Viernes, 18 Mayo 2012 06:51

El G-8 busca salir de la crisis

El G-8 busca salir de la crisis
Las ocho principales economías del mundo, nucleadas en el Grupo de los 8 (G-8), se verán las caras hoy y mañana en una cumbre que se llevará a cabo en la localidad norteamericana de Camp David, con la mirada puesta en la crisis de deuda de la Eurozona y con Washington en busca de consensuar una agenda de crecimiento. En el encuentro, convocado en la residencia presidencial ubicada a 100 kilómetros de Washington, el mandatario Barack Obama buscará presionar al gobierno alemán sobre la necesidad de impulsar el crecimiento económico en Europa, empeño en el que contará con el flamante presidente francés François Hollande. El cónclave entre los líderes de Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá, Japón y Rusia llega en un momento crítico para Europa y uno de sus objetivos centrales es buscar formas para evitar que la crisis de deuda en el Viejo Continente se desmadre.


Los problemas políticos y económicos de Grecia están minando la confianza en los 17 países que usan el euro. Los costos de endeudamiento están en alza para la mayoría de los gobiernos en situación delicada. Los ahorristas e inversores están sacando sus depósitos de una banca europea vista como cada vez más débil. El desempleo está por las nubes y la recesión golpea a casi la mitad de las naciones del euro, una tempestad que tiene en vilo a los mercados de todo el globo. En la previa de la cumbre, la canciller alemana, Angela Merkel, adoptó esta semana un tono más conciliador luego de defender a capa y espada el ajuste que su propio gobierno y el del antecesor conservador de Hollande, Nicolas Sarkozy, impusieron al resto de Europa como receta única para afrontar la crisis.


En una entrevista televisiva, Merkel se manifestó abierta a ayudar a estimular la economía de Grecia mientras el país cumpla con sus compromisos de reducir sus deudas, y luego lo reiteró al recibir a Hollande en Berlín hora después de su asunción. El flamante mandatario galo, que desde la campaña presidencial bregó por la necesidad de combinar austeridad y crecimiento, puede potenciar, en su primera cumbre, su punto de vista, a la luz de las necesidades de la economía norteamericana, condicionado por la situación económica en el Viejo Continente.


En la misma sintonía, la secretaria de Estado norteamericano, Hillary Clinton, señaló hoy a la prensa que Obama y su equipo económico “llevan tiempo advirtiendo sobre la necesidad de la austeridad”. Pero hizo hincapié en que asimismo “debe haber un esfuerzo bien pensado para estimular el crecimiento y crear puestos de trabajo, especialmente para los jóvenes”, informó la cadena CNN. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, aplaudió por su parte este nuevo enfoque que parece ir ganando consenso, aunque lentamente, entre los líderes europeos. “Se los está viendo hablar de un mejor equilibrio entre crecimiento y austeridad, lo cual significa una vía más gradual, más suave hacia restaurar la sustentabilidad fiscal”, dijo Geithner. El todavía incipiente cambio de rumbo parece mostrar que los gobernantes europeos empiezan a darse cuenta de que sus países no podrán volver a crecer en términos económicos si son obligados a focalizarse sólo en el ajuste y en la disminución del déficit. Geithner dijo que los países europeos podrían beneficiarse si invierten en obras públicas, como rutas, puentes, colegios.


En las conversaciones del fin de semana, que comenzarán hoy por la tarde con una cumbre económica y culminarán mañana, los líderes no europeos buscarán garantías de sus pares del Viejo Continente de que pueden contener los efectos de un eventual colapso bancario en Grecia, según analistas.
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Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense
El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.


La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.


Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.


Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.


La clase trabajadora


En los años 30’ del siglo pasado los trabajadores desempleados podían pensar que recuperarían sus puestos de trabajo. Actualmente, con un nivel de paro similar al existente durante la Depresión, es improbable, si la tendencia persiste, que un trabajador manufacturero vaya a recuperar el suyo. El cambio tuvo lugar hacia 1970 y obedece a muchas razones. Un factor clave, bien analizado por el historiador económico Robert Brenner, fue la caída del beneficio en el sector manufacturero. Pero también hubo otros. La reversión, por ejemplo, de varios siglos de industrialización y desarrollo. Por supuesto, la producción de manufacturas continuó del otro lado del océano, pero en perjuicio, y no en beneficio, de las personas trabajadoras. Junto a estos cambios, se produjo un desplazamiento significativo de la economía del ámbito productivo –de cosas que la gente necesitara o pudiera usar- al de la manipulación financiera. Fue entonces, en efecto, cuando la financiarización de la economía comenzó a extenderse.


Los bancos



Antes de 1970, los bancos eran bancos. Hacían lo que se espera que un banco haga en una economía capitalista: tomar fondos no utilizados de una cuenta bancaria, por ejemplo, y darles una finalidad potencialmente útil como ayudar a una familia a que se compre una casa o a que envíe a su hijo a la escuela. Esto cambió de forma dramática en los setenta. Hasta entonces, y desde la Gran Depresión, no había habido crisis financieras. Los años cincuenta y sesenta fueron un periodo de gran crecimiento, el más alto en la historia de los Estados Unidos y posiblemente en la historia económica. Y fue igualitario. Al quintil más bajo de la sociedad le fue tan bien como al más alto. Mucha gente accedió a formas de vida más razonables –de “clase media”, como se llamó aquí, de “clase trabajadora”, en otros países–. Los sesenta, por su parte, aceleraron el proceso. Tras una década un tanto sombría, el activismo de aquellos años civilizó el país de forma muchas veces duradera. Con la llegada de los setenta, se produjeron una serie de cambios abruptos y profundos: desindustrialización, deslocalización de la producción y un mayor protagonismo de las instituciones financieras, que crecieron enormemente. Yo diría que entre los años cincuenta y sesenta se produjo un fuerte desarrollo de lo que décadas después se conocería como economía de alta tecnología: computadores, Internet y revolución de las tecnologías de la información, que se desarrollaron sustancialmente en el sector estatal. Estos cambios generaron un círculo vicioso. Condujeron a una creciente concentración de riqueza en manos del sector financiero, pero no beneficiaron a la economía (más bien la perjudicaron, al igual que a la sociedad).


Política y dinero


La concentración de riqueza trajo consigo una mayor concentración de poder político. Y la concentración de poder político dio lugar a una legislación que intensificaría y aceleraría el ciclo. Esta legislación, bipartidista en lo esencial, comportó la introducción de nuevas políticas fiscales, así como de medidas desreguladoras del gobierno de las empresas. Junto a este proceso, se produjo un aumento importante del coste de las elecciones, lo que hundió aún más a los partidos políticos en los bolsillos del sector empresarial.


Los partidos, en realidad, comenzaron a degradarse por diferentes vías. Si una persona aspiraba a un puesto en el Congreso, como la presidencia de una comisión, lo normal era que lo obtuviera a partir de su experiencia y capacidad personal. En solo un par de años, tuvieron que comenzar a contribuir a los fondos del partido para lograrlo, un tema bien estudiado por gente como Tom Ferguson. Esto, como decía, aumentó la dependencia de los partidos del sector empresarial (y sobre todo, del sector financiero).


Este ciclo acabó con una tremenda concentración de riqueza, básicamente en manos del primer uno por ciento de la población. Mientras tanto, se abrió un período de estancamiento e incluso de decadencia para la mayoría de la gente. Algunos salieron adelante, pero a través de medios artificiales como la extensión de la jornada de trabajo, el recurso al crédito y al sobreendeudamiento o la apuesta por inversiones especulativas como las que condujeron a la reciente burbuja inmobiliaria. Muy pronto, la jornada laboral acabó por ser más larga en Estados Unidos que en países industrializados como Japón o que otros en Europa. Lo que se produjo, en definitiva, fue un período de estancamiento y de declive para la mayoría unido a una aguda concentración de riqueza. El sistema político comenzó así a disolverse.


Siempre ha existido una brecha entre la política institucional y la voluntad popular. Ahora, sin embargo, ha crecido de manera astronómica. Constatarlo no es difícil. Basta ver lo que está ocurriendo con el gran tema que ocupa a Washington: el déficit. El gran público, con razón, piensa que el déficit no es la cuestión principal. Y en verdad no lo es. La cuestión importante es la falta de empleo. Hay una comisión sobre el déficit pero no una sobre el desempleo. Por lo que respecta al déficit, el gran público tiene su posición. Las encuestas lo atestiguan. De forma clara, la gente apoya una mayor presión fiscal sobre los ricos, la reversión de la tendencia regresiva de estos años y la preservación de ciertas prestaciones sociales. Las conclusiones de la comisión sobre el déficit seguramente dirán lo contrario. El movimiento de ocupación podría proporcionar una base material para tratar de neutralizar este puñal que apunta al corazón del país.


Plutonomía y precariado


Para el grueso de la población –el 99%, según el movimiento Ocupemos– estos tiempos han sido especialmente duros, y la situación podría ir a peor. Podríamos asistir, de hecho, a un período de declive irreversible. Para el 1% -e incluso menos, el 0,1%- todo va bien. Son más ricos que nunca, más poderosos que nunca y controlan el sistema político, de espaldas a la mayoría. Si nada se lo impide, ¿por qué no continuar así?


Tomemos el caso de Citigroup. Durante décadas, ha sido uno de los bancos de inversión más corruptos. Sin embargo, ha sido rescatado una y otra vez con dinero de los contribuyentes. Primero con Reagan y ahora nuevamente. No incidiré aquí en el tema de la corrupción, pero es bastante alucinante. En 2005, Citigroup sacó unos folletos para inversores bajo el título: “Plutonomía: comprar lujo, explicar los desequilibrios globales”. Los folletos animaban a los inversores a colocar dinero en un “índice de plutonomía”. “El mundo –anunciaban- se está dividiendo en dos bloques: la plutonomía y el resto”.


La noción de plutonomía apela a los ricos, a los que compran bienes de lujo y todo lo que esto conlleva. Los folletos sugerían que la inclusión en el “índice de plutonomía” contribuiría a mejorar los rendimientos de los mercados financieros. El resto bien podía fastidiarse. No importaba. En realidad, no eran necesarios. Estaban allí para sostener a un Estado poderoso, que rescataría a los ricos en caso de que se metieran en problemas. Ahora, estos sectores suelen denominarse “precariado” –gente que vive una existencia precaria en la periferia de la sociedad–. Solo que cada vez es menos periférica. Se está volviendo una parte sustancial de la sociedad norteamericana y del mundo. Y los ricos no lo ven tan mal.


Por ejemplo, el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a ir al Congreso, durante la gestión de Clinton, a explicar las maravillas del gran modelo económico que tenía el honor de supervisar. Fue poco antes del estallido del crack en el que tuvo una responsabilidad clarísima. Todavía se le llamaba “San Alan” y los economistas profesionales no dudaban en describirlo como uno de los más grandes. Dijo que gran parte del éxito económico tenía que ver con la “creciente inseguridad laboral”. Si los trabajadores carecen de seguridad, si forman parte del precariado, si viven vidas precarias, renunciarán a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios o mejores prestaciones. Resultarán superfluos y será fácil librarse de ellos. Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Y era elogiado y enormemente admirado por ello.


La cosa, pues, está así: el mundo se está dividiendo en plutonomía y precariado –el 1 y el 99 por ciento, en la imagen propagada por el movimiento Ocupemos. No se trata de números exactos, pero la imagen es correcta. Ahora, es la plutonomía quien tiene la iniciativa y podría seguir siendo así. Si ocurre, la regresión histórica que comenzó en los años setenta del siglo pasado podría resultar irreversible. Todo indica que vamos en esa dirección. El movimiento Ocupemos es la primera y más grande reacción popular a esta ofensiva. Podría neutralizarla. Pero para ello es menester asumir que la lucha será larga y difícil. No se obtendrán victorias de la noche a la mañana. Hace falta crear estructuras nuevas, sostenibles, que ayuden a atravesar estos tiempos difíciles y a obtener triunfos mayores. Hay un sinnúmero de cosas, de hecho, que podrían hacerse.


Hacia un movimiento de ocupación de los trabajadores


Ya lo mencioné antes. En los años treinta del siglo pasado, las huelgas con ocupación de los lugares de trabajo eran unas de las acciones más efectivas del movimiento obrero. La razón era sencilla: se trataba del paso previo a la toma de las fábricas. En los años setenta, cuando el nuevo clima de contrarreforma comenzaba a instalarse, todavía pasaban cosas importantes. En 1977, por ejemplo, la empresa US Steel decidió cerrar una de sus sucursales en Youngstown, Ohio. En lugar de marcharse, simplemente, los trabajadores y la comunidad se propusieron unirse y comprarla a los propietarios para luego convertirla en una empresa autogestionada. No ganaron. Pero de haber conseguido el suficiente apoyo popular, probablemente lo habrían hecho. Gar Alperovitz y Staufhton Lynd, los abogados de los trabajadores, han analizado con detalle esta cuestión. Se trató, en suma, de una victoria parcial. Perdieron, pero generaron otras iniciativas. Esto explica que hoy, a lo largo de Ohio y de muchos otros sitios, hayan surgido cientos, quizás miles de empresas de propiedad comunitaria, no siempre pequeñas, que podrían convertirse en autogestionadas. Y esta sí es una buena base para una revolución real.


Algo similar pasó en la periferia de Boston hace aproximadamente un año. Una multinacional decidió cerrar una instalación rentable que producía manufacturas con alta tecnología. Evidentemente, para ellos no era lo suficientemente rentable. Los trabajadores y los sindicatos ofrecieron comprarla y gestionarla por sí mismos. La multinacional se negó, probablemente por consciencia de clase. Creo que no les hace ninguna gracia que este tipo de cosas pueda ocurrir. Si hubiera habido suficiente apoyo popular, algo similar al actual movimiento de ocupación de las calles, posiblemente habrían tenido éxito.


Y no es el único proceso de este tipo que está teniendo lugar. De hecho, se han producido algunos con una entidad mayor. No hace mucho, el presidente Barack Obama tomó el control estatal de la industria automotriz, la propiedad de la cual estaba básicamente en manos de una miríada de accionistas. Tenía varias posibilidades. Pero escogió esta: reflotarla con el objetivo de devolverla a sus dueños, o a un tipo similar de propiedad que mantuviera su estatus tradicional. Otra posibilidad era entregarla a los trabajadores, estableciendo las bases de un sistema industrial autogestionado que produjera cosas necesarias para la gente. Son muchas, de hecho, las cosas que necesitamos. Todos saben o deberían saber que los Estados Unidos tienen un enorme atraso en materia de transporte de alta velocidad. Es una cuestión seria, que no sólo afecta la manera en que la gente vive, sino también la economía. Tengo una historia personal al respecto. Hace unos meses, tuve que dar un par de charlas en Francia. Había que tomar un tren desde Avignon, al sur, hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, en París. La distancia es la misma que hay entre Washington DC y Boston. Tardé dos horas. No sé si han tomado el tren que va de Washington a Boston. Opera a la misma velocidad que hace sesenta años, cuando mi mujer y yo nos subimos por primera vez. Es un escándalo.


Nada impide hacer en los Estados Unidos lo que se hace en Europa. Existe la capacidad y una fuerza de trabajo cualificada. Haría falta algo más de apoyo popular, pero el impacto en la economía sería notable. El asunto, sin embargo, es aún más surrealista. Al tiempo que desechaba esta opción, la administración Obama envió a su secretario de transportes a España para conseguir contratos en materia de trenes de alta velocidad. Esto se podría haber hecho en el cinturón industrial del norte de los Estados Unidos, pero ha sido desmantelado. No son, pues, razones económicas las que impiden desarrollar un sistema ferroviario robusto. Son razones de clase, que reflejan la debilidad de la movilización popular.


Cambio climático y armas nucleares 


Hasta aquí me he limitado a las cuestiones domésticas, pero hay dos desarrollos peligrosos en el ámbito internacional, una suerte de sombra que planea sobre todo lo el análisis. Por primera vez en la historia de la humanidad, hay amenazas reales a la supervivencia digna de las especies.


Una de ellas nos ha estado rondando desde 1945. Es una especie de milagro que la hayamos sorteado. Es la amenaza de la guerra nuclear, de las armas nucleares. Aunque no se habla mucho de ello, esta amenaza no ha dejado de crecer con el gobierno actual y sus aliados. Y hay que hacer algo antes de que estemos en problemas serios.


La otra amenaza, por supuesto, es la catástrofe ambiental. Prácticamente todos los países en el mundo están tratando de hacer algo al respecto, aunque sea de manera vacilante. Los Estados Unidos también, pero para acelerar la amenaza. Son el único país de los grandes que no ha hecho nada constructivo para proteger el medio ambiente, que ni siquiera se ha subido al tren. Es más, en cierta medida, lo están empujando hacia atrás. Todo esto está ligado a la existencia de un gigantesco sistema de propaganda que el mundo de los negocios despliega con orgullo y desfachatez con el objetivo de convencer a la gente de que el cambio climático es una patraña de los progres “¿Por qué hacer caso a estos científicos?”.


Estamos viviendo una auténtica regresión a tiempos muy oscuros. Y no lo digo en broma. De hecho, si se piensa que esto está pasando en el país más poderoso y rico de la historia, la catástrofe parece inevitable. En una generación o dos, cualquier otra cosa de la que hablemos carecerá de importancia. Hay que hacer algo, pues, y hacerlo pronto, con dedicación y de manera sostenible. No será sencillo. Habrá, por descontado, obstáculos, dificultades, fracasos. Es más: si el espíritu surgido el año pasado, aquí y en otros rincones del mundo, no crece y consigue convertirse en una fuerza de peso en el mundo social y político, las posibilidades de un futuro digno no serán muy grandes.


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¿Hacia una nueva crisis del petróleo?
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén interrelacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos por lo que la crisis económica será global y vinculante.
 
Así, la obsesión paranoica de las multinacionales apátridas o corporaciones transnacionales, por maximizar los beneficios, debido al apetito insaciable de sus accionistas, al exigir incrementos constantes en los dividendos, les llevó a endeudarse peligrosamente, en aras del gigantismo, mediante OPAS hostiles e intensificar la política de deslocalización de empresas a países emergentes, en aras de reducir los costes de producción, dado el enorme diferencial en salarios y la ausencia de derechos laborales de los trabajadores.
 
Dichas políticas suicidas han tenido como consecuencia un severo impacto en los sectores del calzado y marroquinería, textil, equipamiento deportivo, electrodomésticos de baja y media gama e industria auxiliar del automóvil de los países desarrollados, la consiguiente inanición laboral y el retorno a tasas de paro desconocidas desde la II Guerra Mundial.
 
Por otra parte, el brutal incremento del consumo de materias primas y productos elaborados por parte de los países emergentes, (debido a sus espectaculares crecimientos de los PIB anuales en el último decenio coadyuvado por la intervención de los brokers especulativos), ha conllevado una espiral de aumentos de precios imposibles de asumir por las economías del Primer Mundo, (al no poder revertirlas en el precio final del producto dados sus altos costes de producción), y como consecuencia de lo anterior, se ha producido una sensible pérdida de su competitividad, estancamiento de sus exportaciones y aumento de los déficits por Cuenta Corriente y Deuda Externa ( según un sondeo de la agencia Reuters, los precios del petróleo se mantendrán por encima de 100 dólares por barril en el próximo año 2012, debido a que las preocupaciones por el suministro pesan más que los temores por el lento crecimiento económico mundial).
 
Además, la implantación por EEUU y la UE de medidas proteccionistas (fomento del consumo de productos nacionales), en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas ; subvenciones a la industria agroalimentaria para la instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados; elevación de los parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes ( tras una virulenta campaña de los medios occidentales para defender las etiquetas ECO y BIO como medida de proteccionismo encubierto), obligará a países emergentes como China e India a costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad.
 
Inicio del declive mundial en la producción del crudo: Según la Asociación para el Estudio del Petróleo y el Gas, (ASPO), la producción mundial de petróleo habría iniciado ya su declive, fenómeno que se explica por medio de los métodos de análisis del geólogo King Hubbert sobre la producción de petróleo de los Estados Unidos, método conocido como la “curva de Hubbert”. Hubbert, calculó en 1956 con extraordinaria precisión, la fecha en que los Estados Unidos no podrían producir más petróleo aunque se perforarán más pozos, proceso de disminución que continúa y provoca que Estados Unidos requiera importar cada año más petróleo.
 
Recordar que la producción actual de petróleo proviene en más de un 60% de campos maduros, (que tienen más de 25 años de ser explotados de manera intensiva) por lo que las nuevas prospecciones se realizan en regiones más remotas, con mayor coste productivo y menor rentabilidad, amenazando en muchas ocasiones a reservas y parques naturales y siendo el desfase entre el consumo mundial y los descubrimientos de nuevas explotaciones abismal, en una proporción de 4 a 1.
 
Además, según los expertos, el tiempo necesario para poner en marcha a pleno rendimiento un yacimiento es de alrededor de 6 años, por lo que cualquier descubrimiento no podrá entrar en operación hasta después del 2010 y a modo de ejemplo, los nuevos proyectos de infraestructura petrolera de extracción de crudo considerados como “grandes,” (aquellos de más de 500 millones de barriles), en Arabia Saudí para el 2012 son inexistentes y por su parte, la producción mexicana también llegó a su cénit en el 2010, pues el principal yacimiento de México es el Cantarell, (que genera las dos terceras partes de la producción mexicana) tiene fecha de caducidad , con los consiguientes efectos colaterales en los ingresos del Estado.
 
Continuación de la dependencia energética del petróleo: Según Edgar Ocampo, cada año, el mundo fagocita la mitad de las reservas de un país petrolero importante y las energías alternativas todavía necesitan enormes subsidios como para ser viables en los países en vías de desarrollo , lo que aunado con que la tecnología del hidrógeno (especie de piedra filosofal que resolverá los problemas energéticos de la Humanidad), es todavía incipiente y la inercia de los activos petroleros no permitirá que las grandes compañías abandonen su equipo e infraestructura actual, hará que la economía mundial siga gravitando sobre la dependencia del petróleo.
 
El gas se presenta como el único sustituto ante una presunta escasez de petróleo, pero este recurso también sigue el mismo camino de inestabilidad y su declinación es tan solo unos años después que la del petróleo, por lo que algunos países ya cuentan con reservas estratégicas de petróleo que destinan exclusivamente para uso en situaciones críticas para garantizar el consumo interno durante un par de meses, y otros ya están tomando tímidamente medidas de ahorro de energía.
 
Así, Barack Obama, anunció que el Gobierno norteamericano reducirá sus emisiones de gases con efecto invernadero un 28% para 2020 y de alcanzarse el objetivo fijado, supondría ahorrar 250 millones de barriles de petróleo para 2020 y en China, se habría fijado el Plan Energético Quinquenal como objetivo reducir la dependencia del carbón y del petróleo en el 2010, aunque según Greenpeace con un “insuficiente incremento de las energías renovables del 1%) , en un país donde el carbón cubre el 70% de las necesidades energéticas y si continúa la tendencia actual, la combustión actual de carbón se duplicará en 15 años.
 
En Rusia, según Reuters, la producción petrolera subió 1,2% en 2011 para alcanzar 10,27 millones de barriles por día (bpd) y el principal motor para el alza fue el nuevo campo petrolero Vankor, que desarrolla Rosneft, la mayor productora petrolera del país, y que alcanzó una meta de producción de 15 millones de toneladas (300.000 bpd) el año pasado y es la principal fuente de la exportación rusa por oleoducto a China por vía de la conexión Siberia - Océano Pacífico (ESPO), ( 300.000 bpd de petróleo a Daqing desde Skovorodino ), pero y a diversos estudios han advertido de que a finales de la primera década del Siglo XXI, este país, (que ha llegado a ser inclusive primer productor mundial de petróleo en periodos del año 2007) podría entrar en una situación de meseta y posterior declive por culpa de las tecnologías obsoletas y del agotamiento de los yacimientos.
 
En cuanto a Irán, posee, según los expertos, las terceras mayores reservas probadas del mundo de petróleo y gas tras Arabia Saudí e Irak, pero al parecer carece de la tecnología suficiente como para extraer el gas en los yacimientos más profundos. Además, la industria petrolera iraní necesita una urgente inversión multimillonaria pues corre el peligro de sufrir un deterioro irreversible y de acuerdo con el quinto plan quinquenal (2010-2015) puesto en marcha por el régimen, el Gobierno está obligado a invertir unos 155.000 millones de dólares para el desarrollo de la industria petrolera y gasística, pero el contencioso nuclear con EEUU y las posibles sanciones en forma de inanición financiera exterior podrían dejar obsoleto dicho plan.
 
Las exportaciones de crudo y productos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) hacia los Estados Unidos representan 38% del total de las compras que efectúa ese país y Venezuela aporta 21,6%, (1,5 millones bpd) y lo coloca en el segundo lugar como principal suplidor dentro de los miembros de la OPEP por razones de cercanía geográfica ( la navegación de los buques petroleros hacia ese país dura 5 días, a Europa son 14 días y al Lejano Oriente son 45 días lo que hace que los fletes sean prohibitivos ), pese a la disminución dramática que han vivido sus exportaciones globales ( según datos publicados por el Ministerio de Energía y Petróleo, las ventas del país retrocedieron en 6,3%, y se colocaron en 2,3 millones de barriles por día en el 2011).
 
¿Nueva crisis del petróleo?: La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), por su parte, mantiene sin cambios su pronóstico sobre la demanda mundial en el 2012, que cifra en 89,90 millones de barriles diarios (mbd) , pese a las incertidumbres que se ciernen sobre el mercado, con lo que la previsión del crecimiento de la demanda petrolera mundial en 2012 permanece así sin cambios en 0,9 mbd (un 1,30 % anual)", señala la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su informe mensual correspondiente a febrero del 2012.
 
Sin embargo, el estancamiento del precio del crudo en el bienio 2008-2010 ha imposibilitado a los países productores conseguir precios competitivos (rondando los 90 $) que permitirían la necesaria inversión en infraestructuras energéticas y búsqueda de nuevas explotaciones, por lo que no sería descartable un posible estrangulamiento de la producción mundial del crudo en el horizonte del 2.015, al concatenarse la recuperación económica de EEUU y la UE con factores geopolíticos desequilibrantes.
 
Así, Irán, el segundo mayor productor de la OPEP, podría tratar de impedir el tráfico a través del estratégico Estrecho de Ormuz si Estados Unidos recurre a la acción militar contra la República Islámica sobre su disputado programa nuclear y según estimaciones de la AIE (Agencia Internacional de la Energía), 13,4 millones de barriles por día (bpd) de crudo pasarían a través del estrecho canal en buques petroleros,(lo que representa casi el 40 por ciento del suministro de crudo que se comercializa mundialmente)..
 
Todo ello, originará presumiblemente una psicosis de desabastecimiento y el incremento espectacular del precio del crudo hasta niveles del 2008 ( rondando los 150 $) que tendrá su reflejo en un salvaje encarecimiento de los fletes de transporte y de los fertilizantes agrícolas, lo que, aunado con inusuales sequías e inundaciones en los tradicionales graneros mundiales y la consecuente aplicación de restricciones a la exportación de commodities de dichos países para asegurar su autoabastecimiento, terminará por producir el desabastecimiento de los mercados mundiales, el incremento de los precios hasta niveles estratosféricos y la consecuente crisis alimentaria mundial .
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Martes, 15 Mayo 2012 06:44

Krugman le da un mes

Krugman le da un mes

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman afirmó que Grecia abandonará el euro el mes próximo, situación que provocará una corrida bancaria en las principales entidades financieras de España e Italia. Incluso afirma que para evitar una quiebra generalizada de esas compañías, los Estados impondrán una suerte de corralito, limitando los retiros de efectivo y prohibiendo transferir depósitos al exterior. El economista estadounidense señaló además que, dependiendo de la decisión que tome Alemania, esta situación podría llevar al fin del euro en los próximos meses.
 

En un artículo publicado en su blog del diario The New York Times, con el titulo “Eurodämmerung”, Krugman describe cuatro fases de la crisis europea. En primer lugar, ubica la “salida griega del euro, muy posiblemente el próximo mes”. Según la secuencia que plantea, eso profundizaría aún más la crisis de confianza de los inversores, quienes comenzarían a retirar cuantiosas cantidades de dinero de los bancos italianos y españoles, llevándose ese dinero a Alemania.
 

La tercera fase contempla el establecimiento de “controles de facto” por parte de los Estados para evitar que los ahorristas saquen los fondos de los bancos y los fuguen del país. “Alternativamente o puede que al mismo tiempo, se producirán grandes inyecciones por parte del Banco Central Europeo con el fin de evitar el colapso de la banca”, agrega como alternativa para esa tercera etapa.
 

En este contexto, Krugman señala que Alemania tendrá que elegir entre aceptar los reclamos de España e Italia, y asumir un drástico cambio de estrategia que les proporcione garantías para rebajar los intereses de su deuda así como una mayor inflación que facilite el ajuste de precios, o aceptar el fin del euro.
 

El jueves 3 de mayo, Krugman también escribió un post en su blog referido a la Zona Euro, en el que afirmó que los países del bloque debían seguir el ejemplo brindado por Argentina. El detonante fue la publicación de un artículo en la revista Slate, propiedad del The Washington Post, donde el periodista Matthew Yglesias destaca el crecimiento económico y del empleo en Argentina a partir de la devaluación y recomienda a las autoridades de España, Grecia y Portugal que abandonen el euro para recuperar su soberanía económica en lugar de profundizar el ajuste. A partir de ello, Krugman ponderó las lecciones que ofrece Argentina y cuestionó la cobertura que la prensa internacional realiza sobre la situación del país.
 

La posibilidad de que Grecia abandone la Eurozona fue reconocida ayer por primera vez por el titular del Banco de Bélgica, Luc Coene, quien incluso sostuvo que sería posible llevar a cabo un divorcio amistoso. “Un divorcio nunca es algo bueno. Puedes hacer las cosas de una manera amable, pero pueden llegar a ponerse feas y difíciles. Supongo que un divorcio amistoso, si alguna vez fuera necesario, sería posible, pero aun así lo lamentaría”, afirmó Coene en una entrevista concedida al diario británico Financial Times.
 

El ministro de Finanzas de Alemania también evaluó abiertamente la posibilidad de que Grecia deje el euro. Cuando lo consultaron sobre el tema, el conservador Wolfgang Schaüble afirmó que Alemania se prepara para todos los escenarios posibles y luego afirmó que no se puede obligar a nadie a permanecer en la Zona Euro. La canciller alemana, Angela Merkel, afirmó, por su parte, que “es mejor para Grecia permanecer en la Zona Euro”, pero advirtió que la solidaridad acabará cuando los griegos incumplan sus compromisos de deuda, aunque al finalizar sostuvo que no cree que eso ocurra.
 

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Ultimátum de la eurozona: si Grecia no cumple “se va”

Bruselas, 14 de mayo. La zona euro intensificó la presión a Grecia, al advertirle que si no cumple con su programa de ajustes el camino que le queda es la salida de la unión monetaria, en una reunión de ministros de Finanzas en la que también se puso bajo la lupa la reforma bancaria de España.
 

“Una salida de Grecia sería un fracaso para todos”, advirtió el ministro de Finanzas español, Luis de Guindos, a su llegada a la reunión en Bruselas. Pero el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, fue más lejos y advirtió: “la pertenencia al club exige cumplir con las reglas del juego”.
 

El jefe del eurogrupo y primer ministro de Luxemburgo, Jean-Claude Juncker, matizó la presión sobre Grecia, al señalar: “reafirmamos nuestro compromiso con Atenas en la zona euro. Nadie ha mencionado una salida”, dijo en rueda de prensa.
 

“No me gusta el modo de tratar a Grecia mediante amenazas; así no merece ser tratada la sociedad griega”, añadió, en referencia a varios de sus socios que en los días recientes han hablado claramente de una salida de Atenas de la unión monetaria.
 

La mayoría de los líderes de la eurozona se alinearon detrás de la idea de que si Grecia no respeta escrupulosamente las condiciones del plan de rescate internacional, estén preparados para dejarla salir del euro, aunque esta decisión pueda desestabilizar todo el proyecto de moneda única.


“No sé qué más podríamos haber hecho en términos de negociaciones” con Grecia, señaló el ministro alemán de Finanzas y candidato a la cabeza del eurogrupo, Wolfgang Schauble, al descartar una flexibilidad en las reformas exigidas por Bruselas a cambio del rescate de la Unión Europea (UE).
 

“Lo mejor que Grecia podría hacer por su propia supervivencia y por la de la unión económica y monetaria en su situación actual es cuanto antes formar un gobierno y decir que va a cumplir con las obligaciones bajo las cuales se acordó un paquete de rescate”, sugirió García Margallo, que acudió al encuentro de ministros en Bruselas.
 

Pero “la pertenencia al euro implica una serie de obligaciones”, indicó el ministro español, cuyo país también está sometido a duras medidas de austeridad.
 

La decisión de la Comisión Europea el miércoles, de entregar a Grecia 4 mil 200 millones de euros en créditos en vez de los 5 mil 200 millones inicialmente previstos, ha sido interpretada como una advertencia lanzada por sus socios a Atenas, que depende de estas inyecciones de capital para evitar la insolvencia.
 

Este 15 de mayo, el país debe devolver 450 millones de euros de obligaciones que sus acreedores se negaron a canjear en una importante operación realizada en marzo.


Afp
 

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Primavera árabe, ¿invierno económico?

Crecientes disturbios en las calles y un empeoramiento de la contienda interna política amenazan con condenar a los estados árabes surgidos de la revolución a una magra cosecha económica. Si bien el débil clima mundial tampoco ha ayudado, los nuevos gobiernos, carentes de legitimidad y experiencia, han ofrecido políticas miopes e ineficaces. Los negocios operan en un limbo legal, los estímulos fiscales apresurados no han sido la panacea para el desempleo estructural y la desigualdad de ingresos, y el apoyo de donadores extranjeros ha tardado en materializarse o ha sido insuficiente. Así pues, ¿hacia dónde se dirigen Egipto, Túnez, Yemen y Libia, los cuatro países de la región que lograron derrocar a sus líderes por diversos métodos?
 

Egipto: dinero sangrante

Se puede decir que el cambio más dramático de fortuna ha sido evidente en Egipto. No hace mucho, EIU colocaba a ese país entre los llamados CIVETS (junto con Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica): una segunda fila de estados prometedores, después de los BRIC. No fuimos los únicos observadores en reconocer la promesa de Egipto: entre 2006 y 2010 la inversión extranjera directa en el país promedió unos 10 mil mdd al año; marcas tan destacadas (y diversas) como GlaxoSmithKline y Oracle apostaban al brillante futuro del Estado árabe más populoso.
 

Sin embargo, de 2011 a la fecha la situación de Egipto ha empeorado en forma dramática. Las cifras más recientes del banco central ilustran la magnitud del deterioro económico: en 2011 la balanza de pagos pasó de un pequeño superávit a un enorme déficit de 18 mil 300 mdd. El turismo internacional fue ahuyentado por las noticias de violencia y la economía se ha paralizado. El crecimiento real del PIB alcanzó un raquítico 0.3% anual en el primer semestre del año fiscal egipcio (1º de julio-31 de diciembre). En comparación, el crecimiento fue de 7% en promedio anual en 2006-08, e incluso logró mantenerse en alrededor de 5% en plena recesión global de 2009-10.
 

Entre tanto, cualquier semblanza de estrategia económica a largo plazo ha cedido el lugar a un frenético manejo de crisis. En los primeros seis meses de 2011/12 los gastos en subsidios se elevaron 42% y los salarios y prestaciones del sector público aumentaron 27%, con lo cual las de por sí frágiles finanzas del país cayeron aún más en números rojos. En consecuencia, las tasas de los bonos del tesoro egipcio se han elevado y, exacerbadas por el deterioro en la balanza de pagos, las reservas en divisas extranjeras se han desplomado (de 35 mil mdd en enero de 2011 a 15 mil mdd en marzo de este año).
 

En Túnez, que el año pasado tuvo una transición más estable que los otros tres países, el gobierno presentó en marzo un nuevo presupuesto para 2012 que fue 10.7% mayor que la versión expansiva que ya estaba en vigor. Entre otras cosas, proponía congelar el precio de alimentos selectos subsidiados, elevar la inversión en las regiones pobres del interior, construir 30 mil unidades de vivienda y crear 100 mil empleos (ambas cosas improbables). La proyección de ingresos este año ha crecido casi 22%, con base en muy dudosas presunciones de ganancias sobre una mayor recaudación fiscal, ventas de activos confiscados y privatizaciones.
 

En Yemen, el presupuesto para 2012 parece no tener casi ningún fundamento real. Aprobado en abril, el primer presupuesto del nuevo gobierno de coalición, luego de la partida del presidente Alí Abdalá Saleh (gobernante desde finales de la década de 1970), prevé un incremento de 45.6% en el gasto, que supuestamente se cubriría en parte con un salto en la producción petrolera de los 140 mil barriles diarios actuales a 300 mil. El gobierno también prevé un repunte en el ingreso no petrolero sobre una previsión de crecimiento real del PIB de 6.7% (la nuestra es de menos de 5%).
 

Dolores de transición

En Libia, un gasto presupuestal sin precedente se dirige sobre todo a proyectos de desarrollo y reconstrucción, prioridad incuestionable luego de la guerra civil del año pasado. Además, la producción petrolera se recupera con rapidez y los enormes activos extranjeros (estimados en 60 mil mdd) deben proporcionar el medio para cumplir esos compromisos de gasto. Sin embargo, el país ilustra otro de los problemas que afligen a los gobiernos de transición. Existe un gran trecho entre aprobar un presupuesto y ejercerlo en realidad. En Libia la brecha es especialmente ancha, pues el país está obstruido por una desordenada burocracia (herencia del gobierno de más de 40 años del coronel Kadafi), regiones indómitas llenas de milicias armadas, y un liderazgo transicional tan desorganizado que está considerando dar un voto de desconfianza al gobierno designado por él mismo.


La incertidumbre política y el caos burocrático causan problemas en otros lados. Yemen sigue en desorden, y el poder del gobierno está severamente limitado. En Egipto, se supone que el Supremo Consejo de las Fuerzas Armadas entregará responsabilidades el 30 de junio a una coalición encabezada por los Hermanos Musulmanes una vez que se realice la elección presidencial, a finales de mayo. Sin embargo, aún no se definen las facultades del presidente, y el constante jaloneo en el proceso de formar un comité constitucional hace prever que no habrá tiempo para completarlo antes de que el nuevo presidente asuma el poder. Con la futura división de poderes en el aire, es comprensible que el FMI titubee en proporcionar un préstamo vital de 3 mil 200 mdd al país, en especial cuando los dos mayores partidos en el parlamento se oponen a él.
 

A la luz de los riesgos y sacrificios que pasaron los pueblos para deponer a los dictadores, no es sorprendente la palpable decepción ante la falta de progreso en combatir la desigualdad social y mejorar los niveles de vida. De hecho, en los casos de Egipto, Túnez y Yemen calculamos que el PIB per cápita será menor al final de este año que antes de las revoluciones.
 

¿Un poco de ayuda?

De lo antes dicho resulta claro que Yemen, Túnez, Egipto y en menor extensión Libia necesitan más apoyo directo de donadores para pasar el periodo de transición. Hasta ahora, las cantidades ofrecidas han sido variables. Por un lado, Túnez ha salido relativamente bien, al recabar unos mil 400 mdd en ayuda extranjera y condonación de deuda en 2012. En contraste, las reservas extranjeras de Yemen han caído casi 50% desde su punto más alto, en 2008. Aparte de un préstamo de emergencia del FMI por 93 mdd, los donantes han sido lentos para ayudar (el gobierno espera que esto cambie con una conferencia internacional de donadores, a finales de mayo). La situación de Egipto es tal vez peor, pues sus reservas extranjeras han caído más de la mitad desde la revolución, su divisa está bajo presión y la confianza en su solvencia fiscal se debilita.
 

En todo caso, el dinero de donadores no será suficiente si los gobiernos siguen dilapidando. La primavera árabe ha disparado una reacción regional contra la liberalización económica, pero todos los estados donde ha habido revoluciones están mal equipados para dar a sus poblaciones el respiro económico que desean o –excepto Libia– no pueden permitirse ese lujo. En realidad, el dividendo económico tardará en materializarse.
 

El clima de inversión sigue siendo difícil. La revuelta política ha tenido un impacto significativo en las empresas, las ganancias del turismo y los empleos, lo que ha elevado las percepciones de riesgo de los inversionistas extranjeros. En conjunto, las empresas parecen haber adoptado la postura de esperar a ver qué sucede, lo cual se confirma con evidencias del mercado privado de seguros contra riesgos potenciales, el cual tiene muchas dificultades para vender cobertura en regímenes autoritarios al parecer estables. Dicho esto, los inversionistas deben regresar con rapidez una vez que mejore la estabilidad, dadas las grandes oportunidades de estos mercados, en particular en Egipto.
 

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

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“Se debe reconocer la contribución económica de las mujeres”
Es fundadora de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas y forma parte de la Comisión Internacional de La Vía Campesina. Página/12 la entrevistó en un encuentro feminista en Estambul. Aquí cuenta su particular historia de vida y cómo se abrió paso en un ámbito gremial profundamente machista. Su lucha por los derechos del campesinado y los de la mujer.


-¿A qué edad empezó a trabajar?

–A los 14 años me relacioné con el mundo del trabajo. A esa edad ya era la persona que abastecía la casa, porque mi padre murió y antes de morirse se había separado. Yo era la hija mayor de cinco hermanos y me tocó salir a trabajar. Pero antes de esa edad hacía trabajos de recolección. Vivíamos en un sector rural, rodeados de fundos y parcelas, en Los Espejos, que es la última estación de tren antes de llegar a Santiago. Y por eso se llama Los Espejos, porque la gente sacaba los espejos para arreglarse antes de llegar a la capital. Ahí hacíamos faenas de recolección. Partíamos con la corta de la haba, que era la primera, la arveja... En esos años había dos cosas que se conjugaban que eran importantes: tú recolectabas y después ibas a lo que llamábamos el rastrojo, a buscar lo que quedara en la plantación, porque ésa era la reserva de alimentos nuestra. En ese tiempo, había otras relaciones con los dueños de parcelas, que eran menores, no eran latifundios, eran fundos pequeños. El huerto una vez cosechado se abría para que la gente sacara lo que necesitaba. Eramos temporeros de afuera, porque íbamos en la temporada y de afuera del pueblo. Hoy en día, los temporeros tienen otra connotación. Son las trabajadoras que van a trabajar a las empresas frutícolas principalmente.


–¿Dónde nace su vocación por organizar mujeres?

–Pasé mi juventud en época muy conservadora, de mucho prejuicio. Recuerdo que empezaron a formarse los fan-clubs de los artistas juveniles. Como nosotras no podíamos participar de los fan-clubs, empezamos a formar los clubes de amigas, que en el fondo eran como la réplica femenina. No estábamos alrededor de un artista en especial, pero los adorábamos, los amábamos. Eramos niñas. Nosotras en los fan-club hacíamos caridad, asistencialismo, que es un mecanismo de dominación. Juntábamos ropa, íbamos a los hospitales, a las poblaciones más pobres. Y nosotras éramos muy pobres, tal vez más pobres que la población a la que íbamos a entregar la ropa. Creo que de ahí partí, no sé... Será que me gustó juntarme con mujeres, conversar de nuestros problemas.


–¿Terminó la escuela?

–Hice hasta el sexto de la primaria. Hasta ahí llegó mi paso por la escuela, después empecé a trabajar.


–¿Dónde empezó su militancia sindical?

–Después del campo me fui a trabajar a un casino, en Correos y Telégrafos. Ahí me vinculé con la gente del gremio de la alimentación. Me indicaron para que fuera al departamento juvenil de la CUT, Central Unica de Trabajadores. Y me mandaron a trabajar con las muchachas: era la encargada femenina. Nadie quería esa función. Meterse con mujeres era como retroceder. Eso era típico en el movimiento sindical. Sin embargo, a mí nunca me incomodó. Siempre estuve pensando qué hacer: seminarios, revistas, trabajar en el diario mural, organizar campamentos. Dentro del departamento juvenil también nacieron amores y me casé con quien era el encargado juvenil de la Confederación Campesina.


–¿Tuvieron hijos?

–Sí, y nietos. Somos a la antigua: ya llevamos 44 años de casados. Tengo dos hijos y una hija y cuatro nietos. Somos bien aclanados. Vivimos en el campo, tenemos una parcelita. Cada hijo se hizo su casa en una de las esquinas y mi hija vive conmigo. Ella dice que no se va a hacer casa, porque a ella le va a tocar cuidarnos, que ésa es su herencia.


–¿Cómo se relacionó con el movimiento de mujeres en Chile?

–La propia situación de dictadura hizo generar nuevos espacios y tener nuevos puntos de encuentro. Entonces hay una relación más profunda en el conjunto de las mujeres, que tiene que ver con esa búsqueda de nuestros hombres detenidos, con ese paso por las cárceles, en ese camino de solidaridad. Fueron los momentos duros.

(El recuerdo le pone los ojos vidriosos, al borde de las lágrimas. Se emociona.)


–¿Su esposo estuvo detenido durante la dictadura en Chile?

–Sí. Fueron esos momentos duros en los que perdías a tu amigo, tu compañero, tu compañera. Pero, sin embargo, encontrabas mucho más en el camino. De ahí surge el trabajo más de activista. Fueron los momentos en que nos decíamos que no teníamos miedo, pero en realidad teníamos que romper el miedo, los silencios impuestos. Fui creciendo así, a machetazos, como decimos nosotros. Siempre te da mucha pena recordar esos tiempos. Nosotros vivimos una época muy privilegiada. Eramos juventudes que construíamos, teníamos esperanza, participábamos políticamente. Había la posibilidad de que los trabajadores entraran a la universidad. Hubo muchas cosas que fueron muy importantes y que le dieron carácter a mi lucha. Eso no se pierde. La dictadura nos arrebató tanto, pero al mismo tiempo nos hizo madurar de golpe y porrazo, nos obligó a crecer.


–¿En esa búsqueda de los familiares presos durante la dictadura las mujeres rurales se encontraron con las mujeres urbanas?

–El vínculo se hizo ahí, en las búsquedas, en las esperas en las puertas de las cárceles, de los campos de concentración. Corríamos de un lugar a otro. Porque nos decían que allá podíamos encontrar... ya no era tu marido, tu hermano, era cualquiera.


–Usted cuenta que la organización campesina la armaron las esposas de los dirigentes. ¿Cómo fue ese proceso?

–En casi todas las organizaciones en tiempo de dictadura se fueron levantando los departamentos femeninos. Y esos departamentos femeninos fueron constituidos principalmente con las esposas de los dirigentes que estaban presos o desaparecidos. No teníamos nada más que perder, sino que buscar. Si uno piensa así fríamente nosotras fuimos más osadas. Muchas mujeres no tenían mucha noción de a lo que estaban expuestas. Nos mandaban a dejar cartas, un saludo. No iban ellos, íbamos nosotras. Y eso nos fue acerando, haciendo descubrir el mundo, ver que detrás de tu casa había otro mundo. Cuando en Chile hicimos el primer encuentro, en el año ’79, los compañeros nos pidieron a las esposas que invitáramos a las esposas de otros dirigentes que estaban en proceso de recomposición del movimiento. Nos dijeron que cuando querían hablar con ellos les decían que no podían participar porque tenían problemas con sus esposas porque tenían mucho miedo. Entonces, nos dieron una lista de compañeras y nos pidieron que las invitáramos. Y nosotras obedientemente organizamos el encuentro, pero no teníamos un peso. Y salimos a buscar plata. Empezamos a golpear puertas. Y ahí nos fuimos a hablar con mujeres feministas que estaban en las ONG. Y ellas nos entregaron el apoyo. Incluso, nos ayudaron a hacer los documentos. La verdad, en ese primer encuentro hablaban los hombres. Nosotras teníamos el discursito escrito para leerlo. Yo todavía me acuerdo que necesitaba afirmarme en una mesa para poder hablar sin caerme del susto. Y en la conversación con las compañeras nos dimos cuenta de que las mujeres no tenían miedo, que los que tenían miedo eran nuestros compañeros y se escudaban en nosotras. Había compañeras cuyos compañeros estaban presos y ellas contaban cuando llegaba la policía a buscarlas. Siempre me acuerdo de una compañera mapuche que contaba que le decían: “Te venimos a buscar porque dicen que tú eres comunista”. Y ella se paró en la puerta y les dijo: “Claro que soy comunista, y mis hijos serán comunistas y mis nietos serán comunistas”. Yo la miraba y pensaba: ¿cómo les habrá dicho eso con metralletas al frente? Entonces empecé a descubrir que no había miedo en las mujeres, había rabia; o había miedo y lo vencía la rabia. Y ahí acordamos hacer una Comisión de Mujeres, dentro de la Confederación Campesina, en el año ’79. Y fíjate que cuando salimos de ese primer encuentro ya no éramos las mismas, ya mirábamos a los compañeros de otra manera. Cuando nos decían: “Compañerita, por qué no va a dejar esta carta”, les decíamos: “Tú no vas porque tienes miedo”. Empezamos a enfrentarnos a sus miedos. No era tan terrible tener miedo. El problema era cómo vencíamos a los miedos.


–¿Cómo siguió el vínculo con el movimiento feminista?

–Estaba recién llegando el movimiento feminista. Nosotras íbamos a escuchar a las mujeres. De repente había cosas que no nos gustaban. Cuando volvíamos y comentábamos en la organización, nos decían: “Ustedes se van a dejar de juntarse con las feministas”. Y nosotras partíamos diciendo, “no”. Yo decía: “Mire, compañero, yo no soy feminista pero resulta que las prácticas que aquí hay no me gustan. Esta utilización de las compañeras... no estamos para servir el tecito, para hacer el almuerzo, llevar el café o ir a llevar las cartas, no estamos para firmar la declaración que ustedes escribieron”. Entonces empezamos a escribir nuestras propias declaraciones. Teníamos nuestras complicidades. Las compañeras feministas nos apoyaban, nos azuzaban y muchas veces nos hicieron las cartas, y nosotros las llevábamos y las defendíamos como si fueran nuestras. Hasta que aprendimos a hacerlas. Creo que fue clave en ese momento esa construcción que se fue haciendo y de verdad, es cierto, que ese feminismo de esa época en el continente está enquistado con el trabajo popular. Se crearon redes, grupos, en las poblaciones, hacíamos talleres. Nunca habíamos tenido esa mirada. El mirarnos a nosotras mismas, el mirarnos para adentro para poder tener una mirada hacia afuera. Pasaron muchos años. Ya después yo pasé a ser vicepresidenta de la organización, ocupé varios cargos, pero me sacaron del trabajo femenino porque me estaba volviendo muy feminista (se ríe). Y en un momento que llegué me encontré que me habían subido de cargo, o sea, yo tenía que sentirme muy feliz porque me habían sacado de ser la encargada femenina y me habían designado secretaria general y para hacerme cargo de las relaciones políticas. De acuerdo, compañero, ningún problema, les digo. Pero yo les quiero decir que de todas maneras yo voy a seguir trabajando con las mujeres porque es una opción mía. Si no es en la Confederación Campesina, voy a trabajar afuera. Me acuerdo de que el presidente se enojó mucho y dijo: “Ven, yo les decía: aunque saquemos a la Pancha, se las va a arreglar para estar con las mujeres”.


–¿Por qué les molestaba su trabajo con las mujeres?

–Porque era una organización de machitos. No había compañera que no llegara a la dirección que no tuviera que acostarse con los compañeros. Y eso se empezaba a comentar. Yo proponía a alguna compañera, y le decía al presidente: creo que la compañera es muy buena, tiene opinión. Y él me respondía: “Sí, pero se va de falda muy rápidamente”. Ese comentario a mí me indignaba. Entonces empecé a tomar como práctica decirle a cada compañera que llegaba: “Tu vida es tu vida, pero lo único que te voy a pedir es que no te enredes con los compañeros de acá. Porque los compañeros van contando, ésas son las estrellas que se van poniendo, cuántas de las dirigentes pueden conquistar. Nosotras somos sus conquistas. Y eso tenemos que pararlo”. En una reunión, el presidente me acusó de estar desprestigiándolos, diciéndoles a las compañeras que tuvieran cuidado con ellos. “Y por supuesto que sí, le dije, y lo voy a seguir haciendo porque no voy a soportar que acá se haga mofa de nuestras compañeras. “No hay caso, ésta está feminista”, me dijo. Entonces, fue ése el cartel que me pusieron. Y en función de eso fue que me quisieron sacar del trabajo con las mujeres. Y cuando me sacaron y me di cuenta fue que les dije que iba a trabajar con las mujeres, de todas formas. Porque soy feminista, le dije.


–¿Usted no se identificaba con el movimiento feminista en ese entonces?

–No. Muchas mujeres me querían convencer de que yo era feminista. Una vez en la Cumbre de Mujeres de Beijing le pregunté a una compañera del sur de Chile: “Dime, Josefina, ¿qué es ser feminista”. Ella me dijo con esta simpleza: “Yo soy militante del Partido Socialista. Si mi partido me pone condiciones y no asume el planteamiento de las mujeres, yo me voy de mi partido porque yo soy feminista”. La miré y le dije: “Ajá, entonces yo no soy feminista porque no me iría ni del partido ni de la organización”. Eso lo dije en ese momento, pero después me fui de la organización porque tuvimos muchas discusiones en el sentido de que todo el tiempo había objeciones para que las mujeres asumieran en la comisión directiva. Nunca teníamos más de dos compañeras. Esa era la cuota. Hicimos muchas estrategias. Incluso llegué a presidir la máxima organización de campesinos en Chile, la Comisión Nacional Campesina, pero lo hicimos por una estrategia nuestra para mostrarles a las compañeras que éramos capaces y que podíamos llegar a ser dirigentas de una organización. Varias veces se planteó que yo podía llegar a ser presidenta de la organización y los compañeros decían que el campesinado no estaba preparado para que lo dirigiera una mujer. Si en mi Confederación no podía, nos propusimos demostrar que el campesinado no iba a estar en problemas con que lo dirigiera una mujer. Cuando fui elegida presidenta de la Comisión Nacional Campesina nadie lo podía creer.


–¿En qué año fue?

–Alrededor del ’91, ’92 o ’93.


–¿Cuándo nace La Vía Campesina?

–La base de la gestación de los movimientos sociales a nivel mundial fue la “Campaña Continental 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular”, que hicimos desde 1989 a 1992, convocada por organizaciones campesino-indígenas de la Región Andina y el Movimiento Sin Tierra del Brasil. Yo había trabajado mucho en la campaña. Nosotros en América latina generamos un proceso desde los campesinos y los indígenas que nadie se lo podía imaginar. El primer encuentro se hizo en Colombia, el segundo en Guatemala y el tercero en Nicaragua. En el segundo encuentro invitamos a organizaciones de Europa. Llegaron los europeos, los españoles, a sumarse a esta campaña de resistencia. Y de ahí surgió el embrión. Como ya rompimos las barreras que teníamos y levantamos cabeza después de lo que significaba la caída del socialismo, en un congreso que se hizo en la UNAN (Universidad Nacional de Nicaragua) en Managua, los dirigentes que estaban ahí se dan el reto de crear una red global para enfrentar la globalización. Al año siguiente, en 1993, creamos la Vía Campesina en Mons, Bélgica, con unos 30 compañeros. De esos 30, éramos seis mujeres, de Bolivia, de Colombia, de Costa Rica, de Honduras, de México, y yo de Chile. Había otras seis mujeres de España, de Galicia, feministas, pero feministas-feministas. Y había una pugna muy grande con los compañeros de Europa, porque ellos decían que ésta no era una organización feminista. Inmediatamente nos conectamos con ellas. Y desde ese minuto empezamos a dar batalla en La Vía Campesina: miramos con lupa en los documentos, las declaraciones, para que quedara claro que nosotras habíamos sido parte de la fundación, que no era un ente que se constituía de hombres, de dirigentes.


–¿En esa primera instancia incluyeron la cuestión del lenguaje no sexista?

–Sí, ése fue el primer paso. “Nosotras y nosotros”, “las y los”. Nos decían que el lenguaje masculino era neutro. No, les decíamos, aquí no hay nada neutro. Somos nosotras y nosotros. Fue la primera pelea que dimos.


–¿Después pelearon por la paridad?

–Desde América latina. Se constituye La Vía Campesina y a los meses se conforma la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC). En el primer congreso de la CLOC hubo una comisión de mujeres. Allá fuimos las mujeres a discutir solas. Los compañeros abrían la puerta y miraban. Yo integraba de la Comisión Organizadora del Congreso. Ya había surgido la Bartolina Sisa, de Bolivia, la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas de República Dominicana –que fueron las dos organizaciones más antiguas–, pero se estaba constituyendo la Confederación de Mujeres en Honduras y había surgido el movimiento de mujeres campesinas en Brasil, ya con una connotación más feminista; estaban las Mujeres Mexicanas Organizadas en Redes. Había un temor frente al surgimiento de organizaciones exclusivamente de mujeres dentro del movimiento campesino. Nosotras ahí sacamos un primer acuerdo en el Congreso: que no había que tenerles miedo a las organizaciones de mujeres, muy por el contrario, había que considerar que las organizaciones de mujeres venían a fortalecer el movimiento, que traían nuevos elementos, hacíamos más participativa y democrática la organización. Y ese acuerdo quedó como acuerdo de Congreso. Ese acuerdo lo hemos utilizado mucho. Creo que no se dieron cuenta. Al segundo Congreso de la CLOC, que se hacía en Brasil –el primero fue en Perú– fuimos a pedir discriminación positiva para los cargos de conducción. Y nos miraron sorprendidos. ¿Qué vienen a pedir? ¿Cuál es el problema?, nos decían. “Si quieren son 50 y 50 por ciento”, respondieron. Salimos y nos miramos con la compañera de Brasil con la que habíamos ido a plantear el tema y dijimos: no entendieron nada. Pero nosotras no podemos perder esta oportunidad. Y acordamos que en la primera reunión de la Comisión Organizadora los países debían enviar a un hombre y a una mujer. A la primera reunión, llegamos tres mujeres: una de Brasil, una de Nicaragua –que también fue en representación del hombre y la mujer– y yo; los compañeros de Paraguay ni siquiera habían incluido a su compañera y cuando la incluyeron, no designaron a la encargada –porque ella tenía opinión y los criticaba– sino a una compañera que no hiciera problemas. Y recién ellos se dieron cuenta de que era el 50 por ciento cuando nosotras empezamos a reclamar que no estaban las mujeres. Incluso, un compañero argentino dijo, muy despectivamente, “¿Pero para qué quieren un 50 por ciento las mujeres, para ir a calentar asientos?”. Y nosotros les dijimos: “¿Y los hombres no calientan asientos? No sólo calientan asientos, compañeros, además se dan la gran vida, se ponen a tomar, al otro día llegan con el cuerpo malo, no saben ni qué se está discutiendo. Eso es peor que calentar asientos. Nosotras podemos estar calentando asientos, pero estamos con los oídos bien abiertos”. Trabajamos incansablemente. Ellos no creían que iba a ser así. No fuimos el 50 por ciento, fuimos el 43 por ciento, en el Congreso. Cuando vieron que esa avalancha se venía, nos llamaron y nos dijeron por qué no hacíamos una conferencia de mujeres.


–¿Aparte?

–Sí. Les dijimos que no, que una conferencia nos separa del congreso. Y decidimos hacer una asamblea en el marco del congreso de la CLOC. Primero nos vamos a juntar nosotras, vamos a discutir nuestros temas, y vamos a ir al Congreso con nuestros debates. Porque si no, nos van a hilar. Y nunca más hubo en los congresos una comisión de mujeres, nunca más. Nosotros tenemos nuestras asambleas previas. Hoy cada vez que la CLOC hace un congreso, y La Vía Campesina su conferencia, previamente se hace la asamblea de mujeres. Ahí acordamos las propuestas que queremos sacar del Congreso. De ahí nos vamos empoderadas a participar del Congreso.


–¿Cuál es la agenda de las mujeres campesinas?

–Que nunca más puede haber una reforma agraria sin que nosotras estemos incluidas. Es el derecho que a nosotras nos asiste a la tierra. La segunda cosa es el reconocimiento de nuestro rol importante en la agricultura como mujeres productoras, y no como apoyo ni ayuda. Y otro de los puntos importantes es reconocer nuestra contribución económica. Igualdad de oportunidades tenemos, el punto es ver cómo nos empoderamos para asumirlas. Estamos asumiendo la agenda del campo, que es de hombres y de mujeres. Lo que pasa es que en esa agenda nosotras tenemos que estar de igual a igual.

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La asamblea de accionistas de Bank of America y la Convención Nacional Demócrata: dos acontecimientos extraordinarios
Las asambleas de accionistas no suelen ser algo fuera de lo común, a menos que se trate del Bank of America, en cuyo caso podrían ser consideradas un 'acontecimiento extraordinario'. De hecho, así declaró la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte, a la asamblea de accionistas del banco que tuvo lugar allí esta semana. Bank of America es actualmente el segundo banco más grande de Estados Unidos (después de JP Morgan Chase) y ha declarado activos por más de 2 billones de dólares. Además, es el banco “demasiado grande para quebrar” que aparece en las pancartas del movimiento Occupy Wall Street, un banco excesivamente especulativo que lucra, entre otras cosas, con la actual crisis hipotecaria y con la explotación de carbón contaminante.


Carolina del Norte, un estado que apoyó a Barack Obama en 2008, es uno de los estados sumamente disputado entre demócratas y republicanos en estas elecciones presidenciales. Las actuales encuestas de opinión indican que cualquier partido podría ganar en este estado familiarmente conocido como el 'talón del alquitrán'. Los demócratas eligieron la localidad de Charlotte para realizar la Convención Nacional Demócrata este verano como forma de aumentar sus posibilidades de ganar allí. Para prepararse para el acontecimiento, el Concejo Municipal de la ciudad de Charlotte aprobó una enmienda del Código de la ciudad que permite al administrador de la misma declarar los denominados 'acontecimientos extraordinarios'. La ordenanza está claramente estructurada de modo de otorgarle facultades adicionales a la policía para detener, registrar y arrestar a personas que se encuentren dentro de la zona del 'acontecimiento extraordinario', delimitada arbitrariamente. La ordenanza dice en un fragmento: “Será ilegal que cualquier persona...posea, lleve, controle o tenga acceso inmediato, en forma voluntaria o deliberada, a cualquiera de las siguientes cosas”, a lo que sigue una larga lista de artículos como bufandas, bolsos, mochilas, maletines y bolsos térmicos.


Cientos de personas participaron en la pacífica y enérgica manifestación realizada el miércoles frente a la sede del Bank of America en Charlotte. El colorido despliegue de pancartas creativas fue apoyado por los activistas que participaban en la asamblea y que, por ser accionistas, tenían derecho a hacer uso de la palabra. George Goehl, de la organización National People’s Action, que estaba en la asamblea, le contó a CNN acerca de la reacción del presidente de Bank of America, Brian Moynihan: “Eramos decenas de activistas que teníamos derecho a hablar, sin embargo, Moynihan lo evitó, desvió la atención y se negó a permitirlo. Se lo notó incómodo durante toda la sesión”.


Muchos activistas expresaron su indignación ante el papel que desempeñó el banco en el negocio de las hipotecas de alto riesgo y en la crisis hipotecaria que éste contribuyó a provocar. Como parte de un acuerdo federal acerca del fraude hipotecario generalizado, Bank of America accedió a pagar 11.800 millones de dólares. Apenas dos días antes de la manifestación, el banco anunció que estaba contactando a los primeros 5.000 de un total de 200.000 clientes titulares de hipotecas que tienen derecho a la modificación de su préstamo. El monto total de su hipoteca posiblemente se disminuya en hasta un 30%.


La semana pasada, activistas de la organización Rainforest Action Network (Red de Acción en defensa de los Bosques Tropicales o RAN, por sus siglas en inglés) se treparon a 30 metros de altura para colgar una pancarta en el estadio Bank of America en Charlotte, donde está programado que el Presidente Obama realice su discurso de aceptación de la candidatura demócrata el 6 de septiembre. La pancarta decía “Bank of America” con la palabra “America” tachada y reemplazada por “carbón”, de modo tal de que se leyera “Banco del Carbón”. RAN es parte de una coalición más amplia que lucha contra la práctica destructiva de la minería de voladura de montaña. La directora ejecutiva de RAN, Rebecca Tarbotton, me dijo: “Bank of America es el principal financiador de la minería de voladura de montaña, que es realmente la peor forma de minería existente. Básicamente, para extraer el carbón hacen explotar la cima de las montañas en los Apalaches y destruyen los hogares de la gente y contaminan las fuentes de agua, y eso sucede antes de que el carbón llegue a las plantas, donde se quema y genera contaminación del aire en las ciudades y en todo nuestro país. La minería de voladura de montaña es el peligro al que nos exponemos por nuestra dependencia de los combustibles fósiles”.


La amplia coalición que se movilizó tanto dentro como fuera de la asamblea de accionistas es un acontecimiento fundamental en el resurgimiento de Occupy Wall Street, y asimismo presagia posibles enfrentamientos con la campaña de reelección de Obama.


Obama responde a la presión. Tomemos, por ejemplo, el tema del matrimonio igualitario. En 1996, cuando realizaba su campaña para ingresar al Senado del estado de Illinois, Obama escribió que apoyaba el matrimonio entre personas del mismo sexo. Durante su campaña de 2008, Obama, que era entonces Senador, declaró: “Creo que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer”. Esta semana le dijo a ABC News: “Es importante que reafirme que creo que las parejas del mismo sexo deberían poder casarse”.


Teniendo en cuenta el clima político, la decisión de Obama de apoyar el matrimonio igualitario es valiente, en particular apenas horas después de que los ciudadanos de Carolina del Norte votaran a favor de una enmienda constitucional que prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo en dicho estado. Obama, un antiguo líder comunitario, sin duda recuerda las palabras de Frederick Douglass: “El poder no otorga nada si no se lo presiona. Jamás lo hizo y jamás lo hará”. La comunidad LGTB se organizó y se hizo oír, y la posición del presidente cambió.


Quienes se manifestaron dentro y fuera de la asamblea de accionistas del Bank of America esta semana (propietarios que luchan para no perder sus casas, ambientalistas, activistas de Occupy Wall Street) tendrán en cuenta el cambio de postura del presidente. Están decididos a continuar su lucha durante la Convención Nacional Demócrata y harán que realmente sea un 'acontecimiento extraordinario'.


Publicado el 11 de mayo de 2012

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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Sábado, 12 Mayo 2012 05:32

Para la banca no hay ajuste

Para la banca no hay ajuste
Les ordenó elevar encajes y les ofreció 15 mil millones de euros, exactamente lo que recortó en Salud y Educación para sanear carteras “sanas”. Los préstamos son a cinco años y a una tasa del 10 por ciento.


El gobierno de Mariano Rajoy aprobó ayer un nuevo plan para evitar que quiebre el sistema financiero español, lo que incluye la inyección de cerca de 15 mil millones de euros de dinero público en forma de crédito en las entidades que tengan problemas para garantizar activos, una cifra similar al recorte en las áreas de Salud y Educación. “Sin absoluta certidumbre sobre la solvencia del sector bancario, la recuperación económica se hace mucho más difícil”, aseguró el ministro de Economía español, Luis de Guindos, al presentar la reforma financiera en conferencia de prensa tras el Consejo de Ministros.


La primera medida que anunció el gobierno español, en línea con las exigencias de la Unión Europea, fue la decisión de encargar a dos entidades independientes que hagan una evaluación general de la cartera crediticia de los bancos españoles, para aportar transparencia. La otra decisión fue la de elevar el colchón para cubrir los préstamos realizados al sector de la construcción e inmobiliario, plagado de activos tóxicos, y obligar a las entidades a separar estos productos en sociedades para gestionarlos y sacarlos al mercado antes de fin de año.


Tras una primera reforma, aprobada en febrero, que obligó a la banca a incrementar las provisiones de caudales para cubrir los activos tóxicos inmobiliarios, que movilizó 54 mil millones de euros, el Ejecutivo pide ahora un aumento de la cobertura de los productos sanos del sector, del 7 al 30 por ciento, lo que implica un esfuerzo de 30 mil millones de euros. De esta forma, explicó el ministro de Economía, el colchón para afrontar eventuales impagos crediticios de todo el sector se amplía hasta un 45 por ciento.


Los bancos tienen un mes para presentar un plan para cumplir con estos requisitos, y los que no puedan hacerlo podrán recibir ayuda pública a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). De Guindos insistió en que estas ayudas a los bancos “no son una inyección de fondos públicos” sino que se realizará a través de “préstamos”.


Según el responsable de Economía, lo que está haciendo el gobierno es poner recursos “a disponibilidad” de los bancos, a un tipo de interés del 10 por ciento, “que es superior a lo que paga el propio Estado por la emisión de este tipo de bonos al mismo plazo (cinco años) y que deberán ser reembolsados”. De Guindos subrayó que el plan no supondrá un gasto para los contribuyentes. Sin embargo, en el actual contexto de crisis y desconfianza sobre la solvencia del sistema financiero español, el gobierno no puede garantizar que los bancos reembolsarán todos estos préstamos.


En cuanto al dinero público que el Estado tiene previsto emplear en la banca, el ministro de Economía señaló que será “inferior a 15 mil millones de euros”, aunque dependerá de los planes de saneamiento que presenten las distintas entidades. Se trata de una cifra similar al dinero que el Ejecutivo del derechista Partido Popular (PP) recortó recientemente de los presupuestos de Salud y Educación, que se vieron mermados en 10 mil millones de euros, en el marco de la política de austeridad impulsada por Rajoy a exigencia de la UE, con el objetivo de reducir el elevado déficit público de España.


La toma de control esta semana por parte del Estado central de Bankia, la cuarta entidad del país y la que tiene mayores problemas de activos tóxicos, se llevó a cabo a través de la conversión en acciones de un préstamo de 4465 millones de euros que el FROB hizo a su matriz. El Ministerio de Economía explicó en un comunicado que el gobierno actuaba porque “consideraba improbable”, dada la situación de la entidad y del grupo, que se pudieran recuperar en el mercado las participaciones en el plazo de cinco años.


Tras defender la gestión del ex director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, al frente de la entidad, De Guindos indicó que Bankia “es hoy una entidad absolutamente solvente”, y que el nuevo equipo dirigido por José Ignacio Goirogoizarri presentará un “plan de viabilidad” tras el cual la entidad será “privatizada”.


Algunos economistas advirtieron que el gobierno no estaba “nacionalizando” Bankia sino cometiendo una estafa al salvar con dinero público a la banca para luego, una vez saneada, reprivatizarla. Las esperadas medidas para la banca se conocen el mismo día que Bruselas presentó una desoladora perspectiva económica para España, país que en el corto y mediano plazo deberá enfrentar una situación de aumento de desempleo y recesión, que impediría a Rajoy cumplir con los objetivos de déficit de los próximos dos años. Así lo afirmó el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Olli Rehn, quien ante esta situación pidió a España “más recortes” en el gasto público, concretamente en las regiones, y acciones decididas para la “recapitalización de la banca”.
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Viernes, 11 Mayo 2012 07:06

El club del ajuste busca socio

El club del ajuste busca socio

El club de los ortodoxos del ajuste y la autoridad, presidido por su operadora mayor, la canciller alemana Angela Merkel, le prepara un picante comité de recepción al presidente francés, el socialista François Hollande. El presidente electo ni siquiera asumió sus funciones –lo hará el martes 15 de este mes– y la ofensiva empezó con una avalancha de adversidades y un nutrido bombardeo desde varios ángulos. La crisis griega sacude a Europa, Alemania busca ahogar a París en sus intentos de introducir una dosis de crecimiento en la estrategia de austeridad dictada por Berlín y varios sectores de la industria nacional se preparan a decidir despidos masivos, que habían congelado hasta ahora esperando el resultado de las elecciones. Se respira un aire de fin de reino, con todos los ingredientes que acompañan esos momentos de la historia, donde un modelo llegó hasta lo más perverso y dañino de su propia contradicción.
 

Hollande rompió el consenso de la austeridad como único destino y ello le valió una furiosa ofensiva de parte de la canciller alemana, Angela Merkel. El repetido discurso sobre la austeridad y los ajustes como llave exclusiva para salir de la crisis voló en pedazos con la elección de Hollande. El objeto del antagonismo es el pacto fiscal adoptado por 25 de los 27 países de la Unión Europea, mediante el cual se introducen sanciones a los países que excedan los déficit y no sanen sus finanzas públicas, la famosa “regla de oro”. Pero ese texto acarrea ajustes y rigor. François Hollande no lo rechaza en su totalidad, pero pugna por la renegociación del tratado con la introducción de una dosis de crecimiento. Alemania dice que no habrá reactivación en Europa con dinero público: ajustar o morir, ese es el credo.
 

Angela Merkel volvió ayer al ataque. Hablando ante el Parlamento, la canciller alemana dijo: “El crecimiento mediante reformas estructurales es imperioso, importante y necesario. Pero fundar el crecimiento sobre el crédito no haría sino hacernos volver al principio de la crisis. Por esta razón no lo debemos hacer y no lo haremos”. París le responde en el mismo tono: Benoît Hamon, el portavoz del Partido Socialista, dijo ayer que “François Hollande no cambiará de posición por la simple y llana razón que tiene un mandato del pueblo francés”. Merkel y Hollande se encontrarán por primera vez el próximo 15 de mayo para evocar este tema que se ha vuelto una piedra incandescente entre los dos socios más poderosos de la Unión Europea. La ortodoxia liberal que Merkel llama “reformas estructurales”, es decir, liberalización del mercado de trabajo y cortes en el seguro de desempleo, choca con la línea socialdemócrata. El líder socialista empieza así su mandato bajo un aluvión de presiones y malas noticias. El Banco de Francia adelantó que Francia tendrá en el segundo trimestre de este año crecimiento de cero por ciento. La economía quedó estancada y, encima, con una deuda majestuosa. El famoso “estado de gracia” que acompaña a los dirigentes recién electos durante los primeros meses de su mandato es para Hollande un estado de desgracias sucesivas. No sólo hay que pararse ante Alemania, sino también conducir el timón de una Europa absorbida por el remolino de la crisis griega.
 

Como si fuera poco, los industriales están por lanzar una andanada de planes sociales que vendrán a complicar más la situación de un país al que Nicolas Sarkozy dejó con un desempleo cercano al 10 por ciento. General Motors anunció que estudia la venta de su planta de Estrasburgo (Este de Francia), donde trabajan 1000 personas. PSA Peugeot Citroën también contempla despedir personal. Los sindicatos revelaron a principios de la semana que el grupo de distribución Carrefour estaría por dejar afuera a 3500 empleados. Al mismo tiempo, el grupo aeronáutico Air France-KLM está por activar otro plan social, es decir, despidos, en el marco de un plan de economías por un monto de dos mil millones de euros. La combinación de la situación nacional, la confrontación con Alemania y la crisis griega es explosiva. Los mercados parecen apostar por la explosión de Grecia y la salida de este país del euro. Ello acarrearía una sucesión de terremotos de alta escala. Los tiempos han cambiado mucho. Hollande mantuvo el miércoles una reunión con Herman Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo. Los dos hombres se habían encontrado una vez, en mayo de 2011, en Bruselas. En comparación con lo que ocurre hoy, el entorno de Van Rompuy dijo que en ese momento las cosas pertenecían “a una época inocente”.

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