La paz como un negocio:  la política de obras por impuestos

¿Cómo funciona la figura de obras por impuestos y cuáles son sus implicaciones en términos económicos, ambientales y de interés público para las comunidades que habitan en las zonas más afectadas por el conflicto?

 

La palabra negocio se forma de la palabra latina “nec” “otium”, que significa negación del ocio y fomento de actividades útiles y rentables. El proceso de paz entre el gobierno del saliente presidente Santos y las Farc fue el resultado de una cruda represión (seguridad democrática) que agobió a la guerrilla, una guerra política que le redujo su espacio social, para llegar a una paciente negociación (solución pacífica de diferendos) que, paradójicamente se constituye hoy en buen caldo de cultivo para rentables negocios (confianza inversionista).

 

Una reforma para el bolsillo empresarial

 

Con la Reforma Tributaria aprobada en el 2016 se abona el camino para la financiación de los Acuerdos de Paz, particularmente para los proyectos que serán aprobados en el marco de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet), los que tienen como principal fuente de financiación la cooperación internacional, los créditos de la banca multilateral y la inversión pública a manos de empresas privadas por medio de la figura de obras por impuestos.

 

Con más de 600 proyectos viabilizados por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) para la construcción de vías, acueducto y alcantarillado, educación y energía, entre otros, por un monto cercano a los 2 billones de pesos, es importante saber qué son y qué implican las obras por impuestos.

 

¿Qué son las obras por impuestos?

 

El mecanismo de obras por impuestos se instaura en la Reforma Tributaria del 2016 (Parte XI, art. 235-238). La norma es precisa: permite a empresas que obtengan ingresos brutos iguales o superiores a 33.610 Unidad de Valor Tributario (UVT), es decir, más de 1.070 millones de pesos, pagar el 50 por ciento de sus impuestos de renta con obras públicas priorizadas en las Zomac (las cuales hoy compaginan con los 170 municipios priorizados para la ejecución de Pdets). Así, las grandes empresas nacionales e internacionales, entre ellas las empresas mineras y petroleras según el decreto 883 del 26 de mayo del 2017, podrán pagar el 50% de sus impuestos en obras para los 344 municipios más afectados por el conflicto armado.

 

Y así procedieron. Sin rubor alguno, la multinacional cementera de origen mexicano Cemex afirma en el periódico La República haber participado “en el diseño del programa (de obras por impuestos)”, de lo cual espera que su participación aumente no sólo en las vías 4G, en los programas de obras por impuestos (tanto como contratistas y como constructores), sino también en otros proyectos en el marco de la firma del acuerdo de paz como Ecovía y las vías terciarias para la paz.

 

Ahora bien, previo al artículo de obras por impuestos, la Reforma Tributaria –Ley 1819 del 2016– en el artículo 237 dispone que las medianas y grandes empresas que ubiquen sus actividades en las Zomac durante los años 2017–2021 tendrán que pagar sólo el 50 por ciento de la tarifa general de impuesto sobre la renta; por ejemplo, si la tarifa del impuesto a la renta es de 30 por ciento, ahora la tarifa de las empresas que se ubiquen en Zomac será de 15 por ciento y dentro de este porcentaje pagará el 7.5 por ciento bajo la modalidad de obras por impuestos, y lo restante en dinero. Todo esto, sin tener en cuenta las deducciones y excepciones de las que ya gozan las empresas. Excelente negocio.

 

En el marco de este programa, las empresas dividen la inversión que hacen a cargo de sus impuestos en dos grandes rubros: el primero corresponde al valor de los estudios previos para el proyecto y los demás que sean necesarios durante la ejecución del mismo (esto incluye costos administrativos, de pre-factibilidad y de diagnóstico); el segundo, al valor de la ejecución del proyecto (contratación y auditoría).

 

La reducción de los costos de preparación del proyecto y seguimiento implica una reducción de entre un 13-18 por ciento de la inversión total en obras por impuestos. Como consecuencia, los costos de estudios previos y de seguimiento del proyecto serán asumidos por el Estado, dentro de los cuales se encuentra el pago de una “gerencia del proyecto” al que la empresa interesada le asigna un sueldo.

 

En términos de contratación, las empresas podrán subcontratar directamente por medio de licitación privada abierta, lo que genera una preocupación en torno a la transparencia en la contratación, pues si bien el concurso es abierto, es casi imposible conocer los montos, los beneficiarios de los contratos y realizar seguimiento a los mismos. Lo anterior es un retroceso en los modelos de transparencia que promueven desde plataformas gubernamentales como Colombia compra eficiente o el Portal único de contratación (Secop).

 

Creado el mecanismo, hubo un boom de empresas interesadas en desarrollar obras por impuestos, entre ellas El Cerrejón –que quiere ampliar las redes de acueducto en Riohacha–, o Poligrow –que quiere mejorar la infraestructura Eléctrica en Mapiripán–, empresas muy cuestionadas en estos territorios, y que dejan muchos cuestionamientos sobre los impactos de estas obras en su imagen.

 

De manera adicional, surgen dudas sobre la capacidad de las entidades de control para supervisar las inversiones, la posibilidad de controlar sobrecostos, desvíos de recursos, relación entre contratista y ejecutor, etcétera. Todo esto no sólo es un reto para el principio de transparencia en la inversión, sino que convierte a las empresas en los “jefes” de la ejecución de recursos públicos, pues son impuestos que dejaran de ingresar a las arcas del Estado.

 

Llegados a este punto, existe una inconsistencia con la naturaleza pública de la inversión, pues según la Ley 1819 de 2016 (inciso tres, del artículo 238) la contratación de obras por impuestos se rige bajo la legislación privada; no obstante, ni la obra ni los recursos son privados, pues cada una de éstas se hará con cargo a los impuestos, en contraprestación de beneficios tributarios. Por tanto, existe una prevalencia de la naturaleza del contratista y no de la obra.

 

Según Cemex, “Estamos en conversaciones con algunas entidades para aterrizar los proyectos específicos. Estábamos esperando que se dieran las reglas claras, y eso nos motiva a ser los primeros en poner una obra por impuestos” (La República, 27 de noviembre del 2017). La contratación sin licitación pública puede convertirse en una cuestión de “conversaciones con algunas entidades públicas” y no en un mecanismo transparente de elección del mejor postor.

 

Para empresas del sector de la construcción esto es en definitiva un gana-gana, pues no sólo pagan menos impuestos, sino que pueden contratar a sus filiales y así auto-contratarse, pues aún no hay norma que lo prohíba, ni capacidad que lo vigile.

 

Otro de los grandes interesados en participar en el modelo de obras por impuestos es el sector petrolero, quien ve en este modelo una oportunidad para la legitimación del sector, como lo afirma Rafael Hertz, vicepresidente de operaciones y sostenibilidad de la Asociación Colombiana de Petróleos. De igual forma, según Semana.com, el mecanismo de obras por impuestos “permite a los empresarios mejorar su reputación justo cuando se realizan consultas populares en medio del creciente inconformismo hacia actividades como la minería y el petróleo”.

 

De esta forma, los impuestos que deben pagar las empresas se convierten en un tipo de propaganda, y en algunos casos de chantaje para las comunidades que se oponen al desarrollo de actividades extractivas en sus territorios. Se termina de perder, de esta forma, todo el sentido de la inversión pública en las obras contratadas con cargo a los impuestos, convirtiéndose en una dádiva benevolente del sector privado que, entre otras cosas, sirve para “contrarrestar” los ejercicios democráticos de participación ciudadana.

 

Retroceso democrático en medio de la paz

 

Una relectura de dos grandes luminarias de la historia y de la economía, respectivamente (Tilly, 1985) y (Olson, 2001), permite recrear, críticamente, las ultimas décadas de la historia colombiana, hasta llegar al proceso de paz y la política de obras por impuestos.


El origen y consolidación del Estado en Colombia ha sido tan violento y sombrío como en Europa y otras partes del mundo: los gobernantes primigenios fueron violentos, criminales.

 

En Colombia, los criminales nómadas (que saqueaban y violentaban a una población, para luego huir), proliferaron como guerrillas y paramilitares, y aún existen en el país como mutaciones de la guerrilla, restos del paramilitarismo, y bandas criminales. Todo esto pese al proceso de paz.

 

Los criminales estacionarios (que con el cobro de onerosos tributos y otras extorsiones, se quedaban asentados en un territorio para suministrar servicios de seguridad privada), se impusieron en algunas zonas del territorio nacional, en las tres décadas recientes, como paramilitares y guerrillas consolidadas en forma de para-estados que gobernaban en ciertos municipios del país.

 

Como lo plantean Olson y Tilly en los libros referenciados, el Estado moderno se originó en la violencia y en la criminalidad. Lo que posibilitó la democracia fue, justamente, la ciudadanía activa (movimientos sociales y acción colectiva) para poner freno a los Estados, mediante Constituciones, elecciones democráticas, rendición de cuentas y diversas formas de control ciudadano sobre los gobernantes.

 

En Colombia, a pesar de la movilización social y de la Constitución del 91, no se ha logrado un avance significativo hacia la democracia. En los últimos treinta años se ha reeditado la guerra que podemos leer en autores como Rulfo, en su historia Pedro Páramo: mientras los señoritos de la capital y los activistas con buena prosa redactaban derechos y deberes, en los campos y en los márgenes de la ciudad, por las vías de hecho, señores de la guerra hicieron la ley y orden a imagen y semejanza de sus intereses.

 

La reciente política tributaria de obras por impuestos, además de ser claramente neoliberal –al expandir los mercados y permitir que las tributaciones para los ricos sean negociables–, marcha en contravía de la democracia. Los territorios antes ocupados por bandidos errantes y luego por bandidos estacionarios, ahora son dominados, gracias a la confianza inversionista, por opulentos caballeros de los negocios.

 

De prosperar tal iniciativa, los más opulentos empresarios que promueven perjudiciales economías extractivas, podrán transformarse en unos gobernantes locales, con licencia para hacer obras compatibles con sus intereses privados, y para legitimar su acción. Las obras que hagan estos caballeros de los negocios rentables podrán ser tan perjudiciales como los desmanes ocasionados por los señores de la guerra pues, a diferencia de los Estados modernos democráticos, las empresas privadas y los bandidos no están sujetos a rendición de cuentas alguna.

 

A su gusto

 

El neoliberal Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, afirma que el modelo de obras por impuestos, y demás deducciones creadas en la Reforma Tributaria, han sido pensadas más como nuevos “incentivos tributarios para acelerar la producción petrolera” que como una solución para las comunidades más afectadas por el conflicto armado. Por su parte, el optimista Ministro del posconflicto, Rafael Pardo (Pardo, 2018), afirma que: “si este esquema hubiera existido hace 25 años en Colombia, otra sería la realidad de regiones como La Guajira, Arauca, Casanare o Meta, que han tenido empresas con gran desarrollo, que han pagado muchísimos impuestos de renta y que las obras no se han visto en esas regiones”.

 

Lo anterior no implica que las empresas privadas no puedan participar en la financiación de obras para las zonas más afectadas por el conflicto armado; sin embargo, es necesario desarrollarlas sin perder el carácter público de la inversión y la distribución equitativa de las cargas pues, tal como se dio en la reforma, el Estado asume muchos riesgos.

 

No queda de más decir que es necesario hacer veeduría y vigilancia a las inversiones privadas, teniendo siempre presente que los impuestos como las obras son públicas, es decir, de todos los colombianos. El postconflicto no tiene marca.

 


 

* Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor titular de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
** Estudiante de la Maestría en Desarrollo Regional del Colegio de la Frontera Norte (COLEF - México), Politóloga de la Universidad del Rosario, Consultora de la Ong Asociación Ambiente y Sociedad. Autora del libro Caquetá Amazónico: entre la resistencia y el petróleo, Censat-Agua Viva.

 

Publicado enEdición Nº244
Bienvenido al “club de las buenas prácticas”

El segundo gobierno de Santos llega a su final y una de sus obseciones, el ingreso de Colombia a la Ocde, parece que no será concretado. Después de largos trámites y exigencias cumplidas por el alto gobierno, aún falta más para que el país pueda “medirse con los mejores”, como dice Santos. Hasta ahora, el ingreso a esta institución no ha significado mejora alguna para las poblaciones de países como México –que ingresó en 1999– y Chile –2010–. ¿Por qué tanta obsesión con el tema? ¿Qué intereses ocultos hay tras bambalinas?


Fundada a inicios de los sesentas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –Ocde– recoge el espíritu del Plan Marshall que en su momento buscaba recuperar la economía de las naciones europeas tras la desgracia de la guerra. Como integrantes ahora cuenta con 35 Estados, y suma un presupuesto anual que supera los 370 millones de euros. La Ocde alberga países que comparten el crecimiento económico según los principios de las sociedades de mercado, es decir, neoliberales, defendiendo intereses de sus centros financieros y mercados. Responde como un blindaje en el orden del proceso de globalización económica imperante.

 

Según dicen sus impulsores, es un foro para el diálogo y trabajo cooperativo cuya finalidad explicita es “compartir experiencias y buscar soluciones a problemas comunes”. En esa medida es un espacio para el intercambio constante de información en pro de “armonizar” políticas económicas y sociales para su coordinación a nivel internacional. De manera permanente, a su vez, este organismo publica informes con pronósticos de tendencias económicas para cada uno de los países que la integran, los que clasifica en estándares internacionales, los mismos que inciden en la cooperación fiscal por medio de convenios entre las naciones, y que establecen un modelo para las negociaciones bilaterales donde le asignan “el derecho fundamental de impuesto al país que origina la inversión de capital, es decir del país de la residencia en lugar de aquel en el que realiza la inversión”. Es claro el sentido del enunciado: aplica la retención en los centros de producción del capital, de manera que en un país donde sólo exportamos hortalizas, flores y café, su beneficio será mínimo. Los negocios circulan globalmente sin mayor beneficio regional, lo que da más vida al mercado global corporativo.

 

Hacen fila y olvidan la soberanía

 

En mayo de 2013 fue aprobada la invitación de adhesión a nuestro país junto con Letonia, que en 2016 fue aceptada de manera plena. En los últimos años lograron ser incorporados como miembros Israel, Eslovenia y Estonia. En la misma carrera de alistamiento que Colombia están Costa Rica y Lituania. Sin embargo, países con gran envergadura económica como Rusia, tras la crisis de Crimea en 2014 y la disputa geopolítica que sobrelleva con Estados Unidos y sus aliados europeos, renunció a vincularse a este grupo, Potencias como China e India no han mostrado interés; Brasil, la potencia suramericana, así como Argentina, tampoco la integran, aunque en meses recientes los gauchos han mostrado interés por esta organización. Quizás ven la necesidad de fortalecer su economía nacional antes de estar atados a compromisos con países con mayor músculo económico e industrial.

 

Nuestro país

 

La Ocde afirma que Colombia posee una economía con solidez y con alguna resistencia a la caída de precios de las materias primas, o en lenguaje menos entramado que el capital internacional puede invertir acá con cierta garantía por la estabilidad del mercado. Advierten en la necesidad que tiene el país de ajustarse a la caída de los precios del petróleo que inciden en los montos del gasto público. Proponen aumentar el recaudo incluyendo nuevos productos gravados y más personas a tributar, e incluir productivamente con mayor intensidad la mano de obra femenina en todas las esferas. Pues si bien ya están vinculadas se requiere ampliar aún más su participación en el mundo laboral.

 

La representante de Colombia ante este organismo, Catalina Crane Arango, anunciaba con euforia a los medios de comunicación que las “recomendaciones” apuntaban a la gobernanza con transparencia, y mejorar educación, infraestructura, impuestos y desarrollo financiero. “Recomendaciones” todas ellas derivadas de 23 comités que propusieron más de doscientas reformas, ajustes, “modernizaciones” de instituciones, etcétera, las mismas que fueron atendidas rápidamente por el gobierno colombiano. Posteriormente, en reunión entre el presidente Santos y el secretario general de la Ocde Ángel Gurría, informaron que los últimos comités por aprobar en Colombia, son: empleo, comercio, trabajo y asuntos sociales. Dificultades que demuestran las inocultables carencias del Estado colombiano frente a la protección social; por ejemplo, fue evidente la mella producida por Human Right Watch que denunció la situación de los niños wayúu y también la presión de la CUT por el monto del salario mínimo, inferior al de otros seis países de nuestra región.

 

Las medidas ya tomadas, para lograr la admisión en la Ocde, implican una debilidad institucional, por ejemplo, al eliminar la presencia de los ministros en las consejos de empresas estatales, lo que reduce la autonomía real de las mismas y su potencialidad; asimismo demandan fortalecer la independencia de las superintendencias en la protección legal para la circulación de mercados y establecer un régimen de responsabilidad corporativa.

 

Además, la entrada del capital extranjero se opone a negocios de fuerte monopolio estatal como, por ejemplo, el alcohol, mercado que ahora debería abrirse. Si así sucede con un sector tan consolidado como éste, ¿qué será de los demás? También exigen modernizar la explotación extractivista con políticas nacionales para la gestión de productos químicos, promover las energías renovables, eficiencia energética y la gestión integral de residuos sólidos.

 

Pero como si todo lo cedido fuera poco, ahora nuevas objeciones aparecen para doblegar más al país ante el deseado y pretendido ingreso: grandes empresas manufactureras, farmacéuticas y el Consejo Empresarial Internacional de EE.UU insisten en que Colombia debe ajustar en otras tres áreas: ponerle fin, en el curso de dos meses, al programa de chatarrización de camiones –y no dos años como propone el gobierno Santos–; actualizar las leyes de autor y propiedad intelectual, y revisar puntos sobre la venta de medicamentos y derechos de patentes. Todo a favor de las farmacéuticas estadounidenses que señalan que “Las barreras comerciales restringen el acceso al mercado y son inconsistentes con los compromisos internacionales de Colombia y los principios básicos de la Ocde”. En síntesis, es una penitencia mayor la demandada por el capital global para el ingreso del país al club de los neoliberales plenos.

 

¿Cuál es el lugar de Colombia?

 

En el fondo este organismo entiende al país dentro del contexto latinoamericano, caracterizado por la baja productividad y abundante vulnerabilidad social, donde existe baja confianza en las instituciones. Temen que la nación colombiana esté quebrada e institucionalmente debilitada, propensa a desordenes populares.

 

Dentro de los factores de desarrollo por los cuales consideran a nuestro país rezagado, está la educación, con un sistema sin innovación, pues, por ejemplo, el rendimiento está por debajo de la media aritmética de los países miembros. En este ítem demandan estimular la formación de estudiantes preparados para el mundo laboral. Exigencia no casual, ya que el 30 por ciento de las empresas nacionales identifican la mano de obra nacional como un obstáculo para el crecimiento productivo; al mismo tiempo, el 60 por ciento de estudiantes en la educación secundaria no cuenta con conocimientos y habilidades básicas para participar del mercado laboral formal. Los flojos esfuerzos de Colombia la más educada, de no vivirse un cambio sustancial en el presupuesto del ramo, continuarán arrojando resultados mediocres. Lejos está la inversión nacional de la aprobada por Chile, que alcanza al doble, y mucho más de la aporbada por Brasil que representa 30 veces más. Y a pesar de la propaganda sobre las obras de movilidad, para la Ocde nuestro país conserva una deficiencia en la infraestructura que implica incrementos en los costos de transporte de materia prima y mercancías, lo que perjudica al capital.

 

Pese a todo esto, el afán de quienes detentan el poder en nuestro país no ceja en proceder de acuerdo a lo exigido por este “club de buenas prácticas”, de lo cual da cuenta la reforma tributaria de 2016, con el supuesto propósito de reducir la desigualdad e incrementar la productividad –al reducir la carga impositiva sobre inversión y no prolongar el impuesto al patrimonio neto sobre las empresas.

 

El gobierno también acepta dejar de depender de ingresos petroleros, para lo cual proseguirá ampliando la base tributaria –incluyendo más personales naturales y jurídicas–; a su vez retoma el tema de la reforma pensional –para reducir parte de los privilegios de las mesadas más altas y permitir pensiones por debajo del salario mínimo legal. De igual manera, modificaría el promedio pensional, pasando de referenciar una media de diez años a una de quince, afectando negativamente el monto de la pensión. Sin mencionar el interés de igualar la edad de pensión entre mujeres y hombres. También valora la posibilidad de reformar de nuevo el tema del IVA, para la totalidad de productos al 18 por ciento, e incluir nuevas productos y mercancías.

 

Pero, ¿qué ganan quienes detentan el poder con todo esto? Tal vez es la excusa para “modernizar” su Estado, aplicando un conjunto de reformas como condición para “mejorar” la economía nacional y, con ella, el empleo y otros rubros; tal vez para motivar la inversión de nuevos capitales globales, llevando al país hacia nuevos campos del extractivismo; o, tal vez, el simple gusto de saltar a la burocracia mundial de parte de quien se abrogó el Premio Nobel. O todas juntas.

 

Cualquiera sea la razón, lo cierto es que con este conjunto de concesiones el capital internacional encuentra un Estado más dócil y manejable ante el conjunto de sus necesidades para continuar concentrándose.

Llegados a este punto, el papel que le queda al Estado colombiano será la de contener socialmente con programas de asistencialismo, para que la explotación sea más expedita y, claro, de ser necesario, contener por la fuerza.

Bienvenidos, pues –como tal vez escuchemos en los próximos meses– al “club de las buenas prácticas”, donde la risa será para el capital internacional y el llanto para las mayorías nacionales.

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El petroyuán debuta en las grandes ligas de las finanzas mundiales

26 marzo 2018 - La moneda de China, el yuan, logra dar un paso más en su larga marcha hacia la internacionalización. A partir de este lunes 26 de marzo, la República Popular China comienza a emitir contratos 'futuros' sobre petróleo denominados en yuanes. A través de la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái (INE, por sus siglas en inglés), el gigante asiático lanza sus primeros instrumentos financieros derivados sobre petróleo crudo. El acontecimiento representa un gran cambio en el mercado mundial de energía, apunta la revista estadounidense Foreign Policy.

Una vez terminados todos los trámites burocráticos, los chinos establecen la primera referencia de contratos 'futuros' sobre petróleo en la región Asia-Pacífico. Después de superar a EE.UU. como el principal importador de petróleo en escala global el año pasado, China aumenta su influencia en la fijación de los precios del oro negro. Así, las plazas financieras de EE.UU. y el Reino Unido pierden el monopolio sobre la emisión de instrumentos financieros derivados relacionados con el petróleo. El billete verde ya no está solo: el petroyuán debuta en las grandes ligas de las finanzas mundiales.

¿Qué son los contratos 'futuros' sobre petróleo?

Materias primas ('commodities') como el petróleo no se comercializan solamente en los mercados físicos, se transan en los mercados financieros. Los recursos naturales se representan a través de títulos financieros que son adquiridos en las bolsas de valores. Los contratos 'futuros', por su parte, son instrumentos financieros derivados: se llaman así porque su valor está basado en el precio de otro activo.

Los contratos 'futuros' sobre materias primas ('commodities') son diversos, incluyen una amplia gama de activos: oro, plata, cobre, petróleo crudo, entre otros. Bajo la cotización del dólar, el índice West Texas Intermediate (WTI) de Nueva York y el Brent de Londres eran las únicas referencias a la hora de comercializar contratos 'futuros' sobre petróleo.

Hoy la República Popular China está logrando traducir su poderío económico en un mayor protagonismo en las finanzas internacionales. La INE se propuso ganar autonomía y dictar sus propias reglas: la emisión de 'futuros' denominados en yuanes permite a China tener una referencia propia que refleja los precios del petróleo crudo que consumen sus refinerías.

Los 'futuros' sobre petróleo sirven para que los compradores se protejan ('cubran') de las fluctuaciones de precios: son la promesa entre dos partes de que, en una fecha futura, el crudo se va a comercializar a un precio determinado. En el año 2012, por ejemplo, cuando el precio superaba los 100 dólares por barril, los 'futuros' sirvieron como instrumentos de cobertura de riesgo ante la posibilidad de subidas consecutivas de precios.

Sin embargo, son contratos que no se adquieren solamente para protegerse de la volatilidad. También hay quienes los compran para obtener ganancias a través de la especulación. Los precios de los contratos 'frutos' pueden ser objeto de manipulación y generar distorsiones en los mercados. Actualmente, la proporción entre el volumen de crudo que se negocia en los mercados financieros y el que se transa en los mercados físicos es de 23 a uno, según información de Bloomberg.

La euforia especulativa, el gran peligro

Los chinos están interesados en que sus 'futuros' sobre petróleo sean comprados por un número cada vez mayor de inversionistas. De acuerdo con Reuters, el Ministerio de Finanzas está otorgando incentivos para que las emisiones sean un éxito: durante los próximos tres años los corredores extranjeros no pagarán impuestos sobre la renta sobre las comisiones que obtengan en los contratos.

El lanzamiento de 'futuros' sobre petróleo, sin embargo, no está exento de amenazas. La especulación puede provocar estragos en los mercados bursátiles. Las autoridades chinas están pendientes ante cualquier contingencia: quieren internacionalizar la "moneda del pueblo" ('renminbi') pero, al mismo tiempo, garantizar la estabilidad financiera. Hasta el momento, los contratos 'futuros' de China están regulados.

Todo un dilema para el gigante asiático. Si se promueve una mayor apertura del sector financiero hacia el exterior, los riesgos aumentan. Pero si el Gobierno continúa imponiendo restricciones a los inversionistas, el yuan nunca será una divisa plenamente convertible: es necesario que tanto nacionales como extranjeros puedan comprar y vender títulos denominados en yuanes sin restricción alguna.

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El G20, las criptomonedas y Goldman Sachs

La última reunión del G20, en Argentina, ha finalizado. Este año, a petición de Alemania y Francia, los criptoactivos y su regulación han estado encima de la mesa.

 

Las criptodivisas, sobre todo el bitcoin, están en boca de todo el mundo. Generalmente vinculados a mensajes alarmistas, los grandes medios de comunicación repiten lo mismo día tras día como un mantra: alto riesgo, mercado negro, altamente especulativo, no lo hagas.


Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional, realizó unas declaraciones la semana pasada que fueron calentando motores para el G20: “La tecnología detrás de los criptoactivos, incluyendo la blockchain, es un avance excitante que podría revolucionar campos más allá de las finanzas. Podría, por ejemplo, promover la inclusión financiera creando métodos de pago de bajo coste para aquellos que no disponen de cuentas bancarias y además, empoderar a los millones de personas de los países de renta baja”.
Sin embargo, no era todo positivo: “Hay que combatir el fuego con fuego”, añadió Lagarde. “La misma razón que hace a los criptoactivos tan atractivos es aquella que los hace peligrosos. Los activos digitales están construidos de una manera descentralizada, sin la necesidad de bancos centrales, lo que las convierte en anónimas. El resultado de esto es que se convierten en un potencial vehículo para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo”, concluyó la directora.


La misma conclusión ha emanado del recién clausurado G20, que ha admitido que los criptoactivos “plantean cuestiones relacionadas con la protección de los consumidores e inversores, la integridad de los mercados, la evasión impositiva, el lavado de dinero, y el financiamiento al terrorismo”.


¿SIRVEN REALMENTE PARA FINANCIAR EL TERRORISMO?


Según Foreign Affairs, “las criptomonedas difícilmente son una solución a la financiación del terrorismo. La mayoría de ellas tan solo permiten anonimato parcial y es difícil transferir grandes cantidades de estos activos. Asimismo, hay una aceptación reducida en las regiones en las que los grupos terroristas están más activos, como Oriente Medio o el Norte de África”. Parece más plausible que los terroristas utilicen divisas oficiales como el euro o el dólar antes que bitcoin, ya que la conversión de estos en dólares es un proceso complicado.


Distintas fuentes afirman que la mayoría de los ingresos de los grupos terroristas es el cobro de impuestos o robo de fuentes de riqueza de los territorios en los que operan. Por ejemplo, Daesh recibe la mayoría de sus fondos de la venta de petróleo, extorsiones o requisamiento de propiedad privada. Estos métodos territoriales restringen las posibilidades de utilizar criptomonedas.


Agentes disruptivos que no gustan a los gobiernos sí lo utilizan, como Wikileaks. Cuando ocurrieron las grandes filtraciones que demostraron el alto grado de corrupción gubernamental en Estados Unidos, espionajes y contraespionajes, la connivencia del Gobierno con los poderes privados o las mentiras sobre la guerra de Afganistán, la Casa Blanca cortó todas las fuentes de ingresos a la organización responsable de las filtraciones. En ese momento, Wikileaks empezó a aceptar donaciones en distintos tipos de criptomonedas como bitcoin, litecoin, zcash o monero. Solo en bitcoin, Wikileaks ha recibido a fecha de hoy 26.400 donaciones, acumulando un total de 4.042 bitcoins, equivalente a 30.007.563,18 euros.


SI TAN PELIGROSAS SON, ¿POR QUÉ NO SE REGULAN?


En las recientes jornadas del G20 ha habido un tímido intento de llegar a un acuerdo común. La conclusión de consenso ha sido que “los criptoactivos carecen de los principales atributos que tienen las monedas soberanas” al no estar emitidas por un banco central, y un compromiso a “implementar los estándares del GAFI”, el Grupo de Acción Financiera Internacional encargado de coordinar acciones conjuntas de ámbito internacional contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.


Sin embargo, los criptoactivos representan una herramienta muy jugosa para los grandes capitales. Lo que surgió como un experimento de encriptado descentralizado y anónimo que cuestionaba la existencia misma de las entidades financieras y los Estados en la emisión e intercambio de moneda, hoy en día se ha convertido en un activo financiero altamente rentable, aunque muy volátil.


En diciembre de 2017, el bitcoin alcanzó máximos nunca antes vistos, superando los 20.000 dólares. Hoy nos encontramos con precios que rondan los 7.000. Esta gran variación de precios, es debida, entre otros motivos a la ofensiva de uno de los bancos más importantes e influyentes del mundo: Goldman Sach, que ha decidido iniciar su andadura en las criptodivisas con un órdago a la grande.


Se dice que Goldman Sachs es el banco más poderoso del mundo, no porque sea el más grande, sino porque es el más influyente en los gobiernos. Muchos hombres importantes han pasado por sus despachos.


El pasado 26 de febrero, Circle Internet Financial Ltd., una empresa subsidiaria de Goldman Sachs compró Poloniex, un exchange de intercambio de criptomonedas, por 400 millones de dólares. Poloniex acumula un volumen de mercado equivalente a 13.071 bitcoins, unos 116 millones de dólares. Según Circle, con esta compra la empresa contribuye a generar una economía de token (criptoactivos) en un mercado global abierto. Poloniex fue la primera plataforma en ofrecer ethereum y el primer exchange en llegar a los mil millones de dólares de volumen de intercambio diario.


La estrategia de Goldman Sachs no es solo intercambiar criptomonedas, sino convertir el exchange en un marketplacedistribuido que contenga tokens que represente todas aquellas cosas que se consideren de valor: bienes físicos, inversiones, vivienda, producciones creativas como arte, música o literatura, prestación de servicios, crédito, derivados financieros, etc. Es probable que Poloniex se convierta en la primera plataforma de intercambio basada en blockchain de inversiones financieras de todo tipo, la nueva bolsa de valores basada en blockchain.


Las grandes financieras han visto el negocio en las monedas encriptadas. Los Estados no toman cartas en el asunto y hacen declaraciones tibias sin ninguna vinculación regulatoria definitiva. El mercado de las criptomonedas es más volátil y especulativo que nunca, pero en esta situación podemos apelar a la sabiduría popular: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.


La toma de posiciones de los poderes corporativos en el mercado de los criptoactivos ha comenzado, en los próximos meses probablemente veamos cómo el valor del bitcoin especialmente se incrementa exponencialmente, lo que nadie sabe es cuándo explotará la burbuja. Ahí nos echaremos a temblar.

 

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Miércoles, 14 Marzo 2018 06:07

FMI y las cripto

FMI y las cripto

La directora del FMI, Christine Lagarde, pide que se regulen las criptomonedas. A través del blog del organismo, exhortó a los gobiernos y bancos centrales a colaborar en el desarrollo de regulaciones para evitar que se conviertan en “un nuevo vehículo importante para el lavado de dinero y la financiación del terrorismo”. La funcionario señaló que la tecnología detrás de las criptomonedas, como el Blockchain, “es un avance emocionante que podría ayudar a revolucionar los campos más allá de las finanzas, como impulsar la inclusión financiera al proporcionar métodos de pago nuevos y de bajo costo a quienes carecen de cuentas bancarias”. Sin embargo, sostuvo que debe comprenderse “el peligro que conlleva la promesa de estos activos, que generalmente se crean de forma descentralizada y sin necesidad de un banco central”. “Esto da a las transacciones de criptoactivos un elemento de anonimato”, alertó Lagarde. “El rápido crecimiento de los criptoactivos, la volatilidad extrema en sus precios y sus conexiones mal definidas con el mundo financiero tradicional podrían fácilmente crear nuevas vulnerabilidades”, concluyó.

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Lunes, 12 Febrero 2018 06:42

En el mismo bote

En el mismo bote

Podría parecer cosa de extraños discutir lo que ocurre en las bolsas de valores: la cantidad de dinero que se mueve en esos mercados, quién invierte ahí, las fluctuaciones de los precios y del valor que representan, la relación de esto con el resto de la economía y con los que nada tienen que ver con las bolsas.

Pues no es cosa de otros, de una u otra manera las repercusiones de lo que pasa en los mercados de dinero y capitales alcanzan a buena parte de la población mundial.

El valor de mercado de la Bolsa de Valores de Nueva York es del orden de 20 trillones de dólares (según se mide allá). A esto deben sumarse casi 7 trillones del mercado de títulos de empresas de tecnología llamado Nasdaq.

Puede tenerse una idea de lo que esto representa si se compara con el valor de los otros grandes mercados de valores: Londres 6.2 trillones, Tokio 4.5, Shanghai 4.1 y Euronext 3.5.

Del monto invertido en la bolsa de Nueva York alrededor de una tercera parte corresponde a los fondos de pensiones. Así que las fluctuaciones tienen un impacto muy grande en la situación financiera de las familias.

Los grandes movimientos de los precios de las acciones, ya sean en sus cotizaciones individuales o en los diversos índices de conjuntos de títulos diversos (como S&P y Dow Jones) se asocian, además, con otras variables económicas y financieras.

Parte de lo que ocurrió la semana pasada se derivó de los datos de aumento de los salarios registrado en Estados Unidos, hecho que se vinculó con la expectativa de reducción de los márgenes de ganancias de las empresas.

Apareció también la perspectiva de que los precios de las acciones habían llegado a un nivel demasiado alto y que necesitaba alguna corrección. Allí entraron las alternativas de inversión y el dinero se movió a los bonos del Tesoro, es decir, a la deuda del gobierno.

La consecuencia fue una creciente volatilidad en los precios de las acciones y los índices. Y una de las características del mercado que aceleró la caída fue la forma en que se operan las transacciones.

Buena parte de ellas se realiza por medio de lo que se llama "transacciones algorítmicas de alta velocidad", que están diseñadas precisamente para generar ventajas asociadas con la mayor volatilidad de las cotizaciones.

Así como un algoritmo define las rutas para evitar el tráfico en las aplicaciones de nuestros teléfonos, o bien, el que me sugiere qué comprar en Amazon con base en mis preferencias reveladas, del mismo modo un algoritmo manda instrucciones de compraventa de títulos cuando se rebasan lo límites hacia arriba o debajo de las fluctuaciones de los precios; miles de millones dólares a la vez.

Otro mecanismo que alienta las fluctuaciones es, por ejemplo, el que permite "apostar" a que el mercado seguirá siendo estable. De tal manera que cuando empieza la volatilidad se desatan transacciones que acentúan la caída de los precios. Los inversionistas individuales no pueden cambiar las estrategias de asignación de sus recursos en función del riesgo deseado, que quedan en manos de los algoritmos correspondientes. Hay que decir que en ciertos casos esto puede ser benéfico.

Las bolsas, además, tienen el mismo padecimiento que las famosas pirámides especulativas. Cuando el mercado va al alza y ésta se sostiene, entonces nuevos inversionistas deciden entrar para no perderse las ganancias. Eso mismo contribuye a sobrevaluar las acciones y, finalmente, provocar la caída. Algo similar a lo que pasa actualmente con bitcoin y otras criptomonedas.

Los mercados de acciones y bonos tienden, pues, a moverse de manera que se alejan de las condiciones macroeconómicas y dan impulso a una serie de pérdidas y ganancias en cuanto a ingresos, riqueza y patrimonio de las empresas emisoras y también de quienes invierten en valores.

Pero el asunto no para ahí, sino que incide en la determinación de los valores de precios clave en una economía como son, esencialmente, las tasas de interés y los tipos de cambio. Los mecanismos de transmisión que se echan a andar en este caso en la economía de Estados Unidos se amplían al resto del mundo afectando con el costo de crédito y el valor relativo de las monedas.

Este impacto, que se manifiesta a su vez en los movimientos de capitales en los mercados financieros y en los flujos de la inversión productiva, son más evidentes en aquellas economías con relaciones de interconexión más fuertes, como es el caso de México con Estados Unidos.

Aquí la tasa de interés de referencia que determina el Banco de México subió una vez más la semana pasada a 7.5 por ciento. Esto acrecienta el costo financiero para todos los usuarios de crédito y establece una carrera entre los intereses y el valor del peso frente al dólar que tiende a acrecentar la volatilidad interna, sobre todo en un periodo en que la inflación sigue siendo alta.

 

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Sábado, 10 Febrero 2018 06:52

Esa piba veleidosa

Esa piba veleidosa

Los escalofríos en los mercados de especulación financiera generan incertidumbre en la economía de Estados Unidos. Varios economistas advierten que los mercados inmobiliario y de valores están sobrevalorados. La respuesta del genial presidente Donald Trump: un desfile militar.


Durante la campaña presidencial de 2016 el magnate de ilusiones Donald Trump convenció a más de 60 millones de votantes de que la situación económica de Estados Unidos era desastrosa, catastrófica, horrible, insostenible, y de que todo era culpa de Barack Obama.


Durante el primer año de su gestión presidencial, Trump se ha jactado del desempeño brillante, excepcional, excelente y robusto de la economía estadounidense, atribuyéndose por supuesto los méritos.


La realidad real –no la alternativa en la cual Trump se mueve– es un poco diferente de ambas ficciones: la capacidad de un presidente de Estados Unidos para influir en la economía es limitada, y sólo ha sido eficaz a medias cuando el gobierno ha salvado al sistema de sus propias estupideces.


Tras la crisis financiera de 2008, tanto el entonces presidente republicano George W Bush como el recién llegado demócrata Obama, dispusieron una intervención estatal gigantesca que permitió navegar la Gran Recesión. Cuando Obama llegó a la Casa Blanca en enero de 2009 el país perdía 700 mil empleos por mes, la tasa de desempleo estaba por encima del 10 por ciento de una fuerza laboral desalentada, el sistema financiero se tambaleaba y empresas como General Motors, Chrysler y Ford estaban al borde de la bancarrota.


La Gran Recesión concluyó, formalmente, en julio de 2009, y desde entonces la economía de Estados Unidos retornó a un crecimiento, lento pero sostenido, y para el fin de la gestión de Obama la tasa de desempleo había bajado al 4,9 por ciento. La gran desazón de la mayoría de los estadounidenses en 2016 no respondió a una mala situación económica, sino a una economía que ha seguido concentrando la riqueza en unos pocos y manteniendo a los muchos en un corre-corre tras empleos secundarios, changas y malabarismos en el presupuesto hogareño.


Las ganancias de las corporaciones han crecido más del doble: de unos 800.000 millones de dólares anuales en 2009, a 1.700 millones en 2017. Durante el mismo período el sueldo real promedio de los trabajadores ha subido de unos 690 dólares por semana a 754 dólares (9,2 por ciento), contando con el salto en diciembre y enero que causó temores de presión inflacionaria.


Esta es la economía que Trump recibió hace poco más de un año, y que siguió funcionando de la misma manera: más beneficios para los especuladores financieros y aguántense los de abajo que tenemos un gran reality show.


Durante 2017 los valores en los mercados financieros batieron récords mes tras mes, y Trump, el empresario, se ha jactado de ello como si el índice Dow Jones fuese el termómetro de la economía.


En la primera semana de febrero los mercados financieros de Estados Unidos perdieron todas las ganancias que habían acumulado de manera acelerada desde el 1 de enero, y de pronto entró el temor, la seguidilla de análisis de expertos, los vaticinios de caídas vertiginosas en “las bolsas”, y luego los diagnósticos de que se trata apenas de un ajuste de los mercados y que los fundamentos de la economía son sólidos.


LOS CLARIVIDENTES.

El salvamento del sistema económico fue resultado, en gran parte, de la adopción ya en diciembre de 2007 de una política monetaria con la cual la Reserva Federal mantuvo la tasa de interés de referencia en casi cero, durante casi una década.


Con dinero abundante y barato, la economía –medida por los índices de los mercados– está ahora en un punto diferente: el mercado laboral ha llegado a lo que muchos consideran “pleno empleo”, y para conseguir trabajadores las empresas tienen que aumentar los sueldos, lo cual incrementará el consumo y el riesgo de inflación.
La inflación se ha mantenido por años debajo del 2 por ciento anual, algo que la Reserva Federal considera saludable, y por lo tanto ha ido aumentando muy suavemente la tasa de interés desde fines de 2017. Si la economía se atasca, la Reserva, que ha llevado la tasa de interés al 1,25 o 1,50 por ciento, no tendrá mucho margen para bajarla y evitar un estancamiento, y si la economía se acelera y sube la tasa de interés, los especuladores se mandarán mudar y chau bonanza.


La propia Reserva Federal está en transición. Janet Yellen, la primera mujer presidenta de la institución, que concluyó su mandato de cuatro años la semana pasada y a quienes muchos analistas dan más mérito por la reactivación económica que a Obama y Trump juntos, se despidió advirtiendo que, en su opinión, “los precios de las acciones y los bienes raíces están elevados”, pero se abstuvo de afirmar que esos mercados estén en una “burbuja” de especulación.


Su sucesor, Jerome Powell, designado por Trump, tomó el timón justo cuando los mercados andaban espantados por la mayor estampida de ventas en seis años y medio y la mayor pérdida de puntos del Dow Jones en un día.


Según Charles Lane, editorialista de economía y política fiscal en The Washington Post, “afortunadamente, Powell es una de las mejores designaciones que ha hecho Trump: elegido por Obama hace seis años como miembro de la Junta Directiva de la Reserva como gesto de conciliación bipartidista, Powell es un veterano tanto de Washington como de Wall Street y en general ha apoyado las políticas de Yellen”.


El ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien fuera gurú de estas materias entre 1987 y 2006, opina que “hay dos burbujas: una burbuja en el mercado de acciones, y una burbuja en el mercado de bonos”. “A corto plazo, esto no es cosa mala –añadió–. Pero obviamente nos encaminamos a un mayor incremento en las tasas de interés de largo plazo, y esto tiene un impacto importante en toda la estructura de la economía.”


Greenspan señaló con el dedo a los políticos, indicando que “lo que tenemos es un panorama fiscal inestable a largo plazo, en el cual la inflación se hará fuerte. Me sorprendió mucho que (en el mensaje anual del presidente Trump al Congreso) se mencionaran todas esas grandes iniciativas para las cuales no hay financiación, y ahora nos acercamos al momento en que se acelerará la inflación. La única pregunta es cuándo”.


Paul Krugman, premio Nobel de economía en 2008, está de acuerdo con Greenspan en que los mercados de valores y de bienes raíces están sobrevalorados, y se preguntó: “¿Vamos camino a un gran problema?”. “Es demasiado pronto para saberlo –afirmó–. Pero lo que sí sabemos es que, si es así, tenemos la peor gente posible a cargo para resolverlo”, y calificó al secretario de Tesoro, Steven Mnuchin, como “el individuo menos distinguido y menos informado que jamás haya ocupado ese puesto”.


Por su parte, Dean Baker, bocho máximo del Centro para Investigación Económica y de Políticas, estuvo de acuerdo con Greenspan y Krugman acerca de la “sobrevaloración de mercados” –para los legos: cuidado que nos escrachamos–, pero no con que Estados Unidos esté al borde del pleno empleo.


“Si bien la tasa de desempleo del 4,1 por ciento (la menor en 17 años) es baja, comparada con los estándares de los últimos 45 años, vale la pena notar que otras grandes economías, como Japón y Alemania, tienen tasas de desempleo mucho más bajas de las que casi cualquier economista hubiese creído aconsejables hace apenas cuatro o cinco años –escribió Baker–. No veo razón para creer que la tasa de desempleo de Estados Unidos no pueda bajar al 3,5 por ciento, y aun más, sin que entremos en una espiral inflacionaria.”


IMPREDECIBLE.

La economía es una dama que se mueve por sus propios ciclos, los cuales no siempre coinciden con los mandatos presidenciales. Cuando viene flaca, el nuevo presidente culpa al anterior; cuando viene con curvas bonitas, el presidente se atribuye el engorde, y cuando entra a tropezar todos culpan al presidente en funciones.


La diferencia con Trump es que nadie tiene idea de cuáles son sus ideas, suponiendo que existan, acerca de la política económica de su gobierno.


Durante la campaña de 2016 Trump acusó a China, México, Canadá, la Unión Europea y casi todo el resto del mundo de llevar adelante prácticas comerciales desleales que robaban empleos estadounidenses. Para remediar el entuerto, Trump prometió medidas proteccionistas que han desbaratado o amenazan desbaratar los acuerdos multilaterales de comercio.


No obstante lo cual, 2017 cerró con un déficit comercial récord de 566.600 millones de dólares, un 12,1 por ciento mayor que en el año anterior. El déficit comercial con China –país al que el candidato Trump denunció como manipulador de la moneda– subió a la cifra sin precedentes de 375.000 millones de dólares, y el saldo negativo con México creció a 71.000 millones de dólares.


El único logro legislativo en un año de presidencia trumpiana fue la aprobación de una reforma impositiva tan compleja que nadie –ni trabajadores ni empresarios– sabe con cierta certeza cómo impactará en la economía. En principio, hay cortes de impuestos para todos, con el detalle de que los recortes impositivos para los trabajadores expiran en dos años, y los de las grandes corporaciones serán permanentes.


Aunque la victoria electoral de Trump se debió al fervor de los conservadores, que siempre son cruzados contra el déficit y la deuda fiscal, en los primeros tres meses del año fiscal 2018 ésta ascendió a 228.000 millones de dólares, unos 18.000 millones más que en el mismo período de 2017.


La deuda nacional, que al término del año fiscal 2017 se ubicaba en 20,2 billones de dólares, ha subido en 3.000 millones de dólares en los primeros tres meses del año fiscal 2018, y sigue por encima del 105 por ciento del Pbi.


El déficit se financia con deuda. Para el año fiscal 2018, que comenzó el 1 de octubre, el presupuesto federal es de 4,1 billones de dólares, de los cuales 315.000 millones van para pagar la deuda y sus intereses.


De ahí la advertencia de Greenspan sobre la política fiscal, y de que los vaivenes de Trump contribuyan a agravarla. Según el Comité por un Presupuesto Federal Responsable, un grupo bipartidista, la reforma impositiva que Trump promulgó añadirá 2,2 billones de dólares a los déficit fiscales en una década. Los recortes de 5,8 billones de dólares se compensarán, en la fantasía de Trump, con un crecimiento económico que él prometió que sería del 4 por ciento anual al término de su primer año en el gobierno, y ha sido en realidad del 2,6 por ciento. Pocos economistas dan crédito a la ilusión de Trump de que la economía de Estados Unidos seguirá creciendo al 4 por ciento anual durante una década, como para solventar el déficit.


En su actual pulseada presupuestaria con el Congreso –en el cual su Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras–, Trump insiste en que se destinen 25.000 millones de dólares del presupuesto de política de inmigración para la construcción de la gran muralla que prometió para la frontera con México. Dado que ahora Trump ya no menciona, como juró en 2016, que haría que México pagara por el muro, cabe suponer que los contribuyentes estadounidenses pagarán por él.
El presupuesto de Trump contiene, además, una asignación de 700.000 millones de dólares al gasto militar, un incremento de 10 por ciento sobre el último presupuesto de Obama, y hace énfasis en los armamentos nucleares.


En una semana de temblequeos en los mercados financieros y en la cual Trump calificó de “traidores a la patria” a los legisladores demócratas que no lo aplaudieron durante su discurso en el Congreso, mientras sigue adelante la investigación de su extraño romance con Rusia, el presidente encontró otro chiche con el cual distraer la atención pública: ¡un desfile militar!


EL ARTE DE DESFILAR.

A diferencia de otras muchas naciones, en Estados Unidos las fiestas nacionales no incluyen enormes desfiles militares. Sí, por ahí, entre carrozas y equipos escolares, desfilan algunos soldados de reserva con sus banderas, pero nada parecido a los despliegues gigantescos de tropas y armamento típicos de las dictaduras.


Ha habido algunos desfiles militares en Estados Unidos: en 1942 para exaltar el esfuerzo guerrero, en 1946 para celebrar la victoria de los aliados, en 1953 para la inauguración del presidente Dwight Eisenhower, en 1961 para la de John F Kennedy, y en 1981 tras la victoria en la primera Guerra del Golfo.
Pero Trump visitó Francia en julio pasado y quedó fascinado con el gran desfile del Día de la Bastilla, en París. Tanto que ahora le ordenó al Pentágono que organice algo similar en Washington para una fecha a determinar.


Es posible también que lo tenga molesto el despliegue de tropas, tanques, cohetes y banderas de su contraparte favorita, el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un. Después de haberle advertido a Kim que su “botón nuclear” es más grande que el suyo, tal vez ahora Trump sienta la compulsión de mostrar que su desfile militar es más grande que los de Pyonyang o Moscú.


El capricho de grandeza también tiene su costo: hace años que las fuerzas armadas de Estados Unidos dedican menos tiempo y esfuerzo a entrenar a sus soldados para el paso de marcha y la coreografía de escuadras, batallones, regimientos y banderitas. La guerra actual se hace con unidades pequeñas, operaciones de comando, y no con formaciones cerradas que avanzan sobre el tablero del campo de batalla.


La organización de la calistenia de tropas, suponiendo que el Pentágono le siga la corriente, requerirá el traslado a Washington de tanques de guerra que están dispersos en unidades a miles de quilómetros, quizá la inclusión de plataformas rodantes y misiles, y la pérdida de tiempo enseñando a desfilar a las tropas que supuestamente deberían estar listas para el combate.


En la economía de Trump, cualquier costa tiene sentido. Si hay nubes en el horizonte económico, fácil: un desfile militar.

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Martes, 06 Febrero 2018 06:39

Histórico derrumbe de Wall Street

Histórico derrumbe de Wall Street

El índice Dow Jones de Wall Street cayó ayer 4,62 por ciento, después de haber amortiguado su descenso desde un retroceso mayor al 6 por ciento registrado una hora antes del cierre. El viernes ya había retrocedido 2,54 por ciento y en solo dos días borró todas las ganancias que se lograron desde inicios de año. Por su parte, el selectivo S&P 500, que mide el comportamiento de las principales 500 empresas que cotizan en Nueva York, se desplomó 4,13 por ciento. El derrumbe repercutió en la bolsa local que bajó 4,5 por ciento. El dólar cerró a 19,81 pesos, dos centavos por debajo del viernes. 

La caída del Dow Jones fue la peor en puntos de toda su historia (1150), mientras que en porcentaje no se registraba un retroceso de semejante magnitud desde 2011. Este hecho ocurre en medio de la perspectiva de las subas de las tasas de interés de la Reserva Federal (FED) –tres veces al año– ante el repunte de la inflación de ese país, producto esto de los datos del crecimiento del empleo y, por tanto, de mayor liquidez de salarios. Esto implica que la FED tenga una política más agresiva con las tasas, lo que supondrá un gran problema para países emergentes como la Argentina que se endeudan en dólares para afrontar sus propios déficit. La Argentina en los últimos dos años eliminó regulaciones y ahora podría enfrentar un flujo de salida de capitales.


El rendimiento de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos a 10 años tocó un máximo de cuatro años de 2,885 por ciento, luego de trepar el viernes casi 7 puntos básicos. El aumento de los rendimientos de los bonos significa un mayor costo de endeudamiento para las empresas y una opción de inversión alternativa para los operadores.


El Merval sintió el impacto y retrocedió 4,5 por ciento. Algunas de las acciones que más bajaron fueron Banco Hipotecario (-9,2 por ciento), Sociedad Comercial del Plata (-5,7) y Mirgor (-4,4 por ciento).


 ¿Corrección del mercado o una burbuja? La causa detrás del terremoto en Wall Street

Fuente: Sputnik

El desplome de los mercados bursátiles había sido previsto con anterioridad. La caída de los índices bursátiles se debió a una corrección del mercado de valores de EEUU, opina Egor Susin, jefe del centro de desarrollo de estrategia del banco ruso Gazprombank.

"Claro está que eso tendría que haber ocurrido en algún momento. El mercado ha estado creciendo sin hacer correcciones durante mucho tiempo. El mercado de valores de [EEUU] crecía no porque la situación económica del país estuviera mejorando, sino porque había esperanzas positivas en cuanto a su futura dinámica, yo diría que estas esperanzas eran demasiado optimistas", explicó Susin a Sputnik.

Según el experto, el mercado de valores había estado muy recalentado. Por eso cualquiera señal de la Reserva Federal sobre la subida de los intereses en EEUU habría provocado una salida tan brusca de activos.


"Por ahora es solo una corrección, no una señal inequívoca de que el mercado haya girado en otra dirección. Sin embargo, desde mi punto de vista, es posible que el próximo año el mercado alcance puntos críticos. Podremos verlo ahora, podremos verlo más tarde. Según mi pronóstico para los años 2018 y 2019, veremos una brusca caída. (…) Los activos están sobreestimados de una manera inadecuada. Desde mi punto de vista es una burbuja que pronto estallará", señaló Susin.


Durante un tiempo muy largo, las acciones de las empresas estadounidenses mostraron un crecimiento muy duradero y por eso el mercado de valores de EEUU se llegó a desplomar este 2 de febrero


Los principales índices bursátiles, entre ellos el segundo índice más antiguo de Estados Unidos, el Dow Jones, y el S&P 500, regresaron a los niveles registrados a comienzos del año. Por si fuera poco, el Dow Jones sufrió uno de los peores días de los últimos seis años.


Por su parte, la Administración de EEUU considera que el desplome de los índices bursátiles fue solo una fluctuación común del mercado, señaló Raj Shah, secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca.

"Los mercados fluctúan, pero los principales pilares de nuestra economía siguen siendo muy fuertes y ellos [los mercados] van en la dirección correcta", sostuvo Shah.
La brusca caída en las bolsas condujo a que las 500 personas más ricas del mundo perdieran 114.000 millones de dólares en total, informó la agencia Bloomberg.


Según esta información, las riquezas de Warren Buffett, jefe de la empresa de inversiones Berkshire Hathaway disminuyeron más que las de otros empresarios. Buffett perdió 5.100 millones de dólares. Por su parte, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, ocupó el segundo lugar en la lista de los que más perdieron. El también filántropo perdió 3.600 millones de dólares. En el tercer lugar se encuentra el fundador de Amazon, Jeffrey Bezos, con pérdidas de 3.300 millones de dólares.

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El presidente estadunidense, Donald Trump, durante la reunión que sostuvo con legisladores republicanos, ayer en Campo David, Maryland. Foto Afp

 

En mi libro Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos ( https://goo.gl/XknDKB )” se abordan los entonces cuatro escenarios que enfrentaría Trump: Kennedy, Nixon, Clinton o ser relegido.

 

En ese entonces el gabinete Trump –conformado por el triunvirato de los generales Kelly/McMaster/ Mad Dog Mattis y el conglomerado financierista de Goldman Sachs con los israelo-estadunidenses Steven Mnuchin y Gary Cohn, sumados de Wilbur Ross de banca Rothschild–, al unísono de los Bush, los Clinton y Obama, no encontraban la fórmula expedita sin cacofonía judicial para defenestrar a Trump: la ominosa Enmienda 25.

 

A escala estratégica queda muy bien delineado el foco de del libro de Michael Wolff: aplicar la ominosa Enmienda 25, donde el gabinete puede destituir al presidente por incapacidad mental y ser sustituido por el vicepresidente ( https://goo.gl/NfmhkN ).

 

Michael Wolff define el objetivo de su volcánico libro: tiene el efecto de exhibir que el emperador se quedó sin ropa y exhibe a la presidencia de tal manera que Trump “no puede ejercer su función ( https://goo.gl/oscJ7L )”.

 

En un tuit, que marca más la insanidad que su sanidad mental, Trump alardea sus dos grandes activos que han sido su estabilidad (sic) mental y ser también muy inteligente como un “genio muy estable ( https://goo.gl/uTvHhz )”.

 

Pues Trump podrá ser el mayor genio que haya dado la Vía Láctea, pero si su gabinete decide defenestrarlo, pues habrá sido un genio incomprendido.

 

Washington se ha vuelto un manicomio cuando todos se acusan de insanidad mental.

 

Trump imputa a Bannon haber perdido el juicio y haber sido el culpable de la derrota senatorial en Alabama ( https://goo.gl/3BqTJx ). ¿Dónde están los siquiatras?

 

Trump, quien no es nada tonto, conoce los alcances que versan sobre su presunta disfuncionalidad mental y su puerilidad, rechazando el libro como una sarta de mentiras: Michael Wolff es un perdedor completo quien teje historias para vender un libro realmente aburrido y mentiroso.Usó al estrafalario Steve Bannon quien lloró cuando fue expulsado e imploró por su puesto. Ahora fue arrojado como perro (¡megasupersic!) por casi todos. ¡Muy mal!

 

En medio de los triunfos bursátiles y fiscales de Trump, no es gratuita la publicación del libro después de la hemorrágica ruptura en Alabama, donde salió maltrecho Bannon, ideólogo de trumpismo (con o sin Trump), lo cual permitió la recaptura del alma del Partido Republicano, por el ala moderada y políticamente correcta para el deep State, del líder del Senado, Mitch McConnell.

 

Uno de los aspectos relevantes del libro es la confesión de Bannon de que uno de los principales objetivos de su agenda era librar una guerra totalizante contra China.

 

En mi entrevista con Radio/Tv 44 de la UdG ( https://goo.gl/ZUq6zN ), ahondé sobre lo que está en juego en el volcánico libro Fuego y furia ( https://goo.gl/psgekY ), dos palabras que usó Trump para amenazar nuclearmente a Norcorea.

 

Dejo de lado los chismes y diretes, como la pésima relación de Trump con Melania y las alucinaciones de Ivanka para ser la primera presidenta de Estados Unidos (EU), para centrarme en el aspecto matricial donde Bannon arremete contra Donald Trump Jr., Jared Kushner y Paul Manafort, a quienes acusa de traidores, antipatriotas y lavadores de dinero en Deutsche Bank ( https://goo.gl/23Lko6 ).

 

Por lo pronto, Manafort ha sido inculpado por el fiscal especial Robert Mueller (vinculado a los Bush) de lavado de dinero.

 

Bannon previó que el fiscal Mueller perseguiría a Jared Kushner y a Donald Trump Jr. por lavado de dinero, mediante el abogado sabueso Andrew Weissmann.

 

El portal israelí Forward alardea que “tres fiscales judíos (¡megasupersic!) se han unido al equipo del fiscal Mueller: Andrew Goldstein, Aaron Zelinsky y Andrew Weissmann, expertos en lavado de dinero ( https://goo.gl/eN1kp8 )”. ¿Guerra civil entre israelíes?

 

La perfidia contra su mismo suegro por el talmúdico –que ven a los goyim como “bestias ( https://goo.gl/UjpTAA )”– Kushner y su esposa Ivanka es expuesta ( https://goo.gl/UZ1M1q ), así como sus tratativas con el gobierno mexicano para la erección del muro –¡ha de estar temblando el infatuado canciller itamita Videgaray!– y su acuerdo con el premier Netanyahu para trasladar la embajada de EU de Tel-Aviv a Jerusalén, como capital fake de Israel, y en el que, como había señalado con antelación, el criminal israelí-estadunidense de casinos Sheldon Adelson jugó un rol determinante, a grado tal de haber querido regalar Cisjordania a Jordania, y Gaza a Egipto.

 

Bannon divulga las “inmundicias de los Kushner ( https://goo.gl/R7KFF9 )” y que el convicto multimillonario Charles Kushner, padre de Jared, está preocupado por la exposición del lavado de dinero en Deutsche Bank y su conexión con rabinos (sic) con diamantes y toda la inmundicia proveniente de Israel con toda la gente de Europa oriental cuando se encuentra en riesgo su edificio 666 en Nueva York.

 

El portal Handelsblatt comenta que el mayor banco alemán Deutsche Bank ha sido atrapado en el fuego cruzado entre Trump y Bannon ( https://goo.gl/2CsD6Y ). Ahora resulta que el vengativo Bannon está cooperando con el fiscal Mueller y Newsweek afirma que el yerno y el hijo mayor de Trump pueden ir a la cárcel por el lavado de dinero en Deutsche Bank, en caso de que los asertos de Bannon sean correctos ( https://goo.gl/UkvQP3 ).

 

Deutsche Bank prestó miles de millones de dólares a Trump quien ahora le debe 300 millones de dólares.

 

¿Por qué Trump, teniendo óptimas relaciones financieras con JP Morgan-Chase ( https://goo.gl/hCGw6Y ) y Goldman Sachs, optó por Deutsche Bank? También Hillary, su esposo Bill y su hija Chelsea son socios de Deutsche Bank. ¡El fariseísmo estadunidense a lo que da!

 

Bloomberg asienta que el “lavado de dinero es muy serio ( https://goo.gl/iihd1R )”.

 

Las tratativas de la familia Trump –coaligada vía Ivanka con los Kushner– destilan fuerte olor sulfuroso y son conocidos sus vínculos en pestilentes negocios inmobiliarios con criminales, como el israelí Felix Sater y su grupo Bayrock ( https://goo.gl/cPD8Zo ).

 

El vengativo Bannon tiró a matar la presidencia que pretende haber ganado, gracias a su estrategia de movilizar a los desempleados supremacistas evangelistas blancos, cuando ni Trump creía en su triunfo.

 

Bannon conoce las vulnerabilidades inmobiliarias de Trump ( https://goo.gl/HcEiPf ) y golpea sin misericordia el lavado de dinero de Trump Jr. y del talmúdico Jared Kushner cuyos días están contados. Bloomberg comenta que Bannon sabe lo mal preparada que está la Casa Blanca para contender con los obstáculos legales y las investigaciones financieras que advendrán.

 

¿Y si resulta que Bannon miente sobre el lavado?

 

Roger Stone, insigne consultor del Partido Republicano, profundiza el plan C para derrocar a Trump: el plan A, la defenestración vía el fiscal especial Mueller, implementada por el Congreso; el plan B, la Enmienda 25 –que puede fracasar–, y el plan C: bombardear una ciudad en EU, para asesinar a Trump y culpar a Norcorea ( https://goo.gl/DfNAAh )”. ¡EU es hoy todo un manicomio!

 

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Sábado, 30 Diciembre 2017 13:41

El lento eclipse del dólar

El lento eclipse del dólar


Cada vez son más los países que realizan su comercio en monedas locales, sin utilizar el dólar. Las reservas internacionales denominadas en dólares tienden a reducirse mientras países como China, India y Rusia compran grandes cantidades de oro ya que lo consideran más seguro que la divisa estadounidense.

 

El período de dominio absoluto del dólar está llegando a su fin. Pero no será tan rápido ni tan sencillo como creen muchos analistas.

 

En apenas dos semanas se conoció que el comercio entre China e Irán y entre China y Pakistán no se realizará más en dólares sino en yuanes. El vicepresidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, Chen Yuan, explicó que China considera "injusto" el actual sistema de pago internacional, porque está "controlado por unos pocos países desarrollados". Por esa razón busca internacionalizar su moneda, el yuan, a la vez que se refugia cada vez más en el oro, ya que sus reservas en dólares (las mayores del mundo) son un punto débil de la potencia asiática.

 

Pese a estos cambios la moneda estadounidense se mantiene como la más utilizada. Más del 60% de las reservas internacionales permanece en dólares y el comercio internacional sigue siendo mayoritariamente realizado en esa divisa. Uno de los puntos fuertes del dólar son los llamados petrodólares, un acuerdo entre Washington y Arabia Saudí de 1974, que establece que el comercio petrolero se haría en dólares.

 

En aquellos años, uno era el principal exportador de petróleo y el otro el principal importador. Ambas cuestiones han cambiado ahora, ya que China es el primer importador y Rusia el primer exportador del oro negro.

 

En efecto, como señala Pepe Escobar, China planea romper el control del petrodólar instalando el petroyuan en el comercio del hidrocarburo. En 2018 será lanzado el Shanghai Futures Exchange, un plan para cotizar futuros de petróleo en yuanes totalmente convertibles en oro en los mercados de divisas de Shanghái y Hong Kong.

 

En su opinión, la era del petroyuan está muy cerca, ya que "esta ruta triple de petróleo, yuan y oro evitará la poderosa moneda verde". Además de Irán y Rusia, Venezuela, Angola y Nigeria, todos grandes productores de petróleo, podría abrazar el petroyuan, según Escobar.

 

El crecimiento del yuan en los intercambios comerciales así como las enormes inversiones de Pekín en la Ruta de la Seda, están potenciando la internacionalización de esta moneda, que es el objetivo de China. Sin embargo, en contra de lo que cree buena parte de los analistas, este proceso es mucho más lento y, sobre todo, no podrá triunfar sin grandes conflictos globales. Hay tres razones que avalan esta apreciación.


La primera es lo que viene sucediendo en el mercado global en los últimos años. El economista Oscar Ugarteche compara la evolución de las monedas en el comercio y el mercado cambiario. En enero de 2012, el comercio en yuanes representaba el 1,89% del total mientras el dólar era el 84,9%. En 2015 el dólar había descendido al 79,2% mientras que el comercio en yuanes había crecido al 9,4%, desplazando al euro y al yen. En 2011, el peso del yuan en el mercado cambiario internacional era del 0,9%. En enero de 2015, el yuan se había expandido hasta el 2% del mercado cambiario.

 

Ambos datos nos permiten concluir que hay un crecimiento importante del yuan y un decrecimiento del dólar. Pero esto sucede de manera más lenta de lo que suele imaginarse.

 

La segunda es que Estados Unidos es una economía más débil y una potencia en declive, pero en modo alguno está derrotada. Sigue siendo líder global en innovación, sobre todo en big data, inteligencia artificial, impresiones 3D y robótica, las tecnologías clave de la cuarta revolución industrial en curso. Es evidente que la economía de EEUU se ha deteriorado en relación con el fin de la Segunda Guerra Mundial (cuando aportaba el 45% del PBI del planeta), pero aún sigue siendo un país poderoso que cuenta, además, con las fuerzas armadas más importantes del mundo.

 

La tercera es la historia de las monedas de los últimos 500 años. Desde 1400 hubo siete monedas de reserva a escala mundial, que llegaron todas a su fin por dos motivos: otros países se volvieron económica, política y militarmente más poderosos; pero además todas las transiciones se produjeron mediante guerras.



El Real de a Ocho que acuñaba el imperio español fue la primera moneda de reserva, referencia obligada en el comercio mundial durante tres siglos (desde fines de 1400) hasta que las divisas europeas, respaldadas por el patrón oro, pusieron fin a esa hegemonía. Las guerras de independencia que liberaron las colonias americanas de la corona española, enterraron la supremacía económica y militar del imperio español y también de su moneda de reserva.

 

La libra esterlina fue la moneda de reserva internacional durante la mayor parte del siglo XIX y la primera parte del XX. Sólo dejó de serlo, a favor del dólar estadounidense, luego de dos guerras mundiales devastadoras, durante las cuales Inglaterra perdió el dominio sobre el mundo y lo traspasó a su competidor y aliado, a través de los acuerdos de Bretton Woods, en 1944. Nació un nuevo sistema financiero internacional centrado en el dólar, con el cual se realizan las transacciones comerciales y se cotizan las materias primas.

 

Los privilegios del país emisor de la moneda de reserva mundial nos llevan a pensar que en el futuro ningún país será depositario de esas ventajas, por razones obvias: vivimos en un mundo multipolar que exigirá una canasta de monedas o la creación de una nueva moneda que contemple todos los intereses en juego.

 

En resumen, estamos viviendo la lenta erosión del dólar, que se completará en un largo período histórico donde habrá grandes guerras que debilitarán al imperio americano, hasta que surja un nuevo sistema financiero global o varios regionales.

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