Red Mirror: ¿qué futuro se escribe en China? Entrevista a Simone Pieranni

«Il nostro futuro si scrive in Cina» [nuestro futuro se escribe en China], afirma el subtítulo italiano del libro Red Mirror, sobre la realidad de la China contemporánea. Ciudades inteligentes, vigilancia, aplicaciones… dibujan un escenario muy comentado pero aún poco conocido.

En 1938, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos gastaba en conjunto alrededor de 0,075% de su pib en investigación científica, una cantidad mínima. En 1944, el gobierno federal y los estados incrementaron ese porcentaje a casi 0,5%, un aumento de siete veces que se utilizó para desarrollar los sistemas de radar, la penicilina y la bomba atómica. En las dos décadas siguientes, los fondos federales para investigación y desarrollo se multiplicaron por 20 y se creó así la base pública de futuras innovaciones privadas en las áreas de los productos farmacéuticos modernos, de la microelectrónica, de los satélites, de internet y mucho más. Sin embargo, a principios del decenio de 1980, se inició un lento descenso: el gasto público en investigación y desarrollo pasó a 1,2% del pib; en 2017 se había reducido a 0,6%. Hoy en día, si utilizamos como base el porcentaje del pib dedicado a la investigación, nueve países superan a eeuu.

Mientras tanto, explica el periodista italiano Simone Pieranni, a finales de la década de 1960 e inicios de la de 1970, del otro lado del Pacífico, la Revolución Cultural en China había sepultado la educación superior. Millones de estudiantes fueron enviados al campo a aprender las habilidades revolucionarias de los campesinos. Solo después de la muerte de Mao Zedong, cuando la dirección al mando de Deng Xiaoping se hizo cargo del país, comenzó a restaurarse el sistema escolar chino. Pieranni escribe: 

«El año 1989 marcó el punto de inflexión: tras la supresión de las protestas de estudiantes y trabajadores, la dirección china decidió consolidar la lealtad de los cuadros intelectuales a través de una atención que hasta entonces se había confiado sobre todo a las clases productivas, los trabajadores y, fundamentalmente, los campesinos. (…) Al reservar un papel central a la ciencia, terminó llevando al poder a los llamados tecnócratas en la primera parte de la década de 2000; por otro lado, puso a toda una generación de intelectuales, científicos y profesores universitarios bajo el control ideológico del Partido. Los resultados fueron sorprendentes: de 1990 a 2010, la matrícula china en la enseñanza superior se multiplicó por ocho y el número de graduados pasó de 300.000 a casi tres millones por año. Durante el mismo periodo, la participación de China en la matrícula total de la enseñanza superior aumentó de 6% a 17% del total mundial. (…) En 1990, el número de doctorados en eeuu era 20 veces mayor que en China. Solo dos décadas más tarde, China superó a eeuu en esa medición, con 29.000 nuevos doctores en 2010, en comparación con 25.000 en eeuu.1»

Hoy en día, seis universidades chinas se encuentran entre las 100 mejores del mundo, según la clasificación de Times Higher Education. Con este capital intelectual y científico pacientemente construido desde hace más de dos décadas, China ya no solo es el taller industrial del planeta –de hecho, parte de los segmentos productivos que ocupó en la división internacional del trabajo se trasladan a otros países de Asia y del Sur global–, sino que anhela ser el número uno tecnológico del capitalismo cognitivo, por supuesto siempre bajo la dirección vigilante del Partido Comunista (pcch). El nivel de inversión e innovación planificada de las empresas chinas y de sus padrinos políticos en ámbitos como la inteligencia artificial, el 5g, el big data, las tecnologías de reconocimiento facial o el potencial vertiginoso de la informática cuántica tiene dimensiones de ciencia ficción. Como tal, plantea interrogantes complejos sobre las interacciones y las posibles sinergias entre un sistema tecnológico futurista y un modelo político-civilizacional sui generis, que combina hiperdesarrollo y raíces milenarias.

Hace años que Simone Pieranni, corresponsal y especialista en China del diario de izquierda Il Manifesto y creador de la agencia de prensa China Files, explora este mundo donde, según él, se juega nuestro destino. «Il nostro futuro si scrive in Cina» [Nuestro futuro se escribe en China], afirma el subtítulo italiano de su libro Red Mirror, cuyo título se inspiró por supuesto en Black Mirror, la famosa serie de televisión británica que pone en escena los posibles horizontes distópicos del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (tic). En ocasión de la próxima publicación de su libro en español2, Pieranni respondió a esta entrevista para Nueva Sociedad.

Su libro empieza con un capítulo dedicado en gran parte a la «aplicación de aplicaciones» WeChat, que describe como «un nuevo pilar de la sociedad china», un verdadero «ecosistema». ¿Podría explicarnos qué es WeChat, qué función experimental o estratégica tiene en el desarrollo de China como potencia de alta tecnología y también por qué es un modelo en el que Facebook está interesado? Y a propósito, ¿qué porcentaje de los 1.400 millones de chinos posee un teléfono inteligente y cuál es el precio promedio de estos aparatos en relación con el salario mínimo y/o medio?

Bueno, en 2019, 872 millones de personas se conectaron a internet a través de un teléfono inteligente. Un iPhone cuesta 439 dólares en China, pero los productos chinos, Huawei o Xiaomi, cuestan mucho menos. Aunque no hay cifras nacionales oficiales, y los salarios y los ingresos cambian mucho de una región a otra, las últimas estimaciones hablan de un ingreso medio de 12.000 dólares anuales, así que da una idea del costo relativo de estos teléfonos.

WeChat se puede utilizar para realizar cualquier actividad de la vida diaria. La última vez que estuve en China para recoger material para el libro, me impresionó mucho la nueva funcionalidad que permite dividir la cuenta en un restaurante, por ejemplo. Pero más allá de este aspecto más secundario, WeChat está involucrado en toda la vida social y pública de las personas, por lo que es realmente difícil prescindir de él. Recientemente WhatsApp lanzó en Brasil un proyecto piloto para permitir a los usuarios pagar mediante la aplicación, que es lo que hace WeChat. Esto se vincula con un modelo de negocio que consiste en ganar dinero con las transacciones, cosa que por el momento Facebook, Instagram y Whatsapp no hacen. Pero efectivamente, lo que también le interesa a Mark Zuckerberg es el aspecto «ecosistema».

En China WeChat es simplemente sinónimo de teléfono móvil. Imaginemos que encendemos el móvil, pulsamos en el Messenger y en lugar de la pantalla que conocemos ahora, encontramos una especie de página de inicio desde la que se accede a la mensajería, redes sociales, Instagram, cuentas bancarias, compras, reservaciones, etc. Eso es lo que fascina a Zuckerberg, que apunta a convertir Facebook en una especie de sistema operativo de aplicaciones: todos los otros sistemas tendrían que «correr» en el suyo, al igual que WeChat. Significa dinero, pero sobre todo una enorme riqueza de datos. Y precisamente, por razones a la vez tecnológicas, políticas y demográficas, China se está volviendo la gran potencia del big data.

Otro tema de tu libro es el desarrollo de las «ciudades inteligentes», ¿de qué se trata exactamente?

Los proyectos de ciudades inteligentes abarcan todas las características de los varios sistemas de vigilancia y permiten a China resolver una serie de problemas, en primer lugar, el control de la población. Esto no es una completa novedad: las ciudades chinas siempre han sido construidas y desarrolladas para poder ser fácilmente controladas. Durante el maoísmo, se subdividían en distritos que correspondían a las categorías sociales, y tanto en los barrios obreros urbanos como en las aldeas, el sistema de control estaba asegurado por numerosas organizaciones formales e informales que dependían del pcch.

Con la apertura económica de Deng Xiaoping, el boom urbanístico condujo a la creación de ciudades centradas en las gated communities, urbanizaciones cerradas, al igual que en varios países de Occidente. Ya se trataba de lugares hipercontrolados y «seguros», pero ahora, con la «internet de las cosas», la gestión informática del tráfico urbano y el control computarizado de la contaminación, entre otras innovaciones, se pasa a otra etapa de la evolución natural de este proceso: las ciudades inteligentes, precisamente.

Se supone que estas «ciudades inteligentes» tendrán un alto nivel de sustentabilidad ambiental. ¿Es una preocupación real y un modelo para el futuro, o solo una forma de greenwashing y de ostentación de virtud ecológica? ¿Qué dicen los planificadores chinos sobre los costos ambientales de tipo extractivista o las nuevas externalidades negativas de la producción de energía supuestamente «limpia» a gran escala?

En la última Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada el 22 de septiembre, el presidente Xi Jinping anunció que China quiere alcanzar la «neutralidad de carbono» (cero emisiones) para 2060, o sea un equilibrio entre las emisiones y la absorción de dióxido de carbono. Un «compromiso histórico» que ayudará a todo el planeta a reducir las emisiones y a emprender un camino energético verdaderamente alternativo. Según los especialistas, significaría bajar la temperatura global entre 0,2 °c y 0,3 °c. Pero hay algunas contradicciones: hoy en día, China consume la mitad del carbón del mundo. Además, sigue construyendo nuevas centrales eléctricas de carbón y quema mucho carbón en sus fábricas de acero y cemento (siendo el principal productor mundial de estos materiales). Luego, hay un aspecto no secundario relacionado con los estilos de vida: China es el principal mercado automovilístico del mundo y el primer país en términos de importación de petróleo.

¿Misión imposible, entonces? No, según los expertos, porque la economía china tiene muchos aspectos y facetas: junto con su dependencia del carbón, es también un líder mundial en tecnologías «limpias» que podrían hacer factibles los planes –por cierto, muy ambiciosos– de Xi. De hecho, China es el principal inversor, productor y consumidor de energía renovable. De cada tres paneles solares en el mundo, uno está hecho en ese país. La misma proporción vale para las turbinas eólicas. En los proyectos de ciudades inteligentes, pero también en muchas metrópolis chinas, 98% del transporte público ya es eléctrico, al igual que 99% de los ciclomotores y los scooters. Además, China es líder mundial en la producción de baterías para alimentar vehículos eléctricos y almacenar energía renovable en las redes eléctricas.

Las ciudades inteligentes chinas podrían albergar a decenas de millones de personas en un futuro próximo, pero nunca acogerán a toda la población de un país tan inmenso. ¿Sobre la base de qué criterios se hará el acceso a estas ciudades y la selección de sus habitantes?

Esto queda por descubrir. Está claro que habrá una selección a través de los precios de la vivienda y del costo de la vida en general. También podría haber una regulación a través del sistema de crédito social, o sea el puntaje computarizado de la reputación, del comportamiento social y de confiabilidad de los ciudadanos. Cuando hablan de ciudades inteligentes, las autoridades piensan sobre todo en la clase media. Se trata no solo de nuevos sistemas de planificación urbana, sino también de auténticos nuevos modelos de ciudadanía. Solo los más ricos podrán vivir en ciudades inteligentes, pero entre los ricos solo tendrán acceso a ellas los que tengan mejor «puntaje».

¿Qué expresa la obsesión por la seguridad y la vigilancia de los espacios urbanos en un país en el que usted mismo afirma que el nivel de crimen y agresión contra las personas es mucho menor que en muchos países occidentales o del Sur global? ¿Es solo un pretexto para el control político de la población, o hay otras explicaciones sociopsicológicas o antropológicas?

El mantra del liderazgo chino es «mantener la estabilidad», todo está regido por esta necesidad. Los proyectos científicos de ingeniería de sistemas nacidos en la década de 1960, cuando Qian Xuesen, el padre del sistema de misiles chino, introdujo la cibernética en China, tenían como objetivo crear un sistema capaz de ser programado, modificado y, en algunos casos, «previsto». Control de la población, seguridad y productividad van todos en la misma dirección, y como lo sostenía Michel Foucault, son una condición imprescindible del desarrollo capitalista. No quiero decir con esto que los chinos estén dispuestos a dejarse domesticar completamente por estos procesos, porque no es así, pero ciertamente hay menos barreras a la invasión tecnológica de la vida cotidiana. Cuando se empezó a utilizar el reconocimiento facial para prácticamente todo (seguridad, salud, actividades bancarias, etc.), casi todo el mundo lo aceptó sin pestañear. Más bien había cierto entusiasmo por una innovación que demostraba el progreso tecnológico chino. Eso se vincula también con algunas concepciones filosóficas antiguamente arraigadas en China que impiden la formación de barreras éticas al impacto de la tecnología en la vida cotidiana. Mientras que en Occidente siempre hemos separado lo humano de lo técnico (religión y ciencia por ejemplo), los chinos han concebido una especie de «cosmotecnia» como la llama el filósofo Yuk Hui, los dos elementos han existido siempre juntos. Hui se refiere a los ritos confucianos: los objetos (la tekné como la llamaríamos en Occidente) son tan parte del proceso ritual como los propios ritos3. Todo esto permite que China avance mucho más rápido que nuestras sociedades en este terreno.

A propósito de las ciudades inteligentes, usted mencionó los sistemas de crédito social. Hay muchas fantasías distópicas al respecto en Occidente, y algunos observadores de China, como el sociólogo francés Jean-Louis Rocca, piensan que son exageraciones orientalistas y afirman que los sistemas de crédito social y de puntaje de la reputación y del comportamiento, por el momento, son más bien experimentales, locales, sectoriales y no están interconectados. Rocca dice que la gran mayoría de los chinos a los que ha interrogado para su investigación no lo ven como un factor importante en su vida cotidiana y están sorprendidos por la importancia que se le da al tema en Occidente4. ¿Qué opina?

Sí, estoy bastante de acuerdo. De hecho, estos sistemas tal como existen ahora no suscitan problemas particulares, al igual que sistemas similares que se encuentran en Occidente. El sistema de crédito social nació con una doble función: se trata de una forma de regulación del ecosistema económico que concierne a las empresas por un lado, y a las personas por otro lado. No existe todavía un sistema unificado y nacional de crédito social, sino muchos experimentos. En resumen, se trata de asignar un puntaje a cada persona en función de su confiabilidad en términos administrativos, penales y cívicos. Por supuesto, en un Estado de partido único, los criterios para juzgar a una persona pueden multiplicarse y llegar a ser mucho más problemáticos. Pero por el momento, aunque existen también en China atisbos de reflexión sobre la protección de la privacidad y el uso de los datos, la idea del crédito social está aceptada porque la población china lo percibe como un sistema realmente capaz de garantizar una mayor seguridad y armonía social. Para nosotros, por supuesto, parece inquietante, pero si pensamos en todas las veces en que somos evaluados y calificamos a los demás con sistemas de clasificación, no estamos tan lejos del modelo chino. Por el momento, en Occidente, nos evaluamos entre ciudadanos; en China, es un proceso que viene de arriba.

Como decía, es un sistema inquietante en perspectiva. En términos más generales, dado que la principal preocupación del pcch es mantener la estabilidad, hay una voluntad de crear un entorno lo más «confiable» posible, poblado por empresas y personas igualmente «confiables». Para la calificación de las empresas, este tipo de sistema existe también en eeuu, se llama fico. Para las personas, no estamos todavía en estos niveles, pero algunos sistemas de rating o de calificación occidentales (para pedir un crédito o alquilar una vivienda, por ejemplo) no están tan alejados de los experimentos chinos. Claro que este tipo de sistema es más impresionante en el contexto político, tecnológico y demográfico chino. En resumen: Beijing pretende crear en un futuro próximo un sistema nacional único, que por el momento no existe, capaz de evaluar la confiabilidad de las personas en función de sus comportamientos administrativos, penales o cívicos; estos comportamientos pueden llevar a una persona a perder o ganar puntos. Por el momento, el verdadero problema es la desproporción entre «delito» y sanción: si no pago una multa, por ejemplo, corro el riesgo de no poder desplazarme, porque me bloquean automáticamente la posibilidad de comprar billetes de tren o de avión.

Sin embargo, en términos de control social integral facilitado por las tecnologías de avanzada, existe el «laboratorio» de Xinjiang, donde parecería que se está llevando a cabo una experimentación sin precedentes históricos con el control y la disciplina de la población uigur, juzgada como desobediente o peligrosa.

En Xinjiang hay una combinación de todos los elementos del arsenal tecnológico chino, una gama de aplicaciones, cámaras de reconocimiento facial y varios modelos predictivos, con formas de represión más tradicionales, como prisiones y campos de reeducación. Además del control tecnológico, miles de personas trabajan para este sistema de represión contra la población musulmana de lengua túrquica de esta provincia, como lo demuestran las recientes filtraciones de documentos internos del pcch5. Cientos de miles de personas han estado encerradas en campos de reeducación sólo por ser juzgadas sospechosas. Como siempre, China experimenta incluso las cosas más horribles, para ver después cómo limitarlas o ampliarlas. Pese a los testimonios de muchos perseguidos que han podido escapar, Beijing niega que se esté llevando este tipo de represión en Xinjiang y afirma que la región se ha enriquecido en los últimos años. Lo que es cierto, pero eso no cambia en nada la ferocidad de esta política represiva.

Ahora bien, en términos de control social, no todo es tecnología y consenso neoconfucianista. Usted menciona también los «ojos vigilantes» de la población misma y las formas de control capilar a través de las organizaciones de base, herencia maoísta, pero no solamente. En apariencia, los comités barriales han jugado un rol muy importante en la pandemia, por ejemplo.

Sí, en la historia de China desde 1949 hasta el presente, el pcch ha movilizado repetidamente a los órganos estatales, las administraciones y la población para optimizar las respuestas en casos de emergencia y crisis repentinas, esos «cisnes negros» sobre los que alertó Xi Jinping en un discurso hace unos meses. La respuesta a la epidemia de sars en 2003 y al terremoto de Sichuan en mayo de 2008 son ejemplos de lo que el Partido entiende por «movilización», considerada fundamental para lo que se denomina «éxito de la reconstrucción». Una crisis o una emergencia pueden crear mecanismos empujados desde arriba capaces de poner al Partido en el centro de la escena social en China, como motor y equilibrador de situaciones complicadas, y también con una voluntad de mitigar y hacernos olvidar las deficiencias iniciales de la maquinaria político-administrativa.

De hecho, como recuerda Li Zhiyu, la noción de «movilización» (dongyuan) es un concepto fundamental en la política china contemporánea. El término «indica el uso de un sistema ideológico por un partido o un régimen político para alentar u obligar a los miembros de la sociedad a participar en determinados objetivos políticos, económicos o sociales a fin de lograr un nivel intenso de centralización y de despliegue de recursos materiales y humanos»6. Se ha visto este despliegue con la crisis del coronavirus. A pesar del –grave– retraso con el que China comenzó a tratar el covid-19 y su propagación, la población china pareció dispuesta a apoyar las decisiones que venían de arriba. Hubo lecturas de temperatura en todas partes, especialmente en las entradas del metro, limpieza constante del transporte público allí donde no fue suspendido. Cada ciudad hizo lo suyo: en algunos lugares se han reducido las horas de trabajo de los supermercados o centros comerciales para evitar el riesgo de contagio, en otros –especialmente en los pueblos rurales–, todos trataron de ayudar como pudieron al personal médico encargado de ir de casa en casa para tomar la fiebre e informar sobre posibles casos de contagio. Con la parálisis de los transportes públicos, muchas personas se han puesto a disposición de los hospitales para llevar materiales de un lugar a otro, dedicando a ello a veces el día entero. Incluso mucha gente que decía que temía el contagio sintió la necesidad de ayudar.

Lo que parece describir es una especie de capitalismo de vigilancia bajo el control del Partido-Estado, con una forma sui generis de sinergia público-privada y un nivel relativamente alto de aceptación social, que tiene incluso profundas raíces históricas en términos de la cultura del «buen gobierno» y las expectativas de los gobernados. ¿Es así?

Sí, exactamente, y la pandemia lo ha demostrado combinando alta tecnología con movilización de masas. En esta ocasión, la potencia de las aplicaciones chinas dedicadas al control estricto de los movimientos de la población, y a menudo acusadas de no ser más que un dispositivo de seguridad y el punto de anclaje de futuras ciudades inteligentes hipervigiladas, ha sido presentada por el gobierno y los operadores privados chinos como un servicio público imprescindible en una situación de emergencia. La agencia Reuters escribió que el coronavirus «sacó de la sombra» el sistema de vigilancia chino. En realidad, se podría decir más bien que el virus permitió un uso ad hoc de herramientas que los chinos están acostumbrados a usar o a «padecer» cada día. De hecho, nos enfrentamos a la primera emergencia sanitaria en la era de la inteligencia artificial, y aunque en medio de una situación dramática y complicada, una vez más, China señaló el camino.

En este sentido, podría decirse que la pandemia ha sido un estímulo y un incentivo para la aceleración y la ampliación de los sistemas de alta tecnología aplicados a la administración sanitaria, demográfica, educativa, policial, etc.

En la China del coronavirus hay nuevas posibilidades para las empresas de alta tecnología. Ahora mismo, aunque nunca lo confesarán, tienen una oportunidad única de maximizar la principal materia prima de sus innovaciones: más datos, muchos más datos. El miedo al contagio y a la enfermedad ha hecho que la ya de por sí débil resistencia a la invasión de la privacidad haya quedado definitivamente enterrada.

Se pueden citar varios ejemplos. La empresa de reconocimiento facial Megvii ha declarado que ha desarrollado «una nueva forma de identificar y localizar a las personas con fiebre, gracias al apoyo del Ministerio de Industria y Ciencia». Su nuevo sistema de medición de la temperatura utiliza datos del cuerpo y del rostro para identificar a las personas, y ya se está probando en un distrito de Beijing. También Baidu, el principal motor de búsqueda chino, anunció que su laboratorio de inteligencia artificial habría creado un dispositivo similar. La compañía de cámaras de vigilancia Zhejiang Dahua anunció hace poco que «puede detectar la fiebre con cámaras de infrarrojos con una precisión de 0,3 °c», lo que puede ser muy útil en lugares muy concurridos, como los trenes. Se trata de empresas privadas que, apoyadas por el Estado, desarrollan nuevos productos «intrusivos» (pero también considerados como muy útiles por la población). Estas empresas pueden entonces comercializar en el exterior sus innovaciones perfeccionadas gracias a la posibilidad de acceder a esta enorme cantidad de datos, posibilidad garantizada y controlada por el Estado.

También las tecnologías de reconocimiento facial han progresado. SenseTime, uno de los principales operadores en este ámbito, afirma ahora ser capaz de identificar incluso a las personas que llevan máscaras. Es un aspecto muy importante, porque en China, además del teléfono inteligente, el reconocimiento facial sirve para muchas cosas: pagar, reservar, hacer trámites en un banco o en las oficinas públicas. Con el uso masivo de máscaras, las tecnologías existentes habían dado señales de imperfección (que fueron subrayadas irónicamente en las mismas redes sociales chinas por personas que no pudieron entrar en su propia casa por llevar una máscara, por ejemplo).

Podemos citar también el uso de drones para avisar a la gente que tiene que usar máscara (hay un vídeo en el que se ve a una anciana de Mongolia Interior que fue visitada por un dron); los robots utilizados dentro de los hospitales para efectuar el control de plagas, la entrega de comidas o la limpieza en las áreas utilizadas para los pacientes infectados con coronavirus; los asistentes de voz que piden información a las personas en su casa, almacenan datos y sugieren un tratamiento o una hospitalización inmediata. En cinco minutos, los asistentes de voz chinos son capaces de hacer 200 llamadas, aliviando el trabajo de los hospitales. Con tecnologías como el reconocimiento de la voz y la comprensión semántica, los robots son capaces de comprender con precisión los lenguajes humanos, obtener información básica y dar respuestas. Existen también perspectivas de poder desarrollar nuevos productos y tratamientos farmacéuticos gracias a la inteligencia artificial y las plataformas de intercambio de macrodatos, aunque en el caso del coronavirus, en la comunidad científica hay bastante unanimidad en subrayar que la vacuna o la cura definitiva no están a la vuelta de la esquina.

Por último, está el aspecto relacionado con las conferencias virtuales y el aprendizaje electrónico, en el que China lleva invirtiendo hace tiempo. Recientemente, debido al cierre de escuelas y oficinas durante la pandemia, ha sido objeto de una atención y experimentación renovadas. En las escuelas, se usaron softwares ya existentes que permiten conectar a varios alumnos al mismo tiempo, proporcionando al profesor todos los datos necesarios, incluidos algunos grabados por cámaras sobre el nivel de atención demostrada por el alumno durante la clase.

Toca concluir que distopía y utopía son difíciles de desenredar en el caso chino. Usted cita al gran autor de ciencia ficción Liu Cixin cuando dice: «Cada época impone cadenas invisibles a quienes la viven. La única oportunidad que nos queda es bailar entre nuestras cadenas». Usted también escribe que, para los ciudadanos de las democracias liberales de tipo europeo, habrá un momento en que solo tendrán la oportunidad de dejar sus datos personales al Estado chino o a las empresas estadounidenses. En este escenario, ¿qué espacio nos queda para «bailar entre las cadenas», y qué espacio les queda a los propios chinos? ¿Existen posibilidades de resistencia, o tal vez contradicciones internas de naturaleza lógica o material dentro de los propios sistemas de control?

Para Occidente, pienso en Europa, es necesario adoptar una política común y única sobre el big data. En mi opinión, los macrodatos deben ser gestionados como un bien común, es decir, de forma transparente y por la colectividad, de lo contrario Europa seguirá siendo un campo de batalla entre eeuu y China. Para los chinos, no lo sé, dependerá de ellos. Como observador externo, creo que estas cuestiones pueden convertirse en fuente de conflicto, incluso político, solo en el momento en que el pacto social que todavía rige el país –te enriqueces, pero renuncias a ciertos derechos– empiece a tambalear. En el quinto plenario del pcch que acaba de terminar, se decidió que China invertirá aún más en tecnología y desarrollo del mercado interno. Lo que hay que observar por el momento, creo, es la dinámica de la clase media china: 400 millones de personas que son las que sustentan este mercado interno y apoyan a los dirigentes del país.

  • 1.

Red Mirror. Il nostro futuro si scrive in Cina, Laterza, Bari, 2020.

  • 2.

La versión en español será publicada por Edhasa, Buenos Aires, en 2021.

  • 3.

Yuk Hui: The Question Concerning Technology in China: An Essay in Cosmotechnics, Urbanomic, Falmouth, 2016.

  • 4.

J.-L. Rocca: «Crédit social. Spécificité chinoise ou processus de modernisation?» en Sociétés Politiques Comparées No 51, 5-8/2020.

  • 5.

«‘Los cables de China’: los documentos secretos que revelan el sistema de lavado de cerebro del gobierno chino sobre cientos de miles de uigures detenidos» en BBC Mundo, 24/11/2019.

  • 6.

Ivan Franceschini, Nicholas Loubere y Christian Sorace (eds.): Afterlives of Chinese Communism: Political Concepts from Mao to Xi, Verso / AUN Press, Londres-Canberra, 2019.

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Alivio en Reino Unido por el acuerdo post-Brexit

Tras cuatro años de negociaciones con la Unión Eurpea

El gobierno de Boris Johnson le imprimió una retórica épica de “maravillosa noticia navideña”  mientras que la UE eligió un tono más sobrio. 

 

Alcanzado el 24 de diciembre en tiempo de descuento, el acuerdo post Brexit entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido trajo más alivio que euforia y produjo una reacción de hastío e indiferencia en una población preocupada por esta segunda y tercera ola del coronavirus que asola a Europa. El gobierno de Boris Johnson le imprimió una retórica épica para compensar con una “maravillosa noticia navideña” su desastrosa gestión de la pandemia mientras que la UE eligió un tono más sobrio resaltando que el acuerdo cierra más puertas de las que abre para la relación bilateral.

La letra del acuerdo

El acuerdo consta de 1246 páginas y pone fin a más de cuatro años de negociación luego del referendo británico a favor de abandonar la Unión Europea en 2016. Con más de 800 páginas de anexos y notas, requiere la aprobación del parlamento británico y de las 27 naciones europeas para entrar en vigencia el 1 de enero. A grandes rasgos este será el nuevo marco de la relación:

  • · El Reino Unido abandona el mercado común europeo y la unión aduanera
  • · No habrá barreras arancelarias ni cuotas para el comercio bilateral de bienes, pero habrá controles sanitarios, fitosanitarios y regulatorios que exigirán una montaña de papeleo y requisitos para la exportación e importación.
  • · El sector de servicios perderá el acceso directo, algo especialmente duro para el sector financiero británico.
  • · La pesca se regirá por un régimen especial.
  • · La única frontera terrestre entre ambas partes, la que une a la República de Irlanda (Unión Europea) con Irlanda del Norte (Reino Unido), tendrá también un régimen especial.

Con un tono eufórico, Boris Johnson celebró el acuerdo que, según dijo, le permitiría al Reino Unido recuperar la soberanía según lo votado en el referendo de 2016. “Es un momento de gran alegría porque tenemos un acuerdo que dará certeza a los empresarios y los inversores a partir del 1 de enero”, dijo Johnson.

La evaluación de la UE fue mucho más mesurada. La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen exhortó a “dar una vuelta de página y mirar al futuro”. Pero en su documento “EU-UK Trade and Cooperation Agreeement: a new relationship with big changes”, la comisión resaltó los profundos cambios que experimentará la relación.

En una clara advertencia a cualquier otro miembro del bloque tentado de seguir la vía británica, el documento subraya el impacto que tendrá el fin del libre movimiento de bienes, personas y servicios entre el Reino Unido y la UE. Controles fronterizos, incremento de los costos operativos de las empresas y visas serán algunas de las consecuencias de la salida británica del bloque. El embotellamiento de camiones en el puerto de Dover será la nueva postal de una relación más azarosa e imprevisible. Curiosamente en la evaluación del mismo gobierno británico el PostBrexit, lejos de ser la tierra prometida, tendrá un impacto mayor en la economía y el empleo que el Covid. Según la gubernamental OBR (Office for Budget Responsability) el PBI tendrá una caída del cuatropor ciento a mediano plazo. Por lo pronto la industria pesquera británica puso el grito en el cielo por el impacto que tendrá en este sector que tuvo a la negociación en vilo. “El acuerdo no se acerca ni por asomo a lo que nos corresponde por el derecho internacional. De manera que hay mucha frustración y bronca en la industria”, declaró el CEO de la Federación Nacional de Pescadores, Barrie Deas. El acuerdo contempla mecanismos especiales para casos de incumplimiento de las partes si hay un intento de ganar ventajas competitivas rebajando los estándares laborales, medioambientales y de lucha contra el cambio climático. Esta parte del acuerdo era esencial para la UE que teme el proyecto que anunció el mismo Boris Johnson hace más de un año: la creación de un “Singapur on Thames” para competir con el bloque europeo bajando impuestos y regulaciones. En un intento de evitar esta "competencia desleal" se podrán suspender partes del acuerdo o reintroducir aranceles en un período de entre 20 y 30 días.

La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen citó al poeta T.S. Elliot: “to make an end is to make a beginning”. La aprobación que deberán dar esta semana el parlamento británico y los gobiernos europeo debería ser el "end": el último acto catártico de ambas partes.

En el Reino Unido se esperan fuertes rebeliones para la votación el miércoles tanto entre los conservadores como entre los laboristas, pero con una cómoda mayoría parlamentaria de 80 diputados Boris Johnson no debería tener problemas para aprobarlo. Otra cosa es que el acuerdo termine con la conflictiva relación británica con el continente y la polarización que dividió al Reino Unido entre pro y antieuropeos

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Trabajadores en una fábrica de ensamblaje de perforadoras en Zhangjiakou, provincia de Hebei, en el norte de China, en imagen del 19 de diciembre. Foto de STR/ Afp

Es mentalmente sano estar dialécticamente al tanto de lo que piensa la audible contraparte de China y Rusia. En fechas recientes, los dos principales portavoces del decadente globalismo anglosajón, The Economist y The Financial Times, exponen el ascenso irresistible de China en medio de la catatonia, para no decir catástrofe, de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB).

En mi reciente libro Guerra multidimensional entre EU y China (https://amzn.to/2WyNJ9k), exteriorizo las tendencias multifactoriales y exponenciales que favorecen a China –con la salvedad de la superioridad militar/nuclear del Pentágono y la hegemonía del dólar de EU–.

Ryosuke Harada (RH), ejecutivo de la agencia nipona Nikkei, aborda angustiado "el ascenso creciente de China en un mundo inestable" y exhorta a "Japón (sic) y a Europa (sic) a sumarse para estabilizar el orden global". RH aduce que“las ambiciones de China determinarán (sic) el estado del mundo. ( Financial Times, 15/12/20)”.

¿Tan difícil será para que RH no se percate de que su "orden global" neoliberal, basado en los instrumentos de dominio anglosajón, ha fenecido en las esferas política, económica y cultural, no se diga científica con el azorante liderazgo chino en la Cuarta Revolución Industrial? No es nada personal, pero, ¿Japón y Europa, dos entidades sumamente respetables, tendrán la voluntad y la resiliencia de seguir los pasos hacia el precipicio de la decadencia anglosajona de EU y GB?

Es cierto que el "flagelo del coronavirus expuso la debilidad (sic) del capitalismo y la democracia (sic) en todo el mundo", como sustenta RH –mas ahora con la nueva mutación de la "cepa británica" del Covid-19, como la califica Sputnik–, pero no se puede soslayar que la epidemiología anglosajona noratlántica, con su cohorte de charlatanes globalizados y busatilizados, resultó un cataclismo, cuando "Occidente" ya venía tocado de muerte antes de la ominosa pandemia que sólo aceleró las tendencias que se condensaron desde la grave crisis financiera de Obama en 2008. Ya pasaron 12 años desde entonces…

RH no aporta nada nuevo sobre la desi-gualdad insultante de la plutocracia/tecnobancocracia de Wall Street y atribuye simplonamente el despegue chino a su "contención de la pandemia mediante su tecnología y su régimen autoritario", y juzga que "no es difícil (sic) imaginar que en 5 (sic) años las ambiciones de China y su progreso tecnológico, particularmente al mitigar el cambio climático, determinará el estado del mundo".

RH se atraganta toda la secuencia de eventos y sus tendencias triunfales desde que ingresó China a la OMC en 2001, es decir, durante una generación, para no decir desde 1978, con Deng Xiaoping: hace más de dos generaciones, y no desde el brote del C-19 a finales de 2019: los BRICS, el banco AIIB, la "asociación estratégica" con Rusia, el proyecto autárquico "China 2025", las tres Rutas de la Seda, el 15-RCEP (que incorporó creativamente a Japón y Sudcorea), las mayores reservas de dólares y oro, la máxima tenencia foránea de bonos del Tesoro de EU, sus hazañas tecnológicas –desde el 5G/6G, pasando por sus asombrosos alunizajes hasta su “supercomputadora cuántica (proyecto iniciado hace 20 años)–, etcétera. (https://bit.ly/3rlzTpa).

Ni Obama, con su "pivote contra China" y su desquiciante mercantilismo de la fracasada Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés); ni Trump con sus asfixiantes cuan inoperantes sanciones pudieron frenar a China ni a Rusia. RH sufre dos graves defectos ultrareduccionistas carentes de multidimensionalidad geoestratégica: se empecina en promover los tratados mercantiles caducos del globalis-mo, que benefician a Japón más que a Europa, cuando el planeta viró ya a la desglobalización, y no toma en cuenta a Rusia, a la que ni cita.

¿Puede resucitar el añejo "orden global neoliberal" sin Rusia, y sólo con el "estímulo" de Japón y Europa que han empezado a girar en consecuencia hacia China? A mi juicio, sin el paraguas militarnuclear/hipersónico de Rusia, hace mucho que EU, con Obama/Hillary o Trump y hasta con Biden, ya hubiera aniquilado a Pekín.

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Con Biden, el Pentágono intensifica la disputa por el mar de China

El último documento conocido del Pentágono, establece que China es la única amenaza estratégica para su dominación y que Rusia es un peligro militar. El texto fue divulgado el 18 de diciembre y firmado por los jefes de la Marina, del Cuerpo de Marines y de la Guardia Costera.

 

El breve documento, apenas 36 páginas, titulado Ventaja en el Mar, dice que siendo EEUU una "nación marítima", "nuestra seguridad y prosperidad dependen de los mares". El punto de partida del análisis consiste en señalar que el mundo llegó a un punto de inflexión: "Nuestras acciones en esta década darán forma al equilibrio de poder marítimo durante el resto de este siglo".

El documento señala que desde principios del siglo XXI, la Marina osberva "con alarma, el creciente poder naval de la República Popular China y el comportamiento cada vez más agresivo de la Federación Rusa". Y añade que las fuerzas navales de EEUU "interactúan diariamente con buques de guerra y aviones chinos y rusos".

Para el Pentágno, China es el "único rival con potencial económico y militar" que presenta una "amenaza estratégica global de largo plazo a los EEUU". Aunque a Rusia no la considera un adversario naval, destaca que proyectó poder cuando "a comienzos de diciembre movilizó dos de sus cuatro flotas".

Los jefes navales de EEUU coinciden en que el punto más caliente del planeta es el Mar del Sur de China, porque es "la principal ruta de entrada y salida del comercio chino, con puntos de fácil bloqueo naval".

Aunque algunos analistas, como el brasileño Igor Gielow de Folha de Sao Paulo, consideran el documento como "alarmista" y destinado a exigir más recursos económicos a la nueva Administración de Joe Biden, sostiene que "los militares temen las ventajas asimétricas, como que China pueda usar su poderío aéreo contra naves estadounidenses cerca de su territorio".

Una de las mayores amenazas es el destructor de clase Tipo 055 de China, considerado el buque de guerra más capaz de su tipo en el mundo, en una nacion cuyos astilleros lanzan de 8 a 10 destructores de alta gama por año.

En respuesta, el Pentágono apunta que sus fuerzas navales deberían enfocarse en barcos más ligeros y baratos, para encarar  operaciones ligeras, de bajo costo y móviles. Apunta también a "promover riesgos tácticos calculados y adoptar una postura más asertiva" en sus operaciones diarias, para asegurar "una ventaja estratégica a largo plazo sobre ambos rivales".

"Riesgos tácticos" que el analista Gielow considera "una invitación a cometer errores", como ya sucedió en noviembre cuando un destructor de EEUU ingresó en la bahía Pedro el Grande, en la costa rusa del Pacífico, siendo expulsado por otro destructor ruso que amenazó con abrir fuergo.

Incidentes de este tipo van a ser muy comunes en adelante, como ya ha sucedido en 2020 en el mar del Sur de China y en el mar Negro. Todos los datos apuntan a confirmar el aseito de Asia Times, de que "la Administración entrante de Biden apretará los tornillos a China, acercándose más a las duras políticas de la Administración Trump sobre China, que su predecesor Barack Obama".

Mientras tanto, China realizó ejercicios con fuego real en el mar del Sur de China, desplegando helicópteros y misiles antibuque avanzados en ejercicios de simulación de guerra.

Según EEUU, las actividades militares de China en el área, "incluidos ejercicios, entrenamientos, visitas a puertos y operaciones, aumentaron en un 50%, hasta 65 en 2020, de los 44 ejercicios que hubo en 2019".

El analista de Asia Times, Richard Heydarian, recuerda que "Jake Sullivan, elegido por Biden como asesor de seguridad nacional, ha pedido recientemente la intensificación de las operaciones de libertad de navegación contra China en el mar del Sur de China, lo que marca una posible escalada de la política que siguió Trump".

Agrega que Sullivan defiende dedicar más recursos a "mantener junto a nuestros socios, la libertad de navegación en el mar de China Meridional", porque "eso pone el zapato en el otro pie. Entonces China tiene que detenernos, lo que no harán".

Recordemos que la Administración de Trump aumentó la frecuencia de las operaciones de "libertad de navegación" (FONOP), respaldó más de dos mil misiones navales con patrullas aéreas en los primeros seis meses de este año, expandió el financiamiento militar a sus aliados y "tomó la decisión sin precedentes de respaldar efectivamente los reclamos marítimos de los rivales de China en el mar de China Meridional", señala Asia Times.

Por último está el masivo respaldo a Taiwán, autorizando la venta de material militar por cinco mil millones de dólares a la isla.

Sin duda el personal de confianza de la futura Administración Biden quiere intensificar la presión militar y diplomática sobre Pekín, aunque seguramente tendrá un lenguaje menos beligerante.

Por el lado de China, el gobierno ha tomado nota de la probable agravación de la situación. Un editorial del oficialista Global Times, de setiembre pasado, alertaba que "un ataque de EEUU a las islas chinas será respondido con un feroz contraataque".

El editeorial fue la respuesta a una provocación de la revista Air Force, donde los soldados aparecen con parches con el mapa de China, señalada como el próximo objetivo militar, en el marco de operaciones con drones en ejercicios marítimos de ataque. "La última vez que la Fuerza Aérea de EEUU puso a un país en el parche fue durante la Guerra de Vietnam", destaca Global Times.

El diario considera que "Washington está intensificando sus preparativos de guerra contra China, y los drones, que han estado involucrados en asesinatos y otros ataques en todo el mundo, también jugarán un papel".

Además enfatiza que China derribará aviones, tripulados o no, que ataquen sus islas artificales en el mar de Sur de China, atacando además "las plataformas y bases desde las que despegan esos aviones". Amenaza con convertir sus islas en bases militares en pleno funcionamiento. Exactamente lo que viene haciendo en los últimos meses.

Los preparativos militares abarcan todos los frentes, desde el marítimo al terreste. Días atrás la televisión estatal china emitió un reportaje señalando que el Ejército desplegaría dos de sus principales tanques en combate urbano si estallara una guerra contra Taiwán.

Las fuerzas armadas chinas tienen la convicción de que en un posible enfrentamiento con Taiwán, "una batalla callejera sería inevitable", añadiendo que "una guerra final para poner a todo Taiwán bajo control debe ser completada por las fuerzas de tierra y los marines".

Aún antes de que Biden asuma la presidencia, va cobrando forma un futuro inmediato nada promisorio: la tensión internacional no va a decrecer, sino todo lo contrario, con especial riesgo de conflicto armado entre potencias atómicas en las fronteras de Rusia y en el mar del Sur de China.

12:29 GMT 21.12.2020(actualizada a las 14:34 GMT 21.12.2020

Por Raúl Zibechi

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Estados Unidos acusó a Rusia por el mega hackeo

El secretario de Estado Mike Pompeo dió por seguro

El secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo aseguró que está "bastante claro" que Rusia se halla detrás del devastador ciberataque a varias agencias gubernamentales de Estados Unidos, que afectó también a objetivos de todo el mundo. Microsoft afirmó el jueves que había notificado a más de 40 clientes afectados por estos programas malignos, que según los expertos en seguridad permitieron a los atacantes un acceso sin restricciones a sus redes.

 

"Hubo un esfuerzo significativo para usar un programa de terceros para incrustar esencialmente código dentro de los sistemas del gobierno de Estados Unidos", dijo Pompeo la noche del viernes al programa televisivo The Mark Levin Show. "Creo que ahora podemos decir que es bastante claro que fueron los rusos los que participaron en esta actividad", agregó, según reporta la agencia de noticias AFP. Alrededor del 80% de los afectados están localizados en Estados Unidos, afirmó el presidente de Microsoft, Brad Smith, en una publicación de blog, en la que identificó también víctimas en México, España, Bélgica, Reino Unido, Canadá, Israel y Emiratos Árabes Unidos. 

Para los analistas, estos ciberataques suponen amenazas a la seguridad nacional debido a la infiltración en importantes sistemas de gobierno. "Es seguro que la cantidad y localización de las víctimas continuará creciendo", reconoció Smith, uniéndose a las alertas expresadas ya por los funcionarios estadounidenses sobre la seriedad del ataque.

"Esto no es 'espionaje como de costumbre', incluso en la era digital", valoró el presidente de Microsoft, sino que."evidencia un acto de imprudencia que creó una seria vulnerabilidad tecnológica para Estados Unidos y el mundo".

John Dickson, de la firma de seguridad Denim Group, dijo que varias compañías del sector privado que podrían ser vulnerables luchan ahora para reforzar su seguridad, hasta el punto de considerar incluso reconstruir sus servidores y otros equipos.

"Todo el mundo está realizando ahora evaluación de daños porque esto es enorme", aseguró Dickson y agregó que "es un duro golpe para la confianza tanto en el gobierno como en la infraestructura crítica".

La amenaza procede de un ataque de largo recorrido que, según se cree, inyectó programas nocivos en las redes de computadores que usaban un software para la gestión de empresas creado por la compañía de tecnología basada en Texas SolarWinds, y tendría el sello de un ataque nacional.

Biden expresó de su lado una "gran preocupación" por la infiltración informática, mientras el senador republicano Mitt Romney culpó a Rusia y criticó lo que calificó de "silencio inexcusable" de la Casa Blanca. 

James Lewis, vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que el ciberataque podría acabar siendo el peor sufrido en Estados Unidos, por encima del que afectó a los registros de personal del gobierno en 2014, y que se sospechó entonces como una infiltración china.

"La escala es abrumadora. No sabemos lo que se han llevado, esa es una de las tareas para los forenses", destacó Lewis. 

Ante este panorama, la Agencia de Seguridad Nacional pidió una mayor vigilancia para prevenir el acceso no autorizado a los sistemas clave militares y civiles.

Para los analistas, estos ciberataques suponen amenazas a la seguridad nacional debido a la infiltración en importantes sistemas de gobierno, lo que puede generar riesgos también para el control de sistemas de infraestructuras clave como las redes de energía eléctrica. 

La Agencia Estadounidense de Ciberseguridad y Seguridad de Infraestructuras (CISA) afirmó que las agencias gubernamentales, entidades de infraestructuras críticas y del sector privado fueron objetivo de lo que calificaron como un "avanzado y persistente actor amenazante". 

CISA no identificó quién está detrás de estos ataques con malware, pero Pompeo sí lo hizo, luego de que las empresas de seguridad privadas señalaran a hackers ligados al gobierno ruso. 

El presidente electo, Joe Biden, expresó de su lado una "gran preocupación" por la infiltración informática, mientras el senador republicano Mitt Romney culpó a Rusia y criticó lo que calificó de "silencio inexcusable" de la Casa Blanca. 

En este contexto, el Departamento de Estado dijo a los legisladores la semana pasada que el país cerraría permanentemente el consulado en la ciudad rusa de Vladivostok y suspendería temporalmente las operaciones en el de Ekaterimburgo, según el reporte. El aviso se envió al Congreso el 10 de diciembre, pero recibió poca atención en ese momento, agrega el informe. La notificación llegó tres días antes de la publicación de noticias sobre una importante intrusión informática en el Gobierno de EEUU.

La embajada rusa en EEUU desestimó los informes de la prensa que acusaban a los piratas informáticos rusos y los calificó como infundados Si se concretan los cierres, la única instalación diplomática que Washington tendrá en Rusia será la embajada en Moscú, agrega el texto.

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Sábado, 19 Diciembre 2020 05:57

2020, el año que vivimos peligrosamente

2020, el año que vivimos peligrosamente

Termina un año de crisis pandémica y comienza una larga marcha de vacunación y crisis económica, con el desempleo creciendo y la producción y el turismo descendiendo.

Pocas cosas positivas podemos escribir a modo de balance de este 2020. Quizá la principal sea que la grave crisis de salud asociada a la pandemia ha dejado en nuestras sociedades una reivindicación de la necesidad de la vuelta del Estado después del desmantelamiento neoliberal de lo público.

La pandemia que asola al mundo podemos calificarla, tomando la caracterización de los sociólogos Marcel Mauss y Norbert Elías, de “hecho social total”, la superposición de la estructura social y la estructura emotiva, en un hecho que pone en juego la totalidad de la sociedad y sus instituciones, y modifica tanto lo micro como lo macro de un mundo globalizado que ya estaba en crisis antes de 2020.

Pero de todo lo negativo, y más allá de lo evidente, la crisis de salud que ha dejado ya más de un millón y medio de muertos en el mundo, es necesario sub-rayar el aumento de la desigualdad que nos deja la pandemia. Según Naciones Unidas1, 142 millones de personas en América Latina, una cuarta parte de la población de la región, se halla en riesgo de contraer Covid-19 por la falta de acceso al agua potable, el uso de combustibles nocivos dentro de los hogares, y la desnutrición. Al mismo tiempo un informe de Oxfam2, señala que la fortuna de las 73 personas que en América Latina tienen más de mil millones de dólares ha crecido en más de 50 mil millones de dólares desde el comienzo de la pandemia.

A la crisis económica se le une un caos geopolítico sin ningún liderazgo regional ni mucho menos global (Naciones Unidas ni está ni se le espera), en un mundo donde no sólo se agota el modelo neoliberal como paradigma, sino incluso el concepto de democracia, un mundo donde crece la polarización y se da un auge de la ultraderecha ante la falta de propuestas desde la izquierda para salir de la crisis.

Y por si esto no fuera poco, las crisis previas a 2020 se siguen profundizando. El cambio climático es ya una realidad y si no hacemos algo pronto, estamos a punto de alcanzar el punto de no retorno y el calentamiento global hará que en no tantos años sea inviable vivir en una buena parte del planeta, comenzando por las costas, alrededor de las cuales vive 50 por ciento de la población del planeta. Pero no va a ser necesario esperar muchos años para ver grandes migraciones, que ya son una realidad en América Latina, África o Asia.

Es probable que ya no volvamos a la normalidad que conocíamos. La pandemia ha golpeado el modo de producción y nuestro sistema de vida en general. Hemos visto a lo largo de 2020 como el home office se instalaba en nuestras vidas, lo que acelera la revolución tecnológica y la implementación del 5G, pero también abre la puerta a que GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) tengan mucha más presencia en nuestras vidas que el propio Estado.

Mientras tanto, en Estados Unidos se da un cambio de partido, que no de gobierno, pues van a seguir gobernando Wall Street y el complejo industrial-militar, y aunque va a continuar siendo la mayor potencia financiera y militar del mundo, dueño de los océanos (con flotas en cada uno de ellos) y del espacio, su hegemonía está en declive. El maquillaje es claro: un negro a cargo del Pentágono, una mujer dirigiendo la comunidad de inteligencia y un latino al frente de Seguridad Nacional. Pero la política seguirá siendo la misma, quizá con un pequeño y soft ( power) maquillaje en los casos de Venezuela, y sobre todo, Cuba.

Pero el movimiento Black Lives Ma-tters continúa ahí, latente, planteando sus demandas antirracistas, al igual que las revueltas antineoliberales y antipatriarcales (la ola verde feminista) que surcan América Latina y el Caribe.

Una región, nuestra América, que la Cepal calcula va a recuperar los niveles económicos prepandemia hasta 2024, y si el crecimiento se estanca, la mejora no se va a producir en toda la década que comenzamos. La propia Cepal reconoce que la contracción que sufrimos es la peor de los últimos 120 años.

Ante esto, sólo queda apostar por dejar lo más atrás posible el modelo de desarrollo neoliberal, e impulsar modelos de justicia social, ambiental y de género que nos permitan, junto con otro modelo de desarrollo, poder vivir la nueva normalidad del siglo XXI pospandemia.

1 Covid, hambre, pobreza y desigualdad: la combinación mortal que enfrenta América Latinahttps://news.un.org/ es/story/2020/07/1477571

2 Aumentan los milmillonarios de América Latina a medida que la región más desigual del mundo se hunde bajo el impacto del coronavirushttps://www.oxfam.org/es/notas -prensa/aumentan-los-mil-millonarios-de-america -latina-medida-que-la-region-mas-desigual

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EU incluye a decenas de firmas chinas en lista negra comercial

Washington. El Departamento de Comercio de Estados Unidos confirmó que agregará a decenas de empresas chinas, incluido el principal fabricante de chips del país, SMIC, a una lista de veto comercial.

La medida se considera parte de la últimas decisiones del presidente Donald Trump para fijar su legado de mano dura sobre China y se produce semanas antes de que Joe Biden tome posesión como presidente el 20 de enero.

En una entrevista con Fox Business, el secretario de Comercio Wilbur Ross dijo que Estados Unidos sumará un total de 77 compañías y filiales a la denominada lista de entidades, incluidas 60 firmas chinas. Reuters reportó más temprano que el departamento agregaría unas 80 compañías, en su mayoría chinas.

Las designaciones incluyen a entidades chinas involucradas en supuestos abusos de derechos humanos y en la construcción y militarización de islas artificiales en el Mar de la China Meridional, señaló el Departamento de Comercio.

También citó entidades que adquirieron productos con origen estadunidense para apoyar programas del Ejército Popular de Liberación, así como compañías y personas que participaron en el robo de secretos comerciales de Estados Unidos.

Entre las firmas previamente incluidas en la lista están los gigantes de las telecomunicaciones Huawei y 150 filiales, y ZTE por violaciones de sanciones, así como el fabricante de cámaras de vigilancia Hikvision por su papel en la represión de la minoría uigur de China.

El Departamento de Comercio confirmó la decisión, asegurando que la medida “responde a la doctrina china de fusión militar-civil y pone en evidencia actividades entre SMIC y entidades preocupantes en el complejo industrial militar”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores chino dijo que, de ser cierta, la decisión demostraría la opresión estadunidense sobre las empresas chinas, por lo que Pekín seguirá tomando las “medidas necesarias” para proteger sus derechos.

China anunció que mantendrá el apoyo a su política para la recuperación económica, evitando cambios repentinos, para ayudar a mantener el crecimiento durante 2021, reportó la agencia de noticias Xinhua.

Pekín ha puesto en marcha fuertes estímulos fiscales para lidiar con la recesión, reduciendo impuestos y permitiendo que los gobiernos locales emitan más deuda para financiar proyectos de infraestructura, pero los analistas afirman que ha cambiado a una posición más estable mientras la economía se recupera.

Se espera que la economía china crezca 2.1 por ciento este año, la única gran economía que se expandirá –aunque a su ritmo más lento desde 1976–, y después subirá 8.4 por ciento en 2021, según un sondeo de Reuters.

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El Sahara Occidental, una excolonia española en disputa

El conflicto entre el Frente Polisario y Marruecos vive su peor momento desde el alto el fuego de 1991

El reconocimiento de Trump a la soberanía marroquí en este enclave en el desierto significa un revés a las aspiraciones independentistas alentadas durante casi medio siglo.

 

 “Más se perdió en Cuba” es la expresión habitual que el riquísimo refranero español encuentra para relativizar cualquier contratiempo de la vida cotidiana. En el imaginario popular, la independencia de la isla en 1898, que puso punto final a lo que durante siglos fue el imperio más poderoso y extendido de la historia, sigue apareciendo como la referencia del final de una época de esplendor colonial que se prolongó durante cuatro siglos y el símbolo de una pérdida irreparable.

Sin embargo, no fue la isla caribeña la última colonia, ni 1898 el año en el que desapareció el postrero vestigio del imperio español. El Sahara Occidental, una vasta extensión desértica de 266.000 kilómetros cuadrados, con una población de medio millón de personas, riquísima en minerales, principalmente fosfato, y con mil kilómetros de costa sobre uno de los caladeros de pesca clave para abastecer a los países europeos, estuvo bajo la administración de Madrid hasta bien entrado el siglo XX. Concretamente, hasta 1975.

En noviembre de ese año, la parte más occidental del desierto del Sahara, delimitada por las fronteras de Mauritania, Argelia y Marruecos, se hallaba en pleno proceso de descolonización y en España la dictadura vivía sus últimos días. El entonces rey marroquí, Hassan II, hasta entonces uno de los pocos legitimadores del franquismo en la escena internacional, entendió que el vacío de poder que creaba el estado de salud de Francisco Franco, que moriría el 20 de ese mes, le ofrecía una oportunidad para expandirse hacia el sur y apoderarse de los recursos del territorio hasta entonces gobernado por España.

El 3 de noviembre de 1975, 350.000 civiles marroquíes movilizados por la corona iniciaron lo que se conoció como la 'marcha verde'. Ante la impotencia de la entonces potencia colonial, entraron en el Sahara Occidental, que acabó en su mayor parte anexionada por Marruecos. Mauritania hizo lo mismo e invadió desde el sur. La mayoría de la población autóctona huyó de la franja costera hacia el desierto, en dirección al Este y se instaló en campamentos cercanos a la frontera con Argelia, país que desde entonces ha respaldado su reivindicación de recuperar el hogar perdido.

España se retiró en medio de un silencio tan estruendoso que el episodio ni siquiera encontró hueco en el refranero popular. Desde entonces, la diplomacia española se ha debatido entre la obligación de defender el derecho a la autodeterminación del pueblo antiguamente colonizado y la necesidad de mantener buenas relaciones con Marruecos, el siempre conflictivo vecino del sur cuya capacidad para cerrar y abrir el grifo de la inmigración ilegal supone un arma de gran poder de fuego diplomático. Históricamente, a cada gesto de respaldo español a las aspiraciones del pueblo saharaui le ha seguido una llegada masiva de inmigrantes a las costas mediterráneas del país ibérico, con el consiguiente conflicto interno que eso supone para la administración española.

El Frente Polisario de Liberación Nacional, una organización que había nacido en 1973 bajo la inspiración de las revoluciones anticoloniales africanas, especialmente la argelina, para luchar por la independencia del Sahara Occidental, proclamó al año siguiente de la invasión la República Árabe Saharaui Democrática y entró en guerra con Mauritania y con Marruecos, conflictos en los que sólo encontró el respaldo de Argelia y Cuba.

Con Mauritania alcanzó un acuerdo de paz en 1979, pero el conflicto armado con Marruecos se ha prolongado hasta hoy. En 1980, los marroquíes iniciaron con asesoramiento técnico israelí y financiación de Arabia Saudí la construcción de un muro de 2.700 kilómetros en el desierto, que se sembró de radares y minas antipersonas, para protegerse de las incursiones del Polisario y que se mantiene hasta hoy como símbolo de la ocupación de la corona alauita, que mantiene desplazada a la zona una fuerza militar de 100.000 hombres.

No fue hasta 1991 cuando tras una mediación internacional ambas partes alcanzaron un alto el fuego y firmaron un acuerdo que incluía como punto sustancial la celebración de un referéndum de autodeterminación que Marruecos nunca se avino a convocar.

No obstante, los esfuerzos diplomáticos marroquíes por conseguir reconocimiento internacional a lo que considera sus provincias del sur siempre chocaron con el criterio de Naciones Unidas, según la cual el Sahara Occidental es uno de los escasos territorios pendientes aún de descolonizar. Hasta la pasada semana, cuando Donald Trump reconoció la soberanía marroquí a cambio de que el reino alauita estableciera relaciones plenas con el Estado de Israel, ningún país occidental consideraba a este territorio como parte de Marruecos. La decisión del mandatario saliente en la Casa Blanca da un giro inesperado a un conflicto que lleva casi medio siglo enquistado y que en el último mes ha visto recrudecido uno de los conflictos bélicos más invisibilizados del mundo.

El pasado 13 de noviembre, tras esperar durante casi 30 años el cumplimiento del acuerdo que dio lugar al alto el fuego, el Polisario retomó sus acciones bélicas. Lo hizo después de que el Ejército de Marruecos penetrara en la zona desmilitarizada del Guerguerat, en la parte sur del territorio, junto a la frontera con Mauritania, para expulsar a unos 50 civiles saharauis que en una acción de protesta pacífica bloqueaban la carretera de acceso a ese país y reclamaban la celebración del referéndum. Desde entonces se han producido enfrentamientos armados entre el Frente y el ejército marroquí sobre los que las informaciones suministradas por una y otra parte difieren en el número de bajas. En todo caso, el Frente considera roto el alto fuego acordado en 1991.

El Frente Polisario controla aproximadamente un 20 por ciento del territorio, el situado en la parte oriental, junto a la frontera con Argelia, donde desde hace más de cuatro décadas malvive buena parte de la población autóctona hacinada en campamentos de refugiados sostenidos gracias a la ayuda internacional y de organizaciones no gubernamentales, la mayor parte españolas. Ahora, con la decisión adoptada por Trump y el recrudecimiento de la guerra, un eventual acuerdo de paz que les permita volver a su tierra después de más de 40 años parece estar más lejos que nunca. 

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Sábado, 12 Diciembre 2020 05:59

El lápiz de Stalin

El lápiz de Stalin

Tras la Primera Guerra Mundial y un periodo del flujo de las fronteras −propio igual a buena parte de Europa y Medio Oriente (bit.ly/3mXCL9a)− el Cáucaso acabó en manos bolcheviques. El imperio de los zares colapsó. El imperio otomano capituló y sus fuerzas se retiraron. También las del cuerpo expedicionario británico que tenía en la mira el petróleo de Bakú (bit.ly/36Uauun). Armenia, Azerbaiyán y Georgia, tras haber formado la efímera República Democrática Federal de Transcaucasia (bit.ly/33Wu2wn) y un breve periodo de independencia marcado por conflictos interétnicos, pasaron a ser −como repúblicas soviéticas nominalmente soberanas agrupadas en la República Federal Socialista Soviética de Transcaucasia (bit.ly/36W5ztd)− miembros-fundadores de la URSS. Nagorno Karabaj (NK) −un enclave montañoso con mayoría armenia reclamado por Armenia y por Azerbaiyán− ha sido un importante punto de contención. La decisión de Stalin, un georgiano a cargo de la "cuestión nacional" ( Narkomnats), de transferirlo a Azerbaiyán en 1921, a pesar de prometérselo antes a Armenia −y convertirlo, en 1923, en una "región autónoma"− más que resolver el problema, resultó ser al fin, en la década de los 80, igual ante la ambigua postura de Mijaíl Gorbachov, uno de los factores desestabilizadores de la URSS. Cuando en 1988 el Partido Comunista Armenio votó por su "reunificación", estallaron disturbios y pogromos antiarmenios (Sumgaït). Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, siguió la guerra.

Detrás de la instrumental decisión de Stalin había −aparentemente− varias razones. Primero, congraciarse con los azeríes para asegurarse el control del petróleo y del gas del mar Caspio. Segundo, la lógica de "dividir y reinar" −en concordancia con la vieja y perversa estrategia zarista de oponer a un grupo étnico contra el otro− que exacerbaba la desconfianza y debilitaba a las etnias para que no desafiaran a Moscú; así, forzando lealtades de ambas partes y volviéndolos rehenes del régimen, Stalin (bit.ly/3dKGzGW) podía presentarse luego como el salvador ante la mayoría armenia (‘solo el batiushka es capaz de defenderlos del odio de Bakú’), y como un guardián territorial ante Azerbaiyán (‘solo el batiushka es capaz de garantizar su integridad ante el irredentismo de Ereván’). Tercero, hacer un gesto de "buena voluntad" hacia la Turquía de Mustafa Kemal Atatürk, que tras el colapso del imperio otomano, seguía siendo un importante actor regional hostil a las potencias occidentales y uno que tenía fuertes vínculos culturales y políticos con Azerbaiyán; Lenin (y Stalin) ignorando la voz de los armenios de NK y en un reverso a su inicial política de "autodeterminación" −hasta el punto de garantizar a los pueblos el derecho a salir de la URSS− y a las consignas del Congreso anticolonial en Bakú (1920) (bit.ly/3jnyZmO) que igual abogaba por "el derecho a la determinación" −mientras la Realpolitik soviética ya imponía un "colonialismo interno"− pretendía(n) "flirtear", al final sin éxito alguno (bit.ly/2KbyGzO), con los kemalistas para la diseminación de la revolución.

Después de un siglo de estos acontecimientos y ante la reciente guerra en NK −fruto tardío de aquellos conflictos irresueltos y decisiones perversas− es imposible no apuntar a algunas ironías de la historia.

* El afán de Rusia de recuperar influencia regional tras el desplome de la URSS −o el "desmantelamiento desde afuera" (S. F. Cohen)− pasaba desde el principio por apoyar los irredentismos −Nagorno Karabaj (Azerbaiyán), Transnistria (Moldavia), Abjasia-Osetia del Sur (Georgia), Crimea-Donetsk-Lugansk (Ucrania)−, "frutos" de la tóxica política étnica soviética, misma que contribuyó a su debilitamiento.

* El gambit sirio −"la huída hacia adelante" tras la crisis ucraniana y el afán de “reafirmar su ‘irresuelta’ relevancia global”− y su posterior involucramiento en Libia– han sido "jaqueados" por Turquía (bit.ly/3gm089K) por el apoyo de la cual la dirigencia soviética "sacrificó" a NK y a la cual a su vez venía apoyando en la década de los 20; Turquía contribuyó, ahora igual, a la holgada victoria, entre otros gracias a los recursos del petróleo de Azerbaiyán sobre la separatista "republiqueta" armenia de Artsaj-NK, y políticamente sobre Armenia, el mejor aliado de Rusia en el Cáucaso.

* Si bien la Rusia de Vladimir Putin, que tanto ha hecho para reivindicar el legado de Stalin, estaba feliz de ver al problemático gobierno de Nikol Pashinian en Ereván (bit.ly/2HFOjhG) salir debilitado de la confrontación con los azeríes (el tratado militar ruso-armenio no abarca a Arstaj-NK) la mediación de Moscú −detrás del origen del problema ("el lápiz de Stalin") y reproduciendo hoy la misma estrategia estalinista de "dividir y reinar"−, fue un salvavidas para los armenios, pero sólo a precio de convertir lo que quedó de Arstaj en un protectorado ruso (bit.ly/39a2h76) y el Cáucaso en la siguiente arena de transacciones ruso-turcas ( bit.ly/398zMXf) (con Azerbaiyán convertido igual en una colonia de Ankara).

Tras un siglo, Putin y Erdoğan están haciendo en el Cáucaso el mismo tipo de tratos −igualmente por encima de los armenios y los azeríes− que en 1920-21 Lenin (y Stalin en su limitada capacidad) hacía(n) con Atatürk, con la diferencia que hoy ya no está en juego la suerte de la revolución mundial. "El pasado nunca está muerto. Ni siquiera pasa", escribió una vez William Faulkner.

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Donald Trump anunció la normalización de relaciones entre Israel y Marruecos

Como contrapartida, Estados Unidos reconoció la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental

Desde la Unión Europea señalaron que el estatuto de la zona en disputa ubicada al norte de Africa debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas.

 

El presidente saliente de Estados Unidos Donald Trump anunció la normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel. Como contrapartida, el mandatario reconoció la soberanía marroquí sobre el disputado territorio del Sahara Occidental. El magnate republicano indicó que esta medida favorecerá la pacificación de la región. Además sostuvo que EEUU abrirá un consulado en el Sahara para promover oportunidades económicas y comerciales. Con este acuerdo, Marruecos se convierte en el cuarto país árabe que restablece contactos con Israel, después de Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahrein y Sudán, todos estos auspiciados por la administración Trump. Por su parte, voceros de la Unión Europea (UE) indicaron que el estatuto del Sahara Occidental debe negociarse en el seno de las Naciones Unidas (ONU).

“Otro avance histórico”

En cuanto a la reanudación relaciones entre Marruecos e Israel, Trump catalogó la noticia como un nuevo avance histórico. “¡Nuestros dos GRANDES amigos Israel y el Reino de Marruecos acordaron relaciones diplomáticas plenas -un hito masivo para la paz en Oriente Medio!", escribió el magnate en Twitter. En un comunicado, la Casa Blanca reveló que el líder republicano había hablado con el rey marroquí Mohamed VI. Durante la conversación el Rey se comprometió a expandir la cooperación económica y cultural con Israel. “Reanudaremos los contactos oficiales (...) y las relaciones diplomáticas lo antes posible", indicó el Palacio real marroquí.

Por su parte el jefe de gobierno israelí Reuven Rivlin agradeció al rey de Marruecos por la cálida relación bilateral. En tanto que el primer Ministro Benjamín Netanyahu anunció a sus ciudadanos que en breve se realizarán vuelos directos entre ambos países. El ministro de Defensa Benny Gantz también acogió con beneplácito el acuerdo y dijo que reforzaría los intereses económicos y de seguridad de ambos países, según el portal Haaretz. También agradeció a la administración estadounidense. "Actúa incansablemente para fortalecer a Israel y estabilizar toda la región", indicó el ministro. Marruecos e Israel habían establecido oficinas de representación en Rabat y Tel Aviv en los años noventa, pero fueron cerradas en la década de 2000. 

“La única solución viable”

En paralelo el presidente norteamericano sostuvo que el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental favorecerá la pacificación de la región. "¡La propuesta de autonomía seria, creíble y realista de Marruecos es la ÚNICA base para una solución justa y duradera por una paz y prosperidad perdurables", escribió Trump en Twitter. Además sostuvo que la existencia de un Estado saharawi independiente no es una opción realista para resolver el conflicto. “Una autonomía genuina bajo soberanía marroquí es la única solución viable", indicó el mandatario. A su vez recordó que Marruecos reconoció la independencia de EEUU en 1777. "Es por tanto apropiado que reconozcamos su soberanía sobre el Sáhara Occidental", sostuvo el magnate neoyorquino.

Este territorio desértico de 266.000 kilómetros cuadrados ubicado al norte de África, es una excolonia española cuyo estatuto sigue sin definirse desde 1975. El independentista Frente Polisario reclama a Marruecos la soberanía sobre el territorio. Por su parte el gobierno marroquí plantea una autonomía limitada para la antigua colonia. Allí se encuentra desplegada la Misión de Paz de la ONU (MINURSO) para monitorear un cese al fuego. El organismo también solicitó que se organice un referéndum para resolver la soberanía del territorio. Trump instó a las partes a iniciar conversaciones sin retraso, empleando el plan de autonomía de Marruecos. “Es el único marco para negociar una solución aceptable mutuamente", exhortó el presidente.

En paralelo, la UE dijo que mantiene las resoluciones de la ONU que establecen al Sahara Occidental es un territorio no autónomo, explicó un portavoz de Exteriores del bloque a la agencia Europa Press. Bruselas sostuvo que apoya un proceso de acuerdo pactado, o incluso un referéndum, como establece la resolución de la ONU de octubre pasado. Sin embargo ninguna de estas soluciones termina de efectivizarse. La diplomacia europea recordó el compromiso del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de relanzar el proceso político en la zona y su llamado a las partes a cooperar para la estabilidad en la región junto con la MINURSO. "Esto debe llevar a la reanudación de un diálogo con el objetivo de una solución justa, duradera y aceptada mutuamente", indicó el portavoz de la UE, expresando la línea que viene manteniendo el bloque continental sobre esta cuestión.

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