Domingo, 16 Febrero 2020 06:10

Occidente en el diván

Policías alemanes vigilan las inmediaciones del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la Conferencia de Seguridad de Múnich. Jens Meyer AP

Líderes mundiales advierten en la Conferencia de Seguridad de Múnich de la erosión del orden occidental, amenazado desde dentro y desde fuera

Un mundo más peligroso, con un Occidente ensimismado en su propia crisis de identidad y desgarrado por las tensiones internas y las amenazas externas. “El mundo se ha vuelto menos occidental”. Las palabras elegidas por el embajador Wolfgang Ischinger para inaugurar la Conferencia de Seguridad de Múnich marcaron el tono de un ejercicio de introspección política colectiva poco esperanzador. Decenas de mandatarios de todo el mundo se dieron cita en la capital bávara en busca de respuestas al retraimiento occidental y a la cesión en el escenario global a otros actores. El tono de la conferencia ha sido este año irremediablemente sombrío.

“El futuro de Oriente Próximo ya no se decide en Ginebra o en Nueva York. Se decide en Sochi o en Astana”, constató el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Apenas un síntoma, un ejemplo de los males que se enumeraron una y otra vez el viernes en Múnich: el repliegue nacionalista, el unilateralismo, las libertades cercenadas y la democracia amenazada. Son procesos, dijeron los participantes, que avanzan fuera y dentro de una Europa crecientemente dividida.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, contribuyó al desaliento colectivo al considerar que “la gente está perdiendo la fe en sus mandatarios”, que “el proteccionismo crece y el comercio se ha convertido en un arma de guerra” y que “las ansiedades políticas se convierten en turbulencias”. Una comunidad internacional menos cohesionada debe hacer frente a la proliferación de amenazas globales, con la crisis climática y transfronteriza a la cabeza, en un contexto en el que gana terreno la idea fuerza de la Administración estadounidense del interés nacional en su acepción más raquítica como motor único.

La conferencia inaugural corrió a cargo del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien habló de la propagación del discurso del odio en Alemania, pero también en el resto del mundo, y de una erosión del orden internacional en los últimos dos años. “Tenemos que pelear por nuestras sociedades abiertas […] las grandes potencias ya no actúan como garantes de la ley y el orden”. Steinmeier advirtió de que “la comunidad internacional no se puede dar por sentada".

La debilidad de las relaciones trasatlánticas, con un aliado estadounidense que abdica de su rol tradicional, según los participantes en Múnich es la gran fractura que debilita a Occidente. “El cambio real no es el auge chino, sino que Estados Unidos ha dejado de ser el policía global”, interpretó Maas, quien puso de ejemplo los conflictos en Siria, Afganistán o África. Ese vacío, continuó, lo ocupan ahora “Rusia, Turquía e Irán con principios y valores diferentes”, añadió.

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, la demócrata Nancy Pelosi, pidió desde el escenario “ser beligerante con las fuerzas autocráticas”. Hizo causa común con el presidente Donald Trump, al acusar a China de “exportar su autocracia digital a través de Huawei”. “Tener un 5G dominado por una autocracia es la forma más insidiosa de agresión”, consideró Pelosi.

Dependencia tecnológica

El gigante tecnológico chino, al que EE UU acusa de robar secretos comerciales, y su participación en las redes de comunicación extranjeras fue uno de los protagonistas, cuando arrecia en las capitales europeas, y sobre todo en Alemania, el debate sobre cómo proteger las infraestructuras estratégicas. “¿Está la competencia ideológica siendo reemplazada por la competencia por la dependencia tecnológica?”, se preguntó Ivan Krastev, el brillante politólogo búlgaro, autor de La luz que se apaga.

“Hay una guerra fría entre China y Estados Unidos y los europeos tenemos que decidir dónde queremos estar”, sostuvo en el bar del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la conferencia, el historiador Timothy Garton Ash. “Es una cuestión de soberanía digital”, indicó a este diario Norbert Röttgen, presidente de la comisión de Exteriores del Bundestag. Röttgen cree que el desarrollo de infraestructuras digitales podría convertirse en una oportunidad para desarrollar proyectos transatlánticos conjuntos y demostrar que la cooperación es posible.

China fue el gran elefante en la habitación, pero a la vez, ejerció de constatación y ejemplo máximo del cambio de los tiempos y de que ahí fuera hay una modernidad alternativa. Lo dijo Sebastian Kurz, el canciller austriaco conservador. “Lo que ha cambiado es que vemos que hay otros sistemas que pueden ser exitosos económicamente. China ha construido un hospital en diez días”, recordó.

Por eso, Wolfgang Schäuble, el presidente del Bundestag alemán, advirtió de que la erosión de los valores occidentales es solo una de las caras de la moneda. La otra tiene que ver con “la competencia económica”. Las libertades, dijo, deben ir acompañadas de “mercados eficientes y con crecimiento”. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, participó en un debate sobre el futuro del comercio internacional, donde defendió la cooperación para gestionar la interdependencia.

En Múnich hubo autocrítica, declaraciones de intenciones y promesas, pero por momentos la cita sonaba a una cámara de eco. Los participantes hablaban de tender puentes a los que piensan diferente, de un Occidente más diverso, de la necesidad de un diálogo profundo con los otros. El problema es que esas otras voces apenas se escucharon el viernes en Múnich, donde el mensaje monocorde corría el riesgo de ejercer de profecía autocumplida.

Ante tanto pesisismo, Krastev fue el encargado de arrojar algo de luz al final del túnel. Habló de la resiliencia de los sistemas democráticos, que se resisten a morir –“miren a Hong, Hong”, dijo–. Y habló también de cómo en el Este de Europa hay cada vez más líderes liberales, como reacción a las corrientes nacionalistas. “El nacionalismo es una vacuna”, se consoló. “Ahora hablamos y nos tomamos más en serio la democracia que hace cinco años”.

Por Ana Carbajosa

Múnich 14 FEB 2020 - 15:50 COT

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A su regreso, Guaidó fue recibido con gritos de "fuera" y "vendepatria".    ________________________________________ Imagen: AFP

Juan Guaidó regresó a Venezuela luego de su gira por Europa y Estados Unidos (EEUU). Ingresó por el aeropuerto internacional de Maiquetía, en el estado Vargas, a media hora de Caracas. Su llegada fue anunciada en la mañana y el recibimiento por parte de la oposición fue pequeño.

En el hall del aeropuerto lo esperaron más chavistas para gritarle “fuera” y “vendepatria” que sus propios seguidores. Entre quienes rechazaban su presencia estaban trabajadores de Conviasa, la aerolínea estatal venezolana sancionada recientemente por el gobierno norteamericano como parte del bloqueo económico.

Guaidó, como se esperaba, no tuvo inconveniente para entrar por el aeropuerto internacional, tal como había sucedido el año pasado, luego de su salida vía Colombia organizado a través del gobierno colombiano y el grupo paramilitar Los Rastrojos. Ingresó nuevamente por los canales regulares migratorios.

El autoproclamado llegó con la narrativa en alto luego de su viaje internacional que abarcó Colombia, varios países de Europa, Canadá y EEUU. Fue en la última escala, en particular en Washington, donde logró las fotografías más esperadas por la oposición golpista: el aplauso bipartidista en el discurso del estado de la unión en el Congreso, y la reunión con el presidente Donald Trump.

Al salir del aeropuerto se dirigió al municipio Chacao, en Caracas, uno de las principales zonas opositoras de la ciudad, para llevar adelante un acto. La asistencia al acto fue pequeña y volvió a evidenciar la distancia entre su construcción mediática y diplomática sostenida por los resortes de poder norteamericano, y la realidad dentro del país.

Guaidó mostró su incapacidad para lograr adhesiones masivas -o medianas- a pesar de su discurso ultimatista y triunfalista: carga con el peso de los errores políticos, los casos de corrupción, las desilusiones y hastíos, que no son patrimonio suyo sino del conjunto de la oposición.

Durante el acto anunció que habrá nuevas medidas de presión, pero sin especificar cuales serán: “hay cosas que tenemos que decir en su momento (…) los mecanismos de presión solo van a aumentar, por polémicos que sean”, afirmó.

También realizó un llamado de unidad a los diferentes sectores de oposición, un pedido central en un escenario donde se han multiplicado las fracturas entre partidos, al interior de los partidos, y, sobre todo, en cuanto a la hoja de ruta a seguir, donde un sector creciente opositor ya no lo reconoce como presidente encargado ni como liderazgo.

Los próximos días serán importantes para la estrategia Guaidó, donde el objetivo será conectar lo internacional con lo nacional, generar un escenario de movilizaciones, algo que no ha logrado desde hace casi un año, y se ha agravado con la perdida de la presidencia de la Asamblea Nacional a principios de enero.

Fue, en gran parte por esa derrota legislativa, que Estados Unidos creó la agenda internacional de Guaidó con el objetivo de relegitimarlo e indicarle a ese sector de la oposición cuáles serán los próximos pasos a dar para intentar derrocar al presidente Nicolás Maduro o, en caso de no lograrlo, cambiar la actual correlación de fuerzas.

Mientras tanto avanzan los debates entre el gobierno, sectores de la oposición cada vez más amplios, con respaldo internacional como el de Rusia, manifestado a través de la visita del canciller Serguei Lavrov, para llevar adelante las elecciones a la Asamblea Nacional que tendrán lugar este año.

Aún no se sabe cuándo será la contienda y, antes de eso, debería tener lugar la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral. EEUU ya anunció que no reconocerá esa elección y buscará escalar las presiones para lograr el derrocamiento del gobierno de Maduro.

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Brexit: las consecuencias económicas y financieras

Reino Unido ha abandonado definitivamente la Unión Europea. El referéndum del 23 de junio de 2016 ha llegado a su culminación. Los ciudadanos de Reino Unido ya no son ciudadanos de la Unión Europea (UE). Es un acontecimiento de gran importancia tanto para el proyecto de una Europa democrática como para Reino Unido. Y las repercusiones se harán sentir en el mundo entero.

Por el momento, sin embargo, en la vida cotidiana los ciudadanos de Reino Unido no van a experimentar grandes cambios. Eso se debe a que ahora se ha abierto un periodo de transición de 11 meses para negociar los términos de la relación que mantendrán en el futuro Reino Unido y la UE. Es decir, hasta diciembre de este año Reino Unido permanecerá en el mercado integrado y la unión aduanera de la UE. Mercancías y capitales, así como personas, seguirán circulando libremente dentro de la UE y de Reino Unido, tal como sucedía anteriormente. Transcurrido este plazo el nuevo paisaje dependerá de las negociaciones entre la Comisión de la UE (con sede en Bruselas) y Londres dentro del periodo de transición.

Las posturas de ambas partes para estas negociaciones se darán a conocer esta semana. El tema más urgente es el de las relaciones comerciales, y tanto para Bruselas como para Londres lo que se busca es un acuerdo comercial con cero cuotas y sin aumentos de aranceles a lo largo de toda la nomenclatura arancelaria. Pero aquí es donde comienzan las complicaciones. La Unión Europea no estará dispuesta a regalar a Reino Unido todas las ventajas de un acuerdo comercial reservadas para sus miembros. Además, la Comisión Europea, en Bruselas, buscará hacer las cosas difíciles a Londres para dejar bien claro a cualquier otro miembro de la Unión que la salida es muy costosa. Ese mensaje puede estar particularmente dirigido a países como Grecia.

Bruselas buscará un acuerdo comercial en el que Londres se comprometa a no socavar las normas sociales y ambientales para competir con la UE sobre bases desiguales. El primer ministro, Boris Johnson, ha manifestado que no piensa constreñirse por las reglas de Bruselas, lo que anuncia una confrontación con los halcones de la Comisión Europea. De no llegar a un acuerdo, el comercio entre Reino Unido y la UE tendrá que regirse por las disposiciones de la Organización Mundial de Comercio. Para muchos rubros eso se traducirá en un aumento no despreciable de aranceles.

Otros temas delicados incluyen el acceso de la flota pesquera de la UE a las aguas de la zona económica exclusiva de Reino Unido. Los temas de seguridad, política exterior e intercambios escolares también pueden hacerse muy complicados. Pero, sin duda, el más problemático está en el capítulo de los servicios financieros, porque la integración financiera entre la City y la UE es muy profunda.

Un informe encargado por la City concluyó en 2016 que 23 por ciento de ingresos de la City provenían de actividades relacionadas con la UE. El estudio reveló que la mitad de esos ingresos se podría perder con la salida de la UE (véase Informe Wyman en www.oliverwyman.com). Junto con esos recursos desaparecerían hasta 32 mil empleos. Esas proyecciones no han cambiado mucho en análisis más recientes.

Los efectos del Brexit sobre la City ya se han comenzado a sentir. En las evaluaciones más recientes (septiembre 2019) la City descendió al segundo lugar, detrás de Nueva York, en el volumen de transacciones financieras, y Hong Kong está en tercer sitio. Pero, curiosamente, la incertidumbre que se había pronosticado desde hace tres años para el sector financiero no ha tenido los efectos anunciados.

Todo cambiará, porque la UE ya ha manifestado su oposición a incluir los servicios financieros en un acuerdo comercial con Reino Unido. Y es que la UE busca promover la mudanza de empresas y bancos de la City hacia otras capitales europeas. Eso contribuiría a erosionar las economías de escala que tiene la City y que le han permitido mantener su proyección global, sobre todo en el mercado de divisas. El Brexit va a transformar todo esto y llevar al desmembramiento de una parte de la red de servicios financieros que han hecho de la City un centro financiero global. La pérdida de economías de escala sería un golpe fuerte para los negocios y la rentabilidad de los operadores de la City, porque habría otros competidores que se beneficiarían. Las autoridades negociadoras de la UE esperan obtener algo de este proceso, que podría conducir a mudar parte del complejo de operaciones y servicios prestados por la City a otras capitales europeas. París y Fráncfort se han estado relamiendo los bigotes desde el día del referéndum.

La City, en Londres, tiene su propio estatuto jurídico en Reino Unido y las grandes aventuras imperiales fueron financiadas y aseguradas por esta entidad única en su género. Los nostálgicos de aquellas épocas se verán defraudados al darse cuenta que esos tiempos no volverán con el Brexit.

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Diálogo post Brexit: Johnson descartó un acuerdo de libre comercio con la UE  

A tres días de la salida formal del Reino Unido de la Unión Europea , de los buenos deseos mutuos y las promesas de paz y cooperación, empezaron los ladridos. De cara a la negociación sobre el futuro de la relación bilateral, el primer ministro británico Boris Johnson fue enfático al decir que no habría alineamiento regulatorio con la Unión Europea cuando termine el actual período de transición el 31 de diciembre, ni libre acceso para la pesca europea en aguas británicas. 

"No hay ninguna necesidad para alcanzar un acuerdo de libre comercio que el Reino Unido acepte la política europea respecto a subsidios, competencia, la protección social o medioambiental. Tendremos nuestra propia regulación, igual o mejor que la europea", dijo Johnson.

Unos minutos antes, en una conferencia de prensa en Bruselas que terminó superpuesta con el comienzo del discurso de Johnson, el negociador europeo Michel Barnier reafirmó una posición diametralmente opuesta respecto a las reuniones que comenzarán el 3 de marzo. 

El jefe de negociadores europeos indicó que la igualdad de reglas para un futuro tratado de libre comercio estaba contemplada en la declaración política firmada por las dos partes, que esperaba que el Reino Unido respetara la tradicional pesca europea en aguas británicas y que el Peñón de Gibraltar, cuya devolución reclama España al Reino Unido, no formaría parte de las negociaciones.

La síntesis de ambas declaraciones es que el diálogo post-Brexit empezó a los gritos y con cara de perro. Suele suceder en la apertura de toda negociación comercial que las partes expresan su posición de máxima para que cualquier concesión sea valorada y debidamente reciprocada. En este caso el problema es que el principio nodal del diálogo es una dicotomía excluyente: alineamiento o divergencia regulatoria. 

La UE exige un alineamiento regulatorio dinámico que obligaría al Reino Unido a seguir el mismo esquema regulatorio a nivel laboral, social, medioambiental, de ayuda estatal y tributario, entre otros temas. La posición británica, delineada por Boris Johnson y anticipada el domingo por el canciller Dominique Raab, es que esto no va a suceder porque el Reino Unido quiere divergir de estas normas. Según el gobierno el Brexit – la separación de la UE - no tiene sentido si el Reino Unido no puede establecer sus propias reglas.

En juego están más de ocho mil productos de un intercambio que constituye la mitad del comercio británico global a nivel industrial y agrícola en una negociación que deberá también lidiar con la pesca y los servicios, en especial el sector financiero, tan central en la economía británica. Boris Johnson quiere un acuerdo que le dé pleno acceso al mercado europeo, pero que no le impida tener un marco regulatorio propio. 

La UE ha dejado en claro desde el referendo de 2016 que eso atentaría contra la unidad del mercado común europeo que se basa precisamente en que todos los miembros respetan las mismas reglas de juego: ¿qué precedente se daría si a un ex miembro se le permite exportar con los mismos derechos que a los miembros, pero con regulaciones más laxas?

Con estos puntos de partida, se dispara la posibilidad de un “hard Brexit”, es decir que el 31 de diciembre las dos partes lleguen a acuerdos sectoriales mínimos o directamente a ningún acuerdo y que los intercambios se rijan por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Termómetro habitual, la libra esterlina reaccionó al mediodía con una caída de un punto ante las declaraciones de Johnson y Barnier. ¿Hay posibilidades de salir de este punto de partida aparentemente inconciliable?

Los especialistas consultados por Página12 coinciden en que, a menos que una de las dos partes dé marcha atrás (y ambas tienen fuertes razones para no moverse de lugar), el 31 de diciembre llegará con un acuerdo ínfimo o sin acuerdo. “Hay que recordar que los acuerdos de libre comercio toman normalmente mucho tiempo. Es cierto que acá hay un punto de partida teóricamente promisorio porque tras 47 años en que el Reino Unido formó parte de la UE hay por el momento un pleno alineamiento regulatorio. La pregunta es qué margen hay para apartarse de eso y tener un acceso similar a los mercados. Mi propia percepción es que habrá un acuerdo limitadísimo, pero que también es muy posible que haya ningún acuerdo”, indicó a este diario Richard Whitman, experto en temas europeos y comerciales de Chatham House, uno de los “think- Tanks” más antiguos del Reino Unido.

Otro experto, Thomas Sampson, de la London School of Economics, alerta sobre el impacto económico. “Un acuerdo muy elemental es possible porque hay sectores en los que la Unión Europea no tiene ni aranceles ni cuotas para la cantidad a importar, caso de los productos farmacéuticos y libros. En cambio hay sectores fuertemente regulados donde el impacto será muy fuerte como agricultura y finanzas. Y en caso de que no haya acuerdo, hay sectores como la industria automotriz que pasarían a regirse con las reglas de la OMC con aranceles de hasta el 10% mientras que con los productos agrícolas los aranceles podrían llegar a un 80%. Esto les quitaría competitividad a estos sectores y encarecería la producción interna ya que el Reino Unido importa gran parte de sus alimentos”, señaló a Página12.

Una síntesis de este dilema sería buscar una fórmula sector por sector que combine alineamiento regulatorio y divergencia. Mientras que la industria automotriz, la aeroespacial, la farmacéutica y la de productos químicos han manifestado su deseo de mantener el alineamiento regulatorio, desde el viernes surgieron voces tanto pro-europeas como pro-Brexit que reivindicaron áreas como Inteligencia Artificial o high tech en los que la divergencia regulatoria podría ser beneficiosa para el Reino Unido .

El semanario “The Economist”, el ex primer ministro laborista Tony Blair en el campo pro-europeo y Larry Elliot, un pro-brexit de centro izquierda, editor económico del pro-europeo matutino “The Guardian, están de acuerdo sobre ese punto a pesar de que parten de premisas ideológicas muy diferentes. “El Reino Unido es uno de los líderes mundiales en Inteligencia Artificial. El primer ministro sugirió que el gobierno puede usar su libertad regulatoria para dar más ayuda estatal a este sector, algo que no estaría permitido en la regulación europea que es muy estricta respecto a la asistencia estatal. De hecho este fue en los 70 uno de los argumentos más importantes de la izquierda laborista para oponerse al ingreso a la UE. Pero además la creación del mercado común europeo no llevó a un crecimiento económico sostenido porque está muy centrado en dos obsesiones germanas: el control de la inflación y el déficit fiscal”, escribió Ellliot en su columna en el "The Guardian".

En caso de "Hard Brexit" o de acuerdos muy elementales, el modelo económico-social británico, que reformateó el Thatcherismo en los 80, podría terminar con una variante más extrema que convertirá al Reino Unido en un gigantesco paraíso fiscal con el objetivo de competir con bajos costos frente a los productos de la UE. 

La City de Londres, con su red asociada de paraísos fiscales, ya es uno de los grandes responsables de la evasión fiscal y el lavado de dinero a nivel mundial, pero ahora Boris Johnson planea la creación de 10 "freeports" que estarán en términos tributarios fuera del Reino Unido y servirán como imán para la inversión extranjera y la nacional. “El proyecto de Johnson es lo que él ha llamado un Singapur en el Támesis. Lo que quiere decir con esta frase es un lugar donde haya bajos o nulos impuestos y una degradación de la regulación laboral, medioambiental y social existente, todo lo que impactará muy fuerte en el Estado de Bienestar Social británico. Los beneficiarios serán un núcleo oligárquico nacional y extranjero. Los grandes perjudicados el resto de la población y la posibilidad de supervivencia del Estado de Bienestar. La única posibilidad que tiene Europa de evitar el impacto de esta política es adoptar una posición dura respecto al alineamiento regulatorio”, dijo a este diario John Christensen director y fundador de la organización líder de la lucha contra los paraísos fiscales Tax Justice Network.

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Un simpatizante del Brexit cruza una calle en el centro de Londres.  Imagen: AFP

Un país atravesado por el deseo de aislarse y a la vez de pertenecer

A las 11, la proyección digital sobre la fachada de 10 Downing Street de un reloj llegó al momento culmine luego de un conteo descendiente coreado en la Plaza del Parlamento como si fuera la llegada de año nuevo

 

 Desde Londres.A las 11 de la noche, el Reino Unido dejó oficialmente de pertenecer a la Unión Europea (UE). Una hora antes, en un mensaje pre-grabado en su página de Facebook, Boris Johnson exaltó la salida del bloque europeo con un llamado a la unidad nacional y al “comienzo de una nueva era en la que el futuro de cada uno no dependa del azar del lugar de nacimiento”. A unos pasos de su residencia oficial, 10 Downing Street, el ala durísima del Brexit, las huestes de Nigel Farage, no querían saber nada con este mensaje conciliador: la fiesta que congregó a miles de personas en la Plaza del Parlamento era para celebrar la "liberación de las cadenas de la Unión Europea". Al borde del Támesis en Londres y en vigilias con velas encendidas en todo el país, los pro-europeos hicieron sus postreras manifestaciones ante lo inevitable. A las 11, la proyección digital sobre la fachada de 10 Downing Street de un reloj llegó al momento culmine luego de un conteo descendiente coreado en la Plaza del Parlamento como si fuera la llegada de año nuevo: el Reino Unido ya no pertenecía al bloque europeo.

La salida es a la vez formal – hay un período de transición hasta el 31 de diciembre – e irreversible: no existe la posibilidad de marcha atrás. Si este año el Reino Unido tuviera un masivo arrepentimiento, tendría que renegociar su entrada en la UE. En la Plaza del Parlamento, la mera posibilidad causaba risa. “Nos fuimos y no volveremos. Por fin se respetó el mandato democrático. Somos libres”, aseguró eufórica una jubilada vestida con los colores de la bandera del Reino Unido.

La celebración de los pro-Brexit fue entusiasta y colorida, pero limitada porque regía la prohibición municipal de fuegos artificiales, música con altoparlantes y alcohol, aunque difícilmente en el Reino Unido baste un edicto para evitar la presencia de este último ingrediente, sea de contrabando o por consumo en los atestados pubs de la zona. En todo caso la prohibición fue funcional al gobierno que buscó un festejo moderado que no exacerbe el rencor acumulado durante la larga saga del Brexit, tan larga que es difícil medirla en años, saber si comenzó con el referendo de junio de 2016, con la insidiosa ofensiva mediática de los 90, con Margaret Thatcher en los 80 o con algún atávico instinto insular.

En horas de la tarde el gobierno buscó reforzar su mensaje de una "nueva era" con una reunión de gabinete en el National Glass Centre, un museo y centro de arte de Sunderland, el norte del país. Las reuniones de gabinete siempre se hacen en 10 Downing Street. El honor en este día trascendental le correspondió a Sunderland porque es una localidad emblemática: fue la primera en anunciar la victoria del Brexit. Pero además representa a ese norte pobre e históricamente laborista que en diciembre votó a Johnson con tal de asegurarse la salida de la UE.

La visita tenía la espectacularidad que necesitaba este mensaje de nueva aurora de Johnson, pero no pudo ocultar las profundas divisiones de un país polarizado. Un grupo de estudiantes se manifestó con carteles de “Boris you are not welcome here” y “Tory cuts not welcome here”. Una pareja de pro-europeos, James y Janet Sheetin, de 58 años, se desviaron de su viaje desde otra ciudad del norte, Newcaste, para plantarse en las puertas del National Glass Center con la bandera europea al grito de “long live Europe”. Empleado de un supermercado, James Sheetin le dijo al periódico local “Sunderland Echo” que la visita de Johnson era un golpe de efecto barato. “Su partido no hizo nunca nada en su vida por el Noreste del país”, dijo Sheetin.

Esta mezcla de escepticismo y alegría, desazón, euforia e incertidumbre es una clara muestra que el Reino Unido está hoy peligrosamente desunido como demostraron anoche las voces que llegaban de las otras dos naciones y de la provincia que constituyen el Reino. En la frontera irlandesa, el punto más álgido de las negociaciones del Brexit porque une a la República de Irlanda, miembro de la UE y a Irlanda del Norte, cuarta pata del Reino Unido, militantes de las Comunidades Fronterizas contra el Brexit, revelaron en un acto un gigantesco cartel con la consigna “fight goes on” (la lucha continúa).

En Escocia, la primer ministro Nicola Sturgeon, dijo que Escocia “es arrancada de la Unión Europea contra los deseos de la enorme mayoría” que votó en el referendo a favor de permanecer en el bloque. En Gales, que votó a favor de la salida, el primer ministro Marrk Drakeford dijo que seguirían formando parte de Europa. Un recorrido que hizo el matutino "The Guardian" por varias localidades pro-Brexit muestra la misma mezcolanza de emociones. En el norte del país, Birkenhead es uno de esos lugares que ha desafiado la comprensión de los analistas políticos: beneficiario neto de subsidios de la UE, votó a favor de la salida (lo mismo ocurrió en Gales). “Estoy aliviada. Ya estábamos hartos de tanta regulación que venía de gente que no conocíamos. El pueblo quería recobrar el control”, le señaló al matutino Hazel Harris de 78 años. En Barry Island, otra localidad pro-brexit, Emma Page, de 42 años, confesaba su incertidumbre y las divisiones familiares. “Soy la única que votó a favor de salir. Mi padre todavía me reprocha que es por gente como yo que está pasando lo que pasa. Espero haber tomado la decisión correcta y que se curen las heridas, pero va a tomar tiempo”, le dijo al diario The Guardian.

Según John Curtice, el especialista de sondeos de la BBC, que a diferencia de muchos de sus colegas alrededor del mundo viene acertando en sus predicciones, las encuestas muestran claramente que si la votación se celebrara hoy ganarían los que quieren seguir en la UE. "La última media docena de sondeos le dan a los pro-europeos un 53 por ciento y a los pro-Brexit un 47 por ciento. La mayoría de los que votaron en 2016 votarían de la misma manera. La diferencia radical es con los que no votaron. Entre este grupo los pro-europeos son el doble", señala Curtice. Entre ellos están los que no pudieron votar en 2016 por su edad: cuanto más joven, más decididamente pro-europeo el perfil del votante. La confusión en este grupo es inevitable. Un ferviente pro-europeo, Timothy Garton Ash, trataba de lidiar con el asunto exhortando ayer en una columna en el The Guardian “a desear que el Brexit sea exitoso y que la Unión Europea sea más exitosa aún”.

En medio de esta marea emocional de los tradicionalmente circunspectos británicos una cosa está clara. Sea por la historia, la geografía o la conveniencia, el Reino Unido no podrá librarse de su vecino. Hasta fin de año tendrá que negociar cómo será la relación al final de la transición. Y luego, de una manera u otra, pase lo que pase, tendrá que seguir el diálogo. El mismo Timothy Garton Ash citaba en The Guardian las palabras del historiador RW Seton-Watson en 1937 para caracterizar la ambivalente relación británica con el continente. “El deseo de aislamiento. Y la conciencia de que es imposible. La aguja del compás británico sigue oscilando entre estos dos polos” A más de 80 años nada ha cambiado ni nada cambiará.

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Reino Unido prepara acuerdo comercial con EU, a unas horas de dejar la Unión Europea

El bloque perderá un miembro por primera vez y ganará un competidor

 

Londres. El primer ministro británico, Boris Johnson, se reunió ayer en Londres con el secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, para preparar el terreno de la negociación de un gran acuerdo comercial, a unas horas de la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE).

Pompeo subrayó los "enormes beneficios" para ambos países, ya que Reino Unido se encuentra a las puertas de un "cambio histórico".

Como miembro de la UE, hay cosas que Reino Unido "estaba obligado a hacer; ahora será diferente. Creo que es fantástico. Podremos reducir los costos de transacción y compartir de una manera que no podíamos", indicó Pompeo en un panel conjunto con su homólogo británico, Dominic Raab.

Después de que el Parlamento Europeo ratificó el acuerdo de divorcio en una sesión cargada de emoción el miércoles, Reino Unido saldrá oficialmente hoy a la medianoche del bloque europeo, aunque en la práctica casi nada cambie durante el periodo de transición, hasta finales de diciembre.

Londres pondrá fin a casi 47 años de complicada relación con la UE y ésta, por primera vez en su historia, perderá un miembro y ganará un poderoso competidor comercial y financiero.

Uno de los principales argumentos de los defensores del Brexit desde la campaña del referendo de 2016 en que se decidió la salida de la UE con 52 por ciento de votos, ha sido recuperar el control de su política comercial para negociar libremente acuerdos con otros países.

Japón podría ser el primero en firmar un tratado con Londres, durante la visita del emperador Naruhito en primavera a Reino Unido, pero el presidente estadunidense, Donald Trump, considera una "prioridad absoluta" alcanzar un ambicioso acuerdo de libre comercio con Reino Unido y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, esperara concretarlo este año.

Aunque un acuerdo entre Washington y Londres tiene varios obstáculos en el camino, como la decisión británica de permitir al fabricante chino de telecomunicaciones Huawei participar, aunque sea de manera limitada, en su red 5G, y el proyecto de imponer un impuesto a los gigantes estadunidenses de Internet.

Eso, por un lado, y por el otro, cuestiones como la negativa estadunidense de extraditar a Anne Sacoolas, esposa de un diplomático implicada en un accidente de tráfico en Inglaterra que mató al adolescente Harry Dunn, o la denuncia de un fiscal neoyorquino de que el príncipe Andrés, hijo de la reina Isabel II, no coopera con una investigación de la Oficina Federal de Investigaciones sobre el pederasta Jeffrey Epstein, quien se suicidó en prisión.

"Tenemos muchos temas a discutir con Reino Unido en el momento en que entre en una nueva fase de soberanía", reconoció Pompeo en el avión que lo transportaba a Londres, incluidas "enormes cuestiones comerciales".

Además, en la negociación de un acuerdo con Estados Unidos, Reino Unido podría verse obligado a aceptar productos con normas alimentarias más laxas sobre la salud y el medioambiente que las actualmente impuestas por la UE.

En tanto, los países que conforman el bloque ratificaron por escrito el acuerdo del Brexit, lo que completa el procedimiento.

La comisaria europea de Competencia, la danesa Margrethe Vestager, aseguró que echará de menos el "sentido del humor" británico, así como su cultura.

Este viernes bajarán las banderas británicas de los edificios de la UE en Bruselas, mientras los defensores del Brexit las harán ondear en Londres para celebrar la salida.

Reino Unido se adhirió a la Comunidad Económica Europea el primero de enero de 1973 y después de firmar en 1992 el Tratado de Maastricht, se convirtió en miembro de la UE.

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El poder mundial le teme a la nueva era geopolítica: el desacoplamiento de las potencias

El Foro de Davos es uno de los mecanismos clave para 'aceitar las tuercas' de la maquinaria capitalista, donde se coordinan, se discuten y se hacen públicas las tareas del año para hacer que el sistema siga funcionando. El enfrentamiento entre potencias les hace temer una atomización del mundo.

La turbulencia geopolítica relacionada con las tensiones comerciales y las rivalidades tecnológicas está creando un gran riesgo para la comunidad global: el peligro de dislocación y desacoplamiento de EEUU y China de las actuales reglas de juego globales. Así caracteriza el riesgo actual para el sistema dominante el Foro económico mundial 2020.

Quien haya creído que Davos le daría respuestas sobre las preocupaciones de miles de millones sobre cómo superar la pobreza, el cambio climático y el desarrollo sostenible peca de candidez.

A los líderes empresariales y políticos les preocupa que se estén fortaleciendo polos donde hay mayor confrontación, pierden clientes e incrementan los costos. Esta atomización emergente, advierten, induce a los países a optar por uno u otro polo, lo cual pone en peligro el actual modelo económico dominante desde la caída del muro de Berlín.

El Foro de Davos busca sumar las voces de sus aliados en el mundo, tanto gobiernos como empresas transnacionales y líderes de opinión, para encarrilar a los divergentes y volverlos a montar en la ya obsoleta maquinaria creada en Breton Woods en 1944, que dio como resultado la creación de la ONU, la OMC, el FMI y el Banco Mundial.

Davos señala que el peso de China y Estados Unidos es inmenso pues representan más del 40% del PIB mundial, son los principales innovadores del mundo y, además, los dos principales emisores de gases de efecto invernadero.

Les preocupa que el resultado de la formación de compartimentos o atomización a la que llevan las potencias conciba un panorama geopolítico inestable. Bajo el lema Para un mundo cohesionado y sostenible, los dueños del Foro de Davos buscan casi desesperadamente formas de coordinar y sostener las riendas del poder mundial.

El presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, fundador, impulsor y catalizador del foro, hizo hincapié en la necesidad de buscar un capitalismo sostenible, mientras que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advierte de la existencia de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

Posiblemente los temores de la atomización de los sistemas en un mundo digitalizado sean genuinos, pero queda claro que lo que buscan es estandarizar el mundo bajo las reglas de una sola visión, un solo liderazgo, un mundo unipolar, un solo gobierno mundial.

Los líderes de Davos temen el regreso de la Guerra Fría en el ambiente económico que cambiaría fundamentalmente la forma en que los negocios y la seguridad global han funcionado en las últimas décadas ya que los países tendrían que decidir a cuál sistema económico formar parte, y las empresas tendrían que desarrollar protocolos separados.

Próxima era geopolítica: la fragmentación

China y EEUU están compitiendo en dominios comunes y cada uno busca diseñar sus propios sistemas: sus propios estándares, sus propias cadenas de suministro, advierten en Davos. Esos contornos de la nueva era geopolítica ya están presentes en nuestra vida diaria, con nuevos estándares económicos, tecnológicos, ambientales.

El FMI señaló que los volúmenes comerciales se han reducido en gran medida como resultado de lo que la OMC ha llamado "niveles históricamente altos de restricciones comerciales". Eso conllevará a la desaceleración del crecimiento global en 0,8% en 2020.

Tanto el FMI como la OMC no reconocen abiertamente su arcaico diseño ni sus incapacidades, pues por ejemplo llama "restricciones comerciales" a los castigos comerciales o sanciones a las que somete EEUU de manera unilateral a muchos países cuando no les gusta su política.

Las potencias, las grandes compañías y los líderes empresariales hicieron saber en Davos que les preocupa que la deuda pública de las economías del G20 alcance el 90% del PIB en 2019, el nivel más alto registrado, y que se prevé que llegue al 95% en 2024, según datos del FMI.

¿Y qué hay de los pobres? Queda claro que este no es su foro. Pues al ser el último escalón de la sociedad, deberán someterse a las reglas que acuerden los de arriba, en tanto sigan creyendo que algún día les llegará la prosperidad por goteo.

Consecuencias de la parcelación digital

Los organizadores del Foro nos recordaron que más del 50% de la población mundial está ahora interconectada y que aproximadamente un millón de personas se conectan en línea por primera vez cada día y dos tercios de la población mundial poseen un dispositivo móvil.

A Davos y a su añorado mundo unipolar les preocupa la ausencia de una gobernanza tecnológica global. Los empresarios han advertido que "un ciberespacio fragmentado y estándares tecnológicos diferentes podrían obstaculizar el crecimiento económico, exacerbar las rivalidades geopolíticas y dividir aún más a las sociedades".

Ya vivimos una época de dominio tecnológico que está reformando a diario nuestras vidas, las economías y las sociedades. La inteligencia artificial, IA, ha sido denominada como "la invención más impactante", pero también como la "mayor amenaza" y la proliferación de estándares dificulta que los países y las empresas confluyan en un solo sistema.

Peor aún vivimos una dominación en manos de compañías tecnológicas globales que están desafiando y asumiendo competencias centrales que solo les debieran competir a los gobiernos.

Está claro que la ausencia de un marco global de gobernanza tecnológica aumenta la injerencia foránea empresarial en los Estados, asumiendo funciones que no le corresponden y consiguiendo poseer y dominar infraestructura crítica para la seguridad de los países.

Como Yuval Noah Harari advirtió el peligro del robo de datos de los seres humanos, los conocimientos biológicos y el control de la tecnología están llegando al punto en el que ya no se necesitarán soldados para dominar algún territorio, pues se podría hacer mediante el control de datos.

El medio ambiente reducido a plantaciones

El Foro Económico fue muy magro en resultados ambientales. Su mayor logro fue el lanzamiento de la iniciativa Un billón de árboles, a sembrar para 2030, como si las plantaciones pudieran devolver la biodiversidad perdida y a ser degradada. Queda claro que no podemos pedirle peras al olmo.

Para la élite dominante mundial el crecimiento es clave, eso implica un mayor consumismo que va en dirección opuesta a la conservación y preservación de los ecosistemas. El FMI responde a esas necesidades al exigir un mayor crecimiento y advertir sobre el bajo aumento de la economía mundial, que prevé que sea del 3,3% en 2020 y del 3,4% en 2021.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, dedicó la mayor parte de su intervención a abogarpor las soluciones tecnológicas al cambio climático. Queda claro que no debemos esperar solidaridad de quienes solo velan por sus intereses.

Europa pretende liderar el tema climático con el presidente francés Macron a la cabeza, pero no pueden convencer ni a ellos mismos. Solo buscan soluciones mercantilistas como la compraventa de bonos verdes y no promueven cambios de hábitos consumistas. Mientras tanto, EEUU patea el tablero, sigue negándolo, y China mira para otro lado.

Premio Nobel de Economía desaprueba la economía de Trump

Previo a su viaje a Davos, el premio Nobel de Economía de 2001, Joseph Stiglitz, dijo que el presidente Donald Trump se merece un "desaprobado" en economía, además de fallar en asignaturas esenciales como defender la democracia y proteger el planeta.

"Tal vez Trump sea un buen presidente para el 1% más rico (y sobre todo, para el 0,1% más rico), pero no lo ha sido para más nadie" dijo Stiglitz. Denunció que millones se han quedado sin cobertura en salud y que en solo dos años la proporción de estadounidenses sin seguro médico creció del 10,9% al 13,7%.

Las pérdidas relacionadas con el cambio climático en Estados Unidos aumentaron drásticamente, llegando en 2017 hasta un 1,5% del PIB en daños materiales, superando a cualquier otro país en este aspecto, dijo el experto.

¿Cuál fue el relato que trató de implantar Trump en Davos? Hizo un recuento de los logros de su gestión en beneficio de su país, mostrando que su liderazgo ha mejorado a EEUU. Se jactó también de que son los mayores productores de gas y petróleo y de que lograron la independencia energética.

Como gran dádiva al mundo, Trump anunció que su país se unió al proyecto de sembrar dos billones de árboles. Rechazó el pesimismo y a los apocalípticos, pues su país está resurgiendo, dijo. Informó que se crearon siete millones de nuevos puestos de trabajos, tres veces más de lo proyectado. Todo esto con el afán de refutar lo dicho por Stiglitz.

El multilateralismo vetusto y la multipolaridad en riesgo

La competencia sin precedentes que se ha desatado entre potencias económicas, financieras, demográficas y tecnológicas está perfilando un nuevo orden (desorden) mundial y aún no sabemos a dónde nos conducirá.

No se escuchó en Davos la palabra multipolaridad, y dudo que les simpatice a los asistentes y promotores; a toda vista la consideran una mala palabra.

La certeza que deja Davos 2020 es que las actuales guerras cibernéticas, las guerras comerciales y el cambio climático nos pasarán factura a los miles de millones sin voz ni parte en ese foro.  

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Partidarios del clérigo iraquí Moqtada Sadr se reúnen en la capital, Bagdad, Irak para exigir el fin de la presencia de las fuerzas estadounidenses en su país. Foto Afp

Bagdad. Con banderas nacionales y pancartas criticando al presidente estadunidense Donald Trump, decenas de miles de iraquíes marcharon pacíficamente el viernes por las calles de Bagdad para exigir que los soldados de Estados Unidos abandonen el país. La protesta fue convocada por un importante clérigo chií.

La muestra de fuerza de los seguidores de Muqtada al-Sadr y de las milicias respaldadas por Irán se produjo en medio de fuertes tensiones, luego de un ataque con dron perpetrado por Estados Unidos a principios de mes que provocó la muerte de un importante general iraní en la capital de Irak, lo que avivó los sentimientos contra los estadunidenses.

No había cifras disponibles del total de asistentes y los organizadores proporcionaron números diferentes, pero estaba claro que se había quedado corta de la marcha de “millones de hombres” que había sido convocada por al-Sadr.

Las autoridades y expertos señalaron que la muestra de fuerza fue un intento del clérigo para capitalizar un estado de ánimo que se está gestando contra los estadunidenses y mostrar que tiene la preferencia de los iraquíes, mientras las élites políticas debaten quién debería ser el próximo primer ministro.

Grandes multitudes se congregaron en el día musulmán de oración mientras los altavoces de la plaza central reproducían la frase: “¡No a Estados Unidos!”. Algunos de los seguidores de al-Sadr vestían capas blancas para simbolizar el hecho de que estaban listos para morir por la causa.

“¡Eh, Trump! No permitiremos que conviertas a Irak en un campo de batalla”, se leía en un cartel. Un niño sostenía otro con la frase: “Muerte a Estados Unidos. Muerte a Israel”.

Tratando de mostrar control, los simpatizantes del clérigo no chocaron con la fuerte presencia policial ni atacaron las protestas contra el gobierno que se llevaban a cabo en la Plaza Tahrir, algo que los activistas temían que ocurriera.

En su sermón semanal de los viernes, el gran ayatolá Ali al-Sistani, el clérigo chií más venerado de Irak, pidió a los partidos políticos que salieran de su estancamiento y avanzaran en las negociaciones.

“La formación de un nuevo gobierno está constitucionalmente atrasado, y es necesario que cooperen los partidos involucrados”, manifestó al-Sistani en un sermón entregado a través de un representante. “Es un paso importante para resolver la crisis actual”.

Ap | viernes, 24 ene 2020 12:44

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Lunes, 20 Enero 2020 06:28

Claves

Claves

En un país gobernado por un régimen incoherente y caótico, empapado de corrupción, dirigido por un presidente que afirma que es un “genio muy estable” y que ha mentido o engañado más de 15 mil 400 veces desde que llegó a la Casa Blanca, no es nada fácil entender qué onda con este país.

Al inicio de este año electoral en el cual se determinará si el “genio estable” ya impeached es relecto o no, y cuáles podrían ser las alternativas, entre algunas de las claves necesarias para entender esta coyuntura están las siguientes:

La concentración de riqueza y la desigualdad económica han llegado a su punto más extremo en un siglo. No sorprende que siete de cada 10 estadunidenses afirmen que el actual sistema favorece de manera injusta a los intereses más ricos y poderosos (https://www.pewresearch.org/ fact-tank/2020/01/09/70-of- americans-say-u-s-economic-system- unfairly-favors-the-powerful/).

Las consecuencias de esta desigualdad se manifiestan de varias maneras, tal vez la mas dramática es el nuevo fenómeno de “las muertes de la desesperación” (frase creada por el Nobel de Economía Angus Deaton y la economista Anne Case para describir el incremento de fallecimientos por drogas, alcohol y suicidios en el país), sobre todo entre la clase trabajadora blanca devastada por la agenda neoliberal durante las últimas décadas.

El columnista Nicholas Kristof, del New York Times, y Sheryl WuDunn señalan que la combinación del debilitamiento de sindicatos y mayor poder del sector empresarial, la globalización, la destrucción de sectores industriales y agrarios, las políticas fracasadas de la guerra contra las drogas, así como la falta de inversión en educación y salud, entre otros factores, colocó a millones en el abismo mientras los más ricos multiplicaron sus fortunas en gobiernos de ambos partidos (https://www.nytimes.com/2020/01/ 09/opinion/sunday/deaths-despair -poverty.html?smid=nytcore-ios-share).

Algunos dicen que ya murió el sueño americano con indicadores de que los millennials serán la primera generación en no obtener un mejor nivel de vida que sus padres.

Unos 53 millones de trabajadores –44 por ciento de la fuerza laboral– califican como empleados de sueldo bajo hoy día: el salario mínimo federal está por debajo de su valor real hace 30 años.

La tasa de suicidios está a su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, existe una epidemia (oficialmente declarada por autoridades de salud) de consumo de opiaceos y niveles crecientes de alcoholismo. De todos los países avanzados, sólo en Estados Unidos se ha reducido la expectativa de vida durante cada uno de los últimos tres años.

Una respuesta política ante todo esto es, como explica el profesor y ex secretario del Trabajo, Robert Reich, que “el apoyo de Trump proviene en gran medida de la clase trabajadora de Estados Unidos, cuyos sueldos no se han incrementado en décadas, cuyos empleos son menos seguros que nunca y cuya voz política ha sido silenciada por el gran capital”. Agregó que aunque Trump ha beneficiado sólo a las grandes empresas y Wall Street, ha logrado convencer a estas filas de que él es su campeón, “canalizando su ira contra extranjeros, inmigrantes, minorías y burócratas del ‘Estado profundo’”.

Pero a la vez, más votantes que nunca se oponen al capitalismo. Encuestas recientes han registrado que no sólo hay mayor rechazo al capitalismo, sino más apoyo a algo llamado “socialismo”, que incluye a la mayoría de los jóvenes. Una nueva encuesta de Harris encontró que cuatro de cada 10 estadundienses –y 55 por ciento de las mujeres entre 18 y 54 años– dicen que preferirían vivir en un país socialista que uno capitalista, reportó Axios (cuando hablan de socialismo, se refieren más al modelo europeo de acceso universal a salud, educación, salarios y beneficios laborales dignos).

Klaus Schwab, fundador y director del Foro Económico Mundial –el cual realizará su sesión anual en Davos esta semana–, escribió la semana pasada que “el capitalismo, en su forma actual, ha llegado a sus límites. A menos de que sea reformado desde adentro, no sobrevivirá”. (https://www.foreignaffairs.com/ articles/2020-01-16/capitalism-must- reform-survive).

Al parecer, el futuro del capitalismo estadunidense está en juego en las elecciones de 2020.

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Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho competirán en las elecciones de mayo.

Si hay una palabra en que todas las fuerzas contrarias al Movimiento al Socialismo coinciden esta es Unidad. El problema es cómo se entiende esto. Porque todos los candidatos señalan Unidad pero detrás de mí.

Así es muy posible que la derecha vaya atomizada en cuando menos 5 fórmulas. Todas ellas buscando salir segundos con la esperanza de que haya ballottage y reciban el apoyo de los otros contra ese fantasma que recorre Bolivia y que se llama proceso de cambio.

El primero en anunciar su candidatura fue Luis Fernando Camacho, abogado cruceño hijo de cochabambino que fue formado en la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista y llegó a ser su vicepresidente. Entre 2008 y 2009 la Unión Juvenil fue acusada de organización paramilitar por la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Meses antes de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, Camacho juró al Movimiento Nacionalista Revolucionario cuyo mandato concluyó con la renuncia de Goni el 2003.

El 2019 fue elegido presidente del Comité Por Santa Cruz. Irá acompañado de otro cívico. El potosino Marco Pumari quien coqueteó con el troskismo y posteriormente fue jefe de juventudes del MAS en su región organización de la que fue expulsado por un manejo “irregular” de dineros.

Agrupaciones como las del alcalde cruceño Percy Fernández han manifestado su apoyo al grupo cívico.

Tutito busca carguito

El segundo en lanzarse al ruedo fue Jorge Tuto Quiroga, un cochabambino que fuera ministro de gobiernos neoliberales, vicepresidente de Banzer y que finalmente asumió cuando el exdictador ya estaba desahuciado por el cáncer.

Fue candidato perdedor en otras dos contiendas electorales.

Recientemente Quiroga renunció a ser vocero internacional de Jeanine Añez para convencer al mundo que en Bolivia no hubo golpe de Estado.

Él siempre proclamó su admiración por el partido Republicano en Estados Unidos y estudio en Texas. Dice que Bolivia es demasiado pobre para ser de derecha. Bueno …

Verde que te quiero verde

La otra derecha cruceña es la comandada por el también excívico Rubén Costa cuyo nombre es Demócratas pero son conocidos como los verdes (uno de los dos colores de la región junto al blanco)

Ellos son los que actualmente se encuentran en el poder ya que Jeanine Añez es su militante.

En las elecciones del 2019 obtuvieron el 4.5 % de los votos pero ahora corren el peligro de desaparecer.

Camacho y Quiroga les disputan el electorado de ultraderecha. Pero de todos los verdes, la mejor posesionada es la actual presidenta Añez a quien un importante sector de su militancia quiere llevarla a las elecciones.

Ya la mandataria de facto ha abierto las compuertas a la posibilidad. Hay sillas que tienen la maldición del que se sienta no quiere irse más. La presidencial en Bolivia parece ser una de ellas.

El problema en los Demócratas (sólo tienen algún peso electoral en Santa Cruz y el Beni) es que Rubén Costa quiere apoyar a Camacho (para salvarse él mismo de las acusaciones de traición al movimiento autonomista cruceño) pero eso significaría subsumirse en un grupo inestable y aceptar las imposiciones de excívico que ha dicho: con todo gusto pero sin que éste obligado a nada y sin varios de sus cuadros a los que no quiero ni ver. En esta lista estaría incluso Oscar Ortiz.

Y por si fuera poco un sector del Partido Demócrata Cristiano anuncia la candidatura de Jasmine Barrientos, nieta del ex dictador René Barrientos y furibunda crítica de Morales.

El expresidente Carlos Mesa pretende desprenderse de izquierda y derecha y por ello ha señalado que su propuesta será respetuosa de los Derechos Humanos. No tiene el arrastre del 2019 donde primó el voto útil pero sí de sectores sobre todo de clase media que temen la violencia de cualquiera de los dos extremos. Al miedo a los indios se suma que más de uno considera que el actual gobierno está cometiendo arbitrariedades y abusos peores a los que le endilgan al partido de Evo Morales.

Mesa es sobre todo un intelectual de centro y sueña con terciar en la segunda vuelta y retornar al voto útil que lo llevó al 35 %.

Junto a él podría presentarse Samuel Doria Medina, un empresario y político que aún desoja margaritas para ver con quién irá a las elecciones.

Los milagros de Evo

Morales logró nuclear alrededor suyo a militantes de todas las izquierdas. Trotskystas, guevaristas, maoístas, kataristas, militantes del viejo PC. Los mejores cuadros de 40 años de lucha de esa histórica izquierda que había combatido a las dictaduras y al neoliberalismo se sumaban al llamado de eses indígena dirigente de los muy combativos cocaleros.

La derecha parece no tener el hombre, o la mujer, que posea ese imán.

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