La ruptura de Google con Huawei muestra el peligro de la dependencia tecnológica... y las ventajas del 'software' libre

Una decisión político-comercial puede suponer un duro golpe a determinadas compañías, pero a determinada escala siempre es un perjuicio para los ciudadanos. No obstante, en el caso de Google y Huawei, puede que esta decisión —forzada desde la Casa Blanca— suponga a la larga una buena noticia para todos.



La guerra comercial entre EEUU y China se está convirtiendo en una auténtica escalada. Una de las últimas consecuencias es la suspensión por parte de Google de una importante porción de su negocio con Huawei tras la inclusión de esta compañía en la 'lista negra' estadounidense de empresas que suponen una "amenaza para la seguridad nacional". Se demuestra una vez más el riesgo que supone dejar en manos de empresas de otros países elementos esenciales de un producto, como el 'software', de tal forma que una decisión de la Casa Blanca puede terminar perjudicando a ciudadanos de todo el mundo.


Esta decisión de la Administración Trump, que ataca directamente a la próspera división de teléfonos móviles del fabricante chino, supone que Huawei pierde el acceso a la mayoría de las transferencias del gigante estadounidense: sus móviles, a partir de ahora, dejarán de tener acceso a Google Mobile Services, la plataforma que aglutina los servicios del gigante estadounidense como Google Play Store (la 'tienda' de aplicaciones), el cliente de correo electrónico Gmail, la aplicación de YouTube y el navegador Chrome para móvil: los nuevos teléfonos no podrán llevar esas 'apps'.


La empresa asiática, eso sí, aún tendrá acceso a la versión libre de Android a través de licencias de código abierto, disponibles para cualquiera que quiera usarlas. De hecho, Huawei tiene desarrollado un sistema operativo derivado basado en Android; la instalación de este sistema, que ya no dependería de Google para nada, podría generar todo un mercado alternativo mundial: no olvidemos que la compañía china logró colocar el pasado año en todo el mundo nada menos que 200 millones de dispositivos móviles.


"Si dependes de un proveedor que está en un país y se somete a sus reglas, y mañana ese país se enfada con el tuyo por la razón que sea, pues tienes un problema", comenta a Público, en conversación telefónica, el abogado especializado en tecnología David Maeztu.


Este caso es el ejemplo perfecto que muestra cómo la dependencia de terceros radicados en otros países puede convertirse en una vulnerabilidad para el negocio de gigantes tecnológicos (entre otros muchos problemas), pero también cómo el 'software' libre puede suponer una garantía frente a determinadas decisiones políticas.


"Lo bueno del 'software' libre es que compañías desarrollen productos propios basándose en lo que otros ya han hecho, es decir, uno no tiene por qué empezar de cero, y además todo ese trabajo nuevo se aporta a la comunidad", recuerda el citado experto.


Efectivamente, el punto fuerte de Android es que su base es 'software' libre, lo que va a permitir a Huawei reaccionar mejor que si tuviese que crear un sistema operativo desde cero. "Lo que es bueno para ti se convierte en algo bueno para la comunidad, lo que además extiende la estandarización, los sistemas se vuelven más interoperables, y si mañana un gobierno toma una decisión como la que ha tomado EEUU, el impacto puede ser menor".


La capa básica de Android cuenta con licencias Apache y GPL, comenta Maeztu, que apunta que el principal problema que va a tener Huawei va a ser el quedarse sin acceso a las aplicaciones de Google. "Pero es que los teléfonos ya funcionan sin ellas", afirma, y aventura: "Imaginemos que un fabricante como Huawei se mete a saco con la distribución".


"Que la decisión de un país pueda afectar a consumidores y ciudadanos de otros países, pues que parece que redefine un poco las reglas de la gobernanza global: EEUU puede obligar a Google a hacer determinadas acciones por el hecho de estar radicada allí", razona Maeztu, que apunta: "Igual deberíamos ir pensando en ir avanzando hacia sistemas más abiertos, y que internet sea lo que era: gente que volcaba conocimiento y libertad para usarlo".


Todo este movimiento puede suponer, en un futuro no muy lejano, la ruptura del monopolio 'de facto' que ejerce Google en los sistemas operativos móviles. Y esto puede ser una buena noticia.


Soberanía tecnológica


Para el abogado especializado en internet y doctor en filosofía Javier de la Cueva, un histórico defensor del 'software' libre, en el caso de Google y Huawei "existe una cuestión de soberanía tecnológica que está íntimamente ligada a la libertad de competencia: en el momento en el que viene desde fuera una disposición estadounidense en la que se establece es una prohibición de competencia precisamente a través de un código, lo que se está haciendo es beneficiar a una serie de productos frente a otros".


"Como siempre, la pregunta que hay que hacerse es: ¿a quién beneficia todo esto? o bien, ¿quién se lleva el dinero?", se pregunta De la Cueva, para quien estamos ante "una acción teledirigida económicamente, eso es evidente, aquí lo que realmente importa es el dinero". "La Unión Europea, por cierto, tendría que verificar si esa decisión atenta contra el libre mercado, para empezar", añade: "Y yo creo que sí".


Este letrado denuncia, además, que la acción "demuestra cómo, precisamente a través del código, lo que se está haciendo es montar una normativa en sí; es decir, cuando impido realizar una serie de actualizaciones lo que hago es que, mediante el propio acceso a ese código, expulso a un actor del mercado".


De la Cueva realiza una interesante reflexión sobre el código abierto. "La base de internet mismo, lo que realmente hizo que estallase la revolución de la Red, fueron los Request for Comments (RFC), que son de licencia libre. Internet es la obra de propiedad intelectual libre más grande y relevante de la historia, como ninguna otra obra propietaria".


"En un momento dado", añade, "Google se hizo con el kernel de Linux, y usó ese núcleo para montar un sistema operativo —Android—que atrapa a los consumidores; lo que vemos aquí es que hasta qué punto cualquier sistema libre puede ser utilizarse para el mal". "Todo esto muestra cómo Google ya estaba usando ese sistema libre para cooperar en la sociedad de control en la que vivimos —nos prometieron la sociedad del conocimiento, nos han devuelto la sociedad del control—, y muestra también que esa sociedad del control existe realmente, no sólo sobre los individuos sino también sobre las empresas".


"Es interesante lo que está pasando porque, de alguna manera, obliga a Huawei —no olvidemos que también es un gigante— a hacer un fork o bifurcación (un proyecto derivado de otro que usa el código fuente del proyecto ya existente).", comenta este experto, que añade: "A largo plazo, EEUU podría estar dándose un tiro en el pie: está forzando a los chinos a hacer una versión alternativa a la dominante bajo la batuta de Google, de modo que se genere un importante mercado con móviles sin Google". Un ejemplo de un sistema derivado que es libre es LineageOS.


"Y oye", ironiza De la Cueva, "nos vendría muy bien a muchos, en concreto a los parlamentarios españoles que llevan en sus bolsillos móviles con aplicaciones que envían su geolocalización a servidores de compañías estadounidenses: ¿Cómo es posible los representantes de la soberanía popular están cediendo sus datos a Google? ¿Estamos locos?".
Para este jurista, "hay una oportunidad para poner en valor no la tecnología china o la estadounidense, sino la 'tecnología ciudadana': a lo mejor esto produce un impulso en los grupos de desarrollo de 'software' libre, ya que bajo el paraguas del código libre puede entrar cualquier tipo de agente".


"No sabemos las consecuencias que puede tener todo este movimiento, pero sí sabemos que lo que pasaba hasta ahora no era asumible: la situación de monopolio 'de facto' a la que estábamos entregados tanto con Google (Android) como con Apple (iOS)", afirma, y concluye: "A lo mejor, todo esto que está pasando es hasta bueno".


El origen de todo esto


La guerra comercial entre las dos primeras superpotencias del mundo tiene varias patas, y esta última medida en forma de sanciones es sólo una ramificación de una de ellas: la batalla por el despliegue de la tecnología 5G en Europa.


La periodista especializada Marta Peirano explica a la perfección y muy claro, en un hilo en Twitter, cómo las acusaciones de espionaje por parte de la Casa Blanca contra compañías tecnológicas chinas ha derivado en un pulso político y judicial que tensiona las ya difíciles relaciones entre ambos países.


Por tanto, esta lista negra que ha obligado a Google y otras tecnológicas de EEUU a romper con Huawei es una decisión política que es necesario analizar desde una perspectiva más amplia. No se trata sólo de espionaje o seguridad.


"De momento, no se han aportado pruebas de que el gobierno de China hace lo mismo que el gobierno de EEUU", comenta irónicamente David Maeztu, que añade: "No sabemos si EEUU acusa a las empresas chinas de espiar, o de que no les da la información que obtienen al espiar".


Visto con un poco más de distancia, lo que está en juego es el dominio de la tecnología móvil durante las próximas décadas. Y si por el camino se rompen uno o dos monopolios, o se consigue concienciar a uno o dos políticos, quizá deberíamos aprovecharnos de ello.

20/05/2019 23:50 Actualizado: 20/05/2019 23:50
Por Pablo Romero
@pabloromero

Las principales empresas tecnológicas de EE.UU. comienzan a cortar los suministros vitales de Huawei

Las principales corporaciones estadounidenses, como Qualcomm, Intel y Google, han congelado el suministro de software y de componentes críticos para la empresa china tras las últimas restricciones de Washington.

Las principales empresas tecnológicas de EE.UU., desde fabricantes de chips hasta Google, han congelado el suministro de software y de componentes críticos para Huawei Technologies Co., después de que la Administración Trump incluyera a la compañía china en la 'lista negra' del Gobierno.
Los fabricantes de chips, incluidos Intel Corp., Qualcomm Inc., Xilinx Inc. y Broadcom Inc., han comunicado a sus empleados que no habrá suministros a Huawei hasta nuevo aviso, según han declarado a Bloomberg personas con conocimiento del asunto. Por su parte, Google ha cortado el suministro de hardware y algunos servicios de software al gigante chino de telecomunicaciones, según con otra fuente familiarizada.


"Enormes implicaciones"


Ryan Koontz, analista de Rosenblatt Securities Inc, indica en declaraciones a Bloomberg que Huawei "depende en gran medida" de los semiconductores estadounidenses y "quedaría gravemente paralizado sin el suministro de componentes clave de EE.UU.".


Por otro lado, estima que las medidas de Washington podrían hacer que China "retrase su construcción de red 5G hasta que se levante la prohibición, lo que tendrá un impacto en muchos proveedores de componentes globales".


"El escenario extremo del fallo en la unidad de red de telecomunicaciones de Huawei retrasaría a China muchos años e incluso podría ser visto por parte de China como un acto de guerra", aseveró Koontz, añadiendo que esto "tendría enormes implicaciones en el mercado global de telecomunicaciones".


Las restricciones estadounidenses también suponen un golpe directo a la división de dispositivos móviles de Huawei, pues solo podrá acceder a la versión pública del sistema operativo móvil Android de Google. Tampoco podría ofrecer aplicaciones y servicios, desde Maps y búsqueda hasta Gmail, lo que reduciría severamente la venta de teléfonos inteligentes de Huawei en el extranjero.


Guerra comercial en curso


El presidente de EE.UU., Donald Trump, firmó este miércoles una orden que prohíbe el uso de equipos de telecomunicaciones fabricados por compañías consideradas como una amenaza para la seguridad nacional del país; una medida allana el camino para una prohibición total de los productos fabricados por Huawei.


Poco después el Departamento de Comercio de EE.UU. anunció que incluirá a Huawei y a 70 empresas afiliadas en su llamada 'Lista de Entidades', lo que impedirá al gigante chino de las telecomunicaciones comprar piezas y componentes a las compañías estadounidenses sin la aprobación del Gobierno estadounidense.


Huawei calificó de "irrazonable" la orden, señalando que las medidas en su contra dejarán a EE.UU. "rezagado en el despliegue del 5G", mientras que "las restricciones no razonables infringirán los derechos de la compañía y plantearán otros problemas legales graves".

Publicado: 20 may 2019 02:38 GMT | Última actualización: 20 may 2019 10:08 GMT

El fútbol, la gran metáfora de la sociedad

La historia del deporte rey está plagada de tensiones entre lo marginal y lo institucional, entre la lógica mercantil reinante y la que trata de zafarse de ella. Una dicotomía que sigue presente y que explica la esencia de un juego universal.


Apenas un siglo separa la legendaria mano de dios de Maradona de la victoria –por la mínima y en la prórroga– de un equipo de obreros del norte de Inglaterra –el Blackburn Olympic– frente al muy aristocrático club de los Old Etonians. Dos instantes de un mismo partido eterno cuyo balón se disputan desde el origen ricos y pobres, opresores y oprimidos. Un partido que –parafraseando al magnate Warren Buffett– existe y, por el momento, lo van ganando unos pocos en detrimento de los de siempre.


La Historia está hecha de tensiones, avanza como a trompicones y cuando te das cuenta el mundo que conocías ya no existe. Algo así le ha sucedido al fútbol. Aquel juego marginal y contestatario que en su día fue herramienta de emancipación quedó eclipsado de un tiempo a esta parte por una cultura balompédica que prioriza el espectáculo por encima de todo. “Ya no se habla de fútbol sino de individuos, se ha impuesto la atomización”, apunta un tanto lacónico el periodista e historiador francés Mickael Correïa, autor de Historia popular del fútbol (Hoja de Lata).


En efecto, el neoliberalismo campó a sus anchas también en los estadios y de aquellos barros estos lodos. Hoy, los clubes millonarios compran a precio de oro jugadores procedentes de los arrabales, los regímenes autoritarios intentan canalizar en su provecho las pasiones futbolísticas y las multinacionales aprovechan códigos del fútbol callejero para vender sus zapatillas de deporte. Una vorágine turbocapitalista que no invita al optimismo pero que Correïa prefiere leer e imaginar en clave empoderadora.


“En el mundo capitalista que vivimos, con las oligarquías haciendo y deshaciendo a su antojo, son los hijos de los poderosos los que acceden a puestos de privilegio que les perpetuán en el poder; el fútbol, en cambio, no permite fingir ni heredar nada, es el cuerpo la única herramienta de trabajo”. Es precisamente esa condición corpórea la que, en palabras de este historiador, confiere al fútbol “una dimensión popular inalienable”. Así, cuando CR7 tiene a bien remangarse la profusa musculatura del pernil en sus ya icónicas (y sonrojantes) carrerillas, Correïa identifica ahí un gesto de clase (obrera): “Se le critica mucho, pero para mí es como cuando un obrero se sube las mangas antes de empezar a trabajar, tiene esa misma entidad”.


El fútbol no deja de ser una gran metáfora de la sociedad. Codificado en su origen por la aristocracia británica, la working class no tardó en apropiarse del invento haciéndolo suyo. Se liberaba así de la tutela que imponía una patronal que vio en este juego la posibilidad de controlar a los parias de turno y cortar por lo sano sus veleidades emancipadoras. “La clase obrera adoptó este deporte en un momento en el que necesitaba crearse una identidad tras el éxodo rural a las ciudades que se produjo en los albores del siglo XIX”, explica Correïa. Se populariza de este modo un deporte que hasta ese momento era exclusivo de los gentlemen, una transición que supuso, también, un cambio de estrategia.


“Los aristócratas jugaban de forma muy individualista, prevalecía el honor, el autocontrol y la compostura, para ellos pasarse el balón era una muestra de debilidad”. Los desheredados, por contra, optaron de forma progresiva por un juego mucho más colaborativo, algo que en palabras de Correïa “transcribe su realidad en las fábricas”, trasladando al fútbol un modelo productivo basado en las cadenas de montaje. “Su objetivo era producir una victoria que pudiera ser compartida a nivel colectivo”, zanja Correïa.


Fair-play vs. Picaresca


El espíritu de la chabola se dio de bruces con esa finura atávica propia de las clases dominantes. Conceptos como honorabilidad y decoro están muy bien cuando no vives instalado en la miseria. Dicho de otro modo; cuando ni la ley ni el físico están de tu lado, el engaño pasa a ser una opción. “La mano de dios de Maradona ejemplifica ese imaginario callejero, ¿qué puede hacer un tipo como el Pelusa frente a la envergadura de un portero británico?”. Un gol inimaginable en tiempos de videoarbitraje. “La frialdad de la máquina al servicio de un escenario eminentemente humano como es el estadio”, añade Correïa.


Jugadores como Pelé o Garrincha hicieron también de la necesidad una virtud. Su juego no deja de ser el epítome de toda una tradición futbolística nacida en una sociedad profundamente clasista y xenófoba, no en vano la esclavitud no fue oficialmente abolida en Brasil hasta 1888. “Los principales equipos estaban conformados por blancos, cuando se enfrentaban a equipos de negros estos podían ser agredidos físicamente dado que el árbitro era siempre blanco”.


Un inconveniente –no menor– que la comunidad negra tuvo a bien solventar del único modo posible: tratar de esquivarlo. Así nace ese dribleo tan característico de los cariocas, estilo que encuentra en las inocuas cabriolas de Neymar una suerte de parodia.


Un gol a la dictadura


«El FC Barcelona ha sido a la vez refugio y cuna, fluctuante y difuso, de la identidad de Cataluña», escribía el historiador Josep Solé i Sabaté. El potencial propagandístico e identitario del deporte de masas no se puede obviar. El franquismo lo supo muy pronto, no en vano en 1939 el poder ordena a la Federación Española de Fútbol que cambie el nombre de la Copa del Rey por el de Copa del Generalísimo.


Los silbidos en el estadio barcelonista al Cara el Sol se suceden convirtiéndose paulatinamente el club blaugrana en una caja de resonancia de las reivindicaciones catalanistas y republicanas. Se trataba, a fin de cuentas, de una dimensión simbólica de resistencia frente a la dictadura. Una dimensión que se complementaba con la capacidad de cohesión que encarnaron en su día los colores blaugranas para los millones de inmigrantes que se trasladaron a Catalunya en pleno boom industrial.

Por juan losa
@jotalosa

Publicado enSociedad
Martes, 14 Mayo 2019 05:23

Monopolios de las armas

Monopolios de las armas

Un “sentido común”, trasegado a punta de bayonetas, nos enseñó a postergar (cuando no a resignar) nuestro derecho a saber por qué se gasta en armas el monto descomunal que se ejerce planetariamente… ¡sin consultas ni rendición de cuentas! Historia larga. Es una especie de “valor entendido” por el que suponemos que es “necesario” y “bueno” someterse al mercado mundial de mercancías bélicas fabricadas por la industria trasnacional de la guerra. Y sin chistar. “El gasto militar mundial crece un 2,6% empujado por EEUU y China: «Es una nueva carrera armamentista»” [1] 

Es norma que ignoremos las “hipótesis de guerra” con que se justifica la adquisición de ofertas bélicas. ¿Qué nos amenaza, desde cuándo, cómo y dónde… cuántos son los “enemigos” que percibe el “establishment”, cómo se los define y cómo se los detecta? ¿Quién define dónde se compra, con qué lógica de “defensa” o “ataque” y qué emboscadas tácticas y estratégicas nos convierte en rehenes de los “productos” bélicos del mercado? ¿Nos dan garantía, nos hacen descuentos, tienen “ofertas de temporada”, cómo se publicitan? ¿O el negocio consiste en que paguemos sin preguntar el plan de obsolescencia que a los monopolios de las armas les viene en gana según sus crisis de sobreproducción, también? ¿No merecemos saber en qué se gasta el dinero del pueblo trabajador, especialmente cuando los arsenales que se adquieren no están exentos de peligro -real- de ser usados contra los pueblos que los pagan? “Según los datos más recientes del Instituto Internacional de Estudios para la Paz en Estocolmo (SIPRI), el gasto militar mundial se incrementó un 2,6% respecto a 2017 hasta alcanzar los 1,8 billones de dólares, 87.000 millones más que el año anterior. En la actualidad, es un 76% más alto que el mínimo histórico registrado después de la Guerra Fría, en 1998.” [2]


Se trata de un festín mercantil por el que transitan fortunas inmensas dirigidas, mayormente, a los negocios de: 1. Lockheed Martin (Estados Unidos)con ventas en 2016 de US$47.248 millones; 2. Boeing (Estados Unidos) con ventas de US$29.500 millones (División Defensa, Espacio y Seguridad); 3. BAE Systems (Reino Unido) con ventas de US$25.600 millones; 4. Raytheon (Estados Unidos) con ventas de US$24.069 millones; 5. Northrop Grumman (Estados Unidos) con ventas de US$24.508 millones… son los líderes mundiales en el negocio de la muerte. [3] No se necesita mucha imaginación para comprender la trama comercial de semejante pachanga financiera donde los dueños comparten negocios con la industria bancaria global y los monopolios trasnacionales de “medios de comunicación. Los tres más grandes negocios “legales” del planeta. Y no se requiere mucha retórica para poner en claro que, además de “dividendos” jugosísimos, estos negocios dejan muerte, desolación y humillaciones planetarias. “Industria Global de Armas: Las Empresas de los Estados Unidos Dominan la Lista Top 100” [4]


Con el pretexto legalizado del “secreto de estado”, compradores y vendedores constituyen una feligresía del dispendio y de la muerte a espaldas de los pueblos. Incluso contra los pueblos. No pocas de esas compras y ventas son producto de extorsiones muy diversas con las que ampara una cultura bélica inoculada minuciosamente a diestra y siniestra. Películas, series de televisión, libros, juegos cibernéticos para niños y niñas, canciones, mitos y fetiches a granel inundan los imaginarios colectivos para remachar los principios macabros de una lógica del armamentismo convertida en entretenimiento. Mientras el mundo es bañado con sangre de inocentes. “El 57% de la venta de armamento en el mundo está controlada por empresas de EE.UU.”


Atrapados como estamos en la lógica de la violencia colonialista, los poderes opresores nos hacen aceptar que necesitamos armas, ejércitos, policías y todo género de fuerzas de espionaje y represión. Nos obligan a aceptar, mansamente, que algo o alguien nos amenaza siempre y que debemos adquirir todas las novedades de temporada que los “genios” de la muerte fabrican sin parar. Nos venden las armas y nos venden el entrenamiento, nos venden los “asesores” y nos venden la ideología necesaria para mantenernos fieles a su mercado. Y nos venden, incluso a crédito, la caducidad de su parafernalia para ahogarnos en la lógica de la “actualización”, que ellos han programado, para destruirnos los presupuestos nacionales y los seres humanos. Y también nos venden la idea de que paguemos puntualmente y seamos (nosotros) “pacifistas”.


Al otro lado de la historia están los pueblos que han sabido someter el uso de las armas a sus proyectos emancipadores. Todas las luchas independentistas cuentan con referentes fundamentales que lograron (y logran) levantarse en armas para sacudirse el yugo de las dominaciones imperiales. Hoy mismo las grandes revoluciones pacíficas, acorraladas por las amenazas bélicas burguesas, sólo encuentran salida recurriendo a sus fuerzas populares armadas. Y esta es la clave. No es lo mismo armar bandas de profesionales asalariados para acribillar a los pueblos que los pueblos armados para emanciparse de todas las canalladas opresoras… llámense como se llamen.


En nuestra educación y en nuestra cultura, las armas también juegan un papel crítico de los sistemas económicos y políticos, están en los himnos y están en los próceres. Hay avenidas, calles y barrios que homenajean luchas sociales armadas, tenemos música, pintura, escultura y poética de las batallas contra los opresores. No pocos monumentos y estatuarias refieren a herramientas o héroes con que el pueblo armado derrotó, militar y culturalmente, al opresor (antiguo o nuevo) que levantó sus armas traidoras contra el proletariado que, por cierto, los financió. La lucha entre opresores y oprimidos, la lucha de clases, da a las armas una significación radicalmente contraria. Es una contradicción en donde es necesaria la consciencia de la libertad y la certeza de la emancipación para un mundo distinto, en paz, sin clases sociales, sin amos y sin armas. Humanista.

Por Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

Notas
[1] http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/05/05/el-gasto-militar-mundial-crece-un-26-empujado-por-eeuu-y-china-es-una-nueva-carrera-armamentista/
[2] https://www.rebelion.org/noticia.php?id=255518
[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-41314528
[4] http://cpnn-world.org/spanish/?p=7757

Publicado enCultura
La ciencia necesita tiempo para pensar: el movimiento que quiere acabar con la cultura de “publicar o morir”

El ritmo de la producción científica se ha disparado en las últimas décadas. Algunos estudios recientes estiman que hoy existen unas 30 000 revistas que publican al año más de 2 millones y medio de artículos científicos, con un índice de crecimiento anual de un 5 %.

La presión constante por publicar (el famoso “publica o muere”) fomentada por el exigente sistema de evaluación académico y la mayor competición entre el creciente número de grupos de investigación son algunas de las causas de esta sobreproducción de artículos y revistas. Por otra parte, hay que destacar también la aparición de revistas y congresos “depredadores” con las que algunos investigadores, ávidos por aumentar su número de publicaciones, intentan hinchar sus currículums con contribuciones científicas carentes de rigor y con una escasa revisión por pares.


Oras consecuencias de esta aceleración en la producción científica son el despiece de un mismo estudio científico en el mayor número de artículos posible (“salami slicing”), el plagio y la publicación de resultados difíciles de reproducir o incluso erróneos, muchas veces debidos a la precipitación a la hora de publicar.
Frenar la producción científica


En 2010, la Slow Science Academy de Berlín lanzó un manifiesto a favor de desacelerar este ritmo de producción en la ciencia.


«Decimos sí al flujo constante de publicaciones de revistas de revisión por pares y su impacto; decimos sí a la creciente especialización y diversificación en todas las disciplinas. Sin embargo, mantenemos que esto no puede ser todo. La ciencia necesita tiempo para pensar. La ciencia necesita tiempo para leer y tiempo para fallar. La sociedad debería darles a los científicos el tiempo que necesitan, pero lo que es más importante, los científicos deben tomarse su tiempo».


Al igual que los llamados “movimientos por la calma” Slow Food y Slow Fashion, el Slow Science tiene como objetivo que se valore más la calidad de los artículos científicos que su cantidad, para así promover una investigación mucho más reflexiva y pausada.


Una alternativa a la cultura del “publicar o perecer”


«Solo porque contar el número de publicaciones sea una forma fácil y rápida de evaluar la investigación, no significa que sea una buena forma de medir su calidad. La ciencia es un proceso lento, constante y metódico. No debemos esperar que los científicos proporcionen soluciones rápidas a los problemas de la sociedad».
Son palabras de Uta Frith, profesora emérita en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres y una de las impulsoras del movimiento Slow Science. Cuenta en uno de sus artículos que, al igual que con la producción de alimentos, la lentitud puede ser una virtud.


Se trata de una forma de mejorar la calidad y una alternativa a la cultura predominante del “publica o muere”. Según Frith, “de momento no hay ningún plan a corto plazo, tan solo ir despertando conciencias. Cada vez somos más personas hablando sobre esta idea de manera individual en distintas partes del mundo”.


También en España algunos investigadores son conscientes de la necesidad de ralentizar el frenético ritmo de producción científica.


«Creo que la pertinencia de este movimiento se debe sobre todo a su apuesta por la convivialidad. Tenemos que enlentecer los procedimientos de la investigación para estar seguros de que nos estamos haciendo las mejores preguntas y eso equivale a escuchar a los concernidos e incorporarlos en la tarea del diseño de las preguntas y en la interpretación de las respuestas».


Así explica la importancia del Slow Science Antonio Lafuente, investigador científico del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y uno de los impulsores del movimiento en España.


En una de sus charlas, Lafuente recuerda la historia de Stefan Grimm, un profesor de toxicología en el Imperial College de Londres que se quitó la vida en 2014 tras recibir un correo electrónico de sus jefes quienes le exigían mejorar sus métricas académicas y obtener más dinero en proyectos de investigación.


Antes de suicidarse, Grimm envió un correo electrónico a sus compañeros universitarios relatando lo ocurrido.


«Mi jefe, el profesor Martin Wilikins, vino a mi oficina y me preguntó cuántas becas tenía. Después de enumerarlas, me dijeron que no era suficiente y que tendría que dejar la universidad dentro de un año como máximo. La realidad es que estos científicos en lo más alto de la jerarquía solo miran las cifras para juzgar a sus colegas, ya sean factores de impacto o ingresos en subvenciones. Después de todo, ¿cómo puedes convencer a tu jefe de que estás trabajando en algo emocionante si ni siquiera asiste a los seminarios regulares del departamento?».


Los científicos deben tomarse su tiempo


«En 1844, Charles Goodyear describió en una patente la preparación de caucho vulcanizado, uno de los materiales que más se producen actualmente en la industria química. Este gran descubrimiento no fue resultado de una inspiración repentina, sino que llegó después de más de 10 años de experimentos repetidos y resultados fallidos».


La historia la cuenta Jean-François Lutz, investigador del CNRS en el Instituto Charles Sadron de Estrasburgo, en la prestigiosa revista Nature Chemistry. En él critica la rapidez con la que se publican muchos artículos en el campo de la química antes de estar suficientemente maduros.


«Seguramente el Manifiesto de Slow Science no consiga un cambio de ritmo en la ciencia contemporánea. Sin embargo, alienta a los científicos a pensar en cómo trabajan y sobre su papel en la sociedad. Por tanto, cada investigador debería dedicar unos minutos a leerlo y luego sacar sus propias conclusiones. Después de todo, tomarse un tiempo para pensar es, en cierta manera, a lo que todos aspiramos».

Por Manuel Souto Salom. Investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia (ICMol-UV), Universidad de Valencia

09/05/2019


 

Todo al mejor postor: el nuevo plan del Banco Mundial para privatizar tierras en el sur global

«Para el Banco Mundial, un promotor clave de la agricultura industrial en el Sur Global, esta resistencia es un problema, ya que los derechos tradicionales sobre la tierra se interponen en el modelo de desarrollo económico propuesto por el Banco. Según la institución, «los derechos de los indocumentados (sobre la tierra) plantean desafíos y riesgos para los inversionistas» y, en el caso de África, el desarrollo del continente está «frenado por la confusión con la propiedad de la tierra».


Los efectos de la rápida expansión de la agricultura industrial a gran escala para producir aceite de palma y otros productos agrícolas básicos han sido devastadores en todo el Sur Global en los últimos años. Está obligando a las personas a abandonar sus tierras y destruyendo los medios de subsistencia de millones de personas, al tiempo que contribuye al cambio climático a través de la deforestación y la destrucción del medio ambiente. La tendencia se ha intensificado desde la crisis alimentaria y financiera de 2008, cuando los altos precios de los productos básicos provocaron un aumento del interés en la agricultura a gran escala por los cultivos de alimentos y biocombustibles. Hoy continúa con millones de hectáreas de bosques, áreas de pastoreo y tierras de cultivo convertidas en plantaciones cada año.


El papel central del Banco Mundial en la expansión de plantaciones agrícolas a gran escala


El Banco Mundial ha desempeñado un papel fundamental en la promoción de estos acuerdos de tierras a gran escala. Durante años, a través de diferentes mecanismos que incluyen asistencia técnica y servicios de asesoría a gobiernos, condicionalidad de la ayuda y clasificaciones de negocios, el Banco ha alentado reformas regulatorias dirigidas a atraer la inversión privada extranjera para el crecimiento económico y el desarrollo. Para el 2014, la Corporación Financiera Internacional (CFI), la rama del sector privado del Banco Mundial, estaba administrando 156 proyectos en 34 países por un valor de $ 260 millones para servicios de asesoría para promover el desarrollo del sector privado.


Entre estos esfuerzos, el Banco lanzó en 2013 el proyecto Facilitando los Negocios en la Agricultura (EBA, por sus siglas en inglés) a solicitud del G8, como una de las llamadas “acciones facilitadoras” para la nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición que se formó en ese momento. El objetivo de la EBA es ayudar a crear “políticas que faciliten el hacer negocios en la agricultura y aumente el atractivo de las inversiones y la competitividad de los países”. Para lograr esto, la EBA identifica las “barreras legales” para los agronegocios y prescribe reformas de políticas para eliminarlos. Bajo la guía del Banco Mundial, los gobiernos deberían, por ejemplo, reducir las regulaciones sobre semillas y productos fitosanitarios, es decir, fertilizantes y pesticidas. Inicialmente centrado en 12 áreas temáticas, incluidas semillas, fertilizantes, comercio y maquinaria, el último informe de la EBA, publicado en 2017, presentó un nuevo indicador: la tierra.


Más de 3.000 millones de personas en todo el mundo, la mitad de la humanidad, dependen de la tierra para su sustento, la mayoría en los países en desarrollo. La mayoría de ellos no tienen títulos de propiedad sobre esta tierra; legalmente esa tierra es generalmente propiedad estatal o tierra consuetudinaria. En el Sur Global, los recursos naturales como el agua, los bosques, las sabanas, las tierras agrícolas y de pastoreo se utilizan y gestionan a nivel comunitario bajo leyes consuetudinarias. Las empresas de agronegocios a veces han tenido éxito en apropiarse de tierras consuetudinarias utilizando liderazgos tradicionales, como en el caso de SOCFIN en Sierra Leona. Sin embargo, la tierra consuetudinaria generalmente no se considera como una propiedad individual que se puede comprar o vender, sino que se valora como un bien común, un activo ancestral con un profundo significado social y cultural, que debe preservarse para las generaciones futuras.


Esta es la razón por la cual los agricultores, los pastores y los pueblos indígenas de todo el mundo han estado resistiendo la apropiación de sus tierras, protegiendo sus medios de vida y su identidad cultural y social. La resistencia a menudo se ha encontrado con represión y violencia por parte de milicias privadas o fuerzas de seguridad del gobierno, cobrándose la vida de cientos de defensores de tierras cada año. Sin embargo, con protestas y bloqueos, peticiones, recursos administrativos o acciones legales, muchas de estas luchas han tenido éxito en retrasar, interrumpir o paralizar el avance de plantaciones.


El indicador de tierras de la EBA: un ataque sin precedentes a los derechos sobre la tierra


Para el Banco Mundial, un promotor clave de la agricultura industrial en el Sur Global, esta resistencia es un problema, ya que los derechos tradicionales sobre la tierra se interponen en el modelo de desarrollo económico propuesto por el Banco. Según la institución, «los derechos de los indocumentados (sobre la tierra) plantean desafíos y riesgos para los inversionistas» y, en el caso de África, el desarrollo del continente está «frenado por la confusión con la propiedad de la tierra».


Esto puede explicar por qué el Banco, con fondos de los gobiernos de EE. UU., el Reino Unido y la Fundación Bill y Melinda Gates, todos firmes defensores de la agricultura corporativa, se ha embarcado en un esfuerzo nuevo y sin precedentes para abordar el «problema de la tierra» en los países en desarrollo. Al introducir un indicador de tierra en el proyecto EBA, el Banco ha creado un instrumento para prescribir reformas de políticas que facilitarán el acceso a la tierra para la agroindustria. Introducido como plan piloto en 38 países en el año 2017, se espera que el indicador de tierras se amplíe a 80 países en el informe de la EBA de 2019. Como se detalla en el informe del Instituto Oakland de 2019, «Todo al mejor postor: el nuevo plan del Banco Mundial para privatizar tierras en el sur global», este indicador clasifica a los países según sus “leyes y regulaciones que afectan el acceso a los mercados de tierras para productores y agronegocios”. La EBA identifica y evalúa las «cargas reglamentarias» que afectan el acceso privado a la tierra. Los puntajes que obtienen los países están destinados a condicionar la ayuda y el dinero de inversión.


Si bien el Banco afirma que su intención es proteger los derechos sobre la tierra y otorgar libertad y equidad en el acceso a la tierra, sus recetas se centran en una agenda totalmente diferente centrada en la promoción de la agricultura industrial a gran escala a expensas de los agricultores familiares, los pastores y los pueblos indígenas. Para regular los acuerdos de tenencia de la tierra de los países y «mejorar la productividad del uso de la tierra», el Banco solicita a los gobiernos que formalicen los derechos de propiedad privada, faciliten la venta y el arrendamiento de tierras para uso comercial, sistematicen la venta de tierras públicas mediante subasta al mejor postor, y mejoren los procedimientos de expropiación.


Al sugerir que los países de bajos ingresos no gestionan las tierras públicas de manera efectiva, el Banco recomienda la privatización de las tierras públicas como un camino a seguir: los gobiernos deben convertirse en corredores de tierras y ofrecer tierras públicas con «valor económico potencial» a los intereses privados, de modo que la tierra puede ser ofrecida a su «mejor uso». El enfoque del Banco, por lo tanto, proporciona una vía legal para aumentar el despojo de tierras, la concentración de tierras y su apropiación.


Esta agenda es evidente ya que el Banco alienta a los gobiernos a priorizar la formalización de los derechos a la tierra privada en “áreas agrícolas de alto potencial”. El Banco solo considera otras formas de acuerdos de tenencia de la tierra, como la tenencia de tierras comunales o consuetudinarias, «en áreas rurales con niveles más bajos de potencial agrícola». Sin embargo, los recursos naturales administrados por la comunidad tales como tierras de cultivo, agua, bosques y sabanas son esenciales para el sustento de millones de agricultores familiares, pastores y pueblos indígenas. En África, en general son las zonas donde se organiza el cultivo y el pastoreo, así como los barbechos y las reservas, la recolección de alimentos silvestres, la madera, la pesca y la caza.

Traducción Acción por la Biodiversidad

4 mayo 2019 

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 Xi Jinping, en la ceremonia de inauguración del foro. FRED DUFOUR AFP

Pekín reúne a 37 jefes de Estado en la segunda cumbre de su iniciativa de bandera, cuya expansión ha topado con reveses económicos y políticos

La diplomacia china despliega toda su artillería a partir de este viernes con la celebración del segundo foro sobre la Ruta de la Seda, proyecto clave del presidente Xi Jinping basado en la creación de una enorme red de infraestructuras por todo el mundo. Su concepción en 2013 llamó la atención de todas las capitales del planeta tanto por su ambición como por las incógnitas que rodeaban al plan. Hoy su expansión es innegable, pero muchas preguntas persisten dentro y fuera del país sobre sus fines políticos o viabilidad económica, mientras crecen los recelos tanto en la UE como en Estados Unidos. Pekín es consciente de ello y promete ciertos ajustes en un proyecto que ha llegado para quedarse.


En la ceremonia de apertura de la cumbre este viernes, el presidente chino, Xi Jinping, trató de despejar las dudas sobre el programa. “Tenemos un fuerte compromiso con la transparencia y la gobernanza limpia en esta cooperación. Adoptaremos reglas y estándares ampliamente aceptados y alentaremos a las empresas participantes a seguirlos en el desarrollo, operación, adquisición y licitación de los proyectos (...) Las leyes de los países participantes deben ser respetadas y tenemos la necesidad de asegurar la sostenibilidad comercial y fiscal de todos los proyectos”, aseguró. En esta línea, se prevé que la declaración final del encuentro incorpore un lenguaje que aborde algunas de las preocupaciones de sus socios, con referencias más claras en asuntos como la transparencia, los estándares internacionales de inversión o la financiación sostenible y la deuda.


No se trata de un cambio radical en comparación con el enfoque inicial, pero muestra la voluntad de Pekín de reducir la velocidad y ajustar el plan por su bien a largo plazo. Dentro de China se oyen voces sobre el riesgo de estas inversiones o los posibles incumplimientos de los préstamos. Las autoridades están esbozando una serie de reglas para acotar qué proyectos pueden formar parte de esta iniciativa con el fin de evitar la idea extendida de que la nueva Ruta de la Seda es un cajón de sastre en el que todo cabe. También se ha mostrado cierta flexibilidad al renegociar algunos de los proyectos que estaban en peligro: en Malasia, por ejemplo, la construcción de una línea ferroviaria en su costa oriental sigue adelante después de que China recortara su coste en casi un tercio del valor inicial.


37 jefes de Estado y más de 5.000 participantes de 150 países se reúnen viernes y sábado en la capital china, cifras que superan con creces las delegaciones que asistieron a la primera cumbre celebrada en 2015. Para Pekín es el evento diplomático del año y ha puesto todo su empeño en convencer tanto a sus propios ciudadanos como a la comunidad internacional de que el proyecto está siendo un éxito y que no hay nada que temer.
Ciertamente, China ha logrado en estos últimos años que 125 países respalden abiertamente su plan, entre ellos Italia. Pekín ha desembolsado más de 70.000 millones de dólares en financiar proyectos como carreteras, puertos, líneas ferroviarias, puentes, oleoductos, centrales eléctricas o infraestructuras de telecomunicaciones en Asia, Europa, África e incluso Latinoamérica, región que queda muy lejos de la antigua Ruta de la Seda.


Pero el ambiente en el que se celebra este foro es muy distinto a las grandes expectativas formadas en el encuentro organizado hace dos años. Pekín se ha encontrado con dificultades considerables, desde acusaciones de que el programa es una mera herramienta para expandir la influencia china fuera de sus fronteras a los problemas derivados en aquellos países que solicitan préstamos para megaproyectos (que en ocasiones resultan comercialmente inviables o poco transparentes) y acaban atrapados en una espiral de deuda. Ha habido reveses, por ejemplo, en Malasia, Sri Lanka, Pakistán, Nepal, Maldivas, Myanmar o Etiopía.


“Con estos acuerdos, Pekín quiere mostrar su capacidad de adaptación para asegurarse que la Ruta de la Seda sigue adelante y que estos incidentes son, en realidad, baches en el camino y no barricadas”, afirma Thomas Eder, investigador del Instituto Mercator de Estudios sobre China (MERICS). “Pero incluso aunque se hable mucho de transparencia en esta cumbre y sobre cómo lograr que otros países pueden beneficiarse más de estos proyectos, la dificultad recae en su enfoque básico, diseñado para que ayude a la economía china a crecer. Si China financia gran parte estos proyectos, nunca habrá licitaciones públicas y abiertas para los contratos principales, con lo cual las empresas extranjeras nunca se beneficiarán de ellos”, añade el experto. Hasta el momento, la participación de empresas de terceros países en estos proyectos ha sido muy limitada y los contratos han sido monopolizados por empresas chinas.


Pese a las críticas, China no tiene previsto dar marcha atrás en un proyecto clave para la “nueva era” de Xi Jinping, basada en una política exterior más asertiva con una clara intención de ocupar un papel de protagonista en el escenario global. El alcance y duración del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda no se contará por años, sino seguramente por décadas, al estar incluido desde 2017 en la Constitución del Partido Comunista. Apenas seis meses después, el ideólogo de la iniciativa, el presidente Xi, obtuvo el visto bueno de la formación para permanecer en el cargo por el resto de su vida si así lo desea.

Por Xavier Fontdeglòria
Pekín 26 ABR 2019 - 04:43 COT

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Miércoles, 17 Abril 2019 06:49

Boeing: las alas de la codicia

Boeing: las alas de la codicia

El vuelo 302 de Ethiopian Airlines se estrelló pocos minutos después de despegar de Addis Abeba el 10 de marzo pasado, llevando a la muerte a 157 personas. El avión era un Boeing 737 Max. Cinco meses antes, el vuelo 610 de Lion Air, con el mismo tipo de aeronave, se desplomó después de despegar de Jakarta, provocando la muerte de 189 pasajeros y tripulantes.

Estos accidentes alertaron a las autoridades de muchos países y a los ejecutivos de Boeing. Algo debía estar mal con el avión 737 Max. Mientras la Unión Europea cerraba su espacio aéreo a este tipo de aviones, la Agencia Federal de Aviación (FAA) estadunidense se resistía. El CEO de Boeing, Dennis Muillenburg, llamó a Trump para insistir en que el 737 Max era un avión seguro y que sería un error impedir que continuara volando. Pero la presión internacional se intensificó, y el 13 de marzo la FAA no tuvo más remedio y decretó que toda la flota de 737 Max debía quedarse en tierra.

La semana pasada los ejecutivos de Boeing admitieron que ciertos problemas del sistema de control aerodinámico habían sido la causa del accidente. Esto abre las puertas a un tsunami de demandas no sólo de los familiares de pasajeros, sino de docenas de líneas de aviación que compraron esos aparatos y que ahora no pueden utilizarlos. Las cancelaciones de pedidos del 737 Max suman ya más de 456, y las pérdidas en el valor de mercado de las acciones de Boeing superan 4 mil millones de dólares. La compañía se encuentra en una situación comprometida.

Poco después de que Boeing reconociera que los sistemas electrónicos de control automático pudieran estar relacionados con el accidente, otras revelaciones mostraron que el problema era más profundo y se encuentra conectado con la feroz competencia con su rival Airbus por el control del mercado mundial de aviones. A final de cuentas, la causa de los accidentes se encuentra en la irresponsabilidad y codicia de ingenieros y ejecutivos de Boeing.

En 2010 la empresa europea Airbus dio a conocer planes para dotar a su familia de aviones A320 de un nuevo motor, más grande y eficiente en el consumo de combustible. La plataforma A320 había sido un éxito comercial y le había quitado una importante parcela de mercado a Boeing. El nuevo A320neo era una grave amenaza para Boeing. Sus dirigentes tuvieron que escoger entre diseñar una nueva familia de aviones o adaptar la estructura de los 737 para la nueva batalla.

El diseñar y lanzar una nueva familia de aviones es extraordinariamente costoso para una compañía de aviones y puede comprometer a toda la empresa. Así que Boeing prefirió dotar sus 737 de nuevos motores que pudieran rivalizar con los del A320neo.

Sólo que hay una diferencia esencial entre el Airbus A320 y el Boeing 737. El primero es más alto y permite instalar los nuevos motores sin problema. En cambio, el 737 es más bajo y por esa razón no podía acomodar los nuevos motores de mayor diámetro bajo sus alas. En 2010 la compañía estuvo a punto de cancelar esa estrategia, comenzar a diseñar una nueva familia de aviones y dejar que Airbus se quedara con una mayor parcela del mercado durante algunos años. Pero en 2011 los ingenieros de Boeing anunciaron que el problema de la baja altura del 737 se había resuelto, cambiando la posición de los motores sobre los montantes en las alas y elevándolos para alejarlos del suelo.

Pero el cambio en la posición de los motores cambió el comportamiento aerodinámico del 737. Al acelerar, el avión tiende a elevar la nariz por arriba del nivel de seguridad, y si eso no se corrige el aparato pierde velocidad y sustentación. Para corregir ese defecto, Boeing instaló un sistema electrónico MCAS, que automáticamente baja la nariz del avión. Este nuevo sistema casi ni se menciona en los manuales de operación, porque Boeing quería vender el 737 Max como un aparato esencialmente idéntico a los anteriores de la misma familia, lo que permitiría reducir el costo de entrenamiento para los pilotos.

Pero muchos pilotos estadunidenses se quejaron de que el avión mostraba una peligrosa tendencia a inclinar la nariz hacia abajo. Otros se quejaron de que no habían recibido información sobre el sistema MCAS, y que nadie les había indicado cómo desactivarlo.

La FAA debió comprobar que el cambio en la posición de los motores del 737 Max no comprometía la seguridad del avión. Pero en años recientes la FAA ha sufrido tantos recortes presupuestales que tuvo que delegar a Boeing la tarea de certificar la seguridad de sus propios aparatos. Este síndrome de la autocertificación es el mismo que se promueve en el sistema financiero y la industria farmacéutica. Boeing pudo vender sus aviones 737 Max al amparo de este sistema.

Los pedidos del 737 Max pasaron de 150 en 2011 a 914 en 2012, mientras los del nuevo A320 se desplomaron. Pero hoy los accidentes de Lion Air, en Indonesia, y de Ethiopian Airlines han llevado a Boeing al borde de la quiebra, con miles de aviones 737 impedidos de volar y demandas de compañías de aviación por pérdidas astronómicas. Las alas de Boeing se derriten al calor de la codicia.

Twitter: @anadaloficial

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¿Derrumbó el mandarín la "muralla Maginot" comercial de la Unión Europea?

Trump se salva de un impeachment, donde el reporte Mueller puso en ridículo a los delirantes rusófobos de EU y México controlados por el megaespeculador George Soros, mientras el mandarín Xi descuelga resultados exitosos en su periplo a Italia/Mónaco/Francia para la conectividad euroasiática que constituye veneno puro para la añeja geoestrategia disruptiva basada en los conceptos anacrónicos de Halford McKinder y Zbigniew Brzezinski.

Después de la Primera Guerra Mundial, los militares franceses edificaron la "línea Maginot (400 kms de largo y 19 fortificaciones)" en su frontera con Alemania hasta Italia con la finalidad de impedir la invasión nazi, lo cual resultó en un soberano fracaso.

No faltaron ahora en Europa vetustos teóricos de la "línea Maginot" para edificar su "muralla Maginot" comercial, con el propósito de frenar el avance irresistible de las tres Rutas de la Seda (https://bit.ly/2CuUAqX). Lo que de-nominó "muralla Maginot" fue derrumbada con un cañonazo de € 60 mil millones del mandarín Xi, primordialmente para comprar una flotilla de 300 (sic) aviones Airbus (sumados a otros 10 de largo alcance), en detrimento de los averiados y accidentados aviones Boeing 737 Mex, como había adelantado (https://bit.ly/2unQnkr).

Shi Jiangtao de SCMP asienta que “Europa derrumbó en París sus barreras ante Xi(https://bit.ly/2Ug6cbb)”, pese a "presiones de EU" y a la incorporación de Italia al máximo proyecto de infraestructura del siglo 21: las tres Rutas de la Seda.

En forma inesperada e inédita, el presidente galo Macron, la canciller alemana Ángela Merkel y el líder de la Comisión Europea Jean Claude Juncker alabaron la iniciativa de infraestructura china y exhortaron al "establecimiento de una definición común para un nuevo (sic) orden internacional" con el fin de lidiar con los "desafíos del multilateralismo", en claro rechazo al proteccionismo unilateral de Trump.

La canciller Merkel admitió que el proyecto chino es "importante" y afirmó que los "europeos desean jugar una parte activa que deba llevar a cierta reciprocidad". La incrustación de Italia a la Ruta de la Seda china "entristeció" al fundamentalista cristiano Mike Pompeo, secretario de Estado nada exitoso (https://bit.ly/2FC5yf0), mientras Merkel comentó que "no tenía nada que criticar".

Se empieza a dibujar el mapa de la “encrucijada de puertos ( hub ports)” en el mar Mediterráneo como terminales de las tres Rutas de la Seda: 2 en Israel (lo cual no entristece a Pompeo (https://bit.ly/2RdRAUY); el Pireo(Grecia); 4 en Italia (Génova, Trieste, Ravena y Palermo); Mónaco y quizá Niza, sin contar Duisburgo y Hamburgo en Alemania.

La conectividad con Mónaco es también turística y cibernética mediante su incorporación este año al 5G de Huawei que, pese a la guerra comercial de Trump, obtuvo 25 por ciento más de suculentas ganancias con sus celulares(https://bloom.bg/2FIfjIn).

En forma cautelosa Merkel no desea, ni le conviene, romper los puentes geoeconómicos con Trump y pretende mantener un acrobático equilibrio simultáneo con EU y China que depende ya de muchas variables, cuando los tres gigantes geoeconómicos representan 67.3 por ciento del PIB global. Como ilustran los juegos matemáticos de Von Neumann, las partidas entre tres jugadores suelen ser muy inestables.

Sonaba anómala la rivalidad geoeconómica de la Unión Europea a las tres Rutas de la Seda de China cuando Alemania encabeza la participación "no-regional" en el AIIB(https://bit.ly/2TGi1Dj) con 4.2 por ciento, seguida por Francia 3.2 por ciento(https://bit.ly/2JkwNL6). Llama la atención la participación de Canadá con 0.5 por ciento, donde obvio no aparecen EU ni México como miembros del T-MEC. Entre los "miembros regionales", China ostenta 26.7 por ciento y Rusia viene en segundo lugar con 6.05 por ciento.

Falta ver cuál será el revire vengativo de Trump contra las importaciones automotrices alemanas. De dos cosas una: o los europeos le tenían guardada una sorpresa desagradable a Trump o este apretó demasiado las tuercas para orillarlos a refugiarse con China, bajo la protección del paraguas militar hipersónico de Rusia. O las dos.

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El mandarín Xi seduce a Italia y resucita a Marco Polo

Estados Unidos (EU) se desgarra con el resultado de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, mientras China se insinúa triplemente en Italia, en el principado de Mónaco (Ciudad-Estado a carta cabal y paraíso fiscal estratégico) y Francia.

Ocho siglos después al descubrimiento de la entonces encapsulada civilización china por el veneciano Marco Polo, ahora el mandarín Xi conecta con Europa a sus "Tres Rutas de la Seda" –terrestre, marítima y del Ártico (https://bit.ly/2CuUAqX)– primordialmente con Italia, pese a la hostilidad de EU y la Unión Europea(UE).

Se dice fácil, pero Italia, miembro del cada vez más agónico G-7 y la disfuncional OTAN, es el primer país europeo a vincularse con el supremo proyecto geoeconómico de infraestructura del siglo XXI que cuenta con el apoyo militar geoestratégico de Rusia.

Según Global Times, la audaz conectividad de Italia con las rutas de la seda del siglo XXI constituye "una ruta pragmática para estimular su economía" (https://bit.ly/2YkmFdY).

El portal chino comenta que la economía de Italia no se ha recuperado de la crisis financiera de 2008 ni de la crisis europea de la deuda, por lo que acoge con agrado las inversiones de China que básicamente busca “puertos de encrucijada ( hub ports)” en Europa para recibir "contenedores de larga escala", como es el caso del puerto de Pireo (Grecia), adquirida por Cosco de China.

Israel, con el primer Netanyahu, principal aliado de Trump en el mundo, ya cedió dos de sus tres principales puertos a China (https://bit.ly/2RdRAUY), mientras Pekín coloca su mira en los puertos italianos de Génova y Trieste.

En China están conscientes del endurecimiento de la postura de la UE que tilda a Pekín de "competidor económico en búsqueda del liderazgo tecnológico y un rival sistémico (sic) que promueve modelos alternativos de gobernanza". ¿Cuál es el problema de que exista la multipolaridad de corte ecuménico plural sin apartheid tecnológico?

Le Monde, muy cercano a la cancillería francesa, informa que los gobiernos italiano y chino firmaron un protocolo de acuerdo "no vinculante" de 29 contratos –de 2 mil 500 millones de euros a un potencial de 20 mil millonesde euros– para el "ingreso de Italia en las nuevas rutas de la seda", pese a "las inquietudes de Bruselas y Washington".

Los principales contratos son descolgados por Ansaldo (turbinas) y el Grupo Danieli que participara con mil 100 millones de euros a la construcción de una siderúrgica en Azerbaiyán– que, a mi juicio, conecta las rutas de la seda con la Unión Económica Euroasiática del zar Vlady Putin (https://bit.ly/2HINfbF).

Hoy Alemania ostenta siete veces más exportaciones que las de Italia a China que apenas llegan a 13 mil millones de euros cuando existe mucha duplicidad europea, quizá para aplacar la ira trumpiana, en referencia a los intercambios de Alemania y Francia con China: el comercio bilateral de Pekín y París ha alcanzado niveles récord cuando las exportaciones francesas agrícolas, farmacéuticas y de cosméticos crecen en forma exponencial (https://bit.ly/2U4GRBe).

Después de la visita un tanto cuanto inesperada del mandarín Xi a Mónaco, acudirá a Francia, donde participará en "una reunión inédita con el presidente Emmanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker", según Le Monde, que afirma el escepticismo de Macron sobre el acuerdo entre China e Italia y la "acción europea uniforme de Merkel frente a Pekín" (https://lemde.fr/2Wk1TcA).

Asia Times vaticina que el mandarín Xi descolgará "magnos acuerdos con el presidente galo Macron", donde pesará la sombra de la debacle de Boeing que aprovechará la aeronáutica europea de Airbus (https://bit.ly/2USzav3).

¿Se adelanta Italia a la virtual balcanización de la UE, que empiezan a enunciar los medios alemanes (https://bit.ly/2CCjaWK), o a la inevitabilidad del Zeitgeist (espíritu del tiempo) del siglo XXI con la predominancia de la "asociación estratégica" de China (superpotencia geoeconómica) y Rusia (superpotencia "hipersónica" militar)?

¿El mar Mediterráneo convertido en mare sinicum?

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