Por qué dudamos que ocurra una intervención armada en Venezuela

En contra de la opinión de algunos editorialistas y declaraciones “asusta incautos…” formuladas y repetidas hasta el cansancio por algunos altos funcionarios de la administración estadunidense, como el afirmar que "todas las opciones siguen sobre la mesa" que para algunos incluye una posible intervención armada de Estados Unidos en Venezuela como las que ocurrieron en el pasado en República Dominicana, Granada y Panamá, estimamos que no habrá intervención armada extranjera en ese país hermano, sea invocando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que afortunadamente México y otros países latinoamericanos denunciaron en diferentes épocas o invocando algún otro criterio.

 

Estamos convencidos que el país latinoamericano o caribeño, cualquiera que este sea, que avale o participe en una intervención militar en Venezuela a pesar de la situación que vive ese pueblo, sufrirá reacciones en contra, de gran parte de su población por el precedente que establece esa invasión; aspecto que Washington seguramente tiene muy presente, ya que problemas con los miles de refugiados centroamericanos que piden asilo sin respuesta expedita y protestas en capitales de nuestro subcontinente contra su intervencionismo en una época prelectoral, podría configurar una reacción masiva de América Latina hacia Washington, lo cual tendría sin duda un fuerte impacto en el ambiente político de ese gran país; nuestra misión debe ser en consecuencia, buscar una rápida conciliación no violenta que quizás requiera la elección por los venezolanos de nuevos líderes de los órganos regentes de su vida política.

 

Lo que en este momento parece ocurrir en Venezuela causando víctimas, desabastos y dificultades para sobrevivir la vida diaria, es parte de una nueva estrategia que se está utilizando con cada vez mayor frecuencia a escala mundial y que en los sectores militares se conoce como anti-access/area denial o A2/AD ó "geopolítica de guerrillas" como le llama Galeotti del Instituto de Relaciones Internacionales de Praga o "contra-intervención" como lo llaman los estrategas militares chinos.

 

La finalidad de esa estrategia consiste en lograr un fin político ilegal por lo general, sin provocar un conflicto armado o llegar a una intervención agresiva directa, pero sí hostigando al país víctima, con medidas que lo afecten en su economía o su situación política a corto o largo plazo, tema que ya han incluido en sus planes bélicos-estratégicos, las grandes potencias como Rusia, China y el propio Estados Unidos además de algunos otros países con conflictos en su "vecindario", en lo que llaman la "zona gris" es decir, acciones entre la guerra y la paz.

 

Las llamadas operaciones de la "zona gris" tienen por objeto hostigar a otros países, sin caer en un directo conflicto armado e incluyen acciones económicas, diplomáticas, de inteligencia e inclusive ilegales en el país en cuestión, para lograr un objetivo político y estimase que dentro de esa actividad caen las intervenciones de Rusia en las pasadas campañas electorales de Estados Unidos y Francia, claramente probadas (lo que no pudo probar el fiscal especial en Estados Unidos, Robert Mueller, fue el vínculo Rusia-Trump en las campañas electorales) además de acciones similares en Cataluña y que ahora parece se utilizan en Venezuela.

 

Por otra parte, las diversas opciones que abre hoy la quiebra del mundo de la posguerra en el plano internacional tiene de hecho, implicaciones muy diversas para nosotros. Esto es cierto aun en el caso de desarrollos a los que damos la bienvenida. Es cierto por ejemplo que en la nueva agenda global los derechos de los individuos ocupan un lugar crecientemente importante al lado de los derechos de los Estados. Esto sin embargo, no debe transformarse en una excusa para injerencias indebidas de Estados que no asumen compromisos en esa importante materia, en los asuntos de otros. No es posible que el advenimiento del mundo anárquico y multipolar que vivimos se reduzca al surgimiento sin oposición, de una capacidad de imposición respecto a los valores compartidos por todos nosotros o, aún peor, de otros objetivos confundidos con estos valores.

 

Por Sergio González Gálvez, embajador Emérito de México

Escribe a título personal

Publicado enInternacional
Fuerzas del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán (CGRI), en una imagen de archivo

Los Guardianes de la Revolución de Irán, calificados como 'grupo terrorista' por Estados Unidos, han anunciado el derribo de un avión estadounidense no tripulado, dedicado a operaciones de espionaje.

 

 

Los Guardianes de la Revolución de Irán han anunciado hoy el derribo de un avión no tripulado de Estados Unidos, dedicado a operaciones de espionaje, cerca del estrecho de Ormuz, donde se registraron varios incidentes en el último mes.

El dron entró en el espacio aéreo iraní en las primeras horas de este jueves, sobrevolando la región de Koohe Mobarak, en la provincia meridional de Hormozgan, según han informado los Guardianes en un comunicado.

La Fuerza Aeroespacial de este cuerpo militar de élite fue la encargada de disparar contra el aparato, descrito en la nota como un avión espía estadounidense del tipo "Global Hawk".

La Guardia Revolucionaria, designada como grupo terrorista por Washington el pasado abril, denunció que el dron estadounidense "violó el espacio aéreo territorial iraní".

Esto ocurrió cerca del estratégico estrecho de Ormuz, por donde cruza una quinta parte del petróleo mundial, y a solo unos 80 kilómetros de los Emiratos Árabes Unidos y Omán.

 

Tensión entre Irán y Estados Unidos

 

Este derribo coincide con un repunte de la tensión entre Irán y EEUU en Oriente Medio, donde Washington ha decidido enviar más tropas y reforzar su despliegue militar de buques y misiles en el golfo Pérsico.

La crisis ha escalado asimismo tras un par de ataques a buques cisterna y petroleros en el estrecho de Ormuz, el último de ellos hace una semana, de los que Washington responsabiliza a Teherán.

Las autoridades iraníes han negado su implicación en estos hechos y han asegurado que si quisieran bloquear el estrecho e impedir el tránsito de petróleo, como ya han amenazado, lo harían abiertamente.

Estas amenazas de Irán están motivadas por las sanciones que impuso EEUU a su sector petrolero el año pasado tras retirarse unilateralmente del acuerdo nuclear de 2015, y que fueron reforzadas en mayo con el fin de las exenciones a la compra de crudo iraní.

 

Teherán

20/06/2019 09:36 Actualizado: 20/06/2019 09:36

Publicado enInternacional
Irán dice que cayó una red de espías de la CIA

Horas después de anunciarse el desmantelamiento de la red, el presidente de Irán, Hasan Rohani, mandó un mensaje contra su par estadounidense Donald Trump.

 

Irán anunció que desmanteló ayer una “nueva red” de espionaje vinculada a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, en plena tensión bilateral. La crisis entre el país islámico y Washington se acentuó el lunes cuando el Pentágono informó que enviaría mil soldados más a Medio Oriente. 

“Siguiendo pistas propias e indicios de los servicios de inteligencia estadounidenses, recientemente dimos con los nuevos reclutas contratados por los estadounidenses. Así fue como desmantelamos esa nueva red”, anunció Irna, la agencia oficial iraní. Algunos espías de la red que según Irna fue instalada por la CIA, ya fueron detenidos y entregados a la justicia. La agencia, sin embargo, no ofreció datos respecto a la cantidad de detenidos ni precisó la nacionalidad de los sospechosos. Horas después de anunciarse el desmantelamiento de la red, el presidente de Irán, Hasan Rohani, mandó un mensaje contra Donald Trump: “Los enemigos nunca ganarán esta guerra contra la nación iraní”, apuntó un día después del envío de tropas. “Esta guerra terminará con la victoria de la nación iraní porque no estamos en guerra con una nación, la otra parte no es una nación sino un grupo de políticos sin experiencia”, subrayó en un discurso durante la inauguración de una terminal en el aeropuerto internacional de Teherán.  La relación entre Irán y Estados Unidos se tensó luego de que la potencia del norte se retirara unilateralmente en 2018 del acuerdo nuclear y restableciera las sanciones económicas contra Teherán. Y en los últimos días la crisis se incrementó aún más con los ataques contra buques petroleros ocurridos en mayo y junio en la región del Golfo, y en los que ambos países se acusan mutuamente. 

El acuerdo nuclear firmado en 2015 en Viena fue fruto de los esfuerzos diplomáticos entre Irán, Alemania, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia. Su objetivo es limitar la capacidad atómica de Teherán a cambio de un levantamiento de las sanciones económicas internacionales contra la República Islámica. Irán, por su parte, presiona desde hace meses a sus otros socios para que lo ayuden a mitigar los efectos de las medidas impuestas por Estados Unidos. 

Para el presidente del país islámico, una forma de vencer la campaña de sanciones de EE.UU. contra su país es continuar con el desarrollo de los distintos sectores económicos y la apertura de grandes proyectos de infraestructuras. “Las sanciones de Washington van dirigidas contra todos y cada uno de los individuos, y no contra el gobierno”, apuntó Rohani. “Además Irán ha sido leal a sus compromisos y acuerdos internacionales. Fue Estados Unidos el que violó todos los acuerdos”, lanzó.

Si bien Irán sigue suscripto al acuerdo nuclear, el mes pasado anunció que iba a reducir algunos de sus compromisos debido a las sanciones de Washington y al fracaso del resto de firmantes en contrarrestarlas. Hasta el momento el Organismo Internacional de Energía Atómica certificó que Irán se ajustaba a los compromisos adquiridos en Viena, sin embargo esta semana la Agencia de Energía Atómica de Irán anunció que a finales de junio las reservas en uranio que tiene el país islámico superarían el límite de 300 kilogramos estipulado en el acuerdo. De ser así, Irán violaría por primera vez una de sus obligaciones.

Ante la escalada de tensiones el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, aseguró que Trump no quiere una guerra con Irán, aunque advirtió que están listos si Teherán toma una mala decisión. “Estamos allí para disuadir la agresión. El presidente Trump no quiere la guerra”, dijo Pompeo a la prensa en Tampa, Florida, a la salida de una reunión en el Comando Central de Estados Unidos. “Esto no son solo dos años y medio. Son 40 años de actividad iraní que han llevado a este punto”, dijo Pompeo. 

El secretario de Estado agregó que uno de los propósitos de su reunión de ayer en el Comando Central era asegurar que haya una “profunda coordinación” con el Departamento de Estado. “Pues es importante estar seguros de que pueden responder si Irán toma una mala decisión”, explicó. En la misma línea, Pompeo indicó que Estados Unidos está listo ante “cualquier amenaza” de Teherán y que su intención es trabajar para convencer al país islámico de evitar posibles agresiones en la región. 

Pero frente a la escalada no sólo Estados Unidos e Irán cruzaron palabras. Rusia, aliado de Teherán, también lanzó su mensaje y llamó a la prudencia. “Preferiríamos que no se apliquen medidas que puedan provocar un incremento de las tensiones en esta región de por sí tan inestable”, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. El portavoz afirmó además que confían en lo que hace tres días hablaron Rohaní y el presidente ruso respecto del cumplimiento del pacto. “Seguimos partiendo de que Irán continuará fiel a sus obliaciones”, dijo Peskov. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, pidió a Irán que tome “decisiones prudentes” y advirtió a la vez contra la apertura de una “caja de Pandora” en Oriente Medio. En tanto el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, llamó a la comunidad internacional a imponer inmediatamente sanciones contra Teherán, tan pronto como sus reservas de uranio superen el límite. 

Publicado enInternacional
Pérfidas llamas petroleras cerca del estrecho de Ormuz: escalada de Trump vs Irán

 

Sin evidencias conclusivas, el ex director de la CIA y hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, imputó a Irán la autoría de los incendios de dos tankers, uno japonés y otro noruego, en el golfo de Omán, cerca del superestratégico estrecho de Ormuz, lo cual disparó el precio del oro negro y escaló las tensiones de Estados Unidos contra Irán.

 

Trump señaló que los atentados tenían las huellas de Irán, donde el supremo líder del chiísmo, el ayatola Alí Jamenei, recibía al primer ministro de Japón, Shinzo Abe, tan dependiente del petróleo persa, en su plausible intermediación, solicitada curiosamente por el mismo Trump (https://bit.ly/2Qvwm5I).

 

La "evidencia" del Pentágono es un "video" que parece más bien formar parte de la panoplia de montajes hollywoodenses a los que son adictos los presidentes de EU: desde el golfo de Tonkin (para la guerra de Vietnam), pasando por el 11/9 (para las guerras contra Afganistán e Irak), y ahora para promover la guerra contra Irán que anhelan los superhalcones Mike Pompeo, "evangelista sionista" confeso, y John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, quien es un instrumento del casinero sionista Sheldon Adelson: financiero simultáneo del Partido Republicano y del primer ministro israelí Netanyahu.

 

Con la salvedad de Gran Bretaña, que apoya incondicionalmente a EU, Europa se ha mostrado escéptica y aséptica del "video" hollywoodense, a grado tal que el ministro del Exterior alemán, Heiko Maas, la desechó por ser poco concluyente (https://reut.rs/2KOvSqs).

 

Aquí en Jordania, donde me encuentro ahora, The Jordan Times no compra la versión de EU sobre la autoría que califica de "sospechosa" (https://bit.ly/2RlFSsn).

 

El operador del tanker japonés despedazó la "evidencia" que no tuvo que ver nada con una mina, sino con un "objeto volador" (https://bit.ly/2wV6VkX).

 

The Japan Times se pregunta si se trató de "una advertencia a Japón" y arguye que "un tercer (sic) partido ansioso de colocar una cuña entre Irán y Japón pudo haberse involucrado con el objetivo de urgir a Tokio distanciarse de Teherán" ( https://bit.ly/2KP24tE ), tesis que coincidió con mi entrevista a CNN desde Beirut (https://bit.ly/2IizOxR).

 

No cuadra la autoría iraní, que sería más estúpida que suicida, ya que en el tanker japonés se encontraban 11 rusos, rescatados por Irán (https://bit.ly/2IjVHNz).

 

Irán hubiera cometido un cuádruple error: 1. Impedir el libre tránsito del petróleo en el estrecho de Ormuz cuando más necesita divisas debido a la "guerra económica" que le ha propinado eficientemente Trump, quien rompió en forma unilateral el acuerdo nuclear de Obama; 2. Se alejaría de Japón, uno de sus máximos compradores de "oro negro"; 3. La muerte de la tripulación rusa, que le alejaría de un apoyo invaluable; y 4. Se colocaría la soga al cuello, a unos días de la cumbre del G-20 en Osaka (Japón), donde hubiera sido puesto en la picota.

 

Irán rechaza categóricamente cualquier involucramiento y su canciller Javad Zarif fustigó que se trataba del "plan B" del "equipo B" –como describe a la alianza de Bolton/Pompeo con Israel/Arabia Saudita/EU (https://bit.ly/2x3DkpL).

 

Ángeles Espinosa, del rotativo El País, desde Dubái, informa que "Teherán recibe el apoyo de Rusia tras el incidente en el golfo de Omán", mientras "Moscú llama a no sacar conclusiones precipitadas" (https://bit.ly/2KQHucw).

 

No pasó desapercibido el doble apoyo que recibió el presidente iraní, Hassan Rouhani, del zar Vlady Putin y del mandarín Xi, durante la cumbre del Grupo de Shanghái en Kirguistán, donde el presidente ruso señaló sin tapujos que "el responsable de la desestabilización en la región es Washington por romper el pacto nuclear".

 

Pues parece que la salida a la grave tensión en el golfo de Omán, donde EU quizá no se esperaba el apoyo tan contundente de Rusia y China al régimen iraní, la ha dado el pugnaz e influyente (muy cercano a Trump) senador Lindsey Graham, quien propuso "invadir Venezuela para asustar (sic) a Irán y Corea del Norte", como Reagan lo hizo con Granada, con el fin de "poner puntos en el casillero y advertir (sic) a otros países" (https://bit.ly/2IXgaXF).

 

www.alfredojalife.com

 

Facebook: AlfredoJalife

 

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Controversia en Ecuador por acuerdo con EE.UU. para operar aviones estadounidenses en Galápagos

El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, dijo que el archipiélago es un "portaaviones natural".

 

La Asamblea Nacional (parlamento) de Ecuador convocó a los ministros de Defensa, Oswaldo Jarrín, y de Ambiente, Marcelo Mata, para que expliquen, ante la Comisión de Soberanía y Relaciones Internacionales, los alcances de un acuerdo firmado entre el país y EE.UU. para la cooperación de Washington en las ecuatorianas Islas Galápagos.

En concreto, los parlamentarios piden a los ministros que expliquen el alcance del acuerdo binacional, que incluye la ampliación de la pista de aterrizaje en el aeropuerto de la isla San Cristóbal, la más oriental del archipiélago de Galápagos, en donde operarán los aviones estadounidenses Orión P3 y Awaks, que, según ha anunciado Jarrín, ayudarán al control de la lucha contra el narcotráfico.

La discusión se abrió en el Congreso luego que el ministro de Defensa dijera, en una conferencia de prensa, que Galápagos en un "portaaviones natural".

¿Base militar?

La resolución en el Parlamento fue presentada por la asambleísta por Galápagos, Brenda Flor, quien enfatizó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró Patrimonio Natural al archipiélago y que es una Reserva de la Biosfera.

"Por ninguna razón se puede considerar a Galápagos como un portaaviones natural, ya que esa no es su característica intrínseca. Galápagos nació desde la naturaleza como un laboratorio vivo y único que debemos proteger", dijo la asambleísta.

Recordó que durante la Segunda Guerra Mundial, la isla de Baltra fue una base militar de EE.UU. que "dejó como resultado muy pocas especies de flora y fauna".

Por su parte, el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos informó, mediante un comunicado, que "no hay ni habrá base militar extranjera" en el archipiélago.

En el texto explican que el acuerdo alcanzado con EE.UU. es exclusivamente para el "mejoramiento de la pista del aeropuerto de San Cristobal" y "permitir el reabastecimiento de combustible para dos aeronaves de monitoreo de actividades ilegales de la extensa reserva marina, a fin de precautelar la soberanía nacional frente a esas amenazas".

Publicado: 14 jun 2019 17:03 GMT | Última actualización: 15 jun 2019 02:28 GMT

Publicado enInternacional
Sábado, 15 Junio 2019 05:46

De los barcos como excusa para la guerra

De los barcos como excusa para la guerra

Un incidente naval, una excusa para la guerra, un clásico de la política norteamericana que ya pasó largamente el siglo. Que Donald Trump y sus halcones acusen a Irán de haber atacado a dos petroleros extranjeros que pasaban por aguas que la República Islámica patrulla de cerca no tiene nada de original, excepto en las banderas de los buques afectados. Desde la voladura del Maine en La Habana hasta el enfrentamiento a cañonazos con torpederas norvietnamitas en el incidente del Golfo de Tonkín, los problemas en alta mar le sirvieron a Washington como excusa para empezar guerras que se deseaba empezar.

En 1898, Estados Unidos estaba flexionando sus músculos imperialistas. Ya se había comido y estaba digiriendo la mitad de México –el 55 por ciento, para ser exactos– pero eso era considerado una manera de “completar” el territorio propio. Una nueva generación de políticos y empresarios quería que el país jugara un papel en el escenario mundial, rompiendo la tradición republicana y revolucionaria de mantenerse alejados de los conflictos entre coronas e imperios. La doctrina del Destino Manifiesto cubría moralmente las nuevas ideas imperiales: EE.UU. no iba a llevar la opresión a territorios colonizables sino que iba a liberar pueblos oprimidos, llevándoles los beneficios de un gobierno paternalista, republicano.

El primer objetivo fue el moribundo imperio español que, cosas de nuestras guerras de independencia, todavía conservaba algunas de sus posesiones más antiguas por la simple razón de que eran islas. La guerra de independencia cubana sirvió para preparar a la opinión pública norteamericana a través de ese nuevo instrumento de masas, la prensa amarilla. Así, los mambís cubanos fueron presentados como luchadores por la libertad y los españoles como bestias sedientas de sangre. En ese contexto, el secretario de la Armada Teddy Roosevelt mandó a La Habana al crucero acorazado Maine “para cuidar los intereses norteamericanos”.

El Maine tenía apenas tres años de uso, pero ya era anticuado. Estados Unidos todavía no era la potencia industrial que sería pocos años después, con lo que necesitaba estampadoras de acero inglesas, que se demoraron en llegar. Entre el diseño del buque y su botadura pasaron casi diez años, justo en un momento de cambio profundo en la tecnología naval. De todos modos, La todavía escasa armada de EE.UU. lo tenía como una pieza fundamental y para su misión en Cuba bastaba y sobraba. Después de todo, se trataba de intimidar a los locales y el Maine era más fuerte que cualquier cosa con bandera española.

A las 21.40 del 15 de febrero de 1898, después de tres meses amarrado en el puerto habanero, el Maine voló por los aires, matando a casi toda su tripulación que dormía a bordo. Hubo 260 muertos y 89 sobrevivientes, que se salvaron más que nada porque la explosión fue a proa, donde se guardaba carbón y munición, y donde dormía la mayoría de la tripulación. Todavía hoy se discute qué pasó esa noche terrible, con estudiosos afirmando que efectivamente alguien atacó el barco –con una mina o un torpedo– o se trató de un fuego espontáneo causado por el tipo de carbón bituminoso que usaba la nave, muy inestable. Pero la prensa amarilla no lo dudó: habían sido los españoles y tenían que pagarlo. Poco después, Cuba, Puerto Rico y las Filipinas ganaban su “libertad” a manos norteamericanas.

La experiencia resultó tan positiva que se repitió en 1964, cuando el gobierno de Lyndon Johnson andaba buscando cómo vencer la resistencia interna para entrar de lleno en Vietnam. En ese momento todavía se podía negociar y la guerra entre el norte y el sur era más civil que otra cosa. El luego famoso Incidente del Golfo de Tonkín le arregló las cosas al presidente, que hasta logró que el Congreso abandonara su reluctancia y aprobara, por voto cantado, la teoría del dominó, aceptando que toda “agresión comunista” era causa suficiente para una intervención de Estados Unidos.

El incidente en sí ocurrió el 2 de agosto de 1964, cuando el buque de guerra liviano Maddox realizaba tareas de inteligencia electrónica cerca de las aguas territoriales de Vietnam del Norte. El Maddox era una de las naves asignadas a la operación Desoto, que interceptaba y analizaba las comunicaciones radiales vietnamitas, mapeando posiciones y equipos. El recorrido del Maddox por la costa norte de Vietnam había comenzado el 31 de julio, y cada día torpederas vietnamitas lo habían seguido. Pero el dos de agosto, tres torpederas P4, apenas más que lanchas armadas, convergieron sobre la nave americana y su comandante ordenó disparar tres cañonazos de advertencia. Los vietnamitas contestaron el fuego con torpedos y ametralladoras, un combate de pocos minutos que terminó con una torpederas seriamente dañada y bajas. El único daño que informaron los norteamericanos fue un agujero de bala en la obra muerta del Maddox.

Pero el entonces secretario de Defensa Robert McNamara no le contó esta secuencia de eventos a su presidente, sino que le informó que los vietnamitas habían abierto fuego directamente. Como admitió años después, McNamara prefirió mentirle a Johnson para “ayudarlo a decidirse”. Lo mismo ocurrió dos días después con el segundo “incidente”, cuando el Maddox abrió fuego “de radar” contra varios blancos que se acercaban en el mismo Golfo de Tonkín. Fuego de radar es una expresión que indica que uno no ve el blanco, debido al clima o a que está por abajo del horizonte, pero que puede atacarlo por detección electrónica. En este caso, todo indica, incluyendo los mismos informes de la Armada, que el Maddox no fue atacado. Los contactos de radar eran producto del mal tiempo en la zona. Pero esta segunda “agresión” sirvió para convencer al Congreso de que el peligro comunista era tan tangible como en Corea, lo que permitió enviar tropas en serio a Vietnam. Once años y muchísimos muertos después, Estados Unidos se retiraba derrotado del sudeste asiático. 

La herramienta del incidente naval, parece, se guardó en un archivo para uso futuro. Un problema es que en la época del Maine casi no había cámaras y las andanzas del Maddox fueron en el mar, lejos de ojos indiscretos. Esta vez, el gobierno de Trump tuvo que acercar un videíto de baja definición en blanco y negro, tomado desde un dron, que muestra una lancha iraní haciendo algo junto al enorme casco del petrolero japonés. Según los iraníes, sus marinos estaban retirando una mina magnética, salvando de hecho el buque. Según Washington, eso prueba que Teherán estuvo involucrado en el ataque. Con lo que la ambigüedad queda a salvo.

 

Publicado enInternacional
Viernes, 14 Junio 2019 08:37

Un capricho estadounidense

Walter Tello, detalle (Cortesía del autor)

Un Estado que, sin un motivo real, denuncia un acuerdo internacional de desarme que negoció durante largo tiempo, ¿puede luego amenazar con agresión militar a otro Estado signatario?, ¿puede ordenar a los otros países que lo sigan en sus posiciones caprichosas y belicosas porque de no hacerlo también ellos padecerán sanciones desmesuradas? Cuando se trata de Estados Unidos, la respuesta es “sí”.


De modo que es perfectamente inútil perder el tiempo estudiando las razones invocadas por la Casa Blanca para justificar su escalada contra Irán. Uno se imagina que John Bolton, consejero de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, y Michael Pompeo, secretario de Estado estadounidense, les encomendaron a los diplomáticos y a los servicios de informaciones de la gran potencia una misión que se podría reducir en la siguiente frase: “Busquen pretextos, nosotros nos encargamos de la guerra”.


Las estrategias de siempre


Bolton no carece ni de experiencia ni de perseverancia. En marzo de 2015, cuando su fanatismo a favor de la invasión a Irak disminuyó su influencia, publicó en The New York Times una columna titulada: “Para detener la bomba iraní hay que bombardear Irán”. Tras haber aseverado que Teherán jamás negociaría el fin de su programa nuclear, concluía: “Estados Unidos podría efectuar un trabajo cuidadoso de destrucción, pero sólo Israel puede hacer lo que sea necesario. […] El objetivo será el cambio de régimen en Teherán” (1).


Tres meses más tarde, un acuerdo nuclear con Irán era firmado por todas las grandes potencias, inclusive Estados Unidos. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, Teherán respeta escrupulosamente sus términos. Sin embargo, Bolton no da el brazo a torcer. En 2018, adelantándose a las posiciones provocadoras del gobierno israelí y de la monarquía saudita, se empeñaba más que nunca en su “cambio de régimen”: “La política oficial de Estados Unidos –escribía– debería ser el fin de la Revolución Islámica iraní antes de su 40 aniversario. Eso lavaría la vergüenza de haber tenido a nuestros diplomáticos retenidos como rehenes durante cuatrocientos cuarenta y cuatro días. Y esos antiguos rehenes podrían cortar la cinta en la inauguración de una nueva embajada en Teherán” (2). El actual presidente de Estados Unidos hizo campaña contra la política de los “cambios de régimen”, es decir, de las guerras de agresión estadounidenses. Por lo tanto, lo peor todavía no es seguro. Pero la paz ha de ser muy frágil si ha de depender de la capacidad de Trump para controlar a los consejeros rabiosos que él nombró. Al asfixiar económicamente a Irán con la ayuda de los capitales y de las grandes empresas occidentales (coercionadas y sometidas), Washington pretende que su embargo obligue a Teherán a capitular. En realidad, Bolton y Pompeo no ignoran que esa misma estratregia de guerra económica fracasó en Corea del Norte y en Cuba. Más bien cuentan con una reacción iraní que luego presentarán, triunfalmente, como una agresión que requiere una “réplica” estadounidense.


Intoxicaciones, falsificaciones, manipulaciones, provocaciones: después de Irak, Libia y Yemen, los neoconservadores ya eligieron a su presa.

 

1. John Bolton, “To stop Iran’s bomb, bomb Iran”, The New York Times, 26-3-15.
2. John Bolton, “Beyond the Iran nuclear deal”, The Wall Street Journal, Nueva York, 15-1-18.

 

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

Publicado enInternacional
Viernes, 14 Junio 2019 06:09

Estallan dos buques cisterna

Estallan dos buques cisterna

Tensión y acusaciones cruzadas en el estrecho de Ormuz

El secretario de Estado de EE.UU. acusó a Irán del ataque y el ministro de Exteriores iraní calificó el hecho de sospechoso.

 

El ataque a dos buques cisterna en el estrecho de Ormuz –entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán– aumentó las tensiones en la región. El incendio, ayer, de las dos naves (una noruega y una japonesa) llega un mes después de un supuesto sabotaje de cuatro barcos en la misma zona. El secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, enseguida acusó a Irán de perpetrar el ataque, mientras que el ministro de exteriores iraní, Mohamad Yavad Zarif, calificó el hecho como sospechoso. A raíz de estos acontecimientos, el precio del petróleo se disparó. 

El primer incidente ocurrió cerca de las 9 de la mañana (hora local) a bordo del “Front Altair”, un buque que pertenece al armador noruego Frontline y que navega con bandera de Islas Marshall, en un punto situado a 25 millas náuticas de Bandar-e Jask, una localidad portuaria del sur de Irán. El barco llevaba un cargamento de etanol de Qatar a Taiwan, según informó la agencia oficial iraní IRNA. “Cuando el barco se incendió, 23 tripulantes saltaron al agua y fueron rescatados por un barco cercano y entregados a una unidad de rescate iraní”, indicó el medio. “Una hora después del primer accidente otro barco se incendió a las 9.50 a 28 millas náuticas del puerto”, agregó IRNA. El “Kokuka Courageous”, un buque cisterna que navegaba con rumbo a Tailandia y posteriormente a Singapur bajo bandera panameña, y que pertenece a la empresa japonesa Kokuka Sangyo, sufrió el incidente a unas 30 millas de Jask. Directivos de la firma nipona dijeron en Japón que la embarcación, que transportaba 25.000 toneladas de metanol, recibió un primer impacto a babor. Los tripulantes intentaron apagar un fuego que se había declarado en la sala de máquinas, pero tras un segundo impacto, también a babor, el capitán dio orden de abandonar el buque y sus 21 tripulantes, de nacionalidad filipina, fueron rescatados por la embarcación iraní.

El secretario de Estado estadounidense acusó a Irán de estar detrás de los presuntos ataques. “La valoración del gobierno de Estados Unidos es que la República Islámica de Irán es responsable de los ataques ocurridos hoy (por ayer) en el golfo de Omán”, sentenció Pompeo en una breve comparecencia ante los medios de comunicación en el Departamento de Estado. 

El responsable de la diplomacia de Estados Unidos justificó, a continuación su acusación: “Por los informes de inteligencia, las armas empleadas, el nivel de conocimiento necesario para ejecutar la operación, los ataques similares contra buques perpetrados por Irán recientemente y el hecho de que ningún grupo rebelde de la zona tiene los recursos para actuar con tal nivel de sofisticación”, aseguró.

El funcionario apuntó, asimismo, que estos son apenas los últimos ejemplos de ataques ejecutados por el gobierno iraní y sus seguidores contra los intereses de Estados Unidos y sus aliados, y a continuación enumeró todas las agresiones sufridas por su país en la región en los últimos meses de las que hace directamente responsable a Irán. Asimismo, Pompeo recordó cómo Teherán amenazó con bloquear el estrecho de Ormuz después de que Washington endureciera el embargo contra el petróleo procedente de Irán. El estrecho es una vía marítima clave por donde transitan a diario cerca de 15 millones de barriles de petróleo y cientos de millones de dólares en otras mercancías. Entonces, el funcionario afirmó que con estos ataques Irán pretende cumplir esa promesa. “Si se los considera como un todo, estos ataques sin provocación previa representan una clara amenaza para la paz y la seguridad, una violación patente de la libertad de navegación y una inaceptable campaña para escalar las tensiones por parte de Irán”, afirmó. Pompeo calificó además de insulto el hecho de que unos de los buques atacados sea japonés, un país que se ha ofrecido a mediar entre Estados Unidos e Irán.

Sin embargo, el canciller iraní hizo hincapié en que el supuesto ataque sucedió mientras el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, estaba reunido con el primer ministro japonés, por lo que calificó al suceso como sospechoso.”Los ataques denunciados contra los petroleros relacionados con Japón ocurrieron mientras el primer ministro Shinzo Abe se reunía con el ayatolá Ali Jameneí para mantener conversaciones extensas y amistosas”, escribió Zarif en su cuenta oficial de Twitter. Por ello, y teniendo en cuenta que algunos países acusaron a Irán de un incidente similar ocurrido el mes pasado, Zarif agregó que el término sospechoso se queda corto para describir lo que ocurrió ayer por la mañana. Abe comenzó el miércoles una visita histórica de dos días a Irán con el objetivo de rebajar la tensión en Oriente Medio, principalmente entre Teherán y Washington.

El incidente de ayer se produjo en un momento de creciente tensión entre ambos países que ha llevado a la Casa Blanca a esgrimir estos ataques como una de las causas que justifican el aumento de la presencia militar estadounidense en la región y la venta de armamento a Arabia Saudita, una transacción que no cuenta con el respaldo del Congreso de Estados Unidos.

Publicado enInternacional
Viernes, 14 Junio 2019 06:02

Palestina: palabras y resistencia

Palestina: palabras y resistencia

Ilán Pappe y Noam Chomsky –un historiador y un lingüista–, igual que John Berger –escritor– y Norman Finkelstein –politólogo– (véase: Palestina: juego de palabras, bit.ly/2WzaEE4), llegan en el mismo contexto palestino a la idéntica y lacónica conclusión: "las palabras importan".

 

Pappe desenmascarando los mitos de Israel trabaja mucho con palabras (véase: Ten myths about Israel, 2017), buscando su verdadero significado y deconstruyendo diferentes nociones históricas que deforman al presente, p.ej.:

 

  • “que si la Biblia –la máxima, diría yo de paso, referencia en nuestro tema: "en el principio era el Verbo" (Juan 1, 1)– les otorgó la tierra palestina a los judíos, o no” (¡no!) (página 10);

 

  • o "que si en 1948 los palestinos abandonaron voluntariamente su tierra, o no" (¡no!) (página 47).

 

Para Chomsky es pan de cada día.

 

En un libro conjunto enfatizan la importancia de reconquistar el lenguaje y volver a llamar a las cosas por su nombre tratando de –subraya Pappe en uno de sus apartados– frente a los esfuerzos de Israel "que con su neolengua orwelliana oscurece la realidad", “enterrar el viejo diccionario de ilusión y decepción lleno de entradas como ‘proceso de paz’, ‘la única democracia en Medio Oriente’ o ‘nación amante de paz’ (‘cuando Israel habla de paz en realidad está hablando de ocupación’)”, y sustituirlo con un nuevo diccionario teórico en el cual "sionismo es colonialismo", “Israel, un Estado de apartheid” y "Nakba, una limpieza étnica", todo mucho más fácil de hacer “una vez la ‘solución de Dos Estados’ esté finalmente declarada muerta” ( On Palestine, 2016, páginas 14-15).

 

La misma importancia de palabras –y la responsabilidad por ellas– ha de reflejarse en las comparaciones que usamos. Precisas. Históricamente aterrizadas. Así, p.ej.:

 

  • Si bien Israel está sobrexplotando su memoria (véase: N. Finkelstein, The Holocaust industry, 2000 o I. Zertal, Israel’s Holocaust and the politics of nationhood, 2006) no está (por supuesto) “cometiendo un ‘nuevo Holocausto’”, aunque como subraya Pappe sí “un ‘genocidio incremental’ en el gueto –¡otra palabra!– de Gaza” (bit.ly/2lLC3As);

 

  • O si bien, según Zeev Sternhell –historiador y uno de los máximos expertos en fascismo–, Israel (por supuesto) no es "igual (o peor) que los nazis", aunque "el Estado judío con su ideología racial y segregación legal empieza a parecerse cada vez más al Estado ario de Alemania nazi pre-1939" ((bit.ly/2WsdQfY).

 

Curiosamente el neolenguaje orwelliano en Israel –cuyo mejor "portador" es Benjamín Netanyahu, algo que lo une con otros reaccionarios y nacionalistas étnicos como Trump u Orbán– brotó recientemente cuando éste culpó a uno de sus aliados –un bona fide fascista– por el fracaso de formar el nuevo gobierno diciendo que fue porque éste... "es de izquierda" (sic) ((bit.ly/31rqpvz).

 

Así, no extraña que su hijo Yair incurriese en sus propios malabares lingüísticos –y una típica negación colonial (vide: G. Meir)– al tuitear que no existe tal cosa como "Palestina", “ya que ni siquiera hay letra ‘p’ en el alfabeto árabe”; según la misma lógica –como le respondieron algunos– “uno podría decir que no hay tal cosa como ‘pueblo judío’, ya que en el alfabeto hebreo tampoco hay letra ‘j’” (bit.ly/30MRQj5). Si esto suena como una tontedad, no lo es.

 

Es el mismo lenguaje de limpieza étnica y "extraordinaria restructuración lingüística colonial" por parte de Israel que implicó el cambio de nombres de casi todos los pueblos y lugares palestinos a fin de –como recuerda Susan Abulhawa– negar la existencia de la población autóctona (bit.ly/1RyZGkK).

 

Si esto suena como una nimiedad, no lo es. El lenguaje es herramienta de apropiación (piensen p.ej. como humus, tabule o zataar ya son "especialidades de la cocina israelí").

 

Pero las palabras son también un medio de liberación –de allí la importancia del "nuevo diccionario" del que hablan Pappe y Chomsky– y una herramienta de resistencia –"un acto de la recreación de uno mismo", algo a menudo ignorado cuando se habla p.ej. de lo que pasa en Gaza (bit.ly/2Wp22PD )–, hoy la única respuesta posible (bit.ly/2wPbugJ) frente al Deal of the Century trumpiano (a.k.a. "la solución final de la cuestión palestina").

 

Ni siquiera aún publicado, el Deal –el más reciente ejercicio colonial de ir cambiándoles nombres a las cosas y lugares (que por otro lado por fin cancelaría la “ilusión de Dos Estados”...)– dados los calendarios electorales en Israel y Estados Unidos bien podrá nacer muerto o tendrá que cambiar de nombre: Deal of the ‘Next’ Century (bit.ly/2wrT4T7).

 

Sea como fuere. El viejo Uri Avnery, escribiendo de la (casi) imposible situación en la que se encuentra Palestina –desde su óptica mucho más "blanda" que p.ej. la de Pappe, pero igual inherentemente crítica– apuntaba que, a pesar de que los asentamientos ilegales avanzan inexorablemente, los palestinos poseen un arma mucho más poderosa que Israel: la paciencia (bit.ly/2MDLXSk).

 

"Paciencia" será aquí simplemente, supongo, otra palabra para "resistencia". Que igual que otros pueblos árabes, están acostumbrados a esperar – vide: la longue durée de su historia frente a la relativa poca duración de Israel– y aguantar (incluso varias generaciones) hasta que las condiciones cambien y le sean más favorables. Una estrategia –a la larga– muy efectiva. ¡Ojalá! (por cierto: una palabra de raíz árabe).

 

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

 

Twitter: @MaciekWizz

 

Publicado enInternacional
Lunes, 10 Junio 2019 06:07

El “problema”

¿Quiénes somos los que nos vamos? ¿Quiénes somos los que llegamos? ¿Quiénes somos los que regresamos? John Berger escribió que a lo largo del último siglo hubo "más adioses" que nunca antes en la historia humana, y aunque muchos viajan por voluntad propia por trabajo, negocios, turismo, y muchísimos más porque tienen que hacerlo, huyen, son desplazados por fuerzas políticas, económicas y cada vez más, ambientales.

¿Quiénes somos los que nos vamos? ¿Quiénes somos los que llegamos? ¿Quiénes somos los que regresamos? John Berger escribió que a lo largo del último siglo hubo "más adioses" que nunca antes en la historia humana, y aunque muchos viajan por voluntad propia por trabajo, negocios, turismo, y muchísimos más porque tienen que hacerlo, huyen, son desplazados por fuerzas políticas, económicas y cada vez más, ambientales. Nos dicen migrantes, pero eso implica algo en movimiento, muchos ya llegaron a su destino hace años, décadas. Muchos ya se fueron, pero no llegan, están desaparecidos, y otros han llegado pero sólo sueñan con regresar. No pocos sienten que no son de aquí ni de allá.

 

Y dicen que somos "problema".

 

Se habla de los migrantes como algo separado de todo lo demás, como tema aparte, como si fueran un grupo, una categoría de humanos, entre muchos otros. Curiosamente, una de las críticas de opositores a la jugada del bufón peligroso de la Casa Blanca esta última semana fue que mezcló dos temas, el comercio (aranceles) y migración, y que uno, se afirmó, no debería de ser tratado junto con el otro. Pero Trump, sin saberlo, tiene razón. No son temas separados. Las políticas de libre comercio forman parte integral de la política neoliberal durante las últimas cuatro décadas (por lo menos).

 

Opositores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como de su versión hemisférica ALCA (enterrada por los movimientos que llevaron al poder a Chávez, Morales, Mujica, Correa, Lula, Kirchner, algo que no les perdonan) llamaban a esos acuerdos "candados de las reformas neoliberales". Múltiples investigaciones a lo largo de las últimas cuatro décadas han documentado la relación entre estas reformas con la expulsión masiva de seres humanos de sus tierras junto con la pérdida de la soberanía en su esencia (autosuficiencia y control de alimentos, recursos naturales, etcétera).

 

Algunos proponen que el "desarrollo" es la respuesta integral al "problema". Los promotores del TLC junto con varias otras iniciativas para incentivar la inversión "productiva" prometieron justo eso. Según sus libros de texto sobre economía, el libre comercio resolvería de una vez por todas la migración y nos bañaría de prosperidad, una invitación VIP al primer mundo. Están a la vista los resultados.

 

Ahora, la retórica trumpesca de que él hará "respetar las fronteras" de su país, justificación para su amenaza arancelaria durante la semana pasada como del muro y más, debería sólo provocar risa triste por todo este hemisferio ante el hecho de que Washington y Wall Street jamás han contemplado tal principio en otros países. Toda esa historia, incluyendo la imposición de los modelos económicos, no puede ser separada, sólo porque conviene, del tema migratorio.

 

Muchos de los que llegaron a este país (como en los europeos) están aquí porque los estadunidenses fueron a sus países primero para intervenir, invadir y saquear. Algunos inmigrantes nos han explicado, medio bromeando medio no, que han llegado aquí para retomar el oro que se robaron de sus países.

 

No se puede entender el éxodo centroamericano sin hablar de la historia estadunidense en esa zona hasta hoy día (Hillary Clinton apoyó el golpe de Estado en Honduras, por ejemplo, y por ende es responsable en parte de la migración que ella después intentó frenar, sobre todo el de los menores de edad).

 

Hablando de actos criminales, investigaciones recientes han comprobado que, al contrario de la acusación xenófoba de Trump, de que los "invasores" son criminales, los inmigrantes, y aun más los indocumentados cometen muchos menos delitos que los ciudadanos. Y resulta que ese mismo ciudadano que repetidamente acusa a los inmigrantes de ser delincuentes, es el mismo que está bajo múltiples investigaciones criminales federales acusado de diversos delitos graves (incluido el secuestro y enjaulamiento de niños inmigrantes).

 

¿Quiénes son los verdaderos violadores de soberanías y los criminales reales? ¿Quiénes son el verdadero problema?

Publicado enInternacional