Datos económicos indican que EEUU podría entrar en recesión

Hay un indicador económico que ha anticipado las últimas siete recesiones en Estados Unidos: la curva de yield (o curva de rendimiento) invertida. Esta curva refleja la diferencia entre las tasas de interés a corto y largo plazo. En el mercado financiero, se refiere específicamente a las tasas de interés de los bonos del Estado; es decir, la deuda que emite un país.

Si la curva sube, no pasa nada. Significa que las cosas van bien y la economía crece. Eso sucede cuando las tasas a corto plazo son más bajas que las de largo.

Pero cuando la curva se invierte durante un periodo de tiempo determinado, algunos economistas lo ven como una poderosa señal de que se aproxima una recesión.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora en Estados Unidos: la mayor economía del mundo cumplió a fines de junio tres meses con la curva invertida.

Es decir, las tasas de interés a corto plazo fueron más altas que las de largo plazo durante al menos un trimestre.

Y la evidencia dice que en las últimas siete recesiones, la curva se invirtió durante al menos tres meses antes de que llegara una contracción, según las investigaciones realizadas por Campbell Harvey, profesor de la Universidad de Duke.

En 1986 Campbell publicó un conocido estudio en el que vinculaba la inversión de la curva con las recesiones.

Para elaborarlo investigó contracciones económicas ocurridas entre las décadas de los sesenta y los ochenta, y su teoría se expandió rápidamente en los ambientes académicos.

En las tres recesiones que siguieron después de su investigación, nuevamente la curva se invirtió antes de que cada una de ellas ocurriera.

Fue el pasado 30 de junio el día en que la curva de yield marcó una inversión de tres meses, generando nuevamente incertidumbre sobre el futuro de la mayor economía del planeta.

Con todo, algunos analistas no ven claro que se aproxime una recesión. Y es que el desempleo en EE.UU. está en mínimos históricos, Wall Street está en máximos y la economía crece pujante.

Pese a ello, otros expertos plantean que, si la guerra comercial entre Estados Unidos y China continúa y los conflictos geopolíticos a gran escala generan demasiada incertidumbre, los mercados comenzarán a dar señales más claras de que el pesimismo está ganando terreno entre los inversores.

La cuestión es que, pese a que durante tres meses la curva de yield ha estado invertida, aún la bolsa mantiene en calma.

Habrá que ver si se trata de la calma antes de la tormenta.

Una alerta en Wall Street

En los pasillos de Wall Street uno de los temas de conversación recurrentes es el de qué está pasando con la famosa curva.

El hecho de que las tasas de interés a largo plazo suban poco “sugiere que los operadores están preocupados por el crecimiento a largo plazo”, escribió el periodista económico Matt Phillips en The New York Times.

“El diferencial de tasas entre los bonos del Tesoro de 2 años y los de 10 años es de aproximadamente 0.34%. La última vez que llegó a este nivel fue en 2007, cuando la economía de EE.UU. se encaminaba a la recesión”.

(Actualmente el bono a 2 años tiene una tasa de 2,52% y el bono a 30 años, tiene una tasa de 2,97%).

Eso no quiere decir que la economía está condenada a caer otra vez, “pero si sigue moviéndose en esta dirección, eventualmente las tasas de interés de largo plazo llegarán a ser más bajas que las de corto”, agrega.

Esa advertencia ha estado sonando en varios lados.

Si se invierte la curva, “es una poderosa señal de recesión”, dijo el año pasado el presidente de la FED de Nueva York, John Williams.

Y son ese tipo de alertas, las que han hecho analizar con más detención el verdadero “poder predictivo” de la curva.

17 julio 2019 

(Tomado de BBC)

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Sábado, 07 Agosto 2010 07:47

Un solitario de Ponzi

Leer los periódicos puede ser una experiencia asombrosa. El 26 de julio de este año, los diarios estadunidenses publicaron dos notas bastante contradictorias. En el primer artículo noticioso, USA Today publicó su pronóstico trimestral de los economistas. El titular decía: Mengua el optimismo de los economistas. Parece que la combinación de desasosiego en Europa, el deslucido crecimiento económico, un mercado de viviendas débil y una desaceleración de la producción fabril hacen muy improbable que Estados Unidos pueda recuperar los 8.5 millones de empleos perdidos a un paso superior al glacial. Además, temen una inestabilidad financiera global.

Así que, con razón, no son optimistas. Uno podría decir que el optimismo congénito de los economistas en torno al mercado mundial finalmente golpeó en la dura roca de la realidad. Algunos de nosotros llegamos a esta conclusión bastante antes. Así que, ¿cómo es posible que, el mismo día, el New York Times publique un artículo de primera plana en torno al vertiginoso aumento de las ganancias de las industrias estadunidenses?

La respuesta, de nuevo, está en el encabezado: Las industrias hallan vertiginosas ganancias en hacer recortes más profundos. No es que las industrias estén vendiendo más productos. De hecho están vendiendo menos. Pero han estado reduciendo costos –es decir, han estado despidiendo trabajadores.

Han descubierto que, si despiden suficientes trabajadores y hacen que los que se quedan laboren más duro, pueden hacer que menores ventas les brinden mayores ganancias. Eso se llama triunfo de la productividad. Ethan Harris, economista en jefe del Bank of America Merryll Lynch, es bastante honesto acerca de esto: Las compañías están exprimiendo sus costos laborales para levantar más ganancias.

Sin embargo, como lo apunta el New York Times, el resultado es que los beneficios se están yendo a los accionistas y no a la economía más amplia. Y las industrias no intentan que esto sea una solución temporal. Porque aun si mejoran las ventas, no planean contratar más trabajadores. Por el contrario, según un ejecutivo en jefe de una gran firma, lo último que nos preocupa es cuándo vamos a añadir más capacidad. Más bien, estamos reconfigurando nuestro sistema operacional completo para darle mayor flexibilidad.

Así, ¿acaso las industrias estadunidenses (y otras industrias en otras partes del mundo) encontraron la bala mágica que les permita expandir sus ganancias para siempre en el futuro? Deben estar bromeando. En los años 20, Henry Ford era famoso por pagarle a sus empleados sueldos más altos que la norma porque, decía, quería que también fueran sus clientes. Sus sucesores en Ford ahora han reducido su fuerza laboral norteamericana en más de 50 por ciento en los últimos cinco años. Más ganancias –pero menos clientes.

Hay un pequeño problema del cual escribieron Keynes y Kalecki –la demanda efectiva. En cualquier cálculo de mediano plazo, si no hay los suficientes clientes, no habrá las suficientes ventas y muy pronto las ganancias se secarán. Las industrias que están incrementando sus ganancias al reducir sus obreros van a tener ganancias crecientes por un breve lapso y luego van a chocar con la dura pared de ladrillos de una deflación seria. Y se desfondarán.

¿No pueden ver esto? Claro, alguno sí lo ven, pero están operando con el principio hedonista de coman, beban y sean felices porque mañana habremos de morir. Podríamos llamarlo un solitario de Ponzi. En los esquemas ordinarios de Ponzi, el operador estafa a otras personas hasta que la casa de naipes se colapse, como le ocurrió a Bernie Madoff. En un solitario de Ponzi, uno se estafa así mismo hasta que se desfonda. Y al igual que los inversionistas de un esquema de Ponzi ordinario (las víctimas potenciales) esperan que el colapso venga sólo después de que hayan logrado ellos sus ganancias, así los jugadores de este solitario de Ponzi (los ejecutivos industriales) confían en que podrán escaparse con sus ganancias personales antes de que la industria completa se colapse. Pues ¡buena suerte!.

Por Immanuel Wallerstein

Traducción: Ramón Vera Herrera


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Martes, 13 Octubre 2009 09:32

Frágil recuperación

La economía mundial es aún muy débil, pero las condiciones mejoran en muchos países. The Economist Intelligence Unit prevé que el PIB a paridad de poder de compra se contraerá 1.4% este año (como reflejo de la severa caída de fines de 2008 y principios de 2009). Pero esperamos que el crecimiento se reanude en la segunda mitad de este año y genere un impulso que persista a lo largo de 2010. Hemos elevado nuestra previsión de crecimiento a 2.9% para 2010, ligeramente arriba del 2.7% que pronosticamos antes.

Una de las principales razones de esta mejoría es que la política parece tener ahora un efecto más claro. Desde el principio de la crisis, hace un año, las autoridades han dado pasos sin precedente para reactivar el crecimiento, proteger el sistema bancario e inundar de dinero los mercados financieros. Los bancos centrales han reducido las tasas de interés y muchos han adoptado medidas heterodoxas como el alivio cuantitativo (comprar diversos tipos de valores para incrementar la oferta de dinero en circulación). Al mismo tiempo, los gobiernos han aumentado en forma dramática el gasto público en un esfuerzo por crear empleos y apoyar la actividad económica.

Estos esfuerzos no sólo han ayudado a prevenir una caída más severa, sino también ponen el escenario para una recuperación, aunque débil. El ciclo de inventarios complementará el proceso, a medida que empresas que habían reducido la producción previendo una baja en la demanda comiencen a aumentar sus existencias para atender nuevos pedidos. Algunos países en los que la producción industrial tuvo un agudo descenso a finales de 2008 y principios de 2009 podrían tener un repunte particularmente fuerte en los meses próximos.

Riesgo de una recaída

Pese a los signos alentadores, la economía mundial no ha salido del túnel. Nuestra mayor preocupación es que el crecimiento se debilite de nuevo una vez que el estímulo se desgaste. La deuda de los gobiernos ha aumentado considerablemente en muchos países, lo cual despierta preocupaciones por la solvencia de los estados, y los niveles actuales de estímulo no son sostenibles. Cuando el gasto gubernamental se contraiga, la recuperación podría entrar en reversa y dar forma a una curva de crecimiento en forma de W. (Una V simple implicaría un ascenso más rápido y decisivo.)

Aunque no pronosticamos esto para la economía mundial en su conjunto, sí prevemos que el crecimiento de EU se reducirá en 2011, luego de una breve recuperación en 2010, precisamente por esa razón.

Otros factores podrían entorpecer la economía. Primero, si bien los mercados de crédito se han estabilizado en meses recientes, permanecen bajo tensión. Muchos bancos, ante las experiencias que casi los llevaron a la quiebra durante la crisis, han endurecido sus normas de préstamos. Con ello ha sido más difícil que consumidores y empresas reciban créditos, en especial si su solvencia se ha deteriorado por pérdidas económicas. El crédito aportado por instituciones financieras no bancarias también se ha contraído en gran medida.

Segundo, el shock de fines de 2008 destruyó la riqueza en tal escala que muchos hogares y empresas se enfocarán durante varios años en reconstruir sus finanzas. No consumirán o invertirán tanto como antes de la crisis. Tercero, existe el riesgo, relacionado con lo anterior, de que una economía doméstica estadunidense más débil realice menos importaciones, lo cual creará dificultades para países que dependen de EU como mercado de exportación. Esas naciones tendrían que ajustar sus estrategias económicas o resistir un crecimiento mucho más lento durante varios años. Cuarto, el crecimiento global será relativamente débil durante un tiempo, por lo cual es más probable que la recuperación no implique un aumento del empleo.

La zona del euro se contraerá 4.1% en 2009. Sin embargo, hemos elevado nuestras previsiones para 2010, cuando anticipamos que el PIB crezca 0.5%. Las economías de Francia y Alemania han comenzado a crecer de nuevo. Sin embargo, los problemas en los mercados de vivienda y la fuerte exposición de los bancos a deudores de Europa oriental plantean el riesgo de nuevas perturbaciones en el sector financiero. Además, el desempleo se mantiene artificialmente bajo por los subsidios gubernamentales. Si la economía no se recupera pronto, podría haber mayores recortes de empleos.

Prevemos que el comercio mundial decaerá 9.4% este año, lo cual implica que Asia, enfocada fuertemente en las exportaciones, tendrá una desaceleración importante, aunque el crecimiento se mantendrá bien en comparación con la mayoría de otras regiones. No es sorprendente que la estrella de la película asiática será China, para la cual hemos elevado nuestra predicción de crecimiento a 8.1% en 2009 y 8.5% en 2010, a causa del rápido despliegue gubernamental de un masivo programa de estímulos por 586 mil mdd.

En América Latina, muchos países han sido duramente golpeados por la crisis global, aunque el cuadro es disparejo. Los países cuyas economías están más ligadas a la estadunidense siguen con problemas para salir. En cambio surgen más signos de recuperación en economías que exportan muchas materias primas a China. Las perspectivas de Brasil son relativamente fuertes, apoyadas por su sólido sistema financiero, su economía diversificada y su gran mercado interno. En conjunto, América Latina se contraerá 3.3% en 2009, pero crecerá 2.4% el año próximo.

Deterioro del dólar

Asumimos que la reciente caída del dólar estadunidense, a 1.46 por euro, es temporal. Esta caída parece vinculada a un aumento del precio del oro, que refleja en parte la preocupación de que el gobierno chino convierta en ese metal parte de sus enormes reservas de divisas.

Si bien es probable que el dólar se recupere un poco a corto plazo, sus perspectivas globales siguen siendo inciertas. Prevemos que fluctuará alrededor de 1.40 por euro entre estas fechas y 2010, y se debilitará gradualmente ante el euro, el yen, la libra esterlina y el renminbi en los cuatro años posteriores.

Aumento del crudo

Nuestro pronóstico del precio del petróleo no cambia en esencia respecto del mes pasado. Esperamos que el barril de petróleo (mezcla Brent fechada) cueste en promedio 62 dólares este año y 74 en 2010. Si bien los fundamentos de la oferta y la demanda sugieren que los precios deberían ser inferiores –puesto que la demanda es débil y las reservas mundiales están en cifras récord–, los indicios de recuperación económica los mantienen elevados. Esta tónica continuará en el primer semestre de 2010, aunque los precios se reducirán hacia finales del año, cuando se desvanezcan los efectos del estímulo económico global. Luego aumentarán con más fuerza en 2012-14, a un promedio de 84 dólares el barril, conforme la demanda se recupere y las preocupaciones por el abasto a largo plazo pasen al primer plano.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya


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Domingo, 04 Octubre 2009 07:56

Zapatazo

“La posibilidad de error del FMI es muy grande”, afirmó el funcionario. “En muchas ocasiones las previsiones del FMI se han equivocado y han sido erróneas”, agregó. Para concluir que “tenemos nuestras previsiones, que son en las que creemos”. Esas críticas demoledoras a la tarea de esa institución financiera internacional no fueron pronunciadas por un país periférico que ha padecido por décadas su receta del fracaso, sino por uno europeo. El ministro y vicepresidente tercero del gobierno español, Manuel Chaves, salió así al cruce de la visión pesimista de la tecnoburocracia del Fondo que estima que la economía ibérica seguirá en recesión el año próximo, mientras el resto de la Eurozona regresará a la senda del crecimiento. A mediados de semana, el FMI presentó en Estambul, Turquía, las “Previsiones Económicas Mundiales” en el marco de la reunión anual junto al Banco Mundial.

La difusión de ese documento, con las características de siempre en cuanto al análisis de las economías dentro de la corriente del pensamiento ortodoxo, expone que poco y nada ha cambiado del funcionamiento del relegitimado organismo multilateral por parte del G-20.

La experiencia argentina de la década del noventa con su estallido de 2001 colocó al FMI en el centro de las críticas políticas y académicas. Su intervención en esa debacle fue el epílogo a otras varias a lo largo de esos años que también terminaron en profundos desórdenes económico-sociales. Su papel en la estructura financiera internacional empezó a ser cuestionado, y su desprestigio se profundizó. La evaluación más contundente sobre Fracasos Múltiples Internacionales la realizó en 2001 la Oficina General de Contabilidad (GAO, en inglés), órgano investigador del Congreso de Estados Unidos, que sentenció: “Las Previsiones Económicas Mundiales –el principal documento de pronósticos del FMI– no es confiable para anticipar las crisis”. La conclusión de ese estudio fue impactante: “De 134 recesiones económicas ocurridas en 87 países emergentes entre 1991 y 2001, el Fondo Monetario Internacional sólo predijo 15”.

Como si nada hubiera pasado, el FMI manejado por el socialista francés Dominique Strauss-Khan reitera la práctica de difundir pronósticos elaborados por su staff de técnicos formados en la escuela del neoliberalismo. Para Latinoamérica afirma que el empuje brasileño permitirá a la región crecer en promedio 2,9 por ciento, privilegiando obviamente a las economías con políticas ortodoxas (Chile y Perú). Respecto de la economía argentina, destaca que este año registrará la peor performance luego de la de México, y que para 2010 sólo avanzará 1,5 por ciento. Ecuador también tendrá ese mediocre comportamiento. Y Venezuela será la otra economía con peor desempeño, siguiendo con signo negativo durante el año próximo. Cualquier sospecha de estimaciones realizadas con anteojeras ideológicas por parte del FMI es simplemente un prejuicio “populista”.

La evidencia empírica ofrece elementos aún más categóricos de esa inconsistencia técnica dominada por definiciones políticas conservadoras. En la edición de Página/12 del viernes pasado, David Cufré presentó un detalle revelador sobre los pesimistas pronósticos del FMI sobre la economía argentina y el resultado efectivo:

- 2003: pronosticó un crecimiento del 3,0 por ciento y fue 8,8.

- 2004: estimó un avance del PIB del 5,5 por ciento y fue 9,0.

- 2005: calculó un saldo positivo de la economía de 6,0 por ciento y fue 9,2.

- 2006: vaticinó un crecimiento de 7,3 por ciento y fue 8,5.

- 2007: predijo un comportamiento favorable de 7,5 por ciento y fue 8,7.

- 2008: estimó 6,5 por ciento y fue 6,8, siendo ésta la brecha más pequeña de esta serie gracias a la colaboración de la crisis internacional –que el Fondo no previó– que empezó a afectar a la economía doméstica en la segunda mitad del año.

Los constantes errores de predicción han dejado su huella. Lo grave no ha sido tanto la existencia de éstos, sino el olvido sistemático de los errores pasados cuando se establecen los nuevos pronósticos. Cuanto más estrepitosos son sus fracasos, más triunfantes se muestran. El error ha sido tan frecuente que bien podría acabar por presentarse como una de las principales características de sus predicciones. Un didáctico ejercicio podría determinar cuánto agregan en la incertidumbre de los protagonistas de la economía tantos pronósticos pesimistas –y equivocados– de los últimos años y, por lo tanto, los costos asociados a ese escepticismo.

Con esa reiterada suficiencia, el número uno del FMI anunció en el encuentro de Estambul el fin de la recesión. Ante la irrupción de “brotes verdes”, como definen los economistas del establishment los síntomas de recuperación, Strauss-Khan afirmó que “luego de una profunda recesión global, el crecimiento económico se ha vuelto positivo, con una amplia intervención pública que sostuvo la demanda y redujo la incertidumbre y el riesgo sistémico en los mercados financieros”. Esa afirmación es el reconocimiento de que la economía global evitó la depresión siguiendo el camino opuesto de los consejos del FMI, que pese a todo hoy sigue imponiendo en su receta del ajuste a los países en la cornisa que firman acuerdos de asistencia financiera.

Sin embargo, esa definición del fin de la recesión no tiene su reflejo en la situación laboral, aspecto que como se sabe no forma parte de la evaluación tecnocrática del FMI. La tasa de desempleo de la Eurozona formado por 16 de los 27 países integrantes de la Unión Europea sigue subiendo, alcanzando en agosto el 9,6 por ciento, representando el mayor nivel desde marzo de 1999. España lidera ese ranking con un desempleo del 18,9 por ciento. En Estados Unidos esa tasa trepó al 9,8 por ciento en septiembre, la tasa más elevada desde junio de 1983. En tanto, la Cepal estimó que la desocupación en América latina y el Caribe se ubicaría este año en 8,5 por ciento, un punto más que en 2008. El director general de la OIT, Juan Somavia, planteó que “hoy el desempleo permanece masivo como consecuencia de la crisis. Si las medidas especiales tomadas pierden fuerza o son suspendidas demasiado pronto, la crisis del empleo podría empeorar aún más. Las personas en el mundo, y en particular los más vulnerables y en situación de desventaja, no percibirán que la crisis está disminuyendo hasta que no tengan un trabajo decente o un piso mínimo de protección social”. Este zapatazo al FMI ha tenido más puntería que el del estudiante turco.

Por Alfredo Zaiat

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Jueves, 30 Abril 2009 12:04

El pulso de la economía asiática

Se está dando un debate  interesante. ¿Cambió la situación de la economía  mundial o las primeras señales son equívocas porque tenemos por delante tiempos aun peores?
 
Algunos dirigentes políticos occidentales se aferran a unas pocas señales buenas, como la recuperación parcial de los mercados bursátiles y el alza de los mercados inmobiliarios en Estados Unidos y Gran Bretaña, para señalar que el desplome ya tocó fondo y comienza la recuperación.
Pero numerosos economistas advierten contra un optimismo prematuro. Continúan los graves problemas estructurales, como el mal estado de numerosos bancos importantes y el “desapalancamiento” (proceso por el cual los niveles de endeudamiento deben adecuarse a las mayores garantías exigidas para la concesión de préstamos) que todavía  deben adoptar los particulares y las instituciones financieras.
 
Algunos países tienen por delante escenarios lúgubres, particularmente en Europa central y oriental, probablemente la región más afectada. E incluso un país desarrollado importante como España vive la pesadilla del desempleo, que llegó al 17,4 por ciento.
 
Asia, y el sudeste asiático, también resultan especialmente afectados. Un documento de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de las Naciones Unidas, elaborado con motivo de su sesión anual que tiene lugar en Bangkok, sostiene que en Asia la crisis ha pasado de una “etapa uno” (crisis financiera en países desarrollados con contagio limitado en Asia) a una “etapa dos” (gran recesión en países desarrollados y contagio inevitable en Asia). En esta segunda etapa los países asiáticos están afectados por “la caída de las exportaciones –de un crecimiento de dos dígitos en la década anterior a una caída de dos dígitos–, la reducción de la demanda interna y el aumento del desempleo”.
 
En enero, la mayoría de los países asiáticos tuvieron las peores caídas de sus exportaciones, en comparación con los doce meses previos: Taiwán (44%), Filipinas (41%), Singapur (40%), Japón (35%), Malasia (34%), Corea del Sur (34%), Tailandia (27%), Hong Kong (21%), China (18%) e India (16%). En febrero, el grado de la caída de las exportaciones se redujo en la mayoría de los países, pero en China aumentó a 26 por ciento.
 
La tendencia de China es importante porque recibe exportaciones sustanciales de otros países de la región. Si caen sus exportaciones a Estados Unidos, Europa y Japón, eso implica menos importaciones de partes que se utilizan en la elaboración de los productos que exporta.
La reducción de las importaciones es aun más alarmante, advierte el informe de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico. En especial las de China, que cayeron 43 por ciento en enero. “Dada la naturaleza regionalmente integrada de la base productiva en el sudeste y este asiáticos, la caída de las importaciones refleja el comienzo de una crisis industrial”, sostiene.
También se advierte que una profundización de la crisis en la fase manufacturera provocará tensiones financieras en el sector a través de un aumento de los préstamos en riesgo inminente de caer en mora (nonperforming loans).
 
En cuanto al desempleo, aumentaría en la región hasta los veintitrés millones de personas en 2009. Incluso ésta sería una mirada optimista, ya que más de veinte millones de trabajadores industriales perdieron su trabajo en las regiones costeras de China, orientadas a las exportaciones.
El crecimiento económico cae en picada. La Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico estima que el crecimiento de los países en desarrollo de la región caerá de 8,8 por ciento en 2007 a 5,8 por ciento en 2008 y a 3 por ciento en 2009.
 
Pero en el sudeste asiático, la única subregión donde el PIB se contraerá realmente, la caída será de 6,5 por ciento en 2007 a 4,3 por ciento en 2008 y a 0,7 por ciento negativo en 2009. (En el este y noreste de Asia –dominado por China– habrá un crecimiento positivo de 3,3 por ciento, y en el sur y sudoeste será de 4,3 por ciento).
 
El informe de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico no ofrece proyecciones de crecimiento por países. Sin embargo, el pronóstico de la revista británica The Economist da que pensar. Los países que tendrían un crecimiento negativo serían Singapur (7,5%), Taiwán (6,5%), Corea del Sur (5,9%), Tailandia (4,4%), Malasia (3%) e Indonesia (1,3%). China e India tendrían un crecimiento menor, pero aún positivo, de seis y cinco por ciento, respectivamente. Los últimos datos sobre producción industrial demuestran dónde está la fuente del problema. Los países que dependen de las exportaciones manufacturadas son los más afectados. 

Comparada con un año atrás, la producción industrial cayó en febrero en Taiwán (27%), Singapur (22%), Tailandia (20%), Malasia (14,6%)  y Corea del Sur (10%). En contraste, la producción industrial en China aumentó ocho por ciento en marzo, lo que refleja que los productos industriales de este país alimentan principalmente su enorme mercado interno, aun cuando pueda ser también un exportador mundial importante. Y tal vez esté funcionando el enorme estímulo fiscal para aumentar la demanda interna y compensar la caída de las exportaciones.
 
Las cifras muestran que, al menos en el sudeste asiático, la crisis económica no está superada y aún pasará cierto tiempo antes de que desaparezcan los efectos recesivos.
 
Muchos países asiáticos están adoptando medidas anticíclicas, incluso aumento del gasto fiscal y reducción de las tasas de interés, para hacer frente a los efectos de la contracción económica. Falta ver hasta qué punto esas políticas tienen un efecto positivo, y seguramente deberán tomarse más medidas y ajustes. 
 
Martin Khor, fundador de Third World Network (TWN), es director ejecutivo de South Centre, una organización de países en desarrollo con sede en Ginebra.
Traducción: Raquel Núñez Mutter. 
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La crisis ha llevado a cualquier experto, gurú, político que se precie o presidente de banco central a realizar su previsión sobre cuándo acabará o, al menos, donde está el inicio de la recuperación. Primero fue el ministro español de Economía, Pedro Solbes quien fijó el principio del fin de la crisis. Después el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, lo situó en 2010 y su homólogo europeo, Jean Claude Trichet, se atrevió, aunque de manera menos precisa, a indiciar el principio de la recuperación.

Sin embargo, ninguno de ellos se basaba en estudios minuciosos o realidades concretas. Para ir un poco más lejos de todo esto, dos analistas de ConvergEx Group, Nicholas Colas y Oren Klachkin, han recopilado para Market Watch, del grupo de The Wall Street Journal, los 10 titulares, los diez escenarios negros que supondrían el inicio del final de la crisis.

El primero sería una caída del 10% o más en las bolsas durante dos días seguidos. En octubre y noviembre el Ibex 35 y el Dow Jones ya registraron caídas cercanas a este porcentaje, pero sólo durante un día para que, a la jornada siguiente se diesen subidas correctoras de porcentajes similares.

La segunda es un tanto diferente. Aseguran que sería un buen síntoma que el nuevo secretario del Tesoro, Timothy Geithner, fuese sustituido por Paul Voeckler, ex presidente de la Reserva Federal en tiempos de Ronald Reagan y que ya se enfrentó a la crisis de principios de los ochenta. La quiebra de General Motors sería un titular catastrófico, al menos en principio. Sin embargo, Colas y Klachkin creen que abriría un periodo muy difícil de más o menos 100 días que, a su vez, sería el principio de la recuperación.

Oro, Mc Donald's y zombis

El oro aparece, cómo no, en su mundo de titulares perfectos. Los analistas creen que si la cotización de este metal, que no ha parado de revalorizarse como valor refugio, llega a los 2.000 dólares la onza estaríamos ante un titular en todos los periódicos económicos del mundo, un sinsentido y, también, ante el momento de empezar a comprar acciones de nuevo.

Colas y Klachkin no son los únicos que se quieren deshacer de las acciones de los valores zombis, pero creen que la salida de al menos dos empresas del Dow Jones que se mantienen en el índice casi por inercia sería una buen noticia, un gran titular. Hablando de acciones, la caída de las pocas que ahora triunfan, por ejemplo Mc Donalds y Wal Mart (que prácticamente no han perdido nada de su valor en el último año) sería, paradójicamente, una buena noticia. ¿Por qué? Porque al ser dos empresas que triunfan en momentos de crisis, la salida de los accionistas implicaría que la situación de la economía ha mejorado.

Como la cosa va de malas noticias, hay otras dos que a la larga serían buenas. La primera, una pérdida de un millón de puestos de trabajo en EE UU en un mes (ya perdió 651.000 sólo en febrero) algo que, en la opinión de estos dos expertos, sería un suelo difícil de superar. La otra sería que, precisamente, ante las malas noticias los mercados empezasen a subir. Obviando algún otro titular de los que proponen, demasiado técnico, el último es un ajuste de cuentas: para ellos sería bueno que la cadena NBC dejara de emitir. Por ahora nada de esto ha ocurrido, pero no deja de ser una propuesta a tener en cuenta.
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