Domingo, 15 Abril 2012 11:08

Realidades edulcoradas que se alejan

Realidades edulcoradas que se alejan
Me asombró hoy escuchar el discurso de José Miguel Insulza en Cartagena. Pensaba que quien hablaba en nombre de la OEA, se ocuparía al menos de reclamar el respeto a la soberanía de los países de este hemisferio que a lo largo de siglos fueron colonizados y cruelmente explotados por las potencias coloniales.

¿Por qué no dijo una sola palabra sobre las Islas Malvinas ni exigió el respeto de los derechos soberanos de la hermana nación Argentina?

La Cumbre de Cartagena tiene escenas que no serán fáciles de olvidar. Es cierto que la misma implicó un enorme esfuerzo. A pesar de las horas transcurridas no tenemos idea de lo ocurrido en el almuerzo con que Santos intentó reponer el colosal desgaste de energía que los participantes invirtieron en esa cita.

Para quien resulte entretenido, pocas veces en su vida tendrá oportunidad de ver los rostros de más de 30 líderes políticos enfrentados a las cámaras de televisión, desde que se bajaban del carro, hasta que en un heroico esfuerzo final tras vencer el largo y alfombrado pasillo, ascendían los diez o doce escaloncitos a la altura del escenario donde sonriente y feliz los esperaba el anfitrión. En eso no valía juventud, edad, pies planos, rótulas operadas o dificultades en una o las dos piernas. Estaban obligados a seguir hasta la cúspide. Ricos o pobres debían cumplir el ceremonial.

Curiosamente Obama fue el único que aprovechó ese trayecto para hacer un entrenamiento deportivo. Como iba solo le resultó más fácil: adopto una pose deportiva y subió los escalones trotando.

Las mujeres, como acompañantes o Jefes de Estado, son las que mejor lo hicieron. Una vez más demostraron que las cosas en el mundo marcharían mejor si ellas se ocuparan de los asuntos políticos. Tal vez habría menos guerra, aunque nadie puede estar seguro de eso.

Cualquiera diría que, por obvias razones políticas, la figura que peor impresión me causaría sería Obama. Sin embargo no fue así. Lo observé pensativo y a veces bastante ausente. Era como si durmiera con los ojos abiertos. No se conoce cuánto descansó antes de llegar a Cartagena, con qué generales habló, qué problemas ocupaban su mente. Si estaría pensando en Siria, Afganistán, Irak, Corea del Norte o Irán. Con seguridad, desde luego, en las elecciones, las jugadas del Tea Party y los planes tenebrosos de Mitt Romney. A última hora, poco antes de la Cumbre, decidió que las contribuciones de los más ricos deban alcanzar por lo menos el 30% de sus ingresos como ocurría antes de Bush hijo. Desde luego que eso le permite presentarse frente a la derecha republicana con una imagen más diáfana de su sentido de justicia.

Pero el problema es otro: la enorme deuda acumulada por el gobierno Federal que rebasa los 15 millones de millones de dólares, lo cual demanda recursos que suman no menos de 5 millones de millones de dólares. El impuesto a los más ricos aportará alrededor de 50 000 millones de dólares en diez años, mientras la necesidad de dinero se eleva a 5 millones de millones. Recibiría por tanto un dólar por cada 100 de los que necesita. El cálculo está al alcance de un alumno con 8 grados de escolaridad.

Recordemos bien lo que reclamó Dilma Rousseff: “relaciones ‘de igual a igual’ con Brasil y el resto de América Latina”.

“La zona euro ha reaccionado a la crisis económica a través de una expansión monetaria, provocando un ‘tsunami’ que aprecia la moneda brasileña y afecta la competitividad de la industria nacional”, declaró.

A Dilma Rousseff, una mujer capaz e inteligente, no se le escapan esas realidades y sabe plantearlas con autoridad y dignidad.

Obama, acostumbrado a decir la última palabra, sabe que la economía de Brasil surge con impresionante fuerza que asociada a las economías como las de Venezuela, Argentina, China, Rusia, Sudáfrica y otras de América Latina y el mundo, trazarían el futuro del desarrollo mundial.

El problema de los problemas es la tarea de preservar la paz de los riesgos crecientes de una guerra que con el poder destructivo de las armas modernas ponen la humanidad al borde del abismo.

Veo que las reuniones en Cartagena se prolongan y las realidades edulcoradas se alejan. De las guayaberas obsequiadas a Obama no se habló. Alguien tendrá que encargarse de indemnizar al diseñador de Cartagena Edgar Gómez.

Abril 14 de 2012

9 y 58 p.m.
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 Contencioso iraní: "La era de las guerras de divisas" entre el G7 y los Brics, según Chris Cook
Quienes saben, comentan que la teocracia jomeinista de Irán se ha replegado en dos ocasiones para no ser motivo de una guerra con Estados Unidos (EU): la primera, en 2003, según mis fuentes europeas, cuando la fauna de neoconservadores straussianos (quienes controlaban a la dupla Dick Cheney/Baby Bush) inició su aventura militar fallida en Iraq, frontera con Irán, lo cual obligó al régimen de Teherán a buscar una salida negociada con EU por conducto de Suiza y llevó al cese de su proyecto nuclear pacífico; la segunda, según mis fuentes rusas, en 2006, cuando Irán deseaba lanzar su mercado bursátil petrolero en la isla Kish (ver Bajo la Lupa; 15/02 y 24/5/06) en el golfo Pérsico, el cual estaba a cargo nada menos que de Chris Cook, lo que hubiera trastocado las geofinanzas del "oro negro" dominadas por la dupla anglosajona (Léase: Las dos plazas de Nueva York y Londres; ver mi libro Los cinco precios del petróleo, Editorial Cadmo & Europa, 2006).

¿Se replegará tácticamente en forma inteligente por tercera vez en un lapso de nueve años la teocracia jomeinista –en sus negociaciones con el P5+1 (los cinco miembros "permanentes" del Consejo de Seguridad más Alemania) en Estambul– para abortar el inminente ataque nuclear unilateral de Israel que puede desencadenar una tercera guerra mundial?

El problema es cronológicamente geoestratégico: EU/ OTAN, los Brics e Irán no son los mismos nueve años más tarde, cuando el orden mundial se ha permutado radicalmente. Y esto lo saben todos los actores involucrados.

Se puede estar o no de acuerdo con Cook (Asia Times; 12/4/12), ex director de International Petroleum Exchange (mercado de futuros de energía de Londres, adquirido por Intercontinental Exchange, que cambió a ICE Futures), pero su punto de vista diferente obliga a la reflexión.

Luego de su reseña interesante a partir de la invasión anglosajona a Iraq y sus consecuencias en Libia y en Irán, Chris Cook sugiere en forma impactante que las "guerras de divisas" del 2007 "cambiaron al mundo".

La hipótesis es fascinante: "entramos a una nueva era de la política y la diplomacia, la era de la guerra de las divisas".

La "escala transparente de los pasivos en dólares estadunidenses a China, llevó a la apertura de un nuevo frente (sic)" cuando “China reclamó el freno al aventurerismo militar de EU mediante su veto (sic) económico (v.gr "la destrucción económica mutuamente asegurada").

A su juicio, la "seguridad energética es una línea roja para China, así como para EU, y la nación asiática estaba preparada a jalar el tapete de la economía estadunidense a menos de que se retirase de Iraq y se abstuviese de atacar a Irán" ¡Vaya dato!

Juzga que "EU e Israel han sido advertidos de cualquier ataque físico (sic) a Irán o a otros productores petroleros significativos (sic), sin el consentimiento de China, por lo que se han limitado exclusivamente a las sanciones".

Considera juiciosamente que las "sanciones petroleras son una absoluta política tonta (sic)", las cuales, paradójicamente han beneficiado a China y a otros consumidores (v.gr India), los cuales han conseguido jugosos descuentos de Irán para colmar sus reservas. Considera que las amenazas de EU para aplicar sanciones petroleras a los Brics “son puro bluff”. Por cierto, los Brics desdeñaron las sanciones "petroleras".

El verdadero lado letal proviene de las "sanciones financieras (sic)" que han sido "instrumentales para motivar a Irán a sentarse a negociar". Hasta cierto punto: ya que el ostracismo aplicado por el sistema de transferencias SWIFT (con sede en Bélgica) a los bancos iraníes y a su Banco Central "tendrá consecuencias inesperadas con alcances profundos". Aduce que las sanciones financieras han sido el "mayor error estratégico de EU" cuando el "sistema bancario se encuentra en crisis", lo cual puede orillar a un productor de hidrocarburos como Irán a "buscar arreglos alternativos" cuando el mismo sistema SWIFT "es muy trivial a replicar", siempre que "sus participantes, sean o no bancos, estén dispuestos a cumplir sus obligaciones".

Comenta que incluso el futuro "Banco Brics" (ver Bajo la Lupa; 14, 18 y 28/3/12) no le hará caso a las sanciones de la OTAN cuando "EU necesita a los Brics más que ellos a EU".

Arguye persuasivamente que "mientras en Occidente el poder se ejerce por medio del sistema bancario (Nota: la añeja tesis de Bajo la Lupa), en el mundo en vías de desarrollo se ejerce por quienes controlan los recursos, en particular, los muy valiosos recursos energéticos, como los hidrocarburos".

Cook, a contracorriente de la cacofonía nihilista de los multimedia israelí-anglosajones, es optimista del desenlace de las negociaciones en Estambul, cuando en Irán ha emergido triunfadora la "facción negociadora" en las recientes elecciones parlamentarias (que, a mi juicio, tuvieron carácter de referéndum aprobatorio al supremo líder teocrático Alí Hoseiní Jameneí, con una apabullante participación de casi 65 por ciento) con el tácito apoyo del Ejercito de los Guardianes de la Revolución Islámica, a partir de cuando Teherán "operó una apertura con el P5+1 para reiniciar las negociaciones".

Juzga que Irán ha regresado a "su oferta de 2003", cuando Hossein Mousavian fue su negociador nuclear. Concede, con justa razón, suma importancia al reciente articulo de éste ("Soluciones reales al impasse nuclear con Irán", The Boston Globe; 31/3/12) en el que propone que "Irán podría limitar la extensión de su enriquecimiento de uranio", en trueque a que EU no imponga un "cambio de régimen" en Teherán (¡una locura!) y "levante las sanciones" (lo cual, a mi juicio, desplomaría el precio del petróleo y quizá asegure la relección de Obama).

Concuerdo totalmente con Cook (lo cual he expuesto en mis comentarios en los multimedia) sobre la estrategia de Obama para conseguir un arreglo políticamente favorable antes de la elección de noviembre, con el fin de manejar a la baja el precio del petróleo.

Es increíble que el precio de la gasolina en EU se haya vuelto uno de los factores principales, con el desempleo galopante, para la relección de Obama: con un precio de cinco dólares el galón puede perder; a menos de tres dólares puede asegurar su triunfo.

Cook conoce demasiado la manipulación del mercado petrolero como ha sucedido con "la orquestación de su precio desde 2009 entre el banco JPMorgan Chase y los sauditas".

Según mis fuentes mediorientales, quienes apuestan a una guerra nuclear contra Irán –lo cual elevaría a la estratósfera el precio del petróleo– son los banqueros israelíes y el primer ministro Netanyahu (asesor del candidato republicano Mitt Romney; NYT; 7/4/12), quien busca la derrota de Obama. ¿Piensan repetir la misma historia de especulación financiera de los Rothschild en Waterloo?

Sí hay salida diplomática detectable en tres posturas conciliadoras: 1. La flexibilidad nuclear de Mousavian; 2. El mensaje de Obama al supremo líder con la mediación turca (Las señales de Obama a Irán; David Ignatius; WP; 5/4/12), y 3. La Declaración de Teherán, de Brasil/Irán/ Turquía.

Lo óptimo, a mi juicio: la desnuclearización de todo Medio Oriente sin excepción, que incluya las clandestinas 400 bombas atómicas de Israel.

http://alfredojalife.com
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Sábado, 14 Abril 2012 07:58

La Cumbre de las guayaberas

La Cumbre de las guayaberas
Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King.

Hace cinco siglos una Bula Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y belicosos reinos de la península Ibérica.

Ingleses, franceses, holandeses y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto. Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas, algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.

Hace 64 años fue creada la repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles, fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki. Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.

Más grave todavía fue su nefasto papel en el ámbito de Suramérica.

El neoliberalismo, como doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70 cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.

La Constitución de Uruguay, un país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad, fue barrida.

Los golpes militares y la represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.

Bush padre y Bush hijo, protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.

Hoy, viernes 13, escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.

Ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia.

Fidel Castro Ruz

Abril 13 de 2012

9 y 40 p.m.
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Cuba y las relaciones Vaticano-Estados Unidos
Una de las paradojas del imperio estadounidense es que mientras ha existido siempre separación entre la Iglesia y el Estado, siempre también la religión y la política han estado indisolublemente unidas. El que lo dude sólo tiene que observar las piruetas que realizan los aspirantes presidenciales republicanos para ganar el voto evangélico del Cinturón de la Biblia o el voto católico del Nordeste sin molestar a los fantasmas del Boston puritano.

 
El dominio WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant) determinó que durante 117 años, desde 1867 hasta 1984, no existiesen relaciones diplomáticas entre el gobierno de Estados Unidos y la Santa Sede.

 
Fue la elección como papa de un obispo polaco y su creciente influencia en los países del Este de Europa lo que permitió que el presidente Ronald Reagan tomase la decisión, a pesar de la fuerte oposición interna, de nombrar un embajador en el Vaticano. Algunos hablan de la formación de una alianza Reagan-Juan Pablo II pero no hubo tal sino una coincidencia de objetivos en contra del comunismo soviético, aunque con motivaciones muy diferentes: geopolíticas en el primer caso; espirituales o, si se quiere, georeligiosas, en el segundo.

 
Seguramente no fue coincidencia que Reagan situase en posiciones claves de su administración a prominentes figuras católicas: William Casey, Director de la CIA; Alexander Haig, Secretario de Defensa; Richard Allen, Director del Consejo de Seguridad Nacional; William Clark, jefe de su equipo de asesores, entre otros.


Esta coincidencia de intereses no transcurrió siempre sobre un lecho de rosas. Cuando, por ejemplo, el general Jaruzelski decretó la ley marcial en Polonia (1981-1983) el Papa Juan Pablo II se opuso a las sanciones económicas de Estados Unidos argumentando que solo servirían para causar sufrimientos a la población.

 
La visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en enero de 1998 causó gran malestar en la administración Clinton. En diciembre de ese mismo año, la figura principal de la Iglesia Católica en Boston, el cardenal estadounidense Bernard Law, permaneció durante cuatro días como huésped de su homólogo Jaime Ortega y estableció contactos con el gobierno cubano. Tiempo después, con George W. Bush como presidente, cuando estalló en Estados Unidos el escándalo por abusos sexuales contra niños, se concentró en Law, como figura principal eclesiástica en Boston, el ataque despiadado de la prensa. Algunas autoridades del Vaticano percibieron como sobredimensionada la campaña mediática contra Law y concluyeron que el cardenal estaba pagando un precio político por sus visitas a Cuba y su oposición al bloqueo económico, que provocaron contra él un odio visceral en grupos de exiliados cubanos en Estados Unidos. Law tenía también en su contra al “lobby” sionista por su defensa de la causa palestina.

 
Juan Pablo II se opuso tenazmente a la Guerra de Irak. Veía, por una parte, un gran peligro en las ideas mesiánicas de Bush, sus “conversaciones” con Dios y su decisión de ir a la guerra supuestamente por mandato celestial, su unilateralismo, sus teorías de guerra preventiva y su autorización de la tortura. Por otra parte, el Papa temía por la suerte que habrían de correr las minorías, en especial las minorías cristianas en el Medio Oriente, y que el conflicto se considerase en el mundo islámico como una nueva cruzada y se convirtiese en guerra religiosa.

 
La unión de los neoconservadores con las denominaciones evangélicas bajo la administración Bush dio origen a la doctrina de que no sólo era una exigencia moral sino una necesidad de seguridad nacional cristianizar a los pueblos islámicos y exportar a esas regiones del mundo la democracia representativa y las costumbres y valores norteamericanos.

 
A la atmósfera de cruzada contra el infiel contribuyó la preocupación por el crecimiento demográfico del Islam. De 200 millones de musulmanes en 1900, pasaron a 1188 en 2005. Actualmente suman 1620 millones, 500 millones más que cuando Bush, disfrazado de piloto, anunció “misión cumplida” a bordo del portaaviones Abraham Lincoln.
 

Las mayores fricciones entre el Vaticano y la administración Bush se produjeron precisamente en la esfera de las relaciones internacionales. La Santa Sede, y el resto del mundo, quedaron estupefactos cuando el 11 de enero de 2002 arribó a la base naval de Guantánamo, territorio usurpado a Cuba por Estados Unidos, la primera oleada de prisioneros. Luego se sucederían los escándalos por torturas en Abu Ghraib, en la propia base de Guantánamo y en las cárceles secretas distribuidas por medio mundo. El mayor distanciamiento se produjo con la publicación, en septiembre de 2002, del documento Estrategia de Seguridad Nacional, en el cual el gobierno de Estados Unidos revelaba sus propósitos de utilizar la fuerza militar unilateralmente y en forma preventiva contra los países que considerase enemigos.

 
El gobierno de Bush no podía ocultar su frustración. De un apoyo prácticamente total a raíz de los trágicos sucesos del 11-S de 2001, año en que para albergar la sede en New York el Opus Dei inauguró su monumental edificio de 15 plantas, el Vaticano había pasado a la más férrea oposición a la estrategia del imperio. “Yo no entiendo la posición del Vaticano” declaró Condoleezza Rice a la revista italiana Panorama.

 
El Papa realizó su último intento por detener la guerra enviando al cardenal Pio Laghi con un mensaje personal para el presidente. Condoleezza Rice recibió al enviado del Papa de manera fría, un tanto grosera, y Bush le aseguró que Dios le había salvado del alcoholismo y le guiaba ahora para iniciar el conflicto. No había ya nada que hacer, todo estaba decidido por mandato divino, política y militarmente.

 
Pero el rechazo del gobierno de Estados Unidos a la diplomacia de la Iglesia Católica no duró mucho tiempo. En pocos meses, el desastre de la guerra, la desconfianza de sus propios aliados y el creciente sentimiento antinorteamericano en todo el mundo y principalmente en los países musulmanes, hicieron que la administración Bush se volviese hacia el Vaticano como tabla de salvación para salir de su aislamiento y aplacar la furia de los imanes. Después que la audiencia del Vicepresidente Dick Cheney con Juan Pablo II no obtuvo resultados y fue ignorada casi completamente por los medios de prensa romanos, el propio Bush visitó al Papa el 4 de junio de 2004. Condoleezza Rice, que viajó con Bush a Roma, no le acompañó en la audiencia papal. La ausencia de la asesora de seguridad nacional del presidente fue considerada por muchos como un insólito gesto de arrogancia.

 
En un inicio, el Papa había rechazado conceder a Bush la audiencia solicitada. Las autoridades eclesiásticas comunicaron al embajador de Estados Unidos que el Papa no podría recibir al presidente durante la estancia de este último en Roma debido al compromiso de asistir a un congreso de juventudes en Suiza. Sin embargo, la reunión con el Papa era de tanta importancia para la estrategia electoral de Bush que alteró su propio itinerario, algo humillante para su cargo, con el fin de llegar antes a Roma y presionar de este modo para obtener la entrevista. Bush quería demostrar al electorado norteamericano que si el Papa no lo respaldaba en cuanto a la guerra, si contaba con su apoyo en relación a los valores humanos.

 
A pesar de las claras divergencias entre la Santa Sede y el gobierno de Estados Unidos en lo que respecta a política exterior, el Papa Juan Pablo II tomó partido en las elecciones presidenciales de 2004 a favor del protestante George W. Bush y en contra del católico John Kerry. Este hecho es de extrema importancia para entender las posiciones que asume el Vaticano.

 
Bush no perdía oportunidad para resaltar los valores familiares, su oposición al aborto, a los matrimonios entre personas del mismo sexo, a la eutanasia, a las investigaciones con células madres y otros tópicos que lo colocaban más cerca de los principios morales de la Iglesia Católica que su adversario. Kerry, por el contrario, mantenía que las creencias religiosas eran un asunto totalmente privado y era considerado por la jerarquía eclesiástica como un exponente del relativismo cultural y del secularismo combatido por la Iglesia. Las ideas liberales de Kerry contrastaban con la ortodoxia del Papa Juan Pablo II. Con Kerry, además, la Iglesia no tenía nada que ganar pues no había indicio alguno de que, como presidente, pudiese cambiar el curso de la guerra.


La lección importante que podemos extraer del triunfo electoral de Bush con el apoyo de la mayoría de los católicos es que el Vaticano prioriza su lucha contra el secularismo y el relativismo moral sobre otras esferas como las relaciones internacionales.

 
Con posterioridad a las elecciones de 2004, Bush continuó cortejando al Vaticano. Por vez primera en la historia, con los nombramientos de John G. Roberts y de Samuel Alito, los católicos alcanzaron la mayoría (5 de 9) en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos. A los funerales de Juan Pablo II, en abril de 2005, asistió el presidente Bush, Bill Clinton y George H. W. Bush. Con Jimmy Carter hubieran sumado tres los ex-presidentes pero no hubo espacio para este último en el “Air Force One” según la explicación oficial. La imagen de estos tres personajes y de Condoleezza Rice que los acompañaba, protestantes los cuatro, arrodillados frente al Papa en la Basílica de San Pedro, podría utilizarse como magnífica propaganda del ecumenismo o, más bien, como paradigma de oportunista hipocresía.

 
La elección como papa del cardenal Ratzinger representó un triunfo del conservadurismo moral tanto de católicos como de protestantes. El nuevo pontífice seguiría en general la línea política trazada por su antecesor pero imprimiéndole un estilo propio más apegado a la ortodoxia.

 
En Julio de 2007, Condoleezza Rice, como Secretaria de Estado, viajó a Roma y solicitó una reunión urgente con el Papa Benedicto XVI para tratar asuntos del Medio Oriente. La Secretaria hablaría en nombre del presidente Bush. La respuesta fue que el Papa se encontraba descansando en su residencia de Castelgandolfo, al sur de Roma, y no podría recibirla por cuestiones de protocolo. Los diarios de Italia apuntaron que se trataba de un desaire evidente a la administración Bush y en particular a la Secretaria de Estado que nunca fue bien vista en el Vaticano. Fue ella la que, justo antes del inicio de la guerra de Irak, dejó claro al enviado del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, que el gobierno de Estados Unidos no estaba interesado en los puntos de vista del Papa acerca de la inmoralidad de la ofensiva militar. El Vaticano no olvidaba tampoco su descortés ausencia de la audiencia papal en junio de 2004.

 
En 2007, debido a la enfermedad del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, la Casa Blanca y el Departamento de Estado creyeron llegada la oportunidad de producir acontecimientos en Cuba que condujesen a la restauración del capitalismo en la nación del Caribe. Con ese fin, realizaron gestiones para lograr el apoyo de la Iglesia Católica. Sin embargo, los contactos en el Vaticano con el cardenal Tarcisio Bertone no dieron los resultados que esperaban. La Santa Sede no compartía los criterios de los funcionarios y diplomáticos estadounidenses, considerándolos demasiado simplistas y sin base objetiva.

 
En abril de 2008, Benedicto XVI visitó Estados Unidos coincidiendo con la campaña electoral presidencial. Era la primera visita oficial de un pontífice a Washington después del establecimiento de relaciones diplomáticas plenas en 1984. La presencia del Papa en Estados Unidos en un año electoral constituía un apoyo al candidato republicano frente al demócrata Barak Obama, de ideas más liberales. Una situación semejante a la de 2004 con el aspirante John Kerry pero, esta vez, las bases católicas no respondieron en las urnas a la jerarquía eclesiástica.

 
Con el flamante Premio Nobel de la Paz como presidente, era de esperar una mayor coincidencia con el papa en la arena internacional. Por el contrario, Obama continuó los planes de guerra del imperio y amenaza con iniciar nuevos conflictos militares con Irán y Siria.

 
Aunque las relaciones actuales de la Iglesia con el gobierno de Estados Unidos son formalmente buenas, en el fondo se desarrolla una sorda guerra cultural. La Santa Sede teme, hoy más que nunca, que se haga realidad la célebre teoría del “choque de civilizaciones” del historiador Samuel Huntington.

 
Un golpe bajo reciente de la administración Obama fue la inclusión del Vaticano (marzo de 2012), en la lista de “crímenes financieros” del Departamento de Estado. Por primera vez, a pesar de las medidas que se sabe ha tomado para evitarlo, el Vaticano se encuentra en la lista de lavadores de dinero potenciales. Esta medida podría interpretarse como represalia por las excelentes relaciones de la Iglesia con el Estado cubano y el anuncio de la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI.

 
En efecto, un mes más tarde, Benedicto XVI realizaba con éxito una visita pastoral a la isla y solicitaba a Estados Unidos poner fin al criminal bloqueo económico contra Cuba.



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Martes, 10 Abril 2012 12:01

Los colores de una Cumbre descolorida

Los preparativos de la gran fiesta avanzan con celeridad pese a los obstáculos y contrariedades. El presidente Santos y su esposa cumplen los compromisos en lo que seguramente mejor saben hacer: organizar eventos sociales. Y es eso lo que en primer lugar es la Cumbre programada para los días 14 y 15 de abril en Cartagena de Indias. Pero, aunque las apariencias engañan no son algo secundario y menospreciable. Es en el mundo del “aparentar” en donde se juegan los efectos políticos de la diplomacia visible. Y por eso no deben sorprender las disputas en torno a la lista de invitados, las sucesivas declaraciones de unos y otros y los ires y venires de emisarios. Más vale la imagen, el mensaje publicitario, que el contenido de lo que supuestamente habría de discutirse en la reunión.

De hecho, el contenido de las Cumbres pasó a ser secundario desde el momento en que se hizo evidente que la propuesta del ALCA no iba a ser aceptada, al terminar la que se convocó de manera extraordinaria y de emergencia en Monterrey (México) en el 2004. La proeza diplomática de Santos consistió precisamente en haberse inventado para esta ocasión un contenido completamente aséptico, del gusto de todos, de lo cual es muestra su flamante título: “Conectando las Américas: socios para la prosperidad”. Y no carecía de astucia: recogiendo, en apariencia, el dicho popular según el cual en esas cumbres “sólo se habla y bla, bla bla…”, colocó como anzuelo la oferta de que esta vez se aprobarían “proyectos concretos, financiados y todo”. Pero no fue suficiente; se puso en duda hasta la propia validez del evento. La tensión llegó hasta un punto en que había que decidir entre hacerla o no hacerla. Hasta hace unas semanas la disyuntiva era irresoluble: o se hacía sin Estados Unidos o se hacía sin los países del ALBA. Y todo por la disputa en torno a si se invitaba o no a Cuba. Ello es demostración de lo poco que valía el contenido. Pero, como suele suceder, detrás de estas disputas se encuentran otras de mayor calado.

¿A quién le sirve la Cumbre de las Américas?


En realidad a quien verdaderamente le interesa la realización de la Cumbre es a Santos. Se juega un punto importante tanto en el plano nacional como en el internacional. En el primero un punto a favor más que todo publicitario: el dudoso honor de tener en casa a 34 mandatarios del continente incluido el máximo dignatario del imperio. Con algunos réditos adicionales en materia de “atracción de las inversiones extranjeras”. Pero es en el plano internacional en donde aspira a cobrar los mayores beneficios. De una parte, para confirmar públicamente que tiene excelentes relaciones con el gobierno estadounidense; es equivalente en este sentido a recibir la visita del Papa. Para algunos esto puede sonar extraño ya que resultaría impensable afirmar lo contrario. La obsecuencia de los gobiernos colombianos es un hecho reconocido desde principios del siglo XX y en tiempos de Uribe, Colombia alcanzó el vergonzoso honor de ser calificada como el Caín o el “Israel” del continente. Sin embargo, es justamente tal obsecuencia, en la medida en que llegó a ser exclusivamente en beneficio de la derecha republicana, la que comenzó a crear problemas dentro de los Estados Unidos. Lo demuestra el hecho de que durante largo tiempo no pareció ser suficiente el angustioso purgatorio de suplicar de rodillas la aprobación del TLC para convencer a la bancada demócrata. La táctica imperial o, si se quiere, el estilo, había cambiado. Le tocó a Santos proyectar, allá también, la imagen de que no era igual a Uribe. Y logró por fin la aprobación, para satisfacción de las elites de nuestro país. Se trata ahora de ofrecer públicamente sus servicios para una nueva táctica imperial.

Es este último el segundo objetivo de la política internacional. Santos es consciente de que la correlación de fuerzas ha cambiado en el mundo y particularmente en este continente. De hecho, no ha dudado en diversificar relaciones, a través de múltiples TLC y diversos mecanismos de atracción de la inversión extranjera. Y, de manera en apariencia sorprendente, ha reconstruido las relaciones con los vecinos con logros no sólo económicos sino también político militares en el empeño contrainsurgente, no definitivos pero, en todo caso, muchos más de los que prometía Uribe. Al mismo tiempo, viene aplicándose juiciosamente a fortalecer las relaciones con Brasil, la potencia de Suramérica, por la vía de ofrecer oportunidades de inversión. En general, busca congraciarse con todos declarando su apoyo a Unasur; política muy diferente a la de Uribe que consideraba esta unión poco menos que un engendro del terrorismo.

Es con estas cartas en la mano como Santos pretende ofrecer sus servicios. – Porque, desde luego, no abandona su opción preferencial por el Imperio - Quiere jugar a gobierno “puente”, intermediario entre la gran potencia y los gobiernos progresistas, en beneficio naturalmente de la primera y sus aliados. Con ello habría logrado una suerte de cuadratura del círculo: ser apoyado por unos y otros, sin variar su orientación neoliberal y proimperialista. El escenario: la Cumbre.

Entre el desinterés y la indiferencia


No obstante, la situación en América Latina y el Caribe no parece favorable, al menos en lo que se refiere al escenario escogido. Los países actualmente incondicionales de los Estados Unidos apoyan una Cumbre que esté al servicio de éstos, pero es obvio que no la necesitan para consolidar su alianza; cuentan con el Nafta y el Cafta-R.D., y con los tratados ya en vigencia en los casos de Chile y Perú. Se ubican dentro de la línea marcada por Obama de poner todo el énfasis en un acuerdo profundo transpacífico, objetivo que marcha evidentemente hacia un bloqueo tanto de la iniciativa, hacia el oeste, de Brasil como de la presencia de China en el continente. Santos lo sabe perfectamente. Tanto es así que se apresuró a firmar un acuerdo con países latinoamericanos del “arco del pacífico”, justo antes de viajar a Cuba a negociar la realización de la Cumbre.

Por su parte, Brasil, Argentina y en general los países de Mercosur seguramente ven el escenario de la Cumbre como algo secundario. Brasil, consciente de su poder, seguramente prefiere la negociación bilateral con Estados Unidos o en escenarios multilaterales más amplios, mundiales. Argentina considera, y ya lo ha dicho, que no tiene sentido un encuentro continental en donde no se discuta la cuestión de las Malvinas que fue en el momento de la conflagración, en los años ochenta, el acta de defunción política de la OEA, del TIAR, del discurso del panamericanismo y hasta de la doctrina Monroe. Aceptó la Cumbres mientras sus gobiernos simpatizaron con el Alca pero ya en la era Kischner vio con buenos ojos la derrota de la propuesta justamente en su tierra, en Mar del Plata en el 2005, por lo cual puede deducirse que en adelante las Cumbres no serían para Argentina más que rutina diplomática.

Los países del Alba tendrían algún interés. No les viene mal un escenario en el cual se pudieran renegociar las relaciones con Estados Unidos. Obviamente, la perspectiva de mantener unas relaciones bilaterales caracterizadas por la esquizofrenia de la confrontación política y el intercambio económico (el caso extremo y patético es el de Venezuela) no es la mejor y mucho menos la alternativa de la negociación uno por uno; la alternativa sería por lo tanto avanzar en un marco en el que lo que se negocia es la posición de Estados Unidos en el conjunto del continente. Sin embargo, no en una Cumbre tal como se ha definido hasta ahora. No les sirve la fórmula Santista del contenido insulso; se trata por el contrario de ir al grano. Correa tuvo, por tanto, mucha razón al introducir el tema de la invitación a Cuba, ya que su exclusión es de por sí una manera deplorable de comenzar. Es una cuestión si se quiere de principio, pero con efectos políticos prácticos. Porque si se trata de las relaciones con el conjunto de América Latina y el Caribe ya hay escenarios mejores, por ejemplo la promisoria CELAC, y en eso se ponen de acuerdo con los países del cono sur.

Los intereses de los Estados Unidos y las angustias de Obama


La posición de los Estados Unidos se ha vuelto, curiosamente, un enigma. Es claro que el Imperio tiene que reconstruir su dominio sobre el continente; es un hecho que ha perdido porciones considerables de control, pese a su hegemonía militar de la que nunca ha dejado de hacer gala. Es un resultado de su crisis socioeconómica interna y de su decadencia en el contexto internacional, pero también de la torpeza belicista de Bush a la que bien servía el gobierno de Uribe. Esto último, justamente, tendría que hacerles entender que no basta la hegemonía militar. Lo cierto es que, paralelamente, casi todos los países de este hemisferio han ganado condiciones de autonomía económica frente a ellos, unos menos y otros más hasta el ejemplo notable de Brasil, y la han ganado incluso a contrapelo de las posiciones de sus gobiernos, como es el caso de Colombia. No cabe duda, en consecuencia, que el Imperio está obligado hoy en día a renegociar sus relaciones hemisféricas.

No obstante, deducir de lo anterior que la actual Cumbre de las Américas constituye un instrumento estratégico para este propósito, sería una simpleza y un error garrafal. En términos prácticos, para Obama, en medio de una dura campaña electoral, no es el lugar ni el momento adecuados para anunciar la redefinición de una política de los Estados Unidos. Sabe que entre menos hable, mejor; su estilo además es el de quedar bien con todos. Pero no sólo son razones prácticas. No fue el momento ni siquiera la V Cumbre de Trinidad en el 2009, a pesar de las expectativas que había creado. Como se sabe, a despecho de la retórica “amigable” y de las necesidades evidentes, lo que se impuso en los años siguientes fue la tradicional política de los halcones de la cúpula militar-industrial. En realidad es de tal naturaleza la crisis imperial que no parece haber culminado un proceso interno consistente de reelaboración de la política imperialista. A los ojos de todo el mundo pareciera que no entienden nada.

El instrumento, por su parte, no es ya el más adecuado. Como se sabe, fue creado por Clinton en 1994 como un instrumento ad hoc para lanzar la propuesta del Alca, entre otras cosas ante la crisis y decadencia de la OEA. Este rasgo, por cierto, ha sido objeto de tergiversaciones; recién se planteó la invitación a Cuba, la primera objeción del gobierno estadounidense consistía en que Cuba no había ingresado todavía a la OEA y no mostraba interés en hacerlo. Tan descarada era la falacia que ya hoy el Departamento de Estado reconoce: “Aunque no es un evento de la Organización de Estados Americanos (OEA)…”(1). En fin, con la derrota de la propuesta del Alca, el instrumento perdió toda funcionalidad. En abstracto, el único sentido que podía tener la prolongación de su existencia era el de constituirse en un escenario para ventilar las relaciones de la potencia con los países del continente. Y así se consideró por parte de muchos la convocatoria a Trinidad; algunos llegaron a pensar que se inauguraba una nueva era. Pero no fue así. La declaración política que nunca fue sometida a discusión y menos aprobada, contenía toda clase de temas menos el único importante que era la crisis económica mundial. Para Estados Unidos, en realidad, la Cumbre de las Américas había dejado de ser importante; dada la nueva correlación de fuerzas en el continente no convenía concurrir a un escenario que tendía a convertirse en un espacio de confrontación-negociación. Se supo entonces que, en adelante, las Cumbres tenían que ser eventos puramente sociales y diplomáticos (2).

Fue por eso que el gobierno de Obama, ante el compromiso de hacerla, vio con buenos ojos la propuesta de Santos. Pero las cosas, como se sabe, se dieron de otra manera.

Simulacro o zafarrancho


No existe posibilidad alguna que el gobierno de Estados Unidos acepte la presencia de Cuba; las concesiones por lo tanto tienen que provenir del otro lado. Y es Santos quien pone en juego sus mejores habilidades para lograrlo. Su primer intento fue ofrecer que el tema de Cuba se discutiría en la propia Cumbre. Pobre oferta que no alcanzó siquiera a ser objetada por el gobierno de Obama –la dejó en la incertidumbre- porque a Cuba, por lo menos, le pareció descomedida e insuficiente; en realidad equivaldría a soñar que en el futuro las Cumbres sí podrían ser otra cosa y eso evidentemente sólo podría provenir de un acuerdo político de fondo con Estados Unidos. Al parecer nadie podía convenir en sacrificarlo todo, solamente para salvarle la fiesta a Santos.

La única posibilidad estaba en modificar la agenda, en un golpe de audacia, para darle a la Cumbre un contenido político fuerte. Y la oportunidad se presentó con la visita de Evo Morales a Bogotá. La Cumbre podía abordar la discusión sobre un tema de fondo: el replanteamiento de la política antidrogas. Al respecto, lo único que ofrecieron los Estados Unidos fue aceptar el diálogo, dejando en claro eso sí que su posición era inmodificable. Y este es el momento en que se alude una y otra vez al tema pero no hay ninguna modificación oficial de la agenda. De hecho, en la hoja informativa que se ha venido citando, el Departamento de Estado se reafirma en los temas iniciales de la convocatoria.

Así las cosas, y contando con que los países del Alba dejen de insistir en su posición, lo único que se puede esperar es que, ya en Cartagena, durante el evento, se escuchen, en algunos discursos, alusiones a los temas de Cuba y las drogas, pero hay pocas esperanzas de que se conviertan en motivo de debate y objeto de decisión. Sería demasiado optimista aspirar a que esta Cumbre se constituya, como piensan algunos, en un episodio inaugural de la confrontación todavía pendiente por redefinir las relaciones hemisféricas, que incluiría no sólo la redefinición de las Cumbres sino la transformación radical de la OEA. No deja de ser significativo que, pese a los denodados esfuerzos de Santos para quien parece ser un hecho histórico, fuera de Colombia, la novela de la Cumbre no despierte ninguna pasión memorable. A quince días de realizarse, todavía estamos a la espera de los pronunciamientos del Alba y de los países del sur. A diferencia de la cumbre de Río + 20, aquí lo notable es el silencio. ν

1 Departamento de Estado de los Estados Unidos: Hoja Informativa. 13 de marzo de 2012. http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html
2 Tal es la posición oficial. Hasta el punto que en una brutal falsificación de la historia, el Departamento de Estado, omite incluso toda referencia al Alca. Ver: Ibídem.


* Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.
Martes, 10 Abril 2012 11:48

La nueva geopolítica del capital

En un período en el que la especulación se ha disparado, los flujos de capital están remodelando las economías regionales, huyendo de algunos países e hincando sus dientes en otros. Sin embargo, la experiencia regional muestra que esos flujos no son imprescindibles para el crecimiento y pueden ser regulados para beneficio del país cuando existe voluntad política.

Seguir el rastro de los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED), o sea, la inversión productiva, no la especulativa, puede ser un buen ejercicio para comprender los drásticos cambios que se están produciendo en América Latina y de modo muy particular en la región sudamericana. El ejercicio, se puede anticipar, confirma que las inversiones se focalizan en bienes comunes, en particular minería e hidrocarburos, pero despuntan algunos elementos novedosos que muestran la capacidad del capital de diseñar su propia geopolítica, de imponerla a los más diversos Estados y asimismo a los gobiernos de todos los colores.

¿Por qué enfatizar en los flujos de capital y no en la evolución de la producción, del empleo o las exportaciones? La respuesta viene de la mano del geógrafo David Harvey, quien en una reciente entrevista comparó al capitalismo con el cuerpo humano, y los movimientos del capital con el sistema sanguíneo: “El capitalismo depende de la continuidad de los flujos de capital y cualquier interrupción, por cualquier motivo, puede tener costos muy altos” (1). Aunque esos flujos están sufriendo bloqueos, constata que “ese cuerpo está creciendo y hay una expansión infinita de las arterias del flujo de capital y del flujo de mercancías”.

América Latina es una de las regiones del mundo donde esa expansión es más visible. En 2011, la IED mostró un crecimiento del 34,6 por ciento, muy por encima de Asia donde creció un 6,7 (2). En números absolutos, las inversiones directas en la región superaron por primera vez las que se dirigieron a Estados Unidos, y sólo fueron superadas por Europa y Asia. Por su parte, la suma de los ingresos registrados por China y Hong Kong iguala la cifra recibida por Estados Unidos, conjunto de datos que no dejan lugar a dudas sobre las opciones que está haciendo el capital.

Los cambios registrados forman parte de modificaciones de largo plazo en la realidad global. La crisis desatada en 2007 ofició en este sentido como parteaguas, pero el proceso se remonta a comienzos de la década de 2000. En 2010, por primera vez desde que la UNCTAD tiene registros, o sea, desde 1970, los países desarrollados recibieron menos de la mitad de los flujos globales de IED. Hasta fines de la década de 1980, las economías desarrolladas atraían el 97 por ciento de las inversiones. En 2005, las economías en desarrollo y emergentes ya atraían un porcentaje del 12 de los flujos globales; pero en 2010, en un panorama de fuerte descenso de los flujos de capital en el mundo, esas economías superaron la barrera del 50 por ciento (3).

Esa tendencia se mantuvo estable incluso en 2011, cuando las inversiones en Europa registraron un crecimiento de casi el 23 por ciento y las inversiones globales comenzaron una lenta recuperación. Todo indica que la crisis es el momento en el cual las grandes tendencias geopolíticas muestran bifurcaciones y virajes. De ese modo, se puede asegurar que el mundo en desarrollo pasó a jugar un papel decisivo y de algún modo ‘central’ en el nuevo mundo que se avizora.

Hacia una nueva región


América Latina pasó de ocupar un lugar marginal en los flujos de capital (alrededor del 5 por ciento) a convertirse en un destino importante y dinámico. Entre 2000 y 2005 recibió un promedio anual de 66.000 millones de dólares que crecieron de modo exponencial hasta los 216.000 millones en 2011, lo que significa que ha sido capaz de atraer un 15 por ciento de los flujos de capital productivo mundial (4). Lo más importante es registrar si el aumento que delatan las cifras está acompañado por cambios en la dirección de las inversiones, o sea, qué países están pasando a ocupar un destacado lugar y en cuáles el capital se está retirando, y las razones por las cuales esto sucede.

El dato principal es el crecimiento continuo del flujo de inversiones a la región, que en el caso sudamericano puede haber llegado a 150.000 millones de dólares en 2011, unas 15 veces más en cifras absolutas que a comienzos de la década de 1990. Hay tres países que están siendo castigados por el capital: Venezuela, Argentina y México. Además, habría que agregar a Ecuador, país que prácticamente no está recibiendo inversiones extranjeras.
En el caso de Venezuela, la explicación es muy simple: la política de nacionalizaciones del gobierno de Hugo Chávez está en la base de la masiva emigración del capital que no se compensa siquiera por las cuantiosas inversiones de China y las mucho menores de Brasil. En Argentina, el capital pasó de la euforia a una sustancial prudencia. Al comienzo de la fase neoliberal, recibía el doble de inversiones que Brasil y en la segunda parte de la década de los 90 igualó a México, aunque sus economías son mucho mayores que la argentina. Luego de la crisis de 2001, comenzó la retracción, aunque no huida como en Venezuela. Sin embargo, las cifras revelan un cambio de fondo: los principales inversionistas ya no son las empresas europeas y estadounidenses sino las brasileñas, y en menor medida las chinas.

El caso de México es tremendo. Pasó de recibir el 60 por ciento de la IED de toda la región en el período en el que se creó el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) a ingresar un modesto 8 en 2011. El retraimiento del capital se agudizó a partir de 2008, cuando la guerra sucia del Estado contra el narcotráfico evidenció que podría no haber vencedores y que el país puede despeñarse en un infierno de violencia. El caso muestra que el capital es reacio ante situaciones de inestabilidad.

Entre los países que hoy resultan más atractivos para el capital, se destacan tres: Colombia, Brasil y Chile, en ese orden. Desde el año 2000, el flujo de capitales comienza a tomar en cuenta a Colombia, que desplaza a Argentina y se acerca a Chile y México, pese a que esta economía es tres veces mayor que la colombiana. Sólo una mirada más detallada permitirá comprender las razones del interés exponencial del capital en este país, que, observando la serie histórica, arranca con el uribismo y da un salto bajo la actual administración de Juan Manuel Santos.
El caso de Brasil revela el éxito de su proyecto de convertirse en potencia global y el interés que tiene una economía que ha sido capaz de incorporar en apenas una década a 40 millones de personas en el consumo, al aumentar sus ingresos. De recibir la mitad de las inversiones que llegaban a México hace dos décadas, pasó a multiplicarlas por 4, pese a que ambos tienen economías comparables.

Lo más destacado del caso brasileño no es, sin embargo, el crecimiento de la IED, que lo ubica como el cuarto destino mundial, sólo detrás de Estados Unidos, China-Hong Kong y el Reino Unido, sino la calidad de esas inversiones. Hasta 2005, los ingresos de capital tenían tres destinos básicos: la industria, que oscilaba entre el 30 y el 50 por ciento; los servicios, que representaban entre el 50 y el 60; y la minería y la agropecuaria, que eran menos del 10 por ciento del total (5). Con la crisis y la especulación desenfrenada en alimentos y minerales, hubo cambios drásticos: la IED en servicios cayó al 30 por ciento, la minería y el agronegocio se llevan ya más del 30 de las inversiones, y la industria sólo el 35.

Este dato se puede leer de varias maneras. Pese a la fase exponencialmente especulativa de la economía mundial, la industria sigue absorbiendo una parte sustancial de las inversiones, en gran medida porque los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff se empeñan en defender la competitividad de ese sector, al que consideran estratégico para el futuro del país.

En rigor, Chile no presenta mayores sorpresas, ya que, desde el retorno de la democracia en 1990, es uno de los países que ha estado en el campo de mira de los inversionistas, no sólo por contar con una legislación favorable a sus intereses sino también por la estabilidad que le garantizó el gobierno de la Concertación.

Países regionalmente emergentes


Si alguien pensara que la geopolítica es asunto exclusivo de los Estados, los datos anteriores debieran convencerlo de lo contrario. Nadie tan perspicaz como los think tanks del sistema para observar las tendencias de fondo y trasladarlas a los despachos de quienes toman decisiones.
A la hora de realizar inversiones de largo plazo, los capitalistas tienen sus prioridades. Las más destacadas, según un estudio de la UNCTAD, consisten en el tamaño del mercado (17 por ciento de respuestas) y las expectativas de crecimiento de ese mercado (16); muy lejos se sitúan el acceso al mercado regional y la presencia de proveedores (10 por ciento cada una), seguidos por el ambiente de negocios, y la calidad de la mano de obra y de la infraestructura (6). En buen romance, el capital productivo tiene una lógica muy diferente del especulativo, que busca lucros rápidos esquilmando al país receptor.

Un informe difundido por la Sociedad Brasileña de Estudios de Empresas Transnacionales y de Globalización Económica destaca que por cada 100 empleos creados por la inversión extranjera entre 2003 y julio de 2011, 74 fueron en la industria, 23 en los servicios, y sólo 3 en la agropecuaria y minería (7). Teniendo en cuenta que el monto de las inversiones en los tres sectores fue relativamente parejo en Brasil en ese lapso, resulta evidente que ciertas inversiones son negativas para quien las recibe.

Los casos de Colombia y Perú, opuestos al de Brasil, son el mejor ejemplo para ilustrar esa afirmación. El 80 por ciento de la IED que llega a Colombia se dirige a la minería y los hidrocarburos. El mundo empresarial la visualiza como una estrella petrolera ascendente, ya que fue capaz de duplicar la producción entre enero de 2007 y diciembre de 2011, al alcanzar un millón de barriles diarios e igualar la performance de Petrobras (8). La capacidad de Colombia de atraer capitales se afianza en dos hechos ocurridos en 2011: la recuperación del grado de inversión por parte de las tres calificadoras de riesgo más importantes y la entrada en vigor de acuerdos de libre comercio con varios países, sobre todo con Estados Unidos.

Perú es un caso muy similar, con el añadido de que muestra los límites sociales y políticos del modelo extractivo. El 60 por ciento de sus exportaciones proviene de la minería. El congresista Javier Diez Canseco aporta algunos datos para entender por qué la minería es un cáncer que crece sin cesar. En 2011, un 75 por ciento de las exportaciones mineras de Perú se concentran en oro y cobre. El 52 de las de oro las realizaron sólo dos empresas, y el 48 de las de cobre las hicieron tres empresas. El sector minero tiene un margen de ganancias netas del 42,4 por ciento en promedio. Minas Buenaventura, socia de Yanacocha, involucrada en el polémico proyecto Conga, tiene un margen del 84,1 por ciento. Eso quiere decir que las grandes mineras “ganan el equivalente a todo su patrimonio en cuatro años y algunas mineras lo logran en dos. ¿Quién no quisiera invertir ahí?”, se pregunta el congresista (9).

Toda la minería deja en Perú por impuestos 4.500 millones de dólares, apenas el 17 por ciento de lo que exporta. Es muy, muy poco. Pero es casi tanto como el presupuesto anual del Estado en educación (5.600 millones de dólares) y muy superior al presupuesto de salud (3.200 millones) (10). Por eso, los gobiernos se rinden a las grandes empresas.

Pero Perú es también el espejo en el que se pueden mirar los países que le apostaron al extractivismo. Hay 200 conflictos ambientales en 21 de las 25 regiones administrativas y la resistencia social, que en Cajamarca llevó al gobierno a decretar el estado de excepción, consiguió paralizar seis grandes proyectos mineros con inversiones de 11.000 millones de dólares y cuatro represas hidroeléctricas en el sur del país (11). La crisis política y social que afecta al país puede estar anticipando la que mañana padezcan otros países andinos como Ecuador, Bolivia y Colombia.

Como señala Harvey, no hay una relación automática entre el aumento exponencial de los flujos de capital y un colapso posterior. Todo depende, en su opinión, de la fuerza del resto de la economía: “Algunos países están bien posicionados para convertirlos en un gran beneficio (por ejemplo, China en los años 1990), en tanto que otros pueden ser victimados por ellos (por ejemplo, Indonesia y Argentina en la década de 1990)”.

La llegada de capitales extranjeros, que naturalmente buscan ganancias que retornarán a sus casas matrices en los países desarrollados, puede jugar un papel positivo si el país receptor tiene la voluntad política de ponerles condiciones, y, de modo muy particular, de forzarlos a transferir tecnología y conocimientos, que es la carencia principal de los países no desarrollados. Pero pueden destruir al país, literalmente, si se les permite hacer su juego de extraer recursos ilimitadamente, como sucedió en Argentina durante el gobierno de Carlos Menem.

1 “O dinheiro é vermelho”, entrevista con David Harvey, Valor, Sâo Paulo, 9 de marzo de 2012.
2 UNCTAD; “Global Investment Trend Monitor” Nº 8, Nueva York, 24 de enero de 2012.
3 Cepal, “La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe”, 2010, Nueva York, Naciones Unidas.
4 ibíd. p. 45.
5 Boletim SOBEET Nº 77, Sociedade Brasileira de Estudos de Empresas Transnacionais e da Globalização Econômica, Sâo Paulo, 25 de enero de 2011.
6 Boletim SOBEET Nº 79, Sociedade Brasileira…, 26 de abril de 2011.
7 Boletim SOBEET Nº 81, Sociedade Brasileira…, 5 de setiembre de 2011.
8 “Colômbia é estreia em ascensâo no setor de petróleo”, Valor, Sâo Paulo, 9 de marzo de 2012.
9 Javier Diez Canseco, “La oligarquía minera”, La República, Lima, 27 de febrero de 2012.
10 ídem
11 “Tensâo social no Peru inibe US$ 11 bi em investimentos”, Valor, Sâo Paulo, 20 de marzo de 2012.

*Periodista e investigador social.

Cumbre de las Américas: Submarinos en la bahía, francotiradores en los techos

Colombia ya empezó a recibir a los participantes de la VI Cumbre de las Américas, que arrancará oficialmente el martes en la ciudad caribeña de Cartagena de Indias en medio de no pocas expectativas, y de un enorme dispositivo de seguridad.

 
Según la Revista Gobierno, la organización de la VI Cumbre ha desplegado una estrategia de seguridad que comprende cerca de 15 mil miembros de la Fuerza Pública, de ellos 7.680 policías, 400 vehículos con GPS, 300 cámaras de video, 36 detectores de radioactivos, 6 robots antiexplosivos, 20 patrullas inteligentes y dispositivos especiales en 85 hoteles donde se hospedarán los invitados especiales.

 
El esquema de seguridad desplegado por el Gobierno colombiano, con el apoyo de 32 organismos de policía e inteligencia de 27 países, incluye también helicópteros no tripulados; 36 detectores de radiación personalizados con 62 patrulleros capacitados; 20 patrullas inteligentes equipadas con cámara de video para controlar lo que ocurre a 360 grados a la redonda y un dispositivo de 13 vehículos en las caravana de cada uno de los Jefes de Estado y de Gobierno, entre otros, afirma Ricardo Alberto Restrepo, director de seguridad de la VI Cumbre de las Américas.

 
La Policía de Colombia también ha dispuesto 14 unidades especializadas de intervención y 500 miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios -ESMAD- para atender cualquier situación que se requiera, así como con un equipo negociador en caso de que dicha experiencia se requiera.

 
BBC Mundo cuenta cómo se ha preparado Colombia para la ocasión:

 
Los sospechosos alcatraces

 
En materia de seguridad Colombia no está dejando nada al azar y ha contado con el apoyo de 32 organismos de policía e inteligencia de 27 países.

 
Más de 17.000 efectivos de la fuerza pública, entre armada, ejército, policía y fuerza aérea, se encargarán de proteger a los asistentes a la Cumbre y especialmente a los jefes de Estado que se reunirán a partir del sábado 14 de abril.

 
Seis aviones y cuatro helicópteros patrullarán constantemente los cielos de Cartagena, mientras que la seguridad de la bahía estará garantizada por cuatro submarinos y varios equipos de hombres-rana.

 
A la ciudad se han desplazado seis robots antiexplosivos, mientras que se calcula que unos 400 francotiradores estarán apostados en las azoteas de la ciudad durante la reunión de mandatarios.
 

Y no cualquiera podrá acceder al centro histórico del principal destino turístico de Colombia mientras dure la Cumbre.
 

“Hasta los alcatraces despiertan sospechas”, resumió el cronista Colombia Juan Gossaín en un artículo publicado el domingo por el diario El Tiempo, en el que también da una pista para reconocer a los agentes de los diferentes servicios de inteligencia extranjeros que han llegado a la ciudad que los colombianos llaman cariñosamente “La Heroica”.

 
“Lo primero que piden, a penas se sientan, es un revoltillo de licores llamado Tom Collins. ‘Son los únicos seres humanos capaces de tomarse ese jarabe’, comentan los meseros, muertos de risa,” escribió Gossaín.
 

Las dos noches de Barack Obama

 
Para muchos la mejor prueba de la mejora en la situación de seguridad de Colombia es el hecho que el presidente estadounidense, Barack Obama, pasará una noche, tal vez dos, en suelo colombiano.

 
Pero además del hospedaje de Obama, los organizadores también tienen que hacerle frente al reto de alojar a las más de 11.000 personas que se calcula llegarán a Cartagena para participar o cubrir la Cumbre y actividades asociadas -como el Foro Social, que inició este lunes, y la Cumbre Empresarial, que arrancará el viernes- cuando la capacidad hotelera de la ciudad es de tan solo 6.000 camas.

 
Afortunadamente, no todos los participantes estarán en la ciudad durante las mismas fechas, aunque eso no evitará que algunos tengan que pernoctar en la vecina ciudad de Barranquilla.
 

Y lo que pasa con las personas, también pasa con los aviones, pues se espera la llegada de al menos 15 aviones presidenciales y varias decenas de aeronaves privadas, en su gran mayoría propiedad de los invitados a la Cumbre Empresarial.

 
Y la falta de capacidad de los hangares del aeropuerto internacional Rafael Núñez de Cartagena los obligará a trasladarse a los aeropuertos de otras ciudades colombianas, e incluso de vecinas naciones caribeñas, después de haber dejado a sus pasajeros.

 
En cualquier caso, en todo lo relacionado con logística los asistentes a la Cumbre podrán contar con la asistencia de un ejército de más de 3.000 empleados, contratados por el consorcio de agencias de viaje que ganó la licitación hecha por el gobierno para quedarse con un contrato de casi US$25 millones.

 
¿Una herencia para Cartagena?

 
La organización de la Cumbre también le ha traído algunos dolores de cabeza a los cartageneros.

 
Expulsados del centro histórico, los tradicionales vendedores ambulantes temen no poder beneficiarse de la ocasión y han amenazado con protestas.

 
Y el 75% de la población, que vive fuera de las murallas de la ciudad en condiciones de pobreza, también corre el riesgo de no beneficiarse directamente de las mejoras en la infraestructura de Cartagena.
 

Estas incluyen una inversión de más de US$1,6 millones en el arreglo de plazas y parques del centro histórico y en la recolección de basuras.
 

La vía que conecta el aeropuerto Rafael Núñez con el recinto amurallado también fue rehabilitada a un costo de casi 2.000 millones de pesos (poco más de un millón de dólares).
 

Otra de las herencias de la cumbre será un moderno nuevo cableado para internet y televisión digital de 39 kilómetros de longitud.

 
Y las autoridades locales esperan poder quedarse al menos con parte de las 150 cámaras de video vigilancia instaladas en ocasión del evento.

 
Los escenarios de Santos

 
Colombia, en cualquier caso, quiere sobre todo ser juzgada sobre todo por su capacidad para hacer que la Cumbre termine con algo más que una declaración de buenas intenciones.

 
“Queremos demostrar que las cumbres sí pueden producir resultados”, dijo la ministra de Relaciones Exteriores colombiana María Ángela Holguín.

 
“Hemos dedicado tantos esfuerzos a la preparación de esta Cumbre que el fracaso ni lo contemplamos”, agregó, refiriéndose a los meses de trabajo y reuniones preparatorias sobre los temas de agenda.

 
Y, tal vez para evitar un fracaso, las autoridades colombianas también dieron a entender que el tema de Cuba y la guerra contra las drogas podrían no ser incluidos en la declaración final de la cumbre, sino abordados como documentos aparte.

 
En cualquier caso, según la revista Semana, el presidente Juan Manuel Santos parece tener claro lo quiere conseguir con respecto al tema de la lucha contra la drogas: convencer a los otros mandatarios de la necesidad de iniciar una discusión sobre los escenarios posibles, y sus consecuencias, que empleé la metodología del canadiense Adam Kahane que ya fue aplicada al caso colombiano.
 

De ser aceptada, la propuesta daría lugar a la creación de un grupo de trabajo especial que podría estar presentando sus primeros resultados dentro de un año, para alimentar un debate que debería luego llevarse al seno de Naciones Unidas, afirma Semana.
 

(Con información de la Revista Gobierno, de Colombia, y BBC Mundo)
 

Publicado enColombia
Una Dilma más fuerte visitó la Casa Blanca

Dilma Rousseff ya no trastabilla. En marzo del año pasado, cuando recibió a Barack Obama en Brasilia, Dilma, con apenas tres meses en el gobierno, caminaba insegura sobre sus recién estrenados zapatos rojos de taco alto por las escalinatas resbaladizas del Palacio del Planalto. Debutaba, balbuceante, en la alta política mundial ante la mirada de un Washington ávido de aliados de porte en Sudamérica, donde sólo cuenta con la subordinación armada de Colombia y la adhesión librecambista de Chile.
 

Ayer, en el Salón Oval, Dilma se movió con paso más seguro, como el de alguien que representa a la “sexta economía” mundial y busca establecer una relación de “igual a igual” con la principal potencia mundial, según dijo al desembarcar en Washington el domingo.
 

Con voz segura y monocorde, la presidenta sostuvo que la bancarrota económica mundial es consecuencia de la inundación de dólares y euros estimulada por los países desarrollados, reiterando las mismas tesis expuestas hace una semana en la cumbre de los Brics celebrada en la India y un mes atrás frente a la inmutable Angela Merkel, durante una visita a Alemania. “Estas políticas monetarias llevan a la devaluación de las monedas de los países desarrollados, comprometiendo el crecimiento de los países emergentes.”
 

Dilma no utilizó la expresión “tsunami monetario”, referida en Nueva Delhi, pero culpó a la guerra cambiaria por la “inestabilidad, el bajo crecimiento y el desempleo que afecta a varias regiones del mundo”.
 

Hablando por momentos como portavoz de los países latinoamericanos, que a fines de esta semana participarán en la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias, dijo que allí quedará plasmado el “hecho de que América latina es un continente que viene creciendo, distribuyendo renta y realizando un proceso de inclusión social”. “Vamos a discutir cómo la integración trae beneficios de América latina”, porque “el crecimiento económico ocurrirá (como consecuencia) del fortalecimiento de nuestros mercados internos con la inclusión de millones de brasileños y latinoamericanos”.
 

En sus casi 15 minutos de alocución ante un Obama atento, Dilma no abordó de forma explícita la situación de Cuba, acaso para evitar incomodar a un anfitrión que la recibió “fraternalmente”, pero el asunto fue mencionado por los miembros de su comitiva en sus diálogos informales ante reporteros.
 

En esas conversaciones informales, la delegación brasileña sostuvo que la isla, visitada en enero por Rousseff, debe ser convidada al cónclave del cual participan 34 países del hemisferio. Aún se especula, pero sin la insistencia de hace semanas, que Washington y Brasilia lanzarán en Cartagena una alianza por el medio ambiente, tal vez en el área de energías renovables, como antesala de la Cumbre Río+20, de junio, a la que Obama fue invitado ayer formalmente.
 

Obama habló no más de cinco minutos, concentrándose en el interés norteamericano en las gigantescas reservas de “gas y petróleo” descubiertas en el litoral brasileño y en la búsqueda de consenso sobre temas globales como Medio Oriente, punto eludido por la brasileña, que en otros foros mundiales rechazó una ofensiva militar contra Siria y cuestionó el in crescendo de las presiones sobre Irán.
 

Como en toda relación de Estado, sus líderes corporizan la balanza de poder entre ellos, modificada en la última década del Partido de los Trabajadores en el poder. Entre enero de 2003 –cuando Luiz Inácio Lula da Silva subió la rampa del Planalto– y marzo de 2012, los cambios fueron drásticos: Estados Unidos, que representaba el 25 por ciento del comercio exterior brasileño, retrocedió al 12,5 por ciento y ya no detenta la corona de principal socio comercial de Brasil, lugar que desde hace dos años ocupa China, cuyas transacciones con Brasilia superan en unos 17 mil millones de dólares a las de Washington.
 

La agenda de defensa fue abordada lateralmente, dejando casi archivada una alianza militar estratégica: como corresponde a dos países que disputan la supremacía continental.
 

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Lunes, 09 Abril 2012 06:32

Las ilusiones de Stephen Harper

Las ilusiones de Stephen Harper

Creo, sin ánimo de ofender a nadie, que así se llama el Primer Ministro de Canadá. Lo deduzco de una declaración publicada el “Miércoles Santo” por un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Son casi 200 los Estados, supuestamente independientes, que integran la Organización de Naciones Unidas. Constantemente cambian o los cambian. Muchos son personas honorables y amigos de Cuba, pero no es posible recordar los detalles de cada uno de ellos.

 
En la segunda mitad del siglo XX tuve el privilegio de vivir años de intenso aprendizaje, y apreciar que los canadienses, ubicados en el extremo norte de este hemisferio, fueron siempre respetuosos de nuestro país. Invertían en esferas de su interés y comerciaban con Cuba, pero no intervenían en los asuntos internos de nuestro Estado.
 

El proceso revolucionario iniciado el 1º de Enero de 1959 no implicó medidas que afectaran sus intereses, los cuales fueron tomados en cuenta por la Revolución en el mantenimiento de relaciones normales y constructivas con las autoridades de aquel país donde se llevaba a cabo un intenso esfuerzo por su propio desarrollo. No fueron, por tanto, cómplices del bloqueo económico, la guerra, y la invasión mercenaria que Estados Unidos aplicó contra Cuba.

 
En mayo de 1948, año en que se creó la OEA, institución de bochornosa historia que dio al traste con lo poco que ya quedaba del sueño de los libertadores de América, Canadá estaba lejos de pertenecer a la misma. Ese status se mantuvo durante más de 40 años, hasta 1990. Algunos de sus líderes nos visitaron. Uno de ellos fue Pierre Elliott Trudeau, brillante y valiente político, muerto prematuramente, a cuyo sepelio asistimos en nombre de Cuba.

 
Se supone que la OEA sea una organización regional integrada por los Estados soberanos de este hemisferio. Tal afirmación, como otras muchas de consumo diario, encierra un gran número de mentiras. Lo menos que podemos hacer es estar conscientes de las mismas, si se preserva el espíritu de lucha y la esperanza de un mundo más digno.
 

Se supone que la OEA sea una organización panamericana. Un país cualquiera de Europa, África, Asia o de Oceanía, no podría pertenecer a la OEA por poseer una colonia, como Francia en Guadalupe; o los Países Bajos, en Curazao. Pero el colonialismo británico no podía definir el status de Canadá, y explicar si era una colonia, una república, o un reino.
 
El Jefe de Estado en Canadá es la Reina de Inglaterra Isabel II, aunque esta deposite sus facultades en un Gobernador General designado por ella. De ese modo cabe preguntar si el Reino Unido es también parte de la OEA.
 
A su vez, el honorable Ministro de Relaciones Exteriores de Canadá no se atreve a decir si apoya o no a la Argentina en el espinoso tema de las Malvinas. Expresa solo beatíficos deseos de que reine la paz entre los dos países, pero allí Gran Bretaña posee la mayor base militar fuera de su territorio que viola la soberanía Argentina, no se excusó por haber hundido el Belgrano que estaba fuera de las aguas jurisdiccionales establecidas por ellos mismos y provocó el sacrificio inútil de cientos de jóvenes que cumplían su servicio militar. Hay que preguntarle a Obama y a Harper qué posición van a adoptar frente al justísimo reclamo de que se reintegre la soberanía de Argentina sobre las islas, y se deje de privarla de los recursos energéticos y pesqueros que tanto necesita para el desarrollo del país.
 

Me asombré realmente cuando profundicé en los datos de las actividades de las transnacionales canadienses en América Latina. Conocía el daño que los yanquis le imponían al pueblo de Canadá. Obligaban al país a buscar el petróleo extrayéndolo de grandes extensiones de arena impregnadas de ese líquido, ocasionando un daño irreparable al medio ambiente de ese hermoso y extenso país.

 
El daño increíble era el que las empresas canadienses especializadas en búsqueda de oro, metales preciosos y material radioactivo ocasionaban a millones de personas.
 

En un artículo publicado en el sitio web Alainet hace una semana, suscrito por una ingeniera en Calidad Ambiental,que nos introduce más detalladamente en la materia que incontables veces se ha mencionado como uno de los principales azotes que golpea a millones de personas.
 

“Las empresas mineras, el 60% de las cuales son de capital canadiense, trabajan bajo la lógica de aprovechamiento máximo, a bajo costo y corto tiempo, condiciones que son aún más ventajosas sí, en el sitio donde se instalan, se pagan mínimos ingresos tributarios y existen muy pocos compromisos ambientales y sociales…”
 

“Las leyes de minería de nuestros países [...] no incluyen obligaciones y metodologías para el control de impactos ambientales y sociales.”

 
“…los ingresos tributarios que las empresas mineras pagan a los países de la región son en promedio no más del 1.5% de los ingresos obtenidos.”

 
“La lucha social en contra de la minería, especialmente la metálica, ha venido creciendo a medida que generaciones enteras han visualizado los impactos ambientales y sociales…”
 

“Guatemala tiene una fuerza de resistencia ante los proyectos mineros que es admirable, gracias a la apropiación que tienen los pueblos indígenas del valor de sus territorios y sus recursos naturales como herencias ancestrales invaluables. Sin embargo, en los últimos 10 años, las consecuencias de esa lucha se han visualizado en el asesinato de 120 activistas y defensores de los Derechos Humanos.”
 

En el mismo artículo se va señalando lo que ocurre en El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, con cifras que obligan a pensar profundamente en gravedad y el rigor del saqueo despiadado que se va cometiendo contra los recursos naturales de nuestros países e hipotecando el futuro de los latinoamericanos.

 
La presencia de Dilma Rousseff, de regreso a su país, con escala en Washington, servirá para que Obama se persuada de que aunque algunos se refocilan pronunciando melosos discursos, Latinoamérica está lejos de ser un coro de países demandando limosnas.

 
Las guayaberas que usará Obama en Cartagena es uno de los grandes temas de las agencias noticiosas: “Edgar Gómez [...] ha diseñado una para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que la exhibirá durante la Cumbre de las Américas”, nos cuenta la hija del diseñador, y añade: “Se trata de una guayabera blanca, sobria y con un trabajo manual más notorio de lo habitual…”.
 

De inmediato la agencia de noticia agrega: “Esta camisa caribeña tiene su origen en las orillas del río Yayabo, en Cuba, por eso inicialmente se llamaban yayaberas…”.

 
Lo curioso, amables lectores, es que Cuba está prohibida en esa reunión; pero las guayaberas, no. ¿Quién puede aguantar la risa? Hay que correr para avisarle a Harper.
 


Fidel Castro Ruz
 
Abril 8 de 2012
 
8 y 24 p.m.
 

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