Las mujeres, la crisis y la poscrisis
Entre el 19 y el 23 de abril participé en Estambul en el Congreso Internacional de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo. Más de 2.500 mujeres activistas de diferentes países se dieron cita durante cuatro días para discutir y desafiar los obstáculos económicos, políticos, culturales y religiosos que, un poco por todas partes, siguen bloqueando la plena ciudadanía de las mujeres. Estábamos reunidos en Turquía, donde las mujeres no representan más del 25% de la fuerza de trabajo, la violencia contra las mujeres aumenta, el partido gobernante muestra muy poco entusiasmo por la igualdad de derechos de las mujeres y el primer ministro exhorta a las mujeres a tener por lo menos tres hijos. Además, el desagrado que este congreso causó a las autoridades hizo que muchas mujeres (por ejemplo, mozambiqueñas) vieran denegados sus visados.
 
El impacto de la crisis europea fue uno de los temas del congreso, pero se analizó en el marco más amplio de otras crisis que el mundo atraviesa. Las trayectorias de vida de las mujeres son muy diferentes en distintas partes del mundo, pero tienen algo en común (aunque los grados de intensidad varíen mucho). Incluso en tiempos de relativo desahogo social, siguen siendo víctimas de discriminaciones sociales, salariales, de discriminación en el acceso a la tierra o la propiedad, víctimas de acosos sexuales y de la violencia en el espacio doméstico y en el trabajo, del bloqueo del acceso a la esfera pública y a la actividad política. En tiempos de crisis, este sufrimiento injusto no sólo se mantiene, sino que se agrava. En los países del sur global, la crisis ecológica, del extractivismo de materias primas, alimentaria, por ejemplo, tiene especial incidencia en las mujeres africanas, asiáticas y latinoamericanas que tienen a su cargo la responsabilidad de buscar agua (cada vez más lejos, más escasa y contaminada), buena parte de las tareas agrícolas y la preparación de los alimentos. Siempre que hay guerra, mujeres, niños y niñas son las principales víctimas inocentes. Siempre que surgen movimientos de resistencia, ellas están en el frente de lucha.
 
En los países del norte global, la reciente crisis financiera está afectando a las mujeres de múltiples maneras, algunas poco visibles. A menudo, sin darse cuenta, los impactos de la crisis aproximan sus experiencias de vida a las de las mujeres del sur global. Incluso cuando no son las primeras despedidas, las mujeres tienen que redoblar esfuerzos trabajando en otras actividades remuneradas, infrarremuneradas o no pagadas para mantener el presupuesto familiar por encima de la asfixia: limpieza, costura, impartición de clases, cocina y alimentación de terceros, cuidado de niños, actividades de artesanía, agricultura de terraza, etc.
 
Por otro lado, los costes sociales y psicológicos de la crisis en el bienestar y la salud de las familias recaen principalmente sobre las mujeres. Exigen de ellas un esfuerzo adicional en un área de la economía que los economistas convencionales nunca han reconocido y sin la cual las sociedades no pueden subsistir: la economía del cuidado. Se trata de un vasto conjunto de trabajo no remunerado que atiende a los niños y a las personas mayores de la familia; que lidia con la depresión o agresividad (o ambas) del compañero estresado por el empleo o la falta del mismo; que atiende las necesidades de los hijos casados, ahora necesitados de algunas comidas decentes por semana o del apoyo de la familia (casi siempre eufemismo de madre) durante el tiempo libre que los hijos antes pasaban en las actividades extraescolares, el ballet, el tenis, etc. Pero no olvidemos que la economía del cuidado puede circular en dos sentidos, de padres a hijos y de hijos a padres y que el verdadero colapso social se produce cuando ya no es posible en ninguno de los sentidos. A esta economía del cuidado también la llamamos sociedad del bienestar, porque, por ejemplo, en Portugal siempre tuvo que llenar las importantes lagunas del Estado de bienestar que, contrariamente a lo que proclama la derecha, siempre ha sido débil y se ha apoyado en la protección social a cargo de las familias. Uno de los efectos perversos de la crisis es atrapar a las mujeres en el trabajo no remunerado, apelando a las virtudes tradicionales del rol de “ama de casa”.
 
Las mujeres, que soportan un fardo desigual cuando la austeridad impuesta por el neoliberalismo recae sobre las familias, saben bien que la solución es luchar por otro modelo económico que elimine las causas del fardo: reducción drástica de los presupuestos militares; reconocimiento público de las “otras economías” orientadas por las lógicas del don, la reciprocidad y la solidaridad, así como de las economías consideradas informales (a pesar de que ocupan la mayor parte de la actividad económica en muchos países), donde las mujeres tienen un protagonismo indiscutible; servicios públicos eficientes; fiscalidad progresiva; derechos de ciudadanía eficaces, incluyendo los derechos sexuales y reproductivos, que liberen a las mujeres del yugo del sexismo y del fundamentalismo religioso (católico o musulmán).


*Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra (Portugal).

Por Boaventura de Sousa Santos. Visão <www.visao.sapo.pt>
 
Traducido por Antoni Jesús Aguiló
3 de mayo 2012
Fuente: http://visao.sapo.pt/gen.pl?sid=vs.sections/23424&mid1=vs.menus/255
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“En Chile hay una larga continuidad del modelo neoliberal”
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrías decirnos sobre eso?

–Uno podría decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompía con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habían existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creían que ese modelo anterior no permitía un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los ’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio político muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habían hecho durante el período de la dictadura –que podríamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existían en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros países de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.


–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?

–La Concertación consideró que los cambios que había prometido no podían realizarse porque se corría el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que había instalado la dictadura. Eso seguramente es así, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habían llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podía dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habían realizado. Thatcher, Reagan, habían llevado a Europa a este modelo neoliberal. En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en día tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con límites.


–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componían la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenían en aquel momento. ¿Qué podría decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?

–En Chile, los principales actores políticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro político demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes políticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adhería fielmente a la URSS y el otro adhería en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe. Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenía mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no había querido realizar en el período de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habían insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con políticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales. A eso yo le llamé transformismo. No sé si usaría el concepto hoy en día, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existía antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy día no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha había evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crítica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con políticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquí el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos días, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vías democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás. Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su política durante mucho tiempo. Optimismo que incluso teníamos en el período de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en día no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.


–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario político, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.

–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho. Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podría pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que había estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios. A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos políticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los líderes son voceros y no pueden por sí mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavía no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente. Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha típico que olvida este intento que tenía de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con políticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no había realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica políticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.


–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podría haber articulado un espacio político-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonía con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarían este distanciamiento de la escena política. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco Enríquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrían contribuir a una confluencia de nuevo tipo...?

–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavía en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos políticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos políticos en Chile. Aquí siempre ha sido muy difícil. Las protestas del año ’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos políticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria. En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difícil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crítica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difícil que logren presentarse como alternativas políticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavía no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenía y que fue derrotado por Piñera. En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavía grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores políticos que están en acción, aunque sí se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última política conocida de ellos, que era la “política de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una política de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la política aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.


–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio García ha diferenciado entre procesos más radicalizados en países que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el Pacífico, y países con una burguesía más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podría destacar que puede llegar a constituirse?

–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del ’60, que añadían aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo así. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un país que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles. La política exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del Pacífico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podría decirse que se parece a aquellos países sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos países reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sí, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino. Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crítico.

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En ciernes, una nueva crisis económica global
El peligro más grande para la economía mundial está de vuelta, advirtió el Consejo del Siglo XXI, el cual funge como complemento no estadista del G-20 y está integrado por ex mandatarios, empresarios y académicos, que se reunieron este fin de semana en la ciudad de México.


El documento de conclusiones sobre el papel de G-20, presentado previamente ayer domingo al presidente Felipe Calderón, quien encabeza la presidencia anual del grupo, define seis puntos en los que se hace énfasis en una regulación financiera global coordinada.


En el documento se plantea que este escenario se debe a dos factores: la reincidencia de la renacionalización de los asuntos globales y la incapacidad de coordinar políticas macroeconómicas.


En particular recomienda reforzar el Consejo de Estabilidad Financiera (órgano colegiado para establecer medidas financieras) para evitar otro fracaso del sistema bancario mundial. “Como está ahora, los países van cada uno por su propio camino con sus propias normas, con una clara falta de coordinación, lo que abre las puertas al arbitraje regulatorio o a una crisis crediticia masiva”, advierte el análisis.


La falta de estrategias comunes, donde no hay una política común de crecimiento, está provocando retrocesos, que junto con la incapacidad de coordinar políticas macroeconómicas incitan a una nueva crisis, alertó.


El Consejo del Siglo XXI afirma que Europa se enfrenta al dilema: desintegración y unión más débil, o avanzar hacia una unión fiscal y económica más sólida.


Felipe González, ex jefe de gobierno de España, dijo que en Europa impera un sentimiento de sufrimiento y frustración, pero se debe lograr mayor equilibrio entre el requisito de austeridad y las políticas que estimulen el crecimiento a corto plazo. González aseguró que Europa debe aprender de América Latina, que después de los desequilibrios pasados obtuvo 20 masters en manejo de crisis.


En segundo término, el documento destaca que la ausencia de un marco global sobre el cambio climático y los precios del carbono estancan el despegue de la economía de energía limpia. “Esto debería de ser un tema de alta prioridad para el G-20”, sostiene.


Señala que el retiro progresivo de los subsidios a los combustibles fósiles va a liberar recursos para financiar la investigación y desarrollo para todas las formas de energía renovable y eliminará la necesidad de subsidios excesivos a las energías no renovables.


En el tercer punto demanda redefininir cómo medir el comercio global. “Una tarea fundamental para el G-20 es un llamado a la Organización Mundial de Comercio (OMC) para redefinir la forma en que las cuentas comerciales son calculadas de modo que reflejen la realidad del mundo de hoy”.


En otro aspecto se pidió al G-20 reafirmar el compromiso de alcanzar la educación universal para todos los niños en 2015, por lo que los gobiernos del mundo deben unirse para renovar la asociación Educación para Todos, así como crear un Fondo Mundial para la Educación.


También se pidió hacer más efectivo el trabajo del G-20, por lo que se recomendó no construir una gran estructura burocrática de gobernabilidad en el grupo.


En el sexto inciso se reiteró que el G-20 es el principal foro donde los países pueden buscar soluciones globales a problemas globales. “En nuestro mundo interdependiente de identidades plurales, debemos basarnos en la convergencia de intereses para crear una nueva comunidad que funcione para todos”, afirma.


En la presentación de las conclusiones estuvieron presentes Felipe González, ex jefe del gobierno español; Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil; Nicolas Berggruen, presidente del instituto que lleva su nombre; Laura Tyson, investigadora de la Universidad de Berkeley y asesora del ex presidente Bill Clinton; Eric Schmidt, ex presidente de Google; Shaukat Aziz, ex primer ministro de Pakistán; George Yeo, ex miembro del Parlamento de Singapur, y Juan Luis Cebrián, presidente del diario español El País.


En esta reunión el gran ausente fue el ex presidente Ernesto Zedillo, quien no llegó a México. La versión fue que las cenizas del Popocatepetl impidieron aterrizar el avión en que viajaba Zedillo Ponce de León procedente de Nueva York, por lo que sólo envió un mensaje escrito.


En la conferencia de prensa, Felipe González fue quien tuvo mayor participación. Resaltó que Europa requiere gobiernos que enfrenten la austeridad extrema que ha propuesto la canciller alemana Angela Merkel, además de que “Europa hace poco y llega tarde” para solucionar la crisis.

Al referirse al caso de España, señaló que aun asumiendo todas las reformas que propone el gobierno de Mariano Rajoy, sólo se acercará a 20 por ciento de la solución de la crisis. “Es un disparate la política de austeridad europea”, declaró González, y vaticinó que “las heridas políticas que se están generando (en Europa) van a tardar mucho en sanar”.


El ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, comentó que en las reuniones privadas de los últimos dos días y medio se destacó que el combate a la pobreza no debe ser una cuestión técnica, sino moral.

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Lunes, 07 Mayo 2012 07:10

La disputa por la hegemonía

La disputa por la hegemonía
La crisis económica global es el resultado de políticas erradas que derivan de ideas fallidas. A grandes rasgos, existen tres lecturas diferentes de la crisis. La primera es el núcleo duro de la posición neoliberal, que puede ser etiquetada como la “hipótesis del fracaso del gobierno”. En Estados Unidos esta postura está identificada con el Partido Republicano y la Escuela de Economía de Chicago. La segunda perspectiva, una visión neoliberal más liviana, es denominada como la “hipótesis del fracaso del mercado”. Esta posición amalgama a la administración Obama, a medio Partido Demócrata y al Departamento de Economía del MIT. En Europa se identifica con los políticos de la Tercera Vía. La tercera perspectiva es una visión progresista que calificamos como la “hipótesis de destrucción de la prosperidad generalizada”. Se identifica con la otra mitad del Partido Demócrata y el movimiento sindical, pero no tiene bancada en las principales universidades debido a la represión de alternativas a la teoría ortodoxa.


La “hipótesis del fracaso del gobierno” sostiene que la crisis tiene sus raíces en la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos, en el fracaso de las políticas monetarias y en la intervención del gobierno en ese mercado. En relación con las políticas monetarias, argumentan que la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés muy bajas durante mucho tiempo en la recesión anterior. Mientras tanto, la intervención del gobierno hizo subir los precios al impulsar la compra de propiedades más allá de las posibilidades de esos individuos. Para este núcleo duro, la crisis es un fenómeno esencialmente norteamericano.


La postura neoliberal más liviana argumenta que la crisis sucedió por la mala regulación financiera que permitió a los bancos tomar mucho riesgo y facilitó demasiado la desregulación y autorregulación. Estos errores contribuyeron a la mala asignación de recursos financieros. Esta visión es más global pero ve la crisis como un fenómeno esencialmente financiero.


El argumento de la “destrucción de la prosperidad compartida” considera que la raíz de la crisis está en el paradigma económico neoliberal que guió la política económica durante los últimos 30 años. Si bien Estados Unidos fue el epicentro de la crisis, todo el mundo está implicado, ya que adoptaron el mismo paradigma, donde la mala regulación financiera fue un elemento más.


El paradigma neoliberal se adoptó hacia fines los años 70. Entre 1945-1975, la economía de Estados Unidos estuvo caracterizada por un “círculo virtuoso” keynesiano donde los aumentos de productividad impulsaban al alza los salarios que, a su vez, impactaba en la demanda y el empleo. Ese escenario incentivaba la inversión que generaba mayores aumentos de productividad y permitía mejores salarios. Con modificaciones locales el mismo modelo se aplicó en Europa occidental, Canadá, Japón, Brasil y Argentina. Después de 1980 ese modelo keynesiano se reemplazó por un nuevo modelo de crecimiento neoliberal. Antes de 1980, los salarios eran el motor del crecimiento de la demanda; después de 1980, el endeudamiento y la inflación de los activos financieros se convirtieron en el motor.


El nuevo modelo puede ser presentado como una caja de políticas neoliberales que encierra a los trabajadores para presionarlos por todos lados. La globalización corporativa pone a los trabajadores en una competencia internacional a través de redes de producción que están respaldadas por los acuerdos de libre comercio y la movilidad de capital. La agenda de los gobiernos “pequeños” atacó la legitimidad de la intervención estatal y promovió la desregulación sin importar las consecuencias. La flexibilización laboral golpeó a los sindicatos y a los instrumentos como el salario mínimo, el seguro de desempleo y la protección laboral. Finalmente, el abandono del objetivo de pleno empleo generó inseguridad laboral y debilitó el poder de los trabajadores.


Este modelo se implementó en todo el mundo multiplicando su impacto. Eso explica la importancia del Consenso de Washington que fue impuesto en América latina, Africa y los antiguos países comunistas por el FMI y el Banco Mundial al condicionar el financiamiento a la aplicación de las políticas neoliberales.


Las tres visiones de la crisis ponen en evidencia qué está en juego, en tanto cada una recomienda una respuesta distinta. Para los neoliberales más duros, la salida reside en duplicar la apuesta con mayor desregulación financiera y laboral, profundizar la independencia de los bancos centrales y su compromiso exclusivo con una baja inflación, y limitar más el rol del Estado a través de la austeridad fiscal. La visión blanda del neoliberalismo recomienda endurecer la regulación financiera pero preservan el resto del paradigma de políticas ortodoxas.


Para los defensores de la “hipótesis de la destrucción de la prosperidad generalizada” la respuesta necesaria es otra. El desafío es desplazar al paradigma neoliberal y reemplazarlo por otro “keynesiano estructural” que restablezca el círculo virtuoso. El objetivo es sacar a los trabajadores de la caja neoliberal opresiva y poner allí a las corporaciones y los mercados financieros para que sirvan al interés público. Eso implica reemplazar la globalización corporativa por una globalización administrada donde existan altos estándares laborales, coordinación de tipos de cambio y controles de capitales; recuperar el objetivo de pleno empleo y reemplazar la flexibilidad laboral con una agenda solidaria del mercado de trabajo donde exista un balanceado poder de negociación, salarios mínimos adecuados, seguro de desempleo y respeto de los derechos laborales. Una agenda social democrática significa que el gobierno asegure la provisión de redes de contención y las necesidades básicas como salud, educación y jubilaciones.


El punto central es que cada una de las perspectivas posee sus propias prescripciones de política económica. Por lo tanto, la explicación que prevalezca será determinante y ubica a la economía en el centro de la puja política. Por ahora, la profesión económica se divide entre el núcleo duro neoliberal y la visión más liviana de esas ideas. Sin embargo, eso puede modificarse con la presión de una dura realidad que produce una demanda masiva de cambio, como sucedió en la Gran Depresión, que ofreció el punto de partida para la economía keynesiana. La única certeza es que el cambio será duramente resistido ya que las elites y los economistas ortodoxos están interesados en preservar la primacía del paradigma dominante.

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Domingo, 06 Mayo 2012 05:51

Europa avista un cambio de rumbo

Europa avista un cambio de rumbo
Una crónica sobre Europa publicada unas horas antes de las elecciones en Francia y Grecia, dos países clave del continente por distintas razones, tiene que ser por fuerza una especie de remiendo de aquel maravilloso poema de Kipling. Si pasa esto, si sucede esto otro, si los pronósticos se cumplen: todo conduce irremediablemente hacia el condicional, todo está pendiente de que el guión se cumpla. Y aun así el viento ha cambiado, y ese cambio es irreversible, cruce quien cruce las puertas del Elíseo, gane quien gane en Atenas. A la espera del dictamen de las urnas en Francia, segunda potencia europea y tradicional contrapeso de Alemania, y en Grecia, origen y estación de destino de esta crisis desmesurada y proteica, ese giro se sustenta sobre un doble eje. Uno: la política alemana del rigor fiscal a ultranza ha puesto a Europa al límite; el renovado impulso político de Francia y la tozudez de los hechos (con media Europa en recesión) obligan a Berlín y Bruselas a modificar el credo tras dos largos años predicando la bondad de los recortes. Y dos: el péndulo político empieza a oscilar. La izquierda llama a la puerta, aunque solo sea por el implacable castigo de la crisis sobre los partidos que gobiernan, con un electorado escarmentado por la sobredosis de tijera.


Pensar en el futuro de Europa sin la socialdemocracia es como hablar de Hamlet sin el Príncipe; del Quijote sin Sancho. Pero pensar en el presente es fácil. Solo cinco países europeos (Dinamarca, Austria, Bélgica, Eslovenia y Chipre, apenas el 5% de la población del continente) están gobernados por la izquierda, que ha perdido tres de cada cuatro elecciones desde que empezó la crisis: cosecha 19 derrotas desde 2007, nada menos. Si el candidato socialista, François Hollande, confirma mañana en las urnas lo que dicen las encuestas, “veremos el inicio de un cambio de ciclo en Europa, que después deberán confirmar Holanda, Italia y, en otoño de 2013, Alemania”, asegura el vicepresidente de la Comisión y ex secretario general del PSOE, Joaquín Almunia. Ese nuevo ciclo arrancó ayer con la derrota de los conservadores en las municipales británicas.


Los favorables pronósticos para la izquierda y esa nueva brisa europea que empuja al continente a completar la necesaria austeridad con políticas de estímulo pueden verse como dos caras de la misma moneda. Charles Kupchan, investigador del Consejo de Relaciones Exteriores —uno de los institutos más influyentes del mundo—, explica que Francia y Hollande han sido catalizadores de esa doble hélice: “Por un lado se atisba esa venganza de la izquierda, aunque solo sea porque la crisis seguirá tumbando Gobiernos y la gran mayoría de Europa está liderada ahora por partidos conservadores.

 
Pero lo más importante es que buena parte de ese viraje va más allá de la ideología. Veremos a Gobiernos como los de España y Reino Unido aliarse contra las políticas que ha impuesto Alemania, con ese acento tan marcado por la austeridad que de momento no da resultados”. Pero atención: “Puede que las consignas miopes relacionen las políticas de crecimiento con la izquierda y la austeridad con la derecha, pero en los últimos años se ha demostrado que esas fronteras son difusas. La derecha va a tratar de arrebatar a la izquierda esa bandera, como ha hecho con otras. Incluso si repite Nicolas Sarkozy esa nueva política económica no tiene marcha atrás”, avisa Kupchan desde Washington.

 
En las últimas semanas se ha instalado en Bruselas y en algunas de las más importantes capitales europeas la sensación de que Hollande puede acabar de un plumazo con las crisis gemelas de Europa —económica y política—, en un 6 de mayo que se adivina crucial para la crisis del euro y ese debate recuperado entre austeridad y crecimiento. De paso, una victoria de Hollande supondría el primer aldabonazo para esa regeneración de las izquierdas, que llevan dos décadas vagando como verdaderos fantasmas. En fin, todo cuadra: si gana Hollande a Alemania no le quedará más remedio que abrir la mano y empezar a hablar —de veras— de crecimiento, ante la constatación de que media Europa sufre ya la recesión y el paro en carne viva. Las elecciones en Grecia empujan en la misma dirección. El riesgo de que suban demasiado los partidos extremistas (y por lo tanto, de una improbable salida del euro) no es óbice para que la mayoría de los análisis coincida en que al final los partidos proeuropeos acabarán formando Gobierno, y que la Unión premiará esa estabilidad con un guiño a favor del crecimiento para sacar la economía griega de la depresión.


Incluso las elecciones regionales en Alemania ayudan a cuadrar el círculo: las encuestas constatan el declive de la coalición de Gobierno que lidera Merkel, lo que obligará a la canciller a matizar su discurso fundamentalista con la austeridad ante la necesidad de una gran coalición con los socialdemócratas del SPD. En Alemania ya hay, de hecho, una gran coalición: el Gobierno necesita el apoyo del SPD para aprobar el pacto fiscal, fabricado en Bruselas a imagen y semejanza de los deseos de Merkel.

 
¿No puede ser prematuro hablar de un frente anti-Merkel? “Hollande aglutina ese frente con un mensaje claro: no basta con la austeridad. Y los partidos socialdemócratas europeos se frotan las manos”, explica Ulrike Guérot, investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. El analista Moisés Naím advierte de los peligros que se asocian a ese análisis. “La austeridad per se no es mala ni buena, depende de cómo se aplique.
 

Lo mismo le pasa al crecimiento. El problema del debate que ha abierto Hollande es que está muy poco matizado, está demasiado ideologizado, demasiado esquematizado, basado en eslóganes austeridad-derecha, crecimiento-izquierda. Es más fácil hacer política económica en la oposición. Está por ver cómo va a reflejar la izquierda francesa sus ideas si gobierna; de momento nadie sabe por dónde va a salir Hollande, apenas tenemos vislumbres de lo que piensa. Lo bueno es que por fin se habla de cosas interesantes en Europa. Lo malo es que el debate es lo suficientemente difuso como para que tantas expectativas acaben decepcionando”.

 
Ese juego de equilibrios es demasiado frágil como para pensar que todo está atado y bien atado a horas de dos citas cruciales. Grecia, la cuna de la democracia, y Francia, esperanza de antítesis alemana en Europa, velan armas. En los mercados, que votarán a su manera tan pronto como el lunes, se abre paso otra teoría: “No hay margen para nada en Europa, y mucho menos en Francia; como mucho, lo hay para un cambio de léxico que permita hablar de crecimiento sin poner demasiado dinero. Los países que más lo necesitan no tienen credibilidad para endeudarse y a los alemanes les da miedo hacerlo”, explica Myles Bradshaw, del gigantesco fondo de deuda pública Pimco. “Habrá crecimiento, pero a la manera de Merkel, sobre todo con reformas a la alemana”, vaticina. Puede que al final toda esa necesidad de acompañar la austeridad con estímulos acabe simplemente en eso, en más reformas.

 
“En Francia hacemos revoluciones, no reformas”. Pero esa última frase no es la de un analista. Ni siquiera de Hollande o Sarkozy. Es de Napoleón.

Por Claudi Pérez Bruselas 5 MAY 2012 - 20:41 CET

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Se cuadruplicó la repatriación de utilidades de empresas extranjeras, advierte Cepal
Durante la última década la repatriación de utilidades de empresas extranjeras que operan en América Latina se cuadriplicó, al pasar de 20 mil millones a 84 mil millones de dólares anuales (aunque el tope máximo fue de 93 mil millones en 2008), reveló Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).


Al informar que la inversión extranjera directa (IED) en la región llegó al récord de 153 mil millones de dólares en 2011, la funcionaria mencionó que la repatriación de utilidades ha cobrado gran relevancia desde 2004, debido a las condiciones económicas favorables de la región que incrementaron las rentas de las trasnacionales y también a sus “estrategias”, en particular de las empresas europeas, frente a la incertidumbre internacional.


La repatriación demuestra, indicó, que la IED “no es un flujo unidireccional”, y destacó que no ha dejado de aumentar la “reinversión de utilidades” en América Latina, pues el año pasado 47 por ciento del total de dichos capitales se destinó a tal fin.


Al presentar el informe anual sobre la inversión extranjera directa en América Latina, mediante una videoconferencia desde Chile, la secretaria de la Cepal hizo un llamado a los gobiernos de la zona a impulsar activas políticas públicas de desarrollo productivo para aprovechar los beneficios de la IED e incrementar la reinversión de utilidades en sus naciones.


“En esta coyuntura que vive el mundo y la región es particularmente importante darle un papel estratégico a la IED. No se trata de atraer cualquier inversión, sino de preocuparse por la calidad de las inversiones y cómo van a afectar la estructura productiva del país y la región”, advirtió.


“Hay que ver cómo lograr que la inversión responda más a los objetivos sociales, económicos y productivos, y eso es justamente lo que tiene que definir la política pública activa. También debe tener una visión clara de las inversiones hacia el futuro, no cortoplacista”, sentenció.


La industria eléctrica y la banca fueron destacados por la Cepal como sectores relevantes para los capitales provenientes de Europa.


Bárcena criticó que las trasnacionales se concentren únicamente en la generación de energía eléctrica y dejen de lado su distribución. “La IED no siempre equivale a expansión de la capacidad, en muchos casos sólo significó un cambio de propiedad de los activos y la región presenta déficit en el sector”, advirtió.


Los capitales extranjeros invertidos en la industria eléctrica latinoamericana aumentaron 19 por ciento en el último cuatrienio y creció la presencia de cinco empresas en la zona (las españolas Iberdrola y Fenosa, la estadunidense AES, la francesa GDF-Suez y la italiana Enel), mientras en México el sector privado ya genera 45 por ciento de la producción eléctrica.


En cuanto a los bancos, la funcionaria aseguró que sus resultados en la región “no son tan positivos”, por enfocarse al crédito al consumo a corto plazo, pero reconoció que han contribuido a dinamizar el mercado y son menos vulnerables a sus casas matrices.


Brasil triplica en IED a México



Brasil matuvo en 2011 la supremacía como receptor de la IED, con 66 mil 660 millones de dólares, más del triple de los 19 mil 440 millones de dólares que recibió México, segundo lugar en la lista. Lo captado por México, señala el documento, es 10 por ciento superior a 2010, “aunque se encuentra todavía lejos de los niveles previos a la crisis financiera internacional (31 mil 313 millones de dólares en 2007)”.


Bárcena ponderó que América Latina y el Caribe recibieron 153 mil millones de dólares en 2011, es decir 10 por ciento del flujo mundial.

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Madrid, 2 de mayo. La economía española está al borde del colapso. El mercado bursátil vivió una de sus peores jornadas, al perder 2.5 por ciento el índice de referencia, el Ibex 35, y situarse en 6 mil 831 puntos, al nivel de los peores meses de 2009 y en pleno auge de la crisis financiera internacional.
 

La huída del capital especulativo, tanto foráneo como nacional, se debió a dos factores: la crisis del sistema bancario, cuya credibilidad y futuro inmediato está en tela de juicio ante la masiva intoxicación de productos derivados del sector de la construcción, y a los malos datos macroeconómicos: la recesión de 0.3 por ciento del primer trimestre del año, el aumento del desempleo, con 5.6 millones de personas, y la fuga de capital extranjero, que desde enero se elevó a 60 mil millones de euros.
 

La llegada al poder de la derecha española y de su líder, Mariano Rajoy, no ha devuelto la estabilidad a la economía. Por el contrario, desde enero pasado se suceden las malas noticias y lo que ya suponía un panorama desastroso y con escasas perspectivas de mejora, ha empeorado a ritmo acelerado.
 

Es uno de los momentos más delicados desde el inicio de la crisis y nunca como ahora se hace más probable una eventual intervención por parte del Banco Central Europeo (BCE), que tiene muchas dudas sobre la credibilidad y la base del sistema bancario español, incluidas las grandes entidades financieras, como Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) y Banco Santander, pero también las cajas de ahorro regionales, que en décadas recientes han participado en corrupción política y empresarial que rodeó la burbuja inmobiliaria.
 

Uno de los orígenes de esta nueva crisis en el mercado bursátil se remonta al pasado lunes, cuando la agencia estadunidense Standard & Poors rebajó la nota a todos los bancos españoles, que se enfrentan a un futuro inmediato de recesión interna y plagados de productos tóxicos procedentes de la crisis en los sectores de la construcción e inmobiliario.
 

La reacción de los mercados a esta nueva nota de la agencia calificadora se conoció hasta hoy, ya que el mercado bursátil cerró ayer por el Día del Trabajo, y ha sido peor de lo esperado, con un desplome generalizado de las empresas de referencia que hicieron perder al índice Ibex 35 un 2.5 por ciento, que se ubicó en los niveles de 2009, con 6 mil 831 puntos.
 

Además, la prima de riesgo de la deuda española amaneció en 408 puntos básicos, pero en poco tiempo se volvió a disparar y superó los 420 puntos, mientras el bono a 10 años se situó por arriba de 5.8 por ciento.
 

Entre los expertos y analistas financieros se asegura que uno de los problemas más graves del sistema bancario es que ya se gastaron casi la mitad del dinero que les prestó el BCE, por lo que ya no podrán comprar más deuda pública española. La entidad financiera HSBC emitió un informe en el que valoró en 500 mil millones de euros un eventual rescate a España. Lo anterior confirmaría el duro castigo de los especuladores internacionales y locales a los bancos, que cayeron con fuerza en el mercado bursátil.
El Banco Santander perdió 3.3 por ciento hasta 4.56 euros por acción, mientras que el BBVA perdió 3.3 por ciento hasta 4.9 euros y se acerca así a los mínimos de marzo de 2009, cuando sus acciones retrocedieron a 4.4 euros.
 

Para el resto de entidades el castigo fue más duro: Popular cayó 4.3 por ciento; Sabadell, 4.1; Bankia, 5.1, hasta 2.4 euros; Bankinter, 4.1, y CaixaBank, 3.3 por ciento.
 

La crisis estructural del sistema financiero se suma a otra serie de malos datos económicos que tienen a España postrada en el temor a un rescate. Por ejemplo, el aumento del desempleo y las previsiones del gobierno de que se superarán los 6 millones de desempleados; la reducción del gasto público para cumplir con el déficit exigido por la Unión Europea, que en ningún caso podrá superar el 5.3 por ciento; además del creciente malestar social ante los durísimos recortes en servicios públicos básicos y la falta de perspectiva de una sociedad sumida en una de las peores crisis de su historia.
 

El gobierno de Mariano Rajoy, que hasta ahora ha promovido medidas neoliberales y ortodoxas, pretende llevar a cabo un plan de reconversión del sistema financiero que conduzca a una “salida progresiva y ordenada” de los activos tóxicos ligados al ladrillo. Una operación delicada de la que tampoco son partidarios algunos de los grandes bancos.
 

El ministro de Economía, Luis de Guindos, máximo responsable de la estrategia del gobierno español para salir de la crisis, reconoció que buscará establecer una serie de reglas claras para realizar la depuración del sistema bancario, que podría llegar a más de 170 mil millones de euros.
 

“Es un planteamiento que además se va a hacer con absoluta transparencia, con claridad desde el punto de vista de unas valoraciones que son las adecuadas y que consideramos que son atractivas para potenciales terceros que quieran comprar esos activos”, explicó el ministro.
 

Barcelona, cercada por la reunión del BCE

El ministro de Economía será anfitrión de una importante reunión de las autoridades del BCE que se efectuará en Barcelona, una ciudad que vive en “estado de sitio” desde hace cuatro días, al suspender temporalmente la libre circulación de ciudadanos y prohibir la entrada a potenciales manifestantes contra las medidas económicas adoptadas en el foro.
 

Los agentes policiacos han detenido a 17 personas en los puestos fronterizos y han negado la entrada a España a otras 43 durante las 104 primeras horas de la suspensión.
 

La reunión de los responsables económicos de la UE estará vigilada por más de 25 mil agentes que impedirán cualquier manifestación de repulsa.
 

A pesar de la presión policial, ordenada por el ministro del Interior, el conservador Jorge Fernández Díaz, el movimiento 15M convocó a los ciudadanos a realizar caceroladas para expresar su rechazo al BCE y denunciar “el estado de excepción en que Barcelona se ve sumida por la celebración de esta cumbre”.
 

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Martes, 01 Mayo 2012 06:35

Europa vuelve a amenazar a AL

Europa vuelve a amenazar a AL
Luego de un fuerte repunte a 6% en 2010, el crecimiento en América Latina se redujo a 4.4% en 2011. EIU prevé una nueva desaceleración a 3.7% en 2012, en un contexto de abierta contracción en la zona euro (esperamos un 0.7%) y un crecimiento de apenas 2.2% en EU.


El crecimiento en la economía regional más grande, Brasil, tuvo un principio incierto este año luego de desplomarse a 2.7% en 2011, cuando un año antes fue de 7.5%. En el lado positivo, los exportadores de productos primarios en Sudamérica seguirán beneficiándose de la fuerte demanda china. Varios factores –políticas macroeconómicas sanas, demanda doméstica y recuperación en el crecimiento de la OCDE– impulsarán el crecimiento a partir de 2013, con un promedio de 4.2% en 2013-16. Sin embargo, muchos países de la región seguirán vulnerables a cambios en el humor de los inversionistas y a las crecientes presiones inflacionarias.


Los balances externos de la región se han vuelto más fuertes en años recientes, lo que la ayudará a protegerse de perturbaciones externas. La deuda externa se ha reducido con respecto al PIB y las exportaciones y reservas en divisas extranjeras están en niveles sin precedente. Sin embargo, el crecimiento en importaciones, impulsado por la demanda doméstica y las fuertes divisas locales, excederá el ingreso por exportaciones, lo que ocasionará grandes déficit en cuenta corriente, incluso en los exportadores de productos primarios. Esta situación afectará sobre todo a Argentina, cuyo superávit en cuenta corriente ha sido un pilar de su estabilidad en la década pasada.


Cambios de humor


Dada la cercana integración de las principales economías latinoamericanas en los mercados financieros globales, las divisas locales y los precios de los activos han sido impactados por cambios de humor de los inversionistas. En septiembre de 2011 la región sufrió un incremento en la aversión al riesgo asociada con los males de Europa (el real brasileño y el peso mexicano bajaron 16.6 y 12.3% respectivamente contra el dólar en ese mes). Desde principios de 2012, los mercados de activos riesgosos han tenido grandes ganancias, al abatirse la aversión al riesgo, gracias a las operaciones de liquidez del Banco Central Europeo. Sin embargo, al desaparecer los efectos de éstas, la aversión al riesgo ha regresado.


Existen otros desafíos. En política monetaria y crediticia, los encargados de las políticas buscan un equilibrio entre apoyar la demanda doméstica y mantener la inflación bajo control, entre presiones sobre los precios originadas por la carestía en los alimentos y el petróleo. La cadena de recortes de tasas de interés en Brasil (el 18 de abril se redujo en 75 puntos base, a 9%, cerca de un 8.75 que sería un punto bajo sin precedente) revela el objetivo gubernamental de apoyar el crecimiento.


¿Qué pasaría si…?


Un empeoramiento de la crisis europea, que dañaría tanto a los países como a los bancos europeos, complicaría las cosas. EIU asigna por ahora una probabilidad moderada (40%) a la salida de Grecia de la zona euro en los dos próximos años, y una menor, pero no insignificante, a una ruptura de la zona de divisa común (la cual definimos como un retiro de varios países, entre ellos al menos una de las economías principales).


Pero aun sin disolución de la zona euro, una crisis financiera que abarcara a España o Italia, las más débiles de las economías europeas grandes, sería dañina. Por ejemplo, los bancos españoles han sido grandes compradores de deuda europea desde que el Banco Central Europeo les dio acceso a préstamos baratos a tres años, diseñados para impulsar la liquidez en la zona euro. El gobierno no puede dejar quebrar los bancos, ni éstos pueden sobrevivir a una corrida sobre los bonos gubernamentales. Aun si el país puede evitar un rescate, sus bancos podrían necesitarlo en breve.


Si los bancos se debilitaran, las líneas de crédito a AL de entidades europeas y sus subsidiarias en la región podrían contraerse, como primer paso. El impacto sobre las líneas internacionales de crédito se sentiría también en un radio más amplio, dado que un nuevo "evento" en el crédito en la zona euro causaría tensiones financieras globales y haría resurgir la aversión al riesgo en los inversionistas.


Además de las restricciones crediticias internacionales, otras correas de transmisión serían un debilitamiento de la demanda y una reducción de precios de las exportaciones latinoamericanas, que tendrían un impacto demoledor en las empresas y el ánimo de los consumidores en la región. Una profundización de la crisis de la deuda también dañaría la inversión extranjera directa (IED) en AL, de la cual Europa es una fuente importante. Si el ritmo de crecimiento económico chino disminuyera más de lo esperado (por ahora prevemos 8.3% este año), la demanda y los precios de los exportadores de productos primarios en Sudamérica se verían más afectados.


Reajustes en bancos europeos


Las presiones en los bancos europeos desde mediados de 2011 han causado ya que algunos vendan algunos activos en AL para fortalecer sus balances. Estos activos locales han sido adquiridos por instituciones financieras latinoamericanas, así que el impacto sobre el crédito local se ha amortiguado. Este proceso podría continuar, y si sigue habiendo compradores el efecto sería limitado, pero existe el riesgo de perturbaciones en el crédito si las compras no se materializan con oportunidad.


Los bancos europeos en países de la periferia se verían más afectados por una crisis de la deuda europea. Los bancos españoles representan 40% de los haberes extranjeros totales en AL. Los préstamos a bancos regionales de Grecia, Irlanda, Italia y Portugal son menos significativos. También puede haber canales indirectos, es decir, bancos europeos expuestos a un evento de deuda europea que también prestan a AL. Esas líneas de crédito también podrían verse afectadas.


El impacto sobre los sistemas bancarios variaría en relación con la proporción de activos totales de los bancos europeos afectados en cada mercado. El impacto se mitigaría porque muchos bancos europeos (y de otros países) que operan en AL obtienen de fuentes locales la mayoría de sus fondos.


Además, los indicadores del sector bancario sugieren que la mayoría de instituciones financieras latinoamericanas serían relativamente resistentes a un evento en el crédito europeo. Los bancos locales están bastante bien capitalizados y tienen liquidez. El crecimiento del crédito, impulsado por políticas expansivas luego de la crisis financiera global de 2008-09, se desacelera en gran parte. Los encargados de las políticas en la mayoría de los países estarán en condiciones de aligerar la política monetaria (incluso reduciendo los requerimientos de reservas) para ayudar a aliviar tensiones financieras.


Habrá también cierto espacio para políticas fiscales contracíclicas con el fin de apoyar el crecimiento económico durante el periodo de crisis, aunque habrá menos capacidad de adoptar políticas de estímulo, porque no se ha retirado todo el estímulo anterior y los déficit fiscales son ligeramente más altos ahora. Algunos países (México y Colombia) tienen líneas de crédito de contingencia del FMI, otros (en el Caribe y Centroamérica, por ejemplo) probablemente se acercarán al fondo para obtenerlas.


Sin embargo, la región sufriría de forma muy parecida a cuando el colapso de Lehman Brothers, a finales de 2008. Una recesión europea más severa, desencadenada por un empeoramiento de la crisis financiera allá, probablemente duraría más que la recesión en EU luego del colapso de Lehman, lo cual tendría efectos adversos en el comercio y en los flujos de inversión entre Europa y AL. En tal caso, esta región podría sufrir una pérdida hasta de tres puntos porcentuales en el PIB en el primer año, o caer en recesión leve. Se recuperaría poco a poco, pero con más lentitud que en 2010, cuando repuntó de la crisis financiera global de 2008-09.


Fuente: EIU

Traducción de textos: Jorge Anaya

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Una receta de austeridad arrasa Europa

La austeridad está en crisis. Las elecciones en Francia y Grecia, la caída del gobierno holandés y el rumano, la recesión del Reino Unido, España y Bélgica son señales de un modelo económico contra las cuerdas. Hasta el ultraortodoxo presidente del Banco Central Europeo, Mario Dra-ghi, señaló que el ajuste necesita un plan para el crecimiento. En un intento de parar una bola de nieve política antes de que sea incontrolable, la canciller alemana, Angela Merkel, principal impulsora paneuropea del ajuste, acaba de anunciar que se está preparando una “agenda de crecimiento” para la cumbre de jefes de Estado y de gobierno europeos que se celebra este junio.
 

La agenda puede ser más un ejercicio de relaciones públicas que un cambio significativo del rumbo adoptado desde que estalló la crisis griega en 2010. En la última semana de la campaña presidencial francesa, Angela Merkel se ha convertido en la mejor aliada del candidato socialista François Hollande. La canciller alemana rechazó enérgicamente la propuesta de Hollande de renegociar el pacto fiscal firmado a fines del año pasado por 25 de los 27 miembros de la Unión Europea (UE). En un país con fuerte orgullo nacional, la declaración de Merkel fue como maná celestial para el candidato socialista. “Alemania no decide el destino de Europa”, dijo Hollande a la televisión francesa.
 

Con este resquebrajamiento del eje franco-alemán, pilar de la Eurozona, gobiernos conservadores pero con la soga al cuello –como Mariano Rajoy en España o el tecnócrata Mario Monti en Italia– empiezan a inclinarse más hacia Hollande que hacia la intransigencia de Merkel. Con un desempleo record de 24,4 por ciento (más de 5 millones y medio de personas) y una nueva crisis bancaria en ciernes, el respaldo electoral que obtuvo Rajoy en las elecciones de noviembre está evaporándose a velocidad supersónica (ver aparte). El continuo mensaje austero de la UE, que no esperó a que terminaran las celebraciones de su victoria, es contraproducente. Además de poner en duda la voluntad política de llevar adelante el ajuste, evapora la posibilidad de hablar de crecimiento.
 

En el último trimestre del año pasado, la Eurozona entró técnicamente en recesión y la proyección es que 2012 será un año de crecimiento económico negativo. El chaleco de fuerza del euro no ayuda, pero estar fuera de la Eurozona tampoco es una garantía. El caso británico es un ejemplo. La economía empezaba a emerger de la crisis de 2008 gracias al programa de estímulo económico laborista que la coalición revirtió al tomar el poder en mayo de 2010. El pulmotor keynesiano sostuvo la frágil recuperación hasta principios del año pasado, pero a partir de entonces los despidos, el aumento de impuestos y los congelamientos salariales empezaron a erosionar toda posibilidad de crecimiento. El miércoles, los datos oficiales confirmaron que técnicamente el Reino Unido había entrado en recesión. El déficit fiscal bajó del 11 por ciento en 2010 a un 8,3 por ciento el año pasado, pero en marzo se empezó a perfilar la tendencia contraria: con la caída de la recaudación fiscal, el gobierno está empezando a pedir prestado más de lo que había planeado.
 

Mientras tanto, Europa empieza a hacer agua políticamente por todas partes. En Rumania, el gobierno cayó el viernes pasado cuando la oposición capitalizó una ola de protestas populares contra el ajuste. En la República Checa, el gobierno de centroderecha de Petr Necas está en la cuerda floja por el mismo motivo. En Grecia hay cada vez más indicadores de que las elecciones de este próximo fin de semana dejarán un Parlamento fragmentado con creciente presencia de un partido de ultraderecha que propone minar las fronteras para evitar una invasión e importante presencia de agrupaciones de izquierda: el rechazo a la austeridad será muy amplio. La elección griega debía allanar el camino para los fondos de la Unión Europea: si el Parlamento griego no lo aprueba, sería como desconectar el respirador artificial que mantiene a Grecia en el euro.
 

En todos los países se ve esta tendencia política a favorecer a políticos ajenos al establishment a derecha e izquierda. La importante cosecha de votos de Marine Le Pen (17,9%) y del ex trotskista Jean-Luic Mélenchon (11%) en la primera ronda electoral francesa es un ejemplo. En las elecciones municipales de Italia de este 6 y 7 de mayo, una reciente encuesta da al cómico Giuseppe “Beppe” Grillo un 7,5 por ciento. En el Reino Unido, la última encuesta muestra la peor pérdida de apoyo del primer ministro David Cameron en ocho años y un importante aumento del apoyo al antieuropeísmo del Partido del Reino Unido. En Austria, el partido de extrema derecha Libertad se encuentra en la cresta de la ola de popularidad gracias a su política antiinmigratoria. Otro partido de derecha que se autodenomina Libertad provocó la caída del gobierno en Holanda. Con las nubes económicas que dominan el horizonte, se puede decir que apenas ha comenzado el baile.
 

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Sábado, 28 Abril 2012 17:30

La crisis del siglo

La apocalipsis financiero que afecta particularmente a la Unión Europea y Estados Unidos dio paso a La crisis del diglo, la misma que representa un momento histórico de gran significación para toda la humanidad. Se derrumba no sólo un modelo de economía sino también un estilo de gobierno. Eso altera el liderzgo de Estados Unidos en el mundo, en particular su hegemonía economía, debilidad por la crisis. Este declive de la economía anuncia en general la decadencia de los imperios y un momento crítico para el modelo de capitalismo diseñado por los Estados del Norte para mayor provecho de los países ricos.



 

La crisis del siglo

Ignacio Ramonet


Índice

Introducción especial 

Nuevos protectorados 

La gran regresión

Cambiar el sistema 

La crisis del siglo

Las tres crisis

Motines del hambre

Capitalismo de pánico

¿Crack 2008?

Nuevo capitalismo

Sobre la globalización

Resistir

El eje del mal

El nuevo rostro del mundo

La nueva economía

Desarmar los mercados

 Formato: 13,5 x 20,5 cm
132 páginas - P.V.P.: $. 15.000
Peso: 150 gr.
Edición 2012

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