"La crisis es una gran maniobra del capitalismo para destruir Europa"

Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 

¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

 

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

 

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

 

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

 

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

 

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

 


Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

 

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

 

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: "En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así", y enseguida nos respondemos: "Ésos son países menos desarrollados".

 

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

 

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.


No hay propósito de la enmienda...

 

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

 

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

 

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

 

Como en España...

 

Aquí también, aquí también... Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

 


Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

 

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

 

Ahí se acabó.

 

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

 

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque... ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

 

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,... ¿Por qué?

 

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones'), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

 

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

 

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

 

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

 

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

 

De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,... que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

 

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

 

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

 

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

 

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

 

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

 

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,...) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

 


Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,...

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

 

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,... Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;... O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

 

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

 

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

 

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

 

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

 


Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad...

 

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

 

Por ANA PARDO DE VERA Madrid15/06/2013 21:15 Actualizado: 16/06/2013 08:15

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El Banco Central gana un pulso al Gobierno en Brasil

La sorpresiva subida en Brasil de medio punto de los intereses por parte del Banco Central, que se han puesto en un 8%, uno de los más altos del mundo, ha sido vista no sólo como un hecho de cariz económico, sino también político. Los analistas destacan que el Banco Central, con una decisión tomada “por unanimidad”, ha ganado el pulso al Gobierno de Dilma Rousseff que apostaba por dejar los intereses como estaban.

 


Eso, porque 24 horas antes se había conocido el resultado, también inesperado a la baja de 0,6% del PIB del primer trimestre. Las previsiones del Gobierno eran de un 1.2%. Del palacio del Planalto habían hecho saber que un PIB , la mitad de lo esperado, debía hacer pensar al Banco Central para no aumentar los intereses.  En realidad, la pugna o dilema, desde que Dilma llegó al Gobierno, se juega entre inflación y crecimiento. En los años del Gobierno del expresidente Lula da Silva, todo el acento fue puesto en mantener la inflación a raya, para que los 30 millones de familias que habían sa

 

lido de la pobreza pudieran consumir tranquilas. A Lula Le preocupaba menos los altos intereses impuestos por el Banco Central.


 
Cuando Dilma llegó al Gobierno en 2010, manifestó enseguida su intención de poner el acento en el crecimiento económico, para lo cual necesitaba bajar los intereses. Fue una de sus banderas. Y consiguió bajarlos hasta un 7%. La inflación, junto a una disminución del crecimiento, se disparó saliéndose de la meta. Y el Banco Central paró el descenso de los intereses y hasta llegó aumentarlos de nuevo.


 
En un viaje a Africa, meses atrás, Dilma afirmó que no iba a sacrificar el crecimiento del país a causa de la inflación. Sus palabras sacudieron los mercados. La Presidenta protestó contra los que la habían “interpretado mal”. Y reafirmó que por ningún motivo “sacrificaría la inflación”. Se llegó a poner en tela de juicio la autonomía que el Banco Central había manifestado años atrás. La decisión de ayer ha dejado claro que Dilma respeta dicha autonomía aún cuando pueda verla en contraste con sus planes de crecimiento económico.


 
La semana pasada, el Presidente del Banco Central ya había hecho saber que “haría del todo para frenar la inflación”. Y lo ha hecho. El economista del MB Asociados, Sérgio Vale estaba convencido que el Banco Central, siguiendo la línea de Dilma, “preferiría la expansión de la actividad económica, en vez de centrarse en el combate a la inflación”. Con el resultado de la decisión del Banco Central en la mano, que ha colocado los intereses en un 8%, el economista ha afirmado hoy que el “Banco Central no estará libre de presiones políticas”. Y llega a decir: “Ciertamente el Banco Central será llamado por la presidenta y tendrá que revisar su posición en sus próximas decisiones".


 
Los meses próximos dirán, en efecto, si el Banco Central consigue bajar la inflación con su política de intereses altos o si con su sorpresiva decisión no agudizará aún más los problemas de crecimiento. El pulso sigue en pie.

 


Juan Arias 30 MAY 2013 - 16:41 CET3

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Sábado, 23 Febrero 2013 07:33

El bolívar

El bolívar

La cuestión económica está dominada con la idea de que algún tipo de colapso es inminente que, en general, no termina ocurriendo. Esto no significa que no haya tensiones, dificultades ni errores de gestión porque, como se sabe, el paraíso no existe. El aspecto relevante en ese escenario de permanentes desafíos económicos es detectar qué tipo de política se implementa en cada momento para abordar los inevitables problemas que se van presentando. En la economía intervienen sujetos sociales con intereses contrapuestos, lo que deriva en una dinámica con elevadas cuotas de incertidumbre, aunque haya profetas que prometan minimizarlas mientras se dedican a exacerbarlas en el marco de una intensa disputa político-mediática. Para alimentar el estado de ansiedad económica, la mayoría de los pronósticos de las usinas tradicionales ha sido pesimista en los últimos años. Esa inspiración negativa ha tenido diferentes fuentes, de acuerdo con las circunstancias. No ha ignorado ninguna estación, comenzando por la crisis externa, el conflicto con el campo, el peligro de la caída del precio de la soja, la debacle energética, el supuesto atraso cambiario, el amenazador desborde inflacionario, la devaluación del real o el estancamiento de Brasil, el incremento de los subsidios en servicios públicos, la emisión monetaria, la cuestión fiscal, hasta el fantasma del Rodrigazo. La última adquisición ha sido la devaluación de la moneda venezolana como espejo de lo que le espera a la argentina. Cada una de esas amenazas luego se fue diluyendo o relativizando a fuerza del recorrido de las principales variables macroeconómicas. Los vaticinios estuvieron más cerca de los deseos de los divulgadores de lo que fue el desarrollo efectivo de la economía. Ahora es el turno de las advertencias a partir del fuerte ajuste cambiario en Venezuela, lo que exige precisar las características de esa economía y las diferencias y los parecidos con la Argentina.

 

El 8 de febrero pasado, el gobierno venezolano anunció una serie de medidas financieras, entre las que se destacó la modificación de la paridad cambiaria del bolívar con el dólar, al subir de 4,30 a 6,30 bolívares por unidad, es decir que se produjo una devaluación del 31,7 por ciento (la variación nominal fue de 45,5 por ciento; vale observar un error generalizado: una moneda no puede devaluarse un ciento por ciento, puesto que implicaría que deja de ser). El gobierno bolivariano estableció el régimen de control de cambio en 2003. Desde entonces ha mantenido una política cambiaria de paridad fija y la ha modificado en tres oportunidades, incluyendo la última. La anterior fue en febrero de 2010, cuando la subió de 2,15 a 4,30, una devaluación del 50 por ciento.

 

n Primera diferencia: Venezuela sigue con una paridad fija, incluso luego de la última devaluación, mientras que Argentina implementa desde hace diez años una política de tipo de cambio administrado de constantes pequeñas devaluaciones, aliviando en parte las tensiones cambiarias, sumando presión inflacionaria.

 

En el mercado ilegal, la cotización se ubicaba en 18 bolívares por dólar, brecha del 300 por ciento respecto de la oficial, diferencia que no se redujo luego del ajuste cambiario. Prueba que el precio de la divisa en el circuito informal está ligado al movimiento de excedentes de la actividad no registrada y a su fuga al exterior más que a la relación con otras variables de la economía. En el caso venezolano, la brecha también está vinculada con la debilidad en el control sobre las importaciones. Las maniobras de sobrefacturación de grandes firmas que recibían los dólares por parte del gobierno alimentaban el mercado paralelo. Para obturar esa operación que les reportaba abultadas ganancias a esas empresas se anunciaron dos medidas, además de la devaluación: una de ellas es implementar un control de seguimiento de la ruta de los dólares asignados a cada importador para verificar el ingreso de la cantidad de productos declarados, y la otra es que divisas a la cotización oficial sólo serán giradas para importaciones de bienes necesarios para satisfacer demandas sociales.

 

n Segunda diferencia: recién con las últimas medidas, Venezuela intenta instrumentar un régimen de administración del comercio exterior más efectivo, en especial sobre las importaciones, mientras que Argentina en comparación tiene una mejor estructura de fiscalización, lo que no significa que no sean indispensables mayores controles en la Aduana.

 

La economía venezolana tiene una industria muy poco desarrollada y, por lo tanto, fuertemente dependiente de las importaciones, destacándose el rubro alimentos, muy sensible para el presupuesto de los hogares, en especial para los de medios y bajos ingresos. A la vez exhibe un marcado carácter rentístico determinado por la producción petrolera. En un informe sobre la devaluación venezolana publicado en el sitio web sinpermiso, el economista Rolando Astarita señala que, de acuerdo con datos de la compañía estatal Pdvsa, de 1999 a 2012 el Estado tuvo un ingreso de 383.233 millones de dólares provenientes del petróleo. “Este ingreso no dio lugar a un proceso de industrialización sostenida, ni al desarrollo de sectores productivos de alto valor agregado”, observa, pero a la vez señala que una parte importante de esos recursos fue destinada a mejorar la calidad de vida de la población más humilde, sobresaliendo el plan de viviendas. Mark Weisbrot y Jake Johnston, del Center for Economic and Policy Research, de Washington, detallan en el documento “¿Es sostenible la recuperación económica de Venezuela?” que el programa del gobierno para la construcción de viviendas en 2011 alcanzó las 147 mil viviendas, siendo el sector público responsable de las dos terceras partes del total, mientras que el sector privado, el tercio restante. El año pasado, la cantidad de viviendas construidas fue de 200 mil.

 

n Tercera diferencia: Venezuela es monoexportador, concentrado en el petróleo, generando una renta extraordinaria, con una muy débil industria local y dependiente de la importación, fundamentalmente de alimentos. Argentina tiene una estructura de comercio exterior diversificada, aunque con importante peso del complejo oleaginoso (soja), que evitó la reprimarización de sus exportaciones en la primera década del nuevo siglo, a contramano de la mayoría de los países de la región, según la Cepal (por ejemplo, en Venezuela, el 96 por ciento de los ingresos por exportaciones del año pasado provinieron de la petrolera Pdvsa y sus asociadas). Además posee una industria local más compleja y tiene garantizada su soberanía alimentaria al no requerir importaciones para cubrir los bienes de la canasta básica de los hogares.

 

La breve descripción del caso venezolano y sus diferencias con el argentino revela que la devaluación del bolívar respondió a particularidades de esa economía, que el año pasado creció 5,5 por ciento y en el anterior se había expandido el 4 por ciento, con un superávit de cuenta corriente del 4,5 por ciento del Producto, detallan Weisbrot y Johnston.

 

Las dos economías registran similitudes en transitar el actual ciclo político con aumentos de precios bastante por encima del promedio regional y fuga de capitales (de febrero de 2003 a fines de 2012 sumó 144.900 millones de dólares, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela), con conflictos específicos en cada país, pero que reflejan en ambos la resistencia de las tradicionales elites empresarias.

 

El intento de mostrar la fuerte devaluación venezolana como destino inevitable de la economía argentina se basa en consolidar en el sentido común que las presiones del “mercado” inexorablemente terminarán por imponerse frente a cualquier regulación de Estado, ya sea en la plaza cambiaria o en el control de precios. La prédica incansable afirma que la única economía sana y posible es la que se sustenta en la absoluta libertad de mercado. Para escapar de ese jaque, cantado diariamente con el tema precios y el dólar ilegal, la gestión económica se enfrenta al desafío de ser eficiente en los hechos cotidianos, respondiendo a las demandas de las mayorías. De ese modo podrá minimizar el daño simbólico del discurso conservador que descalifica permanentemente la imprescindible intervención del Estado en la economía.

 


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La revaluación en Colombia y la guerra global de monedas

Es usual encontrar en la literatura económica contemporánea referencias a la reciente guerra de monedas a escala global. La inició Estados Unidos desde 2008 cuando se decidió por la vía de emitir bonos del Tesoro y de comprar papeles “basura”. Desde entonces, el neto de esa política monetaria, repetida en 2010 y en el último trimestre de 2012, es superior a 2,3 billones de dólares puestos en circulación por esta vía. Así lo acaba de hacer con 85 mil millones de dólares mensuales entre septiembre y diciembre del año pasado.

 

Con respecto a las principales monedas, entre enero de 2012 y enero de 2013, el dólar se ha devaluado en 3% con respecto al euro, cerca de 1,5% frente a la libra esterlina y casi 2% en relación con el yuan-reminbi de China. En el mismo lapso, el yen japonés fue una excepción, al pasar de entregar 77 unidades monetarias niponas a 90 por cada dólar. En América Latina, la tendencia revaluacionista es mayor: de 8,98% en Colombia; 5,4% en Perú; 3% en México y 2,5% en Chile. Brasil, por su parte, devaluó el real en los doce meses, de 1,75 por dólar a 2,05; es decir, está ya en la batalla de las divisas.

 

Cabe preguntar por qué el peso colombiano es una de las monedas más revaluadas en los circuitos económicos. La respuesta, si bien se origina en las políticas de emisión –sin respaldo- de las principales monedas en busca de mayor competitividad comercial en medio de la crisis, franqueando aranceles y barreras, se complementa con el modelo de crecimiento adoptado por los tres últimos gobiernos, Confianza Inversionista, que tiene como variable principal al capital extranjero. Una política económica suicida en épocas de crisis, cuando las potencias intentan colocar los excedentes de capitales y de mercancías, y que se ha ratificado en negociaciones de TLC a la topa tolondra.

 

El Banco de la República recurre a compras de dólares para intentar contrarrestar la revaluación pero no ha valido. Han sido menos de la mitad de las de Perú y no se intentan otras medidas; en efecto, se conocen las negativas del ministro de Hacienda al control de capitales. El año 2013 empezó con la tendencia revaluacionista reforzada y no es de extrañar que para 2014 la tasa de cambio se aproxime a $1.600 con las consecuencias negativas que implicará para las exportaciones, la industria y la agricultura.

 

De lo expuesto, no es fácil deducir que Colombia va quedando atrás en la guerra monetaria que se está librando, atrapada entre la crisis mundial y la Confianza Inversionista, modelo que ya comienza a agotarse y en el que se avizoran calamitosas perspectivas

 

Por Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, enero 28 de 2013

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Se agota la moneda Eagle de plata en EU y Azerbayán repatria su oro de JP Morgan

Mientras se intensifica la guerra global del gas, uno de cuyos teatros es el muy cantado efecto dominó” de Libia-Malí-Argelia, son momentos trepidantes de las geofinanzas, cuando se perfilan nuevos posicionamientos después del estruendoso anuncio de la repatriación del oro alemán (segunda reserva mundial) de las bóvedas de la rama neoyorquina de la Reserva Federal –a siete extensos años–, de su quinta parte supuestamente depositada, y cuya existencia es cada vez más puesta en tela de juicio (ver Bajo la Lupa, 20/1/13).

 

El surrealismo se ha apoderado de personalidades políticas y financieras de primer nivel quienes exigen una independiente auditoría formal (válgase la tautología) para cerciorarse de la existencia física del legendario oro de Fort Knox.

 

Las reverberaciones son vibrantes desde Estados Unidos hasta Azerbayán

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En Estados Unidos se suspendió en forma dramática la acuñación de la moneda de plata Eagle hasta el 28 de enero, al haberse disparado la demanda. El día de la suspensión se habían vendido un millón de monedas (6 millones en el lapso de dos semanas).

 

No tendrá mucho efecto en los mercados por su relativa insignificancia, pero cobra relevancia simbólica en la coyuntura presente, cuando la república islámica de Azerbaiyán (potencia gasera/petrolera nada despreciable) ha iniciado la repatriación de su oro de las arcas muy controvertidas del banco de inversiones JP Morgan: primer tenedor de los especulativos “derivados financieros” del planeta (¡que sólo supera el PIB global en forma insólita!).

 

Por el momento, el Fondo de Petróleo Estatal (SOFAZ, por sus siglas en inglés) de Azerbayán solamente retiró una magra tonelada áurea del almacén de JP Morgan en Londres, para colocarla en las bóvedas caucásicas, más seguras, del banco central de Bakú (su capital).

 

El problema no subyace en la microscópica repatriación del oro azerí, sino en su efecto imitativo, que la sesgada prensa anglosajona califica de “contagio”, como si fuera una enfermedad, en lugar de una loable curación a las metástasis del incurable cáncer de la desregulada globalización financierista anglosajona.

 

Para escrudiñar la verdadera evolución de las geofinanzas, una de las obligadas gráficas a seguir es la tenencia de las reservas auríferas de los países, según las estadísticas del muy solvente Consejo Mundial del Oro (WGC: www.gold.org), que son imprescindibles para sopesar dialécticamente la delicada situación global.

 

Un estudio de investigación muy atractivo del WGC versa sobre El oro, el renminbi y el sistema de reservas de multi-divisas, que un servidor entronizaría más correctamente, por su ineludible connotación geopolítica, como “sistema multipolar de divisas”.

 

WGC cita al Foro de Instituciones Oficiales Financieras y Monetarias (OMFIF, por sus siglas en inglés): “La demanda del oro probablemente se incrementará conforme el mundo se encamina a un sistema de reserva de multi-divisas bajo el impacto de la incertidumbre sobre la estabilidad del dólar y el euro, los principales activos que poseen los bancos centrales y los fondos soberanos de riqueza” (WSF, por sus siglas en inglés).

 

El inédito sistema multipolar de las divisas en vías de formación, a mi juicio, representa un genuino sistema tripolar (hasta nueva orden): el dólar, el yuan y el euro (si no es balcanizado antes por las plazas financieras anglosajonas de La City y Wall Street y ahora por la trampa plantada de Al Qaeda en el Sahara/Sahel), donde salen sobrando los sobredimensionados yen nipón y libra esterlina, que todavía el agónico FMI conserva anacrónicamente como insustentables divisas de reservas del ancien régime.

 

De hecho, son pocas las divisas que cumplen con los mínimos requisitos para su intercambio global.


Se fragua, by the time being, más que un nuevo orden geofinanciero –sea bipolar (sin el euro) o tripolar (con el euro)–, un ajuste inevitable con la llegada de un tercer invitado: el resplandeciente renminbi.

 

A colación, los jerarcas rusos abogan por un sistema hexapolar de las divisas (Bajo la Lupa, 21/7/10), donde agregan a la tripolaridad conocida (dólar, euro y renminbi) el rublo, el dólar australiano y el dólar canadiense (por sus materias primas).

 

Por cierto, Rusia prepara un plan contra la “guerra financiera” de Occidente (Russia Today, 21/1/13), cuando la Academia Rusa intenta blindarse ante un desplome deliberado del petróleo, que la hace muy vulnerable debido a “la dependencia de la economía rusa de las divisas extranjeras (léase: el dólar y el euro)”.

 

OMFIF considera que “empujado por el deseo de China de aumentar su influencia financiera, el renminbi es probable que emerja gradualmente (¡súper sic!) como una genuina divisa internacional conforme Pekín levanta las restricciones sobre su uso en transacciones e inversiones foráneas, pero es improbable que represente una amenaza inmediata al dólar”. ¡De acuerdo!

 

El gradualismo se adapta más a la cosmogonía china, ya no se diga su realismo geoconómico, cuando pronto superará al Atlántico norte sin necesidad de disparar una sola bala. El peligro proviene de los sectores neoliberales teológicos de la banca anglosajona, que buscan provocar una tercera guerra mundial –más en la región norasiática que en el Medio Oriente, al cual abandonaron a su trágica suerte de las llamas que incendiaron–, para preservar sus privilegios.

 

A propósito, el portavoz oficioso de los intereses neoliberales hiperradicales de La City, Ambrose Evans-Pritchard (The Daily Telegraph, 17/1/13 y 21/1/13), maniobra entre el retorno al patrón oro (en sincronía a la hegemonía del dolarcentrismo) y el hoy ominoso laboratorio de experimentación que se escenifica en Japón, lo cual ya empezó a provocar turbulencias globales, mediante la “guerra de las divisas”: devaluación artificial del yen nipón para estimular sus alicaídas exportaciones, al unísono de polémicas medidas fiscalistas y monetaristas.

 

Muy sensato por esta vez, OMFIF sentencia que “el mundo se encamina a las aguas sin navegar de un sistema de reserva de multidivisas durable (sic), donde el dólar compartirá su papel pivote (¡súper sic!) con un rango de otras divisas, que incluyen al renminbi”. ¡También de acuerdo! ¿Cuáles serán esas otras divisas que no cita OMFIF?

 

Lo interesante radica en el prólogo de lord Meghnad Desai, presidente del Consejo Consultivo del OMFIF, quien sopesa varios escenarios entre 2013 y 2018, entre los cuales se encuentra “una plena (¡súper sic!) crisis con el fin (¡súper sic!) del euro” o, en su defecto, “su recuperación” (sic): en cualquier caso, “el papel del oro será más significativo”.

 

Lo incontrovertible, por lo pronto, yace en el cada vez más relevante papel del oro, que no necesariamente suplirá a todo el sistema, debido a que no existe suficiente cantidad en el planeta.

 

Aquí es donde pueden coparticipar los otros metales preciosos como el platino, el paladio y la plata, lo cual beneficiaría al “México eterno” (primer productor mundial), siempre y cuando recupere su control despojado por los piratas anglosajones por la vía de Canadá sin ningún beneficio a cambio; ni siquiera de visas.

 

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