Lunes, 03 Agosto 2020 06:29

Oro

Oro

El carácter tan particular de la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus exhibe que “cuando la economía se queda sin consumidores se pone de manifiesto que nada se sostiene sin la gente”. La aseveración (de David Trueba, El País, 28/7/20) parece obvia y, sin embargo, enunciarla así de modo directo le confiere una contundencia argumentativa que no debe perderse de vista.

Ahora, no se trata de una caída del gasto total por las razones usuales asociadas con el comportamiento cíclico de la acumulación del capital; las distorsiones que suelen provocar los déficits públicos; los efectos de la inflación que puede desbocarse, o bien los recurrentes excesos financieros que generan crisis.

Lo que ocurre hoy es el desplome de plano del consumo por efecto del confinamiento para enfrentar la pandemia. ¡No hay quién gaste! Las ventas y la producción en sectores enteros de la economía se han derrumbado de tajo. Eso tuvo que compensarse con gasto público, con recursos asignados directamente a las personas y empresas que perdieron sus fuentes de ingreso.

La pandemia y la gestión de los gobiernos ha provocado que ese gasto, enorme en muchos casos: más de 2 billones ( trillions) de dólares en Estados Unidos hayan sido insuficientes y ahora se debata un nuevo presupuesto de ayudas. Lo mismo ocurre en la Unión Europea.

Por eso hay premura por reabrir la actividad económica y retomar el proceso de ingreso-gasto, pero la cosa no sale bien, pues se provocan rebrotes de contagio y se tiene que dar marcha atrás. Ese dilema está ocurriendo ahora por todas partes, en unas mucho más que en otras, como sucede en México, donde el reconocimiento oficial explícito de la magnitud de la crisis económica está ausente.

Esta situación debería provocar un vuelco en el pensamiento acerca del proceso económico y las políticas públicas, o sea, cómo generar ingresos para la población, ganancias para las empresas, crédito para consumir y producir e impuestos para que recaude el gobierno. El arreglo no se va a dar de modo automático y, de cualquier modo, va a tardar mucho tiempo.

Mientras tanto, la caída del nivel de la actividad económica ha sido brutal en el segundo trimestre del año en todas partes. Muchas actividades económicas cambiarán de modo significativo su estructura y muchos participantes desaparecerán.

Una de las expresiones de la crisis que provoca profundas distorsiones ocurre en las actividades financieras. Desde hace largo tiempo se extiende como reguero una creciente especulación y, a la par, la mayor concentración de la propiedad y la riqueza.

La pandemia refuerza su efecto adverso en el mercado, que se hace cada vez más monopólico y también modifica buena parte de las formas de consumo, de comunicación e interacción social. Esto se advierte, por ejemplo, en el caso de las grandes empresas, en el campo de la tecnología (Amazon, Google, Facebook, Apple) y otras en las que se ha inflado su valor hasta el exceso.

La actividad financiera se distancia de la inversión que crea empleos e ingresos; se aleja de la producción y de la generación de riqueza asociada con mecanismos socialmente eficaces de tipo distributivo.

Los gobiernos en Estados Unidos y Europa están creando dinero a borbotones para incitar la recuperación económica. El precio del crédito es prácticamente cero, cuando no negativo. El dinero no tiene valor ni poder intrínseco, sólo vale lo que representa: capacidad de compra.

Cada dólar, euro o peso mexicano debería apuntar a que sea usado, en algún lado, para producir una unidad de riqueza mediante la producción. El crédito creado por los bancos debería significar que en algún lugar y de alguna manera un dólar, euro o peso mexicano está en proceso de crear producción; para repetir, riqueza.

Pero las finanzas están perdidas en su propio mundo, distanciadas del proceso de generación de riqueza productiva, del proceso que crea recursos que pueden ser distribuidos. En este sentido es una forma de desperdicio social.

La especulación es la reina y cuando ésta misma se convierte en fuente insuficiente de recursos o en un mecanismo con riesgos que se consideran excesivos resurge el atesoramiento. El dinero se puede usar para consumir o ahorrar. El ahorro se entiende como la parte no gastada del ingreso, pero queda disponible para que otros lo gasten o inviertan productivamente.

Cuando el riesgo percibido de las transacciones dinerarias crece en demasía se recurre al atesoramiento, sacarlo del circuito productivo. Una forma primordial es tener oro; una indicación de la esencia atávica del valor del metal y lo primitivo de la esencia humana.

Se admite que puede fluctuar mucho su valor, no es fácil deshacerse de él; preferiblemente debería tenerse de modo físico y no mediante un título que ampare la propiedad y esté guardado en alguna bóveda suiza al cuidado de alguien cuya reputación es finalmente desconocida. Eso está ocurriendo ahora de nuevo con el oro, signo de la desconfianza radical en las condiciones económicas y políticas en el mundo.

Publicado enEconomía
Domingo, 26 Julio 2020 06:09

La trampa del capitalismo verde

La trampa del capitalismo verde

Los apologistas del sistema aseguran que el libre mercado puede solucionar todos los problemas, incluida la crisis ecológica. Pero conocían la magnitud de la tragedia y no hicieron nada. Desde Kyoto, en 1997, se han generado más del 50% de las emisiones

 

Marco Licinio Craso era el hombre más rico de la antigua Roma. Tal era su fortuna que, tras morir combatiendo en Asia Menor, entre los ciudadanos de la República se corrió el rumor de que sus enemigos lo habían matado haciéndole tragar oro fundido para saciar su sed de riqueza. En vida, Craso había utilizado su poder e influencia para acrecentar obscenamente su patrimonio. Una de las maneras fue crear el primer cuerpo de bomberos de la historia, aprovechando que los incendios eran frecuentes entre los edificios de la capital. Pero este cuerpo de bomberos distaba mucho del concepto que tenemos hoy. Cuando se declaraba un incendio, los efectivos se desplazaban al lugar del siniestro y exigían al propietario del inmueble que se lo vendiera a Craso por un precio ridículo si quería que apagaran las llamas. Cuanto más avanzaba el fuego, más bajaba el precio.

Han pasado más de 2.000 años y lo que está ardiendo esta vez es el planeta entero. Las primeras décadas del siglo XXI han sido testigos de la práctica desaparición del casquete polar Ártico y de cómo, año tras año, se baten todos los récords de temperaturas extremas. Como los bomberos de Craso, un grupo de compañías promete ahora arreglar el desastre, eso sí, previo pago. Pero a diferencia de los hombres de Craso, quienes ahora alargan la mano a cambio de apagar las llamas son los mismos que han provocado el incendio

Durante décadas, las grandes corporaciones energéticas negaron que el cambio climático antropogénico fuese una realidad. Para ello no dudaron en gastar miles de millones en sobornar, perdón, hacer lobbying, a políticos para impedir regulaciones medioambientales, sabotear cualquier avance que amenazara su hegemonía en el sector y utilizar los medios de comunicación de su propiedad para sembrar la duda y la desconfianza. Pero hoy, metidos hasta la barbilla en una crisis climática sin precedentes, la realidad del calentamiento global es innegable para todos salvo para los más fanáticos. Y con la opinión pública finalmente concienciada de la magnitud del problema, buena parte de esas mismas compañías que durante décadas lo negaron o minimizaron ahora se revisten de una pátina de ecologismo y adoptan el discurso de la “responsabilidad compartida”, en la que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena. Y cuando dicen “todos” se refieren, claro, a los ciudadanos en forma de subvenciones públicas para que sus empresas rebajen los niveles de emisiones.

Hay un punto ya no cínico, sino plenamente obsceno en el discurso de la “responsabilidad compartida”. Nadie puede negar que nuestros hábitos de vida provocan emisiones de gases de efecto invernadero y que podemos y debemos hacer todo lo posible por nuestra parte para reducir nuestro impacto ecológico. Pero es igualmente innegable que las grandes corporaciones energéticas y los individuos más acaudalados han sido y son los principales culpables de la crisis. Sólo 100 compañías son responsables del 70% de las emisiones, y el 10% de los hogares con mayores ingresos generan varias veces más emisiones per cápita que el 50% de los hogares con menores ingresos. Pero el discurso ha empezado a calar entre la población, y vemos cómo, por ejemplo, los países europeos aumentan los impuestos a los conductores de vehículos diesel, al tiempo que subvencionan con miles de millones de euros de dinero público a las empresas que los fabrican. Vemos cómo, mientras que los hogares europeos son responsables del 25% de todas las emisiones (y aquí está incluída la energía que utilizan), pagan el 49% del total de impuestos medioambientales. Esto no es responsabilidad compartida, es entrar en un restaurante y que uno pida bogavante para comer y otro un café con leche y pretender que se pague la factura a medias. Una cosa es tomar conciencia y responsabilizarse del impacto que tienen nuestras acciones y nuestro estilo de vida sobre el ecosistema, y otra muy diferente pagar por los excesos de quien, pudiendo haber evitado el desastre, no quiso hacerlo.

Los apologistas del capitalismo, como zelotes fundamentalistas, aseguran que sólo el libre mercado puede dar solución a todos los problemas, incluido este. Pero lo cierto es que las corporaciones energéticas conocían la magnitud de la tragedia que se avecinaba desde los años 80, y no hicieron nada. Ninguna mano invisible bajó del cielo para hacer que las compañías empezaran a recortar sus emisiones y a realizar la transición hacia fuentes de energía renovables y no contaminantes. Muy al contrario, pisaron el pedal de la polución a fondo. Desde que se creó el Protocolo de Kyoto, allá por 1997, se han generado más del 50% de todas las emisiones antropogénicas de CO2 de la historia. Si en 1987 el 81% de toda la energía del mundo provenía de los combustibles fósiles, treinta años después ese porcentaje es… el 81%. En ese lapso de tiempo, las cuatro mayores compañías energéticas amasaron unos beneficios de más de 2 billones de dólares. Y ahora se aprestan a exigir subvenciones a cambio de transformar su modelo energético. No sólo eso, algunas presumen de ello mientras afean al ciudadano de a pie sus hábitos de consumo.

El coste que supondría acabar con la mayoría de emisiones de gases de efecto invernadero es alto. Se estima que pasar a un modelo energético en el que las energías renovables proveyeran el 80% de la energía costaría unos 15 billones de dólares. En total, la factura resultante de reducir las emisiones netas a cero podría ascender hasta los 50 billones de dólares, según un estudio de Morgan Stanley. Puede parecer una suma extraordinaria, pero palidece ante la cifra de lo que supondría no hacerlo. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Nature, reducir las emisiones hasta alcanzar el objetivo de los Acuerdos de París de mantener la temperatura a 1,5-2º C por encima de niveles preindustriales tendría un coste económico de aquí hasta 2100 de más de 600 billones de dólares, pero no hacer nada (bussiness as usual) supondrá un montante que ascendería hasta los 2.197 billones. Para que se hagan una idea, el PIB mundial es de algo más de 87 billones.

La pregunta que toca hacerse ahora no es si hay que pagar esa cifra por arreglar el entuerto, sino quién debe hacerlo. Las grandes corporaciones no dudarán en usar su influencia para presentarse ante el mundo como la única tabla de salvación ante la catástrofe, hablándonos de cómo sólo el sector privado está capacitado para emprender la ardua tarea de la transición energética. Eso sí, utilizando el discurso de la “responsabilidad compartida” para que los estados les rieguen con dinero en forma de subvenciones públicas, y encima les tendremos que dar las gracias por salvar el planeta. Es insultante.

Quienes se hicieron de oro destruyendo el planeta son quienes deben pagar la factura por arreglar lo que todavía se pueda arreglar. Y sí, tienen el dinero para hacerlo. Según el informe de Riqueza Global de Credit Suisse, el 0,6% más rico del planeta acumula casi el 45% de toda la riqueza. Casi 160 billones de dólares. Más que de sobra para lograr los objetivos propuestos sin dejar de ser los más ricos. Y si no quieren quizá sea hora de que los estados tomen de una vez por todas las riendas y nacionalicen las empresas contaminantes, obliguen a quienes más tienen a pagar sus impuestos y creen una alternativa a ese capitalismo salvaje que amenaza ya no nuestro estilo de vida, sino nuestra mismísima existencia. Es cuestión de vida o muerte, literalmente.

Me gustaría ser optimista. Quiero creer que tal alternativa es posible. Pero mucho me temo que volveremos a caer en la enésima trampa de un capitalismo vestido de verde pero con el corazón negro como el carbón.

Por Ernesto H. Vidal 24/07/2020

Publicado enSociedad
Lunes, 13 Julio 2020 06:23

Deudas exóticas

Deudas exóticas

Se divulgó que entre 2015 y 2019 se emitieron bonos de deuda respaldados por las ganancias de compañías asociadas con los poderosos grupos que conforman la mafia italiana de ´Ndrangheta, que opera en Calabria.

Esos bonos, que superarían un valor de mil millones de euros, fueron comprados por grandes bancos y otras empresas financieras para colocarlos entre sus clientes en el mercado internacional. Entre los inversionistas que los adquirieron hay fondos de pensiones, fondos de coberturas y oficinas que gestionan los bienes de familias con grandes patrimonios (se conocen como family office).

Según el reportaje del Financial Times (julio 7, 2020), se trata de una demanda creciente por lo que denomina "deudas exóticas", creadas para ganar altos rendimientos, en una situación en que las tasas de interés se han mantenido inusualmente bajas en los principales mercados financieros. Este eufemismo sobre la extravagancia en las inversiones tendría que llamarse prosaicamente como especulación y, en muchos casos, estafa.

Hay distintos mecanismos para crear este tipo de bonos y otros instrumentos. De esto trata una parte relevante del área del negocio del dinero dedicado a la ingeniería financiera. En este caso se constituían con base en facturas no pagadas de entidades del sistema de salud italiano emitidas por empresas de servicios médicos, parte de la fachada de los negocios de aquella mafia. Las cuentas por cobrar eran un respaldo de los bonos.

Este tipo de instrumentos "exóticos" estuvieron en la base de la crisis financiera de 2008 asociada con el vertiginoso aumento de las hipotecas chatarra que finalmente se convertían, por ejemplo, en base de los certificados de deuda colaterizada, término que por sí mismo indica la nebulosidad reinante.

En esos múltiples CDC acabó por no saberse qué activos los respaldaban y, menos aún, cuál era su calidad; en buena parte era basura financiera. La situación fue tan especulativa que los mismos emisores y otros fondos acabaron por apostar a que esos títulos no serían pagados. Así se hicieron pingües ganancias y también se reforzaron las bases de un entorno financiero cada vez más distanciado de las inversiones productivas.

Es como el juego de las sillas. Cada vez que para la música, hay menos lugar dónde sentarse. Unos pocos se llevan el pozo acumulado y otros muchos salen del juego en mala forma, sin siquiera saber que participaban en él.

El exotismo en las inversiones puramente financieras, en aras de un alto rendimiento esperado, es parte de lo que se conoce como "inversiones desnudas". Responden a un motivo expreso, una alta ganancia en el corto plazo, sin importar la materialidad del uso de ese dinero.

La especulación desnuda tiene, por ello, un efecto muy adverso sobre el crecimiento económico y es un elemento clave de la mayor concentración de la riqueza. Una de las expresiones de este fenómeno es que aparece, paradójicamente, como un exceso de ahorro, que se mantiene en un circuito ajeno a la producción, amplía el desempleo, reduce los ingresos de las familias y provoca una insuficiencia del gasto agregado en inversión y consumo tanto del sector privado como del gobierno.

Mientras más capital se destina a la especulación, a la acumulación de deudas de gobiernos y grandes corporaciones, la situación se presenta como una insuficiencia de proyectos de inversión productiva suficientemente rentable y, eso, en medio de la mayor fragilidad social en general.

No hay empleo más costoso que el que no se crea. Ese incentivo es el que se ha perdido, con muy serias consecuencias. El entorno es el de una exacerbada pérdida de bienestar de grupos cada vez más grandes de la población a escala global. La austeridad fiscal, el control monetario, las fluctuaciones cambiarias, las guerras comerciales, la permisividad en los mercados de dinero y de capitales ahondan el entono recesivo y éste, a su vez, la desigualdad. El círculo perverso se cierra.

En plena pandemia se pone de manifiesto, aun de modo más evidente, el carácter del fenómeno recesivo: la insuficiencia crónica de la demanda que ahora se suma a la caída de la producción, ocurren mientras crecen los precios de las acciones en Wall Street, en medio de una fuerte volatilidad que estimula un mayor comportamiento especulativo, sin que esos fondos financien la producción.

Son las condiciones negativas que crean la desigual distribución de los recursos, ingresos y la riqueza las que definen, finalmente, las distorsiones que se advierten; sus efectos se retroalimentan en la forma de crisis económicas y financieras de mayor profundidad, en las que el bienestar social queda como un residuo cada vez más insuficiente y que crea mayor precariedad.

Publicado enEconomía
¿Por qué entonces siguen subiendo las bolsas si aún estamos en medio de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas? Foto: Carlo Allegri/Reuters.

Las bolsas mundiales siguen al alza en medio de expectativas positivas por parte de los inversores, empujadas por el levantamiento de los confinamientos en varios países del mundo y la esperanza de que se aprueben nuevos paquetes de estímulo económico.

Aunque la economía mundial sigue sufriendo los efectos de la pandemia de coronavirus -con fuertes caídas del Producto Interno Bruto (PIB), pérdidas de empleo y cierre de empresas- los mercados bursátiles reflejan un entusiasmo que está lejos de lo que muchos experimentan en su vida diaria.

Mientras el desempleo supera el 13% en EE.UU., uno de los indicadores más emblemáticos de Wall Street, el S&P 500, no para de recuperar terreno, desde que tocó fondo a mediados de marzo.

¿Por qué entonces siguen subiendo las bolsas si aún estamos en medio de una de las peores crisis económicas de las últimas décadas?

Según Manuel Romera, director del Sector Financiero de la IE Business School, España, el mercado está apostando por una rápida recuperación de la economía en forma de V.

“Los mercados financieros descuentan lo que va a pasar en seis o 12 meses más, es decir, la cotización de hoy está valorando la economía del año que viene”, le dice a BBC Mundo.

El mensaje de los inversores es que la pandemia ha sido un shock puntual, y que aunque sus efectos están a la vista, el problema ya tocó fondo, apunta.

A eso se suman las grandes inversiones que se han hecho para producir una vacuna y desarrollar tratamientos que, teóricamente, deberían producir resultados el año entrante.

La gran inyección de dinero

Si bien las tecnológicas venían liderando los mercados desde hace mucho tiempo, el confinamiento provocó un alza del consumo tecnológico que tuvo efectos positivos para esas firmas.

Diego Mora, analista senior de la consultora XTB, explica que los inversores siempre buscan rentabilidades a futuro más allá de lo que esté ocurriendo con el crecimiento económico actual.

Con la pandemia, explica, una de las principales preocupaciones de las empresas era la falta de liquidez debido a los confinamientos establecidos por las autoridades para evitar la propagación del virus.

“Muchas empresas no podían permitirse tener la actividad paralizada más allá de tres o cuatro meses porque terminarían en la quiebra técnica”, dice Mora en diálogo con BBC Mundo.

Pero las decisiones tomadas por la Reserva Federal (equivalente al banco central) y el gobierno estadounidense ayudaron a solventar la falta de liquidez de las empresas, disipando gran parte de los temores.

Por un lado, la Reserva Federal bajó las tasas de interés casi a cero y el Congreso aprobó un multimillonario paquete de estímulo económico.

“Con esa inyección de dinero, se mitigó el riesgo de mayores quiebras y se aseguró el financiamiento a las empresas a bajo costo por el tiempo que fuese necesario para aguantar la tormenta pandémica”, apunta Mora.

Una situación similar ha ocurrido en Europa, con el rescate del Banco Central Europeo y los multimillonarios paquetes fiscales aprobados por los gobiernos.

Si bien los mercados bursátiles registraron caídas espectaculares en febrero y marzo, el golpe no fue igual para todos los sectores.

En el caso del sector tecnológico, el índice Nasdaq 100 está a solo 1,6% de su máximo histórico, mientras que el S&P 500 se ubica a cerca del 10% de su máximo histórico.

Si bien las tecnológicas venían liderando los mercados desde hace mucho tiempo, el confinamiento provocó un alza del consumo tecnológico que tuvo efectos positivos para esas firmas.

Empresas como Amazon o Apple están cerca de sus máximos históricos y las proyecciones de crecimiento son aún más auspiciosas, en medio de un escenario económico general sombrío, fuera de los pasillos de Wall Street.

¿Cuáles son los riesgos?

Aunque sí existe el riesgo delrebrote del virus. Y si aparece una segunda ola de COVID-19, el escenario no será el mismo. Foto: Nacho Doce/Reuters.

“Siempre está el riesgo de una burbuja, pero en este caso existen catalizadores concretos, principalmente por el apoyo de la política monetaria de los bancos centrales”, apunta Mora.

Aunque sí existe el riesgo delrebrote del virus. Y si aparece una segunda ola de COVID-19, el escenario no será el mismo.

Las medidas de los bancos centrales o los paquetes de estímulo fiscal tienen un límite, especialmente si esos recursos solo alcanzan para que las empresas paguen sueldos y deudas, pero no son suficientes para que las empresas generen ingresos.

Por otro lado, si los países desarrollados vuelven a la actividad y no se producen rebrotes profundos de COVID-19, “se podría ver una recuperación en forma de V en el crecimiento económico tanto en Europa como en Estados Unidos”, agrega el experto.

La reciente caída de los mercados “ha sido la bajada bursátil más rápida de la historia contemporánea. La bolsa cayó un 30% en solo 22 días”, dice Manuel Romera.

“Con el colapso de Lehman Brothers la bolsa se demoró seis meses en bajar lo mismo que ahora en 22 días”, agrega.

“Igual que la bajada ha sido brutal, la subida también está siendo fuerte”.

Por otro lado, los inversores están tratando de no dejar pasar oportunidades, dado que aún hay acciones de empresas que tienen un precio muy por debajo del nivel pre-pandemia y quienes tienen suficiente capital de riesgo, pueden hacer apuestas a más largo plazo.

“Vamos a ver el peor segundo trimestre de la historia, pero luego vendrá la recuperación y probablemente veremos el mejor cuarto trimestre de la historia”, dice Romera.

5 junio 2020

Publicado enEconomía
Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla. - REUTERS

Este aumento de riqueza se produjo entre el 18 de marzo hasta el 10 de abril coincidiendo con el primer repunte acusado de contagios por covid-19 y cuando 22 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos.

 

Las grandes fortunas son inmunes a la crisis económica desatada por la covid-19. En Estados Unidos hay, según la revista Forbes, 607 milmillonarios, personas cuyas fortunas personales superan los mil millones de dólares es decir, 925 millones de euros. La crisis económica desatada por la pandemia, lejos de estar minando su riqueza, la está propulsando. Según un informe del Institute for Policy Studies, una organización progresista con sede en Washington DC, los milmillonarios de Estados Unidos aumentaron su riqueza en 282.000 millones de dólares (261.000 millones de euros) en sólo 23 días, los que van desde el 18 de marzo hasta el 10 de abril.

No es un margen de fechas cualquiera. Se trató del primer repunte pronunciado de la epidemia de covid-19 en el país. El presidente Donald Trump, de hecho, declaró la emergencia nacional el 13 de marzo y los contagios diarios subieron como la espuma hasta alcanzar su primer pico en la primera semana de abril. En esos 23 días entre el 18 de marzo y el 10 de abril, los ricos de Estados Unidos añadían ceros a sus fortunas mientras que los casos y los muertos se multiplicaban y mientras 22 millones de personas perdían sus trabajos, casi a millón diario.

Entre ellos destaca el fundador de Amazon, Jeff Bezos. Según resalta el informe, entre el 1 de enero y el 10 de abril ha incrementado su fortuna en 10.000 millones de dólares (9.255 millones de euros), aproximadamente el presupuesto de Galicia para 2020.

"El incremento de la riqueza de Bezos no tiene precedentes en la historia financiera moderna y varía enormemente de un día para otro", asegura el informe. "Para el 15 de abril su fortuna se había incrementado en 25.000 millones de dólares respecto al 1 de enero". Esta cifra equivale al presupuesto de la Comunidad de Madrid de 2019.

Pero ¿cómo puede esto estar sucediendo en medio de una crisis financiera y con la actividad económica paralizada? El informe es rotundo: "El cierre de cientos de miles de pequeñas empresas está dando a Amazon la oportunidad de aumentar su cuota de mercado, fortalecer su lugar en la cadena de suministro y ganar más poder de precios sobre los consumidores", destaca.

El documento critica que, "a pesar del dominio del comercio electrónico de Amazon, Bezos ha sido incapaz de proteger su la mano de obra de la covid-19: trabajadores de diez almacenes diferentes dieron positivo a finales de marzo", lo que ha generado denuncias de los sindicatos y otras organizaciones.

Bezos es, según el informe del Institute for Policy Studies, uno de los ocho milmillonarios de Estados Unidos que en ese período de tiempo –del 1 de enero al 10 de abril– han incrementado sus fortunas en más de mil millones de dólares.

Tras el fundador de Amazon le sigue Elon Musk, cofundador, entre otras, de PayPal y Tesla, con un incremento en su riqueza de 5.000 millones de dólares (4.627 millones de euros). Tras él se encuentran McKenzie Bezos, exmujer del fundador de Amazon, con 3.500 millones de dólares (3.239 millones de euros); Eric Yuan, de Zoom, 2.580 millones (2.388 millones de euros); Steve Ballmer, de Microsoft, 2.200 millones (2.036 millones de euros); John Albert Sobrato, dueño de la firma Sobrato de bienes raíces y comerciales, 2.070 millones (1.916 millones de euros); Joshua Harris, de la firma de inversión Apollo, 1.720 millones (1.592 millones de euros); y Rocco Commisso, de la compañía de televisión por cable Mediacom, 1.090 millones (1.009 millones de euros).

En total, el aumento de la fortuna de estos ocho milmillonarios ha sido de 28.160 millones de dólares en los primeros 101 días del año. "Estos números demuestran que la riqueza multimillonaria tiende a recuperarse de los colapsos de los mercados", señala el informe, que, a modo de prueba, añade: "Inmediatamente después de la crisis económica mundial de 2008, los entonces 400 milmillonarios norteamericanos de la lista Forbes vieron cómo su riqueza caía y pasaba de 1,57 billones en 2008 a 1,27 billones en 2009. Pero en los 30 meses siguientes a la caída de septiembre de 2008, la mayoría de estas fortunas se recuperaron y en 2012 la riqueza multimillonaria había alcanzado ya 1,7 billones de dólares. Entre 2010 y 2020, la riqueza de la clase milmillonaria de los Estados Unidos aumentó en un asombroso 80,6%, de 1,6 billones de dólares a 2,9 billones de dólares".

El estudio del Institute for Policy Study alerta de la guerra que los multimillonarios le han declarado al pago de impuestos. Los miles de millones de dólares que evaden, añaden sus autores, "están deshilachando la red de seguridad social. Y para completar el insulto, los americanos de la clase trabajadora pagan ahora mayor porcentaje de sus ingresos en impuestos que los multimillonarios".

"Milmillonarios y multimillonarios están financiando toda una industria de defensa de la riqueza con profesionales como abogados de impuestos, contables, administradores de patrimonio, que ayudan a ocultar sus megafortunas en paraísos fiscales en el extranjero y fideicomisos", denuncia el informe.

Por este motivo, sus autores reclaman al gobierno de Donald Trump varias medidas para combatir esto, entre ellas, el establecimiento de una comisión para supervisar los beneficios económicos en la pandemia y establecer un impuesto del 10% a esa gran riqueza. En cuanto a la primera medida, el informe reclama seguir el modelo "de la Comisión Truman durante la Segunda Guerra Mundial, tanto para supervisar el paquete de estímulos como para erradicar la corrupción y la especulación en la sociedad en su conjunto".

En cuanto al impuesto a las grandes fortunas, el documento señala que "aunque sólo afectaría al 0,2 por ciento más rico de los estadounidenses, una sobretasa millonaria recaudaría unos 635.000 millones de dólares en diez años y afectaría a los muy ricos que obtienen ingresos sustanciales de las ganancias de capital".

Chuck Collins, uno de los autores del estudio y director del Programa sobre Desigualdad del Institute for Policy Study, alerta de que con la pandemia "se corre el riesgo de que se aumenten todavía más las desigualdades sociales existentes a menos que el gobierno intervenga con medidas audaces para gravar con impuestos a los multimillonarios. Si se sigue actuando como hasta ahora, sólo se acentuará la polarización económica".

Collins es muy crítico con los cuatro paquetes de ayudas aprobados hasta ahora por el Senado y el Congreso norteamericanos y firmados por la administración Trump. De hecho, el último paquete de ayudas, la llamada Ley CARE, dotada con 2,2 billones de dólares –unos 2 millones de euros–, lo califica Collins como de "huesos lanzados a la clase trabajadora frente a los miles de millones que la norma les regala a los millonarios".

"Demasiadas pequeñas empresas y contribuyentes de la clase obrera están esperando que aparezcan las ayudas. Entretanto", asegura, "se están viendo obligados a elegir entre su salud y su supervivencia económica".

Collins sostiene que esta situación no es exclusiva de Estados Unidos. Los multimillonarios del mundo también están haciendo su agosto en medio de la pandemia. El informe del Institute for Policy Study estima que en el mundo hay 21 billones de dólares ocultos en paraísos fiscales.

"Es lo que estarían ocultando al fisco los ricos con más 30 millones de dólares. No podremos tener éxito en la imposición de impuestos a los ricos a menos que cerremos la industria de la riqueza oculta, comenzando especialmente en Estados Unidos y Reino Unido", concluye Collins.

Washington

12/05/2020 08:42 Actualizado: 12/05/2020 09:57

Por Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

Publicado enEconomía
Estantes con medicamentos en una farmacia. REUTERS

 

Casos de sobornos a médicos, acusaciones de lucrarse de la investigación ajena y de lanzar algunos medicamentos que apenas aportan nada, precios desorbitados… extienden una sombra de sospecha sobre el sector farmacéutico

07/05/2020 07:13

VICENTE CLAVERO

La victoria sobre el coronavirus, mediante un medicamento que cure la enfermedad o una vacuna que la evite, involucra a diversos colectivos, entre ellos los laboratorios farmacéuticos, cuyo papel en la producción y comercialización del remedio será sin duda determinante.

Hay mucho dinero en juego, dado el alcance mundial del problema, y todo invita a pensar que esta industria hará cuanto esté en su mano para ganarlo, como hace cada vez que se le ha presentado la oportunidad, no siempre con prácticas irreprochables.

Una de sus principales estrategias de venta es presionar sobre quienes deciden el consumo en una parte fundamental del mercado, el de prescripción (productos que sólo se expiden con receta), desplegando acciones que a veces pueden tener la apariencia de ayuda a la formación continua de los médicos (suministro insistente de información sobre nuevos fármacos, aportaciones para la organización o asistencia a congresos), pero otras son ajenas a la más mínima exigencia ética.

Entre esas acciones figuran los sobornos, que durante décadas fueron un secreto a voces, siempre negado por la industria, si bien algunos acontecimientos relativamente recientes han demostrado su existencia.

La multinacional Novartis tuvo que afrontar en 2015 una multa de 390 millones de dólares (357,8 millones de euros) por haber pagado viajes, banquetes y dinero a médicos estadounidenses para que recomendasen sus medicamentos. Ese mismo año, otro gigante farmacéutico, Pfizer, zanjó una denuncia por incumplimientos de su propio código ético con el despido de 30 de sus directivos en España.

Las compañías suelen rebajar estos casos a la condición de hechos aislados, aunque algunos estudios muestran que no lo son tanto. Uno de 2014, patrocinado por la Fundación de Bill y Melinda Gates, con el concurso del Departamento Británico para el Desarrollo Internacional y el Ministerio de Asuntos Exteriores holandés, sostiene que 18 de las 20 multinacionales farmacéuticas analizadas habían sido objeto de sanción en algún momento por motivos tan poco edificantes como el soborno o la violación de las leyes de la competencia.

El importe de los pagos directos o indirectos a los médicos es uno de los secretos mejor guardados de la industria, aunque en España el proyecto Medicamentalia, de la Fundación Ciudadana Civio, aportó en 2018 alguna luz sobre el asunto. Según este organismo independiente, que trabaja por la transparencia de las instituciones, dichos pagos habían ascendido el año anterior a 182,5 millones. Dieciocho médicos, adscritos a la sanidad pública y privada, fueron agraciados con más de 50.000 euros por cabeza.

Otra acusación frecuente a los laboratorios es que se lucran con medicamentos cuya investigación y ensayos clínicos son posibles gracias, en buena medida, a la inversión ajena. Un informe dado a conocer en 2018, dentro de la campaña No Es Sano, respaldada por instituciones como la Organización Médica Colegial de España, ponía ejemplos concretos al respecto. El producto estrella de Roche contra el cáncer de mama, el Trastuzumab, que para entonces le había proporcionado más de 60.000 millones de euros de ingresos en todo el mundo, se obtuvo con financiación procedente de universidades, centros de investigación y fundaciones sin ánimo de lucro.

Esa circunstancia no impide que los laboratorios fijen precios muy altos para sus productos, sobre todo en el ámbito de las nuevas inmunoterapias. Es el caso del Kymriah, de Novartis, indicado contra ciertos tipos de leucemia, y del Yescarta, de Gilea, que sirve para tratar algunos linfomas no Hodgkyn. Sus precios de salida en el mercado estadounidense fueron de nada menos que 475 .000 y 373.000 dólares (438.600 y 344.400 euros), respectivamente, pese a ser fruto de investigaciones sufragadas en gran parte con dinero público.

La respuesta de la industria a las afirmaciones del estudio de No Es Sano fue que su actividad entraña gran riesgo, ya que sólo una de cada 10.000 moléculas investigadas llega a convertirse finalmente en un medicamento, lo que requiere de fuertes inversiones, que las farmacéuticas pagan con sus propios recursos. De ahí que el precio de cada producto, según el sector, no deba reflejar sólo el coste de su investigación, sino de alguna manera también el de aquellas que han fracasado, porque en caso contrario el negocio sería inviable.

Otras voces recuerdan, sin embargo, que el gasto en I+D y en producción sólo supone el 13% del coste de un medicamento, mientras que el gasto asociado a la comercialización y promoción (estudios de mercado, análisis de la competencia, publicidad, deferencias con los médicos) oscila entre el 30% y el 35%. Con la particularidad, además, de que sólo uno de cada cuatro fármacos que salen al mercado son realmente innovadores o mejoran los resultados de otros ya existentes pero más baratos.

Como quiera que sea, el hecho cierto es que el precio de los medicamentos, en particular el de los más modernos, es una de las mayores amenazas que penden sobre los sistemas nacionales de salud, sobre todo aquellos que contemplan su financiación pública total o parcial, como ocurre en España.

Pese a la extensión de los genéricos (productos cuya patente ya ha expirado) y a los mecanismos de control introducidos en los últimos años, el gasto público en medicamentos supera en nuestro país los 16.000 millones de euros anuales, de los que dos tercios corresponden a recetas y el resto, a hospitales.

Publicado enSociedad
La fuga de capitales de los mercados emergentes es la más fuerte de la historia

La salida de capitales suma 60 mil millones de dólares en apenas 50 días

El Instituto Internacional de Finanzas, integrado por los principales bancos y fondos de inversión del mundo, estimó que la huida es récord, superando la de la crisis 2008.

 

En la crisis financiera de 2008, la salida de capitales de mercados emergentes sumó 20 mil millones de dólares en los primeros 50 días posteriores al estallido. En la crisis actual esta cifra es cuatro veces más elevada: en ese mismo período se registró una fuga cercana a los 60 mil millones de dólares.

La crisis financiera internacional avanza a pasos acelerados. La reacción de los inversores es de efecto manada. El mundo enfrenta la suma de los problemas sanitarios (pandemia), de la demanda, de la oferta por el parate de las cadenas productivas, del mercado laboral, de las acciones, del petróleo, de los bonos soberanos y de las monedas emergentes. Se juntaron todas las plagas para generar un estallido de los mercados internacionales.

Existe una salida extraordinaria de capitales desde los países emergentes hacia activos seguros del mundo desarrollado. Este diario accedió al último informe del Instituto Internacional de Finanzas en el que se cuantifica la reacción de pánico de los inversores en las últimas semanas. El principal problema es para las economías no desarrolladas con déficit de cuenta corriente. Estos países necesitaban del ingreso de inversiones para poder cerrar sus desequilibrios macroeconómicos.

“La interrupción repentina en los flujos de capitales pone a los mercados emergentes con necesidades de financiamiento externo en un riesgo particularmente alto”, indicó el informe del Instituto Internacional de Finanzas. La entidad es patrocinada por los principales bancos del mundo y tiene un monitor en tiempo real de los movimientos de divisas en el mundo.

En el informe se mencionó un escenario de fuerte volatilidad principalmente para dos países de la región. “Chile y Colombia son algunos de los emergentes con más riesgo. Este se debe a los bajos precios de los productos básicos (materias primas) que complican el panorama externo de estas economías”, planteó. El principal mecanismo de ajuste de estos países es la devaluación de las monedas: un fenómeno que empieza a registrarse en las últimas semanas.

El peso colombiano subió este miércoles un 4 por ciento y el chileno lo hizo al 3 por ciento. Estas no son las únicas monedas latinoamericanas que enfrentan presiones. El real brasileño es una de las más golpeadas en medio de la turbulencia financiera global. Este miércoles llegó a subir casi el 8 por ciento a media jornada y termino con un avance del 5 por ciento. Estas devaluaciones no son menores considerando que son países con inflación anual menor a 3 por ciento.

El panorama que plantea el Instituto Internacional de Finanzas no es alentador para los próximos meses. Menciona que “incluso si los esfuerzos de contención y políticas expansivas tienen impacto positivo para contener la crisis de la economía real, el freno en el ingreso de capitales a países en desarrollo seguirán siendo inusualmente severo. Los datos de salida de divisas que monitoreamos en tiempo real son muy grandes si se los compara incluso contra episodios de volatilidad extrema como la crisis asiática a finales de los noventa”.

Las estimaciones del crecimiento para la economía global en 2020 muestran que buena parte del mundo entrará en recesión en los próximos meses y que la actividad mundial crecerá al menor ritmo desde el estallido de la burbuja hipotecaria en 2008. 

“En las últimas dos semanas hemos reducido nuestro pronóstico de crecimiento global. Este año el Producto mundial puede acercarse al 1 por ciento este año, la cifra más baja desde la última crisis financiera mundial”, dijo el informe. El impacto por ahora se siente en un derrumbe de los activos bursátiles pero difícilmente tarde en empezar a sentirse las consecuencias en la producción y el empleo. 

Publicado enEconomía
Martes, 17 Marzo 2020 06:36

El coronavirus y la doctrina del shock

El coronavirus y la doctrina del shock

La periodista Naomi Klein, autora de libros como No Logo y La doctrina del shock, analiza en esta entrevista con Vice las especulaciones en torno a la pandemia, el rol de Estados Unidos y cómo salir de la emergencia diaria para pensar más acá de la vida:

VICE: Empecemos con lo básico. ¿Qué es el capitalismo del desastre? ¿Cuál es su relación con la «doctrina del shock»?

La forma en que defino el «capitalismo de desastre» es muy sencilla: describe la forma en que las industrias privadas surgen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación de los desastres y de la guerra no es un concepto nuevo, pero realmente se profundizó bajo la administración Bush después del 11 de septiembre, cuando la administración declaró este tipo de crisis de seguridad interminable, y simultáneamente la privatizó y la externalizó – esto incluyó el estado de seguridad nacional y privatizado, así como la invasión y ocupación [privatizada] de Irak y Afganistán.

La «doctrina del shock» es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder. Quitamos un poco los ojos de la pelota en momentos de crisis.

VICE: ¿De dónde viene esa estrategia política? ¿Cómo rastrea su historia en la política americana?

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta al programa del New Deal por parte de Milton Friedman. Este economista neoliberal pensaba que todo había salido mal en USA bajo el New Deal: como respuesta a la Gran Depresión y al Dust Bowl, un gobierno mucho más activo surgió en el país, que hizo su misión resolver directamente la crisis económica de la época creando empleo en el gobierno y ofreciendo ayuda directa.

Si usted es un economista de libre mercado, entiende que cuando los mercados fallan se presta a un cambio progresivo mucho más orgánico que el tipo de políticas desreguladoras que favorecen a las grandes corporaciones. Así que la doctrina del shock fue desarrollada como una forma de prevenir que las crisis den paso a momentos orgánicos en los que las políticas progresistas emergen. Las elites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son su oportunidad para impulsar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

VICE: En este momento tenemos múltiples crisis en curso: una pandemia, la falta de infraestructura para manejarla y el colapso del mercado de valores. ¿Puede esbozar cómo encaja cada uno de estos componentes en el esquema que esboza en La Doctrina del Shock?

El shock es realmente el propio virus. Y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección. No creo que eso sea una conspiración, es sólo la forma en que el gobierno de los EE.UU. y Trump han manejado -completamente mal- esta crisis. Trump hasta ahora ha tratado esto no como una crisis de salud pública sino como una crisis de percepción, y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los casos, especialmente combinado con el hecho de que los EE.UU. no tienen un programa nacional de salud y sus protecciones para los trabajadores son muy malas (N.T: por ej. la ley no instituye el pago por enfermedad). Esta combinación de fuerzas ha provocado un shock máximo. Va a ser explotado para rescatar a las industrias que están en el corazón de las crisis más extremas que enfrentamos, como la crisis climática: la industria de las aerolíneas, la industria del gas y el petróleo, la industria de los cruceros, quieren apuntalar todo esto.

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

En La Doctrina del Shock hablo de cómo sucedió esto después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Fundación Heritage se reunieron y crearon una lista de soluciones «pro mercado libre» para el Katrina. Podemos estar seguros de que exactamente el mismo tipo de reuniones ocurrirán ahora, de hecho, la persona que presidió el grupo de Katrina fue Mike Pence (N.T: el que ahora preside el tema del Coronavirus). En 2008, se vio esta jugada en el rescate de los bancos, donde los países les dieron cheques en blanco, que finalmente sumaron muchos billones de dólares. Pero el costo real de eso vino finalmente en la forma de programas extensivos de austeridad económica [más tarde recortes a los servicios sociales]. Así que no se trata sólo de lo que está sucediendo ahora, sino de cómo lo van a pagar en el futuro cuando se venza la factura de todo esto.

VICE: ¿Hay algo que la gente pueda hacer para mitigar el daño del capitalismo de desastre que ya estamos viendo en la respuesta al coronavirus? ¿Estamos en mejor o peor posición que durante el huracán Katrina o la última recesión mundial?

Cuando somos probados por la crisis, o retrocedemos y nos desmoronamos, o crecemos, y encontramos reservas de fuerzas y compasión que no sabíamos que éramos capaces de tener. Esta será una de esas pruebas. La razón por la que tengo cierta esperanza de que podamos elegir evolucionar es que -a diferencia de lo que ocurría en 2008- tenemos una alternativa política tan real que propone un tipo de respuesta diferente a la crisis que llega a las causas fundamentales de nuestra vulnerabilidad, y un movimiento político más amplio que la apoya (N.T: Naomi Klein apoya a Bernie Sanders en las internas americanas).

De esto se ha tratado todo el trabajo en torno al Green New Deal: prepararse para un momento como este. No podemos perder el coraje; tenemos que luchar más que nunca por la atención sanitaria universal, la atención infantil universal, la baja por enfermedad remunerada, todo está íntimamente relacionado.

VICE: Si nuestros gobiernos y la élite mundial van a explotar esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para cuidarse unos a otros?

«Yo me ocuparé de mí y de los míos, podemos conseguir el mejor seguro privado de salud que haya, y si no lo tienes es probablemente tu culpa, no es mi problema»: Esto es lo que este tipo de economía de ganadores pone en nuestros cerebros. Lo que un momento de crisis como este revela es nuestra interrelación entre nosotros. Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interconectados unos con otros de lo que nuestro brutal sistema económico nos hace creer.

Podríamos pensar que estaremos seguros si tenemos una buena atención médica, pero si la persona que hace nuestra comida, o entrega nuestra comida, o empaca nuestras cajas no tiene atención médica y no puede permitirse el lujo de ser examinada, y mucho menos quedarse en casa porque no tiene licencia por enfermedad pagada, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos los unos a los otros, ninguno de nosotros estará seguro. Estamos atrapados.

Diferentes formas de organizar la sociedad promueven o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si estás en un sistema que sabes que no cuida de la gente y no distribuye los recursos de forma equitativa, entonces la parte que acapara de ti se reforzará. Así que ten en cuenta eso y piensa en cómo, en lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables.

17 marzo 2020

(Tomado de Vice)

Publicado enSociedad
El dólar se dispara en América Latina y las bolsas caen ante el desplome del petróleo y en medio del temor al coronavirus

Las monedas de Colombia, Brasil, Uruguay, México y Chile se han depreciado en la jornada de este lunes. Mientras, se dispara el riesgo país en Argentina.

Este lunes, las bolsas de valores de América Latina se desplomaron y el dólar se disparó en la región, siguiendo la tendencia de los principales mercados bursátiles del mundo.

Esta baja se debe principalmente a la caída del valor del barril de petróleo, que descendió un 30 %, tras el fracaso del acuerdo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que buscaba realizar un recorte adicional de la producción petrolera de 1,5 millones de barriles por día en respuesta a la reducción de la demanda mundial de hidrocarburos debido a la epidemia del coronavirus.

Las cifras negativas en las bolsas y monedas de Latinoamérica también sucede mientras crece el número de afectados por el coronavirus. Argentina ya registró el primer muerto, un hombre de 64 años que había regresado de Francia y estuvo internado durante cinco días en un hospital.

Por ahora, ese país registra 12 casos; Brasil tiene 25 casos confirmados; Ecuador, 15; Chile, 10; Costa Rica, nueve; México, siete; Perú, siete; República Dominicana, cinco; Colombia, tres; y Paraguay, uno.

Chile

"Todo indica que hoy podría ser otro día complejo para el cobre, la bolsa y el peso", dijo este lunes el ministro de Economía de Chile, Lucas Palacios.

Su pronóstico no falló. Pasadas las 10:00 de la mañana (hora local), el dólar se cotizaba a 845,70 pesos chilenos, un nivel por encima de su máximo histórico, que fue de 829 pesos el 28 de noviembre del año pasado.

Mientras, el cobre desplomaba su valor en la bolsa de metales de Londres, con un precio de 2,48 dólares la libra, el más bajo desde mayo de 2017.

En tanto, la Bolsa de Valores de Santiago operaba con una caída del 4 %, en línea con el desplome mundial.

"Desde el Gobierno estamos anticipándonos: el viernes anunciamos primer conjunto de medidas para proteger a empresas de turismo y consumidores", mencionó Palacios.

México

La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) también registró una caída de 6,4 %, su máxima baja diaria desde 2008. El índice de Precios y Cotizaciones (IPC) bajó a los 38.730 puntos, un piso que no se alcanzaba desde agosto de 2019.

En cuanto a la moneda, el peso mexicano superó la barrera de los 21 pesos por dólar. La divisa norteamericana se vendió a 21,17 pesos, según el Banco Central local, un nivel no visto desde el 27 de enero de 2017.

Brasil

Al mismo tiempo, la Bolsa de Sao Paulo abrió con una baja de más de un 10 % y tuvo que suspender operaciones durante 30 minutos por una caída superior al 10 % del índice Bovespa, que se ubicaba en 88.178 puntos.

Al cierre de la jornada, el índice Bovespa registró una baja del 12,17 %, lo que representó su mayor caída porcentual diaria desde septiembre de 1998. 

El real brasileño, por su parte, sufrió una depreciación de 2,53 %. El dólar estadounidense se cotizaba este lunes al máximo histórico de 4,73 reales.

Colombia

La moneda colombiana ha sido una de las más afectadas en la jornada de este lunes.

El dólar estadounidense abrió a un precio de 3.730 pesos; cifra que ascendió hasta los 3.825 pesos con el pasar de los minutos.

Así, la moneda colombiana registra una caída de un 5,09 % y una pérdida acumulada del 9,38 % en las últimas nueve semanas.

Entretanto, el índice Colcap de la Bolsa de Valores de Colombia ha perdido 7,45 % en la jornada, ubicándose en los 1.390,51 puntos.

Argentina y Uruguay

El índice Merval de la Bolsa de Buenos Aires ha registrado este lunes una caída de 13,75 %, hasta los 30.379,90 puntos.

Sin embargo, el cambio del peso argentino a dólares no ha tenido mayor variación respecto al viernes. Así, la moneda estadounidense se cotiza este lunes en 59 pesos para la compra y 64 para la venta en el Banco de la Nación.

Sin embargo, se disparó el riesgo país, que llegó a 2.791 puntos, su punto más alto desde el año 2005.

La moneda uruguaya, por su parte, sí se ha visto afectada. Este lunes, el dólar interbancario se cotizaba a 43,77 pesos uruguayos, 5,15 % superior al cierre del viernes, cuando estaba en 41,63.  

Publicado: 9 mar 2020 20:43 GMT

Publicado enEconomía
El mercado conecta las alarmas: hay una burbuja punto.com con riesgo de estallar

El temor al colapso de los encendidos valores tecnológicos circula por los parqués bursátiles y son los propios bancos de inversión los que se encargan de admitir la existencia de una burbuja punto.com y de alertar del riesgo inminente de que explote. 

"La burbuja [tecnológica] está lista para colapsar". La advertencia está escrita en una nota para inversores de Marko Kolanovic, responsable global de estrategia macro y productos derivados de JP Morgan. La última semana de febrero, cuando la crisis del coronavirus se propagó por los cinco continentes y fulminó en una semana trágica para los mercados los principales índices de las bolsas mundiales.

Sólo en Wall Street, los cinco últimos días lectivos de febrero, el temor a la pandemia se llevó de sus parqués seis billones de dólares, según aseguró el analista del S&P Dow Jones, Howard Silverblatt, a Business Insider. Un efecto contagio que afectó a otros mercados como el Dow Jones Industrial o el Nasdaq, que descendieron casi un 10% desde sus recientes -y últimos- registros alcistas.

El Dow retrocedió más de 3.000 puntos esa semana. Pérdidas que los organismos multilaterales y el mercado empiezan a relacionar con un súbito empeoramiento de la economía global, que impulsa irremediablemente la actividad a una espiral recesiva.

La debacle bursátil dejará, obviamente, activos baratos. Pero no serán los tecnológicos. Con sus excepciones, han sido las acciones que han impulsado el extraordinario ciclo en los mercados de todo el planeta desde el crash de 2008. Y que, a la espera de los daños colaterales que dejará el coronavirus, seguirán siendo los que más peso inversor cuantitativo traslada a los parqués, dice Kolanovic, cuya afirmación se basa en "el abismo que separa el retardo del valor real que estas compañías adquieren en los mercados, respecto de los factores extraordinarios que determinan el fulgurante crecimiento de sus cotizaciones" en momentos concretos. La esperanza es que "por una vez en el último decenio", esa convergencia se produzca.

Porque existen señales que contribuyen a esconder la burbuja tecnológica, como la escasa volatilidad de sus valores. Pero su explosión "no será diferente" de la que experimentó el sector en 2000 -en la llamada crisis de las puntocom- o de las correcciones de los primeros años de la década pasada. O la respuesta de los inversores a la epidemia del coronavirus, al colocar sus carteras en segmentos cíclicos de la economía como la energía o la seguridad de los bonos del Tesoro americano en lugar de en acciones tecnológicas. Una opción coyuntural. Dado que desde firmas como RBC Capital Markets afirman que siete de las diez opciones inversoras más populares en el mundo son de la industria tecnológica, con Microsoft y Alphabet como favoritas. El coronavirus puede propiciar una brusca rotación de activos, "hacia valores más tradicionales, materias primas o mercados emergentes", pero su estallido será inevitable, explica.

Los hegde-funds atacan de nuevo

Steven Bregman, fundador de Horizon Kinetics, una firma de asesoramiento inversor, coincide con el analista de JP Morgan. El propio mercado es una burbuja -matiza, sin embargo-, aunque los valores tecnológicos, tanto de consumo como de innovación, son los que la insuflan oxígeno. Y "no hay nada que pueda evitar su deflagración". A su juicio, "el ambiente de riesgo sistémico es más alarmante que en 1999", cuando se fraguó el calentamiento de los valores tecnológicos que dieron paso a la primera gran crisis bursátil y corporativa del sector. Después de una década, la pasada, en la que han dominado la gestión de los fondos, pese a su paulatino encarecimiento, y a abanderar el reparto de beneficios entre sus inversores.

Mientras la industria de los hedge-funds, carteras de activos de alto riesgo, acapararon capitales netos el pasado ejercicio por valor de 328.000 millones de dólares, su segundo registro anual más cuantioso, asegura la firma CFRA Research. Un incremento por las inversiones que precipitaron el credit crunch de 2008 -también de derivados, estructurados y swaps- que ha generado la alerta desde el Banco Internacional de Pagos (BIS), entidad de la que emanan las normas regulatorias bancarias y que alberga a los diez principales bancos centrales del planeta. El BIS ha venido revelando en sus informes trimestrales del pasado año un aumento gradual de estas carteras de riesgo sistémico.

Bergman, en declaraciones a Business Insider, cree que "el régimen artificial de bajos tipos de interés y la actitud de pasividad inversora que ha prevalecido en la pasada década" son los dos factores que, a su juicio, están siendo responsables de la explosión de los hedge-funds con unas carteras de activos cargadas de valores tecnológicos en efervescencia bursátil. "Y lo que el perfil medio de inversor conoce del mercado es sólo una pequeña fracción de lo que realmente valen las compañías". En su opinión, hasta un 20% del valor del S&P 500 americano es especulativo o, cuanto menos, resultado de rampantes crecimientos de cotizaciones sin justificación. Casi todas, tecnológicas. Aunque no las únicas. Amazon o Google parecen ajenas a los rigores del mercado -explica Bergman- "pero todos hemos sido testigos del final de esta película antes".

Siempre hay episodios de la serie que acaban rebajando sus posiciones, desde reformas e iniciativas políticas hasta nuevas normas regulatorias, que han acabado afectando a las grandes corporaciones. Para este analista, la comparación con 1999 resulta obligada: Algunas empresas del top ten del índice S&P 500, como AOL, entonces la número diez, intentó sin éxito fusionar a Time Warner, mientras la séptima, Lucent Technologies nunca llegó a recuperarse de la crisis puntocom. General Electric ha pasado de ser la segunda al puesto sexagésimo segundo por capitalización bursátil.

Un mercado con activos hipervalorados

John Hussman, presidente de Hussman Investmen Trust, también se apunta a la tesis de la burbuja tecnológica. "Nos aproximamos al punto crucial", en el que los inversores "deberían empezar a pensar que se encuentran ante una combinación extrema de hiper-valoración en los valores -sobre todo, los techs- y señales de mercado desfavorables". Como en 1999-2000. "La especulación está jugando con fuego", alerta. En 1929, la explosión bursátil se saldó con la caída del 90% del valor de las empresas y, en 2000, la burbuja de internet borró casi el 80% del índice Nasdaq. "Los mercados están ahora posicionados en escenarios similares".

Para más inri, el premio Nobel Robert Shiller, acaba de publicar un libro en el que pasa revista a las dos peores burbujas financieras de la historia económica reciente. El autor de la teoría de la exuberancia irracional que empleó con posterioridad el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, y que recibió el máximo galardón económico en 2013, llama la atención sobre las coincidencias financieras con 1999, preludio de la crisis puntocom de 2000 -con recesiones en EEUU y Alemania tres años más tarde- y con 2007, cuando surge la embestida de las hipotecas subprime estadounidenses que precedió a la quiebra de Lehman Brothers, un año más tarde y que desembocó en la primera recesión sincronizada de las economías del G-7. Shiller cree que, de nuevo, se ha instalado un comportamiento irracional en los mercados que resulta "más que preocupante".

madrid

09/03/2020 07:27

Por DIEGO HERRANZ

Publicado enEconomía
Página 1 de 20