¿Cuántas clases medias caben en la clase media?

Es cada vez más común que todo lo que acontece políticamente se explique en torno a una creciente y omnipresente categoría, "la clase media". Este término monopoliza la mayoría de interpretaciones posibles a la hora de justificar los comportamientos sociológicos y políticos, y por supuesto, las preferencias electorales. Seguramente por comodidad y simpleza, da igual lo que suceda, porque todo tiene argumentativamente a la clase media como factor común.

En estos últimos años se han sucedido importantes fenómenos políticos aparentemente inesperados y novedosos en América Latina: la llegada de AMLO al gobierno de México con una amplia mayoría, la victoria electoral de Bolsonaro en Brasil, las protestas sociales en Chile y Colombia, también la imposibilidad de Lenín Moreno de dar estabilidad a Ecuador, el fin de Macri en Argentina a manos de la propuesta progresista de Alberto y Cristina, la derrota del Frente Amplio en Uruguay, y cómo no, el golpe de Estado en Bolivia. Estos hechos políticos y/o electorales han sido explicados recurrentemente y en gran medida por un mismo grupo económico y social, el de la clase media.

Si tanta capacidad explicativa tiene, lo pertinente sería comenzar por preguntarse qué es exactamente eso de la clase media. Para ello, debemos partir de dos premisas básicas, que de no considerarlas podríamos llegar a sesgar cualquier interpretación posterior.

  1. La clase media no es un bloque monolítico ni homogéneo.

Según la Cepal, el estrato medio aumentó de 136 millones a 250 millones de personas entre 2002 y 2017 en la región latinoamericana. Sin embargo, no todos esos millones de personas son idénticas. No lo son en su capacidad eco­nómica ni tampoco en su lógica ­aspiracional.

La mayoría de los organismos internacionales, en las últimas décadas, ya subclasificaron esta categoría tan amplia. A veces usan términos como el "media-baja" y "media-alta"; o incluso aparece una nueva categoría que es esa de casi clase media, bautizada por el Banco Mundial para denominar a quienes están justo un poco por encima del umbral de la pobreza, pero que son susceptibles de regresar en cualquier momento a ser pobres.

No obstante, esta desagregación tampoco es suficiente para captar la gran heterogeneidad existente dentro de estos 250 millones de personas que viven de manera muy diversa en Latinoamérica. En esa categoría hay dinámicas completamente contrapuestas. Por ejemplo, no es lo mismo aquella familia que luego de años llega a tener niveles (de educación, trabajo, salud, propiedad, ingresos) de clase media que otra que estuvo siempre en ese nivel. Como diría Álvaro García Linera, no tiene nada que ver la clase media de origen popular en Bolivia –que, según encuesta Celag es con la que se autopercibe un tercio de la población– con la clase media tradicional (que es media no por densidad sino porque se encontraba en medio de una clase baja multitudinaria y otra clase, alta y muy reducida). Tampoco tendría ningún sentido equiparar la clase media recién llegada con aquella que fue alta, pero que acabó siendo clase media por múltiples razones económicas, sociales o políticas.

Es por ello imposible tratar por igual a un grupo tan diverso en su capacidad económica, en sus niveles educativos, en sus hábitos culturales, y más aún si queremos hacerlo en relación con su lógica aspiracional. Si bien hay un "comportamiento imitador" de aquella ciudadanía que asciende y mejora, no es verdad que las aspiraciones sean las mismas con aquella otra porción de la clase media que desea ser alta; o con aquella otra que tiene tradición histórica de pertenecer a ese grupo social, con usos y costumbres arraigados, sólidos, que hacen que la subjetividad se diferencie de los ciudadanos que aún están en esa fase de movilidad social y siempre con una sensación más bien de tránsito, del "querer llegar a ser".

  1. La segunda premisa es que la clase media no puede ser un concepto ­importado.

No se puede trasladar ahistóricamente la concepción de clase media eu­ropea a Ecuador, ni la de Argentina a Bolivia, ni la mexicana a Chile. Cualquier "epistemicidio", como diría Boaventura De Sousa, para sustituir una episteme externa por la propia suele hacer mucho daño en cualquier análisis. Con la clase media esto es lo que sucede constantemente. Es frecuente presuponer que los comportamientos de la clase media son similares en todas partes, como si no hubiera historia específica de cada país y, mucho peor, como si la distribución del ingreso fuera la misma en cada lugar. Por ejemplo, no podemos comparar de ninguna manera aquella distribución en un país cuya clase media es multitudinaria con aquel otro en que su clase media es una pequeña porción entre dos jorobas: una gigante conformada por la clase baja y la otra, la clase alta, muy reducida. La subjetividad de una u otra de ningún modo podría ser la misma. Existe siempre un "relativismo" en la construcción de la subjetividad de esa clase media basado en cómo te observas en relación con el otro, con los de abajo y con los de arriba. Incluso, estadísticamente, la misma clase media identificada con indicadores "objetivos", como el ingreso o consumo, también tiene un componente relativista que es determinante.

Por tanto, por una u otra razón, es necesario que cuando hagamos referencia al desafío de sintonizar con la clase media entendamos que no hay una única clase media, sino que son muchas las variedades dentro de ese gran grupo tan complejo. Hay clase media que recién llega y que, además, lo hace por muy diferentes vías; hay clase media de toda la vida; clase media que es más alta que media; clase media que siempre está en riesgo de dejar de serlo. Hay clase media en lo económico que a su vez es distinta según su capacidad económica sea con base en ingresos, herencia, consumo o endeudamiento. Pero no todos los matices diferenciadores proceden de lo económico, porque también hay clase media en lo cultural, en lo simbólico, en el poder político, y sin descuidar tampoco el componente país o, a veces, el regional. La clase media guayaquileña tampoco es la misma que la quiteña; ni la boliviana del El Alto a la de Santa Cruz. En definitiva, ante tanta variedad de "clases medias", habrá que considerar multiplicidad de lógicas aspiracionales y sentidos comunes.

Por ello debemos "cuidar" el modo de querer atraerla e incorporarla al proyecto político progresista, porque no siempre existe una única manera de hacerlo. Se requiere mucho más bisturí que brocha gruesa. Es más, resulta imprescindible comenzar a analizar e identificar las disputas y tensiones que se dan dentro de este gran grupo social, porque seguramente de ello dependerá buena parte de la sostenibilidad de una propuesta política. Sería un gran error confundirse de objetivo, porque seguramente satisfacer a una clase media es mucho más fácil que a todas las clases medias que caben en ella.

Por Alfredo Serrano Mancilla, director Celag

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Sábado, 08 Febrero 2020 06:32

“Curva de elefante” y clase media

“Curva de elefante” y clase media

Thomas Piketyy en su más reciente libro, Capital e ideología, retoma una gráfica de Milanovic para representar las desigualdades en el mundo en las últimas décadas. Lo notable de esa curva que mide los ingresos de la población es que toma la forma de una “curva de elefante”. Los primeros deciles, que abarcan a las personas del planeta más pobres han experimentado un crecimiento porcentual notable de su capacidad adquisitiva. Los deciles intermedios, es decir los “sectores medios“ han tenido un aumento, pero moderado, en tanto que el decil superior, especialmente el uno por ciento más rico ha experimentado un crecimiento exponencial de sus ingresos, tomando la forma de una pronunciada trompa.

Salvando las diferencias numéricas es posible también representar la distribución de los ingresos en Bolivia desde el año 2006 al 2018 como una “curva de elefante” moderada.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2006 y 2018, el 33 por ciento de los bolivianos anteriormente pobres alcanzaron ingresos medios (entre 5 y 50 dólares/día), pasando de 3.3 a 7 millones. El salario mínimo del país, que reciben la mayoría de los asalariados, subió de 440 bolivianos a 2 mil 122 (de 55 a 303 dólares, es decir, 550 por ciento). Como señala el Banco Mundial, Bolivia fue la nación que más favoreció en la pasada década –con distintas políticas redistributivas– los ingresos de 40 por ciento de la población vulnerable, en promedio 11 por ciento anual; por lo que está claro que la primera parte de la curva de Piketty está verificada.

Las clases altas por su parte, después de la nacionalización de los hidrocarburos, electricidad agua y telecomunicaciones, han tenido también un notable crecimiento de sus ingresos. La rentabilidad anual de la banca ha saltado de 21 a 208 millones anuales. Los productores mineros privados y la agroindustria han pasado de exportar 794 y 160 millones de dólares en 2006 a 4,001 y 434 en 2018. Por su parte, el monto global de la ganancia registrada del sector empresarial ha pasado de 6 mil 700 en 2005 a 29 mil 800 millones de bolivianos en 2018, 440 por ciento más. Lo que verifica la trompa de la curva; con una diferencia respecto a lo que sucedió escala mundial: una reducción drástica de la desigualdad entre el 10 por ciento más rico con respecto al 10 por ciento más pobre que se redujo de 128 veces a 36, fruto de las cargas impositivas a las empresas ( government take gasífero de 80 por ciento, bancario de 50 por ciento y minero de entre 35 y 40 por ciento); por lo que debemos hablar de una trompa de elefante recortada o moderada.

Lo que falta ahora es saber que pasó con el sector medio de la sociedad.

Las clases medias tradicionales

Se trata de un sector social muy diverso en oficios y propiedad formado después de la revolución de 1952 con los retazos de la vieja oligarquía derrotada, pero cohesionada en torno al reciclado sentido común de un mundo racializado en su orden y lógica de funcionamiento. Son profesionales de segunda generación, oficinistas, oficiales uniformados, intermediarios comerciales del Estado, pequeños empresarios ocasionales, ex latifundistas, propietarios de inmuebles alquilados, políticos de oficio, etcétera.

A primera vista han tenido un incremento de sus ingresos y del valor de sus bienes inmuebles. La tasa de crecimiento de la economía en 14 años, en promedio 5 por ciento anual, ha favorecido en general a toda la sociedad. Pero mientras las clases plebeyas tuvieron un incremento de sus ingresos de al menos 11 por ciento cada año y los asalariados más pobres 500 por ciento en 13 años. En el caso de los salarios altos, el presidente Evo Morales fijó como remuneración máxima el salario presidencial, que se redujo de 26 mil bolivianos a 15 mil; y en 13 años sólo subió a 22 mil, es decir, 46 por ciento, lo que llevó a que los ingresos de los profesionales con cargos más altos tengan que apretarse como acordeón por debajo del techo presidencial. Así, mientras la economía nominalmente pasaba de 9 mil 500 a 41 mil millones de dólares, un aumento de 430 por ciento, las clases medias profesionales sólo tuvieron un incremento menor a 95 por ciento por ciento de su salario promedio. Para las nuevas clases medias populares ascendentes era una gran conquista de igualdad, pero para las tradicionales, posiblemente un agravio.

Los propietarios de bienes inmuebles no sufrieron una depreciación de sus propiedades ni mucho menos una expropiación, pero el riguroso control de la inflación que ejerció el gobierno (alrededor de 5.4 por ciento en promedio en los pasados 13 años) y la gigantesca política de fomento a la construcción de viviendas, ya sea mediante cientos de miles viviendas estatales donadas y la obligatoriedad de crédito bancario a la construcción de vivienda a una tasa de interés de 6 por ciento, llevó a una amplia oferta que atempero el aumento de los precios de las viviendas en un tope no mayor a 80 por ciento en toda una década.

De esta manera las clases medias tradicionales tuvieron un incremento moderado de sus ingresos, porcentualmente mucho menor que el de las clases populares y las clases altas, lo que completa la parte baja de la “curva de elefante” de las desigualdades nacionales.

Si a ello sumamos que en este mismo tiempo a los 3 millones de personas de “ingresos medios” que ya existían en 2005 se sumaran otros 3.7 millones, resulta que para un puesto laboral donde habían tres ofertantes, ahora habrán seis; llevando a una devaluación de facto de 50 por ciento de las oportunidades de la clase media tradicional.

Esta “devaluación” de la condición social de la clase media se vuelve tanto más visible si ampliamos la forma de medir los bienes de las clases sociales a otros componentes más allá de los ingresos monetarios y el patrimonio, como el capital social, cultural y simbólico.

Toda sociedad moderna tiene mecanismos formales e informales de regulación de influencias sociales sobre las decisiones estatales. Ya sea para debatir leyes, defender intereses sectoriales, ampliación de derechos, acceso a información relevante, puestos laborales, contratación de obras, créditos, etcétera, los partidos, pero también los lobbys profesionales, los bufetes de abogados y las redes familiares funcionan como herramientas de incidencia sobre acciones estatales. En el caso de Bolivia hasta hace 14 años, los “apellidos notables”, los vínculos familiares, los círculos de promoción estudiantil, las fraternidades, las amistades de residencia gatillaban una economía de favores en el aparato estatal.

Un apellido siempre ha sido un certificado de “honorabilidad” y, a falta de ello, el paso por determinados colegios, universidades privadas, lugares de esparcimiento o pertenencia a una logia desempeñaban el resorte de parcial blanqueamiento social.

Ya sea en gobiernos militares o neoliberales siempre había una lógica implícita de los privilegios estatales y de los lugares preestablecidos, social y geográficamente, que las personas debían ocupar.

Por eso cuando el “proceso de cambio” introduce otros mecanismos de intermediación eficiente hacia el Estado, las certezas seculares del mundo de la clase media tradicional se conmocionan y escandalizan. La alcurnia, la blanquitud y la logia, incluidas su retórica y su estética, son expulsadas por el vínculo sindical y colectivo. Las grandes decisiones de inversión, las medidas públicas importantes, las leyes relevantes ya no se resuelven en el tenis club con gente de suéteres blancos, sino en atestadas sedes sindicales frente a manojos de hojas de coca. La liturgia colectiva sustituye la ilusión del mérito: 80 por ciento de los alcaldes han sido elegidos por los sindicatos; 55 por ciento de los asambleístas nacionales y 85 por ciento de los departamentales provienen de alguna organización social. Los puestos laborales en la administración pública, las contrataciones de obras pequeñas, la propia atención ministerial requiere el aval de algún sindicato urbano o rural. Hasta la “servidumbre doméstica”, vieja herencia colonial del sometimiento de las mujeres indígenas, ahora impone derechos laborales y de trato digno. Los “indios están alzados”, y la indianitud anteriormente arrojada como estigma o veto al reconocimiento, ahora es un plus que se exhibe para decir quien tiene el poder. En todo ello hay una inversión de la polaridad del capital étnico: del indio discriminado se pasa al indio empoderado.

La plebe, anteriormente arrinconada a las villas y anillos periféricos, invade los barrios de las “clases bien” comprando y alquilando domicilios vecinos rompiendo las tradicionales geografías de clase. Las universidades se llenan de hijos de obreros y campesinos. Los exclusivos shoppings se vulgarizan con familias populares que traen sus costumbres de cargar su comida en aguayo y meterse a los jardines de los prados. Y las oficinas antes llenas de traje, corbata y falda tubo, ahora están atravesados por ponchos, chamarras y polleras.

Para la clase media es el declive del individuo frene al colectivo, del “buen gusto” frente al cholaje que lo envuelve todo y en todas partes. Hasta las clases altas más hábiles en entender el nuevo relato social se agrupan también como gremio y se vuelven diestras en las puestas en escena corporativas.

Pero la clase media tradicional no. La simulación siempre ha sido un estilo de su clase, pero que ahora no le da réditos. Otras apariencias más cobrizas, otros hábitos e incluso otros lenguajes ahora desplazan lo que siempre consideró un derecho hereditario. Y antes que racionalizar el hecho histórico, prefiere ahogarse en las emociones de una decadencia social inconsulta. El resultado será un estado de resentimiento de clase contra la igualdad que lo irradiará hasta sus hijos y nietos. Por eso su consigna preferida es “resistencia”. Se trata de resistir la caída del viejo mundo estamental. Y para ello el fascismo es su modo de encostrarse.

Así, más que una querella por los bienes no adquiridos la rebelión de la clase media tradicional es un rencor encolerizado por lo que considera un desorden moral del mundo, de los lugares que la gente debiera ocupar y de la distribución de reconocimientos que por tradición les debiera llegar.

Por eso el odio es el lenguaje de una clase envilecida que no duda en calificar de “salvajes” al cholaje que la está desplazando. Y es que al final no se puede ganar impunemente la lucha contra la desigualdad. Siempre tendrá un costo social y moral para los menos, pero lo cobrarán.

Esta es también una de las preocupaciones de Piketty en su libro, pues está dando lugar a un surgimiento de un tipo de populismo de derechas y de fascismo alentado por la insatisfacción de estos sectores medios con nulo o bajo crecimiento de sus ingresos. Y en el caso de Bolivia a un tipo de neofascismo con envoltura religiosa.

* Ex vicepresidente de Bolivia en el exilio

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Casi 500 millones de personas no tienen suficiente trabajo en el mundo, informe de la OIT

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, presentó recientemente su informe “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2020”, en el que presenta cifras y analiza la situación del trabajo en el planeta.

Lo que más llama la atención de este informe, es el hecho de que hay 188 millones de desempleados, hay 165 millones que quieren trabajar más horas pagas, y 120 millones vinculadas marginalmente al mundo del trabajo.

El estudio fue presentado el pasado 20 de enero en Ginebra, Suiza, sede de la OIT. Durante el evento el Director General de la OIT, Guy Ryder, dijo textualmente:

Para millones de personas es cada vez más difícil construir vidas mejores basadas en sus trabajos. La persistencia y amplitud de la exclusión y de las desigualdades relacionadas con el trabajo, les impide a estas personas encontrar un trabajo decente y forjarse un futuro mejor. Esta es una conclusión extremadamente preocupante, que tiene repercusiones graves y alarmantes para la cohesión social”.

En ese sentido, el informe resalta el aumento de las protestas sociales en 7 de las 11 zonas en que la OIT divide al mundo. Asegura el estudio que estas protestas tienen que ver, en parte, con las grandes desigualdades que se presentan en los países y que siguen sin resolverse.

“El mensaje cabal de este informe es que los objetivos de lograr el pleno empleo y elevar el nivel de vida en todo el mundo, son tan esenciales hoy en día como siempre” , dice el resumen del estudio publicado en la web de la OIT .

Cuatro mensajes fundamentales

El informe plantea que hay que reflexionar críticamente sobre la idoneidad de los métodos y conceptos en el mundo del trabajo, e introducir cambios de ser necesario. En este punto formula la pregunta de si es fiable mirar la tasa de desempleo para ver el mal funcionamiento del mercado laboral. “Tenemos que entender si las personas en edad de trabajar pueden o no desarrollar todo su potencial en el trabajo” agrega el documento.

La OIT dice que su estudio pretende estar a la altura del desafío que implica tener acceso a nuevos datos para mejorar la comprensión del mundo del trabajo. Presenta 4 ejes fundamentales, a saber:

  1. Es muy probable que la disminución del crecimiento y la falta de inclusión social perjudiquen la capacidad de los países de menores ingresos para reducir la pobreza y mejorar las condiciones de trabajo.
  2. La tasa de subutilización de las personas en edad de trabajar es mucho mayor que la tasa de desempleo en el mundo.
  3. En el mundo falta trabajo decente, entendido éste como contar con un lugar de trabajo seguro, con acceso a la protección social y la posibilidad de afiliarse a un sindicato. En la economía informal este problema es más acentuado.
  4. Prevalecen importantes desigualdades en el acceso al trabajo y en la calidad del mismo. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con edad, sexo y ubicación geográfica.

Cambiar las formas de medición

La forma cómo se mide el mundo del trabajo hoy, debe cambiar, plantea el informe de la OIT, organismo que está incorporando otras mediciones para poder adoptar políticas que contribuyan al mejoramiento de empleo y con ello de la calidad de vida de los trabajadores.

En ese sentido, Carlos Julio Díaz, analista de la Escuela Nacional Sindical, considera que las mediciones realizadas no son un fiel reflejo de los indicadores del mundo del trabajo. “Es necesario no solamente revaluar los indicadores que se utilizan en el mundo del trabajo, sino también la métrica que se utiliza para medir la economía” . Coincide con el informe de la OIT cuando dice que el desempleo no está tan asociado al crecimiento económico sino a la desaceleración del sector manufacturero.

En el mundo los sectores que más crecen son los servicios y los financieros, los cuales aportan a la economía, pero poco al empleo, asegura el documento de OIT.

Cómo aparece Colombia

El informe de la OIT distingue 4 denominaciones para las economías del mundo: países de altos ingresos, países de ingresos medios altos, países de ingresos medios bajos, y países de bajos ingresos. Colombia está en el segundo grupo, de ingresos medios altos, junto a otras economías como las de Brasil, China, México, Perú, entre otras.

Colombia hace parte de la región “Latinoamérica y Caribe”, una de las 11 zonas en que la OIT divide a los países del mundo. Según el informe, se estima que para este año 2020 en esta región habrá 291.5 millones de trabajadores, lo que representa un aumento de 3.4 millones en comparación con el 2019.

De la misma manera, en esta región se estima que habrá un total de 67 millones de personas subutilizadas laboralmente. La tasa de desempleo, estimada para la región en 8.1%, se mantiene en el mismo nivel del año anterior.

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El Gobierno de México sube por segunda vez en menos de un año el salario mínimo

La medida supone el mayor incremento a las compensaciones en más de 40 años en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de López Obrador

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a dar un importante impulso al salario mínimo. Este lunes se ha anunciado un incremento del 20% a las compensaciones que entrará en vigor en 2020. Se trata del segundo anuncio de subida que hace el Ejecutivo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en menos de un año. A finales de 2018, el presidente anunció, poco después de asumir el cargo, un incremento del 16%. Unos 3.44 millones de trabajadores mexicanos se verán beneficiados por lo que es el mayor incremento al mínimo en más de 40 años.

Con el aumento, el salario mínimo pasará de 102.68 pesos a 123.22 pesos diarios, unos 6.5 dólares. El incremento es menos pronunciado, del 5%, en la frontera, donde el monto subirá de 176.72 pesos diarios a 185.56 (9.7 dólares). La zona fronteriza ya había visto subir al doble el mínimo en cuanto López Obrador asumió la presidencia, en diciembre de 2018. “Es una buena noticia, lo cierto es que no pensaba que se iba a lograr esto en un año de Gobierno”, admitió en Palacio Nacional el mandatario tras anunciarse el acuerdo entre los trabajadores y la patronal.

La actualización que el Gobierno del Morena hace del salario mínimo es el más importante en 44 años. La secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, dijo este viernes que la muy esperada subida de diciembre pasado no impactó las variables macros que muchos vaticinaban. “En lo que va de 2019 la inflación no solo no se ha disparado, sino que ha sido de las más bajas en los últimos cuatro años”, presumió la ministra. El aumento del mínimo tampoco tuvo efecto sobre la creación formal de empleos, pues se han generado 724.000 puestos de trabajo formales. Muchos de ellos, no obstante, dependen de los programas de apoyos y becas creados desde la secretaría de Trabajo, como Jóvenes construyendo el futuro.

La patronal también estuvo presente en el anuncio de la medida. “Tenemos un sentido de consenso. Es a través del salario donde demostramos claramente nuestra responsabilidad social”, dijo Carlos Lomelí Salazar, del Consejo Coordinador Empresarial. El empresario se comprometió, a nombre de las organizaciones reunidas, a que las familias reciban un salario de al menos 6.500 pesos mensuales (343 dólares). Esta cantidad representaría el piso de la línea mínima de bienestar dibujada por el Coneval, la institución que mide la pobreza en México. Salazar calcula que dos millones de familias están por llegar a esa marca próximamente. En México hay 52.4 millones de pobres, según cifras oficiales.

La medida pretende poner freno a una precipitada caída, superior al 70%, del poder adquisitivo. López Obrador ha reconocido que eso tardará aún. “Va a llevar tiempo, siendo realistas, porque esto no se resuelve por decreto”, añadió el presidente.

El anuncio es una buena noticia en un entorno económico marcado por la parálisis en el primer año de la Administración de López Obrador. El Banco de México, recientemente, modificó a la baja la cifra de crecimiento para 2019 y lo ubicó en un rango que va de 0,2% hasta territorio negativo. El Gobierno se ha mostrado optimista con la idea de que el nuevo tratado comercial para América del Norte, el T-MEC, y un ambicioso plan de infraestructura sean los motores para sacar la economía mexicana del atolladero.

Por LUIS PABLO BEAUREGARD

México 16 DIC 2019 - 23:33 COT

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El paro en EE UU baja al mínimo en 50 años pese a moderarse el empleo

El mercado laboral estadounidense registró en septiembre 136.000 nuevos ocupados, ritmo suficiente para aliviar el temor de la recesión

 

La creación de empleo en Estados Unidos se moderó en septiembre, a un ritmo de 136.000 ocupados. Era lo esperado aunque lo hace a un ritmo más pronunciado que el consenso de mercado. El dato certifica, en todo caso que la economía crece lo suficiente para evitar la recesión. La sorpresa llegó del lado del lado de paro, que bajó dos décimas para colocarse en el 3,5%, la tasa más baja desde diciembre de 1969.

Wall Street anticipaba 145.000 nuevos ocupados en septiembre. El indicador está sujeto a dos revisiones. La lectura de agosto se revisó al alza, a 168.000 ocupados. La de julio queda en 166.000 empleos, también ligeramente más alto. Los salarios, entre tanto, se estancaron y el incremento anual se queda en el 2,9%, frente al 3,4% que se vio hace unos meses, lo que en principio dar margen a la Reserva Federal por el lado de la inflación.

El indicador de empleo, por tanto, es mixto. El presidente Donald Trump se concentró en el detalle que más le interesa políticamente en este momento y lo utilizó para cargar contra los demócratas. “La tasa de desempleo, al 3,5%, cae al nivel más bajo en 50 años”, señala en un mensaje en las redes sociales, para después exclamar con ironía “Guau América, destituyamos a vuestro presidente (incluso si no hizo nada malo)”.

Los demócratas en la Cámara de Representante iniciaron la semana pasada una investigación por una llamada realizada por Trump al presidente de Ucrania, pidiéndole que investigara por corrupción a la familia del exvicepresidente Joe Biden y potencial adversario en las elecciones de 2020. El republicano critica en paralelo a la Fed y presiona a su presidente, Jerome Powell, para que rebaje más los tipos de interés hasta llevarlos a cerco.

La próxima reunión de la Reserva Federal está prevista para final de octubre. La expectativa es que el banco central estadounidense deje los tipos de interés intactos, tras haber realizado dos rebajas consecutivas. El precio del dinero en EE UU se mueve ahora en una banda entre el 1,75% y el 2%. El dato de empleo, sin embargo, se publica al final de una semana especialmente turbulenta en Wall Street.

Contracción en la manufactura

El indicador de actividad en el sector manufacturero volvió a contraerse en septiembre hasta el nivel más bajo en una década como reflejo de la guerra arancelaria, lo que podría ser un argumento a favor de los miembros de la Fed favorables a seguir adelante con los recortes. El del sector servicio también se moderó, pero sigue mostrando que la economía se expande gracias al impulso del consumo.

La lectura general del dato de empleo, en cualquier caso, está en una zona que alivia los temores de una recesión. El tipo del bono a 10 años subió y mueve en el 1,5%, una décima por encima al de las letras a dos años. La baja tasa de paro también es una señal optimista para el consumidor y los 157.000 ocupados de media en los tres últimos meses es suficiente para absorber a que buscan empleo de manera activa.

La moderación en la creación de empleo observada este año se atribuye en parte a la incertidumbre creada por la moderación económica global y la guerra arancelaria de EE UU con China. Pero también se explica por las dificultades que tras 11 años de expansión tienen las empresas para cubrir los puestos vacantes, porque no dan con el empleo cualificado que necesitan.

Jerome Powell repitió este viernes en un evento público que la economía está en el "lugar adecuado", aunque habla al mismo tiempo de "retos a largo plazo". El trabajo de la Fed, insiste, es sostener el crecimiento todo lo posible. La baja inflación le da margen para ser cauta aunque le resta margen para rebajar más los tipos de interés.

La mayoría de los miembros de la Fed ven posible un tercer recorte este año en el proceso de recalibrado de la estrategia monetaria. El dato de empleo no cambia muchos las cosas en ese sentido, pero la tasa de paro del 3,5% complica, sin embargo, que pueda realizarse este mes. El otro argumento que se utiliza a favor de la rebaja es la fortaleza del dólar, otro de los argumentos preferidos de ataque de Trump a Powell.

Por SANDRO POZZI

Nueva York 4 OCT 2019 - 09:44 COT

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Lunes, 08 Julio 2019 06:01

El Mundial de la reivindicación

 Las jugadoras de Estados Unidos festejan el título. S. Gollnow GTRES

 

Francia marca un antes y un después, con récords de audiencias televisivas, figuras destacadas, la promesa de la FIFA de más inversión y el auge de España

 

 

 “Habrá un antes y un después de esta Copa del Mundo. Ha sido fenomenal, excepcional, la mejor de la historia”, dijo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, el viernes en Lyón en un encuentro para hacer balance del Mundial de Francia. En total, según la FIFA, más de mil millones de telespectadores en el mundo han seguido los partidos y la afluencia a los estadios ha sido superior al 74% (los precios iban de nueve a 83 euros, la entrada más cara para la final), con sedes como Niza y Montpellier que en muchos casos no han llegado a media entrada.

La FIFA ya había dado luz verde a un aumento del dinero destinado a los premios, con 30 millones de dólares (algo más de 26 millones de euros) para los 24 equipos, pero la diferencia continúa siendo enorme respecto al fútbol masculino (356 millones de euros para las 32 selecciones que disputaron el Mundial de Rusia). De ahí que Infantino, según contó el viernes, prometió el doble para la cita de 2023 (la sede se elegirá en 2020). También quiere elevar a 1.000 millones de euros la inversión global de la FIFA destinada al desarrollo del fútbol femenino. El próximo Mundial (hay nueve sedes candidatas) medirá también el alcance de ese compromiso. Por si acaso, Megan Rapinoe, delantera de Estados Unidos, dejó claro el sábado, víspera de la final, que las mujeres no sienten “el mismo respeto que los hombres por parte de la FIFA”. Se mostró indignada por que hayan coincidido el mismo día la final femenina y la Copa América.

El Mundial, este Mundial, arrancó sin la estrella Ada Hegerberg. La noruega, actual Balón de Oro, decidió renunciar a esta cita por discriminación. En 2017 anunció que no acudiría a Francia si no se igualaban las condiciones con las que compite la selección masculina: dinero, infraestructuras, planificación, alojamiento... El Mundial prosiguió con la reivindicación de Marta. La brasileña de 33 años, que se ha convertido en la máxima goleadora en la historia de los torneos superando a Klose (17 por 16 tantos), hizo un llamamiento a las nuevas generaciones después de caer eliminada en octavos contra Francia. “No vais a tener una Marta para siempre, una Cristiane, una Formiga... Y el fútbol femenino depende de vosotras para sobrevivir. ¡Valórenlo!”, dijo.

En Francia ganó Estados Unidos, sí. Una vez más. Van cuatro en ocho ediciones, pero el fútbol europeo ha llamado a la puerta para decir que aquí está, que ha empezado su despegue. Poco a poco da señales de acercamiento al imperio del fútbol femenino mundial. Siete de las ocho mejores selecciones han sido europeas (Holanda, Inglaterra, Noruega, Alemania, Suecia, Francia e Italia) y, por primera vez, no ha habido ninguna representante de Asia. La sorpresa de Italia —llegó hasta cuartos—, el crecimiento de Holanda, la consolidación de Inglaterra y la fuerza de la anfitriona han supuesto un revulsivo para unos Mundiales que hasta ahora habían sido dominados por Norteamérica y Asia (y con alguna incursión de Brasil o Australia). Europa se ha puesto, por fin, las pilas, y las apuestas de las ligas domésticas han sido clave. España, que cayó en octavos contra Estados Unidos en su segunda participación, también se aferra a eso. Del despegue o no de la nueva Liga impulsada por la Federación dependerá su crecimiento: o se estanca o termina de explotar.

Afición ha creado el fútbol femenino. A David Beckham se le vio en la grada siguiendo a Inglaterra; Italia fue recibida por el presidente de la República, Sergio Mattarella, nada más aterrizar en Roma; a las españolas había una nube de periodistas y seguidores esperándolas en Barajas después de caer contra Estados Unidos... A Francia, para cubrir el Mundial de la selección de Jorge Vilda, se desplazaron 22 medios de comunicación: en Canadá 2015 fueron cuatro, en la Eurocopa de 2017, seis. La apuesta de GOL, la cadena que compró los derechos televisivos del torneo, ha llevado al canal al mejor dato en junio desde que nació hace tres años, con un 1,2% de share (alcanzó el 12,8 en los octavos contra Estados Unidos con 1.320.000 espectadores).

El Inglaterra-Estados Unidos, según datos de la FIFA, batió el récord de audiencia en Reino Unido de un duelo de fútbol femenino con 8.819.000 espectadores. El Suecia-Alemania, con 7.900.000, fue lo más visto en Alemania el 30 de junio: la mayor audiencia en fútbol femenino desde 2013 y la máxima registrada en un Mundial femenino desde 2011. El Francia-Estados Unidos lo vieron el 56% de los espectadores (11.800.000) en la tele francesa. El Holanda-Japón de octavos lo vio un cuarto de los holandeses: 3.535.000, más que la final de la Europa League (3.250.000). La semifinal de la Oranje contra Suecia fue lo más visto en Holanda con un récord de 5.015.000 personas.

En 2023, Infantino quiere ampliar a 32 el número de participantes. Las sedes que han presentado su candidatura para albergar el próximo Mundial son Australia, Brasil, Argentina, Bolivia, Colombia, Japón, Sudáfrica, Corea del Sur (con un eventual proyecto conjunto con Corea del Norte) y Nueva Zelanda. El presidente de la FIFA también manifestó su deseo de crear una Copa del Mundo femenina de clubes a partir de 2020 con el objetivo de dar más visibilidad al fútbol femenino; en marcha también está el proyecto de una Liga de Naciones femenina. El telón de Francia se baja con estas promesas y una aroma de reivindicación y revolución.

Por Eleonora Giovio

Lyon 8 JUL 2019 - 02:54 COT

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La profesora de la Universidad de Harvard, Stefanie Stantcheva. Belinda Soncini/ZUMA Wire

La profesora de Economía de la Universidad de Harvard, Stefanie Stantcheva, reclama que se "escuche" a la gente "y sus circunstancias" antes de aprobar impuestos

"Está bien gravar los combustibles, pero si no hay alternativa al transporte privado, afectará a las personas pero no reducirá la contaminación", explica Stantcheva

 

Stefanie Stantcheva es economista. Búlgara de nacimiento, francesa de nacionalidad y estadounidense de vida, en cuanto a que vive y trabaja como profesora en Harvard. En mayo pasado, esta profesora de 41 años recibió el premio de la mejor economista joven concedido por Le Monde y Le Cercle des Économistes de París. Estos días ha estado en Bruselas hablando de impuestos dentro del Brussels Economic Forum.

¿Hay una preocupación sobre cómo poner impuestos?

Es un asunto muy común. Hay muchas preocupaciones sobre ello, sobre la equidad. Estamos dándole vueltas, tanto en la UE como en EEUU y en el mundo en general.  Por eso creo que hay tanto interés en estos momentos en los que, además, estamos afrontando nuevos desafíos en todo el mundo. Es muy diferente cómo quieres poner impuestos en una economía cerrada o en una economía globalizada. Hay muchos desafíos y los habrá todo el tiempo, por lo que los sistemas impositivos no pueden ser estáticos, tienen que adaptarse y evolucionar.

¿Qué opina del debate europeo sobre la armonización fiscal?

Déjame abordar la pregunta desde el punto de vista de un economista, hay pros y contras en la uniformidad de la política fiscal. Los pros es que evitas que la gente y las empresas se muden por razones de impuestos, eso es una ganancia. Por otro lado, la política fiscal es mejor si se hace de forma local, está mejor afinada y diseñada si atiende a las consideraciones locales.

Ahora, eso no significa que no haya que tener políticas coordinadas. Es posible tener una jurisdicción a escala comunitaria con una política fiscal coordinada que te permita hacer políticas diferentes en lo local, pero como está coordinada evita que esas políticas acaben empobreciendo al vecino con carreras para bajar los impuestos. Por tanto, los economistas recomendarían una política coordinada, en la que puedas dejar un margen para ajustes locales, reducciones por circunstancias económicas...

¿Por qué los impuestos son de izquierdas y no de derechas?

¿Cuál es el nivel apropiado de impuestos? Los economistas te dirán que hay una fórmula fiscal, en la que en un lado están los costes de los impuestos en cuanto a la actividad económica, y cómo afecta a la mano de obra y la innovación. Y, en el otro lado, tenemos los beneficios de los impuestos: la recaudación y la redistribución. Y la gente puede, con mejores datos y estudios, estar de acuerdo con los costes de los impuestos. Es una cuestión empírica, tenemos que estudiarlo.

Pero en el lado de los beneficios de los impuestos, en realidad depende de tus preocupaciones en justicia social y en tus estándares de justicia. Cuánta desigualdad eres capaz de tolerar o no. Y esto es algo que los economistas no pueden decirte. Es algo que realmente depende de tu sentido de la justicia y la equidad. Y ahí es donde la gente difiere mucho, y en diferentes países la polarización es profunda entre gente que piensa que es justo o no tener más o menos desigualdad.

Los impuestos no son la única herramienta para redistribuir. En algunos lugares se piensa que esta redistribución se hace mejor a través de la caridad privada o empresarial, y que el Gobierno no debe intervenir mucho. Pero sí, al final todo reside en la diferencia sobre los conceptos de justicia.

¿Y de cuánta desigualdad se puede soportar?

Sí, de cuanta desigualdad puedes tolerar. Pero déjame también decir algo interesante desde el punto de vista de los negocios y la economía, la gente no sólo difiere en los puntos de vista de la justicia en tanto que no tenemos la respuesta de cómo afectan los impuestos.

Hice un estudio para comprender lo que la gente de derechas y la gente de izquierdas piensan de las consecuencias de los impuestos. Y puedes ver que la gente de derechas piensa que tienen más costes, más incidencias en el empleo, en las pérdidas de puestos de trabajo, que la gente tendrá que cambiar de país... 

Y esto es algo que deberíamos resolver, con mejores datos y mejores estudios, es la pregunta que debemos responder. No sobre opiniones, tiene que ser con hechos y datos, pero aún no estamos ahí porque necesitamos más investigaciones.

En la última campaña en España, hubo un debate en torno a Amancio Ortega, y su caridad, en torno a los impuestos que pagaba como empresa y a las donaciones voluntarias.

Es un asunto muy interesante. Y los países tienen diferentes actitudes hacia ello. Realmente la cuestión es si prefieres un dólar o un euro en manos de un rico filántropo o si queremos que ese dólar o euro esté sujeto a impuestos y en manos del Estado. 

Y tienes que confiar en el Estado.

Lo que la gente puede decir es que el beneficio de dárselo al Gobierno es que el Gobierno representa la voluntad democrática y la canalizará a causas que le importan a la gente, y lo cierto es que en EEUU ha habido estudios sobre a qué se dedica la caridad privada y suele ir a destinos diferentes de a donde invierte el Gobierno. El dinero privado va mucho más a arte, por ejemplo, y menos a la gente con rentas bajas. Claramente no se destina a lo mismo, aunque pueda haber excepciones.

El otro asunto es cuál es más costoso. El Gobierno puede tener grandes costes administrativos, pero puede ser eficiente al tener ya una estructura. Una entidad privada, sin embargo, quizá pueda dominar un área, pero también puede caer en duplicidades. 

Por tanto, estas son las cosas que hay que sopesar y los países tienen diferentes ideas al respecto. En EEUU la caridad privada está muy incentivada por deducciones fiscales muy fuertes. En Europa no lo es tanto, así que entiendo que en Europa se tiende a preferir el dinero en las manos de los gobiernos en lugar de donarlo. Y en EEUU tendemos a querer el dinero en manos de filántropos privados.

Usted suele repetir que los políticos y los gobiernos deberían escuchar a los ciudadanos y a los investigadores.

Los investigadores y los políticos tienen que escuchar a la gente, y por gente me refiero a la ciudadanía y los votantes. Y no me refiero a hacer políticas aprobadas en referendos, no estoy diciendo eso. Lo que quiero decir es que necesitamos comprender las percepciones de la gente, sus ideas sobre justicia y sus propias circunstancias económicas. 

La herramienta que propongo eran los estudios y las investigaciones, que pueden hacerse online y llegar a mucha gente. Gracias a la psicología sabemos cómo diseñarlos de un modo cuidadoso para que sean intuitivos, claros e interactivos, bien enfocados  y calibrados para que podamos conocer las percepciones de la gente.

He hablado de percepciones del sistema económico y las políticas económicas, qué idea tienen de justicia y aspectos sobre sus circunstancias personales que pueden ser difíciles de ver con otros datos. Pongo por ejemplo el impuesto sobre el carbono o los seguros sanitarios.

En el caso del impuesto sobre el carbono puede haber gente a favor hasta que, como en Francia, afecta al bolsillo de gente de la calle y se movilizan los chalecos amarillos por lo que supone llenar el depósito de la furgoneta.

El impuesto sobre el carbono es un ejemplo de porqué necesitamos realmente comprender y preguntar a la gente directamente acerca de sus circunstancias económicas, porque los datos del transporte u otros datos que podamos consultar nos dan respuestas incompletas o que generan confusión.

Por tanto, sin necesidad de centrarnos en los chalecos amarillos, es un asunto fundamental. 

Déjame hablar sobre los impuestos al combustible: la teoría económica nos dice que los impuestos pueden funcionar para reducir el consumo de combustibles... Pero sólo si la gente puede dejar de utilizar combustible. Por ejemplo, pueden dejar de usar el coche e ir en autobús, pero ha de ser posible ese cambio. Si no es posible, si estás atrapado con el medio de transporte, entonces no es un impuesto correctivo, es un fracaso que daña a la gente sin reducir la polución: van a reducir otros gastos, pero no se reducirá la contaminación.

Puedes ver los datos de transporte y que hay una gran red de autobús que puede usar la gente. Pero luego empiezas a preguntar y te das cuenta de que tienen que llevar los niños al cole, que los doctores están muy lejos, que tienen turnos de noche... Hay que comprender estos impedimentos para aplicar bien los impuestos. Hay que tener en cuenta todo paisaje. Por eso defiendo que hay que comprender las circunstancias de la gente y para eso lo mejor es preguntar directamente.

Además, estos impuestos son indirectos, afectan por igual a todos los bolsillos. No son progresivos. 

En general, los impuestos indirectos sobre bienes, tabacos... son regresivos, porque la gente con menos ingresos dedican un porcentaje mayor de su salario a pagarlos. Así, en teoría económica uno de los primeros resultados es que no debería jugarse con productos, precios, etc... Deberías hacer la redistribución con impuestos progresivos y, después, dejar actuar al mercado.

Pero hay excepciones a esta regla, y a veces hay buenas razones para gravar ciertos productos de manera diferente, y uno de ellos es un impuesto correctivo por la contaminación, el medio ambiente, lo cual está bien justificado. Pero, de nuevo, sólo puede funcionar si la gente puede cambiar de medio transporte.

Usted ha trabajado también sobre la percepción de la migración, y ha constatado que suelen exagerarse sus efectos.

Cuando la gente decide qué políticas apoyar, incluidas las políticas redistributivas como los impuestos progresivos, tienen consideraciones complejas. Y una es que la generosidad no viaja bien a través de las fronteras.

La gente es más favorable a redistribuir más entre gente parecida y menos entre gente diferente. Y los inmigrantes aparecen en las cabezas de las personas cuando se piensa en redistribución, el problema es que las percepciones de la gente sobre los inmigrantes suelen ser equivocadas. 

Hicimos un gran estudio en seis países donde preguntábamos a la gente su opinión sobre el número de migrantes, sis circunstancias económicas, sus orígenes, etcétera, y lo que vimos es que en todos los países sistemáticamente la gente piensa que hay más inmigrantes de los que hay, que hay más migrantes musulmanes de los que hay y que son más débiles económicamente y con menos estudios y ocupaciones laborales de lo que son y, por tanto, más dependientes de las políticas públicas de lo que realmente son. Por tanto, sí, todo el mundo está equivocado. Algunos grupos están más equivocados que otros, pero todos están bastante equivocados, y quien tiene una percepción menos acertada es la que tiene menos nivel educativo, la gente que trabaja en sectores con más proporción de migrantes en trabajos menos formados, y los que se sitúan más a la derecha del espectro ideológico también tiene una visión más equivocada sobre los inmigrantes.

Es muy importante porque si haces que la gente piense sólo en inmigrantes, que puede estar ocurriendo en una parte del debate político, tenderán a ser menos defensores de la redistribución, querrán menos impuestos progresivos, etcétera. Por tanto, es una preocupación grande de la gente.

Porque piensan que los impuestos van directamente a ellos.  

No estoy segura de que exista ese canal directo. Pero claramente hay un vínculo entre cuántos migrantes crees que hay, lo económicamente fuertes que crees que son y lo partidario que seas en la redistribución, según los resultados de nuestro estudio, que sostienen que simplemente hacer pensar a la gente en inmigrantes reduce su apoyo a la redistribución.

Pero, al margen de los impuestos, ¿qué otra manera efectiva hay para corregir desigualdades? 

Hay herramientas diferentes para los Gobiernos. Están los impuestos directos, que son ingresos automáticos. También están las regulaciones para intervenir en el mercado de una manera u otra; la otra es la iniciativa privada a través de la caridad o donaciones, lo que para algunos es buena idea; y están los impuestos indirectos progresivos que son una gran herramienta, con efectos poderosos en toda la economía.

Y es importante acertar. Si te pasas, puedes afectar en la actividad económica y en la innovación; y si te quedas corto puedes tener una sociedad en la que los grandes ingresos crezcan y los bajos se queden bajos. Hay que buscar el equilibrio. 

Hablábamos antes de los impuestos sobre los combustibles. Pero, ¿cómo puede ayudar la política fiscal a abordar la emergencia climática?

Es extremadamente urgente actuar contra el cambio climático. Los economistas tienen muchas sugerencias, como una acción sobre el carbono mundial, o sobre el comercio local, regulación sobre empresas, impuestos a los hogares... Estoy a favor de buscar todo tipo de intervenciones posibles. Pero lo único que quiero es alertar contra la aplicación de impuestos sin escuchar a la gente y cómo puede responder, y que tienen que ver con las redes de transporte público, por ejemplo, para que los impuestos no queden sin efecto.

En España también ha habido debate en las últimas campañas electorales con los impuestos de sucesiones. ¿Qué opina de su eliminación?

Sí, el debate está en todas partes. Depende del enfoque interno. Lo importante es saber qué es para ti justo y tolerable y según se plantee la pregunta: ¿Se debe gravar el trabajo de toda una vida que se lega a los hijos? ¿Es justo ser desigual desde el día de nacimiento, desde la cuna? Es un asunto complicado porque vincula dos generaciones, dos miradas desde una hacia la otra.

 

Por Andrés Gil- Corresponsal en Bruselas

29/06/2019 - 22:02h

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Informe de la Cepal  Emigración, empujada por debacle de modelos económicos

 

La alta densidad poblacional en los países de Centroamérica, con 136 habitantes por kilómetro cuadrado –el doble que en México o el quíntuple que en Perú–, ha generado una explosión en los centros urbanos de la región, exenta de industrialización y paralela al debilitamiento de la economía rural, con un mercado laboral que sólo ofrece empleos formales a cuatro de cada 10 trabajadores y salarios que representan la décima parte de lo que se paga en Estados Unidos, detalla la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre las causas del fenómeno migratorio.

 

Los migrantes de El Salvador ya representan 22 por ciento del total de la población de su país, los de México 8.9, los de Honduras 6.9 y los de Guatemala 5.8, dice el organismo en su Diagnóstico, áreas de oportunidad y recomendaciones del Plan Nacional de Desarrollo Integral que elaboró para las cuatro naciones.

 

"Encuestas recientes sobre migrantes y remesas mostraron que cerca de 40 por ciento de esas personas de Guatemala, Honduras y El Salvador tenían empleo cuando decidieron salir de sus países. Su interés no era la búsqueda de empleo, sino de una ocupación con mayor productividad laboral que les permitiera generar ingresos más altos, aunado a la demanda de mano de obra en Estados Unidos", indica la comisión al sostener que el desempleo no debe considerarse el factor fundamental de las migraciones.

 

Además, señala que una tercera parte de los sin papeles originarios de El Salvador, Guatemala y Honduras deportados por Estados Unidos vía área son mayoritariamente varones, casi una cuarta parte habla inglés, tiene en promedio 28 años y 70 por ciento cuenta con estudios de bachillerato, técnicos o incluso de universidad.

 

Poca inversión física se realiza en la zona, ya que apenas representa 15 por ciento del producto interno bruto (PIB) de los tres países y la población carece de seguridad social.

 

La Cepal agrega que dichos problemas están vinculados con las secuelas de guerras, violencia e inseguridad con altas tasas de homicidios y feminicidios, así como con las sequías cada vez más prolongadas y lluvias intensas por los efectos del cambio climático que ocasionan la pérdida o abandono de tierras por campesinos que padecen hambre y desnutrición, entre ellos los caficultores, para quienes ya no es rentable cultivar el aromático por el desplome de su precio internacional.

 

"La composición de las recientes caravanas de migrantes indica que una parte eran campesinos e indígenas cultivadores de café en sus regiones de origen (aproximadamente 30 por ciento de la caravana que cruzó México en noviembre de 2018), afectados por la crisis del producto en 2018, en la que se combinaron los impactos del cambio climático y la caída del precio internacional del grano por la concentración de la industria", indica.

 

Desde 2014, precisa, han aumentado la pobreza y el daño ecológico en la región a consecuencia del fenómeno El Niño, ya que las familias campesinas han perdidos sus cosechas, se han endeudado e incluso han tenido que vender sus tierras y viviendas, por lo que su única opción para sobrevivir ha sido emigrar a los centros urbanos de sus países o al extranjero.

 

El modelo económico actual, sentencia la Cepal, está agotado y así lo demuestran "el crecimiento económico insuficiente, la falta de empleos y su precarización; la prevalencia de bajos ingresos; las malas condiciones de trabajo; las crecientes brechas salariales con Estados Unidos y la divergencia en Centroamérica; la alta propensión al consumo, y el sesgo importador del modelo".

 

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La economía cubana se resiente de la crisis venezolana

El impacto llega a la calle en forma de escasez de productos y las sanciones de Estados Unidos impiden una mejora a corto plazo. Un informe señala que la caída de Maduro tendría un fuerte impacto en la isla pero menos que con la URSS en los noventa



La estampa ya viene siendo habitual en las calles de La Habana desde hace meses. Han vuelto las colas a los supermercados. Cuesta encontrar algunos productos básicos como el pollo, el aceite y el picadillo y ya se ha limitado el número de bienes que se pueden adquirir para evitar el acaparamiento. La situación, sin embargo, está bajo control gracias a la paciencia infinita de los cubanos. Pero todo el mundo sabe que directa o indirectamente estos problemas están causados por la grave crisis que vive Venezuela y han vuelto los fantasmas del 'Periodo Especial', la profunda penuria económica que vivió la isla después del colapso de la URSS, de la cual era muy dependiente.


En un informe publicado por el Real Instituto el Cano, los economistas especializados en Cuba Carmelo Mesa-Lago y Pavel Vidal Alejandro sostienen que, aún con la salida de Nicolás Maduro, la isla sufriría, pero no tanto como en los noventa. Una de las pruebas según ellos es que la crisis venezolana se empieza a notar ahora pero en realidad ya lleva años desarrollándose. Entre 2013 y 2018, el otrora primer socio comercial de Cuba ha perdido el 50% de su PIB.


El intercambio económico entre ambos países se ha reducido un 74% hasta llegar a los 2.214 millones de dólares anuales y el peso de Venezuela en la economía cubana ha pasado de representar el 43,7% de su PIB en 2012 al 19% en 2017, último año con cifras. A efectos prácticos eso se traduce a la reducción de los envíos petroleros del "mejor amigo de Cuba" a la isla y la disminución de profesionales médicos que viajan al país bolivariano y que representaban la principal entrada de divisas para el país presidido por Miguel Díaz-Canel.


La isla ha conseguido limitar el impacto de estos datos gracias a que paralelamente surgieron unos "amortiguadores" que ayudaron a capear el temporal: el incremento de visitantes y la puesta en marcha de una política fiscal expansiva por parte de las autoridades cubanas aminoró la crisis a costa de incrementar el déficit público. El efecto de estos amortiguadores se está diluyendo ya que el ritmo de crecimiento de turistas está casi estacando y el Estado, con un desbalance cerca del 11% del PIB, no puede seguir aplicando políticas anticíclicas. De igual forma los economistas se sorprenden por el buen comportamiento de la economía cubana porque a pesar de la crisis en el socio estratégico sigue experimentando crecimientos positivos.


El impacto de las sanciones de Trump


El informe también pone atención al impacto en ambos países de las medidas punitivas impulsadas por Donald Trump que tienen un impacto directo en sus economías y en las posibles vías de salida para sus problemas.


De manera resumida, en Venezuela las sanciones norteamericanas están sirviendo para que el país no pueda rentabilizar el incremento del precio del petróleo a nivel mundial. Además, recientemente Estados Unidos está intentando evitar que el petróleo llegue a Cuba sancionando a los barcos encargados de transportarlo. Por el momento se está consiguiendo saltar esta restricción.


En Cuba, la política de Trump va encaminada a cerrar todas las rendijas que se abrieron con la administración Obama y a sembrar dudas sobre la seguridad de las inversiones en Cuba para distorsionar el clima inversor. La isla, necesitada de capital extranjero, intenta dar seguridad a las empresas europeas amenazadas por el título III de la ley Helms-Burton que permite denunciarlas en EEUU por hacer uso de bienes que fueron confiscados al inicio de la Revolución.


Desde Washington se asegura que se quiere evitar que las entidades vinculadas a las Fuerzas Armadas se beneficien del mayor flujo de turistas americanos, pero algunas medidas parecen encaminadas a golpear al incipiente sector privado de la isla. La limitación del monto de divisias que los cubanos pueden recibir de sus familiares de Miami tiene un fuerte impacto en la inversión de los pequeños negocios privados. La voluntad de querer evitar que los ciudadanos americanos puedan viajar para hacer turismo también es un factor importante ya que estos negocios se benefician indirectamente de estos visitantes. El informe subraya como trascendental el resultado de las elecciones presidenciales americanas del año que viene.


Lo novedoso de esta situación es que parece que Cuba no puede apoyarse en otro país como ha hecho tradicionalmente en el pasado con España, Estados Unidos, la URSS y Venezuela. Moscú y Pekín siguen siendo aliados importantes de La Habana pero difícilmente pueden implicarse todo lo que la Revolución querría.


La isla tiene bien poco que ofrecer a estos países. Las producciones de azúcar y níquel que podían interesar en el pasado se han reducido y los obstáculos culturales y de idioma dificultan que La Habana pueda poner en marcha programas médicos en estos países. Sería una relación básicamente subsidiaria.


El caso de China es algo diferente porque en los últimos años se han reforzado las relaciones comerciales con diversas inversiones en el país caribeño. Aún así, se trata de cifras minúsculas comparado con lo que Pekín está haciendo en la región en países que le interesan por sus materias primas.


Los economistas pronostican tiempos difíciles para la isla pero sin llegar al dramatismo de los 90 gracias a una mayor diversificación de la economía. El hecho de no contar con ningún nuevo "hermano mayor" puede convertirse en una oportunidad para que el país tire adelante por sus propios medios implementando reformas que no terminan de despegar.

06/06/2019 07:54 Actualizado: 06/06/2019 07:54
Por santi piñol
@SantiPinyol

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Kevin Kühnert, el líder de los jóvenes socialdemócratas alemanes que quiere colectivizar BMW

Apenas tiene 29 años, pero son suficientes para guiar el actual debate sobre cuestiones económicas y sociales de la izquierda en Alemania. Se llama Kevin Kühnert. Con sus sonadas propuestas suele agitar al establishment político alemán. Sus ideas, como esa que formulaba hace unos días y según la cual sería bueno "colectivizar" una empresa tan importante como el fabricante de coches BMW, levantan ampollas, especialmente en la que es su familia política: el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).


Kühnert, el líder de Jusos –la organización juvenil del SPD–, se empeña últimamente en traer ingentes dosis para el gran partido de centro-izquierda germano de eso que el semanario liberal británico The Economist llama "Socialismo milenial". Sus ideas no pasan desapercibidas porque tienen mucho que ver con un número creciente de cuestiones que preocupan a grades sectores de las sociedades occidentales.


De hecho, Kühnert se ha hecho un nombre en política hablando de problemas como la precariedad y la temporalidad en el mercado de trabajo, de la necesidad de un mayor salario mínimo, de imponer mayores impuestos a las rentas más altas o, más recientemente, la colectivización. Estos son temas con los que han crecido en influencia y relevancia figuras de la política internacional como la congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez o el actual líder del laborismo británico Jeremy Corbyn.


Control democrático de los beneficios


En su última y más comentada intervención, Kühnert se mostraba a favor de una colectivización de empresas como BMW en una larga entrevista sobre el tema del socialismo concedida a la revista Die Zeit. BMW es una de las compañías que ejercen de referente internacional para la reputada industria alemana del automóvil. "El reparto de los beneficios debe estar controlados democráticamente", decía Kühnert a Die Zeit en su primer número de mayo a cuenta de la colectivización de BMW.


Por hacer esas declaraciones a Kühnert le llovieron críticas por todas partes. Las hubo de otros socialdemócratas y, por supuesto, de responsables de partidos rivales: liberales, conservadores y ultraderechistas. Asociaciones empresariales también salieron a la palestra para criticar al líder de Jusos. "¡Populistas del mundo uníos!", llegó exclamar el diario conservador Die Welt, ilustrando en fila a Kühnert junto a Jean-Luc Mélechon, líder de Francia Insumisa, y a Pablo Iglesias, líder de Podemos, entre otros.


En declaraciones a la revista Der Spiegel, Kühnert se reafirmaba días después de la lluvia de críticas tras la publicación de la entrevista y decía haber hablado "en serio" cuando mencionaba la idea de colectivizar empresas como BMW. La colectivización no figura precisamente entre las prioridades del SPD, partido que actualmente forma una coalición gubernamental con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel y la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido conservador bávaro hermanado a la formación de la canciller.


De ahí que hubiera personalidades del SPD, como el diputado del Bundestag Johannes Kahrs, que descalificaron abiertamente al líder de Jusos. "Menudo disparate. ¿Qué ha fumado éste?", afirmaba Kahrs en su cuenta de Twitter. En tono menos ofensivo pero no por ello más conciliador reaccionaba la presidenta del SPD, Andrea Nahles. "Veo equivocadas las respuestas que da Kevin Kühnert", dijo la lideresa de los socialdemócratas germanos. Sin embargo, en el SPD, también los hay comprensivos con Kühnert y con los motivos por los que el líder de Jusos habla ahora de colectivizar BMW o, como el año pasado, de subir el salario mínimo a 12 euros la hora cuando ese mismo salario mínimo estaba entonces en algo más de 8,5 euros la hora. La coalición de Gobierno lo incrementó a 8,84 euros el año pasado.


"La excitación causada por las afirmaciones de Kühnert muestran que ha planteando el buen interrogante: (…) la cuestión del reparto de la riqueza", ha dicho en este sentido el responsable de Interior de la ciudad-estado de Berlín, el también socialdemócrata Andreas Geisel. Con él coincide Alexander Kritikos, del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW, por sus siglas alemanas).


Un SPD sumido en una crisis existencial


"Uno tiene que diferenciar entre esas afirmaciones de Kühnert y el por qué él dice lo que dice. A saber, uno tiene que pensar en qué se puede hacer para que la economía de mercado funcione mejor", dice Kritikos a eldiario.es. "Hay problemas como el reparto de la riqueza. En los últimos años, aunque hubo crecimiento económico, la mitad menos favorecida no sacó provecho de ese crecimiento", abunda este investigador. Éste es el contexto en el que se expresa Kühnert, quien no habla de socialismo queriendo repetir experiencias como la de la extinta República Democrática de Alemania (RDA).


El SPD, como muchos otros partidos socialdemócratas en Europa, se ha convertido de un tiempo a esta parte en un partido en crisis. Los socialdemócratas, liderados por Martin Schulz, firmaron el peor resultado de su historia en las pasadas elecciones generales de 2017 (20,5%). Ese desastre electoral forzó en último término que a Schulz le sustituyera Nahles. Pero con ella al frente, el SPD, que en su día fue el gran referente de la izquierda alemana, sigue sumido en una profunda crisis existencial.


Los sondeos no hacen pensar que la depresión políltica socialdemócrata esté resuelta. Al partido los sondeos de intención de voto le atribuyen ahora un 15%. El SPD está por detrás en las encuestas de la CDU/CSU (29%) y de Los Verdes (20%), y no muy por encima de la ultraderecha. La formación ultra Alternativa por Alemania (AfD) se identifica hoy por hoy con un 13% del electorado.


Las ideas de Kühnert, aunque no sirvan para reanimar del todo a su partido, permiten al SPD no perder de vista lo que parece ser para la izquierda el signo de los tiempos. "No sé si la idea de la colectivización va ayudar al SPD a forjarse un perfil, pero el SPD tiene todavía que plantearse qué políticas quiere representar, y posicionarse", concluye Kritikos.

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