Alter 3, con rostro humanoide, es puesto en funcionamiento para promover una próxima exhibición en Londres.Foto Afp

Londres. Gestionar la salud del planeta, luchar contra la discriminación o innovar en las artes. Los terrenos en que la inteligencia artificial (IA) puede ayudar al ser humano son incontables, y una muy ambiciosa exposición en Londres se propone demostrarlo.

Con el título IA: más que humana, el Barbican, inmenso centro de arte moderno, reúne más de 200 instalaciones, muestras y proyectos de artistas, científicos e investigadores de todo el mundo.

Es un paseo global, desde el sueño ancestral de crear vida artificial hasta la más puntera evolución científica, que se puede realizar desde hoy y hasta el 26 de agosto.

Entre sus platos fuertes, un espacio inmersivo del colectivo japonés teamLab, donde arte y ciencia se dan la mano para permitir al visitante dejar su huella en una naturaleza digital proyectada en la pared que evoluciona en función de estas interacciones.

Robots de todas las formas y tamaños, desde el pequeño perro Aibo de Sony –cuya primera versión de 1999 evolucionó hacia un modelo con IA en 2018– hasta un gran brazo mecánico que prepara y sirve cocteles.

También, sistemas para gestionar la complejidad de una gran ciudad o contribuir a la investigación médica, desde el cáncer hasta la ceguera.

Para frenar el creciente declive de las abejas, el Instituto Tecnológico de Massachussets presenta una colmena sintética que reproduce las condiciones de una primavera perpetua.

La científica y activista estadunidense Joy Buolamwini analiza el sesgo racial en el software de reconocimiento de facial, mostrando que para ser reconocida debe ponerse una careta blanca. Un programa deficiente puede reproducir la discriminación que existe en nuestras sociedades, advierte la italiana Francesca Rossi, responsable de ética en IBM Research. Pero correctamente diseñada, señala, la IA puede ayudar a identificar y evitar los perjuicios humanos.

"Si la máquina puede entender este concepto de sesgo, entonces puede alertarnos si ve que hay discriminación en nuestra toma de decisiones", dice a Afp, asegurando que para ello es importante que los equipos creativos sean lo más diversos posible.

La IA nació en los años 50

Aunque la idea de descodificar el cerebro humano e imitar su funcionamiento nació a mediados de los años 50, la IA se disparó en la década de 2010 gracias a los rapidísimos procesadores de última generación que permiten analizar y clasificar ingentes cantidades de datos disponibles gracias a Internet.

Nació así AlphaGo, programa informático desarrollado por el equipo DeepMind de Google, que en 2016 ganó al Go –un complicadísmo juego de estrategia– contra el campeón del mundo Lee Sedol, siguiendo los pasos del Deep Blue de IBM que en 1997 había batido al ajedecrista Garry Kasparov.

Ambas están presentes en esta exposición, que esboza cómo la IA puede ayudar a resolver problemas de enorme complejidad, como el cambio climático.

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Un juez de EE UU condena a Monsanto a pagar 1.800 millones de euros a una pareja enferma de cáncer

Bayer sufre una millonaria derrota judicial. Un jurado ha condenado este lunes a Monsanto, comprada por la empresa alemana en 2018, a pagar 2.055 millones de dólares (unos 1.820 millones de euros) a una pareja que supuestamente habría contraído cáncer por utilizar el herbicida Roundup. El veredicto del jurado del norte de California acusa a la agroquímica de no advertir los peligros de su producto, que acumula más de 13.000 demandas por el mismo motivo. Esta es la tercera batalla legal perdida de la compañía, pero con diferencia la más cara.

La condena llega cuando los accionistas del gigante farmacéutico se han negado a apoyar la gestión de Bayer en el último año e impulsa la caída de las acciones en el mercado. Alva y Alberta Pilliod, de 70 años, fueron diagnosticados de linfoma no-Hodgkins con cuatro años de diferencia: uno en 2011 y otro en 2015. La pareja utilizó Roundup, un producto elaborado con glifosato, durante 35 años en un terreno en San Francisco. Ambos se encuentran actualmente en remisión. La indemnización que deberá pagar Bayer incluye, además de los 2.000 millones de dólares en daños punitivos, otros 55 millones en daños compensatorios. Es posible que la cifra disminuya una vez que la compañía apele la decisión del juez. El gigante químico y farmacéutico alemán comunicó su decepción ante el veredicto y adelantó que el litigio "llevará algún tiempo antes de que concluya", ya que las apelaciones están pendientes y que "continuará evaluando y refinando sus estrategias legales a medida que avanza en la siguiente fase".

Al igual que en los episodios anteriores, donde se ha responsabilizado a Roundup de haber sido un factor sustancial en enfermos de cáncer, hubo una batalla de ambas partes con estudios científicos y expertos. Según los reguladores europeos y estadounidenses, no se ha comprobado que el glifosato pueda provocar cáncer. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo en 2015 que “probablemente” era cancerígeno. Una herramienta clave de los miles de demandantes. En este caso en particular, los abogados de la compañía, además de respaldarse en documentos científicos, destacaron los antecedentes familiares de los Pilliod que también han padecido cáncer y enfermedades autoinmunes que, según su argumento, aumentaban el riesgo de que la pareja desarrollara un linfoma no-Hodgkins.


El Roundup, producto estrella del fabricante Monsanto, continúa vendiéndose sin una etiqueta que advierta de que existe un riesgo cancerígeno para los seres humanos. El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo agrícola y circula en el mercado desde 1976. Personas familiarizadas con la compañía alemana afirman que no hay planes de hacer modificaciones antes de que al menos uno de los casos haya sido apelado, según publica The Wall Street Journal. Los socios de la empresa rechazaron el mes pasado las medidas que ha tomado la alta dirección, entre ellas, la compra de Monsanto. Desde entonces, los papeles de la alemana han caído un 40%.

Por Antonia Laborde
Washington 14 MAY 2019 - 02:51 COT

 

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Pésimas noticias sobre la vida en el planeta

En lo que va del año se han publicado informes nada alentadores sobre lo que sucede en la Tierra. Por un lado, dos prestigiosos investigadores (el español Francisco Sánchez-Bayo y el belga Kris A. G. Wyckhuys), denunciaron los enormes daños que la acción humana causa a un segmento muy importante y poco conocido de la biodiversidad: los insectos. Lo hicieron en la revista Biological Conservation, fundada en 1968.

Ambos especialistas trabajan en la Universidad de Sidney, Australia, y como parte de sus estudios han visitado diversas regiones del planeta.


Sánchez-Bayo y Wyckhuys sostienen que, de no cambiarse la actitud destructiva que distingue a ésta y las próximas generaciones, 40 por ciento de los insectos desaparecerán en unas cuantas décadas.


Según datos recientes, se han podido clasificar alrededor de 915 mil insectos y se calcula que 1.7 millones todavía no lo están. Entre los que figuran en peligro hay ejemplares de abejas, mariposas, luciérnagas, abejorros, escarabajos y miles más que contribuyen al bienestar humano, a conservar la biodiversidad. Las abejas, por ejemplo, fabrican miel y cera y son las polinizadoras por excelencia, una tarea fundamental en la actividad agrícola. Sin embargo, igual que otros insectos, son víctimas de los agroquímicos esparcidos en los campos de cultivo so pretexto de combatir las plagas y obtener cosechas abundantes.


No sólo los agroquímicos diezman a los insectos. También la introducción de especies exóticas en su hábitat natural; el cambio de los suelos agrícolas y forestales a urbanos; la contaminación del suelo y el agua, la cual llega a rincones apartados en los que se pensaba que los insectos estarían a salvo; y de remate, el cambio climático.


Sánchez-Bayo y Wyckhuys coinciden con otros expertos en que las zonas tropicales son las más expuestas a perder esa parte fundamental de la biodiversidad. Es el caso deMéxico, donde se ¬calcula que viven cerca de 98 mil variedades de insectos. De ellas, se han clasificado unas 48 mil. No está de más reiterar que somos de los países más vulnerables al cambio climático.


Por otro lado, nada bueno sucede con el resto de las especies. En el más reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre la biodiversidad del planeta se destaca que animales y plantas se extinguen a un ritmo sin precedentes. Un millón de los ocho que aún existen de especies animales y vegetales, están en situación de desaparecer. Nuevamente la causa central son las actividades humanas. En el informe, elaborado por un selecto grupo de científicos, se realza que es un declive no visto en la historia de la humanidad y afecta a la economíay la salud pública, además de ocasionar severos desequilibrios en el medio ambiente global. Ejemplo de ello es la erosión de los suelos: redujo en una cuarta parte la productividad del sector agropecuario y forestal. En contraste, se destaca cómo las comunidades indígenas (las menos atendidas por los gobiernos) son las que mejor conocen las propiedades de la flora y la fauna de los territorios donde habitan. Y las que con mayor celo cuidan el entorno.


Y para seguir con malas nuevas sobre el futuro del planeta, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), de la cual México hace parte, señala las consecuencias de la sexta extinción masiva: menos posibilidades de garantizar la seguridad alimentaria, reducir la pobreza y asegurar un crecimiento económico y social menos injusto.
En los estudios de Francisco Sánchez-Bayo y Kris A. G. Wyckhuys sobre los insectos, al igual que en los informes de las Naciones Unidas y la OCDE, se recalca la urgencia de revertir la pérdida de biodiversidad. Algo que no entiende un siniestro personaje, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil. Abrió las puertas para la destrucción de la Amazonia y otras áreas que conforman el pulmón verde del planeta. Es tan grave el asunto, que todos los ex ministros del Medio Ambiente que ha habido desde que concluyó la dictadura militar, denunciaron las políticas de Bolsonaro por ser incompatibles con el desarrollo económico y social de Brasil y el planeta. En la tarea de destruir el medio ambiente, Donald Trump ya tiene funesta compañía.

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El papa Francisco lanza una nueva iniciativa convocando a economistas de todo el mundo

El encuentro se realizará en marzo del próximo año. En una carta, el Papa sostiene que mientras el actual sistema económico y social produzca una víctima no podrá haber fraternidad universal.

 

El papa Francisco es la cabeza visible de una iniciativa a nivel global que lanzó y con la que busca promover el cambio del modelo económico actual. La propuesta ya comenzó a trabajarse y tendrá como expresión concreta un encuentro previsto para marzo del próximo año en la localidad de Asís, donde aspira a que participen economistas de todo el mundo.


La apuesta de Francisco es lograr un “pacto común” a partir del cual modificar la economía actual y otorgarle un alma a la economía. En la carta de convocatoria al encuentro que se denomina "Economía de Francisco", propone la necesidad de iniciar un proceso de cambio global donde participen "todos los hombres de buena voluntad, más allá de las diferencias de creencia y nacionalidad, unidos por un ideal de fraternidad atentos sobre todo a los pobres y excluidos”.


La reunión en Asís será entre el 26 al 28 de marzo de 2020 donde Francisco aspira a juntar a una buena cantidad de economistas pero también de estudiantes para que se animen a "practicar una economía diferente, una que da vida y no mata, incluye y no excluye, humaniza y no deshumaniza”, según la misiva.

La convocatoria del Papa también abarca a académicos. “Mientras nuestro sistema económico y social todavía produzca una víctima y haya una sola persona descartada no podrá existir la fiesta de la fraternidad universal”, señala el Papa en la carta.


La idea es promover “un proceso de cambio global que vea en comunión de intenciones no solo a los que tienen el don de la fe, sino a todos los hombres de buena voluntad, más allá de las diferencias de creencia y nacionalidad, unidos por un ideal de fraternidad atentos sobre todo a los pobres y excluidos”. De allí que se haya elegido a Asís, la ciudad de San Francisco, dado que es “el símbolo y el mensaje de un humanismo de fraternidad”. En ese sentido, el Papa argentino señaló que si “San Juan Pablo II la eligió como ícono de una cultura de paz, a mí me parece también un lugar que inspira una nueva economía”.
Sobre el santo de Asís, el Pontífice remarcó que “se despojó de toda mundanalidad para elegir a Dios como la estrella guía de su vida, haciéndose pobre con los pobres” y que puede dar “esperanza a nuestro mañana, en beneficio no solo de los más pobres, sino de toda la humanidad”.


En otro pasaje, Francisco recordó que en la Carta Encíclica Laudato “subrayé que hoy más que nunca, todo está íntimamente conectado y que la protección del medio ambiente no puede separarse de la justicia para los pobres y de la solución de los problemas estructurales de la economía mundial”. Por ello, insta a “corregir los modelos de crecimiento” aunque, “lamentablemente el llamado a tomar conciencia de la gravedad de los problemas sigue sin ser escuchado”.

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Sábado, 11 Mayo 2019 05:20

El veneno que nos legó Monsanto

El veneno que nos legó Monsanto

Ya son más de 13 mil juicios iniciados contra Monsanto (ahora propiedad de Bayer) por haber causado cáncer a los demandantes o a sus familiares con el uso del herbicida glifosato, a sabiendas de los peligros que implicaba y sin informar de los riesgos a las personas expuestas. Son, en su mayoría, personas que aplicaban el agrotóxico sea en su trabajo agrícola, de jardinería o parques. En 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el glifosato es cancerígeno para animales y probable cancerígeno en humanos.

El primer juicio que ganó una víctima, en agosto de 2018, fue la demanda de D. Lee Johnsson, un jardinero que aplicó glifosato por dos años en una escuela, a partir de lo cual contrajo el cáncer linfoma no-Hodgkin. (https://tinyurl.com/y5umrtt3). Un juez de San Francisco condenó a Monsanto-Bayer a pagar 289 millones de dólares en primera instancia, pero luego de que Bayer apelara quedó en 78 millones. En otro juicio, en marzo 2019, se dictaminó que Monsanto-Bayer debe pagar 80 millones de dólares a Edwin Hardeman por ser responsable de su enfermedad. Está a punto de concluir en Oakland el tercer juicio similar, iniciado por el matrimonio Pilliod contra Monsanto. Tienen 70 años y ambos padecen cáncer. Se espera que nuevamente sea un dictamen multimillonario en favor de las víctimas. (https://usrtk.org/monsanto-papers/)

Paralelamente, en Europa, Monsanto perdió por tercera vez, en abril de 2019, el juicio iniciado por el agricultor francés Paul François, quien sufre daños neurológicos por el uso del herbicida Lasso, con otro componente agrotóxico.

Bayer, que finalizó la compra de Monsanto en 2018, ha perdido hasta el momento más de 30 mil millones de dólares por la disminución del valor de sus acciones, por el impacto negativo de los resultados de los juicios sobre glifosato. El 26 de abril 2019, 55 por ciento de accionistas de Bayer votó contra las estrategias del directorio, liderado por Werner Baumann, que defendió la compra de Monsanto.

El glifosato, inventado por Monsanto en 1974, es uno de los herbicidas más usados en el mundo. Se vende bajo muchas marcas, como Faena, Rival, RoundUp, Ranger y otras. Las cantidades aplicadas aumentaron exponencialmente con la liberación de cultivos transgénicos resistentes a herbicidas. El aumento de su uso produjo resistencia en más de 25 tipos de malezas, creando un círculo vicioso de aplicar cada vez más glifosato. Se han encontrado cantidades elevadas de residuos de glifosato en alimentos, fuentes de agua y test de orina, sangre y leche materna en varios países y continentes, fundamentalmente en los mayores productores de transgénicos.

En todos los casos de juicios nombrados, los jueces dictaminaron en favor de las víctimas porque hallaron que Monsanto sabía de los riesgos y no lo explicó en etiquetas ni estrategia de venta de los productos. El punto es central, ya que el argumento de Monsanto es que las agencias regulatorias, como la Agencia de Protección Ambiental en Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) anuncian el glifosato como un herbicida de bajo riesgo.

No obstante, en el curso de los juicios Monsanto ha tenido que liberar documentos internos que prueban que tenía estudios propios muy tempranos que mostraban el potencial carcinogénico del glifosato y que pese a ello se dedicó durante décadas a escribir artículos que lucieran como si fueran científicos negando la toxicidad del glifosato, que luego acordaron con diferentes autores supuestamente científicos que los publicaran en su nombre sin mencionar a Monsanto.

Varios de esos artículos fueron listados por la EPA para determinar que el glifosato era casi inocuo a la salud. La organización US Right To Know ha publicado en su sitio dedicado a los juicios contra Monsanto documentos desclasificados hasta 2019 con pruebas y nombres de varios autores y artículos falseados (https://usrtk.org/monsanto-papers/).

En un reciente artículo de Nathan Donley y Carey Gillam en The Guardian, denuncian que Monsanto nunca realizó estudios epidemiológicos del uso de glifosato para ver su potencial cancerígeno, y en su lugar dedicó enormes sumas de dinero (hasta 17 millones de dólares en un año) para hacer campañas de propaganda, artículos de opinión de periodistas sesgados y actuar como escritor fantasma de artículos científicos que afirman que el glifosato es inocuo o no tiene grandes riesgos. Esto aumentó luego de la declaración de la OMS en 2015 (https://tinyurl.com/yxkrw4l9).

También dan a conocer correos electrónicos de Monsanto con la consultora de "estrategia e inteligencia política" Hakluyt, en julio de 2018, que revelan que la Casa Blanca afirma que "le guardará la espalda a Monsanto" en cualquier caso y que pese a los estudios que muestran toxicidad no votarán nuevas regulaciones. (https://tinyurl.com/yxcbswp5)

Son abrumadoras las evidencias de que se debe prohibir el glifosato. Varias ciudades estadunidenses y algunas latinoamericanas ya lo han establecido. El tema no es solamente este tóxico o sólo Monsanto-Bayer. Todas las trasnacionales de agronegocios tienen estrategias parecidas para vender veneno a costa de la salud y el medio ambiente. Hay que avanzar en la eliminación de todos los agrotóxicos.

 

Por Silvia Ribeiro,  investigadora del Grupo ETC

 

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Jueves, 09 Mayo 2019 05:59

Biosfera y capitalismo (II)

Biosfera y capitalismo (II)

El lunes 6 de mayo (2019) la ONU hizo público un informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política Sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) bienvenido y de inmensa importancia para la civilización humana, que consolida estudios realizados en las últimas décadas del siglo XX y lo que va del XXI en torno a la aniquilación biológica en curso, relacionada, entre otros factores, al calentamiento global en aumento. El informe de mil 500 páginas, elaborado por 400 especialistas, identifica cinco factores como los responsables de este predicamento: el uso de tierras (agricultura, deforestación), explotación directa de recursos (pesca, caza), cambio climático, contaminaciones y especies invasivas.

Sin embargo, en el IPBES o en las notas de la prensa corporativa, no aparecen las grandes firmas de la agricultura o la pesca y la alimentación industrial, tipo Monsanto, Bayer, etcétera. El IPBES reconoce la interrelación entre la intensificación del "cambio climático" (en realidad un colapso bioclimático antropogénico ) y la acentuada pérdida de biodiversidad y todo parece apuntar "al hombre" como principal responsable. De acuerdo con una agencia noticiosa, "Desde el año 1500, el hombre ha propiciado la desaparición de 680 especies de vertebrados. Sin embargo, según el informe, hoy en día hay más plantas y animales en peligro de extinción que en cualquier otro periodo de la historia humana",

Para la ciudadanía y aun mucha de la academia que no se asomará al monumental estudio, la poderosa plataforma de los medios masivos de comunicación, al servicio de sus poderosos anunciantes, ya está lanzando en centro y periferia la idea de que la responsabilidad del desplome bioclimático recae en "el hombre", todo lo que reforzará la popularización de la noción misma de "antropoceno", para caracterizar el contexto, lo que invisibiliza a los grandes intereses financiero/corporativos responsables.

Desde mediados del siglo XX la comunidad científica internacional mostró alta preocupación por el hecho de que el planeta sufre de un desequilibrio energético "substancial" entre la cantidad de energía solar que absorbe la tierra, mayor que la energía que se irradia de vuelta al espacio. Como el dióxido de carbono y el metano (entre otros) juegan un papel central en lo referido al componente principal de lo "antropogénico" del fenómeno bioclimático, hasta la fecha (mayo de 2019) prevalece inamovible el "veto" de los poderosos cabildos de la industria de los combustibles fósiles y del motor de combustión interna a una formalización internacional vinculante para frenar de manera inmediata y drástica los gases de efecto invernadero (GEI). Se trata de unacatástrofe en que la formación social predominante, el capitalismo, juega un papel central.

Como lo plantea Elmar Altvater en Capitalismo y Capitaloceno: “…el modo de producción capitalista genera historia geológica… lo ha hecho hasta integrar una nueva fase que los geólogos denominarían Antropoceno. Fase que sería más adecuado calificar como Capitaloceno (Kapitalozän), que da razones más que válidas para dedicarse al análisis del capitalismo, al estudio de los escritos de Marx y Engels y al estudio de la tradición del marxismo crítico. Que da razones más que válidas para construir, con Marx, la crítica del Capitaloceno”.

El consejo de Altvater es valioso si se tiene presente el consenso científico que hoy existe sobre el colapso bioclimático en curso. En trabajos ofrecidos por Jorge Beinstein y Luis Arismendi, se hace referencia al "pulso tanático" observado por la comunidad científica en la dinámica capitalista. A las cúpulas políticas en centro y periferia tiende escapar la importancia de lo que Marx teorizó como una "ruptura metabólica" (RM) entre la sociedad capitalista y la Tierra.

Para James Hansen, climatólogo de primera línea, el desequilibrio entre la energía que llega a la Tierra y la que sale "es de cerca de 0.6 Watts/m2 (metro cuadrado) como promedio para el planeta". Hansen fue didáctico al explicar ese orden de magnitud: “No sé si esto da una idea sobre la magnitud de lo que ocurre. Puedo decir que el exceso de energía es de 300 billones (trillion –millones de millones–) de joules por segundo. Pero esa inmensidad puede ser insuficientemente evocativa. Resultaría igualmente válido decir que el desequilibrio de energía de la Tierra sería el equivalente a explotar diariamente más de 400 mil bombas atómicas como la lanzada sobre Hiroshima, los 365 días del año. Esa es la cantidad de energía extra que la Tierra obtiene cada día por nuestro uso de la atmósfera como basurero de nuestros desechos de gases con efecto invernadero (carbon pollution)”.

Sin freno a los GEI dicen otros expertos "sería como vivir en medio de 10 mil accidentes aéreos diarios sobre el planeta, los 365 días del año".

No lo permitamos.

Por John Saxe-Fernández

www.jsaxef.blogspot.com

Facebook: JohnSaxeF

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Jueves, 09 Mayo 2019 05:54

Planeta en extinción

Planeta en extinción

El lunes pasado fue presentado en París el mayor y más sólido informe sobre biodiversidad que haya sido elaborado. Se trata de un diagnóstico preciso, nada esperanzador, que debe ser leído como un llamado desesperado para salvar al planeta.

Un millón de especies animales y vegetales están amenazadas de extinción, es decir, una de cada ocho especies existentes en el mundo, y subraya que estamos sumidos en un "declive sin precedentes en la historia de la humanidad".

A gobiernos e industriales, les advierte que lo hecho hasta ahora no es suficiente para revertir la tendencia negativa. El impacto no es sólo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para 2030.

"Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca", se afirma en el documento y se insta a actuar, ya, tanto a escala global como local.

Es un informe elaborado durante tres años por cerca de 500 especialistas de 50 países, bajo los auspicios de la ONU, en el que se alerta –entre otras cosas– del riesgo de desaparición de más del 40 por ciento de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, así como el 10 por ciento de los insectos.

El estudio identifica y, por primera vez clasifica, los impulsores directos que también se han acelerado en las pasadas cinco décadas, tales como la sobrexplotación de los recursos, el cambio climático, la contaminación y otras alteraciones provocadas por la acción humana.

Algunos datos más, igualmente preocupantes: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor de 66 por ciento del marino se han visto "significativamente alterados" por la acción humana, en tanto que la tercera parte de los recursos pesqueros marinos son explotados a niveles insostenibles.

En cuanto al cambio climático, refiere que las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0.7 grados centígrados. La polución plástica se ha multiplicado por 10 desde 1980.

Se acelera el ritmo de extinción de las especies: en los pasados 40 años ha aumentado sensiblemente el riesgo de la desaparición total de un millón de ellas. "La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural", precisó Paul Leadley, uno de los autores.

Este llamado al cambio no debe, no puede, ser ignorado. No son alteraciones que vayamos a padecer en el futuro. Se trata, más bien, de pérdidas y deterioros que están ocurriendo todos los días, a cada hora, a cada minuto, a cada instante, frente a los ojos ciegos de la humanidad.

Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del nueve por ciento de la totalidad de los mamíferos domesticados usados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016… y al menos mil más están todavía amenazados.

Robert Watson, presidente de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) –instancia coordinadora del estudio–, destacó la necesidad de cambiar políticas y paradigmas. Deben cesar los subsidios malos para el medioambiente, como los de la industria energética, el transporte o la agricultura.

Los gobiernos, propuso, también tendrían que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano en sus países. "Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible".

Indica que afortunadamente se han visto algunas primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, particularmente en los jóvenes de diversas regiones del mundo y entre ellas se refirió al movimiento #VoiceforthePlanet, así como a las huelgas escolares por el clima.

En el detallado informe mundial se concluye que el deterioro acelerado de la biodiversidad se puede frenar, pero sólo mediante una transformación radical, con un golpe de timón –diría yo– en el desarrollo que requiere participación y compromiso de todos los niveles.

Los intereses particulares doblegan al interés público en todo el planeta. Pero es un hecho que, después de este informe, como acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, ya nadie podrá decir que no sabía que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común.

 

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Un millón de especies, amenazadas de extinción a un ritmo sin precedentes

El mayor informe sobre biodiversidad, auspiciado por la ONU, advierte del impacto de la acción humana

Un millón de los ocho millones de especies animales y vegetales existentes están amenazadas de extinción y podrían desaparecer en solo décadas si no se toman medidas efectivas, urgentes y decisivas. El informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), presentado este lunes en París, no se anda con rodeos. Se trata, subraya, de un “declive sin precedentes” en la historia de la humanidad. Y el impacto no es solo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por Naciones Unidas. Y, por supuesto, la economía. Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca, subrayan los expertos, que instan a actuar tanto a nivel global como local.


“Los ecosistemas, las especies, la población salvaje, las variedades locales y las razas de plantas y animales domésticos se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo. La esencial e interconectada red de vida en la Tierra se retrae y cada vez está más desgastada”, advierte Josef Settele, uno de los autores principales del informe. “Esa pérdida es la consecuencia directa de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo”.


El informe identifica y, por primera vez, clasifica los cinco impulsores directos —que también se han acelerado en los últimos 50 años, según las investigaciones— de los cambios en la naturaleza con mayor impacto relativo global. El primero son cambios en el uso de la tierra y el mar: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor del 66% del marino se han visto “significativamente alterados” por la acción humana. Le sigue la explotación de organismos —el 33% de los recursos pesqueros marinos eran explotados a niveles insostenibles en 2015— y, en tercer lugar, aunque cada vez con mayor relevancia, el cambio climático: las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y han provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0,7 grados centígrados. Otro de los factores es la contaminación —la polución plástica se ha multiplicado por diez desde 1980— y, finalmente, las especies foráneas invasoras, que han aumentado un 70% desde 1970 en al menos 21 países.


Informes alarmistas abundan desde hace tiempo. Este no es uno más. Elaborado durante los últimos tres años por 145 expertos de 50 países y con colaboraciones de otros 310 especialistas más, el estudio Evaluación Global sobre Biodiversidad y Ecosistemas, de más de 1.500 páginas, es uno de los más amplios realizados a escala mundial —evalúa los cambios en las últimas cinco décadas— y el primero que analiza la situación de la biodiversidad desde 2005. Aunque no será publicado en totalidad hasta más entrado el año, el resumen de las conclusiones, aprobadas tras una reunión de una semana de la IPBES, un organismo independiente impulsado por la ONU, en la sede de la Unesco en París, no es nada alentador.


"La vida en la Tierra se está deteriorando rápidamente en todo el mundo y virtualmente todos los indicadores del estado global de la naturaleza están decreciendo", subrayó Settele al presentar el informe en rueda de prensa en París. "Ya nadie podrá decir que no sabemos que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común", acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay.


Una amenaza muy grave y real


De los ocho millones de especies que existen actualmente en el planeta —incluidos animales, insectos y plantas—, un millón está amenazado de extinción. Y esta se está “acelerando”: en los últimos 40 años, ha aumentado el riesgo de extinción total de especies. “La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural”, según Paul Leadley, uno de los autores del informe.


Más del 40% de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, tiburones y especies relacionadas, así como más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. Más difícil es hacer esta estimación, señalan los expertos, en el caso de los insectos, pero consideran que las pruebas existentes permiten hablar de un 10% de especies amenazadas. Y las consecuencias, advierte nuevamente Leadley, son directas para la especie humana. “Dependemos de la biodiversidad y por tanto esa pérdida tiene consecuencias para nosotros”, subraya y pone un ejemplo sencillo: “El declive constatado de los polinizadores tiene efectos potencialmente muy negativos sobre la polinización de frutas y legumbres, o para el chocolate o el café. Son consecuencias directas”.


Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del 9% de todos los mamíferos domesticados usados para alimentación y agricultura se habían extinguido en 2016. Al menos 1.000 más están todavía amenazados, continúa el informe.


Aunque este no especifica cuáles son las regiones más afectadas, la bióloga argentina Sandra Díaz, que copresidió el proceso de evaluación, indicó que son muchas áreas en América Latina, algunas en el sureste asiático y también buena parte de África. “Pero globalmente, todo el mundo debería estar preocupado, porque estamos crecientemente interconectados y lo que pasa en una región, inevitablemente tendrá repercusiones en el resto del mundo”, puntualizó. “Somos una única red de vida interconectada. Y esto no es una metáfora”.


El informe deja claro que no se pueden separar objetivos de medioambiente de metas de desarrollo. La actual tendencia negativa en biodiversidad y ecosistemas “minará” los avances en el 80% de las metas estimadas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU fijados para 2030, especialmente en materia de fin de la pobreza, hambre, salud, agua, ciudades sostenibles, clima, vida submarina y ecosistemas terrestres (los objetivos 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15).


“Los objetivos para conservar la naturaleza y lograr la sostenibilidad no pueden ser logrados con la trayectoria actual, y las metas fijadas para 2030 y más allá solo se conseguirán mediante cambios transformativos de carácter económico, social, político y tecnológico”, recalcan los expertos.


Acciones urgentes


Se puede detener esta “crisis”, explica Leadley, pero ello va a requerir “una transformación de nuestro modo de desarrollo”. Y una implicación a todos los niveles.


Entre las políticas a cambiar están los “subsidios malos para el medioambiente” como los de la industria energética, el transporte o a la agricultura, señaló el hasta ahora presidente del IPBES, Robert Watson, para quien los gobiernos también tienen que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano de sus países, “que sería una mejor medida”. “Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible”, dijo. Pero también los ciudadanos de a pie pueden aportar su grano de arena, cambiando por ejemplo sus hábitos de consumo, según los expertos. Estos señalan también a las comunidades indígenas, en cuyos territorios la biodiversidad está mucho mejor preservada, como un modelo a seguir.


“Nuestro saber local, indígena y científico está demostrando que tenemos soluciones, así que basta de excusas, tenemos que vivir de manera diferente en la Tierra”, dijo el administrador del Programa de Desarrollo de la ONU, Achim Steiner.


Tras tanto panorama pesimista, un rayo de esperanza: “Hemos visto ya las primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, como políticas innovadoras por parte de muchos países, autoridades locales y empresas, pero especialmente por gente joven en todo el mundo”, valoró Watson. “Desde los jóvenes tras el movimiento #VoiceforthePlanet, a huelgas escolares por el clima, hay una corriente de comprensión acerca de la necesidad de una acción urgente si queremos asegurar algo parecido a un futuro sostenible”

Por, Silvia Ayuso

París 6 MAY 2019 - 12:09 COT

 

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Publicado enMedio Ambiente
El exceso de CO2 de EEUU cuesta un billón de dólares a la economía mundial

Los Acuerdos de París para lograr que el repunte de la temperatura del planeta no supere los 2 grados centígrados en 2025 no van por buenos derroteros. Por si fuera poco, el gran emisor de gases de efecto invernadero –EEUU–, ya ha avanzado que no acudirá a la cumbre para la Acción Climática de Naciones Unidas de septiembre.

En 2016, en las postrimerías de su segundo mandato, Barack Obama, tan sólo unos meses antes de conocer a su sucesor en la Casa Blanca, firmaba los Acuerdos de París, a los que definió como "el más ambicioso pacto contra el cambio climático de la historia". Tras estampar su rúbrica, el líder demócrata preconizó que EEUU sería el abanderado mundial en esta lucha. Es más, señaló la estela a seguir: la mayor potencia económica del planeta está en condiciones de recortar en más de un 26% sus niveles de emisiones de CO2 a la atmósfera en 2025.


En línea con el objetivo del tratado parisino. Sin embargo, la fumata blanca se ha tornado negra. En 2018, los niveles de polución volvieron a aumentar, después de que la Administración Trump echara por la borda las normas de protección medioambiental redactadas por Obama. Una vez más. Porque la promesa internacional de EEUU en esta materia nunca ha sido sólida.


Pese a que la Casa Blanca ha suscrito cuatro grandes protocolos para combatir el efecto invernadero -cumbres de Río de Janeiro, en 1992; Kyoto, en 1997, Copenhague, en 2009 y el mencionado de París, en 2015- EEUU ha fallado, como muchos otros grandes emisores de CO2, en sus intentos, mínimos, de mantener a raya sus cotas de polución. En buena medida, porque han sido incapaces de añadir a sus ordenamientos una regulación rigurosa al respecto. El resultado es paradigmático. El mayor PIB del mundo ha lanzado al espacio 20.000 millones de toneladas de dióxido de carbono más de su compromiso internacional de 1992.


Mientras las previsiones auguran que, para 2025, sobrepasará en otras 5.000 toneladas los límites previstos en la capital francesa.Este superávit contaminante podría parecer testimonial para una economía que ronda ya los 20 billones de dólares. Pero no lo es. Baste decir que estos 25.000 millones de toneladas adicionales es una cantidad que superan las emisiones totales procedentes de China, India y la UE el pasado año. Más en concreto, y según cálculos del propio gobierno federal americano de 2016, basado en una prospección matemática que contabiliza el daño causado por cada tonelada de emisión de CO2 en 42 dólares, el coste para la economía mundial del exceso contaminante de EEUU será superior al billón de dólares en los próximos años.


Donald Trump ha calificado de "irracionales" y de "exigencias económicas y financieras draconianas" para EEUU el cumplimiento de los pactos de París. Falacia. Porque Washington siempre ha logrado obtener cuotas más reducidas en todos los acuerdos ecológicos de referencia. Por ejemplo, en Kyoto, su objetivo era menos ambicioso que los del resto de países cosignatarios. E, incluso, su delegación logró incluir en el protocolo el mercado de derechos de emisión, con el que quiso asegurarse que la consecución de su meta conservacionista tuviera un coste más efectivo.


Cambio de paradigma económico


El giro hacia la transición energética no sólo es la única alternativa para mantener la salud del planeta. Es, quizás, la más clara estrategia económica hacia la estabilidad y la prosperidad. Para los expertos climáticos, EEUU no tiene barreras, ni técnicas ni financieras, a la hora de avanzar por la senda de las energías renovables. En su opinión, las inversiones en la economía verde se sufragan por la propia industria y los costes asociados a su implantación son mínimos en relación a los amplios beneficios hacia la sociedad. Según la Comisión Global sobre la Economía y el Clima (GCEC, en sus siglas en inglés), el PIB global añadiría 26 millones de dólares si se consumaran los negocios relacionados con la preservación del medio ambiente en 2030. Suma equivalente a los PIB de EEUU y Japón, primera y tercera economías globales, a precios actuales de mercado.


Un salto de prosperidad que se consolidaría si, como se reclama Naciones Unidas, los gobiernos que han suscrito los Acuerdos de París sellan alianzas de colaboración con el sector privado idóneas para potenciar la economía ecológica. Bajo directrices aceptadas como que las inversiones en la energía solar o eólica exigen menos costes efectivos que la generada por el carbón. Sin embargo, todas las propuestas legislativas planteadas en el Congreso norteamericano desde la era Trump se han saldado con la férrea oposición de la mayoría republicana en el Senado. Aunque también por parte de las filas demócratas; en concreto, la de sus representantes de estados con industria del carbón. Un estudio de Boston Consulting Group (BCG) estima que el impacto de las políticas medioambientales de EEUU, de cumplirse estrictamente en su totalidad, apenas serviría para reducir en un 11% las emisiones estadounidenses de CO2 en 2050.Por si fuera poco, sus grandes consorcios energéticos están entre los son los más contaminantes. De acuerdo con la revista académica Climate Change, las 90 compañías con mayores índices de polución han sido las responsables de casi el 50% del aumento de la temperatura del planeta desde el final de la Revolución Industrial.


Periodo que enmarcan entre 1880 y 2010. De ellas, 83 extraen carbón, petróleo o gas natural. Es decir, se dedican en mayor o menor medida al negocio de los combustibles fósiles. Mientras que las otras siete son cementeras. Su gigante Chevron es el principal agente contaminante, seguido de la saudí Aramco y de la rusa Gazprom. Tras estas tres multinacionales, aparecen otro tridente estadounidense: ConocoPhillips, Consol Energy y Peabody Energy. Que anteceden a las británicas BP y British Coal Corporation, a la holandesa Royal Dutch Shell, a la francesa Total y a la australiana BHP Billiton. Desde Oriente Próximo y el norte de África surgen la National Iranian Oil Company, Kuwait Pretroleum y la energética de Argelia Sonatrach. También están entre las veinte primeras PetroChina, Coal India, la mexicana Pemex y la venezolana PDVSA. Sus emisiones –dice el informe– revela que los productores de las energías fósiles "son los que más impacto están teniendo en la temperatura de la superficie de la Tierra".


Sus efectos son "cuantificables y substanciales" en el aumento del efecto invernadero y en su persistencia en mantener sus negocios subyacen "condicionantes históricos, legales y, por supuesto, de falta de ética" que impiden el combate contra el cambio climático con capitales y fondos monetarios tendentes a mitigar sus daños, a apoyar bases jurídicas que conduzcan a un cambio de paradigma hacia economías sostenibles y limpias y a la compensación de los daños por excesos de emisiones de CO2.


Más madera … fósil


Pero, sin duda, la Administración Trump va por otros derroteros. Los últimos datos oficiales dan sobradas muestras de la apuesta de la Casa Blanca por las prospecciones de gas y petróleo en su territorio. En 2018, el gobierno federal liberalizó 2,1 millones de acres para que las empresas energéticas continuaran con sus trabajos de prospección y extracción que, en su gran mayoría, se destinó al fracking, la dañina técnica mediante fractura hidráulica que se ha erigido en una práctica habitual en el sector estadounidense. En 2017, concedió otros 1,6 millones de acres a la industria petrolífera. Así lo cifra la Oficina de Gestión de la Tierra (BLM), cuyos datos han sido analizados por el think-tank Center for American Progress (CAP). Mayoritariamente, en Nevada, Utah, Wyoming, Montana, Arizona, Colorado y Nuevo México. Un año antes, bajo el mandato de Obama, la cesión fue de 289.000 acres de terreno. Ellen Kustin, directora del CAP, afirma que "las acciones del gobierno Trump indican que la visión occidental continúa siendo la de entregar terreno a la industria para mantener sus técnicas extractivas".


En contra de ponerle freno a las estrategias contra el cambio climático. A pesar de que, la última vez que las emisiones de CO2 a la atmósfera registraron las históricas cotas actuales (410 partes por millón), hace tres millones de años, el nivel de los mares era 18,6 metros más alto y existía vida arbórea en la Antártida, dicen los investigadores del Instituto Postdam (PIK) sobre Investigación del Impacto Climático en un estudio publicado en Science Advances. Las emisiones globales de CO2 en 2018 alcanzaron una cifra sin parangón: 37.100 millones de toneladas. Con casi todas las naciones alejándose de sus objetivos de control. India lo superó en un 6,3%; China, en un 4,7% y EEUU, en un 2,5%, acaba de revelar Global Carbon Project. Aunque consultoras privadas como Rhodium Group lo incrementan hasta un 3,4% en el caso de EEUU. El mayor aumento de los últimos ocho años. Y lo que es peor. Washington acaba de corroborar que no acudirá a la cumbre de Naciones Unidas para la Acción Climática que se celebra en septiembre. Trump ni está, ni se le espera en la lucha por la preservación del medio ambiente.

29/04/2019 07:43 Actualizado: 29/04/2019 07:43
Por DIEGO HERRANZ

 

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Sábado, 27 Abril 2019 06:08

La vuelta del hombre del rifle

Trump se sintió como en casa en la convención del NRA en Indianápolis. Imagen: EFE

EE.UU. se baja del tratado de armas convencionales. Trump hizo el anuncio en el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle, el lobby a favor de la posesión de armas.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que revocará el estatus de su país como firmante del Tratado sobre Comercio de Armas convencionales, suscrito por más de cien naciones y que regula el intercambio global de armamento, municiones y aviones o buques de combate.


“La ONU recibirá pronto una notificación formal de que Estados Unidos rechaza este tratado”, dijo Trump durante un discurso ante el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el mayor grupo de presión en Estados Unidos a favor de la posesión de armas.


Estados Unidos firmó ese tratado de la ONU en 2013, durante el Gobierno de Barack Obama, pero el Congreso estadounidense nunca lo ratificó, por lo que no llegó a entrar en vigor en el país, como sí ocurrió en un centenar de naciones a partir de 2014.


“Revocaremos el efecto de la firma de Estados Unidos de este tratado tan profundamente equivocado. Vamos a retirar nuestra firma”, aseguró Trump.


A continuación, el mandatario rubricó un documento en el que, según explicó, pidió al Senado “que interrumpa el proceso de ratificación del tratado” y se lo envíe “al Despacho Oval”, donde prometió “deshacerse” de él. “Bajo mi Administración, nunca entregaremos la soberanía estadounidense a nadie. Nunca dejaremos que burócratas extranjeros pisoteen la Segunda Enmienda. Y por eso nunca ratificaremos el Tratado sobre el Comercio de Armas”, subrayó.


El anuncio supone un paso más en la tendencia del Gobierno de Trump a retirarse de pactos internacionales, tras su salida del acuerdo nuclear con Irán y del de París sobre el clima, además de su plan de abandonar en agosto el tratado INF (Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) que comprometía a Estados Unidos y Rusia a eliminar muchos de sus misiles nucleares y convencionales.


Para los partidarios de la decisión, asegurarse de que Estados Unidos no ratifique el tratado es un paso más hacia la desregulación que Trump ha defendido. En una llamada con reporteros, un alto funcionario de la administración dijo que un factor importante en su decisión fue la falta de cumplimiento del tratado por parte de otros grandes exportadores de armas convencionales, entre ellos China y Rusia. El funcionario, que habló bajo condición de anonimato, dijo que Estados Unidos tenía su propio conjunto de controles para asegurar la venta adecuada de armas en el extranjero, y agregó que la administración de Trump se oponía a posibles enmiendas futuras al tratado para su consideración en 2020.


La NRA y otros grupos de Estados Unidos se opusieron a la firma en 2013 del Tratado sobre Comercio de Armas, por considerar que podría contravenir su derecho constitucional a la tenencia de armamento. “Este tratado amenazaba con subyugar sus derechos”, dijo Trump a los afiliados de la NRA congregados en Indianapolis, estado de Indiana.


Trump prometió a ese poderoso grupo de presión, que donó 30 millones de dólares a su campaña electoral en 2016, que “nunca les decepcionará” mientras siga en el poder.
El tratado de la ONU busca regular el comercio de equipos como tanques y aviones de combate, misiles, vehículos de guerra blindados, helicópteros para operaciones bélicas y armas cortas.


Entre otros elementos, el acuerdo también prohíbe el traslado de armas convencionales, municiones o componentes a países donde se determine, tras una evaluación de riesgos, que pudieran usarse para genocidios o crímenes de guerra. Si retira su firma del tratado, Estados Unidos se sumará a otros países que nunca llegaron a rubricarlo, como Rusia, Siria y Corea del Norte.

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