MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Fotografía: Daniel Mora/El Comercio

¿Aumentarán aún más los nacionalismos y las desigualdades? La brillante filósofa Adela Cortina, que introdujo en el pensamiento contemporáneo el concepto de aporofobia (‘fobia al pobre’), nos ayuda a anticipar los retos del mundo pospandemia, en el que será clave, dice, una gobernanza global.

“Elijamos unir el poder de los mercados con la autoridad de los ideales universales. Elijamos reconciliar las fuerzas creadoras de la empresa privada con las necesidades de los menos aventajados”. A la filósofa Adela Cortina (Valencia, 73 años) le emociona recordar estas palabras de Kofi Annan, antiguo secretario general de la ONU. Las pronunció hace más de veinte años, pero Cortina considera que nunca han estado tan de actualidad. La catedrática de Ética y directora de la Fundación Étnor, una de las mentes que más agudamente han reflexionado sobre las repercusiones sociales de las decisiones de las empresas, considera que la pandemia ofrece una oportunidad única: impulsar una auténtica gobernanza global que no dependa de los intereses de unos pocos países y corporaciones. Esto ayudaría a la recuperación económica y a recobrar la confianza en las instituciones democráticas.


XLSemanal. Habíamos visto luz con las vacunas, pero la tercera ola vuelve a ensombrecer el panorama. ¿Cuándo se acabará esta pesadilla?
Adela Cortina. Sabremos que la pandemia se ha acabado cuando los abuelos vuelvan a llevar a los nietos al colegio.


XL. Desde luego, eso sería un síntoma de normalidad. De momento cuesta imaginar cómo será ese nuevo mundo pospandemia…
A.C. Habrá un mundo ‘pos-esta pandemia’. Pero seguirá habiendo patógenos y hemos de aprender a estar preparados. Todos los países deben tener un mínimo de reservas estratégicas para hacer frente a estas situaciones. No podemos depender del exterior.


XL. ¿Estamos ante el principio del fin de la globalización?
A.C. No lo creo. Hay que mejorar algunos aspectos para generar más igualdad y ayudar a los más vulnerables. Pero la globalización nos permite estar en cualquier lugar del planeta en tiempo real gracias a la conectividad. Esto ha permitido que durante la pandemia continuasen las clases, las reuniones de trabajo… El mundo se hubiera congelado de no ser global. Cerrar fronteras solo se justifica en una situación de emergencia como esta. Pero los inconvenientes de la globalización no se solucionan volviendo a un nacionalismo pacato. Los problemas de la globalización vienen de quien la gobierna.


XL. ¿Y quién lo hace?
A.C. Ahora son unas cuantas grandes corporaciones las que dirigen la globalización. Empresas poderosas que solo buscan su propio beneficio. Por eso hay que trabajar para que haya una gobernanza global.


XL. Ahí están la ONU, la OMS…
A.C. La ONU es un buen organismo, pero son unos pocos países los que toman las decisiones y algunos tienen derecho a veto. Hay que ir un paso más allá. Me refiero a hacerlas globales de verdad, con todas las consecuencias. Que no sean las naciones las que manden sobre ellas, sino que tengan autonomía.

XL. Es todo un salto mental…
A.C. Pero hay gente trabajando en ello. Es el futuro. Un mundo global necesita una gobernanza global. No que unas naciones decidan por encima de otras.


XL. Sin embargo, también vemos una tendencia muy fuerte en sentido contrario, hacia lo que se ha llamado ‘nacionalismo estratégico’. El cierre de fronteras o incluso el brexit son dos ejemplos. ¿No cree que muchos optarán por la independencia frente a la interdependencia?
A.C. El nacionalismo estratégico no opta por la independencia. Hay una confusión ahí. De lo que se trata es de que cada país tenga unas reservas para no depender de otros. En especial, de China; o de la India, que es el mayor proveedor de medicamentos genéricos del mundo, y que al principio de la pandemia decidió restringir las exportaciones de una docena de principios activos de fármacos; entre ellos, el paracetamol. Pero eso no es nacionalismo, es necesidad de supervivencia. Y es una actitud legítima, de prudencia.


XL. ¿Y el nacionalismo, entonces?
A.C. El que me preocupa es el que subyace en el eslogan «América primero» (o «España primero»). Eso es un retroceso.


XL. Dicen que en las crisis siempre surgen oportunidades, ¿vislumbra alguna?
A.C. Tenemos una oportunidad de relanzar la España vacía. Algunos, huyendo de la peste, como sucedió en el Decamerón, de Boccaccio, se han ido al pueblo y han decidido quedarse y trabajar desde allí. Si la España vacía se va llenando de gente, les harán más caso.


XL. Dentro de las ciudades son los barrios con menos recursos los que están llevándose el peor golpe, tanto sanitario como económico…
A.C. No sé si seremos capaces de construir una sociedad sin aporofobia, sin fobia al pobre. El ser humano, casi por instinto, intenta relacionarse solo con aquellos que le van a reportar algún beneficio y deja de lado a los que le van a suponer problemas.


XL. Hemos superado los dos millones de muertos en el mundo; la mayoría, ancianos. Mientras tanto, en Silicon Valley investigan para alargar la longevidad más allá de los límites biológicos. Algo no me cuadra…
A.C. La pandemia debería ser una cura de humildad. Pero en Silicon Valley consiguen una cantidad de dinero impresionante vendiendo que el envejecimiento es una enfermedad que se puede tratar y que la inmortalidad es la meta. ¿Cuándo aprenderemos que la fragilidad y la vulnerabilidad son parte sustancial del ser humano? Nos irá mejor si dejamos de hablar de vencer a la muerte y cuidamos mejor la vida.


XL. ¿Cree que se ha agrandado la brecha generacional entre los mayores y muchos jóvenes?
A.C. Desgraciadamente, creo que hemos visto algo de gerontofobia, de fobia a los ancianos. Y empezó ya con la desescalada, que se hizo por grupos de edad. Los jóvenes no podían mezclarse con los mayores de 65. Eso va creando una cierta mentalidad.


XL. ¿La mentalidad de que los ancianos son un lastre?
A.C. Es lo que han dicho siempre los fascismos y los comunismos. El aprecio al joven por encima de todo. Los mayores están de más. Su obligación es apartarse y desaparecer… Lo peor es que mucha gente se sintió muy aliviada cuando vio que la mayoría de los afectados por el virus desarrolla síntomas leves, excepto los ancianos y los grupos de riesgo. Por otra parte, las relaciones intergeneracionales son muy importantes porque aprendemos unos de otros. Y se nos olvida que en España a los nietos los han criado los abuelos porque la conciliación familiar es difícil. Y que en la crisis de 2008 fue la pensión de los abuelos la que sostuvo a las familias.


XL. En el dilema entre salud y economía, ¿qué debe pesar más?
A.C. En la vida no hay dilemas, sino problemas. Un dilema implica que hay que elegir entre dos posibles soluciones: o salud o economía. No, mire, no hay que elegir entre las dos cosas. Hay que tratar de ver, entre dos opciones, un camino para conservar lo mejor de ambas. Hay que conservar vida y hay que hacer buena economía.


XL. ¿Y entre seguridad y libertad?
A.C. Otro falso dilema. La seguridad y la libertad son indispensables. Y compatibles. ¿Cómo puede una población ser libre si no está segura? Por otra parte, una sociedad que solamente busca la seguridad, y para ello se entrega al servilismo, es una sociedad suicida.


XL. Algunos regímenes totalitarios presumen de su gestión de la pandemia.
A.C. Da la impresión de que China ha afrontado mejor el problema. Sin embargo, es una idea falsa. Porque en un sistema totalitario no hay información fiable. En los países democráticos vamos teniendo información, más o menos, de las cosas que ocurren. Y la gente que se siente perjudicada puede protestar.

De China solo vemos lo que el régimen quiere enseñar.

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El primer acontecimiento global en la historia de la humanidad

A pesar de que algunos analistas consideran que ha comenzado un fenómeno de desglobalización, la pandemia muestra todo lo contrario. Esta crisis impulsará la globalización del trabajo.

La actual pandemia es el primer acontecimiento global en la historia de la especie humana. Cuando digo «global» quiero decir que ha afectado a casi todos, sin importar cuál sea su país de residencia o clase social. Si en un par de años –cuando, esperemos, la pandemia haya concluido y hayamos sobrevivido– nos encontramos con amigos de cualquier rincón de la tierra, todos compartiremos las mismas historias: miedo, tedio, aislamiento, puestos de trabajo y salarios perdidos, cuarentenas, restricciones gubernamentales y máscaras. Ningún otro acontecimiento se le ha acercado.


Las guerras, incluso las mundiales, fueron limitadas: la gente en Suiza, ni hablar en Nueva Zelanda, no tuvo historias significativas sobre la guerra para compartir con los habitantes de Polonia, Yugoslavia, Alemania o Japón. Y en los últimos 75 años las guerras fueron locales. Mucha gente joven puede haberse manifestado contra la Guerra de Vietnam, pero la mayoría no experimentó ninguno de sus efectos. La gente se horrorizó con el sitio a Sarajevo, el bombardeo a Gaza o la estrategia de «conmoción y pavor» en Iraq. Pero para 99,9% de la humanidad ese espanto no cambió en nada su vida diaria: siguió levantándose temprano para ir a estudiar o trabajar, se rio con sus compañeros de trabajo, quizás salió a beber y terminó en un karaoke. No tuvo historias para compartir con los residentes de Sarajevo, Gaza o Bagdad, absolutamente nada en común.


Ni siquiera el fútbol puede competir, aunque sus enfervorizados simpatizantes se digan a sí mismos que los acontecimientos mundiales imitan al fútbol. La última final de la Copa del Mundo fue vista por 1.100 millones de personas, aproximadamente uno de cada seis habitantes del planeta. Hubo todavía muchos que ignoraron su existencia y a quienes no les importó en lo más mínimo qué equipo ganó o perdió.


Entrar en los libros de historia


El covid-19 entrará en los libros de historia como el primer acontecimiento verdaderamente global también en virtud de nuestro desarrollo tecnológico: no solo podemos comunicarnos a través de todo el mundo, sino que también podemos seguir en tiempo real lo que está ocurriendo prácticamente en cualquier lugar. Dado que la infección, la enfermedad y una posible incapacidad y muerte nos amenazan a todos, incluso quienes por otras razones no tienen mucho interés en las noticias chequean sus teléfonos inteligentes para obtener actualizaciones sobre fallecimientos, tasas de infección, vacunas o nuevas terapias.


El propio covid-19 parece haber sido diseñado para esa función. Aunque su nivel de mortalidad se incrementa con la edad, sus efectos son tan inciertos que incluso buena parte de la población más joven y saludable no está totalmente libre de preocupación. Si el covid-19 hubiese sido menos aleatorio, habría causado menos temor. Sin embargo, este acontecimiento global es al mismo tiempo extraño. Requiere que la gente no interactúe físicamente entre sí, y de ese modo trae como consecuencia otra dimensión, una novedosa. Nuestro primer acontecimiento global habrá sido aquel en el que no nos encontramos cara a cara en tiempo real con otra gente que también lo experimentó.


Si reflexionamos sobre esto, tiene sentido. Para ser global, el acontecimiento tiene que ser vivido más o menos de la misma forma y al mismo tiempo por todo el mundo. Si nos limitamos al contacto físico o la presencia, sin embargo, no podemos llegar a muchas personas, simplemente porque no es posible para cada uno de nosotros encontrarse con miles, y menos aún cientos de miles de otras personas. Por lo tanto e irónicamente, el primer acontecimiento humano global estuvo desprovisto de cualquier de humano y físico: tuvo que ser experimentado en forma virtual.


Es por esto también que esta pandemia es diferente de la de un siglo atrás. En ese entonces, la información no se podía transmitir o compartir con facilidad. Para cuando la gente estaba muriendo en la India por la gripe española, Europa se estaba recuperando y desconocía o se mostraba indiferente frente a las muertes en la India. Y la India tampoco había tenido noticia de las muertes en Europa hasta que la pandemia la invadió.


Globalización del trabajo


¿Qué quedará de este acontecimiento global, más allá de las memorias de la gente? Hay solo unas pocas cosas que podemos decir con alguna certeza.


La pandemia habrá acelerado la globalización en el segundo factor de la producción: el trabajo. (El primer factor, el capital, ya está globalizado gracias a la apertura de cuentas nacionales de capital y la capacidad técnica de mover enormes sumas de dinero por todo el mundo y de construir fábricas y oficinas en todas partes). Es probable que el covid-19 nos haga avanzar casi una década en la conciencia de las posibilidades de desacoplar el trabajo de la presencia física en el ámbito laboral. Aunque en muchas actividades podamos, una vez que la pandemia termine, volver a compartir oficinas físicas, a trabajar en fábricas, en muchos otros casos no será así. Esto no solo tendrá efectos en la gente que trabaje desde su casa, el cambió será mucho más profundo. Verá la luz un nuevo mercado laboral global sin necesidad de migración. En algunos segmentos de la economía mundial (como los centros de atención telefónica o el diseño de software), ese mercado ya existe, pero se volverá mucho más habitual. La pandemia implicará un salto gigante hacia la «movilidad» del trabajo, una movilidad peculiar, en la que los trabajadores y las trabajadoras individuales no se moverán de su lugar de residencia, sino que trabajarán en «oficinas» o «fábricas» a kilómetros de distancia.


Quienes se preocupan porque la globalización podría retroceder se van a sorprender. Debido a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las cadenas globales de valor y el comercio podrían sufrir un revés temporario. Pero en términos de movilidad laboral o, más precisamente, de competencia laboral –que es extraordinariamente importante–, la globalización avanzará.


 
Traducción: María Alejandra Cucchi
Fuente: IPS y Social Europe

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Foto: Getty Images

‘La conciencia de la economía’. Así es como muchos llaman a este analista indio, Premio Nobel de 1998. Abogado de los pobres y desfavorecidos, Sen ha hecho de la lucha contra la desigualdad su bandera. Unas ideas que, por culpa de la pandemia, tienen más vigencia que nunca. Lo escuchamos.

Amartya Sen, nacido hace 86 años en el actual estado indio de Bengala Occidental, es un talento multidisciplinar. Economista y filósofo, por encima de todo es un pensador excepcional. El ser humano o, mejor dicho, el bienestar del ser humano está en el centro de su pensamiento y de su trabajo. El propio Sen siempre se ha visto como un abogado de los pobres y los desfavorecidos. Su tesis más conocida demuestra con datos históricos cómo no solo la escasez de alimentos produce las grandes catástrofes alimentarias, sino, sobre todo, el reparto injusto de la riqueza. Amartya Sen ha sido profesor en muchas de las principales instituciones educativas del mundo (como Oxford, Harvard, Cambridge, Stanford o Berkeley), es asesor de Naciones Unidas y se lo considera el padre del índice de desarrollo humano, un indicador del bienestar que no mide el desarrollo y la calidad de vida únicamente en función de criterios materiales, también incluye factores como la educación, la salud o la libertad. En 1998 ganó el Premio Nobel de Economía. Sen vive en Boston con su tercera esposa, Emma Georgina Rothschild, economista e historiadora, y enseña en Harvard.

XLSemanal. Muchos lo llaman ‘la conciencia de la economía’. ¿Lo sabía?

Amartya Sen. No, pero me parece exagerado. Se podría decir lo mismo con igual o mayor justificación de Adam Smith, el marqués de Condorcet y, por supuesto, Immanuel Kant. Muchas veces se menciona mi nombre junto con el de estos grandes pensadores, y es un honor, pero nada más.

XLSemanal. Dadas las consecuencias que está teniendo la pandemia, ahora su trabajo es más importante que nunca para la humanidad…

A.S. Estamos viviendo tiempos enormemente intensos e interesantes. Asistimos a un cambio en las prioridades. El foco se está desplazando. A la larga, Europa ganará relevancia, sobre todo Alemania y Francia, mientras se hace evidente que Estados Unidos ya no está en condiciones de desempeñar su papel de liderazgo. También es cierto que muchas de las cosas sobre las que he investigado a lo largo de mi vida se están situando con mayor claridad en el centro de los temas que nos ocuparán en el futuro.

XLSemanal. Es decir, pobreza, desigualdad…

A.S. Así es.

XLSemanal. La pandemia ha puesto al mundo en un estado forzoso de pausa. Algunos de sus colegas la describen como una especie de advertencia y concluyen que la humanidad ya no puede seguir con ese mantra del crecimiento económico continuo.

A.S. El crecimiento siempre suscita interrogantes acerca de la sostenibilidad. El crecimiento es una cuestión de planificación correcta y de pensamiento correcto. Pero en sí no es algo malo. Igual que no lo es la globalización, porque la globalización significa muchas más cosas que un crecimiento global. Significa también un intercambio global de ideas, de pensamientos, de cultura. Podemos e incluso debemos crecer, pero de una forma inteligente.

XLSemanal. ¿Y cómo sería ese crecimiento inteligente?

A.S. Sobre todo, tenemos que acordar una cultura del reparto justo, que afecte a bienes necesarios para la vida como son los alimentos o las medicinas. Es un asunto del que ya se han ocupado grandes pensadores, y también estadistas, a lo largo de la historia. La redistribución sigue siendo la clave de la resolución de estas cuestiones tan importantes para la humanidad. ¿Me permite citar un ejemplo?

XLSemanal. Por favor.

A.S. Durante la Segunda Guerra Mundial, la desnutrición prácticamente desapareció en Gran Bretaña, a pesar de que en conjunto había menos alimentos que antes. Los que más se beneficiaron de la adopción del racionamiento de la comida fueron los pobres. El Servicio Nacional de Salud británico también nació a partir de la idea de un reparto igualitario.

XLSemanal. Pero lleva años al límite, como ha vuelto a ponerse de manifiesto con el coronavirus.

A.S. Eso no significa que la idea que tiene detrás no siga siendo buena. De todos modos, hay que admitir que no todas las cosas han evolucionado en una dirección positiva y que el reparto justo no es una realidad en todos los lugares del mundo. Lo vemos aquí, en Estados Unidos, donde la población negra es la que más está sufriendo los efectos de la pandemia.

XLSemanal. Muchos humanistas e historiadores han descrito las plagas, las guerras y las revoluciones como «grandes niveladores». Consideraban que empezar de cero era una oportunidad para conseguir una situación de mayor igualdad. ¿Esta visión podría aplicarse a la situación actual?

A.S. No, y tampoco creo que esa tesis haya sido correcta alguna vez, ni siquiera en tiempos de la peste negra o de las grandes hambrunas en Europa. En aquellos tiempos, a los ricos siempre les iba mucho mejor que a los pobres, aun cuando proporcionalmente murieran muchos. Las crisis humanitarias nunca han sido grandes niveladores. Kant, el gran ilustrado alemán, ya señaló que deberíamos dedicar mucha más energía a la cuestión de por qué unos tienen más que otros. En definitiva, lo del gran nivelador es una ilusión.

XLSemanal. Cuando observa el mundo de hoy, con un presidente impredecible al frente de Estados Unidos y con el país metido en un duelo con China, con una Unión Europea en la que solo tras agrias negociaciones los países ricos aceptaron ayudar a los miembros más débiles a combatir la crisis provocada por el coronavirus… ¿qué es lo que se le pasa por la cabeza?

A.S. Existe un riesgo real de que no estemos prestando la debida atención a cómo solucionar los problemas causados por la COVID-19, pero también hay señales alentadoras. Piense en Italia, por ejemplo, que ya se encontraba afectada por la desigualdad antes de la pandemia, una desigualdad que venía avivada por la retórica de la Liga Norte.

XLSemanal. ¿Pone a Italia como ejemplo positivo?

A.S. Antes de la pandemia, parecía que Matteo Salvini era políticamente intocable. Estuve en Italia el verano anterior y muchos lo aclamaban como a un héroe. Luego vino la crisis y ¿dónde está Salvini ahora? No se lo ve por ningún sitio. La retórica antiinmigración se ha llevado un revés importante. Piénselo: al principio de la crisis del coronavirus, Italia parecía desorientada, carecía de plan. Pero el país ha ganado esta batalla, y lo ha hecho desde el mismo momento en el que empezó a tener en cuenta a todos los ciudadanos, no solo a los del norte.

XLSemanal. La carrera mundial por desarrollar la vacuna está marcada por el egoísmo nacional. ¿Y si al final la realidad va en contra de su maravillosa teoría del reparto justo?

A.S. Los actores globales tienen su papel y deben asumirlo. No hay otra alternativa. Los países que, como Estados Unidos, solo buscan una vacuna para su propia población y se olvidan de los demás no demuestran liderazgo. Estamos hablando de una crisis global que exige respuestas globales. Estados Unidos tenía todas las características propias de una potencia líder global, pero cada vez las tiene menos, mientras que otros países han recortado las diferencias de forma considerable.

XLSemanal. China sobre todo.

A.S. China obviamente, pero también Vietnam, por ejemplo, que durante la guerra apostó por el principio de la igualdad y sigue aferrándose a él. En cuestiones de educación, sanidad e igualdad, Vietnam y China se encuentran en una posición bastante buena. China es la que va en cabeza. Eso al menos es positivo.

XLSemanal. ¿Pero…?

A.S. Por desgracia, estos pasos positivos no han llevado ni a una democratización ni a un mayor respeto por los derechos de los individuos o de las minorías.

XLSemanal. Lleva muchos años viviendo en Boston, se puede decir que está asistiendo al declive de Estados Unidos desde la ventana de su casa: Trump, protestas, coronavirus… ¿Observa este escenario como académico o como un ciudadano de a pie?

A.S. De ambas formas. Ya estuve aquí en los sesenta, en mis primeros años de profesor. El pensamiento radical forma parte de la tradición norteamericana, es otra de las cosas que me fascinó de este país. En estos momentos está teniendo lugar en Estados Unidos una confrontación enorme entre aquellos que asisten preocupados a cómo responde el Estado a los problemas de la época y de la nación y aquellos otros que tienen una visión más estrecha del mundo.

XLSemanal. Lo de visión estrecha es una forma muy delicada de describir al actual presidente.

A.S. Para mí, esto va más allá de él. Percibo esos dos polos también entre mis estudiantes. Estados Unidos está atrapado en ese dilema. Pero la estrechez de miras no es un problema únicamente americano. Piense en Gran Bretaña y la decisión tan equivocada que es el brexit.

XLSemanal. ¿Esa mirada nacionalista y estrecha le produce dolor?

A.S. Claro. Pero hay algo todavía peor, y es cuando la identificación con la nación ya no es válida para todos, cuando algunos quedan excluidos de forma premeditada.

XLSemanal. ¿Podría citar algún ejemplo?

A.S. Mi país, la India. Antes era el país de los hindúes, los musulmanes, los cristianos, los judíos, los sijs, los parsis y muchos más. Pero el Gobierno actual tiene a esa India secular en buena medida esclavizada por una India bajo control hindú. En mi opinión, esto es mucho más censurable que el nacionalismo puro y duro que se percibe en todos los rincones del mundo. Nacionalismo sectario, focalización en los ricos, desprecio a los necesitados, represión de la libertad de expresión… y todo eso en una democracia.

XLSemanal. ¿Hasta qué punto diría que su origen ha influido en su trabajo?

A.S. No solo ha influido en mi trabajo, ha influido en mi vida. Tuve la suerte de nacer en una familia de académicos. Muchos de mis parientes lucharon contra el dominio británico y acabaron en la cárcel. Iba a visitarlos a menudo, aprendí desde muy joven que uno tiene que luchar por sus valores y su legado.

XLSemanal. Es usted economista y filósofo. ¿Cómo se definiría como persona?

A.S. Siempre he buscado pertenecer al mayor número posible de grupos. Soy indio, pero también soy asiático. Crecí en un entorno hindú, pero no me siento solo hindú. Soy científico, pero siempre he querido centrar mi investigación en los campos que son más relevantes para la gente. Y siempre me ha gustado leer a personas que son capaces de apreciar el bien en el mundo. Me siento heredero de un linaje global.

XLSemanal. Ver el bien en el mundo, como usted dice, no parece tan fácil. Pandemia, recesión, pobreza, cambio climático y, por encima de todo, esta enorme desigualdad… ¿Podemos resolver todos estos problemas?

A.S. Si nos esforzamos lo suficiente, sí, podemos hacerlo. Tendría que hacerse a dos niveles. Por un lado, deberíamos reflexionar sobre qué ha ido mal y qué lecciones podríamos extraer. Y ser muy inflexibles con nosotros mismos durante el análisis.

XL.¿ Y el segundo nivel?

A.S. El segundo nivel es la colaboración. Es decir, tener la disposición de implicarse intelectualmente y la capacidad de tenderles la mano a los demás. A mí me gusta hacer las dos cosas. De hecho, hacer algo por el mundo también es muy divertido.

XLSemanal. Si pudiera hablar en la sede de Naciones Unidas, ¿qué les diría a todos los jefes de Estado y de Gobierno?

A.S. Lo primero que haría sería dedicar mucho tiempo a escuchar. Luego les diría que no hay nada que pueda sustituir al razonamiento crítico. Y que la mayoría de los problemas del mundo son resultado de un pensamiento cerrado, limitado. Una mente abierta y la voluntad de colaboración son esenciales.


LA CLAVE DE MI VIDA

El profesor Sen siempre recuerda que nació en un campus universitario. Su padre era profesor de Química en la Universidad de Daca, en el actual Bangladés. Aquellos primeros años en el subcontinente indio, entonces bajo el dominio colonial británico, marcaron al joven Amartya. Una vez, un jornalero musulmán -al que unos hindúes acosaban armados con cuchillos- se arrastró hasta la casa de sus padres para escapar de sus perseguidores; su padre lo llevó al hospital, donde falleció. Amartya era todavía un niño, pero entendió que aquel hombre se había adentrado en un distrito hindú por pura necesidad de supervivencia y a pesar del miedo. Sen no olvidó nunca aquella violencia sin sentido ni tampoco la terrible hambruna en Bengala que acabó con la vida de tres millones de personas en 1943. Los miembros de las castas superiores e intermedias, a las que él pertenecía, prácticamente no se vieron afectados por la tragedia, ni siquiera llegaron a percibir el sufrimiento de los demás. Aquellos sucesos cambiaron su imagen del mundo: a partir de ese momento, Sen se dedicó a estudiar la pobreza, la economía del bienestar y la desigualdad social. Sus teorías, ensayos y libros lo han convertido en una superestrella del mundo académico

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Fin de la era del dólar hegemónico, según Stephen Roach

De todos los factores que EU ostenta todavía como la otrora superpotencia unipolar –que ahora tiene que compartir las esferas de influencia con China y Rusia en los ámbitos geoeconómico y militar–, su omnipotente dólar se mantiene como su máximo poderío cuando ni China, con su renminbi/yuan, ni Rusia, con su valetudinario rublo, aparecen aún en el radar geofinanciero. En el seno del cada vez más disfuncional FMI, el dólar estadunidense –porque existen otros "dólares" desde Canadá hasta Singapur– es la reina de sus divisas que conforman los Derechos Especiales de Giro pentapartitas junto con el euro, el renminbi/yuan, el yen japonés y la libra esterlina. A un nivel del intercambio global de divisas, el dólar aún constituye 61 por ciento, seguido por el euro (20.5) –quedando muy atrás el yen nipón (5.7) y la libra esterlina (4.6) (https://bit.ly/36D33Ip).

Mucho se maneja que las decapitaciones del iraquí Saddam Hussein y del libio Muammar Gaddafi se debieron a su "osadía" de haber pretendido trasmutar la venta de hidrocarburos de dólares a euros. Hace ya buen tiempo Martin Feldstein –ex jefe de consejeros del Consejo Económico con Ronald Reagan y miembro del macabro globalista/monetarista "Grupo de los 30"– aboga por una devaluación controlada del dólar (https://bit.ly/3lmYXbk): un poco en similitud al Acuerdo Plaza, con el fin de estimular las exportaciones de EU que han periclitado frente al asombroso ascenso de China.

En este tenor, Stephen Roach –ex economista jefe en Asia del banco de inversiones Morgan Stanley, con sede en Nueva York, y autor de Desbalanceados: la codependencia entre EU y China (https://amzn.to/3nskDVI)– advierte sobre "el fin del privilegio exorbitante (sic) del dólar" y de su “probable desplome (sic) dado el colapso (sic) en los ahorros domésticos de EU y su brecha del déficit de cuenta corriente ( Financial Times, 4/10/20)”. Roach se da el lujo de calcular en forma cualitativa que el desplome sería de "un máximo de 35 por ciento (¡supermegasic!) a finales de 2021".

Llama la atención que tal megadevaluación sea más "estructural" que personal, independientemente de quién triunfe en la presidencia de EU entre Trump y Biden, a quienes ni siquiera cita. Roach sentencia que "era un accidente (sic) que debía ocurrir", aunque "la explosión en el déficit gubernamental relativa al Covid sea la fuente inmediata del problema", cuando el "delgado colchón" de la tasa neta de ahorro doméstico "dejó a EU vulnerable (sic) a cualquier choque, no se diga al Covid": al pasar de 2.9 por ciento del ingreso nacional bruto de 2011 a 2019 (¡ocho años!) constituyó "menos que la mitad de 7 por ciento de 1960 (sic) a 2005 (¡45 años!)".

Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO), el déficit federal calculado para 2020 se encuentra en 16 por ciento del PIB, que retrocederá a 8.6 por ciento en 2021 (https://bit.ly/3lllQMA). Según Roach, las "implicaciones serán ominosas (sic) para el futuro de EU", ya que "sin ningún ahorro del empréstito superavitario del exterior, el crecimiento se torna imposible (sic)", lo cual seguirá erosionando en forma gradual el "privilegio especial del dólar" como la “divisa de reserva dominante (https://bit.ly/2HV9Keu)”.

Así, los prestamistas foráneos exigirán "concesiones" que se gestan en dos formas: en "ajustes a la divisa y/o a las tasas de interés".

Juzga que "el canal de la tasa de interés ha sido cerrado en forma efectiva", por lo que el "ajuste será forzado (sic) mediante un dólar débil" cuando la Reserva Federal "ha prometido conservar su política de tasas de interés cercanas a cero por varios años más". Vaticina que las alternativas al "otrora invencible dólar" son el renminbi/yuan, oro (se le olvidó la plata mexicana) y las criptodivisas, al unísono del hoy "devaluado" euro que ha empezado a ser estimulado por una política fiscal paneuropea de 858 mil millones de dólares (https://bit.ly/2F7dSqV).

¿Qué advendrá del peso mexicano que pertenece a la "zona dólar"? ¿Se podrá desacoplar el "México de la 4T" del dólar, con su T-MEC a cuestas?

www.alfredojalife.com

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El viraje hacia adentro de China descoloca a Occidente

El Dragón se propone cambiar de estrategia. En respuesta a la situación internacional, decidió un viraje a lo que denomina "doble circulación", que supone que "el mercado y el consumo interno serán los principales impulsores del futuro crecimiento del PIB de China".

 

Este viraje se viene anunciando desde hace algunos meses, pero a lo largo de septiembre cobró mayor dimensión. El Diario del Pueblo publicó un artículo titulado "El desarrollo chino se plantea a través de un nuevo modelo", donde destaca que el "crecimiento económico de China estará impulsado por el consumo interno y la inversión".

Justin Yifu Lin, decano honorario de la Escuela Nacional de Desarrollo de la Universidad de Pekín y ex economista jefe del Banco Mundial, destaca la necesidad de China de "medidas de reforma más audaces para cultivar un mercado interno más eficiente y liberar el potencial del país para verificar un crecimiento de mayor calidad".

China está transitando, según Lin, de "una economía orientada a la exportación hacia una economía orientada al consumo interno y la inversión", lo que considera un paso inevitable. Según el diario oficialista, "el patrón de desarrollo de doble circulación ha generado acalorados debates y especulaciones sobre un posible cambio de la política de desarrollo de China y su potencial impacto en la economía mundial".

El presidente Xi Jinping definió que "China necesita crear un nuevo patrón de desarrollo en el que la circulación económica interna sea el pilar y los mercados internos y externos puedan complementarse entre sí".

El cambio está en marcha, al punto que la proporción de las exportaciones en el PIB de China ha disminuido desde un 35% en 2006, hasta un 17% en 2020. El consumo interno suponía, en 2008 el 35,3% del PIB, porcentaje que creció hasta un 58% del PIB en 2019.

Sin embargo, esto no quiere decir que las exportaciones dejarán de ser importantes para la economía china, ya que el país seguirá aprovechando sus ventajas competitivas para seguir ampliando la oferta de bienes a bajos precios.

China no va a aislarse, como ha dicho días atrás el presidente Xi. Prueba de ello es que mantiene en alto su principal proyecto, la Ruta de la Seda, que busca precisamente acelerar los intercambios con Asia y Europa. Como señala el economista Lin, el viraje supone aumentar los ingresos de los hogares para que el consumo interno se convierta en uno de los motores claves del crecimiento económico.

Sin embargo, este viraje que busca la mayor autonomía de China del mercado global, provoca un sentimiento de zozobra en Occidente. El Commerzbank, por ejemplo, uno de los mayores bancos de Alemania, vaticina que "China ha iniciado un camino hacia la autarquía".

Según este análisis, el viraje de China "puede perjudicar a Europa y, en especial, a Alemania en el medio plazo". Observado desde Europa, el viraje chino busca "la autosuficiencia para blindarse ante la nueva 'era del desorden'", que "puede suponer una seria amenaza para los grandes socios comerciales".

Según el citado informe de El Economista, "China se ha convertido en un gran importador de bienes intermedios de calidad, beneficiando a Alemania, Japón, Corea del Sur o EEUU. Esto es lo que parece estar en peligro con la nueva estrategia que pretende adoptar el país a partir de octubre".

En los próximos años, el Dragón se encamina a producir una gran parte de los bienes y servicios de elevado valor añadido que ahora importa. Los economistas de Commerzbank sostienen que China seguirá importando commodities como petróleo, pero la sustitución de importaciones industriales "plantea riesgos importantes para China y para las economías industrializadas occidentales".

Con este viraje, es muy probable que la guerra comercial con EEUU no haga más que intensificarse. Alemania será uno de los países más afectados, ya que se ha convertido en el principal proveedor de China, principalmente vehículos, piezas de coches, de aviones, máquinas y equipamiento industrial. "Se sentirán decepcionados, en particular los que exportan productos finales de alto valor añadido que China ahora puede producir por sí misma", estima Alicia García Herrero, economista de Natixis y una de las mayores expertas en economía china.

El economista argentino Claudio Katz ofrece una interesante reflexión sobre las causas de este viraje, que sitúa en la crisis de 2008, cuyo epicentro fueron los EEUU. El crecimiento de China basado en las exportaciones a su principal socio comercial, "alcanzó un techo infranqueable", ya que la debilitada economía de EEUU "no pudo sobrellevar el desbalance generado por el superávit comercial y las monumentales acreencias acumuladas por Pekín".

En efecto, la recesión que sobrevino a la crisis "introdujo un freno a la adquisición norteamericana de excedentes chinos y al consiguiente engrosamiento de las reservas asiáticas de Bonos del Tesoro". En los años siguientes, los intentos de China por aumentar las inversiones para ampliar su mercado interno, no alcanzaron el mismo nivel de beneficios que se obtenía con las exportaciones, sobre todo porque, como apunta Katz, "el consumo interno de los sectores de alta y media renta no fue suficiente para sostener el mismo ritmo de actividad".

Según esta explicación, la guerra comercial y el desacople entre Pekín y Washington serían consecuencia, más que de la actitud de ambos presidentes, de los límites que encuentra la interpenetración de las economías de ambas potencias. Dicho de otro modo, la guerra comercial desatada por Trump es la respuesta a los límites estructurales de un tipo de relaciones ancladas en el comercio.

China necesita un desarrollo endógeno, como lo han tenido EEUU y la Unión Europea desde hace mucho tiempo, así como todas las potencias ascendentes. Si no promueve ese viraje, quedará como un país dependiente de las exportaciones de bienes poco industrializados, una desventaja que las naciones del tercer mundo subdesarrollado conocemos de sobra.

Sin embargo, este viraje augura cambios geopolíticos de larga duración. Las potencias occidentales tuvieron una sobrevida luego de la crisis de 2008 gracias al notable crecimiento de la economía china, que era capaz de absorber todo tipo de productos industrializados y de alto valor agregado que producían las economías desarrolladas. Ahora se verán enfrentadas a sus propios límites, ya que los mercados internos del Norte tienen muy pocas posibilidades de expandirse.

21:17 GMT 01.10.2020(actualizada a las 22:43 GMT 01.10.2020) URL corto

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Viernes, 11 Septiembre 2020 05:50

¿El poscapitalismo ya está aquí?

¿El poscapitalismo ya está aquí?

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

 

El 12 de agosto sucedió algo extraordinario. Se dio a conocer la noticia de que, en los primeros siete meses de 2020, la economía de Reino Unido había sufrido su mayor contracción en la historia (una caída del ingreso nacional superior al 20%). La Bolsa de Londres reaccionó con un alza en el FTSE 100 (su principal índice bursátil) de más del 2%. El mismo día, cuando Estados Unidos empezaba a parecerse a un estado fallido, no solamente a una economía en problemas, el indice S&P 500 alcanzó un pico sin precedentes.

Sin duda, los mercados financieros desde hace mucho tiempo han recompensado los resultados que aumentan la miseria. Las malas noticias para los trabajadores de una empresa –despidos planificados, por ejemplo– suelen ser una buena noticia para sus accionistas. Pero cuando las malas noticias afectaban a la mayoría de los trabajadores simultáneamente, los mercados bursátiles siempre caían, debido a la expectativa razonable de que, cuando la población se ajustara el cinturón, todo el ingreso, y por lo tanto las ganancias y dividendos promedio, se comprimirían. La lógica del capitalismo no era bonita, pero era comprensible.

Ya no más. No existe una lógica capitalista para los acontecimientos que culminaron el 12 de agosto. Por primera vez, una expectativa generalizada de menores ingresos y rentabilidad condujo a un frenesí de compra sostenido en Londres y Nueva York –o al menos no lo impidió-. Y esto no es porque los especuladores estén apostando a que las economías de Reino Unido y Estados Unidos hayan tocado fondo, haciendo que este sea un gran momento para comprar acciones. No, por primera vez en la historia, a los financistas no les importa en absoluto la economía real. Ven que el covid-19 ha colocado al capitalismo en una animación suspendida. Ven cómo desaparecen los márgenes de ganancias. Ven el tsunami de pobreza y sus efectos de largo plazo en la demanda agregada. Y ven cómo la pandemia revela y refuerza las profundas divisiones clasistas y raciales preexistentes.

Los especuladores ven todo esto, pero lo consideran irrelevante. Y no se equivocan. Desde que el covid-19 colisionó con la enorme burbuja que los gobiernos han venido utilizando para reflotar al sector financiero desde 2008, los mercados bursátiles en auge se volvieron compatibles con una implosión económica masiva. Fue un momento históricamente significativo, que marcó una transición sutil pero discernible del capitalismo a un tipo peculiar de poscapitalismo.

Pero comencemos por el principio.

Antes del capitalismo, la deuda aparecía al final del ciclo económico. En el feudalismo, lo primero era la producción. Los campesinos trabajaban los campos de los señores y la distribución venía luego de la cosecha, cuando el sheriff recolectaba la parte que le correspondía al señor. Parte de esta cuota luego se monetizaba cuando el señor la vendía. Recién entonces surgía la deuda, cuando el señor prestaba dinero a los prestatarios (muchas veces, inclusive, al rey).

El capitalismo revirtió el orden. Una vez que la mano de obra y la tierra se habían mercantilizado, la deuda era necesaria incluso antes de que comenzara la producción. Los capitalistas sin tierra tenían que endeudarse para rentar tierra, trabajadores y máquinas. Los términos de estos arriendos determinaban la distribución del ingreso. Recién ahí podía comenzar la producción, generando ingresos cuyo residual era la ganancia de los capitalistas. En consecuencia, la deuda alimentó la promesa temprana del capitalismo. Pero fue recién en la Segunda Revolución Industrial cuando el capitalismo pudo reformular el mundo a su imagen.

El electromagnetismo dio lugar a las primeras compañías en red, que producían de todo desde plantas de generación de energía y la grilla de electricidad hasta bombillas para cada habitación. Las colosales necesidades de financiamiento de estas empresas engendraron el megabanco, junto con una capacidad considerable para crear dinero de la nada. La aglomeración de megafirmas y megabancos creó una tecnoestructura que usurpó mercados, instituciones democráticas y medios de comunicación, lo que primero derivó en los «locos años 20» y luego en la crisis de 1929.

Desde 1933 hasta 1971, el capitalismo global estaba planificado centralmente bajo diferentes reproducciones del marco de gobernanza del New Deal, incluidos la economía en guerra y el sistema de Bretton Woods. Como ese marco fue arrasado a mediados de los años 1970, la tecnoestructura, disfrazada de neoliberalismo, recuperó sus poderes. Luego vino un aluvión de «exuberancia irracional» al estilo de los años 20, que culminó en la crisis financiera global de 2008.

Para reflotar el sistema financiero, los bancos centrales canalizaron olas de liquidez muy barata al sector financiero, a cambio de una austeridad fiscal universal que limitó el gasto de los hogares de bajos y medianos ingresos. Al no poder beneficiarse de los consumidores golpeados por la austeridad, los inversores pasaron a depender de las constantes inyecciones de liquidez de los bancos centrales, una adicción con efectos colaterales graves para el propio capitalismo.

Consideremos la siguiente reacción en cadena: el Banco Central Europeo otorga nueva liquidez al Deutsche Bank a un interés de casi cero. Para sacarle provecho, el Deutsche Bank debe prestar ese dinero, aunque no a la «pobre gente» cuyas circunstancias deterioradas han debilitado su capacidad de pago. Entonces, se la presta, por ejemplo, a Volkswagen, que ya está inundada de ahorros porque sus ejecutivos, por temor a una demanda insuficiente de nuevos autos eléctricos de alta calidad, pospusieron inversiones cruciales en nuevas tecnologías y empleos bien remunerados. Aunque los jefes de Volkswagen no necesitan el dinero extra, el Deutsche Bank les ofrece una tasa de interés tan baja que lo toman e inmediatamente lo usan para comprar acciones de Volkswagen. Naturalmente, el precio de la acción se dispara y, con él, los bonos de los ejecutivos de Volkswagen (que están asociados a la capitalización de mercado de la compañía).

De 2009 a 2020, estas prácticas ayudaron a desvincular los precios de las acciones de la economía real, lo que resultó en una «zombificación» corporativa generalizada. Así estaba el capitalismo cuando llegó el covid-19. Al afectar el consumo y la producción al mismo tiempo, la pandemia obligó a los gobiernos a reemplazar los ingresos en un momento en que la economía real tenía la menor capacidad para invertir en la generación de riqueza no financiera. Como resultado de ello, se llamó a los bancos centrales a estimular de manera aún más grandiosa la burbuja de deuda que ya había «zombificado» a las corporaciones.

La pandemia ha reforzado aquello que ha venido minando los cimientos del capitalismo desde 2008: el vínculo entre ganancias y acumulación de capital. La crisis actual ha revelado una economía poscapitalista en la que los mercados de bienes y servicios reales ya no coordinan la toma de decisiones económicas, la tecnoestructura actual (que incluye a las grandes tecnológicas y a Wall Street) manipula el comportamiento en una escala industrial y el demos está excluido de nuestras democracias.

Fuente: Project Syndicate

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El coronavirus y el fin de la era neoliberal

Después de repetirnos durante cuarenta años los dogmas neoliberales, la crisis financiera sacudió seriamente nuestra fe en ellos, pero al final se mantuvo el sistema. Esta vez es diferente. La coronacrisis y las medidas socioeconómicas para salvar el sistema hicieron caer, uno a uno, los dogmas neoliberales. Es hora de hacer algo nuevo.

 

Los dogmas caídos

 

«Vivimos por encima de nuestras posibilidades, no hay dinero”

Llevan años diciéndonos eso. La atención sanitaria era demasiado cara, los subsidios de desempleo demasiado generosos, los salarios demasiado altos y simplemente no había dinero para asuntos sociales o culturales. El déficit y las deudas del gobierno se tenían que reducir y por eso teníamos que ahorrar en todo.

Ahora, de la noche a la mañana parece haber dinero y parecen haber encontrado gigantescos botes de dinero. Hoy en día se gastan miles de millones de euros como si nada. Un déficit en el presupuesto de más de tres veces el 3 % acordado en el tratado de Maastricht o una deuda mucho mayor que el 100 % del PIB, de repente, dejaron de ser un problema.

«El mercado libre lo resuelve todo, el Estado es ineficiente»

Privatizar y desregularizar lo más posible, esa era la consigna. El Estado tenía que “adelgazar” lo máximo posible e intervenir lo menos posible (1). Para Bart De Wever, el presidente del partido más grande de Flandes, “el estado es un monstruo que aspira el dinero y lo escupe después”.

Durante la coronacrisis el mercado libre falló completamente. Quizás lo más notable fue el caso de los tapabocas. Al mismo tiempo vimos tanto un dramático retorno como la rehabilitación del gobierno público. Se hizo visible para todos que sólo el Estado puede controlar y superar una crisis de tal magnitud. Se nacionalizaron fácilmente en su totalidad o en parte sectores importantes de la economía. Según el Wallstreet Journal, las medidas de estímulo económico en los Estados Unidos son “el mayor paso hacia una economía de planificación centralizada que jamás haya dado Estados Unidos”.

«El capital y la empresa crean riqueza”

Son los empresarios los que crean riqueza. Gracias a su capital, coraje e innovación, crean empleo y aumentan la riqueza de un país.

Los confinamientos en los distintos países revelaron todo lo contrario en todas partes: son los trabajadores y su trabajo los que crean la riqueza. Cuando parte de la población activa se vio obligada a dejar de trabajar, el crecimiento económico se desplomó. Es el trabajo el que crea al capital y no al revés. El confinamiento también demostró que a menudo son los trabajos más esenciales los que están peor pagados.

«Lo que es bueno para los ricos es bueno para todos”

Precisamente porque la riqueza la crean el capital y los empresarios, los tenemos que mimar. Las medidas que favorecen a los empresarios y a las rentas altas (regalos fiscales, subsidios salariales, ayudas estatales, etc.) aumentan la inversión y crean puestos de trabajo. Su ventaja se filtra finalmente hasta abajo. Este llamado efecto de goteo fue la excusa para justificar la política diseñada para el 1 % más rico.

El coronavirus destruyó esta falacia por completo. Gracias a las medidas de apoyo, los súper ricos se benefician enormemente. Desde el 18 de marzo, los multimillonarios de los Estados Unidos ya han visto aumentar sus activos en una quinta parte, o sea 565.000 millones de dólares. JPMorgan, el banco más grande de los EE.UU., reportó las mejores cifras que jamás haya tenido en un trimestre. La compañía de inversiones Goldman Sachs registró un crecimiento del 41 % en comparación con el año anterior. Pero poco de ese “efecto de goteo” se nota. En todo el mundo cientos de millones de personas se ven empujadas a la pobreza extrema. En Bélgica aumentó el número de personas que van a los bancos de alimentos en un 15 % y esto es sólo el comienzo.

«La gente es egoísta”

El ser humano es capaz de hacer el bien, pero por naturaleza es malo. Está impulsado en primer lugar por el interés propio. Esto es lo que los gurús neoliberales nos han estado diciendo durante décadas. Al final, según ellos, esto es ventajoso porque el interés propio lleva a la competencia y eso es precisamente lo que impulsa nuestra economía.

La solidaridad espontánea y masiva que surgió durante la coronacrisis arrasó con esta cínica imagen del ser humano. Los jóvenes fueron a hacer compras para sus vecinos ancianos, miles de voluntarios hicieron tapabocas o se presentaron en los bancos de alimentos para ayudar. A pesar de la falta de equipos de protección, las enfermeras empezaron a cuidar de sus pacientes arriesgando su propia salud y, por tanto, sus vidas. Ciertamente, había grupos a los que no les importaban las medidas de seguridad, pero esas eran las excepciones que confirmaban la regla. La coronacrisis muestra hoy más que nunca que el ser humano es esencialmente un súper colaborador, como lo describieron el autor belga Dirk Van Duppen y el periodista holandés Rutger Bregman. Wendy Carlin, profesora de economía, lo expresa así: “Habrá que actualizar finalmente el modelo del actor económico como amoral y egocéntrico”.

 

No repetir los errores de 2008

 

Todos los partidos tradicionales, incluidos los Verdes y los Socialdemócratas, han contribuido, o al menos han apoyado, la política neoliberal en los últimos cuarenta años (2). Las consecuencias de esta política antisocial se han hecho dolorosamente claras en estos últimos meses. En los centros de salud y los centros de atención a los ancianos, los ahorros y las privatizaciones costaron muchas vidas humanas. Además, las recetas neoliberales parecen ser totalmente inadecuadas para dar una respuesta firme al colapso económico.

Un enfoque similar al del período posterior a 2008 – imprimir dinero extra e insertarlo a la economía combinado con una política de austeridad – sería un gran error. Un nuevo dopaje financiero podría arruinar la ya gravemente debilitada economía. Los nuevos ahorros erosionarían aún más el poder adquisitivo y causarían una profunda crisis social y política. Las advertencias del Financial Times son inequívocas: “Si queremos que el capitalismo y la democracia liberal sobrevivan al COVID-19, no podemos permitirnos repetir el enfoque erróneo de ‘socializar las pérdidas y privatizar los beneficios’ de hace diez años”. “El regreso a la austeridad sería una locura, una invitación a la agitación social generalizada, si no a la revolución, y una bendición para los populistas”.

 

La gran llamada para un cambio de paradigma

 

Está claro, el neoliberalismo ha terminado, es hora de algo nuevo. Excepto por unos pocos fanáticos, nadie quiere volver al mundo precorona. La crisis y las medidas que se tomaron han provocado muchas frustraciones y han radicalizado a una parte importante de la población activa. En los EE.UU. el 57 % de la población cree que su sistema político sólo funciona para los que tienen dinero y poder. La mayoría de los jóvenes menores de 30 años están a favor del socialismo. En Reino Unido apenas el 6 % quiere volver al mismo tipo de economía que antes de la pandemia. Sólo el 17 % cree que las medidas de estímulo deberían financiarse con nuevos ahorros.

El 70 % de los franceses piensa que es necesario reducir la influencia del mundo financiero y de los accionistas. En Flandes tres cuartas partes de la población creen que el dinero debería provenir de las grandes fortunas y dos tercios creen que los políticos deberían trabajar en una ambiciosa redistribución de la riqueza después de la crisis.

El mundo académico y cultural también está en esa longitud de onda. Tres mil científicos de 600 universidades creen que la sociedad debe cambiar radicalmente su rumbo y volver a poner a los trabajadores en el centro de la toma de decisiones. Doscientos artistas, incluidos Robert de Niro y Madonna, lanzaron un llamamiento al “mundo” para no volver a la “normalidad” de antes de la pandemia, sino para cambiar radicalmente nuestro estilo de vida, de consumo y economía.

Esta idea penetró hasta el mundo de los negocios. Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial (Davos) habla de un “gran reseteo del capitalismo”. Según él, la pandemia puso de manifiesto las deficiencias de un “viejo sistema” que había descuidado la infraestructura, la atención de la salud y los sistemas de seguridad social. “Si seguimos como hasta ahora, podría llevar a una rebelión.” En ese contexto los súper ricos están rogando en una carta abierta que se les aumenten los impuestos.

Según el Financial Times, debe haber “reformas radicales” sobre la mesa. “Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deberían ver los servicios públicos como inversiones y no como costos, y buscar formas de hacer que el mercado laboral sea menos inseguro. La redistribución de la riqueza volverá a estar en la agenda. Las políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como la renta básica y el impuesto sobre el patrimonio, deberían incluirse en la mezcla”.

Según este mismo periódico, la democracia liberal “sólo sobrevivirá a este segundo gran choque económico si se realizan ajustes en el marco de un nuevo contrato social que reconozca el bienestar de la mayoría por encima de los intereses de unos pocos privilegiados”. La prestigiosa revista Foreign Affairs también habla de un “nuevo contrato social”. Su objetivo es “el establecimiento de un ‘estado de bienestar’ que proporcione a todos los ciudadanos los servicios básicos necesarios para mantener una calidad de vida decente”. Esto presupone “el acceso universal garantizado a una atención sanitaria y a una educación, ambas de alta calidad”. Lo que hasta hace poco solo lo pedía la extrema izquierda, se ha convertido en la corriente principal.

 

Una respuesta a cuatro crisis

 

Los desafíos a los que nos enfrentamos son muy grandes: El nuevo paradigma debe ser capaz de responder a por lo menos cuatro crisis (3).

1. Estancamiento económico

En los últimos veinte años la economía mundial ha experimentado tres grandes crisis: la crisis de las puntocom en 2000, la crisis financiera en 2008 y, en los últimos meses, una depresión tras una pandemia. Esto deja claro que el COVID no es la causa sino el detonante de la tormenta económica. Una economía sana debería en principio ser capaz de hacer frente a tal coronachoque, un país como China lo demuestra. Pero para la economía capitalista eso no parece ser el caso en absoluto. El crecimiento de la productividad casi se ha paralizado, las tasas de beneficio (porcentaje de la ganancia sobre el capital invertido) están disminuyendo constantemente y la deuda mundial ha aumentado hasta uno insostenible 322 % del PIB. Además, cada crisis no significa nada más que miseria para millones de personas. Esta crisis empujará una vez más a varios cientos de millones de personas a la pobreza. No puede seguir así.

2. Escandalosa brecha entre ricos y pobres

En el capitalismo la producción está dirigida únicamente a los beneficios de un pequeño grupo de propietarios privados y no funciona de acuerdo a las necesidades sociales o las oportunidades de desarrollo de la gran mayoría. Esto crea una escandalosa brecha entre ricos y pobres.

Con la riqueza que se produce hoy en día en todo el mundo cada familia con dos adultos y tres niños tiene un ingreso mensual potencial disponible de 4.100 euros (sí, lo has leído correctamente) (4). Sin embargo, una de cada tres personas de la población mundial no tiene saneamiento básico y una de cada ocho no tiene electricidad. Uno de cada cinco vive en una casa de contrachapado y uno de cada tres no tiene agua potable.

En Bélgica el 5 % de los más ricos posee tanto como el 75 % de los más pobres. En uno de los países más ricos del mundo un 20 % de las familias corre el riesgo de caer en la pobreza, una cuarta parte de las familias tiene dificultades para pagar los gastos médicos, un 40 % no puede ahorrar y un 70 % de las personas desempleadas tiene dificultades para llegar a fin de mes.

Estos no son excesos del sistema. Se derivan directamente de su lógica.

3. Las próximas pandemias

Desde principios del siglo pasado sabemos que casi todas las epidemias modernas son el resultado de la intervención del hombre en su entorno ecológico inmediato. Los mamíferos y las aves son portadores de cientos de miles de virus que son transmisibles a los seres humanos (5). Debido a la explotación de zonas naturales anteriormente inaccesibles cada vez hay más posibilidades de que estos virus se transmitan a los seres humanos.

Los principales expertos lo han estado advirtiendo durante más de diez años en respuesta al VIH, SARS, ébola, MERS y otros virus. En realidad, tuvimos suerte de que no nos hayan llegado otros virus más mortales. En 2018 los científicos de EE.UU. elaboraron un plan detallado para prevenir tales pandemias. Se estima que las pérdidas a causa del COVID-19 alcanzan los 12.500.000 millones de dólares. El costo del plan de prevención de 2018 era de apenas 7.000 millones de dólares.

Aún no se ha encontrado ningún financiador para el proyecto. No debería sorprender, porque esa investigación está en gran parte en manos privadas y no en interés público, sino con fines de lucro. Chomsky lo dice muy claramente: “Los laboratorios de todo el mundo podrían haber trabajado en la prevención de posibles pandemias de coronavirus. ¿Por qué no lo hicieron? Las señales del mercado no eran buenas. Dejamos nuestro destino en manos de tiranías privadas, que se llaman corporaciones y que no tienen que rendir cuentas ante el público, en este caso, la industria farmacéutica. Para ellos, producir nuevas cremas es más rentable que encontrar una vacuna que pueda proteger a la gente de la destrucción total”.

4. La degradación del clima

La búsqueda del máximo beneficio socava el sistema ecológico de la tierra y amenaza la supervivencia de la especie humana. Según la conocida escritora y activista Naomi Klein, el mundo se enfrenta a una decisión decisiva: o salvamos el capitalismo o salvamos el clima. Esta decisión es particularmente aguda en el sector de la energía fósil, que es el principal responsable de las emisiones de CO2. Las 200 empresas más grandes de petróleo, gas y carbón tienen un valor de mercado combinado de 4 trillones de dólares y obtienen unos beneficios anuales de decenas de miles de millones de dólares. Si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C, estos gigantes de la energía deben dejar entre el 60 % y el 80 % de sus reservas intactas. Pero eso iría en detrimento de sus expectativas de ganancias y hundiría instantáneamente su valor en el mercado de valores. Por eso siguen invirtiendo cientos de miles de millones de dólares anuales en la búsqueda de nuevos yacimientos. Si se mantiene la política actual, en lugar de disminuir drásticamente, la demanda de combustibles fósiles habrá aumentado casi un 30 % en los próximos veinte años, sin que se vislumbre un pico.

Dentro de la lógica de las ganancias, el calentamiento global es imparable. Según The Economist, el portavoz de la élite económica mundial, el costo financiero es simplemente demasiado alto para combatir el calentamiento global.

En respuesta a la coronacrisis los gobiernos han tomado medidas sin precedentes. Habrá que tomar medidas igualmente radicales para hacer frente a la degradación del clima. “Si hay algo que la pandemia ha demostrado”, dice el Financial Times, “es el peligro de que se ignoren las advertencias de los expertos”.

 

Lucha por un sistema social diferente

 

¿Qué nos enseñan estas cuatro crisis? Que tendremos que repensar completamente nuestras políticas y nuestra economía. Para salir del actual estancamiento económico primero será necesario frenar los mercados financieros y romper el poder desproporcionado de las multinacionales. Para hacer frente a los problemas sociales la economía ya no debe centrarse en los beneficios privados de unos pocos, sino en las necesidades sociales de muchos. También debe haber una redistribución de la riqueza. Para armarnos contra futuras pandemias la industria farmacéutica tendrá que hacer un profundo cambio de rumbo. Después de todo, la política climática es demasiado importante como para dejarla en manos de los gigantes de la energía y su lógica de beneficio. Hay que romper su omnipotencia de modo que haya espacio para una política climática responsable.

Para lograr todo esto tendremos que subordinar la esfera económica a la esfera política. Dónde y en qué se invierte, la distribución de los excedentes económicos, el comercio, las finanzas, etc., todo ello debe centrarse en las prioridades y necesidades de la comunidad actual y las de las generaciones futuras. Esta “planificación” (6) no implica de ninguna manera un control total del Estado, sino que la economía esté controlada por un órgano político (elegido) y no por propietarios privados. Significa que la lógica económica se subordina al Estado y no al revés.

Un sistema social diferente es necesario y urgente, pero no se logrará por sí solo. Las ideas correctas son importantes, pero no lo suficiente como para provocar un cambio. Hay enormes intereses detrás del sistema actual. Los que se benefician de este sistema nunca renunciarán voluntariamente ni estarán dispuestos a hacer concesiones, aunque haya capitalistas ilustrados que están convencidos de que tales concesiones son esenciales para preservar el sistema. Las organizaciones de empresarios incluso tratarán de aprovechar la situación de crisis para imponer una estrategia de choque.

La historia nos enseña que el tipo de sociedad y nuestro futuro dependerán de la batalla que libremos. Como dice el sociólogo Jean Ziegler, “no debemos ser optimistas, debemos movilizar a la gente” (7). Para que esta movilización sea poderosa tendremos que organizarnos con firmeza, porque el oponente está muy bien organizado. O como dice Varoufakis “si no logramos unirnos ahora, mi temor es que este sistema sólo profundice su cruel lógica”.

En cualquier caso, estos serán tiempos emocionantes y decisivos. Prepárate.

Por Marc Vandepitte | 30/07/2020

 

Notas:

(1) La retirada del Estado no se aplica a los principales monopolios, por el contrario. Debido a su gran concentración de poder, tienen cada vez más impacto en el sistema estatal. Utilizan el poder del Estado para fortalecer su posición competitiva y garantizar las máximas ganancias. Esto se hace de varias maneras. Las más conocidas son los contratos públicos, los subsidios y las tasas impositivas favorables. El gobierno también está llamado a explorar nuevos sectores o productos. Aquí las inversiones son inciertas y a menudo requieren grandes cantidades de capital. Las agencias gubernamentales están asumiendo esta fase inicial costosa y arriesgada, a menudo en el contexto de la industria de la guerra. En una etapa posterior, luego se transfieren al sector privado, se privatizan literalmente. Para dar algunos ejemplos recientes, ese fue el caso con la PC, Internet, el algoritmo de Google, las redes inalámbricas, la tecnología de pantalla táctil, GPS, microchips, biotecnología, nanotecnología y muchos otros productos o sectores rentables. El financiamiento inicial de Apple provino de una compañía de inversión del gobierno de los Estados Unidos.

(2) En todos los países en los que gobernaron los socialdemócratas ayudaron a dar forma a las políticas neoliberales. En Reino Unido Blair lanzó la “Tercera Vía” entre el capitalismo y el socialismo, e hizo un pacto con el ultraderechista Berlusconi. En Alemania Gerhard Schröder, el líder de los socialdemócratas, presentó el modelo de salarios bajos que inició una espiral de disminución salarial en toda Europa. En Bélgica los socialdemócratas son en parte responsables del deterioro del poder adquisitivo, las malas condiciones de trabajo, los recortes en la seguridad social y la atención médica, y el empeoramiento de los sistemas de pensiones.

Hasta ahora los Verdes no han gobernado mucho y donde lo hicieron, no han cambiado el curso de las políticas neoliberales. En Alemania han defendido con entusiasmo el modelo de bajos salarios. Durante su única participación gubernamental en Bélgica (1999 a 2004) los Verdes lograron producir solo cambios menores. En el Parlamento Europeo los Verdes han respaldado casi por completo las medidas neoliberales, como el Six Pack y, por lo tanto, son en parte responsables de las drásticas políticas de austeridad en la UE.

(3) Para una versión más elaborada de tal modelo alternativo, ver ‘Otra economía es necesaria y posible’ y ‘Crisis del Capitalismo’.

(4) El cálculo para una familia media se basa en la hipótesis plausible de que el ingreso disponible de los hogares es un 70 % del PIB. Utilizamos el producto mundial bruto: 136 billones de dólares en 2019. Esta cifra, expresada en dólares PPA [Paridad del Poder Adquisitivo], tiene en cuenta unas diferencias de precios entre países para los mismos bienes o servicios y expresa el poder adquisitivo real. Hemos convertido esta cifra en euros según el método de cálculo del Banco Mundial: para Bélgica 1 dólar PPA equivale a 0,808 euros. Fuentes: https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP); https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.KD; http://www.worldometers.info/world-population/world-population-by-year/; https://data.oecd.org/conversion/purchasing-power-parities-ppp.htm.

(5) Se estima que se trata de 350.000 a 1.3 millones de virus. Fuente: The Economist.

(6) Se podría definir la planificación económica como la capacidad de imponer objetivos decididos democráticamente para el desarrollo económico sostenible. Hay diferentes grados y niveles de planificación. La planificación debe ponerse en práctica de manera cualitativa, es decir, en relación a las necesidades humanas vitales, y en que se debe evitar la aplicación de una planificación burocrática.

(7) “Geciteerd in een Interview, Solidair, julio-agust de 2020, p. 31.

Traducido del neerlandés por Sven Magnus.

Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2020/07/20/het-neoliberalisme-in-ademnood-maar-komt-er-nu-ook-eindelijk-een-einde-aan/

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El ex primer ministro Tony Blair no oculta su reclamo por un Gobierno Mundial.Foto Ap

El ex primer ministro británico, Tony Blair, un "socialista" travesti y simultáneamente neoliberal “ofertista ( supply-side economics)”, divide al mundo entre "globalizadores y no-globalizadores" –no se atreve a pronunciar el epíteto de "nacionalistas" y/o soberanistas– y no oculta su reclamo por un Gobierno Mundial (https://bit.ly/2NlkXER).

Desde su Instituto para el Cambio Global (ICG), Blair pregona "una mayor vigilancia (sic) tecnológica" (https://bit.ly/3ew0wkg) cuyo "precio vale la pena pagar". ¡Uf!

Lo más ominoso es la confesión de Blair, destructor con Baby Bush de Irak, de que su ICG se encuentra "incrustado (sic) en los gobiernos de todo el mundo".

Los globalistas de Davos que mal gobernaron al mundo no se dan por derrotados y han pasado a una feroz contraofensiva para posicionarse en la fase "post-Trump", a quien dan por liquidado, y cinco meses antes de las elecciones en EU, el príncipe de Gales y el suizo Klaus Schwab –miembro del siniestro Grupo Bilderberg, muy vinculado a los intereses de Israel, y a quien le fue otorgada la Orden del Águila Azteca por Calderón– anunciaron una "cumbre gemela" presencial y virtual en el Foro Económico Mundial (FEM) en enero de 2021 bautizada el "Gran Reset"(https://bit.ly/3hWSi76):

  1. Se trata de un "compromiso para construir los fundamentos del sistema económico y social para un futuro más justo, sustentable y resiliente". Baste señalar que el FEM viene repitiendo la misma letanía desde hace medio siglo y ahora lo disfraza con un lenguaje ciber-fármaco-ambientalista de su muy controvertida "Cuarta Revolución Industrial" (https://bit.ly/37VpLtS).
  1. Requiere un "nuevo contrato social centrado en la dignidad humana (sic), la justicia (sic) social y donde el progreso de la sociedad no venga detrás del desarrollo económico". ¡Esto equivale al suicidio del caníbal neoliberalismo global "reseteado"!
  1. La "crisis de la salud global desnudó las rupturas en nuestras economías y sociedades y creó una crisis social que requiere urgentemente (sic) trabajos decentes (sic) y significativos". Además de constituir una aburrida perogrullada, incurre en graves contradicciones con su digitalización/robotización/automatización laboral.

El FEM se enfoca(rá) al cambio climático y a su objetivo de "descarbonizar la economía". ¡Todo un tema para el debate!

El "Gran Reset" de los globalistas de Davos manejará una gran escenografía hollywoodense con todos los recursos digitálicos y la participación de una "red global de 400 (sic) ciudades en el mundo", al unísono de "hacedores globales de las comunidades" –proyecto de Klaus Schwab que lleva nueve años sin fructificar– para entablar un "diálogo encabezado (sic) por generaciones más jóvenes". Aquí existe un grave problema de colisión transgeneracional cuando los globalistas de Davos ostentan un promedio de la tercera edad –George Soros con 89 años y Klaus Schwab con 82–, frente al promedio de 29 años de México que es un “país millennial”, uno de los participantes.

El connotado politólogo Samuel Huntington acuñó el término "El Hombre de Davos": "tienen poca necesidad para la lealtad (sic) nacional, vislumbran las fronteras nacionales (sic) como obstáculos que se están desvaneciendo, y ven a los gobiernos nacionales como residuos del pasado, cuya única función útil es facilitar las operaciones de la élite global" (https://bit.ly/2V9Srds).

Samuel Huntington arguyó hace 16 años –“Las almas muertas: La desnacionalización de la élite estadunidense (https://bit.ly/3esxO43)– que la perspectiva globalista es una postura de la minoría elitista no compartida por la mayoría nacionalista. Normal: la plutocracia globalista hoy representa 1 por ciento de EU.

A propósito, prosigue la guerra civil larvada en EU, mientras que, en medio de 40 millones de desempleados por el C-19, continua la "orgía de riqueza" cuando "los multimillonarios de EU han ganado 584 mil millones de dólares más en los pasados tres meses" (https://bit.ly/3i5f24W).

¿Y que pasará con el "Gran Reset" en un escenario de relección de Trump, aunque hoy parezca descabellado? (https://bit.ly/2YpQ8Fi)

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Sábado, 30 Mayo 2020 06:16

La des-sino-mundialización

La des-sino-mundialización

Como consecuencia de la política de reforma y apertura iniciada a partir de 1978 y, sobre todo, tras su ingreso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, China se convirtió en la “fábrica del mundo”, pasando a desempeñar un papel clave en el impulso a la mundialización que siguió al final de la guerra fría. Esa etapa parece haber llegado a su fin. Y por dos razones principales. Primero, porque China ambiciona transformar su modelo de desarrollo para convertirse en la vanguardia tecnológica mundial, aspecto clave de su modernización y también de su afán de afirmación de soberanía; segundo, porque dicho objetivo rivaliza con los propósitos de las principales economías desarrolladas lideradas por EEUU.

Washington accedió a colocar a China en el centro de las cadenas mundiales de valor implementadas por sus propias multinacionales y por otras en el convencimiento de que facilitaría la convergencia de modelos y la plena integración en sus redes de dependencia, pero no ha sido así. Es más, se diría que el divorcio es un hecho, manifiesto tras el viraje estratégico hacia la confrontación operado por la Administración Trump. En 2019, China pasó de primero a tercer importador de EEUU. La inversión directa china bajó de 5.400 millones de dólares en 2018 a 5.000 millones en 2019. Este es el nivel más bajo en más de una década, subraya el informe publicado por el Comité Nacional de Relaciones entre EEUU y China y la consultora Rhodium Group. En contraste, la inversión estadounidense en el país asiático aumentó al pasar de 13.000 millones de dólares en 2018 a 14.000 millones en 2019. Ese incremento se produjo en gran medida debido a los proyectos que habían sido anunciados previamente, incluida la apertura de una fábrica de Tesla en Shanghái.

En la misma línea, para reducir la dependencia, EEUU presiona a sus propias empresas para que salgan cuanto antes de China. Y no solo a las propias. Es el caso, por ejemplo, de la taiwanesa TSMC, apremiada a construir nuevas fábricas en territorio estadounidense con el objetivo de garantizar su autosuficiencia en la producción de chips. O intenta estimular la industria asociada al procesamiento de tierras raras, de las que China tiene las mayores reservas mundiales. Pero no está claro que dichas decisiones, marcadas por la lógica política y estratégica, puedan implementarse adecuadamente. Una inversión de Foxconn en Wisconsin, anunciada a bombo y platillo en 2017, está prácticamente paralizada y, en general, la restauración de ciertas industrias no es posible a corto plazo ni rentable desde el punto de vista económico ni empresarial.

El desacoplamiento es una variable más del proceso de alejamiento y auge de la rivalidad sino-estadounidense, pero no el único. Washington, por ejemplo, amparándose en razones de seguridad nacional, sigue poniendo obstáculos a Huawei, presionando a gobiernos de todo el mundo o imponiendo un veto a los proveedores mundiales del fabricante chino porque va por delante de EEUU en el desarrollo del 5G, verdadera razón de la pugna. El objetivo último es quitarse a China de en medio, malogrando sus planes tecnológicos y reduciendo su influencia global ya que representa el principal peligro para preservar su hegemonía. Si para defenderla es necesario poner patas arriba las cadenas de suministro globales o liquidar de facto la antes glorificada OMC, se hace y punto. America First.

Las trabas dispuestas para que Beijing no pudiera desempeñar el papel que le corresponde en función del tamaño de su economía en el seno de instituciones lideradas por Occidente como el FMI o el Banco Mundial sirvieron de bien poco. Al final, derivaron en la fundación del BAII-Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (que EEUU boicoteó desde el primer momento) o el nuevo Banco de los BRICS, que darán sustento a su proyecto. China, el mayor socio comercial de más de una centena de economías de todo el mundo, ha dejado en claro que apuesta por una globalización de nuevo signo que además del comercio pueda incorporar otras variables, especialmente las infraestructuras o el medio ambiente, claves esenciales también en su “nueva normalidad” interna. La Franja y la Ruta, igualmente demonizada por EEUU, es el estandarte de su apuesta y refleja ese propósito histórico de nunca más cerrar su economía al resto del mundo.

La guerra comercial o el desacoplamiento, sin duda, crearán importantes dificultades a la economía de Beijing. Otra cosa es que logren erosionar significativamente el papel de China en la globalización corregida que nos espera. Y también habrá costes para la economía estadounidense. Se aventura un pulso relativamente largo y generoso en complejidades y peligros, retroalimentándose en diversas áreas, desde la economía a la defensa, de la ideología a la geopolítica. ¿Nueva guerra fría? Quizá le gustaría a EEUU, confiando en repetir victoria, pero la bipolaridad mira al pasado.

Por Xulio Ríos. director del Observatorio de la Política China

30/05/2020

Fuente: https://politica-china.org/areas/politica-exterior/la-des-sino-mundializacion

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Educación(es), escuela(s) y pedagogía(s) en la cuarta revolución industrial desde Nuestra América  Tomo III

¿Es la Internet la gran dominación o la gran liberación? ¿Es la nueva utopía digital o el nuevo holocausto tecnológico? Y en esta dualidad, ¿qué papel juega la inteligencia artificial? Precisamente este es el asunto central de este nuevo libro, continuidad de las reflexiones retomadas o propuestas en los dos tomos que le anteceden: Educación(es) y globalización(es), entre el pensamiento único y la nueva crítica (I) y La(s) escuela(s) de las globalización(es), entre el uso técnico instrumental y las educomunicaciones (II).

En este nuevo viaje, el autor busca comprender desde su perspectiva las grandes transformaciones civilizatorias en marcha, las mismas que han reorganizado las estructuras de la sociedad y, desde luego, del proyecto de poder, obligado a reestructurarse toda vez que la ciencia está convertida en fuerza productiva y la tecnología, su medio de producción, generando unas nuevas lógicas de acumulación (la tecnología en los centros, y por desposesión en las periferias), diferentes a las dominantes durante las tres revoluciones industriales anteriores. Con la cuarta el capitalismo se torna cognitivo, convirtiendo la experiencia de vida de la gente con las máquinas en una nueva materia prima a partir de los datos que entregamos en su uso cotidiano, apropiado posteriormente en forma privada a partir de los algoritmos, incidiendo sobre el control del comportamiento, las emociones y muchos más aspectos de la vida.

En este contexto la educación, convertida por algunos sectores de la sociedad en una industria del conocimiento soportada en la titulometría y la bibliometría, adquiere un valor fundamental para el capital, como mecanismo de control organizado desde políticas multilaterales. Una educación dirigida por banqueros.

Es en este escenario global de cuarta revolución industrial que surge en Nuestra América una tensión por desarrollar una educación que no solo forme ciudadanías del mundo sino también hijos e hijas de la aldea, lo que demanda recoger los desarrollos históricos de las rebeldías críticas potenciadas en estas tierras (como el Buen Vivir, el Pensamiento Sur, y otras múltiples áreas del saber), a la par de valorar en su justo nivel las disciplinas clásicas occidentales y su mismo peso en el pensamiento ancestral, manifestado en campos diversos, como la Etnobotánica y la Teología de la Liberación.

Todo ese debate ha tocado la educación en curso en estos territorios, con infinidad de experiencias prácticas que muestran caminos propios de transformación de las educaciones, las escuelas y las pedagogías, las mismas que fundamentan y se presentan en este libro en un esfuerzo por construir otras educaciones, otras escuelas, otras pedagogías, en el camino por seguir labrando la transformación social que requieren y sueñan quienes desde siempre han sido negados.

 

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