Hong Kong sólo puede progresar más cerca de China

Una de las características sobresalientes de los gobernantes de la República Popular China es su realismo, su intento permanente por comprender las realidades complejas del mundo actual, para poder operar con la mayor eficiencia en beneficio de su país. Aunque parece algo necesario, no es lo que acontece con buena parte de los políticos del mundo.

Ante la crisis que vive Hong Kong, los medios del Partido Comunista han venido explicando la situación desde diversos ángulos. Denunciaron la injerencia occidental en un territorio que forma parte de China, lo que está fehacientemente demostraron, en particular en el caso de los Estados Unidos.

Criticaron con vehemencia el uso de la violencia por parte de los manifestantes, que llegaron incluso a ocupar y paralizar el aeropuerto del enclave, algo que pocas veces se ha visto en el mundo, salvo en situaciones extremas de guerras y conflictos armados. El uso de las banderas estadounidenses y británicas no puede sino interpretarse como una provocación intencional de los manifestantes.

En esta situación tan crítica, que puede poner en jaque toda la política exterior china, ya que Hong Kong es la tercera plaza financiera del mundo, el analista Alexander Casella recuerda en Asia Times que "Hong Kong no es indispensable para China, sólo útil". Creo que es una conclusión importante, que merece alguna explicación.

​La ex colonia británica debe su prosperidad, en gran medida, a que durante largo tiempo estuvo aislada de la inestabilidad que vivió el continente, desde las Guerras del Opio, tanto por la intrusión de Occidente como por la incapacidad de sus elites de ejercer buenos gobiernos. Pero también permaneció al margen de las agitaciones posteriores al triunfo comunista de 1949, como la revolución cultural.

Sin embargo, como sostiene Casella, no debe olvidarse que "Hong Kong es una ciudad china nacida de trabajo chino, del espíritu empresarial y la creatividad chinas". Esto es importante, porque en Occidente se ha instalado la idea de que el nivel de vida en Hong Kong (con un ingreso per cápita superior al de EE.UU., Suecia o Alemania) se debe a su historia colonial.

Después de consumada la revolución el 1 de octubre de 1949, para la nueva China el enclave presentaba algunas ventajas: "Hong Kong proporcionaba el único acceso a Occidente en un momento en que el país era literalmente sitiado por una coalición liderada por Estados Unidos", recuerda Casella.

En suma, "para China, Hong Kong es una anomalía heredada de la historia. En términos de tamaño y población es insignificante. Por el contrario se trata de una anomalía beneficiosa", en gran medida porque el enclave "no aspira a representar un modelo económico y político alternativo al que prevalece en el continente".

Las razones de fondo no son difíciles de explicar. Primero, cuando Hong Kong se reintegra a China como Región Administrativa Especial, en 1999, la diferencia entre las ciudades cercanas como Shenzen o Shanghai eran abismales en cuanto al nivel de vida de la población. Pero pasadas dos décadas, parece evidente que "el modelo económico imperante en Hong Kong  ya no es el único que traería riqueza a China", por lo que el valor de la ex colonia es cada vez menor para el gobierno de Beijing.

Hasta ahí algunos hechos más o menos objetivos. Lo más notable es cómo las autoridades chinas se han empeñado en conocer mejor el trasfondo de la situación actual, en particular qué ha impulsado a millones de jóvenes a salir a las calles de forma pacífica, entendiendo que las acciones violentas sólo representan a una minoría.

​El oficialista Diario del Pueblo publicó un artículo editorial el 9 de setiembre con el sugestivo título: "Detrás del caos de Hong Kong hay problemas sociales profundamente arraigados". Sin dejar de denunciar la injerencia de EEUU, el artículo apunta a los graves problemas de vivienda que sufren los jóvenes como una de las principales causas de su incorporación a las protestas.

El editorial difunde el caso de un joven de 35 años que vive con sus padres en un apartamento viejo y estrecho y gana casi dos mil dólares mensuales. "Alquilar un apartamento de una habitación de 30 metros cuadrados le costaría aproximadamente dos tercios de su salario".

Sostiene que aunque las protestas comenzaron como rechazo a una ley para la extradición de delincuentes fugitivos al continente, "es obvio para muchos que el descontento se extiende mucho más allá del proyecto de ley".

Destaca un análisis de Demographia, una consultora sobre temas urbanos, para señalar: "Durante nueve años consecutivos, la vivienda en Hong Kong ha sido clasificada como la menos asequible del mundo". Agrega que el precio de la vivienda aumentó 20 veces más que los ingresos familiares en 2018 y en 2019. Una vivienda de 33 metros cuadrados en el centro de Kowloon se vende por 700 mil dólares.

Esta situación genera ansiedad en la clase media, que teme caer en la pobreza a la que pertenecen 1,3 millones de habitantes de los siete que viven en Hong Kong. La desigualdad es otro de los problemas, ya que la transformación de la ciudad industrial en ciudad financiera y de promotores inmobiliarios, ha generado una elite muy rica al punto que "muchas personas no están compartiendo los frutos de la prosperidad económica, en particular los jóvenes y los grupos de bajos ingresos".

Entiende que hay dificultades legales para introducir cambios de fondo, ya que para llevar a cabo políticas importantes "el gobierno de Hong Kong debe obtener el apoyo de una mayoría de dos tercios en el Consejo Legislativo". La oposición está trabando reformas impulsadas por el gobierno de la región especial.

En todo caso, el editorial defiende una tesis que dice que "para salir de la dificultad económica actual, Hong Kong necesita estar vinculado con China continental mucho más cerca y de manera más efectiva" y que el aislamiento del continente es la peor salida para la crisis actual.

Desde mi punto de vista, es encomiable que un gobierno como el presidido por Xi Jinping sea capaz de abarcar la diversidad de causas que están detrás de la crisis en Hong Kong, porque el realismo suele ser una de las características más notables de las potencias emergentes.

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 Imagen de satélite de la refinería de Abqaiq tras el ataque. En vídeo, imágenes del incendio. Planet Labs (AP) / atlas

Trump advirte de una respuesta militar contra Irán si se verifica la autoría del ataque sobre Arabia Saudí, mientras Teherán rechaza las acusaciones

Irán se ha apresurado a negar este domingo las acusaciones de EE UU sobre su responsabilidad en el ataque con drones del sábado contra instalaciones petroleras saudíes que se atribuyeron los rebeldes Huthi de Yemen. El riesgo de que se agrave el pulso entre Washington y Teherán constituye una nueva amenaza al abastecimiento mundial de energía, ya afectado por el significativo recorte en la producción saudí de crudo que ha provocado la agresión y que puede durar días. Riad afirmó que tiene margen para cubrir las exportaciones con sus reservas.

El presidente Donald Trump advirtió el domingo por la noche de que Estados Unidos está "cargado y listo" para responder, si bien se expresó con menos contundencia que el secretario de Estado, Mike Pompeo, sobre la autoría. "Hay motivos para creer que conocemos el culpable, estamos cargados y listos", escribió en su cuenta de Twitter, pero admitió que se hallaban pendientes de verificación y que aguardaba a hablar con Riad "para saber quiénes creen ellos que causó el ataque y en qué términos proceder".

“Las acusaciones parecen fruto de un compló organizado por algunos servicios secretos para desprestigiar la imagen de un país y preparar el camino para acciones futuras”, denunció el portavoz de Exteriores iraní, Abbas Musavi, que afirmó que son “mentiras sin sentido”. Pompeo acusó el sábado a Irán de estar detrás del bombardeo con drones a dos instalaciones clave de la petrolera saudí Aramco, que está en proceso de salir a Bolsa.

El impacto de los incendios que provocaron en la refinería de Abqaiq, la mayor del mundo, y en las infraestructuras de Khurais, su segundo campo de crudo, obligaron a la empresa a interrumpir la producción de 5,7 millones de barriles diarios, algo más de la mitad de su volumen y equivalente a casi el 6% del consumo mundial. Según diferentes fuentes saudíes consultadas por la prensa económica, el daño en las infraestructuras fue “grande”, aunque Riad prevé recuperar hoy un tercio de la producción interrumpida.

Arabia Saudí dispone de 188 millones de barriles almacenados que servirían de colchón durante semanas en el caso de necesitarlos. Una fuente del sector citada por Reuters afirmó que las exportaciones estarían garantizadas en las próximas semanas gracias precisamente al stock —repartido entre el propio territorio saudí y depósitos en Japón, Holanda y Egipto—. Estados Unidos ha ofrecido, no obstante, sus reservas para garantizar el suministro mundial.

Según ha informado este domingo el Financial Times, Riad está en contacto además con varios miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por si fuera necesario que aumenten temporalmente su producción hasta que el reino restablezca la suya, aunque sin especificar quiénes podrían hacerlo. Entre los países OPEP, Arabia Saudí es el primer productor, seguido de Irak, Irán —sometido a las sanciones de EE UU por su programa nuclear—, Emiratos y Kuwait.

En cualquier caso, existe margen porque desde finales de 2016, bajo impulso saudí, los miembros de esta organización de productores han estado limitando el volumen de crudo que sale al mercado para sostener el precio.

Trump, anunció el domingo por la noche que había autorizado el uso de las reservas petrolíferas estratégicas, en caso de necesidad, “en una cantidad suficiente por determinar para mantener los mercados bien provistos”, un mensaje que no sirvió para evitar alzas en el precio de los futuros del crudo Brent, referencia en Europa, y el West Texas Intermediate. El presidente también aprovechó para pedir a las agencias correspondiente que aceleren las aprobaciones de los oleoductos ahora en proceso de autorizaciones en Texas y otros Estados.

A pesar de que los Huthi se responsabilizaron del ataque, el tercer de este tipo que se han atribuido desde mayo, Pompeo dijo en Twitter que no hay pruebas de que los drones salieran de Yemen. Tampoco ofreció ningún respaldo a sus alegaciones más allá de denunciar que el presidente iraní, Hasan Rohani, y su ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, “pretenden que hacen diplomacia”. 

Zarif, un astuto usuario de las redes sociales (a pesar de que la mayoría de ellas están bloqueadas en Irán), no tardó en responderle. “Tras el fracaso de la máxima presión, el secretario Pompeo da un giro hacia la de máximo engaño”, ha tuiteado Pompeo este domingo. El jefe de la diplomacia iraní ha dicho que “EE UU y sus acólitos están atascados en Yemen” y aseguró que “culpar a Irán no va a poner fin al desastre”.

Mientras tanto, un general de la Guardia Revolucionaria recordaba a Estados Unidos que “sus bases y sus portaviones en un radio de 2.000 kilómetros se encuentran al alcance de los misiles iraníes”. No está claro si las palabras del responsable de la Fuerza Aérea de ese Ejército revolucionario son una mera bravuconada para consumo interno o denotan nerviosismo ante el temor a que Washington esté buscando un pretexto para atacarles.

Trump, ya reconoció haber dado la orden de hacerlo (y haberla retirado en el último momento) el pasado junio después de que la Guardia Revolucionaria echara abajo un dron estadounidense. Las tensiones que se han ido acumulando desde que EE UU abandonó el acuerdo nuclear el año pasado parecieron remitir en las semanas posteriores, pero Washington ha seguido incrementando sus sanciones y Teherán desafiando esa presión con una progresiva retirada de sus compromisos bajo aquel pacto.

Diálogo con Teherán

Es incierto el efecto que los ataques a las instalaciones petroleras saudíes van a tener en la política estadounidense hacia Irán, si mantienen su acusación contra el régimen. Tan solo tres días antes, el miércoles, Trump dejó abierta la puerta a una suavización de las sanciones económicas que ha impuesto a ese país para obligarle a renegociar un acuerdo nuclear que sustituya al de 2015. “Creo que les gustaría llegar a un acuerdo”, dijo el mandatario a la prensa, recordando que Irán “atraviesa dificultades financieras tremendas y las sanciones son cada vez más duras”. Cuando le preguntaron directamente por la posibilidad de rebajarlas, respondió: “Veremos qué pasa”, muy a su estilo.

A raíz de la mediación francesa durante el último G7, a finales de agosto, Trump expresó su disposición a reunirse con el presidente iraní, Hasan Rohani, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas que se inicia el próximo martes. Sin embargo, Rohani ha descartado cualquier cita mientras no se levanten las sanciones. Además, no está claro que cuente para ello con el respaldo del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, que tiene la última palabra en todos los asuntos de seguridad nacional y política exterior.

Algunos analistas estadounidenses han especulado con que los ataques buscaran cerrar cualquier posibilidad al respecto. “No ayuda”, ha respondido este domingo Kellyanne Conway, asesora de la Casa Blanca, a la cadena Fox. Pero Conway no ha dado por muerta la eventualidad de una cumbre.

Estados Unidos y Arabia Saudí ya acusaron a Irán de estar detrás de los sabotajes contra buques cisterna en el estrecho de Ormuz e infraestructuras petroleras saudíes de los meses pasados, algo que Teherán negó. También responsabilizan a la República islámica de armar a los rebeldes yemeníes (lo que rechazan ambos). Pompeo ha ido esta vez más lejos al decir que el bombardeo de Abqaiq y Khurais no se había originado en Yemen sino en Irán.

Tanto Abqaiq como Khurai, los objetivos alcanzados por los rebeldes yemeníes, están mucho más allá de los 150 kilómetros de alcance de los drones en poder de los Huthi, los llamados Qatef-1. Sin embargo, investigadores de la ONU han revelado que los rebeldes cuentan con un nuevo modelo, los UAV-X, que pueden llegar hasta 1.500 kilómetros.

Según el diario económico The Wall Street Journal, los expertos están investigando si los ataques se originaron en el norte, bien por parte de Irán o de milicias chiíes aliadas en Irak, utilizando misiles de crucero en lugar de drones (aunque en ese caso sorprende que no fueran detectados). El primer ministro iraquí, Adel Abdul-Mahdi, ha negado que su territorio haya sido utilizado para atacar Arabia Saudí.

Aramco, un gigante de la industria

Rentabilidad. La petrolera estatal saudí, Aramco, está considerada como la compañía más rentable del mundo y es responsable de la producción del 10% del crudo de todo el mundo. Arabia Saudí es, además, el mayor exportador de petróleo.

Valor. Las autoridades saudíes estiman el valor de la compañía en dos billones de dólares, el doble de lo que vale el gigante informático Apple.

Empleo. Aramco da trabajo a unas 65.000 personas.

Mercado. La compañía tiene previsto salir a Bolsa en 2020.

Producción. La planta de Abqaiq está considerada como la refinería más grande del mundo y produce unos siete millones de barriles diarios.

 

Por Ángeles Espinosa / Amanda Mars

Dubái / Washington 16 SEP 2019 - 02:04 COT

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 Imagen de Abqaiq y el humo del incendio provocado por el ataque de unos drones. En vídeo, imágenes del incendio. REUTERS / atlas

Los rebeldes Huthi de Yemen atacaron este sábado con drones las dos principales instalaciones petroleras de Arabia Saudí causando importantes incendios. Riad, que respondió bombardeando posiciones de ese grupo, daba ayer por controlados los fuegos, pero más tarde el propio ministro de Energía admitió, a través de la agencia estatal de noticias SPA, que suspendían “a la mitad” la producción de crudo. Más allá de las pérdidas materiales, el tercer ataque de este tipo en cinco meses pone de relieve la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas de Riad ante estas milicias.

El objetivo de los 10 drones cargados de explosivos fueron sendas refinerías en Abqaiq y Khurais, según la cadena de televisión Al Masirah (bajo control Huthi). El gigante petrolero saudí Aramco tiene en Abqaiq, a 60 kilómetros al suroeste de Dhahran (donde está su sede), la mayor planta de procesamiento de crudo del mundo. Por allí pasan dos tercios de los 10 millones de barriles que produce cada día. Khurais, 200 kilómetros más al oeste, es el segundo mayor depósito petrolífero de esa empresa pública que está acelerando sus planes para salir a Bolsa. 

“Los dos incendios han sido controlados”, aseguraba el Ministerio del Interior saudí. El texto no precisaba ni el origen, ni si ha habido víctimas o si las operaciones se han visto perjudicadas. Sin embargo, poco después, el ministro de Energía, el príncipe Abdulaziz Bin Salmán, decía a través de un comunicado que las explosiones “han provocado la interrupción en el suministro de 5,7 millones de barriles de crudo”, lo que significa el 50% de la producción de la compañía [Armaco]”. Abdulaziz aseguró que el ataque es “una continuación de los que se vienen produciendo contra instalaciones petroleras y buques cisterna en el golfo Arábigo”, como llaman al golfo Pérsico. Riad volverá a dar más detalles antes de 48 horas.

Horas después de los ataques, EE UU señaló a Irán (que respalda a los Huthi) como responsable. “Teherán está detrás de cerca de 100 ataques en Arabia Saudí mientras [Hasan] Rohani y [Mohammad Javad] Zarif fingen involucrarse en la diplomacia”, escribió el secretario de Estado, Mike Pompeo, en Twitter. Justo antes, Donald Trump había hablado con el príncipe saudí Mohamed Bin Salman y ofrecido el apoyo de Washington en su defensa, informa Amanda Mars.

Pese a que la producción de petróleo en el país ha quedado tocada, de acuerdo con la televisión saudí, las exportaciones de crudo no se habían interrumpido. Y no tienen por qué. Arabia Saudí dispone de una amplia red de almacenamiento tanto dentro como fuera del país (con depósitos en Holanda, Japón y Egipto) que le permiten seguir abasteciendo a sus clientes con normalidad durante semanas. Además, los analistas señalan que Aramco espera reanudar las operaciones con rapidez. La Agencia Internacional de la Energía ha corroborado ese mensaje de tranquilidad porque, de momento, los mercados se encuentran “bien abastecidos y con abundantes reservas comerciales”. Aun así se trata el mayor ataque contra las infraestructuras petroleras del país que proporciona el 10% del petróleo que se consume en el mundo. En 2012, Aramco sufrió un ciberataque y, seis años antes, un coche bomba lanzado por Al Qaeda contra Abqaiq no logró atravesar la barrera de seguridad. Además, la acción de los Huthi ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de la que se considera la joya de la corona del Reino del Desierto.

Las instalaciones bombardeadas se hallan a un millar de kilómetros de la región del noroeste de Yemen bajo control Huthi, lo que significa un salto significativo en las capacidades de ese grupo, al que Arabia Saudí acusa de ser un instrumento de Irán. Sus ataques con drones nunca habían llegado tan lejos. El mes pasado alcanzaron el campo petrolífero de Shaybah y en mayo, dos estaciones de bombeo. En ninguno de los casos se frenó la producción.

Los rebeldes dicen actuar en respuesta a los bombardeos aéreos de la coalición militar encabezada por Arabia Saudí y que desde 2015 intenta desalojarlos de Saná, la capital yemení que tomaron meses antes.

En ese contexto, resulta significativo que los Huthi hayan hecho saber que han contado con “ayuda local” para organizar los ataques de ayer. Se trata de un detalle delicado, ya que las infraestructuras atacadas se hallan en la provincia oriental, donde se concentra la minoría chií del país estimada en un 10% de los 21 millones de saudíes y que tradicionalmente se ha quejado de estar discriminada. Para el sector más ultraortodoxo del islam suní, que es la religión oficial del reino, los chiíes son quintacolumnistas de Irán.

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Viernes, 13 Septiembre 2019 06:01

Asfixiar al ahogado

Para conseguir una garrafa de gas muchas veces es necesario recorrer a pie grandes distancias / Foto: Afp, Yuri Cortez

Un vistazo a la economía venezolana de los últimos años indica que, lejos de ser la razón de la crisis actual, las sanciones sirven de excusa al gobierno de Maduro para desviar la atención de sus graves errores. Al mismo tiempo, complican aun más el ya difícil acceso de los venezolanos a medicinas y alimentos.

Venezuela tiene actualmente la crisis más severa en la historia de América y una de las más destructivas en la historia del capitalismo. Las estimaciones más moderadas calculan la caída del Pbi, para el período comprendido entre 2013 y el primer trimestre de 2019, en alrededor de 60 por ciento. Una destrucción sin precedentes. Para tener una idea, entre 1939 y 1943 la Polonia devastada por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial sufrió, según historiadores como el británico Mark Mazower, una contracción del 43 por ciento del Pbi. En medio de este hórrido panorama, se yerguen una serie de sanciones financieras y económicas, impulsadas por Donald Trump, que buscan atizar los efectos de la crisis hasta el extremo y completar la tarea de devastación.

Por motivos de espacio no se podrá detallar el complejo devenir de la crisis venezolana, la totalidad de sus razones y causas, ni ver en profundidad la ristra de sanciones y asfixias económicas que Estados Unidos ha impuesto con inusual ferocidad al país caribeño.1 Ahora se buscará, más bien, explicar las principales interrogantes que este tema suscita: ¿La crisis de Venezuela se debe a las sanciones? ¿Cómo afectan estas a la población venezolana? ¿Son útiles para impulsar el cambio político en el país? Veamos.

EL AUGE Y DESPLOME DEL CHAVISMO Y LA CRISIS RENTÍSTICA.

En 1998 el chavismo surge como alternativa política con base en un discurso nacionalista que retrotrae al imaginario de la Gran Venezuela, de los tiempos de Carlos Andrés Pérez. Con una retórica popular y patriótica, el proyecto bolivariano se vendía como una esperanza de regreso a los años de esplendor de la economía.

El período dorado del gobierno bolivariano fue entre 2004 y 2008. La primera crisis puramente económica (la crisis de 2002-2003 fue completamente política) se desarrolló entre 2009 y 2010, motivada por la caída en los precios del petróleo como efecto de la crisis mundial de 2008 y por una gestión económica que no ahorró durante los tiempos de bonanza rentística. En 2014 y 2015 el precio del petróleo empezó a caer otra vez. El ritmo incrementado de gastos del gobierno y la hipertrofia en las importaciones hicieron que precios del petróleo cinco o seis veces más altos que los observados a inicios de la década del 2000 –según cifras de 2016 del Banco Central de Venezuela (Bcv)– luzcan ahora como “pequeños”. En 2014 y 2015 empezó la contracción de las importaciones, la caída en la oferta de bienes y servicios, y comenzaron a reflejarse los resultados de un proceso de desindustrializaciónque, en favor de un entusiasmo importador, llegó a traer leche líquida, cemento, gasolina, plástico, e incluso obreros (desde China) para construir viviendas.

La caída estrepitosa de la producción y de la productividad hizo más patente la escasez de bienes, con lo que se agudizó el incremento en sus precios. La enorme impresión de dinero inorgánico, componente útil para la expansión del gasto y la cobertura de déficits fiscales, se vio reflejada en un aumento de la base monetaria en más de 125 mil por ciento (desde enero de 1999 a enero de 2017). Todo ello incrementó, para 2015, las tasas de inflación a casi el doble de las más altas de la historia del país, registradas en 1996. En Venezuela, apenas acaece un descenso de la renta, parece inhibirse la producción agrícola e industrial y tiende a diluirse el salario, como bien lo explica el estudioso del sector petrolero venezolano y ex representante de los gobiernos chavistas ante la Opep, Bernard Mommer, en su libro Petróleo global y Estado nacional.

LA CRISIS: HIPERINFLACIÓN, FUGA DE CAPITALES Y DESTRUCCIÓN ECONÓMICA.

Por quinto año consecutivo, según la Asamblea Nacional (AN), el país exhibirá la inflación más alta del mundo, estimada por la AN, ya para 2018, en 1.698.488,2 por ciento. Aunque puede considerarse la estimación de la AN como exagerada, la cifra oficial para el año pasado ofrecida por el Bcv –130.060 por ciento– parece quedarse muy corta debido a que la metodología empleada subestima los precios de muchos bienes, al tomar sólo las versiones “reguladas” por el gobierno nacional.

Según la Comisión de Finanzas de la AN, la economía se contrajo en un impresionante 50,61 por ciento en el breve período que va desde 2013 hasta 2018. La estimación oficial del Bcv no se queda muy lejos de esa cifra y ubica la contracción en un 47,7 por ciento. El colapso es innegable. El valor del dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se incrementó en más de 88 mil por ciento en 2018, lo que ha desintegrado por completo el poder adquisitivo. El salario real medido en divisas descendió, en el período 2013-2018, un 95 por ciento.

El corazón del asunto de la crisis estriba en la vertiginosa exportación de la renta petrolera ingresada al país. Ello se realizó a través de una hipertrofia importadora y de una fuga de capitales vigorosa. Las importaciones entre 2003 y 2012 se multiplicaron por cuatro veces y media, y la fuga de capital se conjetura en alrededor de 600.000 millones de dólares si consideramos bajo ese concepto las importaciones fraudulentas. Si vamos a los términos de intercambios aplicados a las exportaciones no petroleras, podemos ver que el precio pagado por cada quilogramo exportado de mercancías subió en apenas 11 por ciento en el período 1998-2014, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (Ine), lo que no justifica un aumento tan fuerte en los precios de las importaciones.

¿SON LAS SANCIONES CULPABLES DEL COLAPSO ECONÓMICO?

El profundo colapso económico en que está sumido el país no tiene nada que ver con las sanciones. Como ya se ha explicado, la crisis estalló en 2014, varios años antes de las primeras sanciones económicas de importancia. Desde el año 2004 se han venido llevando a cabo políticas que facilitaron e incentivaron la exportación de la renta petrolera. Puntualmente, la sobrevaluación de la moneda, la expansión importadora estatal y privada, la fuga de capitales a través de elementos financieros y la tríada endeudamiento externo-sobrefacturación importadora-sobreprecios en la importación. Todo ello condujo a la destrucción del aparato productivo tanto industrial como agrícola, ya que una importación artificialmente barata hacía imposible que la producción a nivel nacional fuese rentable. Así las cosas, la producción y la productividad cayeron en picada tan temprano como 2009. Otro auge petrolero permitió entonces estirar la dilapidación rentística de capital, gracias a que el precio del petróleo subió a niveles nunca antes vistos. Pero ya en 2013 la crisis que se estaba gestando era muy grande y el endeudamiento externo muy severo y costoso. La caída en el precio del petróleo y la disminución en el ritmo de su extracción (por la falta de inversiones en el mantenimiento industrial de esa actividad) evidenciaron que el modelo era insostenible. En 2014 aún se estaba a tiempo para frenar esa avalancha, pero, a falta de renta petrolera para mantener el gasto hipertrofiado, se recurrió a la emisión excesiva de dinero inorgánico para tratar de dar la impresión de que el Estado podía gastar más, aún cuando la sociedad producía menos. Con esas gestas vino la hiperinflación y la producción intensificó su caída. De nuevo, todo ello sucedía al margen de las primeras sanciones de cierta importancia, que llegaron en agosto de 2017.

¿AFECTAN LAS SANCIONES A LA POBLACIÓN VENEZOLANA?

Para setiembre de 2019 las sanciones han alcanzado su punto más alto, luego de su acumulación importante sobre diversos sectores, desde el armamentístico hasta el petrolero, pasando por las finanzas y la economía. El verdadero efecto de las sanciones económicas recién está manifestándose, ya que las sanciones financieras de agosto de 2017 sólo habían venido a refrendar legalmente una imposibilidad cierta: nadie desea adquirir bonos de Venezuela y de Pdvsa, y los tenedores actuales se niegan a negociar una reestructuración. El impacto real arrancó con las sanciones económicas de finales de 2018, mientras que las sanciones petroleras (sin dudas las más fuertes y destructivas de todas) apenas se han iniciado en enero de 2019 (contaron, además, con “licencias generales”, emitidas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que ofrecieron ciertas excepciones hasta mediados de julio de 2019). Por ende, el real efecto de estas vigorosas sanciones recién está asomando su rostro, con consecuencias considerables, pero lejos de ser la razón de la crisis.

Los connotados economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs argumentan, en su trabajo para el Centro de Investigación en Economía y Política (Cepr), de Washington, “Sanciones económicas como castigo colectivo: el caso de Venezuela” (abril de 2019), que, gracias a esas medidas de Estados Unidos, Venezuela ha perdido el crédito internacional necesario para su desarrollo. El asunto es que la gravedad de los problemas económicos ya habían alejado a los prestamistas internacionales, que desde 2016 ven imposible que Venezuela pueda cancelar sus compromisos de deuda. Así las cosas, desde hace casi cuatro años el Banco de Desarrollo Chino no le presta más a Venezuela, tampoco el Banco de Asia.

El “embargo” de Citgo2 es gravísimo, pero no es la causa de la caída en la producción de petróleo, como de alguna manera aseveran Weisbrot y Sachs. Si bien Citgo llegó a comercializar, en tiempos relativamente recientes, hasta 580 mil barriles diarios de Pdvsa, las cantidades que esta ya no puede enviar a Citgo se pueden colocar en otros mercados. Los diluentes y el petróleo liviano también se pueden adquirir en otros espacios (aunque a un precio mucho mayor, lo que reduce el beneficio). Lo cierto es que este “embargo” no puede justificar la caída de alrededor del 70 por ciento en la producción petrolera venezolana ocurrido entre 2008 y 2019. Dicha caída se puede apreciar como un tobogán que arranca ya en 2009, como lo señalan en un trabajo conjunto el economista y ex ministro de Planeamiento de Venezuela Ricardo Hausmann y el investigador Frank Muci (Americas Quarterly, 2-V-19), casi nueve años antes de las sanciones petroleras. De hecho, ya para 2016 y según el Atlas de Complejidad Económica (Oec), la exportación de petróleo crudo había caído un imponente 68 por ciento. La caída en la producción petrolera tiene múltiples factores causales por completo ajenos a las medidas de reciente data contra Pdvsa. Entre ellos, la reducida inversión efectiva, la escasez de fuerza de trabajo calificada generada por los bajísimos salarios, la enorme corrupción en los manejos de la empresa, el insuficiente ingreso interno al “regalar”la gasolina, expropiaciones y problemas con transnacionales contratistas y el endeudamiento exagerado para captar divisas, que posteriormente eran regaladas en el mercado interno a un precio irrisorio.

¿CÓMO INFLUYEN LAS SANCIONES EN LA CRISIS?

De 2014 a 2016 la economía se había desplomado ya en casi 25 por ciento –según el informe de marzo de 2017 de la consultora económica venezolana Ecoanalítica– al sufrir, por primera vez en su historia, una caída sostenida de 12 trimestres. Las sanciones financieras irrumpieron recién en agosto de 2017. En los primeros dos trimestres de ese año, la economía había disminuido en alrededor de un 8 por ciento adicional. Por tanto, cuando las sanciones ingresaron al escenario financiero, la economía ya estaba en una gravísima senda de destrucción acumulada.

Ahora bien, como dice el director de política internacional del Cepr, Alexander Main, las sanciones “incrementan” el sufrimiento del pueblo venezolano (Nacla, 17-V-18). Estas sanciones encarecen y dificultan la importación de alimentos y materias primas. De hecho, imposibilitan los procesos necesarios para que empresas estatales o privadas puedan generar divisas con las que adquirir medicinas y alimentos.

Según una extensa investigación realizada en 2017 por el entonces investigador de la Universidad de Mánchester Dylan O’Driscoll, en la mayoría de los casos las sanciones no alcanzan el resultado deseado, y cuando se combinan con el sufrimiento humano que provocan, a menudo pueden ser comparables a intervenciones armadas, aunque sin la misma “tasa de éxito” a nivel de cambios de régimen. En otro estudio, publicado en 2015 en el European Journal of Political Economy por Matthias Neuenkirch y Florian Neumeier, se ha comprobado que en 67 países sancionados entre 1976 y 2012, las sanciones han tenido un impacto muy severo en el crecimiento económico. El impacto observado ronda, en promedio, un 2 por ciento de caída del Pbi per cápita interanual.

¿LAS SANCIONES SON DETERMINANTES PARA EL CAMBIO POLÍTICO?

Como explica el estudio Targeting autocrats: Economic sanctions and regime change, del profesor de economía internacional de la Universidad de Lucerna Manuel Oechslin, en el que se examinó países sancionados entre los años 1914 y 2000, sólo en el 21 por ciento de los casos las sanciones colaboraron en provocar una transición de gobierno. En el 65 por ciento de los casos las sanciones fueron abandonadas sin apenas conseguir sus objetivos. Aún el 14 por ciento de esas naciones seguía teniendo sanciones sobre sus espaldas en el año 2000, sin producir cambio político alguno.

Las sanciones son ideológicamente muy útiles a los gobiernos que las sufren. Al ser, en efecto, medidas que buscan destruir la economía del país afectado, asfixiarlo económicamente, sirven de excusas geniales para culpabilizar al “enemigo externo” de los propios errores locales. Ello permite moralizar a las bases de adeptos y victimizar al gobierno local, que empieza a gastar ingentes recursos en propaganda contraria a las sanciones.

Además, al incrementar notablemente las limitaciones para importar y conseguir alimentos, las sanciones potencian en muchos casos la efectividad moral y material de los programas de asistencia social clientelares del gobierno sancionado. En situaciones de miseria como la actual, la caja de alimentos que reparte el gobierno venezolano mediante comités chavistas de abastecimiento (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), mayoritariamente distribuida con criterios políticos, ha pasado a ser mucho más importante que el salario, al que incluso ha llegado a superar por ocho veces. Las sanciones potencian, así, la efectividad clientelar de una dádiva que en la actual situación de pobreza extrema es, prácticamente, el único sustento de muchos.

13 septiembre, 2019

* Economista, magister scientiarum en ingeniería industrial y director del Centro de Investigación y Formación Obrera de Venezuela (Cifo).

  1.   He realizado dicho trabajo en extenso en Impacto y naturaleza real de las sanciones económicas impuestas a Venezuela, Provea, 2019.
  2.            Empresa estatal venezolana con sede en Estados Unidos, dedicada a refinar petróleo y a comercializar allí sus derivados (N de E).
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Jueves, 12 Septiembre 2019 09:04

¿Quién eligió a Ursula von der Leyen?

¿Quién eligió a Ursula von der Leyen?

Si hubo algo providencial en Europa en este julio de 2019 fue la canícula. Esta ocultó un asunto también revelador de los desarreglos actuales, claro que en este caso, democráticos. Cegados por el sudor, en efecto, pocos europeos se dieron cuenta de que el discurso político con el que los alimentaban desde hace por lo menos tres años acababa de ser dinamitado. Y la prensa, ocupada en otras “investigaciones”, no se esforzó mucho por hacer que se enteraran.


Centenares de millones de electores europeos eran acunados hasta entonces por un gran relato maniqueo. La política de la Unión Europea y la elección del 26 de mayo pasado se reducían al enfrentamiento entre dos campos: los liberales contra los populistas (1). Ahora bien, el 2 de julio, una vez concluida la elección de los eurodiputados, una cumbre de los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión recomendó que la ministra demócrata-cristiana alemana Ursula von der Leyen se convierta en presidenta de la Comisión Europea. La idea se le habría ocurrido a Emmanuel Macron. Su sugestión, naturalmente, fue retomada por la canciller alemana Angela Merkel, pero también por… el primer ministro húngaro Viktor Orban.


Categorías artificiales


Sin embargo, desde su elección, el presidente francés no había dejado de jurar que se mostraría intratable frente a los nacionalistas y los “populistas”, generadores de “pasiones tristes”, “ideas que, tantas veces, encendieron los braseros donde habría podido perecer Europa”. Les “mienten a los pueblos” y les “prometen el odio”, había proclamado Macron (2), que incluso desistió de su irreprochable modestia para retar a dos de esos incendiarios, el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, y Orban: “Si quieren ver en mi persona a su principal oponente, tienen razón”.


El 16 de julio pasado, cuando los eurodiputados confirmaron la elección de los jefes de Estado y de Gobierno, las proclamas de campaña –“progresistas” contra nacionalistas– cedieron nuevamente el paso a una configuración política muy distinta. Los parlamentarios socialistas votaron unos en contra de Von der Leyen (los franceses y los alemanes, sobre todo), otros a favor (los españoles y los portugueses). Estos coincidieron con los nacionalistas polacos y los compinches de Orban. Es decir, precisamente aquellos a quienes Marine Le Pen cortejaba unos días antes para formar con ellos un grupo común en Estrasburgo… En definitiva, la candidata de Macron deberá su elección a la Presidencia de la Comisión Europea, conquistada gracias a una mayoría de solamente nueve votos, a una coalición heteróclita que comprendía a los trece parlamentarios húngaros fieles a Orban así como a los catorce eurodiputados “populistas” del Movimiento 5 Estrellas, en ese momento aliados a Salvini.


Semejante cartografía del escrutinio nos aleja con seguridad de las historietas que se fabrican todas las mañanas y que están dirigidas a los niños europeos juiciosos y disciplinados. No obstante, podemos apostar que, incluso cuando las temperaturas hayan vuelto a ser normales en el Viejo Continente, la mayoría de los periodistas seguirán remachando las categorías artificiales que les preparó a fuego lento Macron.

 

1. Véase Serge Halimi y Pierre Rimbert, “Liberales contra populistas, una oposición engañosa”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, septiembre de 2018.
2. Discurso en La Sorbonne, París, 26-9-17.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

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Para Thomas Piketty la desigualdad es ideológica y política

Las desigualdades jamás son “naturales” sino edificadas por una ideología que crea las categorías divisorias: mercado, salarios, capital, deuda, entre otras, sostiene el economista francés

 

 El liberalismo volverá a temblar sobre sus raíces teológicas y un ejército de evangelizadores liberal-populistas saldrá otra vez con capa y espada a demoler la impecable demostración sobre la semilla de las desigualdades que el economista francés Thomas Piketty publica en estos días en Francia. Se trata de Capital e Ideología, el segundo libro que Piketty publica luego del monumental éxito que tuvo su primer trabajo, El Capital en el Siglo XXI, del cual circularon en el mundo más de dos millones y medio de ejemplares. Como el anterior, el nuevo libro del economista francés no preserva espacios, sino que los extiende. Son 1.200 páginas cuyo postulado central consiste en demostrar que “la desigualdad es ideológica y política” y no “económica o tecnológica”, que las desigualdades jamás son “naturales” sino edificadas por una ideología que crea las categorías divisorias: mercado, salarios, capital, deuda, trabajadores más o menos capacitados, cotizaciones bursátiles, paraísos fiscales, ricos, pobres, clérigo, nobleza, competencia nacional o internacional. 

”Se trata de construcciones sociales e históricas que dependen íntegramente del sistema legal, fiscal, educativo y político que se elige implementar y de las categorías que se crean”. Piketty derriba dos de los mitos más arraigados de la derecha: el primero postula que las desigualdades se explican en muchos casos por causas “naturales”: el segundo recurre a la existencia histórica de supuestas “leyes fundamentales”. En ningún caso. Thomas Piketty ofrece en esta mastodóntica investigación una mirada nueva sobre el proceso de la desigualdad, así como una historia con perfil mundial de las desigualdades y las ideologías que las promueven.

El credo tan famoso como publicitado en la Argentina sobre el carácter ineluctable del sistema económico liberal (“el mundo nos apoya”) se esfuma en las páginas de Capital e ideología como arena entre los dedos. No es cierto. No existe, alega el economista, ningún determinismo, menos aún una organización social con mandato “eterno”. La permanencia o no de la cultura del capital depende de la movilización política e ideológica, de que se imaginen otras formas de gestión donde las desigualdades dejarían de existir y el capital, a su vez, ya no estaría más concentrado en un puñado de poderosos. El libro de Thomas Piketty es un elixir en tiempos de horizontes tapados y retóricas repetitivas. El economista osa incluso proponer la idea de un “nuevo socialismo participativo”, de una propiedad “social” pactada mediante la cogestión o también una “propiedad temporal”. No hay tampoco, para Piketty, ningún fatalismo histórico sino una asombrosa serie de acciones y coincidencias que autorizan los cambios. 

Nada está decidido de antemano, recuerda el autor, tanto más cuanto que las relaciones de fuerza que se establecen atañen al orden material: «son sobre todo intelectuales e ideológicas. Dicho de otra forma, las ideas y las ideologías cuentan en la historia porque permiten imaginar permanentemente y estructurar nuevos mundos y sociedades diferentes”. Piketty fustiga ese pensamiento conservador marcadamente tendencioso y siempre dispuesto a “neutralizar las desigualdades” dotándolas de “fundamentos naturales y objetivos”. O sea, como la desigualdad es un proceso natural no hay manera de erradicarla. Y si se lo intenta, es, finalmente, todo el sistema que corre peligro. Esta falacia es la que preside todas las narrativas del liberalismo contemporáneo: no hay vida fuera de este sistema. Si se sale, solo habrá hambre. Falso. Más bien, en su análisis histórico de la desigualdad, el economista francés destaca que, ”en su conjunto, las diversas rupturas y procesos revolucionarios y políticos que permitieron reducir y transformar las desigualdades del pasado fueron un inmenso éxito, al tiempo que desembocaron en la creación de nuestras instituciones más valiosas, aquellas que, precisamente, permitieron que la idea de progreso humano se volviera una realidad”.

 Con esa prueba histórica Piketty abre una ventana para mostrar otro paisaje y, de paso, quebrar una de las narrativas más extenuantes de los conservadores: aquella que tapa todos los futuros repitiendo que ningún otro modelo es posible. A este propósito, el autor escribe: «las desigualdades actuales y las instituciones presentes no son las únicas posibles, pese a lo que puedan pensar los conservadores: ambas están también llamadas a transformarse y a reinventarse permanentemente”. Una vez más, nada está jugado de antemano, nada es “un fundamento” inamovible. Esa roca indesplazable es la base sobre la que se apoya el rico para seguir siendo más…rico y el pobre siempre pobre. Es el nudo de todo el repertorio capitalista: si el rico es menos rico el pobre será más pobre. Piketty presenta la desigualdad como un objeto de gran plasticidad que es perfectamente posible modelar, y así lo han hecho justamente las ideologías: ”siguiendo los hilos de esta historia –escribe—se constata que siempre existieron y existirán alternativas. En todos los niveles de desarrollo, existen múltiples maneras de estructurar un sistema económico, social y político, de definir las relaciones de propiedad, organizar un régimen fiscal o educativo, tratar un problema de deuda pública o privada, de regular las relaciones entre las distintas comunidades humanas (…) Existen varios caminos posibles capaces de organizar una sociedad y las relaciones de poder y de propiedad dentro de ella”.

Piketty proclama que “el progreso humano existe, pero es frágil porque, a todo momento, puede chocar contra las desviaciones de la desigualdad y de la identidad del mundo (…) El progreso humano existe, pero es un combate”. Original, razonado y riguroso, con un enfoque radicalmente histórico que toma incluso en cuenta la literatura, Capital e Ideología llega en el mejor momento, justo en ese punto donde sólo parecían haber diagnósticos y pocas conjeturas para diseñar otro mundo. Nunca el liberalismo había inundado tanto el espíritu humano con su mensaje unidireccional. Como el macrismo en la Argentina, su recado es en todos lados el mismo: o se suicidan con nosotros, o morirán de hambre. Piketty desarma con una precisión de relojero esa idea destilada en el 99% de los medios de comunicación del mundo. El autor llama a esa tendencia “la ideología propietarista”. Su credo globalizado consiste en repetir que cualquier iniciativa de justicia social equivale a ir “derecho hacia la inestabilidad política y el caos permanente, lo que terminará por darse vuelta contra los más modestos. La respuesta propietarista intransigente consiste en que no hay que correr ese riesgo, y que esa caja de Pandora de la redistribución de la propiedad nunca se debe abrir”. Al contrario, argumenta Piketty, no sólo hay que abrirla, sino que la historia nos prueba que ha sido abierta en muchos momentos y que, gracias a esos momentos, se construyó el progreso humano.

 El ensayo se propone precisamente esa meta: ”convencer al lector de que podemos apoyarnos en las lecciones de la historia para definir una norma de justicia y de igualdad exigentes en materia de regulación y reparto de la propiedad más allá de la simple sacralización del pasado”. Como en El Capital en el Siglo XXI, Piketty no formula rupturas revolucionarias, sino que plantea una forma radical de reorganización. No es un libro para reforzar convicciones, ni un enésimo e indigesto adoquín pseudo progresista rebosante de diagnósticos acertados y vacío de alientos futuros. Capital e Ideología es un libro para respirar, como una ventana abierta hacia un mundo donde, de pronto, no hay un sólo modelo posible sino un infinito de posibilidades.

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Las grandes petroleras de EEUU, detrás de la lucha contra la corrupción en Brasil

La llamada "lucha contra la corrupción" fue desde siempre una práctica normal de la competencia por nuevos recursos y mercados. En el caso de Brasil, la sombra de las grandes petroleras estadounidenses está detrás de las denuncias contra Petrobras, contra el Partido de los Trabajadores y contra el expresidente Luis Inácio Lula da Silva.

 

Estas grandes empresas, decanas en la práctica de sobornar funcionarios y políticos en todo el mundo, "acostumbran a utilizar la sorprendente acusación de 'corrupción' contra todo tipo de competidores y adversarios que se interpongan en su camino", escriben los analistas geopolíticos José Luis Fiori y William Nozaki, en una pieza titulada Petróleo, guerra y corrupción: entender Curitiba.

Nozaki es profesor de sociología en Sao Paulo y director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos del Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP), creado en 2018 por la Federación de Trabajadores Petroleros, para promover la investigación académica sobre asuntos relacionados con la agenda del sector del petróleo en Brasil y el mundo.

Fiori es economista y coordinador del programa Poder global y geopolítica del capitalismo en la Universidad Federal de Río de Janeiro y también pertenece al INEEP. Publicó varios libros sobre geopolítica y es una de las voces más autorizadas sobre el tema en Brasil y en América Latina.

Curitiba es la ciudad del sur de Brasil donde residen los jueces y juzgados que promovieron la investigación conocida como Lava Jato (lavado rápido), que procesó y encarceló un centenar largo de políticos y empresarios, entre ellos al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva.

En el trabajo mencionado comienzan a desvelar, con datos históricos y algunas proyecciones, las razones por las cuales fue posible descabalgar al Partido de los Trabajadores (PT) del gobierno, en base a acusaciones de corrupción que, más allá de algunos desvaríos, tienen visos de ser reales. Aunque realizan algunas conjeturas siempre discutibles, no caen en teorías conspirativas sino que se atienen a los hechos.

Su trabajo arranca con la formación de las Siete Hermanas, como se conoció a las grandes petroleras lideradas por Standard Oil (de John Rockefeller), que controlaban el mercado global de petróleo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Recuerdan que el petróleo jugó un papel muy destacado en las guerras del siglo XX, lo que les permite asegurar la estrecha asociación entre la industria del petróleo y la industria de la guerra.

​En efecto, el petróleo tuvo un papel decisivo en la Guerra del Pacífico desencadenada con el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 y en el ataque alemán a la Unión Soviética el mismo año, hasta la guerra del Golfo (1991), la guerra de Irak (2003), la invasión a Libia (2011) y la actual guerra en Siria. El petróleo puede ser considerado una commodity geopolítica.

Luego detallan quince casos en los cuales las grandes petroleras estuvieron involucradas en corrupción comprobada, ya sean empresas privadas o estatales. Citan la investigación del cientista político Paasha Mahdavi, quien constató en base a datos del Departamento de Justicia de EEUU, que un tercio de los 141 procesos de corrupción investigados entre 1977 y 2013 estaban relacionados con el sector petróleo y gas.

Luego se focalizan en Brasil. El caso del ingeniero Pedro Barusco, gerente de Servicios de Petrobras entre 1995 y 2010, es elocuente. En sus declaraciones ante la justicia, asegura que comenzó a recibir sobornos en 1997, como otros altos cargos de la petrolera, cuando gobernaba Fernando Henrique Cardoso, y estima que el PT recibió entre 150 y 200 millones de dólares entre 2003 y 2013.

Durante el Gobierno del PT, las propinas pasaron a ser pagadas por empresas "nacionales" como Odebrecht y OAS, dos de las mayores constructoras que se beneficiaron con licitaciones para obras de infraestructura. En ese período hubo un recambio de empresas nacionales por las extranjeras como abastecedoras de Petrobras, que ocupaba el segundo lugar entre sus pares del mundo.

Fiori y Nozaki establecen que "el descubrimiento de las reservas de petróleo en el presal en 2006 fue el momento decisivo en el que Brasil cambió la agenda geopolítica de los Estados Unidos". Brasil pasa a ocupar "una posición destacada en tres de las siete prioridades estratégicas de la política energética de EEUU: como fuente de experiencia para la producción de biocombustibles; como socio clave para la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; como territorio estratégico para la exploración del Atlántico Sur".

Tres datos adicionales. El mercado del petróleo nunca se guió por la libre competencia, como aseguran los liberales, sino como "campo de guerra entre las grandes corporaciones y las grandes potencias". La llamada "corrupción" fue desde siempre una práctica normal de la competencia por nuevos recursos y mercados. Y, por último, acusan de corrupción a los "adversarios que se interponen en su camino".

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Causas profundas y coyunturales de la devaluación del peso: El dólar espanta al peso

La devaluación del peso prosigue a ritmo continuo, y con ello el encarecimiento de muchos producto de la canasta familiar, los mismos que desde hace varias décadas ya no produce el país. ¿Por qué se está devaluando el peso? ¿Cuáles son los factores que aportan a ello? ¿Qué podría suceder en el futuro próximo? Estos y otros interrogantes son abordados en el presente artículo.

 

El precio del dólar se disparó. El 22 de julio por un dólar había que dar $3.178 pesos, y en escasas dos semanas, el 12 de agosto ya había que dar 3.426 pesos, es decir un aumento del 7,8 por ciento. De esta manera, el peso colombiano registra como una de las monedas más depreciadas en la región. 

Subida del dólar (depreciación del peso colombiano: 43% en los últimos 3 años), que tiene consecuencias, entre ellas el aumento de la deuda externa, el encarecimiento de las importaciones y la generación de presiones inflacionarias. Es decir, en relación a la vida diaria de las mayorías colombianas, cubrir sus demandas en alimentos, ropa, etcétera, será cada día más caro. 

El aumento del dólar responde a varios elementos, que en lo fundamental podrían resumirse de dos tipos: estructurales y coyunturales. Los primeros hacen referencia a características productivas de la economía colombiana, así como su vinculación histórica a los mercados internacionales; y los segundos a circunstancias propias del ciclo económico, y en el caso colombiano particularmente al ciclo internacional.

 

Característica de la estructura productiva

 

La principal característica de la estructura productiva colombiana está signada por cuatro fenómenos: 1) la reprimarización productiva, que implica, en lo fundamental, el crecimiento del sector minero energético y la concentración de capitales en tal rama de actividad; 2) la desindustrialización; 3) la destrucción del sector agrario; y 4) la financiarización de la economía, entendida como un proceso de décadas, en el que la acumulación de capital se supedita principalmente a actividades financieras y vinculadas a la especulación. 

Por todo ello, el crecimiento económico de Colombia es dependiente de las exportaciones y de la disponibilidad de liquidez internacional, es decir, la disposición de capital necesario para el financiamiento de la economía en su conjunto. El caballito de Troya para esto ha sido el petróleo, como principal vehículo para traer la Inversión Extranjera Directa (IED), así como la garantía para la inversión de portafolio.

Así pues, en el mercado regulado de divisas, lugar donde se realiza el mayor porcentaje de las transacciones con monedas extranjeras, es evidente esta condición estructural: gran parte de los dólares que allí se cambian son aportados por el sector petrolero o por la Inversión Extranjera Directa (IED) que está destinada a estos rubros. De allí la existencia hasta hace poco de una relación inversa entre el precio internacional del petróleo (el Brent, para el caso colombiano) y la cotización del dólar, pues ante un aumento de dicho precio podía obtenerse un dólar más barato, producto del incremento de los ingresos en dólares por la venta de crudo. Con una precisión: esta relación se mantenía gracias a la abundancia de capital en el escenario internacional. 

Ejemplo de ello fue lo ocurrido hasta 2014: la abundancia de capital disponible para IED en petróleo, así como para la especulación, y los elevados precios del combustible fósil a nivel internacional permitieron que el dólar se mantuviera barato; lo que cambió a partir del tercer trimestre del 2014, cuando la caída de los precios internacionales del petróleo, producto del aumento de la oferta mundial, generó que el dólar superará la barrera de los $3.000 pesos. 

Ese año resaltaron sin sombra alguna las vulnerabilidades profundas de la estructura productiva colombiana y de las finanzas públicas. Tanto el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, como el déficit fiscal, crecieron, a lo que las autoridades económicas respondieron con una política de ajuste que incluyó privatizaciones, recortes al gasto público, impuestos regresivos, flexibilidad y precariedad laboral.

Pero, más allá de las medidas de austeridad, fue la entrada de capitales vía IED y crédito barato, lo que permitió que el impacto de la caída de los precios del petróleo no fuera mayor. Además, la situación internacional continuaba estable, las tasas de crecimiento de China se mantenían, y el comercio mundial no enfrentaba sobresaltos. Unos pocos años después todo era distinto, pues a partir de 2015 la política estadounidense cambió de rumbo: como medida de normalización monetaria la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir las tasas de interés, lo que implicó que el financiamiento internacional se empezará a encarecer. 

 

Cambio en el ciclo internacional

 

El aumento paulatino de las tasas de interés en USA no fue sensible para las economías emergentes en un primer momento, pero sí empezó a sentirse su impacto a partir de 2018 cuando, junto con las medidas de la guerra comercial del presidente estadounidense hacia china, se generó un proceso de retorno de capitales hacia las principales economías del mundo, en especial hacia activos seguros. Es así como se rompió la relación convencional precio del petróleo-dólar. De esta manera, contrario a lo sucedido durante todo el siglo XXI, se observó que el precio internacional del barril estaba mejorando, pero a diferencia de lo esperado el dólar se estaba encareciendo.

Para nuestro país, la explicación de la ruptura de tal relación reside, además, en los resultados de su sector externo, pues, con una situación internacional de crédito caro, y con otras economías con mejores resultados, tomó forma un período de aumento de la salida neta de capitales, es decir, salen más dólares de los que le entran a la economía. Mientras se retiran grandes montos –vía utilidades y pago de interés de deuda–, los que entran, por ejemplo, como inversión en portafolio registran los menores niveles de los últimos 3 años.

En la gráfica puede verse como, a diferencia de los años anteriores, en lo corrido del 2019 (enero-julio) lo acumulado en inversión extranjera apenas es de 797 millones de dólares, mientras que en el mismo período del año 2017 y del 2018 la cifra superaba con creces, pues era de 2.447 y 1.219 millones de dólares, respectivamente. 

Este cambio en el ciclo internacional explica el incremento continuo del precio del dólar en Colombia a partir del 2018, realidad conectada con lo que ocurre a partir de la mitad de julio. Pues, sumada a la permanente salida de capitales, se agudizó el escenario de incertidumbre internacional: los anuncios de más medidas proteccionistas por parte del gobierno Trump; la incertidumbre en Medio Oriente frente al abandono de EE.UU. al pacto nuclear con Irán; el proceso de redireccionamiento de China hacia el mercado interno y la producción industrial, así como de servicios de alto valor tecnológico, que ha implicado una desaceleración de su ritmo de crecimiento; la presión por el recorte de las tasas de interés de la FED, todo lo cual generó un incremento de la preocupación entre empresarios e inversores.

Los más afectados con la incertidumbre internacional han sido los países productores de materias primas, pues ante una caída de las expectativas económicas se han desplomado los precios de los principales bienes de exportaciones de estos países, como los latinoamericanos dependientes del petróleo, carbón, gas licuado de petróleo (Gas natural), cobre, zinc, entre otros.

 

Depreciación del peso colombiano

 

Ante esta realidad, la moneda colombiana ha sido de las que más se ha depreciado porque se han conjugado dos elementos: por un lado, como ya fue anotado, cae la entrada de capitales de portafolio y, por el otro, el precio del petróleo ha sido el más afectado en este escenario internacional, mucho más de lo que ha sufrido la cotización del cobre, producto del que dependen las exportaciones de Chile y Perú, o el gas natural del que depende Bolivia. Contrario a lo que le ha ocurrido a la soja –producto de alta importancia en la canasta exportadora tanto de Brasil y Paraguay– que incrementó su precio, lo que en parte les ha permitido amortiguar la caída de los otros productos o las bajas en las entradas de capital. 

Con la economía nacional en crisis, de nuevo, la posibilidad de controlar su ahondamiento y de recuperar indicadores, depende de lo que ocurra en el panorama internacional. La ausencia de soberanía económica es evidente. La tensión internacional permanece y el impacto sobre la economía colombiana puede aun ser más fuerte, dependiendo de lo que ocurra en las rondas de negociación comercial de septiembre entre China y EE.UU. 

Pese a todo, queda un pequeño margen para las decisiones fiscales del gobierno nacional, las que podrían jugar un papel destacado, no obstante la austeridad es una opción poco efectiva en momentos como el actual. 

 

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 Fila frente a una sucursal del BBVA este lunes antes de la apertura. AP

La inquietud ante un nuevo corralito lleva a los clientes a retirar sus ahorros en dólares y guardarlos de otras formas

"Sacá los dólares del banco". Ese mensaje empezó a circular como la pólvora de teléfono en teléfono la semana pasada en Buenos Aires. El riesgo de que Argentina vuelva a entrar en cesación de pagos ha reavivado el fantasma del corralito de 2001 y con ese miedo en el cuerpo muchos argentinos recurren al bien más preciado en las crisis: la divisa estadounidense. En los últimos 20 días de agosto, los depósitos en dólares se redujeron en 3.950 millones, según datos del Banco Central, y la sangría se aceleró este lunes, cuando debutó el control de cambios impuesto por el Gobierno de Mauricio Macri. Los bancos fueron autorizados a extender su horario hasta las cinco de la tarde para atender el aumento de demanda y a primera hora del día había filas frente a todos ellos.

Los argentinos que esperaban a que abriesen las puertas eran reacios a hablar, pero algunos aceptaron bajo condición de anonimato. "Quería sacarlos el viernes cerca del laburo [trabajo] y me dijeron que tenía que ser en mi sucursal. Si no me los dan hoy prendo fuego el banco", señaló con bronca un comerciante de 48 años. "Lamentablemente esto ya lo vivimos muchas veces en Argentina", se sumó una mujer jubilada que estaba detrás de él en medio de insultos a Macri porque "nos endeudó y volvió a entregar el país al FMI", en referencia al préstamo de 57.000 millones concedido por el organismo internacional.

Muchos de quienes retiran estos días dólares de los bancos los esconden en casa o los ponen en cajas de seguridad, que a menudo se comparten en familia por las comisiones elevadas y la escasa disponibilidad. "Quedé con mi viejo [mi padre] en el banco y después él me los guardará en su caja de seguridad", comentaba el domingo una docente de 37 años. La demanda de cofres se disparó en las últimas semanas y en muchos bancos del microcentro porteño hay lista de espera. "En casa es muy arriesgado, mirá si te afanan [roban], pero en este momento no podés dejar los dólares depositados", aseguró. En el corralito de diciembre de 2001, millones de argentinos vieron bloqueadas sus cuentas corrientes de la noche a la mañana y las heridas de esa desconfianza no se han cerrado en 18 años. Los que tienen sus dólares en el exterior suspiran aliviados.

El temor a que la devaluación del peso continúe -ha perdido un 23% de su valor desde las elecciones primarias del 11 de agosto- lleva a buscar dólares a toda costa. Algunos trabajadores han sacado sus sueldos recién depositados en la cuenta para pasarlos a dólares. Este lunes el público se encontró con una gran dispersión de valores en la apertura del mercado. "En este momento a 62", respondían en un banco del centro de Buenos Aires sobre el valor de venta del dólar cerca de las once de la mañana. En una casa de cambio situada a dos calles la divisa estadounidense se ofrecía a 65 pesos argentinos. En otra, a 61; al lado la vendían por 59 y había pizarras en blanco o en las que estaba escrito "Consultar". En la calle peatonal Florida y sus alrededores, los arbolitos (los operadores informales de cambio que ofrecen sus servicios a viva voz) comentaban que el precio era "negociable".

Con el paso de las horas el cambio revertió la tendencia y cerró en 57 pesos por dólar en el Banco Nación, cuatro unidades más que el viernes, lo que atrajo la llegada de más compradores. En la casa central de esta entidad, situada frente a la sede del Gobierno, hubo largas filas todo el día y a las tres de la tarde, hora habitual del cierre, quedaban cientos de personas dentro. Otros bancos cercanos mantuvieron sus puertas abiertas hasta las cinco. Mañana, martes, se espera una nueva jornada incierta. En medio del huracán, todos se aferran al dólar.

Por Mar Centenera

Buenos Aires 3 SEP 2019 - 03:50 COT

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Por qué el futuro de Reino Unido se decide esta semana

El Parlamento británico vuelve al trabajo en una semana crucial. La oposición y una veintena de ‘tories’ rebeldes intentarán sacar adelante una legislación que impida el brexit sin acuerdo y fuentes del Gobierno aseguran que, si lo consiguen, Boris Johnson convocará elecciones anticipadas para el 14 de octubre.

 

El reloj que marca los tiempos de la política británica vuelve a ponerse en marcha hoy después de las vacaciones de verano y lo primero que ha hecho ha sido activar la cuenta atrás. A 59 días para la fecha en la que debe producirse el brexit (31 de octubre) y a siete para que el Parlamento británico suspenda su actividad (si la justicia no lo impide), los diputados regresan a la Cámara de los Comunes dispuestos a todo para garantizar que Reino Unido no abandonará la Unión Europea la noche de Halloween si el Gobierno no ha alcanzado antes un nuevo acuerdo con Bruselas.

Cierto que no es lo que toda la Cámara quiere -sigue habiendo mucho ‘brexiter’ en la bancada conservadora- pero las cuentas indican que sí es lo que desea la mayoría, la denominada ‘alianza rebelde’ formada por la oposición y en torno a una veintena de diputados del Partido Conservador. Eso a pesar de que Boris Johnson les ha amenazado con expulsarlos del partido si votan contra el gobierno y con forzar unas elecciones generales. Por todo eso, ésta es una semana histórica.

¿Qué va a pasar?

Partiendo de la premisa de que nadie tiene la respuesta, sí hay certezas, rumores y pistas que permiten al menos aventurar la agenda de los próximos días. A las 15:30h. (hora española) de hoy los diputados británicos regresan a la Cámara de los Comunes y, aunque no está en la agenda del día, la oposición pondrá sobre la mesa un texto que evite un brexit sin acuerdo para que sea debatido y votado de forma urgente. Lo que plantea es que el gobierno esté obligado a pedir a Bruselas una prórroga del brexit de 3 meses, hasta el 31 de octubre. Si dicho proyecto de ley sale adelante de ahí pasará a la Cámara de los Lores para que lo ratifiquen y después a la Reina para que lo firme y lo convierta en ley. Todo en un tiempo récord porque el próximo lunes la actividad en el Parlamento quedará suspendida hasta el próximo 14 de octubre como decidió unilateralmente Boris Johnson.

¿Pero la suspensión del Parlamento es legal?

De momento, sí. Varias causas sigue abiertas en tribunales de Escocia, Irlanda del Norte e Inglaterra, esta última con el apoyo del exprimer ministro John Major. Precisamente hoy martes está previsto que se celebra una nueva vista en el juzgado de Edimburgo cuyo magistrado lo rechazó el pasado viernes en primera instancia. Aunque la convocatoria de unas elecciones generales también dejaría silenciado al Parlamento durante las cinco semanas de rigor que van desde que se convocan hasta que se celebran.

¿Entonces habrá elecciones generales?

Todo apunta a que así será, siempre y cuando la ley para evitar el brexit ‘a la bravas’ salga adelante. Lo que Johnson dijo ayer Johnson frente al 10 de Downing Street fue: “No quiero unas elecciones. Vosotros no queréis unas elecciones”, pero no que no vaya a haberlas. El primer ministro no puede convocarlas él solo así que lo que se espera que haga es que el miércoles someta el asunto a votación en ‘los comunes’. Necesita una mayoría de dos tercios de la cámara y muy raro sería que no lo lograra. El líder de la oposición, Jeremy Corbyn, ha dicho que votará a favor a pesar de que otro exprimer ministro que ha entrado en escena, Tony Blair, sostiene que no debería hacerlo.

¿Y cuando serían las elecciones?

Hasta ahora cuando se hablaba de elecciones la cuestión era saber cuándo se celebrarían: si antes o después del 31 de octubre. Pero toda vez que Johnson se vea obligado a pedir una extensión, la fecha es lo de menos. Sin dar el nombre de la fuente pero asegurando que se trata de un miembro del gobierno, los medios británicos señalan que se celebrarían el jueves 14 de octubre, cuando estaba previsto que el Parlamento retomara la actividad después de la suspensión con el discurso de la Reina. Siguiendo el procedimiento electoral, esto significaría que las cámaras se disolverían en la madrugada del lunes 9 de septiembre.

¿Por qué todo esto beneficia a Boris Johnson?

Porque se va a vender como un mártir que ha luchado por cumplir la voluntad del pueblo, que votó en mayoría por abandonar la UE en el referéndum de 2016. Dirá que lo ha intentado por todos los medios y que, como ha sostenido en su declaración del lunes: “las oportunidades de conseguir un acuerdo con Bruselas han aumentado en las últimas semanas”. Pero que el empeño de los diputados por pedir una nueva extensión hace que Bruselas no les tome en serio y convierte n las posibilidades de una negociación en algo “completamente imposible”.

Su programa electoral ya está escrito y con él no sólo buscaría conservar el respaldo de los conservadores pro-brexit sino también arañar algunos votantes a El Partido del Brexit, de Nigel Farage; con quien no se descarta que pudiera pudiera acabar llegando a algún acuerdo. La última encuesta de intención de voto confirma su jugada maestra: da la victoria a Johnson con un 34% de los votos frente al 22% para los laboristas.

Y siguen las protestas en las calles

Las organizaciones que han convocado manifestaciones durante los últimos días contra la decisión del primer ministro de suspender el Parlamento durante cinco semanas volverán a protestar hoy en Londres y otras ciudades del país. La cita en la capital británica es a las 19h. (hora española) frente al Palacio de Westminster. Ya avisaron de que tomarían las calles, bloquearían los puentes y asaltarían el Parlamento si fuera necesario.

LONDRES

03/09/2019 07:34 Actualizado: 03/09/2019 07:36

CRISTINA CASERO

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