La «América crece» de Trump: nueva forma de neocolonialismo

La Alianza para el Progreso impulsada por el ex presidente estadounidense John F. Kennedy a principios de la década de 1960 hasta la nueva “Iniciativa América Crece” lanzada por Donald Trump en 2019 son mecanismos utilizados por Washington para dominar económica y políticamente a las naciones latinoamericanas.

Mediante la Alianza para el Progreso, Estados Unidos pretendía buscar modelos capitalistas de desarrollo en la región para neutralizar el ejemplo que significaba la naciente Revolución cubana.

De esa forma se enviaron especialistas a la América Latina para explorar las riquezas naturales y las posibles fuentes de progreso de cada país, las que en los años siguientes fueron controladas y explotadas por empresas transnacionales, en su mayoría norteamericanas.

Washington brindaba entonces la asesoría económica con empréstitos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y enviaba grupos denominados “cuerpos de paz” que impulsaban la animadversión contra Cuba y el sistema socialista. Todo desembocó en un rotundo fracaso que llevó más hambre y miseria a los pueblos donde los políticos corruptos de turno los acogieron, a la par que ellos se enriquecían con las abundantes prebendas.

A la tristemente célebre Alianza para el Progreso le siguieron unos tras otros los ensayos estadounidenses para controlar a los países de América Latina en la que en los últimos años ha jugado un pernicioso papel la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID).

Ahora, dentro del enorme esfuerzo que hace la administración Trump para controlar Latinoamérica, a semejanza de la Doctrina Monroe que proclamaba América para los americanos, se ha lanzado la “Iniciativa América Crece” que permite a Washington evadir controles parlamentarios en los países que la acepten y va dirigida a modificar la dependencia económica, financiera, social y política de la región. 

Un análisis divulgado por Rusia Today, señala que esa Iniciativa es expedita, escueta, y no requiere de negociación alguna entre instancias gubernamentales. Tampoco precisa de consultas a los Parlamentos y mucho menos involucra a segmentos de la sociedad civil, porque el formato de Memorando de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) así lo permite.

Mediante el MoU, los gobiernos que se acojan al mismo, sellan el compromiso de cumplir la hoja de ruta que trazarán los distintos organismos y agencias norteamericanas, lo que es igual a una nueva forma de neocolonialismo.

La ex diplomática boliviana Maria Luisa Ramos, en entrevista con la publicación panameña Bayano Digital, denunció que la fórmula avanza hacia un reformateo de la dependencia económica, financiera y política de la región, sin requerir de negociación alguna entre instancias gubernamentales, ni consultas a los Parlamentos y mucho menos incluye a segmentos de la sociedad civil.

Agregó que mediante ese procedimiento ya no se involucrarán en engorrosas negociaciones de Tratados de Libre Comercio (TLC) para mejorar su balanza comercial, para obtener jugosos contratos estatales, realizar cambios a la legislación y en general adecuar a sus intereses el diseño del esquema de inversiones de los países.

En realidad se trata de un subterfugio mediante el cual Estados Unidos y los gobiernos latinoamericanos hacen un compromiso diplomático de alto nivel para encaminar la agenda trazada por los organismos y agencias norteamericanas con homólogos empresariales de los hasta ahora firmantes en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Honduras, Jamaica y Panamá.

El programa América Crece también sale de la órbita de la Organización Mundial del Comercio ya que la agenda general será delineada y encaminada por los organismos y agencias estadounidenses y sus homólogas entidades empresariales de esos países.

En el amplio panorama del MOU (que lo firma cualquier ministro y no los presidentes de las naciones como ocurre con los Tratados de Libre Comercio) aparecen los intereses del régimen norteamericano y sus compañías para realizar obras de infraestructura en aras de explotar yacimientos petrolíferos, todo tipo de minerales y recursos naturales que sean beneficiosos para sus intereses. 

O sea, es un saqueo autorizado de las riquezas de los países en cuestión, que no tiene que contar con las aprobaciones de los diferentes Parlamentos. 

Como “sublime artimaña” de este convenio se indica que acelerará el acceso del sector privado a los recursos financieros de Estados Unidos fundamentalmente a través del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La Casa Blanca bajo enormes presiones a los gobiernos latinoamericanos impuso hace unos días, al frente de esa organización bancaria al ultraderechista Mauricio Claver Carone, principal asesor de Trump para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional (CSN).  

También en este programa están envueltos los Departamentos de Estado, Tesoro, Comercio y Energía, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), la Agencia de Comercio y Desarrollo de los Estados Unidos (USTDA) y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC).

En definitiva, América Crece es una forma más moderna de neocolonialismo que busca controlar económica, política y financieramente al continente. Esperemos que los pueblos despierten. 

Por Hedelberto López Blanch | 18/09/2020

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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Domingo, 13 Septiembre 2020 06:05

La ultraderecha de EU toma el mando del BID

El ultraconservador candidato de Washington, Mauricio Claver-Carone, ganó la presidencia del BID.Foto La Jornada

Logra Trump imponer a Mauricio Claver-Carone

 

Washington. Mauricio Claver-Carone, el candidato del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, es el nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y será el primer funcionario no latinoamericano en dirigir el banco regional, pese a la polémica por la ruptura de una tradición de 61 años.

El ultraconservador candidato de Washington llegó como único contendiente a la asamblea general que se realizó este sábado de forma virtual entre los 48 gobernadores del BID, pese a la oposición de México, Argentina, Chile y la Unión Europea. Sucederá al colombiano Luis Alberto Moreno a partir del primero de octubre por un periodo de cinco años con posibilidad de relección.

Claver-Carone ocupaba el cargo de director del Consejo Nacional de Seguridad para el hemisferio occidental en la Casa Blanca y ha sido un prominente promotor del embargo contra Cuba y uno de los principales estrategas en el diseño de política para buscar un cambio de régimen tanto en la isla como en Venezuela.

En junio, el senador demócrata Patrick Leahy, vicepresidente del Comité de Apropiaciones del Senado, declaró en el Congreso que Claver-Carone era el nominado equivocado para generar apoyo para el BID, por ser considerado un arquitecto de las políticas hacia América Latina del presidente Trump que "han complicado nuestras relaciones con amigos y aliados". Así lo documentó este diario en su edición del 10 de septiembre (https://bit.ly/3bRWFh2).

Claver-Carone trabajó en el Departamento del Tesoro durante el gobierno de George W. Bush. También dirigió la empresa de cabildeo US-Cuba Democracy PAC, cuyo objetivo es influir en las políticas de Washington para lograr un cambio de gobierno en Cuba.

Tras la victoria de Donald Trump fue integrante del equipo de transición. Está vinculado estrechamente con el senador republicano por Florida Marco Rubio y es considerado uno de los impulsores de la marcha atrás en la política de apertura hacia Cuba del ex presidente Barack Obama y de la imposición de sanciones a Venezuela.

 Lucha geopolítica

Argentina, México, Chile y Costa Rica, así como representantes de la Unión Eruopea –preocupados por los efectos a largo plazo de la decisión– buscaron inicialmente retrasar la votación, pero no consiguieron el respaldo suficiente.

Pese a un llamado de Argentina a abstenerse de votar, debido a las tensiones que generó que Estados Unidos rompiera la tradición de que el BID fuera liderado por un latinoamericano, Claver-Carone consiguió el apoyo de la mayoría de los países de la región y recibió 30 votos de los gobernadores, con 23 apoyos de la región. En porcentaje ponderado según las acciones por país, el estadunidense recibió 66.8 por ciento del total, informó una fuente de Washington.

Para ganar, un candidato debe tener el apoyo de al menos 15 de los 28 países americanos: 26 naciones que reciben créditos, más Estados Unidos –principal accionista del BID, con 30 por ciento del financiamiento– y Canadá.

"Esta victoria es para América Latina y el Caribe. Quiero agradecer a todos nuestros socios en la región por mantener la integridad de este proceso electoral y compartir nuestra visión común de un BID más fuerte y receptivo", dijo Claver-Carone en una declaración después de la elección.

La elección del jefe del BID se ha convertido en una lucha geopolítica entre el gobierno de Trump, quien busca fortalecer su posicionamiento en América Latina (región rica en recursos) y contrarrestar la influencia de China.

El papel del BID será central en una región devastada por la pandemia, para la cual el Fondo Monetario Internacional pronostica una contracción de la economía de 9.4 por ciento.

El BID surgió en 1959 en el seno de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y había tenido cuatro presidentes, todos de origen latinoamericano: el chileno Felipe Herrera (1960-1970), el mexicano Antonio Ortiz Mena (1970-1988), el uruguayo Enrique Iglesias (1988-2005) y el colombiano Luis Alberto Moreno.

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Gran parte de emisiones de CO2 proviene de las cadenas de suministro de multinacionales

Análisis muestra el impacto de esas empresas al elegir países proveedores que sean más eficientes en carbono

 

Una quinta parte de las emisiones de dióxido de carbono proviene de las cadenas de suministro globales de las empresas multinacionales, según un nuevo estudio dirigido por el Colegio Universitario de Londres (CUL) y la Universidad de Tianjin, en China, que muestra el alcance de la influencia de esas compañías en el cambio climático.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, mapea las emisiones generadas por los activos y proveedores de multinacionales en el exterior, y encuentra que el flujo de inversión es típicamente de países desarrollados a las naciones en desarrollo, lo que significa que las emisiones se subcontratan de hecho a las partes más pobres del mundo.

Muestra el impacto que pueden tener las multinacionales al fomentar una mayor eficiencia energética entre los proveedores o al elegir los que sean más eficientes en carbono. Los autores proponen que las emisiones se asignen a los países de donde proviene la inversión, en lugar de donde se generan.

Dabo Guan, de la Escuela Bartlett de Construcción y Gestión de Proyectos del CUL, explica que “las empresas multinacionales tienen una enorme influencia que se extiende mucho más allá de las fronteras nacionales. Si las principales compañías del mundo ejercieran su liderazgo en materia de cambio climático, por ejemplo exigiendo eficiencia energética en sus cadenas de suministro, podrían tener un efecto transformador en los esfuerzos globales para reducir las emisiones”, asegura.

“Sin embargo, las políticas de cambio climático de esas empresas a menudo tienen poco efecto cuando se trata de grandes decisiones de inversión, como dónde construir cadenas de suministro. Asignar emisiones al país inversor significa que las multinacionales son más responsables de las emisiones que generan como resultado de esas determinaciones”, prosiguió.

El estudio encontró que las emisiones de carbono de la inversión extranjera de las multinacionales cayeron de un pico de 22 por ciento de todas las emisiones en 2011 al 18.7 en 2016. Los investigadores señalan que es el resultado de una tendencia de “desglobalización”, con el volumen de reducción de la inversión directa, así como nuevas tecnologías y procesos que hacen que las industrias sean más eficientes en carbono.

Al trazar un mapa del flujo global de inversión, los investigadores encontraron aumentos constantes en la inversión de los países desarrollados a las naciones en desarrollo.

El autor principal, Zengkai Zhang, de la Universidad de Tianjin, señala que “las multinacionales transfieren cada vez más inversiones a las naciones en desarrollo, lo que reduce las emisiones de los países ricos y coloca mayor carga en los más pobres. Al mismo tiempo, es probable que genere mayores emisiones en general”.

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Juego de sombras: la alianza euroasiática está más cerca de lo que se cree

Detrás de la niebla de las informaciones se acerca un reordenamiento mundial con el continente euroasiático como protagonista.

Hemos visto cómo China está planeando meticulosamente todos sus decisivos movimientos geopolíticos y geoeconómicos hasta el 2030 y más allá.

Lo que están a punto de leer a continuación proviene de una serie de conversaciones con analistas de inteligencia, y puede ayudar a bosquejar los lindes del actual gran tablero de ajedrez de la política mundial

En China, está claro que el camino a seguir apunta a impulsar la demanda interna, y ha dirigir toda su política monetaria para consolidar la construcción de industrias nacionales de nivel mundial.

Paralelamente, en Moscú se discute: ¿Rusia debe seguir el mismo camino?

Según un analista de inteligencia ruso, «Rusia no debería importar nada, salvo las tecnologías que necesita hasta que pueda crearlas por sí misma y exportar sólo el petróleo y el gas que se requiere para pagar las importaciones. China necesita recursos naturales, lo que hace que Rusia y China sean aliados insuperables. Una nación debería ser tan autosuficiente cuanto le sea posible».

La estrategia del Partido Comunista de China (PCCH) fue delineada por el Presidente Xi en la reunión del Comité Central del 31 de julio… y fue en contra de un ala neoliberal el partido que han soñado con la conversión del partido en una organización socialdemócrata al estilo occidental y supeditada a los intereses del capital occidental – ¿colaboracionistas?

Comparar la velocidad del desarrollo económico de China con el de los Estados Unidos es como comparar un Maserati Gran Turismo (con un motor V8 ) con un Toyota Camry.

China, proporcionalmente, tiene una reserva de generaciones jóvenes muy bien educados; una migración rural-urbana acelerada; una rápida erradicación de la pobreza; gran capacidad de ahorro de su población; un sentido cultural de gratificación diferida; una sociedad -confucionista- con disciplina social y con una inteligencia racionalmente educada.

El proceso de que China comercie cada vez más consigo misma será más que suficiente para mantener el necesario impulso para un desarrollo sostenible.

El factor hipersónico

Mientras tanto, en el frente geopolítico, el consenso en Moscú (desde el Kremlin hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores) es que la administración Trump no es «capaz de llegar a un acuerdo», un eufemismo diplomático que se refiere a un grupo de embusteros que tampoco es «capaz de actuar legalmente». Otro eufemismo que se aplica, por ejemplo, a la ruptura de los acuerdos por parte de Trump.

El Presidente Putin ha dicho en el pasado reciente que negociar con el Equipo Trump es como jugar al ajedrez con una paloma chiflada: un pájaro que camina por sobre el tablero de ajedrez, caga indiscriminadamente, derriba piezas, declara la victoria y luego huye.

En contraste, el gobierno ruso invierte su tiempo en construir una alianza euroasiática uniendo a Alemania, Rusia y China.

Este escenario se aplicará en Alemania después de Frau Merkel. Según un analista estadounidense, «lo único que frena a Alemania es que pueden perder sus exportaciones de coches a los Estados Unidos. Pero esto puede suceder de inmediato debido a la tasa de cambio dólar-euro, con el euro cada vez más fuerte».

En el frente nuclear, y yendo mucho más allá de la actual situación en Bielorrusia (ya que no habrá ningún Maidan en Minsk) Moscú ha dejado muy claro que cualquier ataque con misiles de la OTAN será interpretado como un ataque nuclear.

El sistema de misiles defensivos de Rusia -incluyendo los ya probados S-500, y los nuevos S-600- podrían ser un 99% efectivos. Esto significa que los rusos tendrían que absorber algún tipo de castigo. Por esta razón Rusia ha construido una extensa red de refugios antinucleares, en las grandes ciudades, para proteger al menos a 40 millones de personas.

Los analistas rusos explican que el enfoque defensivo de China está en la misma línea. Pekín estaría desarrollando –si no lo ha hecho ya– un escudo defensivo, con capacidad para contraatacar un ataque de misiles nucleares estadounidenses.

Los mejores analistas rusos, como Andrei Martyanov, saben que las tres principales armas de una posible próxima guerra serán; los misiles, los submarinos (ofensivos y defensivos) y las herramientas de guerra cibernética.

El arma clave hoy en día –y los chinos lo entienden notoriamente– son los submarinos nucleares. Los rusos han observado que China está construyendo una flota de submarinos –con misiles hipersónicos– mucho más rápido que los EEUU. Las flotas de superficie están obsoletas. Una miríada de submarinos chinos puede acabar fácilmente con una fuerza de ataque de un portaaviones. Las fuerzas de ataque de los portaaviones estadounidenses tienen muy poco valor en las actuales circunstancias.

Lo que estimula a China a obtener la mayor parte de sus recursos energéticos por tierra desde Rusia se explica por una estratégica: esta será la ruta segura en el caso que los mares queden bloqueados – al tráfico comercial– por una guerra entre Estados Unidos, por un lado y Rusia y China por el otro.

Incluso si los oleoductos son bombardeados, estos pueden ser reparados en muy poco tiempo. De ahí la importancia que tiene para China la serie de proyectos conjuntos con empresa Gazprom de Rusia.

El factor Ormuz

Un secreto muy bien guardado en Moscú es que justo después de las sanciones alemanas impuestas en relación con Ucrania, un importante operador mundial de energía se acercó a Rusia con una oferta para desviar a China no menos de 7 millones de barriles al día de petróleo más una inmensa cantidad de gas natural. Pase lo que pase, la propuesta sigue sobre la mesa de un asesor de petróleo y gas del Presidente Putin.

En el caso de que eso ocurriera, China se aseguraría de todos los recursos naturales que necesita. Bajo esta hipótesis, la lógica rusa sería evitar las sanciones alemanas cambiando sus exportaciones de petróleo a China, que desde el punto de vista ruso es más avanzada en tecnología de consumo que Alemania. Por supuesto este escenario no ha impedido la inminente conclusión de Nord Stream 2.

Los servicios de inteligencia le han dejado muy claro a los industriales alemanes que si Alemania perdiera su fuente rusa de petróleo y gas natural, y el Estrecho de Ormuz fuera bloqueado por Irán (en caso de un ataque americano) la economía alemana podría simplemente colapsar.

Ha habido serios debates entre los servicios de inteligencia sobre la posibilidad de que una “sorpresa de Octubre” patrocinada por EEUU, que actuando con una bandera falsa acuse a Irán del inicio de una guerra. La «máxima presión» del Equipo Trump sobre Irán no tiene absolutamente nada que ver con el Tratado de Control de Armas atómicas. Lo que importa es que, incluso indirectamente, la asociación estratégica entre Rusia y China ha dejado muy claro que Teherán será protegido como un activo estratégico – y como un nodo clave de la integración de Eurasia.

Los analistas de inteligencia centran su preocupación en un escenario -bastante improbable – de un colapso del gobierno de Teherán. Lo primero que Washington haría en este caso es tirar del interruptor del sistema de compensación SWIFT. El objetivo sería aplastar la economía rusa. Si este escenario llegara a ocurrir, China podría perder a sus dos aliados clave en un solo movimiento, y luego tener que enfrentarse a Washington solo, en una etapa que todavía no poder asegurarse todos los recursos naturales necesarios.

Esta situación sería una verdadera amenaza existencial. Esto explica la lógica detrás de la creciente interconexión de la asociación estratégica Rusia-China, la aceleración al máximo la fusión de los sistemas de pago Mir ruso y CHIPS chino, los más de 400.000 millones de dólares del acuerdo China-Irán de 25 años de duración y las medidas para eludir el dólar estadounidense en el comercio internacional.

Bismarck ha regresado

Otro posible acuerdo secreto ya discutido en los más altos niveles de inteligencia es la posibilidad de un Tratado de Reaseguros (inspirado en el canciller Bismarck) a ser establecido entre Alemania y Rusia. La consecuencia inevitable sería una alianza de facto Berlín-Moscú-Pekín que abarcaría la Iniciativa del Cinturón y la Carretera (BRI), junto con la creación de un nueva moneda euroasiática (¿digital?) para la alianza euroasiática, que incluiría actores importantes pero periféricos como Francia e Italia.

Bueno, el eje Beijing-Moscú ya está en funcionamiento. Berlín-Pekín es un trabajo en progreso. El eslabón todavía desconocido es Berlín-Moscú.

Este cambio mundial representaría no sólo la última pesadilla para las elites angloamericanas – rebasados por Mackinder- sino también el paso de la antorcha geopolítica de los imperios marítimos al corazón de Eurasia.

Ya no es una ficción. Ahora está sobre la mesa.

Por un momento, hagamos un pequeño viaje en el tiempo y vayamos al año 1348. Los mongoles están en Crimea, sitiando la ciudad de Kaffa –un puerto comercial en el Mar Negro controlado por los genoveses. Repentinamente, el ejército mongol es reducido por la peste bubónica. Sus generales lanzan los cadáveres contaminados sobre las murallas de la ciudad de Crimea.

Qué pasa cuando los barcos comenzaron a navegar de nuevo de Kaffa a Génova. Transportaron la plaga a Italia. En 1360, la Peste Negra estaba literalmente por todas partes, desde Lisboa a Nóvgorod, desde Sicilia a Noruega. Se calcula que hasta el 60% de la población de Europa pudo haber muerto, más de 100 millones de personas.

Algunos historiadores argumentan que el Renacimiento se retrasó un siglo entero, debido a la plaga.

La Covid-19, por supuesto, está lejos de ser una plaga medieval. Pero sería adecuado preguntarse: ¿qué Renacimiento podría estar retrasando la actual pandemia ?

Bueno, podría estar adelantándose el Renacimiento de Eurasia. Esto ocurre justo cuando el antiguo hegemón está implosionando internamente, «distraído por la distracción», para citar a T.S. Eliot.

Detrás de la niebla, de los juegos de sombras, ya está en marcha los movimientos trascendentes que reorganizan la gran masa terrestre euroasiática.

Por Pepe Escobar | 04/09/2020

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/08/29/juego-de-sombras-la-alianza-euroasiatica-esta-mas-cerca-de-lo-que-se-cree/

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Miércoles, 02 Septiembre 2020 05:40

¿Por qué repunta Bolsonaro?

¿Por qué repunta Bolsonaro?

A pesar de la cantidad de muertes y de la pésima gestión de la pandemia de covid-19, la aprobación de Jair Bolsonaro crece. No solo mantiene la fidelidad de sus votantes duros, sino que recibe la aprobación de parte de la población más pobre del Nordeste, a la que ha dirigido programas sociales de emergencia. Los cambios en la estrategia bolsonarista y los errores de la oposición progresista explican mucho de lo que está sucediendo en Brasil.

 

Las últimas encuestas de diferentes institutos de opinión pública son claras: la popularidad de Jair Bolsonaro es la mayor desde que asumió su mandato. Si bien se plantea una duda metodológica muy pertinente, y es que la pandemia ha obligado a que todas estas encuestas se realicen por teléfono y esto dificulta mucho el acceso a la población brasileña más empobrecida, lo cierto es que las más de 120.000 personas muertas parecen no pasarle factura al presidente de Brasil. ¿Cómo es esto posible?

 

Fieles, críticos y arrepentidos

 

Para entender las razones por las que 57,8 millones de brasileños votaron por Bolsonaro, dividimos a sus votantes en dos categorías: votantes radicales, que hoy en día constituyen entre 10% y 15% de su base de apoyo, y votantes moderados, la gran mayoría de su base electoral. Los primeros, el núcleo duro bolsonarista, son fundamentalmente hombres blancos, de clase media-alta, del sur-sureste del país y de entre 25 y 45 años. Tienen una adhesión emocional y psicológica absoluta a Bolsonaro y a su proyecto, no solo en lo político, sino también en lo vital, lo que significa compartir su visión del mundo violenta, racista, LGBT-fóbica y machista. Pero ¿por qué muchos de los más moderados aún continúan confiando en un presidente tan abyecto?

Bolsonaro representa una tendencia política antisistémica y antipartidista. Así, su imagen se constituye como la del outsider, como el único político honesto que, genuinamente, quiere luchar contra un sistema corrupto. Al día de hoy, uno de los legados más problemáticos de la operación Lava Jato es una intensa criminalización de la política que caló hondo fundamentalmente en las clases medias tradicionales brasileñas, que compartían la visión del entonces juez Sérgio Moro como el héroe anticorrupción. Gran parte del público fiel a Bolsonaro continúa manteniendo su apoyo no tanto porque confía plenamente en el presidente o porque está totalmente satisfecho con su gestión, sino porque no reconoce otra alternativa política o electoral viable justamente por entender que el sistema en su conjunto está intrínsecamente corrompido. Bolsonaro todavía es visto por este público como honesto y auténtico.

Para entender cómo se comporta su base electoral moderada, emprendimos junto con Camila Rocha una investigación en la que clasificamos a este electorado en tres categorías: fieles, críticos y arrepentidos. Veamos los argumentos de cada grupo. Además de la honestidad, los argumentos que los más fieles repiten cuando justifican su apoyo son muy recurrentes: a) «en comparación con los 14 años de gobiernos petistas, Bolsonaro aún no ha tenido tiempo de gobernar»; b) «el Partido de los Trabajadores (PT) dejó el país destruido política, económica y socialmente, por lo que recomponerlo no es una tarea fácil»; c) «cuando Brasil empezó a encarrilarse, llegó la pandemia y todo se detuvo»; d) «Bolsonaro hace todo lo posible por mejorar la situación del país, pero la persecución permanente que sufre por parte de la prensa, los políticos de oposición y el Tribunal Supremo [unos de los principales enemigos de presidente] hacen que no consiga gobernar».

Sin embargo, es entre la clase media y alta más «lavajatista» donde Bolsonaro perdió más adhesión. Esta población recibió como un duro golpe la dimisión del ministro Moro, a cargo de la cartera de Justicia y Seguridad Pública, el 24 de abril de 2020, tras acusar a Bolsonaro de interferencia política en el nombramiento del director de la Policía Federal a fin de proteger a sus hijos de las investigaciones llevadas a cabo sobre ellos. A su vez, los hijos de Bolsonaro son uno de sus mayores problemas. Varios procesos pesan sobre los tres que tienen representación política. Sobre Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, pesan acusaciones de realizar transacciones financieras ilegales por valor de 1,2 millones de reales (más de 200.000 dólares). Sobre Carlos Bolsonaro, concejal por Río de Janeiro, pesan dos acusaciones: la primera por nombramiento de cargos fantasma en su gabinete y la segunda, la más importante en este momento, por ser uno de los supuestos coordinadores de la campaña de noticias falsas a través de millones de mensajes ilegales durante la campaña electoral. La misma acusación de coordinar el esquema masivo de noticias falsas pesa sobre Eduardo Bolsonaro, diputado federal por San Pablo. Esta última investigación sobre fake news electorales es la que más preocupa en Brasilia, ya que el Tribunal Supremo Electoral ha abierto un proceso de impugnación de la candidatura Bolsonaro-Mourão sobre la base de esta investigación.

Además de la frustración por la salida de Moro y de su visión negativa de los hijos del presidente, quienes votaron por Bolsonaro y ahora están decepcionados o arrepentidos presentan los siguientes argumentos: a) «Bolsonaro no cumple con el decoro que su función exige, es excesivamente violento, autoritario, histriónico en su forma de conducir el gobierno y con sus polémicas continuas causa gran inestabilidad»; b) «la gestión de Bolsonaro de la pandemia de covid-19 es irresponsable e inhumana, no se preocupa ni por los enfermos ni por los muertos».

Podemos decir que los dos factores principales para el debilitamiento de Bolsonaro eran el covid-19 y las sospechas de corrupción que involucraban a sus hijos. La mayoría de los brasileños considera que su comportamiento frente a la pandemia denota falta de carácter y humanidad. En paralelo, el 18 de mayo de 2020, Fabrício Queiroz, ex-asesor de Flavio Bolsonaro y sospechoso de ser su testaferro, fue arrestado después de pasar un año escondido en una casa propiedad del abogado de la familia Bolsonaro. Según Datafolha, 64% de los brasileños cree que Bolsonaro conocía el paradero de Queiroz todo este tiempo.

En las últimas semanas, parece que Bolsonaro y sus asesores entendieron este mensaje de su base más desencantada y cambiaron su estrategia: han hecho desaparecer a sus hijos del espacio público y de las redes sociales y han «domesticado» a un Bolsonaro que está más moderado que en los inicios de su presidencia. Como consecuencia de este giro estratégico en su comportamiento, su popularidad ha vuelto a crecer. Sobre los más de 110.000 muertos por la pandemia y las críticas a su gestión, Bolsonaro también tiene una estrategia clara: la culpa de estos números y de la crisis económica que se avecina no la tiene él, la tienen los gobernadores de los estados y los alcaldes que no siguieron sus recomendaciones de que la gente pudiera salir a trabajar, decretaron confinamientos que solo algunos cumplieron y, de esta forma, no lograron atajar la pandemia y agravaron la crisis económica. Parece que esta reciente táctica también puede estar comenzando a funcionar.

En paralelo, la popularidad de Bolsonaro comienza a aumentar entre los más pobres, a causa, fundamentalmente, de una ayuda de emergencia de 600 reales (112 dólares) mensuales que recibirán durante la pandemia y que es esencial para la supervivencia de millones de brasileños. Por otro lado, Bolsonaro comienza a invertir políticamente en el Nordeste, la región más empobrecida del país y feudo electoral histórico del lulismo. Sabe que si se gana a las clases populares con ayudas económicas, se allanaría el camino hacia la reelección. Los datos impresionan: 65,3 millones de brasileños están recibiendo la ayuda y un tercio de ellos están en la región Nordeste. No hay que olvidar que parte del apoyo popular a Luiz Inácio Lula da Silva se basó en este tipo de transferencias de ingresos.

El problema es que este ingreso no puede ser para siempre, y el neoliberal ministro de Economía Paulo Guedes, el nexo con el empresariado y el capital nacional e internacional, ya está insistiendo en que es incompatible con sus políticas de ajuste presupuestario y fiscal. ¿Serán capaces Guedes y Bolsonaro de llegar a un acuerdo para mantener a lo largo del tiempo algún flujo de ingresos (aunque sea de valor menor a 600 reales) que garantice el apoyo de los más pobres pero, al mismo tiempo, de continuar con los planes privatistas y las reformas (tributaria y administrativa serían las próximas) para mantener satisfechos a los dueños del dinero? Veremos.

No debemos olvidar que Bolsonaro mantiene la fidelidad de los principales obispos de las mayores iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales, como la Iglesia Universal del Reino de Dios y la Asamblea de Dios. Los más pobres componen el mayor contingente de estas iglesias, por lo que su apoyo es un factor muy importante para entender la adhesión popular al bolsonarismo. Por eso, el presidente brasileño continúa apostando por un conservadurismo religioso que se pauta por la dinámica de la moralización y la cristianización de la vida pública y privada. Temas como el rechazo al aborto y el combate al feminismo son explotados con gran crédito moral por figuras del gobierno como la ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos, la pastora Damares Alves.

 

El impeachment se aleja

 

Si la nueva estrategia bolsonarista basada en la combinación de su propia moderación, el ingreso de emergencia y la culpabilización de alcaldes y gobernadores por la pandemia continúa funcionando, el ex-capitán puede reforzarse como una alternativa viable para las próximas elecciones presidenciales de 2022, no solo entre los leales, sino también entre un buen número de partidarios críticos que parecen estar mejorando sus perspectivas y lo votarían de nuevo, especialmente contra el PT. El antipetismo sigue siendo bastante fuerte entre la población. Además, el PT ha dado algunos pasos que han desencantado a su propia base, como por ejemplo la elección de Jilmar Tatto como candidato a la alcaldía de San Pablo en las próximas elecciones municipales de noviembre de 2020. Su nombramiento levantó muchas críticas entre los afiliados, bastantes de los cuales han migrado hacia una candidatura que parece irradiar más entusiasmo: la de Guilherme Boulos, el líder de los «sin techo», postulado por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Pero el problema no es solo el PT, sino también la ausencia de un nombre fuerte que aglutine el campo de la centroderecha y la derecha moderada y que consiga arrebatar votos a Bolsonaro. Se barajan diversos nombres, como el del gobernador de San Pablo João Doria, el del propio ex-juez Moro y el del conocido presentador de televisión Luciano Huck, pero de momento nada está definido.

En el plano institucional, la posibilidad de un impeachment, que llegó a parecer plausible en los meses anteriores, está diluida. Bolsonaro cuenta, además, con el apoyo de amplios sectores de las Fuerzas Armadas. Es el gobierno más militarizado de la historia brasileña, con 11 ministros militares y casi 3.000 cargos gubernamentales ocupados por personas procedentes de las Fuerzas Armadas. Estas se han beneficiado enormemente de su presencia en el gobierno, con una buena reforma de las pensiones aprobada al mismo tiempo que se realizaba una reforma antipopular y regresiva de las pensiones para los civiles, y con un aumento del presupuesto militar en un momento de restricciones en otras áreas. Bolsonaro también está negociando su estabilidad con el poderoso presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, quien tiene en su poder nada más y nada menos que 47 pedidos de impeachment diferentes, y con un grupo de partidos políticos llamado el centrão, que reúne a unos 200 diputados (de 513 en total) que no tienen una identidad ideológica específica y, por tanto, se venden al mejor postor. Están vinculados a prácticas clientelistas y corruptas, pero tienen el poder de equilibrar la gobernabilidad del país.

El hecho de que un impeachment se vea ya muy lejos también influye positivamente en la percepción de la población del gobierno de Bolsonaro, porque se entiende que este está pasando por un momento de mayor estabilidad y que el presidente está siendo capaz de mantener la gobernabilidad incluso en contextos como el actual.

¿La popularidad de Bolsonaro seguirá subiendo? ¿Será capaz de mantener su nuevo giro estratégico? De momento parece que mantener la moderación le va a costar mucho. En los últimos días ya protagonizó una nueva polémica al responder con tono amenazante a un periodista que le preguntaba por sospechas de corrupción en el caso Queiroz «Qué ganas de reventarte la boca a golpes». Las elecciones municipales de noviembre próximo serán importantes para que el campo bolsonarista y el democrático midan fuerzas, pero lo cierto es que Bolsonaro continúa alimentándose de que mucha gente indefinida políticamente no llega a confiar en los proyectos políticos de la izquierda. Urge que el PT y el resto de los partidos democráticos se coloquen como alternativas viables, porque de lo contrario corremos el riesgo de que Bolsonaro se mantenga tranquilo en el poder a pesar de los más de 100.000 muertos y de los múltiples retrocesos que está comandando.

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Martes, 01 Septiembre 2020 05:24

Un nuevo ministro para el Líbano

Un nuevo ministro para el Líbano

Buscando una salida a la crisis, designaron a Mustafá Adib

 

El presidente y los parlamentarios libaneses lograron un acuerdo para nombrar un nuevo primer ministro, de modo de descomprimir la tensión y las protestas desde la enorme explosión en el puerto de la capital, Beirut. El nuevo premier es el ex embajador en Alemania Mustafá Adib, que prometió reformas y un acuerdo con el FMI horas antes de que el presidente francés Emmanuel Macron, llegue a Beirut.

Adib, de 48 años, fue designado por la mayoría de los diputados tras consultas parlamentarias en el palacio presidencial. Tras su designación, visitó un barrio destruido por la explosión del 4 de agosto, donde dijo "querer la confianza" de la población. "Es la hora de la acción", afirmó y prometió formar rápidamente un equipo de expertos y de personas competentes que llevarían a cabo reformas "inmediatamente".

"La tarea que acepté se basa en el hecho de que todas las fuerzas políticas son conscientes de la necesidad de formar un gobierno en un tiempo récord y empezar a poner en marcha reformas, con el punto de partida de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional", dijo Adib en un discurso en televisión.

Macron, que visita el país por segunda vez desde la explosión, exhortó a los dirigentes libaneses a nombrar rápidamente un "gobierno de misión" para sacar al país de la crisis económica y política.

Adib, relativamente desconocido entre la opinión pública, fue elegido el domingo por la noche por los más influyentes representantes de la comunidad sunita, de donde se elige el jefe del gobierno. La presidencia está reservada a un cristiano maronita y la presidencia del Parlamento a un musulmán chiita.

El presidente del país, Michel Aoun, reconoció la víspera en un discurso en ocasión del centenario de Líbano, que se celebra mañana, que es necesario cambiar el sistema político y pidió un "Estado laico". El mismo día, el poderoso jefe del Hezbolá, Hasán Nasralá, dijo estar dispuesto a negociar un nuevo "pacto político" en Líbano, donde las comunidades religiosas se reparten el poder. En el mismo sentido, Nabih Berri, presidente del Parlamento y jefe del movimiento chiita libanés Amal, pidió el lunes "cambiar el sistema confesional" que rige la política en Líbano, "fuente de todos los males" según él.

Adib, profesor universitario y próximo al ex primer ministro y millonario Najib Mikati, del que fue jefe de gabinete, podría ser rechazado por el movimiento popular de protesta. Hasan Sinno, miembro de un grupo de la sociedad civil, advirtió que ésta rechazaría cualquier candidato del sistema. "No le daremos tiempo, como algunos de nosotros hicimos por error con el anterior, para lograr éxitos. No tenemos el lujo de darle tiempo", dijo.

El ex primer ministro Hasan Diab, nombrado por los partidos en el poder, renunció el 10 de agosto tras la explosión que dejó al menos 188 muertos y devastó barrios enteros de la capital. La deflagración, provocada por la presencia de una enorme cantidad de nitrato de amonio en el puerto de Beirut cuya existencia conocían los dirigentes, alimenta la cólera de la población, que considera responsables a los políticos por su negligencia y corrupción.

El nombramiento de Mustapha Adib obtuvo la aprobación de los principales bloques parlamentarios. Sólo el partido cristiano Fuerzas Libanesas, en la oposición desde las protestas populares de octubre de 2019, apoyó al independiente Nawaf Salam, un antiguo embajador en la ONU respaldado por el movimiento de protesta.

Macron, igual que otros funcionarios extranjeros que pasaron por Beirut, subrayó la necesidad de hacer profundas reformas. El presidente francés que llegó a Beirut anoche, visitará a la conocida cantante Fairouz y mañana se reunirá con responsables políticos. Francia es un aliado tradicional de Líbano, con relaciones históricas que se remontan al siglo XVI e incluyen el periodo del mandato francés en Líbano, a principios del siglo XX.

Pero para Hilal Khashan, profesor de Ciencias Políticas de la universidad estadounidense de Beirut, es difícil que cambie el sistema del país. "Cuando los políticos hablan de un Estado laico, me recuerdan al diablo predicando la virtud, no tiene sentido", afirma, asegurando que la llegada del nuevo primer ministro "no inaugurará una nueva era en la historia de Líbano".

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Ecuador alcanza un nuevo acuerdo con el FMI a cambio de ajuste y reformas estructurales

El préstamo permite cerrar el proceso de reestructuración de la deuda con acreedores privados. El Fondo pide a cambio ajustar cuentas fiscales.

 

El Fondo Monetario Internacional (FMI) alcanzó este viernes un acuerdo con Ecuador para otorgar un préstamo de 6.500 millones de dólares, que se utilizará para sostener el plan de reestructuración de bonos y financiar su presupuesto para 2020.

El préstamo, anunciado hoy en Twitter por el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, permite cerrar el proceso de reestructuración de deuda por 17.400 millones de dólares encarado por el Gobierno con los acreedores privados antes de la fecha límite fijada para el 1 de septiembre.

”El nuevo acuerdo complementa un canje de deuda exitoso de 17.400 millones de dólares en bonos globales entre las autoridades y sus tenedores de bonos, y se espera que catalice apoyo financiero adicional bilateral y multilateral”, dice un comunicado del FMI en el que se dio a conocer el resultado de lo que llama un “diálogo franco y constructivo”, una frase muy usada por el organismo para evitar hablar de las exigencias que impone para este tipo de acuerdos.

A cambio del crédito, el Fondo espera que el Gobierno ecuatoriano aplique un plan para “reducir el gasto relacionado con la crisis el próximo año e implementar un paquete de reforma fiscal que incluye una moderación del gasto corriente y de capital, una reforma tributaria inteligente e integral, y una mejor gobernanza del gasto público”. El pronóstico económico para el país no es bueno, se calcula un decrecimiento del 11% del PIB y un aumento del déficit fiscal debido al impacto económico del parón provocado por la pandemia de la covid-19 y al arrastre de los bajos precios de petróleo.

El ajuste de las cuentas fiscales, como pide el FMI, tiene un antecedente reciente en el país. Las protestas contra el gobierno en Octubre del 2019 se dieron por el intento de imponer una serie de medidas para achicar el gasto público. Tras 12 días de movilizaciones callejeras y una violenta represión, el Gobierno de Lenín Moreno anunció la derogación del decreto de aumento de los combustibles.

Ni el FMI ni Ecuador dieron detalles de las metas fijadas para el ajuste de gasto, de la inversión, ni en qué consistirá la reforma tributaria exigida. En su escueto mensaje presidencial, Lenín Moreno agradeció al equipo negociador y a Kristalina Georgieva, directora general del Fondo.

El Gobierno ecuatoriano buscaba renovar el acceso a financiación desde que el programa de rescate anterior fue oficialmente suspendido en mayo de este año. En marzo de 2019, se había pactado un préstamo de 4.200 millones de dólares, aparejado de 6.000 millones de dólares más de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial.

Este nuevo pacto, obtenido centralmente para pagar la deuda a los acreedores privados, se da a poco de las elecciones que determinarán el cambio de Gobierno, que llegará el próximo año de unas elecciones presidenciales en las que no participará Lenín Moreno y el oficialismo no tiene un candidato claro.

Por Diego Sacchi

@sac_diego

Viernes 28 de agosto 

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Viernes, 28 Agosto 2020 05:48

Las cuentas le salieron mal

Las cuentas le salieron mal

El Banco Mundial admitió irregularidades en sus estadísticas

 

 El Banco Mundial publicó una declaración en donde admite "irregularidades" en las estadísticas vinculadas a su reporte periódico "Doing Business", a través del cual el organismo analiza los costos para el capital empresario en cada país.

"A lo largo de sus 17 años de existencia, el reporte 'Doing Business' ha sido una herramienta valiosa para la medición de los costos de hacer negocios en distintos países. Los indicadores buscan mejorar los climas de negocios. Una serie de irregularidades han sido informadas vinculadas a cambios en los datos de los reportes de 2018 y 2020. Los cambios en los datos eran inconsistentes con la metodología del informe", admitió el Banco Mundial en una declaración publicada este jueves.

El último ranking de Doing Business elaborado por el Banco Mundial ubica a Nueva Zelanda como país más sencillo para operar para el capital, seguido de Singapur, Hong Kong, Dinamarca, Corea del Sur, Estados Unidos, Georgia, el Reino Unido, Noruega y Suecia. El país mejor ubicado de América latina es Chile, en el puesto 59, seguido de México (60), Colombia (67) y Perú (76). Argentina está en el puesto 126.

Ante las irregularidades admitidas en el comunicado, el organismo asegura haber tomado cartas en el asunto: "Estamos llevando a caso una revisión sistemática de los cambios en los datos que ocurrieron en los últimos cinco reportes", indicó. Agregó que  "hemos preguntado al grupo independiente de auditores del Banco Mundial para que recolecten información sobre la seguridad e integridad de los datos".

"Actuaremos en función de los descubrimientos que se hagan y corregiremos de forma retrospectiva los datos de los países que fueron más afectados por las irregularidades. La publicación del reporte "Doing Business" será pausada mientras se desarrollan estas acciones.

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Green New Deal: del capitalismo verde al cambio de sistema

Si bien el debate de los últimos meses en los movimientos ecologistas está fundamentado en “Green New Deal vs decrecimiento”, quizá sería más acertado plantearlo en términos de “Green New Deal para el decrecimiento", ¿cómo lo hacemos”?

 

Hay pocas formas más brillantes y sencillas de describir la crisis socioecológica a la que nos enfrentamos que la que expuso Greta Thunberg en el Foro de Davos en 2019: nuestra casa está ardiendo. Vivimos en un escenario de urgencia, donde la economía, la política y la cultura hegemónicas le han declarado la guerra a la vida, a través de la construcción de sus paradigmas completamente en contra de las bases materiales que la sostienen. La ciencia actual confronta la idea de que es posible alcanzar una economía sostenible bajo el mantra del crecimiento ilimitado. Iago Otero y algunos de sus colaboradores concluyen en su trabajo que la única forma de frenar la pérdida de biodiversidad es abandonando esa línea, igual que ocurre si queremos respetar los límites de emisiones de gases, y por tanto resistir el cambio climático, como señala Jason Hickel.

En el imaginario colectivo parece imposible la renuncia a este sistema tóxico, y aunque “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, la cuestión es si podemos pagar el precio de creer que no existen alternativas. O visto desde otro ángulo, si podemos pagar el precio de pensar que todo lo que está respaldado por la razón nos va a permitir construir políticas públicas, o tiene más de mantra sobre el que fundamentamos nuestros discursos. Quizá tener un discurso basado únicamente en el conocimiento científico, pero que no apele a nuestros deseos, dudas y sentimientos, que es lo que nos hace humanos, no sea suficiente para construir hegemonía en torno a esas alternativas.

Además, nos surge otra dificultad: la necesidad de conseguir este cambio por el que llevamos décadas luchando, en apenas cinco años, el margen de seguridad con el que contamos si no queremos presenciar la sexta extinción masiva, o la emigración forzada de casi un tercio de la población mundial huyendo de la sequía, las inundaciones y el hambre.

En este escenario de urgencia, no nos queda alternativa a elegir que el camino más corto entre nuestra realidad y el mundo nuevo que hay en nuestros corazones —que decía Buenaventura Durruti— y asegurarnos victorias que nos permitan generar una transición que no deje a nadie atrás. Y si bien el decrecimiento es la única opción a largo plazo, no parece que sea una alternativa realista en el corto, cuando tenemos que disputar hasta las medidas más obvias de transición ecosocial, como las zonas bajas en emisiones en el centro de las ciudades.

Por ello, la posibilidad de contar con un Acuerdo Verde, puede ser el primer paso (insisto, el primer paso, no el fin) para mantenernos bajo los límites de seguridad ecológica, mientras generamos el resto de condiciones materiales que nos permitan el cambio de sistema, inevitable para garantizar nuestra supervivencia.

Por ello, si bien el debate de los últimos meses en los movimientos ecologistas está fundamentado en “Green New Deal vs decrecimiento”, quizá sería más acertado plantearlo en términos de “Green New Deal para el decrecimiento, ¿cómo lo hacemos?”. Y es que si bien muchos de los modelos presentados por distintas naciones en torno a esto se basan en que todo cambie para que nada cambie, la indefinición manifiesta de este tipo de políticas nos permite reapropiarnos de ellas, de forma que el Green New Deal nos interese en tanto en cuanto sea una herramienta para el cambio de sistema.

Tenemos que articular medidas y marcos de referencia que superen la tibieza del mismo, y aunque es una propuesta arriesgada sabiendo la facilidad que tiene la economía de reapropiarse de nuestro discurso y despojarlo de cualquier elemento emancipador, no podemos esperar a que, parafraseando a Jorge Riechmann, lo necesario ecológicamente se haga posible políticamente. Y quizá sea esta una de las palancas que hagan posible lo imposible.

Resignificar el Green New Deal implica de base incidir en que esta propuesta tendrá que ir unida a la reparación al Sur Global y no a perpetuar nuestras dinámicas colonialistas, a democratizar la alimentación y la energía, a incluir una mirada feminista y de cuidados en las propuestas económicas o a expulsar al poder corporativo de los procesos internacionales de toma de decisiones. Lamentablemente, la fina diferencia lingüística entre lo que el Green New Deal “es” y lo que “puede ser” puede cambiar el devenir de la humanidad.

Empujar en esa dirección implica en primer lugar asegurar lo que ya tenemos, y por tanto crear y mantener redes de resistencia para evitar los peores efectos sobre los ecosistemas y las personas vulnerables. Junto con esto, y más si entendemos el Green New Deal como un proceso, tenemos la tarea de crear e implementar alternativas en todos los sectores que nos permitan esa transición, a la vez que aseguramos recorrido.

Por último, y quizá lo más importante, necesitamos una movilización masiva que presione a empresas e instituciones en la dirección que debemos tomar, que no puede ser otra que la superación de la economía neoliberal. Este es posiblemente el punto también más complicado, ¿cómo conseguimos que decenas de miles de personas se movilicen por un cambio de sistema que no permitirá el desarrollo de muchos planes que comercialmente nos han prometido? ¿Cómo asociamos esa movilización a un esfuerzo por imaginar un mundo más allá del consumo desenfrenado?

En septiembre tendrá lugar la Online Youth Gathering for Climate and Social Justice, un evento online organizado por la red Young Friends of the Earth y con el apoyo de decenas de organizaciones, que reunirá a jóvenes de toda Europa para debatir, reflexionar y avanzar en la creación de escenarios realistas posibles y ambiciosos para la configuración de una sociedad más justa y respetuosa. Grupos de base de todo el continente nos reuniremos del 3 al 13 de septiembre, en un encuentro abierto a escuchar las voces de todos y todas, generando redes de resistencia y creación de alternativas.

Puede que esto sea uno de los pasos que nos permita tener a miles de personas bloqueando instalaciones extractivistas, cultivando huertas en las ciudades o instalando placas solares junto a sus vecinas. Puede que tengamos días oscuros, pero no podemos perder. Porque hay mucho en juego. Y para ganar solo tenemos una receta: movilizar, resistir y transformar.

Por Miguel Díaz-Carro

responsable de Juventud en Amigos de la Tierra (@MDiazCarro)

27 ago 2020 05:25

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Fuentes: Rebelión -Foto AP: protesta contra clases presenciales, Georgia Tech, Atlanta, 17 de agosto de 2020.

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país.

El coronavirus ha sacado a relucir las peores lacras del capitalismo, revelando el carácter destructor de la forma mercancía, que se ha impuesto brutalmente en todos los ámbitos de la sociedad. La forma mercancía domina la vida cotidiana de buena parte del mundo, pero es la reina indiscutible en los Estados Unidos, y por esa razón en ese país se hacen más ostensibles sus contradicciones en esta época de pandemia. No es que se hayan originado por el Covid-19, simplemente el virus ha sido el detonante que ha hecho explotar el espejismo del “sueño americano”. Esto se nota en el trabajo, la salud, la recreación, la vivienda, la educación.

En este articulo nos vamos a referir a la mercantilización de la educación, a partir de una noticia en dos momentos: la decisión del gobierno de Donald Trump de expulsar de Estados Unidos a los estudiantes universitarios del resto del mundo que solo estuvieran recibiendo clases on line y la reacción de Estados federales y universidades que se opusieron a dicha disposición. Sobre esta reacción quedaba cierta sensación de que el rechazo a la medida inicial de Trump, que finalmente fue revocada, se debía a la defensa de la democracia y al derecho de extranjeros de estudiar en los Estados Unidos, pero si se mira con detenimiento la conducta de las universidades nos remite a la venta de la mercancía educativa y las fabulosas ganancias que genera para los mercachifles de la universidad.

EDUCACIÓN UNIVERSITARIA: UNA COSTOSA MERCANCÍA

En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país, cuando ese mismo actor de quinta categoría alcanzó la presidencia de los Estados Unidos (1981-1989). Reagan, un individuo atrabiliario e ignorante, llegó a decir, para justificar la privatización de las universidades, que los contribuyentes no debían “subvencionar la curiosidad intelectual” y eso lo debían financiar las propias universidades. Ese proyecto implicó la reducción en las transferencias estatales a las universidades, que se fue agravando con el paso del tiempo. Así, entre 1987 y 2012, la financiación pública de las universidades disminuyó en un 30% y en el 2019 en Alaska, para dar un ejemplo, la reducción de presupuesto alcanzó los 135 millones de dólares.

Las universidades recurrieron como vía alterna de financiación al aumento de matrículas, las que se dispararon a niveles estratosféricos hasta convertir a la educación universitaria de los Estados Unidos en la más costosa del mundo. Hasta tal punto esos ingresos son importantes, que el presupuesto de las universidades públicas depende en un 25% de las matrículas y de las privadas en un 35%. Estas cifras adquieren sentido si se compara con lo que sucede en algunos países europeos, donde o las matrículas son gratuitas, como Alemania, o muy bajas, como en Francia.

Como resultado, las matrículas se han elevado en las universidades de Estados Unidos en un 260% entre 1980 y 2014. En concreto, estudiar en una universidad de los Estados Unidos cuesta hasta unos 70 mil dólares por año. Como a ese costo solo puede acceder una ínfima minoría de Estados Unidos y del resto del mundo, el sistema interno que se ha desarrollado es el de los préstamos, que en el 2013 constituirán el 50% del total de presupuesto de las universidades (cuyo monto era de 75 mil millones de dólares). Esto ha dado origen a los endeudados educativos, esclavizados con el sistema financiero que está detrás de las universidades, y al cual las familias de los estudiantes debían, en 2019, 1.5 billones de dólares por préstamos para estudiar.

Otra forma de financiación de las universidades se basa en la firma de convenios con entidades privadas, como con canales de televisión, y ventas de cursos de verano y conferencias, arrendamiento de campos deportivos…. Un buen rubro de ingreso de las universidades son los estudiantes extranjeros, puesto que en Estados Unidos están matriculados más de un millón, la mitad de los cuales proceden de China e India. En el año escolar 2016-2017, estos alumnos extranjeros desembolsaron por matriculas 37 mil millones de dólares.

Este sistema de financiación de la universidad ya estaba en crisis antes de la emergencia del coronavirus, como se muestra con la insolvencia de muchas universidades y la quiebra de alguna de ellas. En 2019, estaban en situación de insolvencia 946 universidades, 60 de las cuales quebraron.

EL IMPACTO DEL COVID-19 EN LAS UNIVERSIDADES

El Covid-19 ha agravado una situación ya existente y ha mostrado las limitaciones de la mercantilización educativa. El impacto del cierre de los campus universitarios se ha sentido de inmediato en ese sistema universitario mercantil, que dejara de recibir ingresos por las ventas de verano, así como por la deserción de estudiantes estadounidenses, que puede llegar al 15%, lo que significa una reducción de ingresos de 23 mil millones de dólares en el próximo año académico. A eso se suma que muchos de los estudiantes están inconformes con la educación on line, debido a que ello supone dejar de responder por otros compromisos de las universidades, como vivienda y alimentación, que les siguen cobrando a los estudiantes. Muchos estudiantes ya han demando a las universidades para que cumpla con los contratos a que se comprometen y por los cuales cobra mucho dinero. A esto se le deben sumar los 32 mil millones de dólares y los 300 mil empleos que se perderían si los estudiantes extranjeros no se matriculan para el próximo año escolar.

En este contexto de crisis financiera agravada de las universidades, que se calcula en unos 47 mil millones de dólares, la decisión de Donald Trump sobre expulsar a los estudiantes extranjeros no podía llegar en peor momento. Aunque se hayan hecho declaraciones como la de la senadora Elizabeth Warren, quien señaló que “expulsar a los estudiantes internacionales en medio de una pandemia global” es “un sinsentido, cruel y xenófobo” o la del profesor Stephen Walt de la Universidad de Harvard quien ha dicho: “asumo que Trump y Miller (Stephen Miller, su asesor en inmigración) están encantados con que los estudiantes acaben en la Universidad de Tsinghua (China)” o la del gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, quien sostuvo: “no podemos ser un líder mundial si le cerramos la puerta al futuro a los estudiantes”. Esas son declaraciones demagógicas, que esconden el problema real que originó el grito de protesta de los dueños de las universidades y de gobernadores estatales, así como de políticos ligados al lobby educativo: la pérdida de ingresos por no recibir el costo de la matricula y otros gastos de un millón de estudiantes extranjeros. Aquí el patriotismo barato de Trump se estrella con los fabulosos ingresos que llenan las faltriqueras de las universidades mercantiles, para las cuales su única patria es el dólar. El resto es cháchara barata.

Por Renán Vega Cantor | 26/08/2020

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