Rusia admite que la era del petróleo ha pasado y vira su estrategia energética hacia las renovables

El imperio de los combustibles fósiles toca a su fin. Así lo proclama el Kremlin, el mayor exportador de energía del mundo, si se contabilizan sus ventas de gas y de petróleo. "El techo del consumo ha pasado y los riesgos [productivos y del mercado] irán en aumento", dice su ministro de Finanzas, Vladimir Kolychev, quien revela un giro estratégico hacia las renovables.

 

Arabia Saudí fue el pionero del cártel de la OPEP en poner en solfa la supremacía del petróleo como fuente de energía global. Asentada al calor de la revolución industrial de finales del siglo XIX y durante toda la centuria pasada. Con creciente peso geoestratégico. La Visión 2030 de su príncipe heredero, Mohamed bin Salman (MbS), esbozó, hace dos años, una hoja de ruta para, a lo largo de la década venidera, cambiar la fisonomía de una nación, fundada en 1932, bajo un tratado de legitimidad entre la Casa Saud y el clero wahabí, y acabar con la crudo-dependencia; es decir, poner el epitafio a la casi total monopolización de ingresos por hidrocarburos en este petro-Estado.

Todo un desafío socio-cultural en el mayor productor de crudo y en el país con las más amplias reservas de oro negro conocidas que ha incluido la llegada de capital privado en los 2 billones de dólares de la venta del 5% de Aramco, primera corporación del planeta, y la puesta en escena de un fondo soberano, de otros 2 billones de dólares, en el que han entrado, no sin contratiempos inversores, firmas como tecnológicas como Apple, Google, Microsoft y fondos de inversión como Berkshire Hathaway. El rival petrolífero saudí en el mercado, y contrapeso en los cónclaves de la ampliada OPEP + pasa ahora a la acción. Porque Rusia está preparando el terreno para un escenario sin los carburantes fósiles como su fuente prioritaria de energía. Empresa de igual calado que la de su contrincante saudí, ya que implica una transformación diametral del patrón de crecimiento y del sistema productivo ruso.

Las palabras de Kolychev han causado perplejidad. No son el modus operandi del Kremlin. Entre otras razones, por el reconocimiento de que los tiempos dorados de la base de subsistencia más importante de la segunda potencia nuclear y que inculcó a principios del milenio la energía como arma estrategia de su política exterior, han pasado a la historia. Y, con ello, su fuente prioritaria de ingresos. Pero también porque la todopoderosa voz de Vladimir Putin hablaba el pasado mes de octubre de que la catapulta exportadora de la energía rusa se afianzaría en los próximos años en la creciente demanda de las naciones asiáticas y, en apoyo de su discurso, desde el Ministerio de Economía se pronosticaba que el techo del consumo de crudo en el planeta no llegaría hasta 2045.

Kolychev también avanzó que su departamento baraja varios horizontes futuros con unos niveles de demanda fluctuantes. Pero que todos ellos se canalizarán bajo una misma premisa: la búsqueda de un modelo consolidable, garantista y sólido de los beneficios que reporta a las arcas rusas su poderoso sector energético y la creación de un fondo de contingencia para épocas de vacas flacas en la cotización del petróleo como a actual. La explicación del ministro va en la dirección marcada por Putin, que ha prometido en los últimos años rebajar la crudodependencia del país y asentar una estructura energética sostenida con fuentes renovables. Las ventas de gas y petróleo sustentan más de la tercera parte de los ingresos presupuestarios rusos.

El envite de Kolychev ha sido, cuanto menos, oportuno. Los confinamientos sociales derivados de la Covid-19, la hibernación económica que ha llevado a la recesión global más profunda en tiempos de paz y las restricciones a la movilidad han acelerado las cruzadas contra la catástrofe climática. British Petroleum (BP) ha sido la primera supermajor en asumir, el pasado septiembre, la tesis a la que ahora se acoge el titular de Finanzas ruso: el consumo de crudo no volverá nunca a los niveles vistos antes de la pandemia. Mientras desde China se ha acelerado las políticas de transición energética, la Administración Biden prepara su Green New Deal y Europa ha puesto una velocidad más a su crucero para llegar a metas más ambiciosas en su objetivo de conseguir emisiones netas de CO2 cero.

Rusia podría estar sopesando una táctica de sincronización en este ámbito con los tres grandes bloques económicos y comerciales. Porque, al inicio de diciembre, Putin designó a Anatoly Chubais, ex responsable de Rusnano, como su máximo asesor en cambio climático. El Grupo Rusnano es una institución rusa de desarrollo de la innovación creada en el marco de la iniciativa presidencial denominada Estrategia para el desarrollo de la industria de la nanotecnología, creada en 2011, cuya misión es configurar un tejido industrial competitivo con la nanotecnología como propulsora, y que ha focalizado la mayor parte de sus inversiones en las energías sostenibles. Chubais ha sido una de las voces más críticas de la política energética actual de Rusia, así como a su benevolencia para con las medidas de lucha contra el cambio climático. Entre sus embestidas dialécticas figura un peligro, a su juicio, latente: los descensos bruscos y continuados del petróleo son una amenaza contra la seguridad nacional.

La cuota de renovables en el mix energético ruso se sitúa por debajo del 1%. Es decir, tiene un enorme trecho por recorrer en la carrera de la sostenibilidad. Porque, entre otras razones, aún destina la mayor parte de sus recursos en tareas de exploración y prospección petrolíferas; sobre todo, en el Ártico. Desde think-tanks como el Skolkovo Energy Center de Moscú se advierte de que el dinamismo económico del país podría limitarse a un pírrico crecimiento del 0,8% del PIB en las próximas dos décadas si Rusia no logra adaptarse a las demandas de energías alternativas a los combustibles fósiles. "La economía rusa está claramente al margen de la extrema gravedad por la que atraviesan los hidrocarburos", afirma a Bloomberg Natalia Orlova, economista jefe de Alfa-Bank en la capital moscovita. "Ni el Kremlin ni las empresas tienen una comprensión nítida de la dirección que debería tomar Rusia si desea abandonar su dependencia de una energía todavía sin una fecha de caducidad, pero con los días contados".

Los expertos advierten que el dinamismo económico de Rusia podría limitarse a un pírrico crecimiento del 0,8% del PIB en las próximas dos décadas si no logra adaptarse a las demandas de energías alternativas a los combustibles fósiles. 

Inversiones billonarias en la industria petrolífera

Uno de los puntos de mayor fricción entre la Administración Trump y el Kremlin deja entrever la enorme trascendencia que Putin ha otorgado a su industria energética. El llamado Nord Stream 2, el gaseoducto que debería haber conectado, a finales de este año, la costa rusa del Mar Báltico con el litoral alemán a través de sus 1.230 kilómetros -y que la Gran Pandemia ha retrasado sine die, pero con visos de poder abastecer el mercado germano a corto plazo. El líder republicano llegó a advertir de que "Berlín comete un tremendo error por su dependencia no forzada hacia Moscú".

No sólo Washington mostró su preocupación. También varios aliados de la OTAN dieron rienda suelta a sus críticas hacia la canciller Angela Merkel por persistir en un proyecto que va a duplicar la capacidad de suministro del gas natural ruso al mercado alemán con el Nord Stream original, que abrió sus espitas en 2011. Incluso persisten todavía las amenazas de sanciones estadounidenses, cuando se han reanudado las obras del último tramo, en suelo germano. Entre peticiones oficiales de la Casa Blanca para detener su finalización.

El gaseoducto en construcción es una joint-venture entre el gigante ruso Gazprom y Royal Dutch Shell, a las que se han unido otros cuatro grandes inversores, que han contribuido con la mitad de los 9.500 millones de euros de su coste total. Iba a entrar en funcionamiento en 2019, pero las presiones del gabinete Trump forzaron al grupo suizo Allseas, uno de sus principales contratistas, a retirar los buques con los que realizaban las conexiones en el trazado del gaseoducto, que incluía la penetración en aguas jurisdiccionales danesas.

La entente germano-rusa busca, según Berlín, asegurar unos costes de abastecimiento barato y una mayor diversificación de las exportaciones energéticas rusas, como reconoce el emporio gasístico Gazprom. Antes de la puesta en marcha del primer gaseoducto, Rusia enviaba a través de Ucrania las dos terceras partes de sus ventas de gas a Europa. Pero la invasión de la Península de Crimea y las disputas diplomáticas con Kiev dejó a Gazprom expuesta a un colapso.

A raíz, en particular, del cierre del grifo energético decretado por el Kemlin durante trece días en invierno de 2009. La búsqueda de nuevos mercados ha presidido la política energética de Moscú que, en la actualidad, sigue siendo demasiado restringida, dado que sólo catorce países reciben más del 50% de la producción de gas rusa. La salida del Nord Stream 2 ha ofrecido a Gazprom un balón de oxígeno, a pesar del acuerdo con Kiev para mantener activo el gaseoducto ucraniano hasta, al menos, 2024.

La Administración Trump interpreta esta alianza energética ruso-alemana como un intento de Putin de tener en cautiverio a la UE. E, incluso, voces republicanas como la de Ted Cruz, su senador por Texas, llegó a advertir que, de culminarse la obra, era una amenaza contra la seguridad nacional de EEUU. Frente a la dialéctica alemana y de otros países del norte que se afanan en asegurar que era una iniciativa que inculcaría más competitividad al negocio del gas licuado y una alternativa para solventar el descenso productivo de este combustible en el Mar del Norte y Holanda.

Gazprom afirma que su cuota de suministro de gas representaba en 2019 el 35,5% de la demanda europea. Sus contratos tradicionales se dirigen a Finlandia, Letonia, los países balcánicos, Bielorrusia, pero su intención es asentar el abastecimiento en los mercados occidentales del centro y del norte europeos, que también reciben gas de Noruega, Qatar, países africanos y Trinidad y Tobago. Incluso, antes de la Gran Pandemia, adquirían gas de EEUU, a unos precios reducidos por la caída, ya entonces, de su demanda energética. La Casa Blanca ha dado especial trascendencia en los últimos años a la pasarela de buques de suministro de gas a través del Atlántico.

El Kremlin, que ha tardado seis semanas en reconocer la victoria de Joe Biden, hasta el efectivo reconocimiento de su triunfo por parte del Colegio Electoral federal, ha activado las alarmas por el cambio de Administración en EEUU. Sus altos cargos y analistas del Consejo de Seguridad han planteado al presidente ruso varios escenarios de hostilidades para cuando el nuevo inquilino se instale en la Casa Blanca, a partir del 20 de enero. Evalúan y tratan de dibujar reacciones a las estrategias que el equipo de Biden deslizará en su relación con China, las armas nucleares y, por supuesto, su política energética, además de la táctica sancionadora sobre conflictos geopolíticos y su tacticismo en torno a Rusia. De hecho, el director del FBI, Christopher Wray, el octavo desde 2017, considera que Putin ha implantado una "muy activa" campaña para desacreditar a Biden, con la hipotética división ideológica con el poder legislativo de un partido, el republicano, poco o nada proclive a buscar puntos de entendimiento en los próximos cuatro años.

Moscú teme el efecto boomerang de EEUU con el dirigente demócrata en asuntos que, con Trump, eludieron el escándalo por su sintonía con Putin, como el final de la era de los acuerdos de no proliferación de armas nucleares. Con Biden, el Kremlin no descarta que Rusia se vuelva a erigir en el rival de mayor carga geoestratégica para Washington, frente al señalamiento de China como gran riesgo para la hegemonía americana de la presidencia republicana. Con Biden, "se consolidaría la red de influencias e intereses con Europa, reverdecería la plataforma anti-rusa", pronostica Andrey Kortunov, responsable del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, vinculado al Kremlin. En torno a la OTAN, que ha elevado el tono varias ocasiones, a instancias de los socios del Este, especialmente, en los últimos años, por la sucesión de maniobras navales rusas en el Báltico, además de los ejercicios conjuntos desplegados junto a China. A donde Moscú ha redirigido sus exportaciones de gas y petróleo, haciendo uso de la energía como mecanismo de su acción en el exterior para fortalecer lazos geoestratégicos de primer orden con Pekín.

Diversificación para influir en la OPEP+

La necesidad de reconfigurar el modelo energético -y exportador- ruso también pretende forjar el asentamiento del Kremlin durante el incierto periodo de transición hacia la neutralidad y las emisiones netas cero de CO2 que parece haberse impuesto en los últimos meses en el planeta. En el que el crudo y el gas todavía tendrán su protagonismo. De su éxito en el futuro a corto y medio plazo dependerá, en gran medida, la capacidad de influencia de Rusia en el seno del cártel petrolífero; su poder de contrapeso frente a Arabia Saudí.

En medio de la fuerte, fluctuante y volátil cotización del oro negro en una época, dice el consenso del mercado, marcada por caídas de demanda. Y que mantiene el precio del barril en este tramo final de 2020 entre los 47 dólares del West Texas Intermediate (WTI), en el mercado americano, y los 50 del Brent, de referencia en Europa. Tras experimentar descensos dramáticos al inicio de la epidemia, con valores del WTI negativos el pasado mes de marzo. La reactivación, aunque modesta, de la cotización durante la Gran Pandemia, "nunca se hubiera consumado sin la cooperación conjunta de Riad y Moscú", que han actuado bajo la "misma longitud de onda" durante estos meses para rebajar las cuotas productivas de la OPEP+ asegura Harry Tchilinguirian, estrategia en BNP Paribas, que pusieron en liza medidas de compensación a socios de la organización como Nigeria, Angola o Kazajistán para que cumplieran con sus recortes; además de permitir retrasos en esta decisión a naciones como Irak.

Los sacrificios de bloquear los flujos de crudo al mercado son los riesgos futuros de los que habla el titular de Finanzas ruso. Pero han sido determinantes para adecuar la oferta al retroceso de la demanda. Y justifican el giro energético de Arabia Saudí y Rusia que proclaman sus autoridades. Antes, en el caso de Riad, y durante, desde Moscú, la Gran Pandemia. Porque 2020 ha sido el año en el que el crudo ha claudicado en su intento de sostener el precio del barril por encima de los 80 dólares, objetivo declarado de ambos países.

La Covid-19 ha acelerado la tendencia transformadora. A la que Rusia se acaba de subir. Porque los cambios hacia la sostenibilidad apuntan a que serán permanentes. Y, si el avance tecnológico y las metas hacia la neutralidad energética, como parece, se adelantan, los contratos de crudo y gas caerán en algún momento, en los tiempos venideros, a plomo. Es la segunda lectura de los estudios que maneja BP. En el que se decanta por descensos de demanda oscilante a lo largo de la década que da comienzo -y descontando el inicio del ciclo de negocios post-Covid- que se irán intensificando en los siguientes diez ejercicios, una vez se puedan certificar las reducciones de emisiones en las economías que están virando sus sistemas productivos hacia la transición a las energías limpias.

En línea con los designios de autoridades como Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, para quien el retorno a la actividad tras la Gran Pandemia "no será con las mismas directrices económicas, sino en modelos diferentes a los tradicionales". BP, en otra clara señal con varios destinatarios potenciales, entre ellos Moscú, asegura que más de la mitad de la demanda global a largo alcance será en el segmento del transporte, donde el vehículo eléctrico, ha tomado la delantera. Mientras las capitales que han apostado por convertirse en Smart Cities han declarado la guerra a los combustibles fósiles en sus políticas de movilidad y conectividad.

La estrategia de Rusia encierra un interés por seguir influyendo en los precios del crudo esta década, mientras diversifica sus exportaciones de petróleo y gas, y decide si se adentra en un cambio de sistema productivo que dé protagonismo a las renovables.

21/12/2020 07:57

 

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Automóvil frente a la refinería El Palito en Puerto Cabello, estado de Carabobo. 2 de marzo de 2016 Foto: Marco Bello / Reuters

Los detenidos portaban "poderosos explosivos" para "detonar y destruir" el principal poliducto de bombeo de gasolina y otros productos.

 

El vicepresidente del área Económica y ministro para el Petróleo de Venezuela, Tareck El Aissami, denunció este viernes que fueron detenidos dos ciudadanos que pretendían un "detonar y destruir" la refinería El Palito con "poderosos explosivos", bajo la presunta "protección y apoyo" del mandatario colombiano, Iván Duque.

"Este plan terrorista tenía como objetivo detonar y destruir nuestra refinería El Palito, a través de la utilización de poderosos explosivos. También pretendían explotar el principal poliducto de bombeo de gasolina y otros productos", precisó El Aissami.

Según la autoridad, "todo este plan fue preparado en Colombia por desertores de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB)", que tendrían "protección y apoyo por parte del gobierno de Iván Duque, quien autorizó directamente este atentado frustrado".

El Aissami precisó que la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI) de Colombia, así como su Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DIJIN) y los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal (GAULA), facilitaron el traslado e ingreso irregular a Venezuela de provisiones y dispositivos para la concreción del plan.

De acuerdo con el ministro, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) "conocían y asesoraban a todos los terroristas involucrados en este ataque". Los detenidos, identificados como Francisco Javier Pacheco Pérez y César Antonio Guevara Díaz, poseían emulsión encartuchada Senatel, detonadores MS y LP tipo velita, booster de pentolita y cordón detonante.

El ministro agregó que este plan sería perpetrado antes del 6 de diciembre, "para generar una conmoción nacional", que derivara en la suspensión de las elecciones parlamentarias. 

"Nosotros lamentamos que nuevamente sea Colombia y su gobierno los que estén detrás de esta acción criminal, ya hay elementos e indicios suficientes que reposan en el Ministerio Público y forman parte de esta investigación", adelantó El Aissami, quien insistió en que el plan está directamente "acobijado, financiado y apoyado" por Duque.

El Aissami agregó que los detenidos "han confesado todo". "Los contactos que tienen en Colombia, cómo los llamaron, cuánto les pagaron, qué les dieron para preparar y organizar este atentado, cuya segunda etapa era una incursión de oficiales desertores y colombianos entrenados en Cúcuta".

El ministro recalcó que este plan puso en riesgo la vida de centenares de venezolanos, y "se suma al expediente delictivo y terrorista de Iván Duque", por lo que hizo un llamado a la comunidad internacional para que rechace lo ocurrido. 

En este sentido, el canciller venezolano, Jorge Arreaza, aseguró que se trataba de "otro ataque terrorista, sanguinario, planificado y preparado en Colombia" y "con el aval de Iván Duque". 

Estas detenciones ocurren la misma semana en que Maduro denunció que tuvo que cambiar a última hora su centro de votación en los pasados comicios legislativos, porque "fuentes de inteligencia colombiana" le informaron que desde la Casa de Nariño se estaba preparando un atentado para asesinarlo.

Las autoridades venezolanas y el propio Maduro han alertado en varias oportunidades los planes de magnicidio o golpe de Estado por parte de la oposición radical, con apoyo de los gobiernos de Colombia y EE.UU.

En agosto de 2018, los cuerpos de seguridad venezolanos frustraron un intento de asesinato durante un acto presidencial en Caracas, que según Maduro contó con el respaldo de Bogotá. Meses después, el 3 de mayo del 2020, Colombia también fue acusada de participar en el intento fallido de incursión en las costas de La Guaira, en el litoral central del país suramericano.

Publicado: 11 dic 2020 18:41 GMT

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La revolución del ‘fracking’ se convierte en un fiasco

"Has muerto todas mis ilusiones/Tienes lágrimas negras”, cantaba Compay Segundo. La industria petrolera de perforación hidráulica (el fracking), que fue llamada a ser la mayor revolución energética de este siglo, “uno de los cinco pilares que transformará la geopolítica”, en palabras de Erik Norland, director ejecutivo de CME Group, la panacea que iba a convertir Estados Unidos en un país independiente desde el punto de vista energético en el 2030, ha acabado en un fiasco económico, una ruina financiera, unas lágrimas negras.

El ensayista Bethany McLean, autor de un libro sobre el fracking, considera que lo ocurrido es como una “reminiscencia de la burbuja puntocom de finales de los noventa, cuando las compañías se valoraban más por el número de pupilas que atraían y no por los beneficios que tenían probabilidad de obtener”. Jim Chanos, legendario inversor de hedge funds y de los derivados en Wall Street, sostiene que “la industria del fracking tiene un largo historial de dinero que entra dentro y nunca sale fuera”. Los pozos han engullido una gran cantidad de dólares, sin conseguir la rentabilidad deseada.

EE.UU. En el futuro podría haber más de un centenar de quiebras

Solo en el tercer trimestre hubo 44 quiebras de estas empresas en Estados Unidos, según los cálculos de Haynes and Boone. Desde el año 2016, si se suman las compañías que hacen prospección y exploración, ya son 500. Entre las empresas más conocidas en sumarse a la insolvencia hay nombres como EP Energy, Chesapeake Energy, Ranch Energy, Bellatrix Exploration y Murray Energy. Para la consultora Rystad Energy, a finales de 2022 podrían añadirse a esta lista otras 150.

Ya no se perfora como antes y hay instalaciones que quedan abandonadas. El número de ­plataformas se ha reducido de ­forma drástica respecto a sus estándares habituales, de acuerdo con el contador de Baker and ­Hugues. En la actualidad, en el país hay unas 320 operativas, prácticamente quedan un cuarto de las que perforaban en 2019.

A la tormenta económica hay que sumarle la política. El presidente electo, Joe Biden, contrariamente a su predecesor, ha prometido una moratoria sobre las perforaciones en suelo y aguas norteamericanas, con lo que las perspectivas a corto y medio plazo son muy inciertas.

La pandemia ha dado la puntilla, tras el desplome de los precios y la caída de la demanda. Y el flujo de caja (es decir, la diferencia entre el dinero generado y sus gastos de capital) este año será negativo y se disparará hasta más de 3.000 millones de dólares.

Pero lo que preocupa son los números rojos acumulados. Las firmas del fracking han derrochado casi 30.000 millones de dólares desde 2017, según los datos proporcionados por el Institute for Energy Economics and Financial Analysis (Ieefa).

Cifras. En la última década se han derrochado más de 300.000 millones de dólares

Si se mira más atrás, la cifra se dispara todavía más: entre 2010 y 2019 cada año sin excepción el flujo de caja de estas empresas fue siempre negativo. “La revolución del fracking ha convertido a Estados Unidos en el mayor productor del globo, per en términos financieros este boom de la producción ha sido un burbuja financiera épica”, según comenta Ieefa.

Las plataformas estadounidenses de petróleo de esquisto han quemado en la última década unos 300.000 millones de dólares, según un estudio de Deloitte. Esto supone haber destruido el 70% del capital invertido desde 2008.

Para los bancos norteamericanos que financiaron esta industria, el cambio de ciclo pone en riesgo miles de millones de dólares de préstamos, que corren el riesgo de ser incobrables.

El 40% de este dinero procede de Wells Fargo y JP Morgan ellas solas, pero el resto de grandes nombres de las finanzas estadounidenses tienen un pie dentro... del pozo. Peor todavía, las cifras indican que las entidades han seguido financiando a esta industria deficitaria incluso después de la firma de los Acuerdos del Clima de París de 2016, que fijaban un plan de reducción de emisiones claramente incompatible con el régimen de producción de la industria petrolera.

Esta financiación un tanto a la ligera se llevó a cabo gracias a que Wall Street quería cobrar sus comisiones. Además hay un elemento inquietante: del monto de bonos corporativos emitidos por estas empresas de fracking para captar dinero, el 72% se situaba por debajo de los niveles mínimos de inversión, es decir, que eran puramente especulativos o “bonos basura”. Tal como recuerdan en el estudio Fracking Fiasco, editado por Oilchange Internacional, esta práctica “ha permitido una financiación insostenible y una expansión no rentable”. Entre los tenedores de esta deuda están los mayores fondos del mundo, como Blackrock, Vanguard Group o Prudential Financial.

En tiempos de dinero barato, muchos se lanzaron a un negocio que parecía no tener límite. “Los tipos de interés ultrabajos han sido los verdaderos catalizadores de la revolución del esquisto”, dijo Amir Aazar, académico del departamento de energía de la Universidad de Columbia. De alguna manera, el fracking ha acabado siendo víctima de su propio éxito.

Estas perforaciones son muy costosas. Ocupan mucho espacio y al cabo de dos años agotan el 80% de su producción. Además el petróleo no es de gran calidad. La caída de precios puso la realidad al desnudo, porque con un barril por debajo de los 50 dólares los números no salen. Antonio Turiel, investigador del CSIC, autor del libro Petrocalipsis, explica por qué se ha mantenido en vida un sector que estaba en pérdidas. “Cuando se empezó a potenciar esta industria en el 2008 no había alternativa, si se quería alargar el pico de la producción de petróleo unos años. Pero en el 2018 ya se llegó a este punto y la Administración Trump, mediante incentivos y menor regulación ambiental, alargó la agonía”. La retórica de querer convertir a EE.UU. en el primer productor mundial hizo el resto. Pero a un coste enorme.

Financiación. Los bancos se encuentran con miles de millones de créditos incobrables

El espectro de unas quiebras en cadena es ahora real. Según el citado estudio Fracking Fiasco, estas compañías tienen unos 120.000 millones de dólares de deuda que caducará entre el 2021 y el 2025. Habrá que reestructurar 50.000 millones de dólares en los próximos años, según Haynes and Boone, que eleva sus estimaciones de deuda hasta los 170.000 millones de dólares.

Para Ieefa, “incluso si el mercado global del petróleo y del gas se estabiliza, nos esperamos que los inversores prudentes continuarán viendo el sector del fracking como empresas de alto riesgo, con un historial financiero terrible, unos fundamentales débiles y un modelo de negocio sin pruebas y especulativo”. Antes de que terminara el verano, la producción estadounidense se había derrumbado en 3,4 millones de barriles diarios, lo que equivale a eliminar del mapa a un país de la talla de Emiratos Árabes Unidos.

Y es que el ciclo económico está cambiando. En la última década, el sector de la energía fue el que obtuvo peores resultados de todo el SP 500. Los inversores hoy en día se centran más en las renovables. En este índice bursátil el sector del petróleo y del gas tenía un peso del 12% en el 2012, pero hoy en día supone menos del 3% del valor de las 500 mayores empresas estadounidenses.

 “No veo crecimiento hasta el 2023 y después puede que la industria del esquisto en Estados Unidos nunca más vuelva a crecer”, admitía Scott Sheffield, consejero de delegado de la firma Pioneer, una de las más grandes del país en este campo.

En el 2020 la demanda mundial de petróleo será unos 8,4 millones barriles por día más baja que en el 2019, según las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía. Y en el 2021 tampoco se habrán recuperado los niveles del 2019, anteriores a la Covid. La Agencia Internacional de la Energía ya advirtió de que si la tendencia no cambia, la producción de petróleo podría reducirse a la mitad en el 2025.

Hay otro dato significativo, sintomático de las dificultades que vive esta industria en general. Este año se han descubierto unos 10.000 millones de barriles de petróleo equivalentes (boe) de nuevos yacimientos de gas y crudo, especialmente en Rusia y Surinam.

Pero según la consultora Rystad Energy menos de la mitad podrá explotarse económicamente en las próximas dos décadas. Las firmas energéticas están mirando con lupa los costes y las inversiones, ante las dificultades que están viviendo. Las presiones medioambientales también desaconsejan apostar por zonas como el Ártico o el río Amazonas, que tienen reservas que tal vez nunca vean la luz. El fracking: la revolución que nunca fue.

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El presidente chino, Xi Jinping, pronuncia un discurso por video en la ceremonia de apertura de la 17 Exposición China-Asean.Foto Afp

Más allá del prosaico enfoque entreguista de "costo-beneficio", al que son adictos los colonizados neoliberales, ya había destacado la virtud "geoestratégica de las refinerías" cuando "las cinco más grandes refinerías en el mundo, de un total de 700 (sic), se encuentran en la región Asia-Pacífico: EU/China/Rusia/India/Japón" (https://bit.ly/2mnKUt3).

Entonces recalqué que "las refinerías no son un vulgar asunto de mercaderes y/o de costo-beneficio: pertenecen a la zona delicada de la seguridad nacional" (https://bit.ly/37dqtCR).

Si "no sirven" las refinerías, ¿por qué EU tiene 135?

Las 135 refinerías de EU están distribuidas en 30 estados, primordialmente en tres: Texas (47), Luisiana (19) y California (18). Cabe señalar que California constituye el primer PIB de EU y Texas el segundo lugar.

En búsqueda de su anhelada autarquía (https://bit.ly/3mg8oKD), China no desea depender más de la importación de gasolina/diésel y otros combustibles de Estados Unidos y está a punto de "eclipsar a EU como el mayor (sic) refinador de petróleo del mundo", según el neoliberal rotativo israelí-estadunidense Bloomberg (https://bit.ly/3l9W9Ol).

Pekín acaba de lanzar cuatro (sic) proyectos de refinerías debido a la espectacular demanda de plástico (sic) y combustibles tanto en China como en el resto de Asia, donde las "economías rebotan aceleradamente de la pandemia" del Covid-19, en contraste a las refinerías de EU y Europa que luchan por salir de su grave crisis económica.

Del producto de las nuevas magnificentes refinerías de China/India/Medio-Oriente, de 70 a 80 por ciento será enfocado al plástico (sic) y, por lo visto, pocos países desean depender del gas licuado y la nafta que exporta EU a Asia, donde impera la "popularidad de refinerías integradas" y no segregadas en etileno, propileno, nafta, etcétera.

Según la Agencia Internacional de Energía, EU había sido la principal refinadora "desde el inicio de la era petrolera a mitad del siglo XIX". ¡China "destronará a EU el año entrante"! –que, por cierto, inicia en 32 días.

Más allá de la inevitable transición a las energías alternativas –que el mismo Biden, hoy a sus 78 años, ha propuesto acontezca en los próximos 30 (sic) años–, el portal neoliberal Bloomberg comenta que "el ascenso de la industria refinadora de China, combinada con varias plantas nuevas y grandes en India (sic) y el Medio Oriente, reverberará en todo el sistema energético global".

Las dos terceras partes de las refinadoras europeas "no cubren sus costos", mientras la "capacidad de refinación china se ha casi triplicado (¡súper-sic!) desde el inicio del nuevo milenio conforme guarda el ritmo con el rápido crecimiento de su consumo en diésel y gasolina", por lo que se calcula que en 2025 procesará 20 millones de barriles al día (mbd).

Tampoco hay que perder de vista a India que alcanzará a refinar 8 mbd en 2025, prácticamente el doble de su presente capacidad, cuando construye su nueva mega-refinería (https://reut.rs/3q94sxC).

Con su profundo horizonte geoestratégico, China no deja las piezas sueltas al azar, después de su pésima vivencia del boicot de EU a su tecnología 5G, y hoy practica lo que denomina "pluralismo energético" –muchas veces ocultado como "reservas energéticas estratégicas" –cuando se ha posicionado también como la primera potencia en "energías renovables" ( https://bit.ly/3qahefc ), sin descuidar la inminente conversión a los vehículos eléctricos.

La instalación en Yulong (China), con capacidad de refinación de 400 mil barriles diarios, costará 20 mil millones de dólares (https://bit.ly/3q6wUQP).

En Estados Unidos, las mayores ganancias provienen de la refinación, más que de la extracción con su caníbal fracking que predomina en Texas (https://bit.ly/2JfY46S).

En México, el fracasado trío neoliberal panista Fox/Calderón/Anaya, que regaló el petróleo a Hillary Clinton con la antimexicana "reforma energética", vocifera cacofónicamente contra la refinería de Dos Bocas (Tabasco): tema en el que exhiben, más que su patética ignorancia, su lastimosa esclavitud mental con los refinadores de Texas.

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Imagen ilustrativaVassilis Triandafyllou / Reuters

Estas descargas pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que la de un rayo ordinario.

 

Científicos han confirmado en dos estudios separados la existencia de 'superbolts' ('superrayos', en español) que pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que los rayos ordinarios. 

Los 'superbolts' se detectaron por primera vez en la década de 1970, cuando se creía que podían alcanzar tan solo 100 veces el brillo estándar de un relámpago convencional. Ahora, el análisis de observaciones satelitales reveló que el impacto de un 'superrayo' puede producir más energía que todos los paneles solares y turbinas eólicas existentes en EE.UU. 

"Cuando se ve un relámpago desde el espacio, se verá mucho más tenue que si lo viera desde el nivel del suelo, porque las nubes bloquean parte de la luz", indicó Michael Peterson, el autor principal de ambas investigaciones. 

El primer estudio analizó dos años de datos obtenidos por el Satélite geoestacionario operacional ambiental (GOES, por sus siglas en inglés), mientras que en el segundo trabajo se analizaron 12 años de observaciones del Satélite de grabación rápida en órbita de eventos transitorios (FORTE).

Uno de cada 300 eventos de rayos

Investigadores del Laboratorio Nacional de los Álamos —perteneciente al Departamento de Energía de EE.UU. y ubicado en el estado de Nuevo México— evaluaron los datos de los satélites meteorológicos del GOES, que cuenta con un dispositivo conocido como 'Mapeador de rayos geoestacionarios', que representa gráficamente los rayos desde arriba y registra los destellos registrados por los satélites meteorológicos orbitales cada dos milisegundos en busca de eventos de rayos que brillen 100 veces más que el promedio. 

En las observaciones se descubrieron aproximadamente dos millones de eventos que se ajustaron a estos criterios. Según estos datos, uno de cada 300 eventos de rayos es un 'superbolt', muchos de los cuales registraron al menos 100 gigavatios de potencia. A modo de comparación, la energía producida por todos los paneles solares y turbinas eólicas en el país norteamericano fue de aproximadamente 163 gigavatios en el 2018según el Departamento de Energía de EE.UU.

Hasta 3 teravatios de potencia

Mientras, el análisis de doce años de datos recopilados por el satélite FORTE detectó la presencia de 'superbolts' que emitían un mínimo de 100 gigavatios de potencia. 

"El impacto de un rayo incluso superó los 3 teravatios de potencia, miles de veces más fuerte que los rayos ordinarios detectados desde el espacio", aseveró Peterson.

Según este segundo estudio, los 'superrayos' se generaron durante eventos raros de 'nube a tierra' con carga positiva, a diferencia de los eventos con carga negativa, que son mucho más comunes y componen la gran mayoría de los relámpagos.

Publicado: 25 nov 2020 02:08 GMT 

Interior de un prototipo de detector de neutrinos para la mina de Dakota del Sur, construido con finas mallas metálicas en el CERN./CERN. — CERN./CERN

El proyecto DUNE es el más importante de física fundamental en Estados Unidos de las últimas décadas.

Homestake fue la mayor y más profunda mina de oro de de Norteamérica hasta que se cerró en 2002 tras 125 años de funcionamiento. Este remoto lugar de Dakota del Sur se convirtió oficialmente en 2007 en un laboratorio subterráneo de física fundamental, aunque ya mucho antes se habían instalado en sus profundas cavernas algunos experimentos, incluido uno que mereció el premio Nobel. Ahora se anuncia la nueva etapa para convertir la mina en sede del megaproyecto científico más importante de las últimas décadas en Estados Unidos, el Long-Baseline Neutrino Facility, dedicado a estudiar las partículas fundamentales llamadas neutrinos.

Para hacer realidad este enorme detector de neutrinos hará falta excavar 800.000 toneladas de rocas para obtener tres gigantescas cavernas conectadas, de siete pisos de altura, a más de kilómetro y medio de profundidad, que puedan albergar los detectores y el equipamiento complementario en una superficie de 16.000 metros cuadrados. Es seguramente una de las mayores y más difíciles obras públicas de ingeniería que se realizarán en Estados Unidos esta década y se ha adjudicado a la compañía minera Thyssen Mining, ha anunciado el laboratorio nacional Fermilab, que coordina este proyecto internacional con el que Estados Unidos quiere recuperar protagonismo en la física de partículas. Se utilizarán explosivos y una tuneladora de cuatro metros de diámetro.

En los cuatro módulos de detección subterráneos en la mina, llamados DUNE y que están aislados de cualquier tipo de interferencia, se recibirá un intenso haz de neutrinos procedentes de un acelerador de partículas, la otra pata del proyecto, que se construye a 1.300 kilómetros de distancia en Fermilab (Illinois). Los neutrinos son las partículas con masa más abundantes en el Universo pero resultan sumamente difíciles de detectar porque apenas interactúan con el resto de la materia. Saber más sobre su papel en la existencia de la materia, buscar fenómenos subatómicos que contribuyan a la unificación de las fuerzas o poder ser testigos del nacimiento de una edtrella de neutrones o un agujero negro son algunos de los objetivos de este proyecto. En él participan más de 1.000 científicos de 30 países, entre ellos España, y pretende ser la base de la investigación internacional sobre neutrinos durante décadas, siguiendo en las huellas de otros detectores en lugares profundos, como el canadiense Snolab (antes Sudbury) o el italiano Gran Sasso.

El megaproyecto está financiado con fondos públicos, en su mayor parte a través del Departamento de Energía, y también con aportaciones del Estado de Dakota del Sur y donaciones como la del mecenas Denny Sanford, que dio nombre al laboratorio subterráneo en la antigua mina. Sin embargo, como en todos los grandes proyectos, el aspecto económico es un problema. Han aumentado los costes previstos sobre los 2.600 millones de dólares presupuestados, en parte porque los socios internacionales remolonean en concretar su participación, y se teme que el proyecto tenga que retrasarse o recortar sus objetivos iniciales. La pandemia del coronavirus tampoco ayuda.

Por otra parte, que empiece la excavación a gran escala constituye un hito en el proyecto científico pero desde hace años están en marcha los preparativos para construir el laboratorio. La cooperación con el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), otra gran instalación científica, es estrecha y en sus instalaciones junto a Ginebra se están ensayando los prototipos de detectores que se instalarán en Sanford, construidos con piezas procedentes de varios países. "La comunidad de física de partículas está preparándose de varias formas para cuando esté listo DUNE", ha comentado Stefan Soldner-Rembold, de la Unversidad de Manchester y portavoz de esta infraestructura. "Es un ejemplo estupendo de colaboración; mientras se excava en Dakota del Sur, los socios de DUNE en todo el mundo están diseñando y construyendo las partes de los detectores".

En la propia mina se han ensayado a pequeña escala las explosiones controladas para ensanchar las cavernas. El plan es subir las rocas a la superficie por un elevador, triturarlas y luego transportarlas por la ruta de un antiguo tranvía minero hasta una gigantesca corta a cielo abierto situada en las proximidades, que data de los años 80 del pasado siglo. Todo ello hay que hacerlo con el menor impacto ambiental posible y sin trastocar los otros experimentos que se llevan a cabo en la antigua mina. La excavación durará unos tres años y se espera que el detector esté listo en 2026.

embargo, vendrá después de que esté terminada la obra civil, porque los detectores contendrán unas 70.000 toneladas de argón líquido, que debe mantenerse a 184 grados bajo cero. Como hacer llegar el argón a tal profundidad y cómo mantenerlo a esa bajísima temperatura solo es posible con tecnologías que derivan de las utilizadas en la industria del gas natural. Los físicos de partículas, sin embargo, tienen ya una amplia experiencia con estos sistemas criogénicos que luego encuentran aplicaciones en otros aspectos técnicos no ligados a la investigación física, como por ejemplo en medicina.

24/11/2020 07:48

Cómo la ciencia está desentrañando el misterio de los rayos y las tormentas eléctricas

Diferentes grupos de investigadores están estudiando el poder destructivo de truenos y rayos, que cada vez son más frecuentes

 

Imagínese que está tumbado un hermoso día en una verde colina viendo las nubes pasar. Seguramente esté pensando en nubes de tipo cúmulo, esas que parecen suaves bolas de algodón. Su aspecto es de lo más inocente. Sin embargo, pueden convertirse en los más formidables cumulonimbos. De esos monstruos salen los rayos y los truenos. Son poderosos, destructivos, e intensamente misteriosos. También hay indicios de que cada vez son más frecuentes. Por ello, entender su funcionamiento ‒y su efecto en el mundo de los seres humanos, incluido cómo construimos los edificios y los tendidos eléctricos‒ es más importante que nunca.

Muchas nubes se forman cuando el aire caliente asciende a grandes alturas, donde se enfría y se condensa en gotitas de agua. Las tormentas se producen cuando una nube que se está formando por este proceso crece y se agranda muy rápidamente, absorbiendo cada vez más vapor de agua. A ello le suelen seguir precipitaciones y fuertes ráfagas de viento. Y, por supuesto, los rayos. Aunque aparentemente son un fenómeno bastante escaso, ha tenido lugar unas 700 veces ‒en la Tierra caen unos 100 rayos por segundo‒ en algún lugar del planeta en el tiempo que usted ha tardado en leer esta frase.

Al parecer, los rayos y las tormentas son cada vez más habituales, y hay indicios de que la tendencia continuará como consecuencia del calentamiento global. En 2014, David Romps, catedrático de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), elaboró un modelo atmosférico que predecía que los rayos aumentarían un 12% por cada grado de aumento de la temperatura de la Tierra. Diversas señales indican que esto podría estar sucediendo ya. En Holanda, varios investigadores han observado el número de incendios en los bosques de Alaska y Canadá originados por un rayo y han descubierto que ha aumentado entre un 2% y un 4% anual a lo largo de los últimos 40 años.

Los rayos son algo que no acabamos de entender. Si, por ejemplo, filmásemos la caída uno de ellos y la proyectásemos a cámara superlenta, veríamos que avanza a saltos. Según Alejandro Luque, del Instituto de Astrofísica de Andalucía en Granada, se detiene un instante a intervalos antes de seguir avanzando. Ignoramos por qué ocurre esto. Luque comenta que hay unos cuantos artículos sobre el tema, pero, en realidad, ninguna teoría aceptada.

Los espectros rojos

No obstante, el investigador cree que puede tener algunas de las claves del problema gracias a sus estudios sobre un fenómeno eléctrico todavía más increíble pero que se conoce mejor: los espectros rojos.

Los espectros rojos son inmensos chorros de luz coloreada que se forman a entre 50 y 90 kilómetros de altura sobre la superficie de la tierra, mucho más arriba que las tormentas. Durante años se dudó de su existencia, ya que son difíciles de ver desde el suelo. Luque los ha estudiado principalmente observando fotografías tomadas por aviones de investigación

Aunque son menos conocidos que los rayos, la física de los espectros rojos es más fácil de estudiar porque a tales alturas hay poco aire, de manera que las descargas eléctricas se producen más lentamente y a temperaturas más bajas. Los rayos originan temperaturas superiores a las de la superficie del Sol. En cambio, los canales de descarga de los espectros rojos tienen “más o menos la misma temperatura que el aire que los rodea”, afirma el investigador.

Los canales de los espectros rojos están formados por filamentos diminutos llamados “serpentinas”. En la propagación de estas, algunos de sus puntos resplandecen con más brillo y persistencia. Luque explica que, en estos fenómenos eléctricos, el intenso resplandor se debe al comportamiento de los electrones. En algunas zonas de la serpentina, los electrones se adhieren a moléculas de aire, lo cual incrementa la fuerza del campo eléctrico produciendo una luz más intensa.

Los saltos

Esta explicación no admite discusión, asegura Luque, pero lo que no sabemos es si un proceso análogo podría explicar ‒como sospecha el astrofísico‒ por qué los rayos avanzan a saltos. En el contexto de estos últimos, a alturas inferiores hay más moléculas de aire, y es posible que la incorporación de los electrones a ellas se produzca de una manera algo diferente, dando como resultado el patrón “a saltos”. Luque quiere verificarlo con su proyecto eLightning.

Luque y su alumno Alejandro Malagón-Romero formularon la hipótesis en 2019. Ahora su equipo trabaja en el desarrollo de un modelo computacional de los rayos para comprobar si el proceso que predicen puede explicar el comportamiento discontinuo.

Saber por qué los rayos avanzan a saltos no va a ayudarnos a conseguir que sean menos peligrosos, pero Luque opina que entender mejor el fenómeno quizá sea útil en muchos otros campos. Por ejemplo, las descargas pueden formarse alrededor de los tendidos eléctricos. En consecuencia, hay que diseñarlos para reducir el riesgo al mínimo. Estas descargas también se utilizan en la industria, por ejemplo, en el tratamiento de los gases residuales e incluso en las fotocopias. Entender mejor cómo funcionan podría tener como resultado una mejora de los diseños.

Puede parecer que los rayos son el arma más peligrosa del arsenal de una tormenta eléctrica, pero estas tempestades también pueden desatar vientos extraordinariamente fuertes.

El tiempo atmosférico de Europa está dominado por sistemas meteorológicos conocidos como ciclones extratropicales. Se trata de corrientes de aire en espiral que traen consigo viento y lluvia cuando atraviesan una zona. En una ciudad europea se producen por término medio entre 70 y 90 al año, y los científicos conocen bien su funcionamiento. Estas tormentas pueden ser fuertes, pero no siempre lo son.

Cada vez que se construye un edifico en Europa, los arquitectos tienen que asegurarse de que es capaz de soportar vientos fuertes, y el modelo que utilizan para ello se basa en los ciclones extratropicales. El problema es que no tienen en cuenta los vientos considerados poco frecuentes, como los que acompañan a las tormentas eléctricas.

Las tormentas eléctricas

Para entender por qué esto es importante hay que conocer la diferencia entre ciclones y tormentas. En primer lugar, las tormentas son más intensas que los ciclones. Mientras que un ciclón puede durar tres días, una tormenta puede haber pasado en 20 minutos. Por eso, en vez de con un viento moderado y continuo, nos encontramos con una tanda de ráfagas muy poderosas. En segundo lugar, más importante aún es que la fuerza del viento varía dependiendo de la altura. Los ciclones son más fuertes cuanto mayor es la altura. Las tormentas, por su parte, suelen originar vientos que arrancan a unos 100 metros de altura y soplan hacia abajo con más fuerza a medida que descienden. “Un viento normal sopla en paralelo a la superficie de la tierra, mientras que una tormenta sopla hacia abajo. Es totalmente distinto”, explica Giovanni Solari, profesor de la Universidad de Génova, en Italia.

Tomando estas consideraciones en conjunto, prosigue Solari, el resultado es que la ingeniería se esfuerza excesivamente en los edificios más altos, principalmente los rascacielos, y demasiado poco en las construcciones y estructuras de menor altura, como las grúas de los astilleros. Los 200 metros superiores de un rascacielos de 300 metros probablemente no reciban el empuje de una tormenta, pero los diseñamos como si fuesen a recibirlo porque nuestro modelo da por sentado que, a más altura, más fuerte es el viento. “Estamos construyendo edificios demasiado seguros”, concluye. Por otro lado, una tormenta puede volcar una grúa, ya que produce el viento más fuerte a nivel del suelo.

El objetivo de Solari con su proyecto THUNDERR es corregir esta tendencia desarrollando un modelo de viento de tormenta que se pueda utilizar para ayudar a diseñar edificios. De este modo, aumentaría la eficacia de las construcciones y se reducirían sus costes. El primer paso fue basarse en una tormenta artificial creada en uno de los túneles de viento más avanzados del mundo en la Universidad de Ontario, en Canadá, y elaborar un modelo de la misma. Según Solari, esa fase ya ha concluido, y su modelo logró reflejar con verosimilitud cómo funcionan las tormentas artificiales. Pero eso era la parte fácil.

Actualmente, el ingeniero ha pasado a modelizar tormentas reales, que varían enormemente entre sí. Como apoyo, él y su equipo han construido una red de 45 torres meteorológicas alrededor de la costa mediterránea, diseñadas para recopilar datos de los vientos producidos por las tormentas.

“Antes se pensaba que las tormentas eléctricas eran poco frecuentes”, observa Solari. “La razón era que no podíamos verlas. La red ha generado una base de datos con 250 registros de tormentas. Ahora el plan es ajustar el modelo inicial para que tenga en cuenta todas esas tormentas diferentes y sea verdaderamente representativo”.

Por Caleb Davies

03 nov 2020 - 2:30 COT

Este artículo ha sido originalmente publicado en inglés en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE. La investigación de este artículo fue financiada por la UE.

Traducción de NewsClips.

La presión de EE UU para evitar el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares

Una vez aprobado el Tratado de Prohibición de las armas nucleares, el gobierno norteamericano ha intentado impedir que se consiguieran las cincuenta ratificaciones necesarias para su entrada en vigor.

Xavier BohigasTeresa de Fortuny

Centre Delàs d'Estudis per la Pau.

Teresa de Fortuny

Centre Delàs d'Estudis per la Pau.

1 nov 2020 06:51

Este 24 de octubre se logró el número mínimo exigido de cincuenta ratificaciones para que el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (TPAN) entre en vigor. Este tratado se aprobó en la Asamblea General de Naciones Unidas el 7 de julio de 2017, con 122 votos a favor, una abstención y un voto en contra.

El camino para llegar hasta aquí ha sido largo y lleno de obstáculos, sobre todo debido a la oposición de ciertos estados. En este artículo nos fijaremos en la actuación de Estados Unidos para evitar la consecución de un tratado que prohíba el armamento nuclear.

Mucho tiempo atrás, algunos países ya pedían en la Asamblea de la ONU que se iniciara un proceso de negociación que desembocara en un tratado de estas características. En ese momento aquellos intentos no prosperaron porque, por una parte chocaron con la negativa de varios estados nucleares y sus aliados y, por otra parte, no encontraron suficiente apoyo entre el resto de países. Ya desde los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, la sociedad civil también se ha movilizado en contra del armamento nuclear. Pero estos últimos años esta movilización se ha fortalecido y se han creado varias entidades que han dado un impulso notable al movimiento. Una de las entidades que ha trabajado más en este sentido ha sido ICAN (International Campaign against Nuclear weapons). A finales de 2017 recibió el premio Nobel de la Paz, en reconocimiento a esta tarea.


Desde el año 1968 el desarme nuclear se ha debatido en el marco del Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP), cuyo Artículo VI estipula que los Estados Parte se comprometen a emprender negociaciones sobre un tratado de desarme general y completo. El TNP dispone que los únicos estados que pueden poseer armas nucleares son EE UU, URSS (ahora Rusia), China, Reino Unido y Francia y prohíbe su posesión al resto de países adheridos. No es, pues, un tratado de prohibición. Los estados nuclearmente armados signatarios del TNP siempre han alegado que un tratado de prohibición minaría el TNP. Es difícil de entender como los esfuerzos destinados al pleno cumplimiento del artículo VI del TNP pueden debilitarlo. Los otros estados posesores de armas nucleares, Pakistán, India, Israel y Corea del Norte, no están adheridos al TNP.

Hagamos un poco de cronología de los últimos años, de la conducta de EE UU en cuanto al desarme nuclear.

El año 2015 ya se entreveía la viabilidad de llegar a un tratado de prohibición. Durante la primavera de ese año se celebró en Nueva York la novena Conferencia de revisión del TNP, que generó grandes expectativas respecto a dos cuestiones. Por un lado, que se declarase Oriente Medio como Zona Libre de Armas Nucleares (ZLAN). Por otro lado, estaba la esperanza de dar un impulso significativo al desarme nuclear. El borrador del Documento Final planteaba la celebración de una conferencia, antes de marzo de 2016, para crear la ZLAN en Oriente Medio y también una propuesta no demasiada ambiciosa de desarme. Pero el Documento Final no se aprobó puesto que EE UU, Reino Unido y Canadá se negaron a que se fijara un plazo para la realización de aquella conferencia de creación de la ZLAN. Estados Unidos y sus aliados defendieron los intereses de Israel, que siempre se ha opuesto a crear una ZLAN en Oriente Medio. De rebote, tampoco se aprobó el apoyo al desarme.

El 27 de octubre de 2016 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución donde se estipulaba que en 2017 se celebraría una conferencia para iniciar las negociaciones sobre un tratado de eliminación y prohibición de las armas nucleares. Hubo 123 votos a favor, 38 en contra y 16 abstenciones. Todos los estados de la OTAN votaron en contra, salvo Países Bajos, que se abstuvo. Una nota elaborada por la delegación de EE UU en la OTAN y dirigida al resto de estados miembros explica el origen del voto de los miembros de la Alianza. La nota está datada del 17 de octubre, anterior por lo tanto, a la asamblea donde se acordó la resolución. En esa nota, el representante de EE UU en la OTAN pide con firmeza al resto de aliados y también a sus estados amigos, que voten en contra de la resolución y no únicamente que se abstengan. Incluso se les pide que, en caso de que se inicien negociaciones, no participen en ellas. Les recuerda que la disuasión nuclear es uno de los pilares de la política de la Alianza y que, por lo tanto, un tratado de prohibición de armas nucleares iría en contra de la política de la OTAN. La nota fue bastante eficaz, visto el resultado de la votación del 27 de octubre en Naciones Unidas. En aquella votación, no todos los estados nuclearmente armados votaron en el mismo sentido: EE UU, Rusia, Gran Bretaña, Francia e Israel se opusieron a la resolución, pero China, India y Pakistán se abstuvieron. Y Corea del Norte votó a favor. Meses más tarde, en la conferencia de negociaciones de 2017, previas a la aprobación del Tratado, no asistió ningún miembro de la OTAN, salvo Países Bajos. Obedecieron disciplinadamente la consigna explícita de EE UU.

Una vez aprobado el Tratado de Prohibición, el gobierno norteamericano ha intentado impedir que se consiguieran las cincuenta ratificaciones necesarias para su entrada en vigor. Ya en agosto de 2017, pocas semanas después de la aprobación, el Secretario de Defensa de EE UU envió una carta al ministro sueco de Defensa, en que le advertía que si Suecia firmaba el Tratado, la cooperación en defensa entre los dos países saldría perjudicada.

A punto ya de llegar a la cifra de 50 ratificaciones, el 22 de octubre de 2020, The Associated Press informaba que EE UU está presionando estados que ya han ratificado el TPAN, para que se retiren del Tratado. Les ha dirigido una carta en que se afirma: “A pesar de que reconocemos vuestro derecho soberano a ratificar el TPAN, creemos que habéis cometido un error estratégico y que tenéis que retirar vuestra ratificación”.

No se puede descartar que haya habido otras medidas de presión, pero que no hayan transcendido. Si repasamos las fechas de las que sí conocemos, observamos la coincidencia entre las Administraciones Obama y Trump respecto la voluntad de frustrar la llegada a buen término del TPAN. Ello se debe a que la política de defensa norteamericana tiene como uno de sus pilares fundamentales la disuasión nuclear. Por esta razón se han esforzado tanto a evitar que las armas nucleares estén prohibidas por el derecho internacional.

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Rand y el Pentágono usan el petróleo como arma para doblegar a Rusia ¿y a México?

La trascendente industria del petróleo/gas en EU contrata a 10.3 millones de trabajadores, donde resaltan 600 mil en Pensilvania, cuyos 20 votos electorales pueden decidir la elección presidencial.

Al menos que el todavía puntero Joe Biden haya sucumbido a las fuertes presiones del ala izquierda del partido Demócrata –la dupla Bernie Sanders/Alexandria Ocasio-Cortez que se pronuncia por la energía renovable, debido al cambio climático– se arriesgó demasiado con su "transición del petróleo a los renovables" en los próximos 15 años. Su plan tendría un colosal costo de 2 millones de millones de dólares.

Se esté a favor o en contra de los fósiles o de los renovables, el timing del pronunciamiento de Biden en el último debate puede afectarle en los estados petroleros que abusan del fracking, como Pensilvania (20 votos electorales), Texas (38), Oklahoma (siete ) y Ohio (18).

En EU la industria del petróleo/gas constituye 8 por ciento de su PIB nominal de 21 millones de millones de dólares. México ostenta un PIB de 1.04 millones de millones de dólares ( ranking del FMI), equivalente a 1.6 veces la industria del petróleo/gas de EU.

Los ignaros apátridas neoliberales desconocen que la industria del petróleo/gas es la mayor del mundo: casi 4 por ciento del PIB global –3.3 millones de millones de dólares– del total de 84 millones de millones de dólares (https://bit.ly/34w55bV). En EU –que con Rusia y Arabia Saudí producen 33 millones de barriles diarios (MBD): 54 por ciento del total global– sus ingresos ascendieron a 181 mil millones de dólares en 2018.

Puesto a la defensiva, Biden luego explicó que se refería a los "subsidios de los combustibles", ya que la energía fósil aún durará largo tiempo cuando busca que EU alcance emisiones netas de cero carbón hasta 2050 y sea sustituida por los renovables. Dejo de lado las volteretas acrobáticas de Biden sobre el fracking que sólo "apoya" cuando se refiere a Pensilvania. El consejero económico de la Casa Blanca, el sinófobo Larry Kudlow desechó como absurdas las sugerencias de Biden de desmantelar la industria del petróleo/gas en EU en tan sólo "15 años": “los renovables son menos de 10 por ciento de nuestra energía total. Y no pueden rehacer todo en sólo 15 años (https://bit.ly/2J77ktP)”. Kudlow advirtió que al corte de caja de hoy el "precio de los renovables no es favorable" ya que el "gas natural es muy barato (sic)". En efecto, con o sin pandemia, el gas natural se ha cotizado exageradamente bajo y ha oscilado entre 2 dólares y 3 dólares/MMBtu.

El desplome del precio del gas se debe más a consideraciones geopolíticas –lo cual abordé en mi libro Los cinco precios del petróleo (https://bit.ly/34z7qTy)”– para dañar deliberadamente a Rusia, la mayor potencia gasera del planeta, lo cual, por efecto secundario, beneficia a China, con quien opera Moscú una complementariedad energética.

Un grave defecto del debate sobre la "transición del petróleo a los renovables" –que tarde o temprano ocurrirá: más aún con el advenimiento de la industria del hidrogeno– radica en el lecho de Procusto mental de las partes interesadas, en especial las conocidas y depredadoras empresas trasnacionales que practican un trivial "análisis costo-beneficio" y dejan de lado a la trascendente geopolítica, como enuncia un reciente reporte del muy influyente think tank RAND, en coordinación con el Pentágono, que no ocultan sus "medidas" para aniquilar la industria del petróleo/gas de Rusia como arma geoestratégica (https://bit.ly/37KJVIW).

Curiosamente, China, con mil 400 millones de habitantes a cuestas, ejerce un pluralismo energético y se ha posicionado como la primera potencia mundial en renovables, sin por ello abandonar sus importaciones de "oro negro" de Irán y Arabia Saudí.

Peor aún: quienes fustigan sin conocimiento integral a la industria del petróleo/gas pasan por alto que forma parte de la "seguridad nacional" de las tres superpotencias del planeta: EU/Rusia/China.

Por desgracia, el término jerárquicamente transcendental de "seguridad nacional" lo ignoran, a su cuenta y riesgo, los aldeanos neoliberales desde México hasta Chile.

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Domingo, 25 Octubre 2020 06:06

El uranio y los soviéticos

El uranio y los soviéticos

Desde el surgimiento de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), entre los países que la formaron, existió un gran interés en el desarrollo de las ciencias. Y también, mantuvieron una política de intercambio de información y conocimiento con otras naciones. Algo que pocos países llevaron a cabo. Sin embargo, las innumerables guerras entre gobiernos capitalistas y aquellos que buscaron la vía al socialismo, obligó a la ex URSS a incrementar sus estudios sobre las armas no convencionales.

Los avances en la fabricación de armas nucleares fueron y han sido un motivo, hasta hoy, de distanciamiento, de competencia y de acusaciones por parte de los enemigos de lo que fue la URSS.

Uno de los peores ejemplos ha sido la utilización del uranio como arma letal. En la Segunda Guerra Mundial (II GM) surge la gran tentación de utilizar los conocimientos de la energía nuclear para la fabricación de la bomba atómica, con la finalidad de dominar mediante la destrucción masiva.

Inglaterra y Estados Unidos, durante la II GM se unieron para fabricar el arma más poderosa que puso en grave peligro a la humanidad. El concepto "lesa humanidad" describe las graves violaciones en contra de los derechos humanos. Y aun estando en guerra, la destrucción que causó la bomba atómica en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki no justificó tan grave crimen contra la población. El objetivo no fueron las bases militares ni los campos de operación de misiles, fue la población civil.

Los países protagonistas de la II GM sufrieron una debacle social y económica profunda. No terminaban de reorganizarse los más afectados, como la ex URSS, cuando Estados Unidos e Inglaterra ya se preparaban para la fabricación de bombas, aún más mortales. Sin miramientos recurrirían al hidrógeno.

La finalidad era someter a la Unión Soviética al dominio de estos dos países capitalistas que veían en la URSS una gran competencia, no sólo en el sentido ideológico y político, sino en su desarrollo económico. El ejemplo que infundió temor en ambas naciones fue la enorme resistencia y movilización bélica que demostró el país comunista, el cual perfilaba, también, para una carrera espacial exitosa y amenazante para el bloque capitalista del Occidente.

Fueron innumerables las tácticas que planificaron para acabar con el socialismo. Aunque, para ganar la guerra a la Alemania nazi, aceptaron y reconocieron abiertamente la participación de los comunistas rusos. Es importante resaltar que la intervención de la gran cantidad de combatientes siberianos del Ejército Rojo fue determinante para la derrota del nacional socialismo. La defensa decidida de la gran patria fue parte del triunfo definitivo, aunque también generó millones de bajas y muertes de civiles.

Mucho antes de iniciar la II GM, los científicos rusos ya tenían conocimiento de los componentes de lo que sería la bomba atómica. Destacados investigadores como Igor Kurchátov y otros, iniciaron la carrera nuclear. Entre ellos, la participación de Nikolái Nikoláyevich Semiónov, fue de trascendencia para la fabricación de la bomba de uranio. A Semiónov, posteriormente, en 1956, le otorgaron el premio Nobel de Química.

Aún no terminaba la II GM y el presidente Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill ya buscaban rebasar y dominar a la Unión Soviética ganando la carrera nuclear.

El arma, también llamada subcrítica, debido a que potencia la creación de neutrones libres con la ayuda de otros elementos químicos, fue la primera de mayor letalidad porque genera un aceleramiento de la reacción en cadena que destruye zonas determinadas por el choque mecánico, por la onda térmica, así como por la radiactiva. Por estas razones, se inicia una etapa de conspiraciones, espionaje y acciones clandestinas acusando a la URSS de amenazar a la humanidad con armas secretas de destrucción masiva. Por su parte, la Unión Soviética tomó sus precauciones y acciones para defenderse de esas acusaciones.

Organizó un tipo de espionaje que con el tiempo ha sido reconocido como de alto nivel. La llamada inteligencia soviética tenía simpatizantes en el propio territorio estadunidense y en Inglaterra, quienes proporcionaron información a pesar del peligro. La diferencia con el espionaje de EU y el Reino Unido, es que, para los informantes al servicio de los soviéticos, el pago monetario no era el objetivo, lo hacían gratis.

Las colaboraciones se hicieron por simpatía a la URSS y al sistema socialista. Así lo declaró Anatoly Antonovich Yatskov (alias Anatoly Yakovlev), un destacado agente de inteligencia y diplomático soviético que, durante su gestión como cónsul en Nueva York, estuvo al frente del Proyecto Manhattan durante la II GM. Yatskov dirigió en EU las operaciones más delicadas y clandestinas del Ministerio del Interior de la Unión Soviética, o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. Su misión fue recabar información precisa sobre el proceso de desarrollo de la bomba atómica en la instalación militar nuclear de Los Alamos, California. Aunque Yatskov fue identificado como agente de espionaje, pudo regresar a la URSS en 1946, amparado en la inmunidad diplomática.

El uranio y los soviéticos tienen grandes aportes en el estudio de la energía nuclear y grandes historias en el desarrollo de su industria militar."Los agentes (secretos) siempre daban prioridad a los científicos" "Aunque consiguieras traerte una bomba atómica entera por piezas, todavía hay que armarla, ¿verdad? Y también hay que ponerla en producción, lo que tampoco es fácil. ¡No basta con robar un plano y listo!", esto declaró en una entrevista, el coronel retirado Mijaíl Liubímov.

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