La impotencia de la clase dominante argentina

Tras dos años y medio de gobierno, Mauricio Macri fracasó dos veces en una semana para contener una brutal escalada del dólar que amenaza con colapsar la economía y derribar su gobierno. La moneda estadunidense comenzó el año en 18.65 pesos y esta semana superó 23.50. Millones de argentinos se enfrentan al drama de la sobrevivencia, ya que la devaluación impacta directamente en los precios de los alimentos.


Para evitar una depreciación aún mayor de la moneda, el gobierno aumentó las tasas de interés de 28 a 40 por ciento y obligó a los bancos a desprenderse de dólares. En el mismo lapso, sacrificó más de 7 mil millones de dólares de las reservas para intentar frenar la subida del dólar.


El martes de esta semana el dólar volvió a trepar luego de una leve caída el lunes. La corrida en curso arrancó en marzo y todo indica que los fondos de inversión están alentando la fuga hacia activos en dólares. “ Forbes y el Financial Times ya dijeron que es tiempo de salir de la riesgosa Argentina, calificada como uno de los tres países más vulnerables a shocksexternos por las evaluadoras del establishment internacional” (Página 12, 5/05/18).


Macri fracasó cuando intentó atraer inversiones y ahora está fracasando con su propia base social, la que lo llevó al gobierno, que está especulando porque no confía en su política económica. Una espiral de desconfianza está en la base de la crisis del mercado de cambios: crece la fuga de capitales, aumenta el déficit comercial por el crecimiento exponencial de las importaciones y el pago de intereses de la deuda en moneda extranjera. En resumen, un estrangulamiento del sector externo.


Un demacrado Macri apareció en televisión para informar que el país retorna al regazo del FMI, mediante la negociación de un crédito de 30 mil millones de dólares para estabilizar la crisis de confianza. Es la segunda vez en dos décadas que sucede algo similar. En 2001, en medio de una grave recesión, el gobierno de Fernando de la Rúa pidió 40 mil millones de dólares al FMI para defender al peso porque los argentinos estaban retirando sus depósitos masivamente para convertirlos en dólares o llevarlos fuera del país.
En 2006, el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda y finalizó la dependencia del FMI, en una decisión política trascendente. Con la llegada de Macri, Argentina emitió títulos por 59 mil millones de dólares, casi el doble que Arabia Saudita, el segundo en el ranking, y el triple que el tercero, Indonesia ( El País, 8/05/18). De ese modo, el país vuelve a tener una deuda con una gran exposición en dólares, lo que acrecienta su vulnerabilidad.


Para los sectores populares, la devaluación es sinónimo de inflación (20 por ciento previsto para este año), o de hiperinflación, como sucedió varias veces en la historia reciente. Para aliviar el déficit fiscal, el gobierno viene aumentando las tarifas de los servicios, con la excusa de que el gobierno de Cristina Fernández las tenía subsidiadas, pero lo hace de un modo brutal. Desde fines de 2015, el gas aumentó 1,013 por ciento, el metro 178 por ciento y los autobuses 233 por ciento, en tanto las tarifas eléctricas subieron 1,615 por ciento y el agua 550 por ciento.


La política argentina es oscilante, cambiante e imprevisible. En apenas dos años, Macri consumió los apoyos sociales con los que llegó al gobierno y ahora el rechazo a su gestión duplica los aprobados. ¿Cómo explicar estos cambios y la velocidad del desgaste de Macri?


La clave hay que buscarla en diciembre pasado, cuando cientos de miles de argentinos desafiaron la reforma previsional, en la calle, afrontando una feroz represión. Ese fue el punto de inflexión, como indican las encuestas. Un punto de quiebre que conecta con la tradición del movimiento popular argentino, el más potente y combativo durante el siglo XX, como indican las fechas más destacadas del calendario de luchas.


En 1909, la Semana Roja, la primera gran huelga general en cuya represión cayeron 14 obreros. En 1919, la Semana Trágica, una oleada de huelgas reprimidas por la policía con alrededor de 700 muertos. En 1935, la seminsurrección de los obreros de la construcción en la capital. El 17 de octubre de 1945 –la insurrección obrera victoriosa exigiendo la liberación del coronel Juan Perón– quiebra el poder político de la oligarquía. Años después, la resistencia armada al golpe de Estado de 1955, protagonizada por miles de obreros fabriles.


El levantamiento obrero conocido como Cordobazo, en marzo de 1969, desarticuló la dictadura del general Juan Carlos Onganía, derrotó a la policía y sólo retrocedió, en un intenso combate de calles, ante la presencia del ejército y la marina. Entre 1969 y 1972 hubo 15 insurrecciones, puebladas o motines populares: dos en Córdoba, dos Rosario, tres en Tucumán, además de Rawson, Corrientes, Salta, Mendoza y Casilda, entre las más destacadas.


En todas hubo combates callejeros y se tomaron e incendiaron dependencias estatales. Fue el mayor ciclo de luchas obreras del mundo, en la segunda mitad del siglo XX. Este es el temor de la clase dominante, que la llevó a convocar a los militares cuando los obreros del Gran Buenos Aires (9 millones de habitantes en 1975), desbordaron a sus sindicatos, paralizaron la industria y neutralizaron el ajuste económico del gobierno de Isabel Perón.


En las movilizaciones de diciembre pasado confluyeron los sindicatos con los movimientos sociales, mostrando que la capacidad de lucha está tan intacta como la autoestima de los de abajo. El 8 de marzo se produjo la movilización más masiva a lo largo y ancho del planeta, por un movimiento de mujeres que no tiene parangón. La calle es el límite que encuentran los de arriba, y ese límite no cedió siquiera ante el genocidio perpetrado por los militares.


La pregunta es cómo será el final del experimento de Macri. No es seguro que retorne el estallido social. Los de arriba están pergeñando un plan. Debemos auscultarlo, para prevenir males mayores y seguir construyendo nuestros mundos.

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La fortaleza del dólar pone en jaque a las grandes divisas latinoamericanas

Las monedas de Brasil, México Colombia y Chile sufren por la subida de tasas en EE UU, pero esquivan el cataclismo del peso argentino
Ignacio Fariza

El mundo emergente se había acostumbrado en los últimos tiempos a una extraña sensación de calma. Los enormes volúmenes de liquidez acumulados tras años de políticas monetarias expansivas en las economías avanzadas habían rebosado las Bolsas y los mercados de bonos, llegando también a los activos de los países en desarrollo. Pero la volatilidad es inherente a su propia naturaleza emergente y, antes o después, vuelve a tocar a su puerta. Esta vez, la causa ha sido una combinación de factores que van desde el fortalecimiento del dólar estadounidense por la subida de tipos de interés en la primera potencia mundial hasta el efecto contagio de las dificultades argentinas, pasando por las expectativas de mayor inflación y la creciente percepción de proximidad del fin de ciclo económico. Un cóctel que amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza en América Latina.


Mayo ha traído consigo turbulencias en el mercado cambiario. La primera semana del mes fue la peor para las monedas emergentes en más de un año y esta avanza por los mismos derroteros. El nerviosismo se ha instalado sobre la tercera economía de América Latina, Argentina, un país que lleva el pánico financiero en su ADN y que ya ha tenido que pedir un rescate al Fondo Monetario. Y se ha extendido al resto de grandes países de la región. A la sangría del peso argentino se han sumado las fuertes caídas del peso mexicano, colombiano y chileno. También del real brasileño, que se deja un 14% en los tres últimos meses. "Al estar incluidos en la misma categoría de activos [emergentes y latinoamericanos], hay un cierto contagio de lo que está sucediendo en Argentina", apunta Jonathan Heath, ex economista principal de HSBC para Latinoamérica y hoy analista independiente.


Salvo inesperado cambio de rumbo, los tipos de interés de referencia en Estados Unidos llegarán en junio al 2% por primera vez desde mediados de 2008. Eran otros tiempos: Lehman Brothers aún vivía y la Gran Recesión solo empezaba a fraguarse. Y aunque el incremento en el precio del dinero ha sido telegrafiado desde el día uno después de la crisis, las consecuencias se dejan sentir en los mercados: el endurecimiento de la política monetaria y la expectativa de mayor inflación en los próximos trimestres ha llevado el interés del bono estadounidense a 10 años al filo del 3%, su nivel más alto desde 2014, introduciendo una variable nueva en el juego de equilibrios en la balanza de muchos inversores. "¿Merece más la pena depositar el dinero en activos de riesgo cuando el papel estadounidense —teóricamente exento de incertidumbre sobre su futuro pago— empieza a ofrecer rentabilidades atractivas?", se empiezan a preguntar en los cuarteles generales de las grandes firmas de inversión. Y el mero cuestionamiento agita a América Latina y el resto de emergentes.


"La combinación de mayores tasas en EE UU y perspectivas de inflación más altas es muy negativa para las monedas latinoamericanas", asevera Armando Armenta, estratega del banco de inversión suizo UBS para mercados emergentes. "La gente empieza a ver fundamentos menos sólidos y algunos entran en pánico, golpeando a los países con fundamentos más débiles, como Argentina", agrega un segundo analista de una gran firma de inversión que prefiere no revelar su nombre. "Es un año más volátil en general: lo hemos visto en la Bolsa y en el mercado de renta fija, y empezamos a verlo en el mercado de divisas". Paradójicamente, el bache de las monedas emergentes llega en momento dulce para el petróleo —una variable que suele estar positivamente correlacionada con la evolución de las monedas de la región, donde casi todos los países son productores—, que cotiza en máximos de tres años y medio impulsado por la inestabilidad geopolítica.


En poco más de 20 días, los grandes inversores han sacado 5.500 millones de dólares de los mercados emergentes de deuda, según los datos del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) recopilados por Reuters. En el caso de Latinoamérica, esa cifra asciende a 1.200 millones de dólares solamente en la última semana, cuando se han acelerado las salidas, según Bloomberg. Este movimiento tiene, inevitablemente, un efecto directo sobre la cotización de las respectivas monedas regionales: vender deuda de un país supone, también, deshacerse de moneda nacional. Todo sin que, todavía, la mayor área económica del mundo junto con EE UU, la eurozona, haya movido ficha en forma de subidas de tipos.


En este entorno, Argentina es, por mucho, el país que peor lo tiene. A su posición más débil de reservas internacionales que el resto de grandes países latinoamericanos se suma la gran proporción de deuda pública denominada en dólares, tras haber recurrido en mayor medida a emisiones en moneda estadounidense para cubrir sus necesidades de financiación. Pero no es el único. México es la economía latinoamericana más expuesta al mercado estadounidense, y el debilitamiento del peso frente al dólar —que ya ha borrado todas las ganancias cosechadas desde el pasado 1 de enero— tiene efectos de calado su economía. Negativos, como el encarecimiento de los productos importados, con el consecuente repunte de la inflación o la pérdida de valor internacional de los ahorros de sus nacionales. Y positivos, como la mayor competitividad, un factor nada despreciable en una economía tan abierta como la mexicana: las manufacturas del país norteamericano son hoy un 8% más baratas que hace tres semanas por un único factor ajeno a la cadena productiva, la depreciación del peso.


"En líneas generales, los países de la región están mejor preparados que en el pasado para afrontar una situación así", apunta Martín Castellano, economista jefe del IIF para América Latina. "Sin embargo, la posición fiscal es peor, con deudas más altas y mayores déficits en todos los países de la región". El mayor riesgo pasa, en su opinión, por un giro radical de la política macroeconómica tras las elecciones que se celebran este año en tres países clave de la región: Brasil, Colombia y, sobre todo, México. En este último caso, aunque el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, lleva meses tratando de tranquilizar a los mercados, los financieros no las tienen todas consigo. No, al menos, hasta no ver con sus propios ojos que la retórica cristaliza en una política fiscal prudente y en la total independencia del banco central.


"En México hay factores propios que han llevado a la depreciación del peso: la incertidumbre en torno a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) y la cercanía de las elecciones", agrega Alberto Ramos, de Goldman Sachs. "La disputa entre el sector privado y el candidato puntero en las encuestas [López Obrador] ha creado un entorno de volatilidad que no ha sido atajado, con la consecuente salida de capitales y la pérdida de fuerza del peso", cierra José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México.

México 8 MAY 2018 - 23:23 COT

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Lunes, 30 Abril 2018 06:19

Crear valor

Crear valor

Para comprender el proceso de crecimiento de la economía y así provocar la expansión productiva del ingreso y su mejor distribución es necesario distinguir de la manera más clara posible el asunto del valor.


Hay tres cuestiones relevantes al respecto: ¿Quién lo crea? ¿Quién lo extrae?, y ¿Quién lo destruye? Esto es precisamente lo que plantea en un libro reciente Mariana Mazzucato. La confusión entre estos tres fenómenos, sugiere la autora, es una fuente de ineficiencia, empobrecimiento y de la desigualdad reinante en la economía global.


La noción de valor es clave en la formulación de cómo funciona una economía. Las cosas tiene valor porque sirven para algo –por su uso–, pero tienen también un valor de cambio que proviene de la necesidad de canjear unas cosas por otras; éstas son las mercancías, los servicios o los títulos financieros sean de deuda (bonos) o de propiedad (acciones) y también el trabajo.


La manera convencional de tratar el asunto del valor es por medio de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado. El precio, entonces, se asimila con el valor. Lo que no entra en el campo del mercado no tiene precio y, por lo tanto, tampoco un valor reconocido económicamente (el trabajo doméstico).


Mazzucato argumenta que además hay que considerar lo que ocurre en la interrelación del mercado y el gobierno para distinguir entre quienes crean valor (riqueza) y quienes sólo lo extraen y se lo apropian.


Esto tiene que ver con un aspecto de índole colectivo, como ocurre por ejemplo con el medio ambiente o las inversiones con rendimientos sociales de mediano y largo plazo, y que hoy no son rentables para el capital privado (infraestructura, educación).


Hoy, en la economía de mercado se generan grandes acumulaciones de riqueza privada a partir de la extracción de valor creada en otros segmentos de la sociedad.


Un caso que destaca la autora son ciertas actividades predominantes en el sector financiero, como fue la enorme acumulación de deuda en el mercado inmobiliario, una causa primordial de la crisis de 2008. Esto dejó un gran sobrendeudamiento de las familias mientras representó ganancias extraordinarias para los que promovieron y manipularon esas deudas. Se extrajo y se apropió valor por un lado, mientras se destruía por otro.


Buena parte de la intermediación financiera es esencialmente especulativa y de manipulación de los precios de los activos en los mercados. Esta es una práctica predominante de los bancos más grandes y significa ese mismo tipo de extracción de valor.


La pugna en torno a la regulación de las actividades financieras se ubica en este plano. Los intereses económicos que están en juego son enormes y el debate político y teórico sobre el libre mercado y la regulación es muy intenso. El efecto sobre las inversiones productivas de largo plazo es adverso y, con ello, el mismo potencial de crecimiento del producto y su distribución en la sociedad.


Mazzucato destaca también lo que sucede en el sector de las tecnologías de la información en el que se generan grandes beneficios por concepto de los derechos de la propiedad intelectual y las patentes (como lo señala en el caso de la industria farmacéutica).


Este aspecto tiene que ver igualmente con el poder monopólico de las empresas tecnológicas como Google, Facebook y otras, que restringen las opciones para los consumidores y fijan los precios y extraen valor.


La discusión sobre el carácter de la actividad económica del gobierno ofrece ángulos interesantes. Esto ocurre con cuestiones como la educación, la salud, las obras de infraestructura, el financiamiento de la investigación básica o la promoción directa de inversiones productivas. Indica el caso del gobierno de Estados Unidos que jugó un papel clave en el desarrollo de tecnologías transformadoras como Internet y el GPS, que hoy se aplican ampliamente en el sector privado.


Los puntos que señala refieren de nuevo a la distinción entre los procesos que crean valor y aquellos por medio de los que éste se extrae y destruye.


Los conceptos dominantes en el análisis económico y la misma medición del producto que se genera cada año (PIB), se refieren a las transacciones en el mercado y, por ello, a los precios a los que se intercambian. Esto provoca que casi por definición se considere que toda actividad del gobierno es improductiva y que sólo extrae valor de la sociedad.
El impacto que esto tiene en la definición de las políticas públicas (incluyendo la austeridad) es políticamente muy relevante. Por cierto que la capacidad económica de los gobiernos es muy diferente y, con ello, los efectos de la inyección de recursos para crear valor. También lo son las consecuencias en la extracción de valor de la sociedad (la inflación, los impuestos sin contraparte equivalente o la corrupción y la ineptitud), lo que tiende a situarlos en la discusión pública como entes parasitarios.


Estos son temas que habrían de estar en la agenda de las discusiones políticas en todas partes. Hoy mismo en México se ejecutan políticas de relevancia, como puede ser entre otras el caso de la estrategia comercial, decisiones de inversión, presupuestales, de la generación y asignación de recursos privados y públicos, y muchos más que se pierden en una pugna política chata y con campañas electores que parecen fuera de foco.

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:31

A 10 años de Bear Stearns

A 10 años de Bear Stearns

En marzo de 2008 el banco de inversión Bear Stearns cayó en quiebra. Sus niveles de apalancamiento y exposición en “vehículos de alto rendimiento” (que no eran otra cosa que créditos hipotecarios incobrables) lo habían llevado a la bancarrota. La Reserva Federal (Fed) presionó a JP Morgan y le prestó 30 mil millones de dólares (mmdd) para que adquiriera Bear Stearns pagando dos dólares por acción (cuando se habían cotizado en 133 un año antes). El objetivo era evitar la quiebra de otros bancos de inversión, como Merryll Lynch y Lehman Brothers, que también estaban fuertemente comprometidos.

En este mundo, en el que prevalece lo efímero, se podría pensar que la historia de Bear Stearns ya no tiene interés. Pero la realidad es que no es un aniversario cualquiera. Se trata de un hecho cargado de mensajes sobre la naturaleza cambiante del capitalismo y las crisis que parecen su rúbrica. Es también algo que debe provocar el análisis sobre las relaciones entre mercados en general y mercados financieros en especial. Esta reflexión no debe ser un mero ejercicio de contemplación académica, sino una búsqueda de caminos para evitar una debacle de mayor amplitud que la de 2008.

El rescate de Bear Stearns iba contra todo lo que preconiza el evangelio del neoliberalismo: en lugar de dejar que se aplicara la disciplina del mercado, la Reserva Federal intervino para mitigar los daños de la caída. Al final, el rescate no pudo detener la debacle. Seis meses después de la adquisición por JP Morgan, el banco Lehman Brothers también tuvo que declararse en quiebra, pero esta vez la Fed decidió que no habría rescate. El derrumbe de Lehman provocó un terremoto en el sistema financiero mundial.

El mercado y el Estado son presentados comúnmente como entidades separadas e incluso antagónicas. Los ignorantes portavoces del neoliberalismo quieren hacer creer que el mercado surge espontáneamente en un proceso de evolución natural. Al mismo tiempo, popularizan la visión de que el Estado es un ogro invasivo capaz de distorsionar el funcionamiento eficiente de los mercados. En esta visión del mundo, se supone que las leyes imponen un marco de certidumbre al evitar la arbitrariedad. Pero cuando la crisis amenaza la estabilidad de todo el sistema, el Estado y entidades como la Reserva Federal intervienen con gran arbitrariedad. Todo esto ha erosionado el estado de derecho, la legitimidad del Estado y ha consagrado el engaño como esencial en las operaciones mercantiles.

Ahora tenemos un coctel explosivo. Después del colapso financiero, el sistema de préstamos interbancarios se congeló (2008-2012). El rescate de bancos y grupos corporativos mediante la política fiscal no fue suficiente para dar confianza al sistema financiero. La Fed inauguró entonces su postura de flexibilidad cuantitativa, que intensificó la compra de activos en poder de los bancos. Como bien había analizado Hyman Minsky años atrás, al estallar la crisis los bancos buscaron liquidar los activos que tenían en garantía de los préstamos otorgados y eso provocó el colapso del valor de esos activos: la intervención de la Reserva Federal estaba dirigida a contener esa caída de precios. Todo eso contribuyó a calmar los ánimos en los mercados financieros, pero a un costo que entraña nuevos peligros. La composición de los activos de la Fed así lo demuestra. En 2009, la Reserva Federal no tenía entre sus activos ni un título respaldado por hipotecas. Hoy, 40 por ciento de éstos se compone de ese tipo de activos (y no se sabe cuántas de esas hipotecas son de mala calidad).

Por otra parte, el volumen astronómico de liquidez inyectado por la Fed en el sistema bancario ha servido para promover la creación de una nueva burbuja especulativa. En efecto, la flexibilidad cuantitativa inyectó más de 4.4 billones (castellanos) de dólares en el sistema financiero. Esos recursos debían servir para reactivar la economía real, pero el banco central sólo opera mediante el mundo financiero, y es ahí donde se quedó estacionada la liquidez creada por la flexibilidad cuantitativa. El testigo de este fenómeno es el crecimiento de los índices bursátiles más importantes. La especulación y los grandes vicios del proceso de financiarización de la economía real siguen como antes de la crisis de 2007-2008.

Los esfuerzos por establecer una regulación robusta para el sistema bancario y financiero mediante la ley Dodd-Frank (2010) fueron demasiado tibios. Pero hoy, hasta los demócratas contribuyen con la agenda de desregulación y debilitamiento de esa ley. Y con los efectos de la superburbuja en los mercados financieros estamos en presencia de una mezcla tóxica.

La suerte del capitalismo se juega estos años. Cuarenta años de neoliberalismo a escala planetaria han dejado una cicatriz que no desaparece fácilmente. Son décadas de creciente dominio del sector financiero sobre la economía, de un fuerte castigo al gasto social y una represión de los salarios. El décimo aniversario de Bear Stearns nos recuerda que quizás estamos frente a un cambio de esencia en el capitalismo.

Twitter: @anadaloficial

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El G20, las criptomonedas y Goldman Sachs

La última reunión del G20, en Argentina, ha finalizado. Este año, a petición de Alemania y Francia, los criptoactivos y su regulación han estado encima de la mesa.

 

Las criptodivisas, sobre todo el bitcoin, están en boca de todo el mundo. Generalmente vinculados a mensajes alarmistas, los grandes medios de comunicación repiten lo mismo día tras día como un mantra: alto riesgo, mercado negro, altamente especulativo, no lo hagas.


Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional, realizó unas declaraciones la semana pasada que fueron calentando motores para el G20: “La tecnología detrás de los criptoactivos, incluyendo la blockchain, es un avance excitante que podría revolucionar campos más allá de las finanzas. Podría, por ejemplo, promover la inclusión financiera creando métodos de pago de bajo coste para aquellos que no disponen de cuentas bancarias y además, empoderar a los millones de personas de los países de renta baja”.
Sin embargo, no era todo positivo: “Hay que combatir el fuego con fuego”, añadió Lagarde. “La misma razón que hace a los criptoactivos tan atractivos es aquella que los hace peligrosos. Los activos digitales están construidos de una manera descentralizada, sin la necesidad de bancos centrales, lo que las convierte en anónimas. El resultado de esto es que se convierten en un potencial vehículo para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo”, concluyó la directora.


La misma conclusión ha emanado del recién clausurado G20, que ha admitido que los criptoactivos “plantean cuestiones relacionadas con la protección de los consumidores e inversores, la integridad de los mercados, la evasión impositiva, el lavado de dinero, y el financiamiento al terrorismo”.


¿SIRVEN REALMENTE PARA FINANCIAR EL TERRORISMO?


Según Foreign Affairs, “las criptomonedas difícilmente son una solución a la financiación del terrorismo. La mayoría de ellas tan solo permiten anonimato parcial y es difícil transferir grandes cantidades de estos activos. Asimismo, hay una aceptación reducida en las regiones en las que los grupos terroristas están más activos, como Oriente Medio o el Norte de África”. Parece más plausible que los terroristas utilicen divisas oficiales como el euro o el dólar antes que bitcoin, ya que la conversión de estos en dólares es un proceso complicado.


Distintas fuentes afirman que la mayoría de los ingresos de los grupos terroristas es el cobro de impuestos o robo de fuentes de riqueza de los territorios en los que operan. Por ejemplo, Daesh recibe la mayoría de sus fondos de la venta de petróleo, extorsiones o requisamiento de propiedad privada. Estos métodos territoriales restringen las posibilidades de utilizar criptomonedas.


Agentes disruptivos que no gustan a los gobiernos sí lo utilizan, como Wikileaks. Cuando ocurrieron las grandes filtraciones que demostraron el alto grado de corrupción gubernamental en Estados Unidos, espionajes y contraespionajes, la connivencia del Gobierno con los poderes privados o las mentiras sobre la guerra de Afganistán, la Casa Blanca cortó todas las fuentes de ingresos a la organización responsable de las filtraciones. En ese momento, Wikileaks empezó a aceptar donaciones en distintos tipos de criptomonedas como bitcoin, litecoin, zcash o monero. Solo en bitcoin, Wikileaks ha recibido a fecha de hoy 26.400 donaciones, acumulando un total de 4.042 bitcoins, equivalente a 30.007.563,18 euros.


SI TAN PELIGROSAS SON, ¿POR QUÉ NO SE REGULAN?


En las recientes jornadas del G20 ha habido un tímido intento de llegar a un acuerdo común. La conclusión de consenso ha sido que “los criptoactivos carecen de los principales atributos que tienen las monedas soberanas” al no estar emitidas por un banco central, y un compromiso a “implementar los estándares del GAFI”, el Grupo de Acción Financiera Internacional encargado de coordinar acciones conjuntas de ámbito internacional contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.


Sin embargo, los criptoactivos representan una herramienta muy jugosa para los grandes capitales. Lo que surgió como un experimento de encriptado descentralizado y anónimo que cuestionaba la existencia misma de las entidades financieras y los Estados en la emisión e intercambio de moneda, hoy en día se ha convertido en un activo financiero altamente rentable, aunque muy volátil.


En diciembre de 2017, el bitcoin alcanzó máximos nunca antes vistos, superando los 20.000 dólares. Hoy nos encontramos con precios que rondan los 7.000. Esta gran variación de precios, es debida, entre otros motivos a la ofensiva de uno de los bancos más importantes e influyentes del mundo: Goldman Sach, que ha decidido iniciar su andadura en las criptodivisas con un órdago a la grande.


Se dice que Goldman Sachs es el banco más poderoso del mundo, no porque sea el más grande, sino porque es el más influyente en los gobiernos. Muchos hombres importantes han pasado por sus despachos.


El pasado 26 de febrero, Circle Internet Financial Ltd., una empresa subsidiaria de Goldman Sachs compró Poloniex, un exchange de intercambio de criptomonedas, por 400 millones de dólares. Poloniex acumula un volumen de mercado equivalente a 13.071 bitcoins, unos 116 millones de dólares. Según Circle, con esta compra la empresa contribuye a generar una economía de token (criptoactivos) en un mercado global abierto. Poloniex fue la primera plataforma en ofrecer ethereum y el primer exchange en llegar a los mil millones de dólares de volumen de intercambio diario.


La estrategia de Goldman Sachs no es solo intercambiar criptomonedas, sino convertir el exchange en un marketplacedistribuido que contenga tokens que represente todas aquellas cosas que se consideren de valor: bienes físicos, inversiones, vivienda, producciones creativas como arte, música o literatura, prestación de servicios, crédito, derivados financieros, etc. Es probable que Poloniex se convierta en la primera plataforma de intercambio basada en blockchain de inversiones financieras de todo tipo, la nueva bolsa de valores basada en blockchain.


Las grandes financieras han visto el negocio en las monedas encriptadas. Los Estados no toman cartas en el asunto y hacen declaraciones tibias sin ninguna vinculación regulatoria definitiva. El mercado de las criptomonedas es más volátil y especulativo que nunca, pero en esta situación podemos apelar a la sabiduría popular: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.


La toma de posiciones de los poderes corporativos en el mercado de los criptoactivos ha comenzado, en los próximos meses probablemente veamos cómo el valor del bitcoin especialmente se incrementa exponencialmente, lo que nadie sabe es cuándo explotará la burbuja. Ahí nos echaremos a temblar.

 

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Miércoles, 28 Febrero 2018 06:17

La nueva tesis once de Boaventura

La nueva tesis once de Boaventura

En un reciente artículo (PáginaI12, 19/2/2018), Por el contrario, desde los inicios de la modernidad occidental a principios del siglo XVI “las interpretaciones del mundo dominantes en una época dada son las que legitiman, posibilitan o facilitan las transformaciones sociales llevadas a cabo por las clases o grupos dominantes”. Tomando otra afirmación de Marx –la cultura dominante de una época es la cultura de las clases dominantes– ubicamos el centro del problema: la cultura dominante en el Occidente central, desde los inicios de su expansión oceánica y la llegada al continente que llamaron América. En los tres siglos siguientes, con el sometimiento de China y otros países asiáticos menores hacia 1848, más la penetración en el continente africano desde 1870, lograría someter bajo sus dominios coloniales o neocoloniales a casi el 80% de la población mundial. 

Esos pueblos serían considerados salvajes y golpeados por masacres, expoliación y genocidios: en el primer siglo de la conquista murió el 90% de la población originaria de Nuestra América y “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, da cuenta de su accionar en el Congo. Los patrimonios culturales ancestrales fueron arrasados y despreciados, como manifestación de la barbarie frente a la verdadera civilización, ignorando conocimientos y saberes en muchos casos más avanzados que los de Europa en la misma época. Los Mayas tenían una concepción del Universo en la que el centro es el Sol y la Tierra un planeta que gira a su alrededor: una “revolución copernicana” 1.600 años antes que Occidente. En el XIII, los médicos africanos de la Universidad de Timbuctu en el Imperio Mandinga de Mali, realizaban operaciones con anestesia, que recién fue “inventada” en Europa a mediados del XIX.


Para detectar las claves de ese espíritu invasor, destructivo y racista de la cultura occidental dominante, es preciso remontarse a sus raíces; a las invasiones bárbaras contra el Imperio Romano: germanos; visigodos y ostrogodos; alamanes; francos; anglos; sajones; suevos, burgundios, lombardos. Fueron las hordas invasoras más sangrientas y depredadoras de la historia y las que más tiempo tardaron en incorporar una cultura elaborada: baste compararlos con la lucidez de Gengis Khan y sus tártaros al dominar el imperio chino. Durante ocho siglos, entre el V y el XIII, sumieron a Europa en una profunda oscuridad, mientras se desplegaban civilizaciones y culturas en Asia, en África y en nuestro continente: son las raíces de lo que Boaventura llamará Epistemologías del Sur.


Cuando en el XIII la reconquista española se apodera de Sevilla y Toledo, gracias a las bibliotecas islámicas y a sus filósofos, los europeos se enteran de la existencia de Aristóteles (384- 322 a.C) y poco a poco van a considerar a la antigua Grecia como madre de su propia cultura. De ellos tomarán dos fundamentos que signan desde entonces la cultura occidental dominante. Aristóteles considera que los distintos tipos de almas corresponden a distintos tipos de seres vivos y distingue tres funciones fundamentales del alma: a) la función vegetativa: es la potencia nutritiva y reproductiva, propia de todos los seres y la única que tienen las plantas; b) a la anterior se agrega la función sensitiva que comprende, además, la sensibilidad y el movimiento y es propia de los animales y los hombres: en este nivel sitúa a los siervos por naturaleza; c) en el nivel superior, se suma la función intelectiva, la razón, propia de los seres integralmente humanos.


En su Política señala: “La naturaleza, teniendo en cuenta la necesidad de la conservación, ha creado a unos seres para mandar y a otros para obedecer. Ha querido que el ser dotado de razón y de previsión mande como dueño, así como también que el ser capaz por sus facultades corporales de ejecutar las órdenes, obedezca como esclavo, y de esta suerte el interés del señor y el del esclavo se confunden. En la ejemplar democracia griega, los hijos de hombres libres recibían la “paideia” y participarán del Ágora; pero como los cálculos indicaban que era más barato capturar a un esclavo crecido, que alimentar al hijo de un esclavo mientras crecía, simplemente los mataban al nacer: democracia y esclavitud carecían de contradicciones entre sí. Hasta mitad del siglo XIX –2200 años después– tampoco serán contradictorios entre sí en la democracia de Estados Unidos o en las democracias europeas con respecto a sus colonias.


Con esta concepción, la bula papal “Dum Diversas” emitida el 18 de junio de 1452 por el Papa Nicolás V y dirigida al rey Alfonso V de Portugal, lo autorizaba a conquistar a sus enemigos sarracenos y a los africanos negros paganos –que carecían de alma– y someterlos a una esclavitud indefinida: en el siglo XX, el Papa Juan Pablo II besó el suelo africano y pidió perdón. Cuando llegan a América, a los pueblos originarios le otorgan el privilegio de reconocerles un alma; podrían ser evangelizados pero eran “faltos de razón”, equivalentes a “los siervos por naturaleza” de Aristóteles: fueron encomendados como servidumbre, aunque en mejores condiciones que los africanos. En el XXI, también el Papa Francisco pidió perdón a los indígenas en su visita a Bolivia. Durante la Reforma, los protestantes cuestionaron todos los postulados de la Iglesia Católica, menos que lo negros no tenían alma: lo cual permitió a los occidentales someter a esclavitud a millones de africanos durante cuatro siglos sin ofender a Dios.


En el XVII, este hilo conductor es retomado por el francés Rene Descartes (1596-1650), considerado el padre de la filosofía moderna, con el dualismo naturaleza-humanidad que menciona Boaventura, remarcando la existencia de esos seres que “por estar tan cerca del mundo natural, no podían considerarse plenamente humanos”. Mirada que, con referencia a los pueblos americanos y africanos, también se encuentra en “Lo bello y lo sublime” de Immanuel Kant en el XVIII y en “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal” de Hegel a comienzos del XIX. Por su parte Friedrich Ratzel (1844-1904) hace su aporte en la segunda mitad del XIX, con la teoría del Lebensraum: el derecho de las razas superiores de apropiarse de los territorios (y riquezas) de las razas inferiores, para desarrollar en ellas la civilización. Esta teoría fue adoptada por Adolf Hitler en el XX, para perseguir a judíos o expandirse hacia el este contra los eslavos inferiores; y en el XXI la encontramos en Argentina, como fundamento implícito de las corporaciones mineras o petroleras y los agro-negocios, con el acoso a los mapuches en el sur y los desmontes de los Peña Braun en detrimento de los wichis en Salta. También puede mencionarse al inglés Joe Lewis, por la apropiación del lago Escondido para exclusivo uso personal y de sus selectos amigos.


Esta historia tuvo un corte radical entre el fin de la Segunda Guerra y comienzos de la década de 1970, con la Revolución del Tercer Mundo: ese 80% de la población mundial sometida a dominios coloniales o neocoloniales durante varios siglos, protagoniza los procesos de descolonización, los movimientos de liberación nacional y las revoluciones en Asia, África y América Latina. Fueron acompañados de un movimiento intelectual que reivindica el carácter integralmente humano de todos los seres humanos y la dignidad de sus identidades étnico-culturales, de sus valores, cosmovisiones y conocimientos ancestrales; y llegaría a conmover a Jean Paul Sartre, Simone de Bouvoir o Herbert Marcuse, al Mayo francés o al movimiento negro norteamericano; dando un fuerte impulso a la liberación femenina. La derrota de gran parte de estas experiencias, la imposición de dictaduras militares con terrorismo de Estado, el asesinato de líderes, la cooptación de conciencias y otros mecanismos de restauración conservadora, que lograron imponerse desde los setenta, al margen de algunos avances y retrocesos en estas décadas, no lograrían sin embargo, destruir esos “saberes sojuzgados”, que son las raíces y potencialidades de las Espistemologías del Sur.


En Nuestra América, que en su historia de más de 10.000 años según registros rupestres, sólo durante 500 han tenido un contacto traumático con la cultura occidental dominante, las culturas precolombinas poseen ricas concepciones como punto de partida en la búsqueda de respuestas ante la actual crisis civilizatoria mundial, cuyas tendencias son catastróficas: descomunal crisis social; crisis económica de sobreproducción por crisis de demanda; crisis político-militar entre potencias por recursos y áreas estratégicas; revolución tecnológica que habilita una reconversión salvaje en las diversas áreas de actividad; y crisis ambiental que pone en riesgo la vida en el planeta. Los pueblos precolombinos, estratificados como los mesoamericanos y andinos o igualitarios como los tupí guaraníes, arawacs, mapuches o wichis, eran “sociedades de amparo” y garantizaban el bienestar de todos sus integrantes: en sus lenguas no existía la palabra “pobre”. Con valores profundamente comunitarios, de cooperación, solidaridad y reciprocidad, no concebían la idea de individuos egoístas y competitivos que sólo se guían por su propio interés; ni hubieran avalado esa reforma previsional.


A diferencia de la ciencia occidental, que considera con Descartes a la naturaleza como exterior a los seres humanos y buscan conocerla a fin de dominarla o explotarla; para nuestros pueblos originarios los seres humanos pertenecen a la naturaleza y deben mantener con ella relaciones armónicas y no depredadoras. En estas tierras, hasta la llegada de los occidentales, no existieron las pestes y hambrunas que azotaran a Europa en el XIV, con la muerte de un 30% de la población en varias regiones. Concepciones que tomaron de sus tropas nuestros héroes de la Independencia –Alexander Petión, San Martín, Belgrano, Artigas, Hidalgo y Morelos, Bolívar, entre tantos más– y, a pesar de sus derrotas, formularon las ideas más avanzadas de la época, considerando humanos a todos los seres humanos. En 1815 Artigas elimina la esclavitud y la servidumbre indígena reconociendo, en su visión de la democracia, a estas “castas inferiores” como ciudadanos plenos. Estados Unidos deroga la esclavitud en 1865 y los negros recién fueron ciudadanos plenos en 1965. Raíces que dan cuenta de la riqueza potencial de nuestras Epistemologías del Sur, en contraste con la cultura occidental dominante, para formular alternativas ante la crisis mundial.


* Ex diputada nacional de Proyecto Sur-Unen.

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:42

En el mismo bote

En el mismo bote

Podría parecer cosa de extraños discutir lo que ocurre en las bolsas de valores: la cantidad de dinero que se mueve en esos mercados, quién invierte ahí, las fluctuaciones de los precios y del valor que representan, la relación de esto con el resto de la economía y con los que nada tienen que ver con las bolsas.

Pues no es cosa de otros, de una u otra manera las repercusiones de lo que pasa en los mercados de dinero y capitales alcanzan a buena parte de la población mundial.

El valor de mercado de la Bolsa de Valores de Nueva York es del orden de 20 trillones de dólares (según se mide allá). A esto deben sumarse casi 7 trillones del mercado de títulos de empresas de tecnología llamado Nasdaq.

Puede tenerse una idea de lo que esto representa si se compara con el valor de los otros grandes mercados de valores: Londres 6.2 trillones, Tokio 4.5, Shanghai 4.1 y Euronext 3.5.

Del monto invertido en la bolsa de Nueva York alrededor de una tercera parte corresponde a los fondos de pensiones. Así que las fluctuaciones tienen un impacto muy grande en la situación financiera de las familias.

Los grandes movimientos de los precios de las acciones, ya sean en sus cotizaciones individuales o en los diversos índices de conjuntos de títulos diversos (como S&P y Dow Jones) se asocian, además, con otras variables económicas y financieras.

Parte de lo que ocurrió la semana pasada se derivó de los datos de aumento de los salarios registrado en Estados Unidos, hecho que se vinculó con la expectativa de reducción de los márgenes de ganancias de las empresas.

Apareció también la perspectiva de que los precios de las acciones habían llegado a un nivel demasiado alto y que necesitaba alguna corrección. Allí entraron las alternativas de inversión y el dinero se movió a los bonos del Tesoro, es decir, a la deuda del gobierno.

La consecuencia fue una creciente volatilidad en los precios de las acciones y los índices. Y una de las características del mercado que aceleró la caída fue la forma en que se operan las transacciones.

Buena parte de ellas se realiza por medio de lo que se llama "transacciones algorítmicas de alta velocidad", que están diseñadas precisamente para generar ventajas asociadas con la mayor volatilidad de las cotizaciones.

Así como un algoritmo define las rutas para evitar el tráfico en las aplicaciones de nuestros teléfonos, o bien, el que me sugiere qué comprar en Amazon con base en mis preferencias reveladas, del mismo modo un algoritmo manda instrucciones de compraventa de títulos cuando se rebasan lo límites hacia arriba o debajo de las fluctuaciones de los precios; miles de millones dólares a la vez.

Otro mecanismo que alienta las fluctuaciones es, por ejemplo, el que permite "apostar" a que el mercado seguirá siendo estable. De tal manera que cuando empieza la volatilidad se desatan transacciones que acentúan la caída de los precios. Los inversionistas individuales no pueden cambiar las estrategias de asignación de sus recursos en función del riesgo deseado, que quedan en manos de los algoritmos correspondientes. Hay que decir que en ciertos casos esto puede ser benéfico.

Las bolsas, además, tienen el mismo padecimiento que las famosas pirámides especulativas. Cuando el mercado va al alza y ésta se sostiene, entonces nuevos inversionistas deciden entrar para no perderse las ganancias. Eso mismo contribuye a sobrevaluar las acciones y, finalmente, provocar la caída. Algo similar a lo que pasa actualmente con bitcoin y otras criptomonedas.

Los mercados de acciones y bonos tienden, pues, a moverse de manera que se alejan de las condiciones macroeconómicas y dan impulso a una serie de pérdidas y ganancias en cuanto a ingresos, riqueza y patrimonio de las empresas emisoras y también de quienes invierten en valores.

Pero el asunto no para ahí, sino que incide en la determinación de los valores de precios clave en una economía como son, esencialmente, las tasas de interés y los tipos de cambio. Los mecanismos de transmisión que se echan a andar en este caso en la economía de Estados Unidos se amplían al resto del mundo afectando con el costo de crédito y el valor relativo de las monedas.

Este impacto, que se manifiesta a su vez en los movimientos de capitales en los mercados financieros y en los flujos de la inversión productiva, son más evidentes en aquellas economías con relaciones de interconexión más fuertes, como es el caso de México con Estados Unidos.

Aquí la tasa de interés de referencia que determina el Banco de México subió una vez más la semana pasada a 7.5 por ciento. Esto acrecienta el costo financiero para todos los usuarios de crédito y establece una carrera entre los intereses y el valor del peso frente al dólar que tiende a acrecentar la volatilidad interna, sobre todo en un periodo en que la inflación sigue siendo alta.

 

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Miércoles, 07 Febrero 2018 06:46

Turbulencia en los mercados financieros

Turbulencia en los mercados financieros

El mercado bursátil en Estados Unidos abrió el martes con señales de que se avecinaba otro día de turbulencia. El lunes estuvo marcado por la peor caída en la bolsa desde 2011: el comportamiento del índice S&P 500 anuló las ganancias de todo el año anterior. Todo esto provocó una ola de desconfianza y volatilidad en los mercados de Europa y Asia. ¿Qué está sucediendo?


Parece ser que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) es el primer banco central que logra salir de una política de flexibilidad monetaria con tasas de interés cero y una colosal expansión de su hoja de balance sin grandes dificultades y sin provocar una recesión. Ese logro no sería poca cosa. Hay que recordar que Japón no ha podido conseguir ese resultado y su política de flexibilidad monetaria no logró romper la inercia del estancamiento. Y en Europa, el Banco Central Europeo no ha abandonado su postura de tasas cero y flexibilización cuantitativa. En su apogeo esa política monetaria mantuvo una inyección de liquidez de 80 mil millones de euros mensuales, y aunque hoy se ha reducido a 30 mil millones de dólares mensuales la inyección de liquidez continúa.


La Fed considera que aplicó con éxito una política de tasas cero para contrarrestar los efectos de la crisis, y hoy ha retomado el camino de la normalización con el primer aumento de tasas de interés en 2015. Cuando la Fed comenzó su programa de compra de bonos y de títulos respaldados por hipotecas, muchos pensaron que se desataría un periodo de hiperinflación. No surgieron las presiones inflacionarias ni se ha frenado el crecimiento que ha experimentado la economía estadunidense en años recientes. Pero quizás el triunfalismo es prematuro.


Ahora bien, la semana pasada el Departamento del Tesoro del gobierno de Estados Unidos dio a conocer datos sobre sus planes de endeudamiento para este año. El anuncio incluye una nueva emisión por 955 mil millones de dólares en 2018 y otras por un billón (castellano) adicional en los próximos dos años fiscales. Lo más importante de este anuncio no es el incremento en el nivel de endeudamiento del gobierno federal, porque en este proceso Estados Unidos es el creador del medio de pago con el que se pueden saldar sus deudas. Pero el impacto que estas emisiones tienen sobre las tasas de interés es otra historia.


El anuncio del Tesoro estadunidense confirmó los temores de los inversionistas sobre el comportamiento futuro de las tasas de interés y sirvió para detonar el fuerte ajuste en el mercado bursátil. Mientras perdure el sentimiento negativo de estos inversionistas, el ajuste a la baja se va a mantener. Aquí hay dos problemas íntimamente ligados entre sí que es importante considerar. El primero es que mientras la Fed planea incrementos a la tasa de interés, el gobierno estadunidense ha decidido incrementar su endeudamiento. Eso presiona más las tasas de interés y, por supuesto, encarece el servicio de la deuda. El segundo es que precisamente el viernes pasado (cuando comenzó el ajuste en la bolsa en Nueva York) se dio a conocer el informe sobre el estado del mercado laboral. El dato principal en ese informe es que los incrementos salariales fueron los más importantes desde 2009. Se trata de un aumento modesto en términos históricos (2.9 por ciento), pero ese cambio ha sido considerado como un anuncio de nuevas presiones inflacionarias por muchos manejadores de fondos y ha contribuido a la venta masiva de títulos en Wall Street. En esta economía loca lo que promete ser una mejoría para la población y lo que promete reducir la desigualdad es interpretada como una mala señal. En todo caso, los inversionistas concluyeron que la Reserva Federal aceleraría el calendario de incrementos de tasas de interés previsto para este año.


Lo que estamos presenciando es el último episodio de la normalización que busca la Reserva Federal. Su postura de flexibilidad monetaria descansaba en dos pilares. El de la inyección de liquidez concluyó en 2014, pero contribuyó a inflar desmesuradamente los precios de los activos financieros. El segundo componente es el de las tasas muy bajas o cercanas a cero apenas comenzó a revertirse en 2016. Hoy es evidente que los inversionistas están recalculando el nivel de riesgo existente, lo que debían haber hecho desde que la Fed detuvo la inyección de liquidez. Si no lo hicieron entonces, es porque la Fed mantuvo las tasas en niveles muy bajos. Y aunque hoy todavía existe gran cantidad de liquidez en los mercados financieros, eso no ha aplacado los ánimos de los agentes que hoy se inquietan por el aumento en las tasas de interés y las expectativas inflacionarias.
La sobrevaluación de los activos financieros generada por la política monetaria posterior a la crisis es reconocida por todos los analistas del mercado. Hoy todavía estamos observando los efectos de la corrección de la Reserva Federal: está por verse si efectivamente puede concluir su salida de la flexibilidad monetaria con éxito. La volatilidad y el tiempo lo dirán.


Twitter: @anadloficial

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Martes, 06 Febrero 2018 06:39

Histórico derrumbe de Wall Street

Histórico derrumbe de Wall Street

El índice Dow Jones de Wall Street cayó ayer 4,62 por ciento, después de haber amortiguado su descenso desde un retroceso mayor al 6 por ciento registrado una hora antes del cierre. El viernes ya había retrocedido 2,54 por ciento y en solo dos días borró todas las ganancias que se lograron desde inicios de año. Por su parte, el selectivo S&P 500, que mide el comportamiento de las principales 500 empresas que cotizan en Nueva York, se desplomó 4,13 por ciento. El derrumbe repercutió en la bolsa local que bajó 4,5 por ciento. El dólar cerró a 19,81 pesos, dos centavos por debajo del viernes. 

La caída del Dow Jones fue la peor en puntos de toda su historia (1150), mientras que en porcentaje no se registraba un retroceso de semejante magnitud desde 2011. Este hecho ocurre en medio de la perspectiva de las subas de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED) –tres veces al año– ante el repunte de la inflación de ese país, producto esto de los datos del crecimiento del empleo y, por tanto, de mayor liquidez de salarios. Esto implica que la FED tenga una política más agresiva con las tasas, lo que supondrá un gran problema para países emergentes como la Argentina que se endeudan en dólares para afrontar sus propios déficit. La Argentina en los últimos dos años eliminó regulaciones y ahora podría enfrentar un flujo de salida de capitales.


El rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años tocó un máximo de cuatro años de 2,885 por ciento, luego de trepar el viernes casi 7 puntos básicos. El aumento de los rendimientos de los bonos significa un mayor costo de endeudamiento para las empresas y una opción de inversión alternativa para los operadores.


El Merval sintió el impacto y retrocedió 4,5 por ciento. Algunas de las acciones que más bajaron fueron Banco Hipotecario (-9,2 por ciento), Sociedad Comercial del Plata (-5,7) y Mirgor (-4,4 por ciento).


 ¿Corrección del mercado o una burbuja? La causa detrás del terremoto en Wall Street

Fuente: Sputnik

El desplome de los mercados bursátiles había sido previsto con anterioridad. La caída de los índices bursátiles se debió a una corrección del mercado de valores de EEUU, opina Egor Susin, jefe del centro de desarrollo de estrategia del banco ruso Gazprombank.

"Claro está que eso tendría que haber ocurrido en algún momento. El mercado ha estado creciendo sin hacer correcciones durante mucho tiempo. El mercado de valores de [EEUU] crecía no porque la situación económica del país estuviera mejorando, sino porque había esperanzas positivas en cuanto a su futura dinámica, yo diría que estas esperanzas eran demasiado optimistas", explicó Susin a Sputnik.

Según el experto, el mercado de valores había estado muy recalentado. Por eso cualquiera señal de la Reserva Federal sobre la subida de los intereses en EEUU habría provocado una salida tan brusca de activos.


"Por ahora es solo una corrección, no una señal inequívoca de que el mercado haya girado en otra dirección. Sin embargo, desde mi punto de vista, es posible que el próximo año el mercado alcance puntos críticos. Podremos verlo ahora, podremos verlo más tarde. Según mi pronóstico para los años 2018 y 2019, veremos una brusca caída. (…) Los activos están sobreestimados de una manera inadecuada. Desde mi punto de vista es una burbuja que pronto estallará", señaló Susin.


Durante un tiempo muy largo, las acciones de las empresas estadounidenses mostraron un crecimiento muy duradero y por eso el mercado de valores de EEUU se llegó a desplomar este 2 de febrero


Los principales índices bursátiles, entre ellos el segundo índice más antiguo de Estados Unidos, el Dow Jones, y el S&P 500, regresaron a los niveles registrados a comienzos del año. Por si fuera poco, el Dow Jones sufrió uno de los peores días de los últimos seis años.


Por su parte, la Administración de EEUU considera que el desplome de los índices bursátiles fue solo una fluctuación común del mercado, señaló Raj Shah, secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca.

"Los mercados fluctúan, pero los principales pilares de nuestra economía siguen siendo muy fuertes y ellos [los mercados] van en la dirección correcta", sostuvo Shah.
La brusca caída en las bolsas condujo a que las 500 personas más ricas del mundo perdieran 114.000 millones de dólares en total, informó la agencia Bloomberg.


Según esta información, las riquezas de Warren Buffett, jefe de la empresa de inversiones Berkshire Hathaway disminuyeron más que las de otros empresarios. Buffett perdió 5.100 millones de dólares. Por su parte, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ocupó el segundo lugar en la lista de los que más perdieron. El también filántropo perdió 3.600 millones de dólares. En el tercer lugar se encuentra el fundador de Amazon, Jeffrey Bezos, con pérdidas de 3.300 millones de dólares.

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Financial Times confirma el fin de la revolución de esquisto

La revolución de esquisto ha transformado los mercados mundiales en la última década. EEUU ha aumentado su producción, mientras que la influencia de la OPEP en el mundo se ha visto amenazada. Asimismo, ha ayudado a desencadenar la caída de los precios del combustible desde 2014, destaca el medio.


El 'boom' del esquisto comenzó cuando las empresas descubrieron cómo aumentar el volumen de petróleo que se extraía de este tipo de pozos, gracias a la aplicación de técnicas para la perforación horizontal y la fracturación hidráulica. Las perspectivas para la industria dependen de qué tan lejos se puedan sostener y extender las ganancias.
Sin embargo, durante el año pasado, estas ganancias disminuyeron considerablemente, lo que sugiere que la era del esquisto ha terminado, de acuerdo con el medio.
El primer problema es el tiempo que lleva perforar estos pozos. La eficiencia de las plataformas de perforación creció drásticamente entre el 2013 y el 2016. Sin embargo, la tasa de crecimiento parece haber disminuido, especialmente en las zonas de Eagle Ford y Williston, que incluye la formación de Bakken.


Otro factor es el cambio de pozos verticales a horizontales. Un pozo que corre horizontalmente a través de una capa de roca madre es mucho más productivo que uno vertical que simplemente atraviese una sección de esa capa. Así, parte del incremento reportado en la productividad de las plataformas desde 2011 fue simplemente el resultado de ese cambio a pozos horizontales, cuyas reservas han disminuido significativamente.


Las compañías también han estado usando mayores volúmenes de arena para extraer el combustible de las rocas y el resultado a menudo ha sido una mayor producción. Pero hay alguna evidencia de que ese proceso también puede estar llegando a sus límites.


"A lo largo de su existencia, la industria del petróleo de esquisto ha exigido inversiones. Las compañías no han podido cubrir sus costos de perforación con sus ingresos y han necesitado infusiones constantes de financiamiento. Hasta ahora han tenido pocas dificultades para recaudar ese dinero, en parte porque los inversionistas querían compartir el milagro de la productividad de esas empresas. Pero los milagrosos días han terminado y hay es una realidad más monótona, ¿estarán dispuestos los inversores a respaldar a la industria con tanta voluntad?", se pregunta el diario

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