El expresidente uruguayo José Mujica. Carlos Tischler GTRES

El expresidente uruguayo considera "lamentable" la actitud de la OEA, dirigida por su excanciller Luis Almagro, ante las crisis políticas de la región

José Mujica no tiene reparos al hablar de Donald Trump. El expresidente uruguayo, cuyo discurso crítico le generó innumerables asperezas con los líderes de la región durante su presidencia (2010-2015), ha cargado este lunes en su visita a México contra el presidente estadounidense por la imprudencia de sus acciones. "Trump tiene una enorme capacidad de sorprendernos. Al hablar hiere frecuentemente ciertas tradiciones latinoamericanas", ha señalado. "Nunca debió haber dicho el disparate que dijo", ha criticado sobre la promesa de EE UU de incorporar a los carteles mexicanos en la lista terrorista. Sin embargo, sí tuvo reparos para hablar del Gobierno de México. "No quiero hablar de López Obrador porque no me conviene. Tengo que desearle suerte y comprensión al pueblo mexicano que ¡vaya que tiene problemas!", ha dicho cuando le preguntaron si creía que el mandatario era de izquierdas.

Hace casi cinco años que Mujica dejó la presidencia de Uruguay, pero cada vez que habla todos los micrófonos del continente se abren a escuchar lo que tiene para decir uno de los iconos más importantes del progresismo latinoamericano. Apenas una semana después de la última advertencia polémica de Trump, el expresidente uruguayo ha destacado el trabajo del Ejecutivo mexicano frente a la amenaza constante del estadounidense. "Le deseo al pueblo mexicano la mayor esperanza para el tiempo que va a tener que esperar hasta que se vaya el vecino incómodo que tiene", ha agregado. "Hay que ser presidente de México con ese vecino, ¿no?".

El exmandatario ha criticado a la Organización de los Estados Americanos (OEA) por alinearse con la Casa Blanca. Los reclamos contra Trump acabaron siendo contra su excanciller Luis Almagro, hoy secretario general de la OEA, por su posición ante las crisis políticas recientes en la región. "La conducta de la OEA contemporánea es bastante lamentable", ha sentenciado. "La visión de América Latina desde Washington no es la visión de nuestros pueblos indígenas olvidados. Son dos Américas muy distintas".

Con 84 años, Mujica ha sido el senador más votado en las elecciones del pasado 27 de octubre en su país. Pese a que su partido ha perdido la presidencia en segunda vuelta, la enorme cantidad de apoyos que recibió en los comicios lo convirtieron en la persona que tomará juramento al próximo presidente de Uruguay, el conservador Luis Lacalle Pou. "Después de 15 años, tal vez el gobierno enlentece, hace mal", ha deslizado como autocrítica entre otras explicaciones a la derrota, como el estancamiento económico debido a las crisis argentina y brasileña —"dos vecinos que están enfermos"— o la falta de eficacia para responder a las demandas sociales actuales.

Su nuevo cargo político, ha justificado, lo lleva a fungir como figura diplomática "en función de los intereses" de su país, lo que restringe sus posibilidades de opinar de la política mexicana. Pese a acompañar el domingo a López Obrador en la presentación de su informe del primer año de Gobierno, la omisión de este lunes de Mujica sobre el presidente mexicano fue más contundente que cualquier palabra. "Estúpido sería de mi parte no ser dueño de mi silencio. Me formé una idea, pero no voy a incidir en el destino de la política mexicana. Permítanme reservar mi opinión".

La visita de Mujica a México se produce apenas un mes después de la del presidente electo argentino, Alberto Fernández, a quien acompañó en actos de campaña, y semanas después de que el Gobierno de López Obrador marcara su liderazgo regional al otorgar asilo al expresidente boliviano. "México siempre recibió de brazos abiertos a los que venían del mundo. Es casi una constante", ha destacado horas después de reunirse con el propio Evo Morales, de quien dijo ser amigo. El exmandatario uruguayo ha expresado su preocupación por la crisis boliviana y ha elogiado, con resguardos, la convocatoria de elecciones de la presidenta interina Jeanine Añez. "Pareciera que ahora hay una salida más o menos democrática, más o menos".

Mujica ha aprovechado además para incidir en la importancia de las iniciativas para unir a América Latina bajo "un paraguas que ampare" a la región. "¿Qué vamos a hacer en este mundo los latinoamericanos atomizados?", se ha preguntado. Su agenda en México lo lleva este lunes a recibir el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad Iberoamericana. Allí, en una de la academias jesuitas por excelencia en México, ha dedicado unos minutos a criticar el fanatismo religioso, una tendencia creciente en la región. "Ha florecido como actitud allí donde las religiones monoteístas lograron implantarse", ha remarcado, "si no aprendamos a vivir con la diversidad, vamos a vivir un retroceso fenomenal".

Por GEORGINA ZEREGA

México 2 DIC 2019 - 17:25 COT

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Miércoles, 09 Octubre 2019 06:43

La hegemonía del dólar no será eterna

La hegemonía del dólar no será eterna

El 31 de enero de este año varios países de la Unión Europea dieron a conocer la construcción de un sistema de pagos diseñado para dar la vuelta a las sanciones financieras impuestas por Estados Unidos en contra de Irán. Esas sanciones mantienen un efectivo bloqueo económico sobre el régimen en Teherán desde que Washington abandonó unilateralmente el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en mayo de 2018. Los países europeos signatarios del acuerdo nuclear (Francia, Inglaterra y Alemania) fueron tomados por sorpresa, pero pronto se dieron cuenta que para rescatar ese tratado era necesario establecer un sistema de pagos que permitiera dar oxígeno a la economía iraní.

Los tres países se unieron para evitar la completa destrucción del PAIC y crearon el Instrumento para Apoyar los Intercambios Comerciales (Instex por sus siglas en inglés). El Banco Central Europeo (BCE) también está creando nuevos canales para estas transacciones. Por su parte, para facilitar los pagos transfronterizos con esos nuevos instrumentos, el Banco Central de Irán creó un Instituto Especial de Comercio y Finanzas. El director general de Instex, Per Fischer, en visita a Teherán ha dejado claro su intención: mantener abiertos los canales de pagos relacionados con el comercio entre Irán y Europa.

Los últimos resultados no son del todo alentadores, pues la red de relaciones financieras que está bajo el control de entidades estadunidenses es demasiado amplia y densa. La mayor parte de las transacciones financieras en el mundo pasan por la red Swift, el acrónimo de la Sociedad de Transacciones Financieras Interbancarias Mundiales. La red Swift no es una cámara de compensación de pagos y tampoco facilita la transferencia de fondos. Simplemente se trata de una red para transmitir mensajes sobre transacciones financieras denominadas en dólares estadunidenses. Las transmisiones son altamente confiables y, por supuesto, el sistema permite detectar cualquier transacción en la que intervengan personas o entidades sancionadas por las autoridades estadunidenses. No por nada al sistema Swift se le ha llegado a llamar el brazo militar del Departamento del Tesoro.

Lo anterior se debe a la peculiar posición que tiene el dólar en el sistema monetario internacional desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, esa divisa se mantiene como la más importante moneda de reserva en el mundo y como principal medio de pago en las transacciones del comercio global. Sin embargo, el paisaje financiero mundial se ha ido transformando lentamente en los años recientes.

Los datos del Fondo Monetario Internacional muestran que para el segundo trimestre de este año las reservas mundiales en divisas se incrementaron 1.1 por ciento para alcanzar la cifra de 11.7 billones (castellanos) de dólares equivalentes. Las reservas denominadas en dólares estadunidenses sólo se incrementaron en 0.7 por ciento para situarse en 6.7 billones. Es decir, a pesar de que la divisa estadunidense sigue siendo el más importante instrumento de reserva, su peso relativo disminuyó.

La tendencia a la baja ha sido persistente desde hace más de dos décadas, pero se ha ido acelerando gradualmente en los seis años anteriores. En 2014 las reservas en dólares estadunidenses eran 66 por ciento de todas las reservas. Pero hoy, en 2019 (segundo trimestre) ese monto es de 61.5 por ciento. Los episodios en los que las reservas en dólares aumentaron su peso relativo, como en 2014 y 2016, han sido anulados mientras parece consolidarse la tendencia a la baja.

Las pequeñas variaciones cotidianas no parecen gran cosa. Al igual que un glaciar que se desliza lentamente por su cauce, el movimiento es casi imperceptible día a día. Pero al final de unos años la perspectiva sí permite descubrir cambios importantes en el paisaje.

De mantenerse la tendencia de los años recientes, en una década podríamos estar frente a un espectáculo novedoso. El dólar podría dejar de ser la moneda preferida por los bancos centrales para mantener sus reservas. Eso no quiere decir que el sistema Swift dejaría de existir, pero facilitaría el que funcionaran otros sistemas capaces de asegurar el flujo estable de transferencias financieras en todo tipo de divisas. En ese escenario, la capacidad imperial de imponer sanciones financieras a países como Irán o Venezuela se vería constreñida.

Por el momento, los dos principales contendientes para disputarle el cetro hegemónico al dólar, el euro y el yuan, enfrentan sus propios problemas. El primero todavía tiene que solucionar los problemas que le traerá el Brexit, además de las dificultades con Italia y Grecia. El segundo todavía no cumple con el requisito de convertibilidad ilimitada, lo que le resta credibilidad. Quizás la ironía es que personajes como Trump y sus consejeros (si es que todavía le quedan algunos) podrían estar acelerando los cambios que finalmente erosionarán más rápidamente la hegemonía monetaria del dólar.

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Lunes, 29 Julio 2019 05:57

Daños del fracking en Estados Unidos

Campos de fracking en Texas, EEUU.

 

 La Administración de Donald Trump apuesta por convertirse en el primer productor-exportador de petróleo y gas del mundo con la ambición de ejercer un mayor control económico contra otros países, pese a que la extracción por la técnica de fracking puede destruir el medio ambiente, así como contaminar poblados y a ciudadanos estadounidenses.

Mantener la hegemonía en el planeta ya se ha convertido en una especie de enfermedad de los presidentes norteamericanos y en esa línea, Trump, que recibió abundante dinero de esas compañías para costear su campaña electoral, ahora les abre las puertas para que lo acompañen en su propagado tema de “América primero”.

La producción del gigante estadounidense se estima en unos 12 millones de barriles diarios principalmente mediante el fracking, proceso que según los expertos produce contaminación de la atmósfera, de las aguas subterráneas, emisiones de gases de efectos invernadero (metano), sismicidad inducida, daños acústicos e impactos al paisaje.

Parece que todos los riegos son aceptables para alcanzar la autosuficiencia energética, disminuir importaciones y sobre todo, competir con exportadores enemigos como Rusia, Irán y Venezuela.

Este procedimiento consiste en extraer gas y crudo atrapado en el subsuelo para lo cual se fracturan las rocas de esquisto (pizarra), ubicadas entre 4 000 y 5 000 metros de profundidad y entre 1,5 y 3 kilómetros de longitud horizontal. Para que fluyan los combustibles, se inyecta a presión 95 % de agua y 5 % de arena, así como varios productos químicos con altos riesgos de contaminación de los acuíferos.

Se requieren entre 9 000 y 29 000 metros cúbicos de agua para las operaciones de un solo pozo, lo que causa graves problemas con la sostenibilidad de los recursos hídricos en momentos que organismos internacionales indican la falta de ese líquido en muchas partes del mundo que podría provocar guerra futuras por su control. Datos no oficiales señalan que en todo el país se han abierto más de 180 000 pozos, con una producción que declina rápidamente.

Algunas de las 260 sustancias químicas presentes en alrededor de 197 productos utilizados, son tóxicos, cancerígenos o mutagénicos que pueden contaminar el agua debido a fallos en la integridad del pozo y a la migración de contaminantes a través del subsuelo.

Asimismo, entre el 20 % y el 80 % del líquido inyectado para provocar la fracturación de las rocas de esquisto, retorna a la superficie y el resto permanece bajo tierra con todas las sustancias contaminantes ligadas, a las que se suman los metales pesados ya existentes en el subsuelo: hidrocarburos, elementos naturales radiactivos.

Amplios estudios recogidos en el Compendium of Scientific, Medical, and Media Findings Demonstrating Risks and Harms of Fracking, asegura que con esta técnica se exacerba el deterioro ambiental y se afecta adversamente la salud de las comunidades; que el fracking forma parte de un modelo de consumo energético desmedido que apuesta a la explotación y comercialización de energéticos sin importar impactos ambientales, sociales, económicos, laborales, de salud, climáticos y, por ende, vulnera los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las personas, en particular, de los trabajadores y las comunidades cercanas a esas actividades.

El Instituto de Salud y Medio Ambiente de la Universidad de Albany determinó que ocho sustancias altamente tóxicas se encontraron en muestras de aire tomadas cerca de sitios de fracking en Arkansas, Colorado, Pensilvania, Ohio y Wyoming, que incluyen dos carcinógenos para el humano (benceno y formaldehido) y dos potentes neurotóxicos (hexano y sulfuro de hidrógeno).

En Arkansas, siete muestras de aire contenían formaldehido en concentraciones más de 60 veces mayores que el nivel conocido para el aumento de riesgo de cáncer.

La fracturación también ha incrementado la actividad sísmica en regiones donde casi nunca ocurrían como Arkanzas, Ohio, Oklahoma, Colorado y Texas. En Youngstown, Ohio, los movimientos telúricos de origen antropogénico han llegado a ser hasta de 5.7 grados.

Extremadamente perjudicial para el hombre y la naturaleza resulta la extracción de combustible por medio del fracking. Pero ¿qué podrá esperar el pueblo estadounidense de su presidente Donald Trump quien en 2017 retiró a su país del Acuerdo de París sobre cambio climático con el objetivo de compensar a las compañías multinacionales de petróleo que lo impulsaron a la Casa Blanca? Destrucción y enfermedades no importan, el dinero primero.

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano.

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La república de Facebook emite su propia moneda

Cuando Marco Polo viajó a China (1295) se sorprendió de un invento inaudito: el papel moneda. Así, el viajero veneciano dedicó un capítulo entero de su libro a transmitir a la nobleza europea la buena nueva. El papel de aquella insólita moneda se fabricaba con la corteza del árbol de la seda, que ya seca y aplanada tenía una textura como de tela de algodón, aunque de color negro. Descrito el objeto físico, Marco Polo detallaba cómo operaba ese dinero tan improbable: "La factura de este papel moneda es autentificada con tanta ceremonia como si fuera de oro o plata pura... y de esta manera recibe completa autenticidad como dinero. El acto de falsificación se castiga con pena de muerte... Todos los vasallos [del Gran Khan] lo reciben sin titubeos, porque... pueden disponer de él para comprar las mercancías que requieran, como perlas, joyas, oro o plata. Con ella, digo, se puede conseguir cualquier artículo".

El papel moneda era, así, una cosa fantástica –casi inconcebible. Y es que los mercaderes europeos de la época, provenían de pequeñas repúblicas que dependían de su comercio exterior. Los estados que avalaban y defendían a esos comerciantes no tenían el poder para garantizar una moneda que no estuviera hecha de un material que tuviera un valor intrínseco. Por eso, la moneda estaba hecha de oro, plata o hierro, por ejemplo, y su peso y pureza determinaban su valor.

Bien. Pues ayer Facebook anunció que emitirá su propia moneda, que será conocida como libra. El fenómeno me es casi igual de asombroso de lo que fue para Marco Polo el papel moneda. Una empresa trasnacional (Facebook) ha lanzado una moneda propia, que tendrá circulación a escala planetaria. Si entiendo bien, la libra facebookeana funcionará mediante una aplicación en el teléfono inteligente y los clientes podrán comprar libras usando otras monedas de pago. Adquirida la libra facebookeana, el tenedor podrá transferir dinero a cualquier otro usuario sin costo alguno, tan fácil y velozmente como si se tratara de un mensaje de Whatsapp.

Facebook tiene hoy 2.4 mil millones de usuarios, poco menos de un tercio de la población mundial. Muchos de esos usuarios no tienen cuentas bancarias, por lo que se calcula que esta nueva moneda será muy socorrida como forma de pago, especialmente por migrantes trasnacionales, que además no tener cuentas bancarias, pagan cuotas elevadas a las compañías como Western Union o Elektra. Con la moneda facebookeana se acabarán esas cuotas y se terminarán, además, los días de espera para recibirlas. El traspaso será, en vez, instantáneo y gratis (aparte del costo que tendrá comprar libras).

La iniciativa de Facebook está siendo resistida por la banca tradicional, que con ella podría perder cualquier cantidad de dinero. Hay también algo de nerviosismo respecto de las implicaciones que pueda tener la libra para las monedas tradicionales, como el dólar, el peso o la libra esterlina. Con razón. No hay ningún país del mundo que tenga una población del tamaño de la de los usuarios de Facebook. Quizá la libra facebookeana reduzca la circulación de las monedas tradicionales –como sucedió con el oro y la plata cuando entró el papel moneda; que esas monedas sirvan para respaldar el valor de la nueva moneda, pero que poco a poco dejen de ser instrumento principal de transacción.

En el caso de México, ¿cuáles serán las consecuencias? Quién sabe, pero quizá sean considerables. En 2018 ingresaron al país 33 mil millones de dólares en remesas (cerca de 3 por ciento del PIB). Ese dinero es objeto de toda clase de tasaciones y ha sido la base de importantes de negocios, como Banco Azteca y Elektra. Sin embargo, los migrantes mexicanos todos usan Facebook y Whatsapp. Es de suponerse que todos ellos se aficionarán a la moneda de Facebook para hacer envíos y dejar así de pagar cuotas por las transferencias. Si eso sucediera, disminuirá además la compra del peso mexicano y habrá menos cambio de moneda en los bancos. En otras palabras, se fortalecerá la presencia de Facebook en la vida socoeconómica del país.

Sin duda, como Marco Polo, aún no entendemos lo que significaría vivir en una economía de esa naturaleza, formar parte de la república mundial de Facebook.

Por otra parte, está ya asegurada la obsolescencia de la visión que existe de las redes sociales formada desde la política interna del país –resumida en la fórmula obradorista de "las benditas redes sociales". Esa fórmula no describe ni remotamente la naturaleza de las implicaciones políticas, sociales o económicas de las redes sociales y el nacionalismo que estamos viviendo; es, en realidad, un espejismo.

México está montado en un proceso de integración económica mundial que avanza y toca cada vez más aspectos de nuestra vida social. La política nacional está, en ese sentido, desfasada. En la era de la república de Facebook, adoptar el nacionalismo del siglo XX es adoptar la política del avestruz.

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La guerra EU-China y los movimientos de abajo

Estamos ante una guerra por la supremacía geopolítica global, una guerra tecnológica y militar que asume (por ahora) la forma de conflicto comercial. La hipótesis que manejamos es que la guerra se va a profundizar hasta bordear el peligroso abismo de conflicto nuclear, y que será la marca del siglo XXI, ya que se extenderá en el tiempo hasta que alguno de los rivales (probablemente China) se alce con la victoria.

Como el conflicto entre la potencia en declive y la que está en ascenso que la desafía, dominará el escenario mundial y regional en este complejo periodo histórico, parece necesario trazar algunas ideas generales que puedan orientarnos a las y los de abajo. No pretendo establecer “líneas”, sino apenas esbozar horizontes ético-políticos que considero deberían debatir los llamados movimientos antisistémicos.

La primera es considerar que es una guerra por la dominación del planeta, no por la liberación de los pueblos. Vemos que una parte de los profesionales de la izquierda sostienen que debemos elegir entre Estados Unidos y la alianza China-Rusia, porque es necesario derrotar a la primera y caminar de la mano de la segunda. Por el contrario, creo que si bien la potencia hegemónica es muy dañina y debe ser enfrentada y derrotada por los pueblos en cada lugar de la Tierra, no podemos perder de vista que las otras dos naciones son también imperialistas.

Por lo tanto, pienso que la situación es más parecida (no idéntica) a la que se registró en la Primera Guerra Mundial, que a lo sucedido en la segunda. En ésta, los intereses nacionales de la entonces Unión Soviética llevaron a Stalin a imponer a los movimientos una alianza con las potencias occidentales; en tanto, Lenin y los bolcheviques, en la primera guerra, se pronunciaron por el “derrotismo” de su nación, apostando a convertir la guerra imperialista (así la definieron) en guerra de clases para hacer la revolución.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los comunistas chinos osaron desafiar las directrices de Stalin y tomaron su propio camino, se apartaron del Kuomintang y de las potencias occidentales, y las combatieron. Gracias a esa línea de acción, pudieron triunfar. En síntesis, las fuerzas del cambio deberíamos aprovechar el conflicto entre los de arriba para hacer avanzar nuestro propio proyecto, con autonomía, aunque sin descartar acuerdos puntuales siempre que no nos neutralicen.

La segunda cuestión pasa por aprender de la experiencia vivida por nuestros pueblos durante las guerras de independencia. El conflicto entre criollos y españoles (y portugueses), apoyados por Inglaterra, se resolvió en contra de los pueblos que sufrieron tanto, o más, con las repúblicas que con las monarquías que los colonizaron. La derrota de los revolucionarios de abajo (desde Túpac Amaru y Túpac Katari hasta José Gervasio Artigas, Tiradentes y Morelos), alfombró la instalación de repúblicas que pusieron fin a la colonia y abrieron paso al colonialismo interno.

En no pocos casos, los rebeldes de abajo fueron usados como carne de cañón por los criollos para poner en marcha su propio proyecto de nación.

El tercer asunto gira en torno a lo que representa la nueva hegemonía global: un impresionante despliegue tecnológico de inteligencia artificial y tecnología 5-G, que tendrá consecuencias funestas en cuanto a la concentración de poder global y en cada país. El ejecutivo experto en inteligencia artificial, Kai-Fu Lee, asegura que este despliegue “producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial de poder”(https://nyti.ms/2HLsysU).

A diferencia de la revolución industrial y de las computadoras, ahora no se sustituirán unos empleos por otros, sino “traerá consigo la aniquilación de trabajos a gran escala”. Qué sucederá con esos millones, a los que se suman los que ya le sobran al capital, lo enseña la propia China, con su sistema de video-vigilancia a gran escala: una enorme masa de personas sometidas (el 9-9-6, trabajan de 9 am a 9 pm seis días a la semana), controladas las 24 horas.

La concentración de poder se incrementará; China y Estados Unidos serán los grandes beneficiados. Pero llama la atención que los profesionales sólo mencionen a las empresas yanquis (Google, Facebook, Amazon y Microsoft) y no citen a las chinas (Baidu, Alibaba Group, Tencent Holdings), ni los campos de concentración en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, de mayoría musulmana (https://bit.ly/2VPSM7s). En cada nación la brecha social crecerá entre quienes tienen acceso a las nuevas tecnologías y quienes no acceden o lo hacen en situación de dependencia.

La hegemonía china puede ser peor para los de abajo, como viene sucediendo desde los albores del capitalismo y la modernidad. Creer que la hegemonía yanqui nos hizo más libres que la británica, y que ésta fue más beneficiosa que la española, es tanto como mirar el mundo desde el lado de los privilegiados. La historia reciente nos enseña que entre los que luchan, una parte aspiran a insertarse bien arriba y a la derecha.

 

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Sindicato de millonarios, huelga de capitales

Es mil veces más fácil y más efectivo creer que los pueblos le deben la justicia social y el progreso material a un puñado de multimillonarios que creer que el calentamiento global y la desaparición de los insectos les deben algo a los humanos.


Es mil veces más fácil y más efectivo organizar una huelga de capitales que una huelga de trabajadores. Es mil veces más fácil organizar un sindicato de millonarios para presionar, a su antojo, a los pueblos y a sus gobiernos, que un sindicato de maestros, de obreros, de empleados de un supermercado o de peones rurales. Cuando a un trabajador no le gusta su trabajo o su salario tiene la libertad de irse sin su trabajo y sin su salario a otra parte. Cuando a un inversor no le gusta el trabajo ajeno o los salarios ajenos, tiene la libertad de irse con su dinero a otra parte.


En los países donde es al revés, es porque la huelga de capitales ya ha ocurrido de una forma masiva y el país se encuentra quebrado o acosado por quienes gobiernan el sistema económico que nos gobierna a todos los demás.


En los países donde es al revés, las inundaciones son responsables de la lluvia y los trabajadores son responsables de la miseria y de las crisis sociales.


Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general, la solidaridad social de programas de educación, de salud o de desarrollo equitativo puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no deja claro que reconoce la sacralidad de las transnacionales y sus escribas.


Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no se inclina ante aquellos inversores que juegan con miles de millones (de dólares y de personas) con la misma responsabilidad con la que beben whisky y le tocan el culo a una empleada de hotel.


Ningún gobierno que reconozca que todo el progreso social y económico del mundo presente no es el producto de un puñado de exitosos millonarios sino de siglos de luchas sociales y de miles de contribuciones de pensadores y de modestos genios de las ciencias y la tecnología, casi siempre asalariados, tiene posibilidades de continuidad.


Todos los gobiernos del mundo, sean de derecha o de izquierda, de arriba o de abajo, deben proteger, como perros rabiosos, la libertad absoluta de los capitales para aterrizar en sus países y para volar a sus paraísos seguros (safe havens) cuando se les plazca, que es siempre cuando a las sociedades se les ocurre realizar algún reclamo sobre su contribución a la riqueza. Es ahí cuando las sociedades quiebran y los pueblos entienden que con las limosnas vivían mejor.


Es decir, a los grandes capitales no sólo se los debe adular, en la práctica y en los cuentos de hadas, sino que también se les debe garantizar el derecho privado a la extorsión universal.
Está de más decir que este sistema, organizado y gobernado por un puñado de multimillonarios, padres fundadores y protectores de todo el progreso de cada país (desarrollado o subdesarrollado, exitoso o arruinado), padres sacrificados e incomprendidos protectores de la humanidad, de una humanidad irresponsable, no tiene un ápice de democrático.
Razón por la cual la Libertad y la Democracia son sus banderas, esas mismas que ondean como péndulos ante los ojos de los pueblos que luego irán a linchar a quienes no están de acuerdo con este estado de hipnosis colectiva.


* Escritor uruguayo-estadounidense.
Profesor en la Jacksonville University.

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Rusia y China impulsan la Ruta de la Seda del Ártico y siembran a EU

Hace 12 años abordé la "nueva guerra gélida por los hidrocarburos del Ártico" donde se concentra 25 por ciento de las reservas del planeta (https://goo.gl/9CFJ4).

Ya desde 2017 la colaboración energética de Rusia y China dejó atrás a Estados Unidos (EU) por el control del Ártico cuando Washington cometió el grave error estratégico de no haber ratificado la Convención de la Ley Marítima de la ONU (Unclos) que lo dejó huérfano en medio de los glaciares del Ártico hoy controlados por Rusia y China que han acelerado la cooperación financiera para facilitar el transporte marítimo de la Ruta del Mar Norteño (Northern Sea Route) que deja muy atrás a EU (https://bit.ly/2YSHgpM).

La Ruta Norteña sino-rusa, en contraste a los canales de Panamá y Suez, ofrece una reducción considerable de casi 40 por ciento en la distancia de viaje entre Europa y la costa occidental de Norteamérica, noreste de Asia y Lejano Oriente.

Zhang Yao, director del Centro de Estudios de la Región Polar de la Universidad de Shanghái, comenta que desde 2013 China ha suspirado por la incrustación del Ártico a la Ruta de la Seda y luego, cuatro años más tarde, los líderes rusos y chinos propusieron la "Ruta de la Seda del Hielo (ISR, por sus siglas en inglés)" con el propósito de desarrollar el Ártico, proyecto que ha seducido a Finlandia y a Islandia, cuando el año pasado China y Rusia alcanzaron importantes progresos para su cooperación en los yacimientos gaseros del Ártico, además de la construcción de una infraestructura de rutas acuáticas (https://bit.ly/2YZlukm).

En forma simpática, China se considera un "país Ártico", como validación a su "asociación estratégica" con Rusia, lo cual le proporciona una ventaja comercial competitiva de conexión expedita con Europa, por encima de sus dos otras Rutas de la Seda, tanto la terrestre como la marítima, gracias a la suerte del "cambio climático" que deshiela las aguas glaciares del Ártico (https://bit.ly/2TA9RNe).

China es potencia polar en el Ártico porque se lo permite Rusia que controla 45 por ciento del Ártico y su mayor franja costera.

La ruta marítima del norte asesta un golpe contra EU cuando los líderes ribereños de Rusia, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia participan hoy en el quinto Foro Internacional sobre el Ártico de San Petersburgo.

El transporte de cargas de la ruta marítima del norte debería aumentar hasta 80 millones de toneladas en 2024.

En el norte no existen los riesgos de la región del Medio Oriente, ni de transporte por el Canal de Suez ni la piratería en el Golfo de Adén.

La logística de transporte del Mar del Norte, gracias al imponderable cambio climático, propina un fuerte golpe a los “puntos de estrangulamiento (choke points)” que había erigido la dupla anglosajona en el mundo: canal de Panamá, canal de Suez, Gibraltar, Bab al Mandab (en el mar Rojo), el estrecho de Ormuz y el estrecho de Malaca, sin contar el proyecto elusivo del Itsmo de Tehuantepec (México), ya no se diga el vetado canal de Nicaragua de los chinos (https://bit.ly/2WWIX3F).

Según WSJ, EU no piensa dejar solos a Rusia y a China en su dominio del Ártico a grado tal que planea restaurar una base naval en las islas Aleutianas (https://on.wsj.com/2TPCXI8), no lejos de la costa rusa polar (https://bit.ly/2uSRrwR).

Los rusos están conscientes de que el muro fronterizo trumpiano con México podría afectar su programa irrendentista en el Ártico (https://bit.ly/2Gc21FJ).

EU está perdido en el Ártico, cuando sólo dispone de dos rompehielos, uno de los cuales llegó al fin de su vida útil hace dos años, frente a la panoplia de 40 rompehielos de Rusia (https://bit.ly/2P0kgAw).

El zar Vlady Putin declaró que “a diferencia de EU, Rusia firmó y cumplió el Acuerdo de Tokio y también firmó e implementó el Acuerdo de París (https://bit.ly/2CZTS5h)”.

Según los expertos rusos, EU no podrá recurrir a un escenario bélico en el Ártico ya que Moscú cuenta con una flota única de rompehielos y el grupo naval más poderoso de la región.

La incredulidad de Trump en el cambio climático tendrá su primera derrota en el Ártico, polo del binomio Rusia-China.

AlfredoJalife.com

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Sábado, 23 Febrero 2019 06:43

Trump, el posimperialista

Trump, el posimperialista

El repliegue estadounidense más allá de las brabuconadas.

 

El presidente Donald Trump ha desechado tratados internacionales, ha denostado alianzas tradicionales, ha anunciado retiradas militares, ha insultado amigos y ha elogiado adversarios en un vuelco de la política exterior de Estados Unidos que deja al mundo frente a una incógnita: ¿qué haremos sin el intervencionismo de Washington?
El 19 de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social favorita, twiteó al mundo entero su decisión de retirar de inmediato las tropas estadounidenses de Siria. Argumentó: “Hemos derrotado al Estado Islámico que era mi única razón para estar allí durante mi presidencia”.


CHAU, GANAMOS.

Después de más de un siglo durante el cual la consigna “yankee, go home” (o, en su versión en espanglish, “yanqui, go home”) se escuchó y apareció pintada en paredes y pancartas del mundo, el aviso levantó revuelos diplomáticos y reacomodos de visiones estratégicas entre aliados y enemigos. En realidad, no fue una novedad: desde su campaña presidencial, Trump ha sostenido que Estados Unidos gasta demasiados recursos –dinero, armamento y tropas– en sustentar la seguridad de otras naciones que no pagan la cuota que les corresponde y que en muchos casos tampoco respaldan con su voto las políticas de Washington en las organizaciones internacionales.


A poco del anuncio sobre Siria, Trump indicó que tenía intenciones de retirar, también, al menos la mitad de las tropas estadounidenses en Afganistán, que han estado librando la guerra más prolongada en la historia de Estados Unidos.


Las decisiones causaron la dimisión –o el despido– del secretario de Defensa, el general retirado John Mattis, y las protestas de expertos en asuntos internacionales, tanto demócratas como republicanos. Las quejas se escucharon desde Europa hasta Asia entre los gobiernos que no sólo se han alineado con la diplomacia estadounidense por décadas, sino que además han enviado sus propias tropas como auxiliares de los ejércitos de Estados Unidos en campañas desde el sur de Asia hasta África, Oriente Medio y, de vez en cuando, América Latina.


POR CUENTA PROPIA.

La repatriación de tropas, que ahora luce un poco más gradual y pausada que lo que hacía pensar un twit impulsivo de diciembre, se suma a una ristra de pactos internacionales a los cuales el gobierno de Trump les ha dado un trompazo.


A comienzos de febrero, Trump anunció el abandono del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, firmado en 1987, por el cual Estados Unidos y la entonces Unión Soviética se comprometieron a eliminar sus misiles balísticos y dirigidos con alcances de entre 500 y 5.400 quilómetros. Estados Unidos ha denunciado por años que Rusia no cumple con lo pactado.


Trump también sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, firmado en 2015, por el cual todos los países se comprometieron a reducir el uso de combustibles fósiles y a trabajar para paliar el cambio climático. El presidente dice que el pacto perjudica a Estados Unidos.


Trump retiró a Estados Unidos del Pacto de Asociación Transpacífica, firmado en 2016, que incluye a otros 11 países y que, según él, perjudica a los trabajadores estadounidenses. En materia comercial, su gobierno forzó una renegociación del acuerdo de 2012 con Corea del Sur y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, iniciado en 1994 con Canadá y México.


Trump se ha querellado con el Grupo de los Siete porque quiere incluir a Rusia y sacó a Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, creado en 1946, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que Washington ayudó a crear en 1945.


Bajo su dirección, Estados Unidos abandonó el pacto de 2015, del que también son parte aliados europeos, Rusia y China, para controlar el programa nuclear de Irán, y ha amenazado con sacar a Estados Unidos de la Organización Mundial del Comercio.


Y quizá el ingrediente de más largo alcance en la política exterior de Trump sea su desdén por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), una alianza creada tras la Segunda Guerra Mundial para contener a la Unión Soviética y que, desde la disolución de ésta, se ha extendido a varios países de Europa oriental.


UNA VETA CON HISTORIA LARGA.

El impulso de Estados Unidos a una política exterior aislacionista es de larga data en la historia del país. En su discurso de despedida en 1796, al término de su segunda presidencia, el prócer nacional George Washington aconsejó a sus compatriotas que evitaran involucrarse en las cuestiones de otros países, tanto problemas internos como guerras externas. De hecho, Estados Unidos no firmó alianzas militares permanentes con otra nación hasta que en 1949 se creó la Otan.


La oposición a una política exterior intervencionista ha sido permanente en Estados Unidos y se acentuó a fines del siglo XIX. Fueron necesarias la campaña de propaganda de los periódicos de la cadena Hearst, el entusiasmo belicoso del futuro presidente Theodore Roosevelt y la misteriosa explosión del buque de guerra estadounidense Main en la bahía de La Habana para persuadir a la nación y llevarla a una guerra con España. Los frutos fueron la adquisición de Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas.


También la mayor parte de la opinión pública se resistió al ingreso de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial. El grupo antintervencionista más destacado fue el America First Committee, creado en 1940, cuyo título –“Estados Unidos primero” o “Primero Estados Unidos”– es el que Trump ha elegido para su política exterior.
Las políticas intervencionistas de Washington, desde las operaciones clandestinas, los apoyos a golpes militares, el despacho de “asesores”, la manipulación de medios y el envío de ejércitos, siempre se han llevado a cabo en Estados Unidos a contrapelo de la opinión mayoritaria de la población. Tan sólo ataques como Pearl Harbor o los del 11 de setiembre de 2001 han servido para movilizar mayorías a una acción militar. El razonamiento es sencillo: Estados Unidos es un país enorme, con enormes recursos, y separado por dos océanos de las disputas en Asia, Europa y África. La política “America First” consiste en mantener el poderío militar más grande del planeta de forma que nadie se atreva a meterle bronca a Estados Unidos, y enfocar los recursos de la nación en su propio bienestar. Esta visión reconoce que hay problemas en el mundo, y hay conflictos regionales y tribales que pueden crear inestabilidad para Estados Unidos; en estos casos, lo mejor para Estados Unidos es contar con algún dictador que mantenga orden en su parte del barrio.


La retirada de Siria deja el conflicto en manos de Rusia, Irán, Turquía, Israel, los kurdos y cualquier otro vecino afectado por las luchas entre tribus, sectas religiosas y milicias del barrio. La salida de tropas de Corea del Sur y Japón dejaría las disputas regionales en manos de China, Japón, Rusia y los otros actores de ese barrio. Y, al abandonar Europa, los europeos quedan librados a sus arbitrios y Rusia –que ha tenido que lidiar con tres invasiones desde el oeste en un siglo y medio–, más tranquila.


En la visión geopolítica de “America First”, que mucho place a Vladimir Putin, Estados Unidos es un castillo continental, con una gran muralla que contiene a los bárbaros del sur y dos fosas oceánicas que lo protegen de los entuertos ajenos. En última instancia, si para los intereses exclusivos de Estados Unidos se hace necesaria una intervención militar, ésta debe ser anonadante y breve: veni, vidi, y vuelta a casa rápido.


A CASA.

La aplicación de esta política de “America First” puede sorprender al resto del mundo, pero es coherente. Hay actualmente más de 165 mil soldados estadounidenses apostados en unas ochocientas bases o en misiones de combate en más de 150 países. Si a casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial los europeos todavía necesitan la presencia de casi 65 mil de esos soldados para sentirse seguros, en la visión de Trump ha llegado el momento de que paguen más por ellos o que los europeos se las arreglen por su cuenta.


El enfoque olvida que uno de los propósitos de la Otan fue, precisamente, contener el rearme de Europa. El entendido allá y por entonces fue que, si Estados Unidos extendía su manto militar estratégico para contener a la Unión Soviética, los países de Europa occidental podrían reconstruir sus fuerzas armadas lo suficiente como para apoyar la postura militar estadounidense, pero no tanto como para enzarzarse otra vez en sus guerras.


En tiempos en que el ideal de una Europa unida encara serios quebrantos y reemergen los furores nacionalistas, el desplante de Trump puede traer consecuencias que invaliden, otra vez, el aislacionismo.


Algo parecido ocurre al otro lado del planeta, donde más de 83.300 soldados estadounidenses están apostados en Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur y Filipinas. Como parte de su audaz iniciativa para abrir un diálogo directo con Corea del Norte, Trump ya ordenó la postergación de las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Y, como corresponde a un hombre de negocios, ha cuestionado si se justifica el gasto de mantenimiento de tantas tropas en una región donde Estados Unidos ganó la guerra hace tres cuartos de siglo.

En el caso de América Latina, los números son diferentes. Contando las tropas que Estados Unidos tiene en la base naval de Guantánamo, Cuba, en Honduras, Puerto Rico y otras misiones apenas se llega a 2 mil soldados. Y la política exterior de Trump para la región ha sido de casi absoluto desdén, con la excepción de sus discursos de condena a Cuba y Venezuela. Es cierto que Trump ha mencionado algunas veces una “opción militar” para resolver el conflicto interno en Venezuela, pero es poco probable que el Pentágono, y mucho menos la coyuntura política de Estados Unidos, acepte una incursión de los marines en Caracas.


Otros casi 10 mil soldados estadounidenses cumplen misiones en Bahrein, Kuwait, Turquía, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y, salvo el apoyo a distancia de Estados Unidos a la intervención saudí en el conflicto de Yemen, el Pentágono se ha cuidado de evitar el compromiso directo de tropas en los conflictos locales.


CORTO PLAZO.

La Conferencia de Seguridad de Múnich, creada en 1963, es la mayor reunión mundial de expertos que consideran los conflictos y su resolución, y realizan esfuerzos para evitar una nueva guerra mundial.


Durante la sesión del pasado fin de semana, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, comenzó su discurso con la fórmula tradicional de cortesía para los más de 450 participantes de todo el mundo y trasmitió el saludo de parte del presidente Trump. Allí donde correspondía, hizo una pausa para recibir el aplauso esperado. Pero lo único que recibió fue un silencio despectivo de la audiencia, embarazoso para él, que demoró unos segundos en continuar con su presentación.


La todavía canciller de Alemania, Angela Merkel, quien habló sin notas, obtuvo una recepción mucho más entusiasta cuando reafirmó los vínculos diplomáticos, económicos y de defensa mutua en Europa. Criticó a Trump por el abandono del acuerdo internacional con Irán acerca de su programa nuclear.


La posición enclenque de la política “America First” de Trump quedó en evidencia en Múnich dos veces. Por un lado, unos cincuenta miembros del Congreso de Estados Unidos, incluidos republicanos y demócratas, se hicieron presentes en Múnich, y la avidez de la prensa y los otros participantes por obtener una conversación con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, contrastó con el formalismo de los saludos a Pence. Por otro lado, el ex vicepresidente y posible candidato presidencial demócrata Joe Biden recogió abundantes aplausos cuando dijo que Estados Unidos, más allá de Trump, “se opone a la agresión de los dictadores que gobiernan por coerción, corrupción y violencia”. “Como diría mi mamá, esto también pasará”, señaló, en referencia al gobierno de Trump. “Volveremos, volveremos. Estados Unidos retornará. No tengan duda de ello”, agregó.


A la espera de que Estados Unidos llegue a su elección presidencial en 2020 y el resultado restaure el papel participativo y, ocasionalmente, intervencionista de Washington, el resto del mundo sigue experimentando lo que muchos reclamaron: los yanquis se van a casa.


Una ocasión para reflexionar cómo cada país y región resuelve sus propios problemas sin esperar soluciones ni echarle la culpa al imperialismo.

Por Jorge A. Bañales
22 febrero, 2019

 

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Hegemonía del dólar y el crepúsculo del imperio

Estados Unidos ha dejado de ser una república. Se convirtió en un imperio hace ya varias décadas. Y una parte crítica de su poderío se sustenta en el papel de moneda hegemónica que mantiene el dólar.


La divisa estadunidense comenzó su carrera ascendente en la primera mitad del siglo XX. Durante muchos años su principal contrincante fue la libra esterlina, cuya hegemonía había durado más de un siglo. Pero la libra empezó a declinar con la erosión del imperio británico y la preeminencia del dólar se reafirmó con el régimen monetario establecido al finalizar la segunda guerra mundial.


Para que una moneda aspire a la hegemonía debe ser la divisa más utilizada como reserva internacional. Además, debe tener amplia aceptación como medio de pago en transacciones internacionales y debe fungir como unidad de cuenta en los mercados internacionales de capital y en los más importantes mercados de divisas.


Los productos estratégicos más importantes del mundo, como energéticos y otros del complejo minero y agroalimentario, deben estar cotizados en esa moneda. Todas estas funciones se encuentran íntimamente relacionadas y pueden fortalecerse unas a otras.


Desde 1945 el dólar estadunidense ha desempeñado el papel de moneda hegemónica en el plano internacional, pero periódicamente surgen cuestionamientos sobre la duración de este régimen monetario. La aparición del euro en 1999 y los llamados en 2010 de funcionarios del banco central de China para apartar al dólar de ciertas actividades, han alimentado la idea de que el reinado del dólar estadunidense estaría concluyendo. La crisis financiera de 2008 generó gran inquietud sobre el futuro de la hegemonía del dólar.


Sin embargo, en casi todos los renglones el dólar sigue manteniendo su posición hegemónica. De las reservas mundiales en divisas 62.7 por ciento está constituido por dólares o títulos denominados en esa moneda, mientras las reservas en euros, el competidor más cercano, representan 20 por ciento del total. Por otra parte, de las divisas extranjeras que circulan por el mundo, el dólar estadunidense sigue siendo la más utilizada en transacciones en efectivo. El papel dominante del dólar se basa en un fenómeno de rendimientos crecientes a la adopción, lo que es un fenómeno típico de cualquier moneda exitosa. Entre más agentes en la economía adopten el uso de esa moneda y la acepten como medio de pago, más personas harán lo mismo en el futuro.


Los beneficios de ese estado de cosas no son despreciables. Se calcula que las ganancias por señoraje de esta circulación de dólares permite obtener a la Reserva Federal más de 40 mil millones de dólares anuales, lo que es, en realidad, una cantidad modesta si se le compara con las otras ventajas que la hegemonía confiere al poderío estadunidense. La capacidad de imponer sanciones a países como Irán o Venezuela, por ejemplo, y separarlos de los canales financieros globales se basa en esta hegemonía, y, como dicen algunos analistas, es tan amenazante como dos portaviones nucleares.


La realidad es que, quizás, en la fortaleza del dólar está el talón de Aquiles del imperio. Así como la aceptación del dólar como medio de pago conduce a una mayor adhesión al dólar como reserva de valor en un proceso acumulativo, los signos de debilidad pueden conducir a una mayor fragilidad en un proceso circular de agotamiento. Esos cambios pueden tardar mucho menos de lo que se cree en tiempos normales. Una combinación de acontecimientos podría traer cambios profundos en cuestión de pocos años. La importancia del dólar en las transacciones comerciales a escala mundial ha ido disminuyendo gradualmente, pero esa tendencia podría acelerarse notablemente en los próximos años.


Hoy, los contendientes del dólar más fuertes son el euro y el yuan. El euro sufrió un descalabro con la crisis de 2018, pero ha podido sobrevivir. El yuan chino se fortaleció en 2016, cuando el Fondo Monetario Internacional lo incluyó entre las divisas que sirven para determinar el valor de los derechos especiales de giro. La creación del mercado de futuros chino para el petróleo ha servido para dar un nuevo aliento al yuan, aunque se mantiene su rezago frente al dólar. En síntesis, la irritación europea por lo que se considera el privilegio exorbitante de Estados Unidos, así como las aspiraciones de China, se combinan para constituir la amenaza más seria para la hegemonía del dólar. La próxima recesión podría debilitar el papel del dólar más allá de los remedios que la Reserva Federal podría tratar de implementar.


Sin la hegemonía monetaria, el imperio estadunidense no podría sostenerse. Así, aunque parezca paradójico, la preeminencia del dólar es el talón de Aquiles de éste. Si el fin del imperio británico marcó la terminación de la hegemonía de la libra esterlina, hoy la transición hacia una nueva moneda dominante podría estar marcada por una causalidad invertida: el final de la supremacía del dólar sería el crepúsculo del imperio estadunidense.


Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 10 Octubre 2018 06:05

Medios, masculinidades y violencia

Medios, masculinidades y violencia

Valiéndose del argumento de una película de este año, Roberto Samar y Eric Barchiesi sostienen que la masculinidad es una construcción social y que los mandatos de la masculinidad hegemónica siguen proponiendo que ser varón es ser proveedor, procreador, protector, dominador, autosuficiente y violento.

Antes de morir, el padre de la novia dice: “Necesito que me prometas que siempre la mantendrás segura”. “Te lo prometo”, le responde el novio. Este es un diálogo de la película de Netflix El final de todo, de 2018, que plantea que “tras un misterioso desastre que convierte el país en una zona de guerra, un joven abogado viaja al oeste con su futuro suegro para buscar a su prometida embarazada”.


En la película hay dos varones, el padre y el novio, quienes atraviesan situaciones de violencia, asesinatos y accidentes extremos para proteger a una mujer, mientras se disputan el lugar de varón dominante. Esta película, como la amplia mayoría, nos enseña que ser varón es ser protector, dominador y casi necesariamente violento.


La masculinidad es una construcción social que se desarrolla desde la primera infancia. Mediante los discursos que nos atraviesan aprendemos determinadas formas de pensarnos. Los mandatos de la masculinidad hegemónica nos proponen que ser varón es ser proveedor, procreador, protector, dominador, autosuficiente y violento.


Desde los medios masivos de comunicación que ocupan posiciones dominantes y desde la industria del entretenimiento se promueven miradas que fortalecen estas formas de ver el mundo. Así, estos medios funcionan como agentes de socialización en los cuales se construyen y reproducen discursos que fortalecen roles y estereotipos de género que tendemos a naturalizar.


Estos mandatos de la masculinidad hegemónica, condicionan nuestros comportamientos, ya que muchas veces actuamos conforme a los roles que internalizamos.
Según la teoría del cultivo, los medios funcionan como constructores principales de imágenes y representaciones mentales de la realidad social. En ese sentido, la televisión “sedimenta creencias, representaciones mentales y actitudes”.


Esta violencia podremos leerla desde el concepto de criminología mediática. Según el Dr. Raúl Zaffaroni existe una criminología mediática mundial que nace en los Estados Unidos y se expande por el mundo. Una mirada que piensa a la sociedad dividida entre buenos y malos; donde los conflictos solo se resuelven con violencia.


La mirada de la masculinidad hegemónica violenta convive y se retroalimenta con la criminología mediática. Esta criminología transmite la certeza de que “la única solución a los conflictos es la punitiva y violenta. No hay espacio para reparación, tratamiento, conciliación; sólo el modelo punitivo violento es el que limpia la sociedad.


Estos discursos machistas se reflejan en violencias: muertes de mujeres que se cosifican y que varones buscan dominar. También se refleja en muertes de varones, entre quienes se disputan identidades machistas.


Según el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el 88% de las víctimas de homicidios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires eran de sexo masculino, mientras que un 12% de sexo femenino. Respecto a los victimarios el 85% son varones, el 4% mujeres y no se tienen datos en un 11%. Paralelamente, según el Sistema Nacional de Estadística sobre Ejecución de la Pena (Sneep) el 96 % de las personas presas en Argentina son varones.


Estamos frente a un momento de fuerte avance de la lucha de los derechos de las mujeres. Esto se refleja en que se visibilizan violencias antes naturalizadas y en la apropiación de derechos, pero también en nuevas producciones mediáticas.


Sin embargo, los monitoreos dan cuenta de que las mujeres siguen estando relegadas en los espacios de debate mediático, continúan siendo cosificadas y se sigue reforzando sobre ellas los roles tradicionales. Es decir, continúan sufriendo violencia simbólica.


En la sociedad se mantiene o incluso quizás se incrementa, la violencia masculina. Violencia que se reproduce y fortalece en los medios de comunicación y en la industria del entretenimiento y que tiene su correlato en la multiplicidad de casos de violencia contra las mujeres por parte de varones.


Entendemos que es el momento de que los varones problematicemos nuestras identidades y cuestionemos nuestra violencia culturalmente construida.


* Roberto Samar es licenciado en Comunicación social. Docente de la UNRN. Integrante de la Subsecretaría de las Mujeres de la Provincia del Neuquén.


** Eric Barchiesi es estudiante de la Universidad Nacional del Comahue. Integrante de la Subsecretaría de las Mujeres de la Provincia del Neuquén.

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