“Podía vivir con eso”: cómo la CIA hizo Afganistán seguro para el opio

La producción de opio en Afganistán aumentó espectacularmente al amparo de la política exterior de Estados Unidos, que se sustentó en el apoyo y la financiación a los grandes traficantes y productores de la región.

 

La primera imagen indeleble de la guerra en Afganistán para muchos estadounidenses fue probablemente la del periodista de la CBS Dan Rather, envuelto en las voluminosas ropas de un luchador muyahidín, con el aspecto de un pariente saludable de Lawrence de Arabia —aunque con pelo que parecía recién secado con secador, como algunos espectadores señalaron rápidamente—. Desde su ladera de montaña secreta “en algún lugar en el Hindu Kush”, Rather descargó sobre su público un cargamento de sinsentidos sobre el conflicto. Los soviéticos, confió Rather portentosamente, habían puesto un precio a su cabeza de “muchos miles de dólares”. Continuó: “Fue el mejor regalo que me podían haber dado. Y que mi cabeza tenga precio era un pequeño precio a pagar por las verdades que contamos sobre Afganistán”.

Cada una de estas observaciones resultaron completamente falsas. Rather describió al Gobierno de Hafizullah Amin como un “régimen marioneta instalado por Moscú en Kabul”. Pero Amin tenía vínculos más cercanos con la CIA que con el KGB. Rather llamó a los muyahidines “los luchadores por la libertad afganos… que participaban en una lucha a muerte profundamente patriótica por su hogar”. Los muyahidines apenas estaban luchando por la libertad, en cualquier sentido con el que Rather hubiera estado cómodo, sino más bien por imponer uno de los estilos de fundamentalismo islámico más represivos conocidos en el mundo, bárbaro, ignorante y notablemente cruel para las mujeres.

Era un “hecho”, anunció Rather, que los soviéticos habían usado armas químicas contra aldeanos afganos. Esta era una afirmación promovida por el Gobierno de Reagan, que hizo la acusación de que la extraordinariamente precisa cifra de 3.042 afganos habían muerto a causa de esta lluvia química amarilla, una sustancia que había conseguido gloriosas victorias propagandísticas en su manifestación en Laos unos años antes, cuando la lluvia amarilla resultó ser excrementos de abeja altamente cargados con polen. Como Frank Broadhead señaló en el London Guardian, “su composición: una parte excrementos de abeja, más muchas partes de desinformación del Departamento de Estado mezcladas con credulidad de los medios”.

Rather afirmó que los muyahidines tenían una escasez severa de equipamiento, haciéndolo lo mejor que podían con rifles kalashnikov tomados de soldados soviéticos muertos. De hecho, los muyahidines estaban extremadamente bien equipados, al ser los receptores de armas proporcionadas por la CIA en la guerra encubierta más cara que la Agencia había jamás montado. Llevaban armas soviéticas, pero llegaron por cortesía de la CIA. Rather también mostró imágenes periodísticas que, según él, eran bombarderos soviéticos ametrallando pueblos afganos indefensos. El “bombardero soviético” era en realidad un avión de la fuerza aérea paquistaní en una misión de entrenamiento sobre el noroeste de Pakistán.

CBS afirmó haber descubierto en áreas bombardeadas por los soviéticos animales rellenos de explosivos soviéticos, diseñados para hacer volar en pedazos a niños afganos. Estos juguetes trampa de hecho habían sido fabricados por los muyahidines con el único propósito de estafar a CBS News, como un entretenido artículo en el New York Post aclaró posteriormente.

Rather recorrió de forma heroica el camino hasta Yunas Khalis, descrito como el líder de los guerreros afganos. En tonos de admiración que normalmente reserva para huracanes en el Golfo de México, Rather recuerda en su libro La cámara nunca parpadea dos veces, “la creencia en que lo correcto crea el poder puede haber estado desvaneciéndose en otras partes del mundo. En Afganistán estaba sana y salva, y golpeando a los soviéticos”. Khalis era un despiadado carnicero, con sus tropas presumiendo con cariño de su matanza de 700 prisioneros de guerra. Pasó la mayor parte de su tiempo luchando, pero las guerras no eran principalmente con los soviéticos. En vez de eso, Khalis combatía contra otros grupos rebeldes afganos, siendo el objeto de los conflictos el control de los campos de amapola y las carreteras y senderos desde ellos a sus siete laboratorios de heroína cerca de su cuartel general en la ciudad de Ribat al Ali. El 60% de la cosecha de opio de Afganistán se cultivaba en el Valle de Helmand, con una infraestructura de irrigación garantizada por USAID.

En sus informes desde el frente Rather mencionaba el comercio local de opio, pero de una forma notablemente falsa. “Los afganos”, dijo, “habían convertido Darra en una ciudad en auge, vendiendo su opio de cultivo local a cambio de las mejores armas disponibles, y después regresando a luchar a Afganistán”.

Darra es una ciudad en el noroeste de Pakistán donde la CIA había instalando una fábrica para producir armas de estilo soviético que estaba repartiendo a todos los afganos que llegaban. La fábrica de armas estaba dirigida bajo contrato por la Dirección de Inteligencia Inter-Services de Pakistán. Gran parte del opio transportado en camiones a Darra desde Afganistán se vendía al gobernador paquistaní del territorio del noroeste, el teniente general Fazle Huq. Desde este opio la heroína se refinaba en laboratorios en Darra, se colocaba en camiones del Ejército paquistaní y se transportaba hasta Karachi, para después ser embarcada a Europa y Estados Unidos.

Rather menospreciaba la reacción del Gobierno de Carter al golpe respaldado por los soviéticos en 1979, con la acusación de que la respuesta de Carter había sido tibia y tardía. De hecho, el presidente Carter había reaccionado con una gama de movimientos que deberían haber causado envidia a los halcones de Reagan que, un par de años después, le estaban atacando por ser un cobarde de la Guerra Fría. Carter no sólo retiró a Estados Unidos de los Juegos Olímpicos de 1980, sino que cortó las ventas de cereales a la Unión Soviética, para gran angustia de los granjeros del medio oeste; detuvo el tratado SALT II; se comprometió a aumentar el presupuesto de defensa de EE UU en un 5% al año hasta que los soviéticos salieran de Afganistán; y reveló la doctrina Carter de contención en el sur de Asia, sobre la que el historiador de la CIA John Ranelagh dice que llevó a Carter a aprobar “más operaciones secretas de la CIA de lo que Reagan hizo más tarde”.

Carter confesó posteriormente en sus memorias que estuvo más agitado por la invasión de Afganistán que por cualquier otro acontecimiento de su presidencia, incluida la revolución iraní. La CIA convenció a Carter de que podía ser el comienzo de un impulso de los soviéticos hacia el Golfo Pérsico, un escenario que llevó a que el presidente seriamente considerara el uso de armas nucleares tácticas.

Tres semanas después de que los tanques soviéticos llegaran a Kabul, el secretario de Defensa de Carter, Harold Brown, estaba en Beijing, acordando una transferencia de armas de los chinos a las tropas afganas apoyadas por la CIA reunidas en Pakistán. Los chinos, a los que se compensó generosamente por el acuerdo, aceptaron e incluso consintieron en enviar consejeros militares. Brown consiguió un acuerdo similar con Egipto para comprar 15 millones de dólares en armas. “EE UU me contactó”, Anwar Sad recordaba poco antes de su asesinato. “Me dijeron: ‘Por favor abre tus almacenes para nosotros para que podamos dar a los afganos el armamento que necesitan para luchar’. Y les di el armamento. El transporte de armas a los afganos empezó desde El Cairo en aviones estadounidenses”.

Pero pocos en el Gobierno de Carter creían que los rebeldes tuvieran alguna posibilidad de derrotar a los soviéticos. Bajo la mayor parte de los escenarios, la guerra parecía destinada a ser una matanza, con civiles y rebeldes pagando un precio importante. El objetivo de la doctrina Carter era más cínica. Era desangrar a los soviéticos, con la esperanza de entramparles en un atolladero al estilo Vietnam. El alto nivel de bajas civiles no perturbó a los arquitectos de la intervención encubierta estadounidense. “Decidí que podía vivir con eso”, recordaba el director de la CIA de Carter, Stansfield Turner.

Antes de la invasión soviética, Afganistán apenas suponía un tema de interés para la prensa nacional, apareciendo en sólo un puñado de historias anuales. En diciembre de 1973, cuando la distensión estaba cerca de su cénit, el Wall Street Journal publicó una extraña historia en la portada sobre el país, titulada “¿Codician Afganistán los rusos? Si es así, es difícil figurarse por qué”. El reportero Peter Kann, que después se convertiría en presidente y editor de Journal, escribía que “los grandes estrategas del poder tienden a considerar Afganistán como una especie de eje sobre el que se mueve el equilibrio mundial de poder. Pero de cerca, Afganistán parece menos un eje, dominó o paso intermedio que una inmensa expansión de desierto baldío con unos pocos bazares llenos de moscas, un buen número de tribus enemistadas y mucha gente miserablemente pobre”.

Después de que la Unión Soviética lo invadiera, este páramo adquirió rápidamente el estatus de un precioso premio geopolítico. Un editorial del Journal tras la entrada soviética decía que Afganistán era “más serio que un mero paso intermedio” y, en respuesta, pedía el estacionamiento de tropas estadounidenses en Oriente Medio, el aumento de gastos militares, la expansión las operaciones encubiertas y el restablecimiento del servicio militar obligatorio. Drew Middleton, en aquel momento corresponsal del New York Times en el Departamento de Defensa, presentó un temible análisis post-invasión en enero de 1980: “La sabiduría convencional en el Pentágono”, escribió, “es que en términos puramente militares, los rusos están en una posición frente a Estados Unidos mucho mejor que como estaba Hitler contra Gran Bretaña y Francia en 1939”.

La máquina de agitprop del Pentágono y la CIA subió de marcha: el 3 de enero de 1980, George Wilson, del Washington Post, informó de que líderes militares esperaban que la invasión “ayudara a curar la resaca ‘nunca más’ de Vietnam del público estadounidense”. Newsweek dijo que el “impulso soviético” representaba “una severa amenaza” para los intereses de EE UU: “El control de Afganistán pondría a los rusos a 350 millas [563 km] del Mar Arábigo, el salvavidas petrolífero de Occidente y Japón. Los aviones de guerra soviéticos situados en Afganistán podrían cortar el salvavidas a voluntad”. The New York Times apoyó la petición de Carter de mayor gasto militar y defendió los programas de misiles Cruise y Tridente, “investigación más rápida sobre el MX o algún otro misil de tierra móvil”, y la creación de una fuerza de despliegue rápido para la intervención en el Tercer Mundo, llamando a esta última una “inversión en diplomacia”.

En resumen, Afganistán demostró ser una gloriosa campaña tanto para la CIA como para el Departamento de Defensa, una fulgurante ofensiva en la que olas de crédulos y sumisos periodistas fueron enviados para promulgar la grotesca proposición de que Estados Unidos estaba bajo amenaza militar. Para cuando Reagan tomó posesión, él y su director de la CIA William Casey recibieron apoyo para su propio plan afgano intensificado desde un origen improbable, el Congreso controlado por los demócratas, que estaba presionando para duplicar el gasto en la guerra. “Fue un beneficio imprevisto [para el Gobierno de Reagan]”, dijo un miembro del personal del Congreso al Washington Post. “Habían recibido tanta oposición a la acción encubierta en Centroamérica y aquí viene el Congreso a ayudar y a lanzarles dinero, y ellos dicen ‘¿Quiénes somos nosotros para decir que no?”.

Mientras la CIA aumentaba su respaldo a los muyahidines —el presupuesto de la CIA para Afganistán alcanzó finalmente los 3.200 millones de dólares, la operación secreta más cara de su historia—, un miembro de la Casa Blanca del Consejo Estratégico del presidente sobre Abuso de Drogas, David Musto, informó a la administración de que la decisión de armar a los muyahidines fallaría: “Dije al Consejo que estábamos yendo a Afganistán a apoyar a los cultivadores de opio en su rebelión contra los soviéticos. ¿No deberíamos intentar evitar lo que habíamos hecho en Laos? ¿No deberíamos intentar pagar a los cultivadores si erradican su producción de opio? Hubo silencio”.

Tras lanzar esta advertencia, Musto y un colega en el consejo, Joyce Lowinson, siguieron cuestionando la política de EE UU, pero vieron sus indagaciones bloqueadas por la CIA y el Departamento de Estado. Frustrados, recurrieron a la página de opinión del New York Times y escribieron, el 22 de mayo de 1980: “Nos preocupa el cultivo de opio en Afganistán o Pakistán por miembros de tribus rebeldes que aparentemente son los principales adversarios de las tropas soviéticas en Afganistán. ¿Nos estamos equivocando al hacer amistad con estas tribus igual que hicimos en Laos cuando Air America (fletada por la Agencia Central de Inteligencia) ayudó a transportar opio crudo desde ciertas zonas tribales?”. Pero Musto y Lowinson chocaron con el silencio de nuevo, no sólo de la administración sino de la prensa. Era una herejía cuestionar la intervención encubierta en Afganistán.

Más adelante en 1980, Hoag Levins, un escritor del Philadelphia Magazine, entrevistó a un hombre al que identificaba como un cargo de seguridad de “alto nivel” en el Departamento de Justicia del Gobierno de Carter y le citaba así: “Tienes al Gobierno caminando de puntillas alrededor de esto como si fuera una mina terrestre. El tema del opio y la heroína en Afganistán es explosivo… En el discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente mencionó el abuso de drogas pero fue muy cuidadoso en evitar mencionar Afganistán, aunque Afganistán es donde las cosas están pasando ahora… ¿Por qué no estamos adoptando una mirada más crítica hacia las armas que estamos enviando ahora a bandas de narcotraficantes que obviamente van a usarlas para aumentar la eficiencia de su operación de tráfico de drogas?”.

La DEA era bien consciente de que los rebeldes muyahidines estaban profundamente involucrados en el comercio de opio. Los informes de la agencia de drogas en 1980 muestran que las incursiones rebeldes afganas desde sus bases de Pakistán contra posiciones soviéticas estaban “en parte determinadas por la plantación de opio y las estaciones de cosecha”. Los números eran crudos e imponentes. La producción afgana de opio se triplicó entre 1979 y 1982. Había pruebas de que para 1981 los productores afganos de heroína se habían hecho con el 60% del mercado de la heroína en Europa occidental y Estados Unidos (éstas son cifras de la ONU y la DEA).

En 1971, en el momento álgido de la participación de la CIA en Laos, había alrededor de 500.000 adictos a la heroína en Estados Unidos. Para mediados y finales de los 70 este total había caído a 200.000. Pero en 1981 con la nueva afluencia de heroína afgana y los consiguientes bajos precios, la población adicta a la heroína aumentó hasta 450.000. En la ciudad de Nueva York, sólo en 1979 —el año en que empezó el flujo de armas a los muyahidines—, las muertes relacionadas con la heroína se incrementaron un 77%. Las únicas víctimas estadounidenses públicamente reconocidas en los campos de batalla afganos fueron algunos musulmanes negros que viajaron al Hindu Kush desde Estados Unidos para luchar en nombre del profeta. Pero las víctimas de la droga dentro de EE UU desde la guerra secreta de la CIA, particularmente en las ciudades del interior, se contaban por miles, además de la indecible desgracia y sufrimiento social.

Desde el siglo XVII las amapolas de opio han sido cultivadas en el así llamado Creciente Dorado, donde convergen las tierras altas de Afganistán, Pakistán e Irán. Durante casi cuatro siglos este era un mercado interno. Para la década de 1950 se producía muy poco opio tanto en Afganistán como en Pakistán, con quizás 2.500 acres bajo cultivo en estos dos países. Los fértiles campos de cultivo del valle de Helmand en Afganistán, para los 80 bajo intenso cultivo de amapola de opio, estaban cubiertos con viñedos, campos de trigo y plantaciones de algodón.

En Irán, la situación era claramente diferente a principios de los 50. El país, dominado por empresas petrolíferas y agencias de inteligencia británicas y estadounidenses, estaba produciendo 600 toneladas de opio al año y tenía 1,3 millones de adictos al opio, solo superado por China donde, en el mismo momento, los imperialistas occidentales del opio todavía dominaban. Entonces, en 1953, Mohammed Mossadegh, el equivalente nacionalista de Irán del chino Sun Yat-sen, ganó las elecciones e inmediatamente buscó suprimir el comercio de opio. En unas pocas semanas, el Secretario de Estado de EE UU John Foster Dulles estaba llamando loco a Mossadegh, y el hermano de Dulles, Allen, dirigente de la CIA, envió a Kermit Roosevelt para organizar un golpe contra él. En agosto de 1953 Mossadegh fue derribado, el shah fue instalado por la CIA, y los campos de petróleo y opio de Irán estaban de nuevo en manos amigas. La producción siguió inalterada hasta la toma del poder en 1979 del ayatolá Jomeini, punto en el cual Irán tenía un problema muy serio con el opio en términos de la adicción de su propia población. A diferencia de los caudillos muyahidines, el ayatolá era un constructivista estricto de la ley islámica en el tema de los intoxicantes: los adictos y los traficantes se enfrentaban a la pena de muerte. La producción de opio en Irán cayó drásticamente.

En Afganistán en los 50 y 60, el relativamente escaso comercio de opio estaba controlado por la familia real, encabezada por el rey Mohammed Zahir. Todos los grandes estados feudales tenían sus campos de opio, principalmente para satisfacer el consumo doméstico de la droga. En abril de 1978 un golpe populista derribó al régimen de Mohammed Daoud, que había formado una alianza con el shah de Irán. El shah había enviado dinero en dirección a Daoud —2.000 millones de dólares según un informe— y se trajo a la policía secreta iraní, el Savak, para entrenar a la fuerza de seguridad interna de Daoud. El nuevo Gobierno afgano estaba dirigido por Noor Mohammed Taraki. El Gobierno de Taraki hizo movimientos hacia la reforma agraria, por lo tanto un ataque contra los estados feudales cultivadores de opio. Taraki fue a la ONU, donde solicitó y recibió préstamos para sustitución de cosechas para los campos de amapolas.

Taraki también presionó con dureza contra la producción de opio en las zonas fronterizas dominadas por fundamentalistas, ya que éstos estaban utilizando los ingresos del opio para financiar ataques contra el Gobierno central afgano, al que veían como una encarnación malsana de la modernidad que permitía a las mujeres ir al colegio e ilegalizaba los matrimonios concertados y el precio de la novia.

Para la primavera de 1979 el protagonista de los héroes de Dan Rather, el muyahidín, también estaba empezando a surgir. The Washington Post informó que a los muyahidines les gustaba “torturar a sus víctimas primero cortando sus narices, orejas y genitales, después quitando un trozo de piel tras otro”. Durante ese año los muyahidines manifestaron particular animosidad hacia los occidentales, matando seis alemanes del oeste y un turista canadiense y golpeando con severidad a un agregado militar estadounidense. Es también irónico que en ese año los muyahidines estuvieran consiguiendo dinero no sólo de la CIA sino de Muamar el Gadafi de Libia, que les envió 250.000 dólares.

En el verano de 1979, más de seis meses antes de que los soviéticos entraran, el Departamento de Estado de EE UU produjo un memorándum que dejaba claro cómo veía las apuestas, sin importar lo moderno de mente que pudiera ser Taraki, o lo feudales que fueran los muyahidín: “El mayor interés de Estados Unidos… se vería satisfecho por la muerte del régimen Taraki-Amin, a pesar de cuales fueran los reveses que esto podría significar para futuras reformas sociales y económicas en Afganistán”. El informe continuaba: “El derrocamiento de la RDA [República Democrática de Afganistán] mostraría al resto del mundo, concretamente al Tercer Mundo, que la visión de los soviéticos del curso socialista de la historia como inevitable no es correcta”.

Muy presionado por las fuerzas conservadoras en Afganistán, Taraki apeló a los soviéticos en busca de ayuda, lo que declinaron en base a que eso era exactamente lo que sus mutuos enemigos estaban esperando.

En septiembre de 1979 Taraki fue asesinado en un golpe organizado por responsables militares afganos. Hafizullah Amin fue instalado como presidente. Tenía impecables credenciales occidentales, habiendo estado en la Universidad de Columbia de Nueva York y la Universidad de Wisconsin. Amin había sido presidente de la Asociación de Estudiantes Afganos, que había sido financiada por la Fundación Asia, un grupo intermediario, o fachada, de la CIA. Tras el golpe Amin empezó a encontrarse regularmente con responsables de la Embajada de EE UU en un momento en el que EE UU estaba armando a rebeldes islámicos en Pakistán. Temiendo a un régimen fundamentalista respaldado por EE UU presionando contra su propia frontera, la Unión Soviética invadió Afganistán por la fuerza el 27 de diciembre de 1979.

Después comenzó la expansión de la CIA iniciada por Carter que tanto preocupó al experto sobre drogas de la Casa Blanca David Musto. En una réplica de lo que ocurrió tras el golpe apoyado por la CIA en Irán, los estados feudales pronto volvieron a la producción de opio y el programa de sustitución de cosechas terminó.

Debido a que Pakistán tenía un programa nuclear, EE UU tenía una prohibición de ayuda exterior sobre el país. Pronto fue levantada a medida que el desarrollo de una guerra próxima en Afganistán se convertía en política prioritaria. De forma bastante rápida, sin ninguna desaceleración discernible en su programa nuclear, Pakistán se convirtió en el tercer mayor receptor de ayuda estadounidense a nivel mundial, justo detrás de Israel y Egipto. Las armas llegaban a Karachi desde EE UU y eran enviadas a Peshawar por la Célula Nacional de Logística, una unidad militar controlada por la policía secreta de Pakistán, el ISI. Desde Peshawar esas armas que no eran simplemente vendidas a todo tipo de clientes (los iraníes consiguieron 16 misiles Stinger, uno de los cuales fue utilizado contra un helicóptero de EE UU en el Golfo) eran repartidas por el ISI a las facciones afganas.

Aunque la prensa de EE UU, con Dan Rather en primer plano, retrataba a los muyahidín como una fuerza unificada de luchadores por la libertad, el hecho —nada sorprendente para cualquiera con idea de historia afgana— era que los muyahidin consistían en al menos siete facciones en guerra, todas combatiendo por territorio y control del comercio de opio. El ISI dio la mayor parte de las armas —según un cálculo el 60%— al fundamentalista particularmente fanático y enemigo de las mujeres Gulbuddin Hekmatyar, que hizo su debut público en la Universidad de Kabul matando a un estudiante izquierdista. En 1972 Hekmatyar voló a Pakistán, donde se convirtió en agente del ISI. Instó a sus seguidores a lanzar ácido a las caras de las mujeres que no llevaran velo, secuestró a líderes rivales y acumuló un arsenal nutrido por la CIA para el día en que los soviéticos se marcharan y la guerra por el dominio de Afganistán realmente estallara.

Uno de los principales rivales de Hekmatyar en los muyahidin, Mullah Nasim, controlaba los campos de amapolas de opio en el valle de Helmand, produciendo 260 toneladas de opio al año. Su hermano, Mohammed Rasul, defendía esta iniciativa agrícola afirmando: “Debemos cultivar y vender opio para luchar en nuestra guerra santa contra los no creyentes rusos”. A pesar de este pronunciamiento bien calculado, pasaban casi todo su tiempo luchando contra sus hermanos creyentes, utilizando las armas enviadas por la CIA para intentar conseguir la ventaja en estas luchas internas. En 1989 Hekmatyar lanzó un asalto contra Nassim, intentando hacerse con el control del valle de Helmand. Nassim luchó contra él, pero pocos meses después Hekmatyar maquinó con éxito el asesinato de Nassim cuando ostentaba el puesto de viceministro de Defensa en el Gobierno provisional afgano post-soviético. Hekmatyar ahora controlaba el opio que crecía en el valle de Helmand.

Los agentes estadounidenses de la DEA estaban totalmente informados del control de la droga por los muyahidin concertados con líderes de inteligencia y militares paquistaníes. En 1983 el enlace de la DEA con el Congreso, David Melocik, dijo a un comité del Congreso: “Puedes decir que los rebeldes hacen su dinero de la venta de opio. No hay ninguna duda sobre ello. Estos rebeldes mantienen su causa mediante la venta de opio”. Pero hablar sobre que “la causa” dependía de ventas de droga no tenía sentido en ese momento en concreto. La CIA estaba pagando por todo de todas maneras. Los ingresos del opio estaban acabando en cuentas offshore en el Banco Habib, uno de los mayores de Pakistán, y en las cuentas de BCCI, fundada por Agha Hasan Abedi, que empezó su carrera bancaria en Habib. La CIA estaba utilizando simultáneamente el BCCI para sus propias transacciones secretas.

La DEA tenía pruebas de que más de 40 organizaciones de heroína funcionaban en Pakistán a mediados de los 80 durante la guerra afgana, y había pruebas de más de 200 laboratorios de heroína funcionando en el noroeste de Pakistán. Aunque Islamabad alberga una de las mayores oficinas de la DEA en Asia, nunca se tomó ninguna acción por agentes de la DEA contra ninguna de estas operaciones. Como un responsable de Interpol dijo al periodista Lawrence Lifschultz, “es muy extraño que los estadounidenses, con el tamaño de sus recursos, y el poder político que tienen en Pakistán, no hayan conseguido romper un solo caso. No se puede encontrar la explicación en una falta de adecuado trabajo policial. Han tenido algunos hombres excelentes trabajando en Pakistán”. Pero trabajando en las mismas oficinas que esos agentes de la DEA estaban cinco responsables de la CIA que, así lo contó uno de los agentes de la DEA posteriormente al Washington Post, les ordenaron retirar sus operaciones en Afganistán y Pakistán durante la duración de la guerra.

Esos agentes de la DEA eran muy conscientes del perfil marchado por la droga de una compañía que la CIA estaba utilizando para suministrar efectivo a los muyahidines, de nombre Shakarchi Trading Company. Esta empresa de propiedad libanesa había sido objeto de una larga investigación de la DEA sobre lavado de dinero. Uno de los principales clientes de Shakarchi era Yasir Musullulu, quien en una ocasión había sido agarrado intentando entregar un cargamento de 8,5 toneladas de opio afgano a miembros del sindicato del crimen de Gambino en Nueva York. Un informe de la DEA apuntó que Shakarchi mezclaba “el dinero de los traficantes de heroína, morfina base y hachís con el de los joyeros que compran oro en el mercado negro de los traficantes de Oriente Medio”.

En mayo de 1984 el vicepresidente George Bush viajó a Pakistán para conferenciar con el general Zia al Huq y otros miembros de alto rango del régimen paquistaní. En ese momento, Bush era el dirigente del Sistema Nacional de Interdicción de Narcóticos en la Frontera. En esta última función, uno de los primeros movimientos de Bush fue expandir el papel de la CIA en operaciones de drogas. Dio a la Agencia la principal responsabilidad en el uso de, y el control sobre, los informadores de droga. El dirigente operativo de este grupo de trabajo era el almirante retirado Daniel J. Murphy.

Murphy impulsó el acceso a la inteligencia sobre organizaciones de droga pero se quejó de que la CIA siempre estaba dando largas. “No gané”, dijo más tarde al New York Times. “No conseguí tanta participación efectiva de la CIA como yo quería”. Otro miembro del grupo de trabajo lo dijo sin rodeos: “La CIA podría ser de valor, pero necesitas un cambio de valores y actitud. No sé de una sola cosa que jamás nos hayan dado que fuera útil”.

Bush ciertamente sabía bien que Pakistán se había convertido en el origen de la mayoría de la heroína de alta calidad que entraba en Europa occidental y Estados Unidos y que los generales con los que estaba tratando estaban profundamente involucrados en el comercio de drogas. Pero el vicepresidente, quien proclamó más tarde que “nunca negociaré con traficantes de droga en EE UU o en suelo extranjero”, utilizó su viaje a Pakistán para alabar el régimen de Zia por su inquebrantable apoyo a la Guerra contra las Drogas. (Entre estas excursiones retóricas encontró tiempo, hay que decir, para extraer de Zia un contrato para comprar 40 millones de dólares en turbinas de gas fabricadas por General Electric).

Como era predecible, durante los 80 los gobiernos de Reagan y Bush hicieron todo lo posible por cargar la culpa del auge en la producción de heroína paquistaní sobre los generales soviéticos en Kabul. “El régimen mantiene una absoluta indiferencia ante cualquier medida para controlar la amapola”, declaró el fiscal general de Reagan, Edwin Meese, durante una visita a Islamabad en marzo de 1986. “Creemos firmemente que en realidad hay estímulo, al menos tácitamente, sobre la creciente amapola de opio”.

Meese sabía del tema. Su propio Departamento de Justicia había estado rastreando la importación de drogas desde Pakistán desde al menos 1982 y era muy consciente de que el comercio estaba controlado por rebeldes afganos y el Ejército paquistaní. Pocos meses después de un discurso de Meese en Pakistán, la Oficina de Aduanas de EE UU detuvo a un hombre paquistaní llamado Abdul Wali mientras intentaba descargar más de una tonelada de hachís y una cantidad más pequeña de heroína en Estados Unidos en Port Newark (New Jersey). El Departamento de Justicia informó a la prensa de que Wali dirigía una organización de 50.000 miembros en el noroeste de Pakistán, pero la vicefiscal general Claudia Flynn se negó a revelar la identidad del grupo. Otro responsable federal dijo a Associated Press que Wali era un líder de los muyahidin.

También era conocido para los responsables de EE UU que personas con estrechas relaciones con el presidente Zia estaban haciendo fortunas con el comercio de opio. La palabra “fortuna” aquí no es ninguna exageración, ya que uno de estos asociados de ZIA tenía 3.000 millones de dólares en sus cuentas de BCCI. En 1983, un año antes de la visita de George Bush a Pakistán, uno de los médicos del presidente Zia, un herbalista japonés llamado Hisayoshi Maruyama fue arrestado en Ámsterdam empaquetando 17,5 kilos de heroína de alta calidad producida en Pakistán con opio afgano. En el momento de su arresto estaba disfrazado de boy scout.

Interrogado por agentes de la DEA tras su arresto, Maruyama dijo que él sólo era un correo para Mirza Iqbal Baig, un hombre a quien los agentes de aduanas describían como “el traficante de droga más activo en el país”. Baig tenía estrechas relaciones con la familia Zia y otros altos oficiales del Gobierno. Había sido dos veces objetivo de la DEA, a cuyos agentes se les dijo que no realizaran investigaciones sobre él debido a sus vínculos con el Gobierno de Zia. Un importante abogado paquistaní, Said Sani Ahmed, contó a la BBC que éste era el procedimiento estándar en Pakistán: “Podemos tener pruebas contra una individuo concreto, pero aun así nuestras agencias de seguridad no pueden poner las manos encima de gente así, porque sus superiores les prohíben actuar. Los verdaderos culpables tienen suficiente dinero y recursos. Francamente, están disfrutando de algún tipo de inmunidad”.

Baig era uno de los magnates de la ciudad paquistaní de Lahore, dueño de cines, centros comerciales, fábricas y una planta textil. No fue procesado por cargos de drogas hasta 1992, tras la caída del régimen de Zia, cuando un tribunal federal estadounidense de Brooklyn le procesó por tráfico de heroína. EE UU finalmente ejerció la suficiente presión sobre Pakistán como para arrestarle en 1993; en la primavera de 1998 estaba en la cárcel en Pakistán.

Uno de los socios de Baig (como describió Newsweek) en sus negocios con la droga era Haji Ayub Afrid, un aliado cercano del presidente Zia, que había formado parte de la Asamblea General Paquistaní. Afridi vive a 35 millas [56 km.] de Peshawar en un gran complejo sellado por muros de seis metros de alto con alambre de concertina en la parte de arriba y con defensas que incluyen una batería antiaérea y un ejército privado de hombres de su tribu. Se decía que Afridi estaba a cargo de comprar opio crudo de los señores de la droga afganos, mientras Baig cuidaba de la logística y el envío a Europa y los Estados Unidos. En 1993 presuntamente ofreció dinero para acabar con la vida de un agente de la DEA que trabajaba en Pakistán.

Otro caso próximo al Gobierno de Zia implicó el arresto por cargos de droga de Hamid Hasnain, el vicepresidente de la mayor entidad financiera de Pakistán, el Banco Habib. El arresto de Hasnain se convirtió en la pieza central de un escándalo conocido como el “asunto de la Liga Paquistaní”. La banda de narcotraficantes fue investigada por un tenaz investigador noruego llamado Olyvind Olsen. El 13 de diciembre de 1983 la policía noruega requisó 3,5 kilos de heroína en el aeropuerto de Oslo en el equipaje de un paquistaní llamado Raza Qureishi. A cambio de una sentencia reducida Qureishi aceptó dar los nombres de sus suministradores a Olsen, el investigador de narcóticos. Poco después de su entrevista con Qureishi, Olsen voló a Islamabad para destapar a los otros miembros de la organización de heroína. Durante más de un año Olsen presionó a la Agencia de Investigación Federal (AIF) de Pakistán para arrestar a los tres hombres que Qureishi había señalado: Tahir Butt, Munawaar Hussain y Hasnain. Todos eran asociados de Baig y Zia. No fue hasta que Olsen amenazó con condenar públicamente el comportamiento de la AIF que la Agencia realizó alguna acción: finalmente, el 25 de octubre de 1985 la AIF arrestó a los tres hombres. Cuando los agentes paquistaníes atraparon a Hasnain fueron asaltados por un aluvión de amenazas. Hasnain habló de “terribles consecuencias” y afirmó ser “como un hijo” para el presidente Zia. Dentro del maletín de Hasnain los agentes de la AIF descubrieron registros de las extensas cuentas bancarias del presidente Zia además de las de la esposa e hija de Zia.

Inmediatamente después de conocer el arresto de Hasnain, la esposa de Zia, que estaba en Egipto en ese momento, telefoneó al jefe de la AIF. La mujer del presidente demandó imperiosamente la liberación del “banquero personal” de su familia. Resultó que Hasnain no sólo atendía los asuntos financieros secretos de la familia presidencial, sino también de los altos generales paquistaníes, que estaban robando dinero de las importaciones de armas de la CIA y haciendo millones del tráfico de opio. Pocos días después de la llamada de su esposa, el presidente Zia mismo estaba al teléfono con la AIF, exigiendo que los investigadores explicaran las circunstancias respecto al arresto de Hasnain. Zia pronto consiguió que Hasnain saliera bajo fianza a espera de juicio. Cuando Qureishi, el correo, subió al estrado para testificar contra Hasnain, el banquero y su coacusado pronunciaron amenazas de muerte contra el testigo en pleno juicio, suscitando una protesta del investigador noruego, que amenazó con retirarse de los procedimientos.

En última instancia el juez del caso tomó medidas, revocando la fianza de Hasnain y dándole una dura condena a prisión tras su condena. Pero Hasnain era sólo un pez relativamente pequeño que fue a la cárcel mientras generales culpables salieron libres. “Se le ha convertido en un cabeza de turco”, dijo Munir Bhatti al periodista Lawrence Lifschultz: “La CIA estropeó el caso. Las pruebas estaban distorsionadas. No hubo justificación para dejar escapar a los culpables reales que incluyen importantes personalidades en este país. Había pruebas en este caso que identificaban a esas personas”.

Esos eran los hombres a quienes la CIA estaba pagando 3.200 millones de dólares al año para dirigir la guerra afgana, y no hay persona que mejor personifique esta relación que el teniente general Fazle Huq, quien supervisó operaciones militares en el noroeste de Pakistán para el general Zia, incluyendo el armamento de los muyahidin que estaban utilizando la región como una base para sus ataques. Fue Huq quien se aseguró de que su aliado Hekmatyar recibió el grueso de los envíos de armas de la CIA, y también fue Huq quien supervisó y protegió las operaciones de los 200 laboratorios de heroína dentro de su jurisdicción. Huq había sido identificado en 1982 por la Interpol como un jugador clave en el comercio de opio afgano-paquistaní. Los líderes de la oposición paquistaní se refirieron a Huq como el Noriega paquistaní. Había sido protegido de investigaciones sobre droga por Zia y la CIA y posteriormente presumió de que con esas conexiones podía escapar “de cualquier cosa”.

Como otros narco-generales en el régimen de Zia, Huq también estaba muy relacionado con Agha Hassan Abedi, el jefe del BCCI. Abedi, Huq y Zia cenaban juntos casi todos los meses, y trataron varias veces con el director de la CIA de Reagan William Casey. Huq tenía una cuenta en el BCCI de tres millones de dólares. Después de que Zia fuera asesinado en 1988 por una bomba colocada (probablemente por importantes cargos militares) en su avión presidencial, Huq perdió algo de su protección oficial, y pronto fue arrestado por ordenar el asesinato de un clérigo chií.

Después de que la primera ministra Benazir Bhutto fuera depuesta, su sustituto Ishaq Khan liberó rápidamente a Huq de prisión. En 1991 Huq murió de un disparo, probablemente en venganza por la muerte del clérigo. El general del opio recibió un funeral de estado, donde fue elogiado por Ishaq Khan como “un gran soldado y competente administrador que jugó un encomiable papel en el progreso nacional de Pakistán”.

Benazir Bhutto había llegado al poder en 1988 entre fieras promesas de limpiar la corrupción bañada en droga de Pakistán, pero no pasó mucho tiempo hasta que su propio régimen fuera el centro de serias acusaciones. En 1989 la Administración para el Control de Drogas de EE UU encontró información de que el marido de Benazir, Asif Ali Zardari, podía haber estado financiando grandes envíos de heroína desde Pakistán a Gran Bretaña y Estados Unidos. La DEA asignó uno de sus agentes, un hombre llamado John Banks, para que trabajara clandestinamente en Pakistán. Banks era un antiguo mercenario británico que había trabajado clandestinamente para Scotland Yard en grandes casos de droga internacionales.

Mientras estaba en Pakistán, Banks afirma que se presentaba como un miembro de la Mafia y que se había encontrado con Bhutto y su marido en su casa de Sind. Banks afirma también que viajó con Zardari a Islamabad, donde grabó secretamente cinco horas de conversación entre Zardari, un general de la fuerza aérea paquistaní y un banquero paquistaní. Los hombres discutían la logística de transportar heroína a EE UU y Gran Bretaña: “Hablamos sobre cómo iban a enviar las drogas a Estados Unidos en un cúter metálico”, dijo Banks en 1996. “Me dijeron que el Reino Unido era otra zona donde habían enviado heroína y hachís de forma regular”. La Oficina de Aduanas Británica también había estado vigilando a Zardari por tráfico de drogas: “Recibimos inteligencia de tres o cuatro fuentes, sobre su presunta participación como financiero”, contaba un responsable británico de aduanas retirado al Financial Times. “Se informó de todo esto a la inteligencia británica”. El oficial de aduanas dice que su Gobierno no actuó en base a este informe. De igual forma, Banks afirma que la CIA detuvo la investigación de Zardari. Todo esto surgió cuando el Gobierno de Bhutto cayó por segunda vez, en 1996, bajo cargos de corrupción presentados principalmente contra Zardari, que está ahora en prisión por su papel en el asesinato de su cuñado Murtaza. Zardari también sigue acusado de malversar más de mil millones de dólares en fondos del Gobierno

En 1991 Nawz Sharif dice que mientras ejercía como primer ministro se le acercaron dos generales paquistaníes —Aslam Beg, jefe de personal para el Ejército, y Asad Durrani, jefe del ISI— con un plan para financiar decenas de operaciones encubiertas mediante la venta de heroína. “El general Durrani me dijo: ‘Tenemos un proyecto preparado para su aprobación”, explicó Sharif al periodista del Washington Post John Ward Anderson en 1994. “Estaba totalmente atónito. Tanto Beg como Durrani insistieron en que el nombre de Pakistán no sería citado en ningún lugar porque toda la operación sería llevada a cabo por terceros de confianza. Durrani después continuó mencionando una serie de operaciones militares encubiertas que tenían una desesperada necesidad de dinero”. Sharif dijo que rechazó el plan, pero cree que fue puesto en práctica cuando Bhutto recuperó el poder.

El impacto de la guerra afgana en las tasas de adicción de Pakistán fue incluso más drástico que el auge en la adicción a la heroína en EE UU y Europa. Antes de que empezara el programa de la CIA, había menos de 5.000 adictos a la heroína en Pakistán. Para 1996, según Naciones Unidas, había más de 1,6 millones. El representante paquistaní en la Comisión de la ONU sobre Narcóticos, Raoolf Ali Khan, dijo en 1993 que “no hay rama del gobierno donde no esté extendida la corrupción de la droga”. Como ejemplo señaló el hecho de que Pakistán se gaste sólo 1,8 millones de dólares al año en esfuerzos antidroga, con una asignación de mil dólares para comprar gasolina para sus siete camiones.

Para 1994 el valor del tráfico de heroína en Pakistán era el doble del presupuesto gubernamental. Un diplomático occidental dijo al Washington Post en ese año que “cuando llegas a la fase en la que los narcotraficantes tienen más dinero que el Gobierno, van a ser necesarios notables esfuerzos y notables personas para darle la vuelta”. La magnitud del compromiso que se requiere es ilustrada por dos episodios. En 1991 la mayor redada antidroga en la historia del mundo ocurrió en la carretera de Peshawar a Karachi. Los funcionarios de aduanas paquistaníes se hicieron con 3,5 toneladas de heroína y 44 toneladas de hachís. Varios días después la mitad del hachís y la heroína se habían desvanecido junto con los testigos. Los sospechosos, cuatro hombres con vínculos con la inteligencia paquistaní, habían “escapado misteriosamente”, por usar los términos de un funcionario de aduanas paquistaní. En 1993 guardas fronterizos paquistaníes requisaron ocho toneladas de hachís y 1,7 toneladas de heroína. Cuando el caso se pasó a la junta de control de narcóticos paquistaní, todo el personal se fue de vacaciones para evitar verse involucrado en la investigación. Nadie fue castigado o molestado de alguna forma y los narcotraficantes salieron impunes. Incluso la CIA se vio eventualmente obligada a admitir en un informe al Congreso de 1994 que la heroína se había convertido en “la savia de la economía y el sistema político paquistaní”.

En febrero de 1989 Mijaíl Gorbachov sacó las tropas soviéticas de Afganistán, y pidió a EE UU que aceptara un embargo sobre la provisión de armas para cualquiera de las facciones muyahidines afganas, que estaban preparándose para otra fase de la guerra interna por el control del país. El presidente Bush se negó, asegurando así un período de continuación de la miseria y el horror para la mayoría de afganos. La guerra ya había convertido a la mitad de la población en refugiados, y generado tres millones de heridos y más de un millón de muertes. Las inclinaciones de los muyahidin en este punto se ilustran con un par de anécdotas. El corresponsal en Kabul de la Far Eastern Economic Review informó en 1989 sobre el tratamiento por los muyahidin de los prisioneros soviéticos: “Un grupo fue asesinado, despellejado y colgado en una carnicería. Un cautivo se convirtió en el centro de atracción en una partida de buzkashi, esa forma ruda de polo afgano en la que normalmente la pelota es una cabra sin cabeza. En su lugar se utilizó al cautivo. Vivo. Fue literalmente despedazado”. La CIA también tenía pruebas de que sus luchadores por la libertad habían drogado a más de 200 soldados soviéticos con heroína y les había encerrado en jaulas de animales donde, informó el Washington Post en 1990, llevaban “vidas de horror indescriptible”

En septiembre de 1996 los talibanes, fundamentalistas nutridos originariamente en Pakistán como criaturas tanto del ISI como de la CIA, tomaron el poder en Kabul, donde el mulá Omar, su líder anunció que todas las leyes incompatibles con la sharia musulmana se cambiarían. Se obligaría a las mujeres a asumir el chador y quedarse en casa, con segregación total de los sexos y las mujeres fuera de los hospitales, escuelas y baños públicos. La CIA continuó su apoyo de estos fanáticos medievales que, según Emma Bonino, la comisaria de la Unión Europea para Asuntos Humanitarios, estaban cometiendo “genocidio de género”.

Una ley en conflicto con la sharia que los talibanes aparentemente no tenían interés en cambiar era el mandato del profeta contra los intoxicantes. De hecho, los talibanes instaron a sus granjeros afganos a aumentar su producción de opio. Uno de los líderes talibanes, el “zar de la droga” Abdul Rashid, apuntó: “Si intentamos parar esto [el cultivo de opio] el pueblo estará en nuestra contra”. Para finales de 1996, según la ONU, la producción de opio afgano había alcanzado 2.000 toneladas métricas. Se estimaba que había 200.000 familias en Afganistán trabajando en el comercio de opio. Los talibanes tenían el control del 96% de toda la tierra afgana con cultivo de opio e impusieron un impuesto sobre la producción de opio y un peaje sobre los camiones que llevaban la cosecha.

En 1997 un granjero de opio afgano dio una respuesta irónica a la amenaza de Jimmy Carter sobre usar armas nucleares como parte de una respuesta a la invasión soviética de Afganistán en 1979. Amhud Gul dijo a un reportero del Washington Post: “Estamos cultivando esto [el opio] y exportándolo como una bomba atómica”. La intervención de la CIA había agitado su varita de nuevo. Para 1994, Afganistán, según el programa de control de drogas de la ONU, había sobrepasado a Burma como el suministrador número uno del mundo de opio crudo.

Por Jeffrey St. Clair

Traducción: Eduardo Pérez

20 jul 2020 06:00

Artículo original

Artículo publicado en CouterPunch y traducido para El Salto por Eduardo Pérez

Publicado enInternacional
Viernes, 17 Julio 2020 05:56

Los pergaminos del nuevo mundo

Los pergaminos del nuevo mundo

Los próximos meses y años forzarán cambios geopolíticos a escala nacional y global que reconfigurarán el actual orden mundial. Los desafíos deben ser afrontados con unidad, no con confrontación.

 

Aunque resulte muy difícil pronosticar cómo será el mundo post-covid-19, parece haber consenso entre los principales analistas en que se producirán profundos cambios en el orden vigente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, orden que incluye las importantes transformaciones geopolíticas –menos estables de lo que se suponía– que se dieron con la caída del «socialismo real» y la disolución de la Unión Soviética.

Uno de los cambios más predecibles, sobre el que no parece haber mucho desacuerdo (al margen de los juicios de valor al respecto), es que China ha superado a Estados Unidos como la mayor economía del planeta. Esta superación ya se ha producido en términos de poder adquisitivo, un criterio utilizado a menudo por las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, para depurar las fluctuaciones cambiarias a la hora de medir el peso económico de cada país. En unos pocos años más, con toda probabilidad, la economía china superará a la estadounidense también en términos de PIB medido en precios de mercado.

Cabe señalar que el ascenso económico de China, como suele ocurrir, se refleja en el plano político y, en menor medida –pero de manera perceptible–, en el terreno militar-estratégico. Incluso los pensadores occidentales, en particular los estadounidenses, señalan el crecimiento del llamado «poder blando» (soft power) chino, en contraste con la pérdida de atractivo de Estados Unidos. Investigaciones recientes, realizadas durante la pandemia, han puesto de manifiesto esa pérdida de popularidad de la autodenominada «tierra de la libertad» en el imaginario de los países europeos, en especial en Alemania. En los últimos años se ha registrado un incremento del atractivo de China gracias a programas como la «Iniciativa de la Franja y la Ruta», también llamada «Nueva Ruta de la Seda», que han llevado al país asiático a líderes de varias naciones desarrolladas. El atractivo de China, a pesar de que se mantengan reticencias respecto a su régimen político, tenderá a acentuarse a corto y medio plazo por la percepción de que, mejor o peor, el país fue capaz de contener el virus, por su activismo diplomático en acciones de cooperación relacionadas con la pandemia, y por su mayor disponibilidad para realizar inversiones en otras regiones del mundo. Al mismo tiempo, la actitud de indiferencia o incluso de hostilidad de Donald Trump hacia otros países dará lugar, como señaló entre otros Joseph Nye (creador del concepto), a un declive aún más pronunciado del «poder blando» estadounidense.

Una de las grandes incógnitas, que se aclarará en los próximos meses, es precisamente hacia dónde se dirige la política exterior de Estados Unidos. Es obvio que los intereses estructurales estadounidenses seguirán siendo los mismos, empezando por el capital financiero, las grandes empresas de tecnología y las consideraciones estratégico-militares, aunque los intercambios internos derivados de la pandemia y la creciente agitación de la población afroestadounidense puedan modular sustancialmente la forma en que esos intereses se presenten y defiendan en todo el mundo. En esencia, se trata de saber, a la hora de elegir entre Joe Biden y Trump, si Washington mantendrá una actitud de defensa agresiva de sus intereses económicos y estratégicos, sin tener en cuenta otras posiciones o sensibilidades; o si, como ha ocurrido en gran medida desde la Segunda Guerra Mundial, tratará de modular su acción para evitar conflictos arriesgados y enfrentamientos innecesarios. Tendremos respuesta a esta pregunta en los primeros días de noviembre.

Este retroceso de Estados Unidos frente a China podría indicar que el mundo transitará del remedo de unipolaridad que sucedió a la Guerra Fría, que ya se había ido desvaneciendo en las dos últimas décadas, hacia una nueva bipolaridad (algunos analistas hablan de una «nueva Guerra Fría»). No hay que subestimar el potencial de conflicto y rivalidad entre las dos economías más grandes del mundo. Un respetado analista político que ha ocupado importantes cargos en el gobierno de Estados Unidos, Graham Allison, acuñó la expresión «trampa de Tucídides», relativa al riesgo (o la casi certeza) de confrontación o guerra cuando una potencia emergente supera o amenaza la supremacía de otra hasta entonces dominante. Esto fue lo que pasó entre Atenas y Esparta en la Guerra del Peloponeso, cinco siglos antes de nuestra era.

Pero esto no es necesariamente así. En primer lugar, desde un punto de vista estratégico-militar, no se puede descartar a Rusia, cuyo potencial de armamento moderno altamente destructivo ha sido continuamente actualizado y mejorado; desde cohetes hipersónicos hasta torpedos de gran alcance con capacidad nuclear. Además, Rusia posee un vastísimo territorio, que va desde el corazón de Europa hasta las lejanas tierras árticas del Extremo Oriente, rico en recursos naturales, empezando por petróleo y gas, cuyo papel en la economía mundial no necesita comentario alguno. Por no mencionar el hecho de que, tras el periodo de «resaca» yeltsiana, tras la disolución de la Unión Soviética, Moscú demostró de nuevo una gran firmeza en la escena internacional, ilustrada, entre otras cosas, por sus acciones en Crimea y Siria. Así, desde un punto de vista estratégico-militar, pero con evidente impacto político, sería quizás más correcto hablar, en lugar de bipolaridad, como mencioné antes, de un «trípode» en el que tres superpotencias buscarían equilibrios variables.

Hoy, este equilibrio tiende a manifestarse mediante una alianza «euroasiática» entre Moscú y Beijing, frente a un gobierno estadounidense deliberadamente agresivo y muy imprevisible, como quedó demostrado en los conflictos de Siria y Afganistán y, en cierta medida, en relación con Corea del Norte. Pero la estabilidad de esta alianza está lejos de ser algo permanente. Nada descarta la posibilidad de que, como en el pasado (¿quién no recuerda el conflicto chino-soviético de los años 60 y 70?), se produzcan choques de intereses entre las dos grandes potencias del continente euroasiático de los que, llegado el momento, pueda beneficiarse Washington. Una frontera común muy extensa puede dar lugar a importantes acciones de cooperación, pero a menudo también es una fuente de fricción. Este no es el escenario más probable por el momento, dada la gran dependencia de Rusia de la inversión y el apoyo económico chino, pero no hay que descartarlo en un escenario a largo plazo.

Este «trípode estratégico» no agota el cuadro de actores que conformarán el nuevo orden mundial posvirus, sin embargo. En un mundo reconstruido, la Unión Europea seguirá teniendo un peso relevante. Las decisiones recientes parecen indicar una voluntad renovada de sus integrantes más importantes, en particular la Alemania de Angela Merkel y la Francia de Emmanuel Macron, de fortalecer a la Unión, especialmente en lo que refiere a una nueva comprensión del papel de las instituciones europeas en la política fiscal. Además de los préstamos, los gobiernos europeos han acordado importantes incentivos directos, en forma de subvenciones en el rango del billón de euros, para impulsar la reconstrucción después de la pandemia. Obviamente, es necesario esperar para ver cómo estas buenas intenciones anunciadas por la Comisión Europea se traducen en proyectos concretos en beneficio de las economías más afectadas por la crisis. En un sistema multipolar, en el que será necesario contrarrestar el ejercicio bruto del poder con actitudes de auténtica cooperación, no debe subestimarse la capacidad de iniciativa y negociación de la Unión Europea. Paradójicamente, a mediano plazo, el Brexit, que siempre se señaló como un síntoma de debilidad, puede haber contribuido a reforzar el eje París-Berlín, con ramificaciones, sobre todo, en el sur de Europa. Por supuesto, la unidad europea seguirá enfrentando a grandes desafíos, entre ellos la tendencia autocrática de algunos países de la antigua órbita soviética, que amenaza con debilitar la imagen democrática que el Viejo Continente desea proyectar. En cualquier caso, en las principales negociaciones sobre cuestiones globales, como el clima, la inmigración, el comercio y los derechos humanos, Europa tenderá a actuar de manera coordinada. En un mundo de grandes bloques (Estados Unidos, China y Rusia son bloques en sí mismos), la Unión Europea hará sentir su influencia.

Esto nos lleva, finalmente, a la pregunta: ¿cuál es el lugar de América Latina y el Caribe y, en particular, de Brasil en la construcción del Nuevo Orden? Una opción para los países de la región sería actuar de forma aislada, tratando cada uno de ellos de sacar el máximo número de ventajas individuales de alianzas preferenciales con alguno de los principales polos estratégicos. Esta opción por la «subalternidad», que de hecho ha sido practicada ya por algunos gobiernos, nos dejará rehenes de los intereses de una de las grandes potencias responsables del equilibrio mundial. Siempre que el interés de un país o de la región choque con el poder hegemónico, el país o la región tendrán que ceder. En cuanto a los valores, se dejarán de lado ideas como la solidaridad, la cooperación y el diálogo pacífico en favor del «destino manifiesto» del país líder. Parecería más lógico, en una nueva «multipolaridad» (aunque con rasgos de bipolaridad) que se avecina, que las naciones de América Latina y el Caribe actúen lo más unidas que sea posible, ya que como países en desarrollo, deben seguir preparándose para los grandes retos económicos y tecnológicos del futuro.

Por supuesto, se hace hasta difícil imaginar hoy en día, con gobiernos tan dispares y con el mayor de los países de la región adoptando una política de sumisión explícita, que se pueda producir un escenario de mayor independencia. Pero es fundamental que mantengamos claridad al respecto, para poder implementar una verdadera política de integración y cooperación latinoamericana y caribeña (si es necesario, en nuestro caso, precedida de una mayor integración sudamericana), cuando las condiciones lo permitan.

Este sueño de una unidad sur/latinoamericana (y caribeña), para ser efectivo, no puede prescindir de asociaciones con otros grupos de países en desarrollo. A pesar de su diversidad de situaciones y de inclinaciones políticas, África ha sabido mantenerse unida en las principales cuestiones mundiales, desde el cambio climático hasta el acceso a las vacunas, desde la oposición a las sanciones económicas hasta la promoción del multilateralismo. La cooperación con África, en el caso de Brasil una obligación histórica y cultural, es esencial para satisfacer los intereses de las naciones en desarrollo, como se ha puesto de manifiesto en más de una ocasión en los debates sobre medio ambiente, comercio o salud mundial. Algo similar ocurrirá con los países en desarrollo de Asia (además de China, que, en sentido estricto, no puede considerarse «en desarrollo»), comenzando por la India, cuya economía, medida por el poder adquisitivo, está entre las cinco más grandes del mundo. Hasta qué punto estas naciones lograrán una posición independiente sin caer en la subordinación o, por el contrario, en la hostilidad hacia China, es algo que tendrá que ser observado y sobre lo que no nos es posible hacer predicciones claras.

Cabe hacer aquí un paréntesis para señalar que la visión estratégica que prevalece hoy en Washington ya está tratando de subvertir la eficacia de este «arreglo multipolar». En mitad de la pandemia y bajo el liderazgo del secretario de Estado estadounidense, titulares de la cartera de asuntos exteriores de siete países se reunieron por vía virtual. Además de Estados Unidos, según noticiarios indios, estuvieron presentes ministros y ministras de relaciones exteriores de Brasil, Israel, la India, Australia, Japón y Corea del Sur. Este grupo, aparentemente heterogéneo, tiene un rasgo común: ya sea por razones ideológicas o por intereses y rivalidades regionales, se los considera aliados potenciales en una hipotética política de confrontación con China. Curiosamente, entre ellos no encontramos ningún país de Europa, cuyos gobiernos se han venido mostrando bastante pragmáticos respecto a Beijing. Aunque sería prematuro valorar la estabilidad de esta configuración, sí pone de manifiesto cómo el actual gobierno estadounidense prevé un eventual régimen de corte antichino, uno, por cierto, totalmente contrario a nuestros intereses como país y como región. Grupos como los BRICS y el Foro IBSA (India, Brasil, Sudáfrica), de los que Brasil forma parte, pueden y deben actuar para diluir esta visión de confrontación.

Sería muy simplista no considerar, en previsión de lo que podría ser un nuevo orden mundial, los cambios que se producirán en los países o transversalmente dentro de ellos. Las impresionantes manifestaciones antirracistas que se han extendido desde Estados Unidos al mundo, con fuertes connotaciones de prácticas colonialistas aún presentes en las políticas migratorias de los países europeos, exigirán reformas de largo aliento, que se sumarán a otras ya exigidas por la pandemia, como mejores servicios de salud o la ampliación de la esfera pública en cuestiones sociales y culturales. Por otra parte, el cansancio en relación con el neoliberalismo, que ha provocado protestas masivas en países como Chile, Colombia y Ecuador, tenderá a extenderse por toda la región en la estela de la recesión y del desempleo, en la medida en que las políticas de austeridad miopes no den paso a la inversión pública y a una mayor participación directa del Estado. No puede descartarse que, en algunos países de instituciones frágiles o debilitadas, se produzcan grandes convulsiones sociales, que tanto podrían apuntar hacia una verdadera democratización de la sociedad, como –hay que reconocerlo– despertar anhelos de seguridad y orden con connotaciones fascistas, más allá de las tendencias ya presentes en países como Brasil y Bolivia. Tales transformaciones internas, cuya dirección dependerá, en parte, de la capacidad de articulación de las fuerzas progresistas, no pueden ser ignoradas en el diseño del futuro orden internacional.

En definitiva, en los meses y años venideros, los cambios internos y los del marco geopolítico mundial interactuarán para que un nuevo orden sustituya al actual. Esto debería tener lugar, en diversos grados, en instituciones oficiales, como la Organización de las Naciones Unidas, y en las informales, como las diversas «G», en las que se debaten cuestiones mundiales y se elaboran consensos que luego orientarán decisiones nacionales e internacionales. Cuestiones como el clima, la pandemia y el empleo estarán en el centro de estos debates. Que se produzcan desde una perspectiva de solidaridad y cooperación o de egoísmo y conflicto dependerá de las articulaciones que puedan hacer los Estados nacionales y los grupos transnacionales, incluida la sociedad civil. Como siempre, la historia solo plantea los problemas. Depende de los seres humanos, debidamente conectados, resolverlos.

Este artículo es producto de la alianza entre Nueva Sociedad y la Internacional Progresista. Lea el contenido original aquí

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Dura respuesta de Estados Unidos a la Ley de Seguridad Nacional

Trump anunció sanciones a China y puso fin al trato preferencial de Hong Kong

El gobierno chino protestó contra las restricciones por "violar seriamente el Derecho Internacional". Prometió una respuesta aunque no dio mayores detalles.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una legislación que impone sanciones a China en respuesta a su Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong. A través de un decreto publicado este miércoles, el mandatario puso fin al trato preferencial de la excolonia británica, que a partir de ahora recibirá el mismo tratamiento económico que China. Días atrás, el ejecutivo estadounidense había rechazado los reclamos territoriales de Beijing sobre el Mar de la China Meridional, una región estratégica para la potencia asiática. En contrapartida, el gobierno chino protestó contra las sanciones impuestas y prometió una respuesta, aunque sin dar detalles.

En un comunicado difundido por la Casa Blanca, Trump explicó que la llamada Ley de Autonomía autoriza la imposición de sanciones a personas extranjeras, entidades e instituciones financieras que contribuyen "a las acciones de China para eliminar la autonomía de Hong Kong". El mandatario estadounidense agregó que la ley "aborda el incumplimiento por parte de China de ciertas obligaciones de la Declaración Conjunta Sino-Británica".

De esta forma, Trump da por finalizado el trato preferencial de Hong Kong, que a partir de ahora será considerado con el mismo estatus que la China continental. "Sin privilegios especiales, sin tratamiento económico especial y sin exportación de tecnologías sensibles", destacó el mandatario en la conferencia de prensa del martes por la noche.

La nueva legislación presentada por el gobierno estadounidense responde a la Ley de Seguridad impuesta el mes pasado por China en Hong Kong. La misma propone velar por la soberanía y la integridad territorial de la isla, y estipula condenas que pueden llegar a la cadena perpetua para ciertos delitos como secesión o subversión.

"Ninguna Administración fue más dura con China que esta", insistió Trump y apuntó que Estados Unidos considera a Beijing "completamente responsable de ocultar el coronavirus y propagarlo por el mundo". También disparó contra el exvicepresidente y candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden. "Toda su carrera ha sido un regalo para el Partido Comunista Chino", deslizó el mandatario metido de lleno en una campaña que eleva cada vez más la temperatura.

La respuesta china

"Para salvaguardar sus intereses legítimos, China aportará la respuesta necesaria e impondrá sanciones a las personas y entidades estadounidenses correspondientes", advirtió el ministerio chino de Relaciones Exteriores en un comunicado que salió al cruce de la polémica reglamentación firmada por Trump. Para la Cancillería china, la ley "calumnia maliciosamente la legislación impuesta por Beijing en Hong Kong y viola seriamente el Derecho Internacional y las normas básicas de gobierno". 

"El gobierno chino se opone a ella y la condena enérgicamente. Si Estados Unidos continúa por el camino equivocado, no hay duda de que China responderá", agregó el documento oficial recogido por el diario Global Times , sin dar mayores precisiones de esa posible reacción.

La tensión entre Estados Unidos y China no para de aumentar. La guerra comercial entre ambas potencias es un hecho, y Trump se refiere continuamente al nuevo coronavirus como el "virus chino". Además, ambos países se enfrentaron días atrás a costa del mar de China Meridional. Al respecto, Washington señaló que los reclamos de Beijing sobre sus recursos marítimos "son absolutamente ilegítimos", en una nueva muestra de injerencia sobre los intereses chinos.

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Kazajistán detenta el secreto de la gran Eurasia, según Pepe Escobar

Poco se agradece a los países que se han despojado voluntariamente de su arsenal nuclear como Sudáfrica, Ucrania y Kazajistán.

Al momento de la disolución de la URSS, en forma insólita se quedaron con dotaciones de armas nucleares Ucrania y Kazajistán, así como la misma Rusia, quien a final de cuentas acaparó el total nuclear soviético (https://bit.ly/2Orawjn).

Kazajistán es un país sin salida al mar –aunque comporte una frontera con otros cuatro países en el cerrado mar Caspio– con cinco fronteras en orden de importancia: 1. Rusia (7 mil 644 kilómetros); 2. Uzbekistán (2 mil 330 kms.); 3. China (mil 765 kms.); 4. Kirguistán (mil 212 kms.) y Turkmenistán (413 kms.).

La geografía es destino y ello es aprovechado por su visionario mandatario hoy retirado Nursultán Nazarbáyev en cuyo honor fue cambiada la capital Astana a Nur-Sultan.

En fechas recientes, el muy cotizado geopolitólogo brasileño Pepe Escobar, viajero incansable de la región euroasiática y con sólidas relaciones, abordó que Kazajistán representa la "encrucijada entre Europa y Asia", además de que “se está convirtiendo en la "nueva Ginebra" de la diplomacia del siglo XXI”.

escobar define a Kazajistán como "un puente que conecta a Eurasia" que se ha sabido mantener relativamente neutral y estable en la "coyuntura de la incandescente geopolítica".

El PIB nominal de Kazajistán es de 170 mil 326 millones de dólares (año 2019), cuya principal exportación son los hidrocarburos destinados a Italia (18 por ciento), China (12 por ciento), Holanda (10 por ciento) y Rusia (9.5 por ciento), mientras que sus principales importaciones provienen de Rusia (casi 40 por ciento) y China (16.5).

En un artículo anterior de hace casi dos años, Pepe Escobar había abordado la "fusión de las nuevas rutas de la seda con la Gran Eurasia" (https://bit.ly/305tamq) –que, según mi información, ha tenido variantes con la inminente firma de un tratado, hoy "secreto", por 25 años entre Irán (mega-sic) y China.

Según escobar, la nueva capital Nur-Sultan ha tomado el papel de la "nueva Ginebra: la capital de la diplomacia para el siglo XXI", cuyo "secreto" de la "paradoja kazaja" consiste en su “capacidad de equilibrar en forma delicada sus relaciones con los tres principales jugadores –Rusia, China y EU–, así como con poderes regionales líderes”, tales Irán y Turquía.

A juicio de Escobar, el "concepto especial de la gran Eurasia" de Kazajistán "se traslapa con la visión rusa que ha sido manejada en extenso detalle en el Club Valdai" –el notable think tank ruso de discusión.

Kazajistán, de 2 millones 724 mil 900 kilómetros cuadrados de superficie (noveno a escala mundial: un poco menos que Argentina y un poco más que Argelia) cuenta con casi 20 millones de habitantes, de los cuales las dos principales etnias están conformadas por los kazajos musulmanes –de origen mongol (68 por ciento)– y los rusos cristianos ortodoxos, casi 20 por ciento.

Kazajistán proviene de la palabra turca "Kas" que significa "errante", debido a su costumbre nómada, y el sufijo persa "-stán" que significa "tierra".

Sus "extensas fronteras con Rusia y China, así como con Irán en el mar Caspio" le brinda a Kazajistán la característica de "puente estratégico de primer nivel que une la totalidad de Eurasia", según Pepe Escobar, y que va más allá de la "conectividad comercial y de transporte" al "integrar un único espacio euroasiático que unifica las rutas de la seda de China con la Unión Económica Euroasiática encabezada por Rusia", lo cual subsume que el “orden atlantista –como la predominancia anglosajona en las relaciones internacionales– se desvanece, y no se acopla a Eurasia ni Asia”.

Pepe escobar sentencia que "el nuevo paradigma (sic) para reiniciar la economía global post-Covid-19 vendrá de Asia".

Para los estrategas kazajos "tampoco una respuesta asiática y oriental conviene en forma colectiva a Occidente, que también busca modelos óptimos para la estructura mundial" cuando las rutas de la seda de China han exhibido que los países occidentales "no están sicológicamente (sic) listos a aceptar a China como líder".

A mi juicio, el futuro de Kazajistán, con una relevante minoría rusa, parece radiante siempre y cuando se acople a Rusia y a China (en ese orden).

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Miércoles, 15 Julio 2020 05:48

El Reino Unido la excluye del 5G

El Reino Unido la excluye del 5G

El gobierno británico se suma a las sanciones de EE.UU. a la multinacional china.

 

El Reino Unido excluyó a Huawei del desarrollo de su red 5G. El gobierno británico anunció que a partir de 2021 prohibirá a los operadores de telecomunicaciones adquirir esa tecnología de la empresa multinacional china. Toda la infraestructura aportada hasta ahora por Huawei será eliminada del territorio británico de aquí a 2027, estableció el gobierno de Boris Johnson. La decisión retrasará la entrada de esta tecnología en Gran Bretaña y provocará el aumento de costos. Sin embargo, el gobierno conservador la avaló argumentando que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a la compañía asiática cambiaron las circunstancias.

La exclusión de Huawei fue anunciada por Oliver Dowden, ministro de Cultura, Digital, Deportes y Medios de Comunicación, ante la Cámara de los Comunes. El anuncio se hizo tras una reunión con el Consejo de Seguridad Nacional, presidido por Johnson y formado por algunos ministros y el abogado del Estado. Previamente el Consejo tuvo que anular otra decisión tomada en enero en la que había autorizado a Huawei el acceso a partes no estratégicas de la red 5G.

El ministro explicó que las circunstancias habían cambiado. El Consejo tomó en consideración la decisión anunciada en mayo por EE.UU. de restringir la venta de chips de fabricación estadounidense a la gigante asiática. Según Downey, la sanción de la administración Trump a Huawei pondría en peligro la cadena de suministro. “Limitan la capacidad de Huawei de producir productos importantes”, sostuvo Downey. Y explicó que el Reino Unido no tiene la confianza de poder garantizar la seguridad del futuro equipamiento 5G de Huawei. “Para ser claros, desde el final de este año, los operadores de telecomunicaciones no deben comprar ningún equipamiento de 5G de Huawei, y, cuando se apruebe la ley de seguridad en las telecomunicaciones, será ilegal hacerlo”, dijo. Dowden. También admitió que la exclusión de la empresa china retardaría entre 2 y 3 años el desarrollo de la red de alta velocidad en el país. Además aumentará el costo de la misma en unos 2000 millones de libras (2500 millones de dólares).

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Acuerdo China-Irán: el Dragón burla el cerco Indo-Pacífico de EEUU

El amplio cerco militar naval y aéreo que está construyendo el Pentágono en el arco que va de Japón a la India, del océano Pacífico al Índico, está llevando a China a estrechar lazos continentales con Rusia e Irán.

 

Su objetivo es encontrar una vía alternativa al largo y angosto Estrecho de Malaca entre Malasia y Singapur para el comercio y suministro de hidrocarburos.

Por un lado, Pekín moderniza y amplía de forma vertiginosa su flota naval para enfrentar riesgos en el Mar del Sur de China. Por si ese fenomenal despliegue no fuera suficiente, cubre sus espaldas con su alianza energética con Rusia, a través de mega gasoducto Fuerza de Siberia construido entre Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China.

El ducto, inaugurado en 2019, recorre 3.000 kilómetros a través de Siberia, capaz de transportar 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año y garantiza a China el suministro terrestre, una vía que no puede ser bloqueada con la facilidad de los transportes marítimos.

En la historia del Partido Comunista de China (PCCh) las campañas de "cerco y aniquilamiento" del Ejército blanco proccidental del Kuomintangmcontra las zonas liberadas rojas, fueron burladas con maniobras de desgaste para evitar la confrontación. Cuando ya no fue posible eludir el cerco, el Ejército Rojo emprendió una vasta retirada hacia el oeste y el norte conocida como Larga Marcha.

Aquella estrategia parece estarse repitiendo, a escala mucho mayor mediante la firma de una asociación estratégica integral.

En este contexto de crecientes tensiones en el Mar del Sur de China debe entenderse la profundización de la alianza con Irán. Según el análisis de The New York Times, el acuerdo firmado esta semana es "una nueva asociación económica y de seguridad que allanará el camino para miles de millones de dólares en inversiones chinas en el estado del Medio Oriente".

En la versión de Teherán, China e Irán son socios estratégicos de larga data, que ahora "refuerzan sus estrategias en el escenario internacional para vencer al imperialismo norteamericano". En efecto, ambos países habían acordado una asociación estratégica en 2016, aunque mantienen relaciones estrechas desde la década de 1980 luego de la caída de la monarquía aliada con EEUU.

El diario estadounidense considera que los lazos militares "incluyen entrenamiento conjunto, intercambio de inteligencia e investigación y desarrollo conjuntos para futuros programas de armas". En el terreno económico, el acuerdo "abriría el camino para miles de millones de dólares de inversiones chinas en energía y otros sectores, socavando los esfuerzos de la administración Trump para aislar al Gobierno iraní".

En síntesis, el acuerdo entre ambas naciones "representa un gran golpe para la política agresiva de la administración Trump". Se espera que el acuerdo garantice el suministro de petróleo a China para los próximos 25 años, lo que sin duda beneficia a ambas partes ya que EEUU pretende bloquear completamente las exportaciones de crudo iraní.

El analista Pepe Escobar estima en Asia Times que dos puntos del acuerdo firmado serían vitales desde el punto de vista geopolítico. "El punto 7 define el alcance de la asociación dentro de la visión de la Nueva Ruta de la Seda de la integración de Eurasia", por el cual ambas partes "ampliarán la cooperación y las inversiones mutuas en diversas áreas, incluyendo transporte, ferrocarril, puertos, energía, industria, comercio y servicios".

Según Escobar, el acuerdo asegura el suministro de petróleo y gas a China (devenido en el primer importador de crudo del mundo), "evitando el cuello de botella peligroso del Estrecho de Malaca, con un descuento medio del 18% y pagado en yuanes o en una canasta de monedas sin pasar por el dólar estadounidense".

A su vez, el punto 10 hace referencia a la participación de Irán en el Banco de Inversión en Infraestructura de Asia (AIIB por sus siglas en inglés), a través del cual se procede a "una inversión china de 400.000 millones de dólares en energía e infraestructura de Irán durante los próximos 25 años".

Las inversiones en infraestructura a través del AIIB serán de unos 228.000 millones de dólares y estarán focalizadas en la renovación de la industria petrolera y la construcción de un ferrocarril de 900 kilómetros entre Teherán a Mashhad, la segunda ciudad y centro de peregrinación cercano a las fronteras con Afganistán y Turkmenistán.

Basta observar el mapa para comprender que el trazado de la vía férrea tiene una importancia estratégica para la Ruta de la Seda. Por un lado, atraviesa Irán interconectando las principales ciudades. Por otro, es una puerta de conexión con la región clave de Eurasia, la de mayor interés geopolítico tanto para la supremacía de EEUU como para la expansión de China.

Entre Mashhad en el norte Irán y la china Urumqui, capital de la Región Autónoma de Xinjiang (con tres millones de habitantes cada una), la vía férrea o un eventual oleoducto deben atravesar Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán y Kirguistán. Se trata del corazón de Eurasia, el borde norte de Afganistán, Pakistán y de la disputada región de Cachemira.

Una extensión de 2.500 kilómetros que jugó un papel destacado en la historia y lo volverá a jugar en los próximos años. El papel de la Organización de Cooperación de Shanghái (fundada en 2001 por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán, a la que luego ingresaron Uzbekistán, la India y Pakistán), está llamada a jugar un papel destacado en la región más importante del planeta.

Kazajistán es la joya de Eurasia, junto a Irán. Ambas se conectan a través del mar Caspio y en adelante como piezas clave de la Ruta de la Seda. La inversión de China en Kazajistán se concentra en 51 proyectos industriales por 27.000 millones de dólares, en los sectores de petróleo y gas, químico, energético, minero, metalúrgico, agrícola y de construcción de maquinaria.

Además del impresionante puerto seco de Khorgos, en la frontera de Kazajistán con China, un vasto desierto de dunas convertido gracias a las inversiones del Dragón en una masiva zona industrial y logística. Según algunos observadores, "Khorgos es el lugar donde Oriente y Occidente se encuentran en la Ruta de la Seda".

Vale recordar con respecto a Eurasia, que Zbigniew Brzezinski en su libro "El gran tablero de ajedrez" sostuvo que la región era el centro del poder global y que no debería surgir ninguna potencia capaz de poner en cuestión el dominio de EEUU en el área. Si algo así sucediera, el poder global de la superpotencia sería irremediablemente erosionado.

17:12 GMT 13.07.2020(actualizada a las 21:34 GMT 13.07.2020) URL corto

Por Raúl Zibechi

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Estados Unidos toca un nervio sensible de China

Washington rechazó todos los reclamos de Beijing sobre el Mar de la China Meridional

Una semana después de imponer dos tandas de sanciones a funcionarios chinos, el Gobierno de Estados Unidos rechazó todos los reclamos territoriales de Beijing sobre el Mar de la China Meridional, una región considerada estratégica por la potencia asiática.

Alrededor del 30% del comercio global atraviesa el Mar de la China Meridional, delimitado al Oeste por las costas de Vietnam, al Sur por Malasia y Brunei, al Este por Filipinas y al Norte por el sudeste de China y Taiwán. Además, la zona que posee cientos de islas y numerosos archipiélagos, tiene preciados yacimientos de petróleo y gas.

"Hoy estamos fortaleciendo una política estadounidense sobre una cuestión en disputa y vital de la región: el Mar de la China Meridional. Lo dejamos bien en claro: los reclamos que hace Beijing sobre recursos offshore de la mayor parte del Mar de la China Meridional son completamente ilegales, al igual que su campaña de bullying para controlarlo", anunció el secretario de Estado de la potencia occidental, Michael Pompeo.

"La República Popular de China no tiene fundamentos legales para imponer su voluntad en la región. Beijing no ha ofrecido ninguna base legal coherente para su reclamo de 'la línea de los nueve puntos' en el Mar de la China Meridional, desde que lo anunció en 2009", continuó el comunicado firmado por el miembro del gabinete estadounidense y difundido por el canal CNN.

La zona reclamada


La llamada Línea de los nueve puntos es una demarcación extraoficial que reclama China y que, de ser aceptada, le garantizaría soberanía sobre la mayor parte de ese mar, de sus islas y de los recursos que se encuentran debajo el agua, en detrimento de países vecinos más pequeños y menos poderosos.

Esta zona reclamada va mucho más allá de lo que le otorga a China la demarcación basada en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que concede soberanía a partir de una distancia única desde las costas de cada país de la región.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los países vecinos marcaron los límites con el Acuerdo de paz de San Francisco en 1951, pero en el texto no definieron claramente a quién corresponde los archipiélagos, un punto ciego que permitió la perpetuación y ampliación de la disputa internacional.

Hoy, tanto China como Vietnam reclaman la totalidad de los archipiélagos, mientras los otros países vecinos reivindican la soberanía sobre algunas islas.

Otro roce entre Washington y Beijing


Para China, especialmente desde que asumió el presidente Xi Jinping, este reclamo es considerado estratégico para mantener su hegemonía sobre la región o, en otras palabras, sobre sus vecinos, muchos de ellos aliados de Estados Unidos que han invitado formalmente a las fuerzas militares de esa potencia occidental a patrullar esas aguas.

"El mundo no permitirá que Beijing trate al Mar de la China Meridional como su imperio marítimo. Estados Unidos apoya a sus aliados y socios del Sudeste Asiático en su defensa de sus derechos soberanos de los recursos offshores", concluyó el comunicado del Departamento de Estado.

Esta disputa territorial siempre ha sido un elemento de tensión en la relación bilateral con Estados Unidos, que mantiene una importante presencia militar en ese mar para "garantizar la libre navegación", como repite el Pentágono y la Casa Blanca.

Sin embargo, desde la asunción de Donald Trump hace más de tres años, Estados Unidos escaló sistemáticamente la confrontación con China: primero con una guerra comercial impulsada por una escalada arancelaria que hizo temblar los mercados de todo el mundo y ahora con las denuncias sobre la responsabilidad de Beijing en la pandemia de coronavirus que azota al planeta.

La escalada


En abril pasado, en plena aceleración regional y mundial de la pandemia, el Gobierno de China celebró la creación de dos nuevos distritos en una de las islas en disputas, Hainan.

A esto se sumaron dos incidentes: primero un pesquero vietnamita fue hundido por una patrulla militar china y luego un encuentro poco amistoso entre un buque científico chino y un barco petrolero de Malasia. El Gobierno de Trump respondió en ese momento con una advertencia.

En las últimas semanas, sin embargo, Estados Unidos ha acumulado sanciones económicas y políticas contra funcionarios chinos por la situación en el Tibet y por la persecución de la minoría musulmana uigur, denuncias por la represión en Hong Kong y acusaciones por la presunta manipulación de la información durante el inicio de la pandemia de coronavirus en la ciudad china de Wuhan.

En medio de esta efervescencia sostenida, con una crisis sanitaria y económica cada vez más grave en Estados Unidos y con las elecciones presidenciales a solo cuatro meses, el Gobierno de Trump parece haber decidido que este es el momento para tocar uno de los nervios sensibles de China.

 

 

Los muertos por la pandemia ascienden a 5.307

Colombia superó los 150 mil casos de coronavirus y Bogotá volvió a la cuarentena 

"Vamos a pasar por el filo de la muerte", dijo la alcaldesa de la capital, Claudia López, quien volvió a aplicar un confinamiento estricto y de forma escalonada en la mayoría de los barrios.

Colombia superó los 150 mil casos de coronavirus en momentos en que su capital, Bogotá, volvió a la cuarentena debido a un preocupante aumento de contagios. De acuerdo al último boletín del ministerio de Salud, se registraron 5.083 nuevos casos, lo que elevó la cifra total del país a 150.445. En tanto, ya son 5.307 las víctimas fatales. El lugar más crítico de las últimas 24 horas volvió a ser Bogotá, ciudad que confirmó 2.116 casos y que volvió desde el lunes a aplicar un confinamiento estricto y de manera escalonada en la mayoría de sus barrios. La alcaldesa Claudia López le había pedido reiteradamente volver a esa fase al presidente Iván Duque, quien hasta último momento privilegió la recuperación económica del país. Duque dispuso una cuarentena para todo el país en marzo, aunque comenzó a relajarla a partir de mayo.

El ministerio de Salud y el gobierno de Bogotá anunciaron que, al menos hasta el 23 de agosto, la ciudad vuelve a confinarse, aunque en esta ocasión será "por localidades". Así, por ejemplo, Ciudad Bolívar estará en cuarentena en la primera franja, que va del 13 al 26 de julio. Estas cuarentenas implican una "restricción total" de la movilidad y de las actividades entre las 20 y las 5 horas, así como el "cierre del comercio, excepto abastecimiento, farmacias y artículos de primera necesidad".

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, llevaba días pidiendo al gobierno de Iván Duque que autorizara la vuelta de la capital a una cuarentena estricta, algo a lo que el presidente colombiano se había negado para mitigar el impacto económico de la crisis sanitaria. Sin embargo, ambas partes finalmente se reunieron el viernes pasado y el ministerio de Salud dio el visto bueno al pedido de López "teniendo en cuenta que la velocidad de propagación del virus en la ciudad es diferencial, por lo cual amerita decisiones focalizadas debido a que Bogotá tiene una particularidad por extensión y población, equivalente a cinco o seis ciudades".

https://twitter.com/ClaudiaLopez/status/1282655670496632832

López explicó que el objetivo es que unos dos millones de personas se queden en casa con cada etapa del confinamiento para evitar el colapso de los hospitales, donde las unidades de cuidado intensivo (UCI) ya están al 89 por ciento de su capacidad. "No podemos estar todos en la calle porque vamos a reventar el sistema de salud", declaró la alcaldesa a la radio RCN. 

López se mostró consciente de las complicaciones que genera la vuelta a la cuarentena pero le pidió "paciencia" a los bogotanos y, sobre todo, que hagan un "esfuerzo colectivo". "Vamos a pasar por el filo de la muerte. Es el momento en que vamos a ver más gente contaminada, más familias llorando por sus familiares. Vamos a hacer un esfuerzo colectivo para pasar el pico de la mejor manera", arengó. 

Por el lado del gobierno nacional, la única noticia positiva de las últimas horas fue la recepción de 30 respiradores mecánicos donados por el gobierno de Holanda. Los aparatos fueron ofrecidos como parte de la respuesta del estado europeo a la solicitud hecha en abril pasado por Colombia ante los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con la que el país latinoamericano tiene firmado un acuerdo que lo convierte en socio global. 

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El presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi. EFE/Archivo

Los recientes movimientos militares de Egipto junto a Libia constituyen un pésimo augurio. Las maniobras confirman las amenazas que lanzó hace tres semanas el presidente Sisi. En un conflicto en el que están implicadas distintas potencias, en un momento dado cualquiera de ellas podría lanzar a los egipcios contra los turcos en territorio libio con el fin de dar una lección al presidente Erdogan y evitar que florezca un gobierno islamista en Trípoli.

 

En los últimos días Egipto ha llevado a cabo unas importantes maniobras militares cerca de la frontera con Libia, maniobras que han incluido el envío de aviones de guerra de fabricación francesa a las bases Mohammad Naguib y Sidi Barani. Esta inusual concentración de tropas junto a Libia confirma que Egipto se está preparando para un conflicto armado con Turquía.

Por su parte Ankara va a realizar sus propias maniobras navales y aéreas en aguas internacionales del Mediterráneo oriental cercanas a Libia, una decisión que ha alarmado a los numerosos países implicados en esa guerra y que pone el acento en la disposición turca a defender sus intereses en la región con tanto ahínco como los países rivales.

Tanto los movimientos militares de Egipto como los de Turquía están cargados de mensajes políticos. Los dos países juegan a fondo sus bazas y ninguno de ellos ha dado muestra de querer echarse atrás. Mientras Egipto participa en el conflicto de la mano de Rusia y sobre todo de los Emiratos Árabes Unidos, y también contando con el respaldo de Francia e Israel, Turquía no cuenta con el apoyo de nadie desde el punto de vista militar.

Hace solo tres semanas el presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi, amenazó con llevar a Libia a su ejército para apoyar a su aliado, el controvertido general Khalifa Haftar, que recientemente ha experimentado una serie de reveses militares en su afán por conquistar Trípoli. El gobierno de la capital libia, que cuenta con el respaldo militar de Turquía, ha avanzado hacia el este pero no ha conseguido conquistar la estratégica ciudad de Sirte.

Libia es un país divido territorialmente y tal como están las cosas es muy posible que la partición acabe de consumarse por muchos años. En el oeste, basado en Trípoli, la dominación recae sobre formaciones con querencia islamista integradas en el gobierno del Acuerdo Nacional, mientras que en el este Haftar cuenta con el apoyo de distintas potencias que no aceptan ninguna clase de islamismo, por moderado que sea.

En principio pudiera pensarse que la decisión de librar una batalla con Turquía depende exclusivamente de Sisi, el gobernante que accedió al poder tras un golpe de estado contra los Hermanos Musulmanes en 2013. Sin embargo, existe un buen puñado de factores externos que podrían empujar a Sisi en esa dirección, elementos volátiles que no son fáciles de evaluar a corto y medio plazo.

En un momento dado, Sisi, que gobierna un Egipto ingobernable y tiene serios problemas con Etiopía debido a la presa que este país ha construido en el Nilo, podría precisar de solo un ligero empujoncito para entrar en una aventura militar que difuminara otros problemas.

Desde hace semanas los medios egipcios están destacando la imponente capacidad de su ejército, lo que no es una buena señal si tenemos en cuenta que los medios egipcios está prácticamente intervenidos por el Gobierno. Esos mismos medios han recordado que las fuerzas aéreas egipcias disponen de capacidad para alimentar a aviones en vuelo, y han recordado otras capacidades del ejército creando en el país un ambiente prebélico.

Para dar el empujoncito que Sisi necesita no faltan candidatos. Podría hacerlo Rusia, Israel, los Emiratos Árabes Unidos o hasta Francia, países todos ellos metidos en el conflicto, directamente o por interposición, y cargados de las más diversas razones para dar una lección al presidente Recep Tayyip Erdogan y arrancar de una vez por todas las veleidades islamistas en el norte de África.

Fuentes militares citadas por Al Akhbar han indicado que Egipto y Francia están preparando otras maniobras para muy pronto, en las que participarían aliados como Italia, Chipre y Grecia. Además, se ha publicado que Sisi está a punto de anunciar una importante adquisición de armas cuyos detalles se desconocen aunque lo más probable es que sean los insaciables Emiratos Árabes Unidos quienes paguen la factura.

En las recientes maniobras cercanas a la frontera con Libia se han reconstruido modelos de guerra basados en algunas áreas de Libia que se disputan las partes en conflicto, así como el suministro de ayuda militar a las fuerzas del Haftar, con quien los egipcios coordinarían el esfuerzo militar si se acaba de dar ese paso.

El papel de Francia en el conflicto ha cobrado importancia con el paso del tiempo. Mientras el presidente Emmanuel Macron se desgañita pidiendo el cese de la intervención extranjera en Libia, es decir de Turquía, recientemente se hallaron misiles franceses de fabricación estadounidense en manos de las tropas de Haftar.

Macron exige un respaldo total de la Unión Europea contra Turquía, si bien en este caso los intereses de Macron no se identifican con los de la UE, y es evidente que países como Alemania ven con recelo la deriva anti-Erdogan de París. Pero al mismo tiempo Alemania y otros países europeos están bajo la presión de Egipto y sus aliados para dar una lección definitiva a Erdogan.

Egipcios y franceses están coordinando a muy alto nivel sus acciones y siguiendo de cerca los movimientos de Turquía en Libia. Al mismo tiempo, Egipto está coordinando sus acciones con Haftar. Los aviones Rafale franceses de Egipto están en alerta y sus pilotos están listos para operar tan pronto como reciban la orden, según han publicado medios de Oriente Próximo.

Todos los datos apuntan a que nos encontramos en un ambiente prebélico que ha ido creciendo en las últimas semanas y que podría conducir a una guerra. Un conflicto de esa naturaleza no serviría para garantizar una mejor vida a los libios sino para satisfacer las ambiciones de un puñado de países. Además, las guerras casi siempre se sabe cómo comienzan pero pocas veces se sabe cómo van a terminar.

jerusalén

13/07/2020 22:51

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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¿Un virus más mortal que el coronavirus?: polémica entre Kazajistán y China

Los chinos alertaron sobre "neumonía desconocida" y los kazajos los desmintieron

 

Kazajistán rechazó este viernes la advertencia emitida por la embajada de China en ese país sobre una supuesta "neumonía desconocida" en territorio kazajo con una tasa de letalidad "mucho más alta" que la de la covid-19. La información al respecto fue difundida por varios medios chinos y el gobierno de Kazajistán la calificó de "falsa".

"El Ministerio de Salud de la República de Kazajistán oficialmente declara que esta información no se ajusta a la realidad", señaló en un comunicado, en el que publicó además una imagen con el sello de "noticia falsa" encima de una de las informaciones publicadas al respecto.

Según medios chinos como Global Times, South China Morning Post o CGTN, la embajada china en Kazajistán indicó el jueves en la plataforma WeChat, citando informaciones de medios kazajos, que desde mediados de junio la incidencia de neumonía en las ciudades de Atirau, Aktobé y Shymkent ha aumentado "significativamente".

El mensaje a los ciudadanos chinos que viven en el país centroasiático afirmaba que hasta ahora casi 500 personas han sido infectadas y más de 30 se encuentran "gravemente enfermas".

La embajada china sostiene además que en la primera mitad del año la neumonía causó 1.772 muertes y que solo en junio murieron 628 personas, incluidos ciudadanos chinos.

Kazajistán y China comparten una frontera de 1.460 kilómetros.

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Estados Unidos realizó el ataque cibernético encubierto contra Rusia en 2018, confirma Trump

El presidente Donald Trump, por primera vez, confirmó que Estados Unidos realizó un ataque cibernético encubierto en 2018 contra la Agencia de Investigación de Internet de Rusia, que ha sido acusada por los Estados Unidos de ayudar a facilitar la interferencia tanto en las elecciones presidenciales de 2016 como en las elecciones parciales de 2018.

Trump dio la confirmación durante una entrevista realizada por Marc Thiessen, columnista del Washington Post y ex redactor de discursos del presidente George W. Bush y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Thiessen escribe en el Post que durante su entrevista le preguntó a Trump si había lanzado un ciberataque, a lo que dijo que el mandatario respondió: “Correcto” .

Trump refirió durante la entrevista que en 2016, el entonces presidente Barack Obama “sabía antes de las elecciones que Rusia estaba jugando. O, le dijeron. Si era así o no, ¿quién sabe? Y no dijo nada. Y la razón por la que él no dijo nada era porque no quería tocarlo, porque pensaba que (Hillary Clinton) estaba ganando porque leía encuestas falsas. Entonces, pensó que ella iba a ganar. Y tuvimos la mayoría silenciosa que dijo: 'No , nos gusta Trump '”.

Trump afirmó que, a diferencia de su predecesor, actuó de acuerdo con la inteligencia que Estados Unidos tenía sobre la interferencia electoral de Rusia al lanzar el ciberataque.

“Mira, lo detuvimos”, le dijo Trump a Thiessen.

Obama en diciembre de 2016 anunció sanciones contra Rusia y expulsó a algunos diplomáticos rusos en represalia por la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

El Washington Post en octubre de 2018 informó que hubo un ataque cibernético. La operación contra la compañía, que está financiada por un oligarca cercano al presidente ruso Vladimir Putin, se llevó a cabo para evitar cualquier interferencia en las elecciones parciales, según se informó en el periódico. Sin embargo, esta es la primera confirmación oficial de Trump.

Thiessen informa que altos funcionarios estadounidenses también confirmaron que la huelga ocurrió y fue efectiva, desconectando a la Agencia de Investigación de Internet.

En la entrevista, Trump dijo que el ciberataque era parte de una política más amplia para enfrentar a Rusia. “Nadie ha sido más duro con Rusia que yo”, dijo el presidente a Thiessen, una afirmación que ha hecho repetidamente en el pasado. Entre los ejemplos que dio mencionó que Estados Unidos está enviando destructores antitanque a Ucrania.

Como CNN informó anteriormente , Trump pareció confirmar que Estados Unidos había llevado a cabo tal ataque cibernético contra una entidad rusa durante las elecciones intermedias de 2018 en una entrevista de Fox News en junio de 2019.
“Prefiero no decir eso, pero puedes creer que todo sucedió, y sucedió durante mi administración”, dijo Trump a Steve Hilton de Fox News cuando se le preguntó acerca de un informe que autorizó personalmente un ataque cibernético en Rusia durante el tiempo de Los exámenes parciales.

Barbara Starr de CNN también informó en octubre de 2018 que el Comando Cibernético del ejército de los Estados Unidos había comenzado a atacar a operativos rusos, que se cree que intentan influir en las elecciones intermedias de 2018 como parte de un amplio esfuerzo en coordinación con varias agencias gubernamentales, confirmó un funcionario de la administración a CNN.

(Con información de CNN)

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