Logo de TSMC

(Para una perspectiva general de la historia y la actualidad de la tecnología microelectrónica, recomiendo la lectura de "Microelectrónica. La historia de la mayor revolución silenciosa del siglo XX"; 2018, Ediciones Complutense)

La actual crisis de escasez de circuitos integrados (en lo que sigue CI o chips, en su terminología en inglés) que vive el mundo, ha puesto el foco sobre un fabricante de estos productos absolutamente desconocido para el público no especializado: Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (en lo que sigue, TSMC).  En el mundo de los semiconductores, esta empresa es el centro del universo. Es un gigante con un dominio absoluto sobre la fabricación mundial de chips de vanguardia. En este artículo detallo su historia y las razones de esta situación privilegiada.

  1. Breve historia de una gran desconocido

TSMC fue fundada en Taiwán en 1987 y fue la primera fábrica de CI del mundo que optó por un modelo de negocio desconocido hasta ese momento: no diseña los CI que fabrica (lo que se conoce en el sector como una "pure foundry" [1], denominación que recibe un fabricante que produce por encargo los CI diseñados por otras empresas) y desde hace más de una década es la empresa líder en ese campo, al que se han incorporado otros fabricantes desde entonces.

La mayoría de las empresas líderes en el sector del diseño de CI, pero que no tienen fabricación propia –lo que se conoce como los "fabless" (literalmente, sin fábrica)–, son clientes de TSMC: Advanced Micro Devices (AMD), Apple, Broadcom, MediaTek, Nvidia, Qualcomm, etc. De hecho, Apple es en estos momentos el cliente más importante de TSMC. Además, algunos fabricantes de chips que tienen fábricas propias como Intel, NXP, STMicroelectronics o Texas Instruments subcontratan parte de su producción a TSMC

Desde el 14 de septiembre de 2020, debido a las restricciones a la exportación por parte del Departamento de Comercio de Estados Unidos, TSMC ha dejado de suministrar chips a Huawei, que hasta ese momento representaba aproximadamente el 15% de la facturación del fabricante taiwanes. No obstante, los resultados de TSMC en 2020 fueron verdaderamente espectaculares, sobre todo si se considera la situación de pandemia global: ingresos netos de 17.600 millones de dólares USA, que supusieron un aumento del 57,5% respecto de 2019. El 27 de junio de 2020, la empresa de Taiwan se convirtió brevemente en la décima empresa más valiosa del mundo.

  1. La posición actual de liderazgo de TSMC

En la actualidad posee nueve fábricas en la propia Taiwán, más otra en construcción para los chips de la nueva generación de 3 nm y otras dos en China continental y va a instalar una fábrica en Arizona, Estados Unidos. Tiene una capacidad global de aproximadamente 13 millones de obleas de 300 mm por año y fabrica chips para clientes con nodos de proceso desde 130 nm a 5 nm. Ha sido la primera fábrica en comercializar chips de 7 nm y 5 nm, y estos últimos se usan en el nuevo Apple A14 Bionic, incorporado en el iPhone 12. 

En la actualidad, TSMC es una de las tres empresas a nivel mundial que está desarrollando chips de 5 nm y una de las dos únicas que es capaz de comercializar y vender estos chips a prácticamente todos los clientes que los requieran por todo el planeta. Desde sus orígenes, ha sido una empresa de perfil publicitario muy bajo, pero la enorme inversión que está realizando en tecnología de vanguardia y su creciente influencia, están atrayendo la atención de todo el planeta, especialmente en un momento en que la escasez global de chips ha forzado la desaceleración o incluso la suspensión de la producción de automóviles desde Japón a Europa y América.

Las empresas de chips de China continental (Semiconductor Manufacturing International Corporation es la mayor de todas) y el gigante de Estados Unidos en el sector, Global Foundries, que al igual que TSMC, son también "pure foundries", no han sido capaces de igualar las capacidades de fabricación de los chips de vanguardia del gigante taiwanes. Incluso el mayor fabricante de chips del mundo, Intel, está dispuesto a subcontratar parte de la producción de procesadores, su joya de la corona, a la empresa taiwanesa, debido a los problemas que arrastra desde 2018 con los chips de los nodos de 10 y 7 nm. Todo eso hace que TSMC sea en la actualidad posiblemente la empresa más importante del mundo y sus clientes comienzan a darse cuenta de que no están tratando con un proveedor tradicional: los fabricantes de automóviles han creído tradicionalmente que son los gigantes industriales del mundo, pero la situación actual está demostrando que los verdaderos gigantes son los fabricantes de chips.

TSMC ha pasado desapercibido durante mucho tiempo porque los chips que fabrica se comercializan bajo otras denominaciones por las  marcas que los diseñan, como Apple, AMD o Qualcomm. Sin embargo, la empresa controla más de la mitad del mercado mundial de chips hechos bajo demanda de los fabricantes que los diseñan y se está volviendo más dominante con cada nuevo nodo de tecnología [2]. Los chips de nodos maduros (28-65 nm, que son los nodos utilizados para producir la mayoría de los chips incorporados en automóviles) representan del 40 al 65 % de su capacidad de producción, pero copa casi el 90 % del mercado mundial de los nodos más avanzados actualmente en producción, 5-10 nm. La imagen lo muestra: 

Todas las fábricas de chips de vanguardia también producen chips de los nodos antiguos por varias razones: los fabricantes invierten enormes cantidades para construir fábricas líderes o para actualizar las ya existentes para poder fabricar chips de los nodos más avanzados, por lo que no es posible realizar una transición inmediata en la capacidad de fabricación a los nodos más avanzados. Las fábricas continúan vendiendo chips de los nodos antiguos a precios más bajos, especialmente a clientes para quienes el coste del chip es el criterio principal, ese es precisamente el caso del sector del automóvil, que necesita chips para componentes tales como la dirección asistida, los sensores de freno o las cámaras de estacionamiento, que se gestionan con chips que no son de vanguardia y que además, representan menos del 10% de las ventas totales de chips. En el extremo opuesto están los fabricantes de teléfonos móviles, para quienes disponer del chip de vanguardia es el requisito imprescindible para instalar en sus productos.

Pero dado que cada nuevo nodo requiere un desarrollo más desafiante desde el punto de vista tecnológico y una enorme inversión en nuevas capacidades de producción, la tendencia desde comienzos de siglo ha sido que muchos fabricantes de chips han ido abandonando la fabricación, centrándose en el diseño, dejando  la producción en manos de los "pure foundries" como TSMC. El problema para el sector es que en la actualidad solo TSMC y Samsung son capaces de fabricar los diseños más avanzados, lo que lleva a que la industria depende muy fuertemente de dos únicos fabricantes, especialmente cuando se llega a los chips de vanguardia y eso es muy arriesgado, por razones bastante evidentes.

  1. Preocupaciones globales motivadas por un fabricante global

La posición cada vez más dominante de TSMC en la fabricación de chips está comenzando a atraer la atención política. El impacto de la escasez de chips para automóviles −que necesitan entre 50 y 1000 chips en cada automóvil, dependiendo del modelo de vehículo−, está reforzando la presión de los gobiernos para acercar a sus países las cadenas de suministro, con objeto de hacerlas menos vulnerables a las interrupciones en escenarios como la pandemia de Covid-19. Esta preocupación se extiende por todo el planeta: Estados Unidos arrancó el compromiso de TSMC para instalarse en Arizona, pero en general hay una gran preocupación en todo el mundo, ya que si las principales capacidades de TSMC están solo en Taiwán, los riesgos son enormes: Taiwán es el centro de la lucha geoestratégica entre EEUU y China.

Incluso la UE aspira ahora a traer la producción de chips de vanguardia a Europa con una iniciativa que busca invertir en una planta de chips de 2 nm, la próxima generación de chips después de la nueva fábrica de 3 nm que TSMC está construyendo en el sur de Taiwán. Pero esto no resulta sencillo de llevar a la práctica para la empresa, ya que si cede a esta creciente presión, pondría a prueba su modelo de negocio. No obstante, queda por entender a qué se debe el enorme éxito industrial de TSMC, así como su posición de liderazgo mundial en el campo de la fabricación de circuitos integrados, cuestión esta que analizaré en un próximo artículo.

Por Ignacio Mártil

25 mayo, 2021

Ignacio Mártil
Catedrático de Electrónica de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Real Sociedad Española de Física


____
[1] No salgo de mi asombro cada vez que veo traducido el término foundry por fundición, como si una fábrica de circuitos integrados fuera algo parecido a una fábrica de chapa de acero. La utilización indiscriminada del traductor de Google, útil en situaciones puntuales, conduce a este anglicismo muy poco afortunado. Nada hay más alejado de una industria de fabricación de circuitos integrados –que se lleva a cabo en salas limpias, donde las condiciones de asepsia son extraordinarias, muy superiores a las de un quirófano–, que una industria de fabricación de laminado de acero.

[2] Para entender qué es un "nodo tecnológico", recomiendo la lectura de este artículo.

Coches sumergidos bajo el agua después de las inundaciones provocadas por el huracán Iota en La Lima, Honduras, en noviembre de 2020. — Jorge Cabrera / Reuters

Un informe de Stop Funding Heat analiza los mecanismos de control que tiene la red social de Mark Zuckerberg para restringir contenidos que niegan la existencia de la crisis climática.

Facebook se ha convertido en un hervidero de desinformación y su CEO, Mark Zuckerberg, está tratando de solucionarlo. En los últimos años, la red social ha estrechado el cerco contra los discursos de odio y la publicación de contenidos –publicitarios o no– falsos. Tanto es así que en octubre de 2020 se prohibió y censuró todo contenido que pudiera minimizar o negar el holocausto judío. Sin embargo, la compañía no está poniendo demasiada voluntad en combatir otro tipo de discursos peligrosos como aquellos niegan la crisis climática. Así lo evidencia un informe de la organización Stop Funding Heat que denuncia la pasividad y la falta de algoritmos para controlar mensajes que contribuyan a la desinformación climática.

La investigación pone el foco sobre los estándares comunitarios de la red social, es decir, las normas que dictaminan qué se puede publicar y qué no. El cambio climático no aparece por ninguna parte y sólo hay una mención genérica a la desinformación. En cualquier caso, Facebook advierte de que no eliminará ningún contenido que sea falso desde el punto de vista informativo y simplemente penalizará su visualización en el muro de cada usuario. La compañía sólo contempla borrar contenidos en caso de que pongan en duda el holocausto, carguen contra las vacunas –medida tomada a raíz de la pandemia– o viertan mentiras sobre recuentos de votos –algo que se origina en el posicionamiento de Trump tras las elecciones de 2020–.

Pero este no es el punto más llamativo para los investigadores. Según Stop Funding Heat, la compañía fundada por Zuckerberg apenas tiene controles sobre el contenido publicitario, lo que abre las puertas a lobbies negacionistas. Sólo entre enero y junio de 2020 se detectaron en EEUU 51 anuncios que negaban que el cambio climático estuviera vinculado a la acción del hombre. En total, estos contenidos sumaron más de 8 millones de reacciones, lo que amplificó el mensaje por la red. Con todo ello, Facebook facturó, según la investigación, 42.000 dólares.

En noviembre de 2020 el diario británico The Independent desvelaba en una investigación cómo un grupo de expertos proBrexit vinculados al Centro de Estudios Galeses creó una cuenta en Facebook llamada Eco Central y gastó 3.000 libras en más de 200 anuncios que tuvieron un alcance de cerca de un millón de personas. Entre las publicaciones, se alteraba la imagen de Greta Thunberg, la activista ecologista sueca, y se calificaba como "eco-hipócrita" a David Attenborough, uno de los científicos y divulgadores naturalistas más conocidos de Reino Unido. En otra de las publicaciones difundida como contenido publicitario se afirmaba que "el cambio climático es un engaño perpetrado por políticos, medios de comunicación y celebridades".

Desde Facebook explican a Público que la desinformación relacionada con la crisis climática constituye un porcentaje muy bajo del conjunto de publicaciones que la red social detecta. Debido a la creciente preocupación social, la compañía ha realizado investigaciones para analizar las informaciones que se puedan publicar y asegura que, de todo el contenido relacionado con la emergencia climática, sólo una pequeña parte tiene un sesgo negacionista.

Si bien el informe destaca algunos errores, la empresa está tratando de avanzar y ha creado un Centro de Información de Ciencia del Clima donde una red de expertos revisa y califica los contenidos publicados para intentar penalizar aquellos que difundan mensajes que nieguen o desinformen sobre el problema climático. "Cuando califican este contenido como falso, agregamos una etiqueta de advertencia y reducimos su distribución para que menos personas puedan verlo", explica a Público un portavoz de Facebook. "También estamos tomando medidas contra las páginas, grupos y cuentas que continúan compartiendo afirmaciones falsas".

Desde Stop Funding Heat consideran que los esfuerzos que la compañía está haciendo son "débiles" y reclama que combata el negacionismo con la misma contundencia que lo hace con asuntos relacionados con el holocausto o el movimiento antivacunas. No obstante, la organización mira directamente a los Gobiernos, a quienes pide que implementen legislaciones que obliguen a plataformas como Facebook y otras redes sociales a endurecer sus mecanismos de control de desinformación.

Soldados israelíes trabajan en una unidad de artillería mientras dispara cerca de la frontera entre Israel y la Franja de Gaza, en el lado israelí. — Ammar Awad / Reuters

madrid

19/05/2021 22:52

Alejandro Tena@AlxTena

19/05/2021 22:55

Publicado enMedio Ambiente
Informe MacBride; enseñanza de la comunicación

Ya se veía venir una relación "conflictiva" entre el proceso de monopolización acelerada de los llamados "medios de comunicación" frente a los modelos educativos de los Estados. La Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación en su informe de 1980 (conocido como Informe MacBride) advierte: "una complicación adicional es el hecho de que las implicaciones de estos desequilibrios no se entienden correctamente y, en consecuencia, encontramos con frecuencia algunas generalizaciones universales y aplicaciones entre culturas que no son válidas", pág. 191.

Como en otros muchos casos paradójicos, la inversión gubernamental en educación otorga a la industria mass media una especie de "subsidio" bizarro que educa y expulsa a miles de jóvenes a las fauces de la industria mediática monopólica incapaz de ofrecer fuentes de trabajo suficientes, que no tiene interés en pagar salarios dignos y que se acostumbró a explotar a quien acepte (con placer o sin él) las reglas, la ética y la estética del mercado comunicacional. La cosa no es muy distinta cuando el empleador es el gobierno.

Hay una lista enorme de urgencias amontonadas gracias al olvido funcional, la indiferencia y la corrupción. Hay que abrir los libros, en todos los sentidos, mirar qué cuentas manejan en lo económico y en lo académico, ver sus deudas y sus inversiones, sus sueldos y los de todos, ver las tecnologías y las canonjías. Ver las postergaciones y sus razones, los silencios y los corrillos, hay que ver los documentos y los emolumentos. Revisar los contenidos teóricos, las prácticas, los casos concretos, las investigaciones, la experimentación… las publicaciones. A quién sirven, para qué. Abrir los libros para ver cómo se reparten los puntos y ascensos, las vacaciones, becas, apoyos didácticos. Cómo se negocian las investigaciones, las citas mutuas, cuántos puntos vale, cuánto vale asistir a congresos, cursos, posgrados… abrir los libros y sacar las cuentas en público y sin concesiones. "Los programas de enseñanza e investigación debieran incluir también el estudio de un nuevo orden mundial de la comunicación: sus parámetros actuales, sus propuestas para cambiar los patrones existentes": Informe MacBride, pág. 187.

Hay que ver en qué estado está la producción y repetición de conocimiento en las aulas, examinar qué se produce, expone, analiza… para enriquecer el conocimiento en colectivo, guiado por un programa científico. Verificar la independencia económica y política de la ciencia frente a ciertos devaneos mercantiles o sectarios, revisar su rigor y su capacidad de intervención social. revisar que el acto fundamental de la producción del conocimiento, de manera colectiva, crítica y dialéctica tenga por certeza la mayor pasión por la verdad y la fortaleza de la ciencia al servicio de la libertad humana y de su comunicación no alienada y desalienante. Verificar que las aulas y los talleres no sean indiferentes a lo que pasa en las calles, en las fábricas, en las cabezas de los pueblos. constatar que cuando el trabajo de producir conocimiento en comunicación se cumpla, con calidad y utilidad social, se pague un salario justo.

Mayormente, la educación en materia de "comunicación", pública o privada, es una mercancía más determinada por las leyes del mercado y las necesidades de control burgués sobre las masas. No pocas escuelas acomodan la teoría y la práctica académicas, no para intervenir en los problemas sociales centrales y sí, a cambio, para generar mano de obra acrítica y sumisa. Las "ciencias de la comunicación", cuyo rigor suele ser cuestionado, se producen, se venden y se compran como otro artículo cualquiera. Sus productores no son ajenos a la alienación. Fue advertido en 1980 “…la metodología deberá adaptarse a las condiciones, las tradiciones culturales y la estrategia de desarrollo locales”, pág 187.

En las escuelas de comunicación se reproduce la lucha de clases, hay profesionales del arribismo, de la mentira y de la explotación en contubernio con los burócratas (y viceversa). Esto significa que se produce lo vendible, que reina un clientelismo interesado sólo por los "puntos", las opiniones positivas y las colegiaturas antes que por el diagnóstico serio de los problemas y la ruta de las soluciones desde la ciencia. Se vende lo rentable, lo que da beneficio a los dueños o directivos. La educación en comunicación es un campo de entrenamiento no sólo para capacitar sirvientes económicos o lebreles burocráticos, ahí el ideal es el endiosamiento de la mercancía para ganar audiencias, vender mucho y consolidarse como "caballos de Troya" ideológicos en todo lugar y a cualquier hora. "Las circunstancias históricas en las que se desarrolló la investigación ayudaron a crear una situación de dependencia, agravada por lo inadecuado de la investigación extranjera para sus necesidades", pág. 190.

Y, sin embargo, en lucha desigual y combinada, también hay docentes, trabajadores, capaces de pelear codo a codo con los estudiantes por una educación emancipadora, científica de verdad y útil contra la alienación. Hay eruditos honestos, catedráticos serios, investigadores comprometidos y especialistas críticos muy diversos, en general mal pagados, mal tratados, ninguneados… docentes militantes de la honestidad teórica y estudiantes en actuación social plena, en lucha permanente por ese Nuevo Orden Mundial de la Comunicación y la Información (NOMIC) reclamado por el Informe MacBride en 1980. ¿Lo veremos?

Por, Fernando Buen Abad Domínguez, filósofo y director del Instituto de Cultura y Comunicación y Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús

Publicado enSociedad
En una manifestación para exigir al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que se comprometa a crear un plan global de vacunación contra el Covid-19, que incluya compartir fórmulas para garantizar que todas las naciones tengan acceso a la inmunización, se rindió homenaje a los muertos por la pandemia, ayer en el National Mall, en Washington.Foto Afp

Rusia y China dejan atrás a EU en la "diplomacia de la inmunización"

 

Nueva York., El gobierno de Joe Biden, presionado por una masiva campaña social y política, anunció su apoyo a la suspensión de patentes de las vacunas contra el Covid-19 para facilitar la producción mundial de inmunólogicos ante la emergencia sanitaria.

Con este anuncio, Washington revierte la política del ex presidente Donald Trump de impedir una exención temporal de las barreras de protección de propiedad intelectual y se suma a más de 100 países que buscan negociar sobre la exención inicialmente impulsada por Sudáfrica e India.

Katherine Tai, representante de Comercio de Estados Unidos, anunció la decisión y afirmó que "esta es una crisis sanitaria mundial y las circunstancias extraordinarias de la pandemia del Covid-19 exigen medidas extraordinarias".

La decisión se da a conocer después de una campaña nacional e internacional con el fin de presionar al gobierno de Estados Unidos para revertir su oposición a la exención temporal de las patentes. Hasta ahora, Estados Unidos y un pequeño grupo de países ricos con vacunas estaban impidiendo la solicitud de más de 100 naciones pobres para dar inicio a negociaciones ante la Organización Mundial de Comercio en busca de la exención temporal de emergencia de las patentes.

Lori Wallach, directora del proyecto para comercio mundial de Public Citizen, y una de las organizadoras de la campaña de presión, declaró ayer: "gracias, presidente Biden, por dar prioridad a salvar vidas humanas y rechazar las mentiras y amenazas de las grandes farmacéuticas". Agregó que al luchar para que el resto del mundo acceda a las vacunas que tenemos aquí en Estados Unidos, el gobierno de Biden está reconociendo que eso de "nadie está a salvo hasta que todos estemos vacunados" es más que una consigna.

Más de 400 organizaciones de salud, de defensa del consumidor, religiosas, sindicatos, la mayoría de la bancada demócrata de la cámara y varios prominentes senadores como Bernie Sanders y Elizabeth Warren se habían sumado al llamado por el cambio anunciado por el gobierno de Biden.

Ayer los líderes de 110 legisladores demócratas que se sumaron a la campaña –entre ellos Jesús Chuy García, Jan Schakowsky, Adriano Espaillat, Earl Blumenauer y Barbara Lee– aplaudieron la decisión. "El anuncio comprueba que como nación nos importa más salvar vidas y ayudar a países más pobres, que la avaricia y ganancias empresariales", afirmaron.

A nivel internacional, más de 170 ex mandatarios y premios Nobel habían llamado, en una carta abierta enviada en abril, a que Biden apoyara la exención de las patentes para producir lo que llaman "una vacuna del pueblo". (https://www.jornada.com.mx/2021/04/ 24/mundo/022n1mun).

Las empresas farmacéuticas intensificaron sus esfuerzos para evitar que la OMC suspenda temporalmente las protecciones, advirtiendo que esa medida sentaría un precedente "desastroso" para la "innovación" e investigación y ayer condenaron la decisión. "En medio de una pandemia mortal, el gobierno de Biden ha dado un paso sin precedente que mirará nuestra respuesta global a la pandemia y pondrá la seguridad en entredicho", declaró Stephen Ubi, presidente de la asociación de empresas farmacéuticas Pharmaceutical Research and Manufacturers of America. Otras asociaciones empresariales de esa rama también expresaron su disgusto, advirtiendo que podría tener consecuencias severas.

Aunque el valor de las acciones de las farmacéuticas que elaboran la vacuna Pfizer y Moderna se desplomaron tras el anuncio del gobierno de Biden, más tarde se recuperaron.

Pero ante las dimensiones de la pandemia, las noticias recientes de descontrol de la pandemia en India, Sudáfrica y Sudámerica y el argumento de que muchos en los países pobres no tendrán acceso a una vacuna hasta 2024 si las cosas siguen como hasta ahora, es cada vez más difícil argumentar en defensa de los intereses económicos de las empresas.

El doctor Anthony Fauci, principal asesor médico para la pandemia del gobierno estadunidense, reconoció que las empresas tienen preocupaciones legítimas para mantener sus negocios, pero, agregó: "no puedes tener a personas muriéndose en el mundo porque no tienen acceso a un producto que los ricos sí poseen".

Mientras, algunos observadores indicaron que esta decisión ayudará a Estados Unidos a competir en el juego de "la diplomacia de vacunas", donde ha sido la última potencia mundial en entrar a esa "carrera", con Pekín y Moscú dejando atrás a Washington. China ha entregado o vendido sus vacunas a unos 90 países y ha exportado más dosis que todos los demás. Unos 70 países están recibiendo o han contratado la vacuna rusa, incluidos casi todos los países latinoamericanos, informa el Economist Intelligence Unit.

La Casa Blanca recién anunció que, después de exportar casi nada comparado con otros países productores, al menos 10 por ciento de las dosis obtenidas por Estados Unidos serán vendidas al exterior para el 4 de julio.


EE.UU. llama a liberar las patentes de vacunas contra el covid-19 y caen las acciones de empresas farmacéuticas

Por, Rusia Today

La representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, informó que su país participará "activamente" en las negociaciones que se realicen en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la liberación de patentes.

El Gobierno de Joe Biden manifestó este miércoles su respaldo a la liberación temporal de las patentes de las vacunas contra el covid-19, ante las "circunstancias extraordinarias" que presenta la actual pandemia del coronavirus. 

"La Administración cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero, en función de poner fin a esta pandemia, apoya la exención de esas protecciones para las vacunas covid-19", afirmó la representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, en un comunicado de prensa

Tai apuntó que el Gobierno de Biden tomó esta decisión debido a las "circunstancias extraordinarias" que ha traído la actual crisis de salud global. 

Asimismo, la representante comercial informó que EE.UU. participará "activamente" en las negociaciones que se realicen en la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la liberación de patentes, con el objetivo de hacer las gestiones necesarias "para que eso suceda".

En concreto, Tai adelantó que las negociaciones al interior de la OMC podrían llevar tiempo, debido a "la complejidad de los temas involucrados" y a que las decisiones se aprueban por consenso entre los miembros de la organización. 

La noticia fue celebrada por el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien calificó el anuncio como un "momento grandioso en la lucha contra el covid-19". 

Caída de acciones de farmacéuticas  

Luego del anuncio del Gobierno estadounidense se desplomaron en el mercado las acciones de las grandes farmacéuticas que producen las vacunas contra el covid-19. 

Las de la compañía estadounidense Moderna cayeron un 6,2 % durante la jornada, según reportó Bloomberg. El valor de los títulos de Pfizer bajaron un 2,6 %, mientras que las acciones de la alemana BioNTech cayeron en 8,9 %. 

La compañía estadounidense Novavax también vio que sus acciones bajaron hasta 11 % durante la jornada. 

"Una respuesta simple, pero equivocada"

Mientras, desde la Federación Internacional de Fabricantes Farmacéuticos y Asociaciones (IFPMA, por sus siglas en inglés) criticaron la iniciativa y tacharon de "decepcionante" el hecho de que fuera apoyada por EE.UU.

Desde el organismo opinaron que la exención de las patentes es "una respuesta simple, pero equivocada a lo que es un problema complejo". El paso "no aumentará la producción, ni proporcionará soluciones prácticas, necesarias para combatir esta crisis de salud global", sino "probablemente" llevará a una interrupción.

"Mientras la decisión de la Administración de EE.UU. no aborda los desafíos reales en la vacunación en el mundo, la industria no renunciará a su compromiso para proporcionar vacunas seguras, eficaces y de calidad y tratamientos", destacó la entidad.

Publicado: 6 may 2021 02:53 GMT

Publicado enInternacional
¿Cuál será el mensaje sobre la "nueva época" de Putin que sacudirá al mundo el 21 de abril?

Un día después de que el Wall Street Journal diera a conocer la creación del ciber-yuan (https://on.wsj.com/3mTV4wP), Russia Today anunció que el zar Vlady Putin "se prepara a presentar su visión del futuro en un dramático discurso" que sus aliados juzgan será “el más importante hecho político del mundo (sic)”. Se trata de la detonación de una "nueva época" conforme desvanece la pandemia del Covid-19 en Rusia (https://bit.ly/32quTUR).

El ciber-yuan constituye un genuino game changer (punto de inflexión) y se moverá fuera de la dolarización y del sistema Swift de Estados Unidos que controla las transacciones financieras en más de 21 mil (sic) bancos del mundo. Swift y dólar son los dos verdaderos pilares del poder financierista omnipotente y omnímodo de Washington.

La poderosa presidenta del Consejo de la Federación, Valentina Matviyenko, adelantó que el discurso del 21 de abril daría respuestas a un sinnúmero de desafíos (sic) en el planeta: "será un mensaje para una nueva época", en medio del "ambiente difícil que enfrenta el mundo".

Russia Today rememora la conferencia realista de Putin en el Foro Económico Mundial de Davos de enero, donde expuso que la medida de "incrementar deuda para estimular las economías" es "obsoleta", ya que "sirve para ensanchar la brecha entre ricos y pobres", cuando “el costo de la educación y los servicios médicos ha aumentado en la mayoría de los países desarrollados (sic) en los pasados 30 años (https://bit.ly/2RLbHzd)”. En esa ocasión Putin sonó como epígono del economista francés Thomas Piketty, quien propone ideas creativas sobre la imperante desigualdad, la imperativa necesidad de fiscalizar los paraísos fiscales y la urgencia de elevar los impuestos a los multimillonarios de Forbes.

Hace 18 días (cinco antes del artículo perplejo del Wall Street Journal sobre el ciber-yuan y seis días antes del dramático "cambio de época" de Putin el 21 de abril), Bajo la Lupa ya había adelantado que “China tiene ya su sistema alternativo al Swift: el China International Payments System, al que algunos bancos rusos, asfixiados por las sanciones, han empezado a adherirse. Pronto seguirán el 15-RCEP y los países incrustados a las tres rutas de la seda que encabeza China. Rusia y China ya olieron sangre en el vulnerable dolarcentrismo y su insostenible Swift (https://bit.ly/3sqxOHN)”.

El pasado 13 de abril el canciller ruso Sergei Lavrov, durante su visita a Irán –21 días después de haber visitado a su homólogo chino Wang Yi, en Guilin–, en una entrevista a la agencia iraní Irna dio luz sobre las medidas a tomar para contrarrestar las asfixiantes sanciones masivas de Estados Unidos, con el fin de “adoptar pasos graduales hacia la desdolarización de las economías nacionales y a la transición (sic) de pagos con divisas nacionales o alternativas, así bien como cesar de usar el Sistema Internacional de Pagos Swift controlado por Occidente (https://bit.ly/2RK4krR)”.

El cronograma es seminal: reunión de China y Estados Unidos en Anchorage 18/19 de marzo (https://bit.ly/3mURrqe); tres días después, Lavrov en China 22/23 de marzo (https://bit.ly/3tFvA97); Wang Yi, el 27 de marzo en Irán (https://bit.ly/2Reo6LN); Lavrov, el 13 de abril en Irán (https://bit.ly/2QCsljK): ¡26 vibrantes días de recomposición geopolítica!

Un día después de la alerta sísmica del canciller Lavrov, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseveró que el “Kremlin no descarta la desconexión de Rusia del sistema de pagos occidental (https://bit.ly/32BRVsh)”, dada la “actitud hostil de varios (sic) países contra Rusia”. Dmitry Peskov expuso que el sistema de pagos ruso MIR "ha madurado lo suficiente y con el tiempo tendrá distribución global".

Cinco días antes del bombástico anuncio sobre la "nueva época" de Putin, el muy influyente Sputnik da vuelo al “yuan digital chino: una reinvención del dinero que sacudirá el poder del dólar estadunidense (https://bit.ly/3giJ2M1)”.

¿El "cambio de época" de Putin pondrá el acento en su salida del Swift y en su desdolarización, bajo la cobertura de sus hasta hoy insuperables “armas hipersónicas (https://bit.ly/3e8G9e9)”?

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Publicado enInternacional
Pfizer, Moderna y AstraZeneca fracasan ante la "variante sudafricana" del Covid-19

Un servidor ya había advertido sobre las ominosas "nuevas variantes" del Covid-19 que emergieron en Gran Bretaña (GB), Sudáfrica y Brasil (https://bit.ly/3aQHwhb).

Washington Post reporta que las dos vacunas de EU, Pfizer y Moderna, "mostraron una capacidad disminuida para neutralizar la cepa ahora dominante en Sudáfrica" (https://wapo.st/3dJHmdh).

New York Times confirma que la vacuna de AstraZeneca "no funciona bien (sic) contra la variante de Sudáfrica" y sufre un "fuerte tropiezo", tras el arribo, una semana después, del millón de dosis (provenientes de India) de la vacuna británica a Sudáfrica que “cesó su uso después de que emergió la evidencia de que no protegía a los voluntarios en pruebas clínicas, con enfermedad leve o moderada, causada por la más contagiosa variante (https://nyti.ms/3ks90Nd)”.

Financial Times (FT, 17.02.21) no tiene más remedio que admitir que "la vacuna Pfizer es menos potente frente a la variante de Sudáfrica" cuando "produce solamente (sic) la tercera parte de los anticuerpos que produjo para el virus original". El rotativo británico globalista FT cita al respecto a la excelsa publicación de EU The New England Journal of Medicine (https://bit.ly/2MlS52e).

La variante de Sudáfrica ahora se encuentra presente en 32 países (https://bit.ly/3bDymDM) y "se ha vuelto la forma dominante del virus en otros lados", lo cual se complica en los "países más pobres" que "podrían convertirse en focos infecciosos de las nuevas mutaciones" (https://nyti.ms/3bAlnmv).

Una mala noticia: las dos nuevas vacunas muy prometedoras de EU, Novavax y Johnson & Johnson, "tienen menos eficacia contra la cepa sudafricana" (https://bit.ly/3uwd3ww).

El problema en Sudáfrica, con una población de 57 millones, se complica por la prevalencia del sida –¡el cuarto del mundo, con 17.3 por ciento!–, que se exacerba con la inoculación de las vacunas contra el Covid-19 cuando los primeros sitiales en el mundo del sida pertenecen al continente africano (https://bit.ly/2Pahtco).

A propósito, funcionarios de Sudáfrica se le fueron a la yugular al Big Pharma por acaparar las vacunas contra el Covid-19 en detrimento del resto del mundo (https://bit.ly/3urZnTj).

Perturba que no se atienda la nueva variante de Brasil, el país más poblado de Sudamérica con más de 213 millones de habitantes, cuya gran parte ha sido asolada y desolada por el virus original y ahora por su reciente mutación.

En un corte de caja reciente, no existen datos concluyentes sobre el desempeño de la vacuna rusa Sputnik V frente a las tres nuevas variantes de Sudáfrica, Brasil y GB (https://bit.ly/3bQLN3B). Sputnik V usa un "doble vector viral", cuyo adenovirus reduce sustancialmente el riesgo de que el sistema inmunológico desarrolle resistencia al vector inicial, lo cual ayuda a crear una respuesta más vigorosa.

En franco contraste, la vacuna china Sinovac exulta "tener buenos resultados contra las nuevas variantes de Sudáfrica y Gran Bretaña" que han puesto de cabeza a los fabricantes de los biológicos.

SCMP, con sede en Hong Kong, expone la versión del mandamás de Sinovac de que las "vacunas atenuadas ofrecen un amplio espectro de protección", pero "sin exhibir los datos que respalden su aserto" (https://bit.ly/3kn2nvq).

Independientemente de los ajustes obligados a sus vacunas, que los fabricantes anglosajones ya empezaron a implementar, el vendedor globalista de vacunas, el apocalíptico Bill Gates (BG, http://bit.ly/2ZXVuYc), quizá para paliar los recientes descalabros propone ahora una tercera (sic) inoculación de las cinco empresas de vacunas de EU sin aportar pruebas fehacientes para ello (https://bit.ly/2MncqEt).

Al rato, quizá para vender más biológicos, el controvertido BG –dueño de la vacuna Inovio, que ha quedado muy rezagada– propondrá una inoculación anual de por vida.

Lamentablemente, el eje anglosajón de EU y GB ha optado por la "guerra de propaganda" de sus vacunas, en el umbral de una guerra total, en lugar de la tan anhelada colaboración internacional con China y Rusia.

Fue mucho soñar. Ahora quien se adueñó de la ideología anglosajona es BG.

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber

Lunes, 22 Febrero 2021 06:16

Las GAFAM y el poder del pueblo

Las GAFAM y el poder del pueblo

Aliadas con grandes firmas de Wall Street y el influyente lobby empresarial agrupado en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, la poderosa organización sindical AFL-CIO, funcionarios republicanos y demócratas integrantes del establishment institucional en los aparatos ejecutivo, legislativo y judicial tanto a escala federal como en los estados de la unión y organizaciones de la sociedad civil, las corporaciones tecnodigitales del Silicon Valley habrían jugado un papel importante en la derrota de Donald Trump en los comicios del 3 de noviembre pasado.

Lo anterior, según un reportaje publicado por la revista Time titulado "La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020", que utiliza expresiones tales como "una conspiración detrás de la escena" y "pacto" o "alianza informal" entre sectores tradicionalmente antagónicos como son las grandes corporaciones y los sindicatos, que entre otras actividades habría influido en las percepciones del electorado y presionó a quienes dirigen la cobertura de los grandes medios de difusión masiva y controlan el flujo de información, incluidos ejecutivos de las plataformas de redes sociales, para que cumplieran sus políticas contra ciertos tipos de comportamientos tóxicos, eliminando contenidos y cuentas que difunden noticias falsas ( fake news). Según la publicación, en noviembre de 2019 (un año antes de los comicios) Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, invitó a nueve líderes de derechos civiles a cenar en su casa y allí determinaron aplicar reglas y un cumplimiento más riguroso de los contenidos, situación que se habría repetido con el CEO de Twitter, Jack Dorsey, y otros.

Ello explicaría que las cadenas de televisión más poderosas de EU (ABC, CBS, NBC y MSNBC, enlazadas en sus plataformas de YouTube, Facebook, Twitter y otras redes de Internet) le hayan apagado el micrófono de manera brusca a Trump el 5 de noviembre pasado, aduciendo que estaba acusando fraude sin pruebas. Desde entonces, también, comenzó a discutirse si fue correcta la decisión de los medios hegemónicos de censurar de manera orquestada el mensaje en vivo de Trump cuando la contienda electoral estaba cerrada y todavía lejos de concluir, y si correspondía a medios privados establecer la censura previa y determinar de manera paternalista si un mensaje específico debe llegar a la audiencia.

Según aduce TIME ahora, la "conspiración" tuvo como objetivo reafirmar la democracia estadunidense. Y en sus propias palabras, la democracia fue salvada por "the power of people" (el poder del pueblo). Sin embargo, tras la incursión al Capitolio el pasado 6 de enero, la expulsión de Trump del "paraíso de las plataformas de redes sociales" (Rosa Miriam Elizalde dixit) tiene más que ver con la "práctica discrecional" de los monopolios privados en Internet, que con la democracia y los mensajes de odio racista del antiguo inquilino de la Casa Blanca contra los negros, musulmanes, mexicanos y centroamericanos. En mayo de 2011, a pedido de Israel, Zuckerberg borró las cuentas de medio millón de usuarios que en Facebook defendían la causa palestina.

El veto a las cuentas del magnate neoyorquino por el gobierno paralelo y empresarial del Silicon Valley en alianza con las grandes corporaciones de Wall Street y el Estado profundo (la CIA, la FBI, etcétera), devela una articulada estructura de poder suave ( softpower) dirigida a poner en la Oficina Oval a un funcionario del establishment como Joe Biden.

La tecnología no es neutral; forma parte de las estructuras de poder, riqueza y dominación. Junto con Twitter, las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) son una suerte de cártel del complejo digital-financiero vinculado a la comunidad de inteligencia. Las corporaciones digitales y el poder infocomunicacional concentrado cuentan con un tremendo arsenal de tecnologías en informática y comunicaciones (TIC) y el Big Data a escala global.

Durante años los algoritmos de Facebook y Google (YouTube) han actuado como árbitros de la política estadunidense. Pero las plataformas de las redes sociodigitales no son sólo herramientas comunicativas, sino también un arma del "capitalismo de la vigilancia" (Shoshana Zuboff). En función de sus propios intereses plutocráticos, las redes operan como una prolongación de las industrias culturales tradicionales, uno de cuyos objetivos principales es la producción de una cultura de masas. Es decir, no sólo contribuyen a la construcción de la hegemonía capitalista, sino que cumplen una función de simplificación espiritual y de manufacturación de la ignorancia. Y según plantea José Ernesto Nováez Guerrero, como herramientas del capitalismo, las redes hegemónicas son instrumentos de la derecha ideológica: el carácter de empresa privada capitalista determina el funcionamiento ideológico de los algoritmos, tendiente a neutralizar de diversas formas el pensamiento crítico disidente del actual sistema de dominación.

Las redes digitales forman parte del dispositivo para disciplinar sociedades enteras. Sin olvidar que en sus orígenes en plena guerra fría, la red de redes surgió como un sistema de intercomunicación militar del Departamento de Defensa de EU: Arpanet (1967), antecedente de Internet (1983), y que el encriptado para los teléfonos celulares fue acordado con el conjunto de sus fabricantes en el Pentágono por la Agencia Nacional de Seguridad. Años después Julian Assange diría que Facebook era la máquina de espionaje más terrible del mundo, jamás inventada. Entre otros temas, es lo que no le perdonan sus obsecuentes carceleros.

Publicado enSociedad
Lunes, 18 Enero 2021 05:52

Militar la patente

Planta de Pfizer en Amboise, Francia AFP, ALAIN JOCARD

Cómo las farmacéuticas se aseguraron el monopolio sobre la vida y la muerte

Pfizer encabeza una dura oposición a la propuesta de suspender los derechos de propiedad intelectual para las vacunas contra el covid-19. En el pasado, la misma empresa lideró el lobby que hoy impide el acceso de los pobres a medicamentos cruciales.

 

La vacuna contra el covid-19 desarrollada por el gigante farmacéutico Pfizer junto con su socio alemán Biontech fue la primera en ser aprobada por varios Estados para su uso de emergencia y su aplicación ya se encuentra en estado avanzado en varios países. No obstante, mientras esto sucede, Pfizer ha mostrado una vehemente oposición a uno de los esfuerzos globales más importantes realizados en pos de garantizar que los países pobres puedan acceder a la inmunización contra la enfermedad.

En octubre, India y Sudáfrica presentaron una propuesta para que la Organización Mundial del Comercio (OMC) suspendiera de forma temporal la vigencia de las patentes de los tratamientos contra el covid-19, en virtud del acuerdo de propiedad intelectual conocido como Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC). Apoyada ahora por casi un centenar de países, la iniciativa permitiría la producción asequible de tratamientos genéricos durante lo que dure la pandemia.

Si se aprueba, la propuesta podría salvar innumerables vidas en el Sur global, en momentos en que los países ricos acaparan los stocks de vacunas (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20) y cuando un estudio realizado por científicos de la Universidad Johns Hopkins advierte que una cuarta parte de la población mundial no recibirá el pinchazo hasta 2022 (British Medical Journal, 15-XII-20). Pero, hasta ahora, Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Noruega, Suiza, Japón y Canadá han bloqueado la moción, a pesar de que en el contexto actual las demoras en el acceso a las vacunas significan, en los hechos, más muertes.

Con Pfizer a la cabeza, la industria farmacéutica, preocupada por proteger sus ganancias, es un socio poderoso de este frente opositor. «La propiedad intelectual es la sangre del sector privado y es la que trajo una solución a esta pandemia. En este momento, no es una barrera», declaró a comienzos de diciembre Albert Bourla, su director ejecutivo. Días antes, Pfizer había registrado oficialmente su oposición a la propuesta de India y Sudáfrica en un artículo del 5 de diciembre en The Lancet, en el que afirmaba que «un modelo global único [de acceso a las vacunas] ignora las circunstancias específicas de cada situación, de cada producto y de cada país».

En los alegatos de la empresa, el marco actual de las normas de propiedad intelectual y de los monopolios farmacéuticos es presentado como un orden planetario basado en el sentido común y cuyos beneficios para la sociedad serían evidentes. En realidad, estas normas internacionales son relativamente recientes y fueron moldeadas, en parte, por la propia Pfizer. Desde mediados de la década del 80 hasta principios de la del 90, la empresa desempeñó un papel fundamental en el establecimiento de las mismas reglas de propiedad intelectual de la OMC que ahora invoca para argumentar en contra de la liberación del suministro de vacunas para los países pobres. La «sangre del sector privado» mentada por Bourla no corresponde a un orden natural, sino que refleja una estructura comercial global que la compañía ayudó a crear en detrimento de los pobres de todo el mundo.

UNA CAMPAÑA CORPORATIVA

A mediados de la década del 80, el entonces presidente de Pfizer, Edmund Pratt, tenía una misión: asegurar que se incluyeran fuertes protecciones para la propiedad intelectual en la Ronda Uruguay del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés). Aquellas fueron las negociaciones multinacionales de comercio que resultarían en el establecimiento de la OMC en 1995. El razonamiento de Pratt era simple: semejantes protecciones eran vitales para proteger la «competitividad» global de su empresa y de otras industrias estadounidenses.

Pratt tenía un poder institucional considerable más allá de su puesto corporativo. Como señalan los investigadores de Harvard e Insead Charan Devereaux Robert Z. Lawrence y Michael D. Watkins en su libro Case Studies in US Trade Negotiation, Pratt formó parte del Comité Asesor sobre Negociaciones Comerciales de los gobiernos de Jimmy Carter y Ronald Reagan. En 1986, cofundó el Comité de Propiedad Intelectual, un organismo que se dedicaría a construir vínculos con corporaciones de Europa y Japón, se reuniría con funcionarios de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU y llevaría adelante un agresivo lobby para garantizar que se incluyera la propiedad intelectual en las negociaciones comerciales.Ya en aquellos años, tanto a nivel mundial como estadounidense, Pfizer jugaba un rol importante en la promoción de la idea de que el comercio internacional debía depender de unas determinadas reglas de propiedad intelectual: según su concepción, los países que no siguieran las reglas de propiedad intelectual estadounidenses se dedicaban a la piratería. Los expertos en regulación comercial internacional de la Universidad Nacional de Australia Peter Drahos y John Braithwaite señalan, en su libro Information Feudalism, que «como el batir de un tambor, el mensaje sobre la propiedad intelectual se fue replicando por las redes empresariales, las cámaras de comercio, los consejos directivos, los comités de negocios y los organismos corporativos. Progresivamente, los ejecutivos de Pfizer que ocupaban puestos clave en las gremiales empresariales estratégicas lograron reclutar el apoyo de esos grupos a una concepción de la propiedad intelectual que estaba basada en el comercio».

Por aquel entonces, la idea de que la propiedad intelectual debía ser parte de las reglas comerciales internacionales no era algo universalmente aceptado. Muchos países del tercer mundo se resistieron a su inclusión, con el argumento de que, si se establecían normas más estrictas de propiedad intelectual, se iba a estar protegiendo el poder monopolístico de las corporaciones y se socavarían los controles internos de precios.

En 1982, la primera ministra de India, Indira Gandhi, decía a la Asamblea Mundial de la Salud, el máximo órgano de decisión de la OMS, que «un mundo mejor ordenado será aquel en el que los descubrimientos médicos estén libres de cualquier patente y donde no se haga negocio a partir de la vida y la muerte». Y en 1986, el Christian Science Monitor informaba que «Brasil y Argentina encabezan un grupo que ha bloqueado los intentos de Estados Unidos de incluir la protección de la propiedad intelectual en la nueva ronda de conversaciones de comercio».

Pero el presidente de Pfizer tenía aliados poderosos, entre ellos el presidente del gigante tecnológico IBM, John Opel. Sus esfuerzos combinados desempeñaron un papel clave para asegurar que finalmente se incluyeran reglas de propiedad intelectual en las negociaciones del GATT. Pratt nunca dudó en atribuirse ese éxito. «Esta victoria en el GATT, que establece disposiciones para la propiedad intelectual, resultó en buena parte de los esfuerzos a brazo partido hechos por el gobierno de Estados Unidos y las empresas estadounidenses, incluida Pfizer, durante las últimas tres décadas. Hemos estado en esto desde el principio, asumiendo un rol de liderazgo», declaró por entonces, tal como lo recogen los investigadores Lori Wallach y Patrick Woodall en su libro Whose Trade Organization? The Comprehensive Guide to the WTO.

Durante las negociaciones para la protección de la propiedad intelectual en el GATT, el grupo de lobby cofundado por Pratt jugó un papel activo como organizador de empresarios de Estados Unidos, Europa y Japón decididos a conseguir una regulación fuerte en la materia. Cuando, a mediados de los años noventa, se estableció formalmente la OMC y se firmaron los acuerdos internacionales, Pratt ya no era presidente de Pfizer, pero su contribución y el papel de la empresa que había dirigido todavía se hacían sentir. Fueron Pratt y Opel quienes, desde un comienzo, «diseñaron, presionaron y engatusaron al gobierno estadounidense para que incluyera la propiedad intelectual como uno de los temas de negociación», en palabras de uno de los miembros del equipo negociador de Estados Unidos citado por Devereaux, Lawrence y Watkins.

El acuerdo sobre los ADPIC de la OMC, que entró en vigor en 1995, se convertiría en el «acuerdo sobre propiedad intelectual más importante del siglo XX», escriben por su parte Drahos y Braithwaite. Ese tratado puso a la mayor parte del mundo bajo estándares mínimos de propiedad intelectual, parte de los cuales significaron el establecimiento de un monopolio global de patentes en manos de las empresas farmacéuticas. Para Dean Baker, economista y cofundador del think tank izquierdista Center for Economic and Policy Research, «el acuerdo sobre los ADPIC de la OMC requirió que países de todo el mundo adoptaran normas de patentes y derecho de autor de tipo estadounidense. Anteriormente, ambos temas habían estado fuera de los acuerdos comerciales internacionales y los países podían tener las reglas que quisieran al respecto. India tenía una industria farmacéutica bien desarrollada en la década del 90. Antes del acuerdo, el Estado no permitía que las empresas farmacéuticas patentaran medicamentos. Podrían patentar procesos, pero no medicamentos».

ACCESO LIMITADO

El acuerdo sobre ADPIC trajo fabulosas ganancias a las compañías farmacéuticas y «elevó los costos farmacéuticos en Estados Unidos, al tiempo que restringió aún más la disponibilidad de medicamentos vitales en los países en vías de desarrollo de la OMC», según afirma la ONG Public Citizen, dedicada al contralor de prácticas corporativas. Esta dinámica se manifestó de forma brutal durante la crisis del sida, que se encontraba en su apogeo cuando se creó la OMC. «Le tomó al gobierno sudafricano casi una década romper los monopolios de las compañías farmacéuticas extranjeras que mantenían al país como rehén y condenaban a su gente a la muerte», recordaban hace poco en The New York Times (7-XII-20) Baker, el activista por la salud pública Achal Prabhala y el economista Arjun Jayadev.

Es difícil pensar en un escenario más propicio para defender una suspensión de las leyes de propiedad intelectual que el de una pandemia mundial, un argumento que ciertamente no es marginal en el contexto político actual. Además de una larga lista de activistas globales, los principales grupos de derechos humanos y los expertos en la materia de la ONU han sumado sus voces a la demanda de suspender las leyes sobre patentes. Sus llamamientos continúan lo iniciado por el movimiento por la justicia global de la década del 90 y principios de la del 2000, que puso en cuestión el papel que tuvo la OMC –junto con otras instituciones globales, como el Banco Mundial y el FMI– en la destrucción, a manos de las corporaciones, de las regulaciones nacionales en materia laboral, ambiental y de salud pública. Un punto clave de su crítica fue el enorme poder de las corporaciones estadounidenses en la OMC, que se revela hoy en su bloqueo de la propuesta para suspender las patentes de las vacunas contra el covid-19.

Pfizer no es la única que se opone a pausar por un momento las reglas de propiedad intelectual. Las gremiales de la industria farmacéutica y empresas individuales, se han manifestado con toda su fuerza en contra de estas propuestas. «La influencia de la industria farmacéutica es enorme», señala Baker. «No hace falta decir que Trump apoyará estas corporaciones. Incluso Biden será presionado por la industria farmacéutica y tendrá enormes dificultades para hacer algo que a esta no le guste».

La lucha sin cuartel de la industria farmacéutica por acaparar información que permitirá salvar vidas en plena pandemia contrasta con el gigantesco papel que ha tenido la financiación pública en el desarrollo de las vacunas (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20). Sin embargo, con un costo estimado de 19,50 dólares estadounidenses por dosis en sus primeras 100 millones de dosis, la vacuna de Pfizer es demasiado costosa para muchos países pobres, particularmente a la luz de sus requisitos de almacenamiento. La compañía farmacéutica Astrazeneca, que produjo una vacuna junto con la Universidad de Oxford, se comprometió, en 2020, a facilitar el acceso de los países pobres a su producto y afirmó que no obtendrá ganancias durante lo que dure la pandemia. Pero, al mismo tiempo, «se ha reservado el derecho a declarar el fin de la pandemia a partir de julio de 2021», según señalan en el Times Prabhala, Jayadev y Baker.

Se podría tomar un mapa de la pobreza mundial, colocarlo sobre un mapa de acceso a las vacunas y se obtendría una coincidencia virtual de uno a uno. «Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y otros países están reservando dosis en proporciones que superan con creces el tamaño de sus poblaciones», informó en diciembre The New York Times, «mientras que muchas naciones pobres luchan por asegurarse apenas lo suficiente» (15-XII-20). Es el resultado lógico de un sistema diseñado desde el principio para reforzar estructuras de poder existentes desde hace mucho tiempo y heredadas de un sistema colonial. Independientemente de las intenciones que se haya tenido, se dejará morir una vez más a las naciones negras y pardas, mientras que los países ricos del Norte global exceden con creces sus propias necesidades. Dado el riesgo de que podamos ver un apartheid global de la distribución de vacunas, en el que los países pobres continúan enfrentando pérdidas devastadoras mientras que los países ricos persiguen la inmunidad colectiva, no parece que alcance con vagas garantías de benevolencia empresarial. Como dice Baker, «¿no querría usted que todas las vacunas estuvieran disponibles tanto como sea posible?».

(Publicado originalmente en In These Times con el título «Pfizer Helped Create the Global Patent Rules. Now it’s Using Them to Undercut Access to the Covid Vaccine». Traducción y titulación en español de Brecha.)

Por Sarah Lazare
15 enero, 2021

Publicado enSociedad
Lunes, 18 Enero 2021 05:46

Que te cure Lola

Aplicación de la vacuna contra la covid-19 en fase de prueba en Sudáfrica. AFP, SIPHIWE SIBEKO

El uso que el big pharma hace de los países pobres

Principales empresas del rubro se benefician de bajos costos para hacer experimentos en el Sur global. Pero una vez descubiertos los medicamentos, su acceso suele estar vedado para esas naciones.

Albert Bourla, director general de Pfizer, ha tenido palabras de elogio para «las casi 44 mil personas que de forma desinteresada levantaron la mano para participar en nuestras pruebas». «Cada uno de ustedes ha contribuido para que el mundo esté un paso más cerca de nuestro objetivo común de desarrollar una vacuna contra esta pandemia devastadora», escribió Bourla en una carta pública a los voluntarios que formaron parte de las investigaciones de la vacuna de Pfizer contra el covid-19 hechas en Argentina, Sudáfrica, Brasil, Alemania, Turquía y Estados Unidos. La misiva fue publicada el 9 de noviembre de 2020, el mismo día en que Pfizer anunció que su vacuna superaba el 90 por ciento de efectividad en la prevención de la enfermedad. Bourla atribuyó este logro a los voluntarios: «Ustedes son los verdaderos héroes. El mundo entero tiene con ustedes una tremenda deuda de gratitud».

Argentina, Sudáfrica, Brasil y Turquía tendrán que conformarse con estas muestras de gratitud de Pfizer, porque no recibirán, al menos no en el corto plazo, suficientes vacunas para vacunar a sus poblaciones. Mientras tanto, Estados Unidos y Alemania –junto con Canadá y el resto de la Unión Europea (UE)– se han asegurado suficientes dosis de varias vacunas contra el covid-19 como para inocular varias veces a sus poblaciones. Aunque Estados Unidos enfrenta problemas logísticos en su campaña de vacunación, se estima que eventualmente alcanzará un stock suficiente. Durante el verano boreal, encargó 100 millones de dosis de la vacuna de Pfizer a cambio de 1.950 millones de dólares. En los últimos días de diciembre, el Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció un acuerdo para comprar 100 millones de dosis adicionales de vacunas de aquí a julio de 2021 y el gobierno tiene la posibilidad de adquirir 400 millones más de dosis. Washington compró además 200 millones de dosis de la vacuna de Moderna, que llegarían el segundo trimestre de 2021, y se reserva la opción de comprar hasta 300 millones de dosis extras. También firmó con Ology, Sanofi, Novavax y Johnson & Johnson para comprar dosis suplementarias, aunque estas vacunas se encuentren aún en las primeras etapas de su desarrollo.

CONEJILLOS DE INDIAS

Las empresas farmacéuticas y sus directivos ya cosechan grandes ganancias. El mismo día que envió su carta abierta, Bourla, cuyo patrimonio neto se estima en más de 26 millones de dólares, vendió más de 5 millones de dólares de sus acciones de Pfizer. La farmacéutica obtuvo en 2020 ganancias de al menos 975 millones de dólares debido a su vacuna y se espera que recaude 19.000 millones de dólares más en 2021, de acuerdo a estimaciones de Morgan Stanley. El margen de ganancia de Pfizer sobre la vacuna se estima entre un 60 y un 80 por ciento. Morgan Stanley también ha proyectado que en 2021, gracias a su vacuna, Moderna ganará como mínimo 10.000 millones de dólares.

Los 100.000 millones de dólares en ventas de vacunas contra el covid-19 que ha estimado la consultora Evercore ISI sin duda son parte de lo que atrajo a las empresas farmacéuticas al desarrollo de estos inmunizantes. Pero el cálculo es diferente para los participantes en las investigaciones. En los países en vías de desarrollo «encontrás personas que no tienen cobertura de salud, están desesperadas por atención médica y sólo les quedan disponibles las migajas de la investigación científica», dice Harriet Washington, experta en ética médica de la Universidad de Las Vegas.

Esa desesperación es sólo parte de la razón por la que las compañías farmacéuticas llevan a cabo la mayoría de sus pruebas en países pobres. Según Washington, la relativa falta de control y los menores costos operativos son razones adicionales por las que la industria farmacéutica se siente atraída por esos países. Los participantes en las investigaciones de la vacuna contra el covid-19 en Argentina, Brasil, Sudáfrica y Turquía «trabajan más barato que la gente en Estados Unidos o Alemania», afirma.

El problema ético que esto crea –la gente en los países en vías de desarrollo tiene menos acceso a los avances médicos, a pesar de que asume una parte desproporcionada de los riesgos que permiten su descubrimiento– es mucho más viejo que la pandemia de coronavirus. «Hay desigualdades inherentes que se repiten en cada epidemia», dice Washington. «Es un patrón constante; lo vas a encontrar cualquiera sea el caso en que te fijes».

Participen o no en investigaciones sobre medicamentos, los habitantes de los países con ingresos medios y bajos suelen carecer de acceso a avances médicos que pueden salvar vidas, pero cuyos precios están fuera de su alcance. Gilead, que tiene la patente del sofosbuvir, un medicamento clave contra la hepatitis C, ofrece una ilustración clara y trágica de lo mortal que puede ser esta dinámica. En Brasil, en junio de 2019, sólo una de cada siete personas que necesitaban este medicamento vital lo había recibido. En ese país, miles de personas han muerto por esta enfermedad curable, según la organización sin fines de lucro Make Medicines Affordable.

Aunque eventualmente muchos medicamentos terminan estando disponibles, para la gente de los países en vías de desarrollo el acceso a ellos suele retrasarse, como ha ocurrido con los medicamentos para el VIH, a los que todavía no pueden acceder unas 15 millones de personas infectadas en todo el mundo. En algunos países pobres estos medicamentos llegaron más de una década después de haber sido utilizados en los países ricos.

«Observamos retrasos en casi todas las intervenciones en el mundo entero, se trate de un nuevo medicamento o de un dispositivo médico», dice el doctor Krishna Udayakumar, director fundador del Centro de Innovación de Salud Global de la Universidad de Duke, y agrega: «Los productos que llegan a los mercados de los países de ingresos bajos y medios no producen tanto dinero». Como resultado, en gran parte del mundo, la posibilidad de contar con esas novedades vitales suele depender de la financiación de donantes, «que es siempre inferior a la que quisiéramos», sostiene Udayakumar.

Las consecuencias mortales del atraso en el acceso a la vacuna contra el covid-19 serán evidentes durante 2021. La cantidad de personas vacunadas en todo el mundo dependerá en parte del éxito de otras posibles vacunas candidatas y de la necesidad de administrarlas en una o dos dosis. Pero ya está claro que la mayoría de los países no tendrá dosis suficientes, mientras que los países ricos acaparan las reservas. Una iniciativa internacional tendiente a garantizar el reparto equitativo de las vacunas, denominada COVAX Advance Market Commitment, regida por la público-privada alianza de salud GAVI, busca proporcionar a los países participantes vacunas suficientes para inmunizar hasta el 20 por ciento de su población para finales de 2021. Pero, incluso en el mejor de los casos, este objetivo dejaría a la gran mayoría de la población sin vacunar. Y está «supeditado a la disponibilidad de fondos», como lo dice con claridad el sitio web del grupo (véase «Sálvese quien pague», Brecha, 18-XII-20).

Algunos activistas de la salud pública internacional han mostrado su frustración con respecto a GAVI. «El día uno, cuando se vacunó a la primera persona en Reino Unido, deberíamos haber visto el equivalente en un país en vías de desarrollo», afirma Kate Elder, asesora principal de políticas de vacunación de Médicos sin Fronteras. «Pero eso no pasó. Y no tenemos ningún dato concreto de cuándo llegarán las dosis necesarias para estos países». Elder señala que, a pesar del objetivo declarado de facilitar un acceso igualitario, el esfuerzo internacional para la distribución de vacunas se ve afectado por el desequilibrio mundial en materia de poder y de riqueza. «GAVI nunca denunciará el “nacionalismo de vacunas”, porque sus mayores donantes –como el Estado británico– son los miembros más poderosos de su junta directiva», sostiene.

El Banco Mundial aporta ayuda adicional para la entrega de vacunas, pero lo hace bajo la forma de préstamos que los países pobres tendrán luego que pagar. Debido a las demoras, es muy probable que mucha gente en países de bajos ingresos no reciba la vacuna antes de 2023 o 2024, lo que resultaría en un número desconocido de muertes.

UNA HISTORIA DE ÉXITO QUE NO CIERRA

«Estamos ante un apartheid mundial de vacunas», denuncia Zain Rizvi, investigador de derecho y política en la ONG Public Citizen, que predice que el retraso en la vacunación tendrá consecuencias «calamitosas». Public Citizen ha propuesto varias soluciones para que Estados Unidos amplíe el acceso a las vacunas, entre ellas la construcción de nuevas instalaciones de producción y el recurso a una oscura norma (sección 1498 del título 28 del Código de Estados Unidos, referida a casos de patentes y derechos de autor) que le permite al gobierno saltarse las patentes privadas en el caso de invenciones financiadas por el Estado. Mientras tanto, Kenia, India y Sudáfrica presentaron a la Organización Mundial del Comercio una medida que permitiría renunciar a ciertos derechos de propiedad intelectual sobre los productos relacionados con el coronavirus, incluidas las vacunas. La propuesta, apoyada por 99 países, aún no ha sido adoptada después de haber sido rechazada por Estados ricos como Estados Unidos, los miembros de la UE, Japón, Reino Unido y Australia (véase «Militar la patente» en este número).

Pero la quita de las patentes es sólo un primer paso para permitir el acceso mundial a las vacunas. «El know-how es, a corto plazo, un problema mucho más grande», señala James Love, que dirige el grupo sin fines de lucro Knowledge Ecology International. Love cita el caso de Moderna, el fabricante de vacunas financiado por el gobierno federal estadounidense, que ha prometido que no aplicará la patente de su vacuna. «Pero, aun así, no podés fabricarla si no sabés los detalles de cómo la hicieron», dice Love. «Hay que obligar a quienes tienen el know-how a compartirlo, porque estamos en una puta pandemia», insiste.

Mientras que el gobierno de Estados Unidos y las empresas que este ha financiado para fabricar vacunas ya reciben el crédito por poner fin a la pandemia, Love señala que algo no cierra en esa historia de éxito: los contribuyentes terminaron siendo obligados a pagar por acuerdos que limitaban el acceso mundial a las vacunas. «Hay quienes van a decir que esto es un tremendo éxito por la innovación lograda», piensa Love. «Pero la realidad es que el Estado tomó nuestro dinero, se lo dio a las empresas y redactó contratos desastrosos por los que terminamos con muy pocos derechos sobre inventos que nosotros mismos financiamos», se lamenta.

El problema podría haber sido evitado «si el gobierno hubiera incluido un intercambio obligatorio del know-how en cada uno de sus contratos, de manera tal que la transferencia de tecnología habría podido comenzar apenas esas vacunas estuvieran en la fase de pruebas», dice Love. «Pero no fue así. Y una de las consecuencias de esas concesiones es que terminamos condenando a los países en vías de desarrollo a acceder tarde a las vacunas», concluye.

Lo cierto es que la administración de Donald Trump ha sido particularmente generosa con la industria farmacéutica, ha eliminado de algunos de sus contratos las protecciones estándar en materia de acceso que favorecían a la población y ha bloqueado los esfuerzos internacionales para mancomunar recursos en la lucha contra la pandemia. «Joe Biden tiene el poder de cambiar esto», sostiene Rizvi. «Puede pensar más allá, compartir la receta de la vacuna y ayudar a aumentar la producción y la capacidad de fabricación para incrementar el aprovisionamiento rápidamente». Por su parte, Washington cree que también son solucionables los dilemas éticos planteados por la investigación sobre las vacunas contra el covid-19 en países que tal vez no accedan a ellas durante años. «Las desigualdades son fáciles de corregir –plantea–, sólo tenés que tratar a las personas de los países pobres de la misma manera en que tratás a las demás».

(Publicado originalmente en The Intercept, bajo el título World Faces Covid-19 «Vaccine Apartheid». Brecha traduce y publica con autorización.)

Publicado enSociedad
La cantante colombiana, durante un concierto en Miami el pasado febrero: su catálogo está ahora en manos de Mercuriadis- AFP

Un bombazo en la industria musical

El empresario canadiense Merck Mercuriadis tiene mil millones de dólares para adquirir los derechos de temas musicales

Rafael Ramos

18/01/2021 07:00Actualizado a 18/01/2021 09:29

Cuando Merck Mercuriadis tenía ocho años, un primo mayor llegó de Grecia (de donde emigraron sus antepasados) para instalarse con él y su familia en la provincia canadiense de Nueva Escocia, y trajo en su equipaje un auténtico arsenal de discos de vinilo, presumiendo que lo sabía todo de mujeres, de drogas y de música. “Nos llevamos muy bien, porque las tres cosas me interesaban sobremanera”, dice el fundador de Hipgnosis Songs Fund Limited, el fondo de inversión que acaba de comprar los derechos del catálogo de canciones de Shakira.

Casi medio siglo después, es de suponer que a Merck le ha ido razonablemente bien con las mujeres (está casado y tiene cuatro hijos) y su relación con las drogas (si es que la tiene) es cosa suya, pero lo que está claro es que aprendió mucho de su primo en lo que a música se refiere, porque ha revolucionado la industria con una empresa que cotiza en la bolsa de Londres y es cruce entre un fondo de inversión y una firma de gestión de talentos.

Gracias a una personalidad desbordante, a la capacidad de entusiasmar y a una larga y formidable lista de contactos de su época como mánager de artistas, Mercuariadis, un canadiense de 57 años nacido en Quebec, lanzó hace tres años su Hipgnosis e inmediatamente captó mil millones de dólares de capital para adquirir propiedad intelectual (canciones), con inversores de todo tipo, algunos tan inesperados como la Iglesia de Inglaterra. Su promesa es que la música es un valor de referencia, como el oro o los diamantes, seguro en tiempos de crisis y bastante ajeno a las fluctuaciones. Y que quien le siga, se hará rico, obscenamente rico.

El empresario musical de origen griego ha sabido adaptarse como pocos al nuevo universo de la publicación online, la descarga y el streaming, fenómenos alentados aún más si cabe por la pandemia. Paga los derechos a precio de oro (hasta el triple que los competidores, las casas discográficas están que se suben por las paredes), pero de esa manera está consiguiendo hacerse con un catálogo fabuloso del que Shakira es la última perla, y en el que también figuran Neil Young (compró el 50% de los derechos de su obra), Barry Manilow, Dave Stewart de los Eurythmics, Andy Marvel, Blondie, Chrissie Hynde, Enrique Iglesias o los Kaiser Chiefs. Cada vez que se reproduce un tema, en la radio, en un bar, un supermercado o en una película, cobra royalties. Su socio es Nile Rodgers, productor, compositor y cofundador del grupo Chic, y el objetivo de ambos es llegar a controlar entre el 15% y el 20% del mercado.

Cuando tenía diecinueve años, y con el gusanillo de la música en el cuerpo desde la llegada de su primo de Grecia, se puso a llamar cada día a las oficinas de Virgin Records en Toronto hasta conseguir que le diera un empleo en el departamento de marketing. Pero lo que de verdad quería era operar en el lado creativo del negocio, en contacto con los artistas, de modo que se trasladó a Londres, meca de la música pop, donde entró en Sanctuary Music, una empresa en expansión que manejaba la carrera de la banda de heavy metal Iron Maiden. Pese a llevarse a matar con su compositor y con su cantante principal, acabaron siendo amigos: lanzó a todo trapo su álbum de 1992 Fear of the Dark.

En el 2000 cambió la capital inglesa por Nueva York como presidente de la rama norteamericana de la compañía, encargado del desarrollo de la marca. Para eso añadió a la lista de clientes a Beyoncé, Axl Rose y Guns N’Roses entre otros, pero los gastos aumentaban, los ingresos no respondían a las expectativas, buena parte del personal fue despedido, y eventualmente Sanctuary fue adquirida por Universal Records por 41 millones de dólares. Mercuriadis se lo tomó como un fracaso personal y aprendió las lecciones. Cuando nació Spotify, vio una mina de oro en el streaming y la posibilidad de que los suscriptores creasen sus listas de temas favoritos mezclando géneros y artistas.

Tras fundar Hipgnosis y lanzar la firma a bolsa en el 2018, lo primero que hizo fue comprar un 75% del catálogo de The Dream, y tan sólo el primer año las acciones subieron un diez por ciento, y los beneficios alcanzaron los quince millones de dólares. En pleno proceso de expansión y con el propósito de diversificarse, tiene una plantilla de diecinueve empleados en las oficinas del barrio londinense de Notting Hill, e inversores variopintos, algunos fanáticos de la música, otros solo de hacer dinero. Mucho dinero.

En tres años, desde el lanzamiento a bolsa de Hipgnosis, Merck Mercuaridis y su socio Nile Rodgers han comprado más de ocho mil canciones, un millar de las cuales fueron en su día number ones. Mientras la mayoría de sus rivales procura descubrir talentos y adquirir baratos los catálogos de promesas en las que ve potencial para desarrollarlas y encontrar oro de vez en cuando, al empresario canadiense sólo le interesan valores probados, por los que no le importa pagar más que nadie. Suyos son los derechos de Uptown Funk de Bruno Mars, Shape of You de Ed Sheehan, Closer de los Chainsmokers, Girls Like You de Maroon 5, Despacito de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber. Su primera adquisición fue Neil Young, a quien compró el 50% de su catálogo, y después han seguido otros como Timbaland, Jack Antonoff, Steve Winwood, The Chainsmokers, Poo Bear, Rick James, los Kaiser Chiefs, Brian Kennedy, Lindsey Buckingham y Shakira.


 Pagar más que nadie y comprar solo lo mejor

En tres años, desde el lanzamiento a bolsa de Hipgnosis, Merck Mercuaridis y su socio Nile Rodgers han comprado más de ocho mil canciones, un millar de las cuales fueron en su día number ones. Mientras la mayoría de sus rivales procura descubrir talentos y adquirir baratos los catálogos de promesas en las que ve potencial para desarrollarlas y encontrar oro de vez en cuando, al empresario canadiense solo le interesan valores probados, por los que no le importa pagar más que nadie.

Suyos son los derechos de Uptown funk de Bruno Mars, Shape of you de Ed Sheeran, Closer de los Chainsmokers, Girls like you de Maroon 5, Despacito de Luis Fonsi, Daddy Yankee y Justin Bieber. 

Su primera adquisición fue Neil Young, a quien compró el 50% de su catálogo, y después han seguido otros como Timbaland, Jack Antonoff, Steve Winwood, The Chainsmokers, Poo Bear, Rick James, los Kaiser Chiefs, Brian Kennedy, Lindsey Buckingham y Shakira.

Publicado enCultura
Página 1 de 12