Domingo, 27 Enero 2013 05:30

Alistan “nueva alianza estratégica”

Alistan “nueva alianza estratégica”

Santiago, 26 de enero. Los jefes de Estado y de gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y de la Unión Europea (UE) pusieron en marcha este sábado la primera de dos jornadas de una cumbre encaminada a construir “una nueva alianza estratégica”, al cabo de la cual aprobaron la Declaración de Santiago y el plan de acción común para el periodo 2013-14.

 

La Declaración de Santiago, el documento final de la cumbre suscrito por los representantes de 60 países asistentes, se pronuncia por evitar el proteccionismo y promover el comercio entre Europa y América Latina y el Caribe. Se estableció en el documento celebrar la próxima cumbre de la Celac-UE de 2015 en Bruselas.

 

Al inaugurar la reunión, el presidente chileno, Sebastián Piñera, llamó a las delegaciones de las naciones presentes a integrar una alianza estratégica económica y social. “Somos una comunidad que representa a 60 países, un tercio de los habitantes del mundo, un tercio del producto mundial; tenemos una tremenda responsabilidad con nuestra región y el mundo”, afirmó.

 

“El tema que nos convoca es la construcción de una nueva alianza estratégica para lograr el desarrollo sustentable en base a inversiones de calidad tanto en lo ambiental como en lo social”, dijo Piñera en la ceremonia de apertura en el centro de eventos Espacio Riesco, rodeado de un inédito despliegue de seguridad con más de 5 mil carabineros.

 

El gran ausente

 

La Celac, que aglutina a las naciones americanas salvo Estados Unidos y Canadá, fue constituida en Caracas en diciembre de 2011 a instancias del presidente venezolano, Hugo Chávez, gran ausente a causa de su convalecencia en Cuba. Pero ahora le ha tocado a Chile efectuar esta cita con la UE, la más grande que haya organizado esta nación en su historia.

 

Si bien Piñera dijo que 43 por ciento de las inversiones extranjeras en América Latina provienen de Europa, esto se ha frenado últimamente debido a la crisis que afronta la mayor economía del planeta. Sin embargo, reconoció que las inversiones vienen de pocos países, como España, Gran Bretaña y Francia, y son pocos los receptores, como Argentina, Brasil y Chile.

 

En esta séptima cumbre, Europa abogó ante empresarios y mandatarios latinoamericanos por un compromiso político sólido para frenar el proteccionismo y pidió un marco jurídico transparente para las inversiones, de acuerdo con la intervención del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.

 

En la cumbre paralela empresarial, indicó que “es fundamental garantizar un marco jurídico transparente y estable que respete las normas internacionales y evite la arbitrariedad”, de modo que se evite el proteccionismo y se promueva la liberalización. Se trata de constituir socios estratégicos, dijo, frente a los desafíos del desarrollo y crecimiento económico sostenidos.

 

Destacó el acierto del surgimiento de la Celac como “un paso importante en el proceso de integración regional”, y dijo que estrechar los lazos entre la economía más grande del mundo, Europa, y algunas de las economías en más rápida expansión situadas en América Latina, “redundará en interés de todos nosotros”.

 

Documento final

 

Como se sabe, Venezuela, Argentina y Bolivia han expropiado en los últimos años empresas foráneas, incluidas europeas, y Caracas se retiró del Centro Internacional para la Resolución de Disputas sobre Inversiones del Banco Mundial. Entre los mayores conflictos por esa razón los han tenido Argentina y Bolivia con firmas y el gobierno de Madrid.

 

De hecho, Venezuela exigió que una mención al derecho de los estados a las expropiaciones fuera incluida en el documento final del encuentro, dijo un funcionario venezolano.

 

“La expropiación es un mecanismo que tienen los estados para intervenir en la economía, como lo son los subsidios. Éste es uno de los puntos que hemos defendido como un mecanismo de los estados para el bienestar común de la sociedad”, señaló una fuente de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), que integran Cuba, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Antigua y Barbuda, Dominica, y San Vicente y las Granadinas.

 

La Declaración de Santiago reitera “nuestro compromiso con evitar el proteccionismo en todas sus formas”. Apoya una “inversión productiva que respete del todo los aspectos económicos, sociales y ambientales constitutivos del desarrollo sostenible”.

 


Asimismo, “rechaza toda medida coercitiva de carácter unilateral con efectos extraterritoriales que sean contrarias a la ley internacional y a las reglas comúnmente aceptadas del libre comercio”, y condena en particular la ley estadunidense Helms-Burton, que fortaleció el embargo estadunidense contra Cuba, el cual cumplió medio siglo.

 

El presidente cubano, Raúl Castro, participa de la cumbre y asumirá por un año la presidencia pro tempore de la Celac a partir de este lunes.

 

En otro punto se acordó “fortalecer el mecanismo de coordinación sobre drogas entre la Celac y la UE”, y se reafirma “nuestro compromiso con la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos como están expuestos en la Declaración Universal de Derechos Humanos”.

 

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, había expresado su deseo de que Europa se una al debate tendiente a una revisión de la estrategia de la lucha antidrogas, como lo han reclamado otros gobernantes latinoamericanos y especialistas de la región, que consideran un fracaso la guerra de 40 años contra el narcotráfico impulsada por Estados Unidos.

 

En la declaración final se insistió en la relevancia de asociaciones estratégicas de cara a la crisis económica y financiera y las exigencias de los pueblos, la adopción de políticas que promuevan el comercio y las inversión entre países de la Celac y la UE. Inversiones productivas que se cumplan plenamente e integren las dimensiones económicas, sociales y ambientales de desarrollo sustentable.

 

Morales critica el librecambismo

 

Evo Morales, presidente de Bolivia, criticó el modelo de libre mercado e insistió en su “diplomacia de los pueblos” para hallar solidaridad y complementariedad de los países de la región. Dijo que “estamos acá para compartir nuestras experiencias de trabajo permanente en defensa de la vida, por la igualdad y la dignidad en la unidad de nuestros pueblos”.

 

Señaló que “cuando nos sometemos al mercado, hay problemas de carácter económico y social, mientras sigue creciendo la pobreza”. Morales abogó por reducir las “profundas asimetrías” entre países y de continente a continente.

 

Por lo demás, América Latina reprocha a Europa sus gigantescos subsidios a la agricultura, lo que representa uno de los puntos que bloquean las negociaciones para un tratado de libre comercio UE-Mercosur, integrado por dos grandes potencias agrícolas como Brasil y Argentina.

 

Por eso, ante los llamados de Europa a abrir los mercados, Argentina ha adoptado barreras proteccionistas para mantener su nivel de reservas internacionales, al tener cortado el crédito internacional desde el default en su deuda externa en 2001. Lo mismo ha hecho Brasil, la mayor economía de América Latina, imponiendo barreras comerciales a la importación de productos europeos. La presidenta argentina, Cristina Fernández, antes de la cumbre calificó de “hecho histórico” que Cuba asuma la presidencia pro tempore de la Celac. “Marca una nueva época, una América Latina y el Caribe “muy unidos”, y pese a las “diferencias” y “distintas visiones” en la región se mantiene una “concepción de progreso y de inclusión social”.

 

Fernández indicó que el Mercosur emprenderá en el último trimestre de este año una oferta a la UE ante el demorado acuerdo de libre comercio. Sin embargo, acotó que el pacto no deberá perjudicar a las industrias del bloque sudamericano.

 

La canciller alemana, Angela Merkel, consideró que la región puede jugar un papel importante en la recuperación de España y Portugal, que atraviesan el peor momento de sus graves crisis, tras una reunión que tuvo con Piñera.

 

El vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, declaró que llegaba después de haber estado en Cuba con el presidente Hugo Chávez, de quien traía un mensaje para esta cumbre, referido a un “conjunto de propuestas fundamentales”. Asimismo, dijo que entregó sus felicitaciones al pueblo de Chile por la organización de esta cumbre, así como a los estados que conformaron la Celac.

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Domingo, 27 Enero 2013 05:13

Transformaciones de América latina

Transformaciones de América latina

En estos primeros años del siglo XXI convergen profundos cambios en nuestros países y en el mundo. En América latina, y particularmente en Sudamérica, se advierten nuevas tendencias en los siguientes campos.

 

La cuestión social: las grandes desigualdades que históricamente caracterizan a nuestros países, son reconocidas como el principal problema y un obstáculo fundamental al desarrollo. Las políticas para atender a los sectores vulnerables, erradicar la pobreza, educar e impulsar la cohesión social, ocupan actualmente una prioridad en las políticas públicas.

 

Calidad de los liderazgos: la prioridad de la cuestión social tiene profundas consecuencias políticas. Históricamente, sociedades que registran una profunda fractura, entre las minorías que concentran el poder económico y las mayorías populares, generan liderazgos que reproducen los privilegios y asimetrías establecidas y acumulan poder como agentes de intereses extranjeros. Desigualdad, subdesarrollo y dependencia están estrechamente asociados. Han surgido nuevos liderazgos en nuestros países que privilegian la resolución de la cuestión social y, consecuentemente, asumen un comportamiento distinto respecto de la gestión de la economía y sus relaciones externas.

 

Instituciones: la democracia se ha consolidado y esto confiere la estabilidad institucional necesaria para el desarrollo económico y social.

 

Las ideas: las nuevas tendencias implican la renovación de las ideas sobre el desarrollo económico y las relaciones internacionales. El fracaso de la estrategia neoliberal en América latina y el resto del mundo ha restablecido la vigencia del pensamiento desarrollista y las visiones de Raúl Prebisch, Celso Furtado y otros pensadores latinoamericanos. Es, en efecto, indispensable no subordinarse a la ideología promovida por los centros de poder internacional y analizar la realidad desde nuestras propias perspectivas.

 

Desde éstas, vuelven a plantearse ideas que constituyen el gran aporte del pensamiento latinoamericano a la estrategia de desarrollo económico. Entre ellas, las siguientes:

 

n La formación de un sistema económico y social avanzado exige articular la explotación de los recursos naturales con su industrialización e incorporación de valor agregado y tecnología. Las estructuras productivas reducidas a producir y exportar productos primarios desembocan en el subdesarrollo, la dependencia y la exclusión social.

 

n La presencia de las filiales de las empresas transnacionales es positiva, pero debe ser complementaria, no sustitutiva, del protagonismo del empresariado local. El aporte externo es útil cuando contribuye a la apertura de nuevos mercados, la transferencia de conocimientos, los equilibrios en los pagos internacionales y la integración de cadenas de valor de creciente valor agregado y tecnología. De otro modo, la dependencia del capital extranjero reduce el ahorro interno y la tasa de inversión. Culmina con niveles insostenibles de deuda externa, desequilibrios inmanejables y la subordinación a la irracionalidad de la especulación financiera. Vivir con lo nuestro, abiertos al mundo, en el comando de nuestro destino, es indispensable para el ejercicio efectivo de la soberanía y del derecho de construir un sendero propio en el orden global.

 

n El desarrollo económico es un proceso de transformación de la economía y la sociedad fundado en la acumulación de capital, conocimientos, tecnología, capacidad de gestión y organización, educación, capacidades de la fuerza de trabajo y de estabilidad y permeabilidad de las instituciones, dentro de las cuales la sociedad transa sus conflictos y moviliza su potencial de recursos. El desarrollo es acumulación en este sentido amplio y la acumulación se realiza, en primer lugar, dentro del espacio propio de cada país.

 

La cohesión social, la impronta nacional y social de los liderazgos, la democracia y el pensamiento crítico capaz de ver el mundo desde nuestras propias perspectivas, constituyen la densidad nacional. En estos primeros años del siglo XXI se ha fortalecido la densidad nacional de nuestros países. Una de sus consecuencias es la revalorización de la importancia de la integración regional que se refleja en el notable acercamiento de los contactos políticos entre los gobiernos, el fortalecimiento de esquemas de integración como el Mercosur y la creación de un nuevo espacio de convergencia, la Unasur.

 

El contexto mundial

 

Lo que está en crisis en la actualidad no es la globalización, que es una consecuencia inevitable del avance de la ciencia y la tecnología. La crisis es del neoliberalismo y de los estados neoliberales, cuya impotencia para administrar las fuerzas de la globalización provoca descalabros, como los que hemos vivido en nuestra propia experiencia y suceden, actualmente, en otras latitudes.

 

En China y otros países emergentes de Asia, el dinamismo de sus economías obedece, precisamente, a que no se han sometido al canon ni al Estado neoliberal. Prevalecen en estos países estados nacionales, capaces de administrar la globalización e impulsar el desarrollo. Las turbulencias y asimetrías en el orden mundial contemporáneo reflejan la coexistencia de “estados nacionales” en los países emergentes y “estados neoliberales” en el antiguo centro hegemónico.

 

Los latinoamericanos no tenemos, al menos todavía, mayor influencia en la resolución de los problemas del orden global. Sin embargo, disponemos de una capacidad decisiva para determinar si estamos, en ese orden, ejerciendo nuestro derecho al desa-rrollo o nos resignamos a reproducir nuestra histórica condición periférica.

 

Administrar la globalización es una condición necesaria para desplegar el potencial de desarrollo de nuestros países y ocupar una posición simétrica, no subordinada, en las relaciones internacionales. Para tales fines es imprescindible la gobernabilidad de la economía. Todos los países que despliegan exitosamente su potencial de desarrollo dentro del orden global mantienen una fuerte solvencia fiscal, superávit en sus balances de pagos en cuenta corriente, elevadas reservas internacionales genuinas no fundadas en deuda, sistemas monetarios asentados en la moneda nacional, tipos de cambio que sustentan la rentabilidad de la producción de bienes transables sujetos a la competencia internacional.

 

La integración

 

Nuestros países no han alcanzado, todavía, altos niveles de desarrollo económico y social. Sin embargo, en el plano de la cultura, son potencias de primera magnitud. El desafío consiste en poner la realidad económica y social a la misma altura de los niveles alcanzados en la cultura.

 

La integración es un instrumento fundamental para impulsar el desarrollo nacional de nuestros países y fortalecer su posición conjunta en el orden mundial. La integración se despliega en tres planos: las políticas nacionales, las reglas del juego de la integración y la proyección conjunta hacia el resto del mundo.

 

La clave del éxito de la integración no radica en la delegación de soberanía a órganos supranacionales comunitarios. La experiencia de la Unión Europea alcanza para demostrar cómo la cesión de soberanía termina subordinando a las partes más débiles al poder hegemónico de los más fuertes. Mucho peor, cuando en el régimen comunitario, como sucede en la Unión Europea, prevalece el paradigma neoliberal.

 

Nuestra integración no radica en la cesión de soberanía, sino en la construcción solidaria de la soberanía que nos falta en la ciencia y la tecnología, el desarrollo industrial y la inclusión social. En materia financiera, en tiempos recientes, se han dado pasos positivos en tal sentido, a través del desendeudamiento externo, la acumulación de reservas internacionales y los controles de los capitales especulativos. La integración consiste entonces en la complementación de las soberanías nacionales a través de reglas realistas de la integración.

 

Las diferencias actuales de dimensión de las economías no deben inducir a la suposición de que el destino de la integración es reproducir, en el espacio regional, una relación centro-periferia, entre un centro industrial y una periferia principalmente proveedora de alimentos y materias primas. El mejor socio es el plenamente desarrollado.

 

Tenemos así por delante el desafío de construir una relación viable, mutuamente conveniente, para lo cual es necesario profundizar el desarrollo industrial y tecnológico, integrar las cadenas de valor de la producción primaria con la participación creciente de componentes provenientes de nuestro propio acervo, impulsar el protagonismo de las empresas nacionales y regionales para el acceso conjunto a los mercados internacionales.

 

La emergencia de China, y otros nuevos centros dinámicos en la economía mundial, es un hecho positivo porque amplía las fronteras de la proyección internacional de América latina. Pero plantea el riesgo de reactivar el antiguo modelo centro-periferia que, en el pasado, nos subordinó a la situación de proveedores de productos primarios e importadores de manufacturas y capitales.

 

Es necesario avanzar, simultáneamente, en los tres planos de integración: construir, a partir de la fortaleza de las densidades nacionales, una densidad bilateral, mercosureña y sudamericana, fundada en la inclusión social, la eficacia de los liderazgos, la consolidación de la democracia y el pensamiento crítico. Cada país tiene la globalización y la integración que se merece, en virtud de la fortaleza de su densidad nacional.

 

Cuanto más se consoliden las situaciones nacionales más fluidos serán los intercambios, cuanto más flexibles y realistas las normas mejor serán las respuestas frente a los cambios en las situaciones nacionales y, finalmente, cuanto más solidaria sea la proyección conjunta en el escenario global, más libertad de maniobra tendrán las políticas nacionales y comunitarias.

 

Por Aldo Ferrer, profesor emérito. Universidad de Buenos aires. Embajador argentino en Francia. Este texto es una reproducción de los pasajes salientes de la exposición Transformaciones de América latina en la última década, en el contexto mundial, realizada el 21 de enero de 2013, en el Encuentro con Intelectuales sudamericanos “Caminos progresistas para el desarrollo y la integración regional”, realizado en el Instituto Lula de San Pablo

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Sábado, 26 Enero 2013 07:26

La seguridad del Atlántico Sur

La seguridad del Atlántico Sur

“Si nosotros no nos ocupamos de la paz y la seguridad del Atlántico Sur, otros se van a ocupar. Y no de la manera que nosotros deseamos: con una visión de países en desarrollo que repudian cualquier actitud colonial y neocolonial”, dijo el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, durante la VII Reunión Ministerial de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS) realizada el 15 y 16 de enero en Montevideo [1].

 

En la misma reunión, el canciller brasileño Antonio Patriota dijo que el mundo camina hacia una multiplicidad de centros de poder y que “está en curso un proceso de difusión del poder mundial, con el reconocimiento creciente del papel que está siendo desempeñado por los países en desarrollo”. Agregó que es imperioso “preservar el Atlántico Sur de la introducción de armas nucleares y otras armas de destrucción en masa” [2].

 

Brasil y sus aliados en la región, incluyendo a sus amigos africanos, decidieron revitalizar un instrumento como la ZOPACAS que durante largo tiempo no jugó ningún papel. La alianza de 24 países atlánticos sudamericanos y africanos incluye dos países que integran los BRICS (Brasil y Sudáfrica) y Argentina que integra el G-20, y fue revitalizada ante los vertiginosos cambios que está viviendo el mundo, la crisis que atraviesa Guinea Bisau [3] y la inestabilidad en República Democrática de Congo.

 

De este modo los países con más visión estratégica como Brasil buscan seguir abriendo espacios para el multilateralismo, ante el avance de la política de Washington que consiguió que algunos países del Pacífico establezcan la Alianza del Pacífico para dificultarle a Brasil una salida fluida a ese océano. La creación de la Alianza del Pacífico en abril de 2011, y formalizado el 6 de junio de 2012, entre México, Colombia, Perú y Chile es, como señala el economista peruano Oscar Ugarteche, “un contrapeso a la influencia brasileña en Sudamérica” [4].

 

En opinión del economista, los tres gobiernos sudamericanos tienen en común no haber firmado el acta de constitución del Banco del Sur, no tener acuerdos comerciales con el Mercosur del cual son sólo observadores, tener TLCs firmados con Estados Unidos y carecer de un sector industrial nacional significativo. Ugarteche concluye que el nuevo bloque “sirve no para competir sino para bloquear” la integración regional que propone la Unasur.

 

Cooperación Sur-Sur

 

La Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur fue creada el 27 de octubre de 1986 por iniciativa de Brasil con el apoyo de Argentina, en momentos en que ambos países estaban gobernados por fuerzas conservadoras, José Sarney y Raúl Alfonsín eran los presidentes. Está integrada por 24 países en los que se hablan cuatro lenguas oficiales: español, portugués, inglés y francés [5]. El objetivo es la cooperación y mantener al Atlántico Sur sin armas nucleares.

 

La constitución de la ZOPACAS fue aprobada por Naciones Unidas con los votos en contra de Estados Unidos, Bélgica, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Alemania. Aunque en los hechos la nueva alianza estaba orientada contra la presencia soviética en el Atlántico Sur, la negativa de los países del Norte muestra un claro rechazo a la cooperación Sur-Sur.

 

Por el contrario, la creación de organismo internacional fue apoyada con entusiasmo, por los sectores nacionalistas y en particular por el pensamiento estratégico de Brasil. Guilherme Sandoval Góes, coordinador de la División de Asuntos Geopolíticos y Relaciones Internacionales de la Escuela Superior de Guerra, concluyó que Brasil dio un paso significativo para neutralizar la estrategia continental de Estados Unidos al crear la ZOPACAS.

 

En un trabajo publicado en la revista teórica de ese centro, dijo que la alianza “tiene un importante papel para neutralizar una posible iniciativa de Estados Unidos de crear la Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS), que consolidaría la hegemonía norteamericana en esta importante región geo-estratégica” [6].

 

Para evitar la subordinación geopolítica de la región, defiende “el liderazgo benigno brasileño en América del Sur”, lo que convierte a la región en “espacio vital para el fortalecimiento internacional de Brasil” y su inserción multipolar en varios frentes de cooperación internacional con la Unión Europea y el bloque asiático [7]. Si estos pasos no se concretaran, Sudamérica sería apenas un objeto de la explotación económica de Washington sin autonomía política.

 

Sin embargo, desde su creación la ZOPACAS tuvo escasa actividad. Muchas dificultades conspiran contra la posibilidad de convertirla en un foro dinámico y resolutivo. La presencia de 21 países africanos que hablan cuatro idiomas y pertenecen a alianzas regionales diferentes, ha sido el principal obstáculo a superar. Hacia seis años que no se reunía y es la primera vez que acuden ministros de defensa.

 

En diciembre de 2010 la cancillería organizó una Mesa Redonda en Brasilia con el objetivo de revitalizar la ZOPACAS. Se identificaron áreas para el desarrollo de proyectos comunes: “mapear y explorar los fondos marinos, proteger y preservar los recursos del mar, transporte marítimo y aéreo, seguridad portuaria, cooperación en defensa y combate a crímenes transnacionales” [8].

 

Despegarse del Norte

 

Como se sabe, en los últimos años la mayor parte de los países sudamericanos vienen construyendo diversos espacios de integración y coordinación económico, política y militar como el Banco del Sur, Unasur y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS). Este proceso se aceleró con la crisis mundial y el descubrimiento de grandes reservas de petróleo y gas en Venezuela y el mar de Brasil.

 

Uno de los ejes de la defensa de los países sudamericanos pasa por el Atlántico. El canciller Patriota, de Brasil, recordó en la reunión de Montevideo que el Atlántico tiene cada vez mayor importancia “por el descubrimiento de enormes reservas minerales y petrolíferas”, por sus abundantes recursos en biodiversidad y porque “el 95% del comercio exterior brasileño pasa por ese océano” [9].

 

La seguridad de cada uno de estos países, y Brasil es la sexta economía del mundo, pasa por evitar que otras potencias se hagan presentes en el Atlántico Sur. Por eso la reacción de Brasil a las pretensiones de la Cumbre de Lisboa de la OTAN, celebrada el 19 y 20 de noviembre de 2010, que supuso el reconocimiento de que la alianza militar se ha convertido en una fuerza con vocación de intervención global [10].

 

Brasil respondió ante lo que consideró una posición militarista de Estados Unidos. El 10 de setiembre el ministro de Defensa Nelson Jobim mostró su preocupación por el riesgo de que la OTAN pueda realizar incursiones armadas en el Atlántico Sur, al que definió como “área geoestratégica de interés vital para Brasil” [11]. El ministro fue claro al señalar que es necesario separar las cuestiones del Atlántico Norte de las del Sur, que merecen “respuestas diferenciadas, tanto o más eficientes y legítimas cuanto menos involucren a organizaciones o Estados extraños a la región”.

 

Aseguró que las razones por la cuales se creó la OTAN “dejaron de existir” ya que desapareció la amenaza que representaba la Unión Soviética. Denunció que la OTAN se convirtió en “instrumento para el avance de los intereses de su miembro principal, los Estados Unidos”, y criticó de modo frontal “la extrema dependencia europea de las capacidades militares norteamericanas en el seno de la OTAN”, lo que le impide “constituirse en un actor geopolítico a la altura de su peso económico” [12].

 

El 3 de noviembre, en la apertura de la VII Conferencia de Seguridad Internacional Fuerte de Copacabana (Rio de Janeiro), patrocinada por la Fundación Konrad Adenuer de Alemania, el ministro de Defensa Nelson Jobim dijo que Brasil y Sudamérica no pueden acepar que Estados Unidos y la OTAN “se arroguen” el derecho de intervenir en cualquier parte del mundo y, de modo particular, de “cortar la línea” que separa al Atlántico Norte del Sur [13].

 

Rechazó la idea de “soberanías compartidas” sobre esta región que maneja el Pentágono: ¿Cuál es la soberanía que Estados Unidos quiere compartir, la de ellos o la nuestra?”. Dijo más: “No seremos aliados de Estados Unidos para que ellos mantengan su papel en el mundo” y aseguró que “la política internacional no puede ser definida a partir de la perspectiva que convenga a los Estados Unidos” [14].

 

Rechazó conversar sobre el Atlántico Sur con un país que ni siquiera acepta la soberanía marítima brasileña de 350 millas, reconocida por Naciones Unidas. Jobim defendió que Brasil y los demás países sudamericanos “construyan un aparato disuasorio para enfrentar las amenazas extra-regionales”, que es uno de los ejes de la Estrategia Nacional de Defensa de Brasil, capaz de enfrentar todo tipo de desafíos, diplomáticos y militares, convencionales o no.

 

Cooperación y negocios

 

El Plan de Acción de Montevideo, aprobado en el VII Encuentro Ministerial de la ZOPACAS, define siete áreas de trabajo inspiradas en las mismas directrices definidas por la Mesa Redonda de 2010. En el área de Defensa hace un llamado a los países miembros a “fortalecer sus capacidades navales y aéreas” y promueve la realización de “ejercicios militares conjuntos en el Atlántico Sur” [15].

 

En paralelo, el ministro Celso Amorim propuso a los integrantes de la alianza “compartir la experiencia brasileña en el levantamiento de plataformas continentales, capacitación en salvamento y rescate en el mar, operaciones de paz y vigilancia marítima” [16]. Debe recordarse que entre los países africanos del Atlántico hay algunos de los principales productores de petróleo del mundo, como Nigeria y Angola.

 

Si los acuerdos avanzan tal como está previsto y si la Marina de Brasil continúa su constante proceso de modernización y expansión, la ZOPACAS puede convertirse (al igual que la Unasur y el CDS), en piezas de un paraguas regional que garantice su independencia. La intervención unilateral de un país del Norte, como Francia en Mali, por poner un ejemplo reciente, es algo que Brasil y Argentina quieren evitar.

Por eso el canciller Patriota dijo en Montevideo, en referencia a la situación que atraviesa Guinea-Bisau, que “la crisis que vive hoy ese país es ejemplo de una situación con implicaciones serias sobre el espacio del Atlántico Sur ante el cuál no podemos permanecer indiferentes” y definió el conflicto como “muy próximo a Brasil” [17].

 

Hay otras razones para una alianza de este tipo, que no vienen en los comunicados oficiales, como la creciente presencia económica de Brasil en África. Sólo en Angola se instalaron 200 empresas brasileñas que en 2007 eran responsables del 10 % del PIB [18]. La afinidades culturales, históricas y linguísticas explican el interés de los empresarios de Brasil en los países lusófonos africanos.

 

Odebrecht, la mayor constructora brasileña y la 24ª. del mundo, tiene 20 mil empleados en Angola, construyó la mayor hidroeléctrica del país y está levantando un complejo agroindustrial para producir etanol, azúcar y energía eléctrica, además de una segunda hidroeléctrica, líneas de trasmisión, avenidas y la reforma de las redes de agua y saneamiento en las ciudades [19].

 

En total son 32 emprendimientos en manos de Odebrecht que es la primera empleadora privada del país. Lula visitó Angola tres veces en los últimos cinco años. Desde 2000 ingresaron en el país otras constructoras como Camargo Corrêa, Queiroz Galvão y Andrade Gutierrez, también apoyadas con créditos del gobierno. En los últimos años Angola se convirtió en pieza clave en la expansión de las multinacionales brasileñas.

 

Por eso los medios especializados en Brasil se congratularon por la revitalización de la ZOPACAS, que consideraron “uno de los mayores triunfos de la diplomacia brasileña” [20]. Aún así consideraron que se trata de un “ambicioso movimiento” para el cual probablemente la Marina de Brasil, la única verdaderamente importante en el Atlántico Sur, aún no esté preparada para enfrentar.

 

Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el “Informe Mensual de Zibechi” para el Programa de las Américas www.cipamericas.org/es.

 


Raúl Zibechi
Programa de las Américas

 

Recursos

Defesanet, “ZOPACAS ou Mar Brasilis I”, 18 de enero de 2013, en http://www.defesanet.com.br/defesa/noticia/9354/DN—ZOPACAS-ou-MARE-BRASILIS—Lula-e-o-MD

Guilherme Sandoval Góes, “Por onde andará a Grande Estrategia Brasileira?”, Revista da Escola Superior de Guerra, Rio de Janeiro, julio-diciembre, 2008

Ministerio de Defesa, “ZOPACAS. Amorim propõe ações para fortalecer cooperação em Defesa”, Montevideo, 16 de enero de 2013.

Ministerio de Defesa, “Texto-base do discurso de Ministro Antonio de Aguiar Patriota”, Montevideo, 15 de enero de 2013.

Oscar Ugarteche, “El Bloque del Pacífico desde la integración estratégica”, 26 de abril de 2011 en http://alainet.org/active/46100

Notas:

[1] Ministerio de Defesa, “ZOPACAS. Amorim propõe ações para fortalecer cooperação em Defesa”, Montevideo, 16 de enero de 2013.

[2] Ministerio de Defesa, “Texto-base do discurso de Ministro Antonio de Aguiar Patriota”, Montevideo, 15 de enero de 2013.

[3] El 13 de abril de 2012 un grupo militar sublevado secuestró tanto al exprimer ministro Carlos Gomes Júnior como al presidente en funciones, Raimundo Pereira, antes de que se celebrara la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

[4] Oscar Ugarteche, “El Bloque del Pacífico desde la integración estratégica”, 26 de abril de 2011 en http://alainet.org/active/46100

[5] Por orden alfabético son: África del Sur, Angola, Argentina, Benin, Brasil, Cabo Verde, Camerún, República del Congo, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bisau, Guinea Ecuatorial, Liberia, Namibia, Nigeria, República Democrática del Congo, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Togo y Uruguay.

[6] Guilherme Sandoval Góes, “Por onde andará a Grande Estrategia Brasileira?”, Revista da Escola Superior de Guerra, Rio de Janeiro, julio-diciembre, 2008, p. 60.

[7] Ibid., p. 61.

[8] Ministerio das Relações Exteriores, 9 de diciembre de 2010 en http://www.itamaraty.gov.br/sala-de-imprensa/notas-a-imprensa/mesa-redonda-da-zona-de-paz-e-cooperacao-do-atlantico-sul-zopacas-brasilia-6-e-7-de-dezembro-de-2010

[9] Ministerio de Defesa, 15 de enero, ob. cit.

[10] “Strategic Concept. For the Defence and Security of The Members of the North Atlantic Treaty. Organisation”, en www.nato.int/lisbon2010/strategic-concept-2010-eng.pdf

[11] “Importante Jobim lança o Mare Brasilis”, en Defesanet, http://www.defesanet.com.br/dn/17SET10.htm

[12] Ibid.

[13] “Ministro da Defesa ataca estratégia militar de EUA e Otan para o Atlântico Sul”, Folha de São Paulo, 4 de noviembre de 2010, en http://www1.folha.uol.com.br/mundo/825261-ministro-da-defesa-ataca-estrategia-militar-de-eua-e-otan-para-o-atlantico-sul.shtml

[14] Ibid.

[15] “Plano de Ação de Montevidéu”, 16 de enero de 2013 en http://www.defesanet.com.br/geopolitica/noticia/9323/ZOPACAS—Plano-de-Acao-de-Montevideu

[16] Ministerio de Defesa, 16 de enero de 2013, ob cit.

[17] Agencia Angola Press, 21 de enero de 2013, en http://www.portalangop.co.ao/motix/pt_pt/noticias/africa/2013/0/3/Brasil-aponta-conflito-entre-maiores-desafios-Atlantico-sul,de6f6842-0d0f-4e7d-9262-ba78eba7cc11.html

[18] “Brasil testa papel de potência global em Angola”, BBC, 17 de setiembre de 2012 en http://www.bbc.co.uk/portuguese/noticias/2012/09/120917_angola_especial_abre_jf.shtml

[19] “Laços com presidente e obra durante a guerra marcam atuação da Odebrecht em Angola”, BBC, 20 de setiembre de 2012, en http://www.bbc.co.uk/portuguese/noticias/2012/09/120917_odebrecht_angola_sub1_jf_ac.shtml

[20] Defesanet, 18 de enero de 2013, en http://www.defesanet.com.br/defesa/noticia/9354/DN—ZOPACAS-ou-MARE-BRASILIS—Lula-e-o-MD

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"Ollanta Humala pasó de un nacionalismo proclamado a una posición de derecha"

Mario Hernandez (MH): Ya está con nosotros Ricardo Napurí. Hace algún tiempo que quería comunicarme contigo porque a comienzos de diciembre en una nota firmada por el analista internacional Jorge Castro en Clarín da cuenta de una serie de datos en referencia a Perú, tema que nosotros hemos abordado en más de una oportunidad.

 

Señala que la inversión extranjera directa aumentó 60% en los primeros 6 meses de 2012, arrastrada por un porcentaje mayor en la industria minera donde creció un 75%. Perú crecería en 2012 un 6.5% tras haberse expandido un 6.9% en 2011, creciendo sostenidamente por 35 meses consecutivos con una tendencia al alza, sin inflación.

 

Habla de una nueva clase media centrada en los 500.000 emprendedores que han surgido en los últimos 20 años, sobre todo en la economía informal. Es el segundo productor de cobre detrás de Chile pero los costos de producción son un 30% menores que en ese país y la tasa de ganancia es el doble, de ahí que la inversión de las transnacionales mineras que son alrededor de 330 compañías, ascienda a U$S 50.000 millones a ejecutar en los próximos 10 años, lo que implica que la exportación de cobre se multiplicará por cuatro en la próxima década convirtiendo a Perú en el primer exportador mundial.

 

Una situación económica floreciente la que describe Jorge Castro que recordarás fue asesor del ex presidente Carlos Menem y que contrasta con comentarios que hemos hecho de la realidad peruana en más de una oportunidad por estos micrófonos.

 

Me gustaría que pudieras clarificar a nuestros oyentes sobre la lectura de estas cifras.

 


Ricardo Napurí (RN): Las cifras son reales, lo cual no quiere decir que el análisis político sea correcto porque lo que hace Jorge Castro es econometría ya que mide la realidad de un país solo por el crecimiento económico.

 

Perú es quizás el tercer país minero más importante del mundo. El 80% de sus exportaciones son de minerales, algunos de punta como el cobre, la plata y el oro. La producción minera es muy diversificada. Eso es totalmente cierto. Lo que no menciona es que en la concepción liberal estas inversiones millonarias no producen ningún derrame. La explotación minera es de tajo abierto, es decir, no es de socavón, se hace con poca gente y el deterioro de la naturaleza es muy grande.


Detrás de estas cifras de crecimiento hay una depredación humana y de la Naturaleza

 


MH: Tema del que hablás con el conocimiento que te da haber sido minero en tu juventud.

 


RN: No solo fui minero sino también organizador en el sur del país a través de la mina de Cuajone de un movimiento de resistencia al acuerdo que había hecho el gobierno militar con una empresa multinacional para hacer una explotación estratégica de la zona. La recontraconozco.

 

En la zona de Moquegua fue destruido todo. El agua se secó, la agricultura desapareció, de tal manera que la lucha ecologista en el Perú es muy antigua. Ahora en Conga, tema del que te has ocupado en varias oportunidades, están protestando los naturales, incluso las regiones, porque la inversión es minera pero lo que no dicen es que detrás viene la desolación.

 

En Perú no hay prescripciones en el sentido de exigir condiciones técnicas, de tal manera que las compañías mineras vienen a depredar. Perú es visto como una zona de depredación de la naturaleza por las mineras que tienen altos rendimientos.

Hay 30 muertos por resistir a la minería y alrededor de 60 heridos graves en los 3 ó 4 enfrentamientos que hubo por la defensa del medio ambiente. Esa es la realidad.

 

Tampoco se dice, porque a las clases dirigentes no les interesa, que en Perú el 60% de la gente es pobre. Esos 10 años de crecimiento al 8/9% del PBI y la inversión minera no han producido derrame ni bienestar social. Hace 20 años que no aumentan las jubilaciones. El salario no ha variado fundamentalmente y es la cuarta parte del valor calculado de la canasta familiar. Del 60% pobre, la mitad vive por debajo de la línea de la pobreza. No varió un ápice su situación y tengamos en cuenta que el gobierno actual levantó como bandera, llamándose nacionalista, chavista, en los primeros momentos de su gestión política, la lucha contra el neoliberalismo y la explotación minera de tipo genocida. También levantó otras banderas reformistas importantes pero, ¿por qué estos gobiernos o personajes que tienen conciencia de la depredación que produce la inversión minera abandonan esas postulaciones para capitular ante las compañías?

 

En otras entrevistas que me hiciste te dije que Ollanta Humala sentaba prácticamente todo su programa de gobierno en una política asistencialista sobre la idea de rescatar entre 3000/5000 millones de dólares de las compañías mineras de los contratos firmados por sus antecesores, Fujimori y Alan García, de carácter depredador. Se comprometió a obtener ese dinero y de eso dependía gran parte de su gestión de gobierno asistencialista. Llegado a la presidencia las transnacionales lo pararon en seco y le dijeron que no había ninguna garantía que los precios no bajaran y lo más importante era mantener Perú como país minero y que la inversión minera no había que rechazarla, entonces Ollanta capituló y se convirtió en un gobierno que de un nacionalismo proclamado pasó a una posición de derecha alineándose con los gobiernos de Chile, Colombia, Panamá y México en el Frente del Pacífico con EE. UU. y abandonando su programa electoral.

 

Los análisis económicos no se pueden hacer fuera de la realidad social y política de un país, mucho más si es andino y minero como Perú, donde hay que preguntarse si la minería es favorable o no a las grandes mayorías populares.

 

La clase media ha crecido en forma exponencial porque se ha beneficiado como en Argentina y otros países del boom económico, en el caso del Perú, minero, pero los sectores postergados son más pobres y marginados que nunca. Pero a ellos no les interesa la realidad social, solo el crecimiento económico, por eso tenemos que alertar que detrás de las cifras que ubican a Perú como un país de punta en el crecimiento, seguramente garantizado por muchos años, hay una depredación humana y de la naturaleza de tal magnitud que la resistencia popular ya es muy fuerte y todo anuncia una radicalización mayor ante la exclusión de las grandes mayorías populares de todo proyecto de bienestar.   


Ollanta Humala y Keiko Fujimori son dos personajes extraños a la política

 


MH: Estaba leyendo que en relación a las futuras elecciones de 2016, aunque me parece un poco anticipado, las dos personalidades que encabezan las encuestas son mujeres: Keiko Fujimori y la esposa de Ollanta Humala, Nadine Heredia.

 


RN: Ollanta no puede ser reelecto y prepara a su mujer para que lo suceda asesorada por Favre, un analista político, hermano del argentino Jorge Altamira, que trabaja para Brasil, preparándola pacientemente para que sea una especie de nueva Evita o Cristina en la realidad peruana, a los efectos de poder derrotar a Keiko Fujimori que sorprendentemente tiene un 25% de votos cautivos. Su padre hizo un gobierno depredador, asesino y entreguista pero se cuidó muy bien de hacer un populismo en un país miserable como Perú donde la gente no tiene nada y darle un poco de agua, comida y alguna cosita más es una novedad. El lo hizo y por eso su hija tiene un 25% de votos cautivos, sobre todo en Lima.

 

Ollanta Humala trata de construir la figura de su esposa para ganarle. El telón de fondo es la realidad peruana, la crisis política brutal, social, el retroceso de las izquierdas, después de la derrota de Sendero Luminoso y de la izquierda institucional parlamentaria que ha determinado que aparezcan personajes como Humala, un oscuro mayor del ejército incluso sospechado de crímenes de lesa humanidad o Keiko, que es la hija de un presidente corrupto y asesino, que se han colado por la brecha y son votados. En el caso de Keiko porque puede apoyarse en los votos cautivos de su padre y en el de Ollanta porque prometió a los pobres y a las provincias una posición nacionalista y de rescate de la soberanía del pueblo en materia de los derechos fundamentales. Estos dos personajes son extraños desde el punto de vista de lo que podría ser un análisis culto de la política, pero son la expresión de la realidad presente.

 

En Perú hubo una derrota histórica importante después del gran ascenso de masas de los ‘70/80 que permitió que se cuelen estos personajes. Todo indica que los de abajo no tienen muchas opciones y se apoyan en quienes les prometen algo. El resto de los candidatos son oligarcas confesos y terribles. Hay un divorcio entre la conciencia popular mínima y esos liberales de ultraderecha, por eso se apoyan en estos dos personajes que hacen populismo, como lo llaman ahora, demagogia y les prometen el maná del cielo a los efectos de capturar sus votos. Por eso estamos presenciando la posibilidad de la disputa entre estos dos candidatos. El problema de la esposa de Ollanta es que la Constitución no le permite candidatearse por ser pariente del actual presidente, por eso se mueven en el sentido de un pacto político con el APRA y el fujimorismo para modificar la Constitución y poder ser candidata.

 

Ese es otro capítulo de la oscuridad de la vida política del país que ha devenido, como en otros casos en América Latina, en una ética política de baja estofa por la cual un pacto permitiría la reforma constitucional para que la mujer de Ollanta pueda aspirar a la presidencia.

 


Ollanta está calculando con lápiz y papel fino el momento para indultar a Fujimori


MH: ¿Sería moneda de cambio el indulto a Fujimori?

 


RN: Por supuesto, está cantado. Lo han intentado varias veces, lo que pasa es que están negociando el momento y los tiempos para no pagar un costo político muy alto. Tienen que hacerlo en el momento oportuno, lo están calculando con lápiz y papel fino pero para los analistas políticos está perfectamente determinado que estos acuerdos ya existen sobre todo en el Parlamento y tendrían coronación en el momento de definir la reforma constitucional.

 

Sería un indulto sin sanciones para que Fujimori tenga la posibilidad de participar de la contienda política, es decir, un ladrón, asesino y genocida. Volvería como ya lo hiciera Banzer en Bolivia que de dictador pasó a ser presidente por vía democrática.

 


Bachelet fue una administradora de la herencia pinochetista

 


MH: Es indudable que en los últimos tiempos América Latina a partir de sus gobiernos progresistas, populistas o neo-desarrollistas ha estado a la vanguardia política mundial, sin embargo, empiezan a haber ciertas turbulencias, una zona peligrosa donde podría desperdiciar una vez más esta situación favorable que se le ha presentado en los últimos años. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

 


RN: Tu pregunta es buena porque hay una tendencia exitista de aceptar de la realidad lo que nos da. Todo el mundo repite gobiernos progresistas como loros pero no aclaran qué problemas enfrentan estos gobiernos en la realidad cambiante y cuál es el porvenir.

 

Por ejemplo, dicen que Bachelet puede ser presidente, pero ya lo fue, reprimió a los estudiantes y fue una administradora de la herencia pinochetista, nunca se integró al Mercosur y Chile siguió perteneciendo al Bloque del Pacífico. No hay nada de progresivo, salvo que hiciera un cambio revolucionario si fuera presidente nuevamente.

 

En Argentina no se sabe qué puede ocurrir porque la derecha está muy activa. En Uruguay, Pepe Mujica y el Frente Amplio han administrado sin cambiar nada más que un tibio asistencialismo y la derecha puede volver al poder. Evo Morales siempre está jaqueado por la posibilidad de golpes diversos y la propia limitación de un país mediterráneo. En Ecuador la figura nacionalista de Correa no ha podido salir de la dolarización de la economía que se basaba en la venta de petróleo y las remesas del exterior que eran la segunda fuente de ingresos. Por la crisis europea las remesas prácticamente han desaparecido y el petróleo no es garantía, por eso está buscando desesperadamente inversión minera pero ya se encontró con la resistencia de los defensores del medio ambiente y los movimientos sociales lo cuestionan.

 

Todos estos gobiernos tienen problemas en el cuadro de una realidad económica donde casi todos los analistas coinciden en que la crisis mundial va a durar mucho tiempo todavía. No hay para ninguna economía la garantía de un período de ascenso. En ese cuadro los problemas nacionales vana a ser múltiples. Uno no puede analizar a estos gobiernos progresistas fuera del contexto de la realidad mundial y de las relaciones de clase porque se van a encontrar con resistencias de los de abajo porque en casos como los de Perú o Chile el reparto de la riqueza es totalmente desigual. Van a ser un sándwich entre la presión de la derecha, los mercados y el imperialismo y los sectores populares. No hay ninguna garantía que estos gobiernos puedan mantenerse.

 

El caso de Venezuela es notable porque se ha mantenido con una política de reformas avanzadas pero es un país al que han ingresado 70.000 millones de dólares por petróleo. También su economía depende de los juegos del mercado mundial. Si hay un retroceso en los precios se va a acusar internamente.

 

El otro hecho que le ha costado prácticamente la vida a Chávez fue ganar una elección porque la derecha tiene casi la mitad de los votos, o sea que por esa vía de la reacción democrática, en la medida que estos gobiernos reformistas no cambian las instituciones, pueden recapturar el poder democráticamente como lo perdió Daniel Ortega en Nicaragua en manos de Violeta Chamorro en su momento.

 

No hay que ponerse contento diciendo ¡qué lindo que hay gobiernos progresistas frente a los liberales! Sino que la realidad compleja del mundo indica que vienen momentos graves y hay que analizar qué porvenir tienen y si serán capaces o no de satisfacer las demandas populares cada vez más urgentes en un mundo capitalista que se derrumba.

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Guatemala y Honduras: ¿bantustanes para ricos? (I)

Con mirada retronostálgica, aún es posible caminar por el centro de ciudad de México y los barrios con historia” de Buenos Aires, Quito, Montevideo, La Paz, Río de Janeiro. En cambio, los de Lima, Bogotá, Santiago, Panamá, Caracas, apenas conservan vestigios de añejas lozanías urbanas.

 

Tampoco hay que idealizar, pues las “encantadoras” ciudades coloniales, virreinales y republicanas de América Latina trasuntan la historia de sus clases dominantes. En la primera mitad del siglo pasado, los urbanistas ya bosquejaban sus proyectos en función de la imparable producción de automóviles para uso particular, y hacia 1980, con la imposición del modelo neoliberal, empezaron a brotar espacios urbanos enemigos de lo público y de acceso restringido para el ciudadano corriente.

 

Hace unos días, por ejemplo, visité a un funcionario en un barrio exclusivo. Al entrar, un cartel colgado del grueso portón metálico: “Deténgase. Apague el motor. Encienda las luces. Identifíquese”. Y al salir, la inevitable bronca con un guardia malencarado que me ordenó abrir el baúl para cerciorarse de que no había secuestrado a mi anfitrión, con fines inconfesables.

 

En las antípodas de la utopía urbana anarcosocialista, la distopía anarcocapitalista empieza a concretar sus ideales: ciudades “sin Dios, Estado ni ley” y administradas por magnates que, en el caso de países como Guatemala y Honduras y así como sus abuelos, delegan en el Comando Sur la “resolución” de los problemas sociales del país. Y donde sus exclusivas y excluyentes “cartas constitucionales” se rigen invariablemente por un solo principio: “seguridad”.

 

¿Ciudades sin ciudadanos? Visitemos Paseo Cayalá, plástico y artificial remedo de urbe “colonial” situada a escasos kilómetros de la ciudad de Guatemala. Por ahora, Cayalá tiene 14 hectáreas. Según el corresponsal de Associated Press en Guatemala, la élite de Cayalá está compuesta por jóvenes profesionales y parejas recién casadas que viven detrás de grandes muros para sentirse “seguras” frente a la inaudita pobreza, delincuencia y criminalidad del país centroamericano.

 

El único acceso a Cayalá se realiza mediante un garaje subterráneo, donde los residentes y visitantes usan escaleras mecánicas decoradas al estilo art nouveau de las paradas del Metro de París. El cronista observó calles empedradas, clubes nocturnos, restaurantes, cafeterías, boutiques de lujo y policías con armas ocultas que se movilizan en patinetas motorizadas Segway.

 

En caso de una denuncia, la policía nacional de Guatemala necesita orden judicial para ingresar a la “ciudad”. Y todos los problemas son tratados por la asociación de propietarios, que discuten en un “edificio de columnas inspiradas en el Monumento a Abraham Lincoln de Washington y en el Partenón griego”.


Los constructores de Cayalá compraron la tierra en la década de 1980, época en que las matanzas y despojos de tierras de indígenas fueron más despiadadas que las narradas por el cronista Bernal Díaz del Castillo. Y luego de los “acuerdos de paz” con la guerrilla, las castas divinas de la oligarquía guatemalteca volvieron, por vía “democrática”, a los mejores años de la Mamita Yunai y la invasión yanqui de 1954.

 

Mientras, en la vecina Honduras (patria de Francisco Morazán), el espíritu del mercenario William Walter (“presidente” de Nicaragua en 1856-57) y del rey de la banana Sam Zemurray (1911) resucitaba en los políticos que en Tegucigalpa derrocaron al presidente Manuel Zelaya en septiembre de 2009.

 

Los arquitectos guatemaltecos y hondureños enrolados en el llamado “nuevo urbanismo” (que promueve la creación de barrios por donde se pueda caminar) hablan de impulsar “estilos de vida más cosmopolitas”.

 

¿Cuáles serían? ¿Los de Singapur, Hong Kong, Macao, Eurovegas, Jerusalén este? Porque en Estados Unidos y Europa existen férreos marcos regulatorios que desalientan las prácticas especulativas asociadas a la compraventa de tierras urbanas.

 

Los anarcocapitalistas pescan en los ríos revueltos de los estados débiles, o en países “asegurados” por el Pentágono que, como en el caso de Honduras, registran un largo y crónico historial de corrupción institucional, entreguismo y cesión de soberanía.

 

Y allí pusieron el ojo seudoempresas como Free Cities Group, de Paul Thiel (fundador de PayPal), la Future Cities Development Corporation, de Patri Friedman (nieto del gurú neoliberal Milton Friedman), o inversionistas virtuales, como el economista Paul Romer, quien después de fracasar en Madagascar y Mauritania consiguió que los políticos hondureños prestaran oídos a sus proyectos para construir charter cities (ciudades modelo).

 

Las distopías urbanas de las charter cities serían el revés de los “bantustanes” concebidos por los racistas de Sudáfrica y Namibia para los negros. Reservas con independencia nominal (Transkei, Venda, Ciskei), que alojaban y concentraban en su interior poblaciones étnicamente homogéneas, y que los sionistas de Israel prevén para los palestinos de Gaza y Cisjordania.

 

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Domingo, 20 Enero 2013 06:59

La mayor amenaza a la paz mundial

Al informar sobre el debate final de la campaña presidencial en Estados Unidos, The Wall Street Journal observó que “el único país más mencionado (que Israel) fue Irán, al cual la mayoría de naciones de Medio Oriente ven como la mayor amenaza a la seguridad de la región”

.

Los dos candidatos estuvieron de acuerdo en que un Irán nuclear es la mayor amenaza a la región, si no al mundo, como Romney sostuvo explícitamente reiterando una opinión convencional.

 

Acerca de Israel, los candidatos rivalizaron en declararle su devoción, pero ni así los funcionarios israelíes se dieron por satisfechos. Esperaban “un lenguaje más ‘agresivo’ de Romney”, según los reporteros. No fue suficiente que Romney exigiera que no se permitiese a Irán “alcanzar un punto de capacidad nuclear”.

 

También los árabes estaban insatisfechos, porque los temores árabes acerca de Irán se “debatieron desde la óptica de la seguridad israelí, no de la región”, y las preocupaciones de los árabes se pasaron por alto: una vez más, el tratamiento convencional.

 

El artículo del Journal, como incontables otros sobre Irán, deja sin respuesta preguntas esenciales, entre ellas: ¿quién exactamente ve a Irán como la amenaza más grave a la seguridad? ¿Y qué creen los árabes (y la mayor parte del mundo) que se puede hacer ante esa amenaza, la vean como la vean?

 

La primera pregunta es fácil de contestar. La “amenaza iraní” es abrumadoramente una obsesión de Occidente, compartida por dictadores árabes, aunque no por las poblaciones árabes.

 

Como han mostrado numerosas encuestas, aunque los ciudadanos de los países árabes en general no simpatizan con Irán, no lo consideran una amenaza muy grave. Más bien perciben que la amenaza son Israel y Estados Unidos, y muchos, a veces importantes mayorías, ven en las armas nucleares iraníes un contrapeso a esas amenazas.

 

En altas esferas de Estados Unidos algunos están de acuerdo con la percepción de las poblaciones árabes, entre ellos el general Lee Butler, ex jefe del Comando Estratégico. Él dijo en 1998: “Es en extremo peligroso que en el caldero de animosidades que llamamos Medio Oriente”, una nación, Israel, deba contar con un poderoso arsenal de armas nucleares, “que inspira a otras naciones a tenerlo también”.

 

Aún más peligrosa es la estrategia de contención nuclear de la que Butler fue diseñador principal por muchos años. Tal estrategia, escribió en 2002, es “una fórmula para una catástrofe sin remedio”, y llamó a Estados Unidos y otras potencias atómicas a aceptar los compromisos contraídos dentro del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN) y hacer esfuerzos de “buena fe” para eliminar la plaga de las armas atómicas.

 

Las naciones tienen la obligación legal de tomar en serio esos esfuerzos, decretó la Corte Mundial en 1996: “Existe la obligación de avanzar de buena fe y llevar a término las negociaciones orientadas al desarme nuclear en todos sus aspectos, conforme a un control internacional estricto y efectivo”. En 2002, el gobierno de George W. Bush declaró que Estados Unidos no está comprometido por esa obligación.

 

Una gran mayoría del mundo parece compartir la opinión de los árabes sobre la amenaza iraní. El Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) ha apoyado con vigor el derecho de Irán a enriquecer uranio; la expresión más reciente fue en la reunión cumbre en Teherán, en agosto pasado.

 

India, el miembro más populoso del Mnoal, ha encontrado formas de evadir las onerosas sanciones financieras de Estados Unidos a Irán. Se llevan a cabo planes para vincular el puerto iraní de Chabahar, reacondicionado con asistencia india, con Asia central a través de Afganistán. También se informa que las relaciones comerciales se incrementan. Si no fuera por las fuertes presiones de Washington, es probable que estos vínculos naturales tuvieran una mejoría sustancial.

 

China, que tiene estatuto de observadora en el Mnoal, hace lo mismo en buena medida. Expande los proyectos de desarrollo hacia occidente, entre ellos iniciativas para reconstituir la antigua Ruta de la Seda hacia Europa. Una vía férrea de alta velocidad conecta a China con Kazajstán y más allá. Es probable que llegue a Turkmenistán, con sus ricos recursos energéticos, y que se conecte con Irán y se extienda a Turquía y Europa.

 

China también ha tomado el control del importante puerto de Gwadar, en Pakistán, que le permite obtener petróleo de Medio Oriente evitando los estrechos de Ormuz y Malaca, saturados de tráfico y controlados por Estados Unidos. La prensa paquistaní reporta que “las importaciones de crudo de Irán, los estados árabes del Golfo y África podrían transportarse por tierra hacia el noroeste de China a través de este puerto”.
En su reunión de agosto en Teherán, el Mnoal reiteró su vieja propuesta de mitigar o poner fin a la amenaza de las armas nucleares en Medio Oriente instaurando una zona libre de armas de destrucción masiva. Los pasos en esa dirección son, sin duda, la manera más directa y menos onerosa de superar esas amenazas, la cual es apoyada por casi el mundo entero.

 

El mes pasado se presentó una excelente oportunidad de aplicar esas medidas, cuando se planeó una conferencia internacional sobre el tema en Helsinki.

 

Se realizó una conferencia, pero no la que estaba planeada. Sólo organizaciones no gubernamentales participaron en la reunión alternativa, organizada por la Unión por la Paz, de Finlandia. La conferencia internacional planeada fue cancelada por Washington en noviembre, poco después de que Irán accedió a asistir.

 

La razón oficial del gobierno de Obama fue “la turbulencia política en la región y la desafiante postura de Irán sobre la no proliferación”, según la agencia Associated Press, junto con una falta de consenso sobre “cómo enfocar la conferencia”. Esa razón es la referencia aprobada al hecho de que la única potencia nuclear de la región, Israel, se negó a asistir, alegando que la solicitud de hacerlo era “coerción”.

 

En apariencia, el gobierno de Obama mantiene su postura anterior de que “las condiciones no son apropiadas a menos que todos los miembros de la región participen”. Estados Unidos no permitirá medidas para someter las instalaciones nucleares de Israel a inspección internacional. Tampoco revelará información sobre “la naturaleza y alcance de las instalaciones y actividades nucleares israelíes”.

 

La agencia de noticias de Kuwait informó de inmediato que “el grupo árabe de estados y los estados miembros del Mnoal acordaron continuar negociando una conferencia para instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, así como de otras armas de destrucción masiva”.

 

El mes pasado, la Asamblea General de la ONU aprobó por 174-6 una resolución en la que llama a Israel a adherirse al TNPN. Por él no votó el contingente acostumbrado: Israel, Estados Unidos, Canadá, las Islas Marshall, Micronesia y Palau.

 

Días después, Estados Unidos realizó un ensayo nuclear, impidiendo una vez más a inspectores internacionales el acceso al sitio de la prueba, en Nevada. Irán protestó, al igual que el alcalde de Hiroshima y algunos grupos de paz japoneses.

 

Desde luego, instaurar una zona libre de armas atómicas requiere de la cooperación de las potencias nucleares: en Medio Oriente, eso incluiría a Estados Unidos e Israel, que se niegan a darla. Lo mismo ocurre en otras partes. Las zonas de África y el Pacífico aguardan la aplicación del tratado porque Estados Unidos insiste en mantener y mejorar las bases de armas nucleares en las islas que controla.

 

Mientras se llevaba a cabo la conferencia de ONG en Helsinki, en Nueva York se realizó una cena bajo los auspicios del Instituto sobre Políticas sobre el Cercano Oriente, de Washington, ramificación del cabildo israelí.

 

Según una nota entusiasta sobre esa “gala” en la prensa israelí, Dennis Ross, Elliott Abrams y otros “ex consejeros de alto nivel de Obama y Bush” aseguraron a los presentes que “el presidente atacará (a Irán) si la diplomacia no funciona”: un muy atractivo regalo de fiestas decembrinas.

 

Es difícil que los estadunidenses estén enterados de cómo la diplomacia volvió a fallar, por una sencilla razón: virtualmente no se informa nada en Estados Unidos sobre el destino de la forma más obvia de lidiar con la “más grave amenaza”: instaurar una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente.

 

El nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic uprisings and the new challenges to US empire (Sistemas de poder: conversaciones sobre los levantamientos democráticos globales y los nuevos retos al imperio estadunidense) se publicará en enero. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Mass.

 

Traducción: Jorge Anaya

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Nueva York, 19 de enero. El programa de “democracia” para Cuba promovido por el gobierno estadunidense es una “actividad operacional” que requiere “discreción continua” en el marco de varios “planes de transición” que Washington contempla en su esfuerzo contra el régimen del presidente Raúl Castro, según documentos oficiales estadunidenses divulgados hoy por el National Security Archive.

 

Los escritos oficiales dados a conocer hoy fueron presentados ante un tribunal como parte de un caso legal promovido por Alan Gross, el contratista encarcelado en Cuba en 2009 por intentar trasladar de manera clandestina equipo de comunicaciones a Cuba. Gross y su esposa Judy interpusieron una demanda el año pasado contra la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Development Alternatives Inc (DAI), este último su empleador cuando fue arrestado en la isla y uno de los principales contratistas de la Usaid, acusándolos de que fallaron en prepararlo, capacitarlo y supervisarlo de manera adecuada ante los peligros de las actividades a que fue enviado a la isla.

 

Los textos fueron presentados ante el tribunal por el DAI la semana pasada. Uno, marcado como “confidencial”, revela que en una reunión entre el DAI y la Usaid, en agosto de 2008, funcionarios del Programa para la Democracia en Cuba y Planeación de Contingencias relatan a la empresa contratista que la “Usaid no está informando a los cubanos cómo o por qué necesitan una transición democrática, sino que la agencia desea otorgar la tecnología y los medios para comunicar la chispa que podría beneficiar a la población”, y que el programa tenía la intención de “establecer una base desde donde los cubanos podrían ‘desarrollar visiones alternativas del futuro’”.

 

En el mismo documento se señala que “el gobierno de Estados Unidos tiene entre cinco y siete diferentes planes de transición” para Cuba, y que el programa no contempla redactar otro. Agrega que ello “no es un proyecto analítico, sino una actividad operacional”.

 

Según otro documento, la convocatoria de la Usaid para propuestas de contratistas para el programa en Cuba, fechado en 2008, sostiene que el “objetivo principal del gobierno de Estados Unidos es acelerar la transición pacífica (en Cuba) a una sociedad democrática y orientada al mercado, al otorgar asistencia humanitaria adicional y apoyo a la sociedad civil. Desarrollar y, si así lo permiten las condiciones legales y otras circunstancias, activar planes para lanzar una plataforma programática de respuesta rápida que atienda los intereses de la Usaid para tener y coordinar una presencia de programación en la isla”.

 

Los documentos divulgados hoy por el National Security Archive, organización independiente de investigación dedicada a transparentar las actividades de política exterior del gobierno, también incluyen comunicaciones de la Usaid con el DAI sobre el programa y las propuestas de Gross para trasladar computadoras, teléfonos celulares y sistemas de comunicación satelital a la isla.

 

En los escritos figura el testimonio de un ejecutivo del DAI ante el tribunal en torno a la demanda civil de los Gross, en el cual afirma que funcionarios de la Usaid “enfatizaron” que el programa sobre Cuba tenía “riesgos”, particularmente “en términos de construir la red requerida de promotores de democracia y derechos humanos en Cuba”. (Los documentos se pueden revisar en el sitio del National Security Archive: www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB411/).

 


Peter Kornbluh, analista del National Security Archive encargado del programa sobre Cuba, entre otros, comentó que durante una reunión que sostuvo con Gross en noviembre de 2012, en Cuba, el estadunidense le insistió en que “mis metas no son las mismas que las del programa que me envió”, e instó al gobierno de Barack Obama a negociar y resolver su caso con las autoridades cubanas, entre otros asuntos bilaterales.

 

Kornbluh consideró que la decisión del DAI de presentar esos documentos ante el tribunal tiene un tinte chantajista contra el gobierno estadunidense. En su solicitud ante el tribunal para que descarte el caso, la empresa afirma que “está profundamente preocupada porque el desarrollo del historial, en este caso a lo largo del litigio, pudiera crear riesgos significativos a los intereses de seguridad nacional, políticas exterior y de derechos humanos del gobierno de Estados Unidos”. O sea, según Kornbluh, se trata de un aviso al gobierno de que si no intensifica sus esfuerzos para liberar a Gross el caso legal podría revelar aún más detalles de los programas de intervención estadunidense en la isla.

 

Para el abogado José Pertierra, experto en asuntos jurídicos y políticos en la relación Cuba-Estados Unidos y cercano al asunto legal de Los cinco (cubanos encarcelados en Estados Unidos que realizaban actividades antiterroristas para La Habana en Florida), “estos documentos confirman que todo ese asunto es parte de un plan para desestabilizar Cuba clandestinamente” y, a la vez, comprueban que “Gross es culpable de lo que está acusado”.

 

En entrevista con La Jornada, Pertierra comentó que ello es sólo el inicio de una serie de documentos que van a salir a la luz pública demostrando que “esto no se trata simplemente de otorgar equipo a la pequeñísima comunidad judía en Cuba, sino de establecer una red alternativa de disidentes operada en torno a los intereses de Estados Unidos”. El abogado subrayó que “eso es ilegal en Cuba y en todos los países del mundo –ningún gobierno soberano acepta que un poder extranjero se involucre en actividades internas, cuyo propósito es promover un cambio de régimen”.

 

Pertierra concluyó que “ojalá, por razones humanitarias, liberen a Gross. Igual, por razones humanitarias, Estados Unidos libere a Los cinco. Claro que los dos casos no son iguales. Tal como se argumenta aquí, tienen razón. El programa de Gross tenía la intención de desestabilizar Cuba; Los cinco no tenían el objetivo de desestabilizar Estados Unidos, sino estaban trabajando para evitar actos de terrorismo contra Cuba lanzados desde y protegidos por Estados Unidos”.

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Domingo, 20 Enero 2013 06:42

Europa va a la guerra en el Sahel

Europa va a la guerra en el Sahel

Malí, uno de los 25 países más pobres del mundo, nacido en 1960 como Federación de Malí a raíz de la independencia de Sudán y Senegal, era hasta hace apenas 12 meses un modelo de democracia africana. Con 15,5 millones de habitantes y una extensión vastísima, más del doble que Francia —con el Sáhara al norte, la sabana saheliana en el centro y los cultivos en el sur sudanés regado por el Níger—, el país donde Miquel Barceló pasaba varios meses cada año investigando con la arcilla y las termitas, y pintando sus acuarelas resonaba en los oídos occidentales como el último —o en fin, el penúltimo— paraíso perdido.


 
Músicos dotados de duende, talento y conciencia como Toumani y Mamadou Diabaté —los genios mandingas de la kora—, Ali Farka Tuoré y Salif Keita creaban marca Malí en todo el mundo; el gran Kanouté goleaba y ganaba títulos en España, los turistas fluían a millares hacia la milenaria Tombuctú para visitar los santuarios y las casas de adobe, y los musulmanes —el 90% de la población— acataban sin problemas el sistema constitucional laico moldeado en París para Alpha Konaré (ganador de las elecciones de 1992 y 1997) y prolongado luego por Amadou Touré, que fue investido presidente en unos comicios homologados por la comunidad internacional en 2002 y reelegido en 2007.


 
Todo cambió en 2011, cuando acabó la guerra de Libia. Los milicianos independentistas tuaregs de Ansar Dine, que habían permanecido marginados pero más o menos tranquilos durante décadas, lucharon como mercenarios para las tropas leales a Gaddafi, y regresaron a casa en sus veloces camionetas sin techo, armados hasta los dientes con trastos de todos los calibres y pesos posibles (metralletas, cañones, blindados, baterías antiaéreas…), adquiridos a buen precio en el enloquecido bazar libio.


 
Tras aliarse con los yihadistas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), que controlan un círculo inmenso de arena que va desde el Atlántico hasta Chad y desde Níger al sur de Túnez, y con el Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), los tuaregs lanzaron la rebelión en enero de 2012; en unas semanas conquistaron tres regiones del norte y declararon la sharía, la ley islámica. Enseguida empezaron las lapidaciones, las amputaciones y la destrucción del patrimonio histórico. Cientos de miles de malienses huyeron al sur y a los países vecinos, agudizando así la hambruna de millones de personas en el Sahel.


 
Descontentos con la débil respuesta del presidente, soldados del Ejército regular, que habían sido entrenados por Estados Unidos, que invirtió 500 millones de euros en su formación, se pasaron al enemigo con armas y bagajes, y depusieron a Touré. La mediación de la CEDEAO, la Comunidad Económica de Estados del África Occidental, consiguió en abril colocar al civil Dioncounda Traoré como presidente de un Gobierno de unidad nacional provisional. Pero una turba atacó al nuevo líder, que tuvo que volar hasta París y necesitó dos meses para recuperarse del susto y las heridas antes de volver a Bamako.

 

En septiembre, Traoré pidió ayuda a la comunidad internacional alegando que los rebeldes seguían ganando posiciones. La ejemplar democracia maliense no controlaba su territorio. Había sucumbido al terror.


 
Mientras todo esto pasaba, en Francia hubo elecciones. Y ganó François Hollande.


 
La doctrina de François Hollande sobre África es una especie de revolución que trata de sanear las muy corruptas y podridas alcantarillas del neocolonialismo francés. Consiste en afirmar que la Administración ha dejado atrás para siempre los hábitos de la Françafrique, ese término despectivo que describe la complicidad de Francia con los dictadores títere para esquilmar a conciencia las materias primas de la zona y financiar luego bajo cuerda las necesidades, personales o partidarias, del sistema político de París. El mensaje es que la larga fase histórica marcada por las maletas llenas de billetes llegando al Elíseo es cosa del pasado. Que África es adulta y debe gestionar y decidir su futuro. Y que las intervenciones más o menos caprichosas de las tropas francesas asentadas en las bases de Chad, Burkina Fasso, Níger o Costa de Marfil, por citar solo algunas, son cosa del pasado.

 


al Gobierno de Malí a frenar el avance de la rebelión “terrorista” con tropas estrictamente africanas, reclutadas por la CEDEAO y puestas bajo el mando de un general nigeriano asesorado por un puñado de oficiales franceses. Estas tropas se unirían al desmoralizado y muy impopular Ejército regular maliense para reconquistar el norte, y en vez de ser instruidas por EE UU —visto el éxito obtenido— estarían formadas por 450 instructores europeos. La UE, la ONU, la Unión Africana, e incluso Rusia y China, consideraron que podía servir, y el Consejo de Seguridad aprobó en diciembre la resolución 2.085 autorizando el despliegue.


 
Pero todo se precipitó de nuevo el 10 de enero. Ese día, los grupos islamistas y otros parientes tomaron Konna. Situada en el centro del país y a escasos kilómetros de un aeropuerto, se trata de un lugar demasiado peligroso y estratégico como para haber sido elegido al azar. La ofensiva de los terroristas hacia Bamako había empezado.

 


Tras debatir con su Estado Mayor y los jefes de los servicios de inteligencia interior y exterior, Hollande reunió el día 11 al Consejo de Defensa en el Elíseo y dio la orden de ataque a los aviones Mirage aparcados en la base de Chad, muy cerca de la capital, Djamena. En ese momento, según ha escrito Christophe Barbier en L’Express, Hollande decidió “ser comandante en jefe para convertirse, finalmente, en jefe de Estado”.


 
En unas horas, la metamorfosis del presidente al que muchos apodan Flanby por su blandura asombra a los franceses. No solo rectifica su flamante política africana no intervencionista sobre la marcha para “asegurar la existencia del Estado de Malí”. También, explica con determinación ante las cámaras, ha dado la orden de enviar un comando de la Dirección General de Seguridad Exterior (DGSE) a Somalia.


 
Francia tiene allí a un espía (seudónimo Denis Allex) secuestrado por la milicia yihadista Al Shabab desde hace tres años y medio. El asalto de las fuerzas especiales, cinco helicópteros y 50 militares, fracasa en el intento de liberar al rehén. Mueren dos soldados franceses, otros seis resultan heridos, y Allex es asesinado por sus captores. Según París, el asalto acaba también con la vida de 17 terroristas. El mismo día, Francia sufre la primera baja en Malí, un piloto de helicóptero del regimiento de Pau.


 
Pese al desastre inicial, Hollande envía un doble o triple mensaje de firmeza. Al “islamogansterismo”, a los socios euroatlánticos que se permiten menospreciar a Francia en la ONU o la UE, y a sus asustados conciudadanos que temen haber elegido a un jefe de Estado incapaz de gestionar las crisis importantes. El recado dice: “No nos chantajearéis con los secuestros, no os dejaremos destruir las precarias democracias africanas, Francia sigue siendo mucha Francia”, y su Ejército, señala Barbier, “está preparado para adaptarse a los peligros contemporáneos y las nuevas amenazas”.


 
Si hace diez años Jacques Chirac prefirió eximir a sus paisanos de la guerra de Irak, Hollande, asesorado ahora por el nuevo equipo de comunicación del Elíseo, fichado en diciembre para tratar de remontar la popularidad hundida en los primeros meses de su mandato —un 35%—, comparece ante el país solemne, firme, determinado. Los partidos, sin excepción, aprueban sus decisiones, se forma un raro clima de unidad nacional —durará apenas una semana—. Pero pronto queda claro que su nuevo traje no gusta en Europa. Alemania, Reino Unido y España prefieren mirar hacia otro lado ante la petición de colaboración francesa y se convierten en el enemigo en casa.

 


Dos medios conservadores, Financial Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung, lideran la corriente de opinión. Al intervenir en solitario en Malí, afirman: Hollande ha cambiado sus principios sobre la marcha, resucita viejas actitudes colonialistas y defiende intereses económicos más o menos ocultos, además de lo obvio, intentar ganar popularidad con una intervención armada.


 
Hollande replica a las críticas. Afirma que Francia no tiene la menor intención “de quedarse” en su excolonia, y asegura que la operación en Malí, que solo busca defender a los ciudadanos franceses, será “una excepción” a la regla general. Ese nuevo Hollande, que parece menos sincero de lo habitual, desdeña incluso las afirmaciones que señalan que la intervención busca proteger a las compañías que, como el gigante nuclear Areva, extraen materias primas baratas en la zona, entre otras el uranio de la vecina Níger, tan útil para las centrales francesas.


 
“No estamos en Malí para defender a nuestras empresas”, afirma el presidente, que se pliega a la versión oficial de los tres objetivos: “Primero, frenar la agresión terrorista, que buscaba hacerse con el control de todo el país, incluida Bamako. Después proteger la capital, donde viven varios miles de ciudadanos franceses. Y finalmente, permitir a Malí recuperar la integridad territorial”.


 
El especialista en África occidental René Otayek, profesor de Science Po en Burdeos, cree que “no es absurdo decir que Francia ha actuado para defender a los miles de franceses que viven en Bamako, aunque no es menos cierto añadir que gran parte de esos ciudadanos trabaja para empresas francesas asentadas en la zona y que es lógico que Francia las defienda. Las minas de Areva en Níger suponen el mayor suministro de uranio para Francia, pero también hay explotaciones petroleras y muchas otras compañías que operan en Mauritania, Malí, Burkina Faso… El Sahel es un lugar estratégico para Francia, y es incontestable que intente impedir que los terroristas amenacen las minas de uranio y sus otros intereses”.


 
Aunque sea incontestable, esta realidad política, comercial y económica parece estar en la raíz de la escasa implicación de los socios naturales en la primera aventura bélica de Hollande. El eurodiputado ecologista franco-alemán Daniel Cohn-Bendit resumió con toda crudeza el malestar por la deserción europea al decirle a Catherine Ashton: “Madame Ashton, usted ha dicho que nos concierne a todos. Todos nos dicen lo mismo. Pero no hay más que soldados franceses allí. Y lo que se nos está diciendo es: "Nosotros os mandamos unas enfermeras, y a vosotros que os maten”.


 
Le Monde reveló que en la reunión de ministros de Exteriores celebrada el jueves en Bruselas, el francés Laurent Fabius se sintió también molesto porque sus homólogos español y alemán le preguntaron “qué busca exactamente Francia en Malí”. En cuanto a la Administración de Barack Obama, su lenguaraz embajadora Susan Rice ha dejado claro que París es el único responsable directo de la intervención al afirmar que la petición de ayuda enviada a Naciones Unidas por el presidente maliense se podía resumir con la expresión “¡socorro, Francia!”.
 


Así, a pesar de la oleada de apoyo moral que Francia ha recibido estos días, Hollande deberá conformarse, de momento, con formar una coalición eminentemente francófona y europea. Hoy por hoy, solo Bélgica entre los 27 países de la UE se ha comprometido a enviar tropas —unos 70 soldados que colaborarán en tareas de transporte y mantenimiento— a la zona. Los compañeros de viaje de Francia estarán en la fuerza multinacional de países africanos occidentales, la Misión Internacional de Apoyo a Malí (MISMA, en francés). Ese contingente de 3.300 soldados, de los que 2.200 deberían estar sobre el terreno hoy domingo, y los 2.000 soldados que enviará Chad serán por ahora el único consuelo a la soledad de los 2.500 militares franceses que lucharán contra un enemigo formado, según los cálculos del ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian, por unos 3.000 yihadistas y tuaregs.

 


La MISMA estará liderará por la anglófona y no siempre eficaz Nigeria (la excepción a la regla francófona aportará 900 soldados y el general al mando), y en ella militan también Togo (540 soldados), Níger (500), Senegal (450), Burkina Faso y Benín (300 cada uno), Ghana (180) y Guinea, que enviará 145 militares.


 
Solo un miembro secundario del Gobierno, el ministro de Relaciones con el Parlamento, Alain Vidalies, se ha atrevido a deplorar en público “la mínima movilización de Europa”. Vidalies citó “algunas ausencias lamentables”, sin dar nombres, y enfatizó que “Francia no ha decidido actuar en solitario sino que han sido los acontecimientos los que han dictado la respuesta”. Pero el sabio profesor Gilles Kepel ha escrito esta semana en Le Monde que “la soledad de Francia no es sostenible salvo que se vacíe de sentido a la UE”.


 
Y el problema es que la actitud de sus principales socios, Alemania y Reino Unido, parece revelar que Europa todavía no es consciente de que este episodio de la guerra de las democracias contra el terrorismo es el más europeo de los que se han librado hasta ahora. Con Canarias a 1.800 kilómetros del teatro de operaciones y Argelia a tiro de piedra de España, las deserciones europeas del frente han causado estupor y escozor en Francia. Algunos diputados socialistas han criticado con dureza la negativa de Berlín a enviar tropas. “La crisis de Europa parecía financiera, pero es política”, afirmó Malek Boutih, que acusó a los alemanes de “debilitar la solidaridad europea”.


 
El profesor Otayek cree que no es momento de dramatizar sino de sumar. “Es verdad y mentira a la vez que Francia esté sola en el Sahel. Alemania solo envía tropas al exterior de forma excepcional, aunque es verdad que si lo hiciera ahora sería un apoyo político muy simbólico. España y Gran Bretaña también han dado apoyo moral y logístico, como Estados Unidos... De momento, la guerra de Malí es quizá la intervención francesa más consensuada de la historia, incluso en la opinión pública nacional. Pero eso puede cambiar si la operación terrestre causa muchas bajas, si el conflicto se alarga y se afganistaniza”, advierte.


 
Lo que todo el mundo parece tener claro es que la guerra de Malí será larga. El profesor René Otayek recuerda que “terminar la operación en el Sahel requerirá varios años y enormes medios humanos, logísticos y materiales, que exceden con mucho la capacidad de un solo país”.


 
El impresionante ataque terrorista a la planta de BP en el sur de Argelia, que ha conmocionado al mundo esta semana, ha resonado como un aviso palmario de que el Sahel y sus ramificaciones son demasiado grandes y peligrosas como para que Francia pueda ocuparse sola de todo. Otayek piensa que “el secuestro habrá convencido a algunos, al menos a Reino Unido, Noruega y Holanda, de que van a tener que ayudar mucho más a Francia de lo que querían”.


 
“El contexto de esta guerra es totalmente distinto del pasado”, dice el profesor de Science Po. “Francia tiene por primera vez el apoyo de toda la región, y también es la primera vez que se forma una coalición panafricana para luchar sobre el terreno, aunque la UE y la Unión Africana trabajaban en esta idea desde hace tiempo. Pero creo que Europa y Estados Unidos entenderán que Occidente se juega en el Sahel mucho más que una guerra y que la inestabilidad de esa zona no se puede conjurar solo con las armas. Para quitar el espacio a los traficantes de toda índole hace falta política, energía, dinero. Y también mano izquierda para integrar a las minorías tuaregs. Si no, nunca habrá paz”.
 


El imperio colonizado
 
Malí se convirtió en territorio colonial francés en 1898. El que fuera corazón de varios imperios, con Tombuctú, como resplandeciente centro intelectual, artístico y religioso hasta el siglo XVI, fue considerado por sus dominadores como un territorio muy inferior económica y políticamente a otros bajo su influencia, como Senegal y Costa de Marfil. En 1960 el país se independizó y llegaron décadas convulsas. Un cruento golpe militar dirigido por Moussa Traoré dio al traste en 1968 con el Gobierno socialista radical del líder marxista Modibo Keita. Una dictadura militar rigió el destino del país por 23 años, que estuvieron plagados de revueltas sociales, sequías y tres intentos de acabar con el régimen. A principios de los noventa, los tuaregs del norte iniciaron una rebelión en reclamo de su cultura y de su tierra. En 1991 el clamor por la democracia tomó las ciudades del país. La respuesta fue otro golpe de Estado y un Gobierno militar que facilitó la celebración de elecciones en 1992. La lacra de una débil economía y la rebeldía tuareg fueron los caballos de batalla de los sucesivos Gobiernos democráticos. En 2007, el conflicto de los hombre azules se exacerbó y ganó fuerza en 2011, con el flujo de armas y de combatientes que lucharon en la Guerra Civil libia. Mientras tanto, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM) se hacía cada vez más fuerte en Malí y en países del entorno.
 
Malí ocupa el puesto 175º en el Índice de Desarrollo Humano.
 
La esperanza de vida es de 51,4 años.
 
El 90% de los 15,5 millones de habitantes es musulmán.
 
El 65% de su territorio es desértico o semidesético.
 
En PIB per capita ocupa el puesto 160º de 181 países.

 


Por Miguel Mora 20 ENE 2013 - 00:00 CET

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Confusión, sangre y horror en suelo argelino

Un poder dictatorial como el argelino surgido de un golpe de Estado (1992), una nebulosa islamista oriunda en sus inicios de la lucha contra esa dictadura, una potencia colonial, Francia, que se toma el derecho de intervenir militarmente en otro país con bases legales difusas y la eterna excusa del terrorismo islamista, un montón de armas y de odio dispersados por toda la región provenientes de los arsenales del difunto coronel Khadafi, todos los ingredientes se combinaron para converger en el dramático asalto y la toma masiva de rehenes en la planta de gas situada en Tigantourine, cerca de la localidad argelina de Amenas. Dos días después de que Argel decidiera, sin prevenir ni a Francia ni a los demás países concernidos, que iba a tomar por la fuerza la planta de gas la situación está lejos de ser transparente. En contra de lo que el poder argelino anunció anteayer, cuando dijo que el operativo estaba “terminado”, éste sigue en curso, se desconoce la cifra exacta de muertos, su nacionalidad, y el número preciso de las personas liberadas. Confusión, sangre y horror. Argelia comunicó por ahora que el intento de recuperación de la planta de gas dejó un saldo provisorio de 25 muertos, 18 extranjeros y siete terroristas.

 

El último comunicado de la seguridad interior argelina da cuenta de la liberación de 573 argelinos y de un abanico que va de 100 a 132 rehenes extranjeros liberados. Pero el complejo industrial de Tigantourine no está aún bajo el control total de los comandos argelinos y no se sabe aún cuántos islamistas siguen adentro, ni cuántos rehenes se encuentran en manos de los terroristas, ni cuántos están muertos o escondidos. Todavía hay 10 japoneses y ocho noruegos que no fueron localizados por ningún lado. El jefe de gobierno noruego, Jens Stoltenberg, dijo ayer que el país debía prepararse “para malas noticias”. En París, el primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, confirmó que “la operación continuaba” y que no se conocía “ni la cantidad, ni la nacionalidad” de los rehenes muertos. El ministro francés de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, anunció anoche que un rehén francés murió durante el asalto de las tropas especiales argelinas.

 

La televisión francesa France 24 reveló, basándose en fuentes argelinas, que hay entre siete y 10 miembros del comando islamista escondidos en un sector de la planta y que éstos amenazan con hacer explotar todo. Varias fuentes coincidentes aseguran que los islamistas mantienen a varios rehenes como escudos humanos. Prueba de ello, el primer ministro británico, David Cameron, dijo en el Parlamento que “estamos siempre confrontados a una situación movediza y peligrosa en la cual una parte de los terroristas fue eliminada en un sector, pero otros representan siempre una amenaza en otra zona”. La agencia oficial de Mauritania ANI reveló que los terroristas propusieron a Estados Unidos liberar a dos rehenes norteamericanos a cambio de la liberación de dos islamistas encarcelados en Estados Unidos. Se trata de la paquistaní Aafia Siddiqui y del sheik egipcio Omar Abdel Rahman, ambos condenados por terrorismo. La portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Victoria Nuland, aclaró que “Estados Unidos no negocia con terroristas”. El cruce de informaciones es contradictorio. Las agencias y los corresponsales avanzan informaciones no siempre verosímiles. Hay quienes aseguran que Abu al Baraa, el jefe del comando del grupo “Los que firman con sangre”, murió, otros, en cambio, que está atrincherado. El diario argelino Al Watan adelantó que los servicios especiales argelinos interrogaron a uno de los islamistas capturados y que éste aseguró que el comando estaba compuesto por 32 hombres. Por lo pronto, el jefe del grupo islamista autor del operativo, Mojtar Belmojtar, alias el Tuerto, pidió a Francia “negociar” el fin de la guerra en Mali. Es él quien habría propuesto el intercambio de rehenes por los islamistas condenados en Estados Unidos.

 

Con el correr de las horas empiezan a circular en los medios los testimonios desgarradores de los rehenes liberados. La radio francesa France Info difundió varios testimonios que muestran claramente cómo el comando islamista entró a la planta con un solo objetivo: tomar como rehenes a los extranjeros. Un ex rehén contó que, en cuanto el comando ingresó en el sector en el que él se encontraba, uno de los secuestradores dijo: “Sólo buscamos extranjeros, los argelinos pueden irse”. La polémica del asalto decidido en secreto por Argelia tapa por ahora la cuestión de la intervención francesa. Argel actuó con la misma estrategia brutal que emplea con los islamistas desde el golpe de Estado de 1992. Cabe recordar que ese golpe de Estado tuvo como objeto impedir que los islamistas del Frente Islámico de Salvación, FIS, accedieran legítimamente al poder luego de haber ganado las elecciones legislativas, proceso que el golpe interrumpió.

 

Kader Abderrahim, un investigador especializado en el Magreb y el islamismo, explicó al matutino Libération que “Argelia volvió a caer en sus males de antes: la opacidad, el secreto. Lamentablemente, el ejército no está formado para este tipo de operación, muy arriesgada. Ahora vemos las consecuencias trágicas”. El especialista acota que, con esta acción, Argelia rompió “el círculo virtuoso” internacional que había formado en los últimos años: “Es una catástrofe en términos de imagen, una catástrofe en términos económicos y, también, un fracaso flagrante en la lucha contra el terrorismo”.

 

Lo cierto es que casi todos los protagonistas de esta crisis están ligados a la historia reciente de Argelia –golpe de Estado y eliminación de los islamistas– y a la caída del régimen libio de Muammar Khadafi. Los terroristas que ingresaron en la planta de Tigantourine llegaron a través de la frontera con Libia, distante de unos 100 kilómetros. Por esas zonas se arraigó el líder de la brigada “Los que firman con sangre”, el argelino Mojtar Belmojtar, luego de haber transitado por el Grupo Salafista de Predicación y Combate (GSPC), una rama disidente de otro grupo terrorista argelino, el GIA, el Grupo Islámico Armado cuyos brazos, en los años ’90, llegaron hasta Francia. La guerra argelina entre los grupos islamistas y el gobierno surgido del golpe de Estado dejó un saldo de más de 150.000 muertos. Otro de los protagonistas centrales es Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), una célula nacida en el seno del Grupo Salafista de Predicación y Combate. La presencia de los grupos islamistas radicales en el norte de Mali, una zona atravesada a la vez por el Sahel y el Sahara y donde instalaron sus bastiones, motivó la intervención militar francesa. Esos grupos se unieron entre sí para avanzar progresivamente hacia el sur de Mali una vez que el Estado maliense quedó debilitado tras el golpe de Estado de marzo de 2012. Cuando los occidentales importaron a bombazos una apariencia de democracia en Libia, los mercenarios que trabajaban para Khadafi se dispersaron en la amplia frontera sur (4000 kilómetros de desierto). Las armas, incluidas las que Occidente suministró a la oposición libia durante la guerra, fueron a parar en manos de esos grupos islamistas. Negocio fructífero y bomba de tiempo.

 


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A sangre y fuego en el corazón del desierto argelino

La guerra que Francia azuzó en Mali con la intervención directa de sus tropas repercutió en Argelia con, todavía, un incierto baño de sangre. El ejército argelino intervino ayer para liberar a los más de 600 empleados argelinos y los cerca de 50 extranjeros secuestrados por un comando de Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI) en una planta de gas situada en la localidad argelina de Amenas, al sureste del país y próxima a la frontera con Libia. Las informaciones que circulaban anoche sobre el saldo final de víctimas son muy confusas: la agencia oficial argelina APS aseguró que seis rehenes y ocho jihadistas habían muerto en el asalto. En cambio, la agencia mauritana ANI y el canal Al Jazeera evocan la muerte de 34 rehenes y 15 secuestradores. En París, otras fuentes adelantaban la cifra de 30 muertos, entre ellos siete de los 41 extranjeros secuestrados por el comando islamista que actuó en represalia contra la intervención del ejército francés en Mali decidida hace exactamente una semana por el presidente socialista François Hollande. Hasta ahora trascendió que entre las víctimas hay dos británicos, un francés y dos japoneses.


El Ejército argelino bombardeó la planta con helicópteros en momentos en que los jihadistas intentaban trasladar a los secuestrados. Argelia intervino de manera unilateral, sin avisar a los países concernidos por el secuestro. “Los argelinos son conscientes de que hubiéramos preferido ser avisados con antelación”, dijo un portavoz de la cancillería británica luego de que el primer ministro, David Cameron, se comunicara con las autoridades argelinas. Tanto Japón como Noruega protestaron por la forma en que se decidió la toma de la planta por parte de Argelia. En París, el presidente François Hollande reconoció que la crisis de los secuestros atraviesa “condiciones terribles, dramáticas”. Pese a este baño de sangre y a la libertad que Francia se tomó para entrar en Mali sin base legal internacional alguna, François Hollande recalcó que este episodio “justifica todavía más la decisión de acudir en ayuda de Mali”. Un testimonio de uno de los secuestrados obtenido por el vespertino Le Monde detalla las condiciones del secuestro: según la fuente, que mantiene el anonimato, “los terroristas estaban perfectamente preparados y conocían muy bien el lugar”. En otro testimonio telefónico difundido por el canal France 24, uno de los rehenes contó que los secuestradores obligaron a varios rehenes a ponerse cinturones cargados de explosivos.


El grupo que protagonizó el ataque a la planta de gas, autodenominado Los que Firman con su Sangre, secuestró el miércoles a 41 extranjeros y 150 argelinos y planteó dos condiciones para dejarlos en libertad: que Argelia liberara a 100 islamistas presos y que Francia ponga término a la operación militar asumida por París para cortar el avance de los islamistas hacia el sur con el tímido y poco visible apoyo de varios países africanos. En un comunicado emitido el miércoles por la noche, el grupo exigió “el fin inmediato de la agresión contra nuestros hermanos en Mali”.


El ministro argelino de Interior, Dahou Ould Kablia, descartó desde el vamos cualquier negociación con los terroristas. El diario digital TSA reveló, no obstante, que el gobierno de Argel estaba dispuesto a dejar salir a los terroristas si éstos dejaban a los rehenes sanos y salvos. Nadie se explica aún de qué manera el comando que perpetró el ataque organizó con tanta facilidad el operativo, que sorprendió a todo el mundo. Las instalaciones petroleras y gasíferas de Argel están ultraprotegidas por servicios de seguridad privados y fuerzas de seguridad locales. Las autoridades argelinas revelaron anoche que el jefe del comando resultó muerto en el ataque. Interrogado por el semanario Le Nouvel Observateur, Louis Caprioli, ex responsable de la lucha antiterrorista en el contraespionaje francés, DST, explicó que “el grupo terrorista que llevó a cabo esta operación, y sobre todo su líder, es un zorro del desierto: logró escapar a todas las operaciones que condujo en los últimos años”. Al igual que otros observadores, Caprioli está convencido de que la relación entre el operativo en la planta de gas y la participación del ejército francés en Mali no es tan directa, incluso si fue usada como pretexto del secuestro.


“Creo –dice el responsable– que esta operación fue preparada hace bastante tiempo, mucho antes del intento de invasión del sur de Mali (por parte de los tres grupos islamistas que operan en la zona, el Movimiento para la unicidad de la Jihad en Africa del Oeste, Mujao, Al Qaida en el Magreb Islámico, AQMI, y Ansar Eddine) y de la reacción francesa. Se necesita una planificación logística importante para intervenir en esa zona, ya que los argelinos tratan de controlarla muy bien.” Interrogado por el matutino Liberation, el experto en Jihad internacional Dominique Thomas juzgó que la meta de esta acción consistió en “internacionalizar el conflicto y golpear a todos los enemigos de la Jihad, tanto los occidentales como los países vecinos que respaldan la ofensiva en Mali”.


Por lo pronto, las operaciones militares que Francia lleva a cabo en Mali prosiguen rodeadas de cierto misterio informativo. El Operativo Serval se lanzó con la meta de cortar el avance de los jihadistas del norte hacia el sur luego de que éstos lograron tomar el control de la estratégica localidad de Koma. Por ahora, sólo el ejército francés y el de Mali asumen la responsabilidad de las operaciones. No hay un balance preciso de los enfrentamientos, ni reportes claros sobre las localidades que fueron o no recuperadas.


Hasta ahora, los efectivos franceses ascienden a 1400 y se espera que lleguen a 2500. Los países miembros de la Comunidad de Estados de Africa del Oeste, Cedao, deben enviar un total de 5000 hombres. Se calcula que este nuevo despliegue llevará una semana. Los refuerzos llegan en cuentagotas: 200 hombres provenientes del Chad, 40 de Togo, están hoy en Bamako. En cuanto a los demás países de la Unión Europea, éstos aportan granitos de arena y respaldan a Francia con fórmulas diplomáticas carentes de compromiso. Francia está pagando sola el tributo de una intervención militar delicada, hecha en nombre de la sempiterna y dudosa “lucha contra el terrorismo” (François Hollande) junto a un ejército, el de Mali, acusado de las más espantosas violaciones a los derechos humanos. Amnistía Internacional recopiló un copioso catálogo de crímenes imputables a todos los actores de esta guerra, ejército e islamistas. La Corte Penal Internacional, presidida por el argentino Luis Moreno Ocampo, anunció hace dos días el inicio de una investigación sobre los crímenes cometidos en Mali por cada una de las partes en conflicto, institucionales o no.

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