Crisis financiera ¿Qué fue de los protagonistas de la estafa de las 'subprime' que trajo la mayor crisis económica?


Hace diez años estalló la crisis de las hipotecas basura en EEUU, que arrastró al sistema financiero internacional y llevó a la recesión a los países industrializados, y cuyas consecuencias todavía no han terminado de cicatrizar

 


Hace diez años estalló la crisis de las hipotecas subprime, el prólogo de lo que, trece meses después, fue la mayor crisis financiera que provocó una fuerte recesión en todo el mundo industrializado.


Los bancos de Estados Unidos venía comercializando hipotecas con un nivel de riesgo de impago superior a la media del resto de créditos (las subprime). Esas hipotecas se empaquetaban como títulos de deuda y se vendía, como productos de financieros de alta calidad. Y la burbuja fue engordando, al ritmo en que se calentaba el sector inmobiliario estadounidense; hasta que estalló.


Entre julio y agosto de 2007, empiezan los problemas para fondos, bancos y agencias hipotecarias en EEUU a medida que las hipotecas subprime resultan fallidas. El 9 de agosto el contagio alcanza Europa: el banco BNP Paribas suspende tres fondos por la falta de liquidez. Comienza la histeria en los mercados, y el BCE y la Reserva Federal de EEUU tienen que realizar inyecciones masivas de liquidez, para calmar las tensiones. Pero la inestabilidad seguirá, hasta el golpe definitivo con la caída de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008.


Los analistas y expertos apuntan que la burbuja financiera fue posible, en gran medida, por la desregulación y levantamiento de controles que siguió al mandato de Ronald Reagan, que otros presidentes no quisieron o pudieron frenar. La bola de nieve fue creciendo hasta que arrastró a todo el sistema financiero mundial.


Las heridas de aquella crisis todavía no han cicatrizado. Pero entre los ciudadanos queda la impresión de que los responsables o culpables de aquella crisis no han tenido su castigo. Un informe de Washington remitido al Congreso estadounidense señala que apenas 35 banqueros fueron sentenciados en los tribunales por la crisis. Y según un informe reciente del diario británico Financial Times apunta que los grandes bancos norteamericanos han pagado más de 150.000 millones de dólares en multas por la crisis.
Estos son los protagonistas de aquella crisis que todavía seguimos pagando.


Alan Greenspan:


Presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006, fue el padre de la doctrina de la "exuberancia irracional", que dirigió las políticas financieras anti regulación que llevó a cabo EEUU en la época y fue señalada por muchos como uno de los pilares de la crisis hipotecaria. El famoso economista admitió en octubre de 2008 que en su fe ciega en la economía de mercado cometió un “error” al suponer que los intereses de las entidades financieras siempre estarían alineados con los de sus accionistas y que estas nunca asumirían más riesgos de los que podían afrontar.


Greenspan abandonó su cargo en la Reserva Federal en 2006, meses antes del estallido de la crisis, dejándolo en manos de su número dos, Ben Bernanke. Poco después, fundó su propia consultoría económica, Greenspan Associates, que asesora a bancos y fondos de inversión. También ha servido como asesor de inversiones en Deutsche Bank y en el fondo de inversiones de alto riesgo Paulson & Co. Greenspan fichó como asesor económico en Advisors Capital Management en septiembre de 2016.
Bear Stearns y Washington Mutual Inc.:


El banco de inversiones Bear Stearns y la caja de ahorros Washington Mutual se aprovecharon sin mesura del negocio de las hipotecas basura, llegando a acumular respectivamente 87.000 y 45.600 millones de dólares en subprime en los comienzos de la crisis. Investigaciones judiciales determinaron más tarde que ambas entidades incurrieron en prácticas fraudulentas en la gestión de los bonos hipotecarios.


Bear Stearns engañó a sus inversores, mintiéndoles sobre la calidad de los títulos que les vendía, en gran parte conjuntos de créditos hipotecarios sin valor y con muy alto riesgo. Por su parte, Washington Mutual estafó a prestatarios e inversores, convenciendo a los primeros para contratar préstamos que no iban poder pagar y posteriormente empaquetándolos y ofreciéndoselos a los segundos, enmascarando durante todo el proceso su riesgo real con documentos falsos y otras trampas.


La codicia acabó con ellos: Bear Stearns cae en mayo de 2008 y Washington Mutual en septiembre


La codicia acabó pasándoles factura. Bear Stearns caería en mayo de 2008, mientras que Washington Mutual aguantó sólo hasta septiembre de ese año. El hundimiento de WaMu es considerado -por las dimensiones de la entidad, la principal caja de ahorros del país hasta entonces- la mayor catástrofe bancaria de la historia de Estados Unidos. Ambos organismos fueron adquiridos por el gigante bancario JP Morgan Chase, que tuvo que hacer frente a cuantiosas multas por las acciones delictivas de las entidades.
La mayoría de los ejecutivos de Bear Stearns han seguido trabajando en el mundo de las finanzas, en posiciones similares en otros bancos. Thomas Marano, el director de la división de financiación hipotecaria, ha dirigido desde entonces varias compañías de gestión e inversión hipotecaria. Jeffrey Verschleiser, director de títulos respaldados por activos, ha ocupado varios altos cargos en Goldman Sachs. Michael Nierenberg and Baron Silverstein, ambos de la división de bonos hipotecarios de Bear Stearns, ostentan puestos similares en Bank of America. Jeff Mayer, co-director de renta fija de Bear Stearns, ha trabajado en lo mismo en UBS y Deutsche Bank.


Sólo Ralph Cijoffi y Matthew Tanin, que gestionaban fondos de inversión libre que alcanzaron la bancarrota en 2007, fueron sancionados por su papel en la crisis.
Tuvieron que pagar entre los dos un millón de dólares para liquidar los cargos. El director ejecutivo de Bear Stearns en la antesala de la crisis, Jimmy Cayne, se dedica a jugar al bridge de manera profesional. El de Washington Mutual, Kerry Killinger, es fundador y director de la empresa de inversiones Crescent Capital Associates.


Lewis Ranieri:


Conocido como el padrino de los bonos hipotecarios, se le atribuye la creación de la titulización, proceso mediante el cual activos no líquidos (como las hipotecas) se agrupan mediante ingeniería financiera para convertirse en títulos que se comercializan más fácilmente. Ranieri, entonces vicepresidente de la banca de inversión Salomon Brothers, es el fundador y actual presidente de Ranieri Partners, una asesoría de inversiones inmobiliarias.


Fannie Mae y Freddy Mac:


La Asociación Nacional Federal Hipotecaria (conocida popularmente como Fannie Mae) y la Corporación Federal de Préstamos Hipotecarios para la Vivienda (Freddy Mac) son las principales agencias hipotecarias de Estados Unidos, espolvorizadas por el gobierno hasta que tuvieron que ser rescatadas por él en los inicios de la crisis.
La primera fue creada en 1938 y la segunda surgió en 1970. Su misión era dinamizar el mercado hipotecario, comprando estos créditos a los bancos para que ellos pudiesen mantener su liquidez y conceder aun más.


Lo que falló durante el auge de la burbuja inmobiliaria fue precisamente que los emisores de préstamos hipotecarios encontraron un mercado alternativo a Fannie y Freddy mucho más provechoso, en el que podían vender activos que no cumplían los estrictos criterios de las agencias. Para evitar quedarse atrás, alrededor de 2006 Fannie y Freddy comenzaron a adquirir ciertos bonos subprime, avalados por las agencias de rating.


Cuando la burbuja explotó, Fannie y Freddy, que operaban exclusivamente en el mercado hipotecario, se precipitaron al colapso, y tuvieron que ser rescatadas por el gobierno. Su destino permanece a día de hoy sin determinar.


Las agencias de 'rating'

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Las agencias de rating, encargadas de calificar la calidad de los activos financieros, han sido acusadas de inflar las puntuaciones de paquetes de hipotecas basura, alentando así a los inversores a asumir inconscientemente riesgos elevados. Las agencias recibían la remuneración por emitir calificaciones directamente de los emisores de los bonos, lo que pudo crear conflictos de intereses. La competición entre ellas también ha sido señalada como una posible causa de este comportamiento.


Moody’s y Standards & Poor tuvieron que abonar 864 y 1.375 millones de dólares respectivamente a las autoridades estadounidenses para resolver alegaciones de manipulación de calificaciones, además de comprometerse a implementar estándares éticos rigurosos. Esta segunda parte parece estar resultando dificultosa para las agencias. Según un informe de la Comisión de Bolsa y Valores, recogido por el New York Times, a finales de 2015 se seguían detectando irregularidades en la conducta de las firmas.


Kathleen Corbet, directora de la mayor agencia de ratings, Standards & Poor, antes y durante la crisis de 2007, fundó en 2008 Cross Ridge Capital LLC, firma especializada en capital riesgo, que también dirige. Raymond McDaniel, director de Moody’s en esas fechas, continúa al frente de la agencia.


Goldman Sachs:


El banco de inversiones Goldman Sachs salió airoso, con ganancias de más de 4.000 millones de dólares, de la crisis hipotecaria que dejó temblando a las principales entidades bancarias del mundo. Un informe de la Comisión Levin, con representantes del Subcomité Permanente del Senado para Investigaciones, señaló en 2011 que esta posición ventajosa se pudo deber a que Goldman Sachs engañó a sus inversores para venderles activos ligados a hipotecas basura, para después adoptar posiciones bajistas contra estos activos, lo que produjo un doble beneficio para el banco. Sin embargo, la Justicia estadounidense resolvió que no había en el informe evidencias suficientes para investigar penalmente al banco o a sus ejecutivos.


Para acallar esta y otras denuncias, Goldman ha pagado más de 5.000 millones de dólares en multas a la Administración de EEUU. Su director ejecutivo en la época, Lloyd Blankfein, continúa en el cargo.


John Paulson:


El multimillonario fue el gran beneficiario de la crisis hipotecaria. Apostó por el estallido de la burbuja inmobiliaria y ganó 3.700 millones de dólares cuando su predicción resultó acertada, recibiendo duras críticas por enriquecerse de las pérdidas generalizadas.


Desde 2011, el fondo de inversiones que dirige, Paulson & Co., ha menguado en dos tercios de su valor, pasando de los 36.000 millones de dólares en 2011 a 10.000 millones en la actualidad. Sin embargo, una nueva apuesta inmobiliaria y política podría cambiar su suerte.


Paulson es uno de los principales accionistas de Fannie Mae y Freddie Mac, las grandes agencias hipotecarias que pasaron a manos del gobierno estadounidense al ser rescatadas en 2007 y siguen bajo control de los poderes públicos. Con un valor mínimo actualmente, sus inversores permanecen a la espera de que este se dispare cuando sean privatizadas.


Parece que este momento podría llegar inminentemente. El nuevo secretario del tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, es un gran partidario de que el gobierno se desvincule de estas agencias. También lo es el presidente Donald Trump, que Paulson apoyó desde los inicios de su campaña electoral, sirviendo como consultor económico de su campaña y dotando al comité de inauguración de la presidencia de 250.000 dólares.


AIG:


La compañía aseguradora American International Group concedió seguros contra el impago de los bonos hipotecarios, entendiendo que estos activos, calificados como muy seguros, rara vez serían objeto de incumplimientos de pago.


Nada más lejos de la realidad. El desplome de las hipotecas puso la empresa al borde de la quiebra, forzando al gobierno de Estados Unidos a rescatarla, con un préstamo de emergencia de 85.000 millones de dólares. El rescate se produjo al día siguiente de la quiebra de Lehman Brothers y la negativa del gobierno a intervenir en más rescates bancarios. En el caso de AIG, el gobierno señaló que el impacto de su caída en la economía habría sido tan grande que hacía ineludible su intervención.


AIG continúa operando hoy en día. Su director general en la época, Maurice R. Greenberg, dirige la aseguradora Starr Co. & Inc. Joseph Cassano, director del equipo de AIG que vendía seguros contra el impago en Londres, considerado el “paciente cero” del colapso global, ha desaparecido de la esfera pública.


Lehman Brothers:


EL gigante financiero Lehman Brothers, cuarto banco de inversión más importante de Estados Unidos, se declaró oficialmente en bancarrota el 15 de septiembre de 2007. El gobierno de Estados Unidos rechazó rescatar la entidad, aduciendo a un "riesgo moral" de que todos los bancos exigiesen el mismo trato en caso de fallar.


Un informe judicial durante la evaluación de su proceso de liquidación halló que los ejecutivos de la empresa habían incurrido en "riesgos excesivos", cometiendo "errores de juicio" al invertir descontroladamente en hipotecas basura y otros activos tóxicos y no prever el desenlace final. Además, apuntaba que los altos cargos habían manipulado las cuentas de la entidad para maquillar su insolvencia hasta que se hizo evidente.


Tras el hundimiento de la entidad, Dick Fuld, su director ejecutivo, lanzó en 2009 Matrix Advisors, una empresa de asesoramiento a pequeñas empresas para desarrollo de negocio y acceso a capital. El director de inversiones de Lehman Brothers, Hugh McGe III, asumió varios puestos en la directiva de Barclays a partir de 2008 y dirige ahora Intrepid Financial Partners, LLC, que él mismo contribuyó a fundar.


Merril Lynch:


Al banco de inversión Merril Lynch le estaba yendo de maravilla con el negocio de las hipotecas y derivados. Registró un crecimiento de un 40% de su valor en 2006 y decidió adquirir First Franklin, compañía especializada en préstamos de riesgo elevado, para continuar su expansión.


La oleada de impagos hipotecarios de 2007 alcanzó de lleno al banco. El 15 de septiembre fue adquirido por Bank of America, con ayudas públicas para garantizar su sustento. Bank of America se ha tenido que hacer cargo de multas por acciones leales contra la actuación previa a la crisis de Merril Lynch y sobre la información provista sobre el estado de la entidad durante la compra.


El director ejecutivo de Merril Lynch llegó al consejo de administración de Alcoa, multinacional de aluminio, al poco de constatarse la crisis. Sus principales directivos, Osman Semerci y Ahmass L. Fakahany, han continuado sus carreras profesionales en sectores dispares. Semerci reflotó Duet Groupuna, gestora de patrimonio con sede en Londres, de la que ahora es director ejecutivo. Por su parte, Fakahany, permanece establicido en Wall Street, donde dirige restaurantes de lujo.


Phil Gramm y Chris Todd:


Ávido defensor de la desregulación finaciera, el senador republicano Phil Gramm trató de presentar las hipotecas subprime como un ingrediente esencial del sueño americano y contribuyó al auge de la titulización. Una ley con su nombre, la Ley Gramm-Leach-Bliley de 1999, eliminó las estrictas reglas impuestas al sector financiero tras la Depresión, permitiendo a Wall Street embarcarse en la especulación de alto riesgo.


El senador de Texas fue el que más contribuciones recibió de bancos comerciales en sus campañas electorales entre 1989 y 2002 y de los cinco que obtuvieron más donaciones de Wall Street. Gramm nunca perdió la confianza en el mercado, llegando a afirmar que la crisis financiera era una “recesión mental” en julio de 2008, tres meses después de la caída de Bear Stearns y cinco antes de la de Lehman Brothers.


Desde su retirada del Senado en 2002, Gramm trabajó como vicepresidente del departamento de inversiones de UBS, empresa suiza de servicios financieros, pasando a ser asesor de la entidad en 2012. En marzo de 2016, fue nombrado consejero económico del candidato republicano a la presidencia Ted Cruz.


El senador demócrata Chris Dodd, presidente del Comité de Banca del Senado entre 2007 y 2010, se resistió a endurecer las regulaciones de Fannie Mae y Freddie Mac, abogando en su lugar por que estas agencias concediesen hipotecas menos fiables, esperando facilitar así a los segmentos más pobres de la población adquirir viviendas en propiedad. Dodd recibió entre 1989 y 2008 donaciones por valor de 165.000 dólares de Fannie y Freddie, más que cualquier otro miembro del Congreso, según explica The Guardian


El senador de Connecticut tendría tiempo de retractarse de este impulso desregulador. Junto con el entonces presidente de la Comisión de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, Barney Frank, fue responsable de redactar la ley Dodd-Frank, firmada por Barack Obama durante su primera legislatura, que establecía una rigurosa reglamentación para poner límites a la temeridad de Wall Street.


Dodd dejaría el Senado en 2010, convirtiéndose en marzo de 2011 en director de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos, el grupo de presión de los principales estudios de Hollywood. Chris Dodd abandonará su posición al frente del lobby en septiembre de este año.

 

09/08/2017 08:54 Actualizado: 09/08/2017 11:20
paula peñacoba

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Las barreras del sistema financiero y el sistema de garantías crediticias

En el análisis de la estructura económica de una región un punto esencial es el estudio en profundidad de su tejido productivo y los elementos inherentes a su composición y lógica de funcionamiento. Esto nos ayuda a explicar dinámicas que se reproducen en relación a la concentración del capital y de la riqueza, desigualdad, precariedad y fragilidad productiva. Para entender estos procesos se hace imprescindible analizar críticamente el papel que tienen en la economía latinoamericana las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), especialmente debido a su protagonismo en la construcción del tejido productivo. Estas unidades de producción, presentes en todos los sectores, representan más del 95% de las empresas de la región y crean más del 70% de los puestos de trabajo[1]. Sin embargo, su contribución al PIB (30%) y a las exportaciones (10%) es muy inferior y presentan importantes debilidades en términos de productividad, economía informal, precariedad y, de forma generalizada, un esquema discriminatorio de oportunidades económicas en relación a la gran empresa que gana claramente el juego del libre mercado.


En este sentido, uno de los puntos esenciales que suele tratarse es el de la situación de discriminación negativa en la que se encuentran las MIPYMES en relación al acceso al crédito. Estas unidades de producción son las que más exigencias de garantías se encuentran para recibir un crédito y las que pagan mayores intereses y comisiones. Y eso cuando logran su obtención, puesto que menos del 40% tienen esa oportunidad real. Así, el mercado de crédito privado es altamente ineficiente, encarece o excluye muchos proyectos productivos social y económicamente viables, y los aboca a la autofinanciación o desaparición, perjudicando al empleo y al crecimiento económico. Pero además esta discriminación negativa convive con una de positiva para la gran empresa potencializando dinámicas lógicas del libre mercado, es decir, la concentración del capital y generación creciente de la desigualdad.


Vale la pena hacer una breve referencia a los antecedentes político-históricos para entender la situación actual de los mercados de crédito y no caer en el error de que es resultado del “curso natural de las cosas”. Tal y como se explica en el trabajo Eliminando barreras: el financiamiento a las pymes en América Latina[2], la actual estructura de los sistemas financieros son resultado de las políticas de carácter neoliberal que penetraron en la región en los años noventa haciendo retroceder la participación del sector público a favor del avance de la actividad privada. De hecho, en el mismo documento se evidencia como en aquellos países donde existe una mayor presencia de la banca pública, de un banco de desarrollo y una menor concentración bancaria y presencia de capital extranjero, el acceso al crédito para las MIPYMES es más favorable. Queda claro la imperante necesidad de la presencia del sector público para modificar la correlación de fuerzas del mercado financiero que desemboca en una situación ineficiente y éticamente indeseable.


Una medida importante de política económica en esta dirección son los sistemas de garantías crediticias[3], los cuales tienen el objetivo de facilitar y abaratar el acceso al crédito, especialmente a las MIPYMES, mediante avales o fianzas, complementado con servicios de asesoramiento y seguimiento financiero y burocrático. Aunque con formas y estructuras heterogéneas, los sistemas de garantías crediticias han experimentado un importante crecimiento y desarrollo en la región en el presente siglo, financiado casi por completo por fondos públicos y teniendo buenos resultados en cuanto a la mejora en el acceso y el abaratamiento del crédito. De acuerdo al trabajo “Clasificación de los sistemas de garantías desde la experiencia latinoamericana” del Banco Interamericano de Desarrollo, el 90% de las MIPYMES que obtuvieron un crédito bajo un sistema de garantías lo hicieron con una mejora en los costes de financiación, correspondiéndose en más de la mitad de los casos con una reducción del tipo de interés superior al 3%. No obstante, estos buenos resultados siguen siendo cuantitativamente muy poco significativos en relación a la totalidad del crédito otorgado[4] y persisten las enormes dificultades y costes de acceso al crédito en general para las MIPYMES. Es necesario, por lo tanto, explicitar algunos de los elementos más importantes que deben tenerse en cuenta en la construcción y mejora de los programas de garantías crediticias.


• Un elemento de debilidad que se observa en primera instancia se corresponde con su insignificante importancia cuantitativa en relación a la totalidad de los créditos concedidos y las múltiples limitaciones en cuanto a la disponibilidad de recursos para cumplir con los compromisos de estos programas. Como se comenta arriba, la inmensa mayoría de los fondos que financian los distintos sistemas de garantías se apoyan en los presupuestos públicos y las distintas iniciativas para captar financiamiento privado, especialmente mediante las Sociedades de Garantía Recíproca (SGR), no han tenido resultados significantes. Es evidente que este ámbito requiere un intenso esfuerzo, no solo en cuanto a un mayor peso en los presupuestos públicos sino en la innovación estratégica que orienten fondos existentes en la economía hacia estos programas. Un ejemplo son las reservas excedentarias que tiene el sistema bancario en los distintos países de la región que en última estancia son los ahorros de los ciudadanos y que en muchas ocasiones tienen un papel ocioso. Mediante operaciones de compra-venta de títulos con una institución financiera de carácter público, pueden obtenerse recursos que financien los distintos programas de garantías crediticias. De hecho, esto puede ampliarse al resto de los recursos que tiene el sistema bancario y que deben buscar mecanismos que incentiven su canalización hacia estos objetivos. En definitiva, no debe descartarse la entrada de recursos privados pero bajo la gestión pública de acuerdo a los objetivos de política económica y desarrollo estipulados democráticamente.


• En otra instancia, la colaboración público-privada debe reforzarse especialmente en la normalización, estandarización y simplificación de los procesos de estudio y otorgamiento de crédito bajo los programas de garantías. A parte de la insuficiencia de recursos, mayoritariamente se encuentran problemas en relación a la burocratización del proceso y a los tiempos de aprobación y pago de garantías. De hecho, existe una falta de confianza que genera una minusvaloración de las garantías financiadas con fondos públicos.
• Incluso este último abanico de debilidades se sucede también para el caso de los créditos otorgados por la banca pública o banca de desarrollo. Actualmente existe una falta de colaboración importante debido a una falta de experiencia y conocimiento sobre el sistema de garantías. Debe establecerse en la banca pública un espacio o departamento especializado, independiente de estos movimientos de personal, donde se trabaje conjuntamente con el Sistema de Garantías.
• Los sistemas de garantías deben ofrece un servicio integrado que incluya asistencia técnica y asesoramiento a la PIPYMES, entre otras herramientas. Existe actualmente insuficiencias destacables en este aspecto que limita su potencial de actuación.
• Un elemento destacable es el de las comisiones y resto de costes que la garantía del aval conlleva. El coste medio de la comisión es algo superior al 2,5% anual sobre el capital avalado y el coste de estudio ronda el 2%. Existe una cierta diferenciación de precios que depende del riesgo del plazo y del importe de la operación. Si se quiere ser coherente con los objetivos de justicia de los sistemas de garantías, debe procederse en este aspecto de forma progresiva evitando que estos costes supongan un esfuerzo excesivo para determinados beneficiarios. A modo de ejemplo, pueden bonificarse bajo ciertos criterios como la renta, el género, la edad o para inversiones iniciales.
• Por último, cabe advertir que en la actualidad el desarrollo de un sistema de garantías corre el serio riesgo de convertirse sobretodo en un producto para la banca privada que le ahorre parte del riesgo de su inversión y le libere recursos para aumentar su dinámica de acumulación en aquellos espacios que respondan a su interés pecuniario. Por este motivo, estos programas deben responder estrictamente a una política pública de planificación económica con el objetivo de un desarrollo socioeconómico sostenible para el país en particular y la región en general. Financiando así proyectos de sectores productivos y sociales que respondan a estos criterios y objetivos definidos colectivamente.


Notas:


[1] Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
[2] Documento realizado en el marco de cooperación CEPAL- Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
[3] Medida existente en el marco de desarrollo de distintas políticas de financiamiento para las MIPYMES, donde predomina en muchos países los créditos directos mediante la banca pública.
[4] No existen datos homogéneos para la región del peso de los distintos sistemas de garantías en el crédito total y el otorgado a las MIPYMES. El dato más homogéneo que tenemos en este sentido se corresponde con el monto de garantías vivas en relación al PIB. En este sentido los datos muestran como en la región este monto tiene un peso cercano al 50% de la media de los países de la OCDE, por ejemplo, y muy lejano de Corea del Sur y Japón, o China en menor medida, donde los sistemas de garantías tienen una importancia mucho más destacable que en el resto del mundo. Lo que hacen que estas economías tengan un especial interés para el estudio de los sistemas de garantías (ver el trabajo “SME and Entrepreneurship Financing: The Role of Credit Guarantee Schemes and Mutual Guarantee Societies in supporting finance for small and medium-sized enterprises” de la OCDE).

Francisco Navarro
CELAG
Francisco Navarro, investigador CELAG.

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Lunes, 19 Junio 2017 07:01

Las ‘favelas’ de Londres

Las ‘favelas’ de Londres

En el barrio de Kensington conviven millonarios y familias hacinadas en edificios similares al siniestrado

Charles Dickens situó su Historia de dos ciudades en el Londres y el París de los tiempos de la Revolución Francesa. Pero el título encajaría perfectamente con el Kensington del 2017, el Kensington Sur y el Kensington Norte. En el primero, con la renta per cápita más alta del país, tiene una mansión David Beckham y es el paraíso de oligarcas rusos, jeques del Golfo y millonarios de todas partes del mundo. En el segundo familias enteras viven hacinadas en bloques como la torre Grenfell, es habitual que cinco niños duerman en una misma habitación, que dos inquilinos con trabajos compatibles compartan una cama –uno de día y otro de noche– o que las casetas de los jardines se alquilen como habitaciones con un camastro, pero sin luz ni agua corriente. Son las favelas londinenses.


“Todo el mundo importa lo mismo o nadie importa”, es el eslogan del detective Harry Bosch, protagonista de las novelas policiacas de Michael Connelly. Pero en Kensington, como ha puesto en evidencia el incendio del pasado miércoles, no todo el mundo importa igual. Los más pobres, entre ellos inmigrantes y asilados, son dejados de la mano de Dios. Cuando advierten de que en su vivienda hay problemas de seguridad, las quejas son ignoradas. Cuando ocurre la tragedia, la primera ministra (al contrario que la reina o el jefe de la oposición) ni se digna a hablar con ellos, los concejales no están localizables, y menos aún los administradores del edificio. Se les amenaza con desplazarlos a hasta diez kilómetros de distancia para darles una nueva vivienda. Se les alberga en condiciones lamentables. Se topan con un muro de silencio cuando preguntan por sus amigos y familiares desaparecidos. Son los grupos comunitarios locales los que se organizan para que tengan techo, ropa, comida, algo de dinero. El Gobierno no aparece por ninguna parte.


La prensa de derechas, con su infinita falta de escrúpulos, ha intentado echar la culpa de la tragedia a “las regulaciones de la Unión Europea y del lobby medioambiental”. Pero Grenfell puede ser a los conservadores británicos lo que el Katrina, a una escala de destrucción mucho mayor, fue para la administración Bush, un símbolo de todo lo que está podrido en el Reino Unido. Un juicio al Estado pequeño que los tories patrocinan desde Thatcher, a los 15.000 millones de euros en recortes, a la desigualdad rampante en la que un 1% de la población acumula más riqueza que el 99% restante. El juicio político tal vez sea más complicado, pero el veredicto del juicio popular ya está en la calle. ¿Austeridad? Culpable de todos los cargos. ¿Desregulación? Culpable. ¿Privatizaciones? Culpables. ¿Deslocalizaciones? Culpables. ¿Libre mercado sin controles ni cortapisas?

Culpable. ¿Especulación y subcontratos? Culpables.


La St. Ann’s Road divide, a grandes trazos, el Kensington rico del Kensington pobre. En uno están la embajada griega, las mansiones estilo ¬Regencia de Holland Park, los apartamentos victorianos de dos habitaciones que se venden por casi dos millones de euros, el Royal Crescent, el centro comercial de Whitefield, los jardines privados como el que visita Hugh Grant saltando una valla en la película Notting Hill. En otro, Latimer Road, rascacielos para inmigrantes como la torre Grenfell o el complejo del Lancaster Estate (en Inglaterra cuando algo se llama estate, mal asunto), los siniestros pasadizos por debajo de la autopista A40, y las favelas. Y los habitantes del lado pobre denuncian una campaña de “limpieza social” para expulsarlos del barrio, derribar sus viviendas y en su lugar construir otras de lujo para deleite de los especuladores. Es una forma de apartheid, no por la raza sino por el dinero.


Las calles tienen sus nombres oficiales, como Ladbroke Road, Pembury Villas o Portobello Road, escenario del icónico mercadillo. Pero también nombres extraoficiales como “la avenida fantasma” o “el paseo de las luces apagadas”, en referencia a que están llenas de pisos de lujo comprados como inversión y virtualmente abandonados por sus propietarios, ya sean fondos de pensiones, millonarios ingleses o personajes vinculados a la clase dirigente de Azerbaiján, Ucrania o Qatar. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ha propuesto meter en ellos a los supervivientes del incendio.


A los pobres de Kensington les enfurece especialmente que los administradores del edificio se ahorrasen 6.000 euros en no utilizar un revestimiento antiinflamable, cuando se trata de la autoridad municipal más rica del país, con 350 millones de euros de reservas, gracias en gran medida a la especulación inmobiliaria. Pero Kensington no fue siempre un barrio así de rico. A mediados del siglo XIX era de clase trabajadora, y más adelante, en oleadas sucesivas fue poblado por inmigrantes irlandeses, por españoles que huyeron de la dictadura franquista y se instalaron en Notting Hill (donde se encuentra el colegio Vicente Cañada Blanch y el supermercado García e Hijos), por disidentes checos y húngaros, y por caribeños de las colonias británicas traídos como mano de obra barata. Fruto de esa mezcla es una cultura de diversidad y multiculturalismo antes de que esos términos se incorporasen al lenguaje político, que se refleja en el carnaval que tiene lugar el último fin de semana de agosto.


Ello no significa que no haya habido tensiones. Tras los disturbios raciales de 1958, el líder fascista londinense Oswald Mosley se presentó al escaño en el Parlamento de Westminster y fue derrotado. Los terroristas que pusieron las bombas en el metro y los autobuses de Londres en el 2005 vivían en pisos de North Kensington, no lejos de la torre Grenfell. Y aquel barrio idílico de clase obrera, en el que las puertas se dejaban abiertas y unas madres cuidaban de los hijos de otras, hace tiempo que pasó al olvido. Hoy la St. Ann’s Road divide el lado étnico, afrocaribeño e islámico, el de los desposeídos, del blanco, en parte bohemio y juvenil (Notting Hill), en parte ostentosamente rico (Holland Park), donde en vez de pubs hay bistros y wine bars.


“Stay away, Theresa May” (no vengas, Theresa May), es uno de los gritos que más se oyen en el centro comunitario y la iglesia metodista que atienden a las víctimas del incendio. Es una denuncia de la aparente indiferencia de la primera ministra, del desprecio con el que las clases altas miran a las bajas, pero sobre todo de un sistema en el que nadie asume la responsabilidad, las autoridades cierran puestos de bomberos para ahorrar, no se instalan extintores porque es muy caro, los presupuestos de los ayuntamientos han sido recortados en un 40%, los ricos acumulan cada vez más riqueza, y todo se subcontrata. Hasta la culpa. Kensington Norte, Kensington Sur. La historia de dos ciudades.

 

Por Rafael Ramos, Londres. Corresponsal
19/06/2017 01:29 | Actualizado a 19/06/2017 12:17

Publicado enInternacional
Miércoles, 14 Junio 2017 06:13

La muerte del centro comercial

La muerte del centro comercial

En las economías capitalistas desarrolladas la crisis financiera de 2007 tuvo como epicentro el sector inmobiliario y las hipotecas de mala calidad. Los bancos centrales rescataron al sistema bancario privatizando las ganancias y haciendo público el costo de la crisis. Y ahora que lo peor del frente de tormenta pasó, se consolida la percepción de que la borrasca ha sido controlada. Esa es una idea equivocada y peligrosa.

La verdad es que el problema en Estados Unidos se ha desplazado del ámbito residencial a los centros comerciales, los famosos y feos shopping malls. Esas enormes construcciones están hoy en el corazón del próximo huracán financiero. Al igual que en 2007, los efectos del mal tiempo se dejarán sentir en la economía global.

Los centros comerciales en Estados Unidos se están muriendo lentamente. Los locales vacíos se multiplican porque las ventas no cubren las altas rentas y los comercios en bancarrota aumentan todos los días. Casi no se habla de este tema, pero lo cierto es que en Estados Unidos crece cada día el número de centros comerciales fantasma, abandonados o con grandes espacios vacantes. Hasta se habla del modelo chino en el que el crédito barato y la especulación inmobiliaria han llevado a construcciones de millones de metros cuadrados que hoy son cascarones vacíos sostenidos por millones de toneladas de concreto, miles de kilómetros de cables eléctricos y tuberías, amén de una colosal huella ecológica.

Si la imagen exitosa del centro comercial se mantiene es sólo porque algunos malls subsisten en buenas condiciones. Pero esos centros son la minoría: en Estados Unidos sólo 20 por ciento de los centros comerciales genera más de dos terceras partes de las ganancias de este sector. Esos centros comerciales están localizados en puntos que mantienen alta densidad de población con poder de compra o en centros de concentración turística y económica. Lo cierto es que la crisis en el resto de los centros comerciales es una triste realidad que no va a desaparecer. Se calcula que en los próximos dos o tres años desaparecerán cerca de 800 shopping malls (más de la mitad del total) en todo el territorio estadunidense.

Muchos podrían pensar que el principal responsable de la debacle del centro comercial se debe al auge del comercio en línea. Pero lo cierto es que a pesar de su crecimiento, el comercio vía Internet apenas representa 12 por ciento de las ventas totales de las tiendas departamentales que sirven como ancla de los malls.

La razón de fondo de la nueva crisis es que la construcción de centros comerciales en las últimas dos décadas ha procedido a un ritmo muy superior al crecimiento del poder de compra en la mayoría de las ciudades estadunidenses. Mientras la demanda se estancaba se construyeron más de siete millones de metros cuadrados para centros comerciales en los últimos cinco años.

¿Por qué se ha mantenido la inversión en los centros comerciales? La respuesta es inmediata: cálculos de riesgo equivocados y mucha especulación. Éste es un sector en el que los inmuebles sirven de garantía, facilitan la obtención de financiamiento y permiten un mayor apalancamiento. La inversión en centros comerciales estuvo ofreciendo rendimientos estables que prometían superar 6 o 7 por ciento y con una garantía aparentemente tan sólida como el concreto y acero utilizados en su construcción. Eso explica el rápido crecimiento de capacidad instalada que hoy rebasa todas las proyecciones sobre la evolución de la demanda. Por eso las tiendas en los malls ofrecen constantes ofertas y descuentos sobre toda la gama de artículos en venta, lo cual comprime los márgenes de ganancia y lleva a la apertura de concursos de quiebra. En consecuencia, los operadores de los centros comerciales enfrentan serias dificultades para enfrentar sus compromisos de deuda. Para los próximos 18 meses se necesita refinanciar unos 130 mil millones de dólares en créditos para el sector de centros comerciales, una operación que no se anuncia fácil.

La gran diferencia de la crisis que se avecina es que los principales acreedores no son los grandes bancos, sino los llamados inversionistas institucionales como los fondos de pensión y las compañías aseguradoras, así como otros agentes financieros –en especial, los fondos de cobertura hedge funds– y uniones de crédito. Las implicaciones para el sistema financiero son más graves que las de la crisis de 2007 porque el rescate de las compañías aseguradoras y los fondos de pensión se anuncia casi imposible. Los efectos en cascada sobre los ingresos de jubilados y el desplome de recaudación fiscal (por impuestos prediales) son múltiples y serán difíciles de revertir: vender uno de esos centros es mucho más complicado que el deshacerse de mil casas. A diferencia del cierre de una fábrica y de la pérdida de empleos, el cierre de un centro comercial no puede explicarse con una retórica fácil sobre la globalización o un mal tratado comercial. El crepúsculo de los shopping malls se debe a problemas estructurales del capitalismo avanzado.

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El dinero de la Iglesia El espíritu pagano de los 'negocios de Dios'

La Iglesia católica, pese a decirse al servicio de los pobres, maneja su patrimonio financiero con los mismos criterios que cualquier empresa. Compra títulos deuda pública, se beneficia de las sicav y busca ganar rentabilidad e influencia con sus multimillonarias inversiones.

 

Madrid
13/06/2017 21:55 Actualizado: 14/06/2017 08:39

Aunque su reino no sea de este mundo, la Iglesia católica nunca ha descuidado los asuntos terrenales. Como cualquier empresa, procura administrar su copioso patrimonio con criterios de rentabilidad y/o influencia. Sobre todo, el patrimonio financiero: los miles y miles de millones que cada año pasan por sus manos, procedentes de las arcas públicas o de las donaciones de sus fieles.


Los negocios de Dios son tan universales como su Iglesia y tienen su epicentro en la sede apostólica de Roma, aunque se extienden por los centenares de diócesis del planeta que cuentan con recursos para hacerlos. Hay ejemplos muy reveladores de hasta dónde llega el poderío económico y cuál la forma en la que gestiona su dinero una institución que se proclama al servicio de los pobres.


A finales de 2012, el Banco Vaticano no quiso quedarse al margen de los pingües beneficios derivados de la crisis de la deuda, que puso por las nubes la rentabilidad de los bonos del Estado. Para sumarse al festín, colocó en ese tipo de productos cerca de dos mil millones, la mayor parte en dos países sobre los que pendía la espada de Damocles de la intervención: Italia (1.179 millones) y España (589 millones).


Se trata sin duda de cifras modestas, comparadas con las que movilizaron por aquella época los grandes inversores institucionales, pero constituyen una prueba irrefutable de que el modus operandi de quienes gestionan la Iglesia no difiere del más habitual en las entidades con ánimo de lucro. A pesar de que, al menos en teoría, los fines que persiguen son radicalmente distintos.


Por supuesto, la Iglesia española no constituye ninguna excepción y, cuando opera en los mercados financieros, parece regirse por aquello de “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. De ahí que, durante años, no haya tenido el más mínimo pudor en utilizar unos de los instrumentos favoritos de los ricos para engordar su patrimonio con el menor coste fiscal.


A principios de 2008, la Iglesia controlaba varias sicav, las sociedades de inversión colectiva cuyos beneficios gozan del privilegio de tributar sólo al 1%. Umasges tenía como socios a los arzobispados de Madrid y de Burgos y a la Mutua Umas, perteneciente a la órbita de la Conferencia Episcopal. En Vayomer y Gran Premier había también una clara presencia eclesiástica, aunque el aliado era en este caso (quién mejor) el banco portugués Espirito Santo.


La crisis se llevó por delante algunas de estas sicav: Umasges fue disuelta en el mismo 2008 y Gran Premiere, en 2011. Vayomer cambió en 2012 su nombre por el de Naujirdam Inversiones, y otro tanto ocurrió con Finanzas Querqus, propiedad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que pasó a llamarse Relian Capital. Pero el objetivo seguía siendo idéntico: sacar la máxima rentabilidad y pagar los mínimos impuestos.


Para saber en qué activos colocan sus activos estas sicav, basta con echar un vistazo a último informe de Naujirdam depositado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y correspondiente al primer trimestre de 2017. Títulos de renta fija y acciones de grandes empresas, como Banco Santander, Telefónica o Repsol, forman parte de su cartera, por un importe total que rondaba los cinco millones de euros a esa fecha.


Por cierto que la existencia de Naujirdam se compadece mal con el manual de inversiones financieras que aprobó el Plenario de la Conferencia Episcopal celebrado en noviembre de 2016. Según la información que trascendió entonces sobre su contenido, los obispos se comprometieron a no invertir en paraísos fiscales, ni realizar operaciones de carácter especulativo... ni utilizar sicav.


La afición de la Iglesia a poner su dinero bajo el sol que más calienta viene de antiguo y ha hecho que sobre ella caiga algún inesperado chaparrón. El más sonado fue, sin duda, el escándalo de Gescartera, la agencia de valores intervenida en 2001 por defraudar a sus clientes después de ofrecerles altas rentabilidades. Unos veinte millones de euros perdieron las instituciones religiosas que confiaron en ella.


Al menos dos diócesis figuraron entre los damnificados: la de Valladolid y la de Astorga. El ecónomo (administrador) de esta última, el sacerdote Ángel Lucio Vallejo Balda, fue nombrado tiempos después secretario de la Prefectura para Asuntos Económicos de la Santa Sede, seguramente en recompensa por su buen olfato. Ya con Francisco como papa, Vallejo Balda protagonizaría la filtración de documentos pontificios secretos bautizada con el nombre de Vatileaks 2, por la que fue condenado en 2016 a 18 meses de prisión.


Si Gescartera constituyó un ejemplo de las consecuencias de la avaricia en la gestión del patrimonio financiero de la Iglesia, el más reciente del Banco Popular refleja hasta qué punto organizaciones vinculadas a ella están dispuestas a arriesgar mucho dinero a cambio de mantener ciertas cuotas de influencia y de poder.
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Uno de los pesos del banco ha sido tradicionalmente la Sindicatura de Accionistas, que tenía el 9,8% del capital antes de la absorción por el Santander. Pertenecía a ella la Unión Europea de Inversiones (UEI), promovida por personas e instituciones cercanas al Opus Dei, el movimiento religioso que nutrió la alta dirección del Popular durante años, incluidos al menos un presidente (Luis Valls-Taberner) y un consejero delegado (Rafael Termes).


La participación de la UEI, que era del 3%, valía más de 260 millones de euros hace dos años. Para que no se diluyera en las tres ampliaciones llevadas a cabo desde entonces, tuvo que desembolsar una fuerte suma de dinero (74 millones en la última). Como parte lo obtuvo a crédito, el desplome posterior de la acción puso a la sociedad al borde de la quiebra técnica.


Todos estos asuntos, aunque estuvieran en juego fondos de distinta procedencia, han proporcionado argumentos a quienes defiende que la Iglesia debe estar sujeta fiscalización por el Tribunal de Cuentas, al ser perceptora de recursos públicos. Sólo a través de la asignación tributaria (la casilla del IRPF), recibe del orden de 250 millones de euros anuales, a los que hay que añadir las subvenciones de todo tipo provenientes de las distintas administraciones.


Sin embargo, el Tribunal de Cuentas se niega a entrar en las de la Iglesia, como quedó de manifiesto en la votación de su plan para 2017. Nunca antes se había visto el asunto en el pleno, y los siete consejeros nombrados a propuesta del PP hicieron valer su mayoría, frente a los cinco del PSOE. Eso impedirá que se sepa con detalle a qué dedica el dinero una institución como la Conferencia Episcopal, que incluso en los momentos más duros de la crisis ha gastado más en mantener su propia televisión (13TV) que en ayudar a Cáritas.

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La caída del precio del petróleo pone en jaque la estrategia de la OPEP

El crudo vuelve a los niveles de noviembre, cuando los países productores decidieron rebajar la oferta


Cuando los países productores de petróleo se reúnan el próximo 25 de mayo en Viena tendrán que enfrentarse a una situación endemoniada. El pasado noviembre acordaron, por primera vez en ocho años, reducir la oferta de crudo con la esperanza de inflar los precios. La estrategia funcionó a corto plazo, pero factores como el boom del fracking en EE UU y la producción en países como Libia han vuelto a arrastrar los precios por debajo de los 50 dólares por barril brent. La caída es una buena noticia para economías como la española, pero supone un desafío mayúsculo para una industria en serias dificultades.


Un largo listado de petroleras —ExxonMobil, BP, Chevron, Total y las españolas Cepsa y Repsol, entre otras— han presentado en los últimos días unos resultados inusualmente positivos para el primer trimestre del año. Todas ellas adujeron como motivo el alza en los precios del petróleo que siguió a la reunión de la OPEP del 30 de noviembre. Pero el optimismo en una industria necesitada de buenas noticias no termina de cuajar. Tras una temporada a la baja, los precios se desplomaron el jueves hasta tocar mínimos de los últimos cinco meses: el barril Brent —el de referencia en Europa— cayó a los 47 euros; y el West Texas estadounidense tocó los 44. Un día más tarde, la cotización se recuperó ligeramente.


Hay varios motivos que explican la tendencia bajista, como una mayor producción en Libia o Nigeria, unas existencias en EE UU que no caen como se esperaba, o una menor demanda en EE UU o China. Pese a todo, Gonzalo Escribano, experto en energía del Instituto Elcano, no detecta grandes cambios en los fundamentos del mercado. “La fuerte caída del jueves y el rebote del viernes apuntan a un componente técnico, con algunos agentes relevantes cambiando a posiciones menos optimistas”, explica. Sobre la evolución futura, Escribano señala que el consenso de mercado es que el barril no subirá más allá de 55 o 60 dólares.


Ante unos números alarmantes, Arabia Saudí, principal productor y peso pesado en la OPEP, salió el viernes al paso y aseguró que Rusia —que no pertenece a esta organización que engloba a los países responsables de un tercio de la producción mundial— estaba dispuesta a continuar con la política de restricciones a la oferta. El anuncio supuso un respiro, pero la presión continúa. La inmensa mayoría de expertos consultados pronostica que la OPEP decidirá en dos semanas continuar durante al menos seis meses con sus límites a la producción. Aquellos analistas que no creían en la capacidad de la OPEP para dar un empujón al sector sienten ahora que sus tesis se confirman.


“La OPEP pretende reducir el volumen de reservas a su nivel medio de hace cinco años. Para cumplir este objetivo, deberá ampliar seis meses más los límites a la producción y hacerlo de forma efectiva. Las dudas sobre la postura de Rusia habían hecho caer los precios en los últimos días”, explica Harry Tchilinguirian, jefe de analistas de materias primas de BNP Paribas. “El sector está poco a poco llegando a la conclusión de que la operación de recortes impulsada por la OPEP no ha sido efectiva”, añade en un comunicado la consultora energética estadounidense Ritterbusch y Asociados.


La decisión del 30 de noviembre de reducir la producción diaria en 1,8 millones de barriles fue impulsada por Arabia Saudí, en un intento de dar un golpe encima de la mesa para reconducir un sector que había pasado de ingresar 114 dólares por barril en junio de 2014 a los 27 a los que había caído en enero del año pasado. Desde entonces, el valor se ha recuperado, pero no tanto como esperaban los impulsores de esta iniciativa a la que muchos países eran reacios.
Escribano relativiza el efecto que la actual tendencia bajista tendrá en los productores. “Dependerá de su duración y evolución, pero de momento los precios casi doblan los niveles de hace un año. Eso no basta para resolver los problemas económicos de los países productores, pero tienen algo más de margen para ajustar presupuestos de manera menos drástica y costosa políticamente”, asegura. Así lo ha hecho por ejemplo Arabia Saudí, cuyo monarca, el rey Salmán, acaba de dar marcha atrás a algunas medidas de austeridad puestas en marcha hace medio año.

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La rebelión contra los fondos de pensiones agudiza la crisis financiera

Millones de chilenos volvieron a salir a las calles para exigir el fin de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), creadas durante la dictadura de Augusto Pinochet.

 

El régimen militar fue la cuna de los fondos privados de pensiones, nacidos en 1980 e imitados por otros países, pero tres décadas y media después están completamente deslegitimados ya que pagan pensiones miserables.


El domingo 26 de marzo más de dos millones de chilenos se movilizaron, convocados por la Coordinadora Nacional de Trabajadores NO+AFP. El movimiento ganó las calles en agosto del año pasado, cuando los trabajadores jubilados comenzaron a comprobar que sus pensiones eran más bajas aún que los 420 dólares del salario mínimo. En efecto, según la Fundación Sol el 90% de las jubilaciones son menores a 220 dólares, menos del 60% del salario mínimo.


El sistema de las AFP está en la base del llamado 'milagro chileno', impulsado por los 'Chicago Boys', economistas que utilizaron la dictadura de Pinochet como laboratorio del modelo neoliberal. El régimen impuso a los trabajadores volcar sus ahorros a los fondos privados sin mediar debates ni información seria sobre el nuevo sistema, pero prometiendo jugosos rendimientos y facilitando el traspaso al reducir los porcentajes de cotización.


Los grandes beneficiarios han sido los bancos y el sistema financiero. Las seis principales AFP (tres de ellas de capital estadounidense) administran nada menos que 185.000 millones de dólares, lo que equivale al 72,8% del PIB de Chile. El dinero de los aportes de los trabajadores es distribuido entre los grandes grupos económicos y controlado por apenas diez bancos, que con lo recaudado ofrecen créditos de consumo a los propios trabajadores, cobrando intereses de hasta el 40%. Por su parte, la rentabilidad de los trabajadores por sus pensiones es de tan solo el 2%.


El 'milagro chileno' es un monumental robo a los trabajadores que ingresan todos los meses el 10% de sus salarios en cuentas de ahorro de pensiones privadas, más una cuota de administración que pagan a las AFP. En total son 10 millones de afiliados al sistema que confiaron sus ahorros a esos fondos.


Según el economista Marco Kremerman, "el objetivo central del sistema de AFP es dinamizar el sistema financiero y capitalizar a los grandes grupos económicos y no pagar buenas pensiones. Con ello, reproduce un modelo económico extractivista, rentista, oligopólico y poco sustentable a largo plazo, al invertir los fondos de los cotizantes en empresas pertenecientes a los grupos económicos que tienen sus negocios en sectores productivos que han generado crecimiento de la economía, pero no logran generar desarrollo".


Por otro lado, Kremerman considera que el sistema privado castiga especialmente a las mujeres, "ya que no las reconoce como ciudadanas titulares de derechos, sino como un individuo atomizado, cuya pensión depende de su capacidad de ahorro, reproduciendo y amplificando la discriminación que sufren en el mundo del trabajo remunerado y no remunerado".
El sistema privado no solo enriquece más a los más ricos, sino que traspasa el problema del envejecimiento de la población —que afrontan todos los países del mundo— a cada individuo, al que se le exige que trabaje más, ahorre más y se endeude para toda su vida.


El problema de fondo es que el modelo neoliberal chileno paga malos salarios y crea puestos de trabajo precarios. En los siete últimos años, el 71% de los empleos creados son precarios y desprotegidos, mientras la mitad de los trabajadores en Chile percibe menos de 300.000 pesos, es decir 450 dólares. Por lo tanto, la capacidad de ahorro es casi nula.
Los cálculos jubilatorios que hace la Fundación Sol son elocuentes: un trabajador que cotizó un promedio de 30 años podrá financiar una pensión que no llegará al 22% de la remuneración que ganaba en los últimos 10 años de su vida laboral.


El sistema necesita de los aportes del Estado, porque la mitad de los jubilados está recibiendo pensiones tan bajas que están en la línea de la pobreza. La crisis financiera de 2008 agravó la situación al hundir la rentabilidad de los fondos, ya que consumió cerca de un tercio de los recursos acumulados con años de sacrificio. En suma, adosar el sistema de pensiones a la rentabilidad del capital financiero ha mostrado ser un desastre para las mayorías.


En 2008 la presidenta Michelle Bachelet realizó la primera reforma del sistema, por la cual el Estado subsidia las pensiones más bajas. Pero el sistema privado permanece intacto, en lo fundamental. Los demás países que adoptaron el modelo chileno lo hicieron de forma parcial.


Con variaciones, el sistema de AFP ha sido adoptado por casi 30 países. Pero está en plena crisis. En 2008, el Gobierno de Cristina Fernández (Argentina) nacionalizó los fondos privados de pensiones, que en ese momento tenían recursos cercanos a los 30.000 millones de dólares. Lo mismo hizo en 2010 el Gobierno de Evo Morales (Bolivia).


Un informe del diario El Mostrador destaca tres aspectos de la crisis de las AFP: el informe de la Comisión Bravo (Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones), que concluyó que la mitad de los pensionados recibirá una jubilación que no superará el 15% de su sueldo, el escándalo de los 'jubilazos' (jubilaciones privilegiadas de personalidades políticas y de la Gendarmería) y la irrupción del movimiento NO+AFP.


Por todo ello, se puede concluir que Chile está ante una 'tormenta perfecta' que puede provocar el derrumbe del sistema previsional.


Es el capitalismo financiero el que está en riesgo y no será posible mantener por mucho tiempo el estado actual de las cosas. En las próximas elecciones, en noviembre de este año, el tema estará en el centro del debate y ningún candidato que aspire a triunfar puede dejar de presentar alguna solución.


El Mostrador concluye: "La casta que controla el poder económico en Chile sabe del cuidado que requieren los fondos de pensiones, que financian casi un cuarto de la inversión de las empresas y bancos a nivel local". Pero esas fabulosas ganancias están en el ojo del huracán de la opinión pública y los gestores de las AFP no tienen idea de cómo van a salir del embrollo.

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Reserva Federal: el regreso de los espíritus animales

En sus reuniones de hoy y mañana es casi seguro que la Reserva Federal (Fed) decidirá incrementar la tasa de interés. Será un aumento modesto, pues no quiere cometer errores en aras de detener presiones inflacionarias, que siguen siendo débiles. El incremento esperado es de unos 25 puntos base para llevar la tasa líder de corto plazo al rango de 0.75-1.00 por ciento. Es un aumento moderado que va en la línea de la señora Janet Yellen, presidenta de la Fed, quien no quiere ser recordada como la persona que sofocó la “recuperación” de la economía de Estados Unidos.

La Fed ha dicho que 2017 vería otros dos incrementos en la tasa de interés de referencia, justificando dicha perspectiva con la idea de que es necesario regresar a una postura más normal de política monetaria. Rebosando confianza, el influyente presidente de la Reserva Federal de Nueva York, William Dudley, expresó recientemente que era evidente que“los espíritus animales” se habían desatado a partir de la elección de Trump. Se refería a que el sentimiento de mercados, inversionistas y consumidores ha mejorado notablemente, debido a los planes de reducción de impuestos de la nueva administración y los proyectos de inversiones en infraestructura. Según Dudley, los agentes económicos tienen confianza en que este paquete de medidas hará posible una mayor tasa de crecimiento.


El panorama internacional también es visto por la Fed como bien adaptado a un incremento de la tasa de interés. En Europa los temores de una desintegración de la unión monetaria parecen disiparse (por el momento). Y si bien todavía no se alcanza la meta de inflación de 2 por ciento, el Banco Central Europeo piensa que el riesgo de caer en una espiral deflacionaria se ha ido desvaneciendo. Todo este bonito panorama puede ser una ilusión, pero por el momento la Fed no tiene que preocuparse demasiado por el escenario de una unión monetaria en plena descomposición. Y hasta el panorama en Japón aparece más tranquilo, aunque las fuerzas del desendeudamiento siguen su curso y el letargo no desaparece.


Pero el efecto de un incremento de la tasa de interés sobre los llamados mercados emergentes no será positivo. Esa medida estará asociada con el fortalecimiento del dólar y hará más difícil enfrentar deudas denominadas en la divisa estadunidense. Además, puede detonar una fuga de capitales que tendrá que ser contrarrestada con mayores tasas de interés en esas economías, lo que desatará nuevas presiones sobre la inversión y el crecimiento. Pero los mercados emergentes es lo último que preocupa a la Fed en este momento.


Lo que hace titubear a la Reserva Federal es que las perspectivas de corto y mediano plazos sobre la economía estadunidense no son del todo favorables. Para empezar, hay mucha incertidumbre alrededor de los incentivos fiscales y los planes de inversión que la administración Trump ha prometido. Y es que si esas medidas llegan a tener un efecto favorable sobre el crecimiento, ese resultado no será observable, sino hasta el año que viene.


Además, los datos sobre empleo y remuneraciones no dan soporte a la idea de que los salarios pueden actuar como una nueva fuente de presiones inflacionarias. Aunque la Fed sigue teniendo fe en que se está cerca de la tasa de desempleo que contribuye al crecimiento de la inflación, la realidad es que los salarios permanecen estancados (o en franco retroceso en varios sectores clave) y no representan un peligro para el índice de precios. El aumento salarial real en 2015 fue un humilde 2 por ciento, pero incluso ese ritmo de incremento se redujo y hasta alcanzó una tasa negativa en los primeros meses de este año. Todo esto es consistente con el hecho de que los empleos que se han ido creando en años recientes son de mala calidad y, en muchos casos, de tiempo parcial.


Los mercados financieros ya han descontado el impacto de un incremento en la tasa de interés. Pero eso no debe interpretarse como un síntoma de buena salud económica. La inyección de 4 billones de dólares en el sistema bancario y financiero a través de la famosa flexibilidad cuantitativa ha servido para crear una nueva burbuja en los precios de activos financieros y por eso el índice de cotizaciones de Standard & Poor llegó a niveles históricos. Hoy el propio Robert Shiller, el economista que mejor analizó la inflación de precios en el sector inmobiliario, alerta sobre la burbuja que se ha gestado en el mercado de valores. Ni duda cabe: un mercado de valores boyante puede muy bien coexistir con una economía maltrecha.


La expresión “espíritus animales”se debe a Keynes y fue utilizada para denotar que en la formación de expectativas no bastan los fríos indicadores económicos. Pero así como se pueden inclinar estas fuerzas primales por el optimismo, también se pueden orientar por la desilusión. El aumento en la tasa de interés instrumentado por la Reserva Federal tendrá efectos múltiples, pero no cambiará la estructura y mediocridad del desempeño de la economía de Estados Unidos.


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El presidente Trump inicia el proceso para reducir la regulación financiera

La conocida como Dodd-Frank Act incluye reglas para evitar episodios como el derrumbe de Lehman Brothers


Donald Trump sigue al pie de la letra las promesas que hizo durante la campaña electoral, al firmar este viernes dos decretos que inician el proceso de revisión del paquete de medidas reglamentarias conocido como la Dodd-Frank Act. La Ley se adoptó por iniciativa de la Administración de Barack Obama tras la pasada crisis financiera desatada por el desplome de Lehman Brothers para poner a raya a los grandes bancos y evitar abusos. El nuevo presidente considera, sin embargo, que el exceso de regulación afecta a los negocios y a la economía.


“Tengo amigos con buenas empresas que no pueden pedir prestado debido a las normas”, comentó Donald Trump al recibir en la Casa Blanca al grupo de empresarios que le asesorarán desde el sector privado en cuestiones económicas. Entre los asistentes se encontraba el consejero delegado de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, la mayor entidad financiera por activos de Estados Unidos y que fue muy crítico en el pasado con el exceso de regulación.


La Dodd-Frank Act, que debe su nombre al exsenador Christopher Dodd y al exrepresentante Barney Frank, los dos demócratas, fue firmada en julio de 2010 por el entonces presidente Barack Obama para elevar la regulación y la supervisión sobre las grandes bancos sistémicos. El objetivo de las medidas que integra la legislación es evitar que asuman riesgos excesivos, como los que llevaron a la crisis financiera de 2008, la más grave desde la Gran Depresión.


La firma de las dos órdenes ejecutivas que marcan el inicio del proceso de revocación de la reforma impulsada por Obama entra, sin embargo, en contradicción con el ataque que lanzó durante la campaña contra los grandes titanes de Wall Street, por los excesos que llevaron a la crisis. Esos mismos ejecutivos, a los que demonizó y acusó de corromper el sistema político, son los que más se van a beneficiar de este eventual recorte porque relajará el control.


Los valores financieros respondieron al alza a la firma del decreto, en la mejor jornada desde mediados de noviembre, y auparon así de nuevo al índice Dow Jones hasta colocarlo por encima del nivel de los 20.000 puntos. Los más críticos con la maniobra desde las filas demócratas en el Congreso de EE UU, como la senadora Elizabeth Warren, consideran que el equipo del presidente tiene “amnesia” y olvidó cuál era la situación hace ocho años por los excesos de Wall Street.
Paso simbólico


Trump promete rebajar la regulación de manera “masiva”, como un incentivo a hacer negocios en EE UU. La firma de los decretos que marcan el inicio de revisión de la Dodd-Frank es, en cualquier caso, un paso simbólico porque corresponde a los legisladores reescribirla y es un trabajo de gran complejidad. En el momento de la firma de la orden ejecutiva estuvo presente Gary Cohn, que hasta hace unas semanas fue el segundo de mando en Goldman Sachs.


"La Dodd-Frank es una política desastrosa que está entorpeciendo los mercados y reduciendo la disponibilidad de crédito", aseguró el portavoz presidencial, Sean Spicer. La primera de las órdenes firmadas por Trump urge a una revisión integral de esta Ley, como pide la industria financiera. La segunda busca revertir una norma que fija las condiciones de inversión de los planes de pensiones de los trabajadores, un mercado que mueve tres billones de dólares.


La directriz de la Casa Blanca va a provocar en la práctica que las diferentes agencias que regulan y supervisan el sistema financiero procedan a examinar posibles cambios en la legislación, para simplificarla. El secretario del Tesoro tendrá que presentar un informe al respecto en 120 días con el detalle del plan que se va a seguir. En cualquier caso, no se espera que sea una revocación como la que Donald Trump quiere para la reforma del seguro médico Obamacare.


La legislación financiera es mucho más compleja y lo que buscaría es eliminar costes, más que dejar margen a los bancos para que asuman riesgo. La Dodd-Frank incluye reglas para evitar episodios como el que protagonizó Lehman Brothers, que incluyen el incremento de los colchones de capital que deben tener los bancos, las pruebas en situaciones de estrés y se creó una agencia para la protección del consumidor. La revisión no estará exenta de batalla en el Capitolio.

 

Nueva York 3 FEB 2017 - 17:29 COT

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Mike Davis. “No puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo”.

Sigue siendo figura central de una disciplina en la intersección entre la geografía, la sociología y la arquitectura conocida como La Escuela de Urbanismo de Los Ángeles, pero se jubila ahora del Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de California (Riverside). A comienzos del pasado verano, invitó a la profesora de arquitectura y directora del Laboratorio de la Ciudad de la Universidad de California (Los Ángeles), Dana Cuff, y a la decana del Colegio de Diseño Medioambiental de la Universidad de California (Berkeley), Jennifer Wolch, a su casa de San Diego para hablar y entrevistarle sobre su carrera, sus escritos y sus tempranos y continuados esfuerzos para entender Los Ángeles.

 

Dana Cuff: Nos dijiste que te preguntan demasiado por tu libro Ciudad de Cuarzo, así que vamos a empezar de otra manera. Como uno de los grandes contadores de historias urbanas de California que eres, ¿qué crees que nos falta en nuestra comprensión de Los Ángeles?

Mike Davis: La lógica económica de los bienes raíces y de la urbanización del suelo. Esta ha sido siempre la clave capital para entender las políticas espaciales y raciales en la California meridional. Como explicó por lo magnífico el más influyente pensador radical del siglo XIX –y no me estoy refiriendo a Marx, sino al californiano de San Francisco Henry George—, no puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo. La zonificación y la planificación urbana –los instrumentos progresistas para crear la llamada Ciudad Hermosa [de la Escuela urbanística de Chicago de finales del XIX]— han sido totalmente secuestradas para servir al mercado o han experimentado la muerte de los mil cortes, es decir, por acumulación de desviaciones. Yo fue brevemente comisario de desarrollo urbano en Pasadena, a mediados de los 90, y tuve ocasión de observar la facilidad con que se dejaban de lado inveterados criterios de diseño y planes comunitarios por la presión de los financiadores de campañas electorales y de los grandes promotores inmobiliarios.
Si no intervienes en la operación de los mercados inmobiliarios, terminas normalmente generando el resultado opuesto al que pretendías. Con el tiempo, por ejemplo, las mejoras en el espacio urbano público disparan al alza los valores de la vivienda y tienden a convertirse en subsidios al ocio de los ricos. En los mercados inmobiliarios dinámicos y en emplazamientos céntricos, las organizaciones sin ánimo de lucro no pueden permitirse comprar suelo para construir vivienda de bajo coste. Artistas novatos e hípsters se convierten sin saberlo en la tropa de choque de la gentrificación y en poco tiempo ya no pueden permitirse seguir viviendo en los barrios y distritos comerciales a los que revigorizaron. Las viviendas accesibles se alejan inexorablemente de los puestos de trabajo, y la crisis del centro urbano termina en plazas como la de San Bernardino.


Si aceptas que la estabilización de los valores del suelo es condición necesaria de la planificación democrática a largo plazo, hay dos grandes soluciones no revolucionarias. La solución de [Henry] George fue la más expedita: ejecuta a los monopolistas y a los especuladores del suelo con un impuesto único del 100% sobre los incrementos de los valores del suelo no mejorado. La otra alternativa no es tan radical, pero ha sido empleada con éxito en otros países capitalistas avanzados: municipaliza las partes estratégicas del inventario de suelos para vivienda accesible, parques y cinturones verdes moldeadores.


El uso de la expropiación para la reurbanización –hay que recordarlo— fue originariamente concebido para transformar barrios de vivienda privada pobre en vivienda de titularidad pública. Al final de la II Guerra Mundial, cuando los progresistas eran mayoría en el gobierno de la ciudad, Los Ángeles adoptó planes verdaderamente visionarios tanto para la vivienda pública como para crecimiento suburbano racional. Lo que pasó luego es harto conocido: una contrarrevolución municipal concebida por [el periódico] Los Angeles Times. Resultado: los gobiernos locales siguieron usando la expropiación, pero las más veces para transferir suelo de los pequeños propietarios a las grandes empresas y a los bancos.


Saltemos a los 80. Apareció una nueva oportunidad. La reurbanización del centro urbano devoraba centenares de millones de impuestos desviados, pero su futuro era sombrío. Unos años antes, Reyner Benham había proclamado la muerte o, al menos, la irrelevancia del centro urbano. Si la administración de Bradley hubiera tenido voluntad política, podría haber municipalizado el corredor de Spring-Main Street a precios de mercado tirados. Tal vez cerca de 1 millón de metros cuadrados habrían quedado disponibles para apartamentos familiares, pequeños negocios para inmigrantes, mercados públicos, etc., con alquilares accesibles permanentemente controlados.


Una vez le pregunté sobre esto a Kurt Meyer, un arquitecto de empresa que había sido presidente de la Agencia de Reurbanización Comunitaria. Vivía sobre el Beachwood Canyon, debajo del cartel de Hollywood. Solíamos reunirnos a la hora del desayuno, porque él disfrutaba contando historias de poder y propiedad en Los Ángeles, lo que le convertía en un fuente única para mi investigación de la época. Me contó que las elites del centro urbano estaban horrorizadas con la inesperada revitalización del corredor de Broadway que habían traído consigo los comercios mexicanos, y que la última cosa que querían era un centro urbano populista.


También ofreció respuesta a una cuestión que hacía tiempo me intrigaba. “Kurt, ¿por qué esa prioridad absoluta y a costa de todo para tener a la clase media viviendo en el centro urbano” “Mike, sabes algo sobre espacios arrendados en edificios de gran altura?” “Realmente, no”. “Bueno, la parte más difícil de alquilar es la planta baja: para sacar el máximo valor, necesitas una población residente. No puedes limitarte a tener trabajadores de oficina que vayan a desayunar o almorzar; necesitas la noche, un tráfico de 24 horas”. No sé si esa es realmente una explicación adecuada, pero desde luego me convenció de que los planificadores y los activistas necesitamos una comprensión mucho más profunda del juego.


Ello es que, finalmente, la clase media ha venido al centro urbano, pero sólo para convertirlo en un suburbio. Los hipsters creen que viven en el núcleo de la vida urbana, pero se trata solo de un falso urbanismo, de un gran emplazamiento de compras residencial. El centro urbano no es el corazón de la ciudad, es una vaina de estilo de vida lujoso para las mismas gentes que dicen que Silverlake es el “Eastside” o que Venecia sigue siendo bohemia.

Cuff: ¿Por qué los llamas suburbios?

Davis: Porque el regreso al centro expresa el deseo de espacio urbano y de multitudes sin permitir la variedad democrática del igual acceso. Es oro para necios, y la gentrificación ha tomado el relevo de la renovación urbana a la hora de desplazar a los pobres. Piensa en el estudio pionero que realizó Anastasia Loukaitou-Sideris sobre la privatización del espacio en la cumbre del cerro de Bunker Hill. Claro que el patrón de tu museo o el residente en condominio se siente en casa, pero si eres un patinador salvadoreña, caramba, pues te irás probablemente a Juvenil Hall.

Cuff: ¿Podrías incorporar la arquitectura a tus reflexiones sobre los bienes raíces? ¿No diste un curso hace años sobre eso en el Instituto de Arquitectura de la California Meridional?

Davis: Cuando me contrató por primera vez el Instituto en 1988 le confesé a su entonces director, Michael Rotondi, que no tenía la menor idea de arquitectura. Me contestó: “No te preocupes, eso corre de nuestra cuenta. Tu tarea es enseñar sobre Los Ángeles. Muéstrales a los estudiantes la ciudad”. Fue una maravillosa tarea y, durante una década, participé en una buena cantidad de estudios notables trabajando con gentes de la talla de Michael Sorkin, Joe Day, Anthony Fontenot y otros arquitectos radicales.


Mi propio proyecto de vanidad, por así decirlo, consistía en demostrar la factibilidad de un estudio comunitario de diseño que se enfrentara a los problemas de viejos barrios y suburbios. Con el apoyo de un activista destacado de la comunidad centro-americana, Roberto Lovato –ahora, un conocido periodista—, nos centramos en distrito de Westlake, lindante con el oeste del centro urbano.


Yo conocía la zona bastante bien, porque a finales de los 60 había vivido allí mientras me ocupaba de la gestión de la librería del Partido Comunista en la Calle Siete, curiosamente cerca de la vieja oficina del FBI en Wilshire. Eso fue justo después de los deshaucios de Bunker Hill y de que el grueso de sus residentes hubieran sido realojados en conventillos al lado de Parque MacArthur. Caminando hacia la librería, me encontré muchas veces con los cuerpos de esos pobres viejos tirados en la acera: ¡quién sabe qué sueños los habrían traído a Los Ángeles hacia 1910 o 1920!


Nos centramos finalmente en estudiar Witmer Street, entre la calle 3 y Wilshire, porque tenía un abanico casi completo de tipos de edificios multifamiliares: una casa unifamiliar de 1890, un patio de bungalows de los años 20, un edificio de apartamentos de los años 60 y hasta un edificio masónico de apartamentos que se usaba como escenografía para Hill Street Blues.


Los estudiantes se dividieron en dos grupos entrenándose por su cuenta como inspectores de edificios y de incendios, y exploramos el vecindario molécula a molécula durante dos semestres. Un grupo estudiaba cuestiones de seguridad antiincendios y otros riesgos, como tejados desprotegidos convertidos en lugar de juego para los niños. Observamos las necesidades de algunos obreros, costureras y mecánicos de automóviles; estudiamos problemas de recolección de basuras; observamos asuntos relacionados con las rivalidades entre bandas y con los mayores alcoholizados. Con el apoyo de Lovato, entramos en los apartamentos –normalmente, moradas para entre tres y cinco personas— y analizamos cómo organizaban las familias sus minúsculos espacios. Investigamos quiénes eran los propietarios de los edificios, calculamos la rentabilidad de su alquiler, incluso visitamos y fotografiamos los hogares de los amos de esos tugurios del centro urbano, que vivían en Beverly Hills y en la playa de Newport.


La única forma de vivienda que era generalmente popular, en donde los arrendatarios habían estado allí desde hacía mucho tiempo –todos los demás iban y venían— era el complejo de apartamentos del patio de bungalows, con sus pequeños jardines y una fuente. Lo más detestado no eran las escaleras de incendio de la vieja propiedad de los años 20, sino el edificio de apartamentos con aparcamiento subterráneo construido en los 50 o 60 en lotes unifamiliares. Esos edificios estaban diseñados para experimentar un rápido deterioro en pocas décadas y representan un verdadero problema en toda la California meridional. Los otros tipos multiunidad eran duraderos, pero resulta difícil de imaginar una alternativa al estuco arruinado que no sea el derribo, lo que, en efecto, han hecho las promotoras inmobiliarias, pero sólo para reemplazar ese tipo de edificios por “supercubos” de cuatro o cinco plantas que no son sino versiones ampliadas de los mismos problemas.


Nuestro objetivo era reunir todos nuestros descubrimientos en una suerte de Catálogo Completo subido a un portal web y luego invitar a todo el mundo a escribir y aportar ideas sobre asuntos genéricos de los barrios obreros como desperdicios, juego, trabajo, graffiti, bandas, espacio social, aparcamiento, etc. No nos proponíamos crear un plan maestro en miniatura, sino levantar un arsenal de soluciones prácticas de diseño fundadas en un análisis cuidadoso, realista que pudiera ayudar a los residentes a encuadrar sus reivindicaciones a los señores del suelo y a la ciudad. Imaginábamos colaboraciones de arquitectos, artistas y artesanos que actuaran como constructores de herramientas al servicio del activismo y el autodiseño comunitario. Todavía creo en la idea, mi contrato con el Instituto de Arquitectura terminó cuando se fue Michael Rotondi, nuestro gozoso bromista, nuestra luz rectora.

 

Cuff: La idea de construir herramientas en vez de hacer un plan maestro es útil. Un grupo de estudiantes de urbanismo y humanidades de la UCLA se centró en Boyle Heights, que, como Westlake, está experimentando una presión urbanizadora. Los instrumentos solicitados por la comunidad eran bastante directos, una suerte de manual sobre cómo convertir en parques espacios abandonados. Fue un interesante diálogo sobre las respectivas actuaciones el que se desarrolló entre las humanidades, la arquitectura y los estudiantes. ¿Se puede no suministrar lo pedido y seguir siendo un aliado socialmente responsable de los grupos comunitarios? La discusión fue interesante porque los estudiantes entraron en acción, desde estudiantes de arquitectura, siempre dispuestos a hacer algo aun no disponiendo de mucha información, hasta los estudiantes de humanidades, renuentes a actuar si creen que no saben lo suficiente o no tienen derecho a intervenir.

Davis: Ese tipo de consciencia puede venirles bien algunos arquitectos veteranos de Los Ángeles, que contemplan la ciudad como una zona de tiro libre para cualquier ocurrencia vanidosa que les venga a la cabeza, cualquiera que sea el contexto urbano o su historia. En Ciudad de cuarzo critiqué a Frank Ghery por sus diseños furtivos y por su excesiva preocupación por la seguridad. Fue realmente como pisarle un callo, porque él viene de una tradición socialdemócrata y no le gustó nada mi descripción de su obra a calzón quitado como “la arquitectura de Harry el sucio”.


Un día, unos años después, me llamó para ir a verle. “Vale, tío importante, mira esto”, Y me mostró la última entrega del diseño de su Disney Concert Hall, que tenía un parque ajardinado alrededor de su perímetro no-euclidiano. “Me criticaste por hacer diseños antidemocráticos, pero ¿esto qué es?”. Y efectivamente, había una astuta integración del elitista Concert Hall con espacio de juego para niños de la zona y de descanso para gentes sin techo. Invitaba antes que excluía a los residentes del barrio pobre Latino, como la Witmer Street que rodea al centro urbano. Eso no tenía prácticamente precedentes, y tuvo que librar una larga batalla con el condado, empeñado en aislar Disney y ponerle límites. En esta ocasión al menos, una celebridad arquitectónica luchó del lado bueno.

Jennifer Wolch: Desde luego. Sin embargo, es una cuestión importante particularmente para los estudiante de humanidades: el asunto de la subjetividad les hace reticentes a hacer propuestas.

Davis: Pero ellos tienen competencias. La narrativa es una parte importante a la hora de crear comunidades. Las historias de la gente son claves, especialmente las de sus rutinas. A mí me parece que hay importantes competencias y calificaciones en las ciencias sociales, pero las humanidades son particularmente importantes por las historias. También creo que un coreógrafo sería un gran analista del espacio y un suerte de imaginador de usos del espacio.
Un día tuve una larga conversación con Richard Louv sobre Last Child in the Woods [El último niño en los bosques], uno de los libros más profundos de nuestro tiempo, una meditación sobre lo que significa para los niños perder contacto con la naturaleza, con el juego y la aventura nómada libres y no organizados. Una generación de madres obligadas a ser chóferes a tiempo completo, llevando a los niños de una distracción comercial a otra, de un evento lúdico sobreorganizado a otro. Yo crecí en el este del Condado de San Diego, en la frontera misma con las tierras del interior, y una vez hechos los deberes (una cosa seria en aquella época), podías montarte en la bici y lanzarte a la acción como Huck Finn. Había una colonia nudista en Harbison Canyon, a unas doce millas, y nosotros cogíamos nuestras bicis y pedaleábamos cuesta arriba horas y horas en la esperanza de lograr ver algo a hurtadillas a través de las verjas. Como todos mis amigos, tuve una escopeta del 22 al cumplir los doce años. Hacíamos cosas malas a los animales, lo confieso, pero éramos espíritus libres, odiábamos la escuela, nos importaban un higo las calificaciones, nos librábamos de nuestros padres gracias a pequeños empleos a tiempo parcial y trabajos de jardinería y nos deleitábamos con todas y cada una de nuestras fechorías locas y aventureras. Desde que regresé a San Diego en 2002, me reúno anualmente con los cinco o seis chicos a los que conozco desde el segundo grado en 1953. A pesar de las grandes diferencias de convicciones políticas y religiosas, seguimos siendo la misma banda de los viejos tiempos.
Y las bandas eran lo que te mantenía seguro y la razón de que las madres no se preocuparan de nuestras citas lúdicas ni los acosadores de niños. Recuerdo que incluso en el jardín de infancia –vivíamos entonces en el área de City Heights de San Diego— teníamos una banda que iba junta a la escuela y jugaba cada tarde. Un grupo de nenes y nenas, siete u ocho, que vagaba sin rumbo y mendigaba unos centavitos para comprar chicles en el quisco de la esquina. Hoy, la idea de bandas de niños o adolescentes sin vigilancia suena como un problema de ley y orden. Pero así es como las comunidades funcionaban entonces y podrían seguir funcionando ahora. Aparte de Louv, recomiendo calurosamente el libro del anarquista inglés Colin Ward The Child in the City [El niño en la ciudad]. Un propósito capital de la arquitectura, sostiene él, debería ser diseñar ambientes aptos para las aventuras y los descubrimientos fortuitos, no programados.

Wolch: Mike vamos ahora a una cuestión completamente diferente. Uno de los libros tuyos más nos gustan es Late Victorian Holocausts [Holocaustos victorianos tardíos]. No versa sobre ciudades, sino sobre Occidente. Cómo te decidiste a vincular la historia del cambio climático con las hambrunas y la ecología política? Es como si hubieras tomado una desviación...

Davis: Luego de los disturbios de 1992, la editorial Knopf me avanzó mucho dinero para escribir un libro sobre el apocalipsis urbano. A través de mis actividades políticas había llegado a conocer a las madres de muchos actores clave en esos acontecimientos, incluida Theresa Allison, cuyo hijo, Dewayne Holmes, fue uno de los primeros en promover la Tregua de Watts de la banda. También conocí a la mamá de Demian Williams, que era el villano en jefe, el chaval que golpeó casi hasta la muerte al camionero en la esquina de Florence y Normandie. A través de sus ojos llegué a adquirir una perspectiva muy distinta de la relación entre causa y efecto, así como de lo que fue correcto y lo que fue incorrecto en el curso del estallido. Pero al final del día no podía hallar la menor justificación real al tipo de periodismo que sostiene sus tesis con pretensión de autoridad a través de citas y retratos selectivos de gentes que por lo general no pueden controlar la versión final. En los años 30, este tipo de documentación social o narrativa existencial de segunda mano –las fotografías de Dorothea Lange o el Dejadnos Ahora Alabar a los Hombres Famosos, de James Agee, por ejemplo— podía presentarse como una parte integral de una cruzada, el New Deal o la [central sindical] CIO, que luchaban para mejorar las vidas de las víctimas populares, y que eran a menudo sus sujetos desconocidos. Pero ahora, en nuestra era posliberal, ese trabajo corre el peligro de resultar simplemente sensacionalista y explotadoramente ventajista. Francamente, por mucho que deseara escribir el libro, no podía hallar licencia moral alguna para saquear historias populares y miserias personales a mayor gloria mía en tanto que voz losangelense del apocalipsis. De modo que devolví el dinero avanzado y moví mi base de operaciones a la biblioteca de ciencias de la Tierra del Cal Tech [Instituto Tecnológico de California] y me sumergí en la investigación de la historia y el desastre medioambiental que generó mi libro Ecología del miedo.
Descubrí también otro asunto en el que no había ninguna ambigüedad ética, un proyecto en el que iban perfectamente de la mano mi conciencia y mi celo investigador. Tom Hayden me contactó en 1995 o 1996 y me pidió colaborar en un volumen que él estaba compilando para 150 aniversario del holocausto irlandés. Al principio puse reparos. Había jóvenes y brillantes historiadores irlandeses que estaban reinterpretando la Hambruna, y yo no tenía la menor experiencia en esa área. Pero insistió: “Bueno, tal vez haya alguna otra cosa coetánea sobre la que podrías escribir”. Entonces descubrí las hambrunas en China y en la India durante las décadas de 1870 y 1890, que mataron a cerca de 20 millones de personas pero que no habían recibido la menor mención en la historiografía convencional de la Era Victoriana. El resultado fue Holocaustos victorianos tardío, una especie de “Libro Negro” del capitalismo que versa sobre los millones de muertes innecesarias que ocurrieron cuando las potencias europeas –sobre todo, Inglaterra— forzaron el ingreso a toda marcha en el mercado mundial de las grandes economías campesinas de subsistencia de India y China. Con resultados desastrosos.

Wolch: Tenemos un última cuestión sobre tus novelas para jóvenes adultos. Cuando damos en clase tu Ciudad de cuarzo u otra de tus descorazonadores piezas sobre Los Ángeles, uno siempre está tentado a pensar que al salir de clase los alumnos se tirarán de un peñasco. Pero tus novelas para adultos jóvenes parecen abiertas a algún tipo de futuro alternativo esperanzador.

Davis: ¡Eh! No deberíais sentiros descorazonadas por mis libros sobre Los Ángeles. Son precisamente polémicas apasionadas sobre la necesidad de una izquierda urbana. Y mi tercer libro sobre Los Ángeles, Urbanismo mágico, irradia literalmente optimismo sobre el renacimiento de los movimientos de base en nuestros barrios de inmigrantes. Pero, para volver a las dos novelas de “ciencia aventura” para adolescentes: las escribí para la espléndida editorial de Viggo Mortensen, Perceval Press. Son, sobre todo, manifestaciones de nostalgia por mi hijo mayor, luego de que su madre se lo llevara de vuelta a su Irlanda natal. Los héroes son tres niños reales: mi hijo, su hermanastro y la hija de nuestros mejores amigos cuando yo impartía docencia en Stony Brook en Long Island. El nombre de la niña es Julia Monk, y ahora es una bióloga especializada en vida salvaje que está haciendo su tesis doctoral sobre pumas andinos en Yale. Estoy muy orgulloso de haberla convertido en la guerrera-científica heroína de las novelas, porque mi intuición sobre su carácter se ha hecho plena realidad. Una joven muy notable.
Escribir estos cuentos fue pura diversión. La inspiración original fue un viaje que hicimos con mi hijo al este de Groenlandia cuan él tenía siete años. Eso se convirtió en El país de los mamuts perdidos. Historias como esta se escriben solas, especialmente porque se trata de niños reales y tu estás proyectando sus caracteres morales en situaciones de aventura y peligro fantásticos (aunque algunas de las partes más estrafalarias de los libros son verdaderas y están basadas en mi obsesión de toda la vida por las islas misteriosas). En cierto modo, fue como si los cuatro hubiéramos realmente hecho una expedición a Groenlandia y a la extraña y embrujada isla de Socotra.
Pero dejemos a los chicos continuar la aventura. Yo me he convertido en un jubilado muy casero, centrado ahora en aprender todo lo que pueda sobre la naturaleza y la geología de la California meridional. La única organización a la que pertenezco (de grupos no subversivos, se entiende) es la Unión Geofísica Americana. Mi mujer disfruta de una buena novela en la cama. Yo leo extraños volúmenes sobre petrología ígnea y paleoclimatología. Tengo incluso en algún lado un texto à la Stephen King [sobre la calle en la que vivo] llamado Ecología de la calle 33, porque no hay nada natural en este barrio, desde los arundos hasta los caracoles sicilianos, que si llegaran a invadir el Valle Central podrían dañar las cosechas y provocar unos cuantos miles de millones de dólares de pérdidas. No existen cuervos aquí, ni tampoco las siniestras arañas viuda negra que ahora viven en el mobiliario de mi patio. Para mí este es un gran material de novela negra: el barrio tomado por aliens sin que sus habitantes se enteren.

12/01/2017

 

Mike Davis


profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).


Fuente:
https://boomcalifornia.com/2016/12/29/a-boom-interview-in-conversation-with-

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