Israel exporta su guerra a América Latina. III y último
Luego del atentado a las Twin Towers de Nueva York (2001), Washington y Tel Aviv impusieron al mundo la doctrina de “guerra preventiva”. Desde entonces, cualquier señalamiento o condena a sus políticas genocidas, es calificada de “terrorista” o “antisemita”.


En curiosa sincronía, la Agencia Judía de Israel (Sojnut) y la Organización Sionista Mundial relanzaron en aquel año el programa de inmigración (aliyá), ofreciendo ayuda a los que aceptaban participar en la ilegal, sigilosa y sostenida apropiación de lo que resta de Palestina (Gaza, Cisjordania, Jerusalén este).


La mayor parte de inmigrantes provenían de Rusia y Europa central. ¿De dónde empezaron a llegar desde 2001? ¿De las clases medias israelíes que resentían el látigo del modelo neoliberal, al tiempo de intuir que sus gobiernos resultaban más peligrosos que los chicos malos de Irán, Hezbolá y Hamas?


El carácter neocolonial y dependiente de la militarizada sociedad israelí se sustenta, totalmente, en la ayuda estadunidense. Sin embargo, en lugar de soldados, la conquista de territorios demanda, como en la época de las Cruzadas, de fanáticos imbuidos de una mística guerrera. O sea: de paramilitares.


Perfil ideológico que, paradójicamente, anda de capa caída en la “única democracia de Medio Oriente”. Así fue que, a más de los tradicionales de Argentina y Brasil, de América Latina arribaron contingentes de indígenas o campesinos de la subregión andina, que adherían a sectas cristianas con tradiciones judías y aseguraban descender de las “diez tribus perdidas” de Israel.


Mitad de realidad histórica y mitad de fantasía, la milenaria historia de las tribus “perdidas” (que en el “nuevo mundo” encendió durante siglos el imaginario de los cronistas) arranca cuando Sargón II (rey de los asirios) destruye y dispersa los pueblos hebreos del norte de Palestina (721 aC). En tanto, las dos tribus de Judá (al sur) serían llevadas en cautiverio cien años después por Nabucodonosor (rey de Babilonia), y liberadas por Ciro II El Grande, fundador del imperio persa, en 538 aC.


Tan “interesante” como las revistas que ojeamos en la fila del súper, el mito ha sido de mucha utilidad para los servicios de inteligencia de Israel, que en el mundo buscan “colonos” con el perfil ideológico referido más arriba para sus asentamientos ilegales en Palestina.


En México, algunos papás y mamás sionistas cuentan a sus niños que Dios dijo a Moisés: “…busca la Tierra Prometida y funda mi ciudad en una gran laguna donde encuentres un águila sobre un nopal devorando una serpiente…” Pero si los niños repiten la historia en su escuela y los compañeritos se ríen, los sionistas montan una campaña internacional para denunciar “el avance del antisemitismo en México”.


Los rabinos serios niegan que los miembros de las tribus perdidas son parte del mal llamado “pueblo judío”. No obstante, entidades como la mesiánica Amishav (Mi pueblo retorna) se esfuerzan en localizar a sus “descendientes”. Mientras, personajes como Enrique Krauze, creáse o no, usa la leyenda para pegarle a Hidalgo, Juárez, Andrés Manuel López Obrador y otros “redentores” (Letras Libres, abril 2010).


En Cisjordania, el periodista Grez Myre entrevistó para Associated Press (Ap) a Mariano Pérez, uno de los cien indígenas de Perú convertidos al judaísmo por rabinos israelíes. Mariano siguió un curso de hebreo veloz en Trujillo, cambió de nombre y hoy se llama Mordechal. Tras ser aceptado como “ciudadano judío”, los sionistas le entregaron una metralleta y lo enviaron junto con su familia a la primera línea del frente.


Mordechal confesó a Myre: “Te entra algo de miedo, todo el mundo se sentiría algo asustado… pero nos da igual. Venimos por una sola razón: estar cerca de Dios” (Ap, 9/7/02). En todo caso, el converso andino consiguió en el “asentamiento” de Karmetsur lo que los refugiados palestinos exigen desde 1948: tierra, hogar, derecho a la autodefensa, frigoríficos llenos de comida, escuela para sus niños y exenciones tributarias.


A estas alturas, algún lector observará que, en realidad, a Israel le interesa importar guerreros de América Latina. Pero en el mundo de la globalización excluyente, el intercambio es dialéctico. Y un modo de ejecutarlo consiste en recurrir al terrorismo mediático que nos habla de la presencia de “células de Hezbolá” o de “asesores militares de Irán” en las regiones y ciudades donde viven comunidades islámicas importantes.


La penetración sionista en las comunidades indígenas responde de maravilla a los objetivos del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, que en su informe de 2005 menciona al “indigenismo militante asociado al antiamericanismo” entre los “peligros potenciales para la seguridad hemisférica”.


En los próximos artículos ampliaremos los temas analizados en los casos de Venezuela y Bolivia, países a los que la propaganda sionista (hasbará) señala como filiales del “terrorismo iraní”.

Por José Steinsleger


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Miércoles, 29 Agosto 2012 06:25

La verdad detrás del escudo antimisiles

La verdad detrás del escudo antimisiles
La noticia no es nueva pero aparece y desaparece con cierta asiduidad, aún cuando los principales medios globalizados de información no la presentan en su real dimensión: Estados Unidos y sus aliados, incluido Israel, desarrollan planes para establecer “escudos antimisiles” en Europa, Asia y el Oriente Medio.

 
La idea de los sistemas de defensas antimisiles, comúnmente conocidos como “escudos antimisiles”, forma parte de la ya demasiado larga carrera armamentista; y surgió en los Estados Unidos en la década de 1940, concebida como un mecanismo que protegiera el territorio de ese país de un ataque con armas nucleares, incluso en momentos en que solo Estados Unidos poseía ese tipo de armamento.

 
Desde que Estados Unidos ensayó con éxito el arma atómica en 1945, que fue seguido por el ensayo atómico en la Unión Soviética en 1949; y por sucesivas espirales en la carrera armamentista, la concepción del escudo antimisiles, con diferentes variantes, siempre estuvo presente. Precisamente, la decisión de la Unión Soviética y de los Estados Unidos, de firmar en 1972 un Tratado de Defensa Antimisiles, tuvo como finalidad concreta no solo la protección del territorio de ambos países, sino también limitar la producción y el despliegue de este tipo de sistema, en la convicción de que su poseedor podría verse estimulado a propinar un primer golpe con armas nucleares.

 
Es eso lo que explica que ese Tratado de Defensa Antimisiles, conocido más comúnmente como Tratado ABM, limitara el despliegue de esos “escudos” únicamente a dos áreas en cada país y no a la totalidad de los respectivos territorios; con un radio de acción de alcance limitado; y con un determinado número de lanzadores. En el año 1974, durante la década de la “distensión”, Estados Unidos y la Unión Soviética acordaron limitar las áreas “protegidas” a solo una en cada país. Tal era la relevancia y pertinencia que se le concedía al Tratado ABM.

 
La idea del escudo antimisiles, sin embargo, reapareció repentinamente con mucha fuerza y gran publicidad en los Estados Unidos el 23 de marzo de 1983, cuando el entonces presidente Ronald Reagan, anunció en la televisión de su país su “Iniciativa de Defensa Estratégica”, conocida comúnmente como “guerra de las galaxias” que, en su esencia, planteó la creación de un gran paraguas nuclear, capaz de detectar y destruir todos los misiles dirigidos hacia cualquier parte del territorio norteamericano.

 
Consecuencia inmediata de esta propuesta fue el incremento del presupuesto militar de los Estados Unidos que, con el pretexto de la investigación y el desarrollo, engrosó considerablemente las arcas de grandes empresas norteamericanas vinculadas al sector. Desde el punto de vista militar, la iniciativa, que pronto concitó el rechazo de amplios sectores en todo el mundo, suponía un cambio radical de estrategia en la política seguida por Estados Unidos frente a la Unión Soviética desde los inicios mismos de la guerra fría, pues su implementación acabaría con los fundamentos de la disuasión nuclear, que había prevalecido hasta ese momento en las relaciones soviético-norteamericanas, a fin de evitar el primer uso de las armas nucleares y la destrucción mutua asegurada (MAD). Esa destrucción mutua asegurada; y el interés en evitar el primer uso de armas nucleares por alguna de las partes, estuvieron en la raíz misma del Tratado ABM.

 
La “iniciativa” Reaganeana, que entre otras cosas contemplaba el desarrollo de bases espaciales y satelitales con rayos láser para interceptar los misiles adversarios en el espacio, fue muy criticada en su momento. En el año 1987, durante el segundo mandato de Reagan, apareció un estudio elaborado por un grupo de especialistas de la Sociedad Norteamericana de Física, que cuestionó su viabilidad.

 
Pero a pesar de todas las críticas recibidas, que incluyeron su elevado costo económico y las dudas sobre su real viabilidad; la idea de un escudo antimisiles continuó siendo explorada y desarrollada por sucesivos gobiernos en los Estados Unidos. En su discurso sobre el estado de la Unión, en 1991; en un escenario en el que ya se había previsto el desmembramiento de la Unión Soviética, el presidente George H. W. Bush la retomó con ciertas innovaciones.

 
Es en ese contexto que apareció la Protección Global Contra Ataques Limitados, (GPALS), que significó un cambio en la concepción del escudo antimisiles, al abogar no por un sistema que protegiera a todo el territorio de los Estados Unidos, lo que estaba prohibido según el Tratado ABM, sino por un sistema defensivo limitado a un determinado teatro y con un número también limitado de interceptores. Se consideraba que, al desmembrarse la Unión Soviética, ningún Estado tendría en sus arsenales grandes cantidades de armas nucleares, capaces de un ataque masivo contra el territorio norteamericano, por lo que el número de misiles a interceptar eventualmente, provenientes quizás ahora de los que Estados Unidos calificaba como Estados “renegados”, sería mucho menor.
 

En el año 1993, durante el gobierno del presidente William Clinton, en Estados Unidos se mantuvo la brega hacia el escudo antimisiles. La Organización para la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDIO), que había sido establecida en 1984 bajo la administración de Ronald Reagan, fue transformada en Organización para la Defensa contra Misiles balísticos (BMDO) que, en línea con la nueva concepción del ex presidente Bush, se concentró en un sistema más limitado; y no necesariamente dirigido a proteger todo el territorio de los Estados Unidos de una vez.

 
En enero de 1999, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley de Defensa Nacional contra Misiles (Nacional Missile Defense Act), en cuya sección segunda se establece claramente la política a seguir en materia de defensa contra misiles:  ”La política de los Estados Unidos es la de desplegar, tan pronto como sea tecnológicamente posible, un Sistema Nacional de Defensa contra Misiles  efectivo, capaz de defender el territorio de los Estados Unidos contra ataques limitados con misiles balísticos (sea de forma accidental, no autorizada o deliberada)”

 
Esa ley se convirtió en un instrumento formidable para los sectores que en el congreso norteamericano abogaban por acelerar los trabajos dirigidos al establecimiento de un escudo antimisiles. A partir de su aprobación, la ley fue utilizada en muchas ocasiones como muestra del interés “bipartidista” en el tema, con el objetivo de promover apoyo al mismo.

 
La Ley de Defensa Nacional contra Misiles de 1999 fue un claro y determinante paso hacia la salida de Estados Unidos del Tratado ABM. Es más, como señalara un investigador de estos temas, los Estados Unidos se apuraron en desplegar sus defensas contra la amenaza de ataques con misiles balísticos intercontinentales por parte de Estados “renegados”, aún antes de que esa amenaza se materializara y antes de que esos sistemas se hubiesen ensayado. Esas acciones, según se ha considerado, costó a Estados Unidos gastos considerables y pérdida de otras oportunidades.

 
El presidente George W. Bush, quien a pesar de haber obtenido menos votos populares que su contrincante demócrata, se hizo de la presidencia de Estados Unidos en el año 2000 gracias a las mañas de la mafia terrorista de origen cubano que mora en el sur de la Florida, continuó dando pasos acelerados hacia el escudo antimisiles, incluso con una participación más activa de sus aliados de la OTAN. Fue a principios de su gestión que Estados Unidos abandonó el Tratado ABM, lo que dejó a ese país con las manos libres para concretar las ideas que venían siendo diseñadas desde mucho antes, así como para ensayar los sistemas antimisiles tanto en solitario, como de conjunto con otros aliados

 
De manera que los esfuerzos dirigidos hacia el desarrollo de un escudo antimisiles por parte de Estados Unidos, incluida la investigación y el ensayo de sus componentes, siempre estuvieron presentes en todo el período de posguerra y no se detuvieron luego del desmembramiento de la Unión Soviética y la desaparición del Pacto de Varsovia.

 
En el período del presidente George W. Bush, Estados Unidos fue particularmente agresivo en este tema, en forma solo comparable con el período en que Ronald Reagan fue presidente. El propósito declarado, ahora como entonces, era la intercepción de los misiles enemigos antes de que alcanzaran su objetivo. No importaba que desde hacia diez años no existieran la Unión Soviética ni el Pacto de Varsovia; ni que se considerara finalizada ya la guerra fría; ni que las pretendidas justificaciones a las que se echaba mano no fueran convincentes. Lo importante era mantener la superioridad militar norteamericana y el mundo unipolar al que se había arribado en la confluencia de los dos últimos decenios del Siglo XX, costara lo que costara.

 
Ahí está la esencia de la renuncia de Estados Unidos al tratado ABM, firmado treinta años antes, que impedía el desarrollo de ese tipo de programa, pues no solo regulaba su despliegue, sino que comprometía a las partes a no crearlos, ensayarlos ni desplegarlos. Con la denuncia de ese tratado en el año 2002, Estados Unidos quitó del camino un obstáculo formidable a sus planes armamentistas; y para el quinquenio 2004 - 2009, el Pentágono había previsto ya 59 mil millones de dólares en su presupuesto con esos fines.
 

Con el establecimiento de un sistema de defensa antimisiles lo que Estados Unidos busca, en realidad, es mantener una superioridad militar absoluta, en línea con los postulados del Informe Guía de Planificación de la Defensa, redactado luego del desmembramiento de la Unión Soviética, en el que se abogó por la dominación militar en todo el mundo mediante el incremento de la superioridad norteamericana. Se basa  para ello en los enormes recursos financieros y materiales propios y en los de sus aliados; y en la capacidad científico-técnica desarrollada por el Complejo Militar Industrial desde los inicios de la carrera armamentista.

 
Independientemente de los pretextos a que se recurra, el objetivo verdadero del “escudo antimisiles” es imponerse sobre los países que puedan ser capaces de acabar con el actual orden unipolar, en particular Rusia y China, puntales fundamentales en la Organización de Cooperación de Shangai, que representa un formidable desafío al orden internacional unipolar.

 
Son los anhelos de dominación y hegemonía, unidos a los intereses económicos y financieros de poderosas empresas, los que están en la base misma del desarrollo y sofisticación de los armamentos, incluido el sistema de defensa antimisiles, que constituye un fuerte estímulo para una nueva espiral en la carrera armamentista.  En el actual orden internacional unipolar; el escudo antimisiles, precisamente por estar diseñado para intersectar y destruir en pleno vuelo los misiles de un enemigo potencial, gana relevancia como arma de primer golpe nuclear, pues Estados Unidos podría sentirse impune, como nunca antes, para realizar un ataque de ese tipo contra otro país.

 
Rusia y China han rechazado, en más de una ocasión, los planes dirigidos a desarrollar y expandir a varias regiones del mundo el escudo antimisiles, por los peligros que entraña para la paz y la seguridad internacionales; pero Estados Unidos y sus aliados se muestran dispuestos a seguir adelante con esa aberración. De ahí que la insistencia en el desarrollo del escudo antimisiles podría arrastrar al mundo a una nueva espiral en la carrera armamentista, con todas sus negativas consecuencias en varias esferas.

 
Precisamente por eso hay cada vez más países que, a pesar de enfrentar grandes dificultades económicas, no parecen estar dispuestos a aceptar por mucho más tiempo la hegemonía norteamericana. Son países que comienzan a actuar en el escenario internacional con mayor determinación e independencia; y que levantan sus voces con fuerza para oponerse a los planes militaristas de Estados Unidos.

 
También contra esos países y las posiciones que sostienen en el ámbito internacional, aún cuando muchos de ellos no poseen la capacidad de producir armas nucleares, está dirigido el escudo antimisiles. Se trata, en el fondo, de un esfuerzo más por mantener el actual orden unipolar, cuando comienzan a cuajar las condiciones para cambiarlo.

 
De ahí que el presupuesto del Departamento de Defensa de Estados Unidos aprobado para el 2012 alcance la astronómica cifra de 662 mil millones de dólares; es decir, casi la mitad de la suma total de los presupuestos militares de todos los países del mundo. Oponerse al escudo antimisiles es oponerse, en consecuencia, a la carrera armamentista, al mantenimiento del orden unipolar vigente, y al aumento de los peligros de que estalle una guerra que, por sus características y alcance, podría convertirse en nuclear.






29 Agosto 2012

Por Pedro Núñez Mosquera,  Embajador de Cuba ante las Naciones Unidas.
 Especial para Cubadebate
 


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Lunes, 27 Agosto 2012 06:26

Siria: el sucio negocio de la limpieza

Cada día se informa de una nueva masacre en Siria. Este domingo fue en Daraya. Matanza cometida por soldados, según los opositores a Bashar Assad. Perpetrada por terroristas”, de acuerdo con el ejército sirio, el cual presentó a la esposa de un soldado que supuestamente fue baleada y dejada por muerta en una tumba de Daraya.


Por supuesto, todos los ejércitos quieren permanecer limpios. Todos esos galones dorados, todos los honores de batalla, todo ese semper fidelis de los desfiles. El problema es que cuando entran en guerra se alían con las milicias más impresentables, con pistoleros, reservistas, matones y asesinos en masa, a menudo grupos de “vigilantes” locales que invariablemente contaminan a los hombres de vistoso uniforme y pomposas tradiciones, hasta que generales y coroneles tienen que reinventarse a sí mismos y su historia.


Pensemos en el ejército sirio. Da muerte a civiles, pero asegura tomar todas las precauciones para evitar “daños colaterales”. Los israelíes dicen lo mismo, al igual que los británicos, los estadunidenses y los franceses.


Y, desde luego, cuando un grupo insurgente –el Ejército Sirio Libre o los salafistas– se hacen fuertes en las ciudades y poblaciones de Siria, las fuerzas del gobierno abren fuego, matan civiles, miles de refugiados cruzan la frontera y CNN informa –como hizo el viernes por la noche– que los refugiados maldecían a Bashar Assad al huir de sus hogares.


Y no puedo olvidar que Al Jazeera, odiada por Bashar ahora como alguna vez lo fue por Saddam Hussein, regresó de Basora en 2003 con imágenes terribles de mujeres iraquíes muertas y heridas y de niños despedazados por fuego británico de artillería contra el ejército iraquí. Y no necesitamos mencionar todas esas bodas y esas inocentes aldeas tribales en Afganistán que fueron pulverizadas por la artillería, los jets y los drones estadunidenses.


Los militares sirios, lo admitan o no –y no me alegraron las respuestas que recibí de los oficiales la semana pasada sobre ese tema–, trabajan con los shabiha (“defensores de las aldeas”, los llamó un soldado), una horda asesina, integrada por alauitas en su mayoría, que ha dado muerte a cientos de civiles sunitas. Tal vez la Corte Internacional de La Haya declare algún día responsables de esos crímenes a soldados sirios –pueden jurar que no tocará a los guerreros de Occidente–, pero será imposible que el ejército sirio saque a los shabiha de la historia de su guerra contra los “terroristas”, los “grupos armados”, el Ejército Sirio Libre y Al Qaeda.


El intento de deslinde ya ha comenzado. Los soldados sirios combaten a petición de su pueblo, para defender a la nación. Los shabiha nada tienen que ver con ellos. Y tengo que decir –una vez más, no estoy comparando a Bashar con Hitler ni el conflicto en Siria con la Segunda Guerra Mundial– que la Wehrmacht alemana trató de ensayar el mismo juego narrativo en 1944 y 1945, y luego, en forma mucho más grande, en la Europa de posguerra.


Los disciplinados elementos de la Wehrmacht nunca cometieron crímenes de guerra ni genocidio contra los judíos de Rusia, de Ucrania o de los estados del Báltico, como tampoco en Polonia o Yugoslavia. No: fueron esos malvados criminales de las SS o los Einsatzgruppen o la milicia ucraniana o la policía paramilitar lituana o la Ustashe proto-nazi los que ensuciaron el buen nombre de Alemania. Pamplinas, claro, aunque los historiadores germanos que se dieron a la tarea de probar la criminalidad de la Wehrmacht aún hoy soy objeto de vilipendio.


El ejército francés de Vichy trató de limpiarse las garras afirmando que todas las atrocidades fueron cometidas por la Milice, mientras los italianos culparon a los alemanes. Los estadunidenses se valieron de las bandas criminales más viles de Vietnam, los franceses usaron a las fuerzas coloniales para masacrar insurgentes en Argelia. Los británicos toleraron a las fuerzas especiales B en Irlanda del Norte hasta que inventaron el Regimiento de Defensa del Ulster (UDR, por sus siglas en inglés), el cual, contaminado por las matanzas sectarias, fue finalmente desbandado.


El UDR relucía de limpio comparado con los alemanes, pero en el punto más intenso de la ocupación de Irak los estadunidenses pagaban a las “guardias vecinales” sunitas para que liquidaran a sus enemigos chiítas, y a reservistas semejantes a sicarios –junto con uno que otro profesional– para que torturaran a sus prisioneros en Abu Ghraib.


Y ahí está Israel, que tuvo que arrastrarse cuando su milicia falangista libanesa masacró a mil 700 palestinos en 1982. Su milicia Ejército Libanés del Sur, igualmente despiadada, torturaba prisioneros con electricidad en la prisión de Khiam, dentro de la zona ocupada por Israel en el sur de Líbano.


Por supuesto, la guerra mancha a todos los que participan en ella. Los hombres de Wellington en las Guerras de la Península no pudieron prevenir que sus aliados guerrilleros españoles cometieran atrocidades, como tampoco los británicos y estadunidenses pudieron evitar que sus aliados soviéticos violaran a cinco millones de mujeres alemanas en 1945. ¿Acaso los turcos no usaron su propia versión de las SS –junto con la milicia kurda– para que ayudara al genocidio de los armenios en 1915?


Los aliados de la Segunda Guerra Mundial cometieron su parte de ejecuciones extrajudiciales –aunque no en la escala de sus enemigos– y, gracias a YouTube, el hoy tan amado Ejército Sirio Libre ha difundido sus propios asesinatos en Siria. Lanzar policías desde las azoteas y matar a balazos a los shabiha luego de torturarlos no da lustre a la fama de La Clinton y messieurs Fabius y Hague. Mantener la limpieza es un sucio negocio.


Traducción: Jorge Anaya

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Egipto: “contragolpe suave”, visita a China y cumbre de No-Alineados en Irán
La colisión entre el gobierno de los Hermanos Musulmanes (HM), del presidente Mohamed Morsi, y la Junta Militar, jefaturada por el mariscal Mohamed Tantawi –que habíamos subsumido en la confrontación del modelo turco” con el “modelo paquistaní” (ver Bajo la Lupa, 27/6/12 y 1/7/12)– se resolvió en forma increíble en favor de la cofradía islámica mediante un “contragolpe suave” que depone al Ministro de Defensa (mariscal Tantawi) y al segundo hombre fuerte de la junta, Sami Anan, aprovechando los graves incidentes en la transfrontera del Sinaí con Israel que cobró la vida de varios guardianes egipcios.


Morsi se subió a la locomotora de la cólera nacional –que volvió a colmar la plaza Tahrir– y asestó su “contragolpe suave”. Quedan en el aire el destino del recientemente elegido Congreso (con mayoría de los HM) despedido por la Junta Militar, la redacción de la nueva Constitución, y el control del Poder Judicial que aún maneja la junta y que puede causar severas cefaleas legales al presidente.


Conforme se afiance en el poder, Morsi obtendrá margen de maniobra para controlar los servicios de inteligencia y la operatividad en la otrora desmilitarizada península del Sinaí, donde deambulan en forma muy laxa las huestes trasnacionales de Al Qaeda.


La depuración cupular de los omnipotentes servicios de inteligencia por Morsi significó el preludio de su “contragolpe suave” contra los multigolpistas de la Junta Militar.


Bajo su nuevo esquema del control militar –en el que concurrieron las nuevas generaciones castrenses, que se rebelaron a la junta gerontocrática del mariscal Tantawi–, el mandatario egipcio retomó el mando de la estratégica península del Sinaí con fuerzas destinadas a la vigilancia doméstica frente a las metástasis de Al Qaeda, pero carentes de musculatura para perturbar la tranquilidad israelí. Cabe señalar el acercamiento dual entre los HM de Egipto y sus aliados palestinos de Hamas en Gaza (frontera con el Sinaí).


Más se afianzan los HM y Morsi en el poder y más se nota(rá) el retorno de Egipto al primer plano de la política medio oriental, que histórica y emblemáticamente le ha correspondido, lo cual se refleja espectacularmente en su primera visita global a China y en su reposicionamiento en tres vectores subregionales: 1) acercamiento con las potencias petroleras sunnitas de Arabia Saudita (AS) y Qatar; 2) reconciliación con Irán (que habíamos previsto; ver Bajo la Lupa, 3/7/11), y 3) su reciente incrustación en el contencioso sirio con una propuesta viable de “solución islámica” de las cuatro potencias regionales (Egipto, Irán, Turquía y AS, Dedefensa.org, 20/8/12).


La revolución de las pirámides, con su corolario de multigolpes de la junta militar y su “contragolpe suave” de los HM y Morsi, ha causado una severa crisis económica que ha mermado las reservas del Banco Central cuando las dos potencias petroleras sunnitas, AS y Qatar, han prometido un generoso apoyo económico a Egipto. Pese a todos sus avatares, Egipto es la primera potencia militar del mundo árabe y recibe ayuda de 3 mil millones de dólares al año de EU en compensación por los acuerdos de Campo David (caducos y que abomina la aplastante mayoría egipcia).


La reconciliación que se vislumbraba desde el año pasado con Irán empieza a tomar forma con la próxima “visita histórica” (Al Jazeera dixit) del presidente egipcio a la Cumbre del Movimiento de los No-Alineados (MNA) de 120 países (¡de 193 de la ONU!), a fines de agosto en Teherán, en escala de retorno de su relevante cuan discreta visita a China (la cual hay que seguir muy de cerca).


Uno de los óptimos analistas del contencioso iraní, Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Estadunidense-Iraní, afirmó que la participación del sudcoreano Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, a la cumbre del MNA, “es un triunfo para Irán”. Sin duda.


Hasta el israelocéntrico The New York Times (22/8/12) reconoce que los “esfuerzos (sic) encabezados por EU e Israel para aislar a Irán sufrieron un revés” cuando Ban participará con otros 120 países en la cumbre de Teherán”, lo cual se suma a la presencia del presidente egipcio,“una decisión que ha perturbado a Israel”. Falta agregar la invitación a la cumbre de Ismail Haniyeh, líder de Hamas en Gaza, lo cual ha indispuesto más a Israel que a EU (The Times of Israel, 24/8/12). ¿Es Hamas la bisagra indispensable entre Egipto e Irán?


El canciller iraní, Ali Akbar Salehi, en entrevista con el rotativo egipcio Al-Ahram (21/8/12), recordó que su país había nombrado después de 30 años a un embajador en Egipto ulterior a la revolución de las pirámides.


En su calidad de canciller de una potencia regional, Salehi reconoció que “Egipto es un pilar (sic) en la región y tiene una estatura especial entre los países árabes e islámicos”. Rechazó la noción de que existen “brechas fundamentales en las creencias entre los chiítas de Irán y los sunnitas de Egipto en su interpretación del Islam” y fustigó que “tales divisiones son promovidas por EU y los sionistas”: Egipto e Irán “comparten una civilización y religión comunes, y el colonialismo ha creado discriminación racial, étnica, religiosa y sectaria en los lugares que pierde”, lo cual se encuentra detrás de la tensión entre “árabes-iraníes y sunnitas-chiítas” en la región. En referencia al volcán sectario de Siria, Egipto está de acuerdo en la intervención de Irán para su resolución creativa (lo cual desecha perentoriamente “Occidente”).


A mi juicio, EU opera un “segundo Afganistán” en Siria, con lo cual se propone desestabilizar a Irán y la región islámica del Cáucaso: frontera incandescente de Rusia que exhibe en su interior 20 por ciento de islámicos en su población que comienza a ser alebrestada desde el exterior.


Sobre el caos sirio, en un reciente artículo para The Washington Post (8/8/12), Salehi alertó que sus consecuencias podrían llevar a “otro Afganistán” en las “puertas de Europa”. A juicio del NYT, “en forma conjunta, estos movimientos refuerzan la aseveración de Irán de que se gesta un reordenamiento (sic) de poderes en Medio Oriente, donde la influencia occidental se desvanece y cuando la campaña estadunidense-israelí, para envilecer a Irán como Estado canalla que exporta terrorismo y en forma secreta anhela armas nucleares, no está resonando en la mayor parte del mundo”. ¡Para nada: es “propaganda negra”! A mi juicio, Israel, uno de los países más aislados del planeta –“Estado paria” (ex canciller israelí Tzipi Livni dixit) y “Estado apartheid” (sobrino del premier Netanyahu dixit)– está llevando peligrosamente a EU, superpotencia a carta cabal, a su perdición global. A grado tal que el NYT (24/8/12) abrió un extraño debate (sic): “¿Daña la credibilidad de EU su apoyo a Israel?” ¡Ni preguntarlo!


La política de envilecimiento de Irán por EU –instigado por el “sionista mesiánico” (ex director del Mossad, Meir Dagan dixit), el premier Netanyahu– ha fracasado estrepitosamente y es tiempo que sus lúcidos geoestrategas asimilen la inescapable realidad iraní, en imitación de su aliado egipcio.


@AlfredoJalife

http://alfredojalife.com

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El fuego de artillería cuenta la verdadera historia siria
Toda la noche y todo el día se han escuchado los disparos en Kassioun, en Dayara y en Kfar Souseh, en Qadam y Nahr Aisha, la prueba de que los enemigos de Bashar Assad han vuelto a entrar a los suburbios de Damasco luego de que el gobierno recuperó el control de la capital el mes pasado.


El largo bulevar hacia Kfar Souseh estaba desierto. En dicho barrio existen flamantes apartamentos de clase media junto a viejos barrios pobres donde aún hay casas de madera otomanas de 150 años, y cuyos estrechos callejones son hoy el parque de juegos de opositores sirios. Sólo los costales de arena recién pintados de blanco, colocados por soldados y milicianos que controlan la salida a la carretera, son muestra de que la los combates han regresado a Damasco.


La artillería apostada en las montañas que se yerguen sobre la ciudad ha estado disparando sobre Deraya, los soldados del gobierno patrullan los callejones de Kfar Souseh sin mucho éxito. Los combatientes armados que atormentan al ejército parecen llevar a cabo su táctica usual: huir para luchar otro día. Los periódicos continúan alardeando las “victorias” del ejército, pero el fuego de artillería que retumba por la ciudad cuenta una historia distinta: que la guerra no ha terminado y la seguridad que prometió el gobierno no se ha restablecido.


Dado que los ataques de la fuerza aérea siria son lanzados mayoritariamente en el norte del país, la advertencia de que Francia podría establecer una zona de exclusion aérea tiene poco efecto en Damasco. En la “última batalla” por la capital de la que se ufanó la oposición, triunfaron, definitivamente, las fuerzas del gobierno, en julio pasado: la gastada estrategia de irrumpir en la ciudad –un signo de la ingenuidad del Ejército Libre Sirio– ha sido sustituida por los ataques con francotiradores que disparan y se retiran, y con los que ya se logró dominar Alepo. En un escenario así, los tanques son inservibles y el sonido del fuego de artillería es el ruido de la impotencia.


En la guerra siempre hay una etapa en que la retórica ya no refleja la realidad. En Alepo, donde el gobierno dice estar ganando, los combates continúan. En Damasco, que el gobierno cree tener bajo control, los francotiradores entran en acción en cuanto llegan a uno de los límites de la ciudad.


“Nunca creí ver a Siria en tan malas condiciones”, me dijo un amigo, un creyente cristiano sirio. “Hemos tenido esta especie de fórmula mágica en Siria, para conservar el equilibrio entre las minorías. Para conservar este equilibrio hay que hacer explotar a Siria”, aseguró.


Este no es un punto de vista exclusivo de la capital. Pasamos por la mezquita de Derwisha, sí, el hogar de la orden mendicante y ascética de los derviches danzantes. Apenas al dar vuelta a la derecha hay una iglesia, y más adelante restaurantes con precios para clase media, llenos de cristianos y musulmanes. Esta clientela, sin embargo, es prueba de que el conflicto sectario en el campo no ha llegado a Damasco ni a Alepo.


A veces creo ver esas diferencias, que aún son del tamaño de un embrión. Me viene a la mente el recuerdo de la guerra de los Balcanes, o las veces que mis amigos han comentado sobre la determinación con que los sunitas destruirán a los alawitas si Assad llega a ser derrocado. Estos síntomas no han surgido aún en las grandes ciudades.


La costera Tartus es considerada la ciudad más segura de Siria mientras Idlib es la menos segura al igual que Homs. Estas son las realidades con que viven los sirios a diario, no las advertencias de Occidente.


En el café en que almorcé este viernes, un imán ruso que venía de visita expuso a sus anfitriones del gobierno los beneficios que aporta el Islam a una sociedad laica, ¿qué otra cosa iba a hacer? Mientras, mi amigo trataba de explicar por qué Assad no puede ser derrocado: “Tres millones de alawitas serían asesinados, junto con los cristianos y otras minorías, sería un baño de sangre”, señaló. He escuchado esto antes, claro, junto con los elogios acostumbrados al sistema de salud y educación en Siria.


Conducir por el circuito que rodea Damasco muestra cómo la guerra ha tocado la ciudad. Dos ministerios de seguridad que fueron atacados por rebeldes con coches bomba, el mes pasado, están rodeados con alambre de púas y hombres armados. Las estaciones de policía de la capital están comprando paredes de concreto prefabricado de más de cuatro metros de altura, que son ya tan comunes en Bagdad.


El coche bomba es un arma de guerra, al igual que el avión bombardero, el francotirador y el tanque T-72. ¿Cómo se puede ganar?

Traducción: Gabriela Fonseca

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Israel exporta su guerra a América Latina (II)
La creciente injerencia de Israel en América Latina sintoniza con el fortalecimiento de los gobiernos populares en el sur del continente, el rotundo no al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (cumbre de presidentes de Mar del Plata, Argentina, 2005), y la consolidación de Brasil como potencia soberana y mundial.


Brasil es una potencia “mundial y soberana”, en tanto otras no lo son. Israel, por ejemplo, es una potencia. Sin embargo, y más allá de su política interior, depende, opera y funciona al compás de la agenda belicista de Estados Unidos. ¿Es posible que no siempre haya sido así? Puede ser. Pero una golondrina no hace verano.


Washington y Tel Aviv coinciden en atacar al Diablo que, como es sabido, vive entre Venezuela y Teherán, y en las sucursales que el infierno abrió en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. “¡Tengan cuidado con Irán!”, dicen los sionistas a los países que osan fortalecer sus relaciones diplomáticas y comerciales con el país asiático. Y el Comando Sur del ejército estadunidense, feliz de contar con un argumento más para instalar sus bases militares.


Cuando en la cumbre árabe-sudamericana de Brasilia (mayo 2005), el presidente de Argelia, Abedelaziz Buteflika, defendió el derecho de los palestinos de tener a Jerusalén por capital y que Israel se retire de los territorios ocupados, la embajadora sionista Tzipora Rimon y el Centro Simon Wiesenthal denunciaron que en su declaración se había omitido la condena explícita al “terrorismo suicida”. Teniéndoles sin cuidado que Celso Amorim (canciller de Lula) había condenado todas las formas de terrorismo.


Un año después, el telefonista Andrés Oppenheimer entrevistó a Sergio Widder, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, quien se declaró “sorprendido” por la “alianza entre grupos radicales de izquierda y grupos islámicos radicales en el gobierno de Néstor Kirchner” (sic).


“Su causa común –añadió– ya no es la demanda de la creación de un Estado palestino, sino la adopción de la agenda iraní, que exige la aniquilación de Israel.” La cizaña de Oppenheimer aportó lo suyo: “Una de las cosas que más me sorprendió en recientes visitas que hice a Argentina y a otras naciones latinoamericanas es el creciente sentimiento antisraelí (sic), y la tácita tolerancia con el terrorismo de la milicia de Hezbolá en varias partes de la región” (sic, Reforma, 14/8/06).


El falaz y maniqueo discurso sionista cuenta con poderosos ideólogos y exégetas. En Estados Unidos figuran el Comité de Asuntos Públicos (Aipac, por sus siglas en inglés), creado por republicanos y demócratas a finales del decenio de 1950; el tenebroso Comité del Peligro Presente (CPD, por sus siglas en inglés, nacido en 1950 y reactivado en 1976 “para combatir al terrorismo y las ideologías que lo promueven”) y el Washington Institute for Near East Policy (Winep).


Tales entidades nutren y pautan las directrices de un par de institutos que en Israel dirige el “experto” Ely Karmon: el Internacional para la Lucha contra el Terrorismo (ICT), y el Político y Estratégico del Centro Interdisciplinario (IDC). Y de ambos surge la llamada “diplomacia pública”, que a modo de soft power rige la propaganda del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel: la hasbará.


La hasbará es un término hebreo que quiere decir “explicación” o “esclarecimiento”. Que en contante y sonante no es más que propaganda y contrapropaganda. Un ejemplo de hasbará podemos apreciarlo en los pueriles conjuros que el remitente SER acostumbra a insertar al pie de artículos como el que usted lee ahora en la página web de La Jornada. Y, faltaba más, en los del colega y amigo Alfredo Jalife-Rahme.


Durante una gira por varios países, Karmon declaró a una revista colombiana: “Hezbolá (NR, partido político libanés) usa indígenas para penetrar en América Latina”. Y a continuación acusó a las instituciones islámicas chiítas de América Latina, cuyo propósito sería el de “fortalecer la influencia de Irán en suelo americano” (Cambio, Bogotá, 29/4/09).


El proverbial terrorismo mediático de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) amplificó las declaraciones de Karmon. No obstante, la sólida y acreditada revista Veintitrés de Buenos Aires (dirigida por la periodista pro israelí Romina Manguel) sostuvo exactamente lo contrario: que las instituciones sionistas serían las que reclutan indígenas para la causa israelí (Veintitrés Internacional, Buenos Aires, mayo 2009).


Dato que no parece descabellado al revisar un artículo exhumado por Husain Ali Molina (Boletín Islam y Al-Andalus, núm. 89, agosto 2009). El texto, firmado por Grez Myre y publicado por la agencia de noticias Associated Press (9/7/02), da cuenta de la política de reclutamiento empleada por el gobierno israelí entre los indígenas de América Latina.


Escribe Myre: “Atraídos desde todos los rincones del globo, nuevos conversos al judaísmo están ayudando en la ocupación ilegal. Se trata de peruanos que fueron formalmente convertidos al judaísmo por rabinos israelitas en noviembre pasado, para ser cualificados para la residencia bajo las leyes del Estado judío…”. O sea, carne de cañón para asesinar palestinos.

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Miércoles, 22 Agosto 2012 06:57

La ONU deja Siria con un sombrío adiós

El comandante de la Organización de Naciones Unidas en Damasco dio un miserable adiós a su misión este martes y señaló, de manera muy poco convincente, que la ONU no abandonará a Siria, país al que convertirá en una zona libre de ataques al momento en que sus últimos 100 soldados emprenden la retirada el miércoles. Siempre que la ONU retira a su personal de Medio Oriente, invariablemente se avecina una calamidad: la partida de los inspectores de Naciones Unidas de Irak en 2003 presagió la invasión angloestadunidense. En privado, la organización mundial teme que ahora exista una vía libre para que Occidente y los árabes del Golfo atiborren de armas a Siria para ayudar a la rebelión contra el régimen de Assad.


Mientras, el general Gaye daba su anuncio en el lobby del hotel de lujo Damas Rose, y deseaba de la manera más absurda a los musulmanes un “feliz” fin del Ramadán, el mes de ayuno sagrado, al tiempoque insistía que la ONU no abandonará a Siria, sus propios oficiales empacaban y hacían fila para pagar sus cuentas de hospedaje, a un lado del podio. “Ni siquiera se tomaron la molestia de esperar a que Lakhdar Brahimigot llegara para asumir su papel como enviado de la ONU”, señaló uno de los funcionarios de Gaye. El general declinó decir a periodistas si se habrían salvado más vidas de sirios, de haberse quedado aquí la organización.


Afuera, en la luminosa y acalorada tarde de Damasco, las calles, con frecuencia desiertas y las tiendas cerradas hablan de desfallecimiento, más que de colapso. No parece que el régimen de Bashar Assad esté a punto de partir, pero hay signos de ruptura por todas partes. Los soldados son alojados en la vieja estación Ottoman Haj, en el centro de Damasco, de la que no han salido trenes rumbo a ciudades sirias en meses. Pero la prensa siria oficialista (no existe otra) a diario trae noticias desde el frente de guerra en primera plana. La captura de armamento del Ejército Sirio Libre, el asesinato de civiles en los alrededores de la capital –que siempre es atribuido a “terroristas”, desde luego– y discursos combativos de acólitos del gobierno dejan claro que la nación está en peligro.


Quizá por esta razón los sirios de Damasco hablan con creciente libertad sobre la oportunidad que tiene el régimen de sobrevivir, y debaten abiertamente la victoria o derrota de Bashar en cafés y restaurantes. Todos saben que a sólo unos kilómetros de la capital comienza una zona oscura, una tierra que abarca miles de kilómetros cuadrados, en los que a toda hora ocurren atrocidades. Las principales carreteras al norte han sido bloqueadas y la mayor parte de las líneas telefónicas de Alepo están fuera de servicio. La mayoría de los viajeros prefiere tomar el avión de Alepo a la capital pese a que el camino del centro de la ciudad al aeropuerto es muy peligroso. Este martes, la oficina principal de la aerolínea Syrian Arab, en Damasco, estaba atestada de personas que buscaban vuelos para salir del país, o que rogaban por boletos cancelados de última hora para que sus familiares en Alepo los pudieran ocupar.


Aún así, el régimen, cuya historia y raíces llegan a lo más profundo de Siria. Independientemente de lo brutales y corruptas que los opositores creen que son esas raíces, éstas parecen tener más vida de las que creen los Clintons, Panettas, y los Laurent Fabius de este mundo. Cuando el canciller francés Fabius, tras escuchar historias de refugiados y atrocidades en Siria, anuncia que Bashar Assad “no parece estar en esta tierra”, suena más infantil que amenazador. De hecho, es el tipo de tonterías que a menudo escupen los dictadores árabes. Los habitantes de Damasco están más preocupados por sus familias que por obtener venganza. Un hombre de clase media a quien conozco de años me dijo ayer que su esposa trabajó para una oficina gubernamental, pero que “ahora la tiene en casa” para que esté segura.


El ministerio de Información ha producido y empacado un DVD a base de filmaciones de bombas “terroristas” que han estallado en todo el país, si bien admiten que el disco no contiene el ataque con camión bomba ocurrido la semana pasada cerca del hotel que hospedaba a la ONU.


El último adiós del general Gaye fue tan sombrío como breve. Después de que los solados de la ONU llegaron el 21 de abril para monitorear el retiro de las armas pesadas y el respeto al cese del fuego, la violencia disminuyó, dijo Gaye, pero “para mediados de junio estaba claro que las partes no estaban comprometidas con el cese del fuego.


“Los observadores de la ONU trataron de facilitar pausas en los combates” para dar asistencia a las labores humanitarias. “Hago un llamado a todas las partes para detener la violencia que está causando tanto sufrimiento al pueblo sirio”, proclamó el general Gaye para agregar que la ley humanitaria debe ser respetada.


Huelga decirlo, la ley humanitaria no está siendo respetada ni se respetará, y a partir del miércoles no habrá nadie que “facilite pausas en los combates”.


Cuando le pregunté al buen general cómo se sentía personalmente respecto del fracaso de su misión, respondió que se sentía aliviado por el hecho de que “la ONU permanecerá en Siria”. Pero esto es un absurdo; salvo por una minúscula oficina, con un personal de quizá diez funcionarios, no queda nada de una misión observadora de la organización mundial, con la única excepción de la UNTSO (Organización para la Supervisión de Tregua de la ONU), instalada tras la guerra de 1967 y que está dedicada desde entonces a mantener la paz entre sirios e israelíes en la meseta de Golán. Los valientes soldados que enfrentaron el fuego de metralla en Alepo y Homs no estarán más.


¿Debió la mision de la ONU en Siria estar encabezada por un diplomático en vez de un soldado? Nadie aquí parece entender por qué el general noruego Mood, antecesor de Gaye, dejó su puesto. Ayer aún se debatían cuestiones como si se debió dedicar más tiempo a hablar con las fuerzas opositoras afuera de Siria y sobre todo ¿por qué poner fin a la misión justo ahora?


¿Acaso porque algunos en los cuarteles de la ONU en Nueva York sabían desde el principio que no había intención de que la misión tuviera éxito? ¿O quizá las naciones occidentales y los patrocinadores del Golfo no querían a observadores husmeando en la cantidad del nuevo y cada vez más letal armamento que planeaban mandarle al Ejército Sirio Libre y a sus más barbados aliados en esas partes de Siria, en que la ley de Bashar ya no vale?


Traducción: Gabriela Fonseca

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“Las mujeres saharauis se inspiran en las Madres de Plaza de Mayo para reivindicar a sus hijos”
El Sahara Occidental deja de ser colonia de España en la década del ’70 e inmediatamente sus territorios son reclamados y ocupados por Marruecos. ¿Cómo se da este proceso en el que el pueblo saharaui vuelve a quedar sojuzgado?


–El Sahara Occidental, ex Sahara Español, fue una colonia española a lo largo de un siglo y Marruecos reivindicó este territorio solamente para desviar la opinión pública marroquí de sus problemas. Los años de la reivindicación marroquí del territorio saharaui fueron duros para la monarquía marroquí, dos golpes de Estado amenazaron con poner fin a la monarquía. El 16 de octubre de 1975, el Tribunal Internacional de La Haya dictaminó que las alegaciones marroquíes de reivindicar soberanía sobre el territorio no tenían ninguna base jurídica, y aprobó el fallo que reconoce al pueblo saharaui su derecho a la autodeterminación e independencia. Justo después Marruecos desató la Marcha Verde y los medios de comunicación fueron desviados hacia aquella manifestación ciudadana mientras se iniciaba la invasión militar marroquí, que empezó el 31 de octubre. La Marcha Verde fue una estrategia de Marruecos con la intención de ocupar el Sahara Español. Marruecos envió a unos trescientos cincuenta mil ciudadanos y veinticinco mil soldados para invadir el por entonces territorio español, de modo que apoyasen y legitimasen la anexión, organizada por el rey Hassan II, durante la crisis política de España en las últimas semanas del franquismo. Esto se hizo con complicidad española y con apoyo militar y político del entonces tristemente famoso (Henry) Kissinger y los gobernantes de Francia, país que participó militarmente en esta invasión. Henry Kissinger jugó un papel clave en este proceso, él planificó, asesoró y organizó a los marroquíes para la Marcha Verde.


–Pocos días después de iniciada la marcha se firma el Acuerdo Tripartito de Madrid, entre España, Marruecos y Mauritania, para definir la división del Sahara Español. ¿Qué consecuencias tiene este acuerdo para el pueblo saharaui?


–Dividieron en dos el territorio saharaui, una parte correspondía a Marruecos y la otra a Mauritania, y a España le correspondían una buena parte de los recursos naturales, que son el motivo principal de la invasión y del acuerdo, que no fue reconocido por la comunidad internacional de ninguna manera. Los marroquíes recibieron una condena del Consejo de Seguridad de la ONU por su ocupación ilegal. Y el pueblo saharaui estuvo obligado en gran parte a abandonar sus hogares, su patria, bajo un ataque con fósforo blanco y con napalm. Se llevó a cabo una guerra de exterminio, los pocos animales que había fueron exterminados, los árboles fueron quemados y los pozos de agua fueron envenenados. Y el pueblo saharaui fue obligado a buscar refugio en la frontera con Argelia, donde hasta hoy día viven mal doscientas mil personas refugiadas, esperando poder regresar un día. Hay generaciones que nacieron en el desierto argelino y que están esperando que les devuelvan su tierra usurpada, que fue invadida ilegalmente. Mauritania afortunadamente después de tres años de guerra se retiró positivamente del conflicto y reconoció posteriormente la república saharaui, y ahora tenemos buenas relaciones con Mauritania. Pero la ocupación marroquí continúa hasta hoy día con la fuerza bruta.


–¿Por qué potencias como Francia apoyan la postura marroquí?


–Por intereses económicos. La importancia económica del Sahara Occidental reside sobre todo en la riqueza de su costa, por la gran cantidad y variedad de peces, y en los minerales que hay en su territorio, como el fosfato. Las minas de fosfatos de Bucraa, a cielo abierto, son las más grandes del mundo, además se ha detectado la existencia de uranio, petróleo y gas. Un famoso periodista marroquí, Moumen Diouri, escribió un importante libro titulado ¿A quién pertenece Marruecos? En la tapa del libro hay dos logos: uno es de la empresa del rey (Mohammed VI) y el otro es la bandera francesa. En este libro se habla del rey como el bancario más importante, y también como el primero en agricultura e industria. Se lo considera el séptimo personaje más rico del mundo, más que los príncipes de Qatar y de Kuwait. Además, según este libro, su sueldo supera el de Obama y el de Sarkozy. La paradoja del rey es que se enriquece de la pobreza de su pueblo. Pero nosotros también estamos pagando las consecuencias de las relaciones franco-argelinas. La historia de amor y odio entre Argelia y Francia, porque los franceses no han querido hasta hoy día reconocer sus crímenes contra Argelia, hizo que Francia también tome postura promarroquí, para tener a su aliado en la región. Francia apoya a Marruecos para mantener su aliado como principal actor en una zona donde Argelia es el país más importante económica, geográfica e históricamente.


–¿Cuántas personas pertenecen a la República Arabe Saharaui Democrática (RASD)? ¿Qué porción de esta población vive en los territorios ocupados (por Marruecos), en los liberados, en los campos de refugiados y en el exilio?


–La ocupación del territorio por parte de Marruecos hace imposible hacer un censo a los saharauis, pero a grosso modo se habla de casi un millón de saharauis que están dispersos en la diáspora, en Marruecos, Argelia, Mauritania, España, las zonas liberadas y los campos de refugiados saharauis. Lo único que tenemos bajo nuestro control son las zonas liberadas y los campos de refugiados donde actualmente viven casi trescientas mil personas. Casi la mitad de la población saharaui se quedó en los territorios ocupados, son otros trescientos mil aproximadamente. De España hemos recibido una solidaridad y un apoyo extraordinario. Los españoles se sienten un poco en deuda con los saharauis, por eso casi totalidad del pueblo español apoyó y apoya nuestra causa. En estos días, y a pesar de la crisis económica, tenemos a más de cinco mil niños saharauis que pasan sus vacaciones con familias españolas, el año pasado hemos tenido hasta diez mil niños saharauis. Y también tenemos los ayuntamientos hermanados con las dairas, las comunas saharauis, y las caravanas de solidaridad que llegan todos los meses de España y también el apoyo material, político y moral que recibimos del pueblo español, pero también de muchas otras partes del mundo que están dando siempre esperanza a la juventud saharaui. Nunca nos hemos sentido solos, hemos contado a lo largo de los años con el apoyo y solidaridad de nuestro continente africano, que desde los primeros días tomó una postura prosaharaui. En la actualidad, la República Saharaui es miembro de pleno derecho de la Unión Africana y Marruecos es el único país que está fuera de este organismo por su conducta colonial, como lo fue en el pasado el apartheid en Sudáfrica.


–Usted integró el Frente Polisario desde los comienzos, siendo muy joven. ¿Cómo son los inicios de este movimiento de liberación nacional?


–Los saharauis empezaron una guerra de liberación nacional en los años ’60. Primero estuvo el Movimiento de Liberación del Sahara (MLS), liderado por Mohamed Sidi Brahim Basiri. El MLS planifico conducir el Sahara a la independencia por etapas y por vías pacificas, hasta el 17 de junio 1970, cuando un gran manifestación pacífica fue brutalmente reprimida por las fuerzas colonialistas españolas, lo que provocó decenas de víctimas mortales, heridos y desaparecidos. Basiri sigue desaparecido hasta el día de hoy. Así termina una fase de resistencia del pueblo saharaui y se inicia otra en la cual los saharauis están convencidos de que el lenguaje de las armas es desafortunadamente el único apto para hacer entender la razón a la potencia colonial. Luego, el MLS es continuado por otro movimiento creado especialmente por estudiantes saharauis. Este grupo prepara durante dos años el terreno para el nacimiento del Frente Polisario y el inicio de la guerra de liberación nacional, en mayo de 1973. El nacionalismo saharaui se expresa de forma más activa. El lema del primer congreso del Frente Polisario fue “Con el fusil arrebataremos la libertad”. El Frente llevó a cabo una guerra de liberación y logró en poco tiempo capturar a muchos oficiales militares españoles, y una gran parte del ejército saharaui, integrada a las filas de las tropas españolas se pasaron a las filas del Frente Polisario, llevando con ellos algunos de los oficiales españoles. Y hemos tenido un reconocimiento, bajo presión, y se llegó a un acuerdo en el cual España reconoce al Frente Polisario. En el ’75 la ONU envió una misión al territorio, integrada por varios países, y esta comisión publicó su informe en el que reconoce que la única fuerza política del territorio es el Frente Polisario. Yo formaba parte de las células secretas del Frente Polisario en las zonas ocupadas. El Frente no quería que la gente abandonara el territorio, y pidió a los jóvenes que se integraran a sus filas para luchar contra la ocupación. Pero la represión y los bombardeos hicieron que muchas familias se fueran expulsadas de sus casas a sangre y fuego, y lograron refugio en las zonas más seguras, en la frontera con Argelia.


–¿Cuál es la postura del pueblo marroquí en relación con la política colonial que lleva a cabo su monarquía sobre el Sahara Occidental?


En Marruecos hay tres temas tabú: la religión, la monarquía y el Sahara, son temas que no se pueden discutir. Por eso los marroquíes no pueden expresar un punto de vista independiente, pero a pesar de eso últimamente hay jóvenes marroquíes que tomaron una postura muy positiva de reconocerle al pueblo saharaui el derecho a determinar su futuro. Se recuerda bien que el famoso Abraham Sarfati, un líder de la izquierda marroquí, desapareció dieciocho años en las prisiones marroquíes solamente por declarar una postura prosaharaui, diciendo que el pueblo saharaui tiene derecho a la autodeterminación. Por eso en Marruecos no se puede expresar una opinión política, mucho menos en las zonas ocupadas, donde los saharauis que se manifiestan son reprimidos, torturados, por la simple razón de reivindicar un derecho universalmente reconocido. Un caso muy famoso últimamente es el del campamento en Gdeim Izik, que para muchos analistas, como Noam Chomsky, es el inicio de la primavera árabe. Allí (en octubre de 2010), veinticinco mil saharauis levantaron siete mil jaimas, que son tiendas de campaña, a unos quince kilómetros de El Aaiún (capital de la República Arabe Saharaui Democrática) para protestar de una forma muy pacífica y civilizada, reivindicando su derecho a la autodeterminación, sus derechos sociales, sus derechos económicos. Esta manifestación pacífica fue reprimida a sangre y fuego, fueron quemadas todas las tiendas de campaña el 8 de noviembre de 2010. Cuando la gente dormía en la madrugada fueron invadidos por miles de soldados, policías, gendarmes. Es uno de los símbolos de la represión que continúa. La ONU reconoció en sus informes que no se les permitió salir de sus cuarteles en aquellos días, hasta tres días más tarde, para observar lo que pasó. A pesar de eso el Frente Polisario continuó negociando con la parte ocupante, con Marruecos, porque tenemos la confianza siempre en la vía diplomática, en la vía pacífica. Los saharauis, a lo largo de todos estos años de conflicto nunca han utilizado el terrorismo como medio de publicidad, como medio de presión, ni contra España, como potencia colonial, ni contra Marruecos. Hemos elegido la vía pacífica, la no violencia, a pesar de que los jóvenes siempre quieren responder a la violencia con la violencia, nuestra cultura y nuestra política es aconsejar a los jóvenes de mantener y agotar esta vía pacífica. Algunos jóvenes están hartos de continuar sufriendo todos los días las provocaciones, las torturas. Hay por el momento algo más de setecientos desaparecidos saharauis, en el último tiempo desaparecieron otros quince jóvenes saharauis. Sus madres, inspirándose en la experiencia histórica de las Madres de Plaza de Mayo, están reivindicando de la misma forma a sus hijos.


–Ustedes también tuvieron “vuelos de la muerte” como en Argentina, ¿verdad?


–Sí, reconocidos por un ministro marroquí. Unos treinta y cuatro saharauis fueron tirados en el mar por las fuerzas de ocupación marroquí en los años ’80, pero también muchos saharauis fueron víctimas de todo tipo de violación a los derechos humanos, enterrados vivos algunos, torturados hasta la muerte muchísimos y sigue la misma política de tortura hasta hoy. Tenemos el caso de dos jóvenes saharauis, que participaron del campamento pacífico en Gdeim Izik, que desde hace casi dos años, desde noviembre de 2010, siguen detenidos y amenazados de ser juzgados en un tribunal militar. Hace unos días condenaron a jóvenes saharauis por participar el 10 de mayo en el festejo del aniversario de la creación del Frente Polisario en El Aaiún. Todo esto sigue lejos de la presencia de observadores, que fueron expulsados.


–En 1991 se crea la Misión de Naciones Unidas para el referendo en el Sahara Occidental (Minurso) con el objetivo de observar el alto el fuego y organizar un referéndum entre el pueblo saharaui para que puedan elegir entre la integración en Marruecos o la independencia. ¿Qué función cumplió este organismo desde su creación? ¿Por qué todavía no se pudo llevar a cabo el referéndum?


–El plan previsto para esta misión desde el inicio era para ser llevado a cabo en seis meses, pero el principal obstáculo fue la postura marroquí. A lo largo de los primeros años alegaron la dificultad de identificar quién tiene derecho a votar y se creó una comisión internacional de identificación integrada por saharauis de las dos partes del muro, por notables de las dos partes del muro, por oficiales y expertos de la ONU, pero también de la Unión Africana. Trabajaron y buscaron a todos los saharauis, uno por uno, y cualquier persona que Marruecos pretende o alega que es saharaui se presentó ante esta comisión, trabajó a lo largo de unos siete años, y finalmente cuando la misión llegó a establecer la lista definitiva de los que tienen derecho a votar, Marruecos declaró su postura de abandonar definitivamente el referéndum. Sin embargo, nosotros seguimos esperando con gran optimismo siempre que la comunidad internacional llegue a imponer las resoluciones aprobadas por la ONU, reivindicando el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. La Unión Africana, los organismos nacionales, parlamentos y organismos de derechos humanos siempre han reivindicado que se lleven a cabo estas resoluciones para poner fin a una injusticia y permitir a los pueblos de la región vivir en armonía y luchar juntos contra los peores enemigos que son el subdesarrollo, el terrorismo y el hambre. A lo largo de los años se ha confirmado que la región del Magreb Arabe es la única que no ha podido armar su organismo regional. El motivo es siempre la cuestión saharaui.


–¿Qué sucede con las nuevas generaciones de saharauis, los que nacieron después de la ocupación marroquí? ¿Cómo ven la situación los más jóvenes?


–Los que nacieron en las zonas ocupadas son los que levantaron el campamento en Gdeim Izik para reivindicar la independencia del Sahara Occidental, y son los que están en las cárceles marroquíes, son centenares, los más jóvenes. Y también en la otra parte del muro (en los territorios liberados por el Frente Polisario), mis hijos y su generación, presionan y gritan para que el Frente Polisario retome las armas para reivindicar un derecho universalmente reconocido, porque piensan que no hay que continuar confiando en un plan de paz que no pudo ser llevado a cabo durante todos estos años. El Frente Polisario todavía no aprueba esta idea de volver a tomar las armas, a pesar de que no lo descarta, sobre todo con esta provocación continua de Marruecos. Hay algunos dirigentes del Frente Polisario que optan por esta vía, pero la gran mayoría sigue por ahora confiando en la vía pacífica, para que se lleve finalmente a cabo este plan de paz aprobado por el Consejo de Seguridad y aceptado por las dos partes, porque Marruecos firmó este plan de paz. Y a pesar de eso, la ONU no quiere o no puede imponer sus propias resoluciones. Pero esto no ocurre solamente en relación con el Sahara sino también con Malvinas y Palestina.

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Domingo, 19 Agosto 2012 06:17

Obama, Irán

Obama, Irán
El canal 10 de la televisión israelí informó que el presidente Obama se reunirá con el premier de Israel, Benjamin Netanyahu, para ratificarle una promesa: EE.UU. usará la fuerza en junio del 2013 si Irán no desiste de su programa nuclear destinado a obtener la bomba (www.timesofisrael.com, 14-8-12). La reunión tendrá lugar en Wa-shington o Nueva York a fines de septiembre o comienzos de octubre, las fechas en que, según voceros del gobierno israelí, Tel Aviv atacaría aunque no tenga el apoyo estadounidense. Impensable antes de esa reunión.


Para Obama no se trata sólo de una cuestión de guerra o paz. Si Israel ataca antes de las elecciones presidenciales de noviembre, en las que apuesta a su reelección, el ocupante de la Casa Blanca enfrentaría un dilema: si se abstiene de intervenir, es probable que el poderoso lobby judío vuelque su apoyo al candidato republicano Mitt Romney, prestándole un sostén inapreciable. En cambio, si interviene, a saber qué pasaría con el voto de esa mayoría de la opinión pública que se opone a la guerra contra Irán.


Una encuesta realizada por ABC News y el Washington Post indica que el 81 por ciento de los entrevistados se pronunció en favor de conversaciones diplomáticas directas EE.UU./Irán para resolver la pugna. Es que miles de familias estadounidenses han pagado por Irak y Afganistán. A la pregunta sobre las consecuencias de un ataque israelí en solitario, el 88 por ciento opinó que desataría una guerra en toda la región (www.pollingreport.com/iranhtm, 7/10-3-12). Exacto.


Obama prefiere exigir a la ONU que imponga a Irán sanciones cada vez más duras, espiar su programa nuclear, alimentar a la guerrilla marxista-leninista Mujaidin-e-Jaiq, aunque figura en la lista de organizaciones terroristas del Pentágono, continuar las acciones encubiertas de la CIA en territorio iraní que han causado, entre otras, la muerte de cuatro científicos nucleares, y darle largas a negociaciones instaladas en un callejón sin salida. Así posterga el dilema hasta después de las elecciones.


Irán insiste en que su programa tiene fines pacíficos y lo curioso es que los 16 organismos de la comunidad de inteligencia de EE.UU. y el Mossad israelí le dan la razón. Por ahora. “Evaluaciones recientes de las agencias de espionaje estadounidenses –informa The New York Times– coinciden plenamente con la del 2007, que concluye que Irán ha abandonado su programa de armas nucleares años atrás” (www.nytimes.com, 24-212). El diario señala que en este punto coincidieron James R. Clappe Jr., director de Inteligencia nacional, David H. Petraeus, director de la CIA, Leon E. Panetta, jefe del Pentágono, y el general Martin E. Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto. Hay consenso.


Jay Carney, vocero de la Casa Blanca, afirmó recientemente: “Tenemos ojos, tenemos visibilidad en el programa (nuclear iraní) y sabremos si Irán decide fabricar un arma y cuándo” (AFP, 10-8-12). Un alto funcionario del Consejo de Seguridad Nacional se pronunció en idéntico sentido: “Seguimos evaluando que Irán no está en vísperas de conseguir un arma nuclear” (www.gq.com, 9-8-12). Parece una respuesta a las declaraciones del ministro de Defensa de Israel Ehud Barak, quien subrayó que los nuevos datos obtenidos por los servicios de inteligencia de EE.UU. imprimen más urgencia a la solución del “peligro existencial” que Irán significa para Israel.


Ehud Barak es uno de los más alarmados –y alarmantes– halcones del gobierno israelí y, sin embargo, reconoció en CNN que “los dos (EE.UU. e Israel) sabemos que Jamenei no ha dado la orden de fabricar un arma, pero está decidido a engañar y a de-safiar al mundo entero” (//transcripts.cnn.com, 30-7-12). El notable especialista en relaciones internacionales Kennet N. Waltz arrojó alguna luz sobre la estrategia de Jamenei, líder supremo de Irán, en el bimensuario Foreign Affaires (julio-agosto 2012).


Los expertos coinciden en que Teherán tiene los conocimientos y materiales necesarios para la construcción de una bomba nuclear, pero se refrena y hace espejear la posibilidad de conseguir rápidamente un elemento disuasivo sin tenerlo. “Esa capacidad podría satisfacer las necesidades políticas internas de los gobernantes iraníes al dar a los de la línea dura la seguridad de que podrán tener todos los beneficios de poseer una bomba (más seguridad) sin inconvenientes mayores (aislamiento y condena internacional)”, explica Waltz.


Lo cierto es que la ausencia de una amenaza inmediata y la superioridad nuclear de EE.UU. e Israel impiden justificar un ataque a Irán. El teniente general Ronald Burgess, director del servicio de Inteligencia del Pentágono, declaró ante una comisión del Senado que “es improbable que (Irán) inicie o provoque intencionalmente un conflic-to o lance un ataque preventivo” (www.dia.mil, 16-2-12). ¿Entonces la guerra para qué? ¿O nuevamente se trata de petróleo?

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Ciudad desierta, la ONU huye y la tormenta está por comenzar
“El no sobrevivirá”, me dice mi amigo sirio, y creo que tiene razón. El hombre en la televisión estatal, con barba hasta el pecho, se confiesa salafista. Su nombre de guerra es Abu Dolha, su nombre real es Ahmed Alí Gharibo, del distrito Ghouta de Damasco. Reconoció frente a las cámaras de televisión que “lamenta” haber matado a 200 personas con sus manos.


¿Qué lleva a un hombre a admitir esto en televisión? Estaba ahí, sentado en su casa, a sólo 25 kilómetros de Damasco. El hermano de Bashar, Maher, vive a la vuelta de la esquina. Creo en lo que dijo mi amigo: Ahmed Gharibo no sobrevivirá.


Como en todos los conflictos civiles, los rumores se transforman en hechos y éstos en rumores. Damasco está casi desierta. Los bulevares se ven vacíos y hay más puestos de control que semáforos. Algunos elementos de la seguridad mujabarat, algunos soldados y el ocasional agente shabiha* me tratan amistosamente. Así debe ser, ¿no? al ver que me dirijo a las mansiones de la elite en las afueras de la ciudad. Todos se ven bastante fatigados.


“¿Cómo es que en Occidente, donde son defensores de la democracia y la libertad, pueden dar apoyo a esta gente?”, pregunta mi amigo. “¿Acaso tus lectores no saben que su majestad envía armas y dinero a estas personas?”


Estoy a punto de decir que su real majestad afirma que no da armas de ninguna manera y la palabra “afirma” es muy importante en Siria estos días; como en cualquier teoría de conspiración de la historia.


“El primer paso para desmantelar Irán es desmantelar Siria. Estamos aislados y hay 123 naciones en nuestra contra que asistieron a la conferencia de los supuestos ‘amigos de Siria’ que se llevó a cabo en París”, sostiene mi amigo.


Empiezo a recordar a los serbios y su absoluta convicción de que el mundo estaba en su contra y cuestionaba su inocencia.


Ah, pero como en la vieja Yugoslavia, basta con caminar por las calles de Damasco para darse cuenta de que la tormenta aún no comienza. Detrás de los muros de las barracas del antiguo mandato francés, cercano a la plaza Umayyad, los restos carbonizados del reciente atentado con un camión-bomba permanecen bajo un árbol marchito. ¿Tenía el atentado como objetivo el puesto militar que el ejército sirio aún utiliza o fue una broma dirigida a los funcionarios de la ONU que se hospedan en el hotel Dama Rose, que está al otro lado del camino? Los últimos 100 observadores militares ya están empacando para salir hacia el aeropuerto de Beirut el miércoles próximo. El hecho de que prefieran salir de la capital libanesa que de Damasco lo dice todo. “El miércoles estamos fuera”, me dice uno de estos funcionarios en el lobby, pero usa la palabra defunct para referirse a su partida. En francés, el término significa “muerto”.


¿Es posible que el atacante del camión-bomba también quiera muerta a la ONU? Poco después de la explosión se hicieron varios disparos contra el tercer piso del hotel, donde están las oficinas de la ONU. ¿Será verdad que en el octavo piso ya había un equipo de camarógrafos listos para grabar el atentado? ¿Y que las ambulancias llegaron en tres minutos?


La ONU está conciente, desde el principio, que sus hombres iban a correr cada vez más peligro en las provincias. En Alepo empezaron controlando un radio de 48 kilómetros y al cabo de un mes los escoltas que el gobierno dio a los funcionarios ya no se atrevían a ir más allá del último puesto de control del gobierno, dentro de los límites de la ciudad. Los rebeldes fueron menos amistosos con la ONU y varios observadores internacionales vieron a combatientes extranjeros en las filas del Ejército Sirio Libre.


La semana pasada, aunque la ONU no haya difundido este hecho, un agente de seguridad de la organización, quien alguna vez trabajó para el gobierno, fue secuestrado, torturado y asesinado cerca de su hogar, al norte de Damasco. Encontraron 20 heridas de bala en su cuerpo. Los funcionarios de Naciones Unidas no hablan de esto. Rara vez se han mostrado tan poco comunicativos, pero contaron los cadáveres encontrados en Artous, 40 kilómetros al noroeste de Damasco. Eran 70 cadáveres de sunitas en total, dentro de una fosa común, hace apenas dos semanas. Al parecer fueron ultimados por los shahiba.


Las fuerzas armadas sirias se han replegado claramente del centro de Damasco, pero los suburbios son otra cosa. Pocos capitalinos creen que los opositores armados estén ganando en Alepo.


“Los cristianos protestan”, me dice otro amigo sirio. “El arzobispo católico griego de Alepo acaba de pedir a las potencias occidentales que no envíen armas a los fundamentalistas.” La Iglesia católica en Alepo ha sido bombardeada.


¿Cómo responde uno a todo esto? ¿En verdad el gobierno sirio quiere que la ONU se vaya? “¡No!”, exclama mi amigo. “Queremos que Naciones Unidas se quede aquí para presionar a esta ‘gente’ a que comience un diálogo.”


Los salafistas dijeron el viernes que sus enemigos son los alawitas (claro, Bashar Assad es alawita), los chiítas y los cristianos. ¿Entonces, eso es...? ¿Guerra por televisión? ¿Admitir que el hombre que mató a 200 personas no sobrevivirá más allá de la transmisión? Y la ONU se va de verdad. Existe la idea de que una minúscula oficina permanezca en Damasco con un observador militar y otro político. Por lo demás, los grandes y tristes ojos del burro que es Naciones Unidas se cerrarán somnolientos el miércoles. Es el fracaso de otra misión más, y no se quedará ni un soldado internacional para observar el comienzo de la tormenta.


(* La palabra significa, literalmente, “fantasmas”; se les cons dera matones. N de la T).


Traducción: Gabriela Fonseca

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