¿Qué es “El Petro”, la nueva criptomoneda de Venezuela?

El presidente Nicolás Maduro anunció la creación de una criptomoneda venezolana (El Petro), respaldada en las reservas de petróleo, gas, oro y diamantes del país, y de un Observatorio Venezolano de Blockchain para otorgarle base jurídica e institucional a la moneda digital. ¿De qué se trata esta iniciativa financiera que cada vez gana más espacio en el mundo de las finanzas?


¿Qué es una criptomoneda?


Una criptomoneda o divisa digital es básicamente un medio de intercambio electrónico. Contrario a las monedas emitidas por los Bancos Centrales del mundo (dólares, euros, etc.), la particularidad de las criptomonedas consiste en que su “producción” depende de contingentes de personas naturales o jurídicas no sujetas a regulación o intermediación de las instituciones financieras globales (dirigidas por EEUU) y estatales.


Ese proceso de producción se conoce como “minado”, en el cual redes de personas o grupos (llamados mineros), dotados de procesadores de alta potencia compiten en Internet para obtener la recompensa (bitcoin u otra criptomoneda), mediante la resolución de problemas matemáticos complejos probando números al azar con alta velocidad.
Así como si se tratara de un casino, quien logre dar con la respuesta primero recibe la criptomoneda y se distribuye entre los mineros ganadores.


Desde su popularización en el año 2009 con el famoso sistema Bitcoin, el uso global de las criptomonedas y sobre todo su precio han aumentado exponencialmente, expresando no sólo la alta demanda para su adquisición sino también las facilidades, bajos costos en transacciones y la seguridad que ofrecen, ya que pueden ser monitoreadas por quienes integran la red y no están sujetas a intermediaciones de la banca internacional.


El crecimiento ha sido tal que bancos globales como Goldman Sachs y BlackRock ya ofrecen servicios de gestoría para fondos de cobertura que están invirtiendo agresivamente en criptomonedas.


Aunque en sus inicios fue diseñado como un medio de pago digital, las criptomonedas han migrado progresivamente a moneda de reserva, resguardo de activos financieros o sencillamente un instrumento de inversión. El valor de una criptomoneda depende de su demanda y tiene como referencia a las divisas de mayor influencia global como el euro, el dólar y el yuan.


¿Y el Blockchain?


Según el famoso portal Investopedia, los Blockchain (cadenas o bloques de pago, en español) es un libro digital que de forma descentralizada y pública contabiliza todas las transacciones de criptomonedas, a cada nodo (servidor conectado a esta red) se le permite descargar una copia de cada transacción. Este sistema opera fuera de las instituciones clásicas del sistema financiero internacional.


Es básicamente un sistema de contabilidad que a modo de bloques genera un registro permanente, garantizando según la opinión de sus pioneros un mecanismo fiable, seguro y no regulado por una autoridad central para verificar las transacciones realizadas en criptomonedas.


El falso debate en torno a las criptomonedas.


El crecimiento de las criptomonedas –el bitcoin superó la barrera de los 11 mil dólares por unidad hace pocas horas– ha comenzado a generar preocupación en los amos de la economía mundial, ese selecto club formado por instituciones financieras multilaterales, grandes bancos centrales y bancos privados de gran peso.


A la advertencia del Banco de Pagos Internacionales (BIS) sobre el papel nocivo del bitcoin, institución financiera que controla casi todas las transacciones a nivel mundial y que ha sido vinculado con la poderosa familia Rothschild, se sumó el alerta de la Reserva Federal de EEUU sobre “el peligro” que representaba para el sistema financiero internacional el uso de criptomonedas.


Otros grandes bancos como JP Morgan o UBS han mostrado su abierto rechazo a la inversión en monedas digitales.


Las preocupaciones de estos actores financieros se basan en que el sistema de transacciones en criptomonedas favorece el anonimato y, por ende, operaciones criminales relacionadas con el narcotráfico y el comercio ilegal de armas. Los grandes privados de EEUU han fungido como lavadora para el narco global y para grupos paramilitares como el llamado Estado Islámico o el Cartel de Los Zetas, por lo que esas “preocupaciones” reflejan más bien la competencia abierta que existe con las criptomonedas en ascenso.
El debate en torno a la utilización del bitcoin en operaciones criminales es totalmente falaz, puesto que el problema no es el medio que utilicen para su financiamiento, sino la existencia de estas organizaciones en sí, históricamente apoyadas por EEUU y la OTAN.


Sobre el valor y respaldo de la moneda digital también es importante precisar que el dólar no tiene otro respaldo que el de la “confianza” (un factor psicológico, no material) desde que la administración Nixon rompiera con la convertibilidad dólar/oro.


Las criptomonedas en Venezuela


Producto de las distorsiones creadas por Dólar Today en el mercado cambiario venezolano, las actividades de minado de criptomoneda han venido creciendo. Una organización involucrada en este negocio, Dash Caracas, indicó que en el mes de septiembre se realizaron transacciones en criptomonedas por el orden de los 40 mil millones de bolívares.
Dado los bajos costos de la electricidad en Venezuela y el aumento diario del dólar en el mercado paralelo, el minado se ha vuelto rentable y atractivo como mecanismo de ahorro y acceso a divisas. Un reportaje publicado recientemente por la BBC sobre el tema, refirió que “los mineros en Venezuela son generalmente jóvenes emprendedores, en su mayoría del sexo masculino, familiarizados con el mundo de las tecnologías y miembros de clase media o pudientes”.


Aunque el gasto en electricidad es bajo, la inversión en equipos necesarios para la minería son importados y cuantiosos en dólares. El reportaje afirma que “los mineros son responsables del agravamiento del servicio eléctrico”, debido al alto consumo eléctrico que requiere esta actividad.


El Observatorio Venezolano de Blockchain y “El Petro” en sí podrían perfilarse como un mecanismo para regular e intervenir sobre esta actividad en Venezuela, incluso públicamente Surbitcoin (líder en referencias de precios y transacciones de criptomoneda) ha dicho que su principal socio bancario es Banesco. Sin embargo, en un contexto de globalización financiera cada vez más acelerada, donde los Estados-nación van perdiendo su capacidad de control interno, es altamente complicada (no solo para Venezuela) la regulación de la minería de criptomoneda en su totalidad.


El caso de China, un Estado que lejos de considerarse débil, es ilustrativo: en el gigante asiático se tranzan el 80% de los bitcoin del mundo.


Venezuela y Rusia a las criptomonedas: ¿una maniobra geopolítica contra las sanciones de EEUU?


Contrario al catecismo imperante sobre las criptomonedas, Venezuela y Rusia, con solo dos meses de diferencia, han anunciado la creación de monedas digitales nacionales para agilizar su comercio internacional. En el caso de Rusia la moneda tendrá el nombre de criptorublo, no podrá ser minada y su tasa de cambio será determinado por el Banco Central de Rusia.


En ningún momento esa decisión conlleva a la legalización del mercado de bitcoin en Rusia, así que el planteamiento inicial es aprovechar sus ventajas de forma controlada. Algo similar podría estar planificando el Estado venezolano.


Venezuela y Rusia comparten el estatus de países sancionados por EEUU, instrumentos que en su aplicación han limitado a ambos países aliados acceder al mercado financiero y la utilización del sistema financiero ligado al dólar para transacciones y proyectos de inversión.


EEUU baraja la posibilidad, según Bloomberg, de aplicar sanciones contra la deuda rusa (al estilo aplicado contra Venezuela), por lo que el gobierno de Putin encuentra en la creación de una criptomoneda nacional una respuesta inmediata para proteger se deuda y su conectividad financiera en el mundo.


El año 2017 ha sido clave en la transición hacia un sistema financiero emergente distanciado del dólar, donde Rusia y China han tomado protagonismo en la construcción de una arquitectura de pagos, inversión e intercambio comercial a nivel regional en sus propias monedas nacionales, factores novedosos que no necesariamente rivalizan con la criptomoneda. En el marco de esa ofensiva, para lo que respecta a Latinoamérica, Venezuela tiene un papel de vanguardia en esa proyección geoeconómica que desafía la médula espinal del poder político de EEUU a nivel global: la dependencia del dólar.


Entre las razones que alude Rusia para lanzar su propia criptomoneda nacional es que su principal pivote geoeconómico, la Comunidad Económica Euroasiática, uno de los polos comerciales más dinámicos del mundo multipolar en ascenso, está por incluir este formato de pagos para sus intercambios comerciales.


Rusia sin lugar a dudas ve los beneficios -de forma cautelosa y sobre la marcha de los acontecimientos- geopolíticos de utilizar un sistema de pagos que no depende del dólar (más allá de que sea utilizada como referencia) y que permite sortear las alcabalas financieras impuestas por las sanciones.


Por su parte Venezuela sufre un voraz bloqueo financiero, económico y petrolero, que más allá de limitar su acceso a los mercados de deuda, ha llegado al extremo de bloquear sus transacciones más elementales para el pago de deuda externa y para la importación de medicamentos y alimentos en un momento donde la población más lo requiere. Se abre la posibilidad con el uso de criptomoneda que Venezuela y Rusia agilicen sus niveles de cooperación y financiamiento, encontrando una ruta común para aumentar el financiamiento en el campo energético, un área crítica para la sostenibilidad económica del país en el mediano plazo.


El anuncio del presidente Maduro no debe verse de forma aislada, sino como parte de una estrategia financiera que busca mecanismos alternativos para hacerle a un bypass a las limitaciones de la banca estadounidense para realizar pagos e importar insumos vitales para la vida de la población. La criptomoneda ofrece una alternativa para esta coyuntura, ya que podría funcionar como mecanismo de financiamiento en divisas y pago por fuera de la banca estadounidense.


Como parte de esa estrategia, PDVSA hace pocos meses comenzó a cotizar el crudo venezolano en yuanes y se dio la orden de que los pagos e importaciones fueran migrando progresivamente a bancos europeos y asiáticos, con el fin de sortear el bloqueo financiero de EEUU. La criptomoneda venezolana, según las palabras de Maduro, sería una especie de nuevo vértice en el marco de esa transición fuera del dólar.
Es una medida política.


Algunas conclusiones en proceso.


Ya dependerá del Gobierno en el tiempo la cantidad de criptomoneda a emitir, sus condiciones, y determinar en qué cantidades de onzas de oro, barriles de petróleo, BTU de gas o kilates de diamantes para determinar su valor, así como su inserción en el mapa de pagos de criptomonedas a nivel mundial. También cómo una vez colocado en marcha se relacionará con el mercado del dólar paralelo en función del valor de El Petro, y si podrá incidir a la baja en el marcador que día a día impulsa la inflación en Venezuela por razones políticas.


Un artículo de Bloomberg escrito por Leonid Bershidsky sobre el anuncio del presidente Nicolás Maduro resalta con enfado que una criptomoneda venezolana podría saltarse las sanciones financieras de EEUU, con la posibilidad de emitir deuda y ofrecer cierto grado de anonimato en su sistema Blockchain centralizado, protegiendo a los acreedores de ser sancionados y lograr el necesario acceso a divisas. Las criptomonedas pueden ser utilizadas como herramientas por países sancionados, puesto que no están sujetas a control o intermediación de las instituciones financieras de EEUU y Europa.


El tratamiento en torno a las criptomonedas no debe partir de un análisis moral. ¿Son buenas o malas? Depende de su uso y efectividad de acuerdo a la estrategia. ¿Nos hace vulnerables a fondos buitre y especuladores financieros? Esa exposición ocurre con todas las divisas, no es algo particular de las criptomonedas. Contra Venezuela actúan fondos buitre sin haber utilizado nunca ese mecanismo. ¿Pueden ser utilizadas para negocios ilegales? El dólar y la banca estadounidense han sido utilizados como mecanismos de lavado por parte de grupos terroristas y narcotraficantes, sin embargo el temor son las criptomonedas en ascenso.


El tema de las criptomonedas en Venezuela dará mucho de qué hablar, y si algo quedó claro en 2017 es que la confianza en Maduro es clave para ganar las batallas que nos quedan, y que son bastantes.
(Tomado de Misión Verdad)

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Banco alemán Deutsche Bank se queda con 90 toneladas de oro venezolano

30-10-17.-El banco alemán Deutsche Bank se quedará con 90 toneladas de oro venezolano, luego de que el gobierno dejara vencer una operación de canje con el metal a principios de mes. La transacción se pactó en 2016 por $1.700 millones, los cuales el país no canceló a tiempo.

Venezuela recibirá $400 millones por exceso de la garantía, lo que podría ayudarle con los próximos pagos que tiene pendiente por vencimiento de capital e intereses de bonos.

El diputado de la Asamblea Nacional Rafael Guzmán, aseguró, citando fuentes del Banco Central de Venezuela, que la decisión de no renovar el canje vino del Deutsche Bank, pues esta institución está protegiendo su reputación para evitar que se le vea como un financista del gobierno de Nicolás Maduro. Ante esta situación Venezuela no pagó los $1.700 millones para recuperar el oro en garantía porque todo el dinero que se tiene ahora es para cancelar deuda en bonos, dijo Guzmán.

Ni el Deutsche Bank ni el gobierno venezolano han comentado la información que se conoció ayer, también a través de la Asamblea Nacional.

La firma REDD Latam reseña que Deutsche Bank reportó el swap en 2016 y al mismo tiempo, datos de aduana registraron un movimiento de 90 toneladas de “oro no monetario” de Venezuela a Suiza.

Petróleos de Venezuela y la República están usando el periodo de gracia para la cancelación de cuatro bonos cuyos cupones vencieron a mediados de mes. REDD Latam reitera lo dicho por analistas del mercado que el gobierno pareciera estarse concentrando en los pagos de cupones y capital de los papeles 2020 y 2017 que no tienen periodo de gracia y que juntos suman más de $2.000 millones.

Por: Agencias | Lunes, 30/10/2017 02:31 PM

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Sábado, 02 Septiembre 2017 10:21

La deuda pública es explosiva

La deuda pública es explosiva

En la contabilidad de los países se diferencia entre tres tipos de agentes: los hogares, las empresas (sociedades no financieras) y el sector público. La gráfica muestra que entre el 2007 y el 2016 su endeudamiento ha aumentado. Y, sobre todo, se destaca el de las empresas y el del sector público.

 

Los cambios han sido significativos. Entre 2007 y 2016, en las economías avanzadas (EA), la deuda total pasó de 230 por ciento del PIB a 260. En las economías emergentes la relación entre el saldo de la deuda y el PIB, aumentó de 120 a 160 por ciento. Y en dólares, el valor de la deuda total pasó de 110 a 150 billones. Estas tendencias son la expresión de una debilidad estructural de la economía mundial, y de una creciente volatilidad financiera.

 

 

grafico  La deuda

 

Preocupa el aumento de la deuda del sector público

 

La deuda del sector público crece más rápidamente que la de los hogares y de las empresas. En Estados Unidos, entre el 2007 y el 2016, el saldo de la deuda pública pasó de 58 a 99 por ciento del PIB. En Francia del 64 al 97. En Grecia del 104 al 179. En Italia del 102 al 133. En Japón del 147 al 201. En Bélgica del 91 al 106 por ciento. En las economías emergentes (Brasil, China, India, Colombia...) también se observa un crecimiento importante de la deuda pública, pero a un ritmo inferior. En Colombia, la deuda pública pasó de 43,8 por ciento del PIB en el 2007 a 52 por ciento en el 2016, así que el país también está inmerso en este proceso de creciente endeudamiento.

 

El aumento de la deuda pública tiene tres explicaciones. La primera se podría resumir en la llamada ley de Wagner. La segunda tiene que ver con la caída de la tributación. Y la tercera con la creciente volatilidad de los sistemas financieros.

 

La Ley de Wagner

 

Desde finales del siglo XIX, el economista Adolph Wagner afirmaba que, en todos los países, el gasto público, como porcentaje del PIB, debía crecer. Y que esta tendencia ascendente era inevitable. Las apreciaciones de Wagner se han cumplido, y algunos dicen que sus predicciones se pueden considerar como una “ley”. En opinión del autor, a medida que el país se desarrolla y las tareas colectivas son más complejas, es inevitable que el Estado tenga que ofrecer mayor cantidad de bienes y servicios, y que las actividad de supervisión y control sean más complejas.

 

Numerosas acciones que realiza el gobierno (educación, ciencia y tecnología, protección ambiental, seguridad, salud, etc.) tienen costos crecientes. Por ejemplo, las investigaciones en ciencia y tecnología cada vez son más exigentes y requieren un volumen mayor de recursos públicos. En todos los países del mundo el gasto público tiende a subir.

 

En Colombia el gasto público tiene que subir para que el país pueda tener un desarrollo comparable a los miembros de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (Ocde). Y ahora en la etapa del posacuerdo de La Habana, la modernización del campo exige que haya un aumento significativo de los recursos públicos. En sus cuentas optimistas, el Ministerio de Hacienda hace proyecciones en las que el gasto público se reduciría. Tales estimaciones no son realistas.

 

La menor tributación a los ricos

 

A pesar de que el gasto público es creciente, los países son cada vez más reacios a aumentar los impuestos, especialmente cuando los afectados son los ricos. Los informes recientes de Oxfam muestran que en el mundo entero se está presentando una especie de “carrera de mínimos”, y los países parecen estar compitiendo entre sí para reducir los impuestos. En este carrera hacia abajo, el límite inferior lo ponen los paraísos fiscales. Es evidente, entonces, que si el gasto sube, y los ingresos no crecen, el déficit se incrementa y no queda otro camino que recurrir al endeudamiento.

 

En Colombia, la última reforma tributaria fue un fracaso en términos de equidad. Para que los mayores gastos puedan financiarse, es necesario que crezcan los ingresos, especialmente los tributarios. En lugar de aumentarle los impuestos a los ricos, la reforma se los disminuyó. Se redujo la tarifa de los impuestos a la renta y al patrimonio, y se dio un paso muy débil en los impuestos a los dividendos. Puesto que el gobierno de Santos ha mostrado que no está dispuestos a mejorar el recaudo de una manera progresiva, afectando más a los ricos, el déficit del sector público se incrementa y la deuda sube.

 

La volatilidad financiera

 

Entre la deuda pública y la volatilidad financiera se presenta una especie de causalidad circular: el mayor endeudamiento estimula la volatilidad y, a su vez, ésta facilita el crecimiento de la deuda del sector público.

 

Para conseguir los recursos que necesitan, los gobiernos emiten título (TES en el caso de Colombia), que se negocian en los mercados financieros. Los especuladores que mueven su dinero de un país a otro compran aquellos bonos gubernamentales que ofrecen mayor rentabilidad, y presionan a los gobiernos para que los emitan de una forma atractiva. Al ofrecer un mayor rentabilidad, la deuda pública se encarece, y los especuladores se benefician a costa de la estabilidad financiera de los países. En este proceso, los capitales, que vuelan como golondrinas, de un país a otro, estimulan la volatilidad financiera. Los gobiernos se endeudan para pagar viejas deudas, y en esta dinámica se crean burbujas que alimentan la especulación y la volatilidad.

 

El servicio de la deuda (amortización a capital e intereses) es el gasto más alto del gobierno colombiano. A medida que el tamaño de la deuda va aumentando, es necesario destinar una porción mayor del presupuesto al pago de los intereses. Esta secuencia es perversa porque se reduce el margen disponible para responder a necesidades urgentes de la sociedad.

 

Estabilidad financiera por la vía de impuestos progresivos

 

Los impuestos progresivos, con tarifas que suben a medida que aumenta el ingreso, son el mejor mecanismo para estabilizar las finanzas públicas y reducir el monto de la deuda. No obstante, esta solución tiene costos políticos que los gobiernos no parecen dispuestos a asumir. Vale la pena traer a colación la pregunta de Oxfam: ¿por qué los más ricos, el 1 por ciento de la población, logran capturar el Estado, frente a la mirada complaciente y pasiva del 99 por ciento?

 

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Publicado enEdición Nº238
Regulación financiera: el fantasma de Ferdinand Pecora

El 6 de junio de 1934 el entonces presidente Franklin Roosevelt firmó la ley que estableció la Comisión Reguladora del Mercado de Valores y la Actividad Bursátil (Securities and Exchange Commission, SEC). Junto a él se encontraba Ferdinand Pecora, colaborador cercano y uno de los arquitectos del proyecto de ley. Después de la ceremonia Roosevelt se acercó a Pecora y le preguntó: "Ahora que he firmado y promulgado este instrumento, ¿qué clase de ley será ésta, Ferdinand?"

"Pues será una buena o una mala ley, dependiendo de las personas que la apliquen", fue la incisiva respuesta de Pecora. Este abogado había sido asistente del fiscal de Nueva York y fue el principal asesor legal del comité senatorial que investigaba la actividad bancaria y bursátil. Su inteligencia y tenacidad terminó por ganarse la confianza de los senadores. Su influencia fue determinante para convertir al comité en el precursor de los principales instrumentos reguladores de la actividad financiera y de la bolsa de valores en Estados Unidos. Uno de esos instrumentos fue la ley Glass-Steagall (1933) que separó las actividades de los bancos comerciales de las de los llamados bancos de inversión. (Por cierto, la aceptación del neoliberalismo por parte de Clinton condujo a la derogación de esta ley en 1999.)

Muchos esperaban que Pecora sería designado para dirigir la SEC. Pero a Roosevelt le tembló el pulso y prefirió el perfil de Joseph Kennedy. Fue una decisión de gran importancia. Pecora era un inmigrante siciliano y su visión del mundo no era la de los miembros del selecto club de millonarios que se codeaban con los especuladores. Para alguien que venía del exterior del establishment, Pecora nunca tuvo miedo de enfrentarse a los poderosos señores del dinero.

Pero a Roosevelt le aconsejaron muchos asesores cercanos al mundo de las finanzas con el mensaje de que el enfoque de Pecora era demasiado "ideológico". Por eso optó por Kennedy para dirigir la flamante SEC, no sólo por considerarlo más pragmático, sino por sus conexiones en Wall Street. Quizás lo que más alarmó al mismo Roosevelt fue una frase pronunciada por Pecora en el sentido de que la actividad especulativa era parte de la naturaleza del capital financiero. La agudeza de Pecora quedó de manifiesto en su libro Wall Street bajo juramento (publicado en 1939), obra en la que hasta se adelantó al análisis de Hyman Minsky sobre la hipótesis de inestabilidad financiera y el desarrollo de las burbujas con activos financieros.

En un editorial de 2009 el New York Times se preguntaba: ¿Dónde está nuestro Ferdinand Pecora? La interrogante se refería a los distintos esquemas de regulación bancaria y financiera que serían necesarios para evitar los abusos de la especulación que condujeron a la gran crisis de 2007. Y ayer mismo el Financial Times señaló que en una comparación histórica con las reformas de la era de Ferdinand Pecora, los cambios a la regulación del sistema financiero introducidos a partir del estallido de esta crisis parecen pusilánimes.

Las reformas en materia de regulación financiera aprobadas en 2010 están contenidas en la ley Dodd-Frank. Su principal restricción está plasmada en la llamada Regla Volcker que prohíbe a los bancos comerciales ser propietarios o inversionistas en fondos de cobertura o en entidades que por su naturaleza funcionen como operadores especulativos. Es una regla importante, pero efectivamente es tímida frente a las transformaciones que se necesitan en el sistema financiero y deja incólume el gigantesco casino que es el mercado de derivados.

La semana pasada, en su discurso en el simposio de Jackson Hole, Janet Yellen, la presidente de la Reserva federal, salió en defensa de la regulación financiera. En especial, Yellen dedicó su alocución a las reformas introducidas en los últimos 10 años, en especial la ley Dodd-Frank, señalando que hicieron que el sistema bancario estadunidense fuera hoy más robusto y seguro. Es un desafío directo a Trump quien promueve varias iniciativas para eliminar las partes medulares de la ley Dodd-Frank que el ocupante de la Casa Blanca califica como "regulación excesiva y asfixiante".

A principios de junio la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que exentaría a los pequeños bancos regionales de las restricciones de la Dodd-Frank. Es un ejemplo de la forma en que el lobby financiero trabaja incansablemente para debilitar las timoratas reformas introducidas en 2010. El mismo Trump ha declarado que si pudiera derogaría en un día la ley Dodd-Frank pues supuestamente ese instrumento impone serios obstáculos a la actividad bancaria y empresarial, frenando la creación de empleos.

El mandato de la señora Yellen concluye en febrero del año que viene. Después de su discurso, es evidente que Trump no le pedirá que permanezca otros cuatro años. Y la visión de Yellen en favor de las tibias reformas al sector financiero se tendrán que ir con ella. Figuras como las de un Ferdinand Pecora se alejarán todavía más en el horizonte.

Twitter: @anadaloficial

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Martes, 08 Agosto 2017 06:22

La lucha por la forma del excedente

La lucha por la forma del excedente

Palabras extrañas, probablemente. Aun cuando el excedente es un concepto clave en la comprensión de los antagonismos que cruzan la sociedad capitalista, que no es posible superar en una sociedad dividida en clases, el concepto permanece en el desconocimiento o en el olvido de las izquierdas prácticamente en todas partes. Es imposible superar esos antagonismos porque en ellos no cabe consenso alguno. ¿Puede llegarse a un consenso entre las clases sociales sobre una tasa de explotación aceptable?

No obstante, es posible pensar en una mejora continua del empleo y de las condiciones de vida, si la lu¬cha por la inclusión de los excluidos logra pesar crecientemente en la política económica, especialmente en la inversión pública. Es esta lucha la que está relacionada con las ideas que encierra el título de este artículo.

Téngase presente que en el sistema capitalista el conflicto político más general no se da entre las clases sociales. El cambio social ocurre en el espacio autónomo de lo político, que involucra a la economía, por supuesto, pero no es un enfrentamiento de clase contra clase. De este modo, si un movimiento populista lucha por la radicalización de la democracia, es decir, por el abatimiento de la exclusión, es decir, por la inclusión real de todos a los derechos de todos y a los bienes que produce la sociedad (la nutrición, la educación, la salud, el ocio), es decir, por el abatimiento de la inicua desigualdad que como nunca domina la escena social en el mundo, es preciso que la política mande sobre la economía; y si ese movimiento accediera a las instituciones, o al menos llega a pesar lo suficiente sobre las decisiones políticas acerca de la marcha de la economía, es esencial no perder de vista ese referente teórico que es el excedente, a la hora de la formulación de las políticas económicas y sociales de Estado.

En lo que sigue haremos un bosquejo sobre el concepto que nos ocupa. El concepto al que hacemos referencia, en El capital se llama "producto excedente" (capítulo VII, tomo I, apartado 4, en la traducción de Wenceslao Roces, FCE; en la que estuvo al cuidado de Pedro Scaron, Ed. Siglo XXI, se traduce como "pluproducto"). Nada cambia en cuanto al contenido del concepto entre ambas traducciones. Agreguemos que el uso más generalizado para quienes conocen la obra de Marx es simplemente "excedente".

Marx veía el producto anual total y el neto, desde varios puntos de vista. Uno de ellos es este: producto necesario + producto excedente = producto neto.

El producto necesario es la parte del producto neto que constituye el agregado de los medios físicos vitales destinados al mantenimiento normal y la reproducción de la vida de los trabajadores del sector productivo en las condiciones sociales y económicas existentes. A esos medios físicos también se les llama bienes-salario.

El producto excedente es la parte del producto neto total físico, cuyo valor es igual a la magnitud de la plusvalía. Ambas partes del producto neto provienen del trabajo de los asalariados de los sectores productivos.

El producto excedente, en términos dinerarios, nos aparece como ganancias de la industria y ganancias de la agricultura capitalista, y más tarde –conceptualmente– aparecen como la distribución de parte de esas ganancias en ganancias del comercio (sector que también puede agregar valor al producto en actividades como el empaque o el transporte), o como los intereses financieros, así como en la forma de los salarios distintos a los pagados en el sector productivo, y como impuestos y otros ingresos del Estado.

Ese conjunto de ingresos constituye el excedente, el cual cobra la forma física final de consumo de los capitalistas, de la inversión realizada por los mismos, y de los bienes materiales en que se traduce el gasto corriente y la inversión públicos.

Queda claro entonces que no es lo mismo que el excedente tenga la forma física de mansiones inimaginables donde ocurre el boato insolente de "los de arriba", o la forma de yates de millones o de autos superlujosos, o que tenga la forma de una inversión para producir joyas extravagantes para los ricos, a que tenga la forma de inversión en una fábrica o en un agrocultivo que produzcan bienes-salario. Así, la lucha por la forma del excedente es lograr que la inversión vaya a la producción de bienes-salario.

Es preciso que crezca aceleradamente la inversión en la producción de bienes-salario, porque así se crea empleo, a que la inversión obliga, se pagan salarios, y se producen los bienes que esos salarios compran. La soberanía alimentaria, una clave.

Nadie va a obligar a los capitalistas a producir bienes-salario. Luego entonces es inexcusable una reforma fiscal cierta y suficiente. Con los ingresos públicos pueden montarse empresas productoras de bienes-salario, incluso en asociación con los privados, porque, dada la vasta proporción de los excluidos sobraría mercado para producir y para absorber esa producción. Y los privados que quieran producir bienes salario, bienvenidos.

La inversión en la producción de bienes-salario, como puede advertirse, significa avanzar en la inclusión social por la vía del empleo. Un lapso prolongado de inversión acelerada, significa más ingresos para el Estado, porque habría partido de una reforma fiscal cierta, y porque la inversión y el empleo referidos elevarían el producto y, por ende, la recaudación fiscal. Todo ello podría convertirse en una de las espirales virtuosas que empujan el desarrollo.

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Black Rock/Vanguard/State Street: los gigabancos que controlan la mitad de Wall Street

Nunca acaba de asombrar el grado de "reconcentración" de la riqueza propiciada por la desregulada globalización financierista que propende por su naturaleza intrínseca al darwinismo oligopólico y/o "casi monopólico".

 

Hace casi seis años ya había abordado que New Scientist había revelado con enfoque científico “la identidad de la plutocracia bancaria global (1 por ciento) que controla al mundo (99 por ciento: https://goo.gl/2Rbajf)”.

 

Luego, hace dos años, en una perturbadora investigación, Russia Today expuso a los “cuatro oligopolios financieristas –los cuatro megabancos– que controlan el mundo”: Black Rock, State Street Corp, FMR (Fidelity), Vanguard Group ( http://goo.gl/UjlfE3 ).

 

En ese momento comenté que “ya desde 2012 el anterior legislador texano Ron Paul –padre del candidato presidencial Rand, uno de los creadores del apóstata Partido del Te, venido a menos, pero uno de los mejores fiscalistas de EU– había señalado que “los Rothschild poseen acciones de las principales 500 trasnacionales de la revista Fortune ( http://goo.gl/D71NjX )” que son controladas por “los cuatro grandes ( the big four)”: Black Rock, State Street, FMR (Fidelity) y Vanguard Group”.

 

En realidad, los banqueros esclavistas Rothschild forman parte de las ocho familias que controlan los cuatro megabancos que dominan Wall Street.

 

Black Rock, que dirige el israelí-estadunidense "Larry" Fink, ha estado muy activo en México, donde operó la privatización de Pemex que, vista en retrospectiva, resultó en un cataclismo para los ciudadanos mexicanos ( https://goo.gl/1SIDk8 ).

 

Hace casi cuatro años demostré que Black Rock –transmutación de Blackstone y Evercore Partnershi Blackstone fue la extraña entidad que cobró el fantasmagórico "doble (¡supersic!) seguro" de las torres gemelas del 11/9 ("Bajo la Lupa", 26/9/04), mientras el itamita Pedro Aspe Armella es empleado de Roger Altman: mandamás omnipotente de Protego/Evercore Partnership.

 

Black Rock controla muchos multimedia entre ellos The Economist y el Financial Times, no se diga en México.

 

En un artículo para The Conversation ( https://goo.gl/wZ5Kzq ) retomado por Asia Times ( https://goo.gl/ftFS5Z ), tres académicos de la Universidad de Ámsterdam –el investigador de posdoctorado en ciencias políticas Jan Fichtner; la profesora de ciencias políticas Eelke Heemskerk, y el candidato a doctorado Javier Garcia-Bernardo– analizan las “tres empresas que se han adueñado de las trasnacionales de EU: Black Rock ( https://goo.gl/NdQf4k ), Vanguard ( https://goo.gl/G5W83m ) –¡vinculada a la organización Trump!– y State Street ( https://goo.gl/VXzB7J )”.

 

En los dos recientes años, Fidelity ( https://goo.gl/7rivGs ), vinculado a Hillary Clinton y consagrado a los añejos fondos mutualistas, se quedó en el camino y ahora son sólo tres gigabancos los que se adueñaron de Wall Street.

 

A juicio de los autores, antes los individuos y las grandes instituciones invertían "mayormente en fondos mutualistas activamente manejados como Fidelity, en los que los directores de fondos seleccionaban acciones con el objetivo de prevalecer en el mercado".

 

A partir de la grave crisis financiera de 2008, "los inversionistas han virado a los fondos de índices que replican los índices de las acciones establecidas como S&P 500", lo cual ha tenido impacto dramático en las empresas de EU.


Ocho familias controlan los cuatro bancos que dominan Wall Street

 

La magnitud es asombrosa: de 2007 a 2016 los fondos manejados activamente tuvieron salidas por 1.2 billones de dólares frente a los fondos de índices que tuvieron entradas por más de 1.4billones de dólares.

 

Solamente en el primer trimestre de 2007 los fondos de índices ingresaron más de 200 mil millones de dólares: ¡todo un récord!

 

A juicio de la triada académica de Ámsterdam, "una diferencia crucial entre las industrias de un fondo activo y un fondo de índice es que el primero está fragmentado y consiste de centenas de diferentes ejecutivos de activos tanto pequeños como grandes", mientras el sector del fondo de índices, que crece a una velocidad desmedida, está altamente concentrado y es dominado por justamente tres gigantes directivos de activos en EU: Black Rock/Vanguard/State Street: “los tres grandes ( the big three)”.

 

Dicha concentración del fondo de índices no tiene nada que ver con la "democratización del mercado" al que aluden sus panegiristas debido a que los fondos de índices han "disminuido los gastos del inversionista en forma significativa": la décima parte de 1 a 2 por ciento de lo que se paga en comisiones cada año para los anacrónicos fondos activos, en lo que es ya la "mayor oscilación de inversiones en la historia".

 

Lo real es que los fondos índice "han provocado una concentración masiva de la propiedad de las trasnacionales" cuando los “tres grandes poseen 11 billones de dólares en activos bajo su manejo ( assets under managements)” que representa todos los "fondos soberanos de riqueza" combinados y “casi tres veces la industria global de Hedge Funds”.

 

Un proyecto de investigación de Corpnet ( https://goo.gl/feXYOT ) – Descubriendo las redes del control de las trasnacionales– exhibe la red propietaria en EU de los tres grandes: ya 40 por ciento de todas las empresas listadas en EU los tres grandes en su conjunto constituyen el mayor accionista y aun 88 por ciento (¡supersic!) de las firmas de S&P500. Tal "reconcentración de la propiedad es sin precedente".

 

Más aún: "en contraste a los fondos activos, los tres grandes detentan posiciones permanentes de propiedad y sin liquidez, lo cual le brinda mayores incentivos para influir en forma activa a las empresas".

 

A juicio de los tres académicos, BlackRock/Vanguard/State Street ejercen un "poder oculto" y su expansión provoca “nuevas formas de riesgo financiero que incluye efectos anticompetitivos e inversiones en manada ( investor herding)”.

 

El zoom de los tres grandes empequeñece a los clásicos megabancos que deja muy atrás: J.P. Morgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Capital Group, T. Rowe Price Group, Fidelity, Wells Fargo, Franklin Resources, Legg Mason, Wellington Management, Dimensional Fund ADV, Renaissance Technologies, etcétera.

 

Hace unos años mil 600 empresas de EU tuvieron ingresos combinados por 9.1 billones de dólares, una capitalización de mercado por más de 17 billones de dólares y emplearon a más de 23.5 millones de personas.

 

En el índice S&P 500 de referencia ( benchmark) de las mayores trasnacionales de EU los "tres grandes son los principales accionistas en casi 90 por ciento" que incluyen Apple, Microsoft, Exxon Mobil, General Electric y Coca Cola.

 

Los tres grandes ostentan 90 por ciento de todos los votos de la dirección y ejercen un género de "poder estructural emergente sobre la mayoría de las empresas de EU" desde la aviación (American Airlines, Delta y United Continental) hasta la banca: JP Morgan Chase, Wells Fargo, Bank of America y Citigroup. ¡Son los gigabancos de los megabancos!

 

Hoy los tres gigabancos ostentan una posición casi monopólica por lo que los autores de la Universidad de Ámsterdam exhortan a un mayor escrutinio regulador del consejo de administración permanente que gobierna de facto a las empresas de EU.

 

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Financiación y judicialización corroen a la democracia

La crisis de la democracia es hoy una evidencia a escala mundial. El Brexit, la elección de Donald Trump, el golpe de estado en Brasil... son síntomas evidentes de un fenómeno que cruza desde América Latina y Europa a los EEUU, pasando por África Asia, como Sudáfrica e India, entre otros.


¿Que factores afectan a países y continentes tan distintos para que la crisis de la democracia se exprese como fenómeno global y como un rasgo central del período político actual en el mundo?
Antes de todo, la financiación de la economía, elemento determinante del período marcado por la hegemonía del modelo neoliberal: la desregulación promovida por ese modelo llevó a la predominancia del capital financiero, bajo su forma especulativa, sobre el conjunto de las economías del mundo.


Esa predominancia tiene algunos rasgos destacables. El primero la subordinación del capital productivo al especulativo. La segunda, la promoción del sistema bancario como eje de las economías. La tercera, la baja tasa de crecimiento económico, con economías regularmente estancadas o en proceso de estancamiento, como reflejo de la hegemonía de un capital que vive del endeudamiento de los Estados, empresas y personas.


Otra de sus consecuencia es la apropiación del poder para tomar decisiones que nortean a las economías por parte del capital financiero, ya sea desde Bancos Centrales independientes o desde fuera de los gobiernos, vaciando el poder de decisión de los gobiernos sobre los temas económicos. Esa tendencia, que se venía dibujando a lo largo el tiempo, se consolida en la globalizan y tiene su auge en los gobiernos neoliberales, aunque su carácter estructural hace que aparezca también en los gobiernos antineoliberales, que tienen en ese elemento un limite para su acción.


La hegemonía del capital financiero, como elemento de estancamiento económico, impone la recesión como tendencia predominante. Las tasas de interés alto son uno de los factores que presionan en esa dirección, frenando la capacidad de recuperación del crecimiento de las economías. Por ello vivimos, desde hace ya algunas década, en un ciclo largo recesivo del capitalismo a escala mundial, que no tiene fecha para terminar, como se ve en el prolongamiento indefinido de la recesión en Europa.


Ese factor trasforma a las estructuras mismas de poder de la sociedad, expropiando a los gobiernos, como representaciones democráticas de la voluntad mayoritaria del pueblo, el poder de decidir sobre los rumbos de la economía. También por el hecho de que se trata de una tendencia global, que pesa desde fuera sobre los gobiernos nacionales de forma dura. Esa es una de las tendencias estructurales que producen la crisis de las democracias, sea en EEUU, en América Latina, en Europa, en Asia y en África.


Otro elemento que se esta expandiendo de forma vertiginosa en el mundo es la judicialización de la política. Conforme los gobiernos neoliberales pierden apoyo popular y tienden a perder elecciones, la derecha busca nuevas estrategias para oponerse a los gobiernos populares y a sus líderes, que defienden programas superadores del neoliberalismo.


Los casos de Argentina y de Brasil son muy evidentes. Se trata de intentar descalificar a los gobiernos antineoliberales y a sus líderes, con acusación de corrupción, desviando el debate sobre las grandes alternativas para los países – de que la referencia al neoliberealismo es central – para intentar sacar de la disputa política lideres que representan a ese modelo.


Las acciones son muy similares. Los medios y el poder judicial se unen para descalificar públicamente a líderes populares en base a sospechas, forjando rechazos públicos y desplazando la agenda central de los proyectos para el país hacia el tema de la corrupción.
Esas formas de acción son tratadas en las obras de Giorgio Agamben, sobre los Estados de excepción, y de John Comaroff sobre el lawfare.


La financiación produce mas concentración de renta, desigualdad y exclusión social. La judicialización promueve el descrédito en los sistemas políticos democráticos. En su conjunción, se producen las crisis de los sistemas políticos, como han existido hasta aquí. Se abre, así, un periodo marcado por la crisis de la democracia.

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Odebrecht, Roberto Prieto y el juego de la pelota

Más que las escondidas, el juego preferido de políticos y funcionarios es el legendario tingo, tingo, tango. Este consiste en pasarse acusaciones de mano en mano mientras la justicia, con los ojos vendados, repite: tingo, tingo, tingo; hasta gritar, al azar, ¡tango! Ahí, paga penitencia el desafortunado que se haya quedado con la pelota. Lo han jugado por años. Recordemos el proceso 8000 cuando todos se arrojaban culpas desaforadamente, hasta que al final fue procesado, en una jugada de último minuto, el exministro de defensa, Fernando Botero Zea. Este, antes de ser condenado, le había lanzado la pelota al exprsidente Samper, quien logró devolvérsela justo cuando la fiscalía gritó ¡tingo! Un juego histórico.
En este momento asistimos a otro encuentro de estos con el caso Odebrecht y la financiación de las últimas campañas presidenciales. A finales del año pasado, cuando salió a la luz pública que la empresa brasileña había sobornado por millones de dólares a políticos y funcionarios colombianos para acceder a las contrataciones públicas más importantes del país, como la Ruta del Sol II y la restauración del Río Magdalena, todos los implicados empezaron a lanzar acusaciones intentando zafarse de responsabilidades o reducir sus penas. Al mismo tiempo, a finales de enero, la revista Vieja de Brasil sacó un reportaje donde el publicista “Duda” Mendonça afirmó que Odebrecht le había pagado sus servicios en la campaña de Zuluaga. Luego, el exsenador Otto Bula, tras ser investigado por el contrato Ocaña-Gamara, afirmó que la campaña presidencial de Santos del 2010 también recibió un millón de dólares de esa empresa. Los pagos, dicen las ivestigaciones, se hacía a través de empresas fantasma ubicadas en el exterior que ninguna campaña los reportó.


Así, Otto Bula le pasó la pelota al exgerente de las dos campañas presidenciales de Santos, Roberto Prieto, quien en un primer momento negó los hechos. Pero, sorpresivamente, el martes trece de marzo en conversación con la W radio confesó haber ordenado pagar dos millones en carteles publicitarios con dinero del conglomerado brasileño, pero negó haber sido el recaudador de fondos para campaña, de eso se encargó, dijo, el Comité Financiero, es decir, Orlando Sandi de Lima; Consuelo Caldas; y el empresario Juan Claudio Morales. De inmediato, los nuevos dueños de la pelota negaron dicha afirmación en un comunicado. Roberto Prieto también aclaró que era falsa la acusación de Otto Bula, la cual lo implicaba directamente en las presidenciales de 2014. Además, aseguró que el presidente Santos no sabía nada, a lo que el mandatario respondió: «hasta ahora me entero». A diferencia de Samper, Santos aún no ha recibo la escandalosa bola, sólo falta que alguien se anime a hacerlo.


Pero ¿Por qué el arrebato confesional de Prieto? Horas después, el presidente del Consejo Nacional Electoral, Alex Vega, dijo que investigará el caso a pesar de que, aquí la razón, ya se vencieron los términos para hacerlo, debido a que han pasado más de tres años. Es decir, la inoportuna confesión de seguro no tendrá más efecto que el desprestigio a la ya deteriorada imagen del presidente Santos. ¿Es eso lo que buscaba Prieto, desprestigiar a Santos y su exvicepresidente Germán Vargas Lleras, ahora precandidato presidencial? La intención cobraría sentido si se descubriera que el exgerente se alió en secreto con el Centro Democrático para ayudarlos en la presidenciales de 2018, pero es difícil de creer ya que este partido también está implicados es los hechos. Por eso, una posible explicación es que fue presionado o, fruto de lo anterior, ya había hecho esas mismas declaraciones a entes judiciales y por eso tarde o temprano de todas formas se conocerían.


Las preguntas consecuentes son: de ser así ¿Quién lo presionó? Y ¿A qué entes judiciales declaró? Aquí comienza la especulación, basada en hechos factibles. Las respuestas están en el contexto. Como se sabe, la corrupción de Odebrecht se descubrió por la operación Java Lato, una de las investigaciones anticorrupción más grande en la historia política reciente. Se dice que comenzó con un bloqueo de dinero en un puesto de gasolina en el 2014 y que de ahí, siguiendo las pesquisas que encontraban los investigadores, se llegó a conocer el sistema de corrupción de Odebrecht en Brasil que relacionaba al Partido de los Trabajadores y la petrolera Petrobras.


El olor a descomposición era tan fuerte que llegó a la nariz del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, quien lo percibió como pan recién orneado. De inmediato, «en virtud de que hay una norma que le permite a Estados Unidos perseguir a los corruptos y lavadores de dinero fuera de su país», metió manos en la masa, continuó la investigación, y el 21 de diciembre del 2016 señaló públicamente «a 12 países de haber recibido millonarios sobornos por parte de la constructora brasileña Odebrecht, a cambio de contratos». Al dar el anuncio, Estados Unidos se vestía de redentor. Sin embargo, su intención no es eliminar la corrupción en el mundo. Es abrirle espacios a sus propias empresas, las cuales son igual de corruptas, eliminando la competencia, como sucede con Odebrecht. Así, estamos presenciando una lucha geopolítica entre dos potencias, donde el campo de batalla es el cibermundo y el arma principal la información.
WikiLeaks debeló cómo la CIA vigilaba a grandes empresas en todo el mundo para luego utilizar la información recolectada a su favor. No es difícil creer entonces que haya hecho lo mismo con Odebrecht y que cada tanto suelte información sobre esta para cumplir dos objetivos: eliminarla y crear inestabilidad en los países implicados con miras a ganar espacios por donde influir, sobre todo cuando se acercan las elecciones. Esto mismo generó Rodrigo Prieto con su mea culpa. Si ya fue interrogado Otto Bula por la justicia norteamericana, no es descabellado pensar que ya hizo lo mismo con Prieto o está a punto de hacerlo.

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Reserva Federal: el regreso de los espíritus animales

En sus reuniones de hoy y mañana es casi seguro que la Reserva Federal (Fed) decidirá incrementar la tasa de interés. Será un aumento modesto, pues no quiere cometer errores en aras de detener presiones inflacionarias, que siguen siendo débiles. El incremento esperado es de unos 25 puntos base para llevar la tasa líder de corto plazo al rango de 0.75-1.00 por ciento. Es un aumento moderado que va en la línea de la señora Janet Yellen, presidenta de la Fed, quien no quiere ser recordada como la persona que sofocó la “recuperación” de la economía de Estados Unidos.

La Fed ha dicho que 2017 vería otros dos incrementos en la tasa de interés de referencia, justificando dicha perspectiva con la idea de que es necesario regresar a una postura más normal de política monetaria. Rebosando confianza, el influyente presidente de la Reserva Federal de Nueva York, William Dudley, expresó recientemente que era evidente que“los espíritus animales” se habían desatado a partir de la elección de Trump. Se refería a que el sentimiento de mercados, inversionistas y consumidores ha mejorado notablemente, debido a los planes de reducción de impuestos de la nueva administración y los proyectos de inversiones en infraestructura. Según Dudley, los agentes económicos tienen confianza en que este paquete de medidas hará posible una mayor tasa de crecimiento.


El panorama internacional también es visto por la Fed como bien adaptado a un incremento de la tasa de interés. En Europa los temores de una desintegración de la unión monetaria parecen disiparse (por el momento). Y si bien todavía no se alcanza la meta de inflación de 2 por ciento, el Banco Central Europeo piensa que el riesgo de caer en una espiral deflacionaria se ha ido desvaneciendo. Todo este bonito panorama puede ser una ilusión, pero por el momento la Fed no tiene que preocuparse demasiado por el escenario de una unión monetaria en plena descomposición. Y hasta el panorama en Japón aparece más tranquilo, aunque las fuerzas del desendeudamiento siguen su curso y el letargo no desaparece.


Pero el efecto de un incremento de la tasa de interés sobre los llamados mercados emergentes no será positivo. Esa medida estará asociada con el fortalecimiento del dólar y hará más difícil enfrentar deudas denominadas en la divisa estadunidense. Además, puede detonar una fuga de capitales que tendrá que ser contrarrestada con mayores tasas de interés en esas economías, lo que desatará nuevas presiones sobre la inversión y el crecimiento. Pero los mercados emergentes es lo último que preocupa a la Fed en este momento.


Lo que hace titubear a la Reserva Federal es que las perspectivas de corto y mediano plazos sobre la economía estadunidense no son del todo favorables. Para empezar, hay mucha incertidumbre alrededor de los incentivos fiscales y los planes de inversión que la administración Trump ha prometido. Y es que si esas medidas llegan a tener un efecto favorable sobre el crecimiento, ese resultado no será observable, sino hasta el año que viene.


Además, los datos sobre empleo y remuneraciones no dan soporte a la idea de que los salarios pueden actuar como una nueva fuente de presiones inflacionarias. Aunque la Fed sigue teniendo fe en que se está cerca de la tasa de desempleo que contribuye al crecimiento de la inflación, la realidad es que los salarios permanecen estancados (o en franco retroceso en varios sectores clave) y no representan un peligro para el índice de precios. El aumento salarial real en 2015 fue un humilde 2 por ciento, pero incluso ese ritmo de incremento se redujo y hasta alcanzó una tasa negativa en los primeros meses de este año. Todo esto es consistente con el hecho de que los empleos que se han ido creando en años recientes son de mala calidad y, en muchos casos, de tiempo parcial.


Los mercados financieros ya han descontado el impacto de un incremento en la tasa de interés. Pero eso no debe interpretarse como un síntoma de buena salud económica. La inyección de 4 billones de dólares en el sistema bancario y financiero a través de la famosa flexibilidad cuantitativa ha servido para crear una nueva burbuja en los precios de activos financieros y por eso el índice de cotizaciones de Standard & Poor llegó a niveles históricos. Hoy el propio Robert Shiller, el economista que mejor analizó la inflación de precios en el sector inmobiliario, alerta sobre la burbuja que se ha gestado en el mercado de valores. Ni duda cabe: un mercado de valores boyante puede muy bien coexistir con una economía maltrecha.


La expresión “espíritus animales”se debe a Keynes y fue utilizada para denotar que en la formación de expectativas no bastan los fríos indicadores económicos. Pero así como se pueden inclinar estas fuerzas primales por el optimismo, también se pueden orientar por la desilusión. El aumento en la tasa de interés instrumentado por la Reserva Federal tendrá efectos múltiples, pero no cambiará la estructura y mediocridad del desempeño de la economía de Estados Unidos.


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La economía ficticia: escondiendo como funciona realmente la economía. Entrevista a Michael Hudson

Michael Hudson, autor del recientemente publicado J is for Junk Economics, afirma que los medios de comunicación y la academia utilizan eufemismos bien elaborados para ocultar como funciona realmente la economía

 

SHARMINI PERIES: Michael Hudson es un distinguido profesor e investigador de Economía en la Universidad de Missouri, en la ciudad de Kansas. Es autor de numerosos libros, incluidos, “The Bubble and Beyond” y “Finance Capitalism and Its Discontents”, “Killing the Host: How Financial Parasites and Debt Destroy the Global Economy”, y más recientemente, por supuesto, “J is for Junk Economics”.

Michael, tu libro me recuerda unas palabras clave de Raymond Williams. Aquella fue una contribución increíble a la crítica cultural, una crítica de los estudios sociales y culturales como disciplina. Y pienso que tu libro va a realizar una contribución fenomenal al campo de la economía. Sería una referencia para la gente para volver atrás, especialmente para que los estudiantes regresen, y miren hacia tu versión de la definición de esos términos y observen la economía desde un prisma crítico. Así que mi primera pregunta para ti es realmente sobre este libro. ¿Por qué lo escribiste?

MICHAEL HUDSON: Originalmente lo escribí como apéndice a un libro que se habría llamado, “The Fictitious Economy”. El borrador fue escrito antes de la crisis de 2008. Mi tesis era que la forma en la que la economía es descrita en la prensa y en los cursos de la Universidad tiene muy poco que ver con cómo funciona realmente la economía. La prensa y las informaciones periodísticas utilizan una terminología hecha de eufemismos bien elaborados para confundir el entendimiento de cómo funciona la economía.


Además de ofrecer palabras clave para explicar qué es positivo y cómo entender la economía, discuto el vocabulario engañoso, el doblepensar orwelliano utilizado por los medios, lobistas financieros y empresariales para persuadir a la gente de que la austeridad y toparse con la deuda es la clave del crecimiento, no su antítesis. El motivo es hacerles actuar contra sus propios intereses, dibujando una imagen ficticia de la economía como si fuese un universo paralelo.


Si puedes hacer que la gente use un vocabulario y conceptos que hacen parecer que cuando el 1% se hace más rico, el conjunto de la economía se está enriqueciendo –o que cuando el PIB sube, todo el mundo está mejorando– entonces a la gente, al 95% que no mejoró su posición desde 2008 a 2016, se le puede hacer sufrir de alguna manera de síndrome de Estocolmo. Pensarán, “Mierda, debe ser culpa mía. Si el conjunto de la economía está creciendo, ¿por qué yo soy más pobre? Con solo dar más dinero al 5% o al 1% más ricos, algo nos caerá. Tenemos que recortar impuestos y ayudarles para que así me puedan dar un trabajo porque como Trump y otros dicen, bueno, nunca conocí a un pobre que me diera un trabajo.”


He conocido a un montón de gente rica, y en lugar de dar trabajo a la gente cuando compran una empresa, habitualmente hacen dinero para ellos despidiéndola, empequeñeciendo y externalizando el trabajo. Así que no vas a conseguir hacer que los ricos necesariamente te den trabajo. Pero si la gente puede de alguna manera pensar que hay una asociación entre la riqueza en la cima y más empleo, y que tienes que recortar los impuestos a los ricos porque acabará filtrándose hacia abajo, entonces tienen una visión del revés de cómo funciona la economía.
Yo había escrito un apéndice al libro y aquello tomó vida propia.


Si tienes un vocabulario que describe cómo funcionan realmente el mundo y la economía, entonces una palabra llevará a otra y pronto habrás levantado una imagen más realista de la economía. Así que, no solo discuto sobre las palabras y el vocabulario, discuto con algunos de los individuos y economistas clave que han hecho contribuciones que no aparecen en el currículum académico neoliberal.


Hay una razón por la que la historia del pensamiento económico ya no se enseña más en las universidades. Si la gente leyera realmente lo que escribió Adam Smith, lo que escribió John Stuart Mill, verían que Smith criticaba a los terratenientes. Decía que tenías que gravar sus rentas, porque nada es gratis en este mundo. Mill definía la renta como aquello que los terratenientes hacen mientras duermen, sin trabajar. Adam Smith decía que siempre que los hombres de negocios se reúnen, van a conspirar sobre cómo sacar dinero del público en su conjunto –como hacer un acuerdo y engañar a la gente de que todo es por el bien de la sociedad–.


Este no es el tipo de libre empresa que gente que habla sobre Adam Smith explica cuando le describen como si fuese un recortador de impuestos, un economista austriaco o un neoliberal. No quieren escuchar lo que realmente escribió. Así que mi libro es realmente sobre economía de la realidad. Encontré que para discutir economía real, tenemos que tomar de nuevo el control del lenguaje o la metodología económica, no usar la lógica que ellos usan.


Los economistas convencionales hablan como si cualquier status quo estuviese en equilibrio. El truco subliminal aquí es que si piensas en la economía como algo que está siempre en equilibrio, eso implica que si tú eres pobre o no puedes pagar tus deudas, o tienes problemas para mandar a tus hijos al colegio, eso es solo parte de lo natural. Como si no hubiese una alternativa. Es lo que Margaret Thatcher decía: “No hay alternativa.” Mi libro es sobre cómo por supuesto que hay una alternativa. Pero para hacer una alternativa, necesitas una forma alternativa de mirar el mundo. Y para hacer eso, como dijo George Orwell, necesitas un vocabulario diferente.


SHARMINI PERIES: Hablar de vocabulario y conceptos económicos eufemísticos, es lo que es tan único en este libro. No son solo las palabras, como en el de Raymond Williams, sino también la teoría y los conceptos lo que estamos abordando. También hablabas sobre los hombres de negocios y como usan esas terminologías para confundirnos. Pues aquí tenemos a un hombre de negocios en el cargo, como Presidente de los Estados Unidos, quien está proponiendo todo tipo de reformas económicas supuestamente en nuestro favor, en términos de trabajadores. Y como sabes, los grandes proyectos de infraestructuras que está proponiendo supuestamente para sacar a la gente de la pobreza y darles empleos y todo eso. ¿Cuál es la mitología ahí?


MICHAEL HUDSON: Bueno, tú solo usaste la palabra “reforma.” Cuando yo crecí, y durante el siglo pasado, “reforma” significaba sindicalizar el trabajo, proteger a los consumidores, regular la economía para que hubiese menos fraude contra los consumidores. Pero la palabra “reforma” hoy, tal y como es usada por el Fondo Monetario Internacional en Grecia cuando insiste sobre las reformas griegas, significa justo lo contrario: se supone que hay que bajar los salarios en un 10% o un 20%. Recortar las pensiones sobre un 50%. Idealmente, dejas de pagar pensiones para pagar al FMI y a otros acreedores extranjeros. Detienes el gasto social. Así que, lo que tienes una inversión del vocabulario tradicional. Reforma ahora significa lo contrario de lo que significaba a comienzos del Siglo XX. Ya no es socialdemócrata. Es “reforma” de derechas, antisindical, pro-financiera, para recortar el gasto social y dejar todo en una forma privatizada para los ricos y el sector de las corporaciones.


Así que reforma es la primera palabra que usaría para ilustrar como el significado ha cambiado y es usado por la prensa convencional. Básicamente, lo que ha hecho la derecha en este país es secuestrar el vocabulario que fue desarrollado por el movimiento obrero y los economistas socialistas durante un siglo. Se lo han apropiado y le han dado la vuelta para que signifique lo contrario.


Hay 400 palabras con las que me enfrento. Muchas de estas palabras muestran como el significado ha sido puesto del revés, para conseguir que la gente tenga una visión al revés de cómo funciona la economía.

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