Criptomonedas para «dummies» Preguntas y respuestas sobre Bitcoin

Las extensión de las criptomonedas, sobre todo de bitcoin, plantea diversos interrogantes. ¿Qué son exactamente? ¿Cómo funcionan? ¿Qué significa la jerga que está detrás? ¿Qué consecuencias tienen para los Estados, e incluso para la democracia?

 

Bitcoin nació en 2008, el mismo año que Lehman Brothers declaró su quiebra. El 31 de octubre de ese año, un usuario identificado como Satoshi Nakamoto publicó en la lista de correo «Cryptography» un mensaje que decía: «He estado trabajando en un nuevo sistema de dinero electrónico que es totalmente peer-to-peer, sin terceros de confianza». Además, contenía un enlace al documento alojado en el sitio bitcoin.org conocido como «white paper» donde se explicaba punto por punto el funcionamiento del sistema. En realidad, nadie conoce la verdadera identidad de Nakamoto.

Bitcoin fue la primera moneda digital que logró transferir valor entre usuarios sin necesidad de una autoridad central que verifique las transacciones. La idea, tan sencilla como suena, dio origen a una revolución monetaria sin precedentes. El 9 de enero de 2009, Nakamoto liberó la versión 0.1 del cliente de Bitcoin (hoy conocido como Bitcoin Core), un software de código abierto que conectaba varias computadoras entre sí, y esto dio origen a la red que soportaría la criptomoneda. Las tareas de la red eran, en apariencia, sencillas: permitir transacciones entre usuarios, hacer una lista de todas las transacciones, verificar que no se gaste dos veces la misma moneda y emitir nuevas unidades monetarias.

Ese mismo día, a las 00:54, se minó el primer bloque de bitcoin y con él se crearon las primeras unidades. Tres días más tarde, el 12 de enero de 2009, Hal Finney, uno de los miembros más destacados de la lista de correo «Cryptography», recibió la primera transacción de bitcoin de la historia. El 26 de abril de 2011, Nakamoto envió su último mensaje y desapareció de la vista del público. Tres años más tarde, el 28 de agosto de 2014, Finney murió producto de un cuadro avanzado de esclerosis lateral amiotrófica. Su cuerpo se preserva en estado de criogenia en los laboratorios de la Alcor Life Extension Foundation.

Junto a Nick Szabo, Finney es reconocido como uno de los pioneros de Bitcoin y uno de los principales sospechosos de ser Satoshi Nakamoto o, al menos, de haber tenido contacto estrecho con el personaje anónimo.

¿Qué es bitcoin?

Bitcoin, además de ser el nombre de la moneda, es la red que la soporta: una red entre pares (p2p), sin intermediarios, que permite mandar valor de una parte del planeta a otra sin pedir permiso a nadie, a un costo relativamente bajo, de forma semianónima, rápida y totalmente irreversible. Estas características le permiten a Bitcoin ser inmune a los intentos de censura de cualquier nación, empresa o autoridad.

Los usuarios pueden transferir bitcoins a través de la red para hacer casi cualquier cosa que se pueda hacer con las monedas convencionales, como comprar y vender bienes y servicios o enviar dinero a otra persona, e incluso algunas plataformas permiten recibir u otorgar crédito usando bitcoins. Los bitcoins se puede comprar, vender e intercambiar por otras monedas en casas de cambio especializadas. A diferencia de las monedas tradicionales, Bitcoin es totalmente virtual. No hay monedas físicas que lo representen.

Los usuarios de la red poseen una serie de claves (conocidas como claves privadas) que permiten demostrar la propiedad del bitcoin. Con estas claves se pueden realizar transacciones a otros usuarios de la red. Las claves se guardan en billeteras digitales, que pueden estar en una computadora personal, en el teléfono e incluso en un hardware específico diseñado con tal fin. Las claves privadas que permiten realizar transacciones son el único requisito previo para enviar bitcoins, dejando así el control total de sus fondos en manos de los usuarios.

¿Qué es la minería?

Cada unidad de Bitcoin se crea en un proceso llamado «minería». Determinados nodos de la red, llamados mineros, compiten para encontrar la solución a un problema matemático mientras se procesan las transacciones de bitcoins. Cualquier participante en la red Bitcoin puede convertirse en minero, en tanto que ponga a disposición el poder de procesamiento de su computadora para verificar y registrar transacciones.

Cada diez minutos, en promedio, un minero de Bitcoin compite por validar todas las transacciones de los últimos diez minutos y, si logra validarlas, obtiene una recompensa en forma de bitcoins. Esta función es conocida como «prueba de trabajo», o en inglés, proof of work.

En la actualidad, la recompensa consiste en 6,25 bitcoins por bloque minado, y cada 210.000 bloques, la recompensa se reduce a la mitad. De esta forma Bitcoin alcanzará un límite de unidades cercano a los 21 millones. Este límite se deduce de la propia velocidad de emisión de nuevas unidades de Bitcoin, que está establecida en el software de la red. Además, cada unidad de Bitcoin se puede dividir en 100 millones de partes, es decir que podemos fraccionar un bitcoin hasta obtener el 0,00000001 de cada unidad. Esa unidad mínima se llama satoshi.

El protocolo de bitcoin incluye algoritmos que regulan la función de minería en la red. La dificultad de resolución del problema matemático que permite minar un bloque se ajusta de forma automática para que el tiempo de validación entre un bloque y otro sea de diez minutos, sin importar la cantidad de mineros que estén compitiendo en ese momento. El número de bitcoins en circulación adquiere la forma de una curva predecible que se acerca a los 21 millones para el año 2140. Dado que la tasa de emisión es decreciente, a largo plazo, Bitcoin es deflacionario. No se puede inflar «imprimiendo» dinero nuevo más allá de la tasa de emisión esperada.

Pero que sea una moneda virtual no significa que no haya «materialidad» detrás. Minar bitcoins requiere del uso de energía eléctrica. Con las condiciones actuales donde la competencia es muy extendida, el minado de bitcoins se vuelve rentable en regiones que tengan alguna ventaja comparativa, como por ejemplo, energía eléctrica muy barata. A mayor potencia de computación hay mayores probabilidades de resolver un bloque y, por tanto, de obtener la recompensa. Por eso se crearon «pools de minería» para concentrar ese poder de fuego.

Esa es una de las razones por las cuales Paraguay, por ejemplo, se volvió uno de los lugares desde donde «minar bitcoins» resulta rentable. «En Paraguay sigue siendo rentable minar bitcoins debido a que tenemos el más bajo costo de energía eléctrica de la región», dice Luis Pomata, CEO y cofundador de Nano Mining Paraguay. «El costo normal es de 5 centavos de dólar el KW/h y puede llegar inclusive a los 3 centavos de dólar el KW/h. Es algo que solamente se ve en países asiáticos o en algunos lugares de Norteamérica». Y agrega que el país sudamericano tiene también «bajos costos de mano de obra técnica y por último se pueden comprar o alquilar depósitos/galpones para utilizarlos como centros de datos que cumplen con los requisitos necesarios para albergar las máquinas mineras a un precio muy accesible».

¿Cómo obtiene su valor?

Una de las preguntas más frecuentes acerca de Bitcoin es «cómo obtiene su valor» o «qué respaldo tiene». Para poder responder esto, debemos dar un pequeño rodeo histórico. Al final de la Segunda Guerra Mundial, se impuso la necesidad de crear un sistema de comercio internacional que evitara los desequilibrios que habían llevado a la Primera Guerra, al crack de los años 30, al auge del fascismo y, finalmente, otra vez al enfrentamiento bélico y el Holocausto.

Estados Unidos, con la doctrina del globalismo liberal a la cabeza, sostuvo la hipótesis de que un mundo abierto al comercio era un mundo de paz. Así, en las conferencias de Bretton Woods, el dólar estadounidense se convirtió en el garante del comercio internacional y, por lo tanto, de la paz. Hasta ese entonces el dólar contaba con una fracción de oro que garantizaba su «valor». Los dólares, en definitiva, eran convertibles a una porción de oro. Pero en 1971 Richard Nixon decretó la salida de Estados Unidos del patrón oro y entonces la moneda estadounidense dejó de ser convertible al metal precioso. Así, ya ninguna moneda global podía ser convertible, vía el dólar, al oro. Este tipo de dinero es conocido como dinero fiat o fiduciario.

El «respaldo» de nuestras monedas proviene de la capacidad de los Estados de forzar su uso y declarar ilegales el resto de las monedas. El cambio radical entre patrón oro y dinero fiduciario (que viene del latín fides, es decir, fe) es aún hoy en día, a casi medio siglos de distancia, un hecho desconocido para una gran porción del público. Nuestro dinero no tiene respaldo alguno más que la credibilidad en quién lo emite y el acuerdo entre las partes que lo usan. En definitiva, el valor del dinero es una relación social y de ahí, por lo tanto, su carácter ineludiblemente político.

El valor de Bitcoin, más allá de sus características particulares como la escasez, la seguridad, la resistencia a la censura, la inmutabilidad y la fiabilidad, depende del acuerdo de todos los usuarios. En ese sentido, Bitcoin también es, de alguna forma, una forma de fe. La única diferencia con el dinero que imprime el Estado o un banco (como puede ser el caso de Hong Kong) es que el valor no está asociado a la confianza en determinado gobierno, sino a la confianza puesta en un sistema de prueba criptográfica.

Esto implica la destrucción del monopolio del dinero por parte de bancos y Estados, y la demostración empírica de que un grupo de personas que no se conoce, que no tiene contacto entre sí y que ni siquiera tiene los mismos intereses ni ideología puede generar consenso a través de una tecnología lo suficientemente robusta y unos incentivos alineados de la forma correcta.

¿Puede surgir una «oligarquía» del bitcoin?

Si bien Bitcoin es una red descentralizada, el miedo a la centralización siempre existió y es un problema que tiene muchos matices. En principio, se podría sospechar que los desarrolladores que actualizan, escriben y mantienen el código de Bitcoin pueden tener un poder especial sobre el resto de la comunidad. Pero lo cierto es que cada cambio puede o no ser aceptado por esta, en tanto que para aplicarse es necesario que cada nodo actualice la versión completa del software Bitcoin Core. En ese sentido, un cambio que no cuente con el suficiente consenso de la red puede ser rechazado.

Por otro lado, el mayor riesgo de concentración se encuentra del lado de los mineros, dado que Bitcoin puede mantener su autonomía mientras todos los nodos mantengan la cooperación. Existe la posibilidad de que la red sufra un tipo de ataque conocido como «ataque del 51%» en el que alguien que logre concentrar la mitad más uno del hashpower de la red pueda reescribir la blockchain a su antojo. El riesgo de que un pool de minería logre alcanzar esa cantidad de poder de «hash» es real, aunque si así lo hiciera, estaría atacando, y por lo tanto destruyendo valor, de parte de la red en la que está invertido. Por lo tanto, sería una especie de autodestrucción.

Otros posibles candidatos para ser «oligarcas del bitcoin» son aquellos usuarios que minaron o compraron muchos bitcoins cuando no valían casi nada. Estos usuarios son conocidos en la jerga como whales (ballenas) y durante mucho tiempo, el movimiento de sus fondos provocaba grandes tensiones en el precio del bitcoin. A medida que la red crece en usuarios, el poder de las whales va disminuyendo, pero siguen siendo un factor que es preciso tener en cuenta. Pese a que existe la posibilidad de que una persona o un grupo de personas se «apoderen» de Bitcoin, es importante entender que el mayor activo de la red es el consenso, y cualquier cosa que atente contra el consenso de Bitcoin afectará su precio. Por lo tanto, todos los actores tienen un incentivo muy fuerte para no tomar medidas que puedan destruir la confianza de la red.

¿Qué lo diferencia de otras criptomonedas? ¿Hay una competencia entre ellas?

Al ser la primera criptomoneda, el bitcoin tiene una preponderancia singular. Es la que más tiempo lleva existiendo, la más conocida y la que más momentos complicados logró superar. Además, tiene varios elementos que alientan su crecimiento, entre ellos, el pico del precio en 20.000 dólares, que podría ser superado. Existen miles de nuevas criptomonedas, pero son pocas las que realmente aportan algo singular y significativo al espacio.

Ethereum, por ejemplo, es hoy por hoy la plataforma más elegida por desarrolladores interesados en blockchai, dado que no es solo una criptomoneda, sino que es una computadora descentralizada con la capacidad de ejecutar programas informáticos inmutables conocidos bajo el nombre de «contratos inteligentes». Más que competencia, la aparición de proyectos diferentes de bitcoin, con otros alcances y metas, fortalece el espacio, brinda alternativas y permite encontrar soluciones que quizá no puedan ejecutarse de forma tan sencilla en el software de Bitcoin.

¿Qué consecuencias puede tener para los Estados?

De mínima, los Estados van a tener que aprender a lidiar con estas tecnologías y entender que sus ciudadanos las van a empezar a usar en su vida cotidiana. De máxima, el Estado perdería el control de su sistema monetario. Esta perspectiva, animada por algunas utopías libertarias, es muy exagerada, porque demasiadas cosas deberían salir bien en el ecosistema de las criptomonedas (y los Estados no deberían hacer nada) para que esa situación se vuelva real.

Ya hoy las medidas que se exigen a las casas de cambio cripto (también conocidas como exchanges o brokers), como el KYC (know your customer, «conoce a tu cliente») y AML (anti money laudering, «anti lavado de dinero»), funcionan como una buena herramienta para regular el comercio entre dinero estatal y criptoactivos. El cambio de dinero fiat a cripto es el cuello de botella en el que el Estado puede intervenir y obtener algún tipo de beneficio. La prohibición, en cambio, empuja a los usuarios a manejarse por completo en el mercado negro y en dinero en efectivo. Con la aparición del renmi digital, también conocido como «cripto yuan», China se pone a la cabeza de los Estados que buscan crear su propia criptomoneda para competir, o amortiguar, el impacto de esta tecnología. Actualmente, 65% de la minería de bitcoin proviene de China.

¿Por qué no se puede usar para transacciones corrientes?

Esto depende mucho de la tecnología y del precio. Mientras que en sus inicios bitcoin se usó como medio de pago, había algunas cuestiones que lo hacían bastante incómodo. La cuestión es que solo se valida un bloque cada diez minutos, y que el límite en el tamaño del bloque permite solo tres transacciones por segundo, lo que limita la capacidad del sistema y lo hace ineficiente si pensamos en compras o ventas en locales como cafeterías, almacenes, verdulerías, etc. Nadie se va a quedar esperando ahí a que su transacción se valide. Además, se suma el problema de la comisión por transacción.

Si bien en una transacción de, por ejemplo, dos bitcoins el costo es ínfimo, para transacciones pequeñas (recordemos que un bitcoin se puede dividir en hasta 100 millones de unidades) la comisión podría superar el valor de la transacción. En ese sentido, existen varias propuestas para solucionar esto y convertir de nuevo el bitcoin en un medio de pago. La más interesante, que usa la misma blockchain de Bitcoin, se llama lightning network y es un protocolo que funciona en una segunda capa de la blockchain y permite la creación de canales de pago en los que se pueden hacer miles de pagos en segundos y sin costo. El único pago se haría cuando el canal se cierra y sería el equivalente a una comisión normal de la red.

¿Las criptomonedas son una especie de paraísos fiscales radicales?

Cuando pensamos en paraísos fiscales, nos remitimos a una ubicación geográfica con una estructura jurídico-administrativa que permite a empresas, familias, organizaciones o individuos mantener su capital fuera del alcance del gobierno del país en donde se generó ese dinero. Panamá, Malta, pequeñas islas, a veces paradisíacas, e incluso estados de Estados Unidos como Delaware o Nuevo México pueden caer en esta categoría. En realidad, la expresión en inglés es refugio o guarida fiscal (tax haven) y no paraíso (heaven).

En este sentido, las criptomonedas funcionan de forma similar. Uno puede guardar su poder adquisitivo fuera del control de los Estados, aunque esto tiene algunas implicancias un poco más fuertes. En primer lugar, el dinero que se guarda en un paraíso fiscal es dinero fiduciario; por otro lado, quienes acceden a este tipo de jurisdicciones cuentan con una estructura legal y económica de cierta envergadura para lograrlo. Si bien los Estados dicen estar en contra, los paraísos fiscales más grandes del planeta son jurisdicciones de la Unión Europea, Estados Unidos y Reino Unido. Lo cual no deja de llamar la atención. En el caso de las criptomonedas, estas están abiertos a cualquier ciudadano, cuente o no con una estructura jurídico legal, sea o no parte de los ricos que suelen fugar su dinero a los paraísos fiscales. Y por otro lado, el poder adquisitivo atesorado en criptomonedas no está en dinero impreso por el Estado y nunca lo estuvo. En ese sentido, es muy parecido a comprar oro: el oro es escaso, su cantidad no está controlada por el Estado, no se puede emitir a gusto y placer, resiste el paso del tiempo, etc.

Lo que permite Bitcoin, por poner un ejemplo, es obtener las mismas características de un resguardo de valor como el oro pero con algunas ventajas: es más fácil de transportar, no requiere interacción física con nadie y es resistente a cualquier tipo de «censura» estatal. En ese sentido, Bitcoin representa la posibilidad de salir por completo del esquema económico controlado por el Estado, la política y los bancos. Es un «afuera» total del sistema bancario y estatal. Y se puede acceder desde una computadora o celular que se guarda en el bolsillo.

En definitiva, es mucho más que un paraíso fiscal, porque incluso está por fuera de las relaciones de poder entre bancos y Estados. Es de alguna forma una democratización total de la banca, ya que se anula por completo la necesidad de un intermediario para transferir valor a cualquier parte del mundo. Se podría decir que es una forma radical de dinero controlado por sus usuarios.

¿Qué consecuencias podría tener para la democracia debido a la complejidad de su uso?

La principal afrenta que representa bitcoin y cualquier criptomoneda, como decíamos más arriba, es la amenaza al monopolio de la emisión de dinero que hoy tienen los Estados. Como quedó claro en la crisis de 2008 y ahora con la pandemia, Wall Street, los bancos y demás instituciones financieras son too big to fail [demasiado grandes para quebrar]. La caída del sistema bancario también sería la caída de los gobiernos de turno y un punto de inflexión para cualquier democracia.

Quienes vivimos la crisis de 2001 en Argentina lo pudimos ver. El sostén del sistema bancario actual implica aumentar la circulación de dinero, en forma de impresión, crédito, bonos, etc. La única manera que tienen las personas comunes de resguardarse contra esos aumentos de circulante es comprando oro, criptomonedas u otro tipo de objetos. En este sentido, por primera vez en años, las personas comunes tienen una herramienta para resguardarse de las malas desiciones de política económica por un lado, y de desafiar el statu quo financiero por otro. En el caso de economías fallidas como Venezuela, por ejemplo, el bitcoin funcionó casi como un oasis para quienes podían acceder a la criptomoneda mediante envíos del exterior.

En este sentido, Bitcoin podría considerarse como una versión radical del sistema de bancos centrales independientes, en línea con lo que planteaba Milton Friedman, donde la cantidad de dinero esté completamente escindida de las necesidades políticas. Habría que ver si un sistema de estas características permite crecer a las economías de los países periféricos. En principio, no habría nada estructural que impidiera que existan gobiernos democráticos sin un control total o parcial de su política monetaria.

Respecto al problema del uso, hoy Bitcoin se encuentra todavía en una etapa bastante temprana. Si pensamos la transición que sufrió internet de ser solo un sistema para programadores de universidades de Estados Unidos a ser la mayor plataforma de comunicación mundial en solo 40 años, podemos tomar dimensión del proceso que deben atravesar las criptomonedas. Hoy, cualquier niño o niña que no sabe leer toma un teléfono y puede abrir YouTube sin problema. Aunque los padres atribuyan esto a una inteligencia especial de sus hijas e hijos, en realidad quien logró eso es el diseñador de la interfaz. Con esto quiero decir que, a medida que una tecnología evoluciona, también lo hace su interfaz, que se vuelve cada vez más sencilla. No hace falta saber cómo funciona internet para usarla, o conocer la tasa de transferencia de bits para ver una película en Netflix, o conocer los pormenores del protocolo TCP/IP para enviar un correo electrónico. Esto es así, precisamente, por la evolución en lo que ahora se llama «interfaz de usuario» y «experiencia de usuario» (en inglés UX/UI).

Lo que realmente necesita Bitcoin para volverse aún más «democrático» es ir eliminando, dentro de lo posible, el nivel de conocimiento necesario para operar en la plataforma. Hoy por hoy, si bien existen billeteras de bitcoin muy sencillas para teléfonos inteligentes, el proceso de transformar bitcoins a monedas fiduciarias y viceversa sigue siendo bastante friccionado.

Pero este problema posiblemente se irá eliminando, y la importancia de las criptomonedas se destacará aún más cuando la mayoría del dinero del mundo se vuelva digital. Cuando casi toda la población reemplace el efectivo por dinero digital (fiduciario, estatal y centralizado), la adopción de bitcoins será mucho más sencilla y, además, muchos preferirán tener dinero digital anónimo.

Los hoy tan popularizados pagos con códigos QR, que requieren casi nula comprensión de cualquier usuario respecto de la tecnología que está detrás, nacieron con las billeteras de Bitcoin. Cualquiera puede enviar y recibir bitcoins desde cualquier teléfono mediante códigos QR. En ese sentido, lo que queda por pulir es la fricción para adquirir nuevas unidades. Algo que, de a poco, empieza a suceder a escala global. En octubre de 2020, la empresa de pagos digitales Paypal anunció que pronto integrará Bitcoin a su billetera. La aplicación Cash App (una especie de Mercado Pago estadounidense propiedad de Jack Dorsey, CEO de Twitter) desde finales de 2018 permite operar en bitcoins.

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Medios japoneses: China y Rusia desdolarizan su comercio para avanzar hacia una "alianza financiera"

En 2015, la participación de la moneda estadounidense en las transacciones bilaterales era de alrededor del 90 por ciento, y ahora se ha reducido al 46 por ciento.

 

Rusia y China unen esfuerzos para reducir su dependencia del dólar, lo que, según algunos expertos, podría llevar a una "alianza financiera" entre ambas naciones, escribe en un artículo para la revista japonesa Nikkei Asian Review el politólogo estadounidense Dimitri Simes.

Moscú y Pekín han reducido drásticamente su uso del dólar en el comercio bilateral durante los últimos años. En 2015, aproximadamente el 90 % de las transacciones bilaterales se realizaban en dólares estadounidenses. Sin embargo, tras el comienzo de la guerra comercial declarada por Washington y un impulso comun por parte de Rusia y China para alejarse del dólar, la cifra había caído al 51 % en 2019.

En el primer trimestre de 2020, la participación del dólar se ha reducido al 46 %, mientras que la participación del euro alcanzó un máximo histórico del 30 % y la de las monedas nacionales, el 24 % (este también es un nuevo máximo), señala el medio.

En junio del año pasado, ambos países firmaron un acuerdo interestatal para usar sus monedas nacionales en el comercio bilateral, en el marco del proceso de desdolarización anunciado en 2018.

Alexéi Máslov, director del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Academia de Ciencias de Rusia, aseguró a la revista que la desdolarización del intercambio comercial entre Rusia y China se acercaba a un "momento decisivo" que podría elevar su relación a una alianza de facto.

El inicio de la desdolarización se remonta a 2014, cuando Occidente impuso sanciones a Rusia por la reunificación de Crimea con el país. Pekín, por su parte, se vio obligada a unirse al proceso después de que el presidente Donald Trump impusiera aranceles a los productos chinos por valor de varios cientos de miles de millones de dólares, reseña el medio.

8 ago 2020 19:49 GMT

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La alternativa al dólar: el trabajo pendiente de la transición a un nuevo orden económico

El ascenso de China y el retroceso de Estados Unidos se perciben con mayor claridad si comparamos dos fechas: 2008 y 2020.

En este breve lapso, la transición hacia un mundo centrado en Asia no ha dejado de progresar, pero para cerrar este ciclo falta una alternativa a la previsible, y no necesariamente cercana, "muerte del estándar del dólar".

Los datos sobre la producción material hablan solos.

Según la World Steel Association, en 1991 China producía el 9,6% del acero del mundo, pero en 2019 ya produce el 53,3%, mientras los países del NAFTA apenas llegan al 6,3%. Esa abrumadora diferencia no ha hecho más que ensancharse durante la pandemia: en junio China alcanzó el 61% de la producción, mientras Occidente retrocede.

El punto de inflexión fue la primera década de 2000, ya que en 2007 producía ya el 36,5% del acero mundial.

Si ponemos la lupa en la producción de vehículos, el ascenso chino es tan impresionante como el estancamiento de Occidente: las fábricas del Dragón lanzaron dos millones de vehículos en 2000 para ascender a 29 millones en 2019. En tanto EEUU, Alemania y Japón retrocedieron o se estancaron.

Para quienes crean que el ascenso chino está focalizado en la producción masiva de mercancías de baja y mediana tecnología, la lista top500.org que analiza las 500 supercomputadoras más potentes del mundo, es más que ilustrativa. Recién en 2002 China entró en la lista, cuando EEUU sumaba el 48,6% de las mejores supercomputadoras.

En junio de 2020, la última lista difundida, China obtiene el 45,5%, duplicando a EEUU que obtiene sólo el 23,4% de las supercomputadoras.

Si nos fijamos en el sector financiero, en 1999 EEUU copaba la lista de los 10 mayores bancos por capitalización, con seis bancos, encabezados por Citigroup. Entre los 20 mayores no había ninguno chino. En julio de 2020, la lista la encabezan cuatro gigantes chinos, con el ICBC a la cabeza, habiendo sólo dos estadounidenses entre los diez mayores.

El diplomático Alfredo Toro Hardy nos recuerda en el Observatorio de la Política China, que el Dragón es ya una superpotencia tecnológica, que "posee nueve de las 20 mayores empresas de alta tecnología en el mundo", encabezadas por Alibaba, Tencent, AntFinancial, Bytendance y Baidu, pero a renglón seguido nos dice que "las 11 remanentes son todas estadounidenses".

El último dato es importante porque EEUU está en declive, pero en modo alguno es una potencia derrotada, ni siquiera en lo económico. China es el segundo mayor inversor del mundo en investigación y desarrollo tecnológico después de Estados Unidos, aunque el Dragón crece cuatro veces más deprisa.

Por eso, Toro Hardy concluye: "Estados Unidos y China mantienen una competencia en la que el primero lleva aún la delantera, pero donde la segunda descuenta aceleradamente la ventaja. Como en las carreras de caballos, quien alcanza gana".

Creo que es un buen ejemplo que echa luz sobre los conflictos en curso. Sin embargo, la gran ventaja de Washington es el dólar. Como destaca el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), "el tema más crítico de toda la transición mundial, es la reforma del sistema monetario internacional".

Según este think tank francés, luego de la crisis de 2008 que golpeó al dólar, el mundo se ha abocado a "resolver la paradójica obligación de liberarse de su dependencia de la moneda estadounidense, protegiendo, al mismo tiempo, el valor de las inmensas reservas de divisas denominadas en dólares, acumuladas en las arcas de los bancos centrales".

Más de una década después, aún no está claro cómo se resolverá la sucesión del dólar. Uno de los cambios más notables, anotados por el LEAP, es que el mercado de futuros del petróleo, que cotizan en yuanes en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghai, ya representan el 10% de los volúmenes de hidrocarburos comercializados en el mundo.

Se trata de un importante avance, pero insuficiente. El último boletín del LEAP anticipa que "las monedas vinculadas al dólar perderán; mientras que las monedas vinculadas a la potencia china y al euro serán áreas de estabilidad monetaria".

Estamos en un punto decisivo y delicado. El ascenso de China es un hecho, pero EEUU aún tiene la capacidad de impedir que siga avanzando. Si nos basamos en la historia de las transiciones hegemónicas (de España a Inglaterra y de ésta a EEUU, por mencionar las más recientes), todas implicaron guerras que consagraron las tendencias de fondo.

En este momento, todo apunta al Mar del Sur de China como escenario de una conflagración entre ambas potencias. El analista Pepe Escobar cita un informe chino no publicado, que asegura que la aviación del Pentágono está siendo neutralizada por "dispositivos de interferencia electrónicos ubicados en islas y arrecifes en el Mar del Sur de China".

Añade que "no hay absolutamente ninguna manera de que la Flota del Pacífico de EEUU pueda ganar una guerra de disparos en el Mar del Sur de China".

Es posible que sea así, aunque el anti-imperialismo suele exagerar las capacidades de quienes se oponen a EEUU y desconsiderar las fortalezas que conserva y desarrolla aún la superpotencia.

Por el contrario, el especialista en seguridad mundial Michael T. Klare, considera que la principal limitación de EEUU es su frágil situación interna. Si la guerra fría en curso se deslizara hacia una guerra caliente, EEUU afrontaría la limitada capacidad de reclutamiento del Pentágono:

"A diferencia de la Guerra Fría original, los hombres jóvenes en este país ya no están obligados a servir en el ejército de los EE. UU", argumenta Klare.

En efecto, en las guerras de EEUU desde el 11S, se utilizaron incentivos económicos para alentar a los soldados profesionales y así "evitar la protesta pública por esas guerras", como sucedió en Vietnam, una guerra perdida en las ciudades y campus estadounidenses.

Eso fue posible, agrega Klare, "porque el número de soldados que participaron en combate no era enorme en comparación con las épocas de la Guerra de Corea o Vietnam". Pero una guerra contra China, y probablemente también contra Rusia, necesita de un nivel de reclutamiento que sería imposible en la situación interna que vive EEUU.

Una sociedad quebrada por el empobrecimiento de la clase media y el brutal enriquecimiento de los más ricos y la 'epidemia de opioides', que se traducen en la disminución de la esperanza de vida, un caso único entre los países desarrollados.

Un país que está "demasiado roto para combatir el coronavirus", como señala una columna de The New York Times, no puede encarar ninguna empresa seria. El casi amotinamiento que vivió la tripulación del portaaviones Theodore Roosevelt, en apoyo al comandante Brett Crozier, ante el brote de coronavirus en la tripulacion y desobedeciendo al alto mando, es una pequeña muestra de lo que puede suceder en una sociedad en pie de guerra contra el 1%.

15:32 GMT 07.08.2020URL corto

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Vladimir Putin, presidente de Rusia, primer país en planear la venta de bonos en yuanes.Foto Ap

Desde 2017, "Rusia planea(ba) la primera venta de bonos en yuanes" con el fin de atraer a los inversionistas en búsqueda de fondos, según The Wall Street Journal (on.wsj.com/2OBTDm8 ). Por alguna razón, la sonada venta por mil millones de dólares a 5 años no se concretó.

El "roadshow" había sido encabezado por el chino ICBC, primer banco del mundo (bit.ly/3fFc9pz),), con Gazprombank de Rusia.

A los bonos en yuanes emitidos fuera de China se les conoce en forma simpática como “bonos dim-sum” –en alusión a las botanas gastronómicas chinas– y que serán listados en la bolsa de Moscú. Ello conlleva la virtud de acelerar la"internacionalización" del yuan, que pronto será la segunda divisa de reserva global, debido a que China ostenta las "mayores reservas y oro (sic)" en el mundo, con US$3.4 millones de millones (trillones en anglosajón) (dato de 2020; bit.ly/3eJ5rgZ), cuando Estados Unidos se encuentra muy por detrás en un raquítico lugar 20 con US$123 mil 300 millones, inclusive detrás de México con US$175 mil 300 millones (cifras del 2017; bit.ly/2ZFf6Rq).

Cuando se suma todo el "circuito étnico chino" –China, Taiwán, Hong Kong, Singapur y Macao– sus reservas alcanzan unos azorantes US$4.6 millones de millones. ¡Las reservas son ya "amarillas"!

Debido a las sanciones de Occidente, Rusia busca seducir a los inversionistas chinos cuando los bancos chinos han invertido en las firmas rusas del sector del gas y petróleo desde 2016 (on.wsj.com/3h7vgcr).

SCMP, propiedad de Alibaba, con sede en Hong Kong, exhibe una fascinante gráfica de cómo las potencias imperiales desde el año mil 400 han perdido su estatuto de imponer su divisa de reserva al mundo: Portugal y España entre 1400 y 1575; Holanda y Francia a partir de 1750; Gran Bretaña desde finales del siglo XIX hasta 1925, y Estados Unidos desde Bretton Woods (1944) hasta la fecha.

De nueva cuenta, Rusia intenta lanzar a finales de 2020 o a inicios de 2021 los bonos soberanos denominados en yuanes (bit.ly/3hbrlLy): Rusia y China buscan romper el cordón umbilical con el dólar debido a que "Washington usa el acceso al sistema de pagos global con los dólares como arma para castigar a los países e individuos por quebrantar sus leyes, aun fuera de Estados Unidos".

Moscú y Pekín todavía no consiguen implantar un nuevo sistema para los pagos directos de sus divisas: el yuan y el rublo.

En forma insólita, JP Morgan y el Banco Central Británico "han sugerido que es tiempo para que el dólar ceda su estatuto de reserva global de divisas, ya que la alternativa amenaza al mundo como una supernova (sic) deflacionaria (sic)".

William Pesek, autor del libro La Japonización: lo que el mundo puede aprender de las décadas perdidas de Japón (amzn.to/2WyIGX8)”, quien por obviedad es proclive a la sinofobia, aduce que "el malestar del dólar no es aún la ganancia del yuan", ya que, mientras los mercados tienen razón en perder la fe en el dólar, el yuan chino no es aún una alternativa de paraíso seguro (bit.ly/3jawNAp).

El fiscal general de Estados Unidos, William Barr (WB), arremetió contra el Partido Comunista de China por "tener éxito en sus políticas económicas depredadoras" al haberse convertido en la matriz manufacturera del mundo y, supuestamente, practicar un “blitzkrieg económico” para sustituir a Estados Unidos como la "prominente superpotencia" global (bit.ly/3h7IjKQ).

WB comentó que Estados Unidos se ha vuelto “peligrosamente dependiente de China para los materiales de tierras raras (bit.ly/30pHk25)”, primordialmente “usadas en tecnología, medicina y aun en las industrias del hardware militar”.

Mientras WB despotricaba contra el comunismo chino, Pekín daba a conocer su recuperación en su fase post-Covid-19 con un crecimiento de 3.2 por ciento al segundo trimestre de 2020, dejando atrás al resto del mundo.

A diferencia del sobre-endeudado G-7 y su esquema especulativo e hiperconsumista, Rusia ostenta muy poca deuda: 19.5 por ciento de su PIB –una de las más bajas del mundo– frente a Estados Unidos con 104.3 por ciento.

Se acerca el fin de la hegemonía del dólar.

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Publicado enEconomía
China desafía al dólar con una moneda digital que utilizará en transacciones internacionales

China se encamina a cancelar el dólar estadounidense en las transacciones bursátiles y comerciar oficialmente con una nueva moneda digital estatal e-RMB, el nuevo yuan chino, en lugar de la moneda estadounidense.

La idea va más allá de sumarse a la tendencia mundial de la reducción del uso del efectivo -fenómeno que el coronavirus aceleró-, busca convertirse en una alternativa al dólar para el comercio internacional, aseguraron informes publicados en la prensa china.

Un comunciado publicado por China Daily la semana pasada señaló que el Banco Central advirtió que en esta primera etapa "no emitirá una gran cantidad" y negó que pueda generar inflación. En tanto que una columna de análisis en el mismo medio explicó que "Una moneda soberana digital provee una alternativa funcional al sistema de pagos del dólar y morigera cualquier amenaza de exclusión o sanción a nivel país o nivel empresa.

También puede facilitar la integración hacia mercados globales de divisas con bajo riesgo de ruptura por causas políticas. La estabilidad del yuan chino durante la crisis del Covid-19 mejoraron su atractivo para muchos inversores. Estos dos sistemas de pago -el del dólar estadounidense y la moneda digital china- pueden coexistir o si fuera necesario hacerlos sobre una base recíprocamente excluyente".

Para The Guardian “este es un paso audaz e importante en la historia económica de China”, pues significa que el dólar se volverá inexistente en el comercio chino. Se prevé que la moneda estadounidense caerá bruscamente frente al yuan chino y podría afectar los mercados mundiales, sorprendidos por la decisión.

China, se informó, comenzará a probar pagos en su nueva moneda digital en cuatro ciudades importantes a partir de la próxima semana, según los medios nacionales.

En los últimos meses, el banco central de China ha intensificado su desarrollo del e-RMB, que se convertirá en la primera moneda digital operada por una gran economía.

Hasta ahora en China eran frecuentes las billeteras electrónicas, pero no reemplazaban a la moneda. Esta iniciativa le permitiría al Banco Central tener seguimiento de las transacciones en tiempo real. De acuerdo al medio británico, el profesor Xu Yuan del instituto de investigación para el desarrollo nacional de la Universidad de Peking aseguró a la señal CCTV que: "Aunque el cambio es mínimo desde la perspectiva del usuario, desde la perspectiva de la supervisión del Banco Central, las futuras formas de finanzas, pagos, negocios y gobernanza social entre otras, este es el mayor cambio jamás".

“Una moneda digital soberana proporciona una alternativa funcional al sistema de liquidación en dólares y mitiga el impacto de cualquier sanción o amenaza de exclusión tanto a nivel de país como de empresa”, dijo el informe de China Daily de la semana pasada.

Por: Agencias / Aporrea | Martes, 05/05/2020 11:11 AM |

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El presidente argentino, Alberto Fernández, pagó 250 millones de dólares de deuda externa a finales de marzo. Después abrió un proceso de renegociación con acreedores. CASA ROSADA

Las enormes cantidades desembolsadas por Ecuador y Argentina en época de crisis sanitaria y social recuperan el debate de si es legítimo negarse a pagar los pasivos que históricamente acompañan a la región.

 

La Asociación de Cartoneros de Guayaquil se preparaba para elaborar los primeros doscientos ataúdes de cartón, una vez colapsado el sistema sanitario municipal y la estructura funeraria, mientras el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, pagaba una cuota de 326 millones de dólares de deuda externa. Desesperante desde el prisma social y humano, escrupuloso desde la óptica del capitalismo liberal.

También a finales de marzo, con la covid-19 llamando a la puerta, pagó 250 millones de dólares Argentina, atrapado sin remedio en una deuda pública externa (multilateral, bilateral y privada) que se difumina en las estadísticas oficiales. Los números –a 31 de diciembre de 2019– marcan una deuda bruta de la administración central de 323.065 millones de dólares, de los cuales 73.399 millones correspondían a deuda externa con organismos multinacionales y bilaterales. Todavía habría que sumar la deuda pública externa en manos de bancos y fondos de inversión extranjeros, porque el 77,89% de esa deuda pública bruta es en moneda extranjera (251.635 millones de dólares).

En los años setenta, con las crisis del petróleo, se inauguró la nueva era de la deuda externa en América Latina. "Masas de capital del petróleo fueron depositadas en el sector bancario, fundamentalmente en Europa y Estados Unidos", describe para Público el economista José Castillo, de Izquierda Socialista. "De estas inmensas masas de capital especulativo salen los préstamos al tercer mundo, con una tasa de intereses flotante, que en el origen era bastante baja". En 1981, Paul Volcker, director de la Reserva Federal de Estados Unidos, subió los tipos de interés hasta más allá del 20%: "A partir de entonces, la deuda se convierte en impagable".

Ya estaba a todo vapor también la maquinaria de préstamos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La excusa de la necesaria modernización de los países en vías de desarrollo sirvió para apuntalar también la fase multilateral de la deuda externa pública de América Latina. "Estas deudas fueron tomadas, en la mayoría de los casos, por las dictaduras militares", recuerda Castillo. "En las sucesivas transiciones a regímenes democráticos, los países, en lugar de rechazar la deuda, la terminan aceptando".

La estrategia brasileña para su deuda pública externa

Haciendo frontera con casi todos los países en problemas, pero en las antípodas en lo que a posición deudora se refiere, se encuentra Brasil, que consiguió transformar deuda en dólares a deuda en reales. "Fue un proceso largo de acumulación de reservas y cambios en la estructura de emisión de deuda brasileña, hasta que en 2006 o 2007 se alcanzó la posición de acreedor", afirma Livio Ribeiro, economista del Instituto Brasileño de Economía (IBRE) de la Fundação Getúlio Vargas (FGV).

Lo relevante, según Ribeiro, "no es la deuda pública externa" en sí misma, "sino la cantidad de deuda indexada en moneda extranjera, que puede ser tanto interna como externa". Es precisamente uno de los laberintos de Argentina, que "sigue estancada en los años ochenta, con el mismo mix de políticas económicas, con el mismo tipo de problema que se observaba a finales de los ochenta en Brasil". Livio Ribeiro valora, en conversación con este periódico, que Argentina "no ha conseguido alcanzar durante los años noventa y los años dos mil un nivel de atracción, seriedad o seguridad que permitiera a los inversores extranjeros tener confianza para colocar dinero en su economía y financiar la deuda en moneda doméstica".

Brasil aumentó, durante ese mismo periodo, su base de activos en dólares –reservas internacionales–, al mismo tiempo que disminuía pasivos en dólares. "Se mostró atractivo al capital extranjero, lo cual permitió que el Banco Central comprara dólares para guardar. Así se consiguió voltear la situación: de deudor líquido pasó a ser acreedor líquido", apunta el analista del Instituto Brasileño de Economía. La mayor parte de los países de América Latina no lo logró.

Explicaba el presidente ecuatoriano el último episodio macabro de la relación de América Latina con la deuda externa con un razonamiento basado en que gracias a abonar al día las cuotas de la deuda, Ecuador sería reconocido por fin como un buen pagador, pudiendo optar con más facilidad a nuevos créditos. Y, aunque se trate de un callejón sin salida, pronto anunció el presidente la renegociación de cuotas con los acreedores, y la llegada de 700 millones de dólares prestados por el Banco Interamericano de Desarrollo y otros 643 millones de dólares prestados por el Fondo Monetario Internacional.

Mónica de Bolle, economista brasileña, trasladaba hace unos días una lectura similar a la de Ribeiro. Para Brasil, la parte menos mala de la crisis –desde el punto de vista financiero– es que, dado que la mayor parte de la deuda pública brasileña está en su propia moneda, dado que existen grandes reservas internacionales y además no hay problema en el balance de pagos, "no hay riesgo de que el país necesite acudir al Fondo Monetario Internacional para acceder a mayor liquidez".

No han podido salvarse de esa embarazosa petición al FMI, además de Ecuador, Bolivia, Paraguay, Colombia, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, El Salvador y Honduras. Todas estas líneas de crédito, excepto la de Colombia, son emergenciales –la de Honduras pertenece a un marco diferenciado: por encontrarse el país entre los 77 países más pobres del mundo, su deuda sí que podrá aplazarse durante unos meses–.

Consecuencias de negarse a pagar la deuda pública externa

El primer país en dejar de pagar la deuda pública externa, en 1982, fue México, provocando un efecto dominó. A partir de ahí se encadenan una sucesión de planes de ajuste para intentar renegociar y pagar esas deudas. "En los noventa ya se reconoce que es imposible", cuenta José Castillo, incluso con agresivos planes de ajuste e intervención de grandes compradores de deuda –a base, por ejemplo, de privatizaciones de lo público en los países afectados–. Ni vendiendo los países por pedazos se conseguía rebajar la deuda.

"Las cesaciones de pago (default) han sido una constante en la historia de la deuda pública externa de América Latina. Hay muchos casos, del más diverso tipo, de gobiernos revolucionarios y de gobiernos normales". En palabras de Castillo, que en 2001 llegara el momento del no pago de la deuda en Argentina "facilitó que una masa de fondos pudiera ser aplicada a la recuperación económica y social".

Consecuencias comerciales, según el economista argentino, "puede haber". Eso sí: "Las consecuencias apocalípticas –te invaden, te aíslan–, no existen. A Argentina le embargaron una fragata, y hubo años después un juicio en Estados Unidos contra los fondos buitre". Tanto él como su partido abogan por dejar de pagar la deuda externa. "En la relación costo-beneficio, hoy sale mejor no pagar. ¿Quién tiene crédito en el mundo de hoy? A escala mundial de están rompiendo las cadenas de pago". El Ejecutivo de Alberto Fernández, de momento, ha iniciado un proceso de renegociación con todos sus acreedores.

Argentina, Ecuador, en su día también Brasil, Uruguay, y el resto de países de la región saben por experiencia que los préstamos habitualmente llegan con severas condiciones. La mayoría de programas de las instituciones financieras internacionales, además de solicitar cuadrar el balance de pagos, exigen certezas, austeridad y ajustes, que traducido al español de América Latina significa recortes, pérdida de derechos y opresión.

06/05/2020 08:19

Por VÍCTOR DAVID LÓPEZ

@VictorDavLopez

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El dólar se dispara en América Latina y las bolsas caen ante el desplome del petróleo y en medio del temor al coronavirus

Las monedas de Colombia, Brasil, Uruguay, México y Chile se han depreciado en la jornada de este lunes. Mientras, se dispara el riesgo país en Argentina.

Este lunes, las bolsas de valores de América Latina se desplomaron y el dólar se disparó en la región, siguiendo la tendencia de los principales mercados bursátiles del mundo.

Esta baja se debe principalmente a la caída del valor del barril de petróleo, que descendió un 30 %, tras el fracaso del acuerdo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que buscaba realizar un recorte adicional de la producción petrolera de 1,5 millones de barriles por día en respuesta a la reducción de la demanda mundial de hidrocarburos debido a la epidemia del coronavirus.

Las cifras negativas en las bolsas y monedas de Latinoamérica también sucede mientras crece el número de afectados por el coronavirus. Argentina ya registró el primer muerto, un hombre de 64 años que había regresado de Francia y estuvo internado durante cinco días en un hospital.

Por ahora, ese país registra 12 casos; Brasil tiene 25 casos confirmados; Ecuador, 15; Chile, 10; Costa Rica, nueve; México, siete; Perú, siete; República Dominicana, cinco; Colombia, tres; y Paraguay, uno.

Chile

"Todo indica que hoy podría ser otro día complejo para el cobre, la bolsa y el peso", dijo este lunes el ministro de Economía de Chile, Lucas Palacios.

Su pronóstico no falló. Pasadas las 10:00 de la mañana (hora local), el dólar se cotizaba a 845,70 pesos chilenos, un nivel por encima de su máximo histórico, que fue de 829 pesos el 28 de noviembre del año pasado.

Mientras, el cobre desplomaba su valor en la bolsa de metales de Londres, con un precio de 2,48 dólares la libra, el más bajo desde mayo de 2017.

En tanto, la Bolsa de Valores de Santiago operaba con una caída del 4 %, en línea con el desplome mundial.

"Desde el Gobierno estamos anticipándonos: el viernes anunciamos primer conjunto de medidas para proteger a empresas de turismo y consumidores", mencionó Palacios.

México

La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) también registró una caída de 6,4 %, su máxima baja diaria desde 2008. El índice de Precios y Cotizaciones (IPC) bajó a los 38.730 puntos, un piso que no se alcanzaba desde agosto de 2019.

En cuanto a la moneda, el peso mexicano superó la barrera de los 21 pesos por dólar. La divisa norteamericana se vendió a 21,17 pesos, según el Banco Central local, un nivel no visto desde el 27 de enero de 2017.

Brasil

Al mismo tiempo, la Bolsa de Sao Paulo abrió con una baja de más de un 10 % y tuvo que suspender operaciones durante 30 minutos por una caída superior al 10 % del índice Bovespa, que se ubicaba en 88.178 puntos.

Al cierre de la jornada, el índice Bovespa registró una baja del 12,17 %, lo que representó su mayor caída porcentual diaria desde septiembre de 1998. 

El real brasileño, por su parte, sufrió una depreciación de 2,53 %. El dólar estadounidense se cotizaba este lunes al máximo histórico de 4,73 reales.

Colombia

La moneda colombiana ha sido una de las más afectadas en la jornada de este lunes.

El dólar estadounidense abrió a un precio de 3.730 pesos; cifra que ascendió hasta los 3.825 pesos con el pasar de los minutos.

Así, la moneda colombiana registra una caída de un 5,09 % y una pérdida acumulada del 9,38 % en las últimas nueve semanas.

Entretanto, el índice Colcap de la Bolsa de Valores de Colombia ha perdido 7,45 % en la jornada, ubicándose en los 1.390,51 puntos.

Argentina y Uruguay

El índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires ha registrado este lunes una caída de 13,75 %, hasta los 30.379,90 puntos.

Sin embargo, el cambio del peso argentino a dólares no ha tenido mayor variación respecto al viernes. Así, la moneda estadounidense se cotiza este lunes en 59 pesos para la compra y 64 para la venta en el Banco de la Nación.

Sin embargo, se disparó el riesgo país, que llegó a 2.791 puntos, su punto más alto desde el año 2005.

La moneda uruguaya, por su parte, sí se ha visto afectada. Este lunes, el dólar interbancario se cotizaba a 43,77 pesos uruguayos, 5,15 % superior al cierre del viernes, cuando estaba en 41,63.  

Publicado: 9 mar 2020 20:43 GMT

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El comercio latinoamericano cae un 10% en medio del frenazo económico global

El descenso proyectado por la Cepal sitúa a los intercambios regionales en el nivel más bajo en una década

América Latina no se quiere a sí misma como socio comercial y el frenazo global no ayuda. Los intercambios dentro de la región se contraerán un 10% en 2019 tras dos años de recuperación, según las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) publicadas este martes en su informe anual Perspectivas del comercio internacional. La reducción coloca a los intercambios regionales en el nivel más bajo en una década y pone de manifiesto las conexiones deficientes entre los países del bloque.

Paradójicamente, los lazos con el vecino de enfrente son más tenues que con el que vive dos calles más allá. Las proyecciones de la Cepal muestran que el comercio dentro de Latinoamérica cae más que los intercambios entre el subcontinente y el resto del mundo, que están previstos que se reduzcan en apenas un 0,1%. Es decir, la región deja de comerciar consigo misma antes que con los demás países.

Con este descenso, apenas el 15,5% del comercio del subcontinente será con países de la región, una tasa muy baja comparada a la de otras partes del mundo − Europa tiene un 60% de intercambios regionales−. La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, apunta a la necesidad de superar ese rezago. “Llegamos a estar en 21% cuando se creó Mercosur [1991]; al menos deberíamos llegar a ese porcentaje y aún así estaríamos por debajo de Europa y Asia”, asegura.

Más allá de sus fronteras, los países latinoamericanos también están comerciando menos con el resto del mundo. La Cepal proyecta que para 2019 el valor de las exportaciones disminuya un 2% y el de las importaciones, un 3%. Cuanta mayor es la dependencia en productos básicos, mayor es la caída. El precio de 26 de las 30 principales exportaciones de la región ha bajado, entre ellos el del azúcar de palma − un 33% −, el carbón −un 22% − y el petróleo − un 10%−. Venezuela, antigua potencia petrolera que vive inmersa en una profunda crisis económica, vuelve a tocar fondo. En 2019, el país importará un 60% y venderá un 50% menos al resto del mundo que en 2018, según las predicciones de la Cepal.

En el otro lado de la cuerda, México es uno de los países que mejor aguanta el tirón. Sus exportaciones crecerán casi el 3% en 2019. La guerra comercial entre las dos grandes potencias le ha beneficiado, gracias a la sustitución en EE UU de las importaciones chinas por las mexicanas. “México no necesita al resto de la región porque está incorporado a las cadenas de producción global”, resume Ignacio Martínez, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Pero el caso mexicano es una de las pocas excepciones. El estancamiento de la demanda global e interna explica parte del declive del comercio regional. Las ventas a la Unión Europea se han desplomado casi un 8% y el crecimiento de los envíos a China se ha ralentizado. Paralelamente, el apetito de la región por sus propios productos también se hunde por un crecimiento económico letárgico que la Cepal proyecta en un 0,2% para 2019.

Ante este panorama, la receta pasa por mejores carreteras y puertos y por una mayor integración, según el organismo. Alicia Bárcena sostiene que la región debe “repensar su reinserción en el comercio internacional” más allá de los productos básicos. Menos petróleo y más smartphones, ese es el objetivo. “Latinoamérica tiene una historia de extraer materia prima y sacarla al exterior. Un patrón que no hemos podido resolver”, afirma.

Además, el organismo estima que se necesita invertir un 6% del PIB anual en infraestructura y en servicios, frente al 1,8% actual, para enfrentar el problema. En la actualidad, solo un 23% de las carreteras en América Latina están pavimentadas. “No hay un corredor logístico de Sudamérica al centro y norte del continente y los itinerarios aeroportuarios son principalmente de Asia”, coincide Ignacio Martínez, de la UNAM. Como ejemplo, la red ferroviaria es un parche de vías con siete anchos distintos. Un rompecabezas de hierro que da idea del desafío al que se enfrentan los intercambios comerciales de la región en pleno frenazo global.

Por Jon Martín Cullell

México 29 OCT 2019 - 20:38 COT

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Cientos de isleños acudieron ayer a una decena de tiendas en La Habana para comprar electrodomésticos y piezas de autos con precios en dólares. El presidente Miguel Díaz-Canel presentó el programa a mediados de mes y señaló que lo que se recaude servirá para financiar la industria. Los interesados sacaron una cuenta con una tarjeta magnética en la que depositaron dólares, entre otras divisas. Cuba enfrenta dificultades por el endurecimiento de sanciones impuestas por Estados Unidos. Foto Ap.

Cientos de cubanos acudieron ayer a una decena de tiendas en esta capital para comprar electrodomésticos y piezas de autos con precios en dólares, una nueva fórmula del gobierno para obtener divisas de las importaciones.

El presidente Miguel Díaz-Canel presentó este programa a mediados de mes y aseguró que parte de lo que se recaude servirá para financiar la industria nacional.

Para participar, los interesados sacaron desde la semana pasada una cuenta con una tarjeta en la que depositaron sus dólares, pero también euros, libras esterlinas o pesos mexicanos.

Más de una decena de comercios comenzaron a vender televisores, refrigeradores, lavadoras automáticas, hornos de microondas, aires acondicionados, repuestos para autos y motocicletas. Estas mercancías antes sólo se podían conseguir de gente que los traía desde el extranjero a un precio más caro.

Funcionarios aseguraron que en la semana previa a la apertura de las tiendas se abrieron unas 10 mil cuentas.

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El FMI alerta de los riesgos para la banca por la fortaleza del dólar

La sobrevaloración del billete verde vuelve a poner en riesgo los balances de los bancos en medio de un clima de especulación creciente en los mercados cambiario y de deuda, según el informe financiero del organismo internacional, que avisa también de que España mantiene niveles de endeudamiento corporativo aún altos.

 

Cuando una línea aérea mexicana adquiere a su rival brasileña financia su compra con dólares obtenidos desde bancos no estadounidenses. “Es sólo un ejemplo de la hegemonía del billete verde en las transacciones internacionales” que monopoliza múltiples acuerdos empresariales de fusión o adquisición entre dos contendientes mercantiles sin pasaporte americano. De esta manera tan gráfica explican Claudio Raddatz y Adolfo Barajas, autores del capítulo del Global Financial Stability Report, el informe financiero del FMI, las serias consecuencias que, a su juicio, puede provocar la sobrevaloración del dólar en los mercados cambiarios, y que el consenso de los analistas privados sitúa en un 18% por encima de su valor estimado.

Pero, “¿qué ocurre si un banco no estadounidense, de repente, se queda corto de billetes verdes? Es lo que ocurrió entre bambalinas, durante la crisis de 2007-2008, en medio de una súbita demanda de firmas americanas que reclamaban con urgencia financiación en dólares para aportar liquidez a sus negocios o delegaciones en el exterior. O para afrontar desembolsos propios. Para prevenir el colapso, dicen Raddatz y Barajas, la Reserva Federal nutrió al sistema con más de medio billón de billetes en circulación, a través de fondos de emergencia con los que satisfizo la petición de otros bancos centrales, a los que envió esa cantidad a modo de suministro monetario urgente.

Lo recuerdan en un blog oficial del Fondo en el que ofrecen más detalles del daño colateral que podría desencadenar en los distintos modelos financieros internacionales la fortaleza inusitada del dólar en el último bienio, impulsada por una nueva reedición de la política de dólar fuerte (apaciguada durante el doble mandato de George W. Bush y de Barack Obama) decidida por la Administración Trump. Para atestiguar a continuación que la historia vuelve a tener visos de ser reincidente.

Los activos en dólares de los bancos no estadounidenses alcanzaron en el ecuador del pasado ejercicio los 12,4 billones de dólares frente a los 9,7 billones que atesoraban en 2012. Cifra comparable, a precios actuales de mercado, a los niveles que mantenían en los años que precedieron a la crisis. “La proliferación del dólar reverbera y expande los costes asociados a su encarecimiento en toda la arquitectura financiera internacional” afirma el informe del Fondo. En un clima, aún, en el que las tasas de endeudamiento privado, de empresas no financieras y hogares, y público (servicios de deuda soberana), no invitan al optimismo precisamente.

En contraste con los bancos de EEUU, alertan Raddatz y Barajas, el resto de entidades financieras no tienen acceso estable a una base de depósitos en dólares. De hecho, operan con límites claros, enfatiza el informe de estabilidad financiera del Fondo. “Así que, deben extremar la prudencia al acudir a fuentes de financiación a corto plazo, ante previsibles, potenciales y volátiles cambios en la evolución de las divisas, con objeto de garantizar sus préstamos comerciales y los créditos que solicitan diariamente a otras entidades bancarias” resaltan estos autores. Porque en caso de que sus líneas de prestación monetaria y crediticia sean insuficientes, tendrán que acudir a instrumentos como los foreign currency swaps que son más caros y pueden provocarles episodios de stress (tensiones) en sus balances por la acumulación de activos tóxicos.

Los analistas del Fondo también vinculan la volatilidad en los mercados cambiarios, con el dólar como referente intratable, a las embestidas de las disputas comerciales, que han contagiado a los mercados de capitales, han generado desconfianza en el sentimiento empresarial, con caídas de los flujos de mercancías, servicios e inversiones, y que conducen a la economía mundial a un escenario de “contracción sincronizada” con el dinamismo más moderado desde el estallido de la Gran Depresión de 2008. “Con 15 billones de dólares de deuda en los parqués financieros bajo rentabilidades negativas”, advierte. Esta fase de pérdida de atractivo por la adquisición de deuda afecta a aseguradoras, fondos de pensiones e inversores institucionales que derivan sus carteras hacia valores de mayor riesgo, pero con menos liquidez. O a refugios recurrentes como el oro o el franco suizo.

Ante esta tesitura, el FMI recomienda a los gobiernos medidas que reduzcan las vulnerabilidades. Centradas, sobre todo, en aplicar prudencia macroeconómica y en fortalecer los instrumentos de supervisión financiera. Y, en concreto, en activar mecanismos de demanda para equilibrar sus mercados inmobiliarios (la vivienda es el principal factor de endeudamiento de las familias) y en facilitar herramientas de acceso convenientes, con estabilidad económica, a empresas y bancos a la financiación del exterior. Por ejemplo, contribuyendo a rebajar la alta tensión arancelaria en los mercados, reduciendo el grado de incertidumbre en sus mercados y ofreciendo garantías frente a las vulnerabilidades de sus sistemas bancarios.

Un asunto nada baladí, porque el FMI alerta sobre los cada vez más intensos movimientos especulativos. El intenso baile de divisas que se libra en los mercados monetarios en el último año y medio, con el dólar en su valor más alto de 2019 desde finales de agosto, encierra un caso de doping. La sustancia estimulante es una vieja conocida de la crisis de 2008: los productos estructurados. De alto riesgo, identificados entonces como los activos tóxicos que precipitaron el quebranto de los sistemas financieros.

Tesis que corrobora el Banco Internacional de Pagos (BIS) en su informe del segundo trimestre de este año, en el que constata que el volumen diario de contratación en el negocio inversor y mercantil del intercambio de monedas entre los meses de abril y junio creció en un 29%, impulsado por la efervescencia de los derivados, especialmente swaps, lo que catapultó las operaciones en este mercado hasta cotas nunca antes registradas en un periodo trimestral: más de 6,6 billones de dólares. Un tamaño similar a la suma de los PIB de Japón y de España. Y una cantidad muy alejada de los 5,1 billones del segundo trimestre del año precedente.

Este ambiente de oscilaciones se ha trasladado también al mercado de bonos. “El nivel de deuda especulativa en riesgo es significativo en varios países, debido a sus todavía elevados niveles de endeudamiento soberano y corporativos”. Apartado en el que cita a China, Francia, España y Reino Unido, que “migraron” activos tóxicos de sus sistemas bancarios “en los momentos de mayor adversidad de la crisis financiera”. A juicio del Fondo, “el deterioro de la calidad crediticia es palpable en China y Reino Unido”, acentuada por las dudas en torno al Brexit y “focalizada en sus multinacionales”, mientras “Francia y España se mantienen a resguardo” por los exigente requerimientos de higiene del Sistema Monetario Europeo. En conjunto, en EEUU, Reino Unido, China, Japón y las cuatro mayores economías del euro, el montante de la deuda corporativa en riesgo alcanza los 19 billones de dólares, casi el 40% de su total acumulado, que podría entrar en peligro “en 2021, bajo otro escenario financiero adverso”.

No es la única mención que realiza sobre España. El estudio del FMI admite que la deuda familiar “se ha moderado” y que los precios inmobiliarios “han caído en términos reales”. A diferencia de mercados como el británico o el estadounidense, donde han superado con creces los niveles previos a la crisis. Al igual que la corrección del endeudamiento empresarial, aunque de menor intensidad. Porque dice que el componente especulativo de esta deuda privada, la corporativa, va en aumento y supera el 50% de sus vencimientos futuros. Como Italia y Reino Unido. Y, junto a Francia, ha saltado hasta las cotas que registraban en los años que precedieron a la quiebra de Lehman Brothers.

En general, el Fondo ensalza la fiabilidad alcanzada por las normas de unión bancaria y de supervisión en la zona del euro. Pero alerta a sus autoridades sobre “la debilidad de los bancos de pequeña y mediana dimensión” si las tensiones financieras se acentúan. Por lo que recomienda a sus socios que “extremen” la precaución, pese a operar con una regulación “robusta y rigurosa” y les insta a “ampliar el perímetro supervisor” a entidades financieras no bancarias que actúan de intermediarias en el sistema crediticio, en especial, las que tienen como clientes a grandes compañías, a vigilar su “exposición tanto a firmas inmobiliarias como a este tipo de instituciones prestatarias”, exigiéndoles provisiones de capital y de gestión adecuadas o dirigiendo sus exámenes de stress hacia los bancos que prestan a sectores o industrias con altos listones de riesgo corporativo.

 

15/10/2019 12:54 Actualizado: 16/10/2019 14:42

Por DIEGO HERRANZ

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