Los combatientes leales al Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia. / EFE /EPA/STR

El desarrollo del conflicto libio está experimentando en los últimos días un vuelco por ahora limitado. Pese al avance del Ejército de Trípoli y sus mercenarios, ninguna de las dos partes parece estar en posición de controlar todo el país, lo que pone en el horizonte una partición que sería un mal menor para los contendientes y para las potencias regionales y mundiales implicadas.

 

En Libia se está cociendo otra guerra innecesaria en la que están implicadas las potencias regionales y mundiales. El Gobierno de Trípoli, de orientación islamista, y las milicias de Khalifa Haftar combaten por el dominio del país, pero ya no por el control de todo el país sino por el control de solo una parte del país, más exactamente combaten por su partición.

Después de una cadena de derrotas seguidas, el pasado sábado Haftar visitó de urgencia en El Cairo al presidente Abdel Fattah al Sisi, quien lanzó una propuesta de alto el fuego que debía haber comenzado el lunes, aunque lógicamente fue rechazada por el Gobierno de Trípoli puesto que sus tropas estaban avanzando rápidamente hacia el este.

Si hasta hace apenas unos días, las milicias de Haftar parecían estar a punto de ocupar Trípoli, hoy el horizonte de la guerra parece distinto gracias a la ayuda militar de Turquía, que se ha hecho decisiva y ha cambiado las expectativas de las dos partes, aunque a estas alturas no sabemos si está tendencia se mantendrá durante mucho tiempo. La propuesta de tregua de Al Sisi muestra cierta debilidad de Haftar, que hasta el sábado, desde su regreso a Libia en 2014, nunca había dado señales de buscar un compromiso.

Algunos analistas se preguntan si Egipto y/o Rusia, dos países que apoyan a Haftar, van a meterse directamente en el conflicto. Otros países que están en la misma trinchera son los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, que combaten el islam político allí donde surge. Con todo ese gran apoyo económico y militar es difícil entender cómo el Ejército de Trípoli ha sido capaz de dar un vuelco a la situación sobre el terreno.

Egipto está interesado en que en el país vecino no reine el islamismo. Al Sisi dio en 2013 un golpe de estado justamente para apartar a los Hermanos Musulmanes y no es cuestión de que ahora los Hermanos Musulmanes pasen a controlar Libia y el islam político cuente con una base segura a su lado. Esta circunstancia hace pensar a algunos analistas que si el Ejército de Trípoli sigue avanzando hacia la frontera con Egipto, Al Sisi dará luz verde a la aviación para detenerlo.

El problema de Rusia

Los rusos, por su parte, están metidos en un buen lío. Han enviado a Libia apoyo militar, en su mayor parte mercenarios sirios que han reclutado con el visto bueno del presidente Bashar al Asad, quien en principio no tendría nada que hacer en Libia, pero que no puede negar ese favor a los rusos ni a los Emiratos Árabes Unidos, el país que financia a los mercenarios y que al parecer está proporcionando ayuda económica a Damasco.

Por lo tanto, la pintoresca coalición que lucha contra el Gobierno de Trípoli apoyado por los turcos incluye a Rusia, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Siria e Israel, a través de los Emiratos Árabes Unidos, sin contar con el apoyo político, y seguramente más allá de político, que Haftar recibe de otros países occidentales como Francia.

En Rusia se reveló recientemente que su implicación está avalada por el ministerio de Defensa pero no por Exteriores. En Exteriores, con muy buen criterio, piensan que es una aventura que puede volverse contra Moscú, pero de momento quien lleva la batuta es Defensa. Aparentemente, los intereses de Moscú pasan por evitar el triunfo del islam político, por meter un pie en Libia como ya lo hizo en Siria y por participar en la explotación del petróleo libio.
¿Compensan esos intereses para que Rusia incremente su presencia en Libia? A esta pregunta tratan de responder en Moscú estos días. Hay analistas que sostienen que probablemente Rusia tirará adelante, aunque se trataría de una jugada arriesgada a medio y largo plazo.

En este contexto, el objetivo inmediato del ejército de Trípoli es conquistar la ciudad de Sirte, situada casi 400 kilómetros al este de Trípoli, en una zona rica en petróleo. Sin embargo, parece muy difícil que el ejército de Trípoli continúe avanzando mucho más hacia el este. En este escenario lo más probable es que el país quede dividido en dos partes, una para Trípoli, el oeste, y otra para Haftar, el este.

Una partición de este tipo no sería negativa para los intereses de Occidente ni para los intereses de la coalición árabe "moderada", puesto que el grueso de la riqueza petrolera seguiría en manos de Haftar, de 76 años y excolaborador de la CIA. Es decir, el Gobierno islamista de Trípoli no tendría unos ingresos holgados, lo que limitaría su eficacia considerablemente, así como su influencia en el norte de África, es decir sería débil e inestable.

Con la división de Libia saldrían ganando todas las potencias regionales y mundiales, o como mínimo sería un mal menor para ellas, de ahí que no se deba descartar tal escenario. La visita que el sábado realizó Haftar a El Cairo y la propuesta de un alto el fuego para esta semana, que de momento no se está observando, casan perfectamente con la hipótesis de la división.

Este martes la oficina del presidente Recep Tayyip Erdogan ha dado cuenta de una conversación telefónica con el presidente Donald Trump en la que ambos han alcanzado varios acuerdos en lo tocante a Libia. Aunque no se ha hecho público el contenido de la conversación, es posible que en los próximos días se aclaren las circunstancias de la guerra y la dirección que seguirá.

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Foto: Combatientes leales al gobierno reconocido internacionalmente de Libia celebran la recuperación de la ciudad de Tarhuna (Foto: IsmailZitouny/Reuters)

La contraofensiva del Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN) de Libia ha hecho que las fuerzas rivales de Jalifa Haftar se retiren a las líneas anteriores a abril de 2019.

Después de 14 meses y de la pérdida de cientos de vidas, se ha puesto fin al intento del comandante militar renegado Jalifa Haftar de apoderarse de Trípoli y convertirse en el gobernante de Libia.

El viernes, fuerzas leales al GAN, reconocido por las Naciones Unidas, barrieron la ciudad de Tarhuna, el último bastión de Haftar en el oeste de Libia, un día después de que el GAN anunciara la recuperación total del área del Gran Trípoli.

Al Jazeera echa un rápido vistazo a la fracasada ofensiva  y examina qué puede esperar al país rico en petróleo del norte de África.

¿Cuándo se inició la batalla por Trípoli?

En abril de 2019, pocos días antes de las conversaciones de paz patrocinadas por la ONU, Haftar anunció una campaña militar para arrebatar el control de Trípoli, la sede del GAN desde principios de 2016.

Al lanzar la ofensiva, el nativo de Ajdabiya y antiguo operativo de la CIA dijo que buscaba “limpiar” la capital de un gobierno comprometido con las milicias y los “terroristas”.

Pero el impulso tuvo que frenarse ante la fuerte resistencia, y las líneas de batalla se mantuvieron en gran medida fijas hasta una serie de victorias militares en las últimas semanas de las fuerzas del GAN, que contaron con el apoyo de Turquía.

¿Quiénes son los actores extranjeros involucrados?

Haftar cuenta con los apoyos de los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia, mientras que el gobierno con sede en Trípoli del primer ministro Fayez al-Sarraj dispone del apoyo de Turquía.

Francia apoya oficialmente al GAN, aunque en el pasado bloqueó una declaración de la Unión Europea en la que se pedía al militar de 76 años que detuviera su ofensiva.

Estados Unidos ha enviado señales contradictorias y el presidente Donald Trump elogió inicialmente a Haftar por su papel en la lucha contra el “terrorismo”.

Sin embargo, Washington parece haber retrocedido en su posición inicial de ambigüedad, y el Mando de EE. UU. para África ha acusado recientemente a Rusia de desplegar una docena de aviones de combate rusos en Libia para expandir “su huella militar” en África.

¿Qué objetivos persiguen los actores extranjeros en Libia?

Con 46.400 millones de barriles, Libia ocupa la cima de las mayores reservas probadas de petróleo de África.

Turquía intensificó su intervención después de firmar un acuerdo de demarcación marítima con el GAN a fines del año pasado para comenzar la exploración de petróleo y gas en el Mediterráneo oriental, en una zona rica en recursos.

Pero los intereses energéticos no están solos en la configuración de la participación de los países extranjeros en Libia, que ha estado sumida en el caos desde el derrocamiento del gobernante Muammar Gaddafi en 2011.

Los Emiratos Árabes Unidos y Egipto ven en Haftar un hombre fuerte capaz de restablecer el orden y obstaculizar la propagación del Islam político, en particular de la Hermandad Musulmana, que consideran una amenaza para su gobierno a nivel interno.

Rusia ve en Libia una oportunidad para afianzarse en una parte del mundo que ha estado tradicionalmente bajo el dominio de Occidente.

“La presencia de Rusia en la costa sur del Mediterráneo amenaza los intereses de Estados Unidos y la OTAN. Es un sueño que la URSS siempre tuvo”, dijo Mohammed Ali Abdallah, asesor del GAN para asuntos estadounidenses.

¿Qué puede pasar ahora?

Los analistas dicen que los avances militares del GAN no marcan el final de la guerra de Libia sino un retorno al statu quo anterior al lanzamiento de la ofensiva de Trípoli.

Rusia y Turquía se han involucrado en una oleada de actividades diplomáticas para asegurar el alto el fuego y cosechar dividendos de su inversión militar.

Funcionarios libios de ambas partes viajaron a Ankara y Moscú para discutir los detalles de un futuro acuerdo de alto el fuego.

Para Emadeddin Badi, miembro destacado no residente del Consejo Atlántico, esto es una prueba del éxito de los dos países al imponerse como interlocutores indispensables en cualquier acuerdo de paz futuro.

“Resulta revelador que las facciones libias no hayan visitado ninguna capital europea estos días”, dijo Badi.

“Estados Unidos y los europeos se han esforzado especialmente en mantenerse al margena lo largo del pasado año. Francia ha socavado a Europa al respaldar a Haftar y no tiene ahora nada que demostrar”.

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or Ramy Allahoum | 09/06/2020

Ramy Allahoum es un periodista argelino licenciado en Ciencias Políticas

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Fuente: https://www.aljazeera.com/news/2020/06/libya-battle-tripoli-explained-600-words-200605150707243.html?utm_source=scroll3

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"El embajador de Brasil participó del golpe contra mi gobierno"

Entrevista con el ex presidente Evo Morales

Luego de que Página/12 publicara la serie de vuelos que tuvo el avión presidencial de Bolivia hacia Brasil, el ex mandatario aseguró que existen pruebas de la participación del gobierno de Bolsonaro en la dictadura de Jeanine Áñez.

 

El expresidente Evo Morales es contundente a la hora de afirmar que la embajada de Brasil participó del golpe de Estado que lo sacó del poder el 10 de noviembre de 2019. Su afirmación nace luego de que Página/12 publicara el domingo pasado el detalle de los 25 vuelos que el avión presidencial de Bolivia realizó a partir del día siguiente del golpe a varias ciudades de Brasil. Morales sostiene además que esta actitud de Brasil está en línea con lo que pretende el gobierno de los Estados Unidos para América Latina. De todas formas, anticipa que el MAS y sus candidatos triunfarán en los comicios del 6 de septiembre. 

--Página/12 publicó el domingo una serie de viajes que hizo el avión presidencial de su país, el FAB001, hacia Brasil el día después de que a usted lo obligaran a renunciar. ¿Qué lectura hace? 

--Yo hice mi renuncia justamente para evitar el derramamiento de sangre y los enfrentamientos. Eso fue el día 10 de noviembre como a las 5 o 5.30 de la tarde. Fue allá, en el Trópico de Cochabamba. Y mi informacion oficial, confirmada y reconfirmada, es que a las 6.30 se reunieron Waldo Albarracín, activista de la derecha, con la gente de Carlos Mesa, Fernando Camacho, Tuto Quiroga, la Iglesia Católica, el embajador de Brasil y también el de la Unión Europea. Eso fue un domingo y allí dijeron que la Áñez iba a ser la presidenta. Mesa es el responsable de designar a Añez. El dia 11, cuando yo intentaba salir del trópico hacia el exterior, no había presidenta todavía, aunque dijeron que ella iba a ser, pero no había presidenta ni presidente. Entonces, usted me pregunta por qué ese viaje del 01 cuando no había presidente. Entonces, cómo fue que la embajada de Brasil participó en la reunión del día domingo, a una hora de mi renuncia, donde dijeron que Áñez iba a ser la presidenta. Pues yo me pregunto para qué, hablando del embajador de Brasil, pide los vuelos a dos ciudades de ese país. ¿Cómo los militares simplemente van a disponer del 001? Entonces, yo me imagino y puede ser que me imagine mal, que seguramente alguien iba a traer plata, mucha plata para las Fuerzas Armadas o para la policía. Necesitaban tener plata disponible y meter bala, como hicieron los subsiguiente días. Y de acuerdo a la información que ustedes dieron, los días de la masacre luego del golpe, hubo muchos viajes a Brasil.

--Entonces, ¿el gobierno de Brasil participó de manera efectiva en el golpe de Estado contra usted?

--Sí, totalmente. Y no solamente ese día, al día siguiente igual, hubo participación de la embajada de Brasil en una reunión con Mesa, con Quiroga, con Camacho no sé, pero esos personajes junto con algunos jerarcas de la iglesia católica, han sido actores del golpe de estado.

--¿Usted se refiere a la reunión donde se decidió que fuera Áñez la presidenta y que se hizo en la Universidad Católica?

--Exactamente, fue en esa universidad, el mismo domingo por la tarde. El lunes a la noche lo confirmaron.

--Por esos días, al presidente Jair Bolsonaro le preguntaron por la situación en Bolivia y negó que existiera un golpe de Estado.

--Sí, es una prueba clara más. A pesa de que había ganado las elecciones en primera vuelta, las Fuerzas Armadas buscaron terminar con mi mandato. Por lo tanto, todo lo que ocurrió con policías es golpe, golpe, golpe. Otra cosa hubiese sido que dejaran terminar mi gestión, que era el 22 de enero, pero no quisieron. Hay documentación que demuestra que gané las elecciones, que no hubo fraude como acusó la OEA.

--Dijo que en aquella reunión donde se decidió que fuera Áñez la presidenta también participó el embajador de la Unión Europea. ¿También participaron del golpe?

--De su embajador, porque al día siguiente, el lunes, ese mismo embajador estuvo mandando mensajes a los asambleístas del MAS donde los llamaba a hacer una mesa de diálogo. Eso está totalmente demostrado.

--¿Qué participación tuvo el gobierno de los EEUU? ¿O Brasil trabajó para EEUU?

--Y bueno, esa es la derecha americana que se expresa en el grupo de Lima y la Alianza del Pacífico, que obedece a los mandatos de Estados Unidos. Esta alianza es la que reactivó las políticas del consenso de Washington y el ALCA. En su declaración constitutiva, la Alianza al Pacífico es todo privatización, privatización, privatización. Entonces, ese es un grupo que permite enfrentar a Celac, UNASUR, ese es el lineamiento que da Estados Unidos y donde no se puede tener control democráticamente del país, esa conspiración, esa agresión, es intervención y golpe de Estado. Por lo tanto, Bolsonaro y compañía trabajan para los EEUU.

--El entonces presidente Mauricio Macri hizo el mismo tipo de declaraciones que Bolsonaro. ¿Cree que la Argentina tuvo una participación similar a la de Brasil?

--Yo, por razones del asilo no puedo realizar comentarios sobre la política de la República Argentina, le pido disculpas.

--Entiendo. Surgió también la información de que al mismo tiempo en que se producían estos vuelos también se compraban municiones no letales al Brasil. ¿Puede haber relación?

--Hay que investigarlo pero conozco muy bien el avión presidencial y no creo que traigan ahí ese tipo de material. Sin embargo, le cuento que algunos oficiales de las FFAA me dijeron que en esos vuelos llevaron plata. Entiendo que durante la resistencia al golpe fue que traían plata. Ahora, uno de los viajes, que se hizo entre el 30 de abril y el 7 de mayo donde viajaron familiares de la Áñez, se quedaron varios días, pero ahí se llevaron plata, no se cuánto, pero gracias al oficial, a los militares patriotas, confirmamos que llevaron plata. No saben cuánta es.

--¿Están fugando dinero como si supiesen que no tendrán mucho más tiempo el poder?

--Así es, así se entiende. Por otra parte, la semana pasada se creó una unidad de seguridad y defensa a los dignatarios de estado que se maneja de manera reservada y confidencial. Mire, incluso después de que trascendió que hubo vuelos al Brasil, se cambió al personal de Casa Militar, el jefe de edecanes.

--¿Hubo una purga?

--Sí, claro! Hubo una purga y ahora ese militar seguramente quedará resentido. Y eso se va a destapar en cualquier momento. Acá se está cambiando el rol de las FFAA porque no hay razones para crear un grupo totalmente reservado, secreto, confidencial. Entonces, ¿qué quieren ocultar? Esto no son gastos reservados como hubo en los tiempos de gobierno neoliberal. Pero mire además otro dato. La semana pasada ha cerrado dos embajadas y han reducido tres ministerios, entre ellos Deportes y Cultura. Deportes es integración y también es salud. Reducen Cultura porque no quieren que recuperemos nuestra identidad, nuestra forma de vivir, nuestras vivencias. Mira, ellos quieren un país sin historia ni memoria. Se habían destinados fondos adicionales para Cultura de 100 millones de pesos bolivianos por año pero ahora destinan para este grupo especial militar unos 580 millones de bolivianos. Hacen todo como exige el FMI, tener un Estado mínimo.

--¿Qué está haciendo el gobierno de Áñez para combatir la coronavirus?

--En mi forma de interpretar y ver desde acá, a lo mejor puedo estar equivocado, pero la dictadura de Áñez, Camacho y Carlos de Mesa tiene dos delitos profundos: dos genocidios. Mataron con armas, ya tienen más de 35 muertos a bala. El segundo: por falta de presencia del Estado durante la cuarentena, matan de hambre y, durante la cuarentena, no han puesto equipamiento, respiradores, nada, nada, nada. Y eso es otro genocidio, atentar contra la vida, tiene doble genocidio el gobierno de facto de Bolivia.

--¿En qué estado se encuentra el proceso electoral? Por la pandemia se postergaron los comicios del 3 de mayo y ahora se habla de septiembre.

--Sí, la pandemia postergó las elecciones. Está consensuado entre todos los candidatos pero, en el fondo, la línea de la política norteamericana es que no haya elecciones. Quieren que continúen éstos y además quieren cerrar la Asamblea para manejar todo con decreto-leyes como se manejaba en las dictaduras. Hasta pretenden poner en vigencia la anterior Constitución y desconocer la actual. Pero estamos seguros que vamos a triunfar. De todas formas, están sucediendo cosas sospechosas con las FFAA que desde hace tres semanas, en la ciudad de La Paz y en El Alto, han metido unos 35 tanques de guerra. Eso es muy sospechoso.

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Trump propone un G11 para contrarrestar a China: ¿un G2 subrepticio de EU con Rusia?

Arden 40 ciudades en EU, que vive su segunda guerra civil multifactorial, a la que se agrega el homicidio de George Floyd, mientras el atribulado Trump, quien así –como puede perder puede ganar con dos escenarios: el Rinoceronte Gris y el “momento Nixon (https://bit.ly/3cBKu6J)”–, el presidente de EU no ceja su cerco contra China, cuya electorera inculpación pandémica considera le puede redituar dividendos de aquí al 3 de noviembre.

La cumbre del disfuncional G7, que le toca apadrinar este año a EU, ha sido aprovechada por Trump para avanzar su agenda ya nada subrepticia de coquetear con Rusia, para formar un G2 contra China, de acuerdo con el esquema geoestratégico de Henry Kissinger, de 97 años. Ahora Trump desea ir más allá del caduco G7 y propone invitar a Rusia –a la que nunca ha dejado de respetar como superpotencia–, además de sus dos aliados Australia y Sud­corea, y a una India perplejamente dubitativa, lo que en suma estaría creando un G11 contra China, como lo bautiza el portal chino SCMP, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba (https://bit.ly/2Y6hoHn). El G7 fue una creación conceptual en 1975, en pleno auge de la alianza noratlántica, del entonces presidente galo Valéry Giscard d´Estaing, de 94 años, curiosamente nacido en Coblenza (Alemania).

Luego con sus consabidas mañas, Bill Clinton, después del colapso de la URSS, invitó en forma pérfida a su cándido homólogo Boris Yeltsin para que Rusia formase parte adicional como un G8, que, en realidad, era un G7.5, ya que Moscú nunca fue admitida en forma humillante en sus trascendentales cónclaves financieristas (https://bit.ly/2APHbvp). Ulteriormente, Obama –quien cometió uno de los peores errores estratégicos en la historia de EU al haber empujado a Rusia a los brazos de China– expulsó con la mano en la cintura en 2014 a Moscú del formato G8 debido a la anexión de Crimea.

Según The Economic Times de India, la temeraria propuesta de Trump exasperó a China. Pekín comentó que tal propuesta estaba condenada al fracaso, además de ser “impopular (https://bit.ly/3795ErR)”. El rotativo indio comenta que Trump también empuja para desacoplar a China de las cadenas de suministro globales que pudieran perjudicar a Pekín a largo plazo.

El portal oficioso chino Global Times recuerda en referencia a la estrategia Indo-Pacífico resultó un fracaso al no poder seducir a India (https://bit.ly/3dIzW7o). La aceptación de Australia y Sudcorea es más bien ritualista, mientras muy hábilmente la canciller alemana, Angela Merkel, informó que no asistiría a la cumbre debido a la pandemia –curiosamente Alemania ha sido uno de los principales países en haber lidiado exitosamente con ella, lo cual ha resucitado a su canciller de su inopia popular.

A juicio de Ni Feng, director del Instituto de Estudios Americanos en la Academia China de Ciencias Sociales, la intención es simple: aislar a China y agregó que es justo el inicio, ya que seguirán más medidas de contención. Wang Wen, decano del Instituto Chongyang en la Universidad Renmin, argumentó que sería imposible para EU formar una línea frontal de guerra fría global contra China cuando otros países no desean tomar partido entre China y EU: es una fantasía de Washington que pueda formar una alianza contra China. Wu Xinbo, de la Universidad Fudan, adujo que la idea de crear una cuña entre Rusia y China era un pensamiento ilusorio. Gran Bretaña y Canadá se oponen furibundamente al regreso de Rusia al G7, mientras Trump conversó por teléfono con el zar Vlady Putin para invitarlo a la cumbre. La presencia de Rusia es más trascendental, dicho sea con respeto, que el restante de los otros nueve países debido a su estatura geoestratégica de superpotencia militar, lo cual no significa que tenga que romper su asociación estratégica con China cuando el destino multidimensional de ambos se ha vuelto complementario.

Más vale que Trump no se haga ilusiones con el esquema kissingeriano de un G2 de EU y Rusia contra China.

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EEUU no dispara a los petroleros iraníes en las aguas de Venezuela

Después de descargar 1,5 millones de barriles de gasolina en los puertos de Venezuela, que aliviarán durante un par de meses los problemas de su abastecimiento en este país, los cinco buques cisterna iraníes regresan sanos y salvos a las aguas del Golfo Pérsico. El viaje empezó el 25 de mayo, y ante una gran expectación la flota iraní atravesó el Canal de Suez, el Mar Mediterráneo, el océano Atlántico para entrar en el Caribe. EEUU había amenazado con duros castigos, tanto al vendedor como al comprador ambos bajo aplastantes sanciones ilegales impuestas por Trump sobre su industria petrolífera, y envió a cuatro buques de guerra al Caribe, bajo el pretexto de lucha "contra el narcotráfico", confundiendo Venezuela con su aliada Colombia.

Afortunadamente, no hubo sangre. En este regreso a la era de la piratería, el año pasado, la Armada británica paralizó en Gibraltar al petrolero iraní Grace 1 que se dirigía a Siria y no lo liberó hasta que Irán capturó el buque petrolero de bandera británica Stena Impero en el Estrecho de Ormuz. ¿Qué ley internacional consensuada prohíbe que dos países realicen la transacción de un producto imprescindible para la vida de sus ciudadanos?

¿Por qué EEUU no les atacó?

Es una extraña pregunta que revela hasta qué punto se han normalizado las acciones bélicas de esta superpotencia a otras naciones. Las razones podrían ser:

  1. Haber sopesado los pros y los contras de una acción contra ambos países, y los contras ganaban.
  2. Pactar, posiblemente, la contención con el propio Teherán, a través de la diplomacia de la segunda vía (track two diplomacy), o sea, mediante canales no oficiales. De hecho, ambos países han llegado así a varios acuerdos sobre Siria, Iraq, Afganistán y el Líbano. Por lo que las advertencias y las amenazas de sus mandatarios podrán estar dirigidas al consumo interno.
  3. La advertencia de Teherán al embajador suizo, que representa los intereses de Washington en Irán, de que cualquier amenaza a sus barcos por parte de EEUU se encontraría con una "respuesta rápida y contundente". Miles de soldados de EEUU instalados en Oriente Próximo no solo dan miedo sino también lo reciben, siendo rehenes en los países que han ocupado.
  4. Esta transacción carecía de importancia ya que no cambiará la grave situación económica por la que están atravesando Irán y Venezuela.
  5. Hundir los buques iraníes no provocaría el "cambio de régimen" en Venezuela, que es el objetivo de EEUU, señala Heather Heldman, ex funcionaria del Departamento de Estado, ni modificaría el "comportamiento de la República Islámica" en la región, que es asunto de la "máxima presión a Irán" (que no derrocar a su régimen). Por lo que Trump ignora las presiones de los lobbies proisraelíes y prosaudíes para acabar con la supuesta influencia de la República Islámica en América Latina y su búsqueda de una "ventaja posicional" en el patio traserode EEUU, en cumplimiento de la Doctrina Monroe. Pero, si a Trump no le preocupan las vastas relaciones comerciales de rivales como China y Rusia con América Latina, ¿Por qué debe preocuparse por Irán en América Latina? Para Juan Cruz, el ex miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, se está exagerando la amenaza de Irán, país convertido en "un hombre del saco" para asustar a la gente cuando conviene.
  6. Un ataque a los buques iraníes en el Caribe supondría una guerra tanto con Irán como con Venezuela, por lo que tendría que involucrar a la OTAN, que está dividida: los europeos mientras respaldan las conspiraciones de EEUU contra Venezuela se desmarcan de su política respecto a la República Islámica.
  7. Discrepancias en el gobierno de EEUU: unos reservan la acción militar si Irán vuelve a romper el bloqueo, tanto el suyo como el de Venezuela, y otros se conforma con la vigilancia del contenido de los envíos para que no sean armas, por ejemplo, pero todos se oponen a un conflicto antes de las elecciones de noviembre. En estos momentos Trump no busca guerra, por lo que no le hace falta un pretexto.
  8. Una acción anti-iraní en el Caribe, lejos de hacer daño a Irán, le ofrecería al gobierno islámico una victoria propagandística a nivel mundial, y pondría en serio riego la poca autoridad, prestigio y credibilidad que el quedaba a un Trump que recetaba la inyección de desinfectante y tomar una copa de lejía para curare del coronavirus.
  9. No conviene para la imagen de EEUU apretar aun más a los venezolanos provocando una "crisis humanitaria" en medio de la pandemia. Quizás, más adelante, vuelva a emplear a USAIDla mega agencia "humanitaria" de la CIA

 

¿Por qué Irán se arriesgó?

 

Teniendo en cuenta que los costos del viaje de los cinco pequeños barcos (los grandes, actualmente, están destinados a almacenar el petróleo que no es absorbido por un mercado apático), recorriendo durante 45 días una distancia de 12.000 km, además de los riesgos que corrían, superan posiblemente los beneficios de la venta de estos barriles, Teherán pretendía quizás tomar el pulso a EEUU para ver su reacción y saber si podía volver a romper las sanciones, y con otros posibles clientes. Por ello, en vez de enviar "barcos fantasmas" a Venezuela, no activar su sistema de transmisión de señales de seguimiento (AIS) y escaparse de los ojos de los satélites de vigilancia, hizo lo contrario: gritar a los cuatro vientos esta venta.

Irán necesita vender sus productos bloqueados, y aliviar la presión de las sanciones sobre su economía, que junto con una monumental corrupción y medidas neoliberales, han llevado a la miseria absoluta a la mitad de la población. De hecho, justamente cunado el gobierno decidió, en noviembre pasado, eliminar el subsidio sobre la gasolina, cientos de miles de la gente más humilde, que utilizan sus coches para "hacer de taxista" y ganar una extra para llegar al fin de mes en un pobreza extrema, se echaron a las calles en la  llamada "rebelión de gasolina" a pesar de la prohibición de cualquier "protesta contra el gobierno de Alá". Durante cinco días de protestas en más de un centenar de ciudades del país, cientos de personas -incluidos 12 menores de 11 a 16 años-, fueron asesinadas por las fuerzas de orden y hubo 8000 detenidos, según la policía. Tras negar meses de reconocer la magnitud de la masacre, el uno de junio, por fin el gobierno, en un país donde no existe la posibilidad de una investigación independiente, ofreció la cifra de 230 personas muertas entre ellas 6 policías. Que ayatolá Jamenei criticase la actitud de la policía estadounidense contra un ciudadano desarmado negro, provocó la sorpresa de hasta la ex diputada islamista, Faezeh Hashemí, la hija del expresidente Rafsenyani, por usar dos varas de medir.

En este contexto, si Teherán ha pensado que en el periodo preelectoral a Trump no le interesa un conflicto de envergadura con Irán, puede estar equivocado. Un presidente-candidato criticado duramente por la suma de la desastrosa gestión del COVID19, su impactante indiferencia ante la muerte de alrededor de 100.000 compatriotas infectados, la crisis económicas que ha enviado a cerca de 40 millones de personas al paro, y como guinda tener en la calle a millones de manifestantes ("terroristas" para él) que protestan contra el racismo, puede encontrar justamente en una guerra la cortina de humo perfecta para dar otra "sorpresa de octubre".  

Además de Irán, también Turquía, otro miembro del "Club de los sancionados por EEUU", tiene muy buenas relaciones con Caracas e ignora las sanciones a los venezolanos. Tayyab Erdogan al igual que Nicolás Maduro sufrió un intento de golpe de estado y asesinato por EEUU.

La cooperación y el intercambio de recursos, habilidades y tecnología entre los estados es un derecho internacional y cualquier intento de impedirlos es como poner puertas al campo.

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Un miembro del Ejército Nacional de Libia (LNA) comandado por Khalifa Haftar, apunta su arma a la imagen del presidente turco Tayyip Erdogan colgado de un vehículo blindado militar turco en Benghazi, Libia. REUTERS / Esam Omran Al-Fetori

Las alianzas que Benjamín Netanyahu ha establecido con distintos líderes árabes le están resultando decisivas para el control de Oriente Próximo. Su único rival en la región es el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien finalmente ha optado por plantar cara en Libia a la coalición árabe-israelí.

El pasado 21 de mayo el encargado de negocios de Israel en la embajada de Ankara publicó un artículo en un medio de internet local. Como es de esperar, Roy Gilad proyectó la imagen de un Israel moderado y dispuesto a colaborar con Turquía en distintas áreas. Sin embargo, la realidad es que ambos países mantienen planteamientos encontrados ante los principales problemas de la región, y que sus intereses no pueden estar más alejados.

A este hecho incuestionable se suma otro de importancia no menor: las relaciones personales entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro Benjamín Netanyahu son pésimas, lo que se suma a las ambiciones desmesuradas de Netanyahu por crear un Oriente Próximo a la medida de sus necesidades, unas ambiciones que en gran medida ya ha cumplido.
En el artículo, el encargado de negocios destacaba dos cuestiones en las que los dos países podrían cooperar y que servirían para romper el hielo: la presencia militar turca en la provincia siria de Idlib y la lucha contra la covid-19.

Y después de recordar que hasta ahora han muerto 50 soldados turcos en Idlib, Gilad metía la cuchara hasta el fondo señalando que la presencia iraní en Siria, que es muy reducida, choca con los intereses de Ankara, lo cual no está nada claro.

Las relaciones entre Turquía e Israel terminaron en mayo de 2010, cuando soldados israelíes mataron a una decena de activistas turcos que viajaban con suministros humanitarios a la Franja de Gaza a bordo del Mavi Marmara con el fin de romper el bloqueo israelí de la Franja. Tres años después, en 2013, el presidente Barack Obama logró reducir la tensión al forzar a Netanyahu a disculparse ante Turquía.

La vuelta de los embajadores a Ankara y Tel Aviv tardó tres años más, pero dos años después, en 2018, la tensión volvió a subir a causa de las actividades militares de Israel en Gaza. El sentido de justicia del islamista Ergogan y del sionista Netanyahu es muy distinto y está diferencia, que ha prevalecido durante la última década, ha causado el alejamiento entre los dos líderes. Desde 2018 no han regresado los respectivos embajadores y las relaciones se gestionan a nivel de encargados de negocios.

Las buenas palabras de Roy Gilad no guardan relación con la realidad cotidiana en todos los frentes, incluido el de los yacimientos de gas en el Mediterráneo oriental, donde Netanyahu se ha aliado con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Chipre, Grecia y hasta Francia para condenar las perforaciones turcas en la zona

Israel además ha conseguido que los EAU, Arabia Saudí y Egipto le sirvan de peones en el frente libio. Mientras Turquía apoya al gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente, esos tres países están detrás, junto con Rusia, de las milicias de Khalifa Haftar en la lucha contra el gobierno de Trípoli. Es una guerra que dura años y a la que de momento no se le ve un final en el horizonte.

Los EAU, Arabia Saudí y Egipto no quieren que Libia sea gobernada por islamistas de ninguna clase, y otro tanto le ocurre a Israel. Unos y otros entienden que la presencia turca en ese país constituye un desafío para sus aspiraciones hegemónicas, de ahí que no tengan ningún reparo en enviar armas y mercenarios a Haftar. Por su parte, Ankara, cada vez más aislada en la región, no parece dispuesta a permitir que sus rivales metan el pie también en Libia.

Ahora mismo el único aliado regional de Turquía es Qatar, un país sobre el que desde 2017 recae un rígido bloqueo por parte de EAU, Arabia Saudí y otros países de su órbita. La culpa de Qatar consiste en tolerar a los Hermanos Musulmanes y en fomentar el islam político en la región, una cuestión que es línea roja para sus antiguos aliados.

El futuro inmediato no es muy halagüeño. Netanyahu ha dicho que la anexión del 30% de la Cisjordania ocupada se iniciará en cualquier momento a partir del 1 de julio. Aquí el peculiar y discutible sentido de la justicia que tiene el primer ministro israelí volverá a chocar con Erdogan y las tensiones bilaterales se incrementarán.

En su artículo, el encargado de negocios Gilad insistía en el principio básico de la política exterior israelí, que por ejemplo aplica con éxito con la desdibujada Unión Europea: no hay que estar de acuerdo en todo para cooperar entre los países. Lo que traducido al lenguaje coloquial significa que Erdogan debería dejar de ayudar a los palestinos o por lo menos renunciar a su sentido de justicia y adoptar otro más fluido y en sintonía con el de Netanyahu.

En otras palabras, lo que Gilad quería decir es que si Erdogan prescinde de su cabal y noble sentido de justicia, sería posible cooperar en áreas como el comercio, turismo, ciencia, tecnología y otras. Pero parece muy difícil que el presidente turco vaya a renunciar a sus principios mientras Israel estrangula y expolia a los palestinos ante la pasividad de la comunidad internacional.

A día de hoy Israel está ganando la batalla en todos los frentes menos el libio, sobre el que todavía es pronto para saber en qué dirección avanzará. La continuidad de los líderes árabes aliados de Israel, especialmente los EAU, Arabia Saudí y Egipto, depende en gran medida de la influencia de Israel en Washington, de modo que los líderes árabes se han convertido en marionetas al servicio de Netanyahu y de sus ambiciones hegemónicas.

JERUSALEN

07/06/2020 09:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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 Lanzamiento de Crew Dragon de SpaceX en el Centro Espacial Kennedy de la NASA.Foto Ap

Arden 30 ciudades en EU por el homicidio de George Floyd, mientras que la Bolsa de Wall Street, a unas cuadras de los disturbios en Nueva York, sigue su alza desacoplada de la economía, y Trump descuelga un éxito mayúsculo con el ensamble de SpaceX, propiedad del excéntrico inventor multinacional sudafricano-canadiense-estadunidense Elon Musk, con la Estación Espacial Internacional (ISS).

El programa ISS –satélite artificial habitable en la órbita baja de la tierra a una altitud de 400 kilómetros– es de carácter multinacional donde participan cinco agencias espaciales: 1. NASA (EU); 2. Roscosmos (Rusia); 3. ESA (Europa); 4. CSA (Canadá) y; JAXA (Japón).

Desde su lanzamiento en 1998 y el arribo de sus residentes en el año 2000, ISS, 20 años después, ha recibido 239 cosmonautas/astronautas y turistas de 20 diferentes países (https://go.nasa.gov/3eK5tWt).

Marc Thiessen, quien colabora para The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, quien tiene su proyecto de privatización del espacio Blue Origin (https://www.blueorigin.com/), alucina que el éxito de SpaceX es un pequeño paso para el hombre y un gigante paso para el capitalismo (https://wapo.st/3dsqXXJ).

Marc Thiessen soslaya la participación de la NASA, una agencia gubernamental (sic) de EU –con un presupuesto de 22 mil 629 millones de dólares al año con 17 mil 373 empleados–, que prestó a sus dos astronautas Doug Hurley y Bob Behnken para reunirse con otro astronauta prestado Chris Cassidy de EU y dos cosmonautas rusos (https://www.nasa.gov/).

Se trata de una colaboración híbrida y/o de una asociación pública/privada entre el gobierno de Trump, quien se ha vuelto un fanático de la carrera en el espacio, y el audaz innovador Elon Musk, quien inició su odisea hace 18 años en California con un puñado de empleados y una banda de mariachis (https://bit.ly/36WoouI).

Hoy SpaceX, con ocho mil empleados,vale más que su empresa de carros eléctricos Tesla, con una capitalización de mercado de 32 mil 800 millones de dólares (https://cnb.cx/2XoTZln): su valor bursátil es 47 por ciento superior al presupuesto anual de la NASA que no cotiza en Bolsa.

Marc Thiessen arremete contra el socialismo terrenal en EU y contrasta la hazaña de SpaceX y el poder de la libre empresa con la izquierda (sic) que aboga una intervención gubernamental sin precedente en casi (sic) cada sector de la economía de EU, desde la salud a la energía.

Luego Thiessen opera una grotesca pirueta al comparar, medio siglo después, el descenso a la luna del Apolo 11 con la reusabilidad del cohete Falcon 9 que regresó a una barcaza en el océano Atlántico. Es como comparar la imprenta de Gutenberg con la Era Digital.

Trump acudió dos veces a Florida para presenciar el lanzamiento de la cápsula Crew Dragon que había sido pospuesto por mal tiempo la primera vez.

MARC Thiessen llega hasta a comparar en forma muy banal los costos para lanzar un hombre “privado (sic) –que no lo es porque es de la NASA– en el espacio en 170 millones de dólares por asiento, frente a 67 millones de dólares de la cápsula Crew Dragon, con lo cual deduce en forma bizantina que el sector privado (sic) lo hace mejor, más barato, más rápido y más eficientemente que el gobierno, debido a la competencia.

Cita una pléyade de empresas privadas –Orbital ATK, United Launch Alliance, Virgin Orbit y Blue Origin– que compiten con SpaceX y su único criterio es el de los costos que, por cierto, llevaron a la fenecida globalización a su debacle.

Thiessen pierde la brújula terrestre y espacial al ignorar que cualquier empresa privada en EU, de cualquier magnitud que sea, forma parte intrínseca de la unidimensionalidad geoestratégica del país al que pertenece.

Ya hace cuatro años Michael Byers, también del The Washington Post, había nombrado a Elon Musk como el presidente (sic) de Marte (https://wapo.st/2yWyO0C), donde contempla establecer una colonia ante el riesgo de la extinción humana. Falta ver si lo dejan los rusos, y ahora los chinos.

Es lamentable que la portentosa colaboración en el espacio entre dos superpotencias de la talla de EU y Rusia en el ISS no se pueda replicar 400 kilómetros más abajo de su órbita terrenal.

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El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. / Europa Press

El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. La injerencia extranjera se ha multiplicado durante los últimos años y países como los Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que se encuentran en bandos contrarios, están esforzándose para conseguir una victoria que se les escurre de las manos.

 

El lío que se inició en Libia con la desaparición de Muammar al Gadafi en 2011 y el brote de las llamadas primaveras árabes ha adquirido proporciones grandiosas, con las potencias regionales y mundiales jugando sus bazas y sin saber muy bien qué hacer con un conflicto que hace tiempo se les fue de las manos.

Esta semana se ha calentado la situación con un cruce de acusaciones y desmentidos entre Washington y Moscú. La jefatura de Africom del ejército americano denunció el martes que personal ruso ha conducido aviones MiG 29 y Su-24 a una base libia escoltados por otros cazas rusos.

Los americanos están preocupados porque consideran que la introducción de esos aparatos podría decantar el desarrollo del conflicto de una manera definitiva. El Ejército Nacional Libio (ENL) de Khalifa Haftar, basado en el este de Libia y que cuenta con apoyo ruso, sería el gran beneficiario, en detrimento del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), que controla Trípoli y otras zonas, un gobierno reconocido por la ONU que cuenta con el apoyo principal de Turquía.

Si algo no falta en Libia son armas. El país está sometido a un embargo de la ONU, pero absolutamente nadie lo respeta. Se han detectado hasta drones israelíes en los dos bandos, para que no falte de nada en ningún bando, según han publicado medios de la región. El Daily Telegraph informó el jueves de la presencia de mercenarios británicos junto a Haftar, y esta misma semana Berlín ha abierto una investigación para averiguar cómo han llegado al país armas alemanas.

 

Las armas alemanas llegaron a través de los Emiratos Árabes

 

La respuesta es bastante sencilla: las armas alemanas llegaron a Libia a través de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), un país que dirige el príncipe Mohammad bin Zayed y que lleva a cabo una cruzada, alentada por Occidente, en cualquier país de la región donde se huela un poco a islamismo. Por otra parte, la desastrosa política europea en Oriente Medio incluye la venta masiva de armas a países, como los EAU, que están enfrascados en cruentas guerras civiles en la zona, incluida la de Libia.

El envío de los aviones rusos denunciado ha sido negado por Moscú y por Trípoli. Los americanos, sin embargo, insisten en que es un hecho y dicen que también han detectado la llegada a Libia de más de una decena de buques rusos procedentes de Siria. Un parlamentario ruso insiste en que la denuncia responde a una campaña de "rumores y mentiras" puesto que su país no ha enviado "personal" a Libia ni tiene intención de hacerlo.

En este contexto, durante esta semana ha trascendido que lo mandatarios rusos no se ponen de acuerdo entre sí con lo que deben hacer en Libia. Mientras el ministerio de Defensa presiona para intervenir, el de Exteriores, más sensato, considera que es una equivocación que a medio plazo redundará en perjuicio de Moscú. De momento es el ministerio de Defensa el que lleva la voz cantante.

 

Moscú pretende expandir el área de influencia

 

Dejando a un lado que es un craso error de Moscú intervenir en el conflicto libio, algunos medios han informado de que con esa acción Moscú pretende expandir el área de influencia en el sector oriental y central del Mediterráneo por motivos oscuros, mientras que otros medios indican que Moscú quiere tener una carta en la mano para negociar desde una posición ventajosa en lo relativo a Siria y, en especial, a la presencia americana en el este de Siria.

El martes, el Pentágono dijo que Rusia envió sus cazas a Libia haciendo escala en Siria, y que el objetivo del envío es apoyar a los mercenarios rusos del llamado Grupo Wagner, dirigido por un amigo y confidente del presidente Vladimir Putin, que combate al lado de las tropas de Haftar, unas tropas trufadas de mercenarios de distintos países, principalmente de Sudán, que aparentemente cobran su salario de los Emiratos Árabes Unidos.

 

Los aviones se encuentran en territorio libio

 

Según el Pentágono, los aviones fueron repintados durante una escala en Siria con el fin de borrar cualquier indicación de que son rusos. Los americanos incluso difundieron imágenes de satélite que demostrarían que los aviones se encuentran en territorio libio. Y añadieron que en total 14 cazas rusos repintados han llegado a Jufra, una localidad situada en la región central de Libia.

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas y su ofensiva para capturar la capital Trípoli ha fracasado por el momento. Las tropas de Haftar contaban con el apoyo de los mercenarios del Grupo Wagner ruso que, el pasado sábado, tuvieron que abandonar el terreno donde se encontraban para buscar refugio más al sur.

No deja ser curioso que el ministro de Exteriores francés, Jean-Yves le Drian, dijera el miércoles, en mitad de todo el lío, que la situación en Libia es muy preocupante, e incluso advirtiera de que se estárepitiendo el escenario de Siria, donde la intervención militar occidental ha contribuido a establecer una vibrante democracia liberal similar a las de Afganistán, Irak y Egipto.

De momento, el país que mejor está conduciendo su presencia en Libia es Turquía, que apoya militarmente al gobierno de Trípoli. El presidente Recep Tayyip Erdogan está jugando fuerte en toda la región, cometiendo errores de bulto en Siria. No obstante, la guerra en Libia podría dar un vuelco, en función de hasta dónde lleguen las potencias regionales y mundiales, lo que podría meter a Ankara en serios problemas.

JERUSALÉN

29/05/2020 07:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Hong Kong, algo más que una ficha en la disputa de China por la hegemonía global

Los medios occidentales amplifican las protestas en Hong Kong, un “problema interno” de China que confluye con los temores del establishment a que las sociedades europeas simpaticen más con el país dirigido por Xi Jinping.

 

La Unión Europea ha hablado de emitir una respuesta “contundente” ante lo que considera los derechos y libertades amenazados por el despliegue de miles de policías chinos en Hong Kong destinado a sofocar un movimiento de protestas que ha resurgido en los últimos días. La movilización en la isla, provocada inicialmente por una reglamentación que prohíbe “reírse” del himno chino, se enmarca en el contexto más amplio de una ley de Seguridad Nacional que se superpondrá a las leyes específicas de la isla y que está planteada para perseguir el secesionismo, el terrorismo y la subversión. 

Pero el mensaje de la UE, emitido por su comisario de política exterior, Josep Borrell, se produce también en mitad de un desencuentro global con China. La potencia ha mostrado los dientes a distintos países durante la crisis del covid-19. Sea por un movimiento defensivo ante las críticas de los medios occidentales sobre su responsabilidad en la difusión del virus o por una nueva estrategia global, la escalada de la tensión en Hong Kong está siendo utilizada por Estados Unidos y sus aliados para atacar a China.

Se sabe, porque lo ha dicho la policía china, que ya hay cientos de detenidos por “asamblea ilegal” y que se han disparado gases pimienta para sofocar las protestas. También que los principales medios occidentales están haciendo un seguimiento importante del conflicto, en cuanto la crisis gravita también sobre la guerra comercial —y en la disputa sobre la hegemonía mundial— que enfrenta a la administración de Donald Trump y al régimen chino de Xi Jinping. Una guerra exacerbada a raíz del covid-19 en la que los aranceles son solo un instrumento ya que, como explican Rubén Martínez e Isidro López en Ctxt, se trata de un conflicto entre distintos modelos de proteccionismo ante la crisis de los mercados financieros abierta desde 2008.

Por más que no se hayan salido del tono frío y burocrático habitual, las protestas de Borrell sobre las “reglas del orden internacional” contrastan con el silencio de la UE ante lo que pasa en otros países como Filipinas, donde el presidente Rodrigo Duterte ha instado a las fuerzas armadas y la policía a “disparar a matar” a quienes no cumplan con la cuarentena estricta impuesta desde el 17 de marzo. Tampoco se espera que la Unión Europea emita ninguna respuesta sobre la garantía de derechos y libertades en Estados Unidos, un país que en los últimos cuatro años ha emitido hasta 116 leyes “antiprotestas”, según un informe de PEN America.

En cualquier caso, las protestas son, por el momento, el principal reto del Partido Comunista de China (PCCh) en cuanto a su política “interna”. Una herida abierta desde 2014, con la llamada “revolución de los paraguas” que se transformó, cinco años después en propuestas masivas contra el proyecto de ley de extradición que habría permitido entregar a presuntos delincuentes a las autoridades de la China continental. 

Los meses de julio y agosto de 2019 fueron los del auge de un movimiento que mostraba el descontento de una generación ante la escalada de los precios de la vivienda y las condiciones de precariedad, inéditas hasta hace poco en un país-isla que se constituyó como un nodo de los intercambios financieros entre China y el resto del mundo. Un enclave que, por encima de otras consideraciones, tenía un nivel adquisitivo muy superior al de la China continental. Un peso específico que como señalaba el pasado verano el periodista Carl Zha, ha declinado significativamente: el PIB de Hong Kong, que en 1993 era el 23% de toda China hoy sólo representa el 2,9%.

Ese descontento de los hijos de la etapa más próspera de la historia de Hong Kong, sumado al interés por parte de las contrapartes en el mapa global (Estados Unidos y Reino Unido) genera en el régimen chino una problemática relativamente nueva: no puede extralimitarse en sus métodos de control —represión— de la insurgencia porque está en el foco de la opinión pública internacional.

Pero la potencia considera que la independencia de Hong Kong —un cántico  en las manifestaciones que no tiene encarnación en un movimiento político de masas, al menos por el momento— es innegociable y que el acuerdo que supuso la reintegración de Hong Kong —basado en la máxima “un país, dos sistemas” y una carta constitucional llamada Ley Básica— ha quedado desfasado a medida que China ha dado su otro salto adelante del siglo XXI.

Una evolución que ha hecho crecer los salarios en el gigante asiático (se han triplicado en once años), el alcance del sistema sanitario, que de 2008 a 2014 ha significado que ha pasado del 30 al 95% el porcentaje de población cubierto por el sistema público de salud, y ha aprovechado su papel como “fábrica del mundo”, para obtener una transferencia tecnológica que le permite comenzar a competir en los sectores en los que sigue siendo dependiente, como la alta tecnología o la industria aeronáutica.

Con la aprobación de la ley de Seguridad Nacional que será refrendada hoy jueves por Pekin y cuya aprobación definitiva en Hong Kong debe tener lugar este verano, China quiere terminar con la fase intermedia e integrar completamente a la isla en su programa político.

Pero las cargas contra las personas que protestan en Hong Kong no son las únicas muestras de la mano dura del Gobierno de Pekín. Esta semana, un artículo de The New York Times volvía a incidir en la rápida mejora que están experimentando los sistemas de vigilancia a raíz de las App de salud para rastrear el paso del coronavirus sobre la población china mediante un sistema de asignación por colores. Una mejora que ha abierto entre parte de la intelectualidad dudas el debate sobre el potencial uso de big data para la discriminación de población, en este caso, por motivos de salud. Una aplicación que coincide en el tiempo de la implantación del sistema de crédito social en todo el territorio, una medida de control social mediante el reparto de premios al buen comportamiento y castigo a quienes se muestren asociales.

 

Disputar la hegemonía

 

En el plano internacional, la tensión en Hong Kong es también un pretexto para que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, haya amenazado con presentar en las próximas horas nuevas sanciones contra China. Aunque el presidente solo dijo que serían sanciones “interesantes” se ha especulado que estas consistan en controlar las transacciones y congelar los activos de los funcionarios y las empresas chinas en Estados Unidos. Una amenaza que se produce un año y medio después de la detención de Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei, en una prisión canadiense desde entonces.

A pesar de que en enero de 2020 se produjo una pequeña tregua en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con la firma de un acuerdo que ponía fin a dos años de batalla arancelaria —acuerdo que tiene una dimensión de “ahorro” en aranceles de 140.000 millones de euros—, el objetivo de Trump sigue siendo cerrar en la medida de lo posible la expansión de China, muy especialmente de sus infraestructuras tecnológicas de quinta generación (5G).

A raíz de las protestas en Hong Kong, Estados Unidos ha requerido el apoyo de la Unión Europea, reacia a imponer sanciones a la que ya es la primera potencia económica mundial. Pero la puesta en marcha de las redes 5G —que Huawei tiene mucho más adelantada que las compañías estadounidenses— es la principal preocupación de Trump. En enero, Reino Unido abrió la puerta a Huawei, aunque su presidente Boris Johnson ha reculado en las últimas semanas. Los ataques por parte de EE UU se extienden a los dos partidos: demócratas y republicanos alertan de la “amenaza” por igual.

El tabloide Global Times —versión clickbait del Diario del Pueblo, medio oficial del Partido Comunista de China— explicaba esta semana en un editorial que la rivalidad a “largo plazo” entre China y Estados Unidos “es inevitable”.

El editorial muestra las distintas amenazas que el Gobierno chino teme: desde el enfrentamiento militar, al que el editorialista responde con un “China sabría defenderse”, a la intervención mediante ataques financieros, algo que “dañará la integridad del sistema financiero que lidera”, vaticina este editorial: “Si una guerra financiera se sale de control, son los Estados Unidos los que más sufrirán. Con la reducción de su economía real, la economía de Estados Unidos depende en gran medida del sector financiero, lo que significa que lanzar una guerra financiera equivale a hacerse daño a sí mismos”. La amenaza, poco sutil, remite al papel de China como el principal comprador de deuda pública estadounidense, una posición desde la que puede ejercer presión sobre el dólar, a día de hoy principal baza de Estados Unidos —junto con su potencia militar— para sostener la hegemonía mundial. También a la situación del dólar, moneda hegemónica en el globalizado sector de las finanzas pero en crisis en un interior de Estados Unidos inmerso en una depresión que ha aflorado a raíz del coronavirus.

 

Relaciones con la UE

 

Bajo el prisma de una disputa por la hegemonía que ha acelerado el covid-19 —inclinando la balanza a favor de China—, el papel de la Unión Europea es de interés para las dos potencias. Desde el final de la II Guerra Mundial, y bajo el programa del anticomunismo impulsado desde la administración Truman, Estados Unidos ha intervenido en la política de la Europa occidental con poca oposición (solo la de Francia, que estuvo fuera “simbólicamente” de la OTAN durante 43 años). Los tiempos, no obstante, están cambiando.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta —también llamada “nueva ruta de la seda”— o un conjunto de infraestructuras marítimas y ferroviarias para conectar China y Europa es un plan lanzado en 2013 por el Gobierno de Xi Jinping que amenaza con perturbar ocho décadas de armonioso entendimiento entre EE UU y los poderes europeos y europeístas. Al menos así lo han interpretado Washington y Bruselas. Hace ahora un año, Italia llegaba a un acuerdo para integrar esa iniciativa a cambio de una importante inversión por parte de China. El acuerdo dejaba en suspenso la entrada de Huawei en el país alpino, pero el mensaje caló hondo en Bruselas y Washington.

El fondo de reuperación puesto en marcha a iniciativa de Alemania y Francia y presentado ayer, 27 de mayo, por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, incluye una cláusula específica para prohibir inversiones de “terceros países” en sectores estratégicos, como medio de evitar que se reproduzca una nueva ronda de compra de activos y ampliación de mercados como la que tuvo lugar desde 2008, que ha situado a China en posición de poder en 40 puertos internacionales, entre ellos los de Valencia, Algeciras, Barcelona y Cartagena.

España, no obstante, es uno de los países con menor dependencia en este momento de las inversiones chinas. Muy por debajo del Reino Unido, Alemania y la propia Italia. El Real Instituto Elcano, think tank en el que confluyen las políticas internacionales de Gobiernos del PP y del PSOE, publicó un informe a finales de abril en el que reseñaba que en los últimos dos años la percepción de China como una amenaza ha aumentado entre la población española. Al mismo tiempo, un 34% considera a este país como el aliado preferido fuera de la UE por detrás, eso sí, de Estados Unidos, que es el aliado perfecto para el 54% y por delante de América Latina (22%).

Los autores del artículo destacan tres factores que pueden suponer una tensión en las relaciones: la dependencia de suministros y tecnologías (en salud y redes 5g), la evolución de la política interna, con un Vox subsidiario de la política de ultraderecha estadounidense y polarizado hacia el racismo (sus líderes han hablado de “los malditos virus chinos” o “la peste china” para referirse al covid-19) y, en último lugar, las dudas que puede generar en el Gobierno acercar posiciones con China respecto a las relaciones de España “con sus aliados tradicionales”.

 

Cambio de actitud

 

El editorialista de Financial Times Wolfgang Münchau recordaba esta semana que el euroescepticismo crece en Alemania e Italia al mismo tiempo que aumenta el porcentaje de población que considera a China un socio más fiable que Estados Unidos: “La represión de Beijing en Hong Kong y el papel del gobierno chino en la supresión del flujo libre de información sobre covid-19 parece haber tenido poco efecto en la opinión pública en Europa”, se lamentaba.

En otra línea completamente distinta, el portal Politico especulaba recientemente con las razones de la ofensiva diplomática que China está siguiendo en el continente, que ha estado salpicada de críticas hacia la gestión de la pandemia por parte de los países europeos y de intentos de controlar los mensajes que acusan al país de provocar la expansión del virus.

Distintos medios han publicado de que los aranceles impuestos a la cebada y la carne australiana fueran una represalia por las palabras del premier australiano, el negacionista climático Scott Morrison, pidiendo una “investigación independiente” sobre el origen del virus. Esos aranceles —con un coste anual estimado de 500 millones de dólares— serían un aviso a navegantes a los socios europeos de China para que no extralimitasen sus comentarios sobre el papel de China en la pandemia.

Otra controversia ha tenido lugar en una declaración que paradójicamente quería celebrar la relación comercial entre China y la UE: el “partido” envió una versión sin referencia alguna al coronavirus y países como Francia optaron por publicar la versión “censurada” por el Gobierno asiático. Comparados con los ataques de Trump, que ha declarado que hay que abolir la Organización Mundial de la Salud por ser una marioneta de China, las advertencias y sospechas de la UE parecen caricias, pero los medios europeos están sorprendidos ante el cambio de posición de los dirigentes del PCCh, que ha pasado de la conciliación a posiciones más hostiles.

Uno de los posibles motivos que apunta Politico es el puro pánico a que el conflicto social provocado por el covid-19 pueda expandirse por la China continental, algo potencialmente más peligroso que las protestas en Hong Kong. La segunda conjetura es que los “ataques” a los países europeos sean simplemente una forma de hostigar a los aliados de Estados Unidos. La tercera de esas interpretaciones se basa en el hecho de que Europa necesita más a China que China a Europa y que tensar la cuerda con asuntos como la represión en Hong Kong o las distintas acusaciones sobre la expansión del virus no son más que fruto de un cálculo político.

Sea por miedo, ira o estrategia, el Gobierno chino ha acelerado en los últimos meses su agenda internacional ante los problemas serios que enfrentan los gobiernos occidentales en forma de desempleo y crisis social. Terminar con la adhesión de Hong Kong es solo un paso más en un programa de vigilancia y recorte de libertades, pero también de políticas keynesianas de estímulo de la demanda, que comenzó tras la crisis anterior y que, hasta ahora, está funcionando como un reloj.

Pablo Elorduy

@pelorduy

28 may 2020 06:51

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 Voluntarios toman la temperatura corporal de un residente en la provincia de Jilin, al noreste de China.Foto Afp

Las "Dos Sesiones (Lianghui)", la mayor reunión política del año en China –que se celebra estos días por los dos principales cuerpos políticos el Congreso Nacional del Pueblo y el Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino–, tendrán como tarea principal reorganizar su esquema doméstico con fuerte apoyo a sus empresas estatales (sic) que han descollado en la I&D.

Frank Tang, del portal SCMP –con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba–, cita a analistas que consideran que el "giro económico estratégico de China" demuestra que el mandarín Xi se prepara al "caso del peor escenario" (https://bit.ly/2TI8WNb).

Xi proclamó que China prosigue un "nuevo plan de desarrollo" con enfoque en su mercado doméstico, en lugar de su modelo de crecimiento basado en sus exportaciones, debido a que la economía de China, según Frank Tang, se encuentra bajo fuerte presión por el C-19, conforme escalan la guerra comercial y las tensiones tecnológicas con EU.

Este "giro" no es tan novedoso. Hace 15 años Stephen Roach, a cargo de Morgan Stanley en Asia, vislumbraba la interiorización de la economía china basada en sus miríficos ahorros, los más altos del mundo, entre 44.5 y 50 por ciento de su PIB (https://bit.ly/36xtahI), que hoy facilitarían su permutación: ¡2.57 veces más que EU! (https://bit.ly/2ZDuZs8).

El 80 Por ciento del PIB de EU se sostiene por su frenético consumismo, envuelto en su vulgar esquema Ponzi, sin contar que la mitad de su PIB proviene del "bono hegemónico" de su dolarcentrismo (https://bit.ly/2ZDVei1). ¡Ahorros de China vs consumismo de EU!

El abordaje de Xi es "integral, dialéctico (sic) y de largo plazo" (https://bit.ly/2ZAS5jf): "debemos tratar la demanda doméstica y su punto de apoyo conforme aceleramos la edificación de un sistema completo (¡mega-sic!) de consumo doméstico, que promueva mayormente la innovación en ciencia, tecnología y otras áreas".

Tang comenta que China abandona la estrategia de "gran circulación internacional" adoptada en la década de los noventa que "ayudó a alimentar su crecimiento para convertirse en la segunda mayor economía mundial".

Frank Tang cita a Hu Xingdou, economista "independiente (sic)" en Pekín, quien deduce y aduce que se trata de "prepararse al caso del peor escenario, que incluye el desacoplamiento con EU, e incluso, con el entero (sic) mundo occidental".

Habría que definir el significado y qué queda(rá) de "Occidente", que incorpora con pasmosa laxitud a países asiáticos como Japón, Sudcorea e India, ya no se diga cuando la Unión Europea propende a la balcanización y ahonda su fractura con Trump.

Para Hu Xingdou, en forma fatalista, China no tiene otra opción sino enfrentar la adversidad: "China debería hacer un mayor esfuerzo para convencer al resto del mundo que no tiene intención de construir un modelo económico diferente del presente sistema global".

¿Cuál "sistema global" cuando feneció la globalización financierista anglosajona y el mundo fracturado se encamina a una desglobalización con mayor enfoque en el Estado? (https://bit.ly/2zyT7Bt).

Pekín buscaba ya su anhelada autarquía bajo el eslogan Made in China 2025 (https://bit.ly/2Xw2JoF), más una aspiración soberanista/independentista que una realidad, debido a la interdependencia segmentada de los actores planetarios, en particular, paradójicamente, entre China y EU.

Según Xi, China enfrenta vientos desfavorables en el mundo externo: una profunda recesión de la economía global –cuya recuperación tomará dos o tres años–, una disrupción internacional del comercio y las inversiones, "desenfrenados proteccionismo y unilateralismo" y riesgos geopolíticos.

Xi alertó que "debemos ahora buscar el desarrollo en un mundo más inestable e incierto", mientras China intenta ser más autosuficiente en tecnología y centros de mercado, en particular en la economía digital, la manufactura inteligente, en la salud y la biología para operar su "transformación económica".

El "cisne negro" del C-19 desnudó la miseria manufacturera de EU (https://bit.ly/2XBnaR0), rubro en que China le lleva amplia ventaja.

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