Martes, 25 Agosto 2015 06:05

Bolsas mundiales en el tobogán chino

Bolsas mundiales en el tobogán chino

El efecto contagio traspasó mares y fin de semana. El declive comenzó el viernes en Occidente, tras conocerse indicadores negativos de la industria china. Ayer se reflejó en Shanghai (-8,5 por ciento) y la caída dio otra vuelta al mundo.

 

Los principales mercados financieros volvieron ayer a desplomarse ante los temores de un estallido de la burbuja bursátil en la Bolsa de China y de su eventual impacto en la economía global. El índice de Shanghai inició el lunes negro con un retroceso del 8,5 por ciento. La caída fue acompañada por el resto de las plazas financieras. En el Viejo Continente y en Wall Street las caídas fueron las más acentuadas desde la bancarrota de Lehman Brothers en 2008, y analistas estiman que se esfumaron en las últimas semanas cinco billones (millones de millones) de dólares en capitalización bursátil de las compañías en todo el mundo. Previamente a la caída sostenida que inició a mediados de junio el mercado de Shanghai, había acumulado una ganancia de 150 por ciento en casi un año, favorecida por el endeudamiento de inversores institucionales, alejándose del desempeño de la economía real china.


Desde comienzo del año, la economía china evidencia un deterioro constante en su actividad manufacturera. El último anticipo de las cifras de su industria se conoció el viernes pasado, y se aguarda que sea confirmado a principio del mes próximo, e indicó una nueva caída para agosto. La devaluación del yuan que aplicó el 11 de agosto fue interpretada por algunos analistas como un intento para impulsar sus exportaciones, aunque también se vinculó con la necesidad de dar un guiño de flexibilidad cambiaria al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que la moneda del gigante asiático pueda ser considerada una unidad de reserva. Sin importar el verdadero motivo, el primer ajuste del tipo de cambio del yuan desde 1994 intensificó la baja de las cotizaciones del mercado chino.


Europa y Estados Unidos anticipan el impacto de esas proyecciones, tanto respecto de las expectativas financieras como de la economía real. Algunos analistas asemejan la situación con la crisis de 1994. Mientras se desacelera la actividad de la mayor economía asiática, la Reserva Federal podría iniciar una suba en las tasas de interés, dos situaciones que provocaron hace dos décadas una serie de devaluaciones competitivas que desembocó en la crisis financiera asiática. De todos modos, son más los interrogantes de lo que pueda suceder con ambas economías que la certeza de cualquier paralelismo. La esperada suba de tasas de la Fed parece no tener fecha cierta y los bancos anticipan que podría darse recién en marzo del año próximo, siendo que se esperaba para el mes que viene. China mantiene –según explicó el gobierno de ese país– un abultado superávit en su cuenta corriente y una posición fiscal sólida.


Con el objetivo de dar tranquilidad a los mercados, el gobierno chino autorizó anteayer al fondo de pensiones estatal a invertir en las Bolsas para frenar el desplome. Según informaron los medios en Beijing, el gigantesco fondo de pensiones podrá invertir hasta un 30 por ciento de sus activos netos en acciones. Con anterioridad, sólo podía invertir en bonos del Tesoro y depósitos bancarios. Para los inversores se trata de un nuevo manotazo de ahogado, como el que se aplicó a principio de año, cuando se prestó dinero barato a los inversores para que lo jueguen en los mercados financieros. La respuesta fue ayer una nueva caída del principal índice accionario chino.


Tras la caída del 8,5 por ciento en Shangai, el índice japonés Nikkei perdió 4,6 por ciento, su quinta baja consecutiva, a su menor valor en seis meses. La ola de contagio llegó hasta Europa, donde las principales plazas bursátiles sufrieron desplomes en algunos casos superiores al 10 por ciento, situación que no se registraba desde octubre de 2008: Atenas se hundió 10,5 por ciento, seguida por Milán (-6), París (-5,2), Madrid (-5), Londres (-4,7) y Francfort (-4,7). En Wall Street, el índice industrial Dow Jones llegó a perder un 6,6 por ciento en sólo los primeros cinco minutos de la sesión, pero posteriormente pudo amortiguar su desplome y estuvo cerca de alcanzar un nivel positivo. No obstante, en la última hora de operaciones retomó la senda negativa y finalizó con un retroceso de 3,6 por ciento.


El selectivo S&P 500 bajó un 3,9 por ciento, hasta 1893,21 puntos, y el índice tecnológico Nasdaq terminó con un retroceso de 3,8. Estos datos colocan a los tres indicadores camino a cerrar el mes con el peor descenso mensual desde hace más de seis años. De hecho, la caída del Dow Jones en el inicio de la rueda cuando alcanzó a perder 1089 puntos, fue un record histórico para el indicador, que nunca perdió más de 800 puntos durante una jornada de operaciones.

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Por qué el sistema bancario es un problema grave

A usted, lector, le habrán informado de que el sistema bancario juega un papel importantísimo en la economía, fundamental para su supervivencia. Y le dirán frecuentemente que es como el sistema circulatorio en el cuerpo humano. Sin él, el cuerpo no vive, y muere. Y de esta lectura se concluye que hay que cuidarlo y darle todo tipo de ayudas para que permanezca sano, asegurando así que el cuerpo se mantiene vivo, pues sin él todos estaríamos muertos. Tenemos que cuidarlo bien. Y le aseguro que lo hemos tratado súper bien. Le hemos dado más de 108.000 millones de euros públicos (de sus impuestos y los míos) para que no colapsara (según el Tribunal de Cuentas, esta fue la cifra de dinero público comprometida por España en ayudas a la banca privada entre 2009 y 2012). Y el Banco Central Europeo, el BCE, una institución pública, le ha prestado millones y millones de euros, a unos intereses ridículamente bajos, para asegurarse que la banca no cae enferma y se nos muera, porque ello sería fatal para todos nosotros. Los directores de orquesta de todo este tipo de argumentación favorable al sistema financiero son el Sr. Mario Draghi, presidente del BCE, el Sr. Luis María Linde, gobernador del Banco de España, y el Sr. Luis de Guindos, Ministro de Economía español, todos ellos banqueros o próximos a la banca, y todos ellos están subrayando que el mayor problema que tiene España no es la falta de crédito para las familias y para las pequeñas y medianas empresas, sino los salarios, demasiado altos según ellos.


Sepa usted que todo el argumentario a favor de la banca que le he resumido en los párrafos anteriores son mentiras tan grandes como catedrales, reproducidas por los mayores medios de información y persuasión (controlados, la mayoría, por la banca).


Por qué la banca es un problema


Comencemos mirando la evolución de la banca (eje del capital financiero). Y el primer dato que aparece es su enorme crecimiento en la mayoría de los países a los dos lados del Atlántico Norte a partir de los años ochenta. Veamos qué ha ido pasando en EEUU, analizando su tamaño. Y una manera de medir su tamaño es mirar los beneficios que tiene este sector bancario y el porcentaje que estos beneficios representan sobre el total de beneficios del mundo empresarial. Pues bien, en el año 1980, los beneficios de la banca representaban el 15% de todos los beneficios de las grandes corporaciones en EEUU. En el año 2006 representaban nada menos que el 40% ("From Boring Banking to Roaring Banking", Dollars & Sense, julio/agosto 2015). Es un crecimiento auténticamente impresionante. No tengo cifras para España, pero es probable que el crecimiento haya sido incluso mayor como resultado del excesivo tamaño del sector bancario español, proporcionalmente mayor que el de EEUU.


Otra característica del sector bancario ha sido su concentración. Los diez bancos más importantes de EEUU tenían el 20% de todos los depósitos antes de 1980. En 2007, este porcentaje había subido a un 50%. Una situación semejante ha ocurrido en la mayoría de países a los lados del Atlántico Norte. El excesivo crecimiento del sector bancario y su concentración han sido las características más notables de lo que se llama el sector financiero, del cual el bancario es central del cual el bancario es el elemento central.


La pregunta que debemos hacernos es por qué esto ha ocurrido y si ello es bueno o malo para la salud de la economía y de la sociedad. Y para responder a esta pregunta debemos comprender qué es lo que un banco hace o solía hacer. Durante muchos años, los bancos estaban bastante descentralizados y casi cada comunidad tenía su propio banco. Era lo que, según el profesor Gerald Epstein, se ha llamado la "época aburrida" del sistema bancario (citado en el artículo mencionado anteriormente). Los ciudadanos y sus familias depositaban sus ahorros en el banco, y los banqueros hacían préstamos a unos intereses más elevados que los que les pagaban a los ahorradores que depositaban su dinero en los bancos. Pagaban a estos últimos unos intereses del 3%, y exigían a los que les prestaban – por regla general, pequeñas y medianas empresas – un 6%. Y cuando el banco cerraba por la tarde, el banquero se iba a jugar al golf, a las 3 de la tarde, con los figuras del establishment de la comunidad: el médico, el dueño de la empresa textil, el abogado, el cura de la comunidad (en Europa) o el pastor protestante (en EEUU), así como otros miembros de la estructura de poder. Era lo que se llamaba el régimen 3:6:3.


Los comportamientos bancarios como causa de la crisis


El problema comenzó cuando los salarios comenzaron a descender como resultado de las políticas neoliberales iniciadas por el Sr. Reagan y la Sra. Thatcher, en la década de los ochenta. Esta bajada de los salarios forzó a que las familias no solo consumieran menos, sino que, a fin de mantener su nivel de vida, tuvieran que pedir prestado dinero a la banca. Y continuaron pidiendo más y más dinero a medida que los salarios iban bajando y el número de puestos de trabajo bien remunerados también iba bajando y bajando. Ahí está la razón del enorme endeudamiento y el origen del descenso de la demanda, con el consiguiente enlentecimiento del crecimiento económico. Este endeudamiento conllevó el crecimiento tan notable del sector financiero, y el paulatino descenso de la demanda.


Pero este descenso de la demanda también creó un problema al sistema financiero, pues el descenso de la actividad económica redujo la rentabilidad de las inversiones bancarias, de manera que la banca, en lugar de invertir en actividades productivas, es decir, en la producción de bienes y servicios que la ciudadanía consumía, comenzó a invertir en actividades especulativas, en las que obtenía mayor rentabilidad. La relación entre banca e inversión productiva se redujo considerablemente. En EEUU, por ejemplo, históricamente alrededor del 20% de la inversión que hacían las empresas procedía predominantemente de la banca.

yEste porcentaje descendió a partir de los años ochenta, reduciéndose más de la mitad. Y ello fue consecuencia de que la banca, como ya he comentado, en su búsqueda de mayor rentabilidad, invirtió en actividades especulativas (la última la inmobiliaria), que proporcionaban enormes beneficios, lo que contribuyó al gran crecimiento del sector bancario. Estas inversiones, sin embargo, ponían al ahorrador en peligro, pues las actividades especulativas conllevan siempre un riesgo: el estallido de las burbujas resultado de la actividad especulativa.


En la Eurozona se añadió otro factor que contribuyó al crecimiento del sector bancario: la creación del euro, y la bajada de intereses en los países periféricos, que pudieron acceder al crédito de una manera muy marcada. Ello ayudó en la aparición de grandes burbujas que causaron la sensación de un gran crecimiento económico en los años noventa y durante la primera década del s. XXI, basado en una especulación inmobiliaria en la que la banca, tanto extranjera (alemana y francesa) como nacional, estaba metida hasta el tuétano. La absorción de tanto dinero por parte de la banca, con fines especulativos, fue la causa de la enorme recesión que siguió a la explosión de la burbuja inmobiliaria.


¿Cómo es que este sistema bancario continúa y se reproduce?


El punto clave para responder a esta pregunta es entender la complicidad entre la banca y el poder político. Lejos de ser el sistema bancario la sangre que permite la supervivencia del cuerpo económico, dicho sistema es el cáncer que consume ese cuerpo. Absorbe una enorme cantidad de recursos y pone los ahorros en peligro, a fin de aumentar beneficios (los de los accionistas y los de los banqueros). Y ello es facilitado por la complicidad existente entre la banca, por un lado, y las instituciones políticas por el otro, las cuales han favorecido la desregulación de la banca, permitiendo estas prácticas especulativas. Y lo que es incluso peor es que cuando la banca está en peligro de colapsar, debido a sus actividades especulativas, el Estado (que quiere decir usted y yo) paga las pérdidas y le da dinero para que se salve y sobreviva, tal como he mencionado anteriormente. Y todo ello sin resolver el problema del déficit de acceso al crédito.


En una conferencia que di al círculo de empresarios de las Islas Baleares (pequeños y medianos empresarios), les expliqué las causas reales de la enorme dificultad para conseguir crédito, y me alegró que, además de recibir un aplauso muy marcado de la audiencia, hablaran de formar una asociación de "empresarios indignados". No hay ninguna duda de que si los bancos fueran instituciones instituciones públicas, a las que se exigiera que cumplieran con su función social, el problema del crédito se resolvería. Esta es la razón de que la inmensa mayoría de países tenga amplios sectores bancarios públicos, siendo España uno de los que lo tiene menos desarrollado. Y ello como resultado del escandaloso maridaje entre los grandes bancos y el poder político, causa del problema. De ahí que me moleste en extremo la actitud casi servil que muchos representantes políticos tienen hacia la banca. El público debería abuchear a estos políticos, echándoles del poder pacíficamente y con su voto.

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Miércoles, 29 Julio 2015 06:07

China y su primera crisis capitalista

China y su primera crisis capitalista

Las tasas de crecimiento de la economía en China han sido objeto de admiración en todo el mundo. Parecía que el capitalismo había llegado a China para mostrar todas sus virtudes y cuando se señalaban los defectos, la mayoría de la gente prefería ignorarlos. Hoy la economía china camina por el sendero de la crisis, su primera crisis capitalista de índole macroeconómica.


Datos oficiales en China revelan que la tasa de crecimiento promedio para el periodo 1991-2014 fue de 10 por ciento. Aunque se sabe que las estadísticas del gobierno chino son objeto de manipulaciones significativas, aún las cifras corregidas arrojan lo que se antoja como un desempeño espectacular. Pero desde 2010 la economía china ha sufrido una desaceleración de 35 por ciento y en 2014 se registró la tasa de crecimiento más baja desde 1991.


Cuando una economía crece a tasas de dos dígitos no es extraño observar el surgimiento de severas distorsiones. No me refiero aquí a las distorsiones que los economistas neoclásicos quieren ver en el sistema de precios debido a la intervención del gobierno en la vida económica. Esos economistas han querido ver una mayor liberalización del mercado porque argumentan que la economía socialista en China acarrea una seria deformación de precios e incentivos. De esta manera los problemas de la economía china se cargan a la cuenta de la intervención del gobierno, no a la inestabilidad intrínseca de las economías capitalistas. Olvidan que el Partido comunista chino es hoy el administrador de una de las economías capitalistas más salvajes de la historia.


Nos referimos a las distorsiones estructurales que hoy marcan a la economía china. En especial, destacan las distorsiones sobre los sectores de bienes raíces y financiero.


El sector de bienes raíces ha sido clave en el proceso de acumulación capitalista y en las transformaciones estructurales en China. Uno de estos cambios ha sido la transición urbana: desde 1949 cuando se consolidó la victoria del Partido comunista chino han surgido más de 600 nuevas ciudades.


En 2004 se introdujo una reforma constitucional sobre propiedad privada residencial y se aceleró la inversión en bienes raíces. Las expectativas sobre la evolución del mercado impulsaron la demanda y el aumento de precios de casas y departamentos hasta el año pasado. Pero entre enero y diciembre de 2014 el mercado se contrajo y los precios de casas se desplomaron.


Algunos datos indican que la burbuja en los precios de bienes raíces se está desinflando en lugar de reventar. Pero nada garantiza que lo peor haya pasado y otros indicadores son menos optimistas. El exceso de espacio residencial y de oficinas sin vender es enorme (hay más de 60 millones de departamentos que no se han podido vender) y con la desaceleración no será fácil identificar compradores.


El freno en la expansión del sector bienes raíces es un poderoso lastre sobre la economía china: tomando en cuenta los eslabonamientos hacia atrás con las industrias de acero, cemento, vidrio, muebles y aparatos eléctricos el sector bienes raíces representa 30 por ciento del PIB. Sin la recuperación del sector bienes raíces la economía china seguirá mostrando menores tasas de crecimiento y se agravará la difícil situación por la que atraviesan esas industrias que ya acusan altísimos niveles de sobre-inversión.


Sin nuevas inyecciones de crédito el sector de bienes raíces no podrá crecer. Pero una buena parte de la abultada cartera vencida de los bancos chinos está vinculada al sector de bienes raíces. La única manera de enderezar el sector de la construcción es mediante una corrección mayor en los precios de casas y departamentos para atraer un número creciente de compradores. Pero ese ajuste de precios afectará la posición de los agentes de bienes raíces que se han sobre-endeudado y no podrán pagar sus créditos.


El gobierno chino ha hecho hasta lo imposible para mantener a flote su sistema financiero. Pero una de las características del mercado accionario y de las operaciones financieras en China es el excesivo apalancamiento. Como se sabe, eso no ayuda nada cuando el pánico se apodera del rebaño de inversionistas y especuladores.


El colapso en el mercado de valores en China ha sido espectacular: del 15 de junio a la fecha el valor de mercado sufrió una caída de 30 por ciento, con más de 4 billones (castellanos) de dólares de pérdidas en capitalización.


Para apoyar el mercado el gobierno ha tratado todo: desde iniciar un programa de compra de títulos y reducir las tasas de interés, hasta suspender las transacciones del 54 por ciento de las acciones que se cotizan en China.


Y cuando por fin nada parecía detener el colapso el gobierno tuvo que interrumpir las transacciones. Pero el apalancamiento ha sido desorbitado y la caída apenas ha comenzado.


Si alguien pensó alguna vez que el capitalismo en China no mostraría su verdadera cara, debe pensarlo dos veces y revisar los números e indicadores sobre el sector financiero y la economía real. Es posible que la crisis en China apenas esté arrancando.
Twitter: @anadaloficial

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Los cinco máximos riesgos globales de Goldman Sachs: la bursatilización de las catástrofes

La patología financierista de la desregulada globalización neoliberal de la bancocracia de Estados Unidos llevó a que el Pentágono colocase una oficina bursátil –a cargo del almirante John Poindexter, tránsfuga del grupo criminal Irán- contras– para cotizar los previsibles atentados terroristas, lo cual hubiera sido un excelente negocio, dada la precisión de sus tan acertados pronósticos.


Cuando se expuso la magnitud de su proyecto macabro, la oficina fue desmontada y el polémico almirante fue obligado a renunciar (http://goo.gl/C2D0Hu).


Llama la atención la preocupación samaritana de los misántropos megabancos de Wall Street por los riesgos globales: desde Bank of America Merrill Lynch (BAML) pasando por Citigroup hasta Goldman Sachs, quienes soslayan el superlativo: la letal bomba de los derivados financieros (http://goo.gl/WJ2kEB).


Dejo de lado el siniestro papel implosivo en Grecia de Goldman Sachs, así como las otras travesuras bursátiles de BAML y Citigroup.


De la fracasada fase previa de la bursatilización del terrorismo del Pentágono, los megabancos de Wall Street se preparan a bursatilizar las catástrofes globales.


El pasado 2008, a menos de dos meses y medio de la quiebra del banco Lehman Brothers, que impactó a los mercados globales, Goldman Sachs convocó –en colaboración con la London School of Economics and Political Science (LSE) y la Escuela de Administración Guanghua de la Universidad de Pekín– a una conferencia sobre Los máximos cinco riesgos: críticas perspectivas sobre la economía global (http://goo.gl/Wrgcq0).


Son muy debatibles los cinco riesgos de corte reduccionista financierista de Goldman Sachs, uno de los megabancos tan vilipendiados de Wall Street, por carecer de una holística visión humanista.


Sus cinco paneles:


1) La escasez de los recursos: competencia por el agua, alimentos y energía en la era del cambio climático. Ya abordé sus hallazgos sobre la crisis global del agua (http://goo.gl/C2O6Ue);


2) La desigualdad del ingreso: las implicaciones de la exclusión del crecimiento;


3) La integración financiera;


4) El manejo de la transición demográfica; y 5) El proteccionismo creciente: del comercio a las inversiones.


El resumen ejecutivo de Goldman Sachs vaticinaba ya en forma premonitoria, a dos meses de la quiebra de Lehman Brothers, las presentes (¡supersic!) dificultades de la crisis en los mercados globales de crédito y las disrupciones de los mercados de materias primas.


Los panelistas admitieron que las economías emergentes, como los países del BRICS, no estaban bien representadas en las instituciones existentes, pese a su dramático impacto a escala planetaria.


Sobre la escasez de recursos, a la par, en ese entonces del precio de las materias primas, desde los alimentos hasta la energía, está(ba) íntimamente vinculado a los déficit de varios años en construir nuevos suministros y sistemas de distribución que, además, reflejan cambios estructurales como el crecimiento poblacional y la creciente demanda per cápita, por lo que los precios continuarían creciendo. Se calcula(ba) que 800 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria.


Sobre la desigualdad del ingreso, dentro y entre los países: se ha aminorado debido al desarrollo económico de China e India, cuando las brechas de los ingresos se han ensanchado en varios países, incluyendo varias economías desarrolladas, detrás de las cuales se encuentran los cambios tecnológicos y los giros en la creación de empleos. Uno de sus factores contribuyentes radica en el acceso desigual a la educación, que perturba la estabilidad política.


A mi juicio, los panelistas eludieron el defecto consustancial al lado oscuro de la globalización financierista (http://goo.gl/DAGbjN), que tiende por su naturaleza propia a los oligopolios y luego a los monopolios sectorizados, lo cual empeora con la automatización/robotización que deja de lado a inmensos segmentos de la población global y sin considerar, al final del día, en una visión biosférica, que los supuestos triunfadores acaban suicidándose.


Todavía los panelistas no se enteraban del portentoso libro El capital en el siglo XXI, sobre la desigualdad, del economista francés Thomas Piketty (http://goo.gl/vv3QNU), ni de la excelsa crítica del capitalismo salvaje como estiércol del diablo del primer Papa jesuita argentino (http://goo.gl/eXviGT).


Sobre la integración financiera, ni vale la pena detenerse con las recomendaciones que formaron parte de la grave crisis global que se produjo dos meses más tarde con Lehman Brothers y que aún no acaba de resolverse, a grado tal que uno de los temas nodales de la campaña presidencial de Hillary Clinton versa sobre una reforma del capitalismo salvaje, calificado ahora de capitalismo trimestral (http://goo.gl/fCIpDX), cuando los megabancos de Wall Street suben artificialmente las acciones mediante recompras gracias a los créditos regalados de la Reserva Federal, pero que no tienen el mínimo impacto en la productividad ni en las inversiones ni en la creación de empleos.


El sicótico financierismo de Wall Street, donde prevalece Goldman Sachs, no sólo ha desquiciado el planeta, sino que, peor aún, ha desembocado en un fracking geopolítico entre el G-7, en franco declive, y el pentapartita BRICS, que desde el punto de vista geoeconómico, mas no financierista, lleva ganada la partida global.


Sobre la transición demográfica predomina la mentalidad fiscalista neoliberal del manejo impúdico de los pletóricos fondos de pensiones, trampa mediante la cual los medievales megabancos explotan los ahorros para especular en forma desenfrenada sin la anuencia de los afectados, lo cual constituye una expropiación de facto de los fondos de retiro de los empleados, que ni siquiera son consultados sobre el destino de sus activos.


Es entendible que los panelistas no estuvieran actualizados con los recientes hallazgos perturbadores de Pew Research sobre la prevalencia del mundo islámico polígamo y juvenil como la suprema mayoría global, lo cual redundará en dramáticos giros geopolíticos y geoeconómicos (http://goo.gl/5dfYYo).


Sobre el creciente proteccionismo, los fracasados del librecambismo desregulado de ayer pretenden perpetuar su modelo disfuncional para mañana: 2015 no es más 2008, cuando se agudizan los estertores de la agónica globalización financierista.


Ya en 2008 la conferencia temía algunas señales emergentes de nacionalismo económico y otras medidas proteccionistas, cuando nadie practica más la soberanía y el nacionalismo económicos que el propio Estados Unidos, lo cual no es malo ni bueno, sino una de sus características definitorias.


El grave defecto de Goldman Sachs, en colaboración con la LSE –donde reaparece el blairiano fracasado Anthony Giddens, teórico de la fallida tercera vía fiscalista, que ni fue, ni es, ni será–, es su ultrarreduccionismo financierista.


Como en el deslumbrante Renacimiento, a los misántropos banqueros usureros/agiotistas/anatocistas tipo Shylock –paradigma de los mercaderes de Venecia de ayer y de Wall Street hoy– se les combate con el arma del humanismo y su bien común.


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La bolsa de China se desplomó 8.5%, la mayor pérdida diaria desde 2007

La bolsa de China se desplomó 8.5 por ciento, su mayor pérdida diaria en más de ocho años, con lo cual se agota la recuperación propiciada por el gobierno en medio de una toma de ganancias, las preocupaciones sobre la salud de la economía y los temores a que Pekín ponga fin a la postura de políticas monetarias más laxas.


El pasado 7 de julio los tres principales indices de China retrocedieron más de 7 por ciento, a pesar de las medidas que el gobierno anunció para estabilizar el mercado. En esa fecha la autoridad bursátil local comunicó que había una sensación de pánico en el ambiente financiero.


El desplome de hoy ocurrió pese a que el primer ministro chino Li Keqiang expresó que su país tenía confianza y capacidad para lidiar para los riesgos y desafíos de su economía.


El índice CSI300, que recoge las mayores compañías cotizadas en Shanghai y Shenzhen, cayó 8.6 por ciento, hasta 3 mil 818.73 puntos, mientras el Shanghai Composite se contrajo 8.5 por ciento, hasta 3 mil 725.56. Las caídas fueron las mayores desde el 27 de febrero de 2007.


No quedó claro de inmediato qué causó el severo golpe de la sesión vespertina. Al mediodía, los dos índices registraban pérdidas en torno a 2.5 por ciento.


La reciente recuperación ha sido rápida y fuerte, así que es necesario una corrección técnica, declaró Yang Hai, estratega de Kaiiyuan Securities.


El analista dijo que el detonante fue un mercado estadunidense lento, en medio de mayores expectativas de un aumento de las tasas de interés de la Fed. Lo anterior, junto con el aumento de los precios del porcino en China, extiende las preocupaciones de que ese país se abstendría de flexibilizar más sus políticas monetarias. Las caídas afectaron a casi todos los valores.


Los mercados globales se vieron arrastrados por China y su desempeño económico; el chino cayó a su mayor ritmo desde 2007, debido a especulaciones de que el gobierno retiró su apoyo al sector financiero con el fin de evaluar la estabilidad de los mercados accionarios a corto plazo.


Por otro lado, en Estados Unidos se dieron a conocer datos económicos como las órdenes de bienes durables de junio, las cuales crecieron 3.4 por ciento respecto a mayo desde la contracción 2.1 por ciento del periodo anterior; el dato resultó mejor al esperado. En Nueva York las acciones cerraron con pérdidas: el Dow Jones cedió 0.73 por ciento, el Nasdaq, 0.96 y el Standard and Poor's 500, 0.58 por ciento.

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Miércoles, 22 Julio 2015 06:33

Sombras en el sistema financiero

Sombras en el sistema financiero

Existe en la economía mundial un sistema financiero paralelo, comúnmente llamado sistema de bancos sombras. No es un nombre adecuado, pero sí desempeña un papel clave en la dinámica capitalista global, al permitir mantener una sensación reconfortante de disponibilidad de crédito para la expansión de los negocios. Pero siempre ha sido una fuente de peligrosa inestabilidad. Hoy los rumores que emanan de las entrañas del sistema financiero paralelo no auguran nada bueno.


El sistema financiero paralelo se compone de instituciones financieras no bancarias, fondos de inversión y de cobertura, operadores de fondos del mercado de dinero y diversos vehículos de inversión. Se calcula que este sistema maneja activos valuados en más de 75 billones (castellanos) de dólares, una suma ligeramente superior al producto bruto mundial.


Estas instituciones operan como agentes de colocación de grandes fondos de inversión y sirven de puente entre grandes inversionistas y prestamistas. La fuente de ganancias del sistema financiero paralelo proviene de las tasas de correduría e intermediación, así como de arbitrajes entre tasas de interés y tipos de cambio. Es decir, muchas de las operaciones de estas instituciones son especulación pura y dura. La idea de que la economía mundial se comporta como un casino no es una simple metáfora.


Estas instituciones financieras no se comportan como los bancos comerciales porque no reciben depósitos, y por esa razón no están reguladas de la misma manera. Las instituciones del sistema sombra no están obligadas a mantener niveles mínimos de reservas ni fondos de efectivo para enfrentar emergencias. En la mayor parte de los países estas instituciones casi no están sujetas a rutinas de monitoreo por las autoridades monetarias o financieras. Las actividades del sistema sombra involucran derivados financieros exóticos, como swaps de deuda, y múltiples operaciones con obligaciones apoyadas en sistemas de garantías o respaldos en diferentes instrumentos financieros (CDO por sus siglas en inglés). Los contratos de opciones y operaciones en mercados de futuros también son habituales en las actividades del sistema financiero paralelo.


En teoría esos derivados deberían servir para mitigar riesgos y frenar corridas sobre las instituciones del sistema paralelo. También dan la impresión al inversionista de que su colocación es más cercana a una postura de liquidez aunque con altos rendimientos (asociados a inversiones ilíquidas). En realidad, la opacidad de las operaciones con derivados llevaron a más apalancamiento y a una mayor fragilidad del sistema, intensificando el colapso financiero de 2008.


En síntesis, esta red de instituciones y sus operaciones se maneja casi totalmente fuera de la pantalla de radar de las agencias reguladoras. Al incrementarse la reglamentación sobre algunas de las actividades del sistema bancario y financiero convencional a partir de la crisis de 2008 el sistema paralelo creció de manera espectacular y casi duplicó su tamaño. Muchos piensan que esa nueva reglamentación permitió reducir el riesgo en el sistema bancario tradicional. En realidad sólo sentó las bases para trasladar el riesgo hacia el sistema sombra.


El tamaño del sistema financiero sombra y su inherente inestabilidad le han convertido en una grave amenaza para la economía mundial. Cualquier movimiento en tasas de interés o en expectativas devaluatorias en algunos de los componentes importantes de la economía mundial puede provocar pánico entre los usuarios del sistema sombra. La carrera hacia la salida de emergencia resultará muy accidentada.


¿Qué podría provocar el pánico y una corrida en el sistema sombra? Hay varios factores en el escenario mundial susceptibles de generar un comportamiento de manada hacia la salida por parte de los habitantes de este ecosistema financiero. La desestabilización en las cotizaciones en el mercado mundial de divisas provocada por una eventual salida de Grecia de la esfera del euro podría tener gravísimas consecuencias. El desplome del mercado de valores en China es otro ejemplo de factores que pueden tener un gran impacto (la economía china ha estado sustentada en una expansión inusitada del crédito y eso no tranquiliza a nadie). La crisis en los mal llamados mercados emergentes por sobreendeudamiento en activos denominados en divisas fuertes y por ser receptores de cantidades absurdas de flujos de capital (como el aberrante caso de México) son otras posibles fuentes de desestabilización.


La paradoja del capitalismo mundial es que mientras más se debilita la economía real debido a una mezcla de sobreinversión y deficiencia crónica de la demanda efectiva, más se fortalece el sistema financiero sombra como refugio de los inversionistas. Pero el sistema financiero sólo mantiene la ilusión de seguridad con una extraña combinación de instrumentos financieros exóticos. Al final del camino de la historia, el inversionista privado debe confrontarse con su destino. El sistema financiero sombra es una frágil estructura diseñada para especular, no para resistir turbulencia.


Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 22 Julio 2015 05:48

Hegemonía financiera

Hegemonía financiera

Después de un prolongado periodo de desarrollo con igualdades crecientes en las economías avanzadas (1945 a 1972), los financieros neoliberales capturan el poder. Los países en ambos lados del Atlántico ven emerger a partir de la década de los setenta y desde sus mismos núcleos decisorios a toda una camada de dirigentes subyugados por los intereses del gran capital. La nueva derecha estadunidense, apoltronada desde tiempo antes en algunas universidades de prestigio, encuentra, para el triste fin de su época de logros sociales, los necesarios soportes con los republicanos capitaneados por Ronald Reagan. Juntos inauguran el más cruento pasaje de la reciente historia contra los asalariados de su país y el continuado auge en la concentración desmedida de la riqueza en unas cuentas manos. Simultáneamente, Margaret Thatcher emprende, en la Inglaterra decadente, su terca cruzada ideológica contra todo aquello que no fuera consistente con la llamada Única Ruta: el inicio de una feroz embestida para desmantelar el estado de bienestar, destruir los sindicatos y nulificar a la clase trabajadora. Una embestida que llega, reforzada con el resto de la comunidad, hasta estos aciagos días.


La crisis desatada por la avaricia sin control de los centros financieros (2008) se cebó, como plaga medieval, precisamente en aquellos que, sin ocasionarla, se convirtieron en forzados pagadores de sus inmensos saldos. Casi nadie se ha salvado en este enorme naufragio, pero indudablemente han sido las mayorías las que hoy resienten en carne propia las consecuencias más duras y prolongadas de una quiebra fraguada por la irresponsabilidad de los especuladores de las finanzas mundiales. A medida que se avanza en las políticas de austeridad ( austericidio) van apareciendo, ya sin tapujos que valgan, los abrumadores costos sobre el lomo de los trabajadores. Son en verdad las consecuencias del diseño impulsado, con real saña, por las élites (el ahora famoso uno por ciento). El deterioro en los niveles y la calidad de vida de todos los situados hacia abajo de las capas medias de la pirámide económica de cada una de las naciones del orbe parece, así, no tener fin ni justicia alguna.
Para bien del progreso humano poco, muy poco, de este ya prolongado drama pasa desapercibido para la inteligencia y el análisis de un creciente número de estudiosos. Con el rigor imprescindible para enfrentar y dar salida a este tipo de problemas, ya se avizoran los suficientes y prácticos horizontes de posibilidades asequibles. Los distintos pueblos, acicateados por el sufrimiento y las congojas a las que son llevados sin tregua alguna, van tomando conciencia y luchan por organizarse para transitar las rutas que se abren. Los adelantados fueron los sudamericanos: Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, Venezuela y Uruguay. Juntos y con sus especificidades relativas han encontrado la manera de zafarse de los férreos condicionamientos que la estructura dominante impone por doquier. Organismos multilaterales entran en juego como garantes de esta dominancia.

Los secundan los medios de comunicación, casi por completo al servicio del poder financiero. Se apoyan en una cauda de analistas y difusores orgánicos presentados, con bombo, respetos, premios y remuneraciones varias, para facilitar la prédica de sus interesadas recomendaciones, prefabricadas y repetitivas contra de cualquier rebeldía que pueda surgir por aquí y acullá. Nunca les escasean las consignas, prevenciones, catástrofes por llegar y hasta francas amenazas que les adjuntan los poderosos en turno. Desoír las consejas, validadas por centros de estudios, opinión y prospectiva de laureadas academias o gobiernos exitosos se habrá de pagar con sangre.


El caso del despertar europeo, a pesar de su etnocentrismo rampante, presenta pocas variaciones a lo sucedido previamente en Latinoamérica. España inició el desplante de cara (M-15) a un programa de sacrificio impuesto, desde hace varios años, por un gobierno retrógrado (PP), plagado de tramposos y ladrones (casta, los llaman ahora), acicateado por la burocracia comunitaria y su entorno bancario de escala. El núcleo de poder tras todos estos mandatos impositivos y hasta ahora inapelables ya se identifica con nitidez: el Bundesbank alemán y su torvo ministro de Finanzas (Wolfgang Schäuble) son piezas infatigables de la andanada reaccionaria. De esa suerte de personeros e instituciones del medio financiero de alto perfil se desprenden los dictados que escurren hacia los distintos y dóciles gobiernos. Lugar especial ocupa el Banco Central Europeo y toda la burocracia comunitaria asentada en Bruselas. El respaldo inglés (la City londinense) es conspicuo participante en estos menesteres de las altas finanzas, las valuaciones bajo pedido de los mercados, sin olvidar sus continuos eflujos de prestigios bien asentados. Similar eco encuentran en Wall Street, el FMI y el Banco Mundial los objetivos multimedios cercanos a las imperiales oficinas de Washington. Como se ve, con terrible transparencia, una fuerza combinada de gran magnitud que, por si alguna duda cabe, está dispuesta a usar todo su vastísimo arsenal político, comunicacional y hasta militar en contra de los rejegos.


Grecia es por ahora ejemplo de los peligros que corren aquellos que, aunque pertrechados con el decidido y hasta sólido impulso de sus mayorías ciudadanas, desean seguir rutas independientes y propias. Buscar el respaldo democrático y el bienestar de los ciudadanos no es, como se observa en la temerosa Europa de los banqueros, coraza indestructible contra las políticas concentradoras del ingreso y la riqueza del capital hegemónico.

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Martes, 14 Julio 2015 06:26

China: guerra a las acciones

China: guerra a las acciones

El primer fin de semana de julio no fue tranquilo para los niveles más altos del gobierno chino. Luego de una serie de reuniones entre el Consejo de Estado, el Banco del Pueblo de China (BPCh) y la Comisión Reguladora de Valores de China (CRVC), se reveló una combinación extraordinaria de medidas para prevenir el colapso del mercado de valores. Son adicionales a las políticas anunciadas la semana anterior, entre ellas un recorte a las tasas de interés de referencia y reglas menos rígidas para las operaciones con margen (financiadas por el agente de bolsa). Los índices de referencia en los mercados de valores de Shanghai y Shenzhen se han desplomado alrededor de 30 por ciento después de alcanzar el punto más alto el 12 de junio, lo que puso fin a un año de crecimiento continuo y arrasó con 3 billones de dólares del valor de las acciones.


Las medidas de emergencia implican una compra de valores de base amplia dirigida por el Estado. Luego de una reunión con la CRVC, 21 grandes agencias de bolsa se comprometieron a lanzar un fondo de equilibrio por 120 mil millones de renminbis (19 mil 300 millones de dólares) para apuntalar el mercado. También se comprometieron a no vender acciones de sus propias cuentas negociadoras mientras el índice compuesto del mercado de valores de Shanghai (SSECI, por sus siglas en inglés) se mantenga debajo de 4 mil 500 puntos (cerró a 3 mil 687 el 3 de julio). Las casas de fondos mutualistas representadas por la Asociación de Administración de Activos de China también señalaron que contribuirían a estabilizar el mercado inyectando el capital de sus propias firmas en sus fondos.


Estos esfuerzos recibirán apoyo directo de las autoridades centrales. Según un comunicado emitido por la CRVC, la principal agencia financiera de márgenes de propiedad estatal, China Securities Finance (CSF), recibirá apoyo de liquidez del BPCh. Tales fondos, a su vez, se usarán para prestar al fondo de equilibrio, el cual podría expandirse. También se anunció por separado en los medios estatales que 28 compañías suspenderían voluntariamente ofertas públicas iniciales (OPI) que ya se habían aprobado, en un esfuerzo por prevenir una estrechez de liquidez que podría poner más presión a la baja sobre los precios de los valores.


¿Por qué el alboroto?


La avalancha de anuncios reveló que el gobierno está en modo de crisis. La naturaleza abierta del compromiso del Banco del Pueblo de China con la CSF es un movimiento particularmente dramático, que implica la posibilidad de inyecciones de liquidez en gran escala hasta que los precios de los valores se recuperen. La decisión de estimular los mercados se ha tomado sin duda al más alto nivel, y las autoridades parecen comprometidas a respaldarla con todo lo que está a su alcance.


Desde una perspectiva económica, estas acciones son desconcertantes. Históricamente ha habido escasa correlación entre el mercado de valores y la economía real. La última vez que el mercado se derrumbó, en 2008, el resultado para la economía fue limitado. La escalada reciente no tuvo un impacto positivo discernible en el consumo y la inversión, lo cual sugirió que los efectos negativos de una caída en las valuaciones para la riqueza y el financiamiento también serían limitados. Todos los nuevos pequeños inversionistas que se han amontonado en el mercado, unos 90 millones, aún representan un número relativamente pequeño, y quienes se han retirado temprano con su dinero habrán obtenido un atractivo rendimiento. Los índices de referencia en los mercados de Shanghai y Shenzhen están todavía alrededor del doble que a estas alturas del año pasado.


Existen dinámicas en el ambiente actual que lo hacen diferente del de 2008. De modo notable, el relajamiento de controles sobre el financiamiento de margen, que permite a los pequeños inversionistas pedir prestado dinero para invertirlo en acciones, significa que algunos están sobreapalancados. Las empresas también han estado usando las acciones como garantía colateral para obtener préstamos. Un colapso en los precios de los valores, por tanto, dejaría cierto número de deudas incobrables y alimentaría nuevos movimientos a la baja en los precios de las acciones. Sin embargo, como las cifras oficiales ponen el financiamiento de margen apenas arriba de 2 billones de renminbis (327 mil millones de dólares), es difícil ver cómo un arrasamiento de estas posiciones podría tener implicaciones sistémicas para el sector financiero. Tal vez las autoridades se preocupen de que los préstamos de margen se canalicen mediante el sector informal, pero las estimaciones de la escala de esta actividad son muy variables.


Por tanto, el enfoque del gobierno parece excesivo para la tarea que tiene por ahora, y revela mucho sobre sus propias ansiedades. La intervención en esta escala rebasa con mucho el ámbito normal de la política macroeconómica, lo cual sugiere que el gobierno decidió actuar para elevar su propia credibilidad. Es cierto que tiene responsabilidad por los sucesos recientes: los medios estatales impulsaron el crecimiento del mercado en 2014, sin advertir sobre sus riesgos, como estrategia para ayudar a compañías endeudadas a acceder al financiamiento. Es probable que el paquete de medidas de emergencia se refiera más a rescatar su popularidad que a estabilizar la economía.


¿Funcionará?


Los anuncios realizados el fin de semana ilustran el poder de fuego que el gobierno tiene a su disposición. Sin embargo, las intervenciones de este tipo rara vez tienen éxito. El tamaño del fondo de equilibrio y las intervenciones de las agencias de bolsa son pequeños en relación con la escala de transacciones diarias. De hecho, el 6 de julio, primer día de operaciones después de que se revelaron las medidas, sólo el mercado de Shanghai (cuyas grandes entidades enlistadas, de propiedad estatal, han sido el objetivo de la mayor parte del esfuerzo oficial por impulsar los precios) cerró con alza. La confianza de los inversionistas ha sido minada por la reciente volatilidad de precios, así como por los movimientos de pánico hechos en respuesta a ella. Muchos aún ven cualquier repunte orquestado por el gobierno como una oportunidad final de salir del mercado.


Por lo tanto, el gobierno se ha colocado en una posición difícil. Está comprometido a restaurar la estabilidad de los mercados de valores e incluso ha identificado un nivel meta de unos 4 mil 500 para el SSECI. Sin embargo, podría enfrentarse a la situación de tratar de combatir niveles mayores de ventas con niveles aún mayores de compras. Tal apoyo podría ser viable a corto plazo, pero llegará un punto en que se vuelva financieramente insostenible y los riesgos para el sistema crecerían en forma peligrosa. En este punto crecerá la oposición de entidades que nominalmente respaldan el paquete de rescate. Ahora que el gobierno ha apostado su credibilidad al rescate del mercado, ¿un fracaso podría tener consecuencias para las reformas del presidente Xi Jinping o el premier Li Keqiang?


Sea cual fuere el éxito de las medidas, la decisión de seguir este curso ya representa un golpe significativo a los esfuerzos reformistas, y no sólo en términos de los mercados domésticos de capitales. A finales de 2013 el PCCh se comprometió a dar al mercado un papel decisivo en la asignación de recursos. La intervención del fin de semana significa que este objetivo se ha echado por la borda hasta cierto punto.


Desde luego, acaba con las esperanzas de que los mercados de valores de China sean impulsados por los fundamentos del mercado, más que por políticas, o de que el riesgo moral sea atenuado. La suspensión de las OPI también cancela esfuerzos por desarrollar los mercados como un canal efectivo para que las empresas recaben financiamiento. Habrá consecuencias más extensas para la reforma del sector financiero, campo en el que se había logrado un avance constante. La determinación del gobierno de impulsar reformas potencialmente desestabilizadoras, como la apertura total de la cuenta de capital y la liberación del tipo de cambio, está menos clara hoy que antes.


The Economist Intelligence Unit revisará sus pronósticos a raíz de estos sucesos. Nuestras previsiones de crecimiento económico a corto plazo permanecerán sin cambio. Vemos que los riesgos de la volatilidad de los mercados de valores para la economía real son limitados por ahora. Sin embargo, el episodio ha dañado la credibilidad del mensaje reformista del gobierno, y estaremos reduciendo nuestras expectativas en este aspecto, lo cual a su vez rebajará más nuestros pronósticos de crecimiento a mediano plazo.


Economist Intelligence Unit
Traducción: Jorge Anaya

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Los cuatro grandes bancos de Wall Street y sus ocho familias que gobiernan el mundo

A los multimedia rusos les ha dado por expurgar y señalar en forma específica a los cuatro oligopolios financieristas –los cuatro grandes megabancos– que controlan el mundo, como es el caso de una perturbadora investigación de Russia Today: Black Rock, State Street Corp., FMR (Fidelity), Vanguard Group (http://goo.gl/UjlfE3 ).


Resulta también que la privatización global del agua es desplegada por los mismos megabancos de Wall Street, al unísono del Banco Mundial ( http://goo.gl/DG6d3d ), lo cual beneficia en su conjunto al nepotismo dinástico de los Bush que buscan controlar el Acuífero Guaraní en Sudamérica, uno de los mayores de agua dulce del planeta ( http://goo.gl/yROqaW ).


Ya desde 2012 el anterior legislador texano Ron Paul –padre del candidato presidencial Rand, uno de los creadores del apóstata Partido del Te, venido a menos, pero uno de los mejores fiscalistas de EU– había señalado que "los Rothschild poseen acciones de las principales 500 trasnacionales de la revista Fortune ( http://goo.gl/D71NjX )" que son controladas por "los cuatro grandes (The Big Four)": Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard Group.


Ahora Lisa Karpova, de Pravda.ru, penetra los dédalos de las finanzas globales y comenta que se trata de "seis, ocho o quizá 12 familias las que verdaderamente dominan el mundo, a sabiendas de que es un misterio (¡supersic!) difícil de descifrar ( http://goo.gl/jSYc84 )".


¿Cómo puede existir en el siglo XXI ultratecnificado y transparentemente democrático, como pregonan sus turiferarios también y tan bien controlados, tanta opacidad para conocer quiénes son los plutocráticos megabanqueros oligopólicos/oligárquicos que controlan las finanzas del planeta?


Karpova sentencia que las ocho (¡supersic!) reducidas familias, que han sido ampliamente citadas en la literatura, no se encuentran lejos de la realidad: Goldman Sachs, Rockefeller, Loeb Kuhn y Lehman (en Nueva York), los Rothschild (de París/Londres), los War¬burg (de Hamburgo), los Lazard (de París), e Israel Moses Seifs (de Roma). ¡Vaya lista polémica donde, a mi juicio, ni son todos los que están, ni están todos los que son!


Karpova emprendió el inventario de los mayores bancos del mundo y se percató de la identidad de sus principales accionistas, así como de quienes toman las decisiones. Alguien podrá criticar, no sin razón, que el inventario de Karpova no alcanza la sofisticación de Andy Coghlan y Debora MacKenzie, de la revista New Scientist, quienes develan la plutocracia bancaria y sus redes financieristas –el uno por ciento que gobierna el mundo–, basados en una investigación de tres teóricos de los sistemas complejos ( http://goo.gl/AHSRWb ), pero que al final de cuentas coincide en forma sorprendente, pese a su sencillez indagatoria.


Karpova descubrió que los siete megabancos de Wall Street controladores de las principales trasnacionales globales son: Bank of America, JP Morgan, Citigroup/Banamex, Wells Fargo, Goldman Sachs, Bank of New York Mellon y Morgan Stanley. Karpova encuentra que los megabancos de marras son controlados a su vez por el núcleo de "cuatro grandes (the big four)": Black Rock, State Street Corp., FMR (Fidelity) y Vanguard Group.


Estos son sus hallazgos de los controladores de cada uno de los siete megabancos: 1) Bank of America: State Street Corp., Vanguard Group, Black Rock, FMR (Fidelity), Paulson, JP Morgan, T. Rowe, Capital World Investors, AXA, Bank of NY Mellon; 2) JP Morgan: State Street Corp., Vanguard Group, FMR (Fidelity), Black Rock, T. Rowe, AXA, Capital World Investor, Capital Research Global Investor, Northern Trust Corp., y Bank of Mellon; 3) Citigroup/Banamex: State Street Corp., Vanguard Group, Black Rock, Paulson, FMR (Fidelity), Capital World Investor, JP Morgan, Northern Trust Corporation, Fairhome Capital Mgmt y Bank of NY Mellon; 4) Wells Fargo: Berkshire Hathaway, FMR (Fidelity), State Street, Vanguard Group, Capital World Investors, Black Rock, Wellington Mgmt, AXA, T. Rowe y Davis Selected Advisers; 5) Goldman Sachs: los cuatro grandes, Wellington, Capital World Investors, AXA, Massachusetts Financial Service y T. Rowe; 6) Morgan Stanley: los cuatro grandes, Mitsubishi UFJ, Franklin Resources, AXA, T. Rowe, Bank of NY Mellon e Jennison Associates, y y 7) Bank of NY Mellon: Davis Selected, Massachusetts Financial Services, Capital Research Global Investor, Dodge, Cox, Southeatern Asset Mgmt. y los cuatro grandes.


De los cuatro grandes que dominan a los siete megabancos y gozan de traslapes e interacciones solamente desglosa a quienes controlan State Street y Black Rock.


A) State Street: Massachusetts Financial Services, Capital Research Global Investor, Barrow Hanley, GE, Putnam Investment y ... los cuatro grandes (¡ellos mismos son accionistas!), y B) Black Rock: PNC, Barclays e CIC.


Da el ejemplo de traslapes/interacciones, como PNC, que es controlado por tres de los cuatro grandes: Black Rock, State Street y FMR (Fidelity).
En su libro Guerra de divisas, el autor chino Song Hongbing ( http://goo.gl/kg27vS ), en ese entonces catalogaba a los Rothschild como la familia más rica del planeta, con un descomunal capital de 5 billones de dólares ( http://goo.gl/oXKTds ).


Si los Rothschild fueran país, habrían tenido entonces, el quinto (¡supersic!) sitial del ranking global detrás del PIB de 7.3 billones de dólares de India (cuarto lugar) y mayor que Japón de 4.8 billones de dólares (quinto) y antes que Alemania (sexto), Rusia (séptimo), Brasil (octavo) y Francia (noveno).


Ya había citado ( http://goo.gl/T56NYH ) un artículo del mismo The Economist –también propiedad, como The Financial Times, del grupo Pearson–: todos controlados por la matriz Black Rock, uno de los cuatro grandes –en el que se demostraba a las trasnacionales que controla Black Rock ( http://goo.gl/LTmC6O ): principal accionista de Apple, Exxon Mobil, Microsoft, GE, Chevron, JP Morgan, P&G, Shell, Nestlé ( http://goo.gl/G0NLuj ), sin contar su tenencia de 9 por ciento de acciones de Televisa.


Según Karpova, los cuatro grandes controlan además a las mayores trasnacionales anglosajonas: Alcoa; Altria; AIG; AT&T; Boeing; Caterpillar; Coca-Cola; DuPont; GM; H-P; Home Depot; Honeywell; Intel; IBVM; Johnson&Johnson; McDonald's; Merck; 3M; Pfizer; United Technologies; Verizon; Wal-Mart; Time Warner; Walt Disney; Viacom;Rupert Murdoch's News; CBS; NBC Universal. ¡Los dueños del mundo!


Como si lo anterior fuera poco, Karpova comenta que la Reserva Federal (la Fed) comprende 12 bancos, representados por un consejo de siete personas, y representantes de los cuatro grandes.


Al final del día la Fed está controlada por los cuatro grandes privados: Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard Group.


A mi juicio, es muy probable que existan imprecisiones que serían producto de la propia opacidad de los megabanqueros.


En la fase de la "guerra geofinanciera ( http://goo.gl/mJJLYn )", lo que cuenta es la percepción de los analistas financieros de China y Rusia que sentencian la existencia de cuatro grandes y ocho familias, entre las que destacan los banqueros esclavistas Rothschild: controladores en su conjunto de otro tanto de megabancos y de la Fed.


¡Los amos del universo!

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Lunes, 01 Junio 2015 06:50

La nueva geopolítica del petróleo

La nueva geopolítica del petróleo

¿En qué contexto general se está dibujando la nueva geopolítica del petróleo? El país hegemónico, Estados Unidos, considera a China como la única potencia contemporánea capaz, a medio plazo (en la segunda mitad del siglo XXI), de rivalizar con él y de amenazar su hegemonía solitaria a nivel mundial. Por ello, Washington instauró secretamente, desde principio de los años 2000, una "desconfianza estratégica" con respecto a Pekín.


El presidente Barack Obama decidió reorientar la política exterior norteamericana considerando como criterio principal este parámetro. Estados Unidos no quiere encontrarse de nuevo en la humillante situación de la Guerra Fría (1948-1989), cuando tuvo que compartir su hegemonía mundial con otra "superpotencia", la Unión Soviética. Los consejeros de Obama formulan esta teoría de la siguiente manera: "Un sólo planeta, una sola superpotencia".


En consecuencia, Washington no deja de incrementar sus fuerzas y sus bases militares en Asia Oriental para intentar "contener" a China. Pekín constata ya el bloqueo de su capacidad de expansión marítima por los múltiples "conflictos de los islotes" con Corea del Sur, Taiwán, Japón, Vietnam, Filipinas... Y por la poderosa presencia de la VIIª flota de Estados Unidos.

Paralelamente, la diplomacia norteamericana refuerza sus relaciones con todos los Estados que poseen fronteras terrestres con China (exceptuando a Rusia). Lo que explica el reciente y espectacular acercamiento de Washington con Vietnam y con Birmania.


Esta política prioritaria de atención hacia el Extremo Oriente y de contención de China sólo es posible si Estados Unidos logra poder alejarse de Oriente Próximo. En este escenario estratégico, Washington interviene tradicionalmente en tres ámbitos. En primer lugar, en el ámbito militar: Washington se encuentra inmerso en varios conflictos, especialmente en Afganistán contra los talibanes y en Irak-Siria contra la Organización del Estado Islámico. En segundo lugar, en el ámbito de la diplomacia, en particular con la República Islámica de Irán, con el objetivo de limitar su expansión ideológica e impedir el acceso de Teherán a la fuerza nuclear. Y, en tercer lugar, en el ámbito de la solidaridad, especialmente con respecto a Israel, para quien Estados Unidos sigue siendo una especie de "protector en última instancia".


Esta "sobreimplicación" directa de Washington en la región (particularmente después de la Guerra del Golfo en 1991) ha mostrado los "límites de la potencia norteamericana", que no ha podido ganar realmente ninguno de los conflictos en los cuales se ha implicado fuertemente (Irak, Afganistán). Conflictos que han tenido, para las arcas de Washington, un coste astronómico con consecuencias desastrosas incluso para el sistema financiero internacional.


Actualmente, Washington tiene claro que Estados Unidos no puede realizar simultáneamente dos grandes guerras de alcance mundial. Por lo tanto, la alternativa es la siguiente: o Estados Unidos continúa implicándose en el "pantanal" de Oriente Próximo en conflictos típicos del siglo XIX; o se concentra en la urgente contención de China, cuyo fulgurante impulso podría anunciar a medio plazo la decadencia de Estados Unidos.


La decisión de Barack Obama es obvia: debe hacer frente al segundo reto, pues éste será decisivo para el futuro de Estados Unidos en el siglo XXI. En consecuencia, este país debe retirarse progresivamente –pero imperativamente– de Oriente Próximo.
Aquí se plantea una pregunta: ¿por qué Estados Unidos se ha implicado tanto en Oriente Próximo, hasta el punto de descuidar al resto del mundo, desde el fin de la Guerra Fría? Para esta pregunta, la repuesta puede limitarse a una palabra: petróleo.


Desde que Estados Unidos dejó de ser autosuficiente en lo que al petróleo se refiere, a finales de los años 1940, el control de las principales zonas de producción de hidrocarburos se convirtió en una "obsesión estratégica" norteamericana. Lo cual explica parcialmente la "diplomacia de los golpes de Estado" de Washington, especialmente en Oriente Medio y en América Latina.


En Oriente Próximo, en los años 1950, a medida que el viejo Imperio Británico se retiraba y quedaba reducido a su archipiélago inicial, el Imperio estadounidense lo reemplazaba mientras colocaba a la cabeza de los países de esas regiones a sus "hombres", sobre todo en Arabia Saudí y en Irán, principales productores de petróleo del mundo, junto con Venezuela, ya bajo control estadounidense en la época.


Hasta hace poco, la dependencia de Washington respecto al petróleo y al gas de Oriente Próximo le impidió considerar la posibilidad de retirarse de la región. ¿Qué ha cambiado entonces para que Estados Unidos piense ahora en retirarse de Oriente Próximo? El petróleo y el gas de esquisto, cuya producción por el método llamado "fracking" aumentó significativamente a comienzos de los años 2000. Eso modificó todos los parámetros. La explotación de ese tipo de hidrocarburos (cuyo coste es más elevado que el del petróleo "tradicional") fue favorecida por el importante aumento del precio de los hidrocarburos que, en promedio, superaron los 100 dólares por barril entre 2010 y 2013.


Actualmente, Estados Unidos ha recuperado la autosuficiencia energética e incluso está convirtiéndose otra vez en un importante exportador de hidrocarburos. Por lo tanto, ya puede por fin considerar la posibilidad de retirarse de Oriente Próximo, con la condición de cauterizar rápidamente varias heridas que, en algunos casos, datan de más de un siglo.


Por esa razón, Obama retiró casi la totalidad de las tropas norteamericanas de Irak y de Afganistán. Estados Unidos participó muy discretamente en los bombardeos de Libia y se negó a intervenir contra las autoridades de Damasco, en Siria. Por otra parte, Washington busca a marchas forzadas un acuerdo con Teherán sobre el tema nuclear y presiona a Israel para que su gobierno progrese urgentemente hacia un acuerdo con los palestinos. En todos estos temas se percibe el deseo de Washington de cerrar los frentes en Oriente Próximo para pasar a otra cuestión (China) y olvidar así las pesadillas de Oriente Próximo.

Todo esto se desarrollaba perfectamente mientras los precios del petróleo seguían altos, cerca de 100 dólares el barril. El precio de explotación del barril de petróleo de esquisto es de aproximadamente 60 dólares, lo que deja a los productores un margen considerable (entre 30 y 40 dólares el barril).


Aquí es donde Arabia Saudí ha decidido intervenir. Riad se opone a que Estados Unidos se retire de Oriente Próximo. Sobre todo si Washington establece antes un acuerdo sobre el tema nuclear con Teherán, lo que los saudíes consideran demasiado favorable a Irán. Además, según la monarquía wahabita, expondría a los saudíes, y a los suníes en general, a convertirse en víctimas de lo que llaman "el expansionismo chií". Hay que tener presente que los principales yacimientos de hidrocarburos saudíes se encuentran en zonas de población chií.


Considerando que dispone de las segundas reservas mundiales de petróleo, Arabia Saudí decidió usar el petróleo para sabotear la estrategia norteamericana. Oponiéndose a las consignas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Riad decidió, contra toda lógica comercial aparente, aumentar considerablemente su producción y hacer de ese modo bajar los precios del petróleo, inundando el mercado de petróleo barato. La estrategia dio rápidamente resultados. En poco tiempo, los precios del petróleo bajaron un 50%. El precio del barril descendió a 40 dólares (antes de subir ligeramente hasta aproximadamente 55-60 dólares actualmente).


Esta política asestó un duro golpe al "fracking". La mayoría de los grandes productores estadounidenses de gas de esquisto están actualmente en crisis, endeudados y corren el riesgo de quebrar (lo que implica una amenaza para el sistema bancario norteamericano que, generosamente, había ofrecido abundantes créditos a los neopetroleros). A 40 dólares el barril, el esquisto ya no resulta rentable. Ni las excavaciones profundas "off shore". Numerosas compañías petroleras importantes ya han anunciado que cesan sus explotaciones en alta mar porque no son rentables, provocando la pérdida de decenas de miles de empleos.


Una vez más, el petróleo es menos abundante. Y los precios suben ligeramente. Pero las reservas de Arabia Saudí son suficientemente importantes para que Riad regule el flujo y ajuste su producción de manera que permita un ligero aumento del precio (hasta 60 dólares aproximadamente) pero sin que se lleguen a superar los límites que permitirían reanudar la producción mediante el "fracking" y en los yacimientos marítimos a gran profundidad. De este modo, Riad se ha convertido en el árbitro absoluto en materia de precio del petróleo (parámetro decisivo para las economías de decenas de países entre los cuales figuran Argelia, Venezuela, Nigeria, México, Indonesia, etc.).


Estas nuevas circunstancias obligan a Barack Obama a reconsiderar sus planes. La crisis del "fracking" podría representar el fin de la autosuficiencia de energía fósil en Estados Unidos. Y, por lo tanto, la vuelta a la dependencia de Oriente Próximo (y también de Venezuela, por ejemplo). Por ahora, Riad parece haber ganado su apuesta. ¿Hasta cuándo?

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