Las sanciones y el despliegue de una flota de bombarderos muestran que más que nunca el gobierno de Trump baraja la opción de una confrontación militar.

La relación entre Estados Unidos e Irán enfrenta uno de sus peores momentos y las condiciones para el despliegue de un conflicto bélico están sobre la mesa. Hace poco más de un año Washington abrió un nuevo frente con Teherán al retirarse del acuerdo nuclear o Plan de Acción Conjunto y Completo (JCPOA, por sus siglas en inglés) que había suscrito su antecesor Barack Obama junto a los gobierno de Francia, Reino Unido, Alemania, Rusia y China. Desde entonces, la potencia del norte lanzó nuevas sanciones para paralizar la economía de Irán y cortar sus exportaciones de petróleo. Pero la reacción iraní no llegó sino hace pocos días cuando el presidente del país islámico, Hasan Rohaní, anunció que quitaría las restricciones a la producción de agua pesada y uranio, incumpliendo de esta manera con parte del acuerdo.


“La posibilidad de una guerra existe hoy más que nunca”, opinó el doctor en Estudios Árabes e Islámicos y docente de la Universidad de Qatar, Luciano Zaccara, a este diario. Hace una semana, Estados Unidos elevó la tensión en el Golfo Pérsico con el envió de una poderosa fuerza militar que incluye los bombarderos B-52 a la base de Al Udaid en Qatar y baterías de misiles Patriot. Según trascendió desde Washington, su actitud responde a presuntos indicios de un ataque iraní en su contra. Irán por su parte niega estar preparando un ataque, pero si está alerta a los movimientos estadounidenses. En palabras de Zaccara, las sanciones de EE.UU. y el despliegue de una flota de bombarderos muestran que hoy más que nunca el gobierno de Trump, o al menos un sector dentro del establishment político, baraja la opción de una confrontación militar directa.


Sin embargo, en sus últimas declaraciones la presidencia iraní dejó en claro que el país persa no tiene ninguna intención de iniciar una guerra contra Estados Unidos. “En estos momentos, Irán está más preocupada por forzar a la Unión Europea para que le garantice la continuidad del acuerdo nuclear JCPOA y de evitar que las exportaciones de petróleo iraní caigan por debajo del 1,5 millones de barriles por día, que de iniciar una contienda que no solo terminaría por romper todos los lazos internacionales, sino que además destruiría por completo la economía del país, y pondría en peligro la continuidad del régimen político vigente”, opinó Zaccara. Irán, continuó el profesor, conoce los límites de sus acciones respecto de Estados Unidos. “La política exterior iraní es mucho más racional de lo que se suele pensar”, opinó.


Pero aún no está claro a qué apunta la maniobra de Estados Unidos. Hay quienes hablan, por ejemplo, de guerra psicológica y de amenazas, al considerar que Washington, bajo el mandato de Trump, no hizo más que replegar sus tropas. Como fue el caso de Siria, de donde el año pasado retiró un ejército de 2.000 hombres, algo similar a lo que hizo en Afganistán. Para Zaccara, Trump no está interesado en involucrarse en una guerra directa, sino más bien en forzar a Irán a renegociar el acuerdo nuclear y dejar así un legado positivo y no una nueva guerra en Medio Oriente. “Y como el consejero de Seguridad, John Bolton, es quien está más interesado en una guerra con Irán, es probable que pueda dejar su puesto en los próximos días”, opinó el doctor en Estudios Árabes e Islámicos.


Julio Burdman, profesor del Seminario de Geopolítica de la Universidad de Buenos Aires, también coincidió en conversación con PáginaI12 que la jugada de Trump apunta a ser sólo una amenaza: “A Donald le gusta la espuma retórica mucho más que el conflicto. Lo vimos en muchos casos ya. De hecho, comienza a recibir críticas por parte de las derechas políticas de los países aliados”, opinó Burdman. Para el analista el movimiento de Estados Unidos pareciera ser disuasivo porque el despliegue que está haciendo en la región, tanto aéreo como terrestre, tendría consecuencias muy costosas para todos los actores en caso ponerse en marcha. Zaccara, por su parte, agregó que el envío del portaviones USS Lincoln corresponde a una maniobra naval planificada desde hace más de un año, por lo que no se puede considerar como una decisión de última hora. El profesor subrayó también que no todos los países de la OTAN que aportan recursos al USS Lincoln están alineados con la política exterior estadounidense. Ese es el caso por ejemplo de España que decidió retirar su buque del grupo Lincoln antes de que entrara en aguas del Golfo Pérsico.


Pero entonces si ambos países le esquivan a un enfrentamiento bélico, ¿qué está de fondo en este conflicto? El lugar de Irán en la región, opinó Burdman. Si bien hay distintas hipótesis sobre el surgimiento del país islámico como potencia regional, sostiene el académico, da la impresión de que Teherán está aprovechando las circunstancias para desplegarse. Y eso, opinó Burdman, es lo que está prendiendo las alarmas. Para el académico de la UBA Irán tampoco está preocupada por incumplir con parte del acuerdo y las sanciones impuestas por Estados Unidos no lo asustan mucho. “Las élites iraníes están acostumbradas a las sanciones. E incluso las que apuntan al sector petrolero pueden hasta ser un buen negocio si empujan hacia arriba los precios”, consideró.


El profesor analiza este caso a la luz de la trama regional. Para Burdman, Teherán salió fortalecido de la guerra en Siria, de la derrota del Estado Islámico y de la reorganización militar en Irak. Mientras tanto Israel y Arabia Saudí coordinan acciones para contener el avance iraní. Si bien la prensa saudí es muy crítica respecto a Irán, afirmó Zaccara, fue también cautelosa en acusar a Irán directamente por los incidentes en el puerto emiratí de Fujairah, donde dos buques petroleros saudíes sufrieron un sabotaje. Para Zaccara, el liderazgo saudí también sabe los límites de su política exterior. Sin embargo, señaló: “Ante este panorama, cualquier chispa podría provocar un fuego en el golfo Pérsico, a pesar de que tanto Irán, como Arabia Saudí, e incluso Estados Unidos, estén más interesados en evitar una guerra que en empezarla”.

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Más que guerra comercial, la guerra es tecnológica

“Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial con Estados Unidos.

El presidente de China, Xi Jinping, pidió ayer a su pueblo que se prepare porque aseguró que se vienen tiempos difíciles. “Tenemos que superar importantes riesgos y desafíos”, clamó el mandatario en alusión a la nueva escalada del conflicto comercial entre Estados Unidos y su país luego de que Washington prohibiera a las compañías estadounidenses hacer negocios con empresas sospechadas de espiar a su país. Una vez que el presidente Donald Trump tomó esa decisión por decreto, Google cortó relaciones con el gigante chino Huawei, y varios países detuvieron la comercialización y pre-venta de estos equipos.


“Nuestro país está aún en un periodo de importantes oportunidades estratégicas para el desarrollo pero la situación internacional es cada vez más complicada”, afirmó el jefe de Estado chino en una visita a la provincia de Jiangxi, en el sur del país. Durante la jornada, Xi subrayó que la nación debe ser consciente del complejo escenario con varios factores desfavorables tanto a nivel interno como externo.


Huawei, por su parte, también cargó contra Estados Unidos. Al mismo tiempo que lanzaban una nueva línea de teléfonos inteligentes anteayer, un representante de la empresa denunció el acoso que sufre Huawei por parte de Washington. “Huawei respetó todas las leyes y regulaciones aplicables. Ahora Huawei se convirtió en la víctima del acoso de la Administración de Estados Unidos”, declaró en un acto celebrado en Bruselas, Abraham Liu, representante de la compañía ante las instituciones de la Unión Europea (UE). Para Liu, no se trata sólo de un ataque contra Huawei. “Es un ataque contra el orden liberal basado en normas. Esto es peligroso. Ahora le está pasando a Huawei. Mañana puede pasarle a cualquier otra empresa internacional. ¿Podemos cerrar los ojos ante semejante comportamiento?”, preguntó el representante de la tecnológica. También señaló que las redes 5G de Huawei fueron desarrolladas junto a socios europeos y a medida de las necesidades del viejo continente. “Huawei ha estado operando en Europa durante casi veinte años. Tenemos ahora 12.200 empleados en Europa, el 70 por ciento contratados localmente”, afirmó Liu.


Ayer mismo también tomó estado público que -como alertó Liu- Huawei no es la única empresa china afectada por la decisión estadounidense. El matutino The New York Times informó que la Casa Blanca evalúa prohibirle a la empresa china de cámaras de vigilancia, Hikvision, la compra de tecnología fabricada en Estados Unidos. El gobierno asiático cuestionó de inmediato la “difamación” de la administración norteamericana contra las empresas del gigante asiático. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lu Kang, volvió a insistir para que Washington proporcione un entorno justo y no discriminatorio para sus empresas.


Al igual que sucedió la semana pasada con la tecnológica Huawei, la compañía sería incluida en la “lista negra” del Departamento de Comercio, lo que implica que los proveedores de Hikvisión necesitarían una licencia especial, expedida por el gobierno, para comerciar con la empresa china. Hikvision es una de las fabricantes de equipos de video vigilancia más grandes del mundo y es central en la ambición china de convertirse en el principal exportador global de sistemas de vigilancia, según destacó The New York Times.


Tras la medida anunciada por Trump, varias empresas tecnológicas importantes indicaron que dejarán de vender componentes y software a Huawei. La primera en dar este paso fue Google y ayer se sumaron algunas compañías japonesas y del Reino Unidos, entre otras.


Dos de las tres firmas de telefonía móvil más importantes de Japón, Softbank y KDDI, anunciaron ayer que aplazaban el lanzamiento de un nuevo modelo de la firma china Huawei, el P30 Lite. KDDI igualmente puso en suspenso la venta del mismo modelo de Huawei. El P30 Lite tiene una pantalla de 6,15 pulgadas y cuenta con una triple cámara. Estaba anunciado con el sistema operativo Android 9.0, de Google. A estas dos empresas japonesas se sumó, horas después, el proveedor telefónico NTT Docomo que informó que interrumpió el pedido del nuevo modelo de Huawei.


La multinacional de diseños de chips ARM, con sede en el Reino Unido, también dio instrucciones a sus empleados para que se suspendan los negocios con la tecnológica china. Según señaló la cadena inglesa BBC, la compañía de chips afirmó que sus diseños cuentan con tecnología de origen estadounidense, de modo que consideraron obligatorio adecuarse al decreto de Trump.


De fondo de la puja entre Estados Unidos y China en materia de tecnología está la decisión de Washington de impedir que las compañías como Huawei controlen las redes 5G. Una tecnología que permite navegar por Internet con mucha más velocidad y que podría facilitar el desarrollo de vehículos autónomos y técnicas para hacer cirugía por control remoto.
En esta línea, el gobierno estadounidense presionó incluso a la Unión Europea para que imponga restricciones sobre Huawei que se encuentra a la cabeza del desarrollo de la tecnología 5G. Estados Unidos teme además que China utilice las redes 5G para espionaje, unas acusaciones que desde el país asiático rechazaron categóricamente.

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Jueves, 23 Mayo 2019 06:10

Nacionalistas vendidos

Nacionalistas vendidos

La ultraderecha norteamericana coloniza las neuronas de la extrema derecha europea y Vladimir Putin su bolsillo. La retórica patriótica y nacionalista de las ultraderechas del Viejo Continente suena más a opereta electoral que a principio de política indestructible. Dos episodios, uno de ellos con un escándalo monumental, vinieron a sembrar recelos sobre la autenticidad de las retóricas ultranacionalistas con las cuales estas ofertas políticas seducen cada vez más al electorado. Aconsejados por uno de los cerebros de la elecciones de Donald Trump en los Estados Unidos, Steve Bannon (foto), contaminada por las redes trumpistas que alientan a los euroescépticos y financiada e influenciada por la Rusia de Vladimir Putin, los partidos ultranacionalistas de Europa son todo menos “soberanos”. Esta corriente que se prepara a tomar por asalto el europarlamento en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo tuvo un día de gloria y un mañana de sombras. El sábado 18 de mayo fue uno de los momentos para el recuerdo. Durante el fin de semana en Milán, (la ciudad italiana donde surgió la Liga Norte) el líder de la ultraderechista La Liga y ministro de Interior, Matteo Salvini, reunió a una docena de partidos de la línea ultranacionalista europea con el propósito de mostrar su poderío y sellar un signo de unidad cuando apenas faltaba una semana para las elecciones europeas. Acompañado por su principal socia en esta fase, la francesa Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional), Salvini desfiló en Milán junto a Geert Wilders, jefe del Partido para la Libertad holandés y representantes de Alternativa por Alemania (AfD), los Verdaderos Finlandeses, el Partido del Pueblo Danés o el austriaco FPÖ. Y de este último nació la tormenta. Un video difundido por Der Spiegel y el diario Süddeutsche Zeitung vino a probar la sospecha de que existe una real interacción entre las ultraderechas y Moscú. Al mismo tiempo, otro extranjero, el ex consejero de Trump, Steve Bannon, viajó a París para distribuir sus consejos a la ultraderecha francesa. La autenticidad del perfil ultranacionalista de estos partidos quedó cuestionada por la injerencia de representantes de dos potencias mundiales en las campañas nacionales. 

El video fue filmado en Ibiza en 2017 y muy oportunamente hecho público ahora. La secuencia muestra al vicecanciller austríaco, jefe del FPÖ, Heinz-Christian Strache, mientras ofrece lucrativos contratos públicos a la representante de un oligarca ruso a cambio de un respaldo para su campaña electoral. Desde 2017, Strache era un aliado clave de la coalición gubernamental que formó en Austria con el líder democristiano Sebastian Kurz (ÖVP), luego de que éste ganara las elecciones sin obtener la mayoría. El FPÖ detentaba seis de las 13 carteras de aquel Ejecutivo donde Strache era vicecanciller. El video terminó con la alianza, precipitó la caída del gobierno y la posterior convocatoria a elecciones anticipadas. En Francia, Marine Le Pen condenó el “error enorme” del dirigente ultraderechista austríaco. El episodio pone en tela de juicio la propia identidad de un movimiento político que ha hecho de la soberanía y el nacionalismo su himno de batalla. El vespertino Le Monde, en un editorial, destaca que “proponer vender secretamente los intereses nacionales al representante de un país cuyos intentos de injerencia y manipulación de los procesos electorales en el seno de la Unión Europea movilizan a todos los servicios de contraespionaje corresponde a una extraña concepción del patriotismo”.


El escándalo confirma lo que hasta el momento oscilaba entre mito y realidad, es decir, la sombra de la Rusia de Vladimir Putin en las democracias occidentales. Moscú no es el único actor que mueve sus influencias entretelones. China o Estados Unidos también lo hacen pero Putin ha sido el más eficaz: del Brexit en 2016, pasando por las elecciones en Suecia, Dinamarca, Finlandia, algunos países del Este de Europa, Italia, la elección de Trump en los Estados Unidos, y, en 2017, el intento de desestabilizar la campaña de Emmanuel Macron con la difusión de miles de informaciones privadas por parte del grupo de ciberespionaje APT28, teledirigido por la agencia rusa de inteligencia militar GRU, Rusia ha sido el amo del mundo Occidental.


Los trumpistas y su cruzada mundial tampoco están lejos. En estos días estuvo por París desplegando sus alas de pavo real Steve Bannon. El mesiánico heraldo de la supremacía blanca dijo que venía a “aconsejar” a Marine Le Pen. Luego se desdijo y declaró que “Marine Le Pen no me necesita para ganar”. A su vez, la interesada declaró que Bannon “no tenía ningún papel en la campaña del Reagrupamiento Nacional”. Hoy se acusa a este partido de “inteligencia con una potencia extranjera” y hasta se evoca la creación de una comisión parlamentaria para investigar las intrusiones, que son muchas y no sólo metafóricas”. A fuerza de mostrar su estela de ídolo mundial, Bannon terminó convirtiéndose en un aliado demasiado incómodo. “Es un peligro para nosotros”, reconocía a PáginaI12 un dirigente del RN francés. En realidad, el electorado lepenista es todavía más anti norteamericano que la misma izquierda. Por eso, en términos de imagen, la reiterada presencia de Bannon en Europa terminó siendo contraproducente. Putin, como se ve, es un caballero de fina estampa que no hace ruido y rompe muchas nueces. El presidente francés, Emmanuel Macron, calificó a Bannon de “lobista cercano al poder norteamericano”. El jefe del Estado se refirió luego a “Rusia y algunos otros que jamás fueron como ahora tan intrusivos para financiar y ayudar a los partidos extremos”, lo cual, juzgó, desemboca en el hecho de que “por primera vez vemos una connivencia entre los nacionalistas y los intereses extranjeros”.


Ese es el detalle más contradictorio. No se trata de formar una fuerza común dentro de los movimientos europeos según el objetivo declarado de las extremas derechas, sino de abrirse a una suerte de internacionalismo que las ubica en total contradicción con sus postulados patrióticos. Dinero, manipulación de la información a través de las redes sociales, las extremas derechas europeas cuentan con un sólido respaldo exterior. Se han vuelto totalmente permeables a las influencias de afuera en su obsesiva carrera hacia el poder. Anti liberales y opuestas a la globalización en sus narrativas, estas ultraderechas se han convertido en el juguetito caprichoso de la confrontación entre las potencias. Por razones distintas, Rusia y Washington convergen en sus intentos de desestabilizar a las democracias europeas y encontraron en el Viejo mundo partidos reciclados dispuestos a jugar la partida.
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Trump amenaza con desaparecer a Irán de la faz de la tierra

Trump, presidente de una de las tres superpotencias, se da el lujo barbárico de amenazar con un ominoso tuit cavernícola: “Si Iran desea combatir, eso será el fin oficial de Irán. Nunca amenacen a EU de nuevo (https://bit.ly/2HDT4Ve)”.

A lo que replicó el canciller Javad Zarif: “Incitado por el equipo B, Trump espera conseguir en lo que Alejandro Magno, Gengis Kan y otros agresores fracasaron. Los iraníes se han erguido durante milenios mientras los agresores fueron expulsados. El terrorismo económico y las burlas genocidas no podrán "acabar con Irán". Nunca amenacen a los iraníes. Ensayen ser respetuosos, ¡Si funciona! (https://bit.ly/2LVlhwc)”.

Los persas tienen un enorme complejo de superioridad: sus agresores han sido expulsados y ostentan una civilización de más de 2 milenios, mientras Estados Unidos, desde los cuáqueros del Mayflower, lleva 399 años.

Se trata de un déjà vu de la guerra de Irak de Baby Bush y sus inexistentes "armas de destrucción masiva" mezclado a las bravatas de Trump contra Norcorea antes de sentarse a negociar con el mandatario Kim Jong-un.

El despliegue del portaviones Lincoln y los bombarderos B-52 en el Golfo Pérsico lo justificaron la dupla bélica del bushiano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo –confeso "evangelista sionista" y hoy secretario de Estado–, como medida preventiva ante los "futuros (sic)" ataques de Irán y/o sus aliados –Hezbolá en Líbano, las milicias chiítas en Irak, Jihad Islámico en Gaza y los hutis en Yemen– que huelen a "falsa bandera".

Bolton y Pompeo son los “chivos de Trump en la cristalería iraní (https://bit.ly/2VIqVpG)”.

Trump promete un día no desear la guerra y otro amenaza con borrar a Irán de la faz de la tierra, lo que significa lanzar un abanico de bombas nucleares que quizá no tenga en cuenta que afectará con su "radiactividad" a las 15 fronteras (terrestres y marítimas: ¡incluida Rusia!) al país persa, entre ellas las petromonarquías aliadas a Trump (https://bit.ly/19CPKjm).

Suena cronológica y cognoscitivamente disociativa y absurda la bravata nuclear de Trump para "destruir a Irán", por lo menos de aquí a finales de junio, cuando el talmúdico Jared Kushner –yerno de Trump que "maneja" simultáneamente las agendas de México e Israel–, patrocina una cumbre para la "prosperidad y paz(sic)" del 25 al 26 de junio sobre un "taller económico" para que los gobiernos, la sociedad civil y los empresarios "compartan ideas, discutan estrategias y galvanicen apoyo para las potenciales inversiones económicas e iniciativas que puedan ser posibles para un acuerdo de paz" que pretende resolver el conflicto de Palestina e Israel en Manama (Bahréin).

Irán puede ser un "megaVietnam" para Trump, que en dado caso descarrilaría su anhelada relección (https://bit.ly/2YFFZl6).

Queda(rá) la duda si es Trump o Netanyahu, o los dos, quien(es) desea(n) la desaparición de Irán cuando New York Times, rotativo cercano a la dupla de la banca Rothschild/Soros, fue acusado por el grupo de Netanyahu de "antisemitismo" –vacuo término faccioso que no tiene valor semántico por carecer de aplicación universal y que ha llegado al grado de ser un antónimo sin tomar en cuenta la definición verdadera de “semita (https://bit.ly/2VhugqM)”– por haber publicado una caricatura en la que el premier israelí aparecía como canino jalando al "ciego" Trump (https://bit.ly/30e2Aqp)”.

¿No será que la amenaza apocalíptica de Trump representa un jaque para paralizar a Irán y a sus aliados, en vísperas de la Cumbre de Bahréin del 25/26 de junio?

Como que no cuadra realizar una cumbre "radiactiva" de "paz" en el mero Golfo Pérsico y en medio de tantos átomos esparcidos.

Una cosa es promover la anhelada paz y otra es imponer la claudicación del pueblo palestino despojado de sus territorios, de acuerdo con las resoluciones de la ONU, y no a los caprichos autistas del eje Trump/Jared Kushner/Sheldon Adelson/Netanyahu.

Los agraviados palestinos no asistirán a la "Cumbre Económica de la Paz (sic)" en Baréin (https://bit.ly/2Wgbc0A)”.

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Las principales empresas tecnológicas de EE.UU. comienzan a cortar los suministros vitales de Huawei

Las principales corporaciones estadounidenses, como Qualcomm, Intel y Google, han congelado el suministro de software y de componentes críticos para la empresa china tras las últimas restricciones de Washington.

Las principales empresas tecnológicas de EE.UU., desde fabricantes de chips hasta Google, han congelado el suministro de software y de componentes críticos para Huawei Technologies Co., después de que la Administración Trump incluyera a la compañía china en la 'lista negra' del Gobierno.
Los fabricantes de chips, incluidos Intel Corp., Qualcomm Inc., Xilinx Inc. y Broadcom Inc., han comunicado a sus empleados que no habrá suministros a Huawei hasta nuevo aviso, según han declarado a Bloomberg personas con conocimiento del asunto. Por su parte, Google ha cortado el suministro de hardware y algunos servicios de software al gigante chino de telecomunicaciones, según con otra fuente familiarizada.


"Enormes implicaciones"


Ryan Koontz, analista de Rosenblatt Securities Inc, indica en declaraciones a Bloomberg que Huawei "depende en gran medida" de los semiconductores estadounidenses y "quedaría gravemente paralizado sin el suministro de componentes clave de EE.UU.".


Por otro lado, estima que las medidas de Washington podrían hacer que China "retrase su construcción de red 5G hasta que se levante la prohibición, lo que tendrá un impacto en muchos proveedores de componentes globales".


"El escenario extremo del fallo en la unidad de red de telecomunicaciones de Huawei retrasaría a China muchos años e incluso podría ser visto por parte de China como un acto de guerra", aseveró Koontz, añadiendo que esto "tendría enormes implicaciones en el mercado global de telecomunicaciones".


Las restricciones estadounidenses también suponen un golpe directo a la división de dispositivos móviles de Huawei, pues solo podrá acceder a la versión pública del sistema operativo móvil Android de Google. Tampoco podría ofrecer aplicaciones y servicios, desde Maps y búsqueda hasta Gmail, lo que reduciría severamente la venta de teléfonos inteligentes de Huawei en el extranjero.


Guerra comercial en curso


El presidente de EE.UU., Donald Trump, firmó este miércoles una orden que prohíbe el uso de equipos de telecomunicaciones fabricados por compañías consideradas como una amenaza para la seguridad nacional del país; una medida allana el camino para una prohibición total de los productos fabricados por Huawei.


Poco después el Departamento de Comercio de EE.UU. anunció que incluirá a Huawei y a 70 empresas afiliadas en su llamada 'Lista de Entidades', lo que impedirá al gigante chino de las telecomunicaciones comprar piezas y componentes a las compañías estadounidenses sin la aprobación del Gobierno estadounidense.


Huawei calificó de "irrazonable" la orden, señalando que las medidas en su contra dejarán a EE.UU. "rezagado en el despliegue del 5G", mientras que "las restricciones no razonables infringirán los derechos de la compañía y plantearán otros problemas legales graves".

Publicado: 20 may 2019 02:38 GMT | Última actualización: 20 may 2019 10:08 GMT

En una foto de archivo George W. Bush, ex presidente de Estados Unidos. Durante su administración se difundió en los medios electrónicos la existencia de armas de destrucción masiva como justificación de la guerra contra Iraq.Foto José Núñez.

Rand inició en 2018 su definición solipsista sobre el Declive de la verdad en EU: el papel aminorado de hechos y análisis. Se trata de una imagen local en espejo de la Conferencia de Munich sobre la Posverdad (https://bit.ly/2P76SL9).

La "definición" de Rand comporta cuatro tendencias: 1. Creciente desacuerdo entre interpretaciones analíticas de hechos y datos; 2. Nebulosidad de la línea de separación entre opinión y hechos; 3. Creciente volumen relativo e influencia resultante de la opinión y la experiencia personal sobre los hechos; 4. Confianza declinante en fuentes de los hechos anteriormente respetadas (https://bit.ly/2U9CZvE).

¿Dónde deja RAND la colosal mentira de Baby Bush con sus cómplices multimedia en su época de "verdad absoluta e infalible", sobre las inexistentes armas de destrucción masiva en Iraq que aniquilaron a su población?

En su reporte, que abarca de 1987 a 2017, Rand publica el Declive de la verdad en EU y las noticias en la era digital, donde las de la televisión se llevan las peores críticas (https://bit.ly/30nJA99). ¡Con flagelarse con Televisa/Univisión basta!

El galardonado periodista Chris Hedges comenta que la realidad del periodismo de los multimedia en EU es "mucho peor" que el reporte de la Rand: padece una "esquizofrenia cultural" cuando "se han inclinado a los sentimientos en lugar de los hechos", lo cual "ha desgarrado al país al borde de una guerra civil" (https://bit.ly/2w85eAc).

Hedges alega que la evicción de los hechos a favor de los "llamados emocionales" con mentalidad de litigantes ha sembrado la discordia en la sociedad desde décadas atrás:"es más subjetiva" y "se basa primordialmente en la argumentación y la abogacía". Según el periodista, las tres principales redes de noticias en cable "renunciaron al periodismo" que “sustituyeron con programas de noticias de reality show centradas en Trump y sus tuits y el Russiagate”.

A mi juicio, las cableras de noticias fake, acomodadas a los privilegios de sus accionistas mayoritarios, hoy son propagandistas vulgares de la plutocracia y sus grupos de interés, como la tóxica dupla Univisión/Televisa controlada por títeres del binomio sionista de Haim Saban/George Soros, aliados de Hillary Clinton (https://bit.ly/2LV3hBV).
Hedges arremete contra las redes de noticias en cable y sus conductores/comentaristas –que a mi juicio denigran a los matraqueros porristas.

Hoy 40% de los ingresos de los periódicos "no es más sostenible económicamente", lo cual ha llevado a su "fallecimiento (sic)" cuando "los medios de Internet han creado un espacio libre para todos donde la gente se encapsula en guetos (sic) con sus creencias particulares en sistemas o en teorías de conspiración que apoyan".

Una "teoría de conspiración" en México fue la grotesca trama rusa del lavado de dinero de la Operación Berlín (https://bit.ly/2UrdBVm) y que sus autores tienen todavía el mega-cinismo de endosárselo a adversarios.

Hoy es "difícil apartar las opiniones muy subjetivas de los hechos y las personas creen lo que les conviene", a juicio de Hedges, quien se mofa de los noticieros en EU que "promovieron la teoría de la conspiración de que Trump era un agente del Kremlin". Todo era basura (sic) pura, pero atrajo a sus televidentes”.

Hedges contempla que los multimedia "empujan antagonismos y odios (sic) entre los grupos étnicos en EU" cuando "los medios de derecha demonizan a Bernie Sanders y a Barack Obama comparándolos con Hitler, y los medios de izquierda etiquetan a los partidarios de Trump como racistas (sic) y deplorables", lo cual "crea discordia y fragmentación social". Lo grave radica en que "tales cismas pueden desembocar en turbulencias civiles, que ya suceden en EU".

El máximo problema radica en la definición del florido léxico solipsista que se asestan los adversarios cuando la palabra "odio", ya no se diga "semita", (https://bit.ly/2VhugqM) pierde su universalidad dependiendo si se "formula" en Israel/Hollywood/Televisa/Univisión o en Irán/Rusia/China. Ya entramos a la nueva era de la "verdad geopolítica".

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Sábado, 18 Mayo 2019 06:04

China, en estado de urgencia

El presidente de los EEUU, Donald Trump (i), y su homólogo chino, Xi Jingping (d), ofrecen una rueda de prensa en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín (China) el 9 de noviembre de 2017. EFE

Trump no solo quiere que China compre más productos americanos. Los halcones que le asesoran pretenden ralentizar el desarrollo tecnológico del gigante asiático


Este es el inicio de una rivalidad sistémica que va a durar décadas, y que hace que los mandarines de Pekín no solo estén pensando en si Trump va a ganar las próximas elecciones. Las autoridades chinas confían en su capacidad de resistencia


El Gobierno chino controla las palancas macroeconómicas y pueden estimular la economía por el lado fiscal o monetario. Trump se da cuenta: ha declarado que la FED debería ser súbdita al ejecutivo como lo es el banco central chino y ayudarle


Escribo estas líneas desde Shanghái. Esta semana he tenido la oportunidad de hablar con empresarios, académicos y personas cercanas al Gobierno chino y la sensación de inquietud es palpable. La intensificación de la guerra comercial entre EEUU y China es el mayor tema de debate en la televisión y en la calle. En la última semana no solo ha habido la subida de aranceles de 10% a 25% a un volumen equivalente a 200.000 millones de dólares de importaciones chinas por parte de Donald Trump, y la consecuente represalia de Pekín sobre 60.000 millones de dólares de productos americanos, sino que el presidente de los EEUU ha decidido prohibir incluso –por orden ejecutiva– el uso de equipamiento de Huawei y ZTE en suelo americano e introducir un proceso de obtención de licencias para aquellas empresas americanas que quieran vender tecnología a las compañías de telecomunicaciones chinas.

Esto es un torpedo a la línea de flotación de las empresas chinas, ya que Huawei, por ejemplo, depende del suministro de semiconductores de la estadounidense Qualcomm. Por lo tanto, el convencimiento en China es que Trump está jugando demasiado duro en las negociaciones que están librando los dos países y que su órdago le puede salir mal, ya que si una cosa no puede hacer el Gobierno chino, y eso está muy grabado en el ADN de este país, es "perder la cara", es decir, mostrar que cede al chantaje de otro, sobre todo si ese otro es la encarnación contemporánea del occidental imperialista que en el siglo XIX humilló a China y la condenó a un siglo de inestabilidad. Antes de capitular a las presiones de Trump, la población china está dispuesta a sufrir, y por eso mismo el Gobierno ya se está preparando para lo peor.


Al fin y al cabo, Trump no solo quiere que China compre más productos americanos. Eso se podría lograr en la próxima reunión bilateral entre Trump y el presidente Xi Jinping en la cumbre del G20 en Japón el próximo mes. Lo que realmente quieren los halcones que asesoran a Trump es ralentizar el desarrollo tecnológico del gigante asiático y ese no es un tema que se vaya a resolver en unas cuantas rondas de negociación, como a veces se pretende indicar. Esto es solo el inicio de una rivalidad sistémica que va a durar décadas, y que hace que los mandarines de Pekín no solo estén pensando en si Trump va a ganar las próximas elecciones o no, sino mucho más allá. El Gobierno chino es consciente que se enfrenta a un rival de un poderío enorme, pero como me ha comentado un interlocutor esta semana: "si tiramos la toalla, y cedemos, vamos a perder, así que tenemos que luchar, porque si luchamos, puede que no perdamos".


Pese a la gran preocupación que hay, y a la evidente desaceleración que se observa en la economía, la sensación que queda después de esta semana es que las autoridades chinas confían en su capacidad de resistencia. Saben que controlan las palancas macroeconómicas, y que si es necesario pueden estimular la economía por el lado fiscal o monetario, o los dos a la vez. Trump se da cuenta de eso, y ya ha declarado que la FED debería ser súbdita al ejecutivo como lo es el banco central chino y ayudarle a aguantar el pulso. El temor evidente es que, para compensar los aranceles sobre sus productos, China devalúe su moneda y se mantenga así competitiva. Relacionado con esto está el hecho de que EEUU (y también Europa) pueden bloquear la compra de tecnología por parte China, y ya lo están haciendo, pero ante eso China ya está desarrollando programas para atraer talento internacional y desarrollar la tecnología en suelo chino. Hoy en día, cualquier joven emprendedor con una patente tiene un talonario esperándole en Shanghái para desarrollar su idea y cumplir su sueño.


Finalmente, otro factor que les ofrece confianza a las autoridades chinas es la capacidad de trabajo (y de sacrificio) de su población. Cualquier extranjero que visite o viva en este país lo percibe. La ambición y el hambre por mejorar son impresionantes. Jack Ma, el presidente de Alibaba, suele comentar en sus intervenciones públicas que espera que sus empleados trabajen bajo la fórmula: 9-9-6. Es decir, empezar a las 9 de la mañana, acabar a las 9 de la noche y trabajar 6 días de la semana. Según parece, al Gobierno chino también está promoviendo esta misma fórmula entre sus empleados. Teniendo en cuenta que el Estado domina directamente cerca del 50% del PIB chino y que tiene algo o mucha influencia en el otro 50%, queda claro que EEUU se enfrenta a un hueso duro. Tanto que el Gobierno chino incluso se está planteando aumentar los días de vacaciones “obligatorios” para promover el consumo y así la actividad económica si fuese necesario.


China, luego, vive en un cierto estado de urgencia. Hace un año había dos grupos de opinión entre las élites. Los que pensaban que había que ceder ante las presiones de Trump y los que se oponían. Hoy esos dos campos están de acuerdo en que no se puede ceder, y se han dividido en otros dos grupos. Los que piensan que lo mejor para enfrentarse a EEUU es hacer reformas domésticas y estimular la innovación del mercado y el consumo interno para estar más protegidos y los que creen que la mejor defensa es apostar por el modelo chino de capitalismo de estado, reforzar el sector público y depender lo mínimo posible del exterior. Ambos están cada vez más convencidos que el mundo se va a dividir en un hemisferio norte, liderado por EEUU, y un hemisferio sur, donde China tiene cada vez más influencia. Bienvenidos al eterno retorno de la geopolítica.

 

Por Miguel Otero Iglesias 

17/05/2019 - 21:45h

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Fuerzas de seguridad afganas montan guardia cerca de lugar del ataque en Helmand, Afganistán.

Al menos 17 policías murieron y otros 14 resultaron heridos tras un bombardeo de Estados Unidos en la insegura provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, informaron ayer fuentes oficiales que, dijeron, están investigando cómo fueron causadas las bajas.

Según fuentes del Gobierno regional, las muertes fueron provocadas por un ataque de las Fuerzas Aéreas estadounidenses, que por error bombardearon un puesto de control de las fuerzas afganas. “Anoche, las fuerzas estadounidenses atacaron por error a las fuerzas de seguridad afganas matando a 17 policías e hiriendo a otros 14 oficiales”, dijo el jefe del Consejo Provincial de Helmand, Attaullah Afghan. Los ataques aéreos, dijo Afghan, “se llevaron a cabo anoche alrededor de las 20.00 en el distrito de Nahr-e-Saraj de la provincia durante un enfrentamiento entre la Policía y los talibanes”.


La operación aérea de las fuerzas de apoyo de Estados Unidos fue una respuesta a un ataque acometido por los talibanes contra un puesto de control de seguridad en una carretera de la provincia. Según el jefe del Consejo Provincial, la Policía había llegado antes del bombardeo para hacer retroceder a los insurgentes. Hasta el momento las autoridades no han ofrecido una versión oficial sobre las causas de las muertes o el número total de bajas.


Durante los intensos combates con los talibanes en Lashkar Gah, en la provincia de Helmand, “nuestros socios afganos pidieron un apoyo aéreo de precisión”, indicó el portavoz del ejército estadounidense en Afganistán, el coronel David Butler. Explicó que una “unidad de coordinación afgana había señalado y confirmado que las zonas estaban libres de fuerzas amigas”, pero que “desgraciadamente no era así y ocurrió un trágico accidente”.


“Fuerzas de seguridad afganas y combatientes talibanes murieron durante estos bombardeos”, añadió sin adelantar un balance. “Lamentamos estas trágicas pérdidas de vidas de nuestros socios” y “examinamos el malentendido para asegurarnos que no se repita”, añadió el coronel Butler. El portavoz del gobernador de Helmand, Omar Zwak, confirmó.... los enfrentamientos entre la Policía y los talibanes, así como los ataques aéreos en apoyo de la Policía. “Todavía estamos investigando cómo murieron los policías. De momento no se puede confirmar que el 100 por ciento de los oficiales haya muerto por el bombardeo”, dijo. El portavoz de Ministerio de Interior, Nasrat Rahimi, informó del ataque a través de su cuenta en Facebook confirmando la versión de que el ataque aéreo fue hecho en apoyo a los agentes del puesto de control.


Helmand es una de las provincias más inseguras de Afganistán, en la que los atentados o ataques a objetivos militares son frecuentes.

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Diez claves para entender el conflicto comercial (y geoestratégico) de EEUU y China

La tensión entre las dos grandes potencias alcanza el punto de ebullición. Los mercados tiemblan cada vez que aumentan los decibelios en las negociaciones entre Washington y Pekín, mientras el FMI cataloga esta guerra comercial bilateral como el mayor riesgo geoestratégico


El clima de crispación que se respira por todas las latitudes del planeta emergió a partir del lema que le encumbró a la Casa Blanca. El mensaje America, first que enarboló Donald Trump durante su triunfal campaña electoral de 2016 está detrás del cambio en el orden mundial que, de forma soterrada, ha ido modificando el status quo de la globalización. Hasta poner patas arriba varias de sus estructuras más sólidas. En el ámbito monetario, con el retorno a la política de un dólar fuerte, que ha convulsionado el mercado cambiario y la subida de tipos de interés de la Reserva Federal, el complemento ideal para encarecer el acceso a la financiación internacional de firmas privadas, inversores y Estados.


En el geoestratégico, en el que subyace una lucha soterrada, pero incesante, por el cetro de la hegemonía internacional entre las tres principales superpotencias nucleares -EEUU, China y Rusia, todas ellas, inmersas en procesos de nacionalismo exacerbado- y una toma de posiciones constante y con escaso espacio para la diplomacia en puntos convulsos como Oriente Próximo o Venezuela y en asuntos energéticos como el precio del petróleo.


Y, por supuesto, en el económico-comercial, donde el agresivo tacticismo de la Administración Trump para imponer rebajas fiscales de calado a ciudadanos y empresas y, al mismo tiempo, formalizar en los presupuestos incrementos ingentes de gasto en Defensa, está dirigiendo a la endeudada economía americana -con una ratio de deuda de 20 billones de dólares, por encima del valor de su PIB- a un agujero fiscal que superará el billón de dólares en el próximo lustro.


En definitiva, una decidida apuesta por el proteccionismo que, además, no está impidiendo que el déficit de la balanza comercial del país navegue de nuevo por aguas turbulentas. Las barreras arancelarias, pues, lejos de corregir su brecha con sus principales socios -el antiguo Nafta, ahora rebautizado como USMCA y Europa, ni con sus rivales; esencialmente China. El desequilibrio comercial está en cotas desconocidas desde la crisis de 2008.


El escenario futuro no es nada halagüeño. Pero, ¿cómo se ha llegado a esta compleja coyuntura? Y, sobre todo, ¿tiene visos de solución?, ¿cómo afecta la doctrina trumpiana a otras naciones y espacios económicos? Decálogo para entender los efectos del peligroso Make America Great Again (MAGA).


¿Cuándo y cómo empezó el proteccionismo americano?


Trump dejó claro desde el comienzo de su mandato, que iba a dinamitar varios pilares de la economía estadounidense. Sobre todo, en el ámbito comercial. Una de sus primeras medidas fue apartarse del Trans-Pacific Partnership (TTP) suscrito en los últimos meses del segundo mandato de Barack Obama. Como prometió con el MediCare, trata de poner una losa sobre los grandes hitos de la presidencia de su antecesor demócrata.


El TTP representaba el 40% de la economía global, incluyendo a EEUU y a la decena de economías bañadas por las aguas del mayor océano del planeta: Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. China quedó de forma deliberada -por consenso entre EEUU y Japón- de este tratado. Al igual que India. Los reiterados esfuerzos por involucrar a Trump en esta aventura -sobre todo, desde Tokio, Ottawa y Canberra- han sido en vano. El líder republicano se cerró en banda. Empezó a aducir que el mapa de pactos de libre comercio atentaba contra la seguridad nacional.


Con posterioridad, incluyó entre sus objetivos al Nafta, el área aduanera con sus vecinos del norte y del sur -Canadá y México- y a la UE. No comulgaba con la pasarela transatlántica. Hasta que, en marzo de 2018, la Casa Blanca aprobó una subida de aranceles del 25% sobre las importaciones de acero y del 10% sobre las del aluminio. Política típica de mandatarios republicanos. El último, sin éxito, Bush, hijo. Desde entonces, ha dirigido sus dardos especialmente sobre China. Sin descuidar a Europa. Por medio, y bajo una cruzada diplomática que amenazó ruptura con Canadá, una renegociación del Nafta, ahora conocido con las siglas USMCA.


¿Por qué se obceca Washington en la guerra comercial con China?


Por considerarla la mayor de las amenazas a su, hasta ahora, indiscutible liderazgo mundial. Junto a Rusia. Y desplazando al terrorismo islamista como el primer riesgo exterior. Lo acaba de suscribir el Pentágono en su último informe de situación. El gabinete Trump, con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, ha impuesto como requisito sine qua non que Pekín abandone la política de intervención del tipo de cambio de su divisa en los mercados internacionales, el rinminbi, sometida a una banda de fluctuación demasiado rígida y controlada desde su banco central.


Pero Washington también persiste en otras exigencias. Reclaman una corrección drástica de su déficit bilateral, poniendo coto primero a los productos manufactureros y equipos electrónicos made in China y, luego, a los servicios tecnológicos. Además de reclamarle el cumplimiento en materia de patentes. China desafía a Estados Unidos en tecnología con una avalancha de patentes. Según datos oficiales, en la última década, China está ganando la carrera competitiva frente a EEUU en la adquisición de derechos de propiedad industrial e intelectual relacionados con la Inteligencia Artificial (IA), con las cadenas de bloques (blockchain) y con otras disciplinas de la Revolución Digital 4.0.


En este contexto, también surge el conflicto sobre la petición de extradición a Canadá de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, a instancias de la Administración Trump, que acusa a la firma china de transferir innovación tecnológica americana y occidental a los servicios secretos chinos por su posición aventajada en el negocio del 5G.


Todo ello está detrás de la nueva subida arancelaria sobre otros miles de bienes importados desde China y valorados en 250.000 millones de dólares que, desde la semana pasada, pasan de tener un arancel del 10% al 25%. Medida proteccionista activada en plena ronda de negociaciones bilaterales para tratar de prorrogar la tregua de 100 días otorgada por Trump a comienzos de año.


La respuesta del régimen de Pekín no se hizo esperar. Ha impuesto tarifas adicionales sobre otro amplio abanico de mercancías y servicios estadounidenses. Por un valor de 60.000 millones de dólares. Es el penúltimo capítulo de una batalla que se inició realmente en 2017, cuando Trump inició una investigación sobre la política comercial de China.


¿Qué tarifas están en juego en esta batalla bilateral?


El pasado año, Washington aprobó tres rondas de nuevos aranceles, en distintos baremos alcistas, que ahora alcanzan una escalada del 25% y que afectan a distintas ramas industriales, desde equipamientos ferroviarios hasta bolsos. Pero, si las amenazas de Trump surten efecto en próximas fechas, el montante total de mercancías chinas que tendrán que sufragar más gastos de entrada al mercado estadounidense llegarán a los 325.000 millones de dólares.


EEUU adquirió bienes comerciales a China, en 2018, por más de 539.000 millones de dólares. Pekín, por su parte, ha elevado el valor tarifario a productos estadounidenses hasta un rango de valor de 110.000 millones de dólares, para “hacer frente a la mayor guerra económica de la historia”. Incluye productos químicos, carbón o equipos médicos, para los que establece una subida del 5% al 25%. Al igual que a bienes especialmente protegidos por el partido republicano, como la soja.


¿Qué tarifas están en juego en esta batalla bilateral?


El pasado año, Washington aprobó tres rondas de nuevos aranceles, en distintos baremos alcistas, que ahora alcanzan una escalada del 25% y que afectan a distintas ramas industriales, desde equipamientos ferroviarios hasta bolsos. Pero, si las amenazas de Trump surten efecto en próximas fechas, el montante total de mercancías chinas que tendrán que sufragar más gastos de entrada al mercado estadounidense llegarán a los 325.000 millones de dólares.


EEUU adquirió bienes comerciales a China, en 2018, por más de 539.000 millones de dólares. Pekín, por su parte, ha elevado el valor tarifario a productos estadounidenses hasta un rango de valor de 110.000 millones de dólares, para “hacer frente a la mayor guerra económica de la historia”. Incluye productos químicos, carbón o equipos médicos, para los que establece una subida del 5% al 25%. Al igual que a bienes especialmente protegidos por el partido republicano, como la soja.


El flujo de mercancías de EEUU en China apenas sobrepasó los 120.000 millones de dólares. Al término de 2018, el saldo entre exportaciones e importaciones americanas ahondó su tendencia negativa. Hasta abrir una brecha de 621.036 millones de dólares. Un 12,5% más profundo que en el conjunto de 2017 y un 23% superior al que heredó de Obama. Los datos reflejan que el desequilibrio bilateral de mercancías con China alcanzó los 419.200 millones; un 11% más.


¿Cuál es la doctrina que se esconde detrás del Despacho Oval?


Kevin Hassett, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, admite que la estrategia de Trump le parece más propia del Siglo XVIII. De la era de la Revolución Industrial. Es -dice- como batallar contra el escorbuto en los navíos de la época. Necesitabas limones frescos para curar la dolencia, explica y, hasta conseguirlos, los almirantes de flotas con tripulación bajo el efecto de esta enfermedad mantenían a sus tropas en largas cuarentenas varias millas fuera de los puertos de destino.


Metafóricamente -asegura- el gabinete Trump cree que las subidas de tarifas y otras armas comerciales son el mejor antídoto para luchar contra lo que tildan de plaga comercial: la facilidad de acceso de productos importados desde el extranjero. En términos exactos, Hassett lo sintetiza de forma gráfica: “Si tienes escorbuto y no consigues vitamina C, sabes que vas a morir. Incluso con este componente, la recuperación de esa dolencia podría no funcionar. Pero no hay opción. Así que, si yo tengo la vitamina C que tú necesitas serás consciente de que vas a morir primero, aunque aún puedes tratar de arrebatarme la solución: asumiendo mis reglas”.


Hassett matiza con precisión el sentido que esconde su teoría. Los economistas más cercanos a Trump están convencidos de que Trump está reparando una economía enferma, que ha sido contagiada por prolongadas décadas de un desastroso peso del comercio que ha entrado desde fuera de las fronteras estadounidenses por los sucesivos y numerosos pactos de libre comercio que ha sido formalizados por distintos presidentes norteamericanos. Esta política comercial -arguyen- ha propiciado una desventaja competitiva crónica a EEUU frente a sus competidores, especialmente China y México, aunque también Europa.


¿Qué efectos tiene sobre la economía americana?


La aportación de la industria exportadora de EEUU -ventas netas de bienes y servicios- restó 1,78 puntos a la tasa de crecimiento durante el último trimestre de 2018. Además, el desabastecimiento de mercancías está aumentando las presiones inflacionistas. Los consumidores empiezan a pagar más por el precio final de servicios y productos cotidianos. Desde las lavanderías hasta ordenadores.


En un momento en el que la Fed explora rebajas de tipos, como reclama Trump, que teme que la economía, que crece a un buen ritmo, del 3,5%, pueda emitir señales de debilidad durante las elecciones presidenciales de 2020. A no ser que la inflación se dispare. El mercado comparte la pesadilla del dirigente de EEUU. La curva de rentabilidad -diferencial en las tasas de retorno de los bonos a tres meses y a diez años- se invirtió por primera vez desde diciembre de 2007. Señal de recesión. En Citigroup otorgan entre un 37% y un 45% de posibilidades de que EEUU entre en números rojos este año.


¿Y sobre las bolsas?


El sónar de Wall Street empezó a emitir señales de peligro por las guerras comerciales de Trump en el último trimestre del pasado año. Otro de los puntos candentes del conflicto con China. Con pérdidas bursátiles desconocidas, sólo en diciembre, desde 1931, el año que concentró la mayor parte de los daños colaterales de la Gran Depresión.


El Dow Jones, por ejemplo, acumuló un descenso mensual del 8,7%, su peor comportamiento mensual desde febrero de 2009. En el conjunto del ejercicio, además, retrocedió un 5,6%, el año más bajista desde 2008. Mientras el S&P 500 se desplomaba un 9,2% y el Nasdaq, un 9,5% en términos mensuales, y un 6,2% y un 3,9% en todo el año, respectivamente.


¿Cómo repercutirá en la economía china?


Tampoco la coyuntura en China está boyante. Su PIB crecerá este año al 6,5% y el próximo, al 6%. Los ritmos más reducidos desde 1990, cuando apenas repuntó un 3,9% debido las sanciones por los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen. La segunda economía global ha perdido fuelle. Y su merma exportadora le pasará otra factura.
Además, el mercado empieza a poner sus ojos en la deuda que, oficialmente se valora en casi 6 billones de dólares, el 38,1% de su PIB, según el FMI. Pero que analistas de Standard & Poor’s elevan en otros 890.000 millones de dólares, debido a la losa oculta que añaden sus gobiernos municipales. Para S&P, Pekín sólo muestra “la punta del iceberg”, porque sus vencimientos a medio plazo llegarían al 60% del PIB. “Nivel alarmante” para un mercado emergente sin estatus reconocido por las agencias de rating de inversor internacional.
Por si fuera poco, sus empresas también emiten signos de debilidad. Han dejado de protagonizar las compras internacionales. Y revelan quiebras por un valor de 5,8 billones de dólares sólo en el periodo entre enero y abril de este año, 3,4 veces más que en los mismos cuatro meses de 2018.


¿Y sobre los mercados emergentes?


Esencialmente, pueden poner en cuarentena la urgencia por rebajar tipos de interés. La mayoría de ellos se vieron en la obligación de seguir la estela de la Fed para contener las embestidas contra sus divisas por la fortaleza del dólar -todavía cotiza un 11% por encima del valor real del mercado, dice el FMI- y la carestía del acceso a financiación en billetes verdes por el precio del dinero estadounidense. Ahora, inician un compás de espera.


También se verán afectados por las tensiones geoestratégicas que EEUU ha provocado en Venezuela (para las economías latinoamericanas); en Irán, que ya ha generado volatilidad en el crudo y hacia Pekín en el Mar de China, donde los tigres asiáticos sufrirán estos daños colaterales en sus flujos de capitales y de comercio.


¿Cómo capeará el temporal Europa?


A duras penas. Con la economía del euro al ralentí, el sector exterior y manufacturero alemán en números rojos e Italia en situación crítica, tanto de crecimiento como de desequilibrios presupuestarios, a los que hay que añadir la suma debilidad de un sistema bancario que pide urgentemente una recapitalización masiva, los augurios no son nada buenos. Sobre todo, si como amenaza Trump, EEUU tratará de eliminar el déficit comercial con Europa a marchas forzadas.


La UE, que negocia con el cuchillo entre los dientes salvaguardas sobre su sector automovilístico -la llaga en la que hurga la Casa Blanca, genera el segundo de los grandes déficits comerciales estadounidenses. Sólo por detrás de China. De 169.300 millones de dólares, un 12% más que en 2017. La UE, además, ha empezado a certificar la amenaza de Pekín.
En un reciente informe de la diplomacia europea, señala al gigante asiático como uno de sus mayores desafíos por la influencia política y el músculo económico -comprando deuda soberana y protagonizando fusiones o adquisiciones empresariales- que ha desplegado en el continente. Las ventas europeas a China se han triplicado en el decenio posterior a la crisis. Aunque, ahora, la pérdida de vigor de su economía también supondrá una merma de las demandas de bienes y servicios europeos.


¿Y el sector exterior español?


También se verá perjudicado. No en vano, EEUU es el sexto socio comercial de España. China, el noveno. En 2018, el 4,8% de las ventas a terceros mercados se concentraron en EEUU, casi 12.500 millones. El resto, 5.500 millones (el 2,3% del total), tiene como destino China. Aunque el sector exterior hispano colocó un 3,2% menos de mercancías en el coloso americano respecto de 2017. Y, en China, tres puntos menos.


En medio de síntomas de cansancio exportador, uno de los motores de la recuperación. En conjunto, las hostilidades entre los dos mayores PIB del planeta restarán un 7% de las ventas españolas al exterior, según el Ministerio de Economía. La aceituna negra ha sido uno de los productos más damnificados de la política proteccionista americana. Le aplicaron correctivos antidumping y por subvenciones e impusieron un arancel de entrada del 34,75%. Las restricciones al vino español son, en cambio, una de las barreras recientes más problemáticas para el sector exterior hispano.

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Lunes, 13 Mayo 2019 05:54

Trump vs Xi

Trump vs Xi

A mediados de 2018 el gobierno de Estados Unidos impuso tarifas a una serie de productos chinos equivalentes a 250 mil millones de dólares (mmdd). China amagó, a su vez, con tarifas del orden de 110 mil millones. Esta es la base para que se hable de una "guerra comercial" de grandes consecuencias.

Las tarifas han incrementado los costos para las empresas y los consumidores estadunidenses, y han provocado fluctuaciones en los mercados de capitales. Para China representa una carga adicional en un entorno de desaceleración del crecimiento de su economía.

La teoría propone que el libre comercio sustentado en la especialización acrecienta el bienestar en una economía. También señala que las ganancias del comercio pueden derivar en una muy desigual distribución, con grandes ganadores y perdedores.

Estos argumentos aparecen en las críticas que hoy se producen de las consecuencias del proceso de la globalización desde la década de 1980. Son, también, un elemento clave del proteccionismo que se promueve como parte de lema Make America great again.

Una justificación para imponer las tarifas es que abaratan los productos hechos en Estados Unidos en relación con los importados, así los consumidores preferirían comprar productos locales y se atraería mayor inversión. Además, se pretende contener la desleal transferencia de tecnología a China y salvaguardar la propiedad intelectual.

Los ajustes que se quieren conseguir se basan en el comportamiento de la oferta y la demanda en los mercados, aunque no ocurren de manera inmediata. A esto hay que agregar los efectos de las represalias de la contraparte.

Los datos oficiales del gobierno estadunidense indican que en 2018 el comercio total de bienes y servicios con China tuvo un valor de 737 mmdd (60 por ciento del PIB de México en ese año); las exportaciones fueron por 180 mmdd y las importaciones por 558 mmdd. Es sobre el déficit de 378 mmdd que está enfocada la disputa comercial.

China no fue el único objetivo de las tarifas, aunque sí es el caso más significativo. Éstas se impusieron sobre las importaciones de acero y aluminio provenientes de la Unión Europea, México y Canadá.

La amenaza es imponer a China tarifas por un total de 325 mmdd. La política del gobierno de Trump se esbozó desde su campaña por la presidencia para reforzar la economía, pero ésta tiene, necesariamente, que ponerse en el marco de la confrontación de poder entre ambos países, misma que se advierte como una pugna creciente.

La estrategia china en el orden geopolítico es muy proactiva, con relaciones y alianzas con otros países. Un caso que lo ilustra es el enorme y ambicioso proyecto para financiar infraestructuras a lo largo de la extensa "Nueva ruta de la seda".

El poderío chino es parte relevante de la reacción que se impulsa desde Washington. La guerra comercial es una expresión de la creciente competencia que no se limita al comercio e incluye los movimientos de capitales y los desarrollos tecnológicos. Una muestra es la disputa en torno a la compañía Huawei y su predominancia en el desarrollo de la tecnología G5 y a la que se atribuye ser instrumento de espionaje del gobierno chino.

No se ha conseguido establecer un nuevo acuerdo comercial entre los dos países y hace unos días el gobierno estadunidense elevó las tarifas sobre un total de 200 mmdd de productos chinos e incluso señaló que se podrían imponer sobre prácticamente todo el comercio con ese país. Este es un dilema que el líder Xi tendrá que resolver. El impacto del alza de sus tarifas es menor, pues China importa mucho menos de Estados Unidos. La situación se asemeja a un "juego de la gallina".

El episodio de confrontación comercial exhibe uno de los rasgos típicos de la manera de negociar de Trump. Suele subir la intensidad del conflicto para luego desinflarlo y cambiar las expectativas de los participantes, sean éstos directos o indirectos.

Se ha comentado que las posibles repercusiones adversas de esta pugna no han ocasionado un descalabro mayor en las bolsas de valores debido a que esas expectativas se acomodan y evitan fluctuaciones de grandes proporciones.

Puede ser. Mientras tanto, el gobierno recibe mucho dinero por concepto de los aranceles que se han impuesto. Sin embargo, ante la incertidumbre que existe del desenlace del conflicto podría haber efectos más notorios en la medida en que el acomodo de los productores, los consumidores, los mercados financieros, los trabajadores y otros actores se alteren. Los agricultores que exportan soya del medio oeste, por ejemplo, serán perjudicados y se ha ofrecido que se elevarán los subsidios que reciben.

El impacto de todo esto no se restringe a los dos países protagonistas, y esta es una cuestión que no debe perderse de vista en México.

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