El suministro mundial de alimentos está seriamente amenazado debido a la pérdida de biodiversidad

Según la ONU, las plantas, los insectos y los organismos imprescindibles para la producción de alimentos están en rápido declive.

Cosecha de zanahoria ecológica en Alemania. La agricultura orgánica representa solo el 1 % de las tierras agrícolas globales. Fotografía: Julian Stratenschulte / EPA
La capacidad mundial de producción de alimentos se está debilitando debido a la incapacidad humana para proteger la biodiversidad, según afirma el primer estudio de la ONU sobre plantas, animales y microorganismos que ayudan a poner comida en nuestros platos.


La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura publicó esta dura advertencia después de que científicos encontraran pruebas de que los sistemas de apoyo naturales que forman la base de la dieta humana se están deteriorando por todo el mundo debido a que granjas, ciudades y fábricas devoran tierras y vierten productos químicos.
El informe publicado el viernes indicaba que durante las últimas dos décadas, aproximadamente el 20 % de la superficie cubierta de vegetación de la tierra ha perdido productividad.
Observaba una perdida “debilitadora” de biodiversidad del suelo, de bosques, praderas, arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y de diversidad genética de especies de cultivos y ganado. En los océanos, una tercera parte de las zonas de pesca están siendo sobrexplotadas.


El estudio, que cotejó datos a nivel mundial, artículos académicos e informes realizados por gobiernos de 91 países, señalaba que muchas de las especies que están implicadas indirectamente en la producción de alimentos, tales como pájaros, que se alimentan de las plagas de los cultivos, y los árboles de los manglares, que ayudan a purificar el agua, son menos abundantes que en el pasado.


Encontró que el 63 % de las plantas, el 11 % de los pájaros y el 5 % de los peces y los hongos estaban en declive. Los polinizadores, que son esenciales para tres cuartos de los cultivos del mundo, están amenazados. Además del declive bien documentado de abejas y otros insectos, el informe dice que el 17 % de los vertebrados polinizadores, como los murciélagos y los pájaros, estaban en peligro de extinción.


Una vez que se pierdan, las especies que son imprescindibles para nuestros sistemas alimentarios ya no se podrán recuperar, decía el informe. “Esto coloca al futuro de nuestros alimentos y a nuestro medioambiente bajo una grave amenaza”.


“Los cimientos de nuestros sistemas alimentarios se están debilitando”, escribió Graziano da Silva, director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura, en una introducción del estudio. “Partes del informe mundial son una lectura sombría. Es verdaderamente preocupante que en tantos sistemas de producción en tantos países, la biodiversidad para los alimentos y la agricultura y la labor que ejerce en el ecosistema esté en declive”.


En muchos casos la agricultura es la culpable, dijo, debido a los cambios en el uso de las tierras y su gestión insostenible, tales como la sobreexplotación del suelo y la dependencia de pesticidas, herbicidas y otros agroquímicos.


La mayoría de los países dijeron que la principal causa de pérdida de biodiversidad era la conversión en el uso de la tierra, los bosques se cortaron para crear tierra cultivable, las praderas se cubrieron de cemento para las ciudades, fábricas y carreteras. Otras causas incluían la sobreexplotación de las fuentes de agua, la contaminación, la propagación de especies invasivas y el cambio climático.


La tendencia va hacia la uniformidad. Aunque el mundo produce más alimentos que en el pasado, depende de monocultivos en constante expansión.


Dos tercios de la producción de cultivos provienen de solo nueve especies (caña de azúcar, maíz, arroz, trigo, patatas, soja, fruto de la palma de aceite, remolacha de azúcar y mandioca) mientras que la mayor parte de las demás 6.000 especies de plantas cultivadas están en declive y las fuentes de alimentos silvestres son cada vez más difíciles de encontrar.
Aunque los consumidores todavía no hayan notado ningún cambio cuando van de compras, los autores del informe dijeron que eso podía cambiar.


“Los supermercados están llenos de comida, pero la mayoría es importada de otros países y no hay mucha variedad. La dependencia en unas pocas especies significa que somos más susceptibles a los brotes de enfermedades y al cambio climático. Hace que la producción de alimentos sea menos resistente,” alertaba Julie Bélanger, el coordinador del informe.
Como ejemplos, el informe relata como la excesiva dependencia de una variedad reducida de especies fue uno de los factores determinantes de la hambruna causada por el mildiu de la patata en Irlanda en la década de 1840, las pérdidas de cosechas en los EE.UU. en el siglo XX y las pérdidas en la producción de taro en Samoa en la década de 1990.


“Tenemos la necesidad urgente de cambiar la forma en la que se producen los alimentos y de asegurar que la biodiversidad no es algo que pasemos por alto sino que es tratada como una riqueza irremplazable y una pieza fundamental de las estrategias de gestión,” dijo Bélanger.


El informe encontró pruebas de que la actitud y las prácticas estaban cambiando lentamente. En los últimos años ha aumentado la adopción de una gestión sostenible de bosques, el diseño de ecosistemas en la pesca, la acuaponía y en policultivos. Pero los autores dicen que el avance ha sido insuficiente. La agricultura ecológica, por ejemplo, ocupa ahora 58 millones de hectáreas en todo el mundo, pero esto solo supone el 1% de la tierra cultivable mundial.


El informe señalaba que los gobiernos muestran un mayor interés por la biodiversidad, un tema que pocas veces recibe la misma atención que el cambio climático. Muchos estados han anunciado pérdidas económicas causadas por la desaparición o el desplazamiento de ecosistemas. Irlanda, Noruega, Polonia y Suiza notaron una disminución en las poblaciones de abejorros. Egipto estaba preocupado por su industria pesquera debido a que los peces estaban migrando hacia el norte por el aumento de la temperatura del mar. Gambia dijo que había comunidades que se estaban viendo forzadas a comprar productos caros producidos industrialmente porque las fuentes de alimentos silvestres eran cada vez más escasas.


La crisis de la biodiversidad entrará en la agenda mundial y se debatirá en el próximo G7 de abril, en un Congreso Mundial sobre la Conservación en junio, y luego en una importante conferencia de la ONU en Pekín el año que viene.


“Por todo el mundo, la biblioteca de la vida que ha evolucionado durante miles de millones de años –nuestra biodiversidad- está siendo destruida, envenenada, contaminada, invadida, fragmentada, saqueada, drenada y quemada a un ritmo nunca visto en la historia humana”, dijo el presidente de Irlanda, Michael Higgins, en la conferencia sobre la biodiversidad el jueves en Dublín. “Si fuésemos mineros del carbón estaríamos hasta la cintura de canarios muertos”.

Por Jonathan Watts
The Guardian

Traducido por Eva Calleja

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El socialismo y la mujer hecha a sí misma


El que la heredera Ivanka Trump de un sermón para rechazar la garantía de empleo del Estado es el colmo


Si ustedes son como yo, seguramente les vendrá bien dejar de hablar al menos por un momento de Donald Trump. ¿Por qué no aprovecharlo para hablar de Ivanka Trump? Verán, recientemente dijo algo que habría sido extraordinario viniendo de cualquier republicano, pero que fue verdaderamente asombroso al proceder de la “Hija en Jefe”.
El tema objeto de debate era la propuesta, incluida en el Green New Deal [Nuevo Tratado Verde], de que el Estado ofrezca una garantía de empleo. La hija de Trump descartó la idea, afirmando que los estadounidenses “quieren trabajar por lo que reciben”, que quieren vivir en un país “en el que existe una posibilidad de ascenso social”.


Vale, esto denota una enorme falta de conciencia de uno mismo: el que una heredera cuya estrategia empresarial se basa en comerciar con el nombre de su padre te suelte un sermón sobre la importancia de depender de uno mismo es el colmo. Pero dejemos a un lado lo personal. Sabemos mucho de ascenso social en diferentes países, y los datos no son lo que los republicanos quieren oír.


La observación principal, basada en un corpus creciente de investigación, es que en lo que a ascenso social se refiere, Estados Unidos es verdaderamente excepcional, es decir, presenta unos resultados excepcionalmente malos. Los estadounidenses cuyos progenitores obtienen rentas bajas tienen más probabilidades de tener también rentas bajas y menos de ascender a la clase media o alta que sus homólogos de otros países avanzados. Y los que nacen ricos tienen, correspondientemente, más probabilidades de conservar su condición.
Ahora bien, no es así como nos gusta vernos. De hecho, existe una curiosa desconexión entre realidad y percepción: los estadounidenses tienen muchas más probabilidades que los europeos de imaginar que su sociedad está caracterizada por una elevada movilidad social, cuando la realidad es que tenemos mucha menos que ellos.


Buena parte de esto parece reflejar una desinformación sistemática. En algunos lugares, los miembros hereditarios de la élite se jactan de su linaje, pero en EE UU pretenden haber salido adelante por su cuenta. Por ejemplo, muchos estadounidenses creen, al parecer, que Donald Trump es un hombre hecho a sí mismo.


En cualquier caso, la movilidad social excepcionalmente baja de EE UU es distinta de su desigualdad de renta excepcionalmente elevada, aunque seguramente estén relacionadas. En los países avanzados existe una fuerte correlación negativa entre desigualdad y movilidad a la que en ocasiones se hace referencia como la “curva del Gran Gatsby”. Tiene sentido. Después de todo, las enormes disparidades de renta de los progenitores tienden a traducirse en grandes disparidades en las oportunidades de los hijos.


Y por cierto, la gente parece entender este argumento. Muchos estadounidenses no son conscientes de lo desigual que es realmente nuestra sociedad; cuando se les proporcionan datos sobre la desigualdad de la renta, se vuelve más probable que piensen que proceder de una familia acaudalada influye mucho en el éxito personal.


Pero volviendo al “potencial de movilidad ascendente”: ¿dónde tienen más posibilidades de salir adelante las personas de procedencia pobre o modesta? La respuesta es que Escandinavia lidera la lista, aunque a Canadá también le va bien. La cuestión es que los países nórdicos no solo tienen baja desigualdad, sino que también administraciones públicas mucho más grandes, y colchones de seguridad social mucho más amplios que nosotros. En otras palabras, tienen lo que los republicanos tachan de “socialista” (no lo es, pero da igual).
Y la asociación entre “socialismo” y movilidad social no es accidental. Por el contrario, es exactamente lo que cabría esperar. Para entenderlo, situémoslo en un contextoestadounidense, y preguntémonos qué le ocurriría a la movilidad social si la derecha republicana o los demócratas progresistas consiguieran llevar plenamente a la práctica sus programas políticos.


Si los tipos del Tea Party se salieran con la suya, veríamos recortes drásticos de la asistencia sanitaria a personas sin recursos (Medicaid), de los cupones para alimentos y de otros programas que ayudan a los estadounidenses de pocos ingresos, lo que en muchos casos dejaría a los niños de familias de rentas bajas con una sanidad y una nutrición inadecuadas. También veríamos recortes en la financiación de la educación pública. Y en el otro extremo de la escala, veríamos rebajas tributarias que aumentarían las rentas de los ricos, y la eliminación del impuesto de sucesiones, lo que les permitiría legar todo ese dinero a sus herederos.


En cambio, los demócratas progresistas piden una atención sanitaria universal, un aumento de las ayudas a los pobres y programas que ofrezcan matrículas universitarias gratuitas o al menos subvencionadas. Piden ayudas para que los progenitores con rentas medias y bajas puedan acceder a guarderías de calidad para sus hijos. Y proponen pagar estas prestaciones aumentando los impuestos a las rentas altas y a las grandes fortunas. De modo que, ¿cuál de estos programas tendería a afianzar nuestro sistema de clases, haciendo que a los hijos de los ricos les resulte fácil seguir siendo ricos y a los hijos de los pobres les resulte difícil salir de la pobreza? ¿Cuál nos acercaría más al sueño americano y crearía una sociedad en la que los jóvenes ambiciosos dispuestos a trabajar duro tendrían la oportunidad de superar sus orígenes?


Miren, Ivanka Trump seguramente tiene razón cuando afirma que la mayoría queremos un país donde haya posibilidades de ascender socialmente. Pero lo que necesitamos para asegurarnos de que somos ese tipo de país –las políticas asociadas con niveles elevados de ascenso social en todo el mundo– es exactamente lo que los republicanos tachan de socialismo.


Por Paul Krugman, premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2019.

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Congreso de Angostura: 200 años de un sueño inconcluso

De la Primera y hacia la Segunda República

 

Dos siglos de un discurso memorable, que más que frases es el delineamiento de un proyecto de estructura política y administrativa para una sociedad dividida en dos, Venezuela y la Nueva Granada. Eso fue lo que presentó Bolívar en el momento de instalar el Congreso de Angostura, visión de futuro recogida luego por los congresistas allí reunidos, en un proyecto de Constitución que finalmente vería la luz en el Congreso de Cúcuta (30 de agosto de 1821) y con el cual toma forma la Primera República, la misma que llega hasta nuestros días.

Simón Bolívar, como quedó registrado en la historia, correspondió a su época. Fue consciente y consecuente con el significado, las demandas y los retos implicados en la necesidad de lograr la independencia de España para estos territorios. En aras de ello, el Libertador estuvo al tanto de las teorías más avanzadas de su época, así como de los sucesos revolucionarios de la misma (la independencia de Estados Unidos y su Constitución, la Revolución Francesa y el pensamiento iluminista, las campañas napoleónicas y las guerras europeas, la Revolución de Haití, la descolonización y la libertad de los esclavos por obra de sus propias manos, la Revolución Inglesa y las teorías jurídicas desprendidas de la misma, etcétera). La capacidad militar de Bolívar, forjada sobre el terreno, estuvo potenciada por su agilidad mental, la iniciativa operativa, la astucia y el manejo de la sorpresa como factor determinante en la contienda.


Consecuente con ello, y fiel al pensamiento liberal que sustentó buena parte de estos sucesos, en contra del absolutismo, Bolívar delineó una república sustentada en la división de poderes que aún hoy conocemos. Limitado por ese pensamiento, no fue más allá, por ejemplo en asuntos de la democracia real como la libertad de los esclavos y garantías plenas a los pueblos indígenas, de suerte que no estuvieran sometidos en la servidumbre o sufrieran el robo de sus tierras. Aunque anticolonialista, tampoco logró zafar al país del dominio que en la época impuso el imperio Inglés, como contraprestación por sus servicios militares, en oficiales y soldados, así como armamento para enfrentar y derrotar al ejército español. Empréstitos posteriores afinaron el dominio del Imperio sobre la naciente República.

Dominado por el pragmatismo que impone la realidad en la guerra, entre vencer o ser vencido, y limitado por las circunstancias humanas, técnicas, financieras, etcétera, a que estuvo sometido, pactó con los ingleses su reforzamiento de los ejércitos libertadores. Tal pragmatismo fue para los americanos de esta parte del continente una especie de herencia, con innegables consecuencias para nuestro desarrollo como nación independiente y región libre que debía integrarse como un solo territorio, en perspectiva de un futuro luminoso, como quedó marcado en el fracaso del Congreso Anfictiónico (Congreso de Panamá, junio 22 de 1826), la ausencia en el mismo de Haití, así como la propia disputa interna entre los criollos –extendida a lo largo del siglo XIX– los terratenientes surgidos de la Colonia española, sin visión adecuada del presente que les correspondió vivir ni del futuro requerido para las generaciones venideras.

Aquel colonialismo, primero inglés y ahora con nuevas formas, se prolonga hasta nuestros días en el dominio estadounidense, con todas las consecuencias que ello depara: ausencia de proyecto propio como territorio (Venezuela, Ecuador, Panamá. Colombia, Perú, Bolivia), integrado en una federación, proyectado al mundo como un solo cuerpo humano que requiere libertad, justicia, solidaridad, para todos, sin distinción de geográfica, color de piel, potencialidades humanas y naturales, género, etcétera. El mundo, una sola especie, un solo reto, un sueño común.

Hoy –cuando miramos aquella quimera sustentada una y otra vez por un visionario que terminó batido en sus ideas por sus enemigos como por la época que le correspondió vivir– debemos preguntarnos por la vigencia de aquellas ideas, las que sustentan la Primera República, así como sobre la necesidad de encarar el presente y el futuro que nos corresponde vivir y visionar. La respuesta sería que, en el año 2019 y las próximas décadas, quienes aquí habitamos debemos encarar el reto de darle forma a una nueva forma de gobierno, de convivencia regulada y de retribución de los bienes brindados por esta tierra generosa que nos correspondió por casa, y también al fruto del trabajo de todos. Una nueva forma de gobierno que resalta al frente de sus propósitos y designios la vida como un todo, dejando a un lado el antropocentrismo y todas sus ideas conexas.

Los millones congregados acá, desde La Guajira hasta el Amazonas, cruzando por la región andina, el Pacífico, el Orinoco, los Santanderes, con sus particularidades que los hacen sentirse región, de ellos y de todos aquellos asentados en cualquier rincón de esta puerta que une al Sur con Centro América, debemos avanzar hacia una Segunda República donde la democracia no se restrinja a elegir y ser elegido sino que sea plena, es decir, que garantice todos los derechos efectivos: económicos, sociales, ambientales, culturales, en fin, a todos sin excepción alguna; un país donde la justicia sea norma y por tanto nadie padezca la imposibilidad de acceder a lo indispensable para vivir sin el afán del hambre, del frío por falta de techo, de enfermedad por no poder ingresar y ser atendido en un centro de salud, de ingresos dignos para cubrir sus necesidades básicas, como mínimo; una “casa común” donde nadie sea perseguido por sus ideas políticas y donde el encierro (bien la cárcel, bien el centro hospitalario) sea el recurso último al que la sociedad acuda para protegerse de quienes, luego de haber transitado por distintas opciones de convivencia e integración, se nieguen a la vida en común.

Se trata entonces de construir una Segunda República que, mirando a los tiempos que corren, abordada la presidencia de la nación como un ejercicio colectivo, asuma un conglomerado humano que termine elegido y delegado para ello por las mayorías sociales –que en justa electoral los seleccionará para concretar un programa de gobierno, el mismo que sustenten en debates públicos diversos y al cual quedan limitados. El Ejecutivo que de allí resulte tendrá una vocería, la misma que deje de ser, como hoy, representante y promotora de los intereses de los gremios económicos y de los más ricos del país, para centrarse en la administración de la cosa pública que le garantice vida digna al conjunto humano acá reunido, entregando informes públicos de su gestión cada tres meses, con poder de revocatoria en todo momento por mayoría destituyente.

Será aquel un órgano administrativo para el cual los elegidos no podrán ser reelectos de manera inmediata pero sí pasados dos períodos, para evitar la concentración de poder. Tal poder cohabitará con un cuerpo congregacional que se conforme con las dos cámaras que hasta ahora ha tenido, pero el que les dará más participación a las regiones y las localidades, sesionando por lo menos durante dos fases por semestre de manera abierta y por espacio mínimo de una semana plena, con lugar para toda aquella persona o comunidad que se inscriba a tiempo y de acuerdo a las normas por definir, para participar en el debate de los proyectos más urgidos por toda la sociedad. Los representantes, de igual manera, podrán ser revocados cuando las mayorías que los eligieron así lo convengan, y sus funciones no podrán superar dos períodos consecutivos, con una remuneración máxima de tres salarios mínimos. No habrá privilegios extras, como corresponde a unos trabajadores más.

El cuerpo judicial, por las particularidades de nuestra nación, deberá ser examinado y rediseñado a plenitud, a fin de garantizar su máxima imparcialidad, de manera que la justicia sea una realidad de la que nadie dude.

En cuanto poder, moral, las procuradurías y la Defensoría del Pueblo, tendrán como misión prioritaria la garantía del cumplimiento pleno de los Derechos Humanos, para lo cual se soportarán en los miles de órganos de poder popular que deberá haber por toda la geografía nacional, los mismos que se darán como razón de ser la convivencia social en igualdad y justicia.

Al mismo tiempo, las Fuerzas Armadas dejarán de ser un cuerpo de ocupación del territorio nacional, como en la práctica lo son, y estarán sometidos al poder civil, dedicados en lo fundamental a prevenir y no a reprimir, así como a la investigación en biología, agronomía, ciencias del mar, astronomía, lo más desarrollado de la química; navegación en aire, mar y río; y otras áreas del saber que potencien al país hacia un futuro en el cual todas nuestras bondades naturales sean recuperadas para beneficio propio y de la humanidad. Para evitar así su actual misión represiva, la integración de estos cuerpos armados a la comunidad será el mecanismo idóneo para su control y su desmilitarización.

De esta manera, la base de la Segunda República deberá ser la participación plena y permanente de todo el pueblo en el diseño y la aprobación de todas y cada una de las normas que rijan su convivencia. Los elegidos serán temporales, y la deliberación permanente será la norma por excelencia en veredas, corregimientos, municipios, barrios, comunas, localidades, fábricas, empresas, centros de estudio y de salud, etcétera. La política, de esta manera, dejará de ser una profesión para ser un compromiso cotidiano de todo aquel que aquí habite, bien de manera permanente bien de manera transitoria.

Reconocer el país de regiones que somos, valorando en su justa proporción las cualidades y las potencialidades de cada una de ellas, será propósito central en la República por construir, de manera que el centro burocrático y lleno de privilegios deje de serlo, irrigando por el país los recursos que corresponden a todos, y facilitando con ello la superación de la exclusión y de las negaciones, fortaleciendo cada una de las regiones con sus potencialidades en todo los campos, de cara al mundo. Seremos felices cuando la humanidad viva en justicia y libertad, sin opresiones, soportada en la solidaridad más desinteresada que podamos imaginar.

Parodiando al Libertador, y con la vista puesta en las décadas por recorrer de este siglo XXI, nos corresponde pedirle al pueblo de Colombia que, respondiendo al reto que tiene ante sí, de una República del tamaño de las demandas de los tiempos que vivimos y de los que están por venir, se conceda la gracia de diseñar y poner en marcha un país blindado por una democracia radical, participativa, directa y plebiscitaria, que garantice la desaparición de la desigualdad social, en la que nada de lo que competa al interés común pueda ser decidido a espaldas de las mayorías, en un país en que los privilegios por clase, color de piel y similares sean un mal recuerdo de épocas de opresión de las mayorías por las minorías, donde por fin la preocupación por la convivencia en paz sea un afán del conjunto social.

La imaginación y la audacia serán norma para que, como pueblo, estemos a la altura de los tiempos que nos correspondió vivir.

La Segunda República deberá ser un formidable reto por encarar por todos, por todas.

 


Simón Bolívar


Discurso de Angostura

(Palabras pronunciadas por el Libertador ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, día de su instalación)

Señor. ¡dichoso el ciudadano que bajo el escudo de las armas de su mando ha convocado la Soberanía Nacional para que ejerza su voluntad absoluta! Yo, pues, me cuento entre los seres más favorecidos de la Divina Providencia, ya que he tenido el honor de reunir a los representantes del pueblo de Venezuela en este augusto Congreso, fuente de la autoridad legítima, depósito de la voluntad soberana y árbitro del destino de la Nación.

Al transmitir a los representantes del pueblo el Poder Supremo que se me había confiado, colmo los votos de mi corazón, los de mis conciudadanos y los de nuestras futuras generaciones, que todo lo esperan de vuestra sabiduría, rectitud y prudencia. Cuando cumplo con este dulce deber, me liberto de la inmensa autoridad que me agobia, como de la responsabilidad ilimitada que pesaba sobre mis débiles fuerzas. Solamente una necesidad forzosa, unida a la voluntad imperiosa del pueblo, me habría sometido al terrible y peligroso cargo de Dictador Jefe Supremo de la República. ¡Pero ya respiro devolviéndoos esta autoridad, que con tanto riesgo, dificultad y pena he logrado mantener en medio de las tribulaciones más horrorosas que pueden afligir a un cuerpo social! No ha sido la época de la República, que he presidido, una nueva tempestad política, ni una guerra sangrienta, ni una anarquía popular, ha sido, sí, el desarrollo de todos los elementos desorganizadores: ha sido la inundación de un torrente infernal que ha sumergido la tierra de Venezuela. Un hombre ¡y un hombre como yo! ¿qué diques podría oponer al ímpetu de estas devastaciones? En medio de este piélago de angustias no he sido más que un vil juguete del huracán revolucionario que me arrebataba como una débil paja. Yo no he podido hacer ni bien ni mal; fuerzas irresistibles han dirigido la marcha de nuestros sucesos; atribuirmelos no sería justo, y sería darme una importancia que no merezco. ¿Queréis conocer los autores de los acontecimientos pasados y del orden actual?Consultad los anales de España, de América, de Venezuela; examinad las leyes de Indias, el régimen de los antiguos mandatarios, la influencia de la religión y del dominio extranjero; observad los primeros actos del gobierno republicano la ferocidad de nuestros enemigos y el carácter nacional. No me preguntéis sobre los efectos de estos trastornos para siempre lamentables; apenas se me puede suponer simple instrumento de los grandes móviles que han obrado sobre Venezuela; sin embargo, mi vida, mi conducta, todas mis acciones públicas y privadas están sujetas a la censura del pueblo. ¡Representantes! vosotros debéis juzgarlas. Yo someto la historia de mi mando a vuestra imparcial decisión; nada añadiré para excusarla; ya he dicho cuanto puede hacer mi apología. Si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime título de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de Pacíficador que me dio Cundinamarca, y a los que el mundo entero puede dar.

¡Legisladores! Yo deposito en vuestras manos el mando supremo de Venezuela. Vuestro es ahora el augusto deber de consagraros a la felicidad de la República: en vuestras manos está la balanza de nuestros destinos, la medida de nuestra gloria; ellas sellarán los decretos que fijen nuestra Libertad. En este momento el Jefe Supremo de la República no es más que un simple ciudadano; y tal quiere quedar hasta la muerte. Serviré sin embargo en la carrera de las armas mientras haya enemigos en Venezuela. Multitud de beneméritos hijos tiene la patria, capaces de dirigirla, talentos, virtudes, experiencia y cuanto se requiere para mandar a hombres libres, son el patrimonio de muchos de los que aquí representan el pueblo; y fuera de este soberano cuerpo se encuentran ciudadanos que en todas épocas han demostrado valor para arrostrar los peligros, prudencia para evitarlos y el arte, en fin, de gobernarse y de gobernar a otros. Estos ilustres varones merecerán sin duda los sufragios del Congreso y a ellos se encargará del gobierno, que tan cordial y sinceramente acabo de renunciar para siempre.

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.

Ya, pues, que por este acto de mi adhesión a la libertad de Venezuela puedo aspirar a la gloria de ser contado entre sus más fieles amantes; permitidme, Señor, que exponga con la franqueza de un verdadero republicano mi respetuoso dictamen en este Proyecto de Constitución que me tomo la libertad de ofreceros en testimonio de la sinceridad y del candor de mis sentimientos. Como se trata de la salud de todos, me atrevo a creer que tengo derecho para ser oído por los representantes del pueblo. Yo sé muy bien que vuestra sabiduría no ha menester de consejos, y sé también que mi Proyecto, acaso, os parecerá erróneo, impracticable. Pero Señor, aceptad con benignidad este trabajo, que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa. Por otra parte, siendo vuestras funciones la creación de un cuerpo político y aun se podría decir la creación de una sociedad entera, rodeada de todos los inconvenientes que presenta una situación, la más singular y difícil, quizá el grito de un ciudadano pueda advertir la presencia de un peligro encubierto de desconocido.

Echando una ojeada sobre lo pasado, veremos cuál es la base de la República de Venezuela.

Al desprenderse la América de la Monarquía Española, se ha encontrado semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo. Cada desmembración formó entonces una nación independiente conforme a su situación o a sus intereses; pero con la diferencia de que aquellos miembros volvían a restablecer sus primeras asociaciones. Nosotros ni aún conservamos los vestigios de lo que fue en otro tiempo; no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado. Todavía hay más; nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula y nos hallamos en tanta más dificultad para alcanzar la Libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la Libertad, sino también la tiranía activa y doméstica. Permítaseme explicar esta paradoja. En el régimen absoluto, el poder autorizado no admite límites. La voluntad del déspota es la Ley Suprema, ejecutada arbitrariamente por los subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la autoridad de que gozan. Ellos están encargados de las funciones civiles, políticas, militares y religiosas; pero al fin son persas los sátrapas de Persia, son turcos los bajaes del gran señor, son tártaros los sultanes de la Tartaria. La China no envía a buscar mandarines a la cuna de Gengis Kan, que la conquistó. Por el contrario, la América todo lo recibía de España que realmente la había privado del goce y ejercicio de la tiranía activa, no permitiéndose sus funciones en nuestros asuntos domésticos y administración interior. Esta abnegación nos había puesto en la imposibilidad de conocer el curso de los negocios públicos; tampoco gozábamos de la consideración personal que inspira el brillo del poder a los ojos de la multitud, y que es de tanta importancia en las grandes revoluciones. Lo diré de una vez, estábamos abstraídos, ausentes del universo en cuanto era relativo a la ciencia del Gobierno.

Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia. Semejante a un robusto ciego que, instigado por el sentimiento de su fuerza, marcha con la seguridad del hombre más perspicaz, y dando en todos los escollos no puede rectificar sus pasos. Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad. Así, legisladores, vuestra empresa es tanto más ímproba cuanto que tenéis que constituir a hombres pervertidos por las ilusiones del error y por incentivos nocivos. La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que enrobustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto Templo de la Libertad? ¿Serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?

 

 

Meditad bien vuestra elección, legisladores. No olvidéis que vais a echar los fundamentos a un pueblo naciente que podrá elevarse a la grandeza que la naturaleza le ha señalado, si vosotros proporcionáis su base al eminente rango que le espera. Si vuestra elección no está presidida por el genio tutelar de Venezuela, que debe inspiraros el acierto al escoger la naturaleza y la forma de gobierno que vais a adoptar para la felicidad del pueblo; si no acertáis, repito, la esclavitud será el término de nuestra transformación.

Los anales de los tiempos pasados os presentarán millares de gobiernos. Traed a la imaginación las naciones que han brillado sobre la tierra, y contemplaréis afligidos que casi toda la tierra ha sido, y aún es, víctima de sus gobiernos. Observaréis muchos sistemas de manejar hombres, mas todos para oprimirlos; y si la costumbre de mirar al género humano conducido por pastores de pueblos, no disminuyese el horror de tan chocante espectáculo, nos pasmaríamos al ver nuestra dócil especie pacer sobre la superficie del globo como viles rebaños destinados a alimentar a sus crueles conductores. La naturaleza a la verdad nos dota, al nacer, del incentivo de la libertad; mas sea pereza, sea propensión inherente a la humanidad, lo cierto es que ella reposa tranquila aunque ligada con las trabas que le imponen. Al contemplarla en este estado de prostitución, parece que tenemos razón para persuadimos que los más de los hombres tienen por verdadera aquella humillante máxima, que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía. ¡Ojalá que esta máxima contraria a la moral de la naturaleza fuese falsa! ¡Ojalá que esta máxima no estuviese sancionada por la indolencia de los hombres con respecto a sus derechos más sagrados!

Muchas naciones antiguas y modernas han sacudido la opresión; pero son rarísimas las que han sabido gozar algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. El hábito de la dominación los hace insensibles a los encantos del honor y de la prosperidad nacional; y miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. Los fastos del universo proclaman esta espantosa verdad.

Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero, ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia? ¿Y no se ha visto por el contrario la aristocracia, la monarquía cimentar grandes y poderosos imperios por siglos y siglos? ¿Qué gobierno más antiguo que el de China? ¿Qué república ha excedido en duración a la de Esparta, a la de Venecia? ¿E1 Imperio Romano no conquistó la tierra? ¿No tiene la Francia catorce siglos de monarquía? ¿Quién es más grande que la Inglaterra? Estas naciones, sin embargo, han sido o son aristocracias y monarquías.

A pesar de tan crueles reflexiones, yo me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que ha dado nuestra República al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo, y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la nación española, ha recobrado su independencia, su libertad, su igualdad, su soberanía nacional. Constituyéndose en una República Democrática, proscribió la monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado. E1 primer Congreso de Venezuela ha estampado en los anales de nuestra legislación, con caracteres indelebles, la majestad del pueblo dignamente expresada, al sellar el acto social más capaz de formar la dicha de una nación. Necesito de recoger todas mis fuerzas para sentir con toda la vehemencia de que soy susceptible, el supremo bien que encierra en sí este Código inmortal de nuestros derechos y de nuestras leyes. ¡Pero cómo osaré decirlo! ¿Me atreveré yo a profanar con mi censura las tablas sagradas de nuestras leyes. . .? Hay sentimientos que no se pueden contener en el pecho de un amante de la patria; ellos rebosan agitados por su propia violencia, y a pesar del mismo que los abriga, una fuerza imperiosa los comunica. Estoy penetrado de la idea de que el Gobierno de Venezuela debe reformarse; y que aunque muchos ilustres ciudadanos piensen como yo, no todos tienen el arrojo necesario para profesar públicamente la adopción de nuevos principios. Esta consideración me insta a tomar la iniciativa en un asunto de la mayor gravedad, y en que hay sobrada audacia en dar avisos a los consejeros del pueblo.

Cuanto más admiro la excelencia de la Constitución Federal de Venezuela, tanto más me persuado de la imposibilidad de su aplicación a nuestro estado. Y según mi modo de ver, es un prodigio que su modelo en el Norte de América subsista tan prósperamente y no se trastorne al aspecto del primer embarazo o peligro. A pesar de que aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral; no obstante que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la libertad y se alimenta de pura libertad; lo diré todo, aunque bajo de muchos respectos, este pueblo es único en la historia del género humano, es un prodigio, repito, que un sistema tan débil y complicado como el federal haya podido regirlo en circunstancias tan difíciles y delicadas como las pasadas. Pero sea lo que fuere de este Gobierno con respecto a la Nación Americanas, debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de los estados tan distintos como el Inglés Americano y el Americano Español. ¿No sería muy difícil aplicar a España el código de libertad política, civil y religiosa de la Inglaterra? Pues aún es más difícil adaptar en Venezuela las leyes del Norte de América. ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington!

La Constitución Venezolana sin embargo de haber tomado sus bases de la más perfecta, si se atiende a la corrección de los principios y a los efectos benéficos de su administración, difirió esencialmente de la Americana en un punto cardinal, y sin duda el más importante. El Congreso de Venezuela como el Americano participa de algunas de las atribuciones del Poder Ejecutivo. Nosotros, además, subdividimos este Poder habiéndolo cometido a un cuerpo colectivo sujeto por consiguiente a los inconvenientes de hacer periódica la existencia del Gobierno, de suspenderla y disolverla siempre que se separan sus miembros. Nuestro triunvirato carece, por decirlo así, de unidad, de continuación y de responsabilidad individual; está privado de acción momentánea, de vida continua, de uniformidad real, de responsabilidad inmediata, y un gobierno que no posee cuanto constituye su moralidad, debe llamarse nulo.

 

 

Aunque las facultades del Presidente de los Estados Unidos están limitadas con restricciones excesivas, ejerce por sí solo todas las funciones gubernativas que la Constitución le atribuye, y es indubitable que su administración debe ser más uniforme, constante y verdaderamente propia que la de un poder diseminado entre varios individuos cuyo compuesto no puede ser menos que monstruoso.

El Poder Judiciario en Venezuela es semejante al Americano, indefinido en duración, temporal y no vitalicio; goza de toda la independencia que le corresponde.

El primer Congreso en su Constitución Federal más consultó el espíritu de las provincias, que la idea sólida de formar una República indivisible y central. Aquí cedieron nuestros legisladores al empeño inconsiderado de aquellos provinciales seducidos por el deslumbrante brillo de la felicidad del Pueblo Americano, pensando que las bendiciones de que goza son debidas exclusivamente a la forma de gobierno y no al carácter y costumbres de los ciudadanos. Y en efecto, el ejemplo de los Estados Unidos por su peregrina prosperidad era demasiado lisonjero para que no fuese seguido. ¿Quién puede resistir al amor que inspira un gobierno inteligente que liga a un mismo tiempo los derechos particulares a los derechos generales; que forma de la voluntad común la Ley Suprema de la voluntad individual? ¿Quién puede resistir al imperio de un gobierno bienhechor que con una mano hábil, activa y poderosa dirige siempre, y en todas partes, todos sus resortes hacia la perfección social, que es el fin único de las instituciones humanas?

Mas por halagüeño que parezca y sea en efecto este magnifico sistema federativo, no era dado a los venezolanos gozarlo repentinamente a salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien; el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo. Nuestra Constitución Moral no tenía todavía la consistencia necesaria para recibir el beneficio de un gobierno completamente representativo, y tan sublime cuanto que podía ser adaptado a una República de Santos.

¡Representantes del Pueblo! Vosotros estáis llamados para consagrar o suprimir cuanto os parezca digno de ser conservado, reformado o desechado en nuestro pacto social. A vosotros pertenece el corregir la obra de nuestros primeros Legisladores; yo querría decir que a vosotros toca cubrir una parte de la belleza que contiene nuestro Código Político; porque no todos los corazones están formados para amar a todas las beldades; ni todos los ojos son capaces de soportar la luz celestial de la perfección. E1 libro de los Apóstoles, la moral de Jesús, la obra divina que nos ha enviado la Providencia para mejorar a los hombres, tan sublime, tan santa, es un diluvio de fuego en Constantinopla, y el Asia entera ardería en vivas llamas, si este libro de paz se le impusiese repentinamente por Código de religión, de leyes y de costumbres.

Séame permitido llamar la atención del Congreso sobre una materia que puede ser de una importancia vital. Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que más bien es un compuesto de Africa y de América, que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter. Es imposible asignar con propiedad a qué familia humana pertenecemos. La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.

Los ciudadanos de Venezuela gozan todos por la Constitución, intérprete de la naturaleza, de una perfecta igualdad política. Cuando esta igualdad no hubiese sido un dogma en Atenas, en Francia y en América, deberíamos nosotros consagrarlo para corregir la diferencia que aparentemente existe. Mi opinión es, legisladores, que el principio fundamental de nuestro sistema depende inmediata y exclusivamente de la igualdad establecida y practicada en Venezuela. Que los hombres nacen todos con derechos iguales a los bienes de la sociedad, está sancionado por la pluralidad de los sabios; como también lo está que no todos los hombres nacen igualmente aptos a la obtención de todos los rangos; pues todos deben practicar la virtud y no todos lo practican; todos deben ser valerosos y todos no lo son; todos deben poseer talentos y todos no los poseen. De aquí viene la distinción efectiva que se observa entre los individuos de la sociedad más liberalmente establecida. Si el principio de la igualdad política es generalmente reconocido, no lo es menos el de la desigualdad física y moral. La naturaleza hace a los hombres desiguales, en genio, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes, le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social. Es una inspiración eminentemente benéfica la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad se multiplicaba en razón de la propagación de la especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuántos celos, rivalidades y odios se han evitado!

Habiendo ya cumplido con la justicia, con la humanidad, cumplamos ahora con la política, con la sociedad, allanando las dificultades que opone un sistema tan sencillo y natural, mas tan débil que el menor tropiezo lo trastorna, lo arruina. La diversidad de origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea cuyo complicado artificio se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración.

E1 sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Por las leyes que dictó el primer Congreso tenemos derecho de esperar que la dicha sea el dote de Venezuela; y por las vuestras, debemos lisonjearnos que la seguridad y la estabilidad eternizarán esta dicha. A vosotros toca resolver el problema. ¿Cómo, después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas? Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio de despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el especifico de nuestras saludables Leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu.

Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios. Necesitamos de la igualdad para refundir, digámoslo así, en un todo, la especie de los hombres, las opiniones políticas y las costumbres públicas. Luego extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijamos la atención sobre los privilegios que debemos evitar. Que la historia nos sirva de guía en esta carrera. Atenas la primera nos da el ejemplo más brillante de una democracia absoluta, y al instante, la misma Atenas nos ofrece el ejemplo más melancólico de la extrema debilidad de esta especie de gobierno. E1 más sabio legislador de Grecia no vio conservar su República diez años, y sufrió la humillación de reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta, para regir ninguna especie de sociedad, ni aun la más culta, morígera y limitada, porque sólo brilla con relámpagos de libertad. Reconozcamos, pues, que Solón ha desengañado al mundo y le ha enseñado cuán difícil es dirigir por simples leyes a los hombres.

La República de Esparta que parecía una invención quimérica, produjo más efectos reales que la obra ingeniosa de Solón. Gloria, virtud, moral, y por consiguiente la felicidad nacional, fue el resultado de la Legislación de Licurgo. Aunque dos reyes en un Estado son dos monstruos para devorarlo, Esparta poco tuvo que sentir en su doble trono; en tanto que Atenas se prometia la suerte más espléndida, con una soberanía absoluta, libre elección de magistrados, frecuentemente renovados, Leyes suaves, sabias y políticas. Pisistrato, usurpador y tirano, fue más saludable a Atenas que sus leyes; y Pericles, aunque también usurpador, fue el más útil ciudadano. La República de Tebas no tuvo más vida que la de Pelópidas y Epaminondas, porque a veces son los hombres, no los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!

 

 

La Constitución Romana es la que mayor poder y fortuna ha producido a ningún pueblo del mundo; allí no había una exacta distribución de los poderes. Los cónsules, el senado, el pueblo, ya eran legisladores, ya magistrados, ya jueces; todos participaban de todos los poderes. El Ejecutivo, compuesto de dos cónsules, padecía del mismo inconveniente que el de Esparta. A pesar de su deformidad no sufrió la República la desastrosa discordancia que toda previsión habría supuesto inseparable, de una magistratura compuesta de dos individuos, igualmente autorizados con las facultades de un monarca. Un gobierno cuya única inclinación era la conquista, no parecía destinado a cimentar la felicidad de su nación. Un gobierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y de gloria; y formó de la tierra un dominio romano para mostrar a los hombres de cuanto son capaces las virtudes políticas y cuán indiferentes suelen ser las instituciones.


Y pasando de los tiempos antiguos a los modernos encontraremos la Inglaterra y la Francia, llamando la atención de todas las naciones y dándoles lecciones elocuentes de todas especies en materias de gobierno. La Revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado al mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes; en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios. Todos saben apreciar el valor intrínseco de las teorías especulativas de los filósofos y legisladores modernos. En fin, este astro, en su luminosa carrera, aun ha encendido los pechos de los apáticos españoles, que también se han lanzado en el torbellino político; han hecho sus efímeras pruebas de libertad, han reconocido su incapacidad para vivir bajo el dulce dominio de las leyes y han vuelto a sepultarse en sus prisiones y hogueras inmemoriales.

Aquí es el lugar de repetiros, legisladores, lo que os dice el elocuente Volney en la Dedicatoria de sus Ruinas de palmira: “A los pueblos nacientes de las Indias Castellanas, a los Jefes generosos que lo guían a la libertad: que los errores e infortunios del mundo antiguo enseñen la sabiduría y la felicidad al mundo nuevo”. Que no se pierdan, pues, las lecciones de la experiencia; y que las escuelas de Grecia, de Roma, de Francia, de Inglaterra y de América nos instruyan en la difícil ciencia de crear y conservar las naciones con leyes propias, justas, legítimas y sobre todo útiles. No olvidando jamás que la excelencia de un gobierno no consiste en su teoría, en su forma, ni en su mecanismo, sino en ser apropiado a la naturaleza y al carácter de la nación para quien se instituye.

Roma y la Gran Bretaña son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres; pero ambas se constituyeron no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos. Así, pues, os recomiendo, Representantes, el estudio de la constitución Británica que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adoptan; pero por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil. Cuando hablo de Gobierno Británico sólo me refiero a lo que tiene de republicanismo, y a la verdad ¿puede llamarse pura monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta, y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de república? ¿Y puede pretenderse a más en el orden social? Yo os recomiendo esta Constitución como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre y a toda la felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza.

En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento Británico. Hemos dividido como los americanos la Representación Nacional en dos Cámaras: la de Representantes y el Senado. La primera está compuesta muy sabiamente, goza de todas las atribuciones que le corresponden y no es susceptible de una reforma esencial, porque la Constitución le ha dado el origen, la forma y las facultades que requiere la voluntad del pueblo para ser legitima y competentemente representada. Si el Senado en lugar de ser efectivo fuese hereditario, sería en mi concepto la base, el lazo, el alma de nuestra República. Este Cuerpo en las tempestades políticas pararía los rayos del gobierno y rechazaría las olas populares. Adicto al gobierno por el justo interés de su propia conservación, se opondría siempre a las invasiones que el pueblo intenta contra la jurisdicción y la autoridad de sus magistrados. Debemos confesarlo: los más de los hombres desconocen sus verdaderos intereses, y constantemente procuran asaltarlos en las manos de sus depositarios: el individuo pugna contra la masa, y la masa contra la autoridad. Por tanto, es preciso que en todos los gobiernos exista un cuerpo neutro que se ponga siempre de parte del ofendido y desarme al ofensor. Este cuerpo neutro, para que pueda ser tal, no ha de deber su origen a la elección del gobierno, ni a la del pueblo; de modo que goce de una plenitud de independencia que ni tema, ni espere nada de estas dos fuentes de autoridad. El Senado hereditario como parte del pueblo, participa de sus intereses, de sus sentimientos y de su espíritu. Por esa causa no debe presumir que un Senado hereditario se desprenda de los intereses populares, ni olvide sus deberes legislativos. Los Senadores en Roma, y los Lores en Londres han sido las columnas más firmes sobre las que se ha fundado el edificio de la libertad política y civil.


Estos Senadores serán elegidos la primera vez por el Congreso. Los sucesores al Senado llaman la primera atención del gobierno, que debería educarlos en un Colegio especialmente destinado para instruir aquellos tutores, legisladores futuros de la patria. Aprenderían las artes, las ciencias y las letras que adornan el espíritu de un hombre público; desde su infancia ellos sabrían a qué carrera la providencia los destinaba, y desde muy tiernos elevarían su alma a la dignidad que los espera.

De ningún modo sería una violación de la igualdad política la creación de un Senado hereditario; no es una nobleza la que pretendo establecer porque, como ha dicho un célebre republicano, sería destruir a la vez la igualdad y la libertad. Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber, y los medios proporcionados para adquirir su instrucción. Todo no se debe dejar al acaso y a la ventura de las elecciones: el pueblo se engaña más fácilmente que la naturaleza perfeccionada por el arte; y aunque es verdad que estos senadores no saldrían del seno de las virtudes, también es verdad que saldrían del seno de una educación ilustrada. Por otra parte, los libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la República que les debe su existencia. Creo que la posteridad vería con sentimiento anonadado los nombres ilustres de sus primeros bienhechores: digo más, es del interés público, es de la gratitud de Venezuela, es del honor nacional, conservar con gloria, hasta la última posteridad, una raza de hombres virtuosos, prudentes y esforzados que superando todos los obstáculos, han fundado la República a costa de los más heróicos sacrificios. Y si el pueblo de Venezuela no aplaude la elevación de sus bienhechores, es indigno de ser libre y no lo será jamás.

Un Senado hereditario, repito, será la base fundamental del Poder Legislativo, y por consiguiente será la base de todo gobierno. Igualmente servirá de contrapeso para el gobierno y para el pueblo: será una potestad intermedia que embote los tiros que recíprocamente se lanzan estos eternos rivales. En todas las luchas la calma de un tercero viene a ser el órgano de la reconciliación, así el Senado de Venezuela será la traba de este edificio delicado y harto susceptible de impresiones violentas; será el iris que calmará las tempestades y mantendrá la armonía entre los miembros y la cabeza de este cuerpo político.

Ningún estimulo podrá adulterar un Cuerpo Legislativo investido de los primeros honores, dependiente de sí mismo sin temer nada del pueblo, ni esperar nada del Gobierno; que no tiene otro objeto que el de reprimir todo principio de mal, y propagar todo principio de bien; y que está altamente interesado en la existencia de una sociedad en la cual participa de sus efectos funestos o favorables. Se ha dicho con demasiada razón que la Cámara alta de Inglaterra es preciosa para la nación porque ofrece un baluarte a la libertad; y yo añado que el Senado de Venezuela, no sólo sería un baluarte de libertad, sino un apoyo para eternizar la República.


El Poder Ejecutivo Británico está revestido de toda la autoridad soberana que le pertenece; pero también está circunvalado de una triple línea de diques, barreras y estacadas. Es Jefe del Gobierno, pero sus Ministros y subalternos dependen más de las leyes que de su autoridad, porque son personalmente responsables, y ni aun las mismas órdenes de la autoridad Real los eximen de esa responsabilidad. Es Generalísimo del Ejército y de la Marina; hace la paz y declara la guerra; pero el Parlamento es el que decreta anualmente las sumas con que deben pagarse estas fuerzas militares. Si los tribunales y jueces dependen de él, las leyes emanan del Parlamento que las ha consagrado. Con el objeto de neutralizar su poder, es inviolable y sagrada la persona del Rey; y al mismo tiempo que le dejan libre la cabeza le ligan las manos con que debe obrar. El Soberano de la Inglaterra tiene tres formidables rivales, su Gabinete que debe responder al pueblo y al Parlamento; el Senado que defiende los intereses del pueblo como representante de la nobleza de que se compone; y la Cámara de los Comunes que sirve de órgano y de tribuna al pueblo británico. Además, como los jueces son responsables del cumplimiento de las leyes, no se separan de ellas, y los Administradores del Erario, siendo perseguidos no solamente por sus propias infracciones, sino aun por las que hace el mismo Gobierno, se guardan bien de malversar los fondos públicos. Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reino, sea para una aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un Presidente, nombrado por el pueblo o por sus representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional.

Cualquiera que sea el ciudadano que llene estas funciones, se encontrará auxiliado por la Constitución: autorizado para hacer bien, no podrá hacer mal, porque siempre que se someta a las leyes, sus Ministros cooperarán con él; si por el contrario pretende infringirlas, sus propios Ministros lo dejarán aislado en medio de la República, y aún lo acusarán delante del Senado. Siendo los Ministros los responsables de las transgresiones que se cometan, ellos son los que gobiernan, porque ellos son los que las pagan. No es la menor ventaja de este sistema la obligación en que pone a los funcionarios inmediatos al Poder Ejecutivo de tomar la parte más interesada y activa en las deliberaciones del gobierno, y a mirar como propio este Departamento. Puede suceder que no sea el Presidente un hombre de grandes talentos, ni de grandes virtudes, y no obstante la carencia de estas cualidades esenciales, el Presidente desempeñará sus deberes de un modo satisfactorio, pues en tales casos el Ministro, haciendo todo por sí mismo, lleva la carga del Estado.

Por exorbitante que parezca la autoridad del Poder Ejecutivo de Inglaterra, quizás no es excesiva en la República de Venezuela. Aquí el Congreso ha ligado las manos y hasta la cabeza a los Magistrados. Este cuerpo deliberadamente ha asumido una parte de las funciones ejecutivas contra la máxima de Montesquieu que dice que un Cuerpo Representante no debe tomar ninguna resolución activa; debe hacer leyes, y ver si se ejecutan las que hace. Nada es tan contrario a la armonía entre los poderes, como su mezcla. Nada es tan peligroso con respecto al pueblo como la debilidad del Ejecutivo, y si en un reino se ha juzgado necesario concederle tantas facultades, en una república son éstas infinitamente más indispensables.

Fijemos nuestra atención sobre esa diferencia y hallaremos que el equilibrio de los poderes debe distribuirse de dos modos. En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo conspira contra él; en tanto que en las monarquías el más fuerte debe ser el Legislativo, porque todo conspira en favor del monarca. La veneración que profesan los pueblos a la Magistratura Real es un prestigio, que influye poderosamente a aumentar el respeto supersticioso que se tributa a esta autoridad.

E1 esplendor del Trono, de la Corona, de la Púrpura; el apoyo formidable que le presta la nobleza; las inmensas riquezas que generaciones enteras acumulan en una misma dinastía; la protección fraternal que recíprocamente reciben todos los reyes, son ventajas muy considerables que militan en favor de la Autoridad Real y la hacen casi ilimitada. Estas mismas ventajas son, por consiguiente, las que deben confirmar la necesidad de atribuir a un Magistrado Republicano, una suma mayor de autoridad que la que posee un Príncipe Constitucional.

 

 

Un Magistrado Republicano es un individuo aislado en medio de una sociedad; encargado de contener el ímpetu del pueblo hacia la licencia, la propensión de los jueces y administradores hacia el abuso de las leyes. Está sujeto inmediatamente al Cuerpo Legislativo, al Senado, al pueblo: es un hombre solo resistiendo el ataque combinado de las opiniones, de los intereses y de las pasiones del Estado social, que como dice Carnot, no hace más que luchar continuamente entre el deseo de dominar y el deseo de substraerse a la dominación. Es en fin un atleta lanzado contra otra multitud de atletas.

Sólo puede servir de correctivo a esta debilidad, el vigor bien cimentado y más bien proporcionado a la resistencia que necesariamente le oponen al Poder Ejecutivo el Legislativo, el Judiciario y el pueblo de una República. Si no se ponen al alcance del Ejecutivo todos los medios que una justa atribución le señala, cae inevitablemente en la nulidad o en su propio abuso; quiero decir, en la muerte del gobierno, cuyos herederos son la anarquía, la usurpación y la tiranía. Se quiere contener la autoridad ejecutiva con restricciones y trabas; nada es más justo; pero que se advierta que los lazos que se pretenden conservar se fortifican, sí, mas no se estrechan.

Que se fortifique, pues, todo el sistema del gobierno, y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil como la democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez; y sus instituciones consultarse para la estabilidad. Si no es así, contemos con que se establece un ensayo de gobierno, y no un sistema permanente; contemos con una sociedad díscola, tumultuaria y anárquica y no con un establecimiento social, donde tengan su imperio la felicidad, la paz y la justicia.

No seamos presuntuosos, Legisladores; seamos moderados en nuestras pretensiones. No es probable conseguir lo que no ha logrado el género humano; lo que no han alcanzado las más grandes y sabias naciones. La libertad indefinida, la democracia absoluta, son los escollos a donde han ido a estrellarse todas las esperanzas republicanas. Echad una mirada sobre las repúblicas antiguas, sobre las repúblicas modernas, sobre las repúblicas nacientes; casi todas han pretendido establecerse absolutamente democráticas y a casi todas se les han frustrado sus justas aspiraciones. Son laudables ciertamente hombres que anhelan por instituciones legitimas y por una perfección social; pero ¿quién ha dicho a los hombres que ya poseen toda la sabiduría, que ya practican toda la virtud, que exigen imperiosamente la liga del poder con la justicia? ¡Angeles, no hombres pueden únicamente existir libres, tranquilos y dichosos, ejerciendo todos la Potestad Soberana!

Ya disfruta el pueblo de Venezuela de los derechos que legítima y fácilmente puede gozar; moderemos ahora el ímpetu de las pretensiones excesivas que quizás le suscitaría la forma de un gobierno incompetente para él. Abandonemos las formas federales que no nos convienen; abandonemos el triunvirato del Poder Ejecutivo; y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconvenientes anexos a nuestra reciente situación, al estado de guerra que sufrimos, y a la especie de los enemigos externos y domésticos, contra quienes tendremos largo tiempo que combatir. Que el Poder Legislativo se desprenda de las atribuciones que corresponden al Ejecutivo; y adquiera no obstante nueva consistencia, nueva influencia en el equilibrio de las autoridades. Que los tribunales sean reforzados por la estabilidad y la independencia de los jueces; por el establecimiento de Jurados; de Códigos civiles y criminales que no sean dictados por la antigüedad ni por reyes conquistadores, sino por la voz de la naturaleza, por el grito de la justicia, y por el genio de la sabiduría.

Mi deseo es que todas las partes del gobierno y administración adquieran el grado de vigor que únicamente puede mantener el equilibrio, no sólo entre los miembros que componen el Gobierno, sino entre las diferentes fracciones de que se compone nuestra sociedad. Nada importaría que los resortes de un sistema político se relajasen por su debilidad, si esta relajación no arrastrase consigo la disolución del cuerpo social y la ruina de los asociados. Los gritos del género humano en los campos de batalla, o en los campos tumultuarios claman al cielo contra los inconsiderados y ciegos legisladores, que han pensado que se pueden hacer impunemente ensayos de quiméricas instituciones. Todos los pueblos del mundo han pretendido la libertad; los unos por las armas, los otros por las leyes, pasando alternativamente de la anarquía al despotismo o del despotismo a la anarquía; muy pocos son los que se han contentado con pretensiones moderadas, constituyéndose de un modo conforme a sus medios, a su espíritu y a sus circunstancias.

No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía. De la libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la suprema libertad social. Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada. Hagamos que la fuerza pública se contenga en los límites que la razón y el interés prescriben; que la voluntad nacional se contenga en los limites que un justo poder le señala: que una legislación civil y criminal, análoga a nuestra actual Constitución domine imperiosamente sobre el Poder Judiciario, y entonces habrá un equilibrio, y no habrá el choque que embaraza la marcha del Estado, y no habrá esa complicación que traba, en vez de ligar, la sociedad.

Para formar un gobierno estable se requiere la base de un espíritu nacional, que tenga por objeto una inclinación uniforme hacia dos puntos capitales: moderar la voluntad general y limitar la autoridad pública. Los términos que fijan teóricamente estos dos puntos son de una difícil asignación; pero se puede concebir que la regla que debe dirigirlos es la restricción, y la concentración reciproca a fin de que haya la menos frotación posible entre la voluntad y el poder legítimo. Esta ciencia se adquiere insensiblemente por la práctica y por el estudio. E1 progreso de la luces es el que ensancha el progreso de la práctica, y la rectitud del espíritu es la que ensancha el progreso de las luces.

El amor a la patria, el amor a las leyes, el amor a los magistrados, son las nobles pasiones que deben absorber exclusivamente el alma de un republicano. Los venezolanos aman la patria, pero no aman sus leyes; porque éstas han sido nocivas y eran la fuente del mal.

Tampoco han podido amar a sus magistrados, porque eran inicuos, y los nuevos apenas son conocidos en la carrera en que han entrado. Si no hay un respeto sagrado por la patria, por las leyes y por las autoridades, la sociedad es una confusión, un abismo; es un conflicto singular de hombre a hombre, de cuerpo a cuerpo.

Para sacar de este caos nuestra naciente República, todas nuestras facultades morales no serán bastantes si no fundimos la masa del pueblo en un todo; la composición del gobierno en un todo; la legislación en un todo, y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa. La sangre de nuestros ciudadanos es diferente, mezclémosla para unirla; nuestra Constitución ha dividido los poderes, enlacémoslos para unirlos; nuestras leyes son funestas reliquias de todos los despotismos antiguos y modernos, que este edificio monstruoso se derribe, caiga y apartando hasta sus ruinas, elevemos un templo a la justicia; y bajo los auspicios de su santa inspiración, dictemos un Código de Leyes Venezolanas. Si queremos consultar monumentos y modelos de Legislación, la Gran Bretaña, la Francia, la América Septentrional los ofrecen admirables.

La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades. Tomemos de Atenas su Areópago, y los guardianes de las costumbres y de las leyes; tomemos de Roma sus censores y sus tribunales domésticos; y haciendo una santa alianza de estas instituciones morales, renovemos en el mundo la idea de un pueblo que no se contenta con ser libre y fuerte, sino que quiere ser virtuoso. Tomemos de Esparta sus austeros establecimientos, y formando de estos tres manantiales una fuente de virtud, demos a nuestra República una cuarta potestad cuyo dominio sea la infancia y el corazón de los hombres, el espíritu público, las buenas costumbres y la moral republicana. Constituyamos este Areópago para que vele sobre la educación de los niños, sobre la instrucción nacional; para que purifique lo que se haya corrompido en la República; que acuse la ingratitud, el egoísmo, la frialdad del amor a la patria, el ocio, la negligencia de los ciudadanos; que juzgue de los principios de corrupción, de los ejemplos perniciosos; debiendo corregir las costumbres con penas morales, como las leyes castigan los delitos con penas aflictivas, y no solamente lo que choca contra ellas, sino lo que las burla; no solamente lo que las ataca, sino lo que las debilita; no solamente lo que viola la constitución, sino lo que viola el respeto público. La jurisdicción de este tribunal verdaderamente santo, deberá ser efectiva con respecto a la educación y a la instrucción, y de opinión solamente en las penas y castigos. Pero sus anales, o registros donde se consignen sus actas y deliberaciones, los principios morales y las acciones de los ciudadanos, serán los libros de la virtud y del vicio. Libros que consultará el pueblo para sus elecciones, los magistrados para sus resoluciones y los jueces para sus juicios. Una institución semejante, por más que parezca quimérica, es infinitamente más realizable que otras que algunos legisladores antiguos y modernos han establecido con menos utilidad del género humano.

¡Legisladores! Por el proyecto de Constitución que reverentemente someto a vuestra sabiduría, observaréis el espíritu que lo ha dictado. Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres: hacerlos honrados y felices. Poniendo restricciones justas y prudentes en las asambleas primarias y electorales, ponemos el primer dique a la licencia popular, evitando la concurrencia tumultuaria y ciega que en todos tiempos ha imprimido el desacierto en las elecciones y ha ligado por consiguiente, el desacierto a los Magistrados y a la marcha del Gobierno; pues este acto primordial es el acto generativo de la libertad o de la esclavitud de un pueblo.

Aumentando en la balanza de los poderes el peso del Congreso por el número de los legisladores y por la naturaleza del Senado, he procurado darle una base fija a este primer cuerpo de la nación, y revestirlo de una consideración importantísima para el éxito de sus funciones soberanas.

Separando con limites bien señalados la Jurisdicción Ejecutiva de la Jurisdicción Legislativa, no me he propuesto dividir sino enlazar con los vínculos de la armonía que nace de la independencia estas potestades supremas, cuyo choque prolongado jamás ha dejado de aterrar a uno de los contendientes. Cuando deseo atribuir al Ejecutivo una suma de facultades superior a la que antes gozaba, no he deseado autorizar un déspota para que tiranice la República, sino impedir que el despotismo deliberante no sea la causa inmediata de un circulo de vicisitudes despóticas en que alternativamente la anarquía sea reemplazada por la oligarquía y por la monocracia. Al pedir la estabilidad de los jueces, la creación de jurados y un nuevo Código, he podido al Congreso la garantía de la libertad civil, la más preciosa, la más justa, la más necesaria; en una palabra, la única libertad, pues que sin ella las demás son nulas. He pedido la corrección de los más lamentables abusos que sufre nuestra Judicatura, por su origen vicioso de ese piélago de legislación española que semejante al tiempo recoge de todas las edades y de todos los hombres, así las obras de la demencia como las del talento, así las producciones sensatas como las extravagantes, así los monumentos del ingenio como los del capricho. Esta Enciclopedia Judiciaria, monstruo de diez mil cabezas, que hasta ahora ha sido el azote de los pueblos españoles, es el suplicio más refinado que la cólera del cielo ha permitido descargar sobre este desdichado Imperio.

Meditando sobre el modo efectivo de regenerar el carácter y las costumbres que la tiranía y la guerra nos han dado, he sentido la audacia de inventar un Poder Moral, sacado del fondo de la oscura antigüedad, y de aquellas olvidadas leyes que mantuvieron, algún tiempo, la virtud entre los griegos y romanos. Bien puede ser tenido por un cándido delirio, mas no es imposible, y yo me lisonjeo que no desdeñaréis enteramente un pensamiento que mejorado por la experiencia y las luces, puede llegar a ser muy eficaz.

Horrorizado de la divergencia que ha reinado y debe reinar entre nosotros por el espíritu sutil que caracteriza al Gobierno Federativo, he sido arrastrado a rogaros para que adoptéis el centralismo y la reunión de todos los Estados de Venezuela en una República sola e indivisible. Esta medida, en mi opinión, urgente, vital, redentora, es de tal naturaleza que sin ella el fruto de nuestra regeneración será la muerte.

Mi deber es, legisladores, presentaros un cuadro prolijo y fiel de mi administración política, civil y militar, mas sería cansar demasiado vuestra importante atención, y privaros en este momento de un tiempo tan precioso como urgente. En consecuencia, los Secretarios de Estado darán cuenta al Congreso de sus diferentes departamentos exhibiendo al mismo tiempo los documentos y archivos que servirán de ilustración para tomar un exacto conocimiento del estado real y positivo de la República.

Yo no os hablaría de los actos más notables de mi mando, si éstos no incumbiesen a la mayoría de los Venezolanos. Se trata, Señor, de las resoluciones más importantes de este último periodo.
La atroz e impía esclavitud cubría con su negro manto la tierra de Venezuela, y nuestro cielo se hallaba recargado de tempestuosas nubes, que amenazaban un diluvio de fuego. Yo imploré la protección del Dios de la humanidad, y luego la redención disipó las tempestades. La esclavitud rompió sus grillos, y Venezuela se ha visto rodeada de nuevos hijos, de hijos agradecidos que han convertido los instrumentos de su cautiverio en armas de libertad. Si, los que antes eran esclavos ya son libres; los que antes eran enemigos de una madrastra, ya son defensores de una patria. Encareceros la justicia, la necesidad y la beneficencia de esta medida es superfluo cuando vosotros sabéis la historia de los Helotas, de Espartaco y de Haiti; cuando vosotros sabéis que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles. Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis Estatutos y Decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.
Representaros la historia militar de Venezuela sería recordaros la historia del heroísmo republicano entre los antiguos; sería deciros que Venezuela ha entrado en el gran cuadro de los sacrificios hechos sobre el altar de la libertad. Nada ha podido llenar los nobles pechos de nuestros generosos guerreros, sino los honores sublimes que se tributan a los bienhechores del género humano. No combatiendo por el poder, ni por la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan sólo por la libertad, títulos de Libertadores de la República, son sus dignos galardones. Yo, pues, fundando una sociedad sagrada con estos ínclitos varones, he instituido el orden de los Libertadores de Venezuela. ¡Legisladores! a vosotros pertenecen las facultades de conceder honores y condecoraciones, vuestro es el deber de ejercer este acto augusto de gratitud nacional.

Hombres que se han desprendido de todos los goces, de todos los bienes que antes poseían, como el producto de su virtud y talentos, hombres que han experimentado cuanto es cruel en una guerra horrorosa, padeciendo las privaciones más dolorosas y los tormentos más acerbos; hombres tan beneméritos de la patria, han debido llamar la atención del Gobierno. En consecuencia he mandado recompensarlos con los bienes de la nación. Si he contraído para con el pueblo alguna especie de mérito, pido a sus representantes oigan mi súplica como el premio de mis débiles servicios. Que el Congreso ordene la distribución de los bienes nacionales, conforme a la Ley que a nombre de la República he decretado a beneficio de los militares venezolanos.

Ya que por infinitos triunfos hemos logrado anonadar las huestes españolas, desesperada la Corte de Madrid ha pretendido sorprender vanamete la conciencia de los magnánimos soberanos que acaban de extirpar la usurpación y la tiranía en Europa, y deben ser los protectores de la legitimidad y de la justicia de la causa americana. Incapaz de alcanzar con sus armas nuestra sumisión, recurre la España a su política insidiosa: no pudiendo vencernos, ha querido emplear sus artes suspicaces. Fernando se ha humillado hasta confesar que ha menester de la protección extranjera para retornarnos a su ignominioso yugo ¡a un yugo que todo poder es nulo para imponerlo! Convencida Venezuela de poseer las fuerzas suficientes para repeler a sus opresores, ha pronunciado por el órgano del Gobierno, su última voluntad de combatir hasta expirar, por defender su vida política, no sólo contra la España, sino contra todos los hombres, si todos los hombres se hubiesen degradado tanto que abrazasen la defensa de un gobierno devorador, cuyos únicos móviles son una espada exterminadora y las llamas de la Inquisición. Un gobierno que ya no quiere dominios, sino desiertos; ciudades, sino ruinas; vasallos, sino tumbas. La declaración de la República de Venezuela es el Acta más gloriosa, más heroica, más digna de un pueblo libre; es la que con mayor satisfacción tengo el honor de ofrecer al Congreso ya sancionada por la expresión unánime del pueblo de Venezuela.

Desde la segunda época de la República nuestro Ejército carecía de elementos militares: siempre ha estado desarmado; siempre le han faltado municiones; siempre ha estado mal equipado. Ahora lo soldados defensores de la Independencia no solamente están armados de la justicia, sino también de la fuerza. Nuestras tropas pueden medirse con las más selectas de Europa, ya que no hay desigualdad en los medios destructores. Tan grandes ventajas las debemos a la liberalidad sin limites de algunos generosos extranjeros que han visto gemir la humanidad y sucumbir la causa de la razón, y no la han visto tranquilos espectadores, sino que han volado con sus protectores auxilios y han prestado a la República cuanto ella necesitaba para hacer triunfar sus principios filantrópicos. Estos amigos de la humanidad son los genios custodios de la América, y a ellos somos deudores de un eterno reconocimiento, como igualmente de un cumplimiento religioso a las sagradas obligaciones que con ellos hemos contraído. La deuda nacional, Legisladores, es el depósito de la fe, del honor y de la gratitud de Venezuela. Respetadla como la Arca Santa, que encierra no tanto los derechos de nuestros bienhechores, cuanto la gloria de nuestra fidelidad. Perezcamos primero que quebrantar un empeño que ha salvado la patria y la vida de sus hijos.

La reunión de la Nueva Granada y Venezuela en un grande Estado ha sido el voto uniforme de los pueblos y gobiernos de estas Repúblicas. La suerte de la guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los Colombianos; de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos ya os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma se remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Dignaos, Legisladores, acoger con indulgencia la profesión de mi conciencia política, los últimos votos de mi corazón y los ruegos fervorosos que a nombre del pueblo me atrevo a dirigiros. Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad. Señor, empezad vuestras funciones: yo he terminado las mías.

 

*Biblioteca Virtual Universal.


Pensamiento de Bolívar en el discurso de Angostura

Enrique Santos Molano

El objetivo del discurso pronunciado por el Libertador al instalar, el 15 de febrero de 1819 en Angostura el Congreso de la República de Venezuela, convocado por él, era presentar y sustentar ante los Representantes del Pueblo de Venezuela un proyecto de Constitución y explicar al Congreso y a los patriotas que luchaban por la libertad y la independencia, las razones geográficas, jurídicas, históricas, políticas, sociales, económicas, ambientales, humanísticas, etnográficas y filosóficas que sustentan su propuesta. El punto axial del discurso es el de la escogencia del sistema político administrativo con el que deberá organizarse la república de acuerdo a lo que finalmente se apruebe en su Carta Constitutiva.

Bolívar plantea que sólo hay tres sistemas posibles: el Monárquico, el Federalista y el Centralista. En cuanto al monárquico lo descarta por indeseable para los pueblos democráticos y republicanos de América, aunque no omite elogios para la forma constitucional, democrática y republicana como la monarquía inglesa y el pueblo inglés han organizado su gobierno. Antes de entrar en el análisis de los dos sistemas restantes, el Federalista y el Centralista, por los que puede optar una República, el Libertador hace una reflexión drástica y profunda sobre la situación que han vivido los pueblos americanos bajo el yugo colonial y cuál es su estado presente: “No somos Europeos, no somos Indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento, y Europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado”. A eso se agrega que “nuestra suerte ha sido siempre puramente pasiva, nuestra existencia política ha sido siempre nula, y nos hallamos tanta más dificultad para alcanzar la libertad, cuanto que estábamos colocados en un grado inferior al de la servidumbre; porque no solamente se nos había robado la Libertad, sino también la tiranía activa y doméstica”. Bolívar relieva con esa paradoja el hecho de que, además de no ser libres durante el régimen colonial, tampoco habíamos tenido la posibilidad o el beneficio de aprender la práctica del gobierno doméstico, participando en él activamente, así fuera tiránico. “Estábamos abstraídos, ausentes del universo en cuanto era relativo a la ciencia del gobierno”. La fuerza de la argumentación y del razonamiento bolivariano se vuelca en los párrafos siguientes:

“Uncido el Pueblo Americano al triple yugo de la ignorancia, de la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder, ni virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las lecciones que hemos recibido y los ejemplos que hemos estudiado, son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas, un Pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga abusan de la incredulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la Libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la Justicia”. […] “Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla”. […] La libertad, dice Rousseau, es un alimento suculento, pero de difícil digestión. Nuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la Libertad. Entumidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista por las sombras de las mazmorras y aniquilados por las pestilencias Serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la Libertad? ¿serán capaces de admirar de cerca sus espléndidos rayos y respirar sin opresión el éter puro que allí reina?”. Acota el Libertador cómo “la indolencia de los hombres respecto a sus derechos más sagrados” ha sido desde la antigüedad más remota el sostén de los gobiernos tiránicos que los oprimen. Estas consideraciones lo llevan a evocar la Constitución Federal de la primera república de Venezuela (1810-1812), que estima admirable por la pureza de sus intenciones, pero inadecuada a las necesidades reales del pueblo venezolano. Elogia la Constitución de los Estados Unidos, que ha sido el modelo de la que instituyó la primera república venezolana, y describe como un prodigio el hecho de que con un mecanismo tan complejo y difícil como el sistema Federal haya podido organizarse sin perturbaciones el gobierno de la América del Norte en los tiempos difíciles que pasaron, “y subsista tan prósperamente”, lo que atribuye a que “aquel pueblo es un modelo singular de virtudes políticas y de ilustración moral […], que la libertad ha sido su cuna, se ha criado en la Libertad y se alimenta de pura Libertad”, lo cual no es el caso de Venezuela. Ni de ninguna de las naciones que padecieron el yugo colonial y que ahora empuñan las armas para la batalla final por su independencia y su soberanía. No obstante, hace un examen basado en la lógica de las diferencias, para demostrar que, como le ocurrió a la primera república venezolana, las instituciones federales no son aplicables a nuestro medio, a nuestra idiosincrasia, ni a nuestra geografía. Las instituciones y las leyes que rijan a una nación deben estar determinadas por las necesidades específicas de sus habitantes, las peculiaridades de su territorio y de su clima, las características de sus pobladores, la abundancia o la escasez de sus recursos naturales. Sería, piensa Bolívar, imponer a un país la constitución de otro de completa desemejanza, algo tan inepto como vestir a un niño con el traje de un mayor.

En estas circunstancias, Bolívar le recomienda al Congreso rechazar una constitución que contemple el federalismo como su sistema de gobierno. Encarece la adopción del Centralismo como el que más se ajusta a las condiciones presentes de los pueblos latinoamericanos, manteniendo siempre una puerta abierta a los cambios que se hagan necesarios con el cambio de los tiempos, pero conservando intacto el espíritu libertario, republicano y democrático que debe inspirarla, y el espíritu de diversidad que debe reinar entre individuos que disfrutan de “una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”, pero física y moralmente son diferentes por naturaleza. “Es una inspiración eminentemente benéfica, la reunión de todas las clases en un estado, en que la diversidad sea multiplicada en razón de la propagación de especie. Por este solo paso se ha arrancado de raíz la cruel discordia. ¡Cuantos celos, rivalidades y odios se han evitado!”.

Con la última frase, meditada largamente, el Libertador les recuerda a los legisladores de 1819 los motivos esenciales que originaron la caída de la primera república, y también anticipa los mismos motivos que van a estar en el origen de las desgracias políticas, sociales y económicas de las futuras repúblicas latinoamericanas. Unos pueblos que han descubierto la luz después de doscientos años de vivir en la oscuridad y en el oscurantismo, no están preparados para abrir de repente sus ojos a esa luz de la libertad, sin correr el riesgo de quedarse ciegos políticamente. Para pueblos que carecen de total experiencia en el ejercicio de las libertades públicas, de la democracia y de la vida republicana, la Libertad y la Democracia no puede implantarse de un modo absoluto, los ciudadanos de las repúblicas jóvenes, o recién nacidas, necesitan ser educados en la práctica de la Libertad, para no confundirla con el libertinaje, y de la Democracia, para no confundirla con el desorden. Sin esa educación, cualquier sistema que se ponga en práctica para organizar la república degenerará en tiranía y caos. La educación, teórica (desde los primeros años escolares hasta los últimos), y práctica (con la aplicación de leyes justas e inexorables), fortalecerá la conciencia de los ciudadanos, los hará dueños de su nación y de sus destinos, y los preparará para resistir las tentaciones de pueblos o países más poderosos que inevitablemente encontrarán en la riqueza de recursos naturales y territoriales de nuestros pueblos una presa codiciable. El Libertador recomienda a los legisladores adoptar el sistema centralista como el más apropiado para conservar la unidad dentro de la diversidad en pueblos que además tienen la ventaja de hablar un idioma común y de intereses más o menos comunes. Por eso concluye con una visión que, si no es utópica, sí exigirá de líderes y de ciudadanos un esfuerzo tanto o más grande en el campo civil, que el que están haciendo los ejércitos libertadores en el campo de batalla para ponerle un final definitivo a la dominación colonial.

“La reunión de la Nueva Granada y Venezuela –concluye el Libertador– en un grande Estado, ha sido el voto uniforme de los Pueblos y Gobiernos de estas repúblicas. La suerte de la Guerra ha verificado este enlace tan anhelado por todos los Colombianos; de hecho estamos incorporados. Estos pueblos hermanos os han confiado sus intereses, sus derechos, sus destinos. Al contemplar la reunión de esta inmensa comarca, mi alma remonta a la eminencia que exige la perspectiva colosal que ofrece un cuadro tan asombroso. Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales; ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio de la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuan superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas, que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el Trono de la Libertad, empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno”.

Cierra el Libertador su discurso con una impetración obligante a los Legisladores; “Dignaos conceder a Venezuela un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral, que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad, la paz. Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la Igualdad y la Libertad”.
Mientras que los pueblos latino-indo-americanos nacientes, cegados por la luz desconocida de la Libertad, y ensordecidos por el ruido estruendoso de la Democracia, que les impedían ver el iris multicolor de la verdadera Libertad, y escuchar los acordes musicales de la verdadera Democracia, no vieron lo que veía Bolívar, ni escucharon sus palabras, los gobiernos (libres y democráticos) de los Estados Unidos de Norteamérica, si tomaron nota atenta del discurso de Bolívar en Angostura, comprendieron admirablemente que “aquél hombre”, Simón Bolívar, constituía el gran peligro para los propósitos del Destino Manifiesto según el cual estaban destinados por la Providencia para imponer su modo de vida a la América entera, e incluso al mundo.

Prepararon, pues, la estrategia paciente con la que destruirían a Bolívar o a lo que él alcanzara a realizar de sus proyectos. En 1823 el presidente James Monroe estableció su doctrina “América para los americanos”, conocida como Doctrina Monroe, que cimentó el piso para la expansión ideológica y territorial de los Estados Unidos hacia el Centro y el Sur de América, bajo el pretexto de brindarles protección y ayuda, caso de que las potencias europeas o asiáticas tuvieran intenciones de agredirlas o que efectivamente las agredieran; pero en el curso del siglo XIX hubo varias agresiones de esas potencias a países de América Latina, sin que la doctrina Monroe asomara la cabeza. En 1826 los agentes diplomáticos del gobierno de los Estados Unidos sabotearon el Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por el Libertador para echarle la primera puntada a la costura unitaría de los pueblos de América Latina. En 1828 se intentó el asesinato del Libertador, con la complicidad mancomunada de Estados Unidos e Inglaterra, incómoda ésta por las medidas proteccionistas del gobierno colombiano presidido por Simón Bolívar. En 1830, tras el asesinato del mariscal Sucre y la muerte de Bolívar, las potencias no tuvieron dificultad en precipitar la disolución de Colombia y completar la destrucción de la obra con la que habían soñado Francisco de Miranda, Antonio Nariño y Simón Bolívar. En 1848 los Estados Unidos de Norteamérica se apoderaron por la fuerza de casi la mitad (California, Texas y La Florida) del inmenso territorio de la República de México. “América para los americanos”. México se había constituido en República Federal, pero (como Bolívar lo previno) el federalismo no le sirvió para proteger su territorio. Por el contrario, facilitó la derrota de los mexicanos anarquizados e indefensos, empobrecidos por gobiernos corruptos. Lo demás que advino, hasta hoy, es la misma historia repetida varias veces. Todo está sintetizado en el Discurso de Bolívar al inaugurar el Congreso de Angostura.


 

 

La creciente rebelión popular frente al neoliberalismo: Amazon en Nueva York

Hace unos días apareció en la portada de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte una noticia que cayó como una bomba; veamos lo que ha ocurrido y la noticia que generó. Durante varios meses, una de las principales empresas tecnológicas del mundo, Amazon (dirigida por el hombre más rico del mundo), había anunciado que abriría una nueva sede en el distrito de Queens, en la ciudad de Nueva York, prometiendo generar nada menos que 25.000 nuevos puestos de trabajo. Queens es el distrito más pobre de la ciudad (que es mucho más extensa que su distrito más rico, Manhattan, que es en general la parte de Nueva York más visitada y prácticamente la única conocida por la gran mayoría de turistas que visitan esta ciudad). La inversión de Amazon en Queens iba a renovar, cambiar y modernizar significativamente aquella parte de la mayor urbe de EEUU. El establishment político neoyorquino, incluyendo el gobernador del Estado de Nueva York, el Sr. Cuomo (que a nivel popular había pasado a conocerse, en lugar de Andrew Cuomo, como Amazon Cuomo, del Partido Demócrata) así como el nuevo alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, dirigente del ala progresista del Partido Demócrata, había ofrecido todo tipo de incentivos, incluidos incentivos fiscales (equivalente a un subsidio de más de 3 mil millones de dólares), para atraer a Amazon y que viniera a establecerse a Queens, creando empleo y reavivando aquella parte de la ciudad. Las encuestas señalaban que, aun cuando casi la mitad de los encuestados en la ciudad de Nueva York consideraban el subsidio público excesivo, estaban de acuerdo con el plan que había diseñado y promovido el Partido Demócrata de aquel Estado y de la ciudad para atraer a Amazon.


Invito al lector a pensar qué ocurriría si, en una ciudad como Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla o cualquier otra gran ciudad de España, el establishment político de dicha ciudad hubiera visto la oportunidad de atraer a Amazon a su urbe con la posibilidad de crear empleo (la frase que se utiliza más comúnmente para apoyar tales inversiones). Es más que probable que, al menos hasta hace poco, los establishments políticos y mediáticos (y sobre todo aquellos de orientación liberal) estuvieran movilizándose por tierra, mar y aire para conseguirlo. Parecería lógico, razonable y deseable que así ocurriera.


Amazon, sin embargo, se retiró. ¿Por qué?


Ahora bien, hace solo unos días, el 14 de febrero, la noticia bomba en primera página de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte fue que Amazon anunciaba que no iba a establecer la sede ni en Queens, ni en ninguna otra parte de Nueva York, debido a la oposición que había encontrado entre la población y los representantes políticos del distrito más directamente afectado por el establecimiento de la sede de Amazon.


En realidad, hubo una gran oposición entre amplios sectores de Queens y sus representantes políticos. Y la razón es fácil de entender. La gente que actualmente vive en Queens no se habría beneficiado. Al contrario, le habría perjudicado. Así pues, los vecinos no compartieron la euforia del establishment político-mediático, debido a varias causas. Una es que Amazon es una empresa tecnológica, de las más conocidas por su resistencia y agresividad contra la sindicalización de sus trabajadores y empleados. Tal empresa es el prototipo de empresa neoliberal, citada como modelo por los economistas neoliberales. En las negociaciones con los sindicatos Amazon no solo mostró su fuerte oposición a que sus empleados se sindicalizaran (indicando que preferían tener una relación individual y personal con sus empleados), sino que insistió en que se opondría a que los sindicatos intentaran acceder a sus trabajadores, así como a que hubiera elecciones para que los empleados pudieran votar tener un sindicato, y anunció además que tomaría represalias contra sus empleados que intentaran hacerlo. Es más, al analizar otras dimensiones características de Amazon, se ve que es una empresa que está muy en contra de pagar impuestos y utiliza su gran influencia política y mediática para promover una cultura anti-impuestos (desde el de rentas personales al impuesto de sociedades), empobreciendo las arcas de la autoridad pública del barrio, distrito o Estado, como ha ocurrido en la ciudad de Seattle, donde tiene la otra sede. Por otra parte, los empleados mejor pagados de tal empresa no proceden, por lo general, del barrio o distrito donde se encuentra la sede, una zona que se gentrificaría rápidamente, lo que acabaría por expulsar a sus actuales vecinos de donde han vivido siempre. En realidad, con el anuncio de que Amazon se establecería en aquel distrito, los precios de la propiedad y del alquiler subieron espectacularmente, lo cual habría implicado un cambio profundo en las características sociales, de comercio y de política fiscal de la zona, todas ellas desfavorables a los ya residentes en él. La “renovación” y “modernización” del distrito se habrían hecho a costa de la “expulsión de la población que ahora vivía en él”. Esta situación está sucediendo ya en todas las principales ciudades a los dos lados del Atlántico Norte.
La gentrificación de los barrios obreros


Lo que es nuevo es que la población se está rebelando contra el establishment político republicano y demócrata neoliberal, que se siente amenazado por un movimiento al que demonizan denominándolo “populista” y que se está extendiendo no solo en Queens y en Nueva York, sino también a lo largo de EEUU y también de Europa. Entre sus dirigentes está la nueva congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que representa a una parte de Queens y el Bronx en el Congreso de EEUU. Este movimiento utiliza el eslogan “sí se puede cambiar la situación”, semejante al “sí se puede” del 15-M en España. En su Twitter, Alexandria Ocasio-Cortez subrayó que “en contra de lo que ellos quieren que te creas, todo es posible”. Y en el día en el que Amazon se retiró afirmó que “hoy es el día en el que un grupo de personas normales y corrientes, gente común, ciudadanos de Nueva York y sus distritos y barrios, han derrotado la avaricia sin límites de la corporación Amazon, la explotación de sus trabajadores y el poder del hombre más rico del mundo”. Su oposición amplia y contundente (los vecinos del distrito tomaron las salas de la cámara del parlamento neoyorkino durante las sesiones en las que se discutía el caso Amazon) al establishment político-mediático le ha generado una gran simpatía popular, facilitada por la enorme arrogancia mostrada por Amazon en sus relaciones con los políticos locales de la zona, a los cuales ni siquiera quiso ver, asumiendo que serían los primeros en acogerlos cuando en realidad fueron los que más se les opusieron. Nadie tomó en serio a los vecinos del distrito hasta que se movilizaron. Uno de sus pósteres denunciaba el contraste entre, por un lado, los planes que Amazon, con la ayuda del gobierno de la ciudad, estaba desarrollando para construir pistas de aterrizaje para los helicópteros de los ejecutivos de esta empresa, –y el deterioro tan acentuado del metro de Queens, por el otro.


Algo parecido ha estado ocurriendo en las grandes ciudades de España. En Barcelona, Ada Colau y el movimiento vecinal que lideró ganaron las elecciones municipales –en contra de todas las predicciones oficiales- como resultado del enfado popular frente a los intereses financieros que estaban destruyendo los barrios populares, haciendo imposible el acceso a la vivienda por parte de la población común. Ello explica la enorme hostilidad de los medios y de las derechas (y algunas izquierdas confusas) hacia su mandato. En este sentido, es importante señalar que en la cobertura de la retirada de Amazon de Nueva York la gran mayoría de los rotativos españoles que han informado sobre ello han presentado la versión de los hechos dada por Amazon y el establishment político-mediático de la ciudad de Nueva York. En ninguna parte se ha presentado la versión de lo ocurrido por parte de las clases populares. Un ejemplo más del enorme sesgo a favor del statu quo, con falta de vocación crítica, de la cultura mediática hegemónica en España (incluyendo Catalunya). Así de claro.

febrero 25, 2019

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El pasado12 de febrero, en el Champ de Mars de Puerto Príncipe, un manifestante haitiano llevaba una bandera venezolana en solidaridad con la revolución bolivariana. La actual insurrección en Haití es consecuencia del hambre y la ira reinantes, pero también de la traición de Jovenel Moïse a Nicolás Maduro. Daniel Tercier, Haïti Liberté

Desde hace siete días* en Haití reina el caos. Los haitianos continúan sublevados en todo el país contra el presidente Jovenel Moïse para derrocarlo por su corrupción, su arroganciasus promesas incumplidas y sus descaradas mentiras. Pero la crisis no se solucionará con la renuncia de Moïse, que según parece es inminente.


La revolución de hoy día muestra claras señales de ser tan profunda e imparable como la que hace 33 años acabó con el régimen del dictador y playboy Jean-Claude “Baby Doc” Duvalier, cuya huída de Haití a bordo de un avión de carga C-130 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos el 7 de febrero de 1986 –después de dos meses de rebelión– en búsqueda de un exilio dorado en Francia fue el inicio de cinco años de revueltas populares.


A pesar de una feroz represión, las matanzas, unas falsas elecciones y tres golpes de Estado, esa rebelión culminó en la importante revolución política del 16 de diciembre de 1990, cuando el teólogo de la liberación y antiimperialista Jean-Bertrand Aristide fue elegido presidente abrumadoramente y después asumió el cargo el 7 de febrero de 1991, cuando declaró la “segunda independencia” de su país.


En un tiempo en que los sandinistas de Nicaragua y la Unión Soviética acababan de ser derrotados, el pueblo haitiano venció a la ingeniería electoral de Washington por primera vez en América latina después de la victoria de Salvador Allende en Chile, dos década antes. El ejemplo de Haití inspiró a un joven oficial del ejército de Venezuela, Hugo Chávez, quien adoptó el mismo guión y de ese modo dio inicio a una “marea izquierdista” de revoluciones políticas mediante triunfos electorales en Latinoamérica.


Así como Washington había alentado un golpe contra Aristide el 30 de septiembre de 1991, organizó otro similar contra Chávez el 11 de abril de 2002. Pero, en este caso, la jugada fue frustrada en dos días por el pueblo y por los soldados rasos el ejército regular de Venezuela.


A pesar de la victoria obtenida, Chávez comprendió que la revolución política de 1998 en Venezuela, que lo había llevado al poder, no podría sobrevivir sola, que la utilización por parte de Washington de su vasta maquinaria subversiva y económica desgastaría su proyecto de fundar un “socialismo del siglo XXI” en Venezuela y que para ello su revolución tendría que construir puentes que mostraran un ejemplo a sus vecinos latinoamericanos también dominados por el Tío Sam.


De este modo, utilizando la enorme riqueza del petróleo, Chávez empezó un experimento que no tenía precedentes: la Alianza PetroCaribe –lanzada en 2005– que acabó abarcando a 17 países de América Central e insulares del mar Caribe. Esta alianza aseguró derivados del petróleo a bajos precios a sus habitantes y fabulosas condiciones crediticias a los países miembros, lo que para ellos significó una importante ayuda económica en unos momentos en que el crudo se estaba vendiendo a 100 dólares el barril. En 2006, Washington castigó al pueblo haitiano por haber dado dos veces (en 1990 y 2000) su voto a Aristide con sendos golpes de Estado (en 1991 y 2004) y otras tantas ocupaciones militares con la aquiescencia de Naciones Unidas. El pueblo haitiano se las arregló para conseguir algo parecido a un empate eligiendo a René Préval (un antiguo aliado de Aristide) como presidente.


En la ceremonia de toma de posesión, el 14 de mayo de 2006, Préval ratificó el tratado del PetroCaribe lo que irritó sobremanera a Washington, como señaló Haïti Liberté en su informe de 2011 basado en cables diplomáticos secretos obtenidos por medio de WikiLeaks. Préval, después de dos años de intentos, finalmente consiguió que Venezuela le suministrara petróleo y le concediera crédito, pero Washington le advirtió de que también sería castigado. Tras el terremoto en Haití del 12 de enero de 2010, el Pentágono, el departamento de Estado y el por entonces jefe de la Comisión Provisional de Recuperación de Haití (IHRC, por sus siglas en inglés), Bill Clinton, junto con algunos lacayos de la elite haitiana,prácticamente se hicieron con el gobierno del país y en el proceso electoral –desde noviembre de 2010 a marzo de 2011– desplazaron al candidato presidencial de Préval, Jude Célestin, y colocaron a uno propio: Michel Martelly.


Entre 2011 y 2016, el grupo a las órdenes de Martelly procedió a malversar, malgastar y perder la mayor parte de los fondos del PetroCaribe, que fundamentalmente habían mantenido a flote a Haití desde su creación en 2008.


Además, Martelly usó ese dinero para ayudar a que su protegido Jovenel Moïse se hiciera con el poder en 7 de febrero de 2017. Desgraciadamente para Moïse (que llegó al poder al mismo tiempo que lo hacía Donald Trump), estaba a punto de convertirse en un daño colateral en la escalada bélica contra Venezuela.


Trump, rodeado de una pandilla de neocons anticomunistas, se apresuró a hostilizar a la república bolivariana imponiendo sanciones económicas de largo alcance al gobierno de Nicolás Maduro. Haití ya se había atrasado en los pagos que debía hacer a Venezuela, pero las sanciones de EEUU ha convertido la factura del petróleo de PetroCaribe en algo impagable (o al menos intentar una excusa aceptable); así, de hecho, la Alianza PetroCaribe acabó en octubre de 2017.


La vida en Haití, que ya era extremadamente difícil, ahora es prácticamente imposible. Cerrado el grifo del petróleo venezolano, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le dijo a Jovenel que debía aumentar el precio del gas, y este intentó hacerlo el 6 de julio de 2018. El resultado fue un estallido popular que duró tres días; este fue el precursor de la revuelta actual.
Más o menos en ese mismo momento, un movimiento de masas empezó a preguntar qué había pasado con los 4.300 millones de dólares provenientes del petróleo venezolano que Haití había recibido en la década anterior: “Kot kòb PetroCaribe a?”, en la lengua criolla hablada en ese país (¿Dónde está el dinero del PetroCaribe?), era el grito de cada vez más miles de manifestantes. Se suponía que los fondos del PertoCaribe debían financiar la salud, la educación, la construcción y mantenimiento de las carreteras y otros proyectos sociales, pero la gente no veía que se hubiese cumplido nada de eso. Dos investigaciones del Senado realizadas en 2017 confirmaron que el dinero (el segundo informe hablaba de 1.700 millones de dólares) había sido desviado a los bolsillos de algunas personas.


Entonces, ¿cuál fue la gota que colmó el vaso? Fue la traición de Jovenel Moïse a los venezolanos después de su ejemplar solidaridad. El 10 de enero de 2019, en una votación realizada en la Organización de Estados Americanos (OEA), Haití votó a favor de una moción presentada por Washington que declara la “ilegitimidad” de Nicolás Maduro después de que él ganara en las elecciones de mayo de 2018 con más de dos tercios de los votos.


Los haitianos ya estaban enfadados por la corrupción desenfrenada, por la inflación y el desempleo disparados y frustrados después de años de promesas incumplidas y de humillación y violencia por parte de fuerzas armadas extranjeras. Pero esta espectacularmente cínica traición de Jovenel y sus compinches en un intento de ganarse el auxilio de Washington para que los rescatara de las hogueras que ardían detrás de ellos fue la gota que faltaba.


Sorprendido y paralizado por la falta de opciones –y sus propias disputas internas–, Washington está mirando con horror el previsible derrumbe de la corrompida construcción política y económica que había erigido en Haití en los últimos 28 años desde el primer golpe de Estado contra Aristide en 1991 hasta el reciente “golpe de Estado electoral que llevó a Jovenel al sillón presidencial en 2017.


Con toda seguridad, la embajada de EEUU está tratando febrilmente de improvisar una solución de emergencia con la ayuda de Naciones Unidas, la OEA, Brasil, Colombia y la elite haitiana. Pero es probable que los resultados no sean más perdurables que los conseguidos en los ochenta del siglo pasado.


Irónicamente, fue la solidaridad de Venezuela lo que aplazó durante una década el huracán político que hoy abisma a Haití.


Es adecuado destacar que la agresión estadounidense contra la revolución bolivariana de Venezuela ha dado origen a una cascada de consecuencias y reacciones no buscadas alimentadas por el profundo sentido de gratitud y reconocimiento de los haitianos por el socorro venezolano recibido; como Hugo Chávez y Nicolás Maduro han dicho a menudo, PetroCaribe fue la forma de “cancelar la deuda histórica que Venezuela tiene con el pueblo de Haití”

Por Kim Ives
Haïti Liberté

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

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* El original en inglés de esta nota fue publicado el 13 de febrero de 2019. (N. del T.)
Fuente: https://haitiliberte.com/haitis-unfolding-revolution-is-directly-linked-to-venezuelas/

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Medea Benjamin, cofundadora del grupo antiguerra Código Rosa, interrumpió ayer la rueda de prensa convocada por Carlos Vecchio (a su lado), el presunto "embajador" en Washington nombrado por Juan Guaidó, autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela.Foto de la cuenta de Twitter de Código Rosa

Nueva York. El gobierno de Donald Trump afirmó: el hemisferio occidental es "nuestra región", y con ello justifica su política de cambio de régimen de Venezuela, mientras el representante especial de Trump para Venezuela viajará para "apoyar la entrega" de la asistencia estadunidense programada para el sábado en la frontera de Colombia, adonde se trasladará el vicepresidente el próximo lunes para declarar que es hora de cambiar el régimen de Venezuela.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que además de la preocupación estadunidense por la "enorme crisis humanitaria" en Venezuela, "también tenemos intereses de seguridad. Esta es nuestra región. No queremos que esto sea un Estado títere cubano en Venezuela", declaró en una entrevista para un programa matutino de NBC.

Agregó que "hay muchos intereses estadunidenses" en Venezuela y que el presidente Trump está determinado a proteger al pueblo estadunidense y proveer asistencia humanitaria a esta crisis real”. Indicó que este fin de semana "nosotros intentaremos entregar" cientos de toneladas de asistencia que "el pueblo estadunidense, nuestros contribuyentes, generosamente han pagado" (aunque no mencionó si se le preguntó a ese pueblo si deseaba hacerlo).

La Casa Blanca anunció que el vicepresidente Mike Pence viajará a Colombia el lunes para reunirse con los 14 integrantes del Grupo de Lima, con quienes se enfocará en la crisis en Venezuela "para definir pasos concretos de apoyo al pueblo venezolano y una transición a la democracia". Altos funcionarios del gobierno de Trump indicaron a McClatchy y a otros medios que Pence declarará en ese momento que "es hora de que Nicolás Maduro se haga a un lado".

A la vez, el Departamento de Estado anunció que Elliott Abrams, representante especial para Venezuela –quien fue codenado penalmente por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-contras en los años 80 y encubrió la masacre de El Mozote, entre otras violaciones de derechos humanos en Centroamérica y quien ayudó a impulsar el fallido golpe de Estado en Venezuela en 2002– viajará a la base aérea militar de Homestead, en Florida, y de ahí a Cúcuta, Colombia, el 21 y 22 de febrero "para apoyar la entrega de asistencia humanitaria a la gente más vulnerable en Venezuela, en respuesta a la solicitud del presidente interino Juan Guaidó".

Abrams, agregó el comunicado, "encabezará la delegación del gobierno estadunidense" que acompañará el envío de asistencia desde Florida hasta Colombia por aviones militares, y donde se verá con el presidente colombiano y delegaciones de otros países.

En el transcurso de las semanas recientes, Trump y su equipo, junto con legisladores clave que han promovido esta operación de cambio de régimen, han dejado en la ambigüedad si están o no preparando el uso de fuerza militar en la confrontación con el gobierno de Maduro. Cuando se les ha preguntado al respecto, han repetido que "todas las opciones están sobre la mesa".

El miércoles, el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, encargado de operaciones militares en Sudámerica y el Caribe, dijo que aunque el gobierno estadunidense está buscando una "solución diplomática" y que "la única invasión que existe ahora es la de los cubanos y rusos que están apoyando al régimen" de Nicolás Maduro, "nuestra obligación como militares profesionales es estar listos". ( https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/21/mundo/022n1mun ).

Por otro lado, Washington sigue apostando por la disidencia y hasta por la rebelión de los militares contra el gobierno de Maduro en vísperas de la confrontación programada para el sábado, cuando el "presidente interino", bautizado así por el gobierno de Trump, llamó a la entrega de asistencia estadunidense en una maniobra coordinada con el régimen estadunidense.

El New York Times reportó este jueves que en una entrevista exclusiva, Hugo Carvajal, el ex jefe de inteligencia militar de Venezuela hasta 2012 y actual diputado del partido chavista, denunció a Maduro como "dictador" rodeado de un grupo de "corruptos" ligados con el narcotráfico y Hezbollah, pidió a los oficiales militares romper con su jefe antes de este sábado para apoyar el ingreso de la ayuda "humanitaria" y respaldar a la oposición.

El rotativo señala que lo de Carvajal es parte de "una ola de deserciones" de funcionarios y oficiales militares del gobierno y la presión sobre el presidente, a sólo tres días de "la posible confrontación por el paso de la ayuda humanitaria en la frontera con Colombia".

El propio Carvajal, reportó el rotativo, también ha sido acusado de participación en el narcotráfico por autoridades estadunidenses.

Algunos observadores comentaron que sus declaraciones al Times en esta coyuntura parecerían ser parte de un acuerdo de denunciar a su gobierno a cambio de algo.

Por otro lado, activistas antiguerra de Código Rosa irrumpieron en una conferencia de prensa convocada por Carlos Vecchio, el autoproclamado embajador venezolano del "interino" Guaidó en Washington. Medea Benjamin, cofundadora de la agrupación, subió al podio y declaró que “esta gente son un fraude, no representan al pueblo venezolano, están representando un golpe orquestado por Estados Unidos… esta gente aquí quiere llevar a Venezuela en un camino hacia la guerra civil e intervención estadunidense”. Una colega la acompañó con una pancarta: "No al golpe en Venezuela" ( https://twitter.com/codepink/ status/1098653554204565504 ).

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Viernes, 22 Febrero 2019 06:30

Trump y la guerra del petróleo

Trump y la guerra del petróleo

Donald Trump ha ordenado apremiar el plan imperial para desestabilizar Venezuela, promover una guerra civil que justifique su intervención militar y tomar el control de la mayor riqueza petrolera del planeta. Hoy da un paso más en su plan de guerra bajo la máscara de la mendaz "ayuda humanitaria" transportada en aviones militares estadunidenses para tratar de introducirla por la ciudad de Cúcuta, fronteriza con la nación bajo el régimen chavista.

La violencia del plan imperial de guerra contra Venezuela es directamente proporcional a la amenaza que enfrenta la nación del norte de que su auge petrolero esté llegando a su límite, con los precios actuales del crudo, y se reinicie la declinación de sus reservas de hidrocarburos y disminuya su producción interna.

Estados Unidos es el país de mayor consumo de combustibles fósiles del planeta. Su consumo de representa 20 por ciento del total mundial contra 11 por ciento de China, que con su excesivo consumo ocupa el segundo lugar.1 Precisamente, la declinación de sus reservas en los años sesenta del siglo XX y en su ritmo de producción de crudo a finales de 1970 y del gas a partir de 1973, impulsó a sus gobiernos a poner en práctica un conjunto de acciones que estremecieron el mercado mundial, destruyendo la economía y el tejido social de extensas regiones de Medio Oriente y África.

Frente al talón de Aquiles que era depender 80 por ciento de sus importaciones petroleras de la OPEP, establecieron una alianza con países como Irán, bajo el mandato del sah Reza Pahlevi, para un aumento de petroprecios que favoreciera la explotación de yacimientos en otras regiones, incluyendo su propio territorio.2

Estados Unidos logró optimizar el consumo del crudo en su mercado interno, en particular en la industria, y disminuir su dependencia de la OPEP, pero no logró frenar la declinación de sus reservas. La caída en la rentabilidad para explotar sus yacimientos fue consecuencia del prolongado desplome que atravesaron los precios reales del petróleo que los redujo 83 por ciento en 1998 respecto a 1980.3 Por lo tanto, sus reservas de crudo y gas continuaron declinando llegando, en el caso del gas, a su nivel mínimo en 1993 con 171 trillones de pies cúbicos y, en el caso del petróleo, en 2008, con 19 mil millones de barriles.

Frente a ese panorama de menor disponibilidad, Estados Unidos reaccionó como león herido. En su interior impulsó, aun por encima de su legislación vigente de protección ambiental, la técnica del fracking para recuperar los combustibles fósiles.4 Hacia el exterior fue el eje articulador de todos los eventos violentos y de guerra que se extendieron en regiones petroleras; siempre invocando como pretexto cínicas mentiras y personajes manipulados.

El fracking colocó a Estados Unidos frente a un auge en disponibilidad y producción de reservas de hidrocarburos sin precedente, logrando lo siguiente: a) aumentar las reservas en 2017 a 39 mil 157 millones de barriles y 464.3 trillones de pies cúbicos, respectivamente; b) incrementar la producción de petróleo a finales de 2018 a 11 millones 900 mil barriles por día; c) disminuir las importaciones netas de petróleo a finales de 2018 a un millón 589 mil barriles por día y a disponer, por segundo año consecutivo, de un excedente neto de gas natural para exportación.5

Hoy el interés imperial de adueñarse del control del hidrocarburo de Venezuela tiene entre otros, tres objetivos principales: 1) asegurar un abastecimiento adicional de crudo importado y estratégico como el que ya le suministra Canadá y cubrir desde el continente americano el total de sus requerimientos de importación; 2) provocar un desplome de petroprecios que arrastre a una mayor crisis a todos los países productores y exportadores del combustible, incluyendo a sus "aliados"; lo cual alcanzaría a Rusia; 3) colocar bajo el precio de esta mercancía, como sucedió en el cuarto ciclo en la historia del petróleo de 1932 a 1970 y salir de la larga depresión económica que atraviesa.

Por Francisco Colmenares, jubilado de Pemex, economista.

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1 Datos para 2017 del BP Statistical Review of World Energy, junio de 2018.

2 Estados Unidos a través del sah de Irán logró llevar a la OPEP a aprobar las mayores alzas en los precios del petróleo desde el siglo XIX. La revelación del tejido de esta estrategia fue realizada por Zaki Yamani en 2007, mencionando públicamente el nombre de su artífice: Henry Kissinger. Yamani, Zaki, Conferencia titulada "OPEP: pasado, presente y futuro", en Madrid el 21 de noviembre de 2007, dentro del ciclo de conferencias del Real Instituto Elcano.

3 Datos de la serie de precios históricos del petróleo a valor de 2017 publicados por British Petroleum.

4 Método de extracción que consiste básicamente en fracturar mediante agua a presión mezclada con arena y elementos químicos las zonas rocosas del subsuelo en las que están alojadas las reservas de hidrocarburos.

5 El atentado criminal y siniestro a las Torres Gemelas de Nueva York y las instalaciones del Pentágono, el 11 de septiembre de 2001, reconocido por Osama Bin Laden, reclutado por la CIA para operaciones en Afganistán, fue utilizado por el gobierno de George W. Busch para intensificar operaciones intervencionistas de Estados Unidos.

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Ecuador recibirá más de $10.000 millones de crédito de organismos internacionales

Ecuador y el Fondo Monetario Internacinal (FMI) acordaron la entrega de un préstamo de 10.200 millones de dólares a este país latinoamericano, comunicó el presidente Lenín Moreno en su discurso ante la nación.

"Las más importantes organizaciones mundiales han decidido respaldar el Plan de Prosperidad de nuestro Gobierno, recibiremos más de $10.000 millones", declaró Moreno citado por la Secretaría General de Comunicación de la Presidencia en su cuenta de Twitter.


Precisó que el crédito se da para un plazo de 30 años y a tasas que no superan el 5%.


Según Moreno, el propio FMI entregará 4.200 millones de dólares y otros 6.000 millones de dólares se asignarán por seis organizaciones financieras internacionales: el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco Europeo de Inversiones, el Fondo Latinoamericano de Reservas y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).


Agregó que planea utilizar estos fondos sobre todo para crear nuevos puestos de trabajo, incluido a distancia.


"Este dinero permitirá oportunidades de trabajo, como: teletrabajo para madres de niños pequeños", afirmó el presidente ecuatoriano.


Destacó también que gracias a sus decisiones firmes Ecuador alcanzó salvar la dolarización y recuperar la democracia y evitar lo que pasó con Venezuela.

06:16 21.02.2019(actualizada a las 06:18 21.02.2019)URL corto

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Lunes, 18 Febrero 2019 10:47

La lucha de clases está de vuelta

Olivier Ortelpa, París, “Chalecos amarillos”, Acte IX, Plaza de l’Etoile, 12/01/2019, https://www.flickr.com/photos/copivolta/46724069591/in/photostream/

Incipientes pero novedosos movimientos sociales surgieron por todo el mundo a lo largo de la primera década del siglo XXI, su devenir dejó lecciones de diferente tenor, entre ellas que la lucha de clases está de vuelta A finales de 2018 una nueva expresión de éstos, los “chalecos amarillos”, toma cuerpo en Francia. Examinar tal realidad, y por su conducto la relación dialéctica entre las fases atravesadas por el modo de producción capitalista, el desarrollo de las fuerzas productivas y la dinámica del conflicto de clases, es el sustrato de este artículo.

 

No solo fueron sorprendidos quienes viven fuera de Francia, también quienes allí habitan. Un sábado cualquiera de noviembre de 2018 miles de trabajadores franceses, identificados con el chaleco fosforescente que identifica a quienes conducen sus vehículos, usados para apoyar las actividades laborales que les proveen el sustento básico, ocuparon avenidas no solo en París sino en diversidad de ciudades del interior. Su grito, expresión de la insurrección ciudadana, era –sigue siendo– masivo.


Entre los miles de inconformes e insurrectos, de manera llamativa, mujeres adultas ocupaban las primeras líneas de la protesta. Jubilados con pensión precaria, trabajadores/as informales o contratados por salarios bajos y de manera flexible y precaria, todos asfixiados por crecientes y arbitrarios impuestos que deben pagar al Estado –por cualquier ingreso, gasto o propiedad familiar–, ciudadanos afectados por el desmonte lento pero continúo que allí y en toda Europa vive el Estado de bienestar, es decir, los “desechos” de un modelo económico agudizado en sus dinámicas por el neoliberalismo. Por quienes lo integran y reclaman, puede decirse que los “chalecos amarillos” son herederos de la Revolución acaecida en aquel país en 1789, cuyos ecos cubrieron todo el siglo XIX, llegando incluso hasta cerca de 1950 cuando los derechos humanos y del ciudadano, aprobada por aquel entonces, fueron incorporados en la carta reivindicada por la ONU de manera universal para la especie humana.

 

 


Iguales o peores efectos por la aplicación del neoliberalismo se conocen por doquier, con expresiones de descontento evidente en Egipto y Túnez, lo que llevó a lo que desde los inicios de la segunda década del presente siglo es conocido como la “Primavera árabe”, pero también a levantamientos sociales, confrontación de clases que destacó la consolidación de una oligarquía cada vez más opulenta (1%) y unas mayorías (99%) cada vez más excluidas de los beneficios de un modelo social que dice garantizar la democracia y el progreso.

En esta lógica, en 2011, tomó forma en Nueva York el movimiento Occupy Wall Street, antecedidos en su lucha contra la Organización Mundial de Comercio y la dinámica de los llamados tratados de libre comercio –que someten de manera más patética a la periferia al centro– por el movimiento zapatista en México que alzó su voz con eco mundial en 1994. Le seguirían con diferente propósito pero activado por el malestar social contra la exclusión, las huelgas de noviembre y diciembre de 1995, acompañadas por el levantamiento social con centenares de vehículos incendiados en las barriadas de la periferia parisina, que recordaron al mundo que en esa sociedad perdura a lo largo de 230 años una tradición de solidaridad obrera, de activismo, unidad, organización, disciplina e insurrección ciudadana.


En América Latina y el Caribe, desde finales de la década de 1990 y hasta entrada la segunda década del siglo XXI una ola rosada (integrada por variopintos movimientos populistas, centro izquierdistas, progresistas, socialismos del siglo XXI o socialdemócratas) recorrió el territorio, accediendo vía electoral al control del gobierno y llevando a la práctica un proyecto que osciló entre el neo-desarrollismo, el asistencialismo, las transferencias de ingresos a los pobres y la redistribución del ingreso, pero sin sustituir las relaciones capitalista de producción y propiedad, ni intentar dar inicio a una revolución política y menos social o cultural. La marejada rosa solo alcanzó a acariciar el umbral de la segunda década del siglo XXI; el tsunami provocado por las fuerzas defensoras de viejos y nuevos privilegios, entre ellos el monopolio total del poder, pronto comenzó a restituir el autoritario, explotador y excluyente poder oligárquico tradicional. México es la excepción, la reciente posesión del presidente López Obrador (diciembre de 2018) da continuidad a la menguada ola rosa, aunque desde ahora es obstaculizado y amenazado por el Fondo Monetario Internacional y el capital financiero global ante cualquier intento de implementar políticas de izquierda.


Otra manifestación de esta reacción contra el poder de unos pocos, tratando de confrontar al 1 por ciento, tomó forma a través del Foro Social Mundial que se dio su primera cita en Porto Alegre –Brasil– en 2001, expresión renovada de un internacionalismo necesario para confrontar al capital. En 2018, el Foro tuvo lugar en Salvador de Bahía (Brasil) con la consigna «Resistir es crear, resistir es transformar».


Estos movimientos, unos y otros, a pesar de su dinamismo e intensidad, no lograron levantar una alternativa nacional por fuera del sistema capitalista o la democracia formal, por lo cual fueron neutralizados por el poder realmente existente. Hoy podríamos decir que todos y cada uno de ellos reflejan el aprendizaje de los de abajo para futuras y decisivas confrontaciones que vendrán. De así ser, dos clases vuelven a estar claramente enfrentadas, la del 99 por ciento representada no sólo por los trabajadores –proletariado como eran conocidos hasta 1968– sino por el pueblo en general.


Tras dos décadas y media del nacimiento y decaimiento de la resistencia de los excluidos, cuando el mundo se adentra en un túnel que concentra las energías del poder en procura de no perder todo aquello que arrebató a las mayorías en escasas cuatro décadas –lo conquistado en un siglo y medio de intensas confrontaciones sociales por una vida digna–, un simbólico amarillo, energía que da potencia, fuerza que gana las calles en Francia en pos de democracia real –no solo normativa–; situación generada y reproducida por las oligarquías nacionales, sus organizaciones políticas y fuerzas de represión, el Estado clasista y el poder mundial del capital. La represión no se ha hecho esperar, el gobierno precedido por Emmanuel Macron (el consentido de la burguesía financiera francesa) con la violenta represión desatada contra la protesta ciudadana empujó a una docena de manifestantes a la muerte en lo corrido de noviembre de 2018 a enero de 2019, otros 2.000 fueron reportados como heridos, algunos con pérdidas de uno de sus ojos, parte de su dentadura, contusiones en diversas partes del cuerpo, todo ello como efecto de la acción violenta de las “fuerzas del orden”.


Amarillo de vida, igual que el rojo que acompañara a los negados desde las postrimerías del siglo XIX. El movimiento de los “chalecos amarillos” nació en pocas semanas al margen de los sindicatos y los partidos políticos. El detonante esta vez fue la carga insoportable de impuestos que deben pagar los trabajadores y comunidades populares para el beneficio de las clases dominantes.


Como es conocido, los presupuestos generales de las naciones o finanzas públicas de ingresos y gastos de los estados capitalistas, en todas partes, expresan una lucha de clases cuidadosamente perfilada y planeada para exprimir aún más a los pobres y hacer más ricos a los poderosos. Por esta razón el movimiento de los “chalecos amarillos” augura una lucha prolongada, amenazando con extender sus ecos, aunque con menor fuerza, a otros países vecinos, principalmente Bélgica, Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Irlanda, Grecia, Italia, y España. Estados Unidos, país con escasa historia de confrontación clasista, comienza a experimentar también de manera reciente y creciente el antagonismo entre el capital y la clase trabajadora.


En la memoria


La Revolución Francesa, la ciencia económica y la revolución industrial inglesa generaron la época moderna y la hegemonía mundial del capitalismo, cuyo rasgo distintivo, cuando toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes clases enemigas, es el enfrentamiento directo entre la burguesía y la clase trabajadora.


La imposición del modelo privatizador y del desmonte de la responsabilidad social del Estado, verdadera contrarrevolución promovida por las oligarquías nacionales, los Estados capitalistas y las instituciones multilaterales, iniciada a principios de la década de 1970, en medio de una profunda crisis económica y energética, impuso el régimen neoliberal en el mundo. Las empresas y sus aliados políticos, militares, iglesias, tecnócratas e intelectuales de derecha agitaron la lucha de clases implacablemente contra los trabajadores y los sectores populares.


Una imposición que llegó de la mano de una reingeniería social a la que sometieron al sistema mundo capitalista la que incrementó la explotación y la expoliación, la opresión del trabajo y la precarización del mercado laboral. Una reingeniería que lleva a la clase dirigente a romper el Contrato Social que los trabajadores y pobres habían conquistado tras un siglo largo de lucha cruenta; el Estado de Bienestar colapsó, a la vez que la simbiosis entre el gran capital privado y el poder del Estado se fortalecía, en consecuencia, la democracia entró en descredito, para unos años más tarde colapsar bajo el peso de la concentración de riqueza que lleva al 1 por ciento a reducirse al 0,1 por ciento –con los 26 megaricos que tienen, según Oxfam, igual que lo reunido por 3.800 millones de pobres (1)– , destruyendo activamente toda forma de unión, organización, sindicalización y participación del poder popular.


Fases del capitalismo y conflicto de clases


El cuadro adjunto resume y describe las distintas etapas recorridas por el capitalismo durante sus dos siglos y medio de existencia, en relación con el conflicto de clases. El movimiento de las organizaciones obreras y la lucha de clases son parte integrante de las leyes del movimiento capitalista.


De acuerdo con los clásicos del pensamiento crítico, en la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distinguen por sus modos de vivir, por sus intereses y por su cultura de otras clases y las oponen a estas de un modo hostil, aquellas forman una clase. Según Marx y Engels, la clase obrera empeñada en su lucha contra la burguesía constituye la fuerza política que lleva a cabo la destrucción del capitalismo y la transición al socialismo: «es la clase a la que pertenece el futuro».
La clase trabajadora pasa por diferentes etapas de desarrollo. Su lucha contra su contraria comienza con su surgimiento. Al principio es entablada por obreros aislados; después por trabajadores de una misma fábrica hasta alcanzar, más tarde, a todos los asalariados de la misma industria o rama de actividad económica. Al final, señalan los autores en el Manifiesto Comunista, las luchas locales se van centralizando con la ayuda de las modernas tecnologías de la comunicación y la información hasta quedar convertidas en luchas internacionales entre clases.


Clase dominante


Marx escribió en El Capital (Tomo III, cap. 47) que es siempre la relación directa entre los dueños de las condiciones de producción y los productores directos lo que revela el secreto más íntimo, los cimientos ocultos del edificio social entero.


El término clase dominante abarca dos nociones: i) una clase económicamente dominante que en virtud de su posición económica subyuga y controla todos los aspectos de la vida económica, social y cultural; ii) la clase dominante, a fin de conservar y reproducir el modo actual de producción y forma de sociedad, tiene que ejercer necesariamente el poder estatal, es decir, dominar políticamente.


A partir del siglo XX, los conflictos sociales han implicado no sólo, ni siquiera principalmente, a las clases, sino a grupos nacionales, étnicos, culturales o religiosos, así como a una cantidad de amplios movimientos sociales: feministas, ecologistas, animalistas, antinucleares, derechos humanos, identidades sexuales. Esto ha implicado un reexamen del conflicto de clases, no simplemente en términos de confrontación entre burguesía y clase trabajadora, sino más bien en términos de alianzas entre diversos grupos sociales que, por un lado dominan y dirigen la vida económica, política, social y cultural y, por otro, se ven subordinados y dirigidos.


En resumen, seguimos viviendo en sociedades clasistas, en las que los antagonismos y conflictos despliegan relaciones de fuerza, de sentido, significado y propósito en torno a las condiciones materiales y espirituales de vida (2). Se trata, entonces, de identificar la naturaleza específica de las perspectivas de clases en relación a las conciencias, las cosmovisiones, la praxis social, las alianzas, la lucha y el antagonismo.


Movimientos y lucha de clases


Igual que el capitalismo, el movimiento de la clase trabajadora se desarrolla a través de etapas bien definidas; en lugar de transitar a lo largo de una curva suave a medida que maduran las contradicciones internas del capitalismo y del conflicto de clases, sigue un camino quebrado compuesto de segmentos bien diferenciados. El desarrollo en tiempos y lugares diversos es desigual pero también combinado. La dialéctica del conflicto de clases es impulsada por una violenta historia de fuerzas antagónicas, de revoluciones y contrarrevoluciones.


Una revolución política, cuando se articula en nombre de la mayoría, tiende a convertirse en una revolución social. Tras los acontecimientos de 1789 cada día se torna más evidente el alcance de un factor desencadenante de toda revolución: la estructura de las necesidades de amplios sectores sociales y su miseria social, al igual que su defensa instintiva y consciente de la dignidad humana. La conciencia revolucionaria se ha convertido en un potente factor de las luchas sociales de los últimos dos siglos y medio de historia moderna.


Esa consciencia gana hoy nuevas manifestaciones, que responden de manera dinámica a los tiempos que vivimos, donde el proletariado clásico ha dejado de ser el centro de la transformación social, para ganar su lugar un proletariado –trabajadores– ilustrado(s), con experiencias varias en asuntos públicos-administrativos, virtuoso en muchos casos en el conocimiento y la utilización de lo mejor de los desarrollos técnicos desplegados por la tercera y cuarta revolución industriales en curso, excluido de diversidad de derechos sociales, y sin seguridad alguna sobre un futuro que le parece cada vez más esquivo. La dignidad humana es amenazada por el sistema mundo capitalista.


Unos trabajadores que, por demás, tienen una identidad plural, bien como mujeres, activistas ambientales, opuestos a la guerra nuclear, etcétera, pero que aún no logran desarrollar una teoría de la revolución que sitúe de manera adecuada el papel del Estado en un periodo de transición hacia una sociedad postcapitalista, ni la forma cómo las multinacionales (muchas de ellas grandes concentradoras de lo mejor del pensamiento acumulado por la humanidad) pasarán a ser un bien colectivo global, paso a dar en el camino hacia la fundamentación y construcción de otra economía posible y sostenible, proyectada e integrada para el beneficio general de la especie humana y de las demás especies que habitan nuestro planeta.


Por ahora, todas las manifestaciones de rebeldía estalladas en estas dos décadas del siglo XXI, verdadero resurgir de la lucha de clases, son pequeñas luces de esperanza, también los “chalecos amarillos”, su bondad estriba en que nos llaman a ganar confianza en la fuerza de los negados y excluidos de siempre para hacer realidad el sueño de justicia, solidaridad, libertad, para la humanidad toda, al tiempo que nos emplazan a construir las bases de una teoría que sustente de manera cabal la superación del capitalismo en los tiempos que vivimos. La esencia del problema consiste, en consecuencia, en ver en la historia, teoría en acción, realizada; y en la teoría, historia comprendida.

 

1. “Poseen 26 millonarios más dinero que los 3 mil 800 millones en mayor pobreza”, La Jornada, México, consultado el 21 de enero de 2019, https://www.jornada.com.mx/ultimas/2019/01/21/poseen-26-millonarios-mas-dinero-que-los-3-mil-800-millones-en-mayor-pobreza-4117.html
2. Gómez, Marcelo. (2014). El regreso de las clases. Editorial Biblos, República Argentina, pp. 23-24.

* Economista político y filósofo humanista. Escritor e investigador independiente. Integrante de los consejos editoriales de los periódicos Le Monde diplomatique, edición Colombia, y desdeabajo.

Publicado enColombia
Lunes, 18 Febrero 2019 05:53

La segunda implosión de Centroamérica

La segunda implosión de Centroamérica

Décadas después de las guerras de revolución y contrainsurgencia en Centroamerica, la región otra vez está al borde de una implosión. El istmo ha estado sumido en una reanudación de las luchas de masas y la represión estatal, el desmoronamiento de los sistemas políticos, la corrupción, el narcotráfico y el despojo y migración forzada de millones de trabajadores. Detrás de esta segunda implosión –reflejo de la crisis galopante del capitalismo global– está el agotamiento del desarrollo capitalista tras las convulsiones de los años 80 al ritmo de la globalización.

Los movimientos revolucionarios de masas entre 1970 y 1980 lograron desalojar del poder a las dictaduras y abrir los sistemas políticos a la competencia electoral. Pero no alcanzaron la justicia social sustancial ni democratizar el orden socioeconómico. La globalización desplazó a millones, agravando pobreza, desigualdad y exclusión social, y dañó el ambiente, ocasionando una oleada de emigraciones y más movilizaciones de masas entre quienes se quedaron. Las raíces del conflicto regional han persistido: la concentración de la riqueza y del poder político en manos de élites al lado de la pauperización y la impotencia de una mayoría desposeída.


Con el golpe de Estado en Honduras (2009), la masacre de manifestantes en Nicaragua (2018) y el regreso de los escuadrones de la muerte en Guatemala la ilusión de paz y democracia, tan pregonada por la élite trasnacional, ha sido destrozada. Los regímenes centroamericanos ahora enfrentan crisis de legitimidad, estancamiento económico y colapso del tejido social.


El modelo de acumulación implementado hacia finales del siglo XX y en adelante abarcó la introducción de actividades que integraron la región a las cadenas trasnacionales de producción y servicios, parte de la globalización capitalista que ha involucrado una expansión de la minería, la agroindustria, el turismo, la extracción energética y los megaproyectos de infraestructura a lo largo de América Latina, alimentando una economía global voraz y desbordando las arcas de las trasnacionales.


La evolución de la economía política centroamericana refleja la de la economía global. La mundial pasó por un periodo de prosperidad entre los 50 y 60, seguido por crisis, el estancamiento y la transición en las décadas de 1970 y 1980, para luego pasar al auge de la globalización en los 1990 y principios del siglo XXI. El istmo experimentó una tasa de crecimiento anual promedio de 5.7 por ciento (1960-70), tasa que cayó a 3.9 entre 1970-80, y luego desplomó a apenas 0.8 en la década de 1980-1990. Pero luego, en sincronía con la economía global, el crecimiento se recuperó a un promedio anual de 4 porciento durante la globalización entre 1990-2008, según la Cepal. Tras la crisis de 2008, la tasa de crecimiento descendió a 3.7 en 2012, a 3.5 en 2017, y a un estimado 2.6 en 2018.


El orden social de la globalización sólo podía ser sostenido mientras expandía la economía y los despojados podían emigrar. La reanudación del crecimiento desde los 90 ha dependido de: fuerte incremento del flujo de la inversión corporativa trasnacional, aumento constante de la deuda externa y las remesas de los migrantes.


La inversión extranjera directa bajó a partir de 2016, mientras la deuda externa pasó de 33 mil millones de dólares en 2005 a 79 mil millones en 2018. Pero sobre todo los 20 mil millones que envían los migrantes se han convertido en un salvavidas para la economía regional, mientras la emigración contiene las explosiones políticas.


Las remesas aportan 18-19 por ciento del PIB en El Salvador y Honduras; es 10 por ciento para Guatemala y Nicaragua. Las remesas representaron la mitad del crecimiento del PIB en esos países en 2017. La economía regional colapsaría sin ese dinero.


La población centroamericana creció de 25 millones (1990) a 40 millones (2017), según la Cepal, pero el mercado laboral no absorbe a la mayoría de los entrantes, lo que explica el repunte de la emigración: casi se duplicó de 2000 a 2017: 4.3 millones.


El capitalismo global enfrenta una crisis estructural de la polarización social y la sobreacumulación. La continua expansión de la economía global en años recientes ha sido alimentada en el consumo basado en el endeudamiento, la especulación en el casino global que ha inflado una burbuja tras otra, y la militarización impulsada por los estados en tanto el mundo entra a una economía global de guerra. Hoy la economía global está al borde de otra recesión. El sistema enfrenta una crisis política de la hegemonía y una escalada de tensiones globales. Esta crisis subyace a la segunda implosión de Centroamérica.


Se desarrolla en el istmo otra ronda de protesta popular de masas; los regímenes locales pierden legitimidad, se vuelven más corruptos y amenazan la constitucionalidad, como ha sucedido en Honduras y Nicaragua y podría ocurrir en Guatemala.


Las comunidades más vulnerables han sido identificadas como chivos expiatorios para la crisis, sobre todo los refugiados y los migrantes. Esto ayuda a entender la respuesta hasta fascista de Trump hacia los refugiados centroamericanos.


El futuro de Centroamérica dependerá de la capacidad de las fuerzas populares en Centro y Norteamérica de movilizarse para preservar el estado de derecho e impulsar la agenda de la justicia social que pudiera paliar la crisis. De lo contrario, una recesión económica podría tumbar el castillo centroamericano de naipes.

Por William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California en Santa Bárbara

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