Bolsonaro entierra sus críticas y alaba la relación bilateral con China al recibir a los BRICS

Las divergencias sobre Venezuela y Bolivia se cuelan en la cumbre de los grandes exponentes del mundo emergente, un club cada vez más dispar en lo económico

Brasil acoge la primera gran cumbre internacional de la era Bolsonaro. El presidente brasileño ha sustituido su frecuente retórica anticomunista por alabanzas y la promesa “de ampliar y diversificar la relación” bilateral con Pekín al recibir, este miércoles en Brasilia, a su homólogo chino Xi Jinping. A ellos se unirán el ruso Vladímir Putin, el indio Narendra Modi y el sudafricano Cyril Ramaphosa en la cumbre de los BRICS —los cinco exponentes del mundo emergente—, que continúa el jueves. La visita de Bolsonaro a Taiwán, durante la pasada campaña electoral, y su acusación de que China está comprando Brasil, que tanto enfadaron a Pekín, son capítulo cerrado. Aunque los BRICS se reúnen para hablar sobre todo de negocios, las crisis de Bolivia y Venezuela se han colado en la agenda.

El ultraderechista Bolsonaro ha recibido a Xi mientras la Embajada de Venezuela en Brasilia se convertía en escenario de un pulso por el control de la legación cuando representantes de Juan Guaidó entraron de madrugada al edificio, que seguía en manos de leales a Nicolás Maduro. Un recordatorio de que la defensa de uno u otro bando en los conflictos regionales amenaza la relación entre algunos socios de los BRICS, sobre todo entre Bolsonaro, que apoya a Guaidó y el cambio en Bolivia, y Rusia y China, que respaldan a Maduro y a Evo Morales. El Gobierno brasileño se apresuró en reconocer a la senadora opositora Jeanine Áñez como legítima presidenta interina el martes en sustitución del exiliado Morales.

En ese contexto ha comenzado la cumbre cuyo primer acto ha sido la confirmación de que la relación Brasil y China inaugura una nueva fase. Ambas partes son conscientes de que se necesitan porque, como explica el analista Oliver Stuenkel, de la Fundación Getulio Vargas, “China no tiene autosuficiencia alimentaria y energética y no dejará de depender de Brasil y en general, de América Latina para las materias primas”. Añade que la postura de Bolsonaro no es tan relevante para los chinos porque ellos miran a muy largo plazo. De todos modos, el brasileño ha tenido una especie de acto de contrición al afirmar ante Xi que “China debe ser tratada con cariño, respeto y consideración porque todos tenemos qué ganar”. Xi, por su parte, ha apostado por una relación "basada en el respeto mutuo con Brasil como plataforma hacia América Latina, que junto con China son los principales mercados emergentes". Antes le había agradecido que en la polémica por los incendios de la Amazonia en agosto defendiera la soberanía brasileña del bosque tropical. Ambas partes encauzaron la reconciliación en una visita de Bolsonaro a Pekín.

La cumbre fue convocada con objetivos modestos y, a diferencia de anteriores ediciones, no irá seguida de una cumbre regional de jefes de Gobierno. El motivo es Venezuela, según Stuenkel. “Bolsonaro quería invitar a Guaidó, pero los otros [BRICS] le ofrecieron invitar a todos los presidentes regionales menos a representantes venezolanos. Brasil se negó”, asegura. Eso, unido a la suspensión de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que Chile canceló por las protestas, han restado contenido al viaje a Latinoamérica de los presidentes de China, India, Rusia y Sudáfrica.

Un grupo que crece a muy diferentes velocidades

Los caminos de lo geopolítico y lo económico, siempre tan entrelazados, a veces —solo a veces— divergen. La evolución reciente de los BRICS es un caso de manual de la excepción que confirma la regla: tras la década dorada de crecimiento de principios de siglo, el grupo de países que hace tiempo tomó la alternativa de Occidente en la sala de máquinas de la economía mundial —el punto de quiebre fue 2007, cuando los emergentes igualaron a los países avanzados con el 50% del PIB global cada bloque—, observan en la distancia aquellos tiempos de vino y rosas en los que parecía que el verbo que les daba nombre pronto quedaría corto. Y ven cómo desde una de las atalayas del análisis económico mundial, la calificadora S&P, ponen incluso en duda la vigencia del ya famoso acrónimo acuñado por Jim O’Neill, expresidente de Goldman Sachs, en los albores de la década de 2000. "La trayectoria divergente de largo plazo entre los cinco países debilita el valor analítico de los cinco como un grupo económico coherente", subrayaban los técnicos de la calificadora en una reciente nota para clientes.

Los BRICS —quintaesencia de los emergentes— han esquivado la mayor amenaza que pesaba sobre sus cabezas hace dos años, cuando trataban de alzar el vuelo y temían que una subida generalizada de tipos en los países ricos golpease a sus siempre volátiles monedas y encareciesen su deuda denominada en dólares. En esas llegaron, sin embargo, las ansias proteccionistas de Donald Trump, un golpe que está pasando factura especialmente a China, objeto de las iras proteccionistas del republicano, y que se ha sumado a su trayectoria de desaceleración que ha llevado el crecimiento a su punto más bajo en 27 años. India, por su parte, siempre señalada como uno de los posibles ganadores de la diatriba entre las dos mayores potencias —a río revuelto...—, apenas ha podido sacar tajada hasta ahora. Pero ambos son los grandes triunfadores del grupo, con crecimientos que, aunque picando a la baja, despiertan las envidias del resto: a pesar del paulatino enfriamiento, ambas economías cerrarán 2019 con una expansión cercana al 6%.

La realidad luce bien distinta en Rusia, Brasil y Sudáfrica, países que aprovecharon solo parcialmente el boom de las materias primas, han sufrido los rigores de la recesión y la inestabilidad política —Moscú fue la excepción en ese apartado—, y solo ahora afrontan un intento de remontada que se está prorrogando durante mucho más tiempo de lo previsto. El crudo, anclado en el entorno de los 60 dólares, no es una buena noticia para Rusia, uno de los mayores productores del mundo; y Brasil, que la semana pasada cosechó un sonoro fracaso en una subasta que prometía llevarle al Olimpo petrolero —y que solo logró atraer la atención de la estatal Petrobras con una pequeña ayuda de dos firmas chinas—, ve cómo las promesas de rápido crecimiento de Bolsonaro se van largas al filo de su primer año de mandato. Quizá, como señalaba recientemente Bloomberg, O'Neill se equivocó y, en vez de Brasil y Sudáfrica, habría acertado más con Indonesia y Vietnam, cuya trayectoria se asemeja más a la esperada para los BRICS.

En términos comparativos, en cambio, los males son menos: a pesar de los pesares, el bloque emergente suma, una década después del sorpasso, el 60% del PIB global y los BRICS, la tercera parte del total. El consuelo viene por el lado del frenazo de las economías más desarrolladas, abonadas al estancamiento con cada vez más tintes de secularidad, salvo honrosas excepciones —EE UU, Australia, el este de Europa y, en los últimos años, España—. Y por que, pese al estancamiento económico de sus miembros no asiáticos, su peso en los órganos de gobernanza global no ha dejado de ganar terreno desde la popularización de un concepto, BRICS, cada vez más cerca de la obsolescencia.

Por Naiara Galarraga Gortázar  / Ignacio Fariza

Brasilia / Madrid 13 NOV 2019 - 13:37 COT

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Israel mata a al menos 24 palestinos en su última ofensiva contra la Franja de Gaza

Los mayores enfrentamientos registrados en los últimos meses comenzaron este martes. Entre la cifra de muertos se encuentran tres niños y hay 70 heridos. 

Israel mata a al menos 24 palestinos, entre los que se encuentran tres niños, en la última ofensiva contra la Franja de Gaza. Hay cerca de 70 heridos, según han confirmado las autoridades palestinas.

Varios médicos y testigos de los hechos han asegurado en declaraciones a la agencia de noticias Reuters que entre los fallecidos hay civiles que residían en barrios densamente poblados, incluidos un padre y su hijo. "Ellos comenzaron esto. Nosotros no queríamos guerra", ha dicho un familiar de una de las víctimas palestinas.

Los mayores enfrentamientos registrados en los últimos meses comenzaron el martes después de que las Fuerzas de Defensa israelíes mataran en un ataque selectivo a Abú al Atta, un alto comandante Yihad Islámica al que las autoridades israelíes acusan de impulsar y planificar ataques contra objetivos israelíes.

En respuesta a la operación que mató a Al Atta y a su mujer, Yihad Islámica lanzó el martes cerca de 200 cohetes contra territorio israelí y este miércoles ha reanudado los ataques.

"Los intentos por recuperar la paz no han prosperado. Yihad Islámica considera que es el momento de responder a la política de asesinatos que ha sido reactivada por enemigo sionista", ha dicho el responsable del grupo terrorista. "El enemigo pagará el precio por su estupidez y estamos decididos a responder a esta agresión con todo nuestro poder", ha señalado.

Palestina pide una "intervención inmediata"

Por su parte, el portavoz de la Presidencia palestina, Nabil Abú Rudeina, ha subrayado la importancia de una "intervención inmediata" para detener los bombardeos contra en enclave palestino, según ha informado la agencia palestina de noticias WAFA.

Así, ha destacado que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, está llevando a cabo "esfuerzos intensivos" para "detener la espantosa escalada israelí y evitar cualquier repercusión".

Abú Rudeina ha reclamado a la comunidad internacional, y particularmente a Naciones Unidas, que "intervenga inmediatamente para presionar a Israel para que ponga fin a la actual agresión contra el pueblo palestino y respetar la legalidad y el Derecho Internacional".

Por último, ha advertido de las consecuencias de este recrudecimiento del conflicto y ha recalcado que "la región está atravesando un estado de tensión e inestabilidad" y que "la agresión israelí busca dañar los intereses del pueblo palestino".

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha asegurado que Israel, tras haber matado al dirigente de Yihad Islámica, no está interesado en desatar una escalada de violencia. "No queremos una escalada de violencia pero estamos respondiendo a cada ataque contra nosotros con un ataque muy intenso en respuesta. Es mejor que Yihad Islámica entienda ahora en lugar de cuando sea demasiado tarde", ha dicho el primer ministro israelí, en el inicio de una reunión gubernamental.

Israel se hizo con la Franja de Gaza en la guerra de 1967 y en 2005 retiró las tropas y los asentamientos. Desde 2007, el territorio ha estado controlado por el grupo islamista Hamás y ha estado sometido a un bloqueo impuesto por las autoridades de Israel y secundado por Egipto.

madrid

13/11/2019 21:31 Actualizado: 13/11/2019 21:40

público / agencias 

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Jueves, 14 Noviembre 2019 06:05

Golpe a golpe

Golpe a golpe

América Latina tiene la derecha más depravada, pusilánime, corrupta e iletrada del mundo. Está dispuesta a quemar en la hoguera a un país entero con tal de no ceder ni un céntimo de sus ya monumentales beneficios. Respaldada por Washington, aliada al militarismo golpista y embebida de una ideología involutiva, las derechas continentales actúan como si los países de los cuales extraen sus riquezas fueran para ellas un mero exilio y no la patria original. El destino de golpes y destierros de seis presidentes latinoamericanos de orientación socialdemócrata es un retrato fantasmagórico de la carga destructiva que las castas oligarcas de América Latina están dispuestas a activar. Manuel Zelaya en Honduras, Fernando Lugo en Paraguay, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Rafael Correa en Ecuador y ahora Evo Morales en Bolivia han sido los tótems malditos de un ala ultraconservadora que no dudó en desparramar muerte y represión para apartar del poder a una opción política que, más allá de sus retóricas, se asemejaba más a una socialdemocracia con perfil redistributivo que a una revolución socialista. El expresidente norteamericano Barack Obama fue el primero en inaugurar el siglo y entregar envuelto en papel castrense un golpe de Estado. Ocurrió en Honduras, en 2009. En junio de ese año, con la pueril excusa de una supuesta “traición a la Patria”, Manuel Zelaya terminó destituido, expulsado y exiliado (República Dominicana) por las fuerzas armadas en cumplimiento de una orden de la Corte Suprema de Justicia. Se trató de una obscena patraña cuyo único objetivo consistía en impedir, entre otras cosas, que Zelaya llevara a cabo un plebiscito sobre una Asamblea Nacional Constituyente. Con Honduras se inauguró la fase del nuevo golpismo a través de la construcción masiva de un relato contaminante. Los medios y las redes sociales adquirieron en Honduras el perfil que hoy le conocemos: se volvieron armas de disuasión masiva armadas con falsedades. El 28 de junio de 2009, Zelaya, en ropa interior, fue sacado a la fuerza de su residencia por los militares y expulsado del país. No le perdonaron su plebiscito ni su alianza con el eje liderado por el difunto presidente venezolano Hugo Chávez.

Fernando Lugo, en Paraguay, corrió una suerte similar. El “obispo de los pobres” había sido el segundo presidente de izquierda que llegó al poder después del corto periodo presidencial de Rafael Franco (1936-1937), otro desterrado. Ganó la presidencia en abril de 2008 y terminó destituido en junio de 2012 por un voto mayoritario de la Cámara de Diputados por un supuesto “mal desempeño” de sus funciones. Como en Honduras, la caída de Lugo resultó de un relato armado con minuciosa eficacia a partir de hechos reales pero alterados en beneficio de la destitución. En Ecuador, Rafael Correa gobernó por un periodo de 10 años, entre enero de 2007 hasta mayo de 2017. Su plataforma política, económica y social, así como su interlocución con la población indígena de Ecuador, hicieron de Correa un presidente de ruptura con respecto a los anteriores. Tampoco se lo perdonaron, sobre todos los medios hegemónicos acostumbrados a manipular todo el espacio de la comunicación y los negocios. Su ya famosa “revolución ciudadana” trascendió las fronteras de Ecuador hasta volverse el argumento central de partidos de la izquierda radical europea como fue el caso de Francia Insumisa (Jean-Luc Mélenchon). Pero las castas no admiten procesos de transformación profundos. Correa sacó a millones de personas del marginamiento (según el Banco Mundial, la tasa de pobreza en Ecuador pasó del 36,7% en 2007 al 22, 5% en 2014), otorgó derechos a las personas LGBT+, modificó la relación de fuerzas de los medios, multiplicó por cinco los gastos en sanidad, amplió la asistencia a los discapacitados, rehusó que Estados Unidos siguiera contando con una base militar en Ecuador y le brindó asilo a Julian Assange en la embajada ecuatoriana de Londres. Correa dejó el poder en mayo del 2017. Fue reemplazado por su exvicepresidente, Lenín Moreno, quien se convirtió en un aliado de la venganza de las castas contra Correa. En 2018, la oposición de Correa al referéndum constitucional para reformar la Constitución le valieron los dardos de la justicia. En julio, la jueza ecuatoriana Daniella Camacho dictó una orden de prisión preventiva contra el ex mandatario y hasta solicitó a Interpol que fuera arrestado. El presidente que más hizo por su país vive exiliado en Bélgica.

Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil son el anteúltimo peldaño del infierno al cual las derechas latinoamericanas están depuestas a someter a los dirigentes socialdemócratas para apartarlos del camino. Los escándalos de corrupción de su partido, el PT, sirvieron como frase inaugural del gran relato desconstructor del lulismo emprendido por los abanderados históricos de la corrupción brasileña. Atrás quedaban los programas sociales, la inversión en salud, educación, justicia, desarrollo, así como los millones de brasileños que salieron de la pobreza. Con un tejido de acusaciones respaldadas por un relato hegemónico, Lula fue arrestado el 4 de marzo de 2016 en el marco de la operación anti-corrupción Lava Jato, teledirigida por el juez Sergio Moro. Lula fue condenado a nueve años y medio de cárcel acusado de recibir sobornos de la constructora OAS a cambio de contratos millonarios y Dilma Rousseff destituida en septiembre de 2016 al cabo de 13 años de gobiernos progresistas.

Evo Morales cerró en Bolivia la serie negra iniciada hace casi 15 años antes en Honduras. Las condiciones de su renuncia, la brutalidad, la violencia y la ilegitimidad de los actores políticos e institucionales que intervinieron sembraron la imagen de una venganza sangrienta. Fueron dos de las fuerzas menos creíbles que existen en América Latina, las más corruptas, la policía y el ejército, quienes decidieron el destino político de una Bolivia que vivió sus años más prósperos y orgullosos bajo el mandato de Evo Morales. Las circunstancias con las que se acorraló al presidente a la renuncia, el odio y la violencia liberadas en las calles, su partida al exilio mexicano, el silencio de las grandes democracias de Occidente y la pasividad retórica de los vecinos quedarán en la historia como una de las grandes heridas de nuestra América.

No es la hegemonía de un medio la que hace titubear la democracia sino la hegemonía de su mala fe. De Manuel Zelaya en Honduras a Evo Morales en Bolivia, la mecánica de la destitución ha sido similar: una casta oligarca que se apoya en los medios para viciar el relato, en la justicia y los militares. En cada caso se buscó arrancar del poder a opciones políticas reformistas, nacionalistas y con un fuerte ánimo redistributivo. Ninguno de estos seis expresidentes ha sido un dictador, o un revolucionario violento, ninguno reprimió, amordazó a su pueblo, sentencio la libertad de expresión, ni derramó sangre en las calles. Llegaron para abrir el juego político, social y económico en países cautivos de una casta explotadora, no para llenar las cárceles o los cementerios. Sus enemigos sí. Nuestras derechas cavernícolas jamás atravesaron el Siglo de las luces. Siguen ancladas en los tiempos de la barbarie ideológica y la obscuridad. Lo acaban de probar en Bolivia, amparadas, una vez más, en la protectora dependencia de Washington. La Casa Blanca siempre ha estado a la vera de todas las hecatombes políticas de América Latina. Ha sido el capacitador ideológico y operativo de los golpes de Estado militares del Siglo XX como lo es ahora de los golpes cívico militares que promueve desde el inicio del Siglo XXI.

Por Eduardo Febbro

Desde París

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 El secretario general de la OEA Luis Almagro. En vídeo, sus declaraciones. Foto: AFP | Vídeo: EFE

 En una sesión urgente en la OEA, México, Uruguay y Nicaragua han denunciado un "grave quebrantamiento del orden constitucional" en el país andino

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha celebrado este martes con contundencia la renuncia de Evo Morales y el papel de las Fuerzas Armadas en la salida del líder boliviano. “En Bolivia hubo un golpe de Estado el 20 de octubre cuando Evo Morales cometió fraude electoral”, sostuvo Almagro en la sesión extraordinaria del Consejo Permanente del Organización de Estados Americanos que tuvo lugar este martes en Washington. “El Ejército debe actuar conforme a su mandato. Nadie ha excedido el poder hasta ahora”, agregó el diplomático uruguayo. En la sala no estuvo presente el embajador boliviano ante el organismo multilateral, José Alberto Gonzales, quien según AFP, presentó horas antes su “renuncia irrevocable” sin especificar las razones.

Las diferentes percepciones sobre lo ocurrido el pasado domingo en Bolivia resultaron palpables desde el primer momento en la sesión. El embajador de Estados Unidos, Carlos Trujillo, fue uno de los primeros en tomar la palabra para calificar de “ridícula” la idea de que Morales fue víctima de un golpe de Estado, a lo que la delegación de México, el país que le ha dado asilo político al líder sudamericano, respondió de inmediato sosteniendo que la presión de las Fuerzas Armadas sí configuró un grave quebrantamiento al orden constitucional.

En la polarizada sesión, un bloque de 15 países firmaron una carta en la que evitaron calificar como golpe de Estado lo sucedido e hicieron un llamamiento para que se forme urgentemente “la presidencia provisional” conforme a la Constitución boliviana y se convoquen una nuevas elecciones. En el texto, firmado por EE UU, Argentina, Perú, la Venezuela de Juan Guaidó, Ecuador, Colombia, Honduras, Panamá, Paraguay, Chile, Canadá, Brasil y Guatemala, se rechazan los actos de violencia que atenten contra la estabilidad y la democracia. Trujillo sostuvo que “si hubo amenaza a la democracia en Bolivia, era la del Gobierno” de Morales.

El excanciller boliviano Diego Pary, quien presentó su renuncia este domingo, envió una carta al organismo multilateral en la que alertaba del riesgo a la integridad personal al que se enfrenta la cúpula de Morales. Además, solicitó a la OEA que actúe inmediatamente para contribuir a recuperar la paz social. "Invitamos a la comisión interamericana de los derechos humanos a Bolivia para que pueda verificar las graves violaciones a los derechos humanos", apuntó en el escrito leído por una portavoz de la delegación boliviana.

Almagro fue duramente criticado por México este lunes por su silencio frente a lo ocurrido el pasado domingo  en Bolivia. El organismo emitió horas después de la salida de Morales un breve comunicado en el que rechazaba “cualquier salida inconstitucional" a la crisis y hacía un llamamiento “a la pacificación y al respeto al Estado de Derecho". “Frente a sucesos de esta magnitud, los pronunciamientos de esta organización deberían ser más oportunos y contundentes”, postuló la embajadora mexicana, Luz Elena Bañados Rivas.

Nicaragua apoyó a México en su postura crítica con el papel de la OEA. “Denunciamos al mundo las prácticas interventoras imperiales que han prevalecido y prevalecen en EE UU y sus organizaciones satélites”, añadió la delegación nicaragüense. El embajador de Uruguay, Hugo Cayrús, también condenó, en otro tono, lo ocurrido con Morales. “Que no queden dudas: esto fue, a todas luces, un golpe de Estado cívico, político y militar”.

La sesión urgente solicitada por Brasil con el apoyo de varios países arrancó con los detalles del informe preliminar de la OEA, en el que se detectaron “graves irregularidades” en las elecciones del 20 de octubre que dieron por ganador a Morales. La falsificación de firmas, actas irregulares o un sistema de transmisión de votos viciado fueron algunos de los hallazgos de la auditoría electoral. Recomendaron repetir las elecciones con un nuevo tribunal electoral y bajo la observación de organismos internacionales. Evo Morales, cuando aún ocupaba el cargo de presidente, aceptó celebrar nuevos comicios, pero horas más tarde las Fuerzas Armadas le "sugirieron" que dimitiera y, asegurando ser víctima de un golpe de Estado, Morales renunció.

Por Antonia Laborde

Washington 13 NOV 2019 - 03:13 COT

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 Un helicóptero artillado esperaba ayer el despegue en una base militar estadunidense, en una ubicación no revelada en el este de Siria. Foto Ap

Beirut.

El que las guerras terminen de manera muy distinta a nuestras expectativas –o a nuestros planes– quedó establecido desde hace mucho. Que "ganáramos" la Segunda Guerra Mundial no redundó en que los estadunidenses vencieran en Vietnam, ni que los franceses eliminaran a sus enemigos en Argelia. Sin embargo, desde que decidimos quiénes son los buenos y quiénes los monstruos malvados a los que debemos destruir, recaemos en nuestros viejos errores.

Sólo porque odiamos, despreciamos y satanizamos a Saddam, Kadafi o Assad, estamos seguros –absolutamente convencidos– de que serán destronados, para que después los azules cielos de la libertad se alcen sobre sus destrozados países. Esto es pueril, inmaduro, infantil; pero si tomamos en cuenta la basura que estamos dispuestos a tragarnos sobre el Brexit, nada de esto me sorprende.

Bueno, la caída de Saddam trajo a Irak el más inimaginable sufrimiento. Lo mismo pasó tras el asesinato de Kadafi, ocurrido junto al más famoso sistema de drenaje de Libia. En cuanto a Bashar al Assad, lejos de ser derrocado, ha emergido como el gran triunfador de la guerra en Siria. Aun así insistimos en que debe irse. Aun así pretendemos que sean juzgados –con justa razón– los criminales de guerra sirios, pero Damasco ha salido a flote de la oleada sangrienta de la guerra intacto, vivo y teniendo como aliada a la más confiable superpotencia que cualquier país de Medio Oriente pueda tener: el Kremlin.

Desprecio la palabra "curar". Todo mundo parece ser curador de posibilidades, de conversaciones políticas o de planes de negocios e inversión. Parecemos adictos a estas horribles palabras de ocasión. Pero por una vez la voy a usar en su sentido real: aquellos que han curado la historia –la narrativa– de la guerra en Siria estuvieron equivocados desde el principio.

Bashar se iría. El Ejercito Libre Sirio (ELS), supuestamente integrado por decenas de miles de desertores del ejército sirio y de manifestantes desarmados provenientes de Darayya, Damasco y Homs, obligaría a la familia de Assad a dejar el poder. Por supuesto, una democracia estilo occidental surgiría junto con el laicismo –mismo que supuestamente era la base fundacional del partido Baaz– y sería el cimiento de un nuevo Estado árabe liberal.

Por el momento debemos dejar de lado una de las verdaderas razones del apoyo occidental a la rebelión: destruir al único aliado árabe de Irán.

No vaticinamos la llegada de Al Qaeda, hoy purificada con el nuevo nombre de Nusrah. No imaginamos que la pesadilla del Isis saldría como un genio de la lámpara de los desiertos orientales. Tampoco entendimos –y nadie nos dijo– cómo estos cultos islamitas consumirían la revolución popular en la que creímos.

Hoy apenas empiezo a aprender cómo la "moderada" rebelión siria se convirtió en una máquina apocalíptica del Estado Islámico. Muchos grupos islamitas (no todos, de ninguna manera, y esto no fue una transición simple) estuvieron ahí desde el principio. Estaban en Homs desde al menos 2012.

Esto no significa que los rebeldes sirios no fueran valientes y de mentalidad democrática, pero su figura se exageró demasiado en Occidente.

Mientras David Cameron fantaseaba con 70 mil elementos (moderados) del ELS que combatían al régimen de Assad, en realidad no había más de 7 mil hombres, cuando mucho. El ejército sirio hablaba con ellos, muchas veces, en directo vía teléfono móvil, para convencerlos de volver a sus unidades gubernamentales originales, o bien, que abandonaran la ciudad sin combatir, o incluso les ofrecía un intercambio de alimentos por los cadáveres de los soldados del gobierno.

Los mandos militares del ejército gubernamental sirio decían que era preferible combatir al ESL, porque sus hombres siempre salían huyendo, a diferencia de los del Nusrah y el Isis.

Sin embargo hoy, mientras reportamos los resultados de la invasión turca al norte de Siria, llamamos a los aliados árabes de las milicias turcas con un nombre muy raro. Su nombre es Ejército Nacional Sirio, en vez del nombre original que les dio el gobierno de Assad que era Ejército Sirio Árabe; y que aún se emplea con mucha frecuencia.

Vincent Durac, profesor de política de Medio Oriente en Dublín, escribió la semana pasada que los aliados árabes de esa milicia fueron "una creación de Turquía".

Esto es un absurdo. La verdad es que son los despojos del original, y aún totalmente desacreditado Ejército Libre Sirio, las míticas legiones de David Cameron cuya misteriosa composición, según recuerdo, alguna vez fue explicada a los diputados británicos por un general con el glorioso apellido de Messenger (Gordon era su nombre de pila. N. de la T.).

Muy pocos reporteros (con la honrosa excepción de los que trabajaban para Channel 4 News) han explicado ese muy importante hecho de la guerra, a pesar de que hay imágenes que mostraron claramente a milicianos pagados por Turquía ondeando la vieja bandera verde, blanca y negra del viejo ESL.

Eran los mismos agitadores, ex miembros del ESL, quienes entraron al enclave kurdo de Afrin el año pasado y ayudaron a sus colegas del Nusrah a robar hogares y negocios kurdos. Los turcos le llaman a este violento acto de ocupación la Operación Rama de Olivo. Lo que es todavía más absurdo: llamaron Operación Primavera de Paz a su más reciente invasión.

Hubo un tiempo en que esto se consideraría una despreciable obscenidad, pero ya no es el caso. Actualmente, los medios han tratado esta ridícula nomenclatura con algo muy cercano al respeto. Hemos jugado con los mismos trucos con las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), supuestamente "respaldadas por Estados Unidos". Cierto, no había nada de democrático en dicha milicia y su "fuerza" existe sólo mientras las respalde el poderío aéreo estadunidense. Con todo, las FDS mantienen inmaculado su nombre y los medios no las cuestionan.

Pero cuando los turcos invadieron Siria para alejarlas de la frontera con Turquía, repentinamente las trasformamos en "fuerzas kurdas" –y lo eran en gran medida– pero fueron finalmente traicionadas por los estadunidenses.

Una ironía que se olvida, o simplemente se desconoce, es que cuando los combates comenzaron en Aleppo en 2012 los kurdos ayudaron al ELS a tomar el control de varias zonas de la ciudad. Ambos cuerpos se combatirían mutuamente siete años más tarde cuando los turcos invadieron la zona fronteriza kurda "libre" de Rojava. Aún menos atención recibió el hecho de que el avance de las fuerzas turcas y el ELS hacia el interior de Siria permitió a miles de campesinos árabes sirios volver a sus hogares que fueron tomados por los kurdos cuando éstos intentaron conformar su estadito sin posibilidades al comienzo de la guerra.

Pero la narrativa de esta guerra es aún más torcida pues está silenciada cualquier crítica que ayude a entender el nuevo papel de Arabia Saudita en la debacle siria.

Negar, negar y negar es la política saudita cuando se le pregunta si dio asistencia a los rebeldes islamitas anti Assad en Siria. Incluso cuando yo hallé documentos en una base del Nusrah en Aleppo que acreditaban la adquisición de armas de un fabricante Bosnio ubicado cerca de Sarajevo, llamado Ifet Krnjic. Yo mismo busqué a Krnjic, quien me explicó cómo las armas fueron enviadas a Arabia Saudita. El hombre me describió a los funcionarios sauditas con quienes habló en su fábrica. Los sauditas aún niegan estos hechos.

De manera casi increíble, los sauditas ahora buscan un enfoque totalmente nuevo para Siria. Ya sus aliados en la guerra con Yemen (otra catástrofe saudita) han reabierto su embajada en Damasco; decisión muy significativa para un Estado del Golfo, aunque esto sea mayormente ignorado por Occidente. Ahora parece que los sauditas piensan reforzar su cooperación con Rusia mediante el financiamiento de la reconstrucción de Siria, proyecto en el que también participarán los Emiratos y probablemente Kuwait. Así, los sauditas se volverán más importantes para el gobierno sirio que Irán, que está roto debido a las sanciones en su contra. Riad probablemente quiere también obstruir las cada vez más cálidas, aunque discretas, relaciones entre Qatar y Assad. Los qataríes, pese a tener el imperio internacional de Al Jazeera, quieren extender su poder sobre territorios reales, físicos, y Siria es un objetivo obvio para su generosidad y su riqueza.

Pero si los sauditas deciden reclamar para sí mismos este papel oneroso, el reino podría, al mismo tiempo, hacer a un lado por la fuerza a Irán y a Qatar. Al menos eso creen ellos. Los sirios, cuya principal política muchas veces es esperar, esperar y esperar, desde luego decidirán cómo jugar con las ambiciones de sus vecinos.

El interés saudita en Siria no es una mera conjetura. El príncipe heredero Mohammed bin Salmán declaró a la revista Time en agosto del año pasado: "Bashar quedará en el poder, pero creo que el interés de Bashar no es dejar que los iraníes hagan lo que quieran".

Los sirios y los bahraníes hablan con regularidad sobre la posguerra en Levante. Los Emiratos podrían incluso negociar entre los sauditas y los sirios. Los estados del Golfo dicen ahora que fue un error suspender la membresía de Siria en la Liga Árabe.

En otras palabras, Siria –alentada por Rusia– está regresando con paso firme al papel que tenía antes de la revuelta de 2011. Esto no es lo que imaginamos en Occidente, cuando nuestros embajadores en Damasco arengaban a los manifestantes para que salieron a las calles sirias a continuar la lucha contra el régimen y exigían a los inconformes, de manera muy específica, que no hablaran ni negociaran con el gobierno de Assad.

Pero esos eran otros tiempos… antes de que dos enloquecidos elementos surgieran para destruir todas nuestras suposiciones, y sembraran temor y desconfianza por todo Medio Oriente: Donald Trump y el Isis.

Traducción: Gabriela Fonseca

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 Despliegue policiaco en el sur de La Paz para contener a manifestantes partidarios de Evo Morales.Foto Ap

Voces disidentes en Washington denuncian "un golpe más en AL que es apoyado por EU"

 

Nueva York. El presidente Donald Trump festejó la "renuncia" de Evo Morales en Bolivia como un triunfo de la democracia y advirtió que es un mensaje para Nicaragua y Venezuela; su gobierno argumentó que lo ocurrido no fue una asonada, sino una expresión de "la voluntad del pueblo", pero voces disidentes de políticos nacionales y figuras públicas estadunidenses denunciaron lo que calificaron de un golpe más en América Latina apoyado por el régimen en Washington.

"Estados Unidos aplaude al pueblo boliviano por exigir la libertad y a los militares bolivianos por cumplir su juramento de proteger no sólo a una persona, sino la Constitución de Bolivia", declaró Trump.

Agregó en la declaración por escrito, difundida por la Casa Blanca, que después de casi 14 años y el intento de ignorar la Constitución de su país, la renuncia de Morales "preserva la democracia y pavimenta el camino para que el pueblo boliviano sea escuchado".

Trump concluyó: "estos eventos envían una señal fuerte a los regímenes ilegítimos en Venezuela y Nicaragua, de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán. Ahora estamos un paso más cerca a un hemisferio occidental completamente democrático, próspero y libre".

El Departamento de Estado sub-rayó que lo ocurrido en Bolivia no fue un golpe de Estado, según explicó un alto funcionario de la dependencia en una teleconferencia con periodistas, sino que "el pueblo bolivariano se hartó de un gobierno que ignoraba su voluntad".

El alto funcionario subrayó que el informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) concluyó que el proceso electoral fue marcado por "serias irregularidades" y recomendó nuevas elecciones, evaluación apoyada por Washington.

Indicó que Washington "trabajará con los bolivianos para establecer una democracia en su país", y apremió a todas las partes de descartar la violencia para proceder hacia la transición política con la participación de todos los partidos. Otro funcionario estadunidense comentó que espera que la legislatura logre nombrar un mandatorio interino este martes.

Insistió en que "no tenemos alguna preferencia entre los candidatos" y dijo que el Departamento de Estado no ha tenido "contacto directo" con ningún líder político boliviano desde el 20 de octubre. Al mismo tiempo que convocó la participación de todos los actores, con el vocabulario diplomático reiteró la posición de su jefe, el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien antes de la renuncia de Morales sugirió que "todo oficial del gobierno" implicado en la elección "fallida" no debería participar en nuevos comicios "para restaurar credibilidad al proceso".

Los medios estadunidenses y gran parte de la clase política rehuyeron calificar de "golpe" lo ocurrido en Bolivia. Incluso, el editorial del Washington Post ayer declaró que la "anarquía" y el "caos" en Bolivia era, a fin de cuentas, responsabilidad del "cada vez más autócrata" Morales.

Pero algunas voces disidentes de alto perfil nacional no evitaron la palabra que marca tanto la historia estadunidense en el hemisferio. El senador y candidato presidencial demócrata Bernie Sanders tuiteó: "estoy muy preocupado por lo que parece ser un golpe en Bolivia, donde los militares... intervinieron para remover a Evo Morales". La diputada y nueva estrella del ala progresista del Partido Demócrata, Alexandria Ocasio Cortez, tuiteó que lo sucedido en Bolivia "no es democracia, es un golpe de Estado". Su colega, la diputada Ilhan Omar, expresó lo mismo.

Mark Weisbrot, codirector del Center for Economic and Policy and Research, comentó que lo ocurrido fue un golpe militar que no podría haber prosperado sin el apoyo de Washington y la OEA, junto con una narrativa de fraude electoral "sin presentar jamás ninguna evidencia" que "se repitió una y otra vez en los medios, con lo cual se aceptó como verdad". En entrevista con Democracy Now, Weisbrot afirmó: "es obvio", aun sin pruebas concretas, por ahora, que la CIA apoyó este golpe, al igual que lo hicieron en ese mismo país en 1952, 1964, 1970 y 1980.

Noam Chomsky, junto con el analista Viaje Prashad, ya habían alertado desde el sábado que en Bolivia se estaba gestando "un golpe de Estado". Señalaron, en declaración pública, que la promotora de la asonada es la oligarquía boliviana que "cuenta con el total apoyo del gobierno de Estados Unidos, que desde hace mucho tiempo está ansioso por expulsar a Evo Morales, y a su movimiento, del poder". Advierten que "por más de una década, el Centro de Operaciones de la embajada de Estados Unidos en La Paz ha expresado que tiene dos planes: el plan A, el golpe de Estado; el plan B, el asesinato de Morales. Se trata de una grave violación a la Carta de Naciones Unidas y a todas las obligaciones internacionales".

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Lunes, 11 Noviembre 2019 06:29

Berlín 1989-2019

Berlín 1989-2019

La caída del muro de Berlín fue un momento emblemático del profundo cambio en la estructura del poder a escala mundial. Treinta años después, las repercusiones son todavía notorias.

Entre agosto de 1961 y noviembre de 1989, el muro representó la pugna entre dos sistemas opuestos de organización social emanados de periodos revolucionarios y dos guerras mundiales. El muro expresó, de modo literalmente concreto, el significado histórico de lo que se llamó la guerra fría.

El muro cruzaba primero Berlín y fue extendiéndose hasta conformar un sistema de fortificaciones que, a lo largo de 45 kilómetros, separó las dos partes de la ciudad y más tarde rodeó la parte occidental, por 120 kilómetros, convirtiéndola en un enclave en el territorio de Alemania oriental.

Antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Churchill pronunció un famoso discurso, el 5 de marzo de 1946, en Fulton, Misuri, adonde asistió con el presidente Truman.

El discurso se titulaba "Los tendones de la paz", y ahí reconocía la primacía que había adquirido Estados Unidos.

Churchill describió así la nueva configuración de Europa: "De Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, una cortina de hierro ha descendido a lo largo del continente".

Con esto se considera que empezaba la guerra fría entre los dos grandes bloques políticos. Así se entendió, en buena medida, tanto política como popularmente, la historia de las siguientes cuatro décadas. Era un mundo bipolar.

Una de las imágenes literarias perdurables de ese periodo la proporcionó la notable novela de John le Carré: El espía que salió del frío, publicada en 1963, en la cual el agente británico Alec Leamas es enviado a Berlín oriental para averiguar acerca del poderoso sistema de seguridad del Estado.

La fuerte pugna entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ordenaba las coordenadas de lo que sucedía en gran parte del mundo. En la región que habitamos hubo sucesos muy relevantes. Uno de ellos, muy tempranamente, fue el derrocamiento del gobierno de Arbenz en Guatemala. Otro fue la crisis cubana de los misiles, en 1962, que exhibió la abierta confrontación entre las dos potencias y fue uno de los episodios más relevantes de la guerra fría.

En 1990, John J. Mearsheimer publicó un artículo titulado “Por qué pronto extrañaremos la guerra fría”, en el cual apuntaba a la configuración de un mundo unipolar surgido de la debacle de la URSS.

En todo caso, el escenario se armaba para el diseño e implementación de la fase actual del proceso de globalización económica y financiera. Una de las expresiones más influyentes de este modelo de acumulación, que se imponía con gran decisión, fue la elaboración del Consenso de Washington, presentado por John Williamson en 1990 y alentado sin cortapisas por los organismos financieros internacionales. Todo corría muy de prisa.

Para ubicar los principios de dicho armazón de políticas públicas, aplicado de modo generalizado en las llamadas economías en desarrollo, conviene recordar el decálogo que lo constituía: reducir la deuda del gobierno; eliminar los subsidios públicos; aplicar reformas tributarias; determinar tasas de interés mediante mecanismos del mercado; fijar tipos de cambio flexibles; adoptar políticas de libre comercio; relajar las reglas de la inversión extranjera directa; privatizar empresas públicas; erradicar las regulaciones que limitan la competencia, y ampliar los derechos de propiedad.

Ese esquema es el que tres décadas después está sumido en una profunda crisis económica, expuesta principalmente por la financiera de 2008 y sus secuelas. Además, generadora de una honda crisis social, de la que hoy no faltan ejemplos en América Latina. Uno de los casos más manidos de este modelo y expuesto como éxito de las políticas neoliberales es el chileno, que tiene desde hace semanas a la gente en la calle protestando sus onerosas consecuencias sociales.

Los acontecimientos históricos de mayor relevancia, como la caída del muro de Berlín, provocan una serie de interrelaciones complejas y distinto calado. El impacto de ese hecho ha sido realmente global.

Alexander Herzen escribió en su texto Desde la otra orilla acerca de la viuda preñada, con lo que aludía a la situación en la que el viejo orden ha sucumbido, pero aún no ha nacido uno nuevo. En 1989, el nuevo orden sucedió al viejo orden de manera casi súbita y global. En tres décadas de predominio se ha desgastado.

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Macron diagnostica la muerte cerebral de la OTAN y Alemania se indigna

Después de que el intrépido presidente galo Emmanuel Macron lograra acuerdos comerciales durante su visita a China por 15 mil millones de dólares (https://reut.rs/2WZprot), dio una explosiva entrevista a la revista globalista The Economist, copropiedad de los banqueros Rothschild para quienes laboró, donde diagnostica la muerte cerebral de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) (https://econ.st/33vMGsI), a la que antes Trump catalogó de "obsoleta" cuando regañó a sus aliados de no gastar lo suficiente para su defensa que corría prácticamente a cargo de Estados Unidos.

Macron, quien después del G-7 dictaminó el “fin de la hegemonía de Occidente (https://bit.ly/2NZIpYd)”, se mostró perplejo sobre el "artículo 5" de la OTAN, su cláusula de defensa colectiva, y comentó que no estaba seguro si Washington defendería a Europa en una crisis.

Macron sentenció que Europa se encuentra "al borde del precipicio (sic)" y necesita empezar a pensar por sí misma en términos estratégicos como una potencia geopolítica, ya que de otra manera "no tendrá más el control de su destino", por lo que es apremiante que Europa despierte cuando Estados Unidos “ha volteado su espalda a Europa, como sucedió con su permisividad a la invasión de Turquía, miembro de la OTAN, aprovechando el retiro del Ejército estadunidense del noreste de Siria.

A juicio del mandatario galo, Donald Trump "no comparte la idea del proyecto europeo" cuando Europa está confrontada por el ascenso de China y se encuentra debilitada por dentro con el Brexit y la inestabilidad política: "Existe un riesgo considerable de que en el largo plazo desaparezcamos geopolíticamente, o, por lo menos, que no tengamos más el control de nuestro destino".

La hermenéutica de The Economist es que el "mensaje subyacente de Macron radica en que Europa necesita comenzar a pensar y a actuar no sólo como grupo económico, cuyo principal proyecto es la expansión del mercado, sino como una potencia estratégica" que “debe empezar con la recuperación de la ‘soberanía militar’ (¡mega-sic!)”, y con la reapertura de un diálogo con Rusia.

Los tres magnos polos gravitatorios EU/Rusia/China atraen a las fuerzas centrífugas en la Unión Europea (UE), tipo Brexit, cuando Francia opera ya como su única potencia nuclear con su force de frappe (poder de disuasión)”.

La Unión Europea cometió el grave error de haberse confinado a una visión vulgarmente geoeconomicista, que le brindó la enorme prosperidad que llegó a superar a Estados Unidos con su PIB, hasta que el destino geoestratégico la alcanzó con la increíble resurrección de Rusia, en la fase del zar Vlady Putin a partir del año 2000, y del irresistible ascenso tecnológico/geoeconómico de China.

Ya se encargarán los exhumadores de archivos desclasificados de diagnosticar que el peor error geoestratégico de Washington lo cometió el entonces mandatario Barack Obama al haber empujado a China a los brazos de Rusia, que conformaron una "asociación estratégica" que dejó aislado a Washington y a la deriva a Europa.

La UE contaba con el paraguas geoestratégico/nuclear de Estados Unidos, que en su fase de declive económico/financiero busca salvarse antes de rescatar a los demás.

Ahogada por su hedonismo, Europa descuidó su seguridad y ahora paga un alto precio. La canciller alemana Ángela Merkel criticó “las palabras drásticas del presidente francés (https://bit.ly/33I7ldr)”.

A 30 años de la caída del Muro de Berlín, la anterior ministra de defensa de Alemania y actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se distancia de Macron al sentenciar idílicamente que “la Organización del Tratado del Atlántico Norte es la alianza de defensa más poderosa del mundo (…) Sin la alianza atlántica, la historia de Europa no podría ser contada (https://politi.co/34K2Ajj)”.

A Von der Leyen se le olvidó Carlomagno y no pondera el nuevo orden tripolar del siglo 21 de EU/Rusia/China.

¿Implosiona la OTAN 30 años después de la caída del Muro de Berlín?

El Fin de la historia, de Francis Fukuyama, fue una histeria del Departamento de Estado, así como el mito chileno fue otro artefacto hollywoodense del fallido binomio neoliberal del thatcherismo/reaganomics. “Fin de una era (https://bit.ly/2NAThg9)”: fin de todos sus mitos.

 

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Martes, 05 Noviembre 2019 06:02

75 años del FMI y Banco Mundial, la rapiña

75 años del FMI y Banco Mundial, la rapiña

En julio de 1944 fueron fundadas en Bretton Woods esas dos instituciones siniestras para los países periféricos. Hace unos días, su reunión anual conjunta celebró sus 75 años como parte decisiva de la gobernanza económica mundial por parte de los líderes de los países centrales: la dirección del FMI en manos de Europa, la del BM en las de Estados Unidos. En los hechos también el FMI está en manos de EU: es su principal accionista. EU es el único país con poder de veto –por el peso de sus acciones– en las decisiones de esa organización financiera que opera como un banco privado a favor de los intereses de Wall Street. EU también domina la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (Swift, por sus siglas en inglés).

¿Motivos para festejar el cumpleaños 75? A la vista están las sombrías perspectivas de la economía mundial, recesión o lento crecimiento en todo el mundo (China aparte); amenazas de un inmenso nuevo quebranto financiero mundial; aumento de las tensiones comerciales; una enloquecida desigualdad, ahora ya no sólo entre los países centrales y los periféricos, sino dentro de ambos polos; una descomunal crisis odiosa –creada contra los intereses de los ciudadanos– de los países ­periféricos.

El norte continúa con su cuento del crecimiento y el desarrollo mientras sigue operando en favor de la especulación financiera sobre todas las cosas, y atizando sin cesar el aumento de la deuda eterna en los países del sur. A la vista está, también, la acción de consuno entre el FMI y el BM y los grupos políticos y económicos globalizados de los países del sur. En México tenemos ahora hasta generales del Ejército (Gaytán) cabalmente subyugados por la ideología neoliberal de esas instituciones.

En su reunión conjunta FMI y BM advierten sobre una nueva crisis internacional de la deuda y subrayan los nubarrones que ven en los severos problemas de deuda que enfrentan Ecuador, Argentina y Haití, como si no hubiera sido el FMI el creador de los programas "de ajuste" y de "reforma estructural" que llevaron a esa crítica situación. El Comité para el Desarrollo y el Comité Monetario y Financiero Internacional, dependientes de la Junta de Gobierno del FMI, señalan el empeoramiento de la situación de la deuda de los países dependientes, pero nada dicen sobre los programas para resolver las crisis de la deuda una vez desatadas; se sabe: sólo mayores dosis de su misma medicina.

Es clara la necesidad de una restructuración completa de la arquitectura del sistema financiero internacional, comenzando por ubicarlo en el lugar de servicio a los sectores productivos que siempre debió corresponderle, y evitando volver a erigir una moneda nacional como divisa internacional con indecibles ventajas para succionar ingreso de todas partes, como ha ocurrido con el dólar.

Pero mientras ello no ocurra –o acaso sea compensado o sustituido por el sistema cuya construcción ha iniciado el BRICS– es apremiante reformar el modo en que el FMI concede sus préstamos en situaciones de endeudamiento insostenible, como la que viven países como Argentina, Ecuador o Haití. Es imperioso que la evaluación para la concesión de créditos, en cualquier circunstancia, incluya por sistema los efectos de los montos, tasas y plazos, sobre los derechos humanos, las prioridades del desarrollo convenidas internacionalmente, como los objetivos 2030 de la ONU, y la impostergable agenda de las cuestiones de género. Estos criterios se tornan acuciantes en condiciones de deuda impagable, como es el caso de los países referidos.

Entre las mayores intervenciones del FMI están: México 1994, 18 mil millones de dólares (mmd); Asia 1997, 36 mmd; Rusia 1998, 22.6 mmd; Brasil 1998, 41.5 mmd; Turquía 2000, 11 mmd; Argentina 2001, 21.6 mmd; Grecia 2010, 139.7 mmd; Portugal 2011, 99 mmd; nuevamente Argentina 2018, 57.1 mmd. Con las intervenciones del FMI las economías de esos países no hallaron caminos a la estabilidad, sino eficaces recetas hacia el desastre nacional y social.

En Argentina, no sólo el FMI y el BM se hicieron cargo del gobierno después de la administración kirchnerista. Junto con Macri llegó un equipo de banqueros y financieros argentinos a "poner orden": la deuda externa pasó de 38 por ciento del PIB al término del gobierno de Cristina Fernández a 93 por ciento del PIB con Macri; y es uno, entre muchos otros adversos indicadores financieros de la gestión neoliberal.

El mundo ha pasado, empeorando, del consenso de Bretton Woods, al Consenso de Washington y, de ahí, al Consenso de Wall Street. Con un centro que rapiña y una periferia cada vez más atracada.

Alberto Fernández, el presidente electo de Argentina, se encuentra en México. Las reglas que rigen el endeudamiento del FMI deben ser profundamente reformadas. En alguna parte, en algún momento, los acuerdos internacionales entre los países de la periferia deben comenzar, al efecto de procesar esa reforma: ¿por qué no empezar ahora mismo?

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Sábado, 02 Noviembre 2019 07:24

Brasil es la cuña de EEUU en Sudamérica

Brasil es la cuña de EEUU en Sudamérica

Brasil está sólidamente alineado con EEUU, pero además se está convirtiendo en la espada de Washington: se permite juzgar a los gobiernos de la región, violentando las elementales normas diplomáticas y está tejiendo alianzas con los mismos países alineados con el imperio.

Tres datos centrales permiten llegar a esa conclusión. El primero es la reacción del presidente Jair Bolsonaro al triunfo electoral del peronismo en Argentina. El segundo es que aprovecha la coyuntura para poner en duda el futuro del Mercosur. Finalmente, en su gira por Asia y Medio Oriente consiguió tejer acuerdos con Arabia Saudí, el principal aliado de Washington en el mundo.

Bolsonaro dejó de lado las mínimas normas de cortesía diplomática para criticar frontalmente la elección de Alberto Fernández, al punto que se negó a felicitarlo por su victoria en primera vuelta. El canciller Ernesto Araújo fue más lejos aún, al decir que "las fuerzas del mal están celebrando" el resultado argentino, agregando que se trata de "una de las peores señales posibles".

Es cierto que Fernández tampoco fue diplomático, al pedir en su primer discurso, luego del triunfo del domingo 27, por la libertad de Lula, el expresidente de Brasil preso en el marco de la investigación Lava Jato. Este choque de presidentes no augura nada positivo para las relaciones bilaterales y para el Mercosur.

El Gobierno brasileño adoptó una actitud anormal en la región, incluso para los más conservadores. "Desde que asumió el gobierno, Jair Bolsonaro puso a Nicolás Maduro y La Habana como sus mayores enemigos en el hemisferio", escribe el periodista Jaime Chade. Según el diario El País, el canciller envió instrucciones a sus diplomáticos para promover una reunión de las Naciones Unidas para atacar a Cuba, aún en contra de la opinión de sus diplomáticos.

El articulista considera una profunda hipocresía que "se llame a Maduro como dictador y a Cuba como amenaza, mientras cierra los ojos para decir, con orgullo, que tiene afinidad con un príncipe saudí acusado de las peores atrocidades", en referencia a sus excelentes relaciones con el príncipe saudí Mohamed Bin Salmam. Quizá porque el gobierno de Riad anunció inversiones por 10.000 millones de dólares en Brasil.

La segunda cuestión la trajo el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, una especie de comunicador informal del gobierno. Con una argentina peronista, dijo en un tuit, Brasil debe rever el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, apuntando a su deseo de separar a Buenos Aires de la alianza regional.

En este punto es necesario recordar que EEUU siempre se opuso a la integración regional sudamericana, y sólo admitió un Mercosur volcado a las relaciones comerciales, desconfiando de cualquier alianza política entre Argentina y Brasil, los únicos países que por su peso económico, político y diplomático pueden arrastrar a toda la región en una dirección determinada.

EEUU ya consiguió, desde los gobiernos de Macri y Bolsonaro, que la UNASUR fuera desactivada, pero ahora puede congratularse de que el Mercosur también atraviese dificultades. Hasta ahora las relaciones comerciales entre ambas naciones sudamericanas eran importantes. El principal mercado de las exportaciones argentinas es Brasil, relevante para la industria por la venta de autopartes, ya que el resto de sus exportaciones son commodities agrícolas sin valor agregado.

La tercera cuestión es que Brasil está promoviendo un viraje hacia Asia y Oriente Medio, en busca de mercados y de inversiones. De hecho se convirtió en uno de los países más atractivos para los inversores, en la medida que derriba las barreras ambientales y laborales, así como las restricciones al capital extranjero en áreas sensibles como los hidrocarburos.

El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí desembolsará 10.000 millones dólares, un dato que fue hecho público luego del encuentro entre Bolsonaro y el príncipe heredero Bin Salman. Por otro lado, el jefe de gabinete de Bolsonaro, Onyx Lorenzoni, aseguró que ambos gobiernos formarán un consejo que definirá los sectores apropiados para efectivizar las inversiones.

Entre los intereses de los sauditas figura la construcción de un ferrocarril de casi 1000 kilómetros, desde el corazón agrícola de Mato Grosso hasta Pará, en el extremo norte del país, cuyo costo oscila en los tres mil millones de dólares. En paralelo, el fondo soberano de Abu Dhabi se mostró entusiasmado por las inminentes privatizaciones en Brasil.

En efecto, Brasilia espera recaudar 325.000 millones de dólares en los próximos años, en las subastas previstas en pozos petroleros, puertos y aeropuertos, pero también con las privatizaciones de empresas estatales como el correo.

Si este plan funciona, además de un profunda desnacionalización del país, Brasil puede conseguir los fondos necesarios para superar una crisis económica que ya se arrastra cinco años, desde el comienzo del segundo Gobierno de Dilma Rousseff, en 2014. Lo hace, además, apelando a los socios estratégicos de EEUU, ya que en su visita a China se habló de mejorar las relaciones comerciales pero no se mencionaron inversiones.

Por último, el Gobierno de Brasil está haciendo gestiones para un segundo encuentro con el presidente Donald Trump, en noviembre. Según relataron diplomáticos a Folha de Sao Paulo, este encuentro "sería una oportunidad especial para consolidar al jefe del Palacio del Planalto como líder regional, frente a procesos complicados en el vecindario sudamericano: Chile, Bolivia y Venezuela".

Este punto es relevante y puede tener consecuencias a largo plazo. Al parecer, la nueva visita de Bolsonaro a EEUU fue iniciativa de los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott. Luego de la década progresista, entre 2003 y 2015, en la que Washington sufrió cierto aislamiento en la región sudamericana, ahora está recuperando posiciones, para lo que necesita de aliados fuertes con llegada a todos los países.

Brasil se ofrece como la espada de EEUU en una región inestable y cada vez más volcada contra el neoliberalismo. Las masivas protestas en Chile, que durante décadas fue el aliado más estable de Washington en la región, son una llamada de alerta para la diplomacia de la Casa Blanca. En esta nueva coyuntura, Brasilia aparece como un aliado más confiable y sumiso a los intereses del capital financiero y del imperio.

20:02 01.11.2019

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