Miércoles, 24 Octubre 2018 05:43

Dinero endógeno: escondido a plena vista

Dinero endógeno: escondido a plena vista

Ya es lugar común criticar a los economistas convencionales por su incapacidad para entender la crisis de 2008. Hay muchas razones para dirigir una severa amonestación a estos economistas. Pero hay una crítica que es fundamental y que no ha recibido la atención que merece, quizá porque está relacionada con un fenómeno que se ha mantenido escondido a plena vista de todos: el dinero endógeno.

Estas palabras pueden sonar algo enigmáticas, porque van en contra de un mensaje transmitido por autoridades y académicos sin interrupción desde el nacimiento de la teoría económica. El mensaje corresponde a la pregunta: ¿De dónde viene el dinero? La respuesta tradicional tiene tres componentes centrales. Primero, no existe una fábrica de dinero, pero sí un instituto emisor que tiene el monopolio de la creación monetaria y se llama banco central. Segundo, ese organismo es independiente de las fuerzas económicas y del mercado, por lo que sus decisiones sobre la cantidad de dinero que hay que emitir son externas a la economía. A ese dinero emitido por el banco central se le denomina dinero exógeno. Tercero, los bancos son simples intermediarios entre los agentes que depositan sus ahorros en sus bóvedas y aquellos que recurren a los bancos para satisfacer su demanda de capitales para invertir.

Todo eso forma parte de una historieta que es falsa. Existe una mejor y más certera descripción del fenómeno de creación monetaria. Proviene de los trabajos de economistas que han cuestionado los dogmas oficiales. En esta visión alternativa la mayor parte del dinero es creado no por el banco central, sino por los bancos comerciales privados. Y esta creación monetaria se lleva a cabo mediante un proceso que no tiene nada que ver con el cuento de hadas de la intermediación bancaria. En síntesis, los bancos no necesitan que un agente deposite sus ahorros para poder otorgar un préstamo. El proceso es al revés: cuando un banco otorga un préstamo, en esa misma operación crea un depósito. En lugar de requerir de un depósito para poder realizar el préstamo, los depósitos son creados al otorgar el crédito.


El crédito otorgado por el banco corresponde en rigor a una creación monetaria. La creación de dinero deja de ser monopolio del banco central y responde a las necesidades de crédito de la economía. Es decir, la oferta monetaria es determinada por la demanda de crédito. A ese circulante se le denomina dinero endógeno, porque su cantidad depende de las fuerzas al interior de la economía y no de las decisiones de un instituto como el banco central. Los bancos comerciales privados pueden satisfacer esa demanda de crédito creando dinero de la nada.


Para darnos cuenta de que el cuento sobre la intermediación bancaria es falso, basta echar un vistazo a los agregados que constituyen la oferta monetaria en cualquier economía capitalista. Ese examen revelará que el dinero emitido por el banco central es sólo una pequeña parte (no más de 5 o 6 por ciento) del total de la oferta monetaria. El resto es emitido por el sistema bancario comercial privado. Lo que mueve a la economía es el dinero creado por los bancos privados mediante los préstamos que otorgan.


Pero si la creación monetaria se lleva a cabo mediante el otorgamiento de crédito, ¿cómo sabe el sistema bancario cuando detenerse? O, para decirlo de otro modo, ¿cuándo saben los bancos en su conjunto cuando ya no es prudente otorgar más crédito? La respuesta es que no lo sabe, porque no hay límites intrínsecos al otorgamiento de crédito. No existe un foco rojo que mande la señal inequívoca de que la economía se ha saturado de crédito (o, lo que es igual, de dinero endógeno). El crédito no es como un producto industrial de la economía real, en la que la sobre-producción envía la señal de que los inventarios están creciendo (la mercancía no vendida se está acumulando). En el caso de los bancos, para cuando el sistema bancario se percata que se ha rebasado el umbral de saturación, ya es demasiado tarde. Buena parte de la crisis de 2008 se debe a este fenómeno.


Las implicaciones del fenómeno de dinero endógeno son enormes y no deben evadirse. Este concepto, que la escuela postkeynesiana tanto ha contribuido a desarrollar, exige redefinir los temas centrales de la teoría y la política macroeconómicas, entre ellos las causas de la inflación, la determinación y el papel de la tasa de interés, la relación entre ahorro e inversión y, por supuesto, la regulación bancaria y del sistema financiero.


Pero mientras los economistas del sistema y la enseñanza de la teoría macroeconómica continúen perpetuando las falsedades de la ortodoxia, no se podrá avanzar en estos temas.
La creación monetaria por los bancos privados es lo que permite a la economía moverse. Está en todas partes y nos parece tan natural que por eso mismo pasa desapercibida. Decía Sherlock Holmes que no hay nada más invisible que lo que es obvio. Seguramente estaba pensando en el dinero endógeno.
Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 15 Octubre 2018 07:14

Dinero RIP

Dinero RIP

Hay episodios en los que el dinero se muere; pierde tal magnitud de valor, de capacidad de compra y de reserva, que deja de servir. No cumple sus funciones en el mercado y provoca grandes distorsiones en la sociedad.

El dinero muere con la hiperinflación: el crecimiento muy elevado y, además, acelerado de los precios en una economía. El proceso de formación de los precios se sale, literalmente, de control. Se erosiona rápidamente el valor de la moneda, se necesita cada vez más dinero para comprar lo mismo o, típicamente, menos productos o servicios.


Las repercusiones son muy desiguales entre los grupos de la población; la cantidad de recursos, su tipo y la capacidad de operar, de movilizarlos en distintos mercados, marcan las diferencias. En un proceso inflacionario hay un rechazo natural por la moneda afectada y tiende a cambiarse por otras más resistentes. El ahorro se deprecia y, quien puede, intenta gastarlo en algo que mantenga su valor.


El gobierno incrementa la cantidad de dinero para evitar el colapso de las transacciones, pero retroalimenta el aumento de los precios. El Fondo Monetario Internacional calcula que este año la tasa de inflación en Venezuela será de 1.37 millones por ciento. La cifra misma es incomprensible e indica la vertiginosa depreciación del dinero. Las consecuencias son graves.
Entre 1914 y 1923 en Alemania la tasa de cambio pasó de 4.2 marcos por dólar a casi 4.2 billones de marcos por dólar. En Zimbabue la hiperinflación llegó a 231 millones por ciento en julio de 2008. En Bolivia en 1985 la inflación alcanzó 8 mil 171 por ciento; en Nicaragua en 1988 fue de 14 mil 316 por ciento y en Argentina en 1989 los precios crecían 200 por ciento cada mes.


El dinero muere de distintas maneras, tal vez menos aparatosas, pero igualmente destructivas. Desde principios de mes la inestabilidad ha crecido en los mercados financieros.
La semana pasada, en sólo dos días, se deshizo un valor equivalente a un billón de dólares en el índice de precios del índice S&P 500 en Wall Street. La posterior recuperación fue insuficiente. Una situación similar ocurrió en Londres con el FTSE y con el índice europeo Stoxx 600.


Uno pensaría que las causas son de una gran complejidad, pero los hacedores del mercado son relativamente pocos y sus decisiones son capaces de alterar los precios de las monedas, acciones, bonos, bienes raíces y otros activos. Las transferencias de valor de unos agentes en el mercado a otros son enormes.


Los casos recientes indican que las reacciones de los agentes preferentes del mercado se derivan de apenas unas cuantas acciones de la política económica.


Un asunto es la determinación de las tasas de interés por los bancos centrales, en especial la Reserva Federal. La liquidación global de las acciones a la que nos referimos se asocia con el alza de las tasas de referencia en los meses recientes. Se incrementa en el costo de la deuda en dólares de empresas y gobiernos. El dinero que sale de las bolsas se coloca en bonos del tesoro, considerados como más seguros y ahora con mayor rendimiento.


También se asocia el proceso de venta con la incertidumbre del proteccionismo sobre los flujos del comercio internacional y con la sobrevaluación que se ha provocado en el valor en exceso de las acciones de las principales empresas de tecnología.


Todo esto acarrea una mayor volatilidad, en un escenario en que las decisiones de los agentes dominantes se contagian al resto en lo que se conoce como un efecto de manada.
La especulación, que es parte esencial de las corrientes de inversión, se convierte en una actividad predominante, en este caso para tratar de minimizar las pérdidas o provocar ganancias extraordinarias para algunos. Ambas cosas no son contradictorias.


Las condiciones señaladas tienen impactos diferenciados, la caída del precio de las acciones, por ejemplo, provoca pérdidas para los fondos de pensiones que son los mayores inversionistas institucionales.


El alza de las tasas de interés induce una mayor demanda de dólares; otros bancos centrales no las han elevado, como ocurre en Europa, liada con el aumento del déficit fiscal en Italia. Estos desplazamientos crean ventajas competitivas por las variaciones en los tipos de cambio.


El caso es que los procesos que ocurren en los mercados financieros donde se concentra el poder económico no son irrelevantes para el resto de los mortales que no participan en ellos directamente. En realidad, la distancia es más corta de lo que se piensa y los movimientos de capitales a escala global son clave para determinar las condiciones económicas a escala nacional o, incluso, local.

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La 'tormenta perfecta' que los 'gurús' atisban para anunciar otra crisis mundial

El retorno del estancamiento con inflación por las guerras comerciales; una deuda, soberana y privada, de 157 billones de dólares, el doble del PIB global; revalorización del dólar, que ha zarandeado el mercado de divisas; sacudidas de volatilidad bursátil y alta tensión en los mercados emergentes. Son algunos de los grandes nubarrones que detecta el FMI. Pero no los únicos ciclones en el horizonte, según los analistas.


El oráculo del mercado señala a 2020. Sus presagios hablan de que, para entonces, las hostilidades comerciales se habrán recrudecido. Que los hasta ahora socios económicos de EEUU -y la mayor potencia planetaria- estarán en el fragor de las batallas por registrar superávits o, según los casos, por eliminar los déficits de sus balanzas de intercambios de bienes y servicios. En medio de otra tormenta perfecta; de una nueva singladura recesiva. También profunda. Porque el proteccionismo se ha apoderado de las agendas políticas del mundo industrializado. Al principio, fue sólo una ralentización. Un parón al que condujo Donald Trump a sus aliados. Pero luego fue tomando una mayor dimensión. Hasta volver a situar al G-7 al borde de la contracción sincronizadas de sus economías. Debido a que el encarecimiento de la financiación internacional por las subidas de tipos de los grandes bancos centrales, que acabaron siguiendo la estela de la Reserva Federal, encarecieron las inversiones empresariales y los gastos de hogares y de consumidores. Hasta el punto de revertir el ciclo de negocios estadounidense. Las bolsas se desploman y la Casa Blanca aumenta sus trabas aduaneras a las importaciones de China, cuyo sector exterior y sus empresas, en una espiral de endeudamiento gradual, subsisten a duras penas por el férreo control del valor del rinminbi desde la jerarquía económica de Pekín. Los flujos comerciales e inversores se obstruyen hasta casi la parálisis.


¿Realidad o ficción? A juzgar por el reciente diagnóstico del FMI, en su reunión de otoño -en esta ocasión, en Bali- el escenario es más que factible. Ya no disimula su apuesta por una crisis dentro de dos años. Después de recortar, por primera vez en el último bienio, sus previsiones de crecimiento global. Lo hizo en dos décimas, hasta situar su predicción en el 3,7%. En el cálculo del mercado, cualquier repunte del PIB mundial inferior al 3% anticipa recesión. Hace un año, en su World Economic Outlook (WEO) otoñal, el de 2017, hablaba de que las potencias industrializadas ya no disponían del acopio de combustible monetario y fiscal que usaron tras la quiebra de Lehman Brothers para activar estímulos financieros y económicos. Ante una -decían entonces- hipotética crisis. Esta semana, en la isla indonesia, su economista jefe, no sólo abandonó el beneficio de la duda, sino que incidió en que “hay nubarrones a la vista por la súbita debilidad de la actividad” y porque la pérdida de dinamismo “ofrece muestras de un mayor desequilibrio de lo esperado”, precisó Maurice Obstfeld. En su opinión, el ritmo del PIB mundial del pasado ejercicio, el más vigoroso desde 2011, cuando surtieron efecto los multimillonarios programas para espolear la actividad en las economías con mayores ingresos, no volverá en los años venideros.


Pero, ¿dónde se registran los epicentros de este nuevo tsunami cuyas alarmas califican de alto riesgo? En gran medida, por la guerra comercial fratricida desencadenada por la Administración Trump con varios de sus históricos aliados, que Washington ha tratado de enmascarar, por ejemplo, con una nueva versión, edulcorada, del Nafta. Aunque hay otros factores del nuevo orden -económico y geoestratégico- global impuesto por el dirigente de EEUU que, al parecer, harán bueno el augurio del FMI, por el que también apuesta el mercado y economistas de relevancia internacional. Hasta completar un decálogo.


1.- El precio del proteccionismo en la globalización


En medio del apogeo de la carrera por la digitalización, por la Revolución Industrial 4.0, por los cambios en las cadenas de valor de las empresas, por los nuevos modelos de negocios, basados en ecosistemas de consumo de dimensión global, la automatización, el Big Data y la Inteligencia Artificial, la Casa Blanca ha activado el modo combate en el terreno comercial. Medio año después de que Trump impusiera las subidas arancelarias al acero y el aluminio -la considerada como declaración de guerra de Washington- el FMI ha puesto cifras a la traslación del America, first trumpiano sobre la libertad de intercambios de bienes y servicios: 430.000 millones de dólares, equivalente al tamaño de la economía de Noruega, lo que implica una pérdida de medio punto del PIB global. Sólo por los efectos de la escalada de tarifas entre las dos grandes potencias del planeta. Un daño que dejaría de ser colateral y que se propagaría aún con mayor virulencia por todas las latitudes si, como amenaza Trump, EEUU decreta la entrada en vigor la subida del 10% de los aranceles sobre otra batería de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares y de distinta cuantía a un conjunto de mercancías que superan el medio billón de dólares, según el valor actual de mercado. Dejando -alerta Obstfeld- nuevas brechas de desigualdad, porque los costes asociados a la vuelta a las anacrónicas corazas proteccionistas, generará “un crecimiento no inclusivo”, fenómenos de exclusión social y precariedad laboral y “males endémicos” en el ámbito político.


Todo un recordatorio, sin citarlo, a la oleada de nacional-populismo que se ha instalado por Europa y EEUU en busca de supuestas soluciones a la globalización desordenada de los mercados.


“Nuestros modelos de predicción sugieren que, si esta advertencia oficial se materializa, los índices de confianza empresarial descenderán y la previsión para 2020 retrocederá, al menos, un 0,5%”, asegura el FMI. Una mala idea -enfatiza-, incluso para EEUU, porque “una considerable parte de sus exportaciones están dirigidas y se encuentran sometidas a bajas tarifas y aranceles de entrada en mercados sobre los que ha dirigido su conflicto comercial”. De hecho, el Fondo rebaja en dos décimas sus previsiones para el próximo ejercicio tanto a EEUU, que sitúa en el 2,5%, como en China, que reduce al 6,2% por las hostilidades comerciales. Y sitúa el escenario de mayor gravedad bajo un nuevo arrebato del líder americano hacia Europa, a la que acaba de reenviar su mensaje de que el club comunitario es el “mayor adversario real” de la deficitaria balanza comercial de EEUU, y hacia el renovado Nafta, la unión aduanera con México y Canadá. Pero que está lejos de ser “el acuerdo más grande firmado por EEUU” como dijo Trump antes de enviar el texto del rebautizado como USMCA (ES-México-Canadá Agreement) al Congreso para su luz verde definitiva. Más bien, los expertos, que destacan las nuevas fórmulas de regulación laboral -que mejorarán los salarios y derechos de los trabajadores mexicanos del sector del automóvil-, entre los beneficios del sorprendente pacto trilateral, inciden también en que la maniobra es un gesto electoralista. Un guiño a los votantes republicanos de los estados del norte y del sur con mayor dinamismo comercial con Canadá y México y que tradicionalmente han defendido el libre mercado. Y el Nafta moviliza 1,2 billones de dólares en intercambios de mercancías.


2.- Las bolsas, 'complacientes' con la peligrosa coyuntura


Otra de las perlas dialécticas que ha dejado el economista jefe del FMI. Los inversores -dijo Obstfeld- se comportan de forma muy complaciente con los riesgos económicos. A pesar de que la escalada de tensiones comerciales ha hecho perder la velocidad de crucero a Europa y Japón, los dos enfermos económicos en el pasado reciente y máximos exponentes de la estanflación o ritmo plano de crecimiento con riesgo de deflación y la doble y profunda rebaja fiscal en EEUU, por el contrario, ha hecho germinar el caldo de cultivo idóneo para sobrecalentar la actividad en la primera potencia global. “El peligro de que se recrudezcan las tensiones comerciales también creará efectos adversos en los activos y la inversión”, profetiza el Fondo.


Trump, curiosamente, se ha unido a esta prédica. Porque ha atizado a la Reserva Federal, a la que no sólo le transmite su visión de que “está cometiendo un error” al subir tipos de manera acelerada (el precio del dinero en EEUU está en el 2,25% y la Fed habla de dos nuevos movimientos alcistas a medio plazo), sino que se atreve -faltaría más- a decir que “se ha vuelto loca”. Como si no hubiera intercedido deliberada e intensamente en el nombramiento del halcón Jerome Powell -pese al prestigio que se labró su antecesora, Janet Yellen- quien no duda, además, en avanzar la definitiva retirada de los estímulos monetarios para no sobrecalentar la economía. Impulsada, en realidad, por el esperado mayor poder adquisitivo que darán a consumidores y empresas las rebajas impositivas republicanas. El problema para el inquilino de la Casa Blanca es que la cita electoral de mitad de mandato, con no muy buenos augurios para los republicanos, puede coincidir con un periodo de vacas flacas en Wall Street. El Nasdaq sufrió esta semana un batacazo superior al 4%, la mayor caída desde el referéndum del Brexit, en Reino Unido, y el Dow Jones se dejó en una jornada un 3,1%.


Pero es que, además, entre los analistas del mercado, se ha instalado la convicción de que el clima inversor guarda demasiadas connotaciones similares a las de 2007, antesala de la crisis del año siguiente. Con índices de volatilidad extraordinarias. En Asia, EEUU y Europa. Y, en general, en los mercados emergentes, a los que el FMI señala por su riesgo bursátil. El retroceso en EEUU “no ha sido sólo una corrección, un estado de relajación, sino una tendencia que ya se ha hecho viral en las plazas emergentes y que hacen poner en cuestión a los inversores si el actual ciclo de negocios no toca a su fin y estamos ante el comienzo de otra embestida financiera”, dicen en Wells Fargo Investment Institute.


A principios de septiembre, John Normand y Federico Manicardi, analistas de JP Morgan, avanzaron que sus modelos veían una pérdida de los valores bursátiles en EEUU del 20% y un endurecimiento de las condiciones crediticias de 115 puntos básicos por las subidas de tipos de la Fed. Los inversores deberían prever para 2020 otra convulsión financiera, admiten. Antes de recordar que, en 2008, el S&P 500 se dejó un 54% desde sus máximos históricos.


3.- El 'dólar fuerte' regresa en el peor momento.


Es la otra consigna monetaria, junto a la reclamación a Powell de que acabara con la política de tipos de interés próximos a cero, con la que llegó Trump a la Casa Blanca. Esta combinación -precio del dinero al alza y billete verde revalorizado- es una pinza demasiado rígida. Las empresas globales y no pocas de latitudes emergentes, con independencia de su grado de proyección mundial, denominan su deuda en dólares. Y sus márgenes de endeudamiento han crecido en los ejercicios posteriores a la crisis de 2008. Su problema son los vencimientos inmediatos, en la divisa estadounidense y con condiciones financieras más duras que las de apenas hace un año. Por designio de la Fed. El Fondo habla a las claras de un círculo vicioso que genera volatilidad y cambios de dirección en los flujos de capitales. Huyen de espacios emergentes hacia cobijos industrializados. A los gobiernos les llega dicha factura a través de la balanza por cuenta corriente. En tiempos, además, de desequilibrios fiscales. Son los denominados “déficits gemelos” -presupuestarios y financieros- que han engordado en la práctica totalidad de los cuadros macroeconómicos nacionales. El propio Fondo se hacía eco de este viraje inversor. Entre 2009 y 2013 los mercados emergentes recibieron 4,5 billones de dólares -en pleno decoupling o desacoplamiento del ciclo de negocios de las potencias industrializadas, más débil y con episodios de números rojos-, aunque en 2016 y, sobre todo, en 2017, las fugas inversoras rebasaron los 250.000 millones. Cada año.


El Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés) valora precisamente en 4,5 billones de dólares, cifra del PIB alemán, las necesidades financieras de compañías y tesoros de mercados emergentes. En tiempos de acceso al dinero más caro. De ahí que el peso argentino o la lira turca hayan perdido más de la mitad de su valor desde el inicio de 2018, y que el fantasma de la devaluación sobre las divisas de India, Indonesia, Brasil o Sudáfrica persista en los círculos inversores. Con o sin ayuda prestamista del FMI.
En su External Sector Report, el Fondo asegura, para más inri, que el billete verde está sobrevalorado y que, por contra, el rinminbi, “se encuentra claramente en línea con los fundamentos macroeconómicos de China” antes de las tensiones comerciales. Algo que, a buen seguro, no ha gustado en el Tesoro norteamericano, una de las tres partes, junto al FMI y la Fed, del llamado consenso de Washington. Sin el que, parece, “nada se hace en los mercados”, atestiguan las voces neoliberales al uso. Foco desde el que su máximo responsable, Steven Mnuchin, insiste, a veces machaconamente, en “la manipulación constante de la moneda china” por parte del régimen de Pekín.


Desde febrero de 2016, cuando el dólar toca fondo, su valor ha aumentado en más de un 9,3%. Un contexto de suma dificultad para gobiernos y firmas emergentes que, hasta 2025, deben atender el pago de bonos y préstamos por un montante de 2,7 billones de dólares. El PIB de India, séptimo del mundo. En billetes verdes.


4.- Los mercados emergentes, termómetros del riesgo


La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, fue la encargada de dar la señal de alarma. “Hasta 100.000 millones de dólares están listos para la fuga” desde latitudes emergentes. El dato se incluye en el Global Financial Stability Report del FMI y supone una cantidad similar a la que huyó de estos mercados en 2008. “Y las probabilidades de que acontezca rápidamente van en aumento”, aclaró Lagarde. Insistiendo en la complacencia inversora. Porque la merma de la confianza empresarial “puede ser fulminante”

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Desde Pimco se resalta que las bolsas emergentes atraviesan “el peor ejercicio desde 2011”, según una filial de investigación de gestión de fondos que posee en Asia. Aunque prefieren ver la botella medio llena y creen que su vuelta a las tasas de retorno -de beneficios- del 7% anuales, como el promedio que han registrado en el último decenio, “dependerá de las tensiones comerciales”. En tal caso, el valor del dólar “seguiría su escalada alcista”; pero, si Washington y Pekín enarbolan la bandera blanca, desde otras firmas como Franklin Templeton, anticipan que las carreras competitivas en la que están inmersas sus divisas tocarían a su fin. Aunque haya mercados como el filipino, donde aún sufrirán salidas de capitales y ataques monetarios. Bastaría, a juicio de sus expertos, con que se calmen las ínfulas comerciales para que el contagio, sin llegar a desaparecer, al menos mitigue sus efectos.


“Hay que acabar con esta tormenta perfecta, de subida catapultada del dólar bajo un escenario de fuerte dinamismo, actual, en EEUU, con un agujero comercial cada vez más abultado y la Fed mostrando su felicidad por encarecer el precio del dinero”, afirma Chris Weston, del fondo inversor Pepperstone. En un clima inversor y multilateral en el que “todos convienen en señalar que la carestía del billete verde y la dimensión de la deuda global en dólares son exagerados”, asegura.


El WEO establece un crecimiento para las potencias avanzadas del 2,4% para este año y del 2,1% para 2019, frente al 4,7% del área emergente durante el actual bienio.


5.- Rebajas fiscales con déficit y deuda fuera de control


Fue el motivo esencial por el que el Fondo redujo en primavera su previsión de crecimiento para este año. La batalla comercial protagoniza la decisión de recortar, este año, en dos décimas, la del próximo año. Al FMI no le acaba de gustar la política económica republicana. El doble y generoso estímulo fiscal -sobre las rentas personales y los beneficios empresariales- “eleva notablemente el riesgo sobre EEUU y sobre la economía global” y representa el combustible idóneo, por la mayor disponibilidad al gasto de consumidores y firmas, para espolear la inflación. Lo que acarreará nuevas subidas de tipos para contener los precios y, con cierta seguridad, revalorizaciones del dólar. Y, probablemente también, nuevas peticiones de ayuda multilateral al Fondo desde otras áreas emergentes, además de los 50.000 millones de dólares concedidos a Argentina y que tanto dolor de cabeza provoca en personalidades que, como Trump, prometen velar por la austeridad del FMI y critican las aportaciones de los contribuyentes americanos a la resolución de crisis como la del peso argentino. Aunque haya sido cercado por su compromiso ideológico con un dólar fuerte.


Tampoco los economistas se creen los efectos beneficiosos de su rebaja impositiva que verá sus primeros vestigios sobre la economía el próximo año. Si se cumple la máxima del mercado de que toda rebaja fiscal tarda, al menos un año, en mostrar su cara. Frente a los seis meses que dictaminan para cualquier reforma laboral, por ejemplo. Desde el Tax Policy Center, think tank de prestigio en EEUU, se admite que los recortes fiscales conjuntos serán de 1.300 dólares en 2019, aunque apenas sitúa su ahorro real en los 850 dólares para la clase media. Es decir, los que ganan entre 50.000 y 87.000 dólares al año. Debido a la supresión de deducciones y exenciones en el Código Fiscal. En un país en el que cualquier gasto imprevisto o no corriente de 400 dólares al mes implica pedir un préstamo personal. Para las clases pudientes, el ahorro anual será de 32.510 dólares.


Toda una invitación al despilfarro y a las inversiones de alto riesgo. Cuando las arcas del Tesoro americano dejarán de ingresar 1,5 billones de dólares, la cuantía de la rebaja de rentas y sociedades, el déficit sobrepasa el 4,5% del PIB y la deuda supera los 18 billones de dólares, el tamaño de su economía.


6.- Sobrecalentamiento en la mayor potencia global


Gran parte de las diez razones que aduce Nouriel Roubini, el economista, catedrático y gestor de fondos que se erigió en el único gurú que vio venir la crisis de 2008, para avanzar otra inestabilidad, también en el año 2020, tienen que ver con el estado de ebullición de la economía americana. Otro argumento adicional para que la Fed continúe subiendo tipos hasta, previsiblemente, el 3,5% en 2020 y para que otros bancos centrales, en principio, los del mundo anglosajón, sigan su estela y encarezcan el dinero. Todo ello, a su juicio, mermará la liquidez en los mercados y propiciará escaladas de precios. A lo que hay que unir -dice- los daños de la guerra comercial -un clásico de estos tiempos- y los obstáculos a la inmigración, el freno a la economía verde o el déficit en infraestructuras del país. Fenómenos que perjudican la configuración de un dinamismo sostenible con creación de empleo estable.
Por si fuera poco, Roubini imputa otros tres aspectos que añaden sobrecalentamiento a EEUU. “La ratio precio-ganancias en las plazas bursátiles -y EEUU es el primer centro de las finanzas globales- están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está muy sobrevalorado y los mercados de bonos, demasiado caros”. A este panorama se une, además, que el diferencial de tipos a largo y corto plazo ha comenzado a crecer. En 2005 esta curva, que determina la rentabilidad real de los bonos americanos, en este caso, se invirtió. Es decir, que la deuda no inmediata ofrecía mayor beneficio que la que el Tesoro reclamaba al mercado para hacer frente a sus vencimientos más urgentes. Este comportamiento invertido anticipa recesión. Al igual que la sucesión de dos trimestres consecutivos de retrocesos en los beneficios empresariales, circunstancia que ha llegado a acontecer en los últimos dos ejercicios.


7.- Excesivo endeudamiento global


Cuando el FMI, Roubini o los principales bancos de inversión coinciden en atisbar nubarrones y hablan de una “tormenta perfecta”, a buen seguro que los temores son fundados. Se refieren a que los riesgos sistémicos, fuera del sector bancario, en principio, en esta ocasión y que se circunscriben a la coyuntura de las economías mundiales -o a los abultados balances de los bancos centrales- han dejado huérfanos de instrumental para una cirugía quirúrgica de urgencia tanto a autoridades económicas como monetarias.
A las primeras, sin los colchones financieros de superávits fiscales labrados, en mayor o menor medida, durante la época de vacas gordas previa a 2008.

Y, a las segundas, porque en la mayor parte de los bancos centrales, los tipos aún navegan en cotas próximas a cero, lo que reduce al mínimo la opción estimulante, y se llama al final de los programas de compra de deuda.


El endeudamiento es, precisamente, la principal losa económica. La auténtica bomba de relojería. Lagarde situó esta semana la deuda soberana y privada en todo el mundo en los 182 billones de dólares (157 billones de euros), casi el doble de un PIB global que se cifra en 80 billones de dólares. “Es récord histórico y un 60% más que el nivel alcanzado en 2007”. A pesar de que “las condiciones financieras, durante este decenio último, han sido anormalmente ventajosas” para quitar lastre. Japón (con un 239,2% de su PIB) y 9 billones de dólares de deuda acumulada; Grecia (181,3% del PIB) y riesgo de que sus compromisos alcancen, en unas décadas, el 300% de su economía; Líbano (143,4%), Cabo Verde (133,8%) e Italia (132,6%) encabezan el ranking de deuda soberana. España ocupa el decimosexto puesto.


8.- El petróleo a 100 dólares precipita la recesión. El petróleo se ha instalado por encima de los 80 dólares desde el verano. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo, lo que desencadenaría una contracción económica en EEUU y hundiría la actividad global. “Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, asegura el servicio de estudios de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, sobre todo, hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. En caso de que el barril sobrepase los 100 dólares, cosa que podría suceder, para mayor gloria de Arabia Saudí, a lo largo de este ejercicio, “las señales de una posible contracción del PIB americano serían inmediatas”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.


Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. En EEUU y en los mercados emergentes, reacios, hasta ahora, a seguir los dictados de la Fed, para espolear sus tasas de crecimiento. Sin embargo, para los expertos de este banco, “hay que tomarse muy en serio” toda escalada más o menos brusca del precio del crudo porque “acarrea una serie de riesgos”. Conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y el repunte actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.
Aditya Bhave, economista jefe de Merrill Lynch Bank of America, sitúa el instante en el que el barril rebasará los 100 dólares en la segunda mitad del próximo ejercicio. A no ser que se produzcan acontecimientos excepcionales, como el colapso de la economía de Venezuela.


9.- Burbujas inmobiliarias al acecho


El otro gran detonante del credit crunch de 2008, el estallido inflacionista de los mercados inmobiliarios -en países como EEUU, España o Reino Unido, entre otros- vuelve a vislumbrarse. Es cierto que más bien en determinadas capitales, pero lo suficientemente significativas como para que hayan contagiado a otras ciudades de sus territorios estatales. Londres, Ámsterdam, Vancouver, Toronto, Múnich y Hong-Kong son las ciudades con un mercado de la vivienda en estado de ebullición. Al igual que los países nórdicos europeos. El Índice Global inmobiliario de UBS denuncian el calentamiento excesivo en estas urbes. “La mayoría de las personas, sean asalariados o profesionales liberales, no pueden hacer esfuerzos para adquirir una vivienda en estos centros financieros, si no se benefician de una herencia o perciben alguna remuneración adicional del ámbito familiar”. Y los alquileres -aseguran- “continúan consumiendo gran parte de sus retribuciones salariales”.


Los gobiernos son los únicos agentes que pueden intervenir en la contención de precios, una estrategia que tilda de necesaria. Por ejemplo, impulsando subsidios para el acceso a la primera vivienda. Aunque hay otras recetas que puede ser también determinantes. Si bien, requieren de un equilibrio difícil de alcanzar. El informe defiende la imposición de una alta tributación sobre las propiedades de ciudades especialmente caras, lo que podría retraer la inversión en el sector de extranjeros. “Contribuiría a rebajar precios con celeridad, aunque sea a costa de los propietarios que quieran vender”, alerta.


Las burbujas, a menudo, no son identificadas como tales hasta que estallan, reconocen en UBS. Pero hay en la actualidad las seis ciudades citadas pueden catalogarse como de alto riesgo de sus mercados inmobiliarios. Todas con alzas de precios de compraventa que superan, al menos en un 10% anual, sus registros de 2007.


Otros territorios de especial carestía de la vivienda son los nórdicos europeos. “Si se nos pregunta cuál es el mayor riesgo latente de las economías escandinavas, diríamos que los mercados inmobiliarios”, dice Erik Bruce, economista en el banco Nordea, para quien “resulta normal, dado el bajo nivel de tipos de interés, la caída del paro y el optimismo empresarial en el futuro económico” en estos países.


El repunte supera el 70% en los mercados sueco y noruego. También desde 2007, año previo a la crisis. En Dinamarca es algo inferior, aunque supera el 50% y Copenhague ha duplicado precios respecto a 2012. Y pese a que, en Oslo, los ajustes financieros de familias y empresas han rebajado los precios en los últimos dos trimestres entre un 7% y un 8% en términos interanuales. En cambio, en Estocolmo, la demanda de adquisición de apartamentos sigue en cotas desconocidas en nueve años. Y el pulso inmobiliario en la capital sueca marca tendencia en el resto de grandes capitales escandinavas, aclaran en Nordea.


10.- La debilidad manifiesta en Europa y Japón


El FMI otorga a la zona del euro un modesto crecimiento del 2% este año, cuatro décimas por debajo de su previsión de finales de 2017 y dos menos que su predicción de primavera. Para Japón, el panorama es aún más tenue: un alza del 1% en 2018 y de nueve décimas el próximo ejercicio. Mark Wall, de Deutsche Bank cita tres grandes incertidumbres sobre el euro. La primera, los efectos de la guerra comercial de EEUU contra sus socios, en especial, contra Alemania, a la que culpa del deterioro de su déficit. La segunda, las alambicadas negociaciones sobre el Brexit. Y, en tercer lugar, el difícil futuro en Italia de la coalición entre los neofascistas de la Liga Norte y el complicado crisol ideológico del Movimiento Cinco Estrellas.

Además, Wall menciona la parálisis reformista que se resiste a armonizar los criterios monetarios y económicos del euro, que no lograron formalizarse en la última cumbre semestral, en junio pasado, por el rechazo de los contribuyentes netos a la ambiciosa agenda de transformaciones diseñada por la Comisión Europea y apoyada por la Francia de Emmanuel Macron.

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Lunes, 08 Octubre 2018 06:29

Camisa de fuerza

Camisa de fuerza

El aire está enrarecido en la política monetaria. Hace 10 años, en plena crisis financiera, los bancos centrales usaron el instrumento clave del que disponían: la tasa de interés, para establecer las condiciones de la cantidad de dinero en la economía y el acceso a él de un restringido grupo de la sociedad.

De lo que se trata es, precisamente, del acceso a los recursos y, en especial, al dinero.

Por la magnitud de la crisis, la tasa de interés de referencia que fijó la Reserva Federal de Estados Unidos fue prácticamente de cero; ese nivel determinaba las demás tasas en el mercado.

El gobierno de ese país fabricó, en efecto, enormes cantidades de dinero, que sostuvieron la actividad de los bancos y otras instituciones financieras.

La quiebra del sistema financiero se evitó. Pero las distorsiones que provocó la asignación del dinero y el crédito son profundas. Los bancos comerciales se hicieron más grandes, incrementaron sus ganancias y su poder en un mercado oligopólico. Lo mismo sucedió con los fondos de coberturas que administran billones de dólares en inversiones.

Con tasas de interés muy bajas se alteraron los precios de otros activos, como los bienes raíces o las acciones de muchas empresas, que hasta hoy se venden muy por encima de los ingresos que generan: los actuales y los esperados; también, las obras de arte.

Esto es especulación, el juego privilegiado del capitalismo actual. Este rasgo del capital define el entorno productivo, es decir, qué, cómo, para quién y dónde se produce. Así define cuánto ingreso se genera y cómo se distribuye entre los grupos de la población. No es una casualidad, entonces, que el patrón de la desigualdad social se haya agravado desde la década pasada.

Las tasas de interés muy bajas no pueden sostenerse indefinidamente. Una de las razones tiene que ver con la propia política monetaria. Ésta es una forma crucial de intervención de los bancos centrales y los ministerios de Hacienda (cuando emiten deuda pública) en la gestión de la actividad económica. En particular tiene que ver con el proceso de formación de los precios de los productos y los servicios y, por tanto, en la inflación.

Los bancos centrales tienen como objetivo clave el control de la inflación. En el caso de la Reserva Federal, se incluye la promoción del crecimiento productivo. En el caso del Banco de México, por ejemplo, se restringe mantener el valor de la moneda.

El instrumento principal del que disponen es la tasa de interés de referencia en el mercado. Ésta no puede estar en un nivel cercano a cero de forma indefinida, pues pierde la efectividad para moverse según las presiones del mercado, incluyendo el tipo de cambio.

Los bancos centrales están regresando a la normalidad, o sea, usar la tasa de interés. La Reserva Federal ya la ha elevado y avisó que seguirá haciéndolo. Esa medida repercute en todos los mercados del mundo con distinta intensidad. En México ocurre de una manera bastante directa.

El gerente general del Banco de Pagos Internacionales, llamado el banco central de los bancos centrales, Agustín Carstens, quien fue gobernador del Banco de México hasta 2017, declaró hace días en una entrevista que se deben seguir subiendo las tasas de interés hasta los niveles anteriores a la crisis de 2008 para enfrentar así una posible recesión.

Este espacio de acción es lo que se concibe como normal. Lo curioso es que ahora hay que subirlas para poder bajarlas cuando sea necesario intervenir. Pero moverlas no es un proceso inocuo, pues el precio del crédito repercute en todos los demás precios en la economía.

Este es un pensamiento circular y muy indicativo del modo en que se definen y se ejecutan las políticas públicas. Pero, más aún, pone en evidencia la estrechez del pensamiento económico actual, literalmente amarrado en una camisa de fuerza. Así se ampara en buena medida el estatuto de independencia de los bancos centrales.

Sometida así, la política económica (monetaria y fiscal) se convierte en acicate de la especulación. Es cuestionable la resistencia que un banco central de un país sin una moneda hegemónica puede tener ante los embates de las tasas de interés en dólares. Menos todavía con los desplazamientos bruscos de las inversiones que se asocian con el estado de las expectativas, con algo tan volátil como la confianza en el dinero.

 

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La deuda global alcanza un nuevo récord histórico tras crecer un 60% en diez años

La directora del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde sitúa la cifra en 157 billones de euros.


La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, advirtió hoy de que la deuda global ha alcanzado un nuevo récord, situándose en los 182 billones de dólares (157 billones de euros).


"La deuda global -ambas, la pública y la privada- ha alcanzado un récord histórico de 182 billones de dólares, casi un 60 % por encima de la registrada en 2007", apuntó Lagarde en un discurso en la sede del FMI, en Washington.


La directora del FMI explicó que después de una década de condiciones financieras "relativamente fáciles", los niveles de la deuda han alcanzado nuevos máximos en economías avanzadas, emergentes y en países con ingresos bajos.


Este contexto, según Lagarde, ha dejado a los Gobiernos y las compañías de alrededor del mundo "más vulnerables" ante un endurecimiento de estas condiciones financieras.
"Las economías emergentes y en desarrollo están ya sintiendo la presión a la vez que se ajustan a la normalización monetaria en el mundo avanzado", apuntó.
Lagarde alertó, además, de que este proceso de ajuste "podría ser todavía más desafiante" si se acelera de manera inesperada, lo que podría causar correcciones de los mercados, fuertes movimientos de los tipos de cambio y un mayor debilitamiento de los flujos de capital.
Estimaciones del FMI


De acuerdo a las estimaciones del FMI, las economías emergentes -excluyendo China- podrían afrontar potencialmente una deuda de hasta 100.000 millones de dólares. Por otro lado, Lagarde subrayó que el análisis del Fondo demuestra que los países con mayor experiencia en la flexibilidad en los tipos de cambio experimentaron menos pérdidas de productividad después de la crisis financiera global.


En su discurso, la directora del FMI también aseguró que el actual contexto de políticas proteccionistas desatado por EE.UU. ha empezado a tener efecto en la economía global, cuyo crecimiento se verá ralentizado, de acuerdo a las previsiones del organismo.


El Fondo proyectó en julio un crecimiento global del 3,9 % para 2018 y 2019, aunque Lagarde adelantó hoy que los próximos pronósticos, que se darán a conocer en Bali (Indonesia) del 8 al 14 de octubre en la asamblea anual del Fondo y del Banco Mundial (BM), serán "menos brillantes".

Washington


01/10/2018 19:26 Actualizado: 01/10/2018 19:26

 

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Canibalismo del fracking: toxicidad del agua y fraude financiero

El fracking, "fracturación hidráulica" para la extracción del bituminoso shale gas/petróleo, epitomiza el summum del desregulado canibalismo neoliberal en el siglo XXI, a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios.

Justin Mikulka, ingeniero ambiental y civil de la Universidad Cornell, expone en forma aterradora la nueva “pesadilla del fracking”: la toxicidad del agua –con su contenido de "secretas" sustancias químicas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xSqeM2)–, que en forma eufemística es definida por la depredadora industria como "agua producida (sic)" (http://bit.ly/2xDVX4e).

Justin Mikulka ya había condenado a la industria del fracking de "canibalizar su propia producción al aumentar los riesgos de su derrama" (http://bit.ly/2xL6hGK).

Refiere que en la célebre cuenca Permian –hoy la máxima de producción de shale gas/petróleo de EU en la parte occidental de Texas– "cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica" (http://bit.ly/2xNUrLV) y que conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su "eliminación".

Amén de su robotización, para disminuir los costos del agua tóxica, la industria del fracking utiliza todos los métodos fantasmagóricos: su re-inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su remoción al Golfo de México (http://bit.ly/2xBEGZu) –¿Le habrán pedido permiso al disfuncional canciller "mexicano" Videgaray?–; su "tratamiento" en instalaciones municipales que no están equipadas para lidiar con ese tipo de desechos (su inyección criminal en los acuíferos de agua potable (http://bit.ly/2xQel9j); su restitución a los ríos (https://cbsloc.al/2xPwELT); su utilización para la irrigación agrícola (http://bit.ly/2xyoNTx) y el deshielo de las carreteras (http://bit.ly/2xORzhU).

Mikulka cita a Gabriel Collins, becario en energía y ambiente en la Universidad Rice, quien considera que los inversionistas de Wall Street ocultan que hoy la toxicidad del agua es el mayor problema del fracking. Esto es muy discutible ya que las sustancias químicas secretas nocivas/cancerígenas (http://bit.ly/2xQcvFr), así como la supuesta mayor frecuencia de sismos que se han triplicado, no se quedan atrás.

Sólo en la célebre cuenca Permian, el gasto del manejo del agua será duplicado a más de 22 mil millones de dólares en los próximos cinco años

No faltan los oportunistas de Wall Street que huelen grandes negocios especulando con el agua de reciclaje del fracking, mucho más que con el propio crudo extraído (WSJ 22/8/18).

La Universidad Duke expuso que el uso del agua para el fracking se incrementó 770 por ciento de 2011 hasta 2016, mientras que la cantidad de agua tóxica se incrementó mil 440 por ciento (sic) en el mismo periodo (http://bit.ly/2xQbpJM).

Mikulka cita al The Washington Post que fustiga la presente incapacidad de lidiar con el agua tóxica del fracking: "no existe manera de tratar, almacenar y liberar los miles de millones de galones de agua tóxica en la superficie".

Un grave problema del círculo vicioso del fracking, para disponer del agua tóxica, radica en su re-inyección en los pozos de gas/petróleo shale, lo cual ha incrementado los sismos (https://wapo.st/2xL3Fsq).

Otro problema mayor es la actitud pro-petrolera a ultranza de Trump quien incrimina a la "regulación", lo cual choca con la postura de la Agencia de Protección (sic) Ambiental (EPA; http://bit.ly/2xSAcgq) que inculpa al fracking de la "contaminación del agua potable" (https://nyti.ms/2xQloyM).

Conforme más avanza la aplicación demencial del fracking, más se descubre su pernicioso canibalismo contra el género humano.

Pese a que se ha demostrado ad nauseam que el espejismo del fracking constituye una vulgar burbuja especulativa de la Reserva Federal y la bancocracia de Wall Street, como acabo de demostrar en el portal Sputnik (http://bit.ly/2xPSYVB), a mi juicio, sirve a EU de cortina de humo para adueñarse a carta cabal del petróleo en las "aguas profundas" del “México neoliberal itamita” y de los hidrocarburos de Venezuela: supremas cartas geopolíticas contra Rusia y China.

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¿Un barril de crudo a 100 dólares?: la antesala de otra recesión mundial

El petróleo se ha instalado en torno a los 80 dólares. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo. Una combinación de crecimiento de demanda global de energía, restricciones productivas en la OPEP y tensiones geopolíticas, en especial, hacia Irán, siembran el temor a que el crudo, si toca los 100 dólares de cotización, desencadene una nueva recesión en EEUU, y en el mundo.

No resulta descabellado. La escalada de precios del petróleo ha antecedido a cinco de las seis últimas recesiones de la economía estadounidense. Y 2018 está asumiendo el protagonismo de un cambio de tendencia. Al alza. De un nuevo boom de oro negro que devuelve a los mercados y a los Estados -productores o crudo-dependientes, que fían sus presupuestos anuales a un coste o recaudación determinado-, a un escenario más similar al de los años previos a 2014 -ejercicio en el que el petróleo comenzó un descenso histórico que llevó al Brent, de referencia en Europa, a cotizar a 27,67 dólares el barril, en enero de 2016, el valor más bajo desde 2003-, en los que los contratos de futuros transitaban con comodidad por cifras de tres dígitos.


En la actualidad, cotiza en torno a los 78 dólares, cerca de la frontera que Arabia Saudí, primer productor mundial y auténtico rector de los designios de la OPEP, ha establecido como adecuados, en 2018, según sus intereses. Una cota excelente para sanear sus desequilibradas arcas públicas por efecto del alto coste de la guerra en Yemen y de unos ingresos petrolíferos holgadamente por debajo de los 60 dólares en el último trienio. Pero, ¿qué consecuencias tendría un barril a 100 dólares? Y, sobre todo, ¿qué circunstancias se han combinado para que el barril tenga a tiro esta emblemática cotización, que ha elevado en más de un 50% su valor desde comienzos de año?

“Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, dice el equipo de economistas de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, en especial hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. Efectivamente, “el petróleo se podría poner en 100 dólares a lo largo de este ejercicio”, advierten. Con réplicas inmediatas en las economías. “Las señales de una posible contracción del PIB en EEUU son elocuentes”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.

Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. No tanto en la mayor economía del planeta, debido al encarecimiento del precio del dinero, sino en la esfera de los mercados emergentes, reacios a seguir la estela de la Reserva Federal americana y asolados por las restricciones en los circuitos de acceso al crédito internacional por las subidas de tipos en EEUU, sus elevadas tasas de endeudamiento soberanos y de sus empresas y bancos y por la reanimación del dólar.

Esta pinza -recesión más inflación- afecta, en cualquier caso, a la coyuntura estadounidense. “Hay que tomárselo en serio” porque todo repunte más o menos brusco del crudo “acarrea una serie de riesgos” y conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y la escalada actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.


Un sónar peligroso

Este salto “es todavía de menor trascendencia que otros que antecedieron a recesiones en EEUU pero si el precio se mueve hacia los 100 dólares el panorama cambiará sin remedio”. Entonces -explican en UBS- se restaría alrededor de 100.000 millones a la economía global, dejando el PIB del planeta en un crecimiento del 3,8% -cualquier crecimiento inferior al 3% se considera como contracción global-, mientras que los precios mundiales se situarían por encima del 4%, lo que obligaría a bancos centrales de las potencias emergentes (e industrializadas, en especial, al área del euro y Reino Unido) a mover ficha al alza. Otro retardo de actividad.

Desde Goldman Sachs también observan estos riesgos. “Es un sónar peligroso para la gestión de los riesgos futuros, porque las perspectivas no son halagüeñas”. Aunque, de momento, los flujos de inversión “permanezcan más complacientes que preocupados”, pese a que el Brent ha subido un 52% desde que, a finales del pasado año, la OPEP se inclinara por las tesis de Riad y redujera, de forma más agresiva de lo esperado, sus cuotas productivas. Hasta alcanzar los 82,5 dólares. También juega un rol notable la crisis nuclear iraní derivada de la ruptura del tratado por parte de la Casa Blanca. A lo que hay que añadir el incremento de la demanda de crudo que “podría enfrentarse a problemas de entrega por la carencia de petróleo en el mercado” y la fatiga que está empezando a demostrar el actual ciclo de negocio, que nació débil y con rastro sinuoso por emerger de la mayor crisis financiera desde 1929, afirman en el banco de inversión americano.

Citigroup acaba de elevar en 10 dólares, hasta los 75, el precio medio del barril para el conjunto de 2018, lo que lleva implícito que, en algún momento del año, traspasará los 100 dólares.


“Por favor, pare esto; de otra forma, el crudo se encarecerá mucho más”. Esta ha sido la réplica del gobernador de Irán en la OPEP, Houssein Kazempour Ardebili, al presidente de EEUU por su tweet en el que acusa al cártel petrolífero de “hacer muy poco” para estabilizar el precio del oro negro y “todo lo posible” por encarecer los combustibles en EEUU.


A pesar de que Arabia Saudí ha afirmado a Washington que impulsará la producción, en Goldman Sachs alertan de que esta posibilidad baja enteros ante los riesgos de suministro de Venezuela e Irán, bajo sanciones de la Administración Trump. “Está usted martilleando a la OPEP y desacreditando la soberanía de sus socios”, critica Kazempour, quien dijo que en el cártel “esperan una actitud más conciliadora y cordial” por parte del actual inquilino de la Casa Blanca, que también les emplazó a “reducir los precios de inmediato”.


Más contundente han sido los jerarcas de la Guardia Revolucionaria iraní, al advertir que cualquier maniobra de Washington para exigir cambios en la política de la OPEP traería el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa la mayor concentración de petroleros del mundo para cargar el 30% de los flujos petrolíferos que movilizan los mercados y cuyo peaje está en poder de Teherán. Tampoco ayuda a las pretensiones de Washington los problemas de abastecimiento, en este caso tecnológicos para extraer crudo, de Libia -país miembro del cártel, pero exento del último acuerdo junto a Nigeria- y Canadá. Ni el aumento de tarifas comerciales de EEUU a China, el primer comprador de petróleo del mundo, que podría mermar su dinamismo y, con él, el del conjunto del PIB global.

Réplica amenazante de la OPEP

“La OPEP nunca ha definido el precio del crudo en los últimos 30 años”, espeta Kazempour. Falacia que, sin embargo, le dio pie para concluir con un duro mensaje a Trump: “Usted impone sanciones a grandes productores, fundadores de la OPEP, y todavía nos interpela para que bajemos precios”, se preguntó. “¿Desde cuándo ha empezado a trasladarnos órdenes?”.


En este complejo panorama, sólo Rusia parece dispuesto a elevar sus cuotas de mercado. Además del consejo de la Agencia Internacional de la Energía de que Arabia Saudí y los emiratos del Golfo Pérsico cubran la retirada de 1,5 millones de barriles diarios que Irán y Venezuela pretenden poner en marcha en 2019. El mercado del crudo es especialmente vulnerable a la evolución de precios de los contratos de futuros a seis meses.

También a los inventarios acumulados de EEUU. Es decir, a la capacidad y el volumen de almacenamiento de crudo por parte del mayor mercado del mundo, y que, pese a subir en 833.000 barriles en las últimas semanas, siguen por debajo de las estimaciones, de 1,25 millones, que los analistas juzgan idóneo para revertir el rally alcista del crudo. Sin tocar sus reservas estratégicas -Trump baraja permitir labores de exploración en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico que, junto a las reservas de 11.800 millones de barriles de Alaska, añadiría más capacidad productiva a EEUU- y sin elevar el poder extractivo de su industria del fracking, a la que están plenamente dedicada firmas petroleras del país que han vuelto a ejercer su capacidad de lobby en la Casa Blanca con la actual Administración.

La que también se denomina shale revolution ha permitido a EEUU ser el primer productor de crudo y convertirse en exportador neto de petróleo, con más de 2 millones de barriles diarios, según la capacidad extractiva semanal de un método especialmente dañino al medio ambiente. Trump y los jerarcas del sector petrolífero aseguran que, con el fracking, la caída de actividad del PIB de EEUU, con un barril a 100 euros, sería de cuatro décimas. La estimación que antes se calculaba para el petróleo a 75 dólares.

Por si fuera poco, hay un indicador, la curva de rentabilidad del bono americano que, aunque se ha estabilizado en las últimas fechas, deja una incógnita mayúscula por despejar. Este barómetro determina el diferencial de beneficios entre el bono estadounidense a dos y diez años. Cualquier caída a posiciones negativas (o próximas a ello) anticipa una contracción del PIB. En la actualidad, se encuentra en cuatro puntos básicos, después de subir en los últimos meses y dejar atrás las alarmas surgidas en 2014, cuando se situó por debajo de los dos puntos. En buena medida, por la política restrictiva de la Fed. Pero los nervios de los inversores no se han calmado. Y con razón. Porque la Reserva Federal tendrá que manejar un aspecto clave a la hora de determinar futuras subidas de tipos en un indicador que ya no navega con el salvavidas de los estímulos monetarios de los últimos años. De ahí que bancos de inversión como Bernstein convengan en que el ciclo de negocios actual en EEUU toque a su fin. Ni siquiera la rebaja fiscal a empresas y consumidores de Trump parece que servirá para espolear la demanda interna (gasto de consumo de familias y de inversión de empresas) porque las expectativas son de guardar la ropa. Dada la volatilidad de los mercados bursátiles y la debilidad financiera de los grandes mercados emergentes. Y ya se sabe en los círculos inversores que cuando EEUU estornuda, Europa y Japón se resfrían.
Indicadores apócrifos en EEUU

Dentro de un ambiente que recuerda a 2007, preludio de la crisis. Con datos que preludian una compleja salida para la sociedad americana. The Washington Post alertaba recientemente de ello. Son los barómetros apócrifos, explicaba. Un 45% de los estadounidenses en edad adulta carece de un colchón financiero suficiente para permitirse un gasto inesperado de 400 dólares, que les puede llegar de forma súbita, pero también habitual: por ejemplo, una factura médica de urgencia o la avería de su coche. Una segunda alerta es que el 43% de sus hogares no pueden permitirse un modo de vida básico; es decir, que casi la mitad de las familias de la gran potencia mundial no pueden afrontar los gastos aparejados a la vivienda, comida, escolarización infantil, transporte, sanidad o conexión a Internet. El tercer factor es que, durante el pasado año, más de uno de cada cuatro estadounidenses no acudió a recibir asistencia sanitaria porque no se lo podía permitir. El cuarto y último índice de que la microeconomía no ha seguido la estela de las grandes cifras coyunturales es que un 22% de ellos no tienen capacidad financiera para pagar todas las facturas a final de mes y, asociado a este indicador, que sólo el 38% de los trabajadores en activo piensa que sus ahorros para la jubilación, en un país sin pensiones públicas, están en el camino correcto para sus necesidades una vez pasen a la edad de retiro.

 

MADRID
06/08/2018 08:36 Actualizado: 06/08/2018 08:36
Por DIEGO HERRANZ

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2017 registró el mayor incremento de milmillonarios de la historia

El PIB global sumó 80,6 billones de dólares en 2017, según el Banco Mundial. Mientras, la deuda global de los estados, empresas y hogares de todo el mundo ascendió, en el primer trimestre de 2018, a 247,2 billones de dólares, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF), lo que representa ya el 318% del PIB mundial. ¿Qué peso tiene la globalización financiera y cómo ha evolucionado? El informe de 2017 del Banco de Pagos Internacionales (BPI), con sede en Basilea y que opera como “un banco central para los bancos centrales”, señala que la apertura financiera se aceleró desde mediados de la década de los 90 en las economías del Norte. Así, los activos y pasivos financieros exteriores “se han disparado” desde el 36% del PIB global en 1960 hasta cerca del 400% (293 billones de dólares) en 2015. El BPI, del que forman parte 60 bancos centrales, resalta que en Estados Unidos las multinacionales participan en más del 90% de las operaciones comerciales, de las que más de la mitad se realizan entre entidades vinculadas a una misma transnacional. La citada fuente reconoce que la proporción de la renta que concentra el 1% de las principales fortunas ha “aumentado significativamente” desde la mitad de los años 80 del siglo pasado.

“Todo sigue igual en el casino financiero global”, sostiene el movimiento ciudadano internacional ATTAC, surgido en 1998 en Francia y un año y medio después en el estado español. ATTAC ha publicado en castellano (mayo de 2018), francés, inglés y alemán el libro “10 años de crisis. Hacia un control ciudadano de las finanzas”, coordinado por Dominique Plihon, miembro del movimiento en Francia; Myriam Vander Stichele, en Países Bajos y Peter Wahl, en Alemania. El texto de 127 páginas ha sido presentado en el Colegio Mayor Rector Peset de la Universitat de València por la economista feminista Carmen Castro, y por el profesor de Sociología en la Universitat de València, Ernest García, miembros del Consejo Científico de ATTAC.


El ensayo ahonda, desde una perspectiva crítica, en el impacto de las finanzas. En el mercado de divisas (el mayor del mundo) el volumen de negocio diario –más de 5,3 billones de dólares- equivale aproximadamente a cinco veces el PIB anual de España. Sin embargo, “menos del 3% de estas transacciones sirven a la economía real, es decir, al comercio y la inversión”, apunta el libro redactado por Isabelle Bourboulon, de ATTAC Francia. Es la misma estrategia con la que actúan los bancos, también embarcados en la “financiarización”, que dedican una proporción cada vez menor –entre el 30% y el 40% de sus balances en la UE- a los sectores productivo, hipotecas y depósitos bancarios.


El ensayo también resalta el poder actual de los lobbies. De hecho, los investigadores del Observatorio Europeo de las Corporaciones (CEO) han revelado que en Bruselas trabajan cerca de 25.000 lobbistas y grandes grupos de presión como la European Chemical Industry Council (CEFIC), de la industria química; o EUROCHAMBRES, que representa a 43 asociaciones nacionales del comercio e industria y otras dos transnacionales. El 17 de julio la UE y Japón firmaron en Tokio un Tratado de Libre Comercio “ambicioso” e “histórico”, que las instituciones comunitarias celebraron por las ventajas para las empresas europeas, exportadoras de bienes y servicios al país asiático por valor de 86.000 millones de euros anuales. Sin embargo, el CEO ha denunciado que, para alcanzar los acuerdos, entre enero de 2014 y enero de 2017 la Comisión Europea mantuvo 213 reuniones a puerta cerrada con los lobbistas; de estos encuentros, 190 –el 89%- se produjeron con lobbies de las corporaciones, mientras que 9 (4%) tuvieron como interlocutores a ONG, sindicatos de agricultores o grupos de consumidores.


La mezcolanza de intereses señalada por ATTAC remite a políticos como Durao Barroso, exprimer ministro de Portugal (2002-2004) y expresidente de la Comisión Europea (2004-2014); en julio de 2016 Durao Barroso fichó por Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión responsables hace una década de la crisis de las hipotecas “subprime”. Y lo hizo conservando una pensión pública de 18.000 euros mensuales por su anterior cargo en la Comisión. El Observatorio Europeo de las Corporaciones reveló asimismo que Durao (ya presidente no ejecutivo de la subsidiaria de Goldman Sachs en Londres) y el actual vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, se reunieron en octubre de 2017 en un hotel de Bruselas para tratar sobre “asuntos de comercio y defensa”.


Otro presidente que –junto al líder portugués y José María Aznar- apoyó la invasión militar de Iraq en 2003, liderada por George W. Bush y que según la organización estadounidense Just Foreign Policy causó 1,4 millones de muertos hasta 2010, fue Tony Blair. El político laborista encadenó una década como primer ministro del Reino Unido con su contratación como asesor, en 2008, del grupo Zurich Financial Services y también de JPMorgan Chase, banco sancionado en 2013 por el Gobierno de Obama con una multa de 13.000 millones de dólares por malas prácticas hipotecarias. Respecto al actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, “es un antiguo banquero de inversiones (por su pasado en la banca Rotchild) que da su apoyo masivo a la industria financiera francesa para permitirle aprovechar la exclusión de la City del mercado europeo tras el Brexit”, critica el libro de ATTAC.


Otro punto que trata el texto es del fraude y la evasión fiscal. El Índice de Secreto Financiero que cada dos años publica Tax Justice Network (TJN) está encabezado en 2018 por Suiza, país al que siguen Estados Unidos, Islas Caimán, Hong Kong, Singapur, Luxemburgo y Alemania. La red independiente calcula entre 21 billones y 32 billones de dólares la riqueza privada que en todo el mundo está sin gravar, sometida una imposición reducida o en zonas con secreto bancario. “Los Países Bajos son el país por el que transitan los mayores flujos de capital no gravado hacia los paraísos fiscales, después de Estados Unidos”, subraya ATTAC. En 2013 la Comisión Europea cifró en un billón de euros anuales los recursos que la UE dejaba de ingresar por la evasión fiscal, cantidad equivalente a la inversión sanitaria de los 28 países de la Unión en 2008.


Una de las entidades financieras citadas en el texto, por su relación con la comercialización de hipotecas “basura”, es el Deutsche Bank, cuyo balance arrojó pérdidas en el periodo 2015-2017. Las agencias de prensa informaron que el principal banco de Alemania llegó, en diciembre de 2016, a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense para el pago de 7.200 millones de dólares por multas y reclamaciones civiles, derivadas de la emisión de valores y “titulización” de hipotecas “tóxicas” entre 2005 y 2007. La cifra propuesta unos meses antes era la de 14.000 millones de dólares. Asimismo se enfrentaron a multas sociedades como Goldman Sachs, Bank of America y Citigroup. Pero el libro comienza con la recesión de 2008 y sus efectos. Un año después el FMI estimó en 4,1 billones de dólares las pérdidas que, por la caída del valor de los activos, generaría la crisis en los países del Norte; y señalaba que la banca resultaría la principal afectada. Sin embargo, en 2009 JPMorgan Chase afirmó que duplicaba sus beneficios, que alcanzaron los 11.728 millones de dólares. Goldman Sachs también demostró su fortaleza: en el tercer trimestre de 2009 declaró un beneficio neto de 3.030 millones de dólares, frente a los 845 millones de dólares registrados entre enero y marzo de 2008.


La contrapartida puede advertirse en las informaciones de la agencia estadounidense RealtyTrac, especializada en el mercado inmobiliario. En 2008, más de 2,3 millones de casas recibieron notificaciones de venta en subasta o fueron embargadas por las entidades prestamistas en Estados Unidos, un 81% más que en 2007, resalta el informe recogido por el portal Idealista.com. A mayor escala, ATTAC subraya las desigualdades del modelo apoyándose en economistas como Thomas Piketty o Samuel Zucman (“Informe sobre la desigualdad global” de 2018); afirman que, en Estados Unidos y Europa Occidental, la participación del 1% de mayor ingreso era en 1980 cercana al 10% del Ingreso Nacional, pero que mientras en Europa Occidental aumentó al 12% en 2016, en Estados Unidos escaló el mismo año hasta el 20%. Por el contrario, la participación del 50% de menores ingresos de Estados Unidos en el Ingreso Nacional pasó del 20% en 1980 al 13% en 2016. Otro sustento para la crítica a las desigualdades es el informe de Oxfam “Premiar el trabajo, no la riqueza” (enero de 2018). Sostiene que en 2017 se produjo el mayor incremento en el número de milmillonarios de la historia, al ritmo de uno cada dos días; el número de patrimonios superiores a los mil millones de dólares asciende a 2.043; además, el 82% del crecimiento de la riqueza mundial durante 2017 se concentró en el 1% más rico. “A la mitad más pobre de la población mundial no le ha llegado nada de ese incremento”, concluye el documento de la ONG.

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Martes, 10 Julio 2018 07:16

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Sobre el arte no sólo orbitan el capitalismo neoliberal, las bienales, las ferias, Internet, sino también la especulación inmobiliaria, la evasión fiscal, el lavado de dinero, las off shore, la desregulación del mercado financiero.

Para resumir brutalmente una pila de textos académicos: el arte contemporáneo es posible gracias al capitalismo neoliberal, además de Internet, las bienales, las ferias de arte, las historias paralelas emergentes y las crecientes desigualdades de ingresos. Sumemos a esta lista a la guerra asimétrica –una de las razones de las enormes redistribuciones de riquezas–, la especulación de bienes raíces, la evasión fiscal, el lavado de dinero y los mercados financieros desregulados.


Parafraseando los esclarecedores conceptos del filósofo Peter Osborne sobre este tema: el arte contemporáneo nos muestra la falta de un tiempo y un espacio (globales). Es más, proyecta una unidad ficticia sobre una variedad de ideas diferentes del espacio y el tiempo, proporcionando una superficie común allí donde no la hay.


Así, la falta de un terreno, una temporalidad o un espacio comunes, el arte contemporáneo se transforma en un delegado de la comunidad global. Se define por la proliferación de locaciones y la falta de responsabilidad. Funciona a través de grandes operaciones de bienes raíces que reorganizan el espacio urbano, transformando las ciudades de todo el mundo. Incluso es un espacio de guerras civiles que provocan booms en el mercado del arte una o dos décadas más tarde a través de la redistribución de la riqueza causada por los conflictos armados. Tiene lugar en servidores y por medio de infraestructuras de fibra óptica, y cada vez que, milagrosamente, la deuda pública se transforma en riqueza privada. El arte contemporáneo ocurre cuando a los contribuyentes se les hace creer que están ayudando a otros Estados soberanos cuando en realidad están subsidiando a la banca internacional que se ve compensada por colocar deuda de alto riesgo en naciones vulnerables. O cuando este o aquel régimen decide que necesita el equivalente, en el campo de las relaciones públicas, de una cirugía plástica.


Pero el arte contemporáneo también crea nuevos espacios físicos que evitan las soberanías nacionales. Permítanme darles un ejemplo contemporáneo: el almacenamiento de arte en puertos libres.
La madre de todos los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres es el puerto libre de Ginebra, una zona libre de impuestos que incluye partes de una estación de cargas y un edificio de almacenamiento industrial. La zona de libre comercio ocupa el patio trasero y el cuarto piso del viejo almacén, de modo que diferentes jurisdicciones se encuentran en el mismo predio, mientras que los otros pisos se encuentran fuera de aquella zona de puerto libre. En 2014, habilitaron un nuevo espacio de almacenamiento. Apenas unos años antes, el puerto libre ni siquiera era considerado oficialmente parte de Suiza.

Se rumorea que el edificio alberga cientos de Picassos, pero nadie sabe el número exacto porque la documentación es más bien opaca. No obstante, no hay muchas dudas de que sus contenidos podrían competir con cualquiera de los grandes museos.


Asumamos que este es uno de los espacios de arte más importantes del mundo en la actualidad. No solo no es público, sino que se encuentra ubicado dentro de una geografía muy particular.
Desde el punto de vista legal, los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres son en cierto modo extraterritoriales. Algunos se encuentran en las zonas de tránsito de los aeropuertos o en los sectores libres de impuestos. Keller Easterling describe la zona libre como un “enclave cercado para el almacenamiento”. Hoy se ha transformado en un órgano primario del urbanismo global, copiado y pegado en diferentes ubicaciones alrededor del mundo. Es un ejemplo de la “extra-estatalidad”, como la llama Easterling, dentro de “un estado de excepción híbrido”, más allá de las leyes del Estado-nación. En ese estado de excepción desregulado se privilegia a las corporaciones por sobre los ciudadanos comunes, los “inversionistas” reemplazan a los contribuyentes y los módulos a los edificios: “Los atractivos que ofrecen los puertos libres son similares a los de los centros financieros off-shore: seguridad y confidencialidad, sin demasiado escrutinio… y un conjunto de ventajas impositivas… Técnicamente, los bienes alojados en los puertos libres se encuentran en tránsito, aun cuando en realidad los puertos se utilizan cada vez más como residencia permanente de la riqueza acumulada” (cita tomada del artículo Freeports: Über-warehouses for the ultra-rich [Puertos libres: depósitos uber para los ultra ricos], disponible online en The Economist).


El puerto libre es entonces una zona de tránsito permanente.


Si bien es fijo, ¿el puerto libre define también un carácter efímero que se perpetúa? ¿Es simplemente una zona extraterritorial o es también un sector aislado cuidadosamente dispuesto para la rentabilidad financiera?


El puerto libre contiene múltiples contradicciones: es una zona de impermanencia terminal; es también una zona extra-legalidad legalizada, mantenida por los Estados-nación que buscan emular a los Estados fallidos del mejor modo posible: perdiendo el control selectivamente.


Thomas Elsaesser utilizó el término “inestabilidad constructiva” para describir las propiedades aerodinámicas de los aviones de combate que obtienen una ventaja decisiva cuando vuelan al borde del fallo del sistema. Se podría decir que “caen” o “fallan” en la dirección deseada. Esta inestabilidad constructiva es implementada dentro de los Estados-nación que incorporan zonas en las que “fallan” a propósito. Suiza, por ejemplo, contiene 245 almacenes aduaneros, que encierran zonas excepcionales desde el punto de vista legal y administrativo. ¿Son este y otros Estados contenedores de diferentes tipos de jurisdicciones que se aplican o, más bien, no se aplican, según la riqueza de las corporaciones o de los individuos? ¿Se ha transformado este tipo de Estado en un paquete para la falta de estatalidad oportunista? Como señaló Elsaesser, su idea de “inestabilidad constructiva” se originó discutiendo la obra “Así van las cosas” (“Der Lauf der Dinge”, 1987), de los artistas suizos Fischli & Weiss. En ella, un gran número de objetos pierden el equilibrio en un colapso celebratorio. El glorioso lema del film es: “El equilibrio es más bello justo al borde del colapso”.


Entre muchas otras cosas, los puertos libres también se transforman en zonas para el arte libre de impuestos, donde el control y las fallas son calibrados según la “inestabilidad constructiva”, de modo que las cosas alegremente se encuentran en un equilibrio endeble permanentemente congelado.


* Artista y ensayista nacida en Munich en 1966. Fragmento editado de su libro Arte Duty Free, que acaba de ser publicado, con traducción de Fernando Bruno, por la editorial Caja Negra.

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Miércoles, 20 Junio 2018 06:13

El Mago de Oz va al banco central

El Mago de Oz va al banco central

La historia del Mago de Oz ha pasado siempre como un divertido cuento para niños cuyo tema central es que los milagros siempre son posibles, aun en circunstancias difíciles. Pero pocos saben que la intención del autor, L. Frank Baum, era escribir una alegoría política en la que los personajes representaban segmentos de la sociedad estadunidense a principios del siglo XX.


Por ejemplo, en la metáfora de Baum, el hombre de paja representa al campesinado y a los farmers, cuyo análisis político es muy poco sofisticado. Por eso anda en busca de un cerebro. Por su parte, el hombre de hojalata personifica a los obreros industriales, explotados por políticos y líderes sindicales corruptos. Los demás personajes encarnan otras figuras de la sociedad estadunidense y el famoso camino amarillo simboliza el patrón oro que muchos suponían podría resguardar el valor de la moneda y evitar las arbitrariedades de gobiernos y banqueros.


La creencia de que el patrón oro permitiría combatir los abusos de la clase política y de los banqueros es una de las creencias populares más aceptadas aun en nuestros días. No es la única creencia errónea sobre el funcionamiento de la política monetaria y casi siempre se acompaña de otro mito clave sobre el sistema bancario: la idea de que el banco central controla efectivamente la oferta monetaria.


La idea básica del patrón oro es que al fijar por ley el valor de la moneda en una fracción de ese metal precioso, el valor del instrumento monetario queda a salvo de las manipulaciones del poder político. Supuestamente la degradación del valor de la moneda se evita al asegurar la convertibilidad en algo tangible, como el oro, porque las autoridades político-monetarias deben mantener las reservas adecuadas para garantizar el valor de la moneda para tranquilidad de todo mundo.
En realidad un sistema basado en el patrón oro no es garantía contra las crisis y la pérdida de valor de la moneda. Prueba de lo anterior es que durante la vigencia de sistemas basados en el metalismo fueron frecuentes los episodios de hiperinflación y desvalorización de la moneda. Por otra parte, la historia demuestra que el patrón oro y otras formas de metalismo sí son una atadura para la política monetaria. Por eso el patrón oro fue una de las principales correas de transmisión de los efectos de la crisis de 1929 y contribuyó a extender las consecuencias de la Gran Depresión. Los países que se regían por el patrón oro hacían todo lo posible (incluso recurrir al proteccionismo) para evitar que el oro saliera de sus reservas para hacer frente a sus compromisos internacionales. La alternativa fue el ajuste interno y la deflación, y para ello se necesitó aplicar las recetas tradicionales de austeridad, con lo que la recesión se transformó en crisis. El patrón oro se convirtió en una máquina para transmitir y profundizar las secuelas de la Gran Depresión. No por nada Keynes lo llamó una bárbara reliquia del pasado.


La idea clave del patrón oro es que la oferta monetaria debe estar atada a las reservas del metal precioso. Pero esa idea ignora todo sobre el funcionamiento del sistema bancario y el papel del banco central. Supone que los bancos comerciales son simples intermediarios entre ahorradores e inversionistas en un mítico mercado de capitales. En ese mundo fantástico los ahorradores depositan sus ahorros en los bancos y éstos prestan ese dinero a los inversionistas. El diferencial entre la tasa de interés pagada a los ahorradores y la que se cobra a los inversionistas es la ganancia de los bancos por su labor de intermediación.


Esta idea ingenua sobre el mercado de fondos prestables predomina aún en análisis modernos de una economía con moneda fiduciaria, por ejemplo en economistas como Krugman. Pero esa visión no tiene nada que ver con la realidad. Lo que un banco comercial necesita es encontrar un sujeto de crédito confiable, con buen historial y, si se trata de un inversionista, con un proyecto rentable. Pasada la prueba, el préstamo se autoriza y se abre una cuenta en el banco: por eso los préstamos crean los depósitos. Cuando la actividad de los bancos lo requiere, el banco central genera las reservas necesarias para que el sistema pueda seguir operando. Esta postura acomodaticia del banco central es la clave de la política monetaria en la actualidad. El corolario es que el banco central no controla la oferta monetaria.


Si el cuento de Baum es una alegoría política, ¿quién es el Mago de Oz? Cuando al final Dorotea recorre la cortina y descubre a un hombrecito cuya base de poder son los globos de aire caliente, el Mago de Oz encarna el contubernio entre políticos y el poder financiero. Dorotea revela que los sueños de la población, de los campesinos y obreros, pueden hacerse realidad. Sólo se requiere descubrir la verdad del complejo entramado con el que políticos y el sector financiero han sometido a la economía para beneficio de los especuladores.


Twitter: @anadaloficial

 

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