Lunes, 12 Diciembre 2016 08:50

El tesoro de Khadafi

El tesoro de Khadafi

Las potencias occidentales prometieron restablecer la democracia en Libia y reintegrar la colosal fortuna que el desaparecido coronel depositó en bancos y empresas extranjeros.


Desde París


Hace cinco años, con una retórica encendida de promesas democráticas y compromisos financieros, las potencias occidentales, apoyadas en una artimaña pactada en el Consejo de Seguridad de las Nacionales Unidas, precipitaron la caída del coronel Muammar Khadafi tras 42 años en el poder (1969-2011). De aquel cántico occidental a la libertad y a las buenas maneras no quedó más que un eco vacío. Además de restablecer la democracia, la otra gran promesa occidental consistió en anunciar que se le reintegraría al pueblo libio la colosal suma de dinero que el desaparecido coronel depositó en los bancos extranjeros: la suma oscila entre los 350 mil y 500 mil millones de dólares. Pero el pueblo libio sólo vio migajas de esa fortuna invertida en bancos u acciones. Los bancos se quedaron con todo.


En febrero de 2011, la Primavera Arabe sembró sus semillas en Libia y puso en jaque a un régimen represor y corrupto que, al mismo tiempo que se jactaba de ser una avanzada contra Occidente, mantenía estrechísimas relaciones comerciales y financieras con sus adversarios retóricos. El entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, lideró el eje de quienes, junto al ex primer ministro británico David Cameron, diseñaron dos resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU (1970 y 1973) cuyo objetivo consintió en autorizar una intervención militar con el argumento de “proteger las poblaciones civiles amenazadas”. En septiembre de 2011, Sarkozy y Cameron aterrizaron en el aeropuerto de la ciudad rebelde de Benghasi con el aura de dos héroes libertadores y la boca llena de ofrecimientos. Entre ellos, figuraba la repetida restitución de los haberes libios que fructificaban en los bancos de Francia, Italia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Suiza, Canadá y Africa del Sur. A esos haberes hay que agregarle la imponente colección de propiedades inmobiliarias que Khadafi había ido adquiriendo a través del mundo: casas y edificios millonarios en Londres, cientos de miles de propiedades agrícolas, los hoteles del grupo Laico y hasta un edificio de casi una manzana ubicado en el lujoso distrito 17 de París. Las sumas son tan enormes que pocos saben a cuánto ascienden verdaderamente.


Dos hombres, con todo, conocen los secretos: Mussa Kossa, ex responsable de los servicios secretos libios en el exterior, hoy domiciliado en un país del Golfo Pérsico, y, sobre todo, Béchir Salah, el ex jefe del gabinete de Khadafi y gran amigo de Francia. Saleh fue el encargado de pagar comisiones ocultas en medio planeta, de regalar generosas contribuciones a las ONG y a personajes del mundo de la cultura y, sobre todo, de financiar campañas electorales en el extranjero, de expatriar los ahorros de Khadafi y de administrar el famoso fondo soberano Libyan Investment Authority (LIA). Lobbista de primera mano, Saleh se escapó en plena guerra (2011) hacia Túnez con la ayuda del gobierno francés. Fue recibido en París como una majestad hasta que su implicación en el financiamiento oculto de la campaña electoral de Nicolas Sarkozy lo puso en apuros y partió hacia otras tierras con todos sus arcanos. Saleh encontró una patria dorada en Africa del Sur, país que siempre ha sido uno de los principales destinos africanos del tesoro de Khadafi. Allí, el hombre es intocable: durante los arduos años del régimen del apartheid en Africa del Sur, Khadafi fue uno de los principales respaldos del Congreso Nacional Africano, el ANC de Nelson Mandela.


Cuarenta años de expoliación duermen en los bancos, multinacionales y financieras del mundo. El entusiasmo del principio y la opereta de promesas quedó poco a poco en la nada. Al pueblo libio lo desfalcó su dictador y el fruto de ese robo se lo quedaron sus aliados de Africa y Occidente. El gobierno norteamericano cuantificó los haberes libios congelados en Estados Unidos en unos 37 mil millones de dólares. Esa suma, sin embargo, apenas atañe a las inversiones inmobiliarias o la participación accionaria en muchas empresas. Los detentores de los fondos alegan que su devolución es por ahora imposible debido tanto a la inestabilidad política que sigue viviendo el país como a la falta de interlocutores serios dentro de Libia. La verdad, desde luego, es otra. Se trata de sumas inimaginables y nadie quiere renunciar a ellas, sobre todo los bancos. Cuando cayó Khadafi, el Consejo Nacional de Transición intentó cartografiar el destino de las inversiones. La tarea resultó intrincada: Khadafi invertía según su humor o los intereses del momento. En Occidente, el dinero fluyó de manera ininterrumpida en múltiples sectores: industria automotriz, bancos, financieras, altas tecnologías, armas, sector agrícola, medios de comunicación, petróleo, gas. Los archivos del régimen revelan inversiones, compra de acciones y de participaciones directas que llegan a los 100 mil millones de dólares en decenas de empresas multinacionales: ENI, Total, British Arab Commercial Bank, UniCrédit, Mediobanca, EADS, France Télécom, Alstom, EDF, Vivendi, Danone, Dassault, Yara, Retelit, Finmeccanica, Fiat Chrysler, Financial Times, Quinta Comunications, Pearson, Olcese, Golden Tulip, Hayat.


Los 27 países de la Unión Europea, Canadá, Estados Unidos, Suiza y Australia aplicaron las consignas de las Naciones Unidas destinadas a congelar los haberes libios en cada uno de esos países, pero después no cumplieron con la promesa de devolverlos. Sólo en Italia, Khadafi había invertido 3,6 mil millones de dólares. En Francia, las asociaciones Sherpa y Transparence Internationale presentaron una querella por “corrupción y blanqueo de dinero” para conocer el destino y los montos de los fondos. El abogado de la asociación Sherpa, Maud Perdriel-Vaissière, reconoce que se “trata de un trabajo complejo porque los activos libios escapan a todo control gracias a fondos de inversiones muy opacos”. El régimen, por medio de empresas pantalla y organismos como el Central Bank of Libya, la Libyan Investment Authority, la Libyan Foreign Bank, la Libyan Africa Investment Portfolio, la Libyan National Oil Corporation y Zueitina Oil Company sembró miles de millones en muchas regiones. Hasta ahora, del colosal tesoro que el “Guía” repartió a través del planeta sólo18 mil millones de dólares fueron desbloqueados. La suma global de inversiones calculada se mueve entre los 350 mil y 500 mil millones de dólares, de los cuales 170 mil millones están invertidos en bancos. La restitución de ese tesoro quedó en lacrimosas promesas. La mecánica es la de siempre: los supremos dictadores les roban a sus pueblos y ponen ese fruto en los bancos de Occidente.


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Domingo, 04 Diciembre 2016 05:44

Trump y el fascismo del siglo XXI

Trump y el fascismo del siglo XXI

Contrario a lo que se piensa, Donald Trump es miembro de la clase capitalista transnacional (CCT), ya que tiene fuertes inversiones alrededor del mundo y una parte muy importante de su "populismo" y discurso antiglobalización respondió a la demagogia y la manipulación políticas en función de la elección presidencial.

Asimismo, esta clase capitalista transnacional y el mismo Trump dependen de la mano de obra migrante para sus acumulaciones de capital y no pretenden realmente deshacerse de una población en peonaje laboral, debido a su condición de migrante y no de ciudadano/residente "legal". Sus pretendidos planes de deportación, reducidos en número ya como presidente electo, y sus propuestas de criminalización de los migrantes en una escala mayor buscan, por un lado, convertir a la población migrante en chivo expiatorio de la crisis y canalizar el temor y la acción de la clase obrera ciudadana (mayoritariamente blanca) contra ese chivo expiatorio y no hacia las élites y el sistema. Por otro lado, los grupos dominantes han explorado cómo reemplazar el sistema actual de súper explotación de la mano de obra migrante (con base en la no documentación) con un sistema de mano de obra migrante visada, esto es, con visas laborales (guest worker programs, en inglés).

A la vez Trump busca intensificar las presiones para bajar los salarios en Estados Unidos, a fin de hacer "competitiva" la mano de obra estadunidense con la extranjera, o sea, con la mano de obra barata en otros países. La nivelación transnacional de los salarios hacia abajo es una tendencia general de la globalización capitalista que sigue en marcha con Trump, esta vez con un discurso de "volver competitiva" la economía estadunidense y "regresar los trabajos" a su país.

No hay que menospreciar la dimensión de extremo racismo de Trump, sino analizar esta dimensión más a fondo. El sistema estadunidense y los grupos dominantes se encuentran en una crisis de hegemonía y legitimidad, y el racismo y la búsqueda de chivos expiatorios son un elemento central para desafiar esta crisis. Al mismo tiempo, sectores significativos de la clase obrera blanca estadunidense vienen experimentando una desestabilización de sus condiciones laborales y de vida cada vez mayor, una movilidad hacia abajo, "precarización", inseguridad e incertidumbre muy grandes. Este sector tuvo históricamente ciertos privilegios gracias a vivir en el considerado primer mundo y por privilegios étnico-"raciales" respecto de negros, latinos, etcétera. Van perdiendo ese privilegio a pasos agigantados frente a la globalización capitalista. Ahora el racismo y el discurso racista desde arriba canalizan a ese sector hacia una conciencia racista y neofascista.

Igual de peligroso es el discurso abiertamente fascista y neofascista de Trump, que ha logrado "legitimar" y desatar los movimientos ultra-acistas y fascistas en la sociedad civil estadunidense. En esa dirección he venido escribiendo sobre el "fascismo del siglo XXI" como respuesta a la grave y cada vez mayor crisis del capitalismo global, y esto explica el giro hacia la derecha neofascista en Europa, tanto del Oeste como del Este; el resurgimiento de una derecha neofascista en América Latina; el giro hacia el neofascismo en Turquía, Israel, Filipinas, India y muchos otros lugares. Una diferencia clave entre el fascismo del siglo XX y el del siglo XXI es que ahora se trata de la fusión no del capital nacional con el poder político reaccionario, sino una fusión del capital transnacional con ese poder político reaccionario.

El trumpismo representa una intensificación del neoliberalismo en Estados Unidos, junto con un mayor papel del Estado para subsidiar la acumulación transnacional de capital frente al estancamiento. Por ejemplo, la propuesta de Trump de gastar un billón de dólares (trillón en inglés) en infraestructura, cuando la estudiamos bien, su objetivo en realidad es privatizar esa infraestructura pública y trasladar impuestos de los obreros al capital en forma de recortes de impuestos al capital y subsidios a la construcción de obras públicas privatizadas. Viene una época de cambios en Estados Unidos y en todo el mundo. Temo que estamos al borde del infierno. Seguramente habrá masivos estallidos sociales, pero también una escalada espeluznante de represión estatal y privada.

La crisis en espiral del capitalismo global ha llegado a una encrucijada. O bien hay una reforma radical del sistema (si no su derrocamiento) o habrá un giro brusco hacia el "fascismo del siglo XXI". El fracaso del reformismo de élite y la falta de voluntad de la élite transnacional para desafiar la depredación y rapacidad del capitalismo global han abierto el camino para una respuesta de extrema derecha a la crisis. El trumpismo es la variante estadunidense del ascenso de una derecha neofascista frente a la crisis en todo el mundo; el Brexit, el resurgimiento de la derecha europea; el retorno vengativo de la derecha en América Latina, Duterte en Filipinas, etcétera. En Estados Unidos la traición de la élite liberal es tan responsable del trumpismo como las fuerzas de extrema derecha que movilizaron a la población blanca en torno a un programa de chivo expiatorio racista, misógino y basado en la manipulación del miedo y la desestabilización económica. Críticamente, la clase política, que durante las últimas tres décadas ha prevalecido, está más que en bancarrota y ha pavimentado la llegada de la extrema derecha y eclipsado el lenguaje de las clases trabajadoras y populares y del anticapitalismo. Contribuye a descarrilar las revueltas en curso desde abajo, empuja a los trabajadores blancos a una "identidad" fundamentada en el nacionalismo blanco y coadyuva junto con la derecha neofascista a organizarlos en lo que Fletcher denomina "un frente unido blanco y misógino".

 

Por William I. Robinson, profesor de sociología de la Universidad de California en Santa Bárbara. Autor del libro América Latina y el capitalismo global, una perspectiva crítica de la globalización (México, Siglo XXI)

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Congreso brasileño aprueba en primera ronda congelar el gasto social por 20 años

El Senado de Brasil aprobó este martes en primera ronda de votación un estricto límite al gasto federal por 20 años, lo que representa una oportuna victoria para el presidente Michel Temer en su campaña por restablecer la disciplina fiscal en medio de una recesión económica y una crisis política.

Mientras, afuera del recinto legislativo, manifestantes que protestaban contra las medidas de austeridad fueron reprimidos con gas lacrimógeno.

La movilización, que convocó desde estudiantes y campesinos sin tierra hasta activistas sindicales y simpatizantes del izquierdista Partido de los Trabajadores, se calculó en 10 mil asistentes.

El Senado respaldó con 61 votos a favor y 14 en contra la enmienda a la Constitución que limita el gasto federal a la tasa de inflación durante 20 años, con la opción de una revisión presidencial luego de 10. Se espera que la enmienda sea aprobada en una votación final el 13 de diciembre.

La oposición de Brasil dice que el límite al gasto propuesto por Temer afectará la educación y los servicios de salud. Para hacer el proyecto de ley más aceptable, Temer propuso retrasar los recortes a esos sectores por un año.

Las protestas muestran el creciente malestar social con la campaña de austeridad de Temer, en momentos en que la economía atraviesa por su peor recesión desde la década de 1930, que ha dejado a 12 millones de personas sin trabajo.

El presidente, a través de un portavoz, condenó "el vandalismo y la violencia" como medidas de presión antidemocráticas hacia el Congreso.

Desafío al Poder Judicial

El Legislativo brasileño también comenzó el proceso para aprobar otro proyecto de alto impacto: un paquete anticorrupción que amenaza con convertirse en un abierto desafío al Poder Judicial.

Los diputados discutirán una iniciativa impulsada por los fiscales del escándalo de multimillonarios sobornos de Petrobras, que llegó al recinto apoyada por más de 2 millones de firmas.

El proyecto pretende atacar la corrupción rampante que salpica a buena parte de la clase política actual, pero en la Cámara de Diputados gana fuerza un movimiento que pretende incorporar una enmienda que permita castigar a jueces y fiscales por "crímenes de responsabilidad". Esa figura sólo se aplica por el momento al primer nivel del Estado, como el presidente, jueces o gobernadores.

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China y Arabia Saudita realizan una histórica venta de bonos del Tesoro de EE.UU.

En total, los bancos centrales internacionales se desprendieron de más 364.000 millones de dólares, más de un tercio de los vendidos en el último año.

 

La venta de bonos del Tesoro de EE.UU. se aceleró en los últimos meses, hasta ubicarlos en un total de 2.805 billones de dólares, el nuevo mínimo desde 2012. La caída constante marca que, hace un mes, el retroceso de los bonos llegó a un total de 343.000 millones, aunque de acuerdo con la última revisión, el desmembramiento de los papeles estadounidenses continuó hasta ubicarse en 364.400 millones, más de un tercio de los vendidos en los últimos 12 meses, detalló el sitio 24/7 Wall St.


En este panorama, los mayores vendedores, a un ritmo "preocupante", fueron China y Arabia Saudita. En una continuidad de su política monetaria, Pekín se deshizo en julio último de 34.000 millones de dólares en bonos, la mayor desde 2012, reteniendo un total de 1.185 billones, también el menor desde 2012. De esta manera, intenta hacer frente a la devaluación de su moneda.


Por su parte, Arabia Saudita redujo sus activos declarados de 96.500 millones a 93.000 millones de dólares en agosto, la cifra más baja desde el verano de 2014. Riad buscó obtener fondos para compensar la caída del precio del petróleo y para respaldar el déficit presupuestario, explica el portal.


En todos estos casos, el principal comprador es el sector privado, por lo que el portal explica que, si además del desprendimiento de bonos de las instituciones oficiales extranjeras los particulares dejaran de comprar, el resultado debería ser un aumento de la monetización de la deuda de EE.UU. por parte de la Reserva Federal.

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Jueves, 20 Octubre 2016 17:43

Llegó lo tantas veces anunciado

Llegó lo tantas veces anunciado

Con la radicación el 19 de octubre, en el Congreso de la República del proyecto de reforma tributaria por parte del Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, comienza el trámite para la aprobación de los cambios impositivos que trae la misma.

Anunciada desde meses atrás, la reforma pretende llenar el hueco fiscal creado por la caída de las exportaciones, y de los precios, de las materias primas vendidas por el país, en especial petróleo, carbón, níquel.

Como estaba anunciado desde tiempo atrás, uno de los ajustes tributarios que trae este paquetazo santista, recae en el incremento del IVA el cual pasaría del 16 al 19 por ciento. Gravar salarios desde los $ 2.750.000 pesos, también es otra de sus medidas. Es decir, el paquetazo impositivo –que debe hacerse por “el bien de la patria”, según palabras del Ministro Cárdenas–, promete un grave costo para los sectores populares y medios de la sociedad, la cual aún está a tiempo de impedir, a través de la protesta, que así sea.

En momentos en que la agenda de paz concita de manera amplia a todo el país, hablándose de concertación y de un mejor futuro para todas aquellas personas que pueblan el territorio colombiano, la reforma tributaria muestra el sendero y los intereses reales que recorre el sector de clase al frente del gobierno nacional. ¿Es posible hacer coincidir la agenda en pro de una paz justa con la de vida digna en general, la cual implica una política tributaria que no afecte a las mayorías nacionales? El reto es grande pero posible, y hacerlo factible está en manos de las organizaciones sociales y política alternativas.

El tiempo de lucha y resistencia es corto: desde esta tercera semana de octubre y hasta la tercera semana de diciembre, cuando culminan las sesiones ordinarias del Congreso.

Sacar el debate de los salones de especialistas, y llevarlo a las aulas escolares, universitarias y a la calle misma, es un reto que no da tregua. Debe hacerse desde ahora, levantando la bandera de un emplazamiento contra el actual Gobierno, con el cual los sectores populares reclamen una política económica y tributaria a favor de las mayorías, a la par de una política de paz que no deje por fuera el modelo de desarrollo y todo lo que el mismo implica.

Si el destino de la patria es lo que reclaman los sectores dominantes, que no lo piensen dos veces y legislen gravando de manera prioritaria a los más ricos, a las multinacionales, a las grandes empresas criollas, que dejen de actuar de acuerdo a las demandas de la Ocde, y que replanteen el modelo de desarrollo vigente, de espaldas a los intereses de las mayorías.

Es el tiempo del cambio para un nuevo país: paz justa y digna, nuevo modelo de desarrollo y una política económica y tributaria que proteja a las mayorías. Para alimentar el debate, relacionamos a continuación los textos radicados por el Ministro.

 

 

 

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El plan C de EU en Siria: guerra furtiva de baja intensidad contra Rusia

La fractura geopolítica global es notoria en los multimedia de las grandes potencias del Olimpo.

Las noticias, que reflejan sus concomitantes intereses, también están fracturadas.

Los poderosos multimedia de Estados Unidos (EU) están más obsesionados en los deleznables escándalos eróticos de Donald Trump, a quien buscan descarrilar antes del último debate, que en la alarmante situación geopolítica global en la que opera Barack Obama antes de despedirse.

En su aplastante mayoría, los multimedia de EU están obscenamente controlados por el alicaído establishment dual de los partidos Demócrata y Republicano, lo cual se subsume en la anacrónica Santa Alianza de sus dos nuevas dinastías de los Clinton y los Bush que exorciza en forma peligrosa al zar Vlady Putin y coloca a Rusia en la picota.

¿Cual será el costo postelectoral para la salud nuclear del planeta, de la viciosa rusofobia de los seguidores de la pugnaz Hillary Clinton?

Los multimedia de Europa, en franca derrilección, se encuentran encapsulados en su declive existencial, mientras sus homólogos chinos son los más optimistas del planeta cuando exaltan la octava cumbre de los BRICS en Goa (India) y su anhelo pacífico multipolar, boicoteados en forma pueril por sus colegas occidentales.

Después de los perturbadores ejercicios de movilización en refugios atómicos de 40 millones (sic) de ciudadanos rusos, casi su cuarta parte poblacional, del 3 al 7 de octubre pasado –también boicoteados por Occidente, que se refocila con su síndrome de la negación–, los multimedia de Rusia ostentan un pesimismo espeluznante ante la inminencia de un pérfido ataque nuclear de Obama, quien ejerce al máximo su legendaria duplicidad.

Dmitry Kiselyov, que muchos sitúan como portavoz del zar Vlady Putin, en un reciente programa de Vesti Nedelyi de la televisión rusa, sentenció que la conducta ofensiva contra Rusia comporta una dimensión nuclear cuando Moscú reaccionará con nervios de acero al plan B de EU ( https://goo.gl/USWR9s ).

El analista Alexander Kirov, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú, adujo que la grave situación en Siria parece similar a la crisis de Suez de 1956, o a la crisis de los misiles de 1962, y advirtió que Siria puede llevar a más serias consecuencias.

Los puntos de colisión entre EU y Rusia son múltiples y variados. Van desde la guerra cibernética hasta los ominosos tres puntos calientes geopolíticos en pleno despliegue en su dimensión curvilínea desde el mar Báltico pasando por el mar Negro hasta el mar Mediterráneo: 1. La triada de Países Bálticos/Polonia/Kaliningrado (Rusia), donde la ofensiva misilística de la dupla EU/OTAN ha llevado a la réplica análoga de Rusia; 2. Ucrania, donde los rusófobos de Kiev han vuelto a recalentar los frentes rusófilos de Donetsk y Lugansk, y 3. Siria, donde la inminente caída de Alepo impactará la caleidoscópica correlación pentapolar regional de fuerzas de sus principales actores multidimensionales: Turquía/Irán/Arabia Saudita (AS)/Egipto/Israel.

En cualquiera de los tres puntos incandescentes e indecentes de marras se puede desencadenar una colisión directa entre EU y Rusia que desembocaría en una tercera guerra mundial nuclear.

Hoy es más conspicuo el contencioso sirio cuando tanto la CIA como Ashton Carter, secretario del Pentágono, han amagado intervenir en Siria con un abanico de opciones militares, mientras Obama –al menos que no se trate de un reparto teatral de roles entre el policía malo y el policía bueno del barato maniqueismo hollywoodense– se acaba de pronunciar por una salida diplomática, la cual cobró fuerte intensidad este fin de semana desde Lausana (Suiza) –donde los cancilleres John Kerry, de EU, y Sergei Lavrov, de Rusia, después de su dramática ruptura, se vuelven a reunir solos y en conjunto con sus homólogos de Turquía, AS, Qatar e Irán –hasta Londres, donde Gran Bretaña, Francia y Alemania participarán en las tratativas.

En los circuitos geoestratégicos globales se presupone que el plan A de Obama versa sobre un condominio con Rusia para resolver por la vía diplomática el contencioso sirio.

En una ocasión John Kerry había amagado con un plan B para Siria que dejó perplejos a los geoestrategas rusos.

Alastair Crooke, ex espía británico y ex asesor de política exterior de la Unión Europea (antes del Brexit), hoy a cargo del relevante portal Conflicts Forum en Beirut, explaya la existencia de un plan B de EU mediante el cual sus superhalcones del Pentágono y la CIA buscan escalar la guerra en Siria, al tiempo que fomentan “una nueva guerra fría con Rusia” que está a punto de descolgar un resonante triunfo de alcances estratégicos en Alepo.

El ex espía Crooke asevera que Paul Ryan, líder camaral del Partido Republicano, forma parte del “bloque de la guerra fría”, quien ha catalogado al zar Vlady Putin de adversario y agresor (sic) que no comparte los intereses de EU.

También Hillary Cinton pertenece al “bloque de la guerra fría”, lo que explica la dualidad promiscua de los partidos Republicano y Demócrata consolidada por sus dos disfuncionales dinastías de los Bush y los Clinton que están a punto de aniquilar sexualmente al locuaz Trump, pero no al trumpismo, consustancial a la guerra civil larvada que padece EU.

A juicio de Crooke, el plan B de EU, en connivencia con sus aliados regionales y los yihadistas de Al-Qaeda/Al Nusra/Ahrar al Sham –transmutados y permutados por la distorsionada lingüística geopolítica israelí-anglosajona–, debían capturar Alepo, lo cual hubiera forzado a Rusia e Irán a desembarazarse del presidente sirio Bashar El-Assad, con el corolario del cambio de régimen.

Si existió un plan B, pues no fue el de EU, sino el de Rusia, que está punto de descolgar un resonante triunfo con su ayuda para conseguir la expulsión por la vía diplomática, luego de intensos bombardeos aéreos, del último reducto yihadista en el noreste de Alepo, que obliga a Obama a regresar a su fariseo plan A de su condominio con Moscú.

Sin tapujos, Crooke demuestra que EU busca la protección de Al Qaeda cuando siempre “maniobró para frenar a Rusia y Siria para debilitar a los yihadistas ( https://goo.gl/gJOaMs )”.

Mike Whitney, asiduo del crítico portal Counterpunch, alega la existencia de un bélico plan C furtivo de EU que coincide con la letra inicial C del apellido de Ashton Carter, pugnaz secretario del Pentágono: una guerra de baja intensidad con el fin de empantanar a Rusia, al estilo del plan Brzezinski en Afganistán, que desembocó en la disolución del imperio soviético ( https://goo.gl/xvRLtx ).

El plan C es furtivo porque evita una resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y libra bombardeos encubiertos (sic) sin el conocimiento (sic) de la opinión pública.

Fue justamente lo que sucedió con el bombardeo accidental (la moda) en la ciudad siria de Der Ez-Zor el 17 de septiembre pasado, que cobró la vida de 62 soldados sirios y favoreció en forma tangencial a los yihadistas, lo cual enfureció a Rusia, que todavía no se acostumbra a la legendaria duplicidad de Obama, quien, dependiendo de las circunstancias, juega con sus tres planes: A, B y C.

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El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016
De la industria familiar a la financiarización global. En el curso de unas pocas décadas la economía colombiana dio un giro de 180 grados. ¿Cómo sucedió esto? Una vuelta al cuaderno nos permite detallar las principales acciones que así lo permitieron.

 

Su mirada es tranquila y transmite la carga de la añoranza. Formado en el primer espíritu del capitalismo (ver recuadro, “Del burgués emprendedor a...”), un patriarca de la industria colombiana caracteriza los tiempos actuales como una época donde los empresarios ya no se conocen entre sí, no saben quiénes son sus trabajadores, el capital no tiene identidad familiar, no se producen bienes materiales para satisfacer necesidades y, menos aún, arraigo en el territorio o responsabilidad social1.

 

Le hubiera gustado, puede deducirse sin que lo exprese a viva voz, que la dinámica económica y empresarial conservara tales facetas pero, más allá de sus añoranzas, la realidad del capital es otra: muta, y lo hace de manera rápida, ahora las empresas, además de abstractas y virtuales, cambian de un día para el otro de dueño sin que estos lleguen siquiera a conocer las plantas físicas, insertándose en una dinámica global: pasando del capitalismo industrial, monopólico, mundializado, con un Estado de Bienestar como el conocido por los europeos y en parte por la sociedad gringa, para ingresar en la etapa de su financiarización donde la especulación es la moneda de pago fundamental y donde los obreros de una u otra empresa ya no importan para sus propietarios –en muchas ocasiones en cabeza de sectores tan impersonales como los fondos de pensiones.

 

En Colombia el proceso de financiarización tiene orígenes en la década de 1970, promovido por el gobierno de Misael Pastrana (1970-1974) y en el contexto del reacomodamiento de las hegemonías nacionales propiciado por el mayor poder de los grupos financieros, a tono con el nuevo patrón de acumulación capitalista en el orden mundial y regional. Los principios que orientaron el nuevo modelo fueron los de libertad económica y el fortalecimiento del mercado nacional de capitales. Tras pocos años el capital financiero se convirtió en el sector líder que debería, en teoría, promover el crecimiento económico. Una vez en marcha la reforma financiera durante la administración de López Michelsen (1974-1978), otras tres estrategias complementarias fueron implementadas: i) la liberalización del sector comercio exterior, ii) la reforma fiscal (eliminación de subsidios y la supresión de las políticas de fomento) y iii) la flexibilización del mercado laboral (deslaboralización de la relación capital-trabajo y agresiva ofensiva contra las organizaciones de trabajadores). El proceso de financiarización entró de lleno al país de la mano con la implantación arbitraria del neoliberalismo.

 

¿Habrá percibido este cambio nuestro empresario cargado de nostalgias? Todo permite pensar que no. El ajuste en la economía criolla al finalizar la década de 1980 se constituyó en una etapa de transición encaminada a crear las condiciones para avanzar en el proceso de financiarización y arraigo de la ideología neoliberal. En este marco fueron diseñadas e introducidas las políticas de liberalización y desregulación financiera, las privatizaciones, el aumento del capital extranjero en la banca, el desmonte del crédito de fomento, el cambio en las funciones de la Banca Central y el manejo de la política cambiaria, monetaria y crediticia, dotando al capital financiero de todas las garantías para especular y estrangular la economía. En conjunto, se desmontó la función de fomento de la banca central, la banca pública fue privatizada (para el año 2006, el único banco estatal que quedaba en el país era el Banco Agrario) y el sistema financiero fue liberalizado.

 

En particular, a partir de la administración de César Gaviria (1990-1994) la burocracia estatal y la oligarquía nacional promovieron un agresivo proceso de desmonte de los aranceles, firmas de tratado de libre comercio2, liberación del mercado de capitales y de la tasa de cambio de la moneda, generándose todo tipo de favorecimientos para la inversión extranjera y hasta de importación de alimentos. Cambios y nuevas políticas económicas liberalizadoras y globalizantes, soportados sobre el supuesto de una modernización del aparato económico, la diversificación industrial, el crecimiento sostenido de las exportaciones y la generación de empleo de alta calidad.

 

 

 

Realidad tozuda. El paso de los años arrojó resultados contrarios: la industria perdió participación en el PIB, sus exportaciones no crecieron ni se diversificaron, las compañías se privatizaron y desnacionalizaron (cerca de mil transnacionales controlan en la actualidad alrededor del 80 por ciento de las actividades económicas en el país), el desempleo afecta al 10 por ciento de la fuerza laboral y la informalidad al 65 por ciento en el total del empleo nacional, y un crónico déficit en cuenta corriente3 tomó forma.


El capital avanza con lógica global y los políticos locales hacen su parte, pagando así la financiación de sus campañas y el silencio del poder real. Con la Constitución Política de 1991, el Banco de la República perdió el control de las variables macroeconómicas básicas porque los movimientos financieros del capital, y con ello la moneda, finalizaron determinados por la lógica privada de los mercados. La dinámica del capital financiero condujo hacia la inestabilidad del sistema en su conjunto, generando burbujas especulativas, a través de tres lógicas: i) cambiaria (con la apertura de la cuenta de capitales), ii) financiera (estimulo mediante el crédito del gasto público y privado) y iii) de la balanza de pagos (déficit en la cuenta corriente: déficit comercial más servicios financieros externos).

 

El impacto de esta política financiera desencadenó, al finalizar el siglo XX, la peor crisis económica y social de la historia contemporánea del país, catástrofe financiera que amenazó la solvencia de la mayoría de los establecimientos de crédito: entró en peligro la viabilidad de los negocios de las corporaciones de ahorro y vivienda, las cooperativas financieras, las compañías de financiamiento comercial, las corporaciones financieras y los bancos oficiales, lo mismo que la seguridad de los ahorros de millones de personas, la propiedad de la vivienda de los hogares colombianos y la estabilidad de las finanzas del gobierno. En 1999 la economía de Colombia colapsó y declinó en 4,3 por ciento.

 

La peor parte de la crisis recayó sobre los deudores del sistema Upac, que entró en crisis después de 27 años de existencia. Tres millones de hogares perdieron o vieron amenazada la tenencia de su vivienda. El costo total de la crisis la estimó el Gobierno en 12,3 billones de pesos. Para superar la crisis, el Estado creó de manera “transitoria” el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), conocido inicialmente como el 2x1.000; después elevado al 3x1.000 (Ley 863 de 2003), hasta adquirir carácter permanente en el 4x1.000 a partir de la Ley 1111 de 2006. Los recursos obtenidos de esta fuente se destinaron inicialmente a salvar la banca privada. El gobierno, los ahorradores y la ciudadanía asumieron el riesgo crediticio y el costo de la crisis provocada por el agiotaje de los banqueros.

 

Una década después, en 2008, nuevamente la crisis financiera generada por el rompimiento de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006 provocó un colapso inicial en el sistema financiero estadounidense y después contagió a todo el sistema internacional. La economía colombiana se encontraba desguarnecida para enfrentar el “tsunami” financiero.

 

Financiarización a la colombiana

 

A partir de la década de 1970 y hasta el presente, el proceso de financiarización de la economía nacional no ha dado tregua, y crece. Hasta mediados de la década de 1960 la participación del sector financiero en el producto interno bruto nacional (PIB) fue inferior al cinco por ciento. Durante tres décadas, de 1965 a 1996, la participación relativa de este sector osciló entre 11 y 15 por ciento. En pleno proceso de materialización de las políticas que impulsaron la financiarización en Colombia el mismo escaló a más del veinte por ciento su participación en el PIB y en el año 2016 ya alcanza 22,5 por ciento. La nuestra es una sociedad que tiende cada vez más a estar en función y al servicio del capital financiero (ver gráfico 1).

 

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Lo paradójico de la financiarización consiste en que si bien el capital financiero se apropia de una cuarta parte de la riqueza anual producida por la sociedad colombiana, emplea sólo a 1,4 por ciento del total de trabajadores del país (316.000 empleados; de estos únicamente el 40% tiene contrato a término indefinido), paga salarios anuales por sólo 2,4 billones de pesos, en términos relativos 16,3 por ciento respecto a las utilidades del capital financiero. El promedio ponderado de los ingresos salariales de los trabajadores del sector financiero es de tres SML. Además, el margen de intermediación bancaria en Colombia es el más alto de América Latina, en promedio entre 3 y 4 puntos por encima.

De acuerdo con la Superintendencia Finan-ciera, los activos del sector financiero alcanzaron un valor de $1.229.1 billones al cierre de diciembre de 2015, correspondiente a un crecimiento real anual de 4.7 por ciento (el conjunto de la economía creció 3,1%). Para diciembre de 2015 las utilidades anuales del sistema4 se acercan a los $15 billones de pesos. Las ganancias acumuladas por las instituciones de crédito se ubicaron en $10.7 billones anuales, de las cuales $9.2 billones correspondieron a los bancos, seguidos por las corporaciones financieras con $566.8 miles de millones, las compañías de financiamiento con $419.7 miles de millones y las cooperativas financieras con $43.2 miles de millones (ver cuadro 1).

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Además, el sector financiero es altamente concentrado. El nivel de participación de los cinco intermediarios más grandes, según el Banco de la República, se ubica en 63,7 por ciento. En el país operan 25 bancos, de estos 10 son extranjeros y controlan 27,4 por ciento del mercado; en consecuencia, el capital financiero de origen nacional tiene una posición relevante: 60 por ciento de las instituciones bancarias y controla 72,6 por ciento del negocio. Bancolombia, Bogotá y Davivienda, por ejemplo, son bancos que no sólo tienen amplio dominio en el mercado criollo, sino que además expandieron su presencia a Centro América donde controlan una alta porción de las actividades crediticias, pretendiendo, además, “colonizar” los mercados regionales hasta constituirse en multilatinas.

 

 

 

Con una economía cada vez más insertada en la dinámica global, la suerte de la economía criolla depende en gran medida del comportamiento de la economía mundial. A partir del proceso de financiarización, la fragilidad e inestabilidad del sistema productivo nacional se amplifican (gráfico 1).

 

En general, la economía colombiana ha evolucionado durante el último siglo hacia un modelo extractivo-financiero, cicatero en la generación de empleo y la distribución del ingreso (gráfico 2), registrando una grave crisis los sectores reales (agropecuario e industria), en medio de un crecimiento acelerado de la población (de un total de 4 millones de habitantes a principios del siglo XX hasta cerca de 49 millones en 2016) lo que provoca un desempleo estructural en la sociedad. Además, a partir de la década de 1980 se observan los impactos de este modelo rentístico y reprimarizado en la concentración del ingreso en el 10 por ciento más rico de la población, proceso más acentuado acá respecto al conjunto de América Latina y el Caribe: en Colombia los ricos concentran el 42 por ciento del ingreso y en Latinoamérica el 38 por ciento (gráfico 3).

 

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Las principales empresas no financieras de Colombia, 1984-2015

 

La evolución histórica de la industrialización colombiana transcurre en medio de un denso tejido entre propiedad estatal, fortunas familiares, transnacionales y llegada de migrantes de origen europeo, norteamericano y sirio-libanés (a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX).

 

Sobre el despojo violento y veloz de las riquezas aborígenes, la economía del país fue dominada por una oligarquía cerrada y “autista” con base en la explotación minero-energética, el comercio, la agricultura latifundista y la ganadería semisalvaje.

 

A principios del siglo XX, la economía colombiana era primario-exportadora. Así como el siglo XIX estuvo marcado por la disgregación nacional y el enfeudamiento, el siglo XX se caracteriza por la lenta unificación política, el desarrollo capitalista, la formación de un mercado interno, un Estado centralista y autoritario, con diferencias regionales pero de manera sostenida y englobante.

 

Las primeras fábricas locales levantaron instalaciones a finales del siglo XIX. La Cervecería Bavaria fue fundada en 1891, organizada por un inmigrante alemán, Leo Kopp5. A diferencia del caso clásico, la industria en Colombia encontró en las ferias y mercados internacionales la tecnología más avanzada y pudo en consecuencia dar el salto de estadios y fases, sin tener que pasar por todos ellos; práctica que se mantiene hasta la actualidad y que frena el desarrollo científico y tecnológico criollo. A la vez, desde el alba de la industrialización, el capital norteamericano controlaba el petróleo, el enclave bananero y la intermediación del café.

 

 

 

Al calor de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) esta dinámica industrial se aceleró. Los principales centros industriales estaban ubicados en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, especializadas principalmente en actividades tradicionales de producción de alimentos y bebidas, textiles y confecciones, calzado, tabaco, fósforos, locería, vidrios, cementos, ferreterías y fundición. En la década de 1920 el país fortaleció sus vínculos con el capital financiero internacional (las relaciones financieras entre el país y el resto del mundo toma forma a través de la deuda externa, la inversión extranjera y los flujos especulativos de capital).

 

A principios del siglo XX, en comparación con la Primera Revolución Industrial6 la industria colombiana registraba un atraso de 150 años7. Las actividades más complejas tecnológicamente (intensivas en maquinaria, capital humano, ciencia, tecnología e innovación) aún no lograban desarrollarse con la suficiente dinámica. Para la oligarquía nacional era más cómodo y rentable realizar negocios y satisfacer la demanda interna por mediación del capital comercial, prematuramente diversificado e internacionalizado. La mayor parte del mercado que creaba las exportaciones (café, banano y petróleo, principalmente) se realizaba en el extranjero, recurriendo a las importaciones, especialmente de bienes de consumo que absorbían el 80 por ciento de éstas. En la época de la acumulación primaria de capital el comercio desempeña un papel decisivo: es el punto de partida del desarrollo del capitalismo, y en la primera fase, gracias al sistema crediticio, hace que la producción dependa de sí misma. En una economía capitalista desarrollada esta dependencia deja de existir, y la producción y el comercio se separan. Posteriormente, el capital se concentra y centraliza a causa del proceso de financiarización del conjunto social.

 

Las firmas privadas nacionales, negocios familiares muchas de ellas, lideraron este proceso en las primeras etapas del crecimiento industrial. El dinamismo de la industrialización criolla estuvo fundamentado en una extremada explotación de los trabajadores, combinada con estabilidad de salarios bajos y aumentos en la productividad, más un nivel de precios industriales protegidos que abusan del consumidor, y un mercado integrado y en expansión. Condición que apuntaló una de las características principales de la sociedad colombiana: las grandes desigualdades entre sus clases.

 

Dinámica lenta y desigual. El desarrollo económico moderno que había comenzado a insinuarse en las últimas décadas del siglo XIX, se aceleró a partir de los años 1930. Y, en términos cualitativos, en 1945 se cerró la fase de industrialización basada en la expansión de los textiles, bebidas, tabaco y alimentos, financiada por capital nacional, protección y subsidios estatales.

 

El mes de septiembre de 1944 se creó, acogiendo la propuesta del presidente Alfonso López Pumarejo de tener un vocero único de los industriales, la Asociación Nacional de Industriales (Andi), el gremio económico más representativo de la plataforma productiva colombiana, con el propósito de participar con criterio unificado en la política económica nacional8.

 

Durante las décadas de 1940-1960, las multinacionales y las empresas públicas lideraron el desarrollo industrial, en menor grado, sin embargo, que en otros países latinoamericanos, proceso que desde sus inicios estuvo acompañado de elevados índices de concentración de la producción en unas pocas empresas. A partir de la década de 1970, esta foto de la concentración de los negocios evolucionó hacia la conformación de verdaderos conglomerados económicos en cabeza de pocos grupos financieros (unión del capital industrial con el bancario). El capital financiero es el capital bancario, o capital en la forma de dinero, que en realidad se transforma en capital industrial. A la vez, la concentración de capital lleva a la concentración de los bancos. Estos, también están interesados en una elevada tasa de beneficios, por tanto, los bancos tienden a fortalecer la creación de monopolios industriales.

 

Buena parte de la inversión privada era financiada por bancos extranjeros. Los inversionistas extranjeros y las trasnacionales monopolizaron los sectores modernos de la producción industrial librando la batalla en algunas actividades contra los capitalistas nacionales que terminaron, finalmente, en connubio con los capitales foráneos y echando por tierra todo interés o proyecto sociocultural-político-ambiental nacionalista.

 

En efecto, entre 1968 y 1984 se incrementó de manera significativa el grado de concentración de la industria colombiana; para este último año el 60 por ciento de la producción industrial tenía lugar en industrias mediana y altamente concentradas. Durante la segunda mitad del siglo XX, la plusvalía apropiada por las grandes firmas oligopólicas es dirigida hacia la compra de empresas ya existentes en la economía, y no para desarrollar nuevas líneas de producción a tono con las revoluciones industriales de segunda a cuarta generación. Se conformaron así oligopolios altamente concentrados, con elevadas barreras a la entrada de nuevos productores, y beneficios estatales de todo orden, lo cual no las inmunizó ante los ciclos negativos globales.

 

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Afectada por la crisis económica de inicios de los años 80, seis de las veinte principales empresas del país arrojaban saldos en rojo: Avianca (empresa colombo-alemana fundada en Barranquilla, en 1919), Cadenalco (creada en 1922 en Barranquilla, como la tienda de misceláneas LEY), Coltejer (fundada en 1907 por la familia Echavarría en Medellín), Colmotores (emerge en 1956 de la visión del empresario colombiano Germán Montoya Vélez, con el apoyo del gobierno nacional) y Acerías Paz del Río (fundada en 1948, por iniciativa del gobierno colombiano, para explotar las minas de hierro y carbón de Boyacá).

 

En 1984, las veinte principales empresas (no financieras) del país estaban vinculadas al sector minero-energético, el comercio, el transporte y la producción de bienes básicos de consumo (cuadro 2)9. Sobresalen como las dos primeras compañías: Ecopetrol (la reversión al Estado colombiano de la Concesión De Mares, el 25 de agosto de 1951, dio origen a la Empresa Colombiana de Petróleos) y el Fondo Nacional del Café (en 1940 por decreto ley 2078 fue creado un impuesto sobre los giros provenientes de las exportaciones del grano del cual nació el Fondo Nacional del Café, como una cuenta parafiscal, cuya actividad consiste en la compra interna de la cosecha y la exportación del grano).

 

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De otra parte, 1984 es el año que da inicio al “boom” petrolero con los hallazgos de los campos de Caño Limón (Arauca) con lo cual el país volvió a ser autosuficiente y exportador neto de petróleo (entre 1975 y 1985 fueron importados 240 millones de barriles, por valor cercano a los 5.000 millones de dólares). Desde los inicios de la actividad petrolera en Colombia (1905, bajo la presidencia del general Rafael Reyes) están comprometidas intensamente compañías multinacionales; durante este último resurgimiento de la actividad minero-energética, Occidental y Shell lideraron el negocio. Con el aumento de la producción de hidrocarburos, el país retornó a la danza de los millones generada luego de los grandes descubrimientos petroleros y mineros, al igual que las generadas en el pasado reciente por las bonanzas cafeteras y el auge de la economía subterránea (narcotráfico y contrabando).

 

La rentabilidad más alta (tasa de ganancia: utilidades/ventas) se registra en otra empresa estatal del sector de energía, electricidad y gas: ISA, Interconexión Eléctrica S.A. (constituida en 1967 con el fin de integrar los sistemas eléctricos regionales). Con el tiempo, las empresas de servicios públicos terminaron por ser las de mayor crecimiento dado que imponen precios monopólicos que los consumidores no pueden rechazar, empresas que a su vez son el botín preferido (en recursos económicos, poder de influencia y generación de empleo) de los grupos y partidos políticos de carácter regional y nacional. En general, estas empresas de servicios públicos, unidas a las licoreras departamentales y a los fondos parafiscales (por medio de los cuales los productores de algunos bienes, la gran mayoría agrícolas, están obligados a pagar impuestos sobre sus ingresos, denominados contribuciones, cuyos recaudos se trasladan a los gremios del sector) sostienen, en gran medida, la corrupción, los sobornos, el clientelismo y la politiquería.

 

Del primer ranking publicado por la Revista Semana (edición 168 de julio de 1985), se desprende que los tres conglomerados predominantes por entonces eran el Grupo Cafetero, la familia Santo Domingo y la Organización Ardila Lülle. Otra característica importante en el mapa empresarial de esos años, borrada con el tiempo, fue el poderío de la industria textil. Las más tradicionales y emblemáticas textileras nacionales (Coltejer, Fabricato, Tejicóndor y Enka) tuvieron –por mucho tiempo– asegurado un lugar en el cuadro de honor de las grandes empresas del país, afirma la mencionada revista.

 

Todo esto dio un giro. A partir de 1990, los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria adoptaron un ambicioso conjunto de medidas de comercio exterior y acuerdos de libre comercio que desvanecieron una larga tradición de alta protección a la producción nacional. La década de 1990 abrió con nuevo gobierno, nuevas leyes, nuevas experiencias democráticas y nuevas reglas de juego económicas, comenzando por la Constitución Política de 1991 que reemplazó la Carta de 1886. El título XII “Del régimen económico y de la hacienda pública”, define los principios políticos que orientan el sistema económico: de una parte, afirma que “La dirección de la economía estará a cargo del Estado” (artículo 334); de otra, establece que la libre competencia es un derecho: “La actividad económica y la iniciativa privada son libres” (artículo 333); ambigüedad y contradicción que atraviesa la Constitución, esto es, el antagonismo entre el ideal regulador del Estado social y democrático de derecho y la más radical doctrina neoliberal.

 

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Pasan los años, para 1990 en los tres primeros lugares aún figuran las mismas empresas de 1984: Ecopetrol, Fondo Nacional del Café y Esso Colombiana (nació en 1931, propiedad de Rockefeller; perteneciente a la empresa Tropical Oil Company). De las 20 principales compañías, tres registraron pérdidas: Avianca, una vez más, Carbocol (sector minero) y la Flota Mercante Gran Colombiana (sector naviero, creada en 1946 y liquidada en 1997).

 

En las restantes 17 empresas clasificadas en 1990 las tasas de ganancia son positivas. Resaltan las del sector minero-energético que alcanzaron una rentabilidad hasta del 40,4 por ciento anual, ganancias extraordinarias por encima del promedio nacional.

 

Las veinte principales empresas en el año 1990 (de acuerdo con los volúmenes de ventas o ingresos operacionales), según ranking de la mencionada revista, son representativas de los sectores minero-energético, combustibles y lubricantes, alimentos y bebidas, papelero, transportes, comercio, automotriz, textiles, fertilizantes agrícolas, estructuras metálicas, automotriz y Cajas de compensación familiar. El grupo Bavaria, de la familia Santo Domingo, de Barranquilla, para principios de la década de 1990 constituía el quinto grupo cervecero más grande del mundo, con inversiones en Latinoamérica y Europa. De otra parte, las Cajas de compensación familiar comenzaban a concentrar los recursos públicos de las políticas sociales, por delegación del Estado, y a incursionar con fuerza y racionalidad privada en el comercio de bienes de consumo y fármacos.

 

En 1999, el PIB de Colombia cayó más de un 4 por ciento y los efectos se extendieron hasta el último trimestre de 2001; para vivir, entre 2003 y 2007, la expansión económica más importante en el último medio siglo: el PIB creció en promedio por encima del 5 por ciento. Durante el período 1980-2016 la economía criolla se expandió a un ritmo promedio anual de 3,5 por ciento, mientras que la economía mundial lo hacía al 2,9 por ciento; no obstante, la actividad productiva nacional es más volátil, la varianza de la evolución de los negocios (consiste en una medida estadística vinculada a la dispersión de una variable aleatoria) en Colombia es de 13,1 en contraste con el promedio mundial de las variaciones en el crecimiento económico que es de apenas 1,9 durante los últimos 37 años.
Según la edición aniversario de los 30 años del ranking publicado por la Revista Semana, los últimos 25 años, de la mano de la apertura económica propiciada por la nueva Constitución, fueron intensos en el mundo de los negocios y puede decirse que pasó de todo: hubo fusiones, compras, ventas y alianzas; muchas empresas colombianas fueron al mercado externo para expandir sus negocios, algunas por la vía de las exportaciones y otras instalándose directamente en esos mercados; la inversión extranjera directa llegó por montones al país y le cambió la cara a su economía. Colombia se convirtió en un destino atractivo para los inversionistas.

 

En paralelo, según el registro oficial de la Unidad para las Víctimas de la Presidencia de la República, el conflicto interno bélico dejó un saldo de ocho millones de víctimas durante el período 1985-2015. Los datos institucionales referencian 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos, 6,8 millones de desplazados por la violencia y el despojo de 4,2 millones de hectáreas de tierra productiva a los pobladores del campo.

 

Importantes compañías han sido beneficiarias de este proceso; los capitalistas orientaron parte de sus portafolios de inversión hacia la compra masiva de tierras. Así, por ejemplo, Argos S.A. y su empresa filial Reforestadora del Caribe S.A.S compraron y englobaron 12.500 hectáreas de las tierras de campesinos desplazados por la violencia de los Montes de María; Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño de la empresa Corficolombiana posee más de 12.000 hectáreas de palma y 4.000 de caucho en el Meta; la empresa Manuelita10, propiedad de la familia Eder del Valle del Cauca, tiene 37.000 hectáreas entre Meta y Casanare; Riopaila Castilla S.A. (empresa agroindustrial con 98 años de experiencia, creada por la fusión de 2 ingenios vallecaucanos, propiedad de la familia González Caicedo) posee 40.000 hectáreas en Vichada.

 

A estos ejemplos se une la entrada de multinacionales especializadas en la producción de agro-combustibles (Cargill, Pacific Energy y Poligrow, entre otras) que son propietarias de miles de hectáreas, dando origen a lo que se conoce a nivel mundial como “land grabbing” o acaparamiento de tierras por empresas transnacionales. El Estado colombiano ha impulsado esta dinámica, incluso de manera abiertamente ilegal, de lo cual da cuenta lo realizado por el hoy condenado exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias (2005-2009)11 a través de la política conocida como Agro Ingreso Seguro, esto es, la entrega de millonarios subsidios agrícolas a grandes hacendados. En este mismo sentido va la ley que creó las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Social (Zidres), sancionada por el presidente Santos en enero de 2016, tildándola como “una verdadera revolución para el campo”.

 

Concentración de riqueza que prosigue. En el conjunto de las 20 principales empresas (no financieras) 19 registran para el año 2015 tasas de ganancias positivas (ver cuadro 4). La rentabilidad más alta corresponde a ISA con una tasa de ganancia de 45,6 por ciento anual; le sigue Bavaria (empresa que en 2005 se fusionó a la multinacional SABMiller, en una operación por 7.800 millones de dólares) con una tasa de ganancia de 43,8 por ciento anual; y Claro Móvil, del sector de las telecomunicaciones (propiedad del grupo mexicano América Móvil del multimillonario Carlos Slim) con rentabilidad del 22,2 por ciento. La única pérdida la registró Metapetroleum (empresa subsidiaria de Pacific Rubiales Energy, creada en 2002), debido al desplome de los precios del petróleo. En 2015 Avianca (vendida en 2004 por 65 millones de dólares por el grupo Santo Domingo al empresario de origen judío-polaco y naturalizado brasilero-colombiano Germán Efromovich) registró una rentabilidad de 5 por ciento anual; sin embargo, durante el primer semestre del 2016, por problemas financieros, los resultados no fueron positivos para Avianca Holdings, sumando en esos primeros seis meses pérdidas cercanas a los 20 millones de dólares.

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En resumen, en los últimos 30 años se registraron profundos cambios en la matriz económica colombiana, no solamente por los nuevos sectores, sino también por los cambios en la naturaleza de las firmas, en su tamaño y en su alcance regional. Empresas insignias como la Flota Mercante Gran Colombiana, Papelcol, Cadenalco y Alcalis, desaparecieron o decayeron; en reemplazo surgieron nuevos nombres: Pacific en petróleo, Claro en telecomunicaciones, Celcia en Energía, Nutresa en alimentos, Censud en comercio, Grupo EPM en servicios Públicos, Grupo Argos en cementos y Nueva EPS en salud, por ejemplo. Además, el modelo de Estado empresario colapsó a mediados de los años noventa, y la mayoría de las empresas públicas se privatizaron y desnacionalizaron.

 

Además, un cuarto de siglo después de la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política la sociedad sufrió una profunda transformación cultural y económica. En el pasado quedó su encerramiento para ahora ser un país con una economía insertada en la dinámica global, dominada por parte de las transnacionales, y una arraigada cultura consumista, individualista y mafiosa sustentada en la contraética del “todo vale”. Colombia se integró, sin reservas, a la lógica omnicomprensiva del capitalismo, al mercado único mundial.

 

Al mismo tiempo, los grupos corporativos giraron hacia la especialización, con liderazgo en su respectivo sector. En cuanto al financiero, 30 años atrás la banca colombiana se encontraba mayoritariamente nacionalizada, con los principales bancos de propiedad estatal, sin inversión foránea; actualmente, los conglomerados financieros criollos sobresalen por su dinamismo, solidez, con abundantes capitales y elevadas tasas de rentabilidad.

 

Fruto del nuevo espíritu del capitalismo, en el país se consolidaron conglomerados gigantes, así, por ejemplo: Empresas Públicas de Medellín –EPM, es la matriz de un grupo empresarial conformado por 48 compañías, con presencia en la prestación de servicios públicos en Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Panamá; Cementos Argos posee 61 compañías filiales con presencia en Colombia, Surinam, Estados Unidos, Haití, Islas Vírgenes Británicas, Antillas, Curazao, Panamá, Repúbli-ca Dominicana, Honduras, Guayana Francesa y Venezuela; el Grupo Nutresa es la cuarta productora de alimentos en América Latina, tiene plantas en 14 países y exporta a 72 naciones; el Grupo Éxito se convirtió en uno de los “retail” (venta al por menor) más grande en Suramérica con 2.606 tiendas en cuatro países; y, el Banco de Bogotá tiene 10.375 canales de atención de los cuales 2.487 están en Centroamérica.

 

La empresa familiar quedó atrás; el paternalismo conocido por el patriarca que añoraba la empresa por él dirigida, con relación directa con “sus” obreros, ya no regresará; hoy la propiedad empresarial resume una conjunción de capitales en algunas ocasiones públicos, en otros financieros, sumando en otros la alianza de varios capitalistas, y en cualquiera de estas variables la relación patrono-trabajador quedó en manos de terceros. Si los trabajadores quieren hacer valer sus derechos ya no pueden esperar el paternalismo del propietario, solo les queda hacer conciencia de la nueva situación, estrechar lazos, estructurar nuevas formas organizativas y luchar también globalmente. El estribillo: “Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos: viva la internacional”, toma vigencia más que nunca.

 

Años recientes

 

El 2015 y 2016 han sido difíciles para los negocios en Colombia, la economía se encuentra en recesión (3,1 por ciento creció el PIB en 2015 y en 2016 no supera el 2 por ciento); las finanzas públicas se deterioraron por causa del desplome petrolero, la moneda se devaluó haciendo más costosa la deuda externa privada y pública, la inflación se disparó y las tasas de interés van al ritmo del incremento en los precios relativos (la inflación bordea el 9% anual). El empleo pasó a crecer por debajo de la población y en julio de 2016 se perdieron 100.000 puestos de trabajo con respecto al año anterior. El balance macroeconómico se quebró, el país padece un desbalance entre el ahorro y la inversión que tiende a reforzarse; el déficit en cuenta corriente supera la suma del déficit fiscal y la ampliación del crédito al sector privado. El desajuste precipita una caída libre del producto nacional que no es corregido por el mercado.

 

Por el desplome de los ingresos que van a la hacienda pública, producto de la crisis de la renta petrolera, la administración Santos (2010-2018) raspa la olla dejada por los anteriores gobiernos: en enero de 2016 el gobierno nacional vendió el 84 por ciento de Isagén (generadora de energía) al único oferente: el fondo de inversión canadiense Brookfield (acusado de corrupción y sobornos en varios países de Latinoamérica) por la pírrica cifra de 9,4 billones de pesos.

 

La agitación, excitación, trajín, movimiento y vértigo de compras, ventas, adquisiciones, fusiones, quiebras, entradas y salidas de capital, no afloja su ritmo registrado durante el último cuarto de siglo en Colombia. En lo corrido de 2016, Acuña Droguerías fue comprada por la chilena Cruz Verde; Laverlam Veterinaria por la española Indukern; los activos de la Clínica San Rafael por el fondo Rizk Ventures; Archie’s Pizza por la mexicana Alsea; la central de riesgo Cifín por la holandesa TransUnion; el 10 por ciento de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) por la brasileña Bovespa; Té Hatsu, Cerveza Apóstol y Cerveza 3 Cordilleras por el Grupo Postobón; los periódicos La Tarde y Q’hubo por el Diario del Otún; Empaques Flexa por Amcor Holdings (Australia); y Carvajal Ediciones por el Grupo Santillana (España). Más recientemente, en agosto de 2016, Cementos Argos y Argos USA firmaron un acuerdo con Heidelberg Cement, a través de sus subsidiarias norteamericanas Lehigh Hanson Inc. y Essroc Corp., para la adquisición de una planta de producción de cemento en Martinsburg, West Virginia (Estados Unidos) y ocho terminales de cemento que atienden la operación en los estados cercanos por un valor total de 660 millones de dólares. El nuevo espíritu del capitalismo recorre a sus anchas la economía colombiana.

 

 

 

Esta enloquecida circulación y acumulación autopropulsada del capital, encuentra su apogeo, en su camino solipsista de autofecundación, en la actual financiarización especulativa del sistema mundo capitalista. Como lo señalo Marx, en su análisis de EL Capital, es demasiado simplista afirmar que ese monstruo autogendrado, que persigue metas sin escrúpulo humano o ambiental, es una abstracción ideológica. No debe olvidarse que detrás de esta abstracción del capital virtual hay gente de carne y hueso como también objetos proveídos por la naturaleza sobre cuyas capacidades y recursos productivos se basa la circulación y acumulación de capital y de los que se alimenta como un parásito gigantesco.

 

Nuevo espíritu, por último, que supera las fronteras criollas: cuatro empresarios colombianos tienen asegurado su puesto entre los multimillonarios del mundo. Según el ranking 2016 de la revista Forbes, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Alejandro Santo Domingo, Jaime Gilinski Bacal y Carlos Ardila Lulle, hacen parte del club de los que cuentan con fortunas superiores a 1.000 millones de dólares. λ

 

 

1 Cámara de Comercio de Medellín: 100 Empresarios, 100 Historias de vida; consultado 22/08/2016: http://www.camaramedellin.com.co/site/100empresarios/Home/Historias-Empresariales/Historias-Empresariales.aspx
2 Hay tratados con Estados Unidos, la Unión Europea, la mayoría de países de América Latina y el Caribe, con Corea del Sur y negociaciones en curso o planeadas con Turquía, Israel, China y Japón.
3 La Cuenta Corriente es un indicador económico dentro de la Balanza de Pagos que recoge los flujos comerciales de bienes, servicios, ingresos y pagos que se hacen desde un país al exterior y viceversa. Cuando un país realiza un gasto mayor en sus transacciones internacionales que lo que ingresa por ellas, se produce un déficit en la balanza de pagos. Cuando el gasto en las importaciones de bienes y servicios es superior a los ingresos por las exportaciones, se produce un déficit en la cuenta corriente.
4 La actual composición del sistema financiero colombiano es compleja. Este se divide en varios subsectores, los cuales agrupan a varios intermediarios financieros: i) establecimientos de crédito, ii) sociedades de servicios financieros, iii) sociedades de capitalización, iv) entidades aseguradoras e intermediarios de seguros y reaseguros.
5 Puso en marcha la primera cervecería con escala apreciable, y con equipo y técnicas modernas; ocupaba 80 obreros y producía 6.000 litros diarios. Kopp también fundo la empresa Fenicia, productora de envases de vidrio, que entró en actividad en 1897 con el fin de evitar los altos costos y pérdidas de las botellas importadas.
6 Proceso de transformación económica, social y tecnológica iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, extendiéndose unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Norteamérica.
7 Realidad asociada a restricciones impuestas por la geografía nacional (fragmentación del mercado interno), bajos niveles de ingreso debido a la pobreza generalizada de la población (a principios del siglo XX, el 90 por ciento de las familias vivía bajo condiciones miserables), serias carencias de infraestructura y transportes (a fines de la década de 1920 el transporte moderno consistía en fragmentos caóticos de ferrocarriles, carreteras y navegación por vapor), ausencia de fuerza de trabajo calificada y nulo estimulo estatal a las actividades de ciencia, tecnología e innovación.
8 Actualmente se denomina Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, integrada por un porcentaje significativo de empresas pertenecientes a sectores como el industrial, financiero, agroindustrial, de alimentos, comercial y de servicios, entre otros; cuenta con sedes en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Ibagué, Santander de Quilichao y Villavicencio. Las riendas del gremio fueron asumidas por primera vez por Cipriano Restrepo (por entonces gerente de Colombiana de Tabaco) hasta 1946, año en que asumió el cargo durante diez años el legendario empresario José Gutiérrez Gómez, uno de los fundadores del Banco Interamericano de Desarrollo, cuyo liderazgo permitió la creación del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena (1957) y la introducción al país de las Cajas de Compensación Familiar (1954).
9 El análisis de las principales empresas de Colombia tiene como fuente principal las ediciones especiales de la Revista Semana: “Las 100 empresas más grandes en Colombia y las 900 siguientes”; en particular, la edición de aniversario de 30 años, Semana, Edición N° 1724, mayo de 2015, Bogotá.
10 Fundada en 1864 por James Martin Eder, originario de Letonia.
11 Condenado por la Sala de Casación de la Corte Suprema de Justicia a 17 años y 4 meses de prisión.

Bahamas Leaks: desnudan lavado fiscal de Pinochet, Macri, Pemex y el PAN de México

Los máximos promotores del desahuciado neoliberalismo en Latinoamérica emergen en el blanqueo de paraísos fiscales desde las islas Caimán, pasando por Panamá hasta Bahamas.

El neoliberalismo de Latinoamérica expele su insoportable hediondez en varios paraísos fiscales desde las cuentas de 2 mil 642 "mexicanos" entre los 100 mil blanqueadores de la "lista Falciani" (los SwissLeaks) de HSBC/Suiza (https://goo.gl/3i0dwb) hasta “Los papeles de Panamá de Vargas Llosa (https://goo.gl/KnRc70)”.

Se han filtrado datos de 175 mil sociedades opacas y 1.3 millones de documentos en el paraíso fiscal de Bahamas (https://goo.gl/QpPPdJ), en los que resaltan Meritor Investment Ltd y Ashburton Company Ltd, del dictador chileno general Augusto Pinochet Ugarte, su hijo Marco Antonio, así como la participación del presidente argentino, Mauricio Macri, su padre Francisco y su hermano Mariano con el Grupo Sogma (https://goo.gl/mctsbT), al unísono de 431 "mexicanos" hasta ahora “intocables (https://goo.gl/BaMS3y)”.

También asoma el fugaz ex presidente argentino Fernando de la Rúa con dos sociedades, Furia Investment Holdings Inc y Bonds Cay Development Bahamas Ltd.

El zelote neoliberal Macri ya había sido desnudado con sus empresas Fleg Trading y Kagemusha SA por los explosivos papeles de Panamá (https://goo.gl/3HlEBX).

The Irish Times comenta que “los datos de Bahamas Leaks, cuando se cotejan con los papeles de Panamá, proveen una fresca introspección a las tratativas offshore de políticos, criminales (sic) y ejecutivos, así como los banqueros y abogados que ayudan a mover el dinero (https://goo.gl/TqXtyu)”.

Nicholas Shaxson, autor de Las islas del tesoro: paraísos fiscales y los hombres que roban al mundo (http://treasureislands.org/), fustiga que Bahamas "se encuentra a la par con Panamá en términos de su sed y su tolerancia para el dinero sucio (sic)".

Mossack Fonseca, con sede en Panamá, con 20 mil (sic) entidades en Bahamas, forma parte del mefítico grupo.

El portal Critica.com.pa glosa que “los archivos de Bahamas revelan detalles sobre las actividades offshore de primeros ministros, ministros de gabinete, príncipes y delincuentes convictos (https://goo.gl/DNkfbE)”.

Nada nuevo sobre el impulsor del neoliberalismo en Latinoamérica, impuesto por un golpe de Estado con bendición de Kissinger, general Pinochet, quien ya había sido descubierto con sus pestilentas cuentas en el banco Riggs, en Washington (https://goo.gl/NNbUjJ).

Como no puedo ahondar sobre la cleptocracia integral de 175 mil sociedades y 1.3 millones de documentos, seré mas estratégico y regional.

Perturba el pletórico número de "ejecutivos" de Pemex con cuentas espurias en Bahamas. Luego preguntan adónde fue a dar la fortuna de Pemex, hoy privatizado, para ocultar cadáveres y delincuentes.

Brotan ex funcionarios y/o contratistas de los panistas Fox y Calderón (https://goo.gl/6jTPa9): Ignacio Quesada, ex director de "Finanzas Pemex" y ex jefe de asesores en Sedesol y Hacienda del ahora senador panista Ernesto Cordero (íntimo de Calderón), quien expectoró que los mexicanos podían vivir con 6 mil pesos al mes,…pero siempre que se tengan millonarias cuentas alternas en Bahamas.

Las empresas lavadoras de Pemex: Mavi International Corp, Lion Asset Management, Pasco International Ltd, Geological Investment Ltd, Elan Overseas Ltd y Grupo Aknuum –accionista de la infecta Oceanografía, conectados a los hijastros de Fox (https://goo.gl/hcxLDt)–, de los hermanos Hernández Mena, con sus empresas Gixi Ltd y Fortiver Holdings Ltd, enlazados a los gobiernos panistas de Calderón y Fox.

La criminalidad fiscal de Fox no es nueva cuando su también locuaz ex canciller Castañeda Gutman fue desnudado en su asociación con el banco defraudador Stanford, que lavaba al cártel del Golfo (https://goo.gl/x7pk90).

Varios personajes del entramado panista de Fox y Calderón fueron descubiertos ocultando cuentas "paradisiacas": Fernando Canales Clariond, ex secretario de Economía y Energía de Fox, y Fernando Gómez-Mont (https://goo.gl/zNRQOC), ex secretario de Gobernación de Calderón e íntimo de su esposa, Margarita Zavala.

Destacan las cuentas de Olegario Vázquez Raña, Olegario Vázquez Aldir y María de los Ángeles Aldir –presuntamente ligados a Marta Sahagún de Fox– mediante sus radios, televisoras, periódicos, hospitales, hoteles y bancos, con cuatro empresas: Radal Global, Mundella Global, Albino Hall Holdings Ltd. y Marshalls Creek (https://goo.gl/NfFqL5). ¡Qué bonito!

¿Quién investiga?

¡Luego preguntan por qué impera tanta desinformación en el "México neoliberal itamita"!

Son también exhibidos los controladores de Comex: Marcos Achar Levy, Marcos Achar Mehoyas y Salomón Achar Achar, mecenas del mendaz portal "enlace judío" e íntimos de una candidata del PAN a la Presidencia (https://goo.gl/W7RoRY).

Otro personaje vinculado al gobierno de Fox y Calderón es el prófugo Gastón Azcárraga –familiar del mandamás de Televisa–, quien descuartizó a Mexicana de Aviación.

Perturba que Alberto Bazbaz Sacal, encargado de la "Unidad de Inteligencia (sic) Financiera" e inmerso en varios macabros escándalos –desde el caso Paulette hasta el surrealismo de Ficrea (https://goo.gl/BtYRK8), en complicidad con el vilipendiado titular de Condusef– no descubra nada del descarado lavado en HSBC/Suiza ni en papeles de Panamá ni en Bahamas Leaks.

Sin eludir los fétidos nombres fundidos al PRI, no se puede soslayar la operatividad delincuencial del "eje criminal fiscal" del PAN con el Partido Popular español en los paraísos fiscales con sus metástasis pasadas y presentes en Televisa (https://goo.gl/ib1RKl), banco Santander (https://goo.gl/ABZTiZ) y el polémico BBVA Bancomer, cuya bisagra se subsume en los controvertidos quehaceres del "empresario cultural" de Televisa y de Alberto Bailleres, del grupo BAL y mandamás del ITAM, consagrado al desmantelamiento del "México profundo".

No es gratuito que Banco Santander, anterior accionista de Televisa, haya abierto “559 sociedades en Bahamas para sus clientes (https://goo.gl/65AWJS)”.

Toda la emética megacorrupción de OHL está impregnada por las tratativas mafiosas de José María Aznar y el Partido Popular (https://goo.gl/nFrvgc), cuya hediondez se ha vuelto intolerable, en conjunción con el megacorrupto Antonio Solá Reche, su "ideólogo" y anterior jefe de la inmunda campaña electoral del panista Calderón (http://goo.gl/TNkyOO).

El lavado del Partido Popular es ya proverbial (https://goo.gl/atbUps).

De manera más causal que casual, el fondo buitre Cerberus, asociado a la familia Aznar (https://goo.gl/ZVA3Jn), ostenta sus filiales en Bahamas (https://goo.gl/xZqP0A).

Bahamas Leaks es la punta del iceberg de la criminalidad fiscal y/o su espurio blanqueo inherentes al modelo neoliberal "iberoamericano" condensado en el "eje" del Partido Popular y el PAN con sus infectas metástasis "empresariales" y "culturales".

Más allá de las "personas", se trata de una estructura criminal trasnacional muy bien aceitada en Iberoamérica que no solamente blanquea dinero, sino también pretende lavar "imágenes" pútridas mediante la desinformación de sus poderosos multimedia.

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Martes, 06 Septiembre 2016 06:51

Tumbos

Tumbos

La economía mundial da tumbos, pero podemos estar seguros de que los actuales gobiernos de los países "desarrollados" y las instituciones económicas de alcance internacional están incapacitados, por mil razones, para frenar los tumbos y poner un mínimo de orden, ya que, aunque juran (lo que nadie cree) y firmen acuerdos de que cooperarán de este y de aquel modo, todos, o casi todos, violarán las reglas acordadas y buscarán prevalecer sobre los demás.

Aunque Estados Unidos parece haber admitido que ya no es el mandamás mayor absoluto, no ha renunciado a recuperar ese puesto. Y aunque China pudiera aspirar a ocupar ese lugar, todo indica que no quiere hacerlo a gritos, sombrerazos, trompadas y cañonazos. Tiene un ejército de trabajadores inmensamente mayor que cualquier otra potencia y una frontera económica interna mucho mayor al espacio que ahora ocupa; de modo que por sus condiciones y por su propia idiosincrasia siempre intentan ver más allá de varias generaciones futuras para tomar sus decisiones. Pueden, por tanto, esperar el tiempo necesario a que las cosas maduren hasta que los frutos empiecen a caer por sí solos. Cierto o no, se cuenta que Deng Xiaoping, máximo líder de la República Popular China de 1978 hasta el último año de su vida (1997), interrogado acerca de la importancia histórica que él atribuía a la revolución francesa, respondió que era demasiado pronto para expresar una opinión suficientemente informada y reflexionada.

Stephen S. Roach, el ex presidente de Morgan Stanley Asia y economista jefe de la firma, es un antiguo miembro del Instituto Jackson de Asuntos Globales de la Universidad Yale y profesor de la Escuela de Administración de esa misma universidad. Es autor de La desequilibrada codependencia de América y China (2014) y considerado uno de los mejores conocedores de la economía china. Aunque no resulta necesario, hay que decir siempre que "América" significa, en la ignorancia supina estadunidense, Estados Unidos.

Según Roach, "a pesar de tanta ansiedad y retorcer de manos a causa de una posible y alardeada desaceleración de China, y desafiando tanto cacareo, continúa siendo el mayor contribuyente al crecimiento del PIB mundial". Estos son sus datos: “Si el crecimiento del PIB chino alcanza a 6.7 por ciento en 2016 –cifra que está en línea con la meta oficial del gobierno chino y sólo ligeramente por encima del último pronóstico del FMI (6.6 por ciento)– China podría dar cuenta de 1.2 puntos porcentuales del crecimiento del PIB mundial. Considerando que el FMI espera actualmente un crecimiento mundial de sólo 3.1 por ciento este año, China contribuiría con casi 39 por ciento de este crecimiento total”.

Estados Unidos ha sido ampliamente elogiado por su "sólida recuperación" (se espera que su PIB crezca un 2.2 por ciento en 2016), "lo suficiente para contribuir al crecimiento del PIB total mundial con tan sólo 0.3 puntos porcentuales o, dicho de otra forma, su contribución es aproximadamente una cuarta parte de la de China".

Se espera que la esclerótica economía europea "añada apenas 0.2 puntos porcentuales al crecimiento mundial y que Japón no llegue ni siquiera a un bajísimo 0.1 puntos porcentuales". La contribución de China al crecimiento mundial, en los hechos, supera en 50 por ciento, los 0.8 puntos porcentuales de la probable contribución combinada de todas las supuestas economías avanzadas.

Pero el G-20 está reunido (escribo el 4 de septiembre) con tantos socios e invitados como nunca, presidido por Xi Jinping. Joaquín Estefanía, incansable periodista y economista, que alguna vez fue director de El País, con estupor mira la reunión del G-20 y apenas puede creer lo que ve y oye, y que significa: nosotros, las mayores economías del mundo, somos incapaces de renunciar a nuestros intereses inmediatos, aunque en el plazo medio pudiera ser un estúpido y gozoso harakiri del conjunto. Por lo pronto ha escrito: “La economía mundial reduce su ritmo de crecimiento de forma acelerada, acuciada por el parón en seco de los países emergentes. Mientras tanto, los pocos organismos globales de gobernanza miran para otro lado y practican una especie de asombroso laissez faire. Con su inacción dan la sensación de no estar suficientemente preocupados por lo que está sucediendo y por lo que están inquietos los ciudadanos y los mercados. Coquetean de forma insensata con la posibilidad de otra Gran Recesión: o porque se aviven los rescoldos de la que comenzó en el verano de 2007, o porque aparezca otra nueva que lleva en su seno distintas burbujas de activos y, sobre todo, una burbuja de la deuda. El endeudamiento público y privado a nivel mundial está cerca de 300 por ciento del PIB global”.

¿Quién quiere poner fin a la insensata y monstruosa cantidad de dólares que tienen inundados los mercados financieros sin salida productiva posible? Sólo entre todos los ahora reunidos podrían. ¿Cómo?, distribuyendo las inmensas pérdidas que sería necesario provocar para absorber esa liquidez inconmensurable, detrás de lo cual otra reforma de las instituciones del gobierno de la economía mundial sería ineludible. ¿Acuerdos sobre pérdidas? Son demasiado torpes e insensatos para tomar un acuerdo así. Continuarán tratando de hacerse trampas unos a otros para prevalecer sobre los demás. En tanto, las atroces pérdidas que enumeré en mi entrega anterior continuarán creciendo.

Publicado enEconomía
Martes, 12 Abril 2016 09:41

Por qué debemos salvar la UE

Por qué debemos salvar la UE


"La Unión Europea se está desintegrando, pero marcharse no es la solución". Con esa premisa Yanis Varoufakis relata con detalle las negociaciones a las que se enfrentó en el seno de la UE mientras era ministro de Finanzas griego, y rememora anécdotas de su infancia en su próximo libro Y los débiles sufren lo que deben. Aquí, un adelanto

 

La primera palabra que aprendí en alemán fue Siemens. Estaba en nuestra lavadora, en nuestra aspiradora y en el recio frigorífico de la década de 1950; estaba en casi todos los electrodomésticos de la casa de mi familia, en Atenas. La peculiar lealtad de mis padres a la marca alemana se debía a que mi tío Panayiotis había sido director general de la delegación griega de Siemens entre mediados de los cincuenta y finales de los setenta.


Panayiotis era ingeniero eléctrico y germanófilo. Hablaba el idioma de Goethe con soltura, y había convencido a su hermana pequeña (mi madre) de que aprendiera alemán. De hecho, ella estuvo a punto de marcharse a Hamburgo en el verano de 1967, porque le habían ofrecido una beca en el Instituto Goethe; pero los planes de mi madre se fueron al traste el 21 de abril de ese mismo año, junto con nuestra imperfecta democracia. A primera hora de aquella mañana, cuatro coroneles del Ejército sacaron los tanques a las calles de Atenas y de otras ciudades importantes. Aquel día, nuestro país se hundió en una densa niebla de neofascismo. Y también se hundió el mundo de Panayiotis.


A diferencia de mi padre, quien había pagado su militancia izquierdista con varios años en campos de concentración, Panayiotis era lo que en la actualidad definiríamos como un neoliberal. Anticomunista acérrimo y receloso de la socialdemocracia, respaldó la intervención estadounidense de 1946 en la guerra civil griega (del lado de los carceleros de mi padre). Apoyaba al Partido Democrático Libre de Alemania y al Partido Progresista Griego, organizaciones que proporcionaban un manto de economía libre de mercado con el apoyo incondicional de la maquinaria opresora del régimen, impuesto y dirigido por EEUU.


Sus opiniones políticas, y su posición como jefe de operaciones de Siemens en Grecia, lo convertían en un miembro típico de la clase que dirigió Grecia después de la guerra. Cuando las fuerzas de seguridad o sus secuaces daban palizas a manifestantes de izquierda, Panayoitis lo apoyaba a regañadientes, convencido de que eran actos lamentables pero necesarios. Incluso apoyó el asesinato del brillante diputado Grigoris Lambrakis en 1963. Aún suenan en mis oídos las terribles discusiones que mantenía con mi padre, a cuenta de lo que consideraba "medidas razonables para defender la democracia contra sus enemigos jurados"; medidas que mi padre había sufrido en persona, y de las que nunca se llegó a recuperar por completo.


Panayiotis también aceptaba la intensa influencia de las agencias estadounidenses en la política griega, que llegaron hasta el punto de organizar la destitución del centrista Georgios Papandreu, un primer ministro popular, en 1965. Le parecía un acuerdo aceptable: Grecia renunciaba a parte de su soberanía a cambio de protección contra la amenaza del bloque del Este, que acechaba al Norte de Atenas, a poca distancia en coche. Pero su vida dio un vuelco por aquel aciago día de abril de 1967.


Le parecía inadmisible que "su gente" (como llamaba a los oficiales derechistas que habían dado el golpe y, sobre todo, a los estadounidenses que los manejaban) disolvieran el Parlamento, suspendieran la Constitución e internaran a los disidentes políticos (incluidos algunos democristianos) en estadios de fútbol, comisarías y campos de concentración. Panayiotis no simpatizaba demasiado con el depuesto primer ministro al que los golpistas y sus amos de EEUU intentaban alejar del Gobierno, pero su visión del mundo había saltado por los aires, y experimentó una repentina y casi cómica radicalización.


La radio bajo la manta roja


Pocos meses después de que los militares tomaran el poder, mi tío se unió a Defensa Democrática, un grupo clandestino cuyos integrantes eran en su gran mayoría liberales de la clase dirigente, al igual que él: profesores universitarios, abogados y hasta un futuro primer ministro. Querían demostrar que las drásticas medidas del régimen militar no le habían dado el control absoluto del país, así que pusieron una serie de bombas en Atenas tras asegurarse de que no habría heridos.


Durante varios años, Panayiotis fingió ser –incluso delante de su madre– un profesional más que bajaba la cabeza y que solo se preocupaba por sus propios asuntos. Nadie sabía nada de su doble vida: empresario de día y subversivo de noche. Entre tanto, nos alegrábamos de que mi padre no hubiera terminado otra vez en un campo de concentración.


Mi recuerdo más vivo de aquellos años es el sonido distorsionado de una radio que estaba escondida bajo una manta roja, en pleno salón de nuestra casa de Atenas. Todas las noches, a eso de las nueve, mi madre y mi padre se metían debajo de la manta; y, yo cuando oía la amortiguada sintonía que anunciaba el programa y la voz del presentador alemán que sonaba después, mi imaginación de niño de seis años me llevaba desde Atenas hasta Centroeuropa, un lugar mítico que solo conocía por los sugerentes detalles de una edición ilustrada de los hermanos Grimm que tenía en mi habitación.


Mis padres oían Deutsche Welle, una emisora internacional alemana que se convirtió en su mejor aliado contra la aplastante propaganda del régimen: una ventana abierta a la lejana y democrática Europa. Al final de las emisiones especiales para Grecia, que duraban una hora, nos sentábamos a la mesa y mis padres hablaban sobre las últimas noticias. Yo no lo entendía todo, pero ni me aburría ni me molestaba. Estaba entusiasmado con el carácter extraño de aquella situación, consistente en taparse con una manta roja y viajar por las ondas hasta un lugar llamado Alemania para descubrir lo que estaba pasando en nuestra propia ciudad, Atenas.


Lo de la manta tenía un motivo: un vecino viejo y cascarrabias que se llamaba Gregoris. Todo el mundo sabía que Gregoris trabajaba para la policía secreta y que estaba obsesionado con espiar a mis progenitores; sobre todo a mi padre, cuyo pasado izquierdista lo convertía en un objetivo excelente para un soplón. Por extraño que hoy pueda parecer, oír las emisiones de Deutsche Velle era una de las actividades incluidas en la larga lista de delitos contra el régimen, cuyo castigo podía ir desde el acoso hasta la tortura. Y, como mis padres lo habían descubierto husmeando en nuestro propio jardín, tomaron medidas y convirtieron aquella manta roja en una defensa contra los inquisitoriales oídos de Gregoris.


Al cabo de unos años, nos enteramos de lo que Panayiotis y sus colegas habían estado haciendo. Lo supimos por esa misma emisora, Deutsche Velle, cuando anunció que los habían arrestado. Mi padre bromeó durante mucho tiempo sobre la patética inutilidad de aquellos liberales burgueses que ni siquiera sabían organizar un grupo clandestino de resistencia. Todos cayeron horas después de que la policía cogiera por casualidad a un miembro de Defensa Democrática. Los agentes solo tuvieron que leer el diario del detenido, quien había apuntado meticulosamente los nombres y direcciones de sus compañeros, incluyendo en algunos casos hasta una descripción de la "misión" subversiva que se le había encomendado. Después, llegaron las torturas, los tribunales militares y las condenas, que en algunos casos fueron de muerte.


Había pasado un año desde su detención cuando la policía militar decidió relajar un poco su régimen de aislamiento y permitir que yo, un inofensivo niño de diez años, lo visitara una vez a la semana. Nuestra relación, que ya era bastante estrecha, se reforzó con mi conversación infantil, que le ofrecía una válvula de escape. Me hablaba de máquinas que yo no había visto nunca (las llamaba "ordenadores"); se interesaba por las últimas películas de la cartelera y describía sus coches preferidos.


Antes de cada visita, mi tío me hacía aviones de juguete con cerillas y otros materiales que sus carceleros le dejaban guardar. Sus elegantes aparatos contenían frecuentemente mensajes para mi tía, mi madre e, incluso a veces, para sus compañeros de Siemens. En cuanto a mí, me enorgullecía de mi nueva habilidad, consistente en desmontar los modelos sin dañarlos demasiado, recuperar su contenido y volverlos a montar.


Mucho tiempo después de que Panayiotis muriera, descubrí el último de sus mensajes. Estaba en una maqueta de un Stuka hecho con cerrillas, en el ático de la antigua casa familiar. Al verlo, dudé entre dejarlo tal como estaba y echar un vistazo a su interior. Al final, opté por lo segundo. Y allí estaba.


El último mensaje de mi tío no iba dirigido a nadie en particular. solo contenía una palabra: hyriarchia. Soberanía.


Berlín y la troika


En febrero del año 2015, casi medio siglo después de aquellas veladas de mi infancia bajo una manta roja, hice mi primera visita oficial a Berlín en calidad de ministro de Finanzas. Y la primera escala de aquel viaje era, evidentemente, mi contraparte alemana, el legendario doctor Wolfgang Schäuble.


Yo era una molestia para él y sus subordinados. El triunfo de la coalición progresista que acababa de llegar al Gobierno griego tras derrotar a Nueva Democracia, partido hermano de los democristianos alemanes, era como mínimo una inconveniencia para Schäuble, la canciller Angela Merkel y sus planes sobre la eurozona. De hecho, nuestra victoria había hecho realidad el mayor temor de Berlín. Si conseguíamos un acuerdo nuevo para Grecia, que pusiera fin a la interminable recesión que estrangulaba el país, la "enfermedad" izquierdista griega se extendería casi inevitablemente a España, Portugal e Irlanda, que celebraban elecciones generales en poco tiempo.


Antes de viajar a Berlín, apenas tres días después de haber asumido el cargo, recibí la primera visita de alto nivel en mi despacho de Atenas: el autoproclamado enviado de Schäuble, Jeroen Dijsselbloem, ministro neerlandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo. solo habían pasado unos segundos cuando me preguntó si tenía intención de aplicar completamente y sin vacilaciones el programa económico que Berlín, Bruselas y Fráncfort (sede del BCE, Banco Central Europeo) habían impuesto al Gobierno griego anterior.


Dado que nosotros habíamos llegado al Gobierno con el mandato de renegociar la esencia de aquel programa desastroso (que aumentó un 20% el desempleo y supuso la pérdida de un tercio de la renta nacional), su pregunta no podía ser el principio de una relación amistosa. Sin embargo, le di una respuesta diplomática que se iba a convertir en mi principal línea argumental durante los meses posteriores: "Teniendo en cuenta que el programa económico actual ha sido un fracaso indiscutible, propongo que el nuevo Gobierno griego y nuestros socios europeos nos sentemos juntos, replanteemos el programa sin temores ni prejuicios y diseñemos juntos una política económica que ayude a la recuperación griega".


Mi modesta petición de una cantidad módica de soberanía nacional frente las políticas impuestas a una nación que languidecía en una depresión terrible, obtuvo una respuesta desconcertantemente brutal. "¡No funcionará!", empezó Dijsselbloem, quien puso las cartas sobre la mesa en menos de un minuto: si yo insistía en renegociar sustancialmente el programa, el BCE cerraría nuestros bancos a finales de febrero del 2015, un mes después de que llegáramos al Gobierno.


El despacho del ministro de Finanzas griego da a la plaza de Syntagma y al Parlamento; al mismo lugar donde, en abril de 1967, los tanques aplastaron nuestra democracia. Mientras Dijsselbloem hablaba, yo veía la amplia y abarrotada plaza por encima de su hombro y pensaba: "Qué interesante. En 1967, fueron los tanques. Ahora pretenden hacer lo mismo con los bancos".


La reunión con Dijsselbloem terminó con una tumultuosa rueda de prensa en la que el presidente del Eurogrupo perdió los papeles cuando me oyó decir que nuestro Gobierno no iba a trabajar con la camarilla de técnicos que la troika de prestamistas enviaba habitualmente a Atenas para imponer medidas destinadas al fracaso a un gobierno democráticamente elegido. La suerte estaba echada, y la batalla por recuperar parte de nuestra soberanía perdida acababa de empezar. Berlín, donde me reuniría con el verdadero amo de la troika, esperaba.

Mientras el coche que me había recogido en el aeropuerto berlinés de Tegel se aproximaba al antiguo Cuartel General del Ministerio del Aire de Goering (ahora sede del Ministerio de Finanzas federal), pensé que Schäuble, mi anfitrión, no podía ni imaginar que yo llegaba a Berlín con la cabeza llena de recuerdos infantiles en los que Alemania era un importante amigo.


Ya dentro del edificio, mis ayudantes y yo nos vimos bruscamente escoltados hasta un ascensor enorme. Cuando salimos de él, nos encontramos en un largo y frío pasillo al final del cual esperaba el gran hombre, sentado en su famosa silla de ruedas. Yo me acerqué y le ofrecí la mano; pero Schäuble la rechazó y, en lugar de estrecharla, me llevó resueltamente a su despacho.
Nuestra relación personal mejoró durante los meses posteriores, pero aquel apretón rehuido decía mucho sobre lo que anda mal en Europa. Era la prueba simbólica de que Europa había cambiado radicalmente en el medio siglo transcurrido desde los días de la manta roja y las visitas a la cárcel donde estaba el hombre de Siemens en Atenas.


No sé si Siemens tuvo algo que ver con la liberación de mi tío en 1972, dos años antes de que el régimen se hundiera; solo sé que mis padres estaban convencidos de que la empresa alemana desempeñó un papel crucial. Por eso me sentía bien cuando veía la marca "Siemens" en nuestra casa. Tenía la misma sensación cálida que aún tengo cuando veo las palabras "Deutsche Velle". Al fin y al cabo, mi imaginación hizo de Alemania un gran amigo durante los deprimentes y al mismo tiempo apasionantes días de mi infancia; una tierra de demócratas que, bajo el liderazgo del canciller Willy Brandt, hicieron lo humanamente posible para que los griegos nos liberáramos por nuestros propios medios de la dictadura.


Concluida mi primera visita oficial a Berlín, volví a Atenas. Durante el viaje, caí en la cuenta de que aquella situación era de lo más irónica. Un continente que se había unido con idiomas y culturas diferentes, se dividía ahora por una moneda común, el euro, y por las espantosas fuerzas centrífugas que este había desatado.


La reunión con el Eurogrupo


Schäuble y yo nos volvimos a ver una semana después de nuestro encuentro bilateral, cuando coincidimos en la larga y rectangular mesa de la sala donde se reunía el Eurogrupo (organismo ejecutivo de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona) y los representantes de la troika (BCE, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional). Después de que yo reiterara nuestra petición de renegociar sustancialmente el así llamado "programa económico griego", que tenía las huellas de la troika por todas partes, el doctor Schäuble me dejó atónito con una respuesta contundente que estremecería a cualquier demócrata: "¡No se puede permitir que las elecciones cambien el programa económico de un Estado miembro!".


Durante la reunión, que duró diez horas, me esforcé por reclamar un poco de soberanía económica en nombre de nuestro castigado Parlamento y del sufrimiento de los griegos. En uno de los descansos, un ministro intentó tranquilizarme con las siguientes palabras: "Yanis, tienes que comprender que ningún país puede ser soberano en la actualidad. Especialmente, si se trata de uno pequeño y en bancarrota, como el tuyo".


Esa línea de pensamiento es, probablemente, la falacia más perniciosa de las que subvierten el debate público en nuestras modernas democracias liberales. De hecho, me atrevería a afirmar que es la mayor amenaza contra la propia democracia liberal. En realidad, significa que la soberanía está demodé salvo que seas los Estados Unidos, China o, quizá, la Rusia de Putin; lo cual implica que toda la soberanía reside en los grandes y que, ya puestos, sería mejor que anexaras tu país a una alianza transnacional de Estados donde los Parlamentos quedaran reducidos a sellar papeles.

 

Curiosamente, no es un argumento que se reserve a los Estados pequeños y en bancarrota como Grecia, atrapada en una zona monetaria mal diseñada. Esa misma y perniciosa máxima se esparce a diestro y siniestro en Gran Bretaña; teóricamente, como argumento a favor de la permanencia en la UE. Y a mí, firme defensor de la permanencia, no hay nada que me moleste más que la afiliación a la causa del "sí" a partir de un razonamiento tan tóxico como incivilizado.


El problema surge cuando se difumina la distinción entre soberanía y poder. La soberanía trata sobre quién decide legítimamente en nombre de un pueblo, mientras que el poder es la capacidad de imponer dichas decisiones en el mundo exterior. Islandia, por ejemplo, es un país pequeño; pero deducir que su soberanía es ficticia porque su tamaño le impide tener poder es como argumentar que un pobre sin influencia política debería renunciar al voto.


Dicho de otra forma, las naciones pequeñas como Islandia tienen derecho a tomar decisiones dentro del contexto más amplio que dictan la naturaleza y el resto de la humanidad. Y por muy restringidas que estén sus opciones, los ciudadanos islandeses son los únicos que tienen autoridad para pedir explicaciones a sus representantes por las decisiones que toman (en los límites de la nación), así como para cambiar cualquier ley que sus representantes electos hayan aprobado en el pasado.


Obviamente, una alianza de Estados como la UE puede llegar a acuerdos mutuamente beneficiosos como alianzas militares contra un enemigo común, coordinación de los cuerpos policiales, apertura de fronteras, convenios comunes sobre normas industriales o creación de una zona de libre comercio; pero nunca tiene legitimidad para derogar o anular la soberanía de uno de los miembros a partir del poder limitado que los Estados soberanos firmantes de dicha alianza le han concedido. Bruselas no tiene autoridad política para ello porque no hay soberanía europea colectiva.


Se podría alegar que las credenciales democráticas de la Unión Europea están fuera de toda duda. El Consejo Europeo reúne a los jefes de Estado o de Gobierno, mientras que el Ecofin y el Eurogrupo son los consejos de ministros de Economía y Finanzas de la UE y de la eurozona, respectivamente. Sobra decir que son representantes democráticamente elegidos y, por si esto fuera poco, también está el Parlamento Europeo, elegido por los ciudadanos de los Estados miembro, que tiene poder para devolver las leyes propuestas a los burócratas de Bruselas. Pero esa puntualización demuestra por sí misma hasta qué punto se ha degradado la comprensión de los principios fundamentales de la democracia liberal: una vez más, implica el grave error de confundir autoridad política y poder.


El Parlamento de un país es soberano aunque el país no sea particularmente poderoso, pero solo lo es si puede expulsar al Ejecutivo por haber incumplido las tareas que se le asignaron, sin más limitación que las competencias del Parlamento y el Ejecutivo en cuestión. Pues bien, en la UE no hay nada parecido. Los miembros del Parlamento, del Consejo Europeo y del Eurogrupo de ministros de Economía y Finanzas son políticos elegidos democráticamente que, en teoría, deberían responder ante sus propios Parlamentos nacionales, pero el Consejo y el Eurogrupo no dependen de ningún Parlamento ni responden ante los ciudadanos de ningún país.


Para empeorar las cosas, el Eurogrupo (donde se toman las decisiones económicas más importantes) es un organismo que ni siquiera existe en la legislación europea, que no levanta actas sobre sus procedimientos y que insiste en que sus deliberaciones sean confidenciales, es decir, que no se compartan con los ciudadanos europeos. Funciona a partir de la máxima de Tucídides: "Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben". Es una componenda para anular cualquier soberanía derivada de los pueblos de Europa.


Mientras combatía la lógica de Schäuble en el Eurogrupo y otras partes, había dos ideas que estaban constantemente en mi pensamiento. La primera, que como ministro de Finanzas de un Estado en quiebra, cuyos ciudadanos exigían el fin de la gran depresión causada por la negativa a asumir nuestra bancarrota –con imposición de nuevos créditos impagables para pagar viejos créditos impagables–, yo tenía el deber político y ético de rechazar más préstamos de prórroga y finge. La segunda era la lección de Sófocles en Antígona: que las mujeres y hombres buenos tienen la obligación de contradecir las leyes que carecen de legitimidad política y moral.


La autoridad política es el cemento que une la legislación, y la soberanía del cuerpo político que crea dicha legislación es su cimiento. Decir "no" a Schäuble y la troika era esencial para la defensa de nuestro derecho a la soberanía. No solo como griegos, sino como europeos.


Irónicamente, ese también fue el último mensaje que recibí del hombre de Siemens en Atenas.


Ausencia de debate


A mí, que procedo del mundo académico, donde el debate y el razonamiento son la norma, me sorprendió vivamente que la norma del estamento ejecutivo más importante de Europa fuera precisamente la ausencia de cualquier tipo de debate significativo. Y, por si eso no fuera suficientemente malo, había algo peor y más doloroso: que la ausencia de debate se consideraba natural; una virtud de facto que los recién llegados como yo debíamos adoptar, salvo que quisiéramos sufrir las consecuencias de lo contrario.


Comunicados concertados de antemano, votos prefabricados y una firme coalición de ministros de Economía y Finanzas que ejercía de guardia de Schäuble y que era refractaria a todo debate racional. Esa era la orden del día y, más frecuentemente, de las interminables noches. En ningún momento, durante ninguna de las conversaciones sobre políticas económicas que se debían ejecutar en mi país, tuve la sensación de que mis interlocutores tuvieran ningún interés por la recuperación económica de Grecia.


Desde el día en que asumí el cargo, me esforcé por proponer medidas sensatas y moderadas que pudieran crear una base común entre mi Gobierno, la troika de prestamistas y la gente de Schäuble. La idea consistía en ir a Bruselas, presentarles nuestro proyecto para la recuperación económica de Grecia y debatir con ellos sus ideas y sus objeciones a las nuestras. Mi equipo ateniense trabajó mucho en dicho sentido, colaborando con expertos internacionales como Jeff Sachs (Universidad de Columbia), Thomas Meyer (exdirector económico del Deutsche Bank) Daniel Cohen y Matthieu Pigasse (almas del banco de inversión francés Lazard), Larry Summers (exsecretario del Tesoro de EEUU) y lord Lamont, un buen amigo mío. Como se ve, no era exactamente un grupo de izquierdistas recalcitrantes.


En poco tiempo, tuvimos un plan completo cuya versión final firmamos Jeff Sachs y yo. Tenía tres secciones: la primera, una propuesta sobre la deuda que devolvía la deuda pública griega a límites manejables y garantizaba la devolución máxima posible a nuestros acreedores; la segunda, una política de consolidación fiscal a medio plazo que impediría que Grecia volviera a entrar en déficit y mantendría los superávits del presupuesto en límites lo suficientemente bajos como para ser creíbles y coherentes con la recuperación y la tercera, una profunda reforma de la administración y la Hacienda pública y de los mercados, así como una reestructuración del destrozado sistema bancario y la creación de un banco de desarrollo que gestionaría activos públicos sin intervención de políticos.


Hay una pregunta que me formulan con frecuencia: "¿Por qué rechazaron el Eurogrupo y la troika las propuestas de su Ministerio?". Pero no las rechazaron. Y no las rechazaron porque ni siquiera me permitieron que las presentara. Cuando empecé a hablar de ellas, me miraron como si yo estuviera cantando el himno nacional sueco. Y, mientras tanto, entre bastidores, presionaban a Alexis Tsipras, primer ministro griego, para que retirara dichas propuestas, insinuando que no habría acuerdo alguno si no nos ateníamos al fracasado programa de la troika.


En realidad, la troika se limitó a hacer caso omiso de nuestras propuestas, decirle al mundo que no teníamos nada creíble que ofrecer, dejar que fracasaran las negociaciones, imponer unas vacaciones bancarias indefinidas y, a continuación, forzar al primer ministro griego a tragar con todo, lo cual incluía un nuevo e ingente préstamo que, como mínimo, duplicaba la suma que Grecia habría necesitado si hubieran aceptado nuestras propuestas.


Trágicamente, a pesar de que nuestro primer ministro aceptó los términos de la rendición impuesta por la troika, y a pesar de que la pérdida de otro año ha empeorado la grave depresión griega, se está repitiendo la situación que ya se produjo entonces. Hace unos días, WikiLeaks reveló una inquietante transcripción telefónica de miembros del Fondo Monetario Internacional involucrados en el drama griego. Su conversación confirma que no ha cambiado nada desde julio del año pasado, cuando presenté mi dimisión.

En cierta ocasión, le dije a Schäuble que nosotros, representantes electos de un continente en crisis, no podíamos delegar en burócratas que no se eligen democráticamente, y que teníamos el deber de dialogar para encontrar una base común sobre las políticas que afectan a la vida de los ciudadanos. Él respondió que, desde su punto de vista, lo más importante es el respeto de las "normas" existentes y que, dado que la ejecución de dichas normas corresponde a los burócratas, yo debía hablar con ellos.


Cada vez que me oponía a normas claramente imposibles de aplicar, me respondían: "¡Las normas son así!". Un día, mientras yo enfatizaba el argumento (derivado del trabajo político de nuestro equipo) de que el objetivo de conseguir superávits presupuestarios del 4,5% de la renta nacional griega era imposible e incluso indeseable desde el interés de los propios acreedores, Schäuble me miró y formuló una pregunta de carácter económico por primera y quizá última vez: "Entonces, ¿qué objetivo propondría?". Por fin, pensé yo, encantado ante la posibilidad de mantener una conversación seria.


En un intento por ser tan razonable como fuera posible, contesté: "Si queremos que el objetivo primario de un superávit en el presupuesto nacional sea realista y creíble, tiene que ser coherente con las medidas políticas generales de nuestro Gobierno. La cantidad del superávit, cuando se añade al resto resultante de ahorros e inversión, debe igualar la balanza por cuenta corriente actual de Grecia. Eso significa que podremos trabajar por un superávit presupuestario más alto si también ponemos en práctica una estrategia creíble de relanzamiento de las inversiones y de intensificación del crédito a los exportadores".


"En consecuencia, y antes de responder a su pregunta sobre el objetivo primario de superávit, es crucial que vinculemos dicha cantidad a nuestras políticas sobre préstamos bancarios no satisfechos (que dificultan el crédito a los exportadores) y flujos de inversión (que se reducen cuando el objetivo de superávit presupuestario es demasiado elevado, porque asusta a los inversores con la amenaza implícita de impuestos futuros más altos). Sin embargo, en este momento le puedo decir que el objetivo óptimo no puede superar el 1,5%. Pero dejemos que nuestros equipos trabajen juntos y lo estudien."


La respuesta de Schäuble, que dirigió al resto del Eurogrupo sin mirarme a los ojos, fue increíble: "El Gobierno anterior se comprometió a que Grecia tuviera un 4,5% de superávit primario. ¡Y un compromiso es un compromiso!".


Horas después, los medios de comunicación estaban llenos de filtraciones del Eurogrupo donde se afirmaba que "el ministro griego de Finanzas enfureció a sus colegas al someterlos a una clase de economía".


Hormigas y cigarras


Hay una razón para que empezara este artículo con la historia de mi tío Panayiotis. La razón es una pregunta que me formuló un periodista tras mi primera reunión con Wolfgang Schäuble, más o menos al final de la rueda de prensa.


Era una pregunta sobre Siemens y un escándalo que había salido a la luz años antes, cuando los autores de una investigación iniciada en los EEUU encontraron pruebas de que un tal Michalis Christoforakos, uno de los sucesores de Panayiotis, había sobornado a políticos griegos para conseguir contratos gubernamentales en favor de Siemens. Poco después de que las autoridades griegas se pusieran a investigar el asunto, el caballero en cuestión se fugó a Alemania, donde los tribunales impidieron su extradición a Grecia.


"Señor ministro –dijo el periodista–, ¿ha recalcado ante su colega alemán [Wolfgang Schäuble] que Alemania tiene la obligación de ayudar al Gobierno griego a combatir la corrupción y, en consecuencia, de extraditar al señor Christoforakos a Grecia?". Yo le di una respuesta que intentaba ser razonable: "Estoy seguro de que las autoridades alemanas son conscientes de la importancia de ayudar a nuestro atribulado Estado en su lucha contra la corrupción. Creo que mis colegas alemanes comprenden la importancia de no mostrar una doble moral en ningún lugar de Europa". Schäuble, que parecía terriblemente incomodo, balbuceó que aquel era un asunto ajeno a su Ministerio de Finanzas.


Mientras volaba a Atenas, mi mente retrocedió hasta finales de la década de 1970. Cuando salió de la cárcel, Panayiotis volvió a la dirección de Siemens en Grecia. No dejaba de decirme que su empleo le hacía feliz, y que estaba orgulloso de su trabajo. Pero un día dejo de sentirse orgulloso. Hasta el punto de que su indignación lo llevó a dimitir.


Recuerdo haberle preguntado por los motivos de su dimisión. Y no he olvidado su respuesta. Me dijo que sus superiores en Alemania lo habían presionado para que sobornara a políticos griegos y asegurara la posición dominante de Siemens consiguiendo la mayor parte de los contratos relativos a la lucrativa digitalización de la red de telefonía griega.


En el Norte de Europa existe el conmovedor convencimiento de que el continente se divide en hormigas y cigarras, y de que todas las frugales y precavidas hormigas viven en el Norte, mientras que las manirrotas cigarras se han congregado misteriosamente en el Sur. La realidad es mucho más confusa. Una poderosa red de prácticas corruptas se ha extendido sobre todos nuestros países, y el colapso de los controles y equilibrios democráticos, debido en parte a la pérdida de soberanía, ha facilitado que se mantenga oculta a los ciudadanos.


A medida que retrocede la autoridad política legítima, nos sumergimos cada vez más en la fuerza bruta, la inercia y la demonización del débil. Tanto es así que, a finales de junio del año 2015, el BCE cerró nuestros bancos, nuestro Gobierno se dividió, yo presenté la dimisión y mi primer ministro capituló ante la troika.


La destrucción de la primavera ateniense fue un duro golpe para la ya herida Grecia. Pero también fue una derrota terrible para el proyecto de una Europa unida, humanista y democrática.
La Unión Europea se está desintegrando. ¿Deberíamos acelerar la desintegración de una confederación fracasada? ¿No es cierto que, si se parte de la base de que hasta los países pequeños deben mantener su soberanía, como yo mismo afirmo, Brexit es la solución? Mi respuesta es un enfático "no".


Este es el motivo: si Gran Bretaña y Grecia no estuvieran ya en la UE, deberían quedarse fuera; pero están en la UE, y es esencial que sopesemos las consecuencias de abandonarla. Nos guste o no, la Unión Europea es nuestro medio; un medio que se ha vuelto terriblemente inestable, y que se desintegraría no ya con la marcha de un país tan económicamente importante como Gran Bretaña, sino incluso con la de un país pequeño y deprimido como Grecia. ¿Debemos preocuparnos los griegos y los británicos por la desintegración de la exasperante UE? Sí, por supuesto que debemos. Y deberíamos preocuparnos mucho, porque la desintegración de esta frustrada alianza creará un torbellino que nos arrastrará a todos, una repetición posmoderna de la década de 1930.


Tanto si se está a favor como si se está en contra de la permanencia, dar por sentado que la UE es algo constante que seguirá "ahí" en cualquier caso y de lo que se puede entrar o salir a nuestro antojo es un error muy grave. La existencia de la UE depende de que Gran Bretaña se quede. Grecia y GB tienen tres opciones, y son las mismas. Las dos primeras están acertadamente representadas por las dos facciones en guerra del Partido Conservador: sumisión a Bruselas y abandono de la UE. Las dos son opciones igualmente desastrosas. Las dos llevan al mismo futuro distópico, una Europa solo apta para los que prosperan en todas las grandes depresiones: los xenófobos, los ultranacionalistas, los enemigos de la soberanía democrática. La tercera opción es la única que merece la pena: quedarse en la UE para formar una alianza internacional de demócratas; una alianza que no se consiguió en la década de 1930, pero que nuestra generación debe tratar de alcanzar para impedir que la historia se repita.


Eso es precisamente lo que algunos pretendemos con la creación del Movimiento por la Democracia en Europa (DiEM25 por su sigla en inglés): desatar una ola democrática en el continente y promover una identidad común europea, una auténtica soberanía europea, un baluarte internacionalista contra la sumisión a Bruselas y la reacción ultranacionalista.


¿Es un objetivo utópico? ¡Por supuesto que sí! Tan utópico como la idea de que la UE actual puede sobrevivir a su soberbia antidemocrática y a la feroz incompetencia alimentada por la imposibilidad de que sus dirigentes rindan cuentas. O como la idea de que la democracia británica o griega puede revivir en el seno de un Estado-nación cuya soberanía es irrecuperable dentro de un mercado único controlado por Bruselas.


Ni Gran Bretaña ni Grecia pueden escapar de Europa mediante el procedimiento de erigir un muro mental o legislativo y esconderse detrás; tampoco se pudo a principios de la década de 1930. O trabajamos juntos por la democratización o sufriremos las consecuencias de una pesadilla paneuropea que ninguna frontera podrá detener.

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