Obama y su política exterior en América Latina: el verdadero escándalo de Cartagena
La campaña de reelección del Presidente Barack Obama lanzó su primera publicidad en idioma español esta semana, justo después de regresar de la Cumbre de las Américas. Obama estuvo tres días en Colombia, más tiempo que ningún presidente en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, el viaje estuvo marcado por un escándalo de prostitución que involucra a las Fuerzas Armadas y al Servicio Secreto de Estados Unidos. El General Martin Dempsey, Jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército, declaró: “Decepcionamos al jefe, porque de lo único que se habla sobre Colombia es de este incidente”. Dempsey tiene razón. El incidente también funcionó como metáfora del modo en que el gobierno estadounidense trata a América Latina.


Once miembros del Servicio Secreto de Estados Unidos y cinco miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense estarían implicados en el escándalo. Los oficiales supuestamente tuvieron encuentros con prostitutas en uno o en varios bares de Cartagena y se llevaron a alrededor de 20 mujeres al hotel. Algunas probablemente eran menores de edad. Todo esto debe ser investigado a fondo, pero también deberían analizarse las posiciones políticas que Obama promovió en Cartagena.


En primer lugar, su posición con respecto a la guerra contra las drogas. Sobre este tema el Presidente Obama declaró en la cumbre: “Es totalmente legítimo tener una conversación sobre si las leyes vigentes causan más daño que beneficio en determinados lugares. Mi posición personal y la de mi gobierno es que la legalización no es la respuesta”. Ethan Nadelmann, fundador y director ejecutivo de la Alianza por una Política de Drogas, con sede en Nueva York, me dijo que a pesar de la declaración predecible de Obama, esta cumbre demostró “la transformación del diálogo regional y mundial con respecto a las políticas sobre drogas....Es la primera vez en la historia que un presidente dice que estamos dispuestos a considerar la posibilidad de que las políticas de Estados Unidos con respecto a las drogas están causando más daño que beneficio en algunas partes del mundo”. Ethan Nadelman explica que esto es el resultado del creciente consenso existente en todo el espectro político latinoamericano, desde ex presidentes importantes como Vicente Fox, de México, que está a favor de la legalización de las drogas, hasta los actuales jefes de Estado, como el actual presidente mexicano, Felipe Calderón, que dijo que el principal problema es la voraz demanda de drogas en Estados Unidos.


Nadelman agregó: “También se da la situación un tanto inusual de Evo Morales, el presidente boliviano de izquierda y ex líder del sindicato de cocaleros, que alleccionó a Estados Unidos con una frase que podría ser una cita de Milton Friedman: '¿Cómo pretenden que reduzcamos la oferta si hay demanda?'. Entonces estamos ante el comienzo de un cambio. No creo que se pueda dar marcha atrás”.


Luego está el tema del comercio. Obama y el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, también anunciaron que el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Colombia entraría en vigor el 15 de mayo. Los líderes sindicales tanto de Colombia como de Estados Unidos cuestionan el acuerdo debido a que Colombia es el peor país del mundo para realizar actividades sindicales. El asesinato de sindicalistas en ese país es moneda corriente: al menos 34 sindicalistas murieron en el último año y medio. Durante su primera campaña presidencial, Obama prometió oponerse al TLC con Colombia “porque la violencia contra los sindicatos en Colombia estaría en contradicción con las protecciones laborales que insistimos que se incluyan en este tipo de acuerdos”. Ese año, 54 sindicalistas colombianos fueron asesinados. El presidente de la central sindical estadounidense conocida como AFL-CIO, Richard Trumka, dijo que el anuncio “es muy decepcionante y preocupante”. Por su parte, los republicanos elogiaron a regañadientes a Obama por promover el TLC.


Con respecto a Cuba, Obama asumió la impopular postura de defender el bloqueo estadounidense. Incluso en Estados Unidos, las encuestas indican que una gran mayoría de la población y de las empresas apoyan que se ponga fin al bloqueo. Estados Unidos también logró, una vez más, impedir que Cuba asistiera a la cumbre, lo que incitó al presidente de Ecuador, Rafael Correa, a boicotear la reunión.


En respuesta a la intransigencia absoluta de Estados Unidos, los demás países del hemisferio occidental se están organizando. Greg Grandin, catedrático de Historia Latinoamericana de la Universidad de Nueva York, me dijo: “Los propios latinoamericanos están creado organismos que excluyen a Estados Unidos, que profundizan la integración política y económica entre ellos. Parece ser un lugar donde se reúnen para criticar las políticas de Washington con bastante eficacia”.


El Profesor Grandin comparó las políticas de Obama con respecto a América Latina con las de sus predecesores: “Los dos principales pilares de la política exterior estadounidense (profundizar el neoliberalismo y aumentar la militarización con respecto a las drogas) continúan en pie, se retroalimentan y han generado una gran crisis en el corredor que va desde Colombia, pasa por América Central y llega hasta México. Esta política ha sido un desastre total y no ha habido cambios”.


Se necesitará más que un escándalo de prostitución para encubrirla.


Por Amy Goodman. Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 
Publicado el 20 de abril de 2012

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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Viernes, 20 Abril 2012 06:54

Lo que viene después del patio trasero

Lo que viene después del patio trasero

Después de la reciente sexta Cumbre de las Américas quedan pocas dudas de que la región latinoamericana ha cambiado. Dejó de ser el patio trasero de un decadente imperio que tiene muy poco para ofrecerle salvo bases militares y flotas amenazantes. El doble fracaso estadunidense, de Barack Obama en Cartagena y de Hillary Clinton la semana siguiente en Brasilia, muestra la falta de propuestas constructivas para la región.
 

Como señaló Dilma Rousseff, los países de la región reclaman “relaciones entre iguales”, lo que fue interpretado por algunos analistas como “una rebelión contra Estados Unidos”. La principal consecuencia de la cumbre es la constatación del aislamiento de Estados Unidos y su inexistencia de políticas capaces de atraer al conjunto de la región como sucedió hasta mediados de la década de 1990. Encuentro cinco razones para el deterioro de las relaciones de Washington con todo el continente, que anticipan el nuevo escenario en formación.
 

La primera es el doble fracaso de la guerra contra las drogas y del embargo a Cuba. Luego de la caída de la Unión Soviética Washington debió fabricar un enemigo para seguir forzando la militarización de las relaciones internacionales. El tráfico de drogas ilegales cumplió con esa función durante un tiempo, pese a que nunca fue creíble porque no incluyó la reducción del consumo en los países del norte, los grandes consumidores de drogas ilegales.
 

Ahora la guerra contra las drogas perdió la batalla de la legitimidad. El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos acaba de lanzar un estudio en el que afirma que no sólo fracasó en combatir el consumo y el tráfico, sino que la guerra contra las drogas “ha creado una amenaza importante contra la seguridad internacional” (La Jornada, 17 de abril). ¿No era ese acaso el objetivo buscado?
 

La segunda es el fin del tiempo de la OEA y la consolidación de la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que excluyen a Estados Unidos y Canadá y se ajustan a la nueva realidad global. Siguiendo la tendencia ya marcada por la Unasur desde 2009, la Celac se está convirtiendo rápidamente en el organismo capaz de resolver los problemas de la región y de trazar el rumbo de su soberanía frente a las potencias extracontinentales. Puede discutirse si ese es el tipo de integración que necesitan los pueblos latinoamericanos, pero no cabe duda de que, sea cual sea el camino que elijan, están excluyendo a los antiguos propietarios del patio trasero.
 

En tercer lugar, Estados Unidos ya no es el principal socio comercial de los principales países de la región, en particular de Sudamérica, y su decreciente mercado interno ya no tiene el atractivo de antaño ni se muestra en condiciones de captar las exportaciones latinoamericanas. La tendencia es que China y el conjunto de Asia sustituyan el papel que tuvo Estados Unidos desde principios del siglo XX hasta la crisis de 2008 como aliado comercial, y político, decisivo.


Hasta 2005 Estados Unidos compraba 1.5 millones de barriles diarios a Venezuela, cifra que cayó en 2011 a menos de un millón. Por el contrario, las exportaciones venezolanas a China, que eran casi inexistentes en 2005, treparon a casi medio millón de barriles diarios en 2011 (Geab No. 60, diciembre de 2011). La tendencia es que un mercado sustituya al otro.
 

Estados Unidos y la Unión Europea, en cuarto lugar, van camino de ser desplazados como los principales inversionistas en América Latina. China es el principal inversor en Venezuela, primera reserva mundial de petróleo, tercera de bauxita, cuarta reserva de oro, en sexta posición en gas natural y décima reserva de hierro en el mundo. China cuenta también con fuertes inversiones en Argentina y Brasil, las dos mayores economías suramericanas.
 

La segunda petrolera china, Sinopec, estaba interesada en comprar la parte de Repsol en YPF por 15 mil millones de dólares antes de la estatización decidida por el gobierno de Cristina Fernández (Financial Times, 18 de abril de 2012). Ahora puede ampliar sus inversiones en Argentina, donde es responsable de 6 por ciento de la oferta de crudo y de 1.7 por ciento de la de gas.
 

La región tiene también capacidades endógenas de inversión. El mejor ejemplo es el anuncio de la inversión de 16 mil millones de dólares por tres empresas brasileñas (Petrobras, Odebrecht y Braskem) en Perú, para extraer gas en Camisea, construir un gasoducto de más de mil kilómetros hacia el sur y un polo petroquímico en la ciudad portuaria de Ilo, el primero de la costa del Pacífico.
 

En quinto lugar, Estados Unidos ya no es el único aliado militar de la región. Venezuela mantiene una sólida alianza con Rusia, Brasil tiene acuerdos de cooperación con India en aeronáutica y con China en la industria espacial. Pero lo más notable es la progresiva integración de las industrias militares de la región, o sea el acople de los países suramericanos con la creciente industria militar brasileña.
 

El caso más notable es la alianza estratégica entre Brasil y Argentina, que se traduce en el desarrollo conjunto de blindados, un carguero militar que sustituirá a los Hércules, el desarrollo de misiles aire-aire que Brasil trabaja con África del Sur, y aviones no tripulados para vigilancia de fronteras. Ambos países conforman una masa crítica capaz de arrastrar a los demás para poner en pie una industria militar regional autónoma del norte.
 

El inminente triunfo del socialista François Hollande en las elecciones francesas “activará una serie de cambios estratégicos” que acelerarán las transiciones geopolíticas en curso, según estima el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab No. 54, 17 de abril de 2012). Uno de los principales virajes será la formación de una alianza estratégica Europa-BRICS. De alguna manera, esta alianza ya comenzó con el acuerdo militar Francia-Brasil de 2009 para construir submarinos y cazas de ataque. La autonomización de la región puede contar con aliados inesperados.
 

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Jueves, 19 Abril 2012 07:20

Paisaje después de Cartagena 2012

Paisaje después de Cartagena 2012

Al final el único saldo concreto, tangible, de la Sexta Cumbre de las Américas parece ser la firma del Tratado de Libre Comercio (TCL) entre Colombia y los Estados Unidos, y no hacía falta en realidad una cumbre de jefes de Estado para esto. Se trata de un acuerdo bilateral que no pasa, por supuesto, por consenso internacional alguno. Y que, en consecuencia, se suscribió al finalizar la Cumbre y fuera de ella, por ambos presidentes, sin salir de Cartagena, aprovechando -como quien dice- que ya estaban en la ciudad. Igualmente ha sido noticia la firma otro acuerdo: uno de exención de aranceles entre los cancilleres de Colombia y Venezuela.


Expediente bien conocido, el primero, que consolida el sometimiento de la economía colombiana y colocará al país ante riesgos similares a los vividos por los mexicanos después de 1994: sujeción plena a la dinámica de mercado impuesta por Washington, polarización potenciada de los ingresos privados, desestructuración de la economía agraria, transición hacia una verdadera "narcocracia" con impunidad para el crimen, intensificación de flujos migratorios internos y externos, y el fortalecimiento de los lazos de dependencia con los Estados Unidos dentro del patrón neoliberal, que se mantiene plenamente vigente en las relaciones internacionales .


No nos deberíamos extrañar si en la década venidera los activos financieros de las familias colombianas más adineradas compiten con los de Slim, si los circuitos de la pobreza se propagan y el descomunal cinturón de miseria que rodea Cartagena (y que no se ve desde la zona turística) duplica su extensión, si la violencia se vuelve otra vez (dicen que casi había desaparecido) incontrolable en las urbes y en los campos de Colombia y si la hegemonía estadounidense termina por asignar a su socio un papel parecido al que desempeña Israel en Oriente Medio.


A pesar de que se firmó fuera de la Cumbre, el TCL se suscribió aprovechando la reunión de estadistas como pantalla. Los debates habían quedado atrás, con la Cumbre clausurada sin documento final ni consensos aceptados. La sorpresa seguramente no dio tiempo a la protesta de los que hubieran protestado en el país. Este tratado no tiene nada que ver con el firmado entre Columbia y Venezuela, equilibrado y simétrico, y puesto la agenda junto al otro, con astucia, por el Presidente Santos, que se consagra como el político más hábil de la derecha latinoamericana.


Sin embargo, hasta Santos tuvo que reconocer que Cuba no podía estar ausente en las cumbres venideras. Claro, que lo hizo con el cuidado de utilizar el tono más conciliador, y no como lo habría hecho alguien convencido. Se notaba que no habría reivindicado la presencia cubana si un fuerte consenso en el cónclave no lo hubiera puesto en condiciones de tener que hacerlo. Y si la simple aceptación de la presencia cubana en las cumbres no tuvo eco en la postura del imperio, menos se podía esperar un cambio de posición en torno al bloqueo sostenido contra la isla.


Aún más escandalosa fue la casi omisión en torno al reclamo argentino, también consensuado salvo por los Estados Unidos y Canadá, de las Malvinas, las cuales, para colmo, fueron confundidas por el Presidente Obama con las Maldivas. ¿Error o muestra cínica de desprecio? Puede que error, ya que para ellos estas islas siguen llamándose Falkland, como demostraron en 1982, en tiempos de Ronald Reagan, al ponerse sin vacilar al lado del colonizador británico cuando la dictadura argentina intentó la recuperación. Al margen del propósito de los militares, los Estados Unidos estaban comprometidos por el TIAR a respaldar el rechazo a la invasión británica, y olvidaron sus compromisos. Fue entonces cuando el TIAR naufragó y ya nadie recuerda siquiera lo que significa la sigla. Erros y desprecio, en estos casos, suelen andar juntos.


En resumen, en Cartagena no se obtuvo una decisión en cuanto a la presencia de Cuba en la próxima Cumbre, moción bloqueada por los Estados Unidos y Canadá desde la reunión previa de cancilleres. El levantamiento del bloqueo, que cuenta con el pleno apoyo latinoamericano, topó con la sordera del norte. Tampoco se consiguió una toma de posición que aceptara siquiera el debate sobre la reclamación de las Malvinas. No obstante, como contrapartida, Washington lograba una firma, libre de protestas, del TCL con Bogotá. Se comprende que Hillary Clinton quisiera desbordar su entusiasmo la última noche en el Café Habana, de Cartagena, bailando al son de la Guantanamera y el Chan-chan. Incluso se hizo fotografiar bajo el anuncio del lugar. Parece un podo irónico de manifestar su satisfacción por lo que interpretó como una victoria sobre Cuba… y sobre el ALBA.


Victoria pírrica, en realidad, y procuro explicarme En primer lugar, la Cumbre de las Américas no es otra cosa que una criatura de Washington y de la OEA , inaugurada en Miami en 1994, cuando desde el espacio gubernamental latinoamericano no habían comenzado a darse los cambios que modificarían el escenario regional. Componen esta reunión los mismos países que componen la OEA, y su destino es el de dar a la hegemonía de los Estados Unidos el respaldo de los jefes de Estado del continente para una segunda escalada neocolonial : el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) . No es casual que la primera Cumbre coincidiera con el año de la firma del TLC con México, punto de referencia para el lanzamiento del acuerdo.


Tras una década de cambios en el escenario latinoamericano, la moción de adopción del ALCA, llevada por George W. Bush a la IV Cumbre, en 2005 en Mar del Plata, encontró una oposición mayoritaria que dejó marcado el cambio en la correlación de fuerzas en la región. La Cumbre, en los supuestos que se concibió, quedó herida de muerte. ¿De muerte en verdad? La meta después de 2005 devino llegar al ALCA país por país.


La siguiente reunión, en Port of Spain (Trinidad & Tobago) transcurrió con la presencia de un nuevo presidente de los Estados Unidos: un Barack Obama sonriente que había llegado a la presidencia anunciando cambios que no iba a ser capaz de encauzar. La inaceptable ausencia de Cuba fue ya un tema polémico allí, pero no hubo más que señales para dejar esperanzas de una mirada más razonable. Lo increíble es que ahora se repita. Aquella reunión terminó sin acuerdos y con el obsequio de Chávez a Obama de un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, escrito por Eduardo Galeano en 1971, como sugerencia para una mejor comprensión de nuestras realidades.


No creo que Chávez estuviera convencido de que Obama fuera a leerlo, ni a molestarse en buscar una de las traducciones hechas al inglés, pero su gesto devino una cortesía política emblemática, en tanto expresaba la esperanza de que el presidente negro que había desafiado exitosamente los vestigios racistas en los dogmas electorales estadounidenses, que había hecho su campaña sobre la promesa de justicia social y anunciado cambios positivos en la política latinoamericana de Washington, se mantuviera consecuente con sus anuncios. La historia entre Trinidad y Cartagena no recoge gesto alguno que permita esperar nada distinto a lo que hasta hoy se ha recibido de la Casa Blanca.


Se puede comprender, sin indagar, la decisión del presidente de Ecuador, Rafael Correa, y del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, de no concurrir a Cartagena. Y la del resto de los países de la ALBA al anunciar, decepcionados de este encuentro, que no asistirán a Panamá si no se invita a Cuba sin las condiciones inadmisibles que exigen los Estados Unidos.


Debe destacar se que el punto de la inclusión de Cuba en las reuniones ni siquiera implicaba por sí mismo un cambio de la política estadounidense en el plano bilateral. Sin embargo, cabe pensar que la posición que asumiera Obama al respecto podría incidir en su reelección a la presidencia: un signo de flexibilidad hacia Cuba contaría para la pérdida eventual del apoyo del Estado de La Florida en los comicios . Es significativo que hasta el gesto más obvio de reconocimiento del consenso continental se haga imposible. ¿Cómo esperar de Obama un cambio en el bloqueo a Cuba, o que se pronunciara en cuanto al reclamo argentino de las Malvinas, más allá de la inverosímil neutralidad que atribuyó a su país?


Sin embargo, al margen de la escasa información que permite el secreto de las sesiones (fueron todas a puerta cerrada por decisión, en apariencia, de los anfitriones), pienso que sobre el control y la lucha contra el narcotráfico siempre se habría podido ir más lejos (a menos que ir más lejos en esto también influyera en el voto de Miami).


De cualquier modo nos pasamos la vida bordeando el espejismo que indica que, en los Estados Unidos, el segundo mandato presidencial es aquél en el cual el presidente puede consumar su verdadera política, pues ya no necesita atenerse a las demandas de los grupos de influencia que le apoyaron. No sé si será cierto en otros temas, pero con respecto a la política seguida hacia Cuba esto no ha funcionado.


¿Alguien cree aún que antes de la Cumbre de Panamá, después de que se ratifique en la presidencia, si es reelegido, Obama aceptaría que Cuba se integrase en la Cumbre? Ni lo creo, ni importa mucho: importa tanto como que esta Cumbre no haya dado un signo de flexibilidad hacia Cuba, por insignificante que fuera, por el riesgo de que incidiera en la pérdida de apoyo del Estado de La Florida en los comicios. Si es que queremos reconocer esta explicación, casuística, pragmática, “cortoplacista”  y limitada para comprender el panorama mayor.


La única respuesta válida es la dada por los países del ALBA. No volver a asistir si Cuba no está, que es la posibilidad de deslegitimar desde el Sur la naturaleza de ese cónclave. Es de esperar que otros latinoamericanos se sumen a este condiciona miento y que ese sencillo dilema se revierta en la transformación del signo de las cumbres, o de lo contrario en su desaparición, convertidas en cenáculos derechistas sometidos, que servirían simplemente como pantallas para imponer tratados bilaterales de libre comercio o cualquier otro ingenio hegemónico. Deslegitimadas del todo por la falta de representatividad.


Confieso que reconozco a Obama que haya declinado, en su vestuario, los modelos de guayaberas, que no tienen en su caso el significado de la prenda nacional, y haber mantenido la sobria identidad que le es habitual. Habría añadido, de lo contrario, una penosa nota de superficialidad. Para payasadas bastó con la de Hillary.


Recuerdo, para terminar estas líneas, que la fundación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), a principios de diciembre pasado en Caracas, constituyó la creación de otra cumbre. Del todo distinta. Llama la atención cómo la ausencia o presencia de un solo país cambia del todo el significado del conjunto, y ese país no es Cuba. La ausencia de los Estados Unidos en CELAC inicia una institucionalidad internacional paralela a la OEA. Si la Cumbre de las Américas  no puede devenir en un punto de encuentro y de confrontación entre ambas presencias, superando el carácter parcial de su génesis, si no puede atenerse a la exigencia de los tiempos, no tiene sentido que subsista. Podría convertirse incluso –tal vez empieza a convertirse ya– en un obstáculo para la salud de la América que emerge.


Creo que esta ha sido la lección principal de Cartagena 2012. ¿Jugaban ya Obama y Clinton al acto final?
 

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Jueves, 19 Abril 2012 07:08

Cartagena: los límites del poder

Cartagena: los límites del poder

Aunque la crisis estructural que abate al capitalismo genera un cúmulo de factores que debilitan la sustancia de la hegemonía de Estados Unidos en el mundo y en el hemisferio, enraizada en la arquitectura de Bretton Woods (BW), existen tres elementos que aumentan, de manera quizá irreversible, los costos y contradicciones que afectan su considerable poder: 1) la abismal discrepancia entre el contexto de indisputada primacía global resultado de la Segunda Guerra Mundial, sustento de esa arquitectura” y la actual constelación histórica de declinación hegemónica luego de siete décadas de intensa multipolarización económico-industrial y estratégico-militar; 2) el agotamiento de recursos naturales estratégicos, en primer término petróleo y gas, minerales, metales, agua, etcétera, así como la presencia de límites atmosféricos ante las emisiones de gases con efecto invernadero; y 3) el sometimiento de la cúpula republicana y/o demócrata a los intereses financiero-especulativos y cortoplacistas de grandes bancos y firmas de inversión, petroleras, bélico-industriales, mineras, agropecuarias... y sus cabildos, restando flexibilidad ante cambios exigidos por los “límites del poder” y del planeta.
 

Esta constelación histórica y material estuvo presente en Cartagena y poco después en Buenos Aires, cuando la presidenta Cristina Fernández presentó al Congreso medidas para recuperar el manejo soberano de YPF, principal ente petrolero argentino, entre los principales platillos en el festín de las privatizaciones bajo diseño y auspicio del Banco Mundial, servido a la depredación oligárquico-imperial. Un bochorno histórico protagonizado por Menem en Argentina, Cardoso en Brasil y Salinas-Zedillo-Fox-Calderón en México, acto que hubiera sido inadmisible, so pena de desafuero, en España y Estados Unidos: fue rotundo el rechazo hispano al intento de una firma alemana por adquirir empresas eléctricas en España, “porque dejar la energía en manos extranjeras es asunto de colonias”, o el veto de legisladores republicanos de Estados Unidos, a una oferta de CNOOC Ltd de China para comprar UNOCAL y sus vastas reservas de gas natural en Norteamérica y Asia, por razones geopolíticas y de “seguridad nacional”.
 

Pero la intención del hegemón sigue siendo “reestructurar” América Latina bajo la noción de que las empresas de EU sólo pueden operar en un mundo, como apuntan Gabriel y Joyce Kolko en The Limits of Power (Harper & Row, 1972) acompañados por regímenes capitalistas “políticamente confiables y estables” y “con libre acceso a los recursos naturales”. BW, recuérdese, privilegió lo privado sobre el interés público. Ese fue y es el eje del FMI-BM y luego del BID, parte y parcela de la política exterior, económica y de seguridad de Estados Unidos, presente en el “foro empresarial”, paralelo a la “cumbre”, bajo auspicio del BID, con Obama como principal orador, a pesar de que Estados Unidos sufre gran desempleo crónico y era imperativo dar un espacio equivalente a los trabajadores de las “Américas”.


Al formalizar Estados Unidos en Cartagena su “neutralidad” ante el despliegue militar de Londres en las Malvinas, amenazando la soberanía de Argentina y con ella la de la región y al vetar la presencia de Cuba, Obama actuó bajo la geopolítica y geoeconomía de clase señalada por Henry Morgenthau, secretario del Tesoro presente en BW, de que la política exterior y económica sea “manejada por empresarios y con espíritu empresarial” (p.16). Obama actuó como en 1944-1947, bajo un “orden” que combate los regímenes revolucionarios o de centro-izquierda, que operan en defensa de las soberanías, algo indispensable para sobrevivir en el siglo XXI ante la escasez de recursos naturales estratégicos como los combustibles fósiles.
 

Solos, Canadá y Estados Unidos atestiguaron el rechazo unánime de la región al veto y al bloqueo. Y al avalar Estados Unidos los despliegues militares de una potencia extra-continental en Las Malvinas, hizo trizas la retórica del “interamericanismo” y la supuesta “defensa continental” bajo la que se escudan los operativos de los “Comandos Norte y Sur”, la proliferación de bases y el despliegue de la Cuarta Flota sobre las líneas de comunicación marítima, vitales al comercio de América Latina y el Caribe con Asia, África y Europa. El hemisferio “verticalmente integrado”, con Estados Unidos como principal polo mundial, industrial, bancario, agrícola y militar ya no existe, pero su “restauración” ha sido nostálgica obsesión de la Casa Blanca en especial con los dos Bush, Clinton y ahora con Obama.
 

En Cartagena se abordaron temas antes vedados: ¿por qué el enfoque exclusivo en la oferta y no en la demanda de drogas prohibidas?; ¿por qué no se pone coto al flujo de ilegalidad de norte a sur en materia de consumo, lavado de dinero y flujo de armas?; ¿por qué, contra todo protocolo, Estados Unidos impulsa y financia la militarización de esa “guerra al narco”? ¿Por qué mantener el prohibicionismo, sustento de un gran negocio casi monopolizado por Estados Unidos?
 

http://jsaxef.blogspot.com
 

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Desde Cuba, Fidel enterró las cumbres de “las Américas”

Persuadidos de la legitimidad de la doctrina Monroe (América para los americanos”, 1823), los políticos de Washington inventaron el día de “las Américas” el 14 de abril de 1890 para justificar el saqueo, las invasiones y la explotación de los pueblos al sur del río Bravo.
 

Doctrinariamente, el “panamericanismo” se puso al día a inicios de la llamada guerra fría, cuando a raíz de un levantamiento popular (“bogotazo”), los gobiernos echaron a andar la Organización de Estados Americanos en un garaje privado de la capital colombiana (OEA, 1948).
 

Muchas efemérides de los 14 de abril surgieron de hechos notables y algo proféticos. En la del sábado pasado, por ejemplo, los estadunidenses evocaron con más enjundia el hundimiento del Titanic (1912) que el asesinato de Abraham Lincoln (1865), y en Cartagena se inauguró la sexta cumbre de “las Américas”, donde Shakira olvidó estrofas del himno nacional de su país.
 

A tono con la macdonalización global, la filantropocapitalista que dice amar a los niños de “las Américas” declaró: “Es que viví muchos años en Argentina, y ahora resido en España”. Y el presidente Obama también se enredó con Maldivas, Malvinas y Falklands, en tanto sus agentes secretos humillaban a las bellas cartageneras que les enseñaron algo más que “seguridad” y tiro al blanco.
 

Entrevistado por el Grupo de Diarios de “las Américas” (coalición del “Partido Único Mediático” liderado por la mafiosa Sociedad Interamericana de Prensa), Obama se explayó en expresiones trilladas, como la “libertad de expresión”. Sin embargo, a Cristina Fernández de Kirchner le regaló un comentario revelador, luego que la presidenta le mostrara los titulares de La Nación y Clarín que trataron de un modo negativo el encuentro bilateral entre ambos. “I can’t believe it!”, dijo.
 

Simultáneamente, en la fachada del ayuntamiento de Donostia (País Vasco), una bandera republicana conmemoró una causa que continúa viva (1931) y en Madrid el rey de “todas las Españas” ingresaba al hospital puteando a los elefantes que no pudo exterminar en Bostsuana, así como al diario Página 12 de Buenos Aires, que publicó el conocido cuadro que muestra a Colón pisando tierra firme, pero con el estandarte de la petrolera Repsol.
 

Con la sabiduría burilada a lo largo de decenios, Fidel Castro dio a conocer un texto muy breve que empezó a circular a las 9:58 (hora de Cuba) de aquel día, y en momentos en que la secretaria de Estado Hillary Clinton entraba al café Havana de Cartagena para bailar el mambo, la cumbia y el son.


En “Realidades edulcoradas que se alejan”, Fidel nos recordó el drama “…de los países de este hemisferio, que a lo largo de los siglos fueron colonizados y cruelmente explotados por las potencias coloniales”.
 

Un asunto que en Ecuador retomó actualidad. Según el historiador ecuatoriano Jorge Núñez, el gobierno de Rafael Correa (quien no concurrió a la “cumbre”) acaba de plantear que su país y otros de América del Sur son los verdaderos dueños del tesoro que iba en el barco de guerra español Nuestra Señora de las Mercedes, atacado por barcos ingleses y hundido en 1804 en las costas portuguesas.
 

Nuñez explicó que el tesoro del Mercedes (rescatado ilegalmente y en secreto por la empresa estadunidense Odyssey Marine) fue devuelto por la justicia de Estados Unidos a España y hoy es reivindicado por varios países sudamericanos. El tesoro pesa 17 toneladas y “…está formado por más de 500 mil monedas de oro y plata, acuñadas en la Casa de Moneda de Popayán (Colombia)”, aunque con metales que en su mayor parte provenían de minas ecuatorianas, bolivianas y peruanas.
 

En “las Américas”, parecería que México vuelve a jugar el rol de la “Nueva España”, cuando se pasean, con total impunidad, los políticos fascistas del Estado español. Mientras que por acá y por allá, en las naciones del centro y el sur, el Pentágono consolida el anillo de bases militares, mercenarios y expertos en “seguridad” que contrata para sojuzgar los procesos de emancipación nacional y democratización social.
 

Por si faltaba más, el 14 de abril pasado las mafias venezolanas y cubanas se fusionaron en Miami en un evento público que contó con el respaldo de la jefa del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, Ileana Ros-Lehtinen, el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe, el títere golpista de Honduras Roberto Micheletti, y el fascista venezolano Alejandro Peña Esclusa, jefe del grupo ultraderechista Unoamérica.
 

Por sobre la ideología que guía su pensamiento, Fidel fue claro al advertir de lo que ningún presidente habló en la Cumbre de Cartagena: la irresoluble crisis del capitalismo mundial, y el peligro de una guerra que a los países imperialistas poco les importará si median armas nucleares.
 

El artículo de Fidel quedará, en suma, como adenda y acta de defunción de estos aquelarres que desde la primera cumbre “iberoamericana” (Guadalajara, 1991), y de “las Américas” (Miami, 1994), le permitieron a España y Washington cotejar la estulticia política y el servilismo ideológico de los que, con honrosas excepciones, aseguran representar la voluntad de nuestros pueblos.
 

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Domingo, 15 Abril 2012 11:08

Realidades edulcoradas que se alejan

Realidades edulcoradas que se alejan
Me asombró hoy escuchar el discurso de José Miguel Insulza en Cartagena. Pensaba que quien hablaba en nombre de la OEA, se ocuparía al menos de reclamar el respeto a la soberanía de los países de este hemisferio que a lo largo de siglos fueron colonizados y cruelmente explotados por las potencias coloniales.

¿Por qué no dijo una sola palabra sobre las Islas Malvinas ni exigió el respeto de los derechos soberanos de la hermana nación Argentina?

La Cumbre de Cartagena tiene escenas que no serán fáciles de olvidar. Es cierto que la misma implicó un enorme esfuerzo. A pesar de las horas transcurridas no tenemos idea de lo ocurrido en el almuerzo con que Santos intentó reponer el colosal desgaste de energía que los participantes invirtieron en esa cita.

Para quien resulte entretenido, pocas veces en su vida tendrá oportunidad de ver los rostros de más de 30 líderes políticos enfrentados a las cámaras de televisión, desde que se bajaban del carro, hasta que en un heroico esfuerzo final tras vencer el largo y alfombrado pasillo, ascendían los diez o doce escaloncitos a la altura del escenario donde sonriente y feliz los esperaba el anfitrión. En eso no valía juventud, edad, pies planos, rótulas operadas o dificultades en una o las dos piernas. Estaban obligados a seguir hasta la cúspide. Ricos o pobres debían cumplir el ceremonial.

Curiosamente Obama fue el único que aprovechó ese trayecto para hacer un entrenamiento deportivo. Como iba solo le resultó más fácil: adopto una pose deportiva y subió los escalones trotando.

Las mujeres, como acompañantes o Jefes de Estado, son las que mejor lo hicieron. Una vez más demostraron que las cosas en el mundo marcharían mejor si ellas se ocuparan de los asuntos políticos. Tal vez habría menos guerra, aunque nadie puede estar seguro de eso.

Cualquiera diría que, por obvias razones políticas, la figura que peor impresión me causaría sería Obama. Sin embargo no fue así. Lo observé pensativo y a veces bastante ausente. Era como si durmiera con los ojos abiertos. No se conoce cuánto descansó antes de llegar a Cartagena, con qué generales habló, qué problemas ocupaban su mente. Si estaría pensando en Siria, Afganistán, Irak, Corea del Norte o Irán. Con seguridad, desde luego, en las elecciones, las jugadas del Tea Party y los planes tenebrosos de Mitt Romney. A última hora, poco antes de la Cumbre, decidió que las contribuciones de los más ricos deban alcanzar por lo menos el 30% de sus ingresos como ocurría antes de Bush hijo. Desde luego que eso le permite presentarse frente a la derecha republicana con una imagen más diáfana de su sentido de justicia.

Pero el problema es otro: la enorme deuda acumulada por el gobierno Federal que rebasa los 15 millones de millones de dólares, lo cual demanda recursos que suman no menos de 5 millones de millones de dólares. El impuesto a los más ricos aportará alrededor de 50 000 millones de dólares en diez años, mientras la necesidad de dinero se eleva a 5 millones de millones. Recibiría por tanto un dólar por cada 100 de los que necesita. El cálculo está al alcance de un alumno con 8 grados de escolaridad.

Recordemos bien lo que reclamó Dilma Rousseff: “relaciones ‘de igual a igual’ con Brasil y el resto de América Latina”.

“La zona euro ha reaccionado a la crisis económica a través de una expansión monetaria, provocando un ‘tsunami’ que aprecia la moneda brasileña y afecta la competitividad de la industria nacional”, declaró.

A Dilma Rousseff, una mujer capaz e inteligente, no se le escapan esas realidades y sabe plantearlas con autoridad y dignidad.

Obama, acostumbrado a decir la última palabra, sabe que la economía de Brasil surge con impresionante fuerza que asociada a las economías como las de Venezuela, Argentina, China, Rusia, Sudáfrica y otras de América Latina y el mundo, trazarían el futuro del desarrollo mundial.

El problema de los problemas es la tarea de preservar la paz de los riesgos crecientes de una guerra que con el poder destructivo de las armas modernas ponen la humanidad al borde del abismo.

Veo que las reuniones en Cartagena se prolongan y las realidades edulcoradas se alejan. De las guayaberas obsequiadas a Obama no se habló. Alguien tendrá que encargarse de indemnizar al diseñador de Cartagena Edgar Gómez.

Abril 14 de 2012

9 y 58 p.m.
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 Contencioso iraní: "La era de las guerras de divisas" entre el G7 y los Brics, según Chris Cook
Quienes saben, comentan que la teocracia jomeinista de Irán se ha replegado en dos ocasiones para no ser motivo de una guerra con Estados Unidos (EU): la primera, en 2003, según mis fuentes europeas, cuando la fauna de neoconservadores straussianos (quienes controlaban a la dupla Dick Cheney/Baby Bush) inició su aventura militar fallida en Iraq, frontera con Irán, lo cual obligó al régimen de Teherán a buscar una salida negociada con EU por conducto de Suiza y llevó al cese de su proyecto nuclear pacífico; la segunda, según mis fuentes rusas, en 2006, cuando Irán deseaba lanzar su mercado bursátil petrolero en la isla Kish (ver Bajo la Lupa; 15/02 y 24/5/06) en el golfo Pérsico, el cual estaba a cargo nada menos que de Chris Cook, lo que hubiera trastocado las geofinanzas del "oro negro" dominadas por la dupla anglosajona (Léase: Las dos plazas de Nueva York y Londres; ver mi libro Los cinco precios del petróleo, Editorial Cadmo & Europa, 2006).

¿Se replegará tácticamente en forma inteligente por tercera vez en un lapso de nueve años la teocracia jomeinista –en sus negociaciones con el P5+1 (los cinco miembros "permanentes" del Consejo de Seguridad más Alemania) en Estambul– para abortar el inminente ataque nuclear unilateral de Israel que puede desencadenar una tercera guerra mundial?

El problema es cronológicamente geoestratégico: EU/ OTAN, los Brics e Irán no son los mismos nueve años más tarde, cuando el orden mundial se ha permutado radicalmente. Y esto lo saben todos los actores involucrados.

Se puede estar o no de acuerdo con Cook (Asia Times; 12/4/12), ex director de International Petroleum Exchange (mercado de futuros de energía de Londres, adquirido por Intercontinental Exchange, que cambió a ICE Futures), pero su punto de vista diferente obliga a la reflexión.

Luego de su reseña interesante a partir de la invasión anglosajona a Iraq y sus consecuencias en Libia y en Irán, Chris Cook sugiere en forma impactante que las "guerras de divisas" del 2007 "cambiaron al mundo".

La hipótesis es fascinante: "entramos a una nueva era de la política y la diplomacia, la era de la guerra de las divisas".

La "escala transparente de los pasivos en dólares estadunidenses a China, llevó a la apertura de un nuevo frente (sic)" cuando “China reclamó el freno al aventurerismo militar de EU mediante su veto (sic) económico (v.gr "la destrucción económica mutuamente asegurada").

A su juicio, la "seguridad energética es una línea roja para China, así como para EU, y la nación asiática estaba preparada a jalar el tapete de la economía estadunidense a menos de que se retirase de Iraq y se abstuviese de atacar a Irán" ¡Vaya dato!

Juzga que "EU e Israel han sido advertidos de cualquier ataque físico (sic) a Irán o a otros productores petroleros significativos (sic), sin el consentimiento de China, por lo que se han limitado exclusivamente a las sanciones".

Considera juiciosamente que las "sanciones petroleras son una absoluta política tonta (sic)", las cuales, paradójicamente han beneficiado a China y a otros consumidores (v.gr India), los cuales han conseguido jugosos descuentos de Irán para colmar sus reservas. Considera que las amenazas de EU para aplicar sanciones petroleras a los Brics “son puro bluff”. Por cierto, los Brics desdeñaron las sanciones "petroleras".

El verdadero lado letal proviene de las "sanciones financieras (sic)" que han sido "instrumentales para motivar a Irán a sentarse a negociar". Hasta cierto punto: ya que el ostracismo aplicado por el sistema de transferencias SWIFT (con sede en Bélgica) a los bancos iraníes y a su Banco Central "tendrá consecuencias inesperadas con alcances profundos". Aduce que las sanciones financieras han sido el "mayor error estratégico de EU" cuando el "sistema bancario se encuentra en crisis", lo cual puede orillar a un productor de hidrocarburos como Irán a "buscar arreglos alternativos" cuando el mismo sistema SWIFT "es muy trivial a replicar", siempre que "sus participantes, sean o no bancos, estén dispuestos a cumplir sus obligaciones".

Comenta que incluso el futuro "Banco Brics" (ver Bajo la Lupa; 14, 18 y 28/3/12) no le hará caso a las sanciones de la OTAN cuando "EU necesita a los Brics más que ellos a EU".

Arguye persuasivamente que "mientras en Occidente el poder se ejerce por medio del sistema bancario (Nota: la añeja tesis de Bajo la Lupa), en el mundo en vías de desarrollo se ejerce por quienes controlan los recursos, en particular, los muy valiosos recursos energéticos, como los hidrocarburos".

Cook, a contracorriente de la cacofonía nihilista de los multimedia israelí-anglosajones, es optimista del desenlace de las negociaciones en Estambul, cuando en Irán ha emergido triunfadora la "facción negociadora" en las recientes elecciones parlamentarias (que, a mi juicio, tuvieron carácter de referéndum aprobatorio al supremo líder teocrático Alí Hoseiní Jameneí, con una apabullante participación de casi 65 por ciento) con el tácito apoyo del Ejercito de los Guardianes de la Revolución Islámica, a partir de cuando Teherán "operó una apertura con el P5+1 para reiniciar las negociaciones".

Juzga que Irán ha regresado a "su oferta de 2003", cuando Hossein Mousavian fue su negociador nuclear. Concede, con justa razón, suma importancia al reciente articulo de éste ("Soluciones reales al impasse nuclear con Irán", The Boston Globe; 31/3/12) en el que propone que "Irán podría limitar la extensión de su enriquecimiento de uranio", en trueque a que EU no imponga un "cambio de régimen" en Teherán (¡una locura!) y "levante las sanciones" (lo cual, a mi juicio, desplomaría el precio del petróleo y quizá asegure la relección de Obama).

Concuerdo totalmente con Cook (lo cual he expuesto en mis comentarios en los multimedia) sobre la estrategia de Obama para conseguir un arreglo políticamente favorable antes de la elección de noviembre, con el fin de manejar a la baja el precio del petróleo.

Es increíble que el precio de la gasolina en EU se haya vuelto uno de los factores principales, con el desempleo galopante, para la relección de Obama: con un precio de cinco dólares el galón puede perder; a menos de tres dólares puede asegurar su triunfo.

Cook conoce demasiado la manipulación del mercado petrolero como ha sucedido con "la orquestación de su precio desde 2009 entre el banco JPMorgan Chase y los sauditas".

Según mis fuentes mediorientales, quienes apuestan a una guerra nuclear contra Irán –lo cual elevaría a la estratósfera el precio del petróleo– son los banqueros israelíes y el primer ministro Netanyahu (asesor del candidato republicano Mitt Romney; NYT; 7/4/12), quien busca la derrota de Obama. ¿Piensan repetir la misma historia de especulación financiera de los Rothschild en Waterloo?

Sí hay salida diplomática detectable en tres posturas conciliadoras: 1. La flexibilidad nuclear de Mousavian; 2. El mensaje de Obama al supremo líder con la mediación turca (Las señales de Obama a Irán; David Ignatius; WP; 5/4/12), y 3. La Declaración de Teherán, de Brasil/Irán/ Turquía.

Lo óptimo, a mi juicio: la desnuclearización de todo Medio Oriente sin excepción, que incluya las clandestinas 400 bombas atómicas de Israel.

http://alfredojalife.com
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Sábado, 14 Abril 2012 07:58

La Cumbre de las guayaberas

La Cumbre de las guayaberas
Obama, el primer Presidente negro de Estados Unidos -sin dudas inteligente, bien instruido y buen comunicador-, hizo pensar a no poca gente que era un émulo de Abraham Lincoln y Martin Luther King.

Hace cinco siglos una Bula Papal, aplicando conceptos de la época, asignó alrededor de 40 millones de kilómetros cuadrados de tierra, aguas interiores y costas a dos pequeños y belicosos reinos de la península Ibérica.

Ingleses, franceses, holandeses y otros importantes Estados feudales fueron excluidos del reparto. Interminables guerras no tardaron en desatarse, millones de africanos fueron convertidos en esclavos a lo largo de cuatro siglos y las culturas autóctonas, algunas de ellas más avanzadas que las de la propia Europa, fueron deshechas.

Hace 64 años fue creada la repudiable OEA. No es posible pasar por alto el grotesco papel de esa institución. Un elevado número de personas, que tal vez sumen cientos de miles, fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas como consecuencia de sus acuerdos para justificar el golpe contra las reformas de Jacobo Árbenz, organizado por la Agencia Central de Inteligencia yanki. Centroamérica y el Caribe, incluida la pequeña isla de Granada, fueron víctima de la furia intervencionista de Estados Unidos a través de la OEA.

Más grave todavía fue su nefasto papel en el ámbito de Suramérica.

El neoliberalismo, como doctrina oficial del imperialismo, cobró inusitada fuerza en la década del 70 cuando el Gobierno de Richard Nixon decidió frustrar el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile. Una etapa verdaderamente siniestra en la historia de América Latina se iniciaba. Dos altos jefes de las Fuerzas Armadas chilenas, leales a la Constitución, fueron asesinados y Augusto Pinochet impuesto en la jefatura del Estado, tras una represión sin precedentes en la que numerosas personas seleccionadas fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas.

La Constitución de Uruguay, un país que se había mantenido durante muchos años en el marco de la institucionalidad, fue barrida.

Los golpes militares y la represión se extendieron a casi todos los países vecinos. La línea de transporte aéreo cubana fue objeto de brutales sabotajes. Un avión fue destruido en pleno vuelo con todos sus pasajeros. Reagan liberó al autor más importante del monstruoso crimen de una prisión en Venezuela, y lo envió a El Salvador a organizar el intercambio de drogas por dinero para la guerra sucia contra Nicaragua, que costó decenas de miles de muertos y mutilados.

Bush padre y Bush hijo, protegieron y exoneraron de culpa a los implicados en estos crímenes. Sería interminable la lista de fechorías y actos terroristas cometidos contra las actividades económicas de Cuba a lo largo de medio siglo.

Hoy, viernes 13, escuché valientes palabras pronunciadas por varios de los oradores que intervinieron en la reunión de cancilleres de la llamada Cumbre de Cartagena. El tema de los derechos soberanos de Argentina sobre las Malvinas -cuya economía es brutalmente golpeada al privarla de los valiosos recursos energéticos y marítimos de esas islas-, fue abordado con firmeza. El canciller venezolano Nicolás Maduro, al finalizar la reunión de hoy, declaró con profunda ironía que “del Consenso de Washington se pasó al Consenso sin Washington”.

Ahora tenemos la Cumbre de las guayaberas. El río Yayabo y su nombre indio, totalmente reivindicado, pasarán a la historia.

Fidel Castro Ruz

Abril 13 de 2012

9 y 40 p.m.
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Cuba y las relaciones Vaticano-Estados Unidos
Una de las paradojas del imperio estadounidense es que mientras ha existido siempre separación entre la Iglesia y el Estado, siempre también la religión y la política han estado indisolublemente unidas. El que lo dude sólo tiene que observar las piruetas que realizan los aspirantes presidenciales republicanos para ganar el voto evangélico del Cinturón de la Biblia o el voto católico del Nordeste sin molestar a los fantasmas del Boston puritano.

 
El dominio WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant) determinó que durante 117 años, desde 1867 hasta 1984, no existiesen relaciones diplomáticas entre el gobierno de Estados Unidos y la Santa Sede.

 
Fue la elección como papa de un obispo polaco y su creciente influencia en los países del Este de Europa lo que permitió que el presidente Ronald Reagan tomase la decisión, a pesar de la fuerte oposición interna, de nombrar un embajador en el Vaticano. Algunos hablan de la formación de una alianza Reagan-Juan Pablo II pero no hubo tal sino una coincidencia de objetivos en contra del comunismo soviético, aunque con motivaciones muy diferentes: geopolíticas en el primer caso; espirituales o, si se quiere, georeligiosas, en el segundo.

 
Seguramente no fue coincidencia que Reagan situase en posiciones claves de su administración a prominentes figuras católicas: William Casey, Director de la CIA; Alexander Haig, Secretario de Defensa; Richard Allen, Director del Consejo de Seguridad Nacional; William Clark, jefe de su equipo de asesores, entre otros.


Esta coincidencia de intereses no transcurrió siempre sobre un lecho de rosas. Cuando, por ejemplo, el general Jaruzelski decretó la ley marcial en Polonia (1981-1983) el Papa Juan Pablo II se opuso a las sanciones económicas de Estados Unidos argumentando que solo servirían para causar sufrimientos a la población.

 
La visita a Cuba del Papa Juan Pablo II en enero de 1998 causó gran malestar en la administración Clinton. En diciembre de ese mismo año, la figura principal de la Iglesia Católica en Boston, el cardenal estadounidense Bernard Law, permaneció durante cuatro días como huésped de su homólogo Jaime Ortega y estableció contactos con el gobierno cubano. Tiempo después, con George W. Bush como presidente, cuando estalló en Estados Unidos el escándalo por abusos sexuales contra niños, se concentró en Law, como figura principal eclesiástica en Boston, el ataque despiadado de la prensa. Algunas autoridades del Vaticano percibieron como sobredimensionada la campaña mediática contra Law y concluyeron que el cardenal estaba pagando un precio político por sus visitas a Cuba y su oposición al bloqueo económico, que provocaron contra él un odio visceral en grupos de exiliados cubanos en Estados Unidos. Law tenía también en su contra al “lobby” sionista por su defensa de la causa palestina.

 
Juan Pablo II se opuso tenazmente a la Guerra de Irak. Veía, por una parte, un gran peligro en las ideas mesiánicas de Bush, sus “conversaciones” con Dios y su decisión de ir a la guerra supuestamente por mandato celestial, su unilateralismo, sus teorías de guerra preventiva y su autorización de la tortura. Por otra parte, el Papa temía por la suerte que habrían de correr las minorías, en especial las minorías cristianas en el Medio Oriente, y que el conflicto se considerase en el mundo islámico como una nueva cruzada y se convirtiese en guerra religiosa.

 
La unión de los neoconservadores con las denominaciones evangélicas bajo la administración Bush dio origen a la doctrina de que no sólo era una exigencia moral sino una necesidad de seguridad nacional cristianizar a los pueblos islámicos y exportar a esas regiones del mundo la democracia representativa y las costumbres y valores norteamericanos.

 
A la atmósfera de cruzada contra el infiel contribuyó la preocupación por el crecimiento demográfico del Islam. De 200 millones de musulmanes en 1900, pasaron a 1188 en 2005. Actualmente suman 1620 millones, 500 millones más que cuando Bush, disfrazado de piloto, anunció “misión cumplida” a bordo del portaaviones Abraham Lincoln.
 

Las mayores fricciones entre el Vaticano y la administración Bush se produjeron precisamente en la esfera de las relaciones internacionales. La Santa Sede, y el resto del mundo, quedaron estupefactos cuando el 11 de enero de 2002 arribó a la base naval de Guantánamo, territorio usurpado a Cuba por Estados Unidos, la primera oleada de prisioneros. Luego se sucederían los escándalos por torturas en Abu Ghraib, en la propia base de Guantánamo y en las cárceles secretas distribuidas por medio mundo. El mayor distanciamiento se produjo con la publicación, en septiembre de 2002, del documento Estrategia de Seguridad Nacional, en el cual el gobierno de Estados Unidos revelaba sus propósitos de utilizar la fuerza militar unilateralmente y en forma preventiva contra los países que considerase enemigos.

 
El gobierno de Bush no podía ocultar su frustración. De un apoyo prácticamente total a raíz de los trágicos sucesos del 11-S de 2001, año en que para albergar la sede en New York el Opus Dei inauguró su monumental edificio de 15 plantas, el Vaticano había pasado a la más férrea oposición a la estrategia del imperio. “Yo no entiendo la posición del Vaticano” declaró Condoleezza Rice a la revista italiana Panorama.

 
El Papa realizó su último intento por detener la guerra enviando al cardenal Pio Laghi con un mensaje personal para el presidente. Condoleezza Rice recibió al enviado del Papa de manera fría, un tanto grosera, y Bush le aseguró que Dios le había salvado del alcoholismo y le guiaba ahora para iniciar el conflicto. No había ya nada que hacer, todo estaba decidido por mandato divino, política y militarmente.

 
Pero el rechazo del gobierno de Estados Unidos a la diplomacia de la Iglesia Católica no duró mucho tiempo. En pocos meses, el desastre de la guerra, la desconfianza de sus propios aliados y el creciente sentimiento antinorteamericano en todo el mundo y principalmente en los países musulmanes, hicieron que la administración Bush se volviese hacia el Vaticano como tabla de salvación para salir de su aislamiento y aplacar la furia de los imanes. Después que la audiencia del Vicepresidente Dick Cheney con Juan Pablo II no obtuvo resultados y fue ignorada casi completamente por los medios de prensa romanos, el propio Bush visitó al Papa el 4 de junio de 2004. Condoleezza Rice, que viajó con Bush a Roma, no le acompañó en la audiencia papal. La ausencia de la asesora de seguridad nacional del presidente fue considerada por muchos como un insólito gesto de arrogancia.

 
En un inicio, el Papa había rechazado conceder a Bush la audiencia solicitada. Las autoridades eclesiásticas comunicaron al embajador de Estados Unidos que el Papa no podría recibir al presidente durante la estancia de este último en Roma debido al compromiso de asistir a un congreso de juventudes en Suiza. Sin embargo, la reunión con el Papa era de tanta importancia para la estrategia electoral de Bush que alteró su propio itinerario, algo humillante para su cargo, con el fin de llegar antes a Roma y presionar de este modo para obtener la entrevista. Bush quería demostrar al electorado norteamericano que si el Papa no lo respaldaba en cuanto a la guerra, si contaba con su apoyo en relación a los valores humanos.

 
A pesar de las claras divergencias entre la Santa Sede y el gobierno de Estados Unidos en lo que respecta a política exterior, el Papa Juan Pablo II tomó partido en las elecciones presidenciales de 2004 a favor del protestante George W. Bush y en contra del católico John Kerry. Este hecho es de extrema importancia para entender las posiciones que asume el Vaticano.

 
Bush no perdía oportunidad para resaltar los valores familiares, su oposición al aborto, a los matrimonios entre personas del mismo sexo, a la eutanasia, a las investigaciones con células madres y otros tópicos que lo colocaban más cerca de los principios morales de la Iglesia Católica que su adversario. Kerry, por el contrario, mantenía que las creencias religiosas eran un asunto totalmente privado y era considerado por la jerarquía eclesiástica como un exponente del relativismo cultural y del secularismo combatido por la Iglesia. Las ideas liberales de Kerry contrastaban con la ortodoxia del Papa Juan Pablo II. Con Kerry, además, la Iglesia no tenía nada que ganar pues no había indicio alguno de que, como presidente, pudiese cambiar el curso de la guerra.


La lección importante que podemos extraer del triunfo electoral de Bush con el apoyo de la mayoría de los católicos es que el Vaticano prioriza su lucha contra el secularismo y el relativismo moral sobre otras esferas como las relaciones internacionales.

 
Con posterioridad a las elecciones de 2004, Bush continuó cortejando al Vaticano. Por vez primera en la historia, con los nombramientos de John G. Roberts y de Samuel Alito, los católicos alcanzaron la mayoría (5 de 9) en la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos. A los funerales de Juan Pablo II, en abril de 2005, asistió el presidente Bush, Bill Clinton y George H. W. Bush. Con Jimmy Carter hubieran sumado tres los ex-presidentes pero no hubo espacio para este último en el “Air Force One” según la explicación oficial. La imagen de estos tres personajes y de Condoleezza Rice que los acompañaba, protestantes los cuatro, arrodillados frente al Papa en la Basílica de San Pedro, podría utilizarse como magnífica propaganda del ecumenismo o, más bien, como paradigma de oportunista hipocresía.

 
La elección como papa del cardenal Ratzinger representó un triunfo del conservadurismo moral tanto de católicos como de protestantes. El nuevo pontífice seguiría en general la línea política trazada por su antecesor pero imprimiéndole un estilo propio más apegado a la ortodoxia.

 
En Julio de 2007, Condoleezza Rice, como Secretaria de Estado, viajó a Roma y solicitó una reunión urgente con el Papa Benedicto XVI para tratar asuntos del Medio Oriente. La Secretaria hablaría en nombre del presidente Bush. La respuesta fue que el Papa se encontraba descansando en su residencia de Castelgandolfo, al sur de Roma, y no podría recibirla por cuestiones de protocolo. Los diarios de Italia apuntaron que se trataba de un desaire evidente a la administración Bush y en particular a la Secretaria de Estado que nunca fue bien vista en el Vaticano. Fue ella la que, justo antes del inicio de la guerra de Irak, dejó claro al enviado del Papa Juan Pablo II, cardenal Pio Laghi, que el gobierno de Estados Unidos no estaba interesado en los puntos de vista del Papa acerca de la inmoralidad de la ofensiva militar. El Vaticano no olvidaba tampoco su descortés ausencia de la audiencia papal en junio de 2004.

 
En 2007, debido a la enfermedad del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, la Casa Blanca y el Departamento de Estado creyeron llegada la oportunidad de producir acontecimientos en Cuba que condujesen a la restauración del capitalismo en la nación del Caribe. Con ese fin, realizaron gestiones para lograr el apoyo de la Iglesia Católica. Sin embargo, los contactos en el Vaticano con el cardenal Tarcisio Bertone no dieron los resultados que esperaban. La Santa Sede no compartía los criterios de los funcionarios y diplomáticos estadounidenses, considerándolos demasiado simplistas y sin base objetiva.

 
En abril de 2008, Benedicto XVI visitó Estados Unidos coincidiendo con la campaña electoral presidencial. Era la primera visita oficial de un pontífice a Washington después del establecimiento de relaciones diplomáticas plenas en 1984. La presencia del Papa en Estados Unidos en un año electoral constituía un apoyo al candidato republicano frente al demócrata Barak Obama, de ideas más liberales. Una situación semejante a la de 2004 con el aspirante John Kerry pero, esta vez, las bases católicas no respondieron en las urnas a la jerarquía eclesiástica.

 
Con el flamante Premio Nobel de la Paz como presidente, era de esperar una mayor coincidencia con el papa en la arena internacional. Por el contrario, Obama continuó los planes de guerra del imperio y amenaza con iniciar nuevos conflictos militares con Irán y Siria.

 
Aunque las relaciones actuales de la Iglesia con el gobierno de Estados Unidos son formalmente buenas, en el fondo se desarrolla una sorda guerra cultural. La Santa Sede teme, hoy más que nunca, que se haga realidad la célebre teoría del “choque de civilizaciones” del historiador Samuel Huntington.

 
Un golpe bajo reciente de la administración Obama fue la inclusión del Vaticano (marzo de 2012), en la lista de “crímenes financieros” del Departamento de Estado. Por primera vez, a pesar de las medidas que se sabe ha tomado para evitarlo, el Vaticano se encuentra en la lista de lavadores de dinero potenciales. Esta medida podría interpretarse como represalia por las excelentes relaciones de la Iglesia con el Estado cubano y el anuncio de la visita a Cuba del Papa Benedicto XVI.

 
En efecto, un mes más tarde, Benedicto XVI realizaba con éxito una visita pastoral a la isla y solicitaba a Estados Unidos poner fin al criminal bloqueo económico contra Cuba.



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Martes, 10 Abril 2012 12:01

Los colores de una Cumbre descolorida

Los preparativos de la gran fiesta avanzan con celeridad pese a los obstáculos y contrariedades. El presidente Santos y su esposa cumplen los compromisos en lo que seguramente mejor saben hacer: organizar eventos sociales. Y es eso lo que en primer lugar es la Cumbre programada para los días 14 y 15 de abril en Cartagena de Indias. Pero, aunque las apariencias engañan no son algo secundario y menospreciable. Es en el mundo del “aparentar” en donde se juegan los efectos políticos de la diplomacia visible. Y por eso no deben sorprender las disputas en torno a la lista de invitados, las sucesivas declaraciones de unos y otros y los ires y venires de emisarios. Más vale la imagen, el mensaje publicitario, que el contenido de lo que supuestamente habría de discutirse en la reunión.

De hecho, el contenido de las Cumbres pasó a ser secundario desde el momento en que se hizo evidente que la propuesta del ALCA no iba a ser aceptada, al terminar la que se convocó de manera extraordinaria y de emergencia en Monterrey (México) en el 2004. La proeza diplomática de Santos consistió precisamente en haberse inventado para esta ocasión un contenido completamente aséptico, del gusto de todos, de lo cual es muestra su flamante título: “Conectando las Américas: socios para la prosperidad”. Y no carecía de astucia: recogiendo, en apariencia, el dicho popular según el cual en esas cumbres “sólo se habla y bla, bla bla…”, colocó como anzuelo la oferta de que esta vez se aprobarían “proyectos concretos, financiados y todo”. Pero no fue suficiente; se puso en duda hasta la propia validez del evento. La tensión llegó hasta un punto en que había que decidir entre hacerla o no hacerla. Hasta hace unas semanas la disyuntiva era irresoluble: o se hacía sin Estados Unidos o se hacía sin los países del ALBA. Y todo por la disputa en torno a si se invitaba o no a Cuba. Ello es demostración de lo poco que valía el contenido. Pero, como suele suceder, detrás de estas disputas se encuentran otras de mayor calado.

¿A quién le sirve la Cumbre de las Américas?


En realidad a quien verdaderamente le interesa la realización de la Cumbre es a Santos. Se juega un punto importante tanto en el plano nacional como en el internacional. En el primero un punto a favor más que todo publicitario: el dudoso honor de tener en casa a 34 mandatarios del continente incluido el máximo dignatario del imperio. Con algunos réditos adicionales en materia de “atracción de las inversiones extranjeras”. Pero es en el plano internacional en donde aspira a cobrar los mayores beneficios. De una parte, para confirmar públicamente que tiene excelentes relaciones con el gobierno estadounidense; es equivalente en este sentido a recibir la visita del Papa. Para algunos esto puede sonar extraño ya que resultaría impensable afirmar lo contrario. La obsecuencia de los gobiernos colombianos es un hecho reconocido desde principios del siglo XX y en tiempos de Uribe, Colombia alcanzó el vergonzoso honor de ser calificada como el Caín o el “Israel” del continente. Sin embargo, es justamente tal obsecuencia, en la medida en que llegó a ser exclusivamente en beneficio de la derecha republicana, la que comenzó a crear problemas dentro de los Estados Unidos. Lo demuestra el hecho de que durante largo tiempo no pareció ser suficiente el angustioso purgatorio de suplicar de rodillas la aprobación del TLC para convencer a la bancada demócrata. La táctica imperial o, si se quiere, el estilo, había cambiado. Le tocó a Santos proyectar, allá también, la imagen de que no era igual a Uribe. Y logró por fin la aprobación, para satisfacción de las elites de nuestro país. Se trata ahora de ofrecer públicamente sus servicios para una nueva táctica imperial.

Es este último el segundo objetivo de la política internacional. Santos es consciente de que la correlación de fuerzas ha cambiado en el mundo y particularmente en este continente. De hecho, no ha dudado en diversificar relaciones, a través de múltiples TLC y diversos mecanismos de atracción de la inversión extranjera. Y, de manera en apariencia sorprendente, ha reconstruido las relaciones con los vecinos con logros no sólo económicos sino también político militares en el empeño contrainsurgente, no definitivos pero, en todo caso, muchos más de los que prometía Uribe. Al mismo tiempo, viene aplicándose juiciosamente a fortalecer las relaciones con Brasil, la potencia de Suramérica, por la vía de ofrecer oportunidades de inversión. En general, busca congraciarse con todos declarando su apoyo a Unasur; política muy diferente a la de Uribe que consideraba esta unión poco menos que un engendro del terrorismo.

Es con estas cartas en la mano como Santos pretende ofrecer sus servicios. – Porque, desde luego, no abandona su opción preferencial por el Imperio - Quiere jugar a gobierno “puente”, intermediario entre la gran potencia y los gobiernos progresistas, en beneficio naturalmente de la primera y sus aliados. Con ello habría logrado una suerte de cuadratura del círculo: ser apoyado por unos y otros, sin variar su orientación neoliberal y proimperialista. El escenario: la Cumbre.

Entre el desinterés y la indiferencia


No obstante, la situación en América Latina y el Caribe no parece favorable, al menos en lo que se refiere al escenario escogido. Los países actualmente incondicionales de los Estados Unidos apoyan una Cumbre que esté al servicio de éstos, pero es obvio que no la necesitan para consolidar su alianza; cuentan con el Nafta y el Cafta-R.D., y con los tratados ya en vigencia en los casos de Chile y Perú. Se ubican dentro de la línea marcada por Obama de poner todo el énfasis en un acuerdo profundo transpacífico, objetivo que marcha evidentemente hacia un bloqueo tanto de la iniciativa, hacia el oeste, de Brasil como de la presencia de China en el continente. Santos lo sabe perfectamente. Tanto es así que se apresuró a firmar un acuerdo con países latinoamericanos del “arco del pacífico”, justo antes de viajar a Cuba a negociar la realización de la Cumbre.

Por su parte, Brasil, Argentina y en general los países de Mercosur seguramente ven el escenario de la Cumbre como algo secundario. Brasil, consciente de su poder, seguramente prefiere la negociación bilateral con Estados Unidos o en escenarios multilaterales más amplios, mundiales. Argentina considera, y ya lo ha dicho, que no tiene sentido un encuentro continental en donde no se discuta la cuestión de las Malvinas que fue en el momento de la conflagración, en los años ochenta, el acta de defunción política de la OEA, del TIAR, del discurso del panamericanismo y hasta de la doctrina Monroe. Aceptó la Cumbres mientras sus gobiernos simpatizaron con el Alca pero ya en la era Kischner vio con buenos ojos la derrota de la propuesta justamente en su tierra, en Mar del Plata en el 2005, por lo cual puede deducirse que en adelante las Cumbres no serían para Argentina más que rutina diplomática.

Los países del Alba tendrían algún interés. No les viene mal un escenario en el cual se pudieran renegociar las relaciones con Estados Unidos. Obviamente, la perspectiva de mantener unas relaciones bilaterales caracterizadas por la esquizofrenia de la confrontación política y el intercambio económico (el caso extremo y patético es el de Venezuela) no es la mejor y mucho menos la alternativa de la negociación uno por uno; la alternativa sería por lo tanto avanzar en un marco en el que lo que se negocia es la posición de Estados Unidos en el conjunto del continente. Sin embargo, no en una Cumbre tal como se ha definido hasta ahora. No les sirve la fórmula Santista del contenido insulso; se trata por el contrario de ir al grano. Correa tuvo, por tanto, mucha razón al introducir el tema de la invitación a Cuba, ya que su exclusión es de por sí una manera deplorable de comenzar. Es una cuestión si se quiere de principio, pero con efectos políticos prácticos. Porque si se trata de las relaciones con el conjunto de América Latina y el Caribe ya hay escenarios mejores, por ejemplo la promisoria CELAC, y en eso se ponen de acuerdo con los países del cono sur.

Los intereses de los Estados Unidos y las angustias de Obama


La posición de los Estados Unidos se ha vuelto, curiosamente, un enigma. Es claro que el Imperio tiene que reconstruir su dominio sobre el continente; es un hecho que ha perdido porciones considerables de control, pese a su hegemonía militar de la que nunca ha dejado de hacer gala. Es un resultado de su crisis socioeconómica interna y de su decadencia en el contexto internacional, pero también de la torpeza belicista de Bush a la que bien servía el gobierno de Uribe. Esto último, justamente, tendría que hacerles entender que no basta la hegemonía militar. Lo cierto es que, paralelamente, casi todos los países de este hemisferio han ganado condiciones de autonomía económica frente a ellos, unos menos y otros más hasta el ejemplo notable de Brasil, y la han ganado incluso a contrapelo de las posiciones de sus gobiernos, como es el caso de Colombia. No cabe duda, en consecuencia, que el Imperio está obligado hoy en día a renegociar sus relaciones hemisféricas.

No obstante, deducir de lo anterior que la actual Cumbre de las Américas constituye un instrumento estratégico para este propósito, sería una simpleza y un error garrafal. En términos prácticos, para Obama, en medio de una dura campaña electoral, no es el lugar ni el momento adecuados para anunciar la redefinición de una política de los Estados Unidos. Sabe que entre menos hable, mejor; su estilo además es el de quedar bien con todos. Pero no sólo son razones prácticas. No fue el momento ni siquiera la V Cumbre de Trinidad en el 2009, a pesar de las expectativas que había creado. Como se sabe, a despecho de la retórica “amigable” y de las necesidades evidentes, lo que se impuso en los años siguientes fue la tradicional política de los halcones de la cúpula militar-industrial. En realidad es de tal naturaleza la crisis imperial que no parece haber culminado un proceso interno consistente de reelaboración de la política imperialista. A los ojos de todo el mundo pareciera que no entienden nada.

El instrumento, por su parte, no es ya el más adecuado. Como se sabe, fue creado por Clinton en 1994 como un instrumento ad hoc para lanzar la propuesta del Alca, entre otras cosas ante la crisis y decadencia de la OEA. Este rasgo, por cierto, ha sido objeto de tergiversaciones; recién se planteó la invitación a Cuba, la primera objeción del gobierno estadounidense consistía en que Cuba no había ingresado todavía a la OEA y no mostraba interés en hacerlo. Tan descarada era la falacia que ya hoy el Departamento de Estado reconoce: “Aunque no es un evento de la Organización de Estados Americanos (OEA)…”(1). En fin, con la derrota de la propuesta del Alca, el instrumento perdió toda funcionalidad. En abstracto, el único sentido que podía tener la prolongación de su existencia era el de constituirse en un escenario para ventilar las relaciones de la potencia con los países del continente. Y así se consideró por parte de muchos la convocatoria a Trinidad; algunos llegaron a pensar que se inauguraba una nueva era. Pero no fue así. La declaración política que nunca fue sometida a discusión y menos aprobada, contenía toda clase de temas menos el único importante que era la crisis económica mundial. Para Estados Unidos, en realidad, la Cumbre de las Américas había dejado de ser importante; dada la nueva correlación de fuerzas en el continente no convenía concurrir a un escenario que tendía a convertirse en un espacio de confrontación-negociación. Se supo entonces que, en adelante, las Cumbres tenían que ser eventos puramente sociales y diplomáticos (2).

Fue por eso que el gobierno de Obama, ante el compromiso de hacerla, vio con buenos ojos la propuesta de Santos. Pero las cosas, como se sabe, se dieron de otra manera.

Simulacro o zafarrancho


No existe posibilidad alguna que el gobierno de Estados Unidos acepte la presencia de Cuba; las concesiones por lo tanto tienen que provenir del otro lado. Y es Santos quien pone en juego sus mejores habilidades para lograrlo. Su primer intento fue ofrecer que el tema de Cuba se discutiría en la propia Cumbre. Pobre oferta que no alcanzó siquiera a ser objetada por el gobierno de Obama –la dejó en la incertidumbre- porque a Cuba, por lo menos, le pareció descomedida e insuficiente; en realidad equivaldría a soñar que en el futuro las Cumbres sí podrían ser otra cosa y eso evidentemente sólo podría provenir de un acuerdo político de fondo con Estados Unidos. Al parecer nadie podía convenir en sacrificarlo todo, solamente para salvarle la fiesta a Santos.

La única posibilidad estaba en modificar la agenda, en un golpe de audacia, para darle a la Cumbre un contenido político fuerte. Y la oportunidad se presentó con la visita de Evo Morales a Bogotá. La Cumbre podía abordar la discusión sobre un tema de fondo: el replanteamiento de la política antidrogas. Al respecto, lo único que ofrecieron los Estados Unidos fue aceptar el diálogo, dejando en claro eso sí que su posición era inmodificable. Y este es el momento en que se alude una y otra vez al tema pero no hay ninguna modificación oficial de la agenda. De hecho, en la hoja informativa que se ha venido citando, el Departamento de Estado se reafirma en los temas iniciales de la convocatoria.

Así las cosas, y contando con que los países del Alba dejen de insistir en su posición, lo único que se puede esperar es que, ya en Cartagena, durante el evento, se escuchen, en algunos discursos, alusiones a los temas de Cuba y las drogas, pero hay pocas esperanzas de que se conviertan en motivo de debate y objeto de decisión. Sería demasiado optimista aspirar a que esta Cumbre se constituya, como piensan algunos, en un episodio inaugural de la confrontación todavía pendiente por redefinir las relaciones hemisféricas, que incluiría no sólo la redefinición de las Cumbres sino la transformación radical de la OEA. No deja de ser significativo que, pese a los denodados esfuerzos de Santos para quien parece ser un hecho histórico, fuera de Colombia, la novela de la Cumbre no despierte ninguna pasión memorable. A quince días de realizarse, todavía estamos a la espera de los pronunciamientos del Alba y de los países del sur. A diferencia de la cumbre de Río + 20, aquí lo notable es el silencio. ν

1 Departamento de Estado de los Estados Unidos: Hoja Informativa. 13 de marzo de 2012. http://iipdigital.usembassy.gov/iipdigital-es/index.html
2 Tal es la posición oficial. Hasta el punto que en una brutal falsificación de la historia, el Departamento de Estado, omite incluso toda referencia al Alca. Ver: Ibídem.


* Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.