Martes, 29 Octubre 2019 06:28

Trump mata a Bagdadi... y revive al Isis

Trump mata a Bagdadi... y revive al Isis

Por lo regular, el Señor da y el Señor quita. Pero esta semana, en la Casa Blanca celestial, las cosas funcionaron al revés. El señor Trump le quitó la vida a Abú Bakr al Bagdadi y luego revivió al Isis al decirnos que había amagado con enviar a los asesinos sobrevivientes de su organización a las fronteras de Reino Unido y de otras naciones europeas.

¡Cómo se habrán reído los chicos del Isis al escuchar esa oferta extraordinaria! Cómo sus camaradas que están en gestación dentro de nuestras fronteras se habrán animado con esa sugerencia. Durante años nos hemos indignado con el vicioso culto del Isis, pero no contábamos con el culto de Trump.

Cierto, la locura particular de Trump no es tan costosa en vidas inocentes como la del Isis (a menos, claro, que uno sea palestino o kurdo o uno de los 60 mil presos políticos de Al Sisi). Y, dado que los estadunidenses y los rusos ya han afirmado antes que habían matado a Al Bagdadi, tal vez sea prudente dejar pasar los tres días de rigor por si acaso el malvado brinca por allí en otro video. Quizá recuerdan que a Osama lo matamos cuatro veces antes de que fuera cierto.

Pero esta vez Trump hasta dio las gracias a Rusia, Siria e Irak… ¿con Siria se habrá referido acaso al régimen de Assad? De ser así, sin duda es algo que deberá debatirse en el palacio presidencial de Damasco, cuyo ejército ha estado combatiendo al Isis –entre muchos otros– durante más años que el ejército estadunidense.

Pero también dijo Trump que el apoyo de las naciones europeas fue una "tremenda decepción" porque no quieren repatriar a sus nacionales que son miembros del Isis, y añadió: “Yo les dije realmente: si no los reciben, voy a ponerlos allí en sus fronteras y pueden divertirse capturándolos de nuevo… Podrían regresar… no pueden volver a nuestro país. Tenemos mucha agua entre nuestro país y ellos”.

Bueno, eso no sólo fue extraño, sino que sencillamente es el lenguaje del manicomio. Fue una verdadera motivación para los sobrevivientes del Isis.

Si fue como "ver una película", entonces, claro, tenía que venir con el toque hollywoodesco de Trump.

Y, por supuesto, Trump nos dijo que Al Bagdadi “murió como un perro, como un cobarde… llorando, gimiendo y gritando”. Bueno, puede ser. Más bien parece la forma en que mueren los niños. Sus tres hijos, para ser precisos. Es un poco difícil imaginar a Al Bagdadi gritando y llorando en su túnel "sin salida" mientras tanteaba para detonar su cinturón suicida (prueba, desde luego, de que siempre supo que Estados Unidos iría por él). En cuanto a que el mundo "es ahora un lugar mucho más seguro", bueno, habrá que esperar. Estos cultos islamitas tienen por lo regular un líder en crisálida esperando tomar el lugar del difunto. O una versión todavía peor de su propia cruel institución.

Como de costumbre, tendremos también que esperar unos días más para saber cuántos otros inocentes fueron abatidos en esta incursión. Sugerir que todos eran miembros del Isis tiene también algo de hollywoodesco.

Tengamos algo por seguro: la historia original del ataque a Al Bagdadi va a cambiar. Nos enteraremos de otras cosas. ¿Hubo involucramiento israelí? ¿Cuánta ayuda dieron los rusos? ¿O los sirios? ¿O los kurdos? ¿O tal vez el mismo Isis, si ya estaba cansado de su abyecto liderazgo? O fue sólo algún tipo interesado en los 25 millones de dólares de recompensa…

Pero, por el momento, Trump tiene un halo refulgente a los ojos de sus partidarios republicanos. Si su ejército –y recuerden, dado el apoyo de los militares a Trump, probablemente es "su" ejército– puede acabar con el terrorista más buscado del mundo, ¿entonces qué es esta tontería del juicio político que preparan sus enemigos internos demócratas? ¿Cómo se puede comparar abatir a Al Bagdadi y hacer un mundo más seguro con esas ridiculeces sobre Ucrania?

Y Trump pudo observarlo casi todo en vivo, así como Obama presenció la muerte de Osama. Bueno, en una era en que se puede transmitir por Internet la muerte de inocentes, por lo menos ahora pescaron a los chicos malos.

Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 27 Octubre 2019 12:03

Tres revoluciones y una contrarrevolución

Unos 15.000 soldados, cientos de tanques, misiles y aviones de combate desfilaron por la plaza de Tiananmen para celebrar el camino recorrido por China desde que era un país devastado por la guerra y la pobreza hasta convertirse en la segunda mayor economía del mundo. https://rpp.pe/tecnologia/innovaciones/china-presumio-sus-nuevas-armas-drones-misiles-y-bombarderos-noticia-1222360.

La historia china del último siglo y medio es fascinante. Habría que profundizar en lo sucedido en esos 150 años, en vez de sorprenderse por el crecimiento económico de las tres décadas anteriores, que en realidad es lo único que impresiona a las elites occidentales.

 

La descomposición del Estado imperial chino tiene fechas concretas. La primera Guerra del Opio duró entre 1839 y 1842 y la segunda fue de 1856 hasta 1860. Las causas de esas guerra fueron los intereses colonialistas de Inglaterra de imponer el contrabando de opio de la India hacia China, realizado por las empresas británicas, mientras el gobierno chino se empeñaba en imponer sus leyes y límites a ese comercio.

La derrota china en ambas guerras llevó a la firma de los Tratados Desiguales, con la apertura de varios puertos al comercio exterior y la anexión de Hong Kong al Reino Unido. El prestigio de la dinastía imperial Qing cayó por los suelos, pero creció el odio del pueblo chino a un colonialismo que no podía aceptar la reticencia de la potencia asiática a someterse a las reglas de Occidente.

Las sucesivas derrotas provocaron honda conmoción interna. La Rebelión Taiping a mediados del siglo XIX y la Rebelión de los Bóxers a principios del XX, precedieron la revolución nacionalista de 1911 de la mano de Sun Yat Sen, que provocó la caída del Imperio Qing en 1912. Fue el fundador del Kuomintang y de la República de China, y se lo considera también el padre de la actual República Popular China fundada en 1949 con el triunfo de la revolución comunista encabezada por Mao.

 

Las dos primeras revoluciones

 

La primera revolución comunista en China partió de la creación de zonas liberadas o zonas rojas como las denominó Mao Zedong. Hacia fines de la década de 1930, luego de la fracasada revolución de 1927 (en la cual los comunistas aún enfocaban su lucha en las ciudades pensando que la vanguardia era el proletariado, en un país donde más del 80 por ciento de la población era campesina), fueron surgiendo hasta una decena de zonas liberadas que contenían más de un millón de habitantes.

En 1931 Mao y Chu Teh crean la más importante de ellas, que bautizaron como República Soviética de China, que dura hasta 1937. Esta república surge de la Primera Asamblea Nacional de Representantes del Sóviet de China celebrada en Riujin, en la zona liberada de Jiangxi, una región montañosa del centro sur del país, de difícil acceso. La república emitió su propia moneda, el yuan, tuvo una bandera y los atributos formales de un Estado, que abarcaba unos 150.000 kilómetros cuadrados.

La ofensiva militar contra estas zonas, a partir de 1934, las campañas de “cerco y aniquilamiento” de Chiang Kai-shek, el general derechista que había tomado las riendas del Kuomintang, fuerzan la retirada hacia el norte en lo que llamó Larga Marcha. En este período se consolida la ruptura de hecho con la estrategia diseñada por la III Internacional que dirigía la lucha de los comunistas chinos (y de todos los comunistas del mundo) desde sus oficinas en Moscú.

El partido ruso defendía tres cuestiones que Mao rechazaba: el proletariado era la fuerza principal de la revolución, la revolución era democrático-burguesa y por lo tanto debía establecerse una alianza con el Kuomintang. En este período las tres tesis mostraron su profundo error. El campesinado era el sector más activo en la lucha contra la derecha que en esos momentos era ya el Kuomintang, y las demandas que se concretaban en las zonas rojas enfilaban directamente hacia el socialismo.

La ruptura de hecho con Moscú, aunque los comunistas chinos mantenían un discurso público de aceptación de las tesis de la Unión Soviética, llevó a los dirigidos por Mao a victorias importantes, en particular en la resistencia a la invasión japonesa (desde 1937 hasta 1945). En esos años se hicieron fuertes en el norte, en sus bases en torno a la ciudad de Yenán, donde habían llegado exhaustos de la Larga Marcha. Extendieron su influencia a buena parte del país y luego de la derrota de Japón en 1945, estuvieron en condiciones de lanzar ofensivas que los llevaron a la victoria sobre el Kuomintang en 1949.

 

La revolución cultural

 

Fue el movimiento político y de masas más importante que haya existido nunca en un país luego de la toma del poder por los revolucionarios. En realidad no fue una revolución, como pretenden los seguidores de Mao, sino una feroz lucha dentro del partido, del Estado y del Ejército Popular de Liberación, entre una línea que defendía la profundización de las tendencias socialistas y otra que apuntaba hacia el mercado y hacia la reproducción de una casta o clase burocrática en el poder estatal.

En suma, se trata de una experiencia que se miraba en el espejo soviético. Así como los comunistas habían hecho su revolución en contra de las directrices de Moscú, ahora buscaban también un camino propio. El punto de unión entre ambas tendencias (encarnadas por Mao, por un lado, y Deng Xiaoping, por otro), era la defensa de la nación china ante las agresiones externas, que podían provenir tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética. La primera había sido derrotada en la guerra de Corea (1950-53), y con la segunda hubo serios enfrentamientos militares en la frontera en la década de 1960.

La revolución cultural estuvo enfocada a combatir a los dirigentes que seguían la “línea capitalista” y se caracterizó por una amplia movilización de millones de jóvenes que denunciaron a los burócratas, destituyeron a numerosos jerarcas y fueron a remotas comunas rurales a llevar la línea de Mao. En los hechos, fue una serie de purgas y contra-purgas que se diferenciaron de lo sucedido en la URSS porque no se apeló al asesinato y la ejecución de dirigentes sino a la movilización de masas.

Debe destacarse la notable diferencia entre la brutal persecución llevada a cabo por Stalin, que liquidó a toda la vieja guardia bolchevique, y la colectivización forzosa de los campesinos. Aunque en China hubo evidentes excesos, no se registraron procesos similares a los que caracterizaron al régimen estalinista. Durante el período de la revolución cultural, desde 1966 hasta la muerte de Mao, en 1976, reinó un gran desorden que se tradujo en un estancamiento de la economía, o retroceso en varias áreas, y desordenes que terminaron cansando a la población.

Pese a sus limitaciones y gruesas desviaciones (todo lo occidental fue atacado por los guardias rojos maoístas), la revolución cultural fue un intento serio de evitar los desastres del estalinismo.

 

La contrarrevolución

 

Tras la muerte de Mao y luego de la rehabilitación de Deng, el país se encaminó hacia un capitalismo de Estado que multiplicó la riqueza nacional. Nadie puede dudar del impresionante éxito económico de China, de la mano de la apertura a las grandes multinacionales que se establecieron en el país, convirtiéndolo en el taller del mundo a partir de bajos salarios y una gran permisividad en la legislación ambiental.

Más impresionante aún es su desarrollo tecnológico, lo que le permitió superar a Estados Unidos en muchos rubros. Detenta la mayoría de las 500 supercomputadoras más veloces del mundo, está a la vanguardia en tecnologías que serán claves en el futuro –como la computación cuántica– y muestra un notable avance en la inteligencia artificial.

El crecimiento de sus fuerzas armadas y el armamento sofisticado que posee, hacen casi imposible que vuelva a ser invadida como antaño, y está en condiciones de infligir serias pérdidas a quien intente atacarla.

Sin embargo, la china no es una sociedad libre. El dominio patriarcal sigue siendo abrumador. No más observar la integración de los órganos centrales del Partido Comunista, donde los cargos son monopolizados por varones adultos, en el borde la tercera edad. Los déficits más importantes de China se relacionan con la desigualdad y las libertades democráticas.

El “sistema de crédito social” es quizá el aspecto más grave. Está siendo probado en algunas ciudades pero se prevé extenderlo a todo el país. Consiste en un sistema de puntos: todos parten con 100, pero se les reducirán si cometen faltas como fumar en sitios prohibidos, retraso en el pago de facturas, difundir datos falsos por redes sociales o generar problemas en el transporte público.

Si caen por debajo de cierta puntuación, sus libertades estarán restringidas. Una persona con mal puntaje puede tener dificultades para comprar un boleto de avión, acceder a servicios sociales o deberá pagar más intereses por un préstamo, mientras que con alto puntaje tendrá facilidades para obtener una cita médica. El sistema utiliza los macrodatos (big data) privados de las personas, en un sistema de vigilancia inédito en el mundo.

Lo más grave: se ganan puntos acusando a quienes se saltan las normas, creando un sistema de delación extremadamente peligroso. Lo cierto es que, aunque no se ha aplicado en todo el país, en un solo años 6 millones de personas quedaron excluidas de los sistemas de transporte más avanzados.

El ex presidente José Mujica advirtió que en algunos años las personas de izquierda podemos “echar en falta” al odioso imperialismo norteamericano. Lo dijo con sorna y con la ironía que lo caracteriza, pero sabe de lo que habla.

 


 

Recuadro 1

 

Capitalismo sin propiedad privada ni democracia

 

Desde que las tesis de Deng Xiaoping se convirtieron en línea oficial del Partido Comunista, asistimos a una realidad de nuevo tipo, que no había sido contemplada por las teorías del socialismo y tampoco del liberalismo. El impulso a la economía capitalista del enriquecimiento y la acumulación de capital, desembocó en un capitalismo de Estado en el cual la clase social que domina las instituciones tiene la capacidad de tomar decisiones sin consultar a la población.

En una sola operación se conjugan: capitalismo más nueva clase dominante más sistema político no democrático pero que se reclama socialista y popular. Ciertamente estamos ante una operación diferente a la que conocimos en la Unión Soviética, donde el enriquecimiento estaba mal visto y la cúpula del partido no pertenecía a empresas capitalistas porque, sencillamente, no existían.
Tomemos el caso de Alibaba, que ha superado en ventas a Amazon. Formalmente es una empresa privada multinacional de alta tecnología. Su presidente y fundador, Jack Ma, es el hombre más rico de China y es miembro del Partido Comunista.


En 2007 el Diario del Pueblo informó que 1.554 empresarios privados se integraron al Partido Comunista. Un estudio oficial mostró que el 28,8 por ciento de los grandes empresarios consideró “un honor ser elegidos como miembros” del partido o de las instituciones oficiales de la República Popular (Diario del Pueblo, 15/10/2007).
Estamos ante un matrimonio capital/partido/Estado que ha parido una nueva realidad, en gran medida inédita y que merece ser estudiada a fondo. Es evidente que hay una subordinación del capital chino a “su” Estado, una alianza entre los propietarios de los medios de producción y el Partido/Estado con el objetivo de hacer grande a la nación. En este sentido, hay una confluencia entre acumulación de poder y acumulación de capital que es una de las principales características del capitalismo.

 


 

Recuadro 2

 

Un ejército para repeler agresiones

 

Con base en un potente desarrollo científico y tecnológico, el Ejército Popular de Liberación ha alcanzado un grado sorprendente de desarrollo. El objetivo de China consiste en no volver a sufrir humillaciones como fueron las dos guerras del opio en el siglo XIX y la invasión japonesa en el XX.

El impresionante desfile militar del 1 de octubre pasado, mostró los logros tecnológicos de China, tanto como en el factor que Mao consideraba básico: la moral de combate de la tropa. Lo primero fue visible en el desfile que involucró 15.000 efectivos, más de 160 aeronaves, 580 piezas de armamento y material bélico entre los que figuran el moderno bombardero Xian H-6N, el dron furtivo Gongji-11 y el helicóptero utilitario Z-20.

Pero las palmas se la llevaron los misiles. Pudieron observarse varias filas del misil Dong Feng 41, con más de 20 metros de largo y un alcance de 12 a 15.000 kilómetros, superior al del estadounidense Minuteman. Se trata de un cohete que puede cargar diez ojivas nucleares, que está emplazado en plataformas móviles que lo hacen casi inubicable.

También se pudo ver por vez primera el misil DF-17, de medio y corto alcance, diseñado para la defensa de las aguas territoriales en disputa en el Mar del Sur de China, y para enfrentar al Japón que ha desplegado misiles que, según Beijing, son una amenaza para China. El DF-17 cuenta con una ojiva planeadora supersónica que se desprende del misil.

Según especialistas militares como el ruso Vasili Kashin, “China sería, entonces, el primer país en montar una ojiva hipersónica sobre un misil de un alcance reducido” (Sputnik, 1 de octubre de 2019). Según el diario oficialista chino Global Times, esa ojiva puede alcanzar diez veces la velocidad del sonido, lo que la vuelve un arma mortal para los buques, al igual que el misil “anti-portaaviones D-21.

Un reciente artículo del diplomático venezolano Alfredo Toro Hardy, señala que Estados Unidos “corre el riesgos de quedar rezagado frente a los saltos de garrocha tecnológicos que China estaría dando”. A diferencia de la competencia EEUU-Unión Soviética, que medían sus fuerzas en cuántos tanques, aviones o misiles poseía cada uno, China ha optado por “el desarrollo de armas asimétricas”.

Por ejemplo: sus misiles de costos muy bajos pueden poner fuera de combate portaaviones que tienen un costo de 13.000 millones de dólares. El objetivo es denegar el acceso a sus mares, por los que surcan los barcos que la proveen del petróleo y donde navega el voluminoso comercio exterior del dragón.

Publicado enEdición Nº262
Elecciones en Bolivia: Con casi el 100 por ciento se amplia la ventaja de Evo Morales

La polarización entre campo y ciudad es uno de los datos emergentes de los comicios

Con el 99,16 por ciento de los votos escrutados y una ventaja de 10,37 por ciento sobre Carlos Mesa, se consolida el triunfo del presidente de Bolivia sin necesidad de acudir a una segunda vuelta.  

 

El cómputo oficial de los votos de centros mineros como los de Siglo XX y Llallagua, en Potosí, que durante la década del ’70 fueron el escenario de históricas luchas obreras; y de poblados indígenas de la Bolivia profunda, como Mojocoya y Tarabuco, en Chuquisaca, terminaron por darle al presidente Evo Morales la ansiada diferencia superior al diez por ciento de los votos por sobre el candidato de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, habilitándolo a un cuarto mandato sin necesidad de recurrir a una desgastante segunda vuelta electoral. Con el 99,16 por ciento de los votos escrutados Morales, con el 46,96 por ciento de los votos, fue reelecto al alcanzar una ventaja de 10,37 por ciento sobre Mesa, quien obtuvo el 36,59.

Sintomático de un proceso electoral plagado de irregularidades es que la odisea del escrutinio de esos y otros municipios aislados de los grandes centros urbanos haya tenido que realizarse tras la mudanza de los respectivos Tribunales Electorales Departamentales a Llallagua y a dependencias de la Empresa Pública Productiva de Envases de Vidrio de Bolivia (Envibol) en Zudáñez, debido a que las instalaciones fueron tomadas y destruidas por grupos de choque convocados por opositores para impedir el conteo del voto campesino originario y desconocer los resultados, según denunciara el presidente boliviano.

Ante el clima de desacreditación del proceso electoral y de violencia suscitada en casi todo el país por el propio Mesa junto a otros representantes sectoriales de la derecha después de la suspensión del conteo rápido y fuerte cambio de tendencia en el día de la elección, el cómputo final del Tribunal Supremo Electoral (TSE) fue finalmente resuelto en tiempo y forma.

Sin embargo, la misión de veedores de la OEA deslizó, a partir del 21 de octubre, críticas concentradas principalmente en falencias del sistema paralelo de transmisión rápida del conteo (TREP), aspecto que ha puesto en jaque al propio TSE y que deberá ser revisado a futuro. Esa misma misión había avalado la organización y el cronograma de todo el proceso eleccionario, y el pasado domingo ponderó la absoluta normalidad en el desarrollo de los comicios hasta la interrupción temporaria del conteo.

Basándose en su propios números, voceros del organismo continental recomendaron la realización de la segunda vuelta aún cuando el escrutinio no estaba completo e independientemente de si se daba o no la diferencia de diez puntos entre Morales y Mesa. El pedido del canciller Diego Pary para que las autoridades bolivianas y la misión de la OEA realicen en los próximos días una auditoría conjunta del conteo general no cayó en saco roto, siempre y cuando las conclusiones sean vinculantes, es decir, de cumplimiento obligatorio.

Carlos Mesa puso en evidencia su abierta negativa a reconocer los resultados oficiales al referirse en una entrevista televisiva realizada este miércoles que no le parece vinculante la auditoría, demostrando que no creía en la hipotética y ya descartada posibilidad de que el conteo final lo llevara al balotaje.

En modo contraataque, el presidente Morales apuntó a la OEA por considerar que perdió toda imparcialidad en el curso de los últimos días. Le atribuye una intencionalidad de desestabilización política a tono con las intervenciones del gobierno de Donald Trump en la región y en complicidad con lo que él denunció como un intento de golpe de "la derecha".

El resultado electoral muestra una fuerte polarización entre los sectores afines a la profundización del proceso de cambio, con un rol clave de los movimientos sociales, y el profundo “anti-evismo” que se cuece en la clase media y que llevó a esos sectores a concentrar el voto en Comunidad Ciudadana. Esto se traslada a la dicotomía campo-ciudad, cuestión que parecía zanjada pero que ha resurgido con una alarmante reacción de expresiones y acciones violentas atravesadas de odio racial hacia todo lo que huela a indígena y masista.

El propio Morales señaló ayer en conferencia de prensa desde la Casa Grande del Pueblo que un grupo de 20 personas habría atacado el frente de su casa en Cochabamba con pintadas y leyendas discriminatorias, además de denunciar los actos vandálicos contra los tribunales electorales.

Mientras, la calma social sigue jaqueada en las ciudades de La Paz, Sucre y Santa Cruz, con una guerra psicológica de noticias falsas y el intento de venezuelización de la situación de Bolivia, con llamamientos infructuosos a paros cívicos o a la guerra civil. También en la Paz, irrumpen a diario a partir de las seis de la tarde en inmediaciones de la sede del TSE con una única consigna: sacar a Evo. Las manifestaciones en esas ciudades se nutren mayormente de jóvenes de sectores medios y altos acicateados por el rector de la UMSA Waldo Albarracín.

Enfrente se sitúan las masivas marchas y concentraciones en respaldo al presidente indígena, como las de ayer en la plaza San Francisco de La Paz y la de esta tarde en Cochabamba, donde cientos de miles de personas convocadas por organizaciones como la Central Obrera Boliviana y la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia muestran su pacífica defensa de Morales, de la democracia y de los derechos históricamente conquistados.

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Rusia y Turquía acuerdan el control conjunto de la zona kurda en Siria

Fuerzas ruso-turcas patrullarán el área después de un plazo de seis días para que las milicias kurdas la abandonen totalmente

Rusia impone sus condiciones para el futuro de Siria. El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, acordaron este martes en la ciudad rusa de Sochi la creación de una zona de amortiguación a lo largo de la frontera entre Turquía y Siria “libre” de combatientes kurdos, que Ankara considera terroristas. Putin ha concedido a Erdogan su ansiada franja territorial en el noreste de Siria --de hasta unos 30 kilómetros hacia adentro--, pero no tan amplia como el líder turco quería. Y ciertas limitaciones con beneficio para Moscú: después de un plazo de seis días para que las milicias kurdas la abandonen totalmente, fuerzas ruso-turcas patrullarán el área.

“Hemos firmado un memorando histórico con Putin para la integridad territorial y política de Siria y el regreso de los refugiados”, aseguró Erdogan con media sonrisa junto al líder ruso. Además de desplazar a los combatientes kurdos, Ankara quiere controlar los territorios del noreste de Siria para reubicar a la mitad de los casi cuatro millones de refugiados que viven en Turquía. En una comparecencia, tras una reunión de más de seis horas en la que se debatió cómo Ankara y Moscú, junto al resto de actores regionales, se dividirán el control de Siria, Putin aseguró que el pacto puede ser un “punto de inflexión”. A su lado, Erdogan se afanó por resaltar su “amistad” y cooperación con el presidente ruso y su intención de “respetar la integridad y soberanía de Siria”.

Según los términos del acuerdo, las fuerzas kurdas sirias tienen 150 horas para retirarse a más de 30 kilómetros de la frontera, dejando atrás el territorio que habían controlado hasta principios de este mes, cuando Estados Unidos --que había sido su protector y aliado en la lucha contra el autodenominado Estado Islámico (ISIS)-- comenzó a retirar sus tropas. La guardia fronteriza leal al régimen de Bachar el Asad y la policía militar rusa garantizarán que las milicias kurdas han abandonado el territorio. 

El pacto, firmado en la ciudad balnearia de Sochi, donde el presidente Putin tiene su residencia de verano, se alcanzó pocas horas antes de que finalizase el plazo del alto el fuego que Erdogan acordó la semana pasada con el vicepresidente de EE UU, Mike Pence. Una tregua a la que accedió tras el rechazo internacional a la ofensiva que Turquía comenzó en el norte de Siria justo después de que Washington anunciara la retirada de las fuerzas que ha mantenido en la zona siria en manos de los kurdos.

El pacto entre Ankara y Washington incluía la retirada de las Fuerzas Democráticas Sirias, lideradas por los kurdos, de una importante franja de terreno 120 kilómetros de largo, entre las ciudades fronterizas de Tal Abiad y Ras el Ain. Zonas en las que los combatientes kurdos habían logrado forjar su propia región autónoma.

A medida que las tropas de EE UU se retiran, Ankara y Moscú buscan capitalizar el reequilibrio de poder en la región. Pero el acuerdo entre Erdogan y Putin, que no marca ningún límite temporal, supone sobre todo una victoria para el líder ruso. Moscú, que empezó a intervenir en el conflicto sirio en 2015 para apoyar a su aliado Bachar el Asad, había empezado patrullar la semana pasada partes del norte de Siria para evitar el enfrentamiento entre tropas leales al régimen El Asad y fuerzas afines a Ankara. Ahora, con este nuevo plan, consolida la influencia. Patrullas fronterizas sirias y fuerzas rusas ayudarán a “limpiar” el área de milicianos kurdos, según explicó el ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu. Lo que implica que tomarán el control conjunto de una vasta franja de territorio antes en manos de los kurdos.

“Es clave garantizar la soberanía e integridad de Siria”, recalcó Putin. El Kremlin, jugador principal en el tablero de la guerra siria, es, junto a Irán, el principal aliado y valedor del régimen El Asad. “Es importante que Turquía entienda y comparta ese punto. Los turcos tendrán que defender la paz y la calma en la frontera junto con los sirios. Esto solo se puede hacer en una atmósfera de respeto mutuo y cooperación", aseveró el presidente ruso. Putin insistió en que Erdogan y El Asad tienen que dialogar. Algo a lo que el presidente turco no se ha mostrado muy partidario. Hasta ahora. Esto brindaría a Putin la posibilidad de solidificar el poder de El Asad. Y supone una forma de dar un halo de legitimidad al régimen sirio. También de cara a las negociaciones sobre el futuro del país en otras mesas de diálogo internacionales.

Integridad territorial

Que Ankara y Damasco se sienten a negociar es difícil. Erdogan ha exigido durante años que El Asad abandone el poder, aunque con el paso del tiempo su actitud pública se ha vuelto menos hostil. El Asad, durante una visita a las tropas sirias en el bastión rebelde de Idlib hecha pública este martes en los medios sirios, declaró que Erdogan es un “ladrón” que está “robando la tierra” y dijo que estaba listo para apoyar cualquier “resistencia popular” contra la invasión de Turquía.

El líder turco contestó en Sochi. Y aseguró que no tiene ninguna intención de quedarse con territorio “de otros” y que su intención es crear una “zona segura libre de terroristas”. “Queremos mantener la soberanía y la integridad territorial de Siria”, dijo Erdogan. “Estamos planificando cuidadosamente todos nuestros pasos”, remachó.

Erdogan aspiraba a una ganancia mucho mayor, pero sale de Sochi contento. Su propuesta inicial de “zona segura” tenía más de 440 kilómetros de largo y 32 de ancho, un área en la que aspiraba a establecer una docena de puntos de observación tripulados por unidades de combate. Y, sobre todo, es parte de su plan para reasentar refugiados.

Mientras, Putin sigue aprovechando las actuaciones del presidente estadounidense, Donald Trump, y las grietas en el frente común occidental para estrechar aún más sus vinculos con Turquia, miembro de la OTAN. En lo que va de año, el presidente turco y su homólogo ruso se han reunido ocho veces.

Por María R. Sahuquillo

Sochi 23 OCT 2019 - 03:57 COT

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Lunes, 21 Octubre 2019 16:12

Washington contra Pekín

Adriana Gómez, Éste o éste, de la serie “Preguntas”, técnica mixta/lienzo, 30 x 30 cm, 2008  http://www.adrianagomez.net/site/

Parece que Estados Unidos considera ya que no puede hacerles frente a China y a Rusia al mismo tiempo. En las próximas décadas, su principal rival geopolítico será Pekín. En este punto, existe un consenso incluso entre la administración republicana de Donald Trump y los demócratas, fuerzas enfrentadas, sin embargo, en las elecciones presidenciales del próximo año. De este modo, en su condición de principal adversario de Washington, China es la sucesora del “Imperio del mal” y del “terrorismo islámico”. Pero, a diferencia de la Unión Soviética, China posee una economía dinámica, con la que Estados Unidos registra un enorme déficit comercial. Y un poder mucho más impresionante que el de las decenas de miles de combatientes fundamentalistas que deambulan entre los desiertos de la antigua Mesopotamia y las montañas de Afganistán.


Barack Obama ya había emprendido un “giro” de la diplomacia estadounidense hacia Asia y el Pacífico. Como es habitual, su sucesor formula esta nueva estrategia con menos elegancia y sutileza (Golub, página 18). Dado que, en su modo de pensar, la cooperación es siempre una trampa, un juego de suma cero, el auge económico del rival asiático amenaza automáticamente el desarrollo de Estados Unidos. Y viceversa: “Estamos ganándole a China –presumió Trump en agosto pasado–. Acaban de pasar su peor año en medio siglo, y es por mi culpa. No estoy orgulloso de eso”.


Eso de “no estar orgulloso” no parece propio de él… Hace poco más de un año, había autorizado la transmisión en directo de una reunión de gabinete. Y allí pasó de todo: uno de sus secretarios celebró la desaceleración del crecimiento en China; otro atribuyó la epidemia de opioides en Estados Unidos a las exportaciones chinas de fentanilo; un tercero afirmó que las dificultades de los agricultores estadounidenses eran consecuencia de las medidas de represalia comercial de China. Sólo faltaba que Trump relacionara la terquedad nuclear norcoreana con la indulgencia que Pekín mostraba hacia su aliado. Para Washington, vender un poco más de maíz o de electrónica a China no será suficiente. Tiene que apartar al rival, cuyo PIB se multiplicó por nueve en diecisiete años, debilitarlo, impedirle extender su influencia y, sobre todo, convertirse en el equivalente estratégico de Estados Unidos. No se le perdonará ningún golpe a este país cuya prosperidad deslumbrante no culminó en americanización, ni mostró docilidad alguna.


El 4 de octubre de 2018, el vicepresidente estadounidense Mike Pence ya denunciaba en un discurso de una extrema violencia un “sistema orwelliano”, “autoridades que destruyen crucifijos, queman biblias y encarcelan a los creyentes”, y la “coerción de empresas, estudios de cine, universidades, think tanks, investigadores, periodistas estadounidenses”. Incluso detectaba “intentos de influir en las elecciones presidenciales de 2020”. Después del “Rusiagate”, ¿habrá acaso un “Chinagate” que, esta vez, tendría como objetivo la derrota de Trump? Estados Unidos es sin duda un país muy frágil…

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Magalí del Hoyo

El Brasil de Bolsonaro, aislado del mundo

"No vamos a soportar más que esta nación sea gobernada por sanguinarios y violadores de derechos, que son la izquierda, no la derecha", dijo Damares Alves, ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos a una platea de 2.000 personas que participaban en la Conferencia para la Acción Política Conservadora realizada por primera vez en Brasil.

 

Se trata de un encuentro tradicional de la derecha de los Estados Unidos, llevado al país latinoamericano por el Instituto de Innovación y Gobernabilidad vinculado al Partido Social Liberal (PSL) del presidente Jair Bolsonaro.

La ministra fue más lejos al decir que "no podemos subestimar el mal". "A diferencia de nosotros, ellos juegan sucio. A diferencia de nosotros, que nos motiva la fraternidad, la paz, la prosperidad y familias seguras, ellos tienen otras motivaciones. Una de ellas es llenarse el bolso con dinero".

En el mismo encuentro, el ministro de Educación, Abraham Weintraub, comparó a los expresidentes Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva con el sida y la tuberculosis, y a la filósofa Marilena Chauí con los ideólogos nazis.

También fue demasiado lejos cuando definió quiénes son los enemigos del Gobierno, apuntando contra un sector del empresariado: "Enfrentamos una alianza de familias oligarcas con tiranos demagogos. Pocas familias que controlan sectores enteros de la economía están umbilicalmente unidas con movimientos totalitarios de izquierda".

El canciller Ernesto Araújo se pronunció en términos similares, mostrando una completa intolerancia hacia sus adversarios electorales. Según la revista Piauí, del grupo editorial Folha de Sao Paulo, estos discursos se emparentan con las afirmaciones de Bolsonaro antes de las elecciones, en las que llamó a una "limpieza" y amenazó con desterrar a sus oponentes, a los que llamó "marginales rojos".

El diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente, elevó la temperatura al acusar a la izquierda de agredir a los miembros de su partido, colocándose en el papel de víctima, y culpar a la prensa de los ataques al Gobierno, mientras periodistas de GloboNews y Folha fueron impedidos de formular preguntas e insultados en una rueda de prensa.

Eso sucede en medio de una agria disputa en el seno del PSL, con ataques cruzados entre sus dirigentes. En gran medida, es responsabilidad del propio presidente, que "sabe cómo fabricar crisis, pero sabe cómo deshacerlas", según el analista Josias de Souza, estimando que la ardua disputa en el partido de Gobierno puede ser el Waterloo del presidente.

Los discursos ultras e intransigentes son responsables del creciente aislamiento internacional del país. Primero fueron las críticas en todo el mundo por la quema de la selva amazónica, ante la pasividad y permisividad del presidente. Luego llegó una fuerte crítica de Human Rights Watch (HRW), asegurando que Bolsonaro está "atacando frontalmente" los derechos humanos por las políticas de seguridad y ambientales de su Gobierno.

En septiembre pasado la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, alertó sobre "una reducción del espacio democrático" en Brasil. La agria disputa con las ONG hizo peligrar la permanencia de la nación latinoamericana en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Pero el lado que más puede afectar la estabilidad del Gobierno de Bolsonaro es la economía. Como resultado de su política ambiental, Francia se ha negado a suscribir el acuerdo firmado entre la Unión Europea y el Mercosur, que prevé inversiones y abre mercados a productos de la región.

Por otro lado, se avecina una crisis con los productores de soja. Importantes agricultores piensan que Bolsonaro está pasado de rosca. Blairo Maggi, uno de los mayores productores y exportadores de soja, declaró: "Cuando exporto soja o maíz, los importadores quieren saber el origen de la certificación de mi producto. Si plantamos en áreas deforestadas, no lo compran".

El problema es que el presidente agrava la situación con declaraciones agresivas, al estilo de Donald Trump. "Tengo un mensaje para la querida Angela Merkel: tome su dinero y reforeste Alemania. Lo necesitan mucho más allí que aquí", dijo en respuesta a la negativa alemana a seguir apoyando el Fondo Amazonia, mecanismo de cooperación internacional para reducir la deforestación.

Lo más reciente es que la mala imagen del país está afectando el comercio y el turismo. La empresa de moda H&M informó en septiembre que deja de comprar cuero brasileño, y el grupo francés Terre Voyages, que desde hace 25 años organiza paquetes de turismo a Brasil, difundió la noticia de que para la temporada de 2020 solo consiguió colocar la ruta de navegación por el río Tapajós entre sus clientes.

Pero el sector que tiene mayor capacidad de afectar a Brasil es el financiero. Un grupo de 230 fondos de inversiones que dirige carteras del orden de 16 billones de dólares, distribuyó un comunicado en el que informa: "Estamos preocupados por el impacto financiero que la deforestación puede tener entre los inversores, aumentando potencialmente los riesgos operacionales y regulatorios".

El texto apunta a "dificultades crecientes para el acceso a mercados internacionales por empresa que utilizan cadenas de abastecimiento oriundos de Brasil y expuestos a la devastación de la Amazonía".

En realidad, a estos fondos no les preocupa el medio ambiente, ni siquiera el grosero machismo de Bolsonaro cuando atacó a la primera dama francesa. Pero muestran que el aislamiento económico puede ser el talón de Aquiles de la ultraderecha brasileña.

22:33 18.10.2019(actualizada a las 13:53 19.10.2019) URL corto

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Domingo, 20 Octubre 2019 06:07

Vlady Putin: Nuevo zar del Medio Oriente

Vladimir Putin tiene un pie en ambas costas del Golfo Pérsico.Foto Ap

Los sucesos en el norte de Siria que (en)marcan el nuevo orden regional en proceso (https://bit.ly/2MNTTNP) –bajo el condominio ruso-estadunidense que sustituye al acuerdo británico-francés Sykes-Picot de hace 103 años– estaban escritos en el muro desde diciembre del año pasado cuando se fraguó la retirada de Trump y la división norte-sur del Medio Oriente: “La cartografía de Medio Oriente cambió dramáticamente con vencedores y perdedores: entre los primeros, Rusia, Irán, Turquía; y entre los segundos, EU, los kurdos, Israel y la mayoría de las seis petromonarquías del Golfo, con la excepción de Catar (https://bit.ly/2AObv6V)”.

Hoy las tendencias sólo se acentuaron.

Obama abandonó a los kurdos iraquíes y ahora Trump lo imita con los kurdos sirios (https://bit.ly/2BanSdb) frente al neo-otomanismo del sultán Erdogan a quien los kurdos turcos (15 por ciento de la población total de Turquía) le están carcomiendo su tambaleante frente doméstico.

Israel, con su primer hoy atribulado Netanyahu, fracasó en su intento de balcanizar a Siria y a Irak mediante la secesión del Gran Kurdistán para desestabilizar a Irán y Turquía (https://bit.ly/32b3k0c).

Desde sus fracasos en el mundo árabe –Libia (descuartizada por Hillary), Somalia, Yemen, Irak y Siria con baby Bush, los Clinton, Obama y Trump–, EU había iniciado su repliegue para (con)centrarse en la región Indo-Pacífico ( https://bit.ly/32BHCCU ) con el fin de contener a China, así como enfocarse en el Ártico (https://bit.ly/2DLeL4w) para repeler el avance de Rusia y China cuando ya no le interesa controlar el petróleo del Medio Oriente.

EU es hoy el mayor productor de gas/petróleo lutita (shale gas/oil) del planeta y su producción ha superado a Rusia y a Arabia Saudita (AS), por lo que el Medio Oriente ha perdido su interés de hace 74 años cuando Roosevelt y el rey Saud pactaron su acuerdo petrolero a bordo del USS Quincy en el Gran Lago Amargo (sic) de Egipto (https://bit.ly/2MUh4WB).

Cuando se agote la Cuenca Pérmica en Texas, la mayor fuente de shale gas/oil de EU, tienen contemplado controlar directa o indirectamente la Cuenca de Burgos y la Cuenca Sabina en el norte de México (https://bit.ly/2qoMo8h).

Hoy EU controla el petróleo del Golfo de México con la ignominiosa "reforma energética" del entreguista itamita neoliberal Luis Videgaray y ha puesto en jaque a la mayor reserva de petróleo del mundo: Venezuela.

En pleno desasosiego, Financial Times (19.10.19) admite que Turquía "se considera triunfador". Cita a Sinan Ulgen, director del think tank Edam, con sede en Estambul, quien califica de un "ganar-ganar" para Turquía y Trump, mientras el sultán Erdogan se prepara en dos días a reunirse con el zar Vlady Putin en su sitio preferido de Sochi.

Mientras Putin recorre el Golfo Pérsico, los iraníes conmemoran la máxima peregrinación del planeta del Arbiin en el santuario del imán Hussein (nieto del profeta Mahoma) en Kerbala, Irak (https://bit.ly/2P2VZMA).

Sumados los eventos en el norte de Siria con las relevantes visitas del zar Vlady Putin a las dos petromonarquías de AS y los Emiratos Árabes Unidos, en una de las dos costas del Golfo Pérsico, se trasluce que el Gran Medio Oriente se convirtió en el "patio trasero" de Rusia en la era de la cibergeopolítica (https://bit.ly/2qpy1ki).

Rusia controla el mar Caspio, el mar Negro, la costa oriental del mar Mediterráneo en Siria –sumado del Líbano–, y mantiene una óptima relación con Israel donde llegaron 1.5 millones de migrantes rusos/ucranianos de origen jázaro no-semita.

Sin contar sus inmejorables relaciones con los países islámicos de Asia Central, Moscú mantiene excelentes tratos con Egipto, donde participó en la construcción del segundo Canal de Suez.

Ahora el zar Vlady Putin tiene un pie en ambas costas del Golfo Pérsico: con Irán, del lado este, y con AS y los Emiratos Árabes Unidos del lado oeste.

Rusia se despliega y profundiza su presencia en el Medio Oriente, de donde EU se repliega a conveniencia.

¡Vlady Putin es hoy el incontestable "Zar del Medio-Oriente"!

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El analista de arriba y la calle

Raúl Zibechi

Los pueblos y los sectores populares, las mujeres y los varones de abajo, están ganando las calles en todo el mundo. En Barcelona y en Hong Kong, en París y en Quito, y en un largo etcétera imposible de abarcar en pocas líneas. A mi modo de ver, este sólo hecho da para celebrar, para el regocijo de quienes deseamos el fin del capitalismo, porque éste no sucederá sin confrontación y lucha de calles, entre otras formas similares de pelea.

La poderosa reorganización de los aparatos represivos los ha hecho casi invulnerables a la protesta, de modo que desbordes como los que vimos en periodos anteriores (siempre recuerdo el mítico Cordobazo de 1969, cuando obreros y estudiantes derrotaron en la calle a la policía del régimen militar), son cada vez más infrecuentes. Por eso la lucha de calles, es tan importante, como escuela y como horizonte.

Es cierto, por otro lado, que con marchas y acciones directas no es posible trascender el sistema, que hacen falta por lo menos dos cuestiones centrales: una crisis sistémica profunda, como las que se registraron en Europa hacia el final de la guerra de 1914-1918, y una potente organización de los pueblos, no sólo para afrontar la crisis, sino de modo muy especial para construir los mundos otros llamados a expandirse mientras vamos deshidratando la hidra capitalista.

Los pueblos organizados y los militantes celebramos las pequeñas victorias, la multiplicación de caracoles en Chiapas o el frenazo al paquetazo del FMI en Ecuador. Nos conmovemos con esos miles que arañaron las piedras, literalmente hasta sangrarse, para erigir barricadas con adoquines y trozos de edificios en Quito. Nos indignamos con la represión que provocó una decena de muertos y mil 300 heridos.

Festejamos los avances. "En Loja y Azuay se crearon asambleas populares autónomas, espacios organizativos de abajo para construir poder popular, dar continuidad al proceso y articular planes y acciones", nos dice un militante contra la minería del sur. Valora, de forma muy especial, que los 12 días de lucha hayan sido la primera experiencia para toda una generación, porque no está pensando en tomar el palacio, sino en la continuidad de la pelea.

Otros compas estiman la trascendencia de que haya emergido una nueva generación de militantes y dirigentes indígenas y populares, así como la importancia del protagonismo masivo de las mujeres. En paralelo, se emocionan con los estudiantes que armaron centros de acopio, albergues y cocinas comunitarias, "integrando así una lucha campo-ciudad".

Son los temas estratégicos que deberían preocuparnos, porque de ellos depende el futuro, y no si la acción favorece a tal o cual potencia global, a tal o cual político que quiere llegar o volver al palacio.

Por eso nos indigna, por lo menos a quien esto escribe, cuando el analista de arriba se limita, desde su escritorio, a censurar a los dirigentes, sean de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), del pueblo mapuche o del EZLN, porque no hicieron lo que ellos consideran oportuno o necesario.

Los pueblos no son acarreados por los dirigentes, como suele creer el analista de arriba, porque no se molesta en preguntar y, sobre todo, en escuchar razones de la gente común. Si lo hiciera, descubriría una lógica propia, diferente por cierto a la del académico o del político profesional, porque responde a necesidades concretas que no pasan por la academia y la literatura especializada.

Sinceramente, me parece insignificante, por decirlo en tono amable, si la lucha nuestra beneficia a China, a Rusia o a Estados Unidos. Son tres potencias imperiales que están dispuestas a masacrar pueblos, para seguir acumulando poder y capital.

Me parece igualmente poco importante si una lucha de abajo, con toda su cuota de dolor y sangre, termina beneficiando a tal o cual candidato a la presidencia. No es ése el camino de los pueblos. Todo lo que fortalezca el protagonismo y la organización de los de abajo es muy positivo, más allá de consecuencias que nunca se pueden medir a priori.

Hubo un tiempo en que el analista de arriba era, sistemáticamente, parte del sistema. En las pasadas décadas, sobre todo a partir de la caída del socialismo real y de las derrotas de la revoluciones centroamericanas, han surgido multitud de analistas que se dicen de izquierda, pero no se manchan las manos, ni ponen el cuerpo en las barricadas, ni escuchan a los pueblos.

Se sienten portadores de la verdad, cuando deberían ser apenas trasmisores del pensamiento y la acción colectivas. No puede haber análisis valederos que subestimen a los pueblos. Siempre fue y será una actitud propia de la derecha, funcional al sistema.

No se vale que unos pongan los muertos y otros usen los cuerpos ultrajados como escaleras, materiales o símbolos. "No queremos ser escaleras de ustedes", dicen los aymaras a los políticos corruptos. Sólo sirven los análisis nacidos del compromiso, no con los de abajo, sino abajo y a la izquierda.

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Viernes, 18 Octubre 2019 06:18

Trump se derrumba, Putin acecha

Trump se derrumba, Putin acecha

En días pasados solía yo comparar la presidencia de Trump con las dictaduras árabes. El estadunidense se solazaba en compañía del egipcio Sisi (60 mil presos políticos) y sus febriles diatribas tenían mucho en común con las de Muammar Kadafi, a quien no conoció, pero que también fue "autor" de un libro que nunca escribió (en cambio Tony Blair y Kadafi intercambiaron besos en la mejilla). Sin embargo, en la semana anterior he comenzado a darme cuenta de que el orate de la Casa Blanca tiene mucho más en común con la Roma antigua.

Mi antiguo profesor de clásicos me dijo –cuando lo llamé melodramáticamente por mi celular desde el Foro Romano, durante la ocupación estadunidense de Irak, en tiempos de George W. Bush– que los romanos eran un pueblo desenfrenado, pero no se habrían impresionado con el manejo estadunidense de la campaña en Irak.

Tenía razón, pero ahora estoy convencido de que hay algo claramente "desenfrenado" en la presidencia de Trump. El odio, las amenazas, la furia, tienen mucho en común tanto con la república romana (la versión romana de la "democracia" popular) como con el imperio, en el que varios emperadores mostraron ser tan dementes como Trump.

Catón el Censor, hombre peligroso, terminaba cada uno de sus discursos con las palabras Carthago delenda est, "Cartago debe ser destruida". ¿No es exactamente el lenguaje de Trump? ¿No dijo que podría "borrar a Afganistán de la faz de la tierra", que podría "destruir por completo" a Corea de Norte, que Irán "será arrasado" si ataca a Estados Unidos?

Catón logró lo que quería. Cartago fue arrasada, sus pobladores vendidos como esclavos, aunque sus tierras no estaban sembradas de sal, como más tarde afirmaron historiadores ingleses. Hasta ahora Trump ha sido más Cicerón que Catón, y Pompeo más Plinio que Pompeyo. Hasta ahora.

Pero la retirada estadunidense de Siria, la mayor desgracia de su ejército, sólo superada por su nuevo papel como mercenario de Arabia Saudita –porque la nueva llegada de los militares estadunidenses al reino será pagada por el régimen que masacró a Jamal Khashoggi–, tiene oscuros ecos en la antigüedad.

Al contrario de la versión hollywoodense de su historia, el imperio romano no se derrumbó en un par de días. Los godos, ostrogodos y visigodos no engulleron Italia en un fin de semana. La caída del imperio llegó poco a poco, en el curso de años, en pequeños incrementos: legiones en el olvido, aliados tribales sin paga… y luego traicionados.

Una de las provincias romanas más problemáticas era Cilicia. Siempre cambiaba de manos. Su pueblo se alió con Roma y luego fue abandonado, cuando las legiones se fueron o los impuestos se agotaron. Cilicia, por infortunada coincidencia, estaba casi exactamente sobre el borde occidental de la actual frontera entre Turquía y Siria (kurda). Aún quedan algunas ruinas romanas en esa antigua provincia, para recordar a sus ejércitos actuales –que sin duda se han dado cuenta– cuál sería su destino. Dudo que haya un solo soldado estadunidense en Siria que sepa esto… y, desde luego, ellos deben negociar su salida de esa tierra igualmente antigua. La memoria institucional, ya no digamos la histórica, ha sido borrada desde hace mucho por la Internet.

El imperio romano cayó en pedazos. Los senadores, que vivían en las ruinas de la vieja república, sabían que algo andaba mal. El pueblo entendió su caída solo en etapas. Los grandes caminos romanos dejaron de ser reparados. Las legiones ya no podían avanzar tan rápido (aun si se mantenían leales a Roma). Luego el servicio de correos procedente del norte de África comenzó a fallar hasta detenerse. El trigo para el pan –venido con frecuencia del actual valle de Bekka, en el este de Líbano– dejó de llegar a la capital.

En medio de los disturbios populares en Roma, donde líderes rivales se amenazaban unos a otros, estos asuntos pasaban a menudo inadvertidos. Por desgracia, el juicio político no era opción en el mundo antiguo.

Pero la espada (o el veneno) podía hacer su trabajo. Los enemigos políticos eran acusados de traición. "¡Crucifíquenlos!" ¿No es eso lo que Trump dice de los medios estadunidenses, de los demócratas o de quien se atreva a enfrentar sus abominables mentiras y sus ataques a la democracia de su país?

No, no sugiero que el imperio estadunidense nos dejará de la misma forma. Pero el deplorable abandono de los kurdos, la semana pasada, la debilidad de Trump al permitir que los turcos –y sus perversos aliados "árabes"– se abran camino hacia el norte de Siria a base de masacres, tendrá el mismo efecto que tuvo en la antigüedad. Si ya no puede uno confiar en Roma, ¿a qué imperio volverá los ojos?

Sí, al de Putin, claro. Puede que sea un tirano, pero al menos está cuerdo. Y sus legiones se mantuvieron fuera de la guerra en Siria y salvaron al régimen de Assad. Limpiaron de minas de Isis las carreteras –restauraron los caminos, algunos de los cuales (increíblemente) eran caminos romanos– y aprendieron árabe. Tal vez, de hecho, Putin ahora desempeña el papel del antiguo imperio romano de Oriente, el cristiano, que sobrevivió en Constantinopla/Bizancio cientos de años después de la caída de Roma. Todo Medio Oriente es ahora su imperio, todas sus capitales dan la bienvenida al emperador: Teherán, El Cairo, Ankara, Damasco, Riad, Abu Dhabi.

Hace más de 20 años estuve en Washington, tratando de encontrar al fabricante de misiles que produjo el cohete que Israel disparó hacia una ambulancia civil en el sur de Líbano y con el que mató a todos los que iban en ella. Y me estremeció ver cuánto se parece Washington a Roma. Sus grandes palacios de Estado (excepto el Departamento de Estado mismo, claro) habían sido modelados a propósito sobre la arquitectura romana.

Washington no fue construida como capital de un imperio físico –más bien filosófico, sospecho, en mis momentos más amables–, pero se ve (al igual que Viena, Berlín, París, Londres) como si los primeros estadunidenses de la era de la independencia intuyeran que algún día sería la capital de la nación más poderosa de la tierra. Bueno, lo fue.

Pero Trump ha cambiado todo eso. Para desesperación de sus pocos amigos (los no "desenfrenados") y gozo de sus enemigos, ha degradado a su país. Los sirios, cuya historia se remonta mucho más atrás que la de los estadunidenses, han vuelto a aplicar su vieja política: esperar. Y esperar. Y luego marchar sobre Manjib en el momento en que los estadunidenses se vayan. Eso es lo que los enemigos de Roma hicieron cuando las fronteras del imperio se derrumbaron en Germania y luego en las Galias y en los Balcanes –de todos los lugares– y más tarde en Palmira y en la actual Siria.

En cuanto a la noble arquitectura washingtoniana, ahora ocupa su lugar junto a la vieja capital del imperio austrohúngaro, donde los espléndidos edificios vieneses de Estado parecían avergonzados de su majestuosidad. Los poderosos e históricos muros que hay que estudiar ahora son los del Kremlin.

Traducción: Jorge Anaya

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Jueves, 17 Octubre 2019 08:18

Washington contra Pekín

Adriana Gómez, Éste o éste, de la serie “Preguntas”, técnica mixta/lienzo, 30 x 30 cm, 2008  http://www.adrianagomez.net/site/

Parece que Estados Unidos considera ya que no puede hacerles frente a China y a Rusia al mismo tiempo. En las próximas décadas, su principal rival geopolítico será Pekín. En este punto, existe un consenso incluso entre la administración republicana de Donald Trump y los demócratas, fuerzas enfrentadas, sin embargo, en las elecciones presidenciales del próximo año. De este modo, en su condición de principal adversario de Washington, China es la sucesora del “Imperio del mal” y del “terrorismo islámico”. Pero, a diferencia de la Unión Soviética, China posee una economía dinámica, con la que Estados Unidos registra un enorme déficit comercial. Y un poder mucho más impresionante que el de las decenas de miles de combatientes fundamentalistas que deambulan entre los desiertos de la antigua Mesopotamia y las montañas de Afganistán.


Barack Obama ya había emprendido un “giro” de la diplomacia estadounidense hacia Asia y el Pacífico. Como es habitual, su sucesor formula esta nueva estrategia con menos elegancia y sutileza (Golub, página 18). Dado que, en su modo de pensar, la cooperación es siempre una trampa, un juego de suma cero, el auge económico del rival asiático amenaza automáticamente el desarrollo de Estados Unidos. Y viceversa: “Estamos ganándole a China –presumió Trump en agosto pasado–. Acaban de pasar su peor año en medio siglo, y es por mi culpa. No estoy orgulloso de eso”.


Eso de “no estar orgulloso” no parece propio de él… Hace poco más de un año, había autorizado la transmisión en directo de una reunión de gabinete. Y allí pasó de todo: uno de sus secretarios celebró la desaceleración del crecimiento en China; otro atribuyó la epidemia de opioides en Estados Unidos a las exportaciones chinas de fentanilo; un tercero afirmó que las dificultades de los agricultores estadounidenses eran consecuencia de las medidas de represalia comercial de China. Sólo faltaba que Trump relacionara la terquedad nuclear norcoreana con la indulgencia que Pekín mostraba hacia su aliado. Para Washington, vender un poco más de maíz o de electrónica a China no será suficiente. Tiene que apartar al rival, cuyo PIB se multiplicó por nueve en diecisiete años, debilitarlo, impedirle extender su influencia y, sobre todo, convertirse en el equivalente estratégico de Estados Unidos. No se le perdonará ningún golpe a este país cuya prosperidad deslumbrante no culminó en americanización, ni mostró docilidad alguna.


El 4 de octubre de 2018, el vicepresidente estadounidense Mike Pence ya denunciaba en un discurso de una extrema violencia un “sistema orwelliano”, “autoridades que destruyen crucifijos, queman biblias y encarcelan a los creyentes”, y la “coerción de empresas, estudios de cine, universidades, think tanks, investigadores, periodistas estadounidenses”. Incluso detectaba “intentos de influir en las elecciones presidenciales de 2020”. Después del “Rusiagate”, ¿habrá acaso un “Chinagate” que, esta vez, tendría como objetivo la derrota de Trump? Estados Unidos es sin duda un país muy frágil…

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Magalí del Hoyo

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 El presidente Vladimir Putin en una reunión en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos.Foto Ap

Sucedió al día siguiente lo que escribí: "Un escenario consiste en la quizá tardía reconciliación del gobierno central de Bashar al Assad con los secesionistas kurdos siempre y cuando pospongan su elusiva independencia" (https://bit.ly/2BanSdb), al unísono del retiro de mil soldados de EU que serán trasladados a Irak.

Según el Pentágono, existe un acuerdo del gobierno central sirio y las "fuerzas apoyadas por Rusia" que brindarán protección a los acorralados kurdos (https://bit.ly/2IQY5Ll).

Parece montaje que el ejército de EU haya sido blanco de la artillería turca (https://bit.ly/35swGZQ), lo cual quizá sirvió de coartada para facilitar la invasión. Suena inconcebible que Turquía ataque a EU.

Todo está sincronizado con el Nuevo Condominio ruso-estadunidense en el Medio Oriente –que sustituye al caduco acuerdo británico-galo de Sykes-Picot de hace 103 años–: al sexto día de la operación turca en Siria, el zar Vlady Putin arribó en forma triunfal a Arabia Saudita, su primera visita en 12 años (https://bit.ly/2IQ8FSW).

Ni Rusia ni Arabia Saudita necesitan del petróleo del otro, por lo que es probable que su cooperación sea eminentemente geopolítica y militar cuando los sistemas misilísticos de "defensa (sic)" vendidos profusamente por EU a Arabia Saudita fracasaron estruendosamente frente a los drones y misiles lanzados presuntamente por los guerrilleros medievales hutíes de Yemen. Lo peor es que los sauditas no controlan el sistema "defensivo" que les vendió EU (https://bit.ly/2MGC8zP).

La realpolitik, mezclada de cómica teatralidad de Trump lo llevó a tuitear que no tenía problema en que el gobierno central de Siria "proteja a los kurdos", pero que también pueden ser "Rusia, China o Napoleón Bonaparte (sic)" (https://bit.ly/32hSvt8). ¿Lo de "Napoleón" es alusión al presidente galo Macron?

Las ditirámbicas "sanciones" de Trump y el envío del vicepresidente Mike Pence a Turquía parecen una cortina de humo para apaciguar la fuerte oposición de demócratas y republicanos –que incluyen a sus aliados "evangelistas" (https://bit.ly/2VIon7Gx).

Un dato ominoso que pone en alto riesgo a Europa es el escape de los yihadistas de las cárceles: "liberados" por los kurdos sirios, según Trump, quien criticó a quienes pretenden que EU iría a una guerra contra Turquía, "miembro de la OTAN" (https://bit.ly/2VIG2fJ).

El ejército turco conquistó toda la región fronteriza de 120 kilómetros: desde Tal Abyad hasta el oeste de Ras al-Ain.

El sultán neo-otomano Erdogán no se ve muy preocupado al salir de viaje a Azerbaiyán (https://bit.ly/2OJ7NmW) –donde participará en la séptima cumbre del Consejo Túrquico (https://bit.ly/2VIFHJK), en referencia a los pueblos del añejo Turkestán– cuando publicitó que desde 2018 (sic) tenía un "acuerdo con EU (sic)" para ocupar Manbij, al este del río Éufrates.

En la disputa por el control de la estratégica ciudad de Manbij, que atraviesa la carretera M4 (https://bit.ly/2ITfL9s) –cerca de la relevante ciudad de Alepo, puerta dorada a la provincia de Idlib–, entre los turcos y la nueva alianza del gobierno central sirio con los atribulados kurdos, finalmente Trump se decidió por entregársela en forma espectacular a Rusia (https://bit.ly/35y68GL) que creará una zona de amortiguamiento entre los rivales– lo que asienta mi hipótesis sobre el condominio ruso-estadunidense.

Turquía ya controla la estratégica carretera M4 a 30 kilómetros del sur de su frontera con Siria (https://bit.ly/33qAgBYx).

¿Será la carretera M4, paralela a la frontera de Turquía, la nueva frontera impuesta a Siria por Ankara con bendición de EU?

Un día antes del arribo del zar Vlady a Arabia Saudita, Imran Khan, primer ministro de Pakistán –único país islámico sunnita que posee alrededor de 160 bombas nucleares, y con óptimas relaciones con China–, visitó Irán para intermediar en su conflicto con Arabia Saudita (https://bit.ly/33vf2TC).

¿Se configura en el Gran Medio Oriente el eje norteño no-árabe conformado por Turquía/Irán/Pakistán (https://bit.ly/2AObv6V) que sustituye al sur alicaído, bajo la égida del Nuevo Condominio ruso-estadunidense?

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