula de déficit cero sobre las pensiones será suspendida hasta octubre, cuando se presentará una nueva reforma de las pensiones.

Asimismo, el Gobierno facilitará que se complete el proceso de privatización de los aeropuertos regionales, así como los puertos del Pireo, Tesalónica y Hellinikon. La fecha para la licitación de cara las privatizaciones de los puertos se fijará antes de octubre de este año. Por otra parte, el Estado transferirá las acciones que mantiene en la empresa de telecomunicaciones OTE a la agencia de privatizaciones.

En lo que se refiere al gasto en materia de Defensa, el Gobierno de Tsipras se compromete a recortarlo en 300 millones para finales de 2016.

A cambio, el Gobierno griego quiere que los acreedores revisen las metas de superávit primario para el país en los próximos cuatro años, y que entreguen fondos por valor 53.500 millones de euros para cubrir sus obligaciones de deuda hasta junio de 2018.


EL PANORAMA QUE SE ABRE PARA GRECIA TRAS LA PROPUESTA DE TSIPRAS


"La reforma puede tener éxito"


"Las concesiones griegas no significan que el tercer rescate sea un hecho ni que se reabran los bancos y se elimine el corralito que rige desde el lunes de la semana pasada", dice el economista grecochipriota Panicos Demetriades.

Por Marcelo Justo
Desde Roma


¿Traidor o pragmático? ¿Capitulación o realismo? La propuesta que presentó ante la Eurozona el gobierno del primer ministro griego Alexis Tsipras es casi igual a la que él mismo invitó a rechazar en el referendo del domingo pasado que terminó con un 61 por ciento de los griegos votando en contra de la austeridad. Ahora, como un moderno Sísifo, Tsipras acaba de proponer el mismo pesado ajuste a fin de evitar una salida griega del euro para la que, como dijo él mismo, "no tenemos un mandato de la población". Muchos medios europeos, extremadamente críticos de su liderazgo, parecieron regocijarse con este cambio de posición que titularon "capitulación", pero otros opinan que la propuesta estará acompañada de una reestructuración de la deuda, un préstamo especial para pagarla en los próximos tres años y la aparente promesa del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Jun-cker de un paquete de estímulo. En todo caso, las concesiones griegas no significan que el tercer rescate sea un hecho ni que se reabran los bancos y se elimine el corralito que rige desde el lunes de la semana pasada. El economista grecochipriota de la Universidad de Leicester y ex presidente del Banco Central de Chipre durante el corralito chipriota de 2012, Panicos Demetriades dialogó con Página/12 sobre el panorama que se abre para Grecia a partir de esta propuesta.


–La propuesta del gobierno de Tsipras ha desconcertado a casi todo el mundo porque es casi igual a la que él mismo llamó a rechazar en el referendo el domingo pasado. ¿Sirve para que Grecia salga de la crisis?


–Por sí sola no. Tendrá que contar con un alivio de la deuda y un paquete de estímulo. Pero hay reformas en la propuesta que son importantes como la del sistema impositivo o la desregulación de las profesiones. El gran problema que hay es que todos los acuerdos previos provocaron una terrible recesión porque calcularon muy mal el impacto del ajuste, razón por la cual la gente perdió la fe en este tipo de acuerdo. En esto el FMI tiene una responsabilidad del ciento por ciento porque calculó mal el impacto que iba a tener la austeridad en la producción y el empleo. Creo que si ahora se combinan el alivio de la deuda, el estímulo y la reforma puede tener éxito. No va a ser fácil, pero es posible.


–Un problema es que el alivio de la deuda no figura en la propuesta.


–No, pero hay un consenso generalizado de que es necesaria. Angela Merkel dijo que no habría una clásica reducción de la deuda. La palabra clave acá es "clásica". Los alemanes dicen que no es posible legalmente que el gobierno elimine un 30 por ciento de la deuda. Pero lo cierto es que hay otro tipo de reducción que sí es posible. Si reprogramamos los plazos de pago, o si digo que durante 20 años la tasa de interés de la deuda es cero por ciento, estoy logrando lo mismo. Esto es lo que quiere el gobierno de Syriza.


–Y usted piensa que la oferta va a estar definitivamente sobre la mesa.


–Hoy el ex ministro de economía Yanis Varoufakis dijo algo en griego que me llamó la atención: "Mejor asegúrense que pongan por escrito esta oferta". Es decir, da por sentado que la oferta existe. Este es el plan. Un modo de aliviar la austeridad y una pequeña victoria para Tsipras que justificaría el referendo y la actual oferta que, como usted dice, es casi igual que la que el electorado griego rechazó en el referendo. A esto se podrían sumar los 35 mil millones de euros que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, prometió a Grecia. Ambas cosas mitigarían mucho el efecto recesivo.


–Aun así muchos hablan de capitulación o traición.


–A nivel doméstico Tsipras se manejó con mucha habilidad esta semana porque logró un acuerdo con los partidos que habían impulsado el sí en el referendo, con lo que aún si algunos miembros de Syriza rechazan el acuerdo, tendrá mayoría en el Parlamento. Esto lo convierte más un líder de toda Grecia. En cuanto a lo de capitulación, Tsipras puede decir que ahora el alivio de la deuda está sobre la mesa mientras que antes no lo estaba. ¿Por qué no aceptó la oferta previa y convocó a un referendo? No lo sé. A mí nunca me pareció una buena idea el referendo, pero me imagino que necesitaba demostrar que tenía un mandato. Uno puede opinar que es un demagogo o decir que es un líder de extraordinario talento. Escuchándolo hablar en griego es indudable que tiene gran carisma y oratoria. Con esta crisis veremos la solidez que hay detrás de la oratoria.


–Igualmente esto necesita la aprobación de otros Parlamentos.


–Todo depende de lo que haga Alemania. Si el parlamento alemán lo aprueba, el resto también lo hará. Los sectores duros de Alemania salieron hoy a hacer declaraciones, pero no porque realmente crean que pueden ganar si no para quedar mejor situados políticamente. No creo que haya sorpresas. El tema es que Alemania lo apruebe.


–Usted vivió una crisis similar cuando estaba a la cabeza del Banco Central de Chipre.


–El caso de Chipre tiene similitudes superficiales pero era diferente. En Chipre, el gobierno quería poner un impuesto a los depósitos en los bancos y por eso tuvo que hacer un corralito para que no hubiera una fuga de dinero, pero el problema no era de liquidez. En Grecia el problema es la deuda pública y la exposición de los bancos griegos a esta deuda. De modo que no va a ser simplemente tener un acuerdo y normalizar la situación bancaria. Lo que se va a poder hacer es avanzar hacia una normalización. Pero para eso se necesita un incremento de los préstamos de emergencia, el llamado ELA, del Banco Central Europeo. Mientras tanto van a necesitar mantener los controles de capital. Un ejemplo de estos controles que permanecerán por mucho tiempo es la posibilidad de sacar dinero al extranjero que deberá estar prohibido salvo para casos comerciales. Esto genera un problema burocrático. En Chipre nos pasó. Todos los giros de dinero tenían que solicitarse para determinar si eran genuinos. En muy poco tiempo tuvimos unas dos mil solicitudes. Algunas eran genuinas, otras dudosas. Pero la creciente cantidad nos obligó a delegar lentamente el trabajo en los bancos. Al perder este control inevitablemente hay más filtraciones en el sistema. La realidad es que esto puede convertirse en una pesadilla a nivel organizativo. Los controles de este tipo no pueden durar mucho tiempo.


–Si hay una solución a esta crisis, ¿el euro está a salvo?


–Si hay una solución a esta crisis será un gran paso adelante. Una salida de Grecia sería muy grave para toda la eurozona porque inmediatamente los mercados buscarán el próximo candidato en la lista. Pero además la eurozona ha estado demasiado concentrada en esta crisis. Si se empieza a solucionar, podrán concentrarse en otros puntos que son necesarios para avanzar como la mayor integración de la eurozona sin la cual el euro no podrá tener éxito.

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Viernes, 10 Julio 2015 06:48

Llegó la calma después de la tormenta

Llegó la calma después de la tormenta

Un país que apenas representa el 2 por ciento del PIB de la Zona Euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. El costo del No.


Las Bolsas ya anticipan un acuerdo estable entre Grecia y sus acreedores, pero nada borrará estas dos semanas de confrontación, de acoso, de chantajes y de agravios en donde los principales actores del eje de la Unión Europea se descalificaron con sus posiciones. El primero de ellos, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien salió a hacer campaña por el Sí cuando se avecinaba el referendo griego, rebasando en mucho los diques de su mandato. El presidente del Consejo europeo, el polaco Donald Dusk, un hombre muy por debajo de la estatura que requiere su mandato y cuyo país, Polonia, no es ni siquiera parte del euro. "El juego de pocker se acabó", les dijo Dusk a los griegos a mediados de junio. El holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, con etiqueta de socialdemócrata pero de una ferocidad y una intransigencia dignas de un prestamista. La prensa holandesa lo apoda "el perro de compañía de Alemania". El presidente francés, François Hollande, apretado entre la alianza con Berlín, los 42.000 millones de euros que Grecia les debe a los bancos franceses y las rupturas de su partido. La canciller alemana Angela Merkel y sus erróneos cálculos políticos: apostó por el Sí en el referendo del pasado 5 de julio y, con él, por la caída del Ejecutivo de Alexis Tsipras. Ello la condujo a congelar todas las opciones previas. Detrás de ella cerraron filas el resto de los dirigentes del Eurogrupo, liberales, conservadores y socialdemócratas.


¿Y qué decir de la tormentosa y vulgar avalancha de adjetivos deshonrosos que periodistas, intelectuales y dirigentes políticos desparramaron sobre Grecia? Los trataron de vagos, de corruptos, de gastar el dinero de la Unión Europea, de vivir de préstamos y de no haber saneado la economía. El francés y socialista Pascal Lamy, ex comisario europeo para el Comercio y ex director de la OMC (organización mundial del comercio), se despachó con la siguiente frase: "Los griegos son un pueblo orgulloso, resistente, apasionado, pero también un poco despreocupado y gastador" (declaraciones en la radio France Info). El pasado 8 de julio, el ex presidente francés Nicolas Sarkozy dijo en el canal TF1: "El problema al que se confronta Grecia hoy radica en que los griegos no trabajan lo suficiente". Nada puede ser más tramposo. Un estudio publicado ayer por la muy racional OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) desarma ese argumento: Grecia es el país de Europa donde se trabaja más horas... y el que trabaja menos es Alemania. Los griegos trabajan 671 horas más que los alemanes, 2042 horas contra 1371 en Alemania o 1489 para los franceses (en este informe, México es el país donde más horas se trabaja). En cuanto a la corrupción, en la clasificación de la ONG Transparencia Internacional, del total de 175 países que la componen Grecia se ubica en el puesto número 69, al mismo nivel que Italia, Rumania o Bulgaria. Y en lo que atañe a la ausencia de esfuerzos en Grecia, este argumento es otra ficción: entre 2009 y 2015 hubo ocho planes de austeridad a cambio de los prestamos obtenidos: suba de impuestos, tasas suplementaria, disminución de los servicios públicos, recortes en los gastos de educación y salud, congelamiento de las jubilaciones, etc, etc. El organismo de consulta France Strategie calcula que entre 2008 y 2013 el porcentaje de pobres creció en un 30 por ciento. En suma, Grecia asumió en estos años "la cura de austeridad más extensa que haya conocido la zona euro" (diario Le Monde del 09/07/2015). "Mi país se convirtió en un laboratorio de la austeridad y la experiencia fracasó", dijo el primer ministro griego el pasado 8 de julio ante el Parlamento Europeo. En 2009, el PIB de Irlanda cayó en un 6,4 por ciento, el de España en un 3,6 por ciento, Portugal cayó en un 3 por ciento y el de Grecia, en 2010, en un 8,9 por ciento. Entre 2009 y 2014 el déficit público de Grecia pasó del 15,2 al 2,7 por ciento. Grecia fue el único país de Europa que bajó su salario mínimo: este pasó de 680 a 586 euros. El economista Thomas Piketty, autor del libro El Capital en el siglo XXI, observó en el canal BFM que "nunca se había visto a un país que en tiempo de paz realiza un ajuste presupuestario del 12 por ciento de su PIB con, de paso, una economía que se hunde en un 25 por ciento".


Luego viene la nauseabunda letanía de los editorialistas y filósofos que calificaron a Tsipras y a Syriza de "antisemita", "jefe de una coalición con la extrema derecha", "nacional populista" que organizó un "referendo chapucero", "aficionado", "enceguecido por una ideología", "extremista de izquierda", "populista "o, colmo de la idiotez, "el Hugo Chávez de Europa" (Le Nouvel Observateur). Hasta las derechas de América latina se compraron el libreto de populismo en sus sesudas manipulaciones. En realidad, todo aquello que se sitúa fuera del circuito que va del conservadurismo liberal a la socialdemocracia es descalificado con la etiqueta de "populista". Resulta claro, sin embargo, que los intereses de un pueblo no son los mismos que los de la elite tecnócrata de Bruselas. Un país que apenas representa el 2 por ciento de PIB de la zona euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. Syriza materializó con su consulta las críticas que se le hacen constantemente a la Unión Europea. Entre ellas, la principal, "el déficit democrático". A Tsipras y a su equipo le achacaron todos los males acumulados por su países en los últimos años con la complicidad –y a menudo la intervención aliada– de sus socios europeos. Ahora le exigen, como lo dijo el presidente francés, François Hollande, "propuestas verosímiles y serias". Liberales, seudoprogresistas y socialistas se unieron bajo esa bandera: Tsipras no es ni serio, ni verosímil.


De allí el grito del líder del Podemos, Pablo Iglesias, en el parlamento europeo. Dirigiéndose al grupo socialista del Europarlamento les dijo: "¡Defiendan al pueblo griego! ¡Defiendan los derechos sociales y pongan fin a esta maldita coalición que nos lleva derecho a la pared!". Por "maldita coalición" hay que entender esa hermandad a contracorriente que desde hace ya muchos años unificó a liberales y socialdemócratas. Parece que no hay vida, ni aire, ni pensamiento fuera de ese conducto. Puede que, entre concesiones y chantajes, los acreedores de Grecia obliguen a Atenas a imponer un ajuste más importante del que Tsipras estaba dispuesto a implementar. Puede que, de alguna manera, Grecia pierda de nuevo ante el Eurogrupo. Pero algo substantivo, emocionante y esencial ha ganado para siempre: hemos sido testigos de que es posible decir no, que es verosímil desafiar a los grandes conglomerados de intereses, que se puede proceder así sin sacar a Marx del cajón o la Revolución de los sueños, que es concebible ser libres aunque haya que pagar por ello, que existen procedimientos políticos y democráticos de refutación radical, que se puede ser uno mismo, exclusivo, fuera del abrumador consenso, que es legítimo conservar su identidad genuina en contra de las recetas y los cepos. Es apasionante haber visto que todas esas cosas hermosas y palpitantes se volvieron a reinventar en Grecia, el país del sol y de los olivos que inventó esa figura siempre por recrear que es la democracia.


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Grecia pidió un nuevo rescate a la Unión Europea

El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

 

El gobierno griego solicitó ayer un nuevo rescate internacional de tres años y hoy presentará en detalle un plan de reformas económicas que sus acreedores exigen como condición para evitar la salida del euro. El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia. Allí, el líder griego se mostró confiado en que su país cumplirá con el ultimátum de los líderes de la Eurozona de alcanzar el esperado acuerdo para el domingo próximo como máximo.


Previo a la presentación del premier heleno, el vocero del presidente del Eurogrupo, Michel Rejins, confirmó en Bruselas que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) recibió una "solicitud de apoyo" de parte de Grecia. El portavoz agregó que la petición será evaluada por el Grupo de Trabajo del Euro y no en una teleconferencia de los ministros de Finanzas de la Eurozona, como estaba previsto hasta el martes. En la carta de solicitud, el ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos, pidió un programa de ayuda financiera de tres años y prometió "implementar inmediatamente", desde el lunes próximo, reformas económicas relativas a la fiscalidad y las jubilaciones. Sin dar más detalles sobre las medidas, agregó que serán dirigidas a fortalecer las áreas de sostenibilidad fiscal y crecimiento económico a largo plazo. El objetivo de Grecia, expresó Tsakalotos, es afrontar las obligaciones de deuda y asegurar la estabilidad financiera. "Grecia está comprometida a honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores de manera completa y a tiempo. Confiamos en que los Estados miembro aprecien la urgencia de nuestra solicitud de crédito", añadió.


El MEDE consiste en un fondo especial para asistir financieramente a los países que integran la Eurozona. El pedido de rescate al MEDE era el primer paso que exigieron a Grecia los líderes de la Eurozona en una cumbre de emergencia celebrada ayer. Dicho encuentro marcó la reanudación de las negociaciones con Atenas tras el rotundo triunfo del No en el referéndum antiajuste convocado por Tsipras y celebrado el domingo pasado. Para obtener la ayuda financiera, Atenas debe presentar ahora una propuesta detallada de reformas económicas antes de una cumbre de los 28 líderes de la Unión Europea (UE).
En su discurso, Tsipras confirmó la solicitud de lo que sería su tercer rescate financiero desde 2010, pero esta vez al MEDE, por una cifra cercana a los 50.000 millones de euros. El líder europeo expresó que confía en que, en los próximos días, su gobierno logrará cumplir las obligaciones, siempre y cuando sean satisfactorias tanto para Grecia como para la Eurozona.
En la Eurocámara, Tsipras dijo que el acuerdo que busca debe poner fin de una vez por todas a la crisis financiera de su país, y no ser sólo un parche temporal, y agregó que también debe repartir las cargas de forma justa entre los griegos. "Necesitamos asegurar la financiación a mediano plazo de nuestro país con un programa de crecimiento", aseguró.


El jefe de gobierno también insistió en la necesidad de reestructurar la deuda externa de 320.000 millones de euros o del 180 por ciento del PBI nacional, algo a lo que muchos de los acreedores del país, sobre todo Alemania, se oponen rotundamente. "Pido un recorte de la deuda para poder ser capaces de restituir el dinero", agregó.


Los aplausos resonaron desde las bancas ocupadas por los partidos de izquierda europeos cuando Tsipras dijo que la ayuda a Grecia debe ir a parar a los griegos y no a los bancos. En tanto, desde la bancada de los partidos conservadores, por el contrario, arreciaron las críticas al premier heleno luego de que defendiera la convocatoria del referéndum y apuntara contra los ajustes exigidos a Atenas desde 2010, acusando a los acreedores de haber sometido a su país a un "experimento de austeridad" que, dijo, fracasó.


En Grecia, en tanto, los ahorristas padecieron ayer el octavo día consecutivo de corralito, mientras que los bancos y la Bolsa permanecen cerrados desde el lunes pasado. Los griegos no pueden sacar más de 60 euros diarios ni enviar dinero al exterior ni pagar cuentas sin un permiso especial. Además, 35 aerolíneas que vuelan al país heleno eliminaron la posibilidad de que los griegos cancelen el costo de los billetes aéreos con tarjetas de crédito emitidas en ese país. De este modo, sólo queda disponible la posibilidad de abonar los pasajes en efectivo.


La crisis del país mediterráneo enervó a los líderes europeos, que acusaron a Tsipras, electo con la promesa de poner fin a los ajustes, de prolongar y exacerbar la situación de manera innecesaria durante seis meses. En los últimos cinco años, Grecia ya recibió dos rescates por 240.000 millones de euros de los otros países de la Eurozona y del FMI, el último de los cuales expiró el 30 de junio, el mismo día en que Atenas incumplió un pago de deuda con el Fondo y cayó en mora con el organismo de crédito internacional.

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Lucha la Unión Europea en cuatro frentes para evitar posible colapso

Cuatro grandes crisis en la periferia de Europa amenazan con colapsar a la Unión Europea (UE), lo que significaría un retroceso de décadas para este ambicioso proyecto de unificación continental cuya idea surgió tras la Segunda Guerra Mundial.


La unidad, la solidaridad y la posición internacional de la UE están en entredicho debido a la crisis de deuda griega, al papel de Rusia en Ucrania, al intento de Gran Bretaña de cambiar sus relaciones con el bloque y de la masiva llegada de inmigrantes a Europa a través del mar Mediterráneo.


Si la UE no es capaz de lidiar correctamente con cualquiera de estos problemas, podría agravar los demás, y ampliar así los peligros que enfrenta el Proyecto Europa.


La suspensión de pagos de Grecia y el riesgo de que la nación pueda salir de la zona euro es el reto más inmediato para la noción de una unión integrada de los estados y pueblos europeos.


Las consecuencias a largo plazo de una salida de Grecia de la zona euro afectarían por completo al proyecto europeo. Sentaría un precedente que podría minar la misma razón de ser de la UE, escribieron Fabian Zuleeg y Janis Emmanouilidis en un análisis para el Centro Europeo de Política, con sede en la capital belga.


El efecto helénico


Aunque Grecia responde por apenas 2 por ciento del producto interno bruto y de la población de la UE, la bancarrota del país –tras dos rescates, sus socios europeos le prestaron cerca de 200 mil millones de euros (220 mil millones de dólares)– es un enorme golpe para el prestigio del bloque.


Incluso antes de conocerse al resultado del referendo griego del domingo anterior, el ambiente en Bruselas era tenso, con los griegos que culparon a los alemanes, mientras la mayoría de los demás países comunitarios señalaron a los griegos, a su vez los economistas keynesianos atribuyeron la crisis a la obsesión con la austeridad de las autoridades europeas, que hacen énfasis en el éxito que tuvieron los rescates que se llevaron a cabo en otros estados del bloque.


Con su destino aún incierto, Atenas ya dejó en evidencia que los fundadores del euro fueron ingenuos cuando declararon que la membresía al bloque monetario era inquebrantable.


Ahora, sus socios podrían intentar dar un portazo detrás de Grecia y tomar medidas rápidas para mantener unidos al resto de los miembros, quizás enmendando algunos de los errores que se cometieron al llevar a cabo la unión monetaria, aunque es probable que la oposición alemana evite cualquier intento de emisión conjunta de bonos gubernamentales.


La próxima vez que una recesión o un alza de los rendimientos de los bonos soberanos sacuda a la zona euro, los mercados recordarán el precedente de Grecia.


Con la tensión ya desatada en el Mediterráneo oriental debido a la guerra civil en Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la división no resuelta de Chipre y las disputas marítimas sobre yacimientos de gas, una Grecia quebrada podría volverse hacia Rusia en busca de apoyo.


A cambio, los griegos podrían vetar la próxima extensión de sanciones de la UE contra Moscú, o incluso ofrecerle acceso a instalaciones navales que una vez usó Estados Unidos.


Atenas ya lidia con el flujo de refugiados que huyen del conflicto en Siria e Irak y que llegan a las islas del Egeo, en busca de la ruta más segura para atravesar Europa en dirección a los países más prósperos del continente, como Alemania o Suecia.
La incapacidad para resolver la crisis griega después de cinco años de discusiones podría hacer parecer débil a la UE a los ojos del presidente ruso, Vladimir Putin; del presidente chino, Xi Jinping, y de otros que busquen expandir su poder.


Las autoridades de Bruselas son conscientes de que la crisis de la zona euro ha provocado renacionalización de la toma de decisiones en algunas materias y minado el poder blando del modelo de reglas europeas basado en la gobernación supranacional.


Además, la postura de la UE ya se ha debilitado en temas relacionados con el comercio mundial y las negociaciones por el cambio climático.


Y lo peor aún puede estar por venir.


La exigencia de Gran Bretaña de renegociar los términos de su pertenencia a la Unión y someter el resultado a un incierto referendo en 2017 aumenta el riesgo de que el bloque se quede sin el miembro que es su segunda mayor economía, su principal centro financiero y su principal potencia militar.


Dada la enemistad de Rusia con los británicos, a quienes ven como el aliado más cercano de Estados Unidos, Putin seguramente se sentiría favorecido si Gran Bretaña abandona al bloque.


La salida debilitaría a aquellos que apoyan una respuesta contundente al comportamiento de Rusia en Ucrania y Georgia, y dejaría al bloque continental sin el principal socio de confianza de Estados Unidos en la región, aunque seguiría perteneciendo a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).


Todo ello podría fortalecer la posición de Putin en las negociaciones con la canciller federal alemana Angela Merkel, quien ha liderado a la diplomacia europea en su intento de devolver a Ucrania el control de la totalidad de su territorio.

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Tsipras: "Es un problema europeo y requiere soluciones europeas"

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha acudido esta mañana al Parlamento Europeo para explicarse. Tsipras ha presentado la crisis griega como un problema más amplio que afecta a todo el proyecto comunitario. En su opinión, la difícil situación en Grecia manifiesta "la incapacidad europea para encontrar una solución duradera al problema de la deuda. Es un problema europeo y los problemas europeos requieren soluciones europeas".


Recibido este miércoles con aplausos y abucheos casi a partes iguales en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, Tsipras ha expuesto su diagnóstico del deterioro en su país y ha mostrado su confianza en el acuerdo con Europa. "Pedimos un compromiso productivo y justo. Creo que juntos podemos lograrlo". A la entrada en el hemiciclo lo esperaba un grupo de diputados, entre ellos el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Todos ellos le han aplaudido y estrechado la mano antes de que Tsipras llegara al escaño desde el que ha pronunciado su discurso.


Tras aludir varias veces al respaldo obtenido en el referéndum del pasado domingo, Tsipras ha apelado a un acuerdo "que permita salir de manera definitiva de la crisis, que demuestre que al final del túnel hay luz". Para lograrlo, hacen falta "soluciones creíbles" que hagan recaer el peso "entre los que pueden asumirlo". El primer ministro griego ha prometido reformas por lo que ha reconocido son errores de su propio país. "Grecia ha llegado prácticamente a la quiebra porque durante muchísimos años los Gobierno han creado un Estado clientelista y han permitido la corrupción". Frente a ese modelo de "oligarquía y carteles", Tsipras ha prometido "reformas genuinas cuyo propósito es cambiar Grecia y que Gobiernos anteriores no quisieron aplicar".


Consciente de que buena parte de los países europeos sienten frustración tras dos rescates millonarios que no han enderezado el país, el líder griego se ha referido a una cuestión controvertida: el destino de esos préstamos de 320.000 millones de euros en total concedidos a Grecia desde la crisis. "Hemos de ser sinceros: el dinero que se ha dado a Grecia nunca le ha llegado al pueblo griego. Son fondos que se dieron para salvar a los bancos griegos y a los europeos", ha afirmado. Esas palabras han provocado aplausos en un hemiciclo salpicado con carteles de con el no de la papeleta griega (oxi en griego).


Sin entrar en las medidas que su Gobierno tiene que detallar como muy tarde mañana para que la eurozona acceda a negociar el nuevo rescate que solicita Atenas, Tsipras ha lanzado un deseo al aire: "Espero que en los próximos días consigamos responder a esta coyuntura tan grave, en beneficio de Grecia y de Europa".


El dirigente heleno no se ha referido directamente a los estrechos plazos de negociación que se ha dado la eurozona para solucionar el problema. Atenas ya ha presentado formalmente la petición de rescate y mañana tendrá que desgranar las medidas que ofrece para lograr un nuevo compromiso de los socios. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también presente en la Eurocámara, ha dibujado un panorama aterrador si no fructifican las negociaciones: "Si no llegamos a un acuerdo debemos contemplar incluso el peor escenario, en el que pierden todas las partes. Eso podría dar lugar a la quiebra en Grecia y a la insolvencia del sistema bancario. Y afectaría a toda Europa, en el sentido geopolítico".


"Los extremistas le aplauden"


Multitud de eurodiputados han querido responder esta mañana a las palabras de Tsipras, algunas con grandes dosis de emotividad. El líder del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, Manfred Weber, ha sido muy crítico con Tsipras, al que ha espetado: "Europa ya no confía en usted para negociar". También ha ironizado con los apoyos que cosecha entre dos polos opuestos de la Eurocámara, la izquierda minoritaria y los euroescépticos conservadores. "Los extremistas de Europa le aplauden", ha recalcado.


En un tono mucho más suave, el presidente de los socialdemócratas, Gianni Pittella, ha excluido un futuro de la UE sin Tsipras y ha apelado a la sensatez del mandatario griego: "Confío en que el primer ministro griego demuestre su visión política y su responsabilidad por el bien del pueblo griego".


Entre la riada de intervenciones del debate, que comenzó poco después de las 10 de la mañana, ha destacado la de Pablo Iglesias, que ha agradecido al pueblo griego "haber levantado mejor que nadie la bandera europea". En su opinión, "Europa no se está destruyendo por preguntar al pueblo, sino por el totalitarismo financiero y la arrogancia del pueblo alemán".



Grecia pide un tercer rescate por 50.000 millones a tres años

 

Atenas ha cumplido a mediodía de hoy la primera condición para evitar su salida del euro: el Gobierno griego ha enviado ya la solicitud del tercer programa de ayuda financiera al mecanismo europeo de rescate (Mede), un bazuca de medio billón de euros creado en la fase más aguda de la crisis europea. "La solicitud ha llegado", ha confirmado a este diario un portavoz del Mede. El Eurogrupo de ministros de Finanzas de la zona euro, que preside Jeoren Dijsselbloem, la analizará hoy en una reunión por teleconferencia.


El tercer rescate es de 50.000 millones de euros en tres años, y a cambio Atenas se compromete a reformar las pensiones de manera inmediata.


Quedan varias condiciones más por delante antes de la cumbre europea del próximo domingo. Grecia debe detallar mañana las medidas prioritarias que propone, sobre la base de la propuesta del pasado 30 de junio. La canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro ayer que esos detalles tienen que desembocar en un plan "más duro" por parte de Grecia. El Eurogrupo lo analizará el sábado. Y los líderes del euro deberían dar su visto bueno el domingo. El BCE se ha comprometido a mantener a la banca griega –a punto de quedarse sin efectivo—a flote hasta el próximo lunes.

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Martes, 07 Julio 2015 07:18

Qué sigue tras el No en las urnas

Qué sigue tras el No en las urnas

Mientras los ministros de Finanzas europeos se reúnen hoy en una cumbre extraordinaria para evaluar el referéndum griego, se especula con que se logre un acuerdo finalmente. En caso contrario, habrá consecuencias para Grecia y la Eurozona.


Escenario 1: Los griegos ceden


A pesar del rotundo voto No del domingo a las demandas de los acreedores, es posible que Alexis Tsipras esté tratando de lograr un acuerdo rápido que resuelva la crisis, para no convertirse en el primer ministro que lleve a su país a la agonía económica de un grexit (salida del euro). Su última oferta a los acreedores el pasado martes, apenas unas horas antes de la moratoria con el FMI, de aceptar la mayor parte de las exigencias de las reformas, en realidad dejó a los dos lados tentadoramente cerca. Los acreedores podrían ofrecer a los griegos algunas concesiones para que Tsipras pueda vender el acuerdo en su país. La renuncia de ayer del ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, puede hacer que los acreedores se sientan más inclinados a seguir el juego.


Eso significaría que Atenas acuerda imponer más austeridad a cambio del dinero que necesita para seguir pagando a los trabajadores del sector público y para evitar un default de los bonos en poder del Banco Central Europeo el 20 de julio. Tal acuerdo podría significar la reapertura de los bancos a los ahorristas desesperados por el fin del mes. El problema es que la nueva austeridad probablemente empeore la recesión de Grecia en los próximos años –algo que podría causar una división en Syriza y empujar la caída del gobierno–.


Escenario 2: Los acreedores ceden


Que Grecia salga de la moneda única representaría un golpe demoledor a la reputación de esta generación de líderes europeos. Ellos también están empezando a darse cuenta de que si Grecia sale del euro se enfrentarán a un costo mucho mayor que el precio de pagar para que Atenas siga formando parte del club. Será un trabajo duro justificar esa pérdida a sus propios contribuyentes. Además, los acreedores tendrían que enviar otros tipos de ayudas a Grecia, en todo caso, si grexit ocurriera.

Así que los acreedores, a pesar de su retórica de línea dura antes de plebiscito del domingo, podrían decidir que el compromiso es la opción más inteligente después de todo. Podrían ponerse de acuerdo para facilitar la exigencia a Grecia a ejecutar grandes superávits presupuestarios en el futuro previsible y acabar con el valor nominal de la deuda del país. Atenas cantaría esta victoria y la credibilidad y el orgullo de los políticos acreedores recibirían el golpe. Pero sería bendecido por el Fondo Monetario Internacional, que ha estado presionando por una rebaja de la deuda durante años. También permitiría a los líderes de Europa centrarse en algo más que las minucias de las finanzas públicas griegas y el mercado de trabajo. Uno de los riesgos en este escenario sería que otros partidos populistas en Europa –Podemos de España, el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia– podrían obtener un gran impulso a partir de la victoria de Syriza, creando una agitación política en todo el continente.


Escenario 3: Nadie cede


Los acreedores podrían sentir que simplemente tienen demasiado que perder si concedieran algo a Grecia tras la votación. Y los griegos podrían decidir que tienen un mandato que mantener firmemente hasta que consigan todo lo que quieren. El resultado podría ser un punto muerto. El sistema bancario griego se quedaría sin dinero en efectivo en cuestión de semanas si no días, y el 20 de julio Atenas caería en default para pagar bonos por 3 mi millones de euros al Banco Central Europeo. Esta entidad, tras recibir el visto bueno tácito de Angela Merkel y los demás jefes de gobierno de la Zona Euro, podría cortar la financiación de emergencia del sistema bancario griego por completo, diciendo que no se puede prestar a un Estado insolvente sin romper sus propias reglas constitucionales. Para evitar que los cuatro grandes bancos griegos colapsen y acaben con los ahorros de la población, el gobierno de Atenas tendría que nacionalizarlos. Probablemente entonces anunciaría que se vuelven a capitalizar con un IOU (pagarés) gigante del Estado griego. El gobierno en Atenas también iniciaría la emisión de billetes IOU (en lugar de euros) para pagar a los trabajadores del sector público. Estos pagarés dirían que tienen un valor de un euro cada uno. Pero se cambiarían en el mercado negro a tal vez la mitad del valor de un euro, señalando una devaluación masiva.

Finalmente, después de un período de agitación social, el gobierno griego lograría imprimir un gran lote de billetes dracma, que se convertirían en la nueva moneda. Eso significaría que Grecia abandona efectivamente el euro. En esa transición, Atenas podría llevar un cargamento de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin. Y, a cambio, el gobierno griego podría vetar nuevas sanciones de la Unión Europea contra Moscú por su agresión en Ucrania, dividiendo el bloque en el escenario mundial.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Europa deja la puerta entreabierta a Grecia

Europa mantuvo lo más que pudo el cerrojo de las concesiones y, tras el rotundo rechazo al programa de ajuste de los acreedores de Grecia expresado el domingo por los electores griegos, apenas entreabrió una hipotética salida. Con la misma retórica flotante que los caracteriza, una suerte de combinación entre el amor y la tortura, los dirigentes de la Unión Europea caminaron sobre una cuerda de equilibristas para, al final, seguir diciendo lo mismo que antes de la consulta: Atenas debe emprender reformas. Hay que medir y pesar las palabras de unos y otros con una tolerancia de Buda o una ciencia de filólogo. En París, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, sirvieron en la misma bandeja dos palabras muy ambiguas: "solidaridad y responsabilidad". Ello quiere decir que Europa será solidaria mientras Grecia se muestre responsable, o sea, traiga a la mesa de negociaciones propuestas "serias, precisas y verosímiles". En claro, los 18 países de la Zona Euro dejaron a Grecia en la misma situación que antes, como si el resultado del referendo sólo fuera, como lo escribe el eurofanático diario El País de España en su editorial, una aventura activada por el "nacionalpopulismo" del gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. La referencia, que no es el único oprobio al que se somete al Ejecutivo y al pueblo griego, es de una ignominia de marrano. Para los gobiernos de la Eurozona un tratado colectivo y sus normas están por encima de la democracia.


Hollande dijo en la capital francesa: "Respetamos el voto de los griegos porque Europa es la democracia". Faltaría completar la frase: la democracia como la quiere el club de liberales europeos. Berlín sigue siendo la batuta de la Eurozona y nadie desafía sus prerrogativas. Durante la conferencia de prensa que ofrecieron juntos, Merkel se remitió a la última fase de la negociación que precedió la convocatoria a la consulta popular. Según la canciller alemana, la última propuesta que se hizo "fue muy generosa". Ambos recalcaron que la "puerta está abierta" mientras que, por su parte, Hollande repitió que "no queda mucho tiempo, hay urgencia para Grecia y para Europa".


El perfil de esa urgencia se delineará hoy cuando se celebre la cumbre extraordinaria de dirigentes europeos y se discutan los planteos nuevos o revisitados que traiga Tsipras. En el camino y pese al aplastante voto a favor de más del 60 por ciento, el dirigente griego dejó a su anterior ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. El ex titular de la cartera era la oveja negra de los negociadores de Bruselas. No lo querían ver ni en foto. En un par de meses, Varoufakis les rompió el consenso y toda la cultura de los buenos modales con té y galletitas de maicena. Su presencia en las negociaciones era una traba de cara a la construcción de un acuerdo. En un comunicado, el paladín que enfrentó y no se sometió a la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión de Bruselas) explicó que le "correspondía ayudar a Tsipras a explorar, según como él lo considere adecuado, el capital que el pueblo griego nos ha concedido a través del referéndum del domingo, y seré el portador del odio de los acreedores con orgullo". Su alejamiento del Ejecutivo era una de las condiciones insalvables planteadas por el Eurogrupo. Su salida parece adelantar, tal vez, un juego de concesiones por parte de Atenas, o quizá sea una forma de distender el escenario en la cual éstas empiezan el 7 de julio.


Habrá de hecho dos reuniones en la capital belga: una, a las 13, con los ministros de Finanzas de Eurogrupo. Luego, a las 18 se realizará la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno. Todo está suspendido hasta esos dos momentos. Por lo pronto, en un momento en que los bancos griegos sufren una asfixia de vida o muerte, el BCE, Banco Central Europeo, decidió mantenerlos bajo perfusión mediante la línea de liquidez (ELA) que actualmente asciende a 89 mil millones de euros.


Menos Alemania, la casi totalidad de los países bajaron el tono con respecto a la salida de Grecia de la Zona Euro sin que ello deje prever que un pacto es posible y, si lo es, a qué precio para Grecia. El ultra agresivo presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo "la victoria del No nos acerca a una solución". Pero las declaraciones como las del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, según el cual "un no de los griegos en el referendo sería interpretado como un no a la Zona Euro", se han espaciado. Los heraldos de la exclusión de Grecia desaparecieron del firmamento. La más que hostil España negó que ello fuera una realidad. Pero las capitales europeas tienen mala cara. No hay nada preciso, todo es de una incertidumbre con varias cabezas donde sólo Alemania marca el ritmo mientras que Francia gesticula pero no hace nada. Son pura y sencillamente escalofriantes el silencio, la inoperancia, el inmovilismo, la blandura y la cobardía política que han demostrado en esta crisis las llamadas izquierdas o socialdemocracias europeas. No plantearon nada, no rompieron el muro de la incomprensión con ninguna idea creativa. No existen más. Se han vuelto una pobre extensión del liberalismo y hasta han renunciado a la modesta meta de humectarlo con un poco de humanismo para que se disuelva mejor. Hace unos días, el presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz (sí, sí, crea lo que está leyendo "socialista") dijo que los griegos iban a tener que "imprimir otra moneda porque el euro dejará de estar disponible". Con socialistas así, mejor no perder tiempo en ilusiones y votar de una vez por todas a la derecha. Por lo menos, ya se sabe lo que harán.


Hasta anoche, la principal piedra en el camino no había desaparecido: se trata del reclamo griego para que se reestructure su deuda (322 mil millones de euros) y de un nuevo programa de ayuda. Berlín ya adelantó que "no se dan las condiciones para un nuevo programa de ayuda". En esto, pese a la escenificación ofrecida ayer en París por Merkel y Hollande, el monolito no se ha desplazado. Los impedimentos son densos. Prueba de ello, Grecia amplió el corralito bancario por dos días más. Quedan, finalmente, tres opciones sobre el horizonte: un acuerdo "amistoso" entre Grecia y sus acreedores podría diseñar la salida de lo que el canciller italiano Paolo Gentiloni llama "el laberinto griego". En realidad, la metáfora es inexacta porque el laberinto es sobre todo y antes que nada europeo. Pero, para ello, Tsipras deberá convencer aportando más reformas (aumento de la TVA, aumento de la edad de la jubilación). La segunda opción es una pura y llana salida pactada de Grecia de la Zona Euro, el "Grexit". Como, según Alemania, Grecia no acepta las reglas del juego europeo los dirigentes podrían organizar ese "Grexit" de forma coordinada. Si no hay acuerdo ni "Grexit" ordenado se impondría entonces una salida tormentosa de Grecia del euro.

Esto se plantearía seriamente a partir del 20 de julio, fecha en la cual, sin acuerdo, Atenas tiene que reembolsar al Banco Central Europeo 3,5 mil millones de euros. Si no ocurre, el BCE cortaría su ayuda de urgencia y Grecia y sus bancos estarían ya no en default, sino en bancarrota. Es, de todas, la peor alternativa. La hora de la verdad europea sigue, por el momento, sujeta a estos tres desenlaces por cuya preeminencia nadie, anoche, se atrevía a apostar.


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