Grupo en la OEA busca abrir la puerta a una intervención armada en Venezuela

Washington. Doce países integrantes del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) votaron ayer en favor de convocar a los cancilleres de las 19 naciones signatarias para que aborden la crisis venezolana, durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), lo que abre la puerta a una intervención armada regional a la república bolvariana, que a su vez consideró "nula" la decisión.

Varios países que no integran el TIAR se pronunciaron contra invocar el tratado. Bolivia se retiró de la sala y México y Uruguay dijeron que el TIAR es inapropiado para responder a una crisis interna como la venezolana. Más aún, México rechazó de forma "rotunda" la propuesta al argumentar: "consideramos que no hay un conflicto armado en el continente que amerite" su aplicación.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, tuiteó que su país "repudia" la infame pretensión de un reducido grupo de gobiernos belicistas de la OEA que pretenden alterar la paz de nuestra patria y la región valiéndose de un írrito instrumento para satisfacer la ansias de Estados Unidos por derrocar al gobierno de Venezuela”.

Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Guatemala, Haití, Honduras, El Salvador, Estados Unidos, Paraguay, República Dominicana y Venezuela, representada por el emisario de la oposición Gustavo Tarre, aprobaron que los cancilleres del TIAR se reúnan durante la segunda mitad de septiembre, sin precisar sitio ni fecha. Trinidad y Tobago, Uruguay, Costa Rica, Panamá y Perú se abstuvieron y Bahamas se ausentó.

El secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, señaló que la convocatoria demuestra que el gobierno de Nicolás Maduro tiene una "influencia desestabilizadora" en la región.

El TIAR prevé opciones que van desde la negociación, la ruptura de relaciones diplomáticas, la suspensión de comunicaciones económicas, de transporte terrestre, marítimo, aéreo, comunicaciones radioeléctricas, radiofónicas y la opción de acciones coercitivas de carácter militar.

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 Imagen del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York la mañana del 11 de septiembre de 2001.Foto Ap

Nueva York. Ayer se conmemoró el 18 aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre, pero aunque los ritos solemnes anuales procedieron aquí y en el Pentágono, imperó la sombra de una Casa Blanca disfuncional que, además de las mentiras cotidianas, ha expulsado ya a un número sin precedente de sus más altos funcionarios desde que Donald Trump empezó su estancia.

El despido, según Trump, o renuncia, según John Bolton, de su asesor de Seguridad Nacional, es el tercero en ese puesto en menos de tres años. También han sido cesados –o huyeron– dos previos asesores de seguridad, dos jefes de gabinete, un secretario de Estado, otro del Tesoro, uno de Defensa, uno de Seguridad Interna, otro de Trabajo, una más de Salud, otro del Interior, un procurador general y un director de la FBI, y otros más de segundo y tercer niveles; por lo menos 51 altos funcionarios en total.

El fin de Bolton no fue sorpresa, y la forma en que se hizo, por tuit, ya no es novedad. Se sabía, como lo declaró el presidente, que había marcadas diferencias de opinión entre los dos, y de la guerra cada vez más abierta entre el famoso bigote blanco y el secretario de Estado Mike Pompeo (quien ayer no lograba ocultar su sonrisa al hablar de su ex contrincante).

Aunque los analistas y observadores se han enfocado mucho en estas diferencias "ideológicas", con Bolton como un halcón tan extremo que el propio Trump bromeaba acerca de que si fuera por decisión de su asesor, "estaríamos en cuatro guerras más" y que él era quien tenía que moderar a Bolton, todo indica que el fin fue por algo más sencillo y común en este régimen: el presidente se hartó de alguien que no estaba de acuerdo en todo lo que el jefe quería.

Ahora el debate es si la ausencia de Bolton cambiará la política exterior de Trump. Se sabía que Bolton favorecía estrategias de “cambio de régimen –incluso a través de invasiones y guerras– en Irán, Venezuela, Cuba, Siria, Corea del Norte y otros lugares. Por su parte, Trump minaba esto con frecuencia, indicando que estaba dispuesto a reunirse con el liderazgo de Irán, por ejemplo, y mantener una relación amistosa con el líder norcoreano.

Trump comentó ayer que "estaba en desacuerdo con la actitud de Bolton sobre Venezuela. Pensé que estaba muy fuera de lugar", reportó Eli Stokols, de Los Angeles Times.

También se sabía anteriormente que Trump estaba irritado y frustrado con el tema de Venezuela porque Bolton y otros le habían asegurado que el gobierno de Nicolás Maduro estaba por caer ante un levantamiento popular y militar interno que nunca se produjo.

Pero estas disputas y desacuerdos sobre política no necesariamente son lo que determinan las decisiones internas de este régimen bajo el manejo errático de Trump. Con un presidente que se proclama como el más inteligente –"un genio muy estable"– que su gabinete, sus asesores, sus generales y los jefes de inteligencia, el fin de Bolton parece ser sólo otra decisión de una percepción de insuficiente lealtad y elogio o por razones de vanidad.

De hecho, esa vanidad se expresa sin falta cada día. Al ofrecer un discurso referente al 11 de septiembre, Trump repitió ayer una afirmación que carece de evidencia y parece ser otra exageración, engaño o mentira, entre las ya más de 10 mil que ha dicho desde que llegó a la Casa Blanca (según conteo del Washington Post). Insistió en que después de que vio el ataque contra las Torres Gemelas desde un edificio en Nueva York, pocos días despues “fui a la zona cero con hombres que trabajan para mí para intentar ayudar de cualquier manera que pudiéramos”. Sin embargo, nadie recuerda su presencia ni que haya ofrecido apoyo alguno.

En este aniversario tampoco se habló mucho de la guerra en Afganistán que se lanzó como "respuesta" a los atentados y que ahora es la más larga de la historia estadunidense, y menos sobre la de Irak y sus secuelas en la región. Más bien, los últimos días han estado repletos de disputas sobre realidades alternativas inventadas por el presidente, o por afirmaciones que preocupan por falta de coherencia.

Tal vez lo más increíble es que los temas que imperan en Washington no fueron el 11 de septiembre ni las guerras o política exterior –hasta lo de Bolton se está desvaneciendo– sino cómo Trump, con un plumón y una serie de declaraciones, insistió en encubrir un error que cometió al afirmar en un tuit que el huracán Dorian podría impactar al estado de Alabama.

Por más de una semana esto ha sido un gran debate, y continúa con la revelación del New York Times, de que el secretario de Comercio Wilbur Ross, bajo instrucciones del jefe del gabinete Mick Mulvaney, amenazó con despedir a funcionarios del Servicio Nacional Meteorológico –el cual está dentro de su secretaría– si no apoyaban la falsa afirmación del presidente.

Ayer, Trump, después de ofrecer su discurso por el 11 de septiembre en el Pentágono, donde recordó con toda la retórica patriótica y superpoderosa a los casi 3 mil que fallecieron ese día y advirtió que su país respondería a un nuevo intento parecido con una fuerza militar "nunca antes utilizada", retomó el tema del huracán.

De regreso en la Casa Blanca, a una pregunta sobre la versión del Times, Trump declaró que él nunca giró instrucciones para amenazar a los encargados del servicio meteorológico y que eso era otro ejemplo de fake news.

Una encuesta de CNN registró ayer que seis de cada 10 estadunidenses opinan que Trump no merece un segundo periodo y 71 por ciento no confía y en la información oficial difundida por la Casa Blanca.

Todo esto marca lo que el propio presidente ha empezado a bautizar como "la Edad de Trump".

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Nicolás Maduro: "Pretenden crear un conflicto con Colombia" 

El presidente Nicolás Maduro finalizó la alocución al frente de la reunión del Consejo de Defensa de la Nación denunciando la existencia de una amenaza y escalada militar contra el país. “Tenemos las pruebas de cómo se pretende crear un falso positivo para crear un conflicto armado entre Colombia y Venezuela”.

La reunión del lunes a la noche se dio luego de un día de alta tensión diplomática. En primer lugar, el ministro de comunicación Jorge Rodríguez, presentó pruebas de cómo fueron falsificados y difundidos a través de la prensa colombiana, en particular la revista Semana, documentos para intentar acusar al gobierno venezolano de colaborar con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el sector de la Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia (FARC) que regresó a la lucha armada.

Luego, en horas de la tarde, tuvo lugar una rueda de prensa del canciller venezolano, Jorge Arreaza, y el Rodríguez, donde fue convocado el cuerpo diplomático acredito en el país, para darles “información precisa de los actos terroristas que desde la República de Colombia se planifican bajo el amparo del gobierno neogranadino”.

Fue en horas de la noche que Maduro se reunió con el Consejo de Defensa de la Nación, donde participaron representantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) en todos sus niveles, de los poderes públicos, y el gabinete nacional.

“He entregado como jefe de Estado al Consejo de Defensa de la Nación la conducción colectiva de esta coyuntura de amenaza real, de violencia, de conflicto armado y de ataque de parte del gobierno guerrerista y criminal de Colombia”, afirmó el mandatario, siguiendo, explicó, el artículo 232 de la Constitución.

Durante la alocución denunció los diferentes actos encubiertos -42 acciones en tres meses, detalló- que se han venido realizando desde el gobierno de Colombia. Una de ellas ha sido y es el intento de “captación de oficiales y suboficiales venezolanos con la intención de atacar el sistema de defensa aéreo y misilítstico venezolano, apoyados por un grupo de venezolanos”.

El presidente venezolano también se refirió a la alerta naranja decretada días atrás y el inicio de los las operaciones fronterizas “Venezuela soberanía y paz” que se llevarán adelante desde este martes 10 de septiembre hasta el 28 del mes.

“A poner a punto todo el sistema de defensa nacional, afinar todos los mecanismos del despliegue de la capacidad militar de nuestro país para poner a punto la defensa terrestre, antiaérea, la defensa integral del territorio nacional”, afirmó Maduro.

De esta manera la tensión entre ambos países alcanzó su punto máximo desde la nueva escalada que inició el 29 de agosto. Ese día un sector de las FARC anunció su regreso a la lucha armada, lo que fue seguido por la acusación del presidente Iván Duque hacia Venezuela al afirmar que el gobierno de Maduro les brindaba apoyo dentro de su territorio.

Dos días después, el 31 de agosto, Jorge Rodríguez había denunciado la detención de quien iba a detonar explosivos en puntos céntricos de Caracas, y la presencia de tres centros de entrenamiento militar en Colombia, cerca de la frontera con Venezuela, donde, explicó, fue entrenado, junto a otras personas, y enviado al país.

No fue la primera vez que el gobierno venezolano denunció la presencia de centros de formación militar en Colombia para atentar contra Venezuela: el caso anterior había sido con el intento de asesinato del presidente Maduro el ocho de agosto del 2018.

El escenario actual se enmarca dentro de una nueva ofensiva en el intento de derrocamiento del presidente Maduro. Las declaraciones han venido en escalada en las últimas semanas, en particular desde el decreto firmado por Donald Trump el 6 de agosto para agudizar el bloqueo económico y financiero, lo que trajo, en consecuencia, la decisión de Maduro de suspender las negociaciones en Barbados.

En ese contexto, y con un cuadro de desmovilización de la oposición a nivel nacional, tomó fuerza la variable Colombia en el esquema de asedio al gobierno venezolano. Iván Duque no se pronunció el lunes acerca de las declaraciones hechas desde el Palacio de Miraflores.

Por último, el lunes también tuvieron lugar tres hechos relevantes. En primer lugar, el informe leído por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, que reiteró su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, a la vez que reconoció el impacto negativo del bloqueo y la violencia opositora.

En segundo lugar, tuvieron lugar las palabras de Elliot Abrams, enviado especial norteamericano para el caso venezolano, quien, desde Bruselas, acusó a la Unión Europea de no tomar mayores sanciones contra el gobierno de Maduro y de ser permisiva con sus dirigentes.

Por último, se supo que la Organización de Estados Americanos -de la cual el gobierno venezolano se retiró- debatirá el próximo miércoles el pedido hecho por el autoproclamado Juan Guaidó de que se active el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, una carta que pone sobre la mesa la posibilidad de conformar una coalición internacional contra Venezuela.

Queda por delante la Asamblea General de Naciones Unidas que tendrá lugar el 27 de este mes, y será un nuevo escenario de la confrontación diplomática. Los tiempos han vuelto a acelerarse.


Colombia-Venezuela, ¿tan sólo tambores de guerra?

Álvaro Verzi Rangel

Estrategia.la

Los analistas venezolanos, colombianos e internacionales coinciden en que ven como muy remota la posibilidad de un enfrentamiento militar entre Colombia y Venezuela, aunque el tono guerrero de algunos altos funcionarios colombianos y el reciente anuncio de Nicolás Maduro de desplegar un sistema de misiles antiaéreos y ordenar ejercicios militares en la frontera, dan lugar a temer por la paz regional.

Las amenazas de guerra no son nuevas en la historia de ambos países, surgidos de la misma raíz de la Gran Colombia. Muchas veces sirvieron para distraer la atención de los problemas internos.

Por un lado sirve para invisibilizar las conversaciones entre gobierno y oposición venezolanos que adelantan con auspicio noruego y por el otro, ocultar el juicio que se le sigue al expresidente colombiano Álvaro Uribe, en momentos en que se larga la campaña electoral para gobernadores y alcaldes,

Funcionarios colombianos tienden a desestimar las capacidades militares de las Fuerzas Armadas Bolivarianas (venezolanas) –sus equipos y armamentos no han recibido mantenimiento ni se adaptan a una confrontación con su vecino del sur y oeste, dicen- y agregan una especulación con tufo a fakenew a la ecuación explosiva: la supuesta alianza de disidencias y guerrillas colombianas con el gobierno de Caracas

A principios de semana, denunciando una «escalada guerrerista» desde el país vecino, Maduro volvió a elevar el tono contra el gobierno del ultraderechista Iván Duque, a quien suele acusar de estar detrás de planes de Estados Unidos para derrocarlo, asesinarlo o desencadenar hechos de violencia en Venezuela.

«En los últimos tres meses se ha intentado desde la inteligencia del gobierno colombiano, captar suboficiales y oficiales venezolanos para afectar el sistema de radares, el sistema de defensa aérea y sus aviones, el sistema defensa antiaérea y el sistema misilístico venezolano», indicó Maduro en una cadena de radio y televisión.

“Colombia no será jamás un país agresor, y si llegáramos a ser agredidos, que Dios quiera que esa hipótesis jamás se produzca, pues sabemos que también tendríamos no solamente nuestra capacidad de defensa sino la reacción de nuestros aliados en la comunidad internacional”, afirmó la vicepresidenta colombiana Marta Lucía Ramírez.

El Gobierno colombiano, reveló Ramírez, busca activar todos los mecanismos a nivel hemisférico para evitar cualquier tipo de agresión armada. “Colombia está activando todos los instrumentos que existen en la región para evitar cualquier tipo de acción militar y cualquier tipo de provocación”, apuntó.

Juan Guaidó, el autoproclamado presidente interino de Venezuela, que cuenta con el apoyo de Estados Unidos, calificó como una “distracción” las acusaciones de Nicolás Maduro sobre Colombia. “La clásica estrategia del enemigo externo, el enemigo interno, el enemigo anterior, antes le echaban la culpa a la Cuarta República, a los bachaqueros, a la guerra económica, ahora la culpa es de un país hermano”, dijo Guaidó, quien reiteró que trabajará de la “mano con el gobierno colombiano” para dar con el paradero de los disidentes de la Farc.

Este último pico de tensión –que trasciende la guerra de micrófonos que tiene varias décadas- comenzó a finales de agosto cuando Duque acusó sin prueba alguna al gobierno venezolano de dar «albergue» y «apoyo» a un grupo disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que, liderado por Iván Márquez, anunció su rearme.

En respuesta, Maduro decretó una alerta en la frontera común de 2.200 kilómetros y convocó ejercicios castrenses en esa zona entre el 10 y el 28 de septiembre, y el despliegue de un sistema de misiles terrestres y antiaéreos. Asimismo, acusó a Colombia de estar armando y entrenando paramilitares para llevar a cabo en Venezuela atentados contra altos personajes de su entorno.

Duque, acosado por una grave crisis económica, ética y social, bajó el tono y descartó una intervención militar en Venezuela asegurando que «Colombia no agrede a nadie».

‘Guerra’ fue una de las palabras que más se repitió en los medios hegemónicos de comunicación colombiana esta semana, mientras la paz y la esperanza continúan siendo reiterativas en los discursos del pueblo. Las organizaciones sociales, sectores y comunidades no han dejado de preguntarse por la construcción de la paz en los territorios.

Han pasado casi tres años desde que las Farc-EP y el gobierno firmaron en La Habana el Acuerdo de Paz, pero la realidad diaria en las regiones y las ciudades es preocupante: miltarización, persecusión, estigmatización, y hostigamiento continuo; el asesinato sistemático de líderes sociales, la incursión de proyectos extractivistas que atentan contra la naturaleza y las comunidades, el incremento del índice de desempleo; el desplazamiento, tanto al interior del país como hacia el exterior.

Alberto Castilla, senador colombiano de la bancada alternativa, señaló que la diferencia entre la paz que plantea la burguesía y la que planean las comunidades es de carácter estructural; para éstas la paz no se limita a la entrega de las armas o a los Acuerdos logrados con las insurgencias.

“Está bien que haya una negociación del conflicto armado, pero no dejar reducido el concepto de paz a esa situación, sino generar todo lo que signifique mejores condiciones para la población colombiana y ahí si podríamos tener el concepto de paz”, aseguró Castilla. Todo ello, junto al incumplimiento del Acuerdo de Paz, son algunos de los elementos que evidencian que el silencio de los fusiles no es equivalente a la paz.

Las especulaciones guerreristas

La revista colombiana Semana, especuló que Maduro estaría instrumentalizando a estos grupos insurgentes para desestabilizar al gobierno colombiano y estos estarían suministrando información de inteligencia sobre posibles blancos, en especial estructuras energéticas y de seguridad colombianos.

La revista afirmó, en base a supuestos documentos secretos de inteligencia, que el gobierno venezolano tiene las coordenadas y la descripción de decenas de edificios claves para Colombia, incluyendo sedes gubernamentales, militares e infraestructura civil. En los documentos -titulados “Zamora” y “Centauro negro”-, las fuerzas militares del venezolanas diseñaban un plan de defensa ante una supuesta invasión imperialista de Estados Unidos desde Colombia, dice Semana.

Rubén Sánchez, profesor de ciencias políticas y gobierno de la colombiana Universidad del Rosario, descarta completamente ese escenario “porque el problema que tiene Maduro es interno, con su país, su población, la oposición. Además tiene unos aliados que no le pueden ayudar: Rusia está lejos y a China no le interesa. Viendo las condiciones objetivas sería una estupidez”, dijo al diario bogotano El Tiempo.

La analista venezolana Collete Capriles disiente con los colombianos y alerta que el ejército venezolano tiene gran poder de fuego: “ Es muy “respetable” militarmente, como lo reconoció el jefe del Comando Sur hace unas semanas”, dijo, tras reseñar que las declaraciones de ambas partes han ido más bien en la dirección de bajar la tensión.

Capriles también analiza el lado colombiano, dentro de la polarización política que vive el país: estos tambores de guerra “benefician a quienes no quieren una solución negociada a la crisis venezolana. Al menos son esos grupos lo que con más alegría abrazan la hipótesis bélica».

Desde la oposición antichavista se señala que Maduro no tiene cómo sostener una guerra porque no tiene logística, no tiene recursos financieros, y su población está carente de lo más elemental, sobre todo en la frontera. “Todo esto forma parte de la típica reacción chavista de ‘huir hacia adelante’ para hacer creer que están dispuestos a todo, pero en el fondo están pidiendo a Dios que no los tomen en serio”, apuntó Luis Salamanca, docente de la Universidad Central de Venezuela.

Por su parte, el dirigente chavista Pedro Carreño señaló que “Colombia, cual Caín de América, queriendo matar a sus hermanos, se ha prestado para constituirse en un portaaviones de Estados Unidos, de manera tal que desde allí se avance en ataques directos hacia Venezuela”. “Hay que aclarar que aquí hay un plan perverso, criminal y macabro para satanizar, estigmatizar y criminalizar al pueblo y al gobierno de manera tal de generar visiones subjetivas para una escalada de agresiones que termine con el control total de nuestro territorio”, agregó.

La prensa bogotana especula sobre un apoyo ruso al gobierno de Caracas y señala que la guerra híbrida no necesariamente emplea aviones de combate polivalente Sukhoi SU-30 o tanques pesados T-72, sino que se vale de nuevas formas de tecnología y de patrones de relacionamiento sociales, actuando en los espacios radioeléctrico y digital, buscando aliados en el país objetivo, y explotando sus contradicciones y conflictos sociopolíticos.

Mientras, embajadores de la Unión Europea instaron al gobierno de Nicolás Maduro y al jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, a que regresen al diálogo impulsado por Noruega para poner fin a la profunda crisis que encara Venezuela. Tras un encuentro del cuerpo diplomático con Guaidó, el embajador de Francia en Caracas, Romain Nadal, señaló que «hay que negociar, discutir y reanudar el proceso de Oslo, de la mediación de Noruega».

¿Serán tan sólo tambores de guerra haciendo ruido para invisibilizar la realidad? En eso, los medios hegemónicos colombianos y las agencias noticiosas internacionales que difunden estas especies, tienen un largo historial de azuzar conflictos en su prédica de terrorismo mediático.

 Por Álvaro Verzi Rangel es Sociólogo venezolano, Codirector del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Trump destituye al halcón Bolton mientras busca el diálogo con Irán

El presidente anuncia en Twitter el cese de su tercer consejero de Seguridad en menos de tres años por discrepancias en el acercamiento a regímenes como el iraní o el norcoreano

 

Por su cuenta de Twitter, sin advertir a miembros de su Gabinete y con trifulca mediante, Donald Trump anunció este martes la marcha del consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, la tercera baja de ese crítico puesto desde que comenzó la presidencia del magnate neoyorquino. El presidente explicó que discrepaba de buena parte de las propuestas de Bolton, un veterano halcón de la era George W. Bush muy crítico con los intentos de diálogo con Irán y Corea del Norte, y por eso había pedido su renuncia. El cesado en cuestión replicó que él había ofrecido su dimisión sin que se la pidieran.

La de Bolton fue una de esas marchas accidentadas de la era Trump. Sobre las 11 de la mañana (las 17.00 en la España peninsular), la Casa Blanca actualizó su agenda para convocar una rueda de prensa del consejero de Seguridad Nacional junto al secretario de Estado, Mike Pompeo, y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, un plantel que hacía prever algún anuncio relevante. La noticia del día, sin embargo, la iba a proporcionar Trump tan solo una hora después, cuando anunció la marcha de uno de ellos. Que una hora antes de la comunicación se organizase un encuentro con la prensa da idea del escaso conocimiento que había sobre este movimiento al más alto nivel.

“Informé a John Bolton anoche de que ya no necesitamos sus servicios en la Casa Blanca. Discrepaba en gran medida de muchas sugerencias, igual que otros en la Administración, así que le pedí su dimisión y me la dio esta mañana. Agradezco mucho a John su servicio, nombraré a un nuevo consejero de Seguridad Nacional la próxima semana”, escribió el presidente. Bolton, también a través de su cuenta de Twitter, daría una versión diferente, minutos después, al sostener que él mismo había ofrecido su renuncia por la noche y que Trump le pidió que siguieran hablando al día siguiente. Tras meditarlo, entregó la renuncia este martes.

Las discrepancias entre ambos, en fin, han llegado hasta el último día, sobre el relato de lo ocurrido con la baja. La comparecencia de prensa de Pompeo y Mnuchin tuvo lugar igualmente, pero la conversación giró en torno a la renuncia y el jefe de la diplomacia estadounidense confirmó que, en efecto, él también estaba en desacuerdo con Bolton “en muchas ocasiones”.

La apertura de la Administración a buscar entendimiento con los talibanes, con Corea del Norte e incluso con Irán —Trump no descarta reunirse en breve con Hasan Rohaní— puede suponer un cortocircuito para un halcón conservador tradicional como Bolton, que se ha distinguido precisamente a lo largo de su carrera por el discurso de fuego contra estos países. Gran adalid de la invasión de Irak en 2003, defensor de ataques preventivos contra Pyongyang, su llegada a la Administración en marzo de 2018 supuso el retorno del ardor guerrero a la Casa Blanca que, en teoría, iba a consagrarse a la filosofía del “América, primero”. "Yo calmo a John, lo que es bastante increíble", llegó a bromear Trump el pasado mayo.

Los focos de conflicto eran múltiples. El más reciente tuvo lugar con la cumbre secreta que Trump pensaba mantener en Camp David con los líderes talibanes para firmar un acuerdo de paz en Afganistán, y que finalmente fue cancelada, a tan solo unos días del 18º aniversario de los atentados del 11-S, que motivaron la invasión. Acabar una guerra en la que EE UU lleva atrapado 18 años supondría una gran victoria política de cara a la reelección de Trump, pero Bolton consideraba que podría retirar las tropas igualmente sin retratarse junto a los talibanes.

Muchas veces, además, la diferencia de opiniones era pública, como con el caso de Corea del Norte. El consejero criticó con dureza unas pruebas nucleares a las que Trump quitó hierro y, como era un clamor en Washington, se llevaba las manos a la cabeza con las palabras cálidas del republicano hacia Kim Jong-un. También, según fuentes citadas por la prensa nacional, defendía el bombardeo en represalia contra Irán que el presidente asegura que frenó el pasado mes de junio, en el último momento, para evitar 150 muertes. En el caso de Venezuela, usó un lenguaje especialmente duro —advirtió a Nicolás Maduro con Guantánamo, por ejemplo— y, además, deslizó de forma más o menos intencionadas amenazas bélicas: a finales de enero compareció ante la prensa con un blog de notas sin tapa, dejando expuesta la parte escrita hacia el público, con una anotación que decía: “Afganistán. Conversaciones bienvenidas. 5.000 soldados a Colombia”.

Bolton sustituyó como consejero de Seguridad Nacional al general H. R. McMaster, quien a su vez había asumido como relevo imprevisto del general Michael Flynn al poco de echar andar la Administración del magnate neoyorquino, en enero de 2017. Cuando el escándalo de la trama rusa estalló, la prensa reveló que había mantenido contactos polémicos con el Kremlin y que había mentido al Gobierno al respecto. El de la próxima semana será el cuarto consejero de Seguridad Nacional en menos de tres años, contribuyendo a la cascada de bajas que caracteriza la era Trump.

El halcón rendido

YOLANDA MONGE

“Rendirse nunca es una opción”. El título de sus memorias queda hoy empequeñecido a juzgar por cómo el presidente Donald Trump se ha deshecho de él -despidiéndole- y cómo él dice haber salido de la Administración con más bajas de la historia reciente -dimitiendo-.

Cuando John Bolton llegó a la Casa Blanca de Trump lo hizo con las últimas credenciales ganadas, aquellas que le otorgaban el marchamo de belicista en jefe, de adalid de la fracasada invasión de Irak por parte de George Bush hijo. Pero el camino había sido antes largo y constante en su ardor guerrero. Durante las dos décadas anteriores, Bolton se había ganado una trabajada reputación de ser el más firme defensor de la fuerza dentro del Partido Republicano.

Como una declaración de intenciones, lo primero que Bolton colgó en las paredes de su nuevo despacho nada más ser nombrado asesor de Seguridad Nacional fue una copia de la orden ejecutiva de su jefe Trump anulando uno de los logros estrellas de la presidencia de Barack Obama: El acuerdo nuclear de EE UU con Irán, calificado por Bolton como “abominable”.

Nacido en Baltimore en un barrio de clase trabajadora, hijo de un bombero y un ama de casa, Bolton es un neoconservador, un antiguo liberal que respalda una política exterior militarista y de línea dura y que tiene en su agenda la propagación de la democracia en el extranjero.

Bolton estudió con una beca en el último curso de Yale en el que solo se aceptaba a hombres. En sus memorias cuenta que en su época universitaria se sintió “un alienígena” entre tantos jóvenes contrarios a la guerra de Vietnam.

Cuando se graduó, la revolución de Reagan tomaba forma. Bolton se trasladó a Washington con su título en leyes y se sumergió en la causa conservadora que predicaba el actor.

Durante la disputada elección presidencial de 2000, Bolton se instaló en Florida para garantizar que Bush llegaba a la presidencia, lo que le valió el apodo de ser el Atticus Finch del Condado de Palm Beach.

En el pasado, el ya exasesor de seguridad nacional había declarado que el presidente Trump sabía cuáles eran sus ideas y sus intenciones. “Me ha visto opinar en Fox News”, dijo Bolton. “Uno debe de saber de antemano que los puntos de vista del presidente no son siempre los tuyos. Cuando entras en el Gobierno debes de saber que no vas a ganar siempre”, dijo el halcón hoy rendido.

Por Amanda Mars

Washington 11 SEP 2019 - 04:32 COT

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Saeb Erekal

Durante mi visita a Chile en 2015, un buen amigo me llevó a recorrer el monumento a los detenidos de-saparecidos durante la dictadura de Pinochet. Fue un momento de mucha solemnidad. Como palestino, yo también sé muy bien lo que significa tener hermanos y hermanas cuyos cuerpos no han sido devueltos. La emoción poco a poco se transformó en un mayor entendimiento de Latinoamérica y su respeto al derecho internacional y, particularmente, el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es una forma de decir "nunca más". ¿Para qué podría existir el derecho, sino para dar garantías de igualdad a todos, incluidos los más débiles?

Pero la historia también está marcada por sectores que no consideran el derecho como un valor, tampoco la igualdad, sino que ambos se transforman para ellos en una amenaza. Son quienes consideran que el poderoso puede constantemente humillar al débil, y es algo que se da en varios aspectos de la vida, desde las diferencias económicas a las diferencias sociales. Si la política exterior de cada país es una extensión de su política local, entonces no debe sorprender la decisión del presidente hondureño de, en violación flagrante de sus obligaciones bajo el derecho internacional y particularmente de la resolución 478 del Consejo de Seguridad, reconocer a Jerusalén como capital de Israel.

Son las consecuencias de la era Trump, donde el presidente estadunidense ha levantado a un puñado de populistas de derechas a nivel mundial quienes, de forma consciente o inconsciente, contribuyen a desbancar el sistema internacional. Eso es lo que ha estado haciendo Estados Unidos a través no sólo de sus ataques contra importantes tratados y organizaciones internacionales, como el protocolo medioambiental de París, la Unesco y el Consejo de Derechos Humanos, sino también en contra de principios básicos del derecho internacional. En efecto, reconocer a Jerusalén como capital de Israel –tal como el reconocimiento de las Alturas del Golán, pertenecientes a Siria, como parte de Israel– es un intento de normalizar la adquisición de territorio por la vía armada, una violación flagrante a uno de los principios básicos del derecho internacional humanitario.

Los objetivos cortoplacistas de aquellos populistas se oponen al interés de avanzar en la seguridad y paz mundial, de la misma forma que contribuyen a sentar precedentes tremendamente negativos para el futuro de la humanidad. En Palestina hemos sido víctimas de la falta de implementación de las resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional, pero eso no quiere decir que el problema sea el derecho, sino la voluntad política para implementar sus principios. Esa misma falta de voluntad que permitió que el Apartheid en Sudáfrica se mantuviese por décadas.

La decisión de Honduras, quien junto con Guatemala se ha querido transformar en paladín de Estados Unidos en Centroamérica reconociendo a Jerusalén como capital de Israel, a pesar de que ambos países han sido llamados shithole countries o "países de porquería" por el presidente Trump, refleja una triste y peligrosa realidad en política internacional: quienes no dan valor al derecho simplemente no dan valor al principio básico que debe guiar las relaciones entre los países: el respeto.

La mentalidad clientelista de quienes justifican al presidente hondureño señalando que a cambio Honduras va a recibir "cooperación" por parte de Israel, no sólo se olvidan de la clase de "cooperación" entregada por Israel a las dictaduras latinoamericanas, sino que simplemente entregan el mensaje de que su política exterior está a la venta. Claramente la política exterior está basada en intereses, pero también en balances. Los intereses, tanto comerciales como de cooperación y políticos, y los principios básicos del derecho internacional, deben ir aliados de forma tal que las relaciones internacionales se transformen en un vehículo que propague la paz y no –como en este caso– un instrumento de un líder populista para acercarse irresponsablemente a esos mismos poderosos que, en el pasado, ya han mostrado el poco valor que asignan a sus relaciones bilaterales.

Latinoamérica sigue representando para Palestina un bloque natural de apoyo. Sus identidades y experiencias entienden la importancia del derecho internacional, particularmente del derecho a la autodeterminación. Al mismo tiempo que, en conjunto con nuestros aliados y particularmente con los miembros de la Liga Árabe, revaluaremos las relaciones como bloque con Honduras, también impulsaremos nuestras relaciones con el resto de la región. La causa de Palestina sigue siendo una causa universal por el respeto de la libertad y la justicia, algo que sin importar lo que haga Trump y sus amigos populistas, no cambiará la identidad de Latinoamérica en defensa de esos mismos valores, ni tampoco la realidad de Jerusalén como ciudad ocupada, ni el derecho de Palestina a existir libre y soberana.

* Secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina y jefe negociador palestino.

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 Un día después de la reunión del G-7, el presidente Emmanuel Macron proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente".Foto Afp

Por segunda vez en una cumbre del G-7 Trump trajo a colación la necesidad de reincorporar a Rusia al viejo esquema del G-8.

Días antes del G-7, el presidente galo Macron aceptó un quid pro quo, según The Globalist (http://bit.ly/2NDgTRK), con Trump: reinserción de Rusia al G-8 a cambio de la dilución de las sanciones a Irán, cuyo canciller Javad Zarif se presentó en forma espectacular en Biarritz, al margen del G-7.

Después del histórico discurso de Macron, un día después del G-7, donde proclamó el "fin de la hegemonía de Occidente" y reclamó la reconciliación de Europa con Rusia (http://bit.ly/2MSJMtg), el retorno de Moscú al G-8 no entusiasma al Kremlin.

La reconversión dramática de Macron, anterior funcionario de los banqueros globalistas Rothschild, y su resurrección "humanista" y cultural/civilizatoria, entiende la dinámica geoestratégica del ascenso de Rusia/China/India.

Macron, asustado por la revuelta rural de los chalecos amarillos, captó que el fallido neoliberalismo trastoca el orden político local/regional/global.

El zar Vlady Putin, quien se ha consagrado como un estupendo geoestratega, va más lejos que Trump y Macron y propuso en el V Foro Económico Oriental de Vladivostok, un G-10 con China e India, y quizá hasta un G-11 con Turquía (http://bit.ly/2zYYGWM).

El discurso de Macron llega con un atraso de 12 años al parteaguas de la disertación de Putin que marcó la nueva era global en la Conferencia de Seguridad en Múnich de 2007, que no asimiló el entonces presidente galo Sarkozy (http://bit.ly/2zWIHIq).

Ahora en Vladivostok, Putin recalcó en forma muy elegante que "el liderazgo de Occidente toca a su fin", dándole "crédito" a su homólogo francés.

Putin, dueño de la situación, comentó que no puede "imaginar que una organización internacional sea eficaz sin la participación de India y China".

Putin adujo que el formato del G-7 no se encuentra a la altura para resolver los temas globales. Le asiste la razón cuando se mide el PIB por su poder adquisitivo: China ya desplazó a EU del primer lugar e India –que se acaba de lucir como el cuarto país en alcanzar la luna, después de EU, Rusia y China (http://bit.ly/2UBANxF )– ya lo hizo con Japón en el tercer lugar (http://bit.ly/2AvMnSd).

Según el influyente portal Sputnik, Putin "abogó por incluir a Turquía en un formato más amplio similar al G-7": ahora “Turquía tras adquirir los sistemas rusos S-400 está bien protegida desde el cielo, por tanto su trabajo (…) en el semejante formato podría ser solicitado y apropiado, tomando en consideración su papel en los asuntos internacionales y en la región”.

A la pregunta de si Rusia participaría en la cumbre del G-7 el año entrante en Miami –en lo que ha insistido mucho Trump–, Putin comentó que los líderes del G-7 deberían antes viajar a Rusia donde la cumbre del entonces G-8 debió celebrarse en 2014, antes de la expulsión de Moscú por el contencioso de Crimea.

No dudo que EU, Francia, Italia y Japón –cuatro del G-7– acudan a Moscú. Estuve a punto de escribir a Canossa: la humillación en 1077 del emperador excomulgado Enrique IV ante el Papa Gregorio VII.

Quedarían pendientes las confirmaciones muy negociables de Gran Bretaña y Canadá, y la postura dubitativa de Alemania.

Queda claro que el zar Vlady Putin acepta un G-8, pero en Moscú y bajo sus condiciones: quizá invitando como "observadores", en un inicio, a China, India y Turquía ( http://bit.ly/2zWWVct), lo cual en su conjunto lo entronizarían como el supremo jugador geoestratégico del siglo XXI con sus múltiples vectores euroasiáticos que forman parte del esquema geoestratégico del ideólogo ruso Alexander Dugin y su Cuarta Teoría Política (http://bit.ly/2zW6tEr).

El G-7 ya feneció y el G-8 es resucitado bajo los auspicios de Rusia que busca llevarlo a un G-10 o quizá un G-11 (con Turquía, si no existen demasiadas reticencias "europeas") que significaría el asentamiento de un nuevo orden eminentemente multipolar.

Es curioso que las cuatro superpotencias que han alcanzado la luna sean las que definan el nuevo orden global del siglo XXI.

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Trump cancela unas negociaciones de paz secretas con los talibanes

El presidente de EE UU anuncia en Twitter que no se puede fiar de quien ha matado a 12 inocentes en un atentado en Kabul

 

A través de su cuenta de Twitter, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado este sábado que ha cancelado las negociaciones de paz con los talibanes, después de que el grupo insurgente haya admitido estar detrás de un atentado en Kabul que acabó con la vida de un soldado estadounidense y otras 11 personas. “Sin que casi nadie lo supiera, los principales líderes talibán y, por separado, el presidente de Afganistán, iban a reunirse conmigo en secreto este domingo en Camp David. Llegaban esta noche a Estados Unidos”, informaba el presidente con un tuit esta noche. El mandatario explica a continuación que después de que sus invitados admitiesen que estaban detrás del ataque en Kabul que mató “a uno de nuestros grandes soldados y a otras 11 personas", decidió cancelar "inmediatamente la reunión y las negociaciones de paz”.

“¿Qué clase de gente mataría a tantas personas para aparentemente fortalecer su posición de negociación?”, se pregunta el presidente. “Así no lo han conseguido, ¡sólo han empeorado la situación! Si no pueden acordar un alto el fuego durante estas importantes conversaciones de paz, e incluso han sido capaces de matar a 12 personas inocentes, entonces probablemente no tengan el poder necesario para negociar un acuerdo significativo”, prosigue Trump, que finaliza preguntándose: “¿Cuántas décadas más están dispuestos a luchar?”.

Recientemente los talibanes han lanzado una ofensiva contra la capital de la provincia de Kunduz y han perpetrado dos atentados suicidas en Kabul, uno de los cuales se cobró la vida de un sargento del Ejército estadounidense. Con este ya son 16 los militares de EE UU muertos en Afganistán este año.

El borrador de este acuerdo de paz incluía la retirada de miles de militares estadounidenses a cambio de garantías de que Afganistán no se convertirá en refugio de Al Qaeda, el Estado Islámico o cualquier otra organización que pueda atacar a Estados Unidos y sus aliados. Tras la espantada de Trump, ahora no está claro en qué situación queda la negociación para acabar con la guerra más larga jamás mantenida por EE UU y el retorno de las fuerzas estadounidenses. Según informa el diario The Washington Post, esta cumbre secreta habría supuesto un paso hacia la ratificación de un acuerdo entre Washington y los talibanes que llevaba meses negociándose.

Por Yolanda Monge

Washington 7 SEP 2019 - 21:46 COT

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EEUU ahoga a Cuba con más sanciones económicas por apoyar a Venezuela

Estados Unidos ha reforzado este viernes el régimen de sanciones contra Cuba, aumentando las restricciones sobre las remesas y eliminando la exención sobre ciertas transacciones, con el fin de "aislar financieramente" a la isla caribeña.

"Estamos dando pasos adicionales para aislar financieramente al régimen cubano", ha dicho el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que ha señalado como motivos "la opresión al pueblo cubano y el apoyo a otras dictaduras de la región, como el ilegítimo régimen de (Nicolás) Maduro" en Venezuela.

En concreto, el Tesoro ha limitado a mil dólares trimestrales el dinero que se puede enviar desde Estados Unidos a un nacional cubano, mientras que ha prohibido directamente el envío de remesas a familiares cercanos de dirigentes cubanos.

Como contrapartida, ha autorizado las remisas a "ciertos individuos y ONG independientes de Cuba" para "apoyar la actividad económica en el sector privado".

También ha prohibido a las entidades bancarias bajo jurisdicción estadounidense que efectúen transferencias de dinero con origen y destino fuera de Estados Unidos, conocidas como U-turn.

"Mediante estas enmiendas reguladoras, el Tesoro está negando a Cuba el acceso a divisas fuertes y frenando el mal comportamiento del Gobierno cubano", ha destacado Mnuchin.

El Tesoro ha incidido en que estas acciones sancionadoras se enmarcan en la decisión del presidente, Donald Trump, de poner fin al histórico diálogo con Cuba iniciado por su antecesor inmediato en el cargo, Barack Obama, en 2014.

06/09/2019 18:43 Actualizado: 06/09/2019 18:46

reuters

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¿Estamos frente a una guerra entre Colombia y Venezuela?

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, decretó la alerta naranja por la amenaza de guerra desde Colombia y anunció que habrá ejercicios militares en todo el eje de frontera. ¿Puede darse una guerra entre ambos países? ¿O acaso la guerra comenzó años atrás y nadie lo anunció?

El factor Colombia siempre regresa en la agenda del conflicto venezolano. La última noticia fue la alerta naranja dada por el presidente Nicolás Maduro este martes 3 de septiembre ante la amenaza de agresión hacia Venezuela. Acusó a su par colombiano, Iván Duque, de querer crear una "serie de falsos positivos" para desencadenar la guerra y declaró que realizarán ejercicios militares del 10 al 18 de septiembre en todo el eje fronterizo con Colombia.

Sus palabras se dieron luego de dos hechos centrales. Por un lado, la denuncia presentada por el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez, de que en el país vecino funcionan tres centros de entrenamiento militar para realizar acciones de desestabilización en Venezuela. Esos espacios existen en Colombia, según Rodríguez, bajo el amparo del Gobierno de Duque y su fuerza política, el Centro Democrático, dirigida por el expresidente Álvaro Uribe.

Por otro lado, la alerta de Maduro se dio ante el recrudecimiento de la matriz, afirmada por el mismo Duque, que sostiene que el Gobierno venezolano daría refugio y posibilidad de desarrollo a quienes lideran el sector de las FARC que regresó a la lucha armada. Ese señalamiento se unió a las repetidas declaraciones del Gobierno colombiano y sus grandes medios aliados que han sostenido que otra de las fuerzas colombianas en armas, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), tendría bases de operaciones en Venezuela.

La escalada de declaraciones ha vuelto a poner la pregunta sobre el centro de la mesa: ¿es posible una guerra entre ambos países? ¿O acaso la guerra ya empezó, nadie la anunció ni se hizo responsable, cambió de máscaras, y ya dejó muertos, incendios y dolor?

Un Estado cedido a otro

"La guerra ya está aquí, pero dicen que ya viene", dice un humorista colombiano que cita la investigadora colombo-venezolana María Fernanda Barreto, quien conversó con Sputnik sobre el panorama actual. Barreto es miembro de la Red internacional de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad. Sus estudios se centran en el análisis de ambas realidades y sus puntos de choque dentro del cuadro de asedio a Venezuela y la guerra interna en Colombia.

Lo primero es, en su análisis, situar el rol que le ha sido asignado a Colombia por Estados Unidos (EEUU): "se convirtió en la principal base militar estadounidense en la región latinoamericana desde el punto de vista militar, económico y político".

Al tener ese rol en la arquitectura continental diseñada por EEUU, el papel que le fue asignado ante la emergencia del proceso chavista en el Gobierno en 1999 en Venezuela fue predecible, según explica.

"Han utilizado tácticas de guerra de aproximación indirecta a través de Colombia y ejecutado una serie de acciones sobre Venezuela, como el sabotaje económico, la invasión paramilitar, una serie de operaciones para desestabilizar la Revolución bolivariana", agrega la investigadora.

El 23 de febrero pasado, tuvo lugar una de esas operaciones de gran envergadura: EEUU buscó un ingreso por la fuerza en Venezuela a través de la frontera colombo-venezolana, presentando el hecho como intento de ayuda humanitaria. El Gobierno colombiano abrió sus puentes internacionales para que actuaran grupos entrenados con el objetivo de escalar la violencia y llegar a un punto de quiebre e ingreso a territorio venezolano.   

Esa acción fue televisada por las grandes agencias de noticias como un montaje cinematográfico que finalmente no logró su objetivo. Paralelamente, se han dado operaciones en otros terrenos de forma continua, muchas veces invisibilizadas por los medios.

La invasión paramilitar

El punto de inicio fue el año 2002, "una vez que EEUU fracasa en apoyar la oposición venezolana en el intento de golpe de Estado en abril del 2002", resalta Barreto. Fue ese año cuando Álvaro Uribe asumió la Presidencia de Colombia y comenzó la estrategia de la invasión silenciosa.

"Comienza ese modelo como un mecanismo para tomar el control político, económico y militar sobre el territorio venezolano, y desde esa fecha hasta ahora esa invasión ha sido sistemática y sostenida", evalúa Barreto.  

El proceso paramilitar en Colombia ha pasado por diferentes etapas desde su creación y expansión. En la actualidad, Barreto lo describe como "un fenómeno de tipo político y económico sumamente imbricado con dos negocios que son lubricantes fundamentales del capitalismo, que son el negocio de la guerra y el del narcotráfico".

Ya no se está ante estructuras definidas como en los inicios: "no se puede hablar de cantidad de personas porque al hablar del fenómeno paramilitar no se sabe cuánta gente hay en las estructuras paramilitares en Colombia, y no se sabe, entre otras cosas, porque hay mucha gente que pertenece a las Fuerzas Armadas que ocasionalmente se involucra en acciones como parte de grupos paramilitares", explica la investigadora.

La analista colombo-venezolana agrega otra variable, como las contratistas militares privadas, involucradas en acciones contra Venezuela "dentro de esa modalidad de guerra irregular".

Esa invasión silenciosa, subterránea, emergió en determinados momentos en años recientes. Uno de ellos fue durante 2017, cuando la derecha, financiada y conducida por EEUU, intentó una nueva escalada violenta para lograr el derrocamiento del Gobierno. En los meses de abril a julio, esas formaciones desarrollaron diferentes ataques en puntos clave del país, desde la frontera con Colombia hasta Caracas. Luego regresaron, en parte, a las sombras, a centros de entrenamiento como los que, por ejemplo, denunció el ministro de Comunicación. 

La guerra

"Colombia es un país en guerra", subraya Barreto. Existe "un conflicto interno social y armado que no ha resuelto en los últimos 60 años, ha tenido momentos de diálogo, de acuerdo, pero el conflicto no ha tenido solución".

A su juicio, el conflicto ha servido para "justificar su industria militar y los negocios relacionados con la guerra, pero el Estado colombiano nunca se ha hecho responsable de la guerra que ha creado y sostenido".

Dentro de ese cuadro resultaba esperable que el Gobierno del Centro Democrático acusara automáticamente al Gobierno venezolano de ser responsable del regreso a las armas de un sector de las FARC, o de la permanencia del ELN.

Las acusaciones contra la Revolución bolivariana son tanto una forma de instalar la justificación de posibles nuevos escenarios bélicos, así como de "externalizar los costos del conflicto social y armado que vive Colombia", analiza Barreto. Ni los empresarios ni el Gobierno asumen responsabilidad acerca de por qué un sector de las FARC regresó a las armas, o por qué no se logró un acuerdo de paz con el ELN.  

¿Puede la guerra, dentro de ese escenario, adquirir su presentación clásica con uniformes y generales identificados? Barreto no descarta la posibilidad de una acción de tipo regular militar sobre Venezuela, pero cree que la mayor probabilidad es que "sigan apostando a aumentar las acciones de tipo irregular sobre el territorio, continuar con la invasión paramilitar y con todos los sabotajes económicos y políticos".

Ese conjunto de operación tiene que ver con la modalidad híbrida de la guerra contra el país que enfrenta un bloqueo económico y financiero impuesto unilateralmente por EEUU. Barreto señala que no se puede hablar de una guerra de Colombia contra Venezuela sin separar los conceptos e intereses.

"El conflicto subyacente es el de clase, y la primera víctima del Estado colombiano es el pueblo colombiano, y ese pueblo en parte es, y debe aprender, que es el mejor aliado del pueblo venezolano", sostiene la investigadora. 

La guerra llegó hace años. Con otras máscaras, discursos, presentaciones, actores. Por momentos realiza sus operaciones de modo sumergido, y en otros, como el pasado 23 de febrero, emerge con luces y cámaras. ¿Qué está por venir? Maduro decretó la alarma naranja y los ejercicios militares para el mes de septiembre. Venezuela vive un asedio ininterrumpido y Colombia es uno de los factores principales de ese conflicto.

22:16 04.09.2019(actualizada a las 22:22 04.09.2019) URL corto

Por Marco Teruggi


Maduro anuncia el despliegue de su sistema de defensa antiaérea en la frontera con Colombia

 

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, informó este miércoles que a partir del próximo 10 de septiembre su país desplegará su sistema misilístico de defensa antiaérea en la frontera con Colombia, un día después de haber declarado una "alerta naranja".

El mandatario aseguró que su homólogo colombiano, Iván Duque, busca una "falso positivo" en el mes de septiembre "para agredir" el territorio venezolano y acudir después a Naciones Unidas "y armar un show político barato a costa de un conflicto armado".

"Ya las tropas están desplegadas y ahora vamos a desplegar el sistema misilístico de defensa antiáerea, de defensa terrestre blindada. Vamos a desplegarla del 10 al 28 de septiembre porque Venezuela se respeta y lo que quiere en Colombia es paz", agregó el Jefe de Estado.

Al mismo tiempo, el presidente denunció que Duque "ha llevado a Colombia nuevamente a una situación de guerra". "La violencia de Colombia que se quede en Colombia, no la queremos aquí", aseveró el mandatario, agregando que "en Venezuela lo que queremos es paz, concordia, trabajo, producción y convivencia".

"Alerta naranja"

El presidente venezolano ordenó este martes a todas sus fuerzas militares realizar ejercicios entre el 10 y el 28 de septiembre en la frontera con Colombia, país que -dijo- representa una "amenaza de agresión".

El jefe de Estado, en medio de un acto con el alto mando militar, ordenó "declarar una alerta naranja frente a la amenaza de agresión de Colombia contra Venezuela" y el despliegue de los ejercicios "en toda la frontera occidental del país", que comprende los estados Zulia, Táchira, Apure y Amazonas.

El Gobierno de Duque "no solo ha metido a Colombia en una guerra que recrudece, sino que ahora pretende un falso positivo para agredir a Venezuela y empezar un conflicto militar en nuestro país", denunció el mandatario.

Escalada de tensiones

La orden del presidente venezolano se da en medio de una escalada de señalamientos entre Bogotá y Caracas, que se agudizó la semana pasada cuando Colombia acusó al Gobierno de Maduro de amparar a la disidencia de las extinta guerrilla de las FARC.

Funcionarios de la Administración de Duque aseguraron incluso que el pronunciamiento del disidente y prófugo de la justicia Iván Márquez se había grabado en territorio venezolano, cuestión que fue negada tajantemente por Caracas.

Entretanto, el pasado domingo, Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación venezolano, presentó "pruebas" de que atentados fallidos contra el país fueron planeados desde suelo colombiano.

"Los 'narcoparagobiernos', como el Gobierno de Álvaro Uribe y el Gobierno de Iván Duque, de manera permanente perpetran, levantan, inventan falsos positivos para promover o justificar agresiones contra países, contra movimientos y contra personas", aseveró Rodríguez.

 

Publicado: 4 sep 2019 23:07 GMT | Última actualización: 5 sep 2019 08:58 GMT

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El presidente francés, Emmanuel Macron, en el Palacio del Elíseo en París.Foto Afp

La inédita Cumbre Trilateral de Seguridad en Jerusalén de sus consejeros securitarios –el ruso Nikolai Patrushev, el estadunidense John Bolton y el israelí Meir Ben-Shabbat–, bajo los auspicios del premier Netanyahu, (en)marca las esferas de influencia en el Gran Medio Oriente que mueve sus fronteras en forma sigilosa.

La decepción de Israel fue patente al no poder convencer a Nikolai Patrushev, de todas las confianzas del zar Vlady Putin, sobre la "malignidad" de Irán –como si Trump y Netanyahu fueran querubines–.

The Times of Israel sintetiza que en la cumbre trilateral "Rusia se puso del lado de Irán contra Israel y EU": Rusia apoyó la postura de Teherán de que el sofisticado drone de EU fue derribado en el espacio aéreo iraní, además de defender los derechos(sic) del ejército persa a permanecer en Siria pese a la oposición israelí (http://bit.ly/2NM3uGY).

El pugnaz Bolton no da una en materia de seguridad, que pone en peligro la relección de Trump, por lo que quizá tenga sus días contados por indeseable piromaníaco.

Los actores de la Cumbre Trilateral de Seguridad de Jerusalén midieron bien sus alcances y llama la atención que Netanyahu haya sido más precavido que el irascible Bolton frente a la postura de Rusia.

En vísperas de las elecciones en Israel, el partido Likud galardona su edificio con tres magnas fotos del saliente premier Netanyahu con Trump, el zarVlady Putin, y el premier indio Narendra Modi. Sólo le faltó la otra foto con el mandarín Xi cuando Israel ha entregado dos de sus tres principales puertos a Pekín para su proyecto de la "ruta de la seda marítima" en el mar Mediterráneo (http://bit.ly/2Tn6f1w).

Otro punto relevante radica en la enorme influencia que tiene el zar Vlady Putin con 25 por ciento de migrantes ruso/ucranianos (dos millones) en Israel: jázaros no-semitas de origen mongol centro-asiático conversos a la religión judía (https://amzn.to/2MTzRDP).

Netanyahu juega las cuatro supremas principales cartas geoestratégicas y falta ver cómo le beneficiarán en las elecciones cuando ha chocado con un sector del complejo-militar-industrial (general Ehud Barak y general Benny Gantz) vinculado a su archienemigo George Soros.

Un mes después de la Cumbre Trilateral securitaria de Jerusalén, Hossein Khanzadi, comandante de las fuerzas navales iraníes, anunció ejercicios militares conjuntos de Moscú y Teherán en el Golfo Pérsico y en el norte del Océano Índico (sic), a finales de año, que Rajab Safarov, director del Centro de Estudios del Irán Moderno, en Moscú, interpretó como "el primer paso para eyectar completamente (sic) a EU de la importante región estratégica del Golfo y así concluir el dominio de EU" (http://bit.ly/2NTFcel).

Aunque Irán había propuesto un Pacto de Seguridad Colectiva en el Golfo Pérsico –rechazado por la dupla anglosajona de EU y Gran Bretaña, al unísono de Israel y sus aliados en el mundo árabe–, Rusia salió al quite con su "Doctrina Rusa" (http://bit.ly/2MTc2fA): un Pacto de Seguridad Colectiva en el Golfo Pérsico (http://bit.ly/2MPqvJz), apoyado por Irán y China (http://bit.ly/2NJbkBf).

Sin contar el asombroso acercamiento del sultán neo-otomano Erdogán con el zar Vlady Putin, el Pentágono señala hoy tres regiones de "competencia estratégica" contra Rusia y China: 1. Indo-Pacífico; 2. Europa y; 3. el Ártico.

La movida de ajedrez de Rusia en el océano Índico, en sus ejercicios navales con Irán, es de alto impacto geoestratégico, mientras las fichas del tablero medio-oriental se mueven en forma acelerada con el supuesto arreglo de los Emiratos Árabes Unidos con Irán para repartirse a Yemen, mientras Israel libra sus cuatro simultáneas "guerras de drones" contra los aliados persas en Damasco/Bagdad/Gaza/Beirut.

Desde el 19 de agosto, en su reunión con el zar Vlady Putin, pasando por el arribo del canciller persa Javad Zarif el 26 de agosto a Biarritz, hasta su notable discurso geoestratégico del 27 de agosto (http://bit.ly/2MSJMtg), Macron salva a EU de su encajonamiento frente a Irán que se aprovecha de la coyuntura y el cronograma de la hipotética relección de Trump.

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