La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, durante la entrevista con EL PAÍS. SEBASTIÁN UTRERAS

“No creemos que las políticas tipo Escuela de Chicago sean la solución” Los precios de las materias primas lastran las previsiones de crecimiento para América Latina
La economía de América Latina se desacelera en un contexto de “incertidumbre y volatilidad” global


Durante la presentación del balance económico de fin de año, a mediados de diciembre en Santiago de Chile, la jefa de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena (Ciudad de México, 1952), habló de un escenario incierto y complejo, no demasiado alentador y hasta pesimista. Lo explica una reducción de alrededor del 7% en el precio de los productos básicos el próximo año y una ralentización del comercio mundial. De acuerdo con las proyecciones, revisadas a la baja por el organismo, Latinoamérica este año crecerá 1,2%, dos puntos menos que el promedio mundial. Para 2019 se espera un crecimiento de 1,7%, con una diferencia marcada entre México y Sudamérica, que crecerían 2,1% y 1,4%, respectivamente. La responsable del brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico en la región habla de un "cambio de ciclo".

 

Pregunta. ¿Qué características tiene este nuevo ciclo?

Respuesta. Está marcado por una mayor apreciación del dólar, la subida de las tasas de interés en Estados Unidos y las tensiones comerciales y tecnológicas entre Estados Unidos y China. La dinámica interna juega un papel menos importante y la región está muy condicionada por el contexto externo, que presiona a los países por varias razones. Por ejemplo, en el pago de intereses. Cuando la política monetaria bajó las tasas de interés, lógicamente hubo mayor apetito al riesgo y mucho endeudamiento. Hoy día, por lo tanto, la región tiene más deuda –pública y privada– y mucha presión en el pago de intereses, que han subido junto a la apreciación del dólar. Es una situación complicada, como lo es la mayor volatilidad financiera: ahora el financiamiento se va a los países desarrollados y hay más dificultades de la región para acceder al crédito.

 

P. ¿Qué efectos producen las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China?

R. Hacen que la región tenga mucha presión. Especialmente Sudamérica, muy dependiente de lo que ocurra en China, primer socio comercial de Brasil, de Argentina, de Chile. Y China hoy está desacelerando de 6,6% en 2018 a 6,3% el año próximo. Las únicas dos economías que crecen y que van en una tendencia al alza este año y el próximo, son Estados Unidos y la India, nada más.

"El financiamiento se va a los países desarrollados y hay más dificultades de la región para acceder al crédito".

P. ¿Qué medidas internas deberían tomar los países ante este escenario?

R. Los países tienen instrumentos para poder confrontar este tipo de situaciones, como la tasa monetaria, la política fiscal y lo que hacen, por ejemplo, con los salarios mínimos. Si el salario mínimo lo desaceleras, puedes afectar el consumo privado, de los hogares.

P. ¿A qué subregión impactará la bajada del precio de los productos básicos?

R. A los de Sudamérica, porque son los exportadores de alimentos, de petróleo, de hidrocarburos y, en general, de minerales y metales. Las variaciones van a ser menores, no van a ser tan grandes, pero igual va a haber una cierta afectación. Esto se combina con el tema China, que va a tener menos demanda a menores precios.

P. ¿Las materias primas han pasado a ser un lastre para el crecimiento de la región?

"VENEZUELA TIENE QUE HACER UN CAMBIO MUY PROFUNDO EN MATERIA ECONÓMICA"
R.M.

Pregunta. ¿Cómo proyecta la situación de Venezuela, que sufriría una contracción de su economía de -10,0%, de acuerdo a la CEPAL?

Respuesta. Hay cosas que son muy riesgosas para el futuro, como la contracción que ha tenido del producto del 43% con respecto al valor del 2013, la producción petrolera que cae, la hiperinflación. Pero, al mismo tiempo, hemos visto con interés las 10 medidas económicas que ha tomado Venezuela, que apuntan a controlar el tipo de cambio, por ejemplo. Esto ha sido ya una medida muy concreta que es positiva.

El precio del petróleo, que fue positivo este año, no va a seguir siendo tan positivo el próximo, aunque por otro lado es necesario observar si tendrá algún resultado el hecho de que economías externas estén tratando de apuntalar a Venezuela, como China y Rusia. Pero, definitivamente, Venezuela tiene que hacer un cambio muy profundo en materia económica.

R. Lo que sucede es que hay que saber cómo procesarlas y darles valor agregado. Un ejemplo: entre Chile, Argentina y Bolivia tienen el 61% de las reservas de litio. Esa no es una mala noticia, sino una excelente noticia. La mala noticia es que no haya políticas públicas que permitan que esas materias primas sean procesadas e industrializadas en su lugar de origen. Chile y Argentina podrían asociarse para explotar el litio conjuntamente y crear una plataforma industrial de baterías recargables con inversiones europeas, chinas y latinoamericanas. Sería, para mí, el gran logro.

P. De los productos básicos, ¿cuál tendrá una mayor caída de su precio?

R. El petróleo va a ser, yo creo, el más afectado de todos.

P. ¿Cómo deberían los latinoamericanos enfrentar este nuevo ciclo económico?

R. La región todavía tiene una dinámica de crecimiento positivo. El consumo privado –el de las familias– va a seguir siendo un factor importante. Hay países que están dándole predominancia a la inversión, como es el caso de México. Hay otros países en la misma línea y, por lo tanto, puede ser otro factor. En donde hay más incertidumbre es en la parte comercial. Por lo tanto, ¿qué se le recomienda a los países y a los hogares? Yo diría que el ahorro: controlar el gasto.

P. ¿Qué pueden hacer las economías de países como Chile, Argentina y Brasil frente a la vulnerabilidad financiera?

R. Un país como Chile tiene mucho que ofrecer, porque tiene una institucionalidad sofisticada, un Estado de derecho creíble en el exterior, cuenta con la confianza de los mercados. El caso de Argentina es menos claro, porque no ha logrado salir de los problemas que ha tenido y su crecimiento no está auspiciado positivamente: crecerá -1,8% en 2019, según nuestras proyecciones. Brasil es una incógnita, aunque si en 2019 despega un poco más y logra crecer al 2%, puede ser importante para la región. Por lo menos tenemos información hacia dónde va el gobierno. Brasil empieza a retomar su crecimiento, pero con muchas dificultades.

"La desigualdad es ineficiente desde el punto de vista económico"

P. ¿Qué impacto tienen los anuncios de políticas neoliberales del nuevo Gobierno de Bolsonaro?

R. Brasil va a crecer por arrastre. El 2% tampoco es un crecimiento tan dinámico y viene impulsado por la inversión de Petrobras. Ahora, ¿qué va a pasar con el consumo? No sabemos si va a seguir apuntalando o no, eso depende de la confianza. Y nadie sabe muy bien qué es lo que va a pasar en Brasil, si va a haber confianza de los mercados o no. Hasta ahora lo que se ve venir es una política neoliberal –privatizaciones quizás– que podrían dinamizar la economía en un corto plazo. Pero no sé si al mediano o largo plazo sea la solución. Ya hemos pasado por ahí en otros países.

P. ¿Las medidas económicas al estilo Chicago, no son las adecuadas para Brasil?

R. Siempre hemos sido muy claros: tiene que haber un equilibrio entre el Estado y el mercado. No puede ser todo orientado por el mercado, porque el mercado, por naturaleza, va a generar desigualdad. Y una sociedad dispar y desigual no puede tener un crecimiento sostenible a mediano plazo. La desigualdad no solamente es inaceptable desde el punto de vista social o de derechos, sino que es ineficiente desde el punto de vista económico. El Estado no debe ser el administrador de todos los bienes productivos, pero no creemos que las políticas extremadamente neoliberales, tipo Chicago, sean la solución. Por lo demás, Brasil no necesita necesariamente políticas tan neoliberales teniendo un mercado interno tan grande. No es el caso de Chile, que tiene 17 millones de habitantes, una economía muy abierta al exterior y, por lo tanto, quizás, su elección de modelo de desarrollo es otro. En Brasil, México y Colombia –países que tienen un mercado interno potente– hay que apostarle a un desarrollo más que a un crecimiento.

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Jueves, 03 Enero 2019 07:29

Bolsonaro. Botón de muestra

Imagen: EFE

En su primer día como presidente, Bolsonaro bajó el salario mínimo fijado por su antecesor, puso las reservas indígenas en manos de la nueva ministra de Agricultura, ligada a los grandes terratenientes, y excluyó a la población LGBT de las políticas de derechos humanos.

El ajuste es verde oliva. El exmilitar y flamante mandatario Jair Bolsonaro determinó la reducción del salario mínimo en simultáneo a la entrada en funciones del ministro de Economía Paulo Guedes, formado en la Universidad de Chicago, dotado de “superpoderes” para llevar adelante la reforma previsional en paralelo con un paquete de privatizaciones, parciales o totales, de empresas como Petrobras y Eletrobras.

A partir de este mes el salario mínimo será de 998 reales en lugar de los 1006 reales (265 dólares) fijados en el presupuesto aprobado semanas atrás en el Congreso. Cuarenta y ocho millones de trabajadores que tienen ese monto como referencia para la actualización de sus sueldos serán afectados por el recorte.

Al adoptar este ajuste a menos de 24 horas de haber jurado el respeto de la Constitución de 1988, conocida como “ciudadana” por consagrar derechos antes inexistentes, Bolsonaro puso de manifiesto una decisión política. Y lo hizo con una urgencia sorprendente a través de un decreto publicado en una edición extraordinaria del Diario Oficial de la Unión.

Puso en práctica lo que había insinuado en campaña y confirmado semanas atrás cuando abogó por la precarización laboral. “Continúa siendo muy difícil ser patrón en Brasil” debido al costo que suponen los derechos como el aguinaldo, las vacaciones y la política de actualización del salario mínimo. En esa ocasión prometió llevar adelante una segunda reforma laboral por entender que es insuficiente la legislación en vigor, una norma leonina sancionada en 2017 por el expresidente Michel Temer. “Si no tenemos menos derechos no tendremos más empleos”. Con las organizaciones sindicales agobiadas económicamente debido a la legislación dejada por Temer y la extinción del Ministerio de Trabajo determinada por Bolsonaro, nada indica que haya una respuesta colectiva al hachazo sufrido por asalariados más pobres ayer.

El exministro de Trabajo de Luiz Inácio Lula da Silva, Luiz Marinho, lamentó “que con este gobierno llegó la destrucción de todo derecho social”.

Al contrario de Marinho la Bolsa de Valores de San Pablo reaccionó de buen grado a este anuncio salarial más la promesa de reforma previsional y de privatizaciones de Paulo Guedes (ver aparte). La principal plaza bursátil llegó a rozar los 4 puntos y cerró con un alza del 3,5% en lo que fue el mejor inicio de año desde 2009.

El llamado “superministro” trasladó a Brasil su experiencia en el Chile de Pinochet, donde trabajó durante un tiempo con los mentores de un plan neoliberal ortodoxo aplicado a punta de bayoneta.

Otro compromiso asumido por el funcionario fue el de quitar recursos, eventualmente a la educación o la salud, si no se aprueba la reforma previsional a la chilena que planea presentará en el Congreso.

Ayer fue el día en que asumieron varios de los veintidós ministros del gabinete entrante, y Bolsonaro eligió asistir al acto que puso en funciones al general Fernando Azevedeo como titular de Defensa. En un discurso breve Bolsonaro no hizo mención de la eventual reforma previsional para las Fuerzas Armadas, autorizando la sospecha de que los militares podrán ser excluidos del recorte. Y elogió a los expresidentes José Sarney y Fernando Collor por haber aumentado los recursos destinados a los militares, dando lugar a la conclusión de que el recorte de gastos no será equitativo.

El capitán retirado dijo, dirigiéndose a los generales, que en su gobierno las Fuerzas Armadas recuperarán el lugar perdido a manos de políticos corruptos y que volverán a estar presentes en “todos los lugares de nuestro inmenso país”. Tal vez se refería a la demanda castrense por más injerencia en varias reservas indígenas ubicadas en zonas fronterizas como Raposa Serra do Sol, que está recostada sobre el límite con Venezuela. Durante años militares y hacendados presionaron para que el Estado le permita penetrar en territorio de los pueblos originarios. En el recién surgido gobierno bolsonarista una de los grupos de sustentación es precisamente el agronegocios y su influyente “bancada del buey” en el Congreso. Respondiendo a la exigencia de ese sector Bolsonaro resolvió ayer que la demarcación de tierras que antes de la conquista eran indígenas quede bajo la órbita del Ministerio de Agricultura, comandado por la ex legisladora Tereza Cristina, investigada por presuntos acuerdos ilegales con el frigorífico JBS, el más importante del renglón ganadero al cual se lo conoce por su avidez en conquistar tierras que no le corresponden.

La medida retiró todas las atribuciones sobre el tema que tenía la Fundación Nacional del Indio, que había sido defendida por varias etnias como la entidad idónea para fijar los límites de las reservas.

El balance del primer día del nuevo ciclo político, cívico-militar, inaugurado con Bolsonaro revela un plan de shock para ejecutar planes económica y socialmente regresivos, encuadrados en la fundación de un nuevo “orden” donde, no habrá más lugar para la “ideología de género” ni de minorías sexuales.

Dentro de la colección de anuncios también figura una resolución del presidente que quita a las demandas de la comunidad LGBT de las prioridades del ministerio de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, al frente del cual está la pastora Damares Alves. En lugar de priorizar la agenda sobre las minorías sexuales Alves concentrará sus esfuerzos en la aprobación de un proyecto que pagará un subsidio estatal a las mujeres violadas que no interrumpan sus embarazos.

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Creció la migración de niños solos  de 66 mil a 300 mil en 6 años

Desatendido, el derecho a la educación de niños migrantes, revela la Unesco

La falta de dominio de un idioma, una desventaja que enfrentan


Los niños migrantes no acompañados por un adulto tienen de poco a ningún acceso a la educación, alerta la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Destaca que la cifra de esos menores se elevó de 66 mil a 300 mil entre 2010 y 2016 en todo el mundo.

Agrega que en muchos países, ese sector, particularmente vulnerable a la explotación, ve desatendido su derecho a la educación.

El informe de seguimiento de sobre ese tema en el mundo 2019: Migración, desplazamiento y educación. Construyendo puentes, no muros, sostiene que ese derecho y el principio general de no discriminación están consagrados en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y en la Convención sobre los Derechos del Niño, pero no todos los estados impulsan medidas de atención y cumplimiento de esa garantía.

Sólo en Estados Unidos, alerta la organización multinacional, donde se estima que hay 11 millones de inmigrantes sin papeles, la amenaza de la deportación puede ser un factor que influya cada vez más para elevar el ausentismo escolar de miles de niños indocumentados.

Recordó que con la aplicación de un programa en 2012, que brinda protección a 1.3 millones de jóvenes sin papeles migratorios que llegaron al país cuando eran niños, impidiendo su deportación y proporcionándoles el derecho a obtener permisos de trabajo, se estima que aumentó la tasa de graduación de la enseñanza secundaria en 15 por ciento.

No obstante, la carencia de documentos de identidad aún es un obstáculo para millones de niños y adolescentes migrantes. Agrega que esa situación puede crear barreras para los 10 millones de apátridas del mundo, algunas de las cuales descienden de inmigrantes.

Los niños y adolescentes migrantes también deben afrontar, en muchos casos, el reto de dominar un nuevo idioma, lo cual se puede volver una desventaja educativa, pero también un factor que dificulta la socialización, el establecimiento de relaciones y el sentimiento de pertenencia, además de que eleva el riesgo de discriminación.

A ello se suma que muchos alumnos inmigrantes, señala la Unesco, son frecuentemente concentrados en áreas suburbanas, por lo que asisten a escuelas con niveles académicos y de desempeño más bajos, pero la segregación se agrava cuando los alumnos nativos se mudan a barrios más ricos.

Otro grupo altamente vulnerable es el de los desplazados. Se estima que hay 19.9 millones de refugiados, de los cuales 52 por ciento son menores de edad. La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estima que la tasa de matriculación de refugiados era de 61 por ciento en la primaria y de 23 por ciento en la secundaria. En el mundo, al menos 4 millones de refugiados de 5 a 17 años de edad no asisten a la escuela.

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Miércoles, 02 Enero 2019 07:25

2002-2018, la herencia Uribe-Santos

2002-2018, la herencia Uribe-Santos

Tras ocho años, Juan Manuel Santos deja el gobierno: presidente de apariencias, artero y falsas promesas; y de realizaciones dispares. Antes que él, Álvaro Uribe también mandó por igual cantidad de años. ¿Administraciones antagónicas o complementarias? Las apariencias dicen una cosa, la realidad otra.

 

La Constitución colombiana de 1991 abolió la reelección presidencial. Sin embargo, en 2005 la Corte Constitucional avaló la reforma de la Carta Magna, tramitada por el Congreso en 2004, que autorizó la reelección presidencial inmediata. Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos fueron favorecidos, cada uno gobernó durante ocho años. ¿Qué le heredan a la presidencia de Duque?


A partir del 7 de agosto, el régimen uribista preside el país durante un tercer período (2018-2022), esta vez en cuerpo ajeno (Duque). Además del poder ejecutivo, controla el legislativo: concentra el 80 por ciento de los 280 escaños parlamentarios, entre Cámara y Senado. El tándem Uribe-Duque buscará reformar el poder judicial; impulsar en el Congreso la eliminación de la Corte Constitucional, reculando hacia la organización de la Constitución de 1886, de una sola Corte Suprema, dotada de salas especializadas al servicio de la persecución política. Esta dictadura en ciernes da razón a Acemeglu y Robinson, autores del libro “Por qué fracasan los países”, quienes resaltan “la institucionalización del proyecto paramilitar en extensos territorios colombianos y en el Estado mismo” (1).


Uribe-Santos: visiones de desarrollo y gobierno


El imperio español transfirió a las colonias su sentido de superioridad racial y la explotación clasista, la gran hacienda y la economía extractiva, la corrupción y la búsqueda de rentas, subyacente a una noción de autoridad y orden fundamentada en la jerarquía, el Estado patrimonial y la opresión violenta. Durante la Conquista y la Colonia, los españoles echaron las bases de un sistema centralista; la República acentuó y robusteció esta tradición. La triada Uribe, Santos y Duque comparten y asumen en su gestión esta herencia, con la visión y praxis que implica.


Ante este trasfondo histórico, defensa del estatus quo versus modernización, fractura y enfrenta a las clases dominantes. Los defensores de la tradición, arropados en ideologías de extrema derecha, integran una oligarquía lumpen que combina todas las formas de lucha para reproducir su monopolio del poder, desde la manipulación de las conciencias a través de las iglesias y los medios de comunicación, la mentira y el odio, el latifundio como símbolo de poder político y reconocimientos social, el desprecio por la democracia y los derechos humanos, hasta la alianza con la delincuencia organizada, el emprendimiento criminal de actividades fraudulentas y la apropiación corrupta de lo público.


Los modernizantes, por su parte, son arribistas y constitucionalistas. También se identifican con las doctrinas de derecha. A pesar de la condición nacional periférica y atrasada, pretenden crear una historia que, no obstante ser ficticia, satisface su conducta de advenedizos: anhelan la integración del país a la dinámica económica internacional y pertenecer a los “diferentes clubs” de los países ricos. Genuflexos ante el imperio y las transnacionales, atraen capital, tecnología y asistencia político-militar, otorgándole privilegios a los extranjeros para la explotación de la fuerza de trabajo, el saqueo de los recursos naturales y el control de la economía nacional.


Durante el período histórico de 2002 a 2018, estas dos cosmovisiones de la oligarquía nacional se imbricaron hasta llegar a la simbiosis política, personificada en los gobiernos de Uribe y Santos. Esta síntesis constituye el legado con el cual Duque dirigirá a Colombia en los años 2018-2022.
Es una visión de la sociedad y del poder implícita en sus planes de desarrollo (ver imagen) que sintetizan los objetivos y estrategias de desarrollo que enmarcaron ambos gobiernos durante 16 años.

 

 


Modernización, conflicto rural y violencia


La concentración de la tierra es causa de las condiciones estructurales de la violencia en el campo y de la reproducción crónica del conflicto interno, desde siempre. Unido al genocidio, los españoles sometieron a los indígenas imponiéndoles elevados impuestos pagaderos en dinero que sólo podían obtener trabajando para los conquistadores, prohibiéndoles cultivos cuyos frutos podían comerciar por otros conductos, quitándoles las tierras y obligando a las familias empobrecidas a enviar a sus miembros activos a trabajar en las haciendas, en las minas o como servidores domésticos. El exterminio de la población indígena condujo a que los españoles instauraran un régimen esclavista, con población traída violentamente desde África.


Los siglos pasan, no así la visión y el ejercicio del poder, pues cuando los pueblos originarios o las comunidades campesinas intentan modificar esta historia de infamia, la respuesta institucional y de la clase dominante es constante: el asesinato de los líderes de la comunidad, su apresamiento, la confiscación del patrimonio y el desplazamiento forzoso masivo. Así lo podemos constatar en tiempos recientes.


Veamos. El siglo XX está caracterizado por crecientes luchas campesinas, indígenas y negras en contra del régimen latifundista y el saqueo minero-energético, en realidad contiendas por el acceso a la tierra que han chocado con los intereses de los gobiernos de turno y de los inclementes terratenientes.


Con particularidades. Las propuestas de los gobiernos que impulsan políticas de reforma agraria comparten cuatro características: marginales y no afectan la estructura de tenencia de la tierra, discontinua, fragmentarias y han estado relacionadas con esfuerzos parciales para aclimatar la pacificación rural.


En el polo opuesto, terratenientes, grupos de extrema derecha, paramilitares y transnacionales, impulsan de manera eficaz contrarreformas agrarias que concentran aún más la tierra. La Violencia de las décadas 1940-50 despojó a los campesinos de 380.000 hectáreas, causó 300.000 muertos y la migración forzosa de más de dos millones de personas, equivalente a casi una quinta parte de la población total de Colombia, que para ese entonces sumaba 11 millones de habitantes. Como una constante hija de un modelo de poder y de gobierno, la violencia de 1964 a 2018 deja, hasta el momento, un saldo de ocho millones de víctimas, 254.000 asesinatos y 6,7 millones de hectáreas despojadas, esto es el 15 por ciento de la superficie agropecuaria del país.


Según cifras del Registro Único de Víctimas, desde 1985 hasta 2018, 7,3 millones de personas fueron desplazadas, constituyendo al nuestro como el país de más desplazados internos del mundo. Es un hurto de la tierra. En la actualidad, el 77 por ciento de ésta reposa en manos de 13 por ciento de propietarios, pero el 3,6 por ciento de estos concentra el 30 por ciento de la tierra. El 80 por ciento de los pequeños campesinos cuenta con menos de una Unidad Agrícola Familiar (UAF), son microfundistas. El 68 por ciento de los predios registrados en catastro clasifican en pequeña propiedad, pero esta sólo cubre el 3,6 por ciento de la superficie productiva.


Realidad que no parece tener solución. Durante los gobiernos de Uribe y Santos, la concentración de la tierra y la desigualdad crecieron en el campo. El índice Gini rural, que mide la desigualdad, pasó de 0,74 a 0,88. La mayor concentración de la propiedad está en las zonas ganaderas y en aquella donde se explotan recursos minero-energéticos. De 39,2 millones de hectáreas que hoy se usan en la actividad ganadera, solo 21 millones son aptas para ella; en contraste, de las 21,5 millones de hectáreas de tierra con capacidad agrícola, solo se usan 4,9 millones; además, 2,5 por ciento de la tierra apta para agricultura está sembrada de biocombustibles como caña y palma. En paralelo, la mayor concentración de la tierra, la violencia exacerbada y la miseria, están ubicadas territorialmente en los lugares donde las fuerzas políticas del establecimiento dominan y controlan, es decir, espacios en los cuales el “sistema democrático” está capturado por grupos de interés y donde el proyecto paramilitar de la extrema derecha está institucionalizado.


Es un ejercicio del poder económico, político, militar y social, con claros y nefastos resultados. Los gráficos 1 y 2 muestran los efectos durante el último siglo de la persistente violencia en el campo: caídas verticales de la participación relativa de la población rural y de la producción agraria en los totales del país, correlacionadas con los ciclos de la violencia, la expansión de actividades minero- energéticas y la desindustrialización gradual.


Durante los dos períodos del gobierno Uribe (2002-2010), la población rural como proporción del total del país descendió de 25,4 por ciento a 22,3; en tanto, el índice promedio de homicidios por cien mil habitantes fue de 43,6. A lo largo del mandato Santos (2010-2018) continuó la tendencia de desalojar el campo para darle cabida al proyecto modernizante impulsado por los empresarios agroexportadores y la expansión minero-energética, en 2018 los habitantes rurales sólo representan el 18,2 por ciento del total de habitantes del país; el índice de homicidios mantuvo un promedio de 27,9 por ciento. Además, un componente de la guerra liderada por los sectores derechistas fue “quitarle el agua al pez”, esto es, eliminar o desplazar a las comunidades que en su criterio apoyaban a la guerrilla.


Durante 2002-2010, se desató la guerra frontal, con el apoyo del gobierno estadounidense, en contra de las comunidades rurales y de la insurgencia campesina de las Farc (Santos fue el ministro de Defensa durante el gobierno de Álvaro Uribe, desde 2006 hasta 2009).


Durante la presidencia de Santos prosiguió el proyecto de pacificación, pero con un cambio de estrategia: negociación y artimaña. Una vez logrado el objetivo del desarme de la insurgencia, la oligarquía traiciona los acuerdos con los que se ponía fin a tal parte del conflicto armado interno. De acuerdo con sus intereses, desfiguraron a su favor los ítems correspondientes a las reformas agraria, política; también blindaron a políticos, empresarios y militares para no tener que asumir responsabilidades de la guerra, decir la verdad ni ser enjuiciados. La justicia especial se convirtió en una herramienta de venganza y persecución. En paralelo, arrancó el aniquilamiento de los excombatientes inermes y el enjuiciamiento con fines de extradición de sus dirigentes.


Frente a la insurgencia que ha hecho de la soberanía nacional y la defensa de los recursos minero-energéticos el sentido de su lucha, el Eln, la clase en el poder se inclina por “congelar” la negociación y prolongar la guerra fratricida. Si bien el índice de homicidios disminuye, los grupos hegemónicos saben dosificar la violencia, ahora predomina la estrategia de guerra de baja intensidad, regionalizada, focalizada y los asesinatos selectivos cometidos por las variopintas fuerzas armadas, legales e ilegales, que cuentan con “patente de corso” ante el triunfo indiscutible de la extrema derecha en las elecciones parlamentarias y presidencial de 2018.


En oposición a la reforma agraria tantas veces reclamada por los pobres del campo, la oligarquía impulsa, de una parte, las actividades extractivas minero-energéticas en las zonas antiguamente ocupadas por la insurgencia de las Farc y, de otra, el modelo de “Alianzas Estratégicas Productivas y Sociales” que busca someter al grueso del campesinado a la explotación de los empresarios agroindustriales. Con este fin aprobaron en 2016 la ley 1776 de las Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres).


El gráfico 1 muestra la recuperación económica del campo durante los últimos tres años, producto de la implementación del modelo empresarial agroindustrial, la parcial pacificación rural y la expansión de las actividades minero-energético, ganaderas y agroexportadoras. La herencia Uribe-Santos deja en su punto más alto la conflagración agraria, prolongando la historia de frágil democracia y autonomía local, destrozo del tejido social de las comunidades rurales, eliminación de sus líderes sociales, desplazamiento forzoso de la población, destrucción del ambiente, saqueo de la riqueza natural y concentración de la propiedad territorial mediante el despojo. El clásico estudio de Ronald H. Coase (1910-2013), premio Nobel de Economía 1991, “El problema del costo social” (1960), advertía que existe el peligro real de que la intervención extensiva del Gobierno en el sistema económico puede conducir a la protección de los responsables de los efectos dañinos (2).

 

 

 


Población, economía y empleo


La estructura ocupacional de la población es una función de su composición por edades y clases, de la naturaleza de sus recursos, de su tamaño, de la historia económica, de la estratificación e ingreso real por habitante.


Durante 2002-2018, la población colombiana aumentó en 8,5 millones de personas, actualmente bordea la cifra de cincuenta. Su relación con el mundo del trabajo está asociada a la dinámica económica nacional, que depende de los ciclos del capitalismo global y del nivel de precios de las materias primas en el mercado internacional (Gráfico 3).

 

 


En el primer período de gobierno de Uribe (2003-2006), el ritmo anual de la economía creció en promedio 5,2 por ciento, en el segundo (2007-2010) se desaceleró a 4 por ciento. En el ejercicio presidencial de Santos, el promedio de crecimiento de la economía fue de 4,9 por ciento durante 2011-2014 y de 2,4 por ciento en el cuatrienio 2015-2018. La tendencia es recesiva en los últimos 16 años, producto de la caída en la renta petrolera, la pérdida de productividad del aparato productivo y del impacto negativo en la demanda de los estratos medios y bajos por el aumento en el IVA a la canasta familiar.


Pese a ello, en lo corrido del siglo XXI, el ingreso per cápita anual de los colombianos aumentó 1,6 veces; pasó de 7,1 millones (2001) a 11,5 millones (2018). Durante los dos períodos presidenciales de Uribe aumentó 29,5 por ciento y en el gobierno de Santos 17,5 por ciento (Gráfico 4).

 

 


Por su parte, la fuerza de trabajo ocupada en el sector agropecuario perdió participación relativa durante los dos períodos de gobierno de Uribe y el primero de Santos: de 20,5 por ciento cayó a 15,5 por ciento. Durante el último período de la administración Santos, esta rama de actividad se recupera levemente y contribuye con el 16,2 por ciento de la población ocupada (Gráfico 5). La disminución de la proporción del empleo registrada en la agricultura no se compensa exactamente con la proporción en que se incrementa la ocupación manufacturera o del sector terciario. El resultado es la precarización del mercado laboral.

 

 


Durante los 16 años analizados, la industria manufacturera y los servicios comunales, sociales y personales perdieron participación dentro de la estructura de empleo en Colombia: de 13 a 12,4 por ciento, en el primer caso y de 22,3 a 19,4 por ciento, en el segundo. La generación de puestos de trabajo se registra en las ramas de actividad de la construcción; comercio, hoteles y restaurantes; transporte, almacenamiento y comunicaciones; actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler; estas actividades económicas tienen en común ser intensivas en fuerza de trabajo, pero generan, en la mayoría de los casos, empleos informales, de bajos salarios e inestables.


La explotación de minas y canteras, el suministro de electricidad, gas y agua, y la intermediación financiera, son ramas económicas intensivas en capital: solamente contribuyen, en conjunto, con el 3 por ciento del empleo en el país, durante el periodo 2002-2018, pero gozan de las tasas más altas de rentabilidad y acumulación en el conjunto de actividades económicas.


Es esta una realidad que afecta la vida diaria de la mayoría de connacionales, mucho más cuando no existe una reciprocidad entre las estructuras ocupacional y productiva de la economía (comparar los gráficos 5 y 6).

 

 


Al revisar esta parte de nuestra historia, sobresale cómo las fuerzas económicas trascienden los períodos políticos y se sobreponen a las “buenas intenciones” de la política pública. Más aún, los gobiernos Uribe-Santos profundizaron el neoliberalismo que impuso el gobierno Gaviria entre 1990-1994, privatizando y desnacionalizando el aparato productivo. Las actividades de agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca registran una pérdida inercial de importancia relativa en el conjunto de la economía criolla durante 2002-2014 de 9,3 a 6,1 por ciento; en 2018 logra recuperarse al 7,6 por ciento (la tendencia es similar al comportamiento de la ocupación rural en estos años, pero con mayor impacto laboral dado que es un sector intensivo en fuerza de trabajo).


De las 12 ramas de actividad, según información y clasificación del Dane, siete perdieron importancia relativa durante los años 2002 a 2018 y cinco la aumentaron. El sector agropecuario perdió 1,7 puntos porcentuales; la explotación de minas y canteras -2,5; la industria manufacturera -2,2; suministro de electricidad gas y agua -1,3; información y comunicaciones -1,0; actividades inmobiliarias -1,3; y actividades artísticas, de entretenimiento y recreación, unidas a actividades de los hogares individuales -0,2 por ciento.


En paralelo, la estructura productiva nacional tiende a la tercerización. El aparato económico se aglutina alrededor de la construcción (aumentó 2,9 puntos porcentuales), Comercio, reparación, restaurantes y hoteles (creció 1,6), actividades financieras y de seguros (aumentó 1,8), actividades profesionales, científicas, técnicas y de servicios administrativos (aumentó 2,9) y administración pública y defensa; seguridad social; Educación; Salud y Servicios sociales (creció 1,0). En esta última rama, sobresale el Estado como uno de los principales empleadores: el número de puestos de trabajo públicos es de un millón cien mil, los que representan el 4,9 por ciento de los 22,7 millones de ocupados con que cuenta el país; el costo de la nómina pública equivale a 23 por ciento del total de los pagos salariales en el país.


Política fiscal, poder y desarrollo


El premio Nobel de economía 1982, George Stigler (1911-1991), atribuía gran importancia en el diseño de la política económica a la existencia de grupos de interés que, haciendo uso de las instituciones de poder del Estado, obtienen beneficios a costa de los consumidores o de los contribuyentes. De acuerdo con esta explicación, el objetivo de la regulación no es el bien común, sino la defensa de los intereses de aquellos que tienen suficiente fuerza política y económica para influir en el legislador o en el Ejecutivo.


Es por ello que para la mayoría de los gobernantes es más fácil gravar a los grupos que los rechazan y eximir a quienes les brindan respaldo; y esto desempeña un papel tan importante en la determinación de la distribución de la carga fiscal, como las consideraciones de equidad, pobreza, incentivos o ahorro.


En su desarrollo, la política fiscal colombiana se caracteriza por un crónico déficit y la alta inflexibilidad en la fuente de recursos y en la estructura de gasto. El sistema es bastante regresivo, la cultura fiscal de los ricos se fundamenta en la evasión o elusión en el pago de sus compromisos de impuestos, de una parte, y en las exenciones y subsidios al capital que les otorga el gobierno. Los ingresos públicos tienden a concentrarse en el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y las retenciones en los pagos de nómina u honorarios aplicados a la fuerza de trabajo. Los ingresos reales de los trabajadores y los sectores populares, y por ende su capacidad real de consumo, se ven reducidos a la par que aumenta la carga tributaria. Como primer acto de gobierno, el presidente electo, Duque, presentará un nuevo proyecto de reforma tributaria al Congreso, cuyo contenido profundiza la tendencia descrita, en esencia, la reducción del imporrenta empresarial.


Cambio en la estructura de gasto


Colombia registra un cambio profundo en la estructura de gasto del Presupuesto General de la Nación (PGN) ocasionado por la transformación en las funciones del Estado, la implementación del modelo neoliberal y por la Constitución aprobada en 1991. Al comparar la estructura del gasto por funciones del Estado, entre mediados del siglo XX y comienzos del XXI, se observa, 1) el capital financiero tomó el comando de la economía; en consecuencia la financiarización conlleva una mayor transferencia de recursos del Estado hacia los bancos, nacionales y extranjeros; 2) la privatización y desnacionalización del aparato productivo registra un abandono de la función del Estado relacionada con el apalancamiento del capital y, por ende, un control de la economía por parte del sector privado; 3) al gasto presupuestario actual lo caracteriza, de una parte, una orientación hacia el consumo público o gubernamental y no la inversión pública o gubernamental, de otra, una concentración en gastos improductivos (fuerza pública, conflicto interno, asistencialismo social orientado al consumo y no al fomento de actividades productivas); 4) la dependencia de las dotaciones naturales y el modelo extractivo que caracteriza el crecimiento económico conlleva a que no se tengan en cuenta los impactos negativos sobre el ambiente (Gráfico 7).

 

 


Es una dinámica económica con otros signos negativos. Durante los dos períodos consecutivos de gobierno de Uribe, la servidumbre al capital especulativo financiero absorbió, en promedio, el 31,4 por ciento del presupuesto público; la función reguladora del Estado representó 12,2 por ciento; la militarización de la sociedad y las funciones represivas concentraron el 16,1 por ciento; el gasto orientado a la acumulación de capital y al mantenimiento de las condiciones ambientales se vio fuertemente reducido, sólo recibieron el 6 por ciento del gasto público; las transferencias asistenciales hacia los más pobres y los gastos destinados a la reproducción de la fuerza de trabajo participaron con el 34,2 por ciento.


A la vez, el gasto público según funciones del Estado, durante el doble mandato de Santos, redujo la servidumbre al capital financiero a 22 por ciento y los costos de regulación Estado-sociedad a 9,7 por ciento, expresión de la profundización del modelo neoliberal. Los gastos en “seguridad” se elevaron, en promedio a 17,6 por ciento. El gasto orientado al apalancamiento de la acumulación de capital y en reproducción de la fuerza de trabajo concentró la mitad del presupuesto público, en particular por el impulso a la construcción de infraestructura, el apoyo al sector de la educación y los subsidios a los pensionados de altos ingresos.


El presupuesto que ejecutará Duque en su primer año de gobierno fue estructurado bajó la administración saliente de Santos. El PGN de 2019 mantiene la participación del pago de deuda pública (amortización e intereses) en 22,2 por ciento; el gasto en fuerza pública también se mantiene en 17,5 por ciento. La función de regulación Estado-sociedad aumenta a 10 por ciento del PGN; de manera similar el gasto orientado a apoyar la acumulación de capital eleva su participación a 7,8 por ciento. Dos funciones pierden importancia relativa: el gasto social o reproducción de la fuerza de trabajo cae a 42,2 por ciento (los recursos para la restitución de tierras, eje de la reforma agraria pactada en los acuerdos de paz, es recortada en 69%) y la sostenibilidad de las condiciones ambientales mantiene el 0,3 por ciento tradicional. Pago de la deuda pública, educación, defensa y pensiones se llevan la mayor parte del gasto público de 2019.


El fisco es siempre explotador y el apetito fiscal de las codiciosas autoridades en todos los niveles de gobierno no tiene como saciarse. Las necesidades financieras del gobierno colombiano aumentan constantemente, en virtud de que el sector público crece con más rapidez que la economía en su conjunto. Esto puede medirse en varias formas: en términos del número de personas empleadas por el gobierno, en términos de los recursos ocupados por él, o en términos de la proporción que representan los impuestos en el ingreso nacional. El Estado nacional mantiene unas condiciones de gasto por encima de las posibilidades de la sociedad y la economía nacional, situación reflejada en un endeudamiento público creciente, un déficit fiscal crónico y una inflación inercial (gráficos 8 y 9).

 

 

 


En particular, la inflación y el endeudamiento público, combinados con la tasa de progresión de las estructuras tributarias, permiten que la participación fiscal en el valor total del producto aumente en términos relativos y absolutos. En paralelo, la formación de capital se ve afectada negativamente y los niveles de vida de los trabajadores y los sectores populares se reducen sustancialmente al perder capacidad adquisitiva sus ingresos.


La deuda pública es una carga para el futuro, afectando también a hijos y nietos. De acuerdo con los estudios del premio Nobel de Economía 1986, James McGill Buchanan (1919-2013), el gobierno no sólo no “paga como puede”, sino que tampoco utiliza productivamente los fondos tomados en préstamo. El crédito obtenido a cambio de títulos que componen la deuda pública se usa en gran parte para financiar el consumo público. El financiamiento de los gastos gubernamentales corrientes mediante endeudamiento equivale a “devorar” el valor del capital nacional. Si definimos el valor capital descontando un flujo esperado de ingresos futuros, entonces cualquier desviación de dichos ingresos reduce este valor. Y lo hace de la misma manera como la haría el consumo de bienes de capital.


En esta senda, la inflación es, primordialmente, un sustituto de los impuestos, la decisión de recurrir a ella es, ante todo, de carácter político. La inflación tiende a destruir el valor de todos los activos y demandas expresadas en unidades monetarias. A mediados del siglo XX se pensaba, de manera equivoca, que si bien el gasto público generaba inflación, éste tenía el efecto benéfico de reducir el desempleo. La experiencia histórica demostró que la recurrencia de esa política produjo la “estanflación”, esto es, alta inflación y alto desempleo simultáneos. Según Milton Friedman (1912-2006), premio Nobel de Economía 1976, la volatilidad creciente de la inflación y el alejamiento de los precios relativos frente a los valores que determinarían por sí solas las fuerzas de mercado se combinaron para volver menos eficiente el sistema económico y promover una intervención arbitraria del Estado, para introducir fricciones en todos los mercados y, muy probablemente, para aumentar la tasa del desempleo registrado (3).


Durante los ocho años de la presidencia de Uribe, el promedio del déficit fiscal fue de -3,8 por ciento y el endeudamiento público de 45,7 por ciento, ambos indicadores respecto al PIB. Durante los ocho años del mandato Santos, el déficit fiscal se redujo al promedio de 2,9 por ciento (si bien en 2016 alcanzó un máximo de -3,8% respecto al PIB) y el endeudamiento público fue creciente al registrar un promedio de 47,9 por ciento (en 2018 la deuda pública del Spnf representa 52,7% del PIB). Uribe y Santos dejaron al país metido en un oscuro e incierto hueco fiscal y adicionalmente endeudado y sometido a los intereses del capital financiero nacional y extranjero.


Los dos períodos del gobierno Uribe registraron niveles más altos de desempleo e inflación comparativamente con la administración Santos. Durante el período 2002-2010 el promedio de la tasa de desempleo fue 12,9 por ciento y el de la inflación (IPC) de 5,2 por ciento; en contraste, en los años 2011-2018 la tasa promedio de desempleo fue de 9,8 por ciento y la inflación se redujo a 3,9 por ciento, teniendo en cuenta la presión política del capital financiero por mantener políticas monetarias y fiscales que conserven el poder adquisitivo del dinero y de las inversiones, sobre todo las extranjeras. El desempleo estructural gira alrededor del 10 por ciento y la informalidad laboral en 60 por ciento.


Desarrollo social


Una sociedad puede obtener un alto desarrollo económico, en el sentido de aumentar el producto por habitante, sin que la gran mayoría de la población se beneficie, porque la creciente producción enriquece sólo a unos cuantos poderosos. De acuerdo con Angus Deaton, premio Nobel de Economía 2015, el bienestar de una sociedad no puede ser juzgado con base en su promedio sin considerar la desigualdad, y tampoco ser juzgado por una o más de sus partes sin atender al todo en su conjunto. En complemento, la evolución del ingreso debe verse desde tres diferentes perspectivas: crecimiento, pobreza y desigualdad. El crecimiento se refiere al promedio y a sus cambios, la pobreza alude a los de abajo y la desigualdad cuán ampliamente se distribuye los ingresos entre las clases, las familias o las personas (4).


La desigualdad es una característica histórica y estructural de la sociedad colombiana, su manifestación más elocuente es la concentración del ingreso. Durante los años 2002-2010, el índice de desigualdad Gini se mantuvo en un valor promedio de 0,559. Los ocho años siguientes, con Santos, el promedio disminuyó levemente a 0,528. De acuerdo con Naciones Unidas, un coeficiente de Gini superior a 0,40 es alarmante, indica una realidad de polarización entre ricos y pobres, siendo caldo de cultivo para el antagonismo entre las distintas clases sociales (Gráfico 10).

 

 


Estructuralmente, en nuestro país, la clase rica representa el 10 por ciento de la población y se queda con el 45 por ciento del ingreso producido anualmente por el trabajo de la sociedad; peor aún, el uno por ciento de los estratos altos concentra el 20 por ciento del ingreso nacional, adicional al monopolio del poder político, estatal y mediático. A la clase media pertenece el 40 por ciento de la población y tiene una participación simétrica en los ingresos del país. Los sectores populares constituyen el 50 por ciento de los habitantes y reciben sólo un 15 por ciento del total de los ingresos. Ni Uribe ni Santos intentaron modificar esta injusta y desigual estatificación socio-económica.


La pobreza es la situación de no poder satisfacer las necesidades físicas, psíquicas y espirituales básicas de una vida digna, por falta de recursos, como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria, el agua potable o la electricidad. También suele ser considerada como pobreza las situaciones en que la falta de medios económicos impide acceder a tales recursos; en particular, situaciones como el desempleo, la informalidad, empleo precario o un nivel bajo de ingresos. Asimismo, la pobreza es el resultado de la explotación de una clase por otra, puede ser también el resultado de procesos de exclusión, segregación o marginación social; también es provocada por la corrupción y la guerra.


Durante los dos periodos de la presidencia de Uribe, el nivel promedio de personas viviendo en condiciones de pobreza por insuficiencia de ingresos se mantuvo en 45,2 por ciento a nivel nacional, en la zonas urbana el valor del indicador fue de 41,2 por ciento y en la rural de 57,2 por ciento. Bajo las administraciones Santos, la pobreza por ingresos fue de 29,5 por ciento en promedio; 26 por ciento en los centros urbanos y 41,1 por ciento en las zonas rurales. Más que pobreza, en el campo colombiano hay indigencia: mientras en las ciudades los indigentes son el 7 por ciento, en el campo alcanzan el 33 por ciento; este es el resultado de décadas de abandono, olvido, violencia, explotación y despojo. Como bien lo afirmó el premio Nobel de la Paz 2006, Muhammad Yunus, la pobreza no la crea la gente pobre, ésta es producto del sistema que hemos creado.


W. Arthur Lewis (1915-1991), premio Nobel de Economía 1979, documentó históricamente que las clases dirigentes y los gobiernos pueden dar origen al estancamiento económico o a la declinación del desarrollo social por el fracaso en mantener el orden, por robar a los ciudadanos, por fomentar la explotación de una clase por otra, por restringir el comercio exterior o fomentar intercambios desiguales con extranjeros, lesivos a los intereses y soberanía de la nación, por descuidar la satisfacción de las necesidades esenciales de la población, por un excesivo laissez-faire, por falta de libertades, irrespeto y violación de los derechos humanos, por un gasto improductivo excesivo y cargas impositivas regresivas, y por mantener conflictos internos sin resolver o emprender guerras costosas (5). En Colombia, la miopía y mezquindad de la oligarquía le impide aprender de la historia o aplicar el conocimiento humano acumulado. Por ejemplo, políticos, funcionarios civiles, militares y empresarios, se consideran con derecho natural a hacer fortunas mediante el cohecho, el peculado, el nepotismo o mediante contratos que los favorezcan. La acumulación por despojo también es una práctica naturalizada en la cultura de la clase dirigente. La estructura impositiva castiga al trabajo y beneficia al gran capital. Todo esto, en conjunto, es lo que hereda el nuevo gobierno en Colombia.


A la luz de esta realidad, lo que tenemos entre Uribe y Santos es continuidad, legada a Duque, con lo cual encontramos una política de Estado que habla de una unidad de clase profundizada en materia social y económica, aunque tensionada políticamente en la manera cómo deben ser resueltos los conflictos internos, armados y sociales. Al final, el establecimiento ahonda su dominio y control y los sectores alternativos siguen buscando una vía para sobreponerse a tantos años de políticas de todo orden contrarias a sus intereses, necesidades y dignidad. ¿Por cuántos años más?

1. Acemoglu, Daron; Robinson, James, “Por qué fracasan los países: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza”, Editorial Planeta, Colombia, 2012, p. 447.
2. Coase, Ronald H., “El problema del costo social”, La empresa, el Mercado y la Ley, Alianza Editorial, Madrid, 1995, p. 114.
3. Friedman, Milton, “Inflación y desempleo”, Conferencia en homenaje de Alfred Nobel, pronunciada en Estocolmo el 13 de diciembre de 1976.
4. Deaton, Angus, “El gran escape: salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad”, FCE, Chile, 2015, p. 213.
5. Lewis, W. Arthur, “Teoría del Desarrollo Económico”, FCE, México, 1955, pp. 446-448.

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Integrante de los comités editoriales de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique, edición Colombia.

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Miércoles, 02 Enero 2019 08:06

Previsiones económicas para 2019

Previsiones económicas para 2019

Hace mucho tiempo que no comenzaba un año como este. El gobierno de Estados Unidos es un caos. El Presidente de los Estados Unidos comienza la segunda mitad de su mandato de cuatro años después de haber perdido su mayoría en la cámara baja del Congreso ante los demócratas, en una dura derrota electoral en noviembre pasado. Comienza, además, con un jefe de gabinete en funciones, un secretario de defensa en funciones, un fiscal general en funciones, un administrador de la EPA (Agencia de Medio Ambiente) en funciones, sin secretario del Interior y sin embajador en la ONU. Su antiguo jefe de campaña, el subdirector de la campaña, el asesor de seguridad nacional y su abogado personal se han declarado culpables de delitos. Y la investigación realizada por el fiscal especial Mueller sobre las conexiones entre la campaña presidencial de Trump y la inteligencia rusa cobra nuevo vigor. Mientras tanto, una cuarta parte de los departamentos gubernamentales están cerrados por la lucha sobre el presupuesto de Trump con el Congreso.

El entorno geopolítico ha convertido también en tóxico. La administración Trump ha comenzado un conflicto con China sobre el comercio y el know-how técnico que amenaza con intensificarse cuando la 'tregua' actual sobre los aranceles comerciales -“ojo por ojo”- termine en marzo.


El año pasado por estas fechas, Trump se jactaba de que la economía de Estados Unidos estaba en auge, con máximos históricos en el mercado de valores de Estados Unidos. Entonces dije que “Lo que parece haber sucedido es que ha habido una recuperación cíclica corta desde mediados de 2016, después de una recesión global, desde el final de 2014-mediados de 2016. Si el punto más bajo de este ciclo Kitchin fue a mediados de 2016, el pico debe ser en 2018, con una caída posterior”.



Y en abril de 2018, escribí que creía que el breve boom de 2017 tras la mini-recesión de 2015-16 había terminado y que el crecimiento mundial había alcanzado su punto máximo. Y así se ha demostrado. 2018 ha terminado con el crecimiento del PIB real reduciéndose en casi todas partes.


Y a finales de 2018, los mercados de valores sufrieron la caída más importante desde la crisis financiera global de 2008. El actual secretario del Tesoro de Estados Unidos, Mnuchin, entró en pánico y convocó una reunión de los seis principales bancos de Estados Unidos la víspera de Navidad para comprobar que todo iba bien: sólo empeoró las cosas.



Como he afirmado antes, según Marx lo que impulsa los precios del mercado de valores es la diferencia entre las tasas de interés y la tasa general de ganancia. Lo que ha sostenido los precios del mercado de valores desde 2009 ha sido el muy bajo nivel de los tipos de interés a largo plazo, fijados deliberadamente por los bancos centrales, como la Reserva Federal, de todo el mundo, con tasas a corto plazo cercanas a cero y la flexibilización cuantitativa (compra de activos financieros con inyecciones de crédito). La diferencia entre los rendimientos de las inversiones en el mercado de valores y el coste de los préstamos para hacerlo ha sido grande.

Sin embargo, en 2018 los inversores de capital ficticio (acciones y bonos) percibieron que la situación está cambiando. Las tasas de interés están aumentando (impulsadas por la Reserva Federal de EE.UU.) y hay indicios de que la recuperación de la tasa de rendimiento del capital en las principales economías ha tocado techo y se está revirtiendo. El crecimiento de Estados Unidos alcanzó su punto máximo en el T2 con una tasa anual del 4% y se espera un crecimiento en el T4 más cerca del 2.5%. El más reciente indicador del crecimiento de Estados Unidos, el indicador de actividad comercial de Richmond, sugiere una fuerte caída en el crecimiento a principios de 2019 - tal vez incluso su estancamiento.



En Europa, la esperanza de una expansión sincronizada similar a la de los EE.UU. se han desvanecido, ya que las principales economías europeas, Francia y Alemania, han frenado su crecimiento, mientras que las más débiles, como Italia, han vuelto a caer en recesión. El crecimiento del PIB real del Reino Unido también está cayendo más rápido en la medida que las empresas aplican una huelga de inversión debido a la incertidumbre sobre el Brexit. La economía de la zona euro está creciendo a sólo un 1,6% en comparación con una tasa casi el doble hace un año.



Y no es sólo en las principales economías capitalistas avanzadas donde se han malinterpretado las previsiones del fin de la Larga Depresión desde 2008. También en Asia, se ha producido una desaceleración en la segunda mitad de 2018. El PIB real de Japón se ha congelado en el T3 de 2018.



La mayor economía manufacturera del mundo, China, también se ha ralentizado.



Corea también se está desacelerando.



Todas las previsiones oficiales de crecimiento (desde el FMI, la OCDE, el Banco Mundial, etc.) son de una tasa más baja en 2019 en comparación con 2018.

Una recesión se define técnicamente por la teoría económica dominante como dos contracciones trimestrales consecutivas del crecimiento del PIB real. El consenso mayoritario no espera que eso suceda en 2019. Pero, ¿se equivocan los principales expertos?; ¿sufrirán las principales economías una depresión este año que viene?


Muchos argumentan que los pronósticos, en especial las previsiones económicas, no valen ni el papel en el que se escriben. No estoy seguro de estar de acuerdo. Me gustaría hacer una distinción entre las predicciones con una base científica y las previsiones. Pero no voy a abordar ese tema ahora. En su lugar voy a hacer mi pronóstico para 2019.

¿Qué nos espera en 2019? Para empezar, ¿qué dije que eran los factores clave en 2018?. Escribí que “hay dos cosas que abren una interrogante para un crecimiento más rápido de la mayoría de las economías capitalistas en 2018 y aumentan la posibilidad de lo contrario. La primera es la rentabilidad y las ganancias” y la segundo “es la deuda ... la deuda global, la deuda del sector privado en particular (empresas y familias) que ha seguido aumentando a nuevos niveles”.

Sigue siendo cierto para 2019. La deuda global creció en 2018 y, lo más importante, el coste del servicio de la deuda también comenzó a aumentar, a medida que la Reserva Federal de Estados Unidos continuó aumentando su tasa política - con su última subida justo antes de final de año.



La tasa de la Fed establece el suelo para las tasas de interés en los EE.UU., y también es el punto de referencia para las tasas a nivel internacional, dado el papel dominante del dólar en las reservas internacionales y los flujos de capital. Y otros bancos centrales han puesto fin a sus inyecciones de dinero barato - la flexibilización cuantitativa - que ahora se ha convertido en un ajuste cuantitativo.



Por lo tanto, “las condiciones financieras” (el coste de la deuda, el estado de los mercados de valores y el valor del dólar frente a otras monedas) han comenzado a endurecerse.

Justo después de que Janet Yellen terminase su mandato como presidenta de la Reserva Federal (su mandato no fue renovado por Trump porque dijo que era “demasiado corta”), declaró que “no habría más crisis financieras en nuestra vida”, gracias a las nuevas medidas adoptadas para asegurar que los bancos no quebrarían de nuevo. Pero el mes pasado, corrigió su punto de vista. Al parecer, hay “agujeros gigantescos en el sistema financiero” que presidió y que ahora le preocupa que “pueda haber otra crisis financiera” después de todo. Esto se debe a que la regulación financiera está “sin terminar” y no está segura de que la Fed y el gobierno de EE.UU. estén haciendo algo al respecto “en la forma debida”.

En un artículo reciente, Carmen Reinhart, una historiadora ortodoxa de las crisis financieras, llamó la atención sobre el fuerte aumento de la deuda corporativa sin respaldo (no los llamados préstamos apalancados), cuya emisión ha alcanzado niveles récord en 2018. Reinhart llega a la conclusión de que “las redes de contagio financiero , de ponerse feas cosas, ya están ahí”.



El escenario, por tanto, está listo para una nueva contracción del crédito en 2019 si las ganancias dejan de crecer y el coste del servicio de la deuda corporativa acumulada sigue en aumento. Si la Reserva Federal continúa con sus alzas de la tasa política, al igual que en 1937, durante la Gran Depresión de la década de 1930, amenaza con provocar una fuerte caída, no sólo en el precio del capital ficticio, sino también en la llamada economía 'real'. Este temor hizo que Trump considerase cesar al presidente de la Fed, Jay Powell, para Año Nuevo.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI), la agencia internacional de investigación de los bancos centrales, advirtió que lo que llama el 'ciclo económico' implica que se acerca una nueva contracción del crédito. “Los auges del ciclo financiero pueden terminar en crisis y, aunque no lo hagan, tienden a debilitar el crecimiento. Una vez que los ciclos financieros tocan techo, la economía real sufre normalmente. Esto es más evidente en las crisis financieras, que tienden a seguir a la exuberancia de crédito y al crecimiento de los precios de activos, es decir, es decir al auge del ciclo financiero. Las crisis, a su vez, tienden a marcar el comienzo de una profunda recesión, ya que los precios de los activos caen, se hacen insostenibles las altas cargas de deuda y la necesidad de equilibrar los balances arrastra negativamente el crecimiento”. Y lo más importante, ‘la ratio del servicio de la deuda es particularmente eficaz en este aspecto’.

Todos los indicadores de crédito para una recesión están ahora en color naranja, si no rojo. El más popular es la llamada curva de rendimiento invertida, es decir, cuando la tasa de interés de los bonos gubernamentales a largo plazo caen por debajo de la tasa política de la Reserva Federal. Cada vez que eso ocurre, casi siempre indica una recesión dentro de un año. ¿Por qué? Porque lo que la curva invertida nos dice es que los inversores creen que se aproxima una recesión, por lo que compran 'activos seguros' como los bonos del gobierno, mientras que la Fed cree que la economía va bien y está subiendo sus tasas - pero el mercado decidirá.

Como lo resume un analista: “Piense en una curva de rendimiento invertida como una fiebre. Cuando su cuerpo tiene fiebre, la fiebre no es la causa de la enfermedad. Sólo es la señal de que algo anda mal en su cuerpo. Usted tiene la gripe, una apendicitis, o alguna otra dolencia. La fiebre indica que está enfermo, pero no necesariamente de qué enfermedad se trata. Y por lo general, cuanto mayor es la fiebre, más grave es su situación. Lo mismo ocurre con la curva de rendimiento. Cuanto más invertida sea la curva de rendimiento y cuanto más tiempo se mantenga así, más seguros estamos de que algo va mal económicamente, que puede aparecer una recesión en algún momento en el futuro”. La curva de rendimiento de EE.UU. se ha aplanado, pero todavía no se ha invertido. Este fiable indicador todavía no se ha puesto en rojo.



Otro indicador importante de que se avecina una recesión se puede encontrar, no en los mercados de crédito, sino en la economía mundial. Es el precio del cobre y otros metales industriales. Los metales son componentes fundamentales en la producción industrial en todo el mundo y si sus precios caen, esto indica que las empresas están reduciendo la inversión en la producción y por lo tanto utilizan menos componentes metálicos.

En 2018, el precio del cobre cayó después de julio desde un máximo de 320 a 270. Pero desde entonces se ha estabilizado y se mantiene muy por encima de 200, que fue el nivel al que cayó en la mini-recesión de comienzos de 2016. Así que esto sugiere que, si bien la economía mundial alcanzó su punto máximo el verano pasado, la recesión aún no está cerca.



Otro indicador de que la economía mundial se está desacelerando desde su mini-auge en 2017 es la fuerte caída de los precios del petróleo. El precio se ha desplomado desde $ 75/b en octubre a $ 45/b en la actualidad. Lo que afectará a las ganancias de las empresas de energía y las balanzas comerciales de los países productores de petróleo.



El factor más importante para el análisis de la salud de la economía capitalista sigue siendo la rentabilidad del sector capitalista y el movimiento de las ganancias a nivel mundial. Es lo que determina si la inversión y la producción continuarán. He presentado pruebas abrumadoras de que los beneficios y las inversiones están altamente correlacionados y en ese orden - ver nuestro último libro, Un mundo en crisis.

El sector empresarial estadounidense terminó 2018 con niveles récord de beneficios/ingresos, aumentando un 20%, la tasa más alta desde 2010, cuando la economía de Estados Unidos se recuperó de la Gran Recesión. Pero este salto en las ganancias fue un hecho aislado. Ha sido impulsado por los enormes recortes y exenciones de impuestos a las empresas en la repatriación de las reservas de efectivo depositados en el extranjero por las principales compañías de Estados Unidos. Y los ingresos corporativos estadounidenses se han visto impulsados por una caída muy fuerte en los costes de inputs, en concreto, la caída del precio del petróleo en 2018.

A nivel mundial, las ganancias seguían creciendo a mediados de 2018. Pero el crecimiento de las ganancias se ha desacelerado en Alemania, China y Japón. Sólo en los EE.UU. han experimentado alguna aceleración. Y si el crecimiento de las ganancias de Estados Unidos es un hecho aislado, como he señalado anteriormente, el crecimiento de las ganancias globales es probable que caiga bruscamente en 2019.



La desaceleración del crecimiento de los beneficios y un aumento del coste de la deuda (corporativa), junto con todos los factores político-económica de una guerra comercial internacional entre China y los EE.UU., sugieren que la probabilidad de una recesión global en 2019 nunca ha sido mayor desde el final de la Gran Recesión en 2009.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

 

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Lunes, 31 Diciembre 2018 13:20

La economía mundial se frenará en 2019

La economía mundial se frenará en 2019

Las previsiones apuntan a un año complicado con múltiples frentes abiertos que van desde la guerra comercial al Brexit pasando por la retirada de liquidez de los bancos centrales 

Al echar un rápido vistazo a los títulos de los informes especiales que bancos de inversión, gestoras de fondos y brókers han elaborado para explicar cómo creen que será 2019 desde el punto de vista económico, se percibe que serán 12 meses más complejos que los 12 meses que estamos a punto de dejar atrás. Hay quien tira de refranes para encabezar los documentos: “No es la caída lo que te mata. Es el aterrizaje”; algunos recurren a títulos de canciones (“Riders on the storm”, jinetes en la tormenta); mientras que otros van directamente al grano: “Se avecinan turbulencias”. Y es que hay un consenso bastante generalizado sobre que 2019 será otro año de crecimiento mundial, aunque a una velocidad inferior a la de los últimos ejercicios.

“El crecimiento alcanzó su punto máximo en 2018, pero los principales indicadores siguen siendo sólidos”, según Stefan Kreuzkamp, responsable de DWS. Esta opinión es compartida por Michael Strobaek, economista jefe de Credit Suisse: “2019 se perfila como otro año de crecimiento, aunque a niveles un poco más bajos que en los últimos años”. El PIB mundial cerrará este año con una mejora cercana al 3,7%. En cambio, la previsión para el próximo cursocontempla pronósticos que van desde el 2,9% hasta el 3,7% que augura el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta horquilla tan amplia en las quinielas sugiere que las incertidumbres se acumulan sobre las hojas de cálculo de los expertos. Cualquier cisne negro puede cambiarlo todo.

A pesar de la ralentización de la actividad, hasta cierto punto lógica tras una fase expansiva tan larga, ninguno de los expertos consultados vislumbra una recesión a corto y medio plazo. “Si bien en junio de 2019 el ciclo actual en EE UU se convertirá en el más largo de la historia, hay que tener en cuenta que la recuperación de la economía ha sido mucho más moderada que en ciclos expansivos pasados. Además, tanto en Europa como en Japón el ciclo no es tan maduro y queda recorrido. La experiencia vivida en países como Canadá o Australia demuestra que los ciclos económicos no mueren por el mero hecho de que sean muy largos”, argumentan desde Banca March.

Tras un par de años de crecimiento mundial sincronizado, parece que se volverá a producir una divergencia en el grado de desarrollo de los diferentes países. Los analistas consultados creen que EE UU será, una vez más, la locomotora que tire de la economía mundial. En 2018 el crecimiento estadounidense rozará el 3% gracias a los estímulos fiscales, un factor que también será determinante para que el alza del PIB en 2019 se sitúe en torno al 2,5%, aunque avanzado el año este viento de cola irá perdiendo efecto en un entorno monetario cada vez más restrictivo. “El ritmo de desaceleración en EE UU debería ser menos pronunciado que en otras zonas”, señalan en UBP. “La inversión y la demanda interna se apoyarán en la reforma fiscal y en unos tipos de interés que, aunque suben, siguen siendo bajos. Además, algunos planes de infraestructuras presentados al inicio de la presidencia de Donald Trump podrían ser estudiados de nuevo e incentivar si fuera necesario el crecimiento de la demanda desde el sector público”, agregan.

El otro gran polo de actividad, China, debería confirmar el proceso de “aterrizaje suave” en el que se encuentra su economía desde hace unos años, con un crecimiento previsto del PIB en 2019 próximo al 6%, medio punto porcentual menos que lo que se espera para 2018. En cualquier caso, la evolución del gigante asiático estará muy condicionada por el grado que puedan alcanzar las tensiones comerciales. “En la medida en que el Gobierno chino tiene la determinación de estimular la economía local gracias a incentivos fiscales y monetarios, creemos que el crecimiento del país se desacelerará el próximo año, pero lo hará de una manera suave”, explican en Natixis.

En medio de los dos colosos mundiales y su pulso por la hegemonía mundial se encuentra Europa. El ritmo de crecimiento de la zona euro podría caer por debajo del 2% alcanzado en los últimos ejercicios debido a la menor actividad en el resto del mundo y a debilidades políticas y económicas internas. “La economía de la zona euro ha decepcionado durante la mayor parte de 2018 debido a que diferentes factores coyunturales la han perjudicado. Esperamos que la desaceleración se acentúe en 2019 hasta el 1,4%, porque creemos que el consumo interno caerá debido a la menor generación de empleo. También prevemos que la inversión empresarial se modere por la pérdida de tracción mundial y el incremento de las incertidumbres”, avisan en Axa Investment Managers.

Dentro de la eurozona, España seguirá siendo un año más uno de los alumnos aventajados, aunque el ritmo de crecimiento también se resentirá. La última previsión del FMI para España, por ejemplo, sitúa el avance del PIB en 2019 en el 2,2% frente al 2,7% previsto para 2018, en un contexto de menor apoyo del sector exterior y del turismo. “La demanda interna continuará actuando como uno de los principales soportes del crecimiento en España. Las grandes cifras macro del país se mantienen sólidas, aunque todavía hay ajustes internos pendientes, sobre todo en relación con los desequilibrios fiscales del sector público”, según Banca March.

Este diagnóstico positivo para España no está exento de posibles complicaciones por el flanco político. “A corto plazo nos preocupa la incertidumbre política en Cataluña que sigue sin resolverse y que está afectando a las inversiones previstas”, avisan en Julius Baer. Otro factor de incertidumbre tiene que ver con la debilidad del Gobierno central. “Hay un gran barullo político”, describen en Andbank. “Pese a los esfuerzos del Ejecutivo por mantenerse una legislatura parlamentaria completa y aparcar los planes de elecciones generales hasta mediados de 2020, no descartamos que dichos comicios se produzcan en 2019. Todo dependerá del resultado de las elecciones autonómicas”, añaden desde esta entidad.

En una época tan volátil, hay sobre la mesa, como viene ocurriendo en el último lustro, una serie de riesgos que están detrás de la desaceleración esperada y que, además, de acentuarse podrían hacer que el escenario central para la economía mundial dibujado por los expertos termine siendo incluso peor. El principal factor de incertidumbre sigue siendo la guerra comercial entre EE UU y China. “El incremento de los aranceles puede tener implicaciones no solo sobre el ciclo económico sino también sobre la estructura productiva actual, la cual está basada en el libre comercio. Ese cambio haría que el impacto de la guerra comercial sobre la economía fuese aún mayor”, dicen en Natixis.

Razones para frenar la tensión

A pesar de que el fantasma de una escalada en el pulso arancelario sigue muy presente, la última cumbre del G-20 celebrada en Argentina hace que algunos expertos sean ahora más optimistas que hace unos meses respecto a la evolución de la actividad comercial en 2019. “El argumento a favor de un acuerdo es que China estará deseosa de llegar a un pacto que le dé un respiro. Con sus últimas sanciones, Washington ha mostrado que puede cerrar grandes empresas chinas en un instante, amenazando todo el plan de semiconductores de Pekín y poniendo en peligro a Huawei, su empresa nacional de telecomunicaciones. Por otro lado, Donald Trump necesita una victoria propia de un gran estadista, como el hombre que domó China, que le sitúe en una buena posición de cara a las elecciones presidenciales de 2020”, comenta Andbank en su informe de estrategia.

Si la tensión en torno a la guerra comercial podría aminorarse, todo lo contrario ocurre con el Brexit. La retirada del Reino Unido de la Unión Europea se materializará del 29 de marzo de 2019 a las 11 de la noche (hora de Londres). El Gobierno de Theresa May y Bruselas han llegado a un acuerdo de salida, pero su refrendo se encuentra atascado en el parlamento británico. Lo que antes parecía improbable, un Brexit duro, coge cada vez más cuerpo a medida que la cuenta atrás se aproxima a su fin. “Si se lleva a cabo una salida sin acuerdo, el daño a la economía británica sería considerable: el crecimiento podría caer un 5% de media, e incluso un 8% si otros socios comerciales como EE UU tardan en firmar nuevos acuerdos”, avisan en UBP. Y está claro que la onda expansiva no se limitaría a la isla. “Cabe esperar que a última hora se logre un acuerdo de transición, que esencialmente dé lugar a pocos cambios reales”, sugiere León Cornelissen, economista jefe de Robeco.

Otro foco de incertidumbre viene de la mano de los bancos centrales. La bajada de tipos de interés y las medidas monetarias heterodoxas como la compra masiva de deuda pública inundaron el sistema de liquidez y sacaron al mundo de la recesión provocada por la crisis financiera. Esa era de estímulos a gran escala, sin embargo, llega a su fin. “Por primera vez en casi una década, el balance agregado de los bancos centrales se reducirá. Habrá que acostumbrarse a vivir sin el apoyo del quatitative easing. Esta normalización monetaria llega además en un momento en el que la economía mundial crecerá por debajo de su potencial tras una larga racha alcista”, describen los expertos de Unigestion.

La Reserva Federal, pese a las presiones de Trump, ha subido en cuatro ocasiones los tipos en EE UU en 2018, situándolos en una banda entre 2,25% y el 2,5%. El organismo que preside Jerome Powell —que en paralelo lleva más de un año amortizando la deuda que tenía en su balance— baraja para el próximo año subir los tipos en dos ocasiones más. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto fin al programa de estímulos —más de 2,6 billones de euros—, aunque no se espera que encarezca el precio del dinero, como muy pronto, hasta el último trimestre de 2019. “Es probable que el BCE haya dejado para demasiado tarde la normalización de los tipos de interés y que con el tiempo considere que ha perdido una gran oportunidad al no haberlo hecho en 2018. La región podría verse atrapada en un entorno de tipos bajos y escasa munición monetaria para hacer frente a la próxima recesión”, advierte Keith Wade, economista jefe de Schroders.

Atentos a la inflación

Los grandes bancos centrales han diseñado una hoja de ruta que contempla una retirada muy gradual de la liquidez para no causar un cortocircuito en una economía que se ha acostumbrado a la barra libre del dinero barato. De momento ese plan se está pudiendo cumplir gracias a que el largo ciclo de crecimiento se ha desarrollado sin despertar grandes tensiones inflacionistas. Los pronósticos para 2019 apuntan a un ligero repunte de los precios en las principales economías, impulsados por revisiones al alza de los salarios, aunque no mucho más allá del 2%, umbral que hace saltar las alarmas en los bancos centrales (y acelerar las subidas en los tipos de interés). La caída de los precios energéticos —la cotización del barril de brent, crudo de referencia en Europa, se ha abaratado casi un 40%— también contribuye a relajar las presiones sobre el IPC.

“Es cierto que la subida de los salarios empieza a acelerarse debido a la caída del desempleo en las principales economías”, reconocen los expertos de Pimco, el mayor inversor en deuda pública del mundo. “Sin embargo, el aumento de la productividad puede moderar las presiones sobre los costes laborales. Además, el incremento de la competencia y la transparencia en el mercado de bienes debido al efecto Amazon probablemente mantengan controlados los precios”, añaden desde Pimco.

2018 ha sido el año del dólar. El billete verde se ha apreciado un 5,7% frente al euro desde euro. Los giros bruscos en la divisa estadounidense suelen desestabilizar la economía mundial y los mercados financieros. La solidez del dólar, como se vio en el primer semestre de este año, puede ejercer fuertes presiones sobre aquellas economías, sobre todo emergentes, que necesitan financiación en dólares a tipos bajos. Por su parte, una debilidad pronunciada de esta moneda ejerce presión sobre aquellos países más exportadores como Alemania y Japón, y agita el espectro de la inflación, pues los precios de las materias primas suelen subir durante esta etapa. La situación óptima para la economía mundial, por tanto, consiste con épocas de estabilidad para el dólar, justo lo que pronostican la mayor parte de los expertos para 2019 gracias sobre todo a la divergencia en las políticas monetarias. “Habida cuenta de que la Fed ya ha avanzado con las medidas de endurecimiento, y el BCE y el Banco de Japón habrán de equipararse gradualmente, es muy posible que el dólar se mantenga estable”, apuntan en Credit Suisse.

Uno de los efectos secundarios de los chutes de liquidez aplicados para dejar atrás la Gran Recesión es el considerable aumento de los niveles de endeudamiento, tanto en el sistema público como en el ámbito privado. “Gobiernos y empresas son ahora más vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras”, reconoció la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, hace tan solo unos meses. La deuda total acumulada en el mundo es un 60% superior a la que había en 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera, y equivale a 182 billones de dólares.

En cualquier caso, como recuerdan los expertos de Bankinter, las recesiones vienen precedidas o provocadas cuando, además de un nivel de deuda desproporcionado respecto al tamaño de una economía, también se dan simultáneamente otros factores como un alto coste de financiación, que encarece sobremanera el pago de los préstamos, así como la existencia de fuertes desequilibrios económicos en forma de un déficit fiscal o por cuenta corriente excesivo. “La coincidencia de estas tres señales hoy no se produce, por lo que no creemos que pueda defenderse la proximidad de una recesión desde un punto de vista objetivamente razonado”, concluyen.

 


Janet Henry (HSBC): “El crecimiento mundial ha tocado techo”

 

DAVID FERNÁNDEZ

 

Janet Henry (Bristol, Reino Unido, 1969) pilota el área de previsiones económicas de uno de los mayores bancos del mundo: el HSBC. Desde su atalaya privilegiada vislumbra un frenazo en la economía mundial, pero no ve riesgo de recesión por el momento.

Pregunta. El consenso de mercado afirma que la economía mundial crecerá menos el próximo año. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Sí. El crecimiento mundial ha tocado techo. Esto sirve también para EE UU que en 2019 todavía crecerá por encima de su potencial, ayudado por los recortes de impuestos. En Europa los datos del tercer trimestre fueron peores de lo esperado, lastrados por la situación en Alemania, aunque se espera una recuperación en el cuarto trimestre. Un caso similar lo detectamos en China: el año comenzó muy fuerte pero ahora vemos una evolución más lenta, aunque las autoridades chinas han reaccionado para que la situación no se les vaya de las manos, sobre todo con un mayor gasto en infraestructuras. Creemos que estos estímulos seguirán en 2019, facilitando el acceso al crédito selectivo y el recorte de las tasas.

P. ¿También detecta este cansancio económico en las economías emergentes? ¿Qué presión tiene para Latinoamérica?
R. En Latinoamérica hay una serie de factores específicos que afectan según sea el país que analicemos. Argentina, por ejemplo, está en recesión, aunque esperamos que revierta la situación en la segunda mitad de 2019. En Brasil la evolución dependerá en gran medida de si el nuevo gobierno de Jair Bolsonaro logra implementar las reformas estructurales necesarias. Si consigue realizar cambios es posible que el sentimiento de los inversores internacionales mejore. Numerosos países de esta región, al igual que las economías emergentes, se han visto afectados por las subidas de tipos en EE UU. En la medida que ya han sufrido buena parte del ajuste este año, se podría experimentar una aceleración de estas economías en el transcurso de 2019.

P. Usted, como la mayoría de economistas, solo hablan de que habrá un ritmo menor de crecimiento, pero ¿cómo de lejos ve la próxima recesión?
R. Es verdad que estamos en una fase avanzada de un largo ciclo económico. En EE UU, concretamente, es el segundo de mayor duración desde la Segunda Guerra Mundial. No sería inusual que a una expansión de una década al final de un ciclo de ajuste de la Fed [Reserva Federal] le siga una recesión. En este momento, nuestras proyecciones, que se extienden hasta 2020, no incluyen una recesión, ya que esperamos que la Fed se ajuste con cautela y mantenga los tipos en espera en la segunda mitad de 2019. Es poco probable que la Fed se sorprenda por la inflación porque, aunque los salarios aumentan gradualmente, el impacto se ve contrarrestado por una mayor productividad y parte de este impacto se hará notar en los márgenes de beneficios. No obstante, estamos pronosticando una desaceleración más marcada en 2020 a medida que el estímulo fiscal se desvanezca.

P. Si tuviera que quedarse con los tres grandes riesgos que se ciernen sobre la economía mundial, ¿cuáles elegiría?
R. El principal riesgo diría que son las tensiones comerciales. En las últimas décadas hemos visto cómo el desarrollo de cadenas de producción globales ha mejorado el nivel de vida de la gente y ha traído mayores niveles de eficiencia. Fuera de EE UU, otro punto de tensión son las subidas de los tipos de interés, sobre todo en aquellas economías con un déficit elevado, en los países con mucha deuda denominada en dólares o aquellos que dependen mucho de los flujos de capital exterior.

P. Como ha recordado varias veces el banco central de EE UU está en plena fase de retirada de estímulos y el BCE comenzará a imitarle. ¿Cree que es posible drenar toda la liquidez que hay en el sistema sin que la economía mundial descarrile?
R. Esperamos tres subidas de tipos más de la Fed en 2019. Además, en los próximos meses deberá tomar una decisión sobre si sigue o no reduciendo el tamaño de su balance. Esta política ya está teniendo impacto en el sentimiento de los inversores, aunque la Fed podría tomarse un respiro. En cuanto al BCE, es verdad que ha anunciado su intención de normalizar su política monetaria, pero todavía no está claro cómo de lejos llegará con este plan. De momento, los mercados financieros no esperan subidas en los tipos de la zona euro hasta 2020

P. ¿Cree que tanto los bancos centrales como los gobiernos se han quedado sin herramientas monetarias y fiscales para combatir la próxima crisis?
R. Es verdad que ahora tanto los bancos centrales como los políticos están más limitados a la hora de responder con medidas convencionales cuando llegue la próxima crisis. Durante las contracciones económicas, la Fed ha bajado de media los tipos en EE UU en 500 puntos básicos. Nuestra previsión es que el precio del dinero llegue al 2,75%-3%, por lo que no podrán bajar tanto los tipos en la próxima desaceleración pero, por lo menos, la Fed será capaz de recortar más que el BCE o que el Banco de Japón. Por ello, creo que asistiremos a más experimentos con los tipos en negativo y mayor colaboración entre bancos centrales y gobiernos porque la opción más evidente será una política fiscal más flexible.

P. ¿En qué consistirían esos experimentos?
R. El llamado helicóptero del dinero será sin duda considerado de nuevo. De todas formas, siempre hay nuevas medidas que se pueden poner en práctica. Ahora todo el mundo habla con naturalidad del Quantitative Easing [expansión cuantitativa de la base monetaria], pero en 2010, cuando empezó a estudiarse como nueva fórmula contra la crisis, era un territorio por explorar para los bancos centrales de todo el mundo. Otra cuestión distinta es si la próxima gama de instrumentos de política con los que se experimentará será efectiva.

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Donald Trump y Melania Trump se reunieron el jueves con soldados de su país en la base aérea de Ramstein, Alemania. El presidente estadunidense aprovechó una visita relámpago a sus tropas en Irak para defender su retirada de Siria y declarar que ha llegado a su fin el papel de Estados Unidos como policía global.Foto Afp

En la Era de los misiles hipersónicos, como el icónico Avangard que exulta el zar Vlady Putin, cambiaron radicalmente las coordenadas del tiempo y el espacio, cuando una invasión militar puede ser paradójicamente más incómoda que benéfica (http://bit.ly/2QaKTSt)”.

 

Varios medios de Estados Unidos confesaron que carecen de "defensa alguna" contra el misil hipersónico ruso Avangard (http://bit.ly/2QbcQtc), lo cual adelanté hace casi un año (http://bit.ly/2OTZvX3).

 

Trump anunció en forma intempestiva la salida del ejército estadunidense de Siria y su retirada "a medias" en Afganistán, donde mantiene 14 mil tropas que serán reducidas a la mitad, mientras fortalece su presencia en Irak (http://bit.ly/2VhU3QX), lo cual orilló al secretario del Pentágono, general James Ma-ttis, a presentar su renuncia en términos poco amables (http://bit.ly/2rW2LGR).

 

Trump se queda sin los militares con quienes inició su polémico mandato: el teniente general Michael Flynn y los generales H.R. McMaster, James Mattis y John Kelly, pero en su calidad de comandante supremo de las fuerzas armadas de Estados Unidos visitó, con su esposa Melania, la base aérea Al-Assad en Irak occidental, con el fin de diluir las protestas domésticas de sus adversarios e iniciar su campaña de relección.

 

A mi juicio, el redespliegue de Trump es para concentrarse en sus dos grandes guerras –geoeconómica y geopolítica– contra China, como declaré a CNN (http://bit.ly/2QawrK0).

 

La derrota de Estados Unidos desde Siria hasta Afganistán es de los Bush, Obama y Hillary Clinton; no de Trump.

 

La cartografía de Medio Oriente cambió dramáticamente con vencedores y perdedores: entre los primeros, Rusia, Irán, Turquía; y entre los segundos, Estados Unidos, los kurdos (http://bit.ly/2Q7RJYU), Israel y la mayoría de las seis petromonarquías del Golfo, con la excepción de Catar.

 

Durante mi reciente estancia en Estambul, detecté el eje conformado por Turquía/Irán/Catar/Hamas (Gaza), lo cual deja atrás el simplismo maniqueo de sunitas contra chiítas que beneficia las balcanizaciones israelí-anglosajonas.

 

Se gesta la división de Medio-Oriente entre su geografía norteña más poderosa (Turquía/Irán/Pakistán) y sureña, primordialmente empantanada con su guerra en Yemen –la cual había sido anticipada por Alastair Crooke, ex agente británico, luego asesor del canciller europeo Javier Solana y hoy connotado analista de Strategic Culture.

 

Es probable que, además de los dos trascendentales factores del misil supersónico ruso Avangard y de las dos guerras –geoeconómica y geopolítica– de Trump contra China, haya contribuido el "efecto Khashoggi".

 

No pasaron desapercibidos tanto la inusitada dureza del Congreso contra la presencia de Arabia Saudita en Yemen como el reporte de la CIA contra el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, quien nunca ocultó su repugnancia hacia sus "tres villanos": Turquía, Irán y el "extremismo islámico" (https://reut.rs/2Q7QngM ).

 

Los vacíos siempre se llenan. Sputnik anuncia que “Turquía continúa la concentración de tankers y artillería cerca de su frontera con Siria”, donde se concentran los kurdos “apoyados ( sic)” por Estados Unidos e Israel (http://bit.ly/2QaCIWc).

 

También el portal ruso asevera que el “Kremlin confirma el control de la estratégica ciudad de Manbij por el ejército sirio (http://bit.ly/2VciQWB)”.

 

La intempestiva salida de Trump de Siria y su media retirada de Afganistán han tenido reverberaciones con el trueque de las alianzas intermitentes: visita del presidente sudanés Omar al-Bashir a Siria; reapertura de la embajada de Emiratos Árabes Unidos en Damasco; probable invitación del presidente sirio Al Assad a la próxima cumbre de la Liga Árabe de marzo en Túnez; cambio del gabinete en Arabia Saudita, etcétera.

 

De no ser por la concentración del ejército de Estados Unidos en Irak –donde tampoco es muy bien recibido que se diga frente a la protesta de la mayoría de los chiítas pro-iraníes que piden la expulsión del ejército ocupante después de 17 años–, ahora estuviésemos ante la concreción del "corredor chiíta"–eco del famoso "Creciente chiíta" que adelanté hace 12 años (http://bit.ly/2Qcvcdo)– desde Teherán hasta Beirut.

 

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Los empresarios toman el poder: así es la ofensiva neoliberal que azota a Latinoamérica

Brasil, Argentina, Perú, Paraguay, Chile y los países de América Central están viendo como empresarios 'outsiders' de la política llegan a las instituciones con programas económicos liberales que precarizan las condiciones de las clases trabajadoras.


"Los brasileños tienen derechos de más y empleos de menos. La reforma laboral aprobada hace poco tiempo dio cierta tranquilidad al empleador” pero hay que profundizarla para “eliminar las trancas que padecen los inversores. Debemos entender lo difícil que resulta ser patrón en este país”. Con estas palabras, el nuevo presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, aclaró definitivamente, por si aún se necesitaba, el panorama que les espera a los trabajadores de su país. Unos días antes, Bolsonaro había anunciado la supresión del Ministerio de Trabajo, y antes aún, en plena campaña electoral, había afirmado que si llegaba al poder los que se ocuparían “realmente” de la economía serían los empresarios, los detentores del capital, “la gente que sabe de eso”.

 

Lo concretó al nombrar al frente de esa cartera, convertida de hecho en un súper ministerio, a un ultra liberal, Pablo Guedes, que ratificó la idea de Bolsonaro de que uno de los problemas de Brasil es el “exceso de derechos”. “Necesitamos flexibilizar, desregular, quitar rigideces al mercado de trabajo”, dijo Guedes semanas atrás, y repitió ahora —palabras más, palabras menos—el presidente Bolsonaro.

 

“Esto no está sucediendo sólo en Brasil. También en Argentina, en Perú, en Chile, en Paraguay, en los países de América Central, hay una ofensiva de los empresarios que se produce en paralelo al avance de la derecha”, dijo a Público en Buenos Aires Héctor Morcillo, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación de la provincia de Córdoba e integrante del Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación. “Todos los países latinoamericanos formamos parte del mismo diseño. Desde la crisis de 2008, los grupos más concentrados han definido una política de acumulación y de extracción de riqueza que evidentemente repercute en el conjunto de la región. Para colmo, se da con las mismas recetas de los 70, de los 90, de 2000: lo único que les interesa a estos grupos es que a los estados les sobre plata para poder pagar nuestra deuda externa”.

Es en ese marco que se están multiplicando en toda la región las reformas laborales, dijo a su vez a Público Alberto Broch, vicepresidente de la Confederación Nacional de Trabajadores Rurales, Agricultores y Agricultoras Familiares de Brasil (CONTAG). “Son leyes que apuntan a quitar derechos a los trabajadores y a flexibilizar y precarizar el trabajo, dándoles más poder a los empresarios”. El presidente argentino Mauricio Macri “es como si fuera un Bolsonaro sin galones, sin el pasado de soldado y el aire fascista del brasileño pero con la misma divisa: de la economía deben ocuparse los empresarios”, agregó Morcillo.

"Van a poder hacer lo que quieran"

Cinco años atrás, en 2013, poco después de asumir la presidencia de Paraguay, Horacio Cartes, un magnate fuertemente vinculado a la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989), dijo ante un grupo de empresarios uruguayos que tomaran a su país como “una mujer bonita y fácil, a la que todo se le puede hacer: en Paraguay van a poder hacer lo que quieran, las leyes los favorecen, casi no hay sindicatos, todo es flexible”.

 

“Mucho me hace acordar Bolsonaro a Cartes. Macri y el chileno Sebastián Piñera, como antes el boliviano Sánchez de Losada, algunos de los dirigentes de la oposición venezolana con chances de llegar al poder, tienen mejores modales pero piensan igual, con cabeza de CEO, de empresarios top. Por todos lados están surgiendo en América Latina empresarios con lejanos vínculos con la política, pero que irrumpen en ella con fuerza, como si se tratara de gente que viene a refrescar el panorama pero que en realidad nos quieren hacer retroceder al siglo XIX”, dijo tiempo atrás el sindicalista brasileño Artur Bueno Junior, vicepresidente de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Industria de la Alimentación y Afines.

Hasta Uruguay, un país que hasta hace poco tiempo presentaba un escenario político “a la europea”, con partidos sólidos y de fuerte anclaje, ha visto el surgimiento de outsiders llegados del mundo empresarial. El más reciente es Juan Sartori, un ejecutivo de 37 años que se fue de niño a Europa, es dueño de un emporio empresarial y está casado con una hija del magnate ruso Dmitri Rybolóvlev, dueño del club Mónaco de la Liga francesa, que de uruguayo tiene apenas el acento y la pasión por el fútbol, pero pretende ser presidente de un país que casi no conoce evocando casi que como único programa su “éxito en el mundo de los negocios”.

Remake de los noventa

Héctor Morcillo sostiene que, para su reforma laboral, Macri se inspiró primero en España, luego en Italia, después en Francia. “Fue adaptando su proyecto a medida que veía que la resistencia de los sindicatos se la iba a poner difícil. Aquí hasta ahora pudimos pararla, porque hicimos una huelga general, muchas manifestaciones y resistencia callejera. En Brasil los sindicatos están más debilitados y, con un Congreso extremadamente conservador y corrupto, el presidente Michel Temer pudo hacer aprobar su reforma, Y Bolsonaro va por más: lo eligieron con un buen respaldo de votos y tendrá un parlamento todavía más volcado a la derecha donde las bancadas ‘de la bala, el buey y la biblia’ (los militares, los defensores del agronegocio y los evangelistas) contarán con aún más representantes y son marcadamente antisindicales”.


Aunque los sindicatos le frenaron a Macri la vía legislativa para aprobar su reforma laboral, que “como todas las otras en el mundo está basada en suprimir las negociaciones colectivas y por sector de actividad y en promover los convenios individuales y por empresa”, dice Morcillo, el presidente está intentando colarla por la ventana.

Este miércoles 19 fue creado en Buenos Aires el Foro de Abogados de Organizaciones Sindicales, que reúne a un centenar de laboralistas y tiene como objetivo principal inmediato resistir “la reforma que el gobierno va concretando de hecho y en forma encubierta, a través de todo tipo de presiones para modificar a la baja los convenios colectivos de trabajo”. “Vivimos una vulneración sistemática de la libertad y la democracia sindical de los trabajadores y de sus organizaciones”, señalaron en su manifiesto fundacional.

Antonio Baylos es abogado laboralista y dirige el Centro Europeo y Latinoamericano para el Diálogo Social de la Universidad de Castilla La Mancha. Meses atrás estuvo en Montevideo para una serie de charlas. Tanto en Europa como en América Latina, dijo entonces (17-5-18) al diario uruguayo la diaria se están llevando a cabo actualmente “reformas” que son un remake de las que se impulsaron en los años 1990.

“Primero: recortes sociales, el problema del empleo público como potencial causa; y por otro lado la actuación sobre el empleo –abaratando y facilitando el despido–y sobre los sindicatos”. Hay una diferencia clara entre una región y otra, recordaba Baylos: “el punto de partida en el cual se encuentran las democracias de Europa –incluso las del sur– es mucho más alto en materia de protección social” y el colchón amortiguador de que disponen es bastante más resistente a los embates desreguladores que la flaca colchoneta 'sudaca'. Pero las 'pulsiones' neoliberalizantes, decía, son las mismas.

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El 2019 será un año de incertidumbre para América Latina: CEPAL

El año 2019 se vislumbra como un período en el que lejos de disminuir, las incertidumbres económicas mundiales serán mayores y provenientes de distintos frentes. Esto repercutirá en el crecimiento de las economías de América Latina y el Caribe las que, en promedio, se expandirían 1,7% según nuevas proyecciones entregadas hoy por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
El organismo regional de las Naciones Unidas dio a conocer su último informe económico del año, el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2018, en una conferencia de prensa encabezada por su Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena, en Santiago de Chile.


Según el documento, los países de América Latina y el Caribe enfrentarán un escenario económico mundial complejo en los próximos años, en el cual se espera una reducción de la dinámica del crecimiento, tanto de los países desarrollados como de las economías emergentes, acompañada por un aumento en la volatilidad de los mercados financieros internacionales. A esto se suma el debilitamiento estructural del comercio internacional, agravado por las tensiones comerciales entre los Estados Unidos y China.


La proyección de crecimiento económico para América Latina y el Caribe en 2019 es de 1,7%, levemente inferior a la informada por la CEPAL en octubre pasado (1,8%), mientras que la estimación para el presente año (2018) también fue reducida ligeramente a 1,2% (desde el 1,3% señalado en octubre).


El mayor riesgo para el desempeño económico de la región de cara al 2019 sigue siendo un deterioro abrupto de las condiciones financieras para las economías emergentes, agrega el reporte. Durante 2018, los mercados emergentes, incluyendo América Latina, evidenciaron una importante reducción en los flujos de financiamiento externo, a la vez que aumentaron los niveles de riesgo soberano y se depreciaron sus monedas en relación al dólar. El texto señala que no pueden ser descartados nuevos episodios de deterioro en las condiciones financieras futuras, y que las consecuencias sobre los países dependerán de cuán expuestos se encuentren en términos de sus necesidades y perfiles de financiamiento externo.


“Se requiere de políticas públicas para fortalecer las fuentes de crecimiento y hacer frente al panorama de incertidumbre a nivel global”, señaló Alicia Bárcena. “Es necesario fortalecer el papel activo de la política fiscal de la región en materia de ingresos y gasto. En este sentido es fundamental reducir la elusión y evasión fiscal y los flujos financieros ilícitos. Conjuntamente, hay que fortalecer los impuestos directos y también los impuestos de tipo saludables y verdes. Por el lado de los gastos, para estabilizar y dinamizar el crecimiento es necesario reorientar la inversión pública a proyectos con impacto en el desarrollo sostenible, con énfasis en las asociaciones público-privadas y en la reconversión productiva, nuevas tecnologías y la inversión verde. Todo esto resguardando el gasto social, sobre todo en períodos de desaceleración económica de forma que este no se vea afectado por ajustes”, agregó la alta funcionaria de la ONU. Bárcena advirtió además que se deben cuidar los perfiles de deuda pública ante la incertidumbre que podría aumentar su costo y niveles.


Al igual que en años anteriores, en su Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe la CEPAL proyecta una dinámica de crecimiento con intensidades distintas entre países y subregiones, y que responde no solo a los impactos diferenciados del contexto internacional en cada economía, sino también a la dinámica de los componentes del gasto —principalmente el consumo y la inversión— que ha venido siguiendo patrones distintos en las economías del norte y en las del sur.


De esta forma se prevé que América Central (excluido México) crezca 3,3% en 2019, América del Sur 1,4% y el Caribe 2,1%. A nivel de países, la isla caribeña de Dominica encabezaría el crecimiento regional, con una expansión de 9,0%, seguida por República Dominicana (5,7%), Panamá (5,6%), Antigua y Barbuda (4,7%) y Guyana (4,6%). En el otro extremo, Venezuela sufriría una contracción de su economía de -10,0%, Nicaragua de -2,0% y Argentina de -1,8%. Las mayores economías de la región, Brasil y México, crecerían 2,0% y 2,1%, respectivamente.


En su balance del presente año 2018, el informe de la CEPAL indica que el crecimiento económico estuvo liderado por la demanda interna. La inversión fija mostró una dinámica de recuperación, a la vez que el consumo privado se mantuvo como principal fuente del crecimiento, no obstante que desde el segundo trimestre de 2018 se observa una moderación de sus tasas de crecimiento.


En materia de política fiscal, en 2018 se profundizó la consolidación y el proceso de ajuste fiscal llevó a una reducción del déficit primario (del 0,7% del PIB en 2017 al 0,6% del PIB en 2018), aunque acompañado de un pequeño aumento de la deuda pública.


 

El Salto

 

Las incertidumbres económicas de 2019

 

¿Cuáles serán los temas económicos que acapararán la atención en 2019? ¿Cómo están los ánimos para el comienzo del año? ¿Volverán las turbulencias?

 

MARTA LUENGO

“Ralentización” esa es la palabra que más se ha escuchado los últimos meses del año. 2019 no se presenta con el optimismo con el que recibimos el 2018 y los mercados empiezan a inquietarse, los organismos internacionales avisan de los riesgos que puede conllevar una crisis cuando la anterior no se ha acabado de superar y la desigualdad campa a sus anchas. ¿Son tan grandes los riesgos como los pintan? ¿En qué situación está la economía mundial?

¿NUEVA CRISIS A LA VISTA?

Salvo honrosas excepciones, nadie vio venir la crisis de 2008. Esta vez, por el contrario, parece que nadie, ni a diestra ni a siniestra, quiere quedarse sin anunciar la siguiente recesión. Pero la economía nunca fue una ciencia que sirviera para predecir el futuro y los intentos por poner una fecha y una magnitud al próximo bajón en el ciclo suelen quedar en agua de borrajas. El problema en la anterior ocasión fue que el mainstream económico, con la Gran Moderación de Ben Bernanke o el market know betterde Alan Greenspan, comenzó a pensar que las grandes crisis ya no eran posibles o que al menos ya no iban a ser de gran intensidad. Por razones obvias, ya nadie piensa así.

 

GUERRA COMERCIAL, GUERRA TECNOLÓGICA

Sin duda, el tema económico del año ha sido la nueva guerra comercial entre Estados Unidos y China. El valor de los aranceles impuestos a China asciende a 250.000 millones de dólares y esta ha respondido con medidas equivalentes. Parecía un capítulo más de la lucha por la hegemonía tecnológica entre ambas potencias, ya que no era la primera vez que un presidente estadounidense tomaba medidas así, pero Donald Trump parece dispuesto finalmente a que llegue la sangre al río. ¿O no?
En la pasada reunión del G20 en Argentina, Trump y Xi Jinping acordaron una tregua de 90 días para negociar un pacto con medidas concretas para la mejora de las relaciones comerciales entre ambos países. Sin embargo, no se trata de la primera tregua de estas características y la anterior se fue al traste por algo que no ha cambiado: el volátil comportamiento del presidente norteamericano.

BANCOS CENTRALES, ¿HAY MARGEN DE MANIOBRA?

Es bien sabido que, desde 2008, los bancos centrales de todo el mundo han dopado la economía mundial para sostener bancos y con ellos el sistema financiero al completo, a pesar del aumento flagrante de la desigualdad. A duras penas, intentan volver ahora a una política monetaria “normal” que pueda servir en tiempos de crisis.

La Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense, lleva ya dos años subiendo cuarto de punto a cuarto de punto los tipos de interés, algo que ha acabado disgustando —también— a Trump. En la última reunión la Fed, con Jerome Powell a la cabeza, decidió subir de nuevo los tipos a pesar de las presiones tuiteras del Trump, quien se dedica a aprobar medidas expansivas en favor de las clases altas, y del nerviosismo de los mercados que recibieron la medida con disgusto. Powell anunció nuevas subidas para el 2019, pero no quiso ser muy tajante con el número y parece que no serán tantas como las inicialmente planeadas, a la espera del comportamiento de la economía y del propio presidente de la Casa Blanca.


Por su parte, el Banco Central Europeo acaba de empezar la retirada del programa de estímulos conocido como Quantitative Easing (QE), lo que no significa que Mario Draghi haya anunciado en realidad su final: aunque no se vayan a comprar nuevos bonos de deuda pública, se reinvertirán los fondos obtenidos y el QE seguirá activo por lo menos todo el año que viene. La política de tipos de interés también va con retraso en relación con la aplicada al otro lado del Atlántico lo que, al margen de que se deba al propio ciclo europeo, entraña ciertos peligros, ya que la próxima recesión puede llegar cuando los tipos europeos no hayan alcanzado niveles cercanos a los normales.


Para colmo, a todas estas dudas en la política monetaria europea se añade la incertidumbre sobre el relevo de Draghi en octubre de 2019. Las quinielas actuales apuntan al irlandés Philip Lane y al finlandés Erkki Liikanen como posibles sustitutos, pero sobrevuela la candidatura alemana del halcón Jens Weidmann, un hombre lleno de prejuicios sobre los países del sur.

LOS MIL FANTASMAS EUROPEOS

Todo son miedos en el panorama político europeo. La ultraderecha florece por todas partes y el malestar por la globalización también se transforma en protestas como la de los chalecos amarillos y las que propiciaron el Brexit. El ámbito económico es subsidiario de la atonía y falta de fuelle en el impulso de una Unión Europea que no parece convencer más que a ciertos burócratas en Bruselas.

Durante todo el año 2018 se han propuesto innumerables medidas para el desarrollo de la Unión y de la arquitectura de la zona euro. Prácticamente todas han naufragado por la total falta de acuerdo. En las reuniones de diciembre, los líderes de la Unión, con mucho sudor y largas negociaciones, han aprobado finalmente el embrión del esperado brazo fiscal de la zona euro: un presupuesto propio. Este deberá estar listo en junio de 2019 pero sus recursos no serán un desahogo ante posibles turbulencias: no podrán emplearse en políticas “estabilizadoras”, porque han sido vetadas por los países del norte liderados por Holanda, quienes proponen que los fondos sean para más de lo mismo, la receta fracasada de “competitividad” y “convergencia”.


Por su parte, el drama del Brexit no parece tener fin y semana tras semana se suceden los actos de lo que parece que acabará siendo una tragedia. Ni los más cínicos podrán negar que lo que parece más probable, un Brexit sin acuerdo, traerá consecuencias negativas para el panorama europeo. Lo único cierto, aunque sea por el momento, es que el 29 de marzo Reino Unido saldrá de la UE.

CRIPTOS POR LOS SUELOS, PETRÓLEO AL ALZA

Las Bolsas acaban 2018 pasando bruscamente del rojo al verde y con evidente nerviosismo. Después de años de largas subidas, los dos últimos meses del año muestran lo que podría ser un cambio de tendencia premonitorio. La cuestión es dónde se habrán acumulado en esta ocasión los excesos de un sistema financiero que produjo la última crisis y al que no se le ha puesto límite alguno.
Hace 12 meses el mundo andaba alucinado con las criptomonedas y no invertir en bitcoin parecía como alquilar durante la burbuja inmobiliaria española, cosa de tontos. Desde entonces, bitcoin ha caído un 75% y ethereum más de un 90%, por mencionar algunas, confirmando que no eran más que activos financieros en una burbuja que ya ha explotado. ¿Volverán a subir en 2019? Nadie lo sabe pero Estados como Suecia ya flirtean con emitir su propia criptomoneda, lo que desactivaría mucho del potencial especulativo de las criptomonedas privadas.

Uno de los elementos más importantes de la economía mundial sigue siendo el petróleo que, tras una fuerte subida este año, vuelve a mínimos. Sin embargo, no hay lugar para confiarse: Arabia Saudí necesita subir los precios, a pesar de las reticencias de Trump, por lo que la OPEP buscará limitar la producción para una subida que se da por segura tras años de precios bajos.

ESPAÑA, MÁS DE LO MISMO

Uno de los temas que coparán la prensa económica en nuestro país en 2019 será el juicio por la salida a Bolsa de Bankia, donde no solo políticos y responsables del banco pueden salir condenados, sino que el propio Banco de España y la auditora Deloitte solo pueden salir mal parados. También la nueva ley hipotecaria llenará titulares y es muy probable que se quede muy corta después de una mala praxis bancaria que conllevó un rescate enorme y miles de desahucios.

De los riesgos que enfrenta la economía española, uno de los más alarmantes es el nivel de deuda pública, que marcó un nuevo récord en el último dato disponible (septiembre) y que, para disgusto de la ministra Nadia Calviño, volvió a subir la ratio deuda/PIB. Este último elemento hace más frágil la economía ante el mencionado fin del QE. Por su parte, el selectivo español Ibex 35 ha tenido un año que continúa la tendencia negativa que arrancó en 2017 y acumula fuertes pérdidas que acentúan la debilidad de la economía española, ya que la bolsa responderá bruscamente a cambios políticos y económicos.

No será tan relevante en titulares y agenda política pero la precariedad y la desigualdad son ya estructurales en España que, lejos de mejorar los datos con el aumento del PIB de los últimos años, marca continuos récords en trabajadores pobres y pobreza infantil. Por esta razón el riesgo de recesión económica es especialmente delicado para una población que ha soportado duros años de recortes sociales y la práctica desaparición de políticas redistributivas.

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Más de 30 mil colombianos fueron desplazados de sus sitios de residencia en 2018

El número acumulado de desplazados internos por el conflicto armado en Colombia es mayor que el de toda la población de Costa Rica, según informa la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Esa organización e instituciones del país sudamericano apoyan un proyecto para ayudar a las víctimas que ahora se encuentran en asentamientos informales.

De acuerdo con un reporte de ACNUR, más de 30 500 colombianos han tenido que desplazarse forzosamente entre enero y noviembre de este año. La cifra se suma a los 7.7 millones de desplazados internos que ha ocasionado el conflicto armado desde 1985.

El número es mayor que toda la población de Costa Rica y desde el sistema nacional de atención a las víctimas admiten que en algunas zonas del país no paran los desplazamientos forzados.

Desde 2018, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, junto con las instituciones colombianas, apoyan un proyecto para ayudar a las víctimas que ahora se encuentran en asentamientos informales. Actualmente, el programa opera en nueve comunidades en cinco municipios y beneficia a unas diez mil personas.

“Este programa realmente hace una gran diferencia en la vida de estas comunidades. Puede ser un proyecto modelo para que después sea replicado en otras comunidades”, afirmó Jozef Merkx, representante de ACNUR en Colombia.
Los datos de ACNUR confirmaron que en 2017 que Colombia volvió a ser el país con más desplazados internos en el mundo. El informe Tendencias globales, presentado por esa agencia en junio de 2018, reveló que en 2017 un total de 91 431 colombianos fueron desplazados.

En julio pasado, un informe de la Defensoría del Pueblo reveló que al menos 17 825 personas fueron desplazadas en Colombia durante el primer semestre de 2018 por causas asociadas al conflicto armado en once de los 32 departamentos que conforman el país.

El departamento más afectado es Norte de Santander, donde se registró el 54 por ciento de los desplazamientos, y también han sido afectados los departamentos de Antioquia, Córdoba, Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Risaralda, Guaviare, Arauca y Meta.

(Con información de Noticias ONU, ACNUR y EFE)

 

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