Colombia no invitará a Cuba a la Cumbre de las Américas, pero buscará discutir el caso de la isla
La Habana, 7 de marzo. Ante la falta de consenso, Colombia no invitará a Cuba a la Cumbre de las Américas, pero buscará que el foro discuta el caso de la isla "de manera constructiva y con altura", mientras que La Habana evitará promover algún conflicto para la reunión o para el gobierno de Bogotá.

Esta fue la fórmula que encontraron los presidentes Juan Manuel Santos y Raúl Castro para sortear el escollo que surgió hace un mes al abrirse la cuestión de la eventual asistencia de Cuba a la reunión de Cartagena, el 14 y el 15 de abril.

Santos estuvo en La Habana unas nueve horas, la mayor parte con Castro y luego con el venezolano Hugo Chávez, quien convalece aquí de la operación de cáncer del 26 de febrero.

En el aeropuerto, poco antes de volver a su país, Santos dijo que le informó al presidente Castro la falta de consenso para que Cuba asista a la cumbre.

"Apreciamos de veras su deseo de hacer parte de esta reunión", dijo Santos, en alusión a la ya conocida disposición de Cuba de ir a Cartagena. Pero "en estas circunstancias", agregó, "es muy difícil poderle extender una invitación".

"Le agradecimos, eso sí, su comprensión y además su manifestación generosa de no querer crear un problema ni para la cumbre ni para Colombia", señaló el mandatario colombiano, en una indicación de que Castro desaprueba represalias por la ausencia de su gobierno en el encuentro.

Santos quiso también "decir en forma muy clara que respetamos la posición de varios países frente a la necesidad de que Cuba haga parte y participe de esta cumbre. Colombia quiere que la situación de Cuba, su participación, sea discutida. Así se lo hemos manifestado (a Castro) y así se lo manifestaremos a los demás países".

"Es un tema que lleva muchos años sin solucionarse y con eso hacemos votos para que esta incómoda situación no se repita en el caso de la próxima cumbre, que se celebraría en Panamá", añadió el mandatario colombiano.

Con ese resultado, la movilización diplomática de las últimas semanas arrojó dos novedades: 1) Cuba mostró disposición de acudir a un foro del sistema interamericano, y 2) la Cumbre de las Américas abordará por primera vez la presencia de la isla.

Santos informó también que trató con Chávez la ejecución de un acuerdo comercial y que el presidente venezolano le informó que iría a Cartagena "en la medida que su salud se lo permitiera".

La eventual presencia de Cuba emergió hace un mes, cuando en una reunión de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, el ecuatoriano Rafael Correa y el boliviano Evo Morales propusieron que ese bloque de ocho países boicoteara el encuentro si no se invitaba a la isla.

El nicaragüense Daniel Ortega se opuso y a su vez sugirió que el grupo tratara de hacer valer sus prioridades en el cónclave. Hugo Chávez advirtió que había que consultar a Colombia.

Hace dos semanas, una reunión ministerial del grupo apoyó la asistencia cubana, pero evitó hablar de represalias. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, dijo entonces que si había invitación, La Habana irá, pero no regresará a la Organización de Estados Americanos (OEA).

La declaración de Rodríguez abrió una interrogante sobre cómo hilvanar la presencia cubana, porque la reunión presidencial es un mecanismo de la OEA, que se coordina a través del Grupo de Revisión de la Implementación de Cumbres, integrado por las 34 naciones de la organización.

Estados Unidos, por su parte, se ha mantenido cerrado a cualquier trato con la isla, quizá con mayor fuerza en año electoral. "No creo que Cuba vaya" a Cartagena, dijo esta semana el vicepresidente Joseph Biden, en su gira por México.

En la misma línea se manifestaron desde hace semanas varios funcionarios del gobierno de Barack Obama. Según esa posición, Cuba debe estar fuera de una cumbre de "países democráticos".

El gobierno de Cuba quedó excluido de ocupar su asiento en la OEA en 1962, pero la misma organización anuló el acuerdo en 2009.

Aún así, la isla siempre ha rechazado su reincorporación a la esa entidad. En 2008, el presidente Raúl Castro opinó que el organismo "debe desaparecer" y precisó que "pertenecemos y perteneceremos al Grupo de Río", el mecanismo que el año pasado se convirtió en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que La Habana presidirá en 2013.

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Martes, 06 Marzo 2012 08:36

China: signos preocupantes

 China: signos preocupantes
La cautela de los encargados de las políticas en China tuvo eco en febrero en el FMI, el cual sugirió que el crecimiento del PIB en ese país podría caer unos 4 puntos porcentuales respecto de su previsión de 8.25% para 2012 si se realizaban ciertos escenarios que rodean la potencial volatilidad financiera derivada de los problemas de la zona euro. El fondo sugirió que en ese escenario China debería responder con un significativo paquete de estímulo fiscal, equivalente a 3% del PIB. Hizo notar que las medidas de apoyo debían pasar por el presupuesto, a diferencia del estímulo aplicado en 2008-09, en medio de la crisis financiera global, cuando los programas de infraestructura se llevaron a cabo por medio del sistema bancario y otras vías ajenas al presupuesto.
 
Si bien el FMI y muchos altos funcionarios económicos en el ámbito nacional mantienen cautela acerca de las perspectivas de crecimiento del país asiático para este año, la moderación brilló por su ausencia en las previsiones de las 19 provincias, que han proyectado tasas de crecimiento de más de 10% en 2012. Mongolia Interior ha anticipado que su tasa de crecimiento llegará a 15% este año. Varias otras provincias occidentales, como Guizhou y Chongqing, también prevén la continuación de tasas de dos dígitos.
 

Asuntos fiscales esenciales

 
Nuestra previsión base del crecimiento real del PIB este año es de 8.2%, menor que el año pasado, cuando pasó de 9, pero todavía un resultado relativamente benigno en el contexto de la desaceleración de la economía mundial y de los enormes riesgos que plantea la crisis financiera en la zona euro. Si las condiciones globales se deterioran más de lo que esperamos –lo cual podría ocurrir, por ejemplo, si la crisis en la zona euro se saliera de control–, las propias perspectivas de crecimiento de China resentirían el efecto.
 
Aun si ello ocurriera, existen varias razones para creer que China podría responder con medidas de estímulo que brindaran alivio temporal. Para empezar, las preocupaciones por la inflación aflojarán un tanto en 2012, conforme los precios de los productos primarios no petroleros desciendan de los picos recientes, lo cual dará más espacio a las autoridades para aligerar la política monetaria. Bajo las condiciones actuales, es improbable que China recorte las tasas de interés, tanto porque la inflación sigue arriba de los niveles previstos como porque las tasas ya están artificialmente suprimidas: reducirlas más socavaría el objetivo gubernamental de transitar poco a poco hacia tasas de interés más basadas en el mercado. Pero si las condiciones externas empeoraran de modo apreciable, el Banco Central del Pueblo podría variar de postura y recortar tasas.
 
En segundo lugar, China tiene todavía cierto espacio para renovar estímulos fiscales; su capacidad ha sido ampliada por niveles de ingreso fiscal sin precedente. Este ingreso se elevó a 10.4 billones de renminbis (1.6 billones de dólares) en 2011, 25% más que en 2010. De ese total, el ingreso por impuesto sobre la renta a las empresas creció 30.5%, a 1.7 billones de renminbis, y a las personas físicas, 25%, a 605 mil millones. Las aportaciones del mayor generador de ingresos, el impuesto al valor agregado, se elevaron 15%, a 2.4 billones de renminbis, en tanto el gasto fiscal llegó a 10.9 billones, lo cual deja un leve déficit de 519 mil millones. De renminbis. En el papel, esto pone a China en posición envidiable comparada con EU y las naciones de Europa occidental, que luchan con pesadas cargas de deuda pública y, en muchos casos, con la necesidad de imponer una austeridad que balda el crecimiento. Prevemos un déficit presupuestal de 2.7% del PIB para este año, cifra que toma en cuenta un modesto programa de estímulo fiscal.
 
Sin embargo, los riesgos fiscales subyacentes en China son considerablemente mayores de lo que tales cifras sugieren. La naturaleza engañosa de los alivios fiscales del gobierno es obvia: pese a que el país mantiene oficialmente que su déficit presupuestal está dentro de niveles prudentes, los gobiernos locales de alguna forma acumulaban deuda estimada por una auditoría oficial en 10.7 billones de renminbis (1.7 billones de dólares al tipo actual) a finales de 2010, equivalente a más de 27% del PIB de ese año.
 
La explicación de esta discrepancia reside sobre todo en la gran cantidad de actividad fiscal no registrada que existe en china, sobre todo a nivel de gobiernos locales. Mucho del ingreso que reciben los gobiernos regionales de las ventas de tierra tiende a discurrir por esos canales, al igual que una gran proporción del gasto en infraestructura y desarrollo. Las autoridades centrales han estado presionando a los estratos más bajos del gobierno para que devuelvan esos montos al presupuesto oficial. Sin embargo, sigue en duda cuánto éxito podrá tener esa campaña para mejorar la transparencia fiscal en el país, al menos a corto plazo.
 
La deuda de los gobiernos locales sigue siendo un quebradero de cabeza. Informes del Financial Times de Londres sugerían en febrero que el gobierno chino había instruido al sistema bancario extender los vencimientos de los préstamos de uno a cuatro años. Aunque las autoridades no lo han confirmado, no sería sorpresa: el gobierno interviene con frecuencia en el sistema bancario si en su concepto es por el bien de la nación. Además, en octubre de 2011 el vicepresidente de la Comisión Reguladora de Bancos de China, Zhou Mubing, sugirió extender el vencimiento de la deuda de los gobiernos locales como estrategia para enfrentar el problema. Puede que las autoridades centrales también permitan que se eleven los niveles de emisión de bonos provinciales y subprovinciales para aliviar la presión de financiamiento.
 
Sin embargo, la opacidad con la que China enfrenta el problema significa que indicadores como créditos fallidos, diseñados para vigilar la salud del sistema bancario, quedan inutilizados. Además de dificultar la evaluación de la salud del sector, la falta de transparencia complica determinar cuáles bancos funcionan mejor en términos de calidad de su cartera crediticia, lo cual preocupa a los accionistas de gran número de instituciones financieras que ahora están enlistadas en parte en los mercados de valores de China.
 

Perspectivas

 
Los robustos datos del PIB en el cuarto trimestre de 2011, cuando el crecimiento real fue inesperadamente alto, de 8.9% anualizado, apoyan nuestro punto de vista de que China evitará un brusco aterrizaje en 2012. La reciente reducción del encaje legal bancario por las autoridades indica que se preocupan por los indicios de descenso del crecimiento. Sin embargo, el relajamiento de la política se ha dado a un ritmo modesto, lo cual sugiere que, pese a esas inquietudes, el gobierno aún se siente cómodo con las perspectivas subyacentes de la economía. Esperamos que continuará el relajamiento gradual del crédito y de las restricciones monetarias en la primera mitad de 2012, pero al fortalecerse el crecimiento en la segunda mitad, se detendrá, y más adelante, en el último trimestre, se revertirá.
 
En una perspectiva más amplia, y pese al panorama optimista en general, existe el riesgo de que China sufra una fuerte desaceleración en el crecimiento económico en los próximos cinco años. El mercado local de la vivienda, lleno de burbujas, y los niveles excesivamente altos de inversión, son las fuentes más probables de turbulencia. La capacidad del gobierno de contrarrestar las crisis económicas es fuerte, pero es incierto hasta dónde pueda hacerlo sin agravar los desequilibrios que ya amenazan su economía.
 
Fuente: EIU
 
Traducción de textos: Jorge Anaya
 
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Domingo, 04 Marzo 2012 06:19

Obama y Netanyahu discuten sobre Irán

Obama y Netanyahu discuten sobre Irán

El presidente de EE.UU., Barack Obama, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se reunirán el lunes en medio de la tensión generada por sus diferencias sobre cómo lograr que el régimen iraní abandone su programa nuclear. En lo que se prevé que sea un anticipo de la reunión, el presidente estadounidense expondrá mañana sus posiciones ante el Comité de Acción Política Americano-Israelí (Aipac), el principal grupo de presión pro israelí en Estados Unidos. El cara a cara tendrá lugar el lunes en la Casa Blanca, antes de que el primer ministro participe en el Aipac, plataforma que utilizó el año pasado para reafirmar sus posturas sobre el proceso de paz en Oriente Medio en un momento en el que Estados Unidos buscaba un acercamiento entre ambas partes.

En una reunión que se prevé tensa, se espera que Obama pida paciencia y contención a Netanyahu, ante la posibilidad de que Israel lance un ataque preventivo sobre Irán para persuadir a Teherán a que abandone su programa nuclear, mientras que el político israelí demandará una posición más firme a Estados Unidos. Obama insistirá en que su país comparte con Israel la preocupación de que Irán pueda desarrollar un arma nuclear en una de las regiones más volátiles del mundo, pero le pedirá tiempo hasta ver el efecto de las sanciones internacionales –que se reforzaron el pasado enero para prohibir la compra de petróleo iraní a partir de julio–, antes de apoyar una intervención militar.

Israel considera que la vía diplomática no está funcionando y Netanyahu también tratará de presionar a Obama para que defina claramente cuándo y cómo decidirá Estados Unidos si las sanciones están dando resultado y cuán comprometido está en el uso de la fuerza.

En una entrevista publicada el viernes en The Atlantic, Obama advirtió sobre los grandes costos y las consecuencias no deseadas que puede causar un ataque a Irán, que además puede quedar como víctima ante la comunidad internacional. Irán defiende que su programa nuclear es sólo para fines civiles, pero los inspectores internacionales descubrieron evidencias que sugieren que podría ocultar intenciones militares.

“En un momento en que no hay una gran simpatía por Irán y su único aliado real (Siria) está contra las cuerdas, queremos una distracción por lo que Irán puede presentarse como una víctima”, dijo Obama. El presidente reiteró que todas las opciones están sobre la mesa, incluida la acción militar –siempre como última opción–, una posición que no parece convencer al gobierno israelí.

Anticipándose al encuentro, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barack, realizó una visita relámpago a Washington esta semana para entrevistarse con altos funcionarios estadounidenses en un intento, según los analistas, de resolver las diferencias y tratar de presentar un frente unido cuando los dos líderes se reúnan. Ilan Berman, vicepresidente del American Foreign Policy Council en Washington, dijo que la relación entre Estados Unidos e Israel ha tenido altos y bajos, pero la discrepancia sobre el asunto iraní es probablemente la más profunda entre los dos países hasta ahora. Si bien funcionarios de ambos lados reconocen que las relaciones en materia de cooperación militar e Inteligencia son fuertes, la gestión del gobierno de Obama sobre el conflicto en Oriente Medio ha sido otro obstáculo en entre ambos mandatarios.

En su primer discurso como presidente ante el Aipac el pasado año, Obama defendió su propuesta de que Israel reabriera la negociación con los palestinos con base en las fronteras de 1967, que fue rechazado de plano por Netanyahu. En el mismo foro Netanyahu se mantuvo de-safiante, después de que Israel anunciara la construcción de 1600 nuevas viviendas en Jerusalén Este, en plena visita del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y afirmó que el pueblo judío construía Jerusalén hace 3000 años y el pueblo judío construye Jerusalén hoy.

El anuncio se hizo un día después de que el enviado especial de Estados Unidos para Oriente Medio, George Mitchell, asegurara que israelíes y palestinos habían aceptado mantener un diálogo indirecto de paz y el desaire enfrentó a Netanyahu y a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien consideró menoscabado el papel de Estados Unidos como mediador.

Obama retomará sus esfuerzos diplomáticos hoy ante el Aipac donde acudirá el presidente de Israel, Simon Peres, con quien está previsto que se entreviste. El diario Haaretz adelantó esta semana que Peres manifestará a Obama su oposición a una operación militar en un futuro próximo en Irán, después de sugerir que su país habla en serio cuando asegura que todas las opciones están sobre la mesa.
 

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Sábado, 03 Marzo 2012 08:43

¿Qué intenciones tiene Irán?

¿Qué intenciones tiene Irán?
El número de enero-febrero de la revista Foreign Affairs ofrece un artículo de Matthew Kroenig titulado "Tiempo de atacar a Irán; por qué un ataque es la opción menos mala", junto con comentarios sobre otras formas de contener la amenaza iraní.

Los medios resonaron con advertencias sobre un posible ataque israelí contra Irán mientras Estados Unidos vacilaba, manteniendo abierta la opción de la agresión, con lo que sistemáticamente se viola la carta de Naciones Unidas, fundamento del derecho internacional.

Conforme aumentan las tensiones, los escalofriantes ecos de los preparativos para las guerras de Afganistán e Irak están en el aire. La febril retórica de la campaña de las elecciones primarias en Estados Unidos refuerza el resonar de los tambores de guerra.

Se le suelen atribuir a la "comunidad internacional" –nombre clave de los aliados de Estados Unidos– las preocupaciones por la "inminente amenaza" de Irán. Los pueblos del mundo, sin embargo, tienden a ver las cosas de otra manera.

Los países no alineados, movimiento de 120 naciones, han apoyado vigorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio, opinión que compartían la mayoría de los estadunidenses (encuestados por WorldPublicOpinion.org) antes de la inmensa ofensiva propagandística lanzada hace dos años.

China y Rusia se oponen a la política de Estados Unidos en Irán, como también India, que anunció que no acataría las sanciones estadunidenses y aumentaría el volumen de su comercio con Irán. Turquía ha seguido una línea similar.

Los europeos consideran a Israel como la mayor amenaza a la paz mundial. En el mundo árabe, Irán no es del agrado de nadie pero sólo una minoría muy pequeña lo considera una amenaza. Más bien, se calcula que Israel y Estados Unidos son las amenazas preminentes. La mayoría piensa que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. En Egipto, en vísperas de la primavera árabe, 90 por ciento tenía esta opinión, de acuerdo con encuestas de la Institución Brookings y Zogby International.

Los comentaristas occidentales han hablado mucho de que los dictadores árabes supuestamente apoyan la posición estadunidense sobre Irán, mientras pasan por alto el hecho de que la gran mayoría de la población está en contra, postura tan reveladora que no necesita comentarios.

En Estados Unidos, algunos observadores también han expresado desde hace tiempo sus preocupaciones por el arsenal nuclear de Israel. El general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos, declaró que las armas nucleares de Israel eran "peligrosas en extremo".

En una publicación del ejército de Estados Unidos, el teniente coronel Warner Farr advirtió que “un objetivo de las armas nucleares israelíes, que no suele decirse pero que es obvio, es ‘utilizarlas’ en Estados Unidos”, presuntamente para asegurar un apoyo continuo de Washington a las políticas israelíes.

Una preocupación primordial en estos momentos es que Israel trate de provocar alguna acción de Irán, que a su vez incitara un ataque de Estados Unidos.

Uno de los principales analistas estratégicos de Israel, Zeev Maoz, en "Defensa de Tierra Santa", un análisis exhaustivo de la política de seguridad y exterior de Israel, llega a la conclusión de que "el saldo de la política nuclear de Israel es decididamente negativo", dañino para la seguridad del Estado. Él más bien insta a Israel a buscar un tratado regional de proscripción de armas de destrucción masiva y crear una zona libre de ellas, como lo pedía ya en 1974 una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas.

En tanto, las sanciones de Occidente contra irán ya están teniendo los efectos acostumbrados, causando escasez de alimentos básicos, no para el clero gobernante sino para la población. No es de extrañar que la valerosa oposición iraní también condene las sanciones.

Las sanciones contra Irán podrían tener el mismo efecto que sus predecesoras contra Irak, que fueron condenadas por "genocidas" por los respetables diplomáticos de Naciones Unidas que las administraban y que finalmente renunciaron como una forma de protesta.

En Irak, las sanciones devastaron a la población y reforzaron a Saddam Hussein, con lo que probablemente le evitaron la suerte corrida por la galería de otros tiranos apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña, dictadores que prosperaron prácticamente hasta el día en que varias revueltas internas los derrocaron.

Existe una discusión poco creíble sobre lo que constituye exactamente la amenaza iraní, aunque tenemos una respuesta autorizada, proporcionada por las fuerzas armadas y los servicios secretos de Estados Unidos. Sus presentaciones ante el Congreso han dejado en claro que Irán no representa ninguna amenaza militar.

Irán tiene una capacidad muy limitada de desplegar sus fuerzas y su doctrina estratégica es defensiva, destinada a disuadir una invasión el tiempo necesario para que la diplomacia haga sentir sus efectos. Si Irán está desarrollando armas nucleares (lo cual todavía no está determinado), eso sería parte de su estrategia de disuasión.

El concepto que tienen los analistas israelíes y estadunidenses serios es expresado claramente por Bruce Riedel, veterano con 30 años de antigüedad en la CIA, quien en enero declaró que "si yo fuera un asesor de seguridad nacional iraní, querría tener armas nucleares" como factor de disuasión.

Otra acusación que Occidente presenta contra Irán es que la república islámica está tratando de ampliar su influencia en los países vecinos, atacados y ocupados por Estados Unidos y Gran Bretaña, y que apoya la resistencia a la agresión israelí en Líbano y a la ocupación ilegal de territorios palestinos, que cuentan con el apoyo de Estados Unidos. Al igual que su estrategia de disuasión de posibles actos de violencia por parte de países occidentales, se dice que las acciones de Irán son amenazas intolerables para el "orden global".

La opinión mundial concuerda con Maoz. Es abrumador el apoyo a la idea de establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente. Esa zona abarcaría Irán, Israel y, de preferencia, a esas otras dos potencias nucleares que se han negado a ingresar en el tratado de no proliferación nuclear, Pakistán e India, países que, al igual que Israel, desarrollaron sus respectivos programas con ayuda estadunidense.

El apoyo a esta política en la conferencia de revisión del tratado de no proliferación nuclear, en mayo de 2010, fue tan fuerte que Washington se vio obligado a aceptarla formalmente, pero con condiciones: la zona no entraría en efecto antes de lograr un arreglo de paz entre Israel y sus vecinos árabes; el programa de armas nucleares de Israel estaría exento de las inspecciones internacionales; y ningún país (entiéndase Estados Unidos) podría ser obligado a proporcionar información sobre "las instalaciones y las actividades nucleares israelíes, ni información relativa a transferencias anteriores de tecnología nuclear a Israel".

En la conferencia de 2010 se convocó a una sesión para mayo de 2012, para avanzar en el establecimiento de la zona libre de armas de destrucción masiva en Medio Oriente.

Sin embargo, con toda la alharaca en torno de Irán, hay muy poca atención a esa opción, que sería la forma más constructiva de manejar las amenazas nucleares en la región: para la "comunidad internacional", la amenaza de que Irán alcance la capacidad nuclear; para la mayor parte del mundo, la amenaza planteada por el único Estado de la región que tiene armas nucleares y un largo historial de agresiones y la superpotencia que lo patrocina.

No se puede encontrar ninguna mención al hecho de que Estados Unidos y Gran Bretaña tienen una responsabilidad única de dedicar sus esfuerzos a esa meta. Al tratar de darle una tenue cobertura legal a su invasión de Irak, esos países invocaron la resolución 687 de Naciones Unidas (1991), diciendo que Irak la estaba violando por construir armas de destrucción masiva.

Podemos pasar por alto esa declaración, pero no el hecho de que la resolución explícitamente compromete a los países signatarios a establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente.

El libro más reciente de Noam Chomsky es Making the Future: Occupations, Interventions, Empire and Resistance, recopilación de sus artículos para The New York Times Syndicate.

* Chomsky es profesor emérito de Lingüística y Filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts.
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G-20: repensar las instituciones internacionales (II)
Se puede explicar en forma esquemática como los países occidentales mantienen una posición dominante en el sistema multilateral y las relaciones que existen entre grupos informales de poder creados por ellos y el resto de las instituciones internacionales donde están representados todos los estados:

El núcleo central del poder económico-político, promotor de las políticas neoliberales, es el G-7. Este grupo nació en París en 1975 después de las crisis del petróleo de los años 70. Con el derrumbe de la URSS en 1989, el G-7 dio un salto cualitativo y empezó a tratar casi todos los problemas del mundo que antes se discutían en la ONU. En 1995 se crea el G-8 con Rusia para tratar específicamente cuestiones de seguridad (desarme, proliferación nuclear, terrorismo). Con la aparición de nuevas potencias económicas como China, Brasil, India, México, los líderes del primer mundo tuvieron que hacer algunas concesiones e invitar por cooptación al "club de los grandes" a algunos países emergentes cuidadosamente escogidos por ellos, pero sin voz ni voto en los debates. La crisis de 2008 asustó a los países del G-7 y entonces decidieron crear el G-20 a nivel de jefes de Estado en Pittsburgh, en septiembre de 2009. El G-20 incluye hoy a más de 30 países y organismos internacionales. No hay reglas para incorporar nuevos miembros. El G-20 no toma decisiones sino "recomendaciones", siempre por consenso. No tiene sede ni un secretariado permanente. En el G-20 hay debates muy animados, pero el núcleo central occidental jamás pierde la iniciativa o deja que otros grupos de países, como los BRICS, impongan orientaciones diferentes. En los Cabos ni siquiera hubo una declaración final.

Una vez que los miembros del G-7 o G-8 se ponen de acuerdo sobre una cuestión, sus decisiones se imponen al resto de los países a través de las organizaciones internacionales convencionales (por ejemplo la cuestión nuclear con Irán se trata en la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA, la lucha contra las drogas en la Organización de Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen, ONUDC, la seguridad del transporte aéreo en la Organización de la Aviación Civil Internacional, OACI, etcétera) siempre en los términos impuestos por el G-7/8. De hecho ningún país puede oponerse a las iniciativas promovidas por el G-7/8. Inversamente es prácticamente imposible a un país o grupo de ellos proponer una iniciativa que no tenga el respaldo del G-7/8 o va en contra de sus intereses, salvo excepciones cuando China y Rusia expresan sus desacuerdos en el Consejo de Seguridad de la ONU (Irán, Siria).

Las instituciones económicas y financieras (FMI, Banco Mundial) funcionan todavía sobre la base de la repartición de poderes de los años 50, cuando Estados Unidos representaba 40 por ciento del PIB mundial. Grandes cambios se produjeron en la economía mundial en los últimos 20 años, pero las potencias occidentales conservan todo el poder de decisión a través de los derechos de voto que les dan sus cuotas. Las recientes reformas del FMI acordaron un ligero aumento de la representatividad de los BRICS, sin cambiar nada en el fondo: Estados Unidos es el único país con derecho de veto en el FMI. Así que ninguna reforma de largo alcance se puede decidir sin el visto bueno del bloque occidental.

Otras organizaciones, como la OCDE, funcionan como ejecutores de las políticas decididas por el bloque occidental y son al mismo tiempo fabricas de normas jurídicamente no vinculantes (soft law) muy inspiradas de las prácticas anglosajonas. Es el producto del lobbying de muchos grupos de presión que participan informalmente en la elaboración de las reglas del mundo globalizado, sobre todos los temas, economía, educación, salud, corrupción, etcétera.

El Gafi (Grupo de Acción financiera), sin personalidad jurídica ni estatuto oficial, es el organismo encargado de emitir las reglas de lucha contra el lavado de dinero a escala mundial, sobre la base de "recomendaciones" concebidas para no obstaculizar la circulación libre de los capitales. Los resultados son muy pobres, el sistema financiero acepta de hecho cierta permeabilidad al dinero sucio como "efecto colateral" de la libertad e instantaneidad de la transacciones financieras .

La OTAN, brazo militar de Occidente, extendió su radio de acción a todo el planeta e incluye ahora de manera muy selectiva la promoción de los derechos humanos durante sus misiones. Procura colocar sus intervenciones en un marco de legalidad internacional (la ONU), como fue el caso en Libia.

En la ONU los miembros permanentes del Consejo de Seguridad buscan consensos para resolver las crisis políticas internacionales, evitando lo más que se puede la utilización del veto. Muchas cuestiones están previamente discutidas en el marco informal del G-8. Las resoluciones de la Asamblea General, donde están presentes los 192 miembros de la organización, expresan la opinión de una mayoría de países pero prácticamente no tienen peso si no tienen el respaldo de los países occidentales. China y Rusia, con su derecho de veto, son los dos únicos países que limitan los planes de occidente, por ejemplo contra Irán y Siria.

Con estos ejemplos, se puede tener una idea del grado de control que conservan los países industrializados en la marcha del mundo. Se resisten al cambio, pero difícilmente podrán mantener esta posición. La escala planetaria de los problemas y las nuevas tecnologías requieren nuevas formas de diálogo entre los países y los actores públicos y privados de la globalización, y nuevos procesos de toma de decisión. El orden mundial unipolar nacido en 1989 con la caída del muro de Berlín con una concentración extrema de poder en el pequeño grupo de las grandes potencias occidentales, no podrá resistir al auge de los grandes países emergentes, China en primer lugar, y al impacto sobre la población mundial de fenómenos como el cambio climático, la crisis alimentaria y energética o la contaminación que anuncian grandes catástrofes humanitarias. Es cuestión de tiempo.

El G-20 puede ser un foro propicio para debates de un nuevo tipo porque representa el 90 por ciento del PIB mundial y el 65 por ciento de la población mundial. Pero tiene que consolidar su representatividad y legitimidad proponiendo una nueva arquitectura institucional más equilibrada.
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Los cinco amigos globales de Obama y sus lecturas poco recomendables

En la lista de los cinco amigos globales de Barack Obama no aparece Felipe Calderón (pese a su supino entreguismo), ni ningún mandatario latinoamericano, ya no se diga algún africano o medio oriental. Según Foreign Policy (19/1/12) y el periódico turco Sunday Zaman (20/1/12), en entrevista con Fareed Zakaria, de la revista Time, Obama nombró a sus cinco "amigos internacionales": el premier turco Racip Erdogan, la canciller alemana Angela Merkel, el premier de India Manmohan Singh, el presidente de Corea del Sur Lee Myung-bak y el premier británico David Cameron.

El criterio de su ranking se basa en "las buenas (sic) relaciones de trabajo" que mantiene con ellos.

De los 193 países de la ONU llama la atención que el mandatario del país aún más poderoso del planeta (pese a su declinación notable) solamente cuente a sus amigos con los cinco dedos de una mano. Sería también interesante colocar la lista de los principales líderes mundiales "enemigos" de Obama, en la que vendría ante todos el premier israelí Bibi Netanyahu, quien lo obstruye permanentemente.

No sorprendió en absoluto la nominación del premier Erdogan, ya que Turquía –encrucijada geoestratégica en Eurasia– se ha convertido en el eje principal de su política medio oriental. Con la excepción del sudcoreano Lee Myung-bak –quien, dicho con respeto, juega un papel geoestratégicamente menor a los otros considerados–, las amistades de Obama no han tenido concreciones en el terreno de los hechos, cuando la canciller Merkel se ha negado a implementar la política hiperinflacionaria de rescate bancario formulada por Timothy Geithner (secretario del Tesoro de Estados Unidos), y el premier indio Singh ha profundizado su relación de compra de hidrocarburos a Irán (pese al boicot asfixiante de la OTAN).

Sorprende también que Obama haya citado al premier británico David Cameron (muy cercano a Israel), del Partido Conservador, cuando era usual que los presidentes del Partido Demócrata mantuvieran óptimas relaciones con los laboristas, a diferencia de la intimidad del Partido Republicano con los conservadores británicos (v.gr. la dupla Reagan/Thatcher). No aduzco que la "relación especial" entre Estados Unidos y Gran Bretaña haya desaparecido (todo lo contrario), sino que había entrado en crisis con las políticas financieristas unilaterales del laborista Gordon Brown. Se desprende que Obama maneja más bien intereses pragmáticos que una ideología depurada.

Dejo de lado a los amigos "domésticos" de Obama –entre los que se encuentran el hoy alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, y el megaespeculador con máscara de "filántropo" George Soros– para escudriñar las lecturas preferidas de Obama, según Josh Rogin, de Foreign Policy (26/1/12), y Richard Cohen, de The Washington Post (13/2/12).

A mi juicio, la intelligentsia estadunidense (donde pululan los halcones sionistas, debido a su control masivo de Wall Street, los multimedia, Hollywood y el Congreso) hoy se ha fragmentado en dos bandos, con muy pocos "realistas", ya no se diga "idealistas": la escuela "declinista" (minoritaria) y la escuela "negacionista" (mayoritaria).

A juicio de Josh Rogin, "Obama abraza la teoría de los consejeros de Romney" sobre "el mito del declive estadunidense" (ver Bajo la Lupa, 19/2/12). Resulta que el ensayo sobre "El mito (sic) del declive estadunidense" en The New Republic (11/1/12), por Robert Kagan –íntimo de Israel y consejero del candidato presidencial por el Partido Republicano Mitt Romney–, ha sido adoptado como lectura de cabecera por Obama, a grado tal que durante su informe a la nación citó algunas de sus frases "domingueras": "Estados Unidos está de regreso"; "Cualquiera que les diga que Estados Unidos se encuentra en declinación o que nuestra influencia se ha desvanecido, no sabe lo que dice". ¡Uf!

Pues ante todo, a quien Obama debe convencer es nada menos que al ex asesor de Seguridad Nacional de Carter (y su también consejero) Zbigniew Brzezinski, quien en su reciente libro Visión estratégica: EU y el caos global que viene, asimila la inevitable decadencia de Estados Unidos (ver Bajo la Lupa, 5/2/12).

Para equilibrar sus juicios, Obama debería también leer el reciente libro de Brzezinski, de mayor estatura geoestratégica que Robert Kagan, quien con sus teorías alocadas empujó –al unísono de los neoconservadores straussianos– al desastre militar de Estados Unidos desde Irak hasta Afganistán.

El debate es intenso. Joseft Joffe –miembro alemán de la revista The American Interest (enero/febrero 2012), que dirige el controvertido nipón-estadunidense Francis Fukuyama–, se mofa de la "quinta ola de declinacionismo".

En su libro común –Lo que éramos nosotros: cómo EU cayó atrás en el mundo que inventó (sic) y cómo regresamos–, Thomas Friedman (periodista de The New York Times) y el politólogo conservador Michael Mandelbaum aseveran que "la misma pauta del pasado medio siglo se volverá a repetir" (léase: la indestructibilidad de Estados Unidos pese a sus tropiezos).

Robert Kagan, miembro de la cofradía secreta Huesos y Calaveras (de Yale) y cofundador del superbélico Project for the New American Century (PNAC), pretende desmontar todos los argumentos declinacionistas (a mi juicio, con mucha locuacidad y poca sustancia).

El neoconservador straussiano Robert Kagan es hijo del polémico historiador Donald Kagan (muy galardonado por los circuitos israelíes), hermano de Frederick (quien favorece un aumento del gasto militar) y esposo de Victoria Nuland (anterior embajadora ante la OTAN y hoy portavoz de Hillary Clinton). ¡Toda la famiglia Kagan al servicio de la guerra!

Muy prolífico, Robert Kagan acaba de publicar El mundo que EU hizo (sic), que le valió una entrevista muy a modo con Jennifer Rubin (The Washington Post, 14/2/12), donde presenta una visión apocalíptica del planeta en caso de "la declinación de Estados Unidos" y su "suicidio preventivo (sic) como superpotencia": retorno a la guerra entre los nuevos poderes emergentes; retirada de la democracia frente a la influencia de Vladimir Putin en Rusia y de una China autoritaria, y debilitamiento global de la economía de libre mercado, que "Estados Unidos creó y ha sostenido militarmente (sic) durante más de 60 años". ¡Vaya ignorancia! Estados Unidos no "creó" el libre mercado, sino Gran Bretaña (en práctica y teoría).

En un artículo relevante, Tom Barry –director de política del think tank International Relation Center– desmenuza la anatomía patológica del Committee on the Present Danger (CPD: comité del peligro presente) y sus vínculos con los superhalcones y neoconservadores del PNAC (donde descuella Robert Kagan) y del Center for Security Policy (CSP) fundado por Frank Gaffney (Asia Times, 23/6/06), quienes "fomentan el nivel de miedo en la opinión publica y con los hacedores de la política en Estados Unidos", con el objetivo de "incrementar los presupuestos militares, movilizar al país para la guerra y destruir a las fuerzas aislacionistas, anti intervencionistas y realistas de la política de Estados Unidos". ¡El "modelo CPD"!

A Tom Barry le faltó agregar que los pocos "realistas" que quedan en Estados Unidos tienen la batalla perdida hasta ahora debido al apabullante control totalitario y orwelliano que ejercen en los multimedia de Estados Unidos (por ende, de alcance global) los súper halcones y neoconservadores straussianos coaligados en el "modelo CPD" del CSP y el PNAC.

Dime en quién te inspiras en tus lecturas y te diré quién eres.

http://alfredojalife.com

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G-20: Repensar las instituciones internacionales
La crisis económica y financiera que explotó en 2008 fue un duro golpe al proceso de globalización y un revelador de la extrema complejidad del manejo de un mundo dominado por la finanza. En los años recientes hubo un cantidad impresionante de cumbres de jefes de Estado o de reuniones de ministros (en la UE, el G-7, el G-20…), todas con las mismas conclusiones: más liberalismo, más austeridad y menos regulación por parte de los estados. A pesar de los grandes desastres financieros y sociales de los pasados meses, la maquinaria internacional no se pone de acuerdo para imponer un mínimo de regulación a los flujos de capitales y, peor aun, se multiplican las relaciones "incestuosas" entre los gobiernos, los bancos centrales (ahora todos independientes de los gobiernos) y el sector financiero privado, permitiendo la impunidad total de grandes actores privados que a través de operaciones de alto riesgo o francamente fraudulentas, ponen en peligro todo el sistema financiero internacional. Con la globalización entramos en un sistema de "pensamiento único", como definió Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique, con un grado impresionante de dogmatismo.

Al mismo tiempo que se expande el "pensamiento único" se multiplican los foros informales donde un número muy limitado de jefes de Estado o ministros toman decisiones que comprometen el futuro de la humanidad (asociando actores no-estatales como las empresas o la sociedad civil). La cuestión es muy seria, porque como dijo el presidente Sarkozy, el sistema de las Naciones Unidas que tiene toda la legitimidad para representar a los 192 países del planeta "está agotado y no responde más a las exigencias de un mundo económicamente interdependiente". En los pasados 20 años todos los intentos de reformar el sistema de las Naciones Unidas, empezando por el Consejo de Seguridad, fracasaron. Por tanto es inevitable y urgente repensar las instituciones internacionales. El tema de la arquitectura institucional del mundo estaba en la mesa de la cumbre del G-20 en Cannes en diciembre, y sin duda será discutido en la próxima cumbre en Los Cabos, como reclamaron los cancilleres en su reunión del 20 de febrero.

Coexisten hoy dos sistemas paralelos de instituciones intergubernamentales, las del "viejo mundo" con la Organización de las Naciones Unidas en su centro, donde todos los estados tiene igualdad de derechos, y los nuevos foros como G-7 y G-20, que reagrupan los países industrializados y emergentes en un marco totalmente informal. Ahí esta el verdadero poder. Igualmente el Fondo Monetario Internacional, muy desprestigiado en los años 80, es hoy la institución financiera de mayor peso en el mundo. Lo fundamental en el proceso de globalización empezado en los años 90 es que los grandes países industrializados occidentales se organizaron para no dejar a ningún otro grupo de países la capacidad de formular modelos alternativos de desarrollo. El G-7, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OCDE, controlados por las potencias occidentales, fijaron las nuevas reglas del juego en los países ex comunistas sin encontrar resistencias, para después generalizarlas a todo el mundo. El tercer mundo se desintegró, y ni China ni Rusia, convertidas al capitalismo, han tenido hasta la fecha el peso suficiente y la voluntad de hacer contrapropuestas al esquema occidental. Sobre todo China, que está todavía en una fase de incorporación a la economía mundial para satisfacer las necesidades de crecimiento de su pueblo, avanzando con mucha prudencia para no desestabilizar el orden económico y financiero mundial. Le interesa sobremanera la estabilidad de un sistema que le da acceso a todos los mercados y fuentes de materias primas, y le permite tomar el control de muchas grandes empresas de Estados Unidos o Europa, protegiéndose al mismo tiempo de los excesos de la desregulación financiera. China tiene una política a muy largo plazo y decidirá en el momento oportuno si le conviene o no provocar un cambio fundamental en el pilotaje del mundo globalizado. Por eso tiene un perfil relativamente bajo en el G-20; prefiere las discusiones bilaterales, en particular con Estados Unidos.

Mientras, vivimos una situación paradójica: los grandes países industrializados atraviesan una profunda crisis, pero conservan todo su poder de influencia, al lado de economías emergentes en crecimiento rápido que no encuentran todavía el lugar que les corresponde en los procesos de toma de decisión. Eso fue uno de los puntos más significativos abordado por algunos cancilleres en Los Cabos.

Por Pierre Charasse / I
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Unasur y la integración de infraestructura
Sudamérica posee características naturales y geográficas que representan condiciones especiales para la construcción de un bloque regional fuerte. Son inmensas las potencialidades de la región. Los países de América del Sur tienen un PIB de 4,3 billones de dólares, una población de 390 millones de habitantes, un área superior a 17 millones de kilómetros cuadrados, más del 20 por ciento del agua dulce del planeta, el control de la Amazonia y el acceso a los dos grandes océanos.

Por otra parte, el control de la mayor producción mundial de alimentos, elevadas reservas de gas y petróleo, la biodiversidad, y tienen absoluta armonía entre las religiones, los idiomas y una historia compartida. Habría, por tanto, todas las condiciones necesarias para mantener un ritmo alto de desarrollo, y constituir un espacio integrado que posibilite una inserción internacional soberana y permita mayores niveles de satisfacción social.

Unidas, las economías sudamericanas tienen, además de los inmensos recursos de mano de obra disponible, alta capacidad de producción para satisfacer casi por completo sus necesidades. La excepción serían algunos productos específicos, y determinados tipos de bienes de capital y de alta tecnología. No hay duda de que un esfuerzo planificador y de coordinación de las cadenas industriales regionales tendrá un efecto positivo en el fortalecimiento de las estructuras productivas y estimulará la reducción de la vulnerabilidad externa de los países de América del Sur.

Sin embargo, el período colonial determinó que cada país estableciera, voluntariamente o en forma inducida desde el exterior, su vinculación directa con las metrópolis. Se cementó la creación de caminos más cortos hacia los puertos, como cordones umbilicales propios de cada nación periférica. Pese a la existencia de avances, los países del subcontinente se mantienen de espaldas unos a los otros, de la misma manera que durante los últimos 500 años.

Después de la primera década del siglo XXI, con la llegada de gobiernos de orientación no neoliberal en América del Sur, cobra fuerza la necesidad de profundizar la discusión sobre los proyectos regionales de integración física y de su financiamiento a través de recursos y mecanismos propios. En este sentido, fue muy importante la creación del Consejo de Infraestructura y Planificación (Cosiplan) de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), como organismo que planifica y coordina estratégicamente la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura de Sudamérica (IIRSA).

Esa iniciativa, actualmente con más de 520 proyectos estimados en 96 mil millones de dólares, había sido creada en los años 1990 bajo las orientaciones del Regionalismo Abierto de la Cepal y el Nuevo Regionalismo del BID. El IIRSA sería como la columna vertebral de la propuesta estadounidense para anexión continental, el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). La propuesta, que se concentra en reforzar los “corredores de exportación”, profundizaría aún más la condición de nuestros países como vendedores de productos primarios hacia los centros industrializados.

Con todo, hoy día los gobiernos de Unasur asumieron el control del proceso y la tendencia es que ganen impulso las obras volcadas hacia la efectiva integración en transportes, energía y comunicaciones. Es primordial que los Estados nacionales y las poblaciones endurezcan su poder de intervención y planificación sobre los proyectos. Uno de los compromisos del nuevo ente es exactamente definir instancias de participación social y de contribución activa de las comunidades involucradas en tales planes.

Hay ejemplos muy significativos de los avances recientes. Uno de los principales es el caso de la frontera norte de Brasil y el sur de Venezuela. En esa región, la promoción de la integración física se viene realizando con esfuerzos conjuntos de los estados de Roraima y Bolívar, además de la creciente colaboración de instituciones brasileñas como el Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior (MDIC); el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (IPEA), la Empresa Brasileña de Pesquisas Agropecuarias (Embrapa), la Caixa Económica Federal (CEF), la Agencia de Promoción de Exportaciones e Inversiones (APEX), la Agencia Brasileña de Desarrollo Industrial (ABDI) y la Superintendencia de la Zona Franca de Manaus (Suframa), entre otros.

La visión organizativa general, desde un ente como el Cosiplan, permite que las líneas de acción en el área de infraestructura no estén aisladas. Eso posibilita que la integración física esté plenamente articulada con los esfuerzos conjuntos para facilitar el comercio intrarregional y para ampliar las posibilidades de complementación de las cadenas productivas. En ese momento es realmente crucial que haya una cantidad creciente de técnicos, profesionales y políticos dedicados a ese tema, en las universidades y los órganos públicos de Nuestra América.

* Economista, doctorando del Programa de Economía Política Internacional de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ) y Profesor visitante de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA). Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..
Publicado enEdición 177
Amplía G-20 temas de discusión para el encuentro en Los Cabos
Cabo San Lucas, BC, 19 de febrero. Los ministros de Relaciones Exteriores de los 19 países que conforman el Grupo de los 20 (G-20) –en el que la Unión Europea ocupa un asiento como miembro permanente– ampliaron su agenda de discusión con asuntos que no figuran tradicionalmente en el temario de este bloque, que se ocupa principalmente de las cuestiones financieras. El instructivo del encuentro, que arrancó aquí esta tarde, frente al esplendor del litoral de Baja California Sur, advierte de antemano que es "informal" y, por tanto, este lunes, cuando concluirá, no habrá documento o declaración final.

De manera inusual o "no tradicional", como se expresa en términos diplomáticos, en la reunión ministerial se programaron debates sobre la reorganización de las instituciones globales –la llamada gobernanza internacional–, políticas medioambientales y de desarrollo sustentable (crecimiento verde, le llaman en algunas latitudes), eficiencia energética y seguridad alimentaria. Y, de acuerdo con versiones diplomáticas estadunidenses, también la corrupción.

En la enumeración de estos temas "muy abiertos", según los describió una fuente del Departamento de Estado en Washington hace unos días, no se incluyen los pendientes que quedaron sin concretar en la pasada cumbre del G-20 en Cannes, Francia, los días 3 y 4 de diciembre. Asuntos de coyuntura que fueron diferidos para incluirlos en el escenario de Los Cabos, como el compromiso que se esbozó y no se aterrizó para una quita de la agobiante deuda externa de Grecia. O de fondo, como la reactivación de la propuesta francesa de regular un impuesto para las transacciones financieras, descrita por las organizaciones sociales galas como la "tasa Robin Hood".

El encuentro presidencial de Cannes, que precede esta reunión de cancilleres, fue descrito por el economista y diplomático mexicano Jorge Eduardo Navarrete como "un fiasco", pese al esfuerzo y capital político invertido en él por el presidente Nicolás Sarkozy. En un análisis seriado publicado en este diario, "De Cannes a Los Cabos", el ex subsecretario de Relaciones Exteriores y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México apunta que éstos y otros rezagos en los propósitos que el G-20 había logrado definir en años anteriores harán muy azaroso e incierto el camino de los jefes de Estado hacia su próximo encuentro en junio.

En vagos documentos oficiales la Secretaría de Relaciones Exteriores definió las cinco "prioridades" del gobierno mexicano para el próximo G-20, que será la última cumbre en que el presidente Felipe Calderón figurará como anfitrión: promover la estabilización económica y las reformas estructurales para el crecimiento y el empleo; fortalecer los sistemas financieros; fomentar la inclusión financiera para impulsar el crecimiento económico, mejorar la arquitectura financiera internacional y alentar el desarrollo sustentable.

Esta enumeración de propósitos deja muy lejos lo que Navarrete llama "el espíritu de Pittsburgh", en referencia a la cumbre del G-20 realizada en la capital de Pensilvania en 2009, que sesionaba ya para entonces en su versión ampliada, con 12 nuevos miembros, todos países de economías emergentes, procedentes de todos los continentes, y que incluía a los latinoamericanos México, Brasil y Argentina.

La ampliación del G-8 al G-20 (que hoy día representa 85 por ciento de la economía mundial) había sido decidida en 2008 a raíz del primer asomo del crack, la primera recesión del ciclo de crisis que aún no termina y está lejos de cerrar. Fue entonces, en un ambiente de debate y toma de decisiones ampliado, que se habló de lograr un nuevo marco jurídico para la regulación financiera. Fue también entonces cuando la potencia china puso en la mesa su aspiración de colocar su moneda, el yuan, en otro rango dentro del sistema monetario.

En la cumbre de Pittsburgh –que los periodistas especializados consideran "la más interesante" de la serie de reuniones del influyente bloque– se habló por vez primera sin ambages de objetivos como "reactivar la economía global" y crear empleos, sin anteponer, como ahora lo hace el gobierno mexicano, la condición de las "reformas estructurales".

En ese momento había impactado también en los gobiernos del bloque una demanda de organizaciones sociales, especialmente francesas, como ATTAC, de implementar la "tasa Tobin", que entonces fue calificada de "cruzada en contra de los excesos de las instituciones financieras". Hasta la fecha sigue siendo una asignatura pendiente.

Y, por supuesto, en 2009 el presidente Barack Obama conservaba buena parte de su vigor inicial y el conservadurismo estadunidense no había dado a luz aún al Tea Party, que terminó por reducir al mínimo los propósitos del "presidente del cambio".

En cuanto a la participación de la secretaria de Estado Hillary Clinton, quien anticipó su arribo a Los Cabos el sábado para encuentros bilaterales, fuentes diplomáticas informaron que no asistirá el lunes a la última sesión de la reunión ministerial, ya que regresará a Washington. Ahí encabezará la primera Conferencia Global de Negocios, reunión de magnates, líderes y gestores de un centenar de países que abordarán temas sobre inversiones, comercio, negocios y regulaciones globales "para estimular las oportunidades de las corporaciones estadunidenses".

Otra turbulencia que afecta esta cumbre es el anuncio, este miércoles 15 de febrero, de la renuncia anticipada del presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. Las fuentes diplomáticas estadunidenses aclararon que ese tema no será planteado en la reunión ministerial, debido a que es "muy reciente".

Es la primera vez en la historia del G-20 que hay una reunión preparatoria a nivel de cancillerías, ya que generalmente son los ministros de Economía quienes preparaban el camino para el encuentro de los sherpas, como designan aquí a los "líderes" o jefes de Estado. La próxima semana tendrá lugar la reunión de titulares de Finanzas de los países miembros, pero en la ciudad de México.

Las naciones representadas en esta reunión ministerial, a nivel de cancilleres o viceministros, son, por América Latina, Brasil, Argentina y México. Por el núcleo original del Grupo de los Ocho, Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido, Canadá, Japón y la Unión Europea. Por las economías emergentes, con China a la cabeza, están Arabia Saudita, Turquía, Rusia, Australia, Corea, India, Indonesia, Rusia y Sudáfrica.

Vienen invitados los cancilleres de España, Colombia, Chile, Benín y Camboya. Y como permanentes, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y varias agencias de Naciones Unidas.

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Domingo, 19 Febrero 2012 09:03

El impasse sirio

El impasse sirio
Bashar Assad se ha elevado a las alturas de ser uno de los hombres menos populares en el mundo. Casi todos lo han denunciado como tirano –de hecho un tirano muy sanguinario. Incluso aquellos gobiernos que se niegan a denunciarlo parecen aconsejarle que refrene sus modos represivos y haga algún tipo de concesiones políticas a sus oponentes internos.

¿Cómo es entonces que ignora todos estos consejos y sigue utilizando la máxima fuerza posible para mantener el control político de Siria? ¿Por qué no hay alguna intervención externa que lo fuerce a retirarse del cargo? Para responder a estas cuestiones, comencemos por evaluar sus fuerzas. Primero, tiene un ejército razonablemente fuerte y, hasta ahora, con algunas cuantas excepciones, el ejército y otras estructuras de fuerza en el país han permanecido leales al régimen. Segundo, continúa pareciendo tener el respaldo de por lo menos la mitad de la población en eso que, de forma creciente, se describe como una guerra civil.
Los puestos clave del gobierno y el cuerpo de oficiales están en manos de los alawitas, una rama de los islamitas chiítas. Los alawitas son una minoría de la población y ciertamente temen lo que podría sucederles si las fuerzas de oposición, en gran medida sunitas, llegaran al poder. Además, las otras fuerzas minoritarias significativas –los cristianos, los drusos y los kurdos– parecen igualmente preocupados por un gobierno sunita. Finalmente, la inmensa burguesía comerciante tiene aún que volverse contra Assad y el régimen baazista.

¿Pero es esto realmente suficiente? Si esto fuera todo, dudo que Assad pudiera mantenerse por más tiempo. El régimen está siendo exprimido en lo económico. El Ejército Sirio Libre, de oposición, está recibiendo armas de los sunitas iraquíes y probablemente de Qatar. Y el coro de denuncias en la prensa mundial y por parte de los políticos de todas las franjas crece en volumen día con día.
Y sin embargo, no pienso que a un año o dos de ahora nos encontremos con que Assad se fue o con que el régimen cambió básicamente. La razón es que quienes lo denuncian con más volumen en realidad no quieren que se vaya. Revisémoslos uno por uno.
Arabia Saudita: El ministro de relaciones exteriores le dijo al New York Times que la violencia debe detenerse y que no debe concedérsele al gobierno sirio ninguna oportunidad más. Esto suena realmente fuerte hasta que uno se percata de que añadió la frase: debe descartarse la intervención internacional. El hecho es entonces que Arabia Saudita quiere el crédito de oponerse a Assad pero teme a un gobierno que lo suceda. Sabe que en una Siria posterior a Assad (que probablemente sea bastante anárquica), Al Qaeda encontraría una base. Y los sauditas saben que el objetivo número uno de Al Qaeda es derrocar al régimen saudita. Ergo, que no haya intervención internacional.

Israel: Sí, los israelíes continúan obsesionados con Irán. Y sí, una Siria baazista continúa un poder amigable con Irán. Pero una vez dicho y hecho todo, Siria ha sido un vecino árabe relativamente callado, una isla de estabilidad para los israelíes. Sí, los sirios ayudan a Hezbolá, pero este también ha estado relativamente callado. ¿Por qué habrían los israelíes de correr el riesgo de una Siria posbaazista turbulenta? ¿Quién entonces detentaría el poder sin tener que mejorar sus credenciales mediante la expansión de la jihad contra Israel? ¿Acaso la caída de Assad no conduciría a alterar la relativa quietud y estabilidad que Líbano parece disfrutar ahora; y acaso esto no terminaría impulsando un fortalecimiento mayor y una radicalización renovada de Hezbolá? Israel tiene mucho que perder y no mucho que ganar si Assad cae.

Estados Unidos: El gobierno estadunidense habla de una buena línea. Pero, ¿han notado lo precavido que es en la práctica? El 11 de febrero, el Washington Post tituló un artículo “Conforme aumenta la carnicería, Estados Unidos no ve ‘buenas opciones’ en Siria”. La nota apunta que el gobierno estadunidense no tiene apetito por una intervención militar. No hay apetito, pese a la presión de intelectuales neoconservadores como Charles Krauthammer, que es lo suficiente honesto para admitir que no se trata tan sólo de libertad. En realidad, dice, se trata de deshacer el régimen en Irán.

¿Pero no es exactamente por esto que Obama y sus asesores no ven buenas opciones? Se vieron presionados para entrar a la operación libia. Estados Unidos no perdió muchas vidas, ¿pero logró realmente alguna ventaja geopolítica como resultado? ¿Es el nuevo régimen libio (si es que se puede decir que hay un nuevo régimen libio) algo mejor? ¿O es el principio de una larga inestabilidad interna, como resultó en Irak?

Así que cuando Rusia vetó la resolución de Naciones Unidas con respecto a Siria, me puedo imaginar un suspiro de alivio en Washington. La presión por elevar la apuesta inicial y comenzar una intervención estilo Libia se levantó. Obama fue protegido contra el jaloneo republicano al respecto de Siria por el veto ruso. Y Susan Rice, la embajadora estadunidense en Naciones Unidas, pudo endosarle toda la culpa a los rusos. Fueron repugnantes, dijo, ay tan diplomáticamente.

Francia: Siempre nostálgica por su alguna vez papel dominante en Siria, el ministro de Relaciones Exteriores Alain Juppé grita y denuncia. ¿Pero tropas? Deben estar bromeando. Ya vienen las elecciones, y enviar tropas no sería muy popular, especialmente cuando no será algo fácil para nada, como Libia.

Turquía: Este país ha mejorado sus relaciones con el mundo árabe de un modo increíble en los últimos 10 años. Y no le gusta nada una guerra civil en sus fronteras. Le gustaría que ocurriera algún tipo de arreglo político. Pero al ministro de Relaciones Exteriores Ahmet Davutoglu se le cita garantizando que Turquía no le proporcione armas ni apoyo a desertores del ejército. Turquía quiere, esencialmente, ser amiga de todos los bandos. Y además, Turquía tiene su propia cuestión kurda, y Siria podría ofrecer respaldo activo, que hasta ahora se ha refrenado en ofrecer.

Así que, ¿quién quiere intervenir en Siria? Tal vez Qatar. Pero Qatar, no importa qué tan rico sea, es apenas una potencia militar importante. Y el fondo del asunto es que, pese a lo fuerte de la retórica y pese a lo feo de la guerra civil, nadie quiere realmente que Assad se vaya. Así que lo más probable es que se quede.

Traducción: Ramón Vera Herrera
© Immanuel Wallerstein
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