Periodista destapa una reunión secreta en EE.UU. sobre el "uso de la fuerza militar en Venezuela"

Un grupo de expertos del 'think-tank' estadounidense Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) organizó a principios de esta semana una reunión secreta sobre el "uso de la fuerza militar en Venezuela", aseguró a RT este domingo el periodista de investigación estadounidense Max Blumenthal, tras publicar un artículo en exclusiva al respecto en el portal Grayzone el día anterior.

Blumenthal obtuvo una lista de verificación de participación en la mencionada mesa redonda denominada 'Evaluación del uso de la fuerza militar en Venezuela', organizada por el mencionado centro con sede en Washington D.C., que incluye a varios funcionarios y militares de EE.UU. y Sudamérica.

El periodista detalló que la reunión secreta se llevó a cabo el 10 de abril, a pesar de que en la hoja figura erróneamente la fecha 20 de abril. El hecho de que la reunión realmente tuvo lugar fue confirmado a Blumenthal por dos de sus participantes, a quienes ha contactado para solicitarles comentarios.

 

     

 

"Hablamos de militares... y... de opciones militares en Venezuela. Sin embargo, eso fue a principios de esta semana", reveló al periodista Sarah Baumunk, investigadora asociada del Programa para las Américas del CSIS. Enseguida se puso nerviosa, agregó que no se "sentía cómoda respondiendo estas preguntas" y colgó.

Otro participante incluido en la lista, el investigador asociado Santiago Herdoiza, de la firma de estrategia internacional Hills & Company, simplemente confirmó que se trataba de una "reunión cerrada", sin proporcionar ningún detalle.

"Estaban extremadamente nerviosos de que alguien de los medios de comunicación supiera sobre la existencia de este evento. Fue una reunión de muy alto nivel con básicamente las principales personas de Washington involucradas en la elaboración de la política de Trump hacia Venezuela y ellos querían mantenerla lo más privada posible", ha relatado Blumenthal a RT.

"Esto realmente muestra que las opciones militares están siendo consideradas seriamente en este momento, después de que todos los otros mecanismos que Trump ha puesto en juego parecen haber fallado", ha concluido el periodista.


Participantes

 

La lista de participantes reúne a varios antiguos funcionarios militares y civiles de EE.UU. y América del Sur, representantes de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y de la Organización de Estados Americanos (OEA), así como analistas de varios 'think tanks' (grupos de expertos). También asistieron varias figuras designadas por el autoproclamado presidente venezolano Juan Guaidó.

Entre ellos, se destaca el almirante Kurt Tidd, quien hasta hace poco encabezaba el Comando Sur de EE.UU.

Otro participante es Roger Noriega, un acérrimo opositor a la Revolución Bolivariana y quien como embajador de EE.UU. ante la OEA apoyó a grupos mercenarios para derrocar a la Revolución Sandinista. Además, al igual que Elliott Abrams, participó en el escándalo Irán-Contra: altos funcionarios del gobierno de Reagan, a pesar de la prohibición del Senado, autorizaron la venta de armas al Gobierno iraní durante la guerra de Irán-Irak. Luego usaron los ingresos de estas ventas para financiar el movimiento armado Contra nicaragüense, creado por EE.UU. para atacar al gobierno sandinista.

Después, durante años, ha ocupado altos cargos dentro de la Administración de EE.UU., centrándose en Venezuela y coordinando la OEA.

Entre los participantes también figura el exembajador en Venezuela, William Brownfield, conocido por su participación en planes de intromisión turbia contra el país bolivariano.

Además, asistieron funcionarios de Guaidó: el 'asesor' de políticas públicas Daniel Sierra y el 'embajador' ante EE.UU., Carlos Vecchio.


Invasión a Venezuela "estaría supeditada al consentimiento de Colombia y Brasil"

Aunque entre los participantes en la mesa redonda figuran dos funcionarios colombianos: el mayor general del Ejército Nacional de Colombia, Juan Pablo Amaya, y el ministro consejero de la Embajada colombiana en Washington, Daniel Ávila, el periodista cree que los socios regionales de Estados Unidos estarían bastante reacios a participar en una invasión militar en Venezuela.

"Cualquier invasión en Venezuela por parte de Estados Unidos estaría supeditada al consentimiento de los Gobiernos de Colombia y Brasil y no está claro que obtendrán ese consentimiento", opina Blumenthal.

"Ambos Gobiernos están extremadamente preocupados por aumentar la crisis migratoria, están profundamente preocupados por desestabilizar a toda la región y eso es absolutamente lo que esto implicaría. Y también están preocupados por un contraataque del Ejército de Venezuela, que es muy competente", ha concluido.

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El 'acuerdo del siglo' de Trump excluye la creación de un estado palestino

Durante más de dos años EEUU ha estado preparando el "acuerdo del siglo" entre israelíes y palestinos. Su publicación es inminente pero las filtraciones que se han producido hasta ahora muestran una parcialidad de Washington a favor de Israel y que condena a los palestinos a vivir en los bantustanes que se han creado en Cisjordania en las últimas décadas.


El "acuerdo del siglo" entre Israel y los palestinos que la administración de Donald Trump tiene previsto anunciar en los próximos días no prevé la creación de un estado palestino soberano en los territorios ocupados por Israel en la guerra de 1967, informó el lunes The Washington Post.


Algunos detalles de ese plan elaborado durante dos años bajo la dirección del yerno de Trump Jared Kushner, se han filtrado en las últimas semanas, pero en medios palestinos ya se ha decidido que el acuerdo en realidad responde exclusivamente a las ideas del primer ministro Benjamín Netanyahu, unas ideas que son inaceptables para el presidente Mahmud Abás.
El domingo Abás declaró que las conversaciones con la administración estadounidense son "inútiles". "Los próximos días serán testigos de acontecimientos muy difíciles. El primer desafío del gobierno palestino es el ‘acuerdo del siglo’", añadió. El presidente palestino interrumpió los contactos oficiales con Washington en diciembre de 2017, cuando Trump reconoció unilateralmente Jerusalén como capital de Israel.


Abás continuó: "Hemos rechazado este acuerdo desde el principio puesto que no incluye Jerusalén (como capital del estado palestino), y no queremos un estado sin Jerusalén o sin Gaza". Este planteamiento lo han defendido los palestinos desde que se inició la conferencia de Madrid en 1991.


Según el Washington Post, los comentarios de Kushner y de otros funcionarios estadounidenses sugieren que "el plan descarta la estatalidad como premisa de partida de los esfuerzos de paz". De un plumazo, los estadounidenses echan por tierra la idea central de la paz entre Israel y los palestinos que ha estado vigente durante más de dos décadas.
Este lunes, la canciller Angela Merkel conversó telefónicamente con Netanyahu para felicitarlo por su reciente victoria electoral. Fuentes oficiales israelíes indicaron que la canciller evocó la creación de un estado palestino para resolver el conflicto, una idea que choca frontalmente con el contenido del artículo del Washington Post, donde solo se prevé una especie de "autonomía" limitada sobre ciertas zonas de Cisjordania.


Tras conocer la noticia, el líder palestino Saeb Erekat respondió que lo que plantea la Casa Blanca "no es un acuerdo de paz sino un acuerdo para destruir el proceso de paz y el derecho internacional". No cabe duda de que la dirección palestina deberá replantearse sus puntos de vista de una manera clara y quizás asumir que la vía del diálogo se ha agotado.
Un funcionario de Washington calificó el viernes el plan de "justo, viable, realista y aplicable", y añadió que puede mejorar la vida cotidiana de los palestinos y crear expectativas positivas en la región. Kushner y su equipo no mencionaron que a cambio de la paz los palestinos quedarán recluidos permanentemente en los bantustanes en los que están viviendo desde que Israel inició su empresa colonial, y sin poder poner los pies en Jerusalén.


La única salvación que los palestinos vislumbran en el horizonte, y que es muy débil, pasa por la Unión Europea. Para ello, Bruselas debería actuar con energía y estudiar la adopción de sanciones contra el estado judío por violación sistemática del derecho internacional y por incumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, un paso que parece imposible que Bruselas sea capaz de dar.


Lo contrario, es decir que la UE continúe como hasta ahora, con una parálisis completa, solamente sirve para que Israel siga practicando el "juego democrático", que es lo que vende sin descanso a Europa, y que tiene como contrapartida expandir sin descanso las colonias en los territorios ocupados, una situación que Israel presenta como irreversible, no solo Netanyahu sino también el líder de Azul y Blanco Benny Gantz.


El lunes más de una treintena de exaltos funcionarios europeos –incluidos seis exprimeros ministros, 25 exministros de Exteriores y dos exsecretarios generales de la OTAN- publicaron una carta en la que instan a aplazar el "acuerdo del siglo" argumentando que es injusto con los palestinos. Los firmantes aducen que la posición de la administración Trump es unilateral en favor de Israel y no contempla la creación de un estado palestino.


Los exaltos funcionarios piden a Europa que rechace el "acuerdo del siglo". "Ha llegado el momento de que Europa defienda nuestros parámetros de principios para la paz en Israel-Palestina", dice la carta. Y añade que Europa debería rechazar cualquier plan que no cree un estado palestino al lado de Israel con Jerusalén como capital de los dos estados.
"Desgraciadamente, la actual administración de EEUU se ha apartado de la tradicional política de EEUU", denuncian los firmantes, quienes añaden que al reconocer Jerusalén como capital de solo una de las dos partes en conflicto, Washington muestra parcialidad en sus decisiones. Además, EEUU "ha mostrado una preocupante indiferencia ante la expansión colonial israelí", concluyen los firmantes.

JERUSALÉN
16/04/2019 08:18 Actualizado: 16/04/2019 08:18
EUGENIO GARCÍA GASCÓN

 

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¿En la era del perdón o de la agresión?

Las reclamaciones de disculpa y de indemnización por atrocidades cometidas en las relaciones entre pueblos o países fueron frecuentes a lo largo del siglo XX. Son ejemplo de ello las iniciativas de Alemania en el caso del holocausto y de Estados Unidos en el caso de los japoneses estadounidenses presos durante la Segunda Guerra Mundial. El siglo XXI ha sido particularmente insistente en la exigencia (no siempre atendida) de reclamaciones de disculpa por crímenes, atrocidades y violencias cometidas en el pasado más o menos lejano en el contexto del colonialismo europeo.

En ocasiones, las reclamaciones de disculpa se acompañan de la solicitud de reparaciones o indemnizaciones. He aquí algunos ejemplos. En 2004, el Gobierno alemán reconoció la atrocidad cometida contra el pueblo de Namibia, el genocidio de 65.000 personas de etnia herero que se habían rebelado contra el colonizador en 1904. En 2018, el gobierno de Namibia exigía la solicitud formal de disculpas y la reparación financiera por el mal cometido, lo que fue rechazado por el gobierno alemán. En 2008, en visita a Libia, el por entonces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, pidió formalmente disculpas al pueblo libio por las "profundas heridas" causadas por los treinta años de la colonización italiana y prometió una inversión de 5000 millones de dólares como compensación. Poco tiempo después, Libia era invadida y destruida por las "fuerzas aliadas" de las que Italia formaba parte. En 2014, la Comunidad del Caribe aprobó una propuesta de la Comisión de Reparaciones a fin de impartir justicia a las víctimas del genocidio, la esclavitud, el tráfico de esclavos y el apartheid racial considerados por la Comisión como crímenes contra la humanidad. La propuesta estaba dirigida a los principales países esclavistas en la región (Holanda, Reino Unido y Francia), pero abarcaba potencialmente a otros países. Se trataba de una propuesta muy amplia que incorporaba un plan de acción con las siguientes dimensiones: perdón formal, repatriación, programa de desarrollo de los pueblos nativos, instituciones culturales, salud pública, erradicación del analfabetismo,programa de promoción de los conocimientos africanos, rehabilitación psicológica, transferencia de tecnología. En 2015, en visita a Jamaica, David Cameron, entonces primer ministro de Reino Unido, excluyó cualquier posibilidad de reparación. Dos años antes, el mismo David Cameron, en visita a la India, reconocía que la masacre en 1919 de 1000 indios desarmados que protestaban contra el colonialismo británico había sido "profundamente vergonzosa", pero no pidió formalmente disculpas ni accedió a pagar indemnizaciones. Presionado por una acción judicial, en 2013 Reino Unido accedió a pagar 2600 libras a cada uno de los 5.000 kenianos, integrantes del movimiento Mau Mau, presos y torturados en la década de 1950 por su resistencia contra el colonialismo británico y a "lamentar sinceramente” lo sucedido. Sin embargo, cerca de 44.000 kenianos vienen exigiendo la misma indemnización por los malos tratos recibidos en el periodo colonial. En 2017, Emmanuel Macron, entonces candidato a la presidencia de la república de Francia, reconoció que la colonización de Argelia había sido un crimen contra la humanidad.


Más recientemente, al señalar los quinientos años de la colonización de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó al rey de España y al papa que pidieran formalmente disculpas por las atrocidades cometidas contra los pueblos indígenas durante el periodo colonial, comprometiéndose a hacer lo mismo como descendiente de los colonizadores. La petición fue terminantemente rechazada por el Estado español, pero el Gobierno de Cataluña se apresuró a reconocer los abusos, las muertes de millones de personas y la destrucción de culturas enteras cometidas por el colonialismo español. Más recientemente aún, el pasado 4 de abril, el Gobierno belga pidió disculpas a los "mestizos belgas", miles de niños hijos de padre belga y madre congoleña, nacidos al final de la colonización belga (entre 1940 y 1950), que fueron sustraídos a las familias e internados compulsivamente en orfanatos y a veces enviados a Bélgica.


¿Cuál es el significado de este movimiento de justicia histórica que, de hecho, se ha ramificado? En la actualidad incluye la reclamación de la devolución de los objetos de arte traídos (¿con qué derecho?) de las colonias europeas y exhibidos en los museos del Norte global. También incluye la devolución de tierras, por ejemplo, en Zimbabue y más recientemente en Sudáfrica con referencia al periodo del apartheid, una forma específica de colonialismo, y también en Australia. Los argumentos jurídicos o éticos en uno u otro sentido no parecen servir de mucho. Obviamente no se trata de encontrar razones para responsabilizar a las generaciones actuales de los países colonizadores por los crímenes que han cometido. El problema es político y emerge como resultado de un conjunto de factores de los cuales el más importante es la coexistencia de la independencia política con la continuidad de la dependencia colonial. Las luchas de liberación colonial en América Latina (siglo XIX) y en África y Asia (siglo XX) tenían por objetivo luchar por la justicia histórica, devolver los territorios a sus pueblos y permitirles construir un futuro propio.


Lo cierto es que nada de esto sucedió, como quedó patente de la manera más dramática en la primera liberación colonial, la de Haití, en 1804. Las condiciones impuestas a los esclavos liberados para superar el aislamiento internacional al que se vieron sometidos fueron brutales (tan brutales como las condiciones del ajuste estructural que el FMI sigue imponiendo impunemente en el Sur global) y el resultado es bien patente en el Haití de hoy. Kwame Nkrumah, primer presidente de Ghana, denunció brillantemente la continuidad de la dependencia colonial en 1965 al acuñar el término neocolonialismo, una realidad tan vigente entonces como hoy. El pillaje de los recursos naturales que caracterizó al colonialismo continúa hoy, llevado a cabo por empresas multinacionales del Norte global con la complicidad de las élites locales que, en el caso de América Latina, son descendientes de los colonos. La reclamación de la justicia histórica no es más que una forma adicional de legitimar la lucha contra la injusticia y la desigualdad que siguen caracterizando las relaciones entre los países centrales y los países periféricos. Y cuando la respuesta se traduce en meras reclamaciones de disculpa, sean estas aceptadas o no, no pasan de rituales legitimadores de quien los exige o acepta para que todo siga igual. Es decir, el colonialismo no terminó con las independencias políticas. Terminó solo el colonialismo de ocupación territorial por una potencia extranjera. No obstante, continúa hoy bajo otras formas, algunas más brutales que las del colonialismo histórico. Tal y como la esclavitud continúa hoy bajo la forma vergonzosa del "trabajo análogo al trabajo esclavo", para usar la terminología de la ONU, el colonialismo continúa hoy no solo en forma de dependencia económica, sino también en forma de racismo, xenofobia, apartheid racial, brutalidad policial contra la juventud negra, islamofobia, "crisis de los refugiados", "guerra contra el terrorismo", asesinatos de líderes sociales en lucha por la defensa de sus territorios contra la invasión de las empresas mineras, de extracción de madera o de agricultura industrial, desastres ambientales contra poblaciones desechables, viviendo en lugares asumidos como "zonas de sacrificio", etc.


En el caso de América latina, en el que las independencias fueron conquistadas por los descendientes de los colonizadores, la continuidad del colonialismo asumió una forma específica, el colonialismo interno al que fueron sometidos los pueblos indígenas y los pueblos de matriz africana, descendientes de esclavizados. Los "modelos de desarrollo" de los últimos 150 años han ignorado sistemáticamente los intereses, las aspiraciones y las culturas de estos pueblos.


Si López Obrador insiste en cualquier variante de estos modelos no puede sorprenderse si, en lugar de disculpas, los pueblos indígenas le exigen respeto efectivo por sus culturas y territorios, así como el abandono de megaproyectos y de políticas neoextractivistas una vez rechazados por las poblaciones después de ser previamente consultadas de manera informada y de buena fe. Al reclamar disculpas al colonizador y al comprometerse su gobierno en el mismo proceso, López Obrador trae algo nuevo a la polémica sobre la justicia histórica. Asume la estatura de una sinceridad política trágica en el sentido de la tragedia griega. Se mueve en el filo de una navaja que lo puede desequilibrar hacia la caída en el propio movimiento de levantarse. Sabe, quizá mejor que nadie, que presenta hoy el máximo de conciencia social posible de un modelo de desarrollo de vocación antisocial destinado a crear rentabilidades que en gran proporción irán a los bolsillos de intereses capitalistas globales. Sabe que el capitalismo de hoy, dominado por el capital financiero, solo acepta negociar los términos del saqueo si el pillaje no se cuestiona. Sabe que, con una u otra variante, este modelo fracasó en otros países de América Latina en tiempos muy recientes (Brasil, Argentina, Ecuador, Venezuela). Tiene al norte un muro imperial, vergonzoso, demasiado sólido para derretirse con la sangre de quien intenta pasar a través de él. En él está depositada la esperanza que queda en un continente desgarrado por el imperialismo estadounidense y europeo con la complicidad de las élites locales que nunca toleraron que las clases populares, los de abajo, soñaran con el fin del colonialismo. En estas condiciones, quien es responsable de la esperanza lo es también de la frustración. La respuesta del rey de España no fue un buen presagio. Pero también es verdad que de un rey de nada no se puede esperar todo.

Traducción de Antoni Aguiló

 

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El Bloque Tolima disparó  al corazón y a la mente

El amor es el antídoto del miedo. 

Pero el sujeto debe autoafirmarse primero.

Emilio Mira y López

 

El instrumento paramilitar del Estado colombiano ha tenido diferentes efectos en su aplicabilidad. Es decir, en todos los ámbitos humanos como estrategia contra-insurgente y anti-popular que abre paso en los territorios a la invasión del capital privado-multinacional. El norte del Tolima, fue un territorio de incursión paramilitar del Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), donde la comunidad fue víctima de las múltiples acciones terroristas utilizadas por este grupo armado para-estatal.

 

De los años 2002 al 2005 se vivió la guerra entre el Bloque Tolima, la insurgencia y comunidad. Desde su llegada en todo el departamento del Tolima, los asesinatos selectivos, masacres, torturas, desapariciones forzadas, violaciones, extorsiones hicieron parte de la caja de herramientas para ocupar el territorio, desarticular el tejido social y sacar a la insurgencia del mismo. Esto con el ánimo de imponer el miedo y la desconfianza entre las personas. En el norte del Tolima, se tiene registrado los asesinatos de 3 personas en la vereda La Trina (Líbano) el 11 de septiembre del 2003. El asesinato del líder campesino y comunal Ángel María Rodríguez el 3 de marzo del 2004, en la vereda La Esmeralda, Villahermosa. Además, la estigmatización al corregimiento de Santa Tereza, Líbano, como zona insurgente convirtiendo a sus habitantes en objetivo militar (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017).

 

Ahora bien, también se registran daños emocionales y sicológicos debido al control social en la rutina diaria de la comunidad. Siguiendo con Santa Teresa, se restringió la movilidad de las personas después de las 6:00 pm; el asesinato de un joven en el parque principal en horas del día; la instalación de bases militares en fincas y cementerio del corregimiento; los grafitis en algunas casas y locales con las siglas de las AUC, se encaminaron a sembrar miedo y desconfianza, a transformar el carácter público y de encuentro de los espacios públicos al tiempo que se suspendieron los eventos comunitarios como campeonatos de fútbol, celebraciones del día de la madre, fiestas patronales, ferias, la cancelación de clases desarticulando por completo la convivencia en la comunidad (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017).

 

Esta pequeña radiografía en el norte del Tolima, es una muestra a nivel local de la invasión paramilitar al resto de la región en donde se vieron afectados también pueblos indígenas, sindicalistas, partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales. En ese sentido, es necesario realizar el análisis desde el campo de la sicología de guerra de este caso para comprender los efectos en la siquis comunitaria e individual de las acciones paramilitares, con el fin de ganar una guerra contra-insurgente.

 

La guerra sicológica del Bloque Tolima de las AUC

 

Al evidenciar el asesinato político, la tortura, las amenazas, violaciones y demás acciones paramilitares contra la comunidad, puede comprenderse que son recursos centrales en la estrategia contra-insurgente, los mismos que traen consigo la deshumanización tanto de victimarios y víctimas. La deshumanización se traduce en la perdida de atributos humanos como la esperanza, sensibilidad ante el sufrimiento y el sentido de la solidaridad (Baró, 1990).

 

Ahora bien, el paramilitarismo cuando aparece en la prolongación de la guerra y azote de territorios como el norte del Tolima, produce: relaciones sociales deshumanizantes, desprecio por la vida, perdida de la identidad personal y grupal, lo que se complementa con la parálisis política cuyos efectos se prolongan después de la desintegración o reducción al mínimo nivel de la organización social, blanco del paramilitarismo.

 

Como eje central de todos estos estragos, se encuentra el miedo sembrado en la comunidad el cual, en el contexto del Norte del Tolima, tiene dos niveles: la prudencia/retraimiento y la concentración/cautela sembrados en los habitantes de este territorio. A decir, la prudencia/retraimiento impone un límite a los fines y ambiciones, como la renuncia a los placeres que contengan riesgo, así mismo busca evitar las situaciones que se aproximan. Por el otro lado, la concentración/cautela se traduce en asegurar el básico e inmediato propósito de tener una situación de seguridad y por la cual se emplean todas las facultades. La preocupación es una constante acompañada de pesimismo, que hace ver al sujeto reservado desde la perspectiva externa (Mira, 1944).

 

Con los casos de las víctimas de las AUC arriba descritos, se presentó también el otro rasgo que hace cosechar el miedo colectivo, es el peligro impredecible, debido al cambio de lugar y la irregularidad en la apariencia o desaparición de los estímulos fobígenos que aumentan su carácter sorpresivo (Mira, 1944). La comunidad del Líbano y Villahermosa, eran conscientes de la presencia de paramilitares en su corregimiento o vereda, pero no sabían cuándo ni dónde actuarían contra ellos estos sujetos armados.

 

Junto al miedo, caminaron la angustia y el terror por los caminos y trochas del norte del Tolima con el fin de asfixiar los procesos organizativos y movilizadores que apuntaban a las transformaciones sociales, ¿por qué? Porque según Baró (1990) hay tres acciones en la guerra sicológica: la persuasiva (consciente), sugestiva (subconsciente) y compulsiva (inconsciente) y esta tercera tuvo mayor preponderancia en el territorio abordado, pues continuando con el autor la acción compulsiva por medio de la implementación del miedo, el terror y la angustia produce que la comunidad solo piense en conservar la vida, dejando en un segundo plano las reflexiones y acciones sobre la complejidad social y política que la rodea (Baró, 1990).

 

El fin, entonces, de esta estrategia tuvo dos caras, la inmediata y la de largo plazo. La primera estuvo cargada de los hechos denunciados y sistematizados que desarticularon el tejido social, minó la fuerza política de las organizaciones campesinas y, por supuesto, buscó la desaparición de la insurgencia. La segunda cara de la estrategia tiene sus efectos en la actitud colectiva que incide con desconfianza, miedo, frustración y desesperanza en la visión de la vida en el territorio, instalando una barrera invisible a las iniciativas organizativas que busquen transformaciones sociales.

 

Para que el amor sea realmente eficaz

 

Comprender el campo de la sicología de las relaciones humanas en un contexto de guerra, es obligatorio para incluir otro escenario de reflexión en las causas de las conductas de la comunidad y poder establecer rutas que permitan superar las heridas sufridas por el paramilitarismo sin desprenderse de la realidad social que sigue dinamizada por los conflictos sociales.

 

Así mismo, para las organizaciones sociales es inherente a su quehacer el abordar la salud mental de sus miembros y de las comunidades que se articulan a los planes de vida digna ya que por años una de las malas tradiciones de la izquierda ha sido despotricar el aspecto sicológico de los sujetos. Hoy en día, es imperioso aprehender del amor para que sea realmente eficaz.

 

* Coordinador Nacional Agrario – Congreso de los Pueblos.

 

Bibliografía

Baró, Ignacio Martín (1990), Sicología social de la guerra: Trauma y terapia. UCA, San Salvador, El Salvador.
Centro Nacional de Memoria Histórica (2017), “De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe Nº 1”, Cnmh, Bogotá.
Mira y López, Emilio (1944), Siquiatría en la guerra. Editorial Médico-quirúrgica, Buenos Aires.

Publicado enEdición Nº254
El jefe militar de EE UU en Afganistán escapa de un atentado talibán

El ataque se cobra la vida del jefe de la policía de Kandahar, uno de los hombres más poderosos del aparato de seguridad del país


El jefe de las fuerzas de EE UU en Afganistán, el general Scott Miller, ha salido ileso de un tiroteo a la salida de una entrevista este jueves con el jefe de la policía de Kandahar, el general Abdul Raziq. El alto mando afgano, uno de los hombres más poderosos del aparato de seguridad del país asiático, ha resultado muerto. Los talibanes se han atribuido el ataque, que también se ha cobrado la vida de al menos otras ocho personas. El gobernador provincial, Zalmay Wesa, ha resultado herido de gravedad. El atentado aumenta la presión sobre el Gobierno de Kabul ante las elecciones del sábado.


“El brutal jefe de la policía de Kandahar ha sido asesinado junto con varios responsables más”, afirma un comunicado difundido por los talibanes del que se han hecho eco los medios afganos. Los insurgentes añaden que su objetivo eran tanto Raziq como Miller. Sin embargo, poco antes de que se conociera la muerte de los tres altos cargos afganos, el portavoz de la misión de la OTAN ya había asegurado que el general estadounidense había salido “ileso” de un tiroteo en Kandahar. Al parecer le salvó el chaleco antibalas, pero tres de sus guardaespaldas resultaron heridos.


Los otros fallecidos son seis guardaespaldas de Raziq y, según ha informado el centro de apoyo a los medios en Afganistán, NAI, un camarógrafo de la televisión estatal RTA.
De acuerdo con la reconstrucción de los hechos realizada por las agencias de noticias, el tiroteo se produjo cuando tras la entrevista entre Miller y Raziq, los responsables afganos acompañaban al jefe de las fuerzas estadounidenses hacia el helicóptero que debía devolverle a Kabul. Al parecer, los disparos partieron de al menos uno de los guardaespaldas del gobernador, que se encontraban apostados en el exterior de su oficina. El Gobierno afgano aún no ha comentado este extremo.


El general Raziq era un oficial con una reputación controvertida. Respetado y odiado a partes iguales por la firmeza con que luchaba contra el desafío insurgente, había sobrevivido a varios atentados, el último de ellos el año pasado cuando los talibanes mataron a cinco diplomáticos de Emiratos Árabes Unidos. “Su muerte deja un vacío en el sur”, ha titulado ToloNews el perfil en el que destaca su patriotismo y su compromiso contra el terrorismo. Similar respeto le tenían los militares norteamericanos, que le atribuían el control de la provincia de Kandahar. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos habían criticado sus métodos expeditivos.


En cualquier caso, los analistas coinciden en calificar su desaparición de un duro golpe para el Gobierno de Ashraf Ghani, justo en la recta final para las elecciones parlamentarias del sábado. El Ministerio del Interior ha anunciado el despliegue de 55.000 miembros de las fuerzas de seguridad, que incluyen soldados y policías, para proteger los 5.000 colegios electorales previstos.


Horas antes del atentado, los talibanes emitieron un tercer comunicado de amenaza a las elecciones en el que pidieron a los afganos que las boicotearan. Argumentan que la consulta “no tiene raíces islámicas ni afganas, sino que se trata de una treta para prolongar la ocupación”. La víspera, en otro mensaje, había lanzado una advertencia a los maestros para que no participen en la organización de las elecciones, una tarea para la que el Gobierno les ha movilizado. La mayoría de los colegios electorales estarán en escuelas donde los enseñantes deben ocuparse de organizar y supervisar la votación.


Con anterioridad habían declarado que, aunque no planean atacar a los civiles, consideran legítimo objetivo a las fuerzas de seguridad que protejan los colegios electorales. Su mensaje justificaba así la posibilidad de víctimas colaterales. No está claro qué efecto van a tener estas amenazas en la participación, ya comprometida por una caótica gestión del registro electoral, pero algunas fuentes sospechan que los insurgentes planean un golpe a primera hora de la mañana del sábado para desanimar a los potenciales votantes.


El ataque talibán de Kandahar también pone de relieve la fragilidad de los contactos mantenidos entre sus representantes en Qatar y el enviado especial de EE. UU. para la reconciliación en Afganistán, Zalmay Khalizad. Con la cita, revelada la semana pasada por el grupo insurgente, Khalizad intentaba establecer las bases de unas futuras conversaciones. Sin embargo, los afganos, mantenidos al margen, se han mostrado escépticos.

Por Ángeles Espinosa
Kabul (ENVIADA ESPECIAL) 19 OCT 2018 - 02:01 COT

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Viernes, 13 Julio 2018 07:26

Philip Roth: del éxodo al retorno

Philip Roth: del éxodo al retorno

El bizarro “éxodo a re bours” –el abandono de Israel y el “retorno” de los judíos a sus pueblos de origen en Europa– la figura central de Operación Shylock (1993) y la igualmente ficticia doctrina del “diasporismo” pregonado por el falso “Philip Roth”, un doppelgänger del carácter principal de la novela que, al final, trata de detener a su doble asumiendo su falsa identidad e involucrándose en una misión de la inteligencia israelí ( vide: el título) –al parecer Roth, el autor, no perdía ninguna ocasión para complicar y “apilar” aún más la trama...– no eran las únicas razones por el escándalo que en su tiempo desató el novelista estadunidense. También importaba como hablaba de todo esto. Igual que el retrato del movimiento de los colonos judíos en Cisjordania, un breve motivo en La contravida (1986), el retrato de los métodos del Mosad en Operación... eran claramente más del gusto de los críticos de la ocupación que de sus defensores.

Y no era todo. “Roth”, el verdadero, en la novela venía a observar al sonado proceso de John Demjanjuk, en Jerusalén, pero iba también a Ramallah para ver como la corte militar israelí trataba despiadadamente a los jóvenes palestinos: “Mi segunda sala de la corte judía en dos días. Los jueces judíos. Las leyes judías. Las banderas judías. Y los acusados no-judíos. Las cortes tal como los judíos se las imaginaban en sus sueños por siglos, respondiendo a las añoranzas incluso más inimaginables que las de tener un Estado o el ejército propio. ¡Alguna vez determinar la justicia!” (p. 140). Poner en el mismo nivel el juicio de un criminal nazi y el de unos chicos acusados de tirar piedras a los militares fuertemente armados era un cuestionamiento en sí mismo (“¿de veras se trataba de este tipo de justicia?”).


Pero para que no todo fuera tan simple –al parecer Roth, el autor, tenía una aversión a lo simple...– la figura de Ziad, el principal protagonista palestino en Operación... dejaba mucho que desear. Relegado a una condición de subalterno, representaba todo lo negativo: fanatismo, fundamentalismo y antisemitismo. Su visión del conflicto árabe-israelí –los palestinos en la novela abrazan el “diasporismo” del falso “Roth” como una vía para obtener finalmente su propio Estado– se inscribía perfectamente en la visión colonial y occidental de lo que “han de pensar los palestinos de todo esto”. Su política quedaba reducida a los histéricos reproches de como Israel –en contexto del proceso de Demjanjuk– usaba y abusaba la memoria el Holocausto. No es que no sea cierto (Finkelstein, et al.). Pero la perspectiva palestina es mucho más que esto.


Allí está precisamente la cuestión del “retorno” el motivo central en la novela, pero del lado palestino injustamente poco desarrollado. El ficticio e iconoclasta “retorno de los judíos a Europa” a cuya sola mención a los sionistas les hervía la sangre en las venas parecía bien como una crítica (indirecta). Pero la triste realidad del conflicto israelí-palestino que igual puede ser plasmado en una flagrante asimetría entre la Ley de retorno (1950) que garantiza a cada judío libre “retorno” a Israel y la permanente negación del “derecho a retornar” a los refugiados palestinos echados de sus casas por las milicias sionistas en 1948 (la fundación de Israel/la Nakba) garantizado por la ONU (Resolución 194), pero ampliamente ignorado, ya es otra cosa.


El “derecho al retorno” sigue siendo una de las centrales demandas de los palestinos, no porque estos creen que Israel de un día para mañana aceptará de vuelta a millones de los refugiados y/o sus descendientes, sino por la necesidad del reconocimiento que una expulsión tuvo lugar y que un mal ha sido cometido.


Edward W. Said (1935-2003), el eminente académico palestino que se oponía a los acuerdos de paz de Oslo (1993) porque justamente ignoraban en sus ojos a la suerte de los refugiados, recordaba: “La guerra de 1948 fue una guerra de desposesión. Lo que tuvo lugar fue la destrucción de la sociedad palestina, el remplazamiento de ella por otra y la evicción de los que fueron considerados no-deseados”.


Y continuaba: “Israel tiene que reconocer el problema de los refugiados. Y creo que los refugiados deben tener el derecho a retornar. No sé cuántos realmente querrán retornar, pero creo que han de tener este derecho. Yo [como palestino] tengo el derecho a retornar igual que mi colega judío tiene el derecho a esto bajo la Ley de retorno israelí” ( Haaretz, 18/8/00).


La Primera Intifada, el telón de fondo de Operación..., un movimiento de masas y sin líderes que estalló por la ocupación militar israelí fue, según Said, “una de las más extraordinarias insurrecciones anticoloniales de toda la historia” ( The politics of disposession, 1994, p. 137). La reciente Gran Marcha del Retorno en Gaza una extraordinaria iniciativa pacífica resucitó este espíritu anticolonial combinándolo a la vez con la central e inalienable demanda palestina: el derecho de retornar de los expulsados a sus casas.

 

*Periodista polaco

 

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La Jornada, 29 de junio de 2018

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Viernes, 20 Abril 2018 09:12

Renombrando a la guerra de 1948

Renombrando a la guerra de 1948

Israel ha logrado moldear y desviar el discurso público sobre el futuro de Palestina de manera brillante durante muchos años. Entre sus primeros logros en este sentido cuenta con la victoria propagandística de conseguir que la guerra de 1948 sea conocida internacionalmente como la “guerra de independencia”. Esta denominación borra a los palestinos de la conciencia política y distorsiona las consecuencias humanas y políticas más profundas del conflicto armado. El lenguaje importa, especialmente en circunstancias vitales, cuando hay ganadores y perdedores, y ese es el caso de una guerra de desplazamiento, como aquella.

 

Les llevó décadas a los palestinos elevar sus experiencias de la guerra de 1948 incluso a conocimiento de aquellos a nivel internacional que respaldaban la lucha nacional palestina por su autodeterminación. Incluso ahora, más de medio siglo después de la guerra, la Nakba, como la llaman los palestinos, permanece opacada internacionalmente. La palabra significa “catástrofe”, debido principalmente a que al menos 700 mil residentes no-judíos de Palestina fueron despojados de sus propiedades en el nuevo Estado de Israel, luego de 1948, y a que dicho país les negó el derecho de retornar a aquellos palestinos que habían abandonado sus hogares y pueblos por miedo o como resultado de la coerción israelí. Este doble proceso de desposeimiento y arrasamiento fue implementado con fuerza a través de la demolición y la total destrucción de entre 400 y 600 pueblos palestinos en el nuevo Estado de Israel.


Es llamativo que incluso aquellos que han aceptado esta concepción revisionista de la Nakba suelen tratarla como un acontecimiento calamitoso, pero rara vez la abordan como un proceso. Para los palestinos que fueron desposeídos de sus hogares, sus tierras, sus comunidades, de su empleo y dignidad, y para sus familiares y posteriores generaciones, la vida ha sido un calvario. Y esto es así por la miseria y humillación que acompañan la residencia prolongada en campamentos de refugiados o por las tantas vulnerabilidades y el desarraigo que implica un exilio involuntario y permanente. En otras palabras, la tragedia de la Nakba no concluyó con los traumas de desposeimiento, sino que se prolongó en las horribles experiencias que le siguieron. Y eso debe entenderse como consecuencias inseparables de la catástrofe originaria.


LA RESOLUCIÓN DE PARTICIÓN DE LA ONU

Para muchos pensadores palestinos las duras pruebas que supuso la lucha por el control del territorio y por derechos fundamentales –que se dio tras la resolución 181, aprobada por 33 votos contra 31 (con diez abstenciones y una ausencia) en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947– se agravaron durante las décadas que sucedieron a 1948.


Una muestra del dominio israelí sobre el discurso público internacional fue la dramatización de la aceptación sionista (representada por la Agencia Judía para Palestina) de la propuesta de partición de la Palestina histórica, mientras los palestinos, sus vecinos árabes, India y Pakistán la rechazaron al señalar que llevarla a cabo sin el consentimiento de los habitantes de Palestina constituía una flagrante violación de los estatutos de la Onu en cuanto al derecho de los pueblos a su autodeterminación y a elegir su propio destino político.


Este choque de posiciones fue interpretado entonces por Occidente como una demostración de lo “razonable” que era el encare sionista ante las complejidades que suponía compaginar reivindicaciones contrarias sobre el derecho a la autodeterminación y la soberanía territorial.


El sesgo sionista-israelí consistía en afirmar que Israel estaba dispuesto a resolver el conflicto a través del compromiso político, mientras que, por oposición, supuestamente el plan palestino para el futuro del país sería exclusivista, incluso genocida, sugiriendo una supuesta intención árabe de tirar los judíos al mar. Una afirmación que, con las heridas del Holocausto todavía abiertas, obviamente perturbaba una sensibilidad política, liberal y occidental, ya extremadamente delicada.


Una interpretación más objetiva de estas dos posiciones opuestas nos lleva a sacar una serie de conclusiones que van casi totalmente en contra de la narrativa que Israel le ha vendido al mundo sobre el plan de partición de la Onu y sus secuelas. Sin embargo, esa versión sigue siendo la dominante.


Luego de un inicial y comprensible reflejo palestino de repeler a intrusos judíos que buscaban ocupar y dividir su patria, han sido los palestinos, no los israelíes, quienes han venido proponiendo un compromiso integral, mientras que los israelíes, por lo general, adhieren a la idea de que “la tierra prometida” judía incluye a Cisjordania y una Jerusalén unificada, y que cualquier dilución de estas metas sería una traición fundamental al proyecto sionista de restablecer enteramente un mítico “Israel bíblico” como Estado soberano. Los israelíes más ideologizados, como Menachem Begin (comandante de Irgún y sexto primer ministro de Israel, entre 1977 y 1983), se oponían abiertamente a la partición en 1947 –previendo correctamente que generaría violencia— y consideraban que Israel sólo conseguiría su seguridad y completar el proyecto sionista a través de operaciones militares con ambiciones de expansión territorial. David ben-Gurion, el principal estratega sionista y líder israelí, compartía el escepticismo de Begin sobre la partición, pero la apoyó por motivos pragmáticos, como un paso hacia el cumplimiento del proyecto sionista y no como un fin. En ese sentido la partición de Palestina era considerada provisional. A partir de 1947 se buscó justamente completar la agenda sionista.


La partición era una conocida táctica británica colonial que complementaba aquella de “divide y reinarás”. La estrategia de la ocupación fue propuesta ya en 1937 en el informe de la Comisión Peel, pero debido a la necesidad de colaboración árabe en la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido desistió de su propuesta de fraccionar Palestina. En un libro blanco posterior los británicos afirmaron que una partición sería “poco práctica” en el caso de Palestina, y un tanto sorprendentemente se abstuvieron de votar la resolución 181 en la Asamblea General de la Onu.


PROLONGANDO EL SUFRIMIENTO PALESTINO

La propuesta palestina de un compromiso integral data al menos de 1988, cuando la Olp decidió aceptar a Israel como un Estado legítimo y ofreció una normalización de las relaciones, si Israel cumplía con los preceptos de la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la Onu –que ordenaban el retiro de las fuerzas israelíes de ocupación hasta la línea verde, las fronteras previas a la guerra de 1967, y llegar a un acuerdo sobre cómo solucionar efectivamente el asunto de los refugiados–. La iniciativa árabe de paz de 2002 añadió nuevos incentivos regionales para aceptar la propuesta de compromiso político de la Olp, pero Israel respondió con silencio y Occidente con poco entusiasmo.


La diplomacia de Oslo fue un fracaso unilateral. Nunca produjo propuestas sobre los asuntos en disputa que tuvieran alguna chance razonable de generar un fin sustentable del conflicto. Mientras tanto le daba tiempo valioso a Israel para seguir expandiendo su red de colonias ilegales, una forma de anexión sigilosa que también servía para transformar el mantra de los dos Estados en una quimera cada vez más cruel y útil para apaciguar la opinión pública que buscaba una paz sustentable para ambos pueblos y un fin al conflicto.


Un análisis más objetivo de los dos posicionamientos sobre la solución de la partición nos permite también desconstruirlos. Por un lado, el movimiento sionista tomó lo que podía conseguir en cada etapa, mientras que en el terreno y a nivel diplomático generaba condiciones para obtener más, extendiendo sus reivindicaciones y expectativas políticas, “corriendo los postes del arco”. Esta táctica de “feta por feta”, de pequeñas conquistas sucesivas, se puede rastrear al menos hasta la “Declaración de Balfour”, cuando los sionistas aceptaron la terminología de “hogar nacional” judío a pesar de sus aspiraciones desde el principio de establecer un Estado judío que no tomara en cuenta los derechos morales, legales y políticos de los palestinos. Gracias a recientes investigaciones de archivos ha quedado cada vez más claro que la verdadera meta sionista siempre fue el Israel de la tradición bíblica, “la tierra prometida”, que incluiría la totalidad de la ciudad de Jerusalén y la zona que internacionalmente es conocida como Cisjordania y en Israel como “Judea y Samaria”.


Por otro lado, el rechazo palestino a la solución de partición de la Onu –que inicialmente fue respaldada por todo el mundo árabe, al igual que por la mayor parte de los países de población mayoritariamente musulmana– se basaba en que Palestina sería bisecada sin ningún previo proceso que intentara buscar el consentimiento de la población mayoritaria que allí residía, ni, siquiera, la consultara al respecto. Fue un intento arrogante de la Onu, que entonces era controlada por Occidente, de dictar una solución que no tomaba en cuenta las preocupaciones de los palestinos y que tampoco era conforme al espíritu ni la letra de sus propios estatutos.


Interpretar el rechazo palestino de la resolución 181 de la Asamblea General como una muestra de antisemitismo o siquiera como un rechazo de la existencia misma del Estado de Israel es aceptar una explicación acorde a la narrativa israelí que ignora el desastroso legado de la partición. Esta explicación desconoce también las dinámicas reales que han mantenido el conflicto vivo durante todas estas décadas. Hasta el día de hoy Israel sigue creando condiciones que empeoran las perspectivas futuras de los palestinos, mientras sutilmente presenta al proyecto sionista como una búsqueda razonable y más clara de ambiciones no manifestadas anteriormente.


Esto nos lleva a una pregunta central que también tiene que ver con los motivos de los israelíes para aceptar temporalmente la partición que en realidad no querían, como una forma de expandir sus márgenes de maniobra políticos y de mostrarle al mundo una cara razonable que incluía un compromiso con la paz.


Los palestinos se sintieron excluidos y humillados por la manera en que era tratado el futuro de su sociedad por la Onu y Occidente, no obstante, no querían distanciar a la comunidad internacional, especialmente a Washington. Fue por eso que le dieron crédito a la “declaración de principios” de Oslo de 1993 y actuaron como si el “proceso de paz” tuviera algo que ver con la paz. Ese tipo de diplomacia de complacencia que fue practicada por la Autoridad Palestina durante los últimos 25 años –mientras Israel anexaba y judaizaba Jerusalén oriental y penetraba más profundamente en Cisjordania– generó la impresión en muchos círculos, palestinos y otros, de que la Autoridad Palestina no era suficientemente “rechazista”, y que o bien, ingenuamente, estaba jugando una partida que perdería, o había fracasado totalmente en comprender el verdadero plan sionista.


LA “GUERRA DE PARTICIÓN”

Para volver a nuestra afirmación inicial de que el lenguaje es en sí mismo un espacio de lucha, ahora, 70 años después de los hechos, es aun más conveniente llamar a la guerra de 1948 por un nombre que revele más claramente sus características esenciales. Y ese nombre es Guerra de Partición. Sólo con esta opción lingüística podremos comenzar a comprender hasta qué punto la comunidad internacional, encarnada en la Onu, fue culpable de un pecado original con respecto al pueblo palestino, sus derechos naturales y legales y sus razonables expectativas políticas. Respaldar la partición de Palestina fue lo que yo llamaría un “crimen geopolítico”.


* Profesor emérito de derecho internacional de la Universidad de Princeton.

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¿Cómo convertir el crimen del “descubrimiento de América” en una inolvidable epopeya?

Sostienen los más ilustres historiadores que los reyes Católicos, Isabel y Fernando, son los fundadores de la nación española. Algo que se consumó en el preciso instante en el que las tropas cristianas toman Granada el 2 de enero de 1492 culminando de este modo la llamada “reconquista”. En el preciso momento en que el emir Boabdil entregó las llaves de la ciudad al conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza se inicia uno de los periodos más tétricos que jamás haya vivido la humanidad. Meses después en el campamento de Santa Fe el día 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones entre los Reyes Católicos y el aventurero Cristóbal Colón en las que se estipulaba cuáles iban a ser las normas por las que se tenía que regir este “contrato mercantil”. Colón se llevaría el 10% del botín además de ser nombrado Virrey, Almirante de la mar océana y gobernador general de las denominadas posteriormente como las “Indias”. Además sus descendientes heredarían sus bienes, sus títulos y tierras descubiertas.
Ambiciones desmedidas y delirios de grandeza más propias de un lunático o de un iluminado.


Podríamos decir que el descubrimiento del Nuevo Mundo fue un artero acto de piratería muy bien planificado al que incluso el Papa de Roma Alejandro VI con su bula Inter Caetera le brindó su bendición urbi et orbi. La autoridad de Dios omnipotente y omnipresente otorgó el dominio exclusivo y perpetuo de los territorios donde se clavó el pendón castellano con la condición que los evangelizaran. De este modo se justificó la rapiña, el expolio y las masacres cometidas contra los “gentiles” en un afán por imponer la autoridad de los nuevos amos y señores. Este decreto papal puede considerarse el detonante de la crueldad que caracterizó a todos los imperios coloniales que surgieron posteriormente. Es el génesis de la globalización que en el siglo XXI se manifiesta como la máxima expresión del imperialismo político y económico.


En ese entonces y tras finiquitar la guerra contra los musulmanes España iniciaba la aventura Imperial que la llevaría a expandirse por los cinco continentes. Las ansias de conquista material y espiritual marcarán los siguientes siglos plagados de gestas épicas y epopeyas en el nombre de Dios y su majestad el rey. Era necesario engrandecer la gloria de España para hacer frente a sus directos competidores Inglaterra, Francia y Portugal que pretendían hacerle sombra. Una desquiciada carrera por conquistar tierras, naciones, riquezas, súbditos, siervos y esclavos. Como bien queda descrito en el tratado de Tordesillas donde España y Portugal -representados por Isabel y Fernando y el rey Juan II- se repartieron las zonas de navegación y conquista del océano Atlántico y el Nuevo Mundo. Se despojó sin ningún remordimiento de sus tierras a los nativos que fueron considerados por derecho real como menores de edad y, por lo tanto, sujetos a la tutela de los españoles en las mitas, resguardos o encomiendas.


Pero no se nos puede olvidar que uno de los motivos prioritarios de esta magna empresa del descubrimiento fue la evangelización de los herejes blasfemos. Es decir, la redención de las razas inferiores, indígenas sin alma, salvajes antropófagos que había que domar y domesticar por la gracia de Dios. ¿Civilización o barbarie? Este es el dilema que se planteaba y con la espada y la cruz supieron dar una respuesta contundente a tamaño desafío. Dios le brindó este inmenso privilegio a la estirpe española porque Dios se consideraba español.


Para sublimar la identidad hispana se precisaba imperiosamente construir una narrativa en la que intervinieran los más preclaros exponentes de las letras, las artes, la pintura, la escultura o la música. Inventar mitos y leyendas, forjar los superhéroes de una raza invicta y por siempre victoriosa. Al fin y al cabo ellos fueron los que llevaron la luz al Nuevo Mundo apartando las tinieblas del averno. Todo es válido con tal de santificar a villanos y bellacos para transformarlos en insignes paladines.


Las Indias era el mejor reclamo para despertar las ambiciones de los buscadores de fortuna, de los aventureros que ansiaban someter reinos ignotos, adueñarse de incalculables riquezas del Dorado, Cipango y Catay, ciudades de oro y ríos de esmeralda, obsesionados por obtener títulos nobiliarios, fama, poseer tierras, saquear, esclavizar indígenas o africanos, mano de obra obligada a levantar los delirios imperiales para gloria del padre eterno y nuestro señor Jesucristo.


El imperio Español con arrogancia se creía el ombligo del mundo y el centro del universo. La lengua española y la religión católica se impusieron a la fuerza como vehículo vertebrador de los territorios conquistados en los que regía el pensamiento único e indivisible. Por riguroso mandato del monarca cualquier disidencia o rebelión se reprimía sanguinariamente y sin contemplaciones. Al verdugo no le temblaba la mano a la hora de cortar cabezas en el cadalso. En los casos más extremos se aplicó el exterminio para que reinara la paz y el orden.


Tal es el culto que se le rinde al supuesto descubridor de América Cristóbal Colón que son cientos y cientos los monumentos que existen en su honor a lo largo y ancho del mundo. Entre los altares y santuarios más soberbios hay que destacar el erigido en Barcelona con motivo del IV centenario del descubrimiento de América en 1892.


Se trata de un conjunto escultórico de proporciones ciclópeas cuyo autor es el arquitecto catalán Gaieta Buigas y Monrava. Una muestra irrefutable de que el egocentrismo y la megalomanía españolista no tienen límites. Al Almirante de la mar océana Cristóbal Colón, señor de los holocaustos, príncipe de los genocidios, se le ubica en lo alto de una columna o falo al estilo corintio de 57 metros de altura que reposa sobre un pedestal poligonal que lo custodian 8 leones de hierro en actitud vigilante. En las paredes de la base existen 8 bajorrelieves con los escudos de los reinos de España y otros 8 bajorrelieves en los que se narra la vida del almirante Cristóbal Colón - leyendas sacrosantas que están escritas a golpe de martillo y de cincel en el inconsciente colectivo hispano. En esta vil escenografía los protagonistas son los distintos personajes que intervinieron en la gesta del descubrimiento de América a los que cuatro ángeles ciñen sobre sus sienes con coronas de laurel. En un segundo plano se representan a los indígenas como si se trataran de unos animales asustadizos y timoratos; ¿seres irracionales? desnudos o semidesnudos que se acogen sumisos al manto protector de su majestad el rey y de Dios nuestro señor. ¿Se puede tolerar mayor ignominia y mayor humillación? De rodillas un indígena emplumado besa la cruz salvadora que le ofrece un fraile doctrinero como símbolo de la conversión. En otra escena un conquistador posa su mano en la cabeza de un indígena en señal de sometimiento o de obediencia eterna a sus amos. Han sido redimidos por la gracia benefactora del imperio español y es necesario que la humanidad entera reconozca tan inigualable privilegio.


Este esplendoroso monumento de bronce, hierro y piedra caliza -con un peso de 205 toneladas- fue inaugurado el 1 de junio de 1888 por la reina regente María Cristina. Un monumento al odio, al racismo extremo, a la esclavitud y la tortura que veneran e idolatran sus más connotados devotos. Hace 525 años Isabel la Católica y Cristóbal Colón en su lecho nupcial incubaron el maligno virus del imperialismo que desde entonces ha sembrado la muerte y la destrucción sobre la faz de la tierra.
Ver vídeo: ¿Cómo convertir el crimen del "descubrimiento de América" en una inolvidable epopeya?

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Viernes, 30 Junio 2017 06:30

Palestina, los mitos y el colonialismo

Palestina, los mitos y el colonialismo

Al llegar a Palestina a finales del siglo XIX cuando el sionismo apenas empezaba a propagarse en Europa, dos rabinos vieneses enviados para comprobar la viabilidad de la idea de Theodor Herzl de establecer allí "un país para judíos", mandan un telegrama a casa: "La novia es muy guapa, pero ya está casada con otro" (A. Shlaim, The iron wall: Israel and the arab world, 2014, p. 4-5). Esta historia –o más bien una anécdota– tiene muchas versiones y ninguna fuente primaria (goo.gl/uAeSQH).

Su sentido no obstante –deducible de algunos escritos de los pioneros de la colonización sionista– apunta a dos hechos fundamentales: a) que los líderes y colonos judíos sabían de la existencia allí de una numerosa población local [a la cual se tachó de "extraña" e "invasora" y que fue considerada un problema, pero "resoluble" (sic)]; b) y que desde el principio echaron a andar toda una "máquina mitologizadora" para tapar esta realidad [y otras más].

Así según la narrativa oficial la novia (Palestina) estaba "siempre virgen", nunca ha querido a ningún otro y desde el año 70 después de Cristo (la supuesta "expulsión" por los romanos) no hacía nada sino esperar el retorno de su prometido (el pueblo judío).

A 135 años de la primera colonia sionista en Palestina (1882), a 69 años de la fundación de Israel (1948) y a 50 años de la ocupación de los territorios "que quedaban" (1967) la máquina generadora de mitos opera con toda fuerza de su motor. Es cierto que la historia está detrás de cualquier conflicto.

Pero para Ilan Pappé esto es aún más cierto y más nefasto en caso del conflicto israelo-palestino: allí sus falsificaciones propagadas principalmente por el sionismo –y aceptadas ingenuamente por el mundo– sirven para perpetuar el colonialismo y la opresión ( Ten myths about Israel, 2017, p. 3).

Pappé (1954), uno de los "nuevos historiadores" israelíes –autoexiliado en Inglaterra– es conocido por "destapar" la limpieza étnica de los palestinos en 1948 [Nakba] ( The ethnic cleansing of Palestine, 2006, 331pp.) y por ir desnudando el objetivo "fundacional" del sionismo: "tener a mayor cantidad de Palestina con la menor cantidad de palestinos".

Los 10 mitos sobre Israel que identifica y desmiente en su nuevo libro (goo.gl/JTTWDp) –que igual son mitos sobre Palestina y algunos también se refieren al presente– fueron inventados para tapar y/o facilitar aquel propósito:

1) “Palestina, ‘tierra sin gente’ y un ‘desierto’” [¡no!]; 2) “Los, judíos, ‘gente sin tierra’” [o más bien como una peculiar mezcla de ideas religiosas, imperiales y antisemitismo estuvo detrás de su "replantación"]; 3) "Sionismo=judaísmo" [una manipulación con fines coloniales y geopolíticos, goo.gl/ye6JoF]; 4) "Sionismo, un movimiento de liberación nacional" [o más bien un proyecto "colonial de colonos" (P. Wolfe) que trajo a su gente a vivir "en vez" de la población local destinada a ser aniquilada y/o deshumanizada]; 5) "Los palestinos se fueron voluntariamente en 1948" [o más bien como fueron expulsados (Plan Dalet) a fin de asegurar la exclusividad demográfica judía]; 6) "La guerra de 1967 fue una lucha por supervivencia" [o como ‘una fatal decisión egipcia’ (T. Segev) fue fríamente aprovechada para corregir el "error de 1948" y ocupar a Cisjordania, goo.gl/nw4Mgq]; 7) "Israel es una democracia" [o más bien como el trato a los palestinos –ciudadanos israelíes, refugiados y los de los territorios ocupados– lo desmiente y la palabra "etnocracia" o "apartheid" queda mejor]; 8) "Los Acuerdos de Oslo, el camino a la paz" [o como el "proceso de paz" fue una "charada" israelí para ahondar la colonización de Palestina]; 9) "Gaza es culpa de Hamas" [o como las periódicas operaciones israelíes allí no son una "autodefensa" sino parte de un "genocidio incremental" (sic)]; y 10) "La solución de dos Estados, la única salida" [o más bien como esta vía ya desde hace tiempo está kaputt].

El rechazo a Oslo (1993) y a la solución de dos Estados –los mitos 8 y 10– y la construcción de "un único Estado democrático" para los palestinos y los israelíes (goo.gl/kq12ws) son puntos fundamentales para todo el análisis de Pappé. También los más controvertidos. Incluso la "izquierda" israelí pro-palestina –como el veterano activista Uri Avnery que de paso se opone a la versión de Pappé de lo ocurrido en 1948– rechaza "un solo Estado" por "inviable" (goo.gl/ideYbn).

¿Pero cuál solución es más inviable? Cuando Israel decía "promover incansablemente" la de 2 Estados "mientras tanto" optó por una táctica de "hechos consumados" a fin de colonizar más tierra volviendo la construcción de un Estado palestino prácticamente imposible (el mapa: goo.gl/FQzob9).

También muchos palestinos apuntan a esta realidad. Para Ghada Karmi, víctima de Nakba y colega de Pappé de la Universidad de Exeter –autora de un importante libro que expone el principal objetivo y "dilema" israelí en Palestina: “¿cómo ‘desaparecer’ a los nativos y quedarse con la tierra?” y cuyo título alude a la anécdota inicial: Married to another man, 2007, 315pp.– hablar de dos Estados ya es un "disparate".

Pero un "disparate" conveniente: la solución de dos Estados significa sólo una cómoda partición (la vieja demanda sionista); la de uno implicaría un arduo proceso de democratización y descolonización interna de Israel.

Bienvenidos de vuelta al mito 4 y la negación del verdadero carácter colonial del sionismo "una estructura de desplazamiento y remplazamiento" ( Ten myths..., p. 89) que pone a Israel al lado de Sudáfrica, Australia o las Américas.

En este sentido esto no es una coincidencia: “De regreso al kibutz –habla un veterano argentino de la Guerra de 1967 disgustado con el anexionismo israelí– un soldado se jactaba de haberle cortado las orejas a los guerrilleros [palestinos], y a mí se me aparecía La Patagonia trágica [José María Borrero, 1928], y los soldados que traían las orejas de los aborígenes en la ‘conquista del Desierto’” (goo.gl/Nv7WFf).

Curiosamente la Patagonia –otra falsa "tierra sin gente"– era considerada por Herzl como una buena opción para la colonización judía. De hecho le gustaba mucho más que Palestina (sic) (goo.gl/wS39yj).

Al final los mapuches se salvaron de la suerte de Gaza o Cisjordania –Herzl abogaba igualmente por "remover a los nativos" de allí– aunque lo que de por sí les toca en Argentina o Chile (despojo, encarcelamiento y deshumanización, o sea: lo mismo...) difiere sólo en la intensidad.

Maciek Wisniewski, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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Jueves, 01 Junio 2017 06:51

Un feroz ataque golpeó Kabul

Un feroz ataque golpeó Kabul

Aunque ningún grupo se adjudicó la agresión con un camión cisterna en el barrio de las embajadas, autoridades afganas señalaron a la red Haqqani, vinculada al talibán. Es el peor ataque desde que empezó la invasión en 2001.

 

Un atentado de proporciones pocas veces vistas sacudió a Afganistán. La tranquila mañana de uno de los barrios residenciales de Kabul se vio interrumpida ayer en hora pico por una explosión que dejó decenas de muertos y centenares de heridos cerca del Palacio Presidencial y del área de embajadas en la capital. El saldo de víctimas fue confirmado por las autoridades afganas. “De acuerdo a informes recibidos, este potente ataque causó la muerte a 90 personas y heridas a 463 de nuestros civiles e inocentes compatriotas”, indicó en su cuenta de Twitter el Centro Gubernamental de Información y Prensa afgano.


La detonación de un camión cisterna repleto de explosivos provocó el incendio de decenas de coches que quedaron calcinados en el barrio diplomático de la capital afgana. Cuerpos despedazados y personas heridas por los cristales rotos a causa de la onda expansiva aparecieron en el lugar de la detonación. Aunque nadie se adjudicó el atentado, el Directorio Nacional de Seguridad (NDS) afgano responsabilizó a la red Haqqani, grupo ligado al talibán, con apoyo de la inteligencia paquistaní.


Se trata del atentado más sangriento registrado por la misión de Naciones Unidas en Afganistán desde que comenzara la invasión estadounidense en 2001, que superó al ataque que en julio pasado causó 85 muertos y 413 heridos durante una manifestación de la minoría hazara en la capital afgana. El presidente afgano, Ashraf Gani, convocó luego de la explosión a un encuentro de emergencia de su gabinete para analizar la información que se había recabado hasta el momento, al tiempo que ordenó el inicio de una investigación exhaustiva para determinar las responsabilidades en el ataque.


De acuerdo con un comunicado del Palacio Presidencial, el dirigente pidió también al Ministerio de Desarrollo Urbano y a la Alcaldía de la capital que reconstruyeran las áreas destruidas por el estallido del coche bomba, que dejó un agujero de varios metros en una de sus principales avenidas y grandes daños materiales. “La explosión estuvo causada por una cisterna de agua que contenía más de una tonelada y media de explosivos. Dejó un cráter de 7 metros de profundidad”, detalló una fuente occidental en Kabul. La carga explosiva del camión bomba fue accionada por un kamikaze cerca de las 08.30 hora local (0.30 de Argentina), según señaló el ministerio de Interior. El estallido provocó una potente onda expansiva que causó numerosos daños en los alrededores, según imágenes aéreas difundidas por el canal afgano Tolo.


Por el momento se desconoce cuál era el objetivo de los terroristas. La bomba estalló cerca de la embajada alemana, pero al cierre de esta edición nadie había señalado a los alemanes como destino del ataque. Cerca del lugar hay otros objetivos posibles: el palacio presidencial, ministerios, el cuartel general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, embajadas, grandes supermercados y oficinas de grandes empresas como la de telecomunicaciones Roshan. De hecho, entre los muertos hay muchos trabajadores de esa compañía.


Según el alto mando, el objetivo de los insurgentes no era el área en que ocurrió la explosión, donde hay embajadas y edificios gubernamentales, sino una ubicación desconocida a la que se dirigían cuando fueron parados por las fuerzas de seguridad. La misión de la OTAN en Afganistán, Apoyo Decidido, indicó en un comunicado que las tropas afganas detuvieron a los atacantes antes de que accedieran a la zona de alta seguridad. “Su objetivo se encontraba en otro sitio y eso podría haber sido peor que este incidente, cuya ejecución se pudo oír en buena parte de la ciudad”, dijo el general Murad.


Y aunque ningún grupo reivindicó su autoría en el ataque, la principal agencia de inteligencia afgana, el Directorio Nacional de Seguridad responsabilizó a la red Haqqani. “El ataque bárbaro de Kabul fue planeado por la Red Haqqani en Pakistán y contó con la dirección y cooperación directa de la Agencia de Espionaje de Pakistán ISI”, denunció el organismo de inteligencia afgano en un comunicado, que responsabilizó en múltiples ocasiones a Haqqani de los atentados en el país.
El gobierno afgano acusó en varias ocasiones a Pakistán de alentar una guerra no declarada contra Afganistán y de cobijar a los terroristas de la red Haqqani. A pesar de su vinculación con la red Haqqani, los talibanes negaron estar detrás del ataque y argumentaron que sus filas no están autorizadas a llevar a cabo acciones como esta sin ningún objetivo. La formación liderada por el mulá Haibatullah tiende a desvincularse de las acciones que dejan un gran número de víctimas civiles.


El atentado se produce en un contexto de gran incertidumbre para Afganistán. El presidente estadounidense Donald Trump está analizando el posible envío de miles de militares para hacer frente a la situación. El jefe del Pentágono, Jim Mattis, declaró días atrás que 2017 será un año difícil para el Ejército afgano y para los soldados extranjeros desplegados en Afganistán. Estados Unidos, implicado en la República Islámica en el conflicto más largo de su historia, mantiene a 8.400 hombres junto a 5.000 militares de los Estados aliados, cuya principal misión consiste en formar y asesorar a las Fuerzas Armadas afganas.


Kabul no es una ciudad segura. El año pasado murieron tantos civiles como en la guerra civil en los años 90. Las cifras se dispararon un 75 por ciento respecto a 2015. Este año la capital afgana se ubica a la cabeza de víctimas civiles en comparación con otras ciudades del país. Probablemente, la bomba que estalló cerca del Palacio Presidencial haga que ninguna ciudad la supere. En los últimos meses se podía respirar cierto nerviosismo en Kabul. Pero desde ayer se respira miedo

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