Colombia, plataforma de la CIA para la agresión a Venezuela

El pasado 28 de agosto, el secretario de Estado Mike Pompeo anunció la creación de la Unidad de Asuntos para Venezuela (Venezuela Affairs Unit, VAU por sus siglas en inglés), que estará ubicada en la embajada de Estados Unidos en Bogotá, Colombia, lo que exhibe a ese país sudamericano como la principal plataforma para un golpe de Estado made in USA contra el gobierno constitucional y legítimo de Nicolás Maduro y el papel servil y cipayo del presidente colombiano Iván Duque.

La Unidad de Asuntos de Venezuela estará dirigida por James Story, ex encargado de negocios en la Embajada estadunidense en Caracas, y quien fue uno de los últimos diplomáticos en retirarse de la misión en la capital venezolana en marzo, después de que el presidente Nicolás Maduro rompiera relaciones con Washington.

El nivel de la VAU no es tradicional en el servicio exterior de Estados Unidos, y según trascendidos de prensa no se equiparará a una “sección de intereses” como la que existió en La Habana, Cuba, durante décadas. De acuerdo con fuentes del Departamento de Estado, su carácter provisional la coloca fuera del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en cuanto a aprobar su personal, aunque seguirá supervisando el desarrollo de las relaciones bilaterales.

La creación de la oficina diplomática paralela de EU en Bogotá contó con el apoyo bipartidista (demócrata/republicano) del Congreso, y busca dar legitimidad regional al desdibujado presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Juan Guaidó, en un momento de extrema debilidad política de la oposición interna al gobierno de Maduro.

El presidente Maduro rompió relaciones con EU el 23 de enero pasado, luego de que Donald Trump desconociera su mandato y reconociera a Guaidó, su creación, como “presidente encargado”, en medio de una campaña de intoxicación mediática en el mundo occidental dirigida a presionar, desestabilizar y producir un “cambio de régimen” en Venezuela, con apoyo de varios presidentes de la ultraderecha latinoamericana agrupados en el llamado Grupo de Lima.

Desde entonces, oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) comenzaron a realizar contactos con funcionarios diplomáticos venezolanos con fines de reclutamiento e incitación al abandono de sus cargos, en particular en Colombia, Panamá y Naciones Unidas.

Según reportes periodísticos, a cambio de convertirse en colaboracionistas de la agencia de espionaje estadunidense, oficiales de la CIA ofrecieron sumas de dinero de entre 120 y 150 mil dólares, con el encargo, a quienes defeccionaran, de que deberían ofrecer entrevistas a medios de prensa donde evidenciarían, entre otras exigencias, rechazo al presidente Maduro y al gobierno que habían defendido hasta ese momento.

Desde entonces, también, los agentes de la CIA incrementaron sus actividades en territorio colombiano. En 2018, la agencia estadunidense ya había logrado la defección del agregado de prensa venezolano en Bogotá, Luis Espinoza. Destaca, asimismo, el apoyo brindado a una red terrorista basificada en Perú, denominada operación “Jaque Mate Venezuela 2019”, dedicada a la ejecución de actos violentos en territorio venezolano con fines de desestabilización.

Antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, entre Iván Duque y Gustavo Petro, en junio de 2018, la CIA preparó una denuncia pública donde acusaba, falsamente, a Royland Belisario, miembro del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), de un supuesto atentado contra el hoy presidente Duque. La versión fue recuperada por el diario bogotano El Tiempo el 3 de marzo de 2019 y atribuida a “organismos de inteligencia colombianos”.

El 15 de abril de 2019, durante una sesión de preguntas y respuestas en la Universidad de Texas, el secretario de Estado Mike Pompeo afirmó que cuando “yo era director de la CIA, mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento”. La transcripción oficial del Departamento de Estado censuró esas aseveraciones, pero sí quedaron registradas en video. Y aunque es público y notorio que a lo largo de su historia la CIA ha hecho lo que Pompeo dijo, no deja de ser grave que el jefe de la diplomacia estadunidense se refiera a sí mismo de esa forma.

El 7 de febrero anterior, tras la detención del ex coronel de la Guardia Nacional Bolivariana, Oswaldo Valentín García Palomo, el vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo de Venezuela, Jorge Rodríguez, destacó ante los medios la publicación de mensajes intimidatorios y noticias falsas por parte de actores del antichavismo que delineaban el marco de una serie de acciones golpistas.

De tiempo atrás, García Palomo había contado con el apoyo de la CIA y de los gobiernos de Colombia, Chile y Brasil. En su confesión, el ex militar declaró que la Agencia Central de Inteligencia lo había contactado a través del general retirado Antonio Rivero, activista del Partido Voluntad Popular (el de Guaidó) y agente de la CIA, según Rodríguez. Detalló, también, que en territorio colombiano había contado con el apoyo de alias “Alejandro”, un general de la Policía Nacional de Colombia, quien era el enlace con el gobierno de Juan Manuel Santos.

El plan golpista había sido reactivado en mayo de 2018, previo a las elecciones colombianas, con la asesoría de alias “Indiana” y el “coronel Lee” por parte de la CIA y de “Alejandro”, por parte del gobierno de Colombia. Los oficiales instruyeron a García Palomo el plan de ataque contra Venezuela durante el primer trimestre de 2019, y su confesión, según Jorge Rodríguez, venía a desmontar la campaña de intoxicación desinformativa internacional sobre la “crisis humanitaria”, como coartada para una invasión diseñada por la CIA y el Pentágono con apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Grupo de Lima.

En el contexto de una prolongada guerra híbrida imperial de desgaste, el sábado 23 de febrero de 2019, calendarizado como el enésimo “Día D” de la asediada República Bolivariana de Venezuela, resultaría otro estrepitoso fracaso de la terrorista ultraderecha internacional que responde a los dictados de la Casa Blanca.

En esa coyuntura, uno de los miembros de la estación de la CIA en Bogotá acompaño al senador estadunidense de ascendencia cubana Marco Rubio y al representante por el estado de Florida, Mario Díaz-Balart, en su visita a la localidad colombiana de Cúcuta, limítrofe con Venezuela y uno de los principales focos de tensión entre ambos países. En esa ocasión, Rubio y Díaz-Balart –representantes de la mafia cubano estadunidense de Miami− estuvieron acompañados de Carlos Trujillo, embajador de EU ante la OEA.

Cúcuta, donde según el intelectual colombiano Renán Vega Cantor “reina el poder paramilitar” −hasta el punto que se le conoce como la “República Independiente de los Paracos”−, había sido el escenario, la víspera, del concierto “Venezuela Aid Live”, organizado por la gusanería cultural del clan Estefan (el matrimonio conformado por Gloria y Emilio Estefan ), que contó con la asistencia de unos 30 artistas Made in Miami , incluido Silveste Dangond, denominado “el paramilitar del vallenato”.

Ese concierto de odio y de guerra fue concebido como una acción de distracción en la frontera colombo-venezolana, dirigido a encubrir una operación de bandera falsa en el marco de la pretendida introducción de “ayuda humanitaria” a Venezuela de la Agencia Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés), que desde 1961 ha sido utilizada por la CIA como una de sus armas más poderosas para sus operaciones encubiertas.

En el argot militar, las operaciones de bandera falsa son las que realiza una potencia agresora de forma clandestina, en aras de parecer agredida y culpar al enemigo. El 23 de febrero, dos camiones de la USAID con supuesta ayudada humanitaria para Venezuela fueron incendiados con cocteles molotov en el puente internacional Francisco de Paula Santander, del lado colombiano y por grupos violentos de la oposición venezolana, y el vicepresidente de EU, Mike Pence y el secretario de Estado, Pompeo, culparon al “tirano” Maduro.

La operación, que contó con la asistencia in situ del presidente colombiano Iván Duque y su homólogo chileno, Sebastián Piñera, así como del lacayo del Ministerio de Colonias de EU, el uruguayo Luis Almagro, exhibió los nexos de la mafia cubano-americana de Miami auspiciada por la CIA con los “paracos” de Cúcuta y la ultraderecha continental, pero también la impunidad con la que la agencia estadunidense desarrolla sus actividades injerencistas contra Venezuela desde el territorio de Colombia.

Desde inicios de 2019 y hasta la fecha, la Embajada de EU en Bogotá ha venido incrementando el número de funcionarios en su consulado en Cúcuta con dos objetivos fundamentales: apoyar las visitas de congresistas, políticos y militares estadunidenses así como de jefes y oficiales de la comunidad de inteligencia que viajan a esa región fronteriza, y para el monitoreo de la situación en Venezuela, sobre lo cual remiten partes diarios que son remitidos al Departamento de Estado, la Casa Blanca y el Pentágono.

El consulado de EU en Cúcuta cuenta con un alto número de funcionarios que estaban adscritos a la misión diplomática norteamericana en Caracas, la cual debieron desalojar tras la ruptura de relaciones decretada por Nicolás Maduro. Según versiones periodísticas, entre ellos habría algunos expertos en operaciones encubiertas y al trabajo de campo con la ultraderecha venezolana, grupos paramilitares y bandas criminales, pero también con hacendados opositores, que como parte de la guerra económica contra el gobierno constitucional de Maduro, realizan operaciones clandestinas para sacar al exterior minerales (oro, bauxita, hierro), petróleo y gasolina.

En ese contexto, la creación de la Unidad de Asuntos para Venezuela anunciada por Pompeo la semana pasada, vendría a reforzar el papel del dúo Álvaro Uribe-Iván Duque como cipayos de Washington y el de Colombia como plataforma para la agresión del Pentágono y la CIA contra Venezuela.

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Domingo, 01 Septiembre 2019 06:04

Pico de tensión entre Colombia y Venezuela

Pico de tensión entre Colombia y Venezuela

El presidente colombiano había afirmado que la  “banda de narcoterroristas” de las Farc, cuenta “con el apoyo de la dictadura de Maduro”.

 

La relación entre el gobierno de Venezuela y el de Colombia ha dado nuevos pasos de enfrentamiento esta semana. La primera acusación vino por parte de Iván Duque luego del anuncio del regreso a las armas por parte de un sector de las FARC. El presidente afirmó que el grupo, a quien calificó “banda de narcoterroristas”, cuenta “con el albergue y el apoyo de la dictadura de Nicolás Maduro”.

En respuesta a las acusaciones del presidente, el gobierno venezolano emitió un comunicado para rechazar de los señalamientos. “Resulta insólito que Iván Duque, con absoluta desfachatez, pretenda desplazar hacia terceros países y terceras personas, su exclusiva responsabilidad en el planificado desmontaje del proceso de paz y el cumplimiento de los compromisos asumidos y firmados por el Estado colombiano”.

No es la primera vez que el gobierno colombiano acusa al de Venezuela de dejar operar a las fuerzas insurgentes en su territorio, en particular al ELN. A esa matriz se había sumado el señalamiento de que Iván Márquez y Jesús Santrich -presentes en el centro del video difundido para anunciar el regreso a las armas- estaban en el vecino país.

El ministro de defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, denunció intenciones de guerra detrás de las acusaciones de Iván Duque: “El problema político que enfrenta Colombia, no puede ni debe derivar en una confrontación militar. Exhortamos a no buscar excusas ni pretextos con falsos positivos para intentar violar nuestra soberanía territorial, bien sea por fuerzas convencionales como por grupos irregulares”.

En ese contexto, el día sábado, el ministro de comunicación venezolano, Jorge Rodríguez, denunció el funcionamiento de tres campamentos de preparación armada en Colombia, donde se preparan las acciones terroristas contra el gobierno y la sociedad venezolana.

Afirmó que uno se sitúa en la ciudad de Maicao, a 2,5 kilómetros de la frontera, otro en Río Acha, y el tercero en la Sierra Nevada de Santa Marta. Los dos primeros son, explicó, de entrenamiento para uso de explosivos, y el tercero de entrenamiento militar. Allí se “entrenan más de 200 personas para acciones paramilitares, terroristas, asesinatos selectivos, y agresión en la frontera”, denunció Jorge Rodríguez.

“¿Qué vas a hacer Iván Duque?” afirmó el ministro de comunicación al exhortar al presidente de Colombia a que desmonte los centros de entrenamiento de los cual, explicó, es cómplice.

Rodríguez explicó que los servicios venezolanos lograron confirmar la existencia de los centros luego de desarticular tres acciones con explosivo. Las dos primeras iban a ocurrir el 17 de agosto, al detonar explosivos cargados de C4 frente la sede de las Fuerzas de Acciones Especiales y un edificio del barrio 23 de Enero, bastión chavista. El tercero iba a darse a finales de agosto, con la detonación de un explosivo en el Palacio de Justicia de Caracas, situado en una de las zonas más transitadas del centro de la ciudad.

“Todo esto forma parte de un plan que tenía su culminación en los próximos quince, pensaban perpetrar acciones de mayor magnitud en contra del pueblo de Venezuela y el presidente de la república”, detalló Jorge Rodríguez.

Las acusaciones cruzadas regresan así a su punto de mayor tensión desde el 23 de febrero, cuando el gobierno colombiano abrió dos puentes internacionales para intentar ingresar camiones y manifestantes por la fuerza en territorio venezolano. La noche siguiente había tenido lugar un ataque de un grupo de 60 paramilitares a un puesto de la Guardia Nacional Bolivariana a pocos kilómetros del puente internacional.

No es la primera vez que el gobierno venezolano acusa al de Colombia de ser parte activa en los intentos de derrocamiento de Nicolás Maduro. En agosto del 2018, Venezuela señaló que los autores del intento de asesinato del presidente se habían entrando en un campamento en Colombia, más exactamente en Chinácota. Desde allí también habrían traído los drones que cargaron los explosivos para realizar la acción.

La escalada ocurre en un momento de crisis de la oposición venezolana, que ha perdido su capacidad de movilización y de generar expectativa. Sus iniciativas se redujeron en las últimas semanas, al igual que su impacto mediático tanto nacional como internacional.

El escenario internacional tuvo en contrapartida dos noticias centrales. La primera, de orden similar al que enfrentan Cuba, Irán, Siria y Corea del Norte. La segunda, política, con el reconocimiento de la existencia de diálogos directamente entre el gobierno norteamericano y el venezolano.

Esto último se dio luego de que Maduro decidiera retirarse de la mesa de diálogo con la oposición en Barbados, debido al nuevo paso de acciones unilaterales de Estados Unidos. La confirmación de canales de diálogo entre ambos gobiernos evidenció que la resolución del conflicto pasa por un acuerdo con el gobierno norteamericano, real decisor, financista y articulador del intento de derrocamiento de Maduro.

La posibilidad de ese acuerdo todavía aparece lejana en un juego trancado. EE.UU. afirma que no está dispuesto a una negociación que no implique la salida del presidente venezolano antes mismo de unas elecciones. En cuanto al gobierno de Maduro, una de las exigencias es el retiro del bloqueo contra el país.

¿Cómo operará la nueva escalada entre Venezuela y Colombia en este contexto? El gobierno venezolano ha denunciado en varias oportunidades los laberintos de guerra que se preparan desde el país vecino. La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, anunció que presentará pruebas en Naciones Unidas sobre “la protección y amparo de Iván Duque a grupos terroristas y armados en Colombia para, con su anuencia, atentar contra nuestro orden constitucional”. 

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Macron proclama el "fin de la hegemonía de Occidente" y la reconciliación con Rusia

Según Le Monde, “después del éxito ( sic) del G-7 Macron sacudió a los diplomáticos (http://bit.ly/2MPxxOs)”.

No existió tal "éxito" cuando Macron se lució tres días antes de la cumbre del G-7 en Biarritz, al recibir en Brégançon a su homólogo ruso Vlady Putin, con quien acordó, más allá de la fachada de Ucrania, reconciliarse y lubricar la reincorporación de Rusia al formato del G-8, a petición expresa de Trump (http://bit.ly/2NM1AWL). Otro lucimiento de Macron fue su coup de théâtre persa: la recepción del canciller Javad Zarif en Biarritz, al margen del G-7.

En el seno del disfuncional G-7 no se resolvió nada. Ni siquiera la apremiante contribución al megaincendio del Amazonas. Quizá ayudó a lubricar la voltereta de Trump, para no perder la compostura, sobre la reanudación de las negociaciones de su guerra comercial contra China.

Macron lució enormidades un día después del G-7 –con su discurso que (en)marca el canto de cisne de Occidente– ante 200 diplomáticos (http://bit.ly/2NJC8kG): ¡un genial diagnóstico del zeitgeist geoestratégico! En un clásico estilo neo-gaullista, Macron definió el papel de Francia como una "potencia de equilibrio".

Le Monde recupera la "opción estratégica" de Macron: "evitar el desvanecimiento de Europa frente a la prominencia de China y EU", que pasa necesariamente por la reconciliación de la Unión Europea "con su vecino ruso" cuando hoy "Europa es el teatro de una lucha estratégica entre EU y Rusia" que tendrá "consecuencias de la guerra fría" en el suelo de Europa que corre el riesgo de desaparecer.

Macron abogó por una "estrategia de la audacia" con el fin de “colocar al hombre ( sic) en el centro de la civilización europea desde el Renacimiento” –tesis añeja de Bajo la Lupa.Diagnostica "el fin de la hegemonía occidental" y apela a “una transformación ( sic) y a una recomposición geopolítica y estratégica”.

Las "cosas cambiaron": feneció "el orden internacional de la hegemonía occidental desde el siglo XVIII": que fue primero francés con el siglo de la Ilustración; luego británico en el siglo XIX con la Revolución Industrial; y estadunidense en el siglo XX "gracias a dos grandes conflictos y a su dominación económica y política".

Hoy el mundo vive la multipolaridad con "la emergencia de nuevas potencias" cuyo "impacto ha sido subestimado". Coloca a China en primer lugar, luego a la "estrategia rusa" que ha sido muy "exitosa", además del resurgimiento de India.

Las tres superpotencias emergentes "se piensan como verdaderos Estados civilizatorios" que son muy atractivos por la inspiración que emanan: "India, Rusia y China poseen una inspiración política mucho más poderosa que la europea". Y eso que Macron no abordó la portentosa Ruta de la Seda de China que asocia a Rusia en su trayecto y a Europa como su terminal geoeconómica.

Reconoce que la “economía de mercado se financiarizó profundamente”, lo cual desembocó en un "capitalismo de acumulación" sin una clase media que constituía "el pedestal de la democracia" y alteró el orden político. Fustiga con justa razón a EU que “se encuentra en el campo occidental, pero que no comporta el mismo humanismo ( sic)”, a diferencia de la “sensibilidad ( sic)” de los europeos.

Luego de alardear que Francia representa hoy el "primer ejército europeo", amén de constituir una "superpotencia diplomática", advierte que "empujar a Rusia lejos de Europa es un profundo error estratégico", ya que el aislamiento de Moscú "incrementa las tensiones" y lo empuja a "aliarse con otras superpotencias cono China", lo cual no es del interés de Europa.

Lanza su seducción a Rusia, a quien invita a formar parte de su entorno civilizatorio europeo, en lugar de "ser el aliado minoritario de China". ¿Rusia como primum inter pares en Europa?

El supremo geoestratega que resultó ser el zar Vlady Putin es hoy motivo de la seducción simultánea de China, Trump y ahora de Francia/Europa. Sobra recalcar que quien lleva la mano de la definición geoestratégica euroasiática y global es Rusia, en la fase de su parusía con el zar Vlady Putin.

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Varsovia y Washington acuerdan la creación de seis bases de EE UU en Polonia

Estados Unidos contará con seis bases militares para sus tropas en Polonia, según ha anunciado este viernes en Varsovia el ministro de Defensa polaco, Mariusz Blaszak, después de un encuentro con el consejero de seguridad Nacional de EE UU, John Bolton. La decisión, sobre la que no se ha trasladado ni un solo detalle, se da a conocer tan solo un día después de que el presidente Donald Trump cancelara su viaje a Varsovia para participar en los actos de conmemoración del 80º aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, debido a la llegada del huracán Dorian. El presidente estadounidense tenía previsto reunirse el lunes con su homólogo polaco, Andrzej Duda y las delegaciones de ambos países, un encuentro que se iba a producir a menos de mes y medio de la celebración de las elecciones generales en Polonia. 

El pasado junio, durante una visita de Duda a la Casa Blanca, los mandatarios acordaron el envío de 1.000 soldados del Ejército estadounidense a Polonia. Trump aseguró entonces que los efectivos provendrían del contingente de 52.000 militares presente en Alemania. En aquel momento, el presidente estadounidense no se quiso comprometer a la creación de una base militar permanente en el país, para la que Varsovia ofrecía 2.000 millones de dólares (unos 1.820 millones de euros).

Hasta la fecha, unos 4.500 soldados norteamericanos están presentes en Polonia de forma rotatoria, una medida acordada por la OTAN en 2016 después de la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia en 2014. La parte más occidental de Rusia en el mapa, Kaliningrado, limita con la frontera nororiental polaca. En este enclave, Moscú ha desplegado misiles Iskander, de corto alcance y con capacidad nuclear. 

En la visita de junio, el presidente polaco encargó la compra de 32 cazas F-35, el modelo más avanzado fabricado en Estados Unidos. 

"Polonia es un socio destacado para EE UU y la OTAN, que invierte más del 2% del PIB en defensa", alabó Bolton. El consejero de seguridad norteamericano añadió que Trump fijará una nueva fecha para su visita a Varsovia lo antes posible. El vicepresidente Mike Pence, será el encargado de ocupar su lugar en los actos de conmemoración del 1 de septiembre en la capital, en los que estaba previsto que el presidente pronunciara un discurso a mediodía.  

Reuters

Varsovia 30 AGO 2019 - 13:27 COT

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¿Por qué esconde China sus buques petroleros de los radares estadounidenses?

Expertos afirman que China está escondiendo los petroleros para eludir las sanciones estadounidenses al crudo iraní

En la pugna por el control de las rutas de comercio marítimo convergen dos conflictos creados por la misma Administración Trump: la guerra comercial con China y la política de "máxima presión" contra Irán

Irán es el único país rico en petróleo en el que Estados Unidos no se ha afianzado y esto es una oportunidad para las necesidades energéticas de China

 

A principios de junio un enorme buque petrolero chino desapareció de pronto en el Océano Índico. Aparentemente, se había desactivado el sistema de rastreo que permite seguir su recorrido.

No era el primer buque que desaparecía de las pantallas. En las últimas semanas, las empresas que rastrean buques se han acostumbrado a que algunos desactiven los transpondedores que permiten que el buque envíe una señal de identificación a la Organización Marítima Internacional.

El gobierno de Trump ha incrementado sus esfuerzos en rastrear buques vinculados a la empresa estatal petrolera más grande de China después de las sospechas de que los buques estarían ayudando a transportar crudo iraní, desafiando las sanciones de Estados Unidos contra Teherán.

"Están escondiendo su actividad", afirmó en julio Samir Madani, cofundador de TankerTrackers.com, al New York Times. "No quieren que se sepa que han estado en Irán, evadiendo las sanciones. Es así de sencillo", atajó. 

El caso del buque Pacific Bravo, que Estados Unidos ya había señalado como sospechoso de violar las sanciones, es doblemente intrigante. Después de que desapareciera su número de identificación, volvió a aparecer más de un mes después, pero en un buque registrado con un nombre diferente. El cambio de nombre aparentemente habría sido un esfuerzo torpe por esconderlo.

Otros buques chinos, muchos pertenecientes al Banco de Kunlun, según informes periodísticos y pruebas de las empresas de rastreo, han utilizado tácticas diferentes. Algunos han sido localizados en imágenes satelitales interactuando con buques iraníes.

Lo que está ocurriendo en las rutas de comercio marítimo se enmarcan en una historia más grande, que tiene que ver con la compleja convergencia de dos apremiantes conflictos internacionales del Gobierno de Trump.

Washington pretende bloquear las exportaciones iraníes de petróleo como parte de una campaña de "máxima presión" para obligar a Teherán a negociar sus políticas nucleares y de seguridad. Y mientras, China —cuya guerra comercial con Estados Unidos se recrudece cada vez más— parece estar dando aire a Irán arrojándole un salvavidas.

Por su parte, Irán ha animado a China. Recientemente, el primer vicepresidente del país, Eshaq Jahangiri, en una conversación con un funcionario chino de visita en Irán dijo que Teherán espera que Pekín sea más activo en la comprar petróleo iraní.

"Creo que hace tiempo que los dos conflictos se han juntado", aseveró Ali Vaez, un analista iraní del thinktank Crisis Group. "La razón principal por la que al inicio China cumplió con las sanciones estadounidenses y redujo de forma significativa la importación de petróleo iraní fue porque esperaba poder utilizar esa carta en las negociaciones comerciales. Pero cuanto se paralizaron las conversaciones, China volvió a importar petróleo de Irán", agregó. 

Hasta ahora, los esfuerzos por evadir las sanciones habían tenido limitaciones. Vaez y otros analistas señalan que el mensaje del país asiático a su rival es claro: China puede "llevar al éxito o al fracaso la política de máxima presión de Estados Unidos".

A su vez, el cambio de rumbo de China hizo que en julio Estados Unidos emitiera nuevas sanciones contra el importador chino de petróleo Zhuhai Zhenrong, que copa el 60% del comercio de China con Irán, por "violar la ley estadounidense al aceptar crudo". 

Sin embargo, Vaez remarca que para China la adquisición de petróleo iraní no es solo una cuestión de influencia, sino que refleja su estrategia a largo plazo de no ser cómplice de las tácticas estadounidenses destinadas a generar un cambio de régimen en Irán.

"China tiene sus propias predicciones con respecto a Irán. Es el único país rico en petróleo en el que Estados Unidos no tiene una presencia afianzada. Desde el punto de vista de las necesidades energéticas de China, Irán es muy importante", apuntó. "Pero por otro lado, China se juega mucho en las negociaciones comerciales con Estados Unidos y tiene que encontrar un equilibrio en las relaciones con otros países petroleros como Arabia Saudí", añadió. 

Sanam Vakil, investigador de amplia trayectoria en Chatham House, considera que los subterfugios actuales reflejan un deseo tanto de China como de Irán de evitar un enfrentamiento abierto por este asunto, mientras que Teherán va encontrando formas cada vez más "creativas" de exportar petróleo.

Según Vakil, lo que ha quedado en evidencia ha sido la incapacidad del Gobierno de Trump de gestionar estas crisis solapadas generadas por su propia gestión. "No es positivo para la política exterior de Estados Unidos tener tantas crisis interconectadas. Es imposible para el Gobierno estadounidense alcanzar todos sus objetivos", señaló. 

Vaez coincide con el experto, añadió que la importación china de petróleo iraní podría contar con el discreto apoyo de las capitales europeas que todavía tienen la esperanza de preservar el acuerdo nuclear con Irán pese a la retirada unilateral de Washington.

"No sé si el Gobierno de Trump tiene la capacidad o la comprensión estratégica necesaria para unir los puntos. Por eso ha sido su propio peor enemigo. Muchos de sus principales adversarios, incluyendo a Corea del Norte e Irán, están pendientes de cómo el Gobierno de Trump trata a China", explicó Vaez. 

"Sin embargo, en la práctica, este es un gobierno que, dada la oportunidad de luchar contra varios incendios a la vez, no duda en aprovecharla", sentenció. 

29/08/2019 - 22:34h

Traducido por Lucía Balducci

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Culmina cumbre del G-7 entre divisiones y pequeños acuerdos

Biarritz. La cumbre 45 del G-7 finalizó ayer, marcada por los incendios en la Amazonia, la sorpresiva visita del canciller iraní, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la desnuclearización de la península de Corea, así como la situación que se vive en Libia, Ucrania y Hong Kong.

Al final de la reunión, un breve comunicado sobre varios temas reflejó ligeros acuerdos y algunas divisiones entre los líderes del G-7.

El ámbito comercial quizás es el que más destaca en el contexto de una guerra arancelaria entre China y Estados Unidos. El G-7 defendió una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

"El G-7 quiere reformar en profundidad la OMC para que sea más eficaz en la protección de la propiedad intelectual, resolver disputas más rápido y erradicar prácticas comerciales desleales."

En concreto, plantea alcanzar un acuerdo al respecto sobre esta reforma en 2020 y que ésta incluya simplificar la regulación y modernizar la fiscalidad internacional. "El G-7 está comprometido con el comercio global abierto y justo, y con la estabilidad de la economía", subrayó el texto.

A continuación, el comunicado mencionó a Irán, uno de los temas estelares de la cumbre, tras la sorpresiva visita a Biarritz del canciller iraní, Mohamed Javad Zarif.

"Compartimos completamente dos objetivos: garantizar que Irán nunca obtenga armas nucleares y promover la paz y la estabilidad en la región", apuntó el texto.

Sobre Ucrania, el documento respaldó que Francia y Alemania participen "en las próximas semanas" en una cumbre con el formato de Normandía, junto a Rusia y Ucrania, "para lograr resultados concretos".

Al referirse a Libia, el G-7 apoyó una tregua para lograr un alto el fuego duradero. "Creemos que sólo una solución política garantizará la estabilidad de Libia. Esperamos una conferencia internacional bien preparada que reúna a todas las partes interesadas y a todos los actores regionales involucrados en este conflicto". También apoyó el trabajo de mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana.

Acerca de las protestas en Hong Kong, se mencionó la "existencia e importancia" de la Declaración Chino-Británica sobre Hong Kong de 1984 por la que Londres accedió a devolver la soberanía de Hong Kong a China el primero de julio de 1997, y que consagra el principio "un país, dos sistemas" e hizo un llamado a "evitar la violencia".

Los líderes del G-7 reiteraron también su apego a la desnuclearización total de la península de Corea, lo que fue anunciado en rueda de prensa por el presidente francés, Emanuelle Macron.

Durante la reunión también se logró un acuerdo para destinar 20 millones de euros en ayuda de emergencia para la Amazonia, asolada por los incendios, y el envío de aviones bombarderos, afirmó Macron, al reconocer que "la pérdida del pulmón del planeta es un problema mundial".

Aparte, Reino Unido prometió 10 millones de libras esterlinas (unos 12 millones de dólares) para restaurar el hábitat de la mayor selva tropical del planeta.

En la elaboración del plan de dos etapas para salvar la Amazonia participó el presidente de Chile, Sebastián Piñera, único mandatario sudamericano invitado a la cumbre.

Esta "iniciativa para la Amazonia" requerirá el acuerdo de Brasil y de los otros ocho estados amazónicos, en relación estrecha con las ONG y las poblaciones locales, apuntaron Macron y Piñera.

Sin embargo, el gobierno brasileño reaccionó horas más tarde y advirtió que no aceptará los 20 millones de euros del G-7.

El gran ausente en las sesiones sobre clima y biodiversidad, que incluyeron estrategias sobre cómo afrontar la crisis en la Amazonia y los recortes de emisiones de dióxido de carbono, fue el presidente estadunidense, Donald Trump, quien envió a una comitiva, informó el diario británico The Guardian.

En el curso de una conferencia de prensa conjunta entre Macron y Trump, el magnate dijo estar dispuesto a reunirse con su homólogo iraní, Hassan Rouhani, si las circunstancias "son apropiadas", luego de que el mandatario francés estimó que se han "creado las condiciones para un encuentro" entre ambos.

Trump también anunció que podría invitar al presidente ruso, Vladimir Putin, a la próxima cita del G-7 que se llevará a cabo en 2020 en Estados Unidos, pese a la exclusión de Rusia desde 2014.

A su vez, Macron afirmó que los países miembros del organismo no lograron un consenso sobre el retorno de Rusia a la plataforma.

Trump afirmó que tiene en mente organizar la próxima cumbre en el Doral Miami, uno de sus campos de golf en Florida, lo que provocó suspicacias de la prensa.

En Biarritz, la policía francesa impidió el acceso al centro a un centenar de opositores al G-7, cuyo propósito era dar a conocer "sus propuestas para lograr un mundo mejor", a los líderes internacionales de una cumbre que consideran "ilegítima".

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Conspiración y corrupción: una hipótesis probable

Es común hablar de "teoría de la conspiración" cada vez que alguien revela o denuncia prácticas o articulaciones políticas "irregulares", ocultas al gran público en general y conocidas solo por los insiders o por las personas con más conocimientos. Y casi siempre, cuando se usa esta expresión es con el propósito de descalificar la denuncia que se ha hecho, o a la propia persona que hizo público lo que estaba destinado a ocultarse en la sombra o en el olvido de la historia. Pero, de hecho, más rigurosamente, no existe ninguna “teoría de la conspiración".

Lo que existe son "teorías del poder", y la "conspiración" es solo una de las prácticas más comunes y necesarias de quienes participan en la lucha política diaria por el poder en sí. Esta distinción conceptual es muy importante para quien se proponga analizar la coyuntura política nacional o internacional, sin temor a ser acusado de "conspiracionista". Y éste es un punto de partida fundamental para la investigación que nos proponemos hacer sobre cuál fue el verdadero papel del gobierno de los Estados Unidos en el Golpe de Estado 2015/2016 y en la elección del Capitán Bolsonaro ", en 2018. En este caso, no hay manera de no seguir el camino de la llamada "conspiración", que culminó con la ruptura institucional y el cambio del gobierno brasileño. Y nuestra hipótesis preliminar es que la historia de esta conspiración comenzó en la primera década del siglo XXI, durante el “mandarinato” del vicepresidente estadounidense Dick Cheney, aunque ha tomado otra dirección y velocidad desde la presidencia de Donald Trump y la formulación de su nueva "estrategia de seguridad nacional", en diciembre de 2017.

Al principio fue una sorpresa, pero hoy todos ya entendieron que esta nueva estrategia ha abandonado los viejos parámetros ideológicos y morales de la política exterior de los Estados Unidos, de defensa de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo económico, y asumió explícitamente el proyecto de construcción de un imperio militar global, con la fragmentación y multiplicación de conflictos, y el uso de diversas formas de intervención externa, en los países que se convierten en objetivos norteamericanos. Ya sea a través de la manipulación inconsciente de los votantes y de la voluntad política de estas sociedades; ya sea a través de nuevas formas "constitucionales" de golpes de estado; ya sea mediante sanciones económicas cada vez más extensas y letales capaces de paralizar y destruir la economía nacional de los países afectados; ya sea, finalmente, a través de las llamadas "guerras híbridas" destinadas a destruir la voluntad política del adversario, utilizando la información más que la fuerza, las sanciones más que los bombardeos y la desmoralización intelectual más que la tortura .

Desde este punto de vista, es interesante seguir la evolución de estas propuestas en los propios documentos de los Estados Unidos en los que se definen los objetivos estratégicos del país y sus principales formas de acción. Así, por ejemplo, en el Manual de Entrenamiento de las Fuerzas Especiales de EE. UU. Preparadas para Guerras No- Convencionales, publicado por el Pentágono en 2010, ya se afirma explícitamente que "el objetivo de EE. UU. en este tipo de guerra es explotar las vulnerabilidades políticas, militares, económicas y psicológicas de las potencias hostiles, desarrollando y apoyando a fuerzas internas de resistencia para alcanzar los objetivos estratégicos de Estados Unidos ". Con el reconocimiento de que "en un futuro no muy lejano, las fuerzas de EE. UU. participarán predominantemente en operaciones de guerra irregulares" .

Esta orientación fue explicitada de manera aún más clara en el documento que definió por primera vez la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. del gobierno de Donald Trump, en diciembre de 2017. Allí se puede leer con todas sus letras que en el "golpe a la corrupción" debe tener un lugar central la desestabilización de los gobiernos de los países que sea "competidores" o "enemigos" de los Estados Unidos . Esta propuesta fue detallada en el nuevo documento sobre la Estrategia de Defensa Nacional de los Estados Unidos, publicado en 2018, que señala que "una nueva modalidad de conflicto no armado ha tenido una presencia cada vez más intensa en el escenario internacional con el uso de prácticas económicas depredadoras, rebeliones sociales, ataques cibernéticos, noticias falsas, métodos anticorrupción " .

Es importante destacar que ninguno de estos documentos deja la menor duda de que todas estas nuevas formas de "guerra no convencional" deben ser utilizadas – prioritariamente - contra los Estados y las empresas que desafíen o amenacen los objetivos estratégicos de los EE. UU.

Ahora bien, en este punto de nuestra investigación, vale la pena hacer la pregunta fundamental: ¿cuándo fue, en la historia reciente, que Brasil entró en el radar de estas nuevas normas de seguridad y defensa de los EE. UU.? Y aquí no hay duda de que hay muchos hechos y decisiones que tomó Brasil, especialmente después de 2003, como su política exterior soberana, su liderazgo autónomo del proceso de integración sudamericano, o incluso de su participación en el bloque económico BRICS, liderado por China. Pero no hay duda de que el descubrimiento de reservas de petróleo del pre-sal, en 2006, fue el momento decisivo en que Brasil cambió su posición en la agenda geopolítica de los Estados Unidos. Basta leer el Blueprint for a Secure Energy Future, publicado en 2011 por el gobierno de Barack Obama, para ver que en ese momento Brasil ya estaba en una posición destacada en 3 de las 7 prioridades estratégicas de la política energética de los Estados Unidos: (i) como un fuente de experiencia para la producción de biocombustibles; (ii) como socio clave para la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; (iii) como territorio estratégico para la prospección en el Atlántico Sur .

A partir de ese momento, no es difícil rastrear y conectar algunos acontecimientos, especialmente desde que el gobierno brasileño promulgó, en 2003, su nueva política para proteger a los productores nacionales de equipos de los antiguos proveedores extranjeros de Petrobras, como fue el caso, por ejemplo, de la compañía estadounidense Halliburton, la mayor empresa en el mundo de servicios de yacimientos petrolíferos, y uno de los proveedores internacionales líderes de sondas y plataformas marinas, que fue administrada por hasta la década de 2000 por el mismo Dick Cheney, quien se convertiría en el vicepresidente más poderoso de la historia de los Estados Unidos de 2001 a 2009. Odebrecht, OAS y otras grandes empresas brasileñas entran en esta historia a partir de 2003, exactamente en el lugar de estos importantes proveedores internacionales que perdieron su lugar en el mercado brasileño. Aquí debe recordarse el inicio de la compleja negociación entre Halliburton y Petrobras sobre la compra y entrega de las plataformas P 43 y P 48 de $ 2,5 mil millones que comenzó en la administración de Dick Cheney y se extendió hasta 2003/4, con la participación del Gerente de Servicio de Petrobras en ese momento, Pedro José Barusco, quien luego se convertiría en el primer delator conocido para la Operação Lava-Jato.

En este punto, por cierto, siempre es bueno recordar la famosa tesis de Fernand Braudel, el mayor historiador económico del siglo XX, de que "el capitalismo es el antimercado", es decir, es un sistema económico que acumula riqueza a través de la conquista y preservación de monopolios, valiéndose de cualquier medio a su alcance. O incluso, traducir el argumento de Braudel para niños: el capitalismo no es una organización ética ni religiosa, y no tiene ningún compromiso con ningún tipo de moral pública o privada que no sea la multiplicación de sus ganancias y la continua expansión de sus mercados. Y esto es lo que se puede ver, más que en cualquier otro lugar, en el mundo salvaje de la industria petrolera mundial, desde el comienzo de su explotación comercial, a partir del descubrimiento de su primer pozo por el "coronel" E.L. Drake en Pensilvania, en 1859.

Ahora bien, volviendo al eje central de nuestra investigación y de nuestro argumento, es bueno recordar que este mismo Dick Cheney, que venía del mundo del petróleo y desempeñó un papel decisivo como vicepresidente de George W. Bush, fue el que concibió e inició la llamada "guerra contra el terrorismo", con el consentimiento del Congreso estadounidense para iniciar nuevas guerras, incluso sin la aprobación parlamentaria; y, lo que es más importante para nuestros propósitos, consiguió hacer aprobar el derecho de acceso a todas las operaciones financieras del sistema bancario mundial, prácticamente sin restricciones, incluyendo el viejo secreto bancario suizo, y el sistema de pagos europeo, SWIFT.

Por lo tanto, no es absurdo pensar que fue por este camino que el Departamento de Justicia de los EE. UU. haya tenido acceso a las informaciones financieras que luego fueron transmitidas a las autoridades locales de los países que Estados Unidos se propuso desestabilizar con campañas selectivas "contra la corrupción ”. En el caso brasileño, al menos, fue después de estos acontecimientos que ocurrió el asalto y el robo de informaciones geológicas clasificadas y estratégicas de Petrobras en 2008, exactamente dos años después del descubrimiento de las reservas de petróleo pré-sal de Brasil en el mismo año en que Estados Unidos reactivó su IV Flota Naval de Monitoreo del Atlántico Sur. Y fue en el año siguiente, en 2009, que comenzó el intercambio entre el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y los miembros del Poder Judicial, el Ministerio Publico y la Policía Federal brasileña, para abordar los problemas lavado de dinero y “lucha contra la corrupción”, en una reunión que dio como resultado la iniciativa de cooperación denominada Proyecto Puente, en la que participó el entonces juez Sérgio Moro.

Más tarde, en 2010, Chevron negoció discretamente, con uno de los candidatos a la elección presidencial brasileña, cambios en el marco regulatorio pre-sal, una "conspiración" que salió a la luz con las filtraciones de Wikileaks, que finalmente se convirtió en una Proyecto de ley presentado y aprobado por el Senado brasileño. Y tres años más tarde, en 2013, se supo que la presidencia de la República, los ministros de estado y los líderes de Petrobras estaban siendo objeto hace mucho tiempo de escucha telefónica y espionaje, como revelaron las acusaciones de Edward Snowden. El mismo año la embajadora de los Estados Unidos que acompañó el golpe de Estado de Paraguay contra el presidente Fernando Lugo fue trasladada a la embajada de Brasil. Y fue exactamente después de este cambio diplomático, en 2014, que comenzó la Operación Lava Jato, que se tomó la instigante decisión de investigar las recompensas pagadas a los directores de Petrobras, exactamente a partir de 2003, dejando de lado a los antiguos proveedores internacionales, en el preciso momento en que la compañía estaba concluyendo las negociaciones con Halliburton sobre la entrega de las plataformas P 43 y P48.

Si todos estos datos estuvieran conectados correctamente, y nuestra hipótesis fuera creíble, no es sorprendente que después de cinco años del inicio de esta “Operação Lava-Jato” las filtraciones publicadas por el sitio web The Intercept Brasil, informen sobre la parcialidad de los fiscales y del principal juez involucrado en esta operación y hayan provocado una reacción repentina y extemporánea a dos acusados principales de esta historia que prácticamente se escondieran, prácticamente, en los Estados Unidos. Probablemente en búsqueda de instrucciones e información que les permitieran salir del paso y hacer con sus nuevos acusadores lo que siempre habían hecho en el pasado, utilizando la información transmitida para destruir a sus oponentes políticos. Sin embargo, el pánico del ex juez y su falta de preparación para lidiar con la nueva situación lo hicieron actuar de manera apresurada, pidiendo una licencia ministerial y viajando por segunda vez a los Estados Unidos, haciendo con esto público su lugar en la cadena de mando de una operación que parece haber sido la única operación de intervención internacional exitosa, hasta ahora, por parte del dúo John Bolton y Mike Pompey, los dos "terroristas suicidas" que dirigen la política exterior del gobierno de Donald Trump. Una operación custodiada por los norteamericanos y avalada por los militares brasileños.

Por lo tanto, si nuestra hipótesis estuviera correcta, no hay la menor posibilidad de que las personas involucradas en este escándalo sean denunciadas y juzgadas imparcialmente, porque todos los involucrados siempre han tenido pleno conocimiento y han aprobado las prácticas ilegales del ex juez y su " fiscal auxiliar ", prácticas que fueron decisivas para la instalación del capitán Bolsonaro en la Presidencia de la República. Lo único que les molesta en este momento es el hecho de que su "conspiración" se haya hecho pública, y que todos han comprendido quién es el verdadero poder detrás de los llamados "Beatos de Curitiba".

Por José Luís Fiori* y William Nozaki**

*Profesor titular del Programa de Postgrado en Economía Política Internacional (IE / UFRJ); Investigador en el Instituto de Estudios Estratégicos sobre Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP). **Profesor de la Fundación Escuela de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP) y director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos del Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP).

28 de julio de 2019

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▲ Donald Trump, como otros imperialistas de su país, sueña con adquirir Groenlandia.Foto Ap

Más tardé en escribir "Los políticos daneses afirman que Groenlandia no está en venta. Lo peor es que quizá no sepan que Trump va a arrebatar y/o liberar Groenlandia al estilo antimexicano del siglo XIX", que al día siguiente Trump se enfrascaba en un duelo verbal con Mette Frederiksen, premier del Reino de Dinamarca, y cancelaba su visita a Copenhague (https://bit.ly/2THgNth). Trump espetó que la premier danesa no tiene interés en discutir la compra de Groenlandia.

No fue coincidencia la Nueva Estrategia Militar del Pentágono en el Ártico, que comprende a Groenlandia para contrarrestar la alianza de Rusia y China en la Nueva Ruta de la Seda Polar (https://bit.ly/2Nm4qBG).

Mes y medio más tarde Trump ofreció "comprar" Groenlandia.

La premier danesa afirmó que la "compra" es una "discusión absurda" y "ha sido claramente rechazada", pero se mantenía abierta a discutir la importancia geopolítica( sic) del Ártico (https://on.wsj.com/2Hkakzi).

En forma traviesa, Trump mensajeó que “promete no construir una Torre Trump en Groenlandia (https://bit.ly/30jXaK9)”.

Lo que menos interesa a Trump es fomentar el desarrollo inmobiliario de la isla autónoma habitada por 56 mil nativos inuit en más de 2.16 millones de kilómetros cuadrados.

Más allá de la captura de los "minerales de tierras raras" de Groenlandia –que serviría para contrarrestar el abasto de "minerales de tierras raras" de China, vitales para la tecnología de Estados Unidos (https://bit.ly/31OipEe)–, lo que está en juego es el bloqueo de la Ruta de la Seda Polar.

Paul Musgrave, de la Universidad de Massachusetts Amherst, comenta en Foreign Policy que “los imperialistas estadunidenses siempre ( sic) han soñado con Groenlandia”. Considera que la "compra" por Trump “ejemplifica sus valores decimonónicos (https://bit.ly/2NpfL3O)”.

A mi juicio, más que retornar a las prácticas imperiales del siglo XIX, Trump manifiesta más bien su proclividad por el siglo XVII: con la llegada en 1620 de los puritanos evangelistas del Mayflower –fundamento bíblico para su cruzada supremacista de los WASP (https://bit.ly/2JFEXmC)–, al unísono de la propensión por el mismo siglo XVII al que retrocede Kissinger, uno de sus principales inspiradores, en su libro Orden Mundial (https://amzn.to/2M4EyH6).

Kissinger se olvida de la fallida globalización financierista de EU en el siglo XXI, para retrotraerse cuatro siglos atrás hasta el concepto de "soberanía" gestado por el Tratado de Westfalia de 1648.

El irredentismo WASP del siglo XVII quizá epitomice, sumado de su conducta sicológica de sus recientes 29 años (https://bit.ly/31REoKw), el verdadero Trump que los daneses del siglo XXI, en la fase del declive europeo, no consiguen escudriñar.

Para Trump, la tercera oferta para comprar Groenlandia es la vencida desde hace 152 años.

Trump, cual es su costumbre, ejercerá su clásica "máxima presión" y jugará al trilema de su adicción por los casinos: 1) la "compra" per se –que se ignora el precio y a quién le pagará: si a los 56 mil nativos inuit, que quizá sucumban a la irresistible seducción pecuniaria, y/o al Reino de Dinamarca, a quien le está costando subsidiar financieramente a Groenlandia, de lo cual se aprovecha el presidente número 45; 2) la "liberación" inducida de la hoy autónoma isla que buscaría su independencia, dondeTrump emergería como el gran "libertador" de Groenlandia, ante lo cual se desconoce cómo reaccionará el Reino de Dinamarca, miembro de la OTAN, cuando la Unión Europea es golpeada tanto por el desenlace del brexit como por la crisis gubernamental en Italia debido al contencioso migratorio; y 3) el acomodamiento forzado de Trump con el vulnerable Reino de Dinamarca, donde EU usaría a Groenlandia como una extensa base militar sin tener que pagarle nada a nadie.

La tercera opción es la más elegante, pero con el mismo desenlace.

La región del Ártico, donde destaca la isla autónoma de Groenlandia, se suma a las otras dos regiones –"Indo-Pacífico" y Europa– donde EU se ha sumergido en una "Competencia Estratégica (como la define el Pentágono)" contra Rusia y China.

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Cumbre del G7: la desigualdad como leitmotiv

Los siete países más industrializados del planeta representan el 40% del PIB mundial y apenas agrupan al 12% de la población mundial. 

 

 La cumbre del Grupo de los 7 países más industrializados del planeta que se inicia este viernes en la localidad francesa de Biarritz es un abismo sin paracaídas y un concurso de groserías, burlas, narcisismos y provocaciones. 

El jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, tendrá que remar a todo pulmón para devolverle a la cumbre del G7 el espíritu con el cual el ex presidente francés Valery Giscard d’Estaing la creó en 1975. En aquel entonces Giscard quiso construir un ámbito de concertación. Comparado con los estertores que turban a varios de sus invitados, Macron se parece a un sabio que intenta frenar la vertiginosa velocidad del ridículo. Ocasiones ya no faltan. El G7 2019 es un concierto cacofónico entre opereta y guignol (obra de títeres). 

No hay que ser muy imaginativo para escuchar la melodía cómica: Italia llega sin gobierno (el primer ministro, Giuseppe Conte, presentó su renuncia) y manchado de inhumanidad por su gestión de la crisis migratoria en el Mediterráneo (particularmente con el barco de rescate Open Arms), el presidente norteamericano, Donald Trump, acude con su idea de comprar Groenlandia bajo el brazo, una casi guerra con Irán en el Golfo Pérsico y otra guerra comercial con China, su gran aliado británico, el primer ministro Boris Johnson, viene con la firme intención de chantajear a sus socios europeos: o aceptan una renegociación de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea o habrá un Brexit duro. A su vez, la canciller alemana Angela Merkel llega a Biarritz en pleno ocaso político y el líder canadiense Justin Trudeau aterriza en Europa debilitado por un caso de corrupción. Con estos ingredientes pimentados, más el crepúsculo ecológico del planeta como aroma dominante, el tema de la cumbre elegido por París ha quedado como esfumado: ”la lucha contra la desigualdades”.

De hecho, tal vez nunca se haya visto algo tan desigual y tan cómico en las altas esferas del poder mundial. Algunos dirigentes han conservado la inspiración para el diálogo y las posturas elegantes, otros son adictos a los portazos y los caprichos. Occidente siempre ha mirado con paternalismo a los países del sur. Quizá ahora la condescendencia cambie de región. Con solo pensar en que esa gente que quiere comprar Groenlandia y desencadena con ello una crisis diplomática con Dinamarca, otra que deja un barco en altamar con gente muriendo y otros más con unas cuantas iniciativas destructoras y con su legitimidad mermada, Occidente no protagoniza su ciclo más coherente. Como referencia está la pasada cumbre del G7 que se llevó a cabo en Canadá (Quebec). Donald Trump retiró la firma de Estados Unidos del comunicado final, le tiró un caramelo a la cara a la Canciller alemana Angela Merkel y luego acusó el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, de ser “deshonesto”.

Emmanuel Macron explicó que en en esta cumbre del G7 que se realiza entre el 24 y 26 de agosto (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Canadá y Japón) se tratará de “recuperar la savia de los G7, la de los intercambios y el diálogo”. Con la primera potencia mundial embelesada con una locomotora que arremete contra todo, la savia del diálogo sabe a café amargo. Los reparadores del mundo han perdido sus útiles y hasta su poder. El mundo de ahora no es el de 1975. Esos siete países que componen el grupo han perdido influencias. Juntos representan el 40% del PIB mundial y apenas agrupan al 12% de la población mundial. El G7 rehusó evolucionar y abrir el juego a otras potencias emergentes para terminar siendo un retrato de la impotencia y la comicidad de las relaciones internacionales. Eso es precisamente lo que explicó Emmanuel Macron hace unos días. El jefe del Estado argumentó que, antes, ”el orden internacional reposaba sobre la hegemonía occidental desde el el Siglo XVIII: en ese caso Francia, luego, en el Siglo XIX, Gran Bretaña y en el XX Estados Unidos. Pero esa hegemonía está hoy en tela de juicio”. 

Cuando concluyó el cumbre del G7 en Quebec, Macron la calificó como “un teatro de sombras y de divisiones”. En 2019 le tocará a él ser el director de un teatro aún mas sombrío y fracturado. Macron admitió que no compartía con Donald Trump sus ideas sobre “el orden del mundo ni sus objetivos”. No obstante, no por ello servirá el juego trumpista de la confrontación permanente. Los temas no faltan: Irán y el impuesto instaurado por Francia a los gigantes de Internet, los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon) son ya dos temas de ruptura. Sobre el impuesto a los GAFA, Trump habló en un twitt sobre “la estupidez de Macron”. No obstante, el presidente francés no ha renunciado a denunciar un “sistema loco” donde esas empresas evaden todos los impuestos. En cuanto a Irán, Macron se entrevistará estre viernes con el canciller iraní Mohammad Javad Zarif en busca de un acercamiento con Washington, idea que el Mister del gran Norte rehúsa tajantemente. Todas las tareas diplomáticas se esbozan con un trazo muy enredado y objetivos en tinieblas. Será difícil obtener algo. Quizá en esta modernidad trastornada el mayor logro esté en evitar el ridículo.

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Turquía y EEUU chocan en Siria por el reparto de la región petrolífera kurda

Después de instalar más tropas con artillería pesada a lo largo de la frontera con Siria, Tayyeb Erdogan anunció con bombo y platillo su intención de invadir la autonomía kurda rodeada de una veintena de bases militares de EEUU.

Consciente de que el Sultán turco cumple con sus amenazas, el gobierno de Trump le ofreció establecer una zona A de 5 kilómetros libres de las patrullas kurdas y otra B controlada por EEUU y países aliados. Ankara lo rechazó, exigiendo una “zona de amortiguamiento” de 32 km de profundidad, libre de las fortificaciones de las Fuerzas Democráticas Siria (FDS), que según el general Raymond Thomas, del Comando de Operaciones Especiales de los EEUU, son las mismas Unidades kurdas de Protección del Pueblo (YPG), a la que le cambiaron de nombre para desasociarlas del grupo “terroristas” de PKK, y facilitar su presencia en las negociaciones sobre el futuro de Siria, pensando que así iba a engañar a Erdogan. Ankara, además, se ofrecer para patrullar esta zona que abarca desde el río Éufrates hasta la frontera sirio-turco-iraquí, y será el asentamiento destinado a 3 millones de refugiados árabes sirios, que en el marco de la política kurdicida turca de “ingeniería demográfica” pretende alterar la composición étnica de la zona. A cambio, se compromete no atacar a las FDS. ¿En serio?

  1. Los kurdos sirios por su parte ofrecen una zona desmilitarizada de 5 km, y ser reemplazada por una patrulla neutral y nunca turca, a cambio de que Ankara retire sus fuerzas “yihadistas” de la región y deje regresar a los kurdos expulsados de sus hogares en Afrin.

Al final, el 7 de agosto, EEUU y Turquía acordaron establecer un centro de operaciones conjuntas en Ankara para coordinar y administrar la “zona segura”, que hará de pasillo para los refugiados, y aunque no habrá tropas turcas en las localidades bajo el control kurdo, sí que los miembros de las FDS podrán ser expulsados en caso de tener lazos con el PKK. EEUU pretende que Erdogan se conforme con Tel Abyad «Colina Blanca», antaño lugar de refugio para cientos de armenios huidos del genocidio a mano de los otomanos, y aparque su plan de exterminar a los kurdos. El (no) “acuerdo” silencia el tamaño de esta zona y la fuerza que la controla, aunque para la tranquilidad de Israel y los países árabes wahabitas que temen al Hermano Musulmán Erdogan, en la patrulla podrán incrustar a los soldados de Egipto, Emiratos Unidos Árabes y los Peshmerga («Quien se enfrenta a la muerte», en kurdo y persa) del Gobierno Regional del Kurdistán en Irak, aliado de Turquía y EEUU.

Los objetivos de Erdogan

Sabemos que Turquía con su poderoso ejército no necesita una ‘zona segura’ para protegerse de los kurdos, que ni se les ha pasado por la mente atacar un enemigo de tal envergadura. Sus posiciones son simplemente defensivas. Por lo que los verdaderos objetivos turcos son:

. Apoderarse del norte de Siria, rica en petróleo, gas, agua y recursos agrícolas, y si puede, anexionarlo a Turquía. Que los kurdos hayan decidido llamarse “Federación Democrática del Norte de Siria“ con el objetivo de atraer a las provincias árabes de Raqqa y Deir ez-Zur, eliminando la palabra ‘Rojava’ «Occidente», (o sea, el Kurdistán occidental, frente a las regiones kurdas en el sur, norte y este en Irak, Turquía e Irán), ha aumentado las preocupaciones turcas.

. Si “la mejor defensa es un buen ataque”, Erdogan amenazando a EEUU con destruir a los kurdos, pretende parar a cambio la imposición de sanciones contra Turquía por sus relaciones con Rusia.

. Con proyectos de construcción de viviendas para los refugiados, beneficiar a las empresas turcas en un momento económico difícil, y llevarse a cambio el petróleo sirio.

. Atraer el apoyo de los chovinistas turcos tras perder la alcaldía de Estambul; por lo que no puede dar marcha atrás y regresar de Siria con manos vacías después de haber gastado miles de millones de euros y destruir tantas vidas. La estrategia magistral de Obama de convertir Siria en un pantano que tragase a los rivales de EEUU e Israel ha funcionado a la perfección: ya controla cerca del 30% del país, sin gran esfuerzo. Y lo más graves para Ankara es que no tiene un Plan B, salvo recurrir a sus “yihadistas” para alargar un fracaso histórico.

. Cumplir con su promesa electoral de expulsar a los refugiados sirios. Pero, a EEUU no le interesa este plan de “la vuelta a la normalidad” en Siria: necesita una guerra aún más larga para declarar a Siria como otro “Estado Fallido”, romperlo en la línea etnoreligioso, consolidar su potencia militar en Eurasia e ir a por Irán, que han sido parte de sus objetivos iniciales. De hecho, ha mantenido las sanciones económicas contra el gobierno de Asad, evitando que gestione la reconstrucción del país.

Este escenario, además de caótico, es también surrealista: Un Tayyeb Erdogan representante del imperialismo turco se está presentando como el campeón de la lucha antiestadounidense en Siria, mientras la izquierda kurda intenta defenderse, con más o menos fortuna, de quienes desde la derecha (turca) e izquierda le tachan de “lacayos de los yanquis”.

El tiempo de EEUU se agota

Sobre qué hacer con los kurdos de Siria, hay dos principales líneas en la política de EEUU:

  1. La que apuesta por crear un estado kurdo, uniendo las áreas kurdas de Irak y Siria, rompiendo ambos países en favor de mini estados controlables basados en el nacionalismo o en la religión, en el cumplimiento del proyecto del Nuevo Oriente Próximo (y a beneficio de Israel). El complejo Militar -Industrial, que vive de estas guerras interminables, y sus representantes Mike Pompeo y John Bolton, tienen esta posición.
  2. La que afirma que la alianza con los kurdos ha sido táctica, ahora son prescindibles y sus efectivos podrán ser sustituidos por armas avanzadas; además, un “Estado Kurdistán” hoy es inviable, por lo que Turquía, que es vital para los intereses de EEUU en Eurasia, debe ser recuperada antes de que sea demasiado tarde, y sólo hay que negociar el precio de la cabeza de los kurdos con Erdogan.

De todas formas, para mantener sus fuerzas militares en un país, EEUU necesita el respaldo de una entidad local (en Irak, en Afganistán, Japón a Alemania se apoya en sus gobiernos), por lo que en Siria necesita de los kurdos, aunque disfrace esta intención con el “compromiso moral” con ellos: saboteará cualquier conversación entre esta milicia y Damasco para retenerla a su lado. Luego, para disuadir a los turcos puede animar al Congreso aprobar una resolución en reconocimiento del Genocidio Armenio, establecer sanciones sobre la economía del país y su políticos, por ejemplo, sin dejar de intentar otro atentado contra Erdogan.

En la otra punta está Donald Trump, quien quiso sacar las tropas de Siria, pero según él mismo la industria militar se lo impidió. EEUU se encuentra en un callejón sin salida y simplemente pretende ganar tiempo: carece de cualquier poder sobre un crecido presidente turco. Por lo que, no podrá detener al ejército turco si éste decide invadir Siria: dejará a los kurdos a la merced de los turcos mientras no haya soldado estadounidense herido.

Ankara se suicida: en el norte de Siria lucha contra los kurdos y EEUU, y en Idlib contra Rusia y Damasco.

Los kurdos, que han sufrido, desde hace siglos, políticas de turkificación, arabización y persificación de sus regiones, colonizadas por los estados que les han perseguido sin piedad, ahora y ante el espejismo del triunfo en el norte de Siria, se plantean ya no “cómo resistir”, sino cómo evitar una nueva ronda de masacre kurda, y aquí es donde la solidaridad internacional es imprescindible.

21 agosto 2019

Publicado enInternacional