Canibalismo del fracking: toxicidad del agua y fraude financiero

El fracking, "fracturación hidráulica" para la extracción del bituminoso shale gas/petróleo, epitomiza el summum del desregulado canibalismo neoliberal en el siglo XXI, a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios.

Justin Mikulka, ingeniero ambiental y civil de la Universidad Cornell, expone en forma aterradora la nueva “pesadilla del fracking”: la toxicidad del agua –con su contenido de "secretas" sustancias químicas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xSqeM2)–, que en forma eufemística es definida por la depredadora industria como "agua producida (sic)" (http://bit.ly/2xDVX4e).

Justin Mikulka ya había condenado a la industria del fracking de "canibalizar su propia producción al aumentar los riesgos de su derrama" (http://bit.ly/2xL6hGK).

Refiere que en la célebre cuenca Permian –hoy la máxima de producción de shale gas/petróleo de EU en la parte occidental de Texas– "cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica" (http://bit.ly/2xNUrLV) y que conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su "eliminación".

Amén de su robotización, para disminuir los costos del agua tóxica, la industria del fracking utiliza todos los métodos fantasmagóricos: su re-inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su remoción al Golfo de México (http://bit.ly/2xBEGZu) –¿Le habrán pedido permiso al disfuncional canciller "mexicano" Videgaray?–; su "tratamiento" en instalaciones municipales que no están equipadas para lidiar con ese tipo de desechos (su inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su restitución a los ríos (https://cbsloc.al/2xPwELT); su utilización para la irrigación agrícola (http://bit.ly/2xyoNTx) y el deshielo de las carreteras (http://bit.ly/2xORzhU).

Mikulka cita a Gabriel Collins, becario en energía y ambiente en la Universidad Rice, quien considera que los inversionistas de Wall Street ocultan que hoy la toxicidad del agua es el mayor problema del fracking. Esto es muy discutible ya que las sustancias químicas secretas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xQcvFr), así como la supuesta mayor frecuencia de sismos que se han triplicado, no se quedan atrás.

Sólo en la célebre cuenca Permian, el gasto del manejo del agua será duplicado a más de 22 mil millones de dólares en los próximos cinco años

No faltan los oportunistas de Wall Street que huelen grandes negocios especulando con el agua de reciclaje del fracking, mucho más que con el propio crudo extraído (WSJ 22/8/18).

La Universidad Duke expuso que el uso del agua para el fracking se incrementó 770 por ciento de 2011 hasta 2016, mientras que la cantidad de agua tóxica se incrementó mil 440 por ciento (sic) en el mismo periodo (http://bit.ly/2xQbpJM).

Mikulka cita al The Washington Post que fustiga la presente incapacidad de lidiar con el agua tóxica del fracking: "no existe manera de tratar, almacenar y liberar los miles de millones de galones de agua tóxica en la superficie".

Un grave problema del círculo vicioso del fracking, para disponer del agua tóxica, radica en su re-inyección en los pozos de gas/petróleo shale, lo cual ha incrementado los sismos (https://wapo.st/2xL3Fsq).

Otro problema mayor es la actitud pro-petrolera a ultranza de Trump quien incrimina a la "regulación", lo cual choca con la postura de la Agencia de Protección (sic) Ambiental (EPA; http://bit.ly/2xSAcgq) que inculpa al fracking de la "contaminación del agua potable" (https://nyti.ms/2xQloyM).

Conforme más avanza la aplicación demencial del fracking, más se descubre su pernicioso canibalismo contra el género humano.

Pese a que se ha demostrado ad nauseam que el espejismo del fracking constituye una vulgar burbuja especulativa de la Reserva Federal y la bancocracia de Wall Street, como acabo de demostrar en el portal Sputnik (http://bit.ly/2xPSYVB), a mi juicio, sirve a EU de cortina de humo para adueñarse a carta cabal del petróleo en las "aguas profundas" del “México neoliberal itamita” y de los hidrocarburos de Venezuela: supremas cartas geopolíticas contra Rusia y China.

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¿Un barril de crudo a 100 dólares?: la antesala de otra recesión mundial

El petróleo se ha instalado en torno a los 80 dólares. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo. Una combinación de crecimiento de demanda global de energía, restricciones productivas en la OPEP y tensiones geopolíticas, en especial, hacia Irán, siembran el temor a que el crudo, si toca los 100 dólares de cotización, desencadene una nueva recesión en EEUU, y en el mundo.

No resulta descabellado. La escalada de precios del petróleo ha antecedido a cinco de las seis últimas recesiones de la economía estadounidense. Y 2018 está asumiendo el protagonismo de un cambio de tendencia. Al alza. De un nuevo boom de oro negro que devuelve a los mercados y a los Estados -productores o crudo-dependientes, que fían sus presupuestos anuales a un coste o recaudación determinado-, a un escenario más similar al de los años previos a 2014 -ejercicio en el que el petróleo comenzó un descenso histórico que llevó al Brent, de referencia en Europa, a cotizar a 27,67 dólares el barril, en enero de 2016, el valor más bajo desde 2003-, en los que los contratos de futuros transitaban con comodidad por cifras de tres dígitos.


En la actualidad, cotiza en torno a los 78 dólares, cerca de la frontera que Arabia Saudí, primer productor mundial y auténtico rector de los designios de la OPEP, ha establecido como adecuados, en 2018, según sus intereses. Una cota excelente para sanear sus desequilibradas arcas públicas por efecto del alto coste de la guerra en Yemen y de unos ingresos petrolíferos holgadamente por debajo de los 60 dólares en el último trienio. Pero, ¿qué consecuencias tendría un barril a 100 dólares? Y, sobre todo, ¿qué circunstancias se han combinado para que el barril tenga a tiro esta emblemática cotización, que ha elevado en más de un 50% su valor desde comienzos de año?

“Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, dice el equipo de economistas de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, en especial hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. Efectivamente, “el petróleo se podría poner en 100 dólares a lo largo de este ejercicio”, advierten. Con réplicas inmediatas en las economías. “Las señales de una posible contracción del PIB en EEUU son elocuentes”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.

Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. No tanto en la mayor economía del planeta, debido al encarecimiento del precio del dinero, sino en la esfera de los mercados emergentes, reacios a seguir la estela de la Reserva Federal americana y asolados por las restricciones en los circuitos de acceso al crédito internacional por las subidas de tipos en EEUU, sus elevadas tasas de endeudamiento soberanos y de sus empresas y bancos y por la reanimación del dólar.

Esta pinza -recesión más inflación- afecta, en cualquier caso, a la coyuntura estadounidense. “Hay que tomárselo en serio” porque todo repunte más o menos brusco del crudo “acarrea una serie de riesgos” y conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y la escalada actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.


Un sónar peligroso

Este salto “es todavía de menor trascendencia que otros que antecedieron a recesiones en EEUU pero si el precio se mueve hacia los 100 dólares el panorama cambiará sin remedio”. Entonces -explican en UBS- se restaría alrededor de 100.000 millones a la economía global, dejando el PIB del planeta en un crecimiento del 3,8% -cualquier crecimiento inferior al 3% se considera como contracción global-, mientras que los precios mundiales se situarían por encima del 4%, lo que obligaría a bancos centrales de las potencias emergentes (e industrializadas, en especial, al área del euro y Reino Unido) a mover ficha al alza. Otro retardo de actividad.

Desde Goldman Sachs también observan estos riesgos. “Es un sónar peligroso para la gestión de los riesgos futuros, porque las perspectivas no son halagüeñas”. Aunque, de momento, los flujos de inversión “permanezcan más complacientes que preocupados”, pese a que el Brent ha subido un 52% desde que, a finales del pasado año, la OPEP se inclinara por las tesis de Riad y redujera, de forma más agresiva de lo esperado, sus cuotas productivas. Hasta alcanzar los 82,5 dólares. También juega un rol notable la crisis nuclear iraní derivada de la ruptura del tratado por parte de la Casa Blanca. A lo que hay que añadir el incremento de la demanda de crudo que “podría enfrentarse a problemas de entrega por la carencia de petróleo en el mercado” y la fatiga que está empezando a demostrar el actual ciclo de negocio, que nació débil y con rastro sinuoso por emerger de la mayor crisis financiera desde 1929, afirman en el banco de inversión americano.

Citigroup acaba de elevar en 10 dólares, hasta los 75, el precio medio del barril para el conjunto de 2018, lo que lleva implícito que, en algún momento del año, traspasará los 100 dólares.


“Por favor, pare esto; de otra forma, el crudo se encarecerá mucho más”. Esta ha sido la réplica del gobernador de Irán en la OPEP, Houssein Kazempour Ardebili, al presidente de EEUU por su tweet en el que acusa al cártel petrolífero de “hacer muy poco” para estabilizar el precio del oro negro y “todo lo posible” por encarecer los combustibles en EEUU.


A pesar de que Arabia Saudí ha afirmado a Washington que impulsará la producción, en Goldman Sachs alertan de que esta posibilidad baja enteros ante los riesgos de suministro de Venezuela e Irán, bajo sanciones de la Administración Trump. “Está usted martilleando a la OPEP y desacreditando la soberanía de sus socios”, critica Kazempour, quien dijo que en el cártel “esperan una actitud más conciliadora y cordial” por parte del actual inquilino de la Casa Blanca, que también les emplazó a “reducir los precios de inmediato”.


Más contundente han sido los jerarcas de la Guardia Revolucionaria iraní, al advertir que cualquier maniobra de Washington para exigir cambios en la política de la OPEP traería el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa la mayor concentración de petroleros del mundo para cargar el 30% de los flujos petrolíferos que movilizan los mercados y cuyo peaje está en poder de Teherán. Tampoco ayuda a las pretensiones de Washington los problemas de abastecimiento, en este caso tecnológicos para extraer crudo, de Libia -país miembro del cártel, pero exento del último acuerdo junto a Nigeria- y Canadá. Ni el aumento de tarifas comerciales de EEUU a China, el primer comprador de petróleo del mundo, que podría mermar su dinamismo y, con él, el del conjunto del PIB global.

Réplica amenazante de la OPEP

“La OPEP nunca ha definido el precio del crudo en los últimos 30 años”, espeta Kazempour. Falacia que, sin embargo, le dio pie para concluir con un duro mensaje a Trump: “Usted impone sanciones a grandes productores, fundadores de la OPEP, y todavía nos interpela para que bajemos precios”, se preguntó. “¿Desde cuándo ha empezado a trasladarnos órdenes?”.


En este complejo panorama, sólo Rusia parece dispuesto a elevar sus cuotas de mercado. Además del consejo de la Agencia Internacional de la Energía de que Arabia Saudí y los emiratos del Golfo Pérsico cubran la retirada de 1,5 millones de barriles diarios que Irán y Venezuela pretenden poner en marcha en 2019. El mercado del crudo es especialmente vulnerable a la evolución de precios de los contratos de futuros a seis meses.

También a los inventarios acumulados de EEUU. Es decir, a la capacidad y el volumen de almacenamiento de crudo por parte del mayor mercado del mundo, y que, pese a subir en 833.000 barriles en las últimas semanas, siguen por debajo de las estimaciones, de 1,25 millones, que los analistas juzgan idóneo para revertir el rally alcista del crudo. Sin tocar sus reservas estratégicas -Trump baraja permitir labores de exploración en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico que, junto a las reservas de 11.800 millones de barriles de Alaska, añadiría más capacidad productiva a EEUU- y sin elevar el poder extractivo de su industria del fracking, a la que están plenamente dedicada firmas petroleras del país que han vuelto a ejercer su capacidad de lobby en la Casa Blanca con la actual Administración.

La que también se denomina shale revolution ha permitido a EEUU ser el primer productor de crudo y convertirse en exportador neto de petróleo, con más de 2 millones de barriles diarios, según la capacidad extractiva semanal de un método especialmente dañino al medio ambiente. Trump y los jerarcas del sector petrolífero aseguran que, con el fracking, la caída de actividad del PIB de EEUU, con un barril a 100 euros, sería de cuatro décimas. La estimación que antes se calculaba para el petróleo a 75 dólares.

Por si fuera poco, hay un indicador, la curva de rentabilidad del bono americano que, aunque se ha estabilizado en las últimas fechas, deja una incógnita mayúscula por despejar. Este barómetro determina el diferencial de beneficios entre el bono estadounidense a dos y diez años. Cualquier caída a posiciones negativas (o próximas a ello) anticipa una contracción del PIB. En la actualidad, se encuentra en cuatro puntos básicos, después de subir en los últimos meses y dejar atrás las alarmas surgidas en 2014, cuando se situó por debajo de los dos puntos. En buena medida, por la política restrictiva de la Fed. Pero los nervios de los inversores no se han calmado. Y con razón. Porque la Reserva Federal tendrá que manejar un aspecto clave a la hora de determinar futuras subidas de tipos en un indicador que ya no navega con el salvavidas de los estímulos monetarios de los últimos años. De ahí que bancos de inversión como Bernstein convengan en que el ciclo de negocios actual en EEUU toque a su fin. Ni siquiera la rebaja fiscal a empresas y consumidores de Trump parece que servirá para espolear la demanda interna (gasto de consumo de familias y de inversión de empresas) porque las expectativas son de guardar la ropa. Dada la volatilidad de los mercados bursátiles y la debilidad financiera de los grandes mercados emergentes. Y ya se sabe en los círculos inversores que cuando EEUU estornuda, Europa y Japón se resfrían.
Indicadores apócrifos en EEUU

Dentro de un ambiente que recuerda a 2007, preludio de la crisis. Con datos que preludian una compleja salida para la sociedad americana. The Washington Post alertaba recientemente de ello. Son los barómetros apócrifos, explicaba. Un 45% de los estadounidenses en edad adulta carece de un colchón financiero suficiente para permitirse un gasto inesperado de 400 dólares, que les puede llegar de forma súbita, pero también habitual: por ejemplo, una factura médica de urgencia o la avería de su coche. Una segunda alerta es que el 43% de sus hogares no pueden permitirse un modo de vida básico; es decir, que casi la mitad de las familias de la gran potencia mundial no pueden afrontar los gastos aparejados a la vivienda, comida, escolarización infantil, transporte, sanidad o conexión a Internet. El tercer factor es que, durante el pasado año, más de uno de cada cuatro estadounidenses no acudió a recibir asistencia sanitaria porque no se lo podía permitir. El cuarto y último índice de que la microeconomía no ha seguido la estela de las grandes cifras coyunturales es que un 22% de ellos no tienen capacidad financiera para pagar todas las facturas a final de mes y, asociado a este indicador, que sólo el 38% de los trabajadores en activo piensa que sus ahorros para la jubilación, en un país sin pensiones públicas, están en el camino correcto para sus necesidades una vez pasen a la edad de retiro.

 

MADRID
06/08/2018 08:36 Actualizado: 06/08/2018 08:36
Por DIEGO HERRANZ

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2017 registró el mayor incremento de milmillonarios de la historia

El PIB global sumó 80,6 billones de dólares en 2017, según el Banco Mundial. Mientras, la deuda global de los estados, empresas y hogares de todo el mundo ascendió, en el primer trimestre de 2018, a 247,2 billones de dólares, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), lo que representa ya el 318% del PIB mundial. ¿Qué peso tiene la globalización financiera y cómo ha evolucionado? El informe de 2017 del Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea y que opera como “un banco central para los bancos centrales”, señala que la apertura financiera se aceleró desde mediados de la década de los 90 en las economías del Norte. Así, los activos y pasivos financieros exteriores “se han disparado” desde el 36% del PIB global en 1960 hasta cerca del 400% (293 billones de dólares) en 2015. El BPI, del que forman parte 60 bancos centrales, resalta que en Estados Unidos las multinacionales participan en más del 90% de las operaciones comerciales, de las que más de la mitad se realizan entre entidades vinculadas a una misma transnacional. La citada fuente reconoce que la proporción de la renta que concentra el 1% de las principales fortunas ha “aumentado significativamente” desde la mitad de los años 80 del siglo pasado.

“Todo sigue igual en el casino financiero global”, sostiene el movimiento ciudadano internacional ATTAC, surgido en 1998 en Francia y un año y medio después en el estado español. ATTAC ha publicado en castellano (mayo de 2018), francés, inglés y alemán el libro “10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas”, coordinado por Dominique Plihon, miembro del movimiento en Francia; Myriam Vander Stichele, en Países Bajos y Peter Wahl, en Alemania. El texto de 127 páginas ha sido presentado en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València por la economista feminista Carmen Castro, y por el profesor de Sociología en la Universitat de València, Ernest García, miembros del Consejo Científico de ATTAC.


El ensayo ahonda, desde una perspectiva crítica, en el impacto de las finanzas. En el mercado de divisas (el mayor del mundo) el volumen de negocio diario –más de 5,3 billones de dólares- equivale aproximadamente a cinco veces el PIB anual de España. Sin embargo, “menos del 3% de estas transacciones sirven a la economía real, es decir, al comercio y la inversión”, apunta el libro redactado por Isabelle Bourboulon, de ATTAC Francia. Es la misma estrategia con la que actúan los bancos, también embarcados en la “financiarización”, que dedican una proporción cada vez menor –entre el 30% y el 40% de sus balances en la UE- a los sectores productivo, hipotecas y depósitos bancarios.


El ensayo también resalta el poder actual de los lobbies. De hecho, los investigadores del Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO) han revelado que en Bruselas trabajan cerca de 25.000 lobbistas y grandes grupos de presión como la European Chemical Industry Council (CEFIC), de la industria química; o EUROCHAMBRES, que representa a 43 asociaciones nacionales del comercio e industria y otras dos transnacionales. El 17 de julio la UE y Japón firmaron en Tokio un Tratado de Libre Comercio “ambicioso” e “histórico”, que las instituciones comunitarias celebraron por las ventajas para las empresas europeas, exportadoras de bienes y servicios al país asiático por valor de 86.000 millones de euros anuales. Sin embargo, el CEO ha denunciado que, para alcanzar los acuerdos, entre enero de 2014 y enero de 2017 la Comisión Europea mantuvo 213 reuniones a puerta cerrada con los lobbistas; de estos encuentros, 190 –el 89%- se produjeron con lobbies de las corporaciones, mientras que 9 (4%) tuvieron como interlocutores a ONG, sindicatos de agricultores o grupos de consumidores.


La mezcolanza de intereses señalada por ATTAC remite a políticos como Durao Barroso, exprimer ministro de Portugal (2002-2004) y expresidente de la Comisión Europea (2004-2014); en julio de 2016 Durao Barroso fichó por Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión responsables hace una década de la crisis de las hipotecas “subprime”. Y lo hizo conservando una pensión pública de 18.000 euros mensuales por su anterior cargo en la Comisión. El Observatorio Europeo de las Corporaciones reveló asimismo que Durao (ya presidente no ejecutivo de la subsidiaria de Goldman Sachs en Londres) y el actual vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, se reunieron en octubre de 2017 en un hotel de Bruselas para tratar sobre “asuntos de comercio y defensa”.


Otro presidente que –junto al líder portugués y José María Aznar- apoyó la invasión militar de Iraq en 2003, liderada por George W. Bush y que según la organización estadounidense Just Foreign Policy causó 1,4 millones de muertos hasta 2010, fue Tony Blair. El político laborista encadenó una década como primer ministro del Reino Unido con su contratación como asesor, en 2008, del grupo Zurich Financial Services y también de JPMorgan Chase, banco sancionado en 2013 por el Gobierno de Obama con una multa de 13.000 millones de dólares por malas prácticas hipotecarias. Respecto al actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, “es un antiguo banquero de inversiones (por su pasado en la banca Rotchild) que da su apoyo masivo a la industria financiera francesa para permitirle aprovechar la exclusión de la City del mercado europeo tras el Brexit”, critica el libro de ATTAC.


Otro punto que trata el texto es del fraude y la evasión fiscal. El Índice de Secreto Financiero que cada dos años publica Tax Justice Network (TJN) está encabezado en 2018 por Suiza, país al que siguen Estados Unidos, Islas Caimán, Hong Kong, Singapur, Luxemburgo y Alemania. La red independiente calcula entre 21 billones y 32 billones de dólares la riqueza privada que en todo el mundo está sin gravar, sometida una imposición reducida o en zonas con secreto bancario. “Los Países Bajos son el país por el que transitan los mayores flujos de capital no gravado hacia los paraísos fiscales, después de Estados Unidos”, subraya ATTAC. En 2013 la Comisión Europea cifró en un billón de euros anuales los recursos que la UE dejaba de ingresar por la evasión fiscal, cantidad equivalente a la inversión sanitaria de los 28 países de la Unión en 2008.


Una de las entidades financieras citadas en el texto, por su relación con la comercialización de hipotecas “basura”, es el Deutsche Bank, cuyo balance arrojó pérdidas en el periodo 2015-2017. Las agencias de prensa informaron que el principal banco de Alemania llegó, en diciembre de 2016, a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense para el pago de 7.200 millones de dólares por multas y reclamaciones civiles, derivadas de la emisión de valores y “titulización” de hipotecas “tóxicas” entre 2005 y 2007. La cifra propuesta unos meses antes era la de 14.000 millones de dólares. Asimismo se enfrentaron a multas sociedades como Goldman Sachs, Bank of America y Citigroup. Pero el libro comienza con la recesión de 2008 y sus efectos. Un año después el FMI estimó en 4,1 billones de dólares las pérdidas que, por la caída del valor de los activos, generaría la crisis en los países del Norte; y señalaba que la banca resultaría la principal afectada. Sin embargo, en 2009 JPMorgan Chase afirmó que duplicaba sus beneficios, que alcanzaron los 11.728 millones de dólares. Goldman Sachs también demostró su fortaleza: en el tercer trimestre de 2009 declaró un beneficio neto de 3.030 millones de dólares, frente a los 845 millones de dólares registrados entre enero y marzo de 2008.


La contrapartida puede advertirse en las informaciones de la agencia estadounidense RealtyTrac, especializada en el mercado inmobiliario. En 2008, más de 2,3 millones de casas recibieron notificaciones de venta en subasta o fueron embargadas por las entidades prestamistas en Estados Unidos, un 81% más que en 2007, resalta el informe recogido por el portal Idealista.com. A mayor escala, ATTAC subraya las desigualdades del modelo apoyándose en economistas como Thomas Piketty o Samuel Zucman (“Informe sobre la desigualdad global” de 2018); afirman que, en Estados Unidos y Europa Occidental, la participación del 1% de mayor ingreso era en 1980 cercana al 10% del Ingreso Nacional, pero que mientras en Europa Occidental aumentó al 12% en 2016, en Estados Unidos escaló el mismo año hasta el 20%. Por el contrario, la participación del 50% de menores ingresos de Estados Unidos en el Ingreso Nacional pasó del 20% en 1980 al 13% en 2016. Otro sustento para la crítica a las desigualdades es el informe de Oxfam “Premiar el trabajo, no la riqueza” (enero de 2018). Sostiene que en 2017 se produjo el mayor incremento en el número de milmillonarios de la historia, al ritmo de uno cada dos días; el número de patrimonios superiores a los mil millones de dólares asciende a 2.043; además, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial durante 2017 se concentró en el 1% más rico. “A la mitad más pobre de la población mundial no le ha llegado nada de ese incremento”, concluye el documento de la ONG.

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Martes, 10 Julio 2018 07:16

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Sobre el arte no sólo orbitan el capitalismo neoliberal, las bienales, las ferias, Internet, sino también la especulación inmobiliaria, la evasión fiscal, el lavado de dinero, las off shore, la desregulación del mercado financiero.

Para resumir brutalmente una pila de textos académicos: el arte contemporáneo es posible gracias al capitalismo neoliberal, además de Internet, las bienales, las ferias de arte, las historias paralelas emergentes y las crecientes desigualdades de ingresos. Sumemos a esta lista a la guerra asimétrica –una de las razones de las enormes redistribuciones de riquezas–, la especulación de bienes raíces, la evasión fiscal, el lavado de dinero y los mercados financieros desregulados.


Parafraseando los esclarecedores conceptos del filósofo Peter Osborne sobre este tema: el arte contemporáneo nos muestra la falta de un tiempo y un espacio (globales). Es más, proyecta una unidad ficticia sobre una variedad de ideas diferentes del espacio y el tiempo, proporcionando una superficie común allí donde no la hay.


Así, la falta de un terreno, una temporalidad o un espacio comunes, el arte contemporáneo se transforma en un delegado de la comunidad global. Se define por la proliferación de locaciones y la falta de responsabilidad. Funciona a través de grandes operaciones de bienes raíces que reorganizan el espacio urbano, transformando las ciudades de todo el mundo. Incluso es un espacio de guerras civiles que provocan booms en el mercado del arte una o dos décadas más tarde a través de la redistribución de la riqueza causada por los conflictos armados. Tiene lugar en servidores y por medio de infraestructuras de fibra óptica, y cada vez que, milagrosamente, la deuda pública se transforma en riqueza privada. El arte contemporáneo ocurre cuando a los contribuyentes se les hace creer que están ayudando a otros Estados soberanos cuando en realidad están subsidiando a la banca internacional que se ve compensada por colocar deuda de alto riesgo en naciones vulnerables. O cuando este o aquel régimen decide que necesita el equivalente, en el campo de las relaciones públicas, de una cirugía plástica.


Pero el arte contemporáneo también crea nuevos espacios físicos que evitan las soberanías nacionales. Permítanme darles un ejemplo contemporáneo: el almacenamiento de arte en puertos libres.
La madre de todos los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres es el puerto libre de Ginebra, una zona libre de impuestos que incluye partes de una estación de cargas y un edificio de almacenamiento industrial. La zona de libre comercio ocupa el patio trasero y el cuarto piso del viejo almacén, de modo que diferentes jurisdicciones se encuentran en el mismo predio, mientras que los otros pisos se encuentran fuera de aquella zona de puerto libre. En 2014, habilitaron un nuevo espacio de almacenamiento. Apenas unos años antes, el puerto libre ni siquiera era considerado oficialmente parte de Suiza.

Se rumorea que el edificio alberga cientos de Picassos, pero nadie sabe el número exacto porque la documentación es más bien opaca. No obstante, no hay muchas dudas de que sus contenidos podrían competir con cualquiera de los grandes museos.


Asumamos que este es uno de los espacios de arte más importantes del mundo en la actualidad. No solo no es público, sino que se encuentra ubicado dentro de una geografía muy particular.
Desde el punto de vista legal, los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres son en cierto modo extraterritoriales. Algunos se encuentran en las zonas de tránsito de los aeropuertos o en los sectores libres de impuestos. Keller Easterling describe la zona libre como un “enclave cercado para el almacenamiento”. Hoy se ha transformado en un órgano primario del urbanismo global, copiado y pegado en diferentes ubicaciones alrededor del mundo. Es un ejemplo de la “extra-estatalidad”, como la llama Easterling, dentro de “un estado de excepción híbrido”, más allá de las leyes del Estado-nación. En ese estado de excepción desregulado se privilegia a las corporaciones por sobre los ciudadanos comunes, los “inversionistas” reemplazan a los contribuyentes y los módulos a los edificios: “Los atractivos que ofrecen los puertos libres son similares a los de los centros financieros off-shore: seguridad y confidencialidad, sin demasiado escrutinio… y un conjunto de ventajas impositivas… Técnicamente, los bienes alojados en los puertos libres se encuentran en tránsito, aun cuando en realidad los puertos se utilizan cada vez más como residencia permanente de la riqueza acumulada” (cita tomada del artículo Freeports: Über-warehouses for the ultra-rich [Puertos libres: depósitos uber para los ultra ricos], disponible online en The Economist).


El puerto libre es entonces una zona de tránsito permanente.


Si bien es fijo, ¿el puerto libre define también un carácter efímero que se perpetúa? ¿Es simplemente una zona extraterritorial o es también un sector aislado cuidadosamente dispuesto para la rentabilidad financiera?


El puerto libre contiene múltiples contradicciones: es una zona de impermanencia terminal; es también una zona extra-legalidad legalizada, mantenida por los Estados-nación que buscan emular a los Estados fallidos del mejor modo posible: perdiendo el control selectivamente.


Thomas Elsaesser utilizó el término “inestabilidad constructiva” para describir las propiedades aerodinámicas de los aviones de combate que obtienen una ventaja decisiva cuando vuelan al borde del fallo del sistema. Se podría decir que “caen” o “fallan” en la dirección deseada. Esta inestabilidad constructiva es implementada dentro de los Estados-nación que incorporan zonas en las que “fallan” a propósito. Suiza, por ejemplo, contiene 245 almacenes aduaneros, que encierran zonas excepcionales desde el punto de vista legal y administrativo. ¿Son este y otros Estados contenedores de diferentes tipos de jurisdicciones que se aplican o, más bien, no se aplican, según la riqueza de las corporaciones o de los individuos? ¿Se ha transformado este tipo de Estado en un paquete para la falta de estatalidad oportunista? Como señaló Elsaesser, su idea de “inestabilidad constructiva” se originó discutiendo la obra “Así van las cosas” (“Der Lauf der Dinge”, 1987), de los artistas suizos Fischli & Weiss. En ella, un gran número de objetos pierden el equilibrio en un colapso celebratorio. El glorioso lema del film es: “El equilibrio es más bello justo al borde del colapso”.


Entre muchas otras cosas, los puertos libres también se transforman en zonas para el arte libre de impuestos, donde el control y las fallas son calibrados según la “inestabilidad constructiva”, de modo que las cosas alegremente se encuentran en un equilibrio endeble permanentemente congelado.


* Artista y ensayista nacida en Munich en 1966. Fragmento editado de su libro Arte Duty Free, que acaba de ser publicado, con traducción de Fernando Bruno, por la editorial Caja Negra.

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Miércoles, 20 Junio 2018 06:13

El Mago de Oz va al banco central

El Mago de Oz va al banco central

La historia del Mago de Oz ha pasado siempre como un divertido cuento para niños cuyo tema central es que los milagros siempre son posibles, aun en circunstancias difíciles. Pero pocos saben que la intención del autor, L. Frank Baum, era escribir una alegoría política en la que los personajes representaban segmentos de la sociedad estadunidense a principios del siglo XX.


Por ejemplo, en la metáfora de Baum, el hombre de paja representa al campesinado y a los farmers, cuyo análisis político es muy poco sofisticado. Por eso anda en busca de un cerebro. Por su parte, el hombre de hojalata personifica a los obreros industriales, explotados por políticos y líderes sindicales corruptos. Los demás personajes encarnan otras figuras de la sociedad estadunidense y el famoso camino amarillo simboliza el patrón oro que muchos suponían podría resguardar el valor de la moneda y evitar las arbitrariedades de gobiernos y banqueros.


La creencia de que el patrón oro permitiría combatir los abusos de la clase política y de los banqueros es una de las creencias populares más aceptadas aun en nuestros días. No es la única creencia errónea sobre el funcionamiento de la política monetaria y casi siempre se acompaña de otro mito clave sobre el sistema bancario: la idea de que el banco central controla efectivamente la oferta monetaria.


La idea básica del patrón oro es que al fijar por ley el valor de la moneda en una fracción de ese metal precioso, el valor del instrumento monetario queda a salvo de las manipulaciones del poder político. Supuestamente la degradación del valor de la moneda se evita al asegurar la convertibilidad en algo tangible, como el oro, porque las autoridades político-monetarias deben mantener las reservas adecuadas para garantizar el valor de la moneda para tranquilidad de todo mundo.
En realidad un sistema basado en el patrón oro no es garantía contra las crisis y la pérdida de valor de la moneda. Prueba de lo anterior es que durante la vigencia de sistemas basados en el metalismo fueron frecuentes los episodios de hiperinflación y desvalorización de la moneda. Por otra parte, la historia demuestra que el patrón oro y otras formas de metalismo sí son una atadura para la política monetaria. Por eso el patrón oro fue una de las principales correas de transmisión de los efectos de la crisis de 1929 y contribuyó a extender las consecuencias de la Gran Depresión. Los países que se regían por el patrón oro hacían todo lo posible (incluso recurrir al proteccionismo) para evitar que el oro saliera de sus reservas para hacer frente a sus compromisos internacionales. La alternativa fue el ajuste interno y la deflación, y para ello se necesitó aplicar las recetas tradicionales de austeridad, con lo que la recesión se transformó en crisis. El patrón oro se convirtió en una máquina para transmitir y profundizar las secuelas de la Gran Depresión. No por nada Keynes lo llamó una bárbara reliquia del pasado.


La idea clave del patrón oro es que la oferta monetaria debe estar atada a las reservas del metal precioso. Pero esa idea ignora todo sobre el funcionamiento del sistema bancario y el papel del banco central. Supone que los bancos comerciales son simples intermediarios entre ahorradores e inversionistas en un mítico mercado de capitales. En ese mundo fantástico los ahorradores depositan sus ahorros en los bancos y éstos prestan ese dinero a los inversionistas. El diferencial entre la tasa de interés pagada a los ahorradores y la que se cobra a los inversionistas es la ganancia de los bancos por su labor de intermediación.


Esta idea ingenua sobre el mercado de fondos prestables predomina aún en análisis modernos de una economía con moneda fiduciaria, por ejemplo en economistas como Krugman. Pero esa visión no tiene nada que ver con la realidad. Lo que un banco comercial necesita es encontrar un sujeto de crédito confiable, con buen historial y, si se trata de un inversionista, con un proyecto rentable. Pasada la prueba, el préstamo se autoriza y se abre una cuenta en el banco: por eso los préstamos crean los depósitos. Cuando la actividad de los bancos lo requiere, el banco central genera las reservas necesarias para que el sistema pueda seguir operando. Esta postura acomodaticia del banco central es la clave de la política monetaria en la actualidad. El corolario es que el banco central no controla la oferta monetaria.


Si el cuento de Baum es una alegoría política, ¿quién es el Mago de Oz? Cuando al final Dorotea recorre la cortina y descubre a un hombrecito cuya base de poder son los globos de aire caliente, el Mago de Oz encarna el contubernio entre políticos y el poder financiero. Dorotea revela que los sueños de la población, de los campesinos y obreros, pueden hacerse realidad. Sólo se requiere descubrir la verdad del complejo entramado con el que políticos y el sector financiero han sometido a la economía para beneficio de los especuladores.


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La impotencia de la clase dominante argentina

Tras dos años y medio de gobierno, Mauricio Macri fracasó dos veces en una semana para contener una brutal escalada del dólar que amenaza con colapsar la economía y derribar su gobierno. La moneda estadunidense comenzó el año en 18.65 pesos y esta semana superó 23.50. Millones de argentinos se enfrentan al drama de la sobrevivencia, ya que la devaluación impacta directamente en los precios de los alimentos.


Para evitar una depreciación aún mayor de la moneda, el gobierno aumentó las tasas de interés de 28 a 40 por ciento y obligó a los bancos a desprenderse de dólares. En el mismo lapso, sacrificó más de 7 mil millones de dólares de las reservas para intentar frenar la subida del dólar.


El martes de esta semana el dólar volvió a trepar luego de una leve caída el lunes. La corrida en curso arrancó en marzo y todo indica que los fondos de inversión están alentando la fuga hacia activos en dólares. “ Forbes y el Financial Times ya dijeron que es tiempo de salir de la riesgosa Argentina, calificada como uno de los tres países más vulnerables a shocksexternos por las evaluadoras del establishment internacional” (Página 12, 5/05/18).


Macri fracasó cuando intentó atraer inversiones y ahora está fracasando con su propia base social, la que lo llevó al gobierno, que está especulando porque no confía en su política económica. Una espiral de desconfianza está en la base de la crisis del mercado de cambios: crece la fuga de capitales, aumenta el déficit comercial por el crecimiento exponencial de las importaciones y el pago de intereses de la deuda en moneda extranjera. En resumen, un estrangulamiento del sector externo.


Un demacrado Macri apareció en televisión para informar que el país retorna al regazo del FMI, mediante la negociación de un crédito de 30 mil millones de dólares para estabilizar la crisis de confianza. Es la segunda vez en dos décadas que sucede algo similar. En 2001, en medio de una grave recesión, el gobierno de Fernando de la Rúa pidió 40 mil millones de dólares al FMI para defender al peso porque los argentinos estaban retirando sus depósitos masivamente para convertirlos en dólares o llevarlos fuera del país.
En 2006, el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda y finalizó la dependencia del FMI, en una decisión política trascendente. Con la llegada de Macri, Argentina emitió títulos por 59 mil millones de dólares, casi el doble que Arabia Saudita, el segundo en el ranking, y el triple que el tercero, Indonesia ( El País, 8/05/18). De ese modo, el país vuelve a tener una deuda con una gran exposición en dólares, lo que acrecienta su vulnerabilidad.


Para los sectores populares, la devaluación es sinónimo de inflación (20 por ciento previsto para este año), o de hiperinflación, como sucedió varias veces en la historia reciente. Para aliviar el déficit fiscal, el gobierno viene aumentando las tarifas de los servicios, con la excusa de que el gobierno de Cristina Fernández las tenía subsidiadas, pero lo hace de un modo brutal. Desde fines de 2015, el gas aumentó 1,013 por ciento, el metro 178 por ciento y los autobuses 233 por ciento, en tanto las tarifas eléctricas subieron 1,615 por ciento y el agua 550 por ciento.


La política argentina es oscilante, cambiante e imprevisible. En apenas dos años, Macri consumió los apoyos sociales con los que llegó al gobierno y ahora el rechazo a su gestión duplica los aprobados. ¿Cómo explicar estos cambios y la velocidad del desgaste de Macri?


La clave hay que buscarla en diciembre pasado, cuando cientos de miles de argentinos desafiaron la reforma previsional, en la calle, afrontando una feroz represión. Ese fue el punto de inflexión, como indican las encuestas. Un punto de quiebre que conecta con la tradición del movimiento popular argentino, el más potente y combativo durante el siglo XX, como indican las fechas más destacadas del calendario de luchas.


En 1909, la Semana Roja, la primera gran huelga general en cuya represión cayeron 14 obreros. En 1919, la Semana Trágica, una oleada de huelgas reprimidas por la policía con alrededor de 700 muertos. En 1935, la seminsurrección de los obreros de la construcción en la capital. El 17 de octubre de 1945 –la insurrección obrera victoriosa exigiendo la liberación del coronel Juan Perón– quiebra el poder político de la oligarquía. Años después, la resistencia armada al golpe de Estado de 1955, protagonizada por miles de obreros fabriles.


El levantamiento obrero conocido como Cordobazo, en marzo de 1969, desarticuló la dictadura del general Juan Carlos Onganía, derrotó a la policía y sólo retrocedió, en un intenso combate de calles, ante la presencia del ejército y la marina. Entre 1969 y 1972 hubo 15 insurrecciones, puebladas o motines populares: dos en Córdoba, dos Rosario, tres en Tucumán, además de Rawson, Corrientes, Salta, Mendoza y Casilda, entre las más destacadas.


En todas hubo combates callejeros y se tomaron e incendiaron dependencias estatales. Fue el mayor ciclo de luchas obreras del mundo, en la segunda mitad del siglo XX. Este es el temor de la clase dominante, que la llevó a convocar a los militares cuando los obreros del Gran Buenos Aires (9 millones de habitantes en 1975), desbordaron a sus sindicatos, paralizaron la industria y neutralizaron el ajuste económico del gobierno de Isabel Perón.


En las movilizaciones de diciembre pasado confluyeron los sindicatos con los movimientos sociales, mostrando que la capacidad de lucha está tan intacta como la autoestima de los de abajo. El 8 de marzo se produjo la movilización más masiva a lo largo y ancho del planeta, por un movimiento de mujeres que no tiene parangón. La calle es el límite que encuentran los de arriba, y ese límite no cedió siquiera ante el genocidio perpetrado por los militares.


La pregunta es cómo será el final del experimento de Macri. No es seguro que retorne el estallido social. Los de arriba están pergeñando un plan. Debemos auscultarlo, para prevenir males mayores y seguir construyendo nuestros mundos.

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La fortaleza del dólar pone en jaque a las grandes divisas latinoamericanas

Las monedas de Brasil, México Colombia y Chile sufren por la subida de tasas en EE UU, pero esquivan el cataclismo del peso argentino
Ignacio Fariza

El mundo emergente se había acostumbrado en los últimos tiempos a una extraña sensación de calma. Los enormes volúmenes de liquidez acumulados tras años de políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas habían rebosado las Bolsas y los mercados de bonos, llegando también a los activos de los países en desarrollo. Pero la volatilidad es inherente a su propia naturaleza emergente y, antes o después, vuelve a tocar a su puerta. Esta vez, la causa ha sido una combinación de factores que van desde el fortalecimiento del dólar estadounidense por la subida de tipos de interés en la primera potencia mundial hasta el efecto contagio de las dificultades argentinas, pasando por las expectativas de mayor inflación y la creciente percepción de proximidad del fin de ciclo económico. Un cóctel que amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza en América Latina.


Mayo ha traído consigo turbulencias en el mercado cambiario. La primera semana del mes fue la peor para las monedas emergentes en más de un año y esta avanza por los mismos derroteros. El nerviosismo se ha instalado sobre la tercera economía de América Latina, Argentina, un país que lleva el pánico financiero en su ADN y que ya ha tenido que pedir un rescate al Fondo Monetario. Y se ha extendido al resto de grandes países de la región. A la sangría del peso argentino se han sumado las fuertes caídas del peso mexicano, colombiano y chileno. También del real brasileño, que se deja un 14% en los tres últimos meses. "Al estar incluidos en la misma categoría de activos [emergentes y latinoamericanos], hay un cierto contagio de lo que está sucediendo en Argentina", apunta Jonathan Heath, ex economista principal de HSBC para Latinoamérica y hoy analista independiente.


Salvo inesperado cambio de rumbo, los tipos de interés de referencia en Estados Unidos llegarán en junio al 2% por primera vez desde mediados de 2008. Eran otros tiempos: Lehman Brothers aún vivía y la Gran Recesión solo empezaba a fraguarse. Y aunque el incremento en el precio del dinero ha sido telegrafiado desde el día uno después de la crisis, las consecuencias se dejan sentir en los mercados: el endurecimiento de la política monetaria y la expectativa de mayor inflación en los próximos trimestres ha llevado el interés del bono estadounidense a 10 años al filo del 3%, su nivel más alto desde 2014, introduciendo una variable nueva en el juego de equilibrios en la balanza de muchos inversores. "¿Merece más la pena depositar el dinero en activos de riesgo cuando el papel estadounidense —teóricamente exento de incertidumbre sobre su futuro pago— empieza a ofrecer rentabilidades atractivas?", se empiezan a preguntar en los cuarteles generales de las grandes firmas de inversión. Y el mero cuestionamiento agita a América Latina y el resto de emergentes.


"La combinación de mayores tasas en EE UU y perspectivas de inflación más altas es muy negativa para las monedas latinoamericanas", asevera Armando Armenta, estratega del banco de inversión suizo UBS para mercados emergentes. "La gente empieza a ver fundamentos menos sólidos y algunos entran en pánico, golpeando a los países con fundamentos más débiles, como Argentina", agrega un segundo analista de una gran firma de inversión que prefiere no revelar su nombre. "Es un año más volátil en general: lo hemos visto en la Bolsa y en el mercado de renta fija, y empezamos a verlo en el mercado de divisas". Paradójicamente, el bache de las monedas emergentes llega en momento dulce para el petróleo —una variable que suele estar positivamente correlacionada con la evolución de las monedas de la región, donde casi todos los países son productores—, que cotiza en máximos de tres años y medio impulsado por la inestabilidad geopolítica.


En poco más de 20 días, los grandes inversores han sacado 5.500 millones de dólares de los mercados emergentes de deuda, según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) recopilados por Reuters. En el caso de Latinoamérica, esa cifra asciende a 1.200 millones de dólares solamente en la última semana, cuando se han acelerado las salidas, según Bloomberg. Este movimiento tiene, inevitablemente, un efecto directo sobre la cotización de las respectivas monedas regionales: vender deuda de un país supone, también, deshacerse de moneda nacional. Todo sin que, todavía, la mayor área económica del mundo junto con EE UU, la eurozona, haya movido ficha en forma de subidas de tipos.


En este entorno, Argentina es, por mucho, el país que peor lo tiene. A su posición más débil de reservas internacionales que el resto de grandes países latinoamericanos se suma la gran proporción de deuda pública denominada en dólares, tras haber recurrido en mayor medida a emisiones en moneda estadounidense para cubrir sus necesidades de financiación. Pero no es el único. México es la economía latinoamericana más expuesta al mercado estadounidense, y el debilitamiento del peso frente al dólar —que ya ha borrado todas las ganancias cosechadas desde el pasado 1 de enero— tiene efectos de calado su economía. Negativos, como el encarecimiento de los productos importados, con el consecuente repunte de la inflación o la pérdida de valor internacional de los ahorros de sus nacionales. Y positivos, como la mayor competitividad, un factor nada despreciable en una economía tan abierta como la mexicana: las manufacturas del país norteamericano son hoy un 8% más baratas que hace tres semanas por un único factor ajeno a la cadena productiva, la depreciación del peso.


"En líneas generales, los países de la región están mejor preparados que en el pasado para afrontar una situación así", apunta Martín Castellano, economista jefe del IIF para América Latina. "Sin embargo, la posición fiscal es peor, con deudas más altas y mayores déficits en todos los países de la región". El mayor riesgo pasa, en su opinión, por un giro radical de la política macroeconómica tras las elecciones que se celebran este año en tres países clave de la región: Brasil, Colombia y, sobre todo, México. En este último caso, aunque el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lleva meses tratando de tranquilizar a los mercados, los financieros no las tienen todas consigo. No, al menos, hasta no ver con sus propios ojos que la retórica cristaliza en una política fiscal prudente y en la total independencia del banco central.


"En México hay factores propios que han llevado a la depreciación del peso: la incertidumbre en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y la cercanía de las elecciones", agrega Alberto Ramos, de Goldman Sachs. "La disputa entre el sector privado y el candidato puntero en las encuestas [López Obrador] ha creado un entorno de volatilidad que no ha sido atajado, con la consecuente salida de capitales y la pérdida de fuerza del peso", cierra José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México.

México 8 MAY 2018 - 23:23 COT

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Lunes, 30 Abril 2018 06:19

Crear valor

Crear valor

Para comprender el proceso de crecimiento de la economía y así provocar la expansión productiva del ingreso y su mejor distribución es necesario distinguir de la manera más clara posible el asunto del valor.


Hay tres cuestiones relevantes al respecto: ¿Quién lo crea? ¿Quién lo extrae?, y ¿Quién lo destruye? Esto es precisamente lo que plantea en un libro reciente Mariana Mazzucato. La confusión entre estos tres fenómenos, sugiere la autora, es una fuente de ineficiencia, empobrecimiento y de la desigualdad reinante en la economía global.


La noción de valor es clave en la formulación de cómo funciona una economía. Las cosas tiene valor porque sirven para algo –por su uso–, pero tienen también un valor de cambio que proviene de la necesidad de canjear unas cosas por otras; éstas son las mercancías, los servicios o los títulos financieros sean de deuda (bonos) o de propiedad (acciones) y también el trabajo.


La manera convencional de tratar el asunto del valor es por medio de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado. El precio, entonces, se asimila con el valor. Lo que no entra en el campo del mercado no tiene precio y, por lo tanto, tampoco un valor reconocido económicamente (el trabajo doméstico).


Mazzucato argumenta que además hay que considerar lo que ocurre en la interrelación del mercado y el gobierno para distinguir entre quienes crean valor (riqueza) y quienes sólo lo extraen y se lo apropian.


Esto tiene que ver con un aspecto de índole colectivo, como ocurre por ejemplo con el medio ambiente o las inversiones con rendimientos sociales de mediano y largo plazo, y que hoy no son rentables para el capital privado (infraestructura, educación).


Hoy, en la economía de mercado se generan grandes acumulaciones de riqueza privada a partir de la extracción de valor creada en otros segmentos de la sociedad.


Un caso que destaca la autora son ciertas actividades predominantes en el sector financiero, como fue la enorme acumulación de deuda en el mercado inmobiliario, una causa primordial de la crisis de 2008. Esto dejó un gran sobrendeudamiento de las familias mientras representó ganancias extraordinarias para los que promovieron y manipularon esas deudas. Se extrajo y se apropió valor por un lado, mientras se destruía por otro.


Buena parte de la intermediación financiera es esencialmente especulativa y de manipulación de los precios de los activos en los mercados. Esta es una práctica predominante de los bancos más grandes y significa ese mismo tipo de extracción de valor.


La pugna en torno a la regulación de las actividades financieras se ubica en este plano. Los intereses económicos que están en juego son enormes y el debate político y teórico sobre el libre mercado y la regulación es muy intenso. El efecto sobre las inversiones productivas de largo plazo es adverso y, con ello, el mismo potencial de crecimiento del producto y su distribución en la sociedad.


Mazzucato destaca también lo que sucede en el sector de las tecnologías de la información en el que se generan grandes beneficios por concepto de los derechos de la propiedad intelectual y las patentes (como lo señala en el caso de la industria farmacéutica).


Este aspecto tiene que ver igualmente con el poder monopólico de las empresas tecnológicas como Google, Facebook y otras, que restringen las opciones para los consumidores y fijan los precios y extraen valor.


La discusión sobre el carácter de la actividad económica del gobierno ofrece ángulos interesantes. Esto ocurre con cuestiones como la educación, la salud, las obras de infraestructura, el financiamiento de la investigación básica o la promoción directa de inversiones productivas. Indica el caso del gobierno de Estados Unidos que jugó un papel clave en el desarrollo de tecnologías transformadoras como Internet y el GPS, que hoy se aplican ampliamente en el sector privado.


Los puntos que señala refieren de nuevo a la distinción entre los procesos que crean valor y aquellos por medio de los que éste se extrae y destruye.


Los conceptos dominantes en el análisis económico y la misma medición del producto que se genera cada año (PIB), se refieren a las transacciones en el mercado y, por ello, a los precios a los que se intercambian. Esto provoca que casi por definición se considere que toda actividad del gobierno es improductiva y que sólo extrae valor de la sociedad.
El impacto que esto tiene en la definición de las políticas públicas (incluyendo la austeridad) es políticamente muy relevante. Por cierto que la capacidad económica de los gobiernos es muy diferente y, con ello, los efectos de la inyección de recursos para crear valor. También lo son las consecuencias en la extracción de valor de la sociedad (la inflación, los impuestos sin contraparte equivalente o la corrupción y la ineptitud), lo que tiende a situarlos en la discusión pública como entes parasitarios.


Estos son temas que habrían de estar en la agenda de las discusiones políticas en todas partes. Hoy mismo en México se ejecutan políticas de relevancia, como puede ser entre otras el caso de la estrategia comercial, decisiones de inversión, presupuestales, de la generación y asignación de recursos privados y públicos, y muchos más que se pierden en una pugna política chata y con campañas electores que parecen fuera de foco.

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:31

A 10 años de Bear Stearns

A 10 años de Bear Stearns

En marzo de 2008 el banco de inversión Bear Stearns cayó en quiebra. Sus niveles de apalancamiento y exposición en “vehículos de alto rendimiento” (que no eran otra cosa que créditos hipotecarios incobrables) lo habían llevado a la bancarrota. La Reserva Federal (Fed) presionó a JP Morgan y le prestó 30 mil millones de dólares (mmdd) para que adquiriera Bear Stearns pagando dos dólares por acción (cuando se habían cotizado en 133 un año antes). El objetivo era evitar la quiebra de otros bancos de inversión, como Merryll Lynch y Lehman Brothers, que también estaban fuertemente comprometidos.

En este mundo, en el que prevalece lo efímero, se podría pensar que la historia de Bear Stearns ya no tiene interés. Pero la realidad es que no es un aniversario cualquiera. Se trata de un hecho cargado de mensajes sobre la naturaleza cambiante del capitalismo y las crisis que parecen su rúbrica. Es también algo que debe provocar el análisis sobre las relaciones entre mercados en general y mercados financieros en especial. Esta reflexión no debe ser un mero ejercicio de contemplación académica, sino una búsqueda de caminos para evitar una debacle de mayor amplitud que la de 2008.

El rescate de Bear Stearns iba contra todo lo que preconiza el evangelio del neoliberalismo: en lugar de dejar que se aplicara la disciplina del mercado, la Reserva Federal intervino para mitigar los daños de la caída. Al final, el rescate no pudo detener la debacle. Seis meses después de la adquisición por JP Morgan, el banco Lehman Brothers también tuvo que declararse en quiebra, pero esta vez la Fed decidió que no habría rescate. El derrumbe de Lehman provocó un terremoto en el sistema financiero mundial.

El mercado y el Estado son presentados comúnmente como entidades separadas e incluso antagónicas. Los ignorantes portavoces del neoliberalismo quieren hacer creer que el mercado surge espontáneamente en un proceso de evolución natural. Al mismo tiempo, popularizan la visión de que el Estado es un ogro invasivo capaz de distorsionar el funcionamiento eficiente de los mercados. En esta visión del mundo, se supone que las leyes imponen un marco de certidumbre al evitar la arbitrariedad. Pero cuando la crisis amenaza la estabilidad de todo el sistema, el Estado y entidades como la Reserva Federal intervienen con gran arbitrariedad. Todo esto ha erosionado el estado de derecho, la legitimidad del Estado y ha consagrado el engaño como esencial en las operaciones mercantiles.

Ahora tenemos un coctel explosivo. Después del colapso financiero, el sistema de préstamos interbancarios se congeló (2008-2012). El rescate de bancos y grupos corporativos mediante la política fiscal no fue suficiente para dar confianza al sistema financiero. La Fed inauguró entonces su postura de flexibilidad cuantitativa, que intensificó la compra de activos en poder de los bancos. Como bien había analizado Hyman Minsky años atrás, al estallar la crisis los bancos buscaron liquidar los activos que tenían en garantía de los préstamos otorgados y eso provocó el colapso del valor de esos activos: la intervención de la Reserva Federal estaba dirigida a contener esa caída de precios. Todo eso contribuyó a calmar los ánimos en los mercados financieros, pero a un costo que entraña nuevos peligros. La composición de los activos de la Fed así lo demuestra. En 2009, la Reserva Federal no tenía entre sus activos ni un título respaldado por hipotecas. Hoy, 40 por ciento de éstos se compone de ese tipo de activos (y no se sabe cuántas de esas hipotecas son de mala calidad).

Por otra parte, el volumen astronómico de liquidez inyectado por la Fed en el sistema bancario ha servido para promover la creación de una nueva burbuja especulativa. En efecto, la flexibilidad cuantitativa inyectó más de 4.4 billones (castellanos) de dólares en el sistema financiero. Esos recursos debían servir para reactivar la economía real, pero el banco central sólo opera mediante el mundo financiero, y es ahí donde se quedó estacionada la liquidez creada por la flexibilidad cuantitativa. El testigo de este fenómeno es el crecimiento de los índices bursátiles más importantes. La especulación y los grandes vicios del proceso de financiarización de la economía real siguen como antes de la crisis de 2007-2008.

Los esfuerzos por establecer una regulación robusta para el sistema bancario y financiero mediante la ley Dodd-Frank (2010) fueron demasiado tibios. Pero hoy, hasta los demócratas contribuyen con la agenda de desregulación y debilitamiento de esa ley. Y con los efectos de la superburbuja en los mercados financieros estamos en presencia de una mezcla tóxica.

La suerte del capitalismo se juega estos años. Cuarenta años de neoliberalismo a escala planetaria han dejado una cicatriz que no desaparece fácilmente. Son décadas de creciente dominio del sector financiero sobre la economía, de un fuerte castigo al gasto social y una represión de los salarios. El décimo aniversario de Bear Stearns nos recuerda que quizás estamos frente a un cambio de esencia en el capitalismo.

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El G20, las criptomonedas y Goldman Sachs

La última reunión del G20, en Argentina, ha finalizado. Este año, a petición de Alemania y Francia, los criptoactivos y su regulación han estado encima de la mesa.

 

Las criptodivisas, sobre todo el bitcoin, están en boca de todo el mundo. Generalmente vinculados a mensajes alarmistas, los grandes medios de comunicación repiten lo mismo día tras día como un mantra: alto riesgo, mercado negro, altamente especulativo, no lo hagas.


Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional, realizó unas declaraciones la semana pasada que fueron calentando motores para el G20: “La tecnología detrás de los criptoactivos, incluyendo la blockchain, es un avance excitante que podría revolucionar campos más allá de las finanzas. Podría, por ejemplo, promover la inclusión financiera creando métodos de pago de bajo coste para aquellos que no disponen de cuentas bancarias y además, empoderar a los millones de personas de los países de renta baja”.
Sin embargo, no era todo positivo: “Hay que combatir el fuego con fuego”, añadió Lagarde. “La misma razón que hace a los criptoactivos tan atractivos es aquella que los hace peligrosos. Los activos digitales están construidos de una manera descentralizada, sin la necesidad de bancos centrales, lo que las convierte en anónimas. El resultado de esto es que se convierten en un potencial vehículo para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo”, concluyó la directora.


La misma conclusión ha emanado del recién clausurado G20, que ha admitido que los criptoactivos “plantean cuestiones relacionadas con la protección de los consumidores e inversores, la integridad de los mercados, la evasión impositiva, el lavado de dinero, y el financiamiento al terrorismo”.


¿SIRVEN REALMENTE PARA FINANCIAR EL TERRORISMO?


Según Foreign Affairs, “las criptomonedas difícilmente son una solución a la financiación del terrorismo. La mayoría de ellas tan solo permiten anonimato parcial y es difícil transferir grandes cantidades de estos activos. Asimismo, hay una aceptación reducida en las regiones en las que los grupos terroristas están más activos, como Oriente Medio o el Norte de África”. Parece más plausible que los terroristas utilicen divisas oficiales como el euro o el dólar antes que bitcoin, ya que la conversión de estos en dólares es un proceso complicado.


Distintas fuentes afirman que la mayoría de los ingresos de los grupos terroristas es el cobro de impuestos o robo de fuentes de riqueza de los territorios en los que operan. Por ejemplo, Daesh recibe la mayoría de sus fondos de la venta de petróleo, extorsiones o requisamiento de propiedad privada. Estos métodos territoriales restringen las posibilidades de utilizar criptomonedas.


Agentes disruptivos que no gustan a los gobiernos sí lo utilizan, como Wikileaks. Cuando ocurrieron las grandes filtraciones que demostraron el alto grado de corrupción gubernamental en Estados Unidos, espionajes y contraespionajes, la connivencia del Gobierno con los poderes privados o las mentiras sobre la guerra de Afganistán, la Casa Blanca cortó todas las fuentes de ingresos a la organización responsable de las filtraciones. En ese momento, Wikileaks empezó a aceptar donaciones en distintos tipos de criptomonedas como bitcoin, litecoin, zcash o monero. Solo en bitcoin, Wikileaks ha recibido a fecha de hoy 26.400 donaciones, acumulando un total de 4.042 bitcoins, equivalente a 30.007.563,18 euros.


SI TAN PELIGROSAS SON, ¿POR QUÉ NO SE REGULAN?


En las recientes jornadas del G20 ha habido un tímido intento de llegar a un acuerdo común. La conclusión de consenso ha sido que “los criptoactivos carecen de los principales atributos que tienen las monedas soberanas” al no estar emitidas por un banco central, y un compromiso a “implementar los estándares del GAFI”, el Grupo de Acción Financiera Internacional encargado de coordinar acciones conjuntas de ámbito internacional contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.


Sin embargo, los criptoactivos representan una herramienta muy jugosa para los grandes capitales. Lo que surgió como un experimento de encriptado descentralizado y anónimo que cuestionaba la existencia misma de las entidades financieras y los Estados en la emisión e intercambio de moneda, hoy en día se ha convertido en un activo financiero altamente rentable, aunque muy volátil.


En diciembre de 2017, el bitcoin alcanzó máximos nunca antes vistos, superando los 20.000 dólares. Hoy nos encontramos con precios que rondan los 7.000. Esta gran variación de precios, es debida, entre otros motivos a la ofensiva de uno de los bancos más importantes e influyentes del mundo: Goldman Sach, que ha decidido iniciar su andadura en las criptodivisas con un órdago a la grande.


Se dice que Goldman Sachs es el banco más poderoso del mundo, no porque sea el más grande, sino porque es el más influyente en los gobiernos. Muchos hombres importantes han pasado por sus despachos.


El pasado 26 de febrero, Circle Internet Financial Ltd., una empresa subsidiaria de Goldman Sachs compró Poloniex, un exchange de intercambio de criptomonedas, por 400 millones de dólares. Poloniex acumula un volumen de mercado equivalente a 13.071 bitcoins, unos 116 millones de dólares. Según Circle, con esta compra la empresa contribuye a generar una economía de token (criptoactivos) en un mercado global abierto. Poloniex fue la primera plataforma en ofrecer ethereum y el primer exchange en llegar a los mil millones de dólares de volumen de intercambio diario.


La estrategia de Goldman Sachs no es solo intercambiar criptomonedas, sino convertir el exchange en un marketplacedistribuido que contenga tokens que represente todas aquellas cosas que se consideren de valor: bienes físicos, inversiones, vivienda, producciones creativas como arte, música o literatura, prestación de servicios, crédito, derivados financieros, etc. Es probable que Poloniex se convierta en la primera plataforma de intercambio basada en blockchain de inversiones financieras de todo tipo, la nueva bolsa de valores basada en blockchain.


Las grandes financieras han visto el negocio en las monedas encriptadas. Los Estados no toman cartas en el asunto y hacen declaraciones tibias sin ninguna vinculación regulatoria definitiva. El mercado de las criptomonedas es más volátil y especulativo que nunca, pero en esta situación podemos apelar a la sabiduría popular: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.


La toma de posiciones de los poderes corporativos en el mercado de los criptoactivos ha comenzado, en los próximos meses probablemente veamos cómo el valor del bitcoin especialmente se incrementa exponencialmente, lo que nadie sabe es cuándo explotará la burbuja. Ahí nos echaremos a temblar.

 

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