Bahamas Leaks: desnudan lavado fiscal de Pinochet, Macri, Pemex y el PAN de México

Los máximos promotores del desahuciado neoliberalismo en Latinoamérica emergen en el blanqueo de paraísos fiscales desde las islas Caimán, pasando por Panamá hasta Bahamas.

El neoliberalismo de Latinoamérica expele su insoportable hediondez en varios paraísos fiscales desde las cuentas de 2 mil 642 "mexicanos" entre los 100 mil blanqueadores de la "lista Falciani" (los SwissLeaks) de HSBC/Suiza (https://goo.gl/3i0dwb) hasta “Los papeles de Panamá de Vargas Llosa (https://goo.gl/KnRc70)”.

Se han filtrado datos de 175 mil sociedades opacas y 1.3 millones de documentos en el paraíso fiscal de Bahamas (https://goo.gl/QpPPdJ), en los que resaltan Meritor Investment Ltd y Ashburton Company Ltd, del dictador chileno general Augusto Pinochet Ugarte, su hijo Marco Antonio, así como la participación del presidente argentino, Mauricio Macri, su padre Francisco y su hermano Mariano con el Grupo Sogma (https://goo.gl/mctsbT), al unísono de 431 "mexicanos" hasta ahora “intocables (https://goo.gl/BaMS3y)”.

También asoma el fugaz ex presidente argentino Fernando de la Rúa con dos sociedades, Furia Investment Holdings Inc y Bonds Cay Development Bahamas Ltd.

El zelote neoliberal Macri ya había sido desnudado con sus empresas Fleg Trading y Kagemusha SA por los explosivos papeles de Panamá (https://goo.gl/3HlEBX).

The Irish Times comenta que “los datos de Bahamas Leaks, cuando se cotejan con los papeles de Panamá, proveen una fresca introspección a las tratativas offshore de políticos, criminales (sic) y ejecutivos, así como los banqueros y abogados que ayudan a mover el dinero (https://goo.gl/TqXtyu)”.

Nicholas Shaxson, autor de Las islas del tesoro: paraísos fiscales y los hombres que roban al mundo (http://treasureislands.org/), fustiga que Bahamas "se encuentra a la par con Panamá en términos de su sed y su tolerancia para el dinero sucio (sic)".

Mossack Fonseca, con sede en Panamá, con 20 mil (sic) entidades en Bahamas, forma parte del mefítico grupo.

El portal Critica.com.pa glosa que “los archivos de Bahamas revelan detalles sobre las actividades offshore de primeros ministros, ministros de gabinete, príncipes y delincuentes convictos (https://goo.gl/DNkfbE)”.

Nada nuevo sobre el impulsor del neoliberalismo en Latinoamérica, impuesto por un golpe de Estado con bendición de Kissinger, general Pinochet, quien ya había sido descubierto con sus pestilentas cuentas en el banco Riggs, en Washington (https://goo.gl/NNbUjJ).

Como no puedo ahondar sobre la cleptocracia integral de 175 mil sociedades y 1.3 millones de documentos, seré mas estratégico y regional.

Perturba el pletórico número de "ejecutivos" de Pemex con cuentas espurias en Bahamas. Luego preguntan adónde fue a dar la fortuna de Pemex, hoy privatizado, para ocultar cadáveres y delincuentes.

Brotan ex funcionarios y/o contratistas de los panistas Fox y Calderón (https://goo.gl/6jTPa9): Ignacio Quesada, ex director de "Finanzas Pemex" y ex jefe de asesores en Sedesol y Hacienda del ahora senador panista Ernesto Cordero (íntimo de Calderón), quien expectoró que los mexicanos podían vivir con 6 mil pesos al mes,…pero siempre que se tengan millonarias cuentas alternas en Bahamas.

Las empresas lavadoras de Pemex: Mavi International Corp, Lion Asset Management, Pasco International Ltd, Geological Investment Ltd, Elan Overseas Ltd y Grupo Aknuum –accionista de la infecta Oceanografía, conectados a los hijastros de Fox (https://goo.gl/hcxLDt)–, de los hermanos Hernández Mena, con sus empresas Gixi Ltd y Fortiver Holdings Ltd, enlazados a los gobiernos panistas de Calderón y Fox.

La criminalidad fiscal de Fox no es nueva cuando su también locuaz ex canciller Castañeda Gutman fue desnudado en su asociación con el banco defraudador Stanford, que lavaba al cártel del Golfo (https://goo.gl/x7pk90).

Varios personajes del entramado panista de Fox y Calderón fueron descubiertos ocultando cuentas "paradisiacas": Fernando Canales Clariond, ex secretario de Economía y Energía de Fox, y Fernando Gómez-Mont (https://goo.gl/zNRQOC), ex secretario de Gobernación de Calderón e íntimo de su esposa, Margarita Zavala.

Destacan las cuentas de Olegario Vázquez Raña, Olegario Vázquez Aldir y María de los Ángeles Aldir –presuntamente ligados a Marta Sahagún de Fox– mediante sus radios, televisoras, periódicos, hospitales, hoteles y bancos, con cuatro empresas: Radal Global, Mundella Global, Albino Hall Holdings Ltd. y Marshalls Creek (https://goo.gl/NfFqL5). ¡Qué bonito!

¿Quién investiga?

¡Luego preguntan por qué impera tanta desinformación en el "México neoliberal itamita"!

Son también exhibidos los controladores de Comex: Marcos Achar Levy, Marcos Achar Mehoyas y Salomón Achar Achar, mecenas del mendaz portal "enlace judío" e íntimos de una candidata del PAN a la Presidencia (https://goo.gl/W7RoRY).

Otro personaje vinculado al gobierno de Fox y Calderón es el prófugo Gastón Azcárraga –familiar del mandamás de Televisa–, quien descuartizó a Mexicana de Aviación.

Perturba que Alberto Bazbaz Sacal, encargado de la "Unidad de Inteligencia (sic) Financiera" e inmerso en varios macabros escándalos –desde el caso Paulette hasta el surrealismo de Ficrea (https://goo.gl/BtYRK8), en complicidad con el vilipendiado titular de Condusef– no descubra nada del descarado lavado en HSBC/Suiza ni en papeles de Panamá ni en Bahamas Leaks.

Sin eludir los fétidos nombres fundidos al PRI, no se puede soslayar la operatividad delincuencial del "eje criminal fiscal" del PAN con el Partido Popular español en los paraísos fiscales con sus metástasis pasadas y presentes en Televisa (https://goo.gl/ib1RKl), banco Santander (https://goo.gl/ABZTiZ) y el polémico BBVA Bancomer, cuya bisagra se subsume en los controvertidos quehaceres del "empresario cultural" de Televisa y de Alberto Bailleres, del grupo BAL y mandamás del ITAM, consagrado al desmantelamiento del "México profundo".

No es gratuito que Banco Santander, anterior accionista de Televisa, haya abierto “559 sociedades en Bahamas para sus clientes (https://goo.gl/65AWJS)”.

Toda la emética megacorrupción de OHL está impregnada por las tratativas mafiosas de José María Aznar y el Partido Popular (https://goo.gl/nFrvgc), cuya hediondez se ha vuelto intolerable, en conjunción con el megacorrupto Antonio Solá Reche, su "ideólogo" y anterior jefe de la inmunda campaña electoral del panista Calderón (http://goo.gl/TNkyOO).

El lavado del Partido Popular es ya proverbial (https://goo.gl/atbUps).

De manera más causal que casual, el fondo buitre Cerberus, asociado a la familia Aznar (https://goo.gl/ZVA3Jn), ostenta sus filiales en Bahamas (https://goo.gl/xZqP0A).

Bahamas Leaks es la punta del iceberg de la criminalidad fiscal y/o su espurio blanqueo inherentes al modelo neoliberal "iberoamericano" condensado en el "eje" del Partido Popular y el PAN con sus infectas metástasis "empresariales" y "culturales".

Más allá de las "personas", se trata de una estructura criminal trasnacional muy bien aceitada en Iberoamérica que no solamente blanquea dinero, sino también pretende lavar "imágenes" pútridas mediante la desinformación de sus poderosos multimedia.

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Martes, 06 Septiembre 2016 06:51

Tumbos

Tumbos

La economía mundial da tumbos, pero podemos estar seguros de que los actuales gobiernos de los países "desarrollados" y las instituciones económicas de alcance internacional están incapacitados, por mil razones, para frenar los tumbos y poner un mínimo de orden, ya que, aunque juran (lo que nadie cree) y firmen acuerdos de que cooperarán de este y de aquel modo, todos, o casi todos, violarán las reglas acordadas y buscarán prevalecer sobre los demás.

Aunque Estados Unidos parece haber admitido que ya no es el mandamás mayor absoluto, no ha renunciado a recuperar ese puesto. Y aunque China pudiera aspirar a ocupar ese lugar, todo indica que no quiere hacerlo a gritos, sombrerazos, trompadas y cañonazos. Tiene un ejército de trabajadores inmensamente mayor que cualquier otra potencia y una frontera económica interna mucho mayor al espacio que ahora ocupa; de modo que por sus condiciones y por su propia idiosincrasia siempre intentan ver más allá de varias generaciones futuras para tomar sus decisiones. Pueden, por tanto, esperar el tiempo necesario a que las cosas maduren hasta que los frutos empiecen a caer por sí solos. Cierto o no, se cuenta que Deng Xiaoping, máximo líder de la República Popular China de 1978 hasta el último año de su vida (1997), interrogado acerca de la importancia histórica que él atribuía a la revolución francesa, respondió que era demasiado pronto para expresar una opinión suficientemente informada y reflexionada.

Stephen S. Roach, el ex presidente de Morgan Stanley Asia y economista jefe de la firma, es un antiguo miembro del Instituto Jackson de Asuntos Globales de la Universidad Yale y profesor de la Escuela de Administración de esa misma universidad. Es autor de La desequilibrada codependencia de América y China (2014) y considerado uno de los mejores conocedores de la economía china. Aunque no resulta necesario, hay que decir siempre que "América" significa, en la ignorancia supina estadunidense, Estados Unidos.

Según Roach, "a pesar de tanta ansiedad y retorcer de manos a causa de una posible y alardeada desaceleración de China, y desafiando tanto cacareo, continúa siendo el mayor contribuyente al crecimiento del PIB mundial". Estos son sus datos: “Si el crecimiento del PIB chino alcanza a 6.7 por ciento en 2016 –cifra que está en línea con la meta oficial del gobierno chino y sólo ligeramente por encima del último pronóstico del FMI (6.6 por ciento)– China podría dar cuenta de 1.2 puntos porcentuales del crecimiento del PIB mundial. Considerando que el FMI espera actualmente un crecimiento mundial de sólo 3.1 por ciento este año, China contribuiría con casi 39 por ciento de este crecimiento total”.

Estados Unidos ha sido ampliamente elogiado por su "sólida recuperación" (se espera que su PIB crezca un 2.2 por ciento en 2016), "lo suficiente para contribuir al crecimiento del PIB total mundial con tan sólo 0.3 puntos porcentuales o, dicho de otra forma, su contribución es aproximadamente una cuarta parte de la de China".

Se espera que la esclerótica economía europea "añada apenas 0.2 puntos porcentuales al crecimiento mundial y que Japón no llegue ni siquiera a un bajísimo 0.1 puntos porcentuales". La contribución de China al crecimiento mundial, en los hechos, supera en 50 por ciento, los 0.8 puntos porcentuales de la probable contribución combinada de todas las supuestas economías avanzadas.

Pero el G-20 está reunido (escribo el 4 de septiembre) con tantos socios e invitados como nunca, presidido por Xi Jinping. Joaquín Estefanía, incansable periodista y economista, que alguna vez fue director de El País, con estupor mira la reunión del G-20 y apenas puede creer lo que ve y oye, y que significa: nosotros, las mayores economías del mundo, somos incapaces de renunciar a nuestros intereses inmediatos, aunque en el plazo medio pudiera ser un estúpido y gozoso harakiri del conjunto. Por lo pronto ha escrito: “La economía mundial reduce su ritmo de crecimiento de forma acelerada, acuciada por el parón en seco de los países emergentes. Mientras tanto, los pocos organismos globales de gobernanza miran para otro lado y practican una especie de asombroso laissez faire. Con su inacción dan la sensación de no estar suficientemente preocupados por lo que está sucediendo y por lo que están inquietos los ciudadanos y los mercados. Coquetean de forma insensata con la posibilidad de otra Gran Recesión: o porque se aviven los rescoldos de la que comenzó en el verano de 2007, o porque aparezca otra nueva que lleva en su seno distintas burbujas de activos y, sobre todo, una burbuja de la deuda. El endeudamiento público y privado a nivel mundial está cerca de 300 por ciento del PIB global”.

¿Quién quiere poner fin a la insensata y monstruosa cantidad de dólares que tienen inundados los mercados financieros sin salida productiva posible? Sólo entre todos los ahora reunidos podrían. ¿Cómo?, distribuyendo las inmensas pérdidas que sería necesario provocar para absorber esa liquidez inconmensurable, detrás de lo cual otra reforma de las instituciones del gobierno de la economía mundial sería ineludible. ¿Acuerdos sobre pérdidas? Son demasiado torpes e insensatos para tomar un acuerdo así. Continuarán tratando de hacerse trampas unos a otros para prevalecer sobre los demás. En tanto, las atroces pérdidas que enumeré en mi entrega anterior continuarán creciendo.

Publicado enEconomía
Martes, 12 Abril 2016 09:41

Por qué debemos salvar la UE

Por qué debemos salvar la UE


"La Unión Europea se está desintegrando, pero marcharse no es la solución". Con esa premisa Yanis Varoufakis relata con detalle las negociaciones a las que se enfrentó en el seno de la UE mientras era ministro de Finanzas griego, y rememora anécdotas de su infancia en su próximo libro Y los débiles sufren lo que deben. Aquí, un adelanto

 

La primera palabra que aprendí en alemán fue Siemens. Estaba en nuestra lavadora, en nuestra aspiradora y en el recio frigorífico de la década de 1950; estaba en casi todos los electrodomésticos de la casa de mi familia, en Atenas. La peculiar lealtad de mis padres a la marca alemana se debía a que mi tío Panayiotis había sido director general de la delegación griega de Siemens entre mediados de los cincuenta y finales de los setenta.


Panayiotis era ingeniero eléctrico y germanófilo. Hablaba el idioma de Goethe con soltura, y había convencido a su hermana pequeña (mi madre) de que aprendiera alemán. De hecho, ella estuvo a punto de marcharse a Hamburgo en el verano de 1967, porque le habían ofrecido una beca en el Instituto Goethe; pero los planes de mi madre se fueron al traste el 21 de abril de ese mismo año, junto con nuestra imperfecta democracia. A primera hora de aquella mañana, cuatro coroneles del Ejército sacaron los tanques a las calles de Atenas y de otras ciudades importantes. Aquel día, nuestro país se hundió en una densa niebla de neofascismo. Y también se hundió el mundo de Panayiotis.


A diferencia de mi padre, quien había pagado su militancia izquierdista con varios años en campos de concentración, Panayiotis era lo que en la actualidad definiríamos como un neoliberal. Anticomunista acérrimo y receloso de la socialdemocracia, respaldó la intervención estadounidense de 1946 en la guerra civil griega (del lado de los carceleros de mi padre). Apoyaba al Partido Democrático Libre de Alemania y al Partido Progresista Griego, organizaciones que proporcionaban un manto de economía libre de mercado con el apoyo incondicional de la maquinaria opresora del régimen, impuesto y dirigido por EEUU.


Sus opiniones políticas, y su posición como jefe de operaciones de Siemens en Grecia, lo convertían en un miembro típico de la clase que dirigió Grecia después de la guerra. Cuando las fuerzas de seguridad o sus secuaces daban palizas a manifestantes de izquierda, Panayoitis lo apoyaba a regañadientes, convencido de que eran actos lamentables pero necesarios. Incluso apoyó el asesinato del brillante diputado Grigoris Lambrakis en 1963. Aún suenan en mis oídos las terribles discusiones que mantenía con mi padre, a cuenta de lo que consideraba "medidas razonables para defender la democracia contra sus enemigos jurados"; medidas que mi padre había sufrido en persona, y de las que nunca se llegó a recuperar por completo.


Panayiotis también aceptaba la intensa influencia de las agencias estadounidenses en la política griega, que llegaron hasta el punto de organizar la destitución del centrista Georgios Papandreu, un primer ministro popular, en 1965. Le parecía un acuerdo aceptable: Grecia renunciaba a parte de su soberanía a cambio de protección contra la amenaza del bloque del Este, que acechaba al Norte de Atenas, a poca distancia en coche. Pero su vida dio un vuelco por aquel aciago día de abril de 1967.


Le parecía inadmisible que "su gente" (como llamaba a los oficiales derechistas que habían dado el golpe y, sobre todo, a los estadounidenses que los manejaban) disolvieran el Parlamento, suspendieran la Constitución e internaran a los disidentes políticos (incluidos algunos democristianos) en estadios de fútbol, comisarías y campos de concentración. Panayiotis no simpatizaba demasiado con el depuesto primer ministro al que los golpistas y sus amos de EEUU intentaban alejar del Gobierno, pero su visión del mundo había saltado por los aires, y experimentó una repentina y casi cómica radicalización.


La radio bajo la manta roja


Pocos meses después de que los militares tomaran el poder, mi tío se unió a Defensa Democrática, un grupo clandestino cuyos integrantes eran en su gran mayoría liberales de la clase dirigente, al igual que él: profesores universitarios, abogados y hasta un futuro primer ministro. Querían demostrar que las drásticas medidas del régimen militar no le habían dado el control absoluto del país, así que pusieron una serie de bombas en Atenas tras asegurarse de que no habría heridos.


Durante varios años, Panayiotis fingió ser –incluso delante de su madre– un profesional más que bajaba la cabeza y que solo se preocupaba por sus propios asuntos. Nadie sabía nada de su doble vida: empresario de día y subversivo de noche. Entre tanto, nos alegrábamos de que mi padre no hubiera terminado otra vez en un campo de concentración.


Mi recuerdo más vivo de aquellos años es el sonido distorsionado de una radio que estaba escondida bajo una manta roja, en pleno salón de nuestra casa de Atenas. Todas las noches, a eso de las nueve, mi madre y mi padre se metían debajo de la manta; y, yo cuando oía la amortiguada sintonía que anunciaba el programa y la voz del presentador alemán que sonaba después, mi imaginación de niño de seis años me llevaba desde Atenas hasta Centroeuropa, un lugar mítico que solo conocía por los sugerentes detalles de una edición ilustrada de los hermanos Grimm que tenía en mi habitación.


Mis padres oían Deutsche Welle, una emisora internacional alemana que se convirtió en su mejor aliado contra la aplastante propaganda del régimen: una ventana abierta a la lejana y democrática Europa. Al final de las emisiones especiales para Grecia, que duraban una hora, nos sentábamos a la mesa y mis padres hablaban sobre las últimas noticias. Yo no lo entendía todo, pero ni me aburría ni me molestaba. Estaba entusiasmado con el carácter extraño de aquella situación, consistente en taparse con una manta roja y viajar por las ondas hasta un lugar llamado Alemania para descubrir lo que estaba pasando en nuestra propia ciudad, Atenas.


Lo de la manta tenía un motivo: un vecino viejo y cascarrabias que se llamaba Gregoris. Todo el mundo sabía que Gregoris trabajaba para la policía secreta y que estaba obsesionado con espiar a mis progenitores; sobre todo a mi padre, cuyo pasado izquierdista lo convertía en un objetivo excelente para un soplón. Por extraño que hoy pueda parecer, oír las emisiones de Deutsche Velle era una de las actividades incluidas en la larga lista de delitos contra el régimen, cuyo castigo podía ir desde el acoso hasta la tortura. Y, como mis padres lo habían descubierto husmeando en nuestro propio jardín, tomaron medidas y convirtieron aquella manta roja en una defensa contra los inquisitoriales oídos de Gregoris.


Al cabo de unos años, nos enteramos de lo que Panayiotis y sus colegas habían estado haciendo. Lo supimos por esa misma emisora, Deutsche Velle, cuando anunció que los habían arrestado. Mi padre bromeó durante mucho tiempo sobre la patética inutilidad de aquellos liberales burgueses que ni siquiera sabían organizar un grupo clandestino de resistencia. Todos cayeron horas después de que la policía cogiera por casualidad a un miembro de Defensa Democrática. Los agentes solo tuvieron que leer el diario del detenido, quien había apuntado meticulosamente los nombres y direcciones de sus compañeros, incluyendo en algunos casos hasta una descripción de la "misión" subversiva que se le había encomendado. Después, llegaron las torturas, los tribunales militares y las condenas, que en algunos casos fueron de muerte.


Había pasado un año desde su detención cuando la policía militar decidió relajar un poco su régimen de aislamiento y permitir que yo, un inofensivo niño de diez años, lo visitara una vez a la semana. Nuestra relación, que ya era bastante estrecha, se reforzó con mi conversación infantil, que le ofrecía una válvula de escape. Me hablaba de máquinas que yo no había visto nunca (las llamaba "ordenadores"); se interesaba por las últimas películas de la cartelera y describía sus coches preferidos.


Antes de cada visita, mi tío me hacía aviones de juguete con cerillas y otros materiales que sus carceleros le dejaban guardar. Sus elegantes aparatos contenían frecuentemente mensajes para mi tía, mi madre e, incluso a veces, para sus compañeros de Siemens. En cuanto a mí, me enorgullecía de mi nueva habilidad, consistente en desmontar los modelos sin dañarlos demasiado, recuperar su contenido y volverlos a montar.


Mucho tiempo después de que Panayiotis muriera, descubrí el último de sus mensajes. Estaba en una maqueta de un Stuka hecho con cerrillas, en el ático de la antigua casa familiar. Al verlo, dudé entre dejarlo tal como estaba y echar un vistazo a su interior. Al final, opté por lo segundo. Y allí estaba.


El último mensaje de mi tío no iba dirigido a nadie en particular. solo contenía una palabra: hyriarchia. Soberanía.


Berlín y la troika


En febrero del año 2015, casi medio siglo después de aquellas veladas de mi infancia bajo una manta roja, hice mi primera visita oficial a Berlín en calidad de ministro de Finanzas. Y la primera escala de aquel viaje era, evidentemente, mi contraparte alemana, el legendario doctor Wolfgang Schäuble.


Yo era una molestia para él y sus subordinados. El triunfo de la coalición progresista que acababa de llegar al Gobierno griego tras derrotar a Nueva Democracia, partido hermano de los democristianos alemanes, era como mínimo una inconveniencia para Schäuble, la canciller Angela Merkel y sus planes sobre la eurozona. De hecho, nuestra victoria había hecho realidad el mayor temor de Berlín. Si conseguíamos un acuerdo nuevo para Grecia, que pusiera fin a la interminable recesión que estrangulaba el país, la "enfermedad" izquierdista griega se extendería casi inevitablemente a España, Portugal e Irlanda, que celebraban elecciones generales en poco tiempo.


Antes de viajar a Berlín, apenas tres días después de haber asumido el cargo, recibí la primera visita de alto nivel en mi despacho de Atenas: el autoproclamado enviado de Schäuble, Jeroen Dijsselbloem, ministro neerlandés de Finanzas y presidente del Eurogrupo. solo habían pasado unos segundos cuando me preguntó si tenía intención de aplicar completamente y sin vacilaciones el programa económico que Berlín, Bruselas y Fráncfort (sede del BCE, Banco Central Europeo) habían impuesto al Gobierno griego anterior.


Dado que nosotros habíamos llegado al Gobierno con el mandato de renegociar la esencia de aquel programa desastroso (que aumentó un 20% el desempleo y supuso la pérdida de un tercio de la renta nacional), su pregunta no podía ser el principio de una relación amistosa. Sin embargo, le di una respuesta diplomática que se iba a convertir en mi principal línea argumental durante los meses posteriores: "Teniendo en cuenta que el programa económico actual ha sido un fracaso indiscutible, propongo que el nuevo Gobierno griego y nuestros socios europeos nos sentemos juntos, replanteemos el programa sin temores ni prejuicios y diseñemos juntos una política económica que ayude a la recuperación griega".


Mi modesta petición de una cantidad módica de soberanía nacional frente las políticas impuestas a una nación que languidecía en una depresión terrible, obtuvo una respuesta desconcertantemente brutal. "¡No funcionará!", empezó Dijsselbloem, quien puso las cartas sobre la mesa en menos de un minuto: si yo insistía en renegociar sustancialmente el programa, el BCE cerraría nuestros bancos a finales de febrero del 2015, un mes después de que llegáramos al Gobierno.


El despacho del ministro de Finanzas griego da a la plaza de Syntagma y al Parlamento; al mismo lugar donde, en abril de 1967, los tanques aplastaron nuestra democracia. Mientras Dijsselbloem hablaba, yo veía la amplia y abarrotada plaza por encima de su hombro y pensaba: "Qué interesante. En 1967, fueron los tanques. Ahora pretenden hacer lo mismo con los bancos".


La reunión con Dijsselbloem terminó con una tumultuosa rueda de prensa en la que el presidente del Eurogrupo perdió los papeles cuando me oyó decir que nuestro Gobierno no iba a trabajar con la camarilla de técnicos que la troika de prestamistas enviaba habitualmente a Atenas para imponer medidas destinadas al fracaso a un gobierno democráticamente elegido. La suerte estaba echada, y la batalla por recuperar parte de nuestra soberanía perdida acababa de empezar. Berlín, donde me reuniría con el verdadero amo de la troika, esperaba.

Mientras el coche que me había recogido en el aeropuerto berlinés de Tegel se aproximaba al antiguo Cuartel General del Ministerio del Aire de Goering (ahora sede del Ministerio de Finanzas federal), pensé que Schäuble, mi anfitrión, no podía ni imaginar que yo llegaba a Berlín con la cabeza llena de recuerdos infantiles en los que Alemania era un importante amigo.


Ya dentro del edificio, mis ayudantes y yo nos vimos bruscamente escoltados hasta un ascensor enorme. Cuando salimos de él, nos encontramos en un largo y frío pasillo al final del cual esperaba el gran hombre, sentado en su famosa silla de ruedas. Yo me acerqué y le ofrecí la mano; pero Schäuble la rechazó y, en lugar de estrecharla, me llevó resueltamente a su despacho.
Nuestra relación personal mejoró durante los meses posteriores, pero aquel apretón rehuido decía mucho sobre lo que anda mal en Europa. Era la prueba simbólica de que Europa había cambiado radicalmente en el medio siglo transcurrido desde los días de la manta roja y las visitas a la cárcel donde estaba el hombre de Siemens en Atenas.


No sé si Siemens tuvo algo que ver con la liberación de mi tío en 1972, dos años antes de que el régimen se hundiera; solo sé que mis padres estaban convencidos de que la empresa alemana desempeñó un papel crucial. Por eso me sentía bien cuando veía la marca "Siemens" en nuestra casa. Tenía la misma sensación cálida que aún tengo cuando veo las palabras "Deutsche Velle". Al fin y al cabo, mi imaginación hizo de Alemania un gran amigo durante los deprimentes y al mismo tiempo apasionantes días de mi infancia; una tierra de demócratas que, bajo el liderazgo del canciller Willy Brandt, hicieron lo humanamente posible para que los griegos nos liberáramos por nuestros propios medios de la dictadura.


Concluida mi primera visita oficial a Berlín, volví a Atenas. Durante el viaje, caí en la cuenta de que aquella situación era de lo más irónica. Un continente que se había unido con idiomas y culturas diferentes, se dividía ahora por una moneda común, el euro, y por las espantosas fuerzas centrífugas que este había desatado.


La reunión con el Eurogrupo


Schäuble y yo nos volvimos a ver una semana después de nuestro encuentro bilateral, cuando coincidimos en la larga y rectangular mesa de la sala donde se reunía el Eurogrupo (organismo ejecutivo de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona) y los representantes de la troika (BCE, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional). Después de que yo reiterara nuestra petición de renegociar sustancialmente el así llamado "programa económico griego", que tenía las huellas de la troika por todas partes, el doctor Schäuble me dejó atónito con una respuesta contundente que estremecería a cualquier demócrata: "¡No se puede permitir que las elecciones cambien el programa económico de un Estado miembro!".


Durante la reunión, que duró diez horas, me esforcé por reclamar un poco de soberanía económica en nombre de nuestro castigado Parlamento y del sufrimiento de los griegos. En uno de los descansos, un ministro intentó tranquilizarme con las siguientes palabras: "Yanis, tienes que comprender que ningún país puede ser soberano en la actualidad. Especialmente, si se trata de uno pequeño y en bancarrota, como el tuyo".


Esa línea de pensamiento es, probablemente, la falacia más perniciosa de las que subvierten el debate público en nuestras modernas democracias liberales. De hecho, me atrevería a afirmar que es la mayor amenaza contra la propia democracia liberal. En realidad, significa que la soberanía está demodé salvo que seas los Estados Unidos, China o, quizá, la Rusia de Putin; lo cual implica que toda la soberanía reside en los grandes y que, ya puestos, sería mejor que anexaras tu país a una alianza transnacional de Estados donde los Parlamentos quedaran reducidos a sellar papeles.

 

Curiosamente, no es un argumento que se reserve a los Estados pequeños y en bancarrota como Grecia, atrapada en una zona monetaria mal diseñada. Esa misma y perniciosa máxima se esparce a diestro y siniestro en Gran Bretaña; teóricamente, como argumento a favor de la permanencia en la UE. Y a mí, firme defensor de la permanencia, no hay nada que me moleste más que la afiliación a la causa del "sí" a partir de un razonamiento tan tóxico como incivilizado.


El problema surge cuando se difumina la distinción entre soberanía y poder. La soberanía trata sobre quién decide legítimamente en nombre de un pueblo, mientras que el poder es la capacidad de imponer dichas decisiones en el mundo exterior. Islandia, por ejemplo, es un país pequeño; pero deducir que su soberanía es ficticia porque su tamaño le impide tener poder es como argumentar que un pobre sin influencia política debería renunciar al voto.


Dicho de otra forma, las naciones pequeñas como Islandia tienen derecho a tomar decisiones dentro del contexto más amplio que dictan la naturaleza y el resto de la humanidad. Y por muy restringidas que estén sus opciones, los ciudadanos islandeses son los únicos que tienen autoridad para pedir explicaciones a sus representantes por las decisiones que toman (en los límites de la nación), así como para cambiar cualquier ley que sus representantes electos hayan aprobado en el pasado.


Obviamente, una alianza de Estados como la UE puede llegar a acuerdos mutuamente beneficiosos como alianzas militares contra un enemigo común, coordinación de los cuerpos policiales, apertura de fronteras, convenios comunes sobre normas industriales o creación de una zona de libre comercio; pero nunca tiene legitimidad para derogar o anular la soberanía de uno de los miembros a partir del poder limitado que los Estados soberanos firmantes de dicha alianza le han concedido. Bruselas no tiene autoridad política para ello porque no hay soberanía europea colectiva.


Se podría alegar que las credenciales democráticas de la Unión Europea están fuera de toda duda. El Consejo Europeo reúne a los jefes de Estado o de Gobierno, mientras que el Ecofin y el Eurogrupo son los consejos de ministros de Economía y Finanzas de la UE y de la eurozona, respectivamente. Sobra decir que son representantes democráticamente elegidos y, por si esto fuera poco, también está el Parlamento Europeo, elegido por los ciudadanos de los Estados miembro, que tiene poder para devolver las leyes propuestas a los burócratas de Bruselas. Pero esa puntualización demuestra por sí misma hasta qué punto se ha degradado la comprensión de los principios fundamentales de la democracia liberal: una vez más, implica el grave error de confundir autoridad política y poder.


El Parlamento de un país es soberano aunque el país no sea particularmente poderoso, pero solo lo es si puede expulsar al Ejecutivo por haber incumplido las tareas que se le asignaron, sin más limitación que las competencias del Parlamento y el Ejecutivo en cuestión. Pues bien, en la UE no hay nada parecido. Los miembros del Parlamento, del Consejo Europeo y del Eurogrupo de ministros de Economía y Finanzas son políticos elegidos democráticamente que, en teoría, deberían responder ante sus propios Parlamentos nacionales, pero el Consejo y el Eurogrupo no dependen de ningún Parlamento ni responden ante los ciudadanos de ningún país.


Para empeorar las cosas, el Eurogrupo (donde se toman las decisiones económicas más importantes) es un organismo que ni siquiera existe en la legislación europea, que no levanta actas sobre sus procedimientos y que insiste en que sus deliberaciones sean confidenciales, es decir, que no se compartan con los ciudadanos europeos. Funciona a partir de la máxima de Tucídides: "Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben". Es una componenda para anular cualquier soberanía derivada de los pueblos de Europa.


Mientras combatía la lógica de Schäuble en el Eurogrupo y otras partes, había dos ideas que estaban constantemente en mi pensamiento. La primera, que como ministro de Finanzas de un Estado en quiebra, cuyos ciudadanos exigían el fin de la gran depresión causada por la negativa a asumir nuestra bancarrota –con imposición de nuevos créditos impagables para pagar viejos créditos impagables–, yo tenía el deber político y ético de rechazar más préstamos de prórroga y finge. La segunda era la lección de Sófocles en Antígona: que las mujeres y hombres buenos tienen la obligación de contradecir las leyes que carecen de legitimidad política y moral.


La autoridad política es el cemento que une la legislación, y la soberanía del cuerpo político que crea dicha legislación es su cimiento. Decir "no" a Schäuble y la troika era esencial para la defensa de nuestro derecho a la soberanía. No solo como griegos, sino como europeos.


Irónicamente, ese también fue el último mensaje que recibí del hombre de Siemens en Atenas.


Ausencia de debate


A mí, que procedo del mundo académico, donde el debate y el razonamiento son la norma, me sorprendió vivamente que la norma del estamento ejecutivo más importante de Europa fuera precisamente la ausencia de cualquier tipo de debate significativo. Y, por si eso no fuera suficientemente malo, había algo peor y más doloroso: que la ausencia de debate se consideraba natural; una virtud de facto que los recién llegados como yo debíamos adoptar, salvo que quisiéramos sufrir las consecuencias de lo contrario.


Comunicados concertados de antemano, votos prefabricados y una firme coalición de ministros de Economía y Finanzas que ejercía de guardia de Schäuble y que era refractaria a todo debate racional. Esa era la orden del día y, más frecuentemente, de las interminables noches. En ningún momento, durante ninguna de las conversaciones sobre políticas económicas que se debían ejecutar en mi país, tuve la sensación de que mis interlocutores tuvieran ningún interés por la recuperación económica de Grecia.


Desde el día en que asumí el cargo, me esforcé por proponer medidas sensatas y moderadas que pudieran crear una base común entre mi Gobierno, la troika de prestamistas y la gente de Schäuble. La idea consistía en ir a Bruselas, presentarles nuestro proyecto para la recuperación económica de Grecia y debatir con ellos sus ideas y sus objeciones a las nuestras. Mi equipo ateniense trabajó mucho en dicho sentido, colaborando con expertos internacionales como Jeff Sachs (Universidad de Columbia), Thomas Meyer (exdirector económico del Deutsche Bank) Daniel Cohen y Matthieu Pigasse (almas del banco de inversión francés Lazard), Larry Summers (exsecretario del Tesoro de EEUU) y lord Lamont, un buen amigo mío. Como se ve, no era exactamente un grupo de izquierdistas recalcitrantes.


En poco tiempo, tuvimos un plan completo cuya versión final firmamos Jeff Sachs y yo. Tenía tres secciones: la primera, una propuesta sobre la deuda que devolvía la deuda pública griega a límites manejables y garantizaba la devolución máxima posible a nuestros acreedores; la segunda, una política de consolidación fiscal a medio plazo que impediría que Grecia volviera a entrar en déficit y mantendría los superávits del presupuesto en límites lo suficientemente bajos como para ser creíbles y coherentes con la recuperación y la tercera, una profunda reforma de la administración y la Hacienda pública y de los mercados, así como una reestructuración del destrozado sistema bancario y la creación de un banco de desarrollo que gestionaría activos públicos sin intervención de políticos.


Hay una pregunta que me formulan con frecuencia: "¿Por qué rechazaron el Eurogrupo y la troika las propuestas de su Ministerio?". Pero no las rechazaron. Y no las rechazaron porque ni siquiera me permitieron que las presentara. Cuando empecé a hablar de ellas, me miraron como si yo estuviera cantando el himno nacional sueco. Y, mientras tanto, entre bastidores, presionaban a Alexis Tsipras, primer ministro griego, para que retirara dichas propuestas, insinuando que no habría acuerdo alguno si no nos ateníamos al fracasado programa de la troika.


En realidad, la troika se limitó a hacer caso omiso de nuestras propuestas, decirle al mundo que no teníamos nada creíble que ofrecer, dejar que fracasaran las negociaciones, imponer unas vacaciones bancarias indefinidas y, a continuación, forzar al primer ministro griego a tragar con todo, lo cual incluía un nuevo e ingente préstamo que, como mínimo, duplicaba la suma que Grecia habría necesitado si hubieran aceptado nuestras propuestas.


Trágicamente, a pesar de que nuestro primer ministro aceptó los términos de la rendición impuesta por la troika, y a pesar de que la pérdida de otro año ha empeorado la grave depresión griega, se está repitiendo la situación que ya se produjo entonces. Hace unos días, WikiLeaks reveló una inquietante transcripción telefónica de miembros del Fondo Monetario Internacional involucrados en el drama griego. Su conversación confirma que no ha cambiado nada desde julio del año pasado, cuando presenté mi dimisión.

En cierta ocasión, le dije a Schäuble que nosotros, representantes electos de un continente en crisis, no podíamos delegar en burócratas que no se eligen democráticamente, y que teníamos el deber de dialogar para encontrar una base común sobre las políticas que afectan a la vida de los ciudadanos. Él respondió que, desde su punto de vista, lo más importante es el respeto de las "normas" existentes y que, dado que la ejecución de dichas normas corresponde a los burócratas, yo debía hablar con ellos.


Cada vez que me oponía a normas claramente imposibles de aplicar, me respondían: "¡Las normas son así!". Un día, mientras yo enfatizaba el argumento (derivado del trabajo político de nuestro equipo) de que el objetivo de conseguir superávits presupuestarios del 4,5% de la renta nacional griega era imposible e incluso indeseable desde el interés de los propios acreedores, Schäuble me miró y formuló una pregunta de carácter económico por primera y quizá última vez: "Entonces, ¿qué objetivo propondría?". Por fin, pensé yo, encantado ante la posibilidad de mantener una conversación seria.


En un intento por ser tan razonable como fuera posible, contesté: "Si queremos que el objetivo primario de un superávit en el presupuesto nacional sea realista y creíble, tiene que ser coherente con las medidas políticas generales de nuestro Gobierno. La cantidad del superávit, cuando se añade al resto resultante de ahorros e inversión, debe igualar la balanza por cuenta corriente actual de Grecia. Eso significa que podremos trabajar por un superávit presupuestario más alto si también ponemos en práctica una estrategia creíble de relanzamiento de las inversiones y de intensificación del crédito a los exportadores".


"En consecuencia, y antes de responder a su pregunta sobre el objetivo primario de superávit, es crucial que vinculemos dicha cantidad a nuestras políticas sobre préstamos bancarios no satisfechos (que dificultan el crédito a los exportadores) y flujos de inversión (que se reducen cuando el objetivo de superávit presupuestario es demasiado elevado, porque asusta a los inversores con la amenaza implícita de impuestos futuros más altos). Sin embargo, en este momento le puedo decir que el objetivo óptimo no puede superar el 1,5%. Pero dejemos que nuestros equipos trabajen juntos y lo estudien."


La respuesta de Schäuble, que dirigió al resto del Eurogrupo sin mirarme a los ojos, fue increíble: "El Gobierno anterior se comprometió a que Grecia tuviera un 4,5% de superávit primario. ¡Y un compromiso es un compromiso!".


Horas después, los medios de comunicación estaban llenos de filtraciones del Eurogrupo donde se afirmaba que "el ministro griego de Finanzas enfureció a sus colegas al someterlos a una clase de economía".


Hormigas y cigarras


Hay una razón para que empezara este artículo con la historia de mi tío Panayiotis. La razón es una pregunta que me formuló un periodista tras mi primera reunión con Wolfgang Schäuble, más o menos al final de la rueda de prensa.


Era una pregunta sobre Siemens y un escándalo que había salido a la luz años antes, cuando los autores de una investigación iniciada en los EEUU encontraron pruebas de que un tal Michalis Christoforakos, uno de los sucesores de Panayiotis, había sobornado a políticos griegos para conseguir contratos gubernamentales en favor de Siemens. Poco después de que las autoridades griegas se pusieran a investigar el asunto, el caballero en cuestión se fugó a Alemania, donde los tribunales impidieron su extradición a Grecia.


"Señor ministro –dijo el periodista–, ¿ha recalcado ante su colega alemán [Wolfgang Schäuble] que Alemania tiene la obligación de ayudar al Gobierno griego a combatir la corrupción y, en consecuencia, de extraditar al señor Christoforakos a Grecia?". Yo le di una respuesta que intentaba ser razonable: "Estoy seguro de que las autoridades alemanas son conscientes de la importancia de ayudar a nuestro atribulado Estado en su lucha contra la corrupción. Creo que mis colegas alemanes comprenden la importancia de no mostrar una doble moral en ningún lugar de Europa". Schäuble, que parecía terriblemente incomodo, balbuceó que aquel era un asunto ajeno a su Ministerio de Finanzas.


Mientras volaba a Atenas, mi mente retrocedió hasta finales de la década de 1970. Cuando salió de la cárcel, Panayiotis volvió a la dirección de Siemens en Grecia. No dejaba de decirme que su empleo le hacía feliz, y que estaba orgulloso de su trabajo. Pero un día dejo de sentirse orgulloso. Hasta el punto de que su indignación lo llevó a dimitir.


Recuerdo haberle preguntado por los motivos de su dimisión. Y no he olvidado su respuesta. Me dijo que sus superiores en Alemania lo habían presionado para que sobornara a políticos griegos y asegurara la posición dominante de Siemens consiguiendo la mayor parte de los contratos relativos a la lucrativa digitalización de la red de telefonía griega.


En el Norte de Europa existe el conmovedor convencimiento de que el continente se divide en hormigas y cigarras, y de que todas las frugales y precavidas hormigas viven en el Norte, mientras que las manirrotas cigarras se han congregado misteriosamente en el Sur. La realidad es mucho más confusa. Una poderosa red de prácticas corruptas se ha extendido sobre todos nuestros países, y el colapso de los controles y equilibrios democráticos, debido en parte a la pérdida de soberanía, ha facilitado que se mantenga oculta a los ciudadanos.


A medida que retrocede la autoridad política legítima, nos sumergimos cada vez más en la fuerza bruta, la inercia y la demonización del débil. Tanto es así que, a finales de junio del año 2015, el BCE cerró nuestros bancos, nuestro Gobierno se dividió, yo presenté la dimisión y mi primer ministro capituló ante la troika.


La destrucción de la primavera ateniense fue un duro golpe para la ya herida Grecia. Pero también fue una derrota terrible para el proyecto de una Europa unida, humanista y democrática.
La Unión Europea se está desintegrando. ¿Deberíamos acelerar la desintegración de una confederación fracasada? ¿No es cierto que, si se parte de la base de que hasta los países pequeños deben mantener su soberanía, como yo mismo afirmo, Brexit es la solución? Mi respuesta es un enfático "no".


Este es el motivo: si Gran Bretaña y Grecia no estuvieran ya en la UE, deberían quedarse fuera; pero están en la UE, y es esencial que sopesemos las consecuencias de abandonarla. Nos guste o no, la Unión Europea es nuestro medio; un medio que se ha vuelto terriblemente inestable, y que se desintegraría no ya con la marcha de un país tan económicamente importante como Gran Bretaña, sino incluso con la de un país pequeño y deprimido como Grecia. ¿Debemos preocuparnos los griegos y los británicos por la desintegración de la exasperante UE? Sí, por supuesto que debemos. Y deberíamos preocuparnos mucho, porque la desintegración de esta frustrada alianza creará un torbellino que nos arrastrará a todos, una repetición posmoderna de la década de 1930.


Tanto si se está a favor como si se está en contra de la permanencia, dar por sentado que la UE es algo constante que seguirá "ahí" en cualquier caso y de lo que se puede entrar o salir a nuestro antojo es un error muy grave. La existencia de la UE depende de que Gran Bretaña se quede. Grecia y GB tienen tres opciones, y son las mismas. Las dos primeras están acertadamente representadas por las dos facciones en guerra del Partido Conservador: sumisión a Bruselas y abandono de la UE. Las dos son opciones igualmente desastrosas. Las dos llevan al mismo futuro distópico, una Europa solo apta para los que prosperan en todas las grandes depresiones: los xenófobos, los ultranacionalistas, los enemigos de la soberanía democrática. La tercera opción es la única que merece la pena: quedarse en la UE para formar una alianza internacional de demócratas; una alianza que no se consiguió en la década de 1930, pero que nuestra generación debe tratar de alcanzar para impedir que la historia se repita.


Eso es precisamente lo que algunos pretendemos con la creación del Movimiento por la Democracia en Europa (DiEM25 por su sigla en inglés): desatar una ola democrática en el continente y promover una identidad común europea, una auténtica soberanía europea, un baluarte internacionalista contra la sumisión a Bruselas y la reacción ultranacionalista.


¿Es un objetivo utópico? ¡Por supuesto que sí! Tan utópico como la idea de que la UE actual puede sobrevivir a su soberbia antidemocrática y a la feroz incompetencia alimentada por la imposibilidad de que sus dirigentes rindan cuentas. O como la idea de que la democracia británica o griega puede revivir en el seno de un Estado-nación cuya soberanía es irrecuperable dentro de un mercado único controlado por Bruselas.


Ni Gran Bretaña ni Grecia pueden escapar de Europa mediante el procedimiento de erigir un muro mental o legislativo y esconderse detrás; tampoco se pudo a principios de la década de 1930. O trabajamos juntos por la democratización o sufriremos las consecuencias de una pesadilla paneuropea que ninguna frontera podrá detener.

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La ingeniería fiscal ha ganado la partida

La lucha contra el fraude fiscal se ha centrado hasta ahora en el secreto bancario. Sin embargo, la mitad del mercado offshore se concentra actualmente en los trusts, creaciones jurídicas que no necesitan del secreto para poder protegerse del fisco.

Son vehículos como las bien conocidas en España Sicav, pese a que hay algunas diferencias entre ambas fórmulas. Ya no se trata del mercado de la discreción bancaria, sino del de la ingeniería fiscal.


La evasión fiscal se ha desplazado progresivamente hacia esas estructuras legales. Los trusts se han convertido en la principal herramienta de sustracción fiscal para las grandes fortunas, en el sustituto más eficaz del secreto bancario. El trust es un vehículo de derecho que permite a una persona desprenderse de sus haberes para no aparecer como el propietario a ojos del fisco, y así evitar tener que pagar impuestos por esos bienes. En cuanto al beneficiario del trust, que en principio sí debería pagarlos, no se exige su identidad en el momento de abrir una cuenta en las jurisdicciones de los territorios offshore británicos. En éstos, el banco que abre la cuenta puede no exigir la identidad del beneficiario si el trust es “discrecional e irrevocable”.


Los grandes bancos situados en el continente europeo también se han lanzado al mercado de los trusts, pero conservan la identidad de los constituyentes. Los bancos anglosajones practican un uso menos restrictivo, reteniendo tan sólo informaciones sobre la sociedad de gestión y de administración. Esto les permite una opacidad completa sobre la persona que desea escapar al fisco. Llegan así a una confidencialidad todavía mayor sin secreto bancario en el sentido formal del término. Incluso si, en el marco de una investigación determinada, las legislaciones obligan a esas plazas financieras a entregar la información sobre sus clientes, éstas no pueden proporcionar datos de los que no disponen. La generalización de ese tipo de montaje es una mutación del sistema financiero internacional en beneficio de las finanzas anglosajonas. Las grandes fortunas, por tanto, se ven poco afectadas por la “lucha contra el fraude fiscal”. Al contrario, como ocurre con las firmas internacionales, convendría hablar de “evasión fiscal”, un conjunto de procedimientos legales que les permiten escapar a los impuestos.

El caso Luxleaks, revelado al final de una investigación, muestra cómo 340 multinacionales han podido establecer un total de 548 acuerdos con el Gran Ducado de Luxemburgo. Este país ofrece a las multinacionales todo un abanico de herramientas para optimizar de manera totalmente legal la imposición sobre sus actividades.

El tax ruling permite a una empresa preguntar por anticipado cómo será tratada su situación por la administración fiscal de un país, y obtener ciertas garantías jurídicas. Las autoridades luxemburguesas se han atrincherado tras la legalidad de sus prácticas. El primer ministro del Gran Ducado ha asegurado que el ruling está “conforme a las leyes internacionales” y es “compatible con los estándares comunitarios y los de la Ocde”.

De hecho, el ruling no es exclusivo de Luxemburgo. Todos los estados, en Europa o en otros lugares, muestran tener la misma imaginación a la hora de atraer o retener a las grandes empresas y los capitales. La evasión fiscal, privilegio de las grandes fortunas y de las multinacionales, no está, como la lucha contra el fraude fiscal, en el centro de las políticas nacionales y comunitarias. La posibilidad de no pagar impuestos se restringe así cada vez más a las capas sociales más privilegiadas. La distinción entre fraude y evasión fiscal indica que la gobernanza mundial se efectúa “por arriba” y se deslinda así de este proceso de formación de un bloque de poder constituido por el gran capital y las clases medias superiores.

* Sociólogo, autor de El final del Estado de derecho. Esta nota fue publicada por Diagonal, en España, en febrero de 2015, tres meses después de que el Consorcio de Periodistas de Investigación filtrara centenares de acuerdos fiscales suscritos por bufetes de abogados con el fisco de Luxemburgo en favor de grandes trasnacionales.

 


 

Busquen al arquitecto


Las sociedades offshore no son necesariamente ilegales, lo que pasa es que la legalidad internacional ha sido armada para que ese tipo de empresas puedan existir en beneficio de los más poderosos. Es un problema de arquitectura, de concepción del sistema. Quien esto dijo, meses atrás, sabe de lo que habla: el economista John Christensen es actualmente director de Tax Justice Network (Tjn), una ong dedicada a investigar los paraísos fiscales y las empresas que en ellos se refugian. Durante mucho tiempo estuvo del otro lado del mostrador. Trabajó para la consultora Deloitte y fue asesor por más de una década de los gobiernos de las británicas islas Jersey, su lugar natal, ubicadas en el lugar 16 entre el centenar de países y territorios que más favorecen la opacidad y el secretismo financieros. Tomás Lukin, periodista del diario Página 12, lo entrevistó esta semana para saber su opinión sobre “el caso Macri”. Si el presidente argentino montó por intermedio del bufete Mossack Fonseca una offshore en Bahamas, paraíso fiscal número 25 del planeta, para invertir en Brasil, es muy probable que ello obedezca al intento de evadir el fisco de los dos países, “lo que los expertos llaman la doble no imposición”, señaló el director de Tjn. “Bahamas es una de las jurisdicciones con mayor grado de secretismo en el planeta. (Su) modelo de negocios está basado en la venta de secretismo financiero y legal que facilita una enorme variedad de crímenes de guante blanco. No sólo canalizan maniobras de evasión fiscal sino también otro tipo de operaciones vinculadas al abuso de información privilegiada en el sector privado, la malversación, la corrupción o el fraude”, dijo. Y de manera general apuntó: “la mayoría de las familias ricas y grandes empresas que crean estructuras offshore lo hacen para eludir el pago de impuestos sobre las ganancias de capital, a la herencia, a los ingresos y otros tributos, y a las propiedades. Les gusta utilizar nombres sofisticados como ‘administración patrimonial’ (wealth management, en inglés), pero al final del día se suele reducir a la evasión fiscal”. Los paraísos fiscales forman de hecho parte del sistema. Algunos los consideran como una “enorme falla”, como una tara a corregir, pero otros los ven como una válvula de escape necesaria para proteger las ganancias de los hacedores del propio sistema. “A pesar de algunos avances observados a lo largo de los últimos años, los paraísos fiscales continúan bloqueando los cambios necesarios para hacer públicos los registros de información sobre los fideicomisos y compañías offshore. Y nada de eso sería posible sin la complicidad de Estados Unidos e Inglaterra”, había dicho anteriormente Christensen al propio Página 12.

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“Tenemos que tomar conciencia de que no los necesitamos”

El sistema financiero actual, que comprende la existencia de mecanismos como las empresas offshore, ya no puede dar más pruebas de su carácter depredador. Dependerá de las sociedades organizarse para cambiarlo, sostiene el economista Luis Lozano Arredondo, coordinador del Centro de Análisis Multidisciplinarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

 

En México 16 personas concentran una riqueza que equivale al 15 por ciento del producto bruto interno (Pbi), según información oficial. De esa masa de dinero, se calcula que un 8 por ciento se encuentra en paraísos fiscales o bien fue pasado por alguno de los mecanismos de ingeniería financiera que permiten ocultarlo.


Ese porcentaje equivale al doble del sector agroexportador nacional, del que dependen casi 7 millones de personas. En este país se invierte apenas 0,8 por ciento del Pbi en la educación pública. Haga números. ¿Cuántas generaciones de universitarios, científicos y técnicos podrían haberse formado con la riqueza de uno o dos de estos hombres?

Luis Lozano explica que todo tiene una razón histórica. Durante el sexenio en que Felipe Calderón estuvo al frente del Ejecutivo, los más ricos de México incrementaron un 670 por ciento su fortuna. Usando los “instrumentos de inversión ilícita” como los explicitados por los papeles de Panamá, dice el economista, el aumento de su fortuna fue en realidad de 1.800 por ciento. “Es decir que por cada dólar que ellos sacaban de México con alguno de estos instrumentos ganaban en realidad 1.800 en los paraísos fiscales.”

Lozano agrega una explicación para el mecanismo: “Es un sistema criminal, promovido por el marco legal del sector financiero mexicano, que permite sacar dinero del país sin pagar ningún tipo de impuesto. Claro que no es ilegal que tengas dinero y lo inviertas, pero ¿por qué no lo dejan en México, si es una plaza tan atractiva para las inversiones, como insisten los secretarios de Economía o Hacienda? ¿Por qué la llevan a paraísos fiscales?”. Lozano tiene su respuesta: “A esta gente no le interesan los pobres, sólo su ganancia”.
No es nada nuevo, dice. Estos instrumentos de triangulación fueron creados en Estados Unidos en los años setenta. “Son papeles que aparentan estar ahí pero en realidad no existen. Son como lo que muestra la película El lobo de Wall Street. Nadie lo impide porque está dentro de las tácticas financieras que los hicieron legales.”

En 1985 se conoce el primer escándalo que muestra la existencia de estas triangulaciones financieras a escala mundial. Tiene como protagonistas a los dictadores del sur de América y a los organismos internacionales de crédito. “Pinochet pedía dinero prestado que no llegaba a Chile y sacaba del país a paraísos fiscales. También Videla en Argentina y la dictadura brasileña. Desde el inicio tuvieron vínculos con la financiación de la guerra sucia y las inversiones en el sur. En México, este tipo de manejos le ha costado a la población su empobrecimiento. Esos recursos salen de algún lado.”
Lozano se pregunta por qué se filtró esta información ahora, si esto se conoce desde hace años. Y también por qué no aparecen clientes en Estados Unidos. “Sí los hay, pero para eso están los prestanombres. Una de las cosas que permite el secreto fiscal es que no tengas que usar tu nombre ni tu cara para guardar el dinero en los paraísos. Mucho menos declarar de dónde viene.”

Los mecanismos descritos por los papeles de Panamá no son la excepción sino la norma de funcionamiento del gran capital, dice. “Se calcula que hay un millón de estudios como Mossack Fonseca en el mundo. Es como que hubieses agarrado un nido chiquito de ratones en todo un mercado. ¿Dónde están los demás, que son iguales? ¿Cuántos más hay y quiénes los integran?”

¿Qué se ha comentado en el ámbito académico al conocerse las revelaciones de los papeles de Panamá? Básicamente, que quienes se han beneficiado de este sistema son rateros. “No hay un término mejor. Preferimos ese. Es interesante ver a qué grandes empresas están asociados los nombres que se conocieron en México: desde la constructora española Ohl (Obrascon Huarte Lain) y Cemex (Cementos de México), hasta todas las televisoras, pasando por algunos gobiernos locales, como el del estado de Chihuahua.”

No hay organismo internacional que vaya a regular este “comercio”, piensa Lozano. “No lo han hecho en 60 años.” El problema redunda en todo lo que este modelo de acumulación extrema genera. “Ellos nunca pierden, siempre salen ganando.” Lo que causa más indignación “cuando te lo pregunta algún joven estudiante”, concluye el economista, es que esto no es una alternativa viable de sociedad. “Las estructuras de gobierno ya no sirven, ni la representación. Entiendo que más que pedir una regulación o un control de este tipo de mecanismos ilícitos necesitamos empezar a organizarnos de otra forma. No es imposible. Estos mecanismos ya nos han acarreado muchos problemas, con el ambiente, con la energía, posiblemente con los alimentos. Están metiendo en sucesivas crisis a la sociedad en su conjunto, sin que les importen los efectos que generan. Tenemos que tomar conciencia de que no necesitamos de ellos. No tenemos mucho tiempo y el que hay debemos emplearlo en buscar qué hacer. La única manera de acabarlos es crear otra cosa.”

(A partir de Desinformémonos)

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Operadores en el mercado de futuros de Chicago

Las ganancias anuales de las empresas sufren la mayor contracción anual desde 2008 por el dólar y el petróleo.

 

La economía de Estados Unidos se frenó menos de lo esperado. La lectura definitiva del producto interior bruto deja el crecimiento en el 2,4% para todo 2015, tras moderarse la expansión a una tasa anualizada del 1,4% en el cuatro trimestre. El rendimiento en la recta final del año se revisó cuatro décimas al alza aunque sigue siendo débil. El dato reafirma así la cautela de la Reserva Federal y revela que las ganancias de las empresas registraron la mayor caída en siete años.

 

El dato final muestra que los beneficios corporativos cayeron un 3,1% en el año, tras hacerlo un 7,8% de trimestre a trimestre. Es la primera contracción anual desde la Gran Recesión por el efecto combinado de la apreciación del dólar en la multinacionales y las turbulencias en el mercado de la energía, que también mermaron la inversión de las empresas en equipamiento y estructuras. Es, además, la segunda contracción trimestral consecutivas en las ganancias.

 

En términos absolutos, los beneficios cayeron en 159.600 millones en el cuarto trimestre. Se suman a los 33.000 millones del tercero. En ese periodo el petróleo cayó un 60% y se comió casi 120.000 millones en las ganancias de las compañías que operan en el sector de la energía. La corrección se debe en parte también a la transferencia de 20.800 millones que tuvo que hacer la petrolera BP para compensar a los afectados por el vertido en el golfo de México en 2010.


Eso mermó la economía pese a que el indicador aleja el temor de una recesión. El crecimiento entre octubre y diciembre fue al final seis décimas más débil que en el tercer trimestre. La revisión al alza se explica porque el consumo, del que dependen dos tercios de la economía, fue más sólido de lo anticipado. Creció a una tasa anualizada del 2,4%, una mejora de cuatro décimas frente a la anterior lectura. La exportaciones también cayeron menos, un 2% en lugar de un 2,7%.

 

El crecimiento anual de EE UU está en línea con el que se registró en 2014. La debilidad se espera siga en el primer trimestre. La última proyección publicada hace una semana por la Fed anticipa que podría moderarse al 2,2% este año y de nuevo al 2,1% en 2017. La tasa de paro para este año bajará al 4,7%. Esta expansión claramente por debajo del potencial hará que el riesgo de inflación sea baja, del 1,2% este año aunque repuntará al 1,9% en 2017.

 

 

 

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Lunes, 29 Febrero 2016 18:49

La tormenta bancaria que se aproxima

La tormenta bancaria que se aproxima

Los grandes bancos europeos son el eslabón más débil de la crisis que se avecina. Después de haber recibido la suma astronómica de 661 millones de euros desde 2008 en ayudas públicas, los bancos están descapitalizados (una parte de sus activos vale menos de lo declarado o, en otras palabras, es tóxico) y tienen dificultades para pagar sus pasivos a corto plazo.

 

Los gráficos siguientes indican los síntomas más notorios de esta dificultad. En los dos primeros, se constata como se han ido reduciendo el valor de los "cocos" de algunos de los principales bancos europeos: Deutsche Bank, Santander, Unicredit y Banco Popular (pero lo mismo se aplica a BNP Paribas). Es decir, los principales bancos de España, Alemania, Francia e Italia están al borde del abismo.

 

 

Estos "cocos", o capital contingente, son un instrumento de deuda creado en 2013 en respuesta a la nueva regulación internacional, para eludir las restricciones que a continuación se impusieron a los ratios de capital. Son títulos de deuda que si se produce una tragedia, son convertibles en capital. Mientras tanto reciben un alto interés, que corresponde a la percepción de que el riesgo es grande.


Como se muestra, el valor de estos instrumentos de deuda ha estado cayendo y ahora están operando con pérdidas de un cuarto de su valor. Esta caída registra el miedo de los inversores, que temen que el interés de estos bonos no se puede pagar.


El problema no es sólo griego, como muestra el siguiente gráfico de la revista The Economist. También es de las principales economías, de los EE.UU. a Europa. Las cotizaciones bursátiles de los bancos están cayendo y esparciendo el pánico en los mercados financieros, porque anticipan riesgos a corto plazo.

 

 

La exposición de algunos bancos a estas operaciones de riesgo es muy grande, sobre todo en el caso de la banca española y alemana. Los tres principales bancos españoles, BBVA, Popular y Santander, han emitido cerca de 10 millones de dólares en "cocos". Por lo tanto, las dificultades del Santander ayudan a entender por qué la intervención de la Comisión Europea y del BCE en el caso Banif, con el consentimiento del gobierno portugués, que permitió una recapitalización tan interesante del banco español.


Pero es el Deutsche Bank el que está en peores condiciones. El cuarto gráfico compara las cifras del PIB alemán, del PIB europeo y la exposición del DB a los productos financieros de riesgo, los mismos derivados que se hicieron famosos en la crisis de las hipotecas subprime en 2007-8. Después de haber perdido 6.700 millones el año pasado, y habiendo sido obligado a aumentar la provisión para litigios judiciales en más de 1.200 millones de dólares (hasta 5.500 millones de euros), DB es ahora el banco europeo más expuesto en el corto plazo.

 

 

Este es el mapa que debemos analizar para entender lo que sucederá en el sector bancario portugués en los próximos años.


Francisco Louça catedrático de economía de la Universidad de Lisboa, ex parlamentario y miembro del Bloco de Esquerda, actualmente es Consejero de Estado.

Fuente: http://blogues.publico.pt/tudomenoseconomia/2016/02/26/a-tempestade-bancaria-que-vai-chegando/ 

Traducción: G. Buster


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Lunes, 18 Enero 2016 07:04

Larga crisis económica

Larga crisis económica

El proceso de producción capitalista se desarrolla en el marco de diversas contradicciones. Ellas dan lugar a periodos recurrentes en los que la tasa promedio de ganancia del capital se reduce y ocurren las crisis. Desde 2007 se registra una crisis larga que no se asimila a los movimientos cíclicos de auge y recesión, de más corto plazo, para los que están diseñadas las políticas macroeconómicas de ajuste.


Ahora esas políticas que se han hecho convencionales y de aplicación general no actúan de modo efectivo. Una expresión de esto es la misma duración de la crisis actual y la inoperancia de las medidas usuales, de tipo fiscal y monetario, que pretenden recomponer las pautas de la acumulación.


A escala global prevalece un alto nivel de endeudamiento de los gobiernos, las empresas y las familias. Las medidas para reducir el sobreendeudamiento no han sido efectivas y eso detiene el gasto en inversión y consumo, manteniendo reducidas las tasas de crecimiento del producto del empleo.


La enorme expansión de la liquidez provocada por la Reserva Federal (Fed) para acometer la crisis y evitar el colapso del sistema financiero mantuvo durante mucho tiempo las tasas de interés de referencia a niveles de prácticamente cero. Aun así la inversión no se recuperó, los bancos lograron recomponer sus balances, sin eliminar por completo la fragilidad de sus carteras. Junto con la expansión de la liquidez hay un exceso de ahorro, lo que constituye un entorno de restricción para la recuperación productiva y aviva la especulación.


El crédito no se expandió al sector privado de manera suficiente. Hubo, pues, una apropiación desigual de los recursos entre las entidades financieras, las empresas, sobre todo las de tamaño mediano y los trabajadores. Ahí puede insertarse el aumento de la desigualdad como rasgo de la situación social.


La postura del banco central de sostener tasas cero de interés por siete años se considera anómala y desde hace un año se anunciaba la normalización de la política monetaria, es decir, empezar a elevar las tasas para incidir en el desempeño de los mercados. Recientemente la Fed aumentó un cuarto de punto porcentual la tasa de interés. Así se entra a un periodo de transición que, por ahora, no garantiza que las condiciones de normalidad se restituyan. La misma noción de lo que es normal está en cuestionamiento.


Lo que se observa es una discrepancia creciente entre las unidades nacionales que componen la economía global; esto genera ahora una nueva serie de distorsiones en el flujo de capitales y la asignación de los recursos productivos. La contradicción esencial entre capital y trabajo está expuesta de modo abierto.


Mientras la FED actúa para recrear las condiciones del crecimiento en Estados Unidos, impacta en la dirección de las corrientes de capital que salen de otros países, como es el caso de las economías emergentes por la diferencia de los rendimientos que se obtienen dentro y fuera. De modo más amplio se crean las condiciones para una pugna entre las principales divisas en los mercados de dinero y capitales.


La economía de la Unión Europea no responde a los incentivos monetarios del Banco Central Europeo y ello contribuye a nuevos acomodos del capital y de los niveles de producción, de empleo e ingresos en la forma de ganancias, rentas y salarios.


China exhibe finalmente las repercusiones de un largo periodo de alta expansión productiva, especulación y endeudamiento que obliga a un ajuste cuyos efectos aún no se definen completamente.


Por otra parte, el auge de las materias primas, especialmente del precio de petróleo, se ha acabado y provoca alteraciones severas en las economías que sostenían una expansión sobre la base de exportar dichos bienes.


Un aspecto relevante de las situación económica es la necesidad de desendeudamiento. Este asunto conlleva ciertas condiciones técnicas para el reacomodo financiero, pero exige también una acción política decisiva cuyos costos no están dispuestos a absorber muchos gobiernos. La reestructuración en curso impone fuertes cargas en la distribución del ingreso y la generación de riqueza. El escenario es proclive a generar un nuevo deslizamiento recesivo.


Una parte del debate a este respecto está planteado entre quienes ven el proceso como un movimiento cíclico convencional y quienes postulan que de lo que se trata es de un estancamiento de tipo secular. De ahí se desprenden una serie de políticas públicas que promueven el aumento de la demanda agregada, frente a quienes sostienen que se está llegando a las etapas finales de lo que llaman un súper ciclo de endeudamiento con el consecuente reacomodo de los agentes económicos en el mercado.


Las políticas fiscal y monetaria de un país como México intentan, en este marco, acomodarse a estas condiciones, pero de forma supeditada a las acciones principalmente de la Fed. Esto es un hecho plenamente admitido por Hacienda y de modo explícito por el Banco de México. La cuestión se aprecia, por un lado, en el origen y el uso de los recursos del fisco (captación de impuestos, abrupta caída del precio del petróleo, el destino del gasto y el creciente nivel de endeudamiento) y, por otro, en el alza de las tasas de interés. Todo ello en un escenario de fuerte depreciación del peso y las expectativas de inflación que pueden ceder y complicar aún más el frágil entorno prevaleciente.

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América Latina no crecerá nada en 2016, dice el Banco Mundial

El Banco Mundial (BM) sigue confiando en un "modesto" repunte de la actividad económica global este 2016, hasta el 2,9% del producto interior bruto. Es medio punto porcentual más que el pasado año, pero la nueva proyección supone una revisión a la baja de cuatro décimas respecto a lo que anticipó hace seis meses por el lastre de los grandes países emergentes.

En América Latina el crecimiento será "nulo" tras contraerse un 0,9% en 2015. La anterior proyección era de una expansión del 1,5% para 2016. El organismo habla de una recuperación "moderada" a medio plazo para la región, del 2,3% en 2017. Brasil, que se contrajo un 3,7% en 2015, volverá a crecer un 1,4% en 2017. México repuntará del 2,5% a una media 3% entre 2016 y 2018 por las reformas estructurales y el impulso del crecimiento en EE. UU.

El organismo que vela por el desarrollo de los países más retrasados pasa la tijera a sus previsiones dos semanas antes de que el Fondo Monetario Internacional publique sus proyecciones. Como dijo hace días la directora gerente, Christine Lagarde, se espera que 2016 sea decepcionante: el crecimiento en 2015 ya fue inferior al que anticipó el BM y el FMI por el impacto del desplome de la energía y de las materias primas.

La debilidad del crecimiento mundial tuvo un efecto en los flujos comerciales y la anticipación de la subida de tipos en Estados Unidos, junto a la fortaleza del dólar, afectó también a la inversión en esos países. Los episodios de inestabilidad en el sistema financiero contribuyeron a socavar la actividad económica, a lo que se le suman ahora las tensiones geopolíticas.

El pronóstico es que las economías en desarrollo crezcan un 4,8% en 2016, mejor que el 4,3% de 2015 aunque cuatro décimas por debajo de lo previsto el pasado junio. Rusia y Brasil seguirán atrapadas en la recesión, con una contracción que se estima del 2,5% para la potencia latinoamericana, mientras que en China el crecimiento se desacelerará al 6,7% este año, dos décimas menos que en 2015.

El alza de tipos de interés por parte de la Reserva Federal podría jugar en contra de la región. Además de la desaceleración prolongada de Brasil se cita la crisis en Venezuela, que se contraerá otro 4,8% en 2016. Y junto a la drástica caída de los productos básicos y de la energía, que deterioran los ingresos mediante las exportaciones, se menciona como riesgo mayor el efecto del fenómeno meteorológico de El Niño

El Banco Mundial teme que la moderación del crecimiento en los grandes países emergentes restrinja la expansión de los países en desarrollo, por eso la prioridad en este momento de incertidumbre pasa por proteger a las economías más vulnerables. Lo que más preocupa es que este proceso de desaceleración sea desordenado por las divergencias cada vez mayores en el rendimiento de los países.

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Otra jornada negra obliga a suspender la sesión en las Bolsas chinas

China vivió este jueves la sesión bursátil más corta de su historia. El gigante asiático volvió a suspender la compraventa de acciones en los dos parqués del país después de que en apenas media hora se registraran pérdidas superiores al 7%. Shanghái cerró con una abrupta caída del 7,32%, mientras que Shenzhen sufrió un descalabro del 8,35%. El batacazo sucedió después de que el Banco Central chino (PBOC) llevara a cabo la mayor depreciación diaria de la tasa de referencia del yuan frente al dólar desde el pasado agosto. Unas horas después el PBOC publicó también que el nivel de reservas de divisas extranjeras bajó en diciembre a su nivel más bajo en tres años.

Es la segunda vez esta semana que la negociación de títulos se suspende de forma prematura. La tónica de la breve jornada fue similar a la del pasado lunes, pero a un ritmo mucho más frenético. Trece minutos después de la apertura, a las 9.42 hora local, el selectivo CSI 300 -que agrupa las cotizaciones de trescientas compañías de ambos parqués- registraba un descenso superior al 5%. Según el nuevo mecanismo de freno que se puso en marcha este año, esto obliga a paralizar la sesión de forma temporal durante quince minutos.

Tras el descanso, el volumen de transacciones se disparó y solamente en dos minutos se alcanzó el umbral del 7%, lo que canceló de forma automática el resto de la jornada. Horas después el mercanismo ha sido suspendido, así que, por el momento, solo ha estado en vigor tres días, informa Bloomberg. No obstante, esta medida, anunciada en una red social china por el regulador bursátil, no llegó a tiempo para que se reiniciara la sesión.

Durante toda esta semana los parqués del gigante asiático han sufrido sesiones de gran volatilidad. La intervención tanto del PBOC como de la Comisión Reguladora del Mercado de Valores parecía haber traído cierta calma en los últimos días, pero las dudas sobre la segunda economía mundial y las preguntas sobre qué hay detrás de la continua depreciación de su moneda siguen muy presentes.

El PBOC fijó la tasa media de referencia de su moneda en los 6,5636 yuanes por dólar estadounidense, una cifra un 0,5% más débil que la establecida el miércoles (6,5314). Se trata de la mayor diferencia diaria desde que el pasado agosto China cambió el método de cálculo de su tipo de cambio, lo que provocó la mayor devaluación en años.

La divisa china se sitúa así en mínimos de cinco años con respecto al billete verde. Se trata además el octavo día consecutivo que el organismo regulador establece una tasa menor a la de la jornada anterior, lo que aviva los temores de que Pekín esté llevando a cabo una devaluación encubierta para mejorar su competitividad en el exterior.

A pesar de que las autoridades lo han negado repetidamente, esta teoría hizo también tambalear otras divisas y mercados de renta variable de la región: Hong Kong perdió un 3,1% y Tokio retrocedió un 2,33%.

 

Menos reservas


El yuan sufre una importante presión a la baja debido a la ralentización económica de la segunda potencia mundial y unas fugas de capital en niveles récord. En un comunicado, el Banco central defendió este jueves la evolución de la cotización de su moneda y apuntó a "fuerzas especulativas que no tienen nada que ver con las necesidades reales de la economía y que no representan la verdadera oferta y demanda del mercado" como causantes de estas recientes fluctuaciones. "Frente a ellas, el Banco Popular tiene la capacidad de mantener el tipo de cambio básicamente estable a un nivel razonable y equilibrado", reza el texto. El mensaje está en línea con las palabras del vicegobernador del organismo, que recientemente afirmó que el PBOC "no dudará en intervenir" si siguen las turbulencias.

Sin embargo, otra nota del Banco central, unas horas después del cierre apresurado de las Bolsas, revela una situación financiera más inestable de la que Pekín admite. En esta nota, el PBCO ha desvelado que las reservas de divisas extranjeras, casi siempre al alza en los últimos años, encajó un descenso récord en diciembre, cercano a los 100.000 millones de euros, que deja el nivel de divisas en los tres billones de euros al cierre de 2015, el más bajo en tres años.

A lo largo del ejercicio, la reserva china de divisas (la mayor del mundo), ha descendido en medio billón de euros, entre otras cosas por las medidas de las autoridades para reactivar la economía y mantener el tipo de cambio del yuan, aunque en las últimas semanas Pekín parece dispuesta a devaluar su moneda a un ritmo más intenso.

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