El nuevo informe "El Estado del Poder" alerta del creciente poder de las finanzas y plantea alternativas

Se publica la octava edición de El Estado del Poder  

Este informe, publicado en inglés por el TNI y cuya edición española corre a cargo del Transnational Institute (TNI) , FUHEM Ecosocial y ATTAC España y examina las dimensiones y dinámicas del poder financiero, y cómo los movimientos ciudadanos podrían recuperar el control sobre el dinero y las finanzas.

Las investigaciones demuestran que el protagonismo y el aumento del poder financiero ha aumentado la desigualdad, ha ralentizado la inversión en la producción ‘real’, ha incrementado la presión sobre las personas y los hogares endeudados y ha dado lugar a una merma de la responsabilidad democrática. A pesar de causar en 2008 la peor crisis financiera en décadas, el sector financiero ha emergido aún más fuerte.

El Estado del Poder 2019: Finanzas incluye nueve ensayos y dos entrevistas. Además, el informe ofrece seis Infografías que ilustran aspectos cruciales del poder financiero en el mundo: los actores principales, la geografía del poder, la concentración de riqueza, los lobbies, los crímenes de las grandes empresas y el papel de las finanzas alternativas.

Como lectura complementaria se ha editado una guía divulgativa que apoyándose en casos prácticos, explica con un lenguaje accesible qué es la financierización y los efectos que este proceso tiene sobre la economía, la sociedad, la alimentación y la naturaleza, las fuerzas que lo impulsan y las resistencias.

Esta edición del Estado del Poder, titulado ‘Finanzas’, incluye los Ensayos y Entrevistas:

El poder latente de la ciudadanía y la creación de aval público , de Ann Pettifor.

A pesar de la retórica de banqueros y políticos, las finanzas privadas dependen del sector público más de lo que creemos. Los contribuyentes en las naciones más ricas proporcionan la garantía pública de la que dependen casi todas las actividades financieras actuales. Es hora de usar ese poder para pedir cuentas a las instituciones financieras privadas e invertir en el Green New Deal.  

La lucha contra la banca : Miradas sobre el poder financiero desde los movimientos sociales . Entrevista a Simona Levi, Alvin Mosioma y Joel Benjamin

Tres activistas inspiradores de España, Reino Unido y Kenia, que obtuvieron importantes victorias contra el mundo financiero, comparten su experiencia.  

Finanzas offshore: cómo gobierna el mundo el capital, por Rodrigo Fernández y Reijer Hendrikse

El auge de la financiación offshore no se debe únicamente a la transferencia de capital a bancos de islas exóticas, sino a la creación de un sistema global de dos niveles en el que los ciudadanos comunes están sujetos a leyes e impuestos, mientras los residentes offshore viven en secreto libres de impuestos con sus fortunas apoyadas por una política monetaria expansiva.  

Altas finanzas: un sector extractivo . Entrevista con Saskia Sassen, por Nick Buxton.

Saskia Sassen explora la naturaleza extractivista de las finanzas y su particular impacto en las ciudades, así como las posibles fracturas en el poder financiero que abren la posibilidad a que los movimientos urbanos confronten y pongan las finanzas bajo control público.  

El poder del público frente a la banca .  Lecciones del Instituto de Finanzas Internacionales. Por Jaspe Blom

El apenas conocido Instituto Internacional de Finanzas es probablemente la principal razón por la que, tras la crisis económica, la reforma financiera ha sido tan limitada. Su poder procede de cómo ha representado y coordinado su actuación a escala internacional y del papel sin precedentes que los decisores le han otorgado en temas financieros.  

Finanzas globales, poder e inestabilidad , por Walden Bello

Hacer frente al poder financiero requiere examinar el poder de ciertas instituciones como los bancos “demasiado grandes para caer”, y también el papel que la financierización tiene dentro de la economía global en un contexto de sobreproducción donde la oferta supera la demanda debido a una gran desigualdad.  

Arte: capital del siglo XXI . Por Aude Launay

Las finanzas siempre han creado la realidad a partir de creencias e historias, convirtiendo números y pensamientos en fluctuaciones del mercado de valores. Es un mundo que los artistas entienden bien, desafiando al poder con sus propios medios.  

La gentrificación de los pagos . La propagación de la red financiera digital. Por Brett Scott

La fusión de finanzas y tecnología, y especialmente la fuerte promoción de los sistemas de pago digital, está “gentrificando” las finanzas con el avance de una agenda de control y vigilancia corporativa a expensas de la economía informal y la exclusión de los marginados.

Finanzas, combustibles fósiles y cambio climático . Redes de poder en Canadá. Por Mark Hudson y Katelyn Friesen

Basado en una investigación de los autores, explora la financiación, los préstamos, la propiedad e interrelaciones de los consejos de dirección, mostrando cómo empresas financieras y de combustibles fósiles en Canadá se entrelazan e impiden una transición verde.  

La próxima revolución del accionariado . Por Owen Davis

El autor se pregunta si una convergencia de activistas éticos, fondos de pensiones y políticos socialistas podrían promover una nueva revolución de accionistas que se aproxime a un modelo más redistributivo de la riqueza.  

El poder de las finanzas públicas para el futuro que deseamos . Por Lavinia Steinfort

Las finanzas públicas y la banca son más accesibles de lo que a menudo se admite, y hay muchos ejemplos de finanzas públicas que pueden inspirar para canalizar las finanzas de una manera que se aborden los desafíos sociales y ambientales actuales.

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El capitalismo financiero prepara la recesión 2.0

os bancos estadounidenses poseen colectivamente 157 billones de dólares en derivados, aproximadamente el doble del PIB mundial. Esto es un 12% más de lo que poseían al comienzo de la crisis de 2008

 

En los últimos 30 años, el capital financiero se ha convertido en dominante en las principales economías capitalistas, superando a la élite industrial en poder e influencia. Esta evolución ha llevado a que el sector productivo se vea cada vez más sometido a la dinámica volátil del sector financiero.

La centralidad de las finanzas en la actual economía mundial se pone de manifiesto por la creciente frecuencia de las grandes crisis financieras, a las que inevitablemente han seguido las recesiones. Desde que se inició la liberalización de los mercados de capitales durante la era Thatcher-Reagan a principios de los años ochenta, se han producido al menos 12 grandes crisis financieras. La más reciente ha sido la crisis mundial de 2007-2008, que también provocó lo que ahora se conoce como la Gran Recesión, de la que muchas de las economías desarrolladas no se han recuperado todavía. 

Las causas de la financierización

Se considera que el proceso y la característica más distintiva del capitalismo contemporáneo es la financierización. En la época de Marx, la financierización como mecanismo clave para crear beneficios se consideraba una aberración periódica. En los últimos años, sin embargo, se ha convertido en la forma dominante de extraer beneficios. ¿Cómo ha ocurrido esto?

La financierización se deriva esencialmente de la crisis de la producción que comenzó a finales de los años setenta. Esto tomó la forma de una crisis de sobreproducción que superó a la economía capitalista global después de los llamados Treinta años gloriosos de expansión después de la Segunda Guerra Mundial.

La sobreproducción tenía sus raíces en la rápida y exitosa reconstrucción económica de Alemania y Japón y en el rápido crecimiento de economías en vías de industrialización como Brasil, Corea del Sur y Taiwán. Esto añadió una enorme capacidad productiva y una mayor competencia mundial, mientras que la desigualdad en los ingresos dentro de los países y entre ellos limitó el crecimiento del poder adquisitivo y de la demanda efectiva. Esta crisis clásica de sobreproducción –o subconsumo, por utilizar la formulación de Paul Sweezy– llevó a una disminución de la rentabilidad.

Hubo tres salidas de la crisis de rentabilidad que sufrió el capital: la reestructuración neoliberal, la globalización y la financierización. La reestructuración neoliberal significaba esencialmente redistribuir los ingresos de la clase media a los ricos para incentivar a estos últimos a invertir en la producción. 

La globalización de la producción implicó la ubicación de instalaciones de producción en países con salarios bajos para aumentar la rentabilidad. Si bien estas dos estrategias trajeron consigo un aumento de la rentabilidad a corto plazo, a medio y largo plazo fueron contraproducentes, ya que provocaron un descenso de la demanda efectiva al recortar o impedir el aumento de los salarios de los trabajadores.

Dimensiones clave de la financierización

Eso nos deja la financierización, que tenía una serie de aspectos clave, pero hay que destacar tres.

En primer lugar, la financierización implicaba la creación masiva de endeudamiento en la población para sustituir los ingresos estancados con el fin de crear demanda de bienes y servicios. Gran parte de esta deuda fue financiada por la inyección de dinero prestado por los gobiernos asiáticos reciclando dinero en efectivo a los Estados Unidos procedente de los excedentes comerciales de los que disfrutaban con este último. La principal vía fue a través de la provisión de los llamados préstamos de vivienda de alto riesgo a una gran parte de la población. Se trataba de préstamos que se concedían indiscriminadamente a compradores de viviendas con poca capacidad de reembolso, por lo que eran esencialmente bombas de relojería.

En segundo lugar, la financierización implicaba las llamadas innovaciones en ingeniería financiera que facilitaría la liquidez. Uno de los más importantes –y, en última instancia, el más perjudicial– fue la titulización, que consistía en hacer que los contratos tradicionalmente inmóviles, como las hipotecas, fueran líquidos o móviles y negociables. Las hipotecas titulizadas, que podrían negociarse, llevarían a la desaparición de la originaria relación acreedor-deudor.

Además, la ingeniería financiera permitió que la hipoteca de alto riesgo original se combinara con hipotecas de mejor calidad y se vendiera como valores más complejos. Pero incluso cuando los valores hipotecarios se combinaban y recombinaban y se negociaban de una institución a otra no podían escapar a su cualidad subyacente. 

Cuando millones de propietarios de las hipotecas de alto riesgo ya no podían hacer frente a sus pagos debido a sus bajos ingresos, esta evolución se extendió como una reacción en cadena a los billones de títulos hipotecarios que se negociaban en todo el mundo, perjudicando su calidad y llevando a la bancarrota a quienes poseían cantidades significativas de ellos, como el banco de inversión de Wall Street, Lehman Brothers. 

Los títulos avalados por hipoteca (o MBS, mortgage-backed security) fueron solo un ejemplo de las innovaciones de la ingeniería financiera, conocidas como “derivados”, que tenían por objeto facilitar la liquidez, pero que terminaron alentando el endeudamiento masivo sobre el frágil supuesto de capital o de riqueza real. Los operadores del mercado caracterizados por una elevada proporción entre deuda y capital propio fueron descritos como “muy apalancados”. El alto nivel de apalancamiento de Wall Street antes de la crisis quedó demostrado por el hecho de que el valor del volumen total de instrumentos financieros derivados se estimaba en 740 billones, en comparación con un PIB mundial de 70 billones de dólares.

Los matemáticos contratados por las instituciones de Wall Street formularon las ecuaciones más complejas para fomentar la ilusión de calidad cuando en realidad los valores descansaban sobre activos de valor cuestionable.

La tercera característica clave de la financierización fue que muchos de los operadores, instituciones y productos clave que se encontraban a la vanguardia del proceso no estaban regulados o estaban mal regulados. Así surgió la llamada “industria bancaria en la sombra” junto con la industria bancaria tradicional regulada, con instituciones financieras no tradicionales como Goldman Sachs, Morgan Stanley y American International Group (AIG) que sirvieron como la primera ola masiva de un tsunami que trajo consigo la introducción de la titulización, la ingeniería financiera y productos novedosos como los MBS, las obligaciones de deuda colateral (CDO) y los swaps de incumplimiento crediticio (CDS).

La implosión de las hipotecas de alto riesgo de 2007 reveló la dinámica esencial de la financierización como motor de la economía, es decir, que dependía de la creación e inflación de burbujas especulativas. La obtención de beneficios se basaba en la creación de una deuda masiva con una base muy débil sobre el valor real o sobre el capital. Mientras persistía la ilusión de que los MBS eran valores sólidos, Wall Street funcionaba como un casino, con inversores que utilizaban diferentes productos financieros para apostar por los movimientos de los valores de los activos y sus productos derivados con el fin de hacer una fortuna.

Una masacre significaba comprar valores al “precio justo” en el “momento justo”, y luego venderlos una vez que su precio había aumentado significativamente y antes de que decayeran. Sin embargo, una vez que los acontecimientos pusieron al descubierto los frágiles cimientos de los valores de alto riesgo, los operadores del mercado entraron en pánico y salieron corriendo, vendiendo sus activos lo antes posible para recuperar algo de valor, un proceso que aceleró el hundimiento de los valores a un nivel negativo.

El fracaso de la reforma

Cuando Barack Obama se convirtió en presidente de los Estados Unidos en 2008, una de sus prioridades era arreglar el sistema financiero mundial. Diez años después, es evidente que, debido a una combinación de timidez por parte del Gobierno y de resistencia por parte del capital financiero, poco se ha reformado, a pesar de los compromisos de alto nivel con la reforma financiera mundial asumidos por la Cumbre del Grupo de los 20 en Pittsburgh en 2009. 

En primer lugar, el problema de “demasiado grande para quebrar” ha empeorado. Los grandes bancos, que fueron rescatados por el Gobierno de los Estados Unidos en 2008, se han vuelto aún más grandes, y los ‘seis grandes’ bancos estadounidenses ―JP Morgan Chase, Citigroup, Wells Fargo, Bank of America, Goldman Sachs y Morgan Stanley― poseen, colectivamente, un 43 % más de depósitos, un 84 % más de activos y el triple de dinero en efectivo que tenían antes de la crisis de 2008. Esencialmente, han duplicado el riesgo que derribó el sistema bancario en 2008. 

En segundo lugar, los productos que desencadenaron la crisis de 2008 siguen siendo objeto de comercio. Esto incluía alrededor de 6,7 billones de dólares en títulos respaldados por hipotecas, cuyo valor se ha mantenido solo porque la Reserva Federal compró 1,7 billones de dólares. Los bancos estadounidenses poseen colectivamente 157 billones de dólares en derivados, aproximadamente el doble del PIB mundial. Esto es un 12 % más de lo que poseían al comienzo de la crisis de 2008. 

En tercer lugar, las nuevas estrellas del firmamento financiero –el consorcio de inversores institucionales formado por fondos de cobertura, fondos de capital riesgo, fondos soberanos, fondos de pensiones y otras entidades de inversión– siguen recorriendo la red mundial sin control, operando desde bases virtuales denominadas paraísos fiscales, buscando oportunidades de arbitraje en divisas o valores, o dimensionando la rentabilidad de las empresas para posibles compras de acciones. La propiedad de los aproximadamente 100 billones de dólares en manos de estos refugios fiscales flotantes para los superricos se concentra en 20 fondos.

En cuarto lugar, los operadores financieros están acumulando beneficios en un mar de liquidez proporcionado por los bancos centrales, cuya liberación de dinero barato en aras de poner fin a la recesión consecuencia de la crisis financiera ha dado lugar a la emisión de billones de dólares de deuda, elevando el nivel mundial de deuda a 325 billones de dólares, más de tres veces el tamaño del PIB mundial. Existe un consenso entre los economistas de todo el espectro político de que este aumento de la deuda no puede continuar indefinidamente sin provocar una catástrofe. 

En quinto lugar, en lugar de controlar más estrechamente el sector financiero, algunos países han seguido a las economías capitalistas avanzadas para liberalizarlo. En China, la segunda economía más grande del mundo, esto ha creado una peligrosa conjunción de factores que podrían llevar a una implosión financiera: un mercado de valores volátil, una burbuja inmobiliaria y un sector bancario paralelo no regulado. El número de puntos vulnerables de la economía mundial ha aumentado y todos son candidatos para la próxima gran crisis.

Conclusiones

¿Qué es lo que hay que hacer? 

En un estudio reciente patrocinado por el Transnational Institute que se publicará a finales de este año, expongo una justificación detallada de 10 imperativos importantes para el sector financiero mundial. Estos son: 

  1. Restringir las operaciones de los fondos de capital riesgo y cerrar los paraísos fiscales.
  2. Prohibir los valores respaldados por hipotecas y los derivados.
  3. Avanzar hacia la banca de reserva del 100 %.
  4. Nacionalizar las instituciones financieras que son demasiado grandes para quebrar.
  5. Reinstituir la Ley Glass-Steagall que colocó una “muralla china” entre la banca comercial y la banca de inversión.
  6. Poner límites drásticos a la remuneración de los ejecutivos.
  7. Eliminar gradualmente las agencias de calificación crediticia como Moody's y Standard and Poor.
  8. Convocar una nueva Conferencia de Bretton Woods para establecer nuevas instituciones y reglas para la gobernanza financiera mundial, poner fin al monopolio del dólar como moneda de reserva mundial y establecer nuevos y justos acuerdos para el desarrollo y la financiación del clima.
  9. Hacer que los bancos centrales rindan cuentas.
  1. Avanzar hacia la plena unión política, fiscal y monetaria en los países de la zona euro o salir del euro.

Las medidas propuestas constituyen un “programa de mínimos”, o un conjunto de medidas que refuerzan las defensas del mundo contra otra crisis financiera, aunque no eliminan la posibilidad de que ocurra tal cosa.

El capitalismo como sistema es estructuralmente propenso a generar crisis financieras, y el programa esbozado anteriormente asume un sistema económico global que continúa funcionando bajo sus reglas. La implementación exitosa de estas reformas sería un paso gigantesco en un proceso más largo de cambio transformador. Sin embargo, ese cambio no puede tener lugar sin abordar fundamentalmente otras dimensiones clave del capitalismo, especialmente su motor: el deseo insaciable de obtener cada vez mayores beneficios. 

Para algunos, la necesidad más urgente es cómo reformar el capitalismo. En su opinión, un programa de reforma financiera tendría que integrarse en un programa más amplio de reforma drástica del capitalismo. 

Esta empresa tendría que abordar seriamente la falta de demanda arraigada en la creciente desigualdad. Tendría que reconocer valientemente sus raíces en las relaciones desiguales de poder entre el capital y el trabajo, cómo este poder desigual se traduce en una creciente desigualdad, y cómo la desigualdad se traduce en una demanda anémica que frena la expansión de la producción. 

Para otros, la situación exige una solución más allá de una reforma del capitalismo, incluso de tipo keynesiano radical. Desde su perspectiva, la búsqueda constante de rentabilidad es una fuente fundamental de inestabilidad que, en última instancia, socavará todos los esfuerzos por reformarlo.

Además, lo que hay que abordar no es solo la desigualdad social y la falta de demanda, sino el impulso del sistema productivo para crecer a expensas de la biosfera. Lo que se necesita, dicen, es un programa poscapitalista, hecho aún más urgente por la catástrofe climática que se está desarrollando. De hecho, en algunos círculos, se considera cada vez más necesaria una estrategia de decrecimiento.

En medio de este debate cada vez más acalorado sobre los sistemas alternativos, hay dos cosas sobre las que existe un consenso. Primero, que continuar en el camino actual de un capitalismo financiero poco regulado llevará a otra catástrofe financiera, quizás una peor que la crisis de 2007-2008. En segundo lugar, que alejarse de este camino hacia la ruina requerirá asumir y romper el poder del capital financiero.

19 de Junio de 2019

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Walden Bello es profesor adjunto internacional de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton e investigador asociado del TNI. Ha escrito o es coautor de 23 libros, dos de los cuales se publicarán este año: Counterrevolution:The Global Rise of the Far Right (Nova Scotia: Fernwood, 2019) y Paper Dragons: Why Financial Crises Happen and Why China Will be Next (Londres: Zed Press, 2019).

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Traducción de Cuca Hernández, Attac España.

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Este artículo forma parte del informe Estado del poder 2019, editado en español por Transnational Institute, Fuhem Ecosocial y Attac España que aparecerá íntegramente el viernes 21 de junio en las páginas web de las tres organizaciones.

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Miércoles, 27 Febrero 2019 06:57

Mutaciones del capitalismo

Mutaciones del capitalismo

Una pregunta en la Grecia clásica, cercana al asombro de Aristóteles en su visión sobre la naturaleza de las cosas, era la siguiente: ¿qué es lo que hace que las cosas perduren en el tiempo y que no se desintegren mientras discurrimos sobre ellas? En su Metafísica, el pensador griego marcó varias importantes líneas de análisis que sería bueno recuperar. Para colocar esa interrogante en otros términos, ¿cómo podemos saber cuando un objeto ha perdido su esencia y se ha transformado en otra cosa?

Es una pregunta rica en posibilidades cuando la dirigimos al capitalismo. ¿Hasta dónde puede mutar el capitalismo sin que se convierta en un sistema social distinto? La pregunta puede parecer extraña, porque estamos acostumbrados a pensar que el capitalismo solamente es capaz de cambiar radicalmente como por una crisis o una revolución. Es menos común pensar en esos cambios graduales, de tiempo lento, que poco a poco transforman la esencia de un objeto hasta desfigurarlo y convertirlo en algo irreconocible.


El capitalismo, como todas las formaciones sociales, está siempre en evolución. Ya sabemos que las fuerzas que dieron cuerpo al capitalismo como formación social muestran que el capitalismo es una organización social de producción, distribución y consumo históricamente determinada. Y así como tuvo un origen agrario en la Inglaterra del siglo XVII, hoy el capitalismo se está transformando en algo que podría dar nacimiento a un conjunto de relaciones sociales esencialmente diferentes en el futuro cercano.


Hoy, la evolución del capitalismo está marcada por dos fuerzas de dimensiones históricas. La primera tiene que ver con la relación salarial que está en el corazón del capitalismo y es la base sobre la cual se erige el vínculo de explotación y la fórmula de su circulación monetaria.


Pero en los pasados 50 años la función del salario en el capitalismo se ha ido distorsionando. El estancamiento de los salarios en la mayor parte de las economías desarrolladas es resultado histórico de la lucha contra la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. La lucha en contra de las instituciones que la clase trabajadora pudo erigir en defensa del salario, ya sea mediante el desmantelamiento de sindicatos o de procesos como la subcontratación, ha llevado a una profunda deformación de la relación salarial.


Desde principios de los años 1970 el estancamiento de los salarios, tanto en Estados Unidos como en Europa, trajo aparejada una transformación en la estructura del capitalismo: el salario ha dejado de ser la principal referencia para la reproducción de la fuerza de trabajo. Hoy, el crédito se ha convertido en instrumento clave para asegurar la regeneración de la clase trabajadora y para mantener su nivel de vida.


En la actualidad no sólo existe un fuerte rezago salarial y un problema de insuficiencia para la clase trabajadora. También estamos en presencia de un cambio cualitativo por el endeudamiento. Es claro que el vínculo salarial tiene un estatuto esencialmente diferente al del crédito en la reproducción social. Actualmente, debido al creciente endeudamiento el capital financiero puede apropiarse de una parte del ingreso de los trabajadores. Y así se consuma un doble golpe contra la clase trabajadora: estancamiento salarial y extracción financiera.


La expansión del sector financiero es la segunda fuerza que está dejando una profunda huella sobre las relaciones capitalistas de producción. El endeudamiento finalmente se ha convertido en un componente especialmente importante en la reproducción de todo el sistema productivo. Pero, además, la racionalidad de la esfera de las finanzas, en donde se pasa directamente de una masa de dinero a una cantidad mayor de dinero sin transitar por la producción, ha terminado por contagiar a empresas y asalariados con el virus del enriquecimiento instantáneo. La especulación y el uso de las hojas de balance para apuntalar la rentabilidad son dos resultados de este proceso.


En el contexto de una tasa de ganancia a la baja en el sector no financiero, la sed de rentabilidad es saciada cada vez con más fuerza mediante la especulación. El fenómeno de la financiarización está estirando al capitalismo y lo ha estado transformando desde hace ya más de cuatro décadas.


Es obvio que el hecho de que el capitalismo esté mutando y deformándose no necesariamente significa que estaremos pasando a una formación social más justa y benigna. La deformación del modo de producción capitalista conlleva varios peligros. La inestabilidad internacional ya es considerable debido a la lucha por la hegemonía monetaria, comercial y militar. Pero si además le agregamos la fractura que puede producirse con estas mutaciones del capitalismo, los riesgos pueden incrementarse de manera exponencial.


El capitalismo podría perder su esencia por un rompimiento del vínculo salarial o por el exceso que significa la financiarización. Las fuerzas políticas de la izquierda deben estar atentas a estas mutaciones y sus efectos.


Twitter: @anadaloficial

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Los multimillonarios cada vez más ricos. Como nunca en la historia de la humanidad

Los multimillonarios ganaron más dinero en 2017 que en cualquier otro año documentado en la historia. Los más ricos de la Tierra incrementaron su riqueza un quinto, hasta los 8,9 billones de dólares (6,9 billones de libras), según un informe del banco suizo UBS.

Las fortunas de los superricos de hoy han aumentado a un ritmo mucho más alto desde comienzos del siglo XX, cuando familias como los Rothschild, Rockefeller y Vanderbilt controlaban inmensas riquezas. El informe, de UBS y contables de PwC, ha dicho que hay tanto dinero en manos de los ultrarricos que se está creando una nueva oleada de ricos y poderosas familias de varias generaciones.


“Los últimos 30 años han visto mucha más creación de riqueza que la Gilded Age”, ha dicho el informe UBS de millonarios de 2018. “Ese periodo crió a generaciones de familias en los Estados Unidos y Europa que influyeron en los negocios, la banca, la política, la filantropía y las artes durante más de 100 años. Con la riqueza preparada para ser transferida por los emprendedores a sus herederos en los próximos años se están creando las familias de varias generaciones del siglo XXI”.


Los 2.158 multimillonarios del mundo hicieron crecer su riqueza combinada en 1,4 billones de dólares el último año, más que el PIB de España o Australia, mientras los mercados financieros al alza han ayudado a los ya de por sí muy ricos a conseguir el “mayor crecimiento absoluto de todos los tiempos”.
Más de 40 de los 179 nuevos multimillonarios creados el año pasado heredaron su riqueza, y dado el número de multimillonarios por encima de los 70 años, los autores del informe esperan que otros 3,4 billones sean legados durante los siguientes 20 años.


“Ha comenzado una gran transición de riqueza”, ha dicho el informe. “Durante los últimos cinco años, la cantidad traspasada por los multimillonarios fallecidos a los beneficiarios ha crecido una media del 17% cada año, alcanzando los 117 mil millones de dólares en 2017. Solo en ese año, 44 herederos recibieron más de mil millones de dólares cada uno”
“El cálculo es simple. Hay 701 multimillonarios por encima de los 70, cuya riqueza será traspasada a sus herederos y a filantropía durante los próximos 20 años, dada la probabilidad estadística de esperanza de vida media”. Los 30 septuagenarios o más mayores más ricos tienen un valor neto combinado de más de 1 billón de dólares.


David Rockefeller, el último nieto vivo del fundador de Standard and Oil, John D. Rockefeller (quien se convirtió en el primer multimillonario del mundo en 1916), murió el año pasado a los 101 años con una fortuna de 3,3 mil millones. Una subasta del arte y las antigüedades que coleccionaba su mujer –incluidas piezas de Monet, Matisse y Picasso– recolectó más de 832 millones para organizaciones de caridad que ellos apoyaban.


UBS ha dicho que ya no es válido el proverbio según el cual la primera generación hace la fortuna, la segunda la preserva y la tercera la despilfarra. Algunas familias han conservado enormes fortunas durante cinco o seis generaciones, y algunos de sus herederos incluso han aumentado la fortuna total, según el informe.


“Trabajamos con nuestros clientes multimillonarios, muchos de la siguiente generación parecen muy motivados, comprometidos con sus carreras elegidas, el negocio familiar o haciendo el bien social”, de acuerdo al informe.


Un multimillonario dijo a los investigadores: “La nueva generación, nacida en la era de internet, está más dispuesta a correr riesgos. Tienen más información y pueden ser más valientes al probar nuevas ideas y ser emprendedores”.


Un heredero multimillonario de 30 años dijo: “Creo que mi generación quiere alcanzar una vida más holística y deshacerse de algunas de las hipocresías de las generaciones previas. Queremos tener una ganancia pero con impacto. Nuestras inversiones deberían reflejar quiénes somos y qué creemos”.


Sin embargo, no toda la vasta riqueza poseída por ancianos multimillonarios será transferida a sus hijos, porque muchas de las personas más ricas del mundo se han inscrito en el Giving Pledge [Compromiso de donación] para dar al menos la mitad de su riqueza a la caridad.


Más de 180 personas se han registrado en el proyecto desde que fue lanzado por Bill Gates, de 62 años, la segunda persona más rica del mundo con una fortuna de 95 mil millones, y por Warren Buffet, de 88, el tercero más rico con 84 mil millones de dólares


La persona más rica del mundo, Jeff Bezos, que tiene un fortuna con valor neto estimado de 146 mil millones, más que cualquier otra persona en la historia, no se ha inscrito al compromiso. Creó el mes pasado el Bezos Day One Fund, un plan de 2 mil millones de dólares para ayudar a abordar la carencia de hogar y mejorar la educación de los hijos en familias de bajos ingresos.


La persona más rica en el Reino Unido es Sir Jim Ratcliffe, el fundador y presidente ejecutivo de la compañía petroquímica Ineos y un famoso brexiter, que tiene una fortuna estimada en 21 mil millones de libras. Ratcliffe se está preparando para abandonar Gran Bretaña por el Mónaco libre de impuestos, solo unos meses después de que fuera nombrado caballero por sus servicios a los negocios y la inversión.


Ratcliffe no se ha apuntado al Giving Pledge. Su contribución pública más grande ha sido una donación de 25 millones de libras a la London Business School, la cual rebautizó “Ratcliffe” a su edificio principal diseñado por John Nash.


La mayoría de los multimillonarios del mundo están en Estados Unidos, pero el número de gente ultrarrica está creciendo rápidamente en China, donde dos nuevos multimillonarios son acuñados cada semana. “Hace doce años, el país más poblado del mundo era el hogar de 16 multimillonarios”, ha dicho el informe. “Hoy, mientras progresa el ‘Siglo Chino’, el número es 373, casi un quinto del total global”.


Un multimillonario chino dijo a los investigadores: “En ningún otro lugar del mundo puedes encontrar mejores condiciones de crecimiento que en China. El progreso continuado de creación de riqueza está apoyado por las políticas del gobierno que liberan la economía, mientras que la urbanización y un modelo de negocio disruptor ha creado poderosos nuevos emprendedores”.

Por Rupert Neat 

28/10/2018

 



Rupert Neat
Es corresponsal de riqueza en The Guardian, cubriendo a los superricos y la desigualdad. Ha sido previamente corresponsal de negocios en Nueva York. Fue nominado para reportero del año en los British Press Awards de 2012 y lo British Journalism Awards por su investigación, que acabó con la dimisión de Liam Fox como secretario de defensa.

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Miércoles, 05 Septiembre 2018 07:13

Orígenes y mutaciones del capitalismo

Orígenes y mutaciones del capitalismo

Para la teoría económica, el capitalismo es la forma más acabada en la historia de las organizaciones sociales, y como tal, casi no ofrece horizontes de mayores transformaciones, pues la perfección no tolera cambios. Muchos analistas, incluso críticos del capitalismo, comparten esta visión (o falta de visión) histórica.

Sin embargo, algunas características sobresalientes de la economía mundial hoy invitan a pensar que estamos frente a transformaciones que implican cambios esenciales del capitalismo. Por ejemplo, el dominio del sector financiero y la nueva ola de automatización en todo tipo de actividades aparecen como rasgos emergentes que podrían anunciar una nueva formación en el devenir del capitalismo. ¿Somos testigos de una monumental metamorfosis social y económica de dimensiones históricas?


Para responder esta interrogante no es ocioso examinar los orígenes del capitalismo. Y una de las primeras sorpresas que se lleva mucha gente cuando se confronta al tema de los inicios del capitalismo es que éste no nace en las ciudades y no tiene nada que ver con lo que se denomina la burguesía citadina. En efecto, desde hace miles de años existieron grandes concentraciones urbanas, pero en ellas no surgió algo que se pareciera al capitalismo. Esas urbes coexistieron con intrincadas redes comerciales, pero no engendraron el capitalismo. Incluso en las ciudades del norte de Italia, con una clara vocación mercantil, sofisticados instrumentos de crédito y donde se inventó el sistema de contabilidad por partida doble, no se encuentra la cuna del capitalismo. Y es que la lógica del comportamiento mercantil, “comprar barato para vender caro”, no está interesada en transformar los medios de producción para maximizar ganancias.


La historia del capitalismo es breve (no tiene más de 250 años), pero siempre sorprende a más de uno saber que esta forma de organización social tiene orígenes agrarios. El análisis de la historiadora Ellen Meiksins Wood demuestra que el nacimiento del capitalismo se produce en la matriz de relaciones agrarias en Inglaterra hacia finales del siglo XVII. Ahí los grandes latifundios existentes dieron lugar a relaciones de mercado que hicieron lo que el capitalismo sabe hacer muy bien: transformar las condiciones de producción para maximizar ganancias.


La propiedad de la tierra en Inglaterra había estado altamente concentrada desde tiempo atrás y eso obligó a que vivieran en ella trabajadores rurales que no siendo propietarios debían pagar una renta. La centralización del poder político en ese país se tradujo en una peculiar combinación de hechos. Por un lado el Estado estaba al servicio de la clase terrateniente y le garantizaba la estabilidad en su propiedad. Pero por el otro, los dueños de la tierra no tenían grandes medios extra-económicos (militares o de servidumbre política) para explotar a los trabajadores que vivían en sus tierras. Éstos ya se habían convertido desde mucho tiempo atrás en verdaderos inquilinos rurales y para hacerlos más “productivos” los grandes propietarios de tierras comenzaron a descansar cada vez más en la coerción del mercado.


Desde el siglo XVI los propietarios de tierra empezaron a obligar a sus inquilinos a competir entre sí en lo que se convirtió en un mercado de acceso a la tierra. Los trabajadores rurales tenían entonces que introducir mejoras en los terrenos para obtener más productividad y así poder pagar una mayor renta. Las rentas sobre la tierra se determinaron cada vez más por las presiones del mercado, en contraste con otras partes de Europa donde la renta era fijada por la costumbre y las tradiciones. Los trabajadores rurales que salieron derrotados en esta competencia perdieron el acceso a la tierra y se convirtieron en proletarios asalariados, aun antes de las grandes expulsiones ligadas a los cercamientos de las tierras (enclosures). Así se consolidó una compleja relación de coerción por las fuerzas del mercado que forzaba la introducción de mejoras en los medios de producción para maximizar ganancias. La transición hacia el despliegue completo de relaciones capitalistas de producción no tardó mucho.


Hoy la financiarización y la automatización amenazan desde ángulos diferentes la racionalidad pura de la producción capitalista. La lógica de las finanzas está fincada en la diferencia cuantitativa entre inversión y rendimiento: no está interesada en transformar los medios de producción. Y si su racionalidad es absorbida por las empresas no financieras, lo que sucede al interior del proceso de producción le tiene sin cuidado.
Por su parte, la automatización entraña un desafío inédito para el capitalismo: lleva al extremo las presiones del mercado coercitivo para transformar los medios de producción al grado de hacer peligrar la base misma del cálculo del excedente y la explotación. Los complejos mecanismos microeconómicos por los cuales estas mutaciones llevarán a una transformación esencial todavía no terminan de desplegarse.


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Miércoles, 22 Noviembre 2017 06:59

Triunfo y crepúsculo del capitalismo

Triunfo y crepúsculo del capitalismo

Antes de la gran crisis financiera de 2007 era raro escuchar hablar de "capitalismo". El sistema social y económico existente en el mundo era considerado por la ideología dominante el resultado de un proceso natural. Si en alguna ocasión se hablaba de capitalismo era sólo para indicar que se trataba de un sistema ganador, un esquema de relaciones sociales que había triunfado sobre todos los demás (como lo demostraba el "colapso del comunismo en la Unión Soviética"). Hoy las cosas han cambiado.

A partir de la debacle de 2007 y del fracaso de la política macroeconómica para superar sus efectos negativos, hablar de capitalismo y de su evolución es algo común. Los reveses que sufre el capitalismo son múltiples y se necesita estar ciego para no percibirlos.

El primer fracaso se sitúa en el plano del crecimiento. Los economistas del establishment piensan que a raíz de la crisis estamos frente a un proceso de lento crecimiento o "estancamiento secular". Pero lo cierto es que la tasa de expansión del capitalismo global ha venido disminuyendo desde hace más de 45 años. Entre 1972 y 2017 la tasa de crecimiento anual del PIB de los 20 países miembros de la OCDE disminuyó de 4.2 a 2.5 por ciento. Se trata de una tendencia de largo plazo y no de un problema coyuntural.

El segundo frente en el que fracasa el capitalismo se relaciona con la política económica. Es cierto que en las décadas de la posguerra la mezcla de política macroeconómica dio buenos resultados, pero hoy la política económica no es capaz de sacar a la economía mundial del entumecimiento. La política monetaria explora nuevos territorios mediante la inyección desorbitada de liquidez al sistema financiero, pero el efecto sobre la economía real ha sido muy débil o nulo (como en Japón durante los pasados dos decenios). Por su parte, la política fiscal no ha podido escapar del terrible dilema que le ha impuesto el sistema financiero global: si el Estado no disciplina sus finanzas, el mercado de capitales le castigará.

El tercer fracaso se relaciona con la única fuente de legitimidad social y política que tenía el capitalismo, a saber, su capacidad de mejorar el bienestar de las grandes masas de la población. Ese resultado no sólo depende de la acumulación continua de capital (hoy debilitada), sino de la redistribución de los logros económicos entre la población. Entre 1945 y 1975 el capitalismo desarrollado pudo elevar el nivel de vida promedio de la población. Sin embargo, desde 1973 el crecimiento de los salarios se estancó y el aspecto redistributivo del régimen de acumulación se transformó radicalmente. El ahorro neto privado comenzó a declinar, mientras aumentaba el flujo de crédito hacia el sector privado. Los análisis de Wynne Godley demuestran que el incremento en la demanda agregada alimentado por el crecimiento del endeudamiento fue el principal factor detrás del crecimiento económico en Estados Unidos. A su vez, ese crecimiento estuvo ligado al abultado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y al endeudamiento externo. Las siguientes décadas estuvieron marcadas por una desigualdad creciente y la transferencia de recursos desde las clases más bajas hasta los más privilegiados de la pirámide social.

El cuarto frente en el que el capitalismo ha fracasado es quizás el más importante. La red de instituciones que proporcionan estabilidad al capitalismo es compleja y desempeña muchas funciones. Pero quizás el apoyo decisivo lo recibe de la idea de que capitalismo, democracia y libertad son criaturas que nacieron en el mismo nido. La verdad es que en ocasiones el capitalismo no ha tenido más remedio que respetar el sistema democrático, pero cuando se ha sentido fuerte ha escogido el camino de la violencia y la represión. Ese fue el destino de Allende y de Mossadegh.

A veces al capital le ha resultado costoso agachar la cabeza y aceptar esquemas de redistribución y garantías de mayor seguridad social y libertad de asociación para la clase trabajadora. Por eso de la Gran Depresión emerge el estado de bienestar. No fue una concesión graciosa de la clase capitalista. Pero una vez que el capital recuperó sus fuerzas, la democracia pasó a segundo plano. Las decisiones políticas se toman ahora por las élites de las corporaciones, bancos y otros agentes de los mercados financieros. Hoy el crecimiento del sistema financiero y la globalización de mercados y cadenas de valor se encargan de disciplinar a los gobiernos. Por la vía electoral no se puede cambiar la desigualdad o alcanzar un nuevo estado de bienestar. Las elecciones son el camuflaje perfecto para disfrazar la explotación y degradar a los ciudadanos al nivel de simples consumidores (aunque cada vez con menor poder de compra).

El triunfo enfermo del capitalismo reside en haber eliminado a la oposición para mantener operando un sistema disfuncional y a todas luces injusto. Pero ese éxito marca al mismo tiempo el principio del crepúsculo. Si alguna vez lo fue, hoy el capitalismo ha dejado de ser el soporte de una sociedad democrática, justa y estable.

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Lunes, 26 Octubre 2015 07:41

La unificación financiera del mundo

La unificación financiera del mundo

Hemos entrado en una nueva época del capitalismo o, en otras palabras, de la relación capital-trabajo-naturaleza como la dominante en la civilización global que define el modo de existencia de las sociedades humanas en el siglo XXI.


No podemos abordar su descripción, investigación y leyes de movimiento como si se tratara de la implantación, sobre relaciones sociales preexistentes, de un modelo económico o de un conjunto de políticas públicas denominadas neoliberales, en el mismo sentido en que a mediados del siglo XX se podía hablar de políticas keynesianas dentro de los marcos de la organización y de las relaciones entonces existentes en los Estados y sociedades capitalistas.


Se trata de una forma nueva de la relación humana de dominación y subordinación: la dominación universal del mundo y el mando de las finanzas –el capital financiero global– sobre las sociedades y las economías cualesquiera sean sus diversas culturas, formas y grados de organización y desarrollo; los diferentes capitales y productos; las relaciones con la naturaleza; los sistemas políticos y estatales; las configuraciones heredadas y actuales de esas sociedades.


Todas las otras formas de existencia y reproducción del capital y las otras relaciones subsistentes por supuesto no desaparecen. Quedan subordinadas a la forma financiera y subsumidas en su dominación planetaria, todavía en expansión. Ésta domina, modifica y subordina las sociedades y las vidas humanas, sus relaciones internas y externas, sus modos de vivir, de esperar y de imaginar, sus relaciones con la naturaleza, el planeta y el universo como realidad dada, pensable y alcanzable.


* * *


Vivimos un mundo nuevo, turbulento y expansivo, pero no un mundo feliz. Pleno de conflictos y sujeto a amenazas sin precedentes sobre su existencia misma, y pleno de desdichas por la destrucción de antiguas costumbres, solidaridades, seguridades y rutinas; este mundo se presenta también como una promesa de disfrute –hoy negado– de sus fantásticos descubrimientos, invenciones y posibilidades de goce ya presentes.


En el mismo tiempo y momento de tal visión y tentación, en apariencia alcanzable, ella se alza ante la inmensa mayoría de los 7 mil millones de seres humanos como la negación y la privación de esa plenitud de vida y disfrute. Una inmensa humanidad está ante la destrucción o la degradación de sus mundos de la vida, su herencia material: tierras, aguas, aire, caminos, ciudades, pueblos, barrios, bosques, vida vegetal y animal; y su herencia inmaterial civilizatoria de relaciones humanas: solidaridades, culturas, creencias y afectos.


A esta nueva gran transformación la denominamos la unificación financiera del mundo: una sola dominación (fragmentada ella misma) sobre todas las demás inmediatas y existentes, y por necesidad mediada por ellas; un mando universal y abstracto –cósico, según los términos de Bolívar Echeverría– sobre todos los demás mandos, un mando inasible, despótico y material sobre las sociedades humanas.


Se trata de un mando dividido por desgarramientos y conflictos violentos entre quienes lo detentan, las diferentes fracciones (nacionales y territoriales) de las finanzas y sus ejércitos; y ejercido por reducidas élites del dinero y del poder, dueñas de armas que por primera vez vuelven pensable y posible la destrucción de la especie humana y de otras múltiples formas de la vida sobre el planeta.


Una sola dominación, pero dividida por intereses contrarios e inconciliables; ejercida sobre una sola humanidad, pero desgarrada por creencias e intereses, naciones y etnias, despojos y migraciones. De ese curso universal de nuestros días y de su expresión en la sociedad y el Estado en México tratan los siete ensayos trabajados en colaboración y reunidos en este libro: El tiempo del despojo.


* * *


En este proceso de unificación bajo el mando universal de las finanzas anotamos también la obligada, paulatina y turbulenta conformación de un nuevo sujeto histórico, el trabajador mundial:


El trabajador mundial en formación va adquiriendo y refinando, en duras luchas por su afirmación y existencia, una nueva sutileza en la creación de inéditas formas de costumbres en común, conocimientos compartidos, organización, solidaridad, resistencia y rebelión.


La rebelión de las mujeres contra la dominación masculina, con rasgos diferentes según sociedades y culturas pero perfil similar en cuanto estado de protesta e insumisión creciente y generalizada contra el estado de cosas existente es parte de este proceso; y en casos o momentos específicos es, también, el rasgo dominante.


El trabajador mundial en tanto humanidad unificada no es una utopía. Es un proceso secular propio de esta civilización. Está en formación en las grandes e incontenibles migraciones y en las maravillas científicas y tecnológicas, mientras al mismo tiempo el planeta bordea la catástrofe bélica y la destrucción ecológica. (...) Para percibirlo basta abrir la ventana, recorrer los caminos y aguzar la mirada y los sentidos.


Al final del escrito inicial de este volumen registramos:


Nada fue fácil antes, nada lo será mañana. Venimos del gran desastre universal del fin del siglo XX, el que consolidó e hizo más feroces a los nuevos y a los antiguos ricos de la tierra, el que engendró también las nuevas furias de los antiguos y los modernos condenados de la tierra.


La opresión creciente; los pactos y complicidades entre los poderosos y sus gobiernos; el despojo de legítimos derechos y bienes materiales y espirituales; la destrucción de la naturaleza, nuestra casa común en el planeta; la memoria de los antepasados oprimidos; la imaginación y el deseo del disfrute ya posible y hoy negado, invitan y convocan a organizarse en autonomía y libertad.


Hay un tiempo para la ira y un tiempo para la esperanza. La ira conduce a indignarse, a organizarse y a separar los oprimidos de los opresores cualesquiera sean sus colores, sus promesas o sus vestimentas. La ira exige razonar y organizarse en justicia, libertad y autonomía. Este es el tiempo de la indignación y de la ira. Después de la ira viene la esperanza.
Y estas líneas cierran el último escrito:


En el mundo de hoy razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación y el fervor, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado.


Que así sea, será en su tiempo nuestra esperanza.


Universidad Autónoma Metropolitana (Xochimilco), 22 de octubre de 2015.

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Por qué el sistema bancario es un problema grave

A usted, lector, le habrán informado de que el sistema bancario juega un papel importantísimo en la economía, fundamental para su supervivencia. Y le dirán frecuentemente que es como el sistema circulatorio en el cuerpo humano. Sin él, el cuerpo no vive, y muere. Y de esta lectura se concluye que hay que cuidarlo y darle todo tipo de ayudas para que permanezca sano, asegurando así que el cuerpo se mantiene vivo, pues sin él todos estaríamos muertos. Tenemos que cuidarlo bien. Y le aseguro que lo hemos tratado súper bien. Le hemos dado más de 108.000 millones de euros públicos (de sus impuestos y los míos) para que no colapsara (según el Tribunal de Cuentas, esta fue la cifra de dinero público comprometida por España en ayudas a la banca privada entre 2009 y 2012). Y el Banco Central Europeo, el BCE, una institución pública, le ha prestado millones y millones de euros, a unos intereses ridículamente bajos, para asegurarse que la banca no cae enferma y se nos muera, porque ello sería fatal para todos nosotros. Los directores de orquesta de todo este tipo de argumentación favorable al sistema financiero son el Sr. Mario Draghi, presidente del BCE, el Sr. Luis María Linde, gobernador del Banco de España, y el Sr. Luis de Guindos, Ministro de Economía español, todos ellos banqueros o próximos a la banca, y todos ellos están subrayando que el mayor problema que tiene España no es la falta de crédito para las familias y para las pequeñas y medianas empresas, sino los salarios, demasiado altos según ellos.


Sepa usted que todo el argumentario a favor de la banca que le he resumido en los párrafos anteriores son mentiras tan grandes como catedrales, reproducidas por los mayores medios de información y persuasión (controlados, la mayoría, por la banca).


Por qué la banca es un problema


Comencemos mirando la evolución de la banca (eje del capital financiero). Y el primer dato que aparece es su enorme crecimiento en la mayoría de los países a los dos lados del Atlántico Norte a partir de los años ochenta. Veamos qué ha ido pasando en EEUU, analizando su tamaño. Y una manera de medir su tamaño es mirar los beneficios que tiene este sector bancario y el porcentaje que estos beneficios representan sobre el total de beneficios del mundo empresarial. Pues bien, en el año 1980, los beneficios de la banca representaban el 15% de todos los beneficios de las grandes corporaciones en EEUU. En el año 2006 representaban nada menos que el 40% ("From Boring Banking to Roaring Banking", Dollars & Sense, julio/agosto 2015). Es un crecimiento auténticamente impresionante. No tengo cifras para España, pero es probable que el crecimiento haya sido incluso mayor como resultado del excesivo tamaño del sector bancario español, proporcionalmente mayor que el de EEUU.


Otra característica del sector bancario ha sido su concentración. Los diez bancos más importantes de EEUU tenían el 20% de todos los depósitos antes de 1980. En 2007, este porcentaje había subido a un 50%. Una situación semejante ha ocurrido en la mayoría de países a los lados del Atlántico Norte. El excesivo crecimiento del sector bancario y su concentración han sido las características más notables de lo que se llama el sector financiero, del cual el bancario es central del cual el bancario es el elemento central.


La pregunta que debemos hacernos es por qué esto ha ocurrido y si ello es bueno o malo para la salud de la economía y de la sociedad. Y para responder a esta pregunta debemos comprender qué es lo que un banco hace o solía hacer. Durante muchos años, los bancos estaban bastante descentralizados y casi cada comunidad tenía su propio banco. Era lo que, según el profesor Gerald Epstein, se ha llamado la "época aburrida" del sistema bancario (citado en el artículo mencionado anteriormente). Los ciudadanos y sus familias depositaban sus ahorros en el banco, y los banqueros hacían préstamos a unos intereses más elevados que los que les pagaban a los ahorradores que depositaban su dinero en los bancos. Pagaban a estos últimos unos intereses del 3%, y exigían a los que les prestaban – por regla general, pequeñas y medianas empresas – un 6%. Y cuando el banco cerraba por la tarde, el banquero se iba a jugar al golf, a las 3 de la tarde, con los figuras del establishment de la comunidad: el médico, el dueño de la empresa textil, el abogado, el cura de la comunidad (en Europa) o el pastor protestante (en EEUU), así como otros miembros de la estructura de poder. Era lo que se llamaba el régimen 3:6:3.


Los comportamientos bancarios como causa de la crisis


El problema comenzó cuando los salarios comenzaron a descender como resultado de las políticas neoliberales iniciadas por el Sr. Reagan y la Sra. Thatcher, en la década de los ochenta. Esta bajada de los salarios forzó a que las familias no solo consumieran menos, sino que, a fin de mantener su nivel de vida, tuvieran que pedir prestado dinero a la banca. Y continuaron pidiendo más y más dinero a medida que los salarios iban bajando y el número de puestos de trabajo bien remunerados también iba bajando y bajando. Ahí está la razón del enorme endeudamiento y el origen del descenso de la demanda, con el consiguiente enlentecimiento del crecimiento económico. Este endeudamiento conllevó el crecimiento tan notable del sector financiero, y el paulatino descenso de la demanda.


Pero este descenso de la demanda también creó un problema al sistema financiero, pues el descenso de la actividad económica redujo la rentabilidad de las inversiones bancarias, de manera que la banca, en lugar de invertir en actividades productivas, es decir, en la producción de bienes y servicios que la ciudadanía consumía, comenzó a invertir en actividades especulativas, en las que obtenía mayor rentabilidad. La relación entre banca e inversión productiva se redujo considerablemente. En EEUU, por ejemplo, históricamente alrededor del 20% de la inversión que hacían las empresas procedía predominantemente de la banca.

yEste porcentaje descendió a partir de los años ochenta, reduciéndose más de la mitad. Y ello fue consecuencia de que la banca, como ya he comentado, en su búsqueda de mayor rentabilidad, invirtió en actividades especulativas (la última la inmobiliaria), que proporcionaban enormes beneficios, lo que contribuyó al gran crecimiento del sector bancario. Estas inversiones, sin embargo, ponían al ahorrador en peligro, pues las actividades especulativas conllevan siempre un riesgo: el estallido de las burbujas resultado de la actividad especulativa.


En la Eurozona se añadió otro factor que contribuyó al crecimiento del sector bancario: la creación del euro, y la bajada de intereses en los países periféricos, que pudieron acceder al crédito de una manera muy marcada. Ello ayudó en la aparición de grandes burbujas que causaron la sensación de un gran crecimiento económico en los años noventa y durante la primera década del s. XXI, basado en una especulación inmobiliaria en la que la banca, tanto extranjera (alemana y francesa) como nacional, estaba metida hasta el tuétano. La absorción de tanto dinero por parte de la banca, con fines especulativos, fue la causa de la enorme recesión que siguió a la explosión de la burbuja inmobiliaria.


¿Cómo es que este sistema bancario continúa y se reproduce?


El punto clave para responder a esta pregunta es entender la complicidad entre la banca y el poder político. Lejos de ser el sistema bancario la sangre que permite la supervivencia del cuerpo económico, dicho sistema es el cáncer que consume ese cuerpo. Absorbe una enorme cantidad de recursos y pone los ahorros en peligro, a fin de aumentar beneficios (los de los accionistas y los de los banqueros). Y ello es facilitado por la complicidad existente entre la banca, por un lado, y las instituciones políticas por el otro, las cuales han favorecido la desregulación de la banca, permitiendo estas prácticas especulativas. Y lo que es incluso peor es que cuando la banca está en peligro de colapsar, debido a sus actividades especulativas, el Estado (que quiere decir usted y yo) paga las pérdidas y le da dinero para que se salve y sobreviva, tal como he mencionado anteriormente. Y todo ello sin resolver el problema del déficit de acceso al crédito.


En una conferencia que di al círculo de empresarios de las Islas Baleares (pequeños y medianos empresarios), les expliqué las causas reales de la enorme dificultad para conseguir crédito, y me alegró que, además de recibir un aplauso muy marcado de la audiencia, hablaran de formar una asociación de "empresarios indignados". No hay ninguna duda de que si los bancos fueran instituciones instituciones públicas, a las que se exigiera que cumplieran con su función social, el problema del crédito se resolvería. Esta es la razón de que la inmensa mayoría de países tenga amplios sectores bancarios públicos, siendo España uno de los que lo tiene menos desarrollado. Y ello como resultado del escandaloso maridaje entre los grandes bancos y el poder político, causa del problema. De ahí que me moleste en extremo la actitud casi servil que muchos representantes políticos tienen hacia la banca. El público debería abuchear a estos políticos, echándoles del poder pacíficamente y con su voto.

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Los cinco máximos riesgos globales de Goldman Sachs: la bursatilización de las catástrofes

La patología financierista de la desregulada globalización neoliberal de la bancocracia de Estados Unidos llevó a que el Pentágono colocase una oficina bursátil –a cargo del almirante John Poindexter, tránsfuga del grupo criminal Irán- contras– para cotizar los previsibles atentados terroristas, lo cual hubiera sido un excelente negocio, dada la precisión de sus tan acertados pronósticos.


Cuando se expuso la magnitud de su proyecto macabro, la oficina fue desmontada y el polémico almirante fue obligado a renunciar (http://goo.gl/C2D0Hu).


Llama la atención la preocupación samaritana de los misántropos megabancos de Wall Street por los riesgos globales: desde Bank of America Merrill Lynch (BAML) pasando por Citigroup hasta Goldman Sachs, quienes soslayan el superlativo: la letal bomba de los derivados financieros (http://goo.gl/WJ2kEB).


Dejo de lado el siniestro papel implosivo en Grecia de Goldman Sachs, así como las otras travesuras bursátiles de BAML y Citigroup.


De la fracasada fase previa de la bursatilización del terrorismo del Pentágono, los megabancos de Wall Street se preparan a bursatilizar las catástrofes globales.


El pasado 2008, a menos de dos meses y medio de la quiebra del banco Lehman Brothers, que impactó a los mercados globales, Goldman Sachs convocó –en colaboración con la London School of Economics and Political Science (LSE) y la Escuela de Administración Guanghua de la Universidad de Pekín– a una conferencia sobre Los máximos cinco riesgos: críticas perspectivas sobre la economía global (http://goo.gl/Wrgcq0).


Son muy debatibles los cinco riesgos de corte reduccionista financierista de Goldman Sachs, uno de los megabancos tan vilipendiados de Wall Street, por carecer de una holística visión humanista.


Sus cinco paneles:


1) La escasez de los recursos: competencia por el agua, alimentos y energía en la era del cambio climático. Ya abordé sus hallazgos sobre la crisis global del agua (http://goo.gl/C2O6Ue);


2) La desigualdad del ingreso: las implicaciones de la exclusión del crecimiento;


3) La integración financiera;


4) El manejo de la transición demográfica; y 5) El proteccionismo creciente: del comercio a las inversiones.


El resumen ejecutivo de Goldman Sachs vaticinaba ya en forma premonitoria, a dos meses de la quiebra de Lehman Brothers, las presentes (¡supersic!) dificultades de la crisis en los mercados globales de crédito y las disrupciones de los mercados de materias primas.


Los panelistas admitieron que las economías emergentes, como los países del BRICS, no estaban bien representadas en las instituciones existentes, pese a su dramático impacto a escala planetaria.


Sobre la escasez de recursos, a la par, en ese entonces del precio de las materias primas, desde los alimentos hasta la energía, está(ba) íntimamente vinculado a los déficit de varios años en construir nuevos suministros y sistemas de distribución que, además, reflejan cambios estructurales como el crecimiento poblacional y la creciente demanda per cápita, por lo que los precios continuarían creciendo. Se calcula(ba) que 800 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria.


Sobre la desigualdad del ingreso, dentro y entre los países: se ha aminorado debido al desarrollo económico de China e India, cuando las brechas de los ingresos se han ensanchado en varios países, incluyendo varias economías desarrolladas, detrás de las cuales se encuentran los cambios tecnológicos y los giros en la creación de empleos. Uno de sus factores contribuyentes radica en el acceso desigual a la educación, que perturba la estabilidad política.


A mi juicio, los panelistas eludieron el defecto consustancial al lado oscuro de la globalización financierista (http://goo.gl/DAGbjN), que tiende por su naturaleza propia a los oligopolios y luego a los monopolios sectorizados, lo cual empeora con la automatización/robotización que deja de lado a inmensos segmentos de la población global y sin considerar, al final del día, en una visión biosférica, que los supuestos triunfadores acaban suicidándose.


Todavía los panelistas no se enteraban del portentoso libro El capital en el siglo XXI, sobre la desigualdad, del economista francés Thomas Piketty (http://goo.gl/vv3QNU), ni de la excelsa crítica del capitalismo salvaje como estiércol del diablo del primer Papa jesuita argentino (http://goo.gl/eXviGT).


Sobre la integración financiera, ni vale la pena detenerse con las recomendaciones que formaron parte de la grave crisis global que se produjo dos meses más tarde con Lehman Brothers y que aún no acaba de resolverse, a grado tal que uno de los temas nodales de la campaña presidencial de Hillary Clinton versa sobre una reforma del capitalismo salvaje, calificado ahora de capitalismo trimestral (http://goo.gl/fCIpDX), cuando los megabancos de Wall Street suben artificialmente las acciones mediante recompras gracias a los créditos regalados de la Reserva Federal, pero que no tienen el mínimo impacto en la productividad ni en las inversiones ni en la creación de empleos.


El sicótico financierismo de Wall Street, donde prevalece Goldman Sachs, no sólo ha desquiciado el planeta, sino que, peor aún, ha desembocado en un fracking geopolítico entre el G-7, en franco declive, y el pentapartita BRICS, que desde el punto de vista geoeconómico, mas no financierista, lleva ganada la partida global.


Sobre la transición demográfica predomina la mentalidad fiscalista neoliberal del manejo impúdico de los pletóricos fondos de pensiones, trampa mediante la cual los medievales megabancos explotan los ahorros para especular en forma desenfrenada sin la anuencia de los afectados, lo cual constituye una expropiación de facto de los fondos de retiro de los empleados, que ni siquiera son consultados sobre el destino de sus activos.


Es entendible que los panelistas no estuvieran actualizados con los recientes hallazgos perturbadores de Pew Research sobre la prevalencia del mundo islámico polígamo y juvenil como la suprema mayoría global, lo cual redundará en dramáticos giros geopolíticos y geoeconómicos (http://goo.gl/5dfYYo).


Sobre el creciente proteccionismo, los fracasados del librecambismo desregulado de ayer pretenden perpetuar su modelo disfuncional para mañana: 2015 no es más 2008, cuando se agudizan los estertores de la agónica globalización financierista.


Ya en 2008 la conferencia temía algunas señales emergentes de nacionalismo económico y otras medidas proteccionistas, cuando nadie practica más la soberanía y el nacionalismo económicos que el propio Estados Unidos, lo cual no es malo ni bueno, sino una de sus características definitorias.


El grave defecto de Goldman Sachs, en colaboración con la LSE –donde reaparece el blairiano fracasado Anthony Giddens, teórico de la fallida tercera vía fiscalista, que ni fue, ni es, ni será–, es su ultrarreduccionismo financierista.


Como en el deslumbrante Renacimiento, a los misántropos banqueros usureros/agiotistas/anatocistas tipo Shylock –paradigma de los mercaderes de Venecia de ayer y de Wall Street hoy– se les combate con el arma del humanismo y su bien común.


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