Un hombre regresa a su casa en territorio separatista en las afueras de Donetsk, Ucrania, tras un reciente bombardeo. Foto Ap

Se acusan mutuamente de planear ataques para recuperar territorios

 

Moscú. Al borde de una guerra que de palabra ninguno quiere, pero que cada día parece más posible por las noticias alarmantes que llegan desde la zona en conflicto, Ucrania y Rusia concentran en sus fronteras la mayor cantidad de tropas y armamento desde 2015 y se acusan mutuamente de hacerlo por tener intenciones de emprender una agresión en gran escala.

En un intento por rebajar la tensión, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, tras visitar la línea del frente para levantar el ánimo de sus soldados, afirmó ayer que no ordenará una ofensiva bélica contra los separatistas pro rusos, dado que "es inaceptable causar gran número de bajas entre población civil y militares". Poco después, el comandante en jefe del ejército ucranio, Ruslan Jomchak, emitió un comunicado en los mismos términos.

De su lado, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, volvió a justificar la repentina reubicación de unidades del ejército ruso cerca del vecino país eslavo al decir: "Ucrania se está convirtiendo de nuevo en una región potencialmente inestable. Y desde luego cualquier país colindante con una región de esas características, que es peligrosa y puede estallar en cualquier momento, toma las medidas que considera necesarias para proteger su propia seguridad". Y el viceprimer ministro de Rusia, Dimitri Kozak, encargado de la relación de Moscú con Kiev, reiteró que Rusia no dudará en acudir en defensa de sus ciudadanos en caso de que éstos sufran un ataque de Ucrania.

Entretanto, la más reciente sesión por videoconferencia –convocada de urgencia por Ucrania esta semana– del equipo trilateral que debe negociar una solución política al conflicto, concluyó sin avance alguno, tras cuatro horas de acusaciones recíprocas entre ucranios y separatistas, ante la impotente mirada de los mediadores de Rusia, Alemania, Francia y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Desde el punto de vista de Moscú, Ucrania –instigada por Estados Unidos y sus aliados– se propone recuperar por la fuerza los territorios que no se supeditan a Kiev, lo cual implicaría aniquilar a la población de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donietsk y Lugansk que, por origen étnico, lengua, religión e idiosincrasia, tiende más hacia Rusia.

El Kremlin, tomando en cuenta que 10 por ciento de los habitantes del Donbas, como se denomina la zona rebelde, ya adquirió la ciudadanía rusa de forma simplificada, no puede permitir ese desenlace y menos cuando dentro de unos meses habrá elecciones para renovar por completo la composición de la Duma o cámara baja del parlamento ruso.

Visto desde Kiev, que rechaza las acusaciones, Rusia sólo busca un pretexto para iniciar una operación bélica que le permita abrir un corredor hacia Crimea, mediante la ocupación de la ciudad de Jersón, a fin de evitar el bloqueo del suministro de agua a la península declarada hace siete años parte de la Federación Rusa u otro corredor hacia la región separatista moldava de Transdniéster o, en última instancia, extender los límites de la zona insurrecta hasta el puerto de Mariupol para mayor control del mar Negro, planes que el Kremlin niega tener en mente.

Hay analistas que creen que el escenario de la invasión rusa se descarta por cuanto, desde un punto de vista formal, ni Jersón ni Mariupol ni ninguna otra ciudad fuera de lo que se ha dado en llamar en las negociaciones para lograr un arreglo político ADRDL (siglas de Algunos Distritos de las Regiones de Donietsk y Lugansk) tienen ciudadanos rusos entre sus habitantes, lo cual hace muy difícil que Moscú pueda justificar la intervención de sus tropas.

En cambio, sostienen, es el contexto ideal para que, en caso de que se pueda culpar a Ucrania de sobrepasar la línea divisoria, las tropas rusas entren en los ADRDL y lleguen a situarse cara a cara con el ejército ucranio y, de ese modo, puedan decir que evitaron un mayor derramamiento de sangre, con el consecuente efecto positivo en las urnas por proteger a sus ciudadanos.

Cualquiera de estas hipótesis para explicar la concentración de tropas y armamento de uno y otro lado de la frontera pasa por alto que, sentados Rusia y Ucrania en un barril de pólvora, es temerario jugar con fuego y pensar que nada va a explotar.

Por Juan Pablo Duch

Corresponsal

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El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu (primer plano), y su secretario de Defensa, Benny Gantz, ayer en el parlamento, en Jerusalén. Foto Afp

El acuerdo histórico de China e Irán, con bendición rusa, por 25 años y 500 mil millones de dólares –casi equivalentes al PIB nominal de la vapuleada economía persa– constituye un genuino game changer (punto de inflexión) que ha sacudido las placas tectónicas de la geopolítica en Eurasia que epitomiza la irrupción de China al Gran Medio Oriente (https://bit.ly/2Reo6LN).

El cronograma geopolítico es seminal cuando el fallido golpe de Estado en Jordania (https://wapo.st/31Og1zz) se escenificó una semana después al acuerdo histórico de China e Irán –que creó de facto el eje Moscú/Pekín/Teherán– y tres días antes de la reunión "indirecta" entre EU e Irán en Viena para renegociar el levantamiento de las mil 600 (¡megasic!) sanciones de Washington y la detención del enriquecimiento de uranio de Teherán (https://bit.ly/2PyfM9k) –todavía muy lejos del mínimo de 90 por ciento para fabricar una bomba nuclear que el atribulado premier Netanyahu ha inventado posee el país persa, como parte de la brutal "guerra de propaganda" que emprendió la triada Trump/Jared Kushner/Netanyahu.

Más allá de las conocidas intrigas palaciegas, que han recreado la narrativa de la perpleja población jordana, entre dos medio-hermanos –el rey Abdala y el príncipe Hamzeh, hijo de la cuarta esposa estadunidense, de origen libanés, la reina Noor Halabi– destacan las revelaciones estrujantes del rotativo israelí de mayor circulación Yedioth Ahronoth (5/4/21) sobre el presunto rol que hubiera jugado Netanyahu que se había enfurecido por la prohibición de la travesía de su vuelo a Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Este dato no es menor ya que la instalación en el poder de Jordania de un "aliado" de Israel en forma indirecta hubiera expandido su alcance y su profundidad estratégica hasta su frontera con Irak de 179 kilómetros, no muy lejos de Irán cuando la distancia aérea más corta entre Irak e Irán es de 941 ­kilómetros.

El éxito del golpe hubiera tenido profundas reverberaciones en las otras fronteras de Jordania: Arabia Saudita (731 kilómetros), Siria (341) y la Cisjordania palestina ocupada (148).

El popular rotativo israelí señala que fuentes jordanas anónimas sospechan la complicidad de algunas petromonarquías del golfo Pérsico.

El sitio de noticias Ammon de Jordania implica al ex agente del Mossad Roy Shaposhnik, a lo cual el portal iraní Hispan TV le ha dado gran vuelo (https://bit.ly/3sXuF39).

Shaposhnik –quien trabajó para el siniestro ejército paramilitar estadunidense Blackwater/Xe de Erik Prince–, contactó a la esposa del príncipe golpista Hamzeh para proporcionar a su familia un avión privado y organizar su salida con el fin de que desde el exterior dirija el golpe palaciego a unos días del centenario del reino, el 11 de abril.

Llamó poderosamente la atención que cinco (sic) días antes del fallido golpe de Estado en Jordania, el analista militar israelí Amos Harel haya advertido que los 328 kilómetros de frontera de Israel con Jordania podían ser el escenario de una enorme inestabilidad (https://bit.ly/2Q5cgTq).

Harel revela que los "ayudantes de Netanyahu se burlan (sic) de un país en ­declive".

Como dicen los avezados criminalistas, Netanyahu tenía "motivos" suficientes para derrocar al rey Abdala, si es que hacemos caso a las perturbadoras revelaciones de Harel cuando días previos Jordania había solicitado a Israel más agua a lo que se negó Netanyahu, lo cual "refleja otro estadio en el deterioro de las relaciones entre los dos países".

Viene la parte nodal de Harel: "Existe una crisis severa que prevalece entre Amán y Jerusalén, exacerbada a inicios de mes, cuando los jordanos impidieron el paso de Netanyahu a EAU".

Harel abunda sobre la "venganza personal de Netanyahu contra el rey Abdala" al prohibir también el envío de vacunas contra el Covid-19.

Lo más kafkiano radica en que mientras Netanyahu presuntamente instigaba el golpe de Estado en Jordania, el atribulado primer israelí comparecía ante un tribunal por fraude/corrupción (https://bit.ly/3mr2SWI) y se quejaba de ser víctima de un "golpe de Estado" jurídico.

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El presidente iraní, Hasan Rohaní. EFE/EPA/PRESIDENTIAL OFFICE HANDOUT

 

"Todavía es pronto y no anticipamos un logro inmediato, ya que hay discusiones difíciles por delante, pero creemos que es un buen paso hacia adelante", ha señalado el Departamento de Estado

Tres años después, EEUU e Irán vuelven a iniciar conversaciones sobre el acuerdo nuclear. De momento no se sentarán en la misma mesa, pero hablarán a través de representantes de otros países en unas conversaciones que arrancan este martes en Viena. El objetivo es el de siempre: que Irán renuncie a desarrollar armas nucleares y que a cambio mejore su situación económica. El contexto, sin embargo, es diferente. Ya se llegó a un acuerdo en 2015, pero Donald Trump lo rompió en 2018. Ahora, en 2021, a Biden le toca recomponerlo.

"Todavía es pronto y no anticipamos un logro inmediato, ya que hay discusiones difíciles por delante, pero creemos que es un buen paso hacia adelante", señaló el portavoz del Departamento de Estado de EEUU, Ned Price. "Actualmente no esperamos que haya conversaciones directas entre EEUU e Irán en este proceso, aunque EEUU permanece abierto a las mismas".

¿Qué es el acuerdo nuclear iraní y por qué se rompió?

El JCPOA, más conocido como el acuerdo nuclear iraní, es un texto complejo que tardó unos dos años en negociarse. Lo firmaron en 2015 los EEUU de Obama e Irán, además de Rusia, China, Alemania, Francia, Reino Unido y la Unión Europea. En términos generales, todos los países aceptaban levantar las sanciones económicas contra Irán mientras la República Islámica se comprometía a "no buscar, desarrollar o adquirir armas nucleares jamás y bajo ninguna circunstancia".

Para controlar que así fuera, se establecieron controles rutinarios de la Agencia Internacional de Energía Atómica, cuyos inspectores certificaron en todo momento que Irán estaba cumpliendo con su parte. Sin embargo, Donald Trump, cumpliendo una promesa electoral, decidió sacar a EEUU del acuerdo en 2018 y reinstaurar las sanciones. Su gobierno quería una "estrategia de máxima presión" para forzar a Irán a aceptar un "mejor acuerdo", pero la República Islámica respondió negándose a volver a negociar y acelerando, además, su programa nuclear.

¿Por qué ahora vuelven a negociar? ¿No basta con volver a cumplirlo?

Hay varios problemas al respecto. Para empezar, nadie quiere ser el primero en ceder. El negociador nuclear iraní Abbas Araghchi ha dicho que "el retorno de EEUU al acuerdo nuclear no requiere ninguna negociación y el camino está bastante claro", refiriéndose a la retirada de las sanciones. Sin embargo, el gobierno de Biden, que ya ha hecho algún gesto menor, habla de un primer paso que sería volver a la situación anterior, pero exige más.

En EEUU, el propio secretario de Estado ya dijo que el nuevo acuerdo debería ser "más largo y más fuerte" que el anterior, que expiraba en 2030. En Washington, lo que gustaría es que el nuevo texto fuera más allá de lo nuclear y comprometiera a Irán a dejar de apoyar a grupos armados en otros Estados como Siria, Líbano, Yemen... Un acuerdo que fuera algo menos exigente que los ‘12 puntos’ que reclamaba Trump, pero desde luego más ambicioso que el de Obama. El problema, por supuesto, es cómo convencer a los iraníes.

¿Cómo cae esto en Irán?

Los iraníes se sintieron engañados la última vez y eso no ayuda. Su líder supremo, el ayatolá Jamenei, ha dicho recientemente que su país no tiene prisa por revivir el acuerdo: "Ya confiamos en los americanos y cumplimos nuestros compromisos en el pacto nuclear, pero ellos no". Irán exige un levantamiento de las sanciones antes de hablar del resto de cuestiones y es su delegación la que se niega de momento a sentarse en la misma mesa que los negociadores estadounidenses.

La situación es aún más complicada por la cercanía de las elecciones en Irán, que se celebrarán en junio. La impopularidad del actual presidente Rouhani hace difícil que pueda impulsar un acuerdo en tan poco tiempo, pero un hipotético pacto que contara con el apoyo del líder supremo Jamenei sí que podría prosperar. El gran incentivo sigue siendo económico: se espera que el fin de las sanciones suponga un boom económico en un país actualmente ahogado.

¿Cómo cae esto en EEUU?

La oposición política a un acuerdo con Irán fue enorme en 2015 y se mantiene. Los enemigos del pacto nuclear no son sólo los republicanos o el poderoso lobby proisraelí. Entre los demócratas de Biden también hay figuras muy relevantes que lo rechazan. Hace una semana, un grupo de 43 senadores de ambos partidos (del total de 100) envió una carta reclamando al presidente un acuerdo más ambicioso que el anterior y recordándole que, más allá de su programa nuclear, Irán "continúa siendo una amenaza para la seguridad de EEUU y del mundo".

Por supuesto, la política exterior es la parcela en la que cualquier presidente de EEUU cuenta con más autonomía. Biden puede firmar un acuerdo como hizo Obama, pero si lo hace por la vía del decreto, el siguiente presidente puede anularlo en el momento que quiera como hizo Trump. Si quiere darle a ese pacto el valor de un tratado y asegurarse su continuidad después de su mandato, tendría que conseguir el apoyo del Senado para tramitarlo como un tratado y hoy por hoy eso es bastante difícil.

¿Y el resto del mundo?

Además de Irán y EEUU, el pacto de 2015 lo firmaron Rusia, China, Alemania, Francia, Reino Unido y la UE. Todos ellos se mantienen en el acuerdo y han tratado de mantenerlo vivo tras la retirada de EEUU primero y el incumplimiento de Irán después. Ha sido la Unión Europea la que ha confirmado oficialmente el regreso a la mesa de negociación, aunque sea indirectamente, de los dos principales implicados. Todos saben que el primer acuerdo tardó dos años en negociarse y que ahora pueden quedar meses.

Las mayores reticencias, sin embargo, las tienen países que no se sientan en la mesa en Austria, pero que sí cuentan con mucha influencia: los principales aliados de EEUU en la región son enemigos declarados de Irán y del acuerdo nuclear. Hablamos principalmente de Israel, Arabia Saudí y algunos Estados del Golfo. Desde 2015 el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha sido el oponente más activo, pero su actual situación no se lo pone fácil.

'Bibi’ acaba de salir de sus cuartas elecciones en dos años, incapaz otra vez de formar Gobierno. Es difícil calibrar los efectos de una gran pelea con Biden como la que tuvo con Obama. La influencia de su gobierno sobre el Partido Republicano en estos temas sigue siendo enorme. Ese factor, unido a la labor diplomática silenciosa pero efectiva de Arabia Saudí, podría tener cierto impacto sobre las negociaciones.

PorCarlos Hernández-Echevarría

5 de abril de 2021 22:34h

@carlos_hem

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China echa un salvavidas a Irán y avanza otro paso en Oriente Próximo

La penetración china en Oriente Próximo continúa adelante. El pasado fin de semana Pequín y Teherán firmaron un acuerdo que permitirá al gigante asiático establecer una importante base económica y de seguridad en Irán, una circunstancia que inquieta a EEUU y sus aliados pero que es inevitable dada la creciente influencia de esa potencia.

 

No es ningún secreto que EEUU y China libran una batalla por la supremacía global que les enfrenta cada día más abiertamente a nivel planetario en las esferas política, económica y de seguridad, conflicto que también tiene un escenario en Oriente Próximo, como queda patente con la firma el pasado sábado de un acuerdo totalmente excepcional entre Pequín y Teherán.

Este gran acuerdo estratégico ha tardado varios años en gestarse y representa un desafío directo para EEUU. Aunque ya el verano pasado The New York Times avanzó informaciones sobre la marcha de las negociaciones y el borrador del texto, ni siquiera hoy se tiene una idea precisa de lo que representará para un Irán acosado por las duras sanciones internacionales y necesitado de cualquier clase de alianza.

Es evidente que Teherán no puede fiarse de Occidente, ni siquiera de Europa, como ha mostrado el fiasco del acuerdo nuclear que Barack Obama firmó con Teherán en 2015 y que dos años después fue desbaratado por Donald Trump mediante un tuit. Aunque el presidente Joe Biden podría revertir la decisión de Trump, no está claro que la restauración del acuerdo nuclear sea definitiva puesto que lo que ha sucedido una vez puede volver a ocurrir.

La magnitud del acuerdo chino-iraní, por un periodo de 25 años, es importante especialmente a los niveles de cooperación económica y de seguridad, pero tiene también resonancias políticas que trascienden más allá de las relaciones bilaterales. A EEUU, Israel y Arabia Saudí no les pasa desapercibido que China logra una penetración importante en la región, cuyas consecuencias a medio y largo plazo son difíciles de determinar.

Aunque la semana pasada Biden dijo que mientras él sea presidente, China no sustituirá a EEUU como líder global, la realidad es que la economía del gigante asiático está desarrollándose más rápidamente que la de EEUU y está asentando bases económicas por todo el mundo que más pronto que tarde le proporcionarán influencia política.

Algunos medios destacan que el acuerdo chino-iraní no es solamente relevante por su contenido, que no se conoce con exactitud, sino también por el momento que se ha elegido para firmarlo, coincidiendo con las disputas entre EEUU e Irán en relación con la reanudación del acuerdo nuclear y con las disputas de EEUU con China tras el último cónclave bilateral de Alaska.

Si bien no han transcendido las cláusulas del acuerdo, se sabe que Irán se ha comprometido a vender a China petróleo a un precio por debajo del mercado durante los próximos 25 años. A cambio, China realizará inversiones por valor de 400.000 millones dólares en infraestructuras de ese país, unas inversiones que se enmarcan en el plan de Pequín de construir el llamado "Cinturón de la Ruta de la Seda" con el propósito de unir el extremo oriente con Europa.

En realidad este acuerdo fue facilitado por el presidente Donald Trump y su amigo Benjamín Netanyahu, quien presionó a los americanos para que se salieran del acuerdo nuclear e impusieran duras sanciones contra Teherán, sanciones que, como era de esperar, han tenido el efecto contrario al deseado por Netanyahu y Trump.

En este contexto, EEUU tiene ante sí la disyuntiva de restablecer el acuerdo nuclear, o bien de alargar el punto muerto en que se hallan las relaciones con Teherán. Lo ideal sería que el acuerdo se restablezca cuanto antes, es decir antes de las elecciones presidenciales iraníes de junio.

En cuanto a China, Washington pocas medidas puede adoptar más allá de acusaciones y de sanciones económicas puntuales. Aunque una guerra abierta económica entre las dos potencias está descartada, los dos países juegan a un ajedrez de movimientos perpetuos en una u otra parte del tablero, movimientos que no ponen en peligro las relaciones cada vez más interdependientes de las dos potencias.

Al firmar el acuerdo el sábado, el ministro de Exteriores chino Wang Yi emitió en un comunicado la siguiente declaración: "Los EEUU deberían reflexionar en el daño causado a la paz regional y la estabilidad internacional con la retirada (del acuerdo nuclear), reflexionar sobre las pérdidas que ha causado a los países implicados, terminar las sanciones unilaterales contra Irán tan pronto como sea posible y abolir las medidas jurídicas contra China".

China está realizando imponentes inversiones en Oriente Próximo y el caso de Israel es paradigmático. Los israelíes han tenido que dar marcha atrás en varios proyectos conjuntos debido a la presión de Washington, que no ve con buenos ojos la expansión del gigante asiático. Israel, como otros países de la región, se aliará con EEUU en el caso de que deba escoger a un aliado, pero también es consciente del peso cada día mayor de China y no quiere buscarse problemas con esta potencia, lo que explica que no haya reaccionado con vigor al acuerdo del sábado.

Tras la firma del acuerdo, habrá que esperar a su aplicación, que será más o menos inmediata en función de otros parámetros, especialmente de si EEUU levanta las sanciones contra Irán, una cuestión que está en el aire. Mientras Teherán exige el levantamiento completo de las sanciones y la vuelta al acuerdo nuclear sin precondiciones, Washington no parece decidido a dar ese paso sin obtener otros compromisos a cambio.

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 Los presidentes de Rusia y China, el 4 de julio de 2017, en Moscú.Foto Afp

A los dos días de la reunión en Alaska entre China y EU para intentar suavizar el deterioro de su relación, el canciller ruso, Sergei Lavrov, fue invitado por su homólogo chino, Wang Yi, en la paradisiaca ciudad Guilin –que tuve el gusto de conocer (https://bit.ly/3deli8I)– para evaluar "los recientes desarrollos de sus lazos con EU".

Global Times titula que "La asociación (sic) de China y Rusia es clave para equilibrar la hegemonía de EU", cuando "promueven los pagos en divisas locales para sustituir al dólar", lo cual es "importante para evitar riesgos" (https://bit.ly/31umlMo).

Tales "lazos" han periclitado, pero Lavrov y Wang tuvieron cuidado en definir que su "asociación" no significa una alianza contra EU, sino que toman medidas precautorias ante el flagrante injerencismo de Biden que incita a revoluciones de color y a la desinformación con el fin de derrocar a los regímenes de Pekín y Moscú.

Los ejercicios militares de Rusia y China se basan en el "principio del no-alineamiento, la no-confrontación y la no-focalización en un tercer país" –con el fin de no indisponer a EU ni a la Unión Europea–.

Los dos cancilleres discutieron el acuerdo nuclear con Irán, el proceso de paz en Afganistán, la situación en Myanmar, el tema candente de Siria, el cambio climático y la reforma de la ONU.

El portal chino informa que tras la reunión en Alaska, China tuvo un intercambio de actualización con su aliado de Norcorea que acaba de realizar pruebas misilísticas balísticas para recordar que sigue presente en la escena mundial.

Las inusitadas 30 (sic) reuniones en ocho años entre el zar Vlady Putin y el mandarín Xi Jinping delatan mucho más que una vulgar "asociación" entre Rusia y China, quienes públicamente "no se alinearán" ya que ambos "necesitan lidiar conjuntamente sus amenazas comunes (sic) mediante una asociación flexible (sic)" cuando "EU ha creado muchos desafíos como las sanciones y la interferencia en asuntos regionales para interrumpir el desarrollo de ambos países", según Global Times.

¿Y el "G2 en el espacio" para conquistar la Luna entre Rusia y China (https://bit.ly/39lgopi) es "flexible asociación estratégica" o de plano constituye su "alianza" en movimiento que no se atreve a pronunciar su nombre?

Impactó el endurecimiento de Lavrov para "promover el pago con divisas locales y otras divisas internacionales que puedan sustituir al dólar y alejarse gradualmente (sic) del sistema internacional de pagos controlado por Occidente [el SWIFT con más de 11 mil entidades financieras en más de 200 (sic) países], y así reducir los riesgos de las sanciones de EU y Occidente contra Rusia y China". ¿Alguien en su sano juicio en EU y en Occidente "piensa" que van a doblegar a Rusia y China con sus sanciones?

Dong Dengxin, director del Instituto de Seguridad y Finanzas de la Universidad de Wuhan, propone a la divisa china yuan/renminbi como "divisa de compensación" en el sistema comercial y fustiga que "Washington ha abusado del SWIFT para sancionar arbitrariamente a cualquier país a voluntad, lo que ha provocado insatisfacción global", y exhorta a que Rusia y China colaboren para "desafiar la hegemonía del dólar".

El intercambio comercial entre Rusia y China es más que raquítico: 10 mil millones de dólares anuales,cuando se prevé que prevalezcan próximamente los servicios, mientras Rusia se ha posicionado como la primera exportadora de productos agrícolas a China.

Es consabida la complementariedad de hidrocarburos de Rusia y China: 40 millones de toneladas de crudo anuales y 4 mil millones de metros cúbicos de gas natural licuado (LNG) por año que transporta el gasoducto ruso a China.

China tiene ya su sistema alternativo al SWIFT: el China International Payments System (CIPS), al que algunos bancos rusos, asfixiados por las sanciones, han empezado a adherirse. Pronto seguirán el 15-RCEP y los países incrustados a las tres rutas de la seda que encabeza China.

Rusia y China ya olieron sangre en el vulnerable dolarcentrismo y su insostenible SWIFT.

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Miércoles, 31 Marzo 2021 05:20

¿Arrancó la "Internacional Bolsonarista"?

¿Arrancó la "Internacional Bolsonarista"?

La vida del activista estadunidense "Jake Angeli" (alias de Jacob Anthony Angeli Chensley) corre peligro: el servicio gastronómico de la cárcel donde fue recluido después de su participación en el asalto al Capitolio no incluye "comida orgánica".

Conocido en las redes como QAnnon Shaman o Yellowstone Wolf, Jake vivió sus horas de gloria cuando en el "templo de la democracia" el mundo lo visualizó portando una lanza con el torso desnudo, gorro sioux de piel de búfalo, tatuajes celtas y cuernos de vikingo.

Sin embargo, nada trascendió acerca del manojo de documentos que Jake habría tomado de los despachos de republicanos y demócratas, saqueados por los revoltosos e incautados por la FBI.

Entre los documentos, un misterioso borrador o minuta titulada La Internacional bolsonarista, que nos hizo llegar un periodista de Washington DC que pidió reservar su nombre.

La minuta da cuenta de la reunión clandestina que, luego del triunfo de Joe Biden, habría sostenido el secretario general de la OEA, Luis Almagro, con siete cancilleres sudamericanos.

Al aquelarre habrían asistido el brasileño Ernesto Araujo (canciller del presidente Jair Bolsonaro); el uruguayo Francisco Bustillo (íd., Luis Lacalle Pou); el paraguayo Federico González (íd. Mario Abdo Benítez): la colombiana Claudia Blum Capurro (íd, Iván Duque); el ecuatoriano Luis Gallegos Chiriboga (íd. Lenin Moreno); el chileno Andrés Allamand (íd. Sebatián Piñera), y el peruano Mario López Chávarri (íd. Martín Vizcarra).

A modo de petit-comité y sentados alrededor de una mesa redonda en un sótano de la OEA (blindado para evitar cámaras y grabaciones), Almagro dio la bienvenida a los convocados y fue al grano:

“Queridos amigos: no todo está perdido. Nuestro jefe y guía de Occidente perdió las elecciones, pero consiguió 74 millones de votos. Por ello, decidí formar un comité internacional de emergencia que, desde ya, será conocido como "la Internacional Bolsonarista" (IB).

Almagro explicó que la IB se proponía reforzar "nuestras democracias" contra los avances del populismo en México, Argentina y Bolivia, "el respaldo de Cuba al necio de Maduro" y que, de no haber objeciones, así quedaría constituido:

Presidente ad honorem: Jair Bolsonaro.

Comisario político: Mario Vargas Llosa.

Y "para no burocratizar las cosas", agregó el jefe de la OEA, tres ­secretarías:

Etica y transparencia, a cargo del ex presidente de Argentina Mauricio Macri;

Derechos humanos, a cargo de los ex presidentes de México Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto;

Asuntos constitucionales, a cargo del "presidente de Venezuela" Juan Guaidó.

A los efectos prácticos, la IB contaría con cinco secretarías de apoyo:

Capacitación: para aspirantes latinoamericanos a ser reconocidos como embajadores de Washington en sus países, a cargo de Enrique Krauze.

Operaciones especiales (logística, explosivos, contratación de expertos en "daños colaterales"), a cargo del ex presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, y el cubano Carlos Alberto Montaner.

Prensa y difusión: Andrés Oppenheimer, Jorge Ramos, y el "comunicólogo" ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Consultores: Mario Quiroga y Andrés Pastrana, ex presidentes de Bolivia y Colombia.

Jefe de meseros y acopio de bebidas varias: Jorge Castañeda, ex canciller de México.

En la minuta se apunta que ­paralizados de ideológica emoción, los siete cancilleres se miraron entre sí y luego, con crecientes golpeteos de aprobación sobre la mesa, terminaron eufóricos y gritando "¡sí-se-pue-de!", "¡sí-se-­pue-de!"

Con una cucharita, Almagro hizo sonar un copa para calmar a sus invitados, y delegó la palabra al único orador, el canciller Araujo, quien cerró el aquelarre negando la influencia humana en el cambio climático, considerándolo un "dogma" que apunta en particular a "aumentar el poder de China".

El discípulo de Bolsonaro agregó: “Nuestra lucha es contra el populismo y el ‘marxismo cultural’, la heterosexualidad, las carnes rojas y el petróleo”. Y en cuanto a la epidemia que ha convertido a su país en una bomba de contagio global, usó la insólita expresión "sadismo abortivo": “Vamos bien. Dios ha decidido que a mediados de 2021, tendremos medio millón de muertos. ¡Pero en Brasil viven 220 millones! Entonces, el aborto es más preocupante que el coronavirus. Quieren una sociedad donde nadie nazca, ningún bebé y menos el niño Jesús. Incluso, pregunto: ¿el ‘sadismo abortista’ de la izquierda no se deriva de una afirmación nihilista de estar matando a Cristo antes que nazca cada bebé?”

Sin comentarios, Almagro levantó la sesión y, rápidamente, los cancilleres retornaron a sus países para comunicar la buena nueva.

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De la Tierra a la luna: la política de Biden hacia China, condenada desde el principio

Desde el “giro a Asia” de Washington, es decir, la reversión de la política exterior estadounidense que implicaba poner mayor énfasis en Oriente Medio, hay poca evidencia de que las políticas de enfrentamiento de Washington hayan debilitado la presencia, el comercio o la diplomacia de Beijing en el continente.

 

El tan esperado cambio en la política exterior estadounidense bajo el Gobierno de Biden sobre cómo contrarrestar el crecimiento económico y las ambiciones políticas sin obstáculos de China llegaron en forma de una cumbre virtual el 12 de marzo, conectando, aparte de a Estados Unidos, a India, Australia y Japón.

Aunque el llamado ‘Quad’ no reveló nada nuevo en su declaración conjunta, los líderes de estos cuatro países hablaron sobre la “histórica” reunión, descrita por la web de The Diplomat como “un importante hito en la evolución de la agrupación”.

En realidad, la declaración conjunta tiene poca sustancia y ciertamente nada nuevo respecto a un plan sobre cómo revertir –o siquiera ralentizar– los éxitos geopolíticos de Beijing, su creciente confianza militar y presencia en o alrededor de lugares globales estratégicos.

Durante años, el Quad ha estado ocupado formulando una estrategia unificada sobre China pero no ha conseguido elaborar nada con importancia práctica. Aparte de reuniones ‘históricas’, China es la única gran economía mundial de la que se predice que crezca de forma relevante este año y de forma inminente. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional muestran que se espera que la economía china se expanda un 8,1% en 2021 mientras que, por otro lado, según los datos de la Oficina de EEUU de Análisis Económico, el Producto Interior Bruto ha disminuido alrededor de un 3,5% en 2020.

El Quad –que significa Diálogo de Seguridad Cuadrilateral– comenzó en 2007, y revivió en 2017, con la obvia intención de rechazar el avance chino en todos los terrenos. Como la mayoría de las alianzas estadounidenses, el Quad es la manifestación de una alianza militar, concretamente los Ejercicios Navales Malabar. Estos últimos empezaron en 1992 y pronto se expandieron para incluir a los cuatro países.

Desde el “giro a Asia” de Washington, es decir, la reversión de la política exterior estadounidense que implicaba poner mayor énfasis en Oriente Medio, hay poca evidencia de que las políticas de enfrentamiento de Washington hayan debilitado la presencia, el comercio o la diplomacia de Beijing en el continente. Aparte de los encuentros entre las armadas estadounidenses y chinas en el mar del Sur de China, hay poco más de lo que informar.

Aunque mucha cobertura mediática se ha centrado en el giro estadounidense hacia Asia, poco se ha dicho sobre el giro chino hacia Oriente Medio, que ha sido mucho más éxito como proyecto económico y político que el giro geoestratégico estadounidense.

El cambio sísmico de EEUU en sus prioridades de política exterior proviene de su fracaso para traducir la guerra e invasión de Iraq de 2003 en un éxito geoeconómico descifrable como resultado de hacerse con la riqueza petrolera iraquí –las segundas mayores reservas de petróleo del mundo. La estrategia de EEUU demostró ser un completo error.

En un artículo publicado en el Financial Times en septiembre de 2020, Jamil Anderlini plantea una cuestión fascinante. “Si el petróleo y la influencia fueran los premios, entonces parece que China, no Estados Unidos, ha ganado en última instancia la guerra de Iraq y sus secuelas –sin siquiera pegar un tiro”, escribió.

No sólo es ahora China el mayor socio comercial de Iraq, sino que la enorme influencia económica y política de Beijing en Oriente Medio es un triunfo. China es ahora, según el Financial Times, el mayor inversor extranjero en Oriente Medio y un socio estratégico de todos los Estados del Golfo –salvo Bahrein. Comparemos esto con la confusa agenda de política exterior de Washington en la región, su indecisión sin precedentes, ausencia de una doctrina política definible y la sistemática ruptura de sus alianzas regionales.

Este paradigma se vuelve más claro y convincente cuando se entiende a escala global. Para finales de 2019, China se convirtió en el líder mundial en términos de diplomacia, al presumir entonces de 276 representaciones diplomáticas, muchos de los cuales son consulados. A diferencia de las embajadas, los consulados juegan un papel más importante en términos de intercambios comerciales y económicos. Según las cifras de 2019 que se publicaron en la revista Foreign Affairs, China tiene 96 consulados en comparación con los 88 de EEUU. Hasta 2012, China se quedaba atrás de la representación diplomática de Washington, concretamente por 23 representaciones.

Donde sea que China esté presente diplomáticamente, lo que sigue es el desarrollo económico. A diferencia de la inconexa estrategia global de EE UU, las ambiciones globales de China se articulan mediante una enorme red, conocida como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que se estima en billones de dólares. Cuando se complete, se prevé que la Iniciativa unifique a más de 60 países alrededor de estrategias económicas y rutas comerciales lideradas por los chinos. Para que esto se materialice, China se movió rápido para establecer una mayor proximidad física a las rutas marítimas más estratégicas del mundo, invirtiendo fuertemente en algunas y, como en el caso del Estrecho de Al-Mandab, estableciendo su primera base militar de ultramar en Yibuti, situada en el Cuerno de África.

En un momento en que la economía estadounidense se está contrayendo y sus aliados europeos están políticamente fracturados, es difícil imaginar que algún plan estadounidense contrarrestando la influencia de China, ya sea en Oriente Medio, Asia u otro sitio, tenga mucho éxito.

El mayor obstáculo para la estrategia china de Washington es que nunca puede darse un resultado en el que EE UU consiga una victoria clara y precisa. Económicamente, ahora China está liderando el crecimiento global, equilibrando así la crisis estadounidense e internacional como resultado de la pandemia de covid-19. Dañar económicamente a China también debilitaría a EE UU, así como a los mercados globales.

Lo mismo ocurre política y estratégicamente. En el caso de Oriente Medio, el giro hacia Asia ha resultado contraproducente en múltiples frentes. Por un lado, no registró ningún éxito palpable en Asia mientras que, por otro lado, creó un enorme vacío para que China reenfocara su propia estrategia en Oriente Medio.

Algunos argumentan equivocadamente que toda la estrategia política de China se basa en su deseo de simplemente “hacer negocio”. Aunque el dominio económico es históricamente el principal motor de toda superpotencia, la búsqueda de la supremacía global de Beijing apenas se reduce a las finanzas. En muchos frentes, o China ya ha tomado la delantera o se está acercando a hacerlo. Por ejemplo, el 9 de marzo China y Rusia firmaron un acuerdo para construir la Estación de Investigación Lunar Internacional (ILRS, por sus siglas en inglés). Teniendo en consideración el largo legado ruso en la exploración del espacio y los recientes logros de China en el campo –incluyendo el primer aterrizaje de la historia de una nave en el área lunar del Polo Sur-Cuenca Aitken–, se prevé que ambos países tomen la delantera en la resurrecta carrera espacial.

Ciertamente, la cumbre del Quad liderado por EEUU ni fue histórica ni fue un punto de inflexión, ya que todos los indicadores muestran que el liderazgo global chino seguirá sin obstáculos, un acontecimiento relevante que ya está reordenando los paradigmas geopolíticos mundiales que han estado en funcionamiento durante más de un siglo.

Por Ramzy Baroud

Traducido por Eduardo Pérez

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Acuerdo estratégico de China e Irán por 25 (sic) años: Ruta de la Seda vs. el Gran Reset

La tercera semana de marzo se convulsionó la "estabilidad estratégica" de EU/Rusia/China (https://bit.ly/2NXhFLI), cuyas reverberaciones prosiguen con jugadas contraofensivas de los actores:

  1. Trascendental visita del canciller Lavrov a su homólogo chino Wang Yi en Beijing para profundizar la "asociación estratégica" de ambos países (https://bit.ly/3u6oqKR); 2. Entrevista virtual del presidente Biden, quien sufre los embates de una grave crisis migratoria en su transfrontera sureña (https://bit.ly/2PDPz8H), con el premier británico Boris Johnson con el fin de proyectar una alternativa a la creativa "Ruta de la Seda" de China (https://bit.ly/39CRX79), y 3. Notable acuerdo de Irán y China por 25 años, durante la gira del canciller chino Yi a seis países del Gran Medio Oriente: Turquía, Irán y varias petromonarquías árabes del Golfo Pérsico.

Hace ya casi nueve meses adelanté el "pacto secreto" de 25 años entre Irán y China contra EU con la bendición de Rusia (https://bit.ly/2Py9Ahd), que finalmente fue concretado durante la reciente visita de dos días del canciller chino Yi a Irán.

Después de haber visitado Turquía –de enorme influencia en las poblaciones centroasiáticas de origen mongol, en particular en la provincia autónoma de Xinjiang, en China, que ahora usan Biden y sus aliados para golpear a Beijing– el canciller chino Yi (https://bit.ly/31nTCsH) concretó el notable acuerdo de 25 años con Irán (https://bit.ly/3ruiTfk).

El presidente iraní Hasan Rohani, quien enfrenta relevantes elecciones, volvió a ofrecer la "Iniciativa de Paz de Ormuz" para mantener la paz en el candente golfo Pérsico (https://bit.ly/39ivE6w).

El pacto sino-persa valió la fijación de Reuters y del periódico israelí Haaretz, que "incluye inversiones chinas en los sectores de infraestructura y energía de Irán", pese a que ambos países padecen las sanciones de EU, igual con republicanos que con demócratas (https://bit.ly/2NXMT5p).

¿Cuántos países en el mundo sufren las sanciones de EU que han hecho de éstas una de sus principales armas disuasivas?

La importancia geoestratégica de Irán radica en que constituye un eslabón fundamental de una de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2PuFwCZ) que patrocina China, mientras Biden procura regresar al acuerdo del contencioso nuclear iraní del formato “5+1 (http://bit.ly/2NWJhj0

Detrás de la vibrante entrevista de Yi al rotativo saudita Al Arabya se insinúa la “cooperación con 19 (sic) países del Medio Oriente sobre la Ruta de la Seda (https://bit.ly/3cvmLsi)” cuando la muy pragmática diplomacia china opera creativamente con turcos, persas, árabes y hasta israelíes (https://bit.ly/2RdRAUY) con el fin de conectar los nodos de dos de las tres Rutas de la Seda (la continental y la marítima).

El muy influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), con sede en Nueva York, ha entrado en pánico con las tres Rutas de la Seda chinas que busca descarrilar por todos los medios: desde Xinjiang, pasando por el Medio Oriente, hasta una de sus terminales en Alemania, en el mar Báltico (https://on.cfr.org/39lFgNC).

En esta delicada coyuntura de reajustes de EU/Rusia/China, impactó la salida simultánea a la superficie de tres (sic) submarinos nucleares rusos en el Ártico –una de las tres Rutas de la Seda: maniobra que fue catalogada por el Ministerio de Defensa ruso como la "primera" en la historia de los ejercicios navales (https://bit.ly/3fjYUNT), mientras el zar Vlady Putin se encuentra de "vacaciones (sic)" en la taiga acompañado de su ministro de Defensa, Sergey Shoygu (https://bit.ly/3dbMbKn).

Si por sus documentos (como el del CFR) y sus actos (como la entrevista entre Biden y el premier británico Boris Johnson) los juzgaréis, pues pareciera que las tres Rutas de la Seda –continental/marítima/Ártico– han puesto a la defensiva geopolítica a la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña, que ha optado como contraofensiva balcanizadora a su muy polémico "Gran Reset" globalista del Foro Económico Mundial de Davos del dúo Soros/Klaus Schwab (https://bit.ly/39n2YJr)”.

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Foto de archivo (09/01/2018) de civiles y voluntarios de la Defensa Civil Siria mientras buscan supervivientes después de que varios ataques aéreos en Hamoria, al-Ghouta (Siria). — MOHAMMED BADRA / EFE

La atroz guerra que desde el marzo de 2011 está devastando Siria lleva el sello de dos acontecimientos que sucedieron de forma simultánea:

  • El estallido de las protestas ciudadanas contra la dictadura de la familia Assad y sus políticas de reajustes neoliberales que llevaron a la ruina a millones de trabajadores y pequeños empresarios. Esta rebelión fue aplastada con tanques y fuego real por orden del presidente Bashar al-Assad alejándole aun más de los ciudadanos.
  • El proyecto de EEUU-Israel para reconfigurar el mapa de Oriente Próximo, con el objetivo de convertir estados estratégicos en estados ‘fallidos' y así controlar (con tranquilidad), una región cuya importancia radica en dos puntos: ser la primera reserva mundial de hidrocarburos y una zona próxima a China y Rusia.
  • Con este fin:
  1. en 2002, George Bush incluye a Siria en su lista de ‘eje del mal’, y
  2. en enero de 2011 EEUU traslada a su embajador en Bagdad, Robert Ford, a Damasco, fecha que empiezan los atentados y la guerra en el suelo sirio. Ford junto con John Negroponte (el jefe de los escuadrones de la muerte en Centroamérica) son creadores de los escuadrones chiitas y sunnitas en Irak. Curiosamente, dos años después este bombero pirómano será nombrado embajador en El Cairo para respaldar a la Hermandad Musulmana, y secuestrar la Primavera Árabe egipcia, como otra pieza para recomponer el nuevo rompecabezas de Oriente Próximo a la medida de los intereses de EEUU, en sustitución del que fue diseñado por Gran Bretaña y Francia en 1918.

Desde 2011, en una década de horror, han muerto en Siria al menos 400.000 civiles, la mitad de la población ha sido desplazada, tres millones siguen atrapados en zonas de guerra como Idlib, decenas de miles de niñas y mujeres han sido violadas y, no pocas, asesinadas. La economía, el sistema productivo y las infraestructuras han sido destruidas, el 83% de los sirios vive por debajo del umbral de la pobreza y el 60% pasa hambre debido a la inflación y el desempleo. La esperanza de vida ha caído unos 13 años hasta colocar a esta nación en el puesto 125 del ranking mundial (2016) y medio millón de menores de cinco años malnutridos sufren retraso en el crecimiento. Mientras tanto, EEUU ha endurecido las sanciones económicas sobre Siria… a eso se llama ‘guerra genocida’.

Por si fuera poco, la pandemia de la covid-19 se expande en un país con hospitales bombardeados y sin apenas red sanitaria: hasta Bashar al-Assad y su esposa Asma han sido contagiados, aunque ellos sí tienen acceso a servicios de salud.

Baile de ganadores sobre los escombros

  1. La guerra empezó para consolidar y ampliar el poder de Israel sobre la región, siendo éste el primero de los otros 12 objetivos de la contienda, mediante 1) deshacer el llamado Eje de la Resistencia, formado por Irán, Siria, Hizbolá y Hamas; 2) aislar y debilitar a Irán, entonces el principal rival de Israel en la región (ahora es Turquía); 3) el acceso a Israel a la totalidad de las reservas de petróleo y gas del Mediterráneo oriental, que también pertenecen a Gaza, Siria y Líbano; 4) lograr que los jeques árabes se sumaran al Gobierno de Tel Aviv contra el enemigo común: los ayatolás, y 5) dar una solución final a la ‘cuestión palestina’.

Después de reducir a cenizas y escombros a Irak y Libia, y paralizar el desarrollo de Irán mediante prolongadas sanciones económicas, la desgarrada Siria dejaría de ser un espacio estratégico donde cuestionar la hegemonía regional de Israel, el único poseedor de armas de destrucción masiva. En esta conjura contra Siria, Israel ha estado del lado del Estado Islámico.

  1. EEUU ha conseguido, por primera vez, instalar bases militares en este país de Eurasia y apoderarse del petróleo y gas sirios, además de ‘legitimar’ el dominio de Israel sobre los Altos de Golán. Pero, Washington ignora la lógica de los vasos comunicantes.
  2. Rusia, al proporcionar ayudas tácticas a Al Assad, ha conseguido objetivos estratégicos y, lo más importante, ha puesto fin a la hegemonía unilateral de EEUU, imponiendo, junto a China, un nuevo orden mundial multipolar. Desde Siria, el 'camarada Putin' pudo dar forma a su doctrina , con la restauración del poder de Rusia en los conflictos internacionales que le ha permitido transitar de una ‘potencia regional’ a ‘mundial’. El Kremlin ha tenido contrato de alquiler de la base de Tartus por otros 49 años y se hizo con otra en Hameimim. Aplicar las Enseñanzas de Primakov para un orden ‘post-occidental’ ha sido una de las claves de este éxito.


Grandes perdedores

Bashar al-Assad: Los planes para el presidente sirio de la Casa Blanca (experta en derrocar y asesinar a mandatarios de otros países) cambiaron varias veces. El primero fue acabar con él, como hizo con Sadam Husein, Slobodan Milošević o el coronel Gadafi. Pero Barack Obama se negó por tres motivos:

  1. a) Su prioridad fue firmar con Irán un acuerdo nuclear para evitar que este país usara la temida bomba;
  2. b) No consiguió una alternativa viable a Al-Assad;
  3. c) Era más beneficioso para EEUU e Israel mantener al presidente sirio en el poder que eliminarlo, la misma táctica que se usó con Saddam Husein entre 1991 y 2003.

De esta manera, EEUU no sólo dividía a los actores del conflicto en los ‘pro-Assad’ y los ‘anti-Assad’ (mezclando a millones de ciudadanos críticos al régimen con terroristas exportados y creando un pantano para defensores y opositores), sino que también prolongó la destrucción social y material de Siria hasta lograr que este país fuera incapaz de levantar cabeza en décadas, cuando el problema era, y sigue siendo, el sistema capitalista-dictatorial- tribal-sectario en sí mismo, y no su representante.

La Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de 2015 (firmada también por China y Rusia) estipulaba la celebración de elecciones parlamentarias en Siria bajo la supervisión de la ONU antes de junio de 2021, pero EEUU ha desacreditado desde el primer momento este proceso. Teniendo en cuenta que sin un acuerdo entre Biden y Putin no habrá estabilidad en Siria, y que Biden ha llamado "asesino" al presidente ruso, todo apunta a una guerra sin fin, mediante el envío de otros miles de terroristas (desde los campamentos de Jordania) para terminar la balcanización de Siria y establecer una nueva arquitectura de seguridad en Oriente Próximo ‘made in USA’.

El representante especial de EEUU para Siria, James Jeffrey, propone una partición camuflada del país: dejar que Al-Assad gobierne una autonomía alauita en Damasco, que Turquía administre el norte a cambio de consentir una autonomía kurda al este del Éufrates (no significa un Estado kurdo), y que el resto quede bajo dominio de EEUU y sus aliados árabes. Esta misma idea ha sido atribuida al jefe del llamado Consejo Militar Sirio, el general Manaf Tlass, instalado en París y quien al parecer ha viajado a Rusia para negociar un proceso electoral que ponga fin al régimen presidencial actual, y otorgar a Al-Assad el cargo de ‘presidente honorífico’ de un estado federal.

Pero los Países Bajos pretenden llevar al presidente sirio Al-Assad ante un tribunal internacional bajo la acusación de violaciones de derechos humanos. Hubiera sido buena idea, si tuvieran autoridad moral, celebrar un juicio justo contra él, pero también contra EEUU y sus aliados por crear cárceles secretas, secuestrar, torturar y asesinar a ciudadanos de otras naciones o hacer guerras ilegales con el resultado de miles de civiles muertos.

Irán: La salida de Al-Assad del poder pondría fin a las pocas opciones que tiene la República Islámica de mantener alguna influencia en Siria, para meter el dedo en el ojo de Israel. Hafez al-Assad, padre del actual presidente, se unió a los ayatolás en 1980 para luchar juntos contra dos enemigos comunes: Saddam Husein y Yaser Arafat. Pero, a pesar de gastar entre 20 y 30 mil millones de dólares en la guerra de Siria (datos de Heshmat Falahat, miembro de la Comisión de Exteriores del Parlamento iraní) y de perder a cientos de hombres y numerosos comandantes, Teherán no ha alcanzado sus dos propósitos: a) Disuadir a Israel en sus ataques a Irán y asesinar a sus dirigentes; y b) devolver Jerusalén al islam. Y ahora, que empieza el reparto de Siria, todos los actores -a pesar de sus antagonismos- coinciden en un punto: Irán debe marcharse; y ésta es la principal condición que ponen las petromonarquías de Golfo Pérsico para invertir en la reconstrucción de devastada nación. El ataque estadounidense del 25 de febrero a las posiciones de Irán en Siria, con el que Joe Biden se estrenó, indica que el nuevo residente de la Casa Blanca aplicará la política de mano dura contra la República Islámica en Irán, Siria y Líbano.

Turquía: ha instalado una base militar en Idlib, y es poco probable que desaloje esta provincia. Hubiera sido una gran ganancia si no fuera por la ruina económica que ha supuesto la guerra para las arcas públicas de Ankara o porque los grupos terroristas a los que ha patrocinado en Siria ya cuentan con base (autónoma) en suelo turco. Recep Tayyip Erdoğan no logró que la OTAN derrocara a Al-Assad (la muerte del pequeño Alan Kurdi fue su último intento), y ahora tendría que aguantar un enclave kurdo en Siria.

¿Por qué la guerra se ha alargado tantos años?

  • ‘No hay más de cinco notas musicales, sin embargo, sus diferentes combinaciones pueden crear melodías únicas’, decía Sun Tzui. Los cambios de alianza entre los actores de esta guerra han impedido crear bloques antagónicos (como los que se formaban durante la Guerra Fría). Turquía, por ejemplo, se unió a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos para desalojar a Al-Assad del poder, pero los abandonó para acercarse a Rusia, mientras se suicidaba en tierras sirias.
  • Los actores no han conseguido ni imponer su voluntad a los demás ni establecer un orden consensuado.
  • La ausencia de una alineación completa entre los intereses de los países aliados, como Irán y Rusia. Que Israel haya podido lanzar unos 200 ataques mortales sobre los grupos patrocinados por Teherán en Siria, estando el cielo del país bajo el control ruso, ha mosqueado bastante a los ayatolás.
  • La cuestión kurda es un gran pretexto para llevar la guerra a un callejón sin salida. Los kurdos empezaron a luchar contra Al-Assad, bajo el favor de EEUU, pero tuvieron que pedir ayuda a Damasco cuando Donald Trump les abandonó invitando a su ‘amigo’ Erdogan a que diese un paseo con sus tanques por el norte de Siria matando kurdos. La única solución en estas circunstancias es que las minorías étnicas gocen de autonomía dentro de un sistema federal en los estados donde habitan.
  • Por ser un gran mercado de armas: la CIA ha transferido todo tipo de artefactos a los ‘rebeldes’ sirios por un valor de mil millones de dólares. Otros proveedores de los grupos terroristas han sido Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Croacia, Israel y Jordania. Por su parte, Rusia, no sólo aumentó la venta de sus armas al gobierno de Al-Assad sino también consiguió un nuevo cliente, Turquía, el socio de la OTAN, provocando un profundo conflicto en el seno de la Alianza.
  • La ausencia de un movimiento internacional contra las guerras, sin duda, es otro motivo de la continuidad de la tragedia de la nación siria.

De los 20 propósitos iniciales que tuvo Kremlin en su intervención en Siria, ha conseguido renovar el contrato de alquiler de la base de Tartus por otros 49 años, y hacerse con otra en Hameimim. Aplicar las Enseñanzas de Primakov para un orden "post-occidental" ha sido una de las calves de este éxito.

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Imagen promocional del antiviral de AstraZeneca, en retrato de noviembre pasado.Foto Afp

AstraZeneca sufre otro descalabro en EU debido a la presentación "caduca" de sus datos (http://wapo.st/3f5hWrj) –y eso que no ha recibido la expedita "aprobación de emergencia" en la fase 3 muy laxa de la FDA que favorece a sus tres vacunas Pfizer/Moderna/Johnson&Johnson–, cuando también se libra otra batalla logística entre Gran Bretaña y la Unión Europea ( FT, 22/3/21), sin contar que una encuesta de YouGov "exhibe que la mayoría de los ciudadanos en Francia, Alemania, Italia y España piensan ahora que la vacuna AstraZeneca es muy insegura" (http://bit.ly/3ccUwOD). ¿Cómo ocultar sus trombosis?

En forma aterradora, The Washington Post dio vuelo a la antihumana confesión del Departamento de Salud y Servicios Humanos (sic) –HHS, por sus siglas en inglés–, de EU de que sus funcionarios presionaron a Brasil para rechazar la vacuna rusa Sputnik V (http://wapo.st/3sl518k).

En la pagina 48 de su reporte anual de 72 paginas, el HHS alardea "combatir las influencias malignas (sic) en las Américas" (https://bit.ly/3vSLrm3): La “OGA (Office of Global Affairs, Oficina de Asuntos Globales: http://bit.ly/2NJPD6j) usó sus relaciones diplomáticas (¡megasic!) en la región de las Américas para mitigar los esfuerzos de los estados, incluyendo Cuba, Venezuela y Rusia, que trabajan para incrementar su influencia en la región en detrimento de la seguridad y protección de EU”. ¡Para quienes dudan de la guerra geopolítica de las vacunas de carácter tripolar!

El HSS expone que la "OGA se coordinó con las otras agencias del gobierno de EU para fortalecer los lazos diplomáticos y ofrecer ayuda humanitaria (sic) y técnica con el fin de disuadir a los países en la región (sic) de aceptar ayuda de estos estados mal intencionados (sic)". Confiesa sin tapujos que "el funcionario agregado (attaché) de la salud en la OGA" fue requerido para “persuadir a Brasil a rechazar la vacuna rusa contra el Covid-19 ofreciendo la ayuda técnica de la CDC ( https://www.cdc.gov/) en lugar de la aceptación de Panamá de la oferta de médicos cubanos”.

Como que se tardaron casi tres meses en descubrir el reporte malévolo de EU, publicado en enero, que no perturbó a ningún "filántropo" de EU.

El ese sí "malévolo" boicot a la vacuna rusa por el gobierno de EU fue descubierto en un tuit oficial de la vacuna Sputnik V que colocó una foto de pantalla (https://bit.ly/3f85uHl) citando un reporte de Brazil Wire: "Washington presionó a Brasil para no comprar la maligna (sic) vacuna rusa" (http://bit.ly/2NJdJhw).

¿Cuáles habrán sido las presiones "diplomáticas" de EU en México?

Más que las consabidas presiones de la OGA del HHS, resulta más ultrajante que las autoridades sanitarias de Brasil –el país más grande, poblado y próspero de Latinoamérica– hayan sucumbido en forma ignominiosa.

Como era de esperarse también, la embajada de EU en Brasil, puesta en la picota y a la defensiva, publicó un inverosímil desmentido (https://bit.ly/3vRQByE), y The Washington Post considera que tal "respuesta no significa un desmentido total (sic)".

Un portavoz del hoy vilipendiado HHS realizó acrobacias retóricas para lavarse campantemente las manos.

Un día antes del inconcebible ­dicterio de Biden al zar Vlady Putin (https://bit.ly/2NLEe69) y tres días antes de los aparatosos tropiezos en la escalinata del Air Force One del presidente de EU (http://bit.ly/2NJuyJe), Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, ­comentó que la "presión de algunos países a ­rechazar la compra de la vacuna rusa Sputnik V ­contra el Covid-19 se encontraba a niveles sin ­precedente, pero que no tenía oportunidad de tener éxito" (http://reut.rs/3fgh7M6). El flagrante cuan inhumano boicot de EU contra Sputnik V cobra mayor relieve cuando Brasil sufre los embates de una nueva cepa del Covid-19 que ha llevado a cambiar tres ministros de Salud en tan solo un año (http://bit.ly/2QyESVD).

Cunde la geopolítica de las ­vacunas –corolario de la guerra tripolar entre EU, Rusia y China– que tiende a la balcanización regional de una inoculación que debiera ser, soñando un poco, plural/ecuménica/universal.

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