La cumbre de los BRICS evidencia la falta de cohesión de los emergentes

Los BRICS -el bloque de las principales economías emergentes- languidece lastrado por el frenazo económico y la disparidad de intereses entre sus cinco miembros. Las conclusiones de la cumbre que ha reunido en Brasilia durante dos días a los presidentes chino, Xi Jinping; al ruso, Vladímir Putin; al brasileño, Jair Bolsonaro; al sudafricano, Cyril Ramaphosa, y al indio, Narendra Modi, evidencian la falta de cohesión de un grupo que nació a lomos de su potencia económica y que no ha logrado desarrollar una agenda común de largo recorrido ni elevar la presencia de los emergentes en las instituciones internacionales a niveles acordes con su peso económico.

A la pérdida de empuje del bloque en los últimos tiempos, se suma el giro que ha dado su anfitrión. Bolsonaro, que se ha alejado de la tradicional diplomacia multilateral brasileña para sellar una alianza nacionalpopulista con Donald Trump, no ha mostrado interés en convertir esta cumbre en una plataforma de liderazgo regional. Las discrepancias sobre Venezuela, si debía estar representada o por quién, derivaron en la decisión de no convocar la cumbre de líderes regionales que suele acompañar a los encuentros de los BRICS. El actual Gobierno brasileño prefiere las relaciones bilaterales, como dejó claro la víspera el presidente Bolsonaro cuando cortejó abiertamente a China y quiso distinguirla del resto de los emergentes. Para el bolsonarismo, los BRICS son algo de la época de Lula da Silva, su gran antagonista. La política externa brasileña “tiene los ojos puestos en el mundo, pero primero en Brasil”, afirmó el presidente para disipar las dudas que pudiera haber.

Bolsonaro ha recibido en la capital brasileña a otros cuatro mandatarios con los que comparte cargo, género y edad; todos sexagenarios. El brasileño definió este miércoles la primera gran cumbre internacional de la que es anfitrión como una especie de “reunión de viejos amigos”. Juntos gobiernan países que suponen un tercio de la economía mundial y un 40% de la población. Pero en pocos asuntos de relevancia están de acuerdo o tienen aspiraciones comunes.

Al margen de llamamientos genéricos a estrechar la cooperación comercial entre sus países y defender el multilateralismo, los discursos de los líderes han reflejado las urgencias domésticas de cada uno de ellos.

La declaración final no incluye ninguna referencia a las crisis que tienen tan agitado al continente latinoamericano. Los negociadores prefirieron evitar los asuntos en los que las divergencias son mayores que las convergencias. Ni palabra sobre Venezuela —en la que China y Rusia apoyan al régimen de Nicolás Maduro, que Brasil quisiera ver sustituido por Juan Guaidó—. Tampoco mencionan la incierta situación en Bolivia, aunque Putin se ha sumado a Bolsonaro en el reconocimiento de la nueva presidenta interina, ni aparecen Chile o la Amazonia.

El documento menciona en cambio, los conflictos de Siria, Yemen o la desnuclearización de la península de Corea. Los negociadores brasileños han explicado que obedece a que estos últimos son “conflictos de envergadura global”, obviando las consecuencias regionales y mundiales, por ejemplo, del éxodo venezolano con sus más de cuatro millones de refugiados repartidos por buena parte del planeta. La situación en la embajada venezolana, donde la víspera entraron afines a Guaidó, volvió a la normalidad la noche del miércoles cuando abandonaron el edificio tras un incidente que pilló al Gobierno por sorpresa.

Xi criticó en Brasilia que el “creciente proteccionismo está llevando a la desaceleración de la economía mundial”. El mandatario se refería a la batalla que libra con Estados Unidos y en la que el brasileño tampoco quiere decantarse. “Yo no estoy metido en esa guerra comercial. Brasil comercia con todos”, recalcó el miércoles pero el año próximo, cuando se subasta el espectro para la tecnología 5G, China podrá participar en el concurso.

Putin se ha referido reiteradamente a la necesidad de que la economía despegue “para mejorar la calidad de vida de nuestras sociedades”, inquieto quizá ante las imágenes que llegan de Chile, donde el descontento con la desigualdad ha derivado en un inesperado estallido de violentas protestas. Solo el primer ministro Narendra Modi apremió a sus socios a implicarse de lleno con los BRICS y, en un discurso que más bien parecía el de un líder empresarial, les instó a ponerse “metas más ambiciosas, a identificar prioridades” y ponerse plazos y objetivos a cumplir.

Una de las principales aportaciones de Brasil al documento final es, según uno de los negociadores, la referencia a la protección de las minorías religiosas en la guerra de Siria, un guiño a los cristianos evangélicos, que son una importante base electoral de Bolsonaro.

El Pacto de París y la soberanía

En las conclusiones, difundidas antes del almuerzo con el que ha terminado la cumbre, destaca el compromiso de los BRICS de aplicar lo firmado en el Pacto de París contra el Cambio Climático, una postura relevante después de que Estados Unidos abandonara el pacto. Los BRICS también hacen un llamamiento a los países desarrollados para que respalden con ayuda financiera, tecnológica y de capacitación a los países en desarrollo.

Brasil ha logrado incluir en el documento una mención al respeto a la soberanía nacional en los proyectos de cooperación internacional para el desarrollo sostenible. Es una referencia a la polémica suscitada este verano por los incendios de la Amazonia, que se convirtieron en uno de los asuntos estrella del G7 organizado por el presidente francés, Emmanuel Macron y al misterioso derrame de petróleo que ha afectado a más de cien playas brasileñas desde septiembre.

Otros dos puntos importantes desde la perspectiva brasileña son la aplicación adecuada de la ciencia y la tecnología en la agricultura, con el objetivo de evitar falsas barreras sanitarias solo para asegurar los mercados junto a las críticas a las medidas proteccionistas y un llamamiento a “evitar medidas unilaterales y proteccionistas que sean contrarias al espíritu y las normas de la OMC (Organización Mundial del Comercio)”.

Por Naiara Galarraga Gortázar  / Afonso Benites

Brasilia 14 NOV 2019 - 15:05 COT

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Macron diagnostica la muerte cerebral de la OTAN y Alemania se indigna

Después de que el intrépido presidente galo Emmanuel Macron lograra acuerdos comerciales durante su visita a China por 15 mil millones de dólares (https://reut.rs/2WZprot), dio una explosiva entrevista a la revista globalista The Economist, copropiedad de los banqueros Rothschild para quienes laboró, donde diagnostica la muerte cerebral de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) (https://econ.st/33vMGsI), a la que antes Trump catalogó de "obsoleta" cuando regañó a sus aliados de no gastar lo suficiente para su defensa que corría prácticamente a cargo de Estados Unidos.

Macron, quien después del G-7 dictaminó el “fin de la hegemonía de Occidente (https://bit.ly/2NZIpYd)”, se mostró perplejo sobre el "artículo 5" de la OTAN, su cláusula de defensa colectiva, y comentó que no estaba seguro si Washington defendería a Europa en una crisis.

Macron sentenció que Europa se encuentra "al borde del precipicio (sic)" y necesita empezar a pensar por sí misma en términos estratégicos como una potencia geopolítica, ya que de otra manera "no tendrá más el control de su destino", por lo que es apremiante que Europa despierte cuando Estados Unidos “ha volteado su espalda a Europa, como sucedió con su permisividad a la invasión de Turquía, miembro de la OTAN, aprovechando el retiro del Ejército estadunidense del noreste de Siria.

A juicio del mandatario galo, Donald Trump "no comparte la idea del proyecto europeo" cuando Europa está confrontada por el ascenso de China y se encuentra debilitada por dentro con el Brexit y la inestabilidad política: "Existe un riesgo considerable de que en el largo plazo desaparezcamos geopolíticamente, o, por lo menos, que no tengamos más el control de nuestro destino".

La hermenéutica de The Economist es que el "mensaje subyacente de Macron radica en que Europa necesita comenzar a pensar y a actuar no sólo como grupo económico, cuyo principal proyecto es la expansión del mercado, sino como una potencia estratégica" que “debe empezar con la recuperación de la ‘soberanía militar’ (¡mega-sic!)”, y con la reapertura de un diálogo con Rusia.

Los tres magnos polos gravitatorios EU/Rusia/China atraen a las fuerzas centrífugas en la Unión Europea (UE), tipo Brexit, cuando Francia opera ya como su única potencia nuclear con su force de frappe (poder de disuasión)”.

La Unión Europea cometió el grave error de haberse confinado a una visión vulgarmente geoeconomicista, que le brindó la enorme prosperidad que llegó a superar a Estados Unidos con su PIB, hasta que el destino geoestratégico la alcanzó con la increíble resurrección de Rusia, en la fase del zar Vlady Putin a partir del año 2000, y del irresistible ascenso tecnológico/geoeconómico de China.

Ya se encargarán los exhumadores de archivos desclasificados de diagnosticar que el peor error geoestratégico de Washington lo cometió el entonces mandatario Barack Obama al haber empujado a China a los brazos de Rusia, que conformaron una "asociación estratégica" que dejó aislado a Washington y a la deriva a Europa.

La UE contaba con el paraguas geoestratégico/nuclear de Estados Unidos, que en su fase de declive económico/financiero busca salvarse antes de rescatar a los demás.

Ahogada por su hedonismo, Europa descuidó su seguridad y ahora paga un alto precio. La canciller alemana Ángela Merkel criticó “las palabras drásticas del presidente francés (https://bit.ly/33I7ldr)”.

A 30 años de la caída del Muro de Berlín, la anterior ministra de defensa de Alemania y actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se distancia de Macron al sentenciar idílicamente que “la Organización del Tratado del Atlántico Norte es la alianza de defensa más poderosa del mundo (…) Sin la alianza atlántica, la historia de Europa no podría ser contada (https://politi.co/34K2Ajj)”.

A Von der Leyen se le olvidó Carlomagno y no pondera el nuevo orden tripolar del siglo 21 de EU/Rusia/China.

¿Implosiona la OTAN 30 años después de la caída del Muro de Berlín?

El Fin de la historia, de Francis Fukuyama, fue una histeria del Departamento de Estado, así como el mito chileno fue otro artefacto hollywoodense del fallido binomio neoliberal del thatcherismo/reaganomics. “Fin de una era (https://bit.ly/2NAThg9)”: fin de todos sus mitos.

 

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Qué supone la salida de EEUU del Acuerdo de París

 El Gobierno de Trump ha comunicado de manera oficial a la ONU que abandona el tratado internacional contra el cambio climático. Su salida puede suponer un aumento de las emisiones y vuelve a activar las alertas por un posible efecto contagio en otros gobiernos negacionistas del planeta.

 

Trump ha dado el paso. Lo que ya anunció hace dos años se hace oficial y Estados Unidos inicia los trámites para abandonar el Acuerdo de París, el acuerdo internacional contra la crisis climática que fue firmado por 195 estados en 2015 en el que se establecía una hoja de ruta para tratar de evitar que la temperatura del planeta aumente más de dos grados a finales del siglo XXI.

"Hoy comenzamos el proceso formal de retirada del Acuerdo de París. Estados Unidos está orgulloso de su tradicional liderazgo mundial en la reducción de todas las emisiones, impulso de la adaptación, crecimiento de nuestra economía y garantía de energía para todos nuestros ciudadanos", anunciaba este lunes Mike Pompeo, secretario de Estado del país norteamericano.

Nada más llegar al poder, el político republicano, en un alarde de sus planteamientos negacionistas, anunció que abandonaría los acuerdos de París de 2017 tan pronto como la legislación se lo permitiera. Y así ha sido, en tanto que este tratado expone que cualquiera de las partes puede retirarse a partir del 4 de noviembre de 2020, siempre y cuando envíe una notificación formal a la ONU un año antes. Trump no ha fallado en los tiempos y ha anunciado a las Naciones Unidas que abandona los compromisos climáticos que se acordaron en 2015 en la capital francesa. Pero, ¿qué supone la salida de EEUU?

Sin frenos a las emisiones

Estados Unidos es, a nivel mundial, el segundo país más contaminante del mundo, sólo por detrás de China. Tanto, que se calcula que el país norteamericano es el responsable de cerca del 15% de las emisiones globales. Ante esto, el Acuerdo de París se presenta como uno de los escasos mecanismos internacionales que establece mecanismos para la reducción de las emisiones. Tanto, que Obama –el presidente que firmó el tratado– fijó compromisos para una reducción de las emisiones de CO2 de algo más del 25% para 2030. Sin embargo, la retirada de EEUU hace que ese escenario se vuelva aún más lejano.

“En parte el negacionismo de Trump tiene que ver con los vínculos de su administración con la industria de los combustibles fósiles”, opina Héctor de Prado, responsable de Justicia Climática de la organización Amigos de la Tierra, que señala a las repercusiones que puede tener su salida en cuanto a los compromisos financieros del tratado parisino que establecía, a grandes rasgos, que los países más contaminantes deberían destinar un porcentaje de sus fondos a financiar la adaptación y la resiliencia al cambio climático de los estados del cono sur.

“Es importante porque Estados Unidos aporta cerca del 21% del replenishment de los fondos del Global Environment Facility (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) que empezó en París. Su retirada puede tener consecuencias nefastas para muchos países”, expone el ecologista. "La moraleja aquí es que uno de los mayores 'donantes' se retira, y lo que es peor, antes de haber completado íntegramente su promesa, con las evidentes implicaciones que eso conlleva tanto a países como a inversores", añade.

"Trump tiene vocación de genocida y usa la salida del Acuerdo de París para desviar de los problemas político que enfrenta con el impeachment.  Su decisión va a afectar a la vida de millones de personas en todo el mundo, perjudicando gravemente los derechos humanos, como el derecho al agua, a la alimentación, a la salud, entre otros", valora Tom Kucharz, miembro de Ecologistas en Acción.

La salida no es irrevocable

No todo es negro. En esta noticia que reafirma la línea discursiva de Trump en materia climática hay algunas aristas a las que la sociedad norteamericana –y el resto del mundo– puede agarrarse. Tanto es así que, el abandono del acuerdo no es irrevocable. Es decir, la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca, sea de manera anticipada o no, podría suponer que los EEUU volvieran a ratificar los compromisos de París.

En cualquier caso, la decisión de abandonar el multilateralismo medioambiental podría contrarrestarse dentro de los propios poderes estatales de EEUU, ya que los gobiernos de los diferentes estados tienen capacidad de impulsar sus propias medidas anticontaminación, como el reciente caso de la ciudad de Nueva York, que ha prohibido la circulación de coches en una de las avenidas principales de Manhattan. “Vemos que hay estados con políticas ejemplares en cambio climático y otros que son todo lo contrario. Quizá, esa capacidad interna sea más relevante a veces que estar en el acuerdo de París”, opina Javier Andaluz, portavoz de Ecologistas en Acción.

"Hay decisiones del gobierno de Estados Unidos que agravarán igual o mas el calentamiento global que la salida del Acuerdo de París, como por ejemplo la reactivación de proyectos como los oleoductos Keystone XL y Dakota Access Pipeline en tierras sioux o el Plan Energético América Primero, una apuesta decidida por la extracción y el uso sin límites de los combustibles fósiles. La administración Trump ha eliminado o está intentando eliminar restricciones a las tecnologías de perforación del fracking y reduciendo el gasto en las agencias públicas de regulación y control de temas medioambientales", añade Kucharz.

Efecto contagio

La posibilidad de que el discurso de Trump pueda calar en otros gobiernos conservadores como el de Bolsonaro en Brasil vuelve a saltar a la palestra. Pero no solo eso, sino que algunos estados euroescépticos pueden sumarse a la situación de bloqueo. Sobre todo, si se tiene en cuenta que EEUU no saldrá del acuerdo hasta el próximo año, por lo que Trump mantendrá su asiento en la próxima Cumbre del Clima de Madrid (COP 25) desde el que podrá incendiar los debates y frenar la ambición de los acuerdos que se puedan alcanzar. “El hecho de que desde dentro propague la idea de que la lucha contra el cambio climático es una patraña es muy peligroso”, argumenta De Prado.

En cualquier caso la salida de Trump, que hasta ahora era un gran escollo en este tipo de cumbres, puede tener aspectos positivos de cara a las futuras negociaciones. “No es necesariamente una mala noticia para el cambio climática. Él fortalece claramente los intereses negacionistas y, en ese sentido, que se vaya puede suponer que se desatasquen algunas de las negociaciones por el clima”, opina Andaluz, centrándose en cómo podrían transcurrir las futuras cumbres sin la presencia de representantes estadounidenses.

No obstante, el abandono de EEUU y de cualquier otro estado que decida seguir sus pasos debería llevar a la ONU, según los colectivos ecologistas, a activar mecanismos sancionadores para aquellos ejecutivos que no cumplan en materia climática. 

madrid

05/11/2019 17:53 Actualizado: 05/11/2019 18:42

alejandro tena

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 Los presidentes y primeros ministros de los países reunidos este lunes en Bangkok. En vídeo, declaraciones de varios de los ministros. MANAN VATSYAYANA AFP | VÍDEO: REUTERS

La India ha optado por quedarse fuera, de momento, de la RCEP, una alianza abanderada por China y que excluye a EE UU

Quince países de Asia han concluido este lunes en Bangkok las negociaciones para constituir lo que promete ser la mayor zona de libre comercio del mundo y que se ratificará el año próximo. La RCEP, la Asociación Económica Integral Regional, es un proyecto promovido principalmente por Pekín, que se negociaba desde 2012 y que no incluye a Estados Unidos. En las negociaciones en la capital asiática, la India ha decidido no sumarse finalmente tampoco a la alianza por razones de “interés nacional”.

En el comunicado al término de la cumbre de países de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN) celebrada en Bangkok, los líderes de los 16 países negociadores indican que 15 de ellos “han concluido las negociaciones para los 20 capítulos y esencialmente todos los temas sobre acceso a los mercados”.

“No habrá ningún problema para que los 15 participantes en el tratado lo firmen el año próximo”, ha declarado el viceministro de Asuntos Extranjeros chinos, Le Yucheng. La India será “bienvenida” si en el futuro decide sumarse a esta asociación, formada por China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, además de los diez países de la ASEAN (Indonesia, Tailandia, Singapur, Malasia, Filipinas, Vietnam, Myanmar, Camboya, Laos y Brunei).

Si todo sale como el viceministro chino promete y la India se suma al pacto, la futura RCEP abarcará el 47% de la población mundial, o 3.400 millones de personas, y el 32,2% del PIB mundial, 20,6 billones de euros. También acaparará el 32,5% de la inversión global y el 29% del comercio del planeta.

Para Pekín, el éxito de las negociaciones representa un espaldarazo económico y político. Como promotora de la iniciativa, consolida su influencia en Asia y el papel que busca de adalid global del multilateralismo. El acuerdo también servirá para apuntalar su economía en momentos en los que su crecimiento se hace más lento y se enfrenta con Estados Unidos en una guerra de trincheras comercial y tecnológica.

Las negociaciones para esta alianza habían alcanzado inicialmente escasos progresos desde que se lanzó la propuesta inicial en Camboya hace siete años. Pero recibieron un nuevo ímpetu después de que, inmediatamente después de llegar a la Casa Blanca, Donald Trump ordenara la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacíficode Cooperación Económica (TPP), el ambicioso tratado de libre comercio para ambas orillas del Pacífico que la Administración de Barack Obama concebía como el pilar económico para apuntalar la influencia de Washington en la región. La retirada de EE UU supuso la cuasi-defunción, a efectos prácticos, de aquel proyecto, pese a que 11 de sus miembros lo han ratificado.

En cambio, la propuesta china recibió una inyección de vitalidad. “No cabe duda de que daremos un giro hacia la RCEP si el TPP no avanza”, dijo en su día el primer ministro japonés, Shinzo Abe, uno de los principales adalides del acuerdo transpacífico.

La desaceleración generalizada entre las economías asiáticas al hilo de la guerra comercial entre EE UU y China terminó de suministrar el incentivo necesario para que las negociaciones llegaran a buen puerto.

La RCEP y el TPP son muy diferentes. Donde el TPP se centraba en la reducción de barreras no arancelarias (protección del medioambiente, estándares para la inversión extranjera), la RCEP pone el énfasis principalmente en los aranceles, sin las protecciones a los derechos laborales que ofrece el tratado que originalmente lideró EE UU.

La alianza, que requerirá la ratificación de los respectivos parlamentos nacionales, eliminará aranceles sobre más del 90% de los bienes intercambiados entre los miembros. El acuerdo también incluye protecciones sobre la propiedad intelectual y capítulos sobre inversiones y comercio de bienes y servicios. También estipula mecanismos para la resolución de disputas entre los países.

Entre otros problemas, las negociaciones han afrontado las reticencias de la India, una economía con déficit en su balanza comercial, a diferencia de las del resto de los países miembros, todas con superávit. Nueva Delhi teme que una amplia zona de libre comercio inunde su mercado de productos chinos y su industria manufacturera se viera perjudicada. También ve con sospecha la posibilidad de que los bienes agrícolas de Australia o Nueva Zelanda pudieran dañar a este sector de su economía.

“Nuestra decisión ha venido guiada por el impacto que este acuerdo tendría sobre nuestros ciudadanos”, ha declarado Vijay Thakur Singh, del Ministerio indio de Asuntos Exteriores, en una rueda de prensa citada por AFP.

La resistencia de la India no es el único problema por resolver en este acuerdo gigantesco, que aúna a economías tan dispares como la avanzadísima japonesa, la “socialista con características chinas” de Pekín o la de sistema comunista de Laos, uno de los países más pobres del mundo. Está por ver si el deterioro actual en las relaciones entre Japón y Corea del Sur tendrá algún impacto en la puesta en marcha de esta amplia zona comercial. Y Australia y Nueva Zelanda han expresado también su interés en fortalecer los derechos laborales o las protecciones medioambientales, como hace el TPP.

Por Macarena Vidal Liy

Pekín 5 NOV 2019 - 03:59 COT

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Sábado, 02 Noviembre 2019 07:24

Brasil es la cuña de EEUU en Sudamérica

Brasil es la cuña de EEUU en Sudamérica

Brasil está sólidamente alineado con EEUU, pero además se está convirtiendo en la espada de Washington: se permite juzgar a los gobiernos de la región, violentando las elementales normas diplomáticas y está tejiendo alianzas con los mismos países alineados con el imperio.

Tres datos centrales permiten llegar a esa conclusión. El primero es la reacción del presidente Jair Bolsonaro al triunfo electoral del peronismo en Argentina. El segundo es que aprovecha la coyuntura para poner en duda el futuro del Mercosur. Finalmente, en su gira por Asia y Medio Oriente consiguió tejer acuerdos con Arabia Saudí, el principal aliado de Washington en el mundo.

Bolsonaro dejó de lado las mínimas normas de cortesía diplomática para criticar frontalmente la elección de Alberto Fernández, al punto que se negó a felicitarlo por su victoria en primera vuelta. El canciller Ernesto Araújo fue más lejos aún, al decir que "las fuerzas del mal están celebrando" el resultado argentino, agregando que se trata de "una de las peores señales posibles".

Es cierto que Fernández tampoco fue diplomático, al pedir en su primer discurso, luego del triunfo del domingo 27, por la libertad de Lula, el expresidente de Brasil preso en el marco de la investigación Lava Jato. Este choque de presidentes no augura nada positivo para las relaciones bilaterales y para el Mercosur.

El Gobierno brasileño adoptó una actitud anormal en la región, incluso para los más conservadores. "Desde que asumió el gobierno, Jair Bolsonaro puso a Nicolás Maduro y La Habana como sus mayores enemigos en el hemisferio", escribe el periodista Jaime Chade. Según el diario El País, el canciller envió instrucciones a sus diplomáticos para promover una reunión de las Naciones Unidas para atacar a Cuba, aún en contra de la opinión de sus diplomáticos.

El articulista considera una profunda hipocresía que "se llame a Maduro como dictador y a Cuba como amenaza, mientras cierra los ojos para decir, con orgullo, que tiene afinidad con un príncipe saudí acusado de las peores atrocidades", en referencia a sus excelentes relaciones con el príncipe saudí Mohamed Bin Salmam. Quizá porque el gobierno de Riad anunció inversiones por 10.000 millones de dólares en Brasil.

La segunda cuestión la trajo el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, una especie de comunicador informal del gobierno. Con una argentina peronista, dijo en un tuit, Brasil debe rever el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, apuntando a su deseo de separar a Buenos Aires de la alianza regional.

En este punto es necesario recordar que EEUU siempre se opuso a la integración regional sudamericana, y sólo admitió un Mercosur volcado a las relaciones comerciales, desconfiando de cualquier alianza política entre Argentina y Brasil, los únicos países que por su peso económico, político y diplomático pueden arrastrar a toda la región en una dirección determinada.

EEUU ya consiguió, desde los gobiernos de Macri y Bolsonaro, que la UNASUR fuera desactivada, pero ahora puede congratularse de que el Mercosur también atraviese dificultades. Hasta ahora las relaciones comerciales entre ambas naciones sudamericanas eran importantes. El principal mercado de las exportaciones argentinas es Brasil, relevante para la industria por la venta de autopartes, ya que el resto de sus exportaciones son commodities agrícolas sin valor agregado.

La tercera cuestión es que Brasil está promoviendo un viraje hacia Asia y Oriente Medio, en busca de mercados y de inversiones. De hecho se convirtió en uno de los países más atractivos para los inversores, en la medida que derriba las barreras ambientales y laborales, así como las restricciones al capital extranjero en áreas sensibles como los hidrocarburos.

El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí desembolsará 10.000 millones dólares, un dato que fue hecho público luego del encuentro entre Bolsonaro y el príncipe heredero Bin Salman. Por otro lado, el jefe de gabinete de Bolsonaro, Onyx Lorenzoni, aseguró que ambos gobiernos formarán un consejo que definirá los sectores apropiados para efectivizar las inversiones.

Entre los intereses de los sauditas figura la construcción de un ferrocarril de casi 1000 kilómetros, desde el corazón agrícola de Mato Grosso hasta Pará, en el extremo norte del país, cuyo costo oscila en los tres mil millones de dólares. En paralelo, el fondo soberano de Abu Dhabi se mostró entusiasmado por las inminentes privatizaciones en Brasil.

En efecto, Brasilia espera recaudar 325.000 millones de dólares en los próximos años, en las subastas previstas en pozos petroleros, puertos y aeropuertos, pero también con las privatizaciones de empresas estatales como el correo.

Si este plan funciona, además de un profunda desnacionalización del país, Brasil puede conseguir los fondos necesarios para superar una crisis económica que ya se arrastra cinco años, desde el comienzo del segundo Gobierno de Dilma Rousseff, en 2014. Lo hace, además, apelando a los socios estratégicos de EEUU, ya que en su visita a China se habló de mejorar las relaciones comerciales pero no se mencionaron inversiones.

Por último, el Gobierno de Brasil está haciendo gestiones para un segundo encuentro con el presidente Donald Trump, en noviembre. Según relataron diplomáticos a Folha de Sao Paulo, este encuentro "sería una oportunidad especial para consolidar al jefe del Palacio del Planalto como líder regional, frente a procesos complicados en el vecindario sudamericano: Chile, Bolivia y Venezuela".

Este punto es relevante y puede tener consecuencias a largo plazo. Al parecer, la nueva visita de Bolsonaro a EEUU fue iniciativa de los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott. Luego de la década progresista, entre 2003 y 2015, en la que Washington sufrió cierto aislamiento en la región sudamericana, ahora está recuperando posiciones, para lo que necesita de aliados fuertes con llegada a todos los países.

Brasil se ofrece como la espada de EEUU en una región inestable y cada vez más volcada contra el neoliberalismo. Las masivas protestas en Chile, que durante décadas fue el aliado más estable de Washington en la región, son una llamada de alerta para la diplomacia de la Casa Blanca. En esta nueva coyuntura, Brasilia aparece como un aliado más confiable y sumiso a los intereses del capital financiero y del imperio.

20:02 01.11.2019

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El tratado internacional para controlar a las multinacionales, cada vez más lejos

Esta semana tiene lugar en Ginebra la quinta sesión del grupo de la ONU encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Pero en el texto que se discute apenas queda nada del espíritu y la ambición con que nació este proceso hace cinco años.

El lunes 14 de octubre dio comienzo, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, la quinta sesión del grupo de trabajo intergubernamental encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Como viene ocurriendo todos los años por estas fechas desde que en 2014 se aprobó la resolución del Consejo de Derechos Humanos que instaba a los países a avanzar en esta línea, durante toda esa semana está volviendo a ponerse en el centro de la agenda internacional la necesidad de contar con mecanismos de control para frenar la impunidad con que operan las grandes corporaciones en su expansión global. Las posibilidades de que este proceso en la ONU concluya con la creación de nuevas normas vinculantes que puedan poner mínimamente en riesgo los beneficios empresariales, sin embargo, son cada vez más remotas.

Ya el año pasado se presentó el primer borrador de lo que será el futuro tratado. En aquella versión inicial del texto había al menos seis elementos fundamentales que resultaban cuestionables y se alejaban de las demandas expresadas por las organizaciones sociales implicadas en el proceso. A saber: no se trataba de un instrumento jurídico específico para las empresas transnacionales; únicamente establecía obligaciones para los Estados; no incorporaba mecanismos efectivos para el cumplimiento de la legalidad internacional; dejaba de lado la responsabilidad solidaria de las multinacionales en las cadenas de valor globales; no tenía en cuenta la primacía de los derechos humanos sobre los acuerdos de comercio e inversión; no incluía instancias ni órganos de control y seguimiento.

En la segunda versión del texto del tratado, que ha sido presentada este año y está siendo la base de los debates en Ginebra esta semana, se profundiza aún más en esa misma línea. Así, lejos de incorporar las exigencias de una mayor regulación para evitar que se desdibujen las responsabilidades legales de las transnacionales en la esfera global, se sigue dejando en manos de los Estados las posibilidades de controlar a estas empresas. Por decirlo con un titular: el tratado está más cerca de convertirse en una versión remozada de los Principios Rectores —de los que, recordando su preámbulo, “no se deriva ninguna nueva obligación jurídica”— que de servir para avanzar en la creación de normas internacionales que sitúen los derechos humanos por encima de la lex mercatoria.

Poco queda ya del espíritu y la ambición con que nació la resolución 26/9 hace cinco años. Ni siquiera el que siempre fue el objetivo fundamental de un tratado de este tipo: que fuera útil para caracterizar los crímenes económicos y ecológicos cometidos por las empresas transnacionales y sirviera para cubrir el hueco que existe en el derecho internacional respecto a su regulación. En esta involución del proceso en Naciones Unidas han tenido mucho que ver las presiones de los lobbies empresariales y los cambios en la correlación de fuerzas a escala mundial. Los giros tanto del gobierno de Ecuador, que al principio asumió un fuerte liderazgo del proceso pero luego fue suavizando su posición, como de la Unión Europea, que de boicotear la primera sesión del grupo de trabajo en 2015 pasó a mostrar en la apertura de la sesión de ayer su buena disposición por el rumbo que está tomando el tratado, así lo atestiguan.

Frente a la arquitectura de la impunidad…

A la vez que en los organismos internacionales se va perfeccionando la retórica sobre “proteger, respetar y remediar” los derechos humanos, continúa fortaleciéndose la arquitectura jurídica de la impunidad. Los contratos y los negocios empresariales se blindan a través del complejo entramado normativo que en las últimas décadas han venido construyendo las transnacionales y los Estados que las apoyan, pasando por encima de los derechos fundamentales de las mayorías sociales y de la propia democracia. El proceso del tratado en la ONU, al fin y al cabo, no se desmarca de la realidad actual de los derechos humanos en todo el planeta.

El telón de fondo es que estamos viviendo una ofensiva mercantilizadora a escala global, en la que las dinámicas capitalistas, patriarcales, coloniales, autoritarias e insostenibles se están exacerbando. Así continúa reforzándose un modelo donde las grandes empresas continúan ampliando su poder, poniendo en cuestión la propia democracia liberal-representativa y llegando a constituirse como un gobierno de facto. El resultado es la progresiva destrucción de la soberanía popular y la captura de países y territorios como si formasen parte de la organización interna de las grandes corporaciones.

Se agudiza, de este modo, la asimetría normativa que protege los derechos de las corporaciones transnacionales y el capital financiero, que cuentan con reglas de obligado cumplimiento y con tribunales privados que las aplican con una eficacia absoluta. Mientras, los derechos humanos se mueven entre la fragilidad de las normas internacionales, las recomendaciones de los comités encargados de su aplicación y la pasividad de los gobiernos ante el incumplimiento de los pactos y tratados internacionales.

En este contexto se generan modificaciones sustanciales en la propia categoría jurídica de los derechos humanos, que sufren una triple reconfiguración. Primero, se desregulan en base a la explotación generalizada de personas y los procesos de privatización. Segundo, se expropian siguiendo la lógica de acumulación por desposesión. Y tercero, se destruyen en función de un colonialismo/racismo extremo vinculado a la necropolítica. En ese contexto, resultan prescindibles quienes no participen de la sociedad de consumo o no aporten valorización al proceso de reproducción del capital.

Las instituciones globales y la mayoría de los Estados no solo están eliminando y suspendiendo derechos. También están reconfigurando quiénes son sujetos de derecho, quiénes quedan fuera de la categoría de seres humanos, lo que provoca una sensación de descomposición generalizada del sistema internacional de los derechos humanos. La feudalización de las relaciones económicas, políticas y jurídicas está colonizando la arquitectura institucional de las democracias representativas. Por eso, si se quiere hablar en serio de derechos humanos, de Ecuador a Rojava pasando por el Mediterráneo, hay que ajustar los discursos vacíos a los contextos donde esos derechos se subordinan a los intereses del capital transnacional.

Mientras el cuerpo normativo relacionado con la mercantilización del sistema neoliberal ha ido perfeccionándose a favor de las empresas transnacionales, se ha ido abandonando la posibilidad de ejercer un control real sobre sus actividades, dejando sus obligaciones socioecológicas en manos de los acuerdos voluntarios. En estos momentos, a raíz de la nueva oleada de tratados comerciales y de inversión, resurge la idea de incluir la “responsabilidad social” —rebautizada en la agenda internacional como los “objetivos de desarrollo sostenible”— como un elemento corrector de esta asimetría normativa.

Dos décadas después de que se lanzara el paradigma de la “empresa responsable” como un supuesto salto adelante en el modelo de relaciones entre las multinacionales y el conjunto de la sociedad, queda claro que la RSC nunca tuvo la intención de ser un instrumento eficaz para controlar a las grandes corporaciones. La “responsabilidad social”, además de servir para el lavado de cara empresarial, se ha constituido como una fórmula de soft law que se ampara teóricamente en la “ética de los negocios” pero que, en la práctica, apenas remite sus obligaciones a la publicación de sus memorias anuales.

De ahí la necesidad de introducir modificaciones en las legislaciones nacionales. Pero también, y sobre todo, de avanzar en regulaciones internacionales capaces de abarcar toda la complejidad de los grandes conglomerados económicos, con criterios que trasciendan el marco estatal, rompan la aparente separación entre matriz y filiales, y amparen el “levantamiento del velo corporativo”. La cuestión es que los Estados carecen de instrumentos políticos y normativos para poder controlar de manera efectiva a las empresas transnacionales, ya que las reglas internacionales de comercio e inversión —y la fuerza con la que los Estados centrales las hacen cumplir— construyen una armadura jurídica muy difícil de romper solamente desde el ámbito estatal.

…Regulación y confrontación

En la coyuntura actual del capitalismo global, cualquier intento de regulación de los mecanismos de extracción y apropiación de riqueza que protagonizan las grandes corporaciones puede convertirse en una medida de carácter radical, al atacar directamente al núcleo del beneficio empresarial. De hecho, la mera sugerencia de que puedan introducirse modificaciones legislativas en materia laboral o fiscal suele hacer saltar las alarmas de las patronales y los lobbies empresariales, que enarbolan la bandera de la “seguridad jurídica” para defender sus contratos e intereses privados.

En caso de verse afectadas por medidas regulatorias que perjudicasen sus intereses, no hay duda de que las grandes corporaciones presionarán con todos los instrumentos jurídico-económicos a su alcance para tratar de echarlas atrás. Pero el núcleo de esta disputa no se encuentra en una cuestión de técnica jurídica, sino de voluntad política; en otras palabras, en la capacidad para poder sostener ese tipo de reformas con una fuerte movilización social y apoyo popular. Lo que parece claro es que el Derecho oficial, al ser parte de la estructura hegemónica de dominación, únicamente podrá convertirse en un vehículo contrahegemónico si se subordina a la acción política.

El proceso seguido en la ONU no es ajeno a este contexto. Poco a poco, el tratado va convirtiéndose en un documento irreconocible en relación a los debates y a las propuestas formuladas entre 2015 y 2018 por juristas, defensoras de derechos humanos y representantes de las organizaciones sociales y de las comunidades afectadas. En el texto apenas queda nada sobre la empresa transnacional como sujeto de obligaciones en derecho internacional, sobre las normas de comercio e inversión, el rol que juegan las instituciones económico-financieras internacionales, la posibilidad de crear una corte mundial sobre empresas y derechos humanos, etc. En este marco, una estrategia de incidencia política solamente sostenida en la presión a embajadas y gobiernos no va a poder arrancar un tratado internacional para controlar de manera efectiva a las multinacionales.

Formalmente, el proceso continúa. Pero con este documento como base de la negociación entre los países, en la que inevitablemente se van a ir rebajando todavía más los postulados del texto, aunque finalmente llegara a aprobarse el tratado tampoco serviría de mucho. Las reformas “sin más”, además de meramente coyunturales, pueden acabar fortaleciendo el orden establecido y generar desmovilización social.

Sirva el declive del proceso hacia una normativa internacional vinculante sobre empresas y derechos humanos, en torno al cual se han articulado cientos de ONG y organizaciones sociales de todo el mundo, para reflexionar sobre las estrategias a seguir; para no perderse en procesos largos y burocráticos, no generar falsas expectativas y, a la vez, fortalecer la capacidad de denuncia, movilización e incidencia. En este tipo de negociaciones institucionales resulta cuestionable el consejo habitual del “realismo”. La concepción de “altura de miras” de los movimientos sociales y las comunidades afectadas es diferente a la que pueden tener los gobiernos de los países centrales y las empresas transnacionales. El pragmatismo del que estas últimas hacen gala se basa en una negociación asimétrica que suele terminar en resultados vacíos y poco precisos.

En un escenario que se torna cada vez más adverso, se trata de evitar que la acción social y política de los colectivos y movimientos en resistencia quede condicionada a los tiempos de los organismos nacionales e internacionales. La apuesta, más que por centrar todas las fuerzas en el terreno institucional, pasaría por seguir potenciando lógicas contrahegemónicas a nivel local, regional y global. Estas alianzas locales y globales, sin abandonar aquellas instancias de regulación en las que haya posibilidades de lograr importantes modificaciones normativas, resultan fundamentales para construir modelos alternativos capaces de desmantelar a las transnacionales y formular propuestas económicas de largo alcance.

Guiar la actividad social, política y económica con valores contrahegemónicos sustentados en el ecofeminismo, la propiedad colectiva, la democracia y la autogestión supone confrontar de raíz las prácticas promovidas por las empresas transnacionales. Y es que, además de separar el ámbito del mercado y el de las instituciones públicas, se trata de construir —más allá del sistema estatal— sistemas económicos, de cooperación y de nueva institucionalidad que sean capaces de autodinamizarse, autoconstruirse y autoorganizarse. Frente a la eliminación institucional de derechos, una articulación internacionalista que rechace a los Estados como única fuente de derecho y que reivindique el papel protagonista de organizaciones, movimientos y comunidades en la creación de las condiciones que garanticen una vida digna y en paz con el planeta a las mayorías sociales presentes y futuras.

Por Pedro Ramiro, Erika González, Juan Hernández Zubizarreta

El Salto

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La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, en su primer día en su nuevo puesto en la sede del FMI en Washington. REUTERS / Jonathan Ernst

La economista búlgara, Kristalina Georgieva, explicó que "la precaria perspectiva" será un desafío para los países que ya enfrentan dificultades. Así mismo, advirtió que las perspectivas mundiales serán "a la baja".

 

La nueva directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió este martes de una desaceleración económica este año "en el 90% de los países del mundo", durante su primer discurso al frente de la organización multilateral.  

"En 2019, esperamos un crecimiento más lento en casi el 90% del mundo. La economía global se encuentra ahora en una desaceleración sincronizada", dijo Georgieva en la sede central del FMI, en Washington. 

La economista búlgara, que sucede en el cargo a Christine Lagarde, que será la presidenta del Banco Central Europeo, explicó que esta desaceleración generalizada "significa que el crecimiento de este año caerá a su ritmo más bajo desde el comienzo de la década". "Los números reflejan una situación compleja", consideró. 

Georgieva hizo esta valoración una semana antes del inicio de la Asamblea Anual conjunta del FMI y el Banco Mundial (BM), en la que ambas instituciones presentarán sus proyecciones económicas y que congregará a los principales ministros de economía y banqueros centrales de todo el mundo. 

En este sentido, avisó que las nuevas perspectivas económicas serán "a la baja" respecto a las últimas presentadas en julio en Chile, en las que el organismo redujo en una décima sus previsiones de crecimiento global para 2019, hasta el 3,2%, y 2020, al 3,5%. 

En su análisis, Georgieva argumentó que la actividad económica "se está ablandando" en economías avanzadas, como EEUU, Japón y, especialmente, la zona euro, mientras que en otos mercados emergentes, como India y Brasil, la desaceleración es "aún más" pronunciada este año. 

Respecto a China, señaló que su crecimiento económico "está bajando gradualmente del rápido ritmo que vio durante muchos años". "La precaria perspectiva -continuó- presenta desafíos para los países que ya enfrentan dificultades, incluyendo algunos de los países del programa del Fondo", como Argentina. 

Sin embargo, celebró que cerca de cuarenta mercados emergentes y economías en desarrollo, incluyendo 19 en África subsahariana, "tendrán tasas de crecimiento del PIB real superiores al 5%". "Representan una parte relativamente de la economía global", justificó.

En su discurso, Georgieva achacó a las disputas comerciales, como la guerra comercial entre Washington y Pekín, parte de la responsabilidad de esta desaceleración económica global, además de las diferentes tensiones geopolíticas y el posible impacto del brexit. "Hemos hablado en el pasado sobre los peligros de las disputas comerciales. Ahora, vemos que en realidad están pasando factura", sentenció.

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Jueves, 03 Octubre 2019 06:07

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El traje de Bretton Woods se queda viejo

El desmoronamiento del orden mundial establecido en 1944 acelera la batalla entre China y Estados Unidos por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico

Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

Así pues, después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el motor principal de la acumulación de capital a nivel mundial, así como el director de las reglas de dicho proceso, liderando el ámbito económico, tecnológico, comercial, financiero, militar y cultural. Esta configuración colapsa con la crisis de 2008, en la que el orden establecido empieza a descomponerse ante los límites de la globalización financiera. Como contrapartida, ante el deterioro del imperio estadounidense, se acelera la batalla por controlar las reglas del juego geopolítico y geoeconómico. Así, China y Rusia se establecen como actores políticos de primer orden, empujando el orden unipolar hacia la multipolaridad. La llegada de Trump es la respuesta a la decadencia del hegemón: pérdida de hegemonía mundial y la ruptura del sistema político en Estados Unidos.Durante los últimos dos años hemos visto cómo la guerra comercial entre China y Estados Unidos ocupa el centro de las relaciones internacionales, aumentando su intensidad con el paso de los meses. Más allá de los sucesos y de las medidas concretas que se han ido ejecutando por parte de ambos países, es preciso analizar la situación tomando perspectiva, evitando explicaciones personalistas o de coyuntura, como las que aluden al temperamento del presidente estadounidense o a la necesidad de reducir su déficit comercial. En efecto, al analizar las tendencias y los aspectos estructurales, comprobamos que el traje de Bretton Woods le está apretando demasiado a ambas potencias. De hecho, la propia guerra comercial es un precedente que marca el fin de una etapa histórica: la del orden mundial de posguerra construido en dicha conferencia en 1944.

En este sentido, es posible afirmar que la guerra comercial es parte de la lucha por la construcción de las nuevas reglas del juego en el tablero mundial: es difícil imaginar que el final de la presidencia de Trump signifique el cese de hostilidades. Para comprobar esto, vamos a mostrar algunos indicadores que nos ayudarán a darle dimensión y contexto a este conflicto histórico entre China y EE.UU.

La batalla por la hegemonía

En el primer gráfico podemos observar cómo la proyección de China y su peso relativo en el mundo avanzan a un ritmo vertiginoso. Concretamente, en un lustro, India y China superarán en PIB (medido en Paridad de Poder Adquisitivo) al conjunto de EE.UU. y la UE. Si nos alejamos más en el tiempo, con la prudencia que se debe tener con este tipo de estimaciones, según las predicciones de Goldman Sachs, para el año 2050 el PIB de China será casi el doble del de EE.UU. y el de India tendrá un tamaño similar al del país norteamericano. De esta forma, existe un claro desplazamiento del centro de gravedad del capitalismo mundial hacia Asia, esto es, el fin de occidente como centro productivo del mundo.

Además, si atendemos a los datos del comercio mundial, en un contexto en el que la globalización está perdiendo fuerza, (el PIB mundial crece ahora por encima del comercio mundial) China lidera las exportaciones con un 12,8% del total, mientras que las estadounidenses suponen el 8,5%. En cuanto a las importaciones, la potencia norteamericana lidera el indicador con un 13,2%, y China es la segunda importadora mundial en 2018 con el 10,8%. Además, si observamos más detenidamente las exportaciones de cada país, podemos ver el cambio del modelo chino, ya que, en 1992 el porcentaje de exportaciones de alta tecnología suponía el 6,4% y, en la actualidad, un 23,8%. De forma contraria, EE.UU. ha pasado del 32,6% a un 13,8. De esta forma, China se está convirtiendo en una exportadora de bienes de alta tecnología, alejándose del papel de fábrica del mundo de bajo valor añadido.

EXISTE UN DESPLAZAMIENTO DEL CENTRO DE GRAVEDAD DEL CAPITALISMO HACIA ASIA, ESTO ES, EL FIN DE OCCIDENTE COMO CENTRO PRODUCTIVO DEL MUNDO

En esta línea, es conveniente detenerse en el área tecnológica, ya que, precisamente, este es uno de los puntos más candentes en la actualidad. Así, el plan Made in China 2025 tiene como objetivo reducir la dependencia de la tecnología extranjera y convertir al país asiático en una potencia mundial en las industrias de alta tecnología. En efecto, si observamos el gráfico que muestra el número de patentes registradas, en la actualidad China, que superó a Estados Unidos en 2015, es el líder indiscutible. Más concretamente, China también lidera el ranking de patentes en desarrollo de tecnologías de inteligencia artificial, con 473 de un total de 608, mientras que Estados Unidos registra 65.

Ante este escenario, la Administración Trump está mostrando sus garras al Made in China 2025 : gran parte de su ofensiva comercial es, en realidad, un ataque al plan chino, que se ha materializado, por ejemplo, en el conflicto con Huawei y las redes de 5G. De este modo, podemos comprobar que la guerra comercial no tiene tanto que ver con el déficit comercial de Estados Unidos como con la intención de Washington de frenar el desarrollo tecnológico de China.

Otro de los puntos más candentes en la actualidad es la llamada guerra monetaria. Si atendemos a los datos del BIS –Bank for International Settlements/Banco de Pagos Internacionales– el dólar supone el 87% de las transacciones mundiales y el yuan el 4% (sobre un 200% porque cada transacción implica dos monedas). Con respecto a los datos de reservas mundiales de divisas, el dólar representa el 62,9% frente al 1% del yuan. Sin duda, el papel del dólar como centro del sistema monetario internacional es uno de los pilares de la hegemonía de Estados Unidos y, más todavía, desde la ruptura del patrón oro-dólar en la década de los setenta, que situó a EE.UU. como centro de la globalización financiera.

Como contrapartida, la potencia asiática ha comenzado un progresivo proceso de potenciación del yuan con el objetivo de disminuir la dependencia del dólar y aumentar su capacidad de soft power –no impliquen el uso directo de la fuerza (militar o económica)–. En esta línea, China ha promovido el comercio bilateral en yuanes con países como Rusia, Irán, Venezuela o Angola, ha conseguido que su divisa forme parte de la canasta de monedas de Derechos Especiales de Giro del FMI y, más recientemente, ha creado un mercado de futuros de petróleo en yuanes. Aunque todavía estamos lejos de una alternativa al dólar como centro del sistema monetario internacional, las medidas proteccionistas pueden suponer la desdolarización del comercio mundial.

Por último, en relación a la esfera militar, según el indicador Global Fire Power, Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso del mundo. En efecto, siguiendo dicho indicador (siendo el valor óptimo 0), Estados Unidos lidera el ranking con un índice de 0,0615, seguido por Rusia con 0,0639 y China 0,673. Además, en relación al gasto militar por países, Estados Unidos encabeza la lista con 609.757 millones de dólares de inversión anual, seguido por la Unión Europea y China, con 258.701 y 228.230 millones respectivamente y, con casi una décima parte menos, Arabia Saudí y Rusia, con 69.413 y 66.334 millones de dólares.

La configuración del nuevo orden mundial

En cierto modo, un orden mundial es una determinada correlación de fuerzas congelada en un conjunto de instituciones, un paradigma cultural y una forma de ver el mundo que impera y dirige a la sociedad en una dirección determinada, todo ello bajo la batuta de una potencia que actúa como hegemón. Como hemos señalado, el edificio levantado después de la II Guerra Mundial, apuntalado a lo largo de las décadas posteriores, es un marco institucional en el que ya no encaja la nueva correlación de fuerzas mundial: Bretton Woods era un estructura claramente adaptada a un centro de gravedad occidental y en el siglo XXI asistimos al desmoronamiento acelerado de esas instituciones.

LA LUCHA COMERCIAL NO EMPIEZA CON TRUMP, SINO CON OBAMA: EL TTP Y EL TTIP SUPONEN UNA OFENSIVA COMERCIAL CONTRA CHINA

Como observamos en los datos, la tendencia es vertiginosa en cuanto al peso de China (y Asia) en el mundo. El punto de inflexión que hizo que comenzase el deshielo fue la crisis del 2008. De hecho, podemos ver que la lucha comercial no empieza con Trump, sino con Obama: el TTP y el TTIP suponen una ofensiva comercial contra China, que intenta perpetuar las reglas de la globalización financiera liderada por EE.UU. desde los años ochenta. Sin embargo, la estrategia no funcionó y de ahí deriva el giro de Trump, que asume que el traje de Bretton Woods ya no le sirve. De esta forma, el auge del proteccionismo y el bilateralismo supone la ruptura con la concepción de las reglas internacionales multilaterales que defendía EE.UU., más allá de las contradicciones que haya asumido este discurso a lo largo de las décadas.

De forma opuesta, uno de los mejores ejemplos de fin de época es que, en paralelo a la descomposición, existe una edificación de nuevas instituciones internacionales: un traje a medida de China. En efecto, el país asiático ha iniciado la creación de la Nueva Ruta de la Seda, ha creado el Banco de los BRICS y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras, entidades alternativas al FMI y el Banco Mundial. Así, la creciente soberanía de China, choca frontalmente con la de EE.UU. y seguirá haciéndolo de manera inevitable en el futuro.

Resulta evidente que, cuando Trump abandone la Casa Blanca, el centro de gravedad seguirá desplazándose hacia Asia. El contexto actual va más allá de la estrategia de un determinado gobierno, pues Trump es un ejemplo de la doble crisis de hegemonía interna y externa que vive EE.UU.: la crisis de gobernabilidad y la crisis de hegemonía mundial. En consecuencia, cualquier candidato que llegue a la presidencia estadounidense tiene que asumir los mandos de una potencia en decadencia, que ya no dirige como antaño las riendas del orden mundial.

Este hecho es el que determina que vivamos una crisis de sistema internacional: el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia y el ascenso de China implican que el orden mundial de posguerra asume en su seno una correlación de fuerzas que ya no existe, de tal manera que hasta la propia potencia creadora y directora de las mismas precisa romper con ellas. En este camino no hay vuelta atrás, el futuro del mundo irá ligado a la construcción de esas nuevas reglas.

En definitiva, los próximos años nos enfrentaremos a una mayor profundización del desorden mundial, las distintas potencias se moverán a la búsqueda de alianzas y de nuevos marcos para la construcción de una nueva estructura mundial que permita fijar la nueva correlación de fuerzas. Este proceso se verá acelerado con la próxima crisis económica global. En consecuencia, uno de los puntos más delicados es el de crear un nuevo encaje a nivel internacional en el que el reparto de poder pueda llevarse a cabo sin una guerra (militar) entre China y EE.UU., sea esta directa o proxy. En definitiva, lo que queda por ver es si es posible evitar la trampa de Tucídides. 

Por Juan Vázquez Rojo*

CTXT

*Juan Vázquez Rojo es economista, investigador y editor de la Revista Torpedo.

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Opinión  El "Milagro de China", una oportunidad para América Latina

Cuando la comunidad latinoamericana e internacional felicita a la República Popular China, la Nueva China, por los enormes logros alcanzados desde su fundación hace 70 años, en general se pregunta: ¿De dónde viene China y a dónde irá? ¿Qué tipo de mundo está promoviendo China? ¿Cómo se llevará con el mundo?

En respuesta a estos problemas, el gobierno chino publicó el viernes pasado su primer libro blanco integral "China y el mundo en la nueva era". Utilizando ejemplos y datos, revisó exhaustivamente los logros del desarrollo y las importantes contribuciones al mundo. Expuso de manera integral y sistemática las relaciones de China con el mundo, respondió a las principales preocupaciones de la comunidad internacional y declaró claramente que China siempre ha sido firmemente constructor de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global, defensor del orden internacional, demostrando la sinceridad, la determinación y la responsabilidad de un gran país,

En el curso del desarrollo humano, 70 años es solo una gota en el océano, pero para la Nueva China, significa un gran cambio. El pueblo chino se ha apoyado en la autosuficiencia y el trabajo duro, y ha experimentado décadas en el proceso de desarrollo que los países desarrollados han experimentado durante cientos de años, creando un milagro de desarrollo sin precedentes en la historia humana e inyectando energía positiva en la paz y el desarrollo mundial. El libro blanco revisa con orgullo la historia de la fortaleza económica del país, la mejora de la calidad de vida de las personas y la influencia significativa del estatus internacional desde el 18° Congreso Nacional del Partido Comunista de China, señalando que China ha crecido interactuando con el mundo, promoviendo la paz y el desarrollo mundial.

China, como país de gran escala, avanzará hacia la modernización de manera pacífica, lo que inevitablemente traerá una influencia general al mundo. En este sentido, el libro blanco se ha elaborado tanto sobre el concepto de desarrollo como sobre la acción real.

En primer lugar, China se ha embarcado en un camino adecuado para su propio desarrollo. La elección del camino es crucial para el éxito o el fracaso de un país. En los tiempos modernos, muchos países en desarrollo han llevado a cabo arduas exploraciones al respecto y algunos han copiado el modelo occidental, pero tal vez este modelo no corresponde con sus características locales y esto ha causado serios problemas económicos y sociales. Bajo el liderazgo del Partido Comunista de China, la Nueva China ha encontrado un camino de desarrollo correcto para el socialismo con características chinas.

Otro aspecto de la historia de 70 años de la Nueva China ha sido acompañado por una "teoría de la amenaza de China". En este sentido, el libro blanco señaló que este argumento tiene malentendidos cognitivos, prejuicios profundamente arraigados, desequilibrios psicológicos causados por el crecimiento del poder y distorsiones deliberadas para salvaguardar sus propios intereses.

"Cuando el mundo es bueno, China puede ser buena; cuando China es buena, el mundo es mejor". Esta es la verdad que ha demostrado la práctica de desarrollo de China en los últimos 70 años, y también es la tendencia de los tiempos. No importa cómo cambie la situación internacional, no importa cómo se desarrolle, China nunca buscará la hegemonía, nunca se expandirá, nunca buscará la esfera de influencia, y estará decidida a contribuir a construir un mundo mejor.

Desde la fundación de la Nueva China, las relaciones con América Latina están sin duda en su mejor momento. En los últimos años ha aumentado la cooperación comercial, financiera, tecnológica, educativa, y con los años seguramente la cooperación será cada vez más profunda.

En los últimos años más países latinoamericanos establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular China como ser Panamá, República Dominicana y El Salvador.

A pesar del gran avance en las relaciones, sabemos que esto no es fácil ni sencillo debido a las grandes distancias geográficas, diferencias culturales y al desconocimiento mutuo que todavía aún persiste.

Pero el crecimiento de las relaciones ha sido rápido y constante. Por ejemplo desde la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), las exportaciones latinoamericanas a China han pasado de representar un 1,5 % del total en 2001 a un 10 % en 2017. Y con respecto a lo educativo, es considerable el aumento de la cooperación entre universidades que permiten que en un futuro cercano haya más intercambios de alumnos, docentes y de investigadores. Cada vez más latinoamericanos estudian el mandarín en China a través de becas de grado y postgrado para cursar en China, como el crecimiento de chinos que estudian español, habiendo al día de hoy casi 90 universidades que lo enseñan en todo el país.

China debe ser vista como una oportunidad y no como una amenaza para América Latina y el mundo, el avance del país en estos 70 años lo ha demostrado.

Yin Xiaotong es Directora del Departamento de Español de la Radio Internacional de China

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Fabricantes de armas, el actor oculto en la militarización fronteriza en EEUU

Una investigación establece que "han desempeñado un papel fundamental en la promoción de la militarización fronteriza de la que se han beneficiado con miles de millones de dólares en contratos". "Estos vínculos lucrativos se ocultan al público", explica uno de los autores.

 

Los grandes fabricantes de armas son el actor oculto en la militarización de la frontera entre Estados Unidos y México y en los últimos años han jugado un papel más relevante que la propia Casa Blanca en el endurecimiento de la lucha contra la migración ilegal, según un estudio publicado este lunes.

"Un pequeño número de corporaciones, principalmente firmas de armas y también de información tecnológica, han desempeñado un papel fundamental en la promoción de la militarización fronteriza de la que se han beneficiado con miles de millones de dólares en contratos", declaró a Efe Nick Buxton, coeditor del reporte.

El informe, elaborado por el grupo de investigación internacional Instituto Transnacional (TNI), argumenta que firmas de seguridad y fabricantes de armas como General Dynamics, Northrop Grumman, Lockheed Martin, Raytheon y Boeing, entre otras, han diseñado la política fronteriza en las últimas tres décadas y son las responsables de la actual coyuntura. "El debate sobre (el presidente Donald) Trump y la frontera ha distorsionado la realidad, porque ignora que ya hay un muro altamente militarizado apoyado por los republicanos y los demócratas durante tres décadas", dijo.

La investigación apunta a que en los últimos 15 años el presupuesto destinado a la seguridad fronteriza y control migratorio en EEUU pasó de 9.100 millones de dólares en 2003 a 23.700 millones en 2018. Ello, resaltó Buxton, genera "enormes ganancias a estas corporaciones mientras crean un ambiente cada vez más mortal para los inmigrantes que cruzan las fronteras". El aumento es mucho mayor si se compara con el presupuesto de 1990, cuando la inversión fue de 1.200 millones de dólares, lo que equivale a un "increíble aumento del 1.875 %", apunta el informe.

"Estos vínculos lucrativos se ocultan al público"

Más de una docena de grandes compañías del negocio de seguridad fueron identificadas como los beneficiarios, pero "con demasiada frecuencia, estos vínculos muy lucrativos se ocultan a la vista del público y, por lo tanto, se borran de la conversación pública" apuntó Todd Miller, autor del informe. "Debe suceder exactamente lo contrario: el hecho de que las corporaciones gigantes se beneficien y conduzcan a la militarización fronteriza debe ser el centro de una de las discusiones más importantes que tienen lugar en Estados Unidos en este momento", agregó el investigador.

En este sentido, el estudio apunta hacia los presupuestos y el debate sobre la Patrulla Fronteriza (CBP), que entre 2006 y 2018 firmó contratos por un valor de 26.100 millones de dólares, un valor que excede la suma de los presupuestos acumulados del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de 1975 a 1998.

Buxton recalca que, aunque Trump "ha traído su propia influencia tóxica al debate, demonizando a los emigrantes e inspirando ataques racistas, la evidencia muestra que la mayor parte de la militarización de la frontera de EEUU ocurrió mucho antes de la llegada" del mandatario neoyorquino. 

El reporte resalta las grandes contribuciones que realizan estas corporaciones a las campañas de congresistas, tanto republicanos como demócratas. Como ejemplo, halló que beneficiarios de contratos con CBP, como Boeing, Lockheed Martin, General Atomics, General Dynamics y Raytheon, también son grandes contribuyentes de campaña de los miembros del comité de Asignaciones del Congreso y del comité de Seguridad Nacional, responsables de los presupuestos y la política fronteriza.

16/09/2019 22:58 Actualizado: 16/09/2019 22:58

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