El Curiosity revitalizó la NASA, que estaba inmersa en descrédito

Washington, 21 de diciembre. “Aterrizaje confirmado”, gritó el ingeniero Allen Chen. “Estamos seguros en Marte”. El cambio llegó por una señal de muy alta frecuencia. A través de una sonda y varias antenas, el esperado sonido alcanzó el 6 de agosto de 2012 el centro de control de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) en la ciudad de Pasadena, California.

 

Tras seis años de trabajo de desarrollo y un vuelo de ocho meses por el espacio, el vehículo robot Curiosity aterrizó sobre el planeta rojo, y entre el júbilo que se vivía en el centro de control se mezcló ante todo un sentimiento: alivio.ity

 

La NASA no estaba viviendo sus mejores momentos: fuertes recortes presupuestarios y el final de la era de los prestigiosos transbordadores, que viajaron al espacio durante 30 años, minaron la confianza de la agencia. Las noticias de éxitos eran una rareza y se buscaba con urgencia una nueva misión que entusiasmara por igual a científicos y aficionados a la astronáutica.

 

“Muchos dijeron que la NASA perdió su camino, que ya no sabemos cómo se investiga y que no tenemos más valor”, dijo John Grunsfeld, administrador asociado de la NASA. Por este motivo, todas las esperanzas estaban puestas sobre un robot con seis ruedas y 900 kilogramos de peso: el Curiosity (curiosidad).

 

A raíz de los recortes presupuestarios, la misión de 2 mil 500 millones de dólares es “la última de las misiones planetarias de la NASA en el futuro cercano”, según el diario The New York Times, y era extremadamente arriesgada. Sólo con una falla el Curiosity se habría convertido en un montón de chatarra y la NASA habría sufrido un nuevo gran fracaso.

 

Pero el vehículo robot logró aterrizar en la superficie marciana y, de golpe, volvió a poner en la senda del éxito a la agencia espacial estadunidense. “Ahora podemos decir que la NASA sabe cómo se investiga. Hemos investigado y estamos en Marte”, reviró Grunsfeld.

 

Nuevos proyectos

 

Se había colocado la piedra fundamental para una misión tripulada a Marte en las próximas dos décadas. Y en el entusiasmo del éxito del Curiosity, la NASA anunció una serie de nuevos proyectos: en 2020 se lanzará el próximo vehículo robot a Marte y hasta 2018 deberán ponerse en marcha nuevas misiones, entre otras, para la exploración de la atmósfera alta de ese planeta. Algunos de estos planes se realizarán en colaboración con la Agencia Espacial Europea.

 


Pero el Curiosity no sólo se posó seguro sobre Marte, sino superó todas las expectativas: en los primeros segundos envió fotografías en blanco y negro, y poco después siguieron las fotos a color, panorámicas, videos y las primeras mediciones. Se ofreció una conferencia de prensa tras otra, en las que se anunciaban éxitos en cascada: el Curiosity se traslada, el Curiosity cava, el Curiosity emite rayos láser.

 

El vehículo descubrió un lecho de río seco, superó tormentas, mide viento, condiciones meteorológicas, aire y presión y envía miles de datos a los entusiasmados investigadores en Tierra. Pero no sólo científicos, sino también cientos de miles de aficionados a temas espaciales lo siguen mediante Twitter o Facebook.

 

Información accesible

 

Además, el vehículo robot también pule la imagen de la NASA. Ya no hay científicos vestidos con traje y gafas que dicen cosas ininteligibles, sino investigadores jóvenes con camisas polo sentados en el centro de control y en los estrados en las conferencia de prensa. Con términos simples, explican la misión, hacen bromas y envían fotografías por Twitter.

 

Uno hasta se hizo famoso gracias al Curiosity. Bobak Ferdowsi se convirtió en un astro en Internet al lucir un peinado mohicano en el centro de control, durante el aterrizaje de la nave en Marte.

 

Ferdowsi recibió incluso propuestas matrimoniales y tiene un programa de radio propio.

 

En 2013, si todo sigue como se espera, el Curiosity continuará conociendo el planeta rojo. Y es que pese al gran entusiasmo, el propósito de esta misión, prevista para dos años, está lejos de ser alcanzado. El vehículo robot aún no descubrió señales de vida, si bien una primera información abre grandes esperanzas: halló moléculas orgánicas.

 

Sin embargo, primero se debe determinar si éstas realmente proceden de Marte antes de que la NASA pueda volver a celebrar otro éxito.


Dpa

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Corea del Norte celebra su exitoso lanzamiento de un cohete de largo alcance

Corea del Norte organizó hoy un evento multitudinario en la plaza Kim Il-sung de Pyongyang para celebrar que el país ha logrado por primera vez en su historia poner en órbita un satélite, informó la agencia estatal KCNA.


 
Miles de ciudadanos y militares se concentraron en la principal plaza de la capital para aplaudir los discursos de altas autoridades del Partido de los Trabajadores, el Estado y el Ejército, y loar a sus líderes, en un país caracterizado por el extremo culto a la personalidad de sus dirigentes.


A pesar de las bajas temperaturas, la gigantesca plaza aparecía abarrotada, con carteles rojos de varios metros que exponían su apoyo a los líderes y celebraban el éxito del lanzamiento del Kwangmyongsong-3 (Estrella brillante-3).


 
La KCNA citó a representantes de diversos estamentos del país al afirmar que el logro espacial "es un regalo de la lealtad brindado por el partido, el Ejército y el pueblo de Corea del Norte al líder Kim Jong Il", de cuyo fallecimiento se cumplirá un año el próximo lunes.


 
El Ejército y el pueblo norcoreanos "avanzan de forma dinámica hacia la causa justa causa", indicó la agencia, que aseguró que "poseer disuasión nuclear, un cohete portador y un satélite en funcionamiento servirán para construir un país socialista próspero y poderoso" en una Corea reunificada.
 


"No hay fuerza en la tierra que pueda cuestionar la decisión independiente del Songun (política consistente en dar prioridad al Ejército) de Corea con base en una poderosa garantía militar", añadió.


 
No obstante, el régimen norcoreano insistió a través de su agencia estatal en que la puesta en órbita el miércoles del satélite Kwangmyongsong-3 tiene fines exclusivamente pacíficos, en contra de las críticas de la comunidad internacional.


 
Corea del Sur, EE UU, Japón y un amplio número de países consideran que el lanzamiento del cohete de largo alcance norcoreano Unha-3 que portaba el satélite encubre un ensayo de misiles balísticos que violaría dos resoluciones de la ONU.


 
A la espera de que se confirme el funcionamiento del satélite, el lanzamiento exitoso de Corea del Norte situaría al país como el undécimo en la historia capaz de poner en la órbita terrestre uno de estos dispositivos con un cohete propio desde su territorio.

 


EFE Seúl 14 DIC 2012 - 09:02 CET

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“Los espacios están llenos de poder, son un producto de las relaciones sociales”

En el mundo, con los vínculos financieros, o en la intimidad, con la diferencia entre la cocina y una oficina. La investigadora británica propone otra mirada sobre los espacios: la que tiene que ver con el poder. Así, analiza el neoliberalismo, la globalización y la multipolaridad. Reivindica los nuevos espacios de poder en América latina y cuenta cómo sus conceptos teóricos son aplicados en las reformas territoriales de Venezuela.


–Usted suele repetir un lema: “La geografía importa” (Geography matters!). ¿Por qué y para qué es importante hoy la geografía?

 

–Importa en principio porque la geografía de una sociedad hace una diferencia a la organización de la sociedad. El desarrollo desigual dentro de un país hace una diferencia en relación con cómo funciona esa sociedad. Por ejemplo, si hay personas jóvenes que no tienen acceso a la cultura, van a tener dificultades para entrar en determinados espacios, como los grandes museos o lugares por el estilo, espacios oficiales del arte; esta dificultad empeora la exclusión. La organización del espacio tiene efectos sobre la posición social de las personas. El espacio es un producto social y a su vez tiene efectos sobre lo social. Porque el espacio está lleno de poder. Cada día producimos el espacio. A nivel global, por ejemplo, están los vínculos financieros, y aun dentro del espacio íntimo, la diferencia entre la cocina y una oficina marcan estas relaciones de poder. En Europa, por ejemplo, en este momento un aspecto importante del problema es espacial, porque no pueden diseñar una arquitectura financiera que ataque al desarrollo desigual entre países, es el problema fundamental, es geográfico, pero no pueden manejarlo.

 

–¿Cómo se enmarca la crisis griega en esta situación geográfica que describe?

 

–Creo que el problema para los griegos es el resultado de que la arquitectura de la Unión Europea falla, porque no puede resolver el problema del desarrollo desigual entre países. Aparece como un problema del país, pero en realidad es un problema que está a nivel de la organización europea, no es individual de Grecia. Como en Grecia no pudieron devaluar su moneda, tuvieron que devaluar a su gente. Entonces, el problema de no poder manejar estas cuestiones geográficas produce efectos terribles. Mi argumento también es que en términos del poder de las elites de Europa, están fomentando políticas nacionalistas, y en lugar de acusar a los bancos y al FMI, la gente de Grecia está acusando a Alemania, y la gente de España también le echa la culpa a Alemania. Entonces, están convirtiendo lo que es una responsabilidad de los bancos en un problema donde la gente de diferentes países están luchando unos contra otros. De esta manera, la imaginación geográfica, mediante las identidades nacionales, está siendo usada para enfrentar a un pueblo contra otro.

 

–Desde una perspectiva geográfica, ¿cómo ve este fenómeno que hoy se nombra como “globalización”?

 

–En primer lugar, yo diría que el término “globalización” debería ser nombrado junto a un adjetivo, porque lo que hoy tenemos es una “globalización neoliberal”. Entonces, el problema no es el hecho de ser global, sino la forma de serlo. Es importante pensar en distinguir estas cuestiones. En segundo lugar, creo que necesitamos enfocar esta versión de la globalización con un mundo multipolar. Para mí es importante la idea de multipolaridad porque es un intento de decir: “Sí, queremos ser internacionalistas, globales, pero queremos ser globales de una manera diferente, no de una forma neoliberal”.

 

–¿A qué se refiere con multipolaridad?

 

–Es bueno aclarar esta idea, porque detecto en el debate actual diferentes interpretaciones. Creo que alguna gente, con multipolaridad sólo quiere decir que hay variaciones en el mundo, que algunos lugares son diferentes de otros. Pero para mí la cuestión de la multipolaridad es esencialmente política, es una cuestión que surge en una era unipolar, en la que Estados Unidos y el neoliberalismo eran completamente dominantes. Entonces, la pregunta para mí es “¿podemos establecer multipolaridad en el sentido de tener otras alternativas al neoliberalismo?” Así no hay un solo centro de poder en el mundo. Hay manifestaciones que muestran que otras maneras de organización en la sociedad son posibles. Por eso es que la cuestión de la multipolaridad está siendo encarada acá en Latinoamérica. Pero no todo el mundo piensa así. ¿Podemos realmente ser un desafío a la hegemonía del liberalismo en un nivel internacional? La multipolaridad para mí es más que un reconocimiento de las diferencias. Se necesita un desafío real a la dominancia de la unipolaridad. En este momento parece haber una sola forma de la economía, que es la del mercado libre, la del neoliberalismo. Desde ese lugar, cuando dicen que no hay alternativa, quieren decir que hay sólo una manera de organizar la economía y la sociedad. Es un tema casi filosófico, el espacio es la dimensión de la multiplicidad, el espacio es la dimensión en que muchas cosas existen al mismo tiempo. Lo que hace el liberalismo y algunas de las versiones de la modernidad es arreglar las diferencias geográficas en una sola dirección histórica, mostrando que sólo hay una posibilidad. Abrirse a la multiplicidad implica espacializarse, abrirse a la posibilidad de la multipolaridad.

 

–Pero ¿qué sería reconocer que hay más que diversidad?

 

–Creo que el desafío real es a los principios del neoliberalismo, particularmente la idea de que el mercado es algo natural, que está por fuera de lo social, algo que no se debe debatir, como una fuerza de la naturaleza. Y esto es lo que establece el neoliberalismo, es el mercado. Lo primero que hay que hacer es desafiar esto. Segundo, debemos desarrollar a un sentido multipolar, necesitamos desarrollar modos de organizar la sociedad, que tengan sus propias trayectorias, sus propias dinámicas, que no sean sólo una variación del neoliberalismo, algo centralmente diferente con una economía social que tenga una dinámica particular. Y tercero, tiene que ser sostenible. Porque nosotros en Europa acostumbrábamos pensar que la socialdemocracia era una alternativa al neoliberalismo. Pero la socialdemocracia falló completamente por diferentes razones, pero principalmente porque no fue lo suficientemente radical a nivel económico, no desafiaba al mercado, y además no estableció una base social lo suficientemente fuerte. Por eso fue insostenible económica y socialmente.

 

–De alguna manera, usted reconceptualizó la idea de lugar. ¿De qué manera los lugares pueden tener un sentido global?

 

–Como geógrafa, por un lado quiero reconocer las especificidades de los espacios, amo los lugares y las diferencias entre ellos. Pero por el otro lado quiero ser internacionalista, tengo intereses en las relaciones globales. Hay un montón de gente que le presta atención a la especificidad de los lugares, desde un lugar típicamente romántico, ese tipo de amor a los lugares se convierte en algo sentimental, esencialista. Yo creo que podemos amar la especificidad de los lugares, pero al mismo tiempo debemos hacer implosionar este tipo de visión romántica y esencialista. Por ejemplo, la “britanidad”. Inglaterra no sería Inglaterra sin las relaciones con el resto del mundo: imperio-colonia, lo bueno y lo malo. Entonces, la identidad de los lugares no es algo que surge del suelo, sino de la relaciones que se mantienen con el resto del mundo. Un lugar no es una cosa cerrada con una identidad esencial, es una articulación específica de relaciones globales y es esa articulación de relaciones más amplias lo que le da su particularidad. La especificidad de los lugares es siempre un producto de cosas más amplias. Y esa especificidad es algo que está en disputa.

 

–Usted introdujo un concepto nuevo en geografía, el de “geometría del poder”. ¿Puede explicar de qué se trata?

 

–Como decía, los espacios están llenos de poder y son un producto de las relaciones sociales, hacemos el espacio todo el tiempo. Pero el poder es siempre un producto relacional, no se trata de que yo tengo poder y usted no, se trata del ejercicio del poder entre personas, entre cosas, entre lugares. El concepto de geometría del poder intenta captar estas cuestiones. El espacio está siempre hecho de las relaciones sociales llenas de poder y, por otro lado, el poder siempre tiene una cartografía, se puede hacer mapas del poder social, político, económico.

 

–Este concepto de “geometría del poder” está siendo utilizado en las reformas territoriales que se llevan a cabo en Venezuela. ¿De qué manera el gobierno de Chávez incorpora sus ideas?

 

–Ellos están usando esta idea de tratar de hacer más igual la geografía del poder político en el país. Y hay muchas maneras de hacer eso. Primero tratan de igualar el poder entre las grandes ciudades de la costa y las más pequeñas que están más alejadas. La idea es darles voz a todos los lugares en el nivel local en la conversación política. Es un proyecto que puede llevar mucho tiempo, pero ellos establecieron las formas institucionales que pueden desarrollar este tipo de poder, ésta es una de las cuestiones. El otro tema central es el desarrollo de los consejos comunales. Cada cuatrocientos hogares puede formarse un consejo comunal. Son generados y operados a través de una democracia participativa. Esto es la autogestión local. La geografía del poder está basada en lo local, y va de abajo hacia arriba, lo que cambia la naturaleza del poder, desde el poder de votar hasta el poder de hacer, de lograr cosas prácticas. Están tratando de pensar acerca de la geografía del poder político en el país, tanto en término de regiones como de ciudades. Por ejemplo, en Caracas hay un sentimiento real, la gente de los barrios pobres por primera vez realmente siente que tiene una voz, y esto es un cambio en la geografía del poder político. Antes los barrios pobres estaban excluidos de la conversación política, no tenían una voz política, y creo que ellos ahora sí la tienen.

 

–¿Le parece que experiencias de América latina, como la formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), es una forma de desarrollar la multipolaridad?

 

–Exactamente. Para mí el establecimiento de la Celac es muy significativo, es la primera organización que incluye a todos los países de América, con excepción de Estados Unidos y Canadá, marca una nueva identidad continental. En Europa, a diferencia de lo que está sucediendo aquí, no hay realmente un sentido de identidad europea. Por otra parte, la Unión Europea es sólo mercado libre y competencia entre países, no tiene que ver con un proyecto común, con relaciones sociales, simplemente neoliberalismo. Yo veo en Latinoamérica un mosaico de alianzas: está la Unasur, ALBA, Petrocaribe, son maneras diferentes de imaginar el espacio que en Europa. Las relaciones pueden significar mutualidad o cooperación, o cambio igualitario, eso no es neoliberal. Y esto también es construir una identidad en el continente, una solidaridad, lo que también permite las diferencias. Sabemos que Bolivia no es lo mismo que Argentina, pero hay una solidaridad. Puede haber diferencias y solidaridad también. Y esto es diferente de lo que sucede en Europa. Por un lado, hay un nuevo tipo de espacio, un nuevo tipo de identidad, pero también creo que esta identidad está comenzando a desafiar al neoliberalismo. Para mí, que lo veo desde Europa, esto es fantástico. Porque lo que está sucediendo es la construcción de una nueva voz, que está diciendo cosas diferentes, y de esta manera está desafiando al neoliberalismo. Por otra parte, hay experimentos de nuevas formas de democracia. Desde Europa, eso da esperanza también, porque el establecer un sentido para este nuevo proyecto, como en Venezuela, realmente depende de la gente. Y este tipo de proyectos son una forma de decir que hay alternativas al neoliberalismo. Lo que está pasando en América latina es diferente. Las preguntas son: ¿es lo suficientemente diferente? ¿Está desafiando las bases? ¿Es sostenible? Esto es realmente una batalla ideológica, una batalla acerca de la imaginación geográfica. La imaginación geográfica en Estados Unidos y Europa les dice que somos todavía el centro del mundo. Lo que me parece más interesante es que desde América latina están planteando algo diferente. Yo estuve en India hace unos años, y ellos hablaban de políticas tecnológicas y en sus discusiones se referían a sus relaciones de competencia con China, nadie mencionó a Estados Unidos o Europa. Esto es increíble y significa que hay realmente posibilidades de desarrollar un mundo multipolar, pero en el caso de India era una cuestión sólo económica. Lo que me gusta de Latinoamérica es que también es un asunto político, un desafío al neoliberalismo.

 

–Usted trabaja en la Open University, una universidad bastante particular en la escena académica de Gran Bretaña, ya que está abierta a la clase obrera. ¿Cómo es trabajar ahí?

 

–Es muy importante para mí estar en la Open University (OU). Yo provengo de una zona pobre del norte, de la clase obrera de Manchester, pero fui a la universidad de Oxford. Aunque realmente amo el trabajo académico, el elitismo de Oxford me hizo pensar en que no quería ser una académica. Entonces, durante varios años trabajé fuera de la universidad haciendo otras cosas, porque pensaba que ser una académica era algo muy elitista. En un momento se presentó la posibilidad de trabajar en la OU, y de esta manera se resolvió mi problema, personalmente porque era un universidad con proyecto político de educación popular y democrática. Es el único lugar en el que pienso que podría ser feliz como académica. Es un proyecto democrático, se puede ir a la OU sin títulos, pero ofrecen el apoyo necesario como para que cada persona pueda alcanzar el nivel universitario. Es una universidad explícitamente antielitista. Y es masiva, tiene miles de estudiantes, en la facultad de ciencias sociales debe haber más de diez mil estudiantes. Para mí es como debería ser la educación en diferentes aspectos, es para cualquiera. En un curso puedo tener una gran variedad de personas, puede haber un diplomático, un ama de casa, un trabajador del puerto, y a mí me encanta eso. Me han ofrecido trabajo en universidades de elite, pero yo siempre continué trabajando en la OU.

 

–Además de su labor académica, usted suele trabajar con artistas.

 

–Sí, trabajé con (el artista danés) Olafur Eliasson, que tiene un estudio en Berlín. Me involucré mucho en proyectos con artistas que están interesados en el espacio. Recién terminamos un film en el que participé (Robinson in Ruins), y también escribí un ensayo que se llama Landscape, Space, Politics (Paisaje, Espacio, Políticas). Lo que tratamos de hacer es pensar sobre cómo leer el paisaje políticamente, sin romantizar, cómo caminar a través de un paisaje y entenderlo, y poder aprender del paisaje qué está sucediendo en la sociedad. Es un proyecto con un sentido político, tiene mucho que ver con la globalización neoliberal, con la crisis financiera y con el reclamo de un cambio. Vanesa Redgrave hizo la locución en la película. Me siento muy afortunada, porque el tema en el que estoy interesada, el espacio y la política, está en todas partes, entonces puedo trabajar con una gran cantidad de personas. Puedo desplegar mis inquietudes en diferentes áreas, y de esta manera aprendo más. Por ejemplo, los artistas piensan muy distinto de mí, y por eso me gusta trabajar con ellos. Tenemos acercamientos muy distintos a los mismos problemas, y para mí eso es maravilloso. Es lo que me mantiene activa, es la manera de abrirse a otras maneras de pensar.

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Logra China su primer acoplamiento automático espacial
Pekín, 18 de junio. China logró este lunes su primer acoplamiento espacial en modo automático con astronautas a bordo, quienes además consiguieron entrar en un módulo, preludio de una futura estación espacial.


La nave Shenzhou (Nave divina) IX, que despegó el sábado de la base de Jiuquan, en el desierto de Gobi, con dos hombres y una mujer a bordo, se acopló al módulo Tiangong-1 (Palacio celestial) poco después de las 6 horas GMT del lunes, según las imágenes difundidas por CCTV.


Unas tres horas más tarde, el jefe de la tripulación, Jing Haipeng, abrió la puerta del módulo espacial e ingresó junto a Liu Wang, primera mujer enviada por China al espacio, quien los siguió un cuarto de hora después.


Los tres astronautas efectuaron operaciones sobre instrumentos a bordo del módulo espacial, interrumpieron su trabajo para posar ante las cámaras mientras en el centro de control en tierra les aplaudían.


El 3 de noviembre pasado, la nave no tripulada Shenzhou VIII se acopló por primera vez a Tiangong-1, lanzado el 29 de septiembre pasado, antes de separarse del módulo y renovar la operación 11 días después.


Tarea principal


La principal tarea de la tripulación de Shenzhou IX, durante esta misión de 13 días, será el acoplamiento manual, otra novedad para China.


Según informaciones de prensa, Shenzhou IX y Tiangong-1 deberían permanecer unidos durante seis días antes de separarse para preparar luego el acoplamiento, a cargo de la tripulación, técnica que podría ser necesaria en caso de fallas en los sistemas automáticos.


La tripulación ensayó la maniobra mil 500, delicada cuando las dos naves giran alrededor de la Tierra a unos 28 mil kilómetros por hora y que pueden destruirse en caso de colisión.


El dominio de la técnica de acoplamiento espacial en órbita alrededor de la Tierra es una etapa crucial en la conquista del espacio, dominada ya por los rusos y los estadunidenses en los años 1960.


Liu, piloto de caza de 33 años con mil 680 horas de vuelo, dirigirá experimentos científicos en el terreno médico y otras pruebas.


Afp

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Larry Page y James Cameron en empresa que busca sacar provecho de asteroides

Un grupo de empresarios, entre ellos el cofundador de Google Larry Page y el cineasta James Cameron, anunciaron el martes la creación de una nueva empresa, Planetary Resources Inc., que busca explotar minerales preciosos y agua en asteroides que pasan cerca de la Tierra.
 

La extracción de riquezas presentes en estos cuerpos celestes, mucho más accesible con las tecnologías actuales, tendrá múltiples repercursiones benéficas para la humanidad y generará una actividad económica de varias decenas de miles de dólares anuales, según la nueva empresa.

 
Sus actividades permitirán explotar fuertes concentraciones de metales raros presentes en los asteroides para convertirlos en un recursos duraderos para la creciente población del planeta.

 
Un asteroide de 500 metros de largo alberga una cantidad de platino equivalente a toda la cantidad de este metal extraída de la Tierra en la historia de la humanidad, afirman los creadores de Planetary Resources Inc.

 
“Muchos de estos metales y minerales raros en nuestro planeta se hallan en cantidad casi ilimitada en el espacio”, subrayó Peter Diamandis, confundador y copresidente de Planetary Resources Inc.
 

“Al tiempo que el acceso a estos metales crece, no sólo el costo de muchos equipamientos -desde microcomponentes electrónicos hasta baterías- bajará, sino que también van a surgir nuevas aplicaciones”, predijo.

 
Además, los asteroides que pasan cerca de la Tierra son ricos en agua y servirán como “una suerte de oasis” para expediciones de exploración espacial lejanas, brindando las cantidades de agua y combustible necesarias.

 
Estos “tanques de agua” van a revolucionar la exploración espacial y volver los viajes en el espacio mucho más baratos, estimó Eric Anderson, cofundador y copresidente de Planetary Resources.

 
“El agua es sin duda el elemento más esencial en el espacio y el hecho de acceder a asteroides que la contengan facilitará mucho la exploración de nuestro sistema solar”, estimó.

 
“Más allá de la función esencial del agua para la vida, también se puede separar el oxígeno del hidrógeno que la constituyen; el primero permite respirar y el segundo sirve de combustible para los motores de las naves” espaciales, explicó Anderson.


 24 Abril 2012  
(Con información de AFP)
 

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Mi historieta favorita (antes de aficionarme a la Biblioteca Ilustrada de la Guerra) siempre fue Eagle, y mi héroe favorito era Dan Dare, el más valiente e inteligente hombre del espacio, quien desde la primera página del primer número de la revista luchó contra Mekon, una versión de Osama Bin Laden encarnado en una perversa burbuja en forma de huevo del espacio exterior. Me parece recordar que cada nueva entrega de la historieta anunciaba que era “la más emocionante aventura de Dan Dare hasta ahora”, y yo me creía la leyenda como si fuera verdad absoluta. Después de todo, Dan Dare era un hombre del espacio y cualquier cosa podía ocurrir en el espacio.

Sin embargo, existe un nuevo uso frecuente para la palabra “espacio” que me distrae mucho. Los artistas lo utilizan, los gerentes de oficina la usan, así como arquitectos, periodistas y, de manera incomprensible, hasta académicos.

Me encuentro con este miserable término todos los días y empiezo a preguntarme si los escritores creen que es una especie de palabra clave del genio; un indicio de su “pensamiento elevado” que hace que quien la usa parezca educado, al día, plausible, filosófico e impresionante. Es el tipo de palabra usada por escritores de lo que yo llamo los “tink-tanks”*.

Hay muchos otros términos que se me quedan atorados en el cogote. “Percibir” y “percepción” estuvieron de moda hace un cuarto de siglo (el comentarista de noticieros Jonathan Dimbleby siempre lo sacaba a relucir) y el término “Tipping Point” (punto de inflexión) que empezó a circular desde hace unos ocho años me pone de malas.

Pero “espacio” me vuelve loco. “El espacio público es compartido”, dijo uno de mis escritores favoritos el otro día. ¿Por qué no decir simplemente “en público”, que es lo que en realidad quiso decir?

“...Esto no implica que se recurra al reduccionismo o que no haya espacio para un fraseo poético (es decir, escritura poética), leí en una reseña de un libro científico publicada en la edición dominical de The Independent. Otro artículo en el mismo periódico se refería a una “trilogía que explora el espacio interno de una sensibilidad post religiosa”, lo cual me noqueó. ¿Cuál era el propósito?

También está la agencia publicitaria con sede en San Francisco que este mes propuso rentar completo el país de Liechtenstein para que sus visitantes “tengan acceso a espacios exclusivos”. Me noquean otra vez. ¿Significa esto que el amo del palacio de Vaduz abrirá las habitaciones del lugar a la medianoche, o que habrá acceso a la iglesia local a las 3 de la madrugada?

El director de un documental próximo a salir sobre los procesos de paz me solicitó una entrevista. Yo se la hubiera concedido si no me hubiera escrito en su carta que quería “dar espacio a una prolongada visión sobre los conflictos en Israel y Afganistán”. Simplemente no sé a qué se refiere. Creo, y enfatizo en que tan sólo creo, que su intención es dar perspectiva sobre los conflictos, ¿pero espacio? No gracias, yo paso.
En Al Jazeera, un comentarista anuncia que la oposición en Yemen necesita “tiempo y espacio para organizarse”. Qué falsedad. Independientemente de que los terapeutas de pareja usan la misma frase hecha de darse “tiempo y espacio”, ¿qué fue lo que intentó decir? ¿Que la oposición yemenita necesita tiempo para estar sola con el fin de producir una organización coherente?

Luego, en la sección de reseñas literarias de la revista Católica Americana me encuentro a una tal Marissa Valeri, quien declara: “Los espacios para que las mujeres jóvenes podamos encontrarnos para reflexionar sobre nuestras experiencias son pocos y alejados”. ¿No habrá querido decir “oportunidades” en vez de “espacios”?

¿Se dan cuenta a qué me refiero? Bueno, esperen. Está la revista de la Universidad Carleton, una institución con excelente nivel de cátedra y que me ha otorgado un título honorario, que publicó una carta en que el autor se queja de que la pantalla de una computadora, con la ayuda de un ratón, “elimina la experiencia táctil y la sensación de espacio de la experiencia de lectura”. Creo que el autor de la carta, Rick Hippolite, tiene razón en cuanto a lo “táctil”, pero agregó la idea del “espacio” porque sonaba más académica, de más alto nivel. En la misma revista, el editorial fue escrito por la vicerrectora de la universidad en que afirma que “necesitamos espacio para el estudio. Necesitamos espacio para leer y refexionar. Todos estos ejemplos tienen en común que señalan la necesidad de espacio adicional”.

La última frase es correcta. Las anteriores veces que habla de “espacios” en realidad debían ser “salones”, o “corredores”, o “bibliotecas”. Pero esto no es nada comparado con una entrevista, en la misma revista, con una arquitecta estadunidense, quien proclama que “en realidad deseamos estar juntos, y los espacios laborales se volverán más críticos en lo que respecta a darnos las respuestas que necesitamos”.

Posteriormente, el entrevistador escribe: “Su empresa diseñó su espacio de trabajo. Es un espacio altamente seguro. Había una necesidad de espacio que no se había programado con anticipación. Su compañía se enfocó originalmente en el espacio de vivienda. Convencida de que los espacios de vivienda y trabajo se estaban volviendo uno solo”. Disculpen amigos, ya me perdí. ¿No habrán faltado las palabras “edificio” o “habitación”?

Debo agregar que los orígenes de miserable uso del “espacio” llevan algún tiempo. En la edición británica del excelente libro Ritos de Sangre: Orígenes e historia de la pasión por la guerra, Barbara Ehrenreich cita al historiador George Mosse, quien en 1993 afirmó que los cementerios militares y memoriales sirven como “espacios sagrados para una nueva religión civil”. Disculpen, seguramente Mosse se refería a simples “lugares” y no a “espacios”.

Y así seguiremos. Acabo de tropezarme con “ese penoso espacio entre la vida real y la muerte verdadera”. Sospecho que el verdadero significado es “penoso momento” o “penoso lapso”.

Hasta en francés se topa uno con el “espacio” La nueva prohibición de que las mujeres se cubran con velos en “public spaces”, lo que significa “espacios públicos”. ¿Qué tiene de malo, por Dios, para los franceses, decir “cubrirse en público”, que es exactamente lo que se quiere decir?.

Supongo que esto es lo que sucede cuando se vive en un mundo en que la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, queda impune por mencionar una “declaración conclusiva” durante una conferencia de prensa sobre los bombardeos contra Muammar Kadafi en que se refirió también a las sorties aéreas, es decir “salidas” en francés. Ya todo se vale.

Recomiendo a mis lectores que la próxima vez que vean publicada la palabra “espacio”, despedacen la maldita página que tienen en sus manos. A menos, claro, que se trate de una vieja historieta Eagle, y esté inmerso en la más emocionante aventura de Dan Dare.

Por Robert Fisk
The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
* Burla onomatopéyica referente a los “tanques de pensamiento” (Think-tanks)
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Londres, 9 de agosto. La raza humana tendrá que colonizar el espacio en los próximos 200 años si no quiere desaparecer, advirtió el lunes el astrofísico británico Stephen Hawking, en entrevista publicada por el sitio Internet Big think.

Pienso que el futuro a largo plazo de los humanos está en el espacio. Será difícil evitar una catástrofe en la Tierra en los próximos cien años, sin hablar de mil o millones de años, declaró el experto británico en el sitio de Internet, que se describe como foro mundial que relaciona a la gente con las ideas.

El especialista agregó que la raza humana no debería apostar sólo al planeta.

Al mencionar la famosa crisis de los misiles en Cuba, en 1963, dijo: “Veo grandes peligros para la raza humana. En muchas ocasiones en el pasado, su supervivencia fue difícil.

La frecuencia de tales amenazas aumentará probablemente en el futuro. Tendremos necesidad de prudencia y juicio para manejarlas exitosamente. Soy optimista, dijo Hawking.

Según él, “si queremos evitar una catástrofe en los próximos dos siglos, nuestra especie deberá desplegarse en el espacio para salvarse.

Si somos los únicos seres inteligentes en la galaxia, tendremos que garantizar nuestra supervivencia, dijo el científico, luego de considerar que el aumento de la población mundial y los recursos limitados de la Tierra amenazarán cada vez más a la especie humana.

Por eso estoy en favor de hacer vuelos habitados al espacio, indicó.

En abril había advertido que si los extraterrestres existieran, los hombres deberían evitar todo contacto con ellos porque las consecuencias serían devastadoras.

Stephen Hawking, de 68 años, mundialmente conocido por sus trabajos sobre el universo y la gravedad, es el autor de Breve historia del tiempo, uno de los mayores éxitos de la literatura científica.

Afectado desde los 22 años por una esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad degenerativa que provoca parálisis, se desplaza en silla de ruedas y se comunica por medio de una computadora y un sintetizador vocal.

Afp
 
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