Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ofrece una conferencia de prensa este lunes. En vídeo, sus declaraciones sobre China.(EFE)

La Alianza reclama a Pekín que respete el orden internacional “en el espacio, en el ciberespacio y en el terreno marítimo”

 

La primera cumbre de la OTAN en la era de Joe Biden ha colocado a China en la lista de principales desafíos junto al tradicional rival que era Rusia. La Alianza, además, ha establecido una nueva línea de defensa contra el riesgo de ciberataques a la vista del creciente número de incidentes y agresiones procedentes, en muchas ocasiones, de territorio ruso. Los 30 aliados occidentales entran así en una nueva etapa marcada por el impulso del nuevo presidente de EE UU y por la necesidad de afrontar un escenario geoestratégico muy inestable y plagado de amenazas híbridas que van más allá de la estrategia militar tradicional.

La reunión celebrada en la sede de la OTAN en Bruselas ha permitido visualizar el compromiso de la nueva Administración estadounidense con una Alianza cuya utilidad fue cuestionada por el anterior presidente, Donald Trump, que llegó a poner en duda su supervivencia. La cita de este lunes, en cambio, ha sido la ocasión para un reencuentro transatlántico basado en la buena sintonía y con un ambiente de “primer día de colegio”, según el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, por tratarse de una de las primeras citas con presencia física desde el inicio de la pandemia.

Biden ha hecho una profesión de fe en la relación transatlántica y en el futuro de la Alianza que ha reconfortado a los aliados. El renovado ímpetu apunta claramente hacia Rusia, que aparece mencionada 61 veces en el comunicado final de la cumbre y que sigue siendo la principal amenaza para la Alianza. Pero los 30 miembros de la OTAN subrayan también el “desafío sistémico” que supone China, que aparece mencionada 10 veces en el comunicado. Y los aliados occidentales apuntan con inquietud al riesgo de que ambos países autoritarios aúnen fuerzas para desafiar a las democracias occidentales porque China “está también cooperando militarmente con Rusia, incluida su participación en maniobras rusas en la zona euroatlántica”.

La Alianza empieza ya a plantear exigencias concretas a Pekín y a adoptar medidas que tienen en el punto de mira tanto a Rusia como al Gobierno de Xi Jinping. “Pedimos a China que respete sus compromisos internacionales y que actúe con responsabilidad en el sistema internacional, incluido el espacio, el ciberespacio y los territorios marítimos, en línea con su papel como gran potencia”, señala el comunicado final de la cumbre de la OTAN.

Los aliados occidentales colocan a China, además, en el nuevo campo de batalla del siglo XXI caracterizado por “un creciente número de amenazas cibernéticas, híbridas y asimétricas, incluidas las campañas de desinformación, el uso malicioso y cada vez más sofisticado de tecnologías emergentes y disruptivas”.

Varios aliados han sufrido ciberataques en los últimos meses, desde el que afectó a las bases informáticas del sistema de salud en Irlanda al que paralizó un oleoducto en EE UU. Aunque en principio los ataques son reivindicados por grupos de piratas informáticos a la caza de un rescate multimillonario, las autoridades occidentales sospechan que en ciertos casos puede tratarse de técnicas desestabilizadoras para la economía y la democracia orquestadas o toleradas por gobiernos autoritarios.

La OTAN reafirma su intención de juzgar esos ataques caso por caso y se reserva la posibilidad de calificarlos como agresión y activar el artículo 5 de su tratado, que establece la ayuda mutua entre los aliados. El comunicado de la cumbre señala que “los aliados reconocen que el impacto acumulado de ciberactividades maliciosas significativas podría, en ciertas circunstancias, ser considerado equivalente a un ataque armado”.

La OTAN, de momento, ha acordado en la cumbre la puesta en marcha de una política de ciberdefensa extensa, basada en la disuasión y el desarrollo de nuevas capacidades. Y se declara dispuesta “a emplear todas nuestras capacidades en cualquier momento para evitar, defendernos de o contrarrestar el espectro completo de ciberamenazas, incluidas aquellas que forman parte de campañas híbridas”.

Los aliados advierten también: “Si es necesario impondremos costes a quienes nos golpean”. Y avisan de que la respuesta “no necesita restringirse al terreno cibernético”. Una amenaza de represalia asimétrica que probablemente llamará la atención en Moscú o en Pekín.

Arsenal nuclear

La cumbre de la OTAN no ha llegado a calificar a China como “enemigo” o “rival”, pero el lenguaje del comunicado final deja clara la creciente tensión con el gigante asiático. “Las ambiciones declaradas de China y su conducta asertiva presentan desafíos sistémicos para el orden internacional y en áreas relevantes para la seguridad de la Alianza”, señala el texto aprobado por unanimidad. Los presidentes de Gobierno o Estado de esos países aliados añaden: “Estamos preocupados por las políticas de coerción [de Pekín]” y recuerdan que “China está expandiendo rápidamente su arsenal nuclear” y mantiene “la opacidad sobre el desarrollo de su modernización militar”.

Stoltenberg ha precisado que la estrategia frente a China no consistirá tanto en la presencia de la OTAN en Asia como en el fortalecimiento de las defensas en el propio territorio de la Alianza: “Porque es China la que está viniendo hacia nosotros”. Entre los aliados, sin embargo, hay numerosos matices sobre la relación con Pekín y varios de los países europeos, como Alemania o Francia, se resisten a embarcarse en una especie de guerra fría con el gigante asiático.

“No hay que confundir los objetivos”, ha señalado el presidente francés, Emmanuel Macron, al término de la cumbre. “La OTAN es una organización militar, pero nuestra relación con China no es solo militar”, ha dicho Macron. Y ha subrayado: “China es una gran potencia con la que trabajamos en áreas internacionales muy importantes”, en alusión a la lucha contra el cambio climático o el control de armamentos.

Pero a pesar de las reticencias europeas, la Alianza endurece progresivamente su tono hacia China. La OTAN ya había identificado a ese país como uno de sus principales desafíos en la cumbre de diciembre de 2019, en gran parte por la presión de Trump. El presidente Biden no solo ha mantenido la presión del anterior inquilino de la Casa Blanca, sino que incluso la ha redoblado.

Por Bernardo de Miguel

Bruselas - 14 jun 2021 - 20:16 CEST

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Estados Unidos y las derivaciones del Lava Jato

Indagan sobre la injerencia de Washington en la megacausa de corrupción 

Un grupo de 23 congresistas demócratas espera la respuesta del fiscal general, Merrick Garland, para conocer de qué modo se entrometió la principal potencia mundial en los asuntos internos brasileños. 

 

a lupa se posó demasiado tarde sobre las implicancias dañinas para Brasil en el Lava Jato y el papel que cumplió el Departamento de Estado de EE.UU. Proscripto y encarcelado Lula, y destituida Dilma Rousseff, el huevo de la serpiente arrojó lo que ya se sabe. El acceso al Planalto de un ex militar que reivindica a la dictadura, la tortura y cuyo gobierno negacionista multiplicó las consecuencias de la trágica pandemia. Ahora un grupo de 23 congresistas demócratas espera la respuesta del fiscal general de Estados Unidos, Merrick Garland, para conocer de qué modo se entrometió la principal potencia mundial en los asuntos internos brasileños. Lo que parecía imposible con Donald Trump, pasó con Joe Biden. Pero eso no quiere decir que hayan variado los intereses y la estrategia de la Casa Blanca para el país que preside Jair Bolsonaro. Quizá puedan conocerse más detalles secretos de las injerencias de Washington en la megacausa de corrupción que explotó en 2014. Algunos datos se difundieron hace tiempo. Son parte del lawfare (ley y guerra, las cosas por su nombre) que terminó con la hegemonía del PT en octubre de 2018 y permitió la llegada de la ultraderecha al poder.

El pedido de explicaciones al fiscal general Garland de los representantes del Partido Demócrata es una derivación de la carta que 77 legisladores brasileños les enviaron a sus pares de EE.UU en 2020. The Nation, un medio progresista de Estados Unidos, difundió la solicitud de colaboración entre los congresistas. Citando al grupo de 23 demócratas – que integran Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York, Susan Wild de Pennsylvania, Ilhan Omar de Minnesota, Rashida Tlaib de Michigan, Raul Grijalva de Arizona y Jesús ‘Chuy’ García de Illinois, entre otros y otras – señaló que están preocupados porque “los recursos que deberían haberse destinado a una importante legislación estadounidense dedicada a combatir la corrupción se hayan utilizado indebidamente”.

La carta a Garland la firmaron – además de los representantes del Congreso – organizaciones sindicales de Estados Unidos como la United Auto Workers, la United Food and Commercial Workers, y Retail, Wholesale and Department Store Union. Un gremio automotriz, uno de alimentos y el de trabajadores de grandes empresas como Amazon. Todos exigieron la semana pasada que se haga pública la información vinculada al Departamento de Estado y su intervención en el Lava Jato.

Lawfare

Las irregularidades del proceso que llevó adelante el exjuez y exministro del actual gobierno, Sergio Moro, siguen ventilándose. Aunque todavía sin consecuencias importantes como las que espera la sociedad brasileña por los efectos devastadores que tuvo el lawfare para su democracia. BBC News Brasil entrevistó al ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Marco Aurelio Mendes, quien deslizó que si se probaran más delitos cometidos por el Poder Judicial en el Lava Jato caerían más sentencias como la que encarceló y proscribió al expresidente Lula.

Algunos de los hechos ya se conocen y tuvieron a Estados Unidos en un papel protagónico. Un trabajo publicado en la página de CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica) por la politóloga argentina Silvina Romano el 28 de mayo de 2017 señala que “la judicialización de la política tiene objetivos materiales claros. Sin necesidad de escudriñar demasiado, puede verse que el ‘árbol’ de la corrupción, parecería estar tapando un bosque: el desguace de la estructura económica brasileña”.

El objetivo así planteado perseguía mucho más que investigar las prácticas corruptas en la multinacional brasileña Odebrecht. El texto de la también investigadora del CONICET es prolífico en antecedentes del lawfare que sufrieron los principales dirigentes del PT. Explica además que “parece claro que una de las motivaciones del espionaje fue Petrobrás y el rol de Brasil en el mercado mundial de hidrocarburos”.

La expresidenta Rousseff fue espiada por la NSA (un ente subordinado a la CIA) y en 2013, su ministro de Justicia Eduardo Cardozo calificó al hecho como “gravísimo” y una “clara violación de la soberanía” brasileña.

Una de las agentes del FBI que trabajó codo a codo con la Policía Federal de Brasil y los operadores judiciales en ese país al servicio del Departamento de Justicia de EE.UU es Leslie Backschies. Citada por Associated Press en marzo de 2019, dijo sin sonrojarse: “Vimos presidentes derrocados en Brasil”. También observó “mucha actividad en América del Sur. Odebrecht, Petrobras… Sudamérica es una región donde hemos visto corrupción. Hemos tenido mucho trabajo allí”. Nada nuevo, salvo el interés unidireccional de Estados Unidos en la corrupción de los gobiernos que no siguen como rebaño su política hemisférica.

Durante el Lava Jato – al que fue asignada en 2014 – la integrante del FBI se familiarizó con la llamada República de Curitiba. Ella viajaba a la capital de Santa Catarina con una frecuencia parecida a la que Moro lo hacía a Estados Unidos. Ya en julio de 1998 y con apenas 25 años, el exministro estrella de Bolsonaro participó del Programa de Instrucción para Abogados en la Escuela de Derecho de Harvard. Desde entonces nunca detuvo sus viajes a EE.UU. En julio de 2016 y con el Lava Jato lanzado a la caza de corruptos, brindó una conferencia en Washington DC sobre la importancia de los medios en el apoyo a investigaciones criminales.

El desenlace de Moro en el gabinete del actual presidente brasileño es conocido. Por sus buenos oficios, Backschies fue premiada con destino en la ciudad del sol, Miami. Desde 2019 está al frente de la Unidad de Corrupción Internacional (UCI) del Buró Federal que hizo famoso Edgar Hoover, el jefe misógino y racista que lo condujo a lo largo de casi 40 años.

La política continua de injerencias de Estados Unidos en América Latina con fines comerciales tiene un mojón en la Foreign Corrupt Practices Act (FCPA) o Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero de 1977. Es la herramienta más útil del Departamento de Justicia para sancionar a otros estados cuando se cometen delitos económicos fuera de la jurisdicción de EE.UU. Es una de las precursoras – después se agregaron otras – en la instalación del concepto de extraterritorialidad, tan expuesto en las políticas de Washington hacia Cuba y Venezuela. Desde marzo de 2015 el FBI extendió su influencia en las investigaciones sobre casos de corrupción más allá de sus fronteras. El de Brasil fue uno paradigmático que hoy recobra su interés en el Capitolio. El pedido de explicaciones al fiscal general de EE.UU por los representantes demócratas llega tarde pero puede seguir esmerilando al Lava Jato.

Por Gustavo Veiga

15 de junio de 2021

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Activistas protestaron ayer en Cornwall con máscaras de los líderes de EU, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; GB, Boris Johnson; Japón, Yoshihide Suga; Alemania, Angela Merkel, y de Canadá, Justin Trudeau . Foto Ap

Ecologistas consideran "insuficientes" los acuerdos ambientales// Ofrecen donar mil millones de vacunas, pero se requieren 10 mil millones más para inmunizar a 70% de la población mundial: OMS

 

Carbis Bay., Los líderes del Grupo de los Siete (G-7) se comprometieron ayer a ayudar al mundo a atajar la pandemia del Covid-19, frenar el cambio climático y enfrentar los desafíos planteados por China y Rusia, en la clausura de una cumbre que buscó mostrar su renovada unidad.

Al término de su primer encuentro en persona en casi dos años, en una playa del suroeste de Inglaterra, los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Angela Merkel; Canadá, Justin Trudeau; Estados Unidos, Joe Biden; Francia, Emmanuel Macron; Italia, Mario Draghi; Japón, Yoshihide Suga, y Reino Unido, Boris Johnson, publicaron una ambiciosa declaración de intenciones.

Ha sido una cumbre "extraordinariamente colaborativa y productiva", se congratuló Biden antes de dirigirse, acompañado de su esposa, Jill, al castillo de Windsor, cerca de Londres, para tomar el té con la reina Isabel II.

Al cabo de tres días de debates, las siete grandes economías se comprometieron a proteger 30 por ciento de la tierra y los océanos para 2030, buscando detener la pérdida de biodiversidad, y a reducir sus emisiones de carbono a la mitad, respecto de 2010.

Los ecologistas criticaron unas promesas que consideraron insuficientes. “Sin un acuerdo para poner fin a todos los nuevos proyectos de combustibles fósiles –algo que debe hacerse este año si queremos limitar el peligroso aumento de la temperatura global– este plan se queda muy corto”, denunció el director de Greenpeace en Reino Unido, John Sauven.

La cumbre abordó también la respuesta a la pandemia con una declaración para ayudar a prevenir futuras crisis sanitarias y la promesa de donar a países desfavorecidos mil millones de vacunas contra el Covid-19 –que ha matado a 3.7 millones de personas– a partir de agosto y hasta 2022.

El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró el anuncio, pero destacó que para poner fin a la pandemia hacen falta 11 mil millones de dosis para inmunizar al menos a 70 por ciento de la población mundial para mediados de 2022.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, hizo hincapié en la necesidad de ayudar a los países en desarrollo a remontar la crisis económica provocada por el coronavirus, al advirtir sobre el riesgo de que haya "recuperaciones peligrosamente divergentes".

Los líderes del G-7 pidieron una investigación "oportuna, transparente, encabezada por científicos y basada en la ciencia" sobre los orígenes del Covid-19.

Anunciaron, además, un plan de infraestructuras impulsado por Estados Unidos para ayudar a los países de renta baja y media, desde América Latina hasta el Pacífico, a recuperarse de la pandemia.

El proyecto llamado Reconstruir un Mundo Mejor, estimado en cientos de miles de millones de dólares, tiene como objetivo rivalizar con un proyecto chino similar denominado "nuevas rutas de la seda".

Pero este será "mucho más justo", aseguró Biden, quien afirmó que "no busca conflicto" con Pekín.

El G-7 pidió un estudio más profundo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre los orígenes del Covid-19, con la participación de China, país al cual apremió a "respetar los derechos humanos" en la región de Xinjiang, hogar de la minoría musulmana uigur.

El resurgimiento de China como potencia mundial es considerado uno de los eventos geopolíticos más importantes de los últimos tiempos, junto con la caída de la Unión Soviética en 1991, que puso fin a la guerra fría.

El comunicado final de la cumbre llamó a Rusia a poner fin a sus "actividades desestabilizadoras", incluyendo la injerencia en los sistemas democráticos de otros países y los ciberataques con programas de robo de datos atribuidos a grupos de ese país.

También llamó a Moscú a cumplir sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, investigando de manera urgente el uso de armas químicas en su territorio y poniendo fin a "la represión sistemática de la sociedad civil y los medios de comunicación independientes".

La primera gira internacional de Biden como presidente culminará pasado mañana con un encuentro en Ginebra con su par ruso, Vladimir Putin, a quien prometió expresar de manera "muy clara" sus desacuerdos, si bien reconoció que las relaciones entre ambos países atraviesan un deterioro grave, como lo ha señalado el líder del Kremlin.

El mandatario ruso sostuvo entrevistas con la prensa rusa y medios estadunidenses. Declaró que aspira a restablecer contactos con Washington y expuso: "el presidente Biden es radicalmente distinto a (Donald) Trump porque es un hombre de carrera. Ha pasado prácticamente toda su edad adulta en la política. Basta pensar en la cantidad de años que pasó en el Senado. Es un tipo de persona diferente. Hay algunas ventajas y desventajas, pero tengo la gran esperanza en que, de su parte, no habrá ningún movimiento basado en el impulso".

Guerra de las salchichas

Las tensiones entre Reino Unido y la Unión Europea (UE) por el acuerdo del Brexit estallaron ayer en una guerra abierta de palabrasπ y ambas partes acusaron a la otra de sembrar discordia en la cumbre del G-7.

Desde que Reino Unido votó a favor de abandonar la UE en 2016, las dos partes han estado tratando de resolver el enigma sobre qué hacer con la provincia británica de Irlanda del Norte, que tiene frontera terrestre con Irlanda, integrante del grupo comunitario.

En última instancia, las conversaciones siguen volviendo al delicado mosaico de historia, nacionalismo, religión y geografía que se entrelazan en Irlanda del Norte, pero el último pulso está centrado en las salchichas.

Durante las conversaciones con Macron en la cumbre del G-7, Boris Johnson preguntó cómo reaccionaría el presidente francés si las salchichas de Toulouse no pudieran venderse en los mercados de París.

El periódico británico Telegraph informó que Macron respondió de manera incorrecta al decir que Irlanda del Norte no es parte de Reino Unido, algo que el canciller británico, Dominic Raab, calificó de "ofensivo".

"Es una falta de comprensión de los hechos. No hablaríamos de Cataluña y Barcelona, o de Córcega en Francia de esa manera", subrayó Raab a la BBC.

Macron sostuvo que el premier Johnson era "muy consciente" de las disposiciones que firmó en su protocolo de Irlanda del Norte y ahora debe implementarlas "con seriedad, calma y profesionalismo".

En una medida que podría provocar una guerra comercial a gran escala, Johnson amenazó con medidas de emergencia en el protocolo de Irlanda del Norte, incluido en el acuerdo de divorcio Brexit si no se encuentra una solución.

Una fuente diplomática francesa comentó que Macron quedó desconcertado por el hecho de que Johnson mencionara las salchichas, algo que el líder británico calificó de asunto crucial, pero que los franceses consideran una distracción del objetivo principal del G-7.

"Se necesitaron cuatro años para negociar este acuerdo", indicó la fuente. "No se puede decir que Reino Unido no sabía qué estaba firmando. No es muy profesional o es una distracción de los problemas reales".

Interrogado con insistencia por la prensa sobre los comentarios de Macron, Johnson mencionó que el Brexit ocupó una "pequeña proporción de nuestras deliberaciones" durante la cumbre del G-7.

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Las grandes potencias aprovecharon el año de la pandemia para aumentar el despliegue de sus armas nucleares

El último informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) señala que durante 2020 el número estimado de armas nucleares desplegadas en fuerzas operativas creció hasta las 3.825, de las cuales alrededor de 2.000 "se mantuvieron en un estado de alerta operativa alta, a punto para ser usadas". Casi todas pertenecían a EEUU y Rusia.

 

La crisis mundial provocada por el coronavirus no apagó la amenaza nuclear. Según destaca el prestigioso Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) en un informe, el número estimado de armas nucleares desplegadas por las grandes potencias mundiales creció hasta las 3.825, pero eso no es todo: alrededor de 2.000, casi todas pertenecientes a Rusia y EEUU se mantuvieron en un "estado de alerta operativa alta". O lo que es lo mismo, "a punto para ser usadas".

Coincidiendo con la cumbre de líderes de la OTAN que tiene lugar este lunes en Bruselas, el SIPRI ha dado a conocer los datos de su anuario, en el que evalúa la "situación actual en materia de armamentos, desarme y seguridad internacional". "Al inicio de 2021, los nueve países con armamento nuclear –Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte)— poseían conjuntamente unas 13.080 armas nucleares", señala el estudio, que destaca que esta cifra "representa una disminución respecto de las 13.400 que el SIPRI calculó que tenían a comienzos de 2020".

Sin embargo, "el número estimado de armas nucleares desplegadas actualmente en fuerzas operativas" pasó de 3.720 en enero de 2020 a 3.825 en enero de 2021. "Mientras que en 2020 EEUU y Rusia continuaron reduciendo sus existencias generales de armas nucleares al desmantelar ojivas en desuso, se calcula que al inicio de 2021 disponían de unas 50 ojivas nucleares más en despliegues operativos que un año antes", advierte el SIPRI.

El documento alerta que Rusia también incrementó su stock militar nuclear general en unas 180 ojivas, "debido principalmente al despliegue de más misiles balísticos intercontinentales terrestres con múltiples ojivas y misiles balísticos de lanzamiento submarino". De esta forma, las "fuerzas nucleares estratégicas" desplegadas por EEUU y Rusia "se mantuvieron dentro de los límites establecidos por el Tratado para la Reducción de Armas Estratégicas Ofensivas de 2010 (Nuevo START), a pesar de que el tratado no limita las existencias totales de ojivas nucleares".

"Parece que ahora el número total de ojivas en las reservas militares mundiales está aumentando, un indicador preocupante de que la tendencia a la baja que ha caracterizado los arsenales nucleares globales desde el fin de la Guerra Fría se ha estancado", afirma en un comunicado Hans M. Kristensen, miembro asociado senior del Programa de Desarme Nuclear, Control de Armas y No-Proliferación del SIPRI y director del Proyecto de Información Nuclear de la Federación de Científicos Americanos (FAS).

En ese contexto, afirmó que "la prórroga en el último momento del Nuevo START por parte de Rusia y EEUU en febrero de este año fue un alivio, pero las perspectivas de un control de armas nucleares bilateral adicional entre las superpotencias nucleares continúan siendo exiguas". De acuerdo a los datos divulgados por SIPRI, Moscú y Washington "poseen conjuntamente más del 90% de los arsenales nucleares mundiales", al tiempo que tienen en marcha "programas amplios y caros para sustituir y modernizar sus ojivas nucleares, los misiles y los sistemas de lanzamiento aéreos, así como las instalaciones de producción".

Por otro lado, "los nueve países con armamento nuclear poseían conjuntamente unas 13.080 armas nucleares e invierten en su modernización. Una sola de estas armas ya es hasta 100 veces más potente que las que se lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki", advierte un comunicado divulgado por la organización catalana FundiPau. 

El informe del SIPRI incide precisamente que el Reino Unido "cambió la política de reducción de los arsenales nucleares del país y elevó el límite previsto para armas nucleares de 180 a 260", mientras que China "está inmersa en una modernización y expansión significativas de sus existencias de armas nucleares" e India y Pakistán "también parece que estén ampliando sus arsenales". Por su parte, Corea del Norte "continúa haciendo mejoras en su programa nuclear militar como elemento central de su estrategia de seguridad nacional".

137.000 dólares por minuto

Asimismo, la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés) ha publicado un documento en el que establece que esos nueve países con armas nucleares "gastaron 72.600 millones de dólares (137.000 dólares por minuto) en 2020, en plena pandemia", lo que supuso 1.400 millones de dólares más que el año anterior. "Unos recursos que se habrían podido invertir en material hospitalario, personal médico, investigación y atención a las personas afectadas por el virus y sus consecuencias", destacan los promotores de dicha campaña, entre los cuales se encuentra FundiPau. 

En enero de este año entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), lo que supuso "un paso muy relevante para avanzar hacia la eliminación de estas armas". "Ahora el reto es conseguir que el mayor número posible de países, entre ellos los miembros de la OTAN, se sumen para que sea realmente efectivo", indican desde la campaña que busca la eliminación de ese armamento. De momento, 86 países ha firmado el TPAN y 54 lo han ratificado.

Según una encuesta realizada por la consultora YouGov a instancias de ICAN, el 89% de la población española apoya ese tratado de prohibición de las armas nucleares. El Gobierno, siguiendo lo marcado por la OTAN, ha descartado rubricarlo. 

14/06/2021 00:04

Por Danilo Albin@Danialri

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Sábado, 12 Junio 2021 06:42

Israel y Palestina: el laberinto

Israel y Palestina: el laberinto

Fnalmente, Bibi (Benjamin Netanyahu) será depuesto. El próximo domingo el Knéset (el parlamento) votará su sustitución por Naftali Bennett, representante de una amplia –y hasta bizarra– coalición de partidos políticos de izquierda, centro y derecha, que incluye a las formaciones árabes. El resultado de las elecciones de marzo fue inobjetable al respecto: la mayoría de la población israelí quiere verlo fuera del gobierno y del poder. La celebración popular de su derrota alcanzó el paroxismo de un carnaval, pero Netanyahu es hábil hasta lo obsceno. Acusado de corrupción, tráfico de influencias, coerción a la prensa (y uno espera que pronto por crímenes de guerra) aún guarda sus últimos cartuchos para boicotear el mandato de las urnas. Hay algo que el político-policía no soporta: la lejanía del poder. El único error que cometió Fouché en su vida fue no saber cuándo retirarse. El mismo que acabó con Fernando Gutiérrez Barrios en México.

El dilema reside en la composición del Knéset, donde la aritmética de la votación no correspondió a la distribución de los curules. El bloque de derecha y ultraderecha que gobernó a Israel en el último cuarto de siglo quedó tan sólo a dos asientos de la mayoría. Una invitación a Bibi para maniobrar hasta el último momento. Habrá que aguardar hasta el domingo.

Algunos observadores sostienen que el último y artero ataque militar contra la población de Gaza perseguía el propósito de mantenerlo en el poder. No es improbable. En el gobierno, el primer ministro tiene poderes plenipotenciarios sobre el aparato tecnológicomilitar. Netanyahu es capaz de eso y mucho más.

El último intento serio de la política israelí por encontrar una solución pacífica al conflicto con los palestinos fue sepultado en 1995 con el asesinato de Isaac Rabin. Para percibir la dimensión del efecto de este magnicidio, piénsese tan sólo en que las estadísticas de homicidios en Israel son una de las más bajas en el mundo. Hay años que no suman más de 150 casos. Matar entre israelíes continúa siendo un acto en extremo sacrílego.

Ninguno de los gobiernos de Likud que siguió a los acuerdos de Camp David, no sólo no buscó una solución pacífica, sino que, más grave aún, nunca aceptó la opción de dos Estados. Antes lo ocultaban, hoy lo dicen abiertamente. ¿Cuál ha sido entonces el propósito de esta política extrema? Basta con examinar las estrategias que rigen a los ataques militares a Gaza para darse una idea. Están siempre dirigidos contra escuelas, hospitales, caminos, ductos, silos de armas (por supuesto) y nuevas construcciones oficiales. El objetivo es sofocar las posibilidades de la vida en Gaza, crear las obscenas condiciones que obliguen a sus habitantes a la diáspora. En resumen, una política de expulsión de la población. La sorpresa ha sido que los palestinos resisten (y resisten) frente a todas las inclemencias de este asedio.

Desde la percepción oficial israelí, la situación palestina se reduce, en esencia, a lo siguiente: una nación sin Estado. Fue Hanna Arendt la que llamó la atención por primera vez a la condición de los sin Estado como una de las claves para descifrar las transformaciones de la hegemonía y la dominación en la segunda mitad del siglo XX. Lo hizo de manera breve en un par de ensayos. La historiadora y socióloga Wendy García expandió recientemente, en su tesis de doctorado ( La nación y lo vivo), la comprensión de este concepto para descifrar los vericuetos del laberinto en el que hoy habitan, entre muchas otras, las vastas poblaciones de migrantes a los países industriales, el drama del Tibet, la dilemática situación de Cataluña, Escocia y Quebec y, por supuesto, la condición de los palestinos.

Por su parte, la representación política de quien hoy rige en Gaza no es precisamente un dechado de virtudes. Después de haber ganado las elecciones a Fatah –la antigua organización civil que inició la resistencia desde la década de los 60–, y perseguir y expulsar a todos sus miembros de Gaza, Hamás nunca ha convocado a elecciones. No existe la libertad de expresión y los partidos políticos no están permitidos. El poder se encuentra en manos exclusivas de esta organización religiosa cuya misión, según sus propios documentos, reside en la conformación de un Estado panislámico en Palestina. En otras palabras, una teocracia hecha a la medida de hoy. Por supuesto, no reconoce la existencia del Estado de Israel. La paradoja es que el gobierno israelí fue el que más apoyó su desarrollo, en parte, para debilitar la influencia de la Organización para la Liberación de Palestina, de Yasser Arafat. En política nunca se sabe dónde comienza el amigo y dónde el enemigo.

Se trata de un conflicto entre dos fuerzas que parecen darse la mano en aquello que precisamente las confronta. Una mano del todo asimétrica: de un lado, una de las maquinarias teconológico-militares más mortíferas y precisas; del otro, morteros manuales y recursos de combate precarios. La política israelí parece haber olvidado del todo que incluso la guerra tiene un método de la dignidad. El saldo de todo esto: el sufrimiento interminable de la población palestina en Gaza. Para doblegar a la derecha que gobierna en el Knéset, el movimiento palestino requeriría de un Gandhi o un Nelson Mandela, y no de un grupo de jeques e imanes que prometen salvación a cambio del martirio de una población entera.

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Biden quiere transformar el Quad en una miniOTAN para neutralizar a China

El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa.

[El presidente de EE UU, Joe Biden, está estos días de visita oficial en Europa. Uno de los propósitos de la visita es concertar con los aliados europeos una estrategia común para contrarrestar la creciente actividad militar de China en Asia y de Rusia en el este de Europa. El siguiente artículo, publicado hace ya varios meses, explica cuáles son los planes de la nueva presidencia estadounidense en la región de Asia-Pacífico. Ndt.]

Con China como telón de fondo y su creciente potencial militar en el centro de sus preocupaciones, el presidente estadounidense Joe Biden y su gobierno organizan la respuesta entablando conversaciones en este sentido con las principales cabezas de la diplomacia europea. Están preparando asimismo una próxima cumbre del Quad, ese foro estratégico que reúne a EE UU, Japón, Australia e India y que Washington quisiera convertir en una nueva OTAN en Asia.

El pasado 5 de febrero, los jefes de la diplomacia de Alemania, Francia, Reino Unido y EE UU declararon su intención de “relanzar” los vínculos transatlánticos con motivo de su primer encuentro telemático desde la toma de posesión de Biden en Washington el 20 de enero. “Los ministros de Asuntos Exteriores han convenido en que desean relanzar la asociación transatlántica tradicionalmente fuerte y afrontar conjuntamente los retos globales en el futuro”, afirmaron en un comunicado del gobierno estadounidense. “Este primer intercambio en profundidad entre los ministros de Asuntos Exteriores desde la investidura del presidente Biden se ha caracterizado por una atmósfera confiada y constructiva.”

Estas reuniones telemáticas han brindado la ocasión de abordar una serie de cuestiones, entre ellas la de Irán, la pandemia de coronavirus, así como las relaciones con China y Rusia, precisó la cancillería de Berlín. El secretario de Estado Antony Blinken “ha subrayado el compromiso estadounidense a favor de una acción coordinada para superar los retos mundiales”, declaró el portavoz de la diplomacia estadounidense, Ned Price. Propósitos que rompen con la política de lobo solitario y América primero del gobierno de Donald Trump. Blinken y sus homólogos “han afirmado el papel central de la relación transatlántica para afrontar las cuestiones de seguridad, climáticas, económicas, de salud y otros retos a que se enfrenta el mundo”, añadió Ned Price.

Asia-Pacífico abierta”

Por encima de todo, el entorno del presidente Joe Biden está preparando la celebración de una primera reunión telemática en la cumbre del Quad, el foro que reúne a Washington, Tokio, Canberra y Nueva Delhi, cree saber la agencia Kyodo. Sería su primera reunión en el más alto nivel desde que el gobierno de Trump transformó el Diálogo cuatrilateral sobre la seguridad en un mecanismo cuyo objetivo reconocido es el de contrarrestar la creciente influencia de China en la región Asia-Pacífico. Según la agencia japonesa, el temario de esta reunión incluye en particular discusiones sobre el respeto de una “Asia-Pacifico abierta”, así como sobre las inquietudes que suscitan las actividades de China en la región, concretamente la militarización emprendida en el mar del Sur de China, reivindicado por Pekín.

“Una cumbre del Quad no sería una sorpresa, ya que la alianza de seguridad frente a China en la región Asia-Pacífico es una estrategia constante de EE UU”, señala Shi Yinhong, un experto en relaciones internacionales de la Universidad Renmin en Pekín, citado por el South China Morning Post. Sin embargo, este especialista prevé una probable evolución del Quad hacia una miniOTAN de Asia-Pacífico, después de que el Reino Unido hubiera manifestado su deseo de formar parte de esta alianza. Este plan del gobierno estadounidense ya se ha aireado en repetidas ocasiones estos últimos meses. Sin confirmar explícitamente la próxima celebración de esta cumbre, el ministerio japonés de Asuntos Exteriores ha informado de que el primer ministro Yoshihide Suga y el presidente de EE UU han mantenido una conversación telefónica y se han puesto de acuerdo en el principio de un refuerzo del Quad. Este último mantuvo su primera reunión a nivel de ministros de Asuntos Exteriores en 2019 en Nueva York, y una segunda en octubre de 2020 en Tokio.

Llamada en espera a Xi Jinping

Mientras que Joe Biden ha telefoneado a casi todos sus principales interlocutores extranjeros, todavía no lo ha hecho al presidente Xi Jinping, tres semanas después de su investidura. En una entrevista en la cadena de televisión estadounidense CBS, difundida el domingo 7 de febrero, el presidente de EE UU ha explicado que no había motivo para que los dos presidentes no hablaran por teléfono. Pekín, ha dicho, “ha enviado señales” en este sentido. “No tenemos necesidad de un conflicto, pero habrá una competencia extrema”, ha prevenido Biden. “No seguiré el método Trump y vamos a ceñirnos a las reglas internacionales en la elección del camino a seguir.”

De todos modos, el sábado 6 de febrero ha tenido lugar un primer contacto oficial entre China y EE UU con motivo de una conversación telefónica entre el secretario de Estado Blinken y el responsable de política exterior del Partido Comunista Chino, Yang Jiechi. El sucesor de Mike Pompeo ha aprovechado esta entrevista para afirmar que EE UU seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos en el mundo. “He dejado claro que EE UU defenderá nuestros intereses nacionales, luchará por nuestros valores democráticos y responsabilizará a Pekín de todo abuso contra el sistema internacional”, ha tuiteado el secretario de Estado al término de esta conversación telefónica. EE UU “seguirá defendiendo los derechos humanos y los valores democráticos, inclusive en Xinjiang, en Tíbet y en Hong Kong”, ha declarado Blinken según un comunicado del departamento de Estado.

Por su parte, Yang ha pedido a EE UU que no atente contra los “intereses fundamentales” de China y que “corrija sus políticas erróneas”. El responsable chino ha invitado a Washington a colaborar con Pekín con el objetivo de crear un entorno que evite la confrontación, según la agencia Nueva China (Xinhua).

Capacidad nuclear de Pekín

Mientras tanto, estos últimos días se han multiplicado las declaraciones a propósito de China por parte de la nueva administración estadounidense. Así, el nuevo secretario de Defensa, Lloyd Austin, ha calificado en una comparecencia ante el Senado al país asiático de “amenaza constante” para el Pentágono. Su adjunta, Kathleen Hicks, ha declarado a su vez que frente a la amenaza creciente de China contra Taiwán, el compromiso de EE UU con la isla rebelde debería ser “transparente como el cristal”. En cuanto al consejero de Seguridad Nacional de Biden, Jake Sullivan, ha dicho que China representa “una competidora estratégica fundamental”.

Por lo demás, según el Mando Estratégico Nuclear estadounidense, el almirante Charles Richard, EE UU debe prepararse “para una posibilidad muy real” de un ataque nuclear, ahora que tanto China como Rusia están reforzando rápidamente sus capacidades nucleares. China, ha escrito en un artículo publicado en el número de febrero de la revista Proceedings del Instituto de Fuerzas Navales, está convirtiéndose en una “competidora estratégica de EE UU en este terreno, mientras que su compromiso adquirido en la década de 1960 de no ser la primera en lanzar un ataque nuclear “podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos”. Y ha añadido: “Pekín está estudiando capacidades y operaciones estratégicas que no son coherentes con una disuasión mínima, adquiriendo una panoplia completa de opciones, incluido un uso limitado y una capacidad de ataque preventivo.”

China nunca ha revelado la envergadura de su arsenal nuclear, aunque los expertos occidentales suelen cifrarlo en 200 a 300 cabezas nucleares, es decir, más o menos el equivalente al del Reino Unido o de Francia, muy alejado por tanto del arsenal de Rusia o de EE UU. El 25 de enero, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, había sido de lo más explícita: “Lo que hemos visto estos últimos años es una China cada vez más autoritaria en el interior y agresiva en el exterior. Pekín desafía ahora nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros valores de tal manera que nos exige adoptar un nuevo enfoque.”

 Pierre-Antoine Donnet

11 junio 2021

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Joe Biden y Boris Johnson celebran su alianza pese a las diferencias sobre Irlanda del Norte

Ambos líderes firmaron una nueva Carta del Atlántico adaptada al siglo XXI

"Nos comprometemos a trabajar de cerca con todos los socios que comparten nuestros valores democráticos", sostuvieron desde Downing Street. En su primer viaje internacional, el presidente estadounidense participará de la cumbre del G7

 

En su primer encuentro cara a cara, Joe Biden y Boris Johnson hicieron hincapié en la histórica alianza entre sus países, dejando de lado las tensiones que la aplicación del Brexit provoca en la región británica de Irlanda del Norte. El presidente de Estados Unidos y el primer ministro del Reino Unido firmaron una nueva "Carta del Atlántico", siguiendo el modelo de la acordada por sus predecesores Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill hace 80 años pero teniendo en cuenta nuevas amenazas como los ciberataques y la crisis climática. Biden inició su viaje reuniéndose con Johnson en Carbis Bay, ciudad costera del sudoeste de Inglaterra donde participará en la cumbre del G7 del viernes al domingo.

Covid-19 y cambio climático

El estímulo del programa de vacunación contra el coronavirus y el cambio climático ocupan un lugar destacado en la agenda de la cumbre, pero es probable que la disputa en curso entre Reino Unido y la Unión Europea sobre los controles reguladores de los bienes que ingresan a Irlanda del Norte desde Gran Bretaña también centre algunas discusiones. Este primer viaje internacional del mandatario estadounidense busca marcar el "regreso" de su país al multilateralismo tras el mandato de Donald Trump.

"Aunque el mundo ha cambiado desde 1941, los valores siguen siendo los mismos", afirmaron desde Downing Street. "Nos comprometemos a trabajar de cerca con todos los socios que comparten nuestros valores democráticos y para contrarrestar los esfuerzos de aquellos que buscan socavar nuestras alianzas e instituciones", agregaron luego de la reunión entre Biden y Johnson.

La versión original del Acuerdo del Atlántico fue firmada en 1941 por los presidentes Roosevelt y Churchill en medio de la Segunda Guerra Mundial y sirvió para marcar los objetivos de Estados Unidos y el Reino Unido después del conflicto. En el nuevo documento, ambos países se oponen "a interferencias a través de la desinformación y otras influencias maliciosas, incluyendo las que se producen en elecciones" y agregan un punto de especial interés para Estados Unidos sobre las "amenazas modernas" y más en concreto los ciberataques, remarcando que la OTAN seguirá siendo su "alianza nuclear". 

La última parte de la nueva carta habla del cambio climático y reitera el compromiso de ambos líderes con la creación de una economía global justa que no impacte en el clima, y se hace eco del "efecto catastrófico de las crisis sanitarias" remarcando la necesidad de fortalecer las "defensas colectivas".

El Brexit y las Irlandas

Las tensiones en torno a la aplicación del Brexit en Irlanda del Norte amenazaban con empañar el amistoso encuentro entre Biden y Johnson. Al presidente demócrata, muy orgulloso de su ascendencia irlandesa, le desagradan los intentos de Londres de incumplir los compromisos comerciales adquiridos con la Unión Europea en el denominado "protocolo norirlandés". 

Ese protocolo permite no tener que reimponer tras el Brexit una frontera terrestre entre Irlanda del Norte y la vecina República de Irlanda, país miembro de la Unión Europea, pero dificulta el envío de mercancías a esa región británica desde el resto del Reino Unido. El llamado "Acuerdo del Viernes Santo" de 1998, alcanzado con la participación del expresidente estadounidense Bill Clinton, puso fin a la violencia entre republicanos católicos y unionistas protestantes que dejó unos 3.500 muertos en 30 años de conflicto.

"Hay que proteger los progresos" registrados desde entonces, le dijo en privado Biden a Johnson según un alto responsable estadounidense. Pero "la idea no es entrar en confrontación ni aparecer como un adversario, no ha venido a dar lecciones", agregó esa misma fuente. 

Quitándole peso al asunto, Johnson dijo que existe "un terreno de entendimiento total" entre Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea. "Todos queremos preservar el Acuerdo del Viernes Santo y asegurarnos de que mantenemos el equilibrio del proceso de paz", afirmó el primer ministro y calificó como un "soplo de aire fresco" su conversación con Biden planteando que éste "no" le transmitió estar alarmado por la situación en Irlanda del Norte.

Esa situación no la tendría tan clara la Unión Europea, acusada por Londres de "purismo" jurídico y falta de pragmatismo. "El protocolo debe aplicarse en su totalidad", insistió desde Bruselas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, asegurando que planteará la cuestión en el G7.

Más allá del desacuerdo, si el estilo populista de Johnson le ha valido comparaciones con Trump, ferviente partidario del Brexit, el conservador británico está más en sintonía con la administración Biden en los grandes temas internacionales, como la crisis climática o los desafíos que plantean China y Rusia.

En la cumbre de los países ricos, la primera que se celebra en persona en dos años y que estará dominada por los debates en torno a la pandemia, el presidente estadounidense, criticado por su lentitud a la hora de compartir vacunas con el resto del mundo, pondrá sobre la mesa la promesa de comprar 500 millones de dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech para donarlas a otros países, 200 millones de ellas este mismo año.

"Es nuestro deber humanitario salvar tantas vidas como sea posible", afirmó Biden tras el encuentro con Johnson, calificando de "paso histórico" esta ayuda a las naciones en desarrollo. La otra prioridad del G7 será la lucha contra el cambio climático, muy importante para el Reino Unido que en noviembre organiza la conferencia de la ONU sobre el clima COP26 en Glasgow.

Tras la cumbre, Biden será recibido el domingo por la reina Isabel II en el castillo de Windsor y luego asistirá a la reunión de la OTAN en Bruselas antes de otra cumbre con la Unión Europea. Su largo viaje a Europa culminará el miércoles en Ginebra, donde se reunirá con el presidente ruso Vladimir Putin.

11 de junio de 2021

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En imagen del pasado 4 de junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el Centro de convenciones de Rehoboth Beach, Delaware. Foto Ap

El presidente Joe Biden tendrá tres cumbres cruciales del 11 al 16 de junio: 1) con el G-7 en Cornwall (Inglaterra); 2) con la OTAN en Bruselas, y 3) con el zar Vlady Putin en Ginebra. Biden intenta restaurar las alianzas transatlánticas que han sufrido un fuerte golpe a la confianza mutua debido al ciberespionaje de la Agencia de Seguridad Nacional a los mandatarios de Alemania y Francia con la complicidad de Dinamarca.

El G-7 intenta recuperar su relevancia financierista y acaba de realizar un acuerdo histórico para gravar las transacciones digitales en los paraísos fiscales del Big Tech de Silicon Valley (https://bit.ly/34Y75ZS).

Por salud mental dialéctica es importante conocer la antítesis que enuncia Yang Xiyu (YX), investigador del Instituto de Estudios Internacionales de China, en el rotativo oficioso Global Times: "Adiós a los días del G-7 en la etapa de la desamericanización" (https://bit.ly/3x8ttvK).

YX juzga que ni siquiera vale la pena ver la "influencia y poder" del G-7: "una criatura de la edad pasada", debido a que "el centro de gravedad político y económico del mundo ha girado al Este".

A juicio de YX, el ascenso de las economías asiáticas y mecanismos como el G-20 –producto de la grave crisis financierista de 2008– "han reducido la influencia del G-7", que antecedió a la crisis petrolera de 1973.

Si la misión del G-7 fue "fortalecer la gobernación financiera internacional, pues habrá sido un fracaso absoluto", ya que su peor error fue haber excluido a los "países en vías de desarrollo o a otras plataformas para la gobernación multilateral" cuando la “política global y las estructuras de seguridad (sic) y el orden financiero y económico internacional se han vuelto cada vez más insostenibles”, mientras "un nuevo orden mundial está lejos de ser configurado".

La participación nada desdeñable este año de India, Corea del Sur y Australia tiene como objetivo "incrementar el peso de Estados Unidos en las áreas financiera y económica del mundo" y “expandir los valores (sic) estadunidenses” para “conformar un bloque "democrático" global” (sic). El problema subyace en que "la influencia de Estados Unidos ha declinado en las áreas financiera y económica del mundo".

YX juzga que "EU y los países europeos tienen sustanciales diferentes puntos de vista hacia China" cuando “los europeos no apoyan convertir al G-7 en un bloque "democrático" contra China.

¿Contempla la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña expandir el G-7 a un G-10 con la incorporación de India, Corea del Sur y Australia, tres miembros del QUAD, el grupo cuatripartita que encabeza EU en la región Indo-Pacífico? El tal "bloque democrático global", que subsume el proyectado G-10, va dirigido contra China.

¿Dejó Biden a Rusia fuera para no entorpecer su próxima cumbre en búsqueda de un etéreo G-2 geoestratégico contra China?

Para YX, el G-20 –donde participan China y países en vías de desarrollo– "juega un papel más importante en la economía internacional". Al haber sido superado en el ámbito de la competitividad geoeconómica, EU ahora eleva su puja mediante sus cartas geopolíticas: "pasa de configuraciones de coalición a abiertas tácticas de supresión".

YX vaticina que se trata de una “viciosa (sic) competencia” cuando el "resultado final será una sistemática desamericanización en el mundo": en el largo plazo "no será China la que estará aislada en el mundo, sino que será EU el que se aislará del mundo". Concluye que "después de todo, EU es un país hegemónico que ha destruido el edificio del orden internacional".

¿Es el G-7, fundado hace 48 años, una reliquia del pasado, de lo que Biden no se da cuenta o simula no percatarse?

Yo matizaría: el G-7 ya no domina financiera ni políticamente al mundo, cuya paroxística influencia la alcanzó con la globalización financierista y el colapso de la ex-URSS cuando China todavía no aparecía en el radar. Pero, en caso de seguir todavía cohesionado, lo cual no está nada garantizado, el G-7 todavía representa más de 45 por ciento del PIB nominal global frente al 18 por ciento de China sola.

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Sábado, 05 Junio 2021 06:35

Pronto se sabrá

Pronto se sabrá

Prevista para el día 16 de este mes en Ginebra, la reunión de los presidentes Vladimir Putin, de Rusia, y Joe Biden, de Estados Unidos, dado el preocupante deterioro de la relación bilateral, por sí sola es ya un paso adelante para intentar remover los escombros (el canciller ruso, Serguei Lavrov, dixit), en que quedaron reducidos los pactos de desarme, convenios de cooperación en diversas áreas y canales de comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca.

Casi todo arruinado por la creciente confrontación, exhibición de poderío militar, aplicación de sanciones y contramedidas, desconfianza recíproca, gestos hostiles y hasta desafortunados insultos personales, no cabe esperar resultados espectaculares de la cumbre.

Pero toda vez que es imposible ganar una guerra nuclear, es de suponer que Putin y Biden estarán de acuerdo en comenzar la compleja negociación para tratar de mantener el equilibrio estratégico, sin que nadie pueda augurar una pronta solución de las controversias. Los presidentes podrían dar luz verde para reanudar el diálogo en materia de lucha contra el terrorismo, ecología, ciberespacio y solución de algunos conflictos regionales como Afganistán y, de hacer concesiones mutuas, no se debe excluir que opten por restablecer el nivel de las relaciones diplomáticas anteriores al retiro de embajadores, cierre de consulados y expulsión masiva de funcionarios.

A 11 días de la cita en Ginebra, todavía no es claro si los equipos de Putin y Biden podrán concordar una declaración conjunta. Moscú y Washington no coinciden en infinidad de asuntos y manejan agendas que contienen posiciones inadmisibles para el otro. No habrá ningún avance si Biden insiste en dar clases de moral o de derechos humanos a su interlocutor, ridícula pretensión proveniente de un inquilino de la Casa Blanca, como tampoco la habrá en caso de que Putin, con el solo argumento de su arsenal nuclear, reivindique la prerrogativa de hacer lo que le dé la gana en su zona de influencia.

De Putin y Biden depende que la cumbre termine como el enésimo intercambio de acusaciones o como una oportunidad aprovechada para, aun sin resolver sus discrepancias de fondo, lograr progresos en aquellos ámbitos que convienen a ambos países y, en términos de seguridad global, también al resto del mundo. Pronto se sabrá.

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Fuentes: Público [Foto: Reunión de los líderes del G7 en su anterior encuentro, todavía con Trump al frente de los Estados Unidos.- EFE]

Desde los años ochenta del siglo pasado, cuando comenzaron a liberalizarse los movimientos de capital y a crearse espacios prácticamente libres de impuestos, los paraísos fiscales que permiten eludirlos a las grandes empresas multinacionales, multitud de economistas críticos, activistas y organizaciones de todo tipo venimos pidiendo que se acabe con esa injusticia tan vergonzosa.

La respuesta de los economistas al servicio de las corporaciones, de los líderes políticos y los organismos internacionales era siempre la misma, a pesar de que la evidencia demostraba lo contrario: es técnicamente imposible evitar esa elusión fiscal y, además, no conviene hacerlo porque entonces se perjudicaría a la inversión y el empleo.

Mentían descaradamente y la prueba de llevábamos razón es que este fin de semana se reúne el G7, el grupo de los siete países más poderosos del planeta, para discutir una propuesta del presidente de Estados Unidos verdaderamente revolucionaria, al menos, en comparación con lo que hasta ahora viene ocurriendo: establecer un impuesto mínimo internacional sobre los beneficios de las empresas multinacionales.

La práctica habitual de estas grandes corporaciones consiste en manipular su contabilidad para ubicar los beneficios que obtienen en diferentes países en aquellos en donde los impuestos son mínimos o incluso inexistentes y eso es lo que trata de evitar la propuesta que Estados Unidos ha puesto sorprendentemente sobre la mesa.

En estos momentos no se sabe la fórmula exacta que finalmente adopte el G7 (incluso puede ser que ahora no apruebe nada y traslade la decisión a la reunión de julio del G20) pero es muy improbable que la medida tenga marcha atrás, así que podemos decir que, por fin, la suerte de los paraísos fiscales y de la elusión fiscal generalizadas comienza a estar echada.

El impuesto que se está proponiendo tendría dos pilares. Por un lado, todos los países dispondrían de una parte de las ganancias obtenidas por las empresas multinacionales en su territorio y, por otro, también podrían establecer una tasa mínima adicional sobre los beneficios obtenidos en el extranjero por las empresas que tengan sede en su jurisdicción.

A partir de ahí, sin embargo, pueden surgir diferentes alternativas que pueden hacer más o menos efectivo el impuesto, generar distintos volúmenes de ingresos fiscales y producir un reparto de la recaudación también más o menos desigual entre los países.

Estados Unidos, por ejemplo, ya ha bajado su propuesta inicial del 21% al 15%, propone que al aprobar este impuesto desaparezcan los que hasta ahora han venido estableciendo algunos países sobre empresas de servicios digitales y contempla umbrales de ingresos que haría más reducido el número de multinacionales afectadas. La OCDE, por su parte, está materializando la propuesta de Estados Unidos de forma que beneficie principalmente a los países más ricos (10% de la población mundial y 45% del PIB) porque contempla que la mayor parte del ingreso fiscal adicional (60% del total) vaya a los países en donde tienen su sede las grandes corporaciones, justamente los del G7 y algunos pocos más.

Desgraciadamente, el carácter nada democrático de estos encuentros de los países más poderosos impide que se discutan y aprueben otras propuestas más eficaces y equitativas.

Por ejemplo, la de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional que propone que el tipo de un impuesto de esta naturaleza sea del 25%; u otra mucho más elemental y justa de Tax Justice Network: la distribución del ingreso adicional que se obtenga en función del lugar en dónde se lleve a cabo la actividad real (ventas y empleo) de las empresas multinacionales y no principalmente de su sede.

Las diferencias según se adopten unas soluciones u otras son considerables. Con esta última de Tax Justice Network no solo se conseguiría más equidad y no seguir perjudicando a los países más pobres sino recaudar más (460.000 millones de dólares anuales) que con la propuesta de la OCDE (275.000 millones) con la misma tasa del 15%, o 640.000 millones frente a 540.000 millones, con una del 21%.

En estos momentos es imposible saber cómo concluirá la cumbre y, mucho menos, la solución de imposición internacional que finalmente se adopte. Incluso cabe temer que la propuesta inicial de Estados Unidos siga avanzando a la baja, sobre todo, porque los líderes europeos no están siendo capaces de asumirla con decisión. Pero, sea cual sea el resultado, lo cierto es que se ha tenido que reconocer por fin que los privilegios concedidos a las grandes empresas son una vergüenza y que los argumentos ofrecidos durante todos estos años para mantenerlos son simples mentiras.

La propuesta que está en la agenda del G7 es inaudita e incluso revolucionaria, como he dicho, pero queda todavía mucho camino por delante. Con mayor o menor convicción, con ella se reconocen de facto dos principios fundamentales. Uno, que las empresas multinacionales maximizan sus beneficios a escala mundial y que, por tanto, deben estar sujetas a impuestos globales; y otro, que estos impuestos deben ser de mínimos en todos los países, para que no haya posibilidad de que trasladen sus beneficios de un lugar a otro. Quedan por reconocer de modo efectivo otros dos también fundamentales que plantea Tax Justice Network: obligar a que las empresas multinacionales proporcionen información transparente, actualizada y rigurosa sobre su actividad y beneficios en todos los países en donde llevan a cabo su actividad, y ubicar la toma de decisiones en organismos como Naciones Unidas y no G7, G20 o la OCDE, en donde puedan estar representados todos los países y no solo los más ricos y poderosos.

Si se ha conseguido lo más difícil, echar por tierra las mentiras neoliberales de los últimos decenios, no será imposible conseguir lo que queda por delante.

Por Juan Torres López | 05/06/2021

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