Domingo, 09 Diciembre 2012 08:07

Gaza, bajo ataque

Gaza, bajo ataque

Un anciano en Gaza sostenía una pancarta que decía: Me quitan mi agua, queman mis olivos, destruyen mi casa, me quitan mi empleo, roban mis tierras, encarcelan a mi padre, matan a mi madre, bombardean mi país, nos matan de hambre, nos humillan, pero yo tengo la culpa: disparo un cohete en respuesta”. El mensaje del anciano ofrece el contexto adecuado para el más reciente episodio en el feroz castigo a Gaza. Los crímenes se remontan a 1948, cuando cientos de miles de palestinos huyeron de sus casas aterrorizados o fueron expulsados a Gaza por las conquistadoras fuerzas israelíes, que continuaron llevando palestinos en camiones a la frontera durante años tras el cese al fuego oficial.

 

El castigo adoptó nuevas formas cuando Israel conquistó Gaza en 1967. Por la reciente publicaciones académicas israelíes (principalmente La novia y la dote: Israel, Jordania y los palestinos tras la guerra de junio de 1967, de Avi Raz) nos enteramos que el objetivo del gobierno era desplazar a los refugiados hacia la península del Sinaí y, de ser posible, al resto de la población también. Las expulsiones desde Gaza fueron llevadas a cabo bajo las órdenes directas del general Yeshayahu Gavish, comandante del Comando Sur de las Fuerzas de Defensa de Israel. Las expulsiones desde Cisjordania fueron mucho más extremas e Israel recurrió a medios tortuosos para evitar el regreso de los expulsados, en violación directa de las órdenes del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

Las razones quedaron en claro en discusiones internas inmediatamente después de la guerra. Golda Meir, posteriormente primera ministra, informó a sus colegas del Partido Laborista que Israel conservaría la franja de Gaza mientras “se libre de sus árabes”. El ministro de Defensa Moshe Dayan y otros estuvieron de acuerdo. El primer ministro Levi Eshkol explicó que a los expulsados no se les podía permitir regresar, porque “no podemos aumentar la población árabe en Israel”, refiriéndose a los territorios recién ocupados, ya considerados parte de Israel.

 

De acuerdo con esta concepción, todos los mapas de Israel fueron cambiados, eliminando la Línea Verde (las fronteras reconocidas internacionalmente); aunque la publicación de los mapas fue retrasada para permitir que Abba Eban, embajador israelí ante la ONU, consiguiera lo que él llamó un “estancamiento favorable” en la Asamblea General ocultando las intenciones de Israel. Los objetivos de la expulsión quizá sigan vivos hoy día, y podrían ser factor que contribuyera a la resistencia de Egipto a abrir la frontera al libre paso de personas y productos proscritos por el sitio israelí respaldado por Estados Unidos. El actual aumento de la violencia estadounidense-israelí data de enero de 2006, cuando los palestinos votaron “de la manera equivocada” en la primera elección libre en el mundo árabe. Israel y Estados Unidos reaccionaron a la vez con un duro castigo contra los facinerosos y con preparativos para un golpe militar que derrocara al gobierno electo, el procedimiento de rutina.

 

El castigo se intensificó radicalmente en 2007, cuando el intento de golpe fue sofocado y el electo gobierno de Hamas estableció control pleno sobre Gaza. Ignorando las ofertas inmediatas de Hamas para una tregua después de la elección de 2006, Israel lanzó ataques que causaron la muerte de 660 palestinos en 2006, la mayoría de los cuales eran civiles (un tercio eran menores de edad). Según reportes de la ONU, 2 mil 879 palestinos murieron por fuego israelí de abril de 2006 a julio de 2012, junto con varias docenas de israelíes que fallecieron por disparos desde Gaza. Una breve tregua en 2008 fue cumplida por Hamas, hasta que Israel la rompió en noviembre. Ignorando ofertas de tregua adicionales, Israel lanzó la cruenta operación Plomo fundido en diciembre.

 

Así han seguido las cosas, mientras Estados Unidos e Israel continúan rechazando los llamados de Hamas a una tregua a largo plazo y un acuerdo político para una solución de dos estados en concordancia con el consenso internacional que Estados Unidos ha bloqueado desde 1976 cuando Estados Unidos vetó una resolución del Consejo de Seguridad a ese respecto, presentada por los principales estados árabes. Esta semana Washington dedicó todos los esfuerzos posibles a bloquear una iniciativa palestina para mejorar su estatus en la ONU, pero fracasó en virtual aislamiento internacional como es común. Las razones fueron reveladoras: Palestina podría acercarse al Tribunal Penal Internacional para denunciar los crímenes de Israel respaldados por Estados Unidos. Un elemento de la tortura incesante de Gaza es la “zona de amortiguamiento” de Israel dentro de Gaza, por la cual los palestinos tienen prohibido ingresar a casi la mitad de las limitadas tierras arables de Gaza. De enero de 2012 al lanzamiento del más reciente ataque asesino de Israel el 14 de noviembre, la operación Pilar de defensa, un israelí murió por disparos desde Gaza, mientras 78 palestinos fallecieron por disparos israelíes.

 

La historia completa es naturalmente más compleja y fea. El primer acto de la operación Pilar de defensa fue asesinar a Ahmed Jabari. Aluf Benn, editor del periódico Haaretz, lo describe como el “subcontratista” y el “guardia fronterizo” de Israel en Gaza, quien aplicó una relativa calma ahí durante más de cinco años. El pretexto para el asesinato fue que durante estos cinco años Jabari había estado creando una fuerza militar de Hamas, con misiles procedentes de Irán. Una razón más creíble fue ofrecida por el activista de la paz israelí Gershon Baskin, quien había estado involucrado en negociaciones directas con Jabari durante años, incluyendo planes para la eventual liberación del soldado israelí capturado Gilad Shalit. Baskin reporta que horas antes de que fuera asesinado, Jabari “recibió el borrador de un acuerdo de tregua permanente con Israel, que incluía mecanismos para mantener el cese al fuego en caso de un altercado entre Israel y las facciones en la Franja de Gaza”. En ese entonces estaba en vigor una tregua convocada por Hamas el 12 de noviembre.

 


Israel aparentemente aprovechó la tregua, informa Reuters, dirigiendo la atención hacia la frontera siria con la esperanza de que los líderes de Hamas relajaran su guardia y fuera más fácil el asesinato. A lo largo de estos años, Gaza ha sido mantenida en un nivel de mera supervivencia, encerrada por tierra, mar y aire. En vísperas del ataque más reciente, la ONU reportó que 40 por ciento de los medicamentos esenciales y más de la mitad de los artículos médicos primordiales estaban agotados. En noviembre, una de las primeras de una serie de fotos espantosas enviadas de Gaza mostraba a un médico sosteniendo el cuerpo achicharrado de un niño asesinado. Ésa tuvo resonancia personal. El médico es director y jefe de cirugía del hospital Khan Yunis, el cual yo había visitado unas semanas antes. Al escribir sobre el viaje reporté su apasionado llamado de solicitud de medicamentos y equipo quirúrgico desesperadamente necesarios. Éstos están entre los crímenes del sitio estadounidense-israelí y de la complicidad egipcia. Las cifras de víctimas del episodio de noviembre fueron más o menos promedio: más de 160 palestinos muertos, incluidos muchos niños, y seis israelíes. Entre los fallecidos estuvieron tres periodistas. La justificación israelí oficial fue que “los blancos son personas que tienen relevancia en la actividad terrorista”.

 

Reportando la ejecución en The New York Times, el reportero David Carr observó que “se reduce a esto: matar a miembros de los medios noticiosos puede justificarse con una frase tan amorfa como ‘relevancia en la actividad terrorista’”. La destrucción masiva se concentró en Gaza. Israel usó equipo militar estadounidense avanzado y dependió del apoyo diplomático de ese país, incluidos los usuales esfuerzos de intervención de Estados Unidos para bloquear el llamado del Consejo de Seguridad a un cese el fuego. Con cada una de esas hazañas, la imagen mundial de Israel se erosiona. Las fotos y videos del terror y la devastación y el carácter del conflicto dejan pocas pizcas restantes de credibilidad al auto-declarado “ejercito más moral del mundo”, al me nos entre las personas que tienen los ojos muy abiertos.

 

Los pretextos para el ataque también fueron los usuales. Podemos dejar de lado las predecibles declaraciones de los perpetradores en Israel y Washington. Pero incluso la gente decente se pregunta qué debería hacer Israel cuando es atacado por una andanada de misiles. Es una pregunta justa, y hay respuestas directas. Una sería cumplir la ley internacional, que permite el uso de la fuerza sin la autorización del Consejo de Seguridad en exactamente un caso: en defensa propia después de informar al Consejo de Seguridad de un ataque armado, hasta que el consejo actúe, de acuerdo con la Carta de la ONU, artículo 51. Israel está bien familiarizado con esa estipulación de la carta, la cual invocó en el estallido de la guerra de junio de 1967. Pero, por supuesto, el llamado de Israel no llegó a ninguna parte cuando se estableció rápidamente que Tel Aviv había lanzado el ataque.

 

Israel no siguió este camino en noviembre, a sabiendas de lo que se revelaría en un debate en el Consejo de Seguridad. Otra respuesta sería aceptar una tregua, como parecía bastante posible antes de que se lanzara la operación el 14 de noviembre. Hay más respuestas de amplio alcance. Por coincidencia, una se discute en el número actual de la revista National Interest. Los expertos en Asia Raffaello Pantucci y Alexandros Petersen describen la reacción de China después del amotinamiento en la provincia occidental de Xinjiang, “en la cual multitudes de uigures marcharon por la ciudad matando a golpes a desafortunados (chinos)”. El presidente chino Hu Jintao rápidamente voló a la provincia para hacerse cargo; destacados líderes del círculo de seguridad fueron despedidos, y se emprendió una amplia gama de proyectos de desarrollo para abordar las causas latentes de la intranquilidad.

 

En Gaza también es posible una reacción civilizada. Estados Unidos e Israel pudieran poner fin a la agresión inmisericorde e incesante, abrir las fronteras y ofrecer medios para la reconstrucción; y si fuera imaginable, indemnizaciones por décadas de violencia y represión. El acuerdo de cese el fuego declaraba que las medidas para implementar el fin del sitio y los ataques dirigidos a residentes en las áreas fronterizas “deben ser abordadas 24 horas después del inicio del cese al fuego”. No hay signos de que haya pasos en esta dirección. Ni hay ningún indicio de una disposición estadounidense-israelí a anular sus acciones para separar a Gaza de Cisjordania en violación de los Acuerdos de Oslo, a poner fin a los programas de desarrollo y asentamientos ilegales en Cisjordania que están diseñados para socavar un acuerdo político, o en cualquier otra forma a abandonar el rechazo de las últimas décadas. Algún día, debe ser pronto, el mundo responderá al llamado del distinguido abogado de derechos humanos gazatí Raji Sourani, mientras las bombas de nuevo estaban lloviendo sobre los civiles indefensos en Gaza: “Demandamos justicia y responsabilidad. Soñamos con una vida normal, en libertad y con dignidad”.

 

(La publicación del nuevo libro de Noam Chomsky, Power systems: conversations on global democratic pprisings and the new challenges to US empire –Sistemas de poder: conversaciones sobre las rebeliones democráticas mundiales y los nuevos desafíos para el imperio estadounidense–, está programada para enero. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Massachusetts)

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La más reciente escaramuza palestina: ¿un nuevo juego de pelota?

El mundo entero observó el más reciente conflicto violento entre Israel y los palestinos. Todos contuvieron la respiración al ver al presidente Morsi, de Egipto, arreglar la tregua, que por el momento perdura. Y todos, excepto los israelíes, alabaron a Morsi por lograr esa tregua, que parecía difícil.

 

Pero, ¿qué significa? Para contestar esto necesitamos preguntarnos qué esperaba ganar cada uno de los cuatro jugadores principales. Los jugadores que importaban fueron el primer ministro Bibi Netanyahu, de Israel; los presidentes Obama y Morsi, y el liderazgo de Hamas. Cada uno quería cosas diferentes.

 

Comencemos por Netanyahu. Él enfrenta ahora unas elecciones y quiere ganarlas en grande. Por el momento no puede bombardear Irán, pero quería que la atención se centrara de nuevo en Irán y se apartara de Palestina. Así que jugó la carta nacionalista común –“abajo los terroristas de Hamas, y más vale que Estados Unidos nos respalde al 100 por ciento, por que si no bombardearemos Irán ahora mismo”.

 

Pero se topó con un problema inesperado. Hamas resultó un tanto más fuerte militarmente de lo que era. Pudo, de hecho, lanzar cohetes y bombas a Tel Aviv y a Jerusalén. Sí, estos cohetes pudieron repelerse con éxito debido al nuevo domo de acero que Estados Unidos construyó a los israelíes. Pero fue una advertencia militar para el futuro. Además, Israel, no Hamas, fue culpado en todo el mundo (y lo más importante es que en Europa occidental) de haber comenzado esta reciente confrontación. La prensa fue negativa y prometía empeorar. Así que Netanyahu, en efecto, reculó y accedió a una tregua, que contiene cosas (por lo menos en el papel) que Israel nunca antes había querido decir.

 

¿Y Obama? Esta escaramuza fue lo último que necesitaba, estando enmedio de la batalla política más importante en Estados Unidos, y siendo quisiquilloso acerca de cualquier ulterior compromiso militar en el exterior. Pero por supuesto tenía que respaldar a Israel en el Consejo de Seguridad. Así, ¿qué fue lo que intentó? Muy simple: seguir siendo relevante. Envió a la secretaria Clinton a Israel a estrechar la mano de Netanyahu públicamente. Fue ella también a Ramallah a decir al presidente Abbas, de la Autoridad Palestina, que Estados Unidos seguía buscando una solución con dos estados. El problema es que ni Abbas ni la Autoridad Palestina eran jugadores en esta escaramuza. Y, por supuesto, ella no fue a Gaza a arreglar una tregua, porque oficialmente Estados Unidos considera a Hamas una organización terrorista. Así que Obama y Clinton se las arreglaron para mostrar al mundo que Estados Unidos no sólo no era indispensable, sino tampoco era relevante.
Así que en Egipto fue donde ocurrió la acción. Morsi quiso hacer dos cosas. Primero, mostrar que Egipto era la nación indispensable, por lo menos en Medio Oriente. Segundo, mover el foco de la atención mundial de Irán y Siria a Palestina. Logró por completo el primer objetivo y su logro fue importante en cuanto al segundo. Entre otras cosas, hay que resaltar lo callada que estuvo Arabia Saudita durante este asunto. También ellos comenzaron a verse menos relevantes.

 

El mundo occidental está pensando ahora que Morsi tiró su victoria a la basura, debido a los decretos internos que anunció pocos días después de la tregua. Cierto, ahora enfrenta la oposición unificada de la mitad del país. Pero, ¿quiénes son esa mitad que se está manifestando contra él? Son una variopinta alianza de jóvenes que son los herederos de las revueltas de 1968 contra la autoridad, los liberales orientados al mercado, los nacionalistas nasseritas, la izquierda política y los grupos que son los remanentes del régimen de Mubarak.

 

Noten que todos estos grupos de una forma u otra están comprometidos con valores que uno encuentra en el mundo occidental. Contra ellos, Morsi habla de una serie de valores arabo-islámicos indígenas que la Hermandad Musulmana siempre ha reivindicado. Morsi está replicando internamente lo que hizo a escala internacional. Egipto, no Estados Unidos, terminó siendo quien arregló la tregua. Y al interior de Egipto será la sharia (aunque sea una versión leve de ésta) la que prevalecerá. Tal postura tiene un amplio respaldo.

 

Y en cuanto a Hamas, está celebrando. Israel tuvo que llegar a términos con ellos. Han marginado a Abbas. Estados Unidos comenzará a negociar con ellos también. No pueden sino ser optimistas por su futuro.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

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El panorama latinoamericano para la política exterior de los EE.UU.

ALAI AMLATINA, 06/12/2012.- Los instrumentos claves de la hegemonía y el poderío nacional de los Estados Unidos resultan básicos para el re-acoplamiento del liderazgo mundial de ese país en el sistema-mundo, acorde con los cambios que se producen tanto al interior de esa sociedad como en la arena internacional. Para este objetivo central, se trazan prioridades estratégicas a nivel internacional, que consoliden el carácter hegemónico de su política exterior. En este interés se articulan los instrumentos políticos, diplomáticos, ideológicos, culturales, económicos e informacionales del poderío nacional estadounidense.

 

La política exterior de ese país, matizada por la diplomacia transformacional, afronta la necesidad de transformar la visión de los EE.UU. ante el mundo. Para el caso latinoamericano, acoge un complejo contexto con una correlación de fuerzas que resulta contestataria a los intereses imperiales en los foros regionales.

 

En ese panorama, el gobierno estadounidense ha debido perfeccionar la proyección político-diplomática, mediante el poder inteligente (smart power) y la diplomacia y el desarrollo como complemento de la defensa (las tres D). Desde estos presupuestos, se perfeccionan las bases esenciales de la política exterior de los Estados Unidos, para el efectivo cumplimiento de los objetivos estratégicos en la esfera internacional.

 

La política exterior de los Estados Unidos en el nuevo escenario global, se halla en un proceso de reacomodo y adaptación ante la emergencia de nuevas potencias económicas como China y Rusia en primera escala y en un segundo orden la India, Brasil y Sudáfrica, completando el eje de los BRICS.

 

El caso brasileño merece una especial atención por el rol que desempeña en el escenario latinoamericano y los espacios de cooperación que se abren con EE.UU. en la lucha contra el narcotráfico, contra el cambio climático y para alcanzar la seguridad en temas energéticos. En esta relación, se destacan zonas de interés geoestratégicos como la Amazonía y la Triple Frontera, donde las dinámicas político-diplomáticas adquieren relevancia.

 

El instrumento económico, financiero y comercial juega también un rol importante, en la inversión y el ejercicio de influencia a partir de las transnacionales, las ONGs, y otros grupos ad hoc en la región, que han formado bases de trabajo en territorios claves. En esta proyección el empresariado estadounidense tiene grandes cuotas de poder.

 

Los intereses geoestratégicos de EE.UU. deben comprenderse desde la formación imperial del Estado-Nación. Por ello el Dr. Néstor García Iturbe considera: “Dentro de los mecanismos de dominación utilizados por Estados Unidos, es importante tomar en cuenta el comercio, fundamentado en el intercambio desigual y preferencial en lo que respecta a la nueva metrópoli.” (1)

 

Otro elemento de imprescindible consideración en la proyección de EE.UU. hacia el hemisferio, radica en el impacto de la crisis del sistema-mundo, donde el hegemón ha reconocido la necesidad de realizar cambios a nivel doctrinal, para el ejercicio de una política exterior más efectiva. En este sentido, ya no basta con la recuperación económica y la demostración de la supremacía militar, sino que para la consolidación hegemónica es necesaria también, la preservación de su liderazgo en el orden político, diplomático, ideológico, cultural e informacional.

 

En este afán se emprenden reformas en la proyección de la política exterior y de seguridad, guiadas por el Smart power y las tres D. Desde estos presupuestos, se desarrolla una diplomacia en correspondencia con la necesidad de recuperar credibilidad y adecuar la agenda internacional a los nuevos tiempos. Para ello, los Departamentos y Agencias del gobierno estadounidense han llevado a cabo varias reformas, de donde se destacan las implementadas por el Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

 

La actualización de los documentos rectores de la política exterior y de seguridad, arrojan algunas pistas. Tanto la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, la Revisión Cuadrienal de Diplomacia y Desarrollo (QDDR) de 2010, cómo los lineamientos de la USAID, dejan claro la necesidad de implementar modificaciones a las formas de proyección internacional de los EE.UU.

 

En este interés destaca la relevancia al tema de la seguridad y el poder civil, realzado en la QDDR como un soporte para promover los intereses nacionales y atraer socios. El tema del liderazgo, visto desde la mediación del poder civil significa un trabajo de liderazgo y coordinación sobre los recursos de todos los organismos civiles estadounidenses, puestos en función de “prever” y “solucionar” conflictos. Asimismo, se entiende al poder civil como un elemento básico para la promoción de sus valores e intereses estadounidenses al resto del mundo. Estos se potabilizan por medio de la “cooperación” contra la pobreza, el tráfico ilícito de drogas y los desastres naturales.

 

En los últimos meses, donde los medios fueron copados con el show electoral, ha existido un interesante despliegue de funcionarios militares y diplomáticos hacia la región. Entre ellos se destacan las “(…) visitas de coordinación del representante del Pentágono, Frank Mora, a distintos países suramericanos para organizar seminarios especiales para los funcionarios de los ministerios de defensa y preparar nuevos acuerdos de instalación de bases norteamericanas en estos territorios.” (2)

 

Por otra parte, la relación de EE.UU. con los latinos se complejiza, incluso al interior de esa sociedad. Los efectos de la crisis económica sobre el empleo y su particular afectación para los inmigrantes latinos, tienen un impacto electoral. La reelección de Obama con el apoyo de la mayoría de este sector deja en claro la importancia del voto latino, como principal minoría de ese país.

 

“Un país con 50,5 millones de personas de origen latino que representan el 16% de la población y casi el 12% del electorado. Se convirtieron en la principal minoría del país y son mayoría en 28 ciudades, con un crecimiento de casi la mitad (43 %) en la última década.” (3)

 

Esta realidad unida al peculiar sistema de votación de ese país, hace que en Estados pendulares como Colorado, Ohio, Nevada, Carolina del Norte y La Florida, resulte estratégica la atracción del voto latino. Estas transformaciones permiten comprender la ascendencia de los latinos en la política estadounidense, con figuras como Joaquín Castro y cubano-americanos como los senadores Marco Rubio, Robert Menéndez y Ted Cruz, así como los congresistas David Rivera y Joe García.

 

Estas trasformaciones calan en la opinión pública estadounidense, con efectos socioculturales de imprescindible valoración para un diagnóstico lógico. Sobre este elemento el académico Immanuel Wallerstein consideró:

 

“El antagonismo hacia México debido a los migrantes indocumentados ha llegado a jugar un papel importante en la política estadunidense y ha estado socavando los supuestos lazos económicos cercanos con México. Y en cuanto al resto de América Latina, el crecimiento de su postura geopolítica independiente es fuente de frustración para el gobierno estadunidense y de impaciencia para el público en ese país.” (4)

 

Por otra parte, la relación con los gobiernos contestatarios de la región se dificulta, con la desfavorable relación político-diplomática con el núcleo fuerte del ALBA (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Cuba); los problemas de inseguridad y la violencia, derivados de la guerra contra las drogas en México y Centroamérica, y el ascenso de Brasil como potencia emergente. Esta situación, deja un difícil escenario para la consolidación hegemónica estadounidense.

 

La continuidad de los golpes de Estado o sus intentos, desde las amenazas desestabilizadoras contra los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, el golpe de Estado en Honduras y la destitución del presidente Fernando Lugo en Paraguay, muestran el interés del gobierno estadounidense por cambiar la correlación de fuerzas de la región.

 

El golpe en Paraguay refleja un nuevo periodo de las relaciones entre EE.UU. Latinoamérica, donde Brasil juega un papel más importante en el ajedrez regional. Desde la acción de ese país en el MERCOSUR, desfavorable para Paraguay y favorable para la entrada de Venezuela, parece haber ocurrido un efecto boomerang para los intereses estadounidenses en Sudamérica. Por si fuera poco, la reelección del presidente Chávez y el mejoramiento de las relaciones con Colombia dificulta el trabajo de divide y vencerás de la política exterior estadounidense.

 

El avance del proceso de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla, actuando Cuba como mediador junto a Noruega, denota un nuevo contexto. En tales circunstancias, el aislamiento de Cuba en los foros regionales resulta un fracaso. En la OEA se posicionó el regreso de Cuba y para la Cumbre de las Américas en Colombia, fue reclamada la participación de la Isla.

 

En el plano de la seguridad, la legalización de las drogas ha aumentado el debate, de lo que fue eco la pasada Cumbre de las Américas. El auge de este tema dificultaría los intereses de EE.UU. en la región, al proponerse políticas de debilitarían los fundamentos que justifican sus efectivos de seguridad en el hemisferio. El impulso de los países latinoamericanos del Consejo de Defensa Sudamericano y la expulsión de la USAID y la DEA por los gobiernos latinoamericanos más radicales, ofrece señales de alerta contra la ansiada conquista de los corazones y las mentes latinas, a través del American dream.

 

En el área informacional, la utilización de las redes sociales en Internet y los medios alternativos, por movimientos y gobiernos contestatarios, ha mostrado otras visiones sobre la proyección de EE.UU. en Nuestra América. Un ejemplo claro de ello es la extensión de su uso por presidentes latinoamericanos como Chávez, Correa y Dilma, así como por movimientos sociales emancipadores.

 

Los escándalos provocados por la Operación Rápido y Furioso y la Naufragio, las cuales permitieron armar a los carteles de la droga, incrementan la visión desfavorable hacia la política exterior y de seguridad de los EE.UU. hacia la región. Si a esto se suma el incremento de muertes a causa de la guerra contra el narcotráfico, puede percibirse el difícil panorama para la consolidación hegemónica en la región.

 

Estas circunstancias han modificado la matriz de opinión de los países latinoamericanos y, también, al interior de los Estados Unidos; evidenciándose la necesidad de una reformulación de los instrumentos claves de la política exterior y de seguridad de Washington en Latinoamérica, a partir de métodos más convincentes. Según las últimas encuestas, y a consideración de Immanuel Wallertestin: “En la opinión pública el elemento más importante relacionado con la política exterior estadounidense es la incertidumbre y la falta de claridad.” (5)

 

El contexto internacional no ayuda. La crisis económica en la UE, y las relaciones de estos países con Latinoamérica, aumentan los cuestionamientos sobre el liderazgo estadounidense, ante la crisis que atraviesa el sistema-mundo. El ascenso de China y el incremento de sus relaciones económicas, comerciales y financieras con Latinoamérica, es otro de los elementos donde cede espacios el hegemón, si bien preserva su predominio en la región.

 

En esta atmósfera, el gobierno estadounidense rearticula los instrumentos del poderío nacional para perfeccionar la penetración imperial. En este sentido, se validan conceptos como la responsabilidad de proteger, para temas sensibles como la seguridad humana, la gobernabilidad, la convivencia democrática, el estado de derecho y la violencia y la criminalidad, que posibilitan el trabajo de influencia con sectores señalados como “vulnerables” en los documentos rectores de la política exterior y de seguridad estadounidense.

 

Ante estas circunstancias, en la percepción de la opinión pública crece el estado de frustración e incertidumbre, y muchos se preguntan qué será de la política internacional de los EE.UU. en la aldea global de las próximas décadas. Al respecto, el politólogo Immanuel Wallerstein consideró: “Es probable que para 2020 y para 2030 la política exterior comience a digerir la realidad de que Estados Unidos no es la única superpotencia todo poderosa, sino simplemente uno de los cuantos loci de poder geopolítico.” (6)

 

Por Alejandro L. Perdomo Aguilera Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Notas:
1) Néstor García Iturbe. Los mecanismos de dominación de Estados Unidos. En: “Los Estados Unidos en la época de Bush”. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2009.
2) Pedro Pablo Gómez. Estados Unidos y Latinoamérica: Detrás de la campaña.24 octubre, 2012. En: http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/10/24/estados-unidos-y-latinoamerica-detras-de-la-campana/
3) Los retos de Obama en su segundo mandato (2013-2017). En: http://www.cubadebate.cu/opinion/2012/11/16/los-retos-de-obama-en-su-segundo-mandato-2013
4) Immanuel Wallerstein. La política exterior de Estados Unidos y su opinión pública interna. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158332 publicado 28-10-2012
5) Immanuel Wallerstein. Ob;cit
6) Immanuel Wallerstein. Ob;cit

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Insurrección global de los pueblos en el “complejo mundo post hegemónico”, según Brzezinski

En mi reciente ponencia en Brasilia ante los comités de Defensa y Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, durante el seminario Estrategias de defensa nacional (ver Bajo la Lupa, 2/12/12), expuse las dos altas vulnerabilidades geoestratégicas de la semiperiferia/periferia frente a lo que queda del núcleo del caduco orden unipolar: las finanzas y las (tele)comunicaciones, ambas oligopólicas e inextricablemente imbricadas.

 

Las (tele)comunicaciones, ya no se diga las finanzas, pertenecen al máximo orden jerárquico geoestratégico y/o de la “seguridad nacional” a inicios del siglo XXI, que reclaman su pluralidad y democratización frente al ultrasectarismo del control oligopólico/totalitario.

 

Con enfoque geoestratégico, aludí a la reciente confesión perturbadora durante su conferencia en Sopot (Polonia) de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de James Carter e íntimo de Barack Obama, sobre las “extensa resistencia populista (sic)” que “descarrila (sic) el nuevo orden mundial” y su “amenaza al control externo (sic)”, según reporta Paul Joseph Watson, de Infowars (26/11/12).

 

El “nuevo orden mundial” no es más que la decadente unipolaridad geoestratégica de Estados Unidos que se subsume en la desregulada globalización financierista.

 

Zbigniew Brzezinski se ha convertido en el geoestratega más crítico dentro de la cúpula del poder estadunidense –en referencia a su inexorable decadencia– que condensó en su reciente libro Visión estratégica: EU y la crisis del poder global (ver Bajo la Lupa, 5/2/12).

 

Después de la relección de Obama, Brzezinski ha endurecido su discurso frente al intratable hiperbelicismo mesiánico de Israel y ha advertido que “EU no debe seguir a Israel como una mula (¡supersic!) estúpida” (Kevin Barrett, truthjihad.com, 27/11/12, y Russia Today, 29/11/12).

 

El portal europeo de estrategia dedefensa.org (28/11/12) se detiene en la conferencia El papel de Occidente (sic) en el complejo mundo post hegemónico, que impartió Zbigniew Brzezinski en Sopot (Polonia: su tierra de origen), que delata la “insurrección del mundo” y fustiga la “alucinación compartida” de que el siglo XXI sea el siglo estadunidense, tesis peregrina de los fundamentalistas neoconservadores straussianos de PNAC que hundieron a Estados Unidos en sus guerras fracasadas de Afganistán e Irak bajo el doble signo de la islamofobia y la israelofilia.

 

Según Brzezinski, el dominio de Estados Unidos ya no es posible, debido al cambio social acelerado empujado por “las comunicaciones (sic) instantáneas como la radio, la televisión e Internet”, que en forma acumulativa han estimulado “un despertar universal de conciencia política masiva”.

 

Zbigniew Brzezinski aduce que “el incremento del activismo populista (sic) en todo el mundo prueba ser hostil al dominio externo (sic) del género que prevaleció en la era del colonialismo y el imperialismo”, por lo que “la resistencia populista persistente (sic) y altamente motivada de pueblos políticamente despiertos (sic) y resentidos (sic) históricamente al control externo (sic) ha probado ser crecientemente difícil de suprimir”.

 

Dejando atrás las fijaciones sobre el “populismo” de Brzezinski, ¿se trata de una redición de la revuelta generalizada de 1848 en Europa, con la tecnología de las redes sociales 164 años más tarde?

 

A juicio del think tank europeo de estrategia, el término “post hegemónico” significa que “nadie (¡supersic!) puede ostentar un significativo control geopolítico de una región, alianza o imperio, no se diga del mundo”, cada vez más “complejo”, característica de la multipolaridad incipiente.

 

Dedefensa traduce que para Zbigniew Brzezinski “la era de la geopolítica concluyó” y ha sido sustituida por “la era de las comunicaciones” y su “nueva era sicopolítica”. Muy discutible.


¿No será más bien que el mundo post moderno introdujo una nueva dimensión a la geopolítica clásica ahora con las nuevas comunicaciones, donde en última instancia existen controles y propietarios catastrales?

 

La geopolítica clásica no finiquitó sino que se volvió más compleja y, sobre todo, multidimensional, donde resulta imperativa la formulación de una geopolítica del binomio finanzas/(tele)comunicaciones vinculada al dominio global y/o a la “seguridad nacional”.

 

Hasta el portavoz del neoliberalismo global, The Economist (1/12/12), se preocupa del dominio de los “cuatro gigantes de la era Internet” (Google, Apple, Facebook y Amazon): “nunca antes el mundo había visto empresas crecer tan rápido o extender sus tentáculos. Apple es el coloso del capitalismo”.

 

Suena interesante que la conferencia en Sopot de Zbigniew Brzezinski –uno de los pioneros de la desregulada globalización financierista– en el Foro Europeo para las Nuevas (sic) Ideas (EFNI, por sus siglas en inglés) –que aboga por la transformación de la Unión Europea en un superestado (sic) federal de corte fiscalista más que “democrático”– haya permeado dos meses más tarde en un sitio eminentemente antiglobalista como infowars.com, que se aprovecha de la oportunidad para lanzar un llamado a la movilización: “Resistan. ¡Aguanten en la línea! (…) Estamos ganando (…) Nos lo dijo Zbigniew Brzezinski”.

 

Participaron en la invitación de Sopot: Lech Walesa Institute’s Civic Academy, Intel Business Challenge Europe y Konkordia.

 

Dedefensa.org cita el rotativo Gazeta Swietojanska (27/11/12) que colocó en YouTube la intervención de Brzezinski y comenta que “las declaraciones de Zbigniew Brzezinski son un punto alto en la información que concierne la evolución de las relaciones internacionales”.

 

En forma coincidente se han expuesto al más alto nivel geoestratégico visiones alarmantes en la transfrontera de Polonia y Rusia en fechas recientes.

 

Dedefensa.org (4/12/12) reseña dos artículos concomitantes sobre la evolución del pensamiento ruso que merecen un escrutinio especial: “Rusia y los tiempos nuevos” y “Rusia puede cambiar su imagen para buscar nuevos aliados”.

 

En forma sucinta, el think tank europeo de estrategia considera que “la reflexión rusa es la más avanzada (sic) sobre la identificación de las necesidades fundamentales de cambios estructurales (sic) en la organización del mundo” y reconoce que “la crisis es colosal de la que nadie (sic) distingue el término ni la identifica con precisión”, cuando el presidente Vlady Putin aduce que el mundo está fuera de control (dedefensa.org, 11/7/12).

 

Tales “tiempos nuevos” y su incipiente nuevo orden mundial para los próximos 20 años (¡supersic!) fueron abordados por el Consejo de Política Extranjera y la Defensa en Moscú.

 

Llama la atención que también en Brasil la geoestrategia sea abordada por el binomio defensa/política exterior, mientras en el “México neoliberal” existe confusión mental al colocar a un financierista –sin prejuzgar de sus atributos– en la cancillería.

 

La revuelta también alcanza a los pensadores libres que quedan en “Occidente”: desde los países escandinavos, John Galtung, rector de TRANSCEND Peace University, diagnostica “El declive de la influencia tanto global de EU como regional de Israel” (IPS, 4/12/12).

 

El mundo va que vuela a la multipolaridad con “metarregionalismos” y/o balcanizaciones simultáneas. Pero antes habrá que transitar por la caída del otrora gigante unipolar que arrojará muchos cadáveres y estragos en su trayecto fatídico.

 

alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalife

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Martes, 04 Diciembre 2012 06:46

Cinco países europeos presionan a Israel

 Cinco países europeos presionan a Israel

Gran Bretaña, Francia, España, Dinamarca y Suecia ayer se unieron en una creciente confrontación diplomática con Israel, sobre los planes del gobierno de Benjamin Netanyahu de construir miles de casas en Cisjordania y Jerusalén Este. Los cinco europeos convocaron a los embajadores israelíes en sus países, quienes fueron advertidos de que si Tel Aviv sigue adelante con el proyecto podría poner en peligro el proceso de paz y erosionar el apoyo occidental al estado judío. También se dice que el Reino Unido está considerando cancelar algunos tratados comerciales.

 

El plan de los asentamientos fue presentado en Israel como una reacción a la exitosa apuesta de Fatah para ser reconocidos por la Asamblea de las Naciones Unidas como un “Estado observador no miembro” la semana pasada. Pero la construcción de 3000 casas, particularmente en el área E1, al nordeste de Jerusalén, efectivamente dividiría a Cisjordania y dañaría aún más las aspiraciones de compartir Jerusalén en una futura solución de dos Estados.

 

El enojo es porque Israel ignoró los repetidos pedidos de Occidente de no seguir adelante con los planes de asentamientos. Más aún, los diplomáticos dicen que los israelíes eran totalmente conscientes de que el apoyo a Hamas había aumentado después de que sus cohetes impactaron en Tel Aviv y en un distrito de Jerusalén y que seguir adelante con las construcciones lo debilitarían a Abbas y a la AP. Los israelíes ya retuvieron alrededor de 120 millones de dólares que necesita la Autoridad Palestina para pagar a los empleados estatales, mientras que el ministro de Finanzas israelí, Yuval Steinitz, declaraba abiertamente que era en represalia por la movida de la ONU.

 

El canciller británico Alistair Burt dijo ayer: “Esta mañana me reuní con el embajador israelí en el Reino Unido, Daniel Taub, que fue formalmente llamado a la Cancillería. Taub fue convocado por las decisiones israelíes de construir 3000 unidades de vivienda en Jerusalén Este y en Cisjordania, para descongelar los planes en el área conocida como E1 y por retener ganancias impositivas de la Autoridad Palestina. Hablé en profundidad de la preocupación del Reino Unido sobre las decisiones y le pedí al gobierno israelí que las revirtiera. El plan de los asentamientos en particular tiene el potencial para alterar la situación en el terreno a una escala que amenaza la viabilidad de la solución de los dos Estados”.

 

“También dejé en claro que la fuerza de nuestra reacción surge de nuestro desencanto de que el gobierno israelí no escuchó los llamados que nosotros y otros le han hecho a Israel para que evite reaccionar a la resolución de la Asamblea de la ONU en forma que debilite a la Autoridad Palestina o a una vuelta a las conversaciones.”

 

El plan de los asentamientos ya fue condenado por la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton. Y el secretaro general de la ONU, Ban Ki-moon, afirmó que el asunto sería un “golpe casi mortal” para la solución de los dos Estados. La jefa de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton, enfatizó que esa expansión “puede representar un paso que socave la perspectiva de una Palestina viable y contigua con Jerusalén como una capital compartida entre los dos Estados”.

 

En París, el canciller francés, Laurent Fabiuus, dijo que los planes de Israel eran “una nueva área de colonización”, y, si se confirmaban, iban a minar la confianza necesaria para reanudar las conversaciones. Israel, sin embargo, siguió sin inmutarse. Steinitz dijo que su gobierno no podía permanecer indiferente a la movida unilateral de los palestinos en la ONU. “Quiero decirles que aquellos mismos europeos y estadounidenses que ahora nos llaman ‘malos, malos’ por nuestra respuesta comprenden absolutamente que debemos responder, y ellos mismos advirtieron a la Autoridad Palestina”, dijo.

 

Ayer, el área E1 estaba desierta. Había luces en las calles, cables de electricidad y cañerías de agua, pero ninguna casa. “El E1 está en el medio de Jerusalén Este, dividiendo la continuidad de la tierra de la que depende el Estado palestino, creado dos cantones fuera de Cisjordania. Es por eso que el E1 es conocido como el camino a la derrota de la solución de los dos Estados”, dijo Betty Jerschman de Ir Amim, un grupo de presión que defiende la coexistencia en Jerusalén. A los planes anunciados este fin de semana les tomará por lo menos un año para atravesar la burocracia israelí.

 

 

 Por Kim Sengupta y Matthew Kalman *


Desde Jerusalén

 

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Jueves, 29 Noviembre 2012 18:08

La ONU acepta a Palestina

La ONU acepta a Palestina

Por una abrumadora mayoría, la Asamblea General de Naciones Unidas admitió este jueves a Palestina como “estado observador”, lo que implícitamente supone el reconocimiento, por parte de la organización más representativa de la voluntad internacional, de la soberanía de los palestinos sobre el territorio ocupado por Israel desde 1967. Esta decisión, con 138 votos a favor, 41 abstenciones y 9 en contra, abre un nuevo capítulo en un conflicto que se prolonga por más de seis décadas y deja a Israel y a Estados Unidos en el mayor aislamiento diplomático que han conocido jamás. Los nueve países que han votado en contra son Estados Unidos, Israel, Canadá, República Checa, Panamá, Palau, Micronesia, Nauru, y las islas Marshall.

“La ocupación debe terminar. No necesitamos más guerras para comprender la importancia de la paz”, advirtió el presidente palestino, Mahmud Abbas, ante la Asamblea General. El mandatario proclamó, tras recibir una larga salva de aplausos: “Palestina se presenta en la ONU porque cree que estamos en un momento decisivo, ante la última oportunidad para llegar a la solución de los dos Estados”. "Ha llegado la hora de que el mundo diga basta a la ocupación", agregó.


La votación no supone la admisión de Palestina como miembro de pleno derecho de la ONU, un paso que corresponde al Consejo de Seguridad, ni tiene consecuencias inmediatas en cuanto a la creación efectiva de un Estado. Pero da a los palestinos renovada legitimidad en su lucha contra la ocupación y llama la atención mundial sobre la urgente necesidad de poner fin a un problema que explica en gran medida el clima permanente de inestabilidad y violencia en Oriente Próximo.


Pese a todo su esfuerzo por reducir la transcendencia de esta votación, el resultado deja claramente en evidencia la posición insostenible en que Israel se encuentra para continuar la ocupación y la difícil situación de Estados Unidos como su único e incondicional valedor. Para EE UU el problema es doble, puesto que sus intereses en la región son múltiples y está obligado a jugar un papel decisivo en la promoción de las negociaciones de paz.


Ahora solo les queda a ambos un intento de contención de daños. Poco antes de la votación, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, hizo “un llamamiento urgente a las dos partes para que eviten acciones que, de alguna manera, pudieran dificultar la reanudación de negociaciones”. Washington pretende evitar que los palestinos acudan, como pueden hacer con su nuevo estatus, a la Corte Penal Internacional (CPI) o al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya contra Israel, lo que, definitivamente, alejaría cualquier posibilidad de diálogo, e intenta evitar también que Israel tome represalias, en forma de sanciones económicas o nuevos asentamientos, contra los palestinos. Al mismo tiempo, la Administración procurará que el Congreso norteamericano no congele los fondos de ayuda a los palestinos, lo que será difícil porque el apoyo a Israel en el Capitolio es mucho más categórico que en la Casa Blanca.


Si ninguno de estos escenarios más catastróficos se produce, si nadie trata de aprovechar este momento en su particular beneficio, no es imposible que la votación en la Asamblea General abra el paso a nuevas negociaciones de paz. Pocas veces como en esta jornada en la ONU se habrá visto con tanta nitidez que Palestina está ahí, soberana o no, y que la solución de dos estados vecinos y pacíficos es la única que beneficia a ambos.


Pero esa evidencia, tan solemnemente corroborada en Nueva York, no ha hecho más fácil en el pasado el diálogo palestino-israelí ni tiene por qué, necesariamente, hacerlo ahora. Múltiples factores conspiran en estos momentos contra las negociaciones: la proximidad de las elecciones en Israel, el reciente ascenso de Hamás, la interinidad en la que vive la Administración de EE UU —especialmente su política exterior—, la debilidad de Europa para convertirse en agente promotor de la paz. Todo eso se podría superar si los principales protagonistas, Israel y los palestinos, tuvieran voluntad de llegar a un acuerdo. Como se demostró en Oslo en 1993, ambos son capaces de entenderse, por encima de cualquier adversidad, cuando quieren hacerlo.


Sin embargo, Israel considera que el reconocimiento obtenido por Palestina en la ONU supone una violación de los acuerdos alcanzados en Oslo, por cuanto equivale a la ruptura del compromiso de hacer las cosas de forma bilateral, sin tener en cuenta los numerosos asentamientos judíos construidos unilateralmente desde esa fecha y la reciente negativa del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de aceptar las fronteras de 1967, aceptadas por Barack Obama, como la base para negociar el estado palestino.


Para Obama esta votación de la Asamblea General es, en cierta medida, una frustración y un fracaso personal. Obama llegó, en la presión a Netanyahu, todo lo lejos que puede llegar un presidente de EE UU que quiera conservar su puesto. Es sabido que el primer ministro israelí no respondió a esa presión. Ahora, también los palestinos desatienden sus recomendaciones y acuden a un foro con larga tradición de proporcionar largas sesiones de aplausos pero muy pocos resultados tangibles.

 

Por Antonio Caño Nueva York 29 NOV 2012 - 23:21 CET

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Jueves, 29 Noviembre 2012 06:19

Un periodista indignado

Un periodista indignado

El lunes 26 trascendieron los resultados de las primarias para renovar la representación del Likud gobernante en el Knesset o Asamblea unicameral israelí en las próximas elecciones del 22 de enero: el incremento del vuelco a la derecha más dura fue inesperado para muchos (www.ynetnews.com, 27-11-12). De los tres ministros, y a la vez representantes, considerados parte del ala más moderada del Likud (www.haaretz.com, 28-11-12), sólo uno tendría la posibilidad de ser reelecto, el ministro sin cartera Benny Begin, aunque es el número 20 de la lista. Los otros dos, Dan Meridor y Michael Eitan, seguramente no.

 

Sus bancas serán ocupadas por extremistas de derecha como Moshe Feiglin, que calificó a Hitler de “genio militar sin paralelo. El nazismo elevó a Alemania de un estatuto físico e ideológico bajo a otro fantástico” (www.haaretz.com, 10-12-08). Extrañas palabras en boca de un israelí judío que, sin duda, será parlamentario y por primera vez. Sorprenderían menos si las pronunciara el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. Los partidos de oposición se las verán negras y cabe preguntarse si los votantes del centro y de la izquierda tendrán fuerzas suficientes para contrarrestar semejante fanatismo. ¿O será un reflejo de lo que realmente piensa la opinión pública de Israel?

 

Una encuesta polémica realizada por la importante agencia local Dialog mostraría que tal vez sí. Más de dos tercios de los israelíes no árabes interrogados opinaron que millones de palestinos no deberían tener derecho a voto si Israel anexara los territorios de Judea y Samaria administrados por el gobierno israelí en Cisjordania (www.guardian.co.uk, 23-10-12). El 74 por ciento se pronunció por que en Cisjordania se establecieran caminos para israelíes, por un lado, y caminos para palestinos, por el otro, y el 58 por ciento piensa que Israel ya está aplicando el sistema de apartheid a los palestinos; claro que para esta encuesta fueron entrevistados sólo 503 israelíes judíos de una población total de casi 6 millones, aunque hay hechos que les dan la razón (www.tomdispatch.com, 25-11-12).

 

Otros datos del sondeo de Dialog que publicó el diario israelí Ha’aretz (23-10-12) indican que un 59 por ciento manifestó que los israelíes judíos deberían tener preferencia sobre los israelíes árabes en la contratación de personal para las instituciones oficiales y el 49 por ciento declaró que los primeros deberían ser mejor tratados que los últimos. El 42 por ciento no quiere vivir en el mismo edificio que habitan vecinos árabes y otro tanto se opone a que sus hijos compartan la escuela con niños árabes.

 

El tema de la posible anexión de Cisjordania o de las zonas con más asentamientos israelíes ilegales en ese territorio palestino adquirió espesor en estos últimos meses, señala The Guardian: “Ehud Barak, ministro de Defensa, se pronunció por la anexión de las tierras que se encuentran entre la Línea Verde internacionalmente reconocida y el muro construido por Israel”. Son terrenos palestinos y el primer ministro Benjamin Netanyahu proclamó que su gobierno seguiría construyendo edificios en un distrito árabe de Jerusalén, en respuesta a las críticas que la Unión Europea formulara días antes a tal decisión. El premier israelí dejó en claro el tema: “Hemos construido en Jerusalén, estamos construyendo en Jerusalén y seguiremos construyendo en Jerusalén” (www.huffing tonpost.com, 23-10-12).

 

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declaró en agosto de 1980, en su resolución 478, la nulidad de la anexión israelí de Jerusalén Este, poblada por una mayoría árabe, donde la Autoridad Nacional Palestina demanda establecer la capital de su futuro Estado. La casi totalidad de la comunidad internacional trasladó sus embajadas a Tel Aviv en repudio a la anexión, pero el gobierno israelí no se digna cumplir ni una sola de las decenas de resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenaron la ocupación militar de los territorios palestinos en 1967 primero y ahora la ocupación de hecho. Para qué, si la Casa Blanca lo apoya.

 

La quinta parte de la población de Israel es árabe y casi la mitad de los entrevistados por Dialog juzgó que sus connacionales árabes deberían pasar a la jurisdicción de la Autoridad Palestina y un tercio estimó que lo mismo debía ocurrir con las ciudades árabes en territorio israelí. La visión más extrema fue la de los judíos ultraortodoxos: un 70 por ciento apoyó la prohibición legal del derecho a votar de los árabes y el 95 por ciento que se los discriminara en los lugares de trabajo. Gideon Levy, el columnista de Haaretz que comentó la encuesta, no ocultó su indignación: “Los propios israelíes se autodefinen abiertamente, sin vergüenza ni culpa, como racistas nacionalistas”. “Si una encuesta similar se diera a conocer sobre la actitud hacia los judíos en un país europeo –señaló–, Israel hubiera desatado un infierno. Cuando se trata de nosotros, la norma no se aplica.”

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Palestina propondrá hoy en la ONU que se le declare “Estado observador”

Ramalá, 28 de noviembre. El presidente palestino Mahmoud Abbas propondrá este jueves en la Asamblea General de la Organización Naciones Unidas (ONU) una resolución para otorgar a Palestina el estatus de Estado observador en el organismo mundial.

 

Estados Unidos y Reino Unido pidieron a Abbas suspender la votación porque, según Washington, va en contra de la hoja de ruta trazada para la paz en Medio Oriente.

 

Por lo pronto, Reino Unido ya condicionó su voto. El canciller británico, William Hague, aseguró que “para votar a favor necesitamos ciertas garantías y mejoras”. Las exigencias incluyen que los palestinos vuelvan a la mesa de negociaciones con Israel y que renuncien a recurrir a la Corte Penal Internacional (CPI) en reclamo de los territorios árabes reocupados.

 

Francia ha dicho que votará a favor del nuevo estatus palestino, pero Alemania señaló hoy que “no brindará su aprobación” a la resolución, según un portavoz del gobierno. España votará a favor “por congruencia con nuestra historia”, indicó este miércoles el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo. Rusia también afirmó este miércoles que votará a favor, tal como lo ha “anunciado en varias ocasiones”.

 

El proyecto de resolución, que tiene asegurada la aprobación por mayoría simple que requiere la ONU, pide a la Asamblea General que otorgue a Palestina el estatuto de “Estado observador no miembro” dentro de la organización. El texto también expresa “la esperanza de que el Consejo de Seguridad considerará de manera favorable” su candidatura, presentada por Abbas en septiembre de 2011, para que Palestina sea miembro de pleno derecho.

 


El proyecto de resolución también pide retomar las negociaciones para alcanzar una “solución pacífica” y establecer un Estado palestino “viviendo en paz y en seguridad al lado de Israel sobre la base de las fronteras de antes de 1967”.

 

“Cuando Palestina obtenga el estatuto de Estado no miembro, ningún israelí podrá decir que los territorios palestinos están en disputa”, dijo el negociador palestino Saeb Erekat. “Palestina se convertirá en un país ocupado”, aseguró.

 

El estatuto de Estado observador permitirá a Palestina formar parte de muchas organizaciones y tratados internacionales como la Corte Penal Internacional o la Cuarta Convención de Ginebra sobre la protección de derechos civiles.

 

El Departamento de Estado de Estados Unidos reiteró que votará contra la resolución y aseguró que si ésta se aprueba “no habrá una respuesta favorable” del Congreso para otorgar los 200 millones de dólares de ayuda prometidos a Palestina.

 

Hillary Clinton, titular del Departamento de Estado, aseguró que el único camino para lograr una solución duradera del conflicto es el diálogo directo entre israelíes y palestinos.

 

Israel amenazó con bloquear los impuestos que el país recauda en nombre de la ANP, reducir el número de permisos de trabajo para los palestinos y con derogar los acuerdos de paz de Oslo de 1993.

 

La fecha del 29 de noviembre es simbólica para los palestinos porque es el aniversario de la adopción de la ONU, en 1947, del plan de división de Palestina que prevé la creación de un Estado israelí y uno árabe.

 

Afp

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Martes, 27 Noviembre 2012 06:23

Los últimos días del embargo a Cuba

Los últimos días del embargo a Cuba

Entre los cambios históricos que se registraron en las elecciones presidenciales norteamericanas del 6 de noviembre, uno de los más notables fue el de la victoria, por primera vez, de un candidato del Partido Demócrata, entre la comunidad cubana de Florida. Eso, unido a las tímidas medidas aperturistas puestas en marcha por el régimen cubano en los últimos meses y al mayor margen de maniobra de que dispone en Washington un presidente que no puede ser reelegido, crea el mejor escenario que se ha conocido nunca para el levantamiento del embargo económico de Estados Unidos a Cuba, una reliquia de la política exterior norteamericana que ha sobrevivido hasta ahora pese a su ineficacia y su falta de apoyo internacional.


 
La semana pasada, en la ritual votación anual en la Asamblea General de las Naciones Unidas, todos los países condenaron ese embargo, con excepción del propio Estados Unidos, que solo tuvo el apoyo de Israel y Palau. La impopularidad de esa medida es evidente desde hace tiempo. También es obvio que, después de 50 años en vigor, no solo no ha servido para obligar al Gobierno cubano a adoptar medidas democratizadoras, sino que muchas veces ha sido la excusa para no tomarlas.
 


Si el embargo ha sobrevivido hasta ahora ha sido, simplemente, porque tenía el apoyo del exilio cubano, de fuerte influencia en el sur de Florida, un estado fundamental en la pugna electoral en este país. Pero eso ha cambiado ya. Nuevas generaciones de cubanos nacidos o crecidos en Estados Unidos no se sienten obligados a ser fieles al Partido Repúblicano como la única garantía frente al comunismo ni creen que la batalla contra Fidel Castro deba de ser el motivo de sus vidas. Por primera vez, un cubano-americano del Partido Demócrata, Joe García, ha sido elegido para ocupar un escaño por Florida en la Cámara de Representantes. Educados más en la solidaridad con sus familiares y compatriotas de la isla que en el odio a quienes obligó a sus antepasados al exilio, esa generación simpatiza con las medidas para facilitar el intercambio tomadas por Barack Obama y tiene el deseo de aumentarlo todo lo posible.


 
Esa corriente se ve, igualmente, favorecida por todos aquellos, sobre todo en Florida, que ven oportunidades económicas en Cuba y quieren que sus posibilidades de negocio no se vean limitadas por decisiones políticas que, además, resultan anacrónicas. Estados Unidos favorece la relaciones económicas con otro país comunista, como China, y, hasta hace poco, ha permitido cierto intercambio comercial con naciones rivales, como Irán, y continúa permitiéndolo con otras, como Venezuela. Los empresarios están desde hace tiempo entre los sectores que favorecen el levantamiento del embargo.


 
Siguen existiendo algunos que se resisten a dar ese paso. Los representantes republicanos de la comunidad cubana en el Congreso aún estiman que el levantamiento del embargo serviría para dar oxígeno al régimen de los hermanos Castro, precisamente en el momento en que ambos se aproximan al final de sus vidas.
 


Ese argumento, sin embargo, es débil ante el potencial que un mayor intercambio tendría para agilizar la transición democrática y estimular a los reformistas. El levantamiento del embargo podría, efectivamente, mejorar las condiciones económicas de los cubanos. Pero también facilitaría la presencia en Cuba de los grupos de oposición que actúan desde Florida y, sobre todo, pondría en manos de la oposición interna instrumentos de movilización de los que ahora mismo carecen. Con más dinero, más ordenadores, más teléfonos móviles, acceso a Google y a Twitter, las posibilidades de comunicar la realidad sobre el sistema político cubano se ampliarían considerablemente. Por otra parte, es dudoso que una población menos angustiada por la economía no estuviera también más interesada en la democracia.


 
Barack Obama, que inició su presidencia con gestos de buena voluntad hacia el Gobierno de La Habana parecía compartir ese punto de vista. Pero, frustrado por la poca receptividad del régimen, y acuciado, como sus antecesores, por el calendario electoral, abandonó enseguida ese camino. Ahora, más preocupado por su legado histórico, tiene una gran oportunidad de hacer algo que, probablemente, sería recordado como el principio del fin del comunismo en Cuba. El levantamiento del embargo tendría, junto a sus repercusiones previsibles, un efecto político y sicológico que serviría para marcar un antes y un después en las relaciones de Estados Unidos con Cuba y con toda América Latina. En estos momentos, eso es posible sin dejar sobre el siguiente candidato presidencial demócrata el pesado lastre de una derrota segura en Florida. Más bien, todo lo contrario.

 

Por: Antonio Caño| 26 de noviembre de 2012

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Lunes, 26 Noviembre 2012 06:15

Los kurdos sirios luchan por su autonomía

Los kurdos sirios luchan por su autonomía

En otro giro, el conflicto en Siria podría acabar arrastrando a la población kurda a la lucha por la autonomía de su región. Hasta ahora, la región mayoritariamente kurda del norte y el noreste de Siria había conseguido mantenerse casi al margen de la guerra civil que enfrenta al régimen del presidente Bachar el Asad con diferentes grupos rebeldes mayoritariamente árabes suníes.


 
“Nos gustaría que ambas partes [rebeldes y Gobierno de El Asad] dejaran las armas y que todos pudiéramos cambiar el régimen hablando”, afirma Yusef Haji en Derik, una población del Kurdistán sirio. Haji es miembro del llamado Tev-Dem, una especie de Gobierno regional establecido por el Partido para la Unión Democrática (PYD), el mayor y más organizado de la región. “No queremos que ni el régimen ni los rebeldes vengan aquí, y nos defenderíamos si lo hicieran”, añade Haji.


 
El 12 de noviembre, Derik se convirtió en el último de una serie de pueblos kurdos del noreste de Siria que han expulsado pacíficamente a las tropas y a la policía del régimen. En varios municipios, residentes y milicianos de las Unidades de Defensa Popular (YPG) rodearon los edificios del Gobierno y exigieron a los hombres de El Asad que se marcharan.


 
En Siria, hay cerca de dos millones de kurdos que representan alrededor del 10% del total de la población. Son la minoría más importante, pero tanto el régimen de Bachar el Asad, como el de su padre, Hafez, no les permite usar su idioma en público ni disfrutar de los mismos derechos que los ciudadanos árabes. Con la expulsión de las tropas del Gobierno, los kurdos han ganado una inesperada autonomía y culminado un proceso que se inició en julio, cuando el régimen —por exigencias del conflicto— comenzó a retirar parte de sus tropas de varias plazas del Kurdistán. Pero la autonomía está amenazada por los enfrentamientos entre rebeldes islamistas y kurdos y por la falta de unidad entre los últimos.


 
La semana pasada, milicianos kurdos de las YPG y dos brigadas islamistas se enfrentaron durante días por el control de Serekaniye (Ras al Ain, en lengua árabe), un pueblo de mayoría kurda en la frontera con Turquía, que hasta poco antes bombardeaban las tropas del régimen. Al menos 34 personas murieron en los combates, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la gran mayoría miembros de las brigadas Yabat el Nusra y Guraba el Sham, cercanas a Al Qaeda y que forman parte del entramado cada vez más complejo de rebeldes que lucha contra El Asad.


 
El 23 de noviembre, kurdos e islamistas acordaron un alto al fuego sujeto a que los hombres de Yabat el Nusra y Guraba el Sham abandonaran Serekaniye. Está por ver, ya que los islamistas han dicho que pretenden seguir ocupando la región y que quieren llegar a la oriental ciudad de Qamishli —junto a la frontera y también de mayoría kurda—, para lo que han pedido a las YPG que no se interpongan en su camino, aunque esta milicia no parece dispuesta a obedecer. Además, diversas informaciones hablan de que cientos de guerrilleros kurdos avanzan hacia Serekaniye y Qamishli.


 
En juego está el control del estratégico Kurdistán sirio, rico en petróleo y fronterizo con Turquía e Irak. Pero, para complicar aún más la situación, los demás partidos políticos kurdos sirios se han agrupado en el Consejo Nacional Kurdo (KNC), que critica duramente tanto al PYD como a las YPG, a las que considera dos caras de una misma moneda.


 
Tanto el KNC como Turquía consideran que el PYD es en la práctica la rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización enfrentada al Gobierno turco desde 1984 en un conflicto armado en el que han muerto cerca de 40.000 personas. Turquía, la Unión Europea y Estados Unidos consideran al PKK una organización terrorista.


 
Altos cargos y miembros del PYD repiten que no tienen relaciones con el PKK, a pesar de que admiten coincidir ideológicamente con ellos y reverencian a su líder y fundador, Abdula Ocalan, encarcelado en Turquía desde 1999, y cuyas imágenes y banderas están por todo Derik.


 
Ankara, que ha mostrado abiertamente su apoyo a los rebeldes sirios, mira con muchísimo recelo tanto al PYD y a las YPG, como a la autonomía que están consiguiendo en la región. La semana pasada, Turquía pidió a la OTAN que le facilitara misiles antiaéreos Patriot para situarlos junto a la frontera siria, lo que ha desatado las alarmas en Rusia e Irán, principales aliados de El Asad y a quienes preocupa un eventual ataque turco contra Siria bajo el pretexto de defender a los refugiados en su territorio, pero con el objetivo, entre otros, de impedir que la autonomía de los kurdos sirios y su acercamiento al PKK desestabilicen el Kurdistán turco, en donde viven más de 15 millones de personas, el 20% de la totalidad del país. A su vez, las milicias YPG acusan a Turquía de ayudar y permitir a los rebeldes islamistas moverse libremente por territorio turco.

 

Por José Miguel Calatayud Derik 25 NOV 2012 - 19:32 CET

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