El coronavirus y el fin de la era neoliberal

Después de repetirnos durante cuarenta años los dogmas neoliberales, la crisis financiera sacudió seriamente nuestra fe en ellos, pero al final se mantuvo el sistema. Esta vez es diferente. La coronacrisis y las medidas socioeconómicas para salvar el sistema hicieron caer, uno a uno, los dogmas neoliberales. Es hora de hacer algo nuevo.

 

Los dogmas caídos

 

«Vivimos por encima de nuestras posibilidades, no hay dinero”

Llevan años diciéndonos eso. La atención sanitaria era demasiado cara, los subsidios de desempleo demasiado generosos, los salarios demasiado altos y simplemente no había dinero para asuntos sociales o culturales. El déficit y las deudas del gobierno se tenían que reducir y por eso teníamos que ahorrar en todo.

Ahora, de la noche a la mañana parece haber dinero y parecen haber encontrado gigantescos botes de dinero. Hoy en día se gastan miles de millones de euros como si nada. Un déficit en el presupuesto de más de tres veces el 3 % acordado en el tratado de Maastricht o una deuda mucho mayor que el 100 % del PIB, de repente, dejaron de ser un problema.

«El mercado libre lo resuelve todo, el Estado es ineficiente»

Privatizar y desregularizar lo más posible, esa era la consigna. El Estado tenía que “adelgazar” lo máximo posible e intervenir lo menos posible (1). Para Bart De Wever, el presidente del partido más grande de Flandes, “el estado es un monstruo que aspira el dinero y lo escupe después”.

Durante la coronacrisis el mercado libre falló completamente. Quizás lo más notable fue el caso de los tapabocas. Al mismo tiempo vimos tanto un dramático retorno como la rehabilitación del gobierno público. Se hizo visible para todos que sólo el Estado puede controlar y superar una crisis de tal magnitud. Se nacionalizaron fácilmente en su totalidad o en parte sectores importantes de la economía. Según el Wallstreet Journal, las medidas de estímulo económico en los Estados Unidos son “el mayor paso hacia una economía de planificación centralizada que jamás haya dado Estados Unidos”.

«El capital y la empresa crean riqueza”

Son los empresarios los que crean riqueza. Gracias a su capital, coraje e innovación, crean empleo y aumentan la riqueza de un país.

Los confinamientos en los distintos países revelaron todo lo contrario en todas partes: son los trabajadores y su trabajo los que crean la riqueza. Cuando parte de la población activa se vio obligada a dejar de trabajar, el crecimiento económico se desplomó. Es el trabajo el que crea al capital y no al revés. El confinamiento también demostró que a menudo son los trabajos más esenciales los que están peor pagados.

«Lo que es bueno para los ricos es bueno para todos”

Precisamente porque la riqueza la crean el capital y los empresarios, los tenemos que mimar. Las medidas que favorecen a los empresarios y a las rentas altas (regalos fiscales, subsidios salariales, ayudas estatales, etc.) aumentan la inversión y crean puestos de trabajo. Su ventaja se filtra finalmente hasta abajo. Este llamado efecto de goteo fue la excusa para justificar la política diseñada para el 1 % más rico.

El coronavirus destruyó esta falacia por completo. Gracias a las medidas de apoyo, los súper ricos se benefician enormemente. Desde el 18 de marzo, los multimillonarios de los Estados Unidos ya han visto aumentar sus activos en una quinta parte, o sea 565.000 millones de dólares. JPMorgan, el banco más grande de los EE.UU., reportó las mejores cifras que jamás haya tenido en un trimestre. La compañía de inversiones Goldman Sachs registró un crecimiento del 41 % en comparación con el año anterior. Pero poco de ese “efecto de goteo” se nota. En todo el mundo cientos de millones de personas se ven empujadas a la pobreza extrema. En Bélgica aumentó el número de personas que van a los bancos de alimentos en un 15 % y esto es sólo el comienzo.

«La gente es egoísta”

El ser humano es capaz de hacer el bien, pero por naturaleza es malo. Está impulsado en primer lugar por el interés propio. Esto es lo que los gurús neoliberales nos han estado diciendo durante décadas. Al final, según ellos, esto es ventajoso porque el interés propio lleva a la competencia y eso es precisamente lo que impulsa nuestra economía.

La solidaridad espontánea y masiva que surgió durante la coronacrisis arrasó con esta cínica imagen del ser humano. Los jóvenes fueron a hacer compras para sus vecinos ancianos, miles de voluntarios hicieron tapabocas o se presentaron en los bancos de alimentos para ayudar. A pesar de la falta de equipos de protección, las enfermeras empezaron a cuidar de sus pacientes arriesgando su propia salud y, por tanto, sus vidas. Ciertamente, había grupos a los que no les importaban las medidas de seguridad, pero esas eran las excepciones que confirmaban la regla. La coronacrisis muestra hoy más que nunca que el ser humano es esencialmente un súper colaborador, como lo describieron el autor belga Dirk Van Duppen y el periodista holandés Rutger Bregman. Wendy Carlin, profesora de economía, lo expresa así: “Habrá que actualizar finalmente el modelo del actor económico como amoral y egocéntrico”.

 

No repetir los errores de 2008

 

Todos los partidos tradicionales, incluidos los Verdes y los Socialdemócratas, han contribuido, o al menos han apoyado, la política neoliberal en los últimos cuarenta años (2). Las consecuencias de esta política antisocial se han hecho dolorosamente claras en estos últimos meses. En los centros de salud y los centros de atención a los ancianos, los ahorros y las privatizaciones costaron muchas vidas humanas. Además, las recetas neoliberales parecen ser totalmente inadecuadas para dar una respuesta firme al colapso económico.

Un enfoque similar al del período posterior a 2008 – imprimir dinero extra e insertarlo a la economía combinado con una política de austeridad – sería un gran error. Un nuevo dopaje financiero podría arruinar la ya gravemente debilitada economía. Los nuevos ahorros erosionarían aún más el poder adquisitivo y causarían una profunda crisis social y política. Las advertencias del Financial Times son inequívocas: “Si queremos que el capitalismo y la democracia liberal sobrevivan al COVID-19, no podemos permitirnos repetir el enfoque erróneo de ‘socializar las pérdidas y privatizar los beneficios’ de hace diez años”. “El regreso a la austeridad sería una locura, una invitación a la agitación social generalizada, si no a la revolución, y una bendición para los populistas”.

 

La gran llamada para un cambio de paradigma

 

Está claro, el neoliberalismo ha terminado, es hora de algo nuevo. Excepto por unos pocos fanáticos, nadie quiere volver al mundo precorona. La crisis y las medidas que se tomaron han provocado muchas frustraciones y han radicalizado a una parte importante de la población activa. En los EE.UU. el 57 % de la población cree que su sistema político sólo funciona para los que tienen dinero y poder. La mayoría de los jóvenes menores de 30 años están a favor del socialismo. En Reino Unido apenas el 6 % quiere volver al mismo tipo de economía que antes de la pandemia. Sólo el 17 % cree que las medidas de estímulo deberían financiarse con nuevos ahorros.

El 70 % de los franceses piensa que es necesario reducir la influencia del mundo financiero y de los accionistas. En Flandes tres cuartas partes de la población creen que el dinero debería provenir de las grandes fortunas y dos tercios creen que los políticos deberían trabajar en una ambiciosa redistribución de la riqueza después de la crisis.

El mundo académico y cultural también está en esa longitud de onda. Tres mil científicos de 600 universidades creen que la sociedad debe cambiar radicalmente su rumbo y volver a poner a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. Doscientos artistas, incluidos Robert de Niro y Madonna, lanzaron un llamamiento al “mundo” para no volver a la “normalidad” de antes de la pandemia, sino para cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, de consumo y economía.

Esta idea penetró hasta el mundo de los negocios. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Según él, la pandemia puso de manifiesto las deficiencias de un “viejo sistema” que había descuidado la infraestructura, la atención de la salud y los sistemas de seguridad social. “Si seguimos como hasta ahora, podría llevar a una rebelión.” En ese contexto los súper ricos están rogando en una carta abierta que se les aumenten los impuestos.

Según el Financial Times, debe haber “reformas radicales” sobre la mesa. “Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deberían ver los servicios públicos como inversiones y no como costos, y buscar formas de hacer que el mercado laboral sea menos inseguro. La redistribución de la riqueza volverá a estar en la agenda. Las políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como la renta básica y el impuesto sobre el patrimonio, deberían incluirse en la mezcla”.

Según este mismo periódico, la democracia liberal “sólo sobrevivirá a este segundo gran choque económico si se realizan ajustes en el marco de un nuevo contrato social que reconozca el bienestar de la mayoría por encima de los intereses de unos pocos privilegiados”. La prestigiosa revista Foreign Affairs también habla de un “nuevo contrato social”. Su objetivo es “el establecimiento de un ‘estado de bienestar’ que proporcione a todos los ciudadanos los servicios básicos necesarios para mantener una calidad de vida decente”. Esto presupone “el acceso universal garantizado a una atención sanitaria y a una educación, ambas de alta calidad”. Lo que hasta hace poco solo lo pedía la extrema izquierda, se ha convertido en la corriente principal.

 

Una respuesta a cuatro crisis

 

Los desafíos a los que nos enfrentamos son muy grandes: El nuevo paradigma debe ser capaz de responder a por lo menos cuatro crisis (3).

1. Estancamiento económico

En los últimos veinte años la economía mundial ha experimentado tres grandes crisis: la crisis de las puntocom en 2000, la crisis financiera en 2008 y, en los últimos meses, una depresión tras una pandemia. Esto deja claro que el COVID no es la causa sino el detonante de la tormenta económica. Una economía sana debería en principio ser capaz de hacer frente a tal coronachoque, un país como China lo demuestra. Pero para la economía capitalista eso no parece ser el caso en absoluto. El crecimiento de la productividad casi se ha paralizado, las tasas de beneficio (porcentaje de la ganancia sobre el capital invertido) están disminuyendo constantemente y la deuda mundial ha aumentado hasta uno insostenible 322 % del PIB. Además, cada crisis no significa nada más que miseria para millones de personas. Esta crisis empujará una vez más a varios cientos de millones de personas a la pobreza. No puede seguir así.

2. Escandalosa brecha entre ricos y pobres

En el capitalismo la producción está dirigida únicamente a los beneficios de un pequeño grupo de propietarios privados y no funciona de acuerdo a las necesidades sociales o las oportunidades de desarrollo de la gran mayoría. Esto crea una escandalosa brecha entre ricos y pobres.

Con la riqueza que se produce hoy en día en todo el mundo cada familia con dos adultos y tres niños tiene un ingreso mensual potencial disponible de 4.100 euros (sí, lo has leído correctamente) (4). Sin embargo, una de cada tres personas de la población mundial no tiene saneamiento básico y una de cada ocho no tiene electricidad. Uno de cada cinco vive en una casa de contrachapado y uno de cada tres no tiene agua potable.

En Bélgica el 5 % de los más ricos posee tanto como el 75 % de los más pobres. En uno de los países más ricos del mundo un 20 % de las familias corre el riesgo de caer en la pobreza, una cuarta parte de las familias tiene dificultades para pagar los gastos médicos, un 40 % no puede ahorrar y un 70 % de las personas desempleadas tiene dificultades para llegar a fin de mes.

Estos no son excesos del sistema. Se derivan directamente de su lógica.

3. Las próximas pandemias

Desde principios del siglo pasado sabemos que casi todas las epidemias modernas son el resultado de la intervención del hombre en su entorno ecológico inmediato. Los mamíferos y las aves son portadores de cientos de miles de virus que son transmisibles a los seres humanos (5). Debido a la explotación de zonas naturales anteriormente inaccesibles cada vez hay más posibilidades de que estos virus se transmitan a los seres humanos.

Los principales expertos lo han estado advirtiendo durante más de diez años en respuesta al VIH, SARS, ébola, MERS y otros virus. En realidad, tuvimos suerte de que no nos hayan llegado otros virus más mortales. En 2018 los científicos de EE.UU. elaboraron un plan detallado para prevenir tales pandemias. Se estima que las pérdidas a causa del COVID-19 alcanzan los 12.500.000 millones de dólares. El costo del plan de prevención de 2018 era de apenas 7.000 millones de dólares.

Aún no se ha encontrado ningún financiador para el proyecto. No debería sorprender, porque esa investigación está en gran parte en manos privadas y no en interés público, sino con fines de lucro. Chomsky lo dice muy claramente: “Los laboratorios de todo el mundo podrían haber trabajado en la prevención de posibles pandemias de coronavirus. ¿Por qué no lo hicieron? Las señales del mercado no eran buenas. Dejamos nuestro destino en manos de tiranías privadas, que se llaman corporaciones y que no tienen que rendir cuentas ante el público, en este caso, la industria farmacéutica. Para ellos, producir nuevas cremas es más rentable que encontrar una vacuna que pueda proteger a la gente de la destrucción total”.

4. La degradación del clima

La búsqueda del máximo beneficio socava el sistema ecológico de la tierra y amenaza la supervivencia de la especie humana. Según la conocida escritora y activista Naomi Klein, el mundo se enfrenta a una decisión decisiva: o salvamos el capitalismo o salvamos el clima. Esta decisión es particularmente aguda en el sector de la energía fósil, que es el principal responsable de las emisiones de CO2. Las 200 empresas más grandes de petróleo, gas y carbón tienen un valor de mercado combinado de 4 trillones de dólares y obtienen unos beneficios anuales de decenas de miles de millones de dólares. Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C, estos gigantes de la energía deben dejar entre el 60 % y el 80 % de sus reservas intactas. Pero eso iría en detrimento de sus expectativas de ganancias y hundiría instantáneamente su valor en el mercado de valores. Por eso siguen invirtiendo cientos de miles de millones de dólares anuales en la búsqueda de nuevos yacimientos. Si se mantiene la política actual, en lugar de disminuir drásticamente, la demanda de combustibles fósiles habrá aumentado casi un 30 % en los próximos veinte años, sin que se vislumbre un pico.

Dentro de la lógica de las ganancias, el calentamiento global es imparable. Según The Economist, el portavoz de la élite económica mundial, el costo financiero es simplemente demasiado alto para combatir el calentamiento global.

En respuesta a la coronacrisis los gobiernos han tomado medidas sin precedentes. Habrá que tomar medidas igualmente radicales para hacer frente a la degradación del clima. “Si hay algo que la pandemia ha demostrado”, dice el Financial Times, “es el peligro de que se ignoren las advertencias de los expertos”.

 

Lucha por un sistema social diferente

 

¿Qué nos enseñan estas cuatro crisis? Que tendremos que repensar completamente nuestras políticas y nuestra economía. Para salir del actual estancamiento económico primero será necesario frenar los mercados financieros y romper el poder desproporcionado de las multinacionales. Para hacer frente a los problemas sociales la economía ya no debe centrarse en los beneficios privados de unos pocos, sino en las necesidades sociales de muchos. También debe haber una redistribución de la riqueza. Para armarnos contra futuras pandemias la industria farmacéutica tendrá que hacer un profundo cambio de rumbo. Después de todo, la política climática es demasiado importante como para dejarla en manos de los gigantes de la energía y su lógica de beneficio. Hay que romper su omnipotencia de modo que haya espacio para una política climática responsable.

Para lograr todo esto tendremos que subordinar la esfera económica a la esfera política. Dónde y en qué se invierte, la distribución de los excedentes económicos, el comercio, las finanzas, etc., todo ello debe centrarse en las prioridades y necesidades de la comunidad actual y las de las generaciones futuras. Esta “planificación” (6) no implica de ninguna manera un control total del Estado, sino que la economía esté controlada por un órgano político (elegido) y no por propietarios privados. Significa que la lógica económica se subordina al Estado y no al revés.

Un sistema social diferente es necesario y urgente, pero no se logrará por sí solo. Las ideas correctas son importantes, pero no lo suficiente como para provocar un cambio. Hay enormes intereses detrás del sistema actual. Los que se benefician de este sistema nunca renunciarán voluntariamente ni estarán dispuestos a hacer concesiones, aunque haya capitalistas ilustrados que están convencidos de que tales concesiones son esenciales para preservar el sistema. Las organizaciones de empresarios incluso tratarán de aprovechar la situación de crisis para imponer una estrategia de choque.

La historia nos enseña que el tipo de sociedad y nuestro futuro dependerán de la batalla que libremos. Como dice el sociólogo Jean Ziegler, “no debemos ser optimistas, debemos movilizar a la gente” (7). Para que esta movilización sea poderosa tendremos que organizarnos con firmeza, porque el oponente está muy bien organizado. O como dice Varoufakis “si no logramos unirnos ahora, mi temor es que este sistema sólo profundice su cruel lógica”.

En cualquier caso, estos serán tiempos emocionantes y decisivos. Prepárate.

Por Marc Vandepitte | 30/07/2020

 

Notas:

(1) La retirada del Estado no se aplica a los principales monopolios, por el contrario. Debido a su gran concentración de poder, tienen cada vez más impacto en el sistema estatal. Utilizan el poder del Estado para fortalecer su posición competitiva y garantizar las máximas ganancias. Esto se hace de varias maneras. Las más conocidas son los contratos públicos, los subsidios y las tasas impositivas favorables. El gobierno también está llamado a explorar nuevos sectores o productos. Aquí las inversiones son inciertas y a menudo requieren grandes cantidades de capital. Las agencias gubernamentales están asumiendo esta fase inicial costosa y arriesgada, a menudo en el contexto de la industria de la guerra. En una etapa posterior, luego se transfieren al sector privado, se privatizan literalmente. Para dar algunos ejemplos recientes, ese fue el caso con la PC, Internet, el algoritmo de Google, las redes inalámbricas, la tecnología de pantalla táctil, GPS, microchips, biotecnología, nanotecnología y muchos otros productos o sectores rentables. El financiamiento inicial de Apple provino de una compañía de inversión del gobierno de los Estados Unidos.

(2) En todos los países en los que gobernaron los socialdemócratas ayudaron a dar forma a las políticas neoliberales. En Reino Unido Blair lanzó la “Tercera Vía” entre el capitalismo y el socialismo, e hizo un pacto con el ultraderechista Berlusconi. En Alemania Gerhard Schröder, el líder de los socialdemócratas, presentó el modelo de salarios bajos que inició una espiral de disminución salarial en toda Europa. En Bélgica los socialdemócratas son en parte responsables del deterioro del poder adquisitivo, las malas condiciones de trabajo, los recortes en la seguridad social y la atención médica, y el empeoramiento de los sistemas de pensiones.

Hasta ahora los Verdes no han gobernado mucho y donde lo hicieron, no han cambiado el curso de las políticas neoliberales. En Alemania han defendido con entusiasmo el modelo de bajos salarios. Durante su única participación gubernamental en Bélgica (1999 a 2004) los Verdes lograron producir solo cambios menores. En el Parlamento Europeo los Verdes han respaldado casi por completo las medidas neoliberales, como el Six Pack y, por lo tanto, son en parte responsables de las drásticas políticas de austeridad en la UE.

(3) Para una versión más elaborada de tal modelo alternativo, ver ‘Otra economía es necesaria y posible’ y ‘Crisis del Capitalismo’.

(4) El cálculo para una familia media se basa en la hipótesis plausible de que el ingreso disponible de los hogares es un 70 % del PIB. Utilizamos el producto mundial bruto: 136 billones de dólares en 2019. Esta cifra, expresada en dólares PPA [Paridad del Poder Adquisitivo], tiene en cuenta unas diferencias de precios entre países para los mismos bienes o servicios y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial: para Bélgica 1 dólar PPA equivale a 0,808 euros. Fuentes: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP); https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.KD; http://www.worldometers.info/world-population/world-population-by-year/; https://data.oecd.org/conversion/purchasing-power-parities-ppp.htm.

(5) Se estima que se trata de 350.000 a 1.3 millones de virus. Fuente: The Economist.

(6) Se podría definir la planificación económica como la capacidad de imponer objetivos decididos democráticamente para el desarrollo económico sostenible. Hay diferentes grados y niveles de planificación. La planificación debe ponerse en práctica de manera cualitativa, es decir, en relación a las necesidades humanas vitales, y en que se debe evitar la aplicación de una planificación burocrática.

(7) “Geciteerd in een Interview, Solidair, julio-agust de 2020, p. 31.

Traducido del neerlandés por Sven Magnus.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2020/07/20/het-neoliberalisme-in-ademnood-maar-komt-er-nu-ook-eindelijk-een-einde-aan/

Publicado enEconomía
El ex primer ministro Tony Blair no oculta su reclamo por un Gobierno Mundial.Foto Ap

El ex primer ministro británico, Tony Blair, un "socialista" travesti y simultáneamente neoliberal “ofertista ( supply-side economics)”, divide al mundo entre "globalizadores y no-globalizadores" –no se atreve a pronunciar el epíteto de "nacionalistas" y/o soberanistas– y no oculta su reclamo por un Gobierno Mundial (https://bit.ly/2NlkXER).

Desde su Instituto para el Cambio Global (ICG), Blair pregona "una mayor vigilancia (sic) tecnológica" (https://bit.ly/3ew0wkg) cuyo "precio vale la pena pagar". ¡Uf!

Lo más ominoso es la confesión de Blair, destructor con Baby Bush de Irak, de que su ICG se encuentra "incrustado (sic) en los gobiernos de todo el mundo".

Los globalistas de Davos que mal gobernaron al mundo no se dan por derrotados y han pasado a una feroz contraofensiva para posicionarse en la fase "post-Trump", a quien dan por liquidado, y cinco meses antes de las elecciones en EU, el príncipe de Gales y el suizo Klaus Schwab –miembro del siniestro Grupo Bilderberg, muy vinculado a los intereses de Israel, y a quien le fue otorgada la Orden del Águila Azteca por Calderón– anunciaron una "cumbre gemela" presencial y virtual en el Foro Económico Mundial (FEM) en enero de 2021 bautizada el "Gran Reset"(https://bit.ly/3hWSi76):

  1. Se trata de un "compromiso para construir los fundamentos del sistema económico y social para un futuro más justo, sustentable y resiliente". Baste señalar que el FEM viene repitiendo la misma letanía desde hace medio siglo y ahora lo disfraza con un lenguaje ciber-fármaco-ambientalista de su muy controvertida "Cuarta Revolución Industrial" (https://bit.ly/37VpLtS).
  1. Requiere un "nuevo contrato social centrado en la dignidad humana (sic), la justicia (sic) social y donde el progreso de la sociedad no venga detrás del desarrollo económico". ¡Esto equivale al suicidio del caníbal neoliberalismo global "reseteado"!
  1. La "crisis de la salud global desnudó las rupturas en nuestras economías y sociedades y creó una crisis social que requiere urgentemente (sic) trabajos decentes (sic) y significativos". Además de constituir una aburrida perogrullada, incurre en graves contradicciones con su digitalización/robotización/automatización laboral.

El FEM se enfoca(rá) al cambio climático y a su objetivo de "descarbonizar la economía". ¡Todo un tema para el debate!

El "Gran Reset" de los globalistas de Davos manejará una gran escenografía hollywoodense con todos los recursos digitálicos y la participación de una "red global de 400 (sic) ciudades en el mundo", al unísono de "hacedores globales de las comunidades" –proyecto de Klaus Schwab que lleva nueve años sin fructificar– para entablar un "diálogo encabezado (sic) por generaciones más jóvenes". Aquí existe un grave problema de colisión transgeneracional cuando los globalistas de Davos ostentan un promedio de la tercera edad –George Soros con 89 años y Klaus Schwab con 82–, frente al promedio de 29 años de México que es un “país millennial”, uno de los participantes.

El connotado politólogo Samuel Huntington acuñó el término "El Hombre de Davos": "tienen poca necesidad para la lealtad (sic) nacional, vislumbran las fronteras nacionales (sic) como obstáculos que se están desvaneciendo, y ven a los gobiernos nacionales como residuos del pasado, cuya única función útil es facilitar las operaciones de la élite global" (https://bit.ly/2V9Srds).

Samuel Huntington arguyó hace 16 años –“Las almas muertas: La desnacionalización de la élite estadunidense (https://bit.ly/3esxO43)– que la perspectiva globalista es una postura de la minoría elitista no compartida por la mayoría nacionalista. Normal: la plutocracia globalista hoy representa 1 por ciento de EU.

A propósito, prosigue la guerra civil larvada en EU, mientras que, en medio de 40 millones de desempleados por el C-19, continua la "orgía de riqueza" cuando "los multimillonarios de EU han ganado 584 mil millones de dólares más en los pasados tres meses" (https://bit.ly/3i5f24W).

¿Y que pasará con el "Gran Reset" en un escenario de relección de Trump, aunque hoy parezca descabellado? (https://bit.ly/2YpQ8Fi)

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Publicado enInternacional
Sábado, 30 Mayo 2020 06:16

La des-sino-mundialización

La des-sino-mundialización

Como consecuencia de la política de reforma y apertura iniciada a partir de 1978 y, sobre todo, tras su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China se convirtió en la “fábrica del mundo”, pasando a desempeñar un papel clave en el impulso a la mundialización que siguió al final de la guerra fría. Esa etapa parece haber llegado a su fin. Y por dos razones principales. Primero, porque China ambiciona transformar su modelo de desarrollo para convertirse en la vanguardia tecnológica mundial, aspecto clave de su modernización y también de su afán de afirmación de soberanía; segundo, porque dicho objetivo rivaliza con los propósitos de las principales economías desarrolladas lideradas por EEUU.

Washington accedió a colocar a China en el centro de las cadenas mundiales de valor implementadas por sus propias multinacionales y por otras en el convencimiento de que facilitaría la convergencia de modelos y la plena integración en sus redes de dependencia, pero no ha sido así. Es más, se diría que el divorcio es un hecho, manifiesto tras el viraje estratégico hacia la confrontación operado por la Administración Trump. En 2019, China pasó de primero a tercer importador de EEUU. La inversión directa china bajó de 5.400 millones de dólares en 2018 a 5.000 millones en 2019. Este es el nivel más bajo en más de una década, subraya el informe publicado por el Comité Nacional de Relaciones entre EEUU y China y la consultora Rhodium Group. En contraste, la inversión estadounidense en el país asiático aumentó al pasar de 13.000 millones de dólares en 2018 a 14.000 millones en 2019. Ese incremento se produjo en gran medida debido a los proyectos que habían sido anunciados previamente, incluida la apertura de una fábrica de Tesla en Shanghái.

En la misma línea, para reducir la dependencia, EEUU presiona a sus propias empresas para que salgan cuanto antes de China. Y no solo a las propias. Es el caso, por ejemplo, de la taiwanesa TSMC, apremiada a construir nuevas fábricas en territorio estadounidense con el objetivo de garantizar su autosuficiencia en la producción de chips. O intenta estimular la industria asociada al procesamiento de tierras raras, de las que China tiene las mayores reservas mundiales. Pero no está claro que dichas decisiones, marcadas por la lógica política y estratégica, puedan implementarse adecuadamente. Una inversión de Foxconn en Wisconsin, anunciada a bombo y platillo en 2017, está prácticamente paralizada y, en general, la restauración de ciertas industrias no es posible a corto plazo ni rentable desde el punto de vista económico ni empresarial.

El desacoplamiento es una variable más del proceso de alejamiento y auge de la rivalidad sino-estadounidense, pero no el único. Washington, por ejemplo, amparándose en razones de seguridad nacional, sigue poniendo obstáculos a Huawei, presionando a gobiernos de todo el mundo o imponiendo un veto a los proveedores mundiales del fabricante chino porque va por delante de EEUU en el desarrollo del 5G, verdadera razón de la pugna. El objetivo último es quitarse a China de en medio, malogrando sus planes tecnológicos y reduciendo su influencia global ya que representa el principal peligro para preservar su hegemonía. Si para defenderla es necesario poner patas arriba las cadenas de suministro globales o liquidar de facto la antes glorificada OMC, se hace y punto. America First.

Las trabas dispuestas para que Beijing no pudiera desempeñar el papel que le corresponde en función del tamaño de su economía en el seno de instituciones lideradas por Occidente como el FMI o el Banco Mundial sirvieron de bien poco. Al final, derivaron en la fundación del BAII-Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (que EEUU boicoteó desde el primer momento) o el nuevo Banco de los BRICS, que darán sustento a su proyecto. China, el mayor socio comercial de más de una centena de economías de todo el mundo, ha dejado en claro que apuesta por una globalización de nuevo signo que además del comercio pueda incorporar otras variables, especialmente las infraestructuras o el medio ambiente, claves esenciales también en su “nueva normalidad” interna. La Franja y la Ruta, igualmente demonizada por EEUU, es el estandarte de su apuesta y refleja ese propósito histórico de nunca más cerrar su economía al resto del mundo.

La guerra comercial o el desacoplamiento, sin duda, crearán importantes dificultades a la economía de Beijing. Otra cosa es que logren erosionar significativamente el papel de China en la globalización corregida que nos espera. Y también habrá costes para la economía estadounidense. Se aventura un pulso relativamente largo y generoso en complejidades y peligros, retroalimentándose en diversas áreas, desde la economía a la defensa, de la ideología a la geopolítica. ¿Nueva guerra fría? Quizá le gustaría a EEUU, confiando en repetir victoria, pero la bipolaridad mira al pasado.

Por Xulio Ríos. director del Observatorio de la Política China

30/05/2020

Fuente: https://politica-china.org/areas/politica-exterior/la-des-sino-mundializacion

Publicado enInternacional
Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América  Tomo III

¿Es la Internet la gran dominación o la gran liberación? ¿Es la nueva utopía digital o el nuevo holocausto tecnológico? Y en esta dualidad, ¿qué papel juega la inteligencia artificial? Precisamente este es el asunto central de este nuevo libro, continuidad de las reflexiones retomadas o propuestas en los dos tomos que le anteceden: Educación(es) y globalización(es), entre el pensamiento único y la nueva crítica (I) y La(s) escuela(s) de las globalización(es), entre el uso técnico instrumental y las educomunicaciones (II).

En este nuevo viaje, el autor busca comprender desde su perspectiva las grandes transformaciones civilizatorias en marcha, las mismas que han reorganizado las estructuras de la sociedad y, desde luego, del proyecto de poder, obligado a reestructurarse toda vez que la ciencia está convertida en fuerza productiva y la tecnología, su medio de producción, generando unas nuevas lógicas de acumulación (la tecnología en los centros, y por desposesión en las periferias), diferentes a las dominantes durante las tres revoluciones industriales anteriores. Con la cuarta el capitalismo se torna cognitivo, convirtiendo la experiencia de vida de la gente con las máquinas en una nueva materia prima a partir de los datos que entregamos en su uso cotidiano, apropiado posteriormente en forma privada a partir de los algoritmos, incidiendo sobre el control del comportamiento, las emociones y muchos más aspectos de la vida.

En este contexto la educación, convertida por algunos sectores de la sociedad en una industria del conocimiento soportada en la titulometría y la bibliometría, adquiere un valor fundamental para el capital, como mecanismo de control organizado desde políticas multilaterales. Una educación dirigida por banqueros.

Es en este escenario global de cuarta revolución industrial que surge en Nuestra América una tensión por desarrollar una educación que no solo forme ciudadanías del mundo sino también hijos e hijas de la aldea, lo que demanda recoger los desarrollos históricos de las rebeldías críticas potenciadas en estas tierras (como el Buen Vivir, el Pensamiento Sur, y otras múltiples áreas del saber), a la par de valorar en su justo nivel las disciplinas clásicas occidentales y su mismo peso en el pensamiento ancestral, manifestado en campos diversos, como la Etnobotánica y la Teología de la Liberación.

Todo ese debate ha tocado la educación en curso en estos territorios, con infinidad de experiencias prácticas que muestran caminos propios de transformación de las educaciones, las escuelas y las pedagogías, las mismas que fundamentan y se presentan en este libro en un esfuerzo por construir otras educaciones, otras escuelas, otras pedagogías, en el camino por seguir labrando la transformación social que requieren y sueñan quienes desde siempre han sido negados.

 

Para adquirir libro en tienda virtual:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=199

El libremercadismo retrocede en chancletas

La crisis desatada por el coronavirus obligó a replantear políticas

Desde las principales usinas de formación de pensamiento económico comenzó a bajar un mensaje contundente en favor de la intervención del Estado en la economía.

“Actuar rápido y hacer todo lo que sea necesario”. Así se titula un documento editado en las últimas horas por el Centro de Investigación de Política Económica (CEPR), con sede en Londres, que reúne a 40 economistas de “alto perfil”, incluyendo a la economista en Jefe del FMI, Gita Gopinath, y a Jason Furman, ex asesor de primera de línea de la administración de Barack Obama. En el mismo sentido, el Foro Económico Mundial de Davos insta a los países a “usar la artillería pesada” y hasta aconseja la política del “helicóptero de dinero”, es decir, emitir billetes y transferirlos a la población. La OCDE, que nuclea a los países industrializados, también recomienda aplicar todo tipo de medidas de fuerte intervención estatal. El FMI y el Banco Mundial sugirieron que los Estados se olviden por un rato de aquellas viejas definiciones sobre la ineficiencia de la política pública y la bondad del libre mercado.

La agenda global de política económica tuvo un giro de 180 grados en dos meses, desde que los países comenzaron a aplicar todo tipo de medidas restrictivas con carácter sanitario, desde cancelar masivamente vuelos, cerrar fronteras y apagar casi toda la vida industrial y comercial. La inmensa corrida financiera hacia los bonos más seguros del mundo, los del Tesoro de los Estados Unidos, el impacto sobre el comercio global y el apagón de los mercados internos encendieron todas las alarmas y no dejaron otra opción que desempolvar los manuales de las crisis sistémicas del capitalismo, como pasó en 2008/2009.

El nuevo orden económico

“La recesión es una medida de salud pública necesaria. Mantener a los trabajadores alejados de su empleo y a los consumidores de sus consumos reduce la actividad económica”, explica el documento del CEPR, que muestra cómo a mayores restricciones sanitarias, más profunda es la crisis económica.

Jason Furman, ex primer asesor económico de Obama, plantea una serie de guías para los gobiernos: es mejor hacer demasiado que muy poco; usar los mecanismos existentes todo lo que se pueda; inventar nuevos programas si es necesario; no temer a la duplicación de beneficios y que la respuesta sea dinámica y persistente.

A diferencia de la crisis de las hipotecas subprime, en donde los Bancos Centrales salieron a salvar a los bancos privados y otras entidades financieras, la política monetaria no es efectiva para la actual crisis. Por más que bajen las tasas de interés y se ofrezca crédito barato, la expectativa de una crisis duradera no mueve la demanda de dinero. En cambio, asoma plenamente la necesidad de una política fiscal contundente, porque es directamente la demanda la que está afectada. Ahí es donde se levantan todos los reparos que suelen escucharse acerca de la inyección de dinero del Estado.

“Grandes gastos del Estado implican subas del endeudamiento público --ya que el Banco Central emite dinero y le presta al Tesoro--. ¿Deberíamos estar preocupados? Guerras, desastres, epidemias y fuertes crisis son ejemplos de libro de texto para llevar adelante grandes déficit fiscales y para la acumulación de deuda”, dicen Richard Baldwin (profesor de economía de la Universidad de Ginebra) y Beatrice Weder di Mauro (economista asesora del consejo de administración del UBS Group).

Desde el Foro Económico Mundial, usina del pensamiento económico dominante, replicaron un artículo en donde se insta a los gobiernos a usar la “artillería pesada”. El informe advierte que incluso “políticas no convencionales como el ´helicóptero de dinero´ deberían estar sobre la mesa”. El “helicóptero” significa emitir dinero para entregarlo a los hogares, que éstos consuman y así no se frene la rueda económica. “Los gobiernos necesitan reducir las quiebras de los individuos y las empresas, asegurar que las personas tengan dinero para seguir gastando, incluso si no están trabajando, y aumentar la inversión pública y el gasto en el sector de salud”, agrega el artículo.

El titular de la OCDE, Angel Gurría, publicó un texto en donde pide a los gobiernos lanzar planes de empleo de corto plazo, reducir requerimientos para acceder al seguro de desempleo y transferir dinero a los empleados autónomos. También recomienda diferir cobro de impuestos a las empresas, asegurar crédito para pagar sueldos y planes de apoyo especiales para las pymes del sector de servicios y turismo.

En la misma línea, el FMI publicó una especie de manual de buenas prácticas para que los gobiernos intervengan frente a la crisis. En el capítulo fiscal, indica que “los gobiernos deben proveer considerable apoyo a las personas y empresas afectadas. Los subsidios salariales pueden prevenir quiebras escalonadas, mientras que transferencias en efectivo a hogares de bajos ingresos pueden mantener los niveles de consumo”.

Publicado enEconomía
El presidente Emmanuel Macron anunció que Francia enfrenta una guerra sanitaria.Foto Afp

Hassan Nasrala, líder del Hezbolá libanés, calificó la pandemia del Covid-19 como una "guerra" (https://bit.ly/39427up).

Luego fue imitado por el presidente galo Emmanuel Macron, quien, en medio de la toma de adecuadas medidas preventivas –muy por debajo de las restricciones de su vecina Italia–, pronunció que Francia enfrenta una "guerra sanitaria".

Durante el debate por la nominación del antidemocrático Partido Demócrata entre el ex vicepresidente Joe Biden y Bernie Sanders, el primero dejó entrever que EU puede adoptar una intervención del ejército. Trump también señaló (https://bit.ly/2QmETZV) que "el mundo se encuentra en guerra contra un enemigo oculto (sic)".

Gran Bretaña no se queda atrás y su ejército está listo a intervenir en caso de que se rompan las frágiles cadenas de cohesión de su sociedad civil (https://bit.ly/33oCXVU).

¿Vamos a una militarización sanitaria?

CNBC comentó que el anuncio de Emmanuel Macron se realizó después de que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, avisó el cierre de sus fronteras a todos los extranjeros, con excepción de los de EU” (https://cnb.cx/2QDVlVR).

Le Monde, portavoz de la cancillería gala, reportó que Macron sentenció que Francia se encontraba "en guerra" cuando la epidemia se expande en forma "inquietante", por lo que decidió imponer un confinamiento en toda Francia (https://bit.ly/2Qmz0vN).

Por seis veces Macron martilló en tono marcial (sic) que Francia estaba en guerra contra un "enemigo (...) invisible e inasible": "Nunca Francia había tomado tales decisiones en tiempos de paz", por lo que el presidente galo sonó la "movilización general".

¿Qué sabrán de más el libanés líder del Hezbolá y el presidente galo?

Francia sigue el ejemplo "latino" de imponer un régimen de excepción a la par de Italia y España.

Fueron los muy prestigiados médicos galos –no los teóricos epidemiólogos que no atienden pacientes– quienes sonaron la alarma.

Resulta y resalta que entramos a una nueva era planetaria donde se han conjugado varios factores adversos ampliamente conocidos y que han llevado a una fractura en la toma de decisiones dependiendo de las regiones y los países, lo cual (en)marca el fortalecimiento de una imparable resurrección del nacionalismo en sus diferentes variantes y subtipos.

Antes de la eclosión misteriosa del Covid-19 (https://bit.ly/2vxTvym) –que cada día se asienta más la teoría de provenir de un "arma biológica" de laboratorio sea de EU, sea de Israel (sic), sea de China, según Philip Giraldi, ex funcionario de inteligencia militar de la CIA (https://bit.ly/2TVOAAD)–, la globalización financierista estaba ya fenecida –al unísono del renacimiento nacionalista a los dos lados del noratlántico mediante el Brexit y el trumpismo que dejaron atrás sus modelos caducos y disfuncionales del thatcherismo y el reaganomics–, lo cual fue plenamente exhibido durante la guerra comercial de EU y China: las dos principales superpotencias geoeconómicas del planeta.

Así que la pandemia del Covid-19 sólo asesta el último clavo al féretro del neoliberalismo global.

Hasta la revista F oreign Policy –fundada por el supremacista blanco Samuel Huntington y vinculada con el irrendentista Carnegie Endowment for International Peace, hoy relacionada con The Washington Post y Newsweek por medio de Graham Holdings Company– formula, en la pluma de Philippe Legrain, que "el coronavirus está matando a la globalización como la conocemos" cuando "el brote ha sido un regalo (sic) a los nacionalistas nativistas (sic) y proteccionistas (sic) y es probable que tendrá un impacto en el largo plazo sobre el libre movimiento de personas y bienes" (https://bit.ly/2Wn7XUI). Por lo pronto ya es ganancia que los fracasados globalistas se acuerden de las "personas" cuando sólo les importa(ba) el libre paso de "bienes y servicios" bajo las anticientíficas "leyes del mercado" de las "manos invisibles" de Wall Street y la City.

A confesión de parte, relevo de prueba, reza el axioma penal: la"nueva Era post-Covid-19" será nacionalista humanista o no lo será.

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
Diálogo post Brexit: Johnson descartó un acuerdo de libre comercio con la UE  

A tres días de la salida formal del Reino Unido de la Unión Europea , de los buenos deseos mutuos y las promesas de paz y cooperación, empezaron los ladridos. De cara a la negociación sobre el futuro de la relación bilateral, el primer ministro británico Boris Johnson fue enfático al decir que no habría alineamiento regulatorio con la Unión Europea cuando termine el actual período de transición el 31 de diciembre, ni libre acceso para la pesca europea en aguas británicas. 

"No hay ninguna necesidad para alcanzar un acuerdo de libre comercio que el Reino Unido acepte la política europea respecto a subsidios, competencia, la protección social o medioambiental. Tendremos nuestra propia regulación, igual o mejor que la europea", dijo Johnson.

Unos minutos antes, en una conferencia de prensa en Bruselas que terminó superpuesta con el comienzo del discurso de Johnson, el negociador europeo Michel Barnier reafirmó una posición diametralmente opuesta respecto a las reuniones que comenzarán el 3 de marzo. 

El jefe de negociadores europeos indicó que la igualdad de reglas para un futuro tratado de libre comercio estaba contemplada en la declaración política firmada por las dos partes, que esperaba que el Reino Unido respetara la tradicional pesca europea en aguas británicas y que el Peñón de Gibraltar, cuya devolución reclama España al Reino Unido, no formaría parte de las negociaciones.

La síntesis de ambas declaraciones es que el diálogo post-Brexit empezó a los gritos y con cara de perro. Suele suceder en la apertura de toda negociación comercial que las partes expresan su posición de máxima para que cualquier concesión sea valorada y debidamente reciprocada. En este caso el problema es que el principio nodal del diálogo es una dicotomía excluyente: alineamiento o divergencia regulatoria. 

La UE exige un alineamiento regulatorio dinámico que obligaría al Reino Unido a seguir el mismo esquema regulatorio a nivel laboral, social, medioambiental, de ayuda estatal y tributario, entre otros temas. La posición británica, delineada por Boris Johnson y anticipada el domingo por el canciller Dominique Raab, es que esto no va a suceder porque el Reino Unido quiere divergir de estas normas. Según el gobierno el Brexit – la separación de la UE - no tiene sentido si el Reino Unido no puede establecer sus propias reglas.

En juego están más de ocho mil productos de un intercambio que constituye la mitad del comercio británico global a nivel industrial y agrícola en una negociación que deberá también lidiar con la pesca y los servicios, en especial el sector financiero, tan central en la economía británica. Boris Johnson quiere un acuerdo que le dé pleno acceso al mercado europeo, pero que no le impida tener un marco regulatorio propio. 

La UE ha dejado en claro desde el referendo de 2016 que eso atentaría contra la unidad del mercado común europeo que se basa precisamente en que todos los miembros respetan las mismas reglas de juego: ¿qué precedente se daría si a un ex miembro se le permite exportar con los mismos derechos que a los miembros, pero con regulaciones más laxas?

Con estos puntos de partida, se dispara la posibilidad de un “hard Brexit”, es decir que el 31 de diciembre las dos partes lleguen a acuerdos sectoriales mínimos o directamente a ningún acuerdo y que los intercambios se rijan por las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Termómetro habitual, la libra esterlina reaccionó al mediodía con una caída de un punto ante las declaraciones de Johnson y Barnier. ¿Hay posibilidades de salir de este punto de partida aparentemente inconciliable?

Los especialistas consultados por Página12 coinciden en que, a menos que una de las dos partes dé marcha atrás (y ambas tienen fuertes razones para no moverse de lugar), el 31 de diciembre llegará con un acuerdo ínfimo o sin acuerdo. “Hay que recordar que los acuerdos de libre comercio toman normalmente mucho tiempo. Es cierto que acá hay un punto de partida teóricamente promisorio porque tras 47 años en que el Reino Unido formó parte de la UE hay por el momento un pleno alineamiento regulatorio. La pregunta es qué margen hay para apartarse de eso y tener un acceso similar a los mercados. Mi propia percepción es que habrá un acuerdo limitadísimo, pero que también es muy posible que haya ningún acuerdo”, indicó a este diario Richard Whitman, experto en temas europeos y comerciales de Chatham House, uno de los “think- Tanks” más antiguos del Reino Unido.

Otro experto, Thomas Sampson, de la London School of Economics, alerta sobre el impacto económico. “Un acuerdo muy elemental es possible porque hay sectores en los que la Unión Europea no tiene ni aranceles ni cuotas para la cantidad a importar, caso de los productos farmacéuticos y libros. En cambio hay sectores fuertemente regulados donde el impacto será muy fuerte como agricultura y finanzas. Y en caso de que no haya acuerdo, hay sectores como la industria automotriz que pasarían a regirse con las reglas de la OMC con aranceles de hasta el 10% mientras que con los productos agrícolas los aranceles podrían llegar a un 80%. Esto les quitaría competitividad a estos sectores y encarecería la producción interna ya que el Reino Unido importa gran parte de sus alimentos”, señaló a Página12.

Una síntesis de este dilema sería buscar una fórmula sector por sector que combine alineamiento regulatorio y divergencia. Mientras que la industria automotriz, la aeroespacial, la farmacéutica y la de productos químicos han manifestado su deseo de mantener el alineamiento regulatorio, desde el viernes surgieron voces tanto pro-europeas como pro-Brexit que reivindicaron áreas como Inteligencia Artificial o high tech en los que la divergencia regulatoria podría ser beneficiosa para el Reino Unido .

El semanario “The Economist”, el ex primer ministro laborista Tony Blair en el campo pro-europeo y Larry Elliot, un pro-brexit de centro izquierda, editor económico del pro-europeo matutino “The Guardian, están de acuerdo sobre ese punto a pesar de que parten de premisas ideológicas muy diferentes. “El Reino Unido es uno de los líderes mundiales en Inteligencia Artificial. El primer ministro sugirió que el gobierno puede usar su libertad regulatoria para dar más ayuda estatal a este sector, algo que no estaría permitido en la regulación europea que es muy estricta respecto a la asistencia estatal. De hecho este fue en los 70 uno de los argumentos más importantes de la izquierda laborista para oponerse al ingreso a la UE. Pero además la creación del mercado común europeo no llevó a un crecimiento económico sostenido porque está muy centrado en dos obsesiones germanas: el control de la inflación y el déficit fiscal”, escribió Ellliot en su columna en el "The Guardian".

En caso de "Hard Brexit" o de acuerdos muy elementales, el modelo económico-social británico, que reformateó el Thatcherismo en los 80, podría terminar con una variante más extrema que convertirá al Reino Unido en un gigantesco paraíso fiscal con el objetivo de competir con bajos costos frente a los productos de la UE. 

La City de Londres, con su red asociada de paraísos fiscales, ya es uno de los grandes responsables de la evasión fiscal y el lavado de dinero a nivel mundial, pero ahora Boris Johnson planea la creación de 10 "freeports" que estarán en términos tributarios fuera del Reino Unido y servirán como imán para la inversión extranjera y la nacional. “El proyecto de Johnson es lo que él ha llamado un Singapur en el Támesis. Lo que quiere decir con esta frase es un lugar donde haya bajos o nulos impuestos y una degradación de la regulación laboral, medioambiental y social existente, todo lo que impactará muy fuerte en el Estado de Bienestar Social británico. Los beneficiarios serán un núcleo oligárquico nacional y extranjero. Los grandes perjudicados el resto de la población y la posibilidad de supervivencia del Estado de Bienestar. La única posibilidad que tiene Europa de evitar el impacto de esta política es adoptar una posición dura respecto al alineamiento regulatorio”, dijo a este diario John Christensen director y fundador de la organización líder de la lucha contra los paraísos fiscales Tax Justice Network.

Publicado enInternacional
Lunes, 03 Febrero 2020 06:03

La Inglaterra que entronizó a Boris

La Inglaterra que entronizó a Boris

El Brexit y la sensación de abandono de la élite de Londres alentaron el viraje conservador de viejos feudos laboristas

Un pub centenario del centro de Durham (65.500 habitantes), al noreste de Inglaterra, recibe al visitante con un sugerente mensaje: “La minería, la profesión más peligrosa del mundo, desarrolla un cierto tipo de hombre”. Los habitantes de esta región deprimida son duros, obreros y, desde siempre, laboristas hasta la médula, ya sea por creencia o por herencia. Olvidados por el establishment londinense, en 2016 votaron en masa a favor del Brexit. Y, sobre todo, dando un giro ideológico contranatura, el pasado diciembre encumbraron al conservador Boris Johnson como primer ministro. La muralla roja, como se conoce a este bastión de la izquierda, cayó en manos de los tories. Por primera vez en la historia, el muro se tiñe de azul.

A pocos kilómetros, brilla el sol en Sedgefield, un pueblo de clase media de 5.200 habitantes donde los vecinos de avanzada edad salen sigilosamente a hacer recados, a tomar el té o a comer al Dun Cow, un clásico pub con flores en la fachada en el que el primer ministro laborista Tony Blair invitó al presidente de EE UU George W. Bush a un típico fish and chips (pescado con patatas fritas, el plato nacional) justo antes de que ambos se embarcaran en la guerra de Irak, en 2003. Pese a haber sido la circunscripción del líder laborista en los años noventa, Sedgefield dio el escaño en Westminster a los tories en las pasadas elecciones por una diferencia de tan solo 4.513 papeletas. Una victoria pírrica, pero de gran calado simbólico, lo que propició la visita casi inmediata de Johnson al club de críquet local, donde echó sal en la herida laborista. Leo McCormack, el alcalde del municipio que no está adscrito a ningún partido, cree que la visita del líder tory fue “pura propaganda”. Otros creen que Sedgefield era el lugar obvio para regodearse. “Fue una manera de decir: ‘Lo siento Tony [Blair], tu idea de una Inglaterra socialista está enterrada”, ríe David Coupe, 63 años y político tory en la cercana Middlesbrough.

Como escribe en una de sus columnas Brendan O’Neil enThe Spectator, ahora “los antiguos mineros de clase obrera confían en un hombre torpe excéntrico y educado en Eton [la escuela de la alta sociedad] más que en el Partido Laborista”. Brian McGill, un antiguo minero de 83 años de manos fuertes y cara curtida, es uno de ellos. “He votado toda mi vida a los laboristas. ¡Toda mi vida!”, se lamenta. “Pero el partido no escucha la voluntad de la gente y en cambio Johnson hace exactamente lo que la gente pide”, dice en referencia al ajustadísimo resultado del referéndum de 2016, en el que el 51,9% del país optó por el portazo a la UE. “Él es el único que puede llevar a cabo el Brexit”, asevera. Más tarde añade que espera que Johnson sea premier durante más de un mandato, algo que ya auguran muchos analistas gracias a esa “pedazo de mayoría” —como repite el mandatario— que le dieron los británicos: 365 escaños de 650.

Paul Howell, de 60 años y nuevo diputado tory en Sedgefield que ahora ocupa en Westminster la silla que un día fue de Tony Blair, reconoce que muchos de los votos que le hicieron ganar en diciembre fueron “prestados” por votantes de izquierdas. “Quieren mirar al futuro y el partido laborista actual está anclado en un pasado que ya no existe”, dice mientras toma un té preparado por su esposa, Lillian. Su gata Pepsi merodea por la casa en busca de las caricias de un dueño que ahora desaparece de lunes a jueves para trabajar en la Cámara de los Comunes. “Intentaré acercar las políticas de Londres a mis votantes”, promete. Coupe explica que la gente en el noreste del país aún se siente desconectada de la capital. “¡Y mucho más de Bruselas!”. Mientras más del 60% de la región votaba a favor de irse de la UE, él votó a favor de quedarse. Ahora acepta el resultado de una consulta que tacha de error.

Abandono

A pesar de que el Brexit ha dirigido el cambio político de esta región de tres millones de habitantes y aún sumergida en el recuerdo del humo de las fábricas de hierro, acero y las minas de carbón, existe otro factor casi más relevante para que sus vecinos hayan cambiado de religión: la desconfianza hacia el actual líder laborista, Jeremy Corbyn. El alcalde de Sedgefield le votó, pero dice que en el fondo se sabía que no estaba capacitado para ser primer ministro. “Le voté para que hubiera un segundo referéndum y frenar el Brexit”, dice mientras pasea alrededor de la iglesia que corona el pueblo y junto a la que ondea la Union Jack (bandera tricolor del Reino Unido). “La gente se ha sentido ninguneada y olvidada por este laborismo”, resume. Aquí, unos y otros coinciden en que “Corbyn dio por sentado” que volvería a ganar en la muralla roja. Pero se confió. Se desentendió. Y perdió.

Los vecinos de este rincón del mundo estaban acostumbrados a estar en el candelero en un pasado que para todo el laborismo siempre fue mejor. En el pueblo minero de Trimdon (2.800 habitantes), a pocos kilómetros de Sedgefield, una gran casa de ladrillo oscuro destaca sobre las demás, apiñadas, con sábanas y ropa aireándose a la luz de un resol invernal. Su inquilino fue Blair, representante de esta región en Westminster y el primer ministro del país durante una década (1997-2007). Shirley Swalwell, de 77 años, siempre lo apoyó porque “representaba al centro”. Al hablar de Corbyn, esta empleada del hogar pone una mueca de rechazo: “Es el extremo. Representa a un pasado minero que ya no existe por aquí”.

Tras unos minutos de charla en los que Swalwell se va acomodando, admite que en diciembre también votó a los tories porque desde que Blair ya no está, la región está paralizada. “La gente se ha cansado de votar a los laboristas y ver que nada cambia”, añade McCormack. El alcalde, nostálgico, asegura que el Partido Laborista debería empezar a agrupar a toda la amplia clase trabajadora.

Muchos de los que solían trabajar en las minas están jubilados y los antiguos empleados del acero y del hierro viven ahora de indemnizaciones por despido. Aún queda en pie una fábrica de Nissan en la región. Pero poco más. Y pese a que el noreste tiene una tasa de paro del 6% —la mayor del país—, el fenómeno de los trabajadores pobres ha afectado a buena parte de la región. Como a Paul, de unos 50 años, al que le ha salido un trabajo de manitas. “Mañana trabajaré de otra cosa”, dice.

Matthew Goodwin, autor de National Populism (Pelican Books, 2018), y miembro del think tank Chatham House, augura a través de un correo electrónico que el camino que va a recorrer el laborismo para su reconstrucción será largo porque ni siquiera se ha dado cuenta aún de la dimensión de su derrota. El experto cree que el partido necesita construir un puente rojo hacia estos bastiones perdidos para recuperar los votos de la clase obrera.

Consumado el Brexit, y consumada su derrota, los laboristas entran ahora en una fase de discusión interna “fascinante”, opina el editor de política del The Northern Echo, Chris Lloyd, de 55 años, desde una redacción que huele a una mezcla deliciosa de papel, tinta y café. “Tendrán que dirimir si son de derechas o de izquierdas; si quieren estar dentro o fuera de la UE. E incluso si es un partido del norte o del sur”. Y es que lo que ocurrió hace 52 días fue un “tsunami tory”, describe. “La gente del noreste no solía votar a los conservadores porque sus antepasados [esa antigua clase obrera] se revolverían en su tumba”. Pero el Brexit lo ha puesto todo del revés.

Los diputados laboristas en Westminster procedentes de regiones como Darlington o Sedgefield estaban públicamente a favor de permanecer en la UE. En ese sentido, bloquearon una y otra vez los planes de salida que tanto Theresa May como Boris Johnson presentaban en el Parlamento. Esto no gustó a los 778.000 habitantes del noreste (frente a medio millón) que estaban decididos a salir del club europeo y empezaron a sentirse huérfanos en Londres. Su diputado ya no les representaba. Como herramienta para que se hiciera cumplir el resultado en las urnas y en protesta al abandono que sintieron por parte de Corbyn, que nunca tuvo una posición clara respecto a la madre de todas las cuestiones en el Reino Unido, votaron al único que tenía rumbo: Boris Johnson y su Get Brexit done.

“Cuando la gente dice que se quiere ir, es que se quiere ir”, ilustra Wendy Gill, de 75 años y vecina de Sedgefield, donde vive desde 1973, año en el que el país entró en la UE. Y es la tónica general. “Una vez que la gente dice ‘vamos fuera’, vamos fuera. ¡Esto es una democracia!”, exclama Howell, quien revela que en 2016, cuando aún trabajaba en el sector privado, votó a favor de quedarse en la UE. Como el primer diputado tory en la historia de Sedgefield, Howell deberá cumplir ahora con aquellos que le han prestado el voto. “Se pueden debatir muchas cosas, si el referéndum estuvo bien o mal… Pero una vez que la gente vota, ya no hay vuelta atrás”, insiste. Richard, de 25 años, hijo y nieto de trabajadores del acero en Middlesbrough, también heredó esa ideología laborista. Pero en diciembre optó por los tories. Está cansado de tanta disputa. “Salgamos [de la UE] y luego ya veremos”, opina.

De momento, la semana pasada un grupo de tories se apuntó un tanto con la inauguración de siete rutas desde el aeropuerto de Teesside, en el centro de la región. Los destinos ya sugieren la línea del Gobierno: Aberdeen (Escocia), Cardiff (Gales), Belfast (Irlanda del Norte), Dublín (Irlanda), isla de Man (entre Irlanda e Inglaterra), Southampton (una de las mayores ciudades portuarias) y Londres. “Vamos a unir al país y traer inversión a esta región que ha estado abandonada por los laboristas”, dice Peter Gibson, primer diputado tory de Darlington, tras el espectáculo en el que se convirtió el anuncio: los políticos bajando de un avión con el éxito de The Killers Brightside (El lado bueno) como banda sonora.

Pero a los tories no les basta con ganar. Ni siquiera con arrebatar bastiones a los laboristas. Se trata también de lograr consolidarse en la muralla roja, desliza Lewis Mates, profesor en la Universidad de Durham. Ello dependerá de si Johnson es capaz de cumplir sus promesas y mejorar las condiciones de vida de, por ejemplo, los que acuden habitualmente a los 2.000 food banks (bancos de alimentos) de todo el país —frente a los 55 de España— como último recurso para subsistir en este país, la segunda economía europea.

Empobrecimiento

“Si el actual Gobierno no tiene un plan inteligente para mitigar los efectos del Brexit, regiones como el noreste van a sufrir muchísimo más” que el resto, vaticina Mates. El PIB per cápita aquí es de 28.500 euros frente a los 58.300 de Londres. El noreste es la región más pobre de Inglaterra, y la tercera del Reino Unido, solo por delante de Gales e Irlanda del Norte. El experto culpa del empobrecimiento a la Tercera Vía de Blair y Anthony Giddens por la que “hicieron creer que la clase media era más grande de lo que realmente era”. El efecto fue, según él, que los más vulnerables quedaron en el olvido.

Los motores económicos del noreste se empezaron a apagar hace décadas: primero, las minas de carbón; luego, el hierro y el acero. Es el dinero público lo que se echa en falta. “Esta región lleva sufriendo desde los años setenta”, revela con marcado acento norteño el exmarine Stuart Hudson, de 55 años y ahora encargado del mayor almacén de comida de la región. Según Trussell Trust, la ONG paraguas de los bancos de alimentos, el 87% de los beneficiarios son nacidos en el Reino Unido. “Británicos blancos”, añade Hudson.

En Newcastle, Chris, de 40 años, en el paro desde hace un lustro y padre de una niña pequeña, recibe y también ayuda a dar comida a gente —35.000 personas solo en este banco en 2019— que no se siente arropada ni por Londres, ni por Bruselas. “Los bancos de alimentos y sus causas son inaceptables”, opina Howell, que asegura afrontará esta crisis durante su mandato como diputado en Londres. Kelly, 37 años, tres hijos y maltratada hasta haber sido apuñalada por su primer marido, llora tras recoger su comida: “La política me da asco”. Brian Le Fevre lleva un par de años como voluntario y confiesa que ver esta realidad fue “un shock”.

Mientras, en el arcén de la autovía que recorre esta región, una joven vende café y hamburguesas desde una caravana. Robert, de 31 años, reconoce asomado a la ventanilla de su camión que tampoco le interesa la división izquierda-derecha, pero tiene claro que a él le irá mejor fuera de la UE. “Take back control”, sonríe. Un lema que, junto al también pegadizo Get Brexit done —ambos ideados por Dominic Cummings, el estratega número uno del primer ministro y oriundo de esta zona—, es ya una realidad con Johnson entronizado en el número 10 de Downing Street.

Por BELÉN DOMÍNGUEZ CEBRIÁN (ENVIADA ESPECIAL)

Sedgefield (noreste de Inglaterra) 3 FEB 2020 - 02:34 COT

Publicado enInternacional
Un simpatizante del Brexit cruza una calle en el centro de Londres.  Imagen: AFP

Un país atravesado por el deseo de aislarse y a la vez de pertenecer

A las 11, la proyección digital sobre la fachada de 10 Downing Street de un reloj llegó al momento culmine luego de un conteo descendiente coreado en la Plaza del Parlamento como si fuera la llegada de año nuevo

 

 Desde Londres.A las 11 de la noche, el Reino Unido dejó oficialmente de pertenecer a la Unión Europea (UE). Una hora antes, en un mensaje pre-grabado en su página de Facebook, Boris Johnson exaltó la salida del bloque europeo con un llamado a la unidad nacional y al “comienzo de una nueva era en la que el futuro de cada uno no dependa del azar del lugar de nacimiento”. A unos pasos de su residencia oficial, 10 Downing Street, el ala durísima del Brexit, las huestes de Nigel Farage, no querían saber nada con este mensaje conciliador: la fiesta que congregó a miles de personas en la Plaza del Parlamento era para celebrar la "liberación de las cadenas de la Unión Europea". Al borde del Támesis en Londres y en vigilias con velas encendidas en todo el país, los pro-europeos hicieron sus postreras manifestaciones ante lo inevitable. A las 11, la proyección digital sobre la fachada de 10 Downing Street de un reloj llegó al momento culmine luego de un conteo descendiente coreado en la Plaza del Parlamento como si fuera la llegada de año nuevo: el Reino Unido ya no pertenecía al bloque europeo.

La salida es a la vez formal – hay un período de transición hasta el 31 de diciembre – e irreversible: no existe la posibilidad de marcha atrás. Si este año el Reino Unido tuviera un masivo arrepentimiento, tendría que renegociar su entrada en la UE. En la Plaza del Parlamento, la mera posibilidad causaba risa. “Nos fuimos y no volveremos. Por fin se respetó el mandato democrático. Somos libres”, aseguró eufórica una jubilada vestida con los colores de la bandera del Reino Unido.

La celebración de los pro-Brexit fue entusiasta y colorida, pero limitada porque regía la prohibición municipal de fuegos artificiales, música con altoparlantes y alcohol, aunque difícilmente en el Reino Unido baste un edicto para evitar la presencia de este último ingrediente, sea de contrabando o por consumo en los atestados pubs de la zona. En todo caso la prohibición fue funcional al gobierno que buscó un festejo moderado que no exacerbe el rencor acumulado durante la larga saga del Brexit, tan larga que es difícil medirla en años, saber si comenzó con el referendo de junio de 2016, con la insidiosa ofensiva mediática de los 90, con Margaret Thatcher en los 80 o con algún atávico instinto insular.

En horas de la tarde el gobierno buscó reforzar su mensaje de una "nueva era" con una reunión de gabinete en el National Glass Centre, un museo y centro de arte de Sunderland, el norte del país. Las reuniones de gabinete siempre se hacen en 10 Downing Street. El honor en este día trascendental le correspondió a Sunderland porque es una localidad emblemática: fue la primera en anunciar la victoria del Brexit. Pero además representa a ese norte pobre e históricamente laborista que en diciembre votó a Johnson con tal de asegurarse la salida de la UE.

La visita tenía la espectacularidad que necesitaba este mensaje de nueva aurora de Johnson, pero no pudo ocultar las profundas divisiones de un país polarizado. Un grupo de estudiantes se manifestó con carteles de “Boris you are not welcome here” y “Tory cuts not welcome here”. Una pareja de pro-europeos, James y Janet Sheetin, de 58 años, se desviaron de su viaje desde otra ciudad del norte, Newcaste, para plantarse en las puertas del National Glass Center con la bandera europea al grito de “long live Europe”. Empleado de un supermercado, James Sheetin le dijo al periódico local “Sunderland Echo” que la visita de Johnson era un golpe de efecto barato. “Su partido no hizo nunca nada en su vida por el Noreste del país”, dijo Sheetin.

Esta mezcla de escepticismo y alegría, desazón, euforia e incertidumbre es una clara muestra que el Reino Unido está hoy peligrosamente desunido como demostraron anoche las voces que llegaban de las otras dos naciones y de la provincia que constituyen el Reino. En la frontera irlandesa, el punto más álgido de las negociaciones del Brexit porque une a la República de Irlanda, miembro de la UE y a Irlanda del Norte, cuarta pata del Reino Unido, militantes de las Comunidades Fronterizas contra el Brexit, revelaron en un acto un gigantesco cartel con la consigna “fight goes on” (la lucha continúa).

En Escocia, la primer ministro Nicola Sturgeon, dijo que Escocia “es arrancada de la Unión Europea contra los deseos de la enorme mayoría” que votó en el referendo a favor de permanecer en el bloque. En Gales, que votó a favor de la salida, el primer ministro Marrk Drakeford dijo que seguirían formando parte de Europa. Un recorrido que hizo el matutino "The Guardian" por varias localidades pro-Brexit muestra la misma mezcolanza de emociones. En el norte del país, Birkenhead es uno de esos lugares que ha desafiado la comprensión de los analistas políticos: beneficiario neto de subsidios de la UE, votó a favor de la salida (lo mismo ocurrió en Gales). “Estoy aliviada. Ya estábamos hartos de tanta regulación que venía de gente que no conocíamos. El pueblo quería recobrar el control”, le señaló al matutino Hazel Harris de 78 años. En Barry Island, otra localidad pro-brexit, Emma Page, de 42 años, confesaba su incertidumbre y las divisiones familiares. “Soy la única que votó a favor de salir. Mi padre todavía me reprocha que es por gente como yo que está pasando lo que pasa. Espero haber tomado la decisión correcta y que se curen las heridas, pero va a tomar tiempo”, le dijo al diario The Guardian.

Según John Curtice, el especialista de sondeos de la BBC, que a diferencia de muchos de sus colegas alrededor del mundo viene acertando en sus predicciones, las encuestas muestran claramente que si la votación se celebrara hoy ganarían los que quieren seguir en la UE. "La última media docena de sondeos le dan a los pro-europeos un 53 por ciento y a los pro-Brexit un 47 por ciento. La mayoría de los que votaron en 2016 votarían de la misma manera. La diferencia radical es con los que no votaron. Entre este grupo los pro-europeos son el doble", señala Curtice. Entre ellos están los que no pudieron votar en 2016 por su edad: cuanto más joven, más decididamente pro-europeo el perfil del votante. La confusión en este grupo es inevitable. Un ferviente pro-europeo, Timothy Garton Ash, trataba de lidiar con el asunto exhortando ayer en una columna en el The Guardian “a desear que el Brexit sea exitoso y que la Unión Europea sea más exitosa aún”.

En medio de esta marea emocional de los tradicionalmente circunspectos británicos una cosa está clara. Sea por la historia, la geografía o la conveniencia, el Reino Unido no podrá librarse de su vecino. Hasta fin de año tendrá que negociar cómo será la relación al final de la transición. Y luego, de una manera u otra, pase lo que pase, tendrá que seguir el diálogo. El mismo Timothy Garton Ash citaba en The Guardian las palabras del historiador RW Seton-Watson en 1937 para caracterizar la ambivalente relación británica con el continente. “El deseo de aislamiento. Y la conciencia de que es imposible. La aguja del compás británico sigue oscilando entre estos dos polos” A más de 80 años nada ha cambiado ni nada cambiará.

Publicado enInternacional
Boris Johnson tiene por delante mucho por negociar con la UE.   ________________________________________ Imagen: AFP

El Brexit se concreta este 31 de enero, pero el proceso llevará su tiempo y tendrá sus complejidades

El caballo de batalla de Boris Johnson es un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. El problema es que choca con el modelo regulatorio europeo. 

 

A más de tres años del referendo, luego de dos elecciones generales, tres primer ministros y tres extensiones de los plazos de negociación, el Reino Unido saldrá de la Unión Europea este viernes 31 de enero a la medianoche hora del continente europeo, 11 británicas, que hasta en el reloj hay divergencias. Aún así la separación no sucederá de un saque. El viernes se consumará el divorcio de un matrimonio de 47 años, pero la pareja seguirá bajo el mismo techo. El Reino Unido continuará tanto en el mercado común europeo como en la unión aduanera y contribuirá al presupuesto del bloque hasta el 31 de diciembre mientras las dos partes intentan negociar un tratado de libre comercio post-Brexit.

El primer ministro Boris Johnson quiere un amplio tratado de libre comercio con el bloque europeo, pero al mismo tiempo, desea que el Reino Unido post-Brexit sea un “Singapur en el Támesis”, frase que no terminó de definir, aunque alude a un modelo de bajos impuestos, escasa regulación laboral y enormes incentivos a la inversión extranjera. La Unión Europea ha sido muy clara. Es imposible cerrar un “amplio tratado de libre comercio” en un año como desea Johnson y, además, el acuerdo se debe basar en el mantenimiento de las regulaciones y estándares europeos para la industria, el comercio, los servicios y las finanzas, algo que se da de cabeza con el “Singapur en el Támesis”.

Página12 dialogó con John Christensen, fundador y director de Tax Justice Network (TJN) la organización que el matutino británico The Guardian describe como “líder mundial de la lucha contra la evasión impositiva y las guaridas fiscales”

-- ¿Cómo definiría este concepto de Singapur en el Támesis?

– Es el caballo de batalla de Boris Johnson. La idea es un país ultra desregulado, con bajos impuestos, un paraíso fiscal en la puerta misma de la Unión Europa. Johnson quiere que el Reino Unido aproveche la ventaja comparativa que le da la geografía respecto a la UE de la misma manera que Singapur aprovecha su proximidad con las economías asiáticas, las más dinámicas del mundo. Con este modelo el Reino Unido, que ya tiene en la City de Londres a uno de los paraísos fiscales del mundo, se convertiría en un imán para oligarcas financieros, multinacionales y todas las formas posibles de lavado de dinero. El problema de este modelo es que para poder implantarlo necesita hacer a un lado toda la regulación europea en lo que concierne al intercambio automático de información, a los impuestos a multinacionales, a la publicación de información de compañías y a los fideicomisos, los Trusts, que son clave en el secreto financiero británico.

-- Como usted dice la City de Londres ya es uno de los grandes centros de secreto financiero y evasión global. ¿Qué impacto puede tener un modelo que va a extremar aún más estos rasgos en el Reino Unido, la Unión Europea y el mundo?

-- Creemos que eso es una amenaza no solo para la Unión Europea sino para el mundo, porque el objetivo es liderar una carrera a la baja en la política impositiva y en la regulación de servicios financieros. El peligro es que así se erosione la regulación en la Unión Europea, Estados Unidos y el resto del mundo precipitando una carrera des-reguladora total. Londres es el segundo centro de wealth managment (gestión patrimonial de grandes fortunas) después de Suiza. Creemos que muy pronto superará a Suiza. Estos centros de “wealth managment” sirven para que los ricos evadan dinero y también para atraer fondos del crimen organizado y la corrupción. Con un "Singapur en el Támesis" se convertirían en la principal fuente de riqueza a expensas del resto de la economía y la sociedad, en especial, del "Welfare State" (Estado de bienestar).

-- ¿Qué impacto específico tendrá sobre la Unión Europea?

-– La Unión Europea se viene moviendo hacia una armonización económica, con mayor regulación y transparencia. Lo que tendrá enfrente es un modelo que compite yendo en la dirección exactamente opuesta. Por eso pensamos que la Unión Europea tiene que adoptar una posición dura en la negociación que se hará después de este 31 de enero. Si el Reino Unido quiere tener acceso completo al mercado europeo financiero y productivo debe seguir el modelo regulatorio de la Unión Europea. Este alineamiento con las regulaciones europeas debe ser dinámico, es decir, que el Reino Unido no solo tiene que mantener el actual alineamiento con el marco regulatorio europeo, sino que tendrá que actualizarlo en caso de que el bloque apruebe nuevas normas como condición para tener pleno acceso al mercado europeo.

-– Hasta ahora Boris Johnson ha rechazado este tipo de alineamiento. ¿Le parece que el primer ministro es capaz de apostar a todo o nada con tal de cumplir este proyecto del Singapur en el Támesis? ¿O cree, por el contrario, que es una táctica para presionar a la Unión Europea?

-–A mi juicio es una postura negociadora dura inicial para obligar a la Unión Europea a flexibilizar su posición. Por su parte, la UE ha sido muy clara de que quieren un acuerdo rápido siempre que el Reino Unido acepte que tiene que estar alineado con la regulación europea para tener acceso a su mercado. Es decir, que haya reglas de juego equitativas (“level playing field”) para la competencia económica. No se ve cómo se pueden compatibilizar estas posiciones. Está claro que Johnson va a estar bajo una intensa presión de su propio partido para no mantener un alineamiento regulatorio con la Unión Europea, de manera que la negociación va a resultar muy complicada. Existe el peligro de que terminemos con un “Hard Brexit”. Al mismo tiempo Johnson sabe que esto va a ser tan perjudicial para el conjunto de la economía que no lo va a hacer. El acuerdo va a tomar mucho más que este año de negociación.

-– Pero Johnson ya aprovechó bien su mayoría absoluta en el parlamento para cambiar la ley. Y la cambió prohibiendo que haya una extensión del período de transición con la UE más allá del 31 de diciembre.

-– Las leyes las aprueba el parlamento. El parlamento puede cambiarlas. Está muy bien eso de ir a una negociación con las manos atadas, pero no creo que la UE le preste atención porque saben que a Johnson no le conviene salir de la Unión Europea sin un acuerdo. Saben también que Johnson quiere un acuerdo, pero en el que no tenga que alinearse con las regulaciones europeas. Por eso las negociaciones van a tomar mucho más tiempo. Cinco años. Quizás 10.

-– Imaginemos el escenario opuesto. Que el Reino Unido por propia voluntad de Johnson, por la presión de su propio partido o los accidentes de una negociación político-diplomático, termina saliendo de la UE sin acuerdo. ¿Qué impacto tendrá para el Reino Unido?

-– El impacto será muy fuerte en el sector industrial, el financiero, el de los servicios porque el Reino Unido no tendrá el mismo acceso al mercado europeo con el que tiene la mitad de sus intercambios comerciales. La UE es el mercado financiero más importante que tiene el Reino Unido. La industria automotriz estará terminada porque su producción está integrada a la europea y los aranceles que deberán pagar con un Hard Brexit harán que este sector sea muy poco competitivo. Las multinacionales japonesas del sector automotriz, por ejemplo, necesitan que el Reino Unido esté dentro de la UE, no afuera. Esa fue la premisa para elegir al Reino Unido como base de operaciones: su pleno acceso al mercado europeo. Es muy posible que sea también el fin del sector agrícola que se verá inundado por la producción mucho más barata de otros países, Estados Unidos por ejemplo.

-– A muchos extranjeros les asombra esta obsesión del Reino Unido con la Unión Europea que terminó en la salida del bloque. Ahora la propuesta de Johnson es la del “Singapur en el Támesis”. Pero esto también parece basarse en una idea distorsionada. En Singapur el 22 por ciento de la producción se debe a empresas estatales, más del doble del promedio internacional y mucho más todavía que lo que tiene el Reino Unido. Entre el 80 y el 85% de la vivienda es del estado. No creo que este sea el Singapur en el Támesis que están persiguiendo los conservadores.

-– Para nada. Singapur es un modelo social demócrata en lo que tiene que ver con la educación, con la vivienda, con la industria. Al mismo tiempo es un centro financiero de lavado de dinero igual que Londres. Esta es la parte que reivindica Johnson. Pero es curioso porque la primera vez que leí de este modelo del Singapur en el Támeses fue en Alemania después de una reunión entre la entonces primer ministra Theresa May y Angela Merkel. Menciono esto porque este modelo se ha discutido en Europa, pero no aquí en el Reino Unido. Los medios prácticamente no lo han cubierto. No he visto nada en la BBC. Algo en el  Financial Times. Pero el ciudadano de a pie no es lector del Financial Times. Estamos avanzando hacia un modelo que nadie conoce.

-– El modelo choca con lo que quiere la Unión Europea. Pero parecería que tampoco las élites, a las que este gobierno representa, quieren pagar el precio de este modelo que muy probablemente sería un Hard Brexit.

 -– El Partido Conservador está repleto de lobistas de los sectores financieros y multinacionales. La retórica será populista de derecha, pero la realidad es otra. La retórica es que hay que ser competitivos. Esa es la palabra clave que usan. Yo hablé con ministros, incluido el de finanzas, Sajid Javid, que dicen que quieren bajar el impuesto corporativo a un 15 y hasta un 10 %. El impuesto corporativo no es solo importante por las multinacionales. La mayoría de los multimillonarios tienen sus activos invertidos en las corporaciones. El impuesto a los ingresos no significa nada para ellos: el corporativo sí. Esto es parte de la estrategia del Singapur en el Támesis. Es la idea de atraer a los multimillonarios y élites para que vengan a Londres a disfrutar una tasa corporativa que puede ser reducida al 15, al 10%, que hasta podría ser abolida en el curso de esta década. Pero el precio será muy alto para el sector financiero y el industrial.

-- ¿Cómo afectaría este “Singapur en el Támesis” al mundo en desarrollo?

-– Va a ser desastroso no solo porque son los más afectados por el lavado de dinero, la evasión y elusión impositivas, sino porque están más expuestos a esta dinámica de la carrera a la baja para reducir impuestos a las corporaciones y desregular el mercado laboral como incentivos para atraer inversiones. Si se reducen mucho los impuestos corporativos acá, si incluso se eliminan, como algunos en el gabinete lo han discutido conmigo, la presión será muy fuerte sobre otros países del mundo desarrollado, pero aún más del mundo en desarrollo. 

Publicado enEconomía
Página 1 de 9