Guaidó, la narcopolítica y la invisibilización mediática

Dirigentes políticos, directivos de medios, periodistas y blogueros opositores quedaron en medio de una inquietante crisis tras la difusión viral de las fotografías y el video del autoproclamado presidente Juan Guaidó con dos peligrosos cabecillas de la banda narcoparamilitar colombiana Los Rastrojos, que lo escoltó en su ingreso a Colombia el 22 de febrero último, presuntamente por pedido del gobierno colombiano.

Guaidó, quien había asegurado no saber quiénes eran las personas con las que se estaba fotografiando fue duramente cuestionado por partidarios de la oposición, quienes dudan de su ingenuidad, sobre todo porque en las imágenes uno de los identificados como líder de la agrupación paramilitar porta un armamento en la cintura.

El Presidente Nicolás Maduro hizo referencia a los hechos del pasado 23 de febrero, momento en que Guaidó apareció en Colombia, pese a medidas cautelares que le prohibían salir de Venezuela. “Tremendo bandido, tremendo criminal, que ha elegido el gobierno de los Estados Unidos para ser el líder de la oposición. Tengo la seguridad de que fue Álvaro Uribe Vélez quien dio la orden a Los Rastrojos de prestar ayuda y seguridad a Juan Guaidó. Más temprano que tarde te llegará la justicia”, acotó.

Mientras El País titulaba “Las polémicas fotos de Juan Guaidó con Los Rastrojos en la frontera, el líder opositor colombiano Gustavo Petro señalaba que “si un senador de la República de Colombia estuviera en una foto así, sería de inmediato procesado por la Corte Suprema de Justicia”.

En las redes venezolanas, el filósofo e influencer opositor Erick Del Bufalo tuiteó que una persona con la apariencia del líder de Los Rastrojos debe tener “mínimo 10 muertos encima”. Francesco Manetto, corresponsal de El País español en Colombia, destacó que las fotos “son suficientes para levantar sospechas muy graves” sobre los posibles vínculos de Guaidó con grupos paramilitares y narcotraficantes.

Por supuesto que la mayor responsabilidad de la explicación de las fotos la tenía en este caso el empresario mediático Alberto Federico Ravell, en su condición de “ministro de información” de Guaidó.

Tras no hallar justificativo, optó por la excusa de la popularidad extrema de Guaidó, un tipo tan carismático que miles de personas pugnan por hacerse fotos con él, inclusive algunos delincuentes de alta estofa, como John Jairo Durán Contreras, apodado “el Costeño” o “el Menor” y Albeiro Lobo Quintero, alias “el Brother”.

Si las fotos podrían servir para explicar una ingenuidad de Guaidó, al sacarse selfies con “cualquiera”, el video no dejó ninguna duda, pues muestra el cruce del puente hacia Colombia rodeado exclusivamente por narcos y algunos de sus ayudantes.

Quizá ese verso de la ingenuidad es lo que la audiencia opositora quiere oír, dispuesta a aceptar hasta las historias más inverosímiles, siempre que refuercen las creencias y los puntos de vista cristalizados es la base sociológica del fenómeno de la posverdad que funciona, en este caso, a favor del liderazgo de la derecha, señala Clodovaldo Hernández.

Desde Bogotá, el seudoembajador de Guaidó Humberto Calderón Berti fue el encargado de dar la explicación, con aire de diplomático conservador del siglo pasado, acerca de que los grandes líderes no pueden solicitar antecedentes penales a todo aquel que quiera tomarse una foto.

Varias horas después y por orden de los laboratorios de comunicación, el propio Guaidó quiso pasar a la ofensiva al señalar que la gente no debe preguntarse por qué él se fotografió con los paracos, sino mediante qué conexiones criminales llegaron esas fotos a manos del gobierno venezolano.

Al esfuerzo por sacar a Guaidó del pantano se sumaron el presidente colombiano, Iván Duque, el expresidente Andrés Pastrana y otras figuras de la misma laya. El primero -a quien el escándalo lo involucra directamente ante evidencias de que su gobierno realizó una operación con esta banda criminal para trasladar a Guidó al lado colombiano -lo llamó héroe y titán, al margen de con quién aparezca en fotos; el segundo lanzó la tesis de que Guaidó le tendieron una trampa.

El escándalo de las fotos con los narcoparacos trató de ser invisibilizado por las agencias trasnacionales de noticias y las televisoras cartelizadas. Los medios colombianos usaron epítetos asépticos, descafeinados como “incómodas” o “polémicas” y un arsenal de presuntos y supuestos, que quieren invisibilizar la realidad, lo evidente.

Deliberadamente se oculta que las fotos fueron difundidas por Wilfredo Cañizares, un activista colombiano de derechos humanos que ya ha denunciado las actividades criminales de los Rastrojos, entre las que se incluyen las terribles casas de pique, lugares donde la organización delictiva descuartiza personas.

Los laboratorios de faknews trabajan en un escándalo alternativo que minimice o haga olvidar el de Guaidó.

Estas revelaciones confirman que los líderes de la derecha venezolana no sólo no experimentan ningún escrúpulo en conspirar contra su país con gobiernos extranjeros e instancias multilaterales completamente desprestigiadas, sino que además basan sus operaciones en una red de complicidad con grupos criminales y sus cabecillas confesos sin que les represente algún inconveniente ético la gravedad de los ilícitos perpetrados por éstos, señaló un editorial del diario mexicano La Jornada.

Queda pues demostrada por enésima ocasión la bancarrota moral de la derecha venezolana o, cuando menos, del sector de la derecha elegido por Estados Unidos y sus gobiernos satélite en la región para desestabilizar al gobierno legítimo de Venezuela e impulsar una salida violenta a la crisis que atraviesa la nación caribeña, añadió

Por Victoria Korn, periodista venezolana asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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Grupo en la OEA busca abrir la puerta a una intervención armada en Venezuela

Washington. Doce países integrantes del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) votaron ayer en favor de convocar a los cancilleres de las 19 naciones signatarias para que aborden la crisis venezolana, durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), lo que abre la puerta a una intervención armada regional a la república bolvariana, que a su vez consideró "nula" la decisión.

Varios países que no integran el TIAR se pronunciaron contra invocar el tratado. Bolivia se retiró de la sala y México y Uruguay dijeron que el TIAR es inapropiado para responder a una crisis interna como la venezolana. Más aún, México rechazó de forma "rotunda" la propuesta al argumentar: "consideramos que no hay un conflicto armado en el continente que amerite" su aplicación.

La vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, tuiteó que su país "repudia" la infame pretensión de un reducido grupo de gobiernos belicistas de la OEA que pretenden alterar la paz de nuestra patria y la región valiéndose de un írrito instrumento para satisfacer la ansias de Estados Unidos por derrocar al gobierno de Venezuela”.

Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Guatemala, Haití, Honduras, El Salvador, Estados Unidos, Paraguay, República Dominicana y Venezuela, representada por el emisario de la oposición Gustavo Tarre, aprobaron que los cancilleres del TIAR se reúnan durante la segunda mitad de septiembre, sin precisar sitio ni fecha. Trinidad y Tobago, Uruguay, Costa Rica, Panamá y Perú se abstuvieron y Bahamas se ausentó.

El secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, señaló que la convocatoria demuestra que el gobierno de Nicolás Maduro tiene una "influencia desestabilizadora" en la región.

El TIAR prevé opciones que van desde la negociación, la ruptura de relaciones diplomáticas, la suspensión de comunicaciones económicas, de transporte terrestre, marítimo, aéreo, comunicaciones radioeléctricas, radiofónicas y la opción de acciones coercitivas de carácter militar.

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La Zona Temporalmente Autónoma: el plan del Pentágono para la frontera colombo-venezolana

Jeff Cooper, el creador del código de colores con el que solemos asociar los niveles de amenaza, escribió en su libro Principios de Defensa Personal, que mucho más importantes que las armas o la experticia en el manejo de estas, es constituir una verdadera mentalidad de combate.

 

No hay otra manera, según el ex marine, de sobrevivir a un evento que amenace la seguridad de un individuo.

En la actual coyuntura venezolana, el presidente Nicolás Maduro, ha ordenado al Ministerio de Defensa en pleno, en especial al Comando Estratégico operacional, "elevar el nivel a alerta naranja" ante un posible ataque al territorio nacional por parte de Colombia.

Aunque los protocolos específicos que se corresponden con este nivel, sean confidenciales o restringidos, es posible avizorar las acciones que se corresponde a un estado que podríamos considerar de pre-bélico y abrir el debate en torno a cómo plantear una defensa integral de la nación.

Construir la Zona Temporalmente Autónoma

Estados Unidos aprendió de su fatal experiencia en Vietnam, importantes lecciones sobre el tipo de guerras que se lucharían en el futuro. En vez de satanizar la guerra de guerrillas y el combate asimétrico, los metabolizó y convirtió en parte de su doctrina militar, en especial, con la conocida guerra de cuarta generación.

Luego, bajo el gran paraguas de la estrategia no convencional, el teniente coronel de la marina Frank Hoffman, impulsó la noción de Guerra Híbrida para definir "...guerras polimorfas por su naturaleza…" que pueden ser conducidas y peleadas tanto por los Estados, así como por  "una variedad de actores no estatales, que incorporan una variedad de modos de guerra diferentes, incluyendo capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas incluyendo coerción, violencia indiscriminada y desorden criminal. Estas actividades multimodales pueden ser conducidas por unidades separadas o aún por la misma, pero son dirigidas operacional y tácticamente dentro del mismo campo de batalla para lograr los efectos sinérgicos en todos los niveles de la guerra...", resalta el militar estadounidense.

El general Váleri Guerásimov, jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia, diría a propósito de la perspectiva Híbrida que en el siglo XXI había una tendencia a "borrar las líneas entre el estado de guerra y paz".

Las guerras ya no se declararían y tampoco se desarrollarían siguiendo "un patrón habitual". Los métodos y tácticas no militares, además, serían más importantes que las propias armas, añade el militar ruso.

Hoffman ha declarado que el objetivo de una guerra híbrida sería avanzar en "la desintegración social interna y el quiebre de la voluntad política del adversario". No es una estrategia militar propiamente dicha, sino sociopolítica.

Es por esta razón que tomamos del ensayista Hakim Bey su noción de Zona Temporalmente Autónoma, para aplicarla a los terrenos sinuosos de la guerra híbrida.

Aunque Bey utiliza el concepto como un alegato en favor de nuevas formas de relación humana y de organización social donde no medie el control social de las instituciones erigidas bajo el modelo del Estado-Nación, las características que ofrece son clarificadoras en cuanto a lo que puede ocurrir en los próximos meses en los más de 2 mil kilómetros de frontera común entre Venezuela y Colombia, y quién sabe si en la zona Sur (Guayana) y este (Esequibo) del país bolivariano.

La zona temporalmente autónoma define un espacio dónde los límites del poder establecido por el Estado se han difuminado. El relacionamiento de los individuos se establece a partir de pautas locales y de una expectativa de la vida que no obedece a reglas supra individuales, sino que son tejidas a partir de la coyuntura que se impone.

Al fracturarse el Estado o la lógica societal, por no responder a la expectativas de los individuos, estos se rehacen en una cantidad de formas y mecanismos de interacción donde las nuevas éticas surgen y los territorios ya no siguen las coordenadas impuestas por las constituciones nacionales sino por las expectativas de entender la nueva circunstancia.

Para cualquiera que conozca la realidad de la frontera colombo venezolana, se le hará familiar estas consideraciones. La línea fronteriza no la determinan los Estados, sino las necesidades de las comunidades locales. Los colombianos pasan la frontera para atenderse en los hospitales gratuitos en Venezuela y muchos venezolanos cruzan para trabajar de manera temporal o hacer compras en Colombia. Se crean nuevas identidades fronterizas, donde es muy difícil para muchos decirse venezolanos o colombianos, simplemente se sienten como “gente de frontera”  con posibilidades de ser y pensar de acuerdo a lógicas mucho menos dicotómicas que las que les impone la nacionalidad en uno u otro lado del territorio.

Si a esto le sumamos la situación propia del lugar, con redes de bandas de narcotráfico, paramilitares y fuerzas guerrilleras, cada una con su agenda y objetivos particulares. La zona se complejiza y poco a poco se desapega del cuerpo nacional. Así como la economía de guerra, ha impulsado en Venezuela una variedad de islas sociales que no se adhieren a ninguna ley, ni ética o moral estatal, como los comerciantes que remarcan los precios esté o no el dólar a la baja, o funcionarios que tejen redes de corrupción para transar los bienes de la nación venezolana, de la misma forma, una escalada en el nivel de violencia en la frontera puede degenerar en la aparición de un nuevo tipo de territorio de facto, que no será ni venezolano, ni colombiano, sino que tendrá a la guerra como única identidad.

En la ZTA, convive el narco-paramilitarismo y las bandas criminales en lucha contra la guerrilla colombiana. La guerra planteada por Washington busca convertir dicho territorio en una zona desregulada, y por lo tanto correr la línea fronteriza desapareciendo la capacidad del Estado venezolano de actuar en dicho espacio. Pero el desplazamiento por la vía de hecho, de la línea territorial, intenta llevar el ataque contra la guerrilla hacia Venezuela. Una persecución en caliente, con esa excusa, es el falso positivo más probable. Obligaría a la FANB a pasar de alerta naranja, a roja.  No es descartable que el inicio de hostilidades en la frontera con Colombia, derive en otras ZTA al sur (Guayana) y al este (Esequibo)  de Venezuela.

Estudiar lo ocurrido en la frontera entre Ucrania y Rusia, especialmente en las zonas orientales de Donetsk y Lugansk, sería una tarea de primer orden para entender qué clase de conflicto se puede avecinar.

Tal y como lo consideramos en un artículo anterior, existen formas de balcanizar los países a través de la promoción de enclaves, que al multiplicarse terminan haciendo metástasis y sesionando amplios espacios de un territorio.  En la hipótesis planteada por el Pentágono, puede que no esté previsto una intervención militar directa sobre Venezuela, sino un deterioro de las condiciones de vida en la frontera. Washington demostraría así que no solo está en capacidad de vulnerar la economía de Venezuela, sino su integridad territorial.

Redes Híbridas de Información: Inteligencia social para la defensa territorial

El despliegue de los sistemas anti misilísticos decretado por el Presidente Maduro, sirve como un potente factor disuasivo para el caso de una agresión convencional. Los equipamientos rusos, ideales para la guerra electrónica en rangos mayores a los 300 kilómetros, como el Krasuja-4 y el Moskva-1, tienen capacidad de neutralizar "radares terrestres y de aviones, sistemas de autoguiado de bombas y misiles, crear interferencias en el funcionamiento de aviones no tripulados e incluso satélites espías", y además detectan y recopilan información "sobre las fuentes de ondas electromagnéticas de aviones, radares, dispositivos de autoguiado de misiles, transmisores de radio". Los S-300 completan la cúpula de hierro para la defensa de la nación suramericana.

No obstante, aunque tenga la capacidad, puede que no sea con aviones y misiles que Estados Unidos estime desestabilizar Venezuela. El gobierno bolivariano hace bien en desplegar el sistema, pero no se puede usar un misil para defenderse de un ataque de abejas. El conflicto planteado es de otro tenor, por lo que la estrategia debe contemplar otros aspectos.

Freddy Bernal, enviado especial de Miraflores para la zona fronteriza, relató hace algunos meses que la única manera en que logró atrapar al líder de los Rastrojos, fue a través de la utilización de una "estrategia de carácter social". Es decir, entendió, luego del análisis situacional in situ, que a la guerra híbrida se le derrota con acciones híbridas.

Venezuela avanza bien en este aspecto, posee una doctrina de defensa integral que es la "guerra popular prolongada o guerra de todo el pueblo" soportada en lo que se llama el Método Táctico de Resistencia Revolucionaria. Sin embargo, bastaría algo más. Posiblemente acompañar estas acciones con el despliegue de un conjunto de medidas para desarrollar la prospectiva o intuición estratégica de la amenaza, con el uso de la inteligencia social o como algunos expertos llaman "las redes híbridas de información multidimensional de amplio espectro".

Todos los organismos de seguridad, así como los ciudadanos del país, deben estar en alerta para detectar cualquier individuo y cualquier actividad que vaya en contra de la seguridad del Estado. Si la defensa territorial se hace con el despliegue de armamento, también debe existir la capacidad de análisis y prospectiva defensiva, una inteligencia colectiva o también podríamos llamarla, apoyándonos en la doctrina militar venezolana: “la inteligencia de todo el pueblo”. 

Mary Kaldor, experta en nuevas guerras, consideraba que en la actualidad "la victoria ya no se basa en la capacidad de infligir una destrucción masiva, sino en la capacidad de luchar contra el apoyo popular de los oponentes". Por ello, si Venezuela está inmersa en una guerra donde se ataca todo el espectro social para debilitar la moral y el apoyo al gobierno nacional, cualquier crítica o señalamiento dirigido a atacar los múltiples flancos, deben verse como insumos para la lucha contra el enemigo real que es, en última instancia, el imperialismo estadounidense.

Redes hibridas de amplio espectro que detecten posibles sabotajes, acciones terroristas, movimientos inusuales de actores considerados potencialmente perjudiciales. Podría ser una descripción perfecta para los llamados de la población a lograr una acción más eficiente por parte del Estado en la prestación de servicios públicos, en la mejora de salarios y en la protección de la calidad de vida de la población venezolana. Para un analista estratégico, para un Ministro de Defensa, para un jefe de Estado no debería haber diferencia. Son, en resumidas cuentas, lo mismo.

Nadie parece objetar el poder de unos S-300, tampoco se les acusa de traición o de querer desertar del proyecto político. Lo mismo debería pasar con quienes desde la legítima preocupación y deseo de preservar la integridad de la nación, apuntan hacia las vulnerabilidades que existen en el tejido social. Asumir y actuar sobre la necesaria crítica popular, es desarrollar una verdadera mentalidad de combate, posiblemente la única que garantiza la legitimidad gubernamental y la cohesión social. Si la estrategia que se aplica contra Venezuela no es tradicional, ¿por qué debe serlo su esquema de análisis y defensa?

19:00 07.09.2019(actualizada a las 19:02 07.09.2019) URL corto

Por José Negrón Valera

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Putin apoya a Venezuela frente a la avanzada de EE.UU.

Rusia ratificó hoy su respaldo a la resistencia venezolana frente a los "intentos de Estados Unidos de cambiar a las autoridades electas”, tras una reunión compartida por los cancilleres de ambos países en Moscú.

"Destacamos la presión sin precedentes de Washington, encaminada a desestabilizar la situación en su país", afirmó el ministro ruso de Defensa, Serguei Shoig, en una reunión que celebró con su par venezolano, Vladimir Padrino López. "Apoyamos los esfuerzos de las autoridades (venezolanas) de llevar a cabo una política exterior independiente y oponerse a los intentos de Estados Unidos de cambiar el gobierno legítimo electo", agregó

El ministro ruso celebró el hecho de que el gobierno venezolano frustrara un plan, que le atribuyó a Estados Unidos, para organizar protestas masivas y dividir a la sociedad bajo la excusa de recibir ayuda humanitaria. "Consideramos que sólo los venezolanos tienen derecho a definir su futuro. La injerencia externa, especialmente en una situación tan tensa como la actual, es inadmisible", remarcó.

Shoig también afirmó que Rusia observa "con atención los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela". "Destacamos la presión sin precedentes de Washington, encaminada a desestabilizar la situación en su país", añadió, subrayando que las Fuerzas Armadas de Venezuela son las verdaderas garantes de la integridad territorial del país.

Por su parte, Padrino López también condenó el accionar de Estados Unidos y acusó a Washington de violar el derecho internacional. El ministro de Defensa venezolano subrayó que su país se mantiene firme y continúa dando batalla, al tiempo que agradeció a Shoigú y al presidente ruso, Vladimir Putin, la invitación para participar en los Juegos Militares Internacionales Army 2019, y aseguró que los uniformados venezolanos que participen del certamen regresarán a su patria con valiosas experiencias.

El gobierno de Putin es uno de los mayores aliados de Venezuela, y se opone con firmeza a la ofensiva diplomática que lidera Estados Unidos para desalojar a Nicolás Maduro del poder. Se ha pronunciado en reiteradas oportunidades a favor del diálogo entre la oposición y el gobierno de Maduro, en el marco de la legalidad vigente como única salida posible a la crisis que atraviesa el país.

Rusia es, junto a China y Cuba, uno de los países que no reconoce como presidente a Juan Guaidó, quien se juramentó a la cabeza del Poder Ejecutivo por encargo de la Asamblea Nacional. 

Venezuela no sólo abrió las puertas a las inversiones de Rusia, sino que además es el principal importador de armas rusas en América Latina, con compras de miles de millones de dólares en los últimos años, que incluyen desde aviones de combate y helicópteros, hasta fusiles Kaláshnikov.

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Presenta la Usaid estrategia contra la "influencia maligna del Kremlin"

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) publicó ayer una estrategia con el título: Contrarrestar la influencia maligna del Kremlin (CMKI, por sus siglas en inglés), lo cual recibió el rechazo de Moscú.

 

"La estrategia de la Usaid responde al desafío que representa la influencia maligna del Kremlin, construye una resistencia democrática y económica en los países contra los que apunta (la influencia) y trabaja para mitigar los intentos del Kremlin de socavar una serie de instituciones clave", dice el documento, publicado en el sitio web de la agencia estadunidense.

 

El plan se centra en cuatro objetivos: defender la labor de las instituciones democráticas y el imperio de la ley, resistir la manipulación de la información, reducir las vulnerabilidades energéticas, así como las económicas.

 

En particular, la iniciativa busca eliminar la vulnerabilidad de los procesos electorales y políticos ante la injerencia externa.

 

Respecto al sector energético, la estrategia prevé aumentar la seguridad de los países socios y disminuir la dependencia de las fuentes de energía "controladas por el Kremlin".

 

En cuanto al aspecto económico, recomienda diversificar las exportaciones y asegurar la competitividad de las empresas en los mercados occidentales.

 

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia repudió este sábado la estrategia estadunidense para luchar contra la presunta "influencia maligna" del Kremlin.

 

"El nombre sugiere que la Usaid no pretende en absoluto crear un ambiente de cooperación en el escenario mundial, sino que sirve de instrumento de la lucha ideológica y de propaganda", denunció el ministerio en un comunicado.

 

Subrayó que el documento busca atizar la rusofobia en el mundo, sobre todo entre los países vecinos.

 

Subrayó "el carácter constructivo" de la reciente reunión entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos, Vladimir Putin y Donald Trump, respectivamente, en la cumbre del G-20 en Osaka.

 

"Es obvio que los influyentes funcionarios de Washington se esfuerzan por todos los medios para impedir que se normalicen las relaciones ruso-estadunidenses".

 

La cancillería lamentó que "la propaganda antirrusa desde Washington, que aspira al dominio global", anule todos los esfuerzos que se toman.

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Sábado, 08 Junio 2019 04:45

Papelones de la OEA

Papelones de la OEA

Ha surgido en América Latina una diplomacia irresponsable, bélica, arrogante, indocta y muy peligrosa. La derecha diplomática contemporánea es un horror y debe suscitar una suerte de mueca de asco entre los conservadores latinoamericanos que, en décadas anteriores, sugirieron trazar las líneas estratégicas del lugar geopolítico que ocupaba América Latina. Nadie representa mejor la barbarie que corroe la diplomacia latinoamericana como el actual Secretario General de la Organización de Estados Americanos, la OEA, el señor Luis Almagro. El diplomático uruguayo recibió en nombre de la OEA el premio a la democracia otorgado por el Comité Judío Americano por la lucha contra el terrorismo, el antisemitismo y las dictaduras. Pero Almagro, en su discurso, se equivocó de continente, de temática, de época, de enemigos y le faltó el respeto a todo que lo somos. Este títere de Washington osó decir que “Irán y Hezbollah tienen una sólida base de operaciones en Sudamérica en alianza con la narcodictadura de Nicolás Maduro. Si fracasamos en Venezuela, representa una victoria para el terrorismo, la delincuencia transnacional organizada y el antisemitismo”. Esto es imperdonable. Ni siquiera está en juego el tema de Nicolás Maduro, o que sea de derecha o de izquierda, o que se tenga una visión ultraconservadora de las relaciones internacionales o de las alianzas oportunas o inoportunas, ni que se esté por o contra Maduro. Se trata de un acto de barbarie diplomática monumental. Irán y el Hezbollah no son nuestro tema ni nuestro conflicto sino de Occidente. Es sí, por la imborrable tragedia de los atentados contra la Embajada de Israel en la Argentina y el de la AMIA, un tema de la justicia argentina. En ningún caso un dirigente latinoamericano, en nombre de una organización panamericana, puede hacer nuestra la agenda de Washington, ni expandir la obscenidad del antisemitismo ni, menos aún, olvidar los cientos de miles de muertos que ha dejado el narcotráfico en varias de nuestras democracias. En lo que atañe al antisemitismo, seguramente el señor Almagro desconoce la extraordinaria capacidad de América Latina para hacer suyos a los semejantes. Nunca se paseó por Buenos Aires, ni por el barrio de Polanco, en Ciudad de México. No estamos en Europa y nada tuvimos que ver con la Shoah, con Auschwitz y el nazismo. Habrá habido y aun persisten retazos nauseabundos de antisemitismo, pero jamás ha sido una política de Estado. Muchos de nuestros países, en especial la Argentina, son hijos de la integración de los millones de judíos que llegaron a este lado de América huyendo del exterminio europeo. La insensatez del Secretario General de la OEA es una amenaza para nuestra identidad, nuestra soberanía, nuestra credibilidad en la escena internacional y nuestra manera de entender y aceptar a los otros. 

Pero su alegato contiene otros atentados contra la verdad y la razón. Tratar a Venezuela de narcodictadura es ignorar las decenas de miles de muertos que el narcotráfico provoca en México o Colombia. El imperio de arriba tampoco es inocente: los narcos mexicanos y colombianos producen, transfieren al Norte su producto y los beneficios. El dinero del narcotráfico se blanquea en el sistema financiero occidental mientras los muertos por la violencia del narcotráfico ennegrecen las calles de nuestra América. Excelentísimos señores presidentes de Argentina y Brasil, saquen de ese puesto a ese personaje grosero, patotero e ignorante que repite, en nuestro nombre, lo que el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo dijo en febrero de este año.


“Hezbollah tiene células activas y, con su accionar, los iraníes, están afectando a los pueblos de Venezuela y de toda América del Sur”. Si se quiere ser amable, lo que diga Pompeo representa muy bien la licuadora donde el Departamento de Estado mezcla los ingredientes del cóctel con el sabor de sus intereses, es decir, su confrontación con Irán, su pacto con Arabia Saudita, sus aficionados movimientos en el Líbano y Siria y, desde luego, su cruzada en Venezuela. Son sus temas y los destila con el mal gusto y la inoperancia que la administración de Donald Trump ya ha patentado en todo el planeta.


Nosotros no tenemos nada ver con eso. Sólo que sí, ahora nos compromete por deber Venezuela así como en los años 80, América Latina se comprometió en América Central para frenar la guerra que la Rusia comunista y la administración de Ronald Reagan habían exportado a Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras. Un compromiso con sensatez y neutralidad, no ideológico. ¿Y dónde están los hombres del Hezbollah y los iraníes que aún no los hemos visto en esta década? Todo mezclado, armado con escoria y un oportunismo desenfrenado que rompe todos los pisos de la decencia diplomática. El Secretario General de la Organización de Estados Americanos ha sobrepasado la línea roja. Las confrontaciones ideológicas están atravesadas por muchos excesos. Esta exuberancia diplomática no es admisible. No hay narcodictaduras sino narcodemocracias. No hay antisemitismo sino antisemitas. Requerimos de diplomáticos juiciosos, con sagacidad y capacidad pedagógica, que puedan expresar lo que somos y no los odios ideológicos o los caprichos dictados por los imperios. Sus guerras nunca fueron las nuestras: hemos sido víctimas de ellas. El señor Secretario General de la OEA se cayó del mapa y del calendario. Es un hombre del pasado. No nos está representando como latinoamericanos sino que nos está insultando y degradando ante cualquier perspectiva de negociación. Nadie nos podrá tomar en serio. ¿Alguien puede imaginar a este Señor hablando ante la Unión Europea donde prima la cultura del diálogo y la negociación por más extenuante que sea? Es una vergüenza para cada una de nuestras democracias, para nuestro sueño de paz común, para nuestra tolerancia y nuestra identidad forjada por la conjugaciones de orígenes plurales.


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Más de cuatro millones de migrantes venezolanos

Según la ONU, es una de las poblaciones desplazadas más grandes del mundo

 La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas (Acnur) anunciaron ayer que el número de venezolanos que abandonaron su país por la crisis superó la barrera de los cuatro millones, por lo que se convirtieron en uno de los grupos de poblaciones desplazadas más grandes del mundo.


“El ritmo de salidas de Venezuela ha sido asombroso. Unos 695.000 a finales de 2015, la cantidad de refugiados y migrantes de Venezuela se disparó a más de 4 millones a mediados de 2019, y desde el 1 de enero de 2016 el ritmo se aceleró y se mantiene en la actualidad”, señalaron la OIM y Acnur en una declaración. En solo siete meses, contados desde noviembre de 2018, el número de refugiados y migrantes venezolanos aumentó en un millón, según datos de las autoridades nacionales y de otras fuentes creíbles utilizados por ambos organismos de la ONU.


Venezuela atraviesa una profunda crisis económica, agravada por la escasez de comida, medicinas y otros bienes básicos, mientras se mantiene una puja de poder entre el presidente Nicolás Maduro y el líder opositor Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino reconocido por más de 50 países, entre ellos Estados Unidos.


La actriz estadounidense y embajadora de buena voluntad de la ACNUR Angelina Jolie viajará hoy a la región colombiana fronteriza con Venezuela “para evaluar la respuesta humanitaria al éxodo”, dijo la agencia.


La gran mayoría de venezolanos se han trasladado a otros países de la región, como Colombia, que recibió a 1,3 millones de ellos, seguido de Perú, con 768.000; Chile con 288.000; Ecuador con 263.000; Argentina con 130.000; y Brasil con 168.000.


“Estas cifras son alarmantes y resaltan la necesidad urgente de apoyar a las comunidades de acogida en los países receptores”, comentó el representante especial de Acnur-OIM para refugiados y migrantes venezolanos, Eduardo Stein. Citado en la declaración, Stein alabó a los países de América Latina y el Caribe “por estar haciendo su parte para responder a esta crisis sin precedentes”, pero agregó que no pueden seguir haciéndolo solos, sin ayuda internacional.


Ambos organismos están intentando prestar parte de ese apoyo mediante un plan regional lanzado el pasado diciembre y que les permitiría asistir a 2,2 millones de venezolanos en los países receptores y a 580.000 personas en comunidades de acogida en 16 países. El gran problema con el que se han topado es la escasa financiación que ha recibido ese plan, cuyo presupuesto actualmente solo está cubierto en un 21 por ciento.


Maduro anunció ayer que se firmarán nuevos acuerdos para incrementar el apoyo técnico humanitario en materia de salud, entre el Ministerio del Poder Popular para la Salud y la Federación Internacional de la Cruz Roja Internacional y la Media Luna Roja, informó la cadena Telesur.


“La verdadera ayuda humanitaria está llegando a Venezuela de la mano de China, India, Rusia, Turquía. ¡Han llegado cientos de toneladas de medicinas!”, dijo el presidente durante una jornada de trabajo con el sector salud, en el Palacio de Miraflores.

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¿Quién es Philip Goldberg, el polémico hombre que Trump quiere como embajador en Colombia?

Fue expulsado de Bolivia y tuvo diferencias con el presidente de Filipinas.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, nominó al diplomático Philip Goldberg como embajador de su país en Colombia, para tratar de sustituir a Kevin Whitaker, designado por su antecesor en la Casa Blanca, Barack Obama.


Goldberg, de 62 años, se desempeñó como encargado de negocios interino en la Embajada de EE.UU. en Cuba, entre febrero y julio de 2018.


Expulsado de Bolivia


Pero antes de ese cargo, Goldberg fue protagonista de varias controversias en los países que estuvo. En 2008 fue expulsado de Bolivia, tras dos años en la representación de Washington en ese país, por el presidente, Evo Morales.


"Sin miedo a nadie, sin miedo al imperio. Hoy día delante de ustedes, delante del pueblo boliviano, declaro al señor Goldberg, embajador de EE.UU., persona no grata", dijo Morales, el 11 de septiembre de 2008, tras calificar al diplomático de "experto en alentar conflictos separatistas" y acusarlo de conspirar con la oposición boliviana contra su Gobierno.
Morales recordó, en ese entonces, que Goldberg, entre 1994 y 1996, estuvo como jefe de oficinas del Departamento de Estado de EE.UU. para Bosnia, durante la guerra separatista de los Balcanes; y, entre 2004 y 2006, fue jefe de misión en Prístina, Kosovo, cuando se abría paso a la separación de esa región.


Su despedida en Filipinas


Entre entre 2013 y 2016, Goldberg ocupó el cargo de embajador en Filipinas.


En agosto de 2016, dos meses antes de dejar el cargo, hubo una controversia con el presidente de ese país, Rodrigo Duterte, quien había asumido el cargo en junio de ese año.
En un discurso ante militares en el centro del país, en Campo Lapu-Lapu, de la ciudad filipina de Cebu, Duterte llamó "gay" e "hijo de puta" a Goldberg.


El mandatario explicó su molestia con el entonces representante de EE.UU. en Filipinas por supuesta intromisión durante los comicios: "se entrometía durante las elecciones, dando declaraciones sobre mí aquí y allá. No tenía que hacer eso", dijo el mandatario en esa oportunidad.
Cerca del Plan Colombia


Además de estos cargos, el aspirante a diplomático en Bogotá se desempeñó, entre 2010 y 2013, como subsecretario de Estado adjunto para Inteligencia e investigación.
Goldberg es el segundo candidato que propone Trump para sustituir a Whitaker en Colombia. Su primera propuesta fue el diplomático Joseph Macmanus, pero el Senado no dio su visto bueno.


Para Goldberg, Colombia no es algo nuevo, ya que se desempeñó en ese país como coordinador del controversial Plan Colombia, que EE.UU. impulsó en el país suramericano.

Publicado: 6 may 2019 21:36 GMT

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Estados Unidos y la hipótesis del bloqueo naval a Venezuela

Fracasado un nuevo intento de golpe de Estado en Venezuela, el Gobierno de Estados Unidos comienza a pensar en una nueva etapa de aislamiento contra el país suramericano.

Por un lado, amenaza a Cuba con un embargo "absoluto" si mantiene su apoyo al Gobierno venezolano, por el otro presiona al Gobierno de Malta para que prohíba a Rusia usar su territorio para llegar al país suramericano y aplica sanciones contra barcos que transportan petróleo venezolano para ahogar la economía del país.


Todo hace suponer que en El Pentágono sí que están barajando con mucho interés un bloqueo total para ahogar definitivamente al Gobierno de Nicolás Maduro y lograr su tan ansiada implosión social.


Ideólogos del bloqueo


La idea del cerco definitivo hacia Venezuela, ya había sido analizada durante una reunión secreta del 'think tank' estadounidense "Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales" (CSIS), llevada a cabo el 10 de abril de este año.


Uno de los invitados a la reunión fue Fernando Cutz, a quien el periodista Max Blumenthal ha llamado "el arquitecto del golpe de Estado en Venezuela".


Cutz, quien perteneció al Consejo de Seguridad Nacional del Grupo Cohen, asesoró estrechamente al embajador estadounidense William Brownfield, en torno a una estrategia para "dividir el círculo íntimo de Nicolás Maduro", reporta Blumenthal.


Cutz, una semana después a la mencionada reunión y sin ningún tipo de complejo, declaró al diario La Vanguardia que en el caso venezolano "No es posible una invasión, pero algo de baja intensidad, como un bloqueo naval, tal vez serviría para salir de esta situación de tablas".


La 'opción Cutz' cobra relevancia visto el fracaso del Pentágono en su intento de dividir la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Sin embargo, puede que no sea algo de corto plazo visto el poco consenso alcanzado en la región para apoyar una acción de corte militar en Venezuela.


Si evaluamos sus declaraciones bajo el prisma de teóricos de la geopolítica como Nicholas Spykman, al parecer han entendido que lo importante no es controlar el 'Heartland' o núcleo de Venezuela, sino cercarlo (Rimland). Al considerar que las rutas terrestres y marítimas desde y hacia Venezuela están controladas en su totalidad por EEUU o por sus aliados regionales, esto le permitiría bloquear casi instantáneamente una o todas estas rutas sin la necesidad de una invasión o movilización de flotas.


Hay que matizar el hecho de que esto no sería una decisión sencilla. Un bloqueo naval representaría una agresión militar tan importante que Rusia y China se verían obligadas a sentar posición. Por un lado intervenir para resguardar al Gobierno continental latinoamericano con el que tiene mejores relaciones o renunciar a su avance en la región y devolver su espacio de influencia a los EEUU, con hegemonía continental. No obstante, aun cuando un escenario de estas dimensiones es improbable en un corto plazo, Estados Unidos se ha preparado para él.


Antecedentes peligrosos


En el 2017 EEUU realizó unos ejercicios militares denominados Tradewings a 600 kilómetros de las costas venezolanas. Los identificaron como "una maniobra multinacional de seguridad marítima y respuestas a desastres en el Caribe". En el 2018, llevaron a cabo los ejercicios multinacionales Unitas, donde Colombia era el anfitrión y participaron más de 18 países. La razón esgrimida para hacer el despliegue de exploración radioelectrónica y fuerza aerotransportadas, era supuestamente luchar contra el crimen trasnacional y prestar apoyo durante una crisis humanitaria. Dos argumentos que constantemente usa Washington para atacar al Gobierno venezolano.


Además de estos ejercicios, por solo citar los que mayor perfil naval tienen, existe el antecedente de la Zona de Exclusión Aérea sobre Libia en el año 2011. Una zona libre de vuelos (con la excepción de vuelos de ayuda humanitaria) establecida luego de un embargo naval de armas. En la práctica, la Zona de Exclusión Aérea representó la presencia de una gran flota de la OTAN frente a las costas libias, que acabaron en cuestión de horas con todas las defensas antiaéreas del ejército libio, seguido de un intenso bombardeo aéreo sobre objetivos militares.


Estos ejercicios, como el Unitas o el Tradewings, debemos entenderlos bajo la óptica de lo que el periodista y político Thierry Meyssan, considera es la estrategia de destrucción del Caribe por parte de Estados Unidos. Es decir, usar a los países que conforman esta gran área del mundo con dos objetivos: presionándolos para reducir los aliados de Venezuela y además usarlos como plataforma logística de ataque contra el país suramericano, pero también, contra Cuba y Nicaragua.


Áreas amenazadas


La fuente más importante de recursos económicos para Venezuela es el petróleo y sus derivados, la mayor parte de su explotación se encuentra en el centro y sur del país, en lo que se ha denominado el yacimiento petrolero más grande del mundo, la faja petrolífera del Orinoco.


No obstante, esta faja cuenta con una gran desventaja geoestratégica: un rápido acceso marítimo, que por el delta del Orinoco permite la entrada y salida de materiales y medios navales, a su vez, este delta se encuentra muy próximo a Trinidad y Tobago y Guyana, ambos países muy cercanos políticamente a Reino Unido.


Por el Sur, la exclusividad de la conexión terrestre que existe entre Venezuela y Brasil es una espada de Damocles. Representa un acceso muy prolongado a una región que carece de objetivos estratégicos, con excepción obvia de la Central Hidroeléctrica del Guri, que ofrece una fácil defensa terrestre para Venezuela pero una sola vía comercial hacia el exterior, con facilidades para la obtención de inteligencia desde Brasil.


Por el Oeste, tenemos dos accesos terrestres importantes pero accidentados, por los andes, una cordillera que retrasa cualquier tipo de avance con transporte pesado y al norte una sierra que protege al estado Zulia con un solo acceso a un territorio sin objetivos militares estratégicos, que además ha sido defendido en el pasado con mucho éxito, recordemos la crisis del Caldas entre Colombia y Venezuela.


Por tanto, cuando pensamos en bloqueo naval debemos mirar al Norte de Venezuela. El frente más amplio y accesible que representa la segunda línea costera más extensa y la zona económica exclusiva más grande de la cuenca del Caribe. Además, este frente Norte es el asiento de los poderes públicos del país, posee los puertos más importantes y uno de los complejos refinadores más grandes del mundo, ubicado en la península de Paraguaná, lo cual lo hace el objetivo primario de una estrategia como esta.


Si hacemos una sumatoria, las condiciones para que se cumplan los planes de los asesores de seguridad nacional de Trump y El Pentágono en torno a un bloqueo naval, existen. Al menos en la teoría. Sin embargo, para que los planes se pongan en práctica, y más aún, tengan éxito deben suceder muchas otras circunstancias.


Una de ellas, y es a la que más deben estarle dando vueltas los militares y políticos en Washington, es: ¿Vamos a impedir que un avión o barco ruso, chino, iraní o turco entre a Venezuela con alimentos y medicinas? Y de ser positiva la respuesta, surgiría una última y muy importante cuestión ¿Cómo lo harían? No es del todo fácil, verle la cara a la tercera guerra mundial ¿verdad?

18:02 03.05.2019 (actualizada a las 09:37 04.05.2019) URL corto

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Domingo, 05 Mayo 2019 05:54

Tranquilidad de tiempos de guerra

Tranquilidad de tiempos de guerra

Caracas vive una tranquilidad de tiempos de guerra. Algunos días, como el martes y miércoles pasado, se aceleran como un disparo viniendo de frente, otros, como los que le siguieron, recobran el ritmo de la cotidianeidad. En esos días post precipicio las horas se parecen a las horas: mercados, colegios, autobuses, ventas de zapatos, jugos, teléfonos, reggaetones, trap y salsa, mototaxis, caribe, cielos de azules o a punto de lluvias, conversaciones sobre lo que pasó, pasa y pasará. Nadie es indiferente a lo que sucede, la política se debate en las esquinas, en los mensajes de watsap, las redes sociales, en la preocupación ante un nuevo aumento de precio, de dólar, o una amenaza norteamericana. 

Ese ritmo es costumbre ya. No solamente desde enero de este año, cuando fue activada la fase desconocimiento del mandato de Nicolás Maduro y autoproclamación de Juan Guaidó bendecido con un twitt de Donald Trump, sino desde el 2013 y antes, desde que Chávez comenzó a gobernar Venezuela. Esa costumbre enseña a reconocer la gravedad de las amenazas, los escenarios, las armas a las que se enfrenta el chavismo, las posibilidades de triunfo, o no, de los planes golpistas. Preguntas que están hoy en su punto máximo. No ha cesado de multiplicarse la cantidad de especulaciones e hipótesis sobre cuáles eran los planes de la operación del 30, luego de que Leopoldo López finalizara su recorrido de doce horas escondido con su familia en la embajada de España.


Acerca de la acción del 30 ha predominado un consenso sobre el fracaso de la misma en diferentes medios de comunicación de América latina, Estados Unidos y Europa. Ni el discurso siempre positivo de “vamos bien” de Guaidó, ni su narrativa acerca de la multitudinaria respuesta popular que habría tenido el llamado del 30, pudieron esconder lo que efectivamente fue visible: la incapacidad para alcanzar los objetivos militares, sociales y políticos planteados para ese día.


Podría pensarse que sí lograron objetivos secundarios: la fuga de López, aunque luego terminara en la embajada, la demostración de que Guaidó es capaz de ponerse al frente de una acción de esta naturaleza, la imagen de militares dispuestos a encabezar un golpe de Estado.


Varias causas han sido esgrimidas para explicar por qué no sucedió lo que –se estima– debía pasar: acuerdos con altos mandos del chavismo que finalmente no se habrían cumplido, una trampa construida por el mismo Maduro para que Guaidó, López y el puñado de militares saltaran al vacío, el mismo error de cálculo mostrado en repetidas oportunidades en los planes de asalto, una capacidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a mantenerse unida, junto con una crisis de la derecha en su relación con su misma base social que no logra activar de forma masiva en las calles.


Esto último quedó expuesto el día viernes, cuando el presidente Donald Trump se refirió a la conversación telefónica mantenida con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Allí, sobre el punto Venezuela, afirmó: “Putin no está pensando en intervenir en Venezuela, más allá de que quiere que ocurra algo positivo en el país, y yo siento lo mismo”. Esa declaración enfrió la escalada de declaraciones anti rusas mantenida por, entre otros, el consejero de seguridad nacional, John Bolton, y el secretario de Estado, Mike Pompeo. Este último había afirmado que el día 30 Maduro tenía un avión listo para llevarlo a Cuba, pero Rusia le había ordenado montarse.


En cuanto a Bolton, su explicación de la permanencia de Maduro había sido que: “Solo resiste en el poder porque tiene el apoyo de Rusia y Cuba, que son los únicos países extranjeros con tropas en el país”.


La declaración de Trump se alejó del tono amenazante del “todas las opciones están sobre la mesa”, repetida por miembros de su administración, y trabajado con fuerza en la Organización de Estados Americanos que, en los últimos días, había, en su seno, comenzado a plantear la necesidad de aplicar la “responsabilidad de proteger” –R2P– una forma de activar una intervención extranjera en Venezuela bajo una figura que le daría una presentación democrática.


El mismo día de la llamada tuvo lugar una reunión en una sala conocida como “el tanque” en el Pentágono. Allí estuvieron, entre otros, el secretario interino de defensa, Patrick Shanahan –quien canceló un viaje a Europa para abordar el tema Venezuela y el de la frontera con México– junto con Pompeo y Bolton. Shanahan le había pedido a su vez al jefe del Comando Sur, Craig Faller, quedarse en EE.UU. para debatir acerca de la situación venezolana. El secretario de Defensa, al hacer declaraciones sobre la reunión, sostuvo que “todas las opciones están sobre la mesa”, ratificó la confiabilidad de sus fuentes de información, y mantuvo respuestas evasivas acerca de posibles planes militares.


Son varias las preguntas sobre qué conclusión y planes por activar tiene EE.UU. Trump había dicho el miércoles por la noche que vendrían nuevos acontecimientos en la próxima semana. Por el momento el fin de semana termina sin nuevos acontecimientos de asalto, con un nuevo fracaso de convocatoria a una acción de calles por parte de Guaidó el día sábado, una tranquilidad de tiempos de guerra.

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