Domingo, 30 Diciembre 2012 06:58

2013: escenarios posibles

Los escenarios previsibles para el año que comienza son diversos y, por supuesto, dependen del comportamiento de los principales actores político-económicos (los gobiernos de Estados Unidos, Alemania y China) y de las resistencias sociales a la insaciable voracidad del gran capital que, no contento con intentar recuperar los niveles máximos para su tasa de ganancia, quiere además continuar a fondo su ofensiva contra todas las conquistas sociales, culturales y políticas arrancadas al capitalismo en la última posguerra por temor al socialismo en Occidente y el ímpetu de la revolución colonial en el resto del mundo.

 

Debilitados al extremo y anulados o integrados los sindicatos, precarizado el trabajo, reducidos los salarios reales aprovechando la explotación salvaje de los campesinos transformados en obreros en China, Vietnam, Malasia, Myanmar, Tailandia, Indonesia y Filipinas, sometidos a la explotación capitalista depredadora de la agricultura y los bienes comunes (agua, bosques, territorio, ambiente), anuladas las leyes protectoras de los trabajadores, esa guerra contra éstos y ese saqueo de todos los pueblos en todos los continentes aún le parecen poco a quienes dirigen este planeta-Titanic hacia una segura catástrofe.

 

Para el capital, las ganancias, por grandes que sean, siempre son pocas y los salarios miserables siempre son demasiado altos. El único límite a la explotación –cuya tasa siempre es el resultado concreto de un nivel de luchas sociales en un periodo dado– es la resistencia organizada de los trabajadores y su lucha por objetivos civilizatorios.

 

Precisamente es lo que falta, porque la gran conflictividad fabril victoriosa que sacude China es desorganizada y por objetivos puntuales, no generales, y mucho menos antisistémicos, y la lucha de los trabajadores europeos –con la excepción de los griegos– es puramente defensiva y se limita a dar expresión a una protesta general, pero no organiza una alternativa. Por eso es probable que 2013, con algunas variantes un poco más favorables, en particular en los llamados países emergentes, reproduzca más o menos el curso de 2012.

 

En efecto, las inversiones en Estados Unidos no aumentan y las inversiones de las trasnacionales estadunidenses y de otros países en China comienzan a buscar mano de obra más barata en Vietnam o en Tailandia. Las expectativas de consumo de los hogares estadunidenses –principal motor del crecimiento de EU– no se recuperan. Salvo Alemania (y pequeñas economías, como la polaca o la austriaca), la Unión Europea vive un panorama sombrío marcado por una creciente desocupación y el estancamiento productivo y del consumo. Los brutales cambios climáticos, producidos por la negativa de los grandes capitalistas a reducir sus emisiones de gases industriales y a considerar en los costos la preservación del ambiente, provocan costosos desastres en la propia Rusia, Europa occidental y Estados Unidos, o sea, en los países industrializados causantes de la crisis ambiental.

 


En China, miles de huelgas de uno o dos días organizadas por comités de fábrica ad hoc al margen y por sobre los sindicatos oficiales y el Partido Comunista, logran continuos aumentos de salarios (en promedio, de 10 por ciento) y reivindicaciones inmediatas. El resultado es un encarecimiento de la mano de obra en las regiones costeras y el traslado de muchas empresas de Hong Kong, de Taiwán y de Japón hacia el interior, donde los salarios son 50 por ciento menores, pero donde los obreros vivirán junto a sus pueblos y sus familias y no como ahora, en calidad de emigrantes sin ningún derecho en ciudades hostiles.

 

De modo que la perspectiva es que la mano de obra china deje de ser barata y comience a autorganizarse, como sucedió en Japón o en Corea del Sur en la primera década de la postguerra. El 18 Congreso del Partido Comunista chino, que eligió a Xi Jinping como secretario general, llegó a un acuerdo entre la tendencia al desarrollo del mercado interno con cierta democratización y la que se orientaba hacia el mercado externo, manteniendo el actual statu quo. Ahora bien, si la inmensa población campesina del interior chino entrase en un proceso de cambio, las consecuencias no serían sólo económicas.

 

Otro escenario, que depende de lo que pase en los próximos meses en China y en Estados Unidos, es el de la carrera hacia lo desconocido por parte de Obama y el establishment militar-financiero. La derrota en Irak y en Afganistán, y el rearme naval y militar chino, con ayuda rusa, así como el belicismo del grupo nazi-sionista Netanyahu-Liebermann, que prepara la anexión total de los territorios palestinos y la guerra contra Irán, son factores que empujan a la aventura a un sector del establishment estadunidense. Este acaba de hacer compras récord de nuevo material bélico y tiene conciencia de que la actual superioridad militar aplastante de Estados Unidos tiene una base política interna endeble y, además, podría ser desafiada en el futuro por la acción de China y Rusia, que son potencias nucleares con desarrollo científico importante. La sustitución de Hillary Clinton por John Kerry sería, en este sentido, un intento del presidente Barack Obama de tener las manos más libres frente a los halcones más desenfrenados.

 

Si el primer escenario –el de la continuación del ajuste capitalista, que anula antes que nada la voluntad de los electores– reduce gravemente los márgenes de la democracia, porque requiere leyes privatizadoras, la eliminación de la legislación social y laboral favorable a los trabajadores, la elaboración de leyes represivas y antilaborales, y no abre una salida, el segundo escenario es directamente el de la barbarie. Porque en una guerra forzosamente mundial no habrá distinción entre ejércitos y población civil, ni entre países beligerantes y neutrales y todos, sin excepción, sufriremos los efectos del conflicto más brutal y sanguinario de toda la historia humana.

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México es el segundo país de América Latina con mayor número de billonarios pero a nivel mundial es uno de los que menos recursos obtiene por los impuestos que cobra sobre la propiedad o el patrimonio, advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en una investigación sobre élites económicas, desigualdad y tributación.

 

Sólo superado por Brasil con 30 billonarios, México tiene 11, a razón de uno por cada 10 millones de habitantes, y encabezan la élite económica; es decir, “una minoría que concentra un alto porcentaje del ingreso nacional y que controla una significativa proporción de los recursos productivos”.

 

Según la Cepal, a nivel mundial hay una tendencia de incrementar “levemente” los impuestos a la propiedad, pero en América Latina se mantienen en una tasa muy baja y en México se encuentan estancados desde hace 20 años.

 

“La importancia del impuesto al patrimonio en la recaudación es baja, en general (en la región), aunque hay significativas diferencias entre los países... Ha venido disminuyendo en algunas economías, aunque también hay casos (Brasil, Colombia, Ecuador y Guatemala) en los que ha aumentado sostenidamente, mientras que en México representa 0.18 por ciento del producto interno bruto (PIB) desde comienzos de los años 90”, precisa el documento.

 

Los recursos que México obtiene por los impuestos a la propiedad o al patrimonio representan la tercera parte de 0.42 por ciento del PIB que obtienen en promedio los países de América Latina y casi la cuarta parte de 0.68 por ciento calculado para los países en transición, revela la Cepal.

 

A nivel mundial, la media de este tipo de impuestos equivale a 1.04 por ciento del PIB y para los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), al que pertenece México, llega a 2.12 por ciento, es decir 12 veces más.

 

Hasta 2007, último año del que se tienen cifras comparables para los 11 países que analiza la Cepal, Bolivia era el que más recursos obtenía de los impuestos a la propiedad o al patrimonio, equivalentes a 0.62 por ciento de su PIB. Le seguía Chile, con 0.59 por ciento; Colombia, con 0.54 por ciento, y Argentina y Brasil, con 0.44 por ciento.

 

En el otro extremo se ubican Ecuador, con sólo 0.14 por ciento del PIB, pero subió desde 0.1 por ciento registrado en 1990. Guatemala, con 0.16 por ciento contra 0.09 por ciento que tenía dos décadas atrás. México se coloca en el tercer lugar de los que menos ingresos obtienen por estos impuestos, ya que desde los 90 equivalen a 0.18 por ciento del PIB.

 


Si bien la Cepal acota que el incremento de impuestos a los más ricos no resolverá por sí solo el problema de la desigualdad social, sostiene que en América Latina y otras regiones hay un amplio margen para ampliarlos sobre quienes tienen las rentas más altas. Recuerda que, de acuerdo con una propuesta de la ONU, se podrían obtener entre 40 y 50 billones de dólares por año si se establece un impuesto de uno por ciento sobre sus activos netos a los mil 200 millonarios del mundo.

 

“No es claro que la obtención de los ingresos más altos sólo refleje una legítima retribución por el esfuerzo y el talento desplegado en los mercados competititivos. Los contactos políticos, el origen social, el trato favorable en materia tributaria y las regulaciones que benefician a los ricos también contribuyen a la acumulación de grandes fortunas sin una vinculación productiva evidente”, señala el estudio, a cargo de Andrés Solimano y Juan Pablo Jiménez, consultor y oficial de la Cepal en Montevideo, respectivamente.

 

La concentración del ingreso y el patrimonio en una pequeña minoría acentúa la desigualdad social, sostiene el documento y agrega que ejemplo de la falta de legitimación social de la concentración del ingreso es el llamado de billonarios, como Warren Buffet y otros de Europa, de incrementar sus contribuciones, pero “en contraste, ningún billonario latinoamericano comparte públicamente esta propuesta”.

 

Advierte también de lo controversial que resulta el tema de incrementar los impuestos a los más ricos ya que el argumento que siempre se utiliza para defenderlos es presentarlos “como el motor de crecimiento de las economías de mercado”, con la generación de empleos, inversión, ahorro e innovación. Así que cualquier intento por elevar los impuestos en un país “puede dar origen a la fuga de capitales y ahorros” y dado el poder de las élites económicas no se debe subestimar su capacidad de ejercer presión para evitarlo, puntualiza.

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Domingo, 30 Diciembre 2012 06:33

Pierde Hollande una pulseada con los ricos

François Hollande perdió una de las cartas decisivas en su victoria de abril y mayo pasado: el Consejo Constitucional francés censuró la instauración de un impuesto del 75 por ciento que debía aplicarse a aquellas personas que ganasen más de un millón de euros al año. Esta propuesta fue una de las piezas clave que le permitieron al entonces candidato socialista ganar las elecciones presidenciales frente al conservador y presidente saliente Nicolas Sarkozy. La medida debía entrar en vigencia en 2013 pero el Consejo Constitucional juzgó que así como estaba planteado el impuesto violaba el principio de “igualdad” en el reparto de las cargas públicas. La derecha francesa y todos aquellos que, con el actor Gérard Depardieu a la cabeza del movimiento, habían declarado una guerra fiscal al Ejecutivo ganaron la primera batalla, a la vez política y técnica. Hace unos diez días, la conservadora UMP (Unión por una Mayoría Popular) presentó un recurso contra el famoso impuesto al 75 por ciento de las ganancias. El Consejo aceptó los argumentos de la derecha francesa ya que, según los sabios, la desigualdad radica en que el impuesto se aplica por individuo y no por hogar o familia. De esta forma, si en una familia hay cinco miembros y cada uno de ellos gana novecientos mil euros, nadie pagaría el impuesto suplementario. En cambio, si una persona sola gana algo más de un millón de euros el impuesto del 75 por ciento recaería sobre ella y no sobre el grupo familiar.

 

La derecha y los guardianes liberales de le exención impositiva celebraron la decisión del Consejo e hicieron de ella un arma contra los socialistas. Curiosamente, los primeros en cantar victoria fueron los artistas y los jugadores de fútbol. Sin embargo, es preciso aclarar que, en sí, el Consejo Constitucional no se opone al principio del gravamen del 75 por ciento sino a la forma en que iba a ser repartido. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, estimó que la posición de los sabios constituía una “censura simbólica pero no severa”. El jefe del gobierno explicó luego que el Ejecutivo no renunciaba a aplicar el controvertido impuesto para que éste entre en el presupuesto de 2013. En suma, Ayrault explicó que el gobierno volverá a “trabajar” en el texto para que sea votado por el Parlamento: “De todas formas, esto se aplicará a las ganancias de 2013”, dijo el primer ministro. La derecha se lleva con todo una palma importante, incluso si lo que puede aparecer como una victoria no se inscribe en el sentido de las mayorías. A pesar de la batalla feroz y desleal que protagonizaron los adversarios a los impuestazos a los ricos, varios sondeos de opinión demuestran que la sociedad respalda ampliamente esta medida que, para muchos analistas, cambió la relación de fuerzas entre la izquierda y la derecha y abrió el camino para la victoria de Hollande en abril y mayo pasado. Una encuesta de opinión realizada por la encuestadora IFOP indica que 60 por ciento de las personas interrogadas aprueban el gravamen del 75 por ciento para aquellos que ganan más de un millón de euros al año. Esta mayoría estima que es totalmente “justo” que en momentos de crisis como éste los más ricos contribuyan con aportes consecuentes al equilibrio de las cuentas públicas.

 

Con todo, el presidente Hollande cierra el primer año de su presidencia con un revés importante. La decisión del Consejo Constitucional decapita el eje simbólico de la política fiscal del mandatario: para Hollande, se trataba de reducir el déficit público a través de un mecanismo fiscal mediante el cual los ricos pagarían más. Este perfil fue atacado con una violencia poco común por sus opositores y dio lugar a un flujo de exiliados fiscales que establecieron su residencia en Bélgica para escapar a las reglas francesas. El más famoso es el actor Gerard Depardieu, quien no sólo se fue a vivir a Bélgica sino que, además, renunció a su pasaporte francés y se volvió el abanderado de la guerrilla fiscal contra el gobierno. Una suerte de histeria global ganó las recámaras de los ricachones. Y sin embargo, la política fiscal de Hollande no es revolucionaria o excesivamente penalizadora para las grandes fortunas. El jefe del Estado buscó reducir el déficit y, también, reequilibrar el peso de la distribución de la carga impositiva. Esta es desde hace un cuarto de siglo excesivamente favorable a los millonarios. La línea política de su predecesor, el conservador Sarkozy, no hizo más que acrecentar el foso entre los contribuyentes medios y los ricos. Los regalos impositivos que Sarkozy le hizo a los ricos fueron elevadísimos. Desde el vamos, Sarkozy empezó su mandato con el famoso “escudo fiscal” que le permitía a los afortunados eludir muchas cargas fiscales.

 

El socialismo francés cierra el año con perspectivas escalofriantes. Crecimiento nulo, recesión a las puertas del país, desempleo en aumento, cierre constante de empresas, la crisis va imponiendo poco a poco sus códigos. Los organismos oficiales no vaticinan para 2013 ninguna mejoría. Europa sigue en crisis y la economía francesa está estancada con un desempleo que no cesa de aumentar: en noviembre se cumplieron 19 meses seguidos de alza de la desocupación. Francia cuenta hoy con casi 11 por ciento de la población activa sin trabajo. Las imágenes de las fábricas que cierran sus puertas y son ocupadas por los empleados pasaron a ser un relato diario de la crisis. Pese a ello, pese a la pobreza visible y a los índices históricos de personas sin domicilio, los privilegiados del sistema gritan como chanchos degollados cuando se les extrae un gramo suplementario de sus exorbitantes privilegios.

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Se necesitan medidas urgentes para controlar el uso de armas (en todo el mundo)

Tras la celebración de los últimos funerales de las víctimas de la masacre escolar de Newtown, Connecticut, la violencia con armas no se detiene. Uno de los ejemplos más notorios de ello es el homicidio de dos bomberos voluntarios ocurrido en Noche Buena en la localidad rural de Webster, Nueva York, por parte de un ex convicto armado con un fusil semiautomático Bushmaster AR-15 de calibre .223, el mismo fusil utilizado por el asesino de Newtown, Adam Lanza. James Holmes, el presunto culpable de la masacre de Aurora, Colorado, ocurrida en julio de este año, está acusado de utilizar, entre otras armas, una Smith&Wesson AR-15 con un cargador de tambor con capacidad para 100 balas en lugar de un cargador tubular normal. La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), que se opone firmemente a cualquier reglamentación de estas armas y de los cargadores de gran capacidad, continúa bloqueando las leyes de tenencia de armas e incluso proclama sus esfuerzos para bloquear el Tratado internacional sobre el Comercio de Armas que será negociado en las Naciones Unidas en marzo de 2013.


 
El 24 de diciembre, el mismo día que ocurrió el ataque contra los bomberos en Webster, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó a favor de realizar las nuevas negociaciones sobre el Tratado sobre el Comercio de Armas del 18 al 28 de marzo del próximo año. Cabe recordar que en el pasado mes de julio el gobierno de Obama dijo que “necesitaba más tiempo” para revisar el tratado propuesto, lo que frustró cualquier esperanza de que se aprobara el tratado y de que fuera enviado a los Estados miembro para ser ratificado. Esto sucedió apenas una semana después de la masacre de Aurora y en medio de la reñida campaña presidencial. La NRA contribuyó a bloquear el Tratado sobre el Comercio de Armas al entregar al Presidente Barack Obama y a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, una carta de oposición al tratado firmada por 50 senadores estadounidenses, entre ellos ocho demócratas, y 130 miembros de la Cámara de Representantes.


 
El tratado no debería causar polémica. Al suscribirlo, los gobiernos se comprometen a no exportar armas a países que están sujetos a un embargo de armas, ni a exportar armas que facilitarían “la comisión de genocidio, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra” u otras violaciones del derecho internacional humanitario. El tratado prohíbe la exportación de armas si facilitan la “violencia de género o la violencia contra los niños” o si son utilizadas para “el crimen trasnacional organizado”. El tratado regula la exportación internacional de armas y municiones, pero no regula la legislación nacional interna de los países sobre la venta o el uso de armas.


 
Amnistía Internacional exhortó la semana pasada a la NRA a que “abandonara de inmediato su campaña de mentiras y tergiversación de información acerca del Tratado sobre el Comercio de Armas que será negociado en las Naciones Unidas”. Michelle Ringuette, de Amnistía Estados Unidos, explicó: “Cada día 1.500 personas mueren en conflictos armados en todo el mundo, es decir, una persona por minuto. Las armas no reglamentadas son utilizadas para obligar a decenas de miles de niños a participar en conflictos armados y para violar mujeres y niñas en zonas de conflicto.” Y agregó: “A causa de los conflictos armados, más de 26 millones de personas en el mundo se han visto forzadas a huir de sus hogares y su modo de subsistencia ha sido destruido. La NRA debe abandonar de inmediato su campaña para impedir un tratado internacional sobre el comercio de armas”.


 
El presidente de la NRA, Wayne LaPierre, pronunció su respuesta pública a la masacre de Newtown una semana después de sucedida y culpó de la violencia a los “monstruos” y a cualquier tipo de factor, desde los videojuegos hasta los huracanes, pero no sugirió en ningún momento que las armas y el fácil acceso a las mismas en Estados Unidos pudieran tener algo que ver con la masacre. Durante la conferencia de prensa, LaPierre fue interrumpido en dos oportunidades por activistas por la paz del grupo Code Pink. La primera pancarta, sostenida por Tighe Barry, decía: ‘La NRA está matando a nuestros hijos’. Barry sostuvo la pancarta en silencio frente al estrado mientras LaPierre intentaba proseguir con su discurso. Luego lo obligaron a retirarse. Después de que LaPierre reanudó su discurso, Medea Benjamin se puso de pie mientras sostenía una pancarta con la leyenda “La NRA tiene las manos manchadas de sangre”. Acto seguido, fue expulsada de la sala. Dos días más tarde, en el programa de NBC ‘Meet the Press’, LaPierre negó que reglamentar la venta y uso de armas semiautomáticas o de los cargadores de gran capacidad contribuiría a detener la epidemia de homicidios colectivos en Estados Unidos.


 
La NRA ejerce gran influencia en la reglamentación de las armas de fuego tanto a nivel estatal como federal. Andrew Feinstein, autor del libro ‘The Shadow World: Inside the Global Arms Trade” me dijo: “Nunca he visto un lobby a favor de las armas con tanta influencia sobre su propio gobierno como el lobby de la NRA en Estados Unidos. La situación en el ámbito nacional o internacional se parece mucho a lo que sucede a nivel interno, en particular en Estados Unidos, porque al hablar de este tema hay que tener en cuenta que Estados Unidos compra y vende casi la misma cantidad de armas que el resto del mundo tomado en su conjunto. Entonces, lo que sucede en Estados Unidos tiene fuertes consecuencias en el resto del mundo”.


 
Desde los pasillos de la escuela primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut, hasta Afganistán o Somalia, el flujo de armas y municiones estadounidenses provoca violencia, muertes y heridas. El Presidente Obama y el Congreso deben adoptar medidas en forma urgente.


 
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 

 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Sábado, 29 Diciembre 2012 08:28

El año perdido entre Berlusconi y Monti

El año perdido entre Berlusconi y Monti

Ha bastado que Silvio Berlusconi reapareciese en las pantallas, con el rostro mal estirado hacia arriba –hay límites, sólo sean los de la edad, para recomponerse las facciones–, para que Italia corriese a refugiarse bajo el ala de Mario Monti. O uno u otro, tertium non datur. No son la misma cosa, como sugiere Alberto Burgio, aunque el rumbo que indican es siempre “todo a la derecha”, pero desde hace tiempo los italianos parecen desacostumbrados a pensar que la distinción entre izquierda y derecha tenga sentido. Hoy no habría más que “ese” rumbo, indicado por el predominio del finanzcapitalismo, como lo llama Luciano Gallino, muy púdicamente corregido en la reciente cumbre europea... pero el guiño a los evasores fiscales, la primacía de los intereses privados como método de gobierno y vida, alguna broma antieuropea y falsamente popular –“Spread? (la prima de riesgo) ¿Esa quién era?”–, un cierto plebeyismo considerado ingenioso se reconocen en Berlusconi, lo mismo que en Grillo y similares. No yerran del todo fuera al vernos como una perpetua comedia del arte, Polichinela y Arlequín triunfan sobre la estupidez de los demás. Y esa mitad de la gente que no prefiere la astucia se vuelve a una figura que parece más frecuentable por costumbres y decencia.

 

Estamos perdiendo demasiado tiempo. Tertium non datur, porque no existe una izquierda suficientemente fuerte para dotarse de una política convincente y distinta de la austeridad. Sin embargo, no significa caer de la sartén del caballero de industria a las brasas del neoliberal de una pieza. Son ya tantas las voces de los expertos que lo advierten: por este camino la Europa del sur está cayendo en un agujero cada vez más profundo, en una crisis de sociedad cada vez menos transitable. Por mucho que se royera bien el gasto público, aun con más energía y equidad que Monti, hasta que no se produzca un giro en la economía, el empobrecimiento de 90 por ciento de la gente continuará hasta límites insostenibles. Ya lo son: el porcentaje de parados en el continente, más del doble en el caso de los jóvenes en busca de empleo, pesa como una losa. En torno a los 4 millones declarados en Francia y más que presuntos en Italia, con al menos otro tanto de precarios y trabajo en negro, sobre todo de mujeres y extranjeros, y la mitad de la fuerza de trabajo que vacila o se encuentra ya bajo el umbral de pobreza. La esponjosidad de la Italia de los años 70 y 80 ya no existe, la diferencia entre rentas del trabajo y del patrimonio, mobiliario o inmobiliario, que revolotea en los mercados mundiales, se ha invertido en favor de los segundos, y no hay rastro de la lucecita que Monti decía adivinar al final del túnel. Los indicios de crecimiento de Europa, ya muy bajos, no aciertan más que a disminuir y hasta el Fondo Monetario Internacional advierte: atención, si no crecéis vais camino del abismo.

 


Y no se trata de pequeños reajustes. Hay que poner freno a la caída productiva y al consiguiente empobrecimiento de la mayoría para reconstituir el crecimiento, distinto del esquema argentino, cuyo tenue aliento está terminando. La verdad es que hay por todos lados una corrección de las previsiones, también China crece menos desde hace algunos años, el rostro económico del mundo es todo un estremecimiento de variantes. Pero no se puede pensar en salvar Europa y su moneda por medio de algunas sabias maniobras del BCE en presencia de un permanente descenso de las mercancías que producir y vender fuera del país y del ejército asalariado que las produce y las compra: no hace falta ser un economista para entenderlo. Habría que recortarle alguna garra más a las finanzas, recuperar algún control sobre el movimiento de capitales (como ha explicado Andrea Baranes), negociar, posiblemente junto a los demás países del sur en vía de asfixia, una razonable prórroga de la deuda, si no su cuantificación, y restablecer un poder político sobre las políticas económicas. Es insensato que Europa se vea privada de todas sus capacidades productivas más importantes en lo que toca al acero (que se trataba de un bien construido con dinero público) para venderlo al millonario indio Mittal, el cual cierra ahora algunos altos hornos conservando la producción de acero de alto valor añadido, sin que los estados puedan defender a los trabajadores que se quedan en la calle, cuya asistencia como parados recaerá sobre ellos. Todo a la espera de que la mano invisible del mercado, socialmente ciego, ofrezca quién sabe dónde y cuándo un puesto de trabajo. Inane idea la de que el continente podía despojarse de los recursos estratégicos: el acero no es una mercancía opcional. ¿Y quién representa a los trabajadores del acero o del automóvil que se quedan sin trabajo? ¿Quién tiene la posibilidad de cambiar sus condiciones? Hasta Alemania comienza a boquear.

 

Publicado por: www.sbilanciamoci.info.

 

Traducido por: www.sinpermiso.info

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 Correa y su obsesión extrativista por el crecimiento económico

Cada vez que una comunidad, una organización o una persona en el Ecuador invoca la protección del medio ambiente o los derechos colectivos para oponerse, por ejemplo, a un proyecto minero que afectará sus medios de vida, a una represa gigantesca que provocará desvío de los ríos e inundaciones que obligan al desplazamiento de las personas, el presidente Rafael Correa responde, pontificando: “No nos engañemos, el principal problema del Ecuador es la pobreza”. Así justifica la destrucción del entorno ambiental y la afectación de los medios de vida de “unos pocos” para reducir la pobreza de “muchos”.


 
 La invocación aparentemente sensata de la reducción de la pobreza para justificar el crecimiento económico ciego es una gran farsa. El presidente bien lo sabe, pero pretende engañarnos. Como la principal receta para reducir la pobreza nos vende el placebo del irrestricto crecimiento económico. Y con ello se entiende que promueve cualquier tipo de crecimiento económico, especialmente el concentrado en la explotación sin miramientos de nuestros recursos naturales no renovables.


 
 Esto mismo lo han sostenido todos los pasados gobiernos -neoliberales o no-, al defender el crecimiento económico como una meta en sí misma, postulando una y otra vez que ello generaría empleos estables, elevados ingresos permanentes y una equilibrada distribución de los ingresos. Esto no ha sucedido. Este tipo de crecimiento, por lo demás, prácticamente no crea empleo. No se ha logrado un sostenido “derrame” o un “chorreo” hacia el resto de la sociedad. En el mejor de los casos, cuando hubo elevadas tasas de crecimiento, la gran mayoría de la población apenas sintió una leve y temporal garúa (que se desvaneció en poco tiempo en mayores niveles de pobreza).


 
 El correismo se aferra patológicamente a esta meta. A través de una creciente explotación de la Naturaleza pretende captar mayores divisas y tributos para alimentar políticas clientelares y de cooptación política, a las que ahora se les denomina engañosamente como programas de compensación social. En lugar de iniciar procesos verdaderamente redistributivos -agua, tierra, créditos, activos- a través de una profunda reestructuración de la economía, nos alimenta con diversas dádivas.


 
 A la postre, la letanía del crecimiento económico es un fin en sí mismo, aparentemente irremediable e incontestable. En realidad, el crecimiento puede ser necesario en determinadas circunstancias, para superar las deficiencias en educación y salud, por ejemplo. Pero eso no justifica cualquier tipo de crecimiento. Aquí caben las categóricas expresiones sobre el crecimiento del reconocido economista chileno Manfred Max Neef:


 
 “Si me dedico, por ejemplo, a depredar totalmente un recurso natural, mi economía crece mientras lo hago, pero a costa de terminar más pobres. En realidad la gente no se percata de la aberración de la macroeconomía convencional que contabiliza la pérdida de patrimonio como aumento de ingreso. Detrás de toda cifra de crecimiento hay una historia humana y una historia natural. Si esas historias son positivas, bien venido sea el crecimiento, porque es preferible crecer poco pero crecer bien, que crecer mucho pero mal”.


 
 Tengamos presente que una economía sana es aquella en la que las acciones están dirigidas a resolver estructuralmente los problemas de pobreza y a asegurar la calidad de vida de las personas, familias y comunidades. Esas metas en muchos casos requerirán del crecimiento económico, y está bien que así sea.


 
 Pero no todas las formas de crecimiento económico están asociadas a la justicia social y ambiental. En muchos casos se busca promover las exportaciones para que las cuentas macroeconómicas muestren crecimiento. Pero eso lamentablemente se hace impulsando actividades de alto impacto social y ambiental, que reducen la calidad de vida e inclusive, a la postre, generan más pobreza, sobre todo en aquellas zonas en donde se realizan las explotaciones extractivistas.
 


 Como nadie contabiliza económicamente esos impactos, se muestra un crecimiento económico que en realidad es un espejismo. El exagerado consumo de agua, electricidad y combustibles, o la infraestructura que el Estado debe realizar para que el capital extractivista pueda beneficiarse, los desechos generados, la pérdida de salud y demás son externalidades negativas, por supuesto no aparecen ni son contabilizadas como tales, restando bienestar y sostenibilidad a ese peculiar tipo de crecimiento económico.


 
 Son muchos los ejemplos donde observamos crecimiento sin que se resolvieran adecuadamente los principales problemas nacionales, los que siguen agravándose al amparo de gobernantes miopes. En algunos casos, han existido períodos de bonanza donde el crecimiento ha permitido reducir el número de pobres, pero a costo de aumentar la desigualdad. Ecuador es un caso paradigmático, basta revisar su historia económica. Los casos más recientes en América Latina son los de Chile, Brasil o Perú, que ostentan estar entre los países más desiguales de la región, y ya no sólo en términos de ingresos, sino fundamentalmente por la concentración de la propiedad y, sobre todo, del poder creciente que ostentan cada vez menos grupos económicos.


 
 Y esa desigualdad social no solo es una afrenta moral, sino que tiene gravísimos efectos sobre la sociedad y la economía misma, como lo han demostrado estudios en todo el mundo: reduce inclusive la capacidad para el crecimiento sostenido y sostenible a largo plazo, dificulta las necesarias respuestas ambientales, debilita las instituciones políticas democráticas, disminuye la capacidad para enfrentar amenazas ecológicas globales como el cambio climático, entre otras patologías que genera el extractivismo.


 
 En consecuencia, no es posible caer en el simplismo de considerar que cualquier tipo de crecimiento económico solucionará el crítico problema de la pobreza. Las metas y políticas del correismo se han instalado en el sitio equivocado. El problema del país es cómo resolver los problemas de pobreza sin caer en la trampa de la desigualdad o en la de la destrucción ambiental. Además, esto debe quedar suficientemente claro, sin afectar la excesiva concentración de la riqueza es imposible eliminar la pobreza.


 
 En suma, no es posible crecer económicamente aceptando la desigualdad. Caeremos en estructuras de poder insalvables con una cúspide de millonarios intocables que monopoliza el poder frente a una masa de gente sin posibilidades para decidir sobre su propia vida, con igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades.


 
 Reducir el problema de la pobreza al acceso a bienes, no solo que degrada terriblemente a las personas, sino que les niega su necesaria dignidad humana. Además, si mantenemos inalterada la búsqueda de crecimiento económico, el planeta Tierra no tendrá recursos suficientes y las inequidades, con todas sus secuelas, marcarán un mundo cada vez más conflictivo e injusto. Por lo tanto, no podemos aceptar dudosas “soluciones” para hoy, pero que destruyen el patrimonio de las futuras generaciones y reducen las opciones del mañana.


 
 La superación de las desigualdades e inequidades, más allá de las de corte propiamente material, es ineludible; eso propone la Unidad Plurinacional. El crecimiento económico puede ser una herramienta para lograrlo. Sin embargo, por si solo no será suficiente. La cuestión social requiere urgente atención, tanto como el reencuentro del ser humano con la Naturaleza. Eso nos lleva a superar aquellas visiones simplistas que convirtieron al economicismo en el eje estructurador de la sociedad.


 
Construir el Buen Vivir o Sumak Kawsay, que de eso se trata el programa de gobierno de la Unidad Plurinacional, es un ejercicio político concertador y plural por un futuro diferente, que no se logrará exclusivamente con discursos carentes de coherencia y menos aún con visiones equivocadas como las que repite cansinamente quien ha perdido la brújula: el futuro expresidente Rafael Correa.-

 


 Publicado por lalineadefuego el diciembre 27, 2012

Quito, 26 de diciembre de 2012

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Viernes, 28 Diciembre 2012 07:54

Irse o no, ésa es la cuestión

A días de que se cumplan cuarenta años del ingreso del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea, la relación de los británicos con Europa se parece cada vez más a la canción de Clash, “Should I stay or should I go?” (¿Debo quedarme o me voy?). En una encuesta publicada ayer por el matutino The Guardian, un 51 por ciento se inclinó por el “should I go”. En 2001 era al revés: un 68 por ciento se inclinaba por el “I should stay”. Ahora que la tortilla de la opinión pública parece estar dándose vuelta, la pregunta es a dónde “should they go”.

 

La crisis en la Eurozona ha desenterrado el siempre latente euroescepticismo británico expresado magníficamente por un titular de la preguerra: “Densa neblina. Europa quedó aislada”. Los sectores euroescépticos conservadores, que están presionando al primer ministro David Cameron para que convoque a un referéndum sobre el tema, tienen ahora el respaldo contundente de los números. La encuesta muestra que un 36 por ciento votaría “definitivamente por abandonar la UE” y un 15 también se inclinaría “muy probablemente” por la salida, mientras que sólo un 22 por ciento quiere quedarse y un 18 por ciento votaría “probablemente” por la permanencia. Para delicia de los euroescépticos, estos porcentajes reflejan claramente una tendencia. En octubre del año pasado, los porcentajes eran 49 por ciento a favor de dejar la UE y 40 por ciento que deseaba quedarse.

 

El tema europeo no sólo divide a los conservadores: abre un abismo entre éstos y sus socios en la coalición, los liberal demócratas. En una entrevista publicada en primera plana del The Guardian, el viceprimer ministro, el liberal demócrata Nick Clegg, lanzó una clara advertencia a los conservadores. “Lo que tenemos que hacer es concentrarnos en la crisis económica, cooperar activamente con la Eurozona para apagar el incendio y salir de la actual emergencia. No podemos quedarnos al margen de lo que sucede en Europa”, señaló Clegg. Los liberal-demócratas son tradicionalmente los más europeístas del arco político británico y tienen un poco más controlados las viejas añoranzas imperiales que tanto desvelan y confunden el razonamiento de sus socios conservadores.

 

En los próximos días el primer ministro Cameron va a pronunciar un muy esperado discurso sobre Europa que debería definir la posición de los conservadores al respecto. El consenso entre los analistas es que el discurso, comidilla política de los últimos dos meses, prometerá un referendo y la repatriación de ciertas potestades (en especial en temas financieros y laborales) si hay un sustancial cambio del Tratado de Lisboa, que rige el funcionamiento de la UE, para apuntalar al euro.

 

Cameron está luchando no sólo con sus euroescépticos sino con la creciente popularidad del antieuropeo UKIP, que se ha convertido en un depositario del voto protesta en elecciones locales o de renovación de escaños. En la encuesta de The Guardian, el UKIP mantenía por segundo mes consecutivo un apoyo del 7 por ciento del electorado, en su inmensa mayoría robados al Partido Conservador y su pobre manejo de la situación económica. Este drenaje de votos ha envalentonado a los euroescépticos conservadores, que hoy quieren reformular la relación con Europa y acercarla a la que tiene Suiza, en la que se preserva el derecho a gozar del mercado común, pero se mantiene una relativa autonomía respecto del presupuesto o las regulaciones europeas. En resumen, que los euroescépticos creen que el “should I stay or should I go?” puede convertirse en “I should stay and go”. ¿Para qué? Para desregular más el mercado laboral y el financiero y soñar que todavía son un imperio que puede mantener una olímpica distancia de Europa.

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Una parte nada desdeñable del extenso documento de National Intelligence Council (NIC) y su controvertida prospectiva para 2030 (ver Bajo la Lupa, 19 y 23/12/12) se centra en la ruptura del cordón umbilical de Estados Unidos con el mundo del petróleo, lo cual desembocaría en el colapso del precio del hidrocarburo concomitante a la irrelevancia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

 

La ruptura energética de EU con el petróleo –que, por cierto, contribuyó en su notable encumbramiento a lo largo del siglo XX– sería dramática con consecuencias geopolíticas de envergadura debido a la dependencia forzada de varias potencias regionales (v.gr. Europa).

 

Las Tendencias globales 2030: mundos alternativos, de NIC, sesgadamente americanocentrista, evocan el declive del poder hegemónico de EU y su preponderancia en materia de seguridad gracias a la vigencia de la globalización (Nota: controlada por la anglósfera) y su autosuficiencia energética mediante el polémico gas esquisto(shale gas).

 

En la sección de cambios tectónicos de ahora hasta 2030, NIC expone la independencia energética de EU: con el gas esquisto –señala–, EU "tendrá suficiente gas natural para cumplir sus necesidades domésticas y generar potenciales exportaciones globa- les en las décadas por venir, mientras, gracias a las nuevas tecnologías extractivas, se facilita el acceso a depósitos petroleros no convencionales, lo que redundaría tanto en un neto superávit comercial como en su aceleración económica.

 

Así las cosas, la "capacidad de reserva global excedería 8 millones de barriles (nota: me imagino que por día, para ser determinante, porque no lo especifican), punto en el que la OPEP perdería su control del precio cuando se colapsarían las cotizaciones, ocasionando mayor impacto negativo en las economías exportadoras de crudo".

 

Tal americanocentrismo energético, viciosamente maniqueo/lineal, es muy discutible cuando faltan por asentarse las nuevas correlaciones de fuerzas y los requilibrios del poder en el incipiente orden multipolar en su quintaesencia multidimensional que definirá también su nuevo orden geoenergético. No es tan sencillo.

 

El embelesamiento, para no decir obsesión, de EU y NIC por el gas esquisto es abusivamente vicioso: "EU podrá convertirse independiente en energía al haber recuperado su posición como el mayor productor de gas natural (¡supersic!) y al haber expandido la vida de sus reservas de 30 a 100 años gracias a la tecnología de fractura hidráulica (Nota: el polémico fracking).

 

El periodista Robert Kaplan, quien operó en el ejército de Israel, aborda "la geopolítica del gas esquisto en el portal de corte propagandístico unilateral Stratfor (19/12/ 12) –célebremente hackeado por Anonymous.

 

Kaplan abulta la posesión del gas esquisto por EU con extensos depósitos en Texas, Louisiana,Dakota-Norte, Ohio, Pennsylvania, New York, que le convertirán en el gigante energético del siglo XXI, en particular, a lo largo de la costa del Golfo de México (nota: donde entran en juego posesivo los depósitos transfronterizos traslapados y entregados por Calderón y el Congreso mexicano) en torno de Texas y Louisiana.

 

El Caribe se convertiría así en el punto económico focal del Hemisferio Occidental, acompasado por la ampliación del Canal de Panamá en 2014, cuando se intensificará la cooperación entre Texas y el adyacente (¡sic!) México: el "creciente mercado de gas esquisto cerca de su frontera norte.

 

¿Tendrá algo que ver la despoblación deliberada del norte de México, zona gasera por antonomasia, por la vía de la guerra de los cárteles refaccionados por los expendios de armas de EU?

 

Vuelve a brotar la rusofobia de partida doble tanto de Stratfor como de Kaplan: el auge del gas esquisto del Caribe (léase: la cooperación de Texas y el norte de México) representa una perturbadora noticia para Rusia, el gigante energético de Europa cuyas exportaciones le confieren inmensa influencia política en Europa central y oriental. Se le pasó la influencia primordial de Rusia con Alemania mediante la inversión conjunta North Stream.

 

Hoy Rusia es la principal potencia de gas natural (sin fracking) del planeta –antes que Irán, Qatar y Turkmenistán– y lo único que le puede desbancar es el precio anómalamente bajo (¿subliminalmente subsidiado?) en EU: hoy a 3.30 dólares por BTU (British Thermal Unit) frente a 16 dólares en Europa y alrededor de 20 en Asia, lo cual obligaría a las potencias gaseras que no se encuentran bajo la férula de EU (léase: el México neoliberal itamita) a reajustar dramáticamente sus precios con las consecuentes rebeldías poblacionales.

 

La exportación de gas esquisto norteamericano (Texas más México) a Europa no es para mañana, pero está contemplada para pasado mañana, según Kaplan, cuando comience la construcción de plantas de licuefacción gasera en el Golfo de México, de por sí altamente contaminado después de las hazañas cataclísmicas de BP.

 

La reducción de la dependencia de los países europeos al gas ruso, más caro (casi 5 veces mayor), cambiaría la geopolítica de Europa. A mi juicio, falta ver los teledirigidos daños y perjuicios provocados por la crisis de la eurozona, al unísono del tamaño de los resentimientos.

 

EU (quinto lugar) ayudaría a Polonia que, a juicio de Kaplan, poseería las mayores reservas de gas esquisto de Europa, que le colocaría como país pivote o potencia de mediano nivel en el siglo XXI, en detrimento de Arabia Saudita, de la que cada día dependería menos Washington.

 

Kaplan matiza un poco: las inmensas reservas de Medio-Oriente sólo perderían su prominencia frente a la revolución del gas esquisto. Por lo menos no aniquila a la OPEP como vaticina el documento NIC, pero sepulta a Chad, Sudán y Sudán del Sur como productores de petroleo.

 

Asimismo, visualiza las inmensas reservas de gas esquisto de la anglósfera: Australia (6º lugar) y Canadá (7º lugar), aliados militares de EU y con capacidad de convertirse en los principales exportadores de energía para Asia del este. Llega hasta contemplar que EU y Australia se dividirían el mundo energético y no habría tal mundo postestadunidense. ¡Uf!

 

Al propagandista de Stratfor se le atraviesan las inmensas reservas de gas esquisto de China (1er sitio global; ver Bajo la Lupa, 29/04/12).

 

¿Tendrán Texas y el sometido, perdón, aliado México (3er lugar) las cantidades necesarias de gas esquisto para desplazar a Rusia de Europa, si es que este no queda balcanizado geopolíticamente?

 

Vienen los cuentos y cuentas alegres de Kaplan, diseñados para ingenuos: la menor dependencia a Rusia permitiría la visión (sic) de una verdaderamente independiente y culturalmente (sic) vibrante Europa central y oriental para prosperar plenamente.

 

Ya está listo el nuevo eslógan propagandístico de la ingeniería mercadotécnica de EU: el gas esquisto de Texas/México como nueva arma de superación cultural y prosperidad, algo así como un Aspan central/oriental europeo, el cual, por cierto, en el México neoliberal panista propagó la miseria medible y la inseguridad tangible: es decir, lo contrario a sus propósitos publicitados.

 

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Miércoles, 26 Diciembre 2012 08:06

Comida chatarra, promesas vanas

Nestlé, la mayor compañía de alimentos del mundo, tiene formas creativas de llegar a los rincones más recónditos del planeta. Una es trabajar con personas como Flavia Medeiros, microdistribuidora de Sao Paulo, quien vende a brasileños que a primera vista no parecen tener el dinero o la inclinación para comprar productos Nestlé. El almacén de la señora Medeiros está retacado de cereales, yogures, dulces, leche sabor chocolate y fórmulas infantiles de esa marca. Sus reclutas locales venden los productos puerta a puerta, a menudo con pagarés proporcionados por la empresa. En un programa hermano, la firma tiene un gran barco navegando por el Amazonas, donde vende comida empacada y helado a los habitantes de las riberas. Esas técnicas provocan apoplejía a algunos promotores de la salud.

 

Para las compañías de alimentos y bebidas, las crecientes tasas de obesidad representan un acertijo. Obligadas a generar ganancias para sus accionistas, todas las grandes empresas del ramo se esfuerzan por vender más productos en todo el mundo. Muchos productos chatarra son muy redituables, pero las compañías no quieren ser fustigadas por engordar a sus consumidores. El espectro de la regulación gubernamental gravita sobre ellas. Muchas firmas están en conflicto, pues siguen pregonando productos chatarra mientras proclaman elaborados planes para mejorar la nutrición. Insisten en que ayudarán a reducir las tasas de obesidad, pero hay razón para dudarlo.

 

En la década pasada las ventas de productos empacados en el mundo han crecido 92%, a 2.2 billones de dólares este año, según el bufete Euromonitor. En Brasil, China y Rusia las ventas han triplicado o cuadriplicado su nivel de 2002. Muchas empresas ofrecen tanto productos dañinos como saludables, como los yogures Greek de Nestlé.

Otra cuestión son los refrescos. Coca-Cola y PepsiCo controlan cerca de 40% del mercado mundial de bebidas gaseosas (ver tabla). Las ventas de refrescos en el mundo se han más que duplicado en la década pasada, a 532 mil mdd; en India, Brasil y China se han más que cuadruplicado. Es problemático, dado que esas bebidas representan al menos 20% del aumento de peso en EU entre 1977 y 2007, según la investigadora Gail Woodward-Lopez y sus colegas en la Universidad de California en Berkeley.

 

Estas cifras impresionantes van en aumento. Nestlé adquiere firmas locales en China y adapta su cartera al mercado de ese país: como a muchos chinos el café les parece demasiado amargo, la empresa ofrece Smoovlatte, bebida de café que sabe a helado derretido. Kraft, gigante de la alimentación, se dividió en dos en octubre: Mondelez International, la nueva empresa que ahora fabrica las famosas galletas Oreo, busca dominar el mercado de las golosinas. Planea elevar su inversión en mercados emergentes, que ya representan 44% de sus ingresos.

 

También las cadenas de comida rápida se han extendido con rapidez en mercados en desarrollo. McDonald's tiene presencia en 119 países. Yum Brands, dueña de KFC, Taco Bell y Pizza Hut, deriva 60% de sus ganancias del mundo en desarrollo, y queda mucho potencial de crecimiento. El jefe ejecutivo de esa firma, David Novak, explica que tienen 58 restaurantes por cada millón de estadunidenses, en comparación con apenas dos por cada millón de personas en mercados emergentes.

 

Pero al tiempo que se expanden, las compañías luchan por mostrar que toman en serio el problema de la obesidad. La Alianza Internacional de Alimentos y Bebidas (IFBA, por sus siglas en inglés), grupo de 10 gigantes que incluye a Coca-Cola, Mondelez y Nestlé, ha prometido a escala mundial que hará productos más saludables, los publicitará con responsabilidad y promoverá el ejercicio. Las promesas son más específicas en países ricos, donde las tasas de obesidad son más altas y el escrutinio más completo. En Inglaterra 21 empresas han acordado un pacto de responsabilidad con el Departamento de Salud, que las compromete a ayudar a las personas a consumir menos calorías. En EU, el mercado más grande y más celosamente observado, 16 compañías han prometido reducir 1.5 billones de calorías de sus productos de aquí a 2015 (cantidad basada en un cálculo grosso modo de lo que el estadunidense debe reducir en promedio de su dieta para ser saludable). Y prácticamente toda empresa tiene un plan propio para mejorar la nutrición, en algunos casos más robusto que otros.

 

Existen tres enfoques generales: eliminar ingredientes dañinos, añadir mejores o presentar nuevos productos. Kraft dice que de 2005 a la fecha ha creado 5 mil productos más saludables, ya sea mejorando la receta de los que estaban en el mercado o lanzando nuevos. Coca-Cola ha reducido 9% el número promedio de calorías en sus productos de 2000 a la fecha y sigue estudiando nuevos endulzantes de bajas calorías, además de los que ya emplea. Jonathan Blum, nombrado en marzo pasado jefe de nutrición en Yum Brands, afirma revisar sistemáticamente lo que se ofrece en los restaurantes en lo relativo a los que llama sus tres pilares: variedad, transparencia y contenido nutricional. Nestlé, en particular, quiere ser vista como una compañía de alimentos saludables. Es una estrategia básica de negocios, explica Janet Voûte, directora global de relaciones públicas de la empresa, quien antes trabajaba en la Organización Mundial de la Salud. La firma ha establecido un instituto para combinar la investigación nutricional y biomédica, con la esperanza de crear alimentos que rindan beneficio medicinal. Nestlé examina todo su catálogo para asegurarse de que sus productos sean más saludables y sabrosos que los de sus competidores directos.

 

El esfuerzo por ofrecer productos más sanos es obstruido por dos factores principales. Primero, hay poco acuerdo sobre cómo definir la comida saludable y la comida chatarra. Una zanahoria es saludable sin duda y una bebida gaseosa no, pero la distinción no siempre es tan obvia. Una compañía puede reducir el contenido de azúcar de una galleta, pero eso no la hace más saludable. Una hamburguesa puede ser densa en energía, como definen los nutricionistas, con un montón de calorías incorporadas, pero tiene cierto valor nutricional. Ni siquiera una galleta Oreo, una bomba de grasa y azúcar, condena al consumidor a la obesidad si se come de vez en cuando.

 

La incertidumbre sobre cuáles alimentos son saludables y cuáles no dificulta medir cuánto avance ha tenido la industria. Nestlé tiene un detallado sistema de perfiles nutricionales para determinar si un producto es apropiado para una dieta saludable, y afirma que 74% de sus productos pasan la prueba. Una barra pequeña de chocolate Kit-Kat llena el requisito.

 

Virtuoso, pero todavía no

 

El segundo problema de la industria alimentaria es de tiempo. Las compañías dicen querer ofrecer productos más sanos a largo plazo, pero tienen la responsabilidad ante sus accionistas de elevar las utilidades a corto plazo. Al tiempo que desarrollan productos nutritivos, seguirán comercializando bebidas gaseosas y frituras hasta que los consumidores dejen de comprarlos. Las ventas de productos buenos para el consumidor –que Euromonitor define como alimentos que han sido modificados para contener menos azúcar, grasa o sal que otros similares– se han más que duplicado en la década pasada. Aun así, el año pasado representaron apenas 7% de las ventas de bebidas y alimentos empacados. Blum, del consorcio Yum, advierte contra hacer demasiados cambios en poco tiempo. No es una carrera, expresa. Los consumidores dicen que quieren comer más sano, pero su conducta tiende a ser un tanto diferente. Y añade: Estamos orgullosos de la comida frita, somos fanáticos de la sartén.

 

PepsiCo ha llevado a cabo el más tumultuoso experimento de la industria. Indra Nooyi, quien llegó a la dirección de esa empresa de refrescos y frituras en 2006, se lanzó a vender productos más saludables. Contrató a Derek Yach, quien había trabajado en el sector de tabaco y alimentación en la OMS, y trazó metas ambiciosas para reducir sal, grasas saturadas y azúcar añadida a los productos de la empresa. En 2010 PepsiCo declinó anunciar sus bebidas durante el Supertazón, y optó por lanzar una campaña de mercadeo sobre causas sociales. Los accionistas comenzaron a rebelarse. Querían que PepsiCo diera todo su apoyo a productos que ganaran dinero, saludables o no.

 

Así pues, Nooyi ha tenido que recular. En febrero PepsiCo no sólo se anunciará en el Supertazón, sino que patrocinará el espectáculo de medio tiempo. En una entrevista en CNBC, cadena de televisión estadunidense especializada en negocios, en septiembre, se presentó como fanática del futbol americano. "No se puede ver un juego en una madriguera masculina sin Doritos, Pepsi y Lay's", aseguró.

 

El doctor Yach dejó PepsiCo en octubre para encabezar un nuevo centro de investigación en el grupo Vitality, que organiza programas de incentivos a la salud. Pocas semanas después de su partida, declaró que tanto los inversionistas como los defensores de la salud tendrán que mostrar más paciencia. Durante décadas la investigación se centró en el sabor, no en la nutrición, así que hablamos de cambios muy radicales. Para que las inversiones en alimentos saludables tengan éxito, los ejecutivos necesitan darles mucho tiempo y apoyo mercadológico.

 

Algunos quieren ver un avance más rápido y normas más estrictas. Kelly Brownell, de la Universidad Yale, supone que las empresas seguirán promoviendo comida chatarra. Están bajo presión para vender tanto como sea posible, y la investigación de Yale muestra que los niños se inclinan más por los alimentos azucarados que por los saludables. Marion Nestle, de la Universidad de Nueva York (sin conexión con Nestlé), cree que las firmas de alimentos no cambiarán a menos que el gobierno las obligue. Tienen las manos atadas. Sólo pueden hacerlo en forma muy limitada, por la preocupación por el valor de los accionistas a corto plazo.

 

El doctor Brownell sostiene que la industria alimentaria ha seguido el guión de las compañías tabacaleras, que ponen énfasis en la responsabilidad personal y financian investigación en salud. Hasta ahora las promesas de hacer productos más saludables y limitar la publicidad han ayudado a evitar la adopción de leyes, pero no todos están contentos con eso. En ningún lugar del mundo donde se haya intentado la autorregulación se ha demostrado que tenga éxito para resolver este problema, afirma Barry Popkin, de la Universidad de Carolina del Norte.

 

Boyd Swinburn, de la Universidad Deakin, en Melbourne (Australia), se preocupa en particular por el prominente papel que las compañías de alimentos desempeñan en la elaboración de planes de los políticos para combatir la obesidad. Varias dependencias del gobierno de EU han sopesado lineamientos voluntarios para limitar la venta de productos chatarra a los niños, pero el intenso cabildeo ha impedido que la idea prospere. Las empresas de alimentos están entre quienes presentan sus ideas a la OMS, la cual orienta a los países sobre políticas de alimentación, mediante el proceso de diálogo público de la organización. Por ejemplo, alentaron a la OMS a presentar un menú de políticas posibles sobre comercialización de alimentos, en vez de una prescripción única. Las firmas han dado también dinero a la rama estadunidense de la organización, la cual, a diferencia de sus equivalentes en otras partes del mundo, no tiene reglas que prohíban tales donativos.

 

Eso pone a temblar a algunos en la sede de la OMS en Ginebra. Pero Voûte, de Nestlé, cree que la mayoría de las empresas de alimentos actúan de modo inapropiado. Los defensores de la salud quieren que las dietas cambien, y las empresas pueden ayudar. Respetamos que existen áreas donde hay conflictos de intereses, señala, pero hay otras en las que hay convergencia de intereses. En abril Nestlé y la Federación Internacional de Diabetes (FID) anunciaron que cooperarían en educación y prevención sobre diabetes. Este enfoque es una receta para más negocios como los de siempre, más obesidad y más diabetes, aseguraron el doctor Swinburn y otros 14 destacados académicos en la revista médica británica The Lancet. No se trata de tabaco, replica Ann Keeling, de la FID. Es algo que hicimos con mucha consideración.

 

La gran pregunta para la industria alimentaria es si puede continuar ganando dinero a la vez que recorta calorías. El primer informe de avance en la promesa de las compañías de retirar 1.5 billones de calorías de la dieta estadunidense deberá presentarse el año próximo. El evaluador, designado por una fundación independiente, es el doctor Popkin. Él juzgará qué productos se han vuelto más sanos, en qué proporción, y si los consumidores simplemente han cambiado de productos más nutritivos a otros menos sanos. Pero su definición de saludable no es la mía, advierte.

 

El doctor Popkin también se preocupa de que la industria cambie sus prácticas en países ricos, pero no en los pobres. Los refrescos de dieta constituyen 22% de las ventas de Coca-Cola por volumen en Europa y casi una tercera parte en EU, pero sólo 6% en América Latina. Otro informe que debe publicarse el año próximo podría arrojar cierta luz sobre esto. El Wellcome Trust y la Fundación Gates patrocinan un estudio sobre el papel de las empresas alimentarias en combatir el exceso de nutrición y la desnutrición en países ricos y pobres. Si resulta que las empresas han actuado con lentitud, los gobiernos tendrán mayor incentivo para tomar el asunto en sus manos.

 

Traducción de textos: Jorge Anaya

 

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A Grecia le falta por recaudar anualmente 28.000 millones de euros de impuestos. Esa cifra, casi equivalente a un 15% del PIB del país, se cita en un informe elaborado por un grupo de expertos de la Unión Europea y el FMI.

 

El problema se debe a la evasión impositiva por parte de los más ricos y los profesionales liberales como médicos y abogados, según dedujo la misión de acreedores que estuvo en Atenas entre octubre y noviembre de este año. Precisamente en sus conclusiones se fundamenta el informe.

 

Los observadores, recalca el documento, expresaron su preocupación por una débil campaña del Estado contra los evasores. Las autoridades nacionales efectuaron menos de la mitad de las auditorías previstas para este año. Así, hasta finales de septiembre el número de controles realizados sobre supuestos implicados equivalía a 440, comparado con una meta de 1.300 para todo el año.

 

Al mismo tiempo, la coalición gobernante en Atenas planea adoptar en enero próximo un código que aumente el gravamen impositivo sobre todas las capas de la población. Con su puesta en vigor se planea recolectar 2.000 millones de euros adicionales al año: una cifra importante, pero no comparable con los volúmenes de la evasión fiscal.

 

La semana pasada el FMI envió por segunda vez a las autoridades griegas la llamada 'lista de Lagarde' que contenía los nombres de unos 2.000 ciudadanos helenos con cuentas millonarias en una sucursal suiza del banco británico HSBC. En su primera edición la lista había sido compuesta por la actual dirigente del FMI en 2010, cuando desempeñaba como titular de Finanzas en Francia.

 

Según revela el periódico 'The Wall Street Journal', fuentes de la Fiscalía helena confirmaron que la pesquisa acerca de la lista se lleva a cabo y avisaron que sus primeras conclusiones serían presentadas en los próximos días. En los últimos dos meses en Grecia fueron detenidos algunos conocidos empresarios, sospechosos de evadir los impuestos.

 

25 DICIEMBRE 2012

 

Tomado de RT: (http://actualidad.rt.com/economia/view/82088-evasion-fiscal-mayor-problema-grecia-segun-ue-fmi)

 

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