“Europa fue el primer muerto del coronavirus”

El trastorno planetario provocado por la propagación del Covid-19 no tiene espejos en la historia. Siete años después de que China pusiera en marcha su programa más ambicioso de reconquista del mundo reactualizando el mito de la Ruta de la Seda, esa ruta se convirtió en un sendero de muerte. En 2013, Beijing desplegó una red de infraestructuras repartida por los cinco continentes mediante comunicaciones marítimas y ferroviarias entre China y Europa, pasando por Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Portugal, Francia o el Reino Unido. El sueño de 1.000 millones de dólares dio lugar a la tercera extinción del siglo XXI: la primera fue financiera, con la crisis bancaria de 2008; la segunda fue la extinción de las libertades cuando el exanalista de la Central de Inteligencia Americana (CIA) Edward Snowden reveló la extensión y la profundidad del espionaje planetario orquestado por Estados Unidos y sus agencias de seguridad; la tercera es sanitaria.

Ya nadie se pregunta hacia dónde va el mundo sino, más bien, si mañana habrá un mundo. Las máscaras del tecnoliberalismo y su construcción global, es decir, la globalización, se han caído. La máscara, ese objeto tan precioso para sobrevivir, se volvió el revelador del abismo mundial; sin máscaras se corrió el telón de la ausencia de consenso a escala europea para enfrentar la crisis sanitaria y financiera, o pactar ordenadamente el cierre de las fronteras; sin máscaras, la Organización Mundial de la Salud (OMS), supuestamente a cargo de la salud del planeta, demostró que era un gigante burocrático sin incidencia en la realidad; sin máscaras, la cooperación internacional apareció como una ficción desesperada. Las divergencias entre estadounidenses y europeos nunca fueron tan insuperables, tanto como las que atraviesan a los Estados que componen la Unión Europea. Entre insultos, incomprensión, golpes bajos y visiones antagónicas entre la preservación de la vida o la salud o la de la economía y las finanzas, los dirigentes de las potencias sobresalieron por su incapacidad para diseñar un horizonte.

El mundo que existía desde la Segunda Guerra Mundial dejó de respirar. Donald Trump enterró el multilateralismo heredado del siglo XX, mientras el coronavirus ponía la cruz sobre un sistema internacional que de “sistema” solo tenía el nombre.

Muchos de estos acontecimientos han sido anticipados por Bertrand Badie a lo largo de una obra consagrada a las relaciones internacionales. Profesor en Sciences Po París y en el Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales (CERI), Badie desarrolló una obra del otro lado de los consensos. En 1995 se adelantó enLa fin des territoires [El fin de los territorios], en 1999 exploró cómo sería Un monde sans souveraineté [Un mundo sin soberanía] y en 2004 empezó a tejer el análisis sobre la inercia de los poderosos, es decir, la impotencia de los potentes y publicó L'impuissance de la puissance. Essai sur les incertitudes et les espoirs des nouvelles relations internationales. Los ensayos siguientes lo acercaron a la configuración actual: El tiempo de los humillados. Una patología de las relaciones internacionales y Diplomacia del contubernio. Los desvíos oligárquicos del sistema internacional (ambos editados por la Universidad Nacional de Tres de Febrero). En esta entrevista, realizada en plena crisis mundial, el profesor le sigue los pasos a un mundo que se cae y esboza los contornos del próximo.

Hemos cambiado de paradigma con esta crisis sanitaria. Usted sugiere que, desde ahora, la seguridad de los Estados ya no es geopolítica sino sanitaria.

Así es, y hay un conjunto de cosas. Están la seguridad sanitaria, la seguridad medioambiental, la seguridad alimentaria y la seguridad económica. Conforman varias seguridades que ya no son militares sino de naturaleza social. Se trata de un gran cambio con respecto al mundo de antes. En este momento, por primera vez en la historia, estamos descubriendo la realidad de la globalización. Este descubrimiento no atañe a los Estados, sino que toca a cada individuo. Esto es lo nuevo. En la historia, es raro que los individuos aprendan en directo, en su propia carne, en su vida cotidiana, cómo son realmente las transformaciones de la vida internacional. Antes estaban las guerras para acercar este aprendizaje, pero las guerras afectaban indirectamente a la población. Aquí, todo el mundo está afectado. Podemos entonces esperar un cambio de la visión del mundo y de los comportamientos sociales. Esta tragedia puede conducir a una transformación brutal de la visión que tenemos del mundo y de nuestro medio ambiente. Tal vez, se dejarán de lado todos los viejos esquemas, es decir, los esquemas como el de la concepción militar y guerrera de la seguridad, entiéndase, un mundo fragmentado entre Estados-nación en competencia infinita y una concepción de las diferencias que remite siempre a esa dualidad de la vida entre amigos y enemigos. Hoy ya no hay amigo o enemigo sino asociados que están expuestos a los mismos desafíos. Esto cambia completamente la gramática de la sociología y de la ciencia de las relaciones internacionales. El otro ha dejado de ser un rival, el otro es alguien de quien dependo y que depende de mí. Esto nos debe conducir hacia otra concepción de las relaciones sociales y de las relaciones internacionales, en la que estoy obligado a admitir que, para ganar, necesito que el otro gane; tengo que admitir que, para no morir, necesito que el otro no caiga enfermo. Esto es algo completamente nuevo. 

Sin embargo, los desacuerdos entre los Estados nunca habían sido tan abismales. Las relaciones entre Europa y Estados Unidos han empeorado con esta crisis sanitaria mientras que, dentro de la Unión Europea, los antagonismos se han profundizado en el momento más dramático de la humanidad.

En la situación actual nos encontramos con desacuerdos entre Estados Unidos y el resto del mundo a los que ya estamos acostumbrados. Pero también vemos profundos desacuerdos dentro de Europa con, por ejemplo, el rechazo de Alemania a los famosos “coronabonos”, es decir, la mutualización de las deudas. Ese será justamente el gran enigma cuando salgamos de la crisis. Seguimos estando coyunturalmente en un esquema de desacuerdos enormes y de competencia tal vez más agudos que antes. Pero eso es porque estamos en una situación de urgencia y, en estos casos, el reflejo natural es esconderse detrás de un muro, cerrar las puertas y las ventanas. Podemos esperar que el miedo suscitado por esta crisis conduzca a que se reconozca que no será viable enfrentar en forma duradera este tipo de nuevo desafío sin una profunda cooperación internacional. Es comprensible que los desacuerdos y la competencia entre los Estados sean densos en medio del incendio. Sin embargo, es necesario entender que, a corto plazo, habrá que cambiar de programa.

Queda entonces la tarea de redefinir una nueva geopolítica.

La geopolítica ha muerto. La visión tradicional, geográfica, de las relaciones internacionales no vale más porque estamos en un mundo unido. La realidad ha dejado de ser la confrontación entre regiones del mundo y Estados para volverse la capacidad o la incapacidad de gestionar la globalización.

El colapso sanitario explotó en un mundo ya muy trastornado por el surgimiento casi planetario de movimientos sociales y por la redefinición de las propuestas políticas marcadas por la nostalgia nacionalista. Las tres figuras emergentes de este contexto son los negacionistas de la pandemia: Donald Trump, Boris Johnson y Jair Bolsonaro.

La pandemia intervino en un contexto doble que no se debe olvidar. El primero es el ascenso vertiginoso del neonacionalismo en diferentes latitudes: en Estados Unidos, Gran Bretaña, Brasil, Europa e incluso en los países del Sur. Ese nacionalismo lleva a los dirigentes en el poder a promover o halagar a las opiniones públicas fomentando la ilusión de una respuesta nacional o de protección frente a los peligros. Ello agrava la situación porque esta tentación demagógica viene a complicar la gestión multilateral de esta crisis. El segundo contexto remite a que recién salimos de un año 2019 absolutamente excepcional. 2019 fue el año en que se dieron una multitud de movimientos sociales a través del mundo: América Latina, Europa, Asia, África, Oriente Medio. Estos movimientos sociales reclamaban lo mismo: un cambio de políticas. Las revueltas sociales denunciaban el neoliberalismo y la debilidad de la respuesta de los Estados y, también, de las instituciones y de las estructuras políticas. Hoy, para los Estados, la gran dificultad se sitúa en el hecho de que tratan de responder a corto plazo y con un perfil nacionalista mientras que, al mismo tiempo, cuentan con muy poca legitimidad en el seno de sus sociedades. La consecuencia de este esquema han sido las dudas, los tanteos y la ineficacia demostrada por los gobiernos. Una situación semejante obligará a cambiar la gramática de los gobiernos.

Hay, en toda esta tragedia, una contradicción cruel: justo antes de la crisis sanitaria, China se encontraba en plena expansión. En 2013 empezó a reactualizar el mito de la Ruta de la Seda y para ello desplegó una impresionante red de comunicación y de infraestructuras a través del mundo. Pero esa Ruta de la Seda mutó en ruta de la muerte.

Es cierto y hay dos puntos esenciales. En primer lugar, esta crisis que se inició en Wuhan golpeó muy fuerte a la economía china y, diría, a la propia credibilidad de los políticos chinos y sus políticas. La crisis también reveló las debilidades del sistema chino. No olvidemos que el virus nació debido a la fragilidad del sistema sanitario y alimentario de China: el coronavirus nació en esos mercados que no responden a las reglas elementales de higiene. Fue la base de su propagación. La credibilidad china se vio disminuida debido a esta fragilidad sanitaria. Al mismo tiempo, hay una paradoja: China ingresó antes que nadie en esta crisis, pero también salió de ella antes que los demás y de forma eficaz. No estoy seguro de que Europa tenga la misma capacidad de reacción que China. Salvo si, por desgracia, China conoce una segunda ola de contaminación, es muy probable que esté de pie cuando Estados Unidos y los países de Europa sigan de rodillas. China está tratando de probarlo enviando médicos y equipos y ofreciendo ayuda a los países que están en plena tormenta. Esto puede significar que cuando nosotros continuemos peleando contra el virus China se habrá levantado y tendrá, entonces, una ventaja frente a las viejas potencias.

A lo largo de esta crisis hemos asistido a una suerte de geopolítica de chez soi, es decir, una geopolítica de casa para adentro. Cada país se concentró en su problemática cuando el imperativo no era financiero como en la crisis de 2008, sino sanitario.

La urgencia es doble. Es sanitaria ahora y será económica y financiera muy rápidamente. El problema radica en que Europa ha sido la primera víctima del coronavirus. Europa fue el primer muerto. Todos los reflejos que se esperan de Europa están ausentes. La primera intervención de Christine Lagarde, la directora del Banco Central Europeo (BCE), fue catastrófica. Hasta llegó a invitar a los Estados a que se las arreglaran por su cuenta. Luego, la respuesta de la Comisión Europea resultó igualmente débil. El desacuerdo entre los principales países europeos (Alemania, Francia, España, Italia, Países Bajos) en torno de la gestión de la mutualización de las deudas muestra hasta qué punto se carece de un resorte europeo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Europa se construyó por primera vez en su historia porque los europeos tenían miedo de una tercera guerra mundial y sabían que no podría reconstruirse ni salir de las ruinas únicamente con el esfuerzo nacional. Por eso se eligió una reconstrucción colectiva. Hoy, como todas esas metas han sido alcanzadas, la dinámica europea ha dejado de existir. No obstante, es precisamente allí donde está la clave de su porvenir. El miedo que los europeos tenían en 1945 lo vuelven a sentir ahora con el coronavirus. Los europeos van a descubrir que esa necesidad de reconstrucción que había en 1945 persistirá en cuanto salgamos de este drama sanitario. Tal vez, la conjugación de estos dos factores conduzca a que Europa renazca al final de esta crisis. Pero claro, cuando llegue ese momento habrá que cambiarlo todo. 

Aunque los paralelismos puedan resultar tramposos, muchos analistas trazan un paralelo entre la situación actual y la crisis de 1929. Luego de aquella hecatombe vino la Segunda Guerra Mundial y, justo antes, el ascenso del nacionalismo. ¿Acaso el virus no podría volver a fecundar un contexto semejante?

Es demasiado pronto para saber cómo serán las consecuencias. Las cosas pueden ir en los dos sentidos. Pero quisiera igualmente señalar que, antes del fascismo y el nazismo, el primer resultado de la crisis de 1929 fue el keynesianismo y Franklin D. Roosevelt, es decir, la reorientación de la economía mundial que permitió su salvación. No hay que tener una visión exclusivamente pesimista sobre los efectos de esta crisis. Creo que todo dependerá de la manera en que el miedo actual evolucione y de cómo ese miedo sea gestionado políticamente. Si el miedo desaparece rápidamente, se corre el riesgo de que volvamos a comenzar con el viejo sistema. Si el miedo perdura, tal vez esto nos conduzca hacia las transformaciones que necesitamos. Sin embargo, desde ahora, se plantea el gran problema de la gestión política del miedo. ¿Quién se hará cargo? Seguramente, la extrema derecha utilizará ese miedo como recurso electoral explicando que es urgente reconstruir las naciones, los Estados y restaurar el nacionalismo. No obstante, la extrema derecha no es la única oferta política existente. 

Sí, pero ya antes de esta crisis la extrema derecha se erigió como planteo político reestructurado y con mucha legitimidad.

Hay mucho de eso. Si se observan los Estados europeos, todos tienen un sistema político descompuesto. En Francia no hay más partidos políticos, en Alemania la socialdemocracia no cesa de debilitarse mientras que los demócrata-cristianos de la canciller Angela Merkel están sumidos en una crisis, en Italia la democracia cristiana y el Partido Comunista desaparecieron, e incluso en Gran Bretaña el sistema partidario que antaño estaba tan bien estructurado ya no existe más. Estamos en plena recomposición política. La versión optimista quiere que esta recomposición política desemboque en el nacimiento de partidos con capacidades de llevar las riendas de la globalización. De hecho, actualmente, ningún partido político sabe qué es la globalización. Tal vez advenga un keynesianismo político. Por el contrario, el horizonte negativo sería que esa recomposición no se lleve a cabo. 

En uno de sus últimos libros y, más recientemente, cuando estallaron las insurgencias sociales en 2018 y 2019, usted planteó que estábamos ingresando en el segundo acto de la globalización. ¿Acaso esta crisis no ha barrido con ese segundo acto?

No, para nada, es el mismo. No hay que disociar lo que ocurrió en 2019 de lo que está pasando ahora. Es lo mismo, es decir, el redescubrimiento angustiado de una urgencia social. Ese es el segundo acto de la globalización, el cual consiste en distinguir globalización de neoliberalismo, es decir, dejar de confiarle al mercado la gestión exclusiva de la globalización. En el curso de este segundo acto se trata de construir una globalización humana y social. Estas fueron las demandas de 2019 y los mismos reclamos vuelven ahora con urgencia ante la crisis del coronavirus. Si somos optimistas, podemos esperar que esta crisis termine por acelerar el advenimiento del segundo acto de una globalización humana y social. De lo contrario, cabría pensar que la catástrofe sanitaria no hizo sino complicar y atrasar la marcha hacia la segunda secuencia. 

2019 nos mostró a una humanidad ligada por lo que usted llamó un perfil intersocial. ¿Persiste aún esa dimensión de conexión, de diálogo y de compenetración entre identidades sociales?

Sí, claro, tanto más cuanto que esta crisis nos revela que las relaciones intersociales se vuelven determinantes a través del planeta. Estas relaciones intersociales son incluso más importantes que las relaciones entre los Estados, los gobiernos o los militares. El porvenir del planeta está en las interacciones sociales, en la tectónica de las sociedades, es decir, en esa capacidad propia de las sociedades para interactuar entre ellas más allá de la voluntad de los gobiernos.

Uno de los ejes constantes de su reflexión ha sido plantear la forma en que, en las relaciones internacionales modernas, es el Sur quien fija la agenda del Norte y, también, cómo ello desembocó en una representación geopolítica marcada por la impotencia de los poderosos. El coronavirus ha dejado al desnudo esa impotencia.

¡Estamos más que nunca en ese esquema!. Estamos viendo cómo los instrumentos clásicos de la potencia no pueden hacer absolutamente nada frente al coronavirus. Estados Unidos, que es la superpotencia de las potencias, conoce una propagación de la infección superior a la de China y Europa. Hemos dejado de estar en el registro de la potencia. Los recursos clásicos de la potencia nada pueden hacer. Debemos pasar ahora de la potencia a la innovación. Solo ganaremos si convertimos la vieja concepción de la potencia en capacidad de innovación para encontrar nuevos tratamientos, una vacuna, así como los medios técnicos capaces de remodelar la globalización para que esta no sea, como hoy, una fuente de dramas. Estamos ante un nuevo umbral de la historia. 

Un nuevo umbral con un interrogante dramático: ¿qué ocurrirá cuando el coronavirus se expanda en los países del Sur carentes de toda estructura sanitaria?

Esa eventualidad anuncia una catástrofe. Si la pandemia llega al Sur, será todavía más dramática y lastimará más profundamente al planeta entero. Ello prueba que los centros de gravedad de nuestra historia y de nuestro porvenir están en el Sur. El auténtico momento de la verdad se planteará cuando África se vea confrontada masivamente a esta tragedia.

Se han caído tantas máscaras con esta crisis global. La búsqueda de una vacuna, por ejemplo. Cada país la elabora por su cuenta: Francia, Estados Unidos, Rusia, China, Cuba. Y en el medio está el espectáculo indecente de la OMS: no tiene voz, ni influencia, ni capacidad alguna de organizar acciones coordinadas. Se ve como un monstruo vacío y burocrático.

Este tipo de anarquías son frecuentes en las situaciones de urgencia porque se establece una competencia entre un conjunto de actores que trata, más o menos sinceramente, de encontrar un remedio. Es algo paradójicamente normal porque así se estimula y se aceleran las investigaciones. Ahora claro, si estuviésemos en un mundo ordenado, la OMS habría debido encargarse de la definición de los protocolos de investigación y de los protocolos terapéuticos. Pero la OMS se ha vuelto alguien que cada tarde lee comunicados carentes de interés. Pero la naturaleza humana termina siempre por triunfar. El problema consiste en saber qué sacrificio habrá que hacer para todo esto. Un muerto es un muerto de más y ahora vamos ya por miles de muertos. Pienso que la humanidad renacerá de todo esto más fuerte y más consciente.

Por Eduardo Febbro (NUSO) 6/04/2020

Claude TRUONG-NGOC

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Esta entrevista se publicó en Nueva Sociedad.

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Los señores del petróleo juegan una partida mortífera

A sólo 20 dólares el barril, el mundo del petróleo está experimentando una severa contracción, debido a la guerra de precios entre Arabia Saudí y Rusia y a la drástica caída de la demanda internacional, deprimida por la pandemia y la crisis económica que la acompaña. En solo unas semanas, el consumo ha caído de 100 millones de barriles al día a 75 millones, una disminución del 20%.

Mientras el desconcertado Trump, que se encuentra al borde de una crisis impensable, hacía una llamada a Putin el lunes [30 demarzo], se dibuja una amenazante perspectiva de ruina para las empresas norteamericanas de petróleo de esquistos, pero lo que es más importante, para pueblos y países enteros, que viven de las exportaciones de “oro negro”.  

El mundo árabe y el Golfo están al borde del derrumbe, Irán se encuentra en estado de crisis debido a las sanciones y, en el norte de África, de Egipto a Argelia y Túnez, se atisba una recesión sin precedentes, acompañada de conflictos interminables y crisis de legitimidad de regímenes que, como mínimo, tienen que lograr dar de comer a su pueblo.

Se trata de una desestabilización que afecta a Irak, Siria, Irán, Líbano, Jordania y los millones de refugiados que deambulan y están varados en los márgenes de países cada vez más pobres que ahora se ven asolados por la epidemia del coronavirus.

Es éste un mundo que depende más o menos directamente del “oro negro” y de las inversiones ligadas a la industria petrolífera para poder llegar a fin de mes y simplemente sobrevivir. Mientras hasta los países del Golfo, los más ricos, están cerrando la billetera, las perspectivas son aun más aterradoras para todos los demás. Así, por ejemplo, Qatar tendrá que cubrir el coste de los 150 millones de dólares que acaba de donar a Gaza.

Al fondo todo esto figuran los Estados Unidos, y no se han ido en absoluto lejos: no abandonan su meta de cambiar el régimen de Teherán, epicentro en Oriente Medio del COVID-19, mientras Turquía ajusta cuentas con los kurdos asesinando a Nazife Bilen, la mujer de más alto rango entre los combatientes del PKK. Esto es únicamente lo que hay que esperar, pues las crisis — siquiera las peores— no paran las guerras ni detienen a los tozudos carniceros de pueblos enteros, como Erdogan, que sigue librando una lucha incesante contra Asad en el infierno humanitario de Idlib.

Están ocurriendo cosas que no tienen precedentes, ni siquiera en la Gran Depresión: se está pagando a las empresas para que se lleven el excedente de petróleo. Los productores ya no saben dónde almacenarlo, razón por la cual una serie de países y varias multinacionales han empezado a cerrar pozos de petróleo e incluso refinerías. Cuando termine la crisis del coronavirus, bien podría suceder lo contrario: podría no haber bastante oro negro en los mercados.

La guerra petrolífera la desencadenó el impulsivo rechazo de recortar la producción, como había pedido Arabia Saudí en el marco de la “OPEP+1″, el acuerdo del histórico cártel petrolífero con Moscú que había mantenido a flote los precios del petróleo. Trump se agarra ahora a Putin, tratando de persuadirle de que suba los precios después de convencer al “príncipe negro” Mohamed Ben Salman de recortar la producción. Moscú, sin embargo, no quiere ceder, está empeñado en sacar del negocio a las empresas norteamericanas, abrumadas por las deudas, y está dispuesto a quemar las reservas del Fondo Soberano Ruso (150.000 millones de dólares) para cubrir los ingresos perdidos. En juego está el liderazgo del mercado energético, no solo del petróleo sino del gas, en el que Rusia domina los suministros en Europa, tanto de modo directo como con ayuda de la conexión de la Turquía de Erdogan.

Esta es la razón por la que el precio del petróleo tiene implicaciones estratégicas formidables: se trata también de influir en los acontecimientos en una inmensa zona, del Mediterráneo a Oriente Medio y al norte de África. Pero hasta el zar podría pensárselo mejor: el juego de tirar los precios puede resultar mortífero.

Los compañías norteamericanas de petróleo de esquisto se encuentran en respiración asistida. Comenzaron su ascenso en 2008, cuando el coste del barril había llegado casi a 150 dólares, un precio extravagante que empujó a las empresas a invertir en innovación, pero también a endeudarse. Encontraron dificultades ya en 2016, cuando comenzó el declive de los precios del crudo, y ahora no saben qué hacer para devolver sus deudas, y sus existencias se han visto desvalorizados hasta llegar a un nivel casi de baratillo. Desde ese año ha habido docenas de bancarrotas en ese sector, con deudas por encima de los 120.000 millones de dólares.

Hay llanto y crujir de dientes de toda la gente del sector. Los efectos de la caída del precio podrían ser comprensibles desde un punto de vista económico, pero la situación parece mucho más apurada desde una perspective estratégica: si continua esta situación durante un periodo más largo, los presupuestos de los países productores, ya en dificultades debido tanto a factores internos como internacionales, como es el caso de Irán, sometido a embargo, Argelia, en una frase de transición muy crítica, Irak, asolado por las revueltas, y Libia, estrangulada por la guerra civil, podría sufrir golpes fatales. En estos países el petróleo lo paga todo, o casi todo: del pan en la mesa para la gente corriente al chantaje de las milicias a las que nadie es capaz de mantener a raya.

Por Alberto Negri*

05/04/2020

*prestigioso periodista italiano, ha sido investigador del Istituto per gli Studi degli Affari Internazionali y, entre 1987 y 2017, enviado especial y corresponsal de guerra para el diario económico Il Sole 24 Ore en Oriente Medio, África, Asia Central y los Balcanes. En 2007 recibió el premio Maria Grazia Cutuli de periodismo internacional y en 2015 el premio Colombe per la Pace. Su último libro publicado es Il musulmano errante. “Storia degli alauiti e dei misteri del Medio Oriente”, galardonado con el Premio Capalbio.

Fuente:

il manifesto global, 1 de abril de 2020

Traducción:

Lucas Antón

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Coronavirus: vaticinan la peor crisis económica de los últimos 75 años

El economista italiano Gustavo Piga analiza el impacto global de la pandemia 

"Estamos hablando de la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, mucho peor que la del 2008", afirma el experto de la Universidad Tor Vergata. Y sugiere que las reglas europeas cambien en función de la coyuntura. 

 

Algunos piensan que la crisis económica que puede desencadenar la pandemia del coronavirus en el mundo, será la peor de las últimas décadas, es decir desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos el economista italiano Gustavo Piga, profesor de Economía Política de la Universidad Tor Vergata de Roma, que en una entrevista con PáginaI12 caracterizó la actual situación como un “momento histórico que nos permite darnos cuenta que no todo anduvo bien en la gestión del mundo en el siglo XXI”. “Creo que la crisis nos encontró faltos de preparación. Es necesario razonar, con una visión a larga distancia, sobre las necesidades verdaderas de los ciudadanos que deben combinar la dinamicidad de los mercados con la certeza del apoyo a los menos pudientes”.

-¿Cuáles son los efectos de la pandemia del coronavirus sobre la economía de Italia, segun usted?

-Todavía no se sabe dónde irá a parar este virus, cómo se difunde, cómo puede ser controlado eficazmente, no solo en Italia sino en todo el mundo. Esto se percibe cuando los gobiernos del mundo actualizan repetidamente sus previsiones y aumentan el número de restricciones administrativas para reducir la interacción social. Lo que ha significado una serie de medidas preventivas a nivel de salud pública pero también sobre la economía para compensar el efecto negativo de las medidas de restricción aplicadas. En Italia este proceso empezó con una maniobra económica para afrontar los efectos del coronavirus que en un principio era de de 5 mil millones de euros. Luego se amplió a 25 mil millones de euros y ahora se está hablando de 50 mil millones.

-Y la Unión Europea (UE) ¿qué percepción tiene de la situación?

-La Unión Europea habló en un primer momento de un plan de 25 mil millones de euros para ayudar a todos los países europeos. Ahora el Banco Central Europeo habla de 750 mil millones. Con esto quiero decir: no se tiene una idea clara todavía de las dimensiones de esta crisis. Ayer leía que hace dos semanas se hablaba de que la crisis podría llevar a un decrecimiento del PBI (Producto Bruto Interno) italiano del 2 por ciento. Ahora se habla de un descenso del 10 por ciento del PBI. De lo que es seguro es de que estamos hablando de la más grave crisis desde la Segunda Guerra Mundial, mucho peor que la del 2008.

-¿Qué medidas deberían tomarse para afrontar la crisis en su opinión?

- Ya algunas medidas se han tomado en Italia y en Europa para afrontar esta crisis, pero es obvio que si la crisis continúa, deberemos cambiar las reglas europeas. Hasta ahora hemos aprovechado al máximo las leyes europeas y no se ha hecho nada que haya violado los tratados europeos a nivel económico. Pero si las cosas continúan y los países tienen necesidad de un mayor apoyo, habrá que cambiar esas reglas. La Banca Central Europea por ejemplo, se podría ver en la necesidad de prestar dinero a los distintos gobiernos sin ninguna condición, sin pedirles que mantengan una política de austeridad como hasta ahora.

- Lo importante sería entonces cambiar ciertas reglas…El Premio Nobel de Economia Joseph Stiglitz, hablando en el Vaticano meses atrás dijo que la economía capitalista debería cambiar sus reglas porque la gente ha perdido confianza en ella.

-Creo que la UE debería responderse a sí misma dos preguntas. Primero: ¿Estamos de acuerdo en hacer una suspensión provisoria de los tratados o no? Segundo y más importante: Cuando el virus será derrotado ¿con qué políticas queremos volver a la normalidad? Para dar respuesta a estas preguntas el problema clave es saber cuánto será prolongado el retorno a la normalidad. Y se debo tomar un ejemplo de la historia, cito la crisis del 1929 , tal vez menos grave que la actual pero cuyas consecuencias duraron mucho tiempo. Y este es exactamente el panorama que tiene frente a si todo el Occidente ¿Cómo se reconstruye? Cierto, se pueden cambiar las reglas de la economía. Pero también es cierto que puede haber una resistencia, una batalla, entre los conservadores y los que quieren el cambio. Yo espero que los partidos conservadores tengan la clarividencia de entender que serán expulsados de la historia si no van al encuentro del dolor, del terror, del miedo de la gente.

-Si no hay acuerdo sobre las reglas por cambiar entre todos los países miembros ¿la UE podría correr un serio riesgo?

-Si se intenta hacerlo con una política económica que logra conseguir la confianza de la gente, se logrará mucho. Tenemos que estar preparados porque el virus volverá, tal vez el próximo invierno. Si no vuelve, mejor, pero tenemos que estar preparados, tenemos que construir una economía que sepa gestionar mejor los medios para hacer frente al virus, ya que los conoceremos mejor. Si esto será hecho, muy bien. Las cosas mejorarán. Si no se hacen estas cosas, creo que será el fin de la Unión Europea. Le daríamos el gobierno a los partidos anti europeos. Porque una crisis como la actual es la situación ideal para que Europa demuestre su solidaridad. De lo contrario, muchos podrán pensar, ¿qué sentido tiene que me quede dentro de la UE si ella no ha sabido ayudarnos? Esta crisis nos ha tomado de sorpresa. Pero no podemos permitir que otra vez nos tome de sorpresa. Y en esto, el riesgo para el sueño europeo es inmenso. Esta es probablemente la última llamada. Si Europa falla sobre esto, preveo consecuencias muy graves a nivel político.

-Si la economía de Estados Unidos – ahora el país con más contagiados por el coronavirus- sufre el crack que muchos suponen, ¿será un precio que pagará todo el mundo?

-Esta es una crisis global. Yo estoy bastante admirado de cómo el estado chino ha permitido que naciera un virus de este tipo pero también de cómo ha sabido controlarlo tan rápido. Nuestras sociedades occidentales son menos capaces de hacer esto. Las medidas del gobierno chino fueron muy drásticas. Paradójicamente tal vez, esta crisis se transformará en una crisis más occidental que china. Estamos aprendiendo día a día. Es difícil hacer grandes previsiones.

-¿Y la economía de América Latina qué precio pagaría?

-Para América Latina el golpe importante será a sus exportaciones. Sobre la demanda interna el efecto será importante pero dependerá de cómo los gobiernos logren contener todo. No es que hay una relación entre la riqueza del país y su capacidad de contención. La capacidad de los gobiernos cuenta en este sentido. Dependerá entonces de la bravura de los líderes para prevenir lo que pueda ocurrir. El virus es global pero sus efectos no serán exactamente iguales para todo el mundo. 

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Covid 19, oportunidad popular, Sin dilaciones, un país para todos y todas

Como lo habíamos previsto, el país entra a partir del próximo martes 24 de marzo, en una larga cuarentena, con posibilidades de prolongación. La decisión del gobierno Duque, sin permitir un día de respiro para las poblaciones que ya estaban en aislamiento obligatorio –para que pongan en orden al menos parte de aquello que lo requiera–, resume con claridad la disputa del gobierno nacional con los municipales. La ausencia de una acción pública de los sectores alternativos, entre ellos el Comando nacional de paro, demandando medidas previas en favor del conjunto nacional, reduce el espacio social y político para liderar la construcción de otro modelo social y económica, uno donde la democracia sea real, directa, radical, y no simplemente formal, uno donde la riqueza no quede en manos de unos pocos, con un gobierno sometido y actuando en favor de ellos.

 

Las cifras sobre el avance del Covid-19 en Colombia no dejan lugar a dudas: poco a poco el conjunto de nuestra población se verá afectada por esta pandemia. No es casual que así sea, ya que gobernantes y empresarios actuaron de manera mancomunada para mantener los aeropuertos abiertos, las empresas de aviación en plena operación, sin obligar a quienes administran las terminales a implementar verdaderos sistemas de control para toda aquella persona que llegara procedente de otro país. Los que viajaban desde el interior del país también deberían someterse a medidas de control.

Paralelo a ello, como radiografía de nuestro sistema de salud pública, la posibilidad de acceder a pruebas médicas sin costo alguno –test Coronavirus– para verificar si es una gripe tradicional o si en efecto se trata del virus, tampoco fue implementado. Medida que no se cumple, incluso, en el momento actual, expresión de Improvisación, negligencia, que llega hasta al punto que la persona diagnosticada de padecer el virus, sale para su casa a cumplir una terapia de aislamiento voluntario, con unos controles laxos por parte de las secretarías de salud y centros hospitalarios, algunas/os de ellas/os, por ejemplo en municipios que no son capitales de departamento, mal dotados, lo que obliga al personal médico a prestar atención con alto riesgo de contagio.

Como es conocido, por decretos y comunicaciones oficiales, la destinación de ayudas financieras por el gobierno nacional tiene como preocupación central extender la mano a los grandes empresarios, inyectarles liquides, facilitarles créditos de diverso tipo, además de autorizarles acudir al recurso de vacaciones individuales o colectivas anticipadas de los trabajadores. En tanto, para los pequeños y medianos empresarios, no hay opciones, como tampoco las facilitan los bancos (ver propuesta No. 7). Situación igual para los sectores populares, para quienes no han destinado recursos extras a los existentes en programas como Familias en Acción y otros similares, en este caso centralizados o reorientados para atender esta coyuntura.

En estas condiciones, asumiendo que la pandemia no terminará en pocos días, no menos de 8 semanas, y que estamos ante una oportunidad para ahondar relacionamientos sociales, profundizar solidaridades y fraternidades, así como levantar una alternativa ante lo estatal, es imperioso, a la par de la demanda de la respuesta del Estado (ver artículo, https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39098-covid-19-oportunidad-popular-construyamos-un-pais-para-los-50-millones-que-somos.html), precisar medidas por implementar entre y para los marginados y excluidos de siempre.

Pero antes de proponer algunas medidas para el debate, las que demandan coordinación de experiencias sociales existentes, así como potenciar recursos de todo orden, además de disposición popular para dejar a un lado la atomización que desde siempre ha sido su sello, algunas demandas que no podemos dejar de plantear (en próximo artículo desarrollaremos las medidas por acordar e implementar desde el campo popular).

Acción urgente

  1. Reubicación de partes del presupuesto nacional.

En el momento actual vivimos una confrontación entre la vida y la muerte, y para que venza la vida necesitamos muchos más recursos orientados hacia la vida, y esos recursos existen. La sociedad debe exigir que por lo menos el 50 por ciento del presupuesto 2020 de las Fuerzas Armadas, se destine para la financiación de un plan de salubridad pública y de asistencia social de emergencia, para atender las demandas a las cuales nos expone la pandemia.

  1. Disposición de hospitales, edificios, hoteles y otros para atender la pandemia.

Una de las mejores dotaciones con que cuenta el país a nivel de atención médica está en manos de los militares, instalaciones que hoy tienen menor ocupación como efecto directo de la reducción de heridos producto de la guerra. Bien, el hospital militar, así como aquellos bajo la administración de la Policía, deben prepararse, reorganizar secciones y alistar personal para atender esta coyuntura.

De igual manera debe hacerse con secciones de cuarteles, para atender infectados en caso de no poderlos atender en otras instalaciones.

Muy importante concretar la utilización de hoteles que disponen de infraestructura que rápidamente se puede adecuar para esta contingencia, y de otras edificaciones, colegios y coliseos. Con todos ellos hay que pasar a reorganizarlos y prepararlos para recibir y cuidar gente diagnosticada como portadora pasiva o activa del virus.

  1. Vincular más personal médico.

La demanda de personal médico es palpable. Hay que hacer una convocatoria nacional a todos los médicos, enfermeras, técnicos de atención prehospitalaria, egresados en las promociones de los últimos años, que no hayan prestado su año rural y que estén desempleados, para que se presenten para contratación, al menos por 6 meses. Este personal tiene el conocimiento básico para atender el potencial de pacientes que se tendrán, y a la par son jóvenes, quienes, según los informes de prensa, son menos propensos a caer dominados por el virus.

El llamado a este personal por los diversos medios de comunicación o, simplemente, a partir de la base de datos construida para citarlos al sorteo en el que participan para realizar el año rural.

  1. Descongestionar cárceles y centros de detención.

Una situación dramática, conocida y prolongada a pesar de las sentencias de la Corte Constitucional, es el hacinamiento en cárceles de todo tipo, así como de los centros de detención transitorios. El hacinamiento, además de la insalubridad que caracteriza a todas las edificaciones del encierro, es una realidad que atenta contra el derecho a la vida de quienes ahora ven correr los días tras las rejas. ¿Qué puede ocurrirle a cientos de presos/as que conviven casi sin distancia alguna entre unos y otros, si uno de ellos/as llega a padecer el virus?

Para superar esta realidad y esta posibilidad, para cumplir en parte con lo señalado en reiteradas ocasiones por la Corte Constitucional, para proteger la vida de miles, es urgente: 1. Otorgar casa por cárcel a todas las personas presas de manera preventiva; 2. Liberar en igual condición domiciliaria a los menores de edad sometidos a encierro en calabozos improvisados, preventorios y centros similares, para el caso de Bogotá las Unidades de Reacción Inmediata y Centro Especializados para Adolecentes –Cespa–. 3. Brindar el beneficio de casa por cárcel también a todas aquellas personas que ya han purgado por lo menos el 50 por ciento de su pena.

  1. Plan urgente para traer al país a todos los nacionales que ahora están bloqueados en distintos países del mundo.

La inesperada realidad que ahora afecta al mundo en su totalidad sorprendió a muchos nacionales en diversas geografías, bloqueados por la cancelación de tiquetes aéreos, sin recursos propios para prolongar su estancia por semanas y meses. Es imperioso realizar un censo de todos ellos y diseñar un plan de urgencia para traerlos de regreso. Como es obvio, antes y después de abordar el transporte aéreo, someterlo a todas las medidas de rigor, además del aislamiento por el tiempo requerido en centros especialmente dispuestos para ello.

  1. Viendo por todos y todas

Varias ciudades y departamentos del país implementaron planes experimentales –pequeñas ‘cuarentenas’– este fin de semana y en la noche del viernes 20 de marzo se decretó, desde el próximo martes 24 de marzo, aislamiento preventivo obligatorio en todo el país, extendido hasta el 13 de abril, que con seguridad se ampliará en término por varias semanas más. No olvidar que las personas mayores de 70 años estarán asiladas por ahora hasta el 31 de mayo.

Es así como iniciamos un prolongado encierro generalizado en el país, una medida que no puede dejar de lado, a su suerte, a miles de miles que viven del rebusque diario. Un plan urgente de entrega mensual, de un salario mínimo por familia, para garantizar su manutención, es indispensable. Estos recursos se pueden conseguir en acción conjunta del gobierno central con los presupuestos municipales y distritales. Una emisión extraordinaria por parte del Banco de la República, en caso de ser indispensable, puede ser la solución para el permanente lamento del gobierno nacional.

Que nadie quede tirado a su suerte, y que los recursos públicos lleguen a una parte ampliada de la ciudadanía.

  1. Apoyo y crédito para pequeños y medianos empresarios, así como para comerciantes.

Desde esta semana se viene cerrando todo, y los empleadores, solo algunos, han dispuesto que sus trabajadores salen a vacaciones anticipadas, y solo con 15 días de salario en el bolsillo, pero la gran mayoría serán despedidos porque el tipo de contrato lo permite, o la calamidad pública lo habilita, y el empleador no tiene cómo pagar sino produce. De acuerdo al discurso del empresariado, nadie quiere despedir, pero ese es el resultado más visible sino hay una acción urgente, de cambio, desde el poder central. El país es de todos, y no de la minoría que ha concentrado la riqueza (revise cada uno las ganancias de los bancos, por ejemplo, para que llegue a conclusiones), y en pos del país todo hay que actuar.

Por ello, sino queremos empezar a escuchar al empresariado diciendo “tuve que despedir a los trabajadores pues no tengo con que pagar la nómina”, pues el gobierno central tiene que liberar apoyos económicos, cubrir parte de la nómina, obligar a los bancos a conceder créditos diferidos para su cancelación con cero intereses. Todo esto es posible, el gobierno inglés acaba de promulgar medidas similares. Lo fundamental es mantener la producción en pie, y si algunos tienen que cerrar que los trabajadores/as tengan un ingreso para sobrevivir en esta calamidad.

Además muy pocos trabajos pueden realizarse en casa, y en estos casos, si bien el empleo puede mantenerse, a los pequeños empresarios y comerciantes les queda imposible cumplir con las cargas laborales. Entonces, insistimos, debe disponerse que las entidades bancarias faciliten el dinero para cancelar estos salarios, sin interés, por lo menos por 8 semanas, y los empresarios se comprometen a cancelar el crédito luego de salir de la crisis. La nóminas de estas empresas está bancarizada, y la entidad puede consignar a cada trabajador el valor de su salario, en los términos que desde tiempo atrás lo venía haciendo el empleador.

El gobierno dispuso que se faciliten créditos para estos empresarios, pero hoy los bancos solo refinancian deudas, y dicen que no puede realizar nuevos créditos para estos efectos. Saben el riesgo y por eso no sueltan el dinero, en un claro mensaje de lo que están visualizando, y de la crisis en la que esta situación nos dejará sumidos.

  1. Protección para quienes atienden a las personas infectadas

Debe disponerse, de manera inmediata, la compra de suministros para proteger a quienes atienden a los infectados. La precariedad con que se labora en las instituciones de salud pública es lamentable y en la situación es que entramos conlleva poner al límite a su personal. Protegerlo con todas las garantías es un acto ético indiscutible así como una manifestación de responsabilidad y respeto con el conjunto que lo integra.

  1. Transportistas en general

De igual manera hay que proceder con quienes transportan alimentos, medicinas, elementos de primera necesidad en general, así como aquellos que mantienen las instalaciones de los servicios públicos, el combustible, para todos los cuales hay que disponer medidas y recursos para protegerlos en su integridad.

Que nadie pierda la vida como resultado de no invertir para impedir que quienes atienden a la mayoría de la sociedad, ahora obligada al resguardo, terminen infectados por el virus.

Para hacerlo posible

Las propuestas y acciones aquí extendidas para el debate y la acción, no se harán efectivas si quienes detentan el poder no sienten pisadas de animal grande. Sin descuidar las medidas de protección requeridas hay que actuar, entre todas y todos, para que asì sea. 

 

 

Publicado enColombia
Coronavirus y la nueva crisis del capitalismo

La investigadora en finanzas para el desarrollo Iolanda Fresnillo apunta en este análisis que la pandemia del virus Covid19, en realidad, no solo está causando una crisis por sí misma, sino que también está desencadenando una crisis preexistente que, con una mirada más amplia y larga, nos tiene que permitir identificar las causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo para encontrar, así, respuestas en profundidad.

Nadie puede negar hoy que la pandemia del coronavirus tendrá importantes consecuencias económicas a nuestro entorno y en el ámbito global. Y no lo podemos negar porque trabajadores y trabajadoras ya están empezando a recibir los primeros impactos en forma de despidos, expedientes temporales de ocupación o no contrataciones de temporada. A las que mantienen el trabajo —trabajadoras de la salud, de comercios de alimentación o farmacia, cuidadoras de personas dependientes, entre otros—, además de la precariedad crónica, les aumentan los riesgos de trabajar sin las medidas de seguridad adecuadas. Las trabajadoras autónomas y pymes se preguntan como podrán hacer frente a facturas o pagar las nóminas si no tienen actividad económica a causa del confinamiento.

Pero nos haríamos un mal favor si identificáramos el coronavirus como la causa de esta crisis económica. Es evidente que la pandemia tiene y tendrá efectos directos sobre la economía, pero hace falta que lo analicemos con una mirada más global y más amplia, para alcanzar la dimensión de la crisis económica que se ha estado desarrollando más allá del coronavirus. Porque la pandemia del virus Covid19 está, en realidad, no solo causando una crisis por sí misma, sino desencadenando una crisis preexistente. Una mirada más larga nos permitirá identificar causas profundas de la también profunda crisis que afronta el capitalismo, para buscar así también respuestas en profundidad.

Covid-19 como desencadenante de una crisis de deuda

Probablemente recordéis la caída de Lehman Brothers en el 2008. Resulta obvio que la causa de aquella crisis financiera no fue la quiebra de una sola empresa, sino que el acontecimiento generó una reacción en cadena que desencadenó y agravó una situación de crisis ya preexistente. En inglés dicen trigger, desencadenante o disparadero. El Covid19 puede ser precisamente esto, un acontecimiento con enormes repercusiones en la economía productiva y reproductiva, pero también el desencadenante de una crisis más profunda que hace ya tiempo que se está cociendo. Un disparo en el corazón del capitalismo.

De hecho, ya hace tiempo que medios económicos, instituciones financieras internacionales, economistas ortodoxas y críticas, y organizaciones sociales, vamos diciendo que hay riesgo y signos de una nueva crisis económica y financiera. Uno de los elementos claves de esta crisis es el elevado nivel de deuda.

Nunca en la historia de la humanidad había habido niveles tan elevados de endeudamiento. En términos absolutos, la deuda global ha alcanzado los 253 billones de dólares el último trimestre de 2019, lo que equivale al 322% del PIB mundial. Es decir, la deuda a nivel global supera el triple de la riqueza producida en todo el mundo (tal y como se contabiliza a través del PIB, una medida muy ineficiente que, entre otras carencias, no considera el trabajo reproductivo y de cuidados, imprescindible para la sostenibilidad de la vida).

Este nuevo ciclo de endeudamiento, que se inicia el 2010 a consecuencia de las políticas monetarias en respuesta a la crisis de 2008 y del funcionamiento normal de una economía híper financiada es, según el Banco Mundial, más amplio geográficamente, más rápido y con niveles más elevados de deuda que cualquier otra oleada de endeudamiento pasada en tiempos de paz. Encontramos endeudamiento insostenible en países del Norte y del Sur global, y los niveles de deuda muy elevada se dan tanto en el ámbito público —con 72,7 billones de dólares (92.5% del PIB)— como privado, especialmente de empresas no financieras (con 69,3 billones de dólares, el 88.3% del PIB). También la deuda de las familias ha ido creciendo en los últimos años, especialmente en los Estados Unidos de América, el Reino Unido y en países asiáticos como Corea del Sur, Hong Kong, Tailandia, Malasia o China, reflotando la burbuja inmobiliaria.

COVID-19 como agravante de una crisis global

El coronavirus tiene un fuerte impacto en la economía real. Nos enfrontamos a una gran bajada del consumo a nivel global, en un contexto ya de por sí de reducción de la demanda por el estancamiento de los salarios. Obviamente, en situación de confinamiento o semiconfinamiento, se deja de consumir más allá del imprescindible. El turismo se para en seco, la gente deja de comprar coches y se posponen decisiones económicas importantes. Las empresas, que ven como las ventas se reducen, dejan de invertir, pagan con retraso a proveedores o incluso posponen compras importantes de suministros o equipos. En países donde hay confinamiento total, las industrias dejan de producir y servir mercancías, provocando roturas en las cadenas de producción. El impacto del coronavirus es simultáneo tanto en la demanda como en la oferta.

Como hemos dicho, esto sucede en un contexto de elevado endeudamiento corporativo. Por lo que, a medida que los ingresos se reduzcan, las empresas tendrán más dificultades de pagar las deudas acumuladas. El riesgo se multiplica si tenemos en cuenta que en muchos casos estas deudas ya eran, antes del coronavirus, de dudosa calidad, es decir, que el número de las llamadas empresas zombi es cada vez más elevado.

Las empresas zombi son aquellas en las que los beneficios no son capaces ni de cubrir los costes financieros, es decir, que no ganan ni para cubrir los intereses de sus deudas, de forma que sobreviven gracias a las continuas refinanciaciones de la deuda. En un contexto de incertidumbre como el actual, serán pocos los inversores y entidades financieras que se arriesguen a seguir manteniéndolas a flote.

En el ámbito público, los estados necesariamente tienen que aumentar el gasto sanitario y de otros ámbitos (prestaciones del paro, ayudas sociales, etcétera) para hacer frente a la situación del coronavirus. Los ingresos se reducirán, puesto que empresas y familias comprarán menos (inferior recaudación del IVA) y ganarán menos (inferior recaudación de IRPF e impuesto sobre sociedades) y por tanto los déficits se incrementarán, aumentando los —ya elevados— niveles de deuda pública. Esto es especialmente preocupante en los países más empobrecidos, como algunos de África Subsahariana, o a otros países de rentas medias como Argentina, Líbano o Egipto, en situación ya de crisis de deuda.

Finalmente, la incertidumbre genera pánico y caídas masivas en las bolsas y, la carencia de regulación, la proliferación de fondo buitres y operaciones especulativas. La misma incertidumbre hace aumentar las primas de riesgo y por tanto incrementan los costes para los estados y empresas para refinanciar sus deudas. Todo ello en una economía financiarizada, y por tanto, altamente vulnerable a las incertidumbres y volatilidad de los mercados financieros. Y muy globalizada, donde el virus no solo no conoce fronteras, sino donde además la recesión económica se contagia rápidamente de un país al otro.

COVID-19 como síntoma

Hay que mencionar también la dimensión de la crisis del coronavirus como síntoma del capitalismo neoliberal y las políticas de austeridad que, durante décadas, han ido minando la capacidad del sistema sanitario para abordar una crisis como la actual. Aquellos países con mayores niveles de deuda han sido los que más han reducido sus inversiones en sanidad, y en los que la crisis del coronavirus será más difícil de afrontar. El delirio de la austeridad no solo ha afectado la capacidad de los sistemas públicos sanitarios, sino también a los niveles de protección social, incluyendo subsidios de paro, pensiones o ayudas por la población más vulnerable, no solo a nuestro país sino, especialmente, en los países más empobrecidos.

La reducción de la demanda a escala global, además, provocará un mayor descenso en las exportaciones y precios de las materias primas, especialmente grave para los países del Sur. Durante décadas, el Banco Mundial y el FMI han recomendado a los países empobrecidos aprovechar sus recursos naturales para fomentar un crecimiento económico basado en exportaciones de combustibles fósiles, de minerales, soja o aceite de palma, entre muchos otros.

Tal como informa Eurodad, el número de países dependientes de la exportación de materias primas se ha incrementado de 92 al 2002 a 102 al 2017, y a causa del coronavirus habrá una reducción de más de 50.000 millones de dólares en exportaciones globales. Solo China importaba del resto del mundo, antes de la crisis, por valor de 1,7 billones de dólares. Desde el inicio de año, las importaciones en China se han reducido un 4% y los precios de materias primas han caído un 30%. La reducción de la demanda a escala global, sin lugar a dudas, reducirá los ingresos en estos países, que afrontarán —todavía más— dificultades para pagar sus deudas externas.

La Xarxa d'Economia Social i Solidaria (XES) denunciaba que el Covid19 no cae del cielo, sino que es consecuencia de un sistema capitalista patriarcal, productivista y devastador, que ha alterado el equilibrio de los ecosistemas, incluyendo virus y bacterias. El urbanismo y la deforestación asociada al desarrollo capitalista "está obligando a muchos de estos animales a migrar e instalarse cerca de los humanos, lo que multiplica las probabilidades de que microbios, que para estas especies son benignas, pasen a las personas y muten en patógenos”, afirma el comunicado de la XES.

¿Covid-19 como oportunidad?

La crisis del coronavirus pone en evidencia las limitaciones y riesgos, a nivel humano y social, pero también económico, del sistema capitalista. Nos pone frente al espejo de lo que puede ser el futuro en un marco de emergencia climática. En un escenario de crecientes fenómenos climáticos extremos, solo un estado del bienestar fuerte, sistemas de protección social suficientes y un tejido comunitario y socioeconómico resiliente nos permitirá hacer frente a la creciente vulnerabilidad.

a economía de mercado muestra, en momentos como el actual, el sinsentido de un sistema financiero especulativo y volátil. Se hace evidente que el capitalismo financiarizado y globalizado es uno de los peores sistemas para hacer frente a situaciones de crisis humanitaria como la que plantea la pandemia del Covid19 o la emergencia climática. Los problemas se contagian rápidamente, la incertidumbre se convierte en histeria en los mercados financieros, las dependencias de importaciones y exportaciones se vuelven vulnerabilidades y la deuda insostenible se convierte en un peso imposible de seguir cargando.

Ante estas evidencias, es el momento de poner en valor los beneficios de una nueva economía de circuito corto, que produzca bienes y servicios que respondan a las necesidades de las personas y no a las posibilidades de rentabilidad de la inversión; una economía ecofeminista que respete los límites materiales del planeta, eliminando la dependencia de los combustibles fósiles y reduciendo las emisiones al mínimo, y que ponga en valor y democratice las tareas de cuidado y reproducción. una economía desfinanciarizada, en la que las instituciones financieras, públicas y cooperativas, dejen de responder a la dinámica especulativa y estén al servicio de la economía productiva y reproductiva.

Ahora es el momento de poner en marcha un plan de choque social que rescate las personas en el corto plazo, pero también de un plan para construir una nueva política económica transformadora, desde lo local, el cooperativismo y la construcción de soberanías. Lo que nos permitirá salir de esta nueva crisis sin incrementar la crisis climática no será fomentar el consumo y crecimiento desmedido. Será un decrecimiento que incorpore medidas e inversiones que faciliten la transición industrial, energética, comercial y agrícola. Esta apuesta por un nuevo modelo económico, compatible con la vida y el planeta, no puede ser tímida. En tiempos de crisis, o somos osadas, o barbarie. ¿Nos ponemos a ello?

 

Por Iolanda Fresnillo

LA Directa

18 mar 2020 05:00

La directa

Artículo original publicado en La Directa y traducido por El Salto.

Publicado enSociedad
Pacientes infectados por el coronavirus esperan ser transferidos del hospital Wuhan No.5 al centro médico Leishenshan, de nueva construcción, para enfermos con COVID-19.Foto Afp

Desde 2007 sostuve que el mundo se encaminaba –con o sin ciclos Kondratiev; con o sin virus globales– a la desglobalización y a regionalismos geoeconómicos (https://bit.ly/2TuQUxa).

Los tratados comerciales de Obama han sido sepultados por Trump: TISA (servicios globalizados); TPP (Asociación Transpacífico); TTIP (Asociación Transatlántica).

El Brexit y su "nacionalismo anglosajón", al unísono del "nacionalismo económico" del trumpismo coexisten y/o compiten con tres relevantes regionalismos económicos: 1. El RCEP encabezado por China: el mayor bloque geoeconómico del planeta, por su número de países, habitantes y PIB, y al que in extremis se negó a participar India (https://bit.ly/2TtekTs); 2. La Unión Europea de 27 países que se comienza a desgajar con el ascenso de los "nacionalismos escandinavos", no se diga los de Alemania/Francia/Italia; y 3. El T-MEC encabezado por EU con Canadá y México (https://bit.ly/3axWXrJ).

La eclosión del coronavirus –más como "cisne negro" (https://bit.ly/3cqEb7e) que como "canto de cisne", blanco o negro–, solamente ahondó las fracturas tectónicas geopolíticas.

El ex gobernador del Banco Central de India, Raghuram Rajan, fanático de la globalización y del monetarismo, comentó que "la globalización de la producción será severamente golpeada" cuando la pandemia viral forzará a las empresas a relocalizar las cadenas de abasto y la producción de las instalaciones de ultramar.

Raghuram Rajan constata que la gente ha pasado de la extrema confianza en los mercados al pánico extremo en sólo una semana (https://bit.ly/2IeEG6o).

Los economistas de Bank of America alertaron a sus clientes que esperan un crecimiento global de 2.8 por ciento, el más débil desde 2009.

El Covid-19 coloca así el último clavo en el féretro de la globalización, mientras que en forma ominosa, en un artículo para la revista bimensual, de corte sionista, The National Interest, el autor israelí-estadunidense Robert Kaplan –quien formó parte del ejército de Israel, además de consultor del Pentágono y ser colaborador de Eurasia Group que controla el megaespeculador George Soros–, mueve el espectro del "neomalthusianismo" y su "mundo del coronavirus" (https://bit.ly/2IfBiIE).

Kaplan aduce que ahora hay que tomar en cuenta, a la par de la geopolítica, los factores demográficos y ambientales (léase: el coronavirus) cuando el “neomalthusianismo del siglo XXI (sic) es –y será cada vez más –uno de formaciones de masas, potencialmente llevando la política a extremos y colocando al centro político bajo amenaza”.

Según la interpretación de Robert Kaplan, Thomas Malthus "imaginó los efectos políticos de tales cosas como la enfermedad y la hambruna, y la calidad miserable de vida entre los pobres de pésima urbanización".

kaplan reinterpreta a Thomas Malthus e infiere que "un mundo más poblado tendrá una dinámica geopolítica diferente y potencialmente peligrosa" cuando las pandemias "serán el acompañamiento natural del mundo neomalthusiano".

Cabe señalar que el genio humano, ayudado por la parte bondadosa de la tecnología, desmintió hasta ahora la tesis del economista y demógrafo Thomas Malthus y su ensayo sobre El Principio de la población (https://amzn.to/2TB7BHj), de 1798, diez años más tarde de las turbulencias de la Revolución Francesa, de la cual en cierta medida fue uno de sus reflejos apocalípticos cuando vaticinó que "la población aumenta en forma geométrica mientras que el suministro de alimentos aumenta sólo en forma aritmética".

Nada nuevo. Ya Gustave Le Bon, universalista galo de varias especialidades, al estilo de Leonardo Da Vinci se adelantó en el siglo XIX a la "Psicología de las Masas"(https://bit.ly/32KfVZ8) cuya única diferencia, aparte de la brecha de dos siglos con las "masas" cibernéticas de hoy, son la velocidad y globalidad de la interacción, lo cual, a mi juicio, propenderá a su inevitable balcanización como reflejo de los regionalismos geoeconómicos y de la parusía geoestratégica de las “esferas de influencia (https://bit.ly/32KggLv)” entre las tres superpotencias EU/Rusia/China del nuevo (des)Orden tripolar (https://bit.ly/3cm4nQx).

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Jóvenes millennials trabajan en presentaciones de la Semana de la Moda, en NY.Foto Ap

Siempre me intrigó la forma tan singular en la que EU maneja su triple contabilidad: la del fisco, la real, y la “contabilidad invisible (off balance sheet)” de sus macabros hedge funds (fondos de cobertura de riesgo).

EU exhibe varios "agujeros negros" contables que sólo se explican por la doble cobertura de su dotación de armas nucleares y su control, todavía, del sistema financiero global con su arma más letal: el dólar.

Dejo para otra ocasión el escrutinio del "agujero negro" del Pentágono por 35 millones de millones de dólares (https://yhoo.it/39dpfaa): ¡Equivalente al PIB nominal de China y EU juntos!

La colosal deuda universitaria de los millennials todavía no llega al grado de "agujero negro", pero representa el segundo mayor endeudamiento de EU en la categoría de "deuda de consumo": detrás de las hipotecas y antes que los adeudos de las tarjetas de crédito.

Las estadísticas sobre la deuda estudiantil de los derrelictos millennials "muestra que 43 millones de prestatarios adeudan colectivamente 1.6 millones de millones de dólares en deuda federal y privada", según el Consejo de Gobernadores del Sistema del Gobierno Federal (https://bit.ly/2UAQ3Nk).

Los graduados deben 29 mil 200 dólares en promedio. Es impactante el adeudo promedio de los graduados del sector salud: dentistas 285 mil 184 dólares; médicos 196 mil 520 dólares; y especialistas en farmacia 166 mil 526 dólares.

Quizá el ambiente de capitalismo tan salvaje explique el alto costo de la salud en EU, el más caro del planeta, que resalta una paradójica brecha entre un patético acceso –por cierto, catalogado como uno de los peores del mundo–, y el auge desmedido del Big Pharma que tiene ingresos por casi un millón de millones de dólares (https://bit.ly/39nTElY).

No faltan las consabidas acrobacias contables en EU de sus grupos de interés.

Resalta el choque conceptual entre los multimillonarios y el "socialista demócrata" Bernie Sanders, ídolo de los millennials (https://bit.ly/37eMu20).

Los multimedia de los multimillonarios –tipo Bloomberg, Forbes y Jeff Bezos– aseveran que no existe tal "crisis de deuda estudiantil" y que sólo se trata de un artefacto contable de los graduados desempleados y subempleados que no pueden pagar lo adeudado y quienes conforman el rubro de la deuda mínima de cinco mil dólares, más manejable (https://brook.gs/38eQX67).

The Washington Post, propiedad de Jeff Bezos –el hombre más rico del mundo con 127 mil millones de dólares, rechazó el plan de Bernie (https://wapo.st/37iEVHW), mientras el "socialista demócrata" ha propuesto un plan revolucionario de "Cuidados Médicos para Todos" y de cancelar el colosal adeudo de los graduados, lo cual contribuiría a mejorar la economía de EU (https://bit.ly/3bkUd25).

El plan idealista e idílico de Bernie sería impecable en una "democracia" cuando EU, en su triste realidad, practica una plutocracia proto-teocrática.

A juicio de Bernie, con la cancelación de la deuda estudiantil, la economía tendría un estímulo de un millón de millones de dólares en la próxima década y aportaría 1.6 millones de nuevos empleos cada año.

Una de sus soluciones consiste en imponer una tasa de riqueza a los especuladores de Wall Street.

A veces Bernie peca de cándido cuando pide tratar el rescate de los adeudos de los estudiantes millennials de la misma manera en que fue salvada la banca de Wall Street en 2008.Eso es no entender en absoluto la estructura del complejo militar-tecno-industrial-bursátil de EU.

Si la cancelación de la deuda estudiantil representa una quimera, suena todavía más utópica su propuesta de que la educación en EU sea gratuita y libre de adeudos.

La degradación de la otrora ejemplar educación universitaria en EU ha llegado a grados inconcebibles con el escándalo de las admisiones a sus universidades literalmente compradas (https://bbc.in/37i7Bkl) cuyo ejemplo icónico ha sido el de Douglas Hodge –filántropo (sic) y ex mandamás de Pimco, la magna firma de inversiones–, quien sobornó con un millón de dólares para el ingreso fraudulento de sus cuatro hijos a las prestigiadas universidades de EU (https://bbc.in/38e3aYW).

¿Tiene futuro este EU?

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Miércoles, 12 Febrero 2020 06:00

Oro para el analfabeto monetario

Oro para el analfabeto monetario

Desde hace tiempo la fantasía de regresar al patrón oro es discutida en Estados Unidos. En particular, los grupos políticos libertarios de derecha consideran que el retorno al patrón oro es una forma de controlar el gobierno centralizador y sus malos hábitos cuando se trata de monetizar sus deudas. El patrón oro es visto por estos políticos como una salvaguarda frente a los abusos del poder en materia de creación monetaria.

Ron Paul, representante de un distrito en Texas y precandidato a la presidencia por el Partido Libertario, ha promovido esta idea durante las últimas dos décadas. Su éxito electoral demuestra hasta qué punto se encuentra enraizada la idea de que el patrón oro es la mejor forma de controlar los vicios del gobierno para recuperar la confianza en la moneda estadunidense. Son famosas las confrontaciones entre este político tejano y los funcionarios de la Reserva Federal cuando han tenido que comparecer en el Congreso. El tejano propone privatizar la emisión de billetes y la desaparición de la Reserva Federal, porque ha contribuido a depreciar el dólar. Ron Paul era la cabeza política más visible de los que promovían la idea del regreso al patrón oro hasta que llegó Donald Trump.

En junio del año pasado Trump anunció que estaría nominando a su asesora económica Judy Shelton para ser miembro de la Reserva Federal. Las credenciales académicas y de servicio público de la señora Shelton no son impresionantes. En cambio, su ignorancia sí es sorprendente. Sus llamados para regresar al patrón oro y corregir el rumbo de la Reserva Federal son una constante muy llamativa y de seguro han deslumbrado el pequeño y desconectado cerebro de Trump.

Para darle un disfraz de seriedad académica, el Instituto Cato promueve el regreso al patrón oro a través de sus publicaciones e investigaciones. Shelton escribió hace poco en el boletín de este instituto que es necesario convocar a una conferencia internacional similar a la de Bretton Woods, pero esta vez en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump. El objetivo de esta nueva conferencia sería el regreso al patrón oro, pero no sólo para Estados Unidos, sino para la economía global. La señora Shelton coronó su ensayo con la idea de que para hacer a Estados Unidos grande otra vez es necesario hacer grande a su moneda nuevamente.

La conferencia de Bretton Woods organizó el sistema monetario internacional alrededor del dólar como moneda hegemónica, porque Estados Unidos era el país con la mayor cantidad de oro en sus reservas. El dólar podría ser intercambiado por oro a raíz de 35 dólares la onza, mientras que las demás monedas mantendrían su paridad fija (dentro de límites muy estrechos para ajustes en la balanza de pagos). Todo el sistema estuvo regulado por el Fondo Monetario Internacional y funcionó de manera razonable hasta 1971. Ese año, el 15 de agosto, el entonces presidente Nixon cerró la ventanilla de intercambios dólar-oro y la economía mundial y su sistema de pagos se transformaron para siempre. Bretton Woods mantuvo los residuos del sistema de patrón oro. Pero al terminar el sistema de respaldo metálico de la moneda estadunidense los vestigios del patrón oro desaparecieron para siempre en 1971.

El patrón oro descansó siempre sobre la idea de que un referente valioso y tangible daría siempre una base sólida para resguardar el valor de la moneda. Pero la Gran Depresión mostró que el patrón oro no sirve para evitar la volatilidad y la pérdida de valor de una moneda. Mientras los gobiernos buscaban rescatar el patrón oro en lugar de concentrarse en rescatar a sus economías, el patrón oro se convirtió en la gran cadena de transmisión de los efectos de la crisis. La Gran Depresión se profundizó y extendió precisamente porque los países clave se aferraron al patrón oro.

La ignorancia de Trump, Ron Paul y Judy Shelton en materia de política monetaria no tiene paralelo. Lo primero que deberían saber es que el patrón oro es una forma de maniatar y anular la política monetaria. Lo segundo es que regresar al patrón oro necesita algo más que una fastuosa conferencia en Mar-a-Lago. Tercero, deberían saber además que hoy por hoy el banco central (llámese Reserva Federal o Banco de Inglaterra) no controla la oferta monetaria. Son los bancos comerciales privados los que determinan la oferta de circulante en la economía y si sus operaciones son claramente procíclicas eso no es algo que pueda evitar el banco central. De hecho, el banco central no solamente no tiene control sobre la oferta monetaria. Tampoco sobre las reservas en dinero de alto poder que puede requerir el sistema bancario. Los bancos comerciales privados serán los primeros en rechazar la propuesta de retornar al patrón oro.

Es claro que el papel del sistema bancario en el mundo no es de lo más constructivo que digamos. Pero los problemas no se van a corregir con un sistema arcaico como el patrón oro. Ese sistema, que Keynes describió en 1924 como una reliquia bárbara, es imposible de resucitar.

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El efecto económico del coronavirus: la globalización teme por China

China juega un papel muy importante en la economía mundial y la crisis del coronavirus puede tener consecuencias largas y profundas en todo el mundo

 

En el momento de publicar este reportaje hay más de 40.000 infectados por el Coronavirus, la mayor parte en China. Han muerto más de 900 personas y se han registrado contagios en casi 30 países. Dado el papel que China juega en la economía mundial, el efecto rebote podría ser largo y profundo.

¿Por qué juega China un papel tan importante en la economía mundial?

El extraordinario crecimiento económico chino a lo largo de los últimos 40 años ha tenido como consecuencia que se haya convertido en la segunda potencia económica mundial. Tiene un PIB de casi 13,6 billones de dólares (frente a los 20,5 de Estados Unidos) y un crecimiento interanual consolidado del 7%, muy por encima del resto de las economías desarrolladas.

China ha llegado a esta situación porque ha logrado sustituir a Estados Unidos como base del comercio mundial. China es el mayor vendedor de bienes de consumo del planeta y se acerca a Estados Unidos en servicios comerciales. Tan rápido que sólo en 2018 creció un 18%. La estrategia consolidada hace tiempo de comprar componentes y partes en China, junto con el crecimiento del inmenso mercado interno, ha servido de aliciente a miles de empresas extranjeras para abrir fábricas en China, participar en las redes de distribución locales y abrir puntos de venta en el país.

China juega un papel muy importante en las cadenas logísticas globales: gran parte de las materias primas de todo el mundo viajan a China antes de ser transformadas en producto final. La batalla de aranceles librada el año pasado con Estados Unidos ha mostrado el poder de la economía china para irrumpir en el mercado global e imponer nuevas reglas.

¿Cómo está afectando el virus a la actividad económica interna de China?

La mayor parte de las industrias en China cierran las dos semanas alrededor del año nuevo lunar. La mayor partes de las fábricas no iban a abrir en cualquier caso hasta este fin de semana y algunas ya lo han retrasado hasta el 14 de febrero por precaución. Hay decenas de millones de personas encerradas en ciudades por todo el país que no pueden regresar a sus lugares de residencia.

Los fabricantes de automóviles cierran sus plantas y los puertos registran mucha menos actividad que de costumbre. Las empresas pequeñas y medianas que funcionan a partir de contratos a corto plazo ya sienten los problemas. Quienes tienen pocas reservas financieras o de almacén ya están sufriendo. Algunas informaciones apuntan a que determinadas granjas están a pocos días de quedarse sin comida para sus animales.

Wuhan, que tiene unos 11 millones de habitantes y es el epicentro del estallido de coronavirus es un importante centro industrial que funciona como plataforma de la industria automovilística e imán para la inversión extranjera.

Es la tercera ciudad más importante de China en cuanto a educación e investigación. Tiene dos de las 10 universidades más importantes del país. Es mejor no imaginarse lo que podría suceder si la situación actual se alarga durante semanas. El impacto económico puede ser muy alto. El presidente Xi Jinping ya lo reconoció la semana pasada.

En respuesta, las autoridades redoblan sus esfuerzos por reforzar el armazón económico con medidas como una importante reducción de tarifas a las importaciones de productos estadounidenses o un abaratamiento del precio del dinero para empresas y consumidores.

¿Cuál podría ser el impacto final en China?

La economía creció un 6% en 2019, según las cifras oficiales del Gobierno chino. Es la tasa de crecimiento más baja de los últimos 30 años y supone una reducción importante respecto del 10% de crecimiento que se registraba en 2010. Se esperaba que 2020 fuera el año de una recuperación relevante una vez concluida la larga guerra comercial de 2019 con la Administración del Presidente Donald Trump.

Pero el coronavirus da al traste con esos planes. La mayor parte de los analistas aún predicen un crecimiento que podría superar el 5% incluso asumiendo la extensión del virus y su impacto en el consumo, el sistema productivo y la administración pública.

Zhang Ming, miembro de la Academia China de Ciencias Sociales, es pesimista. En declaraciones a la revista Caijing ha dicho que "el crecimiento del PIB en el primer cuatrimestre de 2020 podría ser del 5%, pero no podemos descartar la posibilidad de que caiga por debajo de esa cifra".

La economista jefa de Enodo, Diana Choyleva, cree que la cifra real de crecimiento en 2019 estuvo en realidad más cerca del 3,7% que de la cifra oficial. La economista es mucho más pesimista sobre el impacto del virus y cree que este año estará por debajo de esa cifra. Los hay que hablan hasta de contracción del crecimiento en el peor de los casos

Algo que jugará un papel muy importante es que los inversores que esperan un fuerte rebote decisivo una vez contenido el estallido del virus podrían verse decepcionados. Choyleva apunta a la gran cantidad de deuda de difícil cobro que sobrevuela la industria estatal, muy desactualizada y que arrastra las posibilidades de crecimiento del país desde hace tiempo.

El Banco Central de China ya está bombeando fondos a la economía para que el ritmo de endeudamiento no baje debido al virus. De ese modo creen que la inversión empresarial no decaerá. Pero Choyleva cree que ese dinero, barato y en grandes cantidades sólo sirve para que no se hundan totalmente algunas empresas que ya están muertas.

¿Cuáles son los sectores más vulnerables?

El sufrimiento económico comenzó a notarse en la industria turística y todo lo relacionado con los desplazamientos, sobre todo porque el virus estalló en una época del año en la que China se va de vacaciones. Ha habido muchas cancelaciones de vuelos y reservas hoteleras en China y por toda la región, que depende del turismo chino. Toda la red ha resultado afectada desde el centro del país hasta Hong Kong. Algunas aerolíneas han disminuido ya su oferta. Cathay Pacific ha anunciado un recorte del 30% de sus vuelos a lo largo de las próximas semanas y ha pedido a sus empleados que se vayan de vacaciones sin cobrar.

Neil Shearing, economista jefe de Capital Economics, señala: "El número de pasajeros ha caído un 55% en comparación con el año nuevo lunar de 2019. Como los turistas chinos gastan mucho en la región, el impacto se siente más allá de las fronteras chinas".

Si la crisis continúa, las consecuencias serán muy visibles. Los ciudadanos chinos realizaron 173 millones de desplazamientos el año pasado y su gasto asciende a más de un cuarto de billón de dólares. China gasta más que cualquier otro país del mundo en viajes.

Y el turismo es sólo el vértice de la pirámide. Hay cadenas de suministro en el sector automotriz, en la electrónica o en la industria pesada que ya empiezan a sentir el crujido de la economía china. Las empresas de transporte marítimo ya informan de una fuerte caída en el número de contenedores alquilados.

Por otro lado, China consume muchísimas bebidas y alimentos. Uno de los indicadores de la semana pasada y que ha caído totalmente es el del café. Starbucks tiene 4.000 cafeterías en China. La mitad están cerradas.

¿Qué sucede en las bolsas?

Los mercados asiáticos han pasado por una semana de vértigo. Comenzaron cayendo por un descenso de las ventas minoristas, los servicios de consumo y los de transporte y luego se recuperaron por la esperanza de contención del virus. Los mercados occidentales siguieron la misma tendencia.

Los precios del petróleo también han sentido la presión. Anticipan un frenazo en la demanda global, como sucede con otras materias primas. China es el mayor importador mundial de crudo y consume muchos metales como cobre y hierro. Las empresas de viajes, fabricantes de automóviles y los productos de lujo son algunos de los sectores más afectados por la volatilidad.

Antecedentes históricos de este tipo de crisis

En 2002 y 2003, el SARS se extendió por 37 países sin que nadie supiera como detenerlo ni, a veces, como darse cuenta de que estaba sucediendo. Hubo pánico, más de 8.000 personas infectadas y 750 personas fallecidas. Se cree que los daños causados por el SARS estuvieron entre los 30.000 y los 50.000 millones de dólares. Es mucho dinero, pero se trata de una gota de agua en el mar si se compara con el producto económico global de 35 billones de dólares.

El coronavirus se extiende a una velocidad seis veces mayor que el SARS, sobre todo por contagio entre personas que no muestran síntomas. China es una economía mucho más abierta ahora que en 2002 y por eso el impacto se prevé mucho mayor.

¿Qué empresas internacionales sufrirán más impacto si China entra en crisis?

Muchas empresas internacionales dependen de proveedores chinos. 290 de los 800 proveedores de Apple están en China. El país es responsable del 9% de toda la producción televisiva del mundo. Según el índice de Resiliencia DHL 360, que mide la capacidad de adaptación de las cadenas logísticas, la mitad de toda la producción de Wuhan está vinculada con la industria del automóvil y el 25% a los suministros tecnológicos.

Los ejecutivos del sector del autómovil en Europa y Estados Unidos advierten de que están a semanas de que comience la escasez. Hyundai ya ha detenido sus operaciones en Corea del Sur debido a que le faltan materiales que deben llegar de China.

Como muestra de la integración de algunas empresas extranjeras con China, Corning, una corporación estadounidense del sector del vidrio y la cerámica, ha construido 19 fábricas en China y más de 5.000 empleados chinos. La empresa tiene pensado incrementar su actividad después de invertir 1.000 millones de dólares en una fábrica puntera de vidrio negro como el que se usa en las pantallas LCD.

Apple compra a fábricas en China. Y allí cuenta con una red de 42 tiendas Apple que han cerrado durante la crisis del virus. Otras empresas estadounidenses, desde Starbucks, con más de 4.000 cafeterías, a Levi's han cerrado. Aunque Levi's solo ha cerrado la mitad de su operación en China y sólo representa el 3% de sus ventas globales.

¿En qué países?

El sudeste asiático está expuesto y las economías regionales vinculadas a lo que suceda en China, también. Merece la pena recordar que por la peor crisis financiera de la Asia de posguerra, en el 97 y 98, se culpó a la devaluación de la moneda china.

Japón puede ser una economía rica, pero está muy expuesta. China es un gran comprador de la maquinaria industrial japonesa, así como de sus coches y camiones o de productos tecnológicamente avanzados. Las partes chinas viajan en la dirección contraria, alimentando las fabricas japonesas.

Y luego están los millones de turistas chinos que visitan a su vecino del este cada año. 400.000 personas de Japón ya han cancelado viajes en el primer cuatrimestre de 2020.

La economía australiana también está muy vinculada con China. El primer Ministro Scott Morrison advirtió la semana pasada del "peso real en la economía". Incluso las universidades australianas sufren porque han regresado menos estudiantes chinos para este semestre.

Reino Unido, al igual que otros países europeos, está en una situación en la que se puede reducir el número de viajeros chinos sin demasiado impacto en la economía. El mayor impacto se sentirá si el comercio global, como se espera, comienza a ralentizarse.

¿Puede afectar la crisis en las elecciones de EEUU?

Hay muestras de que el impacto del virus comienza a pesar sobre la economía de las pequeña y mediana empresa estadounidense. Las empresas pueden encontrar mayores dificultades para acceder a los componentes necesarios para elaborar sus productos. Podrían arrastrar a la recesión a un sector, el manufacturero, que ya sufrió el año pasado.

Cierres de fábricas en la América profunda como Ohio o Pensilvania podrían generar problemas en la reelección de Trump, que ha puesto el foco en los empleos industriales que devolvería a ciertos estados.

Pero aún quedan nueve meses para la posible reelección de Trump. Queda mucho partido. Todavía es difícil aventurar posibles consecuencias. Dependerá de lo que dure el virus.

¿Entonces cuál será el impacto global en la economía?

Los economistas especulan con cuidado. Podría perderse un 0,3% de crecimiento global, aunque este permanecería en torno al 3%.

Christian Keller, responsable de investigación económica de Barclays, ha dicho que el impacto en la economía mundial podría no llegar nunca. Que la previsión del 3,3% de crecimiento para 2020 podría mantenerse. Pero los pesimistas advierten de que si el virus continúa expandiéndose y la economía china sigue sufriendo consecuencias durante meses, sería posible que haya alguna recesión global, sobre todo dada la poca munición monetaria de la zona euro en caso de emergencias.

Keller sostiene que "hay un riesgo de que el mecanismo de contagio adverso y lo limitado de la respuesta política pueda empujar a la economía global a la recesión".

 

Por Phillip Inman

10/02/2020 - 21:23h

Traducido por Alberto Arce

Publicado enEconomía
Brexit: las consecuencias económicas y financieras

Reino Unido ha abandonado definitivamente la Unión Europea. El referéndum del 23 de junio de 2016 ha llegado a su culminación. Los ciudadanos de Reino Unido ya no son ciudadanos de la Unión Europea (UE). Es un acontecimiento de gran importancia tanto para el proyecto de una Europa democrática como para Reino Unido. Y las repercusiones se harán sentir en el mundo entero.

Por el momento, sin embargo, en la vida cotidiana los ciudadanos de Reino Unido no van a experimentar grandes cambios. Eso se debe a que ahora se ha abierto un periodo de transición de 11 meses para negociar los términos de la relación que mantendrán en el futuro Reino Unido y la UE. Es decir, hasta diciembre de este año Reino Unido permanecerá en el mercado integrado y la unión aduanera de la UE. Mercancías y capitales, así como personas, seguirán circulando libremente dentro de la UE y de Reino Unido, tal como sucedía anteriormente. Transcurrido este plazo el nuevo paisaje dependerá de las negociaciones entre la Comisión de la UE (con sede en Bruselas) y Londres dentro del periodo de transición.

Las posturas de ambas partes para estas negociaciones se darán a conocer esta semana. El tema más urgente es el de las relaciones comerciales, y tanto para Bruselas como para Londres lo que se busca es un acuerdo comercial con cero cuotas y sin aumentos de aranceles a lo largo de toda la nomenclatura arancelaria. Pero aquí es donde comienzan las complicaciones. La Unión Europea no estará dispuesta a regalar a Reino Unido todas las ventajas de un acuerdo comercial reservadas para sus miembros. Además, la Comisión Europea, en Bruselas, buscará hacer las cosas difíciles a Londres para dejar bien claro a cualquier otro miembro de la Unión que la salida es muy costosa. Ese mensaje puede estar particularmente dirigido a países como Grecia.

Bruselas buscará un acuerdo comercial en el que Londres se comprometa a no socavar las normas sociales y ambientales para competir con la UE sobre bases desiguales. El primer ministro, Boris Johnson, ha manifestado que no piensa constreñirse por las reglas de Bruselas, lo que anuncia una confrontación con los halcones de la Comisión Europea. De no llegar a un acuerdo, el comercio entre Reino Unido y la UE tendrá que regirse por las disposiciones de la Organización Mundial de Comercio. Para muchos rubros eso se traducirá en un aumento no despreciable de aranceles.

Otros temas delicados incluyen el acceso de la flota pesquera de la UE a las aguas de la zona económica exclusiva de Reino Unido. Los temas de seguridad, política exterior e intercambios escolares también pueden hacerse muy complicados. Pero, sin duda, el más problemático está en el capítulo de los servicios financieros, porque la integración financiera entre la City y la UE es muy profunda.

Un informe encargado por la City concluyó en 2016 que 23 por ciento de ingresos de la City provenían de actividades relacionadas con la UE. El estudio reveló que la mitad de esos ingresos se podría perder con la salida de la UE (véase Informe Wyman en www.oliverwyman.com). Junto con esos recursos desaparecerían hasta 32 mil empleos. Esas proyecciones no han cambiado mucho en análisis más recientes.

Los efectos del Brexit sobre la City ya se han comenzado a sentir. En las evaluaciones más recientes (septiembre 2019) la City descendió al segundo lugar, detrás de Nueva York, en el volumen de transacciones financieras, y Hong Kong está en tercer sitio. Pero, curiosamente, la incertidumbre que se había pronosticado desde hace tres años para el sector financiero no ha tenido los efectos anunciados.

Todo cambiará, porque la UE ya ha manifestado su oposición a incluir los servicios financieros en un acuerdo comercial con Reino Unido. Y es que la UE busca promover la mudanza de empresas y bancos de la City hacia otras capitales europeas. Eso contribuiría a erosionar las economías de escala que tiene la City y que le han permitido mantener su proyección global, sobre todo en el mercado de divisas. El Brexit va a transformar todo esto y llevar al desmembramiento de una parte de la red de servicios financieros que han hecho de la City un centro financiero global. La pérdida de economías de escala sería un golpe fuerte para los negocios y la rentabilidad de los operadores de la City, porque habría otros competidores que se beneficiarían. Las autoridades negociadoras de la UE esperan obtener algo de este proceso, que podría conducir a mudar parte del complejo de operaciones y servicios prestados por la City a otras capitales europeas. París y Fráncfort se han estado relamiendo los bigotes desde el día del referéndum.

La City, en Londres, tiene su propio estatuto jurídico en Reino Unido y las grandes aventuras imperiales fueron financiadas y aseguradas por esta entidad única en su género. Los nostálgicos de aquellas épocas se verán defraudados al darse cuenta que esos tiempos no volverán con el Brexit.

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